Autor: admin

  • Disfrutando de ser tan zorra como puedo (2)

    Disfrutando de ser tan zorra como puedo (2)

    En los dos días siguientes por suerte para mi equilibrio psico emocional no tuve apenas tiempo de pensar en todo lo sucedido, incluso a ratos me parecía que en realidad no había sucedido nada. Solo había sido un calentón, un polvazo más con mi bestia parda, que por cierto se mostraba muy cariñoso, lo cual a mi me encantaba y me dejaba muy tranquila, sin ningún tipo de remordimiento de conciencia.

    Era viernes a mediodía, y Félix se marchó a un evento con unos amigos, y no volvería hasta el domingo. Esta situación suponía para mi un triste escenario. No me gustaba quedarme sola en casa, sin mi ración de mimos y de hombre. Cada vez que lo pensaba me ponía de mala leche. Así que, decidí tumbarme en el sofá y esperar a la hora de ir a clase de percusión sin hacer nada. Bueno, casi nada… En verdad estaba deseando tener un rato para tumbarme a la bartola, sin nadie que me molestase, para ponerme a ver las fotos de Manu. Abrí otra vez aquella maldita galería del nuevo móvil y empecé el recorrido, y allí estaba, ese tiarrón con su cara de «te voy a dar caña» posando con su morena verga, mmm, que polla más bonita, se intuía una piel suave, me imaginaba el tacto, el olor… mmm, me dejaba llevar por la imaginación, tratando de sentir la suavidad de su glande sobre mi lengua, analizando con mis papilas gustativas el sabor de aquella exquisita carne. Bufff, me estaba poniendo muy guarra. No pude evitar imaginar cómo sería el encuentro de hoy con Manu. Tenía claro que no quería llevar a la práctica lo que mi coño suplicaba… pero y si sí? No no no y no, me dije toda seria, al tiempo que pasaba de foto para ver otra, y otra, y otra. Me entretenía ampliando las fotos para ver de cerca sus pectorales, sus brazos, su cara y sobretodo su polla, su enorme y atractivo falo.

    Lo cierto es que tener que ir a la clase de percu de hoy me estaba alegrando el día, y deseaba ver que iba a ocurrir. Me duché y me vestí. Me costó decidirme, pero al final decidí ponerme un poco guarrilla, hacía calor y me lo podía permitir, puesto que soy friolera, y no encuentro días para vestirme de ciertas maneras. Así que me puse un vestidito corto y me fui a casa de Manu, para ir a clase los dos con un mismo coche.

    Llegué sin problemas con la ubicación, Manu vivía peligrosamente cerca pensé en algún momento.

    Vivía en una casita pequeña, rodeada de jardín, con algunos arbolitos frutales. La casa era vieja, pero estaba bien cuidada. Me salió a recibir un perrito negro muy simpático, que más que intimidar con sus ladridos parecía invitar al juego. Pronto apareció él, con una camisa de tiras ajustada, parecía que también se había puesto guapete el chico.

    -hola Marian, quieres pasar o vamos tirando?

    -mejor vamos tirando, y luego al volver me enseñas tu casita.

    -si, claro, vamos en el mío, puedes dejar tu coche aquí dentro.

    Por el camino estuvimos charlando animadamente, entre risas y miradas de complicidad. Era muy majo y me resultaba fácil sonreír y mirarle a sus ojos, de color marrón oscuro, tenía una mirada muy sincera, muy próxima y muy bonita.

    La clase nos pasó volando y cuando me quise dar cuenta estaba de nuevo dentro de su coche, con él, a solas los dos. Se mostraba ahora más cariñoso, sus miradas habían ganado en dulzura y en calidez, pero graciosamente habían perdido en sinceridad.

    Ya en su casa me invitó a pasar, me enseñó las habitaciones, la cocina etc., todo en plan antiguo, pero bien conservado, y con partes renovadas. Me sentía una cervatilla acechada por un tigre siberiano, sentía que Manu no sabía cómo hacer para devorarme, pero que estaba esperando el momento oportuno. Yo sin embargo, me debatía entre el bien y el mal, sin saber cuál era cuál. Estaba excitada pensando en lo fácil que era para mi ponerme las botas siendo el banquete de aquel félido hambriento, y deseaba ponérselo fácil, deseaba que se diera el gusto conmigo, ser suya por un rato… Ufff, me subía la temperatura de pensarlo. Manu me hablaba, cada vez más de cerca, me explicaba la historia de la casa, estaba alquilado desde hacía un par de años.

    Entonces me enseñó su habitación, la tenía reformada, no parecía formar parte de aquella casa, estaba forrada de madera por arriba, muy limpita y ordenada, acogedora… Sentí que se me puso detrás mientras inocente de mi miraba para su cama, yo gire la cabeza para mirarle, con una sonrisa cómplice, él me miró mostrándome una hermosa sonrisa también.

    Tímidamente eché un paso hacia atrás poniendo mi culito respingón sobre su paquete, muy suavemente, ofreciéndole mi cuello desnudo a la vez. Manu pilló el mensaje en el acto, me agarró muy suavemente las caderas mientras me olió y besuqueó el cuello… mmmm, mi corazón se puso a mil, le dejé más cuello que besar, y apreté mi culito más contra su paquete, el cual sentía duro, notaba su bulto hambriento, mmmm, me excité morbosamente, pensando en que mi marido se iba a poner cachondísimo con esto, me sentí esta vez más que nunca una zorra, y me gustaba.

    Me dejé llevar, Manu me dio la vuelta y me besó, me besó la boca, el cuello, la cara… Yo me dejaba, me encanta dejarme hacer… No soltaba mis caderas, me besaba, sus besos me sabían a deseo, a placer… Él me apretaba contra su bulto y yo le seguía el juego, le agarré del culo y me lo acerqué más aún. Le olía, olía bien, me gustaba, me excitaba cada segundo más y más, me puse muy calentorra, y a él le tenía salidísimo.

    Me lo arrastré hasta la cama sin soltarle el culo ni el mis caderas, entonces me agarró las dos nalgas, me tumbó en la cama, se puso encima de mí y me levantó el vestidito, y sin dejar de empujarme su bulto me empezó a sobar las tetas. Fue ahí, fue ahí que me sobrepasé, me vi desbordada, me saturé, le pedí que parase por favor.

    -buff, lo siento Manu, estoy un poco acalorada, necesito aire.

    -lo siento Marian, perdona, me vine arriba, me gustas mucho y me excité.

    -y te crees que yo no tonto? A mi también me gustas, y mucho, solo que es un poco acelerado todo esto, pero no es tu culpa eh, no te sientas mal.

    -ya, me vine arriba, lo siento.

    -no te disculpes guapo, pero no quiero follar ahora ya, así sin más, no se…

    -tranqui, joder que no pasa nada, ya te digo que me puse muy cachondo y…

    -mmmm, me encanta que te pongas cachondo, pero no te voy a dejar así… Le miré con una sonrisa picarona…

    -si quieres te toco hasta que te quedes a gusto vale?

    -si quieres tú, preciosa…

    Llevé mi mano sobre su paquete, lo acaricié, y fui desabrochando su pantalón, lentamente… Con la otra mano le levanté la camisa, haciendo que se la quitase. Se bajó los pantalones con rapidez, aceptando mi propuesta, sus boxers a punto de reventar me deparaban una muy agradable sorpresa…

    Se los bajé, y ahí estaba, la polla de las fotos, mmmm,

    -que polla mas bonita tienes Manu. Dije con voz dulce y complaciente.

    La empecé a acariciar, y luego a tocar, estaba durísima, y si, tenía una piel muy suave. La empecé a menear muy despacio, Manu se retorcía tumbado boca arriba en la cama, yo me salía de excitación, con aquel pollón por fin en mis manos, me puse cómoda, miraba de cerca su miembro mientras lo movía arriba y abajo, muy despacio, quería conocerle bien, despacio, disfrutar esa polla como a mi me gusta.

    Manu gemía dulcemente, cual niño bueno, el muy cabrón lo había conseguido.

    -solo te la voy a tocar eh…

    -ufff, que gustito, hazme lo que quieras princesa.

    Aquello me gustó, se portaba muy bien, me ensalivé la mano, al tiempo que me la olí disimuladamente, buuffff, el aroma de su polla me puso los pelos de punta, joder que rico olía, me acerque la cara un poco más, tenía la polla de Manu a 15 centímetros de mi cara, olía su sexo, intenso, pero suave, me ponía loca, mmm… Le eché saliva por encima, y seguí meneándosela dulcemente, de vez en cuando cruzábamos alguna tímida y tierna mirada…

    El gemía, se retorcía, y endurecía su polla como un tronco, bufff, como me estaba gustando su tronquito, era enorme, un pelín más larga que la de Félix, con el glande no tan grueso, pero muy bonita y tremendamente apetitosa. Se la empecé a menear más rápido, él respondió con gemidos más intensos, su prepucio subía y bajaba cubriendo y descubriendo el glande cada vez, mi cara, a 10 centímetros, recibiendo su olorcito, mmmm, me estaba poniendo fina masturbando al gran felino, que empezó a acariciarme el pelo tiernamente, como quien acaricia a una linda gatita mientras esta le ronronea.

    Decidí demostrarle lo caliente que estaba, no podía aguantar más, abrí la boca y me metí aquella preciosidad de rabo en la boca, mmmm, nunca olvidaré ese momento, y creo que Manu tampoco. Sentí ese glande sobre mi lengua, lo dejé entrar hasta la garganta, muy lentamente, mientras mis labios cerraban aquel tronco suave y terso con toda la ternura, saboreé con la lengua la polla de aquel macho tremendo, el cual se retorcía y gemía mas fuerte ahora, dándome a entender que era justo eso lo que él quería, que le comiese la polla con mi boquita, y yo, así lo hacía, para complacerle, para complacerme…

    Subía y bajaba por aquel tronco sin soltarlo, mis labios hacían un aro perfecto con su tronco y gracias a mi saliva subía y bajaba con total suavidad y precisión, como si aquella polla estuviese hecha para mi boca… O viceversa… mmmm me deshacía del gusto, mi boca sabía a polla, a polla de macho caliente, rebosante de esperma para mi, para mi boquita. Quería su leche, la quería, nadie me la iba a robar, estuve un buen rato mientras mi compa de clase se derretía entre gemidos y agradecimientos.

    Tan solo decía «oh, que gusto Marian», y cosas así, no le daba para más. Me la saqué de la boca un momento y seguí masturbándole, fuerte e intensamente, hasta que echándose hacia atrás empezó a balbucear…

    -me corro Marian, me corro, oh, sigue, sigue…

    Acerqué mi boca y me metí en ella el glande mientras seguía el ritmo con mi mano, noté un gesto de sorpresa de Manu, tal vez no pensaba que me iba a querer meter su chorro de leche en la boca, pero yo sí, yo sabía lo que quería, seguí machacando su verga contra mi boca hasta que Manu empezó a gruñir y a gritar tímidamente, se estaba corriendo en mi boca, noté primero dos chorros más a presión, que me llenaron la boca de un sabor entre dulce y salado, muy caliente, y, acto seguido, mi boca, se inundó de más semen y de su aroma, muy intenso, tuve que tragar ese primer trago para hacer sitio, porque siguió saliendo, esta vez a borbotones, más espeso, con un toque amarguito, mmmm, que rico, me deshacía de gusto saboreando su leche sin sacarme la polla de la boca, aunque parte de la leche se me escapó, al tragar la que tenía me dediqué a relamer los alrededores, y a dejarle la polla bien limpia.

    Manu se convulsionaba exhausto derribado en la cama, mientras yo no dejaba ni rastro del delito. Limpié todo con mi boca y sonriente le dije:

    -y aquí no ha pasado nada.

    -uff, Marian, madre mía, lo que me acabas de hacer, dios… Nunca me lo habían hecho, me ha encantado joder.

    -a mi también me ha encantado guapo, tienes una polla y una leche muy rica.

    Me tumbé a su lado, con mi mano sujetando su polla, que se iba poniendo blandita y relajada poco a poco. El pobre se quedaba medio dormidito, con una carita de angelito que nunca ha roto un plato que me encantaba. Yo por mi parte estaba salidísima, hambrienta de polla, deseaba ser follada, pero la situación me invitó a abandonar el terreno, al menos de momento.

    Preferí irme, reflexionar, digerir aquella situación, y digerir los tres tragos de semen que Manu me había echado cariñosamente en mi boca, a través de esa maldita polla, de la cual no sabía cómo me iba a librar. Me despedí en voz baja, dándole un besito en la frente.

    -hablamos guapo, me tengo que ir.

    -cuando quieras preciosa, hablamos prontito, gracias, me has dejado en el cielo.

    -de nada guapo, nos vemos prontito.

    Y así, extasiada cogí el coche y me fui para casa, no sin antes despedirme de Zumba, su simpática perrita.

  • La arquitecta machorra

    La arquitecta machorra

    Ella era un poco gordita, bueno la conocían como la “gordi buena” el tipo con el que clasifican a las mujeres llenitas, pero con cosas grandes.

    Nunca supe su nombre, solo que le decían la “Arquitecta” y era amiga de mi esposa para variar, pero lo que nos se daba cuenta es que ella miraba a mi esposa con cara libidinosa, como si estuviera viendo a cualquier hombre, ver a mi esposa.

    El caso es que esta mujer era muy chicle con Lety, cada que al veía la abrazaba, la tomaba de la mano, admito que me ilusionaba la idea de verlas cogiendo, pero Lety decía que era solo su amiga.

    Una ocasión, la encontramos en la calle y como Lety y yo compramos una botella, la invito, al principio estaba en desacuerdo, pero al final, no me opuse, total, igual se iba rápido.

    Esa noche la “Arquitecta” se veía bien, traía unos jeans entallados que marcaban su encaje, además su blusa gris escotada mostraba unas grandes tetas, el verla así, empezó a incitarme pensamientos eróticos.

    La noche transcurrió entre risas y platicas que poco a poco fue subiendo el tono.

    Finalmente, ya la madrugada, Lety estaba muy ebria y como ese día estuvo agotador, termino pro quedarse dormida en el sofá, por otro lado, la “Arquitecta” aún estaba despierta pero ya dominada por el alcohol, fue entonces que con la excitación y las copas de más lleve a cabo la acción que se merecía esa mujer.

    La tome de la mano, la lleve a mi recamara, ella que apenas si se sostenía, no me batallo nada cuando la acosté y le comencé a quitar el pantalón.

    A: ¡Espera, que haces!

    L: ¡Shhh!! ¡Despertaras a mi esposa!

    A: ¡Lety!! ¡Que me vas hacer!

    L: ¡Sabia que te gustaba mi mujer, que puta eres!

    Comencé a lamerle sus carnoso y blancos muslos, ella gemía y me apretaba la cabeza, la confusión que le generaba el alcohol le hacía creer que era Lety y sus deseos los expresaba con la boca.

    Me quité la ropa, y terminé por desnudarla, emparejé un poco mi puerta, y bajé a su peluda concha.

    A: ¡Mmm, uf!!

    L: ¡La tienes peludisima!!

    A: ¡Ah, uhm!!

    L: ¡Pero sabe rica!

    La “Arquitecta” gemía y me apretaba la cabeza, yo con mis manos jugaba sus duros pezones, que, en contraste con su color de piel, eran oscuros como chocolate.

    Fue entonces que lleve mi verga a su boca ella confundida la abrió y decía entre sueños “las mujeres no tiene pene”, fue entonces que la tome de la cabeza y le dije que era Luis y que pagaría por desear a mi mujer y con violencia empecé a follar su boca.

    Ella no lo podía evitar, mi verga entraba y salía de su boca con fiereza que apenas si podía respirar, sentía como la ahogaba, pero no me detenía, en un momento me metí tanto ene so que pensé que la había ahogado, pero cuando lanzo un suspiro me alivié y le seguí follando su boca de lesbiana.

    L: ¡Uhm, que rico mamas!

    Una vez que mi verga estaba súper dura, le abrí las piernas y la penetre de un solo golpe, ella lanzo un gemido magistral, por un momento pensé que había despertado a Lety, pero no lo hizo, entonces comencé a embestirla con fiereza.

    L: ¡Toma, uhm, toma!

    A: ¡Ah, uhm, ah!

    L: ¡Eso perra, gime!

    A: ¡Mas, uhm!

    La puse en cuatro, la tomé de sus nalgas y al penetraba con fuerza, el movimiento de mi lujuria estaba haciéndola gemir y jadear, ella movía sus nalgas, me apretaba las mías para que no se la sacara, se comía con facilidad mi verga grande.

    L: ¡Uf, toma, uhm!

    A: ¡Así, que rico, uhm!

    L: ¡No sabes cuánto te deseaba!

    A: ¡Ah, que rico!!

    Me senté en la orilla de mi cama y la puse a darse sentones, la “Arquitecta sabia como hacerlo, me dejaba claro que era buena cogiendo y que más que lesbiana era bisexual.

    La tenía encima de mí moviendo riquísimo su cadera, mientras tanto con mis dedos acariciaban su clítoris y sus tetas, unos besos en su cuello acompañaban más el acto sexual y mientras tanto Lety seguía dormida.

    A: ¡Mas, así, uhm!

    L: ¡Toma, uhm!

    A: ¡Que dura y grande!!

    L: ¡Aquí esta ara cuando gustes!

    A pesar del ruido de la cama mi mujer seguía dormida y su amiga bisexual estaba encima de mí cabalgándome delicioso.

    La “Arquitecta” tenía estilo en su licuadora, mi verga era triturada de una forma fenomenal, le mamaba sus ricas tetas, que eran duras y grandes, ella me besaba, estaba claro que solo fingió estar ebria y deseaba tener mi verga dentro de ella.

    A: ¡Que rico, coges maravilloso!

    L: ¡Tu igual! ¡Que rico mueves tu cuerpo!

    A: ¡Me gusta tu esposa, me la quiero coger!

    L: ¡Uhm, que rico!!!

    Sus palabras me excitaban de más, ella continuaba moviéndose delicioso, la “Arquitecta” resulto ser una buena bomba sexual.

    Nuevamente al acosté en la cama y en una pose simulando que yo la cabalgaba la penetraba con fuerza, ella gemía y me apretaba las nalgas, me pedía más, la cama seguía haciendo ruido, pero aun no éramos descubiertos.

    La puse boca abajo, sus nalgas parecían dos montañas hermosas y sedientas de verga, las acaricié y lamí, para luego abrirla y penetrarla, me hacía para atrás para tomar vuelo y empalarla de un solo golpe.

    A: ¡Ah, Luis, así!

    L: ¡Que rica estas, uhm!

    A: ¡Ah, esto es lo mejor!

    L: ¡Ahí voy nena, ahí voy!

    Casi como si la estuviera sometiendo en un combate de lucha, puse mis brazos en su nuca y me empujaba con fuerza, apenas si oía sus gemidos y mi pelvis chocando con sus nalgas, eran la señal que la “Arquitecta estaba siendo mía por completo.

    A: ¡Ah, papi uhm!

    L: ¡Te voy a preñar!

    A: ¡Sí!!!

    L: ¡Ahí voy, uhm!!

    Comencé a venirme a chorros, no detenía mis embestidas y ella recibía mi leche, se movía como gusano, alcanzamos un muy rico orgasmo.

    A pesar del rico orgasmo y los gemidos, Lety jamás entro, nos e si escucho o nos vio, pero me permito gozar a su amiga la arquitecta.

    Después de terminar de llenarle su cuca, se al saque ye la, la llevo a su boca para limpiarme, sus mamadas eran de lo mejor, yo la miraba y disfrutaba de la chamba que me daba.

    L: ¡Uhm, si, así!

    Una vez que termino su trabajo, se puso su ropa y salimos a la sala, donde mi esposa continuaba en su sueño.

    A: ¡Me voy!

    L: ¡Te acompaño a la puerta!

    A: ¡No hace falta, lleva a Lety a la cama!

    L: ¡Espero que te la cojas algún día!!

    Sonriendo salió de mi casa, mientras acomodaba a Lety en cama, algo extraño ya que ella no es de sueño pesado o tal vez seguía fingiendo, no lo sé, solo se, que mis palabras se le cumplieron a la “Arquitecta” y más adelante les contaran como se cogió a mi mujer.

    Gracias a todos los que leen nuestros relatos, continuaremos trayéndoles más ricas experiencias sexuales.

  • Con mi tío en la playa

    Con mi tío en la playa

    Mi nombre es Carolina y quisiera contarles cómo fue que tuve sexo con mi tío, pero antes les cuento que soy una joven de cabello largo y oscuro, no soy una chica delgada, pero no soy gorda y considero que tengo buenas curvas.

    Sucedió que durante el último verano me fui de vacaciones con mi familia y mi tío en auto. Como éramos 6 dentro del auto, viajé sentada encima de mi tío e iba vestida con una calza negra y él con un short de fútbol. Pasó entonces que luego de un rato su pene empezó a reaccionar al roce con mi cola y se puso como un fierro bien duro. Lo sentí al principio clavado en mi cola, pero luego él se lo acomodó y lo empecé a sentir a lo largo de toda mi rajita. Era un gran pene así que yo empecé a mover un poco mi cola para sentir algo de placer y mi tío se dio cuenta enseguida de lo que estaba haciendo así que me susurró algo al oído:

    -Hmmm que rico -susurró él en mi oído derecho.

    Yo seguí moviendo mi cola de forma muy disimulada para que mis hermanos que estaban a mi izquierda no se dieran cuenta y pasado un rato quería darme vuelta y metérmela en la boca, pero me resistí a la tentación y me conformé con seguir rozando mis nalgas con su pene. Él en un momento colocó sus manos alrededor de mi cintura y empezó a moverme a su ritmo. Entonces empecé a sentir mucho más la punta de su pene ya que él me lo clavaba en la rajita y entonces sucedió lo siguiente.

    -Tócamela -me susurró al oído.

    No sé cómo lo hizo, pero de alguna forma movió su pene hacia su pierna derecha y resultó fácil poder tocarla. Como yo tenía mis brazos entre mis piernas empecé a tocarle la cabeza de su pene que se asomaba por un costado y era perfecta, era gordita y seguramente deliciosa para mi boca. Las ganas que tenía en ese momento de metérmela en la boca eran impresionantes, pero me seguí resistiendo e igual conseguí mi recompensa.

    El empezó a expulsar líquido pre seminal por la cabeza de su pene y yo como soy bastante golosa me puse a mirar por la ventana y haciendo que me mordía las uñas me lamía los dedos manchados de este líquido. Cuando ya no tenía más en mis dedos volví meter mi mano entre mis piernas y a manchar mis dedos con esta cosa viscosa para luego poder llevármela a la boca.

    Así estuve un buen rato haciéndolo hasta que me detuve por completo porque pensé que era muy evidente todo. Quería llegar al departamento que habíamos alquilado y comerle la polla a mi tío delante de todos, pero eso se demoró varias horas ya que el viaje resultó bastante largo.

    Llegamos al departamento a las diez de la noche y mis hermanos se acostaron a dormir, en cambio yo salí a pasear junto con mi tío. Cruzamos la avenida principal y nos fuimos directo a la playa. Allí nos sentamos en la arena y éramos como una parejita que estaba muy enamorada porque nos empezamos a besar debajo de la luna y cuando se empezaron a ir las demás personas que también estaban allí le empiezo a masturbar viendo que nadie nos esté viendo y cuando se puso bien dura como en el auto me la meto en la boca y empiezo a saborear algo que resultó ser bastante delicioso. Parecía una escena sacada de una película porno, la luna grande como su polla y el ruido del mar como el mío al chupar.

    Luego sucedió que él me indicó que había unos matorrales allí acerca y entonces fuimos. Me saqué la campera que traía puesta y la coloqué encima de la hierba para ponerme en cuatro patas para él. Entonces él me baja la calza, apoya sus manos sobre mis nalgas y luego de correrme la tanga mete su lengua dentro de mi ano. Yo lo empiezo a disfrutar un montón y mucho más cuando decide meterme un dedo también por el ano. Luego siento la cabeza de su pene entrar por mi coño y el disfrute empieza a ser mucho más. El colocó sus manos sobre mis hombros y así empezó a empujar de forma bestial.

    -Ahhh ahhh -decía yo.

    Hacía un frío que te cagas, pero igual seguimos cogiendo, nada nos podía detener aquella noche. Nadie nos podía escuchar ya que el ruido del mar era mucho más fuerte que el que estábamos haciendo. Yo apenas escuchaba el ruido que hacían sus bolas al estrellarse en mis nalgas, pero las sentía bien cuando estas me golpeaban.

    Era delicioso sentir como su pene entraba y salía de mi vagina a un ritmo frenético y cuando sentí su corrida dentro de mí y mi cuerpo empezó a temblar debido a que había alcanzado un orgasmo. Él dejó su pija dentro de mí y esperó a que esta expulsara todo su contenido para poder sacármela, creo que fueron entre 10 y 15 segundos que la dejó dentro de mi vagina.

    Luego volvimos al departamento y yo llegué bastante mojadita debido a que su leche se derramó en el camino.

  • Fantasía swinger con la “princesa” Oriana

    Fantasía swinger con la “princesa” Oriana

    Pensando en qué podía escribir, vino a mi mente una vieja fantasía que se gestó durante un encuentro de placer con mi mujer, Ariana.

    Si ya gozaron con mi anterior publicación, puedo jurarles que está no los defraudará.

    Mi mujer y yo siempre nos hemos caracterizado por tener una buena comunicación, directa y transparente.

    Un día en casa, acostados en nuestra alcoba recordábamos aquel encuentro sexual con su cuñada, aquel trío que había mostrado una nueva faceta de nuestro matrimonio. (No teníamos problemas en compartir) Ya saben a lo que me refiero.

    Bien, estando en la cama empecé a frotarle la vagina por encima de la ropa mientras le preguntaba a quién incluiríamos en nuestro próximo trío. «No sé, dime tu», contestó. El momento se convirtió en un divertido juego de nombres, y descartes… sugerimos algunas vecinas, amigas y hasta una compañera de trabajo; una rubia ojos rayados, que con certeza no nos importaría meterla en la cama.

    «Bien podría ser ella, tiene buen cuerpo», dijo Ariana. Mientras tanto yo seguía frotando. De a poco se iba soltando y abriendo las piernas. Podía sentir su clítoris endureciendo de a poco. Le hice una seña para que levantara las nalgas y así poder retirar el hilo negro que traía puesto.

    Mientras la masturbaba, le dije: «Creemos una fantasía». Me miró con una cara de puta, demostrando que estaba de acuerdo.

    Me dijo, comencemos. «La zorrita que traeremos a nuestra cama tiene que ser una joven, blanca, con tetas pequeñas, pero bien formadas. Tiene que ser una muñequita como de porcelana. ¿Te gusta? ¿Quién puede ser?», preguntó.

    En ese momento en mi mente voló tan rápido que casi sin percatarme solté un nombre. ¡Oriana!

    Ahora, bien, Oriana era la hija de una vecina muy cercana a mi esposa. Parecía una princesita, delicada, lindísima y contaba con todo lo ideal para ser la protagonista de nuestra fantasía.

    Empezamos a hablar por turnos, añadiendo elementos y escenas a medida nos poníamos más calientes.

    Según lo planeado Oriana llegaría a casa por medio de una invitación. Al final, casi no recuerdo, cómo llegaríamos a la cama los tres. Mientras mi mujer hablaba sobre lo que haríamos y cómo, yo le comía la vagina que a esa altura estaba lubricada.

    De su raja empezó a chorrear un líquido, viscoso y transparente, no pude resistir la tentación así que lamí todo lo que salía sin desperdiciar nada. Creo que hacerle sexo oral a una mujer es una de las cosas más placenteras que hay en la vida. ¡Ese líquido vaginal, simplemente es exquisito. El néctar de la vida!

    Volviendo a nuestra historia, yo tomaba un baño mientras ellas observaban vestidos en una computadora, entré a la habitación sin percatarme que estaban allí, me quité la toalla dejando expuesto mi verga.

    Una sensación extraña como si un rayo me tocase recorrió mi cuerpo. ¡Maldición! El tono de piel de mi cara cambió. Me había ruborizado. La verdad ni sé porqué, pues soy algo exhibicionista. En fin…

    «Oh, amor disculpa no sabía que vendrías tan deprisa», soltó Ariana para remediar la situación, aunque de nada sirvió. Mientras tanto la menina no quitaba la mirada de mi verga.

    Mi esposa tomó la batuta en medio de su excitación y continúo la historia.

    -¿Qué pasa Oriana?

    -Nada, sólo que es enorme…

    Me acerqué y le dije “tócala”. Miró a mi mujer y esta la miraba de manera deseosa. «Tócala preciosa, está bien, no hay problema». Se acercó y se asió a mi verga con las dos manos. «Oh, rayos es más grande que la John» (Su novio). Esa fue una señal que la zorrita ya se había empalado una verga en el coñito.

    De allí en adelante empezaron a quitarse la ropa. Acostamos a nuestra actriz en la cama y empezamos literalmente a devorarla. Cada centímetro de su piel blanca y lechosa fue nuestra. Después coloqué a Ariana en cuatro y, mientras le enfilaba la verga en el coño, ella tenía a Orina abierta para comerle la raja. (A veces me sorprende la capacidad que tiene para dar lengüetazos). La sujete fuerte por la cadera con una mano y con la otra tiraba de su cabello negro como si de cabalgar se trataba. No aguante y me corrí, como casi lo hago también mientras recuerdo esa fantasía.

    En el otro plano, la vida real, ya había penetrado con mis dedos a Ariana y seguía pidiendo más. «Mmmm! Si, rico no pares de moverlos», decía.

    Fue cuando agregué otro elemento a la historia. Un novio celoso tocando a la puerta. «Ella dijo, espera yo continúo», sabía que vendría algo bueno.

    En el relato, Ariana abrió la puerta desnuda y el joven quedó impactado. Sólo volvió en sí al escuchar los gemidos de su novia al fondo de la habitación y corrió hasta ella. Cuando abrió la puerta la escena era inimaginable.

    Oriana estaba a cuatro pata recibiendo mis embestidas, casi sin poderse mantener en la posición. Por un momento John intentó abalanzarse encima, pero Ariana lo detuvo. «Ven aquí chico, es tu oportunidad», dijo.

    Escuchar lo que ella haría me dio mucha tesón sentía que la verga me iba a estallar entre la piernas.

    Continuó la historia. Se arrodilló ante él para abrirle la cremallera del pantalón y dejar expuesta su verga para chuparla con facilidad.

    Me imaginaba esa escena y me excitaba cada vez más. El joven seguramente no podía concentrarse, al igual que yo.

    Su novia siendo enculada por un perfecto extraño, una desconocida haciéndole una felatio; era mucha información para un joven de escasos 18 años.

    Sujeté fuertemente a Oriana por el cabello dándole unos buenos jalones pegándola hacia mí, haciendo una «u» casi perfecta entre sus hombros y su lindo trasero.

    Mi mujer no se quedó atrás. Sentó al joven en una silla cerca de la cama donde fornicábamos y le dio unas buena sentadillas… Juro que podía ver como los labios de su vagina abrazar la verga de aquel joven cómo en cámara lenta…

    Mientras me contaba, su cara de pura me excitaba. Pensar que otro estaba a punto de llenarla de leche me volaba los tapones. «Me dijo tranquilo amor, ese beneficio está reservado para ti».

    De un momento a otro se desmontó con rapidez para recibir su leche en la boca, al ver esa escena tan cachonda me corrí en el coñito tierno de la zorrita que rematé con un creampie, pude ver cómo le escurría cremoso semen por la rajita.

    Mientras nuestra fantasía llegaba a su final… en la vida real Ariana tenía mi verga en su boca y se encontraba tomando mi leche. No sé cómo ocurrió, no lo percibí, pero así fue. Es increíble el poder que tiene la mente sobre el cuerpo.

    A veces me masturbo recordando esa fantasía una y otra vez. A veces la recordamos mientras tenemos sexo.

    No sabemos, quizás algún día ocurra de verdad.

  • La vecina de arriba

    La vecina de arriba

    Llevo días observando tus hábitos. Y siempre bajas la basura a la misma hora.

    Hemos coincidido alguna vez en el ascensor, o al entrar o salir del portal. Nuestras miradas se han cruzado y el fuego de nuestros ojos nada ha tenido que ver con ese cortés saludo que nuestras bocas se han cruzado. Te escondes bajo un escudo de mujer de su casa, abnegada y fiel, que nada tiene que ver con lo que hierve en tu interior.

    Desde que viniste a vivir a este bloque, que me fijé en ti. No tengo prisa, pero creo que mi análisis y mi estrategia ya están suficiente maduradas y preparadas para pasar a la acción.

    Miro la hora. Un par de minutos y oiré tu puerta cerrarse y llamar al ascensor.

    Bingo. Así es.

    La situación actual que nos toca vivir a todos no es la más apropiada, pero el momento ha llegado y no voy a esperar más.

    Espero que el ascensor llegue a la planta baja, y pulso llamada. Tengo todo calculado. Vivo debajo de ti y sé lo que vas a tardar en ir y volver al contenedor.

    Ya llega el ascensor a mi rellano. Llevo un pijama corto, y me cubro con un batín fino de color gris.

    Bajo a la planta baja y espero en los buzones…

    Ahí estás, de vuelta. Adivino debajo de tu bata de seda la escasez de ropa que pueda cubrir tu desnudez. Te he oído muchas noches retozar en vuestra cama con ese que vive contigo, y que, por la rapidez con que vuelve el silencio, no me equivoco al pensar que no te llena.

    -Buenas noches, vecina.

    -Hola, buenas noches -Tu voz suena amortecida por la mascarilla que te cubre la boca y nariz.

    Ambos nos dirigimos al ascensor. Yo disimulo mirando unas cartas que he recogido en el buzón. Pulsas y se abren las puertas, nos miramos…

    -Cabemos los dos, y aunque yo no lleve mascarilla, no estoy infectado. Me han hecho el test en el trabajo. Soy sanitario.

    Sonríes, y bajas la mirada, al tiempo que entras en el ascensor. Hago lo propio, y pulso el botón de mi piso. Te miro.

    -Vives arriba ¿verdad?

    -Sí -me respondes aguantando la mirada.

    El ascensor se pone en marcha. Tu bata no está abotonada hasta el final, tanto por abajo como por arriba. Adelantas un pie y sale a la luz una pierna torneada, con una evidente desnudez. Sigues mirándome fijamente.

    Primer piso… Empiezo a mirarte con descaro, y se acelera mi respiración. Abro la boca aunque mantengo los dientes cerrados.

    Sigues mirándome y percibo que tus latidos también se aceleran. La cabina no es demasiado grande.

    Segundo piso… El próximo es el mío.

    Un rápido movimiento de mi mano sobre el teclado de mandos, y mi dedo pulsa el stop. La cabina se detiene.

    Lejos de sorprenderte ni de decir nada, mantienes tu mirada, y abres la boca para respirar en jadeos.

    Ya estoy sobre ti, aplastando tu cuerpo contra la pared de la cabina, y de un tirón hago saltar los botones que mantenían la bata cerrada en escasa medida.

    Tu mascarilla vuela por los aires, y mi boca se lanza a devorar la tuya. Nuestras lenguas se enzarzan en una guerra sin armas, solo a golpes.

    Me bajo el pantalón del pijama y asoma mi verga dura y en erección. Me entretengo en pasearla por encima de tu piel mientras te abrazo con fuerza y tú clavas las manos crispadas sobre mi espalda, clavando tus uñas.

    Dejamos un momento de besarnos para tomar aire, y luego me lanzo a lamer tu cuello mientras tú echas la cabeza hacia atrás.

    Mis manos bajan por tu espalda y se posan en tus nalgas que masajeo y palpo con ímpetu.

    Te levanto en volandas y te aplasto contra la pared. Te agarras a mi cuello y de tu boca se escapa un susurro afirmativo.

    -Siii.

    Rodeas mi talle con tus piernas para mantenerte en esa posición y paso mi polla por tus labios vaginales, sin tocarla con las manos. Sabrá encontrar el camino.

    Y lo encuentra. Tus pechos quedan a la altura de mis labios. Mojo con mi saliva tus pezones y empiezo a chupar con fuerza.

    -Siii

    Ya estoy dentro de ti. Estás empapada y ha entrado del tirón, sin detenerse hasta tocar el fondo.

    -Ahhh

    Empiezo el bombeo. Entro, salgo, entro, salgo. Tú te acompasas conmigo y clavas aún más fuerte los pies en mi espalda.

    Siento el sabor de tu leche mamar de tus pechos. Has estado hasta hace bien poco amamantando a tu hijo y aún tienes ese elixir que chupo y bebo con lujuria. Casi con obscenidad.

    Acelero el compás. Los dos estamos muy excitados.

    -Siii, ahhh

    Entramos al unísono en unos breves, pero intensos espasmos, y mi leche caliente se estrella contra las paredes sensibles de tu coño.

    No hablamos. Tan solo nos afanamos en recomponer nuestras prendas, y aprieto el stop de nuevo. El ascensor reanuda su trayecto.

    Tercer piso. Se abren las puertas. Estás colocándote el cabello bien con un gesto muy femenino, y levantas la mirada.

    -Mañana, cuando tu pareja salga, deja un momento a tus niños solos y baja a por sal.

    -Mejor sube tú, que ellos estarán jugando en su habitación. Ya me ocupo yo.

    Bajo del ascensor y te lanzo una deseosa mirada de arriba abajo.

    Con tu dedo recorres el escote de la bata y me guiñas un ojo.

    Mañana tenemos algo que hacer juntos…

  • Anal con Jenny en el pub

    Anal con Jenny en el pub

    Aquella noche, ya estaba todo listo para consumar nuestro reto, Jenny me propuso que yo fuera el primer hombre que tuviera sexo anal con ella; la condición era que en plena cita yo la excitara tanto que ella dispondría el lugar donde hacerlo.

    Ambos éramos amigos de años, y si bien ya habíamos tenido sexo años atrás, esta vez ella quería que la ayudara a cumplir ciertas fantasías, y yo era la persona indicada, dada la confianza y discreción que teníamos; ambos éramos separados, pero teníamos una gran química personal y sobretodo una compatibilidad sexual única; donde no existía lo prohibido ni lo anormal, nuestra confianza era absoluta en todo aspecto.

    Escogimos ir a un pub que estaba en una avenida no muy concurrida; de esas que tienen poca iluminación, una gran pista de baile y todos los asientos están alejados en la penumbra, que invita a hacer todas las travesuras inimaginables; llegamos al sitio y no perdí tiempo, pedimos 02 jarras de sangría y comenzamos a libar; ella se fue entonando al ambiente y yo comencé mi labor encomendada, el sitio que escogí se prestaba para empezar mi plan, ella estaba con una minifalda que enseñaba sus poderosas piernas, muy carnosas y duras, sus curvas realmente eran de infarto; tenía una blusa muy escotada que sujetaba con gran tensión un par de tetas enormes; es así que transcurrido una hora desde que ingresamos le dije a Jenny:

    -Jenny, quiero que me des tu braga… vamos a empezar el reto -le dije muy pícaro.

    Me acerqué a ella y comencé a meter mi lengua en su oreja; sabía yo que eso era algo que la excitaba; le dije cosas muy calientes, como que tenía los mejores pechos, y su culo era lo más rico que había visto en persona…

    -Así… dime quien te ha hecho el mejor sexo oral.

    -Pues tú, eres la mejor -le dije a ella

    Y sin duda era verdad, las veces que tuvimos sexo, Jenny era toda una experta en ese menester; sus labios y lengua era toda una maquinaria programada para provocarte un gran orgasmo; sin embargo ella nunca dejaba que me viniera en su boca, era un reto pendiente que tenía…

    -Piero, siempre quieres mi braga; pues te lo regalo.

    -Claro que sí, quiero que te lo saques y me lo des…

    Ella marchó al baño y en menos de 3 minutos estaba de regreso y me dio su prenda interior; yo me puse a mil de excitado y le dije que dejara mi mano la libertad para moverse dentro de su faldita; ella asintió, solo me pidió que fuera muy discreto.

    La penumbra del local me dio la osadía para hacer esto; llevé mi mano derecha de frente a su pubis, el cual estaba caliente, así que con gran habilidad de mis dedos comencé a abrirme paso entre sus labios vaginales, la fricción que empezaba a realizar comenzó a dar sus frutos cuando sentí la humedad viscosa de su vagina; esta vez mis dedos se movieron más fuertes y apreté su clítoris con gran delicadeza; un gran gemido soltó Jenny que apenas fue sentido en el local cuya bulla y penumbra fue escogido adrede.

    El sitio realmente nos ayudó mucho; para cualquier mozo del local éramos una pareja normal que estaba una muy pegada a la otra; sin embargo la gran diferencia era el manoseo increíble que se estaba dando.

    -Piero, has logrado que me moje, estoy por llegar… ahhh

    -¿Quieres que siga? -repliqué

    -Sí, hazme tener un orgasmo con tus dedos -indicó.

    Seguí con esa labor; mis dedos se movían como hélice de licuadora dentro de su vagina; movimientos parejos, y también movimientos irregulares, según como ella reaccionara, su cuevita de placer iba cada vez poniéndose más caliente y era evidente que se iba a inundar con sus líquidos.

    Ella se me acercó y me dijo susurrando en mi oído:

    -Aaahhh riquísimo, que rico así, así, sigue Piero…

    -No saques tus dedos, no lo saques…

    Comencé a aminorar la velocidad de mis dedos, para no cansarme; además quería que su orgasmo fuera lo más prolongado posible; sus líquidos seminales habían hecho su labor, su vagina estaba súper húmeda; la tibieza de sus jugos hacía que volviera con más ímpetu a remover mis dedos, y seguir jugando con sus texturas de carnes rugosas; cuando sabía que ya estaba llena de placer, arremetí con otro movimiento más rápido de mis dedos; ella era incapaz de contener el movimiento de su cadera, y causó que tuviera que agarrarla lo más discretamente, para no evidenciar la posición de mi mano en su abertura.

    Un par de minutos después llegaba a su orgasmo; mis dedos salieron repletos de su humedad, ese líquido algo blanquecino que olía sexo le pedí que lo lamiera, con total seguridad; ella accedió a mi pedido.

    -Jenny, ya cumplí mi parte, estás súper mojada; ahora es el momento.

    -Te provoqué un gran orgasmo cierto.

    -Sí; estuvo riquísimo, como todas las veces que lo haces -dijo ella.

    -Vámonos de aquí; que me quiero comer ese culo tuyo -le dije.

    Lo que yo pretendía era salir del local e irnos a un hotel para consumar el reto convenido, y tener el mejor sexo anal que pudiera darle; sin embargo, lo que ella me iba a decir jamás lo calculé, e hizo explotar mi cabeza.

    -Piero, quiero que me hagas sexo anal, aquí mismo!!!

    -¿Cómo? estás loca, está repleto de gente aquí.

    -Ya sé dónde; no te preocupes -Me dijo ella.

    -En el segundo piso del local hay una zona donde no hay mucha gente y sus baños están casi vacíos…

    -Piero me tienes que acompañar al baño -prosiguió

    – Estás segura Jenny… -le increpé

    -Siii, ya no aguanto y quiero que sea ahora, o ya no va a ocurrir…

    Sintiéndome algo amenazado por su declaración, no me quedó otra que seguir sus instrucciones, sólo teníamos que evitar que el personal de seguridad se diese cuenta de nuestra intención.

    Ambos subimos de nivel, y efectivamente, no había mucha gente; dicho espacio, era grande y no estaba tan resguardado, fue fácil que ambos ingresemos al baño de mujeres.

    Entramos a dicho espacio; no era tan pequeño, y logré continuar la excitación que aún perduraba en Jenny; abrí los botones de su blusa y comencé a morder esos lindos melones que tiene por tetas, grandes, carnosas y con un sabor a piel de durazno; sus pezones estaban más erectos que nunca y listos para ser mordidos; con una mano cerré la boca de Jenny y sus jadeos se hicieron silencio, para evitar llamar la atención; sin embargo el baño estaba absolutamente vacío.

    Es así que puse de espalda a Jenny, retiré su falda y con toda la saliva que procuré sacar de mi boca, comencé a embarrar con mi mano su ano para preparar su dilatación, comencé a masajear su gran culo, quería calentar su zona anal y procurar el mayor dilatamiento posible; Jenny se movía agitada y la excitación era tanto en ella que las molestias de dolor apenas interrumpían mi labor; al cabo de unos breves minutos, su ano estaba dilatado y muy ansioso por recibir el paquete de carne que ya estaba de lo más duro y listo para entrar en acción, con un leve movimiento arremetí contra ella y de un solo tirón ingresó más de la mitad de mi falo en dicho huequito…

    -Ayyy… despacio -gritó levemente Jenny.

    -Despacio… pero está muy ricooo.

    Volví a embestir esta vez con más cuidado, esta vez el movimiento fue más parejo y logré el ir y venir en mis arremetidas; Jenny estaba amordazada con mi mano para que su disimular su jadeo, sin embargo era algo difícil contenerla.

    -Que ricooo…

    -Así, ahhh

    Apenas unos 5 minutos y yo ya estaba en la cúspide del placer, listo para explotar; sin embargo Jenny me pidió que aguantara…

    -Quiero tu semen en mi boca -afirmó Jenny…

    -Está bien, así será, pero esta vez tendrás que hacerlo a mi manera -agregué

    -Está bien, mañosón.

    Retiré mi pene de su ano, y nos volvimos a poner nuestras prendas; salimos raudamente del baño de mujeres y nos volvimos a acomodar esta vez en el asiento más alejado; igual de oscuro, igual de discreto.

    Ahora Jenny tendría que devolverme el placer; eso era algo acordado, instalados en nuestro nuevo lugar; esta vez tuve que buscar un mesero, para solicitar un nuevo trago que acompañara nuestra tertulia y asombrándonos de la osadía cometida en dicho local.

    -Estuvo buenazo Piero, no pensé que me ibas a seguir la corriente.

    -Estás loca!!! Y perderme la oportunidad de comerme ese culo.

    -Tienes razón; uno nunca sabe cuándo tenga ganas de hacerlo -dijo pícara Jenny.

    -Ahora como te devuelvo el favor… tú dirás -acotó ella.

    -Esta vez, tú te tragarás mi semen, pero aquí mismo, sin ir al baño -le comenté.

    -Queee!!!! Estás loco…

    -Aquí no… Nos van a ver – eplicó Jenny.

    Es entonces que con hábil argumento le dije:

    -Jenny, mira a tu alrededor, las pocas parejas que hay están concentrados en lo suyo, es más -le señalé con mi mano a una pareja que estaban en plenos manoseos y nadie decía nada- los mozos rara vez suben a este nivel, salvo que uno los vaya a buscar.

    -Tienes razón, no sube nadie por aquí -me dio la razón.

    Ella se sentó a mi costado y protegida por mi cuerpo, agachó su cabeza y procedió a sacar mi pene que ya estaba ansioso por ser lamido y mamado; la boca tibia de Jenny hizo el resto, con gran maniobrabilidad comenzó a succionar mi pene, y la excitación llegó a su máximo cuando su lengua comenzó a jugar con el glande de mi pene; era una gran chupada, de esas que son memorables; sin duda Jenny era toda una experta en el sexo oral…

    -Ahhh… que rico lo haces Jenny…

    Apenas respondió, estaba tan concentrada con su lengua succionando, lamiendo y chupando mi pene, que no estaba interesada en otra cosa que no sea mi falo.

    Al cabo de unos minutos, un chorro de semen estaba por salir.

    -Jenny, me vengo!!!

    -Ya, en mi boca, lo quiero en mi boca…!!!

    Inevitable ese chorro de semen espeso y blanco que llenó la boca de Jenny; ella no sólo se lo tragó sino que limpió con su lengua todo resto de semen de mi pene, jamás pensé que semejante acción fuera ejecutado a la perfección.

    -Eres una golosa, como te gusta el semen.

    -Es muy rico hacerlo… y no sabes las proteínas que tiene… jajajaja.

    – jajaja –reaccioné.

    Ambos quedamos unos minutos sin movernos; el olor a sexo era tan evidente en dicho espacio que cualquier que se acercara adivinaría lo que sucedió; levanté la mirada y divisé a otra pareja a punto de hacer lo mismo que nosotros…

    El reto estaba cumplido, jamás pensé que lo iba a hacer en un lugar público; las cosas no planeadas suelen salir mejor dicen; espero repetirlo pronto…

  • Una mañana en el sur

    Una mañana en el sur

    Después de un largo viaje en los asientos de atrás de un jeep, fuimos conducidos por la pareja de su madre hasta llegar al sur de Santiago.

    Nos alojamos en la casa del pololo de su hermana junto a varios más de su familia. Al ser tantos no teníamos mucha intimidad ya que nos tocó el living para dormir junto a su hermana.

    Los días fueron exquisitos, como ellos dicen, a puro sol. Un clima cálido perfecto para entrar al lago fresco sin tanto titubeo.

    No fue mi primer lago por ya haber ido a Chile el año anterior, pero se sentía como uno de los primeros en mi piel, siempre fui del mar. Era de color verde cristalino, sabor dulce y tenía esa frescura que te despabila al instante al zambullirse, era muy rico.

    Al haber ido por pocos días habremos disfrutado del muelle solo dos veces pero recuerdo lo bien que se sentía acostarnos ahí. Me gustaba mirar por las hendijas y ver las piedras erosionadas del fondo tapadas por la translucencia. La calma nos inundaba porque estábamos acompañados de las quietas aguas de la tarde, ya nadie nadaba ni navegaba.

    Por la mañana, los desayunos abundantes más de una vez fueron opacados por conversaciones amargas, las incoherencias salían a borbotones de la boca de su hermano. Yo tan tibia, nunca manifesté mi opinión pero el calor interno siempre me poseía con impotencia, creo que era por respeto a su madre, que nunca disfrutaba de esos momentos.

    Hartos y abrumados decidimos bajar al lago y tomar el kayak, los dos entrábamos cómodos. El cielo sin nubes y el sol radiante del mediodía nos acompañaba y entibiaba nuestros cuerpos mientras nos adentrábamos en el lago, queríamos disociarnos de todo eso de lo que no éramos parte.

    Al ver la orilla y la casa ya con otra dimensión, dejamos de remar y nos recostamos con nuestras piernas entrelazadas. Las caricias fueron incrementando su intensidad mientras el calor se apoderaba de nosotros.

    Me acerqué a él y besé sus labios suaves templados al sol. Su lengua recorrió la mía lentamente como siempre nos gustó, sin dejar de acariciar mis muslos y entrepierna.

    El sol nos pegaba en la espalda y nuestros pómulos ya tomaban color, nuestros pechos tenían pequeñas gotas de transpiración. Mi bombacha comenzaba a embeberse de ese elixir genuino que él tanto disfrutaba. Sus dedos lo notaron y se resbalaron entre mis labios, pasaron de su boca a la mía ya queriendo ser devorados.

    Yo lo acariciaba por encima de ese short violeta gastado que tanto me gustaba, y podía sentir cuán firme ya estaba. Desde el elástico lo tiré hacia abajo para poder sentirla con mis manos suaves. Me toqué y pasé mis fluidos con mis dedos para que se vuelva húmeda como yo. Aún cierro los ojos y puedo recordar su temperatura avivada por los rayos del sol. Las ganas de tenerla en mi boca ya se apoderaban de mí, en conjunto con esa adrenalina extra por temer ser observados. Él hacía percatarme de las distancias con pocas palabras mientras sus manos me agarraban con más fuerza; a la vez pasaban por mis pechos y su boca por mis pezones, al pasar su lengua podía percibir lo duros que estaban.

    Se echó hacia atrás y la luz hizo que la saliva de mis tetas tenga su propio reflejo.

    Me recosté sobre su pelvis y la besé arrastrando mis labios entre cada beso mientras mis manos intentaban abarcar con firmeza y suavidad todas esas partes que sabía que a él le gustaba sentir. Fui subiendo lentamente con mi boca húmeda y mi lengua sin fuerza para adaptarme a su forma y envolverlo lo más posible. Llegué a su punta riquísima y se notaba cómo toda su sangre se había direccionado hasta hacerla crecer con una fuerza tal que su piel fina relucía bajo el contraste de ese color rosado potenciado. La apoyé sobre mi lengua y paladar y sentí ahora cómo su sutil elixir se mezclaba con mi saliva y hacía que todo fluya aún más. De a ratos me sumergía aún más para sentir su roce en mis amígdalas, eso me calentaba.

    A todo esto, nos mecíamos livianos flotando sobre el movimiento casi impalpable del lago que era excitado por el nuestro. Nos estábamos disfrutando fuerte y nuestras manos ya nos recorrían desquiciadas buscando más. Mis dedos finos mojados en su boca ya sentían la fricción de sus dientes advirtiéndome que iba a venir sobre mí. De todas formas me lo dijo, con esa voz extasiada, pero yo seguí hasta sentir esa vibración en mi mano que lo agarraba y subía hacia mi boca.

    Fue más tibio y dulce que el sol en mi espalda.

    Nos miramos y me asomé por el borde del kyak para escupirlo, y vi cómo se fundía en el lago profundo sin fondo.

    Me incorporé y nos reímos plácidos. Él quiso seguir tocándome, pero yo preferí recostarme sobre él mientras el sol nos seguía insolando.

  • Compartiendo a mi prima en Año Nuevo

    Compartiendo a mi prima en Año Nuevo

    Soy de la ciudad de México, mi vida sexual comenzó con la mayor de mis primas de nombre Laura quien es 5 años más grande que yo. Ella vivía a unas cuadras de mi casa y nuestras familias convivían muy seguido. Puede sonar cliché, pero además de ser la más caliente entre todas mis primas, también es la más linda. Actualmente es casada y tiene dos hijos. El matrimonio no le sentó muy bien y subió mucho de peso, además de que su cuerpo perdió forma, sin embargo, cuando aún teníamos encuentros sexuales tenía un culo enorme y perfectamente bien formado.

    Estoy convencido de que ella es el origen de mi profundo amor por las mujeres culonas. Prefiero mil veces a las mujeres de pecho plano, pero con culos generosos que a mujeres chichonas, pero sin nalgas (aunque por supuesto mi ideal es una mujer chichona y culona, y por suerte me casé con una).

    No puedo entrar en detalles sobre cómo empezó nuestra relación, pero cuando ocurrieron los acontecimientos de este relato ambos éramos ya mayores de edad.

    Ella es hija de una de las hermanas de mi papá, y nuestra familia es originaria del estado de Michoacán, lugar al que íbamos de vacaciones cada diciembre durante al menos una semana junto con toda la familia a pasar navidad y año nuevo.

    A mí me encantaba ir, porque me divertía mucho con mis primos, que eran más o menos de mi edad. Pasábamos las vacaciones juntos yendo de cacería al monte, practicando downhill o pescando truchas en el río.

    Tenía una relación particularmente cercana con uno de ellos que vivía ahí y que es un par de meses mayor que yo, su nombre es Daniel. Siempre dormíamos en el mismo cuarto y nuestra sexualidad afloró al mismo tiempo, así que solíamos inventarnos historias obscenas y fantasear con las mujeres de la familia.

    Como en ese lugar no había buena señal del teléfono ni redes inalámbricas accesibles, llegamos a visitar un café internet cercano para descargar imágenes y videos porno a mi celular y luego volvíamos a la casa y nos metíamos al baño por turnos para masturbarnos.

    Llegamos incluso a masturbarnos mutuamente y he de confesar que en una ocasión, tras quedarnos solos en su casa (puesto que todos habían ido a la fiesta del pueblo) empezamos a inventar historias sexuales y me calenté tanto que se la mamé tres veces a lo largo de la noche. No tuvimos ningún inconveniente con eso, porque éramos de mente lo suficientemente abierta y sabíamos que acontecimientos como ese no significaban nada más que una mera exploración de la sexualidad.

    Durante alguna de esas vacaciones le platiqué que me estaba cogiendo a Laura, cosa que no me creyó en absoluto, y con justa razón.

    Yo era un joven escuálido, debilucho y de baja estatura aunque con un rostro nada despreciable, y ella, por su parte un mujerón de 1.75, con una cara muy linda, piel bronceada y un trasero espectacular.

    Sabía lo deseable que era y le encantaba recibir miradas de los hombres, sin importar quiénes fueran. En ocasiones llegábamos a caminar juntos por la calle y ella pasaba cerca de donde hubieran grupos de hombres, así fueran albañiles malolientes, y al pasar levantaba y meneaba más el culo.

    En cada lugar al que iba conseguía un novio nuevo. Incluso supe que en una de esas vacaciones en Michoacán anduvo con un joven agricultor nada agraciado, vecino de la casa familiar y que le pedía a otra de mis primas que la encubriera mientras iba al monte a coger con él.

    Antes de continuar quisiera describir la casa; Se encuentra en un pueblo pequeño en medio de la sierra. Está sobre un terreno enorme, de unas cinco veces la superficie de la casa usual de la Ciudad de México. Hay otras casas a los lados, por el frente pasa una pequeña carretera y por la parte de atrás no hay nada más que árboles frutales, arbustos, algunos huertos de mis tías y un par de casitas de madera donde guardan algunas gallinas y conejos.

    En medio de ese gran terreno está la casa en sí. Conformada por dos edificios amplios separados por un pequeño pasillo, cada uno de un solo piso, con techo de lámina. Hay varias habitaciones, un comedor muy extenso y un par de baños. En una esquina del terreno estaba un cuartito que usaban de cocina (estaba aislado porque cocinan con leña), un pequeño almacén y un molino de maíz.

    En fin, para vencer la incredulidad de mi primo ideamos un plan para que presenciara un acto sexual entre Laura y yo. Le pedí que apenas anocheciera se ocultara entre unos arbustos en la parte trasera de la casa y que esperara. Yo intentaría convencerla de acompañarme y una vez ahí, de tener suerte conseguiría de ella al menos una chupada y él podría presenciarlo. Le dije que si eso ocurría no interviniera, solo viera y se quedara callado. Eso hicimos, Llevé a Laura al lugar y ahí nos besamos y le acaricié el culo, metiéndole la mano en el pantalón. No quiso hacer nada más porque me dijo que sentía que alguien podría estarnos observando (jajaja) pero eso fue suficiente para que la incredulidad de mi primo se convirtiera en una sana envidia.

    -Hijo de la verga, no puedo creer que te estés comiendo todo eso -me dijo al día siguiente.

    -Ya ves, uno que es chingón

    Tenía un gran aprecio por él, y mi relación con Laura se limitaba a algo sexual. No tenía ningún apego hacia ella, no estaba enamorado ni me causaba conflicto alguno saber que era una zorra hecha y derecha y que se cogía a todo el que se lo pedía, así que le dije a mi primo que había llegado su momento de brillar, que como muestra del aprecio que le tenía iba a hacer que Laura le entregara ese culote.

    No quedaba mucho tiempo de nuestras vacaciones, íbamos a volver a la ciudad de México el 1 de enero en la noche y faltaban tres días para eso así que empecé a pensar en cómo podría conseguir ese objetivo. En un inicio pensé simplemente en decirle que Daniel se la quería coger, y que yo no diría nada si lo hacía, pero concluí que las probabilidades de que sencillamente dijera que no eran muy amplias, además sospecharía que yo le conté de nuestra relación y eso podría poner en riesgo nuestros encuentros.

    Al final solo se me ocurrió lo siguiente: Haría todo lo posible por crear las condiciones para follarla en un lugar arriesgado tan pronto como pudiera. Habiéndolo hecho, Daniel tendría que hacer su parte y decirle que por casualidad nos vio haciéndolo y pedirle un polvo a cambio de su silencio. Le comenté el plan a Daniel y aceptó entusiasmado.

    Esa misma noche, después de cenar y mientras los tíos hacían sobremesa y mis demás primas y primos perdían el tiempo dentro de la casa, salí con Laura al patio del frente donde había un columpio amarrado de una de las ramas de un gran encino. Daniel, sabiendo lo que iba a pasar se quedó dentro de la casa.

    Platicamos de cosas absurdas durante unos minutos y le dije que iba a la parte de atrás de la casa a ver a los conejos, que si quería venir conmigo. Me dijo que me acompañaba en un momento. Fui al lugar, pasaron cerca de 15 minutos y no llegaba. Pensé que no iba a ir y que tendría que idear un nuevo plan, o simplemente dejarlo pasar y decirle a Daniel que por desgracia no habíamos alcanzado el objetivo. No importaba, de cualquier modo yo iba a seguir cogiendo con ella en la Ciudad de México.

    Pero llegó de repente. No dijimos una palabra, sabíamos que teníamos que aprovechar el tiempo y nos besamos. Le levanté la blusa y le bajé el pantalón sin llegar debajo de las rodillas. Ella me sacó la verga y me la jalaba mientras nos besábamos y yo le frotaba el clítoris y ocasionalmente lamía sus pechos pequeños. Nos metimos entre los arbustos y como pudo levantó el culo flexionándose un poco y poniendo las manos sobre sus rodillas para tener algo de estabilidad. Intenté penetrarla pero la oscuridad no me permitió ser tan preciso y sentí cómo su ano se contrajo ante el contacto con la punta de mi pene. Pude por fin meterla en su vagina y tuvimos una breve sesión de sexo, intensa pero nada memorable, de unos tres minutos a lo mucho. Lo disfruté, claro está, pero lo más importante es que ya se había cumplido el requisito.

    Entramos a la casa, nadie nos preguntó nada, todos seguían en la conversación jovial en el comedor, solo Daniel en la sala me miro expectante y le sonreí, él me devolvió la sonrisa con complicidad.

    Al día siguiente le platiqué a detalle lo ocurrido y le dije que era ahora o nunca, que tenía que acercarse a Laura durante el día y buscar el momento preciso para decirle que nos había visto, que no fuera agresivo, por el contrario que intentara manejarlo con humor, yo haría mi parte manteniéndome alejado de ella y distrayendo a mis demás primas de ser posible.

    Así fue, los vi platicando juntos frente al columpio en la tarde, y noté que ambos se veían nerviosos y reían. Todo parecía ir viento en popa.

    Ya en la noche me contó que Laura negó todo en un principio pero él le mencionó los detalles que yo le platiqué acerca de la cogida y le dijo que no tenía ningún caso fingir, que no le diría a nadie pero que le encantaría probar esas nalgas, que probablemente no la volvería a ver en todo el año y que lo considerara su regalo de navidad. Ella le dijo que no sabía, que lo iba a pensar.

    -Ay güey, eso estuvo bueno, a mí no se me hubiera ocurrido

    -Pues sí, pero no me dijo si sí o si no

    -Obviamente ya te dio entrada güey, busca el momento adecuado

    Así llegó el 31 de diciembre. Fue un día ajetreado, acompañé a mis papás y tíos a comprar cosas para la cena, la sidra, las uvas y varias botellas de tequila, whisky y brandy. Durante la tarde preparamos todo, en la noche nos vestimos con nuestras mejores ropas y cenamos con toda la familia.

    Laura se veía espectacular. Llevaba un vestido negro entallado, asimétrico y con la espalda descubierta, que le llegaba a las rodillas. Se hizo rizos en el cabello y se había puesto un labial rojo intenso. Parecía una estrella de cine de los 50s. Su belleza extraordinaria contrastaba con la casa, que aunque bien limpia y arreglada no dejaba de ser una construcción austera de pueblo con techo de lámina.

    Noté que varios de mis tíos le dirigían miradas fugaces y después volteaban ansiosamente a todos lados para cerciorarse de que sus mujeres no los habían atrapado en el acto de morbosear a la más rica de sus sobrinas.

    Transcurrió la noche, llegó el año nuevo y nos dimos el abrazo. De nuevo más de uno de mis tíos abrazó fuerte a Laura y entre el “feliz año nuevo hija, que todas tus metas se cumplan” le arrimaban la verga o le ponían su mano justo en donde terminaba la espalda, con un par de dedos acariciando el inicio de sus glúteos.

    Me la estaba pasando muy bien, empecé a tomar tequila con mis tíos mientras escuchábamos música de banda (regional mexicana) a la que no soy muy adepto, pero que una vez ebrio aflora desde lo más profundo de tu ser y de repente, casi sin darte cuenta te sabes todas las canciones. Al mismo tiempo veía a Daniel y Laura en la sala platicando muy íntimamente y riendo mientras ella jugaba con sus rizos y se mordía los labios ocasionalmente.

    Cerca de las cuatro de la mañana ya estaba muy ebrio al igual que todos. De hecho ya solo estaban dos de mis tíos en el comedor, aferrándose a la farra y escuchando canciones deprimentes. Todos los demás habían ido a dormir o habían perdido la consciencia en alguno de los sillones. Previamente estuve coqueteando con otra de mis primas, pero no conseguí más que un beso en la puerta del baño.

    Me tambaleaba al caminar, fui a orinar cuando me acordé de aquellos dos. Pensé que tal vez habrían ido a dormir así que me asomé al cuarto de Daniel y no estaba. Ahí lo supe, seguro ya se la estaba follando.

    Me sentí satisfecho por un momento, pero no sé si a causa del alcohol empecé a sentirme ansioso y me ocurrió lo que nunca antes; sentí celos. No era lo mismo enterarme que se había cogido a tal, o que le meneaba el culo a los albañiles que saber que en ese preciso instante tenía una verga adentro que no era la mía.

    Decidí salir a buscarlos tan sigilosamente como mi estado me permitía. Busqué en todos los lugares posibles: tras los arbustos, tras la casa de las gallinas, en el molino, en la bodega y no los encontré.

    Solo quedaba un lugar por buscar: la vieja camioneta Silverado del 98, propiedad de mi tío de la cual Daniel tenía acceso a las llaves.

    Me acerqué con cuidado al rincón de la casa en donde estaba estacionada la camioneta y me asomé desde la ventana de atrás. Ahí los vi en el asiento. Daniel sentado con los pantalones abajo y Laura sin calzones, con el vestido levantado dándose de sentones sobre su verga. Era clarísimo que él estaba muriéndose de placer, no sabía qué hacer con sus manos. De repente le frotaba las nalgas, después le metía la punta de su pulgar en el ano, le pasaba la mano por el frente para acariciarle el clítoris, le agarraba los pechos con ambas manos o le jalaba el cabello. Por momentos ella volteaba ligeramente y con una sonrisa perversa en los labios le decía cosas que no pude distinguir, mientras seguía brincando con fuerza sobre su pene. Sus enormes glúteos vibraban y chocaban en cada embestida hasta que dejó de brincar y comenzó a mover su cadera en círculos hacia un lado y hacia el otro para luego enterrarse con más fuerza ese miembro.

    De pronto Daniel empezó a retorcerse y a moverse también. Supe que se estaba viniendo pero Laura no se levantó, seguía moviéndose y diciéndole cosas. Yo no me estaba tocando y aun así sentí que me corría ante esa escena. Aunque la camioneta estaba cerca de la orilla y se veía perfectamente desde la carretera no me importó la posibilidad de que alguien me viera y empecé a masturbarme. En apenas unos segundos dejé caer un chorro de semen en la tierra justo después de que Daniel expulsara uno igual o mayor dentro de Laura (según supuse).

    Pensé en ver todo el acto, incluso consideré intervenir e intentar un trío pero estaba muy ebrio y no quise arruinarlo así que miré un minuto más y me fui con el mismo sigilo.

    Tras algunas horas de sueño, después de haber preparado las cosas para regresar a la Ciudad de México, y aún con resaca pude hablar con Daniel frente al columpio.

    -Lo hice güey, me la cogí riquísimo

    -Ya sé, sí los vi en la camioneta, culeros -le dije y me reí

    -¿En serio? No me di cuenta

    -No te hubieras dado cuenta ni del fin del mundo con ese culote dándose de sentones…

    -No mames estuvo increíble, me vine adentro de ella y no se detuvo, estuve a punto de gritar, nunca había sentido algo tan cabrón, sentí que me iba a morir.

    -Jajajaja no mames

    – Si güey, luego me la cogí de perrito y al final me la chupó y se los tragó

    -Hijo de la verga, a mí nunca me dejó venirme dentro ni se los ha tragado

    -Pero tú te la puedes coger mucho más seguido

    -Pues sí, eso sí

    -Te rifaste güey, gracias, te debo una.

    Me reí y le di una palmada en la espalda. Me sentí de algún modo satisfecho y feliz de que por mi influencia Daniel hubiera tenido la mejor cogida de su vida. Claro que también pudo haberlo conseguido sin mi ayuda, pero estoy seguro de que no se hubiera atrevido a seducir a Laura si no se lo hubiera propuesto yo.

    Después de esa ocasión volvimos a ir con toda la familia solo un par de veces más. Ocurrieron más cosas en esas visitas que tal vez cuente en próximos relatos. Yo seguí cogiéndome a Laura hasta que se casó y estoy orgulloso de saber que disfruté de su mejor momento (Al igual que Daniel y muchos otros, salvo su esposo).

  • Mi primera infidelidad en un antro

    Mi primera infidelidad en un antro

    Esto ocurrió cuando estaba a punto de cumplir los 19 años, mis amigos decidieron realizarme un festejo en un antro como motivo de celebración y en ese entonces yo tenía a mi novio sin embargo no eran días buenos ya que él era muy celoso y posesivo, discutíamos por cosas muy equis y sin sentido sin embargo lo que menos quería era estar enojada y triste ese día.

    En nuestro grupito del salón sabíamos que ese día iba a ser especial ya que más allá de un festejo al fin tendríamos una salida todos juntos, la dinámica era invitar a nuestros amigos y conocidos sin embargo yo quedé de llevar a mi novio y él a sus amigos.

    El día llegó y más allá de que al día siguiente no tendríamos clase lo puso más emocionante todavía. Primero fue un pequeño convivio con la familia y luego tocaba descansar y proceder a vestirme. Decidí llevarme un vestido rojo ajustado y me llevé un conjunto interior del mismo color (bra y tanga) la noche se acercaba y ya tocaba vestirme. Al estar ya lista le envié un mensaje a mi novio que pasara por mí en “tantos” minutos y terminó siendo puntual, subí al coche y nos dirigimos al antro, en el camino me felicitó y me dijo que mañana me llevaría el regalo especial a mi casa. Yo estaba emocionada en ese entonces y solo le di un beso en la mejilla. Llegamos al lugar y vimos en la entrada a mis amigos, me volvieron a felicitar y nos dirigimos a nuestras mesas reservadas y ahí inicio el pre copeo.

    Para la medianoche ya más de la mitad incluido mi novio estaban medio ebrios y yo iba por ese camino así que le pedí a mis amigas que regresáramos a bailar, bajamos y nos dirigimos a la pista, ahí estábamos cuando unos tipos se acercaron e intentaron bailar con nosotras, yo solo seguía el ritmo hasta quedar de frente con uno (debo reconocer que bailaba bien a pesar de que mi novio no lo hiciera) mis amigas hicieron lo mismo, algunas bailaban entre ellas y algunas con otros tipos del lugar, en eso me pregunta mi nombre y yo solo le contesté con un “Denisse” él sonrió y me preguntó qué festejábamos y le respondí con un “ow mi cumpleaños tontito” volvió a sonreír y me abrazó para felicitarme, le di las gracias y le dije que iría por un vaso a mi mesa, él me dijo que adelante, que me esperaba en la pista.

    Al subir mi novio inmediatamente me tomó del brazo y me jaló hacia una esquina reprochándome porque bailaba con un tipo que no conocía. Yo recuerdo haberle comentado que era mi cumpleaños y que solo quería pasármela bien con mis amigos y que por el amor de dios que no se enojara o hiciera una escena, él me respondió con un “si te vuelvo a ver bailando con ese tipo vas a ver” yo solo le dije un “está bien”.

    Regresé a la pista y continué con mis amigas, miraba hacia todos los lados en donde estaba el tipo con quien bailaba así que al no verlo continué con mis amigas cuando siento que me tocan por la cintura y me preguntan “¿me buscabas?”. Yo solo reí y le pedí de favor que se hiciera a un lado porque estaba con mi novio y que él nos había visto, él me dijo que en 5 minutos me dirigiera al baño que estaba por darme algo por mi cumpleaños, yo le afirmé que si e inmediatamente le dije a una amiga que me acompañara.

    Al dirigirnos al baño le pedí a mi amiga que entrara primero para evitar sospechas, ella entró y ahí fue donde llegó él, llevaba una carta del antro y me dijo que escogiera cualquier botella que todo corría por su cuenta, yo le dije que no, porque de ser así mi novio lo sabría y no quería problemas, él se puso serio y me dijo que de no ser por mi novio él igual estaría conmigo, yo solo le dije que sí, me inspiró mucha confianza y eran de esos chicos divertidos y atractivos a cómo me gustan, luego me pidió mi número y se lo di.

    Entré al baño y salí con mi amiga juntas para que mi novio no sospechara. Al subir a llenar el vaso me volvió a tomar del brazo y me recriminó que había visto que él tipo iba detrás de mí, que cuál era el motivo por haber tardado demasiado, solo me hacía preguntas y yo no le respondía para lo cual me dijo en un tono enojado que se iba y se fue sin despedirse de nadie, por esa escena me puse un poco triste, me bajó el ánimo y solo me la pasé sentada, mis amigos que alcanzaron a escuchar me animaron a seguir la fiesta y así todos decidimos bajar a bailar sin excepción.

    Estaba triste y apenas podía moverme, le pedí a un amigo que me llevara a casa en un rato y él me dijo que sin problemas lo haría. Seguíamos en la pista hasta que vi al tipo bailando con otra chica, que afortunada pensé, subí a ver si había algún mensaje de mi novio y en ese momento me llega un mensaje del tipo que decía más o menos “te vi discutiendo con tu novio, lo sé porque acabo de ver que se fue con sus amigos todo enojado, ven a bailar” eso me reanimó y bajé de inmediato.

    Al bailar con mis amigos él llegó y me preguntó si podría bailar conmigo, yo riendo le contesto con un sí. Continuamos bailando un buen rato hasta que me dio su nombre, Mauro. Para este rato que había bajado un poco la música les presente a mis amigos a Mauro y aunque era algo mayor que nosotros a todos les agradó, estuvo un rato en nuestra mesa y luego continuó bailando conmigo, me gustaba como tocaba mi cintura y bajaba sus manos por mi espalda. Él me dijo que al terminar que haríamos y yo le contesté que llegar a mi casa ya aunque aún era temprano. Él me comentó que si gustaba podía pedir la botella e irla a tomar a otro lugar donde no hubiera tanto ruido, se me iluminó el rostro al escuchar eso y rápido le dije que sí.

    Me despedí de mis amigos y les dije que me llevarían a mi casa aunque mi mejor amiga ya sabía que iba con él, me pidió tener siempre el celular prendido y la ubicación por cualquier cosa.

    En fin, subí a su coche y nos dirigimos a su departamento, él me comentó que venía de intercambio de otro estado y que México le fascina porque hay de todo. Continuamos con pláticas poco importantes hasta que llegamos a su cuarto, abrió y estaba todo ordenado, nos sentamos en su sofá y procedió a abrir la botella con un poco de luz y música.

    Continuamos hablando hasta que él me dijo que había un poco de calor, se levantó del sofá y se quitó la camisa para ver todo su abdomen marcado del gym (mentiría si dijera que no moría de tocar esos pechos) me dijo que lo disculpara pero que la ventilación no andaba muy bien, yo algo nerviosa le dije con un “no te preocupes” la conversación continuó y más y más me iba fascinando su forma de hablar, me ganó la confianza y le pedí si podría quitarse el pantalón que yo también moría de calor, pero que no quería ser la única en estar semi desnuda”, él soltó una risa y se volvió a levantar para desabrochar su pantalón y mientras lo hacía yo igual me levanté, bajé mis tirantes y dejé caer mi vestido hasta el piso, vio mi tanga roja y bra rojo. Él estaba en un bóxer muy ajustado y no le quitaba los ojos en su boca mientras hablaba, ya estábamos por terminar la botella cuando me pidió llevarme a casa, yo solo le dije “llévame al cielo si es posible”.

    Me miró a los ojos, me tomó de brazos y me besó, nos acercamos de forma que yo tocara sus pechos y el sintiera los míos. Sus manos tocaban todo mi cuerpo y su boca mi cuello, con mis ojos cerrados experimentaba algo que me gustaba y a pesar de tener novio en ese momento lo olvidé. Continuó besándome apasionadamente hasta que decidí subir encima de él y continuar, él con sus manos iba de abajo hacia arriba, tocaba mis glúteos y espaldas con gran intensidad, desabrochó mi bra y comenzó a masajear mis pechos y besarlos uno por uno.

    Yo sola decidí acostarme en su pecho mientras lo hacía, cuando ya estaba ansiosa por querer tener su miembro dentro de mi me levanté y me quite la tanga demasiado despacio y con una cara de querer sexo rudo para lograr excitarlo aún más. Me hinqué y le baje un poco el bóxer y sin pensarlo me metí su pene de lo más despacio saboreándolo, iba de arriba y abajo muy muy lento, cuando mi vista iba hacia arriba podía verlo con sus ojos cerrados disfrutándolo, continué haciéndolo demasiado lento y le dije un cumplido: “tienes muy rico tu pene” a estas alturas ya estaba casi húmeda pero quería seguir saboreando ese miembro.

    Luego de abrir sus ojos me miró con cara de lujuria y nos levantamos besándonos. Me tomó de la cintura y me volteó, me puso en el sillón y me inclinó un poco, yo le pedí que lo quería despacio, el accedió y me metió una parte de su glande y con mis manos me agarraba fuerte del sofá. Poco a poco fue introduciendo su rico pene y cuando lo metió completamente me tomó de la cintura y comenzó a moverse poco a poco.

    Ambos estábamos disfrutando la tensión y el calor que había ya que en ese momento estábamos completamente empapados de sudor. Comenzó a moverse un poco rápido y mientras lo hacía yo comenzaba a quejarme de placer.

    Para este punto ya estábamos muy calientes y le pedí que lo hiciera demasiado rápido y comenzó a hacerlo hasta que comencé a tener un orgasmo. ¡¡¡SIII!! Grité, mis nalguitas continuaban ensartada con su miembro y en ocasiones el bajaba de intensidad. Era hora de cambiar de posición y me puso boca arriba y mis piernas quedaron a la altura de sus hombros, comenzó de lo más despacio y poco a poco le ponía ritmo, me gustaba las miradas que poníamos cuando estábamos encima ya que yo gemía de lo más rico y él se quejaba muy lindo.

    Cuando continuó penetrándome me dijo: “Dime qué te estoy cogiendo mejor que tú novio”, lo mencionó en tres ocasiones, pero de lo caliente que estaba sabía que tenía que decirlo porque no era mentira lo que me decía y ese momento lo estaba disfrutando. “me coges mejor que el” “dios”, continué diciendo.

    Cuando detuvo su intensidad me besó y me tomó de la mano y me llevó a una esquina donde había una ventana algo considerable. Me dijo: “¿Te llama la atención que te vean?” Yo solo sonreí y solté un “si” muy suave. De lo caliente que estaba no tenía conocimiento de mis ideas. Me puso contra la ventana y volvió a penetrarme, yo me recargaba de la ventana y con mi cabeza subía y bajaba mi cabello, en ocasiones tocaba mis pechos mientras me continuaba penetrando. Yo sola gemía y él se quejaba de lo más delicioso y en su calentura me pidió que cada que él quisiera cogeríamos de nuevo. Me limite simplemente con un sí.

    Regresamos al sofá y de nuevo me puso en cuatro y me inclinó, comenzó a meterlo poco a poco y aunque ya habíamos bajado revoluciones me preguntó si le gustaba cómo me cogía, le dije un sí muy coqueto. Tomó de mi cabello y comenzó a nalguearme, volvió a hacerlo rápido, y mientras lo hacía yo solo decía: “Más rápido” “así”, me gustaba como sonaba mis nalguitas de esas embestidas qué él me daba. Me tomó de los hombros y ahora si sentí que su pene entro completamente, continuó dándome de esa forma hasta que me dijo que estaba a punto de venirse que en donde lo tiraba, yo le dije: “dame semen” “donde sea maldita sea”, me estaba cogiendo cómo nunca nadie lo hacía.

    Me tomó del cabello e hizo que me hincara, se quitó el condón y se masturbó hasta mancharme parte de mis pechos y cara. Me quité un poco de semen de mis pechos y me los metí a la boca ¡delicioso! El sabor que me gusta.

    El de sentó en el sofá y yo a su lado, lo abracé y me dijo que había estado genial y que esperaba se volviera a repetir, yo solo lo besé en la mejilla y volví a su miembro para quitarle un poco del resto de semen que le quedaba, la verdad no quería desaprovechar ese hermoso miembro y continué masajeándolo y chupándolo hasta lograr ponerlo erecto.

    Él se acostó y yo continué haciéndolo hasta que hice que volviera a terminar pero ahora en mi boca. Me acosté a un lado de él y ahí estuve hasta que le dije que me iba a cambiar. Me puse mi tanga y vestido y me limpié un poco en el baño.

    Cuando estuvimos listo nos fuimos hacia mi casa que de verdad estaba algo lejos. Bajamos en un seven y pedimos una bebida para hidratarnos un poco. En el trayecto le pedí de corazón que por mientras se bajara un poco el pantalón para irlo tocando, él ya se notaba algo cansado pero me cumplió, lo tenía hacia afuera y mientras me llevaba yo continuaba tocándolo.

    Entramos al fraccionamiento y le llame a mi papá que me abriera para entrar, cuando colgó me despedí de Mauro, entre a mi casa y luego a mi cuarto y una vez adentro solo me quité el vestido y recordaba de lo más rico y sucia que era al haberle sido infiel a mi novio.

  • Familia cautiva de unos degenerados

    Familia cautiva de unos degenerados

    Los Ortega regresaban a casa tras sus vacaciones. Al aterrizar y recoger sus maletas, salieron al aparcamiento donde estaba su coche estacionado desde el día que subieron al avión en dirección a Atenas. Todos tenían ganas de llegar a casa porque estaban muy cansados y la emprendieron en dirección a casa. El señor Ortega estaba feliz de haber cumplido la promesa que había hecho a sus hijos de visitar las islas griegas en el Egeo. Lo único que lamentaba Ernesto Ortega era que su esposa no los hubiera acompañado, ya que ella se había separado de ellos por propia voluntad, cosa que ya se venía cocinando hacía meses. Durante los quince días fueron de isla en isla, de sur a norte, conociendo muchos lugares. Su hijo mayor, Gonzalo, de 19 años, conducía y le entró modorra. Pararon en el arcén y pasó al asiento trasero, su padre pasó a conducir y su hermano Jaime, de 18 años, se puso de copiloto. Continuaron el viaje hacia casa, pero todo este movimiento despejó el sueño de Gonzalo y se quedó mirando el paisaje rural por la ventana. Repentinamente se desató una tormenta que rodeó el automóvil de la familia, y los relámpagos tan fuertes y deslumbrantes asustaron a los muchachos.

    — Papá, tenemos que encontrar un lugar para guarecernos. No podemos seguir con esta borrasca sobre nosotros.

    — Tienes razón, Gonzalo, pero parece que no hay ciudades y pueblos cerca de aquí, y ningún lugar donde vivir. Vamos a estacionar en llegar a un ancho.

    — ¡Mira! ¡Papá, allí! Una casa grande, tal vez nos dejen refugiarnos, —exclamó Jaime de repente al descubrir la casa gracias a un relámpago.

    — ¡Sí! Papá, detengámonos en esa casa. Sus dueños nos dejarán entrar y nos darán refugio hasta que amaine la tormenta, —dijo Gonzalo.

    Gonzalo y Jaime miraban a su padre y este respondió:

    — ¡Está bien! Tenéis razón. Estaremos más seguros allí.

    Jaime se alivió al escuchar a su padre porque ya estaba temblando de miedo. Salieron los tres del auto y corriendo se refugiaron debajo del porche de la casa. Ernesto presionó el timbre, pero nadie respondió. Intentó abrir la puerta, y ésta se abrió fácilmente.

    — Nadie parece vivir aquí. Esperaremos adentro hasta que mejore el clima, —dijo Ernesto a sus hijos.

    La sala estaba muy oscura y Jaime vio una lámpara de aceite en la mesa que había a un lado:

    — Papá, hay una lámpara de aceite y podremos ver qué hay por aquí dentro, si la encendemos.

    Ernesto Ortega sacó un encendedor y encendió la mecha. La habitación era grande, alfombrada, con un gran sofá y algunos muebles. En el sofá había varias revistas gay sin tapa. Se sintieron mal, estaban a punto de irse y se dispusieron a regresar al auto cuando escucharon algunos sonidos. Ernesto se volvió para mirar en dirección a la puerta, y tres hombres muy altos entraron; uno de ellos, el más grande, preguntó:

    — ¡Hey! ¿Qué estabais haciendo en mi casa?

    Otro sacó una pistola y señaló la cabeza de Ernesto.

    —¡No te muevas!

    El tío de la pistola dijo a Gonzalo y a Jaime:

    — Si os movéis, volaré la cabeza de este que debe ser vuestro padre.

    Los otros dos hombrotes empujaron a Ernesto al sofá.

    — Veamos qué encontramos aquí, —dijo uno de ellos, mientras le quitaba la camisa a Ernesto y expuso su fuerte pecho, que era realmente sexy.

    En presencia de sus hijos, los dos hombres comenzaron a frotar y pellizcar sus pezones. Ernesto jadeó con vergüenza.

    —¡No! —gritó Jaime—, No toques a mi padre.

    Uno de los hombres agarró el hombro de Ernesto, diciendo:

    — No puedo esperar más.

    Sus ojos se movieron entre Ernesto y su hijo.

    — No, por favor, —rogó Ernesto— No lastimes a mi hijo.¡Hazme lo que quieras!

    El hombre que apuntaba con el arma dijo:

    — Mientras nos sirvas bien y hagas exactamente lo que decimos, es posible que no hagamos daño a tus dos hijos; te haré caso.

    Ernesto estuvo de acuerdo sin dudarlo.

    — Papá…

    — No hay otro modo de arreglar esto —Ernesto se volvió de cara a sus hijos— muchachos… papá tiene que hacer algo… yoooo…

    —Cállate, perra, —le gritó uno de los hombres—, no hables sin mandártelo y comienza tu trabajo ya, ¡ahora!

    Ernesto respiró hondo. Sabía lo que querían estos hombres. Acercó sus manos a los muslos de los dos hombres, bajó con temor las cremalleras de sus jeans y ellos mismos sacaron sus pollas. Ernesto abrió los ojos y se sorprendió. ¡Sus pollas eran realmente enormes! Ernesto no pudo evitar mirarlos con estupor. Los penes de los dos hombres no solo estaban ya duros, sino que tenían como unos 30 cm de largo, eran tan gruesos casi como la muñeca de Ernesto.

    — ¡Oh, Dios mío, ufff…!,—Ernesto respiró profundo, y los tres hombres se rieron:

    — Esta es como una herencia familiar, una ganga, —dijo uno de ellos.

    El hombre de la pistola sonrió y dijo:

    —El más grande del mundo, apuesto a que sí; ahora, comienza a cuidar a estos dos hermanos míos, de lo contrario, dejaré que ellos se cuiden a estas dos personitas lindas que están a mi lado.

    —Mi trasero es tan pequeño…, y…, apretado… Está bien…, lo hago…, lo hago… —Ernesto asintió con miedo.

    Comenzó a acercarse a los dos penes. Podía sentir el asombroso peso de las dos pollas. El pene con venas llenas de sangre latía en su mano. Ernesto se volvió hacia el hombre de la izquierda y se tragó su polla gigante en la boca.

    — ¡Oh!, Dios —escuchó Ernesto que su hijo exclamó con voz desagradable cuando comenzó a hacerle al hombre el sexo oral.

    El pobre Ernesto se sintió terrible de hacer esas cosas frente a sus dos hijos, eso lo hizo sentir extremadamente humillado. Pero Ernesto sabía que la única esperanza para la familia era hacer todo lo posible para complacerlos. Sabía que tenía que hacer todo lo posible para proteger a sus hijos. Así que chupó la polla del hombre, realmente la chupó, y la metió con lo grande que era profundamente en su garganta, tal como lo había aprendido de su esposa cuando lo hacía con él. Lanzó la garganta hacia arriba y hacia abajo y, cuando el pene estaba profundo, presionó el glande con la base de la garganta; cuando el pene se retiró, lamió la rajita urinaria con la lengua.

    — ¡Ah… ah… ah!

    El hombre miró a Ernesto y dijo:

    — ¡Realmente vales para chupar la polla de un hombre!

    La boca de Ernesto sacó el pene del hombre, a la vez sacaba una baba del glande. Se volvió hacia el otro hombre sin decir una palabra y se tragó el pene. Continuó su trabajo.

    — Muchachos, mirad a vuestro padre.

    El tío con la pistola les dijo:

    — Vuestro puto padre sí puede manejarse con cualquier polla, ni siquiera una puta puede mamar una polla como estas.

    Los tres hombres se rieron juntos. Ernesto no se daba cuenta en absoluto, se dedicaba a lo que estaba haciendo. Chupaba de un lado a otro entre las dos enormes pollas, esperando que se cansaran y los dejaran marchar.

    — ¿Lo sabías?, —dijo el de la pistola acercándose a Gonzalo sin parar de hablar—. Creo que a tu padre realmente le gusta eso de mamar dos pollas al mismo tiempo. Seguro estoy que a tu padre le gusta de verdad hacerlo.

    Sosteniendo a su propio padre, dio un empujan a uno y sacó la polla de ese de la boca de su padre.

    — ¡Oh! Papá… —La voz de Gonzalo estaba llena de miedo y dolor.

    Jaime lo miró y estaba aterrorizado de lo duro que papá usó su boca para complacer a los dos hombres. Sintió que no podía tragar ninguno de estas pollas. Era demasiado joven para entender por qué papá había prometido hacer algo tan terrible. Todo lo que sabía era que papá dejó que esos hombres pusieran sus pollas en su boca… No… no solo eso, su papá no solo los «dejó» entrar, estaba chupando activamente, y parecía muy delicioso. Su hermano Gonzalo también se sintió muy asustado, pero descubrió que no podía evitar mirar el cuerpo de su padre. Sintió culpa en su corazón. Al ver a su padre tratando de complacer las pollas de los dos hombres con la boca, no pudo contener su deseo y la parte inferior de su cuerpo comenzó a erguirse.

    — ¡Oye! ¡Mira! El chico miró a su papá mamar nuestra polla para que lo pusiéramos también duro, —terció uno de ellos al darse cuenta del paquete que se le puso a Gonzalo.

    — ¿Por qué no dejas que tu hijo vea tu trasero? ¿No ves que me ha quitado a mí para ponerse él?, está celoso, —sugirió el otro tío con el ceño adusto.

    Sus palabras captaron la atención de Ernesto, y se detuvo y miró al hombre sorprendido.

    — Hazlo, —le dijo el hombre a Ernesto.

    El hombre miró al hijo menor Jaime con profundo significado. Y Ernesto cedió, asintió y se sonrojó de vergüenza. Ernesto se quitó los pantalones, se bajó la ropa interior y la tiró al suelo. Abrió las piernas, exponiendo sus caderas a todos y a los dos muchachos.

    —¡Wow! Eso es genial, — exclamó uno de los hombres.

    La cara de Ernesto se puso más roja. Uno de los hombres insertaba dos dedos en su culo.

    — Echa un vistazo y mira el culo de tu padre, chico. Le gusta mostrar su agujero a los demás. ¿Verdad, cochinillo?

    Todo lo que Ernesto puede hacer es mantener sus muslos abiertos y chupar su pene. Cuando Ernesto escupió el gran glande púrpura, la polla se movió como haciendo un fuerte «saludo». Se volvió hacia sus dos hijos, sabía lo que los hombres querían que dijera y decidió proteger a su familia por lo que querían decir.

    — Sí…

    Estaba avergonzado de que su hijo pudiera pensar que hablaba en serio.

    — Me gusta que la gente vea mi trasero.

    — ¿Dónde, pues? Dinos dónde te gusta que te vean, —dijo uno de aquellos tipos.

    — Mi amigo Norberto necesita escribir una historia, una historia de las que a vosotros os gusta leer. Yo soy profesor… Enseño inglés en una escuela secundaria. Nunca uso ropa interior cuando estoy en clase…

    Los dos tíos comenzaron a pellizcar sus pezones. Ernesto no parecía en absoluto asustado y, por supuesto, no se negó. Los hombres comenzaron a sentir que era más coqueto que cualquier otro hombre que se habían tirado. Lo imaginaban en clase y deseaban que él también fuera un estudiante en su clase.

    — Sabía que estabas trampeándonos, —dijo uno de ellos —¿Solo los estás enseñando?

    Ernesto lo miró. Quería hacer sus fantasías un poco más calientes.

    — No solo eso… —Se puso el pene del hombre en la cara y se lo frotaba— A veces les pido a algunos estudiantes, los hicos más guapos, que se queden en el salón de clases después de la salida del colegio. Me pongo en cuclillas y me consuelo chupando sus pollas uno por uno; luego les dejo lamer mi ano.

    Uno le metió su dedo en el ano de Ernesto y sugirió:

    — Si los jóvenes te lamen el ano, ¿por qué no dejamos que tu hijo lo haga?, —sugirió uno de ellos.

    — ¡Sí! Esa es una muy buena idea. Oye… muchacho, ven aquí, —sugirió el hombre que había metido el dedo en el ano de Ernesto.

    — Chúpate el culo de tu padre.

    Gonzalo no se movió. El hombre fue directamente y lo arrastró frente al culo de su padre, obligándolo a arrodillarse entre los muslos separados de Ernesto.

    — Date prisa, chupa el culo de tu padre.

    —¡Nooo…!, —dijo Gonzalo con voz temerosa.

    El otro tío lo agarró de los cabellos a Ernesto y echó la cabeza hacia atrás.

    —Dile que te chupe el culo, papá, —decía— dile que te lo chupe, de lo contrario, haré que la bala atraviese la cabeza de tu hijo.

    Ernesto sabía que el hombre hablaba en serio. Si su hijo no hacía lo que le ordenaban, toda la familia sería asesinada. Ernesto sabía que eso era lo que esos hombres querían. Estaban empeñados en ello. Él hubiera querido ser un inocente frente a su hijo. Pero sabía que era la única manera de que su hijo sobreviviera y tenía que hacerlo. Ahora debía convertirse en uno de los chicos más lascivos, ¿qué consecuencias vendrían de hacerlo? Es un tema cuya consideración podía esperar, ahora era necesario asegurar la vida.

    — Hijo, sé buen chico… chupa el culo de papá.

    Ernesto extendió sus manos alrededor de la cabeza de su hijo, forzó la cabeza del muchacho entre sus piernas y dijo:

    — Rápido… ¡Gonzalo, chúpamelo!

    Gonzalo sabía que estaba en una situación en la que no podía tolerarlo. Sacó la lengua y comenzó a lamer el agujero de su padre.

    — Hmm… Ah…

    Ernesto gimió de inmediato y fingió. La lengua del hijo lamió de un lado a otro en el agujero anal. El hombre que sostenía el arma no pudo evitarlo. Sacó su pene y se movió al lado de Ernesto, intercambiando la posición con uno de los hermanos. Ernesto automáticamente comenzó el sexo oral con ese hombre. Comenzó su primer trabajo nuevamente, lamiendo y sosteniéndose de un lado a otro entre los dos grandes penes. Solo que esta vez, su hijo de 19 años le estaba lamiendo el ano. Con un grueso pene en la boca, comenzó a gemir y la sensación de la parte inferior de su cuerpo gradualmente le impidió contenerse. Los hombres se echaron a reír. Gonzalo metió la lengua en el ano de papá y, al mismo tiempo, extendió activamente la mano al pene de papá y comenzó a frotar. Una parte del corazón de Gonzalo sabía que esto estaba mal, pero por otra parte estaba muy excitado. Ernesto trató de luchar contra la excitación de la parte inferior de su cuerpo, pero la creciente excitación lo hizo incapaz de contenerse. Se llevó las piernas a los hombros con ambas manos, dejando el ano completamente expuesto frente a su hijo.

    —Ah… ah…

    El fuerte estímulo rápidamente hizo a Ernesto más y más caliente. Escuchó la risa de los hombres y Ernesto se sorprendió al descubrir que estaba más excitado: «¡Ay, están viendo a mi hijo lamerme!», pensaba en esto. Ernesto sintió como si una fuerte corriente atravesara su cuerpo; entonces bajó las piernas y levantó su trasero en respuesta a la lengua de Gonzalo. Miró a Gonzalo y vio la cara de su hijo cubierta de saliva y moco. Aunque dejó de tener sexo oral para los dos hombres, a ellos no les importó. Miraron la imagen del incesto entre el padre y el hijo frente a ellos y dispararon con entusiasmo sus pollas descargando su semen sobre padre e hijo.

    — Toma tu polla, muchacho, —ordenó uno de los hombres.

    El otro tío tiró del cabello de Ernesto para levantarlo, obligándolo a arrodillarse frente a Gonzalo, de modo que el padre y el hijo cambiaron de lugar.

    — No te preocupes por tu padre, definitivamente lo dejaremos hacer cualquier cosa, —dijo el hombre que estaba en cuclillas junto a Ernesto— ¿Lo ves mamar nuestra polla? ¿Le escuchaste decir que le gusta chupar la polla de los estudiantes? ¿No es muy sensual? ¿Por qué no dejas que te chupe tu polla también?

    Pasó las manos por debajo de las axilas de Ernesto por detrás y apoyó firmemente las costillas de Ernesto. Ernesto gimió impotente. Exigen que su hijo juegue con el cuerpo de su padre a voluntad. Gonzalo desabrochó sus pantalones a las órdenes del hombre aquel.

    —Sí, eso es, deja que tu padre te chupe la polla, mariquita.

    Gonzalo sacó su polla, que no es nada pequeña y la llevó a la boca de su padre.

    — No hagas esto, hermano… —Gonzalo escuchó a su hermano llorar detrás de él.

    — Deja que chupe tu polla, hijo. —Ernesto, desconcertado por el deseo, le dijo a su hijo suavemente.

    — Mmm… Mmm… —Ernesto siguió el movimiento de Gonzalo y abrió la boca para tragarse el pene de su hijo

    El trasero de Gonzalo comenzó a temblar de un lado a otro.

    — Este chico está disfrutando con su padre, —dijo el hombre con entusiasmo.

    Cuando el hombre obligó a Ernesto a acostarse y abrió las piernas, Jaime se sentó a un lado y abrió los ojos para ver todo esto. Estaba a punto de ingresar a la Universidad, no ignoraba por completo el tema del sexo, pero era la primera vez que lo veía. Y resultó que su padre y su hermano iban a tener sexo delante de él. Aunque se sentía muy asustado en su corazón, su cuerpo comenzó a calentarse involuntariamente. Todo esto fue demasiado intenso para él.

    —¡Sube, muchacho! —escuchó Jaime que uno de aquellos hombres instaba a su hermano para hacer de sensual prostituta.

    Jaime no podía creer lo que veía. Gonzalo realmente se arrastró sobre el cuerpo de papá, sostuvo su pene con una mano y lo guió entre las caderas de papá. Presionó su cuerpo hacia abajo y dejó que su polla se conectara al ano caliente y húmedo de papá.

    —Ah… —Gonzalo no pudo dejar de gemir.

    Aunque precoz, Gonzalo tuvo experiencia de sexo oral con el chico que estaba en su mismo dormitorio del internado. Pero esta fue su primera relación sexual real, y lo estaba haciendo con su propio padre. Sintió un placer más fuerte de lo esperado. Los tres hombres intercambiaron posiciones nuevamente. El hombre que llevaba el arma llegó a la cabeza de Ernesto, vio a su hijo follarlo e insertó su polla en la boca de Ernesto. Jaime a un lado solo podía ver a su padre ser humillado por estos hombres, y no podía hacer nada. Ahora tenía que mirar a su hermano y a su padre. Ver a su hermano chupando la polla de su padre y metérsela por…, aaaagg…

    — Ah… hijo… —Ernesto escupió la polla en su boca y le gritó a su hijo.

    Ernesto observó con entusiasmo la polla de su hijo dentro y fuera de su ano. El placer tabú hizo que Ernesto fuera incapaz de liberarse.

    — Eyacula ya… hijo… —exclamó Ernesto con lujuria—. Echa tu semen en el cuerpo de papá.

    Pero esos hombres tienen otros planes. Uno de ellos agarró a Gonzalo y lo obligó a abandonar el cuerpo de papá.

    — Deja que esta perra trague tu semen, —empujó a Gonzalo hacia adelante—. Date prisa, chico… ¿Quieres ver a tu papá comer tu semen también? ¿No es emocionante hacer que la boca de tu padre esté llena de semen tuyo?

    Gonzalo asintió. Movió la polla a la boca de su padre.

    — Papá…

    Ernesto también tragó con entusiasmo la polla de su hijo. Ernesto olvidó por completo que lo hizo por su hijo. El placer del incesto se tragó por completo su razón. Todo lo que tenía en mente ahora era sexo y anhelo por el semen de su hijo. Sabía que era incesto y que estaba mal. Pero le gustó la excitación de verse obligado a tener relaciones sexuales con su hijo. Además, Ernesto miró a los ojos ardientes de su hijo y supo que a su hijo Gonzalo también le gustaba hacerlo.

    —Ah… oh… —gimió Gonzalo— Me corro, voy a soltar… voy a correrme en tu boca, papá.

    Jaime miró a Ernesto sosteniendo el culo de su hijo en estado de shock, ayudándolo a regar la boca de semen.

    —Ah … ah … ¡Dios mío!

    Gonzalo finalmente inyectó semen espeso y caliente en la boca de Ernesto. Ernesto se lo tragó todo, tanto que se le salía por la comisura de sus labios. Ernesto todavía chupaba fuerte, como si quisiera secar la fuente de semen de su hijo. Gonzalo se levantó y todavía disparó algunos chorros más, y depositó el resto del semen en la boca de su padre. Ernesto escupió la polla encogida de su hijo.

    — ¿Van a venir ustedes tres?, —tentó Ernesto lujurioso.

    El semen del hijo fluyó por la esquina de su boca y Ernesto preguntó una vez más.

    —No, no lo creo… —dijo el tío de la pistola—. Pienso que ahora preferimos los dientes secos.

    Cuando dijo esto, los otros dos agarraron a Jaime.

    —¡No me toques!, —gritó Jaime con miedo.

    Con sus manos trataba de evitar que los hombres invadieran su parte inferior del cuerpo. Pero no tuvo ningún efecto en absoluto.

    — Deja que se endurezca nuevamente, ¿o tal vez prefieres que tu pene se enfríe definitivamente?

    El tipo de la pistola ordenó a Ernesto y a su hijo mayor que hicieran un 69. Ernesto obedeció, se arrastró hasta el cuerpo de Gonzalo y volvió a tragarse la polla de su hijo. Mientras observa a esos hombres forzando a su hijo menor, está teniendo sexo oral con el hijo mayor.

    — Guau! Mira que este chico es un rapaz jovenzuelo, pero la polla es bastante grande, —dijo uno de aquellos pervertidos refiriéndose a los genitales de Jaime.

    — ¿Cuántos años tienes, muchacho? ¿14… 16…?

    — Dieciocho, —respondió Jaime jadeando.

    Un hombre le quitó la camiseta a Jaime y dijo:

    — Tenemos un Adonis, un niño hermoso.

    Cuando los hombres dieron la vuelta a Jaime y lo obligaron a acostarse en el sofá, Se puso a llorar sin poder evitarlo. Lo hicieron arrodillarse en el suelo, le quitaron hasta la ropa interior y expuso su lindo trasero desnudo frente a todos. Otro hombre fue directamente a la espalda de Jaime a pasear por ella su polla, que si parecía demasiado grande para Ernesto, cómo sería en el pequeño trasero de Jaime.

    — Aguántalo, quiero follarle el trasero, —le dijo a su hermano.

    — ¡Nooooo!… ¡Dios mío!, —gritaba sin parar Jaime.

    Ernesto se puso a llorar y dejó de mamar a Gonzalo, pensando en su desgracia, porque lo están sodomizando a él, y también a su hijo menor.

    — No… por favor, por favor, no lo lastimes, —rogó Ernesto.

    — Papá… —Jaime levantó la cabeza y las lágrimas fluyeron por su joven rostro.

    — Ah… ah…, —gemía Jaime cuando el monstruoso glande comenzó a insertarse en su discreto ano. Jaime gritó de dolor. Su rostro también estaba retorcido de dolor. El hombre solo insertó la punta del glande, parecía que un bate de béisbol estaba insertado en el trasero de Jaime; el esfínter de alrededor del ano era claramente visible.

    — Ah… ah… —Jaime pedía ayuda a su padre para el dolor— Sálvame, papá… me duele…

    El hombre no se detuvo por los gritos de Jaime. Él sostuvo su trasero con ambas manos, lo separó a los lados y continuó insertando su gran polla. Empezó a entrar. Pobre muchacho, su trasero parecía estar partido por la mitad.

    —Wow… Nunca he follado un agujero tan apretado en mi vida, —dijo el hombre que follaba a Jaime al otro que lo sujetaba.

    Él se retorció suavemente en el ano del chico, insertando lentamente la gran polla hacia adentro. El hombre de enfrente sostenía su polla y se la frotaba en la cara de Jaime, tratando de insertarla en su boca.

    —¡Chúpame la polla, niño descarado; haz como tu papá.

    En este momento, Gonzalo comenzó a responder a su papá, y también sacó la lengua para comenzar su actividad en la parte inferior del cuerpo. Ernesto lloró por el encuentro entre los dos hijos. Sabía que no podía cambiar todo esto, pero solo invirtió en sexo oral con su hijo para escapar de él. Jaime lloró como un bebé, mostrando lo doloroso que era su ano. Le rogó al hombre que dejara de insertar. Pero en este momento solo podía obedecer las órdenes de los hombres. Abrió la boca e intentó tragarse la gran polla del hombre en la boca, pero todo lo que pudo hacer fue chupar la punta del glande, y lamió la gran polla del hombre con la lengua. Lamió y chupó desesperadamente, oliendo el olor de un hombre. Intentó usar esto para desviar la atención y reducir el dolor en las nalgas.

    — ¡Joder! Su boca es demasiado pequeña para tragarla, —dijo el hombre decepcionado—. Tengo ganas de ver cómo se chupa la polla. Tengo una buena idea. Dejarlo chupar la polla de su padre.

    Los otros dos hermanos estaban entusiásticamente de acuerdo y le ordenaron a Ernesto que dejara de tener sexo oral con su hijo mayor y que se acercara.

    —Ven aquí, perra. El hombre que obligó a Jaime también ordenó a Ernesto. Este abrazó a Jaime al mismo tiempo y mantuvo su polla en su ano. Giró a Jaime hacia Ernesto y lo hizo arrodillarse frente a su padre.

    — Chupa la polla de tu padre, puta, pequeña descarada, ordenó el hombre con la pistola—. Solo relájate y disfruta de los servicios de tu hijo.

    Se volvió hacia Ernesto y le dijo:

    — No te preocupes demasiado, nuestro hermano pasará unas horas en el trasero de tu hijo.

    Ernesto volvió a llorar, pero no se movió. El no puede hacer nada. Observó impotente mientras penetraba el pequeño agujero de su hijo cerca de sus ojos con una polla monstruosa. El hombre le ordenó al muchacho que comenzara a chupar la polla de su padre.

    —Papá … —Jaime miró a Ernesto y lo llamó sollozando.

    Jaime acarició la polla de su padre con ambas manos, abrió la boca y se la tragó.

    — Sí … eso es todo, —gritó el hombre con entusiasmo—, chupa la polla de tu papá, mariconcito.

    Gonzalo vio a su hermano chupar la polla de su papá y sintió que su polla comenzaba a levantarse de nuevo. El cambio que se producía en Gonzalo llamó la atención del hombre que tenía el arma.

    —¡Mirad! Este chico también quiere follar el culo de su padre y voy a complacerle.

    El hombre ordenó a Gonzalo que se pusiera al lado de Ernesto, agarrara del cabello de Ernesto, lo obligara a inclinarse e hiciera que su trasero se levantara. Gonzalo no esperó que le repitieran la orden, inmediatamente se puso detrás de su padre y apuntó con su polla al agujero del culo de su padre. El trasero de Ernesto es perfectamente redondo y flexible. Gonzalo, sin demorarse más, penetró con su polla en el culo de su padre. Observó excitado a su lindo hermano con la polla en la boca mientras tenía a la vez en el trasero metida la polla del otro hombre, y como Jaime movía su cuerpo cuando el hombre se detenía. Se afanaba follando fuerte él culo de su padre para correrse allí, en el culo de papá. El hombre que había dado la orden a Gonzalo y a su padre a tener sexo anal fue hacia Jaime y le ordenó un cambio, que le mamara la polla. Jaime sacó la polla de su boca la polla de su padre y se volvió para ver a los tres hermanos y chuparles sus pollas por turnos. Mientras chupaba la polla de dos él otro le fue a penetras su culo y el chico gritó:

    — No… ¡Otra vez no!

    Recién terminó uno, otro se la metía en su culo y follaba duro y de nuevo el chico gritó:

    —Ah… papá… sálvame… —pedía Jaime dolorido.

    Ernesto estaba a punto de colapsar. Jaime se volvió y por propia iniciativa se metió la polla de su padre en su boca buscando consuelo. Se concentró en la polla de su padre, con la esperanza de aliviar su dolor. Por otro lado, Ernesto dejó de sollozar y su trasero comenzó a balancearse en respuesta a la acción de su hijo.

    —¡Qué piensas, muchacho!, —preguntó el hombre que estaba junto a él.

    — Lo tienes tan apretado… —dijo Gonzalo jadeando— Papi… tu trasero está tan apretado…

    Al escuchar lo que dijo su hijo, Ernesto comenzó a reaccionar frenéticamente.

    —El culo de papá…, hijo…, buen chico…, folla el trasero de tú padre con fuerza.

    Ernesto se ha vuelto completamente loco:

    —De ahora en adelante… después de montarte a papá…, ahí detrás…, puedes hacer lo que quieras…, —gemía Ernesto—. Mientras quieras consuélate con papá… papá lo soportará por ti en cualquier momento…, hijo…, mete tu gran polla, hijo…

    Los hombres seguían intercambiando el culo de Jaime. Sucedió que Jaime dejó de llorar y Ernesto quedó muy sorprendido. El trasero de Jaime también comenzó a satisfacerse con la lascivia de los hombres y su lengua estaba más ansiosa por su excitación. Jaime tragó el semen de su padre y sacó la polla de Ernesto de su boca para lamer el glande de su padre, lamió también con fruición a lo largo de la polla hasta el escroto, y luego regresó de nuevo al glande.

    —Oh…, papá…, me siento ya mucho más a gusto, —gimió Jaime—, quiero hacerte sentir más a gusto a ti también.

    Jaime comenzó a ayudar a su padre mamándole duro. Los tres hombres a su alrededor se reían de nuevo. El muchacho era una verdadera joya sexual como su padre. Mientras Gonzalo mamaba y chupaba los huevos de su padre, sus ojos no perdían de vista el cuerpo de su hermano. No podía soportar el sonido de los golpes de su hermano no el culo de su padre, e inmediatamente salió disparado hacia el culo de su padre. El hombre que follaba a Jaime sacó su polla a causa del empujón que le dio Jaime para irse al lado de Ernesto y Gonzalo.

    — Deja que este pequeño descarado te lama, —le dijo el hombre a Gonzalo.

    Gonzalo felizmente sacó la polla del ano de su padre, acostado en el piso de una manera fascinante, y Jaime inmediatamente abrió la boca para saludar la polla de su hermano.

    — Oh… quería hacer esto justo en este momento, —dijo Gonzalo a Jaime—. Quería ver a mi hermano lamer la polla de su hermano con la lengua, —Jaime gemía lamiendo la polla de su hermano, al igual que su padre y su hermano. Los tres estaban ahora disfrutando, y dejando lejos sus ideas sobre los tabúes y el abuso. Los tres hombres a su lado miraban a los hermanos con gran interés, eyaculando sus propias pollas. Para ellos, era más divertido ver escenas de sexo de incesto con una familia que hacerlo ellos. La polla de Gonzalo se erigió nuevamente en la boca de su hermano, y en este momento tuvo su propia idea. Llevó a su hermano a la parte inferior del cuerpo de su padre, y el agujero trasero del padre todavía estaba vertiendo el líquido blanco que había inyectado.

    —Date prisa, lame el agujero de papá, —Jaime siguió sus órdenes y lamía la parte inferior del cuerpo de su padre. Gonzalo se puso detrás de Jaime.

    — ¡Hermano, quiero follar tu culo!

    — Ah… mi buen hermano… date prisa e insértala… —exclamó Jaime muy excitado.

    Gonzalo insertaba su polla con delicadeza en el ano de su hermano. Aunque Jaime sintió un poco de dolor, después de que tres pollas monstruosas violaran su ano, esto ya era cuesta abajo, y pronto olvidó el dolor.

    —Ah… ah… hermano… hermano… —Jaime comenzó a gritar— Rápido… más duro… más difícil… ah…

    Jaime está a punto de llegar al clímax. Inesperadamente y de repente uno de los hombres apartó a Gonzalo y se insertó. Antes del clímax, Jaime recibió otro fuerte ataque. Pronto Jaime alcanzó el clímax. El hombre también disparó mucho semen de inmediato. Otro hombre inmediatamente se hizo cargo y entró. El hombre que acaba de eyacular se mudó a Jaime y le pidió a Jaime que limpiara. El pobre Jaime llegó demasiado tarde para respirar, y las olas de placer lo dejaron casi inconsciente.

    — ¡Tu hijo nació con sensualidad!, —le dijo el tercer hombre a Ernesto que estaba tirado en el suelo.

    Ernesto miró la sensualidad de su hijo y tuvo que admitir que tenía razón. La mano de Ernesto no pudo evitar moverse hacia la polla que lentamente comenzó a erigirse.

    —No te preocupes, te cambiaré cuando termine, le dijo el hombre a Ernesto con una sonrisa.

    Al escuchar las palabras del hombre, Ernesto se sintió muy avergonzado de sí mismo, pero su culpa lo excitó aún más. Jaime se desbarató del todo y estaba con más ganas y contento de que lo follaran de nuevo, parecía una puta a sueldo, incluso Ernesto suspiraba al ver la sensualidad de su hijo con la lujuria tan a flor de piel que lo llevaba a estar ardiendo nuevamente en deseos. Gonzalo, empujado por uno de los hombres, se acercó hasta Ernesto, se abrazó con Ernesto, acariciando el cuerpo de su padre para consolarlo mientras observaban la actuación de Jaime. El segundo hombre también eyaculó rápidamente, y los tres hermanos cambiaron de posición nuevamente. Jaime ni siquiera tuvo la oportunidad de descansar. De esta manera, el ano de Jaime se llenó de semen de los tres hombres. Después de que el último hombre eyaculara, tiró de Jaime y lo puso al lado de su padre para que le acariciara la polla de su padre, empuja a Gonzalo y hace que Jaime y Ernesto se pongan cachondos. El semen blanco que fluía del ano de Jaime iba mezclado con sangre roja, goteó en la cara de Ernesto, y Ernesto lamió activamente el ano de su hijo antes de que los hombres lo ordenaran. Jaime lloró y gimió bajo la lengua de su padre. Luego lamió la parte inferior del cuerpo de papá para recompensarlo.

    —Sí, papá, gracias.

    Uno de los hombres arrastró a Ernesto y lo arrodilló detrás de Jaime. Ernesto obedeció, pero todavía dudó y no se atrevía a follar a su hijo.

    —No importa, papá, —dijo Jaime, volviendo la cabeza para mirar a su padre—. Me empezó a gustar que me follaran.

    Ernesto Ortega cerró los ojos, arrojó todos los tabúes a la espalda, la abrazó con fuerza y ambos gimieron.

    — Mete duro… mételo sin más…

    Gonzalo miró desde cerca un lado la relación incestuosa entre su padre y hermano, y gritó de emoción. Inmediatamente se metió frente a su hermano, insertó la polla en la pequeña boca de Jaime y se corrió con fuerza.

    —Ah… ah… es tan rico…

    La boca de Jaime estaba llena con la polla de su hermano, y estaba gritando cosas ininteligibles. El padre y el hijo olvidaron por completo la existencia de los tres hermanos, completamente hundidos en el mar del incesto, ya no importaban los tabúes. Los tres hombres se reían a carcajada limpia.

    ¿Qué estáis haciendo? —Una mujer de unos cincuenta años apareció de repente en las escaleras, regañando enojada.

    — Mamá… lo siento, solo estamos jugando un rato… —explicaron los tres hermanos llenos de pánico.

    Echaron a los tres, y padre y a los dos hijos sin devolverles la ropa. Había cesado la fuerte lluvia. Los tres se dieron prisa por marcharse antes de que se arrepintieran los tres hombres. Después de lo ocurrido, los tres, padre e hijos, guardaron sepulcral silencio. Ernesto lamentaba en su interior lo que acaba de hacer. Al poco tiempo y suficientemente alejados de aquel lugar, encontraron un camino y se adentraron buscando un claro en el bosque. Sacaron ropa del equipaje para vestirse. Tomaron sus ropas y caminaron al lateral hacia la hierba. Ernesto iba detrás de sus dos hijos y descubrió que sus ojos no se apartaban del cuerpo de su hijo mayor. Ahora, sin un arma que le apuntara, Ernesto no se paró siguió hacia adelante y abrazó a su hijo mayor, lo llevó a la hierba, extendió su mano y acarició la polla de su hijo con maliciosa sonrisa.

    — ¡Vamos! Hijo, tu padre necesita tu gran polla para que le hagas una buena faena.

    Gonzalo se rió, y se dio cuenta de que aquello que le estaba preocupando que podría ocurrir, pues no, ya no iba a suceder. Jaime se abrazó a su padre y hermano, haciéndose los tres uno solo.

    Cambió la vida de los tres; al siguiente día de su llegada fueron a buscar una gran cama donde cupieran los tres. Su vida iba a llenarse de una nueva y diferente alegría.

    Pero Gonzalo nunca olvidó lo ocurrido hasta…

    **********

    Tres meses más tarde. Gonzalo salió de excursión con sus mejores amigos. Se trataba de una acampada en el bosque. Se despidió de su padre y hermano que le recomendaron que tuvieran mucho cuidado. Cuando regresó a casa a los tres días, le contaron su padre y su hermano lo que había ocurrido en aquella casa donde pasaron casi todo el tiempo de la tormenta:

    — ¿Que pasó?

    — Han muerto los cuatro. En la televisión se dicen muchas cosas, pero dicen que los tres hijos estaban follando con su madre. Al parecer, según cuentan uno por el culo, otro por el coño y el tercero por la boca A la madre la han encontrado con un cuchillo de cocina en su mano.

    — ¿Como fue eso?

    — En cierto modo se lo tienen merecido…, alguna vez tenía que pasar algo así.

    Pusieron la televisión y escucharon las noticias: «Al parecer la madre estaba harta de sus hijos solteros, y en la situación en que se encontraba los fue matando cortándoles la yugular y luego se suicidó, pero también se dice que podría ser obra de un grupo de personas que entraron en la casa, los obligaron a tener sexo a todos a la vez y los degollaron simultáneamente. No dejaron rastro».

    — ¿Esto cambia algo entre nosotros?, —preguntó Gustavo.

    — No necesariamente, —respondió Jaime.

    — Algo sí cambia, el sueño que hubiera deseado realizar con los chicos del Instituto ya no tiene caso —decía Ernesto—, porque mis hijos son más bellos que todos ellos juntos.

    Gonzalo llevaba un envoltorio en las manos, se lo dio a su padre diciendo:

    — Toma, papá, quema esto sin necesidad de desenvolverlo, puede estar contaminado.

    Jaime se acercó a su hermano y lo besó apasionadamente agradecido. Ni padre ni hijos preguntaron nunca nada, ni nada hubo que comentar jamás de estos sucesos. Acabó la policía por encarpetar el asunto archivado como suicidio colectivo.