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  • Mamá, el amor de mi vida: Mi puta, mi hembra, mi mujer

    Mamá, el amor de mi vida: Mi puta, mi hembra, mi mujer

    Que rico y, que hermoso título. ¿No lo creen? Deseo incestuoso, del más alto calibre, de un hijo hacia su madre o viceversa; sin tabúes, sin vergüenzas y sin que nada, ni nadie más importe. ¿No lo sienten así?

    Fantasear, desde que te levantas hasta que te acuestas, con tu madre; con su cuerpo, con sus besos, con la hermosa raja de su concha, con ése gran culo que se gasta y que no dejas de mirar: por ejemplo, cada vez que te da la espalda y se agacha, al igual, que a ésas grandes tetas que deseas, nuevamente tener y sentir en tu boca y chupárselas, mordérselas y saber, que sólo, te pertenecen a ti y a nadie más.

    No poder evitar, el imaginarte a tu madre, mamándote la pija o, tenerla toda desnuda, para ti; en cuatro patas y con su rica concha, palpitando alrededor de nuestra lengua, dándonos a beber; la tormenta de placer, que desatamos en su interior, con sus deliciosos y jugosos orgasmos.

    Tenerla allí, a nuestra disposición y dejar que se corra o que termine, las veces que ella quiera; hasta que nos pida así, con la mayor de las sensualidades: «penétrame, hijo. Hazme tuya… quiero sentirte en mi interior… lléname toda, de tu carne y de tu leche… quiero que me hagas tu mujer… quiero y deseo sentirme y que me sientas tu puta. Cógete a tu madre que está aquí, toda dispuesta para ti… Te amo, hijo y, quiero que desde hoy, seas mi hombre y el macho que me lo da todo.»

    Que hermoso y que rico poder sentirla así; penetrarle ésa concha hermosa, húmeda y palpitante, una y otra vez, con fuerza, con ganas y con todo el amor; hasta poder, ambos, acabar y terminar en una melodía exquisita y saber, que ella ha quedado satisfecha y con toda tu leche adentro. Esto, sólo es el comienzo…

    En otro momento, de seguro: lo quiera, ella, o no, abriremos sus nalgas, con nuestras manos, lengüetearemos y lubricaremos bien, el anillo de su ano, lo dedearemos un buen rato; hasta que se dilate bien rico y, ella, comience a disfrutarlo… Justo ahí, en ése preciso momento y, antes de que se arrepienta; penetraremos ése gran culo, objeto, innegable, de nuestro mayor deseo y perversión y la embestiremos, una y otra vez, hasta hacerla chillar y suspirar de placer, incluso, cuando botemos, toda nuestra leche, dentro de ése culo hermoso y tan deseado y la escuchemos decir: «te amo hijo, que maravilloso me has hecho sentir; soy toda tuya, cuando quieras, como quieras y donde quieras. Te amo, hijo. De haber sabido, que me harías sentir tan rico, tan amada y tan deseada; mucho antes, me habría entregado a ti».

    Amo, ese tipo de relación; ya sea, una madre, una abuela, una hija o una hermana… amo el incesto.

  • Angélica quiere que le reviente el culo

    Angélica quiere que le reviente el culo

    Era una mañana de fin de semana, bastante regular, el clima era fresco. Me levanté demasiado temprano buscando algo que comer, por ese tiempo aún vivía con mis padres, sin embargo, los fines de semana solían irse de viaje a recorrer pueblos mágicos así que me quedaba solo en casa a descansar. No eran ni las 8 de la mañana cuando me llegó el mensaje de Angélica.

    -Holi, qué haces? Estás disponible? -Era su forma de preguntarme si estaba disponible para ella, para satisfacer su apetito.

    Como dije, tenía casa sola así que nada me impedía darle gusto al cuerpo, y el alma, pero debía usarlo como ventaja así que me hice un poco del rogar.

    -Mmm, pues la verdad es que ando algo ocupado, tengo algo de trabajo pendiente -obviamente mentí, sólo quería ver qué tanta era su necesidad, después de todo era muy temprano.

    -Y no puedes hacerlo después u otro día? Estoy es muy urgente!

    -Bueno, creo que podríamos vernos en la noche, qué dices?

    -No, te necesito ya! Vamos al motel, al cine, al mendigo parque o a donde sea, pero tiene que ser ya que no aguanto más.

    Bien, parecía que hablaba en serio, por lo visto era real su urgencia, su necesidad de coger, y por la forma en que se expresaba y lo dispuesta que se oía era obvio que nos íbamos a divertir, polla quería y polla le iba a dar.

    -Está bien. En cuánto tiempo llegas a mi casa? Estoy solo y súper disponible.

    -Maldito jajaja me las vas a pagar, estoy ahí en 15 minutos.

    -Jajaja ok, no tardes.

    Arreglé un poco la que sería la escena del crimen, cerré ventanas y cortinas para evitar miradas indiscretas y dejé la puerta semiabierta para que Angélica entrara nomás llegar.

    Cuando llegó había fuego en su mirada, se relamía los labios y en su blusa se le marcaban los pezones, las palabras sobraban, cerró la puerta tras de ella, me empujó al sofá de la sala y se sentó sobre mi. Empezamos un faje muy intenso, nuestras manos recorrían nuestros cuerpos sin límites, la ropa empezaba a caer, primero fue su blusa y después el brasier, me adueñé de sus tetas las cuales estrujé sin parar, le chupé los pezones que los tenía duros como piedras, los tomaba entre los labios y los estiraba una y otra vez, succionaba vigorosamente, ella sólo sonreía y gemía, y desde su posición se meneaba restregando su trasero en mis genitales y como pudo liberó mi polla del pants y empezó a jalármela como si fuera una palanca de velocidades.

    Fue cosa de segundos antes de que se bajara desde su posición, me quitara el pants por completo, se arrodillara y empezara una mamada de aquellas que te dejan viendo mirando a las estrellas. Con una mano tomaba control de la situación, me abrió las piernas, me acariciaba los muslos y, acariciaba mis testículos, los pesaba con la mano y de vez en cuando me lamía todo el escroto. Con la mano derecha realizaba una masturbación constante en un movimiento arriba y abajo, y lo mejor chupaba como posesa, su cabeza bajaba y subía con velocidad frenética, movía su lengua en espiral y por ratos se retiraba para escupir y ensalivar y de nuevo regresar a mamar. Estuvo así por espacio de 10 minutos y luego se levantó, se quitó lo que le quedaba de ropa y de un sentón se la metió toda hasta el fondo de su canal vaginal, el contacto fue tan rico como doloroso, Angélica estaba súper mojada, chorreaba flujo con cada penetración y se oía un chapoteo por toda la casa, la cual se llenó de olor a sexo de inmediato, era embriagante.

    Al principio la dejé hacer, pero no quise quedarme fuera de la diversión por lo que empecé a devolverle los sentones con embestidas lo que aumentó el ruido dentro de la casa.

    La tomé con ambas manos por las nalgas, se las apreté, la llené de nalgadas lo que aumentaba sus gemidos y ella apretaba los ojos de placer, me acerqué y tomé nuevamente sus tetas y las chupé sin dejar un solo rincón sin lamer, si fuera posible la hubiera hecho lactar, Angélica seguía brincando sin parar, una y otra vez y yo seguía pegado a sus pezones, y seguía jugando con sus nalgas, dirigiéndome a su centro…

    Acerqué el dedo índice a su ano y empecé rozándolo suavemente, en círculos, y aplicando poca presión, Angélica ronroneaba.

    -Mmm, rico… -fueron sus palabras, las que me motivaron a continuar.

    Seguí jugando con su ano, Angélica se dejaba hacer, le metí el dedo índice lentamente y, para mi sorpresa, dilató fácilmente y entró casi sin dificultades, empecé un mete y saca constante y suave, no quería asustarla, me propuse a encularla y no pensaba echarlo a perder. Angélica no me rechazaba, al contrario, empujaba su trasero hacia mi dedo penetrante y contraía su ano con cada incursión, avancé y metí 2 dedos y luego 3, lo tenía elástico, sospecho que venía preparada y dispuesta.

    Retiré la mano y escuché una breve queja de su parte, sin embargo, no hubo quejas cuando acerqué los dedos índice y medio de ambas manos y penetré su agujero con la intención de abrirlo, lo dilaté y me aferré a él, la obligué a subir y bajar con mis dedos enganchándola del culo.

    -Bájate y ponte en 4 que te voy a chupar el culo bebé -le dije seriamente, y mientras se acomodaba le di unos azotes extra.

    -En 4 como tu perrita bebé? -dijo volteando la cara y meneando el trasero.

    -Así es bebé, eres mi perra, y te voy a coger hasta que aúlles de placer.

    -Por el culo? Dame por el culo bebé, tu perrita quiere que le des duro por el culo, llevo días preparándome para ti, esta perrita quiere ti verga dentro de su culo.

    -Claro que por el culo, una perra como tú merece que le revienten el culo a diario.

    Al fin entendí el porqué de su urgencia, de su necesidad, tenía un hambre sobrenatural por el culo que sólo poda saciar engullendo una barra de carne caliente, literal estaba pidiendo que le rompiera el ano.

    En 4 como la tenía sobre el mueble me arrodillé detrás de ella y comencé chupar su ano, lo tenía cerrado, pero en cada contracción se dilataba y se cerraba de nuevo, lo chupé, le escupía y luego le pasaba la lengua para llenarlo de saliva, con las manos le separaba las nalgas todo lo que podía para continuar mi labor, sólo de vez en cuando me alejaba de su ano para chuparle toda la raja del trasero, para besarle las nalgas y morderlas también, pero siempre regresaba a su agujero trasero a seguir degustándolo, Angélica agradecía meneando sus nalgas para mi y gemía sin parar pidiendo más.

    -Bebé, ya por favor, métemela -dijo suplicante.

    Le escupí una generosa cantidad de saliva en el culo e hice que ella me ensalivara la polla. Acerqué mi polla a su panocha y la rocé para que escurrieran algunos de sus jugos, pero Angélica estaba poseída.

    -Por el culo bebé, ahí no, métemela por el culo, tu perrita necesita su hueso dentro de su culo.

    Por el culo eran sus palabras, por el culo quería, por el culo le iba a dar. Tomé mi polla y la penetré en 3 segundos hasta que mis bolas hicieron contacto con sus labios vaginales, fue una penetración suave, se sentía caliente, húmedo, apretado y su ano no dejaba de palpitar aprisionando mi polla.

    Entonces un mete y saca brutal dio inicio, sino me hubiera dicho previamente que se había preparado seguramente me hubiera ido con más calma, pero iba muy preparada, dilataba perfectamente, ni poco ni demasiado, su ano me quedaba como anillo al dedo, el anillo era su esfínter anal y el dedo era toda mi verga que se iba a comer, encajaba perfecto.

    -Dame más bebé, mi culo está preparado, el culito de tu perra tiene hambre.

    -Dame la patita y te doy más carne -le dije mientras tomaba sus manos y las usaba como riendas para jalarla hacia mí en cada estocada.

    Su respiración era muy agitada, sus pechos henchidos subían y bajaban rápidamente y con ellos sus pezones, cada vez la empujaba más hacia adelante, la tenía contra la espada y la pared, y mi verga era la espada que la hacía suplicar piedad. Pero piedad no habría, pensaba clavarla y atravesarle todo el recto.

    -Abre tus nalgas para mi -le dije soltando sus manos y sacando mi polla de su culo, el cual estaba abierto y palpitante.

    Le escupí y vi como la saliva se perdía en las profundidades de su recto, a continuación me trepé al sillón y en cuclillas sobre ella dirigí mi polla de nuevo a su culo, sin embargo, se desvió a su vagina.

    -Ahí no, por el culo, por el culo por favor, si me la das por el culo prometo que te lo daré siempre que me lo pidas.

    No se diga más, la ensarté por el culo una y otra vez, rápido, duro, tenía la polla hinchada y roja y su culo palpitaba y palpitaba sin cesar apretándome, ordeñándome. Ahora sí literal la tenía ensartada como a una perra, me había entregado el culo, me había pedido que se lo reviente, y además me había prometido que me lo daría siempre.

    -Me vengo bebé, me vengo, no es posible, me estoy viniendo con mi culo, no pares, dámela toda, dame más, te prometo que me vengo.

    -Toma perra, toma verga, eso querías, pues toma, me voy a venir en ti.

    -Vente en mi culo bebé, échame tu leche dentro, dame toda tu leche.

    Y asi explotamos ambos en un orgasmo terrible, de esos que te vienes y sientes que te desmayas. Angélica no dejaba de escurrir a borbotones, contraía su ano rítmicamente como una maquina ordeñadora, como una boca succionando mi polla, y eso hizo que soltara toda mi leche dentro de ella. Desde esa posición nos besamos y nos acostamos de lado mientras mi polla perdía fuerza y se retiraba lentamente.

    Eran las 9 menos 15, y el día apenas empezaba.

    -Ha sido delicioso bebe, gracias -me dijo.

    -Sí, y todavía tenemos todo el día -contesté.

    -Pensé que tenías trabajo pendiente -dijo coqueta.

    Mentí para ver qué tantas ganas tenías de coger jajaja, actualmente el único trabajo que tengo es perforarte el culo, que te recuerdo prometiste darme siempre que quisiera.

    -Entonces sí que tienes mucho trabajo pendiente bebé.

    Nos reímos y besamos, ella tomó mi polla la cual dio un salto, y yo palpé su ano el cual palpitó de nuevo, ambos empezaban a despertar de nuevo, pero esa es otra historia…

  • Me cogí a Wanda

    Me cogí a Wanda

    Este relato que les voy a contar sucedió cuando yo tenía 32 años, Wanda que en esa época tenía 21 años es la nieta del señor que me tenía arrendada una habitación. Todo empezó un día estábamos charlando con ella y una prima de Wanda que tenía en esa época mi misma edad.

    Wanda estaba en un short pegado y una blusa pegada a su cuerpo la prima estaba con un jean ajustado y una blusa ajustada. Con el pasar de la charla Wanda dijo que tenía ganas de salir a bailar, yo le dije que si quería salíamos los tres, pero la prima con cara de cómplice con Wanda dijo que fuéramos nosotros que ella tenía pereza.

    Le pregunté a Wanda que, si quería salir y emocionada dijo que sí. Se fue a arreglar, como toda mujer se demoró, pero salió con un jean que mostraba su hermoso trasero y una blusa semitransparente blanca que dejaba ver su sostén.

    Cuando llegamos a la discoteca nos sentamos en una mesa que quedaba en el lugar más oscuro estuvimos bailando un buen rato y nos sentamos a charlar, me contaba que no tenía novio bueno unas de bobadas yo estaba concentrado mirándole la blusa que dejaba mirar esos senos que, aunque no son muy grandes eran firmes.

    Al pasar el tiempo y con unos tragos en la cabeza salimos a bailar y ella se me pegó bien a mi cuerpo lo cual produjo que se me pusiera como una piedra, aunque ella disimuló se dio cuenta, me dio la espalda y me empezó a restregar su culo a mi verga.

    Se acabó la canción nos sentamos y ella no me dijo nada de lo que había pasado y yo mucho menos. Ya eran como las dos de la mañana y la discoteca ya iba a cerrar.

    Pagamos la cuenta y nos dirigimos a la casa, ya todos estaban dormidos entramos sin hacer ruido. Mi cuarto quedaba a la entrada, ella se fue a despedir y yo tenía ganas de comérmela, le robé un beso que duró un buen rato, ella me abrazó y me dijo que “moría de ganas por un beso tuyo, pero me da miedo que se den cuenta”. Yo ya había abierto mi cuarto y la empecé a besar y la fui entrando a mi cuarto.

    Wanda me dijo que era lo que yo hacía, yo le respondí que como ella no quería que no nos descubrieran que mejor que entrar al cuarto, y sin dejarla pensar la empecé a besar. Ella correspondió y le acaricié la espalda y besaba el cuello, empecé a bajar mi mano a su trasero y como no dijo nada se las acariciaba, y Wanda me dijo “desde la discoteca me di cuenta que me tenías ganas porque tenías tu verga bien dura”, yo le respondí “y ahora está igual” a lo que ella abrió sus ojos y bajó su mano y me desabrochó el jean y me cogió la verga y decía “uy está más rica de lo que sentí”.

    Me confesó que su prima era cómplice ya que Wanda le había contado que no había cogido hace unos meses y tenía ganas de coger conmigo, eso me puso a mil, y le empecé a besar el cuello mientras le quité la blusa y ella me dijo “papi quiero que me chupes mis téticas”, le quite el sostén y me las devoré literalmente, ella empezó a respirar muy acelerada.

    La recosté en mi cama, le desabroché el jean, se lo quité y tenía una tanguita transparente y se miraba su cuquita que ya estaba bien mojada, le besé las tetas y fui bajando a su vientre hasta llegar a esas tanguitas, se las quité suavemente y comencé a comerme esa cuquita deliciosa. Ella empezó a gemir suavemente y me decía “que delicia es la primera vez que dejo que me coman mi cuquita, que delicia ah ah ah sigue papi hoy quiero ser tu puta”, le metí un dedo a lo cual Wanda se estremeció y gemía más duro.

    Ella me dijo que nunca se había comido una verga y que quería probar la mía. Yo me levanté, me quité el jean y los bóxer, ella se arrodilló y empezó a besarla muy tímidamente, le dije “hermosa, no sea tímida métetela en la boca y empieza meterla y sacarla”, ella obedeció y me dijo “papi que rica mmmm”, ya se movía como loca y con una mano me empezó a hacer una paja deliciosa que me tenía como loco.

    Wanda me dice “papi quiero sentir tu verga ya dentro de mí, estoy muy mojada”. Yo me acosté y ella se sentó encima de mí y se la metió de un solo envión y empezó a gemir como loca, le di un beso para que no se escuchara y ella me dijo “no te preocupes mi prima sabe que íbamos a coger y debe estar metiéndose uno de sus consoladores y mi abuelo su cuarto está lejos”. Me recosté y la dejé que cabalgara como loca y gemía como perra en celo.

    La cogí de la cintura, la acosté en la cama, le puse sus piernas en mis hombros y se la metí de una sola estocada, ella gemía y me decía “ah ah sí papi más duro más quiero que me rompas”.

    Wanda me dice “papi quiero pedirte algo”. Yo quería seguir cogiéndomela y le dije “dime hermosa”, “es que me gusta que me miren cogiendo y yo le dije a mi prima y ella dijo que ella quería ver coger a su primita, yo le respondí que sí. Me imaginé cogiendo con las dos, ella se levantó y abrió la puerta y la prima estaba esperando.

    Entró y estaba con un pijama ajustada y traía un bolsito en la mano, Wanda le dijo “prima perdóname casi se me olvida abrirte, pero es que me estaban cogiendo delicioso”. Cierran la puerta y la prima se sienta en una silla y Wanda me empieza a comer de nuevo mi verga y me dice “papi cógeme en cuatro”.

    Ella se pone en cuatro mirando a la prima y le dice “primita vas a ver a una perra en celo siendo cogida”, ella estaba diciendo eso cuando yo se la meto de una sola estocada y Wanda empezó a gemir, yo le estaba dando como para romperla y miré a la prima que se estaba sacando un consolador de la bolsa y ella ya estaba totalmente desnuda y empezó a chupar esa verga artificial y después se la metió y empezó a retorcerse.

    Wanda me pedía más y más y me dijo “papi quiero que me estrenes mi culito” y la prima le dijo “si quieres te presto mi lubricante para que entre bien tu verga”. Se acercó, me untó un lubricante y se lo aplicó en el ano a Wanda y le pregunté “estás segura” y ella me dijo “si, mi prima me dijo que era delicioso”, “y te contó que duele al comienzo” y ella dijo “me la vas a meter sí o no”.

    Le puse la punta de mi verga y la prima me empujo y me dijo “dale duro a esta zorra”. La empujé duro y le metí la mitad, Wanda empezó a llorar y le decía a la prima “eso duele mucho”, la prima le dijo “es mientras te acostumbras” y me dijo la prima “te falta papi por meter” y me empujó y yo se la metí toda. Me quedé quieto por un momento y empecé a meter y sacar hasta que las lágrimas de Wanda se convirtieron en gemidos y empezó a decir “que rico papi ah ah ah si si si párteme en dos”. La prima no se acercaba sino que estaba en la silla gozando de su verga artificial y me decía “rómpele el culo a esa zorra”.

    Wanda le dacia a la prima “prima te gusta lo que estás mirando” y ella le responde “claro que sí, estoy muy caliente de ver cómo te están cogiendo”. Yo ya estaba a punto de llegar y le digo a Wanda “quieres que te llene tu culo de leche”, ella exclamó que no, que ella quería comerse toda esa lechecita y me pidió que le sacara la verga del culo y se la diera toda en la boca, yo que la saco y apenas alcancé a ponerle mi verga en su boca y la llené de leche, se le escurrieron unas gotas y se fue a donde la prima y le dijo que si quería probar mi leche y se dieron un beso.

    Wanda me contó que a su prima lo que le gustaba era mirar coger. Nos recostamos a descansar y a las 6 de la mañana Wanda se fue a su cuarto para que el abuelo no se diera cuanta.

    Seguimos cogiendo varios días hasta que Wanda se le acabaron las vacaciones. Después les contaré como me cogía a la prima de Wanda.

  • Relato de cómo me excitó un mototaxista

    Relato de cómo me excitó un mototaxista

    Es la primera vez que escribo una experiencia, asumo por culpa de la cuarentena ya que no hay mucho que hacer en estos tiempos. Atiendo a mi familia, felizmente casada con un hombre maravilloso que amo locamente.

    Seguiré la rutina que veo hacen muchos por acá, describirme, como les comenté, soy casada; y no me da pena decirlo, tengo 42 años, soy de contextura delgada (mi esposo me dice flaquita), 1.65, pelo ondulado, trigueña, ojos marrones unas pompis y pechitos no tan grandes, pero firmes que siempre veo que hace voltear miradas y hasta a veces uno que otro piropo o alguna propuesta indecente.

    Vivimos al norte del Perú, los que conocen sabrán que el calor es casi todo el año, por eso siempre ando en shorts y politos pegaditos, que a veces me causa problemas en los mercados o buses pues se quieren aprovechar algunos faltosos mañosones, incluso en casa de mis familiares uno que otro tío me toquetea sin querer queriendo, pero no les hago caso.

    Mi esposo es el sustento del hogar, pero ya desde hace algún tiempo nos vimos en la necesidad de poder tener otros ingresos, así que acordamos que yo me dedicaría al negocio de ropa y zapatos en el mercado de nuestra ciudad; así que conseguimos un puesto para poder emprender mi negocio. Por motivos de trabajo, mi esposo viajaba constantemente y la mayor parte de la semana me la pasaba sola en casa o en el mercado trabajando, y como siempre tenía que llevar y traer mercadería, era común que use las famosas mototaxis que abundan por acá, ya no era novedad que algunos molestasen o hasta alguna propuesta indecente me hicieran, pero nunca les hacía caso, les seguía la corriente o les hacía algún queco coquetón pero ahí quedaba y me hacían algún descuento. Pero todo eso cambió de repente…

    Terminaba de recoger mi mercadería y se me acercó un muchachito de 20 años (después supe que tenía esa edad) y muy amablemente me dijo que si podría ayudarme a guardar mi mercadería y me hacía la carrera en su moto, ni bien lo vi, sentí un cosquilleo entre mis piernas, tenía carita de niño bueno, musculoso y una mirada penetrante que no pude decirle que no, el hecho que cargó mis cosas a la mototaxi, las acomodó en la parte de atrás y me subí, le di la dirección y me llevo hasta mi casa.

    En el camino me preguntaba si me gustaría que me haga la carrera siempre y yo le decía que no tenía horarios de salida ni llegada, pero se ofreció a recogerme y llevarme las veces que yo quisiera, hasta ahí todo normal. Ya se volvió costumbre que por los menos dos o tres veces a semana me hacía carreras, tenía su número y por Whatsapp le avisaba para que me recoja. Fuimos agarrando confianza y me contaba que había embarazado a una muchachita y que lo habían obligado a casarse y los padres de la muchacha le habían comprado la mototaxi para que mantenga a su familia, según él, fue un descuido, le dije que era un abusivo, pero yo me lo imaginaba cogiendo a esa chica con toda esa fuerza que se le notaba, me estremecía sin querer, él no lo notaba, pero me quedaba mirándolo, en mis pensamientos lo veía desnudo encima de mí, montándome y haciendo lo que a él le diera la gana.

    Sin querer empecé a ilusionarme con ese muchachito y aún más cuando me dijo que por el embarazo riesgoso que tenía su esposa no podía hacer nada de nada, me reí a carcajadas, “uyyy -le dije- amiguito pues debes ir a desahogarte a esos prostíbulos”, me dijo que no, que no pagaba por sexo, entonces le dije, “tendrás alguna amiguita que te calme las ganas”, yo también le contaba que mi esposo no paraba en casa y con el negocio, llegaba cansada a casa de frente a dormir.

    Creo que se armó de valor y me dijo que me invitaba un helado por el centro de la ciudad. “¡Que! -le dije- estás loco, como voy a ir por el centro a comer helado, no no”. Bueno me dijo que los compraba y nos íbamos a otro sitio a comerlo…

    No lo pensé dos veces y le dije que ya, compró los helados y se fue con dirección al hospital local, donde hay una parte que es como estacionamiento y casi nadie va, se puso atrás junto conmigo y empezamos a comer los helados, yo tenía un sublime que lo metía a la boca y lo chupaba despacio, me quedaba mirando embobado, le dije que si quería que le invitara, me dijo que si, se lo puse por los labios y se lo quité, me dijo “mala me dejas con las ganas” y no sé por qué, pero le dije “no te quedes con las ganas” y fue como si le hubiese dicho cómeme, saltó sobre mí, me embarró con el helado mi boca, mi cara, mi pecho, pero no nos importaba nada, me besaba, me acariciaba los pechos. Dios que delicia, un joven de 20 años, me bajó como pudo el short y me dejó en calzoncito, y de frente fue hacia mi vagina, que delicia, extrañaba una lengua recorrer mi clítoris, mi anito, usaba su lengua como los dioses, me mordisqueaba, mi cuerpo vibraba en cada lengüetazo que daba, no aguanté y tuve un orgasmo delicioso, mis ojos se blanquearon, sentía que mi alma salía de mi cuerpo, le bañé toda la cara, era una delicia ver como se tomaba mis jugos, no me imaginaba que iba tener tanto placer en un espacio tan reducido en una mototaxi.

    Trató de follarme pero incómodo, estaba desesperado por poseerme, se le notaba en los ojos, esa cara de macho en celo que como sea quiere poseer a su hembra, se frustraba por la incomodidad, le dije “cálmate y siéntate”, le cogí la verga, era la primera vez que se la veía, me gustó, no la tenía grande, pero si ancha, se la acariciaba, le miraba a los ojos, le pregunté si le gustaría que me la metiera a la boca, me dijo que sí, “oblígame” le dije.

    Me cogió de los cabellos y me empujó a su verga, me atragantaba, pero fue tanta su excitación que no duró ni dos minutos y se vació en mi boca, dios mío, qué cantidad de esperma salía. Fueron como 5 o seis chorros grandes que salían a cada rato llenándome la boca, me los pasé todo, se lo limpié lo más que pude.

    El pobre muchacho avergonzado por haber hecho eso, no sabía cómo disculparse, le dije que no se preocupara a veces pasa. Le dije que me llevara a casa.

    Arrancó su moto y sin decir palabra me dejó en casa… Me di un baño les preparé la cena a mis hijos, jugamos un rato y a dormir… Ya acostada en cama pensé que necesito que este mototaxista debe terminar su carrera… Pero es para otra historia…

  • Una putita tan dispuesta

    Una putita tan dispuesta

    Aún estás vestida con el uniforme. No es necesario desprenderte de la falda y la blusa ya que él te observa ansioso recostado en una silla de escritorio… sin pantalones, con las piernas abiertas y su mano trabajando la dureza de su verga.

    El bolso con tus trabajos prácticos y la tarea de matemática te espera cerca de la entrada a la oficina mientras te acomodas tímidamente delante del viejo. Apoyas tus manos en sus piernas para poder arrodillarte y comenzar a dar la lección oral. Tu primera vez con alguien tan mayor. Con la boca seca por el miedo y la incomodidad, solo deseas hacer bien tu trabajo para vaciar las bolas de este tipo y marcharte cuanto antes de ese lugar.

    Él saca su mano de la verga, te regala una media sonrisa y echa la cabeza hacia atrás como invitándote a comenzar. Le das una chupada rápida a la punta. Observas la piel que todavía recubre el glande y te lo pones de vuelta en la boca. No quieres revelar tan rápido la cabeza hinchada de su pene. Estás apurada por irte pero a la vez quieres demostrar tus habilidades. Le das tres embestidas fuertes para variar el ritmo mientras piensas “a lo mejor no debería demostrar tanto entusiasmo”.

    Tu lengua recorre el tronco intentando lubricar con saliva la erección del profe. Luego apuntas hacia el glande que ya dejaste a la vista, para meter esa gruesa carne hasta el fondo de tu garganta. Tus labios tratan de hacer lo posible por abrazar esa verga hinchada pero tu boca no acostumbra estos bocados. Su mano viene al rescate y la sientes apoyarse en tu cabeza. La presión que ejerce te impide zafarte y te obliga a continuar avanzando con el atragantamiento. Tu lengua siente las venas palpitantes del violento pene, la saliva empieza a acumularse en tu boca y se chorrea por tus labios mojando un poco tu blusa blanca. Sin poder escapar, alzas un poco la mirada hacia el tipo que te domina para suplicarle piedad. Las lágrimas en tus ojos y la saliva escapando a través del falo deberían hacerle llegar el mensaje.

    El profe te libera y tomas una gran bocanada de aire. La cosa recién empieza y todavía puede ponerse más intensa. Te quitas un poco de saliva, enjuagas tus ojos y preparas tu boca para el segundo round.

    Esta vez su mano agarra tu cabello con fuerza y guía tu cabeza hacia sus bolas transpiradas. Empiezas a comer sus testículos mientras tu mano obediente sacude la verga que tienes delante de los ojos. A él le encanta como chupas esas bolas peludas. Te presiona con fuerza entre sus piernas y tu mano acelera el movimiento para terminar de ordeñarlo. No quieres que intente nuevamente desarticular tu mandíbula con su verga a punto de estallar. No quieres pensar en recibir su leche en el fondo de tu garganta. Tragar su semen ya sería demasiado. Ser una putita tan dispuesta no es lo que tienes en mente… aunque ya es tarde para pensar en eso. Todo esto ya es demasiado. Al profe le gustan las mamadas violentas y al parecer no le importa que seas la amiga de su hija ni que tengas 18 años. ¿Qué esperas? ¿Una chupada respetuosa entre una alumna y su profesor?

    El viejo alza sus piernas y deja a la vista su culo. Con su mano levanta las bolas para que puedas apreciar con detalle el agujero a lubricar. Cierras tus ojos y te acercas al agujero negro que te espera listo para recibir tu lengua. Comienzas dando unos tímidos besos alrededor de su ano mientras tomas coraje para mojar el hoyo. El viejo sacude su verga frenéticamente y tú empujas ambas piernas con tus manos para abrirte camino. La punta de tu lengua empieza a lamer. Su ano palpita de excitación y tú intentas meterte en su culo. Ya estás entregada. Nada te importa. Trabajas ese culo húmedo y lo coges con tu cara mientras aprietas fuertemente el pene carnoso.

    Ya quieres ver como revienta de leche la gruesa verga del padre de tu amiga. Ya estás pensando en esos días en que vayas a estudiar a su casa y te encuentres con él. Fantaseas con estar debajo de la mesa dándole una buena chupada de pija mientras él habla con su esposa sobre lo difícil que es educar a los adolescentes. Su esposa es una mujer seria e intimidante… ahora te la imaginas comiéndole los huevos al profe de las maneras más humillantes. ¿Qué pensará tu amiga si supiera que estás arrodillada delante de su papi limpiándole el culo con tu lengua?

    El profe de Química se incorpora de un salto mientras permaneces expectante ante su próximo movimiento. Continúas arrodillada y sumisa delante de un hombre que ya no puede contener una inminente explosión de semen. Desabotonas tu blusa y corres el corpiño para liberar esas tetas firmes y darle al viejo un último incentivo. Él toma tu cabeza y hace que apoyes tu mejilla en su pierna, muy cerca de su acalorada herramienta. Con una mano masajeas sus bolas. La cabeza hinchada está a punto de hacer erupción. Intuitivamente vas abriendo un poco la boca y relamiendo tus labios para recibir esa leche caliente en tu lengua.

    Ya no puedes esperar más. Tomas el control y empiezas a masturbarlo mientras apuntas el pene hacia tu boca y miras fijamente a los ojos de tu nuevo macho. Tu mano sacude frenéticamente y los chorros de leche te alcanzan. El semen no solo invade tu boca, tu rostro recibe un baño impensado de crema. No lo puedes contener y su esperma termina chorreando por toda tu cara. Sus bolas quedaron secas y la espesa nata ahora cubre tus mejillas, tu frente y parte de tu cabello. Una descarga de semen hace que tengas que cerrar un ojo mientras que con el otro observas la cara de satisfacción del viejo.

    Te quedas arrodillada unos momentos sin poder creer la experiencia vivida. El profesor ya se está vistiendo y tú continúas aún con su leche goteando hasta tus pechos desnudos. Te acerca un pañuelo y te indica la puerta del baño antes de retirarse de la oficina. No quiere decir palabra. Seguramente ahora debe estar preguntándose si su hija es igual de putita. Si al igual que tú, se la pasa chupando pijas para aprobar sus materias. Tal vez la próxima vez deberías decirle que la idea de darle mamadas a los veteranos profes del colegio fue idea de tu amiga. Y lo que seguramente no le contarás a ella es que su papi eyacula como una bestia.

  • Creí que mi vida estaba completa hasta que conocí a mi jefe

    Creí que mi vida estaba completa hasta que conocí a mi jefe

    Mi trabajo de secretaria era monótono en una empresa de despachos y mis compañeros vivían proponiéndome citas y sexo que según ellos sería el mejor que pudiese imaginar.

    Obviamente una ya no cree en esas cosas, pero igual en mi interior deseaba un buen sexo, llegar a casa y ver a la persona se suponía debía cumplir esa misión era desalentador, mi esposo ya no me daba tan seguido ni tan duro como al principio. Ni siquiera la búsqueda de un bebé me alentaba a buscar en casa lo que necesitaba.

    Así iba por la vida entre mi trabajo y lo poco y nada de sexo que recibía, andaba como animal en celo, deseosa de algo excitante, pero buscar en mis compañeros de trabajo no era algo que deseara y buscar fuera era aún más complicado para mí, así que el día que lo vi aparecer en la puerta de la empresa con su 1.90 de estatura y su cuerpo de espartano me mojé como nunca.

    No sabía quién era y me lancé como depredador sobre su presa a conversar, me presenté y le comenté sobre lo que era este lugar y ahí vino mi sorpresa pues me dijo que él era el nuevo jefe y que yo le había caído en gracia. Sé que mis años de mujer madura no son en vano y le vi muy atento y me abrazaba muy sutilmente cada vez que podía, así que al final del día ya éramos amigos y conversábamos muy animadamente, surgió un interés muy fuerte de él por saber si era casada y aun después de saber que sí lo era, me miraba con ojos de deseo.

    Me propuso salir a cenar o a un trago, le dije que primero deseaba irme a mi casa y arreglarme más casual pues así lo podríamos pasar más cómodo, me aceptó y me fue a dejar, como aún era temprano me dijo que esperaría en su auto mientras yo me duchaba y cambiaba ropa, obviamente le dije que pasara y me esperara en el sillón, que no habría drama pues mi esposo no volvía esa noche pues por su trabajo a veces se quedaba fuera.

    Yo corrí a buscar mi mejor ropa interior y algo casual para ponerme, me duché relajadamente y me puse solo mi ropa interior como deseando que él me viera así por «casualidad». Al pasar por el lugar donde él estaba dejé caer la toalla y me mostré en ropa interior, su cara al verme fue de sorpresa, pero también de excitación. Se levantó para recogerla y me la pasó, no sin antes mirarme de arriba a abajo y pícaramente acercarse y tomarme de la mano, levantarla y hacerme girar como para contemplarme toda, yo ardía en deseos, se acercó y me abrazó para besar mi cuello y apretarme contra él.

    Yo me sentía en el cielo, ese tremendo macho me estaba tocando como hacía mucho no lo hacia mi marido y su estatura me cobijaba completa, sus brazos me rodeaban y me daban su calor, instintivamente mi trasero se pegó a su bulto y me dejé llevar por ese vaivén de placer al sentirlo duro y grande. Llevé mi mano a su entrepierna y masajeé ese paquete de carne, un leve gemido de placer le escuche y le dije: “suéltame por favor, quiero hacer algo…”. Su mirada de lobo me siguió al separarnos, tomé su mano y sin decir palabra lo llevé a mi dormitorio. Al entrar lo dejé pasar primero y cerré la puerta con llave como dejando en claro que él no iba a salir de ahí hasta que yo lo decidiera.

    Se sentó en el borde de la cama y me acerque a él sensualmente, me tomó por el trasero y mis senos quedaron frente a su cara, lentamente subió sus manos por mi espalda y me sacó el sostén dejando al descubierto mis senos que el besó con pasión y dulzura. Cada vez más íbamos subiendo el tono de nuestros besos y de pronto me vi desnuda frente a él, se dejó caer sobre la cama y me subí sobre él para sacarle la ropa como desesperada, cada prenda tenía su aroma y lo disfrutaba como nunca, así fue que lo tuve acostado sobre la cama donde otro hombre no era capaz siquiera de excitarme, desnudo y con su mástil de carne erecto hacia el cielo.

    Mi boca se fue a ese manjar y con suerte era capaz de tener parte de él, era enorme y grueso, le pasaba la lengua de abajo hacia arriba y me lo volvía a meter, tomé sus testículos enormes y depilados y les di su ración de placer, al parecer estaban muy cargados de leche, entre chupadas, mordiscos y besos me dijo que era exquisito ese placer que le estaba dando, que si no tuviese control se habría corrido hace mucho, me pidió que me colocara sobre él que deseaba un 69, que deseaba sentir mi sabor en su boca y hacerme acabar.

    Me giré y le di en el gusto, sentir su lengua rozándome solo me producía más ganas de chupársela a él y masturbarlo, de repente sentí su dedo entrando en mi vagina, mientras me la chupaba su dedo me recorría sacando cada gota de jugo de mi interior, me produjo algo enorme y me corrí con escándalo… luego otro dedo en mi ano y ya no podía controlarme, era suya y él sabia como hacerme explotar una y otra vez sin siquiera haber puesto un solo milímetro de su pene dentro de mí.

    Así me tuvo por un buen rato, perdí la noción del tiempo, pero sabía cuántos orgasmos llevaba, una docena de los mejores orgasmos de mi vida y él duro como una roca, así que me salí de ese encierro para girarme y montarme sobre él, puse mis manos sobre su pecho y me coloqué la punta de su verga en la entrada de mi vagina, despacio me fui dejando caer sobre él para ir disfrutándolo y también para ir amoldando mi cuerpo a ese enorme pene, eran 23 centímetros de macho entrando en mi húmeda vagina. Mi cuerpo temblaba ante el placer de solo sentirlo y eso que ni siquiera se había movido. De pronto ya no pude más y tuve un orgasmo brutal, me faltaba el aire, pero me empecé a mover sobre él, cerró sus ojos y me tomó de las caderas como intentando domarme, fue algo genial cuando me levantó un poco y de golpe me lo volvió a meter, otro orgasmo y otro… no era yo, era otra mujer no paraba de correrme.

    Me giró y me tumbó en la cama, levantó mis piernas y las puso sobre sus hombros, apuntaló su verga y me dio un frenético bombeo, yo no daba más de placer al sentir ese enorme pene romperme por dentro, pero faltaba algo y yo sabía cómo lograrlo. Apretaba mi vagina y la soltaba, como masajeando su rico miembro… lo vi cerrar los ojos y sonrojarse, señal inequívoca de lo que venía, aceleró sus movimientos y abrió su boca… y vino el instante en que se descargó en un rio de vida que llenó mi vagina, mi útero y toda mi vida con ese placer enorme, yo lo apreté contra mí y se dejó caer sobre mí, agotado y satisfecho.

    Nunca un hombre había llenado mi cuerpo de esa manera y al salirse vi un charco de mis jugos y de su leche que estaba sobre las sábanas. Nos reímos por cómo se dieron las cosas y como ambos sin decir nada habíamos llegado a la cama a consumar esa pasión de esta manera tan deliciosa. Así paso la noche entre tantas variaciones del Kama Sutra que perdí la noción de cuantos orgasmos tuve, solo sé que no dormimos y a la mañana siguiente desayunamos cansados, pero felices.

  • En tiempos de cuarentena

    En tiempos de cuarentena

    En este tiempo de pandemia, con movilidad restringida y teletrabajo, aquellos que podemos hacerlo, se dan sus situaciones. El día que me correspondía salir fui de mensajero.

    Llegué al edificio de apartamentos antes de las 3 pm, el cielo ya amenazaba una gran tormenta, le había dicho a mi novia que estaría de vuelta antes de las 5, o me atraparía el tráfico. No quería quedarme más tiempo afuera, siendo el toque de queda. Me identifique y en la entrada pase por la aplicación de desinfectante en mi calzado y gel de manos, aparte de la rociada habitual de mi carro afuera del parqueo, como metí en bolsas la caja, esta me la rociaron sin dañar el contenido.

    Después de varios días encerrados con mi novia en el departamento, no es que me molestara las sesiones de sexo, pero después de un tiempo hasta se nos volvió algo monótono y en los últimos días casi no hablábamos, cada quien en sus redes sociales o teletrabajo. Ese día ella estaba haciendo un informe para su oficina y no salió, me tocó a mí las diligencias, me encargo llevarle unas cosas a su amiga, porque ella no tenía vehículo y había evitado al máximo salir. Primero lo consideré algo innecesario de hacer, pero ella insistió en que le llevara sus cosas.

    Desde que mi novia me presento a Yolani, me había atraído; su tez morena, cabello negro y corto, su cuerpo de curvas delicadas y sensuales, mediría casi lo mismo que mi novia, 1.60 m, cuando ella se divorció se quedó una semana en nuestro apartamento, teníamos una pequeña habitación disponible y mi novia quería darle apoyo, no me incomodaba ella, solo que no era tan comunicativa, pero mi novia insistió, me sorprendí cuando una tarde las encontré en el apartamento hablando de sexo y de la nada Yolani dijo que con un juguete sexual que tenía, había encontrado lo único que quería nuevamente de un hombre, que no había hombres que le interesaran… yo disimule que no escuche eso, entre las carcajadas que tenían en parte por la botella de vino que se habían tomado, desde esa ocasión ella me daba curiosidad, ya que ella siempre se había mostrado bien seria y distante.

    Antes de salir mi novia me había lanzado la caja a las manos diciendo que Yolani la necesitaba, que aprovechara a llevársela. La metí al auto y me dirigí hacia el centro de la ciudad. Al terminar mis pendientes me dirigí hacia los apartamentos donde ella se había mudado hacía apenas una semana antes de que decretaran cuarentena, llegue y apague el auto, mire la caja y me dio curiosidad, la abrí con cuidado y entre unos libros, un sostén, un traje de baño, dos camisas, un… y ahí una caja de un vibrador! Había visto unos antes, pero era raro verlo de cerca, se me vinieron imágenes de Yolani introduciéndoselo y gimiendo, como película porno! Se me paró la verga!

    Tuve que dejar pasar un rato antes de que se me bajara para poder salir; bajé del auto, tome la caja y subí por las gradas, me encontré con ella subiendo los primeros peldaños, venía con una sencilla mascarilla, nos saludamos de vista, ella tomo unas bolsas que traía adicionales y seguimos subiendo, yo detrás de ella, miraba hacia su espalda descubierta, andaba con una blusa de tirantes, los tirantes eran apenas unas finas líneas que sostenían unas tiras de tela y vuelos que, se abrochaba en la espalda y daba vueltas subiendo hasta cubrir sus pechos; también usaba unos leggings que daban forma a sus torneadas piernas, subimos 2 pisos a su apartamento y yo siguiendo sus caderas… entramos al apartamento, tenía un amplio balcón con vista a un bonito jardín y a la ciudad.

    Puso las cosas en una repisa y tomo la caja, me sonrió y me invito a que me sentara, conversábamos de cosas triviales y yo trataba de no ver hacia su pecho, porque me hipnotizaba, no pensé que me provocaría deseos de esa manera, me costó mucho estar en control. Me venía a la mente que los tirantes se soltaban y la blusa se sostenía apenas detenida por la forma de sus pezones y ella sonriéndome sugestiva…

    Escuche mi nombre y salí del trance, mire en la dirección en que venía la voz y ahí Yolani ofreciéndome un vaso, solo lo tome y me di cuenta que no era agua, que era una sangría. Ella se sentó frente a mí, cuando se inclinaba, tuve otro vistazo fugaz de su escote, el balanceo de sus pechos (quien diga que ese movimiento no lo provoca, es mentira) y mi mente quería divagar en fantasías de nuevo. Platicamos un rato de cómo estaba pasando esta cuarentena, dijo que a veces se sentía sola, que el hecho de empezar a vivir sola nuevamente y se viniera esta situación la abrumaba, así que tenía que mantenerse en actividad.

    De repente pregunto si mi novia había arreglado las cosas de la caja y le dije que sí, pregunto si yo sabía que venía ahí, no pude hacer más que aceptar que vi dentro, ella se rio y se recostó en la silla, dijo que se me notaba que había visto… me dejo sin palabras y además, ella no dejaba de verme. Me dijo que ese juguete le había ayudado mucho a relajarse, pero que siendo sincera, no era suficiente. Debo decir que me sentí como niño viendo algo que quiere, que desea, pero por miedo a que se lo nieguen no lo toma; también podía ver sus pezones empezando a resaltar, se levantó y vino hacia mí, se inclinó y yo alcance a tocar su cintura, ella volteó a verme, me di cuenta que había ido por el vaso a mi lado, creo que fue una treta, vi por su escote, la línea suave de su curva, un ligero vello en su piel y me encontré viendo hacia sus pechos, podía ver el borde de un pezón paso un instante y me di cuenta que me miraba a la cara, ella me había atrapado en mi deseo sabía que estaba excitado por ella…

    No se movió ni cubrió, hizo una ligera mueca en sus labios, ella me ganó, yo me lance por ella, mi mano paso de su cintura a su espalda y la atraje hacia mí, su cuerpo cayó sobre el mío, sus brazos se apoyaron en mis hombros y comencé a besarla, ella arqueo la espalda y me ofreció su cuello, alce la blusa y aprecié sus pechos, ella no se cubrió, dejo que los envolviera con mis manos y acariciara sus pezones, sentía como se ponían duros y sobresalientes, acerque mi boca a su pecho y fui besándoselos y lamiéndolos; rodamos en el sillón y la recosté, comencé a acariciar su cintura, a tantear por su vientre, ella a su vez me saco la camisa con rapidez, sus manos cálidas apretaron el vello de mi pecho y arañaron mi espalda, baje su leggings y con todo y zapatos fueron aventados por sobre el sofá.

    Comenzamos a besarnos con fuerza, ella se aferró a mi cuello y yo me apoye en mis brazos, nos besamos con fuerza durante unos minutos, después de lo cual se soltó y se pasó las manos por el rostro, respiraba agitada y con los ojos cerrados, aproveche a recostarme hacia el otro lado, estábamos ahí los dos, ella se acomodó, se tapaba el pecho con la mano y no me miraba a la cara, fue cuando su teléfono sonó…

    Estábamos los dos viéndonos y sonó el teléfono, que coincidencia, ella lo tomo rápidamente y quedo viendo unos segundos antes de contestar, me mostro de quien venía la llamada, era mi novia.

    Yolani:

    -Hola.

    -Si en mi apartamento.

    -me trajo las cajas, gracias por guardármelas.

    -está lloviendo, esta algo fuerte, se… se escucha fuerte y hasta ya vi unos relámpagos.

    -¿Víctor? Si, acomodamos el sofá. Sola no podía hacerlo.

    -Creo que sí, espera un momento…

    Ella se acercó a mi cara, con el teléfono pegado a su oreja, viéndome con malicia.

    Luego volvió al teléfono…

    Yolani:

    -Creí que lo alcanzaba, pero ya se fue ¿Cuánto tiempo? Tal vez unos 3 minutos. Dijo que si salía antes de que comenzara la lluvia, tal vez no lo atrapaba el tráfico… ok, cuídate mucho, gracias. Hasta luego.

    Me quede sin decir nada, ella dejo el teléfono en la mesa y… dejo de cubrirse los pechos, nos miramos y se lanzó sobre mí, nos volvimos a besar, dirigí mi boca a sus pezones duros, mordí cada uno suavemente y ella se apretó a mí con fuerza, apreté sus nalgas, recorrí sus piernas, sentí la suavidad de la piel, ella fue nuevamente por mi pantalón, me lo saco rápidamente y quede en bóxer, mi pene imploraba ser libre, sus manos bajaron a mi pantalón, lo soltaron, sentí como sus manos tanteando dentro, sentí cuando sus dedos se encontraron con mi verga, al principio con miedo, pero cada vez más curiosos, más atrevidos.

    Me acomodé más en el sofá y ella se sentó sobre mí, mi verga tocaba su espalda baja, mientras sus nalgas se posaban sobre mi vientre y con sus piernas a mis costados, apreté sus caderas y recorrí su cintura y giraba mis manos alcanzando sus nalgas, sus pechos se agitaban frente a mi cara, comenzó a mover las caderas, contoneándose, su vientre se movía en olas, sus pechos me hipnotizaban en su delicado vaivén, sentí sus nalgas topándose contra mi verga, piel con piel separada solo por su prenda y la mía.

    Su piel suave, ese tono color canela, la ligera vellosidad que cubría su piel le daba un aire salvaje, una mujer intensa que se ocultaba bajo su seriedad… se alzó sobre sus rodillas y se acomodó nuevamente al otro lado del sofá, comenzó a manosearse frente a mí, juntaba sus piernas tapándome la vista, las abrió fugazmente para mostrarme que se estaba mojando, fui hacia ella empezando por besar sus piernas, me encantaba su piel morena y ese brillo de excitación que las cubría, llegue a su entrepierna, ella se frotaba con la mano, fui bordeando con mi nariz por el borde de su prenda, se la quite y fui apartando con mi lengua los dedos de su mano, apareció ante mí su pubis bien formado, una ligera fila de bello lo cubría, formando una línea ancha que se reducía conforme subía, estaba húmeda, podía ver los pliegues que bordeaban la entrada a su fuego interior, alce sus piernas apoyándolas sobre mi pecho, deslizando su prenda muy lentamente, su cara una expresión de placer y deseo y cerraba los ojos cada vez que movía mi cadera haciendo que mi erección rozara sus nalgas.

    Abracé sus piernas y mordí sus pantorrillas, recorrí sus muslos, sus rodillas, hasta que saque su prenda por sus pies, seguí moviéndome rozando sus nalgas, ya tenía mi erección bien dura y húmeda, me baje el bóxer y apunte a entre sus piernas, ella hizo un lee sobresalto al sentir la punta rozando entre sus nalgas, la humedad de los dos empezó a crecer…

    Separé sus piernas y dejé una siempre en alto sobre mi pecho, así que tenía ahora abierto acceso a su sexo, con las piernas abiertas miraba directamente a sus labios vaginales, brillantes y húmedos; parecía palpitar con cada movimiento de su cuerpo, ella respiraba agitada, su vientre era un movimiento en olas que me hipnotizaba, me llamaba a introducirme y yo lo deseaba.

    Comencé a presionar en su entrada, una ola de calor me recorrió el cuerpo hasta llegar a mi cabeza, aun con lo húmeda que estaba ella, sentía como se rozaban sus labios con la cabeza de mi verga, en cada arremetida entraba más y el calor aumentaba y sus gemidos rebotaban en mis oídos y me electrizaban, comenzó a hacer un movimiento de giros, giros sobre la cabeza de mi verga, como puliéndola, nunca había disfrutado algo así. Me sorprendí de que ella sabía cómo apretar sus paredes, con las piernas abiertas, aún tenía su pierna derecha alzada sobre mi pecho y su izquierda apoyada en el suelo.

    En cada movimiento presioné más para que mi verga entrara, el roce era fenomenal, sentía su calor en cada arremetida, no dejaba de apretar sus caderas, aunque ya lograba meterle más de la cabeza, arqueaba el cuerpo apoyándose en sus hombros, yo estiraba la mano acariciando su vientre bien templado, alcanzaba sus pechos, agarraba sus pezones duros y erectos.

    Aceleré el ritmo y ella me lanzo un largo bufido, me miró retadoramente, sentí más presión en mi verga y le di con más fuerza, sentí el líquido caliente por el roce y el calor de los cuerpos, sentí que ya estaba en mi limite, trate de aguantar, pero en la última embestida… fue un chorro caliente! Ella se arqueó y me apretó con fuerza los brazos! Ahhh!

    Los dos estallamos en placer, aguante un rato más en ese estado de éxtasis de los dos, ella también había llegado a su clímax, siguió moviéndose cadenciosamente aun cuando yo acabe y me separé de ella, me recosté contra el sofá para recuperar el aliento, nos quedamos así unos 10 minutos, ella no hizo además de cubrirse, seguía mostrándome su sexo aun evacuando un hilillo de semen, sus pechos redondos y su cara de satisfacción.

    Cuando dejó de respirar agitada, se levantó hacia la cocina, tomo los dos vasos que estaban en el suelo, sin vestirse ni nada, me dejo ver su cuerpo desnudo a contraluz, aproveche a buscar mi ropa interior y ponérmela, cuando agarraba mis pantalones ella volvió, me ofreció el vaso lleno de jugo, a todo esto seguía desnuda, dijo que ya estaba dejando de llover, que seguro me esperaban en casa, dicho eso, me tome el jugo y ella me deseo que llegara bien y saludos a mi novia.

    No pude más que salir muy desconcertado del apartamento, después de una hora de trafico regrese al apartamento con mi novia, ella seguía trabajando, me pregunto qué tal me había ido y solo pude decir que la lluvia me había alcanzado en el camino, ella se volteó y siguió en lo suyo.

    Ya era de noche, me fui directo a quitarme la ropa y meterla en la lavadora con desinfectante y luego me metí al baño, quería quitarme el aroma a sexo que seguro tenía en el cuerpo, abrí la ducha y me cubrí de jabón, me bañe y al salir hacia el cuarto ella me esperaba desnuda en la cama, con una copa de vino, terminamos en la cama haciendo el amor, no sé qué fue, pero estaba tan excitado que lo hicimos hasta que ella misma me pidió que parara…

    Que efectos de la cuarentena.

  • Pajilleros en la Universidad

    Pajilleros en la Universidad

    El relato que voy a contar ocurrió en mi primer año de Universidad, con un compañero.

    En la Universidad los baños eran utilizados por chicos de cualquier curso. Aunque había varios y se situaban próximos a las diferentes zonas de cada curso, también los había comunes donde coincidíamos chicos de cualquier curso.

    En los descansos era costumbre que todos los chicos acudiéramos a los aseos para orinar o beber agua antes de regresar a clase. Yo era de los que lo hacía.

    Aunque me ponía mucho estar con más chicos compartiendo urinarios y demás, nunca me había planteado que ese era un lugar para que surgiera algún encuentro sexual.

    Hasta que un día me fijé en un chico que había acudido dos veces casi seguidas a los urinarios durante la jornada. Me resultó extraño y me fijé en él. No lo conocía porque no era de mi curso, y aunque por un momento pensé si el chico se pajearía en los urinarios (yo lo había hecho alguna vez cuando no había nadie), me convencí de que ese no debía ser su caso.

    Pero un día que el chico estaba en los urinarios me puse al lado suyo y a los pocos segundos el chico se retiró y se fue. Así un par de veces hasta que pensé si en realidad podía ser verdad que el chico se pajease allí.

    Un día el chico estaba en el urinario con chicos de su curso que medio en broma medio en serio le decían que si ya se estaba pajeando. Mi curiosidad teniendo en cuenta todo lo que estaba pasando acerca del chico era cada vez mayor. Hasta que un día decidí probar suerte y aprovechar con él ese deseo que al menos yo tenía de compartir con él una paja o lo que surgiera.

    Pasó un tiempo hasta que ví que el chico acudía solo a los urinarios y era la segunda vez que lo hacía en el día. Los baños además estaban vacíos. Era una hora en medio de clase en la que ambos, no estábamos o no teníamos clase. Me armé de valor y me puse al lado suyo nada más colocarse él de forma que ambos debíamos permanecer allí un buen rato para que nada resultara sospechoso. Yo antes de llegar ya tenía una erección máxima y a los pocos segundos de colocarme en mi urinario me empecé a pajear disimuladamente. No se oía que el chico estuviera meando. Ya que teníamos pocos segundos para estar juntos le eché valor y me retiré un poco de la pared para que me viera la polla y cómo me pajeaba. Él chico no me dijo nada pero durante 3 ó 5 segundos a lo sumo la estuvo observando entre lascivia y susto. Acto seguido se fue. Confirmé que el chico no había ido allí a mear. Aunque mi deseo hubiese sido que nos pajeásemos juntos, en esa ocasión no lo pudimos hacer.

    En cualquier caso ya habíamos tenido ese primer contacto y aunque el chico no se había quedado supongo que por vergüenza, la cara de deseo con la que miraba mi polla me daba pie a pensar que en un futuro sí que podríamos tener nuestra aventura.

    Así ocurrió unos pocos días después. La situación se repitió, pero esta vez ya no partíamos de cero. Nos encontrábamos ambos en nuestros urinarios haciendo como que meábamos cuando volví a proceder de la misma manera: me retiré para que pudiera ver la polla. El chico miraba de reojo, esta vez le dije que si quería que nos la cascásemos juntos, dando por hecho que él quería hacerlo también. El chico se asustó y tras unos segundos dijo tímidamente que no y salió del baño.

    Yo me fui de mi urinario pero me quedé en el baño bebiendo agua. Para mi sorpresa el chico regresó y se volvió a poner en el urinario como indicándome que quería hacer lo que le había propuesto. Así que me puse de nuevo a su lado pero esta vez directamente me la saqué sin siquiera acercarme al urinario.

    Por fin el chico me dejó ver su polla. En ese momento la tenía dura pero no levantada del todo. Era una polla blanquita y con un capullo rosado y redondito que me ponía a mil. Normalita tirando a grande destacando más por su grosor que por su longitud. Ya estaba a mil. El chico se limitaba a mostrármela pero apenas se pajeaba. Yo le propuse meternos en un retrete ya que podría entrar alguien.

    Estando ya dentro comenzamos tímidamente a charlar. La situación era extraña para ambos pero en el fondo nos gustaba y excitaba, como era obvio.

    Empecé a hablar yo con él para romper el hielo.

    – Nos hacemos una paja ¿no?.

    – Sí. Vale.

    – ¿Cuántos años tienes?

    – 18

    – Yo 19

    – Eres hetero no? (Supuse que lo era para que se sintiera más a gusto con el rollo paja entre heteros).

    – Sí

    – Pero te da morbo pajearte con tíos no? El chico sonrió y dijo que sí.

    – ¿A tí? Me preguntó

    – También, claro.

    – ¿Y nunca has hecho nada más? ¿Mamadas, o has pajeado a alguien? Pregunté

    – No. Bueno una vez un amigo nos la chupó a varios.

    El chico no lo quería reconocer al principio pero lo acabó contando.

    Ambos estábamos pajeándonos ya. El chico se había empalmado ya del todo. Estábamos uno en frente del otro y con la taza del wáter en medio en el reducido espacio de la cabina.

    – ¿Quieres probar una cosa muy rica? Le pregunté.

    El chico disminuyó la fricción de su paja como sorprendido. Entonces me acerqué a él y le expliqué.

    – Se trata de frotar los capullos de nuestras pollas como haciendo círculos.

    Sin darle tiempo a reaccionar me coloqué delante de él con mi polla en la mano y acto inmediato dirigí mi capullo al suyo. El chico no sabía qué hacer. Instintivamente subía la piel para cubrirse el suyo pero le dije que al revés, que lo dejara fuera. Al principio él subía y bajaba con su polla como buscando el roce en el recorrido. A mí me excitaba pero quería hacerlo a mí manera así que le dije que si podía agarrársela y lo hacía yo con las dos. El chico estaba muy receptivo y se dejó hacerlo.

    Empecé los círculos. Cada vez estábamos más excitados y llegado ese punto, también en vista de la sumisión del chico, sin mediar palabra me senté en la taza del wáter y se la empecé a chupar. De entrada el chico la agarraba con su mano como dirigiéndola él a mi boca pero yo se la retiré, le dije que retirara sus manos para yo agarrarle de los glúteos para meterla y sacarla de mi boca. El chico me agarraba la cabeza. O bien lo había visto en el porno o tenía experiencia.

    No quería que acabase tan pronto nuestro encuentro así que antes de que se corriera le dije que chupara la mía. El chico empezó a hacerlo. Para mi sorpresa era todo un experto. Pajeaba a la vez que se la metía y sacaba en la boca. Me comía los huevos…

    – Ya has chupado alguna más ¿verdad?

    – Alguna. Jeje.

    Por fin me iba a correr y dada su experiencia mamadora di por hecho que querría que se lo echase en la cara. Cuando me vine agarré mi polla y su cabeza. Él abría la boca. Toda mi leche fue a su boca y algunos chorros le resbalaban por la barbilla. Cogió un papel y la escupió. Acto seguido siguió pajeando la suya y aunque ya me había corrido tenía que hacer algo con esa polla tan maravillosa.

    Seguí chupándosela pero debido a que me gustaba tanto esa polla, en lugar de dejar que acabara en mi cara, cuando el chico se iba a correr, me puse de pie, levanté la tapa de la taza y se la acabé. Quería quedarme con la imagen de su rabo lanzando la leche. Así fue. Inicialmente unas pequeñas gotas salieron de su rabo que se quedaron en mi mano para acabar con los últimos disparos salpicando por toda la taza.

    Rápidamente me limpié la mano. Ambos nos vestimos y comprobando que no había nadie en los baños salimos primero yo y luego el chico por mayor precaución. Aunque ni él ni yo éramos chicos populares en la Universidad, los chicos de su clase sabían que se pajeaba en los baños así que decidimos disimular lo más posible nuestros encuentros sexuales.

  • Amigo congresista

    Amigo congresista

    Joaquín es el típico muchacho de barrio, con códigos bien aprendidos en cuanto al papel del hombre en la sociedad. Le fue muy bien en los estudios y con la ayuda de su padre, un abogado respetado en el ámbito comercial, pudo abrirse camino en el mundo de los negocios gracias a su olfato poco común y sus conocimientos de marketing. De ese modo, aún joven, pudo establecerse con una empresa de comercio exterior y por ello, viaja mucho. Por negocios siempre solo, por placer, con bastante continuidad, con su esposa Mariana, una morocha infartante, compañera de facultad, con quien fueron descubriendo, en diversas partes del mundo los placeres del sexo, más allá del lecho conyugal. Todo comenzó un día en New York cuando decidieron visitar un spa que descubrieron merced a un folleto que estaba sobre el escritorio en la suite del hotel. Hacía tiempo que les rondaba la idea en la cabeza de «hacer algo distinto» y al ver las fotos de los anfitriones, masajistas y escorts, con unos físicos espectaculares, Joaquín le preguntó a Mariana: ¿Querés ir a chusmear? La respuesta no se hizo esperar ¡Dale, vamos!

    Pidieron un masaje para ambos y seleccionaron a un par de profesionales del catálogo.

    Dos camillas paralelas, luz tenue, música suave, aroma de flores y manos seguras, les transportaron en pocos minutos a otra dimensión. Mientras ambos estaban boca abajo, los masajes fueron descontracturantes y con aceites, suaves, deteniéndose a determinada altura y con mayor presión en los glúteos de ambos, incluyendo en el caso de Joaquín un masaje prostático que le hizo disparar la alarma interior, cuando se sorprendió gimiendo, entregado y a merced de las manos (y los dedos del masajista) que le abrían completamente el ojete. Miró a su mujer y vio como el negro que le había tocado, le introducía dos dedos en el culo y la hacia ronronear y contonearse.

    Joaquín se dio vuelta y quedó de espaldas, boca arriba, mirando al rubio grandote que le sonreía al verlo con una erección que confirmaba su real estado de excitación. Sin palabras, con gran experiencia, el rubio comenzó a acariciar los genitales de Joaquín y con sutileza recorría suavemente todo el tronco de su verga, deteniéndose por instantes en la cabeza, acariciando con maestría, con todos sus dedos el glande hasta hacerlo acabar copiosamente.

    A Mariana la hizo girar el negro. Cuando quedó boca arriba se apoderó de sus tetas y comenzó un abordaje de sus pezones primero y los dos globos luego, que la hicieron salir de su habitual equilibrio y comenzar a proferir pequeñas frases del estilo ¡qué divino!, ¡me encanta!, el negro le hizo una seña al rubio quien se acomodó acodándose en la camilla entre las piernas de la mujer y con su lengua, comenzó un trabajo en los labios de la concha de Mariana hasta introducirla como un estilete hacia adentro y apoderarse con sus labios del hinchado clítoris femenino sacándole su primer orgasmo.

    El negro, sacó de su blanco pantalón de hilo una verga descomunal, digna de una película porno y la depositó suavemente sobre el rostro de Mariana sin dejar de amasarle las tetas. En pocos segundos, la mujer de Joaquín probaba con su lengua y su boca, la primera pija que no era de su esposo y la chupaba golosa, como si no hubiese un mañana.

    Esa primera incursión en lo diferente por parte del matrimonio, terminó con el negro acostado boca arriba en la camilla, ensartando por la vagina a Mariana mientras el rubio le clavaba su enorme pedazo en el culo, haciéndola delirar.

    De allí en más, el matrimonio con mucha reserva pero con la intensidad que acarrean estas situaciones de permanente calentura, fueron internándose en el mundo swinger. Ubicaron un tercero ideal que lo adoptaron como estable y conocieron unas pocas parejas, entre Punta del Este y Buenos Aires, con quienes generalmente entre viernes y sábados, solían encontrarse «socialmente».

    Miguel, el colega

    Es habitual que a Joaquín le inviten a dar conferencias en eventos de marketing en diferentes países. Miguel es un empresario argentino muy exitoso que habitualmente encuentra en esas instancias en los distintos países latinoamericanos donde ambos suelen moverse.

    Esta vez el congreso se realizaba en Cancún y Joaquín estaba agendado para dos días seguidos, con sendas conferencias de marketing para dos tipos de productos diferentes. Había trascurrido la primera jornada y ambos se encontraron en el bar de la piscina del lujoso hotel en el que se hospedaban. Miguel era el típico macho latino. Alto fornido, vientre aplanado, pecho con el vello justo de la apreciable masculinidad, rostro agraciado, solía usar barba de uno o dos días, lo que aumentaba su presencia varonil, ojos verdes y cabello castaño con pocas canas.

    Era temprano, no tenían compromisos de ningún tipo, por ende, se acomodaron en unos sofás de la terraza con vista al mar y al cabo de algunas horas, habían dado cuenta de unos cuantos tragos. Joaquín con etiqueta negra y Miguel con cava brut. Ya con la lengua un poco liberada por el alcohol, la descontractura del lugar y la distancia del sitio de residencia, lo cual desinhibe mucho a las personas, en determinado momento que vieron a dos parejas dirigirse hacia el mar, en actitud por demás reveladora. Miguel dijo: «Estos son de mi equipo» sonriente.

    A Joaquín no le hizo falta ahondar en interrogatorio complementario y le dijo en voz baja pero firme: «Mi mujer y yo también».

    Como durante la sesión de alcohol habían «picado» diferentes alimentos, resolvieron no cenar y con una copa en la mano cada uno, decidieron bajar a la playa a caminar, la noche se prestaba para ello, el habitual clima del Caribe estaba en su esplendor con sus casi permanentes 28 grados centígrados.

    Sin mirar a su colega, caminando por la orilla de la playa descalzos, Joaquín preguntó: ¿Alguna vez estuviste con un hombre?

    Miguel sin alterarse, sosteniendo el paso, bebió un trago y respondió: «Varias veces; en tríos e intercambios, me la ha chupado alguno y una vez me cogí a un marido. ¿Vos?».

    También me la han chupado alguna vez, pero tengo asignaturas pendientes. Está claro que a todos a quienes nos da placer entregar a nuestras mujeres, algo de bisexuales tenemos. Eso me lo dijeron hace tiempo y lo fui comprobando, a cada paso. «No lo había pensado…pero, tenés razón, sí, algo de eso hay» admitió Miguel.

    «Contame, ¿cuáles son esas asignaturas pendientes?, me dejaste intrigado», agregó.

    Por algo debo haber sacado el tema. Mi fantasía es estar en la cama con un tipo de tu estilo. Bien macho. No me gustan los maricas, es más, me chocan. Yo en un papel activo y calentarlo bien al tipo. Acariciarle todo el cuerpo, lamerlo, chuparlo, hablarle al oído, emputecerlo bien, darlo vuelta y cogerlo, mucho rato, en cucharita, diciéndole disparates al oído…

    Se produjo un silencio inmediato. Siguieron caminando ya regresando al edificio del hotel. Volvieron a sentarse a la mesa en la que estaban y pidieron un postre cada uno y café.

    «Esto es como una trampa del destino. Terminaste de hablar y quedé con una calentura tremenda; jamás pensé que podía desear ser pasivo como me pasa en este preciso momento. De alguna manera hay confianza, estamos lejos, no nos tenemos que ver a diario y por más que le busque la contra, no se la encuentro. Pero…  de todo lo que dijiste que querías hacer, está chuparla…».

    Sí, aunque te cueste creerlo, mi cabeza explotó y me llevó a meter a Mariana en el juego, cuando vi un video de una orgía y un tipo le chupaba la verga a un veterano que la tenía bastante grande. Fue tal la calentura que me agarré que me quedó de modo permanente. Cuando Mariana se la chupa a un canoso y es de buen tamaño, me caliento como loco. Una vez en Brasil pagué para que venga al hotel una pareja de escorts. Fue la primera y única vez que le chupé la verga a un hombre y me encantó. Pero siento que después me lo tengo que coger. Será para quedar bien con mi conciencia, ¡andá a saber los vericuetos de la mente!. Capaz que de esa forma me digo: «Sí, chupé una verga pero me lo cogí».

    Miguel lo miraba a Joaquín como no pudiendo creer lo que le pasaba, bebió el último sorbo del café y le dijo: «¿tu habitación o la mía?».

  • Cena de verano

    Cena de verano

    Historia Ficticia.

    Estábamos en julio, y como todos los años Alex había invitado a Armando a cenar a casa, aprovechando que tenía vacaciones y que venía a España.

    (Armando es un amigo de Alex de la universidad, que trabaja en Austria y siempre viene casa por vacaciones).

    Ese día me pasé toda la tarde en la cocina, desde que vine de trabajar. Hice mis mejores platos de cocina y mi postre favorito y compré un par de botellas de vino.

    Eran poco más de las 21:30 cuando llegó Armando. Venía tan guapo como siempre, con un pantalón corto vaquero, una camiseta básica blanca que le quedaba más bien ajustada y unas zapatillas de deporte blancas, y tenía una piel bastante morena de tomar el sol.

    Como aún era muy temprano para cenar, les saqué un aperitivo con unas cervezas a él y a Alex, para que fuesen hablando de sus cosas. Mientras, yo me iría duchando y preparando a las niñas para llevárselas a mi madre. Esa noche las niñas dormirían con ella, porque yo les había dicho a los dos que después de cenar me apetecía salir un rato a tomarnos unas copas a un bar nuevo que habían abierto y del que me habían hablado muy bien.

    Cuando llegué de llevar a las niñas con mi madre, ellos se habían bebido ya 3 o 4 cervezas cada uno, y Alex estaba ya un poco pintón, porque no está acostumbrado a beber.

    Se salieron a la terraza y yo me puse a colocar la mesa en el salón, con el aire acondicionado puesto, porque esos días estaba haciendo un calor de muerte. Alex quería haber cenado en la terraza, pero es que el calor era insoportable y al final lo convencí para que cenásemos dentro. Puse el mantel bueno, los platos y cubiertos buenos y unas copas bonitas para el vino. Coloqué la comida en la mesa, cada uno con su ración y les avisé para que entrasen.

    Nos pusimos a cenar y a hablar de todo un poco. Además de las dos botellas de vino que había comprado yo, Armando había traído otra botella de Austria, que por cierto estaba buenísima. Esa fue la primera que abrimos, y cuando nos dimos cuenta ya se había acabado.

    Seguimos comiendo y seguimos bebiendo. En la segunda botella yo ya notaba como me subían los calores, y Alex estaba ya un poco mal de haber mezclado cerveza y luego vino.

    La verdad es que nos lo estábamos pasando muy bien. Como siempre ellos estaban recordando anécdotas de la universidad, y hablando de todo. No sé si sería por el efecto del vino, pero se pusieron a hablar incluso de las tías que les gustaban de la universidad y con las que se había liado Armando durante el tiempo que lo había dejado con Lucía. Contó incluso los polvos que le echó a una de ellas en su piso de estudiante. (Lucía fue su novia desde niños, cuando estaban en la universidad lo dejaron durante un tiempo y luego volvieron, pero hace un par de años lo dejaron definitivamente).

    Aquellas conversaciones junto con el vino me estaban poniendo muy cachonda. Yo también estaba muy suelta, y como sé que a Alex no le molesta, entré al trapo, y empecé a preguntar a Armando por aquellas relaciones, incluso en alguna ocasión le solté “que bien se lo tuvo que pasar esa chica contigo” o “qué envidia!!! quien hubiese podido conocerte en esa época”. Estábamos los tres muy subiditos de tono, y aunque ya habíamos terminado con toda la comida, abrimos la última botella de vino y nos la bebimos antes de pasar al postre. Después del postre nos tomamos un chupito de licor, y después saqué hielo y vasos de cubata, para que nos bebiésemos un cubata antes de salir.

    Alex ya empezó a dar la lata, diciendo que ya no pegaba salir, que estábamos bien en casa y que además él estaba empezando a sentirse mal.

    Nos bebimos el cubata y Alex ya se fue al baño a vomitar, estaba ya como una cuba, salió del baño amarillo. Lo cogimos entre Armando y yo lo llevamos a nuestra cama. Cuando lo estábamos acostando, Armando dijo que era mejor que lo llevásemos a la cama pequeña, por si acaso vomitaba otra vez que no ensuciase la cama de matrimonio. Yo le dije que no, que en la cama pequeña tenía que dormir él luego, pero me dijo que no me preocupase que él dormiría en el sofá, que no pasaba nada. Así que finalmente le hice caso y lo llevamos a la cama pequeña. Lo dejamos en calzoncillos, lo arropamos con la sábana, cerramos la puerta y lo dejamos allí tranquilo durmiendo la mona.

    Con lo bien que estábamos pasando y como siempre Alex lo había estropeado todo. Le dije a Armando que, si él quería salir que yo saldría con él, y que a Alex que le diesen por culo, de todas formas, ya no se iba a despertar hasta por la mañana. Pero Armando me dijo que no, que no le parecía bien que lo dejásemos allí sólo, y también me dijo que en casa y con una botella de wiski también nos lo podíamos pasar muy bien…

    Nos fuimos al salón, y nos echamos otro cubata, nos sentamos en el sofá y seguimos hablando. A mi no se me quitaba de la mente las conversaciones que habíamos tenido antes, sobre sus rolletes universitarios, así que volví a sacar el tema y le pregunté que si con Samanta también se lo pasaba igual de bien que con aquella chica (Samanta es su nueva novia en Austria). Él empezó a contarme las primeras veces que se lio con ella en el trabajo, y las primeras veces que se la folló. Mientras me lo contaba, dijo que le estaba subiendo la temperatura y se quitó la camiseta. La verdad, es que cuando lo vi allí en el sofá sin camiseta a la que le subió la temperatura fue a mí… ¡Madre mía!, me estaba poniendo muy cachonda. Eché otro cubata para cada uno y le dije que iba a ponerme una ropa más cómoda, ya que todavía tenía la ropa para haber salido a tomar algo.

    Mientras me cambiaba de ropa, no podía parar de imaginarme follando con Armando, siempre me había gustado, y ese día me tenía muy pero que muy cachonda. Me puse un tanguita muy pequeño, un pantaloncito corto de pijama y una camisetilla de tirantas, dejando todo mi canalillo en su máximo esplendor.

    Cuando llegué al salón fue muy descarado como la forma en la que Armando se quedó mirando a mis tetas, no hizo ni por disimular, y dijo:

    Armando: “ojú!!! sí que te has puesto cómoda”

    Y me dijo:

    Armando: “Melisa, antes me dijiste que lo bien que se lo tenía que haber pasado conmigo la chica de la universidad, pero Alex también tiene que pasárselo muy bien contigo”

    Yo: “¿Por qué lo dices?”

    Armando: “Porque se nota que os gusta mucho el sexo, y que lo tenéis que pasar bien.”

    Yo estaba tan cachonda y tan borracha que no corté le dije:

    Yo: “Y tu ¿disfrutarías conmigo?”

    En un principio se quedó sin palabras, y no supo muy bien que contestar, no se esperaba que le soltase aquella pregunta. Entonces volví a insistir:

    Yo: “Venga dime, ¿disfrutarías conmigo?”

    Entonces, reaccionó y al fin me contestó:

    Armando: “eh… bueno… a ver… si te soy sincero, para mi eres ese tipo de tías que tiene algo especial, que no sabes que es exactamente pero que me atraes bastante. Yo siempre he estado con tías con cuerpos 10 como Lucía o Samanta, pero las mujeres con las curvas bien puestas como tú, siempre me han resultado muy atractivas”. “Y además, ahora que estamos sincerándonos, promete que no se lo dirás a Alex, pero desde siempre me han vuelto loco tus tetas. En más de una ocasión me he pajeado pensando en que me hacías una buena paja a la cubana”.

    Ahora la que se había quedado sin palabras era yo. Sólo escuchar aquellas palabras y me había entrado un calor por todo el cuerpo, subiendo desde mis pies hasta mi cabeza. No lo pude resistir y me lancé a por él, clavándole un pedazo de morreo en toda la boca. Él no opuso resistencia y nos besamos durante un rato. Sin embargo, de buenas a primeras paró, se echó atrás y me dijo:

    Armando: “No, esto no lo podemos hacer. Alex es mi amigo”

    Me volví a acercar y volví a comerle la boca. Paré y le dije:

    Yo: “Por Alex no te preocupes, él no es celoso, al contrario, a él le gusta que le ponga los cuernos”

    Saqué el móvil y le enseñé una foto de cuando hicimos uno de nuestros tríos. Cuando vio la foto a Armado le cambió la cara y dijo:

    Armando: “Que cabronazo el puto Alex. Es una puna máquina”

    Desde ese momento su actitud cambió por completo, ahora fue él quien tomó el mando. Me empujó hacia atrás tumbándome en el sofá, y lo primero que hizo fue plantar cada una de sus manos en cada una de mis tetas. Las masajeaba con fuerza mientras decía:

    Armando: “Cuantas veces he fantaseado con estas tetas. Me encantan”

    Entonces me quitó la camiseta y el sujetador y empezó a besarme y a chuparme los pezones, mientras con su mano derecha me palpaba el coño por encima del pantaloncito. Después pasó su mano por debajo del pantalón y del tanga, y sin dejar de comerme los pezones empezó a meterme un par de dedos en el coño. Los movía con suavidad, entrándolos y sacándolos, cuando los tenía dentro moviéndolos en circulitos. ¡¡¡¡Díos mío!!!!, que placer tan inmenso. Creo que ese es el orgasmo más rápido que he tenido en mi vida, y es que al poco de empezar a jugar con sus dedos en mi coño ya me estaba corriendo…

    Se quitó el pantalón y el calzoncillo y dejó su polla a la vista. La tenía super tiesa y súper dura. Era una polla recta y gruesa y se le notaban todas las venas, y era un par de centímetros mas grande que la de Alex. En cuanto la vi, sentí unas ganas irrefrenables de chuparla, me intenté incorporar para metérmela en la boca, pero no me dejó y me dijo que ahora era el momento de que llevara a cabo su fantasía. Entonces se subió encima de mi y metió su polla entre mis dos tetas, me cogió mis manos y las colocó una en cada teta para que yo las juntase quedando su polla bien sujeta en el medio. Entonces empezó a moverse rápidamente adelante a atrás, como si estuviese follándome las tetas. Sentía como sus huevos rozaban por mi barriga. Aquella situación me excitaba un montón, yo allí tumbada le miraba fijamente a la cara, disfrutando con su rostro de pervertido.

    Después de un rato follándome las tetas, vi como la expresión de su cara cambió y de repente ¡Boom! Su polla empezó a echar chorros de semen entre mis tetas, y algunos de esos chorros llegaban hasta mi cara. Nunca había visto una corrida tan contundente como aquella.

    Prácticamente sin parar y sin descanso alguno, echó mano a su pantalón y sacó la cartera, abrió un condón y se lo puso. Cuando iba a metérmela, lo paré y le dije:

    Yo: “Si me quieres follar, a mi me tienes que follar a pelo”

    Armando: “Joder, cada vez me pones mas cachondo. Me encantas puta golfa”

    Se arrancó el condón de un tirón, me separó las piernas y empezó a follarme como si lo llevásemos esperando toda la vida, el ritmo era super intenso y yo pensaba que me iba a correr otra vez, intenté aguantarme un poco, pero no pude aguantar mas y me volví a correr. Nunca me había pasado algo así, dos orgasmos tan intensos, tan seguidos y tan rápidos.

    Se levantó, agarró de la mano y me levantó a mí también, me inclinó sobre la mesa del salón con la cara y las tetas pegadas al cristal, se colocó detrás de mi, y empezó a follarme el coño desde atrás. Me estaba encantando todo lo que me estaba haciendo, y supe que ese era un buen momento para innovar. Le dije que parase un segundo, me fui corriendo al dormitorio y volví con el lubricante en la mano. Me volví a colocar sobre la mesa en la misma posición, le di el lubricante y le dije, quiero que tu polla sea la primera que se folle a mi culo.

    De repente noté como la polla se le ponía mas dura todavía. Aquella proposición le había gustado bastante. Me llenó el culo con el lubricante y empezó a meterme un dedo, luego dos y luego tres. Me estaba encantando. Otras veces cuando lo había intentado con Alex, no era capaz de relajarme y hacía fuerza con el culo y no podíamos hacerlo, pero esta vez con Armando era diferente, estaba totalmente relaja y super excitada y él hacía con sus dedos todo lo que quería. Así que no esperó mucho tiempo más y apuntó su polla dura en el medio de mi culo, y con mucho cuidado empezó a meterla poco a poco.

    No sé por qué no lo habría intentado antes, porque aquella sensación era super excitante y super placentera. Cuando ya la tenía entera dentro, empezó a follarme de menos a más, yo estaba super excitada y no podía dejar de gemir y de decir, “fóllame Armando”, “fóllame”, “te deseo”…

    Después de un rato, lo paré y le dije:

    “Yo deseo que me folles en mi cama”

    Nos fuimos a la cama, le dije que se tumbara que era mi turno. Me subí encima de él y empecé a follármelo, mientras él no podía dejar de tocarme las tetas.

    Al rato paré, me puse abajo. Él se colocó tumbado detrás de mí, me levantó una pierna y me la metió. Empezó a follarme con toda la pasión del primer momento y después de un rato noté que se iba a correr. Yo pensaba que ya no podía correrme otra vez, pero en cuanto empecé a notar el calor de su semen dentro de mi coño, volvió a pasar y volví a tener un tercer orgasmo…

    Nos quedamos allí tumbados juntos, uno al lado del otro, reventados de tanto sexo… y le dije:

    “Después de esto no creo que te vayas a dormir al sofá ¿no?”

    Esa noche, la pasamos los dos juntos en la cama, mientras el pobre Alex pasaba la borrachera sólo en su cama, yo disfrutaba con su amigo como nunca antes lo había hecho. Durante la noche volvimos a tener sexo en varias ocasiones más, aunque no con tanta intensidad como la primera.