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  • Victoria, mi compañera de trabajo

    Victoria, mi compañera de trabajo

    Victoria, trabaja conmigo en una empresa distribuidora de golosinas. La verdad es que es una excelente secretaria y compañera. Es una mujer muy eficaz en sus tareas y además siempre está dispuesta a ayudarnos a todos, una vez que ella termina su trabajo. Nosotros conversamos bastante, ya que mi escritorio, en la empresa, está cercano al suyo. Bromeamos bastante y creo que tenemos muy buena onda, por lo menos, mis días se hacen más entretenidos con sus comentarios bien ocurrentes y muchas veces en doble sentido y pícaros.

    Viqui, es una mujer de 35 años, divorciada, es morocha de cabello enrulado, estatura mediana y de buenas curvas. La parte que más me gusta describir de ella es su hermosa cola, bien parada y dos tetas que vuelven loco a cualquier hombre, creo que su talla es 100. Lo que quiero contar es algo que sucedió hace aproximadamente un mes atrás. Viqui, me había contado que había alguien del edificio, más precisamente del piso de abajo, de otra oficina comercial que le gustaba. Se solían cruzar con esta persona en el ascensor muchas veces, en la planta baja del edificio, al llegar o al salir del mismo. Es decir que los encuentros eran frecuentes. Aprovechaban para intercambiar alguna palabra. Hasta donde sé, ya se habían pasado sus números de celular. Recuerdo bien que era viernes y yo llegué de las diligencias pasadas las 15:00 h. a la oficina y todos nuestros compañeros estaban reunidos con el gerente en la sala de reuniones. Esta vez decidí no entrar la reunión, ya que dada la hora seguramente faltaría poco para finalizar. Como era costumbre ella no participaba de estas reuniones ya que estaba al teléfono y disponible por si alguien debía ser atendido.

    Ni bien llegué, me acerqué a Viqui y le dije que estaba muy lindo para salir esa noche, que si no fuera por ese con el cual se mensajeaba, yo la invitaría a salir. A lo que sonrió y no me dijo nada. De verdad que esa mujer me provocaba muchas ganas. Me di cuenta que ella, entre risas estaba teniendo un chat muy entretenido. Fue en ese momento, mientras nuestros compañeros seguían en reunión que Viqui comenzó a enviar fotos de ella muy hot al grupo de whatsapp del equipo de trabajo. Fueron 3 fotos al mismo tiempo que entraron en el grupo. Cuando las vi, me quedé inmóvil.

    Ya no debería imaginarla desnuda sino que frente a mi tenía a ese pedazo mujer, una de las fotos la mostraba en 4, la otra exhibiendo sus hermosas tetas y la última, con la tanga corrida tocando sus labios. Al escuchar voces en la sala de reunión reaccioné y caí en la cuenta que seguramente la reunión estaba finalizando y que lo más posible era que ella no supiera lo que había ocurrido, solo atine a decirle rápidamente que viera lo que había enviado al grupo. Nunca vi a una persona tan sonrojada y llena de vergüenza, pero estaba a tiempo de que nadie más viera lo que yo pude observar. Inmediatamente eliminó las imágenes del grupo.

    Desde ese momento la sentí muy distante. Pero al retirarnos de la oficina, esperó a que yo saliera y me agradeció el haberle avisado y se disculpó diciéndome que eran para su nuevo amigo, cosa que yo ya sabía. Yo le dije que no se sintiera mal por lo que había pasado pero que no podía dejar pasar el decirle que era una hembra fenomenal.

    Esa noche salí con amigos, tomé varias cervezas y, al volver busque las fotos de mi compañera de trabajo, las cuales rápidamente esa tarde había descargado en mi móvil y, me excité tanto que debí calmar mis ganas de Viqui con una hermosa paja que la disfruté tanto como a esas fotos que se grabaron en mi memoria.

    El sábado por la noche, mientras estaba duchándome para salir nuevamente de copas con amigos me sorprendió un llamado a mi móvil. Era Viqui, me decía que no podía dejar de sentirse mal por lo que sucedió el día anterior y que no sabía cómo agradecerme. A lo que contesté que yo solo había hecho algo por ayudarla por todo lo que ella había hecho tantas veces por mí. Y si la dejaba más tranquila hablarlo personalmente, la invitaba a tomar una cerveza, obvio que si ella no tenía planes. Me dijo que si tenía planes pero que eran cancelables, que necesitaba verme.

    A las 22 h pasé por su departamento a buscarla como acordamos y nos fuimos al centro de la ciudad, a un pub que suelo frecuentar. Comimos una pizza y tomamos un par de cervezas. Ella estaba más hermosa que nunca, con jeans elastizados y una remerita que se pegaba a su cuerpo, marcando a la perfección su silueta. No sé si era que me gustaba tanto esa mujer, que estuviera vestida como fuera me volvería loco de igual forma. Las cervezas nos desinhibieron y tocamos el tema, y no quise dejar dudas que las fotos me habían impactado y que no podía dejar de admirarlas.

    Ella tomó una de mis manos y me dijo vamos a casa. Caminamos, estábamos a 10 cuadras. Subimos a su departamento, ni bien entramos puso llave en su puerta y me besó sorprendiéndome, nuestras lenguas se juntaron rápidamente y comenzamos a sacarnos la ropa. La dejé solo con su tanga y comencé a besar su cuello, rápidamente fui bajando, besé y mordí sus redondas tetas a lo que ella gemía tan lindo que me puso a mil. Mi pija estaba que explotaba. Y sus manos la buscaban, ella la sacó de mi bóxer y empezó a sacudírmela con fuerza. Yo no aguantaba más y quería saborear su concha. Empecé con sus labios suavemente y luego seguí con su clítoris, ella estaba tan húmeda y rica que no me podía mover de allí. Ella pedía mi verga, la quería chupar.

    Me acosté en su cama boca arriba y la incorporé sobre mí de tal forma de poder hacer un 69. Ella se desesperaba con mis movimientos de lengua y se tragaba mi pija. Que hermoso espectáculo tenerla así de esa manera. Le dije que la quería coger toda la noche, empezá ya me dijo, quiero tener eso adentro mío. Le metí la cabeza y entró toda en un momento, estaba muy mojada. Con cada embestida mía ella me acompañaba en el vaivén. Ella estaba desesperada y comenzó a temblar mientras se corría, me apretó muy fuerte contra sí y clavaba sus uñas en mi espalda, Yo ya no daba más, sus movimientos me mataban y ella diciéndome que quería tragarse toda mi leche me puso a mil. Saque mi pija y ella comenzó a pajearme y terminó metiéndosela en la boca, jugaba con su lengua y estallé en un grito de placer y la llené de leche. Ella la quiso tomarla toda.

    Que hermoso polvo con esta mujer!!! Ese fue el primero de tres esa noche.

  • Cogiendo en la cabina de un tren de pasajeros

    Cogiendo en la cabina de un tren de pasajeros

    —¿Estás bromeando verdad? —Preguntó John un poco sorprendido.

    —¿De verdad crees que estoy jugando niño? ¿Dame un precio? ¿Cuánto vale el coñito rubio de tu mujer? —Preguntó con insistencia.

    —¿Dinero? No quiero, espero podamos llegar a un acuerdo razonable.

    —¿Piel por piel? Acepto. —Contestó mientras se desabrochaba la blusa y dejaba expuestas al aire libre sus maravillosas tetas.

    Jhon tomó la mano de Fabiana, su mujer, y la guio hasta mí. De repente aquella rubia perfecta de cara angelical estaba de rodillas ante mí.

    Abrió la cremallera de mi pantalón y dejó expuesta mi verga. La aseguró con sus manos y empezó a chuparla. Subía y bajaba; con su lengua hacia un movimiento circular sobre mi glande y finalizaba aquel movimiento intentando engullirla toda generándose arcadas realmente excitantes.

    Le quité la blusa y el sostén. Sus tetas eran exquisitas. Tenían el tamaño perfecto. Su tez blanca resaltaba el color rosa de las aureolas de sus senos. Sus pezones eran delicados.

    Mientras Fabiana se atragantaba con mi verga, aprovechaba la oportunidad para apretujarle las tetas; arrancándole pequeños gemidos.

    Del otro lado de asiento yacía Ariana recostada con las piernas abiertas masturbándose.

    —Ven aquí campeón, demuéstrame de lo que estás hecho. —Dijo.

    Jhon se arrodilló y empezó a comerle el coño húmedo, mientras ella lo sujetaba con fuerza por la cabeza; literalmente se estaba masturbando con su cara.

    Me levanté y coloqué a Fabiana justo al lado de Ariana, de un jalón le arranqué el jeans para revelar un sensual bikini negro. Lo retiré lentamente, estaba algo húmedo. Los líquidos vaginales de Fabiana la delataban. Aquella felatio la había dejado bien caliente.

    Le abrí las piernas y empecé a succionar y beber la miel que destinaba de su rajita. Mi verga estaba tiesa y lista para follarla.

    A nuestro lado, Jhon e Ariana lo pasaban genial. Él le comía la concha con intensidad y ella se mordía los labios.

    Los cuatro estábamos muy cerca. Una que otra vez cruzábamos miradas disfrutando el momento. Me prepararé para penetrar a la rubia. Ella se aseguró la mano de su marido mientras lentamente yo la penetraba. Fue un momento de aquellos inolvidables. Coloqué mi verga en la entrada de su hinchada, húmeda y rosada vagina; las palpitaciones de su corazón se reflejaban como pequeñas contracciones en el clítoris.

    La aseguré por la cadera y fui introduciéndome lentamente en ella hasta llegar al final, allí finalmente sonrió al sentirse llena y empezó a moverse mientras sujetaba la mano de su marido.

    —¡Ahhs! Oh, Jhon es enorme. Casi no puedo moverme… Ummhhh! Amor está bien adentro. Sigue no pares, coge así, rico con fuerza… —decía en éxtasis.

    Ariana y Jhon no aguantaban la calentura viéndonos coger de lo mejor. Él se sentó junto a Fabiana mientras yo no paraba de follármela con fuerza. Se acercó y la besó cariñosamente y le mordió un pezón. Lo estaba disfrutando igual que yo.

    El clímax de la excitación fue ver a Ariana preparándose para coger. Ella tenía el control. Se colocó encima de Jhon, untó un poco de saliva en su raja, se posó sobre su verga y se sentó de un sólo tirón.

    —¡Uff! ¡Que rica! ¡Me encanta! Jódeme carbón… vamos mantenla no me dejes ir… —decía, al tiempo que me miraba morbosamente. Al fin realizamos una de tantas fantasías sexuales que tenemos por hacer.

    La verga de Jhon casi de inmediato estaba empapada con un líquido lechoso, blanco, producto de la lubricación que destilaba la puta de mi mujer.

    Los gemidos inundaron la cabina del tren donde viajábamos los cuatro ese día. Mientras jodía a Fabiana le manoseaba el culo a Ariana quien cabalgaba de lo más rico.

    Fabiana me suplicaba que le dieran con fuerza y que al fin me corriera al tiempo que Ariana se sobaba el clítoris con fuerza.

    Luego de una par de buenas sacudidas me corrí en el coñito caliente de Fabiana, grandes cantidades de semen inundaron su interior hasta desparramarse poco a poco. Un creampie perfecto en un momento perfecto en una concha perfecta.

    A nuestro lado Ariana se empalaba con fuerza.

    —¡Damela hijo de puta, la quiero toda! ¿A ver dónde está la leche, mierda? —Le gritaba con fuerza.

    Ante tal escena Jhon no pudo soportar más y justo antes de irse Ariana se desmontó para recibir junto a Fabiana un baño de leche caliente. Al final remataron la escena con un pequeño beso.

    Lo más difícil fue limpiar el desastre. Alguien preguntó: ¿El sexo es sucio? Respuesta: Solo cuando se hace bien.

  • Citas que salen mal, muy mal

    Citas que salen mal, muy mal

    Llevaba varios años usando la misma aplicación de citas. En ocasiones la utilizaba para intentar encontrar una relación formal, sin ningún éxito por el momento, y en otras simplemente necesitaba sexo y era un método fácil y rápido para conseguirlo.

    Sólo tenías que añadir un perfil con tus gustos, edad, alguna foto, etc. y en un momento te buscaban candidatos con gustos similares a los tuyos.

    Una opción sexual que me encantaba usar era el «Intercambio de fantasías». Podías añadir una fantasía que te gustaría llevar a cabo, y si había alguien dispuesto a aceptarla te ofrecía otra que a él o ella le apeteciera. Sólo había que encontrar a dos personas que se pusieran de acuerdo, y la verdad es que no resultaba nada complicado. La mayoría de los tíos, si les satisfacías su fantasía, hacían lo que hiciera falta por tener una noche de sexo sin compromiso.

    No me considero la chica más sexy, pero parece que hay algo de mí que gusta a los chicos. Siempre alaban mi cuerpo. Tenía unas fotos en falda que triunfaban en la App. Llevaba años con las mismas. Si algo funciona para que cambiarlo. Nada más subir una fantasía, en unos minutos ya tenía varias solicitudes pendientes.

    El caso es que un viernes, después de salir del trabajo estaba agotada mentalmente, y tenía ganas de empezar fuerte el fin de semana. Añadí mi fantasía, marqué una distancia relativamente cercana a mi piso, y en cinco minutos ya tenía a dos candidatos.

    La verdad es que las fantasías de la gente casi siempre eran originales. Solía ponerme bastante nerviosa al ver las que me ofrecían los chicos. Con solo hacer click en Aceptar ya tendría que hacer «eso» con un desconocido. Era algo de locos.

    El chico A me pedía que me dejara atar a la cama, amordazarme y esas cosas. No es que esté en contra de estas prácticas, pero me daba cierto reparo hacer algo así con alguien desconocido. Además, había que quedar en mi piso.

    Al final me decanté por el chico B, Zak. Ponía su casa a nuestra disposición, y vivía un poco más lejos de mí, pero se ofrecía a pagar el taxi de ida y vuelta. Su fantasía consistía en lo siguiente «Déjame chuparte los pies, meterme los deditos en mi boca y notar como los mueves dentro». No recordaba haber hecho nada parecido nunca, pero tampoco me desagradó la idea. Me estaba poniendo un poco cachonda pensando en su lengua lamiéndome entre los dedos.

    ¿Desea aceptar? Sí.

    Cita concertada. Disfrútala y no olvides valorarla cuando termine.

    Habíamos quedado en una hora. Tenía tiempo para darme una ducha, lavarme los pies más a fondo que nunca en mi vida, y ponerme mona para mi encuentro. Me eché mi perfume favorito. Recuperé un vestido corto, blanco y ajustado que pensaba que había perdido, y me puse esos zapatos rojos de tacón tan incómodos, pero que supuse que a un fetichista de los pies le encantarían. Y me hice una coleta con una trenza, para estar preparada para la fantasía que había pedido. Por muchas veces que había hecho esto, siempre tenía un nudo en el estómago al prepararme para una cita de este tipo.

    El taxi llegó a las 21:10 a mi puerta. Bajé las escaleras con mucho cuidado de no torcerme un tobillo, y le pedí al taxista que me llevara a la dirección de mi nuevo amigo. Hablan mal de las nuevas tecnologías, pero nunca fue tan fácil hacer amistades o ligues como hoy en día. Luego saldrán bien o mal, pero eso ya es otro cantar.

    Durante el trayecto iba pensando en mi fantasía. Normalmente solía pedir cosas como masajes en el culo (con aceite corporal) o que me lamieran el clítoris hasta correrme. Esta vez no, preferí pedir algo distinto: «Quiero que me pongas a cuatro patas y me la metas fuerte mientras me agarras del pelo». No conozco a ningún hombre que diría que no a algo así. Bueno si, algunos creen que es degradante para la mujer follarlas como si fueran un animal. Ellos se lo pierden, sosos.

    Aquello no era una casa normal, más bien parecía una mansión. Me sentía intimidada al entrar por la puerta exterior. Tenía una finca enorme, con mucha vegetación y muy cuidada. Llegué a la puerta y él ya me estaba esperando. Nos saludamos con dos besos y los dos parecimos contentos al ver cómo era el otro. Ninguno de los dos mentimos en las fotos. Ya era algo bueno.

    Pasamos al salón y todavía quedé más alucinada. Todo era muy lujoso. Zak me tenía preparados unos entrantes y bebida. No solía ser lo normal. Casi siempre iba todo más rápido… saludos, besos, ropa fuera y a la cama. Me contó que trabajaba de fotógrafo para una revista. Me pareció interesante. Noté que era tímido, le costaba aguantarme la mirada, y no era muy hablador. Se notaba que le costaba hablar durante un rato seguido, así que traté de ponérselo fácil y hablar yo más de lo habitual. Nos tomamos una copa de vino y picamos algo mientras nos conocíamos. Al cabo de un rato me empecé a notar mareada, ya que no estaba acostumbrada a beber tanto alcohol.

    Una media hora después la cosa fue a peor. Me empecé a notar sudorosa y cuando quise decirle que me encontraba mal se me empezó a nublar la vista y… no recuerdo nada más.

    Cuando desperté ya no estaba en la misma habitación. Tenía una correa atada en el cuello, y la correa estaba sujeta por una cadena metálica a una especie de gancho en la pared. Estaba de pie, con la espalda pegada en la pared, y sin holgura para moverme más que un par de centímetros. Notaba el corazón bombeando muy fuerte y muy rápido. Estaba sudando a chorros con los nervios. Intenté gritar pero no pude, ya que tenía una mordaza de bola en la boca. Cuando quise usar las manos para intentar soltarme noté que tenía las muñecas atadas con esposas en la espalda. Tras un minuto que se me hizo eterno, Zak entró en la habitación con mi móvil en la mano. Se acercó y se puso en frente de mí y empezó a sacarme fotos. Me enseñó alguna foto y a continuación abrió el Whatsapp. Grité como pude y le dije que no con la cabeza.

    -Si te portas bien no lo haré. -Dijo Zak.

    Salió de nuevo de la habitación cerrando la puerta al pasar.

    La habitación estaba casi vacía. Sólo había una bombilla, una silla delante de mí y la calefacción pegada a una pared. En el suelo estaba tirado mi vestido blanco y el sujetador. Con la angustia no me había dado cuenta de que estaba semidesnuda. Con dificultad miré hacia mis piernas y pude ver que la única ropa que tenía puesta era mi tanga y los zapatos de tacón.

    Estar en esa posición, sin apenas maniobra, y con los pechos desnudos, me hacía sentir totalmente avergonzada. Me sentía cómoda con el sexo, pero no estando desnuda delante de nadie. Soy de las que hacen el amor con la luz apagada. Pensé que podría darle una patada en los huevos a Zak cuando se acercara a mí, pero me di cuenta que eso no me serviría de nada. Seguramente empeoraría mi situación. Pensé en todo el rollo de los zapatos, la fantasía estúpida de los pies, y con la rabia me saqué zapatos con los dedos de los pies, y los lancé hasta la pared.

    Con la mordaza puesta no podía tragar bien, estaba incómoda con la boca tan abierta, y notaba como me caía la saliva por la barbilla, luego por el pecho, hasta caer en el suelo. Ya había un pequeño charco en el suelo.

    Al cabo de un rato apareció Zak con un cuenco de agua, y otros objetos que no alcancé a ver bien. Posó todo en el suelo, cerca de mí, y al ver los zapatos tirados por el suelo, los cogió y se acercó con una seguridad que no le había visto hasta ahora. Parecía tímido hablando, pero ahora lo veía con una seguridad exagerada.

    -Levanta la pierna -me ordenó.

    Obedecí sin rechistar. Zak me cogió el pie con delicadeza e introdujo de nuevo el zapato. Cuando terminó con uno, levanté la otra pierna y me introdujo el otro zapato. Me sentí como una niña pequeña, a la que su padre le dice que no haga una cosa, y ella hace todo lo contrario para llamar la atención. Solo faltaba que me castigara sin merienda.

    -No se te ocurra hacerlo de nuevo -me dijo.

    Sacó mi móvil del bolsillo y me apuntó con la cámara. El flash estaba encendido continuamente, así que me di cuenta de que estaba grabando un vídeo.

    -Ahora quítate el tanga.

    Prefería quitármelo yo, a ver cómo me lo quitaba él por la fuerza, pero con las manos atadas y con el cuello tan amarrado no era nada fácil. Con las puntas de los dedos de las manos bajé el tanga lo que pude, pero solo fueron unos centímetros. Dije que no con la cabeza, pero Zak no dijo nada y siguió grabando. Me esforcé en llegar más abajo con las manos, bajando el cuello hasta el límite que me dejaba la cadena, y pude bajar otro poco el tanga. Agité las piernas durante un rato y dando pequeños saltitos, hasta que pude bajarlo otro poco más. No recuerdo una situación en mi vida donde pasara más vergüenza.

    El cabrón de Zak sonreía con gesto de aprobación. Conseguí levantar una rodilla hasta el tanga y por fin cayó a mis pies. Acercó su mano y levanté una pierna para darle el tanga que colgaba en mi zapato. Zak se acercó la ropa interior a la cara y la olió, para luego metérsela en el bolsillo. ¡Maldito cerdo! Luego se acercó a mi cuello y quitó el candado de la cadena. Me dijo que me sentara, y volvió a colocar de nuevo el candado a la nueva altura, en otro gancho más abajo.

    -Te dejo material para afeitarte. Pensé que ya vendrías lista de casa, pero veo que no. Asegúrate de dejarlo bien suave tanto por fuera como por dentro de los labios. Luego volveré y me enseñas que tal quedó.

    Había perdido totalmente la noción del tiempo. No sabía si había pasado media hora, una, o cinco. Estaba atada por el cuello en una habitación, con un enfermo mental en la habitación de al lado, esperando a que me afeitara el pubis. No se me ocurría una situación más divertida para un Viernes noche. Al darme cuenta de la situación rompí a llorar como una idiota.

    No recordaba haberme afeitado completamente nunca en la vida. Solía rebajarme con una tijera y afeitar un poco las ingles para ir a la playa, pero nada más. Zak me había dejado agua templada, una cuchilla nueva, espuma de afeitar y una toalla pequeña. La posición en la que estaba tampoco era muy cómoda, con la cabeza pegada a la pared, pero eché el culo todo lo que pude hacia delante. Me eché agua por toda la zona, luego espuma y empecé a rasurarme con mucho cuidado de no cortarme. Después de hacer un buen repaso volví a realizar el proceso de nuevo para dejarlo perfecto, y que ese hijo de puta me diera el visto bueno.

    Gemí para avisar a Zak de que había terminado, y él apareció al momento. Me daba mucho pudor enseñarle aquello tan rasurado, ya que estaba convencida de que esas cosas solo las hacían las prostitutas y alguna guarrilla para contentar a su novio pervertido. Yo tenía las piernas cerradas y Zak sonrió. Solo tuvo que echarme una mirada para que abriera las piernas dejando ver mis labios rosados. Se agachó y paso los dedos recreándose en la suavidad. Luego cogió la llave del candado y me quitó la cadena, para dejarme suelta esta vez.

    -Bien, ahora ponte a cuatro patas que voy a terminar el trabajo.

    Estaba claro que no solo quería terminar de afeitarme, si no que sobre todo buscaba avergonzarme, poniéndome en una posición tan expuesta. Justo en ese momento recordé mi petición en la App. Si quería humillarme todavía más, ese sin duda era un buen momento. Pero Zak no tenía intención de follarme a cuatro patas, o al menos no en ese instante. Se sentó en el suelo detrás de mí, tan cerca de mi vagina que podía notar su respiración en mi piel. Cuando me echó agua con la mano por la zona del ano, no pude evitar contraerlo, al cogerme de sorpresa. Entonces agitó el bote de espuma y comenzó a extenderlo por la zona, pasando su dedo por el ano suavemente, lo que hizo que se relajara un poco y se abriera levemente. Pareció que aquello le gustó, y siguió pasando el dedo en círculos hasta que se abrió de tal forma que pudo introducir la punta del dedo sin resistencia.

    Debió quedar satisfecho con aquello, por lo que dejó de juguetear con mi ano y finalmente comenzó a afeitarme. Lo hacía con mucha suavidad, por lo que nunca tuve miedo de que me hiciera un corte, aunque seguía dándome reparo tener a alguien metiendo sus morros en mis genitales. Por un momento se me pasó por la cabeza la idea de hacer fuerza y mearle encima, pero pensándolo bien, seguro que aquello le haría todavía más feliz. Gotas de agua mezcladas con espuma bajaban desde el ano, pasaban por mis labios inferiores haciéndome cosquillas, y finalmente iban a parar al suelo. Y algo similar pasaba en mi boca, al no poder mantener la saliva por culpa de la mordaza.

    Zak sacó una hoja de algún lado y me la puso a la vista, en el suelo, para que pudiera leerla.

    -Estas son tus obligaciones a partir de ahora. No son negociables, así que no quiero ninguna protesta.

    En el folio había 30 puntos con indicaciones sobre mi comportamiento, desde no poder hablar sin permiso, tener que andar siempre a cuatro patas, beber con la lengua como los perros, y toda clase de guarradas que no puedo ni recordar. Lo que parecía claro es que quería tener una mascota humana, y lo peor de todo, es que no tenía intención de dejarme marchar hasta sabe Dios cuando.

    Entonces me puso una correa y me obligó a pasear por toda la casa. Me pegó un tirón para que comenzara a andar. En la mano llevaba una vara de madera que utilizaba para corregirme cuando hacía algo que no le gustaba. Por lo visto debí cometer muchos errores, porque cada dos por tres me daba con la vara en el culo o en las piernas. Algunas cosas me quedaron claras, como que no podía mirarle a la cara, sino que tenía que mirar siempre al frente, que debía andar con el culo bien alto, o que debía andar de forma sexy. Me paseó durante tanto tiempo que las rodillas y las muñecas las tenía doloridas. Pero claro, las mascotas no pueden quejarse. Después de una hora de entrenamiento, o algo así, estaba exhausta. Zak lo debió notar, porque yo ya no conseguía andar sin perder el equilibrio cada pocos pasos.

    -Lo dejaremos por hoy. Creo que has mejorado bastante. Para ser tu primer día puedes estar contenta. Deberíamos descansar por hoy. Bebe, anda.

    Me señaló un cuenco con agua y le obedecí al instante. Estaba sedienta. Era una tortura tener que beber con la lengua, pero era mejor que nada. Mientras tanto, Zak me acariciaba la espalda y el culo. Era asqueroso.

    -Buena chica -dijo Zak. Y volvió a tirar de la correa para llevarme a otro lugar. De reojo pude ver el reloj que había en el pasillo. Ya eran cerca de las dos de la madrugada. Solo quería irme a casa y disfrutar de la soledad.

    Para llegar a la primera planta tuvimos que subir por las escaleras. Podéis imaginar lo complicado que es subir a cuatro patas, y no de cualquier forma. Siempre sexy y con la posición correcta. Una vez subidas las escaleras pasamos por otro enorme salón, seguimos por un pasillo donde había varias estancias cerradas, y al fondo de todo estaba su habitación. Después de ver el resto de la casa imaginaba otra cosa, pero la habitación era bastante normalita en cuanto a tamaño y decoración. Eso sí, la cama era enorme. Cuando me hizo pasar por la puerta puede ver algo más, que no me gustó nada, pero que viniendo de alguien así no era de extrañar. Al lado de la cama había una jaula esperando por mí. Era relativamente grande, metálica y con pequeños barrotes verticales. Seguramente era una jaula de perro grande, con el suelo acolchado para más comodidad. ¡Qué atento y amable!

    Con la correa me llevó hasta dejarme frente a la jaula. Yo solo miraba hacia la que iba a ser mi cama esta noche, ya que tenía prohibido mirarle directamente. Entonces me liberó de la correa. Luego se acercó por detrás y se agachó a mis pies para quitarme los zapatos. Lo hizo tan lentamente que me hizo sentir muy incómoda. Entonces me dio una palmada en el culo y yo entré sin rechistar. Zak colocó los zapatos al lado de la jaula, supongo que preparados para que me los pusiera por la mañana.

    -Puedes quitarte la mordaza -me dijo.

    Como supuse que no me permitía cambiar de posición, apoyé la cabeza en el suelo para poder llegar con las manos a la nuca y desabrochar la mordaza. Cuando pude quitarla fue una gran liberación. Abrí y cerré la mandíbula lentamente para comprobar que todo estaba bien, pero todavía tuvo que pasar un buen rato para que me pasara el dolor.

    En la jaula, colgando del fondo, había una especie de biberón con agua, por si me entraba la sed por la noche. Y al lado, un cuenco con lo que se supone que era comida. Unas pequeñas bolas marrones con una pinta horrible. Luego pude comprobar que el sabor no era mucho mejor que la pinta. Y a un lado, cerca de mis pies, había un cuenco sin nada, y aunque Zak no me dijo nada, supuse que quería que hiciera las necesidades en él.

    -Durante la noche puedes dormir en la posición que quieras. Ponte cómoda.

    Genial. Tenía todas las comodidades. Desnuda en una jaula, en la habitación de un loco, con abundante bebida y comida. Qué más podía pedir. Y todo gratis.

    Cuando ya me estaba colocando en la jaula para intentar dormir, pasó algo totalmente inesperado. Se escucharon pasos por el pasillo, y me giré para ver qué es lo que pasaba. Lo que no me cuadraba es que no escuché abrir la puerta de la casa, ni ningún otro ruido anterior a los pasos. Al cabo de unos segundos apareció alguien en la puerta. Para mi sorpresa, pero no para Zak, apareció una chica alta, de cerca de 1.80, vestida con lo que me pareció una especie de uniforme de sirvienta sexy. Tenía el pelo rubio y peinado con una coleta súper larga. El uniforme era ceñido, por lo que pude ver que tenía un cuerpo muy bonito, unos pechos ni muy grandes ni pequeños, bien tersos, unas piernas largas y estilizadas. Vamos, para entendernos, que estaba muy cachonda. El uniforme era blanco con detalles en negro, vestía zapatos blancos de tacón, unos guantes largos brillantes, y unas medias tipo panty con puntilla.

    Cuando pasó por mi lado, en dirección a la cama, pude ver algo en lo que no me había fijado, y es que para darle el toque guarro a su atuendo, no llevaba braga ni tanga, y además, colgando de la vagina, había un tubo estrecho de goma, que terminaba en una especie de pera a la altura de sus muslos. Lo reconocí de haber visto algún video porno en internet, por lo que dentro de la vagina supe que tenía una especie de globo de goma hinchado. Como era de esperar, como todas sus putillas, estaba afeitada totalmente. Traía una bandeja con un vaso que contenía alguna bebida caliente, y unas galletas o algo parecido. Zak se lo tomó en un par de minutos y los dos se acostaron, pero él no le hizo mucho caso ni tampoco se le acercó. Si no fuera porque me había secuestrado, desnudado, y tratado como a una perra, diría que no tenía interés por el sexo femenino. No consigo entender a los pervertidos.

    Tardé un buen rato en dormir, a pesar de que estaba muy cansada. Me puse a pensar en cómo había conseguido a una chica como esa. En la app seguro que no. O la había secuestrado o le pagaba como Escort o puta de lujo. Más bien me decantaba por la primera opción. También me dio por pensar en por qué me había elegido a mí, si en comparación con esta mujer quedaba en muy mal lugar. Quizá quería tener un poco de todo, a la modelo exuberante, y a la vecina apetecible. Dándole vueltas a estos temas me quedé finalmente dormida.

    Me desperté en medio de la noche, con ganas de mear. Al intentar levantarme me di con la cabeza en el techo de la jaula. Por un momento no recordaba en donde estaba. Pensé en hacérmelo encima para tocarle un poco los huevos a Zak, pero seguro que me dejaría mojada toda la noche. No me quedó otra que coger el cuenco que tenía a mis pies, abrir las piernas todo lo que me dejaba la jaula, y ponerlo debajo. No hacía pis fuera del WC desde que era una niña, y no tenía la seguridad de que todo fuera a terminar en el cuenco. Empecé a hacer fuerza y el primer chorro ya me salió directo a la pierna. Joder. Luego conseguí apuntar bien, pero siempre salpicando un poco por fuera. ¡Qué asco! Terminé justo cuando ya no había espacio para más. No tenía nada con que limpiarme. Aparté el cuenco hacia la esquina y me froté un poco la pierna mojada contra el cojín de la jaula. Me costó mucho dormir después de eso.

    Eran las 8 de la mañana y un despertador estaba sonando en la habitación. La sirvienta zorra entró para apagarlo y me abrió el candado de la jaula. Zak ya no estaba. Me hizo un gesto con la mano para que saliera, y según saqué la cabeza me puso la correa. Me pegó un pequeño tirón para que empezara a gatear. Salimos al pasillo y entramos en la segunda puerta a la derecha. La ducha estaba abierta, y la sirvienta me hizo entrar en ella a cuatro patas. El plato de ducha era muy grande. Me empezó a echar agua por los pies, y aunque al principio me pareció muy caliente, al poco rato me pude acostumbrar. Entonces empezó a echarme agua por todo el cuerpo hasta mojarme completamente. Con una esponja me comenzó a enjabonar el cuerpo.

    -Por favor, ¡¡sácame de aquí!! -le dije aprovechando que estábamos las dos solas.

    La chica torció el gesto, y sin responder, miró hacia la parte superior de la ducha. En esa esquina había una cámara apuntándonos y lo que parecía un pequeño micrófono, por lo que me di por enterada y no abrí más la boca. Espero que Zak no estuviera escuchando.

    La sirvienta siguió frotando, sin mucha suavidad, todo hay que decirlo. Me hacía un poco de daño, pero no dije nada y aguanté. Cuando terminó me hizo salir hacia una toalla situada en medio del baño y me secó. Lo hizo todo lo rápido que pudo, pero me dejó bien seca, eso lo puedo asegurar.

    Me volvió a colocar la correa y fuimos hacia la cocina. Zak estaba en la mesa desayunando un café con tostadas, pero al vernos llegar ni se inmutó. Lo que habría pagado por tomar lo mismo que él, a pesar de que el café no me hacía especial ilusión generalmente. En cambio yo tenía preparado, en el suelo, un cuenco de leche fría con algo que parecían cereales, pero ya blandos por llevar tiempo en la leche. Me lo tomé rápidamente para acabar con aquello, y me quedé mirando a Zak.

    -¿Qué se supone que estás haciendo? -dijo Zak secamente.

    Al instante giré la cabeza para mirar al frente. Me había olvidado totalmente de las normas.

    -Perdón amo -respondí con gesto avergonzado.

    -Genial, me miras a los ojos, y todavía no estás contenta y hablas sin mi consentimiento. Creo que ayer a la noche alguien no aprendió nada.

    Mierda. No estaba haciendo una a derechas. Seguro que el muy hijo de puta ya tenía un castigo pensado para mí.

    Después de terminar su desayuno, cogió la correa y me la enganchó al cuello. Pegó un tirón para que me pusiera en marcha y me llevó de paseo por toda la casa. Luego salimos al jardín y seguimos paseando. Esta vez Zak llevaba un látigo para azotarme cuando no hacía las cosas a su gusto. Cuando cerraba las piernas de más o me olvidaba de llevar el culo bien alto, me golpeaba sin compasión. El látigo era mucho más doloroso que la vara del día anterior, y además me dejaba unas bonitas marcas. Me fijé que el jardín era precioso. En otra ocasión habría disfrutado de un buen paseo por allí, pero hoy no tenía intención de hacerlo. Después de casi dos horas de entrenamiento me llevó a una esquina donde había un cuenco de agua. Me fijé que, al igual que el cuenco del desayuno, todos los demás que me dejaba utilizar estaban marcado con una pegatina a mi nombre. Zak se había molestado en tunearlos todos durante mi ducha, o incluso más temprano. El agua que bebí estaba horrible, no sé si sería agua de lluvia o qué, pero tenía tanta sed que me la terminé toda. Tenía las rodillas y las palmas de las manos en carne viva, de tanto gatear entre piedras, pinchos y demás objetos molestos. No sé si aquello era un castigo o no, pero yo tenía la esperanza de que lo fuera. No llevaba ni un día entero en ese lugar, y ya no podía aguantar más.

    Volvimos a dentro de la casa y nos dirigimos al salón. La zorrilla había colocado delante del sillón una jaula. Pero esta no era tan grande como la de la habitación. Era mucho más estrecha y un poco más baja. De todas formas me alegré al ver que también tenía un cojín para hacerla más cómoda. Zak me hizo un gesto con la cabeza para que entrara en ella, y me soltó la cadena. Era tan estrecha que me costó un mundo entrar. Allí dentro sólo podía estar de rodillas, y no podía moverme nada, ya que a los lados estaba ya apretada y hacia delante me daba la cara justo con el fondo. Bajé la cabeza casi hasta el suelo, para intentar descansar un poco la espalda, pero al verlo la sirvienta se acercó hasta mi.

    -Sube la cabeza -me ordenó.

    Sacó un candado de su disfraz y me ató la correa de mi cuello a la parte superior de la jaula, con lo que ya no tenía ningún posible movimiento.

    Mientras Zak Veía la tele, comía y descansaba en su sofá, allí seguía yo, desnuda y de rodillas, rezando para que me dejara salir de una vez. Desde las 11 hasta las 15:30 me tuvo allí metida. El olor de la comida era increíble, y con el hambre que tenía no paraba de babear, pero el cabrón no me dejó comer esa tarde. No sé si era parte de un castigo o qué, pero no iba a aguantar mucho tiempo así.

    Cuando le salió de los huevos, cerca de cinco horas después me sacó de allí, con todo el dolor de articulaciones que tenía, y me llevó de nuevo hacia el jardín. Se sentó en un banco de piedra y tiró una bola de goma a unos 50 metros de distancia. Por un momento me quedé parada, pero enseguida me di cuenta que Zak quería que fuera a recogerla y se la trajera de vuelta. Fui a por ella, la cogí con la boca con dificultad, ya que era demasiado grande, y se la devolví en la mano. Me cogió la pelota de la boca y a modo de recompensa me metió una galleta en la boca. Para variar, no sabía a nada. Pero me temía que aquella era la única comida que iba a probar en el día, así que me tomé muy en serio mi tarea de recoger la pelota. Pasamos otras dos horas con el jueguecito, con lo que el dolor en las rodillas y en las manos era ya inaguantable. Por contra, había saciado un poco mi hambre a base de galletas. Luego volvimos para dentro.

    Pasaba un rato de las 18 de la tarde, y ya podía decir que aquel era el día más largo de mi vida. El tiempo no podía pasar más despacio. Zak volvió a meterme en la jaula con el cuello atado arriba. Esta vez cogió una sábana y la puso por encima de la jaula, se acercó a la salida, apagó las luces y se marchó del salón. Las persianas estaban bajadas y las puertas cerradas por lo que me quedé a oscuras durante otro buen rato. Cuando por fin volvieron Zak y su putilla, pude ver en el reloj del salón que eran las 22:15. Debido al aburrimiento y al cansancio, incluso me había quedado dormida por momentos, aunque pareciera imposible hacerlo en aquella posición. Pero había un problema importante, y es que al dejarme tanto tiempo allí encerrada, no había podido aguantar las ganas de mear, y el cojín de la jaula estaba totalmente empapado, y gran parte había llegado al suelo. No tenía forma de librarme de una buena reprimenda.

    -¿Ni unas horas podemos dejarte sola? Me parece que hoy no es tu día. -dijo Zak mostrándose disgustado.

    Zak le dijo algo a la esclava, y al cabo de un rato ella volvió con una fregona y un tablero con ruedas. Con su ayuda, subieron la jaula al tablón entre los dos y ella se quedó fregando lo manchado.

    Zak me llevó, con ayuda de los ruedines, hacia el jardín. Imaginé que me dejaría toda la noche durmiendo en el exterior, donde ya era noche cerrada, pero no se portó tan mal esta vez. En cambio, abrió la jaula para sacar de debajo de mis piernas el cojín, no sin dificultad, y después me volvió a cerrar. Fue hacia la pared, donde había una manguera colgada, y volvió hacia mí con ella ya abierta. Sin darme tiempo para mentalizarme Zak me apuntó con la manguera directa a la espalda, y al momento se me encogió todo el cuerpo al notar el agua tan fría. Esta vez no pude evitar gritar.

    -Nooo, por favooor, ¡¡para yaaa!!! ¡¡Jodeeer!! ¡¡Paraaa Paraaaa!! ¡¡Maldito hijo de putaaa!!

    Zak sonrió y siguió apuntándome, ahora hacia la cara, el pelo, y no paró hasta dejarme totalmente empapada y perfectamente limpia. Con el frío que hacía a esas horas, y lo fría que estaba el agua, terminé con todo el cuerpo temblando desde los pies a la mandíbula. Me hizo salir de la jaula, y esta vez me hizo levantar y me llevó apuradamente hacia la casa, cogida por los pelos. Me di cuenta que estaba realmente enfadado, porque esta vez no fue nada cuidadoso conmigo, y hasta me hizo gritar de nuevo con el dolor al tirar tan fuerte del pelo.

    -¡¡Espera esperaaa, por favoor!!

    Me llevó con la asistenta y le dijo que me secara bien. En el baño me secó bruscamente y una vez terminado me llevó a la jaula de la habitación. Tardé casi media hora en recuperar mi temperatura normal. Por suerte ya estaba en mi jaula «cómoda» y podría descansar. El día había sido terrible, y no tenía esperanzas de que el siguiente fuera mucho mejor.

    Pero todavía quedaba una sorpresa antes de terminar el día. La sirvienta entró en la habitación con un recipiente plástico con agua. Vino hacia mi lado pero pasó de largo, hasta colocarse de rodillas en un lado de la cama. Estiró los brazos y tiró de la madera que cubría la parte inferior de la cama. De debajo de la cama salió un cajón del largo de la cama. El cajón tenía una tapa en la parte superior, con tres cerraduras que se abrían con una misma llave. En el interior del cajón había una persona. Ahora que os cuento esta historia, se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Era algo enfermizo. El cuerpo estaba totalmente momificado con una cinta de color rojo. Tenía hasta la cabeza cubierta, de donde sólo se veía salir un pequeño tubo de la boca y unos pequeños agujeros en la nariz. Por lo abultado de los pechos pude deducir que era una chica. Noté como movía ligeramente la cabeza, al notar el movimiento del cajón al abrirse. Tenía varias ataduras que la fijaban al fondo del tablero, por los tobillos, encima de las rodillas, por la cintura, encima de los pechos, en el cuello y en la frente. Se escuchaba un gemido muy leve. La sirvienta cogió el plástico con agua y lo enchufó en el tubo de la boca, apretando poco a poco para darle de beber. Cuando terminó sacó el plástico y puso un pequeño tapón en el tubo de la boca, con lo que solo le dejaba respirar por los pequeños orificios de la nariz. Una vez terminado volvió a cerrar con llave la tapa, guardó de nuevo el cajón y se marchó.

    Esto me dejó en estado de shock. No pegué ojo en toda la noche. No dejaba de pensar en la pobre chica. ¿Cuánto tiempo llevaba metida en ese cajón? Desde que yo había llegado a la casa no había visto ningún movimiento, por lo que estaba casi segura de que al menos 24 horas llevaba ahí escondida. El cajón estaba bien aislado, porque no había escuchado nada durante toda la noche. ¿Quién era esa chica? ¿La habría secuestrado como a mí? Temí que fuera mi predecesora como mascota, y que por alguna razón o no le había gustado o estaba castigada de esa forma. Estaba a dos metros de ella, pero nada podía hacer desde mi jaula. Me sentía impotente. Tenía que hacer algo rápido. Dándole vueltas a todo me dieron las 8 de la mañana sin pegar ojo, y el despertador volvió a sonar.

    Fueron pasando los días, y yo seguía en la casa de ese hombre. Él me entrenaba diariamente, me daba de comer (mal), me aseaba (normalmente su sirvienta), y de vuelta a la jaula para dormir. Me solía entrenar dos horas por la mañana y dos por la tarde, y el resto del tiempo me dejaba en la jaula del salón, mientras él hacía otras cosas o cuando estaba fuera de casa. No debía tener un trabajo, al menos no uno normal, porque raramente se ausentaba más de dos o tres horas. El rollo que me había soltado de la fotografía me temo que no era cierto. Era muy callado y solo hablaba cuando me tenía que dar alguna orden, o comentar algo a la sirvienta. Yo había estado pensando un plan de huida, pero no encontraba oportunidades realmente buenas. Todas las que se me ocurrían eran demasiado arriesgadas, y nunca me había atrevido siquiera a intentarlo. Con el tiempo me había acostumbrado a casi todo, a los entrenamientos diarios, a mantener la misma posición durante horas, incluso las manos y las rodillas se me habían endurecido y ya aguantaba mejor el andar a cuatro patas el día entero. A lo que no me acostumbraba era a estar constantemente desnuda, siempre expuesta a sus miradas, a que me tocara aunque fuera una caricia. Pero lo más repugnante era tener que hacer mis necesidades delante de los dos, ver como recogían mis excrementos, y dejar que me limpiaran mis partes. Me daba mucha vergüenza y asco. Lo que no podía entender es que durante una semana entera no me había hecho nada (sexual me refiero). Si me tenía retenida y no pretendía abusar de mí, no podía entender qué era lo que quería conseguir. ¿Tanto le excitaba tenerme como mascota que no necesitaba follarme ni casi tocarme? Y, al menos que yo hubiera visto, tampoco había hecho nada con su sirvienta. Me daba incluso miedo pensar que no quería violarnos, ya que las otras opciones que se me pasaban por la cabeza eran mucho peores.

    Era domingo de nuevo. Habían pasado 8 días completos desde que me había secuestrado. Hoy algo había cambiado, porque en vez de dejarme desnuda como todos los días pasados, decidió vestirme, por llamarlo de alguna manera. Me puso un collar mucho más ancho, que me cubría todo el cuello y no me dejaba casi moverlo, me ató un corsé muy ceñido en mi cintura, unos calcetines altos hasta justo debajo de la rodilla, unos manguitos en los brazos, y unos zapatos de tacón. Todo a juego en color negro. La otra me afeitó de arriba a abajo e incluso me maquilló, todo después de lavarme como cada día. Me habían convertido en una mascota putilla. La verdad es que no me sentía «vestida» con ese atuendo, más bien todo lo contrario. No sé qué pretendía vistiéndome así, pero toda aquella preparación no me hacía presagiar nada bueno.

    Zak me sacó a cuatro patas hacia el jardín, me dejó quieta en medio de la hierba, y sacó su móvil para mandar algún mensaje. No era algo que hiciera cuando me sacaba a entrenar, por lo que me pareció que estaba tramando algo. Esperé unos diez minutos, allí quieta, mirándole de reojo de vez en cuando para ver que hacía. Entonces un coche apareció en la puerta principal e hizo sonar el claxon para que alguien saliera a abrir. Zak pulsó el botón de su mando y la puerta se abrió, dejando pasar al BMW azul, conducido por un chico joven, de unos 25 años. Zak le hizo señas para que metiera el coche al lado del suyo. El chico, del que luego escuché que se llamaba Toni, bajó del coche y fue a saludar a Zak efusivamente. Incluso se dieron un abrazo.

    -¿Qué tal Zak? Te veo de puta madre -Dijo Toni.

    -La verdad es que no puedo quejarme…

    -Ya veo, ya. -Dijo Toni mientras me echaba una mirada, a unos cinco metros de mi- ¿Tienes juguete nuevo?

    -Sí, lleva por aquí una semana.

    -¡Genial! me gustan las novedades. Además diría que la tienes bien entrenada.

    -Bueno, cada día la voy domando un poco más. Tenías que verla cuando llegó, un desastre.

    -No te quejes, que los primeros días son los más divertidos. -Dijo Toni, volviéndome echar una miradita.

    -Déjate de rollos y déjame ver.

    -Jajaja, eres un impaciente.

    Toni se dirigió hacia el coche y abrió el maletero. Dentro había una caja grande, de madera, con un asa a cada lado. Entre los dos cogieron la caja, que parecía pesada, y la bajaron al suelo. Abrieron los pestillos de la tapa superior y de dentro asomó una cabeza. Entre los dos cogieron a la chica, que estaba encajonada dentro de la caja, bastante pequeña por cierto, y la pusieron de rodillas en el suelo.

    La chica era súper joven, de unos veinte años. La habían vestido de fulana igual que a mí, con sus zapatos, su corsé y todas esas mierdas. Tenía un cuerpo muy bien hecho, y una piel muy blanca. En cuanto la dejaron en el suelo ella se colocó a cuatro patas al instante, por lo que supe que era una de las mías, otra jodida mascota.

    Toni la traía amordazada, supongo que tratando de evitar que alguien la pudiera escuchar en el trayecto en coche. La mordaza le cambiaba mucho la cara, pero tuve la sensación de que conocía a esa chica. Estaba segura de que la veía, y además de forma habitual, pero en ese momento no podía pensar con claridad. ¿Ella me había reconocido?

    Zak y Toni nos cogieron por las correas y nos llevaron de paseo por el jardín, mientras hablaban de sus cosas, que a la vez eran las nuestras. Me sorprendió que hablaran de todo sin ningún pudor, delante de nosotras.

    -¿La afeitaste tú o ya venía así? -dijo Toni

    -No, tuve que afeitarla yo -dijo Zak, poniéndose un poco rojo al decirlo.

    -Jajaja pobre, ¡Qué pena me das! que mal lo habrás pasado, ¿verdad?

    -¿Y la tuya?

    -También. Sus chicos deben ser unos aburridos, o no me lo explico…

    -Tiene que haber para todos los gustos -respondió Zak.

    -Y, perdona la pregunta, pero… te las has tirado, ¿no?

    -¿Por qué me preguntas eso? -respondió Zak visiblemente incómodo.

    -¡Ostia tío!, no me jodas que no te la has follado. Eres más raro colega…

    -¿Y tú qué?

    -Pero, ¿tú la ves? Con lo buena que está… todos los días al menos una vez. ¿Verdad?

    La chica me miró y dijo que sí con la cabeza.

    Y así siguieron durante un rato, hablando de nosotras, de nuestros culos, la suavidad de nuestros chochos, nuestras tetas y sus pezones pequeños, si nos violaban mucho o poco, etc.

    Después de unos 15 minutos de paseo, llegamos a una zona en la que había una explanada de cemento, donde nos paramos. Zak me colocó delante, mientras ella estaba detrás con Toni, aunque no me podía girar para ver qué sucedía.

    Mientras estaba a cuatro patas, Zak se acercó a mí y me dio un toque en el gemelo, con su vara, para que abriera un poco más las piernas. Me puso nerviosa, ya que no era algo que hiciera habitualmente. Vi que Zak hacía un gesto con la mano, pero no supe que quería, hasta que noté que alguien respiraba cerca de mi culo. Zak me puso la vara en el mentón, para indicarme que mirara hacia el frente con la cabeza alta. Seguía notando la respiración pasar de mi ano a la vagina, cada vez más cerca. Me ponía muy nerviosa tener a alguien ahí detrás, y más en esa situación. Llegó un momento en el que sentí que algo me tocaba en el ano, y me pareció que era una nariz subiendo y bajando, frotándose conmigo, entre mi ano y mis labios, muy despacio. Luego supe que era ella la que estaba ahí detrás, ya que note algo plástico rozar con mis labios. Era la mordaza que llevaba puesta todavía. Poco a poco se pegaba más a mí, subiendo y bajando, y al pasar con su boca por mi sexo ya notaba sus labios mojados con su saliva. Instintivamente cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones. Después de un rato dejé de notar el plástico y sentí como su lengua empezaba a rozar mi piel. Alguien le había quitado la mordaza. Me lamió todo, desde las nalgas, pasando por mis labios hasta el ano. Cuanto más lo hacía más notaba mi cuerpo mojado por su saliva. Cuando abrí los ojos no vi a Zak, y supuse que estaría mirando lo que es chica estaba haciéndome. En ese momento, la lengua ya no solo pasaba superficialmente, sino que empezó a meterse entre mis labios y ya la notaba dentro de mí.

    Hacía muchos años que no pasaba tantos días sin sexo. Haciendo una cuenta rápida, desde el viernes anterior, en el que tenía intención de tener sexo, pero no lo tuve, hasta una semana antes cuando había quedado con un chico por la App, hacía unos 15 días de abstinencia. No sin razón, mi cuerpo me pedía sexo, aunque mi cabeza no quería otra cosa que no fuera escapar.

    La lengua siguió el camino dentro de mis labios hasta que encontró mi clítoris, y no pude evitar que mi garganta emitiera un gemido. Mi respiración empezó a entrecortarse cuando empecé a sentir su lengua rodeando mi clítoris. Ella iba cambiando el ritmo, primero rápido hasta que notaba mi respiración acelerarse, y luego volvía a bajar poco a poco. Por un momento llegué a olvidarme de donde estaba, de aquellos dos cerdos, y solo sentía placer. Entonces noté que me había empezado a mojar y el olor a sexo llegó hasta mi cara.

    Hice memoria intentando recordar los chicos que me la habían comido durante los últimos años, pero ninguno se acercaba a la habilidad de esta chica para hacerme gozar. No pude evitar mover mi culo hacia delante y hacia atrás, mientras mi cuerpo se estremecía, mi corazón se aceleraba, y la respiración se entrecortaba cada vez más. Estaba llegando al límite de no retorno, y ya no podría aguantar mucho más sin correrme. Me mordí el labio inferior con fuerza, como hacía siempre unos segundos antes de llegar, contraje todos los músculos de mi cuerpo… y la lengua salió de mi vagina. ¡No, No, Nooo! Moví el culo hacía atrás intentando buscar su boca, pero no la encontré. Intenté hacer fuerza de alguna forma, pero ya era inevitable, me habían cortado el orgasmo. Era una sensación horrible, de impotencia total. En ese momento sólo sentía odio hacia aquellas personas. Me había cortado el mejor momento en mucho tiempo, y me quedé allí a cuatro patas, deseando que la chica terminara el trabajo.

    Sin embargo, noté que algo se metía dentro mí. Una polla se introducía en mi vagina con mucha fuerza, rápido y hasta el fondo. ¡Mmmhhh! -No puede evitar gemir. Giré la cabeza incumpliendo las normas, y vi que era Zak el que me la había metido. Al verme girar la cabeza, me cogió por la coleta con mucha fuerza con las dos manos, y me puso mirando de frente de nuevo. Me la estaba metiendo con mucha violencia. La sacaba un poco más despacio y la volvía a meter rápidamente. Sin yo darme cuenta, la chica se acercó a cuatro patas delante de mí, y al verla tan cerca y sin la mordaza, me di cuenta al instante. Era Sandra, la camarera del bar al que íbamos en los descansos en mi trabajo.

    -Lo siento Cristal -me dijo Sandra, suavemente, mirándome a los ojos. Acercó los sus labios a los míos y empezó a besarme con mucha pasión, metiendo la lengua entre mis labios, que en ese momento se quedaron inmóviles, ya que fui incapaz de gestionar tantos estímulos a la vez. Zak seguía penetrándome con fuerza, mientras Sandra jugaba con mis labios. Había quedado tan al límite cuando ella me los estaba comiendo, que Zak me tenía a punto de correrme. Entonces recordé la frase con la que terminé mi texto en la App de citas: «… tírame fuerte del pelo y tápame la boca con tu mano, y verás cómo me estremezco de placer». Él también lo recordaba, me pegó un fuerte tirón del pelo con la mano izquierda, dejándome mirando hacia el cielo, y con la otra mano me tapó la boca fuertemente, de forma que solo podía respirar por la nariz. Por alguna razón, esos gestos me hacen sentir tan sumisa y vulnerable, que me resulta imposible evitar el orgasmo. Mi cuerpo no pudo aguantar más y se estremeció, mientras Zak aceleraba su ritmo hasta eyacular dentro de mí, apretando su mano contra mi boca todavía más fuerte, ahogando mis gemidos al correrme. Después me di cuenta que había sudado mucho, y estaba un poco mareada. Zak sacó su verga de dentro de mí, y se subió en pantalón.

    -Quédate ahí quieta. -Me dijo con la voz entrecortada. Me dejaron a cuatro patas allí postrada, mientras Toni se llevaba a su mascota con la correa, y Zak les acompañaba. Sandra miró hacia mí y me guiñó el ojo sin que los chicos le vieran. Aguanté una media hora en aquella posición, hasta que Zak volvió a aparecer, esta vez ya sin compañía. Me puso la correa y me llevó de vuelta hasta la casa.

    Muchas horas pasé en mi jaula pensando en aquello. Había tenido muchas experiencias sexuales, pero aquella había sido sin duda de las mejores. Por un momento me había olvidado de todo, de donde estaba, de las malas compañías, y me había dejado llevar como nunca lo había hecho antes. La habilidad de esa chica con la lengua era espectacular. También es cierto que nunca había tenido relaciones sexuales con una chica, por lo que no podía comparar. Algunas noches aprovechaba mi soledad en la jaula, y recordaba aquel día, me tocaba con mucha suavidad para no despertar a nadie, y apagaba mis gemidos al máximo al correrme. Mis dedos no eran como esos labios, pero también estaban bien entrenados.

    Una de esas largas noches, estaba a punto de llegar al orgasmo, moviendo mis dedos rápidamente…

    Y la luz de la habitación se encendió. ¡Mierda! Zak y la sirvienta me estaban mirando desde la cama. Me habían pillado. No pude cortarlo, ya era tarde. Me corrí mientras me hacía un ovillo en la jaula, escondiéndome avergonzada.

    -Ves, te dije que se tocaba por las noches. -dijo ella.

    -Tenías razón, y tendrás tu recompensa. Perdona por no haberte creído. -dijo Zak.

    Me hicieron salir de la jaula y la sirvienta cogió de un cajón una capucha que me puso en la cabeza, con ayuda de Zak, y sin mi oposición. Era una funda suave, como de látex, que no me dejaba ver nada pero que me permitía respirar. Uno de los dos me cogió por los brazos y el otro por las piernas. No era pesada, por lo que no les costó gran esfuerzo levantarme.

    Me sacaron de la habitación y me llevaron a algún lado. Escuché como abrían una puerta con una llave y luego cerraban la puerta al pasar. Me subieron a una superficie, y me tumbaron boca arriba. No estaba fría, por lo que pensé que debía ser de madera.

    Noté como unas piezas se cerraban en mis tobillos y en mis muñecas, y luego también en mi cuello. Me revolví intentando escapar pero era inútil. Noté como unas cuerdas o algo tiraba de mis extremidades. Tenía las manos agarradas a la pieza de mi cuello, pero las cuerdas hacían mucha fuerza y tuve que soltarme. Aquello me tiraba de las piernas hacia un lado y de los brazos hacia el lado contrario. Por mucha resistencia que hice, mi cuerpo se estiró completamente hasta quedar con las piernas abiertas y los brazos hacia arriba, con todo mi cuerpo en forma de cruz.

    No podía moverme y no podía escapar. Todavía no contentos con aquello, me pasaron unos cinturones por ambos muslos y otro muy apretado por mi cintura.

    Estaba totalmente desnuda y expuesta. Tenía miedo y no sabía que esperar. Lo único que sabía es que me iban a torturar, de eso no tenía ninguna duda.

    -Has incumplido una de las normas más importantes que te enseñé. Está totalmente prohibido darse placer sin el consentimiento de tu amo. -dijo Zak con tono serio.

    No recuerdo para nada esa norma, pero he de reconocer que no presté mucha atención al leer aquella hoja.

    -No me hagáis daño por favor, ¡¡haré lo que sea!!

    -Tarde, ¡niñata desobediente! Te aseguro que hoy lo aprenderás, pero por las malas.

    Durante un tiempo que se me hizo eterno, hubo mucho silencio. Les escuchaba levemente, moviéndose por la habitación y haciendo algo que no conseguía averiguar. Tenía miedo de lo que me pudieran hacer, pero a la vez deseaba que me hicieran algo para terminar la angustia de la espera.

    Al cabo de un rato noté como algo frio se apoyaba en mis labios inferiores. No pude evitar emitir un gemido con el susto. Luego empezó a vibrar y supe que era un consolador. Con ayuda de los dedos se abrió paso entre mis labios para tener contacto directo con mi clítoris. De nuevo no pude evitar un gemido y la contracción de mis músculos.

    -Nooo, por favor. ¡Lo tengo muy sensible ahora! -dije sin mucha esperanza. No me hicieron caso, ni siquiera respondieron. De hecho subieron la velocidad de ese chisme. Moví el culo hacia abajo intentando alejarme pero era imposible.

    Llevaba unos segundos con el vibrador puesto, pero ya me había dado cuenta de que era muy efectivo. Mucho más que el que yo tenía en casa.

    Me daba mucha vergüenza que me hicieran eso. Prefería cualquier otra cosa por muy humillante que fuera. El instante en el que llegas al orgasmo es demasiado íntimo como para que otra persona decida por ti. Al menos tenía la cara tapada y no podían ver mi expresión al llegar.

    La velocidad que habían puesto era demasiado para mi, quería evitar llegar como fuese, pero era imposible. Empecé a sudar con la tensión. Gemí de nuevo, pero esta vez de placer. El cuerpo me temblaba y todos mis músculos se contrajeron.

    – Mmmmhhh Ahhh, para paraaa!!!

    Después me acariciaron los muslos y los pechos con suavidad. Parecía que estaban dando el visto bueno a la corrida. Odiaba que hicieran eso.

    No tardaron mucho en volver a ponerme el consolador. Empezaron despacio de nuevo, pero en un par de minutos volvieron a subir la velocidad. Era inútil intentar evitarlo. Sentía demasiado placer con esa vibración tan directa.

    -Quiero que cuentes las veces que te corres, ¿vale? -Dijo Zak.

    Alguien movió un poco el vibrador y lo puso justo en el sitio adecuado y no pude aguantar más…

    -Mmmmhhh ohhh. ¡¡Nooo nonono!!

    -No te escucho contar.

    -¡Dos, Dooos!

    Y al momento me volvió a acercar el consolador.

    -¡¡Noooo, dueleee paraaa!!!

    -¿Cuántos dices, que no te escuché bien?

    -¡DOOOS! – Dije con un grito, ya que era doloroso que me pusieran eso justo después de llegar.

    Y me volvieron a poner esa mierda de nuevo. No podía aguantar más.

    -¿Cuántos dices?

    -¡DOOOOS JODEEER!! ¡¡Quítame esooo!! Mierda TREEES, TREEEES!! ¡¡Son Tres!!

    -Pensé que ya no te acordabas del primero. Puedes quitarle eso -le dijo Zak a la zorra.

    Durante horas me tuvieron ahí, y cada 5 o 10 minutos me lo volvían a poner. Al principio llegaba fácil, pero con el paso del tiempo se me fue insensibilizando el clítoris y cada vez me costaba más tiempo llegar. Pero por contra cada vez era más placer el que sentía, demasiado diría yo. Ya me costaba distinguir entre el dolor y el gusto.

    -¡¡Nooo Ahhhh no puedo maaas!! ¡¡Veintisieteee!! Mhhh

    -¿Estás satisfecha ahora? -Dijo Zak.

    -Sisisi, por favor no puedo más. No lo haré más por favooor! Necesito descansar.

    -Quiero creerte. Espero que puedas demostrarlo. Te dejaremos descansar entonces.

    Me pusieron una manta por encima, sin desatarme ni nada y salieron por la puerta cerrando con llave al salir. Estaba súper incómoda en esa posición, pero con el agotamiento me quedé dormida al momento.

    Diez años después…

    Hacía tanto tiempo que no hacíamos una cena en casa. Llevaba siglos sin cocinar, por lo que tenía dudas de si aquello estaría comestible. Habíamos quedado en mi casa a las 21:00. Echaba tanto de menos estas cosas…

    Faltaban todavía 5 minutos para la hora, pero la gente empezó a llegar. Llamaron al telefonillo y yo les abrí la puerta.

    -¡¡Hola Cristaaal!! -alguien dijo al telefonillo, pero no llegué a reconocer su voz.

    Carla y su chico entraron por la puerta y me dieron dos besos. Digo «su chico», porque por mucho que intentaba recordar su nombre, no había manera.

    -¿Cómo estás cariño? te veo súper bien -me dijo Carla con voz amorosa.

    -No me puedo quejar. A vosotros no se os ve nada mal tampoco…

    Poco a poco fueron llegando el resto. No había tenido la casa tan llena nunca en mi vida. Debía haber como veinte personas y todavía faltaban algunas más. Me hacía ilusión ver a toda esa gente, sobre todo a mis chicas, pero también me ponía un poco nerviosa. Desde el cautiverio de Zak me había vuelto distinta, y ahora me notaba más tensa con las relaciones sociales. Traté de esforzarme para mostrar siempre una sonrisa.

    Lo más difícil fue conseguir una mesa para tanta gente. La que teníamos en casa era grande, pero ni de broma podía juntar a treinta personas a su alrededor. Parte de la comida era precocinada, no puedo mentir. Si tuviera que hacer todo eso yo sola, hubiera necesitado una semana para cocinarla.

    Me inquietaba pensar que era una fiesta de cumpleaños o algo así. Odiaba esas fiestas en las que eras el centro de atención. Gracias que no era nada parecido. Y el momento de abrir los regalos, con todo el mundo mirando tú cara… Dios, era terrible.

    La comida y la bebida ya estaban servida en la mesa. Poco a poco había ido llegando toda la gente. Yo ya me había dejado llevar, y ni siquiera había atendido a quien entraba o quién no. Eché una mirada y todos parecían conocidos. Algunos ya tenían una bebida en la mano, y otros todavía se estaban saludando, cuando alguien dijo en voz alta…

    -¡¡Todos a la mesa!! o ¿esperáis a alguien más?

    -Es el puto jefe, hagámosle caso o nos dará una zurra -dijo Sandro entre las risas de los demás.

    Todos se sentaron en el sitio asignado, como en una boda, pero sólo había quince sillas. En el suelo había unos cojines, al lado derecho de cada silla, donde las chicas nos fuimos poniendo de rodillas. Había un protocolo muy estricto que todos seguimos perfectamente. Eché una mirada hacia el resto de mujeres, y todas estaban en la misma posición. De rodillas, con el culo apoyado sobre sus pies y con la espalda bien recta, pero con la cabeza mirando al suelo en señal de sumisión, y con manos cogidas por la espalda.

    Pero el protocolo no se quedaba solo en esos detalles, sino también en los atuendos de cada uno. Los hombres iban vestidos con traje y corbata. No servía cualquier color, solo negro. Y los zapatos también tenían que ser negros. Para las chicas todo era muy distinto. Para dar el toque de distinción, todas llevábamos zapatos rojos de tacón alto. Y no servían sandalias o variantes, sino que todos debían ser los clásicos zapatos de tacón. No nos permitían llevar medias, y de hecho, no nos permitían llevar nada más. Todas llegaron a casa subidas en sus preciosos zapatos, totalmente desnudas, y llevadas por la correa atada a sus cuellos, que sujetaba su amo. Ah, la otra norma era ir totalmente rasuradas. No había espacio para el pelo, solo en la cabeza, y siempre recogido. Eso sí, llegaron andando desde los coches, cosa no habitual por estos lares.

    Zak se mantuvo callado desde el principio. Desde que empezó la gente a llegar en sus coches, como mucho abría la puerta del patio desde el telefonillo, y luego se mantuvo sin decir palabra mientras yo saludaba a todos. A casi todas las chicas las conocía de otros «eventos», pero a algunas hacía años que no las veía. Por muchos años que habían pasado, no dejaba de sorprenderme que algo así, tan masivo, no hubiera salido a la luz de alguna forma. No sé si los chicos eran demasiado inteligentes, nosotras no tuvimos suerte, o directamente éramos jodidas subnormales.

    Los chicos comían y bebía como animales. La comida estaba muy buena, todo hay que decirlo. Pronto empezó a notarse como subía al alcohol. Había vino o cerveza para elegir. Algunos eligieron todo. A las putillas también nos daban alcohol. En un cuenco teníamos la comida y en el otro la bebida. En mi caso me habían puesto vino blanco, seguramente a sugerencia de Zak, que sabía que me sentaba bastante mal. Otra de las normas era clara, acabar la comida y acabar la bebida. Acostumbrada a no beber nunca, pronto empecé a sentirme mareada, al igual que mis otras compañeras. Incluso alguna de ellas no aguantó la risa y recibió una bofetada de su amo, que la hizo callar al momento.

    Terminada la comida, los amos nos quitaron las correas, y empezamos a recoger la mesa ante la atenta mirada de los chicos. Muchos de ellos, ya bastante bebidos, no podían evitar follarnos con la mirada. Alguna de las chicas tuvo un traspié durante el camino a la cocina, pero ninguna acabó en el suelo. Dejábamos las cosas en la cocina y volvíamos a por más. Fuera de la vista de los hombres, hubo muchas miradas entre nosotras, pero ninguna se atrevió a cruzar palabra (algo totalmente prohibido). Al recoger los restos de la cena, ellos aprovechaban la cercanía para meter mano sin pudor. A mí me cogieron una cacha con fuerza, me agarraron un pecho, y me cogieron de la muñeca sin dejarme marchar, durante unos segundos. Obviamente, no podías responder de ninguna manera.

    Una vez terminamos de recoger toda la mesa, llevamos el postre que había en la nevera. Lo colocamos en el centro de la mesa y poco a poco fuimos subiéndonos en ella, y colocándonos como se nos había explicado. Cada una de nosotras se situó delante del hombre de la izquierda de nuestro amo, y mirando también a la izquierda. Entre todas creábamos un tren de chicas sobre la mesa. No había mucho espacio, así que los culos y las caras estaban demasiado cerca. Podía notar la respiración de Tania en mis partes.

    Una música empezó a sonar y todas empezamos a gatear sobre la mesa, siguiendo el borde de la misma, en la dirección de las agujas del reloj. Parece que alguno de los amos había reinventado el juego de las sillas, para hacerlo un poco más interesante. Cuando la música se paró, nos quedamos quietas delante del chico de turno. Me sonaba la cara de ese cerdo, pero no recordaba exactamente de qué. En el centro de la mesa había una Fondue de chocolate con frutas variadas. Los hombres tenían total libertad para hacer lo que quisieran con nosotras, pero sin violencia y sin dejar marcas. El tío cogió un palillo, le clavó una fruta y la bañó en chocolate fundido. La primera fruta se la llevó a la boca, pero la segunda la bañó con ansia en el chocolate, y luego me quitó el zapato que le quedaba más cerca y me empezó a bañar la planta del pie con el sobrante que pingaba de la fruta. Siguió realizando la misma operación hasta que mi pie quedó embadurnado de líquido. Por suerte estaba caliente, pero no tanto como para hacer daño. Luego acercó su cara y empezó a lamerme el pie con la lengua, y después con los labios. No paró hasta terminar todo el chocolate y dejarme el pie tan limpio como al principio. Por alguna razón, que comieran encima de mi cuerpo, había empezado a gustarme mucho durante los últimos tiempos. Estaba empezando a notar una sensación en mi vagina, cuando la música empezó a sonar de nuevo.

    Los chicos aplaudían con ganas, siguiendo el ritmo. Esperaban con ansia su nuevo juguete. Y mientras, las chicas gateaban asustadas, menos mi amiga Sandra (de la que tenía muy buen recuerdo), que mostraba una gran sonrisa en la cara. Curiosamente parecía que la situación le encantaba. La música se paró y el chico de turno me pasó suavemente las yemas de los dedos por mis labios inferiores, lentamente y haciendo círculos. Debió notar que me estaba empezando a mojar, porque le pegó un codazo al tío de su lado para que viera lo que había en sus dedos, y los dos rieron. Este chaval no parecía muy interesado en el postre, pero si en mi vagina. Siguió acariciando la zona con sus dedos acercándose peligrosamente al clítoris. Cuando pasó la yema justo por encima, no pude evitar dar un respingo. Otra vez volví a sentir esa sensación a la que estaba tan acostumbrada en los últimos tiempos. Me asqueaba la situación, no quería estar allí, quería que la tierra me tragara, pero por otro lado no podía evitar que me diera gusto… mucho gusto. Siempre me tenían muy falta de sexo, y cualquier cosa que me hicieran me ponía cachonda como una perra. Mientras con una mano me tocaba por abajo, con la otra empezó a sobarme los pechos, tirando suavemente de los pezones de vez en cuando, como si quisiera sacarme leche. Notándome más mojada empezaba a meter uno o varios dedos, no estoy segura, cuando la música empezó a sonar de nuevo. Parece que a mi nuevo amigo el tiempo se le hizo corto, y no pudo evitar mostrar una mueca de desaprobación. Sacó los dedos mojados de mi vagina y me dio un cachete a modo de despedida.

    Las chicas nos pusimos en marcha otra vez. Los borrachos estaban cada vez más desbocados, tirando bebida al aire y dando la nota en general. Miré de reojo a las chicas del otro lado de la mesa y no daba crédito a lo que veía. Me asombraba que una panda de locos pudieran hacer eso con unas pobres chicas, y que no hubiera ninguna consecuencia. Me parecía imposible que nadie de fuera de «la secta esta» se diera cuenta de lo que pasaba.

    La música se paró, pero esta vez un hombre tomó la palabra.

    -¡¡Heyyy es la hora del postreee!! Pero no para nosotros, que ya estamos a punto de explotar con tanta comida. Ahora os toca a vosotras, nuestras preciosas mascotas. -Dijo el tío este, visiblemente tajado, ante los vítores del resto de los hombres.

    -Pero tristemente la fruta se ha acabado… ¡¡Ohhhh qué penaaa!! Pero no os preocupéis, porque os traemos para saborear el mejor postre que se puede degustar. Sólo es necesario que miréis al frente, y veréis de lo que os hablo.

    Lo que había delante de mí era el culo de la chica que me precedía. Hasta ahora no había reparado en ella, a pesar de todo el tiempo que llevábamos con el juego ese. No sé por qué cuento esto, pero la verdad es que tenía un culo bonito. No se veía celulitis, las piernas las tenía fuertes y estilizadas, y hasta los labios inferiores eran rosados y parecían muy suaves. En unos momentos me tocaba probarlos.

    -Ya sabéis lo que os toca… ¡¡A comer potorritosss!! Pero ojo que os estamos vigilando muy de cerca. Queremos escuchar unos buenos gemidos de placer esta noche… ¿¿Verdad chicos?? -Dijo el hombre de antes, con su cara de vicioso. Y los demás empezaron a golpear las mesas mientras algunas de las chicas ya empezaban a olisquear a la chica de delante.

    El chochito que me tocaba comer se veía ligeramente mojado. No sabía bien si era el líquido propio de la chica, o restos de fruta o qué, pero pronto iba a probarlo. Cerré los ojos, no sé muy bien por qué razón, pero cuando iba a empezar a lamer me sobresaltó el notar una lengua lamiendo mis partes. Estaba tan concentrada en lo que tenía que hacer, que había olvidado por completo que otra me iba a hacer lo mismo a mí. Por si fuera poco, el chaval que me correspondía empezó a acariciarme por la espalda, con mucho cariño, eso sí. Le cortaría la mano si pudiera.

    -No te lo pienses tanto, que no te va a comer… -Dijo el chico de Carla, del que seguía sin conocer el nombre, ni me importaba tampoco.

    Y entonces empecé sacando la lengua y pasándola por los labios de mi compañera, primero por un lado y luego por el otro. Noté como la chavala se sobresaltó un poco al notarme ahí detrás. Luego pasé la lengua por el centro, y noté al instante que estaba mojada. Aquello era suyo, sí. Entre los ojos que analizaban mis movimientos al detalle, la lengua que empezaba a introducirse entre mis labios inferiores, y la mano del hombre que ahora agarraba mi pecho… eran demasiados estímulos. Metí un poco más la lengua intentando llegar al clítoris, y me encontré una buena mojadura allí dentro. Justo cuando llegué a su clítoris, sentí como otra lengua llegaba al mío, y volví a cerrar los ojos mientras me encorvaba ligeramente. Todo el bello de mi cuerpo se erizó al instante. Empecé a pasar mi lengua en círculos por el clítoris, y percibí como la respiración de la chica se aceleraba, y un gemido, que podría ser suyo o de cualquiera de las otras chicas de mi alrededor. Reparé en lo curioso que era que todas nosotras fuéramos capaces de ponernos cachondas en una situación como aquella, pero al final la costumbre hace que te evadas de lo que hay alrededor, y te centres en el placer. De otra forma no podríamos sobrevivir a aquello.

    Seguí trabajando con mi lengua, esta vez moviéndola de arriba a abajo, haciendo un poco más de presión. Instintivamente hacía lo que yo deseaba que me hicieran a mí. Se empezaron a escuchar gemidos viniendo de varios sitios. Muchas de las chicas habían llegado al orgasmo, y los chicos, «cansados» de ver porno en vivo, las cogieron para darse placer a sí mismos. Vi a una chica con el pecho apoyado encima de la mesa, penetrada con mucha potencia. Otra estaba tumbada de espadas, también en la mesa, mientras le cogían las piernas en alto a la altura de los tobillos. Y la última que pude ver estaba sentada en una silla mientras le metían la polla en la boca. En un par de minutos aquello se había convertido en una orgía a lo bestia.

    Cuando me volví a centrar en mí, sentí que estaba a punto de llegar, movía mi culo contra la cara de la chica, como pidiendo más fuerza a su boca. Su lengua empezó a moverse más rápidamente, mientras yo intentaba a duras penas seguir lamiendo. Sin previo aviso, noté como un líquido me mojó la cara. La chica se había corrido y estaba gimiendo mientras se retorcía de placer. Entonces bajé la cabeza, apretando con fuerza los párpados, mientras llegaba el orgasmo. Fue una maravilla. No pude aguantar más y grité de puro gozo. Tuve que apartarme porque la chica seguía lamiendo sin parar. No pude ni descansar un segundo, porque el chico tenía ganas de fiesta. Me cogió bruscamente por el pelo, me bajó de la mesa, y me sentó en su silla. Sacó unas esposas de su bolsillo y me ató las manos detrás de la silla. Cogió una servilleta de tela de la mesa y me la ató en la boca a modo de mordaza. Cogió mis piernas por los tobillos y se las puso encima de sus hombros, sacando su verga y penetrándome con suma facilidad, ya que yo en ese momento ya estaba mojadísima. Mientras me la metía con fuerza, me sacó el zapato que me quedaba y comenzó a chuparme los dedos de los pies. Sin sacar la polla de dentro de mí, se giró sobre la mesa y cogió otra servilleta que usó para atar mis piernas juntas, por los tobillos. Durante unos cinco minutos me penetró frenando y acelerando a su gusto. Yo trataba de moverme de forma sensual como podía, para conseguir que terminara pronto conmigo, y parece que hizo efecto. Al final se corrió dentro de mí. Sacó su verga de dentro y cogió otra servilleta para atarme los pies a la parte baja de la silla. Y entonces se fue, con dirección hacia el baño, mientras me dejaba en medio de la orgía. No tardó nada en llegar otro chico, que viéndome tan sumisa e indefensa, me metió la verga en la boca y me obligo a chupársela hasta el final. Ese fue el primero de muchos. Fue una noche muy larga. Llegó un momento en que perdí la noción del tiempo, o el conocimiento, y ya no recuerdo nada más. Solo sé que desperté al día siguiente en mi jaula de la habitación, como si nada hubiese pasado.

    Fragmento del diario de Cristal Lorenzo, encontrado en noviembre de 2031, en una mansión en Ibiza. Se desconoce el paradero de las personas nombradas en este diario. La policía investiga el caso, pero todavía sin resultados.

    ¿FIN?

  • Mi fantasía de puta callejera

    Mi fantasía de puta callejera

    Soy un chico de 32 años al que le fascina usar ropa de mujer en la intimidad y verme al espejo con ella, sintiéndome una linda mujercita. En mis fantasías, me siento mujer y me pongo por nombre Vanessa, soy delgada, de piel clara, con pecas en la espalda y un cuerpo con curvas. He usado ropa interior, siento preferencia por las braguitas de encaje y aunque he tenido relaciones con chicos de mi edad y son de mi preferencia, también he tenido alguna aventura con una persona madura y es la que me dispongo a contar en este relato.

    Caminaba un día por la calle luego de las diez de la noche cuando noté que al pasar cerca de mí, un carro disminuyó su velocidad tratando de llamar mi atención, así que lo miré disimuladamente y noté que era una sola persona y me parecía un poco mayor, entonces caminé un poco más rápido fingiendo temor y el carro tomó su velocidad normal y desapareció. Luego de haber caminado un poco más, noté que pasaba de nuevo y esta vez sí lo miré, tratando de reconocer a la persona que dirigía sin conseguirlo, luego tomó nuevamente su velocidad normal y se alejó. Caminé un poco más pensando que volvería a aparecer pero luego de un buen poco sin ver que venía de nuevo, me dio pena porque ya me había parecido excitante la situación.

    Pasados más de diez minutos que me habían parecido largos y en los que pensé que no volvería más, escuché el sonido del motor del carro que ya lo tenía identificado y francamente, me alegré que hubiera regresado y decidí que esta vez haría algo más que voltear a verlo. Cuando disminuyó la velocidad, le hice una señal amistosa con la mano, lo que hizo que se detuviera y abriera una de las puertas, insinuándome que subiera, que me llevaría con gusto hacia donde yo iba. Entonces me di cuenta que era un señor moreno y un poco gordo, que bien podía tener de cincuenta a cincuenta y cinco años.

    Cuando me subí, le di las gracias por ser amable y le dije que iba a mi casa, indicándole la dirección que podía tomar y durante el trayecto, no me dijo algo, sólo se limitó a conducir a una velocidad moderada. Cuando casi habíamos llegado me preguntó si no pensaba que era temprano aún para llegar a la casa y me propuso que paseáramos un poco, a lo que accedí muy a mi gusto, pues ya estaba viviendo una aventura y sentía que estaba por terminar sin que ocurriera algo más emocionante.

    Entonces condujo por un rumbo hacia el lado contrario de mi casa y traté de decirle algo pero no me respondía, no era conversar lo que deseaba, luego me puso una mano en mi pierna y me la comenzó a acariciar suavemente, yo solamente le dejaba hacer, lo hacía despacio, a diferencia de los chicos más jóvenes que desde el comienzo muestran su fogosidad y quieren llegar rápido al final. También me tocó mi pene, que ya estaba duro y húmedo y me lo acariciaba con ternura, entonces me desabroché mi pantalón, sacándomelo, para disfrutar mejor de sus caricias. Así permanecimos durante el camino hasta que llegamos a un motel y entró hasta llegar a una puerta que se abría automáticamente, ahí estacionó el auto y apagó el motor, invitándome a que fuéramos a la habitación que tenía la puerta cerrada.

    Al entrar, se me acercó, me abrazó y comenzamos a besarnos apasionadamente mientras me metía su lengua en mi boca, a la vez que me acariciaba mis pechitos; obvio, yo tenía ya mi verga durísima y sentía que Juan también, se le notaba en el pantalón y cada vez que me abrazaba, su pene se rozaba con el mío, lo que me excitaba mucho. Yo estaba súper nerviosa porque era mi primera vez con un hombre mayor y tenía miedo de desahuciarlo y no sabía qué hacer pero me pareció que él entendía la situación y colocando sus manos en mi rostro, mirándome en una forma acariciadora, me sonreía dándome a entender que comprendía y que no tenía por qué preocuparme.

    Sentí deseos de agarrarle su verga y corresponder a sus caricias que tan gentilmente me había brindado, lo que al parecer le excitó mucho porque sentí como se le paró totalmente, amenazando con romper su pantalón, lo que me hacía excitarme. Bajándole el cierre, le tomaba la verga entre mis manos, acariciándosela suavemente correspondiendo a las caricias que me había brindado en todo el camino mientras nos besábamos en las bocas, entrelazando nuestras lenguas. Luego, no pude resistir el impulso de pasarle la lengua por todo el cuello, por las orejas y por el resto del cuerpo que no era atractivo pero debido a la gentileza y la bondad con la que me trataba, no podía menos que corresponderle a su amor.

    Posteriormente, me puse lentamente de rodillas y tomándole su verga, se la comencé a besar y después, haciéndole hacia atrás su prepucio, le comencé a pasar la lengua en la puntita, lo que hizo que gimiera muy violentamente, incluso dio un suspiro grande y me agarró la cabeza con las manos, como tratando de guiarme hacia su pene. De a poquito, me la fui comiendo, eso me costaba un poco y llegaba sólo hasta la mitad, empezando lento, luego comencé a aumentar la velocidad, de repente paraba, me la sacaba y dejaba que expulsara un poco de pre semen, para saborearlo y luego seguir chupándoselo. Juan estaba cada vez más excitado, le emocionaba sentir que me la tragaba toda y por momentos, me agarraba la cabeza y me presionaba con su verga, gimiendo desesperadamente y haciéndome fuerza, como queriendo que no quedara algo sin que fuera chupado.

    Así nos mantuvimos un tiempo, haciéndome presentir que deseaba venirse en mi boca pero no era así y poniéndome de pie, me quitó rápidamente la ropa, entonces se dio cuenta que yo llevaba esa braguita con encaje rosa y se volvió loco, salía fuego de sus ojos y lo único que dijo fue “no imaginé que fueras tan putita”. Entonces, me dejó la braguita pero nada más, luego se quitó toda su ropa también y me dijo que me acostarme boca arriba, comenzando a besarme todo el cuerpo, deteniéndose en mis pechos, para succionarme mis pezones demoradamente mientras yo le agarraba su verga y jugaba con ella, deslizándole mis dedos húmedos de líquido pre seminal.

    Yo quería que me chupara mi verga pero no encontraba la forma de insinuárselo, sólo se me ocurrió tomar su mano y colocármela en el lugar donde quería que me chupara y se dio por entendido, ahora me pasaba su lengua por mi glande, lo que me producía un indefinible placer, al tiempo que me hizo mi braguita a un lado con sus dedos y buscaba mi hoyito, entonces encogí las piernas para facilitarle la entrada. De esa forma, me lo frotaba con sus dedos al mismo tiempo que me chupaba la verga, lo que fue haciendo que comenzara a sentir espasmos de placer, provocándolo a que se detuviera un poco, para retardar la eyaculación.

    A continuación, me pidió que me acostara boca abajo, a lo que accedí, así me acariciaba las nalguitas diciéndome que las tenía respingaditas como le gustaban y me las besaba con pasión, lo que hacía que me sintiera deseada. Pronto sentí morirme cuando, sin quitarme mi ropa íntima, me penetró con su lengua, primero lentamente, luego con más intensidad produciéndome escalofríos, entonces agarré una almohada y la puse bajo mi vientre, dejando mi culito más a su disposición, lo que aumentó su deseo de chupármelo. Luego de un rato, me dijo que me pusiera en posición de perrita porque me quería coger.

    Después de haberme puesto en esa posición y de lubricarme el culito con su líquido, me abrió mis piernas y comenzó a metérmela despacio hasta sentir que sus vellos púbicos me rozaban las nalgas, no sabría decir cuánto le medía y aunque no era muy grande, estaba gruesa, lo que hizo que me doliera el culito cuando se me dilataba, lo que Juan entendió porque se detuvo un poco y me acarició con mucha ternura. Hizo una pausa un poco leve, de más o menos un minuto, luego comenzó a moverse, primero lentamente y después más rápido hasta llegar a un buen ritmo, en el que gemía ahogadamente. Yo disfrutaba mucho sintiendo cómo esa verga se me salía, para luego hundirse de nuevo en mi culito, a veces casi hasta el fondo, a punto de chocar con mis nalgas.

    Luego, Juan comenzó a metérmela más rápido y más rápido mientras me agarraba mi verga y me empecé a masturbar porque sentía que me explotaría, al tiempo que me hundía su verga hasta el fondo y chocaba con mis nalgas, haciéndolas sonar. Yo estaba al límite, a punto de explotar pero continué hasta que no aguanté más y me corrí derramando mi semen, llenando el encaje de mi calzoncito; por su parte, él siguió culeándome hasta que no aguantó más y se vino dentro de mí, sintiendo su esperma caliente. No sé cuánto tiempo había pasado desde que llegamos al hotel hasta ese momento, quizás había sido menos de una hora pero había sido fantástico, épico, lo había disfrutado mucho y sentía que mi amigo lo había disfrutado también.

    Ahora busco nuevos maduros casados o soleros, divorciados de hombre o de mujer, en verdad muero por ser esta hembra que Juan tanto disfruto. Vivo en Guadalajara, recién llegado, donde estas mi hombre? donde estas mi macho?

    Besos a todos.

    [email protected].

  • Humillación total (Capítulo 2)

    Humillación total (Capítulo 2)

    Recuerdo ese beso muy bien fue tibio, agrio muy húmedo y espeso…

    La cantidad de leche que había largado él, se rebalsaba de nuestras bocas.

    Creo que nunca nos habíamos besado tan apasionadamente con mi mujer…

    Mientras él me apuntaba con el revólver diciéndome:

    “límpiala toda hijo de puta” y “límpiala hasta la última gota o te mato putito”

    Y obviamente yo obedecí, le pasé mi lengua por las mejillas a mi mujer para limpiar la leche que le había quedado, luego también su cuello y sus tetas. Creo que nunca había visto tanta leche junta. Solo en algún que otro video porno. Moverme para poder limpiar la leche en mi señora me generaba mucho dolor por el plug anal que me había puesto.

    No sé si por qué ya se había secado o no sé por qué ya me dolía mucho. Pero preferí no decir nada. Él jaló del cinturón que utilizo como correa con mi mujer, le apuntó con su revólver y dijo “ahora me van a decir AMO Carlos. Y van a gemir, y me van a agradecer la leche y me van a pedir más”.

    Y sacó su celular para filmarnos, el primer y el segundo intento no le gusto, no le decíamos muy entusiasmados según él y me pateó dos veces mi pequeño miembro. Ya en el tercer intento parecíamos dos putas felices pidiendo más leche.

    Él dijo “ahora pídanme por favor que le llene la cola de leche a las dos y díganme que son mis putitas”.

    Y eso hicimos y la situación comenzó a hacer que mi miembro vaya despertando. Y él comenzó de nuevo a decirle a mi señora:

    -Mira ves? El putito de tu esposo ya se está excitando de nuevo -y se rio de manera sarcástica.

    Ella dijo “por favor amo Carlos ya basta”

    Y yo dije “Si, por favor amo, ya basta”.

    Nos bofeteó a los dos y nos escupió el rostro a ambos.

    Él dijo “Vuélvanse a besar putas con mi saliva”.

    Y eso hicimos.

    Luego agarró a mi señora del pelo, la jaló, fuerte y la comenzó a ahorcar le susurraba cosas.

    Y mi señora dijo “el amo Carlos pide que te pongas en cuatro sobre la cama. Obedécelo, en serio, hazlo, no puedo respirar”.

    Y eso hice, al hacerlo automáticamente mi señora se puso tras de mí, me escupió la cola, y sacó el plug escupió y comenzó a meterlo y sacarlo. Al estar en cuatro no podía ver qué hacía ella atrás mío exactamente ni que hacía él atrás de ella y en entrar y salir del plug, el dolor, el miedo, la situación. Nuevamente comenzó a endurecerse mi miembro. De repente mi mujer gimió muy fuerte. Y ahí entendí que nuestro amo Carlos la estaba cogiendo.

    Ya les conté como era su verga, pero la verdad jamás había visto algo igual. Era larga y ancha. Con un glande muy grande y ya nos había demostrado que podía largar leche a montones. Era muy recta y la verdad la dureza que tenía era notoria. Era venosa, era como de un semental. Y él era bien macho, su actitud era tan perversa, tan amenazante que esa combinación lo hacía más viril. Jamás había oído a mi mujer gemir tanto, mientras intentaba hacerme sexo oral anal, por momentos apenas podía mover su lengua.

    Él no paraba de cogerla y ella no paraba de gemir

    De pronto él empezó a cogerla tan tan tan fuerte que la cara de mi mujer solo se estrellaba con mi cola, la estaba destrozando, no sabía si por su vagina o por su cola, lo empecé a dudar cuando comenzó a llorar, no paraba de hacerlo, mi cola ya estaba moja del llanto de su rostro al estrellase conmigo.

    Ella dijo “ya basta por favor”.

    Él dijo… “como dijiste?”

    Y mi mujer se corrigió “ya basta por favor amo Carlos”.

    Y en automático cesó, sentía la cara de mi mujer en mi cola, estaba mojadisimo de la cantidad de llanto que inevitablemente me había empapado. Él la empujó de manera violenta a un costado haciendo que se caiga de la cama al piso. Jalo de mis pies y me llevo hacia él.

    Primero pasó su cabeza por mi agujeraron, me escupió y lo volvió a hacer… Comenzó a nalguearme, fuerte, bastante fuerte cada vez más fuerte.

    Me volvió a escupir y empezó a masturbar su enorme verga con mis nalgas, conmigo en cuatro y con toda la cola húmeda por el llanto de mi mujer y por los escupitajos de nuestro amo Carlos, como él pidió que lo llamemos. De repente dijo:

    -Ahora vas a empezar a pedírmela y quiero que seas bien putita. Si no me llega a gustar lo que me decís o como me lo decís te vas arrepentir, te lo aseguro. -Y rio como tramando algo, también dijo- ey puta -llamando a mi mujer- ponle la correa.

    Mi mujer seguía tirada en el suelo destruida por la cogida de él. Se acercó como pudo a mi, jamás vi su cara así, estaba literal toda violada. En fin… me puso la correa y me dijo “sé fuerte”. Su consejo me dio más miedo.

    Él dijo. “Que te pedí que hagas putito”

    Y yo empecé a decir:

    “Amo Carlos amo su verga. Se siente tan rico como me la refriega por la cola. Espero que haya disfrutado de mi mujer”.

    Él me empezó a pegar más fuerte y le ordenó a mi mujer que lo filmara.

    Mi cola debía estar con la marca de su mano, o muy colorada. Ya me dolía tanto que le dije:

    -por favor amo Carlos, ya no me pegue-

    -entonces que quieres, pídelo.

    -cójame amo, por favor.

    -la quieres verdad putito?

    -si por favor, desvírgueme.

    -esto te va a doler…

    El me escupió, mi mujer no dejaba de filmar. Y comenzó a penetrarme. Al principio fue muy doloroso, lo comenzó a meter muy lento. Me dolió mucho sentir la cabeza de su verga en mi cola. Y luego de un sopetón la metió toda. Yo exclamé: “Ay me duele”.

    Y él dijo “eso no fue nada, prepárate para lo que se viene”.

    Mire hacia el costado y ahí estaba mi mujer filmando.

    Él dijo “la putita busca la cámara. Toda una estrella”. Y empezó a cogerme muy duro, era enorme, sentía como me taladraba la cola. Luego comenzó a meterla y sacarla y le pidió a mi mujer que filme mi cola. Estaba completamente abierta, llena de precum, saliva y llanto

    Él dijo “no sé si me calientas tanto putito o la putita de tu mujer hizo un buen trabajo. Pide lo que será tuyo”.

    Y yo comencé a decir “deme su leche amo Carlos. Lléneme de leche la cola. Quiero sentirla. Cójame más duro. No pare, por favor”.

    Él me tomó con ambas manos de mis nalgas y empezó a cogerme violentamente. No tardé en sentir como me llenaba de leche mi cola. Se sentía muy caliente y mucha cantidad. Pero él no paraba seguía taladrándome. La sacó de golpe, tan de golpe que me dolió mucho. Jaló a mi mujer del cabello le quitó el celular y la obligó a lamerme la cola.

    Con el revólver en la mano, su mochila al hombro y el celular filmando comenzó a dar pasos hacia atrás hasta acercarse a la puerta e irse.

    Quedé tirado en la cama, completamente violado, con la cola completamente abierta, todo alrededor de mi boca con sequedad por los besos de mi señora en su primera acabada y con mi mujer que por miedo no dejaba de lamer la leche de él, de mi cola, a pesar de que él ya se había ido.

    No fue por 1 mes que no supimos nada de él hasta que…

    Hola bellos, si les gustó mi relato háganmelo saber enviándome un correo a:

    [email protected] me interesa conocerlos. Es muy importante para mi platicar con mis lectores.

    Saludos a todos.

  • Secuestradas en el campamento militar

    Secuestradas en el campamento militar

    Luis Morales fue condenado a los 40 años de cárcel que el fiscal, D. Carlos Valverde solicitó al tribunal donde fue juzgado, a sus solamente treinta años de edad, por 32 delitos relacionados con narcotráfico, tráfico de armas, pertenencia a banda armada, genocidio, asesinato, secuestro, extorsión, trata de blancas. En fin, un tipo poco recomendable. Eso significaba en la práctica estar en prisión hasta los 80 años de edad al menos. Pero a los 2 años de cumplir condena se fugó.

    Días más tarde la esposa y la única hija del fiscal Valverde desaparecieron. De inmediato se supuso que era uno de los tan habituales secuestros por rescate y Valverde se puso en marcha para sondear la posibilidad de obtener préstamos para hacer frente a la extorsión ya que, aunque de posición acomodada por herencia, la disponibilidad de dinero en metálico no le era factible a corto plazo.

    Poco tardó en saber que no le hacía falta el dinero: Una semana después de la desaparición de su esposa e hija le llegó por correo un DVD titulado «La señora y la señorita Valverde, 01»

    Para ver el video, el fiscal llamó a la policía y en presencia de varios expertos en secuestros se visionó el mismo tras analizar detalladamente el paquete y su procedencia, investigación que estableció que se había depositado en una oficina de correos de Bombay.

    En el comienzo apareció el delincuente Morales y a Valverde se le fue el alma a los pies. La esperanza de recuperar a su familia era remota.

    -Saludos, Sr. Valverde, se preguntará… ¡Bah! Qué tonto soy. Pensaba decirle que se preguntará qué pinto yo en este vídeo, pero sé perfectamente que ya ha asociado el título con mi persona. Y también estoy seguro de que está usted padeciendo una terrible taquicardia sabiendo que soy el propietario de sus distinguidas esposa e hija. También estoy seguro de que su señoría barrunta que no le voy a pedir rescate por ellas. Y su señoría estará en lo cierto. Me quedo con sus hembras en pago a los dos años de cárcel que he pasado por su culpa.

    -Pero como soy una persona muy cortés y sensible, le tendré informado mes a mes mediante un DVD de la vida y avatares de sus dos familiares… Respecto de ello debo ser sincero e informarle que no espero que esa existencia sea muy larga. Y de eso es su señoría el culpable, por no haberlas preparado para afrontar determinados escollos y vuelcos en la vida. Pero bueno, a lo largo de las entregas de vídeo que le haga sobre la cotidiana actividad de sus mujeres, se dará cuenta de que las ha habituado a la molicie y la incapacidad para la supervivencia.

    -Los presuntos -y por ser «presuntos» no están bajo tierra- culpables de las filtraciones de información sobre mis actividades que le permitieron obtener pruebas para condenarme serán los que le remitan los vídeos de las chicas desde muy diversas partes del mundo. Si falla su astucia y su policía, y no los localiza, será que tenían razón y, a los dos pobres, en compensación por la pérdida de testículos y pene que me he visto obligado a sentenciar, les entregaré los despojos de sus familiares… si es que viven… cosa dudosa como le he expuesto y de la cual es su señoría el exclusivo causante.

    -¡Mire! Ahí me las traen. Pobrecitas, sobre la caja de un todoterreno sin capota, en jaulas metálicas al sol y sin posibilidad de asearse. Porque un recorrido de 1500 Km requiere algún alivio intestinal y de la vejiga. Máxime si en la comida y el agua se les ha incorporado algún fármaco… bueno ya sabe, en los viajes largos la gente se estriñe, y no quería que se pusieran enfermas.

    -Escuche, la campana llama a concentración ante el estrado. Ahí llevarán a sus mujeres para que mis hombres vean la calidad de las nuevas putas. Si… ¿no lo he dicho?… Chassst… Disculpe. Sí, sus chicas van a ser las nuevas putas del campamento. Es que mire usted, cuando me detuvieron y estuve en la cárcel por su culpa, mis hombres no gestionaron bien la crisis y perdieron la mayor parte de las putas. Solo quedan dos, Nadia y Lola, un poco correosas y ya muy usadas, pocas para 30 hombres, yo tengo mi zorra privada, Nelly. Están ilusionados con la nueva carne, tanto que se la tengo que mostrar ya en el estrado. El estrado es un poco lúgubre ya que lleva dos pilares y una viga de madera para castigar a los hombres remisos con sus obligaciones o los polis y milicos capturados. Pero no tengo otra cosa. El campamento era próspero hasta que usted me detuvo, así que es el culpable de que sus dos finas, decentes, hermosas y púdicas mujeres sean expuestas bajo una horca… por cierto, si me incomoda alguna de sus chicas, es posible que se reanude el destino tétrico del estrado… ya comprende. ¿No? Pero claro, soy estúpido, no es algo que usted pueda remediar.

    -Mire esos planos de la filmación, las dos están avergonzadas de la mierda que impregna sus faldas. Yo creo que las acostumbró tan mal que no saben en qué mundo viven. Les preocupa más su aspecto que su futuro. Cualquier puta de mi campamento pregunta ante todo por la paga y las ventajas. Pero ellas… mire… mire… ni hablan… solo disimulan sus faldas con las manos, pero los chorretones secos de las piernas no los tapa ni dios… si es que existe… y para ellas creo que va a ser que no.

    -Comprenderá usted que hay que limpiar a esas cerdas que se han meado y cagado encima. Oh, mire a mis hombres. Qué maleducados, están desnudando a sus chicas rasgando sus ropas con los machetes. Chit chit… creo que debo crear una escuela de buenos modales en este campamento.

    -¡Joooder que están buenorras las dos. Bueno, desde aquí me gusta más la vieja, ¿qué tiene… de 40 a 45? La nena está muy bien, pero debiera haberla alimentado mejor, un poco flaca para mis hombres y aguantará poco. Bueno quizá sus juveniles 18 le faciliten la adaptación a esta vida un poco más incómoda que la que usted le ha proporcionado.

    -Oiga, cuanto más veo a la vieja mejor me parece. Tiene unos melones de campeonato, un pandero de negrita y unos muslazos de nadadora. Me voy a dar con ella un gustazo…

    -Pero mire, ahora las van a limpiar con la manguera. El agua es de un estanque de aquí cerca del que no puedo garantizar aspecto sanitario alguno. Pero eso es lo que bebe mi gente, no sé si la suya tan fina lo soportará. ¡Oiga! ¿Y el bronceado uniforme que tienen las dos? Joder, toman el sol en pelotas o qué. Vaya putas. Vea a mi gente. Está eufórica.

    ***

    -Ejem –dice el policía- Sr. fiscal, si lo desea nos retiramos… Creo que será incómoda para usted nuestra presencia ahora mismo… pero debo hacerle saber que el Sr. Juez tendrá que ver el DVD y decidirá si la policía lo tiene que examinar… no le voy a instruir de nada que no sepa usted… Lamento el indecoroso trato hacia su esposa y su hija… pero los escenarios nos pueden indicar dónde se encuentran para rescatarlas. ¿Qué me dice?

    -Es igual verlo antes que después. Y me temo que el siguiente DVD será peor. Cuanto antes lo vean mejor. Pero con ese desalmado dudo que quede indicio de dónde las tiene.

    ***

    – Desde luego las dos nuevas putas han llamado la atención de mis hombres. Mírelos todos alrededor del estrado. No se pierden ni un solo detalle de los lujosos cuerpos. Qué vergüenza están pasando ellas. Cómo se tapan las partes pudendas. Hipócritas, seguro que en su club de campo toman el sol en pelota picada. Así tienen ese bronceado por todo el cuerpo. Y lo van a conservar, vaya que sí, porque aquí la única prenda que van a tener serán unas zapatillas.

    ***

    El Sr. Valverde estaba pasando un mal trago con los policías viendo las sevicias a que eran sometidas las dos mujeres. Los policías hacían comentarios intentando identificar el paraje y haciendo hipótesis sobre si la distancia mencionada por Morales sobre el recorrido del jeep sería cierta o no. Sobre mapas desplegaban el compás midiendo, pero era difícil saber desde que punto había empezado el viaje ya que había pasado tiempo desde el secuestro y no era probable que el punto de partida fuese la misma ciudad. Lo único cierto es que en aquel país de selva, el campamento estaba en una selva.

    La pantalla mostró cómo la señora Valverde, después de ser lavadas por fuera ambas mujeres, era sujetada por un hombre metiendo su cabeza entre las piernas y apretando fuertemente. Otro hombre sujetó a la mujer las piernas y un tercero se encargó de insertarle en la vagina la boca de la manguera. Como quiera que comenzara a gritar, les metieron a las dos en la boca las meadas bragas a modo de mordaza. La chica estaba sujeta por un cuarto hombre que no tuvo ningún reparo en castigarla para que estuviese quieta propinándole fuertes bofetones en la cara y las tetas. Por último, como la chica no se calmaba, le ató las manos de frente a uno de los postes del siniestro patíbulo y comenzó a flagelarla con la correa del cinturón. La cara de la chica era patética con los mocos saliendo a raudales de su nariz y los ojos como cataratas.

    El Sr. Valverde estaba indignado y se retorcía en su asiento mientras los policías juraban que aquello le costaría la vida al atroz delincuente. Valverde sabía que solamente era el comienzo.

    ***

    -Contemple ahora sr. fiscal con qué rigurosidad se efectuará la higiene intestinal de la puta vieja. Las quiero muy limpias de ahí porque esta tarde las voy a inaugurar. Mire cómo le han metido la manguera en el sucio culo. Observe cómo se va inflado la tripa de su puta esposa. Oh oh oh parece que esté preñada. Por cierto fiscal. Aquí no hay condones así que es muy probable que las putas queden preñadas, aunque no creo que vivan lo suficiente para darle un nieto y un bastardo mulatito o con cara de indio.

    -La dama ya parece como si estuviera a punto de parir. ¡Ah! Mire como la taponan el culo con un globo inflado para que el agua tenga tiempo de ablandar la mierda. Bueno, ahora le toca a la joven. Cómo se resisten las dos. La vieja debe estar sufriendo dolores de agonía con tanta agua en las tripas.

    -Ahora que ya han llenado las tripas de la nena la veo más atractiva. A ver si la preñan pronto y engorda, porque verdaderamente por aquí no gustan las pellejudas. Además, las gordas tetazas que tiene no se acompañan bien de tanta flacura.

    -Aaaah qué bonito, mire el chorro de agua y mierda que suelta con alivio su puta esposa. ¡Qué guarra! ante tanto público. Habrá que castigarla por cerda. Y miiire la nena, igual de marrana. Ya no son tan pudorosas como hace un ratito.

    -Ahora se ponen las sillas y la mesa para el salón de belleza. Esa que sube al estrado es mi puta privada Nelly, las va a dejar guapas. Lástima de pelo, pero es que aquí en la jungla es muy malo el pelo corto, ya sabe, se enredan los bichos, las garrapatas, en fin, cuanto menos pelo mejor. Ya ha terminado, ¿qué le parecen las dos putas así calvitas? Más higiénico ¿no? ¡Qué pesada la putita, no para de llorar! Parece como si mis hombres me hubieran oído. Ya la han vuelto a meter bragas en la boca.

    -Mire ahora como mi Nelly les afeita todo el conejo. Lo demás no hace falta, se nota que le han debido gastar un pastón en depilación láser. Aquí no hay esos lujos, tendrán que afeitarse el conejo la una a la otra cada dos días.

    -¿Qué le parece mi Nelly? Me gustan como ella, mulatita garbosa, con buenas carnes, gordo culazo y enormes tetas, lo que no tiene su hija. Nelly es muy celosa y tiene mala leche. No le gusta nada que yo pruebe esta tarde a las dos putas nuevas y en cuanto pueda las va a hacer la vida imposible.

    -¿Ve qué bien han quedado? Un chumino bien pelado es delicioso. Me vuelve a gustar más el chumino de su esposa que está abultado y con los labios exteriores bien cerraditos. Estoy pensando en hacerle la raja más larga. Tomaré nota. Decididamente a la nena hay que engordarla. Follará menos que la madre para gastar menos calorías y comerá mucho más.

    -Como ya es hora de comer y siesta, mi gente las dejará descansar hasta media tarde en que las iniciaremos en su trabajo de putas… Ooohh… Ooooh… me estoy equivocando todo el rato. Las putas son Nelly, Nadia y Lola. Sus hembras, sr fiscal, son las esclavas sexuales del campamento. Nuestras putas son libres de quedarse o irse y cobran por sus servicios. Sus chicas carecerán de esos privilegios. Eso me plantea un problema en el campamento. Visto el dumping comercial de las esclavas, las putas se largarán con toda razón. Pero así mis hombres ahorrarán.

    -Compruebe como son alimentadas. De momento no tenemos comida de lujo ni abundante, es más bien escasa, así que sus hembras comerán siempre arroz con tocino y habas. Si hay fruta podrida también se la daremos. ¡Vaya, vaya! La joven no quiere comer su doble ración para engorde. Me temo que Nelly se va a cabrear. ¡Justo! La va a meter un embudo en la boca. Vaya, parece que la nena ha reflexionado y come su ración de engorde.

    -Ahora, mientras dormimos la siesta será necesario tenerlas sujetas, son capaces de intentar la fuga y con lo inútiles que son morirían perdidas en la jungla. Verá qué imaginación la de mis hombres. No las atan ni manos ni pies. Como ve, señoría, les meten un grueso gancho de punta roma por el ojete que está atado a una cuerda. Ahora pasan la cuerda por encima de la rama de ese árbol. Tiran de la cuerda hasta que las putas están de puntillas y atan la cuerda al tronco. ¿Ve qué sencillo? Ni por asomo se pueden escapar. Estarán algo incómodas pero qué le vamos a hacer. Esto tiene además la ventaja de que tendrán el culo debidamente dilatado para cuando las sodomice esta tarde.

    ***

    Valverde estaba ya verde de ira y los policías indignados soltaban baladronadas sobre lo pronto que las liberarían. La cámara se regodeó durante casi un cuarto de hora con la imagen de las dos pobres mujeres colgadas del gancho e intentando coger con las manos la cuerda a su espalda para disminuir la presión del acero sobre su recto.

    ***

    -Hola otra vez Sr Valverde. Aquí tiene a sus chicas otra vez en el estrado. Un poco fastidiadas de culo y pies, pero dispuestas a probar mi polla. No me gusta hablar mientras follo, así que disculpe. De todas maneras las imágenes serán tan explícitas como en una película porno.

    Las dos mujeres estaban de pie en el estrado donde había además una silla. Todos los habitantes del campamento se concentraban en derredor. aumentando la vergüenza de las mujeres que intentaban taparse con las manos los desnudos pubis y los pechos Morales las condujo a uno de los postes haciéndolas apoyar las manos sobre él a la altura de la cintura con lo que presentaban ante él sus desnudas nalgas mostrando su intimidad. El delincuente se untó las manos con aceite y metió el pulgar de la mano derecha en el ano de la madre y los otros cuatro dedos en la vagina. Con la mano izquierda hizo lo propio con la hija que comenzó otra vez a llorar y gritar por el dolor en su tierno conejito tan brutalmente invadido.

    A una orden de Morales, la chica fue amordazada con un trapo viejo y después, el mismo hombre que la amordazó empezó a propinarle golpes con una fusta de caballerías en la espalda y las nalgas.

    A todo ello Morales penetraba y movía los dedos en los agujeros de las mujeres con una violencia demencial. Ellas se retorcían de dolor pero no se atrevían a dejar la postura. La joven por temer que los fustazos fueran más fuertes y seguidos y la madura por temer recibir el mismo tratamiento que su hija.

    Los hombres jaleaban a su jefe:

    -¡Muy bien jefe, hay que domar a esas remilgadas!

    -¡Rómpeles los agujeros a las zorras!

    -¡Más fuerte Morales, mira cómo se retuercen de gusto!

    Morales cesó por fin de violarlas con los dedos. Sacó el trapo de la boca de la joven y alguien le entregó dos pepinos que metió sin contemplaciones en los agujeros de la chica dejándolos asomar.

    -Si los sueltas antes de que yo te los quite, la fusta va a conocer tus tiernas tetas.

    Después tomó a la madre de los pelos y se la llevó donde estaba la silla. Se desnudó y se sentó en ella.

    -Vieja zorra viciosa, empálate de espaldas a mi y cabalga.

    La mujer se introdujo el considerable pene del desalmado en el coño y comenzó a subir y bajar como le habían ordenado.

    -Más aprisa estúpida, quiero que mis hombres contemplen botar tus tetorras.

    La mujer aceleró la cabalgada pero al cerdo no le complacía aún. A una orden suya, el sayón de la fusta comenzó a descargar golpes en los pechos de la mujer, que sacando fuerzas de flaqueza aceleró demencialmente los botes sobre la verga mientras sus pechos se bamboleaban descontroladamente recibiendo de cuando en cuando el atroz beso de la fusta.

    Pasado un rato la tomo por las caderas, la hizo parar y la ordenó ensartarse por el ano, cosa que hizo la pobre mujer casi aliviada de que cesaran de flagelarle las tetas. Nuevamente la hizo cabalgar con todas sus fuerzas y esta vez no se hizo acreedora de ningún fustazo. Repentinamente la arrojó al suelo y llamó a la aterrada chica para que ocupase el lugar que había dejado su madre, la cual era tomada con indudables intenciones por dos hombres que subieron al estrado.

    Mientras la chica se acoplaba trabajosamente por el dolorido coño, sudando a mares y temblorosa, su madre era penetrada analmente por uno de los sucios hombres, levantada en vilo y penetrada vaginalmente por el otro.

    El vocerío de los espectadores era atronador ante la vejación de las dos mujeres que ya no ponían oposición a nada de lo que quisieran hacerlas.

    La chica fue, al igual que su madre, sodomizada también, pero Morales retornó a la vagina para eyacular en ella. Antes de que la niña pudiera recuperarse, otros dos hombres subieron al estrado. Uno se tumbó en el suelo haciéndola empalarse por el ano y otro la tomó de los pelos para hundirle una negra y maloliente polla en la boca.

    El fiscal no pudo seguir contemplando cómo todos los hombres del campamento usaron brutalmente a sus familiares de dos en dos, de tres en tres o incluso a veces cuatro. Así se evitó el final, cuando las dos pobres mujeres fueron orinadas por todo el cuerpo.

    La tal Nelly tuvo la ocurrencia de subir al estrado con dos embudos para que los hombres pudieran orinar dentro de sus agujeros íntimos. Evidentemente para la boca no hacían falta los embudos. Las obligaron a beber tanta orina que ambas acabaron vomitando. Tuvieron que sufrir otra ducha con el consiguiente lavado interior ya que Morales no quería que tuviesen una infección y terminasen tan pronto los suplicios.

    La grabación terminaba con las jaulas en donde había viajado en el estrado y ellas nuevamente metidas dentro para pasar la noche al raso.

    ***

    -Sr, fiscal Valverde. Esta mi segunda entrega le llega una semana después de que hayan ocurrido los hechos que en ella verá. Me estoy dando cuenta de que con tanto desfase, llegará un momento en que vea usted los trances de sus mujeres mucho tiempo después de estar muertas. ¡Qué lástima! Pero es que las comunicaciones en esta parte del mundo no son nada ágiles.

    -Mire cómo desayunan sus chicas. La joven ha tenido que ser animada a tomar su ración de engorde con unos cuantos fustazos ya que resulta remisa a comer nuestra exquisita cocina y ese menosprecio es una falta de educación. Ahora las conducen a nuestra herrería. Es un poco tosca pero bastará para ponerles las debidas restricciones como medida de seguridad. Así podrán dormir fuera de las jaulas y ser sometidas a los tratamientos de belleza que las viejas indias de la tribu próxima saben aplicar con tanto arte.

    -El herrero ya tiene preparados los dos collares de acero. Observe con atención la cara de pavor de sus mujeres cuando les pone la cabeza en el yunque para golpear los remaches de cierre. Seguro que creyeron que íbamos a terminar con ellas a golpe de mazazos en la cabeza. ¡Qué ingenuidad! No somos tan benévolos. Aún tienen que sufrir bastante más.

    -Ya sé lo que está pensando. Que si no se les quita nunca el collar de hierro, terminaran con llagas e infecciones. No se preocupe, los collares están forrados por dentro con cuero que cambiaremos periódicamente. Aprecie usted el trabajo de nuestro herrero y vea la fina labor efectuada. Es acero inoxidable, salvo el remache que es de aluminio para facilitar el desmontaje y el cambio del forro de cuero. Están dotados, cómo no, de las correspondientes argollas para sujeción.

    -Ahora les colocan las complementarias pulseras a juego y atienda a las bonitas sandalias metálicas que ha fabricado nuestro herrero. Con su altísimo tacón que les impedirá correr y el cierre metálico sobre el tobillo con argollas para enganchar las cadenas o un separador de piernas si resulta pertinente.

    -Pensé colocarles también un cinturón de acero, pero como espero que pronto sean preñadas hubiera sido poco duradero. No valía la pena hacer perder el tiempo el herrero. Bastante ha trabajado con las sandalias.

    -Vaya manera cómica de caminar. Se nota que nunca han utilizado tal altura de tacones. Ya se acostumbrarán. Ahora mi Nelly les entregará sus útiles que deberán llevar siempre encima.

    -Ahí están: La fusta que tienen que llevar siempre colgada del collar para que nadie tenga que molestarse en buscar una para castigarlas, y la bolsa en bandolera que contiene el tubo de lubricante, la pera de enemas, la mordaza de bola, el abrebocas, el tapón anal inflable, las pinzas metálicas y el consolador de doble cabeza para que el personal juegue con ellas si le apetece.

    -Ahora contemplará usted las primeras operaciones de embellecimiento de las dos bestias que efectuarán Nelly y el herrero. Como ya le dije, de las otras se encargarán las viejas indias ya que requieren conocimientos de las plantas de esta zona.

    -En primer lugar se les impondrán las joyas. Es una pena que sean tan bastas, pero por su culpa al encarcelarme, mis hombres han sufrido una merma considerable en sus ingresos. Pero aunque modestas, por lo menos son grandes, eso si. Empezarán por arriba, el herrero se encarga de la yegua vieja y Nelly de la joven jaca. Tenemos poco instrumental y carecemos de anestésicos, así que lo siento.

    -Esa es una de las herramientas, un sacabocados para el cuero. Hace un agujero perfectamente circular llevándose la carne del interior, lo cual permite desde el principio colocar joyas bien gruesas, como es en el presente caso. Así que viene que ni pintado. Lástima que resulte francamente doloroso y algo sangriento.

    -Así, bien sujetas sobre las mesas de madera, porque van a ponerse algo violentas. Observe con qué facilidad les hacen el agujero en el vómer, el cartílago entre las fosas nasales. Y ahora con la remachadora se les coloca el remache metálico hueco para que, a modo de ojal, proteja de desgarros cuando se las sujete por ahí. Eso es, ahora la argolla. Un poco gruesa, pero bien brillante. No tenemos dinero para metales preciosos, así que es de acero inoxidable. ¡Qué asco de sangre!, menos mal que hemostático sí tenemos. Es imprescindible cuando tenemos alguna escaramuza con la policía o el ejército.

    -Eso es, ahora las bolas en la lengua para placer de mis hombres en las mamadas. Espero que no les rompan los dientes con el abrebocas. Mira que son tozudas y se empeñan en no facilitar las cosas. Así, unos fustazos en el coño y ya abren la boca. Les colocan el aparato para mantenerla abierta y ¡zas!, agujero. Tornillo de doble rosca pasante… bola arriba… y bola abajo. Ya está. ¿Ve qué fácil?

    -Ahora los pezones. Ahí hay una diferencia entre la vieja y la joven. Por desgracia esta tiene unos pezones demasiado pequeños. Cosa que ya arreglaremos, pero que de momento impide utilizar el sacabocados y colocarle los remaches metálicos huecos. Por eso a ella aguja gruesa. Pero a su esposa vea usted: Se aprisiona la aréola cerca del pezón entre dos palillos verticales atados entre si fuertemente por los extremos. Otra pareja en la punta del pezón y así queda plano y facilita centrar el sacabocados. ¡Clacs! agujero… remache y ¡listo uno! Hemostático y al otro. ¡Clacs!, agujero… remache… listos los dos. Quedan lindos los chorretes de sangre cayendo por los costados.

    -Cómo ve usted, Sr Valverde, el tratamiento del clítoris de su esposa es similar al de los pezones ya que es bastante grueso. La zorra se lo debe pasar bien con semejante bultito del placer. No sé si ahora, con el remache perderá algo de sensibilidad. Al de su hija le pasa lo mismo que a los pezones, tiene que ser con aguja porque el clítoris es pequeño para adornarlo con remache.

    -Bajo la pepitilla, otros tres preciosos remaches en los labios mayores de cada una de las mujeres. ¿Se ven bien los anillos de los pezones y el clítoris de su hija verdad? Verá cuando las dos tengan puestas todas las joyas. Seguro que se sentirán orgullosas de su aspecto.

    -¡Ah!, es verdad, me olvidaba la argolla que les están implantando en la rabadilla. ¿Sabe para qué sirve? Pues se lo explico: Cuando se quiera que tengan alguno o los dos agujeros rellenos con algún juguete u otro objeto, se engancha el extremo de una cadenilla a la argolla del clítoris y el otro a la argolla de la rabadilla, impidiendo que los objetos se escapen de sus acogedoras guaridas y así ellas puedan disfrutar con sus oquedades bien repletas. Jaaa ja ja ja.

    -Bueno, ya están engalanadas. Quizá las tres argollas que luce cada una en los labios mayores sean un poco excesivas y pesadas. Ello hará que los labios sean cada vez mayores y más atractivos. Los adornos de los pezones de su esposa son, como puede apreciar, algo singulares. Consisten en unos resortes cónicos que pasan por el remache del pezón en su vértice y se apoyan en la aréola en su base. Así estiran el pezón continuamente y ayudarán a perfeccionar el trabajo que las viejas indias efectuarán para modelar sus tetas conforme yo las quiero. Unos pezones bien largos serán un buen remate para unas tetas largas y colgantes.

    -Nelly las lleva ahora a las dos calvitas ante un espejo. Es la primera vez que se van a ver desde que llegaron. ¡Toma ya las desagradecidas! Pues no se ponen a llorar en lugar de agradecer las hermosas joyas. Ya se han ganado un castigo, ¿Ve Ud. ser fiscal los inconvenientes de consentirles una mala educación? Pero bueno, el castigo habrá que dejarlo para otro día, lo que les viene ahora será suficiente por hoy.

    -¡Ah mire! Ahora les colocan en cada dedo pulgar un ancho anillo con argolla para trabárselos al collar si es menester. Observe sus manos sin joyas. Las vendimos puesto que nuestra economía es muy precaria y conviene que aporten algo. A su esposa le dejamos la alianza de matrimonio para que recuerde que está siendo infiel cada vez que se aparea con alguno de mis hombres.

    -Y viene lo bueno, la decoración plástica. Hemos decidido bautizarlas con los nombres de Perra, a su santa esposa, y Cerda, a su inocente hija. Sobre el pelado pubis de cada una se dibujará un tatuaje imborrable que dirá: «Perra –o Cerda- propiedad del Campamento Morales». Un poco largo, pero un pubis da para escribir mucho y me encanta ver mi nombre escrito en la piel da las damas. El nombre de Perra o Cerda se les tatuará también en el brazo izquierdo.

    La imagen se proyectó en la pantalla tan solo 15 minutos. A Morales no le debía parecer la escena suficientemente cruel y humillante para Valverde. Se despidió para aparecer a los pocos segundos. La imagen reflejaba a las dos mujeres de frente: Su nariz, pechos y vagina brillantemente anilladas con piezas de gran grosor. Su pubis reflejando su nombre y propietario. Se les da una orden para que muestren su lengua a la cámara y bailen ante ella y, ante la demora en hacerlo, Nelly les castiga las nalgas con la fusta.

    -Ahora, para concluir, se las traslada al estrado para proceder a marcar el anagrama del campamento en su espalda, justo encima de la argolla de la rabadilla, donde la espalda pierde su casto nombre. El herrero y Nelly las llevan con una cadena trabada al collar y ellas caminan cómicamente con sus sandalias metálicas de altos tacones entre mis hombres, los cuales aprovechan para pegarles manotazos en las nalgas. ¡Pooobrecitas! Encima de sus dolores en sus delicados órganos, además las arrean. ¡Qué bárbara gente tengo! No me queda más remedio que imponer algún reglamento para follarlas porque si no nos van a durar muy poco.

    -Atienda al hornillo de carbón incandescente que hay en el estrado. ¿Se imagina cómo se les impondrá la marca? La semana que viene lo verá, Sr, fiscal Valverde. Un afectuoso saludo.

    CONTINUARÁ.

    El relato es mitad verdad mitad ficción, los nombres han sido cambiados, por privacidad de los protagonistas y porque les tengo mucha amistad, espero disfruten este relato, que aunque fuerte, fue una en parte experiencia, cuídense y sigamos luchando con el coronavirus, comentarios a [email protected].

  • Un baño de leche

    Un baño de leche

    No puedo decir que tenga una mente reprimida. Tampoco que sea convencional sexualmente. Pero hacía menos de tres meses que había salido de una relación de más de 13 años. Ni que decir tiene que eso pasa factura a nivel de relacionarse y experimentar. Si es cierto que de vez en cuando solíamos hacer tríos, aunque en la gran mayoría de ocasiones resultaban algo decepcionantes. Teniendo en cuenta que la complicidad sexual entre mi pareja y yo era inigualable, no era fácil que un extraño se uniese al juego en igualdad de condiciones y más teniendo en cuenta que siempre lo hacíamos en nuestra casa, lo que añadía para el invitado el problema de no encontrarse en un ambiente conocido para él.

    No en la relación, pero si en el ámbito sexual habíamos asumido un rol cada uno. Nos gustaba el juego de la sumisión. Yo era el amo y el mi sumiso. Lo pasábamos en grande realmente.

    Una sola vez fuimos a un sex shop para meternos en el cuarto oscuro. Aunque terminamos follándonos entre otro y yo a mi marido, la sensación que tuve fue muy desagradable. Era muy lúgubre, poco higiénico y realmente cutre.

    Desde que nos separamos mis relaciones sexuales podría definirlas como lamentables. Rara vez conseguía contactar con muchos que me dieran morbo y si alguno lo hacía luego me sentía decepcionado. Por decirlo claramente. Eran unos polvos de lo más pobres.

    Hecha esta pequeña introducción paso a relatar lo que para mí fue una de las experiencias sexuales más excitantes e inesperadas que he tenido hasta ahora.

    El día en cuestión yo había ido a Barcelona por temas de trabajo. Mis reuniones terminaron antes de lo previsto y a medio día ya estaba listo. En vez de volverme a casa decidí ir a pasar la tarde al Ensanche. Era una buena oportunidad para poder follar con alguien que ya no tuviese más que visto en mi zona en todas las aplicaciones en las que tenía perfil. Mientras comía en restaurante las abrí todas para ver todos los que estuvieran cerca con la esperanza de echar un buen polvo. Más de lo mismo. “Hoy no puedo”, “no tengo sitio”, “hasta la noche no puedo”, etc. etc. Como tampoco la mañana había sido lo gratificante que habría deseado decidí no perder el tiempo e irme a casa. De camino a buscar el coche pase por delante de un local que me llamo la atención. Soy bastante directo para ligar online pero muy torpe y tímido para hacerlo en persona. Di por hecho que sería una sala sinuosa y poco estimulante para mí. Además pensé que encontraría mucha gente mayor. Aclaro que me suelen gustar más jóvenes que yo. Solo entrar pude darme cuenta que no tenía nada que ver con lo que había imaginado. Era un local amplio y a simple vista ideal además de limpio. Luego pude ver que además de la zona para sexo explícito había otras opciones como bar, tienda, sala ciber, y por supuesto una amplia zona de cabinas y cruising.

    Evito describir los detalles de mi entrada ya que hacía tiempo que no pasaba tanta vergüenza. Lo resumo diciendo que me sentí totalmente observado y eso no me gustaba nada. Decidí ir al bar y pedirme una cerveza. Ya solo tenía dos opciones. Terminármela e irme o explorar el local. Afortunadamente opte por lo segundo. Había más tíos jóvenes de los que habría podido imaginar. Algunos tenían unos cuerpazos de infarto. La verdad es que me excite pensando que tal vez encontraría a alguno algo sumiso que yo le gustase. No tarde en fijarme en uno que no dejaba de mirarme claramente invitándome a acercarme a él. Guapo, definido, bronceado, buen culo y por lo que se podía intuir buen paquete. No me lo pensé más. Ahí estaba mi polvo y yo estaba dispuesto a partirle el culo. Me fui hacia él.

    Yo: ¿Qué tal?

    El: Bien, aquí esperando que llegara uno como tú. – Me dio subidón.

    Yo: ¿Ah sí?, pues para que vamos a esperar. Vamos a una cabina.

    Se dirigió a entrar en una de ellas y yo le seguí. Diosss! Tenía un culo perfecto. Me lo quería follar a saco. Entramos y se giró. Al llegar a él directamente me puso la mano en el paquete para palparme la polla que evidentemente ya tenía empalmada. Yo hice lo mismo con él. Si la mía estaba dura la sura era puro acero, y por lo que palpe, de una medida considerable. Sin duda quería ir al grano porque rápidamente se desato el cinturón y se bajó el pantalón. No había duda. Tenía un rabo que te cagas. Grande, grueso y un capullo bien gordo. Yo hice lo mismo con la intención de ponerlo chupar mi polla de inmediato. Claramente me equivoque en mi propósito.

    Sin darme cuenta apenas me agarro de los hombros y me puso de rodillas. En décimas de segundo era yo el que tenía su polla en mi boca hasta los huevos. Me dio una arcada pero no pareció importarle lo más mínimo. Empezó a follármela metiéndome su pollaza hasta la garganta una y otra vez. Yo no podía reaccionar. -Venga traga polla. Me gustan los papis bien putas como tú- dijo. Me excito tanto oír eso que puse sus manos en su culo para hacerlo empujar más fuerte aún. Ufff. Era un culo duro. Lo atraje con fuerza hacia mí para k me la metiera a saco. En un momento pase de ser Amo durante largo tiempo a ser la puta. No me importo. Es más, me encantó la idea.

    Se sentó al filo de una silla y me dijo – ¡Ven aquí zorra. Sigue comiéndome la polla!- Estuve encantado de obedecerle. Me puse de rodillas en el suelo y me puse a mamar como un loco.

    No tarde en sentir que alguien empezaba a acariciarme el culo. Entonces recordé que no habíamos cerrado la puerta. La verdad que no me importo, más bien me puso aún mucho más cachondo. Las manos que me acariciaban las nalgas de pronto se aferraron fuerte. Me levantaron el culo. Note como el tío me escupía en el culo. Empezó a refregarme su saliva con un dedo a la vez que lo iba metiendo y sacando. De repente lo que estaba entrando en mi culo ya no era su dedo, era su polla. Apenas había dilatado y el muy cabrón empujo hasta que note su pubis golpear contra mis nalgas. Al mismo tiempo el chico que se la estaba mamando me agarro la cabeza presionando fuerte para metérmela entera en la boca. Luego los dos empezaron a follarme fuerte, el culo me dolía pero resistirme habría sido inútil. Estaba siendo empalado por dos pollas hasta el punto que casi habrían podido tocarse esos dos rabos dentro de mí. Note que el chico que me estaba dando de mamar hacia un gesto con la mano como invitando a entrar más gente a la cabina. – Ya están aquí mis amigos. Ahora vas a ser la puta de todos cabrón- Joder. No sabía cuantos más había. Francamente me importaba una mierda. Estaba disfrutando como pocas veces.

    Pasado un rato, la polla que me empalaba por el culo salió y dejo paso a otra que note mucho más grande. Igualmente me la clavo de un solo golpe, y sin mediar empezó a sacudirme pollazos reventándome el culo. Después ya no pude distinguir los tamaños de los rabos que me petaron. Incluso llegaron a meterme dos a la vez. Podía oír a los demás que esperaban su turno susurrar. No podía entenderlo todo pero si algunas cosas como “joder que follada tiene el cabrón”, “lo voy a destrozar a pollazos” y más cosas por el estilo. Entonces el chico que me estaba insertando la polla en la garganta dijo: – ¡Venga chicos. Vamos a petar bien a mi puta. Quiero que la preñéis todos. La boca y el culo, donde os saga de los cojones. Vamos a dejarla bien rellena de leche!-.

    Valla si lo hicieron. Me follaron uno tras otro turnándose mi culo y mi boca. Serían 7 u 8 al menos, no podría decirlo. Cuando alguno de ellos soltaba sus chorros de lefa en mi boca oía decir al que hacía de Amo: -Venga, ahora tu métesela en la boca que se tenga que tragar la leche-. Y así era. Trague tanta lefa que podría haber llenado un vaso. Lo mismo puedo decir de mi culo, de lo preñado que me lo dejaron a cada empotrada que me metían sentía la leche salir y resbalar por mis muslos. No sé ni cuánto tiempo estuvieron follándome, ni cuantas veces me preño cada uno.

    Cuando todos habían terminado, y añado que más de una vez fueron saliendo. Al final nos quedamos solos el chico y yo.

    El: ¡Te lo has pasado bien eh!

    Yo: Joder sí. Pero me duele hasta el pelo.

    El: jajaja. Normal, te hemos dado polla por todos lados cabrón.

    Yo: Ya ves.

    El: Pero has disfrutado, se te notaba.

    Yo: ¿Si?. ¿Tanto se me notaba?

    El: Osti si has disfrutado tío, creí que nos echarían de tanto que gemías.

    Yo: Ufff, lo siento.

    El: No que va. Al contrario. Eso me ponía más cerdo.

    Yo: Nunca había hecho esto. Pero me ha encantado.

    El. ¿Quieres más?

    Dude. Por un lado no tenía problema, ya puesto estaría bien. Supongo que ocasiones así se dan pocas en la vida. Pero por otro no me veía capaz. Supongo que ya en frio, si ahora me metían una sola polla más me retorcería de dolor. Muy a mi pesar decline decliné el ofrecimiento.

    Yo: jejeje. Creo que no, ha estado genial pero creo que no aguantaría.

    El: ¿Estás seguro? Yo creo que sí.

    Yo: No de verdad. Me iré ya para casa. Otro día tal vez sí. Si quieres dejarme tu teléfono cuando venga te aviso.

    El: Bueno si, pero me sabe mal que te marches. Vente conmigo a casa si quieres y tomamos algo. Así te puedes dar una ducha y luego ya te vas cuando quieras.

    La idea me pareció tentadora. Y como no, mi jodida regla de conducta me lo hacía cuestionar. ¿Cómo voy a ir a su casa si no lo conozco de nada? Por otro lado pensaba que no había diferencia alguna en quedar con cualquier otro y hacerlo en su casa. Era igualmente un desconocido y hasta ahora no había tenido problema en eso. A fin de cuentas este está que te cagas de bueno y ya me había follado y bien. Al final me decidí y acepte su invitación. Los dos nos vestimos y salimos del local.

    Por lo visto vivía a dos manzanas de donde estábamos por lo que me dijo de dejar el coche donde lo tenía. Era mejor ir a pie. Justo cuando salimos cogió su teléfono y me dijo – Espera un momento porfa- Se alejó y hablo con alguien. No preste atención a su conversación la vedad. Tampoco me importaba. Solo pude oír como se despedía. –Vale, pues ahora iremos. ¿45 minutos vale? Venga hasta ahora.- Colgó.

    El: Vamos primero a tomar algo. No he cogido las llaves del piso y mi compañero no está en casa. Hacemos un poco de tiempo.

    Yo: Ah. ¿Pero no vives solo?

    El: No que va. Son muy caros los alquileres. No me lo puedo permitir desgraciadamente. Ojala. Pero no te preocupes. Él es muy hetero pero buen tío. No se mete en mi vida. Ya está acostumbrado a que lleve gente a casa. El lleva más tías que yo tíos el muy cabrón.- soltó una carcajada- Estoy hasta los cojones de oírlas gemir a las muy zorras. Se las debe petar bien.

    Fuimos a una cafetería que había debajo de su edificio. Tomamos un café mientras hablábamos de cosas banales realmente. Más de mí que de él realmente. Pasado un rato miro el reloj y me dijo que su amigo ya estaría en casa. Pagamos y fuimos a su casa. Llamo al timbre y abrió su amigo. Me lo presentó y después fuimos directamente a su habitación que estaba justo a la derecha de la entrada. Me saco una toalla y enseño donde estaba el baño. Era justo la puerta de al lado. –Te espero en la habitación- me dijo. – Sal con la toalla mejor y luego te vistes, así estarás más cómodo. Diez minutos después regrese a su habitación con la toalla anudada a mi cintura.

    El: ¿Mejor?

    Yo: Pues si mejor la verdad.

    El: Guay. Vamos a tomar una cerveza al comedor.

    Yo: Pero espera que me visto. Estará tu amigo.

    El: Ah, no te preocupes. Se ha ido. No volverá hasta la noche ya.

    Salió de la habitación y yo le seguí por el pasillo hasta el salón. Cuando entre me quedé como petrificado. Me había mentido. Su amigo no se había ido, es más, había dos tíos más sentados en el sofá. Los tres de frente mío. Y los tres desnudos con sus pollas en la mano a cual más grande. Se me puso dura casi al instante y empezó a abultar la toalla. El chico se vino hacia mi y de un tirón me la arranco quedándome totalmente desnudo sin poder esconder mi excitación delante de aquellos 4 machos.

    El: ¡Ves como tenías ganas zorra! Mis amigos tienen ganas de que se las comas. ¡Venga va, ponte de rodillas y cómesela a los tres. Yo voy a buscar cervezas. Evidentemente que no tarde en ponerme delante de ellos y agarrar primero la polla del chico que nos había abierto la puerta. El me cogió la cabeza y me amorro a su rabo babeante. –Ufff, que rico. Si va a ser verdad que eres un buen mamón. ¡Venga cómeme la polla! Empecé a mamar con ganas. Oía a los otros susurrar mientras se la meneaban y esperaban su turno. Por lo visto estaban impacientes. Uno de ellos se levantó y se puso a mi lado de pie. Me cogió de la cabeza para hacerme sacar la polla que tenía en la boca. –¡Ahora me toca a mi perra. Chupa!- Obedecí. Note que por detrás mi cogían de los huevos y estiraban de ellos. Entonces el compañero de mi amigo me puso de nuevo a chupar su polla. Me presiono la cabeza para hacérmela tragar entera. Me retuvo ahí con su tranca hasta mi garganta. Entonces note que me agarraban de las caderas. Habían pasado segundos que ya me estaban penetrando y añado que sin mucho mimo. Más bien milésimas de segundo después de cogerme de las caderas ya tenía la tranca clavada hasta lo más profundo de mi culo. Era el chico que había conocido en el local. Gimió de gusto al metérmela. -Ufff que culito joderrr. Os va a encantar tíos. El culo de mi zorra os va a gustar más que los coños de vuestras novias.- Se rieron todos a la vez. Y uno de ellos añadió. –Si ya se ve ya. Y además este lo podemos preñar y no se va a quedar embarazado- Volvieron a reír más fuerte aún los cuatro.

    Como había pasado menos de dos horas antes, el chico del local parecía ser el anfitrión y dirigía de alguna forma el cotarro. Los animaba a follarme la boca y el culo uno tras otro. Sin duda estaban disfrutando porque gemían y gemían de gusto todos. Incluso cuando les tocaba el turno de ser meros espectadores parecían disfrutar con mi imagen empalado por dos pollas frente a mi boca y otra atravesándome el culo. En más de una ocasión fue al revés. Dos me la metían por el culo mientras uno o los dos restantes me hacían tragar sus pollas de una en una turnándose mi boca.

    Cuando me metían dos pollas a la vez yo gritaba de dolor a la vez que gusto. Dos pollazas en mi culo a la vez. El sueño de cualquier perra pasiva. Mientras uno la dejaba quieta prácticamente el otro me la metía y sacaba con fuerza. Me rompían por dentro, pero me daban un placer infinito difícil de describir.

    Estuvieron usándome así un rato. Sin descanso para mí. Dolorido y reventado pero disfrutando como no os podéis imaginar. Cuando ya parecían cansados el chico del local dijo, -¿Chicos…le damos un baño?- Los demás casi al tiempo dijeron que sí. Además en un tono de estar encantados con la idea. ¿Un baño? Pensé. Igual ahora quieren meterme en la ducha y follarme ahí más. Pronto salí de dudas. Me cogieron y me fueron empujando hasta el baño. Una vez dentro uno dijo: -¡Venga putita, metete en la bañera!- Así lo hice. Cuando lo hice otro me mando que me pusiera de rodillas. Entonces tuve conciencia de lo que se me venía encima. Se pusieron todos frente a mí con sus pollas en la mano, no tarde en notar un chorro caliente en mi cara. –¡Abre la boca! Escuche. Lo hice. Y al tiempo note otro chorro que me llegaba de otra dirección. Me estaban meando en la cara. Al poco ya eran los cuatro chorros empapándome. Dirigían sus meadas a mi cara y boca. Efectivamente me estaban bañando de arriba abajo literalmente. Pero no de agua jabonosa. Sus meadas resbalaban por mi cuerpo como ríos. Al poco ya solo notaba tímidos chorros que se estampaban contra mi cara. Entonces el chaval del bar que casi todo el rato había llevado la iniciativa, me dio una nueva orden. –Ahora límpianos la las pollas putón- Parecía encantado de hacer de mí su zorra y orgullosamente prestarme a sus amigos. No había falta que lo dijera pero su actitud era clara en plan “Veis que puta más buena tengo. Hace lo que me da la gana”. Os confieso que creo que a mi aun me gustaba más esa idea que a él. Un macho me hacía ser suyo, y por tanto me prestaba a que me usaran y disfrutaran sus colegas. Esa idea era de lo más excitante y morbosa, y ya ni os digo estando con 4 machos delante de mí con sus rabos aun cargados.

    Empecé a coger sus pollas y empezar a lamerlas y limpiárselas una tras otra. Cuando llegué a la última me agarro la cabeza y empezó a follarme la boca fuerte. Los demás empezaron a meneársela. A los pocos minutos oí que uno decía –déjame, ¡me corro!- El que me estaba taladrando la garganta me agarro la cabeza como si pasara una pelota al que estaba a punto de correrse. Sin soltarme la cabeza el otro me metió su polla en la boca y casi de inmediato note sus chorros de leche saliendo disparados hacia mi garganta. ¡Ahhhggg. Traga zorra. Trágatela toda. Traga… traga! Con cada convulsión de su cuerpo su polla soltaba un nuevo chorro de semen. Oí a otro casi gritar. –¡Pásamela que ahora lo preño yo! Así fue. Repitió la operación y me rebozo la boca de su espesa leche. Luego fue el turno de los otros dos que casi se corrieron al tiempo compartiendo mi boca. Sus dos capullos atrapados en mi boca soltando chorros de esperma que ya me resbalaba por la barbilla. Todos gemían a la vez. Me insultaban disfrutando de mi complacencia hacia ellos.

    Cuando ya los cuatro se habían corrido sin que me lo ordenaran fui yo quien tome la iniciativa y fui lamiendo uno tras otro sus cuatro rabos ya casi flácidos limpiándoles hasta el más mínimo rastro de lefa. Sin duda eso les gusto. Entonces el chico, mi Amo, dijo: -Ahora córrete tú-. No esperaron a que lo hiciera. Salieron los 4 del baño mientras yo me la cascaba. Creo que fue mi paja más corta ya que me corrí casi de inmediato.

    Cuando termine me pase una ducha y salí al salón. Ahí estaban los 4 aun desnudos bebiendo cerveza. Me miraron y esbozaron todos una sonrisa. Mi anfitrión me dijo, – Tomate una cerveza y relájate. ¿Aun quieres mi teléfono?… “Por supuesto que sí” conteste.

    ¿Os preguntareis como me sentí después? Os lo aclaro: ¡Nunca más fui Amo. Ahora soy una GRAN PUTA!

  • Laura, la enfermera con fantasías (2)

    Laura, la enfermera con fantasías (2)

    Laura está totalmente encendida. No piensa en otra cosa. Respira agitada, jadea, gime, aprieta sus dientes.

    Quiere sentir esa polla que su mano está masturbando cada vez con más fuerza. Y se la dirige hacia el centro.

    -Suéltala. Ella ya conoce el camino -le dice Juan en un susurro, con voz que denota también el placer que siente.

    Laura obedece. Y se apoya con ambas manos en el dintel del banco de laboratorio, para echar su culo hacia atrás y separar más las piernas.

    Ahí está. Ohhhh, sí. La siente como se abre paso entre sus muslos ardientes.

    Juan le coloca las manos alrededor de su pelvis, y así le separa los labios de su sexo. Su polla, diestra, avanza firme, pero no la penetra. Se pasea erguida, altiva, potente, rozando sus labios vaginales y tocando con la punta del prepucio su clítoris hinchado.

    Es una sensación nueva.

    Siempre la prisa, la premura del momento de excitación. Le gusta sentir como la penetran con ímpetu, y como le llega hasta el fondo, sin detenerse. Pero Juan le está enseñando a desearla con todas sus fuerzas, mientras la siente como se regodea tocando su clítoris, con tanta sensibilidad que, no puede contenerse.

    Y explota envuelta por un temblor en todo su cuerpo. Echa su cabeza hacia atrás, moviéndola a su vez a lado y lado. Aprieta sus dientes, gime, chilla, jadea…

    -Ohhh, ahhhh. Me corro doctor, me corrooo. No pare por diosss no deje de hacerme esto.

    Su voz suena entrecortada por los estertores que la convulsionan de la cabeza a los pies

    -Eso es, putita golfa, atrevida, insolente. No aguantas nada. Si es que los jóvenes solo folláis como las bestias. Adentro de golpe y fuerte. Me vas a pedir que te folle, nenita, que te folle.

    -Sí, doctor, ohhh, deme dos segundos que me recomponga- le responde Laura, mientras siente resbalar por el interior de sus muslos los jugos íntimos que han dejado totalmente lubricado su coño por dentro.

    Los movimientos de vaivén de Juan son suaves, lentos, pero con un contacto pleno. Y la presión de sus manos sobre sus caderas la mantiene inmovilizada. Totalmente a su merced.

    Y le gusta. Mucho.-Bueno, nena, arrodíllate- le dice ahora Juan, con voz seria y de dominio, al tiempo que retira su polla de ese lugar y se aleja ligeramente, para respaldarse en otra mesa que tiene detrás.

    Laura se gira. Ahora le puede ver la cara. Está radiante, con una enorme sonrisa maliciosa dibujada en su rostro. Y con un dedo le señala el suelo, mientras con la otra mano se masturba lentamente. Otra vez le embriaga el olor de ese perfume que le hipnotiza

    -De rodillas, puta, a mis pies. Y aprende.

    Sin rechistar, obedece. Es una situación realmente sorprendente. Con su falda arrugada en la cintura, su niki medio ladeado, sus pechos libres aún cubiertos, y su peinado que ha dejado paso a la libertad de sus cabellos ondeando alrededor de su cara colorada, anhelante de todo lo que pasa por su mente.

    -Quítate el niki. Quiero ver tus pechos.

    -Sí, doctor. ¿Así está bien? -empieza a recuperarse del orgasmo y goza con la situación.

    -Muy bien, Laura. Buena chica. Y ahora… abre la boca y saca la lengua.

    Laura siempre ha sido una mujer de cierto carácter, sin llegar al dominio, le gusta después de un rato, tomar las riendas en el sexo. Pero hoy no, se siente dócil, sumisa. Y se aprovecha del contexto para vibrar con esas nuevas sensaciones.

    Por un instante, por su cabeza pasa la imagen de encontrarse en la misma situación, pero con su pareja enfrente. Y se siente incómoda. Hasta le desciende la lívido. Vuelve al lugar. Y abre su boca, pasando su lengua por sus labios, como una niña golosa que pide su caramelo.

    -Las manos atrás, cogidas en tu espalda, como una niña obediente.

    Juan se acerca despacio, con su miembro firme sujeto en una mano. Y se lo acerca a los labios.

    Laura quiere sentirla en su boca, y con la cabeza la busca. Pero Juan se hace de rogar, y se entretiene paseándola por sus labios, y golpeando con la punta sus mejillas.

    -Quieta, zorra, sin prisas, que aquí mando yo. Todo esto vas a recordarlo siempre. Y cuando estés con cualquier pimpollo de esos que te rodean, les dirás que te follen así, que es como te gusta. Pero tendrás que cerrar los ojos y recordarme para correrte, nena.

    Laura abre su boca del todo, y entonces la siente como Juan se la entra.

    -No cierres la boca, no la toques, abre bien, más, más. Hasta que te duelan las mandíbulas.

    Laura hace un esfuerzo más. Está totalmente servil a las órdenes que le dicta. Y es que se siente totalmente poseída, a su merced. Y eso le enloquece.

    Poco a poco, la polla llega al final de su boca, y le roza en la campanilla. Laura suelta un leve rechazo, como si se ahogase… y hace ademán de retroceder.

    -Quieta, nena. Ni se te ocurra cerrar la boca. Ni tragues saliva, que te resbale por la comisura des labios y moje tus tetas calientes. Porque las tienes ardiendo ¿verdad?

    Asiente levemente con la cabeza. Y eso hace que el prepucio de esa polla que tiene totalmente dentro de la boca, le masajee la campanilla. Y que la saliva fluya, cayendo con el movimiento, encima de sus pechos. Con tanto acierto, que siente resbalar ese hilillo por su seno, hasta rodear su pezón, para acabar goteando en el suelo.

    -Lo ves como sabes hacerlo. Eso es, buena chica. Aprende. Venga, cierra los labios y chupa, lame, pero ni se te ocurra tragar saliva. Que te fluya, babea, como una putita babosa que es lo que eres.

    Laura degusta con pasión ese miembro delicioso, y erecto. Como si se tratase del más exquisito manjar. Y es que para ella, ahora mismo, lo es. Mejor que el más puro caviar.

    -Suelta tus manos y cógeme los muslos, y lame con más ímpetu, chupa, y pasea tu lengua húmeda por mis huevos. Despacio, sin prisa. Aprovecha todo su jugo que no todos los días te comes una polla como esta, pequeña. Venosa, erguida, firme.

    Tiene toda la razón. Parece que lea sus pensamientos. Nunca había imaginado Laura sentir ese placer y esa excitación con un hombre que bien pudiera ser su padre.

    Es de una dimensión inimaginable para ella lo que siente. Y le gusta, mucho. Y sigue y sigue, deseando que ese caramelo nunca se acabe. Su lengua moja la bolsa escrotal, y luego se separa para soplarle suave, y ver como se eriza la piel. Y oír como Juan resopla como un caballo en celo.

    -Bueno, bueno. Ya está bien, nenita, que me vas a hacer correr. Y yo tengo mucho aguante, pero tú eres una muy buena zorrita enfermera.

    -Sí, doctor, su enfermera, para lo que me ordene.

    Se extraña hasta de sentirse a sí misma tan entrada en el papel de niña obediente. Pero es que le excita mucho, y hasta le divierte sentirse así, atrevida, mala, caprichosa con “su Doctor”.

    -Venga, levanta, que ahora me toca a mí comerme ese manjar que tienes entre tus piernas. Espero que esté bien jugoso.

    -Empapado y chorreante, dispuesto para su lengua, doctor. No deje ni un milímetro sin recorrer.

    Juan le ayuda a subirse a un pequeño taburete que ha sacado de debajo del mostrador, y a sentarse encima del mismo. Le acompaña el cuerpo para que se tienda encima, apartando los instrumentos que por ahí estaban, y se aleja a buscar dos porta-sueros. Los nivela y le coloca una pierna encima de cada uno. Laura deja escapar una sonrisa. Parece que esté en la consulta del ginecólogo.

    Juan toma una silla y se coloca entre sus piernas. Ahora siente su respirar muy cerca de su coño abierto. Y también sus manos, que se posan en las ingles y aún separan más sus carnes.

    Con la punta de le lengua doblada, para que resulte más consistente, Juan empieza a darle golpecitos hacia los lados en ese clítoris generoso que se divisa erguido y empapado.

    Laura, jadea. Y gime como respuesta a cada golpecito con un chillido contenido. Esa es una parte de ella que se sabe muy sensible, pero que le está dando el placer más intenso esa lengua experta.

    Ahora Juan le acerca los labios de su boca, y lo succiona levemente, como una caricia. Lo está queriendo mamar, y esa sensación le estremece completamente.

    Laura está saltando de lado a lado de esa línea imaginaria que separa el máximo placer del dolor. Y es exquisito, sublime.

    Cuando cree que no va a aguantar más, Juan se retira, y le mira. Ella ladea su cabeza para intentar que sus miradas se crucen.

    -Quiero correrme otra vez, doctor, no pare.

    -mmmm no te oigo bien, nena, ¿qué quieres?

    -Que no pare doctor. Que quiero volver a correrme. Una vez más, dos, tres, muchas, hasta que me desmaye.

    -Si es que… te falta rodaje en estos menesteres Laura. Ya irás aprendiendo a sacarle partido a tu cuerpo. Porque tienes un cuerpo muy, pero que muy apetecible.

    -Todo para usted, doctor Estébanez. Suyo.

    Vaya, hasta ha recordado su apellido, ahora sí que está bien entrada en el papel de enfermera servil. Tratándole de usted, y llamándole por su apellido.

    Que morbo, diosss.

    Continuará…

  • El trío de mi vida (Partes 1, 2 y 3)

    El trío de mi vida (Partes 1, 2 y 3)

    Volví! Estamos en cuarentena y ya que vuelvo a estar sola (he terminado una relación), decidí volver a escribir.

    Hoy voy a contarles sobre mi trío favorito.

    Me preparo para ir a la fiesta de disfraces de una amiga, me baño, me lavo el pelo, me seco y paso la planchita mientras pienso que ponerme.

    Elijo vestirme de gatita rosa (Pink kitten) unas orejitas en mi cabeza, un babydoll transparente, unas medias altas y una pollerita muy corta que deja mi cola afuera literal. No uso ropa interior, unos tacos altos y estoy casi lista, pero me falta algo…

    Tefi: Uuh estoy re puta, solo tengo que ponerme algo más y voy a ser el centro de todas las miradas. Jeje

    Busco y agarro mi plug con cola, le paso la lengua, lo lleno de saliva y me pongo en cuatro, con el plug bien lubricado empiezo a metérmelo en la colita, uff que hermoso placer!!! Me levanto, vuelvo a mirarme al espejo, acomodo la pollera, el plug está bien metido, me peino, me maquillo… y pienso «que puta soy» «hoy mínimo me cogen cinco».

    Estoy lista, agarro mi celular, tengo un whatsapp de Leo (Mi hermano)

    Leo: loquita, ya te fuiste?

    Tefi: Hola bombón, no, todavía estoy en casa, vos dónde estás?

    Leo: también en casa, venite al quincho que tengo una sorpresa para vos.

    Tefi: Wiii con lo que me gustan tus sorpresas!!! Voy para allá!

    Agarro mi cartera y bajo, cruzo por todo el living, camino por el parque y escucho música, llego al quincho y abro la puerta.

    Entro y… oh sorpresa! Están ellos, mi trío favorito!!! Fer (26), Gonza (24) y Kevin (18) Mis primos de España. No pude disimular mi felicidad. Sus caras al verme tampoco, siento sus miradas y me recorre el placer entre mis piernas…

    Me acerqué corriendo y me abrazaron entre todos, agarro una copa, risas, anécdotas, copa va copa viene, bailo primero con uno, después con otro y así. El alcohol empieza a hacerme efecto (no soy de tomar mucho), doy vueltas alrededor de la mesa de pool y me subo, me arrastro en 4 patas como una gatita, cada uno de ellos en una esquina, mi hermano no se iba a perder lo que estaba por pasar ni aunque lo llame la novia.

    Mi cola parada con el plug bien arriba deja ver como mi culito está bien abierto y dilatado, sigo arrastrándome y llego a la esquina donde está Fer, mi primer amor europeo, 1,90 m de alto, musculoso, morocho de ojos claros, con barbita recortada. (Después les digo las medidas). Lo miro fijamente, se agacha y me come la boca, lo empujo, me voy para la otra esquina, está Gonza, más bajito que el otro, mide 1,70 m, pero tiene un porte, unos músculos y una cola! Morocho de ojos verdes que te hace acabar con la mirada. Me acerco, le doy un beso y sigo hacia la otra esquina, me encuentro con Leo, el rubio más lindo de toda zona norte, ojos celestes como yo, no tan alto, 1,80 más o menos y un cuerpo bien marcado. Le doy un beso, le guiño un ojo y me voy, busco al más chico. La última vez que lo vi fue hace 7 años atrás. Kevin es el típico adolescente Instagramer lindo, tiene el cuerpo marcado, es morocho de ojos azules carilindo y, según me contaron, muy bien dotado… tiene locas a todas las pibas.

    Me pongo loca y me lo chapo un buen rato con ganas, bien pegajoso, nuestras salivas unidas salían por las comisuras, lo suelto y veo los hilos de baba uufff.

    Me doy vuelta, miro a cada esquina y estaban todos desnudos, me emociono y siento como me mojo más y más.

    Leo la tiene gruesa 5 cm y debe medir unos 18 cm de largo, Fer la tiene más o menos del mismo largo, menos gruesa, unos 4 cm aproximadamente. Y Gonza tiene un gancho jajaja, es larga unos 19 cm y 4 de ancho pero se levanta para arriba.

    Me acerco a Fer, que puta que soy, empiezo a lamerle la cabeza y de a poco toda la pija, la extrañaba.

    Tefi: Que rico! La primer pija que chupe cuando fui a España!!! Me vuelvo locaaa!!! Que puta soy jaja.

    De pronto, aparece Gonza y pone su pija en mi cara, comienzo a lamerla y la meto en mi boca, chupo sus pijas de a uno, juntas, mientras recordaba cuando me habían dado su lechita en Europa, tan rica y saludable jajaja.

    Sigo chupando y empiezo a sentir que me sacan el plug de mi cola, es Leo, me pone el plug cerca de la boca.

    Leo: Limpiala Tefi, sentí el sabor de tu colita.

    Tefi: Mmmm quiero más, está muy rica!

    Meté varias veces el plug que sigo lamiendo todo hasta que no quede nada.

    De repente siento que me chupa el culo, mete su lengua y lo llena de saliva, se siente tan bien, estoy toda mojada, mi conchita chorrea y tengo unas ganas de acabar tremendas.

    A todo esto Kevin todavía no participa.

    Fer se sube a la mesa y empieza a jugar con su pija en mi orificio anal, la mete de a poco hasta que entra toda!

    Tefi: Aaayyy que lindooo!!! Cógeme la cola primo que me encanta mmmm.

    Fer: ya sabemos que te gusta putita, te la voy a llenar de leche todas las veces que pueda!

    Tefi: siiiii que ricooo!!! Con las ganas de tomar la leche que tengo! Aaah sii asiii dame más fuerte!!!

    Leo: se bajó y me dio su hermosa pija para que la chupe mientras entre Gonza y Fer se turnaban y me cogen la cola. De pronto me acuerdo de Kevin y lo llamo.

    Tefi: Primito veniii!!! No tengas vergüenza, no te voy a lastimar jeje, soy una gatita buena y muy puta.

    Meto un dedo en mi boca y lo miro provocándolo.

    Se acerca, y se le nota la verga gruesa por debajo del jogging. Meto la mano y siento ese palo duro y venoso, no puedo cerrar la mano, es enorme. Bajo su pantalón y la tengo frente a mi.

    Por favor, se me hace agua la boca, era como la de un burro.

    Creo que más de 5 cm de ancho tiene y 22 cm de largo fácil, me quedo sorprendida/admirada/contenta/putisimaaa!!! Jajaja

    Tefi: Es enorme! Mi cola la pide garitos!!!

    La escupo, bajo hasta los huevos y lamo hasta la cabeza, el olor a perfume y a pija me vuelve loca, se nota que se cuida en la higiene, además está todo depilado. Mientras tanto, Gonza no aguanta más y me acaba en la cola, Fer se pone abajo y me mete su pija en la concha mientras Leo empieza a meterme el plug.

    Con la pija de Fer bien metida empecé a mover la cola, su verga curva me fascina, salto arriba de su pija, me estremezco y siento que voy a acabar.

    Tefi: Ay si, que pija tan hermosa Ferchuuu!!! Aagg si si siii mmmm voy a acabar, no doy maaas!!! aaahhhggg!

    Fer sigue cogiéndome mientras Leo mete el plug en mi cola y lo saca con lechita, lo acerca a mi boca para que lo limpie, ese sabor agridulce y el olor a mi colita mezclada de semen me pone loca y chupo todo.

    Tefi: Mmmm dllhii que rico, dame más hermanito, quiero tomarme toda la lechita que sale de mi cola.

    Leo mete de nuevo el plug en mi cola y trae la lechita mezclada con mis jugos anales. Con la lengua limpio hasta la última gota.

    Fer, al ver como saboreo la leche de mi cola, baja de la mesa y me pone la pija en la boca.

    Fer: Toma primita, como cuando viniste a España y querías tomar la lechita conmigo. Te acordas?

    Tefi: Mmmm como olvidarme de ese día primo, la leche más rica la tenés vos! Damela todaaa!

    Fer: Abrí bien la boca putita que ahí viene, toda como a vos te gusta…

    Abro la boca y siento el chorro espeso y dulce, espero a que termine de acabar y meto su pija en mi boca, muevo mi lengua en círculos y succiono hasta la última gota.

    Tefi: mmmm (hago buches)

    Fer: no no, no la tragues aún, acordate lo que tenés que hacer.

    Con la lechita en la boca, abro y juego con la lengua, hago gárgaras, burbujas de leche y…

    Tefi: Aaagghh que ricooo! Me la tomé toda mira! Quiero más!

    Segunda parte:

    Kevin que ya tiene la súper pija casi chocándole el pecho, acerca una banqueta, se sienta dándome la espalda (mi cara de asombro), ya sé lo que quiere. Pone su cola abierta frente a mi cara y estira un brazo hacia atrás, me agarra de la cabeza y mete mi cara en su culo. Saco mi lengua (olvidé contarles que mi lengua mide casi 10 cm de largo) y comencé a lamerle en ano, tenía un olor a limpio ese culito, lo llené de saliva y fui metiéndole la lengua, hacia círculos y lamia todo.

    Kevin: que hermosa puta sos Tefi, date vuelta y ponte boca arriba.

    Tefi: te gusta lo putita que soy primito? Viste que no te iba a lastimar jajaja

    Kevin: siii y me encanta, quiero ver de lo que sos capaz.

    Me doy vuelta, quedo boca arriba y Kev pone los huevos en mi cara. Me encanta lamer los testículos. Se mueve para adelante, sigo lamiéndole el culo y las bolas, mi saliva y el resto de semen de Gastón hacen todo muy pegajoso y me fascina.

    Kevin: no aguanto más putita, querías tomar más leche?

    Tefi: mmmm siii tenés más lechita para mi?

    Kevin: tengo mucha leche para darte.

    Se para y me pone esa monstruosidad en la frente, abro la boca bien grande y comienza a tirar semen para todos lados, en toda mi cara, la boca, los ojos, la nariz, llegó hasta mis tetas.

    Yo como una nena muy aplicada, ayudo con mis dedos y voy agarrando la lechita de mi cara y los chupo mientras lo miro a los ojos. Limpio todo todito, es tan rica su lechita, espesa, semi amarga y ese olor que para muchas es horrible, para mi es la gloria, me vuelve loca el olor a semen, a pija y a culo. Si, lo sé soy re cochina jejeje

    Me bajo de la mesa y me siento en la misma posición que estaba Kevin en la banqueta, arqueo mi espalda y dejo la cola hacia afuera, bien abierta y con ganas de más pijas.

    Ahora si, Kevin me agarra de la cintura, me apoya la pija y me agarra del cuello tirando mi cara hacia arriba, saco la lengua y me la empieza a chupar, mientras empuja despacito su pija en mi culito que, con la leche que quedó de Gastón y mis juguitos, no hace falta lubricar.

    Su pijota entró hasta la mitad, me duele pero me encanta. Tenía su mano en mi garganta, mi pelo cae sobre mi cola que está entregadísima.

    Kevin: Así que sos bien puta prima?

    Tefi: Muy puta, la más puta de todas.

    Kevin: Si? Querés sentir mi pija bien adentro?

    Tefi: Metela toda por favor, me encanta daleee!!! Quiero sentir como me rompes toda!

    Pone su otra mano en mi cintura, hace fuerza con ambas manos y me lleva hacia él. Siento como su hermosa y gigante pija entra toda en mi colita, gritó!

    Tefi: ay siii

    Kevin: te voy a romper el culo hasta que te sangre putita.

    Tefi: Ay si siii Uuff segui segui que voy a acabar aaagghh como me gusta tu pija primito, esta re dura!!! no pares porfa no pares. Acabo pero segui!!!

    Quedo recostada en el respaldo de la silla, Kevin saca su pija sin haber acabado.

    Leo: Me toca a mi hermanita…

    Mete su pija y me sigue cogiendo la cola, tiene casi el mismo grosor que Kevin así que la siento y me estiro para atrás nuevamente, Leo mete sus dedos en mi boca y empuja mi cuerpo hacia él para meter toda su pija bien adentro. De pronto siento como se hincha su vena…

    Leo: voy a acabarte toda la cola!!!

    Tefi: llename la colita de leche hermanito mmm que rico!!!

    Leo: aaah si toma putitaaa!!!

    Sale y sin darme tiempo a respirar me agarra Fer y antes que mi cola empiece a cerrarse me la mete de una!

    Fer: uufff que colita más golosa tienes primita.

    Tefi: ay si Ferchu, hablame en gallego que acabo de nuevo.

    Fer: pues venga, a follarte ese culo joder!!!

    Tefi: si siii como me calienta el acento español!

    Fer: pues toma leche cabrona, eres una golfa joder? me vengo dentro de ti! aah aaahhh

    Me toca a mi! Dijo Gonza y metió su pija en mi culo pero lento, empuja hasta el fondo y la saca, mi cola chorrea leche y pide más!

    Gonza: joder prima como te gusta la leche.

    Tefi: me encanta primo, tenés para darme más?

    Gonza: si, pero primero vamos a sacarte la que tienes en el culo.

    Gonza agarra una copa de vino de las grandes, tira su contenido y la apoya en mi conchita.

    Gonza: a ver Tefi, abre bien ese culito así dejas caer toda la leche.

    Apoyo mi pecho en el respaldo y con mis manos agarro mis nalgas, mi orificio se abre y empieza a caer todo. No veo nada, pero siento que sale bastante. Meto dos dedos y sigue saliendo.

    Gonza: date vuelta puta, baja del asiento, arrodíllate.

    Me arrodillo y miro para arriba, tengo la pija de Gonza delante de mí y por instinto saco la lengua y empiezo a lamer. Esta salada y amarga al mismo tiempo, tiene un rejunte de semen pero falta el suyo.

    Le chupo la pija, abro bien la boca y la meto hasta mi garganta, me encanta hacer garganta profunda. Lo hago varias veces hasta que siento que va a acabar.

    Saca su pija, agarra la copa que tiene más de la mitad de semen y acaba adentro de ella. La copa casi se llena y mi felicidad es inmensa.

    Gonza: Ahora si, toma Tefi esta es tu copa. Brindemos!

    Tercera parte:

    Kevin: me parece que falto yo!

    Grita mi primito con su pija en mano bien parada. Me agarra la mano, me pongo de pie y de un saque me sube a sus brazos agarrando mis nalgas. Kev no es tan alto (170 m) pero yo al ser petisa (1,51 m) y pesar 48 kg es como si nada. Agarro su cuello y de a poco me baja hacia su hermosa y dura verga, estoy toda mojada así que entra de a poco, duele, es enorme, mi concha moja su pija de a poco y siento como entra más y más, me levanta y baja casi sin hacer fuerza, así su pija me ensarta la concha mojada y me empiezo a venir.

    Tefi: no pares, no pares!!! aaah siii si si

    De pronto siento que me hago pis, pero no quiero parar.

    Kevin me levanta, su pija sale y chorros y chorros de algo que parecía pis pero transparente comienza a salir. Me tiemblan las piernas, me agarro de Kev, apoyo mis tetas en su pecho y le como la boca, nos besamos y otra vez me mete la pija, esta vez de una y rápido, deja que caiga sobre su pija, me levanta y caigo de nuevo. Aprieta mi cola y comienza a moverme arriba a abajo muy rápido.

    Tefi: ah ah ahh aggj aggh si siii mmnnm.

    Acabe de nuevo, más y más chorros de skirt por todos lados, mis piernas tiemblan y me desvanezco.

    Kevin: no nooo, despertate que todavía no acabé!

    Vuelvo en mi y siento que me levanta, me da vuelta, agarra mis piernas y apoya su pecho en mi espalda, mi cola toda mojada por mis jugos, flujos y skirt esta entregadísima.

    Kev: preparate que vamos a dar un paseo…

    Mete su pija en mi culo y empieza a culearme arriba y abajo sin parar. Comienza a caminar y sigue en el sube y baja, su pija me genera una felicidad y un placer enorme.

    Tefi: voy a acabar de nuevo!!!

    Kevin: yo tambien!!!

    Tyk: aaaah aaahhhggg

    Kevin: siii puta tomaaa, te lleno todo el culo de leche zorra, sucia.

    Tefi: bien puta y re sucia aaaah

    Keevin: ven Gonza, trae la copa, dejala cerca de su cola que sacamos toda la leche para ella.

    Kevin saca su pijota y empezó a caer una cantidad de semen tremenda mezclada con mis jugos anales y mis flujos. Cuando ya no cae más, me baja y me sienta en una silla.

    Kevin: primero limpiame la pija puta, dale que te gusta sucia.

    El olor a culito que tiene esta pija me volvió loca! Me la meto entera hasta la garganta haciendo una buena chupada, la mantengo por unos segundos en la garganta, la saco, la vuelvo a meter. Succiono toda la leche que quedo más mi saliva y mis juguitos. Bajo a lamer sus huevos por un buen rato. Me levanto, le agarro un brazo y lo doy vuelta, lo empujo para que apoye sus manos sobre la mesa, agarro la silla, subo una de sus piernas y ahí sí, tengo su cola para mí, quiero hacerlo acabar de nuevo, meto mi boca y saco la lengua, la introduzco lo más que puedo en su ano hasta llegar a más no poder, siento el gusto de su cola.

    Tefi: mmmm que ricooo!!!

    Kevin: no podes ser tan sucia nena.

    Fer: joder que puta eres prima.

    Gonza: voy a acabar de nuevo aaaah (mirando lo que yo hacía acaba de nuevo en la copa)

    Leo: a mi nunca me hiciste eso Tef, quiero probar.

    Mi hermano se pone en la misma posición y hago lo mismo, mientras pajeo a Kevin chupo el culo de Leo, luego pajeo a Leo y chupo el culo de Kevin.

    La copa estaba casi llena y yo siempre quiero más.

    Leo y Kevin no aguantaron más y acabaron cada uno en la copa…

    Tefi: ahora si, a mi con media copa no me llenas, con la copa llena o nada. jaja

    Kevin: joder, pensar que te veía como mi primita chiquita y mira lo puta que eres…

    Gonza: bueno ya, la estamos haciendo larga.

    Fer: te vas a tomar todo eso Tefi?

    Leo: yo creo que siii

    Tefi: obviooo! me encanta!!!

    Y así, como bien puta, cochina y gauchita que soy, me tomé toda la leche de la copa…

    Mmmm que rica!!!

    Me aplauden y se van…

    Quedé tirada en la mesa de pool toda pegajosa, con leche en mi cola y en la boca. Ni hablar de la que ya tenía en mi panza jeje…

    Me quedo dormida y de repente siento un ruido…

    … Stefanía que haces ahí tirada toda desnuda?

    Era mi papi (oooh!) Se pudrió todo!!!

    En el primer capítulo dije mínimo 5 no? jejeje

    Quieren saber el castigo que me dio?

    No se pierdan la Cuarta parte.

    Besos a las pijas. Muack muack!

    TEFI

  • Comiendo dulce de leche con papi

    Comiendo dulce de leche con papi

    Mi nombre es Ema. Desde muy joven siempre fui una chica muy sexual. Me encantaba disfrutar de tocar mi cuerpo. Supongo que crecí como una chica normal. Mis padres siempre fueron muy buenos conmigo. Mi padre, era la persona que yo más amaba en este mundo. De él se me pegó el gusto irresistible por el dulce de leche. Para los que no saben, el dulce de leche es de Argentina, como el Nutella en otros países.

    A partir de este dulce es que se desarrolla este relato y a partir del cual comienzo a sentir un deseo irresistible por mi padre. Él se llama Martin.

    Era de noche, me desperté y no pude volver a dormirme. De repente sentí unas ganas terribles por algo dulce, y nada mejor que el dulce de leche. Bajé a la cocina, supuse que nadie estaba despierto así que no me cambié de ropa. Estaba con un bóxer y una remera de tirantes blanca. No llevaba corpiño, pues no me agradaba. Mi madre siempre me obligaba a usarlo, pero yo disfrutaba de tenerlos sin ningún tipo de control.

    Me sentí en el desayunador con el pote de dulce de leche y empecé a devorarlo. No se escuchaba nada en la casa. Pero siento unas manos grandes en mi cintura. Realmente me asusté.

    -Papi ¡me asustaste! -exclame, apenas dándome vuelta en el asiento. Mi padre se rio.

    -¿Que estás haciendo Ema? ¿Comiendo dulce de leche sin mí? -El seguía con sus manos en mi cintura, tenía su cara al costado de la mía. Estaba sin remera y tenía un pantalón para dormir.

    -Si papi, no pienso esperarte.

    -¿Como que no me vas a esperar? Dame un poco, dale -Hasta ahora yo me sentía tranquila, pero su cercanía comenzó a hacer estragos en mi cuerpo. Realmente sentía sus manos a mi alrededor, su respiración en mi cuello, el calor que irradiaba su cuerpo.

    A él se lo notaba muy cómodo. Tomó la cuchara, agarro un poco de dulce y se lo acercó. Él no aparta sus ojos de los míos. Comencé a ponerme nerviosa, nunca había pasado esto entre nosotros. Tenía mucho calor y empecé a sentirme excitada. Mi padre abrió su boca y comió todo el dulce. Sentí unas ganas muy grandes de besarlo, de que me toque. Pero yo era su hija y él mi padre. Lo veía imposible, supuse que la única que se sentía así era yo. Por ser joven e inexperta.

    -Mmm -gimió y apretó un poco más sus manos en mi cintura. Yo me quedé sin respiración. De repente siento un beso húmedo en mi cuello, y como mi padre me abraza por detrás con un poco más de fuerzas.

    -Gracias nena, necesitaba un poco de algo dulce -Yo había dejado de respirar, mi corazón latía. Mi vagina empezó a mojarse. Y él seguía detrás de mí. Yo sentada y el parado detrás.- ¿Vos no vas a comer más Ema? -exclamó. Yo solo pude asentir, no podía hablar. El agarró la cuchara puso dulce en ella y me lo ofreció.- Esto me hace acordar a cuando eras más chica y te daba de comer. Vamos Ema, abrí la boca.

    Como autómata la abrí, engullí el dulce de leche y me lo comí todo. Papá dejó la cuchara en el desayunador con un poco de fuerza de más. Una de sus manos bajó hacia mi rodilla y comenzó a subir muy despacio. Fui consciente de la erección que sentía en mi espalda, de lo fuerte que me apretaba a su cuerpo. La otra mano estaba debajo de mis pechos. La mano en la rodilla subió por mis muslos. Yo estaba muy agitada y mojada. La mano llegó al bóxer que tenía.

    -Mmm Ema, se siente todo lo mojada que estás. Ni siquiera tuve que meter la mano -Yo gemí despacito cuando el metió la mano dentro y tocó la extensión de mi vagina. Moví un poco el cuerpo buscando generar presión en mi clítoris.- Estas muy mojada nena -Sentí un beso en el cuello de nuevo. La mano que tenía en mis pechos, ya más atrevida, empezó a tocarlos directamente. El gemía de satisfacción. Yo necesitaba que el meta un dedo en mí, como cuando yo lo hacía en mi habitación.

    -Papi… -lo dije agitada y jadeando. Él solo gruñó, comenzó a balancear sus caderas en mí.- Papi… necesito…

    -¿Que nena, que necesitas? -El mete su dedo en mi agujero, lo hace despacio, pero con firmeza.- ¿Esto necesitabas? Sí, yo sé que esto querías.

    -Si papi -Gimo más fuerte cuando él comienza a acelerar los movimientos. Él me calla, de repente soy consciente de que mi madre puede bajar en cualquier momento y encontrarnos. Eso me excita mucho más.

    -Movete Ema, follate mis dedos -Comienzo a mover mis caderas más fuerte, buscando llegar al clímax. Él sigue tocando mis pechos, besa mi cuello con fuerza para dejarme un chupón. Sus caderas empujan mi cuerpo. Yo comienzo a sentir mi orgasmo y gimo más fuerte.

    -Ai papi… voy a acabar -Él me aprieta más y más. Siento que no hay espacio entre nosotros.

    -Si Ema, yo también -De repente gimo sintiendo un orgasmo muy fuerte. Soy consciente de que mi padre es la primera persona que toca así mi cuerpo. La mano que tenía en mis pechos la usa para taparme la boca.

    El gruñe bajo, pero ronco y acaba en sus pantalones. Seguimos moviéndonos para extender nuestro placer.

    Nuestras respiraciones son agitadas, pero se escucha el silencio de la casa. Él sigue con su dedo dentro de mi, lo mete bien adentro como queriendo sentir que tan profundo puede entrar. Lo saca y me quejo por el vacío que siento. Ninguno de los dos habla. Él pasa sus manos fuerte por mis pechos y siento que se comienza a alejar de mí.

    -Pa -Lo llamo. Me doy vuelta en la silla. Y lo miro de frente. Se ve imponente, siento muchas ganas de tocar su abdomen. Él no me mira. Dejó de tocarme por completo. Sube su mirada y veo tantas emociones en sus ojos. Excitación, deseo, culpa.

    En silencio se aleja un poco más de mí. Mi mira a los ojos, yo quiero hablar de lo que sucedió. Él niega con su cabeza, parece que ahora lo único que encuentro en su mirada es enojo. Se dirige a la puerta de la casa, la abre y sale.

    Me quedo sentada y sola. Con muchas preguntas, pero sobre todo con muchas ganas y deseos por mi padre. Siento que se abrió una puerta de la que no voy a poder escapar y de la que no quiero hacerlo. Lo único que se es que este es solo el primer capítulo entre él y yo. Y por supuesto, el dulce de leche.

    Un beso,

    Dulce de leche.