Autor: admin

  • Con una vieja amiga

    Con una vieja amiga

    Tenía mucho que no pasaba por aquí, me acaba de llegar una notificación de la cantidad de personas que leyeron mi relato, lo cual generó una sorpresa muy agradable, así que decidí contarles una más.

    Les contaré una historia de hace como año y medio, se trata del reencuentro con una amiga de la universidad (de mi segunda carrera), esta amiga le pondremos CRM. Nos conocimos en la escuela y como los dos tuvimos pareja casi desde el inicio por lo que no intentamos nada el uno con el otro, pero era evidente de que había atracción entre nosotros aunque no sabía a qué grado aun.

    Les platico CRM, es una chica de tés morena clara, ojos grandes y muy expresivos, delgada, de 1.62 m aproximadamente, buen cuerpo sobre todo de la parte de abajo, lindo trasero, redondo, de esa chicas que si ves pasar seguro volteas nuevamente.

    Todo comenzó por whatsapp, ya saben las clásicas conversaciones para ponerse al corriente sobre vida de ambos, algunas confesiones cuando intercambiamos fotos normales. Después de unos días de charlas pues quedamos para vernos.

    La cita del café, nos dirigimos a un Starbucks cercano a su casa, lo pasamos muy bien, risas, contamos anécdotas, miradas, abrazos, coqueteos, etc. Pero ese día note que quería besarme pero que definitivamente no lo haría ella primero, así que antes de despedirnos me comento que había sido muy agradable todo, pero que tenía ganas de que yo hiciera algo pero que lo dejaba para la próxima cita y antes que terminara la bese, provocando una sonrisa nerviosa. Había hecho lo que quería que hiciera, sin que lo pidiera tácitamente y le había encantado.

    Continuamos hablando por whatsapp, las pláticas obviamente subían de tono cada vez más, dentro de todas aquellas peguntas quería saber cuál era la talla de su bra y me dijo te digo si me dices cuánto mide tu pene. Para mí no era problema, mi pene no es grande, pero tampoco es pequeño así que con toda seguridad le dije 17 cm, acto seguido lo midió en un cuaderno que tenía a la mano y me dijo todo eso? en una foto, lo que me provoco mucha risa… antes de despedirnos me dijo yo soy 36 C y me mando una foto en bra…

    En dos semanas más nos volvimos a ver, esta vez ya con más confianza obviamente, fuimos al mismo Starbucks pero esta vez no salimos del café y nos quedamos platicando en mi carro ( debo acotar que era época de lluvia y los vidrios del carro se empañaban en dos segundos), busque una lugar donde el tránsito de personas fuera muy escaso, comenzaron los besos y las caricias, me dijo porque querías saber la talla de mi bra, a lo que le respondí solo curiosidad y me respondió bueno aquí tienes más información, no uso bra, obviamente lo tuve que comprobar… mientras la besaba mis manos se apoderaron de sus senos( eran pequeñas y se sentía tan bien tocarlas, redondas, duritas).

    Le dije porque quería saber el tamaño de mi pene y me respondió curiosidad, acto seguido lo saque y se lo puse en su mano (espero que esto complazca tu curiosidad), podía notar que su mano temblaba un poco. La intensidad de los besos aumento y mis manos ya estaban recorriendo ya todo su cuerpo, por encima y por debajo de su ropa.

    Recliné nuestros asientos hasta que quedaron totalmente atrás con la finalidad de poder manejarme mejor, siguieron los besos muy cachondos, pero ahora mi mano estaba bajando rumbo a su vagina, desabotone el pantalón de mezclilla y baje el zipper para no batallar tanto. Al llegar mi dedos se empaparon, estaba tan mojada que podía sentir su humedad hasta sus panties, note que estaba totalmente depila, mis dedos se deslizaban sobre los labios y el clítoris a placer, de arriba abajo y de una lado a otro. Me deje llevar por sus sonidos, su expresiones, tocaba delicadamente, buscaba que tuviera un orgasmo que llego minutos después.

    La noche fue muy caliente, los dos nos deseábamos mucho ya, pudimos tocarnos, besarnos y hacernos venir.

    Para la siguiente cita ya quería ir a un hotel con ella, pero los horarios no se prestaban para lograrlo, mientras nuestros tiempos se acoplaban nos volvimos a ver, pensé que sería otra noche de cachondez en el carro, pero habría nuevas sorpresa.

    Volvimos al sitio de antes, los dos en el caro comiéndonos a besos, música suave y yo cantándole tan cerca de sus labios y sumándole el sonido fuerte de la lluvia y los vidrios empañados del carro.

    Dentro de la conversación que teníamos le mencione que no la había visto con vestido o falda, y la sorpresa fue que traía uno en su bolsa, me dijo si gustas me lo puedo poner, “diablos” estaba haciendo justo lo que quería y no se lo había pedido. Cuando comenzó a ponerse el vestido, se quitó una de las blusas que traía, el pantalón y se puso el vestido, al final menciono “esto me estorba” y se quitó la tanga negra.

    Por suerte siempre cargo un paquete de condones (ese paquete circular metálico de playboy), la jale hacia mí y comenzó la verdadera acción, se subió en mi, ya con mi pene dentro comenzó a subir y bajar mientras mi manos acariciaban y apretaban sus nalgas, las jalaba con el afán de meterlo todo pero no era posible, ella hacia un movimiento delicioso, sentía que me jalaba el pene cada que ella se salía, era delicioso.

    Después de estas varios minutos así, comenzó a aumentar la velocidad, más y más rápido, y de momento se detuvo y se dejó caer sobre mí, aproveche para hacerlo suave mientras nuestra respiración agitada se controlaba, después yo comencé a dar con más fuerza provocando que mi glande se hinchara cada vez que la penetraba hasta que me vine, sentía como salía y salía…

    No era exactamente lo que quería, pero fue riquísima la experiencia.

  • La mamá cachonda de mi amigo (Parte 3)

    La mamá cachonda de mi amigo (Parte 3)

    –Que rica leche, mi mejor desayuno en años –me dijo levantándose, se dio media vuelta y se recostó en el planchón, dejando su culo y vagina en mi cara que aún estaba sentado– este es tu desayuno –me dijo llevando sus manos a sus nalgas y abriéndolas– ya está servido, buen provecho.

    Solo abrí mis ojos más que nunca, como si se me fueran a salir de ver tan grandioso culo en frente de mí, la tapaba a ella de lo redondo y grande que era, su vulva era precioso, me hacía gotear saliva de mi boca, tan solo suspiraba, así que me fui directo a su vagina y comencé a lamerla, la besaba toda, sentía lo carnudita que era, la metía en mi boca como podía, ella daba pequeños brincos mientras la lamía, se oía como jadeaba y movía su pelvis queriendo más y más. Así que llevé mis manos a su vulva y la abrí un poco, su clítoris rosadito y tieso, muy salido, nunca había visto un clítoris así, se veía como palpitaba, no dejaba de verla, era hipnotizante su vagina.

    -Que rica estas señora Ingrid –le dije yendo a su clítoris y lamiéndolo de arriba abajo, y ahora si ella comenzaba a gemir, quitó las manos de su culo y se agarró del planchón, lo apretaba fuerte y se tensionaba, mientras disfrutaba de su clítoris e hice algo que la enloqueció, saqué mi lengua y la puse en su clítoris y cerrando mis labios hice una especie de “U” envolviendo su clítoris en mi lengua, ella se quedó quieta, como esperando que iba a hacer, con mis manos tomé muy fuerte las suyas y la jalé hacia mí para que no se soltara, su cabeza quedó un poco levantada y su espalda arqueada, era una imagen espectacular y mi rostro en su entrepierna, así que comencé a jalar para todos los lados su clítoris y luego hacia mí, lo movía a mi antojo, lo tenía enredado en mi lengua.

    Ella comenzó a sacudirse más, hacia fuerza para soltarse, sus gemidos eran más guturales, se notaba como disfrutaba, a estas alturas que nos oyeran no importaba, creo que no había sentido tal cosa, porque gritaba

    -sí, sí, si Andrés, no te detengas ¡por favor! –me decía llorando, movía su cabeza hacia abajo como aguantando tanto placer, lloraba de placer, era un sonido demasiado excitante, así que no me detenía y en un momento ella se desvaneció, cayó encima del planchón, sus hermosas tetas hicieron que no se golpeara el rostro fuerte y yo lejos de detenerme aun, comencé a sentir como mi rostro se empapaba y sobre mis piernas caía su espectacular orgasmo, prácticamente me tomaba sus jugos y de lo elevado que estaba, era increíble sentir como su orgasmo caía en mi cara, en mi pecho y en mis piernas y me dejaba empapado, ella comenzó a moverse como convulsionando, pero de placer, sacudía su culo de arriba abajo, solté su clítoris y sin más, con mi verga tiesa y mojada, llena de sus jugos, lo metí de un jalón en su vulva y fue lo más delicioso que sentí hasta hoy, su vagina húmeda y caliente elevaron la temperatura de todo mi cuerpo, verla recostada en el planchón donde desayunan todos los días, y su cara medio girada mirándome, apretando sus labios, mordiéndoselos.

    -no te dejaré ir –me dijo cerrando sus ojos y disfrutando de mi pene en su vagina y luego abrió sus ojos mirándome directo a los míos, y sin poder explicar más, solo les diré que sentí como mi cuerpo tembló, mis pelos de punta y esa sensación de falta de aire, fue deliciosa, ella sabía que me tenía a sus pies, pero yo también a ella.

    Llevé mis manos a su boca, una cada lado y metiendo mis dedos y jalando de ella, comencé a bombearla, ella gemía y babeaba mis manos, hasta sentir que me enlizaba, cuando vi ella como estiraba los brazos hacia adelante, se estiraba lo más que podía y yo la jalaba no dejándola ir, era como si quisiera escapar o alcanzar algo, así que de una bombeada que le di, la empuje hacia adelante, hasta que alcanzó algo y me lo entregó, era un pepino, era no tan grueso como normalmente los había visto pero si largo.

    -Métemelo por atrás –me dijo algo agitada, hablaba a punta de suspiros, me miraba como suplicándome con sus ojos– ¡por favor, hazlo!

    Era una sensación de poder el oír ese “por favor”, así que lo llevé hacia su boca y lo metí en su boca.

    -Mójalo perra –le dije ya muy excitado y a ella le fascinaba que la llamara así, se notaba cuando le decía perra y abría sus ojos y se movía más rápido.

    Lo saqué de su boca y lo llevé directo a su culo y mientras seguía bombeándola por la vagina, comencé a meterle el pepino por atrás, ella golpeaba el planchón, le daba como cachetadas, se desvanecía y se volvía a levantar, se notaba su desespero, abría su boca pero no salía ningún ruido, la abría tanto que podían caber dos pepinos o dos penes en su boca, solo sé que daba mirando a cualquier lugar y me miraba para asentir con su cabeza y que no me detuviera, metía más y más el pepino, parecía caber casi todo, se sentía como contraía porque el pepino salía un poco por la fuerza que ella hacia y yo lo volvía a meter, ella ya estaba delirando completamente, no sentía dolor, y le gustaba como la penetraba por su vagina y culo, ella no aguantaba más, se acercó y alcanzó otro pepino, este si era más grueso y lo metió en su boca, era una maldita perra, una increíble perra, si la hubieran visto, si hubieran visto tal escena, se venían solo de mirarnos coger, ella metía muy profundo el pepino en su boca, lo lamia y yo seguía bombeándola por atrás y pensar que esto no podía mejorar, era una maldita locura.

    Mientras me excitaba más y más, y le daba con más fuerza, los cajones del planchón donde estábamos comenzaron a caerse, uno tras de otro y antes de que cayera uno vi una vela y un encendedor, me quedé quieto un momento mientras encendía la vela, ella sacudía su culo para que no dejara de moverme, mientras seguía chupando el pepino como una puta. Encendí la vela y seguí penetrándola y bombeando su culo con el pepino y con mi otra mano puse la vela de medio lado y cera caliente comenzó a escurrir en su espalda, nunca había hecho tal cosa, pero si sé que el dolor cuando uno está así de elevado, es lo más excitante que hay.

    Ella me volteó a mirar y sacando su pepino de la boca, se quedó quieta y ya sabía que cuando se quedaba así era por algo iba a suceder, apretaba el pepino con mucha fuerza mientras me miraba y la cera caía y caía, apagué la vela y el poco de cera que queda en la punta de la vela, la llevé a sus tetas y la puse en uno de sus pezones y de repente el pepino salió fuerte de su culo y cayó al piso y comencé a sentir como se mojaban mis piernas, esta deliciosa perra le encantaba tanto el dolor, que al poner la vela en su pezón comenzó a venirse y yo estaba a punto también, así que sin más, comencé a darle estocadas más fuerte y empujaba más la vela en su pezón…

    Continuará…

  • Una salida única

    Una salida única

    Antes que nada me presento mi nombre es Nicole, soy una mujer casada, me encanta el sexo y en infinidad de ocasiones le he sido infiel a mi marido, soy muy caliente y me considero muy hembra jejeje y ahora les voy a platicar una de mis tantas aventuras, espero les guste.

    Esto que les voy a contar sucedió un día que fui con mi esposo a una fiesta organizada por la empresa en la cual trabaja, ese día me vestí como siempre lo hago ósea muy hembra llevaba un vestido corto color rojo, escotado de frente y de atrás, bra de media copa, tanga y tacones, al llegar al lugar mi marido me presento con varios de sus amigos y con su jefe el cual note inmediatamente que no perdió detalle de mi figura y me recorrió de pies a cabeza de un forma por demás morbosa y lujuriosa, cosa que realmente a mi me encanto.

    La fiesta transcurría de manera tranquila y muy amena, después de la comida comenzó a tocar un grupo y la gente comenzó a bailar, en la mesa que estábamos había 2 amigos de mi marido con nosotros los cuales habían ido solos a la fiesta, baile con mi marido algunas piezas y después ellos le pidieron permiso a mi marido para sacarme a bailar, mi marido como siempre atento y de buen humor les contesto que si yo aceptaba no había problema, y pues claro que yo acepte encantada, ya que me fascina bailar.

    Además notaba como ellos me lanzaban miradas llenas de lujuria y morbo y eso a mí me ponía muy caliente, al estar bailando no faltaron los roces “sin querer” en mis nalgas como en mis tetas o el clásico repegon con lo que claramente sentía sus ricas vergas rozando mis nalgas, ellos pedían perdón y yo solo les sonreía como aprobando lo que hacían.

    Ellos al ver que no decía nada comenzaron a hacer más constantes los roces, que a decir verdad a mi me estaban gustando mucho por lo que les seguía el juego, y provocaba que los roces fueran más continuos y también “sin querer” les pasaba la palma o el dorso de mi mano por la verga, provocando con el roce en sus vergas excitación de su parte.

    Había momentos que ya los roces eran mucho más atrevidos al grado de que en algunas ocasiones sus manos en lugar de posarse sobre mi cintura se posaban en mis nalgas deslizando la mano de arriba a abajo.

    Esto ya me estaba poniendo más y más caliente y note que ellos también lo estaban, cuando bailaba con uno de ellos se acercó a mi oído y me dijo, con todo respeto y espero no te ofendas quiero decirte que estás muy buena y se ve que eres bien caliente y cachonda, (lo que acababa de escuchar me puso súper cachonda me le quede viendo fijamente a los ojos y me acerque a su oído para contestarle, le dije gracias que lindo, no sabes lo caliente y cachonda que me tienen tú y tu amigo desde que empezamos a bailar y discretamente le agarre la verga, la cual sentí como comenzó a palpitar y a crecer un poco.

    Se volvió a acercar a mi y me besó el cuello lo cual hizo que me estremeciera y mi piel se erizara, terminó la pieza y nos fuimos a la mesa.

    Al comenzar otra pieza esta vez baile con mi marido y como estaba muy cachonda lo bese y me le re pegue para sentir su verga muy rico, en esos momentos quería irme a casa y que me diera una deliciosa cogida.

    Terminó la pieza y nos sentamos junto a sus amigos, estábamos platicando cuando se acercó su jefe y me dijo “señora permítame llevarme a su marido un momento quiero presentarle a unos nuevos clientes de la empresa”, le dije “si no hay problema”.

    Al irse con su jefe uno de sus amigos se movió al lugar que ocupaba mi marido y quede en medio de los dos, continuamos platicando y de pronto sentí la mano de uno de ellos sobre mi pierna, la cual seguía avanzando hasta llegar al borde de mi tanga, la cual rodeó con sus dedos, sentí la yema de sus dedos acariciar mi panocha por encima de mí tanga, su otro amigo se percató de lo que hacíamos y rápidamente también comenzó a acariciar mi otra pierna, su mano también rápidamente llegó al borde de mi tanga, el sentir ambas manos tocándome me excito de sobre manera provocando que mi calentura estuviera en lo máximo.

    Se turnaban para pasarme los dedos sobre mi panocha que ya comenzaba a escurrir, me tenían súper caliente, baje ambas manos para agarrarles la verga y oh sorpresa los muy cabrones la tenían ya de fuera y recorrí las dos desde la punta hasta la base varias veces, provocando aún más excitación tanto en ellos como en mi.

    Ellos metieron mi tanga en mi panocha y ambos pasaban sus dedos por toda la rajita de mi panocha y los metían provocándome un inmenso placer y ganas de que me cogieran en esos momentos, yo les apretaba las vergas en respuesta, quería que esos momentos fueran eternos y seguir disfrutando de esas deliciosas caricias en mi panocha.

    Note que mi marido se acercaba y saqué las manos de debajo de la mesa y ellos dejaron de acariciarme y meter sus dedos en mi panocha y seguimos platicando como si nada.

    Se nos cercó mi marido y se paró detrás de mi me beso y me dijo que si me estaba divirtiendo asentí con la cabeza y le dije “no sabes cuánto lo estoy disfrutando amor”, “que bueno amor por que te voy a seguir dejando un rato con mis amigos ya que mi jefe está muy interesado en esos nuevos clientes y quiere que sigamos charlando con ellos”, mientras mi marido decía todo esto y estaba parado detrás de mi sus amigos no perdían el tiempo y volvieron a meter sus manos bajo la mesa para seguir acariciándome las piernas y la panocha, era algo muy cachondo, morboso y súper excitante que dos tipos me metieran mano a su antojo delante de mi marido y el sin saber nada.

    Mi marido se separó de mí y dijo ahí se las encargo ahorita regreso, ellos dijeron si pierde cuidado amigo y me volvió a besar mientras ellos no dejaban de dedearme muy rico.

    Apenas se fue mi marido volví a bajar las manos y nuevamente me puse a acariciar esas ricas vergas que aún seguían paradas.

    Entre los dos bajaron mi tanga hasta mis tobillos y solo tuve que alzar los pies para que me la quitaran por completo, ya sin la tenga abrí las piernas para así sentir con más libertad sus dedos en mi poncha que ya escurría de tanta excitación.

    Uno de ellos propuso retirarnos por un momento de ahí para buscar un lugar un poco más solo y así poder hacer algo más, busque con la mirada a mi marido y note que estaba muy entretenido con su jefe y sus clientes, así que sin importarme otra cosa les dije a sus amigos que sí, que nos fuéramos a otro sitio y les dije que donde mi marido había dejado el auto estaba muy solo que podíamos ir ahí y así lo hicimos, llegamos al lugar y efectivamente el lugar estaba solo y nadie podía vernos, así que sin pensar y como estaba muy cachonda rápido me agache y comencé a chuparles la verga a los dos alternadamente, después de eso, me paré me subí el vestido hasta la cintura y uno se recargó sobre el carro y me metió la verga, fue tan rico que casi grito pero me contuve, así como estaba inclinada el otro se puso frente a mi y le seguí chupando la verga, estaba gozando demasiado.

    El que me cogia decía “si así que rico aprietas puta, que ricoooooo, te estoy metiendo la verga puta”, mientras que al el que se la chupaba me decía “ay puta que rico lo mamas, si lo mamas bien rico puta”, estaba disfrutando al máximo de esas vergas que tuve un orgasmo delicioso y le apreté tan rico la verga al que me estaba cogiendo que lo hice bufar y gruñir de lo rico que le apretaba la verga con mi panocha.

    Apenas me estaba recuperando de mi orgasmo cuando cambiaron de lugar y como estaba súper mojada apenas puso su verga en la entrada de mi panocha y me la metió toda lanzando un gemido y dijo “ah se te fue toda puta”, yo no podía hablar ya que tenía la verga de su amigo en la boca y se la chupaba súper rico.

    Me la metía y sacaba con fuerza que hacía que la verga de su amigo me llegará hasta el fondo de la boca chocando sus huevos con mi barbilla y se los acariciaba con las manos.

    El que me cogia decía “si que rico coges puta, que rico puta”, y al que se la chupaba me decía “si cométela toda puta, toda, hasta el fondo puta, ah que rico la chupas puta”.

    De pronto me vino otro delicioso orgasmo y ahora con mis espasmos le apreté la verga al que me cogia sacándole deliciosos gemidos y gruñidos que acompañaban a los míos y más rico se la chupaba a su amigo.

    Después de un rato ambos me dijeron que se iban a venir y sacándome la verga de la panocha se paró frente a mi y otra vez se las chupe a los dos alternadamente mientras lo hacía uno de ellos dijo “tenías razón está bien buena esta puta y es bien caliente la muy zorra y comenzó a venirse en mi boca, apenas terminó de venirse y le limpié la verga cuando me metí la verga de su amigo también se vino y me dio toda su rica leche, también le limpie bien la verga, nos recuperamos rápidamente y acomodamos nuestras ropas entre los dos me pusieron mi tanga y nos besamos, y uno de ellos dijo que rico coges eres una muy buena puta, a lo que el otro dijo si tremenda puta que eres y le dijo a su amigo ya ves te lo dije que se veía bien puta y que le gustaba la verga.

    Le pregunté por qué lo decía o por que pensaba que así era, y me contesto “porque a las putas como tú se les ve lo puta que son desde que la ves vestidas, así como te vistes tú y con su carita de no rompo un plato pero méteme toda la verga y después lo comprobamos al estar bailando y darte tus arrimones puta y como no decías nada pues nos pusimos de acuerdo para ponerte bien caliente y meterte la verga zorra”.

    Por respuesta les di un apretón de verga y un beso a cada uno.

    Caminando de regreso a la fiesta les dije que esto se tenía que repetir pero en otro lugar y con más calma, ambos dijeron inmediatamente que si y me dieron una nalgada.

    Llegamos a la mesa donde nos había dejado mi marido y lo vi acercarse me dijo donde andaban y uno de sus amigos dijo “salimos a fumar y seguir platicando”.

    Al poco rato nos despedimos y nos fuimos a casa.

    Espero les haya gustado esta excitante aventura que viví en las mismísimas narices de mi marido.

    Besos y hasta pronto.

  • Agradecimientos (1)

    Agradecimientos (1)

    Distinguida, esplendorosa, magistral, ama, sublime alteza, colosal, grandiosa, magistral, excelsa, divina dueña y extraordinaria alteza:

    Hoy he vuelto a rendirme a sus pies nuevamente, Excelentísima Dueña, para agradecerle poder ser su esclavo, su lacayo, su humilde servidor, siempre a ras de suelo y postrado a sus pies.

    Cada segundo de mi vida, voy sintiendo su infinito poder, que me arrastra a darle las gracias Alteza, pues sin Usted, jamás hubiera vivido tales sensaciones.

    Ayer fue un día extremadamente duro para mi adorada Alteza, pues jamás Vivi tanto castigo… 12 horas arrodillado, sin poder hacer prácticamente nada. No se lo recrimino Alteza, sé que sus castigos son justos, coherentes, pero no estoy acostumbrado, Divina Dueña. Solo le ruego, le suplico y de rodillas le imploro, que me dé un poco más de tiempo, para irme adaptando a su poder.

    Luego el castigo de tres horas, de cara a la pared… Hasta que Usted me llamó, para presentarme a su amiga.

    Tras otra equivocación, Usted, mi Ama, mi Dueña, mi Alteza, volvió a castigarme; en esta ocasión ordenándome copiar 500 veces: «Debo poner mucha más atención a quién sirvo y respondo». Yo no soy nadie para juzgar su castigo, Usted me lo impuso y yo tengo que aceptarlo, pero continué arrodillado todo el tiempo que copié su castigo… Y ya perdí la cuenta de las horas que estuve arrodillado a sus pies, ante Usted Divina Alteza.

    Mi vida he de reconocer que gracias a Usted ha dado un giro radical.

    Ahora duermo mucho menos, pues lo hago en el suelo, totalmente desnudo, y es muy incómodo para mí, acostumbrado a otro tipo de confort, y gracias a que no hace mucho frio últimamente. Pero donde esté una cama…

    Es normal Sublime Excelencia, Distinguida Ama, que sea yo, el esclavo, el sumiso, quién tenga que adaptarse a sus normas, a sus leyes, de Ama, Dueña y Adorable Soberana. Y le juro Magistral Excelencia, que no quiero perderme ni un solo segundo de esclavitud, bajo sus órdenes, bajo sus plantas, bajo su poder infinito, que hace que me arrastre y que me humille ante sus divinos pies.

    Es usted, para mi como un sueño…

    Dicen que para construir un bello sueño, lo primero que hay que hay que hacer, es estar bien despierto. Tener mano firme para sostener las bridas, y hacer un proyecto a medida, teniendo en cuenta que todo encoge.

    Y dicen que es bueno, utilizar materiales de excelente calidad, y hacer anchos y profundos los cimientos…Digamos que a prueba de malentendidos, de adversidades, de vientos inesperados.

    Nada cura las heridas como un bello sueño…

    Pero todo lleva su tiempo y tiene su trabajo a realizar, y hay que estar pendiente de ese sueño, casi como si fuera un recien nacido, pendiente de sus gestos, de sus muecas, de si rie, de si llora…Y sobre todo uno tiene que estar preparado de su resultado final, pues pueden existir ciertas sorpresas no queridas…Y si eso ocurrira, hay que saber salir de entre los escombros…Y empezar de nuevo a querer construir un lindo y maravilloso sueño, como el que yo he tenido con Usted, desde el 27 de Abril, cuando me puse a sus pies, Adorable Ama, Distinfguida Alteza.

    Bueno mi Dueña, espero no molestarle con estos agradecimientos, que me permiten acercarme un poco más a Usted. Confesarle lo que vivo, transmitirle lo que siento.

    Hay muchas cosas que tengo que ir aprendiendo sobre la marcha…No tomar refrescoas, pues no los hicieron para esclavos, eso solo las Amas como Usted tienen el derecho a consumirlos, nunca un esclavo suyo…habiendo agua en los grifos…Y lo comprendo Mi Ama. Hay tantas cosas que no se hicieron pensando en los esclavos…

    No le hago perder más tiempo Excelentisima Majestad. Sé que me arrastro a sus bellos y divinos pies, como un gusano, como una culebra…Para ponerme a sus órdenes. Cada segundo que vivo como esclavo suyo, lo consumo con cierto temor, Ama mia, pero con mucha intensidad…Y no quisiera que pasase el tiempo nunca, para seguir atado a sus deseos, para sentir su divino pie sobre mi nuca, ejerciendo ese poder que Usted tiene sobre mi.

    Gracias Majestad, gracias Alteza, por dejarme saborear ésta esclavitud, nueva para mi, que me arrastra como los vientos, y me lleva a estar a su merced incondicionalmente.

    Gracias por siempre, Mi Ama. Sublime Alteza.

    Se despide su siervo, su esclavo, su humilde felpudo:

    «gusano»

  • Y pensar que a algunos les gusta

    Y pensar que a algunos les gusta

    Me llamo Diego y estoy casado con Ely desde hace tres años. Nuestra unión, al cabo de un año de noviazgo, fue consecuencia del enamoramiento mutuo. Tengo treinta y nueve de edad y le llevo cinco. Soy del montón, no se van a dar vuelta para mirarme pero tampoco provoco rechazo.

    En cambio ella es una hermosa mujer en el aspecto que uno quiera enfocar. Físicamente muy linda, buen gusto en el vestir sin ocultar pero sin mostrar, educada, culta y sumamente femenina. En el trabajo está bien considerada por su seriedad y eficiencia. Es verdad que su sueldo es modesto pero mis ingresos bastan y sobran para nuestras necesidades, por lo cual su remuneración la usa para darse algunos gustos.

    Nuestra unión discurría placentera y apaciblemente en todos los aspectos hasta el día en que una fatídica llamada telefónica trastornó toda la relación.

    Una mañana, poco antes del mediodía estando en casa, la llamé al celular por una necesidad que se había presentado en mi trabajo y que ella seguramente estaría en condiciones de asesorarme. Con el aparato pegado a la oreja escuché una voz de hombre preguntando quién era, recibiendo como respuesta

    -“Callate es mi marido”, después, sin darse cuenta que habían hablado con la comunicación abierta, respondió.

    -“Hola”

    En una fracción de segundo sentí asombro, dolor, bronca y retorné al equilibrio, algo francamente milagroso.

    -“Hola querida, quería hacerte una consulta. Decime dónde estás así nos juntamos”

    -“No te molestes, estoy en un negocio, pero como no tienen lo que busco en unos minutos salgo para casa pues no tengo que volver al trabajo”

    -“Perfecto, yo también voy para casa”

    Aunque no era una evidencia concluyente, la imaginación se puso totalmente en mi contra. El dolor retornó con intensidad abarcando desde la coronilla hasta el dedo gordo del pie. Doblado por el agobio salí y tomando el auto estacioné en la cuadra anterior a la de casa. Quería verla llegar. Habrían pasado veinte minutos cuando un auto se paró un poco más allá de donde estaba yo, y ella se bajó para continuar caminando. Cuando estaba entrando arranqué y llegué detrás.

    Acostumbrado a verla impecable, segura de sí misma, con semblante reflejando su agrado de volver al hogar, me sorprendió su aspecto. Su peinado ligeramente desprolijo, la cara seria y la chaqueta abierta dejaba ver un botón de la camisa abrochado con el ojal de más abajo, como si hubiera salido a las apuradas. Simplemente me dijo “Hola” mientras caminaba directo al baño. Cuando salió me encontró concentrado frente al televisor mirando un partido de fútbol. El resto de la jornada casi no cruzamos palabras. Sin reconocerlo, ambos sabíamos que lo nuestro se hundía.

    Y así pasó un mes y medio, ella tratando de que todo volviera a la normalidad pero sin dar ninguna explicación y yo, ante pruebas tan endebles, tampoco podía pedirla. Por supuesto que desde ese momento desapareció nuestra intimidad.

    De la misma manera que una casualidad produjera la fractura de mi matrimonio, otro momento de puro azar me dio la certeza de portar unos buenos cuernos. Iba caminando para hacer un trámite cuando veo venir en mi dirección a Irma, una compañera de trabajo de Ely con la cual tengo una afectuosa relación. Este nexo se inició tiempo atrás, cuando a ella se le presentó una emergencia y yo la ayudé con una cantidad de dinero que le permitió salir del apuro. A pesar de que me devolvió hasta el último centavo, dice estar en deuda por siempre. La invité a tomar algo y ponernos al día pues había pasado un buen lapso desde la última vez que nos vimos. Cuando me preguntó cómo andaba no pude disimular y le conté del enrarecimiento de mi relación matrimonial. Su respuesta me paralizó al punto de reaccionar solo cuando me tomó de la mano diciendo que lo sentía.

    -“Vos sabés cuanto te aprecio y por eso me duele tener que decirte esto. Ely hace tiempo que mantiene un amorío con nuestro jefe de área”

    -“Cuanto tiempo”

    -“Alrededor de tres meses”

    Después de unos minutos de silencio, con la mirada perdida, y haciendo un esfuerzo sobrehumano para que el dolor y la bronca no me dominaran, le dije que necesitaba de ella un gran favor.

    -“Solo te pido que en la primera oportunidad que los veas saliendo juntos me llames inmediatamente por teléfono”

    -“Dalo por hecho”

    -“Te ruego me perdones pero esto me tiene muy mal, necesito irme a casa”

    Así, destruido terminé la reunión. Los días siguientes fueron una prueba de fuego para disimular lo que sentía hasta que llegó la llamada que esperaba.

    -“Recién acaban de salir”.

    -“Gracias”.

    Hice un cálculo rápido, diez minutos para llegar, cinco para calentar, diez de acción hasta llegar a la cúspide, entonces la llamo en veinticinco. En el tiempo calculado hice funcionar el teléfono.

    -“Hola Ely, te llamé al trabajo y me dijeron que recién habías salido. Necesito verte cuanto antes”.

    -“Estoy en el shopping buscando un pantalón”.

    -“Perfecto, en diez minutos te encuentro en la entrada que da a la avenida”.

    -“Dame un poco más así puedo terminar”.

    -“No hay problema, que sean veinte”.

    En el tiempo acordado más dos minutos de espera la llamé nuevamente.

    -“Estoy esperando y no te veo aparecer”.

    -“Perdoname me confundí, estoy en la otra entrada y me acabo de encontrar con mi jefe que nos invita un café”.

    Luego de ser presentados me arrimé a ella para darle el protocolar beso en la mejilla. Cuando mis labios estaban al borde de tocar su cara, en lugar de sentir el perfume que habitualmente usa, percibí otro olor, por lo cual me retiré. Ya sentados la miro con detenimiento y no puedo dejar de decirle lo que veo.

    -“Ely estás desconocida. Peinado desprolijo, maquillaje ligeramente corrido, pálida, sin aros ni colgantes, la blusa totalmente abotonada, olor a saliva en el cuello, facciones desencajadas y manos temblorosas. Realmente notable, pero dejemos eso que ahí viene el café que nos han invitado”.

    Después de una charla insustancial, durante la cual mi mujer empeoró su aspecto, nos despedimos del caballero para regresar a casa. Apenas cruzamos la puerta la tomé del pelo para inmovilizarla y le arranqué blusa, corpiño, falda y bombacha.

    -“Veamos qué nos dice lo que está bajo la ropa”

    Obligándola a girar pude ver un moretón en el cuello, uno en cada pecho y dientes marcados en la nalga derecha. Al soltarla se arrodilló en el piso mientras llorando me decía.

    -“Te pido perdón, estoy arrepentida de haberte engañado, te juro que nunca más se va a repetir”

    -“Lo que quiero es saques ya todo lo tuyo del baño y del dormitorio llevándolo a la habitación de huéspedes. Aquello que, dentro de una hora, haya quedado, lo pondré en la calle junto con la basura”

    -“Por qué”

    -“Porque el dormitorio y el baño son del matrimonio, del cual vos, ya no formas parte”

    Mientras ella, en camisón y llorando, hacía el traslado yo cambié la ropa de cama por otra recién lavada. Luego almorcé en un restaurant cercano y regresé buscando dormir la siesta, algo que no pude hacer. La tarde me tuvo ocupado en dar de baja las extensiones de tarjeta de crédito que le había dado, cerrar la caja de ahorro donde yo depositaba para sus gastos y cancelar su pertenencia a una prepaga de salud. Lo que era posible lo hice por teléfono para que se enterara sin tener que hablarle. Naturalmente que al darse cuenta de ello me habló.

    -“¿Me pensás dejar en la calle?

    -“No es mi intención. Mientras estemos legalmente casados tendrás casa y comida sin ninguna obligación de tu parte, pero una cosa es no poder quitarme los cuernos y otra es pagar para que me crezcan. Además te prohíbo ingresar a mi dormitorio, a mi baño y a mi escritorio. Por supuesto que no podés invitar ni hacer entrar a nadie, pues ya no sos la señora de la casa”

    -“¿Por qué me haces esto?

    -“Lo único que hago es aceptar lo que decidiste. En algún momento hiciste una opción entre la relación matrimonial y otra paralela y por fuera de la primera, sabiendo que no era aceptable mantener las dos simultáneamente. Pues bien, ahora te libero de todas las trabas que tenías por ser mi esposa. Tranquilamente podés hacer lo que quieras, con quién quieras, en el horario que te parezca más cómodo, la cantidad de veces que se te ocurra y con cuántos hombres te venga en ganas. Se acabó fingir ocupaciones, mentir sobre reuniones, simular amistades, y tener que dar excusas inverosímiles”

    Al día siguiente estaba en mi negocio cuando recibo una llamada de Ely.

    -“Por favor no cuelgues, José quiere hablar con vos”

    -“No tengo idea quien es José”

    -“Mi jefe”

    -“Pasámelo”

    -“Hola Diego, desearía poder hablar un rato con vos. Si tenés tiempo ahora, nos podríamos juntar en un café”

    -“Perfecto, te espero en la esquina de mi negocio, que es un sitio tranquilo. Ely te puede indicar cómo llegar”

    Pasados unos minutos fui al lugar acordado y me ubiqué en una mesa alejada a esperar. Cuando llegó, después del obligado saludo, ambos coincidimos en pedir un café.

    -“Te escucho”

    -“Mirá, Eli me contó cómo están ahora las cosas entre ustedes. Yo quiero pedirte perdón pues en parte soy culpable de lo sucedido ya que la presioné laboralmente para que accediera a tener relaciones conmigo”

    Lo miré unos segundos a la cara y luego, simulando un mensaje entrante al celular, lo saqué, activé el grabador y lo volví a guardar.

    -“Estos aparatos que no te dan descanso. Voy a repetir lo que dijiste a ver si escuché bien. Vos te sentís en parte responsable de que Ely me haya sido infiel y por eso me pedís perdón. Así es?

    -“Sí, así es”

    -“Espero no abusar de tu paciencia, pero para entender bien necesito hacerte unas preguntas sencillas”

    -“No tengo problemas en contestarte”

    -“A Eli trataste de seducirla porque te pareció atractiva o porque era mi esposa?”

    -“Ni sabía que era tu esposa, simplemente me atrajo”

    -“Cuanto tiempo llevan en esta relación?”

    -“Unos tres meses”

    -“Cuántas veces por semana?”

    -“Dos o tres”

    -“Eso significa dos por semana, trece semanas, veintiséis veces. Y la tuviste que presionar todas las veces?”

    -“No sólo dos”

    -“Entonces no te preocupes, nada tengo que perdonarte. No somos amigos sino apenas conocidos. No me debes lealtad ni fidelidad. El problema es de Eli que sí tenía obligación de serme fiel. Quizá le tengas que pedir perdón a ella por haberla acosado en el trabajo. Conmigo nada, así que no te robo más tiempo”.

    -“Hay algo más, Eli dice que está embarazada”.

    -“Qué notable tener que enterarme por vos y no por ella, de cuanto cree estar?”

    -“Mes, mes y medio. Vas a ser papá”.

    -“No digo imposible pero sí muy difícil. Hace dos meses, cuando la llamé, que ella atendió con vos al lado y escuché la conversación entre ambos, dejé de tener intimidad con ella. Aparte hace más de un año que yo uso preservativo, porque a Eli las pastillas le producen trastornos. Te dejo, suerte”. Saco el celular, apago el grabador y en el momento de guardarlo me dice.

    -“Hay algo más que debieras saber”.

    -“Soy todo oídos”.

    -“Eli es una buena mujer y te quiere. Simplemente fue débil. Prueba de ello es lo que paso la segunda o tercera vez que salimos. Estábamos al borde del orgasmo cuando en mala hora le pregunté si yo la cogía mejor que su cornudo. Sin decir palabra me empujó sacándome de encima, se vistió, fue al baño a arreglarse y cuando estaba por salir se volvió diciéndome ‘Mi marido no tiene la culpa de que yo sea una puta, la próxima vez que de alguna manera te refieras a él no me vas a ver más, pase lo que pase’”.

    -“Gracias por el dato, lo anotaré en papel para colgarlo en uno de los cuernos. Chau”.

    La hermosa señora, jovial, de mirada luminosa, habitualmente sonriente, con elegancia sugerente sin mostrar nada, artista en combinar ropa, accesorios y adornos de manera que siempre parecía estar estrenando, amable y normalmente optimista, suavemente maquillada resaltando su natural belleza, un peinado haciendo digno marco a sus delicadas facciones, con voz de tonalidad musical, desapareció de la noche a la mañana.

    Al día siguiente de mi charla con su jefe, verla salir para el trabajo fue encontrarse con otra persona. Pantalón y chaqueta holgados, con camisa abotonada hasta el cuello. Sin maquillaje ni adornos. Pelo atado atrás en una coleta. Cara seria, ojos apagados con un dejo de tristeza. Erguida pero con los hombros un tanto caídos como quien soporta un peso. La voz monocorde y apática.

    Con el correr de los días pude ver que su otrora nutrido vestuario se reducía a seis conjuntos a ser usados en rutinaria periodicidad. Del mismo modo, el abundante repertorio de cosméticos quedó limitado a cuatro o cinco cosas. Las carteras dieron paso a dos pequeños bolsos y los adornos directamente desaparecieron.

    Unos tres meses después se produjeron dos cambios notables. Uno fue causado por la señora que desde antes de casarme se ocupaba de las tareas de la casa, y que al salir Ely para el trabajo se acercó.

    -“Señor, puedo hablar con usted?”

    -“Por supuesto María”

    -“Señor, usted es un hombre bueno, cuídela a la señora Ely que es buena y lo quiere”

    -“María, sabés lo que hizo Ely?”

    -“Sí señor, ella me lo dijo”

    -“Y seguís con la misma opinión?”

    -“Sí señor, porque ambos se quieren. Sigan peleados si no hay otro remedio, sólo le pido que no la deje caer”

    Al mediodía, estando los tres en casa, María perseverante como ella sola, nos pidió hablar con los dos y por supuesto accedimos.

    -“Señora Ely y señor Diego, tengo un problema que entre los dos me lo pueden solucionar. El distanciamiento entre ustedes, sobre lo que no opino, me duplica el trabajo y además hace que no salga bien. Como comen a destiempo y en distintos lugares me obligan a servirlos por separado y a uno de los dos recalentarle la comida. Me harían un favor grande si comieran juntos”

    De ese cambio surgió una mínima comunicación por la cual me enteré de los resultados de estudios médicos periódicos, de la fecha probable de parto, de que era varón y se iba a llamar Benjamín.

    Otro cambio palpable fue la vestimenta. Al empezar a abultar el abdomen se hizo confeccionar tres vestidos amplios que fueron su única indumentaria durante los cinco últimos meses de embarazo. Su vida transcurría entre el trabajo, preparar lo necesario para la criatura de venía incluidas algunas compras, la lectura y algo de televisión. Del padre solo me dijo que había sido destinado a otra sede sin tener ninguna noticia de él.

    Cuando llegó el momento la llevé a la clínica y me quedé con ella hasta que la dieron de alta. Algunas noches, cuando la veía agotada, le daba la mamadera y cambiaba al bebé. En una de esas oportunidades, cuando fui a buscarlo pues había estado llorando, la encontré acostada dándole la teta y con lágrimas que bajaban como río por las mejillas. Con pañuelos descartables le sequé la cara preocupado por lo que veía. Era la primera vez que la tocaba después de esa época tristísima.

    -“Te puedo ayudar en algo?”

    -“Estoy bien, simplemente cada día me duele más lo que te hice”

    Con Benjamín establecimos tempranamente una relación muy cercana. Mis brazos eran sus preferidos aun frente a su madre, y era muy común que se durmiera acostado conmigo con su cabeza en el hueco de mi axila izquierda. Ya con algo más del año una noche después de cenar, mirando dibujos animados en el televisor, ocurrió lo esperable, se quedó dormido en mientras lo tenía abrazado. Su madre, que jamás trasgredió la regla de no entrar a mi pieza, desde la puerta me pidió si podía llevarlo a su cama. Cuando miré hacia donde estaba vi la cara triste de una persona abatida que se esforzaba para mantenerse en pie.

    Acomodé la criatura sobre la almohada, fui hasta ella, le tomé una mano haciéndola entrar y la abracé. Estuvo varios minutos llorando sobre mi hombro, recibiendo mis caricias en la espalda y besos en la frente y las mejillas. Cuando se calmó y levantó la cabeza nuestros labios y lenguas reanudaron la dulce tarea interrumpida dos años atrás. La acosté a los pies del niño y mi boca se dedicó a saborear su cuerpo desde el cuello hasta la entrepierna con el resultado de dos orgasmos que la dejaron inerte. Las palabras recién brotaron cuando se repuso.

    -“No voy a durar ni dos minutos dentro hasta correrme”

    -“No importa ya gocé más que suficiente, entrá hasta el final y dejame sentir la fértil descarga que me dé un hijo tuyo”.

    -“No quiero reemplazo para el hijo que ya tengo”.

    -“Entonces hagamos una nena”.

    Tomé sus piernas, llevando las rodillas a tocar los hombros. Ella agarró mi pija y la puso justo para entrar.

    -“Mi vida, haceme tuya nuevamente”.

    El ingreso fue lento, disfrutando cada milímetro que recorría, gozando de las contracciones vaginales con que ella me acompañaba, mientras sus palabras resonaban en mi oído dándome una bienvenida tanto tiempo esperada. Cuando empecé los latidos de la corrida me ciñó con brazos y piernas diciendo en voz alta.

    -“Gracias Dios mío por devolverme el amor que nunca debí perder”

  • Detenida por los policías del trabajo (Final)

    Detenida por los policías del trabajo (Final)

    El día pasó muy rápido porque estuve ocupada con asuntos de mi área, los resultados no eran los esperados en general y estábamos haciendo ajustes a los presupuestos de cada tienda cuando recibí una llamada de uno de los polis, quería saber cuánto más tardaría en desocuparme porque querían llevarme ya a la cita que teníamos.

    La verdad es que ni tiempo de pensar en eso había tenido, y al darme cuenta de la hora que era ya, le dije que en un rato bajaba.

    No pareció contento con la respuesta así que traté de apurarme lo más pude y cerca de las 7 pm por fin terminé mis pendientes, debo decir que la hora de salida es normalmente a las 5 pm así que para esos momentos la oficina estaba casi vacía.

    Estaba terminando de apagar mi PC cuando sentí la presencia de alguien en la puerta de la oficina y volteando vi que eran un par de polis que estaban ya impacientes.

    Poniéndome de pie y sonriéndoles caminé hacia ellos.

    -Vamos ya!

    Su actitud era muy seria, ambos me tomaron cada uno de un brazo y caminando así salimos de la oficina rumbo al estacionamiento.

    Parecía que me llevaban detenida! probablemente ese era el efecto que querían provocar ahí que los deje hacerme como quisieran ya que está era su fantasía.

    Al salir del elevador rumbo a mi auto salió el poli que faltaba de la caseta y adelantándose a nosotros dijo:

    -Métanla a la patrulla!

    Iba a decir algo cuando vi que dos compañeros de la oficina salían en su auto aún quitarme la vista de encima dándose cuenta perfectamente que los polis me llevaban «detenida»…

    Uno de ellos detuvo su coche y bajando el cristal de su puerta me dijo:

    -todo bien Mariela?

    Dándole un guiño le respondí:

    -sí, todo bien Esteban, gracias!

    Entendiendo que esta era una de mis locuras de alejó en su auto.

    Llegó la patrulla y me subieron dejándome en medio de dos de los polis mientras el otro manejaba hacia la salida del centro Santa fé.

    Al salir de la rampa del estacionamiento de empleados sentí las manos de los policías subirme el vestido. Justo cuando pasamos frente a un grupo de amigas de la oficina y alcancé a ver sus caras de sorpresa y terror de algunas de ellas mientras veían que iba en una patrulla.

    Los policías que iban sentados junto a mi empezaron inmediatamente a acariciarme las piernas subiendo mi vestido hasta la cintura mientras el poli que manejaba se dirigía al motel más próximo ansioso también de tener lo suyo.

    Llegamos al motel rapidísimo y al entrar en nuestro garaje ya los polis me acariciaban todo el cuerpo mientras yo los besaba alternadamente.

    Bajamos de la patrulla y subimos rápidamente a la habitación, uno de ellos llevaba una bolsa con dos botellas y vasos.

    Al cerrar la puerta el último, mientras uno de ellos preparaba los tragos, me senté en un sofá del amor esperando instrucciones.

    Volteando a verme, uno de ellos me dio un trago y brindamos por esta esperada cita por ellos.

    Normalmente, no tomo mucho cuando salgo con alguien así que pensé ese sería mi único trajo de la tarde-noche porque prefiero estar en mis cinco sentidos disfrutando del sexo, pero que equivocada estaba yo de los planes de los policías conmigo.

    Terminando mi trajo me dieron otro inmediatamente, tequila con toronja… y al darme la bebida de nuevo voltee a verlos curiosa y les pregunté:

    -No prefieren empezar con lo que venimos a hacer?

    -Sra. Mariela, hoy la vamos a poner borrachísima y después nos la vamos a coger entre todos! -Dijo el más callado y autor de las ediciones de los vídeos de las cámaras de seguridad de la compañía.

    -Pero, no es necesario -dije parándome a bailarles cachondo a los tres.

    -Nada, nada! -Dijeron los tres polis- queremos verla peda hoy señora Mariela y de aquí ni sale hasta que estés completamente perdida!

    -como la encontramos en su coche el otro día! -Dijo otro de ellos.

    -Pero ese día no estaba borracha!

    Mientras decía esto los otros polis me veían con lujuria desmedida y decidí dejarlos hacer lo que quisieran conmigo esa noche.

    Caminando moviendo mis caderas, me senté en la amplia cama y dos de ellos se fueron a sentar inmediatamente junto a mi mientras el otro seguía preparando tragos para nosotros.

    Al llegar la tercera ronda de bebidas Todo era ya risas y buena vibra entre todos, o así lo creí yo.

    Lo que no sabían ellos era mi condición de hotwife y al darme cuenta de que uno de ellos ponía su teléfono celular en la esquina del tocador para grabar todo pregunté curiosa:

    -Que hacen? Van a grabar todo?

    -Sí, queremos que está no sea la única vez, y este será nuestro pasaporte a otras salidas, si te niegas, le enviamos esto a tu esposo!

    -Nooo -dije siguiéndoles el juego, su supieran que tipo de vida llevo!

    Pero bueno, entre tragos empezaron a preguntarme cosas más personales de la gente con la que me acostaba de la oficina y tú feliz les respondía a detalle de cómo me cogían.

    Al terminar su trago uno de los polis se puso de pie y me quitó el vestido, otro de ellos me quitó las medias y quedé completamente desnuda frente a ellos, volví a ponerme las zapatillas y seguimos cachondeando mientras me daban de nuevo otro trago.

    Empezaba a sentir algo más que euforia en el cuerpo, síntomas de una borrachera que empezaba para mí. Ellos se desnudaron también y antes de que pudiera abrazarlos se levantaron de nuevo rápidamente de la cama y tomando cada uno mis brazos, los estiraron apuntando hacia las esquinas de la cama. El otro sacó sus esposas y me esposaron a las esquinas de la cama.

    Caliente como estaba ya, empecé a mover las caderas abriendo mis piernas pidiéndoles que me penetraran ya.

    -Cójanme yaaa! -gemía caliente por estar a la disposición de ellos, el último al que mamé por la mañana se animó y se subió a la cama conmigo…

    Mi raja velluda estaba ya destilando jugos por lo caliente que estaba y empecé a inundar la habitación con ese olor característico de cuando estoy caliente.

    -WOW -dijo uno de ellos- huele a sexo bien cabrón!, ese olor lo reconozco! Muchas veces lo he olido cuando pasas frente a nosotros y te vas con algún hombre de la oficina!

    -Sí, así me pongo cuando estoy realmente caliente! -Casi grité frente a ellos- Métanme la verga yaaa!! -Gemí desesperada…

    El poli empezó a besarme el cuello y el cuerpo despacio, aumentando mi calentura. El tequila también empezaba a hacer su efecto y me empecé a sentir algo mareada.

    Cuando llegó a mis tetas y empezó a mamarme los pezones, aullé de placer y los otros polis empezaron a acariciarme también el cuerpo, al sentir el glande del poli acomodarse en la entrada de mi velluda vagina lo mire fijamente y le dije:

    -cógeme ya! Meterme la verga y seré su puta también! Damelaaa!

    Entro de una sola estocada hasta el fondo y chillando de placer empecé a mover las caderas como poseída mientras los otros dos me besaban y acariciaban las tetas y piernas.

    Mientras me penetraba profundamente ese poli, otro me acercó la botella de tequila y empecé a tomar cuando me dijo:

    -tómale o te la saca!!

    Dándole un trago grande mientras me seguían cogiendo sentí claramente como mis ideas y palabras empezaban a confundirse.

    Sentí como el poli se bajó de mí, supuse se había venido ya y otro me monto pero sentí como al tratar de decir algo mis palabras salían lentas y sin sentido.

    Estaba totalmente ebria!! Los otros polis se quedaron viendo como trataba de articular mis ideas pero era francamente imposible.

    Escuchaba que me decían cosas mientras me seguían cogiendo pero no entendía ya que estaba pasando. El último poli se subió encima y empezó a cogerme mientras los otros me decían obscenidades.

    Al venirse el último, me dejaron un rato esposada mientras yo trataba de decirles que me soltaran, finalmente uno de ellos me soltó y me dio mis cosas para que me vistiera de nuevo mientras ellos seguían festejando como me habían cogido.

    Salimos de nuevo rumbo a Santa Fe donde me dejaron dentro de mi coche esta vez vestida, pero completamente cogida y borracha…

  • Deseo de leche en mi cara

    Deseo de leche en mi cara

    Solo estábamos chicas, o mejor dicho ya señoras. Habíamos decidido tomarnos una noche para nosotras así que bebíamos y bailábamos en el departamento de Carla que es soltera por cierto.

    Estábamos, Carla, Regina, Pamela y yo Alejandra. Todas somos un relajo aunque unas más que otras. Ya cuando estábamos cansadas, pusimos algo de música más tranquila y solo bebíamos, empezamos con anécdotas sobre nuestra juventud y las de nuestra edad hahaha aunque la única soltera es Carla. Tengo que decir que todas estamos entre los 40 y 45. Y bueno lo clásico de que casi no nos tocan, a veces si hay buenas folladas otras no.

    Y empezamos a contarnos intimidades, por ejemplo Pamela que es delgada y nalgoncita pero no caderona, le gusta que la carguen y que le metan una polla, así nos los conto. A Regina le gusta fantasear con su marido que es una prostituta y la contratan para follar, dice que le pone mucho ser cogida, que la contraten que incluso ha pensado pararse en una esquina con las prostitutas pero le da miedo, nos digo que cobraría 1000 pesos mexicanos hahaha. A Carla le gusta que le hablen sucio muy sucio, le preguntamos cómo que cosas y nos dijo que le gustaría que le dijeran “Quiero llenarte de verga, vamos mámamela puta, quiero reventarte el culo”.

    Y bueno cada una tiene su fantasía, la mía es que me llenen la cara de leche, les dije que quería alguien lechero Haha que me aviente mucha leche en la cara, disparos gruesos, fuertes, que escurra yo de la cara y caigan por mis tetas. Mi marido ni le sale tanta, igual es por la edad no sé.

    Creo que lo conté muy excitante porque Carla nos enseñó una foto, presumiendo claro. De ella, su cara llena de leche, tenía la cara repleta de grumos de leche, gotas gruesas en su cara se veía muy sucia muy deliciosa, le dije que la hubiera lamido haha y todas nos reímos, pero era cierto la hubiera lamido.

    Yo quedé muy mojada, supongo que todas. Ya al levantar algunas cosas, Regina se acercó a mi y me empezó a platicar que había conocido un chico por internet, un joven. Me enseñó unas fotos, un joven pues buen parecido, de unos, 24 años le calculo, que la quería contrata pues puso un anuncio en internet para venderse, le excitaba mucho eso, bueno en las fotos el joven le mando una donde se había corrido en si tableta con una foto de sus tetas y dios mío! Cuánta leche! Muy rica se veía yo estaba muy excitada y encima veía un trozo de su verga, negra gruesa, algo venuda, pero no sé veía toda.

    Quedé fascinada y toda mojada a mil por hora, se me quedó grabada esa imagen, no me contuve, y ella lo sabía, me dijo que podía pasarle mi contacto. A mí me dio miedo por mi familia así que le dije que yo le avisaba, que crearía un perfil falso.

    Durante semanas estuve pensando si hacerlo o no, cree el perfil pero no estaba segura si decirle o no a Regina. Hasta que me anime.

  • Una batalla perdida

    Una batalla perdida

    Eran las 6:00 pm y pensé en irme a casa, de repente vi que alguien me escribió si estaba disponible para hacer un masaje a domicilio en un hotel al Sur de Medellín. Le envié el brochure de mis servicios y respondió que estuviera allí apenas terminara el partido de Colombia. Fui a la cabina a recoger mis pertenencias, saqué un labial color rosa de mi bolso y lo apliqué en mis labios, me hacía sentir sexy y segura. Cogí una camilla portátil, empaqué aceites, velas, exfoliantes y esencias. Tomé un taxi y salí rumbo a donde me habían citado. Faltaban unos minutos para llegar al hotel, me miré al espejo, percatándome que estuviera impecable. Saqué mi cartera y le di un par de billetes al conductor. Me bajé, cogí mis pertenencias y aprecié la hermosa noche; la luna estaba grande, redonda y el cielo despejado.

    Llegué a recepción y me anuncié: buenas noches, mi nombre es Aileen. Vengo para la habitación 1005 a donde el Sr Miguel. Te está esperando- dijo la recepcionista. Caminé hacia el ascensor y sentí que alguien me estaba observando. ¿Aileen?- preguntó un hombre. Sí, ¿tú eres Miguel?- respondí, -Sí, mucho gusto- agregó. ¿Te ayudo con tus cosas?- continuó. Me pareció un buen gesto y acepté. Presionó el botón del ascensor para subir a la habitación. Lo miraba de reojo para observar de quién se trataba. Rasgos mexicanos; 1,76 de estatura, piel canela, músculos definidos, 40 años de edad aproximadamente. Llegamos a la habitación y le recordé mis servicios para que eligiera. -Hazme el mejor- dijo. Pensé en hacerle el Body to Body, era el preferido de mis clientes, aparte de ser un masaje relajante, es la fantasía sexual de muchas personas. Disfrutaba hacerlo y ver sus expresiones delirantes y desquiciadas cuando no podían tocarme. Me encantaba sentir que los dominaba por un segundo.

    Abrí la camilla y saqué mis implementos, los coloqué en una mesa que había allí y le sugerí que hiciéramos el masaje en la camilla, manifestando que se sentía más cómodo en la cama. A lo que yo atendí, aunque no estuviera de acuerdo por mi columna. Prendí una vela y música suave. ¿Te desnudas por favor?- dije. A lo que el mexicano atendió. Le di la espalda y empecé a desabrochar mi camisa, la coloqué encima de una mesa, siguiendo con mi sostén. Bajé el cierre de mi pantalón y me fijé en los interiores; eran negros y de encaje, haciendo juego con mis suaves curvas.

    Di la vuelta y miré a los ojos de Miguel, veló mi cuerpo, logrando intimidarme lo cual no era común. Le indiqué colocarse boca abajo, aplicando un poco de aceite en mis manos y empecé a masajear sus pies. Entablamos una conversación y me di cuenta que visitaba ocasionalmente la ciudad por su trabajo, aparte compartíamos gustos y me llamó la atención. A continuación masajeé su espalda; la piel era reluciente. Coloqué dos dedos en el perineo y empecé a hacer círculos, levantó la pelvis, dando señal de que le gustaba y quería más.

    Disfrutaba mi trabajo, era todo un arte. Me colocaba en su lugar y casi sentía las sensaciones. Pasé un pie por el medio de mis senos Talla 34 y luego los dos. Mientras él expresaba lo bien que se sentía. Agregué aceite en mis manos y lo froté en mi cuerpo. Mi posición era como una gata cuando va a cazar a su presa, coloqué una rodilla en medio de sus piernas, el otro pie lo estiré y mis manos las arrojé hacia los lados, sin dar cabida a que el cautivo escapara. Continué deslizándome en su torso como una serpiente. Rozando las bubis por su cola de forma circular, luego la espalda, casi me acostaba encima de él. Respiraba fuertemente en su cuello, quería que su instinto animal se despertara, para después acariciar su miembro y lograr un estallido de líquidos. Acaricié suavemente el género y ya estaba en el punto que quería; fuerte y viscoso.

    Por lo general no pasaba a mayores con mis clientes. Era una calentona y los antojaba para que siguieran llamándome. Así le susurré al oído colocarse boca arriba, miré su pene y mi táctica le había hecho efecto, estaba tenso y apreciaba un hilo transparente, pegajoso y espeso. En la habitación nos acompañaba el silencio, se escuchaba nuestra respiración, mis pupilas se empezaban a dilatar, sentía calor entre mis piernas, se me olvidaba el papel de victimaria.

    Dominé mis emociones para seguir provocando al mexicano. Rozaba mis senos con su pene y volví a disfrutar su mirada, lo cogí con ambas manos y empecé a jugar. Con el dedo pulgar empecé a tocar el glande, estaba lizo y brillante, era rosado y provocaba succionarlo. Pasaba un dedo suavemente por el cuerpo cavernoso. Sus gestos eran de sollozo, le brindé una tierna sonrisa para bajar la tensión, estando tan impúdica y retorcida. Miguel era respetuoso, aunque me comía con la mirada y suspiraba, no se atrevía a sobrepasarse y provocaba que sacara el lado más marginal. Abrí mis piernas, trayendo su atención hacia mi sexo, quería que observara que estaba apetitosa de él. Clavó su mirada como lo esperaba, me incliné hacia atrás y apoyé mis manos en la cama, abrí aún más las piernas dejando ver un frágil capullo de flor, color rosado, destilando néctar y agarré su pene con mis pies, empecé a deslizarlo de arriba, hacia abajo, tenía el absoluto control. Miré a los ojos de Miguel y me respondía como si fuese una sádica y sin emoción. Pero mis pezones rosa tenían sentimientos, ya estaban disparados. El sudor corría por mi espalda, mi respiración se agitaba y sentía que el corazón se había bajado hacia mi sexo. Saltaba sin compasión.

    La tortura era grata, aunque mi instinto me dijo que iba a perder las riendas. Así que pensé en terminar. Recuperé la postura y me acerqué sigilosamente al cuello de Miguel, casi reposando mi cuerpo sobre el suyo. Su respiración fue mi droga por un instante y dejé de ser su ama, entrelazó sus dedos en mi cabello, saboreó mis labios con su larga lengua y bajo la cruel voluntad me embriagó con su saliva. Me abrazó y me dio la vuelta, sentía su bulto encima de mí. Respiraba fuertemente en mis labios y me agarró un seno, lo apretujó excitándome aún más, me besó el cuello y pasó su lengua por el medio de mi pecho, saboreó mis tetas, bajó al ombligo y lo rodeó con besos, me lamió por encima de las tangas negras y sujetó fuerte mis brazos con una de sus manos, por medio de la otra me corrió la braga hacia un lado e introdujo dos dedos en mi vagina, besándome los muslos salió un gemido eterno indicando mi primer orgasmo.

    Me desnudó y fui sumisa, me puso boca abajo y besó mi espalda, palpó mi culo con su lengua y levanté la pelvis, se arrojó encima y pasé a ser cautiva sin escape, vaciló mi vagina con su paca y lo atraje con mis pies, indicándole que me embistiera. Estaba tan fogosa que su miembro entró sin reproche, sentí resuello en mi cuello, giré y surgió un beso sinónimo de paz. Mi ego fue destrozado por cada penetración, fui su esclava toda la noche y desde entonces seguí asistiendo al mexicano.

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  • El demonio de Saint Clare (Capítulo ll)

    El demonio de Saint Clare (Capítulo ll)

    Los días marcharon como siempre, al menos a mi alrededor. Mi mente era un completo desorden; una parte de mí me sugería liberar al demonio, entregarme a él… Al fin y al cabo yo lo había provocado; la otra me animaba a luchar contra mí misma, a no volver a probar de dicho fruto. En mi mente redundaban las palabras de mi hijo: «Relájate mamá, sólo has atrapado a tu hijo mayor masturbándose.»

    Era verdad, le estaba dando más importancia de la que requería en aquél entonces. Con tres hijos varones en casa, encontrar a alguno de ellos dándose placer era de esperarse. Aun así, mi cuerpo, mente, y alma, reaccionaban ante memorias prohibidas.

    Reflexioné y resolví ignorar este tipo de pensamientos y hacer como si nada. Noche tras noche experimenté lo complicado que era resistirme a mis propios deseos. La imagen de mi hombrecito mayor desnudo predominaban en mi mente cuando hacía el amor con mi esposo, incluso cuando, a escondidas, visitaba a mi amante para disfrutar un poco de lo peligroso que era.

    Tener un orgasmo, tanto con el portador del mismo anillo de matrimonio que el mío; como con el hombre que termina de abastecer mis necesidades, no es un problema… Pero me aterraba pensar que desde hacían varios días, todas las veces que me corrí fueron inspiradas por mi hijo.

    Dos semanas más tarde me encontraba sola en casa. Había quedado en ir a casa de mi amante y tener sexo salvaje, mi conyugue no llegaría hasta el comienzo de la siguiente semana así que no sería problema.

    Después de un agradable momento de relajación en la piscina, subí para darme un buen baño.

    El agua caía sobre mis cabello, cuales adheridos a mi espalda conducían el agua hasta mis nalgas. Mis manos; una de ellas estrujaba mis senos; la otra frotaba con ganas mi enrojecido coño, alimentando mi pecado mientras me imaginaba siendo follada por mi hijo; cuando de pronto…

    —Buenas tardes mamá.

    La voz del protagonista de aquella película porno que reproducía mi imaginación, tomó parte en la escena más allá de la fantasía.

    Por poco y toco el techo con mis manos del brinco que di por el susto. Sorprendida, molesta, y confusa, después de reclamarle por invadir mi privacidad, le pregunté, ¿Qué hacía en mi baño?

    Encontrar a tu hijo masturbándose es una cosa, que él te sorprenda a ti haciéndolo es otra muy diferente.

    —Pagar con la misma moneda no es pecado; dijo del otro lado del panel de vidrio que nos separaba. A diferencia de ti.

    —Complementó, yo sí admitiré que me ha gustado lo que he visto.

    Una vez más su voz me sumía en un trance, sin poder pensar correctamente.

    ¿Cómo qué lo que has visto? —Le pregunté… ¿Cuánto llevas viéndome?

    El pudor me arropó por completo. Sin embargo, era incapaz de pedirle que se marchara, en el fondo quería llegar hasta dónde él quisiera.

    —¿! Qué haces!? Exclamé al ver, a través del cristal difuminado, su silueta desvistiéndose. Cuando terminó, caminó hasta deslizar lo único que nos separaba.

    Aquél hormigueo que recorría mi cuerpo desde el momento en que escuché su voz, aumentó al verlo dentro de la ducha.

    Hago de tu fantasía una realidad, —Contestó ante mi insistencia a la previa pregunta.

    Todo mi cuerpo temblaba, dentro de mi cabeza las cosas estaban en completo desorden. La figura en frente de mí no mostraba aires dubitativos, era serenamente imponente. Mi corazón quería salirse del pecho, mi voz se quebraba, pereciendo en el intento de pronunciar alguna palabra.

    Aún no había pasado a mayores, pero el solo hecho de estar desnuda frente a mi hijo, visto ahora como la ironía más cruel, hacía palpitar mi vagina.

    Mi mirada ascendió del suelo, pasando por su endurecido miembro, al cielo reflejado en sus ojos cuando una de sus manos me tomo por el cuello.

    No sé si él, pero yo me rendí de inmediato ante los mismos ojos que lo engendraron. Era como volver conectar con esa alma con la que no lo hacía desde hace mucho, la misma con la que muchas veces tuve encuentros como el que, por primera vez, estoy teniendo ahora con Sebastian, mi hijo.

    En un solo movimiento sus labios encontraron los míos. Sentí como si los conociera de toda la vida, de hecho, suspiré con una enorme satisfacción.

    «Después de tanto tiempo, —Pensé»

    Desesperación, locura, pasión… Fueron muchas las emociones que reviví en ese profundo beso.

    Sus manos extendieron las mías, cual ave en vuelo. Sus labios coqueteaban ahora con mi cuello en compañía de su lengua. Poco a poco descendió a mis pechos, chupando, lamiendo, estrujando.

    No pude aguantar más, estaba muy caliente; cosa que por mis gemidos le hacía saber; y me corrí.

    Cuando sus dedos tocaron mi caliente coño volví a suspirar profundamente; acción que fue pausada por el repentino atraco de sus labios, nuevamente a los míos; y reanudada con más intensidad al sentir como me penetraba el más largo de sus dedos.

    Muchas veces intenté palpar su enorme pene, pero por alguna razón que desconocía nunca me dejó, él me detenía.

    Los ruidos en aquella sala de baño pronosticaban el segundo orgasmo de mi panocha bien rasurada. Mis piernas se retorcían, la impotencia de no poder tocarlo me deba más placer… Aunque, sinceramente no creo que mis intenciones sirvieran de algo, ya que él era más que suficiente.

    Su pulgar se encargaba de mi clítoris, al mismo tiempo uno de sus dedos entraba y salía de mi empapado coño, y no sé cómo… Pero juro que mi culo también estaba siendo penetrado por uno de sus dedos; eso sin mencionar que me chupaba las tetas con afán… Todo al mismo tiempo.

    —¡Me corro! Exclamé.

    Segundos después mi cuerpo se contraía, haciéndome difícil la tarea de mantenerme en pie.

    Lo abracé, lo besé, lo toqué… Le pedí que me hiciera suya, que por favor metiera esa enorme cosa dentro de mí. La necesito, —Le confesé junto con mis deseos.

    Terminó arrodillándose ante mí. Llevé una de mis piernas por encima de su hombro, dejándola caer en su espalda.

    —Es increíble… Comentó mirando mi entrepierna. Cuatro hijos, toda una vida follando… Y mira como luce tu vagina; fueron sus palabras antes de empezar a comérsela.

    Sus palabras me avergonzaron, pero no pasó mucho para que a gritos le pidiera que me regalara otro orgasmo.

    Continuará…

  • Angela mi ex compañera de trabajo

    Angela mi ex compañera de trabajo

    Esto pasó hace algunos años con una ex compañera de trabajo, a la cual llamaremos «Ángela».

    En esos tiempos trabajábamos en un contact center para un banco muy importante aquí en México, para mi era una mujer inalcanzable; la describiré (1.68 de estatura, casi al uno ochenta con tacones una cara haciéndole énfasis a su nombre, como un ángel, piernas esculturales, un par de pechos proporcionados a su tamaño, cintura muy pequeña y eso sí, un culo de aquellos que necesitas un par de manos para sostener una sola de sus nalgas). Ella era amiga de una exnovia con la que salía en ese tiempo (de la cual les platicaré en otro relato).

    Y todo pasó así:

    Al no tener planes ese viernes, se me ocurrió decirle que me acompañara a una reunión en el sur de la ciudad con unos amigos; no lo pensó mucho para aceptar la salida, ella salía un par de horas más tarde que yo, así que decidí ir por los suministros para no perder tiempo, en anteriores pláticas me había comentado que era fan del tequila, así que como buen caballero le compre su respectivo litro de Don Julio, aparte de que me gusta quedar bien con ese tipo de detalles, y pues yo austeramente me compre un Bacardi, y claro una promo de Oxxo de Jack Daniels para no hacer tan tardada la espera en fin,

    A eso de las 19:00 h me marcó preguntándome donde estaba, a lo cual le respondí que en el estacionamiento, entre dimes y diretes llegamos medio jalados a la reunión, en la cual pues ya estaban mis amigos, a lo cual todos la chulearon y por detrás de ella me decían que si había modo. Y pues yo en ese momento les dije que no había problema.

    Por supuesto pasó la noche y bailábamos y bailábamos hasta que pusieron un poco de merengue, ya casi con media botella de tequila tomada ella sola, pues me anime a acercarla más en el baile y relegarla a mi, obviamente yo ya estaba muy caliente y ella lo noto, al oído me dijo «entonces es cierto lo que me dijo Lucia» con voz pícara y mordiéndose el labio, yo solo sonreí y sin pensarlo la besé, yo solo sentía su lengua atravesar mi garganta, mientras sobaba como podía ese perfecto culo, la siguiente frase que me dijo fue “vámonos de aquí”, mientras manejaba me besaba y besaba, y pues abrió mi cinturón y sacó mi miembro (he de decirles que es un poco grande 21 cm x 6 de diámetro, algo superior al promedio mexicano) solo sonrió y empezó a mamármela de una forma única, era una experta en el arte de la felación.

    Llegamos a un hotel el mismísimo Picasso en periférico, nos asignaron cuarto justo íbamos entrando y se me subió encima solo escuche salir de sus labios, «ahora si vas a ver qué es una mujer de verdad» se hincó y me chupo los huevos de una forma única masajeando mi glande, mientras chupaba mi escroto, antes de venirme apretó mi pito y se lo metió a la boca, sin dejar una gota de semen salir por sus labios, la levante y la senté en el potro del amor, quitándole esos jeans que se le veían exquisitos, y dejándola solo con su hilo dental negro el cual aún conservo, metí mi rostro en su entre pierna y empecé a besarle su zona pélvica, desde el beso suave hasta terminar con mordidas en su clítoris el cual está ya duro mientras más jugueteaba con el más gritaba, hasta que sin más sentí como se venía en mi rostro.

    Fue tan delicioso, deje que disfrutara de su orgasmo, y me senté en el potro la hice sentarse en mi, para esto ya estaba nuevamente empalmado, y dándome la espalda se dejó caer de una forma tan violenta que entró sin ningún problema, mientras más brincaba, más disfrutaba de la escena de ese precioso culo rebotar en mi abdomen mientras yo le sostenía esas deliciosas lolas, solo sentí como gritaba u se retorcía con cada orgasmo, fue momento de pasar a la cama y me metí ente sus piernas, en ese momento las subí a mis hombros y empecé a bombear de una forma única parecíamos perros en celó, era tan delicioso el cachetearla, morderla, hacerla mi puta, sin más la volteé dándome ese precioso culo, inicie de un perrito inigualable.

    Solo sentía como tronaban mis huevos con su clítoris, y fue cuando metí mi dedo en su delicioso ano, ella solo dijo «métemelo ahí métemelo ahí» no dude ni dos minutos, cuando metí de un solo golpe mi pito en su ano solo gritaba como perra en celo, cogimos de una forma perversa hasta que le llene de semen el ano ya no fue mucho, pero poco pero bien atendido, fue cuando el cansancio y la peda nos dejó muertos, recién habíamos dormido cuando nos marcaron a la habitación, indicando que ya se había acabado el tiempo.

    En ese momento nos vestimos y la lleve a su casa sin antes decirle que era la mejor de mis putas, ella solo volteó me beso y me dejo su tanga de recuerdo.

    Saludos.