Autor: admin

  • Sexo oral duro a mi novia

    Sexo oral duro a mi novia

    Esta aventura pasó en un hotel cualquiera de Querétaro, en mis relatos anteriores estoy describiendo las distintas aventuras que he tenido con mi novia primero su virginidad, después por detrás (sexo anal)…  ahora claro y desde luego que sigue el sexo oral.

    Mi novia para las personas que se han perdido mis relatos, se llama Ana (es psicóloga) tiene 22 años, tiene piel blanca, cabello chino, mide 1.68 tiene cuerpo normal ni gorda ni flaca, tiene tetas y hermoso trasero (me encanta).

    Ahora les voy a contar el viaje a Querétaro, primeramente fuimos a Peña de Bernal, hermoso ese pueblo mexicano, cualquier mexicano o extranjero debería visitarlo es lindo, con paisajes increíbles, tienes que estar ahí para poder entender de lo precioso que es caminar por sus calles. Tuvimos toda la mañana, parte de la tarde, ya cuando iba anochecer partimos para el centro histórico de Querétaro que nada le quita lo bonito que es caminar por esos alrededores, muy particulares. En el centro comimos en unos puestos establecidos ese día que andábamos por ahí, miramos un poco en una plaza, el baile de cada una de las personas esos movimientos de cadera de las mujeres que enloquecen a cualquiera, pero como pasa en todo los lugares todo lo lindo se acaba llega la oscuridad, la noche y es hora de un sexo y más.

    Al regresar al hotel donde teníamos hospedaje, pasamos por calles oscuras en las 12 de la noche, me gusta fajar con mi novia en callejones oscuros como lo saben las personas que han leído mis relatos anteriores, esta vez le arrimé mi verga sobre su trasero y la empujé sobre la pared de un callejón la tenía sometida tocando mi verga sobre su trasero, era una hermosa sensación, lo mejor que a ella le encanta sentir mi pene sobre ella y mis manos tocando sus senos grandes y hermosos que tiene… después de unos minutos ella se voltea se arrodilla a mí, me desabrocha el pantalón me lo abaja a las rodilla junto con bóxer… empieza lo mejor, chupa mi verga sin parar, que rica esa sensación que a pesar de que era un callejón oscuro tu novia te la chupa en una calle donde te puede ver cualquier persona esa sensación que nos descubrieran me calentaba más… estaba a punto de explotar mi verga… en eso se detiene mi novia y dice… “¡Ya! fue suficiente… vamos al hotel quiero que me cojas sin parar…”.

    Llegamos al hotel, la recepcionista que era una joven, yo le aproximo unos 19 o 20 años, lo que me sorprendió no fue su juventud si no que tenía un escote que dejaba ver sus tetas, era gordita, pero tenía unas tetas al verlas te daban esas ganas inmensas de tocarlas. Mi novia se da cuenta de que la estoy observando, demasiado sus atributos… mi novia se va media enojada. La chica me da la llave de mi cuarto y me retiro alcanzar a mi novia, le tomo su mano y le digo: “¿Qué pasa?” ella me dice “No tienes vergüenza, te acabo de chupar tu verga Fernando” y yo “¿Qué hice ahora?” ella “Le estás viendo las tetas, ojalá y la chupe como yo te la chupé pendejo!!”. Eso a mí como que ya me incomodó… entramos al cuarto.

    Le digo “Cuál es tu problema? no te da pena gritar tonterías en pleno hotel”, ella contesta “pues ándale, vete a coger con esa chichona pendejo”. Eso me molestó mucho a lo cual la tomé de sus brazos, la sometí sobre la cama la forcé y empecé hacerle sexo como nunca se lo había hecho… “te voy a coger a ti puta… y ahora no te quejes que te la voy a meter tan duro, que este día no vas olvidar jamás en tu vida…”.

    Esa actitud mía, le gustó a ella porque no dijo nada, flojita y cooperando ni se opuso ni tampoco dijo que no. Le empiezo a meter mi verga sobre su vagina muy rico… Conforme pasaron los minutos ella levantaba su culo le encantaba como se la estaba metiendo toda… la volteo y pongo sus piernas en mis hombros, veo su cara de excita al estar metiendo mi verga sin parar… seguí con ese mismo ritmo después de unos minutos saco mi verga de su vagina.

    Me levanto y me pongo sobre su boca, le digo “abrí la boca puta te voy a coger por tu boca sin parar”, ella como toda una sumisa habré su boca y le empiezo a meter mi verga tan duro jalo su cabeza sobre mi verga y siente toda mi verga entrando hasta que tocan mis huevos con sus labios… ella solo cierra los ojos y mueve su cabeza lo estaba disfrutando como nunca… se la seguí metiendo hasta venirme dentro de su boca… al terminar todo mi semen dentro de su boca saco mi verga… respiro de lo lindo que fue penetrarla literalmente por la boca… ella se para y va al baño a limpiarse la boca… después la abrazo y le digo… “Te amo, no importa cuántas tetas puedan ver mis ojos tú tienes mi verga en cualquier lado y momento”.

    Espero que les haya gustado, no soy tanto de escribir es mi tercer relato, cualquier sugerencia o que quieran platicar conmigo mi email y skype es [email protected] me daría mucho gusto tener nuevas amistades gracias a mis relatos. Esperen nuevos relatos de las aventuras que he hecho con mi novia.

  • El demonio de Saint Clare

    El demonio de Saint Clare

    Mis rodillas reposan sobre la blanda superficie, mis manos igual. Confieso que en ocasiones se me hace difícil mantener la postura. La falta de equilibrio, el cansancio, la inquietud, y por sobre todo, el placer me obligan a postrarme por completo…

    No se trata de un rey, tampoco está frente a mí.

    La cama parece querer desarmarse, los ruidos no cesan, mis dientes tiran fuerte de las sábanas de seda como si quisieran desgarrarlas, mis dedos se aferran a todo lo que tocan.

    Sus manos; una de ellas sobre la zona media de mi espalda, sometiendo mi cuerpo a un arco más pronunciado; la otra azota mis nalgas, apretando con fuerza al crepúsculo de dicho contacto.

    Es inevitable, más que gemir, gritar de placer. Para mí es mucho más que estar de perrito, ya que no es el pene de mi esposo el causante de mi aparente agonía, es mi hijo quién está detrás de mí. Es el pene de mi hijo el que, al entrar y salir de mi vagina con afán; no solo me llena por completo, sino que también me provoca el placer más intenso.

    Son pocas las mujeres que se sentirán identificadas con mis palabras. Escaseamos aquellas capaces de cruzar la línea, trascender los límites de nuestra moral, todo por la insaciable necesidad de ir más allá.

    Me llamo Amanda, Amanda Saint Clare, y esta es mi historia.

    Quisiera decir que mi vida fue lo suficientemente injusta como para terminar buscando consuelo en brazos prohibidos, pero no es así, ni lo fue. Por esa razón, cualquiera que sea el castigo por mi conducta será bien merecido, ya que siempre tuve incluso más de lo necesario.

    Tengo cuarenta y dos años, de los cuales; veintiuno son de casada, veinte siendo madre, diría que siete como amante, y la totalidad de mi tiempo en este mundo tan complejo ha sido maravillosa.

    Tuve una buena infancia, buena crianza, buena educación, me casé con un buen hombre, en fin.

    Soy de baja estatura, cabello y ojos oscuros, piel clara. Mi complexión es normal, rasgos comunes… En cuanto a mis atributos de mujer, culo y tetas con un tamaño normal, lo notorio es mi vagina. Mi marido dice que es gordita.

    Para ser franca, nunca había tenido fantasías sexuales con mis hijos, por ello se me hace difícil asimilar la posición en la que me encuentro, sobre todo el camino que me ha traído hasta aquí.

    Vengo de una crianza materna religiosa y moralista, me siento sucia, indigna, pero es que mi vagina, a la hora de comer, siempre ha podido más que cualquier argumento moralista o religioso. Aunque nunca había llegado tan lejos.

    Sebastian, mi hijo mayor, el mismo con el que tengo sexo desde hace un mes tiene veinte años. Dentro de poco lo enviaremos a América; por fin decidió que hacer con su vida, quiere estudiar psicología en Harvard.

    Todo comenzó una noche. Hacía mi recorrido habitual por toda la casa para asegurarme de que todo estuviera bien antes de dormir, al pasar por su cuarto noté que la puerta estaba un poco abierta; tengo la costumbre de dar las buenas noches a todos mis amores previo a irme a la cama. Eché un vistazo por la rendija para despedirme y fue cuando lo vi, sentado frente a su computador dándome la espalda. La silla de escritorio no me dejaba ver bien, pero sabía perfectamente que se estaba masturbando.

    «Este es mi momento para vengarme. —Pensé al recordar tantas bromas que me había jugado»

    Me quedé observándolo por unos segundos…

    —¡Buenas noches cariño! Dije entrando a su habitación, acompañando mis palabras con dos o tres golpecitos a su puerta.

    Su reacción, lejos de la que esperaba, me sorprendió.

    Buenas noches mamá. —Contestó sin interrumpir el movimiento de su mano, ni siquiera volteó a verme. Me molestó su ligereza, la consideré falta de respeto.

    —¡Al menos ten un poco de respeto! Le exigí. ¡Espera a que todos los demás estemos durmiendo!

    —Tú, has irrespetado mi privacidad primero. Respondió al mirarme. Se puso de pie y caminó hacia mí. En ese momento me percaté de su desnudez… «¡La tiene enorme! —Pensé.»

    —¡Entonces, refute nerviosa, ¡Cierra la puerta y ponle seguro! Complementé con la vista puesta en su entrepierna.

    Relájate mamá. —Sugirió al estar frente a mí. Sus manos se posaron sobre mis hombros, sus ojos penetraron en mi alma, su sonrisa disfrutaba mi inquietud. —Sólo has atrapado a tu hijo masturbándose. Prosiguió… Cosa que debió agradarte lo suficiente como para tardar unos segundos en interrumpirme.

    Su voz fue serena, tales palabras me embrutecieron; no solo por la veracidad en ellas sino también porque me recordaron a su padre.

    Mirarlo a los ojos me ponía nerviosa, era como regresar en el tiempo. No sabía que decir, mis manos anhelaban tocarlo, sentirlo, volver a experimentar emociones que viví junto a su padre cuando nuestra pasión aún era virgen hambrienta de placer. Encontraba en él una puerta que me llevaría directo a mi pasado, ese que, por una vida normal, perdí.

    —Anda ya mamá, me decía mientras sus manos me obligaban a dar media vuelta. Hora de ir a la cama.

    Yolanda estaba como atontada. ¿Qué… —Le pregunté hipnotizada, ¿Cómo que me gustó verte?

    Cuando reaccioné, me encontraba en el pasillo, de espaldas a su puerta ya cerrada.

    Extracto del diario de Amanda esa misma esa noche:

    «… Mientras lo veía masturbarse, pude sentir un leve cambio de temperatura en mi entrepierna. ¿Es normal que una madre sienta estás cosas por su hijo?

    En el momento en que su imponente figura se levantó de la silla mostrando todo de sí, me encontré de frente con el demonio más abominable de mi pasado. Es idéntico a como lucía su padre de joven. Esa voz, esa calma, esa sonrisa… ¡Dios mío. Su pene!

    ¿Será una última prueba ésta que el universo trae hoy a mí? O, ¿Simplemente es el destino, cual sin mesura se burla de mí, mostrándome que no se puede tapar el Sol con un dedo?

    Como sea. Espero seguir con mi vida tal y como lo he venido haciendo, no puedo permitirme echar a la basura todo lo que he logrado.

    ¡¡Dato importante: Respira, libera, supera!!».

  • Mi tía y yo, una noche de pasión

    Mi tía y yo, una noche de pasión

    Anteriormente les conté lo qué pasó que me fui con mi suegra la que ahora es mi mujer, fue un relajo cuando mi ex esposa se enteró que me fui con su mamá y vivimos juntos hubo pleitos y todo pero eso lo contaré después. Hoy contaré lo qué pasó con mi tía.

    Todo comenzó un viernes cuando yo tenía que devolverme a Guadalajara por un asunto de trabajo ocupaba quedarme el fin de semana, por lo que opté por decirle a mi tía Martha que si podía quedarme el fin de semana y regresarme el lunes en la mañana a Puerto Vallarta ella me dijo que si que no había problema, el viernes en la mañana salí de mi casa me despedí de mi mujer y tomé la carretera, llegue a casa de mi tía ella es una mujer de 42 años, estatura 1.65, piel blanca, pelo güero, nalgas muy bien marcadas y unas tetas no muy grandes pero si antojables, cuando llegué ella me invitó a pasar y me dijo que me quedara en el cuarto de visitas que estaba abajo, ella dormía arriba y ella es viuda.

    Me invitó a cenar ella había hecho enchiladas suizas y acompañamos con un vino tinto, comenzamos a platicar y todo normal ya con media botella de vino se sentía el ambiente caliente y miradas pícaras pero todo quedó ahí y nos fuimos a dormir la verdad me fui a dormir pensando en mi tía por lo que opté por masturbarme para bajar la calentura.

    Al día siguiente ya en la tarde cuando llegue del trabajo a su casa, mi tía me dijo que si ordenábamos pizzas para comer y qué si comprábamos vino lo que yo dije que si.

    Llegaron las pizzas comimos, bebimos, platicamos y comenzamos a poner música y empezamos a bailar. Mi tía se me arrepegaba de tal manera que yo sentía su vagina y mi miembro se empezaba a poner duro, no sé si ella notaba eso pero mas lo hacía, yo bailaba e intentaba separarme pero la verdad mi tía está muy bien, nos fuimos a sentar ella, recargó su cabeza en mi hombro y después me abrazo se quedó buen rato así hasta que subió su cabeza y su boca quedo a la altura de mi mejilla, mi respiración era agitada y la de ella también así que sin más rodeos la besé fue un beso romántico y después nuestras lenguas se estaban comiendo, ella se subió encima de mi y yo la besaba con gran pasión.

    Le quité la playera que tenía y el short, ella me quitó la camisa y yo me bajé el pantalón quedando en bóxer solamente mi pene estaba muy erecto y yo seguía besándola hasta que le quite el brasier, le hice a un lado su calzón e introduje mi pene, ella empezó a brincar encima de mi sus movimientos eran buenos, ella gemía y gritaba, le empecé a mamar sus tetas y a nalguearla ella gemía y se excitaba más. Después ella alcanzó un orgasmo pude sentir como ella se apretó y después grito muy fuerte, para no dejar pasar ningún momento así mismo la cargué y la llevé a la pared para empezar a penetrarla ella seguía queriendo más ella seguía gritando como si no hubiera mañana ella volvió a tener otro orgasmo me beso muy fuerte y le dije “ya voy acabar”, “échamelos dentro acaba adentro por favor”.

    Yo hice caso y me vine dentro de su vagina, saqué mi pene y ella se agachó para mamármela mi pene estaba medio dormido, pero al sentir su mamada se puso como nuevo y ella comenzó a mamármela la metía toda a su boca la sacaba solamente dejaba el glande en su boca y con sus manos empezaba a masturbarme así estuvo buen rato hasta que logro sacarme toda la leche de trago gran parte de la leche y la otra la escupió en su mano para después tallárselas en sus tetas, después de eso nos metimos a bañar para después irnos a la cama a descansar, esto fue el sábado, falta lo del domingo eso otro día se los contaré…

  • Incesto a medianoche e incesto el día de su boda

    Incesto a medianoche e incesto el día de su boda

    Marcos y yo hacía muchos años que no veíamos a Jesús. Estábamos sentados en tres sofás en la sala de estar de la casa de Marcos. Su esposa estaba trabajando. Su suegra, antes de regresar a su casa, puso sobre una mesa camilla que teníamos delante una cafetera, el azucarero con una cucharilla, tres tazas, tres copas y una botella de aguardiente de hierbas. Jesús, al ver cómo la suegra le había sonreído a Marcos se diera cuenta de algo que yo ya sabía, que se la tiraba. Al irse Tamara, le dijo:

    -¿Cuánto tiempo llevas follando a tu suegra. Marcos?

    Marcos se hizo el ofendido.

    -¡Qué dices!

    -Que no vais a ser felices y comer perdices, pero follar con ella, follas. Por lo menos tú no corres el riesgo de prendarte de ella.

    Marcos, le preguntó:

    -¿De quién te prendaste, Juan?

    -De alguien que no debía y lo pasé muy mal porque ella quería a su marido.

    -Suele pasar muy a menudo.

    -Con una hija, no.

    Había soltado la bomba sin pestañear. Yo me quedé tan silencioso cómo un muerto, pero Marcos era cotilla por naturaleza, y le preguntó:

    -¡¿Te follaste a una de tus hijas?! -asintió con la cabeza-. Cuenta cómo empezó todo.

    -¡Ni harto de aguardiente!

    Harto, no, pero después de hablar de otras cosas y de mandar unas cuantas copas, volvió a salir el tema y se le soltó la lengua. Lo contó más o menos así:

    -Alicia, mi hija, tenía de 24 años, era alta, rubia, con el cabello largo, de ojos color avellana y con un cuerpo de pecado. Se había casado con un abogado muy rico, 20 años mayor que ella. Se podría decir que Alicia vivía en el País de las Maravillas. Él estaba de viaje de negocios y ella pasaba esos días en casa. Eran las doce de la noche de un viernes del mes de agosto. Al pasar por delante de su habitación camino a la mía vi que estaba en pijama sobre la cama, con su largo cabello suelto, sentada, con las piernas cruzadas al más puro estilo indio y leyendo un libro. Pasé de largo, y me llamó.

    -¡Papá!

    -Me di la vuelta, y desde el umbral de la puerta la miré y le respondí: Dime, Alicia.

    -¿Leíste el Kama Sutra?

    -No, ni ganas tengo de leerlo.

    -Yo lo estoy leyendo, pero aquí hay unas posturas que son para romperse el espinazo. Ven, mira, mira.

    -Fui a su lado. Nada más cruzar la puerta me llegó un aroma a jazmín que invitaba a cometer locuras. Me senté en el borde de la cama. Alicia me enseñó un dibujo en el que una chica estaba con el culo hacia arriba haciendo un puente y en la que el chico le comía el culo. A ver, tonto no soy. Mi esposa dormía en la casa de mi otra hija. El marido de Lucía estaba en Barcelona. Si me llamara no había sido para enseñarme fotos, y esto lo corroboré cuando pasó unas páginas y me dijo:

    -Esta ya es otra cosa.

    -En este dibujo se veía al chico sentado en una silla y a la chica dándole la espalda y sentada sobre su polla. Pasó unas páginas más y me enseñó otro dibujo.

    -O esta. Está me gusta mucho.

    -Era una posición en la que el chico con las piernas de la chica sobre sus hombros le comía el coño, le dije: A ver, Alicia. ¿Qué quieres?

    -Estoy muy necesitada, papá.

    -Al ver que no se andaba con rodeos, le dije: ¡Tu marido solo lleva fuera tres días!

    -Tres días sin polla son una eternidad.

    -Supongo que fue porque no le recriminé nada, pues mi hija ya no espero más, se abalanzó sobre mí y me dijo:

    -¡Te necesito, papá!

    -El aroma a jazmín de su perfume me envolvió y casi me hace perder el control, le dije: ¡Estás loca, hija! Alicia me calló la boca con un beso. Hacía casi dos meses que no tenía sexo con mi esposa, y los labios de mi hija eran tan duces y tan tiernos, y su lengua tan juguetona que me empalmé y me olvidé de quienes éramos. Metí la mano dentro del pantalón del pijama y le apreté una nalga. Me puse de lado y mi mano fue a parar entre sus piernas. Noté el acolchado de los pelos y la humedad en su coño. Con los dedos mojados le acaricié el clítoris. Tenía una bata de casa puesta. Alicia me quitó el cinturón y metió la mano dentro de los calzoncillos. Cogió mi polla y le dio unas suaves sacudidas. Sus manos eran finas y el contacto con la polla me la puso dura del todo. Ahora era yo el que le comía la boca a ella. Alicia tenía prisa, se quitó la chaqueta del pijama y el pantalón. ¡Cómo estaba!, de buena y de caliente. Me quité los calzoncillos y quedamos los dos desnudos. No me dejó que le comiera las tetas, guio mi cabeza hacia su coño, flexionó las rodillas, y me dijo:

    -Haz que me corra, papá.

    -Ahora el aroma a jazmín de su perfume ya me embriagaba. Su coño peludo, entreabierto y mojado atraía mi lengua cómo un poderoso imán. Se lo lamí de abajo a arriba. Alicia comenzó a gemir al mismo tiempo que le sonaba el teléfono móvil (hacía muy poco que salieran aquellos aparatos). Creo recordar que era un Erickson, le dije: No lo cojas.

    -Solo mi marido tiene este número, si no lo cojo va a pensar mal.

    -Tuve que resignarme, le dije: En ese caso cógelo. Lo cogió y le dijo:

    -Hola, cariño.

    -Me puso una mano en la cabeza y me llevó la boca a su coño. Me centré en lamer su clítoris con la punta de la lengua de tres maneras: Hacia los lados, de abajo arriba y alrededor. El marido le preguntó:

    -«¿Qué estás haciendo?»

    -Estoy en cama leyendo el libro que me regalaste por mi cumpleaños.

    -«¿El Kama Sutra?»

    -Sí, vida. ¡Y no veas cómo estoy!

    -«Cómo estás?»

    -¿Empapada?

    -«A ver, a ver. ¿Te estás haciendo una paja?»

    -Sí, y en nada me voy a correr.

    -Le abrí el coño con dos dedos y vi que tenía la vagina cubierta con un flujo blanco cómo la leche. Pasé un dedo por él y lleno de jugos se lo puse en los labios y lo chupó. Su marido, le dijo:

    -«¿Me echabas de menos?»

    -Sí, vida mía, te echaba mucho de menos.

    -«Adivina que tengo en la mano:»

    -El teléfono móvil.

    -«Tu juguete preferido. El monstruo de un ojo solo. El llorón.»

    -Seguí jugando con su coño, le chupé un labio… El otro… El clítoris… Lamí de abajo arriba. Creo que Alicia al hablar con su marido mientras yo le comía el coño sentía un morbo que la ponía a mil. Le dijo, mirándome a mí:

    -Me gustará que me comieras las tetas, corazón.

    -«¡Y a mí comerlas!»

    -Subí besando y lamiendo su vientre. Metí mi lengua en su ombligo… Seguí subiendo y le comí las tetas, pero no de cualquier manera. Mi lengua se movió de abajo a arriba y de arriba a abajo sobre los pezones, los presionó, giró alrededor de ellos, los mordió suavemente. Chupé la areola y después media teta, todo ello mientras las acaricié y las amasé. Luego la besé en el cuello, le mordí los lóbulos de las orejas, le lamí las orejas, la besé en el cuello, besé sus labios sin lengua… Nos acabamos fundiendo en un interminable y apasionado beso con lengua. Luego, Alicia, gimiendo, me miró a los ojos y le preguntó a su marido:

    -¿Harías un 69 conmigo?

    -«Sí, haría un 69 contigo y te llenaría las tetas de leche… ¿Te correrás pensando en mí?»

    -Sí amor, me correré pensando en ti.

    -Se metió dos dedos dentro del coño, puso el teléfono móvil al lado. Su marido sintió sus gemidos y el chapoteo. «Chof chof chof…»

    -«¡¿Esos ruidos los hacen tus dedos dentro del coño?!»

    -Sí, cielito, estoy llegando… ¡Oh! Abre esa boquita.

    -«¡Que cerda estás hoy! Ya la abrí, alma mía.»

    -Se puso encima de mí, se dio la vuelta, me puso el coño en la boca, cogió mi polla y la mamó. El marido le preguntó:

    -«¿Qué son eses ruidos, cariño?»

    -Entre gemidos, le respondió:

    -Me estoy chupando los dedos e imaginando que es tu polla.

    -«¡Chupa, angelito mío, chupa!»

    -Alicia estaba tan caliente que al limpiarle el coño de jugos y lamer su ojete dejó de mamar mi polla. Se sentó en mi cara, y en un par de minutos se corrió cómo una fuente. Sus jugos fueron a parar a mi boca mientras le decía a su marido:

    -¡¡Me cooorro!»

    -El cornudo se iba a correr al mismo tiempo que su mujer.

    -«!Y yo, amor mío, y yo!»

    -¡Dame tu leche!

    -Al acabar de gozar le di la vuelta, me metí entre sus piernas, le agarré la cintura con las dos manos y le lamí el coño de abajo a arriba apretando la lengua contra él y acelerando cada vez más, y más y más, y más… hasta que su marido oyó:

    -¡¡Me corro otra vez!!

    -El marido oyó su grito de placer, pero yo vi cómo se retorcía intentando zafarse de mis brazos y de su lengua, de mis brazos porque la cogían con fuerza de su cintura y de mi lengua porque no se separaba del clítoris. Yo no me había corrido y tenía un empalme brutal. La monté y le di caña brava, le di canela fina, le di mandanga de la buena. Mi polla dentro del coño hacía que se sintiera de nuevo el chapoteo. Alicia para no hablar y comerme la boca ponía el móvil de modo que se oyese el chapoteo. El marido no daba crédito a lo que oía.

    -«¡Te vas a matar a pajas, vida mía!»

    -Al marido se le debió acabar la batería de su teléfono móvil porque se cortó la comunicación. ¿A pajas? A polvos se la iba a matar, ya que antes de que me corriera se iba a correr ella.

    -¡Mas fuerte, papá!

    -Le di con ganas.

    -¡No pares, no pares, no pares, no pares, no pares, no pares! ¡¡Sí!! ¡¡¡Me corro, papá!!!

    -Viendo su cara de gozo y sintiendo sus gemidos y su cuerpo temblando debajo de mí le llené el coño de leche, se lo llené tanto que echó por fuera, y echando por fuera quité la polla y se lo volví a comer hasta volverla a poner perra… Cuando vi que la tenía, le di la vuelta, le levanté el culo y lamí desde el coño al ojete, le besé y lamí las nalgas al tiempo que magreaba sus tetas y jugaba con sus pezones. Metí mi dedo corazón en la boca, lo chupé, se lo metí en el culo y se lo follé con él mientras le cogía las tetas con la otra mano. Al quitarlo lo olí y se lo di a oler. Alicia me apartó la mano de su nariz, y dijo:

    -¡Quita, quita, guarro!

    -Chupé el dedo. Mi hija puso cara de asco, y dijo:

    -¡Qué asqueroso!

    -Seguí a lo mío. Pasé la lengua por el ojete y al hacerlo sentí cómo se abría y se cerraba… Poco después oí a mi hija gemir y mi polla lloró al no poder entrar en su culo… Luego, cada vez que le metía la lengua dentro el ojete se le cerraba de golpe… A Alicia ya le encantaba, lo que no le gustó fue que le diese un azote en el culo, pues me dijo:

    -De pegar, nada, papá. Odio la violencia en el sexo.

    -Seguí lamiendo y magreando sus tetas… Cuando le froté la polla en el coño y en el ojete, me dijo:

    -¡El dedo sí, la polla no, papá!

    -Le metí el dedo medio de la mano izquierda en el culo, el pulgar de la derecha con la palma hacia abajo en el coño y la follé con ellos… Después le volvió a lamer el coño y el culo y a follar su ojete con la punta de la lengua. Alicia me cogió la mano derecha y chupó el dedo pulgar, en el que aún quedaban algunos jugos. Le puse debajo de la nariz el dedo que le había metido en el culo y lo olió, se lo puse en los labios y lo chupó. Eso me dijo que ya estaba preparada y que era tan cerda cómo yo. La cogí por las caderas y le froté la punta de la polla en el ano. Me dijo:

    -¡Por el culo, no, cabrón!

    -Me decía que no se la metiera pero no hacía nada para evitarlo. Le clavé la cabeza.

    -¡¡Maricón!!

    -Seguía sin moverse. Se la metí hasta que mis huevos chocaron con su coño. Alicia, se quejó:

    -¡Sácala! ¡Me estás haciendo daño!

    -La fui sacando poquito a poco… Sacaba un centímetro y lo volvía a meter, dos, y lo metía otros dos, tres y lo metía otra vez… Y así hasta que la polla quedó de nuevo en la entrada de su ojete, Alicia, que nada había dicho mientras se la sacaba, empujó con su culo y metió la cabeza y después la metió hasta el fondo… Al sacarla la sacó cómo la había sacado yo, y me dijo:

    -Azota con fuerza mis nalgas. ¡Qué me duela!

    -A cada centímetro que sacaba y metía, le daba con la palma de la mano en sus dos nalgas, primero con la izquierda y después con la derecha. Alicia, gozaba cómo una puta al cobrar. Tanto gozó que sacando y metiendo se corrió cómo un pajarito, ya que dijo:

    -¡¡Vuelo!!

    -Pero el pajarito era un pajarraco de cojones, ya que al acabar, me dijo:

    -No te corriste. ¡Eres duro, cabrón!

    -Le pregunté: ¿Ya no soy papá?

    -Eres un pervertido que se está follando a su hija, un pervertido al que le voy matar a polvos porque soy una pervertida.

    -Me montó. Al principio me folló cómo una angelita, con besos, acariciando mi cara y dándome sus bellas tetas a mamar, y al final cómo una diablesa, ya que follándome a toda mecha me mordió el labio inferior, y me dijo:

    -¡Te voy a comer trocito a trocito!

    -Come cariño.

    -¡A mí no me llames cariño, cerdo!

    -Me escupió en la cara, después apretó sus tetas contra mi cara.

    -¡Te voy asfixiar, perro!

    -Me tiró de las orejas, me tiró de la nariz, me volvió a escupir… Hizo de mí un cristo. Al ver que estaba a punto, me dijo:

    -¡Córrete, cabrón!

    -La que odiaba la violencia en el sexo era una golfa de mucho carallo. Viendo su preciosa cara roja cómo un tomate maduro, sus pezones apuntando hacia el techo, sus tetas volando y sintiendo el chapoteo que hacía la polla en su coño, ¡Boom! Exploté y le volví a encharcar el coño de leche. Dejó que acabara, puso su coño en mi boca, y acariciando mi cabello, me dijo por segunda vez:

    -Haz que me corra, papá.

    -Había vuelto la angelita, le dije: Sácala tú, vida.

    -Le puse la lengua plana en el coño, Alicia lo frotó lleno de semen y jugos contra ella un par de minutos y se corrió cómo una loba, sí cómo una loba, pues sus gemidos parecían aullidos. ¡Qué corridón echó!

    Jesús dejó de hablar para encender un ducados, lo encendió, le echó una calada, y después le dijo a Marcos:

    -Seguimos con la aventura hasta que metí la pata. La metí un día que le comí el coño en su casa mientras hablaba por la ventana con su marido, que estaba en el jardín. Después de correrse se dio cuenta de que no podíamos seguir, me dijo que lo amaba y se acabó nuestra relación incestuosa.

    -Todas las cosas tiene un principio y un final.

    -Exacto. Te toca. ¿Cómo sedujiste a tu suegra, Marcos?

    Marcos se había follado a la suegra, pero le dijo:

    -¡No digas tonterías! Mi suegra tiene 62 años.

    -Y está cómo un queso. ¿Cuándo empezaste a follarla?

    Marcos me miró, y le dije:

    -Para mi no mires.

    -¡Ya me descubriste, cabronazo!

    -¡¿Yo?!

    Se había descubierto sin querer, o a lo mejor es que se quería descubrir. Iba a contar algo que nunca me contara, su primera vez con la suegra.

    -Todo comenzó el día de mi boda. Yo había dormido en un hotel porque aunque Marina y yo vivíamos juntos no quería que viese su vestido de novia, ya que decía que verlo traía mala suerte. Tamara, su madre, era la madrina, la que me iba a acompañar al altar. Llegó dos horas antes de que se celebrase la boda. Le abrí la puerta de la habitación en calzoncillos. Al verme, me dijo:

    -¡¿Pero aún estás así?!

    -Aún faltan más de dos horas. Se metió dentro de la habitación, diciendo:

    -El tiempo vuela. Venga, ponte manos a la obra.

    -Mi futura suegra llevaba puesto un vestido marrón que le daba por debajo de las rodillas, una blusa blanca y unos zapatos de tacón bajo a juego con el traje. Se había hecho la permanente, pintado labios y uñas. Esa mañana estaba muy, pero que muy atractiva. Desde el dormitorio, le dije:

    -Pareces diez años más joven, Tamara.

    -¿Aparento treinta años?

    -Se había quitado dos años de un plumazo, ya que tenía cuarenta y dos años. Le respondí: Lo que parece es que tienes veinte.

    -No hace falta que me des cera. ¿Tienes algo de beber?

    -No sé qué coño me pasó, pero se me empezó a levantar la polla. La cogí y me encontré con ella dura en la mano, le respondí: Tengo algo de coñac sobre la mesita, pero no estoy visible…Tamara entró en el dormitorio y me vio con la polla en la mano, volvió a salir y me dijo:

    -Perdona, pensé que lo de no estar visible era otra cosa. ¡¿No estarás haciendo una paja?

    -Cogí la botella y el vaso de encima de la mesita, y en pelotas y empalmado fui a la sala. Estaba sentada en un sillón. Con mi polla y mis huevos sobre su cabeza, le dije: Toma.

    -No me contestaste. ¿Estabas haciendo una paja?

    -Tamara, cogiendo la botella y la copa me miró para la polla y para los huevos sin disimulo, como si fuera la cosa más normal del mundo, le respondí: Sí, siempre hago una por las mañanas. Si os digo la verdad, se lo dije porque pensaba que viniera dos horas antes para que echáramos el polvo que hacía unos días venía buscando, pues últimamente cuando estaba en su casa con su hija sus miradas eran osadas. Se las echaba a mi entrepierna con la lengua deslizándose por los labios, pero su reacción fue de perra rabiosa:

    -¡No me toques el coño, Marcos! ¡¡Tú no tienes vergüenza, desgraciado! Te exhibes delante de mí y me dices que te haces pajas todas las mañanas. ¿Te crees que soy una adolescente para caer rendida en tus brazos?

    -Por lo menos lo intenté.

    -¡¿Pero tú te crees que soy una puta?!

    -No, eres una mujer casada y muy apetecible. Le di la espalda y enseñándole del culo volví al dormitorio. De pie, con la espalda apoyada en la pared y la polla en la mano, le dije: Tengo que correrme o voy a llevar todo el día con dolor de huevos.

    -¡Tienes la cara más dura que un zapato! Por lo menos piensa en mi hija.

    -De perdidos al río, le dije: No voy a pensar en tu hija, voy a pensar en ti.

    -¡Serás hijo de puta! Si no estuviera todo pagado le diría a mi hija cómo eres. ¡¡No te vuelvo a hablar en mi vida!!

    -Perdona, Tamara, pero es que estás tan guapa… Dejó de hablar. Sentí cómo echaba una copa. Intenté calentarla, masturbándome, decía: Tamara… Tamara… Tamara… Te voy a llenar el coño de leche, Tamara… Llevaba repetido su nombre multitud de veces cuando sentí un gemido. Imaginé que se estaba haciendo un dedo y pensando en mí. La meneé con rapidez para que sintiera el ruido de mi mano yendo de arriba a abajo y de abajo a arriba. Cuando paraba sentía en bajito un ruido que no sabía lo que era. Salí del dormitorio y la vi. Estaba de pie y tenía la espalda apoyada a la pared que daba al dormitorio, el vestido levantado, los ojos cerrados y una mano dentro de las bragas. Fui a su lado, le bajé las bragas. Sus medias estaban sujetas por unas ligas, medias, ligas y bragas eran de color negro. Con las bragas sobre los zapatos le lamí los dos dedos que seguían entrando y saliendo del coño. Luego le cogí la mano y se los saqué, se los chupé, le lamí el coño peludo, le metí la lengua dentro de la vagina y luego lamí de abajo a arriba a toda hostia desde el segundo uno. Tamara subió con las dos manos el vestido hasta la cintura… Poco tardó en correrse en mi boca. No soltaba jugos en cantidad, cómo otras, ni gemía, más bien bufaba cómo los gatos, pero se sacudía cómo si metiera los dedos en un enchufe. Al acabar la levanté en alto en peso y se la clavé en el coño, Tamara, que en ningún momento abriera los ojos, rodeó mi cuello con sus brazos y puso su cabeza en mi cuello. No la pude besar hasta que levantó la cabeza, y cuando lo hice no me devolvió ni uno de mis besos, miento, me devolvió uno en el momento que se corrió sacudiéndose cómo la otra vez. Ese beso, en el que sentí su lengua acariciar la mía, hizo que me corriera dentro de ella. Luego le hice lo que solíamos hacer los de la pandilla en los tiempos mozos, nuestra señal de identidad, eso que tanto les gusta a las mujeres que les hagan, aunque algunas digan que les da asco, comérsela mientras mi leche salía de su coño. Dejara de hablarme, pero correr se corrió cómo una cerda. Al acabar de correrse, cuando pensé que me iba a llamar de todo menos bonito, se dio la vuelta, abrió las piernas, con los zapatos se deshizo de las bragas, echó el culo hacia atrás y apoyó las manos en la pared. La zorra me estaba ofreciendo su culo, un culo blanco cómo la leche. Al tener el vestido levantado me podía hartar de él. Le apreté las nalgas, se las abrí y se las lamí. Metí directamente la punta de mi lengua dentro de su ojete. Se lo follé así varias veces, después, sin preámbulos se la clavé en el culo. Puse una mano en su cabeza, y le volvió el habla.

    -¡No me estropees la permanente!

    -Tenía cojones la cosa. No le importaba que le jodiera el coño y el culo, y sí que le jodiera la permanente. Le eché las manos a las tetas, unas tetas gordas, y le follé el culo a lo bestia. Tamara comenzó a gemir cómo una veinteañera… Se la saqué del culo y se la metí en el coño hasta que le volvió el habla y dijo:

    -¡Ay, Dios! ¡¡Me voy a correr otra vez!!

    -Se la quité del coño, se la clave en el culo, la volví a follar a lo bestia, y esta vez sí, esta vez se corrió cómo cuando mea una vaca, de su coño cayó una cascada de jugo que fue a parar al el piso de la habitación, y yo, yo me corrí en su culo sintiendo cómo apretaba y soltaba mi polla. Al acabar se dio la vuelta, bajó el vestido, y mientras yo me echaba una copa se puso las bragas, después se me acercó, rodeó mi cintura con sus brazos, apretó las tetas y un lado de su cara a mi espalda, y dijo:

    -Al acabar la copa tienes que vestirte que se nos echa del tiempo encima.

    -Aún falta, podíamos echar otro.

    -Otro día, pirata, otro día. Échame una copa a mi cuando termines.

    -Más tarde entraba de su brazo en la iglesia. Te toca Quique, cuenta algo tuyo.

    -¡¿Algo mío?! ¡En mi vida le fui infiel a mi mujer!

    Se miraron y se echaron a reír, pero no me quitaron nada.

    Quique.

  • Por fin con la madre de mi amigo

    Por fin con la madre de mi amigo

    Os voy a contar como empezó mi historia con una madre de uno de mis amigos.

    Casualidades de la vida, estaba sin trabajar y acompañé a un amigo mío a ver a su madre que vive en una casita de campo a unos 100 kilómetros de donde vivimos nosotros. Había ido más veces y la última casi me la consigo follar, me paró ella porque, después de empezar conseguir convencerla por estar todo calientes los dos, no le pareció bien, y decidió pararse y pararme porque era el amigo de su hijo, que no podía ser… blablabla. Os cuento:

    Yo ahora tengo 33 años y Bea, la madre de mi colega 57 años, aún ahora sigue estando buenísima aunque a mí me lleva poniendo burro media vida. No es la primera madre de amigos o conocidos que me he follado. Desde siempre me he fijado en las madres maduras de mi entorno.

    Bea es morena, de piel siempre bronceada por el sol, unas tetas operadas no hace mucho preciosas y siempre ha tenido un culete de durito y redondo debido al ejercicio que siempre ha hecho y sigue haciendo, ha vivido para cuidarse y se nota. Aparte de una cintura perfecta todo eso acompañado de unas esbeltas y preciosas piernas. Un mujeron que siempre me ha tenido loco.

    Yo también me cuido y soy guapete y con un cuerpo normal, pero proporcionado, sin barriga y sin pelos pues me depilo los pocos que tengo por el torso y piernas y el resto todo arreglado también, vamos un poco metrosexual digamos. Además estoy bastante bien armado, cosa que a todas las mujeres les gusta. El tamaño, q decir verdad importa y les gustan las pollas grandes a todas. Jajaja!

    Siempre me ha ido muy bien con las mujeres, desde las de mi edad hasta las madres maduras que tanto me ponen.

    A lo que iba. Bea siempre me ha puesto mucho y se lo he demostrado con mis miradas y dicho con halagos contantes.

    La última vez que estuve aquí con su hijo fue en verano y estuvimos un mes donde aparte de tenerme cada día cachondísimo y empalmado cogimos mucha confianza y ella empezó a entrar en el juego desde la primera semana lo que me hacía pensar que sucedería en cualquier momento lo que yo llevaba años soñando.

    Después de veladas de risas y algo de alcohol una noche el ahora marido de Bea y mi amigo se calentaron y propusieron salir a tomar unas copas a una zona de marcha cercana. Al ver que a Bea ni siquiera se lo propusieron, yo también decidí quedarme diciendo que estaba cansado y algo bebido, me dolía la cabeza y me iba a la cama. Me levanté haciendo como si estuviera borracho y mi amigo me acompañó a la cama riéndose de mi borrachera.

    – Que poco aguantas ya maricón! Te estás haciendo viejo! Jajaja!! Venga descansa que mañana por la mañana estaremos de vuelta nosotros. A ver si pillo a alguna zorra con ganas de fiesta..

    – Pasarlo bien!! Ya me jode pero no estoy para ir de fiesta.

    – Desde la habitación vi llegar al taxi y a los dos montarse, en cuanto el taxi salió de la enorme finca y se cerró el portón bajé a por ella.

    – Lukas que haces? Estás mal quedate en la cama y pasa la borrachera.

    – Estoy perfectamente Bea, para que iba a ir de fiesta si estoy aquí solo con un bellezón como tú.

    – Jijiji! No seas tonto anda soy mayor para ti, con la de jovenzuelas que tendrás con esa planta que tienes.

    – Pues ya ves prefiero quedarme contigo que ir a ver a otras mujeres a la discoteca.

    – Que bobo eres pero es adulador por tu parte me dijo dándome un beso en la mejilla mientras iba a llevar platos sucios a la cocina. La ayudé a recoger y nos sentamos en la terraza con un par de cubatas, seguimos bebiendo y charlando. Ella me contaba cosas de su marido, que era muy celoso y que apenas la dejaba salir, nunca la llevaba con él a ningún lado y además se había acostado con otras, que ella se había enterado.

    – No me jodas! Con el pedazo de mujer que tiene en casa, eres un bellezon Bea.

    – Gracias por el cumplido, llevo notando tus miradas y oyendo tus halagos muchos años. Se agradece que un hombre como tú se fije en una.

    – Ya el alcohol había hecho su efecto cuando ella me hablaba de su vida sexual con él.

    – Lleva más de 5 años sin tocarme un pelo pero antes de eso, cuando lo hacía tampoco sentía nada.

    – Entre que él no se preocupaba de que yo disfrutara y la pollita diminuta que tiene… jijiji!!

    – Jajaja!! Me río por como la has llamado. ‘pollita’ jajaja. Lo que no me hace gracia es que te tenga así.

    -Yaa!! Peroo ya me he acostumbrado a esta vida. Que le voy a hacer?

    – Que le vas a hacer? Podrías tener al hombre que quisieras aprovechando ese cuerpazo como Dios manda y a ti te sentaría muy bien.

    Levantándome a servir otra copa le seguí diciendo.

    – Yo mismo estaría encantado de ser tuyo y hacerte mía siempre que quisiéramos y pudiéramos.

    Serví dos copas y puse un poco de música para animar el ambiente y volví para afuera decidido y con la polla un poco dura que se marcaba en mi bermuda pero yo no pensaba que tanto hasta que noté como Bea no levantaba la vista de mi paquete mientras me acercaba a la mesa, si mirada fija en mi entrepierna no hacía otra cosa que agrandarla y endurecerla a cada paso que yo daba y ella ya cuando estaba al lado suyo levantó la cabeza y cogiendo su vaso me dijo:

    -Joder! Ya te la había notado grande pero joee. Vaya pollita!! Como la que tengo en casa!! Jijiji!! Igual, igual… Jijiji!

    -Jajaja!! También está dispuesta para ti ya ves, no soy el único. Jajaja!!

    Se puso de pies, brindamos y dejando quitándome el vaso dejó ambos en la mesa y cogiendo mis manos me llevó a la hierba y empezamos a bailar un poco, enseguida sonó un poco de salsa que ella sabía bailar y empezó a bailar luego una de bachata lo que la animó mucho y empezó a rozarse un poco contra mí que la seguía y la cogía de la cintura para apretarla contra mi y siguiese notando mi pollon duro en su culo y pelvis.

    Yo ya no podía aguantarme y agarrando su cintura la detuve con ese culito contra mi polla y empecé a besar y chupar su cuello.

    Ella no opuso resistencia y yo seguí a lo mío subiendo mus manos a sus preciosas tetas por encima de la blusa que empecé a desabrochar sin dejar de comer ese cuello.

    Quité su blusa dejando su pecho al descubierto, ella se giró y entrelazamos nuestras lenguas con pasión mientras nos magreábamos.

    – Vamos dentro. Le susurré al oído, que esta noche es nuestra Bea.

    Fuimos a su habitación entre besos, roces y risas.

    La tumbé en la cama y la acabé de desnudar admirando su cuerpazo. Me quité la camiseta de tiras y las chancletas mientras ella me miraba esperando a que me quitase las Bermudas. Lo hice sensualmente bajándolas despacio, no llevaba nada más debajo por lo que fue viendo el tronco de mi polla hasta que salió d me golpe mirando al techo. Su cara de asombro me hizo reír y ella me dijo:

    – Que grande!! Vaya pollita tienes es más del doble de larga y de gorda que la de marido… uuhh!!!

    – Tampoco es muy grande mide 19 cm pero sí que la tengo gorda, por lo que parece más grande.

    Acostumbrada a lo que sueles ver, por lo que me dices, pues si es enorme. Jajaja. Y esta noche es toda para ti Bea.

    Se sentó en la cama y la agarró con una mano empezando a mamármela con la lengua de arriba abajo mientras su nano subía y bajaba. Así estuvo un rato largo y se tumbó en la cama diciéndome:

    -Te toca a ti ahora. A ver qué sabes hacer con una mujer…

    -Seguro que no supero tu mamada pero lo intentaré… A ver…

    -Jijiji!!

    Me lancé a por ese cuerpo y lo empecé a comer entero, pasé mi lengua por todo hasta que llegué a ese coñito perfectamente arreglado y depilado dejando solo un triangulito de pelo encima de su rajita.

    Empecé a lamerlo suave y despacito apretándome poco a poco cada vez más contra él.

    Enseguida se mojó entera, se empapó aquello como una veinteañera, ante mi asombro al notarlo empezando a lamerlo con ansía me dijo:

    -Te he dicho que mi marido no me folla, no que yo lo haya dejado secar. Me toco casi a diario, algunos días más de una vez y que sepas que contigo Lukas me he tocado muchísimas veces.

    No te habría hecho falta tantas, yo te quería follar cuando vivías en el barrio, todavía vivía el padre de tu hijo.

    Eso la hizo acordarse y pensarse lo que estábamos haciendo y me dijo:

    -No deberíamos hacer esto, eres amigo de mi hijo, vaya decepción si nos pilla.

    -No se va a enterar le dije tumbándome encima de ella y acercando mi capullo a su muy jugoso coño apuntando a su entrada.

    -No está bien no. Además conozco a tu familia…

    Puse mi dedo en su boca silenciándola y se la fui metiendo poco a poco.

    – Ahora relájate y disfruta susurré a su oído.

    – Cuando la tenía entera dentro soltó un gemido de placer y dijo:

    – Nunca había tenido algo ni tan grande, ni tan gordo, ni tan duro. Mmmm!

    Empecé a follarla despacito mientras ella gemía de placer abrazada a mi espalda y con sus piernas rodeándome también.

    Le hice el amor de menos a más, disfrutando ambos cada penetrada. Después de unos 20 minutos más que follando, haciéndole el amor y sintiendo varias corridas suyas acabamos corriéndonos juntos, gritando de placer disfrutando de ese momento.

    Mi idea era seguir con ella y follármela duro y la de ella también porque me había dicho que en sus pajas me follaba mucho y bien.

    Al contrario de lo que teníamos en nuestra mente caliente ella empezó otra vez con el discurso de moralidad y me mandó a mi habitación a dormir. Me hice un pajón encima de mi cama y ella por los ruiditos que yo oía hizo lo propio.

    Vamos que nos quedamos con las ganas los dos. Me llamé tonto mil veces por haber nombrado a su hijo que fue lo que jodió ese esperado momento.

    Nosotros nos fuimos a los días pero ahora Bea y yo habíamos intercambiado los teléfonos y seguimos en contacto. Desde mi vuelta cada vez nos llevamos mejor y tenemos mucha confianza. Me cuenta sus cosas y alguna vez nos hemos pajeado escribiéndonos o llamándonos por teléfono. Su marido siguió igual de cabrón con ella, de hecho cada vez más porque la engañaba con otras continuamente. Él era adinerado y por eso pillaba a mujeres interesadas o profesionales directamente. Bea un día le vio entrar a un hotel con sus propios ojos y me lo contó diciéndome que la próxima vez que fuera yo para allí me iba a enterar de quien era ella, que me iba a exprimir.

    Estaré encantado de que lo hagas ya sabes mujeron.

    Pues ese día ha llegado hace poco más de un mes, gracias a esta pandemia que nos rodea y tanta gente se está llevando por delante. En mi caso ha conseguido que me quede, por casualidades, encerrado con Bea en su casa, ella y yo solos.

    Hace poco más de mes y medio fuimos mi amigo y yo a ver a su madre, yo estaba ansioso por volverla a ver.

    Llegamos y salió a recibirnos al porche majísima como siempre y sexy como nunca la había visto andar por casa. Una malla blanca hasta sus rodillas marcando su culete y con un top blanco también pegadísimo del que sus redondas tetas parecían querer salir con sus pezones oscuros y duros que se marcaban perfectamente. Por supuesto que no llevaba sujetador y al darse la vuelta e ir hacia la casa delante de mí me di cuenta de que tampoco llevaba bragas. Ella giró su cabeza para ver como la miraba el culo y hasta su hijo (mi amigo) me recriminó en medio risas.

    – No le mires el culo a mi vieja tuu!! Jeje!

    Fueron pasando los días hasta que un día llamaron al tonto de su marido. Eran su familia, su padre había fallecido y tenía que irse, a Bea le dijo que ella mejor que no fuera porque se llevaba mal con su madre.

    Mi amigo que era el único con coche le tenía que llevar y volver. Había unos 800 km de distancia por lo que iría y volvería en dos o tres días.

    Vete tranquilo, no tengas prisa, le decía su madre. Yo ya había dicho que no iba a acompañarle porque me caía, por razones obvias, bastante mal el maridito y no quería darle el viaje tampoco en un momento como ese claro.

    Mi amigo lo entendió y yo empezaba a ser el hombre más feliz del planeta porque me iba a quedar sólo con Bea y ahora si que, por lo que solíamos chatear, íbamos a follar de verdad.

    Al irse salimos a despedirlos fuera y ayudarles con las cosas y antes de montar en el coche mi amigo le ordenó a su madre en medio risas.

    – Cuídame al Lukas eh mamá!!

    .Que no le falte de nada!!

    .Sii!! Vete tranquilo mi niño que yo me encargo contestó mientras su mano rodeó mi espalda y bajó a mi culo pellizcándolo y mirándome sonriendo.

    -Lo cuidaré muy bien, no te preocupes, lo único que igual se aburre sin ti!!

    Tranquilo por mí compi, que ya me las arreglaré para no aburrirme, vamos hablando!

    Se metió en el coche y mi mano fue directo al culo de su madre bajando mi mano con el dedo corazón estirado hasta su entrepierna…

    En cuánto el coche arrancó fuimos para dentro de la casa, nos miramos a la cara, sonriendo y empezamos a comernos la boca el cuello con deseo la cogí de los muslos la levanté del suelo llevándola al salón- comedor y apartando las cosas que había tirándolas al suelo la tumbé en la mesa mientras le arrancaba la ropa rompiendo su camiseta y su sujetador, ella también tiró de la mía hasta romperla y desabrochó con nervios los botones de mis vaqueros bajando de golpe pantalón y calzoncillo hasta la rodilla para agarrar con fuerza mi polla y pajearla. Yo bajé y quité rápido sus mallas y empujándola mientras magreaba sus tetas la tumbé en la mesa y se la metí de un golpe empezando a embestirla a lo bestia resoplando como un animal. Ella daba unos alaridos de placer y gritos de:

    -Aahh!! Sii!! Dame pedazo de cabron!! Aah!! Ooh!! Siiiii!!

    Seguí embistiéndola, sus tetas se movían al rito casi tocando su barbilla, sus piernas rodeaban mi cuerpo atrayéndome hacía su cuerpo con fuerza. Seguimos así hasta que nos corrimos entre gritos alaridos e insultos…

    La corrida fue bestial… que placer concentrado. Como habían explotado nuestros cuerpos. Puro fuego. Sudando como locos y sonriéndonos nos fundimos en un calentísimo abrazo.

    Fuimos a la cocina a beber algo y nos sentamos a charlar en la mesa como lo buenos amigos que somos sabiendo que teníamos varios días por delante para nosotros solos.

    Yo hacía un par de meses que me había dado cuenta de que lo nuestro era más que sexo, o yo sentía así. Me estaré enamorando? Me preguntaba a mi mismo mirando a los ojos a esa mujer maravillosa y bellísima. Estuvimos solos tres días disfrutando de nosotros. Charlas, risas y mucho sexo como podéis imaginar. Seguimos quedando de vez en cuando ya que ella al final dejó al imbécil pichacorta ese y ha vuelto al barrio donde nos es más difícil quedar a escondidas. Aún y así ya encontramos ratos para desfogar juntos.

    Me tiene enamorado pero jamás se lo diré porque eso sí es un amor imposible.

  • Hechos durante la represión

    Hechos durante la represión

    Nadie podrá olvidar los años de dictadura en Argentina, ni los hechos que acontecieron. Muchos de los que la padecieron, han sido reivindicados, porque estando en prisión, fueron torturados y atropellados; pero los métodos represivos fueron tantos y tan variados, que algunos de ellos han quedado en silencio hasta ahora.

    Yo viví esa época. Pasado el tiempo, he conformado una familia, con mi marido de entonces, y tengo hijos y un pasar normal, con una vida sencilla y corriente; pero ahora, con más de cincuenta años, me he decidido a contar lo que pasé cuando tenía apenas un poco más de veinte y era una activa militante política.

    Entonces, como ahora, era una chica comprometida políticamente, a la que nadie prestaba mayor atención, porque era delgadita y no muy alta; para nada llamativa, cuerpo de niña, ojos marrones, pelo castaño y cutis blanco, que me había casado un año antes con el amor de mi vida: Marcial.

    Integrábamos una célula política, con otras dos parejas: Héctor y Marcia, Jorge y Rocío, todos ellos casados entre si, y de nuestra edad más o menos, y a veces, se sumaban algunos muchachos más, que nos reuníamos semanalmente para tratar la situación, medidas, y todo lo que es propio de estos grupos, además de preparar y publicar panfletos, volantes, etc.. Pero los seis éramos la célula. Nosotros, convencidos estábamos de constituir una organización revolucionaria discreta y clandestina; muy activa.

    Éramos un grupo de amigos, con sus particularidades: Héctor era, al parecer, un idealista, que no tenía ojos nada más que para Marcia, su mujer, y todos sus empeños estaban en la revolución. Jorge, era más reprimido pero evidentemente violento, propenso a juzgar a los demás, cargado de resentimiento y amargura. La relación con él era difícil, aunque se mantenía unido a Rocío, que parecía comprenderlo; su relación conmigo era difícil, por momentos sentía que me odiaba y se sentía desairado, y por momentos pensaba que debería dejar el grupo, y por momentos lo percibía todo lo contrario, como cariñoso e interesado en acercarse a mi.

    Nos detuvieron una noche, cuando estábamos reunidos en el garaje que nos servía de sede, las tres parejas. Se presentó una comisión policial, formal, correcta y documentada y nos llevaron detenidos a una dependencia limpia y prolija, tras inventariar y secuestrar la bibliografía, y los elementos que allí en el garaje había.

    Todo fue un trámite prolijo y respetuoso. Una vez en el lugar, nos separaron, mujeres de varones. Nos atendieron a nosotras, un grupo de mujeres policías amables y correctas, que nos identificaron y ficharon; y después de eso, nos informaron que necesitaban revisarnos y controlar nuestras ropas, de modo que nos dieron una bata de tela que se cerraba por la espalda con una sola tira, como la que se usa en las cirugías, y nos pidieron que nos desnudáramos y entregáramos la ropa. Así lo hicimos las mujeres, que nos cubrimos con la bata. Acto seguido, fuimos pasando de a una, a la sala contigua, donde nos hicieron una revisión íntima, aunque moderadamente tolerable. Pero a partir de ese momento, quedé sola, sin mis compañeras.

    Una policía se presentó en la sala, y me dijo que la siguiera, lo que hice, y me llevó al lugar donde fui alojada: una habitación pequeña con una cama, una ventana alta y en un rincón, separado, un inodoro y un bidet. Al entrar y antes de cerrar la policía me indicó que quedaría detenida en averiguación de antecedentes y me pidió la bata. Quise protestar porque quedaría desnuda, pero no me hizo caso. De cualquier modo, la temperatura era agradable y no faltaba un elemental confort, pero la sensación de estar desnuda era extraña.

    Cuando quedé sola, me senté en la cama y abracé mis rodillas, en posición fetal, mientras repasaba todo el ambiente y pensaba en mi situación: El lugar, era limpio, las sábanas impecables y si bien no eran más que cuatro paredes blancas, no era desagradable, ni parecía una celda común. Nada sugería que tuviera qué temer, más que no tenía antecedentes. La soledad y el silencio eran notables. No había visto a nadie en el camino y no había oído nada.

    Pasaron cinco o diez minutos, cuando la puerta se abrió y oí una voz de hombre que ordenaba: -Quítese la bata y entre-. Pensé que sería una de las chicas, pero el que entró fue Héctor, que estaba completamente desnudo, y atrás de él, la puerta se cerró.

    No me advirtió al entrar, pero si a los pocos instantes, y al ver mi desnudez y la situación, tuvo una erección formidable, pero se dio vuelta para que yo no la advirtiera. Yo la había visto y no podía creerlo. Se instaló un ambiente extraño, en el que nuestros instintos parecían bullir. Siempre había tenido una relación formal y distante con Héctor, y con Marcia, su mujer, tenía una onda particular. En mi cabeza se agolpaban los pensamientos y sentimientos contradictorios me turbaban, en medio de esta situación inusual. El ambiente era tenso y confuso, el tiempo pasaba lentamente, y reinaba en mi ánimo una confusión enorme, en el marco de una tensión sexual descomunal. Me repetía para mi misma: no, no, no, como si negando la situación fuera a desaparecer la realidad. A los pocos instantes, Héctor se volvió a mirarme; estaba visiblemente alterado, como yo. Tenía a un metro una mujer desnuda, en la soledad del cuarto, y no sabía como controlar la situación, ni encontraba un modo de comportarse. A él como a mi, le bullía la mente y el cuerpo.

    Pasado un rato no muy prolongado, habló, sin mirarme:

    -María, ¿qué vamos a hacer?-. Yo no supe qué contestarle, y el silencio se instaló entre nosotros, mientras yo comencé a llorar. Había una gran tensión. Cuando Héctor me oyó llorar se arrimó a mi, y me acarició la cabeza; era un gesto tierno y me volví a mirarlo. Entonces me topé de frente con su miembro erecto, al lado de mi cara. Quise apartarlo pero si estiraba mi mano lo empujaría de su pija, en tanto Héctor no fue capaz de volver a su sitio de inmediato. Temblaba. Se había desencadenado una lujuriosa situación, que nos alteraba a ambos. Volví la cara al frente; Héctor no se movió. Tenía en mi mente la imagen de esa hermosa figura que era Héctor, y su hermoso y erecto miembro. Todo era hermoso y mi cuerpo comenzó a sentirlo con fuerza arrasadora. Él me acariciaba la cabeza sobre el pelo.

    Me paré frente a él, movida por no sé qué impulso; era pequeñita para su tamaño y sin decir una palabra nos abrazamos, en una mezcla de dolor y lujuria. El dolor cedió el paso y toda la lujuria del mundo se instaló entre nosotros. Nos miramos y nos besamos profundamente y nos acariciamos con pasión, sin que yo soltara su pija, que había tomado en mis manos y meneaba con ternura. Nada se había premeditado, pero la situación nos fue llevando.

    Suavemente nos fuimos acostando en la cama. Héctor, se instaló entre mis piernas y me la metió profundamente. Se movió suave y profundo, hasta que acabó copiosamente en mi interior, para luego quedarse encima de mí sin sacarla, mientras me besaba y me lamía la cara. Yo lo disfrutaba enormemente y no me quería mover, ni que él se saliera.

    Así, nos quedamos abrazados un rato, con él encima mío, hasta que la naturaleza nos dio nueva energía y volvió a moverse, hasta llenarme otra vez.

    Luego la sacó y se acostó a mi lado. Ninguno de nosotros se atrevía a hablar, ni sabía qué decir. El primero fue él, que me dijo:

    -Lo siento, no me pude dominar.- Por noble que fuera su expresión no era justa. Yo también había participado, lo había consentido y lo que es más, lo había gozado. Se lo hice saber.

    -Sí, pero eres la mujer de mi amigo-, se explicó, afligido. -No debería…-. Nada le contesté, ni me moví. En realidad, no sabía qué hacer, ni cómo salir de la situación. Sabía que tenía razón pero en el arrebato no me había acordado ni de mi marido, ni de su mujer, y a decir verdad había sido un arranque pasional, lleno de irracionalidad.

    Entre tanto, seguíamos acostados y desnudos. Aunque no quisiéramos, nuestra piel se rozaba y nuestros sentidos se iban turbando nuevamente. Al poco rato, le rocé la pija con mis dedos. Estaba parada. Nos miramos profundamente y una vez más me besó, y desató en mi una calentura fenomenal. Me metí abajo suyo, lo atraje arriba y le pedí:

    -Cógeme-. Héctor no lo dudó y me la metió nuevamente. Nos movimos, acoplados, con mis pies cruzados a su cintura, trayéndolo lo más profundamente posible, hasta que acabó nuevamente.

    Héctor parecía incansable; yo comencé a sospechar que le hubieran dado algo. Porque en verdad, en el tiempo que estuvo en la celda conmigo, no dejó de estar siempre excitado y dispuesto a metérmela. No sé cuánto tiempo estuvimos juntos, ya que del ventanuco no entraba luz del día, y la iluminación era continua, pero durante ese tiempo no dejamos de copular incesantemente, atenaceados por la vergüenza y llevados por la pasión.

    Estábamos en pleno acto, yo tirada en el camastro y él encima en posición misionera, en el enésimo polvo, cuando resonó una voz en la puerta llamándolo a Héctor. Nos asustamos y se interrumpió el coito. Héctor se puso de pie y se la bajó la pija, mientras se arrimó a la puerta que se abrió para él:

    -Póngase la bata y sígame-, dijo la voz. La puerta se cerró tras ellos.

    La soledad me hizo tomar conciencia del torbellino de sexo que había vivido ¿Qué le diría a mi marido cuando lo viera? ¿Cómo explicar la situación? ¿Por qué no me había negado? Los interrogantes y mi conciencia me remordían y me llenaban de angustia que no me abandonó durante un rato largo, hasta que volvió a sonar la puerta y me sacó de mis pensamientos.

    Se repitió la historia, pero esta vez entró Jorge. Igual de desnudo que Héctor y ostentando una erección impresionante. Lo miré entre horrorizada y atemorizada, porque además de advertir su desnudez y comprender la situación, vi en su mirada una hostilidad y un rencor que a veces había creído advertir en su comportamiento.

    Jorge vino a mi y me tomó de los pelos para ponerme de pie. Yo me paré cruzando los brazos sobre el pecho y mirando al suelo, amedrentada, no sin sentir la imponencia de su persona y su actitud. Me tomó de la barbilla y levantó violentamente mi cara, y me preguntó:

    -¿Quién estuvo aquí? -Temblando le respondí:- Héctor.

    -¡Ah! Exclamó. ¿Y te cogió bien cogida? -.Era un modo brutal de preguntar, que evidenciaba su voluntad de humillarme. Yo asentí con la cabeza, avergonzada.– Yo estuve con Marcia… ¡Cómo le gusta la pija! No se cansó de chupármela y de ofrecerme su culito. Hemos cogido tanto que no se puede creer-. Me dijo como quien quiere ser ofensivo. De pronto se calló, como que había advertido algo, y reflexionó en voz alta:

    -Vos estuviste con Héctor y yo con Marcia. Quiere decir que Rocío quedó en manos de Marcial…- La mención de su mujer y el hecho de que estuviera en manos de mi marido, lo ponía loco y furioso.

    Se veía que lo había pensado antes y ahora lo verbalizaba, para expresar rabioso:

    -Siempre le gustó Roció; lo que habrá hecho con ella.- Furioso, me empujó en la cama, y siguió: -¿Y vos? Siempre remilgada y altanera. La señorita que no da bola. La superior. Te quiero ver ahora- Me asustó su tono y su actitud, más cuando casi gritándome me dijo:

    -¡Chupame la pija, mosquita muerta!

    No sé si su tono, la hermosura de su pija, o su autoridad, pero gustosa la busqué para chupársela con deleite. Fue la primera vez que mamé una pija, bien mamada.

    -Así, bien, como Marcia. Te voy a llenar la boca de leche y la vas a tragar. Dale, dale-, decía excitado.

    Yo no era una gran chupadora de pijas: a mi marido se la chupaba un poquito y nada más. Nunca había tragado semen, ni se habían volcado en mi boca. Héctor tampoco lo había hecho, nos habíamos limitado a coger por vía natural, incansablemente, pero sin necesidad de otro recurso. Mientras se movía en mi boca, como si estuviera cogiendo, me tomaba del pelo y hablaba:

    -Rocío no la chupa, no, le da asco ¿Crees que se la habrá chupado a tu marido? ¿Se la mamaste a Héctor?- Y cosas por el estilo. -¿A ver si ahora te haces la loca y no das bola?-. Daba rienda suelta a su resentimiento. -¿Te dio por el culo, Héctor?

    Mientras hablaba me la metía más y más hasta que acabó copiosamente para luego vigilar que tragara. Me amedrentaba el modo que tenía, de manera que tragué toda su volcada, luego lo miré y le sonreí con gesto sumiso. Le sonreí para que supiera que me había gustado y que lo había gozado; que si quería podía repetir. Me devolvió una sonrisa fugaz. Yo me acomodé, sumisamente, dispuesta a lo que quisiera.

    Entonces vino una situación que no esperaba; se sentó en la cama y me hizo arrodillar en el suelo, a su lado, y apoyar el torso en el colchón, dejando mi cola a su disposición. Así empezó a acariciarme por la nuca y recorrió todo mi cuerpo, hasta llegar a la cola. Allí se detuvo a jugar con mi ojetito, que evidentemente era su objetivo:

    -¿Te han culeado alguna vez?-, me preguntó, sospechando la respuesta.

    -No-, le dije, -soy virgen por ahí. Nadie lo ha hecho… no lo hagas.

    -Y tu marido ¿no te ha roto el culo?- Volvió a preguntar. En realidad, a mi marido ni siquiera se le había ocurrido. Negué nuevamente suspirando. Me estaba excitando.

    –¿Y Héctor? -insistió.

    -No, nadie me ha tocado por ahí-. Respondí.

    -Bueno,- dijo por fin –tendré que ser yo quien te rompa el culo-. Sus dedos seguían hurgándome el ojete y un escalofrío me corrió por todo el cuerpo. Me provocaba terror pensar en que esa enorme pija se iba a abrir camino por mi culito, pero la agresividad de Jorge me tenía paralizada y su determinación era absoluta.

    Se ubicó atrás mío, abrió mis piernas, y yo me dejé hacer, paralizada de terror y con calentura. Abrió los cachetes de mi culito infantil, y apoyó su poronga en el ojete. No me moví, no me fruncí, ni me aflojé, estaba como muerta. Entonces comenzó a pujar con su barra. No podía entrar, pero no aflojó, hasta que fue entrando su cabeza. El dolor fue enorme y horrible. Mordí la cama y arañé las sábanas, pero no grité sino contra el colchón para que nadie oyera, y para no darle el gusto de que supiera que me hacía sufrir.

    Se quedó quieto durante unos instantes, y comenzó a hablar:

    -No me volverás a mirar de arriba, con tus miraditas sobradoras-. Evidentemente tenía un resentimiento conmigo. -¿Sabes que cuando un hombre toma una mujer por el culo, esa mujer es para siempre suya?. Ahora estás marcada. Cada vez que te pida, vendrás a poner el culito a mi disposición ¿entiendes? Ahora relájate, que te entre bien, para que aprendas a gozarlo y satisfacer a tu macho-. Y sin más, me enterró su poronga hasta el fondo.

    Era enorme. ¡Cómo me dolió! Pero me sentía suya, era como que ese macho que me estaba culeando era un amo. Al hacerse dueño de mi culo, se había apoderado de mi, de toda mi persona y de mi voluntad, para siempre. De alguna forma lo admiraba, me asombraba cómo me había sometido y como me tenía ahí, con la pija al fondo de mi culo y prendido a mi espalda mientras se agarraba de mis tetas. De pronto, me relajé y lo acepté, tanto que ahí nomás tuve un orgasmo fenomenal, antes que él acabara.

    Me apliqué a darle el placer que se merecía mi amo sodomita.

    Antes que acabara él, tuve otro orgasmo y luego me regaló su leche que sentí en el fondo de mi ser, como una bendición.

    Pero su pija no se bajaba: -chupámela hasta que quede limpia-, me ordenó, después de sacarla, y me apliqué a dejarle la pija inmaculada. –Échate ahí-, me ordenó mirando la cama, y le obedecí. Entonces me montó nuevamente y me la zampó otra vez, pero esta vez no por el culo, sino por mi concha, que para ese entonces estaba bien lubricada.

    El tiempo que estuvimos encerrados fue así permanentemente. Calculo que fueron tres o cuatro días, durante los cuales Jorge no hizo más que cogerme y culearme a su gusto, obligándome a chupar su pija infinidad de veces, pero no dejó de acariciarme todo el tiempo, y mantenerme caliente.

    Cuando lo llamaron a la puerta, pensé que harían entrar a mi marido después que se fuera. Pero no fue así. Al rato de irse Jorge, entró la amable policía que me había llevado a mi celda, con toda mi ropa:

    -Vístase y sígame, está en libertad.

    Nunca volvió a reunirse la célula, ni lo hablamos con nadie.

  • Segunda noche con mi tía

    Segunda noche con mi tía

    Pues llegó el domingo yo salí a la oficina a recoger unos papeles por lo que me desocupe a las 2 de la tarde, llegue a casa de mi tía lleve unas botellas de vino tinto ya que íbamos a pedir unos cortes de carne para comer, comenzamos a comer y a beber, todo era risas y caricias, mi tía llevaba un short muy corto que resaltaban sus piernas, una blusa con tirantes y no llevaba sostén.

    Nos fuimos a la sala a ver una película y continuábamos bebiendo, ella se recostó en mis piernas y yo le hacía piojito en su cabello, con el paso de la película mi pene se comenzó a poner duro, ella lo tenía en su cabeza y empezó a decirme “el nene quiere jugar”, por lo que pausó la película y se paró y empezó a bailar sexymente me dijo “quédate sentado yo haré el show” comenzó a desvestirse y seguía bailando se quedó sin blusa y sin short solamente en su tanga negra de encaje y seguía bailando hasta que me dijo “quítate tú camisa y tu short”, quedé en mi bóxer y ella continuaba bailando hasta que agarró mi pene con sus manos y empezó a jugar con él, me quitó el bóxer, escupió sobre mi pene y empezó a masturbarme, se hincó y llevó mi pene a su boca, me pegó una mamada mejor que la de mi suegra (hoy mi mujer) conforme me mamaba la verga me iba masturbando moviendo las manos de una forma sensacional, la verdad yo no quería terminar pero después de unos 10 min ya no aguante lo que le hice saber que ya iba terminar ella no paro, mis ojos se pusieron en blanco y ella tragó toda mi leche, menuda mamada que me había pegado mi tía.

    Llegó el momento mío me fui directo a su vagina muy blanca de labios rosados con un poco de bellos negros, empecé hacerle sexo oral le chupaba sus labios e introducía mi lengua en su vagina, también le introducía mi dedo ella movía su cabeza hacia arriba y gadeaba su respiración era rápida y cortada, ella apretaba su estómago yo seguía con el sexo oral, le comencé a tocar sus tetas, sus pezones estaban duros, ella me detenía mi cabeza en su vagina cuando después de unos minutos ella gritó “ahhh, ahhh, no pareces sigueee sigu… ahhhh”, había termina mi boca pudo sentir sus fluidos un sabor saladito, para no perder el tiempo y ya que su vagina estaba húmeda tome sus piernas y la subí a mis hombros, pero antes de eso le besé los pies y sus dedos de los pies, unos pies muy bien cuidados y hermosos, le introduje mi pene y comencé a penetrarla lentamente mientras le daba unos besos en su boca y su cuello, detrás de la oreja y en su oreja también la bese, estuvimos así buen rato hasta que me senté y ella comenzó a cabalgar encima de mí, mi entras me cabalgaba yo le agarraba sus tetas y me las comía le besaba sus perdones y de los mordía delicadamente.

    Después mi tía Martha ya no aguanto más y tuvo un orgasmo lo cual vi como sus piernas temblaron y me dijo “estoy acabada tenía mucho que no tenía unos orgasmos así”, yo no había acabado, por lo cual la agarre de la espalda hice que parara el culo y comencé a darle un beso negro ella solo gemía y me dijo “que vas hacer”, estoy preparando su culo sabroso por lo que ella me dijo “me vas a dar por el culo”, “obviamente” respondí, “soy virgen la verdad no quiero que me lastimes”, ”usted déjese llevar”.

    Ya bien lubricado su ano empecé a poner mi pene el orificio ella hacía caras de dolor por lo que me lubrique el pene con saliva, se lo introduje lentamente hasta la mitad ella gemía de dolor, después lo saqué casi todo para volver a introducírselo, ella se empezó a tocar su vagina, yo con una mano le pegaba nalgadas y con la otra le agarraba sus tetas y a veces le jalaba el pelo ella estaba muy excitada, le dije que iba terminar y que le iba inundar su culo de leche ella me dijo:

    -si no pares yo también ya voy acabar ahh ahh sigue échamelos dentro de mi culpó daleee daleee reviéntame siguee sigueee ahhh ahhh daleee yaa cas…

    Quedó en silencio yo blanqueé mis ojos ella se acostó y yo pegado en su culo como perrito me quede acostado encima de ella, saque mi verga de su ano y comenzó a salir leche, por lo que fuimos al baño a limpiarnos y tomar un pequeño descanso, ya que en la noche le di la despedida ya que en la mañana del lunes tenía que volver, en la noche ella me sorprendió, cuando salió con un calzón de encaje blanco que hacía juego con sus sostén blanco y unos zapatos de tacón alto que se veía muy bien y volvimos hacer el amor, después de eso yo volví a Vallarta, ella me manda mensajes y fotos de su vagina y de ella desnuda que quiere que vuelva a ir hacer travesuras, un fin de semana me volveré a escapar con ella.

    Lo siento la carne es débil y la verdad que mi tía es un forro de mujer, de mi suegra (mi mujer) no me puedo quejar me atiende en todos los sentidos en el sexo ni se diga es muy activa y muy madura últimamente le gusta que le pegue nalgadas fuertes y le jale el pelo con fuerza, ella gime demasiado y eso me excita, pronto contaré un relato de ella, lástima que no se puede mandar video si no me grabara teniendo sexo con ella. Nos vemos pronto subiré más historias.

  • Andrea en cuarentena con papá (Parte 2)

    Andrea en cuarentena con papá (Parte 2)

    Continuación de “Andrea, ¡vaya sorpresa!”.

    Andrea aún desconcertada por todo lo que había vivido en los últimos días, se secaba el cabello mirando fijamente el fajo de billetes sobre su cama. En su mente daba vueltas una y otra vez el olor, el sabor, no solo de los labios de su padre. Aún tenía la sensación en sus pechos y sexo de esa lengua que desesperadamente buscaba robarle el alma.

    —¡HIJA! Escucho cuando ya su madre abría la puerta de su habitación, lanzo la toalla sobre los billetes.

    —¿Que paso mami? —Contestó nerviosa.

    —Ven a desayunar, tu papá ya casi se va a trabajar.

    —Voy mami, deja me pongo algo —Dijo aún desnuda y con el pelo suelto.

    Cuando se sentó a desayunar. Su padre no le quitaba la vista de encima. Con un semblante de risa y dolor. Se levantó y sin despedirse se salió de casa.

    Andrea pasó el día pensando que hacer, pensaba regresarle el dinero a su papá y olvidar todo. Si eso era posible.

    Llevaba apenas dos días de encierro y no encontraba la manera de evadir a su papá, aunque él seguía trabajando. Desde las seis de la tarde estaba en casa, luego de bañarse se sentaba frente al televisor, su madre la invitaba a sentarse con ellos pero ponía mil pretextos y si padre no insistía, el tercer día su mamá fue a visitar a una tía a la que por la edad ya no le era posible salir a comprar sus cosas. Así que si madre le ayudaba y se quedaba a platicar con ella un par de horas. Salió alrededor de las cuatro de la tarde, así que regresaría pasadas las nueve.

    Cuando escucho que se estacionaba, Andrea se llenó de angustia. ¿Qué iba a hacer con su padre a solas?

    —¡YA LLEGUE! —grito de esa manera acostumbrado a que su esposa lo recibiera con un beso. En cambio, solo encontró silencio.

    Después de darse un baño se sentó en el sillón, cuando Andrea se armó de valor, salió; pero él ya estaba dormido con el control remoto en la mano. Así que dio gracias a todos los santos a los que se había encomendado y se dirigió a su habitación.

    —¡ANDREA! —Escucho el grito y se le detuvo el corazón por un momento, luego sintió como se revolucionaba su corazón y las piernas le temblaban.

    —Mándeme papá —Dijo quedando a un costado del sillón.

    —Párate aquí enfrente —le dijo como si fuera un general dando una orden militar y Andrea obedeció.

    —Si papá

    —Todos estos años partiéndome el lomo, trabajando como pinche mula, ¿y para qué? ¡Para que mi hija ande de puta! —Enfatizó lo último para que entrara en su corazón ya vacío.

    —Papá… es que…

    —¡Es que nada! Te doy todo lo que me pides, ¿y me sales con esas chingaderas?

    —Perdón…

    —¡PUTA MADRE! —Grito mientras pegaba sobre el sillón.

    —¿Y tu que hacías ahí? —Preguntó desafiante Andrea.

    —Es diferente.

    —¿Porque es diferente? Es lo mismo… yo digo…

    — a mi ni me gustan esas chingaderas, pero el puto licenciado insistió. Y ahí voy yo de pendejo, pero que bueno. Imagínate si se entera mi jefe o el licenciado de que mi hija… ¡mi hija! —Andrea intentó salir huyendo de ahí pero en cuanto dio un par de paso su padre la detuvo.

    —¿a dónde vas?

    —A mi…

    —¡No!

    Su padre se hizo a un lado para que ella se sentara. Mientras ella se sentaba el zafaba su cinturón, se escuchó el cierre del pantalón bajando y el corazón de Andrea se aceleró aún más. En cuanto vio que la cabeza gorda de su verga se asomó, volteó la vista.

    —papá…

    —Ya lo sé hija, los dos nos vamos a ir al infierno, pero tenía años que no me mamaban la verga y fuiste tú… bueno. No le diremos nada a mamá. Será solo una última vez.

    —Andrea volteó sin mirarlo a la cara comenzó a mamar aquella verga que ya estaba dura como piedra.

    —Eso hija… dale…

    —Solo esta vez…

    —Siiii —le dijo su padre mientras le jalaba la cabeza para que su boca llegara a su verga.

    Con los ojos cerrados, el pulso acelerado, una mezcla de asco y culpa. Andrea asomó su lengua para sentir el sabor de su padre que respingó en cuanto sintió la saliva sobre su verga.

    —¡haaaa puta madre que rico! —Se recargó hacia atrás para disfrutar de la pequeña boca de su hija.

    —Mmmm mmmm

    Andrea seguía chupando, solo quería que su padre terminara, así que chupo con más fuerza, aunque su padre por el contrario pensó que ella estaba disfrutándolo y empujó su nuca para que su verga fuera aún más adentro, al punto que Andrea no podía respirar.

    —Haaaag! ¡AAAGH!

    —¡Siii que rico lo chupa mi niña!

    Apenas pudo jalar aire, y un gran hilo de baba y espuma escurrieron sobre la verga de su padre, así como un par de lágrimas por el esfuerzo.

    ——Eso, sigue así —Volvió a empujar su cabeza y de nuevo la asfixiante sensación se apoderó de su garganta.

    —¡Haaag! ¡GAAAAGH! ¡GAGH!

    Volvió a darle un respiro con la misma abundante baba escurriéndole, embarró su mano de ese líquido y se lo embarró en la cara a su hija.

    —¡Si quieres ser una puta, serás mi putita!

    —¡No papa…! No alcanzo a pronunciar otra palabra, nuevamente la verga de su padre entraba por sus labios y penetraba hasta si garganta.

    Mientras mantenía la cabeza de Andrea oprimida, sujetaba su cabello para poder ver el esfuerzo que demostraba su cara, queriendo jalar aire, los ojos seguían soltando lágrimas por la sensación sofocante.

    —¡ha agh! ¡Gah… gaaah! ¡Haaaaaa! —Cada que podía jalaba la mayor cantidad de aire o el que podía pues su padre seguía embarrando su cara con toda aquella baba que escurría de su boca

    —¡Eso, trágatela toda!

    —¡haaag! ¡Gaaagh!

    Por fin sintió como su padre terminaba, para su mala suerte tenía su verga hasta la garganta y su boca quedó repleta de semen. Aunque ya había terminado, seguía oprimiendo su cabeza, jalando su cabello. El sonido de la puerta los tomó distraídos. Era su mamá que llegaba. Apenas pudo Andrea salir a gatas de la sala con la boca llena de semen, mientras su padre se acomodaba el pantalón y trataba de normalizar su respiración.

    —¡Puta madre que asco! —hablaba consigo misma mientras escupía en el lavabo el semen y enjuagaba su boca mirando como su cara estaba pegosteosa de su baba mezclada con los fluidos de su padre.

    —¿Dónde estas niña? ¡Esa niña no sale de su cuarto, habla con ella!

    —Es la edad amor.

    —Ya tiene dieciocho, debe tener responsabilidades.

    —Cálmate, yo hablo con ella —dijo su padre mientras se dirigía al baño. Aunque se toparon de frente cuando ellas salió.

    —Andrea, tienes que ayudarle a tu madre en las labores de la casa —luego bajo la voz y le dijo al oído— nada de esto a tu madre, ¿entendido?

    —¿a qué te ayudo mamita? —salió disparara a la cocina y cenaron como una familia normal.

    Pasaron los días con total normalidad, desayunaban y cenaban en familia. Mientras su madre se espantaba mirando los noticieros, Andrea inmersa en su teléfono sentía la mirada pesada de su padre. Fue el sábado que su madre saldría a visitar a sus hermanas que Andrea al salir de bañarse, encontró un par de bolsas sobre su cama. Un vestido negro, corto, pequeño quizá una talla menos a la que ella usaba. Lo mismo un par de shorts color pastel y lencería de encaje. Andrea pensaba erróneamente que el mamarle la verga a su padre cerraba sus experiencias incestuosas. Pero su padre pensaba todo lo contrario, la miraba tendida en el sillón e imaginaba esos pechos que le enloquecieron, ese culo que destrozo cuando detrás de una máscara era a su hija a quien sodomizaba. Permaneció en su habitación hasta que escuchó a su madre despedirse.

    —¡Andrea vengo en unas horas!

    El silencio reino en la casa, al menos por unos quince minutos. Tal vez el tiempo que su padre dio para asegurarse de que si esposa estaba lejos y no regresaría.

    —¡Andrea! —Escucho a su padre dando un salto de la cama, aún en pijama salió hasta la sala.

    —¿Que paso papá?

    —Cámbiate, te compre ropa, quiero verte con ella.

    Andrea entró a su cuarto y se puso encima el vestido que, efectivamente le quedaba embarrado al cuerpo, además demasiado corto, apenas abajo de sus nalgas. Salió hasta ponerse frente a él, dio un par de vueltas y espero alguna reacción.

    —Probemos con los shorts —dijo mientras con una seña le señalaba su habitación. Andrea se quitó con mucha dificultad el vestido, en cuanto subió los shorts sintió sus nalgas aprisionadas. Se puso la camiseta que usaba para dormir. Esa hollister que tanto le gustaba y salió ya un poco fastidiada.

    —¡Listo! —Dijo, mientras repetía las vueltas.

    —Ven… —le dijo su padre jalándola de la mano. La giro y palpó sus nalgas con ambas manos, amañándolas con suavidad. Luego la jalo hasta tenerla sobre su regazo, boca abajo, con sus nalgas a Merced. Movió el short hasta encontrar su ano, luego con dos dedos palpó su panochita hasta hundir un poco sus dedos. Andrea sintió la saliva mojarle si agujero trasero.

    —¡Haaaa!

    Seguido a eso, la lengua de su padre lamió su culo, mientras de manera sincronizada metía sus dedos cada vez más a su panochita, sacándolos solo para chuparlos y sentir el sabor de su hermosa hija.

    —¡¡haaa! ¡Aaah! ¡papiii!

    Su padre seguía en trance, lamiendo, perforando con sus dedos la intimidad de Andrea que jadeaba, el temor que tenía unos días atrás y la culpa, los sustituía esa sensación de placer.

    —¡Siii papito siii!

    El timbre de su casa sonó y ambos brincaron, Andrea día a su habitación, su padre acomodándose el pantalón fue a abrir la puerta.

    —¡No se donde tengo la cabeza! Deje los libros que me prestaron y mis llaves—su madre daba vueltas por la sala, luego tomó las llaves de la mesita de centro y salió.

    —Si me tardo piden una pizza, ¿esa niña no sale nunca?

    —Ve ve mujer, se te va a hacer más tarde.

    —Habla con ella, a mi no me escucha.

    —Si si, ahora mismo hablo con ella.

    Su madre se alejó en el auto, en cuanto vio que doblaba la esquina fue en dirección a la habitación de su hija. Andrea estaba acostada aún agitada. La tomó de los pies y la giro hasta dejarla boca arriba, pero con la cabeza volando en el borde de la cama. Se sacó la verga y con violencia la metió en la boca de su hija.

    —¿era mamaaag? ¡Gaaaagh! ¡Gaaaggh!

    —mmmm

    Apenas jalaba aire su saliva acumulada resbalaba, esta vez la fuerza de gravedad lograba que resbalara sobre su rostro. Mientras su padre le sostenía las manos para que no pudiera sacarse a menos que él lo permitiera.

    —¡gaaagh gaaag gaaaah!

    En cuanto dejo de oponer resistencia, su padre busco con sus dedos de nuevo su sexo, moviendo a un lado el short y su ropa interior, solo que ahora frotaba su clítoris. Por fin le dio un respiro, Andrea tomó aire mientras la visión se le nublaba por la baba que escurría a sus ojos y frente. Esta vez fue ella quien buscó aquella verga y la metió hasta el fondo.

    —¡AAAGH aaaahaagh!

    —Eso es, chúpala mi niña.

    El seguía frotando mientras, con su otra mano se estiraba para meter un dedo en su colita. Andrea están a teniendo un orgasmo, cuando sintió que el semen de su padre entraba en su boca, penas sacó de su boca aquella verga el semen mezclado con su saliva le escurrió hasta el pelo. Mientras su padre comenzaba a chupar sus tetas.

    —¡Haaah! ¡Haaah!

    Andrea seguía lamiendo aquella verga, a pesar de que hubiera perdido la dureza, reblandecida chocaba en sus mejillas mientras su padre saboreaba sus pechos. Luego fue a su sexo y de igual manera chupo, hasta que Andrea nuevamente cedió a la fuerza y tuvo un nuevo orgasmo.

    —¡haaaaa que rico!

    Su padre jadeante, salió de ahí para darse nuevamente un baño y se sentó frente al televisor. Andrea después de lavarse la cara, se acurrucó a su lado para que el sobara suavemente sus nalgas.

    Pasaron varios días, incluso su padre dejó de trabajar en su oficina y ahora se paseaba por la casa en bermudas, Andrea usaba esos short todo el día.

    —Hija eso ya no te queda —Le decía su madre, pues en cuanto se agachaba un poco se asomaban sus nalgas queriendo reventar los shorts.

    —Están cómodos mamita, ¿y pues, aquí quien me ve?

    —¡Hay hija!

    Su padre guardaba silencio mientras contemplaba aquel delicioso culo moverse por la casa, fue Andrea quien después un par de semanas tomó la iniciativa. Estaba en su habitación con la Luz apagada mirando porno en su teléfono, masturbándose. Cuando logró llegar al éxtasis, de madrugada y sin sueño, una idea le rondó la cabeza. Bajo de su cama, se fue a gatas desde ahí hasta la habitación de sus padres, a gatas se acercó hasta el borde de la cama, su padre dormía como piedra. Andrea se acomodó, metiendo su cabeza entre las sábanas mientras sus manos buscaban la verga de su padre. Cuando la encontró y logró bajar un poco los calzoncillos de su papá, su lengua comenzó a lamer, teniendo poco a poco una respuesta, conforme su verga se endurecía, su padre iba despertando. Se dio cuenta que su esposa estaba de espaldas a el, además era imposible que ella le estuviera dando una mamada, le parecía repugnante. Entre las sombras apreciaba la espalda de Andrea y aquel short rosa pastel que no se quitaba nunca. Mientras se acomodaba para recibir los labios de su hija.

    Cuando levantó la sabana, Andrea con señas le pidió que guardara silencio. Su padre mordía una almohada para no emitir ningún sonido. Andrea sabía que le gustaba que su verga hasta su garganta, sin embargo el ruido despertaría a su mamá. Así que solo lamió y chupo suavemente allá verga de papá hasta que sintió su semen en la boca. Su padre se retorció un poco y su madre despertó.

    —¿Que pasa? ¿Porque te mueves tanto?

    —Nada mi amor vuelve a dormir.

    Andrea logró colocarse debajo de la cama, con el semen de papá, no tuvo otra opción que tragarlo. Tuvo que esperar un par de minutos, su madre se levantó al baño y a beber un poco de agua. Luego salió a gatas aún con el sabor en su boca y durmió profundamente.

    Durante las siguientes semanas, apenas y pudo darle una mamada mientras su madre cocinaba y por poco los descubre.

    —Creo que debemos parar —Le dijo su padre mientras miraban la televisión.

    —¿Ya te aburrí? —Preguntó Andrea mordiéndose los labios.

    —No es eso, pero… eres mi hija. Y no quiero que por nada tu madre llegara a enterarse.

    —Yo no le voy a decir.

    —Pero la otra noche en la habitación, el otro día. Estamos jugando con fuego.

    —Pues como quieras, pero después no te arrepientas.

    Andrea se fue a su habitación, aunque sabía que su padre tenía razón. Ella quería más, le gustaba ser la nena de papá. Además esa manera intensa de tocarla, como chupaba sus pechos. Quería sentirlo una vez más y puso manos a la obra.

    Pasan sus nalgas cerca de su padre, con esos shorts pequeños, se sentaba en sus piernas para ver la televisión, frente a su madre.

    —Niña bájate de sus piernas, lo vas a aplastar —dijo su mamá desaprobando aquellas situaciones.

    —Hoy es Día del niño, ¿todavía soy tu niña?

    —Si Andy, siempre serás mi pequeña. Pero siéntate acá que me duermes la pierna —la realidad es que le despertaba otra parte del cuerpo. Pero trataba de disimular.

    En las mañanas se masturbaba tratando de mitigar el deseo de su hija, los chorros de agua se llevaban el semen por la coladera y salía un poco más tranquilo, solo para verla pasear moviendo su hermoso cuerpo frente a el. Se suponía el día 2 de mayo terminaría la cuarentena y regresaría a su trabajo. Paso toda la tarde pensando en eso. Y por la noche, espero a que su esposa se durmiera. Paciente frente al televisor. Pasada la media noche se levantó, fue a la habitación de Andrea, quien después de ver un poco de porno dormía plácidamente.

    Cuando sintió que le jalaron las piernas, quiso gritar. Pero una mano tapó su boca.

    —Tranquila, soy yo —distinguió la voz de su padre, al mismo tiempo que el le bajaba el short.

    —¡MMM!

    Después de sentir un escupitajo en su colita, la verga de su padre entró sin paciencia ni compasión.

    —¡MMMM! ¡MMM! ¡Mmmm! —Las mano de su padre apretaba fuerte para silenciar los gritos de Andrea a causa dolor que le provoca con su verga.

    —¡Es la última vez, déjame disfrutar de esto pequeña!

    Cuando por fin ella dejó de sentir o se acostumbró al dolor, levantó bien su colita. Por fin su papito le estaba dando lo que quería. Entonces el quito su mano de la boca y la tomó de la garganta, causándole un poco de asfixia. Andrea tenía los ojos en blanco. Era un placer enorme lo que sentía con la verga de papá destrozando su culo.

    —¡mmm! ¡Siii papi cógeme!

    —¡está mal pero están delicioso!

    —¡dame duro! ¡Dale duro a tu nenita!

    —¡haaa! ¡Puff!

    Ambos jadeaban en un ritmo sincrónico, disfrutando cada quien de su parte. Su padre la giro, quería ver ese rostro hermoso. Sonriente ella lo abrazó mientras el levantaba sus piernas y metía nuevamente su verga en aquel culito que le causaba tanto placer.

    —¡Hola papito!

    —Hola mi amor!

    Se besaron, el comenzaba a menearse para meter bien al fondo su verga. Iba y venía de esos pechos hermosos que lo enamoraron cuando ignoraba que fueran de su propia hija.

    —¡que rica estas! Le decía mientras ensalivaba sus pezones.

    —¡tú también aaaah! ¡Papi! ¡Cógeme duro!

    Cuando sintió la inevitable necesidad de terminar. Sacó su verga y Andrea rápidamente se arrodilló. Levantó la cara abrí la boca sacando se lengua, una invitación a terminar sobre si hermoso rostro.

    —¡Dame mi lechita papito!

    —¡Haaa ha haaaa!

    —¡dale su leche a tu nenita!

    —¡haaaa! ¡Haaaa! ¡Mmm!

    Los chorros de semen caían sobre el hermoso rostro de Andrea, escurrían a su lengua, que también recibió su parte. Miraba atento como el semen recorría lentamente su rostro. Mientras ella lo miraba fijamente con una sonrisa de felicidad.

    —¿me veo bonita? —Preguntó mientras tomaba una selfie con su teléfono.

    —Te ves hermosa —con sus dedos fue jalando el semen de la cara de su hija para que ella chupando sus dedos lo comiera degustando el sabor que era su favorito en esos día de cuarentena.

    —Ven abrázame —Le dijo Andrea a su padre que se acurrucó desnudó junto a ella. Durmieron tan rico que la mañana llego y su madre los despertó tocando a la puerta.

    —¡Andrea, ven a desayunar! —Ambos desnudos brincaron

    —Abajo de la cama, no tarda en abrir la puerta—Le dijo Andrea y apenas estuvo debajo su madre abrió la puerta.

    —¡Tu papá salió y no sé si se llevó cubre bocas! ahí está el suyo en la sala, los que le lave ni se los pone. No se llevó gel antibacterial. Levántate a desayunar y tiende tu cama, huele muy feo, abre la ventana, huele a… cava!

    —Mamá cálmate, ya voy…

    —Ni siquiera se llevó su teléfono, ya le marqué y está ahí en la mesita de la sala.

    —¡ya mamá!

    —¡lávate la boca hija hueles horrible! ¿Qué hace aquí la ropa interior de tu padre?

    —¡Ya mamá! Me baño y te ayudo al desayuno, ve a poner las noticias Ándale!

    En cuanto salió su madre, el padre de Andrea también lo hizo de debajo de su cama.

    —¿y ahora?

    —Salte por la ventana, ahorita te paso ropa y le dices que fuiste a caminar o algo.

    —Es la última vez, esto ya se salió de control hija.

    —Ok, ahora sal que puede regresar

    Cuando por fin los tres desayunaban, en las noticias anunciaban que la cuarentena se extendía a todo mayo.

    —Voy a tener que ir a dale una vuelta a tu tía. Ambos se miraron, pensando que no resistirían treinta días sin buscar la manera de… en fin esa es otra historia.

    @MmamaceandoO

  • Las aventuras de Loverboy (Capítulo 2)

    Las aventuras de Loverboy (Capítulo 2)

    Esta historia es un producto ficticio de mi imaginación y no debe leerse si el lector odia a las personas homosexuales tanto en el ámbito real como en la escritura en general. Cualquier parecido con la vida real dentro de esta historia es puramente coincidente. Esta historia utiliza componentes de fantasías sexuales y componentes SCI-FI por lo que puede no ser de su agrado.

    Algunos temas implicados en esta historia son violencia, sumisión, relaciones familiares y actos de relaciones homosexuales. Si no tienes 18 años, te sugiero no seguir leyendo porque es probable que este contenido sea ilegal para su lectura en tu país. Finalmente espero realmente que disfrutes el relato Y siéntete libre de enviar un correo electrónico ([email protected]) si esta historia te gustó. El apoyo de la gente y las sugerencias son siempre bienvenidos.

    Capítulo 2: Los hermanos Serpentor

    El Capitán John Ruttenford miró hacia donde estaba Loverboy pero sin verlo. Solo intuía que allí se encontraba, escondido en la oscuridad de la noche, mientras Troy Singer, convertido en su alter ego, contemplaba al capitán desde lo alto del angosto muro de ladrillos.

    Indistintamente si Ruttenford lo había identificado o no, Loverboy no podía despegar la vista del corpulento capitán. Solo apreciarlo era una experiencia grandiosa. Desde las alturas y con la poca luz reinante, el joven musculoso héroe se deleitaba con la figura del capitán. Y no era para menos:

    John Ruttenford podría haber ingresado a cualquier competencia de culturismo si así lo hubiera deseado. No solo eso, sino que su rostro cuadrado, de prominente mandíbula rectangular, era el marco perfecto de unos pequeños ojos achinados.

    Los “Sex-Arrest” eran seleccionados exactamente para eso: más allá de hacer cumplir el estricto celibato sexual, debían provocar el más fuerte deseo delictivo. Se había estudiado muy detalladamente el gusto social tanto en hombres como en mujeres buscando candidatos que sean del agrado general. Y no por nada John Ruttenford había ascendido a capitán del principal escuadrón de la ciudad en menos de un año.

    Además por eso el uniforme también fue pensado para exacerbar la intención de incentivo: una típica gorra policial, un saco sastre predominantemente blanco con detalles azules, muy ceñido al cuerpo y sobre todo a la cintura, muchas veces sin mangas como era este el caso, solamente para mostrar sus perfectos brazos anchos, una largas botas, también policiales, azules y un ajustado bañador blanco tipo slip. Los curvilíneos muslos del capitán, sobresalían majestuosos a los costados de su angosta cadera. Pero si había algo grandioso de apreciar en él, era sin duda, su abultada entrepierna.

    La parte final del ajustado saco de paño no podía esconder la redondez predominante del manojo de carne que mantenía contenido el impecable slip de lycra blanco. Ambas solapas de este quedaban apoyadas sobre el abundante bulto frontal.

    Loverboy sintió nuevamente una fuerte picazón interna en su abdomen, sintió nuevamente la palpitación rectal de su esfínter y sintió nuevamente como su respiración se agitaba ante la presencia de aquel hombre.

    Pero todo quedó allí.

    John Ruttenford, se acomodó la gorra de capitán, bajando la visera y ocultando sus achinados ojos bajo la sombra que esta producia, dio un profundo respiro que casi hace estallar el inmaculado saco y se retiró por el callejón como dando por finalizada búsqueda de alguna evidencia sobre el paradero del segundo delincuente.

    A pesar de su gran tamaño, el corpulento capitán no se movía toscamente como muchos se deben imaginar. Sino todo lo contrario. No parecía caminar todo rígido y aparatoso. Se podría decir que tenía un andar muy normal para la rigidez y el volumen de sus músculos.

    Loverboy estaba realmente muy conmocionado. Las últimas horas de su vida habían sido una verdadera revolución hormonal, su corazón aún palpitaba terriblemente rápido, mientras su montañoso culo despedía algunas gotas de ese característico y extraño fluido. Conocía perfectamente el funcionamiento de su cuerpo, a pesar que estaba prohibido explícitamente toda información que tenga que ver con la naturaleza o, peor aún, con la anatomía humana, sabía que todo aquello que él estaba ocurriendo no era normal en lo absoluto.

    El joven paladín lujurioso quedó en las penumbras durante unos largos minutos más, dividido entre el temor de ser descubierto y las fantasías que su cabeza imaginaba tras conocer al apuesto capitán. Se bajó de la angosta pared divisoria tan sigilosamente como pudo, del lado opuesto a donde minutos atrás había experimentado los 23 centímetros de Dion invadiendo sus entrañas. Ya no estaba tan entusiasmado de brincar tan bulliciosamente como lo venía haciendo, ni tan fervoroso de vestir las extravagantes correas. Incluso comenzaba a sentirse algo ridículo.

    Como todas las grandes manzanas de Seemly City, las callejuelas internas comunicaban los espacios centrales de las cuadras. Aquella que terminaba en el muro del cual había bajado Troy, era particularmente lúgubre y oscuro, parada común de todo tipo personajes nocturnos en una sociedad particularmente oprimida.

    Caminado por la estrecha calle tenebrosa en busca de un espacio no vigilado para poder regresar a su casa, el musculoso joven se abstraía encontrando más preguntas que respuestas dentro de su cabeza sobre todo lo vivido. ¿Que será el extraño fluido que emana desde su esfínter? ¿Porque reaccionará tan violentamente en contacto con el semen? ¿Qué relación tendrá el obseso atuendo rosa con su repentino crecimiento corporal? ¿Tendrá algo que ver su súbita explosión de lascividad por los hombres con toda esta situación?

    A medida que se adentraba por el callejón, comenzó a escuchar voces provenientes de los borrachos y mendigos que pasaban las noches durmiendo a los costados del callejón. Lejos de sentirse incómodo, Troy comenzó a disfrutar la supremacía que le regalaba esa forma peculiar de llamar la atención.

    -¡Llegó el carnaval a la ciudad!- Se escuchó desde un costado.

    -¿Estás buscando una experiencia criminal, ChicoRosa?- se oyó desde otro costado -Yo creo que su culo debe hablar más que si lengua…- rió un tercero desde otro lado

    Las bufonadas continuaron mientras Loverboy simplemente sonreía jocoso, caminando erguido y hasta por momentos arqueando la espalda para exponer su pomposa cola redonda. Fantaseando con encontrar al capitán Ruttenford detrás de alguno de esos comentarios, Troy Singer dirigió su cabeza y su mirada hacia las oscuras voces cuando estas se pronunciaban a sus espaldas.

    De pronto y volviendo su cabeza hacia el frente, sin haberlo advertido previamente, dos siluetas delgadas se interpusieron en su camino.

    Repentinamente los bramidos jocosos de los indigentes y ebrios se apagaron dejando a todo el callejón en profundo silencio.

    Las dos siluetas se revelaron ante la tenue luz de un farol que pronto quedaría en desuso. Nuestro curvilíneo Troy vio con sorpresa a dos gemelos que se asemejaban al estereotipo irlandés, altos, delgados, pelirrojos y bien parecidos, vestidos con iguales sacos de estampado de serpiente pero en diferentes colores, uno en verde militar oscuro y el otro en tonos obispos. Bajo el saco, los gemelos no llevaban nada puesto. Solo se apreciaban sus acentuados abdominales y las pronunciadas líneas centrales de sus marcados pectorales. Los dos vestían ajustados pantalones de cuero acharolado negro, muy brillantes incluso en plena oscuridad.

    Ambos hermanos tenían sus cuerpos cubiertos de tatuajes que contrastaban con sus pieles blancas. Además del color de la vestimenta, solo eso los diferenciaba uno del otro.

    Loverboy no se sentía particularmente atraído por ninguno de ellos, sin embargo, una singular sensación invadió su cuerpo estando ante su presencia. Un sentimiento de vulnerabilidad excitante comenzaba a manifestarse, algo parecido a la emoción que experimentó mientras el negro traficante Dion lo penetraba.

    Extrañamente las correas de las que componía la mayor parte de su vestimenta se ajustaron aún más a su cuerpo, al igual que sus botas largas rosadas se comprimieron a sus pantorrillas. Parecía que todo el uniforme se tensaba como los gatos se estremecen cuando presienten el peligro. Las correas del extraño suspensorio se ajustaron de tal manera que las prominentes nalgas de su trasero nuevamente fueron forzadas a separarse dejando a su inflamado agujero expuesto a la vista de todos.

    -Pero que criatura más extraña tenemos aquí, hermano.- dijo uno de los gemelos. -Veo que ha llegado un contribuyente nuevo al callejón…- contestó el otro.

    -Señores, no tengo intención de molestarlos, solo deseo regresar a mi casa- les comentó Troy en un tono educado y con voz aniñada.

    -Mira chico- dijo el primero -Mi hermano Will y yo somos los administradores de este callejón. Duermes aquí: pagas. Caminas por aquí: pagas ¿Soy claro?- relató desafiante uno de los hermanos.

    -y si por algún motivo no tienes forma de pagarnos, te aseguro que tenemos maneras muy persuasivas de escarbar para encontrar lo que queremos- término de completar el otro.

    Ambos gemelos juntaron sus cabezas, mirando fijamente a Loverboy de manera amenazante, abriendo sus bocas al unísono desenrollaron dos lenguas increíblemente largas, que les llegaban varios centímetros por debajo de sus barbillas. Las puntas de ambos músculos estaban cortados, semejando las lenguas bífidas de las serpientes.

    El tono autoritario proveniente de los gemelos irlandeses mostrando sus grotescas extremidades, fragmentaron la mente del joven y corpulento paladín, que comenzó a percibir como aumentaba el cosquilleo de su vientre y se extendía transversalmente hacia su trasero, puntualmente hacia su ano. El característico fluido viscoso y maloliente comenzó a brotar desde sus entrañas. Las gruesas gotas brillantes se deslizaron muy lentamente por las caras interiores de sus abultados muslos. Se sintió excitantemente vulnerable, disminuido a los deseos del magro irlandés.

    -Yo… señor… solo… quiero…- tartamudeó Troy algo temeroso.

    -¿¡Acaso no hemos sido claros, marica súper inflada y exhibicionista!?- El alarido se escuchó en todo el callejón dejando perplejo al joven Loverboy.

    Instintivamente y si haberlo meditado un segundo, saltó de manera atlética por encima de los dos irlandeses, haciendo una especie de demostración de gimnasia olímpica. Los pelirrojos gemelos se sorprendieron ante la reacción inesperada, mirando en cámara lenta como el voluminoso chico se elevaba casi dos metros por encima de ellos para caer limpiamente al otro lado de donde le había interrumpido el paso.

    Durante la vertiginosa pirueta los estafadores hermanos fueron regados por el gelatinoso líquido pestilente que emanaba desde el culo de Loverboy.

    Nuestro héroe quedó de espaldas a los chantajistas del callejón totalmente asustado y nervioso. Su corazón latía con rapidez, como si hubiera corrido una maratón sin haber estado preparado. La adrenalina corría por sus venas sabiendo que el intento de escape probablemente enfureciera a los gemelos.

    -¡¿Quién mierda te crees que eres?!- gritó el de saco verdoso.

    Loverboy no podía contestar. Solo se había quedado inmóvil en el mismo sitio donde había caído. Hizo un esfuerzo por moverse pero algo más fuerte que él se lo impedía. Dio un paso con mucho sacrificio cayendo de rodillas contra el pavimento. Como si gravedad terrestre hubiera aumentado repentinamente, sus manos también se asentaron contra el suelo dejándolo en la clásica posición de perrito.

    -¿Qué diablos me está pasando?- pensó preocupado al notar que su cuerpo no le respondía.

    El aroma del fluido vertido invadió a los tatuados estafadores, ingresando por sus fosas nasales, invadiendo sus mentes. Sus pupilas se dilataron y ambos hermanos se miraron risueño.

    -Creo que el día de pago llegó, hermanito ¿que opinas tu?- dijo uno de ellos.

    -Opino que debemos darle a este niño lo que ha venido a buscar- respondió el otro socarronamente.

    Con la cabeza girada por sobre su hombro, el inmovilizado Loverboy, vio aproximarse a los dos altos timadores, notando que con cada paso que daban hacia él, sus vergas se engrosaban cada vez más marcando toda la extensión del largo por debajo de sus acharolados pantalones. A pesar de querer salir de esa situación, no pudo evitar abrir su boca y aspirar profundamente evidenciando la emoción que aquel par de abusivos le producía.

    El primero de ellos se posicionó frente a su muy adulado trasero. Quitándose el saco verdoso, exhibió su marcado torso tatuado y acarició suavemente la sedosa piel blanca del lujurioso paladín con la yema de sus dedos. -¡Este chico tiene el culo más hermoso y duro que he visto en toda mi vida!- exclamó sin dejar de recorrer aquellos inmensos glúteos.

    El segundo solo permaneció de pie, con la abultada entrepierna a escasos centímetros del rostro del justiciero rosado. Las miradas de ambos se entrecruzaron. Will, aún con su saco de serpiente en tonos obispos colocado, contempló desafiante el rostro suplicante del musculoso joven. Luego de unos largos segundos, aprehendió al chico por los cabellos y asintió con la cabeza en un claro gesto instigador.

    Loverboy, quedó definitivamente reducido al apetito de los gemelos irlandeses. Ya no forcejeaba, intentando que su cuerpo lo obedezca, ni se preguntaba si podía o no hacerlo. Con los ojos puestos en el hipnótico pelirrojo, observó como el timador liberaba su excéntrica lengua mientras la inflamada entrepierna del pantalón se aproximaba a su jovial semblante.

    Sin quitar la mirada de su opresor, Troy sintió la verga presionando contra su rostro detrás del delgado cuero. Abrió su boca tomando el ancho del órgano, para presionarla suavemente con sus dientes a medida que su lengua sondeaba la lustrosa hinchazón.

    -Eso marica, esto era lo que estabas buscando… ¿no es así?- gimió Will al sentir el calor proveniente de la boca del heroico adolescente.

    En el otro extremo del enmascarado, los dedos de su hermano se aproximaban cautelosos al inflamado recto acuoso de un sometido Loverboy. Entre extasiado, admirado y sorprendido, el gemelo de Will, recorrió la perforación anal del muchacho decidido a llegar tan lejos como su curiosidad se lo permita. -Oye Will!!! Lo que tiene este chico en el culo es realmente sorprendente!

    -Lo siento Mike, pero en este lado del mundo la acción se está poniendo muy caliente. Cuéntame todo lo que pase allí- guiñó Will a su hermano gemelo.

    Sin poder resistirse a la delictiva tentación que se le presentaba en ese instante y claramente influenciado por el fragante néctar afrodisíaco, Mike desplegó su extenso músculo bucal para lengüetear los carnosos labios anales del subyugado musculoso. Las puntas bífidas de su lengua se movían de manera independiente sondeando la suave y delicada piel lampiña del culo del muchacho.

    Con el rostro zambullido entre los pliegues de una lustrosa entrepierna erecta, Loverboy gimió quejosamente al advertir aquella esponjosa protuberancia recorriendo la sensitiva entrada carnosa de su ojete dilatado. No tardó mucho tiempo más, hasta sentir cómo la extensa lengua de Mike se hundía despiadadamente en toda la extensión de sus entrañas succionando el líquido que emergía desde su interior, como si se tratara de la recaída de adicto en recuperación.

    El desarropado héroe se estremeció al sentir una interminable lengua húmeda inspeccionando cada tramo de sus intestinos. Sus lamentos se agudizaron y se tornaron semejantes a chirridos aniñados.

    -Es hora de hacer callar a esta marica!!- exclamó Will visiblemente irascible. Mientras dejaba caer al piso su impecable saco sastre color obispo, exhibió sus tatuajes, lo que eran aún más coloridos que los mostrados por su hermano Mike minutos atrás, dibujados sobre su magro cuerpo atlético.

    Aferrando los cabellos del chico, lo obligó a apartar el rostro de su encuerada ingle y lo forzó a levantar la cabeza hasta encontrar la mirada del fornido paladín. Observó con desaire su semblante lascivo, lo vio respirando por la boca agitadamente y hasta con remanentes de su propia saliva en las comisuras de sus labios. El irlandés acercó su cara a la del muchacho, e introdujo su lengua bífida por la cavidad bucal del heroico musculado, llevándola hasta lo mas profundo de su garganta.

    Las dos deformadas lenguas irlandesas estaban siendo recibidas por Loverboy con un ahogado alarido interior que nunca se hizo audible del todo. Una de ellas bajando por su ancha garganta hasta lo profundo de su esófago y la otra escarbado su dilatada y húmeda salida rectal. Sus curvilíneos brazos rodearon el cuello del besador pelirrojo, tomándolo como si fuese una tabla salvavidas durante un naufragio, mientras respiraba ruidosamente en una sinfonía jadeante de obscenidad.

    Sin dudas nuestro héroe se perdió poco a poco en su propia excitación.

    El asfixiante beso profundo hizo que emergieran las lágrimas de sus ojos, sus brazos se agitaron evidenciando que comenzaba a quedarse sin aire, pero aun así deseaba que aquello no terminara.

    Esa sensación de ser sometido y servir como medio para el deleite ajeno, le producía una extraña sensación de poder, un placer aún mayor que las dos lenguas que invadían el interior de su esculpido cuerpo en ese presiso momento.

    Loverboy gimió tan contenidamente fuerte que hasta pudo oír su propio sollozo saliendo de sus fosas nasales.

    Como si los timadores irlandeses pensaran al unísono, ambos extrajeron sus deformaciones linguales del cuerpo del muchacho y Loverboy se desplomó en el suelo pesadamente, boca abajo, como una marioneta sin sus hilos.

    Will y Mike se incorporaron llenos de una inusual energía puramente hormonal. Sin mediar palabras entre ambos y mirándose como dos púgiles en contienda, los hermanos gemelos notaron que sus testosteronas se habían elevados por aires. Quizás no lo sabían tan técnicamente así, pero sí se veían así mismos como respectivos machos cabríos.

    Deambularon despreocupadamente alrededor de la sólida masa muscular tumbada en el piso, y a medida que se desplazaban comenzaron a desabrochar sus ceñidos pantalones de cuero. Como ninguno de los dos llevaba puesta ropa interior debajo de ellos, sus vergas finalmente quedaron exhibidas después de haber aguantado tanto tiempo de sofocante ocultamiento. Y en todo este conjunto de cosas inusuales, ellas no eran la excepción. Cada una medía unos 22 centímetros, con gran cantidad de venas sustanciosas bombeantes de sangre, de circunferencia normal. Pero lo inusual era la textura de la piel que las recubría: Un escamado muy sutil podía leerse por debajo de la piel de los miembros erectos. Parecía como si se hubiera recubierto la piel de una serpiente con una fina capa de piel humana.

    Los gemelos concluyeron sus recorridas en el lugar opuesto que habían dejado inicialmente: Mike tomó el frente del chico y Will su retaguardia, mientras Loverboy notaba hipnotizado la extraña trama del rígido mástil del oponente frente a él, lejos de extrañarse comenzó a sentir la punzante comezón proveniente de sus entrañas.

    Finalmente Will se encontró frente a frente con el abundante y redondo trasero de Troy. Si bien ya había visto su contorno, no conocía ni había reparado en su punto de placer. Aquel agujero se extendía por sobre gran parte de la grieta de Loverboy. A pesar de tener los bordes hinchados, aun así se podía apreciar una oscuridad desde la que fluía una rara viscosidad algo densa.

    -Que mierda tiene este marica en el culo?- exclamó Will con excitante sorpresa.

    -Te lo dije hermano! Te llamé cuando lo descubrí- reclamó su hermano gemelo Mike.

    -¡Es como la vagina de una maldita criminal prostituta!- Dijo ocurrente Will para luego escuchar la carcajada de su secuaz estafador de cabellos rojizos.

    Loverboy se sintió profundamente humillado por la ocurrencia exclamada sin reparos y como si él no estuviera presente. Sin embargo, lejos de desmoralizarse, notó que ser tratado tan denigrantemente le otorgaba un poder al timador que indudablemente lo excitaba mucho.

    El joven paladín musculoso, miró a Will por encima de su hombro con un evidente gesto de súplica, a pesar que este, solo se mantuvo abstraído en cada detalle de su glorioso agujero abierto, no puedo evitar levantar unos centímetros su cadera del suelo completando una clara señal de pedido.

    Will se arrodilló ante el fornido culo voluminoso de un implorante Troy, apoyando las rodillas sobre sus mullidas corvas y forzándolo a separar sus piernas. Muy lentamente, el opresivo gemelo de tatuajes coloridos, aproximó su rígida estaca al humedecido orificio rectal de Loverboy. Sin restricciones ni trabas en su recorrido, la verga se introdujo en aquel dilatado agujero pausadamente y como en cámara lenta.

    El subyugado muchacho mordió su labio inferior, elevando la mirada hacia el firmamento, en un claro gesto de satisfacción por la desesperante necesidad saciada, mientras aquel fálico garrote se hundía en los más profundo de su esponjosa cavidad.

    Cuando Troy regreso la vista hacia el frente, se encontró con la palpitante asta de Mike chorreante de un intenso líquido pre-seminal fluyendo desde su interior y lubricando por completo la fungiforme cabeza. Magnetizado por la imagen ente sus ojos, el muchacho no pudo hacer más que abrir su boca presentando temerosamente la punta de la lengua.

    -¡Claro que la quieres mariquita rosada! ¿No es así?- pregunto sarcástico mientras aún con su gesto implorante, la boca abierta y la lengua fuera, el curvilíneo chico, asentía con la cabeza.

    Mike no se hizo de rogar mucho, a fin de cuentas, estaba tan desesperado por testear la boca de nuestro heroico Loverboy, como el chico de degustar la exótica verga del irlandés dominante. Así que, a diferencia de su hermano quien aún estaba en viaje hacia las profundidades del rosado gladiador, el timador de tatuajes negros violentamente sumergió su masculinidad en las fauces sedientas de Troy.

    El musculoso chico gimió ahogadamente recibiendo el texturado garrote dentro de su boca. Recorrió gustoso las venas inflamadas denotando las singulares escamas por debajo de una tersa piel. Aquella sensación era extraña pero excitante, como todo lo que estaba viviendo desde el momento del golpe. Sentir aquellos dos troncos atravesándolo al unísono lo estaban haciendo delirar de placer. Las cientos de preguntas sin respuesta que rondaban su cabeza y que iban desde su alteración corporal hasta la nueva manera de percibir la sexualidad pasando por lo extraños elementos que se iban sumando a este nuevo mundo cómo ser sus correas, habían quedado totalmente adormecidas en su mente. La genitalidad más pura e irracional se apoderó de la mente del joven muchacho en esos momentos.

    Will, el irlandés situado en su retaguardia, inició la retirada de su verga tan suavemente como la había insertado dentro del suave culo de Loverboy. No bien se inició el distanciamiento, las escamosas inflexiones se retrajeron aumentando el volumen del miembro fálico de Will. Y aunque había espacio suficiente en las entrañas del lubricado trasero del chico para la nueva dimensión obtenida, la hipersensibilidad de su agujero le provocó una locura de placer aún mayor.

    -¡Esta asquerosa perra tiene el culo más dilatado que he visto en mi vida! – Gimió Will viendo la forma que nuestro héroe soportaba su grosor.

    El magro y delgado gemelo de tatuajes coloridos, ya no tuvo más piedad por el sometido y maltrecho Troy. Sin ninguna compasión comenzó a martillar el musculoso culo del chico con salvaje furia. Con cada golpe de su cadera, nuestro héroe gemía chillonamente siempre que la verga de Mike en su boca así se lo permitía.

    Loverboy se sintió en las nubes. Extasiado y completamente lleno del mas lascivo placer que había experimentado hasta ahora, chupaba la verga de Mike enérgicamente, con su saliva escapando de las comisuras de su boca y cayendo por su mentón. Además recibiendo una segunda verga por su culo, gozando el cambio de volumen con cada embestida y cada retirada, con sus glúteos fornidos y sus redondos pectorales temblando en cada choque y sintiendo una catarata de fluido mojándolo todo desde su espalda baja hasta sus muslos interiores. El músculo situado en la base de la pelvis (o músculo PC) se denotaba tan inflado que a la vista de Will se revelaba como una vulva. Pocos eran los mendigos y borrachos del escondido callejón que se animaban a mirar de lejos el ultraje hacia el chico.

    -Hermano! La boca de este marica es un sueño!- Gimió Mike machacando la boca Loverboy. – Podríamos quedárnoslo como si fuera nuestra perrita de compañía?… que te parece la idea?… yo podría cogermelo a diario para mantenerlo feliz y contento… – Continuó diciendo con tono juvenil algo caricaturesco.

    La idea iluminó los ojos del heroico chico musculoso. Se imaginó utilizando sus sexys correas rosadas y luciendo su curvilíneo cuerpo como el esclavo permanente de los dos gemelos irlandeses. Se imaginó así mismo siendo ultrajado, tal como lo estaba siendo en ese mismo instante, varias veces al día. Incluso fantaseó en conocer a otros muy diferentes malhechores de esta u otras agrupaciones para probar sus vergas de miles de formas diferentes. ¿Acaso estaba deseando convertirse en la puta de todos los delincuentes de la ciudad? La respuesta no era políticamente correcta. Por suerte el brusco tono categórico de Will lo sacó de ese complejo laberinto moral devolviéndolo a la realidad.

    -Estás demente Mike?! Tenemos que usar a esta marica todo lo que podamos y hacerlo desaparecer… ¿tienes la mínima idea de lo que nos harán los agentes del sexo por esto?- Gruñó visiblemente enfurecido trasladando su cólera a los golpes infligidos al culo del muchacho.

    Parecía como si cuanta más rabia se imprimía sobre aquella escena, más fuerte y agudo gemía poniendo en evidencia cuanto gozaba nuestro denostado paladín. Su agujero se había transformado en una cavidad completamente colmada de aquella viscosa secreción maloliente. Los impactos contra su perfecto y redondo trasero se oían como palmadas contra alguna clase de líquido aceitoso. Aquel característico hedor procedente de las evacuaciones de Loverboy, se había propagado por todo el oscuro callejón, sugestionando a los transitorios pasajeros, borrachos y vagabundos del lugar. Sin asociarlo directamente a la fetidez proliferante, comenzaron a sentirse excitados ante la escena que estaban presenciando.

    Loverboy y los dos gemelos irlandeses se habían convertido en los actores principales de un teatro público pornográfico ante las miradas de un auditorio que manoseaba sus vergas por encima de sus sucios y descoloridos pantalones, mientras otros directamente las introducían por debajo de estos para pajearse. No faltaron los más afectados por la fragancia que, sin ningún tipo de pudor, exhibieron sus troncos ante el resto de los asistentes.

    -Oye Will! Estoy por alimentar a esta marica en cualquier momento!- Vociferó Mike tomando fuertemente los cabellos frontales del muchacho por encima de su antifaz rosado para enfatizar el ritmo dentro y fuera de su boca.

    -Todo tuyo querido hermanito!- Le contestó su gemelo.

    Como si hubiera estado esperando la autorización de su hermano gemelo, Mike azotó sus caderas contra la boca de Loverboy, obligándolo a ingerir muy violentamente su carnosa estaca escamada hasta el fondo de la garganta. Permaneció inmovilizado unos breves segundos observando como el joven comenzaba a sofocarse intentando satisfacerlo, ajetreando sus tonificados brazos alrededor de las piernas fibrosas del cruel timador irlandés, pero en ningún momento apartándose de su cometido.

    Aún estático, Mike echó su cabeza hacia atrás y con los ojos bien abiertos desenrolló su exótica bífida lengua al aire mientras un denso bombazo de semen regaba la boca de Troy, inundándola hasta la garganta.

    Sin poder contener el ahogo, Loverboy ingirió solo una parte del néctar secretado en sus fauces, entretanto parte se escurrió por los bordes de su boca en una mezcla dispar de saliva y leche que se terminó escurriendo por debajo del arnés que contorneaban sus redondos pectorales hinchados.

    Con una repentina sacudida, Mike apartó su chorreante verga amorcillada de la boca del joven Troy, quién observaba al estafador irlandés como mendigando un poco más de aquél viril elixir al tiempo que, aún jadeante, recogía los excedentes más próximos a su boca con la punta de la lengua.

    El pelirrojo de tatuajes negros, simplemente se dejó caer sobre piso del turbio callejón, apoyando la espalda contra el muro más próximo, se sentó para ver actuar a su gemelo, aún equipado con los encuerados pantalones lustrosos pero llevándolos a la altura de los tobillos.

    Del otro lado, Will se afirmó a la correa rosada del arnés de Loverboy. De esa manera no solo pudo manejar al lujurioso paladín a su antojo sino que además sintió más control y dominio ante aquella situación. Advirtió sus embestidas más fuertes y profundas, y por supuesto, por contrapartida, palpó casi tangiblemente el padecimiento y la sumisión del chico.

    Con los agudos y constantes gemidos del vapuleado adolescente de fondo y ante la mirada orgullosa de Mike, Will lo tomó por uno de sus tobillos, alzando su maciza pierna hacia el aire, presentándola a su hermano gemelo como si fuera un trofeo de caza. El cambio de posición estimuló nuevos sectores del esfínter del chico forzándolo a gemir en otros tonos e incluso a rasguñar el pavimento con la yema de sus dedos.

    -El chico va a recordar quien es Will Serpentor durante muchos días- rió jocoso Mike, exhibiendo su extensa lengua hacia su hermano.

    -Te aseguro que esta marica no se va olvidar de los gemelos Serpentor en mucho tiempo, hermanito- Will le respondió copiando el mismo gesto con su lengua.

    La conmoción invadió la mente de Troy de tal manera que aquellas preguntas que habían quedado relegadas en su cabeza, emergieron de pronto como un torbellino ¿Qué hace que su racionalidad se apague tan inexplicablemente, siendo reemplazada por esta lascividad desmedida y sin control? Si jamás tuvo pulsión por el sexo, y siempre fue respetuoso de la castidad y el celibato ¿Qué hace que de pronto no pueda dejar de infringir las normas y las leyes? ¿Por qué ser sometido, doblegado y humillado lo hacía sentir tan exquisitamente bien? ¿Acaso el traje o el golpe habían dañado su mente, o peor aún, lo habían enfermado? Sus pensamientos fueron abruptamente interrumpidos por una sensación deliciosamente caliente que provenía del interior de sus entrañas. La verga de Will estaba aumentado su tamaño bombeando gran cantidad de sangre a sus fibras y el musculoso chico podía sentir cada golpe en su esponjoso culo cada vez con más violencia.

    -Bueno, marica, parece que estás de suerte. Vas a llevarte a casa el esperma de los dos hermanos Sempentor!!- Gruño Will azotándolo cada vez con más energía.

    Loverboy jadeó y babeó al compás de cada embestida, lloriqueando tanto de placer como de dolor y hasta por un poco de desconsuelo. Supo que no faltaba mucho para concluir la opresión y el dominio de aquellos magros embaucadores, que tan bien lo hacían sentir. Escuchar aquella gruesa estaca sumergiéndose dentro de su propio agujero, como una pesada piedra hundiéndose en grasa líquida, realmente lo hacían perder el juicio.

    -¡Vamos perra asquerosa! ¡Ordeña mi verga y gánate mi leche con el trabajo de ese agujero caliente!- Ordenó el activo irlandés de manera categórica.

    El heroico muchacho torció la cabeza para observar de reojo al dominante estafador con gesto suplicante, notándolo empapado en sudor, el cuerpo marcado y delgado brillaba con las pocas luces del callejón y con un ademán sádico en su rostro, totalmente inmóvil con los brazos levantados, las manos cruzadas contra su nuca y con su mástil carnoso enterrado dentro de su pomposo culo redondo. Inmediatamente arqueó su espalda para comenzar a complacer la petición del colérico Will. Al principio en un ritmo muy suave, el joven musculoso movió sus caderas y su cintura en forma circular percibiendo las palpitaciones de aquella verga metida dentro de sus entrañas. Poco a poco incrementó la velocidad, moviendo todo su torso para auto- infligirse la embestida que el delincuente no estaba dispuesto a proporcionar y que tan dichoso lo hacía sentir.

    -Eso marica!! Ordéñame fuerte!- Gimió Will.

    Troy continuó bregando con su cuerpo tan arduamente como podía hacerlo. Estaba dichoso de complacer a su déspota opresor y fusionar sus propios gemidos con los de él. Imprimió cada vez mayor velocidad y desenfreno a su obsceno twerking y con ello los quejidos de ambos aumentaban el volumen.

    -No pares puta perra!! Estoy a punto de llenarte ese delicioso culo de mi leche caliente- Suplicó el blanco irlandés.

    Finalmente Loverboy sintió como la verga de Will se hinchaba mucho más aún, para explotar dentro de su cavidad rectal depositando una generosa cantidad de leche caliente en sus excesivamente lubricadas y suaves entrañas.

    El gemido de Will fue grave, profundo y extenso -siii! Aliméntate con mi semen, perra asquerosa!!- y luego de eso solo se oyó la respiración agitada y entrecortada de los dos contendientes sumado a un desanimado y pausado aplauso proveniente de Mike como si estuviera ebrio.

    -¡Ese es mi hermano gemelo!- agregó con orgullo.

    Aún empalado con la verga erecta de Will, escupiendo las últimas gotas de su esperma, Loverboy comenzó a percibir la reacción cálida y efervescente dentro suyo. Al igual que en lo sucedido con Dion, Will comenzó a sentir una aguda quemazón en su miembro que le exigió quitarlo rápidamente del interior del chico. Inmediatamente una espuma blanquecina emergía desde su dilatado y maltrecho ano.

    -¡¿Que mierda es eso?!- Exclamó alertado Will, incorporándose del suelo y retrocediendo dos pasos ante la mirada desconcertada de su hermano.

    Mike prácticamente se eyectó desde el suelo, hábilmente y de un tirón, se calzó sus pantalones de cuero sin llegar a abrocharlos recuperando la movilidad y rápidamente se situó junto a su hermano gemelo. Abriendo los ojos y la boca grotescamente, exhaló una exagerada carcajada -¡¿Que carajos le ocurre a la rosadita marica?! Mierda hermano, creo el chico está muy enfermo y te contagió sea lo que sea que tiene a ti. Ya te imagino expulsando espumita caliente por el culo y por todo los orificios. No esperes que me ocupe de ti cuando estés en ese estado, eh? Pronto quedará un único y gran Serpentor!- Continuó bufoneando.

    Con la palma abierta contra la nuca de Mike, el golpe seco y certero de Will no se hizo esperar – ¿Porque no te callas un poco, estúpido?- aleccionó el más mesurado de los dos.

    Los dos estafadores del callejón observaron como el heroico joven había quedado reducido a una débil masa de músculos que difícilmente podía ponerse de pie.

    Loverboy había quedado agotado y severamente aturdido. El calor efervescente que se irradiaba desde el interior de su esfínter, parecía haber consumido gran parte de su energía. Era como un largo e interminable orgasmo que nublaba cualquier parte racional de su juicio. La humillación bromista de Mike esta vez, lo había hecho sentir amedrentado, acobardado a tal extremo que con el fin de alejarse de allí, comenzó a reptar endeble hacia la salida del callejón.

    -Pobre puta marica… ahora que ya está satisfecho, parece que quiere alejarse de nosotros…- continuó bromeando socarrón el gemelo de los tatuajes mas oscuros.

    Troy se arrastraba por el suelo oyendo los enunciados de Mike, tratando de alejarse de ellos y dejando una hulla burbujeante de la atípica reacción química que todavía producía su propio cuerpo mientras sentía como el agotamiento se desparramaba por todo su ser.

    -¡Todos quieto ahí!-

    -¡Deténganse y pongan las manos en alto!

    La pausada huida del muchacho se vio frustrada por la llegada de un grupo de policías del sexo, seguramente convocados por alguno de los vecinos que escucharon sus poco discretos gemidos de placer en el callejón. Al fin y al cabo aquella era una poblada zona residencial y a esas horas de la madrugada un gemido erótico tenía la misma repercusión que un disparo con armas.

    Los “sex-arrest” se disponían muy deprisa contra toda persona del callejón: borrachos, mendigos, transeuntes, los gemelos Serpentor, apuntándolos con sus armas y alineándolos contra las paredes del funesto pasadiso. Pero ninguno de ellos parecía haber notado que en el suelo se encontraba un adolescente cuya simple forma de vestir era razón más que suficiente para ser capturado.

    Sin embargo, Loverboy no estaba dispuesto a abandonar su fallida fuga. A pesar de su poca energía y de lo agotado que se sentía retomó la marcha arrastrándose por el suelo, ayudado con sus brazos e inútilmente con sus piernas. Cada dos o tres arrastradas volteaba la cabeza para apreciar como los hombres y mujeres de la castidad continuar su trabajo sin percatarse de su presencia.

    Al cabo de unas remolcadas más el muchacho se encontró con un par de lustrosas botas de azul profundo. Levantó la mirada y las botas continuaron hasta convertirse en un par de voluminosos y firmes muslos, los que se juntaban en una pelota inmaculada y enorme de color blanco y por encima de todo aquello, el perfecto rostro del capitán John Rutternford mirándolo fijamente.

    Continuará…

  • Fruto prohibido

    Fruto prohibido

    Soy una chica que a mis 25 años todo en mi vida marcha bien. Estoy comprometida hace dos años, tengo un jevito por el lado, pero hace dos meses atrás tuve un sueño que despertó mi deseo más oscuro. Esa noche no pude conciliar mi sueño, solo pensaba cómo sería ser poseída por mi tío. Sí, eso fue lo que soñé peor aún se convirtió en mi obsesión. Mi tío estás a mediados de sus treintas con un buen cuerpo, una mirada de pícaro, labios sensuales y un aura que gritaba placer. Siempre había notado esos atractivos de él, pero no le daba importancia. Hasta lo sucedido hace dos meses. Él es medio hermano de mi mamá.

    Mis pensamientos giraban alrededor de él. Tenía que buscar la manera de llamar su atención. Era difícil concentrarse cuando solo veía a mi tío. Una noche de sexo salvaje con mi jevito me corrí en su órgano masculino pensando que era de aquel hombre que secretamente me regalaba mis más deliciosos orgasmos. También me pasó lo mismo con mi prometido. Pasaron los días y se me ocurrió una idea. Me tome unas fotos algo sexy y se las envié a mi tío por error. Deje pasar dos minutos y rápido le texteé pidiéndole disculpa por la confusión. Después de ese percance continúe conversando con él por medio de mensajes y algunas llamadas. También seguía compartiendo fotos ya que él me había mencionado algunas cositas de cómo mejorar las mismas.

    Con el pasar del tiempo tuve que hacer a un lado mi delirio por mi tío. Solo lo pensabas en la soledad de mi habitación dándome placer hasta caer rendida de satisfacción. Una tarde recibí una llamada de mi hermana que se encontraba en el estado de Nueva York. La misma se convirtió en un bálsamo para mí obsesión. Iría para Nueva York en menos de dos semanas y de paso visitaría a mi querido tío. Lo llamé para dejarle saber que iría de visita; que cosa más rica era escucharlo decirme mi niña. Él no sabía cuánto fantaseaba con tenerlo entremedio de mis piernas. Sonreí maliciosamente porque sabía que lo conseguiría.

    Los días se fueron a cuenta gota tantos para salir de mi país como los días con mi hermana. Al fin había llegado a mi destino. Cuando llegue a su casa lo saludé cómo siempre —¡Bendición tío!— abrazándolo y pegándole mis senos a su pecho. Solo se lo dije para alimentar el morbo en mi cuando me dijo —¡Dios te bendiga mi niña!— sabías que al escucharlo se despertaría mi excitación por él. Los dos primeros días disimule lo más que podía, pero la mirada de mi tío me debilitaba. Al punto que si me quería coger en la mesa del comedor no le pondría resistencia.

    Estaba comiendo mucha mierda lo necesitaba sobre mi y era ya; mañana regresaba a mi país. Le mencioné si quería tomarme unas fotos con una ropa nueva que había comprado en realidad era una lencería negra de encaje. Arregle mi cabello coloque una gargantilla de cuero negra y mis tacones del mismo color.

    Cuando camine hacia la sala donde me esperaba la ricura de hombre que es mi tío. Sentí como mi feminidad se contrajo al ver cómo esa mirada pícara cambio a una de animal hambriento vigilando su presa. Note que tragó hondo mentalmente estaba aplaudiendo porque obtendría lo más que deseaba. Me tomo unas cuantas fotos hasta que me acerque a él y le dije —Dejemos de fingir cógeme dónde quieres tío— me miró con asombro me tomo por el cuello observando mi gargantilla apretó fuertemente y me besó a su antojo. Un beso lleno de deseo su lengua saboreo todo el interior de mi boca nunca dejo de apretarme el cuello. Ese beso marcó lo que sería la noche más excitante y carnal que he vivido. Dejó de besarme y comenzó a tocarme sin ninguna delicadeza sentía esas manos firmes tocar mi piel, la misma se encendía rápidamente como una hoja de papel en llamas. No eran solos sus manos la que tocaban mi piel si no su lengua viajaba por otro camino.

    Mientras hacías estos recorridos iba caminando y empujándome a la hacía la pared. Allí sentí como su cuerpo se pegó al mío y sentir su erección me arrebato de placer. Lo tomé por el pelo y lo bese satisfaciendo las ansias que había guardado por él. Era increíble sentir su miembro rozarme en mi entrepiernas. Su desespero era fascinante saco mis senos por encima de mi sostén los miro y su lengua se deleitó primero con mis areolas y después con mis pezones. Me tenía gimiendo, suspirando y jadeando que hacían que mi respiración fuera errática. No dejaba de comerme mis senos y una de sus manos encontró mi feminidad atrapada en aquella tela sensual. Posó su mano encima de mi pubis y fue bajando hasta encontrarse con una braga mojada. Paro de chuparme los senos; me miró con una perversidad que me volvió loca y para rematarme cuando me dijo —mi niña es una putita rica— lo bese nuevamente y le dije —Pruébeme tío mío— pasó su lengua por mis labios y se dedicó hacer un camino de mordidas hasta llegar a mi ropa interior. Él desgraciado no me la quito si no la rompió de un tirón. No me equivoqué en desearlo de la manera q lo hice. Con sus dedos iba tanteando mi parte íntima. Primero rozo mi clítoris para luego apretarlo con dos dedos. Luego trazos unas líneas alucinante sobre mis labios vaginales y por último exploró mi interior con dos dedos. Al principio fue dulce, pero al ver como lo miraba de complacida su ritmo se volvió rápido y preciso. Trataba de ahogar mis gritos, pero era imposible no me importo si algún vecino me escucho. Estaba disfrutando al máximo con el hombre que había robado mi sueño. Sustituyó sus dedos por su lengua la verdad no sabía si podía aguantar tanto placer. Siguió en su tarea no solo su lengua sentía si no toda su boca junto con sus dientes. No pude aguantar más y me corrí en su cara.

    Complacido con mis jugos en su cara y sobre todo en su boca nos volvimos besar, dónde su lengua se aseguró dejarme mi sabor. Me volteo para quedar de espalda a él y me dijo al oído —Mi niña putita sabes a manjar de los dioses— pasó su lengua en mi oreja y por cualquier lugar que viera visible. Me quito el sostén acarició mi espalda hasta llegar a mis nalgas. No perdió tiempo y las azotó fuertemente que a pesar que sentía la humedad de su lengua sobre ellas aún sentía el ardor. Las mordió y dio paso a lamer mi culo. Estaba vuelta en un lío, todo en mi temblaba al sentir como se comía mi culo.

    Después de esa rica mamaba puso su miembro entre medio de mis nalgas y se masturbo con ellas. Me apretadas las nalgas con fuerzas y yo cumplía moviéndome para él. Termino con mis nalgas y le dio unos azotes nuevamente para que me acomodara. Su masculinidad la rozo en mi entrada hasta el clítoris y viceversa dos veces más. Me estaba desesperando quería tenerlo en mi interior para venirme otra vez. Sin avisar lo metió de una no grite solo deje escapar un gemido porque al fin sabría cómo sería ser poseída por mi tío. Era un salvaje lo sacaba hasta la punta para luego embestirme con fuerza. No voy a negar al principio no encontraba un ritmo para darle placer. Poco a poco lo fui encontrando y fue la primera vez que lo escuché gemir. De verdad que mi tío es una ricura seguimos cogiendo a plenitud me agarró del pelo echando mi cabeza para atrás. Buscó mi boca nos besamos, con la otra mano buscó mis senos los apretó y sus movimientos aumentaron de velocidad. Al punto que me vine en su miembro. Rápidamente lo sacó de mi interior dejando un vacío irreconocible para mí. Me volteo y me dijo —Ven putita te quiero de rodillas mi niña hermosa— obedecí a mi tío. Sabía lo que él quería y yo estaba dispuesta a dárselo no si ante decirle —Quiero toda su leche tío mío— me sonrió acariciando mi pelo. Tome la masculinidad de mi tío con una mano y lo metí en mi boca. Comencé a mamárselo suave y después aumentando el ritmo. Era un deleite mirarlo y escucharlo gemir. Mi tío me miraba con deseo carnal eso me ponía mil. Mi lengua jugaba con su miembro en el Interior de mi boca. Mi tío tomó el control y me ahogo con su miembro no uno sino tres veces más. Una vez satisfecho de verme ahogada con su pene. Seguí mamando hasta que sentí el líquido caliente llenar mi boca. Saboreé su sabor hasta no poder más. Luego de tragarme su esencia y dejárselo limpio me ayudó a pararme me besó probándose junto mi sabor. Nos dimos las buenas noches y cada cual se fue para su cuarto.

    Al día siguiente me marché no nos dijimos nada. Antes de abordar el avión le envié una foto de mi cuerpo marcado dándole las gracias por el mejor sexo que había tenido. Ya estoy preparando un nuevo encuentro con mi tío, pero él aún no lo sabe.