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  • El fontanero y la chica

    El fontanero y la chica

    Kelly era una joven de 20 años que vivía con sus padres en su casa de clase alta. Ella tiene un cuerpo pequeño apenas mediría 1,50, pero era bien sabroso y en su pequeño tamaño destaca sus grandes nalgas y unas tetas equilibradas.

    Kelly jugaba su papel de chica buena y aplicada en casa, pero en realidad era una zorra que se folló a media ciudad.

    Su padre era un hombre importante con mucho dinero que permitía a su madre y a ella mantener un estilo de vida muy alto. Su madre por otro lado era la típica milf, esa mujer vivía en su burbuja de mujer pija lo cual le impedía darse cuenta de las cosas que hacía Kelly.

    Un caluroso día de verano el padre de Kelly hizo un favor a unos amigos y contrató a su hijo para hacer una pequeña reparación a un grifo de la cocina, mas por pena que por necesidad.

    Ese fontanero que contrataron no era más que un inmaduro de treinta y pocos años con el cerebro de un adolescente el cual aún vivía con sus padres no estudiaba ni trabajaba era un vago que se la pasaba de vividor.

    El día del trabajo el fontanero llego tarde vestido con ropa de calle unos vaqueros una camisa botas y un par de herramientas que llevaba a mano más como teatrillo que otra cosa.

    La madre de Kelly tenía prisa por irse al centro comercial y no observó lo poco predispuesto que venía ese individuo a trabajar, le dejó trabajando en la cocina cuando por casualidad bajo Kelly vestida con su ropa de casa unos ajustados pantaloncitos rosas y una blusa azul a beber agua.

    Kelly desprendía ese olor a hembra en celo que despierta a cualquier macho y a ese vago no hacía falta mucho esfuerzo para ponérsela dura.

    Kelly estaba aprovechando el día en su habitación estudiando, pero al encontrarse con ese macho tumbado se le ocurrió algo mejor en lo que invertir el tiempo.

    La madre de Kelly se marchó y al poco tiempo volvió a bajar Kelly a la cocina a ver a su macho mientras volvía a beber agua a su lado fingiendo hablar por el móvil con una amiga. El tipo con todo su descaro se comía a Kelly con la vista ella sabiéndolo se apoyó en la mesa y mientras bebía de una botellita arqueó su espalda para exponer más su trasero en dirección a ese macho.

    El tipo no se andaba con jueguecitos y sin dudarlo se levantó y se colocó a su lado Kelly apenas le llegaba a sus pectorales. Ella se giró y lo encaró con una mirada seductora mientras se arrodillaba y comenzaba a desabrochar su cinturón. El fontanero estaba concentrado en follar y le importaba bien poco lo que quisiera la muchacha él tenía claro lo que quería y lo haría.

    Rápidamente desenfundó la polla el cabrón no llevaba ni ropa interior bajo los vaqueros.

    El tipo equipaba una buena herramienta de las que le gustan a Kelly, pero lo que más le sorprendió fueron sus grandes huevos colgando por el calor.

    Kelly de rodillas en la cocina empezaba a chupar ese mamotreto mientras con la otra mano masajeaba el tronco, el fontanero solo podía sonreír de gusto.

    Rápidamente empezó a tragarse el tronco hasta apoyar su nariz en la pelvis por sorpresa agarró su cabecita y por el pelo empezó a follar bruscamente esa boca llenándola de espuma rápidamente.

    Kelly disfrutaba del tipo rudo y cuando le soltaba la cabeza ponía todo su empeño con su lengüita en trabajar esa polla.

    El fontanero se quitó su camisa y agachándose empezó a magrear esas increíbles nalgas a través de su pequeño short rosa mientras ella seguía chupando.

    Tras unos minutos decidió quitarse su vaquero y desnudarse completamente sentándose en una silla y Kelly siguió mamando aquella polla mientras el tipo disfrutaba viendo el tamaño descomunal de su polla comparado con el cuerpecito de Kelly.

    Las hormonas de Kelly mantenían esa polla más dura si era posible y el tipo sentado obligó a que su hembra le de sus nalgas desnudas despojando de su short.

    El fontanero empezó a deslizar la polla entre las grandes nalgas de Kelly, hasta que no se arqueo un poco no pudo ver sus agujeritos y sin miramientos enfiló su rabo a ese paradisiaco agujerito. La entrada del glande llevo un par de segundos luego todo el rabo entró sin esfuerzo.

    Kelly empezó a hacer sentadillas en esa polla pero el fontanero empezó a bombear frenéticamente mientras sentado separaba esas nalgas y observa el agujero posterior.

    Los labios vaginales se ajustaban a ese rabo mientras él empieza a babear viendo ese ojete.

    El tipo se dejó de juegos y empujo a Kelly al suelo obligándola a ponerse a cuatro patas y ella por naturaleza puso el culo en pompas mientras su macho se colocaba en posición para taladrarla.

    Empezó a embestir ese coño de forma brutal incluso violenta, en esa posición la penetración era incluso más profunda y sentía como los huevos tocaban y hacían ruido además su glande impacta en cada penetración con el cuello uterino de Kelly, el tipo en vez de moderarse empezó a penetrar aún más fuerte como queriendo romperla, pero Kelly babeaba de placer aunque eso a él poco le importaba.

    Mientras destrozaba esa vagina el tipo tenía una vista completa del ojete de Kelly el cual lo tenía hipnotizado, era un agujero minúsculo. Sin pensarlo un momento y mientras seguía bombeando empezó con su dedo índice a rozar ese agujero tan pequeño y a la mínima oportunidad aprovechó para meter el dedo. Solo consiguió cubrir su uña y ese agujero palpitaba de tal manera que parecía que besaba el dedo.

    Kelly entre tanto placer no se dio cuenta de la profanación de su agujero posterior estaba muerta de placer y su macho no paraba de explotar sus agujeros.

    Tras muchos minutos de bombeo frenético a cuatro patas en una de esas embestidas la polla se salió y el fontanero se tumbó en el suelo, Kelly desesperada por llenar su agujero agarró esa polla y empezó a trotar encima de él.

    Con sus huevos inflados como los de un caballo y con ganas de correrse colocó a Kelly en un taburete en posición del misionero con las piernas en alto y ese jugoso coño bien expuesto y mojado.

    El tipo sacando fuerzas y resistencia olímpica continuó bombeando ese coñazo a toda potencia mientras Kelly estaba con los ojos en blancos.

    Sus músculos se tensaban todo su cuerpo estaba centrado en destruir a esa muchacha que terminaba de conocer e inevitablemente sitio como sus huevos querían venirse.

    Al fontanero le importaba bien poco correrse dentro y preñarla, desde luego no sería la primera con bombo, pero al sentir la leche salir de los huevos sacó su pito de la vagina y apuntó a la cara de Kelly pillando por sorpresa.

    Un chorro y otro y así hasta 10 trallazos que llenaron la cara de Kelly su barriga su coño de leche espesa eso sin contar los grumos que cayeron al suelo de la cocina.

    Kelly se tiró como una desesperada a chupar ese rabo y absorber toda esa sustancia, pero antes de dejarla bien limpia el fontanero la colocó en la taburete con las rodillas dobladas y se la volvió a clavar insertando restos de semen que tenía el rabo y el chochito y con su polla empujó todo eso hacia lo más profundo de la fértil muchacha.

    El fontanero no perdía ni un ápice su erección habiendo eyaculado hace un momento y continúa taladrando ese más que explorado agujero, pero el tipo no pretendía hacer eso por mucho tiempo tenía la intención de clavársela por detrás y le importaría bien poco si la chica quiere o le duele.

    Cuando retiró su pene para iniciar la penetración anal ambos escucharon el sonido de la puerta de la casa, la mamá de Kelly terminaba de entrar en la casa y ellos estaban desnudos follando en la cocina.

    Kelly salió disparada como una gacela hacia su habitación y el fontanero con una erección bestial y sin ganas empezó colocarse torpemente su pantalón, tampoco le importaría que lo pillaran follándose a la hija.

    La mama de Kelly estaba con su Smartphone hablando con sus amigas pijas sobre sus nuevas uñas ya no se acordaba una mierda del fontanero.

    Inevitablemente entró en la cocina y se encontró al tipo abrocharse el cinturón sin camisa y sin botas, pero la tipa absorta en sus tonterías y en su mundo le preguntó por la avería pensando quizá que se quitó la camisa por la calor o porque se mojó.

    El fontanero no había hecho nada salvo follarse brutalmente a su hija y con todo el morro el tipo le dijo a la mama que no tenía las herramientas para arreglarlo que ya si eso otro día se pasaba.

    La mamá asintió y le pagó un buen sueldo sin quitar la vista en ningún momento de su conversación por whatsapp que desde luego para ella era mucho más importante.

    El tipo continuó vistiéndose tranquilamente mientras veía en el suelo de la cocina el short rosa de la hija y los grumos de semen. Tampoco le importó mucho pensó ya lo limpiaron! y dejando el par de herramientas por ahí tirado se fue con un buen dinero en el bolsillo una buena follada y posible cita pendiente.

    Mientras tanto Kelly en la intimidad de su habitación con un dedo cogía la lechita que tenía en su cara y la saboreaba lentamente recordando la follada de su querido fontanero.

  • Tere y yo en el hotel

    Tere y yo en el hotel

    Esta historia comienza un viernes, esa tarde nos pusimos de acuerdo unos amigos y yo para ir a echarnos un partido de fútbol, quedamos de vernos como a las 6 de la tarde en las canchas. Le dije a mi esposa que iría a jugar y llegaría un poco tarde porque después del partido acostumbramos a quedarnos a tomar unas cervezas.

    Salí de mi casa como a las 5:30, llegué a un Oxxo a comprar cerveza cuando recibió una llamada de un número que no tengo registrado, no suelo contestar números que no tengo así que opté por no contestar, así que seguí, pero me hicieron varias llamadas del mismo número así que contesté y era Tere.

    Y: bueno, con quien quiere hablar.

    T: soy yo Tere, la amiga de tu suegra.

    Y: ahh, Tere buenas tardes no esperaba su llamada.

    T: estás ocupado, es que quiero decirte algo.

    Y: no, dígame .

    T: qué haces? Qué harás un rato más?

    Como si ella supiera que estaría solo por un momento me hacía esas preguntas.

    Y: nada, me dirijo a un jugar un partido de fútbol con mis amigos.

    T: mmm, te iba decir que si nos podemos ver en un hotel ya que tengo reservado para este fin de semana.

    Yo no podía despreciar tal invitación.

    Y: pues por supuesto que voy, pero tendría que ser ahorita hasta no muy tarde porque tengo que volver a casa.

    T: si está bien no te preocupes te veo allá.

    Me dirigí al hotel me quedaba como a 15 minutos. Estacioné el coche y me dirigí al lobby donde le mandé un mensaje el contesto habitación 143, tomé el elevador y me dirigí a la habitación, toqué y ella abrió la puerta, ahí estaba Tere, vestía una bata blanca que dejaba ver su sostén negro de encaje, se veían sus piernas blancas, sus pies blancos con sus uñas medio largas de forma cuadrada pintadas de un rojo vino y me invitó a pasar, me dio un beso y me dijo:

    T: como me veo 

    Y abría su bata para que yo la viera por completo.

    Y: se ve muy bien, se ve mejor de como la recuerdo.

    Estatura 1.65 pie blanca, cabello rojo y ojos verdes, tetas no muy grandes, pero si refundirás y firmes, de culo igual no muy grande, pero si redondito y bien firme.

    La tomé de la cintura y la empecé a besar como loco la verdad me la quería comer, empecé a bajar por su cuello, le quite su sostén y empecé a besar sus ricas tetas su pezón duro y rosita sus tetas blancas y se le notaban las venas seguí besando hasta que fui bajando por su estómago. Ella se acostó, yo le quité el calzón de forma delicada y comencé a besar en su vagina, después por sus piernas hasta que seguí hasta sus pies donde los besé y chupé su dedo gordo, ella está excitada.

    Volví a besar su boca, ella se giró e hizo lo mismo me besó y fue bajando hasta mi pene erecto y empezó a mamar se metía todo mi pene a su boca lo tragaba yo la veía a la cara ella parecía una zorra queriendo devorar mi verga se la sacaba de su boca y comenzaba a masturbarme mientras con su boca me succionaba los huevos, después de un rato dije: 

    Y: me voy a venir ya no aguanto más.

    Por más que quise aguantar ya no pude, ella metió mi pene a su boca y siguió mamando hasta que salió mi leche inundándola, ella tragó mi semen, pero como salió demasiado se le desbordó un poco, pero ella siguió mamando. Ahora era mi turno, la acosté y la puse boca arriba para empezar hacer un exquisito sexo oral en su vagina blanca de labios rosados y un clítoris semi saltado. Comencé a hacerle sexo oral, ella gemía y salían gritos diciendo “ahh, ahhh sigue sigue”. Yo continuaba moviendo mi lengua y chupando su vagina, ella hizo una especie de arco con su cuerpo y sentí sus jugos vaginales en mi boca tenían un sabor excelente, ella rio y dijo:

    T: fue el mejor sexo oral que me han dado.

    Subía besarla y a seguirla acariciando ella me se montó y dijo:

    T: mientras te monto quiero que me nalguees y muerdas mis pezones.

    Y: quieres que te de fuerte con mis manos o muy suave.

    T: quiero que me las dejes marcadas quiero gritar de dolor .

    Ella subía y bajaba montándome y gritando, mientras yo le pegaba unas fuertes nalgadas y le daba suaves mordidas en sus pezones erectos y duros, ella seguía gritando “ahhh, pégame más soy tu zorra”, eso a mí me excitaba y me prendía más y más.

    Ella se giró dándome la espalda, haciendo otra pose ella empezaba como hacer sentadillas yo tocaba sus tetas y mientras se penetraba con mi pene también tocaba su vagina con mi mano ella dijo “me vengó me vengo” a lo que yo dije “yo también estoy a punto de venirme”, salieron mis chorros de semen dentro de su vagina, ella sacó mi pene y apuntó un chorro muy fuerte hacia la cama, ella estaba teniendo un orgasmo sensacional parecía que estaba orinando, ella se tiró a la cama diciendo:

    T: coges muy bien ya sé porque tu suegra está engreída contigo.

    Y: jajaja gracias solo trato de hacerlo bien

    T: pues lo haces muy bien estoy muy agotada, siento débiles mis piernas pero aun así quiero que me des por el culo, me encantó la última vez que me diste por ahí, quiero que me nalguees y me jales el pelo.

    Mi pene estaba medio parado así que para darle tiempo que se recuperara la coloque de perrito y empecé a mamarle el culo un culo delicioso quisiera que lo vieran, le introduje un dedo ella gimió y mi pené se puso efecto firme como metal, así que lo introduje y ella dijo “despacio que aún no tengo mucho uso por ahí”, yo obedecí y empecé hacerlo lento cuando sentí que ya estaba relajada le di brutales embestidas, que al mismo tiempo la nalgueaba y le jalaba el pelo ella gemía y solo escuchaba de su boca “ahh, ahh que rico corazón destrózame el culo quiero que me lo desflores”.

    Yo solo obedecía y así fue con brutales embestidas ella se volvió a venir pude sentir sus piernas, yo tardé más en venirme, ella estaba casi agotada solo gemía, yo quería terminar después de un rato lo logré, logré venirme en su culo estrecho y casi virgen, la leche quería salir y al momento que quité mi tapón salió, ella dijo:

    T: me dejaste desgastada me duele mi ano, y mis piernas no me responden me has hecho sentir como una diosa.

    Y: tienes un cuerpo exquisito y la verdad estás bastante buena.

    T: tenía dos años sin tener relaciones ya que mi marido es un alcohólico y no me toca, ya no sabía lo que era el sexo y levantaste esa paciencia.

    Y: pues parece una experta, mama y coge muy bien.

    T: pues lo que bien se aprende no se olvida.

    Ya era algo tarde por lo que decidí retirarme. Ella me dijo “quiero otro encuentro” y para garantizar eso me dio su tanga negra de encaje, yo la tomé, pero a la vez no sabía dónde la iba a guardar, mi esposa la podría encontrar y me iba a meter en serios problemas, pero aun así la guardé y me la llevé. Aún la conservo y se viene algo muy bueno.

  • Madre hot: Una de espartanos

    Madre hot: Una de espartanos

    La vorágine de los últimos acontecimientos que, de alguna manera, siempre tienen relación con el desenfreno sexual de mi madre, me hizo rememorar un acontecimiento que ya tenía medio olvidado. Es que, claro, comparado con las últimas experiencias familiares -sus folleteos con un empleado, con su sobrino, con el tatuador, con la novia de su cuñado…-, lo que ocurrió aquel día no muy lejano casi es un cuento infantil.

    Aquel cumpleaños me quedé sin regalo. Ni una miserable tarta para apagar las velas. Así fui castigado por las malas calificaciones obtenidas aquel trimestre. Mi madre se puso histérica, me retiró la computadora de la habitación y solo me permitía utilizar el celular cuando salía de casa, controlándome el saldo de las llamadas. En realidad, lo que le fastidiaba a ella es que sus amigas de peluquería presumiesen de las buenas notas de sus hijos, que eran compañeros míos.

    Tal fue mi enojo de no poder compartir un día de fiesta con mis amigos que, a falta de computadora para mis inevitables pajillas en las páginas porno, urdí una venganza pueril que ahora, pasado un tiempo, considero ridícula, pero que aún me hace reír para mis adentros. Pues resulta que aquella masturbación de cumpleaños se la dediqué a mi querida mamá en el cuarto de baño. Estaba en plena faena sentado en el inodoro, con los pantalones y slip por los tobillos, todo espatarrado pensando en sus magníficas tetas, su culo respingón y sus labios carnosos y sensuales, cuando reparé en la cesta de la ropa sucia. Metí la mano y empecé a quitar prendas: calcetines, pañuelos, un sostén de mi hermana (tetitas pequeñas)… y una braga de mamá. Mi polla se puso aún más dura. Llevé a la nariz la parte que roza el coño: olía a gloria. Me la imaginé follando con papá cuando la escuchaba gemir de placer tras la puerta de su dormitorio. Pero también fantaseé que lo hacía con otros hombres. Y conmigo. Deseaba emputecerla, tal era mi enfado por el castigo que me había infligido. Y en esas estaba, pajeándome como un mono en el zoológico al tiempo que olfateaba aquella pantaleta color carne. Pero la cosa no iba a acabar así.

    Me percaté en el borde de la bañera su botella de gel de baño, de uso exclusivo para ella. «Leche súper hidratante con fragancia de azahar para dejar su cuerpo como la seda», rezaba el recipiente. «Pues te va a quedar el cuerpo todavía más suave, bonita», pensé sin dudarlo dos veces. Saqué el gran tapón de la botella y observé que estaba mediada de body-milk. Retomé mis fantasías con mamá procurando cargar bien los huevos. Imaginé su concha jugosa taladrada por desconocidos, un buen cipote negro, mi profesor de gimnasia, mis amigos, yo mismo… A punto de correrme, metí la polla en la boca de bote y descargué toda mi lefada dentro. Luego batí bien la mezcla y cerré el recipiente.

    Solo pensar que en su próxima ducha se iba a embadurnar cuerpo y panocha con mi semen hizo que me excitara de nuevo y volví a masturbarme. Mientras colocaba el frasco en su sitio leí otra vez la etiqueta y no pude evitar carcajearme: «Leche súper hidratante con fragancia de azahar para dejar su cuerpo como la seda».

    Llegada la tarde de aquel infausto cumpleaños mío, papá de regreso del trabajo convenció a mi madre para que, al menos, toda la familia disfrutase de una sesión de cine, que ya era suficiente el castigo de quedar sin regalo ni fiesta. A regañadientes, mamá consultó la cartelera. No le convencía ningún título hasta que mi hermana intervino:

    -Esta, que trata de la lucha entre espartanos y persas dicen que está muy bien, que tiene unos magníficos efectos especiales.

    -¿Espartanos y persas? -inquirió mamá-. ¡No será un insufrible western con tiros y flechas por todas partes!

    -¡Qué va! -añadí yo-. Se parece más a los filmes de romanos y gladiadores.

    Mamá dio el visto bueno, sin siquiera consultar con mi padre. En realidad, a él ni le iba ni le venía, porque sus gustos iban por otro lado. En su oficina del garaje, además de las cajas de condones, le había descubierto un buen montón de revistas porno, así que lo suyo eran tetas y culos. Y buenas conchas peludas o rasuradas, que en la variedad está el gusto.

    La película no debía estar nada mal, pues apenas quedaban billetes. Tuvimos que conformarnos con asientos separados, dos butacas en la penúltima fila y, justamente detrás, otras dos. Mi hermana y yo ocupamos las de delante, hicimos un buen avituallamiento de palomitas y un refresco y nos dispusimos a disfrutar del filme.

    -No sé porqué nos han dado estos asientos -protestó al poco mi hermana-. Hay butacas vacías por toda la sala.

    -Sí -respondió mi padre-. Pero no hay dos juntas, y menos cuatro.

    -Pues yo desde aquí veo mal. ¿Puedo irme para allí adelante?

    -Toda esta fila nuestra también está desocupada, solo estamos tu madre y yo -respondió papá.

    -¡Claro, porque es la peor, es la última del cine! -protestó la nena, que comenzaba a seguir los pasos de su madre: caprichosa y protestona.

    -Déjala cambiar de sitio -terció mi madre, a la que parecía empezar a gustarle la película. Quizás aquellos torsos sudorosos, la musculatura y los paquetes que se marcaban en las entrepiernas de los espartanos empezaban a gustarle…

    Cuando facilité la salida de mi hermana para en la oscuridad ir a buscar acomodo en una fila con mejor visión, observé que un hombre fornido y tosco se sentaba junto a mi padre. Tendría unos treinta y tantos años, alto y con aspecto de operario recién salido de su trabajo, despedía un ligero olor a sudor pero soportable. Llevábamos unos veinte minutos de proyección cuando escucho decir a mi padre:

    -Esta película es una mierda. Los actores parecen salidos de un cómic. No hay más que sangre y músculos. Os espero fuera a que termine esto, así aprovecho para hacer algunas llamadas telefónicas y fumar un cigarrillo.

    Me estaba gustando la película. Un puñado de intrépidos espartanos se iba a enfrentar a todo un ejército, luchando por su civilización y libertad. Estoy emocionado con la original versión de los trescientos valientes, cuando observo que sigilosamente el hombre recién llegado ha pasado a ocupar la butaca de mi padre, que se ha sentado junto a mi madre…

    Un leve rozamiento de rodilla sin que mi madre se opusiese o se separase permitió al desconocido llegar a la conclusión que aquella hembra, de mediana edad, rechoncha, con buenos pechotes, oliendo divino y con falda corta quería tema. Dio un paso más y posó su mano en la rodilla de mamá; ella se dejó hacer. Le subió ligeramente la falda y con su mano vigorosa y áspera le alcanzó las bragas. Mamá separó ligeramente las piernas. El hombre alcanzó la concha. Trató de introducir un dedo bajo la pantaleta, pero esta estaba muy apretada. Tuvo que limitarse a presionar un dedo en la raja por encima de las bragas, luego dos. La muy zorra se abrió todavía más: quería que el hombre le alcanzara sin dificultad el clítoris y poder así disfrutar mejor del momento. Escuché un resoplido; mamá empezaba a gozar. El desvergonzado empezaba a imprimir más ritmo con sus ágiles dedos, sin importarle que un asiento más adelante estaba el propio hijo de aquella facilona. Pero fue más lejos todavía.

    El rudo operario -fontanero, electricista, pintor de brocha gorda… o vaya usted a saber qué, pero que sabía que aquella mujer estaba recaliente por el espectáculo de la pantalla- no estaba dispuesto a desaprovechar aquella oportunidad única. Llevó la mano de mi madre a su entrepierna para que comprobase su estado de excitación y el tamaño de su verga a punto de explotar bajo sus pantalones de trabajo. Mamá palpó aquel miembro grande y duro y sin mayor esfuerzo dedujo que era muy superior al de su marido, lo que todavía la excitó más (¡Pobre papá echando un cigarrito y cerrando negocios en el hall del cine!).

    No lo dudó un minuto. El tiempo jugaba en contra, la película tenía una duración limitada. Bajó la cremallera del pantalón del hombre y liberó aquel pollón erecto y ya babeante. Empezó a masturbarlo lentamente, más pendiente de mí por si me daba cuenta de lo que estaba ocurriendo unos centímetros más atrás que de lo que ocurría en la pantalla. Viendo la calentura de la hembra, que recorría con deleite el miembro desde el glande hasta los cojones, el desconocido la agarró por el cuello con la intención de que le hiciese una felación, pero ella calibró los riesgos y lo descartó.

    El hombre, ciego por el calentón, no cejó en su intento de alcanzar con sus dedos la panocha caliente y jugosa de mamá pero las bragas se lo impidieron una vez más. Aun así logró continuar fácilmente con la masturbación pues los jugos vaginales le permitían una buena dedada. El coño estaba hinchado y el clítoris parecía una pijita erecta. El hombre conocía el arte de la paja femenina y controlaba inteligentemente las pausas y los refriegos; sabía cuándo tenía que apretar con fuerza toda la vulva hasta hacerla estremecer. En medio del estruendo de la batalla de las Termopilas mamá orgasmeó como una cerda al tiempo que el hombre se corría con los bombeos de la manita ensortijada con el anillo de casada de ella, de tal manera que las ráfagas de su lechada impulsada con tal fuerza alcanzó el asiento que llegó a ocupar mi hermana.

    -¿Qué tal? ¿Os gustó la película? -nos preguntó mi padre que aguardaba en la salida.

    -Preciosa -dijo mi hermana.

    -¡Me encantó! -dijo mi madre.

    -¿Y a ti, Álex, te gustó? Recuerda que hemos venido al cine por tu cumpleaños.

    -Papi -le respondí-. A mí me gustó más que a nadie. Tenemos que venir con más frecuencia al cine todos juntos.

    A medianoche me levanté de la cama. Tal era el grado de excitación, tal era la lujuria que me dominaba por lo ocurrido aquella tarde en el cine, que no era capaz de conciliar el sueño. Me había matado a pajas rememorando la infidelidad de mi madre con un desconocido en la oscuridad de la sala. Fui al baño a refrescarme la cara y beber un poco de agua. De la cesta de la ropa para lavar sobresalían unas braguitas de encaje blanco. Las cogí. Eran las pantoletas de mi madre. Tenía marcado en la entrepierna, justo donde está la concha, casi a punto de romperse la tela, los dedos de aquel hijoputa que la había masturbado hasta la saciedad y la había hecho gozar como una perra.

    Los fluidos vaginales aún impregnaban la zona, abundantes y olorosos, tanto había sido el placer que había experimentado la muy puta. Llevé aquellos jugos a mi boca y los lamí con delectación. Volví a empalmarme, las pelotas ya me dolían de tanto meneármela, pero aun así saqué por enésima vez un potente chorro de leche y empapé las bragas de la madre que me parió.

  • Inmune

    Inmune

    Me desperté en mitad de la noche con el deseo insoslayable de follar. Abrí los ojos en la oscuridad; oí el ronquido suave de José Luis. Aparté la sábana que a ambos nos cubría y descubrí que mi esposo estaba completamente desnudo; así que, como él dormía de costado dándome la cara, estiré mi brazo hasta que mi mano tomó contacto con su polla en reposo y comencé a acariciársela. Jose Luis gimió: «mmm… mmmm», luego entornó los párpados y susurró: «Qué… mmm… Silvana». Me lo follé, con ganas: empujé su cuerpo hasta dejarlo boca arriba y me subí en su regazo para rozar mi coño con su polla hasta que ésta se le puso tan dura que penetró por sí sola en mi rajita; entonces suspiré: «Ohh, Jose, Jose», y comencé a rebotar. Yo miraba hacia abajo, y en lo oscuro de la alcoba podía vislumbrar mis pezones moviéndose desacompasados en todas direcciones…

    Sin embargo, de esto hace mucho tiempo; ahora estábamos todos confinados.

    Silvana era una mujer hermosa: tenía un rostro armonioso, un busto bien provisto de tetas firmes y redondas, una cintura fina, unas caderas anchas, unos muslos bien torneados y un coño bien perfilado. Cuando paseaba por la calle para ir de compras, los hombres no podían evitar echarle una mirada de deseo; pero ella no flirteaba, era mujer de un solo hombre, de José Luis.

    Silvana, a menudo, llamaba por teléfono a Amparo para contarle sus cuitas:

    «Aunque a mí me gusta mucho chupar la polla de mi esposo, por nada del mundo consiento que se corra dentro de mi boca, siempre fuera, no me gusta el sabor ni la textura del semen, me da asco», confesó Silvana a su amiga Amparo; «¡No me digas!, y él ¿qué dice?», preguntó ésta; «Nada, estoy tan buena que se conforma con follarme, y ¡menuda suerte tiene!», terminaba Silvana.

    No obstante, de esto hace mucho tiempo; ahora estábamos todos confinados.

    Amparo y yo contrajimos el virus recién empezada la pandemia y, aunque pasamos más de una semana muy enfermos, con fiebre altísima y tos severa, conseguimos recuperarnos gracias a que nuestros anticuerpos vencieron al intruso que se coló en nuestros organismos, expulsándolo; nosotros hacíamos vida normal, estando confinados.

    Amparo era una mujer rechonchilla de formas suaves y me encantaba tenerla entre mis brazos, estrechar su amoroso cuerpo, correrme en su cálido coño mientras ella me comía a besos. Con Amparo, todo empezaba con un juego en el que uníamos nuestras bocas, nuestros labios, nuestras lenguas, deleitándonos en los húmedos roces, hasta que finalmente nos desnudábamos el uno al otro, yo a ella, ella a mi, y follábamos como locos. Había veces en que Amparo me chupaba la polla, ¡cómo no!, incluso había en las que lo hacía hasta el final, es decir, hasta probar mi semen, pero yo no se lo pedía; a mí me encantaba follarla, disfrutaba viendo cómo su cara, tan redondita, se iba transformando a cada empuje mío, cómo sus párpados se entornaban y su labio inferior caía laxo, mostrándome un rostro distinto en el que el deseo, la lujuria cobraba tal protagonismo que, era sólo oír sus tiernos gemidos y ya la punta de mi polla ardía, y, con todo mi ser volcado, me vertía dentro de ella.

    José Luis sale al balcón:

    A distancia, a través de la calle, desde un balcón a otro, no se conoce a nadie, quiero decir: no se puede saber si ese alguien te cae bien y, ni siquiera, saber si te va a ser satisfactorio estar a su lado; pero José Luis espiaba a la vecina. La veía cada día a las ocho asomarse para dar los habituales aplausos, acodada en la barandilla. Ella llevaba puesto un pantalón largo de chándal, una camiseta de pijama y, por encima, una rebeca; su cabello rubio, mal peinado, le caía sobre los hombros. De vez en cuando, durante un breve intervalo de tiempo, ella estirazaba su torso mientras daba palmas, y José Luis podía observar como, apretadas, sus tetas pugnaban con la tela que las cubría. «Ah», se decía José Luis, «qué delicia sería ahora saborear esa carne tibia, que placer sería oler el sudor rancio de su canalillo, ese olor a casa cerrada», y se empalmaba.

    José Luis se hace una paja en el cuarto de baño.

    De la situación desesperada de José Luis respecto a la cuestión sexual me enteré por una entrada de blog que leí, blog cuya autora era Silvana, cuyo título era «Hago círculos con humo», del que yo era seguidor desde que la conocí, siendo ella soltera, en un evento organizado por jóvenes escritores, grupo en el cual Silvana era meramente una comparsa, pues ni tenía talento ni constancia:

    «José Luis estaba embobado mirándome cuando yo ponía la mesa para cenar. «¿Qué te ocurre José Luis, acaso has visto un fantasma?», le preguntaba yo apoyando las palmas de las manos en mis caderas; «No… no es nada…, es que…», tartamudeaba él; «Es que…, verás, tengo tantas ganas de follarte…, desde que empezó la cuarentena no hemos follado ni una sola vez y…, claro, tampoco es que te tapes mucho, sales de tu habitación con la bata de andar por casa, te paseas de acá para allá descalza…, para colmo, cuando te agachas para hacer algo, se te ve que ni llevas ropa interior…, en fin, Silvana, ¡que no puedo más!», me explicaba; «Está bien, José Luis, está bien, de follar nada, pero…, ¡venga!, te haré una paja», le decía; «¿Con la boca?», preguntaba suplicante José Luis; «No, entonces sería una mamada, te haré una paja, espera que me pongo los guantes».

    Yo salía del salón comedor en dirección a la cocina para coger unos guantes de nitrito; luego volvía. José Luis ya se había bajado los pantalones del pijama y me mostraba su polla tiesa bien reclinado en el sillón. Yo me sentaba junto a él. Él besaba mi mascarilla. Yo le acariciaba la polla, su tronco, de modo ascendente, desde sus huevos a su prepucio; en breve, la empuñaba y comenzaba a mover el pellejo de arriba a abajo; al principio, despacio, con suavidad; José Luis me apretaba las tetas con sus manos enguantadas, y suspiraba; después de varios minutos, yo aumentaba el ritmo de mi masaje: su glande casi morado se hinchaba, los gemidos que emitía eran cada vez más sonoros; y, de sopetón, salía el semen».

    Fin de la entrada.

    Cuando esta mañana Amparo recibió la llamada de auxilio de Silvana pidiéndole con premura que se reuniese con ella en su casa, aquélla sólo dijo: «Voy enseguida». Amparo se puso encima un vestido largo de color negro con tirantes y escote redondo y se calzó unas zapatillas deportivas, sin calcetines, y salió a la calle. No vivían lejos Silvana y José Luis, aunque, de todas formas, intentó no despertar sospechas entre los vecinos de que abandonaba su confinamiento, así que se colgó del hombro una talega de tela con el fin de parecer que salía a comprar pan. Llegó al portal que era su destino, tocó el porterillo electrónico, dijo: «Soy yo», y la puerta se abrió; tomó el ascensor y subió. Una vez en el rellano, dio unos ligeros golpes en la puerta de la casa de su amiga, tal y como habían convenido, y ésta le franqueó el paso. Silvana, en la entradita, a Amparo le pareció una diosa, cubierta como estaba su figura por una sábana mal anudada tras la que se adivinaba su apetecible desnudez. Silvana fumaba ansiosa un cigarrillo que pinzaba entre el índice y el pulgar de la mano izquierda, dándole profundas caladas: «Sentémonos», ordenó entre una calada y otra; Amparo obedeció. Tomaron asiento en el sofá cama abierto que había en el saloncito a más de un metro de distancia la una de la otra; la superficie de éste todavía conservaba cierta tibieza, señal de que hacía poco que había sido usado. «Amparo, estoy preocupada», empezó Silvana, «José Luis, el pobre, está desesperado, pero no debemos estar muy juntos, figúrate, dormimos separados, yo en este sofá cama y él en nuestro dormitorio, claro, mucho menos follar, hasta que todo esto pase»; «Entiendo», asintió Amparo; «He pensado que quizá… ¿cuándo te recuperaste de la enfermedad?», preguntó Silvana; «Hace pocos días»…; «Por eso, Amparo, conservarás alguna carga viral, aunque sea poca, quizá la suficiente, quiero ser inmune, así que ¡contágiame!».

    Esta petición dejó confusa a Amparo; desde luego, nadie le había pedido algo así en su vida: «Contágiame», volvió a decir Silvana en un suspiro. Amparo, entonces, recordó aquel otro tiempo suyo, el de ambas, en que, siendo tan buenas amigas, se acostaban juntas, hacían el amor frotando sus cuerpos, juntando sus bocas, usando sus dedos; lo recordó, aquel grupo de jóvenes escritoras y escritores, aquel escritor que tanto llamó su atención, que seguramente en estos momentos escribía esta historia, aquel escritor por el que dejó a Silvana, su amor de juventud. También Silvana se alejó de ella, se había ido alejando poco a poco, al conocer a aquel exitoso y joven empresario, José Luis, que la colmaba de regalos, pero… «Contágiame, Amparo, cómeme el coño, como en los viejos tiempos», susurró Silvana, interrumpiendo el curso de sus pensamientos. Amparo la observó detenidamente y, alargando un brazo, palpó su suave piel, le tocó una teta; la observó: vio que ella movió su culo para girarse, para situarse de frente, y extendió y abrió sus piernas a la vez que se recostaba en el colchón del sofá; Amparo inclinó su torso, apartó la tela del cuerpo de Silvana y acopló la cabeza al regazo de ésta: «Oh, Amparo, o-oohh».

    Al cabo, Silvana no terminó siendo inmune, no. A pesar de que esa mañana, Amparo, después de comerle el coño, la besó largamente en los labios, pidiéndole entre beso y beso con voz seductora que Silvana le hiciese lo mismo, que la masturbase con su estupenda boca, a lo cual ésta estuvo dispuesta sin pensarlo demasiado, ya que la carga viral de Amparo era inexistente: Amparo estaba limpia como ese trozo de hielo que, desprendiéndose de un glaciar, se hunde en el océano y emerge siendo un iceberg, lavado y sin impurezas.

    Amparo me contó lo que le había acontecido con Silvana. Bueno, no me molestó, a fin de cuentas yo ya había averiguado que habían sido amantes, Silvana escribió algo sobre esto en una antigua entrada de su blog, además, ¡qué me importaba!, si pocos minutos después de contármelo tuve a Amparo vibrando y gimiendo de placer bajo mi cuerpo.

    Por otra parte, en casa de José Luis y Silvana…:

    «Silvana, mujer, tienes sabores a elegir»; «Vale, ponte el de plátano»; «Ya, venga, chupa…, ah, Silvana-a-ah, ohh… o-o-o-oohh»; «Mmm, humm, José Luis, me ha gustado, además he notado la calentura del semen en mi lengua, ¿sabes?, en el depósito del condón, y me ha excitado, debemos repetir, pero la próxima… sin condón, ya soy inmune».

  • Dos veces derrotado

    Dos veces derrotado

    El ambiente en el gimnasio era esplendoroso y mi amiga y yo estábamos muy emocionadas, compartiríamos ese gran momento por primera vez.

    Somos dos parejas de novios, nos hicimos grandes amigos los cuatro durante toda la prepa y aun recordamos mi amiga y yo aquel día que recién estábamos conociendo las instalaciones de la escuela, cuando entramos después de clases al gimnasio para enterarnos de los deportes que podríamos practicar y quedamos impactadas al observar las prácticas de lucha olímpica, donde muchachos guapísimos, luciendo sus bellos cuerpos semidesnudos, totalmente entregados en combates cuerpo a cuerpo mostrando gestos de dolor y de dominio que hacía de esa exhibición de adrenalina masculina algo muy excitante para las dos chicas que quedábamos extasiadas de ver como se entrelazaban y hacían auténticos nudos de piernas, brazos y torsos donde mi amiga y yo, imaginábamos ser víctimas de tan dolorosas llaves.

    De ese día bastaron algunas visitas más a esos entrenamientos, hasta que cada una nos hicimos novias de dos de esos tan atractivos luchadores y de ahí comenzamos a frecuentarnos los cuatro gozando y pasando grandes momentos, acompañándolos siempre a sus grandes competencias entre triunfos y derrotas hasta llegar al día de hoy que sucedía algo inesperado e inédito, nuestros novios disputarían ese día la final del torneo más importante. ¡Era esplendoroso!

    Nuestros novios eran también grandes amigos, pero algo especial se estaba dando entre ellos desde hace varios días. Pues su amistad ahora los encontraba en un encuentro donde ambos buscarían el triunfo a toda costa y reconocían que debían dar lo mejor de ambos, pues de tras de ese gran día había muchos combates y muchas horas de arduo entrenamiento y se darían con todo ese día.

    La noche anterior las dos parejas nos fuimos al mismo hotel, donde solo pedimos estar en habitaciones contiguas para compartir, como ya había sucedido en algunas otras ocasiones, de que en el silencio de la noche, nos excitaba mucho oír nuestros gritos y el tumbar estrepitoso de las camas al chocar con la pared que compartíamos, esa noche era la primera vez en que ellos no usarían condón, pues ambas les dimos la noticia que queríamos desestrezarlos para su combate del día siguiente dándoles la noticia de que ambas nos habíamos colocado el dispositivo y sería la primera vez en que los «sentiríamos» plenamente dentro de nosotras y al salir de la habitación, ambas platicamos de esa sensación tan rica de sentirnos «llenitas» de su semen y por primera vez terminar el acto amoroso oyéndolos jadear y al mismo tiempo sentir la «tibieza» de su semen entrando en nosotras. Era ¡increíblemente excitante! y ellos estaban muy bien relajados, descansarían muy bien esa noche para estar listos para ahora ellos combatir cuerpo a cuerpo, piel con piel ese gran encuentro final.

    Pues bien llegó ese gran día, nosotras seriamos rivales también por primera vez, pues es cierto que solo es un deporte y que nuestra amistad era lo que nos unía tanto, pero era una realidad que deseábamos cada una el triunfo de nuestro amado y que inevitablemente una de nosotras sufriría ver la derrota de su pareja.

    Pero para calmar un poco nuestra ansiedad mi amiga me confesó que se había descuidado y que él la había penetrado muy profundo y la había lastimado un poco pero que fue tan intenso el momento, que aun con el dolor que ella sentía, solo se desahogó gritando y dejó hasta que él terminó dentro de ella.

    Pero entonces le confesé que si la había oído gritar, pero que ya era habitual que ella gritara de esa manera, de hecho siempre yo sentía cierto «celo» porque ella gritaba más que yo siempre y tristemente por más tiempo que yo, pero bueno, siempre lo oí natural y hasta me gustaba porque yo aún jadeante después de que mi novio me había devorado en la cama y aun exhaustos, me daba siempre un placer extra oír los gritos tan excitantes de mi amiga.

    Pero entonces ella me confesó que estando debajo de él, en la posición «misionera», cara a cara, él ya estaba acostumbrado a verla haciendo gestos de placer con pequeñas dosis de dolor que ella manifestaba, porque él «siempre» la penetraba «muy profundo» y que entonces él ya sabía que también a mi amiga le encantaba sentir un poco de dolor por la intensidad con que la penetraba y sobretodo que la «llenaba totalmente» y era natural el «roce» con su cuello uterino que le hacía estremecerse pues él tenía la habilidad de sentir cuando ella le manifestaba dolor y él se sentía a «fondo» dentro de ella que la intensidad de la penetración la hacía de tal manera que en vez de «golpear» su útero realmente lo «presionaba suavemente» quedándose «estático dentro de ella» por algunos segundos haciendo esa leve «presión» en esa zona, haciéndola vibrar de excitación sintiendo «orgasmos» increíbles y que por eso esa noche, que realmente a ella le dolía porque la lastimaba, él pensó que era «normal como siempre» y se aplicó a fondo y ella simplemente soportó.

    Y ya nuestra ginecóloga había recomendado que si bien a pesar de haber sido apenas unos días de tener el DIU, que no era recomendable una penetración muy intensa y sobretodo muy profunda porque nuestro útero estaría un poco inflamado y por lo tanto más sensible y que podría dolernos y quedar un poco lastimadas, pero que no habría problemas a menos que esto se prolongara en más encuentros.

    Mi amiga no quiso frustrar a su novio pues quería y lo logró darle un gran placer para que él se sintiera pleno para el combate que sostendría con mi novio. Pero yo le dije que yo también me había entregado a mi novio «plenamente» pero que pues realmente yo nunca había sentido una penetración muy profunda y solo había disfrutado también el momento sin mayor molestia pero que si me había excitado un poco su confesión. Entonces ella se me acercó y me confesó al oído en voz muy baja pero muy pícara y me dijo -amiga… es que él la tiene «enorme», entonces yo me quede pasmada.

    Después de tan excitante confesión yo me quedé imaginando un tanto el asunto, que cuando nuestros novios pisaron el colchón de lucha y ya lucían sus cuerpos envueltos en sus diminutas pero muy «ajustadas» butargas de lucha que no dejé de mirarle morbosamente el que hasta ese momento nunca imaginé, pero que era evidente, comparado con mi novio, que su «hermoso paquete» era mucho más voluminoso que el de mi novio.

    Realmente el asunto del «tamaño» nunca me había llamado la atención, pues creo yo que de mis dos parejas sexuales con las que había hecho el amor hasta ese momento de mi vida, los dos me habían satisfecho plenamente, recuerdo aun que mis primeras veces fueron muy dolorosas para mí pero que era «natural» por mi inexperiencia y ya con mi novio actual solo me llegaba a doler un poco al iniciar la penetración pero solo muy leve al principio y después solo «placer» mucho «placer».

    Comenzó el tan ansiado encuentro y después de un inicio prometedor de mi novio, que salió más agresivo y que le había permitido poner en «riesgo» a mi amigo que estaba realmente perdiendo puntos muy valiosos y que ya a unos cuantos segundos quizá del final, donde mi alegría contrastaba con la tristeza llena de angustia de mi amiga al ver como su novio no lograba contrarrestar los ataques de mi novio y cuando ya parecía que mi novio ganaría, su amigo, en ese momento su gran rival, lo logró atacar a las piernas sacándolo de balance y en un giro sacando fuerzas no sé de donde, arrojó a mi novio al piso y sin darle la menor oportunidad de reponerse del impacto le castigó de tal manera que el gimnasio entero enmudeció al observar la forma tan dolorosa en que empezó a lastimar a mi novio que con un grito que me sacó las lágrimas, obligó al referí a deshacer ese nudo humano donde mi novio ya no ofrecía resistencia y estaba totalmente dominado y así se decretó su tremenda derrota.

    Lo vi perder y fue ¡horrible! ver a mi hombre amado terminar muy lastimado de espaldas en el colchón de lucha con las manos al rostro, ocultando su llanto y mi amigo, su rival hincado todavía encima de mi novio con los brazos en alto contagiando a todos de su júbilo tras su tremenda victoria, de último momento si, pero terriblemente contundente.

    Mi amiga me abrazó y viéndome llorar me animó y me dijo que a pesar de haberlos visto en el colchón de lucha lastimándose tanto y que su novio había aplicado mucho castigo a mi novio que ambos eran grandes luchadores, hermosos luchadores y una vez que ella me consoló ambas corrimos a abrazar a nuestros novios aun sudorosos, agotados de tan feroz combate pero mi novio muy lastimado sufría los estragos de su primera derrota… que te contaré en una segunda entrega, de cómo se dio su tan contundente segunda derrota que sería en otro espacio y en otro escenario… sería en mi casa, en mi recámara y en mi cama…

    Si quieres que te la cuente, necesito tus comentarios!!

  • Si me ayuda dejo que me haga cochinadas

    Si me ayuda dejo que me haga cochinadas

    Maribel estaba en el monte, dormida, tomando el sol cómo las lagartas.  Yo tenía 40 años. Iba con mi perro León en su busca cuando la vi de aquella guisa, descalza, con su falda verde arremangada bien arriba de las rodillas y con las manos detrás de la nuca, lo que al estar con una camiseta blanca de tiras, dejaba ver los pelos negros de sus axilas. Estaba en posición para comerla muy despacito. La desperté tocándole con una mano en un hombro. Abrió los ojos, se sentó, bajó la falda, y muy seria, me dijo:

    -¿Por qué me molesta, señor Enrique? ¿Qué quiere de mí?

    -De ti no quiero nada. Te desperté…

    No me dejó terminar la frase.

    -Ya, ya. ¡Quién le diera pillarme aunque fuera muerta de quince días.

    Todas las guapas eran igual de presumidas, todas. Le dije:

    -Eso es lo que más me gusta de ti, Maribel.

    Extrañada, me miró y me pregunto:

    -¿Lo qué?

    -Tu delicadeza al hablar.

    -¡Váyase a la mierda! Esta cómo una cabra, señor Enrique.

    -De tus cabras te venía a hablar.

    -¿Qué le pasa a mis cabras? -miró para donde debían estar apastando-. ¡Mis cabras! -se levantó-.¡¡Me robaron las cabras!!

    -No te robaron nada. Están las seis haciendo una fiesta en la huerta de maíz del Cojo.

    Echó las manos a la cabeza, y exclamó:

    -¡Mi padre me mata!

    -No si las vas a buscar y las traes otra vez para el monte. Yo no me voy a ir de la lengua.

    -Ayúdeme a traerlas de vuelta.

    -Yo no me piso las manos por ti ni por nadie. Ya bastante hice con avisarte.

    Maribel estaba asustada.

    -Yo sola no podré. Y si ven las cabras comiendo el maíz hay que pagárselo, y no tenemos dinero. Ayúdeme.

    No eran cosas mías. Le dije:

    -No voy a dar mi brazo a torcer. Maribel. Y apúrate que cuanto más tardes en sacar las cabras de la huerta mayores van a ser los daños.

    Era tal su desesperación que me dijo:

    -Si me ayuda dejo que me haga cochinadas.

    Sus palabras me dejaron perplejo. Cochinadas significaba lo que significaba, follar. La miré a los ojos, y le pregunté:

    -¡¿Cochinadas?!

    -Si, cochinadas.

    Aún no me lo podía creer.

    -¿Seguro?

    -Sí, ayúdeme, por favor.

    A veces un hombre tiene que cambiar de opinión. Y no fui ningún cínico, fui un hombre con sentido común, muy común. Le dije:

    -No se hable más. Vamos a quitar esas cabras de la huerta.

    Maribel era rarita, era de las que iba a la fiesta del pueblo para contar los músicos (no bailaba con nadie), de las que si había un entierro contaba a los acompañantes del muerto desde la puerta de su casa, pero al entierro nunca iba, de las que le gustaba escuchar chismes sin ser una chismosa, de las de… «Mírame pero no me toques», de las que se cagaban en tu madre si le decías un piropo. Era la inalcanzable del pueblo, y físicamente era un bombón, morena, delgada, de ojos oscuros y cabello negro y largo que recogía en una trenza, de estatura mediana, sus tetas se adivinaban generosas, sus piernas estaban bien moldeadas, su culo, su cintura y sus caderas eran perfectas, y de cara era preciosa. ¿Entendéis ahora lo del sentido común?

    Se puso las sandalias y nos fuimos. Cuando llegamos a la huerta y quisimos sacar las cabras de allí nos dimos cuenta de que era casi misión imposible, ya que las cornudas corrían de un lado para el otro y seguían comiendo en el maíz. No hubo manera de llevarlas para el monte hasta que mi perro se cansó de que lo quisieran cornear y las sacó con amagos de mordiscos. De vuelta en el monte, y sentada sobre la hierba ella y de pie yo, me dijo:

    -Le toca cobrar, señor Enrique.

    Me dio corte ser tan cabrón. Se había ido mi sentido común y volviera la sensatez, le dije:

    -No hay nada que cobrar.

    Miró hacia arriba con cara de ofendida.

    -¡¿Cómo qué nada?! Yo pago mis deudas.

    -No quiero abusar.

    -De mi no abusa nadie si yo no quiero que abuse.

    -Te podría romper.

    -Ya no será para tanto.

    Era demasiada la tentación. Saqué la polla empalmada, y queriendo saber hasta dónde quería llegar, le dije:

    -Chupa.

    Ni corta ni perezosa, se arrodilló, cogió la polla, la metió en la boca y la chupó cómo se chupa la cabeza de un langostino. Tuve que mover yo el culo para que le cogiera el tranquillo a la cosa y empezase a menearla. Poco después lo hacía tan bien que si no me aparto de ella me corro en su boca.

    Me senté a su lado, y le dije a mi perro, un cruce de pastor alemán con dóberman:

    -Vigila si viene alguien, León.

    El perro, levantó las orejas, y se puso a hacer guardia. Maribel, lo miró, me cogió la polla, me la volvió a menear, y me dijo:

    -Es inteligente

    -Lo es. Suelta la polla y ponte a tomar de nuevo el sol tal y cómo estabas.

    -¿Con la falda arremangada?

    -Y descalza y con los brazos detrás de la nuca.

    -¿Qué me va a hacer?

    -Tú descálzate, sube la falda, pon las manos detrás de la nuca y cierra los ojos.

    Se colocó en la posición en que estaba cuando la encontré. Le cogí el pie derecho, le masajeé la planta, le pasé mi barba de tres días por ella, abrió los ojos, encogió la pierna, se rio con ganas, y después me dijo:

    -¡Me hace cosquillas!

    -De tú, que no soy tan viejo.

    Le estiré la pierna y le lamí la planta del pie. Me preguntó:

    -¿Quién fue la primera a la que le hizo esta cochinada?

    Le masajeé la parte superior, los tobillos y los calcañares.

    -Te lo digo si me dices que haces cuando tienes ganas.

    -Podría mentirte.

    Le masajeé el pie.

    -Sabría si me mientes. ¿Qué haces?

    -Me hago una paja y me quito las ganas.

    -Yo, a veces, también.

    -¿Y por qué te tocas si tienes mujer?

    -Porque a veces no tiene ganas, y otras…

    -Y otras anda de regla.

    -Eso no es un obstáculo para follarla si tiene ganas.

    Quedó con la boca abierta, descolocada, cuando reaccionó, me preguntó:

    -¡¿Se la metes cuando está sangrando?!

    -Sí, por el culo.

    Aún la descoloqué más.

    -Bromeas.

    -Nunca hablé más en serio.

    -Por el culo. Por ahí no queda preñada una mujer. Interesante…

    -Y placentero.

    Cerró los ojos y guardó silencio por un tiempo. Le chupé los dedos y entre ellos…. Al acabar con ese pie, Maribel, levantó la pierna izquierda y me dio el otro pie.

    -¿Quién fue la primera?

    -¿A la que se la metí en el culo?

    -No, la primera que te enseñó a hacer cochinadas.

    -No la conoces.

    -Mientes.

    -No, se lo hice a una inglesa. Me dijo ella que se lo hiciera.

    -¿Son tan putas las inglesas cómo dicen?

    -No son putas. Creen en el amor libre. Una vez me dijo una que ellas son naturales y las españolas son unas farsantes.

    -¡Tenía cara la inglesita!

    -Pues yo creo que tenía razón.

    -¡¿Cómo puedes decir que tenía razón?!

    -Pues porque me dijo que ella cuando tenía ganas follaba con alguien que les gustaba y disfrutaban los dos, y una española en vez de disfrutar ella y esa persona se hace una paja, disfruta ella sola y después va de decente, por eso lo de farsantes.

    -Cómo si esa que te lo dijo no se hiciera pajas.

    -Eso mismo le dije yo.

    -¿Y qué te dijo?

    -Que claro que las hacía, pero cuando tenía ganas y no tenía con quien follar.

    -¿Era guapa?

    -Sí, muy guapa, pero tanto cómo tú.

    Sonrió y no dijo nada. Le cogí los dos pies, metí mi polla entre las dos plantas y se las follé… Después subí lamiendo el interior de sus muslos morenos. Maribel abrió las piernas cuando mi lengua llegó cerca de su chocho. Vi una pequeña mancha de humedad en sus bragas blancas, pero aún no era el momento de comérselo, me eché a su lado y despacito le desabotoné los botones de la blusa, al tener a la vista su sujetador blanco, le magreé las tetas muy despacito, después le subí las copas. Tenía las tetas medianas, redondas, sedosas, duras cómo piedras, con pequeñas areolas oscuras y pezones cómo lentejas. Lamí, magreé y chupé hasta que empezó a gemir. Me preguntó:

    -¿Y esto quién te lo aprendió a hacer?

    -También fue la inglesa

    -Mientes. ¿A cuántas se lo hiciste?

    -A pocas.

    -Mientes.

    -No, no miento.

    La besé sin lengua; sacó ella la punta de la suya, se la chupé y ya nos besamos. Volvía a las tetas… Volvía a besarla… Cuando puse mi mano sobre su chocho para masturbarla noté que tenía las bragas encharcadas de jugos. No quise perderme ni una gota, le quité las bragas y vi el vello negro de su chocho todo mojado y sus rosados labios vaginales, hinchados y abiertos. Lamí su chocho de abajo a arriba y la lengua me quedó cubierta de jugos pastosos con sabor a manzana ácida. De la garganta de Maribel salió un gemido tan dulce, tan sensual, que me estremecí. Me dijo:

    -Me gusta mucho, Enrique. Quiero saber quién te enseñó a hacer estas cochinadas tan ricas, y no me digas que fue una inglesa. Se comenta por la aldea que cuando eras más joven te follabas a todo lo que se movía.

    -¿Quién lo comenta?

    -Las viejas. ¿Quién fue la que te abrió los ojos?

    -¿A ti gustaría que le contara a alguien lo que estoy haciendo contigo?

    -No, pero es que me gusta tanto lo que me haces…

    A mí también me gustaba ella mucho, y a mi polla ya no te digo lo que le gustaba su chocho, tanta aguadilla soltara que estaba chorreando. No sé si fueron más de treinta o si fueron más de cien las veces que le lamí el chocho, lo que sé es que comenzó a correrse cómo una fuente. Sus jugos eran densos cómo el aceite e incoloros cómo el agua. No tembló, ni se sacudió, solo cerró los ojos, se puso tensa, subió la pelvis, gimió y acarició con una mano mi cabeza.

    Al acabar le di piquitos hasta que su respiración se normalizó, en ese momento la volví a besar con lengua, volví a gozar de sus tetas, y después me metí entre sus piernas y le froté el chocho con mi polla. Maribel iba a piñón fijo. Me cogió la polla con la mano derecha, y preguntó:

    -¿Quién te enseño a hacer estas cochinadas?

    Quería meter, y por meter, iba a cantar.

    -Jura que no se lo vas a decir a nadie.

    -Te lo juro.

    -Fue Pilarita.

    -¡¿La muda?!

    -¿Hay otra Pilarita en el pueblo?

    Comenzó a hacer cuentas.

    -Si ahora ella tiene sesenta años… ¿Qué edad tenías cuanto te enseñó a hacer cochinadas?

    -Tenía 18 años. ¿Ya saciaste tu curiosidad?

    Me soltó la polla. Quise meterla, pero no entró. Me dijo:

    -Frota, pero no metas, podría quedar preñada.

    Froté mi polla de abajo a arriba y de arriba a abajo en su chocho encharcado y aguanté menos que ella. No sé si llegaría a frotar unas veinte veces cuando comencé a correrme en la entrada de su vagina. Al acabar su chocho estaba lleno de leche, entre los labios y por fuera. Seguía empalmado. Me volvió a coger la polla, la puso en la entrada de la vagina, y me dijo:

    -Estoy muy cachonda.

    Me echó las manos al culo, me tiró hacia ella y la cabeza de mi polla entró en su chocho. Había entrado muy ajustada. Besándonos la fui metiendo hasta el fondo. Con ella dentro le di la vuelta y la puse encima. Me dijo:

    -No te muevas.

    No me moví. Ella tampoco se movió. Se quedó pegada a mí cómo una lapa. No sé el tiempo que nos estuvimos besando. Luego comenzó a mover su duro culo muy despacito, y poco a poco fue acelerando los movimientos… Al final ya a polla se deslizaba a lo largo de la vagina con facilidad, muy apretada, sí, pero sus gemidos y sus besos me decían que estaba disfrutando, y no me mentían, poco después comenzó a correrse mientras me chupaba la lengua, y esta vez sí, está vez su cuerpo de miel tembló sobre mi cuerpo cómo sacudido por un terremoto.

    No me corrí. Tenía algo que desvirgar y no quería gastar energías. Saqué la polla del chocho y se la froté en la entrada del ojete. Riendo, me dijo:

    -¿Me la quieres meter en el culo?

    -Si me dejas…

    -Mete, a ver que se siente.

    -Date la vuelta.

    Maribel me dio la espalda, la cogí por la cintura, la atraje hacia mí y le lamí el chocho empapadito de jugos de la corrida. Me dijo:

    -Da un gustazo sentir tu lengua en mi coño.

    Después le cogí las tetas y le lamí y le follé el ojete con la punta de la lengua multitud de veces. Cuando volví a lamer su chocho ya lo tenía de nuevo encharcado de jugos. Me dijo:

    -Sigue, Enrique, sigue que me corro.

    Seguí lamiendo el chocho y en minutos derramó en mi boca los jugos de una inmensa corrida.

    Después de correrse y limpiarle de jugos el chocho, se volvió a dar la vuelta, puso mi polla en el ojete, y metió la cabeza. Exclamó:

    -¡Duele!

    A ella le dolió y a mi me vino. Me corrí cómo si sufriera de eyaculación precoz. Maribel, viendo cómo me derretía, me dijo:

    -Me encanta ver cómo te corres.

    Después de correrme se me bajó un poco. Siguió metiendo. Mi leche fue engrasando la polla y acabó metiéndola hasta el fondo. Ya me folló con su culo… Al rato, de tanto su ano apretar y soltar mi polla, se me volvió a poner dura, pero ya no le molestaba… Pasado un tiempo en el que me besó y me dio las tetas a mamar, me dijo:

    -Métela en mi coño. Quiero correrme.

    Se la metí y quien se corrió fui yo, y dentro de su coño. No porque quisiera, sino porque no me dejó sacarla, ya que se apretó contra mí. Después siguió follándome para correrse ella… Cuando estaba a punto se la saqué, le puse el coño en mi boca, se frotó con mi lengua y me di un otro atracón con su corrida y con la mía. Maribel, sacudiéndose, dijo:

    -¡Diosss!

    Nada más acabar de correrse, León, ladró dos veces. Maribel se quitó de encima de mí, puso las bragas, levantó el vestido y se sentó. Yo guardé la polla… Al irme vi que a lo lejos, a unos quinientos metros, venía una mujer hacia el monte con una hoz en una mano y con una cuerda en la otra.

    Quique.

  • Mi jefe me convirtió en su esclava

    Mi jefe me convirtió en su esclava

    Quizá debí negarme o actuar de otra manera, pero no lo hice y ahora la cosa ya no tiene remedio. Como decía mi padre, a lo hecho pecho… pero será mejor que empiece desde el principio y de una manera coherente.

    Me llamo Romina y tengo 23 años.

    Hace unos cuatro meses que entré a trabajar en una gran empresa de marketing y telecomunicaciones en calidad de administrativa.

    Y apenas llevaba dos semanas cuando uno de los ejecutivos que iban de aquí para allá, sin duda se fijó en mí y debió gustarle lo que veía, pues al día siguiente me ascendieron a secretaria de dirección, con el consiguiente aumento de sueldo y mejores condiciones.

    Yo no me había caído del guindo y sabía que mis méritos eran mi lozana y joven hermosura y mi sexi atractivo, pues sin ser una top model la verdad era que destacaba bastante entre las demás mujeres de la empresa.

    Ya al segundo día de mi nuevo rango, Teco, mi nuevo jefe, empezó a lanzarme miradas indisimuladas de deseo y a tirarme los tejos de manera más o menos descarada.

    Aunque sabía que era un hombre casado, o quizás por ello, yo me dejé seducir sin oponer demasiadas trabas.

    A pesar de tener cuarenta y pocos años, era un hombre muy atractivo, y yo, sin considerarme una devora hombres, tampoco soy una mojigata y aquel apuesto y decidido hombre me gustaba.

    Quizás debí hacer caso al viejo refrán aquel que dice «donde tengas la olla no metas la… cuchara». Pero hice caso omiso y a la semana ya éramos amantes.

    Fue una época maravillosa y fascinante, repleta de viajes de negocios en los que yo invariablemente le acompañaba. De espectáculos nocturnos, de viajes en primera clase y con todo lujo, de restaurantes de cinco tenedores y de suites en los mejores hoteles.

    Me parecía vivir en medio de un sueño del que no quería despertar, pero inevitablemente más dura fue la caída.

    Ocurrió a finales de octubre, Teco y yo nos encontrábamos en nuestra suite y acabábamos de hacer apasionadamente el amor cuando sonaron unos discretos golpes en la puerta.

    Teco mientras se ponía una bata me explicó en pocas palabras que sin duda eran unos clientes que venían a ultimar los detalles de una costosa operación. Que eran viejos conocidos de toda confianza y que no hacía falta que me vistiera, que con una bata bastaría para el informal momento.

    Yo, ajena a lo que se me venía encima, no sospeché nada y así lo hice, me puse una sensual bata de estilo chino que dejaba adivinar mis encantos pues era de muy fino tejido y salí al salón donde dos hombres conversaban ya con mi jefe tomando sendos whiskies.

    La conversación pronto pasó de ser social y a hablar de temas intrascendentes para pasar a temas relacionados con el trabajo y con el tema que nos había llevado a esa ciudad, y entre un whisky tras otro del que yo también daba buena cuanta pese a no ser una gran bebedora, aquellos hombres trataban de complicados asuntos de los cuales yo tomaba notas apresuradamente.

    En un momento dado Teco se dio cuenta de que uno de aquellos hombres me miraba inequívocamente con deseo y lascivia y entonces pronunció unas palabras aparentemente dichas en broma que me dejaron helada.

    -Cariño, aquí hace mucho calor y veo que te estas acalorando con esa bata. ¿Por qué no te la quitas y tomaras tus notas más cómodamente?

    Me quede quieta de repente incapaz de reaccionar todavía incrédula a lo que acababa de oír.

    Levanté la vista como tratando de cerciorarme que había escuchado bien, pero al ver las miradas de los tres fijas en mi y con una expresión de lujuria y vicio más disimulada supe que no había ninguna duda.

    Mi cabeza empezó a funcionar todo lo rápido y lucida que podía después de algunas copas de más.

    Tenía únicamente dos opciones, mandarlo al diablo allí mismo.

    Lo que significaría estar en la calle de inmediato en una ciudad lejana y hostil, sin ningún amigo o conocido que pudiera asistirme.

    Y luego la consiguiente denuncia por acoso sexual que dado mis antecedentes después de tantos viajes con mi jefe, donde era obvio que había consentido en ser su amante voluntariamente, sería muy difícil que ganara. Lo que marcaría mi currículo y me sería muy difícil volver a encontrar trabajo.

    O por el contrario, seguirles el juego y desnudarme delante de ellos, con lo que no me hacía demasiadas ilusiones de cómo podría acabar la velada.

    En esas sombrías deliberaciones estaba conmigo misma, cuando de nuevo la voz a de Teco se dejó oír en la habitación.

    -Caramba Romina, no pensé que te lo tomarías así, estamos entre amigos y todos somos gente de mundo. ¿Acaso vas a defraudar a estos caballeros que no han hecho más que decirme lo agradablemente impresionados por mi secretaria?

    Estaba todo muy claro, las cartas sobre la mesa, y me dije que mis opciones eran nulas, así que haciendo de tripas corazón me levanté y desabrochando el cinto de mi bata dejé que se deslizara lentamente hasta que acabó en el suelo del salón dejando todos mis encantos bien expuestos y a la vista, y luego inmediatamente me senté de nuevo en el sofá cruzando las piernas para al menos tratar de tapar con la máxima naturalidad mi coño del alcance de su lascivia.

    Después de los asquerosos calificativos de aceptación, diciendo lo hermosa y deseable que era por parte de aquellos tiburones de los negocios, palabras que tuve que aceptar con una forzada sonrisa, de nuevo la conversación derivo a los negocios como si tal cosa, igual que si la secretaria estuviera completamente vestida y no en pelotas como yo estaba en aquellos momentos.

    Pero ¿Qué clase de hombres eran aquellos que estaban acostumbrados a semejantes situaciones?

    Pronto lo iba a comprobar, pues apenas unos minutos después noté la mano de uno de los ejecutivos posarse en mi muslo e ir aproximándose peligrosamente a mi sexo.

    ¿Qué podía hacer yo? Después de haberme desnudado, ellos ya habían dado por supuesto que seguiría aceptando sumisamente todas sus intenciones y deseos.

    Así pues ¿qué podía hacer? Nada, y eso fue lo que hice, fingí que no notaba aquel contacto físico y seguí tomando notas como si nada mientras aquella procaz mano por fin llegaba a su objetivo y empezaba a masturbarme.

    La situación debió ser muy divertida para aquellos disolutos hombres. Una joven y bella secretaria desnuda tomando notas mientras fingía ignorar como le metían mano descaradamente y tratando de disimular los gestos de placer que inevitablemente empezaba asentir por tanto manoseo en zona tan sensible.

    Entonces el segundo hombre se levantó de su sillón y diciéndole un cortes «con tu permiso» a Teco, se situó delante de mi y desabrochándose la bragueta descubrió una morcillona polla que plantó delante de mi cara con inequívocas intenciones.

    Aquello ya no daba lugar a disimulos y fingimientos por parte mía. La cosa estaba muy clara, me iban a follar de todas las formas y por todos los agujeros y yo no tenía más remedio que permitírselo pues la situación ya era irremediable.

    Quizás al principio podía y quizás debí haberme negado pera esa opción había pasado ya en el momento de desproveerme de la bata que me cubría.

    Dócilmente abrí la boca cuanto pude y de inmediato me encontré con la boca llena y chupando y lamiendo su más que considerable verga que de inmediato se puso en su máxima erección.

    Su compañero entonces, cogiéndome de las piernas me tumbo en el sofá y al instante note como su verga se introducía de golpe y sin excesivos miramientos en el coño que después de sus caricias afortunadamente ya estaba lubricado.

    Mientras tanto, Teco, permanecía sentado cómodamente mirando cómo me usaban a su antojo con total indiferencia, igual que si estuviera viendo una película porno.

    Aunque mucho después y en un momento dado se unió a la fiesta dando lugar a una triple penetración en la que ninguno de mis agujeros se salvó de recibir la consiguiente descarga de esperma.

    Perdí la noción del tiempo y cuando aquellos hombres por fin se detuvieron ya completamente saciados, no en vano me habían penetrado a placer sin parar durante varias horas sin descanso para mi, quedé desmadejada y rota como una muñeca usada y gastada en el suelo del salón, ajena a cuanto sucedía a mi alrededor. Estaba exhausta y pensé, ilusa de mi, que todo había terminado por fin y podría descansar.

    Entonces como entre sueños oí una voz lejana que le decía a mi jefe, amante, y durante aquella extraña noche alcahuete:

    -¿Has empezado ya con su adiestramiento?

    En aquellos momentos no supe que quería decir aquel hombre ni me interesaba lo más mínimo, y tampoco pude oír la respuesta de Teco, solo pensaba en dormir un reparador sueño que me permitiera olvidar que había sido tratada como una vulgar ramera.

    Ahora pienso que quizás debí prestar un poco más de atención, aunque, ¿me habría servido de algo? ¿Habría podido cambiar el curso de los acontecimientos que se cernían ya inevitablemente sobre mi?

    A la mañana siguiente Teco no hizo ninguna mención a los últimos sucesos y de hecho me trató con tal naturalidad y con su consideración habitual que por un instante incluso llegué a dudar si todo no habría sido una mal sueño o una pesadilla provocada por una mala digestión de la cena.

    Sin embargo cuando al salir de la ducha fui a vestirme, para mi sorpresa descubrí que absolutamente todas mis prendas y vestidos habían desaparecido de la suite, incluso hasta mi calzado.

    Fue entonces cuando mi jefe me aclaró que había disfrutado tanto viéndome trabajar como Dios me trajo al mundo, que había decidido que era su intención que mientras estuviéramos en una habitación cerrada así era como prefería verme.

    Fue entonces cuando me vinieron a la mente las últimas palabras de uno de los hombres antes de despedirse, aquellas enigmáticas «¿la has adiestrado ya?». Sin duda encerraban un significado oculto que muy pronto me temía iba a descubrir.

    El transcurso de la mañana discurrió con total normalidad y lo pasamos en la suite atendiendo el numeroso papeleo que teníamos pendiente, y salvo por el «detalle» de que yo trabajaba totalmente en cueros mi jefe se comportó con la amabilidad y eficacia que en él eran habituales.

    Faltaba apenas una hora para la hora de la comida cuando Teco se excusó saliendo de la habitación diciéndome que tenía un compromiso, pero que volvería en seguida, y me ordenó que siguiera ultimando los detalles del contrato que teníamos entre manos.

    Ese fue el momento en el que aproveché para hacer balance de la situación en la que me encontraba y tratar ordenar mis ideas, y para mi sorpresa descubrí que en realidad y técnicamente no había sido obligada a hacer nada contra mi voluntad, y en el fondo lo que había pasado la anterior noche había sido consentido.

    En un momento de la velada, ésta se había ido calentando y mi jefe me sugirió que me desnudara, en ningún momento fue tajante, y yo obedecí, quería creer que bajo los efectos del alcohol, pero en realidad en lo más profundo de mi misma sabía que había disfrutado siendo follada y usada por tres hombres a la vez, una de tantas fantasías que había experimentado desde la pubertad y que pensé que jamás se realizaría.

    Debía reconocer que sentía cierto temor ante lo que me iba a deparar el futuro más inmediato y en las consecuencias de mis actos. Ni más ni menos que ahora me encontraba desnuda en una suite de una ciudad lejana, trabajando como si tal cosa, como si fuera la cosa más normal del mundo esperando el regreso de mi jefe.

    Supongo que debí perder la noción del tiempo enfrascada en mis reflexiones porque de pronto oí como se abría la puerta de la suite y Teco entró en ella, pero no venía solo, para mi sorpresa le acompañaban los dos ejecutivos de la noche anterior quienes nada más verme desnuda y sentada a la mesa envuelta en un montón de papeles empezaron a hacer comentarios de lo más soeces y groseros refiriéndose a mí.

    Comentarios que pese a ser totalmente degradantes y muy humillantes tuvieron un efecto completamente afrodisíaco sobre mi mente y cuerpo.

    Me sentí excitada de golpe, los pezones se me erizaron y una sospechosa humedad fue incrementándose en el interior de mi coño.

    Dios mío, ¿en qué clase de puta me estaba convirtiendo a pasos forzados?

    -Buenos días zorrita, espero que hayas descansado bien esta noche. Tienes que recuperar fuerzas ya que el día puede ser muuuy largo para ti, ja ja ja.

    -No te preocupes –dijo el otro- te hemos preparado una suculenta comida para que aguantes lo que te viene por delante.

    Yo no sabía que querían decir ni tenía nada que añadir así que me mantuve callada ante sus impertinencias, pero un escalofrío atravesó mi cuerpo e instintivamente me puse a la defensiva. ¿Qué iba a suceder a continuación?

    Unos discretos golpes a la puerta de la suite interrumpieron la tensa situación, sin duda sería el servicio de habitaciones que traía la comida a la suite.

    Lo que vi a continuación me dejo completamente estupefacta y con la boca abierta.

    Realmente no estaba preparada para tal imagen.

    Dos mujeres hermosísimas y muy sensuales, de no más de 25 años, completamente desnudas llevaban el carrito con las viandas, pero no era eso lo que más me sorprendió.

    Ambas llevaban unos collares similares a los de los perros alrededor de sus cuellos.

    Además llevaban los pezones perforados y de ellos colgaban sendas anillas de metal atravesándoselos.

    Las dos iban amordazadas con una de esas bolas rojas utilizadas en sadomasoquismo y sus coños estaban completamente depilados, lo que permitía ver como de sus labios vaginales colgaban también algunos aros más e incluso se podía apreciar como sus abultados clítoris estaban atravesados por una varilla de metal dorado, sin duda oro.

    Completaban la imagen unos brazaletes metálicos en muñecas y tobillos a modo de grilletes, aunque en ese instante no se podía apreciar ninguna cadena enlazándolos.

    La dos llevaban tatuados su traseros con unos complicados y artísticos dibujos o símbolos diferentes para cada mujer y las dos mostraban una leyenda situada justo encima del pubis en la que podía leerse con claridad: propiedad de A. en una y propiedad de R. en la otra.

    Ambas estaban completamente quietas, de pie y con las piernas muy abiertas, los brazos detrás de la espalda cual si estuvieran atados, y la mirada baja mientras duró todo el escrutinio al que estaban siendo sometidas por mi y todos los asistentes.

    Ciertamente su condición dejaba pocas dudas, seguramente eran una especie de esclavas sexuales, algo de lo que yo había oído hablar por referencias y que había leído alguna vez en algún relato erótico, pero jamás pensé que podrían ser ciertas, y ahora las tenía enfrente de mi cual si fueran estatuas de sal o diosas del amor listas para ser sacrificadas en algún rito ancestral.

    La situación era muy extraña y el ambiente estaba muy tenso, eléctrico. Yo misma me encontraba ya en un estado de excitación tal que la respiración se me aceleró y estaba muy próxima al orgasmo, con solo rozarme cualquier parte del cuerpo estallaría inevitablemente en gemidos y lamentos de placer.

    Mi estado no pasó desapercibido para ninguno de aquellos hombres. Fue Álvaro, el de más edad el que de nuevo tomó la voz cantante.

    -Veo que te ha gustado mucho lo que vez, putita. Me alegra saberlo porque muy pronto vas a unirte a ellas. Como ya imaginarás, son nuestras secretarias personales y además esclavas, claro está, ja ja ja.

    -La pelirroja que es la mía, se llama «Martirio» y la morena, la de Roberto es «Juguete», tu nombre ya lo decidirá tu Amo cuando lo crea conveniente, y dijo esto lanzándole una rápida mirada de complicidad a mi jefe que se mantenía en un segundo plano dejándole todo el protagonismo a su, sin duda, viejo amigo y compañero.

    -Ahora tu nuevas compañeras te van a asear y acicalar como te mereces, ya veo que estas convenientemente desnuda, lo que nos facilitará enormemente el trabajo, pero aun necesitas ciertos… complementos que realcen tu belleza y te sitúen en el lugar que te corresponde.

    Y dicho esto le hizo una seña a modo de orden y las dos esclavas de inmediato abandonaron su estoicismo y con delicadeza pero decisión me tomaron ambas de cada brazo y me llevaron al sofá donde me acomodaron con las piernas bien abiertas y procedieron a afeitarme y depilarme mi frondoso coño repleto de pelitos rubios que lo adornaban a la vista de aquellos tres hombres.

    La operación duró apenas unos minutos o al menos eso es lo que me pareció pues fue tan placentera, de hecho al menos experimenté tres orgasmos consecutivos, que la pasé gimiendo y lanzando grititos de gusto durante todo el tiempo, y para finalizar a modo de bálsamo en vez de ponerme algún tipo de aceite o crema, ambas me lamieron por fuera y por dentro todo el coño con sus expertas y dulces lenguas a un tiempo.

    No puedo describir el cúmulo de sensaciones y placeres que sentí en ese instante, pero mi cuerpo no me obedecía, lo sentía tan relajado por el placer que me hubiera sido imposible mover ni un dedo.

    Cuando terminaron, mi cuello, muñecas, y tobillos estaban adornados con un collar y unos grilletes idénticos al de ellas. Ni me había dado cuenta del momento en el que me los habían aplicado. Tal era el estado de abandono que experimentaba.

    Una vez terminaron el proceso ambas se levantaron con agilidad y presteza y con movimientos lánguidos y calculados volvieron a adoptar su sumisa postura a ambos lados del carrito de comida.

    Fue entonces cuando aquellos hombres que habían estado en todo momento pendientes de la operación, se acercaron a mi, y me ordenaron arrodillarme y entonces a modo de bautizo uno tras otro metieron sus pollas en mi boca hasta que se corrieron en ella, instándome a tragarme toda su leche, siendo Teco, mi hasta entonces jefe y amante, y ahora reconvertido en mi Amo y señor el último en vaciarse sobre mi garganta.

    Una vez finalizado el rito, que si bien entendí era una especie de iniciación o bautizo a mi nueva condición.

    Una vez más, fue Alvar el que tomó la voz cantante y quien dijo que era el momento de comer que ya tenía mucho apetito.

    Fue entonces cuando descubrí que me sentía famélica, las emociones sentidas, los numerosos orgasmos y el frugal y casi inexistente desayuno compuesto de un zumo y un par de tostadas hizo que mi estómago se retorciera de placer anticipado.

    Pero duro muy poco, pues me di cuenta que las esclavas solo habían acercado tres sillas a la mesa y se mantenían cada una detrás de una de las sillas en actitud solicita y servil esperando a que se sentaran sus Amos.

    Naturalmente la silla vacante era para Teco y detrás de ella donde sin duda se esperaba que yo me situara, así que sin que nadie me lo ordenara relevante del suelo y sin prisas y con la máxima dignidad que me fue posible me dirigí a mi posición y una vez allí me mantuve quieta y con la mirada baja tal y como había visto hacer a mis, ya podía llamarlas así, compañeras.

    Mi actitud no pasó desapercibida para nadie de los asistentes y Roberto le dio una cariñosa palmada en el hombro de mi Amo, como felicitándole por lo bien adiestrada y predispuesta que se mostraba su nueva y recién esclava.

    La comida se desenvolvió sin más incidentes extraños, claro está si obviamos lo extraño que era que tres jóvenes y hermosas mujeres, desnudas y engrilletadas se limitaran a servir solícitamente y a quedar de pie y en ayunas mientras aquellos hombres deglutían completamente ajenos a ellas, ignorándonos como si no existiéramos o fuéramos meros objetos dedicados exclusivamente a su bienestar. Y se dedicaban a conversar amigablemente entre ellos.

    Finalmente cuando terminaron llegó nuestra recompensa, aunque ofrecida de una manera completamente nueva para mi.

    Cada uno deposito las pocas sobras de su comida en el plato, en el suelo a nuestros pies.

    Inmediatamente, Martirio y Juguete, adoptaron una postura a cuatro patas tales como si fueran perras y sin ayudarse las manos empezaron a devorar con ansia directamente con la boca metida en el plato aquellos insignificantes y casi inmundos restos de comida.

    Aquello me pareció demasiado humillante y degradante y no me decidía a imitarlas, pero fue entonces cuando de nuevo Álvaro se dirigió a mi y me dijo con desprecio y autoridad.

    -¿Le da asco a la princesa comer como sus compañeras? Más vale que te olvides de tus remilgos de señorita burguesa y bien educada. Si quieres comer, y me parece que tienes bastante apetito, esta es la única forma en que lo vas a poder hacer y esta es toda la comida que tienes dispuesta hoy para ti, así que tu verás, o te aplicas el cuento o te quedas en ayunas, guapa, tu misma. Tus amigas se alegraran ya que tocaran a mas ración. – dijo cínicamente

    Yo aún dudé unos instantes antes de decidirme a comer, aquello pese a todo era demasiado fuerte para mi, pero el sentido común se impuso, o cedía y me comportaba como aquellos hombres habían decidido ya por mi, o me quedaría sin probar bocado en todo el día. Así que venciendo mis escrúpulos me puse a cuatro patas y metí la cabeza en el plato de sobras de mi amo, devorando en pocos minutos el exiguo alimento que había en él.

    Pensé que todo terminaría ahí, pero ilusa de mi, las cosas no habían hecho más que comenzar.

    Nada más terminar la comida los dos hombres se pusieron de pie y se sacaron sus pollas que se encontraban en estado de reposo completamente flácidas, y mis compañeras que sin duda ya se sabían la rutina y lo que se esperaba de ellas rápidamente se arrodillaron a sus pies con las manos atrás de la espalda y sus bocas abierta de par en par todo lo que sus labios permitían.

    Realmente yo no estaba preparada para lo que iba a ver a continuación, casi sincronizados aquellos hombres empezaron a mear directamente en su bocas, orina que era rápidamente tragada por aquellas derrotadas y sometidas mujeres sin que una sola gota escapara de sus bocas.

    Mientras lo hacía, Álvaro que no apartaba la vista de mi interpretando mis emociones me decía.

    -¿Te parece asqueroso, puta? En muy poco tiempo te acostumbraras como ahora lo están estas perras e incluso esperarás con ansia los breves momentos en que tu Amo te obsequie con su valioso y delicioso néctar, ya lo verás. Ahora simplemente no estas lo suficientemente entrenada y domada, pero todo llegará a su tiempo.

    -Y ahora es un momento tan bueno como cualquiera para empezar. Teco ¿quieres hacerlos honores?

    En cuanto Teco se levantó de su silla y comenzó a desabrocharse la bragueta con movimientos lentos y calculados como si no estuviera convencido del todo de la idoneidad del momento. Adiviné lo que vendría a continuación y no supe estar a la altura de la situación.

    Comencé a gritar y a agitarme tratando de apartarme de su camino al borde de la histeria. No iba a permitir que me mearan en la boca y mucho menos a tragarme ese inmundo líquido, por muy Amo que fuera mío.

    Nuevamente Álvaro tomó el control de la situación y me cruzó la cara con sendos y duros bofetones que me callaron en seco, y acto seguido comenzó a sacarse el cinturón de cuero que sujetaba sus pantalones diciéndome.

    -Mira perra, no vas a poder evitar que hagamos lo que queramos contigo, es mejor que aceptes cuanto antes cual es tu condición.

    -Ahora no eres mas que una perra al servicio de tu señor y le perteneces por completo.

    -Te aseguro que antes o después te vas a beber su néctar, así que tu elijes, por las buenas o por las malas. Seguro que unos buenos correazos en el sitio indicado te harán entrar en razón.

    -Y ahora ¡abre la boca como una perra obediente!

    No me quedaba ninguna duda por el tono de sus palabras que si no obedecía de inmediato una lluvia de dolorosos correazos de inmediato surcarían mi desnudo e indefenso cuerpo y que efectivamente el resultado sería invariablemente el mismo, así que venciendo mi repulsa me arrodillé sumisamente delante de Teco, cerré los ojos con fuerza esperando lo inevitable y abrí la boca todo lo que pude.

    -Buena perra -me lisonjeó Álvaro- Ahora abre bien esos tiernos ojitos y trágate hasta la última gota porque lo que derrames lo lamerás directamente del suelo -Amenazó y yo sabía que no sería gratuitamente.

    Así que en cuanto el primer chorro de tibio y amargo liquido cayó en mi boca, me apliqué todo lo que pude en un supremo esfuerzo de autocontrol por beberme todo lo que podía, pero como era de esperar, al poco me atraganté y unas potentes nauseas se apoderaron de mi, que afortunadamente pude contener antes de vomitarlas.

    El resultado fue que acabé completamente bañada en la orina de mi señor, y mi cuerpo quedó recubierto de tan en un principio repulsivo líquido, pero para mi sorpresa la cosa fue mucho menos desagradable de lo que mi mente temía.

    El meado tenía un sabor acre y amargo pero menos desagradable de lo que pensé en un principio y su tibia temperatura me había hecho experimentar una sensación de bienestar al caer sobre mi cuerpo.

    Simplemente me había atragantado a causa de mi poca práctica en beber a gollete y a mis propios nervios.

    Aunque en esos momentos me negaba a reconocerlo la experiencia me había agradado, en parte por el significado de entrega y sumisión que entrañaba y que de nuevo había conseguido que me encontrara excitada y al borde del orgasmo.

    Sin embargo mi tarea aún no había terminado. Un creciente charquito de orinas incrementándose aún por el goteo de mi cuerpo se encontraba a mis pies, y a una significativa mirada de Álvaro, me puse a cuatro patas, saqué la lengua y empecé a lamer todo el líquido que se encontraba derramado en el suelo.

    La sensación era por un lado más desagradable todavía, ya que la orina se había enfriado y su sabor era todavía más desagradable, pero la morbosa y denigrante situación hacia que me encontrara más y más excitada a cada momento. ¿Cómo podía ser que con cada nueva humillación yo respondiera excitándome más y más? ¿Acaso era una completa degenerada y no lo había descubierto hasta aquel día? Sin duda eso sería, no había otra explicación.

    De pronto una embestida en mi trasero me sacó de mis pensamientos, uno de aquellos hombres me había metido su polla por el culo aprovechando la favorecedora postura en que había quedado.

    Yo ni siquiera me giré, ocupada como estaba en lamer y lamer, pero de inmediato mi cuerpo se tensó y comencé a correrme como una perra en celo, encadenando un orgasmo tras otro.

    Hasta entonces yo ignoraba que era multiorgásmica, sin duda porque hasta ahora jamás había sentido tanto placer, y estaba a punto de terminar de lamer el suelo y dejarlo completamente seco cuando sentí en mi interior como un chorro de caliente leche inundaba mis intestinos lo que me provocó de nuevo otro orgasmo todavía más potente, luego del cual caí rendida al suelo como un animal, sin importarme el aspecto que ofrecía ni lo que pensaran de mi aquellos hombres, y de inmediato me sumergí en un reparador sueño casi más bien un sopor que me liberó por unas horas de mi incierto y extraño destino.

    Continuará…

    Espero les haya gustado y se estén cuidando en estos momentos difíciles, les agradezco sus comentarios a [email protected], no estoy en busca de sexo ni encuentros, cuídense, besitos.

  • Entregando mi culo por primera vez

    Entregando mi culo por primera vez

    La historia sucedió hace diez años. Cuando por fin me decidí a través de una página de internet a publicar mi búsqueda de un hombre complaciente. Aclaro que no siento ninguna atracción hacia otro hombre, pero siempre he disfrutado y sentido rico al tocarme las nalgas, toda la raja y masajearme el culo. No se diga meterme un dedo o algún objeto.

    Pues así pasé muchos años, hasta que después de poner ese anuncio y estar batallando para coincidir con alguien, sentí que había encontrado al indicado. Nos pusimos de acuerdo para vernos en una plaza comercial y de acordaríamos el lugar para el encuentro. Este muchacho provenía de Guadalajara, su nombre Pedro de 35 de edad en ese tiempo yo de 39 para ser exactos. Su complexión delgada y estatura como 1.7 m.

    Habíamos quedado que yo llevaría algunos atuendos para darle un toque femenino a la ocasión, aparte que al verme y sentir una tanga me excitaba aún más. Pues llegamos al motel, primero me duché, él ya iba listo. Me puse mi ropita y una minifalda roja de papel crepé. Él por su parte llevaba un bikini de elefante y vaya que tenía una trompota, la verdad me sorprendió porque yo esperaba que tuviera una como la mía pero no, ni con las dos manos la abarcaba de lo larga y también muy gruesa.

    Le dije que me daba miedo para ser mi primera vez, pero él insistió que tenía que complacerlo, que él se encargaba de que me entrara rico. Entre sus súplicas y deseo me dejé llevar por el momento y me tomó de la cintura estando los dos de pie y me acerco a su cuerpo. Luego me pasó sus manos por toda la espalda y por abajo de la ropa me agarraba las nalgas y me tocaba el culo y me las abría con sus manos.

    Después se sentó en la cama y me jaló para quedar yo sobre su entrepierna y me manoseo y besó el cuello la espalda y el pecho. Todo me hizo ponerme tan caliente que me di la vuelta y me lancé sobre la trompa rojinegra de elefante y la tomé con mis manos le baje el bikini y le puse un condón de sabor y la chupé según me había informado en algunas páginas de cómo se debe hacer un oral.

    Así estuvimos un rato hasta que el de levantó y se puso un anillo metálico en la base del pene para mantener la erección y me puso de perrito para acariciar mis nalgas mi raja mi culo y mis entrañas. Lo más hoy comenzó cuando me rozaba con sus dedos mi raja y después con su glande, prestándole a su atención a mi hoyito caliente.  

    Finalmente lo que yo tanto anhelaba, me puso de cucharita y sentí la punta de su verga en la entrada, esto era más profundo cada vez que la deslizaba, entraba y se quedaba un rato, repitiendo esto hasta que ya me la tenía toda dentro, y continuó lento por un rato más.

    Luego que ya vio que mi hoyito se abría fácil me empezó a dar más rápido y a moverse en círculos. Yo por mi parte empecé a moverme siguiendo su ritmo para sentir más profunda su verga.

    Cambiamos a perrito y lo disfruté al máximo, luego hicimos el 71 que para disfrutarlo más me incliné casi hasta el piso. Después me monté sobre el tanto de frente como ofreciéndole mi espalda y toda la vista de mis nalgas. Eso lo estuvimos intercambiando pues duramos cogiendo como una hora y media.

    Al último me puso de perrito y con solo estarme toqueteando mi verga me corrí, esto me provocó un doble orgasmo, uno en el culo y el otro en mi verga. Y ya no puede seguir, me dolía algo por dentro de lo grande y gruesa que estaba. Así me dejó para estarme viendo y tocando el culo y las nalgas mientras se masturbaba…

    Finalmente acabó y me quedé con las ganas de volver a repetir, pero quizá él cambió de ciudad.

    Desde entonces para poder tener un encuentro publico mi anuncio. Soy de Juárez, Chihuahua, México. Si alguien quiere escribirme e intercambiar experiencias mi correo dinodinelarrobaoutlook.com.

  • Dora la mamadora (Primera parte)

    Dora la mamadora (Primera parte)

    Personajes de esta entrega:

    Dora:

    Madre de Kevin, María y Lina. Esposa de Lucas Melo. Tiene 38 años de edad. 1,70 metros de estatura. Es muy bonita, su porte es elegante, muy glamurosa, sus facciones y movimientos son delicados y muy femeninos. Casi siempre está sonriente y le gusta reír a carcajadas muy sonoras. Su cuerpo es esbelto. La señora es blanca y rubia, de cabello liso, sedoso, suave y largo. Tiene ojos grandes, expresivos y grises, pestañas largas, cejas seductoras y finas que se elevan desde la parte de la nariz hacía afuera y cuando se van aproximando a la parte externa presentan un ángulo casi recto hacia abajo y terminan en forma puntiaguda.

    Su mirada es profunda y en ella se ve picardía y viveza. Su cara es alargadita, sus pómulos son sobresalientes, su boca grande, con unos rojos labios, siendo su labio inferior gruesito, y el superior un poco más fino. Sus dientes son blancos y parejos. Su quijada es pronunciada y hasta cierto punto aguda. Su nariz es larga, recta y apunta hacia abajo. Se viste casi siempre con vestidos de tiranticas a los hombros y generoso escote, o con camisas escotadas y faldas cortas de tubo o de vuelo. A veces se pone medias veladas y otras veces no. Casi siempre usa zapatos de tacón, aunque esté en la casa.

    También es amante de usar collares, aretes, pulseras y anillos, y mantiene muy perfumada y muy maquillada. Sus manos son pequeñas y cuidadas, de uñas largas y pintadas casi siempre de rojo. Algo que a ella le da malgenio es que no la crean capaz de hacer las cosas, la discriminación positiva y que la reten. Ella es muy liberada, en los temas del sexo se lo sabe todo y no se escandaliza por nada, es defensora de la libertad sexual y el libre desarrollo de la personalidad. Es experta en hacer mamar y sexo anal. Ella da mucho morbo. En varias ocasiones se ha dado cuenta de las miradas provocadoras de su hijo hacia ella, lo ha visto masturbándose desesperadamente mirando fotos suyas y de sus hijas, pronunciando con lujuria sus nombres, y por esta razón quiere darle un merecido estímulo sexual.

    Kevin:

    Hijo de Dora y Lucas Melo. Hermano de María y de Lina. Tiene 22 años de edad. 1, 80 Metros de estatura. Musculoso, acuerpado y poseedor de una larga, gorda y venosa verga de 25 centímetros de longitud. Tiene cabello abundante, negro y lacio. A veces se hace una pequeña coleta. Tiene ojos negros y un poco saltones, cejas pobladas y nariz larga. Es muy velludo. Sus manos son grandes y fuertes.

    Es muy vago, vicioso y manipulador, ha perdido muchos años de colegio, por eso aún está cursando grado décimo junto a sus hermanas a pesar de su edad. No es nada aplicado, su indisciplina es terrible. Es machista, tosco, ordinario, egocéntrico y vulgar. Es un obseso sexual, llegando al punto de ser un depravado.

    Sueña con follarse a su mismísima madre y a sus putísimas hermanas, pero no se ha atrevido a tanto, solo a intercambiar algunos comentarios morbosos con sus hermanas y a tener ciertos tocamientos con ellas. Su padre y su madre son muy permisivos y pacientes con él, lo adoran y le dan todo lo que quiere y necesita. Kevin tiene una gran confianza en ellos y ellos son muy alcahuetes con él. Su novia Tatiana lo quiere mucho, está locamente enamorada de él, pero él solo la busca para tener sexo con ella y para que le haga las tareas del colegio, le haga favores y le de dinero, la mangonea muy fácilmente. Sus amigos son patanes igual que él, e incluso él ha tomado el mal ejemplo que le da su padre, el cual también es un machista y un completo gañán.

    Doña Dora baja las escaleras llamando la atención de su hijo, él apenas la ve se levanta del sillón de la sala de la casa y sin quitarle el ojo de encima queda atónito al ver la espectacular figura de su madre, cuyo esbelto cuerpo está cubierto solo por un pequeñísimo vestido negro ajustado y medio transparente. No tiene nada más que eso puesto. Un gran escote dejaba ver una buena porción de sus abundantes y paradas tetas, a las cuales se les nota sus ricos y grandes pezones. La semi transparencia deja percibir ese hermoso par de senos.

    Su rotundo, redondo y firme culazo queda exquisitamente provocador. Sus piernas tonificadas, bonitas y suaves se ven en todo su esplendor, pues el vestido es sumamente corto y atrevido. Sus pasos suenan bastante al bajar las escaleras por causa de sus zapatos de tacones altos. Al bajar el último escalón, la señora se pone de lado y mira fija y vanidosamente a su hijo, quién esta boquiabierto, mirando sin ningún disimulo todo su cuerpo. Dora sube una pierna de forma bastante sexy, doblando la rodilla y poniéndose las manos en la cintura, y dice:

    Dora: ¡Mira Hijo! ¡Mira el vestidito que el guache de tu papá pretende que me ponga mañana en la reunión con sus amigos!

    Kevin: ¡Ufff! ¡Mamá! ¡Qué rica te ves! ¡Mamasota rica y apretadita!

    Dora: Jejeje ¿Te gusta?

    Kevin: ¡Me fascina, mami! ¡Estás buenísima! ¡Date una vueltica!

    Dora da una provocativa y sensual vueltica y dice con vanidad:

    Dora: No te creo. Jejeje

    Kevin: ¡Estás divina mami! ¡Me gusta verte así! ¡Santo Dios, qué tetas tienes!

    Dora: ¡Pero si este vestido está muy atrevido! Jejeje ¡¿Te gustan mis tetas?¡

    Kevin: ¡Mucho! ¡Mami!

    Dora: Jajaja ¡Pero me siento casi desnuda! ¡Solo al puerco de tu papá se le ocurre que su mujer se muestre con un vestidito así de chiquito ante los pervertidos de sus amigotes! ¡Tiene huevo! ¡A lo bien!

    Dora, disimula cierto inconformismo con su vestido, y haciéndose la que se lo revisa, con una mano se trata de bajar un poco el vestido supuestamente para tapar un poco sus piernas, pero mientras hace esto se le baja el escote provocando que por poco se le salgan las enormes tetas ante la atónita mirada de su hijo Kevin. Al ocurrir esto, con las dos manos se sube, por un par de segundos, el vestido, y deja ver así, su peludita y mona panocha un poco. Su asombrado hijo no pierde detalle y hasta se agacha descaradamente para verle la cuca.

    Kevin: ¡Wow! ¡Mamá! ¡¿Pero qué haces?! ¡Se te vio todo! ¡Qué rico!

    Dora: ¡¿Cómo que se me vio todo?! Jejeje ¡¿Qué se me vio acaso?!

    Kevin: ¡Se te vio toda la chocha! ¡Y qué señora chochaza tan provocativa tienes! ¡Wow!

    Dora: Jajaja ¿¡Que qué!?

    Kevin: ¡Que qué chochaza tan bacana te vi! Mamasota ¡Toda peludita y rica! ¡Yupi! ¡Por fin le vi la raja a mi mamá!

    Dora: Jajaja ¡Si tú me viste la raja así nomás tan fácil, imagínate todo lo que me irán a ver mañana los amigos de tu papá!

    Kevin: ¡Esos son bien abusivos, no te va a dejar durar mucho! Jejeje

    Dora: ¿¡A qué te refieres!? mi amor…

    Kevin: ¡A que conozco a los amigos de papá y sé que son como él, unos patanes bastante groseros, depravados y abusivos, y no van a salir de aquí sin meterte mano!

    Dora: ¡Ohhh! ¡Si salgo así vestida ante esos granujas me van es a meter mano de una! ¡¿Qué hago?! ¿¡Qué opinas tú?! ¡¿Qué me sugieres?!

    Kevin: ¡No te preocupes mami! ¡Te ves muy sexy! ¡Estás muy buena! ¡Si te meten mano pues lo disfrutas y listo!

    Dora: Jajaja ¡Pues sí! ¡Tienes razón! ¡Así tu padre recibirá su merecido por hacerme poner este efímero vestidito! ¡Uuuuhhh se me están saliendo las tetas!

    Kevin: Jajajaja ¡Deja que sea libre ese par de ricas tetotas! ¡Mamacita rica!

    Dora: jajajajaja ¡Mijo, qué cosas dices! ¡Es que si me bajo el vestido para que no se me vea el culo se me ven las putas tetas y si me lo subo para taparme las tetas se me ve el culo! ¡Lo que parezco así es una mujerzuela barata! ¡Mira cómo se me ve el puto culo de vulgar y de apretado!

    Kevin: Jejeje ¡En eso si tienes razón mami! ¡Con solo ese micro vestido y sin calzones ni nada te ves como una autentica puta! ¡Pero no como cualquier puta sino como una bien vulgar, una de esas de calle, de esas bien buenotas, como las que a mí me gustan! ¡Con decirte que se me paró la verga con solo verte!

    Dora: Jejeje ¡Pues no veo que se te haya hinchado el paquete!

    Kevin: ¡Tengo parola mami! ¡Quiero hacerme una paja!

    Dora: ¡Pues háztela mi amor!

    Kevin: ¡¿Me la hago?! ¡¿Aquí?! ¡¿Acaso quieres verme el pipí?! ¡¿Quieres ver cómo me lo jalo?!¡Si quieres me lo saco y me hago una buena paja aquí mismito!

    Dora: ¡No creo que seas capaz de sacarte ese pipisote ante mí, ni mostrarme tu deliciosa erección, y mucho menos pajearte aquí junto a mí!

    Kevin: ¡Sácamelo tú!

    Dora: ¡Pues te lo saco!

    Kevin: ¡A que no eres capaz de sacarme la verga y hacerme una buena paja!

    Dora: ¿Me estás retando?

    Kevin: ¡Así es mamá! ¡Te reto a que me saques el pipí y me masturbes!

    Dora: ¡Ay mijito! ¡¿¡Crees que no soy capaz?!

    Kevin: ¡No eres capaz! ¡Solo eres una calientahuevos! Jejeje

    Dora ¡Ay! ¡¿Quién dice miedo?! ¡De una! jeje

    Dora, con una mirada de fiera y de lujuria se acerca tanto a su hijo que queda con sus tetas tocando el pecho de su hijo. Lo mira con una lasciva sonrisa, su cara tiene dibujada una faceta de libido, de burla y de dominio, y con sus manitas le comienza a quitar el cinturón con decisión. Kevin no da crédito a lo que está sucediendo, no lo cree, sus ojos asombrados, abiertos como platos, observan con detalle las enormes tetas de su madre, la cual le retira el cinturón y lo lanza lejos, y luego, con cara de mujerzuela, comienza a soltarle el botón que ajusta el pantalón y a bajarle la cremallera. Seguidamente le baja el pantalón con ansias.

    Dora: ¡Dizque no soy capaz! ¡Ya verás de lo que soy capaz, so huevón! Jejeje

    Kevin: ¡Mamá! ¡¿Qué estás haciendo?!

    Doña Dora baja los calzoncillos y automáticamente le agarra las huevas a su hijo.

    Dora: ¡Uuuyyy! ¡Qué tenemos aquí, papi! ¡Qué ricas bolas!

    La mano de Dora comienza a palpar las huevas de Kevin. El hombre, apenas siente la mano de su mami cogiéndole las huevas, se estremece y comienza a sudar, su corazón va a mil y su verga crece aún más y se pone más dura. El pobre privilegiado no cree lo que le está pasando y piensa que es un sueño. Kevin tartamudeando dice:

    Kevin: ¡Mami, me-me-estás aga-aga-agarrando las huevas…!

    Dora: ¡Claro, papito! ¡Mi mano es un poco traviesa! Jijijiji

    Después de unos segundos se aferra a su erecto miembro, lo desencapucha y empieza el delicioso movimiento masturbatorio. Dora mira con ojos golosos su miembro palpitante y mientras se saborea exclama:

    Dora: ¡Wow! ¡Mijo! ¡Que pepinote tan grande tienes! ¡Tu salchichón palpita muy rico!

    Kevin: ¡Ooohhh!

    Kevin sin saber qué más decir echa su cabeza hacia atrás y pone sus manos sobre los brazos de su mami.

    Dora: ¡Uuuyyy! ¡Qué chimbo tan grande! ¡Desde hace años no te lo veía! ¡Está enorme! ¡Qué pipisote tan hijueputa tienes, cariño! ¡De seguro con esta cosota les rompes el útero a las putitas del colegio con las que te la pasas! ¡Es que está muy grande!

    Kevin se siente en el cielo, el delicioso perfume de su madre ayuda a que él se pierda entre el placer. Cierra sus ojos y disfruta del pajazo que le está haciendo aquella mano sabrosa y viciosa. Después de jadear unos segundos, mira a Dora a los ojos y luego observa sus labios carnosos y rojos, intercambia la mirada entre los ojos de su mami y sus labios. Kevin va acercando sus labios, muy lentamente, a los labios de su madre, y de repente ella con su otra mano toma la parte posterior de la cabeza de su hijo y con fuerza lo besa en los labios mientras continúa haciéndole la paja.

    Kevin abre los ojos como plato y abraza a su madre y la besa con ternura, pero también con lujuria, sus lenguas se entrelazan, la boca del uno succiona la lengua del otro. Los sonidos del beso son exquisitos, se chupan los labios, se dan piquitos, se besan las caras y el cuello.

    Quedan mirándose por un par de segundos. Ella muy sonriente, pícara y burlona, y él completamente asombrado. Luego, ella nuevamente busca los labios y la lengua de su hijo. Se besan nuevamente y las manos de Kevin buscan las firmes tetas maternas, y comienza a sobarlas y apretarlas sobre el vestido. Sus besos ahora son salvajes, muy húmedos y babosos, el sonido de sus labios, lenguas y saliva es embrujador. Kevin no deja de amasarle las tetas a su señora madre por encima de la tela del vestido.

    Después de un rato, Dora separa su boca de la de su hijo, se ríe morbosamente y lo mira a los ojos.

    Dora: ¿Te gusta?

    Kevin: ¡Ohhh! ¡Wow! ¡Me encanta!

    Dora se agacha sin soltar el nabo de su hijo y se lo pone a unos pocos centímetros de su cara. La mamá de Kevin mira de frente el impresionante pito de su hijo, lo mira y lo huele por abajo, por encima, por todos lados. Kevin totalmente excitado no deja de mirar las buenas tetazas que se le observan desde ahí a su mamá, la cual se encuentra acurrucada con las piernas abiertas, las cuales su hijo también observa detalladamente.

    Kevin: ¡Mamá! ¡¿Me lo vas a mamar?!

    Dora: ¡Puede ser papi! ¡Una mamada no le hace daño a nadie! ¡Ni se va a acabar el mundo porque una madre se lo mame a su propio hijo! ¡y ese jodido falo se ve tan delicioso y tentador! ¡Mira, le está escurriendo líquido del ojo a tu pipisote!

    Dora saca la lengua y recibe en ella el hilillo de líquido preseminal que está escurriendo de la verga de su hijo. Inmediatamente mira a su hijo y da una risita como si solo hubiera hecho una simple bobada cotidiana y normal.

    Dora: ¡Sabe cómo a pescado, no sé! ¡¿Comiste atún?!

    Kevin: ¡Sardinas, mami! ¡Comí sardinas en el colegio!

    Dora: Jejeje ¡No estaba lejos! Jejeje ¡Para que veas que tu madre sabe qué han comido sus machos con solo probarles aquí abajo!

    Kevin: ¡Hazme la paja con la boca, mami!

    Dora: ¡Claro que si mi amor! ¡Ya viste el pajazo que te di! ¡¿Cierto?!

    Kevin: ¡Espectacular mamá! ¡No pensé que fueras capaz de hacerlo!

    Dora: ¡¿Si ves que soy capaz de todo?! ¡Fui muy capaz de sacarte ese precioso cipote y de pajearte! ¡Y soy muy capaz de chupártelo!

    Kevin: ¡Pues te reto a que me lo mames!

    Dora: Jajaja ¡Pues te lo mamo! ¡Te voy a mamar esas ricas y grandes huevas! ¡Huevón! Jejeje ¡Ese va a ser tu apodo! Jajaja

    Kevin: ¡Mámamelas, mamá Dora! Jajaja ¡Mamadora! jajaja ¡Y mamadora va a ser el tuyo! ¡Dora, la mamadora!

    Dora: Jajaja ¡Genial! ¡Ahora mira la señora mamada que esta mamadora te va a dar!

    La madre de Kevin, sin esperar nada más le lame el glande varias veces, le besa el miembro, se lo olfatea, y vuelve a lamerle la verga, pero esta vez por toda su longitud. Luego le levanta el falo, y se lo lame desde la raíz hasta la cabeza y seguidamente le lame varias veces las huevas. Kevin casi se desmaya del placer y de la emoción, está temblando, pero aun así logra sacar su celular del bolsillo de la camiseta y comienza a grabar a su mamita lamiéndole las huevas y la verga sin ningún recato.

    Dora: Jejeje ¡Eso, mijo guarda de recuerdo ese videíto de tu mamita la guarra, titúlalo como Dora la mamadora!

    Kevin: ¡Si mami, es solo para mostrárselo a mis compañeros del colegio! ¡Pues cuando les cuente que mi mamá me lo mamo no me lo van a creer de solo palabras!

    Dora: ¡¿Ahh sí?! ¡Huevón este! ¡Pues graba esto muy bien! Jajajaja

    Dora comienza a chuparle las huevas a Kevin, muy sonoramente, mientras sigue pajeando su miembro. Chupa la una, chupa la otra, y así sucesivamente, ninguna de las dos huevas se queda sin ser fuertemente chupada. La lasciva e indecente mujer, con su boca viciosa, estira cada hueva y la suelta al final con un fuerte sonido de chupón.

    Kevin: ¡Wow! ¡Mamá! ¡Ohhh! ¡Casi me haces correr! ¡Qué rico!

    Dora: Jajaja ¡Disfruta de la mamada que la zorra de tu mami te está ofreciendo, cariño!

    Kevin: ¡Qué ricas tetas y que deliciosas piernas se te ven desde aquí! ¡Sácate las tetas mami! ¡Para que quede aquí grabado!

    Dora sin dudarlo mira a la cámara del celular, guiña un ojo, y se baja la parte de arriba de su vestido dejando ver totalmente al aire ese par de hermosas, grandes y suculentas tetas, las cuales salen dando unos saltitos muy excitantes. Su hijo casi se viene de la emoción y no duda en darle zoom a su celular para ampliar esas exuberantes tetazas.

    Dora: Jajaja ¡Eso nene, fílmame las tetas!

    Dora se toma con las manos las tetas juntándolas y alejándolas, se las alza, se las baja, se las mueve levantando la una con la mano izquierda y bajando la otra con derecha, alterna este movimiento y lo repite varias veces mientras hace una cara de morbo tremenda, siempre sonriente. Dora mira la cámara y manda besitos. Después ella misma se estira una teta hasta la boca y se la chupa alargando el pezón con los dientes. Kevin lo filma todo, hace zoom cuando lo amerita.

    Kevin: ¡Por Dios, mami! ¡Qué tetotas tienes!

    Dora: ¡Puras tetas de vaca!

    Kevin: ¡Por lo enormes y lecheras, si! ¡Pero las tuyas aparte de eso son hermosas!

    Dora: ¡Lechera ésta buena verga que me voy a meter a la boca inmediatamente!

    Diciendo esto, Dora aparta las manos de sus tetazas, y con una de ellas agarra nuevamente el caliente miembro de su hijo y de una buena vez se lo mete a la boca, y empieza a hacer una buena pero lenta mamada.

    Kevin: ¡Aaahhh! ¡Jueputa! ¡Qué estupenda boca! ¡Qué labios tan ricos! ¡Qué lengua!

    La cabeza de la madre de Kevin realiza una sucesión de deliciosos movimientos hacia adelante y atrás, chupa la verga y disfruta mucho de ella. Su mano mientras tanto no deja de masturbar ese venoso nabo. Así dura un rato, luego, Dora saca la verga de su boca y dice:

    Dora: ¡Veo que mi muchacho está disfrutado mucho de la mamada que su mami le está propinando!

    Kevin aprovecha estos segundos para deshacerse de una vez por todas de sus pantalones y calzoncillos y dice:

    Kevin: ¡Si, mamá! ¡Sigue mamando!

    Dora: ¡Dora la mamadora obedece y cumple tus deseos! Jejeje

    Dora nuevamente se mete la verga a su boca, pero esta vez no usa sus manos para masturbar el pito de su hijo sino para frotarse y acariciarse las tetas. Los labios de la señora son una delicia, los cierra bien sobre el miembro erecto, bajándolos y subiéndolos por toda la longitud de la verga. Dora se mete toda esa vergota dentro de la boca, y le llega hasta su garganta, luego la hace retroceder, pero sin sacarla de su húmeda boca, y nuevamente va para adentro, hasta el fondo. La nariz de Dora toca el pubis de su excitado hijo, el cual no suelta su celular y sigue filmando la escena juiciosamente.

    Kevin: ¡Mami, me matas de placer! ¡Me va a dar un ataque! ¡Mira como tiemblo de la emoción! ¡Esto no puede estar pasando realmente!

    Dora saca la lengua y se relame vulgarmente con ella sus labios. Con una mirada de viciosa dice:

    Dora: ¡Es muy real, papito! ¡Mira!

    Dora comienza a mamar con fuerza, ya no son movimientos suaves sino apresurados y muy llenos de vitalidad, y Kevin está por correrse dentro de esa boca masturbadora, pero hace lo posible por no eyacular aún. Dora se mete la verga con fuerza hasta su garganta y luego la expulsa fuertemente junto con una gran cantidad de babas y líquidos extraños que salen hacia todas direcciones.

    Dora: Guaag Jajaja ¡Qué sabrosura! ¡Que loca soy! ¡¿Cierto mijo?!

    Kevin: ¡Lo que eres es una cerda!

    Dora: Jajaja ¡Tu papi dice que soy una marrana!

    Dora, se pone de rodillas y vuelve a chupar con ansías esos 25 centímetros de tiesa verga, recorre con sus rojos labios toda la verga, se la saca, la lame y ahora chupa las huevas. Después lame el glande y juega con su lengua sobre él. Esa lengua juguetona no deja de lamer traviesamente ese rosado glande. No hay duda que doña Dora es una mamadora empedernida, mientras mama lanza gruñidos, risas, gemidos, sonidos de toda clase, aparte de los tradicionales ruiditos de babas y los propios de las mamadas.

    Kevin: ¡Oye mami, mi papá tiene razón, haces sonidos como de marrana!

    Dora se saca la punta de la verga de su hijo de la boca haciendo el potente sonido de un chupón y contesta:

    Dora: ¡Soy una hijueputa marrana! ¡Una bien cerda!

    Kevin: ¡Uhhh!

    La madre de Kevin mira la cámara, sonríe, hace un saludito con la mano, guiñe un ojo y lanza un piquito al aire, y prosigue con la mamada. Su hijo con una mano le oprime una teta y luego la otra. Por primera vez siente la suavidad de esas tetas. Kevin nunca le había tocado las tetas a su madre, solo cuando bebé, pero eso es otra cosa. En el rostro del joven se expresa el placer de sentir esas turgentes tetas en su mano. Se las exprime un poco, le jala los pezones y dice:

    Kevin: ¡Oye mamadora, quiero chuparte las tetas!

    Dora: Jajaja ¡Ahora resulta que el mamador eres tú!

    Kevin: ¡Soy un gran mamador de tetas!

    Dora: ¡A ver si es así! ¡Cuando bebé sí que lo eras! ¡Vamos a ver ahora de adulto sigues teniendo esa habilidad! Jajaja

    Dora se levanta, se toma las tetas con las manos, y hace unos movimientos excitantes con ellas ofreciéndoselas a su depravado hijo mientras reía como una loca. Kevin le da el celular a su madre para que ella sigua filmando todo, y automáticamente se lanza sobre esas preciosas tetas. El joven tumba a su madre con fuerza sobre un sofá y le manosea esas tetas como quiere, sin pudor. Le da palmadas en las tetas a su madre, hace vibrar ese buen par de senos como si fueran flanes, los lame, le hace chupones, le succiona los pezones, se los estira con los dientes y con los dedos, los mueve como si fueran el control del volumen de los radios, para uno y otro lado, se los muerde, se los chupa sonoramente. Todo eso lo hace salvajemente. Kevin mete su cara entre esas tetas y hace brrr brrr brrr. También le escupe sobre esos melones y no deja de exprimírselos hasta que ella lo vuelve a besar en la boca, pero esta vez el beso es más apasionado que el primero, pues lo besa con agresividad. Dora tiene el vestido totalmente subido a la cintura, la peludita cucaza se le ve provocativamente, y Kevin comienza a manosearle las suaves piernas y sube una de sus manos a su coño, comienza a sobárselo, y luego hace movimientos sobre su madre como si la estuviera intentando penetrar, y al notar esto Dora dice:

    Dora: ¡Kevin! ¡Kevin! ¡Papito! ¡Kevin! ¡Por Dios! ¡Mi amor! ¡Espera! ¡Quiero seguir mamando verga, mi niño!

    Kevin: ¡Chúpamelo! ¡Mamacita rica!

    Dora se sienta sobre el sofá, con su vestido retorcido y encogido en su cintura, parece un cinturón ya, las tetas y la cuca al aire totalmente. Kevin esta extasiado mirándola, y ella con todo su maquillaje corrido se apropia nuevamente de esa potente vergota y comienza a succionarla de nuevo con muchas ganas. Kevin está que no se cambia por nadie en el mundo, y al ver así a su madre, le genera un morbo que se sale de todo límite, pues nunca la había visto así, ni siquiera le había visto una teta al desnudo, y ahora la tiene al frente totalmente desnuda y chupándole la verga de forma hambrienta. Ver a su mamita así y con el maquillaje corrido le hizo recordar a las putas de calle que él acostumbra visitar, y ante tanto placer y excitación se atreve a decir sin ninguna clase de tapujos:

    Kevin: ¡Mamá eres una puta!

    Su madre al escuchar eso se saca la verga de la boca lo mira extrañada y le pregunta:

    Dora: ¡¿Una qué?!

    Kevin: ¡Una puta!

    Dora no puede creer que su hijo la haya llamado así y le inquiere:

    Dora: ¡¿Cómo diablos me llamaste?!

    Su hijo totalmente dominado por la arrechera no le importa nada y le repite:

    Kevin: ¡Puta!

    Dora, sin embargo, no deja de jalarle la verga a su propio hijo biológico, y con cara de seriedad exclama:

    Dora: ¡Le acabas de decir puta a tu madre!

    Kevin sin remordimiento y sin miedo le vuelve a decir:

    Kevin. ¡Si! ¡Eres una reputa!

    Dora: ¡¿Pero cómo demonios te atreves a llamarme puta?!

    Kevin: Jejeje ¡Tienes mi rabo en tu puta jeta de marrana! ¡Eres una puta mamadora!

    Dora asombrada y con cara de estupefacción dice:

    Dora: ¡Mi amor!…

    Pero luego cambia de expresión, pone una cara de puta, sonríe y contesta:

    Dora: ¡Eso papi! ¡Dime puta!

    Kevin: ¡Puta!

    Dora: ¡¿Soy una qué?!

    Kevin: ¡Eres una puta!

    Dora: ¡No te escucho!

    Kevin: ¡Eres una puta más que puta!

    Dora: ¡Sigo sin escuchar, papi!

    Kevin: ¡Eres una Puta! ¡Puta! ¡Puta! ¡Puta!

    Dora: ¡Vaya! ¡Cómo me gusta esa bella palabrota!

    Kevin: ¡Mi madre es una puta!

    Dora: ¡Me gusta que me llames así, cariño! ¡Anda, sigue llamándome puta! ¡Qué excitante!

    Kevin: ¡Y tu sigue mamando, puta! ¡Anda mama mi verga mamá! ¡Eres la puta Dora la mamadora!

    Dora le entrega el celular a su hijo, la filmación continúa, y coge a su hijo por las nalgas acercando su miembro a la boca, la cual lo recibe con gran pasión. Kevin le mete la verga de forma lateral en la boca haciendo que la cabeza de semejante falo se notara inflamando la mejilla de su progenitora, esto lo hace varias veces, y cuando su mami se saca la verga de la boca lo hace haciendo un sonido similar al que se produce al destapar una botella de champaña.

    Dora: ¡Qué rico es mamar!

    Kevin: ¡Y qué rico es metérselo por la boca a la puta de mi mamá! ¡Toma perra!

    Kevin agarra por el cabello a la puta de su madre con la mano libre, ya que con la otra sostiene el celular, y comienza a jalárselo para así lograr que ella se meta de forma ruda su miembro a la boca, y comienza a tener control sobre los movimientos de la mamada y sobre su profundidad.

    Kevin: ¡Toma verga, maldita puta!

    Dora: Guag Guag Guuag

    La mamita de Kevin vomita sobre la verga de su hijo, sobre sus tetas y sobre la alfombra, y comienza a toser y a escupir mientras lanza aullidos de gozo, sonidos de marrana, y risitas de placer y gracia.

    Kevin: ¡Mamá! ¡Qué rico! ¡Siempre quise hacerte esto!

    Dora: ¡¿si ves lo que me hiciste hacer?! ¡Grandísimo huevón! Jejeje ¡Espero que lo estés disfrutando mucho! ¡Huevetas!

    Kevin: ¡Mamá, esto es lo mejor que me ha sucedido en la puta vida!

    Dora: ¡Claro, cumplir tus deseos de incestuoso! Jejeje ¡Pero ha estado muy rico todo esto! ¡Somos muy cerdos! ¡Carajo! Jejeje

    Kevin: ¡Mami, eres más puta de lo que me imaginé! ¡Oye, te va tocar hacer una limpieza tremenda!

    Dora: ¡¿A mí?! ¡Será a ti! ¡Huevoncito!

    Kevin: ¡A ti! ¡O para que no peleemos que lo limpie María que ya casi llega!

    Dora: jiji ¡Si, que lo limpie tu hermana! ¡Pero mientras tanto sigue dándome pene por la boca! ¡Sigue metiéndoselo a la puta de tu mami hasta la garganta!

    Kevin: ¡Como digas, Dorita la mamadorcita!

    Kevin vuelve a meterle la verga a su amada madrecita, y comienza, con todas las energías, a darle verga nuevamente hasta la garganta, haciéndole sentir ahogo y provocándole arcadas. La mujer escurre mocos y lágrimas, y produce ruidos de cerda. La muy puta tiene el cabello alborotado, y su hijo deja el celular filmando sobre una mesita. Kevin coge a su madre de la cabeza, por los lados, y la obliga a mamar con rudeza. También le jala fuertemente sus cabellos y le folla terriblemente la boca. Semejante verga puede llegar posiblemente al comienzo del esófago de su mami.

    Dora: Guag Guag gggrrrr

    La mami de Kevin nuevamente vomita. Su hijo riéndose y burlándose la besa en la boca y nuevamente le incrusta su magnífica verga en la garganta sin darle tiempo a ella de nada.

    Kevin: ¡Garganta profunda para mi dignísima madre!

    Dora: ¡Higgog, og meg tragtegs aggí! ¡Tragtagmeeg malg! ¡Tragtagmeg cogmogg la puggtag queg goigggg!

    Lo anterior lo dijo Dora con la boca llena del pene taladrador de su hijo, y traducido significa: ¡Hijo no me trates así! ¡Trátame mal! ¡Trátame como la puta que soy!

    Kevin: Jajaja ¡Mamá tú si eres…! ¡¿Quieres que te trate mal?! ¡Pues toma, perra! ¡Maldita prostituta callejera!

    Kevin le escupe varias veces en la cara a su mami. Ver a Dora con un buen escupitajo en su frente que resbala por su nariz y otro sobre sus grandes ojos de puta mamadora y uno más sobre su cabello es algo que saca de toda cordura al depravado Kevin, quién luego se atreve a abofetear a su mamita, como lo hace con las putas de calle con las que se la pasa. Dora extrañamente se ríe, aunque tenga la verga gorda y larga de su hijo rítmicamente entrando y saliendo de su garganta.

    Kevin: ¡Toma marrana! ¡Dios! ¡Siempre quise hacerle esto a esta puta! Jejeje

    Dora: Guag Guag Guag

    Kevin: ¡Eso zorrota! ¡Mama mamá! ¡Mama mamá!

    Dora: ¡Gueg ggiiggoooggg! (Traducción: ¡Qué rico, hijo!)

    Kevin: ¡Qué puta eres, mami! ¡Mira que chuparle la verga a tu propio hijo! ¡Eso es pecado! ¡Vas a terminar en el infierno! Jajaja

    Doña Dora se libera como puede de la verga de su hijo y contesta:

    Dora: ¡Wow! ¡Ohhh! ¡Qué puta soy, mijo! Jejeje ¡No me importa si me voy para el infierno! ¡Lo importante es mamar esta espectacular polla y putear contigo! Jijiji

    Kevin: ¡Lo mamas estupendo, mami!

    Dora: Jejeje ¡Claro, bebé, pues soy Dora la mamadora, no lo olvides! Jejeje

    Kevin: ¡Abre la boca, mamadora!

    Dora abre la boca y Kevin coge con su mano su verga y se la mete a la boca para luego sacársela y nuevamente metérselo, vuelve a repetir esto varias veces más. Ahora Kevin le da palmaditas con la verga en la lengua y en la cara a su mamá, y Dora aprovecha para agarrarle el pipí y restregárselo por toda la cara.

    Kevin: ¡Vaya que eres puta! ¡Y yo pensando que eras una mamá decente! ¡Vaya sorpresas que da la vida!

    Dora: ¡¿A ti qué versión te gusta más!? ¡¿La versión de mamá decente o la de mamá puta?!

    Kevin: ¡Obviamente la versión de mamá puta, claro está!

    Kevin toma su celular para seguir filmando, y su madre pone sus manos sobre las piernas de su hijo y continúa con la felación. Kevin con una mano le empuja la cabeza de forma que ella se trague todo el miembro, le dice que se quede así, y luego le tapa la nariz con sus dedos, produciéndole cierto ahogo a la pervertida mujer, quién se pone colorada y después de unos segundos Kevin la suelta, empujándola hacía atrás. Ella mientras cae fuertemente sobre el espaldar del sofá expulsa una gran cantidad de babas por las fosas nasales.

    Kevin: ¡Wow! ¡Qué cochinota mami! ¡Qué marrana eres! ¡Esos chorros de baba que te salieron por la nariz estuvieron de lujo! ¡Como de pura actriz de porno!

    Su madre, tosiendo y riendo al tiempo, le contesta:

    Dora: ¡Para que veas, gran huevón! Jejeje ¡Casi me ahogo pero me alegro que haya gustado y que no te haya dado asco!

    Kevin: ¡Hoy es mi gran día! ¡No puedo creer que estemos haciendo esto, mamita!

    Dora: ¡Yo tampoco! ¡No pensé que te lo fuera a mamar hoy y mucho menos de semejante manera! ¡Que puerca y puta soy! ¡Pero no me arrepiento de nada! ¡Esto está muy rico, y la vida es para probar cosas nuevas!

    Kevin: ¡Si mami, así es! ¡Qué viva el incesto, carajo! ¡Sigue mamando!

    Dora toma la verga de su hijo con su manita y la mama frenética y desesperadamente como si fuera lo último que pudiera hacer para no morirse de hambre.

    Dora: ¡Qué delicia!

    Kevin: ¡Chupa! ¡Chupa!

    Dora: ¡Te sabe a pollo esta verga! ¡Qué delicia!

    Kevin: ¡Me voy a venir mamá!

    Dora: ¡¿Dónde te quieres venir, amor?! ¡¿Sobre mis tetas, sobre mi cara, dentro de mi boca?! ¡¿Dónde?!

    Kevin: ¡Dentro de tu boca!

    Dora: ¡¿Quieres que me tome tu lechecita?!

    Kevin: ¡Si, mami! ¡Y que antes de tomártela me la muestres en tu boca y juegues con ella!

    Dora: ¡Como ordene mi capitán!

    Dora sigue mamando con gran habilidad esa vergota. El alma se le está yendo en ello.

    Kevin: ¡Ohhh! ¡Me vengo! ¡Me vengo! ¡Me vengo, mami!

    Dora: ¡Dale, mi amor! ¡Dale tu lechecita a esta puta!

    Kevin saca de la boca de su madre su verga y se empieza a masturbar sobre ella, lanzando quejidos y gruñidos. Y de repente:

    Kevin: ¡Ahhh! ¡Ohhh! ¡Me vengo sobre esta hijueputa!

    Kevin comienza a lanzar gran cantidad de esperma sobre la cara de su madre y su boca. Sendos chorros de semen caliente, viscoso y a presión salen del ojo de su verga sobre la despampanante mujer.

    Kevin: ¡Toma! ¡Putaaa! ¡Toma esto puta! ¡Toma puta! ¡Qué rico, hijueputa!

    Kevin lleva más de un minuto lanzando chorros de leche. Uno, dos, tres, cuatro y en total como diez largos y potentes chorros, seguidos de unos cuantos chorritos pequeños. Lanzó todos ellos sobre su alegre madre que los recibió sonriente y dichosa. Toda la cara la tiene llena de semen, al igual que las tetas, el cabello, las piernas y la boca. Dora juega con el semen dentro de su boca, hace gárgaras, se enjuaga la boca y los dientes con ese líquido espeso, el cual se hace espuma, y lo muestra a su hijo con gran entusiasmo y orgullo. La madre de Kevin se traga esa leche haciendo al final un sonido como el que se hace cuando se toma algo refrescante, y abre nuevamente la boca para mostrarle a su hijo que ya se tragó por completo su leche. Dora, mira a su hijo con los ojos bien abiertos, sonríe, y mientras juega con sus dedos tomando el semen que le quedó en su cara y en sus tetas, y llevándoselos a su boca dice:

    Dora: ¡Wow! ¡Una delicia esa leche mi querido hijo! ¡Uh! ¡Vaya! ¡Me bautizaste en semen! ¡Te felicito! ¡Estuviste genial, mi amor! ¡Te amo! ¡Ufff! ¡Tienes una potencia sexual de putas! ¡Como tu papá! ¡Wow!

    Kevin: ¡Oh! ¡Gracias mami! ¡Lo disfrute mucho! ¡Qué rico! ¡Eso era lo que quería que pasara en mi vida desde hace mucho tiempo! ¡Que al menos me lo mamaras! ¡Yo también te felicito! ¡Eres una mujerona! ¡Para la próxima quiero metértelo por esa rica cucaza! ¡Puta!

    Dora: ¡Espero que se me de ese momento, mijito! ¡Me alegro mucho que lo hayas disfrutado! ¡Excelente!

    Kevin: ¡Me gustó mucho! ¡Espero que no te haya molestado las palabrotas que te dije y los improperios que te lancé, es que era por la arrechera tan hijueputa que tenía, disculpa!

    Dora: ¡No hay nada que disculpar, precioso! ¡A mi me gusta que me digan puta, que me humillen y que me traten mal cuando estoy mamando, follando y culeando! ¡Me encanta que me den duro y que me usen como una cosa! ¡Es un fetiche que tengo! ¡Eso me hace sentir dominada por un verdadero macho, me gusta sentir la fuerza de un hombre y su parte animalesca! ¡Espero que me sigas tratando así y que me sigas llamando puta y ramera, con toda confianza mi amor!

    Kevin: ¡Vaya, mamá! ¡Qué puta eres!

    Dora: ¡Carajo! ¡Qué hijo tengo! ¡Todo un machote! ¡Un verdadero monstruo! ¡Tengo una máquina sexual en mi casa y la había desaprovechado! ¡Mi propio hijo es todo un maniaco sexual y hasta ahora se me dio por disfrutarlo! ¡Definitivamente hay que ser lanzada! ¡Qué verga tan grande y exquisita! ¡Dios! ¡Qué puta soy! ¡Habérselo mamado a mi propio hijito!¡ pero no me arrepiento, gocé como la puta que soy y lo seguiré haciendo contigo, mi amor!

    Kevin: ¡Eres una perra en celo! ¡Me llena de orgullo escuchar eso de ti, mamá! ¡Eres lo máximo! ¡Sabes muy bien cómo hacer gozar a un hombre! ¡Eres toda una hembrota, mami! ¡Para eso debiste necesitar mucho tiempo de puterío! ¡¿Cierto mami?!

    Dora: ¡Si! Jejeje ¡Debo confesar que desde siempre me ha gustó el sexo duro y salvaje! ¡Nunca tuve tabúes, y desde siempre me ha gustado putear! ¡He tenido muchos amantes y novios! ¡Me he entrenado bien! ¡Soy experta en el arte de la mamada! ¡Aunque también hago bien otras cositas!

    Kevin: ¡Mami! ¡Te gusta que te den por el culo!

    Dora: ¡Me fascina! ¡Cuando me enculan me siento en la gloria!

    Kevin: ¡Ufff! ¡Mami! ¡Entonces hay que probar ese suculento culazo!

    Dora: ¡Cuando quieras, mi amor!

    Kevin: ¡¿Quieres decir unas últimas palabras a la cámara?!

    Dora: ¡Hola! ¡Soy Dora la mamadora, madre del Kevin! ¡Como vieron, soy bien puta! ¡Besos a sus vergas erectas! ¡Espero que se hagan muchas pajas con este video! ¡Gracias chicos preciosos! ¡Chao mis amores!

    Continúa en la segunda parte.

  • Abajo de un camión de carga

    Abajo de un camión de carga

    Por efectos en aburrimiento y por motivos de abstinencia sexual he querido desahogar un poco mis ganas a través de la escritura. Y aprovechando contar algunas de mis experiencias sexuales. Los hechos fueron así:

    Cuando era joven y estudiaba en la universidad fue que conocí a Karen. Ella era una amiga que conocí desde mi primer día ahí, pero que no fue mi novia sino hasta finales del tercer semestre. La comencé conocer más sólo para darme cuenta que era una ninfómana (al menos por esos tiempos). Lo cual realmente fue impactante para mí, ya que… Bueno, se las describo. Ella era (es) una mujer con cara de niña, muy bonita, ojos grandes, cabello negro y largo hasta la mitad de la espalda (nunca le perdonaré haber abandonado ese estilo), con pómulos bien formados con hoyuelos y nariz respingada, en sí, una niña muy bonita. Muy flaquita, pero con piernas lo sufrientemente anchas para no parecer tubos. Y, claramente un trasero grande y rondó, tal cual en forma de un durazno.

    Sí, tenía una novia, bonita y muy sexy. Pero, iré al grano. Ella y yo tomábamos clase por la tarde, salíamos en ocasiones alrededor de las 10 pm (vivimos en la Ciudad de México). Tomábamos un camión que nos llevaba al metro en 10 minutos. Y una noche, ella y nos con encontrábamos muy calientes, y ya teníamos la confianza de confesarnos el estado de excitación que presentábamos en algunas ocasiones. Sabíamos que pasaría un tiempo para poder estar completamente solos, así que necesitabas «desquitar» nuestras ganas.

    Cerca del metro hay un puente y cercano a ese puente hay un estacionamiento para varios camiones que da a espaldas de unos departamentos, el camino al rededor estaba muy sólo pues hacia frio y apenas era transitado.

    Se no hizo fácil caminar hasta ese lugar, meternos y buscar un pequeño hueco para estar solos, y fue cuando vimos que nos podríamos cubrir perfectamente debajo de un camión de carga que evitaba ser vistos desde la calle o desde los departamentos que se alzaban detrás nuestro. Nos metimos e hincados nos comenzamos a besar apasionadamente.

    Ella no aguantó prácticamente nada, me bajó el pantalón para sacar mi verga la cual estaba (ya de por sí) saliéndose por si misma de lo dura que estaba, por lo excitante de cogerme a mi novia (no era la primera vez que lo hacía con ella) y, además, por estarlo haciendo en plena vía pública. En cuando salió mi verga se agachó un poco más para mamármela, ella se encontraba de perrito, con su culo grande y redondito al aire. Me chupaba la verga como verdadera zorra, mientras poco a poco ella se desabrochaba el pantalón y lo bajaba con todo y ropa interior para dejar ese rico culo al descubierto.

    Fue entones que escuchamos un ruidos lejos de alguien caminando hacia la entrada nos encontrábamos en contraposición), pensé que el momento había acabado, pero antes de poder poner más atención Karen había dejado de mamar mi verga y estaba empinada, pero ahora con su culo apuntando a mí rogando que me la cogiera. «Por favor, ya métemela». Me dijo con una voz que sólo he escuchado en videos porno de actrices.

    No pude negarme y le metí la verga en un sólo movimiento, duro y hasta el fondo. Ella dejó escapar un gemido mientras me decía «¡Ah! Sí, cógeme como una perrita». Eso me prendió en sobremanera, se la metía duro y rápido, pero teniendo el cuidado de mi pelvis no pegara con esas nalgotas. Ella lo disfrutaba, me di cuenta porque además de los ligeros gemidos que soltaba (las mujeres me entenderán, similares a los que dejan soltar mientras se masturban en la noche y la casa no está sola), se iba empinando cada vez más, dejando ver más ese culo tan rico, sumado a que iba abriendo más y más las piernas, aceptando mi verga por completo.

    Así estuvimos cogiendo en vía pública. Había perdido la noción del tiempo, yo sólo me concentraba en ser un buen amante para ella (en futuros relatos entenderán que me preocupo más porque una mujer disfrute).

    No sabía si ella ya se había venido, pues sus gemidos fueron contantes en el ritmo y en el tono. Fue entonces que aun estando de perrito, arqueó la espalda hasta poner su cara a la altura de mi oído. Yo me quedé quieto queriendo escucharla, pero ella se seguía moviendo, así arqueada seguía moviendo su culo haciendo que mi verga entrara y saliera lentamente de ella.

    Y así, entre su respiración agitada y lo excitada que se escuchaba me dijo; «quiero que ya te vengas, relájate… Ya me vine más de una vez». Esas palabras me relajaron porque entendí que había cumplido con mi deber. Apreté sus nalgas al tiempo que se la metía más duro. Liberé una de mis manos para apretar una de sus tetas, mientras ella seguía arqueada gimiéndome al oído (mi punto débil, gemidos de una mujer), no pude aguantar más y deje salir toda la leche que tenía dentro de ella; y cuando lo hice ella dejó salir un último gemido más fuerte, y me dijo: «Amo sentir tu lechita dentro de mí».

    Después de eso, nos subimos los pantalones y nos fuimos corriendo al metro. (Sólo eran ya las 11:15 p.m.).

    Espero les guste, quizá di muchos detalles, pero me gustaría que me comentaran que opinan del relato ¿Lo harían o lo hecho ustedes?

    Dejo mi contacto para opiniones personales:

    [email protected].