Autor: admin

  • Mi primer trío con mi novio y Braulio

    Mi primer trío con mi novio y Braulio

    Les quiero contar como fue mi primer trío. Yo tenía 24 años, soy mediana de estatua, no delgada no gorda, pero con grandes pechis y nalgas proporcionadas. Mi novio -a quien llamaré Gerardo- tenía un año más que yo, alto, fornido. Él llevaba tiempo insistiéndome en que hiciéramos un trío con un compañero suyo al que llamaré Braulio, un día de pronto me dijo que Braulio estaba por llegar, ya me había dicho eso antes y no era verdad, así que no le tomé importancia. Nos acabábamos de despertar después de una larga noche de sexo, yo únicamente vestía una playera suya y mis pantis e incrédulamente no hice por vestirme.

    Unos minutos más tarde sonó el timbre y él fue a abrir la puerta, cuando volvió venía acompañado de Braulio, yo estaba medio en shok en primera porque realmente estaba él ahí… En la habitación!! Y yo estaba muy poco vestida acostada en la cama cubierta por mantas… Y para variar: súper caliente pues Gerardo había estado manoseándome ampliamente antes de que Braulio llegara.

    Nuestro invitado es bastante más alto que mi novio, delgado pero con anchos hombros y manos tentadoras, tan pronto como entraron, Gerardo lo invitó a ponerse cómodo en la cama, no era la primera vez que lo veía por lo que me saludó pícaramente, aunque hasta ese momento no había habido ni coqueteo ni nada entre él y yo.

    En fin, quedé entre ambos y Gerardo luego de una breve conversación sin importancia, comenzó a besarme y siguió recorriendo mi cuerpo bajo las mantas, yo intentaba resistirme ante la mirada juguetona de Braulio, pero al final lo caliente me ganó. Gerardo me quito la playera bajo la cobija y poco a poco se fue bajando a instalar su cara entre mis piernas. Intenté mantener una expresión normal en el rostro pero era súper difícil porque por un lado, Braulio sabía lo que estaba ocurriendo bajo la manta: Su amigo estaba haciéndome sexo oral. Y por otro, sentía la lengua de mi novio recorriendo mi vagina, entrando y saliendo de mí. Chupando mis labios vaginales y mis jugos a la vez que introducía sus dedos para masturbarme.

    Al principio Braulio solo me miraba, pero cuando ya no pude más y cerré los ojos abandonándome a las sensaciones… Bajo la manta para dejar al descubierto mis pechos, sin decir nada, tomó uno con su mano y comenzó a masajearlo, apretando suavemente el pezón que se erigía para él, al mismo tiempo que chupaba y mordisqueaba el otro. Era una sensación gloriosa, en parte también por la adrenalina y el morbo de tener a dos hombres recorriéndome así.

    Cuando terminé en un fuerte orgasmo, Gerardo se levantó, quitando por completo la manta de encima de mí. De inmediato se fue a besarme como nunca, yo estaba como hipnotizada, pero me percaté de que Braulio estaba aprovechando para desvestirse, Gerardo me instó a que le acariciara la entrepierna a su compañero y vaya sorpresa, estaba mucho mejor dotado que mi novio que le dijo a Braulio que me probará y este ni tardo ni perezoso fue a continuar con la labor que mi novio hacía unos momentos antes entre mis piernas.

    Pasado un rato y mucho placer, Gerardo acercó su miembro a mi boca para que le devolviera el favor, lo cual me era difícil pues sentía como Braulio jugaba entre mis otros labios con esa enorme verga suya. Sabía que de un momento a otro iba a ser penetrada por él… Me dolería? Gerardo no es que esté mal dotado, pero no hay punto de comparación tomando en cuenta lo gruesa que se sentía.

    Cuando por fin se decidió, sentí como se iba abriendo paso entre mis entrañas, fue extraña la sensación pero muuuy placentera, tenía un gran trozo de carne dentro de mí, mientras se la chupaba a mi novio la suya estaba durísima lo cual quería decir que estaba tan excitado como yo con aquella situación… Y cuando Braulio se empezó a mover, fue primero despacio hasta entrar totalmente, luego se retiró lento solo para volver a meter el completa de golpe y ya no se paró, iba dentro y fuera con frenesí y yo adquiría ese ritmo con mi boca en la de mi amado, no merecía menos de premio por dejarme sentir tal cogida.

    No sé cuántas veces terminé antes de que Gerardo lo hiciera, Braulio parecía incansable. Cambiamos de posición dejando que Braulio se te diera sobre el colchón y ensartándome yo sola en su mástil mientras me comía deliciosamente los pechos a la vez que mordía mis pezones, no quería parar, estaba encantada ahí montada y me ponía peor de ver a Gerardo que en ratos me metía la verga en la boca o se masturbaba como si no hubiese un mañana…

    Luego, se le ocurrió aprovechar mi posición sobre Braulio, me hizo empinarme más sobre él para él poder metérmela por atrás, ya lo habíamos hecho en otras ocasiones pero está vez lo había trabajado menos, por lo que al principio me dolió bastante, sin embargo lo compensaba la cogida que me estaba dando el otro. Cuando mi ano se adaptó a mi novio y pude disfrutar de tenerlos dentro mío a los dos al mismo tiempo, estalle en un orgasmo descomunal y mi novio se dejó ir conmigo.

    Se retiró, acostándose a un lado y yo aproveche para besarlo apasionadamente en agradecimiento, entre besos, le dijo a su amigo que terminara también, para entonces yo ya estaba bastante agotada por lo que lo único que hice fue levantar el trasero quedándome en cuatro mientras seguía besando a mi novio. A Braulio le agradó mi pose y se acercó desde atrás, jalándome por la cadera un poco más para la orilla: primero me dio unos cuantos lengüetazos sobre el clítoris para luego dejármela ir sin duda alguna, duro y hasta el fondo tomándome por la cadera y dando una que otra nalgada, en ese punto creo que grite más que gemir, cambiaba sus manos de mi cadera a mis pechos pero sin dejar de bombear en mi interior…

    Apenas se retiró a tiempo para vaciar su semen que era bastante en mi espalda y nalgas, fue delicioso. Después muy cortes, se vistió y se fue dejándonos solos para hacer recuento de lo pasado.

    Lo hicimos varias veces más, incluso Gerardo me dejó después verlo a solas… Hasta la actualidad, con o sin su permiso… Quieren que les cuente?

  • Amor secreto con mi jefa

    Amor secreto con mi jefa

    Ella era mi jefa, me gustó por su preciosa voz de niña, pero solo me atreví a decirle lo bien que se vestía, a veces llevaba pantalones blancos y se le notaban sus pantis cacheteros y se apreciaba toda sus nalgas redondas y hermosas y su vientre y cadera, en otras ocasiones sus pantalones de vestir eran muy ajustados y toda su cadera armónica resaltaba que daban ganas de besarle el vientre.

    Ese fin de semana me invitó a su casa para terminar el trabajo pendiente que deberíamos entregar el lunes al director, jamás me imaginé que sería el sueño cumplido de su más caliente subalterno, su nombre: Inventaré su nombre, Mariela de 25 jugosos y tiernos años, me recibió con una blusita blanca un pantalón vaquero azul muy ajustado que dejaba apreciar la curva de sus genitales apretaditos, al darme ella la espalda vi sus hermosas nalgas que soñaba con besar, poseer, comenzamos a trabajar en la mesa del comedor, después de trabajar por casi seis horas continuas, cansados y solo haber comido pizza con soda, solo faltaban detalles por lo que nos relajamos y me confeso que le gustaban mis cumplidos, tocaba mi camisa, los botones y recorría mi brazo en un sutil coqueteo, me atreví a confesarle la atracción que sentía por ella, nos acercamos más entre si y quise darle un beso corto y tierno, pero ella se acercó más y acepto mi beso y además lo hicimos muy largo y apasionado, como cinco minutos sin separar nuestros labios, cansados de la boca nos comenzamos a acariciar, yo sus brazos y pelo y ella mi pecho, le bese el cuello y respiró profundo, poco a poco me atreví a quitar su blusa para besar su piel, brazos, manitas blancas, entre sus pechos, le quite sus pantalones y quedo solo en bra y pantys blancas, por fin me quito mí camisa, me invito a pasar a su recamara.

    En su cama, ella con el torso desnudo, le baje el panty y me desvestí por completo, le quite prenda íntima, quedo sin nada de ropa y con su pubis a la vista, comencé lamiendo y chupando sus senos y pezones que se endurecieron agradecidos, de inmediato le abrí las piernas y comencé a lamer su vulva, su sexo femenino, limpio y oloroso, con sabor y olor a orina reciente, saladita, con sus vellos púbicos en mi nariz, note que su clítoris es pequeño, trate de introducirle la lengua pero no logre al 100%, la acosté boca abajo y le coloque mi verga entre sus nalgas, tuve sus nalgas entre mi vientre mi verga, cuando le besaba la espalda ella como reflejo levantaba sus preciosas nalgas, se las acaricié las le toque su ano, le acaricie el clítoris, le chupe los senos, me llene mis dedos de sus jugos vaginales, la hice que derramara deseo entre sus piernas, ella se acomodó detrás de mí, abrazándome por la espalda y de pronto sus limpias y pequeñas blancas manos, tiernas delicadas, tocaron mi verga negra grotesca, me masturbó, me sacó el semen con sus manitas, se levantó a asearse al baño y regreso, ella se puso un pants limpio, muy ajustado, se le notaban sus labios mayores, solo logro excitarme más. como estaba sin pantaletas ni brassiere la acaricié, excitándola, la acosté al filo de la cama con las piernas abiertas solo con pants, le repegue mi verga a su vagina y se fue excitando hasta que baje mi cara y mi lengua a su entrepierna y me di cuenta que el pants se había puesto húmedo justo donde estaba la entrada de su vulva, olí y lamí sus jugos hasta que le bajé el pants hasta sus rodillas y me ofreció su vulva abierta, babeante de deseo, llena de bellos vellos y los labios vaginales húmedos y olorosos, salados, le pase mi lengua desde si clítoris hasta la parte baja de la entrada de su vagina cerca de su ano que estaba llena de jugos vaginales, le mame la vulva hasta que obtuvo un orgasmo y pude ver su cara de felicidad.

    Ya no pudimos soportar más y la coloque acostada boca arriba, le abrí las piernas y le introduje poco a poco mi verga caliente y dura, ella comenzó a mover su cadera para sentir mejor mi embestida, jadeaba de forma excitante, mis testículos pegaban en sus redondas nalgas y ano femenino, gemía como loca y me clavaba sus uñas en mi espalda, su vulva esta mojadísima, pero tuve la concentración para salirme de ella y eyacular en su vientre, descansamos de la locura del primer sexo… fue la primera de múltiples noches con mi jefa, espero les guste mi relato y les contare los siguientes episodios…

  • Vivo solo con mi madre y en cuarentena

    Vivo solo con mi madre y en cuarentena

    Les vengo a contar mi primer relato, que por cierto es verdadero y al día de hoy seguimos haciéndolo.

    Primero me presento mí nombre es Eduardo, tengo 18 años y mi madre Alejandra de 40. Hace varios años mí madre se separó de mí padre y vivo con mi madre, de vez en cuando voy con mi padre, pero como se anunció la cuarentena obligatoria, no lo veo.

    Bueno pasaron los días de la cuarentena y todo está bien, normal, mi madre hacías sus cosas y yo las mías y jugando a la play con mis amigos. Como no podía salir e interactuar con mis amigos, para salir a bailar y comerme minas y llevármelas al telo y demás, mí hormonas estaban a tope, todos los días una paja mínimo.

    Hasta que un día mí vieja me pide uno masajes en la espalda, ya que le dolía, yo acepté sin problemas, ella se sacó su remera y desabrochando su corpiño y se acostó en la cama boca abajo, yo me le senté encima y en cuanto toqué su culo con mis huevos, se me empezó a parar, y yo seguía haciéndole masajes sin problemas, hasta que ella sintió mí pene todo erecto en su cola (muy buena cola para su edad) y me dice: «Que es eso duro hijo» a lo que respondí: «Nada ma, no te preocupes» y ella con su mano agarra mí pene y al darse cuenta que era mi pene, se da media vuelta, dejándome ver sus tetas (siguen firmes, pero no son la gran cosa) y ella con mí pene en la mano, me dice: «Hijo que pedazo de trozo que tenés» (no tengo buen trozo, me mide 14 cm) (se ve que el de mí viejo no es muy grande).

    Yo no sabía que responder y me dice: «Me dejas verlo» y con mi cabeza le hice un sí. Cuando me lo baja, quedo sorprendida y me dice: «Que grande que está esto» y empezó a pajearme y yo puse mis manos en sus tetas y ahí nos miramos y empezamos a besarnos duro y yo me saqué la remera y el pantalón por completó y mi madre lo mismo y me la empezó a mamar, mientras yo le colaba dedos por el culo.

    Después de un rato que la mamo, me dijo: «Ahora vos nene» y se abrió de piernas, dejando ver su vagina peluda, yo puse mi cara y saqué la lengua y empecé, le dio un orgasmo a los 5 minutos, después de eso sacó un forro de su cajón y me lo puso, y yo me acosté en la cama boca arriba y ella se sentó arriba mío y empezó a dar saltos.

    Gimió como nunca mi madre, yo le daba nalgadas y se la empecé a meter más fuerte, luego de eso la puse en 4 y empecé a darle, pasaron 5 minutos y acabé. Y seguí dándole duro hasta que ella acabe y acabó a los pocos minutos.

    Terminamos tirados en su cama y me dice: «sacate ese forro y metemela otra vez, pero esta vez por el culo» A lo que yo acepté y le di duro por el culo a mí madre por 10 minutos, hasta que le dije que acababa y me lo pidió en la cara. Luego de ahí ya nos bañamos y cambiamos.

    Al día siguiente mí vieja me dice: «La vecina Ana me preguntó si yo me estuve encontrando con algún noviecito ayer a la noche jajaja, si supiera que me rompiste el culo, haríamos un trío» y mi cara fue de sorprendido y le dije: «Jajaja, decile algún día, si está muy buena, pero no más que vos Ma» y le di una nalgada.

    Pasaban los días y teníamos sexo todos los días y vivimos en ropa interior, hasta que un día vino Ana la vecina, y lo que disfrutamos cogiendo no tenía nombre.

  • Amor callado

    Amor callado

    Esto pasó hace ya 33 años, la vi por primera vez en 1987, fue mi primer día en el colegio y ahí en la entrada estaba ella, según me enteré tantos años después que me estaban rifando entre amigas.

    Yo era el nuevo que llegaba, igual ella le dijo a sus amigas que yo sería su amor eterno, ja!! Conjugar esas palabras y luego enterarte que siempre sería así. La miraba todos los días durante tres años sin poder decirle que estaba enamorado perdidamente de ella, más nunca la vería en alguna actividad, vivía lejos por eso tan pronto las clases acabaran se marchaba sin mirar atrás.

    Siempre le escribía cartas y poemas de amor aunque bien sabía que ella no las leería ya que nunca tuve el valor de dárselas, pues las guardaba para mí. Toda letra de alguna canción que tuviese que ver con el amor le prestaba atención y me la traía a la mente una y otra vez.

    Al finalizar el último año escolar me decidí declarar todo ese amor intenso que le guardaba celosamente, ya para cuando baje a acercarme, apartarla de sus amigas vi que se dirigía hacia el bus que la llevaría a su casa a la vez que se alejaba de mí, eso me destrozó, había perdido la oportunidad de decirle cuanto la amaba, ella se marchó y me tuve que guardar las lágrimas hasta llegar a mi casa y desangrar mis penas totalmente solo, había perdido la mujer que tanto amaba.

    Después de eso me decidí olvidarla y comenzar de nuevo, ir a la universidad y un nuevo trabajo el cual me trajo nuevas amistades. Me casé y tuve dos hermosos hijos, pensé que amaba a aquella mujer por la cual me había decidido contraer matrimonio y años después mis hijos, pero no fue así ya que para 20 años casados habíamos tomado la decisión de divorciarnos pues queríamos la libertad y emprender nuevas vidas.

    Un día cualquiera recibo una invitación por Facebook. Para unirme al grupo de mi promoción del colegio.

    Esta petición me insistía;

    Fernando, quieres entrar al grupo de la promo del colegio al cual tú perteneces?

    Le contesté: Hola! Por supuesto!!. Y le agregué inmediatamente mi número de móvil, les diré que estando en el grupo de promo nos divertíamos recordando aquellos 3 años que estuve allá, había olvidado tantos gratos momentos y había dejado en el olvido tantas personalidades gratas y excelentes amistades.

    De pronto en el Whatsapp en modo privado recibo un mensaje que decía:

    Hola Fernando qué tal estás? Soy Wendy, me recuerdas?

    Te expreso que quede atónito al ver ese nombre en mi Whatsapp, por lo que respondí: Holaaa Wendy, yo estoy bien y tú?

    Ella me responde: Ahora estoy bien, sabes; Nunca te olvidé, siempre estuviste aquí conmigo, desde hace 30 años sin verte decidí que aunque no me amaras yo te amaría y esperaría siempre!!

    Supe que te divorciaste, que vives solo y que no tienes compañera actualmente, yo tengo 17 años casada, tengo dos hijos y siempre sabía de ti hasta hoy.

    Le respondí: Escucha, yo siempre te he amado más de lo que imaginas, nunca pude olvidarte por más que lo intenté, probé en otras vidas y siempre fracasé y pude ver que el problema era yo porque no podía darle el amor creado para ti a otra. Nos rajamos a llorar sin parar, nos decíamos cuanto nos amábamos, la falta de vernos.

    Yo me quise enterrar al saber que ella siempre me amó, que en este circular de vida yo no estaba solo, que de sus 17 años de matrimonio. 10 de ellos dormían en habitaciones separadas porque no soportaba dormir con él, que se casó porque había quedado embarazada y sus padres la obligaron.

    30 años sin verla y aún la amo como aquellos últimos tres años del colegio.

    Ella me preguntó: Me vas a esperar verdad?

    Le contesté: Mi vida, te prometo que te esperaré, te amaré y estarás aquí conmigo siempre, más no tendré a quien darle una ración de este amor a nadie más que no seas tú.

    Ella me repite: Nunca te fuiste de mi lado, siempre estabas en mi corazón y yo sabía que volverías, espérame.

    Le respondí: toma mi correo electrónico por si alguna vez se pierde el número del móvil, no olvides que estaré ahí para ese día que ha de llegar yo estaré ahí.

    No quisiera profundizar mucho sobre lo que vive actualmente después de tener contacto conmigo y escuchar mis palabras las cuales serán sagradas y cumplidas, pero ella debe tomar en lo adelante decisiones difíciles en su familia, sufre y llora cada noche.

    Lo último que le dije fue: No disuelvas tu matrimonio por mí, dale tiempo al tiempo que yo te espero pues ya esperé 30 años ya falta poco a esta espera.

    No les voy a negar que me aferro cada día a ese amor callado que tenemos, su mejor amiga me lo confirma que siempre le preguntó si me había visto por ahí, es difícil tener que cortar llamadas, borrar mensajes, fotos y canciones románticas cuando su esposo llega a la casa, más Cuando el celular que ella tiene es una unidad flota de él.

    Wendy, tú también estarás por siempre en mi vida, aquí junto a mí, en cada ocasión especial de mi vida serás mi invitada especial no presencial. Yo te esperaré hasta el último día que cierre mis ojos en esta tierra. Te amo vida.

  • El osteópata (Capítulo 1): Una nueva clienta

    El osteópata (Capítulo 1): Una nueva clienta

    El negocio se había estancado en los últimos tiempos. Si hace un par de años habitualmente tenía el día completo, actualmente cuando conseguía tres o cuatro sesiones por jornada, estaba más que conforme.

    -Buenos días Marta -saludé a la recepcionista, a la que estaba pensando despedir. No la necesitaría mucho tiempo si la cosa seguía este decadente ritmo.

    -Buenos días Sandro -saludó con su efusividad habitual.

    -¿Quién es el primero?

    -Daniel.

    -Ok, gracias. Hazlo pasar en cuanto llegue.

    Daniel era uno de los pocos clientes fijos que mantenía. Llevaba viniendo tres años a sesiones, y la verdad es que no mejoraba casi nada, aunque yo le insistía en que cada día le veía mucho mejor. No sé cuánto tiempo más podría mantener su fidelidad.

    Comprobamos qué tal llevaba sus ejercicios nuevos, y aunque seguía realizándolos de manera incorrecta, le animé a seguir con ellos durante un mes más, para conseguir equilibrar su posición. A veces los clientes me hacían perder la fe.

    -¿Quién es el siguiente? -consulté a Marta.

    -Se llama Patricia. Viene hoy por primera vez.

    -¡Anda! Me alegra escuchar que viene alguien nuevo.

    -Trátala bien. Más te vale que vuelva…

    Tenía toda la razón. De nada valían los clientes que hacían la revisión inicial y luego no volvían nunca más. Pan para hoy y hambre para mañana.

    Entré en mi cuarto y revisé la documentación del día. Aproveché para enviar recordatorios a los clientes del día siguiente, y al rato llamaron a la puerta.

    -Pase, por favor.

    -Buenos días y perdón por la tardanza. No pude llegar antes. De verdad que lo siento.

    -No te preocupes, llegas a tiempo.

    Nada más verla me quedé embobado. No solía tener clientas tan monas. Solían ser cuarentonas como mínimo, pero Patricia debía tener poco más de 20, si mi intuición no follaba… digo, fallaba.

    -Siéntate en la silla, por favor. Te haré unas preguntas y luego me cuentas cuál es el problema. ¿Te parece?

    -Perfecto.

    -¿Edad?

    -23

    -¿Estatura?

    -Emm, creo que 1,67.

    -Me vale, más o menos. ¿Alguna enfermedad?

    -Diría que no…

    -¿Alguna operación?

    -Me rompí la tibia a los 15 años. Nada más.

    -Y nada menos…

    -¿Es importante? -dijo ella un poco asustada.

    -Bueno, esas lesiones suelen dejar secuelas si no se curan bien. Ahora miramos qué tal quedó. ¿Comes bien?

    -Debería comer mejor, la verdad.

    -La dieta es importante. Luego me cuentas y miramos como podemos mejorar en este apartado. ¿Vas al baño todos los días?

    -Un día sí y uno no… creo.

    -¿Casada, soltera? Puedes no responder si…

    -Soltera. No tengo problema en decirlo -dijo sonriendo.

    Esta pregunta no era interesante para la sesión, pero en este caso me pareció buena idea tener el dato.

    -Perfecto entonces. Escribe tu nombre y apellidos en este hueco y te hago la ficha. Quítate la ropa y quédate en ropa interior, y me cuentas el problema que te trae por aquí. Me costó decirlo sin tartamudear.

    -¿En serio? No esperaba tener que desnudarme… y vengo de la playa… ¡qué fastidio!

    -Si tienes reparo no te preocupes, puedes quedarte con la ropa, pero es más difícil ver cómo tienes el cuerpo. Es importante para hacerme una idea correcta.

    -De acuerdo entonces, espero que te guste mi bikini… -Mientras lo decía estiró el cuello de su camiseta mirando lo que llevaba debajo.

    Venía vestida con unas mallas negras ajustadas que dejaban ver los tobillos, unas sandalias de tiras con un ligero tacón, y una camiseta ajustada azul. Quitando las sandalias, traía puesto un atuendo apto para ir al gimnasio, pero yo necesitaba que se quedara con la menor ropa posible. Y aunque no lo hubiera necesitado, habría hecho una excepción. Estaba para mojar pan la chica. Tenía una bonita melena morena, bien larga, y recogida en una coleta. Y aunque me costó mirarle a los ojos, pude ver que los tenía marrones.

    No pude evitar observar cómo se desvestía. Tenía un especial interés en ver cómo se desnudaba. Siempre me había gustado ese momento en el que las chicas se quitan la ropa. Habría ralentizado el tiempo si pudiera. Aquello requería una cámara superlenta.

    Lo hizo todo muy suavemente, y bastante despacio, tengo que decir. No es lo habitual, ya que normalmente los clientes quieren que pase ese momento lo más rápido posible.

    Primero se quitó las sandalias con delicadeza, levantando un poco la pierna para no tener que agacharse. Lo hizo de tal manera que me pareció extremadamente erótico. Se quitó la otra sandalia y la posó en el suelo, dejando unas interesantes vistas de su culo al hacerlo. Luego se sacó la camiseta, lo que provocó un ligero movimiento de sus pechos al rozarlos con sus brazos. Se giró un poco hacia la pared, como si quisiera evitar que le viera con tan poca ropa. Luego se sentó en la camilla para quitarse las mallas. Todo lo que hacía me parecía muy sensual. No pude evitar la erección, pero la disimulé colocando el pantalón con la mano, rezando para que no lo hubiera notado.

    -Ponte recta, por favor. -Le dije firmemente.

    -Perdón, ¿así está bien?

    -Muy bien.

    Me puse a su espalda, de forma que podía echar un buen vistazo sin que me viera. Quitando el tema de la pierna, en la que se le notaba una leve diferencia de musculatura, el resto lo tenía bien. Más que bien diría yo. Tenía un culo bien tonificado, y una espalda que parecía muy suave, sin ninguna imperfección. Nunca había tenido una mujer tan exuberante delante de mí. Mi novia no estaba nada mal, pero comparada con Patricia tenía las de perder… ella casi todas las mujeres.

    -Necesitamos mejorar la musculatura de tus piernas. Es lo más obvio que aprecio.

    -¿Está muy mal, Sandro? ¡No me asustes!

    -No, con 3 o 4 sesiones diría que lo tendremos solucionado -le dije. Siempre decía 3 o 4 para asegurarme al menos 180 euros. Eso si conseguía fidelizarla, y que volviera una vez cada semana.

    -¿En serio? Poco tiempo me parece. Me das una alegría la verdad. Pero si tengo que venir más veces, vengo sin rechistar.

    -No creo que necesites más, la verdad. Ahora túmbate en la camilla boca arriba. -le dije.

    -Y ahora quítate el bikini y enséñame lo que hay debajo. -No, eso sólo lo imaginé pero no dije nada, aunque sería un sueño hecho realidad.

    Cuando se tumbó, con las piernas entreabiertas, se percibía un ligero abultamiento en la parte inferior del bikini. Me quedé absorto durante unos segundos, intentando ver algo entre las transparencias, pensando en cómo sería lo que hay bajo la ropa…

    Le hice varios movimientos con las articulaciones, algún crujido de los que gustan a los clientes, y me puse cachondo, sin remedio. Tenía una piel tan suave, con unas curvas tan bien hechas… deseé ser masajista por un instante.

    Mientras movía sus brazos haciendo varios giros, me fijé en sus firmes pechos. Los tenía ni muy grandes ni muy pequeños. Con ese bikini tan fino se le marcaban bien los pezones. Pensé que tendría que buscarme una excusa para tocarle los pechos en una sesión, pero al momento descarté la idea. No sería creíble de ninguna manera.

    -El tronco superior lo tienes mejor. Necesitas algún ejercicio para fortalecer la musculatura, pero poca cosa. Levántate y vístete. -Dije de forma contundente. Si por mí fuera seguiría con la sesión varias horas más, pero el tiempo se estaba terminando.

    -Me alegro de que me veas tan bien -dijo Patricia mirándome a los ojos. Creo que me puse colorado.

    -Te mando unos ejercicios a tu correo electrónico y nos vemos en dos semanas. Debes hacerlos un día sí y uno no. Y a la vuelta vemos si mejoraste, ¿te parece?

    -Lo que tú me digas me parece perfecto. Confío en ti. No me defraudes eh. -me dijo sonriendo. Yo le devolví la sonrisa, mientras ella cogía su ropa para vestirse.

    -Entonces nos vemos el próximo día. Pide una cita a Marta al salir.

    -Muy bien, hasta pronto entonces. Haré todos los ejercicios que me has mandado.

    Cogió sus pertenencias y se acercó a la puerta, donde yo estaba esperando como un verdadero caballero, para dejarle pasar a ella primero. Abrí la puerta mientras ella se acercaba, y al pasar por mi lado me dijo, acercándose mucho a mi oreja:

    -Me he dado cuenta de que te has empalmado. No te preocupes, les pasa a todos. -Dijo ella por sorpresa.

    ¡No me jod…! se había dado cuenta. Me quedé tan sorprendido que no pude ni soltar un chiste ni nada. Ni siquiera pude cambiar el gesto. ¡Qué vergüenza! Además, la forma de decirlo me confundió, ya que de ella esperaría una sonrisa, pero lo hizo con un tono muy seguro y serio.

    Patricia pidió cita para el siguiente día, y Marta se quedó mirándola mientras salía.

    -Vaya pivón, ¿no? -Me dijo mientras hacía gestos obscenos con las manos.

    -Bueno, tampoco es para tanto -Dije, con poca esperanza de parecer creíble.

    -Ya, tu novia está mejor y bla bla bla…

    -Si está bien o mal es lo de menos, mientras pague a mi me vale -Dije, intentando cambiar de tema, y me metí de nuevo en mi sala para evitar más preguntas.

    Dos semanas después…

    Hoy era el turno de Patricia de nuevo. Como durante la hora anterior había tenido ninguna visita, pasé el rato pensando en lo que me había dicho al irse. Me había dejado sin palabras al decirme que se había fijado en mi erección. Por la poca conversación que habíamos tenido, me había parecido una chica divertida, y algo tímida, pero después de lo que me había dicho me había quedado con dudas de cómo era ella realmente.

    -¿Se puede pasar?

    -Pase, pase.

    -¡Hola Sandro! Vengo con los deberes hechos. Ni un día he dejado de hacer los ejercicios. Espero que se note. -Dijo ella mostrando seguridad.

    -Esperemos que sí. Si los hiciste bien, seguro que se nota la mejoría. ¿Comiste mejor estas semanas?

    -Bueno, al menos lo intenté. Sigo comiendo mucha basura, pero algo he mejorado. Ensalada, cremas y beber agua… que para mí ya es bastante.

    Pensé que si tenía ese cuerpazo sin hacer nada, lo que podría conseguir si se tomara un poco en serio la alimentación y el ejercicio… pero los genes a veces ayudan.

    Hoy, aprovechando el calor que hacía en la calle a pesar del cielo nublado, venía vestida con una falda corta color negro, y una camiseta roja que resaltaba sus estilizados pechos. Esta vez en lugar de sandalias traía unos deportivos negros, a juego con su vestimenta.

    -Muéstrame como hiciste los ejercicios. -Le dije dejándole espacio.

    -Me pones nerviosa. ¿Qué es lo que quieres ver?

    -Te sorprendería la cantidad de gente que los hace mal en su casa.

    -Ah, bueno. El primero era así…

    Empezó a reproducir uno a uno los ejercicios que le había propuesto. Para mi sorpresa los hizo todos muy bien, exceptuando un par de detalles. Mucho mejor que lo que solía ver de mis otros clientes. Pero he de decir que no me sorprendió, ya que el primer día me había fijado en que tenía buen equilibrio, y buena memoria.

    -Te felicito, los has hecho muy bien.

    -Gracias, maestro. -Dijo, mientras hacía la señal de la victoria con los dedos.

    Reconozco que en algún momento dejé de fijarme en los ejercicios, para observar otras cosas más interesantes.

    -Entonces, ¿me desnudo ya? -dijo Patricia con apariencia de tener prisa.

    -Venga, quédate en ropa interior. Vamos a ver si has mejorado algo tu equilibrio corporal.

    Me di la vuelta para coger mis anotaciones de encima de la mesa, donde había apuntado su estado durante la primera sesión, para comparar con su estado actual después de dos semanas. Generalmente se debería notar una ligera mejoría.

    Cuando levanté la vista de mi cuaderno, no me podía creer lo que estaba viendo. Patricia se había quitado la ropa que traía de la calle, pero en vez de quedarse en ropa interior como le había indicado, ¡se había quedado con los pechos al aire!

    -No es necesario que te quites toda la ropa. -Le dije, intentando mantener la calma, a la vez que recogía la camiseta y se la acercaba estirando mi brazo al máximo, como queriendo mantener las distancias.

    -No te asustes Sandro. No es nada que no hayas visto ya. ¿No decías que necesitabas ver mi cuerpo?

    -Tu cuerpo sí, pero no necesito ver tanto. Anda, ponte la camiseta.

    -Deja que me quede así por favor. Estoy más cómoda -dijo Patricia con cara de no haber roto nunca un plato.

    Me llevé las manos a la cara moviendo la cabeza de un lado a otro. No estoy seguro de que es lo que quería demostrar. ¿Quería comprobar si me ponía cachondo mostrándose así o realmente estaba más cómoda?

    -Me puedes meter en un buen lío -dije, todavía sobresaltado.

    -Vamos hombre. Dime que tengo que hacer y sigamos.

    Intenté olvidarme de sus pechos desnudos, pero era totalmente incapaz de concentrarme. Me había vuelto a empalmar y estaba seguro que ella se había dado cuenta. Si se había fijado el otro día, que fue algo más sutil, hoy no había duda.

    Se había quedado sólo con una braguitas blancas lisas y ajustadas. Si por alguna razón, Marta hubiera entrado en este preciso instante, se habría quedado de piedra al ver lo que yo tenía delante. Seguro que me habría echado una buena bronca.

    Cualquier profesional decente habría parado la sesión en este mismo instante, pero el demonio que tengo en la cabeza me estaba diciendo que me aprovechara de la situación. Mientras, el ángel me decía que parase inmediatamente, pero nadie le hizo el más mínimo caso.

    Tenía las tetas muy firmes, como es propio de su edad, y con unos pezones pequeños, como a mí me gustan. Eran perfectas, y no podía dejar de mirarlas. Con gusto me habría acercado a tocarlas, pero a simple vista parecían muy jugosas.

    -Intenta llegar con los dedos de las manos a la punta de los pies, pero sin doblar las rodillas. -Le indiqué.

    -No llego, ¿es normal?

    -Sí, además estás bastante cerca. Lo raro sería que llegases, si habitualmente no estiras.

    Durante unos minutos le indiqué varias posturas y ejercicios que quería que hiciera, para ver su mejoría.

    -Ves, aquí donde tenía marcadas tres equis, ahora sólo voy a poner dos. Vas mejorando.

    -No parece un gran avance Sandro. Me deprimes con tus equis. -Me miró con cara de fastidio.

    -Créeme, es buena cosa. Túmbate boca arriba en la camilla y seguimos.

    Ella lo hizo sin rechistar. Me encantaban todos sus movimientos. Esta vez se había dejado el pelo suelto y todavía le hacía parecer más sensual, o igual era yo que estaba demasiado salido.

    -¿Por qué no me quitas las bragas? Total, es lo único que me queda…

    -Patricia, por favor, me estás incomodando.

    No sé qué es lo que pretendía, pero si quería ponerme nervioso lo había conseguido. Notaba cómo mi corazón se aceleraba sin remedio. Por un momento me imaginé la situación, acercando las manos y bajando su ropa interior muy despacio, mientras ella levantaba las piernas para ayudarme. Demasiado erotismo para una sala de osteopatía.

    -Lo siento, sólo era una sugerencia. Te habría gustado verme desnuda. Además, vengo afeitadita como a ti te gusta…

    -¿Cómo…?, ¿Cómo a mí me gusta?

    -No te asustes hombre, a todos os gustan afeitadas. ¿Sí o no? -Dijo con su sonrisa pícara.

    Tenía toda la razón. No creo que a todos les gustara, pero acertaba de pleno al decir aquello. Me volvían loco las chicas recién rasuradas. Y me encantaría que se bajara las bragas y me enseñara todo y poder tocar algo tan suave, pero intentaba mostrarme como un profesional, aunque estaba empezando a flaquear.

    -Tú te lo pierdes Sandro. Estas oportunidades pasan una vez en la vida. ¿No te arrepentirás?

    No respondí a aquello e intenté seguir con la sesión con normalidad. Me coloqué al frente de la camilla y continué con los movimientos de articulaciones para mejorar la movilidad. Había notado que en su tobillo izquierdo tenía un pequeño bloqueo que no le permitía la misma torsión que su otro tobillo, por lo que hice toda la fuerza para hacerlo crujir y conseguir recuperar toda la amplitud de giro.

    Mientras, noté como algo rozaba en mi pantalón. Patricia seguía a lo suyo, y con el pie derecho empezó a tocar en donde no debía. Con la yema de sus delicados dedos bajaba y subía desde la base de mi pene hasta la punta. Estaba tan empalmado que ya no había forma de disimular nada, y se me marcaba totalmente por encima del chándal.

    Patricia tenía unos pies preciosos. Traía las uñas pintadas de negro en esta ocasión. Había aprovechado para tocarlos mientras hacía los estiramientos, y los tenía muy suaves por el empeine. Me ponían demasiado los pies bonitos, era uno de mis fetiches.

    Ella seguía subiendo y bajando, acariciando mi pene y consiguiendo que la erección fuera todavía a más. Me di cuenta de que sin querer, había dejado de hacer movimientos con su tobillo, y simplemente tenía agarrado su pie derecho, dejándome llevar por el placer de su masaje. Incluso había cerrado los ojos un rato.

    Decidí que aquello tenía que parar. Era demasiado peligroso. Apoyé su pie en la camilla y me giré hacia mi escritorio.

    -Patricia, tienes que irte ya. Todo esto es muy tentador, pero tengo que continuar trabajando. Si alguien se diera cuenta de esto podría perder todo…

    Ella empezó a levantarse de la camilla, y se acercaba hacia mí.

    -Perdóname Sandro. Yo solo quería jugar un poco. He sido mala, lo reconozco.

    Mientras hablaba, seguía acercándose a mí, y yo ya había retrocedido hasta mi escritorio y no me quedaba más espacio de huida.

    -Quiero pedirte perdón de la mejor forma que sé…

    Patricia se puso de rodillas delante de mí, me miró a los ojos, durante unos largos segundos, desde allí abajo, y luego acercó su cabeza a mi pantalón, y empezó a moverla lentamente masajeando mi pene con ella. Notaba su boca rozando, su nariz cuando pasaba, y todas las partes de su cara cuando se apretaba contra mí. Noté como abrió la boca y volvía a moverse de abajo hacia arriba, y lentamente de arriba hacia abajo. El calor de su aliento llegaba a mi piel, traspasando la tela.

    No pude responder ni hacer nada. Me había vencido con sus artimañas. Consiguió que me olvidara de la sesión y de donde estábamos. Mi cerebro había dicho adiós, y se había marchado por la puerta. Ahora mandaba mi pene, y me había ordenado dejarle hacer a Patricia lo que quisiera con él.

    Sin casi darme cuenta ella había ido bajando mi ropa poco a poco mientras se frotaba contra mí. Sentí como algo húmedo pasaba por la punta de mi pene, cuando con la lengua la atrajo para introducírsela en la boca. Mientras me miraba fijamente de nuevo, se quedó quieta apretando la boca. Mi corazón estaba bombeando a tope, tanto que me sentía un poco mareado. No me podía creer lo que estaba sucediendo. Patricia seguía quieta con el pene en su boca, notando como crecía dentro de ella. Cada vez que notaba que se movía dentro, apretaba un poco más con su boca, hasta que se me puso tan duro que parecía que iba a explotar. Solo entonces empezó a moverse lentamente hacia atrás y hacia delante, poniéndome todavía más nervioso y excitado. Al rato empezó a moverse más rápido, mientras apretaba con sus labios más y más. Instintivamente le cogí la cabeza con suavidad con mis manos, acompañando su movimiento. Noté su expresión en sus ojos cuando lo hice, y me estaba diciendo… ¡Has caído en mis redes!

    Patricia dejó libre su boca para hablar: -Puedo parar cuando quieras, no tienes más que dec… No le dejé terminar lo que quería decir. Le cogí la cabeza de forma brusca y le metí mi pene en la boca de nuevo, bien hasta el fondo. Pensé que igual me había pasado con la fuerza, pero ella pareció no sentirse ofendida y siguió chupando.

    Y pasó lo que tenía que pasar. No me había percatado de que la hora de sesión ya había pasado sobradamente. El siguiente cliente ya estaba en la sala de espera para su sesión, así que Marta se acercó a la estancia sin que yo pudiera escuchar sus pasos, llamó a la puerta, y entro sin dar tiempo a nada.

    -Sandro, tienes al siguiente espe… ¡Joder! -Dijo sobresaltada, llevándose la mano a la boca. Se dio la vuelta apuradamente y cerró la puerta con un buen golpe. Le escuché decir al cliente que solo tenía que esperar unos minutos, y ya podría pasar.

    Para mi sorpresa, Patricia no solo no había parado de chupar, sino que ni se había inmutado con la entrada de Marta. Ni cuando la vio en la sala paró por un segundo. Odio quedarme a medias, pero no podía hacer otra cosa que sacarme de encima a Patricia, y eso hice. Le aparté, esta vez más suavemente, pero con firmeza.

    -¿Seguro que no quieres que termine? -dijo ella todavía de rodillas.

    -¡No! Levántate y vístete rápido, que tengo otros clientes que atender.

    -Siento que te quedes así, pero terminaremos esto en otro momento, ¡te lo prometo! -dijo Patricia mientras se levantaba, dejando ver sus enrojecidas rodillas, por estar tanto tiempo en la misma posición.

    -No habrá siguiente ocasión. Esto es una locura, y lo sabes.

    Patricia terminó de vestirse, sin hacer mucho caso a lo que le había respondido. Cogió sus cosas y al pasar por delante de mí me dio un beso en los labios, sin darme tiempo a reaccionar, y me dijo:

    -Nos vemos el próximo día. Seguiré con los ejercicios de la semana pasada. Y que sepas que hoy me has dejado mojada… esto no se quedará así. Vendré a que me folles, y no te podrás negar -dijo mientras salía por la puerta, y sin mirar atrás. No me dio tiempo ni para responder.

    Esperé unos instantes para recuperar las pulsaciones, que estaban a mil, y que se me bajara la erección. Ordené la sala para el siguiente cliente, y salí por la puerta para avisar a Marta. No le pude ni mirar a la cara.

    -Tú y yo tenemos que hablar -dijo enfadada.

    -No hay nada que hablar. Siento lo que has visto. No volverá a pasar… borra a Patricia de la agenda. No volverá por aquí. -dije zanjando el tema.

    -Pásame al siguiente por favor.

    Continuará…

  • El tatuaje del culo de la monja

    El tatuaje del culo de la monja

    Esta historia se la contó un comunista a un chavista de Podemos, el de Podemos se la contó a un amigo mío de su mismo gremio, y este la soltó en una sobremesa. Va de un chorizo y de tres hermanos, ellos eran curas y ella monja.

    Yo la cuento porque tiene su morbo, pero lo dicho, creo que es uno de esas mierdas que se inventan los rojos para joder a los curas… O no, quien sabe.

    Juan era un joven moreno, menudo, de estatura mediana, guapo y era el limpia de la iglesia, el limpia cepillos para ser más exacto. Aquel día, sentado en un banco, vio a una monja arrodillada delante del confesionario con las palmas de las manos juntas y mirando hacia abajo. Al rato vio cómo se perdía detrás del altar, donde estaba la sacristía.

    La monja andaba en los treinta años y era fea estilo Rossy de Palma, o sea que su nariz aguileña olía la primavera del año que viene.

    Poco después el cura dejó el confesionario, pasó por el lado de Juan y salió de la iglesia por la puerta principal. La monja seguía en el confesionario y a Juan le picó el gusanillo de la curiosidad.

    La puerta de la sacristía tenía el ojo de la cerradura grande y si ponías el ojo veías casi todo el interior. Juan lo puso y vio a la monja de pie arrimada de espaldas contra la chimenea con los brazos en cruz atados con unas cintas a dos salientes. Con ella estaba un hombre de unos cincuenta años, alto, gordo, vestido con un traje negro y con alzacuellos. La monja vestida solo con la cofia. ¡Qué cuerpazo tenía! El Gordo tenía en las manos una pequeña brocha y un bote de cristal con chocolate líquido. Le pintó los labios con chocolate y después le pasó la legua por ellos. Le pintó sus peludas axilas y se las lamió hasta dejarlas limpias. Le pintó las areolas de las grandes tetas y después las mamó. Le pintó el ombligo y se lo limpió con la lengua. Le pintó los dedos de los pies y, de rodillas, se los lamió. Hizo dos rayas de chocolate por las pantorrillas y el interior de los muslos para volver borrarlas con su lengua. Después le pasó el mango del pincel por el coño, lo sacó lleno de jugos y se lo dio a la monja para que lo lamiera. La monja lo chupó, y después le dijo:

    -Echaba de menos nuestras juergas, hermano.

    El Gordo le dio una bofetada en la cara.

    -¡Un respeto, furcia!

    La monja le siguió el juego.

    -Es usted un goloso, eminencia.

    ¿Eminencia? Si lo trataba así tenía que ser un pez gordo, o no. El Gordo, le dijo:

    -Cállate, pecadora.

    Luego cogió encima de la mesa un rosario. Despacito le fue metiendo las 59 cuentas, y despacito se las fue sacando mientras la monja rezaba no se sabe qué ni a quien, ya que lo hacía en bajito. Después de sacar la última cuenta le pintó los labios vaginales y el clítoris de chocolate y le comió todo el coño… Acto seguido le metió dos dedos de la mano izquierda dentro del coño y le masturbó el clítoris haciendo círculos sobre él con la yema del dedo pulgar de su mano derecha hasta que la monja se corrió jadeando y temblando desde los pies a la nuca. Juan, que se estaba tocando por encima del pantalón encharcó los calzoncillos con la leche de su corrida al ver aquel espectáculo.

    Al acabar de correrse, le dijo el Gordo a la monja:

    -Tienes que ser castigada, has pecado.

    -Sí, eminencia, castígueme.

    El Gordo cogió dos pinzas de plástico sobre la mesa, fue a su lado y se las puso en los gordos pezones de sus tetazas con areolas color carne. Luego cogió sobre la mesa dos cilicios con pinchos y le puso uno en cada muslo, lo que hizo que saliera sangre de ellos. Por último cogió una fusta sobre la mesa, y le preguntó:

    -¿Cómo te llamas, pecadora?

    -Concepción, eminencia, me llamo Concepción, y quiero concebir.

    El Gordo se puso furioso.

    -¡¡Puuuta!!

    Le dio con la fusta en las dos nalgas. La monja comenzó a gemir.

    -Castígueme, eminencia, castígueme, soy una mala mujer.

    Le dio en las esponjosas tetas.

    -¿»Qué clase de macabro juego es este»? -se preguntó Juan. Enseguida lo iba a saber. Perdió al Gordo en un ángulo muerto. Cuando lo volví a ver estaba con la puerta abierta delante de él, el Gordo lo cogió por la pechera y de un tirón lo metió dentro de la sacristía, cerró la puerta con llave, cogió un abre cartas que era cómo un estilete, y le dijo:

    -¡Vas a morir, cabrón!

    A Juan se le pusieron los cojones de corbata.

    -¡No vi nada, no vi nada!

    -¡Lo viste todo, hijo puta!

    El Gordo le puso el abre cartas en el estómago, y le dijo:

    -¡Saca mi polla y mama! -le puso el abre cartas en el cuello-. ¡¡Mama o muere!!

    A Juan le volvió el valor de repente. Dio dos pasos a un lado, se puso en posición defensiva, cómo para boxear, y le dijo:

    -¡Tu puta madre te la va a mamar!

    El Gordo no esperaba aquella reacción. Bajó el abre cartas, y lo amonestó:

    -¡Ese lenguaje no entraba en el juego! Vete y dile a Pedro que no me vales.

    -Lo que acabo de ver…

    Le iba a decir que lo que acabara de ver lo iba a saber hasta el perro del Tato, pero se dio cuenta de que Pedro era el nombre del cura. Al quedarse callado, le dijo el Gordo:

    -¿Qué?

    Juan decidió seguirles el juego.

    -Que no se lo voy a contar a nadie. Lo siento, don Pedro no me dijo cuál era mi papel, me dijo que improvisara. ¿Puedo quedarme?

    El Gordo miraba a Juan y salivaba, no le podía decir que no, le respondió:

    -Sí, pero no te vuelvas a dirigir a mí con palabras tan burdas. Besa a sor Concepción.

    La monja, le dijo al Gordo:

    -No, eminencia, que se la mame, que se la mame. Quiero ver cómo se la mama.

    El Gordo cogió la fusta y le dio en las tetas.

    -¡Tú a callar, ramera!

    Juan besó a la monja. Sor Concepción le metió la lengua dentro de la boca y buscó la lengua del joven. Aquella mujer no parecía una monja, parecía una loba. ¡Cómo besaba la cabrona! De repente a Juan se le pasaron todos los miedos y le devolvió los besos… El Gordo le acariciaba del culo a Juan y a la monja le mordía las tetas, los lóbulos de las orejas, le chupaba el cuello y le daba cachetes en las tetas… Al rato, le dijo a Juan:

    -Cómele el coño.

    Se agachó y vio que de su coño, rodeado de un bosque negro, bajaban por sus muslos flujos que hacían una especie de surcos hasta llegar a los cilicios, de ahí para abajo los finos surcos eran de sangre. Buscó con dos dedos su raja, la abrió y se encontró con un coño empapado, un coño totalmente lleno de jugos, lamiéndolos le dijo la monja:

    -Bésame con mis delicias celestiales en tu boca.

    Encima era fina la pécora, «delicias celestiales», mocos, carallo, o jugos, y si me apura flujos y sabrosos, pero delicias celestiales, de eso nada. Juan le metió la lengua pastosa en la boca y la guarra se la devoró. Luego le dijo el Gordo:

    -Aparta.

    Juan vio que el Gordo sacara la polla y la tenía morcillona… La de Juan estaba otra vez dura cómo una roca. El Gordo se agachó delante de su hermana. Juan, por un momento creyó que era un vampiro, pues le fue lamiendo los finos hilos de sangre de las piernas hasta llegar al coño, al llegar a él se puso en pie y le metió dos dedos dentro… Los dedos entraron y salieron a mil por hora de la vagina hasta que la monja dijo:

    -¡Me voy!

    El Gordo le apretó la garganta con una de sus grandes manos hasta casi asfixiarla. La monja se corrió cómo un río. El Gordo se agachó y le lamió lo que expulsaba, luego con los jugos de la corrida en la boca, la besó y al acabar de besarla, le dijo a Juan:

    -Fóllala.

    Juan lo estaba deseando. Sacó la polla empalmada y se la clavó de una estocada. El gordo meneando la polla le volvió a acariciar el culo con su mano derecha. Juan, lo dejaba… Mientras no quisiera bajarle los pantalones… Folló a la monja mirándola a la cara. La folló… unos treinta segundos, que fue lo que aguantó sin correrse.

    Le había llenado el coño de leche y se retiraba cuando el cabrón del Gordo le cogió la cabeza, le puso la boca entre las piernas de sor Concepción, y le dijo:

    -Acaba lo que empezaste, a una mujer no se la deja a medias.

    El coño estaba asqueroso y ahora olía a bacalao, su leche y los jugos de la monja le caían por los lados de la lengua… Juan, haciendo de tripas corazón, al principio, y gustándole después, se lo lamió hasta que la monja dijo:

    -¡Me voy para el cielo!

    Al infierno acabaría yendo la muy puta, pero mientras tanto se corrió como una cerda, gimiendo y sacudiéndose.

    Juan pensó que se acabara la cosa cuando el Gordo le quitó a la monja las pinzas y los cilicios y la desató, pero estaba equivocado. El Gordo le volvió atar las manos, solo que ahora tenía la cara hacia la chimenea y les daba el culo, un culo en el que tenía tatuada la Vía Láctea. ¿Dónde se haría una monja un tatuaje en el culo? Nunca lo supo. El Gordo le dijo:

    -Lame el brazo de Sagitario.

    A Juan fue cómo si le estuviese hablando de física cuántica, le preguntó:

    -¡¿El brazo de quién?!

    Se los señaló con un dedo.

    -Este es el brazo de Sagitario, este es el brazo de Carina, este es el brazo de Orión, este es el brazo de Perseo, este punto es el sistema solar -le abrió las nalgas, y este es…

    -Lo interrumpió.

    -Un agujero negro.

    -No, es el núcleo de la Vía Láctea. Lámelo.

    -Ese es el ojete, jefe, y si te gusta la mierda lo lames tú.

    El gordo lo agarró por la nuca, le llevó la boca al culo, se la apretó con fuerza y Juan, obligado, no tuvo más remedio que lamer. La monja comenzó a gemir. A Juan se le puso dura, el Gordo, tocándole el ojete de con un dedo, le dijo:

    -¡Mete tu lengua dentro, cabrón!

    -¡Vale, vale, pero suéltame, coño!

    Juan agarró con las dos manos aquel el culo de monja, grande y blanco cómo la leche con la Vía Láctea tatuado en él. Era un culo único y Juan lo iba a disfrutar. Besó y lamió todos los brazos, y después le folló el ojete con la lengua hasta donde entraba. El Gordo se puso de pie, le comió la boca y le magreó las tetas a su hermana. La monja jadeaba cómo una perra al sentir una lengua dentro de la boca y la otra dentro del culo… Poco después, Juan, se la clavó en el culo. Entró apretada porque era el culo, pero entró de un tirón. A sor Concepción ya se lo habían abierto… En fin, que Juan tenía el defecto de correrse poco después de meterla, y esta vez lo único que cambió fue que a sor Concepción le vino al correrse él, ya que el Gordo volviera a acariciar su culo.

    Después de esto el Gordo la soltó, la cogió en alto en peso y se la clavó en el culo, dejando el coño abierto a disposición de Juan, pero a Juan se le pusiera blanda. La monja, sabía latín, con la polla de su hermano entrando y saliendo de su coño, le dijo a Juan:

    -Frota tu polla en mi coño, guapito de cara.

    Juan le frotó la polla en el coño, y en nada sintiendo los gemidos de la monja y oyendo cómo el Gordo le llamaba, «puta, cerda, enferma» y otras lindeces, se le volvió a poner la polla dura, se la clavó y cómo era costumbre en él ya se corrió, pero esta vez no la quitó. Al rato, dijo la monja:

    -¡Me corro, maricones, me corro!

    Al tener la monja una polla dentro del culo y otra dentro del coño la polla de Juan estaba muy apretada. Sintió cómo se la apretaba aún más con las contracciones de la vagina, y la volvió a llenar de leche.

    Al acabar, el Gordo, los invitó a un vino de misa. A Juan le extrañó que no se corriera con el empalme que tenía, pero supuso que seguirían follando.

    Una hora más tarde despertó desnudo sobre la mesa de la sacristía, estaba boca arriba y con un tremendo dolor de culo. Vio una nota encima de la mesa firmada por el cura, que decía:

    -Cierra la puerta con llave cuando te vayas, pichoncito.

    Quique.

  • Cuarentena y dándole a una señora de 71 años

    Cuarentena y dándole a una señora de 71 años

    Yo y mi mujer vivimos en Vallarta en unos departamentos, hemos pasado encerrados por esto de la cuarentena, solamente vamos al mandado y salimos a platicar al balcón con otros vecinos, mi vecina es una señora de 71 años conservada para su edad es de piel blanca, ojos verdes, cabello castaño con algo de cañas siempre usa batas no deja ver nada, por el otro lado es una pareja mayor que muy poco platican.

    Mi vecina de 71 es algo coqueta siempre que estamos platicando con ella saca temas de sexo y cosas así. Mi mujer ya lo ha notado y me ha dicho que como que quiere que me la eche, pero yo le digo que no creo que ya está mayor y no creo que piense en eso. Una mañana mi mujer salió al súper eran las 9 cuando se fue yo me quede acostado, cuando tocan a la puerta, abro y era mi vecina, parada en la puerta toda inofensiva se me queda viendo ya que solo salgo en un short que uso para dormir.

    V: buenos días vecino disculpe que lo moleste

    Y: buenos días, no pasa nada dígame en qué le puedo ayudar

    V: pues de ayudar en mucho. Comenzó a soltar una risa de pícara.

    Y: pues usted dirá

    V: pues venía a ver si me regalaba un poco de café ya que todavía no me toca ir al súper, y aparte del café algo más un poco de leche y bajo la mirada a mi short.

    Y: pase deje le doy el café

    Cuando ella pasa y yo me dirijo a la cocina ella me pega una nalgada y comienza a reírse.

    Llegó con el bote de café y se lo doy y me dijo

    V: ya sé cómo le voy a pagar

    Y: no se preocupe no hace falta

    Ella me planta un beso en la boca y yo me quedo quieto como si me hubiera quedado en pausa, ella sigue besándome y con una mano comienza a tocarme mi pene, yo le quitó el bote de café y lo pongo en el sillón y comienzo a besarla y a tocarla, me la llevo hasta la mesa del comedor para ahí levantarla y sentarla arriba de la mesa, le comienzo a subir la bata y le bajo el calzón que llevaba, le abro las piernas y veo su vagina algo peluda y después comienzo hacerle sexo oral, ella se retorcía de placer gemía y de su boca salía un ahh, ahh vecino sigue ella comenzó a tener un orgasmo la viejita se sentía como quinceañera, después la acosté en la mesa y comencé a darle duras embestidas mis huevos chocaban con sus nalgas.

    V: dale vecino síguele asiii

    Y: te voy a dar tu leche para el café

    V: sii dámela toda, ahh, ahh me haces sentir como en mis mejores días daleee

    Parecía como si la fuera a partir ella se agarraba las tetas que estaban un poco caídas pero su pezón estaba muy firme y con la otra mano se tocaba su clítoris mientras yo la penetraba.

    Y: ya voy acabar

    V: si acaba dentro de mi quiero sentir tu leche, ahh ahh dale sigue

    Y: ya casi ya casi

    Cuando empiezo a descargar gran cantidad de leche dentro de su vagina y ella comienza a tener su segundo orgasmo, ella se saca mi verga y me dice no hay que desperdiciar nada de leche y comenzó a mamarme la verga que estaba un poco flácida que después de unos minutos se volvió a poner dura.

    V: ay este juguete quiere la revancha

    Y: pues hay que darselaaa

    La coloqué en el sillón de forma de perrito y comencé a penetrarla con fuerza sus tetas se notaban que colgaban pero eso no impidió que yo se las tocara y apretara el pezón, dure buen rato así dándole cuando ella tuvo su tercer orgasmo se paró y dejo de moverse, después se puso de frente de mí y comenzó a pegarme una mamada, levantaba mi pene y empezaba a succionar mis huevos, duro buen rato mamándomela hasta que le dije:

    Y: ya voy a terminar

    V: dámelos todos en la boca me los voy a tragar

    No resistí más y le descargué mi leche en su boca, ella se los tragó todos, se paró y se puso la bata y el calzón que traía, tomo el bote de café y dijo:

    V: me sentí como nueva, sentía que tenía 30 años de nuevo y estaba en mi mejor época.

    Y: pues se movía y aguantaba como las de 30.

    V: pues la vieja madera es mejor que la de hoy, voy a necesitar que más seguido, metas tu gusano en mi cueva, jajaja.

    Y: pues es cuestión que nos pongamos de acuerdo y se den las cosas.

    Se retiró dándome un beso, cerré la puerta y comencé a pensar lo acabo de hacer con una señora de 71 años, pero no me arrepiento.

    Como a la hora llegó mi mujer y le dije “voy a bañarme, me quieres acompañar”, aproveché para lavarme mi pene y así mismo darle duro a mi mujer.

  • La chica que conocí en la carretera

    La chica que conocí en la carretera

    Eran como las 8:00 p.m. y saliendo de la casa de mi novia, de un día normal en que fui a visitarla, me despido de ella y de su familia para regresarme a mi casa. (Esta es una historia 100% real que me ocurrió cuando tenía 25 años).

    Iba manejando por una vía principal conocida. Faltaba poco para llegar a mi casa, calculo que unos 5 minutos, en eso diviso en la parada de buses a una muchacha delgadita y de grandes tetas, era imposible no percatarse de eso, cómo por instinto de joven macho en una edad explosiva en cuanto al sexo se trata, bajo la velocidad del auto para detenerme , bajo la ventana y la saludo y le digo: «Hola, cómo estás?», a lo que ella me responde: «bien» con una sonrisa.

    «Hacia dónde vas mami?»

    Hacia mi casa, me responde la chica.

    «Y donde es eso?»

    Y me dice el lugar.

    «Ah mira que yo voy por allá cerca, si quieres te llevo».

    Era mentira, yo no vivía hacia allá, es más, ella vivía más lejos que yo, pero con tal de conquistarla iba a llevarla hasta su casa.

    Se monta en mi auto, recuerdo que en aquella parada de buses habían muy pocas personas, y nunca he sufrido de pena, y eso en esta vida ayuda demasiado con las mujeres.

    Ya una vez en mi auto arranco y empiezo a platicar con ella: «cómo te llamas?”. Le pregunto.

    «Me llamo Alicia» (nombre ficticio)

    “Yo me llamo Juan y es un placer conocerte bebé”.

    “Cuántos años tienes bebé?”. Le pregunté.

    “Tengo 19 años y tú?”. Y todo con mucha risa, y me dice lo siguiente:

    “Yo pensaba que tú eras un amigo de mi hermano, pero ahora que te veo bien creo que no”.

    “Yo tengo 25 años”, le contesté.

    Era claro que era más joven que yo, y seguimos platicando:

    “Me llamaste la atención, y dije que guapa esa chica que está ahí”.

    Todo era risa con ella, solo se reía de lo que decía.

    Seguimos platicando de lo más normal, y le hice una pregunta ya para romper el hielo.

    «Y que te parezco mami? Jajaja y me echo a reír «, sabiendo que soy guapo pues, quería ver su reacción.

    “Te ves bien”, me responde.

    “Tú también te ves bien mami”, le dije y la miré serio a los ojos.

    Ya comenzaba a tirarle duro para ver qué pasaba.

    Ya estaba bastante avanzado desde el lugar donde la recogí es más, traté de ir un poco más despacio para no dejarla y que se nos acabara el tiempo y seguí con la cacería.

    «En serio estás bien bonita bebé».

    En realidad tampoco era para tanto, de cara era normal he tenido mejores, lo que mejor tenía ella es que era delgadita y tenía un buen tamaño de tetas. Pero las cosas que uno dice cuando quiere cogerse a una mujer.

    A lo que ella me responde.

    «Tú también estás bien guapo».

    Y me lo dice, pero esta vez un poco más seria, el ambiente se estaba poniendo un poco hot.

    Esta edad es la más hermosa de todas, lo que uno siente a esta edad no lo siente en otras.

    El corazón me latía a mil, sabía que en ese momento cualquier cosa podía pasar, estaba ante una joven y por lo que se veía, parecía que era así como yo en la forma de ser.

    “También estoy bien guapo mami?” Le respondí.

    “Si”, nuevamente lo afirma.

    Y le digo lo más valiente que se me ocurrió y lo que cambió todo aquella noche. Siempre guardando el respeto sin ser tan lanzado, pero tirando de a poquito para lograr el objetivo.

    “Qué haces si yo te doy un besito ahora?”.

    Jajaja se echó a reír y me contesta:

    “Te lo regreso”.

    El corazón palpitaba a mil, adrenalina full por la edad, no era hermosa hermosa, era bonita, pero yo tenía mi novia y a esta me la quería era coger.

    Detengo el carro a orillas de la calle y comienzo a besarla, y lo que ella me dijo era verdad, me lo regresó, y empezamos a besarnos apasionadamente, un beso de esos que terminan en sexo, de ese primer beso que enciende el momento, la atracción fue evidente y cuando una mujer te sigue la corriente de esa manera es porque está de acuerdo en que pase lo que sea.

    El beso fue bastante extenso, de varios minutos, siempre me gusta ser respetuoso, y no pasarme de la raya, pero la veía que ella estaba gustosa y me atreví a hacer algo más atrevido.

    Empecé a tocarle las piernas, y no mostró objeción.

    Cómo vi que no mostró objeción fui subiendo la mano hasta llegar a uno de sus senos, y se lo apreté mientras la besaba en los labios, jamás mostró oposición por el contrario. Me detengo de besarla y la miro y se hecha a reír.

    Mientras recuerdo esto, es increíble que todavía recuerde el momento y el sabor de sus labios.

    Y le digo: «me encantas bebé”.

    “Tú también a mí”, me contesta.

    “Bebé, solo hay un problema, no tengo condones. Voy a comprar uno te parece?”.

    “Si, está bien”.

    Arranco el auto y me dispongo a ir a un supermercado, en mi país hay supermercados que son 24 horas.

    Al llegar al lugar, los estacionamientos estaban casi vacío, había pocos carros, pero siempre había uno que otro caminando por la calle.

    Me bajo del auto y me dirijo al supermercado, compro los condones y regreso al carro, y le dije apenas entré.

    «Mami cámbiate para el puesto de atrás».

    Y así lo hizo. Recuerdo que le hice una pregunta. Porque para ella ser tan joven de 19 años me sorprendía que actuaba como una mujer y le dije:

    “Con cuantos has estado mami?”.

    Y me dice “con varios” y se echa a reír.

    Le digo que se acueste en el puesto de atrás así como si fuera una cama.

    Le quito la blusa, y no hay nada mejor que el cuerpo de una chica de 19 delgadita, 0 grasa, 0 colesterol, eso es una verdadera belleza.

    Sin la blusa y sólo con el brassiere, eso era un tremendo espectáculo, como dije de cara era bonita, pero no era para tanto, he tenido mejores de cara.

    Me voy quitando la ropa también, para estar a la par y quedé en calzoncillo, la ayudo a quitarse el brassiere y veo sus tetas, eran casi perfectas por su edad y juventud, se las mamaba y acariciaba, la sensación era a otro nivel.

    Me sentía un macho alfa, un fucking papi, el mejor.

    Recuerdo que la contextura del cuerpo de esta chica era delgada, muy parecido con el de mi novia, lo único que mi novia era más bonita de cara, lo que está chica tenía más que mi novia era que tenía las tetas un poco más grandes.

    No es que sea el más perro, porque no lo soy, y de eso estoy seguro, tampoco era infiel por falta de sexo, porque tenía bastante sexo con mí novia, simplemente a esta chica la vi se veía muy bien y quise comérmela.

    Me fijo por la ventana del auto a ver si viene alguien y veo no, tener sexo en un auto, aquí uno no debe perder el tiempo, porque te pueden descubrir, ya una vez unos policías me habían descubierto de noche con otra chica, pero eso es otra historia, que en otra ocasión contaré.

    Me pongo el condón y se lo meto.

    Suave y con ritmo, la miro al rostro y veo que le gusta, y que me mira fijamente a los ojos.

    Me encanta que cuando se lo meto a una chica, esta me mire a los ojos, al hacerlo me demuestra que le gusto.

    Mientras le estaba dando iba acelerando el ritmo.

    Algo que recuerdo y nunca olvidaré era que el cuerpo era tan parecido al de mi novia, hasta el tamaño de los pezones, solo que como dije anteriormente, con un poco más de tetas.

    Le sigo dando y me dice: “lo tienes grande, me gusta”.

    Algo en mi vida que he confirmado es que:

    Un hombre guapo y con un buen tamaño de pene siempre, pero siempre tendrá sexo, esto es seguro.

    Me gustaba la sensación que sentía, el hecho de tener el cuerpo tan parecido con el de mi novia me gustaba, no tenía culpa para nada, era como si lo estuviera haciendo con ella.

    Obviamente no lo hacía con ella.

    Esta muchacha estaba bien rica y la verdad es que quería darle.

    Había comprado 3 condones y por lo menos usaría 2.

    Seguía fijándome si venía alguien y lo increíble que ella casi ni se fijaba, las mujeres son más frías que los hombres.

    Que ricura, ya ella se había venido y yo aún no y tampoco quería venirme, quería seguir dándole, recuerdo que no gemía, muy poco, pero su risa y picardía estaban ahí en todo momento.

    Aceleré el ritmo para lograr venirme y a los pocos minutos así fue.

    Tuve mi primer orgasmo.

    Platicamos un poco y tomé un pequeño descansando.

    Sabía que no era el momento ni el lugar para perder el tiempo, por lo que tenía que tener otra erección de manera rápida si quería seguir disfrutando.

    Y así lo hice, comencé a mamarle los senos, succionarlos con ganas y acariciarlos, la besaba en los labios, beso apasionado y logré nuevamente tener una erección, a veces el condón si el pene no está lo suficientemente erecto no ayuda y lo baja un poco.

    Sin embargo, logré que se me parara bien fuerte y me puse otro condón, se lo metí y seguí dándole.

    Por varios minutos le di y disfrutamos una experiencia increíble.

    Todavía recuerdo el momento en que me vine dentro de ella con condón, como el pene tenía aquellas contracciones características de una venida bien rica.

    Cuando terminamos me dijo: “me encantó”.

    Nos vestimos, nos reímos, la dejé en su casa.

    Su casa era en un lugar bastante humilde. En realidad solo vivía con su mamá. Mi novia tenía mejor situación económica.

    Pero no por esto era mi decisión de con quien me quedaba.

    Realmente, el hecho de tener sexo en la primera cita, pues uno piensa, si fue así conmigo pueda que sea así con otro, y cómo hombre no la toma muy en serio.

    Y me fui a mi casa aquella noche.

    Solo lo hicimos aquella vez, después hasta cambié de celular y perdí su número.

    Pero lo triste de esta historia es que actualmente solo recuerdo su apellido, no recuerdo su nombre, la he buscado en Facebook por su apellido y no la encuentro.

    Siempre me acuerdo de ella y quisiera volver a estar con ella.

    Fue tremenda experiencia.

    Nunca olvidaré a aquella chica que conocí en la carretera.

    Escriban sus comentarios de que les pareció.

  • Encuentro furtivo

    Encuentro furtivo

    Había estado esperando hace más o menos quince minutos, era el momento perfecto. El pasillo de la escuela era un desierto, o más bien, era eso lo que quería imaginar. Ese día estaba muy caliente y hace mucho tiempo que estaba planeando este encuentro con Rocío. El punto de encuentro: la oficina del centro de alumnos donde formaba parte. Rocío era una compañera de curso. Según la opinión de mis compañeros de clase, ella era fea, pero a mí no me importaba, yo la encontraba linda y su cuerpo era espectacular (espero que lo siga siendo, pues, hace mucho tiempo que no tengo contacto con ella): una tetas medianas y simétricas, pezones rosados, levantados, una guatita plana que era como un desierto con un color vivo, apetecible. Me encantaba recorrer ese vientre con mis besos. Pero, sin duda, lo mejor, lo que más me calentaba, lo que más me ponía como bestia, era su culo; un círculo perfecto y proporcionado, marcado siempre con un pantalón ajustado que lo aumentaba aún más.

    No podía más de la calentura, tenía demasiadas ganas de coronar esa cacha con Rocío, no quería satisfacer mi lascivia perversa con una paja. Rocío tenía que cumplir, por favor tenía que hacerlo.

    Mirando hacia el patio del liceo desde la ventana de la oficina, pensaba en cosas calenturientas; me tocaba el pene, intentaba manosearme sutilmente. En palabras toscas, en esos momentos no era más que un adolescente con exceso de testosterona.

    En esa situación, me sorprende la puerta con tres diminutos golpecitos. Sin vacilar ni un segundo, me dirigí a la puerta y la abrí. Ahí estaba ella… una sutil sonrisa me dejaba ver el espacio entre sus dientes; un detalle de Rocío que me encantaba.

    Le di un beso y cerré la puerta. Puse el seguro.

    -Pedí permiso para ir al baño -me dijo.

    -Tenemos como media hora, cuando suene el recreo, las chiquillas llegarán a la oficina, siempre hacemos lo mismo.

    Una de las ventajas cuando eres el secretario del centro de alumnos, es la disposición que tienes de los espacios, en este caso, la oficina del CGE era la guarida perfecta para actos fuera de la ley, un lugar que emanaba olor a sexo y cigarrillo; muchos y muchas lo aprovechamos, todos en ese CGE éramos cómplices.

    Así nos empezamos a calentar con Rocío: nos besábamos apasionadamente, besaba su cuello, recorría sus senos con mis manos, su redondo culo. Ella, por su parte, manoseaba mi pene por encima del pantalón.

    -Ay… me tení caliente, no sabí lo caliente que me tení (…) -me decía Rocío con una voz entorpecida por sus gemidos.

    -A mí igual, estuve a punto masturbarme aquí mismo pensando en esto -le respondía en el mismo tono de calentura.

    -¿En serio? -riendo.

    -Sipo, mira como me tení -haciendo referencia a mi abultada erección.

    -Ay… perdóneme entonces po’ señor (…) no lo quería hacer sufrir.

    Mientras me decía esto último, Rocío abría lentamente el cierre de mi pantalón, acto seguido, escarbaba en mi bóxer para liberar mi centro de placer.

    Como ya la tenía lo suficientemente dura, no hizo falta hacer una introducción; se arrodilló y comenzó a chuparla con velocidad, Rocío era una experta en el arte del oral y ella lo sabía, yo lo sabía. En más o menos unas cuatro o cinco ocasiones, fui el afortunado de recibir unas mamadas que me dejaban extasiado.

    En esa situación, bajé mi pantalón hasta los tobillos y apoyé mi culo sobre el escritorio de la oficina, Rocío también se acomodó a mi posición; podía ver como devoraba mi miembro ayudada con una mano, mientras que con la otra, masajeaba su vagina.

    -Ya, quiero que me la metai.

    -¿Cómo? -le respondí torpemente, aún alucinado por el placer de su boca

    -¡Que me la metai! -me respondió fuerte.

    Rocío se quitó el chaleco, arrancó su camisa y sostén, y bajó sus pantalones. Yo también hice lo mismo. En esa oficina, siempre nos dejábamos los pantalones entre los tobillos, donde siempre terminaban manchados discretamente por nuestros fluidos.

    Me puse el condón. Ahí estaba yo… frente a mis ojos el mejor culo del liceo, redondo y proporcionado; unos granitos acompañaban ese monumento grande y pálido, justo como lo quería, justo como lo ansiaba, nuevamente, frente a mí.

    Muy rápidamente entró mi pene en esa vagina sin flores. Un grito de placer salió de su boca. Se la tapé con una mano.

    Penetraba con alevosía, me encantaba el contorno de su cintura, ya que me permitía moverme actitud. Estaba gozando de lo mejor; las cuatro paredes de esa oficina hacían más fuerte el sonido jugoso de la penetración. Me sentía superior, me comparaba con todos los demás en ese liceo, mientras yo me encontraba aquí; teniendo sexo.

    -Me encanta tu pico, tu pico me encanta -Rocío siempre me decía eso cuando tirábamos, cuando me la chupaba y por chat también.

    -A mí me encanta tu vagina, se siente tan rica… me aprieta tan rico -le respondía las primeras cosas morbosas que llegaban a mi mente.

    -Ay… que rico como me la metí, sigue así… si… ¿Te gusta?… ¿Te gusta mucho cierto? Dime… dime como te caliento porfi.

    -Si… me gusta, me gusta mucho… me calentai demasiado Rocío… demasiado de verdad… tu vagina es muy rica, calentita, resbalosa.

    Con Rocío éramos unos animales pervertidos en el sexo. Eso me encantaba de ella, la confianza de comportarnos como bestias en celo a la hora de satisfacer nuestro instinto primario.

    Seguía penetrando con pasión, ella empujaba su cola hacia mí para aumentar la fuerza de las estocadas. Estaba en el cielo, nuevamente, los dos lo estábamos. “Otra cachita más para recordar” pensaba fugazmente.

    Mordía su hombro… eso la ponía a mil. Mordía su oreja… eso la ponía a cien mil. Al oído le decía lo mucho que me calentaba… eso la ponía a un millón.

    Cuando los gritos de Rocío subían de tono; tenía que tapar su boca, esta vez, con mis dedos para que simulara otra cosa.

    De vez en cuando se me salía el pene. Inmediatamente, lo volvía a meter. Sin embargo, en una de esas muchas estocadas fallidas, esperé un poco, y me quedé viendo su tremendo culo todo para mí.

    -¿Qué pasa (…)? -me preguntó con una voz cansada y a la vez tierna.

    -Quiero ver -respondí a secas.

    -¿Qué quieres ver? Vuelve a meterla otra vez, te lo ordeno.

    Esta vez no fui complaciente. Me agaché y abrí sus nalgas para observar su hermoso y oloroso espectáculo; su vagina dilatada, rosada y llena de jugos, estaba toda para mí. Se la besé un tiempo y a ella le gusto, introducía mis dedos para mantenerla como hace un momento. Rocío movía su cola en círculos para sentir más placer. Mientras pasaba lengua; ella con sus manos abría su cola. Fue en un momento en que tomé una bocanada de aire, cuando me percaté de su agujero, que, hasta el momento, era un secreto para mí. Un hermoso anillo también rosado por dentro. Se notaba y se podía inferir que otros fueron privilegiados de sentir esa cosita. ¡Ay! Como me encantaba su culo.

    Comencé a pasar lengua; me encanta sentir el sabor de un ano femenino, siempre limpio, siempre seco; a veces, no importa.

    -Yapo… no pierdas el tiempo, te he dicho mil veces que por ahí no puedes -me decía Rocío con ofuscación, pero aun así se podía notar su tono lascivo.

    -Ay Rocío pero porqué no… desde el día que te conocí y vi tu tremenda colita que sueño por poder meterla ahí.

    -Pero si te he dicho que por ahí solo puede (…) es un pacto que hice con él. Lo siento, no puedo.

    -Pero si no se va a enterar nunca… como nunca se va a enterar de esto. El pololeo también es una tradición, y mira como estamos ahora… te estoy saboreando el ano Rocío ¿Qué tan grave puede ser? Aparte, no sabes lo rico que podríamos hacerlo.

    -¿Por qué siempre me sales con este temita? ¿Acaso no te conformo con lo que hacemos? ¿Acaso no te caliento lo suficiente?

    -No es eso… nada que ver, solo es para experimentar cosas nuevas entre nosotros… ¿Para qué te reprimes? ¿Para qué? Hemos hablado mucho acerca de las normas que nos imponemos… todas, en el fondo, son absurdas… ¿Qué es eso de que solo puedo tener sexo anal con mi pololo?… Por favor Rocío.

    Rocío no respondió. Aprovechando la situación, me acerque a su rostro y la besé mientras acariciaba su cabello; esos hermosos chochos siempre humedecidos… humedecidos como su vagina. Ella puso una cara tierna mientras me regalaba otra sonrisa. Ahora, era consentida a mis caricias.

    Aunque nuestra relación se basada en sexo casual y sin ningún tipo de compromiso, nos dábamos el tiempo suficiente como para ser regalones el uno con el otro. En el fondo, los dos éramos espíritus sensibles, los dos escondíamos nuestra ternura con falsa frialdad sin saber el porqué. En ese sentido, con Rocío éramos iguales, por eso nos encontramos y coincidimos. Casi en todo, casi.

    En ese momento pensaba que la había convencido, mis lecturas acerca de la futilidad de nuestras convenciones morales parece que habían servido para algo. Entre besos y caricias, Rocío había notado que mi erección se apagaba y comenzó a masturbarme lentamente, mientras me decía palabras melosas en relación a mí y a mi pene. Me volví a excitar. No tardé mucho en volver a estar a tope. Rocío bajó y me la empezó a chupar otra vez. Cuando dejó de chupármela; escupió y esparció su saliva por mi pene rodeando casi por completo el condón. Se apoyó de espaldas a mí sobre el escritorio y abrió sus nalgas con las manos. Su ano se abría entregándome toda disposición. Era una vista hermosa, caliente y mórbida: lo suficiente como para calentar a una psicología como la mía. Fisiología tal vez.

    -Primero, métela despacio. Para que me vaya adaptando a tu pico. Cuando te diga, dame duro.

    -Tranqui señorita (…) -a veces nos llamábamos por nuestros apellidos -se como se hace esto. No pienses que no lo hecho antes.

    -Buena po’ … a veces te poní agrandadito sin que te lo pidan -mientras me decía esto último, ella y yo reíamos.

    Comencé a introducir lentamente mi pene No costó demasiado. La cabeza un poco, pero un poco nada más. La lubricación de su saliva había facilitado, pero creo que no hacía falta, pues, como dije antes; era un agujerito que exudaba experiencia.

    Cuando entró la cabeza, metí fuertemente el resto. Rocío soltó un grito de placer considerable. De nuevo le tape su boca con mi mano.

    -Te dije que la metierai despacito po’ -me decía en un tono calenturiento de plena cacha.

    -Lo siento… es que me vuelves loco po’ Rocío, no soy capaz de controlarme en estas cosas, menos contigo.

    -Bueno… ya… sigue, sigue no más.

    Comencé a bombear su retaguardia. El placer que sentía era intenso. De momentos, podía meter casi por completo mi pene dentro de ella, ya que con sus manos abría sus glúteos entregándome todo el camino. Era calentito, estrecho, resbaloso; si no daba la presión necesaria, su ano podía expulsar mi pene sin problemas.

    -Dame duro… dame duro hueón te digo.

    Rocío dio la orden. Acaté. Ella arqueó su cuerpo y apoyó su abdomen y tetas sobre el escritorio. Una lapicera y el mouse del PC cayeron a piso. No importó. Como ya no importaba el ruido de la lujuria.

    Penetraba fuerte y duro. Rocío era una leona, yo, un obrero. Comencé la infaltable, las nalgadas siempre son efectivas para ayudar a la mujer en el orgasmo. Rocío respondía con gritos de placer a cada una de ellas.

    Penetraba y penetraba. Estuve así por lo menos dos minutos y sentí que ya no podía aguantar más. En cualquier momento iba a acabar.

    -Ay… ay… me voy a venir, me voy a venir -gritaba Rocío.

    En ese momento, ella comenzó a mover su culo con movimientos circulares, como los que comúnmente realiza cuando tiramos, causándome un pequeño dolor que no manifesté. Fue en uno de esos movimientos en que mi pene salió de su ano; Rocío soltó nuevamente un grito de placer a raíz de esto. Pude notar que el condón tenía unas ligeras manchas de feca. Si se preguntan si me dio un poco de asco; todo lo contrario, me calentó aún más. Y no solo eso, fue ahí cuando cometí un error que ya volveré a repetir en mi vida: me quité el condón sin avisar. Volví a meter mi pene en su ano y Rocío no notó lo que había hecho. Debo reconocer eso si, que el placer de sentir mi pene descubierto dentro de ella, aumentó mucho más. Su interior apretaba mi miembro y esa sensación de roce me provocaba una excitación brutal. Ya estaba a punto.

    Levante a Rocío y volvimos a estar parados, la comodidad de la penetración se complicó un poco, pero no iba a impedir mi inminente orgasmo.

    -Me voy a venir, me voy a venir Rocío -le decía.

    -Ya, vente… vente rico no más… yo ya me vine una vez -me respondía ella entre jadeos

    -Que rico… cosita rica… me calientas demasiado… ya… ya… me vengo… me vengo

    -Ya… ya… vente… vente… ¿Si?… ¿Si?

    Una sensación avanzó por toda mi espina dorsal… era el momento de la eyaculación. Rocío acompañó todo mi orgasmo con gritos de satisfacción. Todavía puedo sentir como mi pene palpitaba dentro de ella. Estaba en el cielo… si podemos sentir ese nivel de placer, es porque somos algo más que simples animales. Era perfecto, era dichoso, era satisfactorio; desde ese día podía sentirme algo más tranquilo por tener en mis recuerdos semejante encuentro en la furtividad de esa oficina.

    Rocío apoyó su cabeza en mi pecho evidenciando su cansancio y su satisfacción. Aproveche su postura para besar su cuello y acariciar sutilmente su cuerpo, sus senos y su vagina, mientras mi pene aún se encontraba dentro de ella, languideciendo después de laboriosa actividad. Unos restos de semen cayeron al piso. Era el momento de dejar la guarida.

    -Parece que se rompió el condón -me dijo ella al percatarse de que mi líquido se deslizaba a través de sus muslos.

    -No -le dije muy tranquilamente -lo que pasa es que me lo quité para sentirte un poquito más natural.

    -Mira… hueón aprovechador… -respondió en tono de broma -no me molesta, pero para la otra avísame, mira que igual una se siente rara después de que acaban por ahí.

    Rocío me pidió algo para limpiarse, le pasé una toalla algo sucia de un casillero. Se limpió sus muslos, manos y ano; pudiendo escuchar los sonidos de la mucosidad. Subió sus pantalones y me preguntó si había restos de semen en él. Había dos pequeñas manchas fácilmente disimulables. Le di una palmada, la besé y nos abrazamos un tiempo. En esos momentos post cacha, siempre había algo de sentimiento, algo más que simple contención sexual.

    Antes de llegar a la puerta y despedirse, Rocío me dijo lo de siempre:

    -Me encantó… estuvo rico, muy rico ¿Cierto?

    -A mí también me encantó, no sabes cuánto me encantó -la volví a besar.

    -Me gustó que me la metieras por ahí (…), pero no te acostumbres mucho ¿Bueno?

    -Uff… con lo rico que estuvo, no sé.

    -Ya chao… nos vemos -me dijo esto mientras le daba golpecitos a mi pecho.

    -Nos vemos después.

    Rocío partió por el pasillo, moviendo esa cola fascinante que me calentaba. De súbito, quise decirle algo último

    -¡Oye!

    Ella dio media vuelta, y yo, sin decir una palabra, pero con un lenguaje claro de labios le comuniqué otra vez: «me-en-can-tas.» Rocío me respondió con una sonrisa coqueta, esa que deja ver el espacio entre sus dientes.

  • La situación más excitante y morbosa: Nuestro primer trío

    La situación más excitante y morbosa: Nuestro primer trío

    Somos Alex y Melisa una pareja de 35 y 36 años, que aunque nos consideramos novatos, ya vamos teniendo algo de experiencia en este mundillo.

    Desde CuentoRelatos os queremos contar como han sido las experiencias que hemos tenido hasta ahora, así como nuestras fantasías aún no cumplidas. En otras páginas ya hemos publicado algunos de nuestros relatos, pero acabamos de descubrir este sitio y la verdad es que nos ha gustado mucho.

    En primer lugar, os pongo un poco en situación. Somos pareja desde muy jóvenes, aunque antes de Alex, yo tuve otro novio, con el que inicié mi vida sexual. La verdad es que para mí, el tema del sexo siempre ha sido un poco tabú, nunca me ha gustado hablar con mis amigas de este tema, me daba mucha vergüenza, y al pobre Alex lo tuve sufriendo sin poder probar hasta pasado bastante tiempo de novios…

    Alguno de los relatos que publique serán reales en los que cuente nuestras experiencias, y otros serán ficticios en los que cuente nuestras fantasías no cumplidas (por el momento).

    Relato real.

    Bien, pues nuestra vida “liberal” comenzó hace ya unos 8 o 9 años con un viaje que hicimos a Aragón. Después de haber cenado los dos solos y haber estado tomando unas copas en algún pub, estábamos un poco “motivados” y con ganas de irnos al hotel y poder satisfacer nuestras necesidades… Cuando íbamos en el coche Alex me dijo que si me podía hacer una proposición, le dije que me contase, y me dijo que llevaba tiempo con una idea en la cabeza y no se atrevía a decírmelo, pero que creía que ese era el momento. Me dijo que le ponía mucho la idea de imaginarme con otro tío, que algunas veces cuando lo hacíamos, pensaba en mí follando con otro, al principio pensé que se estaba burlando de mí, pero siguió y empecé a darme cuenta que no estaba de broma y que estaba hablando en serio, cosa que se confirmó cuando me propuso que porque no íbamos a un local de intercambios de pareja en lugar de regresar al hotel, me dijo que ya lo tenía todo visto y que podíamos ir aunque fuese sólo a mirar.

    Como os podréis imaginar yo me quedé en estado de shock y con un cabreo monumental. A Alex le cayó unas de las broncas más grandes que hemos podido tener. Yo no era ninguna puta, y no podía entender como él me podía querer compartir con otro hombre, cuando yo solo de pensar que él besase a otra mujer me revolvía el estómago.

    Después de la discusión, nos fuimos al hotel y ese día evidentemente no hubo nada de sexo…

    Después de esta situación este tema quedó un poco aparcado, y no volvimos a hablar mucho del tema. Alex cada vez que podía lo recordaba para burlarse del cabreo que cogí, y bueno, también por si colaba…

    En otro viaje, no mucho tiempo después, nos acababan de regalar una cámara de vídeo y la habíamos estado estrenando haciendo un poco de turismo. Cuando llegamos al hotel, (como es normal porque aún no vivíamos juntos, y única opción que teníamos de hacer el amor era en el coche o en los hoteles cuando íbamos de viaje) no pusimos a follar, con el deseo típico de quienes no tienen la oportunidad de hacerlo a diario.

    A la mañana siguiente, cuando me desperté, Alex había conectado la cámara de vídeo a la televisión de la habitación para ver lo que habíamos estado grabando el día anterior. Estuvimos viendo los paisajes y monumentos que habíamos grabado, pero cuál fue mi sorpresa cuando de repente aparecimos en la pantalla los dos follando… Alex no me había dicho nada, pero había estado grabando el polvo de por la noche. Al igual que en la otra ocasión, mi primera reacción fue de cabreo, pero se me quitó rápido, y fue cambiando a un estado de morbo que no había sentido antes. Me estaba poniendo realmente cachonda verme en la tele follando y gozando. Antes de que terminara el video ya estamos de nuevo en la cama repitiendo la escena.

    Desde aquel día, algo en mí comenzó a cambiar, me gustaba verme en videos y fotos y me gustaba lo cachondo que se ponía Alex.

    Cada vez que podíamos nos grabábamos, y casi a diario yo le enviaba fotos a Alex en ropa interior o desnuda, y él me respondía con vídeos masturbándose. Aquello me ponía realmente a cien, y había noches que no podía dormir sin antes “tocarme”.

    Para no dejar la costumbre, nuestro siguiente avance también fue en un viaje, en este caso a Lisboa.

    Estábamos alojados en una especie de apart hotel, con un bungalow, en el que el dormitorio tenía un gran ventanal que daba al jardín.

    Una tarde, al llegar de la piscina, antes de ducharnos y prepararnos para salir a cenar, nos tumbamos en la cama y nos pusimos a magrearnos, Alex se levantó para cerrar las cortinas del ventanal que daba al jardín y le dije que no las cerrase, que me apetecía hacerlo con la ventana abierta, de repente en su cara se dibujó una expresión perversa, le encantó la idea.

    Continuamos a lo nuestro y continuamos follando como si tal cosa. No sé cuántas personas pasarían por fuera y nos verían, pero el sólo hecho de pensar que nos podían estar mirando me podía a cien, y a Alex ya ni os cuento.

    Bueno, pues poco a poco se va acercando lo bueno.

    Hace unos tres años, cuando ya vivíamos juntos, a Alex le salió un trabajo lejos de casa, en otra comunidad autónoma y por ello desde entonces estaba fuera entre semana y sólo venía a casa los fines de semana.

    Desde entonces, todas las noches hacíamos video llamadas para hablar y contarnos que tal nos había ido el día. Y cuando surgía pues practicábamos un poco de cibersexo. Otras veces, él me enviaba relatos eróticos que leía en internet… (de ahí mi afición por los relatos).

    Uno de los relatos que me envió una noche hablaba de un marido le regalaba a la mujer un masaje erótico. Ese relato, aunque no tenía nada de especial respecto a otros, me gustó bastante y lo leí en varias ocasiones, porque me ponía realmente cachonda…

    Un viernes al llegar Alex a casa, habíamos comprado entradas para ir al cine. Pero cuando íbamos en el coche, quise retomar la primera conversación de Alex en aquél viaje a Aragón y darle la vuelta, y le dije que si le podía hacer una proposición, él evidentemente aceptó, y le dije que si se acordaba del relato del masaje erótico, que si le gustaría que cambiásemos el plan del cine. Le dije que desde que leí el relato no podía parar de pensar en esa situación, que me gustaría llevar a cabo esa fantasía.

    Alex se quedó totalmente petrificado… por fin había conseguido convencerme. Rápidamente dijo que le encantaba la idea. Dijo que él ya lo había pensado muchas veces.

    Me dijo que nos fuésemos a un hotel alquilásemos una habitación y mirásemos en las páginas de contactos algún masajista erótico que hiciese salidas a hoteles.

    Y así lo hicimos…

    Si os digo la verdad, yo estaba muerta de miedo, no me creía lo que estaba a punto de hacer, y sin embargo me moría de ganas por hacerlo. Había releído tantas veces aquel relato que no veía el momento de hacerlo realidad.

    Nos tumbamos en la cama y nos pusimos a decidir a quién llamábamos. En principio no veíamos ningún anuncio que nos convenciese. Yo quería que el anuncio tuviese foto del chico, que el chico no fuese ni muy mayor ni muy joven, y sobre todo que fuese aseado.

    Después de mucho mirar encontramos un anuncio que parece que me gustaba y llamamos.

    Hablamos con el chico, le dijimos en el hotel en el que estábamos y le dijimos lo que queríamos. Nos dijo que estaba lejos y que tardaría sobre hora y media o dos horas en llegar y que nos iría escribiendo por whatsapp.

    Antes de nada, le dejé las cosas claras a Alex. A mí me apetecía mucho probar, pero en principio yo solo estaba dispuesta a que me hiciesen un masaje erótico. Me volvía loca la idea de verme tumbada en la cama mientras otro hombre me sobaba y me tocaba mis partes más íntimas delante de Alex.

    Hasta que el chico llegó, el tiempo se hizo un poco largo, yo estaba muy nerviosa, por un lado, tenía ganas de que llegase y por otro lado quería que todo hubiese acabado ya ¿y si salía mal? ¿Y si el chico era un maleducado o si era poco higiénico? ¿Y si me hacía daño? ¿Y si Alex llegado el momento le entraba un ataque de celos y aquello acababa con nuestra relación?

    Todas estas preguntas se me pasaban por cabeza una y otra vez y me hacían pensar que me estaba equivocado, pero que todavía estaba a tiempo de dar marcha atrás.

    Alex me lo debió notar, y me dijo que porqué esperar tanto, que podíamos ir aprovechando el tiempo. Ese día yo llevaba una blusa un poco ajustada, que realzaban mis voluminosos pechos y un pantalón negro ajustado. Se acercó a mí y comenzó a besarme poco a poco por cuello u boca, me desabrochó la blusa y comenzó a jugar con mis pechos. Yo le seguí el juego y le desabroché el pantalón para comenzar a tocársela suavemente. El hizo lo mismo y me quitó por completo el pantalón. Se me colocó encima y comenzó a rozarme, casi al instante ya estaba completamente empapada, me echó la braguita un poco al lado y me la introdujo muy despacio… la sacó y la volvió a entrar igual de despacio varias veces. Cuando ya estaba completamente metida en el juego. La sacó me dio un beso con toda la pasión del mundo y me dijo… “ahora ya estás preparada y relajada, el chico está a punto de llegar, disfruta que todo saldrá bien”.

    Maldito sea… me dejó con todo el calentón, estaba deseosa de sexo y se me habían olvidado por completo las incertidumbres que me preocupaban un rato antes. Con perdón de la palabra, Alex es un cabrón que sabe lo que tiene que hacer en cada momento. Pasé de estar pensando en irme a casa a desear que el chico llegase cuanto antes y rematase la faena.

    Al poco tiempo, por fin sonó el teléfono, el chico ya estaba en el hotel, llamó a Alex y le preguntó el número de habitación. En ese momento el corazón me comenzó a latir como una locomotora… tocaron a la puerta, Alex abrió y allí estaba él.

    Era un chico de unos 35 años (nosotros entonces teníamos 29 y 30), físicamente estaba bien, no era top model, pero a mí no me gustan los top model, y de cara era bastante guapo, pelo corto y moreno. Llevaba puesto una camiseta blanca y un pantalón bajero un poco ajustado.

    Nos presentamos, y hablamos durante unos minutos. No me preguntéis de qué hablamos, porque no lo recuerdo. Estaba súper excitada y no veía el momento de comenzar y al mismo tiempo quería acabar cuanto antes. Solo recuerdo, que mientras hablábamos dije “bueno ¿cuándo empezamos?”. Alex se echó a reír y dijo que ellos estaban allí a mi disposición.

    El chico me dijo que me quitase la ropa y me quedase en ropa interior. Así lo hice, me quité pantalón y blusa y me quedé con el sujetador y las bragas y me tumbé encima de la cama boca arriba. Mientras Alex se sentó en un sillón a un lado de la cama y se preparó para mirar, como si realmente hubiese ido al cine.

    El chico comenzó a sacar sus aceites y sus utensilios, me dijo que me diese la vuelta y me pusiese boca abajo. Comenzó a echarme el aceite por espalda y piernas y comenzó a entendérmela poco a poco. Al principio solo era un masaje normal, como el que me habían dado otras veces en los baños turcos, pero esta vez para mí no era igual, el hecho de estar en ropa interior en la cama con otro hombre y Alex allí quieto, petrificado, mirando… me excitaba muchísimo.

    Poco a poco el masaje fue subiendo de tono, y sus manos cada vez se acercaban más a mi culo, y aquello me hacía estremecerme, cada vez que sentía como sus manos se acercaban por el medio de mis piernas hasta llegar a rozar mi… coño. (Lo siento, pero a partir de aquí voy a subir el tono del vocabulario porque son las palabras que se me vienen a la cabeza).

    Me dijo que me diese la vuelta, y me puse boca arriba, y continuó con la misma técnica, me echo aceite por el cuerpo y comenzó a extenderlo. Ahora yo estaba boca arriba y podía mirarle a la cara mientas me tocaba. Al principio cerré los ojos, fruto de la vergüenza, pero al poco los abrí, porque realmente me guastaba verlo mientras me sobaba.

    Me quitó el sujetador y el masaje se centró en ese momento en mis pechos, masajeándomelos con fuerza a la vez que combinaba con sensuales roces a mis pezones, que ya estaban duros como piedras.

    Bajó una de sus manos y la metió por debajo de mis bragas para comenzar a acariciarme el coño. Miré a Alex y allí estaba él, sentado en aquel sillón con la misma cara de vicio que pone cuando follamos.

    Se levantó y se acercó a mí y me susurró al oído, “no seas tonta, aprovecha y toca tú también”. Como si fuese una orden, puse mi mano sobre su paquete y comencé a tocarlo. Estaba completamente empalmado, yo quería ver su polla, le desabroché el pantalón y la saqué.

    Ni en la mejor de mis fantasías, la hubiese imaginado así, no es mentira era como la de los actores del cine porno, grande, dura, gorda, venosa… joder en cuanto la vi, quise probarla y me la llevé a la boca y comencé a chupársela y a pajearla… para entonces él ya tenía dos de sus dedos dentro de mi coño entrando y sacando.

    Alex tampoco había perdido el tiempo y estaba en el sillón con su polla en la mano. Lo miré, aceleró el movimiento y vi cómo se corría… Le dije que le diese un condón al chico. Alex se limpió la mano en el sillón y rápidamente le dio el condón a nuestro amigo.

    Se lo puso se colocó encima de mí y me la metió… El placer fue inmenso, se me estremeció todo el cuerpo, siento no poder explicarlo mejor, pero es que no soy capaz de explicar lo que sentí en aquel momento. Es la situación más excitante y morbosa que he podido vivir nunca.

    El chico debía estar en la misma situación, porque fue meterla y comenzar a follarme con todas sus fuerzas. Yo me trasladé a otro mundo… no quería que aquello acabase nunca, mientras me daba embestida tras embestida, nos comíamos la boca con toda la pasión del mundo.

    Alex se acercó a nosotros y cogió mi mano para que le agarrase su polla, pero yo estaba en otro mundo… No sé si pasó mucho o poco tiempo, pero entre embestida y embestida, me corrí… le agarré el culo he hice fuerza contra mí y le dije que le diese fuerte…Él me dijo que se quería correr en mis tetas, intenté mantenerlo y que siguiese dándome placer, pero me la sacó, se quitó el condón y reventó todo su placer sobre mis tetas. Acto seguido Alex se me puso encima y continuó con la faena, y siguió follándome como si estuviese poseído.

    El chico se colocó de pie junto a la cama y continué comiéndome aquel pedazo de polla, que sabía a semen, mientras Alex me follaba. Yo seguía súper excitada, pero Alex me la sacó, se subió por mi torso me agarró la cabeza, sacando la polla del chico de mi boca y se dio dos o tres sacudidas hasta que se corrió en mi boca.

    Quedamos unos instantes, parados sin decir nada… luego el chico se fue al baño, se vistió y se fue.

    Alex y yo volvimos a follar un par de veces más aquella noche, el calentón no iba a desaparecer tan fácil.

    Al día siguiente, ya en ”estado normal”, me sentía un poco mal, en algunos momentos sentía que era una “guarra” y hasta me daba vergüenza pensar lo que había pasado la noche anterior.

    Sin embargo, como he dicho antes, aquella fue la situación más excitante y morbosa que he vivido, sin duda el mejor de los cuatro tríos. Supongo que será por aquello de que las primeras veces siempre son las mejores.