Autor: admin

  • En la oficina, sin manos

    En la oficina, sin manos

    Era quizá el día más ardiente de mi vida. Mi novio me había dejado realmente excitada al despedirnos con un apasionado beso, caricias y toqueteos incluidos. Aquellas húmedas caricias con nuestros labios en la nuca y el cuello me pusieron al mil. Sentir sus manos agasajando mi cuerpo, estimulando mis nalgas, estrujando mis senos, rodeando mi cintura y rosando mi fogosa vagina. Me dejado realmente con las ganas de follármelo en el estacionamiento antes de tener que despedirme de él para dejarlo ir a su trabajo y yo subir a mi oficina en ese mismo edificio.

    Acomodándome el cabello largo para enredarlo tras mi nuca, subía por el ascensor hasta el piso donde estaría mi cubículo. Ahí saludé a mis compañeros, me tomé un café casi tan caliente como yo y me senté en la silla de oficina tras mi escritorio, encendiendo el ordenador donde tendría que realizar las labores del día.

    Pero las horas pasaban y el trabajo no aparecía. Todo apuntaba a que sería uno de esos días abrumadores, horriblemente aburridos en el que no habría nada que hacer. Y mi mente volaba, navegando en las fantasías eróticas que me aparecían en el recuerdo, debido a lo susceptible que estaba.

    Entonces abrí el chat y lo encontré conectado. Se trataba de ese chico que habría conocido meses atrás en un café lejos de casa, en uno de los viajes que solía hacer con unos amigos, dentro de los días en que había terminado con mi novio por una vieja discusión.

    -Hola guapo. –Habría la burbuja de conversación completamente loca por los sentimientos deseosos que mi cuerpo experimentaba ese día, esperando su ansiada respuesta. Segundos tan solo pasaron y me respondió.

    No había marcha atrás, la travesura estaba en proceso. Primero iniciamos charlando banalmente, como se habla a cualquier amigo que hace tiempo no sabes de él. Pero poco a poco la conversación subía de tono. Las preguntas pasaban de un simple “¿cómo te ha ido?” a un “¿qué sueles hacer en un día de aburrimiento en el trabajo?”

    -Me gusta escribir y leer historias eróticas. –Le respondía, dando apertura al juego de seducción que nos precedería. -¿Por qué no hacer una historia propia? –Me decía confesándome que no había podido olvidar un segundo aquel día en que nos conocimos, rogando cada amanecer por poder repetirlo. Haciéndome recordar al mismo tiempo lo que había sucedido en aquella cafetería en a las afueras del pueblo mágico en el que tanto me divertí, donde me conquistó con su hermosa sonrisa, su amable actitud y ese cuerpo musculoso fuerte y esculpido por los mismo dioses que se cargaba.

    -Me gustaría repetirlo. –Escribía con sinceridad, describiéndome una escena ficticia en la que nos encontrábamos de nuevo en la ciudad, nos mirábamos y nos enamorábamos de nuevo. Haciéndome fantasear con la idea de volvernos a unir escondidos en la bodega de su cafetería para follar como bestias hambrientas devorándose una a la otra.

    Cuando todas aquellas memorias comenzaban a hacerme sentir aún más caliente y excitada como tierna cervatilla en celo, obligándome a que me tocara la entrepierna a escondidas bajo mi escritorio, mientras mis compañeros conversaban en las cercanías, a merced de que alguno pudiese descubrirme en ese momento íntimo.

    Me sentía mal por mi novio, en cierta forma era como serle infiel, aunque fuese solo con palabras. Sin importar que aquel chico con el que coqueteaba textualmente estuviese a cientos de kilómetros de distancia, sabiendo perfectamente que jamás le volvería a ver, y que aquellos escritos no pasarían más allá de la caja de chat.

    -¿Qué llevas puesto? –Me preguntaba sabiendo lo que se avecinaba. Respondiendo con toda sinceridad, comencé a describirle mi vestimenta puramente de oficinista clásica; que constaba de una blusa blanca un poco trasparente por lo delgada de su tela. Un saco formal gris de corte que acentuaba mi estrecha cintura y una falda corta haciéndole conjunto. Tacones altos color negros con la suela roja, y finalmente unas gafas de aumento que necesitaba sin remedio para leer en el ordenador.

    -Debes estar tan linda como el día que te conocí. Envíame una fotografía de cómo luces ahora mismo. Necesito verte. Como si nos encontráramos de nuevo. –Escribía agónicamente lento, adjuntándome una fotografía de él, en vivo, tomada directamente del chat, desde un pupitre en lo que parecía ser un salón de clases.

    -¿Dónde estás? ¿Dónde ha quedado la cafetería? –Le cuestionaba en seguida al ver la escena a su alrededor. –Estoy retomando mi maestría en finanzas. –Me respondía, añadiendo que había comenzado un par de meses, justo después de conocerme. Asegurando que había sido yo la que le había inspirado para terminar su carrera.

    El tipo sabía cómo seducirme, y estaba tan guapo como el día que lo conocí, quizá hasta mejor. La madures le sienta bien. Sigue teniendo esos enormes brazos fornidos y ese prominente pecho. Sin dejar de lado esos brillantes ojos claros y su espectacular sonrisa.

    Seguro no hacía falta de mucho para sacarme de mi buen juicio por lo caliente que ya de por sí estaba. Pero es que el tipo estaba realmente muy guapo y me estaba haciendo recordar lo bien que me la había pasado en sus brazos, fantaseando con lo bien que la podríamos liar si nos encontrásemos de nuevo.

    Con eso mi mente terminaba de aferrarme a la cordura y comenzaría a volar en sus palabras, imaginando ese anhelado recuerdo fantasioso en un lugar ficticio, donde nos entrelazaríamos en un pasional beso como el que me daría mi novio apenas esa misma mañana, cual aún se aferraba a mis labios sintiendo sus manos acariciando todo mi cuerpo sobre mi falda, mi blusa y toda esa ropa estorbando a su paso.

    Casi sin saberlo, mi manos ya apretujaba fuerte mente sobre la rígida tela de mi falda, intentando llegar a mi caliente vagina que aclamaba por ser consolada, deseosa de todo ese material erótico que entraba por mis ojos excitándome más y más a cada palabra.

    -Déjame ver un poco más. Quiero ver tu corazón palpitar por mí. –Escribía el chico, no conforme con la foto que le había enviado desde la cámara web mostrándole mi cara de completa excitación con un seductor ademan relamiéndome los labios para él.

    Levanté un poco la mirada espiando nerviosa desde un costado del monitor frente a mí, buscando identificar a mis compañeros de oficina quienes zapateaban a los alrededores haciendo sus labores o pasando el tiempo desde sus respectivos cubículos.

    Me desabotoné un poco la blusa, seguido de un botón más y un tercero para abrir la prenda hasta la altura de mis senos, cubiertos por una trasparente y sensual lencería blanca, cuando pasaba uno de mis compañeros de lado a lado. Muerta de miedo, me cerré la blusa pretendiendo acomodarla con las manos al cuello.

    Mi corazón bombeaba con fuerza, estaba realmente aterrada de ser descubierta. Nunca antes había hecho algo así en el trabajo, pero al mismo tiempo ese pánico que me hacía temblar, era igualmente de intenso como para incitar aún más el deseo en mi cuerpo, excitándome a niveles incontenibles.

    Rápidamente me abrí la blusa como súper heroína, y tras tomar una hermosa panorámica de mis pechos por la cámara en la pantalla, le piqué en el botón de enviar, para abotonarme de nuevo la ropa.

    -Mira como me has puesto con esa foto hermosa. –Me escribía de vuelta adjuntando una fotografía de su entrepierna levantando una magnifica erección de su largo pene bajo su pantalón.

    Aquello me había terminado de colmar mi ansiedad. Mirarle tan caliente como yo, me había llenado de ganas por tocarme para satisfacer por fin las necesidades de mi cuerpo que tanto sentía. Entonces me levanté de mi silla fingiendo que me acomodaba la falda, espiando de paso a mi amigo y compañero de mi izquierda perdido en su ordenador, a mi amiga de la derecha escribiendo en su móvil y a mi compañero de enfrente ausente en el trabajo como era su costumbre, para enseguida regresar a mi asiento no sin antes subirme la falda de un fuerte jalón hasta la cadera.

    -¿Qué haces? ¿Por qué no me respondes? ¿Ha sido demasiado acaso? –Me preguntaba con insistencia sin saber que en realidad me estaba poniendo más cómoda. –No, para nada. Me ha gustado mucho la foto, también me gusta mucho lo que me escribes. Me encanta saber que puedo ponerte así. –Le respondí esperando respuesta con mi mano masajeando sutilmente mi mojada vagina sobre mis bragas de encaje negras.

    Poco tiempo paso cuando me respondía con un corto video de su mano estrujándose el largo paquete estirado bajo su pantalón sin escribir una sola palabra. Al ver aquel atrevido video, mi corazón se aceleró. Lo reproduje un par de veces mirando y recordando ese glorioso pene que algún momento fuse mío, al tiempo que me tocaba mi punzante vagina cada vez más mojada al paso de mis dedos sobre mi lencería.

    -Estás loco. ¿Qué no te da miedo hacerlo en tu escuela? –Le reprochaba. –Más loco me tienes tú, princesa. –Me respondía enseguida, asegurándome que nadie le prestaba atención a lo que hacían sus manos bajo su cintura.

    Y la conversación seguía. Aquel chico continuaba poniéndome cada vez más caliente con sus palabras sus ocurrencias y con esos videos cortos mostrándome como se estimulaba, dándome al mismo tiempo material visual para hacer lo mismo con mi cuerpo, masturbándome con firmeza todos los labios de mi caliente vagina empapada y mi clítoris erecto aún escondido bajo los telares de encajes mojados.

    Entonces no lo soporté más. Hice una pequeña pausa, miré a mi alrededor llena de pánico y con los nervios de punta, para ponerme en pie de nuevo. Mis compañeros continuaban en sus respectivos mundos, casi como si no supiesen que existía. Aun así, estaba muerta de miedo al espiarlos atentamente mientras me bajaba mi falda de nuevo, esta vez deslizándola hasta hacerla caer a mis pies. Enseguida metí mis pulgares bajo el elástico de mis bragas negras trasparentes y al tiempo que me sentaba, me las bajaba hasta los tobillos, todo en el mismo movimiento.

    Sin perder tiempo, regresé al chat, ahora estimulándome placenteramente con la mano izquierda en mi desnuda vagina. Al sentir mis dedos sobre la piel descubierta de mis labios vaginales de inmediato supe que terminaría en un fuerte orgasmo. Estaba mojada como nunca, sentía las pulsaciones de mi sexo palpitando al ritmo e intensidad que los latidos de mi corazón a punto de estallarme en el pecho, por el espantoso sentimiento de pánico sabiendo que en cualquier momento podría ser sorprendida tocándome en el trabajo por alguno de mis compañeros, a quienes podía escuchar en las cercanías casi en todo momento.

    El sentimiento de sensualidad y extrema excitación desmedida me sobre pasaba, realimente lo necesitaba. Fantaseaba con las palabras de mi hermoso y seductor confidente, masturbadme con los eróticos videos de su duro miembro siendo estrujado con pasión, asomándose un poco fuera de su pantalón, sin importarle que estuviese en medio de una clase. Mientras mis dedos se empeñaban sinuosos en darme placer y no parar hasta hacerme venir, como tanto lo necesitaba, acariciando mis labios con ternura, jugando con mis pegajosos jugos íntimos alrededor, acogiéndolos antes de metérmelos imaginando que serían su falo penetrándome duro y profundo.

    Simplemente no podía resistir más, estaba caliente como nunca y ya no podía soportarlo, estaba al borde, estaba a punto de venirme, lo sentía como si estuviese a punto de orinarme. Pero en ese momento apareció mi compañero del cubículo de enfrente, llegando tarde como siempre.

    Lo miré de reojo, sin quitarme la mano de mi caliente vagina, segura de estar a nada de hacerme correr de los mil demonios. Pero entonces, aquel sujeto irresponsable, antes frente a mí, aprecia ahora en mi cubículo repentinamente, pidiéndome un viejo oficio de un antiguo proyecto.

    Me conmocioné brincando de un sobresalto, asustada y riendo de nervios, mientras sacaba mi húmeda mano de mi entrepierna, sintiendo como si mi corazón se me fuese a la yugular ahorcándome de angustia. –Permíteme. –Le pedía amablemente intentando limpiarme los mojados dedos de mi mano, restregándola en el costado de mi pierna embarrando mis secreciones sexuales en ella.

    Enseguida, me apresuré lo más rápido que pude en atender a mi compañero, buscando con desesperación el archivo solicitado entre las carpetas de la computadora, acercándome lo más que podía a mi escritorio para esconder mi desnudez inferior en éste. Cuando una ventana emergente aparecía al pie de la ventana.

    Se trataba de un nuevo mensaje del chat minimizado en la barra de tareas. Era un nuevo video de aquel chico que tan caliente me tenía. Estaba tan excitada que no podía esperar un segundo, simplemente no podía concentrarme en mi tarea sin antes terminar con el trabajo que había dejado a medias en la parte más íntima de mi cuerpo.

    Quería dejar esperando a mi compañero, ya solo quería ir al baño para terminarme de hacerme venir ese orgasmo que pendía de la punta de mi coño. Sentía mi vagina realmente mojada y dilatada, como si estuviese a punto de hacerme pipi después de aguantarme las ganas por horas.

    Pero no lo podía dejar así, no tenía excusa, ya había encontrado su documento. Enseguida lo mandé a imprimir y le dije a mi compañero que lo fuera a recoger a la impresora al fondo del pasillo, pensando que me dejaría sola para poder terminar como tanto lo necesitaba. Pero el muy desgraciado se quedó ahí, me sonrió y me preguntó si tenía trabajo, como intentando iniciar una conversación.

    Y para terminar de colmarme los nervios se sentó en la silla frente a mi escritorio, desentendido de lo que sucedía bajo mi cintura, y lo que podía llegar a pasar en los confines íntimos de una dama como yo. Pero no podía ser descortés; una cosa sería mandarle indirectas para que se largara y otra muy distinta era decirle directamente que me dejara masturbar a gusto y que más tarde le atendería.

    Seguro que si pensaba en salir corriendo de ahí y atenderle después de haber atendido las necesidades de mi cuerpo, pero no podía, porque mi falda estaba en el suelo y mis bragas con ella. Además de que, aprovechando el momento, al muy inhumano se le había ocurrido pedirme otra copia de otro documento, según él para ya no molestarme más tarde.

    Y mis piernas temblaban como escalofríos sexuales insoportables, mi corazón bombeaba fuertemente, sudaba de todas partes, mi respiración se agitaba y mi vagina palpitaba como esos días femeninos de incontinencia urinaria por el frio.

    Fue ahí cuando lo sentí, estaba segura que me haría ahí mismo. Aun no sabía si era por la excitación, pero en verdad sentía como si me fuese a orinar de nervios, mientras fingía buscar su tonto archivo en mi ordenador, cuando en realidad lo que hacía era reproducir el recién llegado video de mi amante, quien me trasmitía, ahora desde el baño de su universidad, mostrándome su tremenda polla dura e hinchada como embutido de carne rosado, húmedo y delicioso, blanco y pulcro como para darle una buena chupada antes de encarnármelo hasta lo más profundo de mi cuerpo.

    Y sudaba como nunca, se me había secado la garganta y temblaba incontrolablemente intentando mantener la compostura frente a mi compañero, quien no se marchaba, al tiempo que mi vagina se dilataba más y más, relajándome los músculos de mi pelvis que endurecía con fuerza para que no me escurriese el orgasmo que luchaba por contener, y esa endemoniada sensación de querer orinar que me obligaba a apretar más fuertemente cada musculo de mi vagina para evitar hacerme ahí mismo.

    Cuando de pronto me llegaba otro video más de mi amante secreto, mostrándome ahora como se masturbaba lánguidamente, estrujándose su dura tranca babosa y sonrojada con extremo placer para mi deleite. Envidia la que sentía. Dichoso él quien se podía tocar a gusto, yo solo podía mirar y aguantar, intentar resistir solo un poco más. Frunciendo los músculos de mi pelvis al mismo tiempo intentando estimularme con los muslos de mis piernas cruzadas frente a mi mojada vagina.

    Pero era imposible, ya no podía soportarlo un segundo más, sentía que me hacía pipi y me venía al mismo tiempo.

    Entonces cambié de lado el cruce de piernas, haciendo toda la presión que podía con ellas, estrangulando mi vagina con mis duros muslos, mientras trataba de endurecer los músculos de mi suelo pélvico, intentando retener las secreciones pegajosas que se escapaban entre mis labios vaginales. Estaba que me ganaba y no podía hacer nada, ya era demasiado tarde para intentar huir, y mi estúpido compañero no se despegaba de la silla.

    Me apresuraba a escribir con mis manos temblorosas los folios y citas pertinentes antes de mandar a impresión, respirando agitadamente titilando de nervios y excitación. Mientras debajo de mi escritorio prensaba y retraía mis piernas, cruzando los tobillos y apretando con fuerza al cerrarlas, sobreponiendo mis rodillas una con la otra, al tiempo que apretaba y contraía los músculos de mi pelvis agónicamente, intentando calmarme la angustia, sin embargo masturbándome a cada contracción. Mirando una y otra vez el vídeo erótico privado que me había enviado mi hermoso confidente a distancia. Fantaseado con su falo siendo sometido de arriba abajo en todo lo largo por su mano, viril frente a la cámara. Recordando sus caricias, y las de mi esposo, todo ese juego de seducción y de palabras, las infidelidades, los secretos, y el estarlo haciendo en la oficina frente a mis amigos y compañeros.

    Y no pude más. En ese momento sentía como mi vagina estallaba sin siquiera tocarla con las manos, sintiendo como se llenaba de lubricación empujando todos mis juegos fuera de mi caliente cavidad, escurriéndome a través de mis muslos, manchando la silla hasta caer gota a gota al piso alfombrado que absorbía los acuosos sonidos de toda esa larga eyaculación secretando lentamente y constante aquel liquido de placer espeso y caliente mojándome todas las piernas fluyendo hasta mis pantorrillas.

    Tan solo agaché la cabeza sobre el teclado del ordenador, fingiendo que estaba tosiendo, cuando en realidad estaba conteniendo profundos gemidos de placer, sintiendo como mi almejita se dilataba abriendo sus paredes carnales rosadas, liberando así finalmente todo aquel torrente pegajoso y trasparente incontenible que emanaba desde los confines de mi privada intimidad, haciéndome venir como tanto lo aclamaba, por primera vez en mi vida, sin usar las manos para tal fin.

    Así, mientras la impresora entintaba las últimas páginas del oficio a la distancia, al fondo del pasillo del piso, finalmente le indicaba a mi compañero que había terminado. Sin él saberlo insinuándole ambos sentidos de la palabra.

    -He terminado. –Le decía a mi compañero exhalando agónicamente las palabras completamente satisfecha del tremendo orgasmo que me había regalado. –Me has hecho terminara. –Le escribía a mi amante a distancia en la última línea del chat, antes de relajar mis piernas empapadas hasta los tobillos, abriéndolas en misilla mojada, bajo mi confidente y protector escritorio, relajando mi cuerpo mientras mi camarada de trabajo al fin se largaba a su cubículo sin que se enterase jamás de lo sucedido, habiéndome hecho venir a chorros sin manos.

    Si te ha gustado el relato.

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    Me encanta leer tus comentarios.

    Me gustaría mucho saber qué habrías hecho en el lugar de aquel compañero.

    O si alguna vez has tenido un orgasmo sin manos, quizá en un lugar público.

    Te deseo que tengas felices fantasías.

  • Lineth y su titulación

    Lineth y su titulación

    Para Lineth en su último año de la carrera, todo cambió. A pesar de poner todo de su parte. Le costaba un mundo entender las clases de psicología de la educación. Su profesor Mario, un tipo regordete entrado en años, era una pesadilla. Llenaba dos parciales reprobados y un tercero sería perder la oportunidad de titularse.

    —Señorita Lineth, a mis cincuenta y cinco años no me explico como usted terminó aquí. ¿Cómo terminó preparatoria siquiera? —le encantaba estar en medio de una clase para humillar a sus alumnos.

    —Pues a mis veintidós, ¿no sé como usted puede dar clases de algo que desconoce?

    Cada clase era una batalla, eran pocos los que alcanzaban apenas un seis de calificación. Había logrado que varios de sus compañeros perdieran su beca. Era como un placer para él. Estaban a una semana de su examen y todos estaban resignados a un examen extraordinario. Menos Lineth. No llevaba un historial de excelencia para perderlo por un viejo frustrado.

    —¿Estudiaste? —Se preguntaban uno a otro con los nervios a tope.

    —Pues sí, pero con este pinche viejo. Tienes que adivinar lo que está pensando.

    Por fin dio comienzo el examen, eran cosas y términos que nunca vieron en clases. Una vil trampa para reprobarlos. Lineth estaba desesperada. Solo había puesto su nombre en el inicio. Así corrieron los minutos y la hora. Todos salieron echando humo por el enojo. El profesor salió sonriente.

    —Voy a dar un curso de recuperación en mi casa. Cuesta dos mil. Digo… si se quieren titular.

    —¡Hijo de puta! —Le gritó un compañero.

    —¡Yo también te quiero hijo!

    Mil cosas le daban vuelta en la cabeza, no podía reprobar. Era imposible. No veía otra opción que ir al “curso”.

    Increíblemente, Lineth fue la única que llegó ese día a aquel conjunto de edificios. Antes se pasó a una entrevista de trabajo, algo temporal vendiendo seguros. Por lo cual se puso un vestido rojo. Corto y ajustado. Obviamente se veía espectacularmente bien. Ella tiene una figura bien torneada desde muy joven. Los años solo le han ido mejorando, sus piernas engrosaron y por tanto sus nalgas. Arrancaban suspiros por donde quiera que iba. Y con esos rasgos finos, era imposible no voltearla a ver. Toco en interfón y escucho la voz de su profesor.

    —¿Quien? —Dijo con esa voz rasposa que tanto le irritaba.

    —Yo, Lineth. Vengo al…

    —¡Al curso si ja ja ja! Ya bajo niña.

    Un minuto después El profesor Mario le daba el paso en unas escaleras angostas.

    —Espero no te moleste, estoy en el tercer piso. Adelante, por favor.

    —Gracias —Ella subió cada escalón sintiendo la mirada pesada de su profesor. Así como su respiración. Le parecía repugnante.

    El primer pago, aunque fuera por obra divina era verla subir. No perdía detalle del movimiento de esas nalgas hermosas y redondas. Dejaba que subiera un poco más para poder ver lo más que pudiera bajo ese vestido.

    —Mire que no es tan tonta, llegó usted sola hasta acá.

    —…

    Aún no subían y ya estaba con sus comentarios sarcásticos. Y con un bulto en su pantalón. Tenía años sin pareja y lo más cercano que tenía era pasar al pizarrón a Lineth, grababa esos momentos y el meneo de su culo para masturbarse por las noches frente al computador. Incluso la seguía en sus redes sociales. Ahora ese culo hermoso estaba a centímetros de su nariz.

    —Ahí, en la puerta roja.

    —¿La que está abierta? —Preguntó con afán de romper el hielo.

    —Usted debería estar en la Nasa y no estudiando psicología señorita, claro que la que está abierta.

    —¿Quién más vino?

    —Está usted que es lo que debe importarle. ¿O sus compañeros le van a ayudar en el examen?

    —¿Solo vine yo? —se sintió decepcionada y angustiada.

    —¿Se quiere titular?

    —Si…

    —Pues con usted basta.

    Al entrar vio el lugar tal como lo esperaba, muebles viejos. Un gato, libros botados por todos lados. Se sentó en la pequeña sala, pero de inmediato él la levantó.

    —Señorita, ese lugar es para ver la televisión. ¿Viene a ver la televisión?

    —No…

    —Entonces venga —la llevó a una habitación que fungía como estudio. Con varios diplomas, con fotos viejísimas. Un escritorio con una silla de madera que obviamente ella no usaría y un pequeño banco. Como para un niño. Él lo señaló.

    —Ahí señorita, ese es su lugar —Era como para un niño, no cabía ni la mitad de su trasero. Y esa era la intención.

    Su profesor le explicaba, aún en un idioma que desconocía los temas. Ella asentía, pero no entendía nada. Más aún porque él estaba detrás hipnotizado mirándole las nalgas. Solo se acercaba a ella cuando se inclinaba a escribir. Para echar un vistazo a su escote.

    —¿Está entendiendo?

    —No del todo…

    —Dios mío, esto va a ser más difícil de lo que pensaba —transcurrió la hora y ella se levantó.

    —No vemos mañana, ¿venía de una fiesta que? —Le dijo señalando su vestido?

    —Una entrevista de trabajo.

    —¿Y ya le dieron su primer aumento? Por mi venga así a diario.

    Al final de la semana estaba harta, no entendía un carajo. Sentía aquel banco cada vez más pequeño y la mirada de su profesor más pesada, pasó del vestido a los jeans, de los jeans a un pantalón deportivo. Siempre la misma rutina. Le miraba el culo ya con cierto descaro.

    —Usted debió dedicarse al modelaje, edecán, que se yo. Porque de eso, tiene y de sobra talento —le miraba las nalgas sin reparo.

    —Pues voy a ser psicóloga.

    —No me diga, necesita pasar el último parcial con nueve mínimo. ¿Cree poder?

    —Si…

    —Bueno, le preparé un examen de lo aprendido esta semana. Tiene media hora.

    El examen parecía escrito en mandarín, no entendía nada. Respondió lo que pudo y se lo entregó.

    —Nos vemos el lunes.

    —No lo va a calificar.

    —Ya sé cuál es el resultado, si me equivoco le aviso.

    El lunes, luego del ritual de las escaleras. El profesor sonriente le puso su examen en las manos. Con un dos encerrado en un círculo.

    —Así nunca lo va a lograr. Tiene que poner en marcha un plan B o terminará de demostradora en un supermercado.

    —¡ES QUE LAS PREGUNTAS SON DE COSAS QUE NO VIMOS!

    —La vida es así, nada es seguro. Piense que debe hacer para aprobar el examen.

    Diez minutos después regresó.

    —Ya lo pensó —le dijo mirándole las nalgadas y tomándola de los hombros.

    —¡Oiga! ¿Qué le pasa? —se levantó enfadada.

    —Nada, usted decide.

    —¿Que tengo que hacer?

    —¿Tiene más vestidos como el del otro día?

    —Si…

    —Empecemos por ahí, vestido o faldas. Seguro le ayudarán a pensar mejor.

    Al día siguiente, Lineth llegó con una minifalda. Le costó varios piropos y chiflidos en el camino. El ritual de la escalera fue diferente. Su profesor ya de manera descarada se agachaba para mirar. Podía mirar su ropa interior desde ese ángulo.

    —Otra cosita, dígame Mario. Profesor es muy seco.

    —Usted me dice señorita…

    —Lineth, por favor…

    Ahora que Lineth entendía el juego, si tenía que tirarse a aquel viejo para un diez, lo haría sin dudarlo.

    —Ok, Mario. ¿De qué se trata hoy la clase?

    —Mire, compré un pequeño pizarrón para reforzar las clases —Explíqueme lo que vimos la semana pasada.

    Lineth, con los todos los colores en cara, escribía lo poco que había entendido. Sabía que importaba poco. Mario estaba embobado mirando aquellas nalgas.

    —Mire, ya ve como si puede. Siéntese, vamos a ver otro tema.

    —Lineth se acomodó como pudo, su mini se subió un poco, la vista de sus piernas lograría paralizar a cualquiera. Y ahí en el fondo, entre sus piernas lograba divisar su ropa interior. Él no se levantó del escritorio en todo el rato. Miraba fijamente sus piernas. Terminada la hora ella salió.

    —Me gusto su falda, creo que ya entiende un poco más la psicología.

    —¡Hasta mañana!

    En la facultad, nadie se explicaba el porqué había decidido ir al curso.

    —De todos modos te va reprobar el viejo cabrón.

    —¿Dos mil? Yo ya pago colegiatura y perdí mi beca por su culpa. Ni loco le doy un centavo más.

    Por la tarde ella en un short pequeño que mostraba el borde sus nalgas subió las escaleras.

    —Mire que con este calor, seguro está cómoda con esos shorts, ¿a usted no le da pena andar así por la calle? Tanto loco, no sé…

    —¿Le molestan?

    —¡Me encantan Lineth! Suba despacio que me sofoco.

    Para el viernes y después de otro examen en el que se sentía perdida, tomó la decisión de enfrentarlo.

    —Dígame, ¿qué quiere? No me espanto, pero sea claro.

    —Así funciona la psicología. No puedes diagnosticar loco a alguien, primero debes hacer un par de pruebas. Estudio de campo. Y así será. Paciencia Lineth, usted no es algo que se pruebe y se olvide. Iremos despacio.

    —Antes de que se vaya, el lunes tráigase tacones. Siento que servirá para esto que queremos lograr… ambos.

    —¿Tacones?

    —Los más altos que tenga, ya entenderá.

    El lunes, llegó francamente dispuesta a mandar todo al demonio. El trayecto de las escaleras era más lento y difícil en tacones. Al subir, se quiso sentar. Pero él la mantuvo de pie.

    —Quítese el vestido.

    —¡¿Qué?!

    —Que se quite el vestido, no voy a tocarla. Lo prometo.

    Lineth con nervios y enojo, bajó el cierre de su vestido.

    —Hey, las zapatillas se quedan. —Ella obedeció y se montó nuevamente en las zapatillas. Su cuerpo solo con ropa interior negra era bellísimo. Ahora podía ver cada centímetro de su piel, como se perdía esa tanga entre sus nalgas, como la curva de sus culo y el tamaño de sus caderas eran aún más grandes de lo que él veía a hurtadillas. Le dio un libro “la mojigata” del Márquez de Sade.

    —¿Qué hago? —Preguntó, ante la miraba morbosa de su profesor.

    —Léalo en voz alta —Él tomó el banco y a centímetros de sus nalgas. La escuchaba relatar aquella historia sobre el señor Serneval. No perdía detalle de ella, la novela la sabía de memoria. Luego la hizo leer otro texto del mismo índole sexual. A ella le gustaban los relatos. Pasaba horas fantaseando. Y después de un rato, había olvidado que estaba semidesnuda, siendo observada en el tercero de un apartamento.

    —Se pasó por veinte minutos, veo que le gusto la lectura —Ella estaba cachonda, sentía la humedad entre sus piernas.

    —Sí, ¿no sé en que ayude? pero me gusto —Se acercó y trató de besarlo, pero él la rechazó.

    —Señorita Lineth, digamos que es todo por hoy. Mañana puede ponerse lo que quiera. Siempre y usando traiga lencería bonita.

    Salió casi mentándole la madre, ni uno solo en la universidad se atrevería a rechazarla y este viejo… ¿que se creía?

    Al día siguiente llegó con ropa holgada, plantas y una sudadera.

    —¿Y las zapatillas?

    —En mi mochila —subió tan rápido como pudo, lo dejó atrás por mucho y en cuanto entró, se quitó la sudadera. Una brasier rosa de encaje amoldaba la perfección sus tetas, al quitarse el pants. Su profesor casi muere del infarto. Un juego de lencería del mismo tono. Medias y una tanga de hilo dental que apenas dejaba poco para la imaginación.

    —Usted aprende rápido —dijo mientras se acercaba sobando su verga sobre el pantalón.

    —¿Le gusta?

    —Lea esto —le puso en sus manos un escrito, donde los padres intercambiaban a sus hijas, contrataban putas y hacían de todo para su placer. Nuevamente el calor en su sexo se apoderó de ella. El profesor tenía ganas de sacarse ahí la verga y masturbarse. Pero se contuvo hasta el final.

    En cuanto terminó el texto, se fue directo a buscar sus labios, a sobar aquel bulto. Pero él la detuvo. La colocó sobre sus piernas boca abajo. Como si fuera a nalguearla.

    —Ahora lee esto…

    —¿Más?

    —Si… más

    Sostuvo el libro entre sus manos, mientras su profesor daba pequeños golpes en sus nalgas.

    —¡En voz alta!

    —…el subió hasta la habitación y ayyy! —Una nalgada sonora sonó en la habitación.

    —Sigue —obedeció mientras el propinaba nalgadas cada vez más fuertes. Sus nalgas iban enrojeciendo. Así mismo su excitación.

    —Mmmm… la tomó en brazos y aaay!

    Ella sentía la dureza de aquel miembro, Justo en su abdomen. Cada que quería cambiar de posición él la sujetaba y le daba una buen y más fuerte nalgada. Cuando terminó, él la dejó caer a un costado ella se acomodó mientras el sábado de su pantalón aquella verga increíblemente erecta para su edad.

    —Pídemelo…

    —Por favor ya no aguanto.

    —¿Dime que quieres? —desde dentro de su corazón ella pronunció algo que jamás imaginó.

    —¡Déjame mamarte la verga, por favor!

    Le tomó la cabeza y la dirección o hasta que sus labios absorbieron su verga, de lo demás ella se encargó. Ensalivó cada pedazo y se daba tiempo de mirar aquella cara extasiada.

    —¡Así te imagine a diario! Como mi puta, chúpame la verga Lineth es tuya.

    —Mmmm mmm si siiaaaagh! Soyggg tu putaaaagh!

    El profesor le tomaba de la cabeza para hacerla ir más adentro, su garganta sentía eso. Cuando podía, tomaba aire, su saliva escurría hasta el piso.

    Ella sentía como su profesor se agitaba por la excitación, al mismo tiempo la sujetaba con más fuerza. Incluso sintió como bombeaba agraves de su verga esos chorros de semen que ahora pasaban por su garganta. Aún sujeta, no tuvo más opción que seguir succionando. El semen pasó por su boca, lo sintió en su lengua. Le gustó sentirse usada, una puta de lo más bajo.

    —¿Repíteme que eres?

    —Soy tu puta.

    —Ahora sí que tienes un chance de titularte, mañana, si puedes llega temprano.

    —¿ya? —Preguntó aun esperando que el reaccionara de otra manera, que la poseyera ahí en el piso. Pero él se levantó y esperó a que se vistiera.

    —Nos vemos mañana putita —Le dio un beso de piquito y la dejó salir—ahora ella contaba las horas para verlo.

    Al día siguiente llegó una hora antes, mientras subía él le tocaba el culo, los leggings que eligió hacían que ese culo se viera delicioso. Cuando subieron ella sacó sus zapatillas.

    —No no, hoy no las ocupamos.

    —Pero…

    —Ven. Acomódate aquí —señaló el sillón, ella se sentó.

    —Boca abajo, pásame tus manos por atrás de la espalda y relájate.

    Le amarró las manos, luego bajo sus leggings y la levantó hasta que pudo ver sus nalgas arriba. Sacó de su bolsa una bala vibradora que hundió en su panocha, luego la encendió mediante un control remoto en cuanto vio los primeros espasmos de Lineth comenzó a chupar aquella panocha, llenado hasta su culo. La vibración y esa lengua estaban logrando un gran orgasmo. Cuando sintío que venía, aflojó las piernas y se relajó. Pero cuando terminó, Mario comenzó a frotar su clítoris como loco. Entre más se estremecía, más aumentaba la velocidad.

    —haaaa! Huuuu! Yaaa! Haaa!

    —Déjalo salir putita, déjalo…

    Unos chorros salieron mojando el piso y espantando al gato, su primer squirt era inolvidablemente delicioso.

    —Cógeme! Ya cógeme! Méteme la verga! —Imploraba levantando el culo, en los planes de Mario estaba tenerla así dos días más, pero no podía decirle que no a tremendo culo. Sacó la bala y se la colocó en el culo, mientras su verga la metió de un tajo, Lineth estaba a tope.

    —¡Faltan las palabras mágicas!

    —¡Soy tu perra! ¡Soy tu putita! Mmmm siii!

    Ayudado del nudo en sus muñecas, Mario la jalaba contra él, las enormes y deliciosas nalgas de Lineth rebotaban contra él, mientras ella pedía más y él no aguantaba más.

    Sintió como inevitablemente aquel acto milagroso llegaba a su fin, su semen bombeaba dentro de aquella estudiante a la que deseaba desde hace tanto. Mientras los gemidos de placer lo hacían ponerlos ojos en blanco aferrado a esas nalgas dirás y apretadas. Ni pagando conseguiría un culo así de delicioso.

    —¡Perdón, ya no aguantaba! —dijo por primera vez con un tono de condescendencia.

    —¿Perdón por qué? Estuvo delicioso… —ni su mejor sexo se comparaba a ese juego con aquel viejo, el sentirse utilizada, sucia, perra, puta. Le gustaba tanto que seguía moviendo el culo en suaves círculos, sintiendo como aquella verga se ponía flácida y al mismo tiempo el semen comenzaba a resbalar por sus piernas.

    —Señorita, creo que se acerca a su graduación —El profesor seguía palmeando aquel culo a su merced.

    —¿Usted cree profe? —Aún con las manos atadas, levantaba su culo. Podría estar así toda la tarde.

    Cuando por fin se vistió, el profesor le pidió que al día siguiente viniera con el vestido de la primera vez. Obviamente ella estaba dispuesta a lo que sea por él.

    Al día siguiente, como lo pidió su profesor. Ella vestía aquel vestido.

    —Ahora sube muy despacio —le dijo mientras acomodaba su teléfono, la cámara encendida y apuntando detrás de ella, justó en sus nalgas.

    —¡Pervertido! —Le dijo de manera coqueta y subió un poco su vestido. Ahora podía asomarse su tampa entre esos glúteos inflados a presión.

    —¡Es solo investigación de campo!

    —¡Seguro!

    Cuando llegaron al departamento, ella levantó su vertido para dejarle ver aquel culo que lo enloquecía. Él, prevenido había tomado una pastilla azul 15 minutos antes y el efecto comenzaba a sentirse entre sus piernas. Mientras veía como ella se despojaba del vestido y se empinaba sobre el sillón. Él sacaba una cinta elástica, sin pedírselo ella puso sus manos en la espalda. Atada levantó su culo, esperando ser penetrada. Pero el profesor primero bebió de sus jugos.

    —Vamos a ver que tienes ahí —Su cabeza se hundió entre sus nalgas y chupó como loco por unos minutos.

    —Siiii! Que rica legua… mámamela! —Ella estaba mojada, dispuesta a ser utilizada.

    —Ven acá —Metió su verga de la misma manera, ella agradeció con un gran gemido.

    —Siiii cógeme!

    Además de la pastilla mágica, el retardante que embarró en su verga impediría que el encuentro fuera tan fugaz. Con ritmo entraba y salía de aquel hermoso bombón a su disposición. Le dio vuelta y la sentó en el borde del sillón. Así podía besas sus pechos y aquellos labios que sabía, podría llenar con lo que sea. Sus pezones duros recibían su saliva. Su vagina aquella verga que parecía insaciable.

    Nuevamente le dio vuelta, él quedó acostado con ella encima.

    —¡Mueve tu culote!

    —Mmmm siii!

    Se acomodó, comenzó a menear sus nalgas y el placer de sentir esas nalgas rebotando en él, lo tenían extasiado. Entre más se movía, más se ponía cachonda y con las manos atadas tras su espalda se dejó ir contra él, besaba su cuello, chupaba su pecho velludo y canoso. El olor de aquel viejo le gustaba más de lo que hubiera imaginado.

    —Aaaah! Aaaa!

    —¿Te gusta?

    —Que delicioso sentir tu nalgas cayendo en mi aaah!

    —¡Que rica verga! ¡Me gusta!

    Luego de un rato, por fin la levantó y la llevó a su posición preferida. Nuevamente empinada, su profesor apuntó en otra dirección.

    —¡Quiero probar tu culo!

    —¡¿Mi culo?!

    —Te lo quiero romper —aunque ya lo había probado, le dolía cada vez. Aun así solo tenía una respuesta.

    —¡Rómpele el culo a tu putita! —Apretó los dientes, los puños y soltó un grito de dolor. Ya instalado en la parte trasera, después de ver como sugería entraba lentamente. Embistió con furia. Una y otra vez.

    —Aaaay! Aaaay! Aaaaay! —Los gritos de Lineth se escuchaban en todo el edificio. Le dolía, pero estaba encantada de ser utilizada.

    —¡Eso puta! —el profesor se aferraba a su cintura. Incluso el gato se fue espantado por tanto ruido. Ahora estaba listo para terminar. Su semen estaba en la cola de Lineth, que seguía gimiendo como loca. La desató y ambos se besaron y acariciaron por un rato más.

    Llegó el día del examen, todos sus compañeros se encomendaban a santos, sabían causa pérdida el siquiera presentarlo. Incluso Lineth estaba nerviosa.

    —Si encuentro a alguien volteando para copiar, les suspendo el examen a todos.

    Repartió los exámenes de forma pausada y mirando su cronómetro le dijo:

    —Tienen una hora.

    Cuando Lineth vio su examen, se sorprendió. Una sola pregunta aparecía en aquellas hojas.

    “¿Que eres?”

    En la segunda y tercera lo mismo.

    “¿Que eres?”

    La respuesta fue sencilla y sabía que un diez sería suficiente para ella.

    “¡SOY TU PUTA!”

    @MmamaceandoO

  • Las aventuras de Loverboy (Capítulo 1)

    Las aventuras de Loverboy (Capítulo 1)

    Loverboy

    Hace muchos años, para prevenir la degeneración extrema de la sociedad, los líderes del mundo, decidieron tomar medidas drásticas para salvar a la gente. Vieron al sexo como la causa de todos los problemas de la sociedad, quedando penalizado por ley y sin excepciones. Para ello crearon una fuerza policial especial para erradicar todos los «delitos contra la obscenidad», toda la libertad sexual se había terminado. La nueva policía de la obscenidad, los “Sex-Arrest” como se llamaban, eran muy eficaces. Pronto, todo lo rastro y conocimiento del placer sexualidad fue borrado del mundo. Sin pornografía, ni masturbación, y especialmente sin coito. Incluso los adolescentes, famosos por sus necesidades de sexo imparables, se dejaron reprimir. En un mundo insatisfecho y reprimido la delincuencia, la inseguridad y los hechos más morbosos y aberrantes tomaron el lugar que el sexo había dejado. De la misma manera que nuevos héroes surgieron.

    Capítulo 1: El surgimiento de Loverboy

    Una cegadora luz verde iluminó el rostro del joven Troy Singer. Un objeto desconocido golpeó de lleno su cabeza dejándolo inconsciente a un costado de la desolada carreta por la que todas las tardes corría diez kilómetros como parte de su habitual entrenamiento. Luego de varias horas, y ya de noche, despertó con fuerte dolor en todo su cuerpo y un agudo mareo brotando desde sus sienes.

    Algo había sucedido, su cuerpo se percibía diferente. A pesar de su mediana a baja estatura, Troy tenía un cuerpo armónico, esbelto y bien formado, un estilo atlético de joven adolecente delgado. Pero ahora todo era distinto: se veía y se sentía mucho más voluminoso. Todo su cuerpo se había convertido en un conjunto de músculos hinchados y rígidos. Su cintura continuaba siendo de talla pequeña (incluso se había angostado un poco), pero no así el resto de su complexión.

    Hasta su vestimenta había cambiado. De pronto estaba prácticamente desnudo, cubierto con un antifaz de látex, unas botas largas hasta las rodillas, un arnés contorneando sus abultados pectorales recientemente formados y un firme braguero de cuero endurecido que presionaba su entrepierna como un cinturón de castidad. Las correas se ceñían contra sus recientemente adquiridos inmensos glúteos redondos, forzándolos a separarse entre sí, exponiendo su grieta.

    Todo el atuendo se lucía en un rosa chillón muy difícil de disimular en la oscuridad –¿Qué mierda es toda esta mariconada?- Se preguntó Troy mientras recorría su nuevo aspecto de pies a cabeza.

    Sin dudas el cambio más significativo que Troy Singer pudo advertir no fue ni el físico, ni el uniforme. El veinteañero muchacho de blanca piel lechosa, notó una inusual energía irradiando desde el interior de su endurecido sector abdominal. Sintió que esta nueva fuerza controlaba cada uno de sus impulsos y estímulos. Sin motivo aparente y de a saltos agigantados, se sumergió entre las copas del espeso bosque lindante a la carreta que lo vio desfallecer apenas horas atrás.

    Disfrutando sus nuevas habilidades, brincaba a zancadas descomunales y sin rumbo por la espesura del bosque, aquella extraordinaria vitalidad se convirtió en un calor que lo colmaba de pies a cabeza de su esculpido nuevo cuerpo. Pronto la arboleda finalizó y continuó brincando por los techos de las bajas casas e intercalando entre las grandes las ramas de los envejecidos robles que decoraban las calles de “Seemly City”.

    Troy no podía cree lo que estaba viviendo. Miles de preguntas venían a su mente pero no le importaba contestarse ninguna de ellas, al menos por ahora, sino solo le importaba disfrutar de sus nuevas habilidades.

    Exhausto, pero satisfecho de comenzar a controlar sus nuevos poderes, Troy tomó un breve descanso sobre un alto muro de un sombrío y desolado callejón. La oscuridad de la noche y una tenue bombilla de luz lo mantenían en las sombras y a salvo de ser visto. Su escaso y escandaloso atuendo era razón más que suficiente para ser denunciado por los habitantes o incluso arrestado por los temidos “Sex-Arrest”.

    Cuando se disponía a seguir con su derroche de energía por la negrura de la noche, algo llamó poderosamente su atención: un hombre estaba parado fumando un cigarrillo en una esquina del luctuoso callejón. Apoyaba su espalda contra el mismo muro donde metros a lo alto era observado por curvilíneo adolescente.

    -¿Por qué llamará tanto mi atención un simple hombre fumando? – Se preguntó Troy.

    Algo lo obligaba a quedarse observando. Comenzó a sentir un tintineante hormigueo en su músculo pubocoxígeo. Al principio creyó que se trataban de las correas de su apretado suspensor de cuero rosa, pero cuando sus dedos exploraron la zona en busca de una justificación, abrió los ojos enormes por lo que había encontrado. Su ano estaba caliente, muy hinchado y despidiendo una inusitada sustancia viscosa.

    -¿Que mierda es esto? –Se preguntó asustado, mientras hurgaba delicadamente entre los labios de su salida rectal.

    Palpó la misteriosa adherencia con sus dedos, notando que era transparente y muy densa. La acercó a su nariz advirtiendo un concentrado aroma cautivante y al mismo tiempo embriagador, que casi lo hace caer del angosto muro de ladillos, y llevado por el trance del aroma estuvo a segundos de probar su sabor cuando fue interrumpido por una voz procedente del callejón.

    -Imagino que tú eres Dion –Se acercaba un extraño hombre, avanzado en años, al fumador del fondo del pasadizo.

    -¡Te he repetido mil veces que no digas mi nombre! –fue la respuesta colérica de Dion.

    -Como digas… Entrégame mi mercancía quiero salir de este callejón lo más rápido posible. Aquí se percibe un olor que me está comenzando a aturdir – Apuró el hombre recién llegado.

    -Sí, yo también lo estoy sintiendo. Es realmente incómodo – Dijo Dion mientras entregaba un paquete envuelto a su interlocutor.

    -Quiero creer que está pesado correctamente y que es de la pureza por la que estoy pagando – Manifestó el comprador al tiempo que traspasaba un sobre abultado al vendedor.

    Mientras Troy era testigo de aquélla ilícita transacción con drogas, comprendió que el hedor provenía de la enigmática sustancia que emanaba de su esfínter. En posición de cuclillas las gotas caían continuamente al otro lado del muro desde donde se estaba dando el mal habido negocio, mientras crecía en el joven musculoso un impulso desenfrenado por detener el turbio intercambio. Era una sensación de hacer justicia que nunca había sentido antes.

    -Imagino que no vas a llevar el paquete así por la calle – Le advirtió Dion a su comprador de manera desafiante.

    -No tengo donde llevarlo – Contestó con aspereza el viejo comprador.

    Dion resopló con fastidio y se quitó la remera arrojándosela a su cliente.

    -Cúbrelo con esto, ahora vete y me la devuelves en la próxima – Lo espetó dejándolo ir.

    El hombre entrado en años se retiró del callejón sin mediar más palabras, mientras Dion contaba el dinero recibido y encendía otro cigarrillo, nuestro vigoroso héroe se debatía entre intervenir y saciar su necesidad de justicia, o no hacerlo y preservarse de ser visto mostrando su nuevo cuerpo de manera tan obscena.

    Cuando Troy advirtió que el traficante se preparaba para marcharse dejó que sus impulsos decidan por él y sin pensar se eyectó en un acrobático giro por sobre la cabeza de Dion cayendo de frente a este en la postura cliché del típico superhéroe: con la pierna izquierda extendida hacia un costado, la otra flexionada hacia adelante tocando su voluminoso pectoral, el puño contra el piso mugriento y mirando fijamente hacia el suelo.

    -¡¿Quién carajos eres tú?! – Vociferó Dion con cara de incertidumbre.

    En el preciso instante en el que Troy Singer levantó su mirada para desafiar a su contrincante todo su cuerpo se estremeció. Con la boca entreabierta observó lo que desde lo alto del muro no podía apreciar en detalle: un escultural moreno de cuerpo trabajado, anchas espaldas, prominentes hombros y cintura angosta lo estaba observando con cara de pocos amigos esperando una respuesta. El joven adolescente trataba de concentrarse en no ser tan evidente como lo estaba siendo. La altura y el tamaño del atezado traficante de drogas sin su remera lo estaba haciendo sentir bastante excitado.

    Lo que en un primer momento era un goteo intermitente procedente del culo del voluminoso Troy, se había transformado en un constante hilo, que por momentos corría por sus curvilíneas piernas torneadas y por momentos lo unía al inmundo pavimento del callejón como una cuerda gelatinosa.

    -Soy T… Tro… Loverboy y vengo a terminar con tu comercio ilegal de drogas – Pronunció Troy estúpidamente, asociando su nombre a una compulsiva necesidad de sexo.

    -Mira chico… no vendas clases de moralidad con ese conjunto que llevas puesto – Rebatió Dion –Además no tengo tiempo para los juegos de un crío sobrepasado de hormonas de crecimiento- Se burló mientras se acercaba a largas zancadas hasta donde estaba Troy.

    Pudo haber sucedido que el moreno corpulento era un hombre veloz, pero lo cierto es que nuestro novato devenido héroe, quedó embobado con el movimiento de la prominente entrepierna que se insinuaba por debajo de los pantalones de Dion por lo que no advirtió el grotesco golpe de un puño contra su cara. Troy calló contra el sucio pavimento.

    No conforme con su primer arrebato de violencia, el traficante tomó del arnés rosado al retaco Troy Singer, levantándolo por el aire para luego arrojarlo hacia el fondo callejón donde aterrizó boca abajo en un montículo de desperdicios amontonados contra el muro de ladillos.

    -Eso te enseñará a no meterte en lo que no te importa…- Aleccionó arrogantemente mientras se encaminaba hacia la salida del pasaje, no sin antes contemplar de soslayo a Loverboy tumbado en la basura.

    Justo en ese momento una aguda pestilencia llegó a su nariz. Un hipnótico hedor que invadió todo su ser y se inyectó en su cabeza. El mismo olor que desde que llegó al callejón no podía dejar de olfatear, pero esta vez mucho más fuerte y penetrante. Volvió a mirar al derribado musculoso y reparó en sus montañosas nalgas separadas por correas de cuero rosado y precisamente entre medio de su grieta, un hinchado y chorreante ojete abierto como la boca de un pez pidiendo comida.

    Ante tal escenario, Dion no pudo contener años de restricción sexual canalizados por la venta de droga y se echó a la carrera en un embate colérico mientras desabrochaba su pantalón.

    Loverboy comenzaba a recuperar el conocimiento luego de la trompada. Utilizando sus fornidos brazos comenzó a tratar de erguirse cuando sintió un desmesurado peso contra sus espaldas que lo regresó a su posición inicial. El atlético y alto traficante se había tumbado sobre su lomo y tomándolo con fuerza por las muñecas clavando sus 23 centímetros de verga dentro del húmedo y necesitado culo del muchacho.

    Sorprendentemente Dion sintió como las cavernosas y calientes entrañas del robusto adolescente no oponían ninguna resistencia a la invasión de su garrote. Luego de una vida entera de prohibiciones sexuales, por fin podía descargar su apetito sexual en las firmes carnes del inexperto héroe. Si al fin y al cabo ya era un consumado personaje del mundo de la ilegalidad, porque no deleitarse con la cálida recibida que se le ofrecía en esos momentos.

    -¡Oh mi Dios! – Gritó nuestro paladín con un amplio gesto de gusto en su rostro, cuando experimentó por primera vez su culo colmado por la oscura verga de su contraparte. Por fin, encontraba la fuente de aquella intensa picazón que sentía en sus entrañas que, en aquellos momentos, estaba siendo frotada y calmada.

    Con la respiración contenida torció su cabeza y se encontró con el rostro de Dion. Los dos hombres, nariz con nariz, se tomaron unos segundos para sentir los jadeos del otro. Incluso el mancebo adolescente, llevado por la ebriedad del momento, busco besar los labios del atezado traficante a lo que este último alejó su semblante.

    Loverboy concluyó que su nombre se originaba en algo más profundo que unos simples ganas de ser amado. Sintió un inmenso placer al ver el rostro de satisfacción del traficante, se sintió poderoso al brindar su cuerpo para que aquel hombre pueda canalizar la ira contenida por la proscripción del sexo. En definitiva él había surgido para demostrar que la sexualidad no puede ser prohibida.

    Mientras Dion continuaba cogiendo aquel tierno ojete, nuestro sometido héroe gemía afligidamente con cada embestida.

    -Así que esto era lo que realmente buscabas. ¿No es así? – Preguntó entrecortadamente el turbio comerciante.

    -¡Si…! ¡Si…! ¡Si…!-Respondió el muchacho en notable estado de éxtasis mientras sentía la presión de su verga erecta contra el sólido suspensor de cuero rosado. Aquel estrujamiento, aquel dolor, tenía un seductor atractivo. Era como si potenciara sus anales sensaciones internas.

    Cada embestida propinada al menudo y fornido veinteañero incitaba un hondo gemido de placer como salido desde sus mismas entrañas. Era tal el delirio en el que se estaba sumiendo, que nunca le importó la basura derramada de aquellas bolsas que rasgaba con la punta de sus dedos.

    Los 23 centímetros de Dion se zambullían cruelmente entre los blandos labios del agujero de Loverboy. Sus duras y firmes nalgas eran la única resistencia que el traficante encontraba para seguir avanzando, además, cada choque del moreno malhechor hacían que estas reboten contra sus angostas caderas mientras su hoyo anunciaba cada entrada de aquella verga con un estruendoso sonido producido por el inusual fluido espeso que no paraba de surgir del interior de su trasero.

    En un enajenado arrebato de voracidad, Dion liberó las muñecas del joven adolescente y lo tomó con firmeza de sus caderas. Se irguió sobre sus piernas remolcando a Loverboy por entre los despojos de inmundicia, dejando al chico casi pendinedo y apenas sujetado a algunas bolsas.

    -¡Tu culo no puede ser más delicioso, pequeña perra pervertida!- Gritó Dion mientras golpeaba fuertemente las entrañas de nuestro entregado héroe.

    El haber sido tratado en femenino despertó en el joven Loverboy un fascinante y delicioso estado de sumisión. Sabía que estaba siendo dominado por un perturbado delincuente y sin embargo adoraba la adrenalina que ello le producía. Girando su torso observó el rostro desencajado de su opresor con un gesto de súplica en el suyo. Los golpes del traficante se enfatizaban cada vez más y su carnoso mástil se sentía cada vez más ancho. Como a punto de explotar.

    -Ahora verás lo que siente estar realmente lleno- adelantó el moreno agresor.

    Dicho esto, un chorro abundante y pastoso de semen llenó las vísceras del corpulento y dominado Loverboy. Al contacto con el misterioso fluido secretado por el chico originó una caliente efervescencia caustica.

    -¡Arde! ¡Arde mucho! – comenzó a gritar el joven paladín tomándose de sus musculosos glúteos intentado separarlos más entre sí, al tiempo que Dion retiraba el erguido pedazo de su culo.

    Una espuma blanquecina comenzó a borbotear de aquél montañoso trasero.

    Mientras Loverboy se retorcía sobre las bolsas de basura con sus nalgas levantadas hacia el nocturno cielo, Dion retrocedía horrorizado, como escapando rápidamente ante aquel extraño acontecimiento. Olvidando que traía sus pantalones bajos, trastabilló cayendo de espaldas contra el roñoso pavimento. Tal impacto dejó sedado al traficante unos instantes en el suelo.

    El intenso ardor se apaciguó rápidamente dentro de las entrañas del musculoso joven. Aquella volcánica sensación se desvaneció dejando un cálido hormigueo mucho más placentero y Loverboy recuperó un poco del juicio perdido luego de la lujuriosa embestida recibida por el maleante. Con la respiración entrecortada, transpirado y aun sintiéndose algo desorientado, finalmente se puso de pie. Trató de aflojar su braguero rosado para descomprimir la presión al que su miembro y sus bolas estaban siendo sometidos, pero le fue imposible. Estaba muy ceñido a su entrepierna. Sintió la calidez de la espumante mezcla de semen y fluido bajar por sus muslos interiores y su músculo puborrectal ensanchado y palpitante. Giró su torso buscando a su agresor, para encontrarlo abatido en el suelo con la verga aún erecta apuntado hacia el firmamento estrellado.

    No había mucha conclusión que sacar: Loverboy necesitaba más de aquella vara carnosa y Dion se la estaba regalando. Como un felino acechando a su presa, una abstraída masa de músculos veinteañeros se acercó al alto moreno adormecido. No podía apartar la mirada de aquella rígida estaca inflamada, venosa y oscura. La cabeza y el tronco aún se mantenían perfectamente lubricados por la emulsión resultante del primer orgasmo.

    El retaco adolescente contempló unos segundos a su somnoliento oponente parado y con sus pies a cada lado de sus caderas. La respiración del muchacho se agitaba más a cada segundo, podía sentir como el obsceno jugo caía a chorros pulsantes desde el interior de su esfínter. Mordiéndose el labio inferior comenzó a bajar su redondo culo directamente hacia la brillante y gruesa cabeza de la verga de Dion. A pesar que hacía apenas unos minutos que finalizaba de ser duramente follado, Loverboy aún sentía una incontrolable necesidad de montar aquel mástil. Y así lo hizo: agachado sobre el moreno traficante, el imponente trasero del musculoso veinteañero recibía lentamente la pulposa barra de carne en sus humedecidas tripas, mientras sus ojos apuntaban al ennegrecido cielo nocturno y los dedos de sus manos sostenían sus firmes muslos internos muy cerca de braguero de cuero.

    Dion recobró la lucidez con una sedosa sensación cálida alrededor de su tiesa verga. El joven justiciero enmascarado estaba cabalgando sobre él de una manera pausada. Desde su perspectiva, podía ver al fornido muchacho retorcido de placer subiendo y bajando por la envergadura de su miembro. Podía ver sus gigantescos pechos esculpidos, terminados cada uno en unos increíblemente picudos pezones amarronados y contorneados por un arnés chistosamente rosa, rebotando contrarios a sus movimientos. Podía oír sus entrecortados gemidos agudos, como los de una jovencita mientras era desvirgada, solo que este caso “la jovencita” no era más que un delicadamente blanquecino chico musculoso deseoso de llenar sus entrañas.

    -¿Así que esta es tu manera de detener el delito, marica?- Preguntó sarcásticamente Dion.

    El chico bajó la mirada que tenía puesta en el espacio y se percató que su oponente había recobrado el conocimiento. Tenía sus forzudos brazos morenos cruzados por detrás de la cabeza mirándolo socarronamente.

    Loverboy no respondió la irónica pregunta, no tenía mucho que responder y además estaba muy absorto en la punzante sensación que le brindaba aquel erecto falo venoso dentro de sus entrañas.

    Los dos hombres se miraron fijamente. El curvilíneo adolescente extendió sus brazos para tomar las muñecas del moreno traficante y nuevamente, sus bocas quedaron a escasos centímetros pero ninguno amagó a disminuir aún más aquel insignificante espacio, se podían sentir sus agitadas respiraciones mientras el joven subía y bajaba muy lentamente, contrayendo su esfínter y degustando cada vena de la verga de su contrincante. Sus gemidos no mermaban, dejando en claro que el musculoso joven disfrutaba increíblemente de aquél flagelo autoimpuesto.

    Por su parte Dion no oponía ninguna resistencia, ni siquiera parecía cansado luego del primer lechazo que había disparado dentro del culo musculoso del heroico novato. Solo dejaba que Loverboy se satisficiera con su oscuro pedazo de carne. Era una delicia ver al torneado joven justiciero totalmente doblegado a su palpitante verga.

    Del interior de las entrañas del chico, aún continuaba emanando borbotones de su misterioso fluido viscoso, que se escurría a lo largo del moreno falo erecto, lustrando sus gigantescas y lampiñas pelotas, para terminar en el descuidado suelo y formando un gran charco del que parecían no prestar atención ninguno de los dos.

    De pronto y sin hacer mucha fuerza, el moreno titán soltó las muñecas que mantenía sostenidas de nuestro heroico joven, incorporó solamente su torso, obligando a Loverboy a aferrarse de su cuello para no caer al suelo. Su verga, ensanchaba el agujero del paladín con un efecto de palanca provocando un hondo y extenso gemido en un tono aún más agudo. Rodeó con sus fuertes brazos la cintura del chico y, cerrando los ojos, simplemente apoyó sus gruesos labios en la boca del joven.

    Loverboy se sintió aún mas vulnerable. Dejó de rebotar sobre el macizo tronco oscuro, dejando que se hunda completamente dentro de sí hasta donde sea posible. Era la primera vez que era besado por un hombre, y si mal no recordaba, era la primera vez que era besado.

    Ambos hombres se miraron fijamente, otra vez. La agitación de ambas respiraciones se entremezclaba en el corto espacio que quedaba entre los labios de los individuos.

    Para Loverboy aquel instante duró una eternidad, principalmente tratando de adivinar los pensamientos del moreno traficante, quizás buscando algo más en aquella mirada lujuriosa.

    Pero la eternidad concluyó enseguida.

    -¡Quietos! ¡Quedan detenidos en el nombre de ley!- Se oyó proveniente del principio del lúgubre y estrecho callejón. Dos Sex-Arrest se aproximaban corriendo velozmente hacia el abandonado espacio que había reunido a los hambrientos amantes.

    Sin dudarlo un instante, Loverboy quitó la enorme verga que invadía el interior de sus entrañas, se puso de pie ante la mirada atónita del musculoso traficante de color, e instintivamente dio un salto hacia atrás en una gimnástica demostración de sus nuevas cualidades de héroe. Dion observaba sorprendido mientras el curvilíneo adolescente se alejaba de él y de su verga perfectamente erecta con aquella atlética pirueta, mientras era irrigado por los copiosos jugos viscosos que arrojaba el héroe en la inercia del giro. Desde el pecho hasta su rostro, era salpicado por la pestilente sustancia de nuestro heroico muchacho.

    Los gruesos muslos de Loverboy se tensaron fuertemente cuando sus pies hicieron contacto con el suelo, y continuó flexionando sus rodillas para amortiguar la caída. A medida que descendía y sus perfectos glúteos se abrían, un gran torrente de su néctar interior caía formando un charco translúcido en el mugriento piso. Tras tomar impulso, dio nuevamente un segundo salto pero esta vez descendió ágilmente en la estrecha cornisa de la muralla de ladrillos.

    Resguardado en la oscuridad de las sombras, desde lo alto del murallón, observó como los “Sex-Arrest” detenían al anonadado traficante aún con su miembro erecto. Tirado en el suelo, le colocaron cuatro grilletes cromados: dos en las muñecas y dos más en sus tobillos. Una poderosa fuerza magnética se activó repentinamente, inmovilizándolo por completo.

    -¿El otro delincuente logró escapar, Capitán?- Preguntó el más menudo y regordete Sex-Arrest.

    El Capitán se arrodilló frente al charco gelatinoso expulsado del interior de las entrañas sobre-excitadas de Loverboy. Tomó una muestra con sus dedos enfundados en unos guantes negros de cuero brillante y luego de examinar la consistencia, olió la pestilente sustancia. El fuerte olor no provocó ni una muesca en su anguloso y ancho rostro. Simplemente se irguió mirando hacía la profunda oscuridad de la noche, justo en dirección desde lo observaba el heroico musculoso.

    – Si, Teniente, logró escapar. Pero algo me dice que pronto tendremos noticias de él – Respondió desafiante el Capitán Ruttenford.

    Paralizado por una sensación de intimidación ante aquel Capitán e incapaz de reaccionar, Loverboy observó cómo se llevaban a Dion suspendido en el aire gracias a la acción de los grilletes, por el angosto y lúgubre pasillo que los dirigía hacia la transitada avenida. El regordete Teniente caminaba detrás del levitado cuerpo mientras que el Capitán Ruttenford no quitaba la mirada de la oscuridad que albergaba a nuestro macizo héroe. Parecía como si ambos se estuviesen mirando directamente. Por un instante Loverboy dudaba si realmente estaba siendo visto o no por el Capitán.

    Continuará…

  • Don Javier me inició

    Don Javier me inició

    Este es mi primer relato, es real y es también el comienzo de un despertar que aunque no lo pedí, no lo dejaría ir por nada, espero les guste.

    Llevaba 3 semanas sin descansar y ese permiso que me dieron en el trabajo me dio la oportunidad de despejar mi mente, así que lo que se me ocurrió fue meterme a un cine para que, si tenía suerte me quedara dormido o emocionarme mirando la película. Me encontraba ya en la butaca del cine con la garantía de que al menos estaría entretenido por la película. Mientras esperaba a que empezara la función un tipo se sentó a mi lado y comenzó a mirarme como si nos conociéramos, el volteaba a ver los cortos y de vez en cuando volteaba su cara buscando la mía, estuve a punto de cambiar mi asiento o reclamarle, pero no hice ni una cosa ni la otra, no quise que los nervios me jugaran una mala pasada.

    En cuanto empezó la película me relajé, pero de pronto lo escuché.

    -Hola, sabes de qué trata la película?

    -No!

    Le contesté muy serio, casi en tono molesto pensando que mi actitud le haría pensar que debía dejar de molestarme. La película no era tan buena así que cerré mis ojos esperando a que el sueño llegara pero el volumen era bastante alto así que los volví a abrir y miraba a los lados de vez en cuando, como buscando algo más interesante a lo que prestar atención, hasta que su mirada se cruzó con la mía. Nos sonreímos por la casualidad, ese momento él no lo iba a desaprovechar.

    -Qué mala película verdad?

    -Ufff, si malísima!

    -Hola, me llamo Javier!

    -Mucho gusto, soy Juan!

    Javier era un señor de aproximadamente 50 o 60 años, peinaba canas en cabello y bigote, cosa que lo hacían ver una persona agradable, aunque habría una diferencia de edad entre él y yo de casi 30 años.

    -Vienes seguido?

    -No, de echo es mi primera vez!

    -Ha muy bien, bueno no te molesto Juan, sigue mirando a ver si no te duermes!

    -Jajaja, no, don Javier, ya perdí el sueño!

    -Solo llámame Javier, soy tu amigo, no tu abuelo!

    -Jajaja!!!

    Esa risa ya fue más de nervios por la mirada de Javier, había algo en ella que me hacía desconfiar.

    Volví a mirar la pantalla y sentí como Javier apoyaba su pierna derecha contra la mía, no hice aspavientos, solo aparte un poco la mía para quedar lejos de su alcancé.

    Javier volteó a los lados y hacia atrás, lo vi de reojo cuando sin esperarlo sentí su mano en mi entrepierna. Quedé paralizado de miedo y más cuando aprovechando mi silencio comenzó a acariciar mi pene.

    -Te gusta verdad?

    No respondí, le quería decir que parara, pero mi pene le dio la señal para que continuara.

    -Si nene, te está gustando, tu no digas nada, solo disfrútalo!

    Volvió a mirar hacia todos lados y ahora era su mano izquierda la que acariciaba mi pene por encima del pantalón, pero su mano derecha fue hacia mi espalda y comenzó a bajarla intentando entrar hacia mis nalgas, yo me puse rígido impidiendo la acción.

    -Hazte tantito para adelante y levanta las nalgas, sé bueno con papi!

    Fue la forma en que me lo ordenó y el miedo que tenía que me hizo obedecer, apoye mis codos el asiento y le dejé el paso libre. Ya con mi permiso no hubo que lo detuviera, metió su mano por en medio de mis nalgas y su dedo medio fue directo a mi ano. Por Dios que esto ya acabé pensé, pero su dedo ya entraba y salía a placer mientras su otra mano no dejaba de jugar con mi pene, llegó el momento que no aguanté más, sentí que me venía en mi trusa, lo que hizo que bruscamente me levantara para salir casi corriendo al baño. Llegue al baño y me masturbe arrojando mi semen en la taza, me quedé un momento suspirando, arreglé mi ropa y abrí la puerta. Cuando salí estaba Javier esperándome afuera, se paró frente a mí sin dejarme pasar, me tomo por la cintura dándome la vuelta hacia adentro del baño y volvió a ordenarme

    -Entra!

    No dudé, así que me deje llevar sintiendo su mano en mi cintura que iba bajando acariciando ahora mis nalgas.

    Entramos y nos quedamos en el pequeño espacio entre la taza y la puerta de acceso, no entendía qué hacíamos allí, hasta que acercó su cara a la mía, como pidiendo permiso, y luego aproximo sus labios a mi mejilla con un dulce beso.

    -Bien echo nene, ya verás cómo lo vamos a disfrutar los dos!

    Sinceramente, estaba excitado nuevamente, así que algo me llevó a devolverle el beso. Medio segundo tardó en reaccionar. Desabrochó mi pantalón, de un tirón lo bajo junto con mi trusa, me giró contra la puerta, escuché que abría su cierre y me imaginé lo que estaba haciendo, imaginé lo que me esperaba. Sentí el capullo de su verga abrirse paso entre mis nalgas, me tomo por los hombros e hizo que me agachara un poco levantando el culo, sentí su dedo mojado en mi ano, después su manos abriendo mis nalgas.

    -Cosita rica, muy pronto tú serás el que me pida que te coja!

    Y me penetró con suavidad y un poco de brusquedad. Un gemido escapó de entre mis labios, y a medida que intensificaba sus embates más gemía yo. Sentía el sudor cómo me escurría por los muslos, y su cuerpo rebotaba contra el mío con la potencia y el ritmo perfectamente sincronizado. Hacía unos minutos no me habría imaginado así con él ni en un millón de años, y ahora mi culo gritaba pidiendo más, más duro, más rápido, más… Moví mi cola para darle mayor acceso y entendió el mensaje. Agarró mi cintura con ambas manos y bombeó llegándome tan al fondo como le era posible. Los gemidos eran cada vez más altos y me estaba resultando realmente morboso que alguien que entrara en ese momento nos pudiera escuchar.

    De pronto un sonoro gemido de él me indico que estaba a punto de recibir toda su energía, me borró ese pensamiento, haciéndome gritar nuevamente, esta vez mientras descargaba chorros y chorros de semen caliente dentro de mí culo.

    Se quedó un momento apoyado en mi espalda, saco su verga de mí culo y lo escuché arreglándose la ropa, yo seguía recargado en la puerta sin saber qué hacer, me pidió permiso para salir y solo me dijo al oído.

    -Rico nene, que rico culo tienes!

    Cuando salió yo tomé papel higiénico y limpie el esperma que ya salía de mí cola y sentí el ano muy abierto, subí mi pantalón y salí.

    Me esperaba afuera del baño, me dio una tarjeta y se despidió.

    -Háblame nene, esto tenemos que repetirlo, pero ya no en un baño, te voy a llevar al lugar indicado para coger!

    Se fue y yo guarde su tarjeta, sabía que muy pronto le llamaría.

    FIN

  • Esclavitud en cuarentena: Día Nº 1

    Esclavitud en cuarentena: Día Nº 1

    La amenaza del nuevo coronavirus ya era alarmante, sin embargo, en mi país los casos eran pocos.  Por lo mismo el Presidente había pedido el aislamiento de todos en nuestras casas, aunque no era una cuarentena obligatoria… todavía.

    Con el paso de las semanas en solitario, la falta de actividad sexual empezaba a pasar factura en todos. Ante la escasez, entré a una página de citas para buscar alguien con quien ponerme caliente por medio de conversaciones y fotografías. Coloqué mi descripción básica: Amo joven, dominante y atractivo en busca de perrita sumisa. Con el paso de los días tuve una que otra conversación, pero nada muy interesante, hasta que apareció una chica de 25 años. Ella respondió a mi perfil contándome que tenía muy poca experiencia en el BDSM, pero que siempre había deseado que un hombre la usara como esclava sexual. Ella me envió sus fotografías desnuda y me volvió loco: curvas pronunciadas, piel blanca, bustos pequeños pero redondos, pezones pronunciados y unas nalgas grandes y hermosas que combinaban con su cara perfilada, sonrisa blanca, ojos negros intensos y un pelo negro y lizo que llegaba hasta su mandíbula. Una femme fatale.

    Yo le envié mis fotografías y fui completamente de su agrado, creando una química al instante. A partir de ahí las conversaciones empezaron a subir de nivel y ambos entramos en confianza. Conversamos sobre límites, prácticas comunes, cosas que nos gustaría hacer etc. La chica no había hecho más que sexo vainilla, pero parecía tener muchas ganas de ser sometida, de experimentar y lo más importante: obedecer a todas mis perversiones.

    La excitación de las conversaciones había llegado a un nivel altísimo, acompañadas de muchas fotografías y videos calientes. Así que un día no pudimos más y quedamos de vernos, aunque rompiéramos con las recomendaciones del gobierno. Ella llegaría el viernes en la noche a mi casa y disfrutaríamos de una sesión Dominante/Sumisa por un par de horas. Habíamos quedado en avanzar lentamente pero que ella obedecería a todo.

    Cuando llegó el viernes, sonó el timbre, abrí la puerta y quedé fascinado con la mujer que tenía al frente. Al verme le entró una ola de timidez y agachó la cabeza. Yo la saludé y con mi mano levanté su barbilla hasta verla directamente a los ojos.

    -Hola. ¿Cómo estás?

    -Bbb… (Su voz se cortaba) b… bien, un poco nerviosa.

    -Tranquila, no tienes que entrar si no lo deseas.

    -No, si quiero entrar. Solo tengo un poco de ansiedad.

    La invité a pasar adelante mostrándole la casa hasta llegar a la sala, donde le ordené desnudarse. Ella lo fue haciendo lentamente hasta que dejó su bello cuerpo al descubierto. Me acerqué, acaricié cada parte de su piel. Me detuve en sus pezones, me chupé los dedos y empecé a acariciarlos. Ella cerró los ojos, se mordió los labios y dejó salir un gemido. Al sentirlos duros como piedra los pellizqué duro y jalé con fuerza. Su siguiente gemido se cortó y se transformó en un grito ahogado abriendo sus ojos y boca. Metí mi dedo en su boca, y mi otra mano ejerció presión en su cuello. Me acerqué más y la besé apasionadamente. Al soltarme vi que su cuerpo temblaba en una mezcla de excitación y miedo, mientras una pequeña gota caía por su entrepierna.

    Me alejé unos pasos para contemplar esa obra maestra. Tomé una caja pequeña que estaba en la mesa de la sala.

    -Acá está un pequeño regalo de bienvenida. Te pondrás esto para iniciar y te irás con esto puesto.

    Se lo di en sus manos, ella lo abrió nerviosa y sacó de la caja un collar de cuero blanco, una correa para el collar, un pequeño buttplug plateado con un diamante en el final y unas pinzas de metal para los pezones con una cadena que se amarraba entre sí.

    Su cara reflejaba temor.

    -¿Qué opinas?

    -No sé, me excita mucho, sé que lo he querido, pero esto es muy fuerte, mis pezones son muy sensibles y mi culito es virgen. No creo poder aguantarlo.

    Eso era lo que más temía. Era una chica caliente con fantasías ocultas, pero no estaba segura de su verdadera sumisión.

    -Entiendo, es una lástima.

    Mis palabras se cortaron por mi celular que no paraba de sonar. Me preocupó tanta insistencia.

    -Dame un momento, contesto está llamada y vemos qué hacemos.

    Contesté, era un amigo cercano diciéndome que pusiera urgentemente el televisor con el noticiero nacional.

    Llamé a la chica y le dije que me siguiera. Fuimos hasta la sala de televisión y encendí el aparato. Ella no entendía lo que pasaba. Al poner el noticiero apareció el presidente en un discurso claro y conciso. Ante el aumento de casos del coronavirus entrábamos en una cuarentena obligatoria. Por 40 días nadie podía salir de su casa por ninguna razón. Pedidos de supermercado, comida o farmacia debían de ser exprés y gestionados por el gobierno. Todos los ciudadanos tenían dos horas para estar en sus casas.

    Apagué el televisor y hablé directo con la chica.

    -¿Qué piensas, quieres irte?

    -No sé, podría irme, o podríamos quedarnos juntos estos días.

    Pero yo no estaba para andar con rodeos y mucho menos mantener por 40 días a una niña que no tenía claro lo que buscaba. Así que le hablé sin contemplaciones.

    -Tienes dos opciones.

    1. Te vistes inmediatamente y te vas.

    2. Te quedas, pero no serás mi invitada, serás mi esclava. Cumplirás con todas mis exigencias, serás mi objeto sexual, te usare para mi placer. Te cuidaré y te consentiré, pero también te castigaré y será muy fuerte. Tu dolor será mi excitación, te voy a torturar y hacer sufrir de maneras que no esperarías jamás. Cada centímetro de tu cuerpo será mío, voy a usar todos tus agujeros, serás mi inodoro, mi juguete, mi objeto de placer. En estos 40 días tu único objetivo será servirme, no tendrás voz ni voto. Tus lágrimas y gritos no me harán parar, por el contrario, me motivarán a seguir. Me servirás solo a mí, pero yo también te daré placer.

    Así que te repito, este es tu momento para irte, pero si te quedas serás mi propiedad, mi perra y yo seré tu amo y tu autoridad. Lo que te propongo no es fácil, así que te daré tiempo para pensarlo. Yo iré a mi oficina a arreglar unos detalles y saldré en dos horas, tiempo suficiente para pensar e irte. Si cuando salgo sigues acá, no tendrás opción de retirarte y a partir de ese momento serás mía.

    Efectivamente cumplí con mi parte, dejé la puerta principal abierta y me retiré a arreglar temas de mi negocio. Pasadas las dos horas decidí salir. Cuando llegué a la sala ahí estaba ella, con su ropa interior puesta y sentada en un sillón. Al verla se me dibujó una sonrisa sádica en la cara con una ligera carcajada. Ella me vio con miedo y de su mejilla salió una lágrima, sabía que a partir de ahora estaba a mi merced, y aunque se arrepintiera no podría irse. Solo sería un objeto para ser usado, humillado y torturado múltiples veces.

    -Me alegra que decidas quedarte. ¿Sabes que ahora me perteneces?

    -Así es.

    -¡Primer error! Está vez lo voy a perdonar, pero NO puede volver a pasar. Cada vez que te ordene algo o te pregunte cualquier cosa debes responder “si amo” o “no amo”, si no, serás fuertemente castigada. ¿Está claro?

    -Si amo.

    -Muy bien. A partir de ahora estarás siempre desnuda al menos que te pida lo contrario. Rápido, quítate la ropa interior y ponte de rodillas. ¿Fui claro?

    -Sí, está bien

    -¿PERDÓN? No aprendes por las buenas. Se dice “Si

    Amo”. Viene el primer castigo y será duro.

    Su carita se llenó de pánico y de su boca no salían las palabras.

    -Perdón amo, por favor, no estoy acostumbrada, se lo pido por favor, perdónenme.

    -Amor mío, obvio que no estás acostumbrada. Pero con un pequeño castigo será más fácil. Aquí el único perdón que vale es aceptar lo que viene.

    Ella estaba tan nerviosa que se había olvidado mi última orden. Seguía ahí, de pie y con su ropa interior.

    -Sigues sin entender. ¿Puedo saber por qué no estás de rodillas y desnuda? Vienen dos castigos.

    -Perdón amo, en serio lo siento mucho.

    Rápidamente se quitó su ropa y se arrodilló enseguida.

    Me acerqué, tomé su carita, la levanté y le di un fuerte beso. El beso de judas.

    -Vas a recibir una fuerte introducción, pero te prometo que vas a disfrutar.

    Tomé la caja de su regalo y saqué el collar de cuero blanco. Se lo coloqué con un candado pequeño.

    -Oficialmente eres mi perrita. Este collar solo te lo voy a quitar para bañarte. De él amarraré la correa y me seguirás de rodillas a donde sea que yo te lleve. ¿Está claro?

    -Si amo.

    Luego agarré el pequeño buttplug. Disfruté ver su cara de miedo. Jalé del llevando su cabeza hacia abajo hasta que estuviera pegada al suelo. De esta forma sus nalgas quedaron al aire, dejando al descubierto su tallado hueco. Me coloqué detrás y con mis dedos empecé a jugar con su vagina. Estaba increíblemente mojada. Bajé mi cara y empecé a chupar su húmeda vagina. Mi lengua recorría todo su sexo mientras escuchaba sus gemidos. Sentía el sabor de sus fluidos y eso me ponía a mil. Metí un par de dedos y empecé a masturbarla mientras mi lengua subía hasta su culito. Empecé a chupar y meter mi lengua lo más que se pudiera. De esta forma masturbaba su vagina mientras chupaba su ano. Ella se llenaba de placer, gemía cada vez más alto. Saqué mis dedos de su vaginita y metí mi dedo índice en su ano. Ella se quejó ligeramente. Con la otra mano tomé el buttplug, lo chupé y lo coloqué en la entrada de su culo. El metal frío la hizo levantar la cabeza y en ese momento lo metí de golpe. El juguete era realmente pequeño pero su entrada sorpresiva la hizo soltar un grito.

    -Yo sé que si no han usado tu culo antes esto se siente incómodo. Pero para el final de esta cuarentena tendrás mi puño entero adentro. Así que mejor acostúmbrate.

    -Si amo -dijo entre jadeos. Su cara estaba roja entre una mezcla de placer y dolor.

    -Ves mi amor, vas a disfrutar. Pero no creas que me olvido de tus castigos. Así que vamos con el primero. Te quiero de pie con tus manos atrás.

    Ella acató la posición rápidamente. Yo tomé las pinzas para los pezones y se las mostré en su cara.

    -Estas pinzas de metal son para principiantes, su punta es plana y tampoco ejercen mucha presión. Pero vamos a hacer algo distinto. Vamos a convertirlas en una máquina de tortura que te harán sufrir un dolor completamente nuevo. Me habías dicho que tus pezones son sensibles. Así que esto lo vas a sufrir. No tendrás derecho a quejarte, solo vas a recibir el castigo. El dolor va a inundar tu cuerpo y cortar tu respiración. Debes de aguantar, porque en estos 40 días sufrirás mucho más.

    Parte de describir el castigo por venir es jugar con su mente, quebrarla, hacerla sentir todo más intensamente. Y estaba funcionando. Su cara mostraba mucho temor.

    Tomé una de las pinzas con una mano y con la otra saqué un encendedor de mi bolsillo. Encendí el mechero y con la pequeña llama empecé a calentar la boquilla de las pinzas. Estas empezaron a soltar humo y cambiaron ligeramente su color para demostrar que estaban hirviendo. Guardé el encendedor y con esa mano tome su pezón izquierdo. Su cara reflejaba pánico completo.

    -¡No, no, no! Por favor se lo pido. Perdón no haga esto, no estoy lista, mis pez…

    Sin dejarla hablar más abrí la pinza al rojo vivo y la dejé cerrar de golpe en su pezón.

    -¡AHHH! ¡no, no, no! Quítamela, por favooor.

    Las lágrimas salían de sus ojos, gritaba y pegaba alaridos con una voz ahogada mientras su cuerpo temblaba. Jamás esperaba un castigo así. El calor de las pinzas la hacía sentir que su pezón estaba siendo destruido, aunque en realidad no pasaría de una quemadura leve, la magia de esta tortura es que el dolor puede ser muy intenso.

    -Vamos con el otro.

    -¡POR FAVOR NO! Ya aprendí, no puedo más.

    -¡Silencio! El castigo va a suceder sí o sí. Tú no tienes voz y si no guardas silencio voy a tener que sumarte más castigos. El siguiente será calentar el plug que tienes en tu culo y meterlo de golpe.

    Ella se silenció de solo pensar en su culo ardiendo de esa forma. Así que tomé la otra pinza y repetí el proceso. Al soltar las boquillas hirviendo los gritos volvieron a inundar la sala.

    Di unos minutos a que su cuerpo se acostumbrara al dolor. Me acerqué, la tranquilicé, limpié sus lágrimas y la besé.

    -Listo el castigo #1 de hoy. Ahora vas a seguirme de rodillas al cuarto de juegos. Ahí recibirás tu segundo castigo y tu iniciación de bienvenida.

    Le puse la correa y ella inmediatamente se tiró al piso y empezó a gatear detrás de mí. Caminamos hasta llegar a mi cuarto de juego, una zona llena de objetos de tortura, látigos, consoladores de todos los tamaños, máquinas, mesas de “trabajo” y muebles para posiciones sexuales. La cara de la esclava era una combinación entre una niña en una juguetería y la reacción a una película de terror.

    -¿Qué opinas mi perrita?

    -Opino que voy a sufrir mucho acá adentro.

    -Así es. ¿Lo vas a disfrutar?

    -Si mi amo.

    La llevé hasta el centro de la habitación en donde está la mejor mesa de “trabajo”. Es una mesa hecha a la medida, blanca, fría, de fibra de vidrio. Esta mesa tiene 4 grilletes, uno en cada esquina y alrededor tiene diferentes anillas para poder realizar todo tipo de amarres con cuerdas. Además, se puede subir y bajar a diferentes alturas.

    Bajé la mesa casi al piso y la hice subirse, quedando en ella en la posición de “perrito”. Amarré cada extremidad en los grilletes, de esta forma no tenía voluntad alguna sobre su cuerpo y por último levante la mesa hasta una altura a nivel de mi abdomen. Ella se veía asustada, pero la excitación y el placer eran algo mayor.

    -Ahora estás lista para mi segundo castigo. Este no será tan intenso como el anterior, pero si más largo y muy doloroso. Por eso te necesito amarrada, para que no tengas a donde ir ni a donde moverte.

    Me excité con solo ver su carita llena de miedo. Fui hasta la pared con los instrumentos de azote y tomé una varilla de bambú especial para azotar. Se la enseñe de frente y la agité para que escuchara el movimiento de la fusta.

    -Vas a obedecerme por 40 días. Necesito que entiendas bien esto. Para que no se te olvide, serán 40 azotes en tus nalgas con todas mis fuerzas. ¿Está claro?

    -Si amo

    Ella respondió con firmeza, pero de sus ojos salían un par de lágrimas de miedo. Me coloque detrás de ella, viendo sus grandes nalgas a mi completa disposición. Su color blanco me encantaba, pues mostrarían las marcas y las llenaría de color rojo intenso. Levanté mi brazo y con todo el impulso agité la varilla de bambú hasta que esta impactó las dos nalgas de lado a lado, seguido de un sonido claro: Zaaa

    -Ayyy!! Un momento, por favor.

    En sus nalgas se marcó una línea horizontal en color rojo, que empezó a inflamarse. No la dejé continuar su discurso soltando otro fuerte azote.

    -¡No, no, no! No sabía que dolía tanto. Por favor no.

    El tercer azote cayó en ese momento, arrancándole otro alarido y desbordando las lágrimas de sus ojos.

    -Se lo ruego, no voy a aguantar 40 azotes, por favor.

    El cuarto azote cayó todavía con más fuerza, sacándole un grito ahogado. Me fui frente a ella y la vi llorando. Eso me encantaba.

    -Vas a aprender a recibir tus castigos sin quejarte. Por el momento iremos trabajando en tu silencio.

    Abrí uno de los cajones en el salón y saqué una mordaza con una bola roja de tamaño medio. Llegué a su cara, limpie sus lágrimas y le amarre el artilugio en su nuca. La bola la hizo soltar un par de arcadas e inmediatamente un hilo de saliva empezó a caer. Ella trató de hablar, pero era imposible. Así que regresé a mi antigua labor.

    Volví a ver sus nalgas, ya con los 4 azotes bien marcados, lo que me dio todas las energías para continuar. Con fuerza solté uno nuevo, inmediatamente otra y luego otro. Yo empecé a contar en voz alta, mientras ella sollozaba y se retorcía del dolor. Al llegar a 20 decidí darle una pausa.

    Le quité la mordaza y ella me vio a la cara con una mirada perdida en el temor. Como si fuera una bestia salvaje a punto de comerla viva. Así era. Le di un vaso con agua y empezó a tranquilizarse.

    -Bien perrita, ya vamos por la mitad del castigo, pero voy a darte una pausa. Es el momento de que conozcas tu juguete favorito y lo empieces a disfrutar.

    Bajé la mesa de tal forma que su cabeza quedara en posición directa a mi pene. Me abrí el pantalón, lo saqué y dejé al aire mi miembro. Estaba increíblemente excitado, los 20 cm se veían duros como piedra, pero lo que realmente llamaba la atención era el grosor del falo que terminaba en una cabeza realmente grande.

    Toda la sesión me tenía tan excitado que mi pene goteaba líquido pre seminal. Así goteando, lo coloqué en la entrada de su boca y ella empezó a lucirse con una increíble mamada. Sus labios abrazaban mi pene mientras su lengua recorría mi glande. Su saliva bañaba mi miembro mientras su cabeza se movía con mucho esmero, se estaba luciendo.

    -Que delicia mi perrita. Lo haces increíble. ¿Qué tal te va con la garganta profunda?

    Ella me vio con orgullo y felicidad y eso la hizo hablar de más.

    -Soy excelente con la garganta profunda, no hay nada que no pueda hacer.

    Mientras me la seguía chupando solté una carcajada y a los pocos minutos la separé de su nuevo juguete.

    -Vas a aprender a cuidar tus palabras. Vamos a ponerte un reto especial.

    Ella abrió sus ojos y quedó asustada. Yo fui a uno de los estantes y tomé un anillo de goma para el pene. Lo coloqué en mi miembro y lo bajé hasta la base. Luego tomé un reloj de arena y fui de nuevo con mi zorrita.

    -¿Ves este anillo?

    -Si amo.

    -Bien. Vamos a ver qué tan increíble es tu garganta profunda. Tu tarea será lograr llegar hasta la base de mi pene, cerrar tus labios y lograr retirar el anillo. Tendrás 5 minutos para lograrlo, los contaremos con este reloj de arena. Si lo logras, te ganarás mis respetos y daré por terminada la sesión de azotes. Es decir, no más castigos. Pero, sino lo logras, sumaré 10 azotes más y te daré un pequeño castigo adicional. Así que empieza ya.

    Le di vuelta al reloj de arena y me acerqué lo suficiente para que ella pudiera iniciar con el juego. Inmediatamente ella empezó a chupar mi pene y a los pocos segundos empezó con sus intentos de llegar hasta el fondo.

    El grosor de mi miembro dificultaba mucho el trabajo, por lo que a la mitad se ahogaba y tenía que retirarse. Cada intento trataba de esforzarse más, su mandíbula se abría, sus ojos se desorbitaban y una cantidad inmensa de saliva salía de su boca. Era literalmente una tortura oral y lo mejor era que yo no hacía ni un solo movimiento.

    Le mostré el reloj, quedaba solo un minuto. Sus ojos se llenaron de desesperación y empezó a intentarlo más y más. Sin embargo, la presión la hizo más torpe.

    -¡Tiempo! Creo que no eres tan buena como lo pensabas. Tranquila, esto lo iremos entrenando.

    -Lo siento amo, puede darme 3 minutos más y lo lograré.

    -No, ya tuviste tu oportunidad. Ahora a pagar.

    Me acerqué y le volví a colocar la mordaza. Tomé la varilla de bambú y volví a la tarea de azotar. Ahora 30 nuevos castigos.

    -Zaz

    Sonó el primer azote del segundo round. Seguido de un alarido gigante que salía de su diafragma pero que la mordaza no le permitía proyectarse. Vi de reojo y volví a ver lágrimas salir de sus ojos.

    -Zaz

    Para el segundo azote su cuerpo ya empezó a temblar.

    -Zaz

    Cayó el tercero. Ignoré toda muestra de dolor y continué con mi tarea de manera más rápida. Fui azotando uno tras otro hasta llegar a los 30. Sus nalgas estaban en un color rojo vivo y unos pequeños hilos de sangre se asomaban en algunos azotes específicos. Me encantaba.

    Fui por un trapo y un balde de agua fría y empecé a limpiar sus nalgas. Solo tenía un par de cortes superficiales, en un par de días estaría como nueva. Ella al sentir el líquido soltó una especie de gemido. Una combinación entre el dolor de sus heridas y el alivio. Luego le coloqué un gel de aloe y le hice un pequeño masaje. Lo refrescante alivianaba el dolor y el castigo. Ella estaba tranquila.

    Me agaché en la parte de atrás de su cuerpo y metí mi cara entre sus piernas lamiendo su vagina. Empecé a practicarle sexo oral mientras mi cara se bañaba en sus fluidos. Empecé a masturbarla hasta llevarla al orgasmo, su cuerpo se agitaba y sus ojos se perdían en el placer. Al terminar fui a otro cajón u saqué una pequeña sorpresa.

    -Ya casi terminamos por hoy, pero antes tenemos un pequeño castigo pendiente. ¿Ves esto? Es una pesa para agregar a tus pinzas en los pezones. El peso añadirá dolor y reactivará toda sensación a tus quemados pezoncitos. Luego de colocar la pesa, voy a follarte, cada embestida moverá la pesa y sumará un nuevo nivel de dolor.

    Ella empezó a refutar con sus ojitos llenos de lágrimas, sin embargo, por la mordaza no salía ninguna palabra. Me acerqué y coloqué el peso. Al soltarlo sus pezones se estiraron de golpe sacándoles lágrimas mientras un grito se asomaba en medio de la bola roja.

    Caminé hasta atrás, ajusté la altura de la mesa y empecé follármela. Ella estaba tan mojada que mi pene entraba y salía con toda facilidad, permitiendo generar fuertes embestidas que aumentaban su castigo. A los pocos minutos me detuve y me acerqué a su oído.

    -Voy a quitarte la mordaza, quiero escucharte gemir, pero no voy a tolerar quejas.

    Le quité la mordaza y ella respondió:

    -Gracias amo

    Tomé una botella de lubricante de un estante y me coloqué detrás de ella.

    De golpe quité el Buttplug recibiendo como premio un gran grito de dolor. Llené su ano de lubricante y empecé a meter y sacar un par de dedos. Ella ya sabía lo que venía.

    -Amo, por favor, soy virgen de culo. Se lo ruego, usted la tiene muy gruesa y me va a doler mucho.

    Ignoré sus suplicas, coloqué la punta de mi glande en su lubricado culo y de golpe metí toda la cabeza.

    -Aaauuu, duele duele. Mucho

    -Tranquila, ya te vas a acostumbrar.

    Di unos minutos a que su culito se acostumbrara a mi glande y poco a poco fui metiendo todo mi pene hasta llegar a la base.

    -Dios, me estás partiendo en dos.

    En ese momento empecé a penetrarla, a jugar con mi miembro. No eran embestidas salvajes, pero eran profundas a un ritmo intenso. Ella gemía, se encontraba ante la mayor dualidad de dolor intenso y placer. No aguantaba más su culo y al mismo tiempo estaba cerca de correrse.

    Estuve jugando un rato en su huequito robándole un par de orgasmos, hasta que yo era el que estaba a punto de estallar. Saqué mi pene caminé hasta su cara y le ordené abrir la boca y sacar la lengua.

    Una lluvia inmensa de semen cayó en toda su cara y escurría directo a su boca y lengua. Tuvo un par de arcadas, pues yo sabía que le tenía mucho asco el semen.

    -Vas a tragarlo, a partir de ahora mi semen es tu comida favorita. Pero antes voy a tomarte una foto.

    Agarré mi móvil y fotografíe ese momento. Ella amarrada de cuatro, desnuda, con un collar de perro, pinzas en sus pezones, peso tirando de sus tetas y toda la cara llena de semen. Un retrato perfecto.

    Con mi propio pene guíe todo el semen de la cara a su boca.

    -Ahora sí, trágalo y luego limpias mi pene con la lengua. Lo dejas como nuevo.

    Ella tragó todo, aunque le costó bastante e inmediatamente empezó a chupar mi pene, a pasar su lengua y limpiarlo.

    Levanté la mesa y la besé. Quité las pinzas dándole una nueva oleada de dolor y alivio. Bese sus tetas para aliviar. Solté las amarras y le quité el collar.

    La llevé a mi baño, puse el jacuzzi y la dejé que se bañara y se cuidara. 1 hora después regresé a secarla, colocarle crema en sus pezones y nalgas y le coloqué el collar de regreso. Le puse una bata de seda y la llevé a mi cama.

    -¿Te gustó?

    -Estuvo muy intenso, pero lo amé. Muchas gracias.

    -Gracias a ti por confiar. Vamos a pasarla muy bien.

    Ella se acostó en mi pecho y a los pocos minutos cayó dormida. Había terminado el día Nº 1. Solo quedaban 39 días de torturas y juegos.

  • Con mi amigo Buga (II): La segunda fantasía

    Con mi amigo Buga (II): La segunda fantasía

    Este es el segundo relato de una serie de aventuras que sucedieron con mi mejor amigo, él se dice Buga, pero solo él y yo sabemos la verdad. En las primeras historias solo hay fantasías.

    Después de haber olido su ropa interior mientras acariciaba mi verga, empecé a fijarme más en mi amigo en un plan más erótico, pero yo sabía que todo quedaría hasta ahí pues él era Buga y en nuestras pláticas dejaba en claro que jamás tendría nada con un hombre.

    Y aunque por un lado me sentía sumamente culpable por estar viendo a mi amigo con más morbo, por el otro no podía dejar de pensar en su aroma y a decir verdad varias noches me masturbaba pensando en aquel aroma que había recibido de su ropa interior. Pero poco a poco su aroma se iba perdiendo de mis fantasías así que algo me movió a hacer lo que les cuento a continuación.

    J y yo estábamos acostados en su cama buscando que ver en Netflix pasábamos varias series, pero no quedábamos en ninguna, de pronto le entro una llamada y la atendió sin levantarse de la cama, se puso los audífonos- Llevábamos ya dos horas acostados y después de haber visto una película estábamos sumamente relajados. Vaya que lo necesitábamos después de una semana estresante en nuestros trabajos (para cuando estos relatos iniciaron ya no trabajábamos juntos). Los hombres sabemos que cuando nos relajamos, nuestras vergas se erectan, aunque no estemos pensando en nada sexual y así le paso a J. Siempre que el habla por teléfono cierra los ojos, lo que me permitió reparar sin tanta discreción en el paquete que se marcaba en su pantalón, se adivinaba una verga bastante buena.

    Terminó la llamada y me dijo -mira esa serie debes verla -y yo fingí tomarle una foto a la pantalla, pero cuidando que desde la perspectiva en que estaba acostado a su lado se viera la pantalla y el paquete que se marcaba en su pantalón. Me dijo -Me hablaron mis primos que vamos a salir a una fiesta. Yo le dije -no te preocupes ve con calma. Él había pasado por mí en la mañana para que lo acompañara a su partido de fútbol. Así que aún tenía que irme a dejar a mi casa.

    Levantándose de la cama agregó  solo me cambio y nos lanzamos -y sin decir más palabras se empezó a desvestir, yo trataba de desviar la mirada pero de vez en cuando volteaba a verlo, finalmente se quitó toda la ropa quedando solo en unos bóxer color azul marino, se los quitó y los aventó a una silla que estaba en su cuarto, pero estos se deslizaron cayéndose entre la silla y un mueble así que a simple vista quedaron ocultos.

    Se cambió de ropa y se fue al baño a peinarse y lavarse los dientes, sabía que no tenía la oportunidad de hacer lo mismo que la vez pasada por el poco tiempo, pero se me ocurrió llevármelos a mi casa y poderlos disfrutar junto con la foto que le había tomado a su paquete. Así que rápidamente me levanté y tomé su bóxer azul marino de debajo del mueble y cuando los saqué salieron también un calcetín y una camisa sin mangas que le había visto usar en la mañana mientras jugaba al futbol, así que guardé las tres prendas en mi mochila y apenas me dio tiempo de cerrarla para que el no viera sus prendas.

    Apenas llegué a mi departamento y saqué su prendas, las acomodé en mi cama y me quité la ropa rápidamente, empecé por oler su camiseta, olía a sudor de hombre, a pesar de que ya habían pasado varias horas del partido de la mañana aun olía e él, esa aroma que empezaba a identificar y que me ponía a mil, olí toda su camiseta y mi pija despertó rápidamente y empezó a lubricar, me centre en las áreas donde estuvieron sus axilas, no sabía porque pero el aroma de aquella parte siempre me ha parecido excitante, mi verga estaba sumamente húmeda y empecé a oler su calcetín tenía su aroma que me volvía loco pero sumamente concentrado, eso me éxito demasiado e hizo llegar a mi mente una idea que nunca se me había ocurrido, me llevo a enfundar mi verga en su calcetín y empezármela a jalar con su calcetín puesto sobre ella, la sensación era deliciosa, de solo escribirlo se me está parando nuevamente.

    Era tiempo de ir por el premio mayor, su bóxer, cuando lo tomé reparé en una mancha bastante grande en la zona donde había estado su verga lo olí y el olor era inconfundible, el muy cabrón se había masturbado en algún momento del día y se había venido en su calzón y no se había cambiado, (más tarde me confesaría que lo había hecho con la intención de que yo me robara su calzón y sintiera su aroma) aquel aroma a semen seco y sudor me puso a cien mientras me colocaba su bóxer sobre mi cara imaginando que le estaba haciendo un oral y mi otra mano le daba servicio a mi verga, mi mano libre empezó a jugar con mis nalgas y un dedo empezó a jugar con mi culo, como pude introduje uno imaginando que era la verga de j en ese momento recordé la foto que le había tomado y poniendo la frente a mí, seguí en mi tarea, las sensaciones llegaban por todos lados, mis ojos viendo la foto de su gran paquete, mi nariz percibiendo su jugo seco y su aroma de macho tan delicioso, su calcetín envolviendo mi verga mientras mi mano jugaba con ella y mientas mi otra mano jugando con mi culo, entrando a sus profundidades, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y me hizo lanzar 5 chorros de semen que fueron a quedar directo en su calcetín, caí agotado y sudado. Puse su camiseta y su bóxer en la almohada de al lado y así me dormí percibiendo su aroma que ahora se mezclaba con la de mi sudor y mi reciente eyaculación.

    Hasta aquí llega esta segunda fantasía, en el siguiente relato les contaré como el me confiesa que sabe lo que hice aquella primera vez y que fue lo que lo llevó a dejar su calzón eyaculado en el piso frente a mí.

    Si te gustó este relato, deja tus comentarios. Si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Puedes escríbeme y platicar.

  • Sorpresa con la amiga de mi madre

    Sorpresa con la amiga de mi madre

    Soy Alex, un chico de 24 años y esta es la primera vez que relato una experiencia como esta, aunque debo admitir que por alguna razón, en esta pandemia, quería decírsela a alguien, así que sin más esta es mi historia.

    Semanas atrás mis padres tendrían una especie de fiesta en la que celebrarían su aniversario, así que, por lo que imaginaran todo el día lo pase ayudando a limpiar y dejar radiante toda la casa, cosa que no me agradaba del todo puesto que la fiesta a mi parecer sería muy aburrida gracias a que los amigos de mis padres rondan ya los 38 a 46 años y a pesar de que me enseñe a hablar y charlar con gente mayor a mi algo me decía que todo esto sería un fiasco.

    El tiempo pasó y los invitados iban y venían, siendo una fiesta de lo más normal hasta que ella llego, aún recuerdo la ropa que usaba y aunque antes me costó admitirlo confieso que usaba ropa que le quedaba bastante bien, ella usaba una blusa blanca pegada al cuerpo, de tirantes un tanto holgados que bajaban hasta descubrir sus hombros, un pantalón negro formal negro y un collar de fantasía dorado que hacia resaltar su pecho de una forma increíble. Su nombre es Nora, una mujer de 38 años de cabello negro y lacio, una piel tersa morena clara con unos labios que invitan a devorarlos, carnosos que me volvieron un tanto loco solo al contemplarlos. Nora es una mujer divorciada que sufrió el engaño de un patán que sin duda era tan estúpido que jamás se dio cuenta de la imponente mujer que tenía, yo no pare de mirarla y me temo que en algún momento ella se dio cuenta puesto que de vez en cuando nuestras miradas se cruzaron hasta que en un impulso le sonreí, ella camino hasta mí y saludando con una sonrisa dijo:

    —Hola Alex, ¿cómo has estado?

    —Bien Nora, aunque un poquito aburrido

    —Debe ser porque todos te pasamos como mínimo 10 años

    —Creo que un poco, no me siento del todo cómodo creo

    —Anda vamos a bailar para que se te quite el aburrimiento

    Y así lo hice, bailando lo que le diera la gana, y por alguna razón comencé a sentir la necesidad de acercarme a ella, como si deseara profundamente sentir su cuerpo, poco a poco y sin que se diera cuenta (según mi infantil mente) comencé a acercarme a sus caderas, rosándolas cada vez que podía hasta que de un momento a otro llegue a estar tan firme que todos lo notarían pero para mi suerte mi madre llamo a todos a sentarse a la mesa para cenar, yo me sentí aliviado mientras disimulaba un poco, todo esto mientras Nora me jalaba del brazo para sentarme junto a ella y es ahí donde todo se puso algo intenso. Mientras nos sentábamos a la mesa y después de que se sirviera la cena ella me abordo:

    —Lo ves! sabía que te iba ayudar a des aburrirte, además eres un chico muy bailarín, ¿apuesto a que tienes muchas chicas tras de ti?

    —No Nora como crees, ni novia tengo ahora

    —Y eso? no es normal que un chico tan bailarín y nada feo esté sin novia

    —Pues, no he tenido mucha suerte, las chicas con las que he estado son algo raras, hay algo en ellas que no me termina de agradar.

    —Vaya, eres muy selectivo Alex, pero a lo mejor es solo que ellas no lograron saber qué es lo que te gusta.

    No termino de decir esa frase cuando sentí que su mano paseaba por mi pierna y lentamente bajo la mesa, subiendo hasta mis muslos, yo me quedé congelado mientras ella sonreía de forma muy tranquila y rosaba sus dedos apenas tocando mi cuerpo sobre el cierre de mi pantalón, jugando sobre él, como si supiera que antes me había excitado tanto acercarme a ella que me había dado una erección, no paré de mirarla mientras ella solo dijo:

    —¿Me prestas tu celular?

    Yo solo asentí con la cabeza sacándolo de mi saco, lo desbloqueé y se lo di en la mano.

    Así fue como ella me agregó de inmediato y me mandó un mensaje escribiendo con la mano que tenía libre, quiero aclarar que no sé cómo rayos lo hizo, pero nadie se percató, solo recuerdo que sus mensajes decían:

    —Te molesta que haga esto?

    Yo respondí:

    —No

    —Me di cuenta que cuando bailaste conmigo, se te puso algo duro y quería ayudarte

    —Se pueden dar cuenta Nora!!

    —¿Quieres que pare?

    Yo miré a todos lados, pero, una parte de mi me impulsó a decir ese rotundo “no”.

    — Entonces déjame acariciarlo un poquito más.

    Ella frotaba sus dedos con suavidad, de una forma muy lasciva encima de mi pene, sentía como sus dedos viajaban por encima de mi pantalón, pero sentía un escalofrió increíble y delicioso y entonces ella solo abrió mi cierre lentamente hasta que mi pene bajo mi bóxer sobresalía entre mi ropa mientras me mandaba otros mensajes:

    —Se siente que está muy caliente, ¿te gustaría que te lo saque Alex?

    Yo me deje llevar por el momento y deje de ser tan formal con ella en mis mensajes, lo que creo le encantó:

    —Si Nora, me gustaría que lo sintieras palpitar en tus manos.

    Así fue que ella destapó mi pene al punto en que este salió de una forma un tanto violenta y muy obscena, no paró de usar la punta de su dedo índice sobre la punta de mi pene, acariciaba justo cuando mi pene palpitaba tan fuerte por lo deseos de sentirla que cuando me di cuenta, su mano estaba repleta y empapada de mi pre semen.

    Mientras lo hacía ella paró un poco, y subió su mano nuevamente mientras disimulaba que escuchaba la plática de todos hasta que en un segundo llevó sus dedos llenos de mi pre semen a sus labios y los humecto con él, ella se aseguró que yo lo mirara y admito que eso me hizo arder por dentro, ella me mandó un mensaje mientras bajaba de nuevo su mano a mi pene subiendo esta vez el nivel:

    —Es tan rica la humedad de tu verga Alex.

    —Está así, para combinarse con el delicioso jugo de tu coño Nora.

    Ella comenzó a subir y bajar su mano sobre mi pene, mientras me miraba y charlaba con indirectas conmigo, yo no pude resistir ser el único en sentir placer, así que sin pensarlo un poco llevé mi mano izquierda a sus muslos y como si fueran sabuesos, mis dedos buscaron en su entrepierna, sentía ese delicioso calor que emanaba su vagina, tan húmedo que sentí que había traspasado su ropa mientras que poco a poco comenzaron a frotar su vagina por encima de su ropa, sentí como ella se encendió en el acto gracias a que le regrese el favor de humectar mis labios con el delicioso jugo de su vagina, ella solo me mandó un mensaje diciendo:

    —¿Quieres lamer todo el jugo de mi puchita Alex?

    —Te lo mamaría sin dejar ni una gota, hasta que lo soltaras en un rico chorro sobre mi lengua.

    Ella no paraba de masturbarme y yo no dejé de sobar su deliciosa vagina sobre su ropa, mientras me mandaba mensajes cada vez más intensos:

    —Te gusta como juego con tu verga Alex?

    —Sí, me gusta como la amiga de mi madre me soba la verga Nora, imaginando que te meto la verga hasta el fondo.

    —Me quieres meter tu verga Alex? quieres cogerte a la amiga de tu madre?

    —si Nora, quiero meterte la verga aquí, ahora como loco y sin condón.

    Creo que eso la llevó al límite y he de decir que a mí también, puesto que solo sentí como mi abdomen sentía muchos espasmos, tratando de no hacer ruido mientras miré como Nora cerraba los ojos y se mordía los labios, sentí como mis dedos se llenaban de ella mientras que yo dejé salir todo lo que tenía, jamás había eyaculado tanto en mi vida, tanto que dejé su mano repleta de mí.

    Posterior a eso ella se limpió con el mantel de la mesa mientras yo metía mi pene en mi pantalón, todo esto hasta que me jalo de nuevo a la pista para bailar y decirme al oído:

    —Estuvo muy rico.

    Y bien, solo deben saber que desde ese día Nora y yo hablamos muchas veces y llegaron a pasar cosas además de que descubrí que una mujer mayor es imponente, decidida, sexy, sensual y sin duda el tipo de mujer que me gusta.

  • Unas enormes tetas y unas mamadas

    Unas enormes tetas y unas mamadas

    Les contaré la historia de cómo una de las chavas más chichonas de la universidad me hace una súper mamada y una rusa de ensueño.  Por obvias cuestiones los nombres son cambiados.

    Cuando iniciaba un nuevo curso en mi universidad, un profesor nos pidió realizar una exposición especial en equipos que el mismo decidiría. En ese equipo que me tocó éramos 5 personas de las cuales destacaba una chica llamada Mandy, la cual no había tenido la oportunidad de hablarle ya que era una chica súper popular y yo era de los tímidos serios que solo se dedicaba a hacer sus deberes.

    Debo reconocer que me dio mucha emoción hacer equipo con aquella chica ya que era sumamente hermosa, tenía el cabello largo y una cara muy bonita, tenía unas nalgas normales, no muy anchas pero tampoco plana además de duritas, pero lo que más sobresalía era un busto muy llamativo resaltaba por las blusas que esta chica llevaba, a veces escotes muy prominentes o a veces blusas transparentes con brasieres muy chiquitos que deban la impresión a reventarse de un momento a otro.

    Desafortunadamente (o afortunadamente) nuestros otros compañeros de equipo eran personas sumamente perezosas y casi no ayudaban, por lo que pude acercarme a ella poco a poco.

    Cuando nos reuníamos para trabajar en la exposición siempre llevaba ropa muy llamativa que hacía que al estar cerca de ella no tuvieras ojos más que para sus enormes tetas que tenía Mandy.

    En una ocasión al estar trabajando con ella se disculpó conmigo para ir al tocador dejándome su laptop e indicándome que incluyera en un reporte unas imágenes que había descargado; al estar buscando las imágenes me topé con un carpeta que tenía su nombre el cual me dio curiosidad revisar y al abrir me encuentro con la sorpresa de que son fotos de ella en ropa interior en fotos muy sugestivas, incluso fotos de ella sin bra tapándose los senos o sin bragas tapándose con una mano.

    En ninguna foto se podía ver completamente desnuda, pero si eran fotos muy sensuales y en posiciones muy eróticas. Estaba a punto de conectar mi disco duro externo para grabar todas esas fotografías que eran muchísimas pero a lo lejos pude ver que ella se acercaba por lo que tuve que cerrar la carpeta y disimular que seguía transcribiendo. Cuando ella regreso me pregunto de las imágenes de lo cual le comente que aún no las buscaba y que las incluiría al terminar de transcribir, a lo cual ella puso cara de decepción la cual no comprendí hasta mucho después.

    La exposición estuvo muy bien y sacamos buena calificación a pesar de que nuestros otros compañeros solo se colgaron del trabajo que ella y yo hicimos. También mis amigos me decían que tenía mucha suerte por trabajar con ella y me preguntaban si pude lograr algo con ella, a lo que estuve a punto de contarles de las fotos, pero decidí callarlo. También uno de mis compañeros me comentó se le hacía extraño que ella hubiera hecho la exposición conmigo dado que ella también solía dejar que otras personas trabajaran por ella y prefiriera irse de fiesta y saltarse clases con sus amigos.

    Después de la exposición empecé a hablar un poco más con ella cuando me la encontraba en los pasillos, también en las clases que teníamos juntos ella me saludaba y se despedía de mí y de vez en cuando me escribía un mensaje a mi celular deseándome buen día. Todo esto me pareció un poco extraño ya que siempre nacía de ella. Había veces que nos saludábamos 5 veces al día siempre de beso y ella se volvía más cariñosa conmigo.

    Por fin llego el día que después de exámenes todos los grupos iríamos a una fiesta para celebrar y antes de que mis amigos y yo nos fuéramos,

    Mandy me pidió enfrente de ellos que si la podía acompañar a su auto por un abrigo ya que en la tarde solía hacer frio a lo que les dije a mis compañeros que los alcanzaría en la fiesta.

    Al ir de camino al estacionamiento nos encontramos con un chico el cual después me enteraría que fue su novio hace tiempo.

    Él quería hablar con ella a lo que ella se negó y me tomo de la mano llevándome con ella. Al ir caminando me conto que ya tenía muchos meses de haber terminado con él y que ya no soportaba lo hostigoso que era y que prefería a otro tipo de persona más tranquilos, amables y corteses.

    En ese momento no sé de donde tome valor y la metí a un salón vacío y al estar frente a ella la empecé a besar a lo que ella me correspondió y me dijo…

    -Ya te había tardado!!!

    Estábamos en un salón donde cualquier persona podría pasar y sobretodo los prefectos tenían la costumbre de castigar prácticamente de la nada, por lo que me lleve a Mandy a un salón en un edificio donde casi no hay nadie y aprovechando que casi no había nadie en la uni empezamos a besarnos más apasionadamente.

    Al estarla besando le quite su sudadera dejándome al descubierto una blusa sin tirantes de la cual sabes que son para usar sin brasier y al tenerla tan cerca de mí, me quede solo viendo sus enormes senos y ella solo esperaba a que hiciera algo. Así que empecé por besar su pecho, a lo que ella no opuso resistencia y poco después deslice su blusa hasta su cintura solo para encontrarme con unos deliciosos pechos adornados con unos pezones paraditos y rosados como a mí me gustan. No les mentiré si les digo que sus senos eran muy grandes que sentía que no cabían en mi mano, aparte estaban súper paraditos y tenían un olor encantador.

    Mordía, lamia y masajeaba sus senos mientras ella apretaba mi cabeza contra su pecho y comenzaba a gemir pidiéndome más, a lo que también empecé a masajear sus nalgas por encima del pantalón y al momento de escucharla pedir más, me volteo a su espalda y comienzo a meter mi mano al frente de su pantalón y comienzo a masturbar su vagina a lo que ella me toma del cuello y siento como ella empieza a chupar mi dedo y luego dirigiéndola a su vagina.

    En ese momento estaba yo tan caliente que me empiezo a desabrochar mi pantalón a lo que ella se voltea y se hinca para empezar a darle lengüetazos a mi verga la cual ya estaba escurriendo. En verdad era una autentica maestra de las lamidas, pasaba su lengua por toda mi verga y testículos y me sobaba la punta con la yema de sus dedos. En ese momento me pregunta si llevo preservativos a lo que le digo que no y ella me comenta que estaba en sus días fértiles y que no le gusta tomar pastillas, a lo que me desilusiono un poco pero ella me dice que de todos modos haría algo que nunca olvidaría.

    Ella continua masturbándome hasta que por fin se comienza a meter mi verga en su boca y comenzó una mamada inolvidable, lo hacía con tanta cachondez que sentía que me podía venir en cualquier momento. Entraba y salía mi verga de su boca y cada vez que lo hacia ella hacia un sonido como cuando te acabas de quitar la sed y cada vez que salía y se alejaba sus labios y la punta se unían por una tira de saliva que la hacían lucir más excitante.

    En un momento me dijo que para que no extrañara coger haría algo especial y puso mi pene en medio de sus enormes pechos y comenzó a hacerme una rusa. Era la primera vez que alguien me hacia una y era maravilloso la sensación de coger en medio de sus senos.

    Así estuvimos como 10 minutos hasta que sentía que no podía más y ella sin dudarlo empezó a chupármela de nuevo pero ahora más rápido para que ya me corriera y cuando estaba a punto de eyacular quise alejarla para echárselos en el pecho a lo que ella se negó y siguió hasta que me vine en su boca mientras ella mamaba y me dejaba seco. Prácticamente me dejo la verga limpia.

    Mandy me dijo que le gustó mucho el sabor de mi semen y me preguntó si fumaba a lo que le dije que no, a lo que ella refirió por qué tan buen sabor en mi semen. Después de eso nos vestimos y descansamos un rato, aproximadamente 2 minutos después de vestirnos uno de los prefectos abrió la puerta del salón repentinamente preguntándonos porque estábamos encerrados a lo que Mandy haciendo un poco de actuación indico que no se sentía bien y quería un lugar donde descansar unos minutos, a los que el prefecto indico que nos daba 5 minutos porque cerrarían el edificio a falta de alumnos.

    Nos fuimos a la fiesta y todo transcurrió con normalidad.

    Después de esa vez volvimos a tener algunos encuentros aunque todos fueron fuera de la uni y todos fueron sexo oral.

    Después nos fuimos alejando poco a poco hasta perder comunicación. Aunque si logré que me compartiera algunas de sus fotos que ella intencionalmente dejó en su laptop.

  • Casi trío, pero no

    Casi trío, pero no

    Con mi esposo quisimos probar algo diferente así que metimos a nuestro vecino a nuestra cama.

    Todavía lo recuerdo muy bien aquella primera vez, era de noche y había mandado a dormir a mi hijo hace aproximadamente dos horas.  Mi esposo yacía sentado en la esquina de nuestra habitación con su pene erguido a causa de lo que estaba viendo. El ruido de la cama se hacía sentir y se mezclaban con mis gemidos y los de él. Su pene grande que entraba y salía de mi vagina 100 veces por minutos, era algo muy frenético y me gustaba. Mis manos que se sujetaban al respaldo de la cama y mi cabello tensado debido a su agarre. Esa noche estaba viviendo por primera vez lo que era una buena cogida.

    Ya cuando tuve de frente a los dos penes me pude dar cuenta que había una diferencia de tamaño. La de mi vecino media el doble y cuando se la empecé a chupar su tamaño se incrementó tanto que no me cabía toda dentro de mi boca. Además su pene era de esos que cuando se pone erecta se dobla hacia arriba y eso lo hacía más deliciosa. Le sugerí a mi esposo que se siente en un costado para que vea cómo yo tengo sexo con nuestro vecino y él aceptó.

    Ya con mi esposo sentado en una esquina se empezó a masturbar al ver como nuestro vecino trataba de que yo me tragarse toda su pija, pero yo no tenía la boca de su mujer así que quedaba a mitad de camino. También observó bien como yo miraba al vecino con ojos de zorrita en ese momento en el que tenía su pija en mi boca. Esa cosa era deliciosa y me costó mucho desprendérmela de mi boca, pero la necesitaba sentir dentro mi vagina.

    Él se recostó sobre la cama y yo me subí encima de él, acomode su pija en la entrada de mi coño y fui bajando mi cola suavemente hasta sentirla completamente dentro de mí. Empecé a cabalgar y a gritar como una desesperada, sus manos primero sujetaban mi cintura y luego pasaron a sostener mis pechos grandes que se movían para todos lados y que eran frutos de haber estado embarazada. En ese momento no pude ver a mi esposo, pero me imagino que seguía haciéndose una paja.

    Luego me levanté y se la empecé a chupar viendo a mi esposo masturbarse más que nunca esa noche.

    -Te gusta su pija -preguntó mi esposo.

    -Me encanta -dije yo.

    -Quiero verte tragar todo -dijo mi esposo.

    Para darle su gusto nuestro vecino me agarró de la cabeza y me hizo tragar toda su pija por varios segundos, luego me soltó y quedé con la boca llena de líquidos y fluidos pegajosos. Luego coloqué su pija entre medio de mis pechos y le hice tremenda paja de esa manera.

    Después de eso me puse en cuatro patas sobre la cama y me agarré del respaldo de la cama para sostenerme de sus embestidas e hice bien porque luego de agarrarme de la cintura me la empezó a meter como si no fuese un mañana. Tenía tan lubricada el coño que su pija entraba toda de una manera perfecta y sin sentir ningún dolor, lo único que sentía era placer.

    Luego me agarró de mi cabello largo y oscuro para darme embestidas que superaban a todas las anteriores y que eran una delicia para mí. El ruido de la cama se hizo cada vez más fuerte y mis gemidos también. Además me empezó a cachetear las nalgas y eran como si fuese que estuviesen aplaudiendo el espectáculo que estábamos brindando. Era un show que nunca tuve con mi marido y que siempre soñé en tener.

    La noche culminó con un orgasmo increíble que tuve al sentir que se corría dentro de mí.

    Me dejó exhausta y no quería seguir cogiendo con nadie así que me dormí y él volvió a su casa.

  • Mi primera experiencia gay ocurre de forma rara

    Mi primera experiencia gay ocurre de forma rara

    Esta experiencia ocurrió a principios del 2018, traté de olvidarla, pero creo que uno debe abrirse y aceptar que el sexo es una forma de complacerse y complacer a otros.

    Soy 100% heterosexual, bueno creo que ya a estas alturas y después de estas experiencias me puedo considerar así, o tal vez bisexual.

    Porque digo esto, porque estando acostumbrada a coger con mujeres, desde las más buenas hasta las que necesitan sexo, ¡nunca pensé en darle a un hombre!

    Tuve una experiencia con Susana, una amiga transexual y pensé que eso no era malo, ya que ella es casi 70% mujer, así que ahí todo superado, pero en el año de 2018 conocí a Dante!

    Tenía 22 años, estaba muy afeminado, el tipo que los machos quisieran golpear, pero en secreto darle verga y bueno, yo lo conocí por parte de mi hermano ya que eran amigos y todo ocurrió en una tarde.

    Juan, mi hermano me invito a casa de Dante, ya que habría tarde de alcohol y futbol, dando que Lety estaría ocupada, acepte ir a casa de Dante, al llegar todo fue muy normal, saludos, bromas, ¡beber y todo!

    El tipo a pesar de saber que todos éramos heterosexuales, se visto con un short de nalga mostrando sus depiladas piernas y traía una camiseta blanca, eso no importaría si no que el muy canijo desde que me vio trato de ser aventado conmigo.

    Me abrazaba, ¡me aventaba indirectas que entre broma y broma me empezaban a molestar!

    Para calmar las aguas, Juan me dio una cerveza y me dijo que me calmara que ya lo conocía, así que le hice caso a mi hermano y continúe tomando y viendo el Futbol.

    Al terminar el futbol, algunos amigos se fueron, solo quedamos Juan, Dante y yo, la verdad ya me quería ir, pero Juan y Dante continuaban tomando y riendo, yo un poco incómodo por el acoso de Dante, contaba los minutos para irnos, hasta que Jun salió a reducir el tema de las drogas que una para abusar sexualmente, ese tema me entretuvo y entre copa y copa, debate y debate, nos dieron las 12 de la noche.

    Ya a esas alturas mi hermano estaba muy ebrio, se reía de todo y no podía seguir, creí que lo mejor era que durmiera un poco y después irnos, así que lo llevé a la cama de Dante.

    Pensé que con una hora era suficiente, así que regresé a platicar con Dante, sabía que una hora más podía resistir, ¡todo por mi hermano!

    Al regresar Dante me ofreció otro tarro de cerveza, yo lo bebí como si fuera agua, todo iba bien, ¡pero de pronto algo empezó a pasar en mi cuerpo!

    L: ¡Me siento raro!

    D: ¡Ven, vamos al sillón!

    L: ¡Veo borroso!

    D: ¡Tranquilo ya estas ebrio!

    Las palabras de Dante me tranquilizaron, ¡pero de pronto comencé a perderme entre alucinaciones y risas!

    D: ¿Qué pasa?

    L: ¡Jajá, no sé, jajá!

    D: Luis, ¿te puedes mover?

    L: Creo que sí, pero tendrías que decirme que hacer, ¡jajá!

    Eso nunc debí de decirlo, ay que inmediatamente Dante, ¡se puso frente a mí y me quito la camisa!

    D: ¡A lo mejor necesitas aire!

    Me despojo delos pantalones, dejándome en bóxer, ahí caí en cuanto que algo estaba mal en mí, ya que, a pesar de no poder moverme, tenía una erección, ¡mi pene estaba durísimo y Dante lo miro con ojos de lujuria!

    D: ¡Uhm, que rica se te ve!

    L: ¡No mires!

    D: ¡Si, funciono!

    L: ¿Que funciono?

    D: ¡Los polvos!

    Una vez dicho eso, Dante me despojo del Bóxer, mi dura verga quedo al airé libre, yo son poder controlar mis movimientos ya que casi no podía mover los brazos, ¡traté de taparme!

    D: ¡Uf, que rica verga, ahora sí, me la comeré!

    El maniaco, empezó a acariciarla, la besaba, yo, aunque sentía un poco de nausea, ¡no podía evitar lo que hacía!

    Comenzó a chupármela de una forma como ni una mujer lo había hecho, lamia y succionaba, su boca era una licuadora, me daba asco, ¡pero poco a poco empezó a hacerme sacar liquido pre seminal!

    L: ¿Qué carajo?

    D: ¡Uhm, que verga más deliciosa!

    L: ¡Déjame!!

    D: ¡Basta, ahora serás mi macho!

    Dante se puso de pie y aunque no podía creerlo se desnudó, note una verga muy pequeña, el muy contento tarto de seducirme, pero yo aparte de drogado, ¡lo miraba asqueado!

    D: ¿No te gusto?

    L: ¡Déjame, me las vas a pagar!

    D: ¡Oh, jajá, entonces, hagámoslo!

    L: ¿Qué??

    El tipo subió al sofá y mirándome de frente tomo mi verga, le coloco un condón y la puso en su culo, apoyándose en mi cuello, ¡el joto se dejó ensartar lentamente en ella!

    D: ¡Ah, que rico, uhm, mi culo!!

    L: ¡Quítate, uhm!!

    D: Ah, Luis, ¡no sabes cuánto deseaba tu verga!!

    L: ¡Déjame maldito!!

    No lo pude evitar, mi verga entro en su culo y el muy gustoso empezó a moverse como loca, se dejaba caer muy bien, de hecho, lo hacía como cualquier mujer c, yo me sentía el más puto del mundo, ¡mi hombría se estaba perdiendo todo por culpa de un gay drogadicto!

    El seguía moviéndose muy fuerte, ¡tanto que empecé a sentir placer en cada movimiento!

    Se bajó y se dio vuelta, el gay se dejaba caer en unos sentones magnifico, yo no podía evitarlo así que cerré los ojos y me imaginé a alguna de mis chicas, ¡pero su voz arruinaba todo!

    D: ¡Vamos, cógeme Luis, uhm!

    L: ¡Ah, que! ¡Dios!

    D: ¡Que verga, uhm!

    L: ¿Te gusta?

    D: ¡Esta de lujo!

    Resignado y ya valiéndome un poco, ¡talvez por la droga o la excitación lo tomé de la cintura como pude y comencé e embestirlo!

    L: ¡Eso quería perra uhm!

    D: ¡Ah, Luis, uhm!

    L: ¡Toma, uhm!

    D: ¡Si, así, uhm!

    Lo puse en cuatro y comencé a embestirlo con fuerza, ¡ya no controlaba nada solo lo cogía como la perra que era!

    L: ¡Querías verga, uhm!

    D: ¡Ah, uhm, ah, así, ah!

    L: ¡Muévete perra!

    D: ¡Si papi, uhm!

    ¡No podía creer que estuviera cogiendo con otro hombre y lo estuviera gozando!

    L: ¡Vamos puta, acomódate aquí!

    D: ¿Así?

    L: ¡Ahí te va!

    D: ¡Ah, que rico!

    Lo tenía de patas al aire dándole con toda mi fuerza, el gemía se movía y me pedía más duro, ¡yo como loco lo hacia mi perra!

    ¡Nunca me hubiera imaginado que su culo me daría tremendo placer!

    D: ¡Así, uhm, agh!

    L: ¡Uhm, toma, uhm!

    De pronto el comenzó a correrse, su pene sacaba pequeñas explosiones de semen, ¡yo lo tomé con violencia y le di con toda mi fuerza!

    L: ¡Ah, me vengo, uhm!

    D: ¡Si, si!

    Se la saque, me quito el condón y abrió la boca, ¡yo lo tome de su cabeza y expulse mi leche en su cara!

    ¡Luego le metí me verga a su boca y disfruté de mi orgasmo follándole la boca con fuerza!

    Una vez terminada mi iniciación ene l sexo gay, tomé mi ropa ya con mayor movilidad y como si hubiese sido víctima de algo paranormal, me acosté a lado de mi hermano y dormí, tratando de olvidar que cogí con Dante.

    No podía olvidar como jadeaba Dante, eso me llevó a querer experimentar nuevamente una situación así, aunque en esa época me sentía gay y creí que jamás Lety debería de saber, pero un giro inesperado dio todo esto y se los contaré más adelante.