Autor: admin

  • Celebrando con un buen culo mi cumpleaños

    Celebrando con un buen culo mi cumpleaños

    Cuando llegaron las 9:30 a.m. me había convencido de que la cita concertada con esta otra chica también había sido una pérdida de tiempo, pero para mi sorpresa, cinco minutos para las diez me llamaba el guardia de seguridad de esta colonia informándome que Amy estaba a la entrada.

    Llegó conduciendo un vehículo alemán de lujo y aunque era muy temprano por la mañana, parecía que estaba vestida para la mejor noche de gala. Un atuendo turquesa que le llegaba unos 10 a 12 centímetros por sobre la rodilla, con estampados dorados que definía muy bien un cuello alargado y sedoso, zapatos dorados de tacón que le daban presencia a su escasa altura de un metro con 55 y que le hacían lucir unas piernas sedosas cubiertas de una pantimedias color piel. Realmente se miraba muy elegante, muy juvenil, aunque sus aires de seriedad provenían de ese collar de diamantes en su cuello, unos aretes y pulsera que se le miraban hermosos que le hacían juego y posteriormente descubrí otra pulsera en uno de sus pies y otro arete en su ombligo del mismo material.

    Originalmente cuando concerté la cita estaba pactada para las siete, pero por esas condiciones que pasa una mujer a cada mes, la chica me cancelaba un día antes y me recomendaba a una amiga que estaba disponible a dar los mismos servicios de compañía acordados y me daría un descuento de $200.00 por la inconveniencia. El trato era de seis horas por $1200.00 y aquí estaba este día de mi cumpleaños un tanto decepcionado, pues ya se acercaban las diez y nadie me había hablado.

    Tres días antes había hecho esta cita, pues en los últimos 7 años, me he dado la libertad de contratar a una chica de compañía para pasarla teniendo un buen sexo en la mañana de mí cumpleaños y un día antes la chica originalmente contratada me estaba enviando las fotos de Amy, una chica que ella misma me describió de 20 años, petit, de aproximadamente 110 libras de peso y originaria de Malasia. Hablaba el suficiente inglés para comunicarse y que anteriormente había vivido sus últimos años de preparatoria en Barcelona España. También agregaba que había sido gimnasta y que le gustaba el tenis.

    Me envió las fotos mostrándome su cuerpo semi desnudo, pero nunca me mostró su rostro, pues es algo que Amy nunca hace. Le hice saber de mis dudas, pues si voy a pagar este dinero, quiero estar satisfecho en todos los aspectos. Ella reforzó mi confianza diciéndome lo siguiente:

    -Si te gusta mi rostro, te gustará también ella… es más, Amy cobra más que yo, pues solo tiene apenas 20 años y lo está haciendo porque me debe unos favores a mí y sí en caso no te llegara a gustar, solo dile que lo sientes mucho, que no es de tu gusto: dudo que eso pase. -Me dijo.

    La verdad que no se equivocaba: ¿Quién enviaría de regreso o no quisiese coger con Amy? Parecía una diva del cine asiático… la verdad que estaba totalmente impresionado cuando la vi bajar de su auto. Ojos alargados oscuros típicos de una chica asiática con un maquillaje impecable. Esa fue parte de su excusa por llegar tarde y la otra se la adjudicó a su amiga por no ser muy precisa con la hora. Me vi obligado a extenderle algunos cumplidos o algunos piropos y ella me correspondió con el suyo propio:

    -Pensé encontrarme con un hombre en sus cincuentas, pero veo que mi amiga me mintió… usted debe estar empezando su cuarta década. -Me decía.

    Llevaba una pequeña maleta como si fuese a quedarse ese día, pero luego descubrí una serie se sorpresas que guardaba en ella. Quedaba sorprendida con mi casa y sus jardines y le había gustado la vista desde mi balcón de donde se puede apreciar el patio trasero, un río y su bosque.

    Caminamos por los alrededores para sentirnos confortables el uno con el otro y de esa manera había transcurrido la primera media hora, conociéndonos y haciendo plática. De repente me hizo la pregunta:

    -¿Qué le parezco, le soy de su agrado?

    Le respondí con un gozoso “Si” y mientras le dejaba a solas en la sala, me fui por el dinero acordado y no le desconté los $200.00, le di los $1200.00 originalmente acordados por las seis horas. Ella le dio una vista al sobre y con una dulce sonrisa me dijo lo siguiente:

    -¡Ok, su tiempo comienza desde ahora y todo está incluido, con la excepción de que yo no hago sadomasoquismo, de ahí todo lo demás es posible!

    Estábamos en una de las salas sentados en un sofá y se me acercó y con una voz muy sensual donde pude disfrutar de su perfume y olor de su aliento y su piel me dijo al oído:

    -¿Qué le pasa por esa mente que hagamos señor Zena?

    La verdad que dan ganas en írsele encima a una chica tan bella y sensual como esta. Ya había visto su cuerpo semi desnudo con solo un diminuto bikini y realmente quería sentir esa conchita húmeda y caliente y ver qué tan reducida era, pues es por esta razón que me gustan las chicas petit y las asiáticas en mi experiencia con algún par de ellas en mi pasado, he sentido que han sido las más reducidas en todo. Cuando me hacía aquella pregunta pensaba en llevármela lento, disfrutando de una forma tranquila la belleza de esta linda mujer y le pedí que me hiciera un “strip tease” y que solo se quedara con su prenda íntima y su joyería, pues le enfaticé que quería tener el honor de quitarle su prenda íntima con mis propias manos.

    De su maleta sacó uno de esos parlantes con bluetooth y puso algo de música muy de ella, de esa región del mundo que ella me introducía y me invitaba a conocer. Siendo gimnasta, porque según ella todavía lo había practicado en el último año, tiene una rutina muy bien mentalizada y sensualmente comenzó con esos movimientos muy femeninos al ritmo de esa música. Aun vestida, se acercó hacia mi mostrándome su bonito y redondo trasero y se sentaba sobre mis piernas friccionando mi paquete en el proceso. Me mostraba sus bonitos muslos y se desabotonó la parte frontal de su vestido y que me diera en algo el gusto en ver su busto, que realmente eran impresionantes y quería descubrir si eran totalmente naturales.

    En sus fotos los muestra desnudos y se miran tan perfectos y solidos que dan la impresión de que tienen el trabajo de algún cirujano y al igual que sus glúteos, son pequeños pero puntiagudos que hacen una linda curvilínea si se le mira de perfil, pues su cintura es tan delgada y es por eso por lo que sus caderas se miran impresionantes, aunque ella sea una chica petit. Proporcionalmente su físico es perfecto, pero nunca imaginé que ese lindo y sensual rostro fuera parte de un perfecto paquete. No podría dejar de hablar de sus muslos, pues que se puede esperar de una gimnasta, tiene unos muslos más pronunciados que la típica asiática y realmente deseo tocarlos cuando Amy me los muestra aun vistiendo su vestido turquesa y llevando todavía sus pantimedias.

    Comenzó otra melodía y ya en esta me mostró más de su piel, las pantimedias las removió donde apenas pude ver un diminuto bikini color azul marino. Su vestido no requiere llevar sostén, así que en un movimiento me muestra esos dos precioso melones y me los pone en la cara y los acaricio por primera vez. Ella se ha apretado sus pezones y estos me los muestra erectos y los inspecciono ligeramente y en ese primer contacto se sienten sólidos y no puedo ver ninguna cicatriz, pero sigo dudando si son naturales. He metido mis manos entre su vestido para sentir sus muslos y sus nalgas y definitivamente se sienten que son de una atleta.

    Ella se separa coquetamente y vuelve al centro de la sala y se remueve totalmente su vestido y solo queda con sus zapatos de tacón alto, su collar y pulseras con sus diamantes que irradian ese brillo profundo y también descubro ese arete o piedra en su ombligo, un tatuaje de un colibrí que parcialmente veo entre su ombligo y su conchita, pues todavía lleva ese diminuto bikini que deseo yo remover, también descubro otro colibrí a un lado de su glúteo derecho y unas letras del alfabeto latino en malayo en su espalda baja o donde comienza ese camino a la gloria que Amy posteriormente me traduce y dice con un sonrisa maliciosa:

    -Significa: ¡Disfrútalo!

    Por más está decir que mi verga comenzó a gotear ese líquido pre seminal y a crecer entre mis entrepiernas pues esta chica me está excitando. Ahí la tenía frente a mí, moviendo su cola, insinuándome sus pechos y realmente esta pequeña mujer es hermosa, es linda y su coquetería se le da al natural pues, aunque sus labios son delgados, ese color rojo le da un no sé qué, que dan ganas de comerlos y gozarlos. La música continúa y se acerca a mi sobre el sofá, se sienta sobre mis piernas frente a frente y me llega a susurrar al oído mientras me acaricia la oreja con su lengua:

    -Eres un hombre muy guapo y elegante, yo también quiero ver algo de ti. -me dijo.

    Cuando Amy me vio al llegar a casa, lo primero que le impresionó fue mi altura, pues lo único que conocía de mí fue una foto que le envié a su amiga por correo electrónico. No sabía nada más de mí y ahora estaba semi desnuda sobre mis rodillas friccionando mi paquete que estaba aprisionado entre mi prenda íntima estilo bikini de color negro semi transparente. Literalmente se me puede ver la verga y muchas chicas me han dicho que les gusta verme usando este tipo de ropa interior, pues les excita verme la verga entre esta tela trasluciente. Les creo, pues sé que Johana y Diana no me mentirían y en los últimos dos años los he comenzado a usar, especialmente cuando sé que habrá acción de este tipo. Amy me asiste en removerme la camisa deportiva y comienza a besar mi cuello, mis lóbulos, los pectorales y se dobla para alcanzar con sus dos pequeños labios las tetillas. Obviamente esto hace que mi verga tome más volumen y creo que Amy comienza a sentir esos efectos cuando roza su conchita sobre mis pantalones.

    Se pone de pie y me pide que levante mi pelvis del sofá para ella poderme remover los pantalones. Me remueve el cinto primero, luego los zapatos y luego abajo mis pantalones y Amy puede ver mi paquete, el cual creo que le sorprende pues, aunque la tela lo aprieta, este se ha levantado lo suficiente para causar una inquieta impresión:

    -¡Eres grande, tienes una verga hermosa y muy grande! -Me dijo admirada subiendo los músculos de su sien. También fue cuando me dijo:- Me puedes llevar a tu habitación? ¡Creo que estaremos más cómodos!

    Me he levantado y la he tomado entre mis brazos a esta pequeña chica y la he llevado cargando hasta el segundo piso hacia mi habitación. Ya Amy me lo había dicho, le había gustado toda mi casa y más que todo la vista desde mi cuarto y el balcón frente a él.

    Verdaderamente estas chicas asiáticas saben muy bien a lo que se dedican. Desde que la pose en la cama, Amy se dedicó a darme placer de una y mil formas. Me dio un masaje relajante con sus manos, con sus pies y piernas, con su boca, con sus preciosas nalgas, con su rica y diminuta conchita, aunque este último masaje tuvo que esperar hasta que le removiera su diminuto bikini azul. Sabe lo que hace, no tuve que pedirle nada, ella lo iba intuyendo y me iba complaciendo a una perfecta medida. Con sus pechos masajeó mis pectorales mis espaldas, mis entrepiernas y mi erecto falo. De una manera muy delicada comenzó una felación divina que tomó cierto tiempo para que se convirtiera en una mamada más agresiva.

    Amy maneja muy bien los tiempos y las expectativas de su cliente. Me mamó la verga de diferentes ángulos con la misión que me diera gusto de ver esas escenas de cómo me causaba placer. Incluso aun todavía con su bikini, se puso en posición de 69, ella sobre mí, dejándome ver sus ricas nalgas y ver como ella misma llenaba su bikini de sus jugos vaginales. Fue un gusto verla a ella también excitada, literalmente tenía bien mojado su bikini. Fue en esa posición que le pregunté por esas letras latinas que llevaba arriba de sus nalgas y su significado:

    -¡Disfrútalo! -me dijo.

    Pensé que no me había entendido, pero ella me corroboró que ese era el significado. De antesala me dio una rica mamada en los testículos y literalmente me comió el culo como quiso. Ella es una experta en esto y en esa maleta que llevaba, de ahí sacó toallas para ir limpiándose o limpiando en todo ese masaje. Llegó el momento de comerme a esta niña y sí ella no me hizo correr en esa media hora de eróticos masajes, es debido a que Amy sabe manejar los tiempos y que yo tengo 53 años, y tengo también experiencia en estos trotes.

    Comencé a acariciar su cuello, a estimular sus lóbulos. Le pedí que se quedara puesta con toda su joyería que después me di cuenta de que eran unos 80 mil dólares en diamantes. Su piel se erizaba y Amy comenzaba a jadear tiernamente. Llegué a sus pechos perfectos… se sentían sólidos, con unos pezones de color miel y sabían cómo miel. Los mamé, mordisqué en todo su entorno y nunca logré encontrar evidencias de alguna cirugía. La verdad estaba sorprendido y no le pregunté, pues me parece algo muy personal, privado, aunque sea una chica de alquiler. Le acaricio su abdomen plano, perfecto y le lengüeteo su ombligo a placer y nuevamente los gemidos se elevan. Ella sabe que me dirijo a la fruta prohibida y me asiste subiendo su pelvis para que le despoje de su bikini azul. Estaba totalmente mojado y veo esos jugos espesos haciendo un hilo como si fuese tela de araña cuando se los he quitado. Me doy gusto con lo que veo: una pequeña conchita, con un clítoris expuesto y que brilla de lo mojado que está toda aquella zona. Veo completamente su tatuaje del colibrí y también veo que en su monte venus ha dejado un pequeño arbusto de vellos negros y espesos. Delicadamente bien recortado, aquello parece una pirámide o triangulo a la inversa.

    Comencé a lamer su entrepierna y toda esa zona del monte venus regresando a su ombligo. Solo escucho los jadeos y gemidos de placer de esta linda chica asiática. Sé que lo está gozando, conozco esa mirada y es brillar en los ojos cuando una chica está hirviendo del placer. Me dejo su conchita para lo último, así que me dedico a besar su zona del perineo, pues como dije, esta chica sabe lo que uno quiere y busca y ella me eleva las piernas para que yo tenga acceso a lo que yo quiero. En esa posición le he dado algunos besos en las nalgas y uno que otro en su ojete. Veo como lo contrae, y escucho esos gemidos de placer nuevamente. Siento ese olor que me atrae… ¡Que rico es comerse una conchita fresca!

    Creo que la conchita de Amy es la panocha más pequeña que he visto por mucho. Del clítoris hacia abajo, quizá haya una distancia de unos seis centímetros a lo máximo. Realmente esto me había impresionado y realmente excitado. Esta chica tiene una de las conchitas más excitantes que he visto y probado. La verdad que me dediqué a chuparle esa rica concha por unos 20 minutos donde la hice vivir algún par de orgasmos. Esta chica gime, jadea y me doy cuenta de sus orgasmos porque tensa los muslos de sus piernas y por sus expresiones eróticas en su rostro. Ella intuye mis deseos y se coordina conmigo y en esa posición donde le he estado dando sexo oral, así la dejo acostada sobre sus espaldas y subo a mamarle los pechos y aprovecho de tocar esa pequeña concha y poco a poco le voy metiendo uno de mis dedos. Su vagina se siente apretada, súper apretada y solo porque conozco algo de anatomía sé que ella podrá con mis 22 centímetros de mi verga y su grosor de unos 4.5 centímetros o circunferencia de 10.5.

    Puse a Amy con su absoluta disposición en esa posición de “la profunda” la cual consiste en algo así como el misionero, pero con las piernas de Amy apoyándose en mi pecho. Le sobé por unos minutos el clítoris a Amy con mi glande que solo me miraba el rostro para luego fijar sus lindos ojos oscuros llenos de erotismo, de cómo mi glande le frotaba su clítoris. Esto le habrá excitado enormemente que no me lo pidió con su voz, me lo dijo con su mirada. Mi glande desapareció entre esos labios delgados de su concha y lentamente mi verga desapareció en sus 22 centímetros hasta que mis testículos golpearon sus nalgas. Amy creo que gimió de placer profundamente y yo solo sentí esas paredes de su vagina que exageradamente me apretaban el falo. La comencé a pompear con un ritmo semi lento y me anuncio su próximo orgasmo tomando con sus manos mi cintura, las cuales después se llevó para apretarse los pezones de sus lindos pechos. Se los mamé como pude y la pompeé para alargar el efecto de su orgasmo y pude ver su frente con una especie de rocío de su sudor. Solo gemía diciéndome:

    -¡Que rico coges!

    Recuerdo que le di una embestida más violenta que me hizo que le dejara ir mi primera corrida del día.

    Le llené su pequeño agujero y donde antes que le sacara mi verga todavía semi erecta, ya buena parte de ese contenido blanco yacía por sobre las sabanas de mi cama. Le saqué mi verga la cual se puso flácida con los minutos y Amy se dedicó a mamármela en esa condición. Nos fuimos a tomar una ducha, donde le ayudé a remover su lindo collar y las pulseras que llevaba puestas. Es ahí donde realmente me doy cuenta de que son diamantes reales y no vidrios brillantes. No soy un experto en joyas, pero mi cálculo eran unos 80 mil dólares en diamantes que le daban un toque sensual a esta pequeña mujer. Como no quise cambiar las sabanas, nos fuimos hacia el balcón donde tengo una silla reclinable para dos, que tiene un colchón y solo le pusimos unas toallas playeras encima. En esta ocasión Amy se fue por sobre mí y comenzó con una nueva y excitante felación. Es una delicia ver como esta chica intenta meterse toda mi verga en esa bonita boca. Tiene buena técnica y se mira muy sensual con esa linda carita mamando.

    Debo mencionar que cuando salimos de la ducha, Amy se roció con un perfume delicioso y se llevó su maleta cerca de donde estaba la silla. Al principio pensé que me tenía desconfianza con su joyería, pero luego ella me respondía a mi interrogación interna. En aquella maleta además de llevar más ropa, llevaba juguetes sexuales, lociones, lubricantes. Después de una mamada más corta, Amy se puso frente a mi dándome el trasero en esa posición que algunos conocen como la “cucharita”. Fue de aquella manera como me entregó su rico y espectacular trasero. Pensé por un momento que se negaría a hacerlo, pues muchas chicas al ver el tamaño de mi verga y su grosor más que todo, como que dudan y les da miedo según me han contado ellas mismas. Amy es toda un profesional del sexo que no hubo discusión de nada, ella sabía que lo deseaba y de esa manera sutil me lo entregaba. Me ofreció su trasero y ni tan siquiera se puso nada de lubricante. Ella sabía que mi verga producía enorme cantidad de lubricante que era cuestión de algunos minutos y de hablarme eróticamente para que se escuchara ese chasquido que producía mi verga entre sus dos ricas nalgas.

    -Sabes Tony, tienes una hermosa verga que realmente excita a cualquier mujer. Quiero sentirla en todas partes de mi cuerpo y quiero que con ella le des gusto a mi culito que realmente está desesperado por probarla. ¿Deseas follarme el culo Tony?

    -Si Amy… deseo estar adentro de ese rico culo que tienes.

    -¿Lo disfrutarás?

    -¡Eso es lo que indican esas letras! ¿Verdad?

    -Disfrútalo, Tony y quiero que me lo hagas gozar a mí también.

    La verdad que esta chica sabe lo que hace y cuando y como lo hace. Como dije, mi verga masajeaba ese canal de sus nalgas que, en término de unos pocos minutos, se deslizaba haciendo ese chasquido erótico. Levantó su pierna y la apoyó contra mi rodilla. Su mano apareció por debajo y tomando mi pene se lo llevó apuntando con mi glande la entrada de ese rico culo. En eso pasó por otros minutos empujando mi glande y dilatando su esfínter en el proceso. Realmente pensé que se echaría hacia atrás y desistir, pues ese ojete si que apretaba y rechazaba la entrada. Pero bien dicen que la gota de agua rompe una roca por su constancia y persistencia y Amy era eso, como esa gota de agua que de repente sentí que su ojete me apretó con su anillo mi glande y se tomó su tiempo para que su culo asimilara mi grosor. En esa posición también toqué su conchita y esta estaba emanando tanto liquido vaginal que me dio esa seguridad, que esta chica no lo hacía porque simplemente uno le pagaba para hacerlo, tengo la certeza que ella gozaba con todo aquello. Con los minutos mi verga estaba en su totalidad en su apretado culo y pensé como sentía esa sensación de cómo apretaba su vagina, ahora imagínense de cómo se sentía su rico culo.

    En esa posición, de su maleta sacó un pequeño vibrador. No muy grueso ni tampoco tan grande… quizá de unos 10 centímetros. Lo echó a vibrar y en esa posición comenzó a masturbarse su conchita mientras le tenía sembrado mi falo en su rico culo. Yo no me movía mucho, pues era impresionante su presión en mi falo, que pensé que le podía causar algún daño. Fue Amy quien comenzó con un vaivén semi lento y eso me dio un poco de confianza en comenzar a mover mi pelvis con el mismo ritmo. De repente sentí ese vibrar de su juguetito, pues ahora tenía mi verga en su culo y su vibrador adentro de su conchita. ¡Que rica esa sensación! Y que rica sensación debió experimentar esta linda asiática que de repente sacudió sus caderas logrando un intenso orgasmo que se lo intensifiqué con una embestida un poco más violenta. Se ríe y me dice en forma de broma:

    -Tony, coges tan rico que quizá voy a ser yo quien terminará pagando por tan rica cogida. ¡Me has hecho correr 5 veces ya!

    La verdad que oír eso me encantó. Obviamente le llena el ego de cualquier hombre, aunque eso de pagarme a mí, era una falacia o una verdadera fantasía. Cambiamos de posición y analmente hicimos en esa misma silla reclinable, la posición de la “plancha”, la cual es una versión de perrito, pero la mujer se acuesta sobre sus pechos solo elevando un poco el trasero. De esa manera esta chica se volvió a ir después de una embestida de unos minutos. Esta vez me lo anunció con sus gemidos y jadeos y pude sentir como sus nalgas temblaban sin control. Igual ocurrió cuando la puse de perrito y diez minutos después me comenzó a cantar su próxima corrida. Esta vez se sonríe y me dice:

    -¿No te puedes correr?

    Ya había pasado más de una hora después de la ducha, pero mis contemporáneos deben identificarse conmigo, pues para un hombre que cumple sus 53 años, no solo tenemos mejor control de la eyaculación, y eso se debe no solo a la experiencia, sino que anatómicamente ya no producimos las mismas cantidades de esperma y, por ende, no conllevamos la misma presión. Mi respuesta a Amy fue que lo estaba disfrutando, pero la verdad que, si le dejaba ir el segundo, pasarían algunos minutos o una hora para poderme recuperar. Soy honesto, no tengo la habilidad de recuperación de un adolescente, pero a mi favor, tengo el vigor de un hombre mayor saludable.

    Hicimos algunas otras posiciones hasta que Amy me invita a lo que ella le dio un nombre asiático difícil para mí de pronunciar, pero que algunos han de conocer como “Ojos al cielo” y consiste en que Amy se acuesta sobre mi dándome sus nalgas, ella apoya sus piernas sobre mis rodillas y en ocasiones eleva sus piernas verticalmente y siempre analmente, en esa posición acostados, ella por sobre mí, le taladreo ese rico culo y ella vuelve a alcanzar otro orgasmo y me hace acabar a mi nuevamente y esta vez le lleno el culo con mi leche. La eyaculación fue tan rica que hizo que me temblaran las piernas y eso pocas veces me ha ocurrido.

    Tomamos un pequeño descanso donde platicamos gratamente por una hora, fue cuando cambiamos de idioma, pues esta chica de Malasia también ha vivido en Barcelona y habla muy bien el español y no lo había hecho antes, pues ella no lo sabía y lo descubrió hasta que mi hermana me llamó y aunque Kashira es persa, ella habla mejor el español que yo.

    Era el día de mi cumpleaños y mi hermana me comunicaba que se haría la misma fiesta de otros años, pues con este covid-19 solo vendrían a cenar los amigos más cercanos y me dio una cuenta de unos 8. En ese receso Amy solo vestía un nuevo bikini de color rosa. Se miraba espectacular y de esa manera caminó por todos los cuartos de la casa, excepto los del sótano, pues ahí es el paraíso privado de mi hermana. Realmente me había dejado boquiabierta de cómo había manejado analmente mi falo. Me pidió que se lo hiciera en la piscina, pues ella nunca lo había hecho en una piscina.

    Nos fuimos a la piscina y ella sobre mi en las gradas en posición de “flor de loto” que consiste que Amy se sienta frente a mí y yo penetrándola por la conchita. Esta chica es multiorgásmica, pues así me dijo que se había ido dos veces seguidas y sin mucho movimiento. Le creí, pues su vagina se contrae más de lo usual cuando experimenta un orgasmo. Ya había vivido algunos con ella y ya en la tercera hora sabía cómo su cuerpo reaccionaba. En la piscina al aire libre me dio otra rica felación. Quería volver a cogerme su culo, pues esa sensación de lo apretado que lo tiene, esa una sensación que quiero repetir.

    Nuevamente en la habitación analmente me la cogí en posición de la vaquera, ella montándome. Lo hizo de frente donde me di gusto mamando sus lindos melones redondos, pero a la inversa, esta chica tiene una buenas piernas que es impresionante su aguante de cómo flexionaba sus rodillas para darme tremendo sentones dejándome ver como mi verga se hundía y desaparecía en su rico culo. Esa exquisita escena me llevó a mi tercera corrida y aunque no era la más abundante, fue quizá la más rica. Sentí un choque eléctrico recorriéndome desde la columna hasta los dedos de los pies. ¡Realmente delicioso ese orgasmo! Amy me acompañó en esta corrida y podía notar esas gotas de sudor en su frente y parte de su espalda. Nos volvimos a bañar, tomar un descanso y donde nos sorprendió la última hora del contrato.

    Eran ya las cuatro de la tarde y Amy me la volvió a parar y esta vez no me hacía una felación, ella se masturbaba con un vibrador y me dejaba ver ese espectáculo. Sus expresiones, sus gemidos me hicieron regresar al ruedo y penetrarle esa rica concha que tiene. En esta ocasión sentía la vibración en su rica y estrecha concha, porque tenía el vibrador en su rico culo. Un tanto incomodo porque algunas veces debía de sostenerle el vibrador pues su ojete lo expulsaba por la presión que ejerce. La puse de perrito sobre la cama y con mi verga en su concha y con su vibrador en el culo, de esa manera Amy volvió a alcanzar otro orgasmo y cuyos gemidos y jadeos me hicieron llegar a mi cuarta corrida.

    Faltaban quizá unos veinte minutos para que terminara mi tiempo, pero la invité a unos bocadillos y a un refresco para recuperar energías. Se había bañado y maquillado nuevamente y esta vez tenía puesto un vestido blanco del cual le ayudé a subir su cierra por la espalda. Como el otro, no requería sostén. Esta vez no llevaba pantimedias y solo se puso unas sandalias casuales y toda su joyería. Me regaló algunos cuantos besos en la plática y de repente me mostró ese bikini azul con el que había llegado y me lo puso en mi mano diciendo.

    -Toma, para que lo tengas de recuerdo… créeme que me gustaría quedarme un poco más, pero me has dado tremenda follada (esa palabra ocupó) que tengo las piernas acalambradas.

    Salió vistiendo ese bonito vestido blanco, se subió a su auto de lujo y me arrojó un beso diciendo:

    -¡Tienes una hermosa polla Tony, que alguno de estos días te llamo para ver cuánto me cuesta una rica cogida! -me parpadeó coquetamente y desapareció de mi vista.

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  • Cogí en la alberca con el salvavidas

    Cogí en la alberca con el salvavidas

    Esto ocurrió una ocasión que fui con mi familia de vacaciones a una zona de casas en Michoacán, son casas que rentan para pasar de vacaciones y fuimos para un puente.

    Era una zona residencial, las casas eran hermosas y había varias casas, pero al ser una sola zona las albercas se compartían, eran 3 muy bonitas, por cierto, pero se tenían que compartir con los vecinos.

    Después de instalarnos, decidí dar un paseo para reconocer el lugar, iba yo en un mini short y brasear del bikini, me encanta vestirme si cuando voy a esos lugares, mi hermana y mi cuñado se quedaron ordenando la casa, mi mamá con mis hijas y yo aproveché mi seudo soltería para ver que me encontraba.

    Estaba caminando por las albercas cuando lo vi a él, un moreno alto, de 1.90 aproximadamente, cabello corto, sonrisa enorme y muy musculoso, no pude evitar perderme en él, cuando de pronto me miró y se me acercó.

    R: Bienvenida, soy Ramón, el salvavidas y encargado de la zona de albercas.

    C: Hola, me llamo Cindy, estoy viendo en donde puedo estar.

    R: Cindy, si gustas podrías estar aquí en la piscina mayor, aquí es donde más tiempo paso, claro por mi trabajo.

    C: Jajá, no te preocupes yo sé nadar.

    Él me miro y me sonrió, su sonrisa era perfecta, me tenía idiotizada, me tomó del brazo y solo me dijo que cualquier cosa estaba para mí.

    Regresé a la casa, los demás se irían a conseguir que comer, en cambio yo decidí meterme a la alberca, los que me conocen saben que me veo muy bien en bikini y ese día escogí un bikini azul, súper pegado que parecía un cachetero, me lo puse y salí a la alberca mayor.

    Como buena alborotadora, caminé por la orilla de la alberca hasta estar cerca de donde estaba sentado Ramón, lo saludé y sin decir más me quité la toalla mostrando mi cuerpo, él se quedó pasmado mirándome, yo lo miré y le sonreí, después me avente al agua.

    R: Así que decidiste esta alberca.

    C: Claro, se nadar, pero más vale estar cerca de un salvavidas.

    R: Disculpa mi atrevimiento, pero que espectacular te ves con tu bikini.

    C: Gracias, me gusta usarlo para nadar.

    R: Disfruta tu día.

    Regresó a su silla un poco tenso, ahí comencé mi show, me ponía a nadar de espalda, sacando mis tetas que se veían fenomenales cubiertas de agua, luego me hundía levantando mi trasero de tal forma que él me viera, él estaba pasmado, observando el show, por suerte no había mucha gente, en esa alberca solo estaba una pareja más y en las otras alrededor de 5 personas, estaba tranquilo.

    C: ¿Te quedarás ahí todo el día?

    R: Es mi trabajo, no me puedo mover.

    C: Deberías entrar al agua y enseñarme a nadar mejor.

    R: Eres una excelente nadadora, ¡vaya que lindas piruetas haces!

    Salí del agua y me senté en la orilla de la alberca, él no podía de dejar de verme, me miraba las tetas, las nalgas, las ingles, lo traía loco, yo como buena provocadora, le sonreía, cruzaba la pierna, la alzaba marcando mi coño, en fin, ese día traía ganas de más.

    C: Mira, ya se van esos chicos, ven, ¡nademos!

    R: Uhm, ok, pero será un tiempo corto, ¡no tienen que verme aquí y menos con una residente!

    C: ¡Tranquilo, ven!

    Ambos nos sumergimos al agua, él era muy buen nadador, recorría la alberca en instantes, yo lo seguía, me encantaba la forma de su espalda, luego hicimos el juego de atraparnos, el me perseguía y me tomaba por la cintura, yo lo abrazaba, juntaba mi cuerpo para sentirlo junto al mío, eso empezó a excitarme.

    Aprovechaba cada ocasión para arrimarme a él, sentía su abdomen cerca, sus fuertes brazos, él, aunque trataba de tomar distancia se dejaba llevar por mis movimientos.

    R: Que bien me la estoy pasando, jajá, ¡seguro tu marido es feliz contigo!

    C: Soy divorciada y vengo solo con mi familia, ¡estoy libre!

    R: ¡No deberías tentarme al decir que estás libre!

    C: ¿En serio? ¿Qué pasará?

    Lo miré fijamente, estaba esperando su reacción y entonces Ramón comenzó a besarme, me besaba muy rico, su lengua entraba a mi boca, yo lo abracé por el cuello mientras nuestros cuerpos sumergidos se rozaban.

    Nos hicimos a la orilla de la alberca, ahí donde apenas se veían nuestras cabezas, estaba todo solo, o si había gente no la notábamos, continuábamos en el faje. Comencé a acariciar su duro torso y me emociono al bajar mi mano y tocar su pene, el cual era duro y largo, estaba toda cachonda.

    R: ¡Dios, vamos a mi cabina!

    C: Y por qué esperar ahí, siéntate en la orilla, déjame comerte…

    R: ¿Aquí?

    C: ¡Si, más excitante!

    Sonrió, miró para todos lados y se salió del agua sentándose en la orilla, yo saqué su dura verga de su tarje de baño, dura, grande con circuncisión, era hermosa, comencé a masturbarla con mis manos mientras él me miraba y se aseguraba que no nos vieran, parecía que todo estaba a su favor. La tomé con una mano y empecé a darle de ligeros lengüetazos, luego abrí mi boca y la introduje una y otra vez, mientras crecía el movimiento de mi boca, Ramón me apretaba de la cabeza y me impedía despegarme de él.

    C: ¡Uhm, que dura!

    R: ¡Ah!!! ¡Corazón que rico!!

    Ahí estuve devorando su delicioso trozo unos minutos, luego el comenzó a acariciarme las tetas y al saco del bikini, yo coloqué su dura verga en medio de ambas y comencé a hacerle una magnífica rusa.

    R: ¡Cindy!! ¡Qué rico se sienten tus tetas!

    C: ¡Uhm!! ¿Te gusta?

    R: ¡Me encantan, ah!!

    Ramón estaba tan excitado que un rico chorro de semen inundó mi cara y mis tetas, el rico salvavidas estaba teniendo un orgasmo y yo disfrutaba verlo así.

    R: ¡Que rico, uhm!!

    C: ¡Delicioso, uhm, ahora te toca!

    Cambiamos de lugares, ahora yo estaba sentada mientras él me besaba los muslos, acariciaba mis pies y besaba mi inglés, me hizo a un lado la trusa del bikini y comenzó a besar mis labios vaginales, lo hacía con pasión, abrió mi vagina y metió su lengua que tragaba todos los fluidos combinados con agua, parecía un gato bebiendo, era muy bueno mamando vagina.

    Apretaba mi clítoris con sus labios, le daba ligeras mordidas, recorría con su lengua todo mi coño hasta llegar a mi ano, yo me retorcía, aun así, miraba a los lados y aún no había gente, cerraba los ojos y disfrutaba de como metía sus dedos en mi vagina, me apretaba mi vientre, me follaba con su lengua, me tenía jadeando y disfrutando de lo lindo…

    R: ¡Que rica vagina!!!

    C: ¡Chupas rico, uhm!!

    R: ¡Ya me la pusiste dura nuevamente!

    C: ¡Pues dámela!

    Me arrojé al agua, me quité la trusa y él se quitó su traje de baño, me levantó un poco y me ensartó muy rico, gracias al agua su verga entró completa ¡qué rico!

    Nos movíamos como peces, mi vagina apretaba con fuerza su rica verga, nos besábamos, mirábamos que nadie nos viera, sumergidos, continuábamos cogiendo.

    C: ¡Ah!! Que rico, uhm!

    R: ¡Nunca había cogido bajo el agua!

    C: Es riquísimo, ¿no?

    R: Muy rico mami, ¡más rico porque es contigo!

    Me acomodé en la orilla agarrándome de unos pasamanos que sirven para la gente que no sabe nadar, él levantó mis piernas y me empujó con fuerza, al parecer estaba parado y eso hacía que me diera más rico, yo gemía y cerraba los ojos, lo besaba, disfrutaba de sus embestidas submarinas, él me mordía las tetas, jugaba con mis pezones y me cogía maravilloso…

    C: ¡Ah, que rico, ah!!!

    R: ¡Eres una diosa, uhm!!!

    Me dio vuelta, se alejó un poco y yo simulé estar en cuatro, me tomó de las nalgas y me la metió con fuerza, que rico se sentía así, su verga entraba con fuerza, por un momento nos olvidamos de que nos podían ver, él seguía dándome con todo y me tenía viendo estrellas.

    R: ¡oh, que rico mi amor, ah!!!

    C: ¡Si, así, más, dame más!

    R: ¡Me voy a venir, ah!!

    C: ¡Si, ah, que rico!!

    Me comencé a mover como loca, sentí como él se endurecía más y de pronto invadió mi vagina con tremendos chorros de semen caliente, que rico orgasmo me sentía toda una puta, pero que rico fue tener a ese hombre dentro…

    R: ¡Ah!!! Que rico, ah!

    C: ¡Uhm, papi, ah!!!

    El orgasmo fue fenomenal, terminamos abrazados besándonos, una vez recuperadas las fuerzas él se puso su traje y salió del agua, yo también me acomodé mi bikini, pero seguí dentro, en eso llegó mi familia y me sentí mal porque se metieron al agua, que seguramente estaba llena de mis fluidos y de los de Ramón, pero admito que esa fue una rica experiencia.

    Así que todos los días que duró la estancia, cogí con él, siempre buscábamos la forma, en la mañana mientras todos dormían, en la tarde mientras comían o en la noche que ya todos se iban. Ramón me daba pito debajo del agua y yo lo disfrutaba como nunca!

    Con cariño Cindy.

  • Reparando la computadora de mi tía

    Reparando la computadora de mi tía

    ¿Qué tal?, mi nombre es, creo que no tiene importancia ahora tengo 38 años, soy de Mérida, Yucatán, México y les envío un cordial saludo a toda la gente que participa leyendo estos relatos, algunas son fantasías y otros realidades. Comenzamos. 

    Tengo unos tíos con los que siempre he convivido, mi tío tiene 59 años y mi tía tiene 55 años, pero ella está bien conservada, a pesar de su edad y de tres hijos, es mi tía política, no directa y se arregla bien, además se viste algo cachonda, siempre me ha gustado y he fantaseado en cómo me la cogería. Adicionalmente, ella tiene buenas nalgas y unas tetas riquísimas, además es guapa y de verla, se antoja cogérsela.

    Resulta que hace como cuatro meses, ella me llamó y me pidió de favor si le reparaba su laptop porque la tiró y ya no prendía, así que fui a su casa por el equipo y cuando la reparé, empecé a verificar que funcionara bien y revisando los archivos del disco duro, me encontré con unas fotos muy cachondas de ellos, quedándome asombrado de cómo a mi tía le encantan la verga y las mujeres. Había fotos donde ella posa con las piernas abiertas, otras donde se está metiendo un consolador, otras cogiendo con amigos suyos y algunas cogiendo en grupo, notando que mi tío había sido el que tomó las fotos, además algunas estaban tomadas en su casa.

    De verlas, se me paró la verga como nunca, pues estaba viendo a la tía que siempre he querido cogerme y cuando fui a llevarle su laptop, iba hasta nervioso pero nos tenemos mucha confianza entre nosotros porque nos llevamos bien. Llegué a su casa, enseguida me pasó y me preguntó “¿ya quedó bien?, sé que eres bueno reparándolas”, le contesté que ya estaba y que la revisara de una vez, pero mi tío no estaba, ya se había ido a trabajar y me dijo “te quedó bien, espero no volver a tirarla”. También me preguntó si no se habían perdido los archivos, le respondí que no, que ya los había checado, enseguida se puso pálida, nerviosa y con voz nerviosa, me cuestionó “¿viste todos los archivos?”, le contesté que sí y me preguntó “¿también unas fotos que tengo ahí?”, le respondí “sí, tía y la verdad, ¡qué guapa está! pero no se preocupe, no lo sabrá nadie, me encantaron sus fotos, lástima que es mi tía”.

    Al instante, me comentó “bueno, te voy a decir algo, la verdad es que me encanta la verga y las mujeres, tu tío y yo somos swinger desde hace 15 años y nos encanta, él disfruta viéndome coger con otros y a mí me gusta, además él también se coge a otras y nos gusta coger en grupo, es muy rico”. Luego, me insistió “pero sólo te pido un favor, no se lo digas a alguien, esto es muy delicado porque tenemos hijos” y le confesé “nadie lo sabrá, téngalo por seguro”, después me pagó y me fui.

    A los tres días, ella me llamó, diciéndome que su laptop otra vez ya no prendía, que fuera en la tarde y cuando llegué, me dijo “pásate” pero cuando entré a su casa, ¡wow!, traía una minifalda muy cachonda, una blusa escotada y unas zapatillas de tirantes, se veía deliciosa y rápido, se me paró la verga y bien cabrón. Después, nos sentamos en su sala para ver lo de su máquina y no sabía si ver la laptop o las piernas de mi tía, en eso prendió y le dije “sí enciende, tía”, entonces se me quedó viendo y me comentó “le platiqué a tu tío que ya sabes lo que nos gusta y me dijo que si me agradaba mi sobrino, “cógetelo”, al tiempo que abría sus piernas y se le veía la tanga.

    Rápidamente, dejé la laptop en la mesa y me senté junto a ella, luego nos empezamos a besar bien rico, de lengüita y estando en pleno faje, le empecé a agarrar las piernas hasta llegar a su clítoris, con el que comencé a jugar mientras ella ya me estaba sobando la verga y gemía muy rico. Pasados unos minutos, no dejábamos de besarnos, entonces subí mi mano, le saqué las tetas por encima de su blusa y se las empecé a chupar, al tiempo que ella gemía y me apretaba más la verga, diciéndome “¡qué rico besas!, me gustan tus besos”.

    Después, me sacó la verga y me la empezó a mamar, dándome unas mamadas que en mi vida me las habían dado, pues resultó que es garganta profunda, de manera que se la metía toda a la boca y me besaba muy rico los huevos. Luego, nos paramos, enseguida le quité la falda y la blusa, dejándola en tanga, brasiere y zapatillas y como es blanca, se veía riquísima, entonces la acosté en el sillón, le abrí las piernas, se las besé y ella se revolcaba de placer, sin dejar de gemir.

    A continuación, llegué a su rajita, le hice la tanga a un lado y en cuanto le di la primer lengüeteada, casi se venía, también resultó que es multi orgásmica y le metí unas mamadas que se vino rápido y dos veces, señalándome “¡qué rica mamada me diste! pero no seas cabrón, ya métemela”. Al momento, se puso un condón en la boca y me lo puso, diciéndole “¡wow, qué buena tía tengo!”, entonces le abrí las piernas, le hice su tanga a un lado y se la metí despacio mientras ella misma se chupaba sus tetas y gemía cabrón, luego se la empecé a meter y a sacar lento, disfrutándola hasta que se vino otra vez y dijo “puta madre, qué buena cogida me estás dando, ahora ponme de a perrito”.

    De inmediato, la empiné y de nuevo, le hice su tanga a un lado, ya estaba empapada de sus venidas y empezamos a coger pero ahora, ya se la metía más rápido y más duro, ella gemía y me agarraba los huevos, pidiéndome que no parara y que le diera fuerte hasta que se vino otra vez. Luego, ella se zafó, se paró y nos empezamos a besar, enseguida se quitó la tanga y el brasiere, también me quitó el condón con la boca y me puso otro, enseguida sacó una crema anal y se la metió en el culo con los dedos y me pidió “métemela por el culo, que también me encanta”, empinándose y abriéndose las nalgas.

    En esa posición, se la metí despacio y me quedé quieto, en lo que le dilataba el culo mientras me decía “así, papi, dame rico, quiero sentirte”, luego me la empecé a coger despacio, viendo cómo le entraba y le sacaba la verga, dejándole el ano dilatado, al tiempo que ella gemía y me pedía más fuerte. Me la cogí dándole duro y hasta adentro hasta que se volvió a venir, pidiéndome “no me la saques, tú dame duro, ¡qué rico siento!, me gusta, no pares” y estaba tan entrado dándole por el culo cuando escuché que decían “métesela hasta adentro, Raúl, dale por el culo, le gusta”. La neta, me saqué de onda y cuando volteé, vi que mi tío estaba haciéndose una chaqueta, entonces me paré pero me indicó “no se la vayas a sacar”.

    Después, él le puso su verga en la boca a mi tía para que se la mamara, haciéndola disfrutar teniendo una verga en el culo y otra en su boca hasta que nos retó “a ver, cabrones, métanmelas los dos al mismo tiempo, quiero una buena cogida entre las dos”. Rápido, me salí, enseguida ella se montó en mi tío y se la metí otra vez por el culo mientras nada más gemía y empezamos el mete saca, primero lento y después, más rápido pero no sé cómo me apretó la verga con el culo y nada más gimió, se estaba viniendo otra vez.

    Pasado esto, me zafé y me recosté a un lado, entonces ella me dijo “sobrino, quiero que te vengas, quiero tu leche” y me la empezó a mamar mientras mi tío se la cogía por el culo, continuando hasta que ya no aguanté más y me empecé a venir pero ella no dejaba de mamármela y vi cómo se le salía la leche por los labios pero no dejaba de hacerlo. También, me la succionó lo más que pudo y mi tío se vino adentro de su culo, luego nos recostamos y la tía me dijo “me encantó la cogida que me diste, Raúl, ojalá no sea la última” y mi tío me señaló “ya sabes quiénes somos, adelante, cuando queramos repetirlo, puedes venir, o si a tu tía se le antoja coger contigo, te llamara”. Y desde ese entonces, me he cogido a mi tía varias veces.

  • Es rarísima: o no coge o no le es suficiente

    Es rarísima: o no coge o no le es suficiente

    A: Sintiendo tu pecho desnudo en mi espalda, pegado a mí, mientras levanto mis nalgas para acercarla a tu pelvis y sentir tu virilidad. Siento tu pecho en mi espalda, siento tus vellos y me da un ligero cosquilleo. Me voy moviendo hacia ti, sutilmente, pego mis nalgas hacia tu pelvis, quiero sentirte más cerca, y tu virilidad, despierta, me roza las nalgas, en ese momento mis labios vaginales se empiezan a humedecer

    B: Siento ese canal que se abre ente tus nalgas. Ah, sí, tus nalgas rosadas: firmes, duras, grandes, esculpidas en esos muslos torneados que hacen de tus piernas una atracción más. En ese edificio se sostienen. Así logran esa apariencia. Son las que levantan las miradas de envidia de las mujeres y el deseo de los hombres ¡Cuántos te habrán deseado! ¡Qué pensarían los que las han disfrutado! Y estás sabedora de ello: esas nalgas te definen como mujer y me apuntas con ellas. Despiertas mi deseo.

    A: Me tomas de las caderas y me pegas a ti. Siento tu miembro firme entre mis muslos, y mientras los rozas, vas dejando un hilo de líquido, lo que me dice que estás igual de deseoso que yo, por estar juntos

    B: Siento la panty que cubre sus nalgas. Lo hace infructuosamente, pues tus nalgas son redondas y paradas: no pueden ser cubiertas. Pero aun así logran cubrir tu vagina. De ahí emana esa humedad que siento impregnada en tu ropa interior.

    A: Pasas tu mano y sientes la humedad, acaricias mi vagina sobre la tanga y mis fluidos traspasan la tela, tus dedos se humedecen también.

    B: Acaricio su vagina por encima de la tanga. Es una superficie deliciosamente húmeda. No es una vulva protuberante, sino ligeramente cóncava, con vello púbico entre los labios. La primera vez que le ví el cabello sabía de qué color tendría el vello púbico. Y lo estaba comprobando: era castaño claro, pero brillaba por la humedad que lo bañaba. Así mojaba mis dedos, mis manos, mientras sentía esa vagina humedeciéndose rápidamente. No sólo húmeda, palpitando, esperando con deseo el momento de sentirme dentro. Mientras la toco, ella también lo hace. Sus manos han encontrado mi miembro, que la desea. Yo beso sus hombros, muerdo su cabello, mi lengua recorre su cuello.

    A: Siento su lengua en mi cuello, un escalofrío me recorre el cuerpo, llevando mi mano, que busca desesperada su miembro, quiero sentirlo, tocarlo. Su textura es suave, delicada, pero a la vez fuerte y firme. Mientras acaricio su miembro escucho un ligero jadeo, su respiración es agitada. Me excita más y mi mano recorre sus testículos rodeado de vellos con los que mis dedos juegan.

    B: Sus manos son hábiles. Las mueve con rapidez y me acaricia el pene y los testículos haciendo a un lado los vellos. Mi tensión aumenta y la desahogo haciéndole lo mismo. Jadea ella y yo también. Nos acompasamos, aunque no podemos vernos. Muevo ligeramente la tanga y se desprende un monte velludo, brilloso, húmedo. Siento los labios de su vagina, que se tensan y humedece los dos dedos que los recorren. Al sentirlo, ella me aprieta el miembro! Lo aprisiona y siento que escapa un chorro de líquido

    A: Él recorre el mismo camino, pero en mi vagina. Sus dedos hábiles, sabe lo que hace, sus caricias me dan placer, mi clítoris se endurece, crece y palpita, siento que voy a tener un orgasmo. Mi reacción es apretar su miembro, mie tras tengo un orgasmo, en sus manos

    B: Ella siente mi sensación y repite el movimiento, esta vez en mis testículos: “¿Te gusta que te los prense?” Me pregunta mientras los toma con una mano. Los acaricias, los talla, los recorre. Sabe jugar con ellos y yo lo disfruto. Lo hace rápido sin descuidar el tronco del pene, que para estas alturas está firme y húmedo. Siento su orgasmo. ¡Se ha venido y su cuerpo se arquea! La jalo de la cadera y la impulso junto a mí, mientras mi mano se moja al sentir esos fluidos y el clítoris: duro, viscoso, caliente. Me doy cuenta que su sexo pide más calor y ella sabe cómo hacerlo. No soy su primer hombre, lo sé. Imagino que esos orgasmos los ha tenido antes porque los procura, los disfruta, los necesita. Y es lo que hace ahora: mueve la vagina para que mis dedos entren en ella. Al mismo tiempo, ha prensado mi pene y lo talla, lo jala, lo acaricia Ese orgasmo es solo el comienzo, quiero más, quiero sentir más. Doy la vuelta, estamos de frente, tomo sus mejillas y con un intenso beso nos vamos hacia la cama. Sus besos, son suaves y van subiendo de intensidad, nuestros labios se entienden, se buscan. Su lengua se ha topado con la mía. Besa bien, como todo lo demás. Es una amante consumada y procura que sea bien tratada. Yo la deseo tanto, pero quiero disfrutar cada instante, cada momento, sin prisas. Podemos vernos, olernos, besarnos. Siento sus pechos moverse y crecer: están hinchados. Es el momento que esperaba para sentir esos melones en mi boca y lamerlos. Reaccionan. Se hacen duros y los pezones son desafiantes. ¡Ellos y el clítoris están erectos!

    A: Estoy bajo su pecho, es velludo, suave, lo voy recorriendo lentamente, he esperado mucho este momento, quiero sentirlo, lo aprisiono con mis brazos y mis piernas se prenden a él.

    B: Se ha puesto bajo de mí. Nuestros cuerpos están desnudos y sudorosos. Mi pecho siente sus senos, así como mi espalda siente sus piernas. Estamos listos: nuestra humedad nos delata.

    A: Siento fluir un hilo caliente por mi entrepierna, estoy lista para recibirlo. Mi respiración es más agitada, lo tomo del cuello y con la mirada le pido que me haga suya, le doy un beso breve, pero intenso, mientras abro ligeramente las piernas, invitándolo a entrar.

    B: «Ah». Sólo eso dijimos cuando finalmente pudimos acercarnos. Esa sensación única, previa al encuentro, nos mojó de nuevo al sentir a nuestros sexos desnudos, deseándose y rozándose. Nos miramos de nuevo, en complicidad: lo deseábamos. Realmente lo deseábamos y los besos nos juntaban mientras nuestros sexos seguían con ese roce erótico y húmedo. Me mira invitándome a entrar. Sus piernas de abren de manera inequívoca para confirmarlo. Solo debo mover mi pene hacia la entrada de su vagina y hacerlo. Estoy listo. Húmedo. Firme. Ancho. Y lo hago, sin pensarlo más: la siento, “¡ah, sí!” Qué dulce, tierna y cálida es está vagina. Siento sus palpitaciones, sus vibraciones: me atrapan, me acarician el pene. Así que me muevo dentro de ella, explorando, recorriendo, sintiendo esas vibraciones y emociones. De alguna manera, siento que ella lo deseaba tanto o más que yo

    A: “Aaahhh!” Entró suavemente, y yo fui disfrutando cada movimiento, mi vagina húmeda facilitó la entrada. Mi vagina acarició su miembro ancho y firme, cada nervio en mi cuerpo lo sintió. Sus movimientos fueron subiendo de intensidad, no pude controlar mis gemidos, sentirlo dentro de mí era un deseo cumplido.

    B: La sensación era de plenitud: ella me disfrutaba tanto como yo a ella. Decidí moverme lento pero firme: deseaba sentir sus paredes antes que llegar al fondo de la vagina-. Moví mi miembro haciendo ese movimiento circular, raspando esa vagina antes de penetrarla por completo

    Ella se contoneaba. Me besaba sin acabar los besos: abria la boca y los gemidos escapaban. Sus ojos se habían cerrado, su espalda se arqueaba y yo veía esa vagina abierta, dilatada, con mi miembro adentro. La jalé hacia mí. Levanté sus caderas y la sujeté. Quería sentirla más y más. Ella abrió las piernas y sus nalgas sirvieron para elevarse a mi altura y permitirme metérsela. A cada uno de mis movimientos correspondía el mismo de sus senos. Yo me movía en círculos y sus senos se amoldaban. Ella impulsaba las nalgas hacia arriba para que yo penetrara el techo de su vagina. Jadeaba. Sudaba. Tomaba las sábanas con las manos y cerraba los ojos. Sentía su estrechez. Sabía que había tenido varios amantes, pero su vagina era estrecha. Mucho. Y me apretaba. Eso me excitaba y por eso quería hormarla para mí. Mi glande se movía de un lado al otro, de un extremo a otro de esa estrecha vagina, en esos círculos que ella completaba con las caderas y los pechos. Podía verla acostada sintiéndome. Podía verla con mi miembro adentro de su vagina. Podía ver su estrechez mientras yo la dilataba a mi anchura. ”Ah, sí, sí”. Decía ella sin que ninguna otra cosa saliera de su boca. Su ceño estaba fruncido y yo no sabía si era por la excitación o porque se arrepentía. Después de todo era una mujer casada y sabíamos que nos jugábamos mucho, pero habíamos decidido correr los riesgos. Sin embargo, al verla así no sabía qué pensaba: “¿Le duele? ¿Se arrepiente? ¿Piensa en él? ¿En alguien más? ¿Me disfruta a mí?” Me sentía confundido, pero estaba extasiado. Verla así: mojándose, moviéndose, abriéndose, debía ser evidencia de que, de alguna manera, me disfrutaba. Así que decidí no pensar más, por el momento, y sentir cómo su vagina se comía mi miembro. Sus grandes nalgas le permitían elevarse en un ángulo de 25 grados hacia mí. Yo podía penetrarla de esa forma: un roce suave de mi glande en sus labios. Otro roce metiéndolo un poco más dentro. Otro más en las paredes. Otro chocando con el clítoris. Esa sensación me gustaba: mi miembro disfrutaba esa rajita que de abría frente a mí: “¿Así se abriría con sus otros hombres?” Sabía lo que hacía. Era de esas mujeres que sabían amar, disfrutar de sí mismas y de un hombre. Me conformaba al saber que ahora había llegado mi turno. Era un deseo cumplido. Y quería saborearlo, paladearlo, para aprender de ella. Si sabía cómo le gustaba, quizá podríamos repetir el encuentro. Ella levantó la pierna izquierda. La puso sobre mi hombro y se abrió por completo: podía ver esa panochita, con los labios dilatándose más y los vellos del mismo color de su cabello. Era evidente que me enseñaba cómo le gustaba. Si era así, me enseñaba cómo se había cogido a tus amantes. Me enseñaba un camino y me ponía, quizá sin saberlo, una prueba: amarla como había amado a otros. Quería hacerle sentir lo mismo. “Ah, si”. Tenía todo para ello. Veía ese cuerpo de tentación listo para mí y yo estaba más que listo para embestirla

    «Agggg, asiii». Así comenzó el jadeo al sentirme penetrándola. Me detuve un poco sin moverme. No quería que un movimiento brusco arruinara todo. Finalmente, todavía no la había sentido del todo y podía echarlo a perder. Pero no fue así. Ella impulsaba la pierna hacia mí marcando el ritmo: yo debía seguirlo. La veía y sentía tan segura de lo que hacía que entendí que esa postura la calentaba y le generaba un orgasmo tras otro.

    Dicen que una mujer nunca olvida a un hombre que supo cogérsela y no sabía que ella está a tratando de sentirlo de nuevo, de alguna manera. Su ceño estaba más fruncido que antes. No sabía si era por remordimiento, por el recuerdo de sus amantes o su marido o si, simplemente, me disfrutaba. Yo la veía y me excitaba tanto. Era una mujer deliciosa. Su piel, su piel era encantadora y tenía el culo y las tetas de campeonato. Quería sentirla, tenerla. Mientras más me movía más mojaba todo. Le tomé una teta con una mano, mientas me impulsaba hacia ella metiéndole todo mi miembro. «Ahhh» fue tan rico sentir esa humedad que me conducía rápidamente al fondo de la vagina. «Ahh, Siii, Siii». Lo estaba disfrutando. No tenía idea de cuánto me gustaría probar a esta mujer y ahora sólo quería metérsela. Y lo hice varias veces impulsándome y moviendo mi miembro en cada una de las embestidas. Ella jadeaba, se arqueaba. Yo buscaba el momento para entrar y salir, metérsela y sacársela. Así, una tras otra. Mi erección era mayor. Sentía que las venas se marcaban en mi miembro, bombeando la sangre para mantenerlo así de firme y ancho. Y eso hacía: deseaba sentir a esa mujer. Era tan buena amante, tan estrecha, tan húmeda, que tengo gemía y nos mojaba.

    Ella abrió los ojos. Y así se mantuvo: mirándome, con las pupilas dilatadas. Por fin dijo algo: «¿Qué, no te voy a decir nada?» Y los cerró de nuevo rápidamente. Lo que no quiso decirme no pudo negarlo con el cuerpo. Su vagina estaba siendo horadada, una vez tras otra. Me gustaba que su dilatación fuera tanta que me sostenía la erección que traía: encajamos perfectamente. Y sólo las gotas y los hilos de líquido parecían contradecir esa imagen de complementariedad. Me movía más lento. Mucho más: la había sentido hasta el fondo, pero quería que ella sintiera mi miembro raspando su vagina con calma y delicadeza. A una embestida seguía una retirada lentísima. Y de nuevo, la penetraba despacio. Sus piernas comenzaron a temblar. Era una señal inconfundible. Abrió los ojos. Me miraba de una manera diferente. «bésame», me dijo mientras me acercaba metiéndotela de un golpe. Cuando llegue a su boca sus labios estaban tensos, su boca trabada y salió un gemido desde el fondo. Comenzaba a venirse y sentía su palpitar, su respiración quebrada, que vagina dilatada con mi miembro dentro. Y sus ojos mirándome fijamente como desde entonces lo ha hecho. Ese grado de placer me calentó: «¿Piensa en alguien más? Debe ser su marido». Ah, su vagina me exprime. «No, no lo sé. ¿Quién?». Ah, me está exprimiendo más «Así debe habérselo cogido mil veces «ah, sí, sí sigue. Exprímela así. «¿Me estará disfrutando? Sí, sigue así” Duró una eternidad. Ella se venía y succionaba al mismo tiempo. Había sentido muchas vaginas, de muchos tipos, formas, colores y olores. Ésta se parecía a la de Laura. Sí, cuántas veces no nos amamos. Pero apretaba, abrazaba, constreñía en lo que sacaba chorros y chorros de fluidos. Ahhh, la sentía tan bien. Sabía cómo cogerse a un hombre: meterse su miembro y disfrutarlo adentro.

    Me miró de nuevo, con incredulidad y pasión. Se acostó boca abajo y abrió las piernas. Pude ver esas nalgas en todo su esplendor. Las había sentido en las manos, pero ahora podía verla en 4, abierta, con ese gran culo apuntándome: «Eres una mujer tentadora», le dije y me acomodé tras de ella. Sentí el remordimiento. Mi mujer se había entregado muchas veces así conmigo. Durante años el sexo fue bueno, pero de unos años para acá apenas si nos tocábamos, durmiendo en la misma cama. Pero ella era lo contrario. «¿Por qué?», Pensé mientras se la metía de un sólo movimiento: ¡zas, zas, zas! Esas nalgas se movían rápidamente. Eran grandes, blancas, firmes. Eran las ancas de una yegua y me excitaban tanto. Quería sentirla. Quería tenerla. Penetrarla. Metérsela. Sentir sus gemidos. Gritos. «Aquí, así, dame duro, dámelo todo, quiero que me cojas» Se movía como una reina en mi miembro. Sabía moverse y yo le había marcado esa vagina con las venas de mi miembro que navegaba en ese canal estrecho. «Ah, sí, pequeña, mueve, mueve esas nalgas». Levántalas. Empínate. Enséñame como te coges a un hombre». Le decía ya completamente excitado. La pasión se desbordaba. Ella gemía y me pedía más y más. «Es rarísima: o no coge o no le es suficiente», pensé mientras seguía metiéndosela y viendo cómo de su vagina caía ese fluido, mío y suyo, bajándome por la pelvis hasta los testículos. «Aviéntame las nalgas con fuerza, hazme sentir tu pasión», le dije. Ella aventaba las nalgas hacia mí. Cada choque era un gemido. Zas, aggg, ahhh, zas. siii, zas «Como te mueves» , “ah, sí métemela” zaz.

    Las tetas le bailaban y chocaban en su pecho: Zaz!!! Mis testículos sentían las grandes nalgas golpeándolos en casa embestida. Zaz!!! Mi verga estaba tiesa, ancha y venuda y sentía que se dilataba en casa ocasión que montaba a esta hermosa hembra que buscaba un macho. «Cógeme Papi, soy tuya», me dijo mirándome. “Soy tuya, soy para tí», me dijo bramando mientras restregaba las nalgas sobre mi verga y me provocaba un placer enorme.» Méteme esa cosa, hazlo así», gritaba mientras una almohada me servía para ocultar sus gritos: “ayyy, siiiii, ahhh, ahhh” ¿Eso quieres?, De verdad eso quieres?» Le cuestioné ¡mientras me dejaba ir con todo sobre el culo que me ofrecía! Y es que el espectáculo era magnífico: si había aprendido a mover las nalgas en incontables noches de sexo, si había aprendido a comerse una verga, disfrutarla y exprimirla, ahora lo había como quizá no lo había hecho antes: su humedad no mentía. Se aplicaba. Se sabía una hembra dispuesta a todo. Se ponía a prueba. Era su naturaleza: el sexo era vital para ella. Si estaba conmigo, se debía a qué no la complacían. Pero la veía concentrada en una cosa: disfrutarme y enseñarme cómo le gustaba ser cogida, domada, poseída. “¿Quieres que te haga mía?», Le pregunté: «síi, afirmó con absoluta seguridad. Entonces ábrete esas nalgas y comencé a darle de nalgadas, con fuerza, hasta ponérselas rojas, muy rojas. Le encantó. Gimió y gritó. ¿Te gusta, mami?» Le pregunté. «Síi, Sii me encanta» dijo ella mientras movía las nalgas con fuerza y profundidad. Aullaba del placer que le causaba y me pedía que así siguiera

    A: Me embestía con fuerza, como si quisiera atravesar mi cuerpo: ”Ahhh, mi hombre”, yo lo disfrutaba tanto. Gemía y gritaba, no lo podía contener, las almohadas no eran suficientes. “Awww, que rico me coges, papi. Tu verga es la más rica que me han metido… sigue, papi” Mis nalgas golpeaban con su pelvis, rebotaban en sus bolas, “awww“. El sonido me ponía más caliente. El gemía con cada grito y suspiro mío

    – Te gusta? Así?? siiii, así!! “¿Te habían cogido así?” “sí, pero con nadie había tenido tantos orgasmos, awww sigue” Me la seguía metiendo, sentía gotas de sudor que caían en mi espalda y en mis nalgas. De repente me tomó del cabello, me jaló suavemente hacia él, mi espalda se arqueó más, era un movimiento nuevo, algo pasaba. No me molestó, al contrario, me excitó más, me sentía dominada. Me penetró aún más fuerte, sabía que algo venía. Me gustaba como me tomaba- “Papi, quiero ser tu mujer, tu puta, quiero que me cojas siempre” “Cuando quieras, mami. Cuando me lo pidas”

    -Agrrr!!! Me voy a venir de nuevo!! –“vente, vente, “¿te gusta cómo te la meto?”

    -“aww siiii, que rica verg…”

    B-Le pregunté: quieres toda mi leche?

    A-Aww siiii, todaaa

    B- Quieres que te llene la panochita?

    A- Llénamela de lechita, papi

    B- Aprieta las nalgas!! Exprime la verga!

    A: Awww siii, vacía la, mójame todaaa.

    B- Levántalas!! Exprímela así.

    A-¡Qué rica la tienes, te la voy a exprimir!

    B-Dímelo de nuevo, pídemelo

    A-Lléname la panocha con tu leche, quiero que me la bañes a chorros -Más!¡!! Mójame, márcame las nalgas.

    B- “Quiero venirme adentro”

    A-Apriétalas, mientras te exprimo la verga. Sii, vente: lléname de tu leche, papi. Que sepa mi panocha quién es su dueño, quién es mi hombre. Así, así, quiero sentir tu leche caliente escurriendo por mi vagina: “Awww, qué ricooo”

    B-¡Y saqué un río de leche!

    A: Me sujetó fuerte por las caderas podía sentir sus dedos hundiéndose en mis carnes, me levantó levemente las nalgas y cambió el ritmo de las embestidas, lo hizo más rápido…Toma, toma… – siii, vas a ser mío – “agrr siente la verga de tu hombre”. “Dámela, papi” Me jaló con fuerza hacia él, mientras lanzó un gemido, no se movió por unos segundos- Mi vagina podía sentir como su verga se vaciaba. Lo sentí eyacular, mientras me venía otra vez… Fundimos nuestros fluidos, se desprendía un ligero olor a sexo. Caí rendida en la cama, y él sobre mi. No dijimos palabra alguna, el ruido de nuestra respiración inundaba la habitación. Sii, todavía dentro de mi, no podíamos ni queríamos movernos.

    A. Así, recostados boca abajo, el dentro de mí, agotados; con el olor a sexo envolviendo el ambiente. Podía sentir como escurrían y salían nuestros fluidos de mi vagina. Nos quedamos profundamente dormidos.

  • ¿Cuernos o no?

    ¿Cuernos o no?

    Historia real: En esta ocasión os voy a hacer una consulta ¿Son cuernos o no son cuernos?

    Como os hemos explicado en nuestro relato anterior, Alex y yo somos pareja desde pequeños, y se puede decir que llevamos toda la vida juntos.

    Nuestra relación había sido muy tradicional hasta que hace ya unos años Alex empezó a tentar con el tema del mundo liberal. En un principio yo me opuse por completo, pero poco a poco fui entrando al juego hasta que llegamos a meternos de lleno en el mundillo. Pero bueno eso es otra historia que ya hemos contado. Simplemente lo recuerdo aquí para poneros en situación y que entendáis mejor la historia.

    Varios años antes de que Alex mencionase por primera vez el tema del mundo liberal, ocurrió lo que os voy contar a continuación.

    Alex estaba en su tercer año de carrera y se había ido de Erasmus a Italia. Yo estaba en mi segundo año de carrera y aunque estudiaba una carrera distinta a la de Alex, iba la universidad de la misma ciudad de la facultad de Alex.

    Como es normal, en años de universidad las fiestas eran casi semanales y salíamos de marcha bastante a menudo. Antes de que Alex se fuese de Erasmus, él salía de fiesta con sus amigos y yo salía con mis amigas, pero casi siempre al final de la noche coincidíamos en algún pub y terminábamos la noche juntos. Por lo que yo conocía perfectamente a sus compañeros de facultad y él conocía a mis compañeras.

    Una noche de ese año en el que Alex estaba en Italia, yo salí como de costumbre con mis amigas de universidad, era la fiesta de invierno y ese día se hacía un “macro botellón” al que iba prácticamente todo el mundo de la universidad.

    Yo estuve toda la noche con mis amigas en el botellón. De vez en cuando nos relacionábamos con grupos de chicos que había cerca. La mayoría de mis amigas no tenían novio y como es normal, esas noches de alcohol y fiesta las chicas buscan a los chicos y al revés. No voy a negar que yo también hablé en más de una ocasión con otros chicos, sin embargo, no estaba en mis planes hacer nada con nadie. Yo siempre he sido muy formal en ese aspecto, y nunca se me habría pasado por la cabeza ponerle los cuernos a Alex.

    Bien avanzada la noche, y con más de una copa de más, una de las veces que fui con una de mis amigas orinar detrás de los coches, a la vuelta nos encontramos con el grupo de compañeros de facultad de Alex. Como nos conocíamos, mi amiga y yo nos paramos con ellos y estuvimos allí hablando con ellos. Yo estaba hablando con Armando que era el mejor amigo de Alex en la universidad, mientras mi amiga hablaba con otro de ellos con el que ya había tenido algún rollete otras veces.

    Como os he contado, Armando siempre me ha parecido muy atractivo y nuestra relación siempre ha sido buena, por lo que yo estaba muy cómoda hablando allí con él.

    Cuando me di cuenta mi amiga y el otro chico ya no estaban, por lo que me despedí de Armando y me fui a mi botellón con el resto de mis amigas. Sin embargo, cuando llegué ya no había ninguna de mis amigas. Así que volví otra vez al botellón de Armando, pero cuando llegué tampoco estaba Armando… solo quedaban tres compañeros de Alex, con los que yo no tenía mucha confianza.

    Me había quedado sola, y la verdad es que estaba ya bastante bebida. Me quedé un instante bloqueada sin saber si irme a buscar a mis amigas, llamar a un taxi para volver a casa o que hacer. Pero mientras pensaba, se acercó Luis (uno de los amigos de Alex con los que no había hablado casi nunca), y empezó a hablarme. Yo nunca me había fijado en él, pero esa noche estuvimos hablando durante bastante rato, mientras seguíamos tomando copas en el botellón. Hablábamos de todo un poco y Luis me parecía muy simpático e interesante.

    No sé qué hora sería ya, pero los botellones estaban ya casi vacíos y cada vez había menos gente. Aunque llevaba botas, yo tenía los pies completamente mojados y estaba muerta de frio. Luis me dijo que si me apetecía que fuésemos a su piso a tomar la última y que allí podría secarme los pies y entrar un poco en calor…

    Pensaréis que es una situación muy típica, pero así fue como ocurrió. Ahora cunado lo recuerdo, pienso que yo sabía perfectamente lo que pasaría, pero en ese momento me engañé a mí misma y pensé que íbamos a su piso a seguir charlando y tomando una copa más.

    Cuando llegamos al piso, nos sentamos en el sofá del salón, puso la televisión y preparó los dos cubatas. Yo me quité las botas y acerqué mis pies al radiador para entrar un poco en calor.

    Esa noche yo iba vestida con un vestido verde oscuro, ajustado arriba y con la parte de abajo en forma de falda con un poco de vuelo. Unas medias muy oscuras, las botas y una chaquetilla vaquera que no abrigaba nada.

    Al poco de estar allí en el sofá, Luis pasó a la acción. Empezó a decirme que le había gustado mucho conocerme, que siempre que habíamos coincidido con Alex yo le había llamado la atención, pero que nunca había hablado conmigo porque no sabía si Alex era celoso o no, pero que hoy cuando vio que estaba sola en el botellón pensó que era su oportunidad de hablar conmigo. Siguió hablando, y me dijo que yo le parecía muy guapa y muy atractiva y que ese día estaba especialmente sexy… Yo le dije que nunca me había fijado en él, pero que esa noche me había parecido muy simpático y que tampoco estaba nada mal. Él jugó a hacerse la víctima y me dijo que las demás chicas no pensaban lo mismo porque no se comía un rosco. Como yo estaba bastante bebida le seguí el rollo y empecé a decirle que si no ligaba es porque no quería, porque era muy guapo y atractivo y que tenía un rollo en plan tío interesante que a las mujeres nos gusta mucho…

    Luis interpretó mis comentarios como el “pistoletazo de salida”, se abalanzó sobre mí y me plantó un beso en toda la boca. En ese momento yo no era yo, y no opuse resistencia alguna, más bien todo lo contrario, respondí a su beso con bastante pasión jugando con mi lengua en su boca. Sin parar de besarnos, noté como su mano subía suavemente desde mi rodilla por el muslo, subiendo poco a poco mi falda, hasta llegar a mi entrepierna. En ese momento di un respingo atrás, paré, bajé mi falda y dije que yo no quería hacer eso.

    Luis se echó atrás, me miró fijamente, volvió a colocar su mano en mi rodilla y sin decir palabra alguna se volvió a inclinar sobre mí y volvió a besarme…

    Ahí acabó mi batalla, me rendí a él y le seguí el juego. Nos besamos durante un rato, mientras él me acariciaba todo el cuerpo, mulsos, culo, pechos… hasta que volvió a llegar a mi entrepierna. Yo notaba como estaba súper mojada, metió su mano por debajo de mis medias y de mi braga y empezó a tocarme directamente metiendo tímidamente uno de sus dedos. Yo estaba muy excitada, y sin embargo de vez en cuando paraba de besarlo y decía “no podemos hacer esto”, “yo no quiero”. Aunque en realidad lo deseaba, pero mi conciencia me obligaba a aparentar oposición.

    No sé cómo ni cuándo, pero cuando me di cuenta Luis tenía la polla fuera. La tenía completamente dura, no era muy grande, pero sí que la recuerdo bastante gorda. Luis me cogió la mano y la colocó en su polla. La agarré con fuerza, me estaba excitando mucho aquella situación prohibida, me excitaba mucho tener su polla en mi mano. Él jugaba con su dedo en mi coño mientras me besaba. Yo juraría que no llegué a menear su polla en ningún momento, simplemente la tenía agarrada con fuerza, pero cuando más excitada estaba, noté las palpitaciones de su polla en mi mano y de buenas a primeras empezó a soltar chorros de semen, que saltaron directos a mi vestido.

    En ese momento acabó todo, Luis se echó atrás, sin decir nada. Yo tampoco dije nada, me coloqué la ropa, me puse las botas, me despedí y me fui. Cuando salí fuera ya era de día, cogí un autobús urbano y me fui a casa.

    En alguna ocasión más volví a coincidir con Luis, tanto sin estar Alex como cuando ya volvió Alex de Erasmus, sin embargo, tanto Luis como yo nos evitamos y no volvimos a hablar más, como si aquella noche no hubiese pasado nada.

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    «La situación más excitante y morbosa: Nuestro primer trío«

  • Entrenador musculoso de gym es abusado por 2 de sus alumnos

    Entrenador musculoso de gym es abusado por 2 de sus alumnos

    Mi amigo y yo fuimos habíamos quedado de ir a un gym diferente al que solemos ir de nuestra ciudad, debido a que estaba en remodelación en donde nos gustaba ejercitarnos. Sin más, nos organizamos para poder entrenar juntos y como nuestros horarios no coincidían, decidimos ir hasta la noche. Cuando salí de trabajar, le envié un mensaje a mi amigo preguntándole donde lo esperaba para pasar por él. Desafortunadamente me había dicho que no podría acompañarme porque tenía mucho trabajo y aun le faltaba bastante por terminar. Le dije que no se preocupara, que lo esperaba un par de horas así que me fui a la casa y estuve tres horas esperándolo.

    Ya eran las 9:00 p.m. por lo que le marqué para preguntarle si ya podía pasar por él. Me dijo que no alcanzaría a ir, que solamente fuera yo y entrenaríamos al siguiente día, que lo lamentaba mucho, pero había tenido un día muy atareado y que ahora se encontraba ocupado en otras cosas, que luego me explicaba. Si me moleste bastante porque había perdido tiempo valioso por esperarlo, pero bueno, que se le hace.

    Lo pensé bastante si ir o no, pues ya era bastante tarde y solo alcanzaría a entrenar un poco. Además, en lo que llegaba y todo, pero al final de cuentas me decidí a irme un rato, así que tomé mis cosas que ya estaban listas, me subí al coche y me fui a entrenar.

    Cuando llegué al gym, eran pocas personas las que seguían entrenando, logré contar como unas 7 u 8. Me dirigí a la recepción y pagué mi visita. Pregunte por el horario de cierre y me dijeron que a las 11:00 p.m., ya eran las 9:40 p.m. y en lo que, iba al baño, dejaba mis cosas y hacia mi rutina de calentamiento, me darían las diez. La chica que me atendió, me vio la cara un poco enojada o como haciendo cálculos, no lo sé y me pregunto si traía coche, a lo que le contesté que sí. Ella me dijo que el entrenador de ese turno siempre se quedaba un poco más tarde entrenando, de hecho, una de las personas que ahí se encontraban se quedaban a entrenar después del cierre, que le preguntará al entrenador si no había ningún inconveniente en que me quedara esta vez.

    Me pareció bastante buena la propuesta por lo que le pregunté quien era el entrenador, ella indicó señalando quien era y diciéndome por donde se encontraba, así que pagué y me fui al baño, saqué algunas cosas de mi maleta del gym y la dejé en los casilleros que estaban casi por la entrada. Luego, luego, fui en busca del instructor. Era un hombre ya grande de edad, bueno, no tanto, como unos 50 o 55 años, estaba bastante grande. Traía una camisa negra con algo de estampado leve, como de un grupo de rock. La camisa le hacía sobresalir esos ricos pectorales y enormes brazos que poseía, la tenía ceñida al cuerpo y era imposible no notar su musculatura. No era delgado, tenía una cintura ancha que combinaban muy bien con sus brazos grandes, enormes, mejor dicho y un pectoral que sobresalía de todo su cuerpo, inflado, así como me gustaban. Todo en muy buenas proporciones, se veía muy estético.

    Ese hombre parecía un macho semental, además de su edad que le añadía un plus a todo el paquete. Su rostro era muy varonil, el cabello corto, como de los de 50 años, con un poco de entradas al costado. Su cara era cuadrada, tenía una mandíbula de lo más varonil, no tenía nada de barba y sus facciones eran las de un hombre maduro. Algunas arrugas enmarcaban su rostro, pero nada fuera de lo común, de hecho, esas arrugas hacían que se viera más interesante, más atractivo, mas masculino. También traía un pants negro que daba a lucir unas piernas enormes, pero sin apreciar mucho detalle.

    Lo saludé cordialmente y se presentó, me preguntó que, si necesitaba una rutina o algo y le dije que no, que yo estaba de visita y que más bien quería preguntarle o hacerle una petición especial. Me preguntó que de que petición le estaba yo hablando. Yo le dije que nada serio pero la chica de recepción me había dicho que él se quedaba a entrenar después del cierre del gym y como ya era tarde, quería ver si yo podía quedarme a entrenar con él. Me dijo que si, que sin ningún problema pero que terminara antes de las 12:30 p.m. que era cuando él cerraba. Le dije que sí, que terminaría antes. Me dio unas palmaditas en la espalda y agradecí yéndome a entrenar.

    Mi cuerpo es musculoso, pero sin estar tanto como el entrenador. Tenía unas piernas anchas, un pecho ancho, una cintura pequeña y unos brazos que volvían locos a todos. Tenía el cuerpo más bien como de esos modelos que modelan trajes de baños, también tenía un abdomen de impacto. A mis 35 años, estaba bien conservado.

    Uno a uno, las personas que esa noche se encontraban ahí fueron terminando sus rutinas y yéndose a sus casas o a donde quiera que fueran. La chica de recepción se despidió del entrenador y este fue para cerrar con llave la puerta principal, bajando las cortinas que cubrían los alrededores del gym, quedando todo totalmente cubierto. Al final, solo habíamos quedado tres personas adentro, encerrados en esa bóveda; el entrenador, otro muchacho que andaba por ahí que no estaba para nada mal y yo. Nos recordó que podíamos quedarnos el tiempo que fuera necesario, sin que sobrepasará las 12:30 p.m.

    Cerciorándose de que todo estaba cerrado, y acomodando unas cosas que estaban tiradas, se fue a donde estaba los casilleros de la entrada y frente a nosotros y sin ningún pudor, se bajó los pants dejándome a deleite de mis ojos unas piernas increíbles, hermosas, grandotas y musculosas, unas piernas de bodybuilder. Mi verga reacciono cuando vio esas nalgas redondas, grandotas y musculosas en tan entallada ropa, quería romper mi short negro que llevaba ese día, que, por fortuna, era de corredor, de esos que quedan un poco flojitos. Mi vista se posó dónde estaba el otro chico entrenando y al igual que yo, había quedado anonadado pues su cara también era de deseo. En un momento hicimos contacto visual como por unos segundos preguntándonos si aquello era real. Después de darnos cuenta que nos veíamos fijamente, como dos cazadores observando a su presa, la pena nos consumió y volteamos nuestra cabeza tratando de evitar mirar a aquel hombre monumental.

    Mi compañero había notado mi excitación y yo había notado la suya, tenía un short más largo que el mío, pero más entallado lo que le dejaba un sabroso bulto al aire. Ambos seguíamos entrenando, pero el coqueteo entre nosotros no paro, fue creciendo. Él se mordía los labios para provocarme y yo paraba más mi culo para saborearlo. El me paraba más la verga donde estaba sentado y yo le mostraba la mía, como en una competencia por demostrar quién era el más alfa. Por un segundo me había olvidado del otro hombre y estaba poniendo atención a este nuevo. Tenía un cuerpo similar al mío, muy estético también, bastante musculoso, pero sin llegar a ser tan extremo. Tenía una camiseta que lo hacía lucir bastante atractivo.

    Haciendo algo de memoria mientras entrenaba había recordado su rostro en alguna competencia atrás y algunos rumores de su sexualidad que ahora los estaba confirmando, como es una ciudad pequeña, resulta que todos nos conocemos entre todos y más en el ámbito deportivo en el que me desenvuelvo. Así que confiado le di suelta a mis mañas de seducción. Me acerque a él con el pretexto de ayudarle con su rutina, pero mis verdaderas intenciones eran sentir más cerca su cuerpo.

    Poco a poco comencé con mis manos a recorrer su cuerpo musculoso, se encontraba sentado, levantando unas pesas que ayudaban a desarrollar firmes pectorales. Mis manos comenzaron con sus hombros, bajaron a sus brazos y después a su pecho. Mientras hacía esto, lo veía con deseo, con ganas de comérmelo. Sin darme cuenta ya lo estaba besando, el ejercicio se había pausado y de pronto, le levante su camisa para comerme sus hermosos pectorales, mamando sus ricos pezones y mi lengua recorriendo cada cm de su varonil cuerpo. Él me dejaba acariciar sus músculos sin ningún reparo, había comenzado a gemir levemente. Tocaba su cuerpo de arriba a abajo, sobre su ropa y debajo de ella, nos dábamos unos buenos besotes. Había metido mi mano por debajo de sus shorts largos y le acariciaba la verga de arriba abajo, apretándola fuertemente mientras él se iba perdiendo más y más en el deseo.

    El me quito mi playera y yo había jalado la suya para poder seguir disfrutando de nuestros cuerpos. En ese movimiento, notamos que el entrenador del gym se encontraba de frente a nosotros, ajeno a nuestro cachondeo, dándonos una vista de gloria, de primera plana, una rica espalda ancha acompañada con unas nalgas que gritaban penetración. Nos reímos mutuamente y con un intercambio de miradas sabíamos que habíamos encontrado a nuestra víctima. Nos separamos un momento, volviéndonos a colocar nuestra ropa para que la víctima no se alebrestará y haciéndonos los despistados con algunas mancuernas que habíamos utilizado decidimos esperar el momento oportuno para atacar.

    El instructor cambio de ejercicio, sentándose en una máquina que jala el peso para adelante mientras estas sentado, muy cerca de donde nuestro cachondeo había sucedido. Se veía soberbio, muy masculino, el alfa en su territorio. Nosotros ya estábamos bastante calientes; yo me frotaba la verga arriba de mis pantalones viendo disimuladamente a este macho entrenar. En cada repetición del ejercicio, soltaba un leve gemido de dolor al entrenar con tanto peso. Escuchar gemir a este macho me causaba tanto morbo, quería poseerlo y que esos gemidos fueran porque le estaba metiendo mi verga. Poco a poco el otro chico y yo fuimos encarcelando a nuestra presa, rodeándola y cada vez más disfrutando de esa rica visión que nos estaba regalando. La presa se encontraba inmersa en su mundo, entrenando para seguir contemplando ese rico cuerpo que lo haría salir violado esta noche, sin imaginar lo que ambos pervertidos estábamos planeando.

    Ajeno a nuestros planes, nos empezamos a acercar a ese macho musculoso. Cuando noto nuestra presencia, nos preguntó si necesitábamos ayuda y le contesté que no. Yo me había acercado frente a él y mi compañero por su espalda. Le dije que solamente estábamos contemplando cual era la técnica que utilizaba para ese ejercicio, a lo que mi compañero respondió que tenía un excelente cuerpo y queríamos robarle algún par de trucos. Solamente se sonrió.

    Nosotros dos, mi compañero y yo, decidimos acércanos más mientras él seguía concentrado en el número de repeticiones. Ahora tenía un porte más gallardo, mas presumido, le había gustado los cumplidos que le habíamos hecho y, como todo macho alfa, presumía con más esmero su cuerpo. —Wow, wow, wow —, decía yo cada que realizaba un movimiento. El macho solamente gemía y contaba, su rostro era de total concentración. —Wow, wow, wow—, volví a repetir, esta vez más cerca de él y sin despegar la mirada de su entallado bóxer, revelando un bulto muy rico que mi agua se moría por poseer. Mi compañero de esa noche había sido más ventajoso, ya que había comenzado a acariciar sus hombros y empezar a bajar la mano sobre el hinchado pectoral del entrenador. Esto parecía no importarle a nuestra presa, quien seguía haciendo sus ejercicios mientras mi compañero manoseaba esas chicotas enormes. El entrenador solo seguía con la mirada las manos que lo manoseaban. Yo para unirme a esta fiesta, decidí empezar a tocarle las hermosas piernas que tanto me habían llamado la atención, disfrutando cada cm de ese musculoso cuerpo.

    Cuando levante la mirada, mi amigo ya le había quitado la playera, dándonos un panorama completo de la virilidad de aquel hombre. El seguía manoseando sus pectorales y yo me concentraba en sus piernas. Nuestra pesa parecía disfrutar aquello, vanagloriando su cuerpo y teniendo en su rostro una sonrisa pícara, traviesa, como de triunfo. Mi boca no resistió mas y me baje a lamer esas piernas musculosas que me tenían la verga casi chorreando mi leche. Mi compañero seguía sabroseando sus enormes brazos, con los pezones del entrenador que ahora ya estaban excitados y sobresalían como dos firmes montañas de aquella bola de músculos que tenía como pectoral. Mi compañero se había clavado un paso más adelante, había empezado a besar a este macho quien inmerso en nuestros manoseos, disfrutando el placer que le daba de presumir su cuerpo, aún seguía con sus repeticiones.

    En cada invasión que le dábamos a su cuerpo por nuestras lenguas o manos, el entrenador soltaba leves pujidos que nos calentaban más a los dos. Dejaba que le lamiéramos todo el pecho sin ningún reproche, disfrutando los masajes que nuestra boca les estaba dando. Yo me aventure a subir más y también disfrutar de la parte de arriba de ese macho, sentándome casi en sus piernas y manoseando sus hermosos bíceps, que ahora el entrenador me daba una pose sumamente sensual con ellos, como si estuviera en una competencia de físico culturismo. También baja a donde estaba su bulto y aunque no le había quitado el bóxer, podía besarlo por arriba de la ropa, oler ese aroma a masculinidad que tanto me encantaba y seguir manoseándolo.

    Esto se repitió un par de veces, ahora el entrenador parecía más cooperativo con nosotros, también participando en el festín con el solo hecho de posar y de vez en cuando tocando nuestros cuerpos. Era gloriosos vera aquel hombre lleno de músculos disfrutar del placer que le estábamos dando, era también delicioso poder disfrutar de cada uno de los cm. de todo su musculoso cuerpo. La habitación se llenaba de gemidos, de besos, de aroma a hombre, de testosterona. Éramos tres machos disfrutando de nuestros cuerpos sin ningún control. Para disfrutar más a este hombre, mi compañero y yo intercambiábamos lugares. Él se apartaba y yo besaba ese cuerpo de hombre, y si él se acercaba, yo me apartaba para tocarme la verga mientras observaba a mi compañero disfrutar de este hombre.

    De la nada, mientras yo seguía besando a este hombre mi compañero también decidió acercarse y con más ímpetu que yo, le intento bajar el bóxer. El entrenador reacciono de una forma que no nos esperábamos, ya que se puso algo nervioso y dijo que ya había estado bueno de tantas puterias. Yo quedé en shock, pensé que estaba disfrutando de aquello. El entrenador algo molesto se empezó a parar del aparato donde estaba sentado y empezó a caminar con dirección a otro para seguir entrenando, pidiéndonos que si ya habíamos terminado que hiciéramos favor de retirarnos. Mi amigo y yo nos quedamos con cara de extrañeza, pensamos que aquello también era de su agrado, al menos, por la cara y por cómo se dejaba manosear. Algo confundidos nos fuimos al baño, con el espíritu rendido. Volvimos a ver dentro del gym y vimos a ese hombre caminar hacia otros aparatos, totalmente de pie y únicamente utilizando el bóxer banco que le hacían enmarcar una figura muy antójale.

    Nuestras vergas se pararon, no dejaríamos que ese macho se fuera sin recibir una buena dotación de verga esa noche. Mi amigo y yo nos quedamos viendo a los ojos y decidimos volver a atacar. Con nuestros torsos desnudos y las vergas a todo lo que daba, fuimos a donde el entrenador estaba haciendo su rutina… nuevamente comenzando con la danza del manoseo. En esta rutina, el entrenador tenía las piernas un poco abiertas apoyadas en el suelo, completamente de pie, una ligeramente más adelante que la otra y los brazos extendidos, jalando algo de peso de las maquinas que ahí se encontraban de lado y lado. Esto permitía una posición más abierta para que un par de pervertidos como nosotros, disfrutaran sus nalgas mientras otro le comía la verga.

    De igual forma que en el ejercicio anterior, el entrenador dejo que lo manoseáramos sin poner mucha resistencia, solo nos decía que por favor ya no, que tenía una competencia y tenía que seguir entrenando. Él también estaba perdido en una mezcla de placer y coraje, lo veíamos en su rostro. Quería que nos detuviéramos, pero quería seguir recibiendo placer, que siguiéramos con nuestra lujuria. Mi compañero se acercó por la espalda y yo por el enfrente, pero esta vez no perdimos tanto tiempo en la manoseada y nos fuimos directamente a lo que queríamos. Me hinque por delante y mi compañero por detrás, su verga quedo frente a mi rostro y las nalgas musculosas frente al rostro de mi compañero. Ninguno de los dos escuchaba ni una sola de sus palabras, no le prestamos atención y seguimos con nuestro trabajo. Fui yo quien, con mis labios, bajo su bóxer hasta el suelo, mi amigo empezó a comer aquel delicioso culo y mi boca se prendió de su verga como si fuera un becerro.

    Ambos hombres le estábamos dando placer a aquella montaña de músculos que todavía seguía en la pose como si estuviera haciendo ejercicio, y si bien es cierto que aún continuaba jalando las mancuernas, la intensidad había bajado, ahora el macho musculoso estaba gimiendo por el placer que le daban estos dos hombres en sus partes íntimas. Mi compañero lamia de pies a las nalgas todo ese montón de músculos, que se abría un poco más, separando las piernas, para que la lengua de mi compañero entrara en aquel orificio. Yo por mi parte, estaba disfrutando de un abdomen de piedra y de una verga hermosa, gorda al igual que el resto de su cuerpo, no muy grande pero lo suficientemente ancha para poder ahogarme y atragantarme con ella. El macho solo gemía y gemía, ya no nos pedía que nos detuviéramos, solo gemía y disfrutaba de placer que le estábamos brindando.

    Mientras chupábamos su cuerpo, nuestras manos también disfrutaban de aquel manjar de músculos, recorriendo una vez más todo ese delicioso cuerpo. Las repeticiones que hacía de su rutina de entrenamiento se habían detenido, quedando perdido en la mamada de verga y de culo que le estábamos dando. Su rostro varonil ahora solamente tenía expresado el placer proveniente de nuestras lenguas La respiración de aquel hombre monumental se empezaba a acelerar, contrayendo rítmicamente su abdomen, se veía como todos sus músculos se contraían una y otra vez, disfrutando todos de aquella sinfonía de gemidos que los tres emitíamos. El entrenador había empezado a hacer movimientos como si me estuviera cogiendo por la boca, al mismo tiempo que se empinaba para adelante para dejar expuesto su culo y que mi compañero disfrutara aún más.

    Estuvimos así por algunos minutos, recorriendo por adelante y por atrás el cuerpo de aquel macho varonil. Cuando ambos nos encontrábamos besando su boca, el macho se giró para quedar en sentido contrario de como habíamos empezado a darle placer. A mi ahora me tocaba comerme las nalgas con mi lengua y a mi amigo ahora le tocaba atascarse con su verga. Yo me clave en esas nalgas musculosas, metiendo mi cara hasta adentro, lo más que podía. Ese culo se resistía a que yo lo lamiara pues sus nalgas apretaban mi lengua de tan grandota que las tenía, teniendo que usar mis manos para poder llegar a él. Lo tomaba de sus caderas para jalarlo hacia mi cara todo aquel tremendo culazo que no podía creer que me estaba comiendo. De pronto, sentí como esas nalgas se abrían aún más sin razón aparente y cuando me fijé, este macho se encontraba haciéndole sexo oral a mi compañero, dejando aún más a mi merced aquel hermoso culo. Estuvimos así por algunos minutos más, yo dándome placer con aquellas nalgas musculosas y mi compañero recibiendo placer con la boca del entrenador.

    En un momento nos pusimos los tres de pie para besar aquella rica boca del hombre musculoso. Él nos dijo que no podíamos seguir haciendo esto, que él no era gay y que, por favor, nos detuviéramos. Mi compañero y yo nos miramos a los ojos y con una risa burlona obligamos al entrenador a ponerse de rodillas y seguir dándonos placer. Lo cual, aunque nos costó un poco, valió la pena forzar a aquel hombre a estar en cuclillas. Tenía dos vergas frente a él y no sabía por cual empezar. Intentaba meterse las dos al mismo tiempo, después se turnaba porque no le cupieron. Mi verga también era gruesa y un poco más larga que la del instructor. La de mi compañero era la más pequeña de los tres, pero tenía un grosor que no decepcionaba. Yo la tenía como de 19 cm, el instructor como de 17 y mi compañero como de 15. El instructor estaba comiéndose nuestras vergas mientras los dos nos besábamos. Estuvimos así, disfrutando de la boca del entrenador por algunos minutos más.

    Pasado algunos minutos de estar así, nuestro entrenador nuevamente se alejó de nosotros con la verga parada y sin decir nada a donde está la típica pose de entrenamiento de levantamiento de pesas. Esta vez se sentó, se relajó un poco los músculos y se dispuso a entrenar. Pero había dejado a dos pervertidos adentro de su gym y obviamente a donde estaba el lo seguimos nosotros para acostarlo en el aparato y seguir disfrutando de su cuerpo. Mi compañero se comía su verga mientras yo le besaba la boca así acostadito y luego le ponía mi verga frente a su rostro dándole una mirada de —ya sabes que hacer—, lo cual, el entrenador entendía fácilmente. Después de un par de mamadas, puse mi culo sobre su cara dándole mi boca a tragar y bajando y subiendo mi pelvis para penetrar su garganta. Mi verga entraba con dificultad pues el instructor se veía que no era muy hábil con esto y se atragantaba fácilmente. Igual que en lo anterior, mi compañero y yo cambiamos de pose, ahora yo me comía su verga y el recibía la mamada por parte del instructor después de haberle dejado unos buenos besotes.

    Hicimos que el machote se parará para yo acostarme sobre el aparato para que el entrenador me mamara la verga mientras yo le mamaba la suya, haciendo un 69 perfecto y mi compañero le mamaría el culo, ya que, en esta pose, el entrenador dejaba expuesto ese rico culito. Yo solo sentía como el entrenador se retorcía y a ratos dejaba de mamar mi verga y cuando levanté la mirada, logré ver como mi compañero empezaba a tocar ese culito con sus dedos, recorriendo las paredes dentro de esas nalgas musculosas, lo que hacía que el macho se arqueara para atrás un poco, dejando mi verga suelta y emitiendo varios gemidos.

    Con sus manos intentaba sacar los dedos de mi compañero, pero le era inútil, mi compañero estaba decidido a jugar con su orificio. El entrenador nos decía que eso ya era demasiado, que no se dejaría penetrar. Mi compañero parecía ignorar aquella suplica y pidiéndome que me levantara de donde estaba, acostó a nuestro macho boca arriba, levantando sus piernas en el aire, lo que hacía que aquel culo quedará aún más expuesto. En esta pose, nuevamente mi compañero le dio a mamar verga al entrenador, mientras yo me comía su verga una vez más pero ahora, mis dedos ensalivados jugaban con la cavidad anal de nuestro entrenador. Mis dedos fueron penetrando más y más las paredes de su culo y mi compañero ahogaba sus gemidos y quejidos metiéndole más adentro la verga.

    Mis dedos parecían tener mantequilla, se deslizaban en los bordes de su culo y lo penetraban de una manera magistral. Solo podía ver que ponía resistencia en las piernas cuando se movía. Mi compañero lo había dejado bien dilatado, pues mis dedos se perdían adentro de aquel hermoso culo que apretaba delicioso, casi cortando mi circulación. Mi compañero también tenía bien sujetado de las manos a aquella montaña de músculos que estaba siendo objeto de nuestras más bajas paciones. Nuevamente cambiamos de pose para ser yo quien con mi verga callara aquel macho mientras mi compañero lo penetraba con sus manos.

    Tenía la verga caliente y erecta y me comenzaba a doler, quería eyacular a la brevedad. En una de tantas meditas, vi como mi compañero tomo al macho por sus caderas y lo levanto un poco con un movimiento bastante brusco, lo que ocasionó que quedara como de perrito, dejando ese culo expuesto nuevamente. Mi compañero sin decir nada, fue quien le introdujo de un solo golpe la verga a aquel hombre. Solo vi cuando el entrenador frunció el ceño en señal de que aquella invasión le había dolido bastante. Mi verga nuevamente fue cómplice en ahogar aquellos ricos gemidos que mi compañero le había sacado. Estuvo bombeándolo así por algunos minutos, entrando y sacando de aquel culo musculoso. Yo solo veía la cara de mi compañero que era de un gozo total, mientras que el entrenador, aun como podía soportaba aquellas embestidas, metiéndole mi verga de vez en cuando quería pedirnos que paráramos.

    Mi compañero con una mirada después de algunos minutos de estarlo penetrando y disfrutar ese hermoso culito, me había dicho que era mi turno de meterle la verga a aquel musculoso. Así que me pare detrás de él y de la misma forma que mi compañero se la deje ir toda sin ningún aviso, en la misma pose casi de perrito. Como mi verga era más grande, el instructor gemía mas y mi compañero me ayudaba a callarlo con unas buenas cachetadas o metiéndole la verga en su boca. Yo estaba perdido en lo apretado que se sentía aquel culo musculoso, como cada cm. se abrazaba a mi verga no dejándola entrar o no dejándola salir. Ese culo había sido el mejor que me había cogido en mucho tiempo. Disfrutaba el contacto de mi pelvis con sus musculosas nalgas, mi vaivén era rítmico, era agresivo. Quería sentir cada uno de sus cm. anales en aquella penetrada, no había nada que me importara más que eso.

    Me lo seguí cogiendo a mi antojo, intercambiando su culo con mi compañero. Aquello era fenomenal, podía ver como se cogían al macho musculoso mientras este gemia y también podía cogérmelo para hacerlo gemir. Jamás me imagine que yo podía ser parte de algo tan delicioso. Mientras lo cogíamos, decía algo como que eso no había sido parte del trato, que sinceramente no preste mucha atención. Solo quería penetrarlo, poseerlo, hacerlo mío y dejarle mis hijos. Lo pusimos también boca arriba, lo cual me dejaba ver ese varonil rostro recibiendo mi verga y aguantándola bastante bien, aunque se gemía, ese hombre tenía su culo expuesto para nosotros.

    Cuando terminamos, decidimos acabar sobre su varonil pectoral, marcando nuestra propiedad. Retirarnos nuestras vergas y nos comenzamos a manosear delante de este macho que se encontraba ahora acostado en el piso viéndonos y esperando por la leche. Yo fui el primero en vaciarse, arrojando una tremenda cantidad de semen al cuerpo del entrenador, siguiéndome mi amigo con una armonía de gemidos masculinos que me volvieron aún más loco.

    El entrenador solo nos quedaba viendo y no hizo ningún intento por vaciar sus bolas. Cuando terminarnos, le pregunto a mi compañero si eso era todo de aquella noche, a lo que mi compañero le respondió que sí. Que eso había sido todo. Yo no entendí muy bien y no quise preguntar, seguía dejando leche por todo el cuerpo de aquel masculino musculoso. Cuando me termine de venir y vaciarme completamente, mi compañero me pidió que lo acompañara al baño. Tomando un poco de leche mezclada en el pectoral de aquel macho, manche uno de mis dedos y se lo pase por los labios a lo que el macho reacciono cerrando herméticamente aquello.

    Acompañé a mi compañero al baño para alistarnos e irnos. De lejos escuchamos a mi entrenador decir que no usáramos las regaderas, que si nos podíamos marchar ya. Yo me reí y mi compañero me pidió que fingiera que lo conocía, que afuera me explicaba. Lo cual, me desconcertó un poco, pero accedí. Nos terminamos de limpiar bien el sudor y la leche de nuestras vergas, guardamos bien nuestras cosas y ya caminamos hacia afuera de los baños para llegar a la puerta principal del gym, con nuestro aroma a sexo mezclado con nuestros perfumes. El entrenador ya tenía su pants y su playera esperando ser puesta, recargada en su hombro, teniendo todavía algunas marcas de nuestra leche en todo su pecho a pesar de que ya se había limpiado con su bóxer blanco. Mientras caminábamos, mi compañero me pidió que no dijera ni una palabra más que para despedirme y así lo hice.

    El entrenador le dijo, —espero que con esto quede salda nuestra deuda—, a lo que mi compañero le respondió, —no lo sé, es una deuda bastante grande. Lo pensaré—. Lo que hizo que el entrenador se enojara un poco. Nos despedimos sin ningún inconveniente. Estrechando nuestras manos al irnos y sintiendo un apretón bastante grande por parte del entrenador. Afuera, mi compañero me pregunto que si traía coche, lo que le dije que si. Me dijo que nos subiéramos para aplicarme y así lo hicimos.

    Dentro del auto me comenzó a contar que él ya tiene mucho tiempo viniendo a este gym. Trabaja como oficial de policía y por eso siempre viene de noche y se queda a entrenar hasta tarde. En una de esas noches, después de entrenar salió a su coche a traer algo y entró sin que el entrenador se diera cuenta, si, este mismo musculoso. Se dirigió al baño pues se había olvidado de meter una camisa que usaría esa noche pues tenía una cita con alguien. Cuando salió vio al entrenador por ahí, haciéndose pendejo, pero cuando entro no lo encontró por ningún lado, lo cual no se le hizo extraño y siguió con sus cosas. Fue al baño, tomo su ducha y se empezó a cambiar.

    Cuando salió de los baños, vio al entrenador cogiendo con una jovencita menor de edad, lo cual, como policía estaba en el deber de detenerlo, pero la inteligencia o perversidad le hizo pensar otra cosa. Comenzó el protocolo de detención, diciéndole que era fulano de tal y mostró su placa. La niña se aterro y el instructor no supo que decir o que hacer. Les dio tiempo para que se vistieran y los subió a la patrulla. Su cerebro trabajo rápido, pues mientras se cambiaban ya estaba elaborando un ingenioso plan para poseer a aquel hombresote que tanto tiempo le había llamado la atención.

    Primero fueron a dejar a la joven a su casa. Después, en el camino a la delegación, detuvo la patrulla en un parque oscuro y comenzó a charlar con el instructor, diciéndole cuál sería su suerte en la cárcel y cuantos años tendría que soportar aquello. Dejando aturdido a aquel hombre, derrotándolo mentalmente. El entrenador no quería que le pasara eso y preguntó si no había otra forma de solucionar las cosas. El policía dijo que si, pero no sabía cómo lo iba a tomar él. El entrenador estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de salvarse. —okay—, contesto el policía. —si en verdad estas dispuesto a hacer lo que sea para no denunciarte, vamos a tu gym de nuevo—. Y así fue, se dirigieron al gym donde había empezado todo. El instructor pensó que le pediría entrenamiento personalizado gratuito o un plan de asesorías, cualquier cosa, pero no, el policía iba por la virginidad anal de aquel tremendo musculoso.

    Estando en el gym, entraron, cerciorándose de que no hubiese nadie, fueron a una oficina que estaba en una segunda planta. Ahí el policía fue claro con él, le dijo que él quería hacerle lo mismo que le estaba haciendo a aquella joven al musculoso, que ese era su único trato.

    Al cabo de algún tiempo, ambos hombres bajaron de aquella habitación. Uno con aire triunfal y otro con un semblante desvirginado. ¿Te gustaría saber qué fue lo que me contó? Entonces, no te pierdas el siguiente relato.

    FIN

    Muchas gracias por haber leído mi relato.

    Si te gustó o tienes algún comentario, queja o sugerencia que hacerme, por favor escríbeme a [email protected] Sus comentarios son muy importantes para seguir mejorando. Agradezco a todos aquellos que me han brindado la confianza para contarme algunas cosas. Espero seguirlos leyendo. Hasta el siguiente relato.

  • Olga, una madura muy puta

    Olga, una madura muy puta

    El relato que les voy a contar pasó en las anteriores vacaciones de mitad de año en pleno verano. 

    Me encontraba en la playa ejercitando un poco la vista, había niñas muy lindas tomando el sol con pequeños vestidos de baños.

    Seguía yo mi recorrido por la playa cuando de repente divisé a lo lejos un trasero espectacular, el cual me pareció bastante conocido.

    Me fui acercando cautelosamente, cuando estuve cerca confirmé que era mi vieja amiga Olga (en la actualidad tiene unos 48 años, pero parece de 25 años, gracias a las cirugías), vestía una pequeña tanga seda dental de color negro que dejaba ver todo el esplendor de su hermoso culo y un sujetador que solo le cubría los grandes pezones de sus ricos pechos, ¡nos pusimos a conversar por un largo rato y cada vez se ponía la conversación más caliente y subida de tono.

    De un momento a otro, se me dio por preguntarle que cirugía se había realizado ya que lucía como mujer de 25 y me dijo que hacía dos meses se había practicado una operación en la vagina para quedar como si fuera virgen.

    O: ¡Nene no ves como tengo mi pubis sin un pelito ya que para esta operación me depilaron totalmente!

    En realidad, su pubis estaba lindísimo, abultadito y completamente plano, Mejor dicho, como manjar de obispo.

    Seguimos hablando y me dijo que asistía dos horas en la tarde al gimnasio; le pregunté a cuál estaba inscrita y me dijo: Body Fitness, yo le contesté que yo también asistía (era mentira al día siguiente me fui a inscribir) en las mañanas.

    Nos pusimos de acuerdo para encontrarnos al día siguiente. Esa noche no pude dormir bien de pensar lo linda que se encontraba mi vieja amiga.

    Llegó la tarde y me vestí con la ropa adecuada para hacer mis ejercicios y de camino al gimnasio se pasaron muchas morbosidades por la mente con decir que llegué con mi miembro bastante alterado.

    Me encontraba haciendo mi rutina de ejercicios, cuando para sorpresa mía veo venir a mi amiga Olga, lucía una espectacular lycra negra con una pequeña seda detal roja y un pequeño top que le delineaba sus bellos pechos.

    Desde que la vi se me paró la verga, ¡parecía carpa de circo! Estuvimos hablando un rato y me dijo que entraría a la clase de aeróbicos y luego nos encontráramos, al alejar solo veía como se contoneaban sus hermosas nalgas y yo con un deseo de convertirme en ese hilo que separaba esas masas de carne firme.

    Nos encontraos hablamos un poco y quedamos de vernos nuevamente al día siguiente.

    De camino a casa solo pensaba en mi amiga y lo hermosa que estaba, se me ocurrió comprar un par de bicicleteros en lycra (uno de color negro y el otro de color blanco) bien ajustado para provocar a mi amiga.

    El día de la cita me coloqué el bicicletero negro y se me notaba todo el mazo, cuando llegue al gimnasio ella se encontraba haciendo sus ejercicios de calentamiento, la sorprendí por la espalda y la abrasé fuertemente y solo sentí como su hermoso trasero se acomodaba para dar paso a mi verga.

    O: ¡Luis!!!

    L: Quisiera ser tu ropa interior y olerte todita…

    O: Está muy cachondo, ¿no?

    L. Adivina de quien es la culpa!

    O: ¿Jajá, mía acaso?

    Pero de ese cachondeo no pasó y nos dispusimos a hacer la rutina de ejercicio, la cual me costaba trabajo al ver como se empinaba mi amiga enseñándome su duro trasero.

    Al día siguiente me coloque el bicicletero blanco y por su confección trataba de ponerse transparente llegue al gimnasio y muchas señoras me miraron morbosamente, pero eso subía más mi ego.

    Hicimos nuestros ejercicios, ella finalizó primero, y se me acercó y me dijo;

    O: Ese mazo quiere probar mi cirugía, en el día de hoy te voy a dar un pequeño adelanto, ¡chao nene!

    Cuando entré al vestidor a cambiarme de ropa encontré sobre mi maletín una diminuta tanga seda dental blanca enrollada; la inspeccioné cuidadosamente y estaba bastante sudada, percibía un olor a perfume vaginal y anal que combinación más perfecta, se me puso el corazón a mil y por consiguiente la verga se me paró, no me importó y salí en busca de ella, cuando la alcancé se encontraba en el carro y me dijo:

    O: ¿Te gustó mi regalo bebe?

    L: ¡Me tienes enloquecido!

    Mientras hablábamos en el parqueadero del gimnasio ella con su uña del dedo índice acariciaba mi verga hasta el punto de ponerla bien erecta, por mi cuerpo pasaban miles de voltios de corriente hasta el punto de decirle que me podía venir, me contestó:

    O: ¡Eso es lo que quiero a cambio de mi regalo hoy!

    Me masturbó con su uña hasta venirme por completo, saqué un chorro salvajemente abundante de leche caliente; el olor a semen la enloquece, me dio un beso sobre la mancha de leche y me dijo “esta noche te espero a eso de las 8.30 en mi casa para que recordemos viejos tiempos!”

    Cuando llegué a su casa, timbr´r y me abrió ellas tenía un baby doll transparente negro con adornos de color rojo y debajo una diminuta tanguita transparente negra, cuando vi semejante espectáculo se me paró la verga y me dije esta noche hay buena faena.

    Nos dimos un beso en la boca bastante apasionado, hubo intercambio de legua y saliva, un poco de escaneo corporal y la textura de su pijama me ponía más atento.

    Nos sentamos en la sala hablamos tomamos un poco de whisky, música suave, nos pusimos a conversar y ella me dijo ponte cómodo que veo que estas maltratando el trozo de carne que pienso comerme esta noche, me sonrojé un poco, pero eso era el objetivo de nuestro encuentro dársela con todo y por los tres orificios que tiene toda mujer.

    Me quedé en trusa, nos pusimos a bailar un poco de música romántica, nuestros cuerpos estaban bastante juntos ella sentía la erección de mi bulto y cada vez hacía movimientos más sensuales, hasta el punto de empezar a percibir en el ambiente un olor a perfume vaginal intenso.

    El baby doll se fue escurriendo por su cuerpo y solo quedó con su pequeña tanguita negra transparente y me dijo:

    O: Lo que más me excita es que un hombre me saque el hilo que tengo en medio de las nalgas.

    L: ¡Tus deseos son órdenes para mí!

    Le bajé la tanga y empecé a olerla, era un olor culo-vaginal indescriptible, me percaté de la hermosura de pubis bien depilado y parecía el de una niña de 18 años, sus labios estaban ocultos, el cirujano había hecho una buena labor.

    O: Quiero que esta noche me des de verga solo por el culo y si eres buen amante te daré el gusto de desvirgarme por segunda vez en mi puta vida.

    Comenzó la sección de manoseo tenía unas tetas grandes con pezones rosado erectos, los cuales le chupé hasta la saciedad, me sentía como cuando mi madre me amamantaba, mientras volvía a mi infancia acariciaba su pubis me dijo “solo caricias con mi chocho”.

    La acaricié y noté que su vagina estaba completamente humedecida, me bajé y comencé a lamer como un perrito faldero sus deliciosos flujos vaginales y con mucho cuidado fui abriendo paso con mi lengua en medio de sus labios hasta llegar al clítoris era sensacional, estaba bien erecto, parecía una almendra.

    Lo lamí y gocé un buen rato de su perfume y de su flujo, cada vez que lamía su clítoris esta mujer saltaba de la excitación y me cogía la cabeza con su mano diciéndome que le siguiera haciendo feliz que se sentía en la luna…

    Pero, ella me dijo “tú has gozado conmigo un buen rato ahora es mi turno”, me cogió la verga y comenzó a masajeármela hasta llegar a un buen punto de erección, comenzó a lamer el contorno del glande, este estaba rojo y brillante, me hacía correr por mi cuerpo miles de voltios de corriente, de un momento a otro, fui sintiendo el calor y la humedad de su boca…

    O: ¡Uhm!!! Que delicia, es dura, por eso me encanta!

    L: ¡Continua, que rico!

    Me la mamó un buen rato y me dijo “bebé quiero hacerte una “rusa” bien buena”. Se acostó en el piso, me monté en su pecho y puse mi verga en medio de ese par de naranjas que iban a exprimir mi verga, masturbé hasta el punto de sentir que ya no podía aguantar más y me vine en su cara, le arrojé un chorro de leche caliente y espeso en su toda su cara.

    O: ¡Uhm que rica leche papi!

    L: Dios, eres fenomenal, ¡acabas conmigo!!

    O: Sí, ¡me encanta tenerte en mis manos!

    L: ¡Olga, estas buenísima!

    Mi verga se puso un poco flácida y ella empezó a darme unos masajes con su lengua y me dijo “ahora quiero que me comas por el culo”; le dije “claro que te voy a dar buena verga por ese lindo culo”. La cogí y le di la vuelta y descubrí unas hermosas nalgas en forma de melocotones con diminutos bellitos mono, metí en medio de su lindo culo mi nariz y percibí un olor que no era el característico de un culo. Me dijo “tranquilo que me he aplicado un lavado con esencia a rosas para que disfrutes sin ningún temor de heces fecales durante la penetración”.

    Al parecer era más puta que antes y eso me encantaba, ¡Olga sabía como ponerte a mil!

    Le acaricié el ano con mi dedo índice por unos minutos, con el objeto de lograr una pequeña dilatación, mientras yo hacía esta actividad ella se contoneada porque sentía placer. Cuando vi que era el momento justo para dar la estocada, la puse en cuatro patas y mi verga iba abriendo paso y cuando ya estaba en la entrada de su ano me dijo fuerte:

    O: ¡Métemelo como todo un varón bebe!!

    Se lo metí de un solo empujón y solo sentí un grito desgarrador que se escuchaba en medio de la noche, el mete y saca de mi verga y el golpe de mis bolas en sus nalgas eran fuertes, solo veía que empuñaba sus manos sobre la alfombra como queriendo apaciguar el dolor que sentía por tener mi verga en su hermoso culo.

    O: ¡Ah!!! ¡No pares, cógeme, ah!

    L: ¡Me encanta tu culo, uhm!!

    O: Así, métela, ¡hazme tu puta!

    L: ¡Si, que rica puta eres!!

    Ambos nos movíamos con una sincronización perfecta, su culo apretaba de maravilla mi verga, le daba de nalgadas y le apretaba las tetas, arañaba su espalda. Me estaba dando gusto con mi amiga veterana.

    Me senté y ella se dejaba caer en ricos sentones anales, el olor no era a ano si no a perfume, mi verga ya estaba empapada del sudor anal de Olga, que continuaba dándose de sentones en mi dura verga.

    O: ¡Oh, así papi así!

    L: ¡Que rico culo!!

    La volví a poner en cuatro, ahora me empujaba con todo, ella gemía, gritaba, mordía la almohada, la faena era buena, ¡mi amiga era mía! cuando ya estaba pronto a venirme me dijo “chorréame el culo de buena leche!”.

    Me vine en medio de sus monumentales nalgas y solo veía como escurría mi leche en medio de su culito.

    Nos acostamos en la alfombra por un largo rato para recobrar fuerzas y le pregunté porque no quería practicar sexo vaginal y me dijo que estaba muy reciente su operación y todavía tenía algunos puntos.

    Desde que quedó viuda ella comenzó a darle vuelo a la hilacha y yo sería quien le quitaría su virginidad operada nuevamente, pero eso se los contaré después.

  • El padre desea a la hija y la hija desea al padre

    El padre desea a la hija y la hija desea al padre

    Rubén era un cincuentón, millonario, alto, moreno, con el cabello teñido de negro, y en buena forma para su edad. Su profesión conocida era la de abogado, pero durante más de veinte años fuera ladrón de guante blanco, cosa que solo sabía su madre y su hija Irma, una mulata preciosa, hija de una cubana, que fuera la segunda esposa se Rubén. Irma tenía ojos grandes y negros cómo la noche y sus medidas eran 92 – 65 – 90. Era abogada de profesión y cuando la ocasión se presentaba, ladrona de guante blanco, cosa que ni su padre sabía. Siempre dejaba una tarjeta de visita, en la que daba las gracias y que firmaba como: La Gata. La policía creía que era el Gato que había reaparecido y que se había cambiado el nombre para despistar.

    Estaban Rubén tomando un café y unas pastas en el apartamento de su hija Irma, y esta le preguntó:

    -¿Nunca estuvieron cerca de pillarte, papá?

    -Cerca, no, me pillaron una vez. Quise robar a mi maestra para demostrarle que era mejor que ella y acabé pagando mi osadía.

    -¿Qué pasó?

    -Me violó.

    -¡Ay va! Cuenta, cuenta. ¿Quién fue tu maestra?

    -No te lo puedo decir.

    La maestra de Irma fuera su abuela, la madre de Rubén. ¿Violaría su abuela a su padre? Si así fuera no le extrañaría. Ella estaba loca por su padre y si pudiera lo violaría. Le preguntó:

    -¿Es de la familia?

    -Puede, pero no insistas, no te voy a decir quien es.

    -¿Hombre?

    -No, mujer, y déjalo ya.

    Había pasado una semana de la charla… Rubén vivía solo en su chalet de la sierra madrileña. El chalet tenía las mejores alarmas del momento, pero su hija sabía los códigos. Vestida con un traje negro de lycra de una sola pieza y con un gorro con antifaz a juego y unos zapatos de tacón alto y plataforma, del mismo color entró en el chalet y neutralizó las alarmas. Luego fue a la caja fuerte. Al abrirla salió un gas de ella que hizo que Irma se desvaneciera sobre la alfombra. Cuando despertó estaba amordazada y atada de pies y manos a una cama con barrotes de plata en los pies y en la cabecera. Era una cámara oculta. En las paredes había cuadros de Velázquez, de Goya y de otros pintores famosos, y copias seguro que no eran. Vio a su padre vestido solo con una bata roja. Tenía una cutter en la mano. Estaba sentado en el borde de la cama. Al presentir sus intenciones se revolvió cómo una gata rabiosa. Rubén, le dijo:

    -Estate quieta que te puedo cortar a ti.

    Rubén cortó la lycra con la cutter alrededor de su teta derecha. Estaba tan aprisionada, que al llevar cortada las tres cuartas partes ya la teta salió como una isla cuando nace de debajo del mar. Rubén, acariciando la areola negra y el gordo pezón con el dorso de su dedo medio, le dijo:

    -Así que tú eres la famosa Gata.

    Irma ladeaba la cabeza haciéndose la víctima.

    -Y aún lo niegas.

    Le lamió el pezón y le chupó la teta succionando sobre la areola. Irma levantaba la pelvis y la movía hacia los lados. Hacía que se revelaba. A Rubén aún lo calentaba más. Iba a violar a la ladrona por querer robarlo y nada ni nadie se lo iba a impedir. Cortó alrededor de la otra teta y salió de su prisión. Rubén las miró, acarició los dos pezones y las dos areolas con los dorsos de sus dedos medios, y le dijo:

    -Tienes unas tetas preciosas. Mira que vi tetas en mi vida, pero estas son las mejores. Lamió el pezón de la otra teta cómo hiciera con anterioridad chupó succionando sobre su areola, después chupó y lamió alternativamente una y la otra. Irma seguía fingiendo que se revelaba. Pasados más de diez minutos, cuando se hartó de tetas, le dijo:

    -No te muevas que si te mueves te puedo hacer daño.

    Empezó a cortar con la cutter el hueco bajo el que estaba el coño. Cortó por arriba y dejó su monte de venus al aire con su vello negro y rizado, luego cortó por los lados, y al final dejó el coño y el ojete al descubierto. Le dijo:

    -Preciosa visión. Deben estar deliciosos, tanto el coño cómo el culo.

    Irma se retorció y volvió a hacerse la ultrajada, Rubén, le dijo:

    -¡Te voy a comer viva Gata!

    Irma no paraba de fingir. Se sacudía, movía la cabeza hacia los lados…, pero su coño la delató. Ya que los jugos comenzaron a fluir de él y mojaron el ojete. Rubén los vio, le lamió el coño y le salió la lengua pringada. Los saboreó, y le dijo:

    -Estás más cachonda de lo que jamás pensé que te iba a poner, Gata -siguió lamiendo-. Delicioso, tienes un coño delicioso y precioso.

    En verdad lo era. Tenía un clítoris con un glande cómo un guisante. Sus labios gordos y rosados estaban abiertos y se veía la vagina abriéndose y cerrándose. Cuando Rubén lamió y le dejó el coño limpio de jugos. Irma, levantó la pelvis, y esta vez no fue para revelarse, fue para sentir la lengua de su padre sobre su clítoris… Se la apretó sobre él. Irma movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo buscando el orgasmo y poco después lo encontró. Se corrió soltando un chorro de jugos al que siguió una pequeña cascada mucosa que Rubén se tragó. Después le dijo:

    -Me muero por ver tu cuerpo desnudo.

    Cogió unas tijeras que ya tenía sobre la cama y cortó la lycra de los brazos por un lado, la de las piernas por el interior de los muslos y al final desde el agujero que hiciera para el coño hasta arriba. Irma quedó totalmente desnuda, Rubén, exclamó:

    -¡Tienes un cuerpo increíblemente bello, Gata!

    Se quitó la bata. Tenía un empalme brutal. Le levantó las nalgas con las dos manos, le metió la polla hasta el fondo y la folló a lo bestia hasta que el coño de su hija le apretó la polla y se la bañó con una corrida espectacular… Rubén le llenó el coño de leche. Después le volvió a lamer el coño. Irma, al principio se quedó quieta, era cómo si no creyese lo que le estaba haciendo, por lo sucio que era, pero pasado un tiempo, gimiendo, movió la pelvis alrededor, de abajo a arriba y de arriba a abajo hasta que de su coño volvió a salir un chorro de jugos que le pringó la cara a su padre, después de su coño salió una cascada de jugos que Rubén se volvió a tragar…

    Sin darle tiempo a recuperarse, la cogió de nuevo por debajo de las nalgas, la levantó y su lengua le hizo un trabajo en el ojete que acabó por volverla loca, tan loca, que cuando su lengua dejó de entrar y salir de su ano y le metió la polla en él, antes de llegar al fondo, se corrió cómo una fuente. Con los jugos de la corrida saliendo de su coño la folló con ímpetu, Irma, se retorcía con el placer que estaba sintiendo. Al rato, se la quitó del culo y se la volvió a meter en el coño, y del coño se la llevó a la boca. Con la mordaza no podía mamar. Le preguntó:

    -¿Quieres mamar, Gata?

    Irma asintió con la cabeza. Rubén le quitó aquella especie de bozal y le metió la polla en la boca. Irma ya no se cortó, se la mamó bien mamada… Le puso los huevos en la boca y se los lamió y chupó con ganas. Rubén, al ver lo perra que estaba, se arriesgó:

    -¿Si te suelto no me arañarás, Gata?

    Irma negó con la cabeza. Rubén le soltó los pies y las manos, Irma empujó a su padre, le puso el coño en la boca, Rubén se lo comió… Le puso las tetas y se las mamó, luego cogió su polla, la metió en el coño y lo cabalgó al paso al principio, al trote después y acabó al galope, lo que hizo que se acabaran corriendo los dos y las corridas se juntaran dentro de su coño…

    Al acabar, Irma, hizo algo que si no fuera por el anonimato no haría, puso su coño sobre la boca de su padre, lo abrió con dos dedos y dejó que todo lo que tenía dentro cayese en su boca. Rubén, lamía y tragaba, Irma, se puso tan cachonda que cuando ya no quedaba nada dentro le quiso dar más. Lo volvió a cabalgar cómo antes, al paso, al trote y al galope, solo que esta vez su montura era la lengua de su padre. Acabó corriéndose cómo una loba. El primer chorro cayó sobre la frente de su padre, los otros, cogiéndola por la cintura, ya se encargó Rubén de que cayeran dentro de su boca, después, Irma, lamió los jugos de la frente de su padre, que le dijo:

    -Eres increíble, hija.

    Irma, besó a su padre, y después, sonriendo, le dijo:

    -Sabía que sabías que era yo. ¡Lo sabía! -se quitó el gorro con el antifaz-. ¡Gamberro!

    -Putita.

    -Si, putita, putita, putita, -le dio un pico-, tu putita.

    La noche fue larga, muy larga.

    Quique.

  • Mi esposa Lizzy y el auditor de México (Parte 1)

    Mi esposa Lizzy y el auditor de México (Parte 1)

    Quiero comenzar con decir que no he escrito antes ninguna historia y que hago esto porque creo que es bueno compartirla, pues por la camaradería que nos une con Uds. Me gusta leer las historias y ver que no fui el único que le pasó algo excitante.

    Dicho lo anterior, he de hacer una breve introducción, Me llamo Gerardo L., tengo actualmente 30 años y mi esposa Norma Lisseth A., tiene 28, ambos profesionales y somos y vivimos en Hermosillo, Estado de Sonora, México un estado que es frontera con EUA y que tiene fama de tener mujeres hermosas (aparte de la carne asada que es famosa), con dos hijos.

    La historia que interesa sucedió hace 5 años, yo 25 y ella 23, no teníamos hijos y llevábamos 3 meses de casados. Lizzy (así le digo de cariño desde novios) es una mujer de 1.67 de estatura, alta como son las norteñas, blanca de piel, cabello café, ojos amielados y su cuerpo no sé las medidas clásicas, pero sé que para ese entonces pesaba 50 kg, talla 7 de pantalón (delgadita de cintura, pero caderona y sí es nalgona), bra de 34C (sus pechos no son voluptuosos pero si las tiene duras) y de piernas firmes muy firmes. Ahora por los hijos ha cambiado un poco su figura, pero siempre se mantiene en forma pues hace ejercicio.

    Luego de la escuela (UNISON-universidad de sonora) que es donde nos conocimos y donde nos pusimos de novios (2 años de novios) nos decidimos casar. Me tocó hacer el ritual que se hace por acá, que es pedir a la novia a los papás, planear una boda religiosa y celebrar hasta incluso el día siguiente. Hicimos todo tal cual, los primeros días y meses ya saben la felicidad de recién casados, ambos ya teníamos trabajo, yo era y sigo siendo jefe en una maquila y ella trabajaba en ese entonces de cajera de un banco cuyas oficinas centrales del Estado estaban en el mismo edificio. Siempre lo vimos como algo temporal pues por su carrera estábamos buscando cambiara o quedara en el banco, pero en alguna jefatura acorde a su carrera.

    Ya entrando a la historia, esta comienza con que un día del mes de septiembre que hay clima agradable pues en Sonora es un horno, me cuenta que llegaría un auditor de la Ciudad de México que en ese momento era el DF y a que a los que viven ahí se les dice chilangos. Me comentó que en su trabajo andaban nerviosos todos porque siempre los habían auditado gente de Monterrey (que pertenece a un estado también fronterizo llamado Nuevo León por quien no sabe y que de alguna manera hace tener vínculos similares). Así pasaron “nerviosos” en su trabajo y ella me lo exponía, siempre aclarando que por su puesto de cajera a ella esas auditorias no le afectaban directamente a menos que hicieran cambios de jefaturas.

    El día llegó, un lunes, fue presentado a todos los empleados según las áreas. Lizzy me comentó cuando la vi que él se llamaba Ramón García, de 36 años (13 mayor que ella), Licenciado Financiero, me dijo en son burlesco que él estaba usando traje (en el norte no es muy común a diferencia de la capital de vestir así), de estatura como ella, moreno, cabello negro con el clásico peinado hacia atrás con mucho gel, típico chilango (palabras de ella).

    El licenciado se quedaría una semana laboral, de lunes a viernes, y auditoria todas las áreas enfocándose en funciones. Su área (de cajeras) sería auditada el día miércoles o sea dos días después.

    El martes nos comunicamos a la hora de su comida (al ser cajera no puede usar teléfono ni menos mandar mensajes) y me contó que andaban nerviosos y que ya auditaba, pero que a la hora de salir a comer con sus compañeras, lo había visto afuera del banco y ella le preguntó si le pasaba algo, él le dijo de no saber dónde ir a comer y ella le indicó lugares cercanos donde ir.

    Me contó que le agradeció y que al parecer había ido a uno pues lo vio irse. Lizzy se rio que sería el único en ese lugar vestido de traje. Por la tarde que fui por ella al banco me comentó en el camino que el Lic. García se le había acercado antes de que ella saliera y le dio las gracias pues le había gustado la comida.

    En casa luego de hacer los quehaceres ambos y la cena a la hora de acostarnos como buenos recién casados íbamos a hacer el amor (recién casados) y al comenzar el previo ella tocó el tema del licenciado y me dijo que tal vez ella vio mal, pero que cuando ella le dio las indicaciones de dónde comer ella veía como que él la escaneaba de arriba abajo sin descaro y de manera muy sutil, pero que por la tarde cuando le fue a agradecer en donde ella se encontraba, sin querer volteó a ver cuando él se iba y al estar ella de pie en la caja de espalda vio que su mirada le miraba el trasero de ella. Sin querer eso me comenzó a prender y pues hicimos el amor y no niego que estuve pensando en eso cuando me vine.

    Luego acostados volvió ella al tema y de ella salió que lo miraba con “lástima!” que pobre pues al ser el auditor tanto los jefes como el personal pues le huían y eso le hacía sentir a ella cierta empatía a él y me pidió que porque no lo llevábamos a comer estos días.

    Yo la verdad no lo vi mal y así hicimos. El día siguiente, miércoles que era el día que auditaba su área, yo lleguó por Lizzy a la hora de su comida me dijo Lizzy que no había podido hablar con él e invitarlo porque pues los estuvo auditando y no hubo oportunidad y que lo único que había pasado es que llegó donde ella mientras trabajaba y la estuvo observando y anotando. Lizzy me dijo que se siento incómoda y hasta incluso algo molesta porque solo le dijo “hola” y ya.

    Sentí como que se arrepentía y que estaba molesta con él, pero en eso él salía mientras Lizzy estaba de espalda y yo de frente a la entrada de donde él salía, y vi que el licenciado le miraba el buen trasero de mi esposa, me dio entre coraje y morbo, pero no sé porque eso me dio fuerza de dejar a Lizzy parada y hablando y me aproximé donde él y me presenté, le dije:

    —Hola, buenas tardes licenciado, no me conoce soy el esposo de la cajera Norma Lizzeth —se la señalé y le dije:— Licenciado lo queremos invitar a comer por acá cerca. —Él como que se sacó de onda y me acordé que auditaba a mi esposa así que para que no pensara nada como que lo lambisconeábamos le dije— se lo pedimos porque mi esposa me contó que no sabía dónde ir ayer y pues nos apena que fuera a creer que los sonorenses somos mal educados, pero si Ud. siente que rebasamos la confianza profesional, le pido disculpas.

    Él astutamente me dijo:

    —Cómo va a creer que despreciaría una invitación así más acompañado de la belleza sonorense? Vamos —me dijo.

    Caminamos a donde mi esposa Lizzy y ahí dijo:

    —No podemos ir los tres porque se podría mal entender acá si nos miran, les pido si no les molesta que pasen por mi a la esquina y vamos a un lugar algo retirado. —dijo él.

    Lizzy yo nos fuimos por el auto y ya dentro me hizo un leve reclamo que por qué lo había hecho? Y le dije que pues que así habíamos quedado, no la dejé me dijera nada más y le dije “es la oportunidad que él vea la calidad de persona que eres y que no eres una simple cajera, no crees?” Y no dijo nada, pero creo que me dio la razón.

    Pasamos por él, fuimos a comer, comida típica (carne), la charla amena fue de presentación y nada nada laboral. Ahí supimos era divorciado A la hora de regresar me pidió si hacíamos lo mismo de dejarlo en la esquina. Y el dije que sí, aunque luego me dijo “si hay una tienda departamental por acá me podrías llevar y luego de dejar a tu esposa pasar por mi? Quiero comprar algo de volada”, dijo. Le dije que sí, y lo dejé en la tienda y llevé a Lizzy, luego fui por él y lo llevé a la esquina del banco. Se bajó dando las gracias nuevamente y remató con “comí rico y todo lo que vi lo vi rico”. No entendí que quiso decir.

    Por la tarde pasé por mi esposa y me dijo al solo subir al auto, casi sin decir hola, que había visto al licenciado auditando a las otras cajeras que faltaban y que luego se metió a auditar a la jefa del área, pero que antes de salir, él llego a la caja y sin decir nada le dejó una bolsita, que dentro tenía un regalo, un conjunto de ropa interior (tanga y bra rojos), me lo mostró y me leyó una tarjeta que decía: “gracias por ser así de lindos conmigo, me alegra que una linda sonorense sea así. Con todo respeto te doy esto y espero no lo tomen a mal. Saludos a tu esposo también.”.

    Yo me quedé sin palabras y solo le dije “que detalle más fuera de lugar, pero bueno es chilango (del DF)”. Por la noche de nuevo al hacer el amor y no podía dejar de pensar en cómo le miró las nalgas a mi esposa y el “buen detalle”.

    Jueves que llegué por ella, me contó que el Licenciado la había invitado a ir a comer por ahí cerca y que le pidió se vieran en el restaurante para evitar habladurías. Ese día por la noche si me lo imaginé feliz charlando con mi esposa Lizzy. ¿Iniciaba algo en mi? No lo sabía.

    Viernes último día, bueno, supuesto último día. Lizzy me llamó a la hora de la comida y me dijo que habían anunciado ciertos cambios y que el licenciado iba a quedarse una semana más o sea hasta el viernes siguiente solo que ya no haría auditoría sino apoyar con esos cambios (despidos que hicieron). También me dijo que un grupo de empleados le harían una carne asada (clásico del norte) el sábado (al día siguiente) en honor al licenciado. La jefa de Lizzy fue despedida.

    Por la tarde que llegué por ella me dijo más detalles de los cambios y también me dijo que el licenciado se le acercó y le dijo que debido a que se quedaría más tiempo pues que tal vez podíamos salir con él este fin de semana, le dio el nombre del hotel, es un hotel de cadena nacional Fiesta Americana y me dijo que ella le dijo que si podíamos íbamos por él ese viernes a cenar.

    Lo platicamos y decidimos que sí y el justificante que decidimos que era bueno quedar bien con la persona que daba informes de los empleados. Lizzy le llamó y quedamos que iríamos por él a las 8 pm. Así fue, yo iba de mezclilla (jeans) y camisa manga larga, ella de mallones blancos, falda de mezclilla color negra y blusa blanca con chamarra de mezclilla, se miraba re buena pues marcaba sus piernas y acentuaba su cadera, sus pechos se miraban poco por la chamarra, pero se notaba que si había.

    Llegamos a recepción y esperamos bajara, él llego de pantalón casual y camisa manga larga bien arreglado y perfumado. Nos saluda y pues fuimos por el auto, de reojo pude ver que dejaba que mi esposa Lizzy caminara un paso más que él y vi que la devoraba con la mirada. Llegamos al auto y el bien caballero le abre la puerta a mi esposa y luego entra él, dentro del auto mi esposa le agradeció por ser caballero y le dijo “acá no somos así”. Por el retrovisor vi una sonrisa de acá voy bien.

    Llegamos la cena ahí si fue plática laboral, al punto que hasta me sentí aburrido porque fui excluido, no sabía mucho de que hablaban, pero si desperté cuando Lizzy se excusó ir al baño y él, “buen caballero”, se puso de pie, retiró su silla y vio sin pena el culo de mi esposa ir al baño. Él se sentó y me sacó plática equis y luego lo mismo, la vio venir y se puso de pie, retiró su silla y al estar yo junto a ella vi cómo le miraba al sentarse.

    Terminamos la cena y lo llevábamos a su hotel, como a eso de las 10 pm cuando él dice “y no habrá un lugar de baile por acá?”. A lo que Lizzy le dijo que yo no bailaba que así que no sabía más de lo que ella conocía hasta antes de que fuéramos novios y de los que las compañeras comentaban “por cierto -le dijo ella- donde tú te hospedas ahí junto al hotel está uno que dicen que es bueno solo que es algo fresa”.

    Él pidió ir ahí sino era molestia y me miró a mi, Lizzy no dijo nada y sentí la presión, dije “claro que SI”. Al entrar lo típico de esos lugares de moda que hay cola para entrar. Él astutamente fue donde quien decide quien entra y le dijo algo y luego llego él licenciado y nos dijo “listo vengan”. Lo seguimos y nos dejaron entrar. Imagino dio $. El lugar lleno, es, porque aún existe, un lugar no tan grande y al ser de moda, no sé si aún lo es eso no importa, hacía que estuviera llenísimo, sin mesas.

    Pues ahí dentro la música y nunca nos atendían hasta que pasó un mesero y él le dijo “te doy $ ahora y nos atiendes y al final te doy ma$…” y pues así fue, bien atento el mesero, jaja, nos estuvo llevando bebidas: cervezas para ambos hombres y piñas coladas con alcohol para ella. Lizzy no toma mucho, pero tampoco lo deja de hacer y obviamente se desinhibe más, y así estuvimos tratando de platicar, pero no se escuchaba nada, hasta que a la segunda bebida ya Lizzy se movía al ritmo de la música mientras hablábamos, se me acercó el licenciado y me dijo:

    —Puedo invitar a tu esposa a bailar?

    —Si adelante. —Le dije yo.

    Se le acercó a su oído y la invitó, ella me volvió a ver y le dije que si con la cabeza pues no se escuchaba nada… Se fueron no sin antes Lizzy darme la chamarra y estaban casi en frente de mi pues no había espacio como dije y estuvieron baile que baile por una hora y media (yo solo tomando me hacía ver la hora a cada momento).

    No hubo música romántica y era música en inglés y español, variados de todas épocas. Como dije una hora y media bailando así hasta que 30 minutos antes de las 12, pusieron banda, la clásica música de acá y ahí él no supo que hacer. Se regresaron conmigo y estuvimos platicando, gritando casi.

    Bebimos más, yo llevaba ya algo para estar contento y él tal vez unas menos, pero el baile le ayudaba, Lizzy unas buenas piñas coladas.

    CONTINÚA…

  • Le di el mejor masaje de su vida

    Le di el mejor masaje de su vida

    Les contaré una historia corta de algo que sucedió trabajando en el área de atención al cliente de un Spa, en ocasiones me daban la oportunidad de dar masajes anti-estrés ya que estaba aprendiendo el oficio. Es un lugar bastante exclusivo y concurrido por mujeres que van a descargar el estrés o simplemente a consentirse.

    Ella llegaba los viernes a final de la tarde, es una dama elegante, de buena figura, brillante cabello; y un rostro hermoso. Siempre vestida elegante, a veces con vestido que delineaban perfectamente la silueta, otras con falda, que la hacían ver con un toque de sensualidad; y talleres de vez en cuando, que la hacían lucir bastante elegante; tacones altos, perfume suave; alhajas finas; pero lo que más lucia en ella, era su sonrisa encantadora.

    Les confieso que esperaba ese día con ansias para poder verla.

    Llego ese viernes tan esperado por mí, por causalidad estaba en la entrada del local, el reloj marcaba las 6:30 pm, levanto la mirada, cuando veo que entra con su contagiosa sonrisa, su educado “¡buenas tardes! ¿Cómo están?” De inmediato contesto… “Buenas tardes, muy bien ¿y usted?”. Ella me mira fijo y me dice “¿usted? ¿Tan mayor me veo?”. Y sonríe, le devuelvo la sonrisa con una respuesta algo más torpe que nerviosa: “¡qué va! ¿Cómo va a creer eso? Es por respeto!!”. Ella dice ‘»el tutear no es falta de respeto».

    Hubo un poco de silencio, luego le pregunté “¿tienes cita?”. Contesta “en realidad no, pero hoy deseo uno de esos masajes que te dejan como nueva, pero llamé a la chica que me atiende aquí, y me informó que hoy se le presentó algo, por tal motivo no va a poder atender, que preguntara por Alex.”. Yo le dije con una sonrisa en la cara «soy yo». “Ah que bien me dijo que eres bueno”.  «Gracias» contesté. “En un instante la atiendo, diríjase al cubículo número 05, se pone cómoda, en breve estaré con usted”.

    Yo no podía creer que la atendería, del tiempo que estoy aquí siempre pide con la misma chica.

    Bueno llegó el momento de hacer mi trabajo. Al entrar al cuarto ya tenía la bata puesta; y el cabello recogido con una cola de caballo alta. Eso me pareció tan sexy verla así, (en realidad es tan normal que todas las clientas estén así) en ella me pareció sensacional. “Puedes quitar lo que tienes puesto, acuéstate en la camilla boca abajo”, le di una toalla para que tapara la parte baja de la espalda, y me salí por un momento. Dejé la puerta entreabierta y por X motivo me regresé al sitio.

    Antes de entrar pude ver cuando abrió la bata y solo quedó con la parte de abajo de la ropa íntima, sin brasier, mis ojos escanearon la anatomía, vi sus piernas bien torneadas, espalda definida; y lo hermoso que lucía esa prenda diminuta color blanco en el cuerpo, era una lencería fina de encajes, realmente hermosa. Con el antebrazo tapaba los senos.

    Yo seguía parada viendo entre la abertura de la puerta, se acostó, colocó la toalla tapando los glúteos. En ese momento irrumpí en la habitación; coloqué música suave con la intención de que se relajara por completo; ahí comenzó mi trabajo.

    Me dice “me siento bastante cansada y el estrés a millón, debido al día a día, más trabajo, etc., me duele del cuello hasta los pies…”.

    -Debe relajarse, cierre los ojos y piense en algo que le guste mucho, lleve su mente a ese momento, a ese lugar, tome una respiración profunda y suelte el aire.

    Así lo hizo repetidas veces. Comencé por el cuello, y los hombros, suavemente deslizaba los dedos por detrás de las orejas, cuello, hombros. Luego dejaba caer gotas de aceite aromático por toda la columna vertebral desde donde empieza hasta el final, podía ver como la espalda se erizaba y como contorneaba el cuerpo. «Ver aquello era muy excitante»…

    Con los pulgares recorrí la columna desde el cuello hasta abajo, yo percibía o eso creía yo, que le daba placer más que relajarse.

    Un deseo carnal se apoderó de mí en ese momento, ya los masajes poco a poco se estaban transformando en caricias, mis manos se deslizaban por toda la espalda, sin pensarlo mucho quite la toalla, mis ojos quedaron fijos en su cuerpo, no podía creerlo, que estuviera acariciando a la mujer que esperaba viniese cada viernes.

    Unte mis manos con más aceite, comencé a dar masajes en la parte de atrás de los muslos, con una mano en cada uno, subía, bajaba, me dedique en esa zona un largo rato. Sentía que ella estaba plácida, disfrutando de lo que estaba haciendo, no negare que estaba nervioso pero de igual modo continuaba.

    Ya no eran «masajes» eran verdaderas caricias cargadas de erotismo, sin llegar a su intimidad. Mis manos bajaron a las piernas, seguía acariciando sin parar, suave con calma, apasionadamente, llegue a los pies, ahí me dedique uno por uno; tomé cada dedo y lo acariciaba con ternura, con delicadeza, luego los talones y finalmente los tobillos.

    De pronto pude escuchar un suspiro profundo, era un suspiro de placer, en mis adentros dije «es mi momento de darle el placer que ella desea»…

    En vos baja “colócate boca arriba”, ella lo hizo de inmediato; tomó la toalla para cubrir los pechos, no sé si era a propósito o descuido, pero solo cubrió un poco la zona de pezones. Bajé mi mirada hacia la entrepierna, noté lo mojado que estaba el pantys. ¡Y eso no era aceite!! Era el néctar que emana de su intimidad!

    Eso me produjo una excitación inmediata, la cual no podía ocultar. Por un momento pensé seguir de los pies hacia arriba pero, se apoderó el deseo en mi mente; y abrí un poco sus piernas, deje caer poca gotas en las ingles, me coloque a espaldas de ella, comencé hacer masajes que abarcaban toda la zona sin tocar su parte más sensible, mis dedos se pasearon por el lugar por minutos, podía ver como se iba poniendo cada vez más húmeda la tela; y ya su respiración eran jadeos placenteros.

    Era súper excitante ver lo mojada que estaba, la tela blanca se hacía traslucida y podía observar su forma.

    De pronto sentí sus manos en mi espalda…

    Me apretaba mientras suspiraba, no lo podía creer!!! Tímidamente coloqué los pulgares justo ahí, mientas los ocho dedos seguían haciendo el trabajo en las ingles. Fue en ese momento cuando escuche un gemido de placer que ella no pudo controlar.

    Ya no pensaba, mi mente estaba llena de deseos. Luego fui quitando su prenda con cuidado hasta dejarla completamente desnuda ante mi. Ella no abría los ojos, solo se dejaba llevar por las caricias y el deseo que sentía.

    Rodeé su cuerpo hasta la orilla de la cama de masajes; coloqué sus muslos en mis hombros y suavemente deslicé la lengua por la abertura, con ambos pulgares abrí, con la lengua exploraba cada rincón hasta encontrar ese punto donde más placer puede sentir. De inmediato sentí sus manos halando los cabellos y subió sus rodillas hasta pegarlas en los senos.

    Cada vez se hacían más fuertes los temblores; su piel estaba completamente erizada cuando saboreaba la miel con lujuria.

    Su cuerpo temblaba ya era inevitable que de jadeos pasara a pequeños gritos de placer, estaba teniendo un orgasmos en mi boca, que delicia poder sentir eso.

    Continuaba metido de cabeza en medio de sus piernas dando placer; y así lograr, no uno!! Sino varios orgasmos.

    Luego busqué una silla que se encuentra en el cubículo, la tomé de las manos y la bajé. Me quitó la camisa, bajó el pantalón, se puso de rodillas frente a mi, quitó el bóxer, comenzó su ritual de chupar y frotar con placer. Estaba tan excitado al verla haciéndolo mientras acariciaba su cabello. Cuando término de hacerlo me senté en la silla y ella se sentó sobre mi. Primero de espalda, ahí duramos un rato, verla subir y bajar mientras apretaba la espalda y glúteos era una delicia.

    Luego se sentó de frente y mis movimientos iban al compás de su ir y venir, de subir y bajar! Mis manos por momentos colocadas en sus glúteos y por ratos en su espalda; y al mismo tiempo chupaba los senos, pasaba de uno al otro. Los movimientos se aceleraron y ambos nos apretamos sin dejar el vaivén…

    Nos besamos y nos movíamos con fuerza desesperada. Ya no podíamos controlar el deseo de llegar y nos entregamos a lo que estábamos sintiendo. Cuando sentí la palpitación, le di con más ganas hasta explotar de placer dentro de ella…

    Al terminar nos quedamos paralizados por un momento, luego un beso y antes de levantarse me dijo «fue el mejor masaje que he recibido en mi vida» gracias.

    DA