Autor: admin

  • El chico nuevo de la Uni me calentó y me lo cogí en mi casa

    El chico nuevo de la Uni me calentó y me lo cogí en mi casa

    Esto me pasó en la universidad hace un par de años, cursaba el sexto semestre de Licenciatura. Al inicio del semestre entraron a revalidar materias con nosotros dos chicos que venían de otra escuela (tenía que ver que en la Uni de su ciudad ya no podían revalidar esas materias, porque habían reprobado y por lo mismo estaban intentando cursarlas en mí Uni). Uno de esos chicos se llamaba Miguel Ángel, un chico alto, claro de color, desaliñado en su vestimenta sin embargo era muy amigable y platicador con todos, muy alegre por decirlo así.

    Desde el inicio del semestre, Miguel se sentó en la silla que está detrás de mí, solía ser temporada de calor y yo acostumbraba a llevar blusas con tirantes o blusas sin mangas a la altura de mis pechos o con escote en la parte de la espalda más que nada, siempre me esforzaba por verme bien en mi vestimenta. Siempre tuve la sensación de que Miguel se fijaba mucho en mi, de que me veía el trasero sobre la abertura del respaldo de la silla y un día lo sorprendí morboseándome, yo llevaba un escote en la parte del pecho que se me veía todo el busto al agacharme, en un movimiento en mi silla se me cayeron unas cosas al suelo, entonces me incline para recoger algo del suelo dejando a la vista de este chico mi par de senos que casi se me salían del escote que los contenía, pude ver su mirada de excitación y al ver que lo veía, descaradamente hizo un gesto de que estaba disfrutando lo que veía, yo me levante sin más y fuera de que me causara molestia, me puso cachonda y se humedecieron mis panties de la excitación.

    La clase terminó, salí de la escuela, tome el camión para mi casa y al buscar entre mis cosas note que estaba un papel que no reconocía, lo abrí y con letra azul decía: “Que senos tan preciosos tienes Linda, ojalá me dejarás lamerlos un día de estos, me la pones dura en clase, ATTE. M. A.”. Me ruboricé al leer la nota, mi coño se humedeció y todo el trayecto a casa sentía ardor en mi coño pidiendo verga, es nota entre mis cosas me tenía sorprendida y puesta bien cachonda, que al llegar a casa, después de saludar a mi familia, corrí a mi cuarto, me desvestí tirando toda mi ropa en el suelo y tome un baño, acariciando mi cuerpo aún excitada y sin más me masturbe metiéndome mis dedos en mi interior bajo la regadera, me vine pensando en M. A. y en su nota. El día transcurrió del todo normal para mí.

    Ya por la noche, estando en mi cuarto a punto de dormir, me llego un mensaje al celular: “Hola hermosa, buenas noches, como estas?” el mensaje venía de un celular que no tenía registrado, miré la foto de perfil y vi la foto de M. A., un poco atónita recordé el grupo de whatsapp del salón que teníamos en común, estaba segura que de ahí habría tomado mi número.

    Me sentía contenta por el mensaje, no sé por qué, si hasta hace unas horas apenas me había fijado en ese chico, habíamos compartido dos meses el salón, el sentado detrás de mi y en ocasiones habíamos compartido algún comentario con respecto a algunas tareas pero solo hasta ahí, sin embargo esa tarde me había visto los pechos al levantar mis cosas del suelo y esa sensación me había puesto cachonda.

    Dejé en visto su mensaje, paso un momento y aún sin contestar el mensaje, me mandó un nuevo mensaje acompañado de una foto de él casi desnudo, el mensaje decía: “Esta foto es para ti preciosa, si eres bien observadora, verás como es que me tienes en estos momentos, pensando en ti…”. Toqué la foto para verla bien y era una foto de él, de tipo selfie acostado en una cama en ropa interior solamente, en la foto se podía observar su pecho descubierto y una de sus manos encima de sus calzoncillos como remarcando la forma de su verga, en la foto se podría ver un gran paquete en su entrepierna de buen tamaño, tenía bellos en el pubis y en la mayoría de su cuerpo, siempre lo había visto desaliñado en el salón, pero en esa pose ese hombre se veía tan sexy, varonil y ese pedazo de carne que se cargaba se veía de buen tamaño, no podía resistirme a ese chico, me estaba excitando estando el detrás de su celular a la distancia.

    Estando en la cama, no pude evitar llevar mi mano hacía mi coño y tocarme de lo excitada que me había puesto esa foto de M. A., se me antojaba mucho tenerlo ahí en mi cama, que tomara el lugar que estaba tomando mi mano al auto-estimularme, de pronto un tercer mensaje me sorprendió: “Niña, está más que claro, que me la pones dura nomás en pensar en ti, te deseo mucho, tengo muchas ganas de cogerte y hacerte sentir toda una mujer”.

    Mi corazón empezó a palpitar de forma acelerada, respiré hondo para calmarme, ese hombre me tenía bien caliente con las cosas que me está diciendo, pero no se lo haría tan fácil, quería darme a desear: “Hola! ¿Qué te crees? por qué me mandas tu fofo y esos mensajes”, le dije. No tardó en responder y me mandó una serie de mensajes más: “No te hagas, si me he dado cuenta como me miras la verga, siempre te he visto, estás hermosa, tienes un buen trasero que me muero por morder, si deseas ahora mismo voy a donde estas y te enseño las ganas que te traigo, tengo ganas de cogerte, me estoy masturbando pensando en ti”.

    Eso fue el detonante para que mi excitación creciera más, tenía más de un mes que no tenía sexo y ya necesitaba que alguien me quitara las ganas que traía, sin pensarlo más, bajé los tirantes de mi blusita para dormir, bajé un poco los tirantes, estando sin bra, bajé mi blusa a la mitad de mis senos, eso hacía que se me notarán más los senos, tome la cámara y saqué una foto, misma que le mandé a Miguel acompañado de un mensaje: “Si llegas en menos de 20 minutos, podrás enseñarme todo eso que dices, sino mejor ni te molestes”, le mandé el mensaje y le adjunte mi ubicación.

    Estaba caliente y necesitaba que ese hombre me quitara la calentura que hervía dentro de mí. Para mi sorpresa, pasados los 15 minutos me llegó un nuevo mensaje de Miguel: “Preciosa, abre, estoy afuera de tu casa, muero hacerte mía”. Miguel rentaba un departamento con sus amigos a solo unas cuadras de mi casa, eso lo supe después.

    Me levanté, me vi al espejo, acomodé mi cabello, me perfumé un poco y estando en pijama con un short pequeño de dormir que me tapaba justamente mi trasero y una blusa de tirantes sencilla, eran las 12:30 am y yo ya estaba puesta para dormir, debajo no llevaba más que una tanga rosa diminuta que se perdía en mi par de nalgas.

    Estaba segura que mis padres ya dormían y me asomé a la puerta sigilosamente para no hacer ruido, abrí la puerta, ahí estaba Miguel, sin más lo tomé de la mano y lo conduje a mi cuarto, le pedí que hiciera el más mínimo ruido ya que mis padres dormían. Por suerte la habitación de mis padres se encontraba al fondo del pasillo que unía mi cuarto y haciendo el más mínimo ruido ni se darían cuenta.

    Al entrar a mi habitación y tras cerrar la puerta, Miguel me tomó de la cintura y me plantó un beso, era más alto que yo, así que tuvo que agacharse un poco para tomarme entre sus brazos y besarme, metía su lengua por todo el interior de mi boca, lo abracé y seguimos besándonos, acariciaba todo el escote de mi espalda. “Linda, me tienes vuelto loco, me encantas, te deseo, me moría por tenerte así para mí”, me decía mientras me tomaba del trasero.

    Me cargó con sus manos en mi trasero, yo rodeé con mis piernas sus caderas al momento que me llevaba hacía el mueble del tocador para sostenerme en él. Me senté sobre el mueble del tocador, Miguel se separó un momento para quitarse la camiseta, antes de seguir, lo traje hacía mí y le dije “Déjame ayudarte papacito, quiero desnudarte yo misma”. Él sonrió y me dejó seguir mientras que con sus manos bajaba el tirante de mi blusa para dejar mis pechos desnudos, los tomó en sus manos y lo acariciaba apretujando con sus manos, tenía unas manos con dedos grandes que me cubrían todo el seno al apretarlos.

    Le ayudé con su camiseta, se la quité, podía sentir su erección por encima de su pantalón cada vez que se pegaba a mi cuerpo, yo acariciaba su pecho y de vez en vez le daba besos sobre su pecho velludo, me ponían cachonda los hombres como Miguel, un hombre varonil con mucho vello y barba. Miguel no era un cuero de hombre, tenía un poco de panza sin exagerar sin embargo era su personalidad y su forma abrupta lo que me tenía así, no lo conocía, pero lo tenía en mi cuarto a punto de ser penetrada por él.

    Me estaba llevando al cielo con sus caricias en mis senos mientras me chupaba el cuello, los hombros al momento que bajaba con sus labios para dedicarse a besar mis senos, yo cerré mi pecho con mis brazos de lado a lado para el alcance de los labios de Miguel, mientras él los metía a su boca, en eso yo estaba más que excitada, extasiada diría yo, implorando con gemidos que me penetrara ya, mis senos son mi debilidad, son mi parte más sensible y Miguel los estaba estimulando muy bien.

    Caí en cuenta que mis papas estaban a solo unos metros en su habitación, no aguantaba más, quería sentir a ese hombre dentro de mi, quería sentirme suya, ser su mujer y entregarme a él. Le bajé los pantalones, seguido de sus calzoncillos ajustados, que rico se veía su verga, era de buen tamaño y sus bolas eran enormes, me incline hacia abajo para darle un beso seguido de una lamida por todo su glande, me quite mi short y mi tanguita rosa para mostrarle mi coño depilado a mi nuevo hombre, lo empuje hacia la orilla de la cama ya desnudos los dos.

    Miguel se sentó en la cama y me ayudó a sentarme sobre él apoyando mis rodillas sobre la cama y mi pelvis sobre su miembro, le dije “Miguelito chulo, quiero que me cojas, métemela papito, métemela mi amor”. En esa posición yo encima de él, tomé su verga con mi mano para estimular mi clítoris por encima, rozando con mi vulva al momento que subía y bajaba, estaba disfrutando tanto eso que de mi boca salían pequeños gemidos de placer. La verga de Miguel tenía un glande voluptuoso que apenas me cabía en la palma de la mano, jamás había sentido una verga de ese tamaño.

    Con su verga en mi mano nos besamos al tiempo que Miguel apoyaba sus manos sobre mi concha para estimularlo con un poco de saliva, seguimos besándonos apasionadamente mientras que intentaba meter su verga dentro de mi, con mucho cuidado me incorporé hacía arriba apoyando mi pierna derecha para estar a la altura de esa enorme verga y me la puse en mi vulva, entro la punta de su verga con un poco de dificultad.

    Ese chico tenía una verga gruesa con un glande de enorme circunferencia que me provoco cierto dolor en cuanto entró, me quedé quieta un momento para acostumbrarme a su tamaño y poco a poco me fui introduciendo esa verga hasta que entró gran parte de ese pedazo de carne dentro de mí. Rozaba las paredes internas de mi vagina causándome cierto ardor, me postre completamente entre sus piernas, puse mis manos en su pecho y comencé a moverme lento de arriba hacia abajo, esa verga estaba grande y gruesa, llenaba todo mi interior, con lo bien lubricada que estaba no tarde mucho en sentir todo su verga dentro de mi, empecé a moverme encima de él, de un lado a otro, como si de mi caballo se tratase yo montada sobre él.

    Con las manos sobre mi trasero y ayudándome a subir y bajar sobre su verga, Miguel me apretaba los senos, mordía mis pezones, me besaba mientras lo cabalgaba, yo estaba disfrutando tanto que no podía evitar que de mi boca salieran gemidos largos por la dimensión de la verga que sentía dentro de mi. Miguel tomó sus calzoncillos y me los metió a la boca para ahogar mis gemidos, yo seguía gimiendo ahogando mis gritos en sus calzoncillos, yo me abracé hacía mi nuevo hombre rodeando su cuello con mis brazos, sin dejar de moverme sobre él, se levantó continuando su verga dentro de mí y me puso sobre la cama yo boca arriba y él sobre mí, me abrió las piernas, tomó una de mis piernas y la puso a un costado de su hombro, empezó a penetrarme de una forma que me enloquecía más de que ya estaba, sacaba su verga y me lo volvía a introducir bombeándome en arremetidas tan rápidas que no duraron tanto hasta que me sentí que me venía. Lo abracé hacía mi con mis manos en su espalda por la magnitud del orgasmo que tuve que de forma inconsciente clavé mis uñas sobre su espalda terminando en un rico orgasmo que tensaron mis piernas y me nublaron la vista por unos segundos…

    Miguel no se había venido y de pronto se salió de mi aún con su verga erecta y con las manos me acomodó en cuatro sobre la cama. Yo siempre he tenido un trasero redondo y grande que se marca más con la posición de en cuatro en la que me había puesto Miguel, que sin más me jaló hacía él, yo llevé mi cabeza al colchón mientras Miguel me metía su enorme verga en mi coño en esa posición, me dio una nalgada fuerte que estoy segura que se escuchó hasta la habitación de mis padres. Yo le dije que nos escucharían y solo se dedicó a metérmela, no tardó y al darme unas cuantas embestidas se vino dentro de mí, sintiendo una carga de semen caliente sobre mi útero y bañándome todo mi interior.

    En esa posición salió de mi dándome un beso en la espalda baja justo donde empieza la división de mi trasero que caímos tumbados sobre la cama. Nos abrazamos, con su cabeza entre mis senos y sus manos en mi trasero, descansamos un rato. Vi el reloj de mi celular y ya eran las 2:30 de la madrugada, todo había sido tan rico que habíamos tardado más de dos horas disfrutándonos.

    Después de un rato más Miguel se vistió y lo acompañe a la puerta.

    Seguimos cogiendo muchas veces más, a veces a la salida de la Uni iba al departamento que rentaba y cogíamos toda la tarde, después me iba a mi casa feliz.

    Espero que les guste, si desean pueden escribirme a:

    [email protected], me gustaría leer sus comentarios.

  • Se convirtió en la amante de planta de su jefe

    Se convirtió en la amante de planta de su jefe

    Sandra se levantó de la cama, sabía que tenía que llegar a trabajar y que ahí, vería una vez más al Licenciado Rodríguez, y esa apostura que lo hacía irresistible para ella, moreno, casi un metro noventa de estatura, rasgos severos y varoniles, coronados con un bigote color negro al igual que su cabello que contrastaban notablemente con sus ojos color verde.

    Su varonil voz, y su pausada forma de hablar, le excitaban, se sentía como una jovencita ante la presencia del muchacho que la alborotaba en la escuela secundaria, y, aunque dichos años habían quedado atrás, y ella tenía 29 años, la sola presencia de ese macho encendía sus fantasías más ocultas y excitantes, y aún más, sabiendo que era casado.

    Se aprestó a hacer desayuno para sus tres hijas, dos de ellas de un mismo padre, de quien había sido amante y que, coincidentemente también había sido su jefe, y una tercera producto de su primera relación seria con un hombre, cuando ella estaba en la preparatoria y había entregado su amor y su cuerpo por primera vez, a quien en ese entonces era su novio.

    Las dos relaciones habían fracasado.

    Ahora, Sandra tenía que afrontar la responsabilidad de ser madre soltera, y trabajar y educar a su familia, tras terminar de servir a sus hijas, apresuro el paso, se quitó el pantalón del pants deportivo que utilizaba para dormir, y la delgada blusa que dejaba ver sus generosos pezones para quedar totalmente desnuda frente al espejo.

    Para sus adentros, pensó, no está mal, sacudió su larga cabellera negra como la noche que colgaba sensualmente hasta casi la mitad de su blanca espalda, y reviso sus largas piernas, con unos muslos adorables, y largas pantorrillas, sus caderas medianas, y dándose la vuelta, reviso su trasero, que, en lo particular, era lo que menos le agradaba de su figura, aunque, al parecer, a los hombres que habían tenido la suerte de llevarla a la cama les era más que bueno, y lo disfrutaban cuando lo manoseaban, abrían y palmeaban, regresó a la postura frontal, y vio su monte de Venus coronado con un ralo triangulo de vello, que cuidaba acuciosamente cada vez que entraba a la regadera, copo sus pechos que eran lo que más le enorgullecían, grandes, turgentes, pesados, con dos hermosas aureolas amplias en color café claro, y unos pezones café obscuro prominentes y erectos, además de ser extremadamente sensibles, sonrió y giro, retiro la cortina plástica de la ducha, y abrió la regadera, mezclando agua caliente y fría, estiro una de sus largas piernas e ingreso a la regadera para bañarse apresuradamente, debía darse prisa y salir rumbo a la oficina.

    Tras el regaderazo, Sandra se puso un juego de lencería blanca, con encaje al frente de una breve tanga que se metía perniciosamente entre sus blancas nalgas de piel tersa, que le ajustaba perfectamente, muy sacada arriba de la cadera, pronunciado su afilado perfil, y alargando sus ya de por si prolongadas extremidades inferiores, mientras que el sujetador era igualmente en color blanco, con unos hermosos remates de encaje sobre las copas que cubrían la mitad de sus pechos, casi al borde de sus hermosos pezones.

    Procedió a sacar el traje sastre color azul marino, de falda dos pulgadas arriba de la rodilla, y apretada en caderas y muslos, eso la favorecía con su figura espigada, de peto amplio que sujetaba su abdomen y la hacía ver más plana en la región abdominal, el saco era de buen corte, y al cerrarlo se abultaba con sus poderosos pechos. Decidió no usar medias, y selecciono los zapatos negros de tacón de aguja, que levantaban sus nalgas, y delineaban sus pargas pantorrillas, rematando con la blusa de seda blanca, que transparentaba su sujetador dándole un toque erótico y juguetón, se vistió, y tras ponerse las prendas se paró frente al espejo, sonriendo al agradarle lo que veía. Estaba lista.

    Salió a la calle dejando a sus hijas atrás, camino a la esquina de la calle donde se juntaba una transitada avenida donde espero un taxi, sus pasos eran acompasados, largos y decididos, y varios automovilistas volteaban a revisarla de pies a cabeza, al llegar a la intersección, y pararse en la esquina, sonrió para sus adentros al seguir recibiendo miradas lascivas, y un camión de volteo cargado de trabajadores de la construcción se convirtió en un indicador más de como lucia esa mañana, pero del modo guarro y descarado, los albañiles no se limitaron y profirieron cualquier cantidad de piropos impropios que ruborizarían a cualquiera: ¡que rica puta!, ¡señora sabrosa!, ¡que ricas tetas! ¡Culona! ¡Que ricas piernas, quien estuviera en medio de ellas! ¿Quieres coger, aquí hay muchas vergas para ti putona? Y más improperios, permaneció incólume, no gesticulo, ni mostro agrado o desagrado, mientras el camión prosiguió su marcha al cambiar la luz mientras los hombres seguían gritándole de cosas al alejarse.

    ¡Vaya reacción! Pensó, ¿reaccionaria igual el caballeresco licenciado Rodríguez? No dejo de sorprenderse a sí misma al pensar eso, ¿se había arreglado meticulosamente para él, o lo hizo como parte de su femineidad natural y para lucir bien ella misma? mientras eso pasaba por su cabeza, vio un taxi libre y estiro el brazo para solicitar su servicio, el taxista hizo una maniobra, y detuvo el vehículo frente a la espigada mujer, quien abrió la portezuela posterior, levanto la pierna izquierda y abordo el vehículo bajo la vigilante mirada del chofer que no perdió detalle cuando abrió las piernas al subir, el transportista buscaba verle la ropa interior casi seguramente, ella bajo su mano y cubrió cuidadosamente el frente para evitar darle un espectáculo gratis al descarado conductor que fijaba su mirada en la parte baja de su anatomía.

    -¿A dónde la llevo señorita?- preguntó el maduro chofer, a lo que Sandra respondió dándole la dirección de la oficina, al tiempo que se quitaba las gafas obscuras que cubrían sus ojos cafés claro, dedicándole una amable sonrisa al chofer a manera de cortesía, aun y cuando él había tratado claramente de ver de más cuando abordo la unidad de transporte.

    Al llegar a su destino, el conductor le dijo cuanto costo el viaje, Sandra metió la mano a su bolsa y extrajo el dinero, se puso las gafas, abrió la portezuela, y traviesamente separo mucho sus largas extremidades, bajando primero la pierna derecha del automóvil, y aguantando la postura un poco, el chofer con los ojos como platos tuvo una amplia visión de la ropa interior de encaje blanco en el fondo de la falda de la sensual mujer, quien en esa misma postura extendió el brazo para darle el dinero al tiempo que le daba las gracias, el recibió el pago y balbuceó:

    -Gracias a usted bella dama, que tenga buen día.

    Sandra giró sobre su trasero, bajo la pierna izquierda, y sin voltear atrás cerró la puerta del carro, y camino sensualmente rumbo a la puerta de su oficina ubicada a unos metros sobre la acera. “¡este se la jala al rato pensando en lo que vio!”, pensó, esbozando una sonrisa juguetona en sus gruesos y carnosos labios pintados de rojo brillante.

    Abrió la pesada puerta de madera, y miró hacia arriba de la larga escalera que llevaba a las oficinas en el primer piso, emitió un prolongado suspiro y tomo aire -ahí vamos otra vez- pensó, y subió la escalera con paso decidido.

    Al llegar, Leticia la asistente general la saludó efusivamente, se habían hecho amigas, y era la única del lugar que conocía los escarceos amorosos que el jefe había tenido para con ella, sonrió y le dijo:

    -tu hombre viene hermoso el día de hoy ¡te vas a mojar nomas de verlo! -y se carcajeo ruidosamente.

    -shhh, ¿qué te pasa pendeja? -inquirió Sandra, con una sonrisa tímida- ¿platícame, como se ve?, y la que se moja eres tú mensa -y se rio abiertamente en complicidad con su amiga

    -Espérate a verlo, seguramente te va a llamar en cuanto vea que llegaste.

    Sandra siguió su camino hacia el escritorio que le correspondía al otro lado de la oficina, justo frente a un ventanal cubierto por una cortina traslucida que permitía ver al exterior, pero impedía ver hacia el interior de la oficina del licenciado Rodríguez, Sandra giro por la parte que daba al ventanal, sacudió su melena negra azabache, y acomodo su bolso en el último cajón agachándose y mostrando el contorno de sus caderas a quien estuviera dentro de la oficina, se irguió y retiro la silla, y poco antes de sentarse, el teléfono sonó con la alarma del interfono, extendió su largo brazo, y tomo el auricular, y dijo con voz melosa:

    -A sus órdenes licenciado.

    La varonil voz del otro lado del auricular contesto:

    -Buenos días Sandra, ¿puede venir a la oficina?, tengo algunas cosas que pedirle.

    Sandra tomó la libreta de dictado que tenía sobre el escritorio, giró sobre sus talones y se encaminó hacia la puerta, en la distancia, Leticia se reía abiertamente, y con gesticulaciones le decía a su amiga “te lo dije, te iba a llamar en cuanto te viera llegar”. Sandra sonrió, su amiga tenía razón, ni siquiera si había sentado en su lugar y él ya la requería en su privado.

    Sandra entro en la oficina con un look muy profesional, libreta en mano, y lista para ver los requerimientos de su jefe, por dentro, al verlo ataviado con el elegante traje color gris, camisa blanca, zapatos lustrosos recién boleados color negro, y una corbata roja, no pudo menos que relamerse los labios, ¡cómo le gustaba ese hombre maduro, de físico excelente, alto, pero por desgracia, su desgracia: ¡casado!

    -A sus órdenes, licenciado -dijo Sandra.

    El, la miro de arriba abajo y sonrió derritiéndola inmediatamente.

    -Que tal Sandra, ¿Cómo está? -Inquirió el, ella devolvió la sonrisa, con un brillo de coquetería en sus vivaces ojos.

    -Lista para lo que usted ordene.

    Él se reacomodó en su confortable silla de oficina, y le pidió una serie de documentos correspondientes a la jornada laboral, le dicto tres números telefónicos para arreglar unas citas concernientes al trabajo, y le solicito un vaso de agua, Sandra contesto, enseguida licenciado, y giro sobre su eje una vez más para salir de la oficina y comenzar a cumplir con sus tareas, fui ahí, cuando dio la vuelta y estaba a punto de salir, que él le dijo:

    -Sandra -ella frenó y volteó sobre su hombro, y él comentó sonriendo una vez más- que guapa y sexy luce el día de hoy, siempre, pero hoy verdaderamente ¡brilla!

    Ella se ruborizo, sintiéndose halagada, y deseada, y respondió con una abierta sonrisa mostrando su alineada y blanca dentadura y gruesos labios diciendo:

    -Muchas gracias licenciado, verdaderamente me siento halagada.

    Él reafirmó el piropo diciendo:

    -Que afortunado debe ser su novio Sandra, disfrutando a una bella dama como usted.

    -¡Gracias! –Contestó- pero la verdad licenciado, no tengo ninguna relación por el momento, me concentro en el trabajo, y en servirle a usted (enfatizó dicha frase) así como en cuidar y atender a mis tres hijas. -Al terminar la frase, solo volteo su cabeza y camino de un par de pasos largos para salir del lugar y de la vista del abogado.

    A lo largo de la mañana, Sandra cumplió al pie de la letra cada una de las tareas que le habían sido encomendadas, en el inter, ella visito a su jefe en cuando menos tres ocasiones más, y en cada una, el volvió a decirle cuan hermosa y sexy lucía “¡este quiere algo!”, pensó al tiempo de que en cada una de esas ocasiones sintió una chispa de excitación sexual que no podía refrenar, una vez más, sus pensamientos volaron y se visualizó en toda clase de situaciones carnales con su jefe, en todas las posiciones y en todas las perversiones, llegando incluso a sentir como lubricaba en sus partes más secretas.

    Al llegar al mediodía, todos quienes trabajaban en la empresa salieron para tomarse una hora para comer, sin embargo, Rodríguez seguía pegado al teléfono en una conferencia con un cliente importante, y Sandra no podía dejar la oficina hasta que lo hiciera su jefe por si necesitaba algo (ojalá y la necesitara a ella). Leticia se acercó a su amiga, con quien habitualmente salía a esa hora por los alimentos, y le dijo “Pues me voy esclava, ahí quédate a esperar a que tu príncipe azul termine de hacer dinero, nos vemos en una hora” y enfiló rumbo a la puerta, misma que cerro fuerte de un portazo y bajo la escalinata larga, cerrando fuerte la puerta exterior a nivel de la calle.

    Rodríguez y Sandra se quedaron solos en la oficina.

    La llamada concluyo en no menos de cinco minutos, y el abogado se levantó de su silla, camino unos pasos rumbo a la puerta, y contemplo a su asistente sentada ahí, esperando sus instrucciones.

    -¿Qué paso Sandra, por qué no fue a comer? –Preguntó.

    Sandra levanto el entrecejo, y aseveró:

    -Creí que tal vez me necesitara para algo después de terminar la conferencia con nuestro cliente de la farmacéutica.

    Él caminó hacia la mujer, y sonrío abiertamente, acotando “de verdad que es usted servicial y eficiente, le agradezco mucho su profesionalismo, y que me espere, pero no era necesario, es mi error, debí haberle dicho que se fuera a comer, le ofrezco una disculpa, ¿Qué puedo hacer para compensarla?”. Sandra giro la silla para encarar al hombre que se había acercado a ella, ubicándose a poco más de un metro de donde estaba sentada, ella apretó las rodillas y su falda mostraba sus caderas arrellanando su trasero en la silla, la blusa de seda blanca abierta discretamente hasta el tercer botón, y dando un pequeño campo visual a su sujetador de encaje blanco, enmarcado en el saco ejecutivo azul marino. Se veía verdaderamente atractiva.

    Manuel Rodríguez tenía fama de conquistador, a pesar de estar casado con una mujer extremadamente bella, desde que Sandra se presentó a pedir trabajo, le había llamado la atención, y en los dos primeros meses de relación laboral, todo se había manejado en el terreno netamente profesional, sin que eso le impidiera observar a su asistente y sus largas piernas y generosos senos, así como su cara de belleza atrevida y grandes labios en flor que, como alguna vez le había comentado a su socio, le parecían perfectos para dar una mamada de campeonato mundial.

    “Mi esposa me llamo diciendo que venía retrasada Sandra, dijo el licenciado, ¿usted no se va a ir?”. Ella le contesto “No, creo que ya no voy a alcanzar, tal vez queden solo cuarenta minutos para regresar a la oficina”. Al tiempo que se levantó de su silla para servirse un vaso de agua, pero, al levantarse, el hombre no dio un paso al costado, quedo ahí, parado frente a ella, que, a pesar de ser alta, con un metro y setenta y dos centímetros no alcanzaba ni cerca la estatura del que fuera jugador de baloncesto, se produjo un silencio, mientras la mujer levantaba la cara para ver el rostro de su jefe, quien una vez más esbozo la sonrisa que la volvía loca, y dijo:

    -¿Cuarenta minutos es tiempo suficiente para que tú y yo nos conozcamos mucho mejor, no crees? -Era la primera vez que la tuteaba, y sintió una corriente eléctrica recorriendo su espalda hasta sus nalgas, el alargo sus brazos, y la tomo suavemente, sus manos eran enormes, y bajando un poco la cabeza para ponerse a su altura le dijo– sé que te gusto, y tú me gustas mucho también, tú y yo podríamos divertirnos mucho, si tú quieres –alargó estas últimas silabas, diciéndolas casi en un susurro al oído de Sandra que sintió como se le aflojaban las rodillas ¡era increíble!

    El jefe le había dicho que ella le gustaba, y se dejó hacer, el recorrió sus brazos acariciándola, y cerro su ataque, tomando las solapas del saco ejecutivo removiéndolo del delgado cuerpo de la asistente, mientras que al mismo tiempo la besaba en la boca, primero con suavidad, como explorando su reacción y al recibir respuesta afirmativa, con mayor pasión, sacando su lengua e invadiéndola la de ella, quien devolvió el abrazo, elevando sus brazos y manos para abrazar al varón por el cuello, sus amplios hombros y el prolongado beso la hacían temblar de emoción, el saco de Sandra cayó al piso, y el movió su mano derecha para tocarle los pechos por encima de la delgada blusa, y Sandra no pudo reprimir un ligero gemido de placer mientras sus lenguas seguían entrelazadas.

    Su enorme mano entro por el escote, y sin perder el tiempo invadió la privacidad del sujetador yendo directo a amasar uno de sus pechos, que, a pesar de ser grandes, talla D, era completamente cubierto por la mano del ex jugador de baloncesto, sentía una dureza desmedida en los pezones, y las sensaciones eran abrumadoras, se descolgó de sus hombros sin dejar de responder a los besos ardientes del hombre que seguía hurgando en su boca con una lengua grande y tentadora, y por primera vez, buscando retribuir las caricias, paso su palma abierta por la superficie frontal del pantalón de vestir de su jefe, pudiendo sentir una enorme erección, estaba duro, muy duro, y su tamaño lucia prometedor debajo de la prenda, procedió a abrir la hebilla del cinturón, haciéndolo a ciegas, ya que él seguía besándola con frenesí, logró desabrochar el seguro, y Sandra fue por el botón del pantalón, el desprendió el beso y agachando la cabeza mordió delicadamente el lóbulo de una de las orejas de la mujer que se estremeció sintiendo la humedad de su saliva, la textura de sus dientes, y ese intoxicante aroma de la colonia que usaba y que a ella tanto le gustaba, olía a hombre, olía a macho, sin duda, sus feromonas contenían la química exacta para su gusto de mujer, el cerro un poco su caricia en su seno derecho, y apretó fuerte pero sin llegar a provocarle dolor su erecto pezón, lo que envió una sensación punzante y aguda a través de sus terminales nerviosas terminando en su clítoris, Sandra sentía que su sexo escurría excitación, estaba tremendamente húmeda y caliente.

    Ella se atrevió a romper el ritmo de esas exploraciones amatorias por primera vez, ya que tenía una duda legítima “dígame licenciado -a pesar de tener sus besos apasionados y su mano acariciando sus pechos seguía hablándole de usted:- ¿Qué no dijo que su esposa ya venía en camino?”. Su voz sonaba entrecortada entre suspiros y jadeos, el reculó un poco para darle libertad de maniobrar para abrirle el pantalón al tiempo que decía “No te preocupes, para esto siempre hay tiempo” y retirando la mano del interior del sujetador de su asistente, empezó a desabotonar la blusa de seda buscando liberar los turgentes pechos que anhelaba lamer y chupar.

    Sandra prosiguió la labor y retiro el botón del pantalón, bajo la cremallera, y metió la mano, su jefe utilizaba boxers, introdujo la mano por la parte superior de la ropa interior y sus largos dedos de unas larga y pintadas de rojo fuego sintieron la carne dura del hombre que la deseaba, ¡vaya que estaba duro! Emitió un largo suspiro, y apretó su pene, era ancho, y también, como lo había supuesto, largo y del tamaño exacto, ni muy pequeño para no sentirlo, ni muy grande como para temerle, era exactamente lo que ella y su calentura necesitaban.

    Aun de pie, las manos de Rodríguez, que ya habían liberado los botones de la blusa, se dirigieron a la parte baja del cuerpo de Sandra, sus enormes manos coparon sus nalgas, apretándolas, acariciándolas, haciéndola temblar, ella soltó el agarre inicial que tenía sobre el pene de su amante, y extrajo la mano, usando a otra ayudo a bajar el pantalón que cayó hasta las rodillas, y tomando el bóxer por ambos lados de la cintura, tiro hacia abajo, al tiempo que bajaba la cabeza para ver por primera vez el instrumento que el seguramente metería en ella, era moreno obscuro, circuncidado, con una enorme cabeza en forma de hongo, con el pelo púbico ralo, parecía que se daba tiempo de cortarlo, ¡hasta en eso era detallista! Pensó mientras la bestia se liberaba ante sus ojos, era hermoso, y sintió un irrefrenable deseo de tenerlo en su boca de grandes labios ¡cómo le gustaba chupar penes! Era algo que estaba más allá de sus fuerzas, desde muy joven siempre se calentaba con la idea que los hombres que le gustaban estuvieran en su boca, era una fijación, misma que había saciado cada vez que le era posible, disfrutando enormemente de chupársela a quienes habían tenido la suerte de estar con ella íntimamente.

    El hombre sonrió una vez más, ella estaba exactamente donde él quería, y sus movimientos y acciones le decían que su asistente estaba caliente y deseando que la penetrara, Sandra tenía la blusa abierta y desfajada parcialmente de su falda ejecutiva, sus pechos ya estaban expuestos tras de que su jefe los sacara por encima de su sujetador, ofreciendo una excitante vista con esos pezones de aureola grande, y coronando cada seno erectos como punta de diamante, de color café obscuro, y listos para ser pellizcados, lamidos y chupados.

    Sandra dejo de preocuparse por su apariencia, y se inclinó hacia adelante, quería sentir su erección en la boca, ¡como deseaba mamarla! Mientras ella completaba la maniobra para alcanzar el pene deseado, él tenía una vista excelente de la mujer empinada, con las piernas ligeramente separadas y su espalda y nalgas respingadas al tiempo de que ella se inclinaba para saciar su apetito de verga.

    La enorme cabeza estaba ahí, a pocos centímetros de su boca, su aroma era agradable, su cabeza en forma de hongo ya estaba soltando liquido pre seminal, brillaba, su mano derecha sostenía el glande desde la base, la elevo para ponerla aún más cerca, y paso sus labios cerrados por la abertura superior, pintando sus jugosos labios con jugo de macho, y se relamió los labios, tenía su sabor en su boca, su olor la tenía cautivada, caliente, enervada, abrió la boca y se metió el hongo pulsante en la boca, jugo con su lengua en la punta todavía dentro de su oquedad, bajo empujando su cara un poco más para meterse más de ese órgano excitante, y el gimió de gusto, iba bien, seguía usando su lengua dentro de la boca y el sabor le encantaba, el, acariciaba su espalda por encima de la blusa y apretaba sus nalgas de vez en cuando “¿te gusta Sandra?” preguntó él, ella solo respondió con gemidos de gusto, como quien saborea un manjar, Rodríguez comenzó a bambolearse hacia adelante y hacia atrás, ayudando la labor experta de su amante a quien ya se cogía por la boca, los sonidos y chupetones que ella hacia al mamar eran muy excitantes, parecía que estaba hambrienta, las manos de la hembra aprisionaban las nalgas descubiertas del macho, y el recorría sus grandes manos desde las nalgas de ella, hasta su cabeza para apalancarse y meterle su órgano sexual hasta la garganta, sin que ella rechistara ni se ahogara por la dimensión del órgano al que daba placer.

    -Bien le dije a Rodolfo -acotó el ejecutivo- detrás de esa carita estaba una verdadera profesional para mamar verga Sandra, hummm, que buena eres, si, cómetela toda, se ve que te encanta la verga, chúpamela, chúpamela toda, hummm.

    Las palabras guarras del siempre propio abogado excitaban más a la mujer, lo estaba poniendo a mil, y su pene entraba y salía con cada vez mayor ritmo y velocidad en su boca, misma que cerraba para incrementar la fricción sobre la parte interior de sus mejillas sobre el potente glande, cuidándose de no usar los dientes, y si, de mover sus lengua para darle mayores sensaciones a quien la poseía por la cara, ella salivaba profusamente, hilillos de baba bajaban por su mandíbula, y goteaban sobre el piso, en una imagen contrastante con la prístina apariencia ejecutiva con la que ella se había presentado a la oficina esa mañana.

    -Si sigues así te voy a llenar la boca de leche caliente Sandra -aseveró en tono grave y en medio de pujidos y gesticulaciones el alto abogado, ella esbozo una sonrisa en su empalada boca, retirándola del órgano, para, levantando la cabeza mostrarle su rostro y sus todavía rojos labios con enormes cantidades de saliva y líquido seminal escurriendo por las comisuras de sus labios…

    -¿Le gusta como lo atiendo licenciado?

    Él dijo con gusto:

    -Claro que si mamacita, pero ahora necesito otro de tus servicios, y estoy seguro de que serán tan buenos como los que me has dado con tu boca – la tomo de las manos, la hizo levantarse de la posición que tenía agachada por la cintura con el pene de su jefe metido en la boca, y la incorporo con suavidad, ella retiro con el antebrazo, el líquido excedente que escurría de su boca, y haciéndose la inocente le pregunto a su jefe “¿Qué desea que haga licenciado?”, el tono de su voz era meloso, casi un ronroneo como una gatita que desea un plato de leche, sus ojos eran vivaces, su sonrisa era picara y coqueta, estaba deseosa de complacerlo, y complacerse a sí misma, tal y como varias veces lo había hecho en secreto, en la intimidad de su recamara cuando se masturbaba pensando en el día en que el apuesto abogado la hiciera suya.

    Una vez que el hombre regreso a la mujer a su posición erguida, la volvió a abrazar gentilmente, y le fue dando la vuelta besándola en la boca, en el cuello, acariciándola en diferentes partes de su cuerpo, recorriéndola, cachondeándola, haciéndola vibrar, apoyo su pene erecto contra las nalgas de ella, cubiertas en su falda ejecutiva, él ya estaba prácticamente desnudo de la cintura para abajo, con los pantalones y los boxers a la altura de las rodillas, ella tenía la blusa blanca de seda abierta y parcialmente por fuera de su falda, con los senos saliendo por encima de su delicada tela de encaje y seda, y comenzó a empujarla hacia el escritorio de ella, quien bajo las manos para apoyarse en el mueble, las manos del hombre se apoderaron de la orilla de la falda y la subió hasta la cintura, revelando la blanca piel de la fémina quien respiraba entrecortadamente y con la cabeza volteada hacia atrás, la melena negro azabache, lacia y revuelta, miraba fijamente a su macho con sus labios entreabiertos y una mirada desafiante, el tomo las orillas de la tanga blanca y la deslizo desde la cintura, pasando por sus caderas, los blancos y torneados muslos desnudos, dejando la prenda colgando entre sus rodillas, se incorporó, y empujo a la mujer por la espalda, poniendo sus nalgas a su entera y total disposición, metió una mano entre los pliegues de su trasero, y sintió como se empapaba el dorso de la mano en los jugos sexuales que rezumaban del coño excitado de su asistente quien meneaba provocativamente sus caderas, y sintiendo el grosor y longitud del tronco que buscaba penetrarla.

    El licenciado Rodríguez asió a Sandra por las caderas, ella paro el culo y con una voz encendida le dijo, a su amante: “métemela, te deseo muchísimo, métemela toda, cógeme, cógeme duro, hazme tuya, ¡hazme lo que tú quieras!”

    La voz femenina fue como echar gasolina a un pastizal seco, la lujuria enervo al hombre, dirigió su mástil al hoyo de la mujer, empujo la gorda cabeza entre la labia, y de un caderazo y con la enorme lubricación que empapaba la vulva de la mujer, se metió hasta el fondo, de un solo golpe, haciendo que ella emitiera un hondo gemido, y agachando la cabeza entre sus brazos y apretando los puños sobre el escritorio.

    “¡¡¡Haaaay que rico papi, la tienes bien dura, hummm, me partiste a la mitad, cógeme bien duro papito rico, metemelaaa!!!”. Sandra siempre había sido muy escandalosa al momento del sexo, desde el día donde perdió la virginidad en sus años de preparatoria, hasta los múltiples amantes que había disfrutado entre sus dos matrimonios fallidos, cuando alguien le había recriminado dicho escándalo, su respuesta había sido “¿Qué quieres?, la tengo apretadita, ¡y la siento toda!, más si esta grande y gruesa”.

    La de su jefe estaba bien dotada, y con un grosor más que adecuado, por lo cual cada estocada le producía enormes sensaciones, a las que respondía moviendo la cadera y apretando su vagina, ofreciéndole una deliciosa sensación al macho que la penetraba con fuerza, las enormes manos a ambos lados de su cadera apretaban los rollitos de carne que se hacían en esa zona por la posición adoptada, y cada embestida producía un chasquido de carnes ante la violencia de la invasión.

    “¡Toma, toma balbuceaba el jefe, cómetela toda cabrona, hummm que rico aprietas putita, ¡tienes perrito!, si, cómetela perrita, hummm, siii”. De señorita, o señora, dependiendo la ocasión, ahora Sandra había pasado a ser cabrona, putita y perrita, epítetos que no le desagradaban en ese entorno, pero que la hubieran enardecido en cualquier otra situación “sí, soy tu puta, soy tuya, cógeme durísimo papi, méteme la verga, aaay, siiii, huuuu, haaa”.

    El martilleo de Rodríguez había adquirido dimensiones gigantescas, sudaba copiosamente, y el furioso mete saca estimulaba enormemente a Sandra que sintió como se le aflojaban las rodillas al perderse en un orgasmo cegador, siendo penetrada desde atrás, sentía la total dimensión del falo que la castigaba, pero al mismo tiempo la premiaba con un placer intenso y prolongado, sobaba sus enormes tetas, y apretaba sus obscuros pezones, su orgasmo no era uno, eran varios encadenados, su pierna izquierda temblaba descontroladamente al combinar la retribución sexual que estaba recibiendo, al esfuerzo físico de estar parada resistiendo los embates con los tacones puestos, el ataque de Rodríguez era atlético, un pistón que movía esa máquina de placer con total autoridad, mientras Sandra ocultaba sus gestos de placer entre su largo cabello que caía sobre su rostro al estar inclinada en posición de recibir, y con los brazos uno encima del otro para crear una resistencia más fuerte ante la violencia de las embestidas de aquel toro que deseaba partirla a la mitad, su verga tocaba los puntos correctos, y un segundo orgasmo se desencadeno entre gritos, el jalo su largo cabello, obligándola a levantar la cara, y ver sus expresiones mientras volvía a venirse con violencia, un hilillo de líquido resbalo por la cara interna de sus muslos, ¿se habría orinado? Pensó, no, no era orina, finalmente había experimentado algo que veía con regularidad en ciertas películas pornográficas, el famoso squirt, y el, al verla, sintió una emoción especial, la estaba haciendo garras, el temblor de las piernas de ella era cada vez más notorio, y sus espasmos demostraban que era presa de una cadena de orgasmos simultáneos, eso alabo su ego masculino y continúo metiéndole y sacándole su arma con enorme vigor ante los gritos pujidos y estertores de la mujer que era ya una muñeca de trapo completamente desguanzada y sin resistencia alguna, le metía la verga y le magreaba las tetas con total libertad, y apretaba y pellizcaba fuertemente sus pezones.

    La vagina de Sandra se abría y se cerraba al igual que el esfínter anal descontroladamente, prueba inequívoca que los orgasmos eran completamente legítimos al ser un reflejo involuntario propiciado por el enorme placer que estaba sintiendo.

    La mirada de ella bajo hacia sus brazos cruzados, y ahí estaba el reloj, corriendo implacable, ¿y si llegaba la esposa del licenciado y los encontraba cogiendo? O igualmente bochornoso, pero menos peligroso, ¿y si los compañeros de trabajo regresaban a hacer sobremesa a la oficina? Sandra le recordó a su jefe que su esposa debía estar por arribar, y que los compañeros seguramente ya venían en camino, él le dijo: “no me voy a ir sin que me saques la leche hermosa” la soltó, y sacó su verga completamente bañada en los jugos de la hermosa y altiva asistente ejecutiva, ella se levantó de la posición en la que había sido poseída, y bajándose la falda se puso en cuclillas delante de su jefe y su erecto falo llevándoselo a la boca, y diciéndole: “dame tu leche papi, quiero tus mecos en mi boca, dame lechita caliente”, le mamó la cabeza, se metió el tronco hasta la garganta, acariciando su escroto con una mano, y con la otra comenzó a masturbarlo desde la base mientras lo trabajaba con verdadera maestría con su boca y lengua, él, veía esa cara de rasgos fuertes, pero hermosos, y se excitaba aún más “sabía que era una puta golosa” pensó “¿quieres leche putita?”, “sí, dámela” contestó ella sacándose el garrote de carne de la boca, y reasumiendo sus labores felatorias en cuanto termino la frase, intensificando sus caricias sobre los huevos del varón, y la velocidad de su masturbación a aquel pito que le había arrancado varios orgasmos deliciosos.

    -Así Sandra, chúpamela toda, comete mi verga, ¿la querías puta, eh, dime que la querías toda?

    Una vez más, ella extrajo su pene enhiesto de la oquedad bucal, y relamiéndose los labios como si estuviera degustando miel, dijo coquetamente: “sí, la quería desde que llegue a esta oficina, usted me puede hacer suya cuando usted quiera” y volvió a mamar con devoción, mientras la tensión sexual del licenciado Rodríguez crecía, y crecía, sus piernas temblaron, y ella acelero la mano con la que lo masturbaba, mientras sus labios y lengua se concentraban en el frenillo de su pene, una zona altamente sensible que ella sabía, le produciría las sensaciones correctas para acelerar su erupción “ahhhh, que delicia, siii, chúpamela, huuum ahí viene, ¡ahí te va tu leche gatita, para que te la comas toda!”.

    Su eyaculación fue profusa, le lleno la boca y se le fue hasta la garganta, era tan copiosa que inclusive algo de su esperma que había salido disparado se le fue por las fosas nasales al no poder retener su leche dentro de la boca, se tragó una buena cantidad, pero mucha resbalo por su barbilla, y por las comisuras de los labios, y salía de su nariz, y siguió jalándosela y chupando la cabeza para intensificar su placer. Justo en ese momento climático, sonó el teléfono, era la esposa del licenciado, él le dijo que contestara, ella quería negarse, pero él se dio la vuelta y camino con los pantalones hasta la rodilla rumbo a su oficina para asearse y reacomodarse el elegante traje de corte ingles, mientras que Sandra con las tetas al aire, la falda hecha un caos alrededor de su cintura, la blusa totalmente fuera de lugar, el sujetador debajo de sus pechos, y la boca y la cara llena de semen procedió a contestar amablemente: “¿diga?”, “Hola Sandra, buenas tardes, soy la señora Eugenia, ¿ya se desocupo mi marido?”. Sandra tenía la voz alterada por la entrecortada respiración tras el esfuerzo final para provocar la venida de su jefe “Buenas tardes señora Eugenia, está por concluir su llamada con la farmacéutica, me dijo que ya baja”.

    La esposa engañada, que, como mencione anteriormente era también un cromo de mujer, madura, pero con todo en su lugar, riposto: “Creo que me bajaré a esperarlo en la oficina”. “NO” dijo Sandra. “¿Cómo?”, preguntó la esposa “Ya está saliendo señora”, acotó la amante, y Sandra volteó rumbo a la oficina de su jefe abriendo sus hermosos ojos marrón como platos, tapando la bocina con la mano y diciéndole a su amante que se apresurara, que su esposa quería bajarse a la oficina “muy bien, entonces lo espero, chiquita, parece que estaba haciendo aerobics, ¿qué te pasa?”. La infiel asistente contestó: “es que subí corriendo las escaleras de la oficina ahorita que regresé de comer señora, no pasa nada, muchas gracias”.

    El hombre salió de su oficina como nuevo y con una enorme sonrisa en su moreno rostro, le aventó un beso a su asistente y emprendió la huida dejando tras de sí un rastro de su embriagador olor a colonia que trataría de disimular el fuerte olor a sexo que flotaba en el ambiente tras la brutal cogida que le acaba de pegar a su subordinada.

    Al salir Rodríguez, Sandra camino hacia el baño, se vio en el espejo y contemplo su rostro medio cubierto de semen que empezaba a resecarse, el cabello alborotado, la fina blusa de seda abierta de par en par, sus pechos por fuera de las copas de su delicado sujetador con los pezones enrojecidos y adoloridos por los tremendos pellizcos que le propino su amante, y ese latido en la labia de su vagina que seguía pulsando tras los poderosos orgasmos que había vivido unos minutos atrás.

    Se lavó la cara apresuradamente, trató en lo posible de corregir su cabello normalmente lacio, reluciente, y acomodado cuidadosamente con un fleco al frente, reacomodo sus pechos dentro de las copas de su brassiere cerró su blusa, se fajo, y rápidamente trató de corregir su maquillaje.

    Leticia entre en mucho silencio a la oficina y Sandra no se percató de su llegada hasta que le dijo: “¿Qué tal estuvo, te lo cogiste amiga?”. Sandra se ruborizó, y no supo que decir, mientras que Lety caminaba por la oficina y abría algunas ventanas y prendió un par de ventiladores diciendo: “¡aquí huele a motel barato amiga! Huele a puro sexo”.

    Sandra no tuvo más remedio que contarle todo a su amiga y compañera de trabajo, y a partir de ese día, se convirtió en la amante de planta de su jefe.

  • La follé… despacito

    La follé… despacito

    Tenía ganas de comer una paella valenciana y fui a Valencia cuando casi nadie va, después de las fallas. En la calle Iglesia de Vera entré en el Restaurante Casa El Famós, un lugar muy sencillo y agradable con mesas con cuatro y ocho sillas, manteles que podrían ser de cualquier casa, en el que había cantidad de cuadros en las paredes, dos lámparas en el techo, en fin, un lugar sencillo en una casa de dos pisos pintada de color ocre y con un servicio de lo más agradable.

    Estaba dando cuenta de una buena paella y de un tinto Fortaleza de Requena cuando vi llegar a dos hombres y una chica. Ella era más alta que ellos. Tenía entre veinticinco y veintinueve años. Llevaba puesto un vestido negro que le daba por encima de las rodillas y que dejaba ver unas piernas anchas y bien torneadas, sus ojos y su cabello eran oscuros, los dedos de las manos y de los pies, que mostraban unas sandalias con altas plataformas, las llevaba pintadas de rojo, lo mismo que sus gruesos labios. Era una preciosidad.

    Se sentaron en la mesa enfrente a la mía, ellos dándome la espalda y ella de cara, a unos tres metros de distancia. La estaba desnudando con la vista cuando cruzamos miradas. Apartó la suya y siguió hablando con un acento sudamericano que encandilaba. Apartara la mirada, pero me había visto, viera a un maduro de pelo cano vistiendo un chaleco gris y una camisa blanca y con una corbata gris abierta. Cuando acercó la primera cucharada a la boca me miró y se encontró de nuevo con mi mirada. Sonrió a una gracia que le hizo uno de sus acompañantes y me volvió a mirar.

    Me gustaba verla comer, limpiar sus labios con la servilleta, beber a pequeños sorbos… Enamoraba solo con sentir su risa. Sus miradas se intensificaron, eso me decía que no le desagradaba. Le gustara o no, no era momento de saberlo. ¿O sí? Al mirarme, saqué la lengua y la pasé por mis labios. La joven, aprovechando algo que le dijera uno de los acompañantes le sacó la lengua. ¿Sería casualidad? Me volvió a mirar, le miré para las tetas y mordí mi labio inferior, ella mordió el suyo y después limpió la boca con una servilleta. Me toqué una teta y ella quitó una imaginaria miga de una de las suyas. En la última mirada volví a pasar la lengua por los labios y ella la pasó por los suyos. Ya era seguro, estaba coqueteando conmigo.

    Yo ya estaba con el café y la copa de Magno y había pedido y pagado la cuenta. Me levanté. Su vista se fue a mi entrepierna donde vio un bulto. Fui al aseo. Entraba por la puerta cuando giré la cabeza y vi venir a la muchacha. Esperé a que se metiera en el aseo de mujeres, me metí detrás de ella y le pasé el cerrojo. La arrimé a la pileta, la agarré por las nalgas y le di un beso con lengua. Debía llevar tiempo sin follar porque rodeó mi cuello con sus brazos y me comió la boca. Luego le di la vuelta, le levanté el vestido, le bajé las bragas, saqué la polla y se la metí en el coño de una estocada. Estaba tan mojada que la polla había entrado con una facilidad asombrosa. Le eché las manos a las tetas y le di duro y hasta el fondo. Le tapé la boca con una mano porque la muchacha comenzó a gemir cómo si estuviera en su habitación. Lubricaba que era una maravilla, en nada mi polla chapoteaba en su coño. «¡Chof chof chof…!» Ni tres minutos llevaba follándola cuando sus piernas comenzaron a temblar, su coño estranguló mi polla y la bañó entre jadeos de leona en celo! No pude evitarlo, le llené el coño de leche.

    Al acabar me dio las bragas.

    -Toma, tu trofeo.

    Se las cogí, la metí en el bolsillo, guardé la polla y volví a tentar mi suerte.

    -Estoy en el Zenit.

    Abrió la puerta, asomó la cabeza, y yéndose, me dijo:

    -Y yo estoy casada.

    Estaba casada, pero vino a mi habitación y en mi vida volveré a encontrar una cosita tan dulce. Voy a turrón. Estábamos en cama, yo a su izquierda en calzoncillos, ella a mi derecha con una camiseta blanca y unas pequeñas bragas negras con encajes blancos. Con mucha lentitud acariciaba mi cara con su suave mano y con esa misma lentitud me besaba chupando mi lengua. Me daba la suya a chupar, mordía mi labio inferior y seguía con el beso… Yo, con mi mano derecha dentro de sus bragas acariciaba su clítoris con tres dedos con la misma lentitud que ella acariciaba mi cara y me besaba… Más tarde dejó de acariciar mi cara. Echó su mano a mi nuca y me besó cada vez con más pasión. Mis dedos volaron sobre su clítoris. Me apretó la nuca, me miró fijamente a los ojos, y me preguntó:

    -¿Quieres ver mi cara al correrme?

    -Quiero.

    Aceleré aún más los movimientos circulares de mis dedos sobre su clítoris, sentí el espasmo de los músculos de su pelvis y vi cómo sus pupilas se perdían bajo los párpados y sus luceros mostraban solo el blanco de la esclerótica. Le metí la lengua en la boca y supe con la fuerza que se estaba corriendo, ya que me la chupó y casi me la arranca.

    Al acabar de gozar, abrió los ojos, me miró y rompió a reír. Le pregunté:

    -¿Cómo te llamas?

    -Qué más da cómo me llame.

    -Te llamaré muñequita.

    Se cachondeó.

    -¿Le llamas así a todas tus conquistas?

    -No, se lo llamaba a alguien que no pude conquistar y tú me recuerdas mucho a ella. Eres perfecta.

    Se echó el cabello hacia atrás con la mano derecha, y me dijo:

    -No sé ella, pero yo de perfecta no tengo nada, soy normalita… Si hasta tengo un juanete en un pie -me enseñó el pie-. Mira.

    Le cogí el pie, le besé el juanete, y después besé y lamí la planta y los tobillos, todo despacito. Seguí chupando los dedos, uno a uno y al final se los chupé todos juntos… Hice lo mismo en el otro pie, y después, despacito, subí besando y lamiendo el interior de sus muslos hasta llegar arriba, le quité las bragas y despacito lamí el coño. Seguí subiendo, le quité la camiseta y le lamí los gordos y oscuros pezones de sus grandes tetas, luego lamí sus areolas y se las mamé, besé su cuello, lamí su oreja derecha y después le mordí el lóbulo, giró la cabeza e hice lo mismo en el otro lado de cuello y en la otra oreja. Le di un pico en los labios.

    Me quiso meter la lengua en la boca, pero no le dejé. Seguí bajando, despacito, le volví a comer y magrear las tetas y luego bajé besando su vientre, su ombligo… Abrió más las piernas y las flexionó, le lamí el coño, que estaba encharcado de los jugos de su corrida, metí dos dedos dentro y lamiendo su clítoris, despacito, comencé a masturbarla. Durante doce o quince minutos solo se oyeron los ruidos que hacían mis dedos dentro de su coño. Cuando se acercó el momento del clímax comencé a sentir sus gemidos y cómo se aceleraba su respiración, me dijo:

    -Me voy a correr.

    Quité los dedos, metí todo su coño en mi boca, y después, despacito, lo lamí. La muchacha, con una mano agarró la almohada y la llevó a la boca y con la otra apretó mi cabeza contra su coño. Dejé la lengua fuera y ella movió la pelvis alrededor hasta que le vino.

    -¡Sí! ¡¡Sí!! ¡¡¡Sí!!!

    ¡Pedazo de corrida! Me dejó la cara perdida, no por la cantidad de jugos sino porque frotara el coño contra ella.

    Quité el calzoncillo y me arrodillé sobre la cama. Mi polla apuntaba hacia el frente. La muchacha cogió mis pelotas con una mano y la polla con la otra. Acarició las pelotas, meneó la polla y luego la metió en la boca y la mamó unos minutos. Después me eché boca arriba sobre la cama, ella dándome la espalda metió la polla en el coño y lentamente comenzó a follarme. Desde el segundo uno mi polla salió de su coño empapada. Algo después la cogí por la cintura y la follé yo a ella con un rápido mete y saca. La muchacha se apoyó con las dos manos sobre mi pecho, dejó que la acribillara y el resultado no se hizo esperar, se puso tensa, comenzó a temblar, y descargó de nuevo mientras mordía el canto de una mano para ahogar sus escandalosos gemidos.

    Luego saqué la polla empapada y dejé el glande en la entrada de la vagina, sus jugos fueron bajando por mi polla hasta llegar a los huevos. La muchacha solo tuvo que mover un poquito el culo para que mi polla se pusiera en su ojete. Empujó con el culo y se lo fue metiendo hasta llegar al fondo. Le magreé las tetas mientras mi polla gozaba de su estrecho culo. Tiempo después, a punto de correrme, se dio la vuelta y mirándome a los ojos la metió en el coño y me folló cada vez más a prisa, diciendo:

    -¡Dámela, dámela, dámela…!

    Tanto aceleró que acabó frenando en seco, derrumbándose sobre mí, y cuando pensé que iba a decir, me corro, dijo:

    -¡Cabrón!!!

    Comiéndome la boca y sacudiéndose se volvió a correr cómo solo ella sabía hacerlo, de manera brutal.

    Llevó tiempo encima de mí sin moverse, y eso hizo que explotara dentro de ella. Mientras la llenaba me miró a los ojos y me acarició una mejilla. Al acabar me dio un pico en la nariz, y me dijo:

    -Ya era hora.

    Sí, ya era hora de sacar mis bajos instintos. Le di la vuelta. Puse mi cabeza entre sus piernas. Metí todo su coño en mi boca, mamé y después lamí. Le gustó.

    -¡Ay que rico!

    -Sí que estás rica, muñequita.

    Después de dejarle limpio el coño, la muchacha, perra otra vez, se puso a cuatro patas. ¡Qué culo tenía! Era uno de esos culos de verdad, con algo de celulitis, de los que dan gana de comerlos, y se lo comí, bien comido, mordiendo, lamiendo… Después jugué frotando mi polla morcillona en su coño y en su culo hasta que se me puso dura, y cuando se me puso dura le volví a follar el culo. Mientras se lo follaba y le apretaba los pezones vi bajar por el interior de sus muslos pequeños riachuelos de jugos, y es que lubricaba que era una maravilla, ya, ya, ya sé que me repito, pero en estos casos me gusta repetirme. Le dije:

    -¿Quieres correrte así o prefieres correrte de otra manera, muñequita?

    -Quiero que esta aventura acabe cómo empezó. Fóllame cómo me follaste en el aseo del restaurante.

    Saqué la polla del culo. Salió de la cama. Se apoyó con las manos en la pared. La cogí por la cintura. Abrió las piernas, se la clavé hasta el fondo y le di duro. Ya estaba buena de ir, en nada, me dijo:

    -¡¡Me corro!!

    Se empezó a sacudir y de nuevo tuve que taparle la boca con mi mano. ¡Cómo gritaba la muñequita! ¡Y cómo me gustaría estar con ella otra vez!, pero cómo dijo Calderón: La vida es sueño y los sueños, sueños son.

    Quique.

  • Abrazarte por atrás

    Abrazarte por atrás

    Abrazándote por atrás y apoyar mi nariz en tu cuello, quiero embestirte hasta que no dejes de besarme la muñeca. Destruyendo las paredes de la distancia. Hay una diosa que está suspirando fuerte y en serie.

    Abrazándote por atrás y apoyar mi nariz en tu nuca, quiero atropellar repetidamente tus posaderas hasta que no dejes de besar uno de mis brazos. Derribando todos los muros del alejamiento. Hay una diosa que está respirando con la misma intensidad que un motor de máquina para coser funcionando.

    Abrazándote por atrás y apoyar mi nariz en tu sedoso cabello, quiero arremeter rebotadamente en tus glúteos hasta que el calor llegue a tu cara. Demoliendo todos los paredones de la separación. Hay una diosa, cuya voz y cuyas piernas están temblando como una gelatina.

    Abrazándote por atrás y apoyar mi nariz en uno de tus hombros, quiero estrellarme insistentemente con tus gomosas nalgas hasta que no dejes de lamerme los dedos de una mano. Tirando abajo todas las murallas de la desvinculación. Hay una que diosa está impresionada por lo que siente en su vientre. “No me la saques”, “no te detengas”, “no pares”, “dame, dame, dame”, me dice.

    Los pechos de una diosa no quieren dormirse, y por lo tanto no lo hacen. La pelvis de una diosa no quiere dormirse, y por lo tanto no lo hace. El clítoris de una diosa no quiere dormirse, y por lo tanto no lo hace. El prepucio de una diosa no quiere dormirse, y por lo tanto no lo hace. La vulva de una diosa no quiere dormirse, y por lo tanto no lo hace. El periné de una diosa no quiere dormirse, y por lo tanto no lo hace. Las piernas y los glúteos de una diosa no quieren dormirse, y por lo tanto tampoco lo hacen.

    Quiero tomarme, si me lo permites, el atrevimiento de introducir los dedos en tu anillo más confidencial, previamente dilatado, para averiguar si logro provocarte esa diminuta corriente electrizante que viaje por tus piernas hasta los dedos de tus pies, hacer un poco de presión y a ver si empieza a deslizarse dentro. Ganarme tu deseo, hasta que se extienda cómodamente como una carpa de circo, es para mí como ganarme el mejor de los premios.

    Todo esto lo hago, para después alojar, permanentemente, la humedad caliente de mi semilla en tu imaginación. Grabar, la temperatura hirviente de mi semilla en uno de tus recuerdos más duraderos.

  • Mi esposa Lizzy y el auditor de México (Parte 2)

    Mi esposa Lizzy y el auditor de México (Parte 2)

    Yo estaba aburrido y el no hacer nada más que ver y beber me había dado incomodidad pero al ver la hora vi que ya no venderían alcohol y que cerrarían el lugar. En Sonora a las 12 ya no venden bebidas alcohólicas y eso hace que los lugares como los antros cierren una hora después pues ellos si pueden vender por un poco tiempo alcohol, así que pedimos bebidas y unos minutos antes de las 12 pusieron música pop y Lizzy le dijo al licenciado que fueran de nuevo al baile.

    Así que cuando ya se retiraban le dije a Lizzy que yo me saldría, que iría a un Oxxo (tienda de conveniencia) a comprar un 6 y llevármelo a casa, pero el licenciado me dijo “no puedes ir conduciendo así, porque no tomas mi llave del cuarto, las compras y las llevas ahí, al salir de acá pues llegamos nosotros y vemos cómo se pueden ir?”.

    Lo vi certero y me daba tiempo de tomar más ya sentado y viendo tele o escuchando música a un sonido aceptable, le tome la llave y le dije “sale licenciado, le agradezco (yo lo trataba de Ud.)”.

    Fui caminando con la chamarra de Lizzy en mis manos y luego me fui a su cuarto. Al tener la llave pues pude usar el elevador y entrar al cuarto, pero me entró la duda de cómo harían ellos, pero pensé, él llamará a la habitación y yo bajo. En el cuarto Puse música de mi celular y estaba sentado en esas sillas que se usan para poner las computadoras, a mi segunda cerveza, entraron riendo Lizzy y el Lic. Al parecer él tenía otra llave, o sea eran dos llaves y venían alegres.

    “Pensé dormías”, me dijo Lizzy y la verdad estaba ya contentito, pero no con sueño para dormirme. El licenciado sonrió y me dijo “bueno es temprano, le decía a lizzy que me puede dar clases de música banda pues no me gustó dejarla con ganas y se ve que ese cuerpo merece moverse, dejas me enseñe?” Yo respondí “yo tengo cheve (cerveza) así que hagan lo que quieran…”.

    Él sonrió y dijo “bueno pues tengo permiso de tu esposo enséñame”. Lizzy solo dijo “no necesito el permiso de mi esposo, pero al menos que no esté molesto”. Claro le dijo lizzy, pero le dijo él “brindemos, tomo 2 cheves mías” el muy canijo (expresión sonorense) y le dijo “brindemos por cómo me han tratado de bien Uds., una pareja de sonorenses, por ti Gerardo un buen esposo, ejemplar y por ti Lizzy una buena empleada que sin duda yo daré buenas recomendaciones y eres una buena, pero buenísima mujer. Salud…”

    Lizzy sonrió y dijo “gracias licenciado” y ahí me vio a mí y me sonrió. El licenciado le dijo a Lizzy que para que no me dejaran sin cerveza, que compartieran ellos la cerveza mientras le enseñaba, le dio un buen trago y le dio a mi esposa Lizzy quien también bebió, tomaron mi celular y Lizzy puso música de banda, y ahí estaba viendo como Lizzy le explicaba el ritmo, como pararse, moverse, etc.. Yo seguía bebiendo cuando se me vino a la mente que Lizzy jamás comparte comida ni bebida y que le valió y bebió de la misma bebida de un hombre, hasta ese entonces, desconocido en nuestras vidas.

    Bailaban y bebían un buen rato y yo veía como cada que se podía le pasaba las manos en su buen formado trasero de mi esposa. No dejaba de decirme lo afortunado que era yo de estar casado con Lizzy y lo bien que ella lucia, se movía y actuaba, luego me sacó de onda cuando le pregunto a Lizzy:

    -¿te gustó el regalo (de la tanga y bra)?

    -Sí, lo traigo puesto ahora –dijo ella.

    Yo ni idea que lo había usado y seguí con mis cervezas viéndolos… unos minutos después como buen auditor o que se quería deshacer de mí, me dijo:

    -Gerardo cuantas cervezas te quedan? -Y le dije solo dos.- Por que no vas a comprar otras 6? -Me dijo. Yo, le dije- si solo me acabo esta y me llevo la otra para ir bebiendo en el camino (debía caminar a la tienda de conveniencia y no quería ir sin beber).

    Ese periodo de que me las tomaba (una y media) él no le dejaba de decir cosas como: que bien enseñas Lizzy, te digo que serás buena empleada pero también le decía cosas como, sí que te mueves bien, mueves bien esas caderas desde el antro lo note más (y yo pregunté mentalmente, mas?) y le decía eres una buena anfitriona.

    Me tomé la penúltima y luego tomé con mi mano la última y les dije “ya vuelvo voy por el 6”, al levantarme me tambaleé y ellos rieron, solo Lizzy me dijo “seguro que puedes?” Y yo “sí sí…”.

    Me fui y caminé a la tienda, error mío no recordé que no venden alcohol, vi la hora, chin… pensé es noche donde consigo cheves? Me pregunté… me regresé al hotel y le dije al conserje que necesitaba cerveza, me preguntó que si estaba hospedado ahí, pero le dije que no, que un “amigo” del DF (así le decían en ese entonces) estaba hospedado, y el conserje rio cuando le dije: “ahorita lo deje con mi esposa en el cuarto”.

    Me dijo que ya no había cervezas en ninguna parte, pero que si me esperaba podía hacer que alguien que no trabaja en el hotel le “consiguiera”, pero a precio distinto obviamente, a lo cual acepté y me quedé esperando hasta que se las llevaron rápidamente. Me tomé una casi sin respirar para no dejar de sentirme borracho y abrí otra e intenté subir, 1 hora después, pero… pero en el elevador no lo pude activar porque dejé la llave en el cuarto, me fui donde el conserje y le expliqué.

    Él por una ayuda $ me dijo que le diría a alguien que me lo activara, pero que no fuera a recepción, así que pasó eso, me lo activó alguien y fui al cuarto, toqué la puerta, no abrían, volví a tocar y nada. El alcohol me hizo tocar más fuerte y decir “Lizzy soy yo tu esposo” y un minuto más abrieron. Era el licenciado, abrió y vi que acomodaba su camisa que estaba afuera y Lizzy sentada en la orilla de en medio de la cama.

    Como ya iba ya contento con mis cervezas no dije nada, llegué y me senté, en esa silla que comenté, esperando verlos bailar como los había dejado pero no, mi sorpresa fue que él llegó frente a mí, se le podía ver un bultote sobre el pantalón y me dijo:

    -Tu esposa me está agradeciendo el que de buena referencia de ella y yo le estoy agradeciendo como buen chilango sus atenciones hacia mí, así que quédate tomando y solo observa.

    Dio la vuelta y se paró frente a ella, yo abrí una cerveza y miraba el perfil del licenciado y a Lizzy, y vi como las manos del licenciado abrir y bajar su pantalón, sacar su verga del boxer y tomar la cabeza de Lizzy y le dijo:

    -Continuemos donde nos quedamos…

    Ahí comencé a entender que pasaba, seguí tomando mi cerveza, mientras él le decía “así Lizzy lo haces bien, puta madre que bien te desempeñas, sigue…”. Luego de 10 minutos, él se detuvo y la apartó y puede ver a mi esposa con la boca abierta y los ojos cerrados como no sabiendo que pasó, él la tomo de la mano y le dijo “quiero que tu esposo vea lo bien que me agradeces, arrodíllate junto a él”.

    La coloco junto a mí solo que arrodillada y yo sentado y él se puso frente a ella (y a mi) y quitó su camisa y le dijo “hazlo de nuevo!”. Aun con mi borrachera vi que era más grande y gruesa que la mía, no se de medidas, pero si puedo decir lo anterior y si era más grande que la mía. Y ella con su manita lo masturbaba, de arriba a abajo y me volvió a ver con cara de, lo siento, abrió la boca y lo comenzó a agasajar. Ahí estaba yo bebiendo y ella mamando.

    Pasaron así otros 10 a 15 min cuando él la detuvo, la puso de pie y le dijo “besa a tu esposo”, a lo cual ella lo hizo, entre mi cerveza, borrachera y líquido seminal sentí un sabor nuevo para mí. Luego él la tomó de la mano y la acostó en la cama, la desvistió casi en cámara lenta, blusa, falda y luego mallones, la dejo en tanga y bra y me volteó a ver “que rica esta tu mujer, quiero veas como se coge una mujer así”.

    Se subió frente a ella y la besó como si fueran novios, luego le quito su bra y comió sus pechos, le dijo “que duros pechos tienes darán buen alimento algún día” y los siguió comiendo mientras le dedeaba sobre la tanga. Lizzy se movía en círculos y jadeaba, él se bajó besando su abdomen y luego me dijo “quítale la tanga a tu esposa quiero me la entregues”. No sé cómo me puse de pie y entre tambaleando me acerqué y le bajé la tanga. Luego me dijo “quítame bien mis zapatos y pantalón y bóxer”, como ya los tenia abajo me fue fácil. Luego me dijo “abre ese cajón y saca la caja de condones que tengo”. Lo hice y se los di.

    Me dijo “siéntate junto a ella”, lo hice con mi cerveza en mano, y él se colocó el condón y se la fue metiendo poco a poco, se podía ver el contraste de alguien moreno y la piel blanca de mi esposa Lizzy. Él no la dejaba de besar y ella gemía, a lo que él le dijo “chingada madres, estás apretadita Lizzy, que rica! Se nota tu marido no te ha cogido como se debe”. Ella no decía nada, pero estaba gimiendo ante lo despacio que él la metía, pero que imagino le iba abriendo las paredes.

    Yo pensé en mi poca coherencia que me quedaba, que ella estaba obligada a darle las gracias y que por eso no hablaba pues ella es habladora a la hora de hacer el amor, pensé que una vez se viniera él pues todo acabaría, así que yo solo debía ver y ya!

    Pues no fue así, una vez él tomó el ritmo comenzó a darle con más velocidad y Lizzy comenzó a hablar, ambos mirándose, mi esposa, mi fiel esposa, la sonorense que siempre decía que los chilangos son habladores, fanfarrones y perros estaba diciendo malas palabras, cosa que jamás, pero jamás hacia: “Así Ramón (ya no licenciado) esta es la mejor verga”, él reía y le decía “tu esposo esta acá”, ella decía (sin verme) “no importa es la verdad, tu eres un verdadero hombre con verga de hombre”.

    Eso me hizo sentir un baldazo de agua fría, el alcohol creo que bajaba en mi sangre, y ella puso sus manos arriba de su cuello y lo abrazó sin empujarlo hacia ella, o sea se estaban viendo fijamente a los ojos ambos.

    Se decían de cosas como “que rica, estás apretada” y ella con “así hazlo hazme una verdadera mujer!”. Hasta el punto de que él le decía “eres una putita!”.

    Luego, obviamente que la iba a cambiar de posición, la puso en 4 y al tenerla así, Lizzy mi amada Lizzy, me vio fijamente, muy seria (yo estaba en la cabecera de la cama y ella viendo hacia ahí) y me dijo: “lo siento amor, pero este si es un hombre no un niño”, él sonrió y dijo “tú eres un culo de vieja mira que culo me estoy chingando”, se la metió de golpe y le dio como loco, la nalgueaba y le dice “muévelas bien que sabes lo que tienes así que úsalas bien”.

    Ella jadeaba y él le daba, la tomó de la cinturita y le daba fuerte, me dijo “que rica esposa tienes la quiero toda esta semana, la necesito y este culo lo necesita”, ella decía “sí sí seré tuya esta semana”. La envistió que Lizzy hasta que se vino ella, lo supe al grito que dio y a los minutos él también… Lizzy solo dijo “se siente lo caliente del condón”.

    Él se apartó diciendo “me sacaste un chingo de leche” y lo quitó, me lo mostró diciendo “mira todo lo que me sacó tu esposa!”. Lo puso sobre la alfombra en el suelo y se metió al baño, se escuchó la regadera.

    Lizzy quedó tendida y yo junto a ella, son de esos 5 minutos que parecen 5 horas ya que no hablamos. Me miró con cara de arrepentimiento y con cara de llorar, me dijo “lo siento amor, pero necesitaba esto y pues se dio”. Yo le dije “no te preocupes, mira yo ya ando con sueño, borracho, pidamos uber y nos retiramos”. Pero él dijo “Lizzy ven, dúchate”. Mi esposa se me quedó viendo y se puso de pie, me dijo “lo siento” me dio un beso en la frente y se fue al baño yo me quedé sentado otros minutos, pero ya de verdad tenia sueño, excitado porque si la tenía bien parada, pero con sueño. Ya casi amanecía y este tipo había pasado con mi esposa toda una noche entre comer, bailar y cogerla.

    Entonces escuche que me dijo ella, “Gerardo ven”, entré al baño y se enjabonaban ambos, me dijo mi esposa “dice el licenciado que porque no te vas a casa, yo llego luego”. Pero me recosté en la silla del escritorio! quedándome entre dormido hasta que me dormí totalmente.

    No se, creo dormí una o dos horas y me levanté al baño, las luces apagadas, pero vi y escuché que se cogía a Lizzy en la cama, la tenía patitas al hombro mientras le daba duro y se decían cosas que no puse atención, fui al baño y ya un poco más cuerdo, decidí irme a casa, solo salí del cuarto y pedí un uber.

    Llegué a casa con la mente en blanco, no sabía que pensar, pero no pude aguantar más, llegué y me masturbé como si hubiera visto una película porno, pero todo el tiempo que dura solo que la actriz era mi esposa y quien se la cogía un desconocido, dormí y no escuché cuando ella llegó.

    Pasado el mediodía, yo me levanté y bañé, la dejé dormida, olía a sexo… Creo que ya tarde escuché que su teléfono sonaba y sonaba que la despertó. Luego a la hora ella bajó y me abrazó, me dijo que se sentía un poco rara, pero le pregunte si le había gustado y sus palabras fueron “me encantó”.

    Luego ella me dijo “necesito charlar contigo: el licenciado de verdad se quedará una semana más, te acuerdas de eso verdad?” Y yo “sí me recuerdo”, entonces me dijo “ya no auditara sino que ayudara en las funciones que se deben de hacer”. Y ahí ella me estuvo explicando, pero no le puse mucha atención… al final me dijo que el licenciado le había pedido que esta semana que se quedaba que se quería quedar en nuestra casa, es decir quedarse de sábado a viernes.

    Yo no sabía que decirle, y le dije “mira no sé qué paso ayer, pero estoy dispuesto a perdonar, pero ya eso?”. “Mira él no es jefe, pero en sus informes puede hacer que me ascienda”, “pues mira -le dije- ayer como que te valió eso y te vi más satisfecha que “sacrificarte” por tu puesto, pero dime -le pregunte- quieres que él venga porque quieres estar con él o por lo del puesto?”. “Bueno -me dijo- la verdad ambas, te pido de favor dejes se quede si no funciona te prometo decirle que mejor se retire, él es maduro, entenderá…”, le dije que estaba bien.

    Entonces me dijo “porque no vas por él al hotel y lo traes a casa, yo me arreglaré para la carne asada que le daremos con los compañeros en casa de Alina, la compañera, así que iré al salón me pasas dejando a mi primero -me dijo- y pasas por el licenciado, él ya está listo por eso llamaba a mi celular y luego pasan por mí”.

    Así lo hice, la llevé a que la peinaran y cuando pasé por el licenciado subimos su equipaje al auto y luego en el camino fuimos al salón por Lizzy no me dijo nada de nada, llegamos por ella y él y ella se fueron atrás, iban platicando y yo de chofer. Acomodamos al licenciado en nuestra casa y se quedaron platicando entre ellos así que mientras yo estaba en la sala disque arreglando el sofá para que durmiera ahí el licenciado, ambos llegaron y me dijeron que el licenciado se quedaría en el cuarto de ambos y que yo durmiera en la sala. No sé qué me pasaba, pero lo acepté!

    Ambos tomaron el equipaje del licenciado y lo llevaron a la habitación, luego se pusieron a platicar y yo me quede en la sala, a lo que al tiempo llego Lizzy y me dijo que me arreglara para la carne asada, yo le dije que no quería ir porque era pura gente de su trabajo y que me aburría pues solo de eso pasaban platicando.

    Entonces me dijo que los llevara al licenciado y a ella, pero que tal como en el trabajo que llevara a uno primero y luego al otro. Así que eso hice, lleve primero a ella para que ayudara en lo que se necesitaba en la casa de su compañera y regrese por el licenciado a mi casa, en el camino el licenciado me dijo que no me quería humillar ni nada y que si yo sentía algo así que le dijera, que él estaba consciente de que era mi casa, pero que Lizzy lo traía loquito con su cuerpo y nalgas y que se notaba era un volcán que no había explotado bien y luego remató con decirme “además esto le ayuda a tu esposa en el trabajo, si la amas entenderás que hay sacrificios que hacer”.

    Antes de bajarse me dijo “esta es mi lista del súper, de cosas que quiero compres para mí y te pido que laves mi ropa sucia pues la necesito para esta semana, así como que lleves mis trajes a la tintorería y cajas de condones extra grandes…”. Ahora yo también era casi el mayordomo. Tomé la lista y regresé a casa a hacer todo eso.

    No recibí mensaje de mi esposa Lizzy sino hasta que vi fotos que habían subido, en donde todo un grupo de personas celebraban, nada del otro mundo. Ya noche cada quien se comenzó a ir a sus casas y Lizzy me llamó y me dijo que fuera por ella, e imagino alguien estaba cerca porque me dijo “también le daremos aventón al Licenciado”.

    De regreso se subió Lizzy adelante y el licenciado atrás, pero unas calles recorridas y luego me pidieron me detuviera, así que Lizzy se fue para la parte de atrás, yo otra vez de chofer. Rumbo a casa ellos iban riendo platicando hasta que no se escuchó nada y vi por el retrovisor que como si fueran novios se besaban yo no decía nada y pensaba que estaría así una semana más!!

    De repente el licenciado me dijo “Gerardo ve al banco”, yo me dirigí al banco pensé iría por algo, pero mi sorpresa fue que me dijo estaciónate frente al banco, lo hice y al ver que no bajaba nadie vi para atrás y veo a Lizzy dándole una mamada de locos, el viendo al techo del auto y diciendo: “acá trabajas verdad, y acá te conocí, eras una buena empleada mira cómo eres de aplicada y eficiente, anda haz más por tu trabajo, aplícate más” y ella mamaba y mamaba. Estuvimos así hasta que vi que él la tomo de la cabeza y la empujaba con fuerza, no sé si ella tuvo intención de sacar su boca, pero por los gemidos de él, supe que se vino en su boquita, esa boquita que me juró amarme. Tomé el auto y me fui a casa.

    En casa, yo en la sala y ellos en la recámara, preparándose para “acostarse”. Me sentía extraño en mi casa, mi propia casa que acabábamos de pasarnos, 3 meses de casados y me sentí yo el invitado. Tuve que esperar que dejaran de usar el baño donde cada uno lo usó por separado y se bañaron por separado, supongo eso acordaron. Una vez lo dejaron de usar, apagaron las luces, y como si no existiese yo, se metieron a la recámara.

    Fui al baño el cual queda entre las dos recámaras, pero como comenté antes, una la teníamos de bodega donde teníamos los regalos de boda y varias cosas, así que tenía más de cerca el sonido o más bien ruido que hacían, mi esposa gimiendo y él diciéndole de cosas que no alcancé a escuchar bien por esos gemidos de ella. Me fui a acostar al sofá y aun se escuchaba solo que más a la distancia, creo que mi oído se comenzó a acostumbrar al ruido que comencé a quedarme dormido, eso sí con la verga bien parada, pero me resistía a masturbarme pensando en ellos.

    Hasta que mi teléfono comenzó a sonar de mensajes, no tenía ánimos de ver quien era, pero recibí llamada y era el número de Lizzy, pero era el Licenciado diciéndome “por qué no has visto tus mensajes? Ven a ver esto”.

    Me puse de pie y fui a verlos, no podía creer, de verdad no podía creer, lo que habíamos hablado con mi Lizzy de novios y aun ya casados, que nunca haríamos el sexo anal pues no era para una mujer “decente”, “con principios” ahí estaba mi esposa en 4, abierta de culo y el licenciado chuleándola. Yo me quedé en la entrada, pero el licenciado lo notó y me dijo “acércate, mira esto”, llegué, me senté justo al lado de donde él le daba y me decía “me contó Lizzy que no le has tocado acá, pero mira, mira como la abro, ve su cara anda ve a vérsela”.

    Fui y la tenía transformada, sus ojos como en trance, sudada, mordiendo su labio y gimiendo, me volteo a ver y me dijo “esto es la gloria”, no dejando me dijera más el licenciado dijo “que buen culo de tu esposa y ahora es mío, siempre se recordara quien la desquintó y yo recordaré que me di un buen culo” y le arremetió como loco. Creo que lo apretado de su ano y el morbo que le causaba al licenciado duro unos minutos más y se vacío dentro de ella…

    Se acostaron en mi cama y se pusieron a platicar, ignorándome totalmente, al grado que mejor me fui a la sala. No sé si cogieron más, esa noche no escuché más, pero eso fue el inicio de las maratónicas cogidas que le darían a mi esposa esa semana en la que el auditor del DF le daría a mi Lizzy y que actuaba como si fuera su casa.

    Él se fue el viernes y según me dijo Lizzy no volvieron a platicar por ningún medio y ya no fue a auditar más ya que desde Monterrey continuaron haciéndolo.

    Fue jefa de la sucursal, pero debido a que una multinacional extranjera compró el banco, hizo cambios y ella fue despedida.

    Ahora solo es ama de casa. No sé, pero fue excitante no lo niego y luego Lizzy me fue fiel (¿?) e hicimos familia. ¿Fui cornudo? ¿Imbécil? ¿Esposo que se sacrifica por su esposa? O ¿esposo complaciente?

  • Tres días con mucha huella

    Tres días con mucha huella

    Este relato corresponde a la época en la que deseaba sentirme bien, pero no sabía qué me faltaba. Andaba yo por los treinta años, casada con Saúl, un hombre que atendía mis necesidades económicas y las de mis hijos, pero yo estaba segura que no me amaba pues no me sentía el centro de sus atenciones, por el contrario, primero estaban su trabajo y sus hijos y, si sobraba algo de tiempo para mí era en la noche, donde después de unas caricias y besos, se ponía a mamarme y estrujarme el pecho mientras me cubría; una vez que satisfacía su necesidad de sexo dormía sin importarle cómo me sentía yo.

    ¡Y me sentía muy mal!, sólo era usada! Por esa razón había crecido en mí un sentimiento de odio y desprecio hacia mi marido. Así me sentí desde el principio de nuestro matrimonio: usada para su eyaculación; usada para ser la madre del hijo que él anhelaba tanto. A los pocos días de que di a luz tuve una gran depresión y Saúl ni se dio por enterada.

    Al cumplir mi crío seis meses acudí a la ciudad donde vivían mis padres y tuve oportunidad de tener mi primer amante. Fue Roberto, con quien ya había tenido varios escarceos dos años antes, incluso en aquella ocasión me pidió que me casara con él, pero no acepté pues ya estaba comprometida con Saúl; sin embargo, eso no impidió que nuestras caricias sobre la ropa y los besos me excitaran.

    Por ello y mi depresión, fue fácil iniciar esta relación subrepticia, aunque con el tiempo todos se enteraron. Después hubo otro par de encuentros, una sola vez con cada uno, que me hicieron sentir mejor por un tiempo ya que me sentía querida y deseada. Con el tiempo, casualmente me reencontré con Eduardo, con quien también había tenido acercamientos muy calientes y amorosos antes de casarme y dado mi estado de continua insatisfacción inicié una relación prohibida más, y de la que también se enteró todo mundo pasado el tiempo.

    Así estaban las cosas en ese momento: yo con dos amantes a quienes veía cada vez que era posible (por separado, claro) además de algunos otros que ocasionalmente se me antojaba tirarme y “por única vez” porque no quería más complicaciones. Saúl tuvo que salir al interior del país, como lo hacía una o dos veces por año, durante una semana como máximo, por asuntos de trabajo. En esta ocasión salió en un vuelo nocturno y regresaría en la mañana del cuarto día, por lo que vi la oportunidad de estar con Eduardo un día completo. Le hablé y nos pusimos de acuerdo para que me esperara en una estación del metro, mi hermana se encargaría de los niños ese día.

    Primer día: Decidí llevar a los niños al cine la tarde anterior a mi encuentro con Eduardo. En el cine, coincidimos en la fila de la taquilla con un muchacho de mi edad que llevaba a sus dos hijos, de edades similares a los míos y ellos de inmediato hicieron migas, así que a los padres no nos quedó más que intercambiar algunos comentarios, comprar las palomitas de maíz y sentarnos juntos, con los niños intercalados entre nosotros. Al finalizar la función ellos seguían muy platicadores y nos invitaron a jugar a su casa. “Será sólo un rato”, precisó el padre suplicándome que accediera.

    Carlos resultó ser un hombre viudo, muy dedicado a que sus hijos no resintieran la falta de su madre. Ayudado por tres empleados fijos, atendía un negocio de autopartes ubicado en la planta baja de la finca donde ellos vivían. Una vez en su casa, los niños se entretuvieron y nos dejaron solos.

    –¿Deseas tomar café, té o algo más fuerte? –preguntó Carlos.

    –¿Qué tan fuerte? –Pregunté– Mejor lo que tú quieras –corregí.

    –Lo que tú digas, me dijo tomándome la mano para llevarme hacia la pequeña cantina de su casa.

    Me metí y le dije “¿Qué le sirvo señor”?, al tiempo que me agachaba y descubrí unas revistas de Play Boy y Hustle que estaban ahí. Las saqué y se las ofrecí diciendo “También hay esto, lástima que no haya para damas. Ja, ja, ja. Me conformaré con la bebida” dije mirando cómo se enrojeció su cara, avergonzado. Pero se repuso de inmediato, me volvió a tomar las manos y, mirándome a los ojos, me dijo muy serio “Sí hay para damas, pero sólo un modelo”. No pude evitar la seriedad de su mirada que fue tornándose en un gesto amable y no pude evitar besarlo. Nuestras lenguas se acariciaron y al concluir el ósculo dije con cara alegre “El modelo está muy bien, ¿qué más sabe hacer?” Ya no hubo tragos, solo besos y caricias y me dejé llevar hacia su recámara.

    –Este es el único modelo que hay aquí –me dijo cuando estuvo desnudo y a mí me había quitado el saco, la blusa y el brasier.

    Me separé de él para preciarlo completamente. Su pene estaba perfectamente erguido, sus nalgas se antojaban para besarlas y, en general, su cuerpo estaba en muy buena forma con algunos músculos marcados. Seguramente yo tenía una cara de deseo más notoria que la de él y sin dejar de admirarlo dije “Me gusta el modelito y quiero ver cómo funciona”, al tiempo que yo me quitaba poco a poco la ropa que me faltaba. En cuanto estuve desnuda su boca y manos se fueron a mis chiches (¡siempre mis chiches!). Después sus besos bajaron hasta llegar a mi triángulo de vellos donde talló su cara y aspiró con profundidad el olor a deseo que emanaba de mi vagina. Carlos de rodillas sobre la alfombra, yo de pie, abrí las piernas para sentir su lengua chupando mis jugos y metiéndola cada vez más adentro.

    Siguió besándome recorriendo los laterales de mis piernas hasta llegar a mis nalgas y sentí su lengua en mi ano, ¡qué delicia! Se irguió y me cargó para depositarme en la cama. Yo no dejaba de verlo, me maravilló su glande, del cual empezaba a escurrir el presemen, que no pude evitar chupar y pedirle que me lo diera acostada. Al poco tiempo le pedí que me cubriera con su cuerpo y dirigí su pene hacia mi interior. Mis orgasmos llegaron con mucha intensidad, nuestro ritmo era frenético y sentí una descarga poderosa en el interior de mi vagina, luego otra oleada más del caliente líquido que traía acumulado. Carlos quedó yerto sobre mí con la respiración agitada que suspendió cuando sintió que mi “perrito” lo exprimía y su pene salió flácido.

    –¡El modelo está bello y funciona muy bien! –dije dándole un beso antes de levantarme después del segundo palo que fue igual de rico que el primero.

    –¿A dónde vas? ¡Quédate conmigo! –suplicó.

    –Me tengo que ir, soy casada –dije y su cara se entristeció–. ¡Eres formidable, gracias por esta noche! ¿Puedes pedirme un taxi?

    Afortunadamente, ya estábamos vestidos cuando aparecieron los críos. “Ya nos vamos, otro día venimos”, dije tomando mi bolso al escuchar el claxon del taxi y me despedí con un beso a cada quien. Llegué a mi casa muy feliz de haber concluido ese día tan satisfecha.

    Segundo día: Desde que llegó mi hermana, me arreglé para estar puntual en mi cita con Eduardo. Justamente al salir de la estación del metro, estaba Eduardo en su combi. Nuestras sonrisas se encontraron y me subí, dándole un beso antes de ponerme el cinturón de seguridad. Él, justo después de cambiar la velocidad, me acarició las piernas y subió la falda para ver mi pubis, verificando que no traía pantaletas, después subió su mano y me acarició el pecho, metiendo la mano por el escote, recorriéndola de pezón a pezón pues tampoco traía brasier, ambas prendas estaban en mi bolso, por si fuesen necesarias en algún momento. Así era como los tenía acostumbrados a Roberto y Eduardo cuando salía con alguno de ellos, a cambio de que ellos tampoco trajeran ropa interior.

    –¡Qué rica está mi mujer! –me dijo Eduardo aún con la mano en mis chiches.

    Llegamos a un parque cercano a esa estación y nos bajamos a caminar abrazados. Nos deteníamos con frecuencia para besarnos y, si no había alguien cera, meter las manos bajo las ropas holgadas. Ni qué decir que nuestras manos olían al sexo del otro pues nos mojábamos con las caricias y los besos. Atrás de una lomita nos sentamos a gozar de las caricias hasta que en un momento ya estaba él encima de mí penetrándome. Me retiré justo antes de que se asomara otra pareja por ahí, seguramente buscado también un refugio para amarse. Nos reímos cuando, de inmediato giraron para retirarse pues Eduardo traía el pene de fuera.

    –¡Cada vez somos más cínicos en el amor, mi mujer! –exclamó sin dejar de sonreír.

    –Sí, pero debemos ser recatados en público, me haces el amor cada vez que ves la oportunidad… –dije recordando que me lo metió en un teatro para niños, el cual estaba abarrotado, con mis hijos en la última fila, y nosotros, y otros padres, apretujados en la parte posterior de los asientos, cubiertos por la oscuridad de la sala.

    –Es divino sentirte mía cada vez que puedo, dijo entrecerrando los párpados y volviendo a meter la mano bajo mi blusa. –sentí el calor de sus caricias y mi humedad escurriendo en la entrepierna.

    –¿Te gustan mis tetas, aunque estén algo caídas? –le pregunté mientras seguía regodeándose al apretar mi carne.

    –¿Caídas? ¡Sí, se caen de buenas! –contestó dándome un apretón más.

    Seguimos paseando abrazados y besándonos. Eduardo tenía razón: éramos más cínicos cada día. Yo ya no me preocupaba, pues si alguien nos veía juntos, mejor se volteaba para otro lado. Seguramente en estas salidas muchos nos reconocieron pues recibí reprimendas de algunos familiares, pero Eduardo y Roberto siempre me sacaron de mi marasmo con el amor que me prodigaban, a dos manos y testículos llenos…

    Más tarde fuimos a comer a “La Marquesa”, ese parque nacional donde uno puede perderse entre los pinos fuera de las miradas indiscretas de los demás, lo cual hicimos para bajar la comida. Me penetró, a condición de no venirse para evitar que le diera una indigestión. Yo… ¡yo sí me vine y mucho! Como había que complacer a mi macho, nos fuimos a su departamento a tomar un aperitivo y terminar la noche.

    Cuando llegamos, Eduardo sacó una botella de un coñac sumamente caro, y muy rico. Dijo que se la habían regalado hace tiempo, pero la guardó hasta que pudiera tomarla conmigo sin que hubiese problema. Ya otra vez, por la misma razón, había llegado con fuerte olor a vino a la casa y le dije a Saúl que habíamos festejado a una amiga muy querida, lo cual supo desde antes de mi mentira que no había sido así. Pero ahora no había nada para impedir que me pusiera alegre sin quien me lo recriminara. Así que paladeamos la primera copa desnudos, mezclándola con chupadas, Eduardo a mis tetas y yo a sus genitales, ¡desde el glande hasta sus testículos!

    –Otra más a nuestra salud, pero seguido, en un cruzadito –dijo sirviendo otra porción, la cual me hizo efecto de inmediato, pues me sentí borracha y arrecha después del segundo beso.

    –¡Ya, cógeme, amor, que quiero sentir tu verga en el útero! –le dije arrastrando las palabras y sorprendiéndome de la terquedad vulgar usada en mis palabras.

    ¡Claro que te cojo, golfa chichona! –dijo poniéndome de pie, y volteándome de espaldas me inclinó sobre el sillón, metiéndome todo el pene de un solo envión.

    Afortunadamente yo estaba muy mojada y su herramienta se deslizó fácilmente. ¡Vi las estrellas!, “¡Más, que me salga por la boca, cógeme mucho, puto, que para eso te tengo!”, le grité, borracha y añadí: “Para eso me sirven los putos, para cogerme cuando yo lo pida.” “¿Y cuántos putos tienes?, me preguntó bombeándome frenéticamente y jalándome del pelo en cada embestida. Su pubis me golpeaba fuerte y mi cuerpo se alejaba de él, pero con su mano me regresaba a su verga enorme. “¡Contesta, golfa!: ¿cuántos te cogemos?”. Dentro de la obnubilación que me daba el alcohol, se me hizo la luz de que estaba hablando de más y contesté “Tú, siempre, y Saúl algunas veces”. “¿Y Roberto?” preguntó, cambiando el lugar de sus manos a mis chiches para jalármelas cada vez que volvía a ensartarme.

    Me asusté porque nadie sabía que Roberto estaría conmigo al día siguiente. “Él ya pasó, y sí, lo tenía para lo mismo, para coger rico, muy rico, riquísimo, pero tú me haces el amor mejor”, dije antes de venirme una vez más al sentir su eyaculación. Me volteó y me metió el falo en la boca exigiendo: “Límpiamela, golfa cogelona”. Aunque ya estaba flácido, la sentía en la garganta y me dieron arcadas. Me la sacó y me cargó para llevarme tambaleando hasta la cama donde me arrojo y luego se tiró sobre mí.

    No sé cuánto dormimos, pero ya era muy noche cuando despertamos, así que le pedí que me llevara a casa. En la combi le chupé el falo, pero sólo le salió un chorrito de semen, ya lo había exprimido mucho…

    Al entrar, estaba mi hermana leyendo en la sala y notó mi fuerte olor a coñac. “¡Uf, estuvo buena la fiesta!” me dijo. “Sí, buenísima y muy alegre”, contesté sonriendo. “Se te cayó la baba en el suéter, límpiate, me dijo con seriedad extendiéndome un pañuelo desechable y se fue a acostar. Me vi en el espejo y se distinguía claramente el semen que me escurrió de la boca y, por si fuera poco, resaltaban un par de vellos de mi macho. “Sí, estuvo buena la fiesta”, me dije para mí misma cuando emprendí el camino hacia mi cama. Levanté la cobija, metí el pañuelo bajo la almohada para recordar el olor de Eduardo, me desvestí y volví a saber de mí hasta la mañana siguiente.

    Tercer día: Roberto pasó a mi ciudad a firmar un contrato y al día siguiente regresaría a la suya en el primer vuelo. Ya me había avisado días antes que quería que nos viéramos para comer juntos. ¡Claro que también quería que nos “comiéramos” juntos! Afortunadamente, mi hermana había quedado de estar en las tardes con los críos, mientras Saúl se encontraba ausente.

    Este día, dejé todo listo, incluida una rica comida que hice y sabía que era del agrado de todos, y me fui al restaurante donde ya algo tarde me citó Roberto, quien ya me esperaba. Platicamos como una pareja de enamorados y bebimos una botella de riquísimo vino. Al decirle que ya me tenía que retirar, me lo impidió y me llevó a su hotel, cerca de donde estábamos, me desnudó y todo cambió para mí, el vino se mezclaba con las hormonas. Le urgí a que él se desvistiera, porque era cierto que debía irme a casa, otra trasnochada no me lo permitiría mi hermana.

    El pantalón fue lo último que se quitó, pues cuando salimos juntos no usamos ropa interior, y resorteo su miembro de glande imponente, el cual me metí a la boca de inmediato, pues brillaba de tanta humedad y estaba coronado con una gruesa gota de presemen que amenazaba con caer a la cama sin ningún uso práctico.

    –¡Umhhh, más rico que el vino! dije y lo obligué a formar el 69.

    –¡Sí, riquísimo! –contestó abrevando mis jugos y metió la lengua hasta donde le alcanzó, haciéndome soltar jugos en los orgasmos múltiples que me estaba provocando. Siguió lamiendo la raja paseando la lengua hasta el ano varias veces, antes de sorber mis labios y clítoris al mismo tiempo y grité de felicidad.

    Reposé un poco, entre lágrimas y sollozos, por la dicha que me dio volver a probar su vergota, y abrazándome me besó la cara en todas partes: frente, ojos, labios y por último chupó mis orejas, las cuales empezaron a enrojecer para disipar el calor que me tenía satisfecha de cariño y anhelante de ser penetrada. Me zafé de sus brazos y con mis extremidades abiertas y los ojos cerrados le dije “Cúbreme, mi amor”, al tiempo que sentía cómo escurría mi panocha. “Pues a chimar, puTita” me dijo con el coloquial y castizo verbo de su tierra. Metió sus manos bajo mi espalda para alcanzar mis hombros y me penetró de golpe. Se movió rápidamente y mis orgasmos vinieron uno tras otro hasta que no pude con más felicidad y le pedí con el poco aire que aún tenía: “¡Faltas tú, mi amor, vente!” “Sí mi amor, dijo y soltó la gran cantidad de semen que había estado conteniendo.

    –¿Te gustó así, puTita?

    –Sí, mi amor. ¿Ya no te gusto tanto?: te tardaste mucho para venirte –le pregunté temerosa, porque siempre me llena pronto de lo caliente que se pone.

    –¡Claro que me gustas! Pero hoy me prometí hacerte disfrutar lo más que pudiera.

    –Gracias, lo lograste. ¿Me llevas a mi casa? –le pedí, pues casi siempre detenemos el taxi media cuadra antes, pero como hoy no está Saúl…

    –¡Claro que sí! –me contestó y tomó el teléfono para pedir en la administración un taxi.

    Nos vestimos con prisa y apenas salimos del vestíbulo ya estaba el taxista esperándonos y nos abrió la puerta de atrás para subir. Inmediatamente después de darle la dirección, Roberto se abrió la bragueta del pantalón y, amorcillada aún, apareció su verga. “Ven”, me dijo inclinándome la cabeza para que se la chupara. Obviamente no lo desprecié y me puse a mamar. ¡En menos de un minuto ya no me cabía en la boca! Le chupé el glande con lo mejor de mi repertorio bucal al tiempo que con una mano le bajaba y subía la piel del tronco y con la otra amasaba los testículos con suavidad…

    Roberto, por su parte, me acariciaba la raja encharcada y surgió el olor de mi sexo ya atendido debidamente. Es obvio que el taxista sabía lo que estaba pasando pues además del penetrante olor a sexo, el chaca-chaca del ruido de la piel, mis chupetones y los jadeos de mi amado que culminaron en un sollozo profundo al soltar el semen en mi boca no podían deberse a algo más. El resto del camino se la fui limpiando, además de haberle dado un beso con un poco de lo que me dio a tomar. “¿Aquí doy vuelta a la izquierda o a la derecha?” Preguntó el taxista volteando hacia atrás después de frenar despacio.

    Claro que no vio nada, el pelo de mi cabeza obstruía la vista de lo que yo paladeaba, pero seguramente si vio mi mata ya que Roberto me tenía con la falda en la cintura. A poco de dar vuelta “a la derecha” como le indicó Roberto, me incorporé para decir “Aquí” y paró frente a la casa. Roberto le pagó el doble de lo que pidió el conductor, diciéndole que se quedara con todo, y bajó sin haberse subido el cierre, pero con el badajo ya dentro del pantalón.

    Abrí la puerta de la reja, la cerré y a la luz del farol que estaba en la puerta de entrada, pero ya al amparo de las paredes interiores estuvimos besándonos otro rato, antes de que abriera yo la puerta de entrada a la casa.

    –Un último beso y me voy, puTita… –me dijo Roberto, acercándome su crecidísimo miembro, ¡parecía que no se había venido ninguna de las dos veces! No pude resistir el calor que me comunicaba en el pubis.

    –…”y te vienes”, has de querer decir. –corregí abriendo las piernas, mojadas por el escurrimiento del semen que ya traía de él y el presemen que soltó cuando me friccionó su pene acompañando su caliente solicitud.

    Me ensartó delicioso después de colgarme de su cuello y aprisionarle la cintura con mis piernas. El “chaca-chaca” duró muy poco: se vino exhalando un fuerte suspiro que temí pudiera despertar a mis hijos. Yo también me vine automáticamente al sentir su semen caliente bañando mi vagina. “Qué macho tan caliente tengo”, me dije acompañándolo en el suspiro y aflojé las piernas para descenderlas y tocar el piso cuando soltó suavemente mis nalgas. Lo besé y nos dijimos adiós. Cerré la puerta y subí despacio las escaleras en tanto que Roberto salió de la reja y la cerró.

    –Ya llegué. –le dije a mi hermana, quien se encontraba en la cama del estudio.

    –Sí, ya escuché desde que llegaste –dijo molesta por mi reiterada conducta cuando Saúl no estaba–, parece que no te es suficiente el tiempo en el que no estás en tu casa… Buenas noches –concluyó.

    Al ver que mis hijos dormían, me fui a mi cama. Me desnudé y con las pantaletas que saqué del bolso de mano me limpié la raja, olí el semen de Roberto, lamí la prenda y me quedó claro que, efectivamente, no me es suficiente el tiempo en el que no estoy en la casa, ¡cómo volví a desear a Roberto, ahora aquí en mi cama!

    Para los que estaban con la duda, cuando llegó Saúl, lo primero que hizo fue usarme como él lo acostumbraba: chupándome las tetas mientras se venía. En la noche sufrí unas embestidas más de su parte y nos dormimos haciendo el 69. Pero eso no lo sentí como amor, mucho menos al compararlo con lo que cualquiera de los otros días recibí.

  • Luisa la esposa de Carlos: Nos descubren

    Luisa la esposa de Carlos: Nos descubren

    Luisa me tenía a sus pies, la sensual esposa de Carlos y yo vivíamos una relación prohibida y aunque yo tenía una relación liberal, no quería que Lety se enterara de eso, ya que consideraba a Carlos como un hermano para nosotros, así que no quise jugarle al chingón y mejor decidí guardarlo en secreto.

    Nos mandábamos mensajes calientes, yo me tomaba fotos jalándomela o durísimo para ella y ella me mandaba arocas fotos sugestivas y enseñándome su delicioso cuerpo.

    Unas semanas después de nuestro encuentro, quedamos de vernos en un hotel por Zaragoza, muy lejos de casa, para que nadie nos viera.

    Yo llegué puntual y unos minutos depuse llego Luisa, con un sensual minivestido color negro que mostraba sus sensuales y deliciosas piernas.

    L: ¡Te ves espectacular bebe!

    LSA: ¡Gracias, me lo puse para ti!

    Saque una botella de ron y brindamos por la aventura que teníamos, ella muy coqueta bebía su copa de forma sugestiva provocando mis emociones, yo acariciaba sus piernas y la abrazaba, su olor me tenía idiotizado, era la primera vez que la iba a disfrutar enterita y sin prisas.

    Después de brindar puse música de jazz, el saxofón era un complemento perfecto para lo que se venía, comenzamos a besarnos, lo hacíamos apasionadamente, ella comenzó a sobarme la verga por encima de mi ropa y yo acariciaba sus deliciosas tetas que tanto me gustaban.

    Pasamos del beso entre la mejilla y boca a devorarnos como dos hambrientos de carne, ambos acostados manoseábamos nuestros cuerpos y lanzábamos exclamaciones de placer.

    Comencé a quitarle su ropa, lo cual fue fácil ya que ella llevaba solo ese vestido, su brasear y su tanga, se veía maravillosa la acosté en la cama y le quité su ropa interior dejándola desnuda, con mi lengua recorrí cada parte de su hermoso cuerpo.

    Me detuve en su rica vagina depilada y lista para mí, estaba húmeda y olía fenomenal, puse mi boca en sus labios y los probé, tenían un sabor a sal de mar, abrí poco a poco su vagina y comencé a meter mi lengua, succionaba y me tragaba sus fluidos, su clítoris ya estaba hinchado, parecía que estallaría, enrolle mi lengua y metía y sacaba con fuerza, rosaba su clítoris y Luisa solo se retorcía al sentir mi lengua en su rica vagina.

    LSA: ¡Ah, que rico, uhm!!

    L: ¡Hermosa!!! ¡Sabe a gloria!

    LSA: ¡Méteme toda tu lengua, uhm!!

    L: ¡Como digas cariño!

    Estuve dándole un buen sexo oral, tan rico que ella no pudo más y termino sacando fluidos y teniendo un orgasmo, al parecer no le habían comido la concha como yo y por eso llego al clímax solo con mi lengua.

    Mientras ella estaba acostada y con espasmos, yo empecé a desnudarme, tire mi ropa y saque mi verga durísima y húmeda por lo excitado que estaba, ella me vio y se sentó en la cama, yo me puse frente a ella y comenzó a besarme el pene, me besaba el glande, luego pellizcaba mis bolas para después morderla, juagaba con mi prepucio, lo mordía y luego metía mi verga completamente a su boca, yo sentía sus anginas, pero Luisa no se detenía, la aspiraba como aspiradora vaya la redundancia y me tenía a mil.

    L: Si, así amor, ¡mámamelo ah!

    LSA: ¡Que rica verga, uhm!!

    L: Si, trágatela, ¡cómetela como no se la has comido a nadie!

    LSA: ¡Es que no conozco a nadie con una delicia como esta!

    Le apretaba su cabeza y le follaba su rica boquita, Luisa escurría en baba, se metía sus dedos a su concha y yo le acariciaba las etas para luego tomarla por las orejas y darle verga hasta ahogarla.

    Finalmente, después de estar estrujándole la garganta, quise entrar en ella y sin condón, la acosté para empezar con un misionero normal, le besaba su cuello, me movía lento y en círculos, Luisa jadeaba y me acariciaba la espalda y me arañaba las nalgas, me apoyaba en sus hombros y se la clavaba hasta el fondo.

    LSA: ¡Así!! Que rico!!

    L: ¡Uhm, nena, como me gustas!

    Levante sus piernas y las coloque en mis hombros, la empujaba fuerte, le acariciaba su vientre y les juro que se veía hasta donde le llegaba mi verga.

    Me hice hacia delante doblándola y eso hacía que levantara las nalgas, se las acariciaba y le besaba sus pies y pantorrillas, quería probarla todita.

    LSA: Que rico, ¡que dura verga!

    L: ¡Seguro que él no te hace gemir así!

    LSA: ¡No!!! Cógeme, más, dame más!

    L: ¡Uhm!! si mi vida!!!

    Me puse de pie y la coloque en la orilla de la cama de espaldas a mí, tomándola de las manos la penetre y empecé a empujarme, no era un perrito, pero era una pose que me encantaba al ver lo rica que se veían sus duras nalgas.

    El ruido de sus nalgas chocando con mi pelvis era ms fuerte que la música, jadeábamos y disfrutábamos del momento, ahora estábamos en cuchara, ella levantaba su pierna y yo la penetraba y le acariciaba su clítoris, tetas y nalgas, me encantaba darle de ladito, sus nalgas eran muy ricas, Luisa me tenía a mil.

    Se acomodó boca abajo y aprecia que yo la cabalgaba le apretaba la cara a la cama, me empujaba con fuerza, mi verga le entraba por completo, ya tenía las nalgas rojas de golpes y apretones, ella gemía y conseguí se corriera nuevamente y yo no quería quedarme atrás y aceleradamente la embestí para conseguir llenarle su vagina de semen.

    LSA: ¡Si!!! ¡Dame tu lechita, que rica!

    L: ¡Te voy a preñar nena!

    LSA: Si, préñame, soy tuya, ¡soy tu puta!

    L: ¡Sí!! ¡Que rica puta me cojo!!

    Se al saque y ella se fue directo a mamármela, nos acomodamos en un delicioso 69 pero yo le lamía su culito, quería dilatárselo quería penetrarla por ahí.

    LSA: ¡Me encanta tu sabor!

    L: ¡Que rico culo, apretadito, uhm!!

    LSA: ¿SI, me al vas a meter por ahí?

    L: Claro, ¡tu culo ahora me pertenece al igual que tú!

    Nos chupamos muy rico ella me hizo ten ruan nueva erección gracias a sus lamidas, su culo ya estaba dilatado y listo para ser penetrado, la puse en cuatro patas, abrí sus nalgas y coloqué la punta de mi verga, ella se estremeció al sentirla, empecé a empujarla lentamente, su ano apretaba fenomenal, poco a poco me abrí paso en su ano de casada.

    LSA: ¡Si!!! ¡Que rico!!

    L: ¡Eso, goza nena!

    Una vez dentro empecé con las embestidas, una tras otras, ella mordía su brazo, gritaba y se movía, le encantaba ser ensartada por mí.

    Tomándola de su cabello me empujaba con fuerza, ella no hacia otra cosa más que gritar y moverse en círculos, estaba bien empalada.

    LSA: ¡Que rico, que verga más rica!

    L: Tómala toda, ¡uhm!!

    Empuje con fuerza y quedo acostada boca abajo, levanté sus nalguitas con la almohada y me di gusto dándole pito hasta atravesarla por su rica vagina.

    Mientras le empujaba mi verga, le jugaba su clítoris y le mordía su oreja, ella estaba toda extasiada, seguía gimiendo de placer, ahora también por mis dedos en su coño.

    LSA: ¡Si, que rico, ah!

    L: Eres toda una perra, ¡ladra como la perra que res!

    LSA: ¡Guau!!! ah, ah!

    L: ¡Jajá, que puta!

    Me senté en la orilla de la cama y la cargue viéndome directo y la ensarte de golpe en su culo, nos besábamos, nos mordíamos, le acariciaba con fuerza sus ricas nalgas, una y otra vez, ella babeaba al sentir mi verga destrozándole su culo.

    Ahora ella estaba de pie apoyándose en la pared, yo abriéndole las nalgas la penetraba con violencia, le mordía la espalda, le jalaba su cabello, me dejaba ir con fuerza, ella ya no sentía lo duro si no lo tupido, que rico era coger con la esposa de Carlos.

    L: ¿Que rico gritas, ah, te al saco?

    LSA: ¡No!!!! Métela, házmelo ancho ah!!!

    L: ¡Si, que rica eres, uhm!!

    LSA: Cogeré contigo siempre, que verga, ¡ah!!

    La puse en cuatro en la cama y con toda la violencia del mundo la penetré, su culo estaba maltrecho, ¡pero ella estaba satisfecha de tenerme dentro! Empezó venirse nuevamente, yo con mis dedos tocaba su clítoris para hacerle mejor su orgasmo, ella jadeaba y me lamia los dedos probando sus jugos.

    LSA: ¡Ah!! papi que rico!

    L: ¡Ahí viene mi leche!!

    LSA: Lléname el culo, ¡quiero tu semen!

    L: ¡Ah, que rico!!

    Un mar de semen caliente salió llenándole su culo, ambos gritamos y disfrutamos del orgasmo, quedé pegado a ella como perro, le di un par de nalgadas y jalones antes de salirme de su ano.

    Reposamos acostados el rico momento, nos besamos y brindamos nuevamente, en eso ella recibió una llamada de su esposo, estaba afuera del hotel, ella se puso tensa y llorando me pedía salir de ahí.

    No era la primera vez que un marido estaba por descubrirme, así que el dije se vistiera, llame a la recepción diciéndoles que les dejaría las llaves pegadas y que por el bien tenía que salir por atrás de su estacionamiento, salimos por las escaleras traseras, al parecer Carlos nos esperaba en el frente del hotel, ella hablaba con el diciéndole que no estaba en el hotel, tomo un taxi y se fue.

    Lo último que supe es que cuando el llego la encontró en casa, discutieron y la agredió, jamás nos delato, soporto todo por guardar el secreto de que yo era su amante.

    Hasta la fecha nos e anda de Luisa ni de Carlos, pero no olvido la rica culeada que le puse.

  • La primera vez con la hija del vecino

    La primera vez con la hija del vecino

    Bien por fin me he decidido a platicar la primera vez que me llevé a la cama a la hija de mi vecino.

    Hace unos días estaba yo lavando mi camioneta fuera de casa, cuando pasó caminando la hija de Pedro un buen amigo y vecino, lucía divina, a sus 23 años posee unas lindas nalgas y unas muy ricas tetas, llevaba puestos unos jeans que hacían lucir su rico trasero y una blusa roja que no escondía sus grandes tetas.

    -Hola que tal ya mero termina?

    -Ya en un rato terminaré, pero con ayuda, terminaríamos más rápido, jajaja.

    -Si quiere mi ayuda?

    -Claro me gustaría verte lavando mi vehículo con una camiseta mojada, jajajaja.

    -Ay como es vecino, no pierde oportunidad de decirme cosas que me hacen ponerme nerviosa.

    -Bueno la verdad es que eres una chica muy bella y sensual y quién no quisiera tener un ayudante como tú.

    -Cuanto me pagaría por la “ayuda”?

    -No sé, pon tu el precio?

    -Sabe, necesito comprar unas cosas y me hacen falta algo así como 800 pesos ¿qué dice?

    -Por ayudarme a lavar el carro se me hace mucho.

    -Bueno, pero le puedo ayudar en otras cosas, en lo que Ud. diga.

    -Seguro en lo que yo diga?

    -Si en lo que quiera.

    -Bueno ¿cuando empiezas?

    -Solo me cambio y regreso.

    -Ok, te espero.

    En ese momento apresuré el ritmo para terminar de hacer el lavado y en cuanto terminé, apareció Barbie que será como a continuación la llamaré, con un diminuto shorts que apenas cubría lo elemental, dejando ver sus ricas nalgas y dejaba sin mucho a la imaginación su rico monte de venus, una playerita de esas de tirantes con un top y asomaban sus ricas tetas como amenazando a saltar de su prisión.

    -¿Ya terminaste? perdón ¿ya terminó Marco? una disculpa por la falta.

    -No, nada de eso me agrada más nos hablemos de tu.

    -Qué bueno así es mejor ¿verdad? Y que me vas a poner a hacer? ¿Qué haré para ganar esa plata?

    -No sé hasta donde estés dispuesta a llegar por esa plata, pero por mucha más, tú sabes que para mí ese no es problema.

    -Pues no sé, si tú quieres puedes ser mi sugar dady y comprarme cosas a cambio de lo que tú quieras y gustes…

    Soy un hombre maduro y tengo una posición económica cómoda por lo que la parte económica no es problema para mí, pero la idea de tener a una joven así como putita me hizo pensar en mil cosas.

    -No lo había pensado, pero no es nada mal idea, me agrada Barbie, va, acepto la propuesta, desde este momento soy tu sugar dady.

    Pasamos a lo siguiente, enseguida la tomé por la cintura y la besé con mucha pasión y deseo. Ella respondió de igual manera, nuestras lenguas se tocaban en su boca como en la mía, mi mano derecha enseguida llegó hasta su panchita que aunque la acaricié sobre el pantalón logré hacerla gemir, sin dejarla de besar mi mano izquierda buscó sus tetas por debajo del top y la blusa, llegué hasta su rico pezón que ya estaba muy duro no perdí tiempo y solo me alejé de ella para quitarle las prendas superiores, dejando libres ese rico par de tetas con unas aureolas divinas y unos pezones rosaditos muy duros y paraditos. Me quedé viéndola unos segundos.

    Barbie tocándose las bubis me dijo:

    -¿Te gustan? mira son duritas y son tuyas.

    Sin más que eso me pegué a sus ricos pezones como un recién nacido hambriento, no dejaba de succionar esas ricas tetas y sentía como ella se ponía tensa y cachonda. Sin dejar de hacer mi tarea en sus chichis, mi mano llegó hasta su cintura y solté el botón del short solo para ver que no traía pantaletas la muy puta, sin mediar palabras a la acción llegué con mis dedos a su vagina, estaba en un río de placer, cuando metí levemente un dedo en ese coñito sentí que estaba a punto de venirse.

    -Qué pasa ¿por qué tan caliente mi amor?

    -Papi siempre me has gustado y sueño muy seguido contigo, porque imagino que me coges y me haces muy rico cosas sucias y cachondas.

    -Pues te voy a hacer muchas cosas, sucias, cachondas y jamás imaginarás lo que cada vez te haré.

    -¿De verdad me vas a hacer muchas cosas? ¿Me harás algo así como tú puta?

    -Si, en efecto te haré mi puta, serás eso una verdadera puta.

    De un tirón bajé la minúscula prenda hasta los tobillos y en un movimiento de sus piernitas dejaron nada a la imaginación, un coñito con un corte de vellitos muy finos en forma de triángulo, para ese momento ya mi verga tenía un tamaño formidable y si ya la tenía desnuda a ella. Justo era que yo también me encuerara, en unos segundos quedé de igual a igual, su mirada fue fija a mi pito y con asombro me dijo:

    -No inventes ¿tamaña cosa me vas dar? Papi me vas a partir en dos, me vas a desmadrar, se cuidadoso, no me lastimes ¿cuánto mide?

    -Son 24 centímetros de largo y 6 de grueso Barbie.

    -Imposible que me coma tamaña verga, mi novio se cree mucho y dice que es una muy buena arma, a él le mide apenas 15 centímetros y es muy delgadita, nada que ver con la tuya papi.

    -No te preocupes te la vas a comer toda y cuando vuelvas a coger con tu novio, no vas a sentir nada y vendrás en chinga por esto.

    Al momento de nuestro diálogo nos fuimos a mi cama y ahí sin freno la tumbé de espalda abriéndole las piernas y sin más fui subiendo por sus pies y muslos hasta ese rico coñito que iba yo a acabar de comer. Con la punta de mi lengua fui llegando hasta su clítoris el cual besé y mordí suavemente con mis labios. Ella en ese momento tomó mi cabeza y la pegó lo más que pudo a su panchita. Yo sentía en mi boca como se ponía cada vez más húmeda, no tardaría en venirse, mis manos subieron a sus pezones y los empecé a apretar y acariciar con las palmas de mi mano, eso fue demasiado para ella, en un momento en que sentí muy tenso su cuerpo sentí en mi boca un torrente de fluido saliendo de su vagina.

    -Aaauuggghhh, que comida me has sacado cabrón, no mames que manera de mamarme, en mi vida me habían dado una mamada así.

    -Qué bueno que te gustó putita, solo es el principio zorrita.

    -Que rico que me hables así, me gusta, me pone caliente.

    En ese momento y así acostada como estaba hice un movimiento para que mi verga, la cual ya tenía dimensiones de combate, se la lleve a la boca y la invite a comérsela. La estuvo ensalivando con la lengua por todos lados, el tronco, la cabeza, los huevos, todo me acarició con su lengua.

    -No mames que quieras que te la mame, no me va a caber, está inmensa, creo que mi coño va a sufrir para soportarla.

    Tomé su cabeza entre mis manos y puse la punta de mi verga en su boca.

    -Abre la boca putita, verás que rica mamada le vas a dar a papi, abre putita, así despacio déjala entrar.

    Con mucho problema, si su boquita fue aceptando a tan buen campeón, ella es una chica bajita 1.52 y apenas pesa 48 kg, pero muy puta. La llev´r hasta la orilla de la cama, en donde con su cabeza colgando le entraría un poco más de pito. En efecto de esa forma logré casi metérsela toda, la forma como la tenía acomodada y viendo su boca llena de verga casi me hace terminar en su garganta, pero me contuve para más tarde. Vi como sus lágrimas salían a poco de sentir tamaña verga en su boca y garganta. Se la saqué y sus palabras fueron.

    -No pinches mames papi, me lastimaste la garganta, sentí que te venías, me hubiera ahogado con tu leche cabrón, que pitote tienes.

    -No mi vida, nadie se ha muerto de eso, más adelante lo vas a hacer, vas a tomarte toda la leche de la verga de papi.

    Pasado este momento venía lo rico de la faena. El nombre de Barbie desde luego que no es el de ella, pero una amiga suya así le dice y les explicaré porque le dice así: es tan menudita que en efecto su panochita parece la de una muñequita Barbie, es apenas una rajita diminuta, pero se come todo lo imaginable. La llevé a la esquina de mi cama y como es alta la cama, en la esquina es el lugar para dar una buena ensartada, llevándola a ese lugar le separé las piernas y veía en su cara un gesto de preocupación, pero al mismo tiempo de ganas de comérsela.

    -Papi despacio, si te digo que me duele te esperas un poquito, no me lastimes, estás muy vergudo.

    -Tranquila putita, pedirás más después de que te comas esto.

    Al tenerla así a mi alcance lo primero fue darle una nueva deseada, con lo cual encontré que la muy puta estaba igual de mojada.

    -Que puta eres, estás escurriendo zorrita.

    -Tú me pones así papi, ya dámela, si me vas a coger y a matar, mátame cogiendo, dámela papi, soy tu putita, soy tu zorrita.

    No me hacía falta más, le hacer que la cabeza de mi pene y sentí su calorcito en el mismo.

    -Puta zorra estás hirviendo.

    -Cabrón con las ganas que siempre te he tenido y con ese palote ¿cómo quieres que esté?

    Vino la primera metida y suavemente le dejé la cuarta parte de verga, sentí lo rico, me abrazaba la pinga, tan rico coñito. Seguí y con la mitad de palo adentro sus muslos se enredaron a mi cintura, con este movimiento vino un trozo más de carne en su cuevita, casi la tenía toda.

    -No mames, increíble, pensé que no me entraría toda.

    Al bajar sus manos a mis huevos y darse cuenta que aún le faltaba.

    -Ay no chingues me falta un buen de verga, ya dámela cabrón, rómpeme papi, pero cógeme muy rico.

    No hacía falta su permiso de una nueva estocada, le dejé ir hasta la empuñadura, pegó un grito de dolor y placer que generó en mi una ansiedad tremenda de ponerle la cogida de su vida. Sin para inicié un mete y saca que en cada momento sus gritos de placer, dolor y gusto se devolvían.

    -Aaaggghhh, no mames, que pito me estoy comiendo, cabrón me desmadrarse la pycha, que clase de cogida me estás dando, en mi vida imaginé que me fueras a coger tan rico papi, no pares, párteme en dos, pero cógeme a tu puta, a tu zorra, déjame bien abierta papi, que rico que me animé a venderme contigo.

    -Grandísima puta, jamás me imaginé encontrarte con un coñito así, que si no desde cuando te compro.

    No paré de darle pito, en un momento muy rico de la cogida, casi se la saqué toda y cuando abrió los ojos como pensando que se la iba a sacar toda, en ese momento le di una metida que si sentí pegar en algo en su pobre matriz. Este movimiento y está metida sirvió para que tuviera el mejor orgasmo de su vida, sentí como se vino y como salía de su panchita su jugo, cada vez más y más y yo dándole tremendas metidas, en ese momento otro orgasmo.

    -No inventes me has partido en dos y me has hecho terminar como nunca, en mi vida me había venido así, papi cógeme toda la vida.

    -Si putita, te voy a tener de mi zorrita muchos años.

    Teniéndola en esa posición aún la hice llegar a media cama a base de metidas de verga hasta un punto en donde ella pudiera montarse, la levanté para que se montara.

    -No chingues, si me monto me mato, mira como la tienes, no, dame de cucharita, si me monto me va a salir por la garganta.

    -No digas pendejadas, la vas a disfrutar más.

    La levanté y me di cuenta que sus leves vellitos púbicos estaban empapados de sus venidas, escurría su coño como una llave de agua abierta, eran increíbles sus venidas y no es que sea multiorgásmica.

    -Mira nada más como me tienes, en mi vida me había pasado.

    -Normal en tu vida habías tenido una buena verga para coger.

    Sin más ni más se dio valor y empezó a dejarse caer en mi mástil, sus tetas fueron ahora el centro de mi atención, me fui a sus pezones y los empecé a morder muy fuerte y a acariciar tan ricas tetas, siguió hasta que se acomodó todo mi fierro en su panchita.

    -Que rico me acomodé perfecta, que rica me queda tu verga papi, me vuelves loca de placer cabrón, que rico siento tu pitote.

    No cabe duda le estaba dando la cogida de su vida, sus tetas me sabían a gloria, pero me venía una linda y jamás imaginada alegría, en cuanto Barbie se sintió totalmente empalmada en mi falo, llegó a mi boca con un rico beso en donde nuestras lenguas se revolcaban con especial lujuria, yo sentía sus chichis en mi pecho y la alegría. Empezó un movimiento de mete y saca y haciendo círculos que no me esperaba por nada del mundo, que manera de coger de la muy puta.

    Susurraba a mi oído:

    -¿Qué opinas de cómo me muevo papi? ¿Te gusta? ¿Lo esperabas? Así se sabe mover tu zorrita, te voy a sacar la leche aunque me quede embarazada cabrón, no voy a dejar de cogerme a tu verga nunca, gózame papi, dame rico.

    Con estas palabras lo que logró fue cada vez quisiera ir más lejos con ella. En esa posición tomé sus ricas nalguitas y sin decir nada, la empecé a dedear por el ojete, muy apretadito que encontré ese culito, primero le metí un dedo y luego dos.

    -No lo pienses cabrón por ahí me matas, desearme sí, pero de meterme la verga ni lo pienses.

    -Eres mi puta y harás lo que yo quiera, hoy no te daré por el culo, pero la siguiente te diré lo que tienes que hacer, porque hay que prepararlo.

    Ella siguió moviéndose muy rico arriba y abajo a una velocidad increíble haciendo círculos de una forma muy cachonda, se levantó un poco y tomé sus tetas en mis manos, en ese momento ya no pude más y derramé en su cuevita, chorros y chorros de semen.

    -Que pinché bendita te diste, no mames, sentí como pegaban tus chorros en mi coño, que rico, ojalá me embarace, nunca me habían dado una cogida así papi.

    -Nunca imaginé que cogieras tan rico zorrita.

    Después de esta cogida nos recostamos y seguimos besándonos. Volví a tener una erección tremenda y ahora sí sin piedad su boca fue mi objetivo.

    -Me voy a venir en tu boca zorrita.

    -Si papi en dónde quieras.

    Sin más ni más abrió cuánto pudo la boca y empecé a simular los movimientos como si estuviéramos cogiendo por su chochito, entre eso y la manoseada de tetas que le estaba dando, tuve un orgasmo divino, nuevamente varios chorros de leche salieron de mi verga y ella unos se los tragó y otros me los mostró primero y los bebió después.

    -No deje ni una gota papi ¿te gustó? ¿Me gane la plata que te pedí?

    -Claro que te la ganaste putita y hay más, pero yo te iré diciendo donde y cuando.

    Terminamos está buena cogida y más adelante les seguiré platicando de Barbie, porque tengo casi 5 años de andármela cogiendo.

  • Oficialmente soy la puta de mi jefe

    Oficialmente soy la puta de mi jefe

    Como ya saben mi rutina cambio 180º después de aquel sábado en la casa de mi jefe donde literal abuso de mi, después de que uno vive una experiencia así, te cambia la perspectiva, comienzas a decirte a ti misma que puede ser normal, cuando te das cuenta que nadie se da cuenta, puedes creer que muchas otras personas llevan estas dobles vidas en secreto y ni siquiera lo sabías, entonces entras en una etapa de letargo de la realidad o de lo moral. Precisamente esto es lo que me pasó por varios meses hasta años, en esta ocasión les platicare alguna de las ocasiones siguientes a las primeras llamadas de mi jefe el Juez, de sumisión de hacer el nuevo trabajo que me estaba asignando, el de su puta persona.

    La verdad es que después de que no renuncie tras el abuso de mi jefe, di por aceptado lo que él me dijo, sería su puta personal, y así lo hizo sin hacerse esperar. En la oficina por semanas tuvo cuidado de no dar ni una señal, aun la tiene, los únicos que en verdad saben son sus amigos cercanos, y algunos lo sospechan sin certeza, en realidad nunca hemos sido sorprendidos.

    Pensé que pasaría más tiempo o seria en alguna reunión de su casa, pensé podría evitarlas o irme más temprano, pero me sorprendió con el siguiente encuentro. Durante una sesión en la que nuestras jornadas se intensificaban y todo el personal permanece más tiempo en la oficina, me pidió recogiera la comida que pidió para todos, entonces lo hice.

    –Martha, por favor ve al restaurante Pargos y tráete el pedido por favor.

    Yo no soy una secretaria pero la verdad entre todo el movimiento y las tareas me pareció incluso buena idea salir de ahí un momento, el estacionamiento es subterráneo, baje el elevador y me dirija a mi coche, para usar el elevador debes usar un sensor que solo el personal tiene.

    Llegué a mi coche fui a recoger la comida tan normal y todo fue súper rápido ya estaba hecho el pedido para mi sorpresa, pues yo llevaba la lista que me habían dado y apenas tenía que pedirlo y esperarlo, entonces tome las cosas y me regrese a la oficina.

    Al regresar entre al estacionamiento me quede en mi lugar de siempre y me di cuenta que mi jefe estaba en su coche, me predio las luces, yo me baje de mi coche y me acerque tenía la sensación de que esto iba a ser ya el comienzo de su advertencia, pero también pensé puede ser algo de trabajo, me acerque, y me dijo súbete.

    Me subí y le dije que pasa -ya sabes que pasa – le dije Fernando por favor que haces aquí- me dijo – acuérdate como me tienes que decir- en ese momento supe que esto ya no iba a ser algunas veces, que su advertencia era literal.

    -señor juez la gente espera su comida.

    -por qué crees que te la dieron tan rápido.

    Me dijo inmediatamente, además tú también tienes que comer.

    Yo llevaba puesto unos pantalones pegados y una camisa de botones de rayas.

    Lo primero que hizo fue desabrocharse el cinturón y bajarse un poco el pantalón- me miro con una mirada de morbo terrible y me dijo- que esperas- no supe cómo reaccionar y me quede sin moverme, él se me acerco y me dijo al oído no me la pongas difícil que sabes que de todas formas lo vas a tener que hacer- me tomo el pelo súper fuerte y me puso la cara frente a su bulto en su calzón, -esta semana ha estado muy pesada y necesito descargarme martita- se bajó la trusa y lo tenía paradisimo, me lo puso en la boca y empujo mi cabeza hacia su cuerpo, casi me vomito en ese momento, pero lo contuve, se lo empecé a chupar pensando que esto ya sea rápido.

    El empezó a meterme la mano al pantalón debajo de mis patines, mientras me decía chúpamelo puta, en un momento me detuve para respirar con calma llevaba varios minutos ahí chupándosela sin parar y babeaba por la posición y no poder tragar bien saliva y sus fluidos, me levante un poco me limpie un poco la boca y él me dijo quítate el pantalón- yo le dije- no, pueden venir y es tardado-, me puso sus manos en el cuello, le gusta tener el control, y me dijo, lo que yo te digo no son preguntas.

    Yo me lo baje pero traía unos botines altos y en realidad no podía quitármelo todo, se me quedo en las piernas, mientras yo me lo bajaba se bajó del coche y se dio la vuelta a mi lado, me abrió la puerta y me puso otra vez su pene en la boca, – síguele zorra- yo seguía adentro del coche y el parado frente a la puerta mientras yo se la chupaba toda, me la paso por la cara y me ponía sus testículos en la boca, me hizo chupársela por completo, empujaba mi cara contra su cuerpo, fue entonces que se detuvo un segundo, dio un paso atrás, se bajó bien el pantalón y la trusa blanca, yo estaba observándolo ahí, gordo con camisa y saco arriba y desnudo de abajo, subió un pie a la base del coche abierto y me empujo hacia su pene, hasta debajo de sus testículos la cara, no dijo instrucciones habladas.

    En realidad no menciono lo que me estaba haciéndome hacer con su presión en mi cabeza contra su cuerpo, me acercaba a pesar de mi posición incómoda me empujaba la boca hacia entre sus piernas, su entre pierna y al final su ano, yo en ese momento ya estaba totalmente desvalorizada de mi, ni siquiera pensaba esto fuera algo que quisiera un hombre comúnmente, pero solo estaba sintiendo que eso era algo que ya estaba sucediendo, y por más que oponía un poco de resistencia, parecía gustarle más, entonces flui, empecé a pasar mi lengua por su ano y me decía te gusta puta? – si señor juez- la verdad me repugnaba su cuerpo gordo y su piel sudada y pegajosa, pero era lo que debía decir.

    En eso se echó para atrás me jalo fuertísimo que caí de rodillas en el suelo del estacionamiento, me tomo de los hombros, me levanto un poco, me desabotono la camisa casi con cuidado y me bajo el brasier, se quedaron mis tetas al aire en el estacionamiento con la boca llena de saliva y sus fluidos en toda la cara de que me había tenido la punta húmeda por la frente y los ojos al chuparle el ano, estaba toda despeinada, yo creo que si parecía una puta para cualquiera si me vieran así, esta vez no me cogió, en este encuentro no me lo metió más que por la boca, estaba complaciéndose por completo con mi cara y mi boca, eran su herramienta, su objeto, una clara señal de lo que estaba intentando decirme, eres mía ya, y no es una relación recíproca, eres solo mía y no me interesa tu placer, te estoy usando porque eres mi puta.

    Me jalo casi arrastrada a la cajuela, no sabía en ese momento para que, me recargo contra ella, simplemente era porque hay mejor altura para su placer enfermo, subió la rodilla a la cajuela abierta y empezó a ponerme el ano en la boca con toda su fuerza estaba como amarrada en una llave de lucha libre solo con acceso a chuparlo, y así siguió unos minutos más hasta que se movió y me empezó a coger la boca bruscamente y sin ninguna compasión, comenzó a meterme todo su pene hasta el fondo de la boca, le dije entre ruidos que no podía respirar, saco su pene me dijo que dices puta?

    Entre estar babeando y su liquido escupí, le dije no puedo respirar estaba ya llorando, le dije me voy a vomitar, me dijo quítate el brasier y la blusa, los traía ya a medio poner, la blusa se me estaba cayendo por los hombros desabotonada toda y el brasier ya iba a la mitad de mi cintura, entonces me los quite tratado de tardarme para que ya terminara esto, pero me volvió a jalar los agarro y los metió a la cajuela hasta atrás, me dijo ya te puedes ensuciar, – que dices- y pum una cachetada -no te pedí que dijeras nada- me volvió a tomar la cara y me la metió de una sola vez tan fuerte y hasta adentro que me pareció que justo lo que quería era que vomitara, dos de estas embestidas las controle y no vomite pero la tercera.

    No pude contenerme, lo metió con todo el peso de su cuerpo contra mis labios y contra el coche sentí casi que me llenaba toda la boca a la garganta, vomite con su pene adentro y pareció gustarle, tal vez la temperatura de mi vomito en su pene, mas humedad no se y siguió sin sacarlo, me lo dejo adentro y no me dejaba moverme, se sintió horrible con vomito escurriéndome por los labios pero sin poder moverme.

    Estaba yo en lágrimas y vómito y su pene en mi boca, cuando me jalo, me movió hacia donde no había caído nada en el suelo me tomo del cabello hasta atrás pensé se vendría en mi cara, comenzó a masturbarse con su pene apuntando hacia mi, jadeando de placer, me veía a los ojos perversamente y se masturbaba con enjundia, mientras mantenía mi cara hacia arriba tomándome el pelo, entonces me tiro al suelo, se hinco de una sola pierna presiono mi cara contra el pavimento y se vino en el piso justo frente a mi cara, una carga enorme e semen blanco y espeso.

    Me movió la cara hacia su semen en el piso mientras hacia un ruido de satisfacción, y me dijo -tu comida puta- te la tienes que comer toda ya está servida, y me sonrió ganador, me acerco la boca a su semen en el piso y me dijo comételo, no podía creer esto, no podía estar haciendo esto, era totalmente denigrante, pero no me dejo titubear, presiono más ni cara, además yo estaba en miedo total, esto era súper abusivo, así que lamí su semen del pavimento, sentía la consistencia espesa en mi boca y estaba aún tibio, pero además sentía lo frio del suelo podías sentir la diferencia entre donde aún queda semen y donde ya no, y me lo trague todo.

    En ese momento pensé esto ya acabo, tengo que levantarme y ponerme en forma o se van a dar cuenta, pero no me dejo levantarme aun, presiono mi cara contra el pavimento para levantarse, se paró, entonces me moví para levantarme, y me puso el pie en la espalda, estaba yo desnuda con el pantalón abajo mis botines puestos y con su pie encima de mi, manteniéndose así conmigo ahí en el suelo, prendió un cigarro y el sin vergüenza se lo fumo, me acariciaba con su pie el pelo, si eso se puede decir caricia, cuando termino, quito su pie de mi espalda, me dio una patada leve en el hombro y me dijo ya levántate , me levante y me empecé a subir el pantalón cuando me dijo -que eres? – estaba odiándolo pero sé que tenía que responder – tu puta- muy bien ya sabes la respuesta, me dijo, arréglate ya que nadie puede darse cuenta.

    Entonces me dirigí hacia la cajuela donde él estaba sentado, estaba jugando conmigo, viéndome semidesnuda obedecerlo, dándome instrucciones, le dije mi ropa está ahí adentro, él no me dejo pasar a tomarla, y me dijo,- pensándolo bien – -se tevé la cara muy sucia no creo puedas subir así-, entonces de un jalón me volvió a bajar el pantalón a las rodillas, me empujó al suelo y me volvió a hincar frente a él y se levantó de la cajuela volvió a sacarse el pene, ya no estaba hinchado de ganas, me lo acerco a la cara, pensé -de nuevo no- pero hubiera deseado que fuera de nuevo- y entonces, titubeo unos segundos se lo movió.

    No sabía exactamente que quería o que debía hacer yo, fue ahí que entendí que hacía, empezó a orinarme en la cara, al instante brinque de un golpe hacia atrás y me agarro súper fuerte, le dije no inventes se van a dar cuenta, mientras me limpiaba un poco lo que me había caído en la cara y cuello, pensando que si no era muy explosiva mi reacción o lo mantenía casual podía terminar sin recordarlo, me dijo si puede ser, entonces dejo de orinar y me dijo -pero, con que te vas a bajar tu comida puta?

    Me jalo súper brusco me apretó la mandíbula súper fuerte que me lastimo, apunto su punta a mi boca ay me dijo mejor abre bien, tómatelo y no lo escupas, y empezó a orinar en mi boca, sentí nauseas horribles, moví la cara y me salpico toda la cara y cuello y tetas, entonces me dio la peor bofetada que me han dado, me lo metió a la boca y me dijo obedece bien pinche zorrita puta, y me dijo ni una gota al suelo, y volvió a empezar adentro de mi boca, sentía como me iba llenando de agua salada y caliente, me tome todo lo que él quiso de su orín, todo, ni una gota se escapó, como él dijo. ¿Eso pensaba, -cuanto pis tiene un gordo así? Cuánta agua toma?

    Me tiro al suelo y empezó a orinarme encima y apuntaba a mi pantalón aun puesto en mis piernas y mi calzón, como jugando al tino, y me echaba chorros a la cara y de nuevo a mi ropa y a mi calzón, Me estaba firmando, sellando, poniendo su nombre en mi, como un perro al poste, cuando termino sus últimos chorros, se lo sacudido encima de mi como diciendo ni una gota no te cae, subió el cierre, y me saco mu blusa limpia de la cajuela, pero se quedó el brasier, me la aventó junto y me dijo con esto limpias este desmadrito yo les subo la comida a estos pendejos y tu te vas a bañar a tu casa, que tenemos trabajo para toda la noche aquí y no podemos faltar ninguno.

    Así como si nada me dejo ahí empapada en su orín hincada limpiando del suelo mojado de sus orines y mi vomito en partes y el sudor de mi piel de tenerme tirada contra el piso, literal me quede ahí 10, 15 minutos limpiando con mi propia blusa, que venía a ser una buena blusa de hecho era de buena marca y pensaba que es esto como llegue aquí, me subí a mi carro, lo prendí con la camisa mal abotonada apestando a orín ya frio sentía todo el pantalón mojado y pegajoso y frio, oliendo terrible, mi blusa totalmente negra del piso y la suciedad que limpie, sin brasier despeinada y con los ojos llorosos, me dolía la mandíbula y el alma, pero ya estaba mi voluntad muy quebrada y esa no sería la última ni cerca de serlo de muchas más experiencias que viví con el como esta en los siguientes años de ser su puta personal.

  • Una madura muy provocadora

    Una madura muy provocadora

    No era un lunes como cualquier otro y parecía el más aburrido de todos; ese día por primera vez en varios años tenía dos particularidades: no tuve (por inventario) que trabajar y por otro lado me encontraba completamente solo en casa desde la noche del domingo pues mi pareja se vio en la necesidad de salir de la ciudad un par de días a visitar algún enfermo (cosa que aquí no voy a detallar).

    Me sentía en cierta medida liberado, hasta un tanto raro; caí en la cuenta de que a mis treinta y tantos llevaba a cuestas incontables años de rutina familiar sin fallar a ella en sentido alguno. Me levante muy temprano y hasta las 7 de la mañana que tome una ducha, estuve absorto viendo televisión.

    Serían las ocho de la mañana cuando salí al centro comercial a realizar algunas compras, me fui en autobús con afán de evitar el estresante trafico citadino de principio de semana que por esta ocasión podía evitar abandonando mi auto. Seguía siendo muy temprano cuando arribe a mi destino, acaso diez personas dentro del supermercado a esa hora, deambulaba por los pasillos perdido en mis pensamientos hasta que un repentino golpe de vista me trajo de regreso a la tierra.

    Caminando por el pasillo central, volteé de reojo al área de productos enlatados y dentro de él fue inevitable admirar a una mujer madura de falda cortita negra inclinarse pronunciadamente a tomar alguna cosa; de inmediato me atrajo como un imán, me introduje en tal sección y pretendí escoger algunas cosas muy cerca suyo, ella no me sintió a su lado o no le dio importancia. Me di vuelo atisbando aquel hermoso par de pantorrillas y muslos de piel clara que terminaban en un trasero carnoso, firme y bien estético.

    Sentí como mi entrepierna reacciono a lo que la vista le ofrecía, no me moví un centímetro; por fin se puso en pie aquella dama y al verla de frente pude comprobar que el resto de ella era igual de sensual. Era una señora de unos 50 años, frondosa y espectacular; su pelo negro bajo los hombros, un tanto ensortijado enmarcaba su aún bello rostro de mujer madura, lindos ojos y bellos labios con un sensual lunar adornándolos. Pensé entonces en el hecho de que todos deseamos que nuestra mujer llegue a esas instancias de la vida en tales circunstancias (cosa que casi nunca sucede). Era imposible dejar pasar por alto el paraíso que ofrecía la blusa de escote ancho que llevaba y que ofrendaba como manjar a la vista una buena parte de sus crecidos y redondos senos naturales que se antojaban suaves, tibios y juguetones.

    Auténticamente la penetre con la vista: tacones, piel mucha piel, su escasa falda negra, un poco de su vientre que su blusa no alcanzaba a cubrir del todo, su escote de infarto y un bello e intrigante rostro. Una verdadera joya; aún era pronto pero en un rato más seguramente las miradas la asediarían y alguno que otro atrevido la arribaría con no buenas intenciones (cosas a las que debía estar acostumbrada a lidiar pensé, de hecho bien que se lo buscaba); y aún más ¿por qué no arribarla yo? ¿Qué podía perder? Mil cosas cruzaban por mi mente, para mi sorpresa fue ella quien rompió el ensordecedor silencio.

    —»Buen día señor ¿me ayudaría a buscar duraznos enlatados?»

    —»Hola señora, eh… Pues por este lado, espere que le traigo algunos». — Contesté.

    —»Gracias, es que a este sitio no había venido nunca, voy a uno cerca de casa pero hoy no abrió».

    —»Es un placer, es más, la acompaño mientras hacemos nuestras compras y así va conociendo el lugar». — Respondí.

    —»Pues por mi adelante, me llamo Mariana».

    —»Johny para servirle». —Dije ofreciéndole mi mano en saludo.

    Así deambulamos largo rato haciendo el súper; rato más tarde había mucha gente y era de notarse como caballeros de cualquier edad observaban disimuladamente a mi sensual acompañante, que dicho sea de paso a mi ya me tenía bastante exaltado con su persona. Había quienes de plano miraban lascivamente dentro de escote sin pena alguna, no importándoles mi presencia ni que ella se diera cuenta; no los culpaba ¿cómo hacerlo? Apenas un rato antes yo estaba igual.

    Para mi mala fortuna terminamos nuestras compras, sentí que ahí acababa todo, pero dado que la charla estaba muy amena y en poco tiempo había nacido una linda amistad, me atreví a invitarla a tomar algo en una de las cafeterías anexas al centro comercial; ella de buena gana aceptó. Con la finalidad de evitar en algo las miradas o alguna interrupción escogí una mesa del fondo del local, era de esas mesitas con base de vidrio transparente para cuando mucho tres personas. Siendo su falda tan corta, lenta y descuidada su manera de sentarse, pude claramente ver su ropa interior (una tanga bien chiquita color rosa). Las mujeres no son tontas y saben lo que hacen; entre café y plática constantemente cruzaba y separaba las piernas coquetamente, presumiendo elegantemente sus voluptuosos muslos y en no pocas ocasiones el excitante interior de su falda.

    Así conversando fuimos descubriendo que teníamos más cosas en común de lo que se pudiera pensar. Su marido que viajaba constantemente la tenía desatendida con sus continuas ausencias, caso paradójico pero equivalente al mío en el cual tanta presencia de mi mujer me tenía abrumado.

    En un momento dado fui al sanitario para caballeros, tratando de calmarme un poco pues me tenía bastante excitado la belleza madura de Mariana. Me encerré en un cubículo y saque mi pene para ver lo que era lógico: estaba durísimo y lubricado hasta humedecer mi ropa interior con ese líquido viscoso que cumple la labor de lubricante sexual natural. Tuve que esperar unos minutos a estar flácido para poder orinar y asearme un poco, pensé en masturbarme para disminuir en algo mi ansiedad pero ¿cómo lograrlo? Aquella dama seguía en la mesa; con mi cerebro en llamas regrese a su lado.

    Estuvimos en el café más de dos horas, me dijo que era hora de regresar a casa pues esperaba la llamada de su marido confirmándole su regreso.

    —»Johny me tengo que ir, ha sido un verdadero placer, supongo que tú también tendrás cosas que hacer y te quito tu tiempo».

    —»Pues en realidad no, que lastima que te tengas que marchar, lo estaba pasando genial». —Agregue.

    —»A menos que puedas acompañarme a casa y ahí te invito algo, no sé si puedas». —Dijo Mariana.

    —»Por supuesto, acepto Mariana».

    La primera chispa mutua la sentí al cruzar la avenida para tomar el autobús; con bastante tráfico vehicular, la tome por la mano (acto que no rechazo) y así cruzamos al otro extremo, solo que ya no la solté por un rato. Subimos en el próximo colectivo que hizo la parada el cual iba por demás lleno. Me pare detrás de ella, el viaje resulto delicioso y caliente, cada frenada y arranque provocaba el golpeteo de sus carnosas nalgas contra mis adoloridos testículos y miembro (otra vez húmedo y erecto bajo el apretado pantalón de mezclilla); era imposible –pensaba- que ella no se diera cuenta de tanto magreo, pero igual dejaba que sucediera.

    Las últimas dos cuadras caminamos, en ese lapso algunos vecinos saludaban a mi acompañante y a mi me miraban con curiosidad, incluso algunos rumoraban, Mariana no daba importancia al hecho y así seguimos hasta llegar a su hogar.

    Era una linda finca de regular tamaño, bien iluminada y de buen gusto al decorar; me invitó a sentarme en la amplia sala de la estancia junto a la cual había una pequeña cantina.

    —»¿Qué tomas Johny? ¿Algo en especial?»

    —»¿Un tequila se puede y que me acompañes con otro?»

    —»Por supuesto amigo mío.»

    Poco después estábamos sentados juntitos en el sofá grande y con la botella medio vacía en la mesita de centro. Confesamos al calor de las copas nuestras penas, las frustraciones con que cargábamos; me confió que se dejaba ver conmigo por los vecinos para que rumoraran y ver si con eso lograba que su marido le prestara más atención. Le confié también intimidades mías. Algo surgió entre nosotros, lo sentíamos a pesar de conocernos tan poco.

    Conforme avanzaba el tiempo pasamos de lo solemne de nuestras penas a la alegría que por momentos llegaba a la carcajada; nos encontrábamos ya, totalmente desinhibidos. Fui dejando «descuidadamente» mi mano sobre su suave y sensual rodilla desnuda, al no encontrar queja en ello, la fui subiendo sutilmente sobre sus carnosos muslos maduros, cada vez más y más dentro. Su estado etílico le provocaba hilaridad y desdén, pues su escote caía coquetamente sin que ella le diera importancia; la vista de sus senos, sus muslos, el alcohol… todo me tenía en un estado de sopor delicioso. Inevitablemente sin mediar palabras sucedieron los besos, muy intensos y largos estos; mis manos ya recorrían todo su cálido cuerpo.

    —»Johny, seguro no lo creas pero te juro que no hice algo como esto jamás, nunca he engañado a mi marido en todos estos años; pero estoy cansada de ser tan fiel a una causa perdida, ya no soy una nena y no me quedaré con las ganas de que al menos hoy algo pase con esta maldita rutina».

    —»Menos creerás que tampoco he fallado a mi esposa, pero igual ya me cansé de su eterna y vigilante presencia, una oportunidad como esta difícilmente encontraremos así que dejémonos llevar y que pase lo que tenga que pasar».

    En ese sofá las cosas subieron de tono, mis manos iban y venían, entraban y salían debajo de sus delgadas prendas. Sintiéndola entregada a mi, le baje la tanga hasta las rodillas para acariciar a placer su vagina desnuda, era suave, cálida y húmeda; simplemente me apeteció lamer su coño.

    —»¿Puedo «probarte» Mariana? Mi esposa jamás ha dejado que lo haga, dice que es algo sucio».

    —»¡Mmm Johny! Y mi esposo jamás la «prueba» por la misma vaina de estupideces ¡anda papi cómela tu por él!»

    Sentada se recostó hacia atrás en el sillón, subí su falda y ella abrió las piernas exponiendo su vulva caliente y depilada (solo una ligera rayita de vello cortito adornaba su virtud). La lamí de abajo para arriba en múltiples ocasiones; penetraba mi lengua en su raja por momentos, hasta que con mis manos abrí sus labios vaginales para ubicar claramente su clítoris para succionarlo y lamerlo hasta hacerla bramar de un placer casi insoportable. Su líquido viscoso me impregnaba boca y cara, su esencia babosa, clara y espumosa aunada a su aroma sexual, lejos de darme asco despertaron mis más bajos instintos.

    —»¡Aghhh yaaa amor! ¡Me vuelves loca! Tómame ya que seré tuya… Sígueme, quiero que me tomes en nuestra habitación».

    La seguí escalera arriba con la mirada obscena gozando del contoneo de sus piernas y culo delicioso subir, pronto sería mía. Rodamos por la enorme cama matrimonial y prácticamente le fui arrancando sus prendas hasta dejarla completamente desnuda. Y he de decir que la señora de familia presumía de un cuerpo tan frondoso y firme como el que más, acaso dotado con la experiencia que los años dan. Quite lo ultimo que me quedaba encima también; no podía más, me tire encima de ella y ansioso la penetre de tajo (con la lubricación que ambos llevábamos acumulada no fue problema).

    Perdonaran la expresión pero ¡puta madre que hembra! La penetraba y penetraba profundo, fuerte y rápido; Mariana gemía escandalosamente y sólo conseguía enervarme más y darle más intensidad. Sus enormes pechos iban de acá para allá saltones y sensuales, de vez en vez me daba tiempo de mamar sus rozados y saltones pezones. El placer ya era en extremo placentero e incontrolable, estaba por reventar.

    —»¡Agghhh… No puedo másss… Me voy a «correr» Mariana! ¡Me «vengooo»!»

    —»¡Si amor si… Mmm… Anda, vente en la alcoba de mi marido y deja bien dentro de mi tu semilla».

    Sentí contraer mis dolidos testículos y tras esto los inevitables y abundantes chorros de semen caliente que iban inundando las entrañas de Mariana; mi vista se nublo, mi piel estremecía del prolongado éxtasis que me proporcionaba aquella señora de blanca y suave piel. Y ningún remordimiento sentí por engañar a quien es mi mujer ni mucho menos por el caballero aquel del cual poseía sexualmente a su esposa en su propia habitación y que ella, abría las piernas a este desconocido para que la tomara como propia y saciara en ella sus más bajos instintos.

    Con nuestros cuerpos cansados, extasiados y transpirando, me tendí sobre ella; nos dimos un largo e intenso beso en la boca mientras aún gemíamos de placer. Sentía sus «mansas» tetas recargadas contra mi pecho imponentes, seguí dentro de ella por varios minutos hasta que rendido me deje caer a un costado con mi pene ya erecto a medias solamente y que tras el resbalaron algunos hilillos de semen fuera de Mariana.

    —»¡Mmmmm, que intenso fue cariño, me dejaste rendida!»

    —»Es que eres increíble amor, no comprendo el abandono en que te tiene tu marido, es simplemente inexplicable».

    —»No sé, cada vez está peor. Pero no lo puedo dejar, es una vida juntos y tomare esto como un escape, como un «favor» que nos haces».

    —»¡Encantado de ayudarles jajaja… Ya en serio, gracias por la confianza que has tenido en mi.»

    —»Sobra decirte la discreción que espero de todo esto Johny».

    Fue muy extenuante, me quede recostado descansando en su lecho matrimonial; mientras tanto Mariana se levantó y seguí su sensual cuerpo desnudo con la mirada dirigiéndose al baño contiguo a la habitación; al perderse dentro cerré los ojos y pasaron algunos minutos, casi me duermo, más su inconfundible voz me lo impidió. La señora me invitó a ir con ella, entro y me encuentro con ella dentro de una amplio jacuzzi lleno de agua caliente, abundantes burbujas y pétalos de rosa.

    —»¿Me acompañas amor? Está bien calientita».

    —»Por supuesto señora mía, que linda sorpresa».

    Desnudos entre burbujas y agua caliente, nos besamos y acariciamos deliciosamente ¡que hermosa se miraba Marina! Con una coleta recogiendo su pelo, con su bello cuerpo de blanca piel húmedo y suave.

    —»Debes saber que espero llamada de mi esposo, me avisara cuando este por llegar, siempre lo hace así».

    —»¿Quieres decir que llega en cualquier momento? Carajo… ¿Debo irme?»

    —»No te preocupes, siempre llega una hora luego de llamar, no falla y… ¡Ay pero que es esto! ¡Esta firme de nuevo mi macho insaciable! ¿Quieres que te de alivio amor?»

    —»Tenemos poco tiempo señora, su esposo no tarda y yo te necesito de nuevo ¿qué podemos hacer?»

    —»¡Te voy a enseñar algunas «cositas» que se hacer! Siéntate fuera de la tina amor».

    Coloque una toalla fuera y me senté en ella al borde de la tina con los pies dentro del agua, mi sirena estando dentro del jacuzzi sentada se abrió camino entre mis piernas y tomo mi verga con su mano, la miraba con picardía saboreando lo que enseguida haría. Me hacía la «paja» lento muy lento, por momentos le daba vueltas al glande con la palma de la mano. Por fin paso su lengua de abajo hacia arriba y alrededor, de pronto se detiene arriba y succiona el capullo caliente y liso… Y se revela Mariana como una perfecta mamadora, sabía los momentos y lugares correctos para hacerme saltar de placer, la señora resulto ser una profesional chupando.

    De pronto ¡suena el teléfono! Ella esperaba la llamada y tenía el auricular en una silla junto a la tina; le pareció divertido poner el aparato en altavoz y que escuchara la conversación con su esposo, era una especie de venganza personal hacia el señor.

    —»Hola… ¿Marina? ¿Estás ahí querida?»

    —»Aja, aquí esperándote ¿ya llegas?» —dijo ella dejando de chupar tan solo para contestar.

    —»Más o menos en una hora estoy contigo, como siempre ¿alguna novedad? ¿Qué ruido es ese?»

    —»¡j aja ja ¡ Nada es que… Me tomas con la boca llena».

    —»Bueno está bien, sigue comiendo nos vemos en un rato más, adiós».

    —»¡Mmggh… Adiós!» —Dijo Mariana continuando con su labor sexual.

    Esa escena perversa inspiró a Mariana y se dio al juego oral en forma magistral; me observaba coqueta mientras lo hacía. Yo no podía dejar de admirar aquella escena de ensueño, lindo que se veía su lunar del labio superior con el miembro endurecido entrando y saliendo en su boca golosa. No medió palabra alguna, ella percibió que estaba a nada de «venirme» nuevamente; dejo solo el glande hinchado dentro de su boca acariciándolo por dentro con la lengua, y por fuera masturbaba rápidamente el resto del tronco con su mano ¡cuánto conocimiento sexual!

    Logró que eyaculara otra vez intensamente, sabía perfecto como extraer lo máximo posible, hurgó también con su lengua entre la «raja» del glande. Una traviesa gotita blanca corrió labio abajo, la tomo con el dedo índice y la bebió también.

    —»¡Ahhhh Mariana te juro que te amo… Te amooo… Mmmm!»

    —»¿Te gusto mi amor? Yo también te amo».

    —»¡Carajo no me quiero marchar!».

    —»Sin embargo debes hacerlo cariño, anda vístete que está por llegar mi marido».

    —»Pero… ¿Te volveré a ver? Dime que si».

    —»Olvídalo por ahora, este señor se va quedar un tiempo aquí y no depende todo de mi, soy casada ¿recuerdas? Sólo te puedo prometer que ya veremos que sucede».

    Y es el tiempo en que mi pareja regresó, en que su esposo no se va más y que yo no aguanto más esta ansiedad. Mariana: aquí estoy pensando en ti, anhelándote; espero que leas el presente relato y sepas lo que has significado para mí, que deseo esta historia aún no termine y lo que es más, que apenas y haya comenzado…