Autor: admin

  • Cuando Alexis me culeó en su casa

    Cuando Alexis me culeó en su casa

    Hola. El relato es una historia de momento feliz en Ciudad Juárez, Chihuahua, México.

    Los protagonistas somos Alexis y yo.

    Resulta que después de varios días de búsqueda en una página por fin me encontré a un prospecto que llenaba mis expectativas, en todo lo que yo pedía; su edad 34, estatura 1.7 m, buen tamaño de verga y erección aguantadora.

    Por mi parte me considero trasvesti de closet, edad 49 años, todavía con bonitas y atractivas nalgas, 1.67 m y complexión delgada. Mis nalgas y demás partes traseras casi lampiña mi piel.

    Una vez que hubo suficiente química en nuestras conversaciones por el chat, acordamos la hora 10 am del siguiente día que era sábado.

    Ese día me levanté muy temprano para prepararme e ir adecuadamente para mi encuentro, primero vacíe lo más que pude mis intestinos, no desayuné, me di un baño y partí a la casa de Alexis, como a 40 minutos de camino. Durante el trayecto le iba avisando cuanto tiempo me faltaba para llegar y también le decía lo caliente y ansiosamente que iba con ganas de sentir su rigor de hombre tomándome por la cintura y llenando mi culito con su verga.

    Muy pronto se llegaron los 40 minutos y ya estaba tocando su puerta. Apenas toqué una vez y escuché, pasa está abierto…

    Entré y cual va siendo mi sorpresa, ya se le notaba el bultote por encima del short. Y me dijo que bueno que llegaste pronto porque mi roomate me acaba de llamar y dijo que regresará antes de lo convenido después de haber salido a saludar a su madre.

    Así que como ya los dos estábamos muy calientes, le puse un condón texturizado, me unté lubricante en mi culito ardiente, luego él me bajó mi pantalón y calzón y me empezó a pasar su verga por toda mi raja, acariciando y agasajando mis nalgas. Luego me fue dando metiditas cada vez más profundas hasta tenerla toda dentro de mi culito.

    Cuando ya teníamos como quince minutos de estarme culeando le marcó a su amigo para preguntarle en cuanto tiempo llegaría y le dijo que como en 10 minutos, entonces me volvió a penetrar y me dio duro como por cinco minutos, lástima que no pudimos terminar, nos quedamos a medio camino. Por eso no me gusta ir a domicilios, porque nunca falta quien llegue y echan a perder el momento.

    Me tuve que retirar más caliente de como iba, así que al siguiente día fui con otro prospecto a su trabajo, pero no fue lo que esperaba ni hizo nada de lo que le dije que me gusta. Al contrario, de buenas a primeras me penetró salvajemente de un solo metidón, fue muy rudo y así no me gustan los hombres.

    Ya he dejado pasar el tiempo y ando en búsqueda de otro buen candidato, espero encontrarlo pronto y que me deje bien satisfecha mi colita.

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  • Él se acercó y me besó

    Él se acercó y me besó

    Cuando abrimos la puerta de aquella habitación, nos encontramos con un vecino que tenía libre acceso a la casa, me sorprendí y me puse algo nervioso, ella se fue de inmediato saludando muy normalmente y yo me quedé con Chon, tal era su apodo, tendría unos 60 años y entablamos un breve diálogo que iría por más:

    -¿Y, que tal esta chica? Me dijo en cuanto quedamos solos mientras me acercaba un mate

    -Bien, que sé yo. Respondí algo nervioso porque me habían descubierto en mi infidelidad.

    -Tranquilo que será nuestro secreto. ¿Te gusta ella?

    -Está buena.

    -¿Y qué tal es en la cama?

    -Me gusta mucho lo que hace. Creo que dije

    -Nunca lo sabré. Respondió

    Me quedé callado unos segundos; quedarme solo con el vecino me dio cierta adrenalina, creo que todos sabíamos que era gay, aunque nadie lo decía; entonces él retomó la conversación:

    -Vos sos un lindo chico, imagino que tendrás muchas oportunidades.

    -La verdad que no sé, no estoy buscando.

    -Dale, no me mientas, si hasta los hombres te deben seguir. Comentó mientras me daba otro mate y me miraba muy directamente, mi silencio fue elocuente.

    -Mmm, me parece que ya has estado con alguno, ¿o no? Y se acercó a mí muy provocativamente, me besó, suave primero, para ver mi reacción, la que fue permisiva y apasionadamente luego al ver que me dejaba.

    -Siempre me gustaste, pero acá no podemos hacer nada, te espero mañana a la noche, como a las 7 en casa. No me falles. Dijo

    Solo pude responder un tímido sí y Chon se fue sonriendo, yo no me quedé mucho más y volví a mi casa con mi familia y con una sensación muy extraña dentro mío, ya que no era insatisfacción, pero cierta molestia conmigo mismo tenía; había tenido un sexo increíble con una mujer y casi instantáneamente un hombre me besa y eso me gustó.

    A las 7 de la tarde estaba tocando el timbre de la casa de Chon, enseguida me recibió, me hizo pasar a un hall de entrada y apenas cerró la puerta me besó, suave, amoroso, como deseando jugar al novio y respondí de la misma manera, me di cuenta que los besos serían un signo erotizante en mí, no puedo iniciar un buen momento sexual si no hay besos y cuanto más apasionados mejor.

    Pero él fue de a poco, un hombre con experiencia frente a un joven de 25 años inexperto pero ansioso de aprender la vida homosexual, me llevó hasta su pieza y al encerrarnos me pidió que me desnude, solo se sentó sobre la cama y miraba lo que hacía, reconozco que me inhibía por lo que lo hice casi dándole la espalda para no verlo directamente.

    -Qué lindo estás

    -Gracias. Respondí muy tímidamente

    -No te pongas nervioso, relajate, yo te voy a enseñar todo lo que quieras, ya vi que te gusta besar, eso me encanta de los putos.

    Debo reconocer que esa afirmación no me molestó, pero me causó cierto escozor… no sé, fue rara en ese momento de mi vida. Igualmente me desnudé por completo y él se acercó a besarme empezando con caricias por todo mi cuerpo, casi diría que fue más un manoseo mientras me besaba, mordía mis pezones y eso me excitaba al punto de abrazarlo, algo me pasaba con este hombre muy amigo de la familia que no podía dominar, para nada sentía rechazo, diría que todo lo contrario, pero no era la atracción que había sentido por el Colo, sabía que había algo más y el buen vecino me manejaba a su antojo.

    Se sentó al borde de la cama y dijo:

    -Arrodillate y chupame la pija. Fue casi una orden que cumplí sin decir ni una palabra. Me tragué su miembro erecto, pero no tan duro como recordaba el de mi vecinito.

    Pero acá empezó mi aleccionamiento, yo simplemente me lo tragué

    -No, así no, despacio, saborealo, primero la cabeza y usá mucho la lengua. Exacto, así…. eso… vas a salir bueno.

    Por primera vez estaba sintiendo el placer de estar con un hombre que me enseñara como complacerlo, no recuerdo cuanto tiempo estuve de rodillas ante Chon, pero si tengo en mi memoria aquella cama y él sentado guiando mi cabeza sobre su zona genital hasta que me levantó, me llevó derecho a sus labios y nos acostamos entrelazados en caricias y besos, sus manos me pajeaban y yo hacía lo mismo, entonces se dio vuelta y me ordenó que le chupara la cola, nunca pensé que algo así me gustara tanto que mi pene endureció y tuve la necesidad de metérselo

    -Si dale, hacelo sin miedo.

    Y pude penetrarlo tanto que, en pocos segundos, inicié el bombeo como para acabar

    -No acabes. Sentenció y así lo hice; la saqué, se dio vuelta e iniciamos nuevamente un juego de caricias y besos que nos encantaba. Creo que estuvimos juntos en aquella cama alrededor de una hora hasta que me pidió que lo pajee hasta acabar y al hacerlo fui derecho a pasarle la lengua a su pija chorreada de semen saboreándolo.

    -Ahhh, pero veo que no sos nuevo en esto. Aún te falta mucho por aprender, pero vas a ser muy bueno. Dijo mientras yo tragaba y él inició mi masturbación que en pocos segundos explotó en su mano y luego se encargó que también me la tome.

    Y luego de la limpieza necesaria nos cambiamos y me guió hasta la puerta donde me dijo que me esperaba nuevamente cualquier día a la misma hora.

    Hasta acá, tuve una vida donde las relaciones sexuales con hombres no habían sido buscadas por mí, donde casualmente encontraba ropa femenina que me gustaba probarme y lo hacía. Pero encontrar a Chon (o él a mí) generó un antes y después.

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  • Sonia y los hijos de su marido

    Sonia y los hijos de su marido

    Varios días después de la última conexión recibí instrucciones para conectarme de nuevo y en la pantalla apareció Sonia, llevaba un vestido muy largo y elegante y un collar colgaba de su cuello, poco después se oyó sonar la puerta, ella fue a abrir, y al poco volvió con mis cuñados, es decir hijos de su marido, Oscar y Pascual, les pidió que pasaran, ella se sentó en el sofá mientras ellos permanecían de pie, Pascual fue el primero en hablar:

    -Nuestro padre nos ha pedido que te llevemos al sitio que tú nos digas.

    Sonia miró un momento su reloj y dijo:

    -Muchas gracias, chicos, pero aún es un poco pronto, y quiero haceros un regalo, sé que me consideráis una puta, pero esta puta es agradecida con quienes se portan bien con ella.

    Y diciendo esto llevó una de sus manos hacia el bulto de los hijos de su marido y se los acaricio por encima del pantalón, poco después les abrió las braguetas y sacó sus pollas, en ese momento dijo:

    -Hay que reconocer que tenéis un par de buenas pollas.

    Cada uno de ellos estaba situado a un lado de la mujer de su padre, ella se había bajado el vestido por la parte superior, no llevaba sujetador y sus tetas, pequeñas pero bonitas, quedaron al aire, de otro lado se había subido el vestido, abriéndose a tope de piernas hasta dejar a la vista su tanga blanco,

    Después les desabrochó las braguetas y por ellas sacó las pollas de los hijos de su marido, que se encontraban completamente endurecidas por el tratamiento que ella les estaba aplicando, con cada una de sus manos se puso a masturbar una de las pollas de ellos, hasta que, sin dejar de masturbar la polla de Oscar, llevó su boca hasta la polla de Pascual, y sacando su lengua comenzó a chupárselas, al sentir la lengua de la mujer de su padre sobre su miembro, Pascual dijo:

    -Hermano, hay que reconocer que esta tía usa la lengua muy bien, no me extraña que el cabrón de nuestro padre esté chocho por ella.

    Ella ajena a sus palabras se metió la polla de Pascual, quizá era la que más le gustaba de las dos y se puso a chupársela, hasta que le hizo un gesto a Oscar para que se acercara más, hasta que las dos pollas estuvieron casi juntas, y se las metió en su boca. Los dos hermanos estaban alucinando, luego volvió a sacar la de Oscar, sin dejar de acariciarla, y se puso a chupársela a Pascual, estuvo poco tiempo en esta postura, y la invirtió de esta manera, mientras se la chupaba a Oscar se la acariciaba a Pascual.

    Se giró y se puso a chupar la de Oscar, en ese momento Pascual, llevo sus mano hasta el culo de Sonia y se lo acaricio, mientras decía:

    -Esta zorra es divina.

    En ese momento Sonia le pifio a los dos que se tumbaran en el suelo y ella también se tumbó, volvió a avariciar las pollas de los hijos de su marido, y en este caso mientras acariciaba la polla de Oscar se metió la de Pascual en la boca, estuvo un rato en esta postura, luego cogió las dos pollas, y se ls metió en la boca, nuca hubiera pensado que cogían, pero así era, Durante un rato siguió jugando con sus pollas, tan pronto se metía en la boca una, como la otra, o las dos a la vez, hasta que les dijo:

    -Bueno mis niños, creo que es hora de que mami os haga un bien regalo, pero tenerlo en cuenta a partir de ahora, si vosotros sois buenos conmigo, yo seré buena con vosotros, juntos o por separado, pero si continuáis siendo malos, mami no os dará chocolate.

    -Seremos buenos dijeron los dos.

    Ver a Sonia lamer dos pollas a la vez resultaba muy excitante y no pude resistir las ganas de llevas mis manos hasta mi coño y masturbarme

    Mientras Sonia había pedido a Oscar que se tumbara en el suelo, ella se sentó encima de él y llevó la polla del hijo de su marido hasta la entrada de su coño, la introdujo en su interior, y comenzó a jugar con ella, los gemidos de Oscar resultaban impresionantes, pero Pascual no se quiso quedar y poniéndose a lado de Sonia, de pie, le ofreció su polla para que esta se la chupara, ella aceptó el reto y se la introdujo en la boca, de esta manera los dos hombres se pusieron a gemir de una manera increíble.

    Pero Pascual tenía envidia, y quería probar el coño de su madrastra, así que pidió un cambio de postura, y no era cuestión de discutir, de esta manera, Sonia se levantó de encima de Oscar y este también se puso de pie, Tras ello fue Pascual quien se tumbó en el suelo, y fue la mujer de su padre quien se sentó encima de él y comenzó a cabalgarle, mientras su hermano le ponía la polla al alcance de la boca de Sonia, nuevamente los gemidos fueron intensos, Pascual dijo:

    -Joder hermanito esta tía lo hace mejor que las chicas de la oficina.

    Sonia no decía nada, pero seguía ocupándose de las pollas de “sus niños” que no podían ocultar lo mucho que estaban disfrutando con su nueva mama

    En ese momento Oscar tuvo una idea, y dijo:

    -Hermanito, ¿Crees que a nuestra nueva mama le gustaría que se la metiéramos por el culo? Me apetece un montón

    -Como ya he dicho si sois buenos, mama os complacerá, dijo Sonia con un tono muy erótico.

    Y los tres se dispusieron a cambiar de postura Pascual continuó en el suelo tumbado boca arriba, su polla estaba completamente empalmada, Sonia cambió de postura se puso de cara hacia el susodicho, y volvió a acopar la polla del hijo de su marido dentro de su coño, adoptó una postura que dejaba su culo al descubierto, eso era una tentación demasiado grande para Oscar que se puso detrás de ella, arrimó su polla a la entrada del culo de Sonia y la penetró, después dirigiéndose a su hermano dijo:

    -Hermano esta puta tiene un culo divino, no sabes el gusto que le está dando a mi polla.

    Pero su hermano también estaba disfrutando tenia a esa mujer encima moviendo su coño de una manera muy placentera y, al estar pegado a ella, él podía chupar sus tetas, pequeñitas, pero muy sexys, se notaba que se sentía en la gloria.

    -¿Estáis viendo lo que os estáis perdiendo por no ser amables conmigo? Dijo Sonia, bueno nos estamos perdiendo todos, yo lo estoy pasando divinamente con vosotros.

    Y yo estaba disfrutando, viéndolos follar, hasta que Pascual dijo:

    -No puedo aguantar más hermano, déjame un poco el culo de nuestra nieva mama

    -Lo estoy pasando divinamente hermanito, pero dado que desde hoy vamos a compartir un secreto creo que no tengo más remedio que ceder, respondió Oscar

    -No te quejes tanto, dijo Pascual, veras como lo vas a pasar divinamente.

    Esto último pareció convencer al primero, que sacando su polla de ese sitio que tanto placer le estaba dando, lo hizo y se tumbó en el suelo, Sonia apartó la polla de Pascual de su coño y levantándose fue al lugar donde estaba Oscar y acopló su coño con la polla de su otro hijo, al sentirlo este dijo:

    -Llevas razón hermanito que coño más caliente tiene esta tía.

    Ella manteniendo la polla de este dentro de su coño se tumbó encima de él y los dos se fundieron en un beso, mientras pascual se había levantado de su sitio y al ver el culo de Sonia libre no pudo resistir la tentación y de un golpe se la metió, el culo de la mujer de su padre le recibió de una manera muy hospitalaria y el dijo:

    -Llevas razón hermanito, nuestra nueva madre tiene un culo muy acogedor

    Y comenzó a mover su polla en este sitio, durante un rato los gemidos de los tres se mezclaron, Pascual dijo:

    -Me parece que ya tenemos algo mejor que las chicas de la oficina, jajaja.

    Y siguió ocupándose del culo de Sonia, hasta que dijo:

    -No puedo más mamita, me voy a correr.

    -Hazlo, mi niño dijo ella,

    Los gestos de él demostraban que sus palabras se correspondían con la realidad y cuando se salió el culo de su madrastra estaba lleno de semen, pero Oscar no se había corrido, por lo que Sonia continúo cabalgándole hasta que se corrió, entonces se salió de él y les dijo:

    -Chicos yo continuaría con vosotros mucho más rato, pero me temo que debo de acudir al sitio para el que vinisteis a buscarme, voy a lavarme un poco y luego a vestirme, creo que vosotros deberíais de hacer lo mismo.

    En ese momento la transmisión se cortó. Cuando días después recibí ordenes de volver a conectarme, volvía encontrarme en el salón de la casa de mi suegro, y nuevamente allí estaba Sonia, esta vez llevaba una, busa azul y una minifalda negra que dejaba al descubierto buena parte de sus piernas; a su lado vestido de una manera impecable se encontraba Fernando, otro de mis cuñados, el único hijo de su marido con el que no había follado parecía estar conversando de una manera amigable, en un momento determinado Sonia le preguntó:

    -¿Te gustan mis zapatos?

    Aparentemente para que el lo viera mejor, ella alzó una de sus piernas, y la llevó hasta el bulto del hijo de su marido, y de una forma muy precisa se puso a alaciárselo con su tacón, él de dejó hacer, ella le preguntó:

    -Te gusta.

    El seguía sin responder y ella añadió:

    -Creo que esto te gusta más.

    Se puso de pie y en un movimiento muy rápido, se quitó la blusa y la falda, quedándose únicamente con un conjunto de lencería muy pequeñito y sexy, en ese momento a él se le notaba nervioso, pero ella le dijo:

    -Tranquilo mi amor, esto no se lo contaremos ni a tu mujer, ni a tu padre, será nuestro secreto.

    Estas palabras de ella parecieron tranquilizarle, ella se agachó ligeramente, el le bajó las hombreras del sujetador dejando al aire sus tetas, y se puso a chuparle los pezones, ella le dijo:

    -Mi niño, si tienes ganas de tetita, mami te dará tetita.

    Al rato fue ella la que dijo:

    -Ahora soy yo la que tiene ganas de leche.

    Se terminó de quitar el sujetador, se arrodilló enfrente de él, llevó sus manos hacia su bragueta, se la abrió, le sacó la polla y se la metió en la boca, dando comienzo a una mamada, él le dijo:

    -Sonia lo haces muy bien.

    -Llámame mama, le pido ella.

    -Mama, lo haces muy bien, respondió él, pero me encantaría comerte el coño.

    -¿Tu mujer no te deja que se lo comas?, volvió a preguntar ella?

    -Hace mucho que no lo hacemos, contestó él, hemos caído en la monotonía-

    Si el supiera que sus hermanos si se lo hacían, jajaja

    -Es todo tuyo dijo ella.

    Se tumbó sobre el sofá con las piernas bien abiertas, el se levantó de este, se arrodilló enfrente de ella y sacando su lengua la introdujo en el coño de la mujer de su padre.

    -Lo haces maravillosamente, dijo esta

    Y parecía ser verdad si lo juzgamos por la cara de Sonia, se notaba que el hijo de su marido le estaba dando mucho placer hasta que finalmente se corrió, el se apartó y ella le dijo:

    -Me has hecho alucinar con tu lengua, desde este momento, mi cuerpo es tuyo.

    Él se quitó toda su ropa e hizo lo mismo con el tanga de ella, después se tumbó, de medio lado en el sofá y le pidió a ella que se pusiera delante de él, ella lo hizo y abrió bien sus piernas, alzando una de ellas, él. desde esta postura acercó su polla al coño de Sonia y de un golpe se la metió, los dos comenzaron a gemir, él le dijo:

    -Con este coño tan caliente y delicioso, no me extraña que mi padre este loco por ti

    -Gracias, cariño, pero con una polla tan grande y deliciosa como la tuya seguro que tu mujer te adorara.

    Los gemidos de ambos se mezclaban, yo ante esta situación no pude menos que llevar mi mano hasta mi coño y, en algo que parecía haberse hecho habitual, masturbarme.

    Por supuesto ellos eran ajenos a mis andanzas, el sin dejar de follarla comenzó a acariciarle los muslos, hasta que ella dijo:

    -Me corro.

    Y su enorme gemido demostraba que así estaba siendo.

    Pero la polla de é continuaba dura, ella se dio cuenta y dijo:

    -Mi amor esto no podemos dejarlo así, pero deja que ahora sea yo la que elija a postura.

    Él estuvo de acuerdo y ella le pidió que se tumbara encima del sofá, cuando el hijo de su marido lo hizo ella se puso encima y comenzó a cabalgarle, nuevamente los gemidos de ambos se mezclaron, él dijo:

    -Sonia, decididamente veo que eres una folladora extraordinaria, ya veo lo que hizo que mi padre te escogiera.

    -Llámame mama, le pudio ella de nuevo.

    -Como tu quieras mama, le respondió él.

    Siguieron follando, ella debía de llevar un ritmo maravilloso a juzgar por la cada de él que no pudo evitar decir:

    -Me corro.

    Al oír esto ella se levantó del suelo, luego se arrodilló y le pidió:

    -Mi niño, tengo ganas de tragarme tu leche.

    El, rápidamente, se puso de pie y acerco su polla a la boca de Sonia, después siguió masturbándose, hasta correrse, y toda su leche fue a caer en la boca de la mujer de su padre.

    -Esto esta siendo increíble, dijo cuando hubo terminado de soltar su leche.

    Ella hizo un gesto de estar de acuerdo, después los dos se tumbaron abrazados en el sofá. Así estuvieron un rato, hasta que al sentir el calor de el cuerpo de ella, la polla de él comenzó a ponerse dura de nuevo, el tomó la iniciativa y la beso de manera apasionada, y después le acaricio las tetas, finalmente le dijo:

    -Me encantaría poseer tu culo.

    -Es tuyo, dijo ella, y si eres bueno conmigo no será la última verz que lo poseas.

    -Seré muy viejo, le respondió Manuel.

    Ella se puso a cuatro patas y le dijo:

    -Aquí me tienes.

    Él se puso detrás de ella y se la metió por su deseado agujero, al ver lo bien que entraba Manuel le dijo:

    -Tienes un culo divino, parece hecho para que las pollas entren en él.

    Y se puso a márcale un ritmo que parecía que volvía locos a los dos e hizo que sus gemidos fueran muy intensos, los gestos y gemidos de Sonia parecía demostrar que se había corrido varias veces, y finalmente él dijo:

    -Mama ¿Me das permiso para correrme en tu culo?

    Ella lo hizo y cuando él se salió el culo de Sonia estaba lleno de leche.

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  • Un voyeur pour une exhibitionniste

    Un voyeur pour une exhibitionniste

    Viví toda la vida en casa y mi habitación daba al jardín, nadie podía verme cuando me cambiaba ya que los árboles del borde de la propiedad tapaban la visual de cualquiera. Esa privacidad permitía que pudiese cambiarme e incluso andar desnuda por cualquier lado de mi casa cuando me encontraba sola. Incluso tomar sol o salir al jardín muchas veces casi desnuda ya que me sentía en una privacidad absoluta. Poder sentir que podía exhibir mi desnudez sin ser vista me daba cierto poder.

    Al comenzar la universidad decidí mudarme a la ciudad ya que el trayecto desde la casa de mis padres hasta la Universidad era bastante extenso y me exigía perder mucho tiempo.

    En mi nuevo departamento me sentía rara, pero como ya era costumbre después de bañarme como ya era mi costumbre decidí pasearme desnuda. Me acerque a la ventana y me di cuenta que los árboles y la privacidad ya no estaban, por el contrario un mar de ventanas oscuras y algunas con luces se aparecían frente a mí, sin embargo eso me dio un pequeño cosquilleo. Habría alguien mirándome, me dio un poco de pudor pero sin embargo decidí seguir paseándome como dios me trajo al mundo, al fin y al cabo estaba en mí casa, y en mi casa ando como quiero.

    Continúe con mi rutina como en casa. Al asomarme nuevamente a la ventana del living me dio la sensación que alguien me estaba mirando, pero no sabía de donde podía venir la mirada de mi espectador, sin embargo mas que asustarme o darme vergüenza, me dio un cosquilleo y me sentí excitarme.

    Continúe con el mismo ritual los días siguientes y de vez en cuando sentía esa mirada que me devoraba.

    Hasta que un día en el departamento dos pisos por encima del mío y justo en frente, lo vi, estaba oculto en la oscuridad, pero lo podía ver y sabía que me estaba viendo. Su presencia me excitó nuevamente, aunque no podía determinar su contextura o su fisonomía, él estaba allí, y sabía que estaba mirándome. Me masturbé frenéticamente en el baño. No sabía que me estaba pasando, pero el hecho de exhibirme evidentemente algo en mí estaba cambiando.

    Días después lo pude ver pero esta vez lo vi porque estaba fumando. Vi su cigarrillo encendido, pero apenas me asomé a la ventana, lo apagó y quedó a oscuras.

    Creo que eso me animó a mirar hacia donde el estaba y desnuda quede desafiante mirándolo y mordía mi labio inferior. Nuevamente la situación me excito mucho y nuevamente me toqué, pero esta vez no me contenté con un orgasmo, tuve que ir por más.

    Continuamos con este juego durante varias semanas. Hasta que un día se dejó ver un poco más, nuestros intercambios eran breves. Creo que estaba casado o en pareja ya que me parecía ver una mujer en su piso en algún momento.

    El día que lo pude ver un poco más, vi que era de estatura media alta. Se veía un hombre maduro y bien formado, atlético. Notaba que me miraba y no quitaba sus ojos de mí, yo estaba con una bata, así que decidí quitármela y quedar desnuda frente a él. Sabía que el disfrutaba de verme y yo disfrutaba en mostrarme. Disfrutaba en sentirme deseada. Sabía que él después de verme iba a desfogarse de alguna manera, pero pensando en mí. Eso era algo que yo sabía que le estaba regalando y él recibiéndolo.

    Un día invité a un compañero a cenar y terminamos cogiendo, tomé todos los recaudo para que mi espectador pudiese ver todo con lujo de detalles. Cuando estábamos en el pináculo, en el mejor momento pude verlo. Pude ver que estaba masturbándome mirándonos. Estaba ofreciéndole un regalo que merecía.

    Al día siguiente ahí estaba él en el balcón. Podía ver claramente su cara. Me atraía, me excitaba, me prendía. Por fin, después de mucho tiempo, le ponía cara a mi fantasía, le ponía cara a mi espectador de lujo. Para una exhibicionista, nada mejor que un buen voyeur, ¡y yo tenía al mejor!

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  • Soy tuya, penétrame

    Soy tuya, penétrame

    Tú y yo debemos reconocerlo: en el baño, en tu cama o en tu lugar secreto, tú buscas relatos de travestis y transexuales para excitarte y masturbarte. Mientras, yo me masturbo deliciosamente vestido se mujer, fantaseando que me lees.

    Mis redondas y duras nalgas desean entregarse a ti. Tu eres un hombre con una verga muy masculina ansiosa por penetrar. Yo soy un travesti de closet con un micropene que ansío ser penetrada.

    Desde temprano, hoy viernes, pensé en el fin de semana sexual que tendría en tu honor. He llegado a mi casa y frente al espejo me desnudé. Vi mi cuerpo entero. Me avergoncé una vez más del tamaño de la miseria de miembro que tengo y entonces me vi una vez más como esa mujer que llevo dentro. Mi diminuta verga se convirtió en vagina, mi delgadez se convirtió en un cuerpo esbelto de cintura de reloj de arena; mis pezones se tornaron firmes y se volvieron un par de pequeños pechos apetitosos, mis pantorrillas al depilarlas se tornearon esculturalmente.

    Llego por estas letras a tu perversa fantasía, ahora estoy en tu mente a sabiendas que ambos deseamos ardientemente un rico orgasmo. Estoy junto a ti, jadeante de deseo. Mordisqueo jugosamente tu oreja al saludarte, meto mi lengua en tu oído y tu respiración se agita.

    Me agarras de los brazos, dominante, como el macho que eres. Me ves de pies a cabeza. Estoy con un vestido de verano, blanco, muy corto, sin hombros. Mis pies te seducen calzados en bellas sandalias planas doradas de tiras en los dedos y sin cinta atrás; lo que hace que a cada paso que doy produzcan un excitante sonido al golpear la suela con mi talón desnudo.

    Me llevas a tu habitación. Eres un rey, el mundo y yo estamos a tus órdenes y pendientes a arrodillarnos a tu voluntad cuando nos des un chasquido de dedos.

    Me arrancas el vestido y quedo únicamente luciendo para ti un sostén rosado de broche al pecho y una pititanga que cubre mi miembro y se introduce en la raya del culo para que veas mis redondas nalgas ofrecerse a ti.

    Me besas apasionadamente. Nuestras lenguas se entorchan ardientemente salivando y humedeciendo nuestras bocas. Me lanzas a tu cama. Te desvistes y te ruego que no te quites el calzoncillo, quiero hacerlo yo. Lo bajo y veo la espléndida verga que tienes, es larga, gorda, eres todo un macho, un hombre verdadero.

    Es mi primera vez. Así que tímidamente tomó tu pene con las manos y comienzo a masajearlo y sin dudar lo meto a mi boca. Me estreno sexualmente mamándote la verga. Es deliciosa. Se empieza a poner dura. Es un roble que entra y sale de mis labios. La chupo como a un helado lamiéndola desde la punta hasta tus testículos.

    Me arrancas el sostén y rompes la tanga. Violentamente. ¡Sí! Me gusta que me domines, soy tu esclava y tu mi macho.

    Me tomas de los tobillos y los subes hasta tus hombros. Escupes en tu mano, humedeces tu verga y la apuntas en mi culo. Mi agujero virgen está jugoso, ardiente de deseo, quiero probar tu verga, quiero sentirme hembra, que me hagas mujer. Ver mis pies en las sandalias doradas sobre tus hombros me confirman que no merezco ser llamada hombre, pues estás a punto desvirgarme el orto.

    Muerdes tus labios. Yo jadeo. Y ¡por fin! ¡Qué delicia! Me penetras rico, delicioso. Siento toda tu potencia de hombre entrando en mí. Desgarras mi ano metiéndome tu sabrosa verga y siento mi recto abrazar la cabeza de tu glande mientras entras en mí.

    El dolor es delicioso. Eres inmisericorde, no tienes compasión, entras y sales de mi culo potentemente. Eres mi dueño. Simplemente me abandono a ser mujer para ti. Jadeo, suspiro, gimo y jadeo con locura. Me besas y me excitas aún más.

    Me volteas y siento girar tu verga dentro de mi ano. Es un placer infinito. Me bombeas ahora de perrito y eres un semental inagotable.

    Al mucho tiempo de bombearme te detienes. Sales de mí. Siento el vacío que dejó tu verga en mi recto. Te sientas en una silla y me jalas del brazo. Me siento sobre ti y me penetras de nuevo. Ahora te cabalgo. Te abrazo al cuello. Te beso enamorada. Nuestros pechos sudan friccionándose mutuamente. Aceleras el ritmo. Ya no puedo más y eyaculo incontrolablemente. Mientras te cabalgo y tu verga entra y sale de mi agujero, mi semen chorrea abundantemente nuestros cuerpos.

    Agarras con tus manos un poco de mi leche. La untas en mi boca y nos besamos y enjuagamos nuestras lenguas con esa delicia salada.

    Me penetras cada vez más duro. Me tomas de la cintura y me sientas con fuerza sobre tu verga, de manera que mi recto arde al sentirte hasta adentro.

    Con un grito de macho acabas triunfante y potentemente. Siento tus chorros de semen inundar mi intestino. Tu verga, tu leche y tu son deliciosos. Me siento tan mujer.

    Me abrazas. Nos besamos y dejas ti verga dentro de mi hasta relajarse.

    Ahora, tu en tu casa y yo en la mía. Masturbémonos pensando en que al fin soy tu hembra, que tienes el dominio, control y derecho sobre mi culo, mi pecho, mis nalgas y mi cuerpo.

    Soy tuya en tu fantasía cada vez que me quieras. Te ruego: quiero que me des permiso para masturbarme por ti y sentirme nena, princesa y mujer siendo penetrada por ti.

    Un beso,

    Genoveva.

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  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (24)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (24)

    Al salir los Mandingos, Myriam exclamo: “Mierda. ¡Creo que no podré caminar mañana!,” su rostro brillaba con la combinación del sudor, el maquillaje corrido y la excitación que aun la dominaba. La noche con Los Mandingos había superado toda expectativa.

    “Te creo, Myriam,” le responde Juan, acercando su vaso a brindar con el mío, “Tu mujer está hecha una masa de carne, mira la pepa como la tiene de hinchada” su sonrisa pícara reflejaba el placer que le producía verla tan satisfecha y con las piernas abiertas.

    Martha se incorporó, su piel brillaba al reflejar la luz tenue que entraba por la ventana, “Esos negros cabrones nos trataron como si fuéramos estrellas porno” Dijo entre risas.

    Nos despedimos de la pareja y salimos en silencio.

    Eran casi las 7 am, al manejar de regreso vi como la ciudad cobraba vida. Las calles estaban más tranquilas de lo habitual para una mañana de sábado, pero el paso ocasional de un coche y el sonido lejano de alguien abriendo la puerta del garaje me recuerdan que el mundo fuera de nuestra burbuja sexual continúa. Al entrar a casa parece demasiado tranquila, un marcado contraste con la noche desenfrenada de unas horas atrás. Myriam sube rápidamente a la habitación con las piernas aún temblorosas por la intensa noche. Sandy y Enrique aun duermen.

    Más tarde…

    Eran casi las 3, me levanté con una fuerte resaca y dolor de cuerpo, me puse un short y una camiseta, me urgía un café y tomar agua. Al bajar, escucho risas y veo que en la sala esta Myriam platicando con Enrique, Sandy y Alejandro el novio de mi hija

    “¿Cómo estás, papi?” Me recibe Sandy con un beso.

    “Me siento… un poco cansado” Le respondo con una sonrisa forzada, intentando esconder el malestar de la noche anterior.

    “Hola señor buenas tardes” Me saludo Alejandro de mano.

    “Nos contó mama que llegaron prácticamente de día. ¿Estuvo buena la fiesta?” Pregunto Enrique que ignoraba a donde fuimos.

    “Si, fue una buena fiesta” Respondí dándole un beso en la boca a mi mujer y dirigiéndome a la cocina.

    “Papi, pediremos pizza y algo de pasta, ¿te gustaría agregar algo?” Me pregunto Sandy.

    “Esta perfecto, me parece un buen plan de sábado en la tarde” Le respondí.

    El murmullo de la conversación en la sala me devolvía la sensación de mi hogar, la vida cotidiana se apoderó de la atmósfera. Aun así, llegaban destellos de la noche anterior, mi mente no podía dejar de reproducir la imagen de Myriam, desnuda y a merced de Los Mandingos.

    Después de tomar café y varios vasos de agua me integre de lleno al grupo, media hora después llego la pizza y el ambiente se llenó de la típica charla informal de una tarde tranquila de fin de semana. Alejandro, educado y respetuoso, estaba sentado a un lado de Sandy. Las piernas atléticas y desnudas de mi hija sobresalían en su ajustado short. Enrique ocupado revisaba su teléfono como siempre ajeno a lo que sucedía en casa contribuía ocasionalmente a la conversación con algún comentario ingenioso. Al terminar de comer Sandy eligió una película en Netflix

    Por momentos mi mente divaga en las escenas de anoche. Los gemidos de Myriam resonando en mis oídos, la sensual danza que realizo con cada Mandingo, su rostro desbordando placer con cada embestida, cada caricia, cada beso que recibía. La imagen de su boca, estirada alrededor de la polla de Malik, sus ojos cerrados en un gesto de sumisión y placer…

    El sonido de la película de acción me regreso a la reunión con mi familia, Sandy abrazaba cariñosamente a Alejandro y se movía en el sofá, su piel bronceada brillaba a la luz de la lámpara. Sus muslos, macizos y atléticos, se tensan al acomodarse. También el recuerdo en el Glory Hole me llego de golpe y me invade el cerebro. Sus muslos musculosos se flexionan ligeramente al moverse en el asiento, la idea de que Alejandro, pudiera descubrir nuestro secreto me excita aún más. Mi vista se centra en sus piernas, cada fibra muscular se dibuja perfecta y clara, deseaba tocarla, sentirla, poseerla.

    Myriam parece ajena, absorta en la película y riéndose de algún chiste ocasional. Alejandro disfruta de la compañía de mi familia, se siente ya parte de ella, veo que tiene apoyada su mano en el muslo desnudo de Sandy.

    Los recuerdos de la Sex Shop regresan, la imagen de mi hija, con la enorme polla del segundo hombre en su mano y recordar como le lleno de esperma viscoso su linda carita se vuelve insoportable en mi mente, recuerdo el sonido de su boca húmeda succionando, imagino la sensación que ella experimentó al sentir la carne dura en su garganta. La idea de que participara en un acto tan sucio y prohibido, me excita demasiado.

    Intento mantener la compostura haciendo preguntas sobre los actores de la película todos para mi desconocidos. Alejandro y Sandy me dan un largo informe de quienes son y en cuales filmes han participado, busco con la mirada a mi esposa que sonríe alegre y jovial, al mirarla regreso a la escena de la noche anterior, sus ojos abiertos como de plato cuando Juan la penetro en el ano montando al mismo tiempo la negra barra de Abdon.

    La mano de Alejandro se desliza más cerca de la pierna de Sandy, sus dedos rozan la tela de sus pantalones cortos, y ella se remueve ligeramente en su asiento, aparentemente incómoda con su toque. Enrique la mira, notando la interacción, pero no dice nada, continuando con el diálogo de la película. El momento parece cargado de significado oculto y con la posibilidad de otra revelación explosiva, pero todos seguimos la corriente de la normalidad.

    “¿Todo bien papa?”, me pregunta Enrique, rompiendo la tensión. Me mira con preocupación y salgo de golpe de mi letargo.

    Myriam nota mi incomodidad y me da un toque en la rodilla, suavizando la tensión que se ha acumulado en mi rostro. “Lo siento tuve algunos recuerdos” le contesto, nos miramos y sonreímos tímidamente, compartiendo nuestro secreto en silencio. Ella se acurruco un poco más en mi regazo, el tacto de su piel me pone nervioso de nuevo, y comienzo a endurecerme. Continúo viendo la película, ´pero las escenas sexuales en mi mente se entrelazan con la realidad de la inocente interacción de mi familia y Alejandro.

    Sin quitar la vista de Sandy, decido que no puedo contenerme por más tiempo. La excitación que siento por mi propia hija es demasiada, y la idea de que Alejandro la toque me pone a hervir por dentro. Con un hilo de preocupación en la garganta, me levanto del sofá y me dirijo a la cocina, buscando alguna excusa para alejarme de la situación que se ha creado. Myriam me mira con curiosidad, seguramente notando mi nerviosismo y el brillo en mis ojos. “¿Necesitas ayuda?” Me dice con dulzura. “No, mi amor, iré por una cerveza para la resaca.” Respondo, intentando que mi voz no se quebrante.

    “¿Alguien quiere que le sirva un helado?” Sandy se levanta con la gracia que la caracteriza, se acerca a la heladera, la sigo con la mirada y veo que se agacha para buscar su helado preferido. Sus nalgas se elevan en el aire, la tela de su short se ajusta, mostrando la división perfecta. Alejandro y Enrique tampoco le quitan la vista de encima en el recorrido.

    Alejandro, advirtiendo quizá que lo descubrí mirando de esa forma a mi hija me miro directo a los ojos y me pregunto: “¿Cómo te fue en la semana, Miguel?” Su inocente interrogatorio me devuelve a la realidad con la frialdad de un cubo de hielo en la cara.

    “Fue estresante, mucha carga de trabajo”, respondo, evitando que mi mirada se deslice por las piernas de mi hija al volver a sentarse.

    “Mis padres me preguntaron si los puedes ayudar en un tema legal”

    “Por supuesto Alejandro, dales mi teléfono y agendamos una cita, con todo gusto.” Respondo y me pongo de pie “Bueno chicos me despido estoy algo cansado me iré a dormir” Me despedí.

    Más tarde, en la habitación acostado junto a mi esposa, Myriam me mira con ojos preocupados. “¿Por qué estuviste tan tenso, mi amor?” Me interroga con suavidad, acariciando mi espalda. Su tacto me calma, su dulzura me devuelve a la realidad. “Es la resaca de la noche anterior,” Le respondo con sinceridad, “Y el recuerdo de la reunión con Los Mandingos.” Ella sonríe, sabedora de que la noche que compartimos con los 4 hombres negros y nuestros amigos Juan y Martha fue una experiencia que marcaría nuestras vidas de una manera que jamás habíamos imaginado.

    Al día siguiente Sandy nos pidió que fuéramos al mismo bar de la última ocasión, necesitaba hablar de un tema con nosotros. Intercambiamos miradas preocupados y aceptamos con ciertas reservas.

    Llegamos al bar, el ambiente era acogedor, lleno del murmullo de voces y el sonido suave de la música en el fondo. Sandy ya nos estaba esperando en la misma mesa de la vez anterior. Ella lucía hermosa, Su sonrisa era cautivante, sin embargo, en sus ojos se podía ver la inquietud que la atormentaba.

    Cuando estuvimos todos sentados, la conversación fue superficial en un comienzo. Hablemos del clima, del tráfico, del cansancio de la semana. Sin embargo, la tensión se podía cortar con un cuchillo,

    “¿Por qué querías que viniéramos aquí, cariño?” Le pregunté, mi tono suave intentando ocultar mi propia tensión.

    “Tengo unas dudas… Algo que no puedo dejar de pensar.” Dijo Sandy bajando la mirada

    Mi corazón empezó a latir a mil por hora. “¿Sobre qué?” Pregunté preocupado

    “No hemos platicado entre nosotros aun sobre lo que paso en la Sex Shop, en la sala privada” Comento mi hija.

    “Ya eres una adulta, mayor de edad, tomas tus decisiones. “Se adelanto mi esposa.

    “Bueno… mamá, papá. Desde esa tarde he tenido cosas que me preocupan, que no puedo dejar de pensar.”

    Mi mente empezó a correr, imaginando lo peor, mirarla ayer tan familiar y enamorada con Alejandro. Sentí un frio en la nuca por el daño que le pudimos haber causado al llevarla.

    “¿Puedo contarles?” Me mira directo a los ojos, y en su mirada veo la inocencia que creí que ya se había ido.

    “Claro cariño, puedes contarnos todo” Digo con la paciencia de un santo.

    “Alejandro y yo… bueno… ustedes deben suponer, tenemos relaciones íntimas, y veo que él tiene planes serios conmigo a futuro, pero no siento la misma excitación o deseo que al inicio, me explico?”

    Su frase se cortó, y el silencio se apoderó de la mesa.

    Myriam me miraba, su rostro era un espejo del mío, lleno de asombro y miedo. “¿Alejandro sabe… algo?” Preguntó

    “No, no sabe nada.” Dice Sandy con un suspiro.

    “¿Entonces… ¿Quieres terminar con el?” Comienzo a hablar, mis pensamientos se enredan.

    “No sé, papá. Solo sé que la experiencia me excitó muchísimo. Me gustó, me encantó sentirme deseada por tantos desconocidos. No sé si puedo vivir con alguien que no me haga sentir así.”

    Su confesión me dejo sin aliento, sin saber qué responder. Mi corazón se rompe en mil pedazos al ver su inocente confusión. “¿Y entonces… Alejandro?”

    “Alejandro es un chico bueno, amable, respetuoso, de familia tradicional. Pero… él no me da lo que yo… necesito experimentar y sentir.”

    “¿Por qué no hablar de ello, cariño?” Dice mi esposa, poniendo una dulce sonrisa en su rostro.

    “Tiene razón tu mama, sabes que puedes expresarte con total libertad y pedirnos consejo hija “Apoye a mi esposa a la vez me sentí excitado por su inesperada confesión.

    “Y qué hay de la cita con la pareja para tu iniciación, aun entra en tus planes” Pregunto Myriam.

    “Por supuesto! el plan sigue en marcha y confieso que sigo explorando la página y ya tengo contacto con más parejas. Estoy más que segura de vivir la experiencia” Respondió dando un sorbo a su bebida.

    “Cuéntanos ahora pasado unos días que sentiste en la sala de la Sex Shop. ¿Te gusto?” Pregunte intentando mantener la calma.

    “Más de lo que se pueden imaginar.” Dijo Sandy con un brillo en sus ojos que me heló la sangre.

    “Cada pene que sentía en mi boca o en mis manos, cada ojo que me miraba… todo me hacía sentir tan… deseada.”

    Mi corazón se acelera y mi mente viaja a la escena de mi hija disfrutando de cada caricia anónima.

    “Sabes, Sandy, hay muchas maneras de explorar tu sexualidad sin poner en peligro tu futuro. Tu mama y yo estamos aquí para ayudarte.” Agregue.

    “Gracias por entenderme.” Nos mira con ternura. “Me gustaría que me acompañen.”

    “¿A la Sex Shop?” Pregunte sorprendido.

    “No, no, papá. A la cita con la pareja, que ustedes me lleven en el auto y estén cerca por si algo sucediera”

    “Por supuesto mi amor! Ya lo había pensado, te acompañaremos como lo hemos hecho siempre. Solo no les digas quienes somos. ¿De acuerdo?”

    “Por supuesto que no les diré quiénes son!”

    “Como consejo, vive la experiencia y después nos platicas como te sientes, sé que es hasta cierto punto normal lo que te pasa con Alejandro lo que viviste en la Sex Shop fue algo fuerte que se ira disipando con los días y siento volverás a la normalidad con tu novio” Se lo dije reafirmando nuestro apoyo, pero lo que me contesto me desconcertó aún mas.

    “Es que no quiero que se disipe! al contrario quiero vivirlo y sentir más de esa adrenalina, quizá herede la libido de ustedes dos. ¿No creen?” Nos lo dijo en tono de burla, regresaba su carácter burlón y había perdido la timidez del inicio de la charla.

    “Jajaja muy buena esa hija!”

    “Otra cosa que les quiero pedir…me gustaría que entre nosotros seamos mas abiertos que me cuenten sus sensaciones que viven y sienten en sus reuniones, que piensan con respecto a que yo su hija quiera entrar a su mundo liberal, quiero mas detalles. ¿Me explico?

    “Emmm no es tan sencillo, pero siento que lo debemos intentar. ¿Tú qué opinas mi amor?” Le pregunte a Myriam.

    “Quizá hay cosas más íntimas que me puedes preguntar a mi y otras a tu papa, no le veo problema” Contesto

    “Me gustaría que sean ambos. ¿Estamos?

    “¡Es un trato!” Conteste

    “¿Como les fue anoche con sus amigos? La verdad, me caen muy bien Juan y Martha”

    “Muy bien hija, son excelentes amigos y anfitriones” Conteste

    “Buenismos deben de ser para que llegaran al otro día, ayer me contaron que solo sería una cena. ¿No fue así?”

    “Fue una cena y algo más”

    “Papa, tenemos un trato. ¿Que fue ese algo más?

    Myriam y yo nos miramos nerviosos.

    “Fue una linda tarde, una rica cena, algo de baile y a nuestros amigos se les ocurrió que quizá deberíamos sanar por lo que vivimos contigo en el Glory Hole y organizaron a nuestras espaldas y sin consultarlo con nosotros una reunión especial, invitaron a 4 hombres de raza negra llamados Los Mandingos ese es su nombre en la escena swinger, están organizados para estar con parejas” Lo dije de corrido.

    “En serio!, ¡wow sus amigos sí que saben organizar fiestas!, “Cuéntenme más” Sandy se queda en shock con mi confesión.

    “Solo puedo decir que fue… intenso. Jamás habíamos participado en algo así” Contesto Myriam decidida a participar.

    “A ver, cuéntenme, quiere decir que mama y Martha estuvieron con los 4 hombres. ¿Y papa y Juan que hicieron?”

    “También participamos” Conteste sonriente

    “Wow” o sea ¡¿6 hombres y dos mujeres?! ¡Que intenso!“

    “Tal cual como lo describes señorita, detalles mas a fondo me los reservo” Conteste triunfal y excitado.

    “¿Y si les digo que me pone a mil lo que me cuentan? Que me gustaría participar en una de esas reuniones. Que desde hoy ya no puedo pensar en nada más que en probarlo. ¿Ahora entienden lo que les confese con respecto a Alejandro? Necesito vivir todas esas experiencias” Dijo Sandy con la excitación en cada una de sus palabras

    “¿Estás segura?” Pregunte a mi hija.

    “Más que segura. Quiero vivir lo mismo que ustedes, tenemos mucho de qué hablar”

    Mi mente no paraba de darle vueltas a la propuesta de Sandy, la idea de que mi propia hija deseara participar en una reunión con Mandingos era a la vez perturbador y excitante.

    “Tenemos que platicar más a fondo de este asunto. No es una decisión que se tome a la ligera. Hay muchas cosas a considerar” Dijo Myriam con seriedad.

    “Por supuesto, mama. Pero por favor, no se opongan. No quisiera que mi deseo de explorar mi sexualidad afectara nuestros lazos.”

    “Eso no pasara, hija, solo queremos que estés segura y protegida, ya que lo que pides es… inusual” Dice Myriam

    “Lo sé, mamá, y es por eso que los quiero a ustedes conmigo guiándome”

    “No se quizá algún día le puedas contar a Alejandro… irlo llevando, aunque no creo que esté preparado para este tipo de cosas.” Agregue

    “Puede que no lo esté ahora, papá. Pero si nos amamos y llegamos a casarnos, tal vez con el paso del tiempo… Quien sabe.”

    Su reflexión y confesión me dejaron perplejo, me gustaba la manera tan directa de nuestra hija de tratar el tema tan abiertamente. Pasamos una tarde noche muy agradable en el bar, mas de amigos y cómplices que de padres e hija.

    Los días pasaron rápido con visitas a la casa por parte de Alejandro a ver a nuestra hija, prácticamente ya vivía con nosotros, saliendo de la universidad se pasaba todas las tardes en casa salvo los días que salían a pasear o cenar, ya sabíamos que tenían relaciones sexuales eran jóvenes y hermosos, imagine que tal vez se iban también a algún hotel.

    Llego finalmente el día de la reunión de nuestra hija con la pareja, tuvimos que ser cómplices e inventarle a Alejandro que Sandy nos acompañaría a visitar a mi hermana que vive a dos horas de nuestra ciudad, no fue tan sencillo ya que se ofreció a acompañarnos, me dijo que le encantaría también conocer a mi hermana y saludarla, finalmente Sandy nos contó que logro convencerlo de que no nos acompañe no sin generarle algo de decepción y enojo.

    Conduje nervioso, Myriam a mi lado. Por el espejo vi a mi hija, hermosa y vestida juvenil, con su falda corta, abajo traía la lencería que compro la primera vez en la sex shop y nos mostró el día del desfile junto a su mama, venia muy seria se veía nerviosa pero decidida.

    “¿Como te sientes cariño?” Le pregunte

    “Normal, algo nerviosa o ansiosa”

    “Todo va a estar bien, nos llamas si ves algo raro, no dudes, estaremos a solo unas calles llegamos en dos minutos” Le recordé

    “Si papa, sé que estaré bien, no te preocupes”

    Llegamos a la dirección, mi hija se bajó antes de que saliera a abrirle la puerta, a lo lejos se veía la pareja, sin duda muy atractivos y bien vestidos, la chica tomaba del brazo al chico. Mi hija se acercó a mi ventana y me dio un beso en la mejilla, Myriam le tomo ambos brazos deseándole suerte y entonces se alejó para reunirse con la pareja. Vimos que la saludaron de beso y se metieron a un condominio de departamentos, la zona se notaba de buena plusvalía.

    De inmediato le llame a Juan:

    “Amigo, te informo que Sandy ya está en casa de la pareja, sé que has estado en contacto con ellos, en verdad deseo que está segura”

    “No te preocupes Miguelito, son confiables y decentes, es la mejor pareja para iniciar a tu princesa, después de ver lo que hizo en el Glory Hole yo me preocuparía más por la pareja” Respondió con una sonora carcajada a su estilo.

    “Aquí estaremos a unas calles, te envía saludos Myriam.”

    “Todo bien, en serio. Además hay una camarita oculta, en su momento te darás cuenta que la trataron muy bien… un abrazo”

    Continuará.

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  • La Gemma de la familia: La virgen de su tío

    La Gemma de la familia: La virgen de su tío

    Primero fue un beso suave, sus labios cálidos rozaban el contorno de uno de sus pechos, pero pronto la intensidad creció. Rafael chupó con avidez, su lengua trazó círculos alrededor de un pezón antes de tomarlo entre sus dientes, mordiendo con una presión justa que arrancó un gemido agudo de los labios de su sobrina. Ella arqueó la espalda, ofreciéndose más a él, su cuerpo temblaba mientras el placer la atravesaba como una corriente eléctrica. Rafael pasó al otro seno, jalando el pezón con los labios, succionándolo con una intensidad que hacía que los gemidos de Gemma se volvieran más desesperados, más profundos.

    —Oh… —jadeó ella, sus manos se aferraban a los hombros de Rafael, sintiendo la dureza de sus músculos bajo la tela. Su cuerpo ardía. Cada chupada, cada mordida, enviaba oleadas de placer que la hacían estremecer, sus pezones palpitaban bajo la atención voraz de Rafael. Por primera vez, un hombre poseía sus pechos generosos, y la sensación era abrumadora, un éxtasis que la hacía perderse en el momento.

    Gemma, extasiada, soltaba jadeos entrecortados, sus caderas se movían instintivamente contra las piernas de Rafael, buscando más fricción, más contacto. Su piel ardía, cada roce de sus manos y su boca avivaba el fuego que la consumía. Rafael gruñó contra su piel, sus manos apretaban más fuerte, como si no pudiera saciarse de ella. La sala, silenciosa salvo por los sonidos de sus respiraciones y los gemidos de Gemma, era un escenario íntimo donde el deseo reinaba sin restricciones, empujándolos al borde de algo prohibido y devastadoramente intenso.

    Al poco tiempo su uniforme escolar estaba en desorden: la falda plisada apenas cubría sus muslos torneados, y la blusa, completamente abierta, colgaba a los lados, dejando sus senos redondos al descubierto, los pezones rosados aún estaban sensibles y erectos por la atención previa de Rafael. Su cabello rojizo caía en mechones desordenados, rozando su espalda desnuda, y sus ojos verdes brillaban con una mezcla de nerviosismo y un anhelo que la consumía.

    Rafael, con su presencia imponente, se puso de pie, levantando a Gemma de sus piernas con una fuerza controlada que la hizo jadear. Sus ojos oscurecidos por la lujuria la recorrieron sin pudor mientras comenzaba a desvestirse. La camiseta cayó primero, revelando un torso esculpido, músculos definidos que se tensaban con cada movimiento. Luego, con una lentitud deliberada, desabrochó sus jeans, dejándolos deslizarse al suelo hasta quedar solo en un bóxer negro que marcaba la evidencia de su excitación. La tela se adhería a su entrepierna, delineando una erección prominente que hizo que el aliento de Gemma se atorara en su garganta.

    Ella, instintivamente, comenzó a deslizar su falda, ansiosa por liberarse de la ropa que aún la cubría, pero Rafael la detuvo con un gesto firme. —Todo a su tiempo, pequeña —dijo, con voz grave y cargada de autoridad sensual—. Quédate así. Me gusta verte… justo como estás.

    Tomándola por los hombros con manos fuertes, la guio hasta ponerla en cuclillas frente a él. Gemma, arrodillada en el suelo, sintió el calor de su cuerpo irradiar hacia ella, el aroma masculino de Rafael llenaba sus sentidos. Él tomó su nuca con una mano, sus dedos se enredaron en su cabello rojizo, y con un movimiento lento pero decidido, la acercó a su entrepierna. La tela del bóxer rozó los labios de Gemma, y ella pudo sentir la dureza palpitante debajo, gruesa y caliente, presionando contra su rostro. Su respiración se aceleró, y un cosquilleo ardiente recorrió su cuerpo, concentrándose en el calor húmedo que crecía entre sus muslos.

    El olor de Rafael, una mezcla embriagadora de piel masculina y pre-semen, la envolvió, y ella cerró los ojos, dejando que sus labios rozaran la tela, sintiendo la longitud y el grosor de su verga. Pero el deseo de verlo, de tocarlo piel a piel, era abrumador. Sin poder resistirse, sus manos temblorosas encontraron el elástico del bóxer y lo bajaron lentamente, liberando la verga de su tío. Sus ojos se abrieron de par en par, un jadeo escapó de sus labios al ver el tamaño: grueso, duro, venoso, palpitando con una intensidad que la hizo estremecer. Era una visión que encendió cada nervio de su cuerpo, y sus manos, movidas por un impulso incontrolable, lo tomaron con delicadeza, pero con firmeza.

    Gemma frotó la verga de su tío contra su rostro, la piel cálida y suave contrastaba con la dureza debajo. Sus dedos lo acariciaban lentamente, explorando cada vena, cada contorno, mientras lo deslizaba por sus mejillas, acercándolo a sus labios entreabiertos. El calor de su respiración rozaba la punta, y un gemido bajo escapó de Rafael, sus manos apretaron ligeramente su cabello. Ella, perdida en la sensación, sentía su cuerpo arder, su vagina se humedecía más con cada roce, cada instante de contacto. La sala, silenciosa salvo por sus respiraciones entrecortadas, era un escenario donde el deseo se desbordaba, empujándolos a un límite donde la razón se desvanecía.

    Rafael, de pie frente a ella, era una visión de masculinidad cruda. Desnudo salvo por el bóxer que yacía arrugado en el suelo, su cuerpo atlético se alzaba imponente, los músculos de su abdomen y muslos definidos bajo la luz tenue. Su erección, gruesa y venosa, palpitaba en las manos de Gemma, que la sostenía con una mezcla de timidez y fascinación. Sus dedos, delicados pero ansiosos, acariciaban la piel cálida, explorando cada centímetro con una curiosidad que la hacía jadear.

    —Qué rico lo tocas, sobrina —gimió Rafael, su voz grave resonaba como un trueno bajo, sus ojos estaban llenos lujuria mientras la miraba arrodillada ante él.

    Gemma alzó la vista, sus ojos verdes brillaban con un éxtasis que apenas podía contener. —Es que… nunca había visto uno en persona, tío —confesó, su voz era temblorosa, cargada de un deseo que la consumía. Sus labios, rosados y húmedos, rozaban la punta mientras hablaba, enviando un escalofrío por el cuerpo de Rafael.

    —¿Qué te parece la verga que trajo a la vida a tu prima favorita? —preguntó él, su tono estaba impregnado de una depravación que hizo que el corazón de Gemma latiera más rápido. Sus manos se enredaron en el cabello rojizo de ella, guiándola con una firmeza que era tanto posesiva como invitadora.

    Sin responder de inmediato, Gemma abrió la boca, sus labios envolvieron la punta con una timidez que pronto dio paso a un hambre incontrolable. Su lengua, cálida y curiosa, comenzó a lamerlo, trazando círculos lentos que dejaban un rastro de saliva brillante. La mamada era inexperta, desordenada, pero la intensidad de su deseo compensaba cualquier torpeza. Sus labios se deslizaban por la longitud, dejando la piel húmeda y resbaladiza, mientras sus manos seguían acariciando, apretando suavemente. —Es… delicioso, tío —murmuró entre lamidas, su voz era ahogada por la excitación, sus mejillas estaban enrojecidas mientras lo miraba con ojos nublados de placer.

    Rafael gruñó, su cabeza se echó hacia atrás mientras sus manos apretaban el cabello de Gemma, guiándola con más ímpetu. —Sigue así, sobrina —dijo, con voz ronca, cargada de una depravación que la hacía estremecer—. Qué rico lo haces… chúpalo hasta que te canses, mmm, sigue así.

    Gemma obedeció, sus gemidos suaves vibraban contra la piel de Rafael mientras su boca trabajaba con más confianza, lamiendo y succionando con una intensidad que la hacía temblar. El calor entre sus muslos era insoportable, su cuerpo se arqueaba instintivamente mientras el placer la consumía.

    Sus manos, pequeñas pero decididas, acariciaban la base mientras su boca se aventuraba más abajo, explorando los testículos de Rafael. Los tomó con cuidado, metiéndolos en su boca, succionándolos con una intensidad que arrancó un gruñido profundo de él. El sabor salado y el calor de su piel la enloquecían, y su cuerpo respondía con más líquido que empapaba sus braguitas instintivamente.

    Rafael, perdido en el placer, frotaba el cabello de Gemma, sus dedos se enredaban en los mechones mientras gemía, su mirada estaba cargada de una depravación que la hacía sentirse deseada de una manera prohibida. —Qué rico lo haces, sobrinita —murmuró, su voz ronca vibraba en el aire.

    De pronto, tomó la cabeza de Gemma con ambas manos, sus dedos fuertes la sujetaron con firmeza, y empujó su verga hasta el fondo de su garganta. Ella se ahogó, sus arcadas resonaron en la sala, pero el placer de sentirse poseída la hacía estremecer. Sus manos se aferraron a los muslos de Rafael, sintiendo la dureza de sus músculos mientras luchaba por respirar, su cuerpo vibraba con una mezcla de sumisión y éxtasis.

    Entonces, sintió cómo la erección de Rafael comenzaba a convulsionar, un pulso intenso que la tomó por sorpresa. Un torrente cálido y espeso inundó su garganta, y Gemma, atrapada en el momento, lo tragó con avidez, su lengua trabajó para no perder ni una gota. —¡Ahh, sí, traga toda mi leche, sobrinita! —jadeó Rafael, su voz estaba cargada de lujuria, sus manos aun sosteniendo su cabeza mientras su cuerpo temblaba de placer.

    Cuando por fin la soltó, Gemma se apartó jadeando, luchando por recuperar el aliento. Abrió la boca, dejando que Rafael viera la evidencia de su entrega, su lengua aun brillaba con restos de su semen. Sus ojos verdes lo miraron con una mezcla de orgullo y deseo, su pecho subía y bajaba mientras el calor entre sus muslos seguía palpitando, insatisfecho.

    Su tío la levantó en un movimiento fluido, sus brazos fuertes la apretaron contra su pecho. La fuerza de su abrazo era posesiva, y Gemma sintió su calor envolviéndola, sentía sus senos presionándose contra el torso musculoso de él. Sus labios encontraron su cuello, besándola con una urgencia que la hizo jadear, su lengua trazaba senderos húmedos sobre la piel sensible donde los rasguños aún ardían.

    Luego, su boca descendió, hambrienta, hacia sus pechos, lamiendo y succionando los pezones con una intensidad que arrancó gemidos agudos de Gemma. Sus brazos, atrapados entre los de Rafael, colgaban inertes, mientras su cabeza se inclinaba hacia atrás, moviéndose en un gesto de puro placer, perdida en la sensación de ser devorada.

    Con un movimiento suave, Rafael la llevó hasta la alfombra, justo al lado del sillón, y la recostó con cuidado, su cuerpo grande se cernía sobre ella. Sus manos, ásperas pero expertas, comenzaron a acariciar las piernas de su sobrina, deslizándose por la piel suave y torneada que el ballet había moldeado. Lentamente, levantó la falda plisada, exponiendo más de sus muslos, donde los rasguños rojos contrastaban con su blancura. Sus dedos trazaron las curvas de sus piernas, desde los tobillos hasta la parte interna de los muslos, acercándose peligrosamente al calor húmedo que palpitaba bajo sus braguitas blancas.

    —Qué piernas tan carnosas, tan juveniles… tan bonitas, sobrinita —murmuró Rafael, su voz cargada de lujuria, mientras sus labios seguían devorando sus tetas, lamiendo y mordisqueando los pezones con una avidez que la hacía arquear la espalda. Cada roce de su lengua enviaba descargas de placer por su cuerpo, y el calor entre sus muslos se volvía insoportable, su respiración entrecortada era ascendente

    Gemma, extasiada, soltó un gemido suave, sus manos se aferraban a la alfombra mientras respondía con timidez, pero con un ardor evidente en su voz. —Es… por el ballet —susurró, su tono era entrecortado por los jadeos de placer—. Y… me encanta cómo me tocas, tío. —Sus palabras, cargadas de una calentura que no podía ocultar, resonaron en la sala, acompañadas de gemidos que escapaban de sus labios mientras su cuerpo se rendía a las caricias de Rafael, cada movimiento suyo avivaba el fuego que la consumía.

    Las manos, fuertes y deliberadas de su tío, subieron por los muslos de Gemma, levantando por completo la falda escolar para exponer las braguitas blancas que se adherían a su piel. Sus dedos acariciaron la tela, sintiendo el calor y la humedad debajo, y un gruñido bajo escapó de su garganta. —Dios, estás tan mojada, pequeña —murmuró, su voz estaba cargada de lujuria, sus ojos ardían mientras se clavaban en los de ella—. Es delicioso saber que yo estoy causando esto.

    La respiración de Gemma se entrecortó aún más, sus ojos estaban en blanco mientras los dedos de Rafael masajeaban su vagina a través de la tela fina, era la primera vez que alguien la tocaba allí. La sensación era eléctrica, un pulso de placer que hizo que sus caderas se alzaran involuntariamente, su cuerpo anhelaba más. Sus braguitas estaban empapadas, la evidencia de su excitación era innegable, y cada caricia lenta y deliberada de su tío enviaba escalofríos por su columna.

    Él se alzó ligeramente, sus manos guiaron las piernas de Gemma para abrirlas de par en par con un toque gentil pero autoritario, revelándola por completo. Sus dedos engancharon el elástico de las braguitas, deslizándolas hacia abajo con una lentitud agonizante, la tela se aferraba a su piel húmeda antes de desprenderse por completo. Rafael sostuvo la prenda húmeda en sus manos, su mirada se oscurecía de hambre mientras la llevaba a su rostro.

    Inhaló profundamente, el aroma almizclado y embriagador de la excitación de su sobrina le llenaba los sentidos, y luego, con un hambre primal, pasó las braguitas por sus mejillas, su lengua salía para saborear la humedad que aún persistía en ellas. La visión era tan cruda, tan prohibida, que Gemma contuvo el aliento, su cuerpo temblaba de necesidad.

    Instintivamente, su mano se deslizó hacia su vagina ahora expuesta, los dedos rozaron su clítoris hinchado, pero la voz de Rafael la detuvo. —No —dijo, con tono afilado por el deseo, sus ojos la devoraban con una lujuria incontrolable—. Déjame a mí. —Se inclinó, colocó su rostro a centímetros de su vulva, su aliento caliente rozaba su piel sensible.

    La vista de ella, casi desnuda con solo un leve rastro de vello púbico, lo enloqueció. Sus dedos, ásperos pero tiernos, abrieron sus labios resbaladizos, exponiendo el rosa brillante de su intimidad virgen. Acarició su clítoris con caricias lentas y deliberadas, cada toque enviaba descargas de placer por el cuerpo de Gemma, sus caderas se elevaban de la alfombra en una respuesta desesperada.

    Gemma gimió, su voz era un suave lamento necesitado que llenó la sala silenciosa. Sus manos se aferraron a la alfombra, su cuerpo se arqueaba mientras los dedos de Rafael la trabajaban con un cuidado exquisito, saboreando cada centímetro de su vagina virginal. El aire estaba cargado con el aroma de su excitación, el sonido de sus respiraciones entrecortadas y la promesa tácita de lo que vendría, mientras se balanceaban al borde de un éxtasis prohibido.

    Rafael, arrodillado entre sus muslos abiertos, era una figura de pura dominación masculina. Su torso desnudo brillaba con un leve sudor, y sus ojos estaban llenos de lujuria que no intentaba ocultar. Su rostro, a centímetros de la vagina de Gemma, estaba impregnado del aroma embriagador de su excitación. —Es embriagante el olor de tu vagina, sobrina —dijo, con voz ronca, casi un gruñido, mientras sus manos fuertes mantenían sus piernas abiertas, sus dedos se hundían en la carne suave de sus muslos.

    Sin más preámbulo, su tío acercó su boca, su lengua húmeda rozó los labios resbaladizos de Gemma con una suavidad que la hizo jadear. Los primeros lengüetazos fueron tiernos, casi reverentes, saboreando la humedad que se derramaba de su cuevita virgen. Pero pronto, la ternura dio paso a una ferocidad primal.

    Su lengua se volvió salvaje, lamiendo con avidez, explorando cada pliegue con una intensidad que hacía que las caderas de Gemma se alzaran de la alfombra, buscando más contacto. Él se concentró en su clítoris, chupándolo con una presión que arrancó gritos agudos de los labios de su sobrina, una mezcla de dolor y placer que la hacía temblar. Estaba gozando como nunca, mientras gemidos desesperados escapaban de su garganta.

    Rafael, perdido en su propia lujuria, llevó el placer a un nuevo nivel. Con un movimiento audaz, sus dientes atraparon algunos de los escasos vellos púbicos de Gemma, arrancándolos con una precisión que la hizo gritar, el pinchazo de dolor amplificaba el éxtasis que la consumía. A él no pareció importarle; su lengua se sumergió aún más, perdiéndose en la selva apenas poblada de su pubis, lamiendo con una voracidad que la hacía estremecer. Cada lengüetazo era un asalto a sus sentidos, su clítoris palpitaba bajo la atención implacable, mientras la humedad de su excitación se mezclaba con la saliva de su tío, creando un brillo resbaladizo que reflejaba la luz tenue.

    Gemma, atrapada en una tormenta de sensaciones, gritaba y gemía, su voz resonaba en la sala silenciosa. Sus muslos temblaban, abiertos de par en par, mientras el placer la llevaba al borde de la locura. Rafael, con su rostro enterrado entre sus piernas, gruñía contra su piel, sus manos apretaban sus muslos con una fuerza que prometía dejar marcas.

    Sus manos fuertes levantaron las caderas de Gemma, alzándola con facilidad para exponer no solo su vulva húmeda, sino también la curva íntima de su ano, rosado y apretado. Sin dudar, inclinó su rostro y su lengua, cálida y húmeda, comenzó a lamer esa zona prohibida con una lentitud que era tanto reverente como salvaje. Cada roce de su lengua enviaba descargas de placer por el cuerpo de su sobrina, que jadeaba y gemía, sus manos subieron instintivamente a sus senos, acariciándolos con frenesí, pellizcando sus pezones mientras su voz se quebraba en súplicas.

    —¡No pares, tío, por favor! —rogó, su voz era un lamento desesperado, mientras su cuerpo se arqueaba, ofreciéndose por completo. Los lengüetazos de Rafael en su ano eran una mezcla de suavidad y audacia, cada movimiento la hacía temblar de un placer que nunca había conocido.

    Pero Rafael no se detuvo allí. Su lengua encontró nuevamente la entrada estrecha de la vagina de su sobrina. La lamió con una intensidad feroz, como si quisiera penetrarla con ese órgano húmedo, explorando cada pliegue con una voracidad que la hacía gritar. Besó su vulva como si fuera una boca, sus labios succionaban, su lengua se hundía en ella, saboreando la humedad que se derramaba sin control. Gemma, perdida en el éxtasis, sentía su cuerpo al borde de la ruptura, cada lamida la llevaba más cerca de un precipicio de placer.

    De pronto, la tensión en su interior se liberó en un estallido. Gritó, su voz se escuchó en toda la sala, mientras un orgasmo devastador la atravesaba, su cuerpo convulsionó. Un chorro cálido y descontrolado brotó de ella, salpicando el rostro de su tío, que lo recibió con un gruñido de satisfacción, sin dejar de lamer, su lengua bebió cada gota de su squirt como si fuera un néctar. —¡Aaaah, qué delicia, tío! ¡Qué rico se siente esto! —gimió Gemma, su voz estaba rota por el placer, sus manos seguían apretando sus pechos mientras su cuerpo temblaba, incapaz de contener la intensidad de lo que sentía.

    Rafael, con el rostro brillante por su liberación, levantó la mirada.

    Gemma se encontraba en un resplandor que resaltaba su piel pálida como si fuera de porcelana. Su uniforme escolar era un caos sensual, la falda plisada, arrugada alrededor de su cintura, dejaba al descubierto sus muslos torneados, y la blusa abierta colgaba a los lados, exponiendo sus tetas redondas y llenas, sus pezones rosados estaban endurecidos por el deseo. Su cabello rojizo se derramaba sobre la alfombra, desordenado y salvaje, mientras sus ojos verdes, nublados por la lujuria, reflejaban un anhelo que la consumía.

    Arqueó la espalda, sus caderas se elevaron instintivamente mientras llevaba uno de sus senos a su boca, su lengua rozaba su pezón con una sensualidad desesperada. Cada lamida era un acto de entrega, un gemido suave escapó de sus labios mientras su cuerpo temblaba de placer. Rafael, arrodillado entre las piernas de su sobrina, aun con el rostro lleno del orgasmo de aquella chica, sentía un deseo incontrolable mientras levantaba las piernas de Gemma, doblándolas hacia su torso hasta que sus rodillas casi rozaban sus pechos, exponiendo por completo su intimidad húmeda y palpitante.

    Con una lentitud torturante, Rafael tomó su verga, gruesa y venosa, y deslizó el glande entre los labios vaginales de su sobrina, rozándolos sin penetrar, cada movimiento era un roce húmedo que la hacía jadear. La sensación era eléctrica, un tormento delicioso que hacía que su cuerpo se arqueara aún más, sus muslos temblaban de necesidad. Gemma lo miraba con ojos suplicantes, sus labios entreabiertos dejaban escapar gemidos de frustración y deseo. —¡Por favor, cabrón, métemela ya! —gritó, su voz ahora estaba rota por el éxtasis, su cuerpo vibraba con una urgencia que no podía contener.

    Rafael, con una sonrisa cargada de lujuria, cedió a su súplica. De una sola estocada, profunda y poderosa, se hundió en ella por completo, llenándola con una intensidad que arrancó un grito agudo de los labios de Gemma. Un hilillo de sangre brotó de su vagina, evidencia de su virginidad perdida, y el dolor agudo la hizo tensarse, sus manos se aferraron a la alfombra mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. No esperaba que doliera así, un ardor punzante que la atravesó, pero su tío no se detuvo, moviéndose lentamente para dejar que su cuerpo se adaptara.

    —Tranquila, mi niña —murmuró, con voz grave y cargada de una ternura posesiva, mientras sus manos acariciaban sus muslos—. Ese dolor es normal. Solo significa que te he hecho mía, que te he quitado lo virgen. A partir de ahora, eres mi mujer.

    Sus palabras, combinadas con el movimiento lento de sus caderas, transformaron el dolor en un placer creciente. Gemma comenzó a relajarse, sus gemidos de dolor se convirtieron en suspiros de deleite mientras el calor de su tío dentro de ella la llenaba de una sensación nueva, abrumadora. Sus senos se mecían con cada embestida, y sus manos volvieron a ellos, acariciándolos con desesperación mientras el placer la consumía.

    Él continuó embistiéndola con una ferocidad controlada, su verga gruesa y palpitante entraba y salía de la vagina de su sobrina con un ritmo frenético. Cada embestida era un estallido de sensaciones, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando, llenó la sala. Gemma jadeaba de manera entrecortada, el dolor inicial de su virginidad perdida se había transformado en un placer indescriptible que la hacía arquear la espalda, sus manos se aferraban a los hombros de su tío mientras su cuerpo se rendía a la intensidad. Era una sensación rica, un éxtasis que la llenaba y la hacía temblar, como si cada nervio de su cuerpo estuviera encendido.

    Continuará…

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  • Descubriendo los tríos con Andrés

    Descubriendo los tríos con Andrés

    Era un miércoles por la noche y hacía mucho tiempo que hacía algo divertido. Siempre que tenía disponible algo de tiempo libre, mis amigos tenían algo que hacer: excusas de trabajo y familia. Tenía libre desde el jueves en la noche y no quería quedarme en casa. Empecé a ver Instagram, y me encontré con una historia de Andrés. Ya no veía sus historias porque estaba fuera del país, pero en esa historia se veía que estaba de nuevo aquí y subió varias fotos con su familia, en un restaurante que me gusta.

    Me detuve un par de segundos para pensar que hacer, le di like y continué viendo qué más había. Pasaron unos 40 minutos y realmente ya me había aburrido. Salían planes de viaje, restaurantes, caminatas, y ya no quería más opciones; quería hacer algo. Revisé mis mensajes en el teléfono y todas las conversaciones eran sobre familia y amigos que siempre planifican cosas, pero nunca concretan.

    Me recosté en la cama y dejé el teléfono a un lado. Me detuve a pensar mis opciones. Estaba Xavier, un chico increíble que había conocido en un concierto, con el que salía de vez en cuando a conocer lugares mágicos. Estaba Raúl, un chico que trabaja en un banco con el que tenemos amigos en común y siempre que nos encontramos es para alguna fiesta o borrachera asegurada, es muy perro honestamente. Estaba Miguel, un chico de mi trabajo, bastante menor, pero es un encanto. Salimos a comer con bastante frecuencia y coqueteamos bastante, pero siempre lo molesto con que es muy menor para mí, aunque no lo niego, me gusta un montón.

    Seguía pensando en mis opciones cuando escuché una notificación. Era un mensaje de Andrés. Bloqueé el teléfono y me lo coloqué en el pecho un par de segundos, no me imaginaba qué podía decir. Me senté al filo de mi cama y abrí su mensaje.

    —Cami, ¿cómo estás? No he sabido nada de ti, dime qué tienes libre mañana, tenemos que vernos.

    Sonreí al leer su mensaje, sin saber qué responder.

    —Sí, ha pasado un rato. ¿Qué tienes en mente?

    Quería parecer un poco desinteresada, pero por dentro me moría por decir que sí a cualquier plan.

    —No sé si tengas libre desde mañana, como es feriado espero que sí. Nos vamos con un grupo de amigos a una cabaña fuera de la ciudad hasta el sábado.

    Aunque me moría de ganas de decir que sí, decidí alargar mi respuesta.

    —¿Quién va a ir, los conozco?

    —Yo pienso que no, son amigos míos, somos Paul y Sonia que son pareja, Santiago y yo.

    —Pero ¿qué piensan hacer allá?

    —Vamos a caminar un poco por la zona, Santiago dijo que iba a llevar unos tragos y ya vemos allá qué más hacer.

    —¿Y no hay problema si voy yo?

    —No, la cabaña es de 3 habitaciones y ya está pagada, así que solo debes poner tu divina presencia y si quieres traer algo más, mejor.

    A ese punto ya me había convencido, pero quise hacerme de rogar un poco.

    —No lo sé, no conozco a tus amigos y pasar casi 3 días con ellos va a ser raro.

    —No te preocupes, todos son unos locos y si te aburres, me escapo contigo a hacer cualquier otra cosa.

    —Está bien, confío en ti, nos vemos mañana.

    Estaba que no cabía de la emoción, era justo lo que necesitaba. Me comentó que en el lugar hacía bastante frío, que fuera preparada con ropa abrigada, y lo que creyera necesario. Demoré 2 horas preparando mi ropa para el siguiente día, probando entre varios outfits. Al final dejé mi mochila lista para el viaje y me acosté a dormir.

    A la mañana siguiente salí a trabajar como todos los días, pero emocionalmente estaba muy contenta. Justo me topé con Miguel y me invitó a salir en la noche, pero tuve que rechazarlo amablemente. Si el día anterior me hubiera preguntado, definitivamente habría salido con él. Aun así, el día se pasó volando y todo estuvo genial.

    Llegó la tarde y volví a casa para darme una ducha y prepararme para salir con Andrés y sus amigos. Pasaron por mí a las 7 pm y nos fuimos rumbo a la cabaña. No recuerdo el lugar exacto, pero fueron 2 horas de viajo. En el camino nos conocimos más con los amigos de Andrés y realmente hubo buen feeling con todos, especialmente con Santiago. Estaba muy guapo y tenía el mismo sentido del humor que Andrés.

    La primera noche en fue tranquila, pero no por eso menos interesante. Después de llegar, cada uno eligió su habitación, y Andrés se ofreció a dormir en el sofá, diciendo que era “el guardián de la casa”. Entre risas y bromas, nos despedimos para ir a descansar. Mi habitación era pequeña con una gran cama. Me envolví en una cobija gruesa que habían dejado en la habitación, agradeciendo haber traído ropa abrigada.

    Al amanecer, el sonido de una lluvia ligera sobre el techo me despertó. Me puse una chaqueta gruesa y salí al comedor, donde ya estaban Andrés y Santiago preparando café.

    —Dormilona —me saludó Santiago con una sonrisa.

    —Era necesario recuperar energías —respondí mientras tomaba la taza que me ofrecía Andrés.

    Después de un desayuno rápido con sándwiches y una manzana, salimos a caminar. El paisaje era impresionante: montañas verdes, cielos grises y una neblina que le daba un toque nostálgico a todo. Sonia y Paul iban tomados de la mano al frente, mientras Andrés caminaba un poco adelante, bromeando y tomando fotos. Santiago se quedó a mi lado.

    —¿Siempre traen gente nueva a sus escapadas? —le pregunté, mientras caminábamos cuidadosamente por un sendero empedrado.

    —No, casi nunca. Pero Andrés insistió en que debías venir. Parece que te extrañaba mucho —dijo con un guiño.

    Me reí y desvié la conversación. —¿Y tú? ¿Siempre tan encantador?

    Él se rio, pero no respondió. Seguimos caminando mientras la conversación fluía de forma natural. Me contó sobre sus aventuras de senderismo y sus locuras con Andrés, y yo le hablé un poco de mis propias escapadas con Xavier, aunque evitando entrar en detalles.

    En cierto momento, la lluvia comenzó a caer con más fuerza. Intentamos refugiarnos bajo unos árboles, pero era inútil. Decidimos reírnos de nuestra mala suerte y seguir adelante, todos terminamos empapados. Cuando regresamos a la cabaña cerca del atardecer, estábamos congelados.

    —Necesitamos calor urgente, y no me refiero solo al fuego —dijo Andrés, sacando un par de botellas de su mochila.

    Mientras el grupo se cambiaba, encendimos la chimenea y nos reunimos en la sala. Con tragos en mano, nos sentamos alrededor del fuego. Santiago, que estaba sentado a mi lado, me ofreció un poncho de lana que había traído.

    —Para que no te me congeles —dijo con esa sonrisa que empezaba a resultarme peligrosamente encantadora.

    La chimenea crepitaba suavemente mientras el grupo reía y se turnaba para tomar tragos. La botella de ron estaba a la mitad cuando Paul, con una mirada traviesa, dijo:

    —Bueno, ahora que estamos todos entrando en calor, ¿qué les parece si jugamos algo más interesante?

    —¿Verdad o reto? —exclamo Sonia, cómplice.

    Andrés levantó las cejas y Santiago sonrió. Yo me hundí un poco más en el sofá, Sabía que Paul y Sonia tenían fama de ser muy abiertos, y la chispa en sus ojos dejaba claro que no íbamos a jugar a algo “inocente”.

    —Yo digo que sí —dijo Santiago, mirándome directamente con una sonrisa intrigante. Andrés estaba sentado en el suelo, frente a la chimenea, y alzó la botella.

    —Cami, ¿te atreves o prefieres escapar al cuarto? —preguntó con una sonrisa que reconocí demasiado bien. Había algo en su tono que me recordaba las noches caóticas que compartimos años atrás, cuando todo era un juego peligroso.

    —Yo nunca me escapo de nada —respondí, segura, a pesar de que mi corazón latía más rápido de lo que quería admitir.

    La primera ronda fue sencilla, casi inofensiva. Paul le pidió a Sonia que contara la historia más embarazosa de su adolescencia. Sonia retó a Santiago a tomarse un trago doble. Luego llegó mi turno.

    —Cami —dijo Andrés, mirándome con esos ojos oscuros que siempre parecían ver más allá de lo que quería mostrar—. ¿Verdad o reto?

    Podía sentir las miradas de todos sobre mí, pero sobre todo la de él y la de Santiago, como si ambos esperaran algo.

    —Reto —dije, intentando no vacilar.

    Andrés sonrió como si hubiera ganado algo y se inclinó hacia adelante. —Te reto a que le des un beso a alguno de nosotros.

    Un silencio cargado se apoderó de la sala. Sonia soltó una risita, mientras Paul y Santiago intercambiaban miradas divertidas. Sabía lo que Andrés estaba haciendo: estaba probando si aún podía ejercer ese poder magnético que tenía sobre mí. Pero no iba a dejar que me controlara fácilmente.

    Me moví despacio, respiré profundo y me dirigí hacia Santiago. Su sonrisa se ensanchó, sorprendido pero encantado. Me incliné y le di un beso breve, pero suficiente para que sintiera la chispa. Cuando me separé, él me miró con sorpresa, como si no pudiera creer que había pasado.

    Andrés no dijo nada, pero su sonrisa desapareció. Había algo más, algo que reconocí como celos.

    La noche siguió avanzando. Las preguntas y los retos se volvieron cada vez más audaces. Sonia y Paul, fieles a su estilo, no tenían reparos en coquetear entre ellos frente al grupo y sugerir ideas cada vez más provocadoras. Santiago no se quedaba atrás, aceptando los retos más atrevidos con una mezcla de valentía y humor.

    Sin embargo, la tensión entre Andrés y yo empezó a ser palpable. No era solo el juego; era la historia que compartíamos, la conexión que nunca terminamos de romper.

    En un momento, Andrés decidió interrumpir el juego. —Ya basta de jueguitos por ahora. ¿Qué tal algo de música y unos tragos?

    Nadie se quejó, y pronto, una bocina llenó la sala con música. Todos bailamos pegaditos, sentía el manoseo por parte de Andrés y Santiago que parecían cada vez más decididos a quedarse conmigo.

    Santiago se puso a mi lado, y comenzamos a hablar en voz baja. Era fácil estar con él; tenía esa mezcla de confianza y ligereza que hacía que todo pareciera menos complicado.

    —Te debo un beso más largo después de lo de antes —dijo con una sonrisa descarada.

    —¿Quién dijo que me lo debes? —respondí, juguetona, aunque mi corazón se aceleraba.

    Mientras tanto, Andrés nos observaba. No decía nada, pero podía sentir su mirada. Sabía que no estaba acostumbrado a ser el observador en nuestra dinámica, y eso probablemente lo estaba carcomiendo.

    Cuando las horas pasaron y las botellas quedaron vacías, Sonia y Paul anunciaron que se iban a dormir. Santiago me miró como si estuviera pensando en hacer lo mismo, pero Andrés se acercó antes de que pudiera decir algo.

    —Cami, ¿podemos hablar un momento?

    Sabía que esta conversación era inevitable. Asentí y lo seguí, el frío era casi insoportable. Me crucé de brazos, esperando a que hablara.

    —¿Te estás divirtiendo? —preguntó, encendiendo un cigarrillo.

    —Sí, bastante. ¿Por?

    —Por nada. Solo que hacía mucho tiempo que no te veía, y ahora que estamos aquí me siento un poco desplazado.

    Lo miré, intentando descifrar lo que realmente quería decir. —Es un buen grupo. Y creo que necesitaba esto.

    —¿Esto incluye a Santiago o a mí? —preguntó, soltando el humo y mirándome directamente.

    Ahí estaba. El Andrés que no podía ocultar su lado territorial.

    —¿Hay algo más en el fondo que quieres decirme? —respondí, tranquila pero firme.

    Andrés sonrió. —No sé, tal vez porque quería que pasemos más tiempo juntos tú y yo, pero no se ha podido.

    Tomé aire para mantener la calma. Andrés parecía tenso, pero no estaba dispuesta a dejar que el pasado o el orgullo arruinaran el buen ambiente de la noche. Lo miré directamente, tomé su mano con firmeza y dije:

    —Andrés, sigamos disfrutando de esto, ¿quieres? Tenemos muchas cosas que ponernos al día. No dejemos que tonterías del pasado o del presente se interpongan.

    Él me observó por un segundo, como si evaluara mis palabras, y luego asintió con una leve sonrisa. Para romper la tensión, volví adentro y saqué una botella de mi mochila.

    —¿Qué tal si lo hacemos más interesante? —anuncié, levantando la botella.

    Los ojos de Santiago y Andrés mostraron sorpresa y pronto estábamos con tragos pasando de mano en mano. Fue como si la energía se renovara; las risas volvieron y las conversaciones se hicieron más personales.

    Andrés y Santiago, liberados de la tensión inicial, comenzaron a contar historias de amor y desamor. Andrés fue breve al hablar de su divorcio, lo justo para decir que había sido una experiencia difícil, pero que estaba en paz con su decisión. Santiago, en cambio, fue mucho más explícito. Contó anécdotas de sus exnovias con tanto detalle que todos estábamos partiéndonos de risa, especialmente cuando habló de una que tenía la obsesión de planificar todo.

    —No te imaginas, Cami. Una vez me pidió que confirmara por mensaje si íbamos a “hacerlo” porque necesitaba agregarlo a su agenda. —Santiago imitó su tono serio, haciendo que me riera aún más.

    El alcohol seguía fluyendo, y con cada ronda, las conversaciones se volvían más desinhibidas y la competencia entre ellos era más evidente, yo estaba a gusto con mi papel de objeto de deseo, aunque no duro mucho y llegó ese momento. Yo ya estaba muy ebria, a un costado de Andrés. Solo escuchaba el sonido de la música y fragmentos de conversaciones entre él y Santiago. Había risas, palabras sueltas que no lograba entender del todo. En algún punto caí dormida, sin darme cuenta de cómo ni cuándo.

    Desperté más tarde, recostada sobre las piernas de Andrés, con el poncho de lana cubriéndome. La música ya estaba apagada, y la sala estaba en silencio. Me sentía relativamente bien, el mareo había desaparecido un poco, y al mirar alrededor vi que Santiago ya estaba dormido en el otro sofá.

    Intenté moverme para acomodarme, pero eso despertó a Andrés, que bajó la mirada hacia mí con un gesto somnoliento.

    —¿Estás bien? —preguntó en voz baja.

    —Sí, ya estoy mejor. Gracias por abrigarme —le respondí.

    —Hacía frío. No quería que te enfermaras. —Hizo una pausa y luego, con una sonrisa, agregó. —Pero si me compartes el poncho, no me quejaré.

    —No hay problema —respondí, sonriendo de vuelta.

    Aprovechando que el sofá era grande, nos acomodamos de lado. Andrés se colocó detrás de mí y me abrazó suavemente por la cintura, algo que me tomó por sorpresa, pero que no rechacé.

    Empezamos a hablar, como hacía mucho tiempo no lo hacíamos. Hablamos de nuestras relaciones pasadas y cómo terminaron. De su divorcio, que mencionó de forma más personal esta vez, y de mi última relación, que acabó hace tres meses. Tocamos temas más ligeros también.

    En un momento, Andrés se inclinó un poco más cerca y me dijo en voz baja:

    —Por cierto, Santiago está embobado contigo. Literalmente dijo que estás buenísima y que quiere “salir” contigo.

    No pude evitar reírme un poco y lo miré por encima del hombro. —¿De verdad? ¿Y qué significa “salir” para él?

    Andrés rió también, aunque su tono tenía algo de advertencia. —Solo busca sexo. Si no es lo que tú también buscas, ni le des oportunidad.

    Me encogí de hombros, juguetona. —La verdad, no estoy buscando algo serio ahora. Así que no me importaría si solo busca sexo, además, está buenísimo. Algo de acción no me caería mal.

    Ambos nos reímos de mi comentario, el trago todavía corriendo por nuestras venas. Entonces, sutilmente, lo miré con picardía y añadí:

    —Aunque, si otra persona se le adelanta, qué mal por él —respondí con una sonrisa maliciosa, moviendo ligeramente mi cuerpo contra el suyo para sentir su reacción.

    Andrés me sostuvo la mirada, algo que ambos conocíamos demasiado bien. La tensión entre nosotros era palpable, y el ambiente se cargó de una energía eléctrica que hacía que mi corazón latiera más rápido.

    Andrés comenzó a besarme con una intensidad. Sus manos recorriendo mi cuerpo, despojándome lentamente de la ropa. Cuando sacó mi brasier y mi interior, los lanzó “accidentalmente” hacia donde estaba Santiago, como una muestra de victoria. Vi de reojo a Santiago que únicamente sonrió, entendiendo el mensaje, disfrutando del espectáculo.

    Andrés me cargó y yo abracé su cuerpo con mis piernas y entramos en mi habitación. Andrés se desvistió en un instante, sacando condones. Me acomodé en la cama mientras él se preparaba y luego se subió encima de mí, comenzó a besarme desde los pies. Se detuvo en mi vagina, dándome besos alrededor, viéndome a los ojos y notando cómo cada vez me prendía más.

    Empezó a meter sus dedos poco a poco, y se notaba lo mojada que estaba. Disfrute mucho de su lengua, hacia un buen tiempo que nadie me hacía sexo oral de esa forma. Sin darme cuenta estaba apretando muy fuerte su cabeza contra mis labios. Luego de unos minutos, se subió sobre mí en la posición del misionero y me penetró, lo cual me trajo muchos recuerdos. Andrés se movía con ferocidad, haciéndome gemir de placer. Al principio intenté controlar mi respiración, pero al rato dejé de contenerme. Aproveché para besar su cuerpo, manosear su espalda y trasero; aún seguía en buena forma.

    Él hizo lo mismo conmigo, se comió mis pechos completamente. Por un breve momento, sentí que se iba a venir, así que lo atrapé entre mis piernas y lo aprete fuertemente, disfrutando de ver cómo eso hizo que se viniera más fuertemente. Entonces lo empujé al otro lado de la cama y le saqué el condón. Procedí a lamer el semen de su pene y luego empecé a besar sus piernas y abdomen. Luego me subí a escurrir mi saliva en su boca; él solo abrió y aceptó mi obsequio.

    Luego viendo que nuevamente tenía su verga lista, me puse en cuatro sobre el filo de la cama, ofreciéndome completamente a él. Él tomó nuevamente otro condón y empezó a penetrarme con fuerza. Mis gemidos llenaban la habitación, afuera llovía fuerte, así que me sentía cómoda gimiendo y gritando (había olvidado que Santiago, Paul y Sonia estaban al lado).

    Andrés tenía ambas manos sobre mi cadera, atrayéndome de manera violenta, y aumentó el ritmo de sus embestidas. Podía sentir cada centímetro y cómo llegaba hasta el fondo, trate de apretar mis músculos vaginales para sentirlo aún más.

    —Más fuerte —supliqué, ya que sentía cerca mi orgasmo.

    Andrés obedeció, con la respiración a mil por hora. Golpeó mis nalgas con fuerza y me agarró con más ferocidad, haciendo temblar la cama. Yo me agarré del filo y tuvimos un minuto más de esa tremenda cogida. Llegué a mi orgasmo y me derrumbé sobre la cama temblando, y Andrés igual.

    Andrés, con el sudor corriendo por su frente, se inclinó sobre mí y me besó. Yo me recosté con la respiración muy agitada mirando al techo disfrutando del momento.

    Pero de pronto, la puerta de la habitación se abrió lentamente y Santiago apareció, con una sonrisa pícara en su rostro.

    Hubo un breve instante de confusión en mi mente; mi primer reflejo fue cubrirme y encogerme para evitar que Santiago me viera, pero luego lo entendí, Andrés había llamado a Santiago y algo muy pervertido iba a suceder.

    —Te tardaste, ¿no? —respondió Andrés, con sarcasmo.

    Santiago asintió y comenzó a desnudarse rápidamente, disfrutando de la vista de mi cuerpo desnudo y ya más relajado. Recuperé la compostura y me puse de rodillas sobre la cama a contemplar la situación, Andrés y Santiago desnudos delante de mí.

    Santiago se acercó a mi agresivamente para tomarme del cuello y darme un beso, levantándome para ponerme a su altura, entonces me abrazo y empezó a acariciar todo mi cuerpo, sus manos estaban un poco frías lo que me hizo estremecerme ante sus toques. Me dejé llevar por la situación, Santiago me apretaba contra su cuerpo y podía sentir como su pene mojado tocaba mis piernas, con una mano empecé a masturbarlo un poco mientras nos seguíamos besando.

    No puedo imaginar que pasaba por la mente de Andrés en ese momento, pero me imagino que la vista lo excitaba muchísimo, así que decidí mejorarla, me incline y empecé a mamar la verga de Santiago, se veía increíble, era más gruesa que la de Andrés y no me contuve, trate de metérmela hasta el fondo, el sonido de mi boca contra su miembro era realmente exagerada, parecía como si hubiera estado desesperada por hacerlo. Me deje llevar, en lo que escuche un click de una cámara, volteé a ver de inmediato, Andrés había empezado a grabar video, simplemente lo vi desafiante, pero seguí con lo mío.

    Santiago me tomo de la barbilla y me volvió a levantar para continuar con nuestra sesión de besos, pero de inmediato me tomo de las piernas y me levanto para penetrarme ahí mismo de pie, fue tan brusco que lance un fuerte gemido, voltee a mirarlo sorprendida, pero me encanto, entonces empezó a balancearme hacia su cuerpo haciéndome gritar de la excitación, puse mis brazos alrededor de su cuello y me perdí en el movimiento, me quedé viendo como nuestros sexos se encontraban y hacían resonar la habitación y por supuesto continuamos con los besos, no sé cuánto tiempo estuvimos así pero al final volví a caer rendida en la cama.

    En eso Santiago que aún no había terminado me volteo y me tomó de la cadera y me puso en cuatro, en esta ocasión vi cómo se puso uno de los condones que estaba en la mesa, lo cual me sorprendió por que antes había olvidado de revisar y tuvimos ese primer encuentro sin protección. Procedió a penetrarme nuevamente en lo que yo quede de frente a Andrés y su celular, no sabía exactamente que hacer así que solo evite mirar a la cámara, acomodando mi pecho y rostro contra la cama disfrutando de aquellas embestidas, gimiendo fuertemente.

    —Dios —exclamé, con una voz quebrada por el placer.

    Santiago me tomaba muy fuerte y me nalgueaba mientras me penetraba con todas sus fuerzas a este punto ya no sentía dolor, solo un calor que recorría todo mi cuerpo como si me estuviera quemando. Finalmente dio sus embestidas finales y me quede allí recostada sobre la cama en extremo agitada, sudando, con mi vagina escurriendo, mis nalgas calientes, temblando, pero increíblemente feliz y excitada todavía.

    Andrés y Santiago se empezaron a reír y yo al voltearlos a ver no pude evitar reírme también, Andrés había dejado de grabar y se acomodo a un lado de la cama, invitándome a ponerme junto a él, así lo hice, él me abrazo y me beso en lo que Santiago se puso al otro lado de la cama, nos juntamos los tres y nos colocamos unas cobijas encima.

    Nos abrazamos y compartimos besos, en lo que ambos aun seguían tocando mi cuerpo, sin embargo, había sido un día largo y el cansancio hizo de las suyas, todos caímos dormidos.

    Al día siguiente, el sonido de la cocina nos despertó. Desayunamos juntos, la complicidad entre los tres era palpable. Cuando salimos a caminar, Sonia se me acercó a charlar; tenía un tono diferente al que había conocido el día anterior. Me confesó que había escuchado todo y que se notaba que lo había disfrutado. Me quería morir de la vergüenza, aunque a Sonia no le parecía la gran cosa.

    Los chicos, por su parte, también hablaron entre ellos; solo escuché un par de risas y frases que denotaban el ego de todos. En parte me sentía como una puta, pero también única y deseada. Sabía que esta experiencia había cambiado todo, y ahora quería explorar más.

    Mientras caminábamos por el sendero empedrado, el paisaje impresionante y la compañía agradable hicieron que me sintiera bien. Sabía que, independientemente de lo que pasara con Santiago y Andrés, había vivido una experiencia inolvidable. Y con Andrés soltero y Santiago interesado, quizás hubiera más aventuras por venir.

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  • Si, y sólo si…

    Si, y sólo si…

    Si, y sólo si…

    Si hoy amanece más tarde, quédate a mi lado y besa mis labios abandonados.

    Si hoy olvidas mi nombre, recuerda nuestras pasiones encendidas en hogueras de amor y volverás a estremecerte.

    Si hoy no sabes quien eres, invoca mi nombre en tu teléfono y con mis dulces palabras te llenaré de paz.

    Si hoy has perdido un segundo de tu tiempo, tomate una hora para reflexionar de las caricias que has recibido y deja que tu imaginación te haga gozar de los suaves toques que tu propias manos te dan.

    Si hoy no sabes cómo afrontar tu día, mírate al espejo y hazte el amor con la mirada.

    Si hoy quieres compañía, no hace más falta que pensar en quien amas y que estará ahí contigo cuando lo necesites.

    Si hoy piensas que todo es igual que ayer, recuerda tu última noche de lujuria y verás que es diferente.

    Si hoy piensas abandonarme, mejor humedece tus labios y únelos a los míos.

    Si hoy anochece más temprano, acuéstame en tu lecho, besa mi mejilla, y márchate si, y sólo si vas al tocador y regresas a hacerme el amor hasta que amanezca…

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  • El sobrino de mi maestro

    El sobrino de mi maestro

    Como en aquella época también estudiaba de noche, no me era difícil tener excusas para escapar de mi casa e ir al menos una o dos horas a sentirme puto. Y antes de continuar quiero aclarar algo; la palabra “puto” nunca fue ofensiva para mí, ni aun cuando debía serlo, muchos hombres que se creen activos me la decían para sentirse dominantes y degradar mi condición, pero yo la disfrutaba, incluso he pedido que me la digan y los pocos amantes que hoy tengo suelen hacerlo, aunque yo después los penetre a ellos.

    Entonces, durante más de un año me estuve encontrando al menos una vez por mes con el vecino amigo de la familia, pero yo había empezado a dejar la facultad por ir a vestirme con la ropa que tenía escondida en aquella casa casi semanalmente. Llegaba de noche, enseguida me cambiaba, tenía hasta una peluca, un poco me maquillaba y al principio solo salía al jardín, pasaban autos y me exponía un poco como para que me vieran, obvio que en general ninguno paraba y el que lo hacía era solo por curioso; me fui animando y con el tiempo ya daba vueltas por el barrio, en aquella época la iluminación era muy tenue y llegaba a esconderme entre las sombras si así lo quería.

    Una noche, cuando regresaba, pude ver que un hombre esperaba en la puerta de la casa céntrica, me puse muy nervioso, tenía miedo que fuera un familiar, pero a medida que me acercaba caminando muy despacio sobres mis tacos vi que era el “sobrino” de Chon, por lo que al llegar a la puerta sin tapujos me dijo:

    -Menos mal que viniste, me quedé sin agua y me tengo que bañar, ¿me dejás hacerlo en tu casa?

    -Si, dale, no hay problema, tendremos que prender el calefón. Dije mientras entraba con él por detrás.

    -Estás lindo, aunque ya te lo habrán dicho. Comentó este hombre de unos 35 años que vivía con mi maestro sexual.

    Ni bien entramos él fue al baño que daba directamente a la cocina y yo encendía el calefón, preparó su ducha y con la puerta abierta por completo en un baño muy grande y mirándose al espejo empezó a desnudarse obvio que yo lo miraba sin ser muy directo y la verdad que me sentía incómodo vestido con ropa femenina a pesar de que mi exposición me gustaba, creo que siempre me creí feo como mujer y entonces, si bien disfrutaba el levante, nunca pensé que podría gustar a alguien, así fue que me empecé a cambiar mientras él, totalmente desnudo y ya mostrándome su poronga caliente, esperaba que el agua estuviera justa. Yo pispiaba, tenía la sensación de que si lo observaba directamente me diría lago que no me gustara.

    Se metió bajo el agua y me daba charla, por lo que me obligaba a acercarme a la puerta y ver como se enjabonaba y sobaba una pija que realmente era muy atractiva por su tamaño, hasta ese momento yo no había visto más que sólo las del Colo y Chon; no me quedaba para mirarlo, iba y venía, cuando estuve completamente cambiado y desmaquillado, inicié la preparación de unos mates que nunca tomé, ya que Sosa (tal su nombre) me pidió si le podía alcanzar el toallón que estaba sobre la mesa… obviamente lo hice, cuando él se acercaba a la puerta completamente desnudo, con un miembro excitado y la cabeza roja de deseo, se empezó a secar y lo blandía como si fuera un trofeo del que yo sería el ganador:

    -¿Te gusta?

    -Es grande. Respondí

    -Vení, probala. Me dijo como si fuera un desafío

    Y no tardé mucho en encontrarme arrodillado ante su virilidad que entraba en mi boca bien abierta, lentamente, saboreándola, con mucho cuidado y placer.

    -Ufff, que bien, veo que tenés algo de experiencia, mi tío me dijo que eras bueno. Que se empiece a correr el rumor entre hombres de que me gustaba la pija nunca fue un problema para mí, todo lo contrario, que en este submundo se sepa, me resultaba atractivo.

    -Gracias, él me enseña. Dije en un breve impasse de mi lujuriosa tarea

    Tomó mi cabeza y empezó a manejar el ritmo y la profundidad de la mamada, nunca me habían dominado así (o al menos no lo recordaba), reconozco que fue una rara sensación para mí y en un momento siento que su pene se pone muy duro él me suelta, se toma del marco de la puerta y me señala que no pare; mientras seguía con mi trabajo de succión acariciaba sus huevos y tomándolo de sus bellas nalgas podía manejar el bombeo hasta que sentí que explotaba en mi boca con una cantidad que nunca había sentido, no lo tragué todo, era demasiado, me levanté y un poco lo tiré en el lavatorio donde tomé agua.

    -Muy buena mamada, no me la esperaba de vos. Vas por buen camino. Dijo mientras se cambiaba

    -Gracias. ¿Y qué te parece cómo visto?

    -Estás bien, aunque todavía te falta un poco. Yo cierro, vos andá. Me dijo como sacándome de encima, luego me enteraría que él y su tío no compartían hombres y esto fue un desliz de su parte.

    Me fui con la idea de casi mi primer levante usando ropa femenina, recuerdo que llegué a mi casa y me quedaba algo de maquillaje en mis ojos que mi mujer notó y que con una excusa como que me había ensuciado, pasó. Esa noche hicimos el amor y reconozco que pensaba en mi conquista.

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