Autor: admin

  • Mis fabulosos primeros cuernos

    Mis fabulosos primeros cuernos

    Durante el servicio militar tuve un buen destino en mi ciudad debido al habitual enchufe que todos los cartageneros tenemos en el mundo de la Armada. Allí conocí a un chaval paisano pero tres años más joven porque yo había pedido prórrogas y él no.

    Nuestra amistad se trasladó más allá del cuartel y siguió cuando terminamos la mili. Yo me casé con 27 años con la novia que tenía desde los veinte y que era cuatro años menor que yo. Salíamos entonces en pareja con mi amigo y su novia. Mi mujer no tomaba a mal que él también viniera a recogerme algún día para salir los dos a tomar unas cervezas.

    Un día mi amigo me llamó y me dijo que me esperaba en mi casa. Yo le dije que me quedaban un par de horas para llegar y que se tomara una cerveza en casa mientras me esperaba. Eso fue a finales de 1992. Ese verano había nacido mi hija y mi amigo le tenía mucho cariño.

    Yo terminé ben el trabajo mucho antes de lo previsto y marché a casa. Al llegar y empezar a subir la escalera escuché lo que sin duda eran gemidos de mi amigo. Sospechando claramente lo que sucedía abrí la puerta sin hacer ruido y desde el vestíbulo pude ver cómo él estaba sentado en el sofá desnudo y mi mujer de rodillas le estaba haciendo una mamada.

    Mi polla se endureció rápidamente. Yo había comentado alguna vez con mi mujer la posibilidad de hacer un trio con mi amigo, que hacía meses que había roto con su novia, pero ella decía que no. Pero allí estaba, mamando el cipote de mi colega, que gemía fuertemente hasta que lanzó un grito y de corrió en la boca de mi mujer, que se tragó toda la leche. Luego le dijo que tenía más polla que yo, lo que era verdad, y que también echaba más leche.

    Entonces cambiaron de postura y ella se sentó en el sofá y él se puso de rodillas a comerle el coño mientras le decía que le daba morbo por ser el de mi mujer y porque había parido hacia solo unos meses. Mi mujer jugaba con el pelo de su cabeza y gemía como si fuera la primera vez que le comían el coño. En unos cinco minutos se corrió y sus flujos mancharon el sofá. Le diremos a mí marido que se ha hecho pipí la cría, le comentó a mí amigo.

    Entonces él volvió a sentarse en el sofá y ella encima de él empezó a cabalgarlo, algo que es sin duda su especialidad. El mientras le mordía los pezones y le daba bofetadas, aunque ella le dijo que tuviera cuidado por las marcas. Mientras yo me había sacado la polla y me estaba haciendo una paja.

    Más de 10 minutos tardaron en llegar al orgasmo. Ella se recostó sobre él. Yo entonces salí de casa con discreción y desde abajo llamé al timbre poniendo la excusa de que me había olvidado las llaves. Me abrió él y me dijo que mi mujer había ido al aseo. Me acerqué a la puerta de éste y escuché el ruido del bidé, donde se estaba lavando para quitarse la abundante corrida que sin duda había recibido.

    Yo hice como que no me había percatado de nada y me fui con mi amigo a tomar unas cervezas. Pero sabía que era el principio de algo que siempre había querido, que mi mujer follase con otros mientras yo miraba.

    Pero eso ya son otras historias.

  • Me trataba de usted

    Me trataba de usted

    Había vuelto a Galicia, pero no me quitaba la cabeza la morena más sexy que jamás había conocido. Echado boca arriba sobre mi cama, Recordaba sus grandes y esponjosas tetas, su dulce voz cuando me dijo: «No voy a dejar que su lengua profane mi sexo» Recordaba mi lengua lamiendo su culo y a la morena llamándome: «Cerdo». Recordaba su coño rasurado y su gordo clítoris. Recordaba mi lengua apretada contra él haciendo círculos. Recordaba su pelvis moviéndose de abajo a arriba, de arriba a abajo, alrededor y hacia los lados. Recordaba su mano apretando la sábana, su boca mordiendo la almohada y su coño corriéndose en mi boca. Recordaba su voz desgarrada diciendo. ¡¡¡Me corro!!! Recordaba mi polla entrando y saliendo de su culo, cómo la nalgueaba, cómo me corría en su espada y como lamía mi leche de ella. Lo recordaba mientras mi mano subía y bajaba masturbando mi polla, y recordando salió un chorro de leche que cayó sobre uno de mis pies y que después bajó en cascada por el tronco y anegó mi vello púbico y mis huevos.

    Una semana después volví al lugar del encuentro. Me senté en el mismo banco de madera del jardín. En la pileta de la fuente seguían los peces dorados, en el escaparate el maniquí y detrás del banco las jacarandas en flor, pero los coches subían y bajaban por las calles que rodeaban el jardín. Era mediodía y estaba solo en el jardín. El silencio de la noche diera paso al bullicio, y lo peor era que ella no estaba. Lo sabía antes de desplazarme, pero quería volver a sentarme en el banco, cerrar los ojos y verla allí sentada, a mi lado. Cuando abrí los ojos la vi. ¡Sí! Era ella, la muñequita más linda del universo, salía de un supermercado con una bolsa en la mano. La seguí hasta su casa sin que ella me viera a mí. Luego me fui a una pizzería, me compré una pizza con setas y anchoas y una gorra, cogí mi auto, lo dejé aparcado a una calle de la suya y llamé a su puerta. Me abrió la puerta, ya se había puesto un pijama, al verme, exclamó:

    -¡¿Usted?!

    -Su pizza de anchoas y setas, señora.

    Echó una ojeada por si alguien estaba mirando, y sin alzar la voz, me dijo:

    -Está loco. Váyase. Mi marido está a punto de llegar.

    La había cagado. El «mandamás» era su marido. Di media vuelta y me iba, cuando me dijo:

    -Pero la pizza la puede dejar.

    Sin decir palabra me volví a girar, sin mirarla, decepcionado y avergonzado, extendí el brazo y quise darle la pizza. No me la cogió. Me dijo:

    -Sígame y póngala sobre la mesa de la sala que yo tengo las manos manchadas.

    Al entrar en la casa cerró la puerta. Caminando detrás de la morena vi que debajo del pantalón azul del pijama no llevaba bragas, pues sus bellas nalgas iban cada una a su bola. Sin mirarme, preguntó:

    -¿Cómo supo dónde vivo?

    -Te vi salir del supermercado y te seguí.

    -¿Vive cerca?

    -No, vivo en Galicia.

    Puse la pizza sobre la mesa camilla de la sala de estar.

    -¡¿Y ha venido desde tan lejos para verme?!

    -Al fin del mundo iría para volver a verte.

    -Exagerado. ¿Dónde se hospeda?

    -En el mismo sitio y en la misma habitación.

    -Esta tarde le haré una visita.

    Me acerqué a ella y besé aquel lunar de su nariz que tanto me gustaba. Me puso las dos manos en el pecho, y dándome un ligero empujón, me dijo:

    -Ahora váyase.

    Busqué su boca. Me hizo la cobra.

    -No, esta tarde.

    -¿Es que te deseo tanto?

    Volví a buscar su boca desesperadamente. Se puso coqueta.

    -Ya no será la cosa para tanto. Soy una mujer de lo más normal.

    -De normal no tienes nada, eres un monumento de mujer. La espera se me hará interminable.

    -Ok, un beso pequeñito para que no se le haga tan larga la espera, y sin lengua, eh, sin lengua.

    Al pico siguió una caricia en la mejilla, un beso en la nariz, otro pico y ya nos fundimos en un beso con legua, largo, muy largo, tan largo que al separarse nuestras bocas fue para poder quitarle la parte de arriba del pijama, lo que dejó al descubierto aquellas grandes tetas con areolas marrones y gordos pezones. Mi mano derecha se metió dentro del pantalón del pijama y se encontró con su coño que se empezaba a humedecer. Le metí el dedo medio dentro. La morena me mordió el labio inferior y echo su mano derecha a mi polla empalmada. Luego lamí sus pezones y jugué con sus tetas succionando sus areolas primero, y dándoles pequeños mordiscos después, para acabar besando, lamiendo y chupando las tetas en su totalidad. Iba a bajarle el pantalón del pijama para comerle el coño, cuando se agachó, sacó mi polla tiesa cómo un palo y la metió en la boca… Me hizo una buena mamada. La meneaba, la levantaba y lamia los huevos, después lamía desde la base al prepucio, mamaba el glande, lamía el meato, apretaba la lengua contra él, volvía a mamar, la metía casi toda en la boca… La mamada fue tan buena que cuando empecé a correrme me temblaron las piernas una barbaridad.

    Al acabar de correrme, se levantó y con la boca llena de leche me besó. Me besaba y gemía. Al acabar el besó con lengua, me agaché delante de ella y le bajé el pantalón del pijama… Estaba cómo pegado al coño. Al separarlo unos hilillos de flujo bajaron con él hasta soltarse y quedar colgando, les pasé la lengua y luego le lamí el coño encharcado. Estaba delicioso, toda ella estaba deliciosa, era una delicia de mujer, y la delicia iba a aguantar muy poco. Después de clavar mi lengua en su vagina, de lamer sus labios vaginales, de acariciar su ojete con la yema de mi dedo medio, y de lamer de abajo a arriba su clítoris una veintena de veces, o puede que menos, tapó la boca con una mano y se corrió cómo una bendita. Ahora eran sus piernas las que temblaban y su cuerpo el que se sacudía. Mi polla al sentir sus gemidos y ver sus temblores se puso dura de nuevo. Aun temblaba cuando la puse a lo largo del sofá y la penetré a lo bestia, y a lo bestia la follé hasta que mi pobre polla estalló de júbilo dentro de ella y su coño le correspondió con una inmensa corrida.

    Al acabar, hice que se sentara y comencé a comerle el coño de nuevo, me dijo:

    -Nos va a pillar mi marido.

    -¿Cuánto falta para que llegué?

    -Unos quince minutos.

    Solo me hicieron falta cinco para volver a beber de aquella preciosidad morena.

    Esto había terminado a la 1,50 pm. A las 3.45, llamaron a la puerta de mi habitación. Abrí y allí estaba la morena con un vestido negro escotado que le daba por encima de las rodillas y calzando unos zapatos del mismo color. Quise besarla y seria, muy seria, me empujó. Le pregunté:

    -¿Pasó algo malo?

    Sin decir palabra cerró la puerta detrás de ella y me siguió empujando hasta que caí sobre la cama, hizo que me pusiera a lo largo de ella. Se levantó el vestido. Venía sin bragas, subió a la cama, me puso el coño en la boca, y me dijo:

    -Por su culpa me he estado matando a pajas más de una semana. Ahora me las va a pagar. ¡Coma!

    -No fuiste tú sola la que se mató a pajas.

    -¡Calla y come, carajo!

    Venía en plan jefa y a mí me gustaba que mandara. Lamí su coño y lamiéndolo cogí un empalme brutal. A ver, era un caramelito, un bombón, una fresita, y yo era un maduro cuesta abajo. ¡Cómo para no empalmarme con ella! Al rato, cuando ya tenía el coño latiendo, se quitó el vestido, se echó hacia atrás y con la polla en la entrada de su vagina me dio las tetas a mamar. Yo empujaba pero ella no dejaba que entrara. Luego me comió la boca, y comiéndola metió el glande, lo sacó y me dijo:

    -Diga que siente por mí.

    -Creo que te quiero.

    Volvió a meter la cabeza de la polla.

    -¡No mienta! Diga la verdad.

    -Te deseo.

    Yo empujaba pero ella no dejaba que entrara más.

    -Eso ya lo sé, pero qué busca en mí.

    -Lujuria.

    La clavó hasta el fondo con un golpe de culo. Me folló a toda hostia siete u ocho veces, la volvió a poner en la entrada, y me preguntó:

    -¿Esta clase de lujuria?

    -Sí.

    Se deslizó con su coño por mi cuerpo, me lo pasó por el mentón, por la nariz, y después me puso el culo en la boca.

    -¿Y esta?

    Le agarré las nalgas, se las abrí, le lamí el ojete, y se lo follé. Dejó que se lo comiera largo rato. Luego volvió a darme las tetas a mamar y puso el ojete al lado del glande. No tardó en coger la polla y frotarla contra el ojete.

    -¿Y esta?

    Empujé y dejó que le entrara la punta. Le dije:

    -¡Dios que traviesa eres!

    Volvió a frotar la polla en el ojete, y me preguntó:

    -¿Qué es lo que le gusta más, meterla en mi coño o meterla en mi culo?

    Metió el glande dentro del culo, lo quitó y lo metió dentro del coño. Ya no pude aguantar más, comencé a correrme cómo un lobo. La morena la metió dentro del coño mientras se lo llenaba con un litro de leche. Quiso follarme duro, pero solo la clavó tres veces, a la cuarta, se abalanzó sobre la almohada y la mordió con rabia mientras encharcaba mi polla con los jugos de su corrida.

    Al recuperarse me besó, y me preguntó:

    -¿Me da sexo oral del guarro?

    Sabía lo que quería. Le dije:

    -Échate boca arriba.

    Se puso boca arriba, metí mi cabeza entre sus piernas, y comencé a comerle el coño. Ya no me llamaba guarro, no me lo llamaba porque a ella también le gustaba rebasar el límite de lo socialmente correcto.

    A estas alturas del partido quien me lee sabe que me gusta más un culo de mujer de lo que le gusta a un niño un caramelo. Así que después de tragar todo lo que salía de su coño, o sea, cuando ya lo dejé seco, agarré dos cojines y se los puse debajo de las caderas. Su periné y su ojete quedaron a mi disposición. La morena abrió bien las piernas y se echó las manos a las tetas. Yo me lo tomé con calma, primero lamí el periné y el ojete, despacito, después le follé el ojete con la punta de la lengua, luego se lo follé con la punta el dedo medio, y al final mi dedo entero entraba y salía de él mientras besaba y lamía el interior de sus sedosos muslos, Ella, con los ojos cerrados, no paraba se sobar sus bellas tetas. Sus labios vaginales estaban hinchados y abiertos, su clítoris erecto fuera del capuchón, y de su vagina comenzó a salir un jugo blanco cómo la leche que bajaba hasta el ojete y engrasaba mi dedo. A mi me latía la polla. Vi cómo la morena agarraba la almohada con una mano. Se iba a correr. Al tiempo que mordía la almohada y temblaba, su coño se empezó a abrir y a cerrar y a soltar jugos. Le quité el dedo del culo y vi cómo el ojete se abría y se cerraba acompasado con el coño. La morena levantaba la pelvis hasta el infinito en busca de una polla, de una caricia, de algo, pero no la toqué, dejé que se corriera. Cuando acabó metí su coño en la boca y después lo lamí de abajo a arriba. Las palmas de sus manos comenzaron a pegarle al colchón. Rompió a reír cómo si le acabara de contar el mejor chiste del mundo, apretó mi cabeza con sus muslos se retorció, se encogió, lloró, y acabó riendo de nuevo… ¡Cómo se corrió! Echó por fuera cómo un embalse cuando rebosa.

    Fueron tres horas de una tarde muy corta, pero muy intensa.

    Quique.

  • Una pareja buscaba emoción y yo estaba dispuesto a todo

    Una pareja buscaba emoción y yo estaba dispuesto a todo

    Un día estaba paseando por el centro de Buenos Aires, cuando una pareja de extranjeros me frena para preguntarme por una dirección. Era a varias cuadras de donde estábamos, y como yo no tenía nada que hacer, decidí acompañarlos para que no se pierdan. En el trayecto íbamos charlando y me contaron que eran de España, y habían venido a pasar unos días a Buenos Aires. Era una pareja muy simpática y linda. Clara y Ángel era sus nombres. Ella era alta, muy lindas piernas, cara de nena y llevaba un vestido corto que dejaba adivinar un cuerpo hermosísimo. Él se lo veía musculoso, una persona que pasa mucho tiempo en el gimnasio, pero sin exagerar. Muy atractivo también. Estaban yendo a buscar un chip de telefonía, para poder estar comunicados durante su visita, y luego ya estarían libres. Acababan de llegar y no sabían que hacer, así que me ofrecí a llevarlos a conocer la ciudad.

    Al cabo de un par de horas, habíamos visto los lugares más emblemáticos: la Plaza de Mayo, el Congreso, el Obelisco y demás lugares. Como ya era cerca de la hora de la cena, fuimos a un restaurante muy lindo y tranquilo. Allí pudimos charlar un poco más, y entre copa y copa de vino, me contaron de sus vidas. De que trabajan, sus hobbies, y algo más que me llamo la atención. Desde hace un par de años empezaron a experimentar en el mundo swinger. Habían tenido ya varias experiencias en intercambio de parejas, e incluso habían compartido cama con terceros y terceras, pero querían experimentar más. Un poco inocente de mi parte, les pregunte que más podrían querer, si ya hicieron de todo.

    -Bueno… hay una cosa más que nos gustaría. En realidad es algo que a mí me da morbo y me gustaría agregar a nuestra vida -me dice ella sin animarse a decirlo.

    -Hace un rato, mientras estabas en el baño, Clara y yo estuvimos hablando -continúa diciendo Ángel.- Nos pareces simpático y pensábamos que si te gustaría acompañarnos esta noche.

    Yo no podía creer lo que escuchaba. Al verla a Clara, ella hace un leve movimiento abriendo ligeramente el escote de su vestido, permitiéndome ver parte de la redondez de sus pechos, y haciendo que sea imposible rechazar la invitación. Terminamos de cenar rápidamente, y sin siquiera pedir postre, pagamos y nos fuimos.

    Se alojaron en un hotel muy cerca de donde estábamos cenando, por lo que llegamos rápidamente. Y aquí estoy, junto a Clara y Ángel, en su habitación, tomando vino y creando la atmosfera.

    Clara me agarra de la mano y me invita a sentarme junto con ella en el sofá. Me toma de la cara y me da un beso suave en los labios que hace subir mi temperatura de forma inmediata. Luego de unas caricias y besos muy fogosos, Ángel decide poner música y Clara y yo empezamos a bailar. Al cabo de un rato, y luego de un par de botellas de vino, me dice Clara:

    -Hay algo que no termine de decir cuándo cenábamos. Mi… fantasía. Quiero que la sepas, pero si no te gusta, podemos hacer de cuenta que no dije nada. Te parece bien?

    -Si claro -le contesto presuroso por saber de qué se trata, mientras seguimos bailando muy pegados.

    -Pues… mi fantasía es que me hagas tuya… y luego seas de Ángel.

    En ese momento lo siento a Ángel muy cerca de mí, pasando su mano por mi espalda, mientras le da un beso en la boca a Clara. Luego del beso ambos me miran, esperando mi respuesta.

    Siempre fue una fantasía para mí. No hacer tríos, eso es algo que ya había realizado. Mi fantasía era hacer ciertas cosas con un hombre… tocar, acariciar, verlo disfrutar… pero nada más. Esto en cambio, no sabía hasta donde llegaría. Y me sorprendí a mí mismo cuando de mi boca salió un «me gusta la propuesta».

    Al escuchar mis palabras, Clara me agarra fuerte por la cara y hunde su lengua en mi boca. Ángel se para detrás de ella y baja el cierre de su vestido, el cual cae inmediatamente al piso. Clara agarra mi remera y me la saca. Luego hace lo mismo con mi pantalón, y quedamos ambos en ropa interior, bailando pegados mientras nos besamos apasionadamente. Veo que Ángel se desnuda, quedando también solo en ropa interior y se acomoda en el sofá, manoseando su entrepierna.

    -Déjalo que mire, él va a disfrutar más tarde -me dice Clara al oído.

    Luego empieza a bajar, besando todo mi cuerpo, hasta quedar arrodillada frente a mí. Su boca besa por sobre mi ropa interior, haciendo que mi excite aún más. Abre los botones en el frente de mi bóxer, mete su mano, y saca mi pija. La besa, primero por la punta, luego el tronco y al legar a los huevos los succiona de a uno. Ángel ya está con su pija en la mano, tocándose, jugando con la cabecita, muy excitado, viendo como su chica me la chupa. Bajo la mirada y en ese momento veo como Clara mete todo mi tronco en su boca, haciendo que la punta llegue hasta su garganta. Me está dando una mamada increíble, haciéndome volar de placer cada vez que entro en su boca.

    Me masajea los huevos mientras sus labios se cierran sobre mi tronco y me lleva hasta lo más profundo de su boca. Al cabo de un rato estoy a punto de explotar cuando ella se frena. Me mira. Pasa la lengua por el tronco. Me da un beso en la puntita. Y se levanta. Se dirige a la mesa, y dándome la espalda, se inclina sobre ella. Se corre la tanga y mientras se pasa la mano, me pide que me acerque. Busco mi pantalón para sacar un preservativo, pero escucho la voz de Clara decirme:

    -No te preocupes, tomo la pastilla.

    No pude pensar en nada más que no sea meterme entre sus piernas. Me acerco a ella, le apoyo la punta en la entrada de su concha. Ella lleva las manos hacia atrás y me agarra de la cintura, empujándome contra ella. Mi pija se hunde entre sus labios vaginales. Clara gime a medida que me meto en ella. Al girar la cabeza lo veo a Ángel masturbándose, viendo como su chica esa siendo penetrada, y esa imagen me excita aún más. La agarro por la cintura y sin dudarlo empiezo a clavar fuertemente mi pija en ella, haciéndola gritar de placer. Tal vez por lo caliente que estábamos, no duró mucho la situación. Ella arquea su espalda, y lanza un gemido al aire indicándome que esta cavando. Los músculos de su vagina se contraen haciendo que yo también acabe, dentro de ella. Con un último empujo, dejo mi pija hundida en lo más profundo de su concha mientras expulso rítmicamente la leche dentro de ella.

    Luego de unos segundos retiro mi pija, y parte de la leche sale de su concha, bañando sus piernas. Clara la junta con los dedos y se la lleva a la boca.

    -Que hermoso como me llenaste! Y qué lindo como me hiciste acabar. -Se da vuelta y lo mira a Ángel.- Nuestro nuevo amigo me dio mucho placer… Crees que también quiera darte placer a vos?

    Clara me toma de la mano y me acerca hacia Ángel, guiando mi cara hacia la de él. Nos incita a besarnos. Y al mismo tiempo lleva mi mano hacia el miembro de Ángel. La tiene muy dura y caliente. Se siente raro, es la primera vez que hago algo así. Pero al mismo tiempo me gusta.

    -Querés seguir?

    La miro a Clara, quien espera mi respuesta. Miro hacia el miembro de Ángel. Sin dudarlo respondo que sí, quiero seguir. Me arrodillo entre las piernas de Ángel, quedando su pija frente a mi cara. Lo masturbo y paso la lengua por la puntita. Ángel cierra los ojos y se entrega al placer. Al cabo de unos minutos ya estoy con su pija entrando y saliendo de mi boca. Clara al lado nuestro, tocándose, viendo se la como a su chico.

    -Qué lindo como se la chupas! -dice Clara.- Ojala te quedes toda la noche para que podamos jugar mucho… y hacer más cosas… te gustaría?

    Aunque sin saber a qué se refería con «más cosas», acepté la propuesta. En ese momento Clara se acomoda en el piso junto a mí, y me masturba mientras se la chupo a Ángel.

    -Cuál es tu límite? -me pregunta al oído.

    -Ninguno

    -Ninguno? Me gusta escucharte decir eso. Estas dispuesto a que yo sea tu puta?

    -Si! Claro que sí! -Sus palabras y el movimiento de sus manos hacen que se me ponga muy dura.

    Clara se levanta, me tiende la mano y me pide que la acompañe a la habitación. Ángel se queda junto a la mesa, sirviendo un poco más de vino.

    -Yo estoy lista para ser tu puta -dice y después me besa en los labios.- Tú estás listo para ser la puta de Ángel?

    No sabía a qué se refería, pero asentí. Clara abre el placard y empieza a sacar ropa. Me mira con complicidad, y al ver que no la detengo, se muerde los labios y sigue eligiendo ropa.

    -Yo me voy a vestir como puta, para que me mires y te excites mucho. Y vos también te vas a vestir como puta, para que Ángel se excite con vos. Estás de acuerdo?

    Miro la ropa sobre la cama. Lencería, polleras, zapatos, toda la ropa necesaria para ser una puta. Vuelvo a mirar a Clara y le digo que si con un suave y tímido movimiento de cabeza. Empezamos a vestirnos los dos, yo con más timidez, pero Clara me incentiva a no detenerme.

    Luego de un rato, Clara se para delante de mí. Tiene un vestido de cuero negro muy ajustado, medias negras, y unas botas hasta las rodillas. Me excito al verla así, aunque me corto un poco al notar como estoy vestido yo. Para mi eligió un estilo más sexy. Una pollera a cuadros, cortita, medias con portaligas, tanga y corpiño de encaje, una remera ajustada, y para completar el «uniforme», unos zapatos muy altos, con los cuales me cuesta mantenerme en pie, pero que realzan mi culo. Me toma de la mano, me da un beso en la boca, y me lleva hacia donde esta Ángel. Sin mediar palabra, Ángel se acomoda en el sofá, y Clara y yo nos arrodillamos a chuparle la pija. Al cabo de muy poco tiempo, me doy cuenta que Clara se levanta y me deja solo chupándosela a su chico. Me esmero en hacer que disfrute de la mamada, hasta que Ángel de agarra del brazo, me levanta y me da un beso fuerte en la boca, mientras me agarra una nalga. Antes que pudiera darme cuenta, ahora soy yo quien esta recostado sobre la mesa, el culo levantado. Miro sobre mi hombro, y lo veo a Ángel poniéndose un preservativo. Clara está en el sofá, abierta de piernas, con la tanga corrida, y usando un vibrador en su clítoris. Siento el frio del lubricante en mi culo, y los dedos de Ángel preparándome. Antes de poder arrepentirme, siento que su pija ya está apoyada contra mí. Como por instinto, llevo mis manos hacia atrás y separo mis nalgas. Ángel agarra la tanga y la corre. Despacio siento como se me abre el culo dándole paso primero a su cabecita y luego al tronco. Aunque duele al principio, en poco tiempo me acostumbro y empiezo a disfrutar de tener su pija enterrada en mi culo. Se mueve, cada vez más rápido, y de repente me encuentro gimiendo y gritando de placer. De placer por la penetración de Ángel. Mis gritos hacen excitar a Clara quien ahora también comienza a gritar de placer. Miro hacia atrás y lo veo a Ángel, dándome muy duro, y a punto de llegar. Llevo una mano contra su abdomen haciendo que se detenga. Sin entender por qué lo hago, hace caso y se frena. Saco su pija de mi culo. Lo miro.

    -Querés que sea tu puta? Igual que como Clara fue mi puta?

    Ángel me mira sorprendido, sin entender del todo, y afirma con un movimiento de su cabeza. Acto seguido agarro su pija y le saco el preservativo.

    -Ahora si Ángel, convertirme en tu puta y lléname de leche.

    Sin perder un segundo Ángel entierra su pija en mi culo y al cabo de unas pocas embestidas, siento su leche llenándome.

    Cuando ya no sale más nada de su pija, siento que sale y si sienta en el sofá. Toco mi culo. Esta mojado. La leche empieza a salir y moja la ropa. Me incorporo. La tanga se vuelve a acomodar sola entre mis nalgas. Bajo mi pollera caminando lo más sexy posible me acerco a Clara y Ángel. Tomo el vibrador que usaba Clara, y la masturbo con él. Al mismo tiempo le limpio la pija a Ángel con mi boca. Con mi mano libre me masturbo, hasta que el piso se llena de mi propia leche. Luego que Clara acaba, y con la pija de Ángel totalmente limpia, me levanto y voy a la habitación. Allí vi algo que podía ser interesante, y voy a buscarlo. Al cabo de unos segundos vuelvo hacia ellos, meneándome como puta al caminar, y al mismo tiempo con la pija muy parada, abultando mi pollera. Le doy a Clara lo que traje de la habitación. Me pongo en cuatro patas delante de Ángel y pareciendo lo más puta posible, le chupo la pija. Esta vez quiero seguir hasta hacerlo acabar en mi boca. Mientras tanto, siento como Clara se pone el cinturón, y se acomoda detrás de mí con una enorme pija de plástico…

    Y eso fue tan solo el comienzo de una noche maravillosa, disfrutando todos con todos…

  • Me cogí a su mamá

    Me cogí a su mamá

    ¿Cómo están? Hoy les voy a contar cuando me cogí a una señora de casi 60 años, pero no crean que es una mujer ya viejita, que con trabajos se puede mantener de pie, al contrario, no parece tener su edad. Es apiñonada, tiene unas piernas torneadas que le gusta lucir con medias, tiene unos pechos grandes, casi como melones, además tiene nalgas no grandes pero si paraditas. Tiene 2 hijas y 3 nietas. Es la matriarca de una camada de mujeres hermosas y yo creo, y estoy seguro, que varios hombres desearían un palito con ella. Su nombre es Sandra.

    Esto pasó en diciembre del 2017, ese día fui a buscar a su hija, ya que tenía que darle unas cosas, ella salió y me dijo que no estaba y que si gustaba me pasara a esperarla.

    Yo tenía toda la confianza de ellos, así que entré, pero no pasó desapercibida para mí, ese día traía una faldita gris entallada que marcaba muy rico sus nalgas, unas medias color carne, una blusa blanca con un buen escote se veía riquísima, yo pase y me estaba dando mi tacote de ojo ya que mientras yo estaba sentado, ella me platicaba y movía cosas de su sala por lo que se empinaba y dejaba ver sus piernas, yo no podía dejar de mirarla y disfrutar el show, ella se sentó y en eso recibió una llamada, era su hija, le avisó que llegaría casi a la madrugada.

    S: Era ella, ¡que va a llegar hasta la madrugada…!

    L: ¡No me diga! mmm pues que le hacemos!

    S: Oye porque no te tomas una copita conmigo, ¡para que no te vayas sin nada!

    L: Ok, ¡le acepto la copita!

    A ella le encanta el ron, así que tomamos una copa de ron y empezamos a platicar, la plática era buena que sin darnos cuenta ya llevábamos media botella y un par de horas, poco a poco los temas de la plática fueron subiendo de tono, hasta que empezó a contarme sus broncas con su marido, que ya no sentía igual, que ella quería hacer el amor y él se dormía, que ya se sentía acabada, que no se sentía a gusto.

    Yo la consolaba y le daba ánimo, ella me sonrió y me dijo que sería lindo un hombre como yo para ella, lo tome como comentario y seguimos con las copas, en eso ella poco a poco comenzó a seducirme, me acariciaba con sus hermosos pies por debajo de la mesa, también me acariciaba los brazos y se me acostaba en el hombro, yo no desaproveche y acariciaba sus piernas que siempre me han gustado, en eso ella me dijo que subiría a mover unas cosas, que no tardaba.

    Yo estaba en la sala cuando me grito, yo subí a ver qué pasaba y para mi sorpresa la encontré con un leotardo negro escotado, sus medias con su ligero y música de George Michael, ¡dios me quedé anonadado!

    S: ¡Que pasa porque te quedas ahí!

    L: ¡Pero que hace señora!! ¿por qué esta vestida así?

    S: Pues me di cuenta que no quiero amargarme y tú me gustas, ¿así que no quieres aprovecharte de mí?

    L: Pero usted es mama de mi amiga, ¡no creo que sea correcto!

    S: no te preocupes, yo no le voy a decir y ¿tú?

    En cuanto me dijo eso todas las dudas se me quitaron y me lance hacia ella, comencé a besarla con pasión mientras ella empezó a desnudarme, me mordía mis pezones y con sus piecitos me acariciaba la espalda, yo me di cuenta que tenía un cierre en la parte de abajo del leotardo, se lo abrí y pude quitarle la ropa interior para darle unas buenas mamadas, ella gemía y me pegaba más a su conchita depilada y jugosa, al mismo tiempo acariciaba sus tetas de casi 113 cm, me puse de pie y la puse de rodillas para que me hiciera una rusita, dios era maravilloso como sus tetotas masturbaban mi verga mientras que ella al mismo tiempo chupaba y mordisqueaba la cabecita de mi verga, lo hacía genial, se notaba la experiencia en como movía su lengua y sus pechos, le encantaba hacer eso.

    L: ¡Que rico lo hace señora!

    S: Ya vez, te gusta mi amor, oye, pero dime Sandra o como quieras, ¡pero no señora!

    L: Ok chiquita, síguele, ¡sigue mamándome mi verga y sóbame con tus ricas tetas!

    Nos acomodamos para un rico 69, adoro esa posición y que mejor con una conchita veterana como la de ella, le devoraba su vagina mientras la mama de mi amiga se tragaba mi verga uhm, que momento, ¡que rico!

    Después de eso ella se subió en un rico misionero y sus movimientos eran delicados, se acomodaba de tal manera que toda mi verga le entraba hasta el fondo, yo gemía de placer ya que apretaba de una manera increíble como si tuviera 20 años, comenzó a moverse más rápido mientras yo me comía sus tetas y mordía sus pezones, mientras ella se daba sentones en mi verga, nos pusimos de pie y me pidió que lo hiciéramos parados, ¡fue rico ya que parecía estábamos bailando lambada!

    S: ¡Ah, que rico, uhm, que rico!

    L: ¡Dios, señora, coges fantástico!

    S: ¡No me digas señora, dios!

    L: Lo siento, vamos, muévete nena, ¡muévete!

    La volteé y la puse sobre un sofá que estaba en su recamara y comencé a darle, sentía una sensación riquísima ya que ella escurría líquidos de su conchita, la embestía duro, ella aguantaba toda mi verga, le apretaba la tetas, me sentía un traidor de primera, ¡pero es que la mama de mi amiga estaba súper rica!

    La lleve a la cama y seguí, pero ahora de perrito, ella se movía y me apretaba para que no me despegara de ella, yo la embestía duro, le apretaba sus muslos y sus nalgas, ¡era fenomenal!

    S: ¡Así amor, dámela así ah!!!

    L: Que rico te mueves, comete mi verga, ¡devórala!

    ¡Ambos estábamos ya muy excitados así que nos venimos al mismo tiempo, lo increíble es que ella se vino con un squirt sorprendente, me mojo hasta la cara, en eso se volvió a poner en cuatro y me la pidió por el culo!

    En lo que recuperaba mi erección, comencé a comerme su culito veterano que estaba delicioso y muy bonito, ella gemía y eso me excitaba más, mi lengua entraba y salía de su ano, ¡el cual a pesar de su edad parecía de una mujer muy joven!

    Así que ya listos los dos, la comencé a penetrar por su culo lentamente, sentía como mi verga era devorada por un culo come vergas experimentado, ella parecía que no sentía dolor alguno, en eso me confeso que ama el sexo anal, que incluso se masturba más por el ano que por la vagina, ¡entonces yo no me detuve y comencé a moverme rápido mientras apretaba sus tetas y la nalgueaba!

    L: Así perra ¡muévete!

    S: ¡No me la saques papi! Cógeme, cógeme!

    L: ¡Coge mejor que su hija!!

    S: ¡Sabía que te la cogías, ah!

    Al parecer no le importo que me cogía a su hija ya hora a ella, ¡que fantasía cumplida! la madre y la hija, me sentía con muchísima suerte, mientras ambos nos movíamos delicioso!

    Se la seguí dando, incluso hicimos varias posiciones anales más, su ano apretaba de maravilla, nos besábamos, la estrujaba con todo, ¡mi verga estaba a tope y ella también!

    Finalmente, después de varias posiciones anales más, ambos nos venimos nuevamente, ella tenía mi semen en su culo y se tomó una foto, ¡al parecer adora la verga por ahí!

    Que sucia era, ahora sabía que su hija heredo lo caliente y puta de ella, me recosté y ella comenzó nuevamente con la rusa, mamaba y masturbaba mi verga con sus tetas que se llenaron de nuestros líquidos sexuales que incluso ya olían mucho en la habitación, unos minutos después me limpié perfume y me dispuse a salir, ella estaba en su sofá desnuda y fumando.

    S: Gracias Luis, ¡me hiciste sentir viva nuevamente!

    L: ¡No!! ¡gracias a ti por este momento riquísimo!

    S: Espero lo guardes entre nosotros, ¡por la amistad que llevas con mi hija!

    L: No se preocupe, no se lo diré a nadie, quiero repetir, ¡jajá!

    S: ¡Espero podamos pronto!

    Me despedí de ella y me fui a mi casa, jamás he olvidado esa noche y siempre que nos vemos nos lanzamos una risita picara, a y si quieren saber, doña Sandra, esa rica madura que me cogí, es madre de mi mejor amiga, ¡es madre de Cindy!

    Espero les haya gustado esta historia, que conté con la autorización de Cindy, saludos.

  • La primera vez de una gorda puta (Parte 1)

    La primera vez de una gorda puta (Parte 1)

    Esta es una historia real que pasó en la universidad.

    Éramos un grupo de amigos de 4 personas, era el primer año de universidad y Juan uno de nuestros amigos comenzó a salir con una compañera nuestra que se llamaba María era gordita, pero que estaba muy buena, tenía un culo muy marcado, solo tenía algo de panza. La chica era tímida, no era como la típica universitaria que se metía con todos.

    Juan tenía bastante dinero ya que su papa era abogado por tanto no le costaba nada conseguir mujeres. Desde un inicio nuestro amigo Juan mostró interés en María, mientras que ella no mostraba más interés que en tener una amistad porque tenía un novio que era mecánico y con el que había comenzado una relación hace muy poco tiempo. En una fiesta típica de universidad jugamos a verdad o reto y cuando le toco a María le preguntaron a qué edad había perdido la virginidad, para sorpresa de todos la gordita aún era virgen, eso solo despertó aún más el interés de nuestro amigo en estar con ella. Se acercaba cada vez más a ella, ya le había dicho que le gustaba y le robaba besos cuando se quedaban solos pero ella corría la cara ya que no quería ser infiel, sumado a que era aún virgen ni con su novio se había animado a tener relaciones sexuales.

    Pasadas unas semanas Juan tuvo más química con María y ya no tenía que robarle besos, se los daban a escondidas en los pasillos de la universidad o en el auto de Juan ya que casi todos en nuestro curso sabían que ella tenía un novio y no quería quedar mal. Juan ya nos había comentado su intención de follarse a esa gorda, ya que es casi imposible encontrar a una mujer virgen en la universidad, así que nosotros como sus amigos le propusimos hacer una pequeña fiesta solo entre nosotros en una casa de nuestros amigos donde no había nadie. A esa pequeña fiesta invitamos a María la que fue con una amiga que tenía y fueron algunas otras compañeras de nuestro curso, éramos como un total de 10 personas.

    Ya pasado un rato pusimos música a todo volumen, Juan tenía muy claro lo que tenía que hacer y le comenzó a dar un trago tras otro a María la que ingenuamente se tomaba todo lo que le daba, hasta que en un momento quedo tan pero tan ebria que apenas se afirmaba, así que Juan dijo que llevaría a María a una cama de una de las piezas para que descanse un poco. Todos los que estábamos ahí nos reímos porque sabíamos con qué fin la llevaría a la pieza, así que mientras él la llevaba abrazada porque apenas se sostenía, yo y otro amigo más una compañera nuestra los seguimos porque queríamos mirar lo que hacían, mientras que la amiga de María estuvo de acuerdo con que la lleven a una pieza sabiendo lo que pasaría pero se quedó en el comedor con otros compañeros tomando, riendo y escuchando música.

    Ya en la pieza Juan tendió a María sobre la cama y dejo la puerta abierta para que nosotros pudiéramos ver, le dijo que le iba a sacar los zapatos para que este más cómoda, ya descalza vimos que estaba con unas panties color carne, le comenzó a tocar sus pies, los besaba y le decía que se relaje. Ya después Juan muy caliente desabrocho el jeans con el que andaba María y le empezó a bajar sus pantalones, mientras María le preguntaba ¿qué haces? y él le decía nada relájate, María aun usaba calzones de niña ya que tenían figuras tiernas, ya cuando se lo saco lo tiro al suelo y se colocó encima de ella y la comenzó a besar y pasar su lengua por toda su cara. María con todo el alcohol que le dio Juan estaba en un estado intermedio ya que si bien no estaba inconsciente tampoco estaba plenamente lucida.

    Ya Juan con lo caliente que estaba le saco muy rápido la blusa y sostén con el que andaba y la había dejado solo con sus calzones infantiles puestos, le comenzó a lamer sus pechos se los pellizcaba y ya no aguanto las ganas y le saco los calzones a María, ahí vimos su virginidad a minutos de perderse, su vagina estaba toda peluda otra prueba de que aún no la usaba con un hombre, Juan la había dejado completamente sin nada de ropa mientras él no se había sacado nada, así que se sacó muy rápido sus pantalones y ropa interior se tendió sobre la cama y con sus manos dirigió la cabeza de María hacia su miembro para que se lo chupara, ahí María quiso resistirse y hasta le dijo a Juan pero nos están mirando, refiriéndose a mi amigo, nuestra compañera y yo que estábamos parados viendo todo, Juan le dijo no te preocupes si ellos no van a decir nada, y con sus dos manos impulso su cabeza sobre su miembro, hizo que se metiera todo su pene en la boca, nosotros que estábamos mirando sacábamos fotos y los grabamos sin que María se diera cuenta, luego Juan tendió sobre la cama a María y de forma brusca la abrió de patas y le comenzó a lamer toda su vagina, todo el alcohol que tomo María ya había hecho su trabajo, ya que cuando Juan le comenzó a lamer su vagina se dejó de hacer preguntas o estar nerviosa y comenzó a gemir y ya se entregó al placer.

    Ya después Juan la puso en cuatro (posición de perro) y comenzó a introducir su pene, poco a poco lo fue metiendo mientras María hacia sonidos de malestar y dolor, ya cuando Juan le metió todo su miembro la comenzó a penetrar muy fuerte y rápido lo que hizo gemir muy fuerte a María, nosotros que estábamos mirando nos reíamos y nuestra compañera que también miraba nos decía que puta que es esa gorda y se alegraba de lo que le hacían a la gordita.

    Juan estaba como endemoniado y no iba a querer solo la vagina de María así que la hizo que se siga quedando en cuatro y le empezó a meter un dedo por su culo y lo escupía para que quede dilatado, María le dijo que por favor no se lo haga por ahí, que no quería, pero a Juan no le importo y comenzó a introducir su pene poco a poco, ahí María si mostro signos de dolor ya no solo placer, le decía que le duele que por favor pare, pero Juan no lo hizo y termino eyaculando dentro de su ano.

    María quedo tan mal por la forma en que la follaron que no se podía ni vestir así que Juan tuvo que ponerle la ropa, pero abajo le puso solo los jeans sin calzón ya que él se lo quiso quedar de recuerdo, ya después nos fuimos al comedor con los otros compañeros riendo y felicitando a Juan, mientras que María se quedó un rato acostada en la pieza en la que le quitaron su virginidad, ahí fue su amiga a hablar con ella y a decirle que no se preocupe que lo que paso ahí nadie lo contaría. Pero la verdad es que todos los que estuvimos ahí nunca olvidaremos como la humillaron y trataron como a una puta cualquiera.

    María tuvo que terminar con el novio mecánico que tenía porque Juan la obligo a hacerlo o le contaría lo que paso entre ellos. Juan inicio una relación formal María que duro alrededor de un año, en el cual abusaba de ella de la forma en que se le ocurriera, y que podrán saber en un próximo relato ya que como su amigo lo viví en primera persona.

    En la actualidad María volvió a estar con su novio mecánico (el cual nunca supo todo lo que le hicieron a su mujer), fue mama de una hija que hoy tiene como 4 años, está bastante gorda de guata y descuidada quizás por todo lo que le hicieron quedo mal, pero aún conserva un buen culo.

    Juan por su parte ya está casado con una mujer de buen apellido a la que nunca le haría lo que le hizo a María ya que su esposa es de buena familia y también fue papa de un niño.

  • Tu piel y mi perdición

    Tu piel y mi perdición

    Tu piel y mi perdición.

    Te toco y muero de emociones,
    Me provocas y muero por saborear tu miel.

    Eres más dulce cual néctar conecta y conjura mi calentura,
    tu piel se merece toda atención.
    Tocarte y saborearte me resulta inalcanzable, yo te vivo cada segundo que pienso en ti.

    Tú me sabes a playa, tú me atraes por tu belleza, me haces sentir indomable cuando quiero acercarme a ti.

    Amarte es mi perdición, tu hermosura aún no está escrita.
    Eres tú, la culpable de tantas emociones raras, tu belleza enaltece los cielos, me siento caer ante tus pies.

    Eres más bella que las constelaciones conocidas, eres prudente si por lo menos me miras
    soy tuyo que no lo notas?
    Mírame de una vez, fíjate que soy yo quien logra sostener tu belleza.

    Mira quién soy por ti, aquel loco de amor que te vive y enaltece.

    Date cuenta de una vez quién soy para ti, ese que hace cada día girar el sol para iluminarte,
    ese que te da el mejor cielo rojizo a tu espalda.

    Nota que hago llover para lograr tocarte, siénteme en tus mejillas cuando el viento te besa, abre los hermosos ojos y obsérvame crearte el mejor de los días.

    Respira profundo y sentirás que estoy emanando los mejores aromas para ti. Que no me ves al final de la calle? Soy quien aparta de tu camino los males pesares, soy quien se desvela para que puedas dormir. Si!! Soy ése.

    De este mundo no podré jamás partir si haber tocado tu piel, mírame que te la beso antes que el sol mismo, cuando el viento te besa yo te he besado mil veces, si sientes el rocío de la mañana no es más que para calmar todo aquel tacto que te hice mientras dormías.

    Eres cielo, eres mar, eres tú la creación misma y perfecta para mí.
    Hay ángeles celosos de mí porque no te conocen como yo, porque no pueden adorarte como yo, porque no podrán tocarte como alguna vez lo haré yo.

    Vivo en ti y tú en mí pero aún no me conoces, no me has visto ni siquiera yo a ti, en estas palabras sólo yo existo y más tú aún no has nacido… Pero te amo.

  • La choza

    La choza

    Conocí a Rosi una mañana en la que un sol espléndido lucía. Yo estaba trabajando en mi huerta, cavando con una azada para quitar malas hierbas, cuando sentí que una mujer llamaba: «¡Oiga, oiga, por favor, escuche!». Ante esas voces, dadas con tanto apremio, no tuve más remedio que desatender mi trabajo, por ver de qué se trataba. A diez o doce metros de mí, más allá de la alambrada que limitaba mi campo, vi un agitar de brazos entre la espesura vegetal. Volví a oír la voz: «¡Ay, sáqueme de este agujero donde he caído!». Salté la alambrada, caminé unos pasos y la vi, vi a Rosi. «Pero, mujer, ¡qué le ha pasado!», dije sonriente; «Ay, sáqueme, sácame», pronto me tuteó. Y, claro, yo era más joven que ella. Me agaché, tiré de sus brazos y la saqué del agujero. «¿Se encuentra bien?», le pregunté; «Sí, sí, gracias muchacho», dijo ella; «Espere, le sacudo el polvo», dije; y, sin avisar, le di unos cachetes en el culo, que bien duro lo tenía. Rosi me miró, entreabrió los labios y cerró los ojos. Yo la besé largamente. Nuestras bocas se engancharon con toda naturalidad. Acabamos tumbados en la tierra, sobre el tierno pasto; nuestros cuerpos enredados. Abrí la camisa de Rosi y saboreé sus tiernas tetas. Ella me sacó la polla del pantalón, me la acarició y dijo: «Humm, quiero que me metas esto». Le subí la falda a Rosi hasta el ombligo, le saqué las braguitas por los pies y monté sobre ella poseído de un deseo animal, como el de esos perros que cubren a las perras, con ardiente y convulso frenesí. Rosi gemía de placer con la boca cerca de mi boca, su aliento y el mío eran un remolino caliente. «Aahh, mi agricultor, no pares», gritaba; y yo sentía esfervescente mi polla dentro de su coño, yo preveía que mi semen saldría disparado en cualquier momento; ella, por su experiencia, también: «Aahh, córrete, córrete, ahora, aahh». Y me corrí.

    Rosi, en luna de miel, esperaba a su esposo, completamente desnuda, sentada en el borde de la cama. La lamparita de la mesita de noche iluminaba el dormitorio, iluminaba la parte derecha de su cuerpo, mientras la parte izquierda estaba en penumbras. Rosi permanecía sentada, oyendo el sonido del agua del grifo del lavabo. Las palmas de las manos sobre el colchón. Se miraba su torso lleno de sombras, las que daban sus pronunciadas tetas. Cuando llegaba su esposo en pijama, le decía: «Ven», y él se acercaba. La cabeza de Rosi a la altura de la entrepierna de él, los labios de Rosi sobre la portañuela sin cierre del pijama. Las manos de Rosi tirando hacia abajo del pantalón, la polla de él emergiendo, señalándola. La lengua de Rosi lamiendo el prepucio, después el glande, que surgía como una pompa.

    Rosi, sus labores, era rubia. Solía peinar su cabello liso en una media melena con flequillo, muy vintage. Rosi era una mujer guapa, y grande; quiero decir, era robusta, alta, de anchos hombros de los que nacían carnosos brazos, y tetas gruesas y redondas. Sin embargo, no todo su cuerpo tenía estas exuberantes proporciones, pues de cintura hacia abajo, Rosi tenía unas piernas muy estilizadas. Debido a esta última característica en su fisonomía, Rosi, cuando caminaba, balanceaba el culo de un lado a otro ostensiblemente, por lo que resultaba tremendamente femenina y, por tanto, extraordinariamente atractiva para los hombres.

    A Rosi, en el sexo, lo que más le gustaba era posicionarse a gatas sobre el colchón, que la follaran por detrás, por el culo o por el chocho le daba igual: ella disfrutaba siendo montada como una yegua. Rosi llamaba a su esposo: «Cariño mío, ven», y cuando éste llegaba al dormitorio y la veía así, se lanzaba sobre ella con la ropa puesta, se sacaba la polla, se arrodillaba detrás de ella y la penetraba. «Oy, así, más fuerte, oy», chillaba Rosi.

    Rosi, jubilada, a veces, se paseaba desnuda por el piso, sobre todo en verano. Su esposo, sentado en el sofá, dejaba de prestar atención a la televisión y la miraba quitar el polvo de los muebles, barrer el suelo, doblar y ordenar la ropa recién sacada del tendedero. Para él Rosi era tan hermosa, tal como la veía, sin ropa, con manchas adheridas a su piel debidas a la faena, oliendo a sudor, que se empalmaba. Rosi, al verle, al ver su polla crecida, sonreia y le decía: «Vaya, cariño, ni que nunca hubieses visto a una mujer desnuda»: «Desnuda y sucia», apostillaba él; «Luego me ducho», decía ella; «Antes hazme una mamada», pedía él. Entonces ella se acercaba a él; cogía el cojín más a mano que hubiese, para arrodillarse sobre éste sin lastimarse las rodillas; se inclinaba sobre el regazo de su esposo y, con sus finas manos, le desabrochaba el pantalón para liberar su polla, que aparecía vibrante; luego mamaba de ésta, con calma, despacio; de vez en cuando, levantaba la vista con la idea de valorar el placer que causaba, y, si veía que bien, continuaba al mismo ritmo, si no, lo incrementaba y, fingiendo, a propósito, para poder terminarlo, gemía femeninamente; así hasta que su esposo, exhalando un fugaz alarido, expulsada el chorro de semen sobre su lengua.

    «¿Vives aquí, solo?», me preguntó Rosi; «Sí, en esa choza de ahí», le contesté señalando mi casa, que estaba a unos cien metros de donde estábamos; «¿Habrá una agricultura supongo, no, agricultor?»; «No, si te refieres a si estoy casado o no, no, no estoy casado», expliqué; «Jolín, ¿y el sexo?», preguntó Rosi; «A veces voy al puticlub del pueblo…»; «Ah, ya…»; «Pero no es lo mismo»; «¿No es lo mismo que qué?»; «Que esto que he hecho contigo, tú me deseabas, deseabas mi cuerpo, una puta desea mi dinero», expliqué. De espaldas tumbados, mirando el cielo azul celeste, estábamos Rosi y yo medio desnudos todavía sobre la hierba; de mi pantalón medio bajado sobresalía mi polla; de su camisa desabrochada y abierta, sus tetas. Rosi se había bajado la falda, después de haber guardado sus braguitas en la bandolera que portaba. Así, tumbados uno junto a otro, giré mi cabeza y, sorprendido, vi que ella me estaba mirando con los párpados semicerrados. Parecía enteramente una mujer enamorada. Me cautivó. Su flequillo rubio, su nariz pequeña, las arruguitas en su barbilla, el suave pliegue de su papada. La besé en el moflete, una vez, dos veces, más; sorbí el sudor, que con el anterior esfuerzo, perlaba sus mejillas. «Oh, agricultor, qué cariñoso eres», me dijo extática; «No sé tu nombre», dije; «Rosi, y me gusta que me den por detrás». Acto seguido, ella se puso de costado, dándome la espalda, y yo, apartando la tela de su falda, plegándome obedientemente a sus deseos, penetré exultante su voluptuoso culo. «Ay, agricultor», pronunció ella arrastrando las silabas; «Buff, Rosi», suspiré yo.

    Cuando Rosi volvió del campo, saciada de follar, a las ocho de la tarde, y entró en su casa, vio un vestido estampado tirado sobre el sofá. Lo cogió haciendo una pinza con dos dedos; lo olió. El vestido olía a tabaco y a sudor. «No», pensó. Rosi había observado mucho a su esposo últimamente, su comportamiento con ella había cambiado, ahora no la follaba si no la encontraba desarreglada, y eso sucedía pocas veces. También Rosi había averiguado que su esposo tenía querencia por las mendigas, a las cuales acostumbraba a fotografiar ocultándose entre el mobiliario urbano, incluso haciéndolo estando paseando con ella, y pensaba que era arte, hasta que lo vio, frente al portátil, haciéndose pajas admirando esas fotos que previamente había llevado de un dispositivo a otro, pero nunca hubiera pensado que quisiera llevárselas a la cama. Rosi penetró por el pasillo hasta la habitación de invitados y acercó una oreja a la puerta. Rosi oyó los resuellos y bufidos inconfundibles de su esposo cuando follaba. «Vaya», se dijo. Dos minutos más tarde, estando todavía Rosi pegada a la puerta, salió una mujer joven, extremadamente delgada, de piel morena y cabello muy rizado y largo, completamente desnuda, que le dio un saludo indiferente. Rosi entró a la habitación y observó a su esposo acostado de lado, tapado por la sábana. Él había oído su llegada. Dijo: «Rosi, lo siento». Ella salió y comenzó a preparar la cena. En la alacena encontró el ingrediente que buscaba.

    «Humm, agricultor, tu polla… me gusta», susurró Rosi con sus labios rojos pegados al tronco de mi polla, el cual lamía como un helado; «Entonces, tu marido, ¿falleció?», pregunté; «Sí, el pobre, un infarto», contestó Rosi mientras proseguía la faena. Uff, Rosi, como me la estaba poniendo… Yo miraba alternativamente su boca, el techo de la choza, sus tetas volcadas en mi regazo, la ventana de la choza…, y, a veces, cerraba los ojos y metía las palmas de mis manos bajo sus pezones para acariciarlos mientras Rosi se prodigaba en sus avances sobre mi glande. «Aahh, agricultor, tu polla, tan dura…», dijo dejando unos segundos de mamar; «Rosi, me corro ya mismo», avisé. Ella alzó su vista un momento, la bajó después y aumento el ritmo de sus cabezadas hasta que el sordo gemido que emitió me indicó el placer que le produjo mi corrida.

    Rosi huele a lavanda, a hierba fresca, y es mia. A pesar de sus años, me ayuda mucho en mi trabajo. Ahora es agricultura, como yo. Yo, por ella, trabajo sin descanso… Bueno, sí, hago descansos, sí. Porque ver a Rosi, cuando sale de la choza, con su peto puesto y sin sujetador, ver sus tetazas sobresaliendo de los tirantes, me pone tan verraco que dejo la azada o lo que tenga en la mano y la poseo al momento. Loco, le beso las tetas, que parece que me las comiese; rápido, la desnudo; feroz, le chupo las axilas, el coño… «Ay, agricultor, me encanta que seas tan fogoso», me dice Rosi mientras follamos.

  • Fui seducida por mi maestra de matemáticas

    Fui seducida por mi maestra de matemáticas

    Lo que voy a escribir sucedió durante mi segundo año universitario.

    Me llamo Karen, por la época en la que sucedió esto tenía 19 años a punto de cumplir 20.  Empezaba un nuevo semestre en mi carrera de ingeniería y estábamos en los primeros días en los cuales los maestros se presentan a los alumnos. Todos mis maestros hasta ahora habían sido hombres mayores por no decir viejos. Me considero una mujer bastante atractiva: tengo el cabello negro lacio, un trasero no muy grande pero con buena forma aunque quizá la característica que más destaca son mis pechos, desde que alcance la pubertad mis pechos crecieron y crecieron, lo cual a pesar de ser delgada me da una imagen voluptuosa. Como es de esperar los hombres siempre se quedan mirando mi pechos lo cual a mí me molesta bastante, muchos de mis profesores eran muy descarados en la forma como me miraban algunos me citaban a su oficina con cualquier excusa boba solo para lanzarme miradas morbosas cuando estábamos a solas. En fin era una completa molestia.

    Esos días al inicio del semestre escuchaba mucho a mis compañeros hombres hablando sobre una maestra que iba a dictar uno de los cursos de matemáticas, decían que estaba muy buenona y otras cosas más subidas de tono que dicen los hombres sobre las mujeres atractivas. Llego el día de la primera clase del curso y la maestra entro al salón, de inmediato me di cuenta porque hablaban tanto de dicha maestra. Era una mujer relativamente joven en sus treinta más o menos, era alta, de piel blanca perfecta, cabello castaño claro, con buenos pechos no tan grandes como los míos, una cintura pequeña, caderas anchas y un trasero fenomenal. Ese día llevaba puesto un vestido azul muy bonito que le marcaba sus amplias caderas y sus enormes nalgas. Su nombre era Alejandra mi maestra de cálculo multivariable, nos habló un poco de su vida y nos explicó cómo iba a realizarse el curso, tenía una forma de expresarse muy juvenil y carismática, me agrado apenas la conocí. Me fije como todos los hombres la desvestían con la mirada, hasta yo no paraba de detallarla, la verdad es que era una mujer muy atractiva.

    El curso siguió normal yo me fui acercando bastante a Alejandra, como los temas se me complicaban bastante solía quedarme después de que finalizara la clase cuando todos se habían marchado para que me explicara ella personalmente. Ella siempre era muy atenta y amable conmigo, pero había algo que me parecía extraño en la forma como me miraba, incluso note que se quedaba mirando mis pechos disimuladamente en varias ocasiones, también solía tocarme mucho en los brazos, a veces se me acercaba mucho al hablarme hasta sentía el olor de su aliento que siempre olía a menta. En fin no le preste mucha atención.

    El curso siguió y cada vez tenía más confianza con mi maestra, al punto que ella me dio su número de celular personal y me dijo que podía ir a su oficina cuando quisiera, lo cual era genial ya que cada profesor tenía un horario fijo para las consultas y todos mis compañeros se quejaban de que casi nunca podían conseguir cupo con Alejandra.

    Ya casi al final del curso necesitaba ayuda con uno de los trabajos finales que por desgracia no lo calificaba mi maestra sino el coordinador del área de matemáticas el cual tenía fama de no perdonar ningún error, así que le escribí a Alejandra si podía pasarme por su oficina, ella me envió un audio disculpándose porque estaba muy ocupada pero me dijo que podíamos vernos en su oficina después de las 8:00 PM, aunque era un poco tarde accedí y le respondí que nos veríamos a esa hora entonces. Llegada la hora me presente en su oficina, ella me recibió con un abrazo y un beso en la mejilla disculpándose por no haberme podido atender antes, me invito a entrar y nos sentamos muy juntas en su escritorio a hablar sobre el trabajo. Me pude dar cuenta que mientras le exponía mis dudas ella no paraba de mirarme los pechos y los labios. Ese día yo llevaba una blusa negra escotada que aceptándolo era bastante provocativa, aunque mis otros compañeros y profesores varones siempre me miraban y eso me molestaba mucho, las miradas provocativas de Alejandra me hacían sentir extraña y confundida ya que no estaba acostumbrada a que una mujer me mirara de esa forma mucho menos una tan atractiva como mi maestra.

    Duramos más de una hora discutiendo sobre el trabajo, cuando terminamos nos pusimos a conversar sobre temas random, ella me contó que era amante de los vinos, siempre tomaba una copa antes de dormir porque según ella era bueno para la salud, en ese momento se levantó de su silla y saco de una repisa un botella de vino y dos copas, se sirvió y me sirvió la otra copa a mí, yo la acepte de buena gana aunque le dije que era demasiado tarde y que me daba miedo coger el autobús a esta hora, ella me lanzo una mirada picara y me dijo -«No hay problema querida, yo te puedo llevar en mi auto, capaz que si se nos hace muy tarde esta noche duermes conmigo», su comentario me cogió fuera de lugar, a lo que respondí con una tímida sonrisa. Las dos terminamos la copa de vino así que ella sirvió más, la conversación prosiguió y se dirigió hacia el tema del acoso sexual:

    -«Los hombres son unos cerdos, no saben respetar, a mí siempre me gritan cosas obscenas cuando voy por la calle, incluso varios de mis compañeros hacen comentarios fuera de lugar», dijo ella. Yo le conté como varios de mis profesores solían lanzarme miradas lascivas y como solían hacer comentarios pesados fuera de lugar, ella respondió: -«Lo se querida es nuestro pan de cada día, son unos irrespetuosos, aunque no quiero sonar como que los estoy defendiendo pero es que eres una mujer muy hermosa, cualquiera se volvería loco por tenerte». Alejandra me acaricio el rostro y el cabello y continuo: -«Que rostro tan hermoso tienes, seguro que tu novio te debe celar mucho». Yo le conté que había terminado con mi novio hacía ya varias semanas ya que él me fue infiel con una de sus amiguitas, a lo que mi maestra comento: -«Pero que idiota, mira que teniendo semejante mujer tan hermosa se va a buscar otra, los hombres no tienen remedio, te digo que las mujeres somos mucha mejor opción en todo sentido». Ella seguía acariciando mi cabello y mirando mis labios y mis senos, yo que me estaba poniendo nerviosa le pregunte algo para intentar cortar la tensión del momento:-«Alejandra tú me habías contado que estabas soltera como fue la ruptura con tu ultimo novio?», ella soltó una risita y respondió :-«Te dije que era soltera pero en realidad nunca he tenido novio», yo le respondí: -«Anda como va a ser eso, me vas

    a decir que ningún hombre te lo ha propuesto, seguro que tienes muchos pretendientes». Ella me lanzo una mirada traviesa y dijo: -«Muchos hombres me coquetean obvio, pero a mí no me interesan los hombres Karen, prefiero las mujeres, las mujeres hermosas, inteligentes y sensuales como tú». Ella se inclinó hacia mí de repente y me beso en los labios, fue un beso rápido un beso robado, yo quede estupefacta, no sabía que decir o hacer, a pesar de que me sorprendió lo inesperado del beso, me excito mucho. Ella se quedó mirándome por un instante algo dubitativa y dijo: -«Lo siento Karen sé que esto es muy atrevido de mi parte, pero desde el primer día que vi tu hermoso rostro, tus pechos tan provocativos, tu figura tan sensual quede enamorada de ti, si no te sientes cómoda podemos hacer como que esto nunca paso». Yo me quede pensando por un instante, estuve punto de decirle que no había problema que hiciéramos como que ese beso nunca había sucedido, pero algo en mi sentía mucha curiosidad, mucho morbo, no sé por qué pero me acerque a ella y esta vez la bese yo. Fue un beso más largo y apasionado, ella me rodeo con sus brazos y sentía como sus pechos presionaban contra los míos, cuando termino, me pregunto:-«Eres excelente besando, alguna vez has tenido relaciones con otra mujer Karen?». Yo le respondí que solo había besado a una compañera en la secundaria pero que había sido más un juego que cualquier otra cosa del resto nada.- «Bien, yo puedo enseñarte, una mujer conoce el cuerpo femenino mejor que cualquier hombre, te apuesto que puedo hacer que te corras muchas veces, después de todo soy tu maestra y mi deber es enseñarte cosas nuevas».

    Alejandra me tomo del brazo y me levanto de la silla me agarro de la cintura y me empujo sobre su escritorio, en ese momento tenía el corazón a mil y mis panties completamente mojados, ella me quito la blusa casi que con violencia y empezó a masajear mis senos aun con el sujetador puesto: -«Desde que ti vi por primera vez estos senos tuyos me volvieron loca Karen nunca vi un par de tetas mejor que el tuyo», ella me quito el sujetador y empezó a chuparme los pezones y a darme pequeños mordiscos, eso me volvió loca y perdí todas mis inhibiciones. Me incline sobre ella y comencé a desabrochar su blusa con muchas ansias hasta revelar unos hermosos pechos, no eran tan grandes como los míos pero los tenia bien redondos y sus pezones estaban duros así que la imite y empecé a chuparle sus pezones dándole pequeños mordiscos, ella soltó un gemido de placer, seguí jugando con sus senos hasta que ella tomo mi rostro para acercarlo al suyo y me beso apasionadamente, sentía como su lengua se introducía en mi boca y juguetea con la mía, yo estaba completamente extasiada, nunca me había sentido ni la mitad de excitada cuando tenía relaciones con mi exnovio, mientras me besaba Alejandra metió su mano entre mis pantalones y mis panties cuando sintió la humedad de mi sexo, mi maestra dejo de besarme me miro y dijo: -«Wow nunca había sentido un coño tan mojado como el tuyo Karen, quieres que te lo coma ya mismo verdad mi amorcito?».-«Si maestra» le respondí, ella dijo: -«Anda dilo, quiero escucharte decirlo». En ese momento la idea de tener a mi maestra Alejandra comiéndome el coño ahí en su oficina me dio un morbo terrible, así que le respondí con voz de niña traviesa, -«Por favor cómeme el coño maestra». Ella masajeaba mi sexo por encima del panty mientras me miraba y decía: -«Tus deseos son ordenes mi amorcito vas a ver cómo te va a gustar». Me desabrocho el pantalón y me lo quito con manos ágiles, me despojo de mis panties completamente empapados y empezó a besar mi sexo, besaba mi coño, después besaba mis muslos, después mi abdomen y luego se detenía y me miraba a los ojos, yo me estaba volviendo loca, ella me estaba provocando, -«Te estoy volviendo loca cierto querida?, quieres que me devore tu coño a que si?, anda dilo quiero escucharte decirlo otra vez», -«Por favor maestra cómeme el coño yaaaa». La agarre del cabello y lleve su boca hasta mi mojada vagina.

    Ella empezó a darme chupones, a masajear mi clítoris con su lengua, yo estaba a punto de correrme, empecé a gemir como una loca olvidándome que estábamos en la universidad y alguien podría oírnos, a mí no me importo y a Alejandra tampoco, ella empezó a chupar mi clítoris con más rapidez metió dos dedos en mi vagina y empezó a hacer un movimiento rápido con su mano, yo ya no podía más aguantar más, sentí como mi cuerpo se estremecía y como empezaba a temblar descontroladamente, gemí muy fuerte me vine en el orgasmo más intenso que había tenido en mi vida, sentí como soltaba un chorrito de líquido por mi coño en medio del climax que seguro fue a parar a la boca de Alejandra. Me temblaban las piernas y las manos, estaba completamente en éxtasis nunca había sentido un orgasmo tan intenso. Ella seguía besando mi coño cuando escuchamos voces justo a fuera de la oficina, alguien tocaba la puerta, sentí el corazón en la garganta, salte de la mesa voltee a mirar hacia el reloj y vi que eran casi las 11:00 de la noche, Alejandra abrió los ojos como platos y se apresuró a ponerse el sujetador y la blusa, me susurro que me escondiera en el cuarto de atrás. Así lo hice mientras ella iba a la atender la puerta.

    Escuche que quien llamo a la puerta era uno de los guardias de seguridad privada del campus que estaba haciendo su ronda y le pareció escuchar ruidos extraños en las oficinas de maestros, Alejandra se disculpó y le dijo al sujeto que todo estaba bien que ya iba a terminar de arreglar algo y salía (en mi universidad las puertas se cierran a las 10:30 PM y salvo algunas excepciones se supone que no debería de haber nadie en el campus a esa hora). Cuando el sujeto se fue Alejandra cerró la puerta y me llamo, yo note que estaba algo asustada, ella me comento lo obvio -«Gemías muy fuerte mi amorcito, no nos fijamos la hora que era, ya se debió de haber ido todo el mundo, el guarda nos escuchó».

    Me comento que le preocupaba que se regara el chisme de que ella estaba teniendo relaciones sexuales en el campus a altas horas de la noche. Yo me sentía apenada, porque en realidad si me descontrole mucho y empecé a gemir como loca, le pedí disculpas pero ella me dio un beso muy dulce en la boca y me dijo:-«Anda querida no te preocupes por nada, mira la hora que es, por que no vamos a mi apartamento y nos terminamos la botella de vino», me lanzo una mirada picara, yo le devolví la mirada picara y le dije: -«Mira que me vuelves loca cuando me comes el coño seguro que despertamos a todo tu edificio jeje», ella sonrió y dijo:

    -«En mi cama puedes gemir todo lo fuerte que quieras amorcito, créeme Karen lo de ahora fue solo un abrebocas te dije que te iba a hacer correr muchas veces». Yo asentí, ella alisto su bolso y salimos a la noche hacia el parqueadero de la facultad mientras bromeábamos sobre el pobre guarda de seguridad que seguro quedo muy cachondo después de escuchar mis gemidos.

    Nos subimos a su auto y nos dirigimos a su apartamento, mi compañera de habitación estaba muy preocupada porque no había llegado temprano como solía, tuve que llamarla e inventar una excusa de que me iba a quedar en casa de una amiga haciendo un trabajo de la universidad, (anda que no le iba a decir que iba a tener sexo con mi maestra de Calculo en su casa). En fin llegamos a su apartamento, era en un edifico bastante lujoso en uno de los mejores barrios de la ciudad, entramos y ella me dijo que si tenía hambre podíamos pedir algo de comer, yo en realidad si tenía hambre, pero en ese momento solo pensaba en una cosa: Quería comerle el coño a mi maestra de cálculo.

    Continuará…

  • Mi calentura con un Gamer

    Mi calentura con un Gamer

    Eran las 11 de la noche y como de costumbre decidí jugar mi video juego favorito, estábamos los de siempre. Tres conocidos con los que jugaba una que otra partida.

    De un momento a otro entro a la sala un nuevo jugador, nuestros micrófonos estaban activos y era una sinfonía de voces entre todos. Cuando el pronunció su primer: ¡hola!, algo extraño despertó en mi interior. Una curiosidad imprevista invadió hasta el último de mis sentidos, deje salir todo el aire acumulado en mis pulmones e intente conversar con él.

    Cruzamos palabras y entre partida y partida fuimos ganando confianza, con cautela le saque su nombre yo necesitaba verlo, conocer hasta lo más íntimo de él, era algo extraño lo que sentía cada vez que de su boca dejaba salir una palabra. Su voz empoderada que mostraba su hombría despertaba en mi la vehemencia sin igual que en todos mis años de vida nadie había despertado.

    Me fui sin decir adiós y me acosté en mi cama la cual estaba muy fría, la voz del chico extraño se paseaba en mi mente causando en mi sensaciones amenas e inigualables que ni yo misma podía asimilar.

    Llevaba más de 5 meses sin ni siquiera una caricia genuina de alguien o mía, hurgar mi entre piernas no era lo que más me gustaba, puesto que soy una mujer extraña que cuando se da placer propio al llegar al precoz orgasmo siente una pena moral difícil de comprender.

    El sueño no me visitaba esa madrugada y decidí leer un poco algunos relatos ardientes, los cuales sí sabían cómo satisfacer mis deseos más ocultos.

    Al siguiente día me desperté y en mis redes sociales tenía que hacer lo posible por encontrar al dichoso Jeremy; ese era su nombre. Entre búsqueda y búsqueda lo encontré y vaya sorpresa era más hermoso de lo que imagine. Sus ojos con una mirada de esas que te dan ganas de descubrir lo que esconden y una prepotencia que aparenta su físico, como si todo lo que él quisiera en un abrir y cerrar de ojos podría tenerlo.

    Lo seguí y me siguió como si nada y yo sin poder tener la certeza de que por lo menos cuando vio una foto mía sintió lo que yo sentí.

    Llegó la esperada noche y de nuevo compartirnos tiempo en uno de nuestros vicios: el video juego. Hablamos con un poco más de confianza como quien quiere romper el hielo para dejar salir el fuego.

    Así la pasamos unos días hasta que acordamos hablar los dos sin terceros, nos contamos de nuestras vidas con una confianza absoluta que dejamos salir secretos sin miedos a que fueran divulgados.

    Una cosa llevo a la otra y entre risa y risa, juegos y juegos nos desenfrenamos sin control.

    Una madrugada después de jugar toda una noche entablamos una conversación muy deliciosa, la soledad en la que ambos estábamos nos llevó a darnos compañía, nos dijimos indirectas candentes que derivaron ciertas señales como de quien quiere la cosa.

    Tomé la iniciativa y le envié una foto de mi cuerpo tendido en la cama sin ninguna prenda, solía ser directa con lo que quería y lo que quería era conocer lo que escondía su entre piernas.

    El con total beneplácito la recibió y correspondiendo a mis deseos envío lo que quería ver. Nos hicimos una video llamada y como toda una sumisa le dije pídeme que haga lo que tu anheles ver.

    Mi sexo ardía al ver su cara de placer cuando observaba mis pezones erectos, hurgaba mi sexo húmedo embistiéndolo suavemente mientras de mi boca salían delicados gemidos producidos por un placer totalmente virtual.

    Lo tuvimos de costumbre por varias madrugadas, donde el sueño ni participe se hacía. La lujuria fue aumentando y el deseo de sentir su miembro dentro de mi cada vez más crecía.

    Un sábado en la noche sin planes de nada, una imprevista propuesta llegó a mi Whatsapp, mi chico gamer me invitaba a su casa en plan de tomar algo, escuchar música y jugar juntos un rato.

    Me sentía nerviosa lo cual era muy extraño en mi porque solía ser muy relajada, tome un baño y mientras escogía que ropa interior usar sensaciones invadían mi cuerpo deseoso de placer.

    Me vestí muy casual como de costumbre, no soy de las que buscan su mejor outfit para sorprender. Me puse un vestido y tenis que era con lo que mejor me sentía, odio los tacones y verme y aparentar ser una chica fresa jamás pasaría.

    Tomé mi morral con mi portátil y me dirigí hasta su casa, al llegar él estaba ahí de pie esperándome, me sonrió y sin más me abrazo diciéndome al oído suavemente bienvenida.

    Procedimos a entrar y adecuamos el ambiente, música del gusto de ambos y una que otra cerveza hicieron que todo fuera tan natural. Nos reímos sin control y dejando salir el coqueteo más exquisito esa noche.

    Jeremy me miraba con tan sutil deseo que activaba mi sexo, cruzaba mis piernas para sentir lo apretado que se sentía mi vulva haciendo de vez en cuando pequeños movimientos.

    Después de unas cuantas horas nuestras miradas se conectaron, ambos dejamos salir una sonrisa pícara y yo sin pensarlo me acerque a él tomando su mano y llevándola conmigo a mi rostro.

    Me apretó contra él y pude sentir su ritmo cardíaco acelerado, nos besamos con lujuria, con mucho morbo, fue un beso lascivo, podría decirse que vulgar; con mucha lengua, saliva y deseo.

    Sentía como su miembro se endurecía como roca mientras rozaba mis partes por encima de mi vestido. Él me subió a su lujoso balcón y yo lo abrace con mis piernas haciendo presión en sus glúteos, respiraba en su cuello y el en el mío, como dos animales olfateando su presa estábamos.

    Me reía mucho producto del alcohol y con unas ganas eternas le dije al oído:

    -¨déjame sentirte dentro de mi¨

    Lo aleje de mí y abrí mis piernas para que me observara, desabroche mis bragas y sin nada que me cubriera lleve mis dedos a mi boca para humedecerlos con mi saliva, seguidamente toqué mi sexo ardiente recorriendo lentamente mi vagina.

    El me miraba con tal morbo mientras mordía su carnoso labio inferior. Con mis dedos lo llame hacia mí y tomándome por mi cintura me beso con ligereza.

    Apretó mis piernas postrándose ante mi como si fuese su dueña, levanto mi vestido y olio mi entre piernas buscando sentir algún aroma peculiar, seguidamente lamió de arriba abajo toda mi abertura llena de líquidos fascinantes, abrió hábilmente mis labios e introdujo su lengua erecta de tal manera que me hizo brincar como si su pene ya me estuviera poseyendo, de vez en cuando pasaba uno que otro lengüetazo por mi culito lo cual me llevaba al éxtasis.

    Lo tomé por su rostro para que viniese hacia mí y con mi lengua recorrí su cara saboreando los residuos de mis fluidos que en el estaban.

    Lo besaba y con mi mano baje su cremallera rebuscando dentro de su ropa mi fuente de placer, sentí su dureza y grosor mientras lo empuñaba con mi mano y sentía como lubricaba y palpitaba como si estallarse quisiera.

    Abrí mucho más mis piernas y yo misma introduje su miembro duro en mi vagina el cual entro con suma dificultad, pero en el dolor encontraba el placer, Jeremy me daba con más presión en cada embiste, sentía tan caliente mi sexo y las ganas de querer más y más hacían que mis piernas lo abrazaran más contra mí.

    Él tomaba mi largo cabello con una mano jalándolo con fuerza hacia atrás y con la otra me atraía hacia él, como toda una bestia me daba sin parar, yo mordía mis labios y con gran masoquismo le decía:

    -¨más fuerte¨

    Quería que me traspasará y en ese momento no me importaba nada más que él y yo.

    Gemía como diosa y ardiendo por dentro deje salir mi lluvia dorada, un orgasmo profundo y único acompañado de un suspiro encendió más mis ganas de seguir siendo usada por él.

    La risa en su cara y la fortaleza de su miembro hacían notar lo que vendría. Me agarro fuerte por mis manos como me encantaba y me puso de pie frente a su espejo, pasaba su índice por mi silueta mientras con su otra mano apretaba mi rostro fijo hacia el espejo, detrás de mi sentía el sudor de su cuerpo contra el mío, la humedad de su pecho mojado en mi espalda más me excitaba.

    Él quería que viera lo sexy que era mi cuerpo y lo que en el provocaba. Introdujo de nuevo su pene endurecido en mi apretando mis senos pequeños con sus manos. Verme en el espejo mi cara cada vez que me lo metía me tenía a mil, solo podía gemir y dejarme llevar.

    Me arrojó a su cama con furia y levantó mis caderas. Era todo un amo y yo su fiel sirvienta.

    Agarraba mi cabello como si se tratara de un caballo del cual el llevaba sus riendas y me cabalgaba con total ligereza, mi clítoris estaba a punto de estallar de nuevo y deje salir el grito más fuerte.

    Me corrí en su pene y lo tumbé para darle placer con mi boca. Empuñe su verga dura y la lleve a mis labios gruesos, el me hacía presión contra ella con sus manos y yo aún con el lagrimeo que producía su tamaño en mi garganta seguía sin parar.

    Con mis manos acariciaba sus testículos y atragantándome toda con su miembro subía y bajaba. Mi Jeremy no aguanto más y dejo salir todo su dulce elixir en mi boca, lo trague sin desperdiciar ni una gota mientras de él solo escuchaba:

    -ummmm

    Me puse de pie y le dije que me dejara tomar un baño. Lo hice y ahí si procedimos a jugar una partida con sonrisas en nuestros rostros y dejando salir aire poco a poco por nuestras fosas nasales.

    Mientas jugábamos el morbo seguía intacto, metía su mano por debajo de mi vestido y yo con la mía cada que podía empuñaba lo suyo.

    Ese fue el primer encuentro con mi chico gamer y esta noche tendremos otro, estoy ansiosa y con una cantidad de ideas pervertidas en mi cabeza que quiero solo con él experimentar.

  • Viaje de negocios con mi jefe (Parte 2)

    Viaje de negocios con mi jefe (Parte 2)

    La relación con mi jefe había cambiado de manera drástica y solamente había bastado un solo día y un jacuzzi para borrar la delgada línea que separaba lo laboral y lo personal. Ahora solo quedaba culminar el viaje de negocios en Las Vegas y comenzar una aventura de placer interminable con Mauro…

    Queda oficialmente inaugurada la temporada de sexo sin mesura…

    Continuación

    Unas horas después, desperté desorientada y aprisionada, Mauro estaba detrás mío abrazándome por la cintura, no entendía exactamente lo que pasaba, por lo que al reaccionar me sobresalté un poco, mierda, yo no duermo con nadie, reflexioné mientras intentaba escabullirme, como pude me quité sus manos de encima y me levanté de la cama, fui a mi maleta y tomé mi cigarrillo electrónico, me serví una copa del vino que quedaba y abrí las puertas corredizas que daban hacia el balcón de la habitación, desnuda contemplaba la ciudad, se veía tan llena de vida, y aun así mis ánimos no eran los mejores, ¿qué se supone que era todo esto?, simplemente no podía despejar mi mente. Pasados unos minutos Mauro despertó y me sorprendió en el balcón con un abrazo por la espalda y acurrucando su boca en mi cuello.

    -¿Por qué no estás en la cama? -susurró mientras besaba mi cuello y espalda.

    -No podía dormir -dije entre escalofríos provocados por su aliento en mi cuello mientras fumaba.

    -¿Todo bien? -cuestionó preocupado.

    -¿Qué es todo esto Mauro? -indagué confundida.

    -Lo analizas demasiado Natalia -respondió hastiado.

    -Simplemente no parece lo correcto, trabajo para ti, tienes esposa e hijos -manifesté irritada.

    -Ok, lo del trabajo lo he dejado claro, mi matrimonio se acaba de ir al carajo, no sé exactamente cómo tienen que ser las cosas de ahora en adelante ni con mi esposa, ni con mis hijos ni contigo, y tampoco es que tú me ayudes mucho -respondió con un tono de voz molesto.

    -Ya, pero… ¿por qué de pronto el interés?, ¿las citas? ¿Dormir abrazados?, esas cosas no van conmigo -puntualicé determinada.

    -Dios Nati, llevo más de 12 años casado, ¿realmente crees que estoy buscando una relación ahora? -dijo separándose un poco.

    -Solo digo, si lo que quieres es sólo sexo, estás enviando señales equivocadas, y no me malinterpretes, me encanta la idea del sexo contigo -concluí con mil imágenes del día anterior en la mente y ligeramente sonrojada.

    -De acuerdo, ¿te parece entonces si de ahora en delante establecemos qué líneas podemos cruzar y cuáles no? -espetó sensato.

    -Me parece bien -afirmé a la vez que me terminaba mi copa de vino.

    -Bien, ahora que está todo arreglado… ¿Regresamos a la cama? -soltó mientras hacía una reverencia en dirección a la cama con un semblante divertido.

    Le respondí con los ojos en blanco dejando la copa y mi cigarrillo en la mesa del balcón.

    -No me malinterpretes, sólo quiero cogerte otra vez -replicó con un gesto de hambre en el rostro a la vez que me cargaba por el culo frente a él y me llevaba a la cama.

    Mientras me besaba, acomodé mis piernas alrededor de su cadera, se sentó en la cama mientras que yo me quedaba encima suyo y comenzaba a moverme en su regazo, esta vez no me detuvo y el hecho de que estuviéramos desnudos facilitó las cosas de sobremanera, en el momento que sentí su verga lo suficientemente dura, levanté un poco más mis caderas para que su miembro se acomodara en la entrada, bajé intuitivamente sin ayuda de las manos hasta que ya estaba en mis adentros, se sentía tan caliente y familiar, mis muslos estaban un poco doloridos, pero no iba a desperdiciar la oportunidad de tener el control, por lo que comencé a moverme a ritmo constante, Mauro paseaba sus grandes manos por el arco de mi espalda y se aferraba a mi trasero mientras nos besábamos, nuevamente mi cuerpo anticipado respondió en minutos a los dulces estremecimientos y mi orgasmo no se hizo esperar, era una delicia tenerlo así de dispuesto en todo momento, con todo lo bueno que tenía para ofrecer.

    Mauro se inclinó de espaldas para recostarse en la cama, yo continuaba moviéndome encima por lo que me incliné hacia él mientras me llevaba sus manos hacia mis tetas, estaba disfrutándolo tanto, no pretendía parar hasta hacerlo correr dentro mío, a la vez que lo cabalgaba, le arrimaba las tetas a la cara de cuando en cuando, otras tantas nos besábamos, luego de unos minutos, tomé sus brazos y los llevé arriba de su cabeza, mi ritmo era cada vez más acelerado, y me excitaba demasiado no dejarlo tocarme, aparentemente él también estaba disfrutándolo, pues su respiración aumentó de ritmo, se encontraba desesperado por no poder mover sus brazos, continué gimoteando al ritmo de mis movimientos, ya no aguantaba, no podía más, pero quería hacerle terminar primero, me miraba con un aire asustado, por lo que le solté una sonrisa traviesa y hambrienta.

    -Estoy a punto de correrme, como no te quites, no respondo -dijo en medio de jadeos intentando sonar intimidante.

    No me importaba mucho que se corriera dentro, siempre me he cuidado, pero él no estaba al tanto de ello, por lo que procedí a ignorar completamente sus palabras a la vez que aumentaba la velocidad de mi vaivén y me inclinaba para besarlo, mi objetivo era claro, al cabo de unos minutos Mauro liberó sus manos y me agarró por la cintura para ejercer presión contra su pelvis, me penetró tan placenteramente fuerte que en cuestión de segundos ya me estaba corriendo, para el momento en que mis espasmos se hicieron notar, Mauro se quedó quieto en el fondo mientras soltaba grititos de alivio, se estaba corriendo, y la sensación me tenía completamente embelesada, un orgasmo intenso y duradero, definitivamente este hombre tenía algo que no todos tienen, realmente no entendía qué carajos hacía su esposa engañándolo, inmediatamente deseché el pensamiento y me quedé encima de él para reincorporarme un poco.

    Pasados unos minutos, mi cuerpo me pedía continuar, por lo que, aún encima suyo y con su miembro dentro comencé a moverme lentamente gimoteando por la situación, sabiendo que tenía absoluto control, después de todo, tenía el permiso de mi jefe ¿cierto?, su miembro aún estaba un poco duro, por lo que no tardé mucho en ponerme caliente de nueva cuenta, Mauro se retorcía con mis movimientos, su orgasmo había dejado secuelas de espasmos y sensibilidad.

    -Me estás matando Nati -expresó entre jadeos, respiración entrecortada y mis besos interrumpiendo sus palabras.

    Mis movimientos se volvieron lentos y suaves durante algunos minutos, a la vez que su verga se ponía firme nuevamente, mi cuerpo pedía mucho más, por lo que mi desesperación me llevó a sacármela de golpe y comérsela suavemente, poco a poco su miembro respondió a los reclamos de mi lengua y una vez que estuvo lo suficientemente duro me volví a montar encima, pero ahora dándole la espalda, me acomodé y la metí de golpe mientras comenzaba a moverme con rapidez, Dios, tenía un hambre insaciable, y no pretendía detenerme hasta que mis ganas se agotaran, disfrutaba moverme encima suyo, dejándole saber que continuaba teniendo el control, Mauro se limitaba a pasear sus manos por donde pudiera y empujarme contra su verga de cuando en cuando, luego de un largo rato auto complaciéndome con su jugoso miembro, los escalofríos acompañados de espasmos se hicieron presentes, noté a Mauro desesperado por continuar, pero mis deseos por tener el control sobre él no se habían esfumado, por lo que, al momento de escuchar la aceleración de su respiración, me detuve y la saqué de tajo de mis adentros.

    Me volví frente a él y me abalancé, abrí mis piernas para montarlo nuevamente, Mauro buscaba desesperado la entrada, pero no lo iba a tener sencillo, no después de dejarme así en la ducha, la cena y el elevador, elevé mi pelvis por encima de sus caderas y fui directo a su oído.

    -Tómalo con calma, no llevamos prisa -le susurré entre besos y roces con mi lengua en su lóbulo.

    Su primera reacción fue una risa incómoda que me dejó saber que no le había encantado la broma, antes de que pudiera articular palabra lo besé, pero entre besos comenzó a forcejear con mis caderas para encontrar su alivio, como no se lo permití me tomó fuerte de las caderas y me volteó violentamente, en un par de segundos ya se encontraba sobre mí y ya me estaba penetrando, no voy a negar que la violencia de la circunstancia me puso a mil nuevamente, por lo que lo dejé continuar, se encontraba penetrándome enérgico cuando se levantó y se puso sobre sus rodillas mientras me acomodaba a su antojo para continuar embistiéndome, estaba a punto de alcanzar al clímax cuando escuché sus jadeos de alivio, por lo que me dejé llevar y me corrí momentos después.

    Luego de reincorporarnos, le pedí que se fuera a dormir a su habitación, pero luego de ignorarme durante algunos minutos, fui yo la que terminó rindiéndose y cayendo en un profundo sueño.

    A la mañana siguiente desperté con una invasión de sensaciones, Mauro me apretaba fuerte por la espalda contra su cuerpo mientras me besaba el cuello y manoseaba mis pechos, podía sentir su miembro ya erecto pasearse por entre mi sexo, mis fluidos facilitaban los roces, y las mil sensaciones que me habían despertado rápidamente se convirtieron en un orgasmo intenso que me obligó a reaccionar con gemidos seguidos de jadeos sorprendidos, ¡qué manera de despertar!, pensé para mis adentros mientras me empujaba hacia él con mi retaguardia en señal de que continuara, no pasaron ni unos cuantos segundos cuando ya estaba penetrándome.

    -Buenos días preciosa -dijo entre jadeos con voz áspera y seductora.

    Realmente no podía articular palabra alguna en ese momento, por lo que le respondí con gimoteos y movimientos desesperados, de haber sabido que despertaría así, no hubiera opuesto resistencia a dormir juntos la noche anterior.

    Se detuvo abruptamente y sacó su delicioso falo de mis adentros a la vez que se acomodaba sobre mí y se abría paso con sus piernas entre las mías, me besaba al ritmo de sus embestidas mientras yo paseaba mis manos por su espalda y lo rodeaba con mis piernas, rápidamente su efecto provocó un nuevo clímax en mi interior y los temblores se apoderaron de mi cuerpo, Mauro concentrado continuaba embistiendo con fuerza dejándome saber que no iba a detenerse, mis temblores se vieron obligados a ceder ante sus encantos y nuevamente me encontraba disfrutando el vaivén de su cuerpo, Dios, era tan prolijo y determinado, se mordía los labios en señal de concentración mientras aumentaba la rapidez de sus embates hasta que me penetró profundo y se detuvo abruptamente, los espasmos de su miembro dentro de mí desencadenaron mi tercer orgasmo, el cual me relajó por completo.

    Mauro se quedó tumbado a mi lado disfrutando los remanentes de su corrida por un rato, por lo que me levanté de la cama para preparar café y me metí al vapor, necesitaba un respiro después de tremenda noche, las imágenes del día anterior rondaban por mi cabeza y mojaban mis muslos, la idea de que todo esto fuera un viaje de placer parecía tan palpable, pero en un par de horas teníamos una drástica vuelta a la realidad, un desayuno y una excursión al Gran Cañón del Colorado con otros dos clientes y por la noche una pelea de box en la arena del hotel donde estábamos hospedados, generalmente mi jefe prefiere hablar con cada uno de sus clientes por separado en lugares de su comodidad para después juntarlos, en esta ocasión, la reunión sería para la pelea de la noche.

    Salí del vapor a tomar mi café mientras Mauro se encontraba en la ducha, así que aproveché para enviar otro vestido a la tintorería, luego me metí a la regadera mientras Mauro se cambiaba en su habitación, procedí a arreglarme el cabello un poco, tomé un vestido camisero azul cielo, me puse un cinturón y unas sandalias de tacón a juego. Tanto jugueteo me estaba matando de hambre y realmente odiaba la idea de un desayuno de negocios en ese momento pero se me pasó en el momento que vi a Mauro entrar a la habitación con un pantalón beige formal y una camisa azul cielo ajustada a su musculosa complexión, los primeros dos botones los llevaba desabrochados, me recorrió con la mirada lentamente mientras se llevaba las manos a los bolsillos con un aire bastante imponente, su faceta distaba mucho del Mauro que me había despertado deseoso de poseerme, definitivamente no mezclaba negocios con lo personal, pensaba mientras me derretía por dentro.

    -¿Preparada Natalia? -dijo con su tono de voz profesional, soberbio y sin titubear.

    ¡Vaya!, el día anterior era Nati o nena, al despertar era preciosa y ahora Natalia, tanta determinación me ponía nerviosa a un grado que desconocía.

    -Lista -dije sonriendo mientras asentía con la cabeza.

    De camino al restaurante, me miraba intrigado, me inmutó demasiado su comportamiento, por lo que no pude evitar abrir el debate.

    -Ya está todo preparado para la excursión, Steve confirmó su asistencia por la tarde -argumenté con seguridad para desvanecer la tensión.

    -¡Excelente!, ¿qué pasa con la pelea? -dijo distraído en su móvil.

    -Confirmado también, regresaremos a tiempo para la función estelar de la noche -dije inquieta.

    -Gracias Natalia -respondió aclarando su garganta a la vez que continuaba distraído.

    -Y aquí venía de nuevo mi nombre completo -pensaba mientras la ansiedad incipiente me carcomía por dentro.

    El desayuno fue bien y unas mimosas neutralizaron mi día, ahora que había comido, mi malhumor ya estaba controlado y no había cabida en mi cabeza para pensar en todo lo ocurrido con Mauro y su faceta del día, por lo que, como él, me propuse ser lo más profesional posible frente a nuestros clientes, no sin antes provocarle un poco y ver cuánto tiempo más se iba a portar de esa manera. Mientras Mauro se despedía de nuestro segundo cliente, me disculpé para ir al servicio y me deshice de mi culotte de encaje, regresé a la entrada del restaurante donde Mauro esperaba junto a la limusina, al verme, abrió la puerta indicándome que entrara, al hacerlo no pude evitar inclinarme más de la cuenta para que notara mi ausencia de ropa íntima mientras le miraba de reojo, ahí estaba, la mirada de un Mauro cachondo a punto de reaccionar, relamiéndose el labio inferior con un semblante un tanto prudente, para mi sorpresa, no reaccionó en absoluto.

    Ahora nos dirigíamos al hotel para cambiarnos de ropa e ir al helipuerto, donde esperaba un helicóptero por nosotros, el traslado fue más ameno, las pláticas se enfocaron en trabajo y aún había lugar para la mirada intimidante de Mauro mientras mi incomodidad se transformaba en inquietud. Al llegar al hotel nos cambiamos, decidí llevar unos shorts un tanto casuales color blanco, una playera rosa ajustada sin sujetador y tenis blancos, jamás habría pensado en no llevar sujetador en el trabajo, pero vamos que la ocasión lo ameritaba. Me encontré con Mauro en el pasillo del hotel, al igual que yo, usaba unos pantalones cortos casuales en color negro, zapatos deportivos negros y un polo en color gris claro que me dejaba ver nuevamente sus músculos definidos, ¿existía alguna manera en la que este hombre no se viera bien?, entramos al elevador y el silencio y su mirada retadora reinaron por unos segundos.

    -¡Dios, no puedo contigo Natalia! -espetó Mauro impaciente mientras me tomaba por el cabello se acercaba a mis labios.

    Todos sus movimientos eran completamente impredecibles, realmente no sabía qué esperar de él, me besó con un dejo de desesperación a la vez que lideraba el rumbo de la situación, por lo que me limité a seguirle la corriente, se abalanzó sobre mi cuerpo mientras llevaba sus manos a mi cintura y subía exasperado hacia mis pechos a la vez que continuaba besándome, por lo visto su actitud no había sido más que un intento fallido de mantener las cosas a raya, ¿y cómo no? si el día anterior estábamos tan absortos en follarnos que importó un comino la cena con el cliente, el trayecto al hotel o cualquier otra cosa que hubiera en el camino. Para el momento en que las puertas del elevador se abrieron, mi respiración ya era muy agitada, sentía mis mejillas arder por la situación y mis pezones sobresalían de mi camiseta, ahora tenía otra incógnita retumbando en mi cabeza, ¿de qué iba su actitud?, abordamos la limusina con destino al helipuerto.

    -Voy a necesitar que me arregles una reunión con tu contacto de bienes raíces -declaró Mauro reflexivo.

    -Hecho -espeté un tanto sorprendida. Vamos que de verdad quería ayudarle a pasar el mal trago, pero…. ¿vivir donde mismo?

    -¿Pasa algo? -cuestionó inquisitivamente.

    -Para nada -concluí pretendiendo estar distraída en mi teléfono arreglando lo que sería la segunda reunión del lunes.

    -Pude notarlo Natalia y lo sabes -indagó cauteloso mientras miraba hacia mis pezones aún erectos.

    -No sé de qué me estás hablando -respondí profesionalmente disimulando mi triunfo y mirando hacia el móvil.

    Abordamos el helicóptero mientras le anunciaba a Mauro los horarios en los que vería tanto a su abogado, como a mi amigo de bienes raíces.

    -Excelente Nati, muchas gracias -resopló desconcertantemente risueño.

    ¿Otra vez Nati?, ¿otra faceta o de qué iba mi jefe ahora? pensé mientras despegábamos.

    Llegados al Gran Cañón esperamos unos minutos a nuestro cliente y comenzamos las actividades del día, primero pasamos al skywalk, luego a los miradores del cañón, posteriormente nos dirigimos al punto de reunión donde nos entregarían el equipo de rappel para descender al fondo del cañón, una gran parte de la profundidad la descendimos en helicóptero y en el segundo punto de reunión comenzamos con el rappel, me sorprendió el temple de Mauro durante toda la excursión, había logrado mantenerse a raya lo suficiente después de cortar el rollo en el elevador, con excepción del momento en que nos pusimos los arneses, donde me manoseó un poco el trasero y me apretó demasiado el arnés para que mi culo sobresaliera, ya en el fondo, subimos a un bote para pasear por el río colorado, tomamos unos tragos, cerramos el último trato del viaje satisfactoriamente e hicimos el brindis tradicional para festejarlo. Nuestro viaje de negocios había resultado en tres jugosos contratos a largo plazo que nos garantizaban un enorme crecimiento de la compañía, esa era la importancia de mantener a nuestros clientes felices, aún si eso implicaba practicar deporte extremo o llevarlos a una pelea de box.

    Regresamos al helipuerto donde ya nos esperaba la limusina con destino al hotel, teníamos poco tiempo antes de la pelea, por lo que Mauro decidió improvisar un poco. Al abordar me jaló por las caderas y me besó impaciente. Me detuve un poco para comprobar que el chófer no observara, para mi suerte, la ventana estaba cerrada (debió haber sido mi culpa por la escena incómoda de la noche anterior). Rápidamente me le monté a Mauro para complacerme un poco, la humedad en mi entrepierna no había desaparecido en todo el día, y justo en ese momento ya era excesiva.

    Mauro me comía las tetas por encima de la playera, lo que hizo que la tela se transparentara un poco y comenzaran a notarse mis pezones, el aire combinado con el roce de la ropa mojada y la fricción sobre su regazo surtieron el efecto necesario para que no me interesara disimular mis gimoteos.

    Me separé de Mauro a la vez que me acomodaba a su lado para deshacerme de mis pantalones cortos, posteriormente me puse de rodillas frente a él mientras desabrochaba los suyos desesperada, tenía un deseo enorme de comérmelo, por lo que apenas descubrí su miembro rígido me lo llevé a la boca y lo tragué completo, Mauro se limitaba a observar entre jadeos, esta vez no tuvo ningún recato en empujar su miembro contra mi garganta y atragantarme en cada oportunidad que tenía, de alguna manera la sensación me encantaba, el ritmo lo llevaba él, era violento y descomedido. Al cabo de un buen rato me jaló por el mentón para acomodarme sobre su regazo, en medio de besos y apretones por toda mi retaguardia, hizo a un lado mi tanga mientras introducía su miembro hasta lo más profundo de mi ser, levantó mi playera por encima de mis pechos para tenerlos a su disposición, su boca cambiaba de lugar constantemente, disfrutando cada centímetro de mi delantera a la vez que yo llevaba el ritmo de las penetraciones, pasados unos minutos, me invadieron las contracciones prolongadas en todo el cuerpo.

    Me detuve un instante para deleitarme con las sensaciones a la vez que recobraba el aliento y los espasmos de mi sexo disminuían, Mauro me besaba con delicadeza y me permitía recuperarme con ligeras embestidas. De pronto me sujetó fuerte de las caderas, me apretó contra su sexo y me inclinó para recostarme boca arriba en el borde del asiento mientras él salía de a poco de mi interior, se deshizo de mi tanga y tomó mis piernas para hacerlas a un lado de manera que quedaran flexionadas pero mi torso continuara boca arriba, se arrodilló en el piso de la limusina y apoyó sus manos en el asiento quedando frente a mí, instintivamente buscó la entrada con su sexo y una vez dentro fue el cielo, mi clítoris quedó atrapado entre mis muslos por lo que cada vez que se removía me provocaba un placer extremo, sus movimientos pausados me obligaban a pedirle más entre jadeos, pero Mauro concentrado me besaba para calmarme.

    -Esperar tiene su recompensa Nati, relájate y disfrútalo -exclamó con voz segura y cautivante.

    Efectivamente lo estaba disfrutando mucho, pero la paciencia nunca ha sido una de mis virtudes y aunque me costó bastante tranquilizarme, una vez que lo logré, mis sentidos comenzaron a aturdirse y todo lo demás dejó de existir, el vaivén de Mauro continuaba pausado, lo único que iba en aumento era la profundidad de sus embestidas y mis ya familiares ganas de ir al sanitario, para cuando mi orgasmo hizo presencia, mi cuerpo estaba más que relajado y no me costó nada dejarme ir, mi eyaculación llegó de manera muy inesperada, ni siquiera tuve que concentrarme demasiado en dejar escapar mis fluidos, sólo en ese momento Mauro aumentaba la velocidad y cada vez que se detenía, sacaba su jugosa verga y volteaba para apreciar el espectáculo en forma de chorros que salía de mi interior, de nueva cuenta me penetraba enérgico y volvía a detenerse, prolongando cada escalofrío y cada espasmo en mis adentros, para la tercera ocasión, dejó su verga dura y palpitante hasta el fondo, donde descargó toda su leche al mismo tiempo que se tumbaba sobre mí.

    Descansamos un poco solamente para volver a la realidad, el sobresalto se hizo presente en ambos al momento en que se detuvo la limusina, por lo que procedimos a cambiarnos rápidamente, menos mal que solo estábamos semidesnudos, pensé para mis adentros, ya estaba por terminar de amarrar las agujetas de mis zapatillas deportivas cuando la ventanilla se abrió, el chofer anunció la llegada al hotel sin siquiera mirarnos, cosa que me había parecido muy extraña, pues no lo había hecho con anterioridad, en otra situación me hubiera apenado demasiado por el desorden que habíamos dejado, o por el concierto previo de gemidos, pero vamos que la ocasión me impedía mantenerme a raya, en verdad me sentía como una adolescente que no podía disimular sus ganas de probar de todo, en especial con un hombre que parecía saber a la perfección todo lo que hacía, que no había nada que enseñarle y que por el contrario, me estaba enseñando una infinidad de placeres completamente nuevos.

    Mauro bajó de la limusina, abrió la puerta y me tendió la mano para salir, por fortuna la situación no había pasado a mayores, con excepción de mi playera un poco húmeda y marcada por el área de mis pechos, tenía que reconocerle que luego de tremendo asalto, la playera era lo de menos. Nos dirigimos a uno de los restaurantes del hotel de manera rápida y procedimos a esperar por una mesa en el recibidor del restaurante, aguardamos a que regresara nuestro host para llevarnos al lugar, mientras tanto podía sentir que su mirada seguía fija en mí, me recorría el cuerpo sin recato y aunque quisiera, no hubiera podido adivinar sus pensamientos, el solo hecho de sentir esa mirada humedecía mi entrepierna por completo, realmente no sabía lo que me pasaba, pero me sentía tan excitada y vulnerable al mismo tiempo que estaba muy confundida. Durante la comida tuvimos una charla bastante amena y casual, por primera vez no veía a mi jefe, sino a la persona que había detrás, y de igual manera me intrigaba mucho más que la faceta de jefe, se veía relajado y contento, no sé si después de todo lo ocurrido por fin estaba pasando el mal trago, pero por primera vez en la semana, se veía tranquilo.

    -Debo admitir que lo del sostén fue una muy buena jugada -espetó Mauro mirando mis pezones aún endurecidos y relamiéndose el labio inferior. De alguna manera la situación con mi playera parecía una venganza que disfrutaba admirar.

    -No sé de qué me estás hablando -insistí con una sonrisa un tanto traviesa y me incliné hacia adelante para que mis pechos se apoyaran sobre la mesa, dejándolo apreciar cada detalle de mis pequeños pezones encendidos mientras continuábamos comiendo tranquilamente.

    Subimos a nuestras habitaciones a arreglarnos, finalmente un momento a solas, medité en mi interior, disfruté del baño y de arreglarme en silencio, me puse un vestido completamente negro de tirantes muy finos con un escote en v hasta el ombligo, llevaba también media espalda descubierta, la fada tenía un poco de vuelo y unas aberturas en ambas piernas que no se apreciaban a menos que caminara, esta vez solo lo acompañé con una diminuta tanga del mismo color, a pesar de que el escote no dejaba mucho a la imaginación me sentía bastante recatada teniendo en cuenta que la mayoría del fin de semana lo había pasado sin ropa, recogí mi cabello con una coleta baja lateral y con algunos cabellos sueltos a los lados, me apliqué un poco de maquillaje y algunos accesorios, me puse perfume y justo cuando preparaba mi cartera, Mauro llamó a la puerta, al momento de abrir me plantó un beso en la mejilla y me tendió la mano para darme la vuelta, me contempló con un dejo de admiración en su rostro, para mi sorpresa, en esta ocasión no se relamió el labio, solamente se limitó a suspirar.

    -Justo cuando pensé que por fin iba a poder concentrarme el día de hoy… -expresó mientras continuaba mirándome.- luces simplemente hermosa -manifestó a la vez que me abrazaba con cierta ternura.

    -¡Gracias! -dije con una sonrisa en el rostro imposible de ocultar a la vez que comenzaba a sentir cómo mis mejillas se ruborizaban.- Tú también te ves increíble -declaré admirando lo bien que se veía en lo que parecía ser otro esmoquin negro, pero con un juego de texturas diferente al del día anterior, era simplemente un deleite admirarlo.

    Me tomó de la mano y caminamos al elevador con el mismo buen humor con el que nos recibimos, una vez en el interior, Mauro jugaba con los puños de su camisa a la vez que me recorría con la mirada.

    -Siempre me has parecido una mujer tan fascinante y atractiva Natalia -soltó de la nada, en seco, sin acento profesional o intimidante, así sin más.

    Realmente no sabía cómo responder a eso, ¿era una confesión, un cumplido?, ¿de qué iba ahora?, le sonreí intentando disimular que mi rostro se había sonrojado, pero creo que no funcionó a la perfección. Me acorraló un poco contra el elevador y me miró fijamente a los ojos.

    -Te sorprendería saber cuántas veces imaginé esto -dijo susurrando mientras clavaba sus ojos en mi boca y se acercaba para besarme a la vez que enrollaba su brazo en mi cintura lentamente.

    Dios, era tan impecable y cuidadoso con cada movimiento y cada palabra que me tenía absorta, queriendo responder mil interrogantes, su objetivo era ese exactamente, dejarme queriendo saber y sentir más, mis piernas ya habían comenzado a temblar un poco para ese momento y aún era incapaz de articular siquiera una palabra.

    Luego de un largo y delicioso beso acompañado de unos cuantos roces ligeros por parte de sus manos que buscaban provocarme y que consiguieron humedecer por completo mi diminuta prenda íntima, se separó para poner su cara seria y profesional. Ahora entendía de qué iban sus actitudes, por un lado, se muestra cercano y hasta cierto punto tierno y por el otro formal y distante, de ahí sus repentinos cambios de trato a lo largo del día. La pelea fue de lo más emocionante, nuestros clientes estaban encantados y por lo visto, Mauro lo disfrutó tanto que hubo un momento en que no le importó mantenerse al margen conmigo, me tomaba a menudo por la cintura y bajaba su mano hacia mi cadera si buscaba un poco más de provocación lo que estimuló mis ganas de salir de ahí y comérmelo el resto de la noche. Al término de la pelea, fuimos a uno de los bares del hotel con nuestros clientes donde bebimos un rato mientras charlábamos acerca de lo que acabábamos de presenciar, la verdad es que pesar de no tener un interés arraigado en el boxeo, disfruté mucho del evento, y parece que los caballeros aún más. Unas cuantas horas más tarde acompañamos a nuestros clientes a la entrada del hotel para despedirnos de ellos.

    Procedimos a esperar el elevador para poder llegar por fin al loft, Mauro se encontraba detrás mío abrazándome de manera sugerente, ya podía sentir toda su verga dura contra mi trasero, por alguna extraña razón, ningún elevador bajaba y la situación se estaba volviendo insostenible con mucha rapidez, luego de un par de besos bastante subidos de tono y sus manos paseando entre mis pechos y las aberturas de mi vestido, me dio la vuelta enérgico solo para besarme despacio a la vez que me dejaba escuchar su respiración entrecortada.

    -¿Te parece si mejor tomamos las escaleras? -increpó con vehemencia mientras me besaba tan deliciosamente bien que solo me permitió asentir con la cabeza un tanto desesperada.

    Bajó su mano hacia mi culo y me dio una nalgada que me sacó del trance en el que me tenía su boca, me tomó de la mano y se dirigió a la salida de las escaleras. Una vez ahí se acercó por detrás y me encaminó hacia la parte baja de los escalones, me reclinó hábilmente de modo que quedé arrodillada mientras levantaba mi vestido para descubrirme el culo y sacarme la tanga desesperado, ya arrodillado, se encorvó un poco y comenzó a comerme toda, sentía cada movimiento, cada lengüetazo y cada mordisco, en cuestión de segundos el lugar se inundó con mis gimoteos a la vez que él metía dos de sus dedos en mi vagina y recorría mi clítoris con su lengua, comenzó a aumentar el ritmo hasta que me hizo correrme en su boca, podía escuchar su respiración y su excitación, por lo visto le encantaba calentarme a su manera, disfrutó de mis fluidos un par de minutos mientras seguía complaciéndome con su lengua.

    Pasados un momento se enderezó un poco, entre mis gemidos pude apreciar el sonido del cierre de su pantalón y de pronto ya me estaba penetrando enardecido, me tomaba por la cintura y me embestía con firmeza hasta el fondo, su cadencia aceleraba mi pulso y el sonido de mi culo chocando con su pelvis era tan perfecto y estremecedor que en un instante ya estaba alcanzando nuevamente el clímax, las convulsiones no tardaron y Mauro aprovechó la espera para jugar con la entrada de mi culito, cuidadosamente introdujo su pulgar en mis adentros y al instante soltó un jadeo de excitación intensa, metía y sacaba su dedo concentrado a la vez que continuaba cogiéndome lentamente, la sensación en mi interior comenzaba a ser lo suficientemente placentera, por lo que me enderecé sobre mis rodillas de manera que mi espalda quedó muy arqueada, dejando toda mi parte trasera recargada en su miembro, completamente a su merced, impaciente coloqué mi mano en su verga y me la saqué de un solo movimiento de mis adentros, la empapé un poco con mis fluidos que estaban al alcance, la coloqué en la entrada de mi culito y me dejé caer un poco para que entrara de golpe.

    Mauro me dejó saber a base de intensos gritos que era exactamente lo que estaba esperando, la posición me facilitaba tener el escalón como punto de apoyo y subir y bajar mis caderas con gran rapidez para auto complacerme a mi antojo, la sensación era deliciosa y me encantaba llevar el ritmo para que él no tuviera que preocuparse más que por disfrutarlo, podía escucharlo respirar muy agitado y sentir cómo enterraba sus dedos en mis caderas, presionó su brazo izquierdo contra mis tetas y se abrió paso entre las aberturas del vestido con su mano derecha hacia mi sexo, buscó instintivamente la entrada a mi vagina e introdujo sus dedos medio y anular, comenzó a hacer movimientos enérgicos y rápidos hacia mi vientre que en cuestión de segundos ya me tenían tan caliente que mis propios movimientos se veían interrumpidos por los suyos, las ganas de ir al W.C. se hicieron presentes por segunda ocasión en el día, en el momento en que percibió mi excitación subió agresivamente su mano izquierda de mis pechos a mi cuello y me ahogó un poco para acercar su boca a mi oído.

    -No te cortes nena, sácalo todo -susurró a mi oído agitado mientras me penetraba fuertemente por ambos lados y mi eyaculación comenzaba a hacer acto de presencia, definitivamente se esmeraba por hacerme sentir cada movimiento y mi cuerpo le agradeció en forma de espasmos incontrolables, gemidos entrecortados y falta de aliento en cada asalto, mientras tanto, Mauro aprovechaba para penetrarme con mucha más violencia y dejar escapar toda su leche dentro mío, las mil sensaciones fueron tan deliciosas que sin duda podría calificar este episodio como una de las mejores cogidas de mi vida. Reposamos durante un corto periodo de tiempo y posteriormente nos arreglamos la ropa, después de todo estábamos en las escaleras del hotel y por supuesto que nadie en su sano juicio decidiría subir 30 pisos de esa manera.

    Regresamos a la habitación para descansar un poco, y por primera vez durante toda nuestra estancia, pudimos quitarnos las manos de encima del otro, finalmente parecía que habíamos saciado todas esas ganas que aparentemente ambos habíamos acumulado durante años, aunque no por mucho tiempo, resultó que solo era el cansancio de un día verdaderamente ajetreado, honestamente nuestras ganas han ido en aumento con el tiempo, por lo que hemos sabido aprovechar cada rincón y cada momento que hemos podido y de muchas maneras. Lo único que podía pensar era en cómo este hombre tenía la capacidad de provocar tanto en mi interior, una eyaculación dos días seguidos era un completo récord para mí, ahora aumentar a dos en un mismo día fue ridículamente satisfactorio y placentero en más de un sentido, y eso que aún no había cabida en mi cabeza para imaginar todo lo que vendría después, sin duda mi jefe estaba lleno de deliciosas sorpresas, al día de hoy sigo trabajando para él y de alguna manera hemos sido capaces de mantener una relación bastante abierta por 3 largos y placenteros años, lo mejor de todo es que no ha dejado de sorprenderme ni un sólo momento y espero que continúe de esta manera muchísimo tiempo más.

    Han sido un sin fin de experiencias bastante interesantes que posteriormente estaré escribiendo por aquí para el deleite de todos. Les envío un gran saludo y les agradezco mucho por leerme.