Autor: admin

  • Una madre super puta

    Una madre super puta

    En la época actual, el sub género de los súper héroes ha sido el más exitoso y, al mismo tiempo, el más sobreexplotado, pues las grandes casas productoras, como Marvel y DC, han creado tantas películas que es casi imposible sorprender al público. Sin embargo, y pese a lo complicado que es innovar en este sub género, les voy a presentar una super heroína diferente, la cual es más rápida que una bala, más fuerte que una locomotora, y mas puta que una zorra en celo.

    La heroína de la que les habló se llama Mega Woman, pero su nombre real es Dakota, la cual es una milf afroamericana de 40 años de edad, de ojos verdes, cabello negro, alta, con un cuerpo musculoso pero femenino, y poseedora de un inmenso par de tetas y de un culo gigantesco.

    Dakota era una madre soltera como cualquier otra hasta que, una tarde, mientras manejaba por la carretera, un meteorito, el cual estaba cargado con una misteriosa energía, le cayó encima. Afortunadamente, ella no solo salio ilesa del accidente sino que, además, su cuerpo absorbió la energía que contenía el meteorito, lo que le dio super fuerza, súper velocidad, gran innumerabilidad al daño, y la capacidad de volar.

    Al percatarse de sus superpoderes, y porque como estaba aburrida de su vida cotidiana, decidió utilizarlos para para divertirse combatiendo al crimen y, utilizando los recursos de la empresa telefónica de la cual era dueña, se creo un super traje y se convirtió en Mega Woman: la milf súper heroína.

    Pese a que, a los ojos de casi todos los habitantes de su ciudad natal, Mega Woman era una heroína de corazón noble que siempre defendía a los inocentes y que combatía a los criminales, lo cierto es que ella tenía un oscuro secreto, y es que ella sentía un gran deseo sexual hacia su propio hijo.

    Zack, el hijo de Dakota, era un joven de 18 años de edad, de baja estatura, cuerpo escuálido, y de actitud alegre, el cual trabajaba como fotógrafo y como pasante de reportero para el periódico el “Gallo de Oro”, ya que soñaba con ser periodista. Esa actitud tan dulce e inocente, combinado con un rostro hermoso y con una verga enorme, fue lo que hizo que Dakota se sintiera atraída hacia su propio hijo, al tiempo que sufría en silencio por no atreverse a declararle sus sentimientos incestuoso.

    Un día, por la mañana, en la mansión de Dakota, la milf y su hijo se encontraba desayunando mientras hablaban de cosas triviales.

    “¿Y? ¿Cómo te espera el día hoy, Zack?” pregunto Dakota.

    “Yo me la pasaré el resto del día deambulando por la ciudad buscando a Mega Woman, mamá” respondió el joven.

    “¿Así que estás interesado en encontrar a Mega Woman?” pregunto ella, con mucho interés.

    “¡Así es! Mi jefa le prometió un aumento y un buen puesto en el periódico a cualquiera que pueda entrevistar a la super heroína, y yo voy a hacer el primero”

    “Oye… acá entre nosotros ¿Mega Woman te parece sexy?” pregunto Dakota, con gran emoción.

    “¿A qué viene esa pregunta?” pregunto, con cierta sospecha.

    “Nada, es solo por curiosidad”

    “¡La verdad, me parece toda una madura sexy!” exclamó el joven “¡Jamás he visto a una mujer con semejante bella y atributos físicos!”

    “¿Y aceptarías tener una cita con ella?”

    “¡Por supuesto que lo haría, ese sería uno de mis sueños húmedos pero, obviamente, eso jamás va a pasar!” exclamó Zack, mientras agarraba sus cosas “En fin, debo ir a recorrer la ciudad ¡Suerte hoy en la oficina, mamá!”

    “¡Adiós, hijo!” exclamó Dakota, quien estaba muy feliz por lo que había escuchado.

    Al terminar de desayunar, Dakota fue hasta su oficina, la cual quedaba en lo más alto de un edificio de 20 pisos, y le contó a James (su secretario y el único que conocía su identidad secreta y sus deseos incestuoso) lo que Zack le había dicho.

    “¡Perfecto!” exclamó el secretario “¡Ahora, lo único que debes hacer es revelarle que tú eres Mega Woman y que le quieres sacar todo el colágeno!”

    “¡No, no puedo!” exclamó ella, con frustración “Me encantaría, pero tengo miedo de que Zack piense que su madre es una mutante degenerada ¡Yo amo a mi hijo, es el único que tengo, y no quiero arruinar mi relación con él!”

    “¿Y por qué no lo seduces utilizando tu alter ego? Él no sabe que tu y Mega Woman son la misma persona y, de esa manera, te lo podrías coger sin poner en riesgo tu relación con él”

    “¡Es una gran idea!” exclamó Dakota, contenta “¡La pondré en práctica ni bien pueda!”

    De pronto, la milf y su secretario escucharon una gran explosión y, al asomarse por la ventana de la oficina, vieron a un robot de más de 20 metros de altura atacando la ciudad.

    “Creo que debere cancelar tu reunión de las 2” dijo James.

    “¡Es correcto!” exclamó Dakota, mientras agarraba su cartera.

    La milf, con solo oprimir el broche de su cartera, hizo que la misma se transformará en un traje, el cual se le pegó al cuerpo instantáneamente.

    Él traje de Mega Woman era de color verde, y parecía un traje de baño de una pieza súper ajustado, el cual le ayudaba a Dakota a resaltar sus ya de por si inmensos atributos femeninos, y contaba con una máscara parecida a la de una luchadora mexicana, que cubria todo su rostro con excepción de su boca y sus ojos.

    Tras despedirme de su secretario, Mega Woman salió volando por la ventana de la oficina y fue a combatir al robot.

    Mientras tanto, Zack, quien había visto al robot, fue pedaleando a toda velocidad hacia él, pues sabía qué Wonder Woman iría a enfrentar a dicha máquina.

    Pese a que el robot era inmenso y contaba con cientos de armas láser, no fue rival para la super heroína, quien lo destruyó fácilmente.

    Ni bien termino la batalla, Mega Woman aterrizó en la calle, siendo aplaudida por todos los civiles a los que había salvado y Zack, quien había llegado a tiempo, se acercó para intentar entrevistarla.

    Al ver a su hijo acercándose a ella, la heroína sabía que esa era su oportunidad.

    “¡Disculpe, Mega Woman!” exclamó el joven, mientras se acercaba con una grabadora “¿Me permite hacerle unas preguntas?”

    “¡Aqui no, guapo, ahí mucha gente!” exclamó la milf, con gran lujuria “¡Si quieren tener una cita “privada” conmigo, ven a verme en al callejón que está al lado del supermercado chico en el sur de la Ciudad!”

    “¿Así de fácil?” pregunto Zack, sorprendido.

    “Es que tengo debilidad por los jovencitos, a ellos les doy todo, y cuando digo todo ¡Es todo!” exclamó la heroína, y le pasó la lengua por la mejilla izquierda al aspirante a reportero “¡Nos vemos está noche, y no llegues tarde!”

    Mega Woman se fue volando a toda velocidad, y Zack se quedó confundido y sorprendido por lo fácil que había conseguido lo que quería.

    Esa misma noche, el joven fue hasta el lugar que la heroína le había indicado y, de la nada, Mega Woman bajo del cielo, agarro a Zack, y se lo llevó volando.

    Él rapto fue tan repentino que, del susto, Zack no solo grito sino que, además, le agarro las tetas y la nalga izquierda a Mega Woman por miedo a caerse al vacío pero ella, lejos de molestarme, sonrió y disfruto del manoseo.

    Tras volar durante unos instantes, Mega Woman aterrizó en la terraza de un edificio abandonado, y apoyo levemente a Zack en el suelo.

    “¿Y? ¿Te gustó volar?” pregunto la super heroína, entre risas.

    “¡Fue… fue una experiencia interesante!” respondió el joven, quien aun temblaba “Por cierto, perdóname por haberte tocado dónde no debía es que, por el susto, me agarre de lo primero que pude… ¡No quiero que pienses que soy un pervertido!”

    “¡Pues a mí si me gustaron que lo fueras!” exclamó Mega Woman, mientras apoyaba sus tetas contra el pecho de Zack, quien se sonrojo.

    “Bueno… ¿Empezamos con la entrevista?” pregunto Zack, nervioso.

    “¿Y si mejor nos divertimos un rato?” pregunto la milf, mientras acariciaba la entrepierna del joven, el cual tenía la verga completamente erecta.

    “¡Pero… pero la entrevista…!”

    “Hagamos un trato, chico lindo: Yo responderé todas las preguntas que me hagas y te dejare sacarme todas las fotos que quieras si, a cambio, tu y yo cogemos como animales en celo”

    “¿Que…?” pregunto él, sorprendido por lo que acababa de escuchar.

    “¡Cómo escuchaste! Siempre y cuando no preguntes cuál es mi identidad secreta, te diré todo lo que quieras saber sobre mi a cambió de una buena cogida ¿Aceptas el trato?” pregunto Mega Woman, pero el joven, quien estaba atónito por la actitud de la milf, no supo que responder “¡Tomaré tu silencio como un si!”

    Sin pensarlo ni por un momento, Mega Woman le bajó los pantalones a su hijo, se arrodilló frente a él, y le comenzó a mamar la verga con gran pasión.

    “¡Jesus, esto debe ser un sueño!” pensó Zack, mientras gemia y disfruta de la mamada de la heroína “¡Mega Woman, la mujer más poderosa de todo el mundo, me está chupando la verga! ¡Mi fantasía más húmeda se hizo realidad!”

    “¡Finalmente puedo expresar lo que realmente siento por mi hijo y, lo mejor de todo, no comprometo mi relación con él!” pensó Mega Woman, mientras le hacía sexo oral a Zack “¡Le voy a dar un aumento a James por habérsele ocurrido una idea tan fantástica!”

    Tras mucho sexo oral, Mega Woman se paró, se sacó toda la ropa salvó por su máscara, y Zack se quedó fascinado al ver el escultural cuerpo de aquella milf, con sus músculos perfectamente definidos, sus tetas enormes, y su coño húmedo y completamente depilado.

    “¡No te quedes allí parado!” exclamó la heroína “¡Ven y comienza a chupar!”

    El joven acato la orden se la milf, y se acercó a ella para besarla apasionadamente. Zack, sin saberlo, entrelazó la lengua con la de su madre, al tiempo que le agarraba la teta izquierda y la nalga derecha.

    Al separar su boca de la de la heroína, Zack beso y lamio los poderosos bíceps de Mega Woman, para luego chuparle las tetas, seguir con sus abdominales y, finalmente, arrodillarse ante ella para meter su lengua dentro de su coño.

    “¡Así se hace, guapo!” gimió la heroína, entre gemidos “¡Hazme volar pero de placer!”

    Luego, la milf, en un frenesí de lujuria, levantó a Zack, lo dio vuelta, y ambos hicieron el 69 de parado.

    Tras mucho sexo oral, la heroína hizo que su hijo se acostara en el suelo, y se colocó encima de él.

    “¡Esto es algo que no me hubiera imaginado ni en sueños!” exclamó Zack, con una gran sonrisa “¡Te confío mi virginidad, porque eres la mujer más hermosa que he conocido!”

    “¡Tampoco te enamores, chico!” exclamó Mega Woman, mientras introducía la verga del joven dentro de su coño “¡Yo solo busco un amante, no un novio!”

    “¡Por mi está genial!” exclamó el joven, mientras gemia al sentir los sentones que le daba la heroína madura “¡Solo sigue moviendote así, hermosa!”

    Durante un buen rato, la heroína y el joven tuvieron sexo salvaje, al tiempo que se daban besos apasionados y ensalivados.

    Al cabo de un rato, los dos intercambiaron posición, y ahora era Zack quien estaba arriba de Mega Woman.

    “¡Eso es, más fuerte!” gritó la milf “¡Dame un orgasmo y conviértete en mi héroe!”

    “¡Te voy a dar hasta para llevar, súper putita!” exclamó Jack, mientras penetraba violentamente el coño de Maga Woman, al tiempo que le chupaba las tetas.

    Zack y Mega Woman estaban tan concentrados en su acto sexual desenfrenado que no se percataron que, en el edificio de al lado, había un pájaro robot filmandolos.

    Finalmente, tras mucho sexo, ambos tuvieron un orgasmo al unisono y, luego de vestirse, Mega Woman contentos todas las preguntas que Zack le hizo, y se dejó tomar varias fotos.

    Luego, la milf levantó al joven y se lo llevó volando hasta su casa.

    “¿Cómo sabías en dónde vivo?” pregunto Zack, sorprendido.

    “¡Es… super intuición, es uno de mis poderes!” exclamó la heroína, nerviosa.

    “¡Cómo sea, la pasé muy bien contigo!” exclamó el joven, y beso a la milf “¡Deberíamos repetirlo!”

    “¡Mas te vale!” exclamó Mega Woman “¡Cuídate mucho, y recuerda que no debes decirle a nadie lo que hemos hecho!”

    Tras despedirse del joven, Mega Woman utilizo su súper velocidad para meterse por la puerta trasera de su casa, quitarse el traje, y recibir a su hijo como si nada.

    “¡Hola, hijo!” exclamó Dakota “¿Cómo te fue? ¿Conseguiste la entrevista que querías?”

    “¡Conseguí mucho más que eso, mamá!” respondió Zack, contentó “¿Y tú cómo estuviste?

    “¡Solo diré que pase una noche muy divertida!” exclamó ella, con una sonrisa pervertida.

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  • Trío gay en vacaciones

    Trío gay en vacaciones

    Me encontraba de veraneo en una localidad costera de la provincia de Alicante, disfrutando de la playa y el buen ambiente, cuando recibí en el móvil una llamada de un amiguete del norte de España que me indicaba quería pasar un fin de semana en Murcia o alrededores. Yo enseguida le ofrecí el apartamento donde me hallaba, pues hasta una semana después no llegarían mis familiares y disponía de varios días para estar juntos.

    Le indiqué el lugar pues estaba muy cerca de Torrevieja en una serie de apartamentos y tras llegar y aparcar en la zona, nos saludamos y abrazamos pues hacía meses que por el trabajo no nos habíamos visto, si bien a través del teléfono y el correo electrónico estábamos en contacto permanente.

    Llegó a media tarde tras varias horas conduciendo y prefirió dormir la siesta pues estaba cansado. Este amigo es gay como yo y se llama Félix y cuenta con 35 años. En la tarde salimos a dar una vuelta por la playa y ya en la noche estuvimos solos en el piso. Ambos andábamos desnudos por la vivienda sin importarnos si nos veían desde los pisos de alrededor pues no conocíamos a nadie ya que suelen alquilarse a turistas y españoles y además tampoco nos importaba mucho que nos vieran así.

    Una vez cenamos en casa, salimos a pasear por la zona que se hallaba llena de gente y tras ello nos acercamos hasta Torrevieja. Allí estuvimos paseando también y conocimos a Cándido un chaval de unos 29 años muy bello que enseguida nos llamó la atención. Se encontraba en una cafetería. Tras entablar conversación con él, nos dijo que era de Alicante y que estaba por allí de vacaciones.

    Él era alto, 1,80 con barbilla y bastante atlético. Tanto Félix como yo medimos un poco menos y tras tomar unas cervezas le invitamos al piso. Al llegar Félix y yo quedamos de nuevo desnudos y pronto se unió Cándido.

    Comenzamos a besarnos y a toquetearnos y enseguida estábamos a tope. Yo que más bien soy pasivo fui follado por Félix mientras veía a Cándido con una buena polla en erección, casi 20 centímetros, que me la enchufó por la boca. Así estuvimos un buen rato hasta que mi compañero del norte me anunció que se venía y tras sacármela me arrojó en toda la cara su leche que yo relamí pues sabe que en anteriores ocasiones me gustaba probarla. Ante ello Cándido se corría momentos después tragando parte de su lefa que también me llegó al cabello.

    Hicimos un breve descanso para tomar unos cubatas y de nuevo Cándido quería guerra y fue mi colega Félix quien le ensartaba en su boca la polla, mientras yo recibía en mi ano la vergota de Cándido que me produjo algo de dolor dado su grosor, pero tras unos minutos de resistencia, entraba finalmente y de nuevo me follaba este alicantino que tras casi un cuarto de hora se corría en mi pecho, al igual que Félix que también me eligió a mi para correrse.

    Al final en la cama matrimonial de la vivienda estuve acostado con Félix y poco dormimos porque durante la noche hubo toqueteos mutuos, mamadas y caricias, mientras el “invitado” Cándido dormía en otra habitación contigua y nos contó al día siguiente que se hizo un par de pajotes durante la noche.

    La jornada del domingo sirvió para que yo me corriese en la boca de Cándido que me pidió descargase toda la leche en su boca y así lo hice, mientras mi compañero Félix seguía medio dormido, tras hacerle yo una exuberante paja a Cándido que tardó bastante en eyacular sobre mi espalda. Minutos después acerqué en mi vehículo a Cándido hasta Torrevieja donde le esperaban varios amigos para volverse a Alicante.

    Al filo del mediodía mi amiguete Félix iniciaba su viaje hasta tierras asturianas, pero antes volvimos a follar él y yo como despedida de ese fin de semana. Como siempre iniciamos el precalentamiento con caricias y besos y pronto su verga alcanzó el máximo y comenzó a insertarla en mi agujero, mientras me pajeaba la polla. Casi nos corrimos al unísono mientras un beso apasionado sirvió como despedida momentánea a la espera de que yo pueda acercarme a tierras del Principado a devolverle la visita y tener de nuevo sexo como ocurre cada vez que podemos y tenemos ocasión.

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  • Naomi y su sorpresa

    Naomi y su sorpresa

    Hola queridos lectores, esta vez saltaré un poco en el tiempo y avanzaré al momento en que conocí a Naomi, una mujer muy especial en mi vida.

    La conocí jugando video juegos en línea, más específico el de mundo de cazar monstruos, yo era un asco pero en una misión me ayudó una chica que tenía un nivel muy alto, abrí el chat para agradecerle por su ayuda y ese fue el comienzo de algo hermoso.

    Empezamos a escribirnos y descubrimos que éramos del mismo país, de la misma ciudad, no negaré que empecé a entusiasmarme; quedábamos en conectarnos a jugar cada jueves, después martes y jueves, hasta que me arme de valor y le dije porque no hablamos en vez de solo chat por la consola, pero fue un desastre, no nos entendíamos, entonces aproveché el momento y le di mi número, si quería hablábamos por WhatsApp.

    No me respondía, me preocupé, hasta que me llegó una llamada, salté de emoción. Su voz es muy dulce, me agradó bastante, ya ni siquiera jugábamos, nos dedicamos a conversar sobre nuestros gustos, nuestras metas, ya empezábamos a tener una amistad más fuerte.

    Pasaron meses hasta que pues nos pudimos conocer, yo creo que en esa época tenía 28 años, no estoy seguro, ella es mayor a mi por 5 años, ella viajaba mucho, por eso nos demoramos en conocernos, cuando le dije para vernos ella ya había salido del país, pero regresaría en un mes.

    Paso el tiempo y llegó el día, ella me envió su dirección y me alisté para conocerla, compré flores, chocolates, hasta un winnie pooh. Nos conocíamos de fotos porque ya nos habíamos enviado algunas, ella me decía osito, por eso el peluche de winnie.

    Me perdí un rato pero llegué a su casa, al tocar la puerta me recibió, llevaba un vestido floreado que llegaba a la mitad de sus muslos, ella mide 1.85, morena, sus ojos son hermosos de color miel, su sonrisa es perfecta, preciosa, su voz aún más encantadora y dulce, tiene el cabello negro hasta debajo de los senos que son grandes como melones, su cintura es fina, sus caderas anchas, sus nalgas son grandes, sus muslos gruesos unas piernas hermosas lisas, sus brazos son finos su piel suave, aún recuerdo su aroma frutal, hace pocos minutos se había duchado.

    Como he mencionado mido apenas poco más de 1.68, soy de piel clara yéndome a pálido, cabello negro y barba, me conservo bien físicamente no tengo los cuadritos pero si tengo un físico agradable, me invitó a pasar y yo no paraba de sonreír me encanta verla es un encanto, al saludarla de beso rosamos un poco nuestros labios, fue una sensación que ardió en mi pecho y mi entrepierna.

    Al sentarnos en la mesa de su sala ella había servido té helado para ambos, ella estaba muy feliz por las cosas que le llevé, vivía con su prima que no se encontraba porque había viajado ese fin de semana, fuimos al sofá a ver una película de terror, que nunca vimos.

    Al sentarnos le pedí tomar sus manos para besarlas, era algo que quedamos que yo haría por todas las veces que me había salvado jugando; al tomar sus manos y besarlas le dije que olía deliciosa, y sonreí mirando sus ojos que me encantan; ella me dijo que antes de seguir así debía decirme algo.

    Me preguntó si no me sentía incómodo o si no le importaba como era ella, la verdad es que me rasque la cabeza y le dije no entiendo.

    Naomi me miró, apretó los labios y miró hacia el piso soltando mis manos y poniéndolas en sus rodillas, me dijo que no era mujer mujer.

    Yo no entendía a que se refería, al verla yo miraba una mujer, y teníamos una linda amistad y siendo honesto sentía que no me importaba si era trans, mi cariño hacia ella era sincero y eso fue lo que le dije.

    (Debo mencionar que no tiene manzana de adán, su voz es suave, su rostro es fino, y además es dulce su forma de ser es como una mujer, para mí siempre lo será).

    Acerque mis manos a las suyas rozando sus rodillas, le iba a dar un beso en su mejilla, ella giró un poco el rostro hacia mí y cerró los ojos, primero bese su mejilla y después sus labios. Y para hacerla sonreír le dije, disculpa que me demoré en darte el beso pero no te alcanzaba; ambos reímos con ese chiste tan malo.

    Entonces volví a besarla, nos acomodamos mejor, ella puso su pierna izquierda encima de mi pierna derecha, para girarse más hacia mi, soltó mis manos y empezó a acariciar mi rostro, yo en cambio con mi mano izquierda empecé a acariciar su muslo izquierdo y con mi mano derecha acariciaba su espalda, no usaba brasier, pero sentí que usaba una tanga.

    Dejé sus labios para besar su cuello y junto a las caricias que le daba a sus muslos bajo su falda, ella soltó un suspiro. Me preguntó si había estado con una chica trans; yo dejé de besarla y acerqué mi nariz a la suya rozándolas, junté nuestros labios, y le contesté, creo que hoy será mi primera vez.

    Ella me sonrió, mordió sus labios y se subió en mis piernas, vi que sus pezones estaban duros y empecé a morderlos suavemente encima de su vestido, ella me sostenía de la nuca y gemía mientras que con mis manos acariciaba sus enormes nalgas. Al ser su vestido de tirantes, saque sus senos para chuparlos, mordía, besaba sus pezones, la abrazaba de su cintura.

    Me empujó hacia el respaldar, para quitarme la camiseta y con sus manos recorrió mi pecho, me apretó los pezones mientras se mordía los labios, pasó sus uñas por mi pecho y mi abdomen para ver como se marcaba mi piel.

    Naomi lentamente se fue levantando del sofá mientras iba besando mi cuello, mi pecho, se quedó un momento mordiendo mis pezones, mientras me quitaba el cinturón y desabrochaba mi jean, se arrodilló frente a mí y empezó a lamer y chupar mi pene por encima del bóxer, yo acariciaba sus brazos, su rostro, recogía su cabello.

    Me quitó los zapatos y el jean, me dejó solo en bóxer, se puso de pie y se dio la vuelta, dejó que el vestido bajara por su suave y tersa piel, cuando terminó de caer, besé sus nalgas, las apreté le di una fuerte nalgada, me tomó de las manos y me guio a su cuarto, iba viendo como se movían sus nalgas al llegar dejamos la puerta abierta, se sentó y me puse frente a ella, empezó a restregar su cara con mi pene aún en el bóxer; me apretó de las nalgas hacia a ella, alzó la mirada y me dijo la pasaremos rico osito.

    Me bajó el bóxer y empezó a mamar mi pene. Mientras me apretaba los pezones, yo la sujetaba de la nuca, en un momento me hizo alzar la pierna en la cama, me lamió y chupo las bolas.

    Mientras me acariciaba las nalgas, sentí como empezó con un dedo a hacerme círculos en el ano, y con la mano izquierda me masturbaba, de repente dejó de chupar mis bolas y con la saliva que dejo la untó en mi ano y fue lentamente metiendo un dedo, yo estaba desprevenido y aprete las nalgas.

    Naomi me miró y me dijo disculpa cariño, te prometo que lo vas a disfrutar, me gusta dar y recibir, lo haré suave; se quedó mirando y esperando mi respuesta, me quedé en silencio, se metió mi pene en su boca y siguió, continuo al sentir que deje de apretar las nalgas, era intenso sentía un ligero ardor, me temblaron las piernas.

    Con Johana hasta ese momento solo había metido su lengua, recibir el dedo de Naomi fue algo mucho más intenso.

    Se detuvo y me fue poniendo de rodillas, Naomi se puso de pie y se bajó la tanga se sentó y lentamente fue abriendo sus piernas, no dejábamos de vernos a los ojos, cuando finalmente abrió las piernas tomo una de mis manos y la puso en su pene, la fui masturbando lentamente.

    Estaba de rodillas con su pene en mi mano derecha, yo la masturbaba, se iba poniendo más y más duro, con mi mano izquierda acaricie sus bolas, ella gemía, estaba caliente, palpitante, ella se metió en su boca el dedo que hace poco había estado en mi ano; cerró sus ojos y salió un poco de líquido preseminal de su pene, sus senos se movían por su respiración que se iba agitando, acerque mi lengua a su glande, la pase encima recogiendo su líquido preseminal, ella gimió profundo, mientras seguía con el dedo en su boca.

    Yo no dejaba de verla, cuando abrió sus ojos metí la cabeza de su pene en mi boca mientras lo sostenía de la base, volvió a cerrar sus ojos, así estuvimos unos minutos, no alcanzaba a entrarme todo en la boca, yo seguía acelerando el ritmo, con la saliva que se escurría por mi boca pensé en hacerle lo mismo, y así fue, use el mismo dedo que ella usó en mí, le metí el dedo medio y ella gimió aún más, se acostó abriendo sus piernas para que yo tenga total acceso.

    Lamía sus bolas, mientras con mi mano derecha la pajeaba, sentía como me apretaba y soltaba el dedo con su ano, no paraba de gemir, y yo me desconocía, no entendía como estaba en esa posición, en esa situación, pero me gustaba y quería más, ella estaba totalmente depilada toda su piel estaba suave, su aroma era excitante.

    Gemía y su voz era la de una mujer, me tenía realmente excitado, ella bajo lentamente sus piernas se sentó ahí en el borde de la cama, me tomo de la cara y me besó, nos subimos en la cama besándonos ella me pajeaba y yo a ella.

    Ella se acostó boca arriba y me dijo que hagamos un 69, me subí al instante, ella abrió sus piernas todo lo que pudo, incluso puso una almohada bajo su cadera, quedamos en una posición perfecta, ella me chupaba el pene mientras que con una mano me sobaba las bolas y poco a poco pasó de meterme un dedo a meterme dos, el dedo medio y el anular.

    Naomi había podido colocar sus piernas de una forma que quedaban abrazándome a la altura de mis costillas, dándome todo el acceso posible a ella, aunque no me entraba todo su pene en la boca, se lo chupaba lo mejor que podía en mi corta experiencia, mientras que le metía el dedo anular y medio por su ano.

    Para dar una mejor idea, debo mencionar que me mide 19 cm pero a ella le mide 24 cm es enorme, de grosor estamos casi iguales, la diferencia es el largo.

    Así nos mantuvimos hasta que sentía que estaba cerca de eyacular, se lo mencioné y me dijo que iba a hacer lo mismo, me preguntó que quería yo, solo pensé en decirle sigamos, seguí metiendo mis dedos en su ano, mientras chupaba su verga, ella hacia lo mismo pero ahora sentía que me había metido un dedo más, gemíamos con fuerza.

    Sentía mis piernas temblar, aprete con mi ano sus dedos, estaba viniéndome en su boca, solté toda mi leche, ella siguió chupando mi verga sin sacar sus 3 dedos de mi culo, ni bien terminé sentí como su verga se hinchaba más en mi boca, sentía como soltaba y apretaba mis dedos con su ano, sus piernas me apretaban y temblaba, cuando la sentí en mi boca, sentí el golpe del chorro, un sabor salado, pero que me gustó sentir una y otra vez, trague rápido para que no se me saliera de la boca, se lo seguí chupando hasta que ya no soltó más semen.

    En ese momento supe que disfrutaría del sexo sin medirme, hasta ahora no entiendo como, que me llevó allí, pero no me me arrepiento, porque ha sido con personas que son maravillosas y especiales para mí.

    Me bajé de ella y me acomodé a su lado, sonriendo nos besamos, Naomi me preguntó ¿todo bien?, le dije excelente y seguimos besándonos ella subió en mí, nuestras vergas flácidas pegadas una a otra, sudados nuestros cuerpos brillaban, Naomi movía su cintura haciendo que nuestras vergas y bolas se rozaran, le encantaba hacer eso, poco a poco nos fuimos excitando.

    De su mesa de noche sacó un frasco con lubricante, se lo puso en la mano y empezó a masturbarme, dejando listo mi pene para entrar en su ano, ella también tenía la verga bien erguida, se puso algo de lubricante en su ano y se acomodó sobre mí, lentamente se fue metiendo mi verga en su ano, lo apretaba de forma magistral.

    Sentía como aflojaba cuando bajaba y como apretaba cuando subía, me estaba enloqueciendo, tenía sus manos en mi pecho, se le bajo la erección pero seguía, sus gemidos su sudor, el fuerte olor a sexo, me tenían embriagado, poco a poco ella fue acelerando el paso, se sentó apoyando sus manos en mis piernas, movía su cintura de adelante hacia atrás, de forma circular, era increíble, apretaba sus pezones, Naomi me decía préñame papi, hazme tu mujer; empecé a masturbar su pene que estaba flácido y encogido, masajeaba sus bolas, mientras ella saltaba en mi verga clavándose hasta el fondo.

    La detuve, me levanté y la puse en 4, quería ver su enorme trasero en esa posición, se veía aún más grande, la fui penetrando lentamente, ver como nuestras pieles se contrastaban me prendía más, la tomé de su fina cintura y fui penetrándola cada vez más rápido, escuchando mis bolas golpear las suyas, la tomé del cabello y fui acelerando.

    Puse una almohada bajo su abdomen y se acostó, en esa posición abrí sus nalgas, y fui metiendo mi pene lentamente mientras besaba su espalda, ella me agarraba de las nalgas, sentía como clavaba sus uñas.

    La giré y puse sus piernas en mis hombros, ver como sus tetas saltaban cuando la penetraba me tenía hipnotizado, ella gemía, gritaba, me pedía más y más que le parta el culo que ahora yo era su dueño, cuando me di cuenta poco a poco había vuelto a tener una fuerte erección ella se pajeaba con fuerza.

    La solté y me acerque a sus labios a besarla, mientras la besaba me dijo que quería sentirme, que quería tomar la virginidad de mi cola, que lo haría suave que lo íbamos a disfrutar mucho.

    Sabía que ese momento llegaría pero me había quedado mudo, solo confirme saliendo de su ano y besándola, puse mi verga sobre la suya, nuestras bolas calientes estaban pegadas, y yo solo sonreí, Naomi se movió, yo tomé su lugar con la almohada bajo mi estómago, con mis nalgas elevadas ella empezó a lamer mi ano, sentía su lengua entrar y salir, mi piel se erizaba, así estuvo unos minutos.

    Sentí como me introdujo un dedo con el lubricante, yo gemía, me giré un poco y la vi pajeándose con toda la verga llena de lubricante, sonreía, se mordía los labios, sentí como metió un segundo dedo mientras me miraba a los ojos, gemí más fuerte, sentía como me abría, sentía que aún tenía mi erección y ella empezó a masturbarme, cuando metió el tercer dedo, ella aceleró la masturbación.

    De repente sentí la presión de su glande en mi ano, con algo de dificultad entro, apreté fuerte las sábanas, en ese momento se me fue la erección, Naomi puso sus manos a los costados de mis hombros, y fue entrando, lentamente entraba y salía cada vez más profundo, me besaba el cuello mientras yo mordía las sábanas, poco a poco lentamente el dolor se fue, y cuando sentí, ella ya había metido hasta el último centímetro de su verga en mi culo.

    La sentía profundo, trataba de respirar, se acercó a mi oreja derecha, la mordió suavemente, sentía sus tetas en mi espalda, como empujaba más sus caderas, me susurró que iba a hacérmelo suave y lentamente, pero que con los días, cuando ya me acostumbre a su verga, ahí me lo haría duro, con fuerza, rápido, y que ambos nos íbamos a reventar el culo, y dejarnos llenos de leche.

    Poco a poco me fue bombeando, me decía que relaje que no aprete, ambos gemíamos, me retorcía bajo ella, no sé cuánto tiempo seguimos en esa posición, me dijo que estaba bien cerrado que la iba a hacer acabar.

    Pero antes quería verme de frente, y me lo sacó, sentí un vacío absurdo, fue como que mi alma dejaba mi cuerpo, me giré y volvió a acomodar la almohada bajo mi trasero, subió un poco mis piernas, las sostenía detrás de las rodillas, acomodó su verga en el espacio vacío que había dejado y volvió a penetrarme.

    Me sostuve de las sábanas y arquee mi espalda, la sostuve de las tetas, mientras sentía como enviaba todo su peso sobre mí, hasta que me volvió a llenar y siguió bombeando, movía su cintura de forma increíble, me dijo que me sostenga las piernas, me las agarré y ella mientras me bombeaba con rapidez, empezó a pajearme, pensé que no se me iba a parar, pero me equivoque, ella encontró la manera, y se coordinó de forma que mientras me bombeaba, me pajeaba a la misma velocidad. Se escuchaban los gemidos de los dos, como sus bolas golpeaban mis nalgas, el sonido de su mano pajeando mi verga con lubricante.

    En un momento sentí como su verga se hinchaba dentro de mi culo, la sentí caliente, hirviendo dentro de mi culo, un chorro tras otro, mientras ella gritaba, gemía, cerraba los ojos y temblaba, pero en ningún momento me soltó la verga y exploté en su mano, un el primer chorro le llegó a sus tetas, el segundo al cuello y me pajeo más rápido, hasta que ya no salió más.

    Podía sentir su verga palpitando en mi culo, se le iba bajando la dureza, la leche que tenía en su mano la puso en su culo, cuando salió por completo de mi sentía el río de semen salir de mi culo, Naomi se acomodó sobre mi pecho, nos besamos, y ese fue el inicio de nuestra relación abierta.

    Espero les haya gustado mi relato, traté de poner todo lo que recuerdo de ese día, espero que vivan cosas así y más excitantes, ahora me despido por algunas semanas, pero tengo mucho trabajo acumulado, hasta la próxima.

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  • Mi esposa es observada

    Mi esposa es observada

    Quisiera compartir con todos ustedes una anécdota un tanto excitante para un servidor; especialmente a mi esposa ya que fue ella quien lo vivió.

    En una ocasión que salimos a cenar con mi esposa a una pozolería que está muy cerca de la casa nos llevamos una sorpresa no muy agradable que digamos, el lugar estaba lleno así es que debimos haber tardado más o menos unos 15 minutos para poder entrar. Es un lugar muy cómodo, muy bonito, tiene un estilo muy campirano y lo mejor de todo, era comida regional del estado de Guerrero a un costo no muy alto. En el interior de la fonda había un trío que amenizaban la cena, también cantando música regional del mismo estado y por momentos, uno que otro bolero.

    Nos ubicaron en el único lugar que estaba disponible. La mesa sólo era para dos personas y estaba ubicada al terminar de subir unas escaleras que van desde el centro del local y que llevan al segundo piso, junto a nosotros está una fuente de material prefabricado lo cual permite que todas las personas que suben a ese nivel, se vean obligados a ver a cualquiera de las dos personas que se sientan en esa mesa, una de frente y la otra queda exactamente de espaldas.

    Ese día, mi mujer iba vestida de la siguiente manera: llevaba puesta una blusa de color rosa pastel, una minifalda de mezclilla de color azul claro, unas pantimedias natural y brillantes, unas calcetas también de color rosa pastel y con olanes y sus tenis. De hecho, a criterio personal, esa forma de vestir de ella me vuelve simple y sencillamente loco, y creo que no soy el único, y me baso solo en las miradas tanto de jóvenes como de señores que no dejan de mirar por la calle a mi esposa.

    No es por presumir, o bueno, lo presumo y con mucho gusto, mi esposa es muy delicada para cuidar su apariencia personal y mantiene un rostro muy juvenil y delicado, también su apariencia la procura demasiado, por eso a la edad que tiene y con un bebé encima, se ve bastante antojable.

    Durante el tiempo que estuvimos en la fonda, debieron haber subido a ese nivel unos tres o cuatro grupos de persona que generalmente se veían como grupos familiares; era obvio que especialmente los varones que venían en esos grupo no perdían ningún momento para voltear a ver las piernas de mi esposa, ¡ah!, después volteaban a verle el rostro o nos volteaban a ver a ambos.

    El grupo musical del cual hablaba al principio de mi relato está contratado por el mismo local, de tal forma que cada vez que pasan por las mesas a entonar sus melodías no tienen ningún costo para los comensales, interpretan cualquier melodía que lleven previamente destinada o en el mejor de los casos, invitan al los comensales a solicitar alguna canción y si está dentro de su repertorio seguramente la interpretarán.

    Nuestra diversión comienza precisamente aquí, cuando se acercó el trío a nuestra mesa a interpretar una bonita melodía romántica. Un chico integrante del trío que no alcanzaba a ubicarse al nivel del piso, tuvo que bajarse dos escalones para no tapar el paso a la gente y a los meseros que subían y bajaban a ese nivel.

    Mi esposa volteaba a ver al trío mientras interpretaban su canción, especialmente al chico que estaba en los escalones. Éste último no dejaba de verle las piernas a mi esposa. Me hizo la seña ligeramente con los ojos y con las manos indicándome que era lo que estaba sucediendo. Terminaron la canción y agradecimos con un ligero aplauso, aunque mi esposa se vio más osada regalándole un ceñido de ojos a aquel mirón.

    Cuando estuvimos solos me platicó a detalle de lo sucedido. Le pedí que me dijera si le había abierto las piernas o las había cruzado, pero me dijo que no se había animado a tanto, ya que había gente que estaba subiendo y sentía verse mal al cruzar o al abrir las piernas.

    Mientras me platicaba la forma en como este tipo la veía, la verga la traía tan parada como ahora que estoy escribiendo lo sucedido. Y la verdad es que no sabíamos si volverían a tocarnos alguna melodía, pero el solo hecho de pensarlo me hacía mil y una fantasía de querer ver a mi esposa enseñarle más que las piernas al tipo éste. Le pedí, es más le imploré que si llegaran a volver a nuestra mesa el trío, que por favor les enseñara más de la cuenta, lógicamente yo no podría verle sus movimientos, pero que por favor lo hiciera.

    Volvieron en menos de 15 minutos, pero ahora habían cambiado de posición los cantantes, el que estaba ahora en los escalones de abajo ya era otro, si no mal recuerdo, parece que el que tocaba el requinto ahora era el que estaba un escalón más abajo que el anterior.

    Habíamos quedado de acuerdo con mi esposa que cada vez que me tomara de las manos significaría que haría el movimiento del cruce de sus piernas y en ese momento yo voltearía para verle la cara al tipo éste.

    Así lo hicimos y en efecto, cada vez que me tomaba de las manos, de inmediato volteaba a ver al tipo y su mirada siempre se veía perdida por debajo de la mesa y en dirección a la ubicación de mi esposa. Imagínense que en ese momento, me dieron tantas ganas de poseer a mi esposa que me sentía hasta un poco mojado, se volvieron a despedir y mi esposa nuevamente volvió a sonreírle al mirón. Seguimos cenando y platicando de lo sucedido, ahí fue cuando mi esposa me confesó que le había gustado mucho ese juego y que si volvieran a llegar haría nuevamente lo mismo.

    Ustedes saben perfectamente que, cuando una chica se sienta y está cruzando las piernas constantemente, las faldas tienden a perder su posición original y a irse subiendo poco a poco, lo que aprovechó a la perfección para seguirse mostrando, pero ahora más que al principio.

    Yo pienso que el trío estaba muy al pendiente de nosotros y por supuesto que mi esposa no cambió de posición. Pedí la cuenta al mesero que nos estaba atendiendo y que por cierto, también era muy amable y afable con mi mujer, ya se imaginarán el motivo ¿verdad? Antes de que nos trajeran el cambio volvió el trío con nosotros y ahora, el único tipo que faltaba en observar a mi mujer por debajo de la mesa tomó su posición y comenzaron a tocar, pero en esta ocasión cantaron un potpurrí.

    Mi esposa volvió a tocarme las manos y a mover ligeramente sus piernas por debajo de la mesa para dejarse ver, pero de repente me comenzó a pellizcar los dedos, pero no entendí el porqué, total que, me dejó los dedos todos rojos. Nos agradecieron la atención que habíamos tenido con ellos y se despidieron muy amables de mi esposa.

    Cuando llegamos a casa, nos fuimos de inmediato a la recamara, le bajé las pantimedias junto con la tanga blanca que llevaba puesta a medio muslo, le subí la falda hasta la espalda, la puse en posición de perrito y me la comencé a coger. Le daba fuertes embestidas por detrás que la obligaba a moverse mientras me platicaba lo que había hecho, fue cuando me soltó la verdad, indicándome que al último tipo le abrió tanto las piernas que le dejo ver su conchita.

    Le abría y le cerraba las piernas hasta que quiso, por eso prefirieron tocar un potpurrí, duraron más tiempo tocando, pero también más tiempo viéndole todo a ella.

    Cada vez que lo recuerdo me emociono como en este momento y me dan ganas de volverme a coger a mi vieja y que alguien nos esté observando, pero más que a mí, a ella.

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  • Víctor, mi amante

    Víctor, mi amante

    Después de tres amores, muchos “novios” e incontables acostones, mi personalidad femenina exigía una relación más constante, más seria. Desde luego que ya no soy una jovencita, todo lo contrario: soy algo más que madura, vieja dirían algunos. Y si a eso sumamos que como travestí homosexual que siempre asume el papel pasivo y además muy sensual, pues no es fácil exigir una pareja que reúna características del hombre ideal.

    Mis mejores amigas: Claudia y Devy, de alguna forma han paliado mis necesidades sexuales más urgentes; se los agradezco. Pero queda en mí un vacío de digámoslo así: afecto. O tal vez sea de compañía, pues no es lo mismo disfrutar ocasionalmente de una sesión de sexo a tener junto a una un compañero con el que charlar, a quien atender, a quien confiar tus secretos más íntimos, y claro, con quien desfogar los ímpetus del apetito sexual (muy frecuente, tal vez demasiado en mi caso.

    Después de estas consideraciones entro de lleno con el tema: Víctor. Víctor es un amigo que conocí en el hospital donde trabajo. Maduro también él, encontramos muchos puntos interés mutuo en cuanto a música, literatura y artes en general. Aunque en un nivel laboral inferior al mío, para mí es indiferente la categoría profesional, pues lo que vale es lo que lleva la persona dentro. Así que era frecuente que nos quedáremos charlando largas horas después de nuestro horario de trabajo. Vale aclarar que Víctor no sabía nada acerca de mis preferencias sexo—estéticas, así que no existía ningún interés por parte de él en cuanto a buscar mi compañía.

    Por mi parte, no puedo negarlo, después de las primeras charlas empecé a tomar cierto interés en él, pues como dije anteriormente, nuestros gustos artísticos son muy similares, además de que goza de una inteligencia superior a muchos de sus compañeros. Discretamente indagué sobre su situación familiar y si tenía o había en su pasado algún enredo romántico con alguien del trabajo.

    Lo que encontré me alentó bastante a tratar de conquistarlo, pues si bien no es un Adonis, tiene un físico recio y un carácter bien definido. Abandonado por su esposa, se quedó a cargo de dos de sus hijas, a las cuales atiende como padre y madre. De relaciones dentro del trabajo no sabía nadie de alguna y en cuanto a vicios, si acaso, de vez en cuando se toma algunas copas pero sin llegar a embriagarse. Con estos datos en mi poder, busqué la forma de tener alguna charla más íntima para saber si estaba necesitado de compañía en el aspecto sexual.

    Favorablemente para mí, a los dos días de haber determinado los planes para la seducción, se requirió una acción multidisciplinaria en el hospital y tanto Víctor como yo fuimos propuestos para participar en ella. Aún más favorablemente se requería que se hicieran equipos por parejas para desarrollar los temas, y como es de suponerse, los dos formamos un equipo.

    Con el fin de abreviar este relato, diré que al reunirnos para trabajar sobre el tema que nos había tocado, charlábamos más que lo que trabajábamos, pues en verdad era un tema muy sencillo y yo ya lo tenía prácticamente terminado, así que apliqué todo mi intelecto a seducir a Víctor.

    La conversación llegó un día a lo que me interesaba saber: sus necesidades sexuales. Me confesó que desde que su esposa lo había abandonado no había tenido ninguna relación con mujer alguna y en tono de broma le pregunté que si tampoco con algún hombre, y adoptando una cara muy seria me contestó que como le preguntaba eso, que él no era gay.

    De ahí derivó entonces una charla en que hábilmente lo fui induciendo a que me preguntara acerca de mi orientación sexual; desde luego le dije sin más rodeos que era homosexual y además que me gustaba vestirme de mujer para asumir completamente el rol femenino. Se quedó un poco pensativo y no hizo ningún comentario. De ahí continuamos con otro tema como si tal cosa, pero me di cuenta que ya había sembrado en él la semilla de la curiosidad.

    El siguiente paso en mi tarea de seducirlo, pues ya estaba segura de que llegaría a caer en mis redes, se presentó el fin de semana, el viernes, en el que habíamos quedado de acuerdo todo el grupo de reunirnos en mi departamento a revisar lo que se llevaba avanzado. Preparé unos bocadillos y refrescos, además de unas cervezas y dos botellas de licor.

    Llegó el viernes y más que realizar el trabajo nos pusimos a charlar y a tomar, convirtiéndose la reunión en una pequeña fiesta. Yo no dejaba de llenar el vaso de Víctor y lo animaba a tomar más que a los demás, pues calculaba que solo tomado podría lograr mi objetivo. Cuando se despedían todos, a los que tranquilicé diciéndoles que yo me haría cargo de la revisión del trabajo, le pedí a Víctor que se quedara un poco de tiempo para que viéramos nuestra parte del trabajo. Un poco a regañadientes aceptó pero me pidió que lo dejara descansar un poco pues se sentía un poco tomado. Lo invité a que se recostara en mi cama mientras yo ordenaba la sala y le daba un vistazo a los papeles.

    El primer paso estaba dado, me daba cuenta que Víctor me estuvo viendo durante la reunión con cierta curiosidad y como que esperaba alguna seña de mi parte, cosa que desde luego, no hice.

    Terminé de arreglar un poco la sala, mas que nada para hacer tiempo y permitir que Víctor se relajara, y tomado una copa la llevé a la recámara.

    Lo encontré con la mirada fija en el techo, bien espabilado y algo inquieto. Le pregunté que si se sentía bien o que si necesitaba alguna cosa.

    —La verdad, me dijo él, es que tengo ciertas dudas respecto a lo que charlamos el otro día, acerca de tu orientación sexual.

    ―¿Cuáles son tus dudas?, ¿No te quedó claro que yo sea homosexual?

    No es tanto eso, sino el hecho de que te gusta vestirte de mujer. No concibo como te puedas ver vestido de esa manera.

    ―No hay problema, le dije, si lo deseas el día que gustes me visto para que tú me veas, si quieres en este momento lo hago.

    ―No sé, no creo que sea el momento adecuado, me dijo; pero si tú lo deseas lo puedes hacer.

    ―Muy bien, le contesté; solo dame unos minutos y te quitaré la curiosidad.

    ¡Estaba hecho!, sabía que en cuanto me viera transformada en mujer, caería en mis redes.

    De inmediato pasé al vestidor y elegí un conjunto de blusa y falda negros que se me ven fabulosos, un brasier y tanga negros, medias largas con encaje en el muslo, una peluca negra, larga, rizada. Me maquillé dando énfasis a mis ojos con sombras de tono rojizo y me apliqué un rímel que da cuerpo y alarga las pestañas. Mi boca la destaqué con un labial rojo fuego y rubor rojo terracota. Unos aretes de plata en forma de lágrima y un collar de perlas dieron el toque final a mi atuendo. ¡Ah!, y unas zapatillas negras de tacón de aguja muy altas que resaltaban mis nalgas.

    Sin más ni más, salí del vestidor y me paré frente a él y le pregunté:

    ―¿Qué opinas?

    Se quedó con la boca abierta y levantándose de la cama dio una vuelta alrededor de mí sin decir palabra. Tomó el vaso con licor que le había llevado y se tomó de un trago. Se sentó en la cama y sin palabras me hizo la seña de que me sentara junto a él. Sentándome, crucé las piernas y la falda se me subió hasta los muslos y de inmediato la mirada de Víctor se posó en ellos. Noté que al llevar el vaso a la boca, le temblaba un poco la mano, y su mirada no dejaba de recorrer mi cuerpo, deteniéndose mas tiempo en mis piernas.

    No pudo contenerse más y colocando una mano sobre mis muslos, con la otra me abrazó y me acercó hacia sí, besando mi cuello y mis mejillas. Yo no quise hacer ningún movimiento de acercamiento, pues calculaba que si él notaba mi ansiedad, lo tomaría como una agresión. Así que lo dejé que él llevara la iniciativa. Sus manos, tornándose más atrevidas, ya me estaban acariciando los senos y recorriendo mis muslos acercándose a mi entrepierna. Mantenía mis manos en el regazo hasta que él me tomó una y la colocó en su paquete, que ya estaba completamente erecto.

    Actuando tímidamente, solo se lo apretaba y aflojaba, pues estaba esperando que me pidiera que se lo sobara, pero al parecer Víctor no se iba a conformar con esas tímidas caricias pues en unos instantes se abrió el pantalón y sacó su verga, que parecía reventar de lo excitado que estaba. Rezumando liquido preeyaculatorio, su glande brillaba como faro que orientaba mi boca para darle placer. Así lo hice, besé ese bálano succionando el rico licor que me ofrecía a gotas para después irlo succionando poco a poco hasta tener todo su miembro dentro de mi boca.

    Lo chupaba y lamía como si fuera un rico caramelo, dándole más atención al glande del que continuaba brotando ese néctar delicioso que cada momento aumentaba su cantidad y su viscosidad. Pero Víctor no pudo o no quiso contener su orgasmo, y sin intentar sacar su verga de mi boca, eyaculó de una forma tumultuosa saturando mi boca de semen, el cual se desbordó de mis labios y escurrió por mi barbilla goteando sobre mis pechos.

    Exhalando un ¡aaah! de satisfacción, Víctor se recostó en la cama cubriéndose los ojos con su antebrazo y tratando de ocultar su verga en el pantalón. Mientras yo me retiraba el semen de mi cara y de mis pechos, me acosté junto a él y retirándole el brazo de sus ojos lo obligué a que me viera y le pregunté:

    ―¿Te gustó?, ¿lo disfrutaste?

    Él, avergonzado, desvió su mirada al tiempo que musitaba un si apenas perceptible.

    No quise insistir y me levanté de la cama para terminar de asearme en el baño, dejando a Víctor a solas para que recapacitara en lo sucedido.

    Al regresar encuentro que Víctor se estaba terminando de acomodar su ropa, evitando mirarme o hablarme. No me extrañó pues es algo que normalmente ocurre cuando se tiene por primera vez una experiencia tan inusual como la que acababa de tener; así que no intenté acercármele o hablar con él.

    Me senté en la cama y buscándole la cara le dirigí una mirada de interrogación a la vez que le hacía la seña de que se sentara junto a mí, un poco a regañadientes aceptó hacerlo pero sin darme cara. Sin tocarlo, le pregunté:

    ―¿Estas arrepentido de lo que sucedió?

    En silencio, hizo un movimiento afirmativo; continué:

    ―¿Crees que lo que hicimos es malo?

    Vuelta a afirmar con la cabeza.

    ―¿Me podrías decir que fue lo que no te agradó?

    Tras pensarlo un momento, me dice:

    ―Es que tú eres hombre y yo también.

    ―Mírame bien Víctor, ¿parezco hombre?, ¿son estos senos de hombre?, ¿estas piernas que tanto mirabas, son de hombre?, le dije señalando cada una de esas partes de mi anatomía. Él las veía y negaba con movimientos de su cabeza.

    ―¿Entonces cual es el problema? No me digas que no disfrutaste la mamada que te di, pues tu respuesta fue bastante… abundante.

    ―No puedo decirte que me pasa, creo que no estoy preparado aun para saber si lo que hice, lo que hicimos, es correcto, me contestó.

    ―¿Y que necesitas para definirlo?, ¿qué sería lo correcto para ti?, le pregunté.

    Sin mediar más palabras, tomándome de sorpresa, me abrazó y me besó dulce y tiernamente, y me tendió en la cama. Yo me quedé estática pues no sabía como reaccionar. Sus tiernas caricias y sus dulces besos hicieron renacer en mí ese sentimiento adormecido, ese sentimiento que tanta falta me estaba haciendo: el afecto. No quise adelantar vísperas y sin dejar de corresponder a sus besos, no intenté estimularlo sexualmente; lo dejé que él tomara la iniciativa.

    Pronto, sus suaves caricias fueron cambiando de tono, sus manos descendieron hacia mi baja espalda, pero sin llegar a mis regordetas nalgas. Sus besos se hicieron mas osados, su lengua ya penetraba mi boca y se enroscaba con la mía. Su cuerpo se aproximó más al mío y sentía su calor. Levantó mi blusa y sus manos buscaron mis senos acariciándolos casi sin tocarlos, al fin me atreví a abrazarlo y responder a sus caricias.

    Para ese momento yo estaba bastante excitada, me urgía sentir su cuerpo desnudo pero no quería asustarlo. Él, obedeciendo sus instintos, ya había hecho saltar mis senos del brasier que los oprimía y sin poder contenerse, pegó sus labios a mis pezones succionándolos con verdadera fruición provocando que se erectaran. Sus manos ya apretaban mis obscenas nalgas deleitándose en su carnosa consistencia.

    ¡Ya no podía contenerme!, como pude me separé un poco de él y a jalones le quité la camisa, le desabroché los pantalones y se los quité. Arranqué mi blusa y mi falda y pegándome a su cuerpo, sentí su miembro erecto, duro, vibrante, rezumando ese divino néctar que es el líquido preseminal. Su boca no cesaba de chupar mis erectos pezones, aumentando mi deseo, mientras sus manos me abrían mis dos globos de carne y sus dedos jugueteaban con mi ansioso culo, que pedía a gritos que lo penetraran.

    Separándome un poco de sí, me tomó de los hombros y mirándome lujuriosamente, me hizo una seña muy fácil de entender. Obedeciéndolo, descendí hasta su parte media y con mi lasciva lengua lamí su ombligo y fui bajando hasta su pubis, donde me extasié besando y lamiendo su hirsuta pelambrera. Tomándome de los cabellos, me colocó directamente frente a su falo que ya se encontraba en total turgencia y empujando su pelvis, me lo acercó de tal manera que no pude rehusar la invitación. Abrí completamente mis golosos labios y acepté su grueso bálano entre ellos.

    Besándolo y succionándolo, fui devorando la totalidad de ese pene rico que ya imaginaba horadando una cavidad mas apretada, más deseosa de recibirlo. Víctor, adivinando mis deseos, retiró su rica verga de mi lujuriosa boca y un poco violentamente me colocó boca abajo en la cama, acomodándose rápidamente tras de mí. Esperaba yo la embestida de su verga, preparándome para recibirla brutalmente, pero cual no sería mi sorpresa cuando sentí una tibia y húmeda caricia en mi ansioso culo. ¡Me estaba besando!, su lengua penetraba en mi orificio sexual llenándolo de rica saliva, y sus manos abrían todo lo que podían mis generosos glúteos.

    No me pude contener y me vine en un orgasmo delirante. Pero Víctor no se dio por enterado y continuaba con su delicioso trabajo oral. Ahora era constante su penetración lingual y me estaba conduciendo hacia otro orgasmo. Pero yo quería algo más sólido y le pedí que me hiciera suya. Desprendiéndose de mi culo, se arrodilló entre mis piernas y clavó sin compasión su dura herramienta en ese receptáculo tan anatómicamente construido para aceptar esos hermosos instrumentos, esas ricas, duras y redondas vergas. Emití un ligero grito, no tanto de dolor, sino de placer.

    Su verga, sin ser un aparato monstruoso, es lo suficientemente grande para originar verdaderos tumultos tanto en la boca como en otra cavidad; sin embargo, por la posición en que estábamos no me la metía completamente, así que retirándola de mi orificio, me colocó en la exquisita posición de perrita, y tomando impulso a la vez que se afianzaba de mis caderas, de una sola estocada me clavó su rica verga. La sentía clavada en lo más profundo de mis entrañas sin embargo, no me dolía en absoluto, pues era tanta mi ansiedad y necesidad de verga que en ese momento hubiera aceptado hasta el pene de un caballo.

    ¡Que rica sensación es tener metida en el culo la verga del amante!, sobre todo cuando éste es el hombre que se ha ansiado, esperado, deseado. Y además que sabe que una lo ha buscado. Bien afianzado en mi goloso culo, sus movimientos eran potentes. Tal parecía que quería traspasar mis entrañas, saquear mis entresijos. Yo estaba delirante a pesar de mis múltiples orgasmos, deseaba que esa rica cogida no terminara nunca, que su verga me penetrara mas y más.

    Sentía como sus testículos chocaban con los míos y sus vellos cosquilleaban mis trepidantes nalgas, sus manos acariciaban mis senos y pellizcaban mis pezones. Besaba mi cuello y mordía mis orejas, sentía su aliento quemándome y eso me excitaba aun más. Mi culo no estaba ocioso pues mi esfínter apretaba y aflojaba su durísima verga a la cadencia que sus movimientos de mete y saca me imponía.

    En un momento dado, sentí que su tremenda verga aumentaba de volumen y sus movimientos se aceleraban. Su orgasmo era inminente y me preparé a recibirlo. Incliné mas mi cuerpo para que la penetración fuera más profunda. Él me tomó de las caderas y empujó todo su cuerpo contra el mío; sentí su verga como palpitaba y sus venas engrosaban dándome la sensación de que iban a reventar. Aflojé todo lo que pude mis músculos anales y entonces Víctor dando una tremenda arremetida, se desbordó en un torrente de semen.

    ¡Cielos!, que cantidad tan exagerada de esperma me inyectó. Parecía que su potente eyaculación no tenía fin. Sentía como los chorros de rica leche se proyectaban en mis intestinos como si fuera una manguera de alta presión. Víctor emitió un grito, un rugido de satisfacción como de león macho que al fin abatía a su víctima. Se quedó quieto con su verga aun a su máxima extensión, saboreando y disfrutando la hermosa cogida que me había dado. Yo estaba casi inconsciente pues había tenido orgasmo tras orgasmo y cuando sentí sus chorros de semen tuve uno mas que quedé seca.

    Su divina verga, casi sin perder su dureza, aún estaba bien clavada entre mis nalgas. Recobrando un poco la conciencia me di cuenta que Víctor masajeaba mis glúteos, como si quisiera no perder su posesión. Por instinto apreté mi esfínter pues sentía que la tremenda cantidad de semen que había depositado en el interior, buscaba la salida. Víctor interpretó esto como una señal para que siguiera cogiéndome y retomó la marcha; yo no podía creer tanta belleza, pues a pesar de que estaba verdaderamente exhausta, sentir esa rica verga moviéndose en mi interior me hizo reaccionar.

    Con la exagerada lubricación y la relajación de mi culo, la verga entraba y salía completamente de mi orificio. Esto producía un sonido por demás erótico a la vez que bombeaba aire a mi interior. No podía apretar pues estaba completamente dilatado mi esfínter, así que dejé que Víctor hiciera todo el trabajo. Sus manos en mis caderas no permitían que yo hiciera ningún movimiento, así que él llevaba completamente el ritmo. Una vez más, me la clavó totalmente, a la vez que se venía en otro orgasmo ya no tan abundante. Su verga perdió rápidamente su turgencia y se salió de mi devastado culo, el que expulsó torrentes de semen acompañados de aire que los movimientos de bombeo habían alojado en mis intestinos.

    Nos recostamos en la cama frente a frente. Su cara mostraba un gesto de satisfacción y alegría que hizo que lo besara tiernamente y musitara un “gracias” en su oído.

    ―No ―dijo él— gracias a ti que me haz abierto los ojos y la mente a esta forma de amar. Nunca pensé que pudiera sentir tal satisfacción como esta. Ninguna mujer me había provocado tanto placer, tanto deleite.

    Demás esta decir que pasamos una noche y parte del día en una ininterrumpida relación, pues su potencia sexual es inusitada. Terminamos prácticamente secos de tanto orgasmo y mi seductor culo rezumando semen como fuente. Todo parece indicar que he encontrado al amante perfecto, pues además de su inacabable deseo por mí, es sumamente atento y me trata como a una verdadera dama; y yo le correspondo cumpliéndole todos sus caprichos, tanto sexuales como cualquier otro. Ahora soy feliz y me siento una mujer cabal.

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  • Familia complicada (10): Sexo con mi hermanastra

    Familia complicada (10): Sexo con mi hermanastra

    Después de ver lo que paso en el quincho entre mi hermanastra y su novio, con Florencia decidimos salir de la casa y dar un paseo para no molestarlos. En los días siguientes, mi hermanastra y yo apenas tuvimos contacto. Ella pasaba la mayor parte del tiempo en la casa de su novio o en la de su padre, y cuando coincidíamos en casa, nuestras interacciones eran breves y distantes. No parecía querer hablar ni tener nada que ver conmigo. Esto continuó durante una semana o diez días más o menos.

    Pude notar que Laura y su madre, Gabriela, tenían una relación tensa, algo pasaba entre ellas, y pronto descubrí, gracias a mi padre que me conto, el motivo era la beca que Laura y su novio habían recibido para estudiar en Barcelona. Gabriela se oponía a que su hija se fuera a vivir a España durante dos años, mientras que Laura estaba emocionada de aprovechar la oportunidad y vivir con su novio en el extranjero. Esto parecía ser el punto de discordia entre ellas. A mi me molesto un poco, pero era algo que deje pasar.

    Parecía que la relación de Laura y su novio no era tan perfecta como aparentaba. Pese a que él la trataba como si ella fuera una princesa de cuentos de hadas. En varias ocasiones, pude ver que discutían acaloradamente, y Laura se enfadaba tanto que incluso lo dejaba afuera de la casa. Las discusiones siempre terminaban con Laura gritándole a su novio, quien se limitaba a agachar la cabeza y recibir la bronca sin defenderse. Era evidente quien llevaba los pantalones en la relación, y si me preguntan también los testículos.

    Una de las últimas veces que presencié una de estas discusiones fue un viernes por la noche, cerca de las once. Era tarde y yo era el único que estaba en la casa, por lo que pude escuchar claramente cómo Laura le gritaba a su novio. Me pregunté qué estaría pasando en su relación para que las cosas estuvieran tan tensas entre ellos. La discusión fue intensa y Laura se desahogó con su novio, quien intentó calmarla sin éxito. Después de azotarle la puerta en su cara, Laura se metió en la casa y se dirigió directamente al bar y tomo una botella de licor de mi padre.

    Mientras hablaba por teléfono con sus amigas, planeaban salir solas de noche, lo que me hizo preguntar si estaba buscando escapar de su situación. Subió las escaleras a su habitación, bebiendo directamente de la botella y despotricando contra su novio. Aunque no podía entender exactamente lo que decía, su tono y actitud dejaban claro que estaba muy enfadada.

    Me encerré en mi habitación y me puse a jugar en mi computado, intentando ignorar la situación y no entrometerme. Nuestra relación con Laura ya estaba tensa, así que no quería agregar más leña al fuego. Me limité a dejar que ella manejara su situación con su novio a su manera. Desde mi habitación, podía ver el cuarto de Laura en el primer piso y escuchaba la música a todo volumen. Ella cantaba con desesperación mientras bebía de la botella. Qué podría haberla llevado a ese estado de ánimo. Parecía que estaba intentando desahogarse. Parecía buscar algo y no entraba, volaba ropa de un lado para otro. Miro por la ventana y me vio. Y desapareció de mi vista. Unos minutos después entraba desaforada a mi habitación.

    Laura: Maldito pervertido de mierda, volviste a robar mis bragas. Tanto te gusto que no puedes dejarme en paz.- ya estaba visiblemente borracha, y enojadísima, de un manotazo tiro un cuadro con mis padres y algunos juegos que tenia en la mesa de la computadora.

    Fernando: Que te pasa loca, tu novio te volvió a dejar insatisfecha y vienes a tirarme la bronca a mí.

    Laura: Hijo de puta, pervertido de mierda.- me tiro una cachetada, que esquive, esto se estaba volviendo habitual entre nosotros.

    Fernando: Si quieres que te monte un macho de verdad solamente pídelo, y no hagas estos espectáculos.

    Laura: Que más quisieras.- dijo golpeando mi pecho con su dedo.

    Fernando: Lo quiero tanto como tu lo deseas.- nuestras caras estaban ya muy cerca.

    No parábamos de mirarnos y yo dirigía mi vista a sus ojos y labios, y ella hacia lo mismo. Pero por un segundo recupero la cordura, fue a salir, y yo la sujete del brazo jalándola hacia mi, no pensaba dejarla escapar esta vez. Ella se volvió para golpearme atrape su brazo y la bese, me mordió y fuerte y yo hice lo mismo, me arriesgue y metí mi lengua en su boca y su lengua se enredo en la mía, se masajeaban, era un combate oral.

    Ya estaba harto de estos juegos entre nosotros, no la pensaba dejar ir así tan fácil. La tome de sus nalgas firmemente, las apreté fuerte, la levante y la senté en la mesa de la computadora, ella dejo de besarme en ningún momento. Ella se separo de mí y no sabia que podía hacer, si irse y dejarme de nuevo con las ganas, pero me miro fijamente a los ojos y se podía ver fuego en sus lindos ojos, no paraba de jadear con la boca abierta, de un manotazo bajo mi pantalón de gimnasia y calzoncillo a la vez.

    Laura: A ver si de verdad puedes satisfacer a una hembra.

    Dijo esto tomando mi pene y jalando de él fuerte, se ve que no le iban las cosas suaves y tiernas, yo ataque su cuello y una mano mía se perdió bajo su vestido, y se encontró con sus bragas completamente mojadas, acaricie su vulva por encima, mientras ella no paraba de dar jalones a mi pene como si quisiera arrancarlo.

    Ella tomo mi nuca, me dirigió hasta su boca y me dio el beso del campeonato, no falto nada, lengua, mordida, intercambio de salivas, lo único que nos faltaba era el aire, nos separábamos para respirar únicamente, que calentura que teníamos. Laura en un arrebato rasgo mi remera, era vieja pero empleo bastante fuerza, me pasaba las manos y uñas por mi pecho y abdominales, yo no iba a ser menos, había acariciado bastante su sexo y lo notaba muy caliente y húmedo, también rompí sus bragas y las tire a un lado. Saque su vestido por su cabeza y ambos quedamos desnudos, mirándonos jadeando, ella nunca había soltado mi pene.

    Laura: Ahora si.- me lanzo una mirada desafiante.

    Nos volvimos a encontrar y besarnos, ella dirigió mi pene a su vulva y comenzó a restregarlo. Mientras yo con una mano masajeaba uno de sus pechos y terminaba pellizcando su pezón, y con la otra estrujaba su nalga, por que lo hacia muy fuerte. Las cosquillas que sentía en mi glande cada vez que pasaba entre sus labios vaginales eran muy gratificantes, todo calentito y húmedo. En momento determinado, guiado por la calentura la levante, sosteniendo fuertemente sus nalgas, ella comprendió todo, me abrazo por detrás de la nuca, y cruzo sus piernas aprisionándome con ellas.

    Puse mi pene en la entrada de su cálido agujero, pero no fue suficiente ella hizo un movimiento de cadera, que me desestabilizo y casi nos caemos, pero consiguió enterrarla toda. La lleve contra la pared, y ahí la empotre y penetre más firmemente, un sonido gutural dejo escapar como gemido. Con mis dedos podía recorrer cerca de su vagina y sentir mi pene entrar y salir, también recoger sus abundantes flujos, que también sentía como caían, sus gotas me mojaban las piernas.

    Tome una decisión, y creía que estaba en lo correcto, embadurne dos dedos y empecé a restregar su ano. Ella tenia su cabeza apoyada en mi hombro y sus gemidos se acrecentaron con esta acción, cada tanto daba besos a mi cuello, lo que si me había clavado las uñas en toda la espalda. Ambos estábamos en un punto de no retorno, nuestra calentura estaba en lo máximo, mis huevos ya estaban hirviendo. Cuando note que ella estaba por acabar, por asalto metí dos dedos en su ano, el grito que pego lo debieron sentir hasta en la luna. Le agarro la desesperación y mordió mi hombro, su ano y vagina empezaron a contraerse, mientras empezó a expulsar flujo a presión de esta ultima.

    Yo no pude más fueron mucha estimulación junta y me descargue en lo profundo de ella. La deposite en la cama, respiraba fuertemente.

    Cuando se tranquilizo y volvió en si, parece que se hubiera dado cuenta de todo. Recogió su ropa y quiso salir de mi habitación a la carrera, intente impedírselo pero me insulto y empujo entonces la deje. Quince minutos después salía de la casa dando un portazo. Yo me preocupe por ella y por el estado en el que se encontraba, y le mande un mensaje.

    Fernando: Como estas Laura, tenemos que hablar, pero lo importante es que ahora estés bien.

    No me lo contesto hasta las cuatro de la madrugada, casi no le entendía, complemente borracha, con música de fondo y creo que la voz de una de sus amigas.

    Laura: Tú y yo no podemos estar juntos, como te digo, somos muy parecidos, y si nos juntamos somos como dinamita y bum.- hablaba muy gracioso.- somos energías muy fuertes, no somos compatibles, solamente tenemos esa atracción sexual, y ya nos sacamos las ganas, que estuvo bueno, si.- tomo aire y continuo, estiraba mucho las palabras.- no estuvo bueno, la verdad fue el mejor sexo de mi vida, pero no creas que por tener un buen pene y saber usarlo, o ser tan sexy, enigmático o ser lindo, me voy a enamorar de ti, no señor, me voy a vivir con mi novio a Barcelona.

    Bueno creo que saque más de Laura en un audio borracha, que desde la conocía. El mensaje de Laura me hizo darme cuenta de varias cosas importantes. Me gustaba y la atracción era mutua, pero también estaba enamorada de su novio y tenía planes de irse a Barcelona. Esto me generaba un conflicto interno, ya que yo estaba seguro de mis sentimientos por Florencia y mis planes de estudiar y quedarme en el país. La situación se estaba volviendo cada vez más complicada.

    Tal vez Laura tenía razón al pensar que nuestros caracteres podrían chocar debido a su excesiva energía masculina que ambos teníamos. Y yo no me iba a dejar dominar. Con Florencia, la relación fluía porque ella tenía una energía más femenina y era sumisa conmigo. De manera similar, Laura parecía dominar a su novio, quien era más tímido, sumiso y callado. Esto me hizo reflexionar sobre si teníamos algo íbamos a terminar colisionando.

    Estaba trabajando en un proyecto emocionante con mis amigos nerds, creando un programa que usaba herramientas de inteligencia artificial para seguridad y monitoreo de cámaras. El objetivo era detectar situaciones anómalas y sospechosas, y alertar al operador para prevenir problemas y amenazas. Esto reducía tiempos, y hacia que cualquier usuario fuera mucho más eficiente. Mi padre, que trabaja en seguridad, me estaba ayudando mucho, proporcionándome datos e información valiosa para el proyecto. Esto me permitió combinar mis habilidades con las de mis amigos y aprender de la experiencia de mi padre.

    Necesitábamos una inyección de capital, ya que el programa debía expandirse y comenzar con los test, después de buscar varias alternativas, mis padres finalmente nos ayudaron. La inversión de mis padres fue crucial para poner en marcha nuestro proyecto. Mi madre y mi padre fueron los principales inversores, y su apoyo financiero nos permitió avanzar. Incluso me ofrecí a vender mi camioneta para contribuir, pero ellos insistieron en que la inversión era para mi futuro. Con su apoyo, nos pusimos a trabajar arduamente para sacar adelante el proyecto.

    Cuando Florencia regresó de su viaje, la cité para hablar con ella y contarle todo lo que había pasado con Laura. Aunque sabía que no tendría problemas, quería ver su reacción. Al principio, parecía un poco molesta, y me dijo que creía que íbamos a hacerlas cosas juntos, que íbamos a hacer un trío, pero que si yo la había pasado bien, se alegraba por mi. Ya sabía que no iba a faltar oportunidad de que trajeras a otra a la relación. Me quede callado y no quise decir más vería como se iba desarrollando todo.

    Después de la conversación, Florencia pareció olvidarse del tema y nuestra relación siguió adelante sin problemas. Empecé a sentirme como parte de su familia, su padre me trataba como a un hijo y me invitaba a actividades como ver boxeo o días de campo. De manera similar, mi familia incluía a Florencia en todas nuestras actividades. Incluso me enteré de que Florencia y mi madre tenían una comunicación fluida a través de WhatsApp, aunque Florencia no quiso contarme sobre qué hablaban, diciendo que eran cosas de mujeres. No quise insistir y ser invasivo con Florencia sobre su relación con mi madre, pensando que si había algo importante me lo diría.

    En cuanto a Laura, nuestra relación se volvió prácticamente nula. Ella parecía huir de mí y no respondía a mis mensajes. Me preguntaba si se sentía avergonzada por el audio que me había enviado o por lo que había ocurrido entre nosotros, o si estaba estresada por su viaje a Barcelona. Quería hablar con ella y aclarar las cosas, pero parecía que no estaba dispuesta a hablar. Intenté saber cómo se encontraba a través de sus amigas, ya que ellas estaban frecuentemente en casa de mis amigos nerds.

    Aunque mis amigos se habían hecho amigos de ellas y algunos incluso habían tenido algún plan romántico con alguna, no pude obtener mucha información sobre el estado de ánimo de Laura. Lo único que pude sacar en claro es que estaba confundida y sentía un cúmulo de emociones por su viaje y su relación con su novio.

    Mi casa estaba llena de tensión y emociones encontradas. Mi madrastra Gabriela estaba muy alterada por la partida de Laura, lo que era comprensible. Mi padre evitaba estar en casa para no tener un enfrentamiento con ella, y Laura evitaba estar conmigo y discutía constantemente con su madre. Esto creaba un ambiente tenso cada vez que estábamos los cuatro juntos. Era como si la casa estuviera convulsionada y cada uno estuviera lidiando con sus propias emociones y conflictos.

    Florencia se había convertido en la novia perfecta, siempre atenta y dispuesta a apoyarme en mis proyectos y intereses. Incluso se interesaba por mi problema con Laura y hablaba con sus amigas para intentar entender mejor la situación. Me gustaba verla relacionarse con mis amigos y las chicas, era más sociable y parecía disfrutar de la compañía. Había cambiado mucho desde que la conocí. Ya no era la chica tímida y solitaria que se mostraba vulnerable. Ahora era más segura y sociable, parecía haber encontrado su confianza, incluso su padre me hizo un comentario al respecto, como un alago por la transformación de su hija desde que estaba conmigo.

    El proyecto había tomado un giro inesperado y emocionante. Una agencia de seguridad del gobierno se había interesado en nuestro trabajo y ofreció financiar parte del proyecto. Sabía que mi madre podría estar detrás de esto, ya que ella tenía conexiones en el ámbito gubernamental. Con este aporte, nuestro proyecto estaba a punto de despegar y nuestra pequeña empresa podría tener un futuro prometedor. Solo faltaban algunos detalles para finalizar el software y estaríamos listos para lanzar nuestro producto.

    Un mes después de lo ocurrido con Laura, yo estaba enfrascado con todo mi trabajo y la facultad. Laura parecía que todo había vuelto a la normalidad, con su novio, al menos en apariencia. La había visto más seguido con él, y parecían haber encontrado un punto de equilibrio en su relación. Ahora estaban planeando irse, yo la veía resignada y triste a Gabriela, su madre. Sin embargo, Laura tenía el apoyo de su padre, y el viaje parecía ser algo decidido.

    Volví a casa cerca de las siete de la facultad, tenia que cambiarme e iría a la casa de Pedro, ahí me esperaría con Tomas para continuar como él proyecto, la habíamos tomado de base. Atrás de la casa de Pedro habían construido una casa más chica, para que viviera los últimos años de vida su abuela, al fallecer esta nosotros nos apoderamos de ella, e instalamos nuestra empresa ahí. Estaba saliendo de mi casa cuando sonó mi teléfono, era mi madrastra.

    Gabriela: Fer, cariño estas en la casa.

    Fernando: Si Gabi, en que te puedo ayudar.- era raro que mi madrastra me llamara, así que era por algo.

    Gabriela: Laura se quedo en la tienda, eligiendo ropa para llevarse a España. Me olvide de decirle que el sistema automático cierra las persianas a las ocho, lo cambiamos hace poco. He estado llamando a mi hija, pero no contesta. Si se baja la persiana la puedo abrir yo con el control remoto, pero me lo traje y esta en mi auto, si se queda encerrada ahora no puedo ir estoy en la otra punta de la ciudad por entrar a una reunión. Puedes tu tomar la copia de las llaves que están en la casa he ir a avisarle. Por favor.

    Fernando: Si, claro no tengo problemas, me queda de pasada a donde voy.- Mentiras, pero era una oportunidad de ver a Laura.

    Llegue al local y estaba todo en penumbras con muy pocas luces, arriba del mostrador estaba la cartera de Laura. La llamaba mientras buscaba por el local y no la veía. Hice sonar su teléfono y estaba dentro de la cartera. Me acorde que el local tenia un sótano que se usaba como deposito. Baje las escaleras y estaba la luz encendida, y llame a Laura, la escuche pidiendo ayuda llorando. En eso sentí que las persianas comenzaban a bajarse, estábamos encerrados.

    Laura: Fer ayuda por favor, estoy encerrada aquí, ya no aguanto más ayúdame, sufro claustrofobia.

    El sótano tenia un pequeño cuartito con espejos, Laura se había metido en el y par de cajas con ropa se habían caído bloqueando la puerta, hasta el punto de ser imposible abrir desde donde estaba ella. Calculo por lo que me dijo Gabriela, que llevaba ahí más de una hora y media encerrada.

    Fer: Tranquila, en un momento te saco.

    Laura: Rápido Fer creo que me muero.

    Logré abrir la puerta después de correr las cajas pesadas que la bloqueaban. Pero lo que vi me sorprendió, Laura estaba llorando desconsoladamente, con el maquillaje corrido por las lágrimas. En cuanto me vio, corrió hacia mí y me abrazó, llorando en mi pecho y agradeciéndome.

    Intenté consolarla lo mejor que pude, diciéndole palabras tranquilizadoras para calmarla. Pero era evidente que estaba sufriendo un ataque de claustrofobia, algo que no sabía que tenía. Su cuerpo temblaba y tiritaba, y yo podía sentir su ansiedad y miedo. Quise ayudarla a sentirse mejor, pero era difícil verla en ese estado, no reaccionaba y estaba histérica, tenía los síntomas de un ataque de pánico.

    Intenté sacarla de ese estado de pánico y la hice reaccionar diciéndole algo que la hiciera enojar.

    Fer: Parece que te has enamorado de mi después de que fuiste mía.

    Laura: Eres un imbécil, inmaduro. -Aunque seguía llorando, su expresión cambió y me miró con enojo. – No te creas que fue para tanto.

    Su cuerpo seguía temblando, pero al menos había reaccionado. Me di cuenta de que mi comentario había sido un poco brusco, pero funcionó.

    Fer: El mejor sexo de tu vida, creo que me dijiste.- haciendo alusión a su audio.

    Laura: Solo sexo, lo puedo conseguir con un gigoló también, si quieres te pago.

    Fer: Interesante quieres repetir y pagarme.

    No la deje reaccionar y la bese, ella sorprendida al principio cuando se recupero colaboro plenamente, con un beso posesivo donde cada uno quería imponer sus reglas chupar más, lamer más los labios, o meter más la lengua. Nos separamos y quedamos mirándonos y volvimos a lo mismo besarnos, restregarnos pasarnos la mano por donde podíamos, ella apretaba mis nalgas contra ella, mientras yo hacia lo mismos, la tome del cuello y seguí besándola, aunque no se dejaba controlar y me tomo del cabello, como queriendo imponerse. Nos volvimos a separar.

    Fer: Admítelo nuestro deseo sexual es muy grande.

    Laura: desde que te ayude con tu novia no paro de pensar en ello.

    Justo en ese momento escuchamos la persiana subirse, y mi padre llamarnos.

    Fer: Dame una noche antes de irte.

    Ella no dijo nada, corrió al espejo a acomodarse el maquillaje. Yo subí y le esplique a mi padre lo que había pasado. Gabriela también llego y se dedico a ayudar a su hija. Subí a la camioneta para ir a juntarme con Pedro y Tomas, mientras manejaba recibí un mensaje de Laura.

    Laura: Gracias por rescatarme.- y unos segundos después, otro mensaje.- solo una noche.

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  • La Gemma de la familia: Todo queda entre nuestro linaje

    La Gemma de la familia: Todo queda entre nuestro linaje

    Un viernes, el sol de la tarde caía con fuerza sobre el patio de la universidad, bañando todo en un resplandor dorado que hacía brillar la piel blanca de Gemma como si fuera de porcelana. Su cabello rojizo, recogido en una coleta alta, se mecía con cada paso, y su uniforme escolar, una falda plisada que apenas cubría sus muslos y una blusa ajustada que marcaba la curva delicada de sus pechos parecía diseñado para atraer la mirada de los sacerdotes que ejercían como profesores de aquel prestigioso instituto.

    Mientras caminaba hacia la salida, con el calor pegajoso adherido a su piel, una figura se interpuso en su camino. Era una chica de unos 20 años, con un cuerpo voluptuoso que desbordaba una falda apenas contenía sus caderas, y la blusa, desabrochada en los primeros botones, dejaba entrever un escote generoso. Su cabello negro caía en ondas desordenadas, y sus ojos ardían con una furia que hizo que Gemma diera un paso atrás.

    —Aléjate de Jonathan, o te las verás conmigo —siseó la chica, acercándose tanto que Gemma pudo sentir el calor de su aliento. Su perfume, dulce y embriagador, llenó el espacio entre ellas, y por un instante, Gemma sintió un cosquilleo extraño, una mezcla de miedo y algo más profundo, más prohibido.

    —Es mi primo —respondió Gemma, con voz temblorosa pero firme, mientras sus ojos verdes brillaban con desafío—. No podemos alejarnos, somos de la misma familia.

    Sin previo aviso, la chica se abalanzó sobre ella. Sus uñas largas se clavaron en la espalda de Gemma, dejando marcas rojas que ardían contra su piel sensible. Una cachetada resonó en el aire, haciendo que la mejilla de Gemma se encendiera con un calor punzante. Ella intentó defenderse, sus manos empujaban el cuerpo de la chica, pero el forcejeo era un torbellino de contacto físico: sus cuerpos se rozaban, el sudor se mezclaba, las curvas de una chocando contra las de la otra. La falda de Gemma se levantó en el tumulto, revelando la piel suave de sus muslos y el borde de sus braguitas blancas, mientras la blusa se desajustaba, dejando al descubierto el encaje de su sujetador con encaje rosa.

    Vero, que observaba desde la distancia, soltó un grito y corrió hacia la camioneta de su padre, estacionada a unos metros. —¡Papá, rápido! ¡Están atacando a Gemma! —jadeó, su voz estaba llena de urgencia.

    Rafael, salió de la camioneta con una presencia imponente. Su cuerpo atlético, se movía con una seguridad que cortaba el aire. Su camisa ajustada marcaba cada músculo de su torso, y sus ojos grises destellaban con autoridad mientras se acercaba al tumulto. Con un movimiento firme, separó a las chicas, su mano fuerte sujetaba el brazo de la agresora.

    —¡Basta, Jimena! —rugió Rafael, con voz profunda resonando como un trueno—. Si sigues con esa actitud, te juro que no volverás a acercarte a mi hijo. ¡Esto se acaba aquí!

    La chica, con el rostro enrojecido y el cabello desordenado, retrocedió, murmurando algo entre dientes antes de alejarse. Rafael se giró hacia Gemma, sus ojos se suavizaron al verla desaliñada, con la mejilla enrojecida y rasguños visibles en la piel expuesta de su espalda y piernas. Por un instante, su mirada recorrió su cuerpo, deteniéndose en las marcas rojas que contrastaban con su piel pálida, y Gemma sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el dolor.

    Vero tomó la mano de su prima, con sus dedos cálidos entrelazándose con los de Gemma, y la llevó a la camioneta. La piel de Gemma ardía donde las uñas de la chica habían dejado su marca, y el roce de la tela de su uniforme contra los rasguños enviaba pequeños pinchazos de dolor mezclado con una extraña excitación. Una vez dentro de la camioneta, Rafael subió al volante y se giró hacia ella, su rostro era serio pero cargado de una calidez que hizo que el corazón de Gemma latiera más rápido.

    —¿Estás bien? —preguntó, envolviéndola como una caricia. Sus ojos se detuvieron en su mejilla enrojecida, y luego bajaron a los rasguños en sus piernas, visibles bajo la falda arrugada.

    —S-sí, estoy bien, tío. —respondió Gemma, su voz suave, casi un susurro—. Solo me arden un poco las mejillas… y los rasguños en la espalda y las piernas. No es gran cosa.

    Rafael asintió, pero su mirada seguía fija en ella, como si estuviera evaluando algo más que sus heridas. —Te llevaré a casa de tu mamá después de dejar a Vero —dijo, arrancando la camioneta—. Hablaré con mi hermana para explicarle lo que pasó. Nadie va a tocarte así otra vez, ¿entendido?

    Gemma asintió, sintiendo el calor de su mirada como una corriente eléctrica que recorría su cuerpo. Mientras la camioneta avanzaba, su mente era un torbellino de emociones: el dolor de los rasguños, la furia hacia la novia de Jonathan, y un deseo incontrolable que la consumía, alimentado por la cercanía de Rafael y la imagen persistente de su primo, que seguía siendo su tormento imposible.

    Después de haber dejado a su prima, el motor de la camioneta de Rafael rugió suavemente mientras se detenía frente a la casa de Gemma, una construcción moderna con ventanales amplios que reflejaban el resplandor anaranjado del atardecer. Gemma, aún con el uniforme desaliñado, bajó del vehículo con un movimiento grácil, su falda plisada subía ligeramente por sus muslos, revelando los rasguños recientes que marcaban su piel pálida como líneas de fuego.

    Su cabello rojizo, suelto ahora, caía en ondas desordenadas, y la blusa ajustada, con un botón desabrochado por el forcejeo anterior, dejaba entrever el borde de su sujetador de encaje rosa. El calor de la tarde se mezclaba con el calor que aún sentía en su cuerpo, una mezcla de adrenalina y un deseo confuso que la hacía estremecer.

    Rafael, con su presencia imponente, descendió tras ella. Su camiseta oscura se adhería a su torso atlético, marcando cada músculo trabajado, y sus jeans ajustados delineaban sus piernas fuertes. Sus ojos grises, intensos y penetrantes, recorrieron a Gemma por un instante, deteniéndose en las marcas rojas de su piel antes de desviar la mirada con un carraspeo. Ella, nerviosa pero decidida, abrió la puerta de la casa y lo invitó a pasar con un gesto tímido.

    —Pasa, tío —dijo, con voz suave, pero con un matiz que temblaba entre la inocencia y algo más profundo—. Siéntate, voy a buscar a mi mamá.

    La sala era un espacio acogedor, con muebles de cuero suave y cojines de colores cálidos. Rafael se dejó caer en un sofá, con sus piernas abiertas con esa seguridad masculina que llenaba el espacio. Mientras tanto, Gemma recorrió la casa, sus pasos resonaban en el silencio. —¡Mamá! —llamó, su voz hacía eco por los pasillos vacíos. Al no obtener respuesta, sacó su celular y marcó el número de su madre.

    —¿Gemma? —respondió su madre al otro lado de la línea, su voz apresurada—. Lo siento, cariño, tuve que salir de la ciudad por un caso urgente en el despacho. Estaré de vuelta el lunes. ¿Estás bien?

    —S-sí, mamá, estoy con el tío Rafael —respondió Gemma, sus dedos jugueteaban con un mechón de cabello rojizo mientras sentía la mirada de su tío desde la sala, aunque no podía verlo—. No te preocupes.

    Colgó y respiró hondo, el aire cálido de la casa la envolvía como una caricia. Regresó a la sala, sus caderas se balanceaban ligeramente con cada paso, un movimiento inconsciente que hacía que la falda se alzara un poco más, exponiendo la piel suave de sus muslos y los rasguños que aún ardían. Rafael levantó la vista al verla entrar, y por un instante, sus ojos se detuvieron en el contorno de su figura, en la forma en que la blusa se pegaba a su cuerpo, dejando poco a la imaginación.

    —No está mi mamá —dijo Gemma, deteniéndose frente a él, sus manos permanecieron entrelazadas nerviosamente frente a su cuerpo—. Tuvo que salir por trabajo. No vuelve hasta el lunes.

    —No te preocupes —dijo Rafael, reclinándose en el sofá con una sonrisa que suavizaba la dureza de sus rasgos. Su voz grave vibraba en el aire, y sus ojos grises, intensos y profundos, se posaron en Gemma con una calidez que la hizo estremecer—. Ya tendré oportunidad de hablar con tu madre. Mi hermana siempre está ocupada con su despacho, pero esto es algo que debe saber.

    Gemma asintió, sintiendo un nudo en el estómago. Se giró, sus caderas se balancearon con la gracia natural de una bailarina, y se dirigió a la cocina. El roce de la falda contra sus muslos sensibles enviaba pequeños pinchazos de dolor y placer que la hacían contener el aliento. Regresó con un vaso de agua, el cristal frío contrastaba con el calor de su piel. Al entregárselo a Rafael, sus dedos rozaron los suyos, ásperos y fuertes, y una corriente eléctrica recorrió su cuerpo, haciendo que sus pezones se endurecieran bajo la blusa ajustada. El contacto, aunque fugaz, fue suficiente para que un escalofrío la envolviera, y sus ojos verdes se alzaron, encontrándose con la mirada de Rafael, que parecía notar cada detalle de su reacción.

    Se sentó a su lado, tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo atlético. La camiseta de Rafael se adhería a su torso, marcando cada músculo, y el aroma de su colonia, masculino y embriagador, llenaba el espacio entre ellos. Él carraspeó, rompiendo el silencio. —Quiero disculparme por Jimena, la novia de mi hijo —dijo, con tono serio pero suave—. No debería haberte tocado. No es justo que pagues por los celos de alguien más.

    Gemma bajó la mirada, sus manos jugueteaban con el borde de su falda, que se había subido lo suficiente como para revelar más de sus muslos. La mención de Jonathan hizo que su pecho se apretara, y un velo de tristeza cubrió su rostro. Rafael lo notó de inmediato, inclinándose hacia ella, su brazo rozó el suyo en un gesto que era tanto protector como íntimo.

    —¿Estás bien, sobrina? —preguntó, con voz baja, casi un murmullo, mientras sus ojos buscaban los de ella. Había una intensidad en su mirada que la hizo sentir desnuda, vulnerable, pero también extrañamente deseada.

    Gemma tragó saliva, sus labios temblaban mientras luchaba por contener las emociones que la consumían. —S-sí, estoy bien —respondió, pero su voz se quebró, y las palabras salieron en un susurro—. Es solo que… desde que volví a ver a Jonathan, hace meses, yo… me enamoré de él. —Sus ojos se nublaron, y su confesión salió como un torrente, cargada de un deseo que no podía controlar—. Sé que no puede ser, tío. Es mi primo, y tiene novia, pero… lo amo. Lo amo de verdad.

    Rafael, sentado a su lado en el sofá, esbozó una sonrisa que era a la vez tranquilizadora y cargada de una intensidad que hizo que el corazón de Gemma latiera con fuerza. —Me refería físicamente —dijo, con voz grave y profunda, con un matiz juguetón que la tomó por sorpresa—. ¿Estás bien después de lo que pasó con Jimena?

    Gemma sintió un rubor ardiente subirle desde el pecho hasta las mejillas, tiñendo su rostro de un rosa intenso. La confesión sobre sus sentimientos por Jonathan aún resonaba en el aire, y la vergüenza la consumió. —Por favor, tío… que esto no salga de aquí —susurró, sus ojos verdes, temblaban bajo sus pestañas largas—. No quiero que nadie más lo sepa.

    Rafael inclinó la cabeza, su mirada se suavizó, aunque había un brillo en sus ojos grises que la hizo estremecer. —Tranquila, Gemma —respondió, su voz era murmullo cálido que parecía envolverla—. Es algo que ya hemos notado en la familia. No te preocupes, esto queda entre nosotros.

    Intentando escapar de la intensidad del momento, Gemma cambió de tema, sus dedos rozaban instintivamente el rasguño en su cuello, donde la piel ardía bajo el roce de su propia mano. —Me duele un poco… el rasguño que me hizo Jimena aquí —dijo, su voz era temblorosa, señalando la marca roja que se extendía justo bajo su clavícula.

    —Déjame verlo —dijo Rafael, su tono era firme pero cargado de una suavidad que la hizo contener el aliento. Se acercó más, su cuerpo grande y cálido invadió el espacio de Gemma. Con dedos fuertes pero delicados, movió lentamente el borde de la blusa escolar, deslizando la tela hacia un lado para exponer la piel sensible de su cuello. El roce de sus manos, ásperas pero cuidadosas, envió un escalofrío por la columna de Gemma, y su respiración se volvió superficial.

    Entonces, sin previo aviso, Rafael se inclinó hacia ella. Sus labios, cálidos y firmes, rozaron el rasguño en su cuello con una suavidad que contrastaba con la intensidad de su presencia. El primer beso fue apenas un susurro contra su piel, pero pronto se volvió más profundo, más deliberado, sus labios exploraban la curva de su cuello con una lentitud que la hizo jadear. Gemma cerró los ojos, su cuerpo la traicionaba mientras un calor líquido se extendía desde su pecho hasta su entrepierna. Inclinó la cabeza instintivamente, ofreciendo más de su cuello a los besos de Rafael, cada contacto enviaba oleadas de placer que la hacían apretar los muslos bajo la falda.

    Sus manos, temblorosas, se posaron en el brazo de Rafael, sintiendo la dureza de sus músculos bajo la camiseta. El aroma de su colonia la envolvía, y por un momento, se perdió en la sensación de sus labios cálidos, en la forma en que su aliento rozaba su piel, encendiendo un deseo que no podía controlar. Pero entonces, como un relámpago, un remordimiento la golpeó. La imagen de Jonathan, de su madre, de la realidad de quién era Rafael, irrumpió en su mente, y con un jadeo, se apartó rápidamente, retrocediendo en el sofá.

    —Tío, no… —susurró, con voz quebrada, sus mejillas ardían mientras se ajustaba la blusa con manos temblorosas. Sus ojos verdes, llenos de confusión y deseo, se clavaron en los de Rafael, quien la miraba con una mezcla de sorpresa y algo más profundo, algo que hizo que el aire entre ellos vibrara con una tensión insoportable.

    Rafael, sentado a su lado, rompió el silencio tenso con una voz grave, teñida de vergüenza. —Perdóname, Gemma —dijo, sus ojos esquivaron los de ella por un instante—. No era mi intención besarte de esa manera. No sé qué me pasó.

    Gemma lo miró fijamente, sus ojos brillaban con una mezcla de confusión y un anhelo que no podía ocultar. Su respiración era entrecortada, y el roce de los labios de Rafael en su cuello aún quemaba en su piel. —No es por eso por lo que me levanté —susurró, su voz era temblorosa pero firme, mientras sus manos se retorcían nerviosamente sobre su falda—. Es por Vero… y por tía Maribel. Las quiero demasiado, no podría hacerles algo así.

    Rafael alzó la vista, sorprendido, y un destello de algo más profundo cruzó su mirada. —¿Entonces no te molestó mi beso? —preguntó, con voz más baja, casi un ronroneo, mientras se inclinaba ligeramente hacia ella.

    Gemma mordió su labio inferior, un gesto que hizo que su rostro se iluminara con una sensualidad inconsciente. Negó con la cabeza, sus mejillas enrojecieron mientras confesaba en un susurro: —No, no me molestó. Me… me gustó mucho. Pero…

    No pudo terminar. En un movimiento rápido, Rafael la tomó por la cintura y la jaló hacia él, sentándola sobre sus piernas. El contacto de sus cuerpos fue eléctrico: la falda de Gemma se subió, exponiendo la piel suave de sus muslos, y el calor de las piernas musculosas de Rafael bajo ella la hizo jadear. Él colocó una de sus manos grandes y cálidas sobre la suya, guiándola lentamente hacia la entrepierna de su pantalón. Bajo la tela ajustada, Gemma sintió la forma de su verga: larga, dura, gruesa, palpitando con una intensidad que la hizo contener el aliento. Sus dedos, temblorosos pero curiosos, comenzaron a acariciarlo lentamente, trazando su contorno con una mezcla de timidez y fascinación.

    La tela apenas contenía la evidencia de su deseo, y cada roce hacía que un calor líquido se acumulara entre los muslos de Gemma.

    —¿Te gusta? —preguntó Rafael, con voz cargada de lujuria, sus ojos estaban clavados en los de ella, oscurecidos por un deseo crudo que la hizo estremecer.

    Gemma asintió, incapaz de apartar la mirada de él. —Sí… me gusta mucho —admitió, su voz era apenas un susurro, mientras sus dedos seguían explorando, cada movimiento enviaba oleadas de calor por su cuerpo. Pero de pronto, se detuvo, retirando la mano como si la hubiera quemado. —No puedo —dijo, su voz se quebraba mientras bajaba la mirada, tímida y vulnerable.

    —¿Por qué no, Gemma? —preguntó Rafael, inclinándose más cerca, su aliento cálido rozando su rostro—. Si te encantó tocarlo, se te nota en los ojos.

    Ella lo miró, sus mejillas ardían, sus labios temblaban mientras confesaba en un susurro casi inaudible: —Porque… soy virgen.

    El silencio que siguió fue pesado, cargado de una tensión que vibraba en el aire. Rafael no se movió, pero su mirada se intensificó, recorriendo el cuerpo de Gemma con una mezcla de sorpresa y deseo. Ella sintió su piel arder bajo esa mirada, consciente de la falda arrugada, de la blusa desajustada, de la forma en que sus muslos seguían apoyados sobre él. El deseo que la consumía era abrumador, pero también lo era el peso de su confesión, dejando la sala suspendida en un momento que parecía a punto de romperse.

    Rafael la miró con ojos grises encendidos por un deseo crudo. Su voz, grave y persuasiva, rompió el silencio. —¿Y qué mejor que perderla con alguien que conoces, Gemma? —dijo, inclinándose hacia ella, su aliento cálido rozó su rostro—. Alguien que sabe cómo cuidarte.

    Gemma sintió un calor líquido acumularse entre sus muslos, su cuerpo nuevamente la traicionaba mientras su respiración se volvía pesada. —Sí… sería bueno —susurró, con voz temblorosa, cargada de un anhelo que no podía controlar—. Pero no podría traicionar a tía Maribel ni a Vero. No estaría bien.

    Rafael tomó su rostro entre sus manos grandes y cálidas, sus dedos ásperos pero gentiles rozaron la suavidad de sus mejillas. Se acercó más, sus labios a centímetros de los de ella, y su voz bajó a un murmullo seductor. —Por ellas no te preocupes, Gemma. Este es nuestro momento. ¿O acaso piensas contarles? En todo caso, todo quedara entre nuestro linaje —Sus palabras, cargadas de una promesa prohibida, encendieron una chispa en el cuerpo de Gemma, desatando una oleada de deseo que la hizo jadear.

    Sin pensarlo, Gemma se lanzó hacia él, sus labios encontraron los de Rafael en un beso voraz, desesperado. Sus lenguas se buscaron con una urgencia febril, entrelazándose en un baile húmedo y ardiente que la hizo gemir contra su boca. Sus manos, temblorosas pero decididas, volvieron a la entrepierna de Rafael, acariciando la verga que se marcaba con fuerza bajo sus jeans. Era larga, dura, palpitante, y cada roce de sus dedos enviaba descargas de placer por su cuerpo, haciendo que su vagina se humedeciera aún más, empapando la tela fina de sus braguitas.

    Rafael, consumido por la lujuria, comenzó a desabotonar la blusa de Gemma con movimientos rápidos pero precisos. La tela se abrió, revelando sus pechos redondos y perfectos, sostenidos por un sostén de encaje rosa que apenas contenía su firmeza. Los ojos de Rafael se oscurecieron de deseo, y con un gruñido bajo, se abalanzó sobre ellos, sus labios cálidos y hambrientos besaban la piel expuesta justo por encima del encaje. No quitó el sostén, pero sus besos eran intensos, mordisqueando y lamiendo la curva de sus pechos, mientras sus manos se deslizaban por la cintura de Gemma, apretándola contra él.

    Gemma arqueó la espalda, un gemido escapó de sus labios mientras sus manos se aferraban a los hombros de Rafael, sintiendo la dureza de sus músculos bajo la camiseta. Cada beso en su piel enviaba oleadas de placer que la hacían temblar, sus pezones endureciéndose contra el encaje, estaban ansiosos por más. El calor entre sus muslos era insoportable, y su cuerpo se movía instintivamente, buscando más contacto, más fricción, mientras los gemidos de aprobación escapaban de su garganta, resonando en la sala vacía como un eco de su deseo desatado.

    Minutos después sus manos, grandes y firmes, encontraron el cierre del sostén rosa de Gemma, y con un movimiento lento pero decidido, lo desabrochó. La prenda cayó al suelo, liberando los senos redondos y llenos de su sobrina, que se alzaban con una perfección juvenil, sus pezones rosados estaban endurecidos por la excitación. La mirada de Rafael los devoró, un hambre cruda reflejada en su rostro mientras su respiración se volvía más pesada.

    —Dios, sobrina, que grandes masas de carne… —murmuró, con voz ronca, casi un gruñido, mientras sus manos ascendían para tomarlos. Sus palmas cálidas envolvieron los senos de Gemma, apretándolos con una mezcla de reverencia y urgencia que la hizo jadear. Sus dedos, ásperos pero precisos, acariciaron la piel sensible, rozaban sus pezones antes de que su boca se abalanzara sobre ellos.

    Continuará…

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  • Una mujer insatisfecha con su marido

    Una mujer insatisfecha con su marido

    Era de noche, estaba viendo una película de amor, él vino y se sentó detrás de mí, comenzó a acariciar mi cuello y mi espalda, pensé que era una noche de amor, para amar, apagué la luz y me recosté, él comenzó a besar mis pezones, aquello me producía una sensación de cosquilleo y bienestar, pero se prolongó bastante, me moví un poco hacia un lado como para indicarle que continuara con otra cosa con algo más excitante, menos monótono, él entendió que quería dormir, se quedó tendido boca arriba al costado mío, me puse boca abajo y desde allí observaba como subía y bajaba su pecho al compás de su respiración, luego noté que fue haciéndose más profunda.

    De pronto recordé aquello que me dijo hace unos días, que no soportaría ver que me estoy masturbando, metí mis dedos y de pronto estaba moviéndome muy despacito y acariciando mi clítoris, esperando a que él reaccionara, sentí que me estaba excitando y mi vagina comenzó a lubricar pero él seguía dormido hasta se sentía un leve ronquido, seguí haciéndolo pero ya con un poco de más movimiento y más fuerza, él solo se dio vuelta, esto me desilusionó y para colmo estaba demasiado excitada sabía que no podría dormir así.

    Me levanté de mi cama, fui a la cocina, abrí la heladera, tomé una botellita de agua mineral y me acerqué a la ventana, se sentía un exquisito aroma a tierra mojada y estalló la lluvia, aquello calmaba mis ánimos tan exaltados, sentí la necesidad de salir a tomar aire fresco, cuando abrí la puerta todo ese aroma me inundó y me sentía extasiada.

    De pronto alguien saltó la tapia era un hombre desnudo, se acercó a mí muy lentamente, su dedo me alzó el mentón y con el pulgar acarició mis labios, comencé a jugar mordisqueando su dedo que se introdujo un poco más en mi boca, en tanto el delicioso miedo en el estómago, la sangre precipitada en los pezones tensos, ese vacío doloroso allá en medio de mis piernas, me tomó de la cintura y sus manos bajaron hasta mis nalgas me apretó con fuerza, entreabrió su boca y me besó, aquel beso era de alguien sediento.

    Sentía que él si me deseaba, respiraba casi con dificultad de tan excitado que estaba y su boca me lo decía, sus labios me comían, su lengua me saboreaba, sus dientes me mordisqueaban y me producían una extraña sensación de excitación que hacía que yo fuera una persona sin razón en sus brazos, me sentía volar.

    Él me tomó con más fuerza y yo hice un paso hacia atrás obligándolo a que me forzara, quería obligarlo a admitir que me deseaba tanto como yo a él, su mano me atrajo con más rudeza, era lo que buscaba, quería ser invadida, lo estreché contra mí, magullándole los labios, él apretó su cuerpo al mío, nuestros dientes chocaron en el beso, era como una guerra en la cual los dos ganaríamos, todo su cuerpo me aplastaba, la potencia de su pecho musculoso pesaba contra mis senos.

    Solo deseaba decirle que me tomara allí mismo, pero ni siquiera podía hablar, él me recorría con su lengua y con sus manos parecía que no quería dejar centímetro de mi piel sin tocar, estaba sediento de mí y yo de él, aquel desconocido me hacía vibrar, no había parte de mí que no lo deseara y esos truenos eran la música de fondo para esta hermosa escena de amor de dos amantes que morían uno por el otro de excitación, fue entonces que susurré… «Hazme el amor. Entra en mí».

    Abrí los ojos para mirarlo, él debía saber cuánto lo deseaba, a modo de respuesta él se zambulló en mí, continuaba adentrándose más y más, más y más hondo, más y más abriéndose lugar en mí, luego comenzó a moverse; mi cuerpo se estremecía al ritmo de sus impulsos, sus ojos delataron que había llegado su momento, su cuerpo se movía furioso y el mío se relajaba para recibirlo, él estalló; un gran gemido salió invadiéndome con su dulce aliento, luego llegó mi momento, feliz de morir, salté hacia el abismo al mar hirviente de mi orgasmo.

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  • Le hice el amor a mi crush

    Le hice el amor a mi crush

    La habitación estaba envuelta en la luz cálida y ámbar de la lámpara de noche, que proyectaba sombras suaves en las paredes de madera. El aroma salado del mar se mezclaba con el perfume a lavanda del aceite corporal que Marcela sostenía en sus manos. Afuera, las olas rompían suavemente, un susurro constante que parecía sincronizarse con los latidos acelerados de mi corazón. Estaba nervioso, pero el deseo ardía más fuerte. Marcela, mi crush de siempre, estaba frente a mí, completamente desnuda, su piel bronceada brillando bajo la luz. Sus curvas eran una visión hipnótica, y su sonrisa confiada me desarmaba por completo.

    “Relájate, Kouta”, dijo Marcela con voz aterciopelada, mientras vertía el aceite en sus manos y lo calentaba frotándolas lentamente. Sus pechos, llenos y relucientes por el aceite que se había aplicado a sí misma, se movían ligeramente con cada movimiento. “Hoy es nuestro momento. Solo tú y yo, sin nadie más.”

    Me acosté boca arriba en la cama, como me pidió, sintiendo el frescor de las sábanas contra mi piel desnuda. Estaba agotado tras los días intensos, pero la presencia de Marcela era como un chute de energía. Ella se arrodilló a mi lado, su cuerpo desnudo rozando ligeramente el mío mientras extendía el aceite por mi pecho.

    Sus manos eran firmes pero suaves, deslizándose con una precisión que deshacía cada nudo de tensión. De pronto, se inclinó más cerca, y sus pechos, resbaladizos por el aceite, rozaron mi torso, dejando una sensación cálida y electrizante. “¿Te gusta esto, verdad?” susurró con una risita traviesa, mientras se inclinaba aún más, dejando que sus pechos se deslizaran por mi pecho y, por un instante, rozaran mi rostro. El contacto era abrumador, y un gemido bajo escapó de mi garganta.

    “Marcela…” murmuré, incapaz de contener la mezcla de deseo y asombro. Ella sonrió, sus ojos brillando con picardía. “Paciencia, amor. Quiero que estés completamente relajado antes de lo bueno.”

    Sus manos continuaron su magia, bajando por mis hombros, mis brazos, hasta mis muslos. Cada roce era deliberado, y cuando sus dedos se detuvieron en la parte interna de mis muslos, apretando suavemente, mi cuerpo respondió con un estremecimiento. “Estás muy tenso aquí” dijo, su voz cargada de insinuación, mientras sus pechos volvían a rozar mi abdomen, dejando un rastro brillante de aceite. La anticipación era casi insoportable.

    Cuando terminó el masaje, mi cuerpo estaba relajado, pero mi mente era un torbellino de deseo. Marcela se subió a la cama, acomodándose a horcajadas sobre mí. La luz de la lámpara resaltaba cada curva de su cuerpo, sus pechos brillando aún por el aceite, sus caderas moviéndose ligeramente como si ya estuviera anticipando lo que venía. “Ahora sí, Kouta” susurró, inclinándose para besarme. Sus labios eran cálidos, hambrientos, pero con una dulzura que me hacía sentir más conectado a ella que nunca. El beso se profundizó, y mis manos exploraron su cuerpo, trazando la suavidad de su piel aceitada.

    “Te deseo tanto”, murmuré contra su boca, y ella respondió con un gemido suave, presionando su cuerpo contra el mío. “Entonces tómame” dijo, su voz temblando de excitación. Me guio para que me sentara en la cama, y ella se acomodó sobre mí, en una posición íntima, cara a cara, sus piernas envolviéndome. Cuando me deslizó dentro de ella, ambos soltamos un gemido al unísono. “Dios, Kouta” jadeó, comenzando a moverse lentamente, sus caderas ondulando con un ritmo que me volvía loco. “Eres… perfecto.”

    La sensación era intensa, cada movimiento suyo era como una ola que me arrastraba. Mis manos se aferraron a sus caderas, guiándola mientras ella aumentaba el ritmo, sus gemidos volviéndose más fuertes. “Más rápido” susurró, y obedecí, empujando con más fuerza mientras ella se inclinaba hacia atrás, apoyando sus manos en mis muslos. Su cuerpo se arqueaba, sus pechos rebotando ligeramente con cada embestida, y la vista era casi demasiado para soportarla.

    “Marcela, no voy a durar mucho así” admití entre jadeos, y ella rio, un sonido sensual y juguetón. “No te preocupes, amor, tenemos toda la noche.” Cambió de posición, girándose para quedar de espaldas a mí, en una vaquera inversa que me permitió admirar la curva de su espalda y sus caderas mientras se movía. Sus gemidos se convirtieron en gritos ahogados, y supe que estaba cerca. “¡Kouta, sí, justo ahí!” exclamó, su cuerpo temblando mientras alcanzaba el clímax, sus músculos apretándome con una intensidad que me llevó al borde.

    No pude contenerme más. Con un gruñido, llegué al orgasmo, y ella se dejó caer hacia atrás, apoyándose en mi pecho, ambos jadeando. Pero Marcela no había terminado. “Quiero más” susurró, girándose para mirarme con una sonrisa traviesa. Me empujó suavemente para que me levantara de nuevo y se colocó debajo de mí, esta vez en una posición misionera, sus piernas abiertas y sus manos apoyadas en mi pecho. “Hazme tuya otra vez” dijo, y reiniciamos, esta vez más lento, más profundo. Cada embestida era un diálogo sin palabras, sus gemidos mezclándose con los míos, su cuerpo respondiendo a cada movimiento mío con una intensidad que me hacía sentir invencible.

    “Eres increíble”, le dije, mientras ella se inclinaba para besarme, sus labios temblando contra los míos mientras otro orgasmo la sacudía. “Kouta… no pares”, suplicó, y no lo hice, llevándola a un tercer clímax antes de que ambos colapsáramos, exhaustos, sudorosos y completamente satisfechos.

    Marcela se acurrucó contra mí, su cabeza en mi pecho, su piel aún cálida y aceitada contra la mía. El sonido del mar seguía susurrando afuera, un recordatorio del mundo exterior, pero en ese momento, solo existíamos nosotros. “Gracias”, murmuró, su voz somnolienta pero llena de felicidad. “Nunca me habían hecho el amor así.”

    La abracé con fuerza, mi corazón aun latiendo con fuerza. “Tú eres la que me dejaste sin palabras”, respondí, besando su frente. Mientras el sueño nos envolvía, supe que esta noche sería un recuerdo imborrable, un momento perfecto que marcaba casi el final de un fin de semana inolvidable, pero aún quedaba el domingo.

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  • Otra historia con Cele y Esteban (2)

    Otra historia con Cele y Esteban (2)

    Se hizo un gran silencio por unos segundos, hasta que se puso de pie y tras mirar a todos, se fue bajando hasta quedarse como su madre lo trajo al mundo. Nora y Cele tenían los ojos como platos mirando esa pija, que estaba totalmente tiesa. Cele la conocía bien, pero Nora era su presentación oficial ante ella.

    La siguiente ronda comenzó y Cele volvió a coger otro hielo pasándoselo a José para que empezara él de nuevo, así él se volvió acercar a Nora para entregarle el hielo con sus bocas, que parecía con la vista fija en ese pene erecto, cuando por fin Nora se lo pasó a Esteban.

    Por suerte, llegó mi turno, él se acercó a mi tanto que con una mano me agarro por la cintura y la otra la puso en el costado de mi teta derecha a la vez que unía sus labios conmigo, pero una vez que estaban ya juntos se formó como una lucha de lenguas deseosas de profundizar y de explorarnos.

    Cuando cogí el hielo y nos separamos vi como él se llevó la mano a su bulto para acomodárselo, así que me giré hacia Pablo para pasárselo, que al pasarle el hielo se le cayó, aunque en parte fui yo la que se lo entregó mal, intencionadamente.

    -Bueno Laura, ¿qué castigo le vas a poner a este? -comentó Cele.

    -Pues mi castigo será que Cele te quite la malla, pero sin las manos.

    Pablo se puso de pie en el centro del círculo, mientras Cele arrodillada y mostrando a todos su precioso culo le soltó el nudo con la boca mientras sus manos le acariciaban las piernas.

    Yo estaba tan concentrada mirando a esos dos que no me di cuenta de que Esteban se había acercado por detrás de mí y con sus dos más manos me agarraba las tetas con todo el descaro, jugando con ellas, sin dejar de masajeármelas, a la vez que me mordía el lóbulo de la oreja y me susurraba:

    -Dios me muero por estar ya dentro de ti.

    Aquello me encendió todavía más, porque él me susurraba eso sin parar de estrujarme las tetas, mientras yo, instintivamente frotaba mi culo contra su pija.

    Entonces giré la cabeza en dirección a José, por si nos estaba mirando, pero lo que me encontré fue a Nora disfrutando como una loca, casi en la misma postura que Esteban conmigo, pero a diferencia de que José tenía la mano metida dentro de su tanga, al tiempo que ella le masajeaba su verga, haciéndole una paja lenta.

    Una vez visto eso y con una calentura mayor, volví a girar la cabeza para descubrir cómo Cele le había bajado un poco la malla a Pablo con los dientes, lo suficiente para haber liberado su pija, que yo no podía ver del todo, pues tenía a mi amiga delante tapándome la visión. Se lo bajaba muy despacio tenía la boca prácticamente a la altura de la verga, así que no estaba segura, pero parecía que le estaba haciendo una mamada.

    A continuación, todos nos separamos rápidamente y volvimos a colocarnos correctamente en cada uno de nuestros sitios, pero estaba claro que la cosa iba sin frenos y con un calentón máximo.

    La siguiente ronda, la empecé yo, pasando el hielo a Pablo, observando por el rabillo del ojo su cuerpo desnudo y descubriendo que estaba muy bien dotado tal como habían dicho las chicas. Dimos casi una vuelta completa, recargando las pilas y calentándonos cada vez más, pues todos unían bocas cada vez con más pasión y descaro, pero cuando el hielo volvió a Esteban, cayó al suelo, aparentemente de forma accidental, pero con toda la intención.

    Le toca mandar el castigo a Nora, que fue la última que le pasó el hielo.

    Lógicamente Nora hizo que Esteban se quite el bañador hasta dejar a la vista una pija ya bien conocida por mí, totalmente empinada, brillante, dura.

    Los tres chicos se quedaron desnudos, y cuando parecía que la cosa iba a seguir, todos los hombres expectantes de que alguna de nosotras se quedase desnuda, Cele dijo: vamos a preparar algo para tomar.

    Ellos se quedaron algo decepcionados por esa orden, incluso yo, que quería continuar, pero quería seguir siendo mala y nos invitó a Nora y a mí a acompañarla.

    Salimos las tres con los tragos, mientras los chicos seguían desnudos comentando entre ellos y se callaron al vernos. Repartimos las copas y digo, vamos a seguir jugando, pero a ver cual de nosotras hace la mejor mamada. La ganadora será la que logre que su chico acabe primero.

    Claro, no podremos hacerlo con nuestros respectivos, porque podríamos conocer demasiado bien sus puntos débiles, así, que, yo se la chupo a Esteban, Nora a José y Cele a Pablo.

    Al escuchar eso de mis labios, Esteban se apretó la pija, mostrándomela orgulloso, como diciendo, “es toda tuya”.

    -¿Y cuál es el premio para la ganadora? -preguntó José.

    -Lo que ella quiera y con quien quiera. -apunto riendo Cele.

    Nadie puso objeción, pues todos estábamos deseando empezar ese nuevo reto y un minuto después los tres chicos se pusieron de pie y nosotras tres arrodilladas delante de cada uno de ellos.

    No lo pensé dos veces, cogí rápido esa dura verga y me la metí en la boca dándole lametones largos y profundos disfrutándola al máximo como si me estuviera comiendo un helado, mirándole de vez en cuando a la cara.

    Seguí disfrutando de cada lamida, de cada chupón, utilizando lengua, labios, comiéndole los huevos, al tiempo que mi lengua recorría todo el tronco, aunque lo único en lo que pensaba era en ganar y recibir el premio, que podría elegir libremente, así que me concentré engullendo como loca aquella tiesa verga, tan dura como siempre. Oía a las otras chicas chupar y engullir al mismo tiempo, pero yo no quería perder esa concentración, mientras que no paraba de chupar y apretar mis labios alrededor de esa magnifica pija.

    Volví a mirar hacia arriba para ver su cara y lo que me encontré fue tan caliente que me provoco que me mojara más todavía, tenía los ojos abiertos pero las pupilas tan dilatadas de lo caliente que estaba y tenía un gesto contenido, presa de esos labios carnosos con los dientes como si estuviera intentando aguantar sin gemir en alto.

    Cuando él me miro a los ojos soltó sus labios apresados entre sus dientes y me dijo:

    -¡Qué bien lo haces!… Sigue chupándomela así que estoy en el puto cielo. No quiero imaginar cuando te la vuelva a poner por el culo.

    Lo que consiguió fue que le chupara más deprisa para que acabara cuanto antes, para tener mi premio que sería que me cogiera.

    Yo seguía enfrascada chupando esa pija, era inevitable escuchar cada vez más fuerte cómo gemían los otros chicos así, seguí pajeando, mientras giraba mi cabeza en dirección a José, justo a mi derecha para comprobar que estaba con los ojos cerrados y en tensión lo que significaba que estaba tan caliente que pronto acabaría. Conozco muy bien y estoy segura de que, si me hubiese tocado él, se habría acabado el primero, porque conozco muy bien sus puntos débiles.

    Seguí masturbando la verga de Esteban, para girar mi cabeza esta vez al otro lado, en dirección a donde estaba Cele comiéndole la preciosa pija a Pablo y me encontré con sus habilidades con la boca y con la lengua que con destreza desplegaba su sabiduría.

    Así que volví a concentrarme en la pija que tenía delante, para tragarla al máximo, intentando llegar a mi garganta y al mismo tiempo usar mi lengua bajo ella, acariciándola, para acompañando de un leve masajeo de sus huevos y de vez en cuando acariciando su perineo y ano.

    Pero de repente sentí como la pija de Esteban, se tensaba y crecía un poco más, fue un impacto brutal, su primer chorro, explotando en mi cara, sin dejar de usar mis manos, esperando a que terminase de vaciar toda su leche sobre mi cuerpo, especialmente en mis tetas, mientras me sonreía agradecido por mi buen trabajo.

    Seguidamente, empecé a oír a los otros chicos gritar, primero lo hizo Pablo, y justo después mi marido lo hacía dentro de la boca de Nora, que le pajeaba al mismo tiempo que se la metía en la boca. Aquello parecía una peli porno en toda regla.

    -¡Guau, felicidades Laura! -me dijo Nora limpiándose los restos de semen de José que se le escurrían por los labios.

    -Es que mi putita, es la mejor chupándola, intervino José.

    Entonces se empezaron a reír todos, incluida yo, claro… Que no me importaba haber sido la mamona más puta, pero, al fin y al cabo, la mejor de todas.

    -Bueno chica, ¿Y qué premio vas a pedir? -me preguntó Cele.

    -Pues déjame pensar… -dije haciéndome la interesante -como ganadora voy a pedir que Esteban me desnude y que me coma la concha que no aguanto más de caliente.

    Cuando solté eso empecé a escuchar silbidos por parte de los otros chicos, ya que Esteban se mordía el labio anhelando ese momento, mientras que Lisa decía.

    -Ehhh -protestó José haciéndose el ofendido, y riéndose.

    Esteban se acercó para decirme en el oído: -Disfruta cielo.

    José se retiró de mi lado, pero antes me dio una nalgada en el culo. Las chicas colocaron las toallas para ver ese espectáculo en primera fila, invitándome a que me tumbara en ellas. Esteban se arrodilló delante de mí para acariciar nuevamente mis tetas y después mis muslos, agarro con sus dedos los laterales de la tanga de mi bikini y fue bajándolas lentamente por mis muslos, haciéndome sufrir con esa lentitud. Cuando por fin me las bajo al completo me di cuenta de que la mirada de Esteban estaba en un punto fijo de mi concha y sonreía embobado.

    Se hizo un largo silencio, mientras Esteban estaba a pocos centímetros de mi sexo, a punto de devorarlo. Apoyó los codos en el suelo, separo mis piernas y vi cómo me acariciaba lentamente la cara interna de mis muslos y después por fuera mis caderas hasta ver como su mano se dirigía a mi coño que en ese momento parecía un volcán lleno de lava.

    Al momento acercó su boca y empezó a pasarme la lengua por todos los rincones de mi inundada concha, sin dejar nada sin lamer, mientras yo me agarraba a su cabeza, cerraba los ojos y disfrutaba de su destreza con la lengua, gimiendo delante de todos. Sabia como hacerlo, se tomaba su tiempo, dibujando mis labios mayores, mordiéndolos, pasando su nariz por mis, pero siempre sin llegar a tocar mi clítoris.

    El muy perverso, me ponía al límite, sabiendo que yo estaba como una olla a punto de explotar. Al mismo tiempo que lamía mi rajita, me metía dos dedos dentro y me follaba con ellos sin dejar de mirarme y luego volvía a atacarme con su lengua, hasta que por fin llegó a mi clítoris me pegó un bocado con sus labios, con cierta fuerza, mientras yo cerraba mis ojos y gemía cada vez con más fuerza, arañando su enorme y fornida espalda.

    Abrí los ojos sin creerme estar viendo el rostro de los demás mirando como él entre mis piernas comía mi dilatada vagina. Él volvía a retrasar el momento, porque ya no había competición, sino que quería regalarme la mejor comida de concha de mi vida y el muy cabrón lo estaba consiguiendo.

    Me volvía loca, pero yo también hacía por retrasar mi orgasmo al máximo, no quería correrme y así seguir disfrutando por más tiempo de su lujuriosa mirada, de sus habilidosos labios y su pérfida lengua una y otra vez.

    Volví a mirar a un costado, ahí me di cuenta, que habían dejado de mirar y parecían muy ocupados. Cele comiéndole los huevos a Pablo sin dejar de pajearle, mientras a José le chupaba las tetas al tiempo que Nora arrodillada se la chupaba a mi marido y con su mano libre le metía dos dedos en la tanga de Cele. Todo parecía un sueño, pero ¡era una orgía real!

    Creo que aquella escena tan fuerte y la boca de Esteban, dándome otro bocado y atrapando mi clítoris entre sus labios, acabé por explotar en un intenso orgasmo entre jadeos y convulsiones, mientras sus manos pellizcaban mis pezones y un escalofrío intenso me invadía por todo el cuerpo de forma rápida y violenta.

    Enseguida agarrando esa pija para empezar a pasarla por mi encharcado coño.

    Esteban puso mis tobillos sobre sus hombros y metió el glande primero, mientras mordía ligeramente mis pantorrillas… Pero no acababa de metérmela, tan solo restregaba esa punta de arriba abajo, dibujando mi rajita y embadurnando nuestros sexos, alargando mi lubricación por todo su tronco, pero sin meterla.

    Sus manos acariciaban mi culo y mis caderas y seguía restregándose sin llegar a metérmela.

    Cada vez que su glande se acercaba a la entrada yo empujaba mi pelvis queriéndola dentro, pero él sonreía y se apartaba.

    Volví a girar mi cabeza y pude contemplar el cuerpo desnudo de Cele a cuatro patas, con la cabeza de Pablo por detrás, comiéndole la concha y el culo, al tiempo que Nora, boca arriba, se besaba con ella, de forma lujuriosa en una batalla de lenguas y labios, mientras que mi marido estaba comiéndole el coño a Nora por detrás.

    Regresé a mirar el rostro sonriente de Esteban y luego a su pija cada vez más gorda y robusta, restregándose contra mi vagina. Al sentir ese glande jugando con mi clítoris, un nuevo escalofrío recorrió todo mi cuerpo y sabía que estaba a punto de estallar, por lo que estiré mis manos, agarrándole del culo para que la introduzca, al sentirme invadida por ese enorme trozo de carne abriendo mi caliente y húmeda cueva, volví a explotar en otro orgasmo brutal, pellizcando ese culo fuerte que se encogía, cada vez que embestía para hacerme sentir como se llenaban las paredes de mi vagina en cada golpe de cadera.

    Sus huevos chocaban y el sonido de su pelvis contra la mía, marcaba un ritmo endiablado, salvaje y divino, mientras yo ponía los ojos en blanco, abría mi boca y gritaba de gusto, hasta que los propios músculos de mi vagina chalo atraparon y empezó a correrse en mi interior, soltando unos cuantos lechazos, que acabó escurriéndose por la cara interna de mis muslos a medida que él se retiraba.

    Apenas me estaba reponiendo, cuando sentí como alguien me sostenía por la cintura y me levantaba, una vez que estaba de pie sentí una pija jugando en mi culo mientras que con sus manos me agarraba las tetas, era la inconfundible voz de Pablo y su cuerpo desnudo pegado al mío por detrás, me encantaron.

    Giré la cabeza, al tiempo que dirigiéndose a Esteban le decía: -No te importa que te la robe un rato, mientras recuperas fuerzas.

    Pablo me fue llevando hasta las tumbonas, pudiendo notar su fuerza y la dureza de su gruesa y larga pija entre mis piernas. Por el camino me dio tiempo para ver que hacía el resto y descubrí a José disfrutando como un rey, se encontraba tumbado sobre las toallas con el cuerpo de Cele encima, al tiempo que Nora estaba sentada sobre su cara, con los ojos cerrados y gimiendo como si estuviera ella sola, sin dejar de recibir unas cuantas intensas chupadas en su concha.

    Cuando por fin llegamos a la tumbona Pablo se sentó en ella y con un solo gesto, me indicó que me arrodillara para comerle su verga gruesa, que apuntaba al cielo, así que con lo cachonda que estaba, no me costaba aceptar eso y obedecí encantada. Cuando me quise dar cuenta, tenía su pija en mi boca haciéndole una mamada de las mías…

    Mientras estaba degustando esa nueva dureza, lubricándola con mi lengua y mi saliva, pude ver de reojo como Esteban se acercaba y se colocaba a nuestro lado. Viendo cómo se está volviendo a poner dura de vital pija, al tiempo que estiraba una mano para pellizcar uno de mis pezones.

    Los tres giramos la vista y pudimos contemplar la escena en la que Cele y Nora le estaban comiendo el mástil y los huevos a mi marido a dúo, lo que provocó las risas de los tres. Volví al ataque para comerme la pija de Pablo que es mucho más grande que la de los otros dos, pero Esteban seguía jugando con sus manos por mi cuerpo, dibujando mis curvas, cuando sentí como me colaba dos dedos dentro de mi concha. Al sentirlo, me tragué la pija del otro hasta casi el fondo porque no entro toda en mi boca y el pobre dio un largo gemido al sentirla tan adentro de mi garganta.

    -Quiero cogerte o al final vas a conseguir que acabe antes -dijo Pablo tirando de mi pelo para que dejara de chupársela.

    Yo le sonreí y él me agarro de los brazos para colocarme a cuatro patas sobre la tumbona, para ponerse detrás de mí y empezar a embadurnar su miembro que era cada vez más grueso restregándola en mi cuevita chorreante.

    De una sola embestida, me la clavó hasta el fondo provocando que gritara de placer sin que me importara una mierda que me oyeran los vecinos.

    Como Pablo no paraba de clavármela por detrás, Esteban rodeó mi cuerpo hasta sentarse delante de mí acercando su precioso y enorme miembro ante mis ojos. No hizo falta que me dijera nada, porque estaba loca por volverme a meter en la boca ese pedazo de carne, que no creo que me pudiera saciar de ella nunca. Los tres íbamos acompasados, yo tragaba y tragaba, agarrada a los muslos fuertes de Esteban, disfrutando con el sonido de sus agitadas respiraciones. Era increíble, pero habíamos hecho dos tríos en un momento, yo con dos chicos y mi novio con dos chicas, la locura estaba al máximo.

    Así estuvimos un buen rato, hasta que Esteban dijo de pronto a su amigo, -siéntate y sigue cogiéndola, que quiero probar ese culito que tiene.

    Pablo sacó su tronco de dentro de mí, para sentarse en la tumbona como le pedía su amigo y a continuación me ayudo a subirme sobre él, agarrándome de las tetas. Rápidamente sentí como llenaba mi hueco ese pedazo grande, empezando a cabalgar frenéticamente. Esteban se colocó esta vez detrás de mí, para jugar a meterme sus dedos llenos de saliva, pero esta vez por mi culito.

    -¡Ahhh! -gemí al sentirlos mientras Pablo seguía dándome sin lastima. Giré mi cabeza para sonreír y mirar, como saco sus dedos de mi agujerito para sentir como colocaba su glande a la entrada de mi culo con la intención de perforarlo. No había vuelta a atrás, iba a tener dos palos duros dentro de mí. Cerré los ojos, aspiré aire, relajé los músculos y pude sentir como entraba esa carne abriendo las paredes de mi culo, mientras iba entrando poco a poco sin ningún esfuerzo a mi dilatado culo.

    Una vez que Esteban la tenía completamente metida, podía notar los latidos de mi corazón y como los músculos de mi esfínter se atenazaban rodeando a ese extraño pedazo que estaba dentro.

    Esteban empieza a bombearme al mismo ritmo que Pablo entrando en mi coño. Tener esas dos pijas llenando mi orificio sin descanso fue algo mágico, maravilloso… Seguí disfrutando empalada con esos hombretones, que me daban duro por mis dos agujeritos, sin descanso.

    De repente Pablo se detuvo agarrado a mi culo para pedir cambiar con Esteban. Enseguida me negué, no quería semejante trozo en mi culo, aparte la estaba pasando genial y no quería cambiar.

    De repente Esteban me agarró de las caderas, empezando a bufar más fuerte y a aumentar la marcha de la culiada dejándome seguramente alguna marca en las caderas, con tanta fuerza como me la metía. Era evidente que se venía con aquellos movimientos y sus largos gemidos,

    Y un segundo después, derramó la leche que aún quedaba dentro de su cuerpo dentro de mi culo, entre gritos, agarrándose a mis tetas y acabando exhausto, con su pecho sobre mi espalda y sacando su ya no rígido garrote de mi agujerito y llevando detrás de sí un río de leche caliente que se escurría entre mis muslos.

    Aproveche a sacar el tronco de Pablo, que aún estaba como cristal de duro, sin que hayamos acabado, por la maratón de sexo que veníamos teniendo. Y fui corriendo hasta zambullirme en la piscina para limpiar la leche que tenía pegada. Atrás mío se tiraron ellos.

    Observé a mi marido, que en ese momento estaba culeando a Nora sobre una de las tumbonas, mientras Cele por detrás, no veía bien, pero o le estaba comiendo el culo o los huevos, o quizás ambas cosas… Y eso volvió a calentarme, por lo que eché mi culo hacia atrás hasta ubicar la estaca de Esteban que todavía no había recuperado su vigor entre mis muslos.

    Al mismo tiempo que Pablo se acerca diciendo: -espero que no estés cansada porque pienso culearte hasta que no puedas ni sentarte, pasando su poste aún duro por mis zonas más sensibles.

    Me tomo por las caderas y levantándolas, me clavó su enorme trozo por el culo, sin costar entrar, no sé muy bien si por estar muy dilatada, tremendamente caliente y exhausta o por estar bajo el agua, pero la sensación era increíble y apoyando mis manos en el borde de la piscina, disfrutaba y me encantaba sentir la pelvis de Pablo golpeando mi culo sin cesar.

    Agarrándose a mis tetas empezó a moverse de una forma frenética dentro de mí, no me dejaba ni respirar y para colmo con sus dedos pellizcaba mis pezones sin darme tregua a gritar, a gemir y a lanzar no sé cuántas cosas que no soy capaz ni de recordar, hasta que provocó que me corriera entre convulsiones.

    Siguió bombeándome y haciéndolo con más brío, sujetándose a mis hombros para seguir taladrando mi culo, mis piernas flaqueaban y segundos después él se corrió dentro de mí, convulsionando al tiempo que se aferraba a mis tetas…

    Una vez que ya habíamos terminado y habíamos vuelto a recuperar el aliento, me giré, abrazándole con mis brazos en su cuello y mis piernas en su cintura, cuando Cele, dice: -¿alguien quiere algo?

    A lo que todos le contestamos que sí, pues estábamos sedientos. Salimos del agua y yo me fui directamente hacia José, que estaba sentado en una de las hamacas y me senté en su regazo, dándole un beso intenso.

    En eso Esteban se sentó a nuestro lado, con su mástil a media asta otra vez, con intenciones de seguir. -Creo que tendrá que ser otro día, porque yo estoy rota. -dije.

    Y levantándome, les dejé solos para irme dentro de la casa con las chicas para preparar las bebidas.

    Nos empezamos a reír a carcajadas, dándonos unos besos especialmente con Cele y después salimos a brindar con los chicos, todos en pelotas, con la promesa de hacer alguna otra fiesta, en la que sobraba decir que íbamos a montar una parecida.

    Ya de noche, teníamos que dejar el chalet, aunque todos comentamos que nos daba pena, que se había hecho corto y que era un sitio ideal para pasarse todo el fin de semana.

    Al final recogimos todo, nos vestimos y a la puerta, antes de subirnos cada pareja a su respectivo coche, Esteban me apretó por el culo, dándome un buen beso.

    Ya en el coche con José de camino a casa, cada vez que nos mirábamos nos reíamos, sin creernos todavía todo lo que había sucedido.

    Al llegar a casa, José y yo aun tuvimos tiempo de echar un polvazo antológico en nuestra cama.

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