Autor: admin

  • En sus redes

    En sus redes

    ¿Ella se alegra de no haberte perdido, o de lograr tenerte comiendo de la palma de su mano? ¿Qué se siente haber caído en sus redes como el resto? Esa telaraña invisible que la rodea, creada por ella misma desde hace años. Asegura que no fue su intención generarla, pero en el fondo se lo pregunta, si acaso se miente y es en verdad una persona frívola, venenosa y mortífera, si de verdad al final no cae como todos en la toxicidad típica. Si acaso creó una pantalla que oculta su verdadera naturaleza, incluso para ella.

    ¿Qué se siente enamorarse de una persona que ni siquiera sabe si es amor puro o una viuda negra acechando a sus presas? O quizás sea ambas, y haya una lucha constante de poderes, por ver cuál sale a la luz por más tiempo. Te atrae con sus hilos, te observa con unos ojos llenos de misterio y profundidad, su mirada tiende a hipnotizarte. Te comienzas a sentir intrigado. Después habla. Su visión del mundo, su actitud ante la vida te zambulle en la admiración y avidez por saber más. ¿Es un juego? Te habla con convicción y te atraviesa con esa mirada, y comienzas a sentirte expuesto e indefenso; sin poder ni querer evitarlo, bajas todas las armas y escudos, y con gestos y palabras comienzas el camino de la perdición. Te analiza, tiene una habilidad particular para reconocer tus sentimientos. Tus debilidades, miedos, esperanzas, deseos y fortalezas; las descubre y con un arrullo en tus oídos te explica cosas que pocos ven de ti, o que ni sospechabas de ti mismo. Comienza el movimiento, ese baile en tu interior. Te encuentras recordándola, pensando en ella, repitiendo sus palabras en tu cabeza, excitándote con partes de su cuerpo que ella se encargó sutilmente de mostrarte para que lo grabes en tu mente. Sus caderas prominentes, sus grandes muslos, sus labios carnosos, su trasero bien formado y hasta la caída de su pelo. Lo hace naturalmente, ¿pero significa eso que no está planeado? Como quien realiza una operación monótonamente tantas veces que ni debe pensarla.

    Caíste. Tu corazón se acelera. Quieres verla, sentir su perfume natural, escucharla reír, observar su sonrisa radiante, y necesitas que esos ojos te desnuden el alma una vez más, como vicioso desesperado por su droga. Te encuentras fantaseando con la sensación que debe provocar tocar su piel, y la imaginas de una suavidad incalculable. Deseas probar esos labios que cada vez que se abren te provocan, aún si no dicen nada. Tus mente se esfuerza por recrear su imagen pero sin ropa, y deleitándote con la pregunta de qué tan lejos de la realidad estarás. Hasta de sus pechos que nada de atractivo significante tienen, te generan el deseo compulsivo de querer acariciarlos, medirlos con tus manos y pasar tu lengua por sus dulces pezones.

    Te preguntas qué tan rápido podrías lograr humedecer su entrepierna con tus dedos, si acaso le gustaría o lo harías de manera incorrecta, y un escalofrío de placer te recorre el cuerpo al imaginarla enseñándote lo que le gusta. Y te hace tener que alejarte de la gente para que no vean tu gigantesca erección. Manejas tu vehículo con prisas hasta una zona desierta de compañía humana y te detienes súbitamente, porque ya no puedes soportarlo. Desabrochas tu pantalón; pensar en tocar esa zona que tanto deseas y que sabes que es inalcanzable hizo que derrames algunas gotas, que generaron una mancha en tu ropa interior, y lo que es peor, verlo aumentó el fuego de la necesidad que tienes en tu cuerpo.

    Te reclinas un poco y sin bajarte la ropa metes tu mano izquierda mientras cierras los ojos e imaginas que es ella quién palpa con sus dedos a esa extensión de tu cuerpo que parece un animal violento enjaulado, latiendo para que lo liberen. Te imaginas unos dedos temblorosos y te deleita la duda y la incertidumbre, el rol de virgen, contraria a la anterior de maestra. Todos tus sentidos se encienden con mayor intensidad cuando imaginas su mano extensa con lentos movimientos ascendentes y descendentes, generándote una descarga de deseo e impaciencia. La ves mirarte y sonreír con malicia, y comienzas a descubrir la verdad de su frívolo hechizo, pero nada te importa, sólo quieres que continúe. Se frena y al instante siguiente sientes su aliento tan cerca de la zona que los pelos de tu nuca se erizan.

    Y en tu imaginación tienes los ojos cerrados y esperas. Un segundo, dos segundos. No sucede más nada, no puedes soportarlo más. Cuando empiezas a abrirlos sientes con violenta rapidez que lo llevó por completo a su boca, y eso te obligó a cerrar los ojos nuevamente con fuerza y arquear un poco tu espalda, acompañado de un gemido del indiscutible placer que estás sintiendo.

    En la realidad alejas tu mano izquierda, bajas tu ropa y continúas con la derecha, se acerca tu clímax.

    Sus labios y su lengua juegan con el contorno y la circunferencia de tu miembro en el interior de su boca, y eso te excita tanto que no puedes evitar gemir con ganas. Se acerca tu momento y la frenas; de ninguna manera las cosas pueden terminar así, ni en tu cabeza. La acuestas mientras miras su cara divertida, de saber que te tiene justo donde te quiere, y quieres luchar por desplazar ese poder hacia ti, así que besas su cuello con besos profundos pero suaves y comienzas a sentir que su respiración se va acelerando, aunque ella esté intentando disimularlo. Lleno de confianza, agregas la punta de tu lengua a la maniobra, sólo un instante, y un poco de tu aliento en el final de cada uno de ellos, a medida que con la yema de tus dedos recorres su estómago. Ella comienza a arquearse y a entrecortar su respiración. Comienzas a bajar. A sus hombros, a sus omóplatos sobresalientes; te detienes en el espacio de sus senos, tratando de decidir por cuál comenzar.

    Te acercas al izquierdo, embebes de saliva el pezón con apenas un roce e inmediatamente te dedicas al derecho, de manera que el anterior esté lubricado cuando tus dedos comiencen a frotarlos y tirar de ellos suavemente. Ella pierde el control y comienza a gemir, la combinación de tu mano con tu boca parece gustarle. Pero no te detienes mucho, unos minutos después sigues bajando hasta su vientre y se retuerce, no puede evitar poner su mano en su boca para que nadie escuche el nivel de placer que le estás generando.

    Tienes que frenar de tocarte, estás por terminar, y aún tienes mucho que imaginar.

    Tus besos llegan a donde más deseabas, y descubres complacido que la zona se encuentra totalmente húmeda. Comienzas exhalando, tal y como ella lo hizo contigo y la contorsión de su cuerpo te indica que es un buen comienzo. Luego la punta de tu lengua, rozando apenas la preciosa forma de su clítoris. Ella tira de tus cabellos, ordenándote con ese gesto que continúes. Pero te mantienes impasible; al fin consigues doblegarla y que sucumba ante ti. Te suelta con frustración y continúas. Movimientos circulares, movimientos ascendentes y descendentes. Succión, apenas un mordisco suave en esos labios. Luego metes toda tu cabeza y a la carga. La estás desesperando, y no se espera para nada que uno de tus dedos comience a rodear la circunferencia de su vagina. Sientes sus manos agarrando con violencia las sábanas de éxtasis, así que mientras tu lengua continúa introduces la punta de tu dedo con lentitud y lo mueves como si intentaras llamar a alguien. Sientes su cuerpo tensarse por un instante, su vagina contraerse alrededor de tu dedo y a continuación de sus fuertes gemidos los espasmos propios de un excelente orgasmo. Te apresuras a llevar tu boca para beber todo ese placer que le provocaste. Esta vez vuelve a tirar de tu cabello con las dos manos, y se lo permites gustoso, pero ya no puedes aguantarlo más.

    Comienzas a maniobrar tu miembro nuevamente, que se siente tan erguido que parece a punto de estallar.

    Casi sin previo aviso te incorporas y la penetras con violencia, la sensación de su interior es indescriptible. Ella te abraza con sus piernas y rasguña tu espalda, y comienzas las estocadas para sentirla lo más profundo que te es posible, acelerando casi de inmediato, puesto que la urgencia prevalece, y la necesidad de sentirla a cada instante.

    Y en ese segundo triunfal

    Abres los ojos y ves tu mano derecha desbordada por la cantidad del líquido espeso que derramaste en tu orgasmo. Te limpias rápidamente y te acomodas la ropa aún sentado en tu vehículo. Prendes el motor y continúas camino rápidamente, preguntándote si habiendo tenido un placer tan grande sólo con la imaginación, su cuerpo real podría darte algo más increíble aún.

    Te sientes contrariado de haber perdido el control para realizar semejante acción en un lugar tan peligrosamente público. Y sobre todo, imaginas ese final que la culminación de tu propio éxtasis no te permitió.

    La miras y ella, con sus grandes ojos brillantes y una sonrisa perversa, se prende a tu cuello con sus brazos y dice con malicia «Te atrapé»; antes de que puedas comprender del todo, sella ese capullo de seda malévolo en el que te envolvió con un beso que termina de engatusarte.

  • Mí muñeca sexual

    Mí muñeca sexual

    Pasaron precisamente 2 años desde aquella vez en donde junto a un amigo nos «aprovechamos» de mí hermana, pues le dimos una pastilla para el sueño y algo más para así dejarla dormida y aturdida. Actualmente ella tiene 26 años y yo 20, en este lapso de tiempo no pasó nada entre los dos, ella sigue con el mismo novio, en cambio yo tuve más de una aventura, algunas dignas para crear otro relato morboso.

    Por tema de estudios y trabajo me distancié de ella por un tiempo, me fui de la ciudad y no volví en un buen tiempo. Cuando volví, lo hice ya con mucha experiencia en mí, había estado con varias mujeres durante este tiempo, pero ninguna para formar algo oficial. La primera noche que pasé ya de vuelta, sólo pensaba en aquella noche dónde nos habíamos aprovechado de mí hermana, y las ganas de volver a intentarlo, pero esta vez yo sólo. Pasaron los días y esas ganas no se desvanecían, es más aumentaban, por las noches me masturbaba pensando en eso.

    Ésta vez sería más complicado estar sólo con ella, no habían instancias.

    Pasaron dos semanas y el destino conspiró a mí favor, me llamó pidiéndome que fuera a pasar el día y sí era posible también pasar la noche con ella, su novio se iba a una capacitación a la capital por dos días y no le gustaba quedarse sola en casa.

    Preparé mis cosas cómo la ropa y eso, y también las sagradas pastillas qué serían las estrellas de la noche.

    El día de la verdad llegó, lo pasé con ella, todo estuvo estupendo. Nos pusimos al corriente de todo lo qué había pasado con ella cuándo no estuve. La bendita noche hizo presencia, yo dormiría en el dormitorio de al lado. Pero tenía un problema, cómo le iba a dar las pastillas? Con qué pretexto? Necesitaba inventarme algo rápido antes de que nos fuésemos a dormir. Algo convincente.

    -Hermana te pasa también que te cuesta dormir o qué duermes mal? -le dije.

    -Sí -me respondió sin dudar.

    -Es problema de familia, sufrí mucho los primeros días en el hotel -le dije.

    -Y qué hiciste? -preguntó.

    Le conté al psiquiatra de la empresa mí problema y me recetó unos medicamentos para dormir…

    -así luego dormía cómo bebé -le respondí-quieres probarlos? No tienen contraindicaciones ni nada, traje unos cuantos, si te van bien te los doy.

    -Déjame probarlos, he estado durmiendo pésimo últimamente -respondió a lo que me sorprendí, mí plan iba viento en popa.

    Le di la pastilla para dormir junto a otra pastilla que al mezclarse con la primera generaba una reacción de aturdimiento, pero mis deseos de gozar eran tan fuertes que le di 3, la pastilla para el sueño y dos de las otras para apurar el proceso y para tenerla dormida por más tiempo, pero no sabía por cuánto.

    Pasada la hora en qué se fue a acostar, me levanté a ver sí ya estaba más que dormida, entré en su habitación y la fui a mover tratando de despertarla, no lo hizo, por un momento me asusté al pensar que había sido mucho, la oí respirar normal y eso me tranquilizó.

    Manos a la obra, estaba caliente, debo admitirlo. La destape completamente, tiré toda la ropa de cama al suelo, ella vestía una polera y unas tangas. Le saqué las tangas y dejé a la vista su vagina, tiempo había de sobra así que me tumbe entre sus piernas las cuáles abrí de par en par, mi lengua recorrió cada espacio y cada rincón. Luego hubo un encuentro entre su clítoris y mi lengua, comenzó a humedecerse muy rico, uno de mis dedos entró en su culo. Lamia y jugaba con su clítoris de manera intensa, lo que provocaba espasmos en su cuerpo de vez en cuándo se retorcía.

    Una vez bien mojada y excitada subí por su estómago, le saqué la polera que me dejó directamente con sus tetas las cuáles tomé con mis manos, reconociéndolas, amansándolas, luego mí boca probó sus pezones qué estaban durísimos, ahí estuve un buen tiempo amamantando.

    Pasados cerca de 40 minutos en los cuáles me entretuve probando su cuerpo, me decidí a desvestirme completamente, ella ya lo estaba, sus brazos estaban estirados hacia los extremos y sus piernas lo más abiertas posible. Me coloqué un condón y me posicione en las puertas de la gloria, metí lentamente, no quería forzar nada pero ya estaba bastante húmeda y lubricada por lo que no costó meterla entera, la metía y sacaba entera, disfrutaba cada roce, mis movimientos eran lentos y constantes, sentía qué ya acababa.

    No lo creía, estaba follándome a mí hermana, la que despertó mí sexualidad y la que fue causa de muchas pajas en la adolescencia. Para no acabar tan rápido cambié de agujero, su ano estaba mucho más cerrado y tenso, intenté tres veces meterla pero fue un fracaso, la volteé dejándola boca abajo, le mame el culo unos minutos y hacía ejercicios con un dedo para relajarlo y expandirlo un poco, probé nuevamente meterla, suavemente entró la cabeza, puse presión para meter más carne, sacaba y metía sintiendo cómo ya su culo no oponía tanta resistencia, tenía mí pene a fondo y también sentía cómo apretaba, comencé a follarla y la intensidad subía rápidamente, podía oír sus gemidos, besaba su cuello y juntaba mí pecho con su espalda, mientras la penetraba duramente, podía asegurar que ella había tenido muy pocas veces sexo anal, en un principio el condón estaba manchado con sangre.

    Fue mucho placer y morbo qué me fui cortado en el condón obviamente el cuál retiré y tiré al piso. Frente a mí tenía su culito y su ano, dilatado. Mí pene se endureció con aquélla vista y decidí meterlo nuevamente sin protección, nuevamente la folle y antes de acabar me puse el condón, seguía metiendo y sacando hasta acabar. Me saqué el gorrito y también lo tiré al suelo.

    La volteé para que quedara boca arriba. Mí pene no se ponía duro así que me ayudé con su boca, me puse encima de ella, abrí su boca y metí mí miembro semi flácido ahí, empujando hasta el fondo quedando con mis testículos en su pera, una vez duró, le provoque arcadas. Lo saque de ahí y me posicione nuevamente entre sus piernas, lo metí sin más y disfrute a mil. Alternaba mis movimientos y velocidades para no acabar, de todas formas ya había acabado dos veces y la tercera sería más duradera, lo metía fuerte y con decisión, lo que provocaba una onda que movía su estómago y tetas de manera exagerada, me volví un animal. Yo bramaba de placer y también de la resistencia para no acabar, sentía que mí pene explotaba, estaba rojo y ya no lo sentía, las últimas metidas fueron intensas y con ésas acabé. Cabe decir qué en mitad de acto me coloqué un condón. Tres condones llenos de semen bote envueltos en papel, me di una ducha y cuándo volví la vestí y tape.

    Ésa noche dormí de maravillas, cómo un bebé. Al día siguiente desperté y la fui a ver a su dormitorio, la hablé y no reaccionó, la moví y tampoco despertó, me asusté por lo que busqué su pulso, estaba todo bien por lo que pensé nuevamente follarla, pero sería arriesgado, mí miembro comenzaba a pararse por lo que me acosté a su lado y lo saque, saque sus tetas al aire y comencé a mamarlas, mientras me masturbaba, cómo veía que no se despertaba, me puse encima y puse mí pene en medió de sus tetas, me masturbe con ellas depositando el semen ahí, limpie todo y me fui.

    Despertó cerca de las dos de la tarde, sólo decía que había dormido de maravillas, pero le dolía el cuerpo y sin razón estaba cansada, pobre de ella que fue mi muñequita sexual.

  • Aventura de una noche

    Aventura de una noche

    Hubo una ocasión, que estaba yo en Ciudad de México, tuve la idea de instalar en mi celular una aplicación (una App de mensajería y redes sociales).  Ese día estaba degustando en un bar de la zona centro de la ciudad, un bar bastante malo y feo, de esos que son de «ambiente», me comentan que ya cerró. Bueno, estaba yo echando una cerveza y me metí a la aplicación. Es de esas aplicaciones en donde puedes poner ciertos datos y agregar una foto de perfil, use una foto que tenía guardada donde mostraba algo de mi atributo posterior, y puse un nombre de usuario y me metí en una pestaña u opción que decía personas cercanas y te da la opción de buscar de ambos sexos o solo mujeres u hombres. Por lo que señale solo hombres, a lo cual me arrojo el resultado de varias personas relativamente cercanas, solo estaba revisando las fotos de perfiles, algunos mostrando sus atributos traseros, otros su rostro, algunos dibujos, carros o alguna foto random y pues los que me interesaban en ese momento, los que mostraban su verga en la foto.

    Estuve revisando y pues ya que los vi todos, cerré de momento el celular y continúe tomando mi cerveza, algunos minutos después, cheque mi celular y abrí la aplicación, con la novedad de que me habían enviado un mensaje por medio de personas cercanas, así es que lo abrí, a ver que me decía.

    Resulta que me escribió, bueno el típico mensaje de hola, vi el remitente y me puse a buscar dentro de las personas cercanas, si había alguien que coincidía con su imagen y si, así fue, encontré que según la aplicación, estaba a unos 600 metros de distancia, por lo que me dispuse a contestar su mensaje. Seguimos intercambiando algunos mensajes, le pregunte roll y edad, era de unos 35 años (2 más que yo), de roll activo, ya habiendo ganado mi interés, le mande mensaje que donde estaba, a lo que me respondió que cerca de Bellas Artes, del Metro, a lo que le respondí que más o menos estaba cerca y le pregunte que buscaba en sí, me dijo que sexo real, que si me animaba lo podríamos pasar bien.

    Bueno, lo pensé un poco, pero me decidí aceptar la propuesta, a lo que le pregunte que donde nos veríamos o donde se podría hacer algo, para esto le había dicho previamente que estaba en un bar, disfrutando unos tragos, a lo que me dijo, que si me hacía compañía con las cervezas y ya estando en sintonía, veríamos que pasaba, le dije que sí, que por qué no, así es que le mande en un mensaje como iba vestido y que la ubicación del bar donde me encontraba, pasaron unos minutos y lo vi entrando en la puerta del bar, cuando me vio se acercó y se sentó a mi lado, era alguien de al menos 1.78 metros, algo llenito, no gordo, de tés morena, de facciones fuertes, me saluda de mano, y pide una cerveza para hacerme compañía.

    Ya habiendo consumido cada quien 5 cervezas en ese momento y platicando, me decía que le había gustado bastante, que le latí mucho, poniendo su mano sobre mi pierna y empezando a pasarla por la misma, sensación que me gusto, aparte que con la cerveza ya me sentía algo caliente, a lo que creo que se percató y me dijo, que si no me gustaría la idea de ir a un lugar más privado los dos, le dije que si nos tomábamos unas cuantas cervezas más y lo veíamos, a lo que nos tomamos un par de cervezas, habiendo terminado la botella, me insistió nuevamente y al decirme, me volvía a poner una mano en la pierna y esta vez puso su otra mano y la paso por mi espalda baja, recorriéndola hasta tocar parte de mis nalgas por encima del pantalón, ante esa sensación, decidí decirle que si, por lo que nos paramos de la mesa y nos dirigimos a la salida, le deje guiarme al lugar que él tenía pensado ir.

    Me deje guiar por él, me llevo a uno de los hoteles medio feyones de la zona, habiendo llegando a la recepción, pago la habitación, dándole la llave y encaminándonos a la misma por la escalera, mientras subíamos, de vez en cuando me pasaba su mano por mis nalgas, ya estaba ansioso al igual que yo, el abre la puerta y me deja pasar primero, al entrar el, me da un arrimón, por lo que pude sentir a través de su pantalón lo erecto que ya estaba, entra el después y cierra la puerta, me voy al fondo de la habitación a cerrar las cortinas y ventana, en eso el aprovecho y se estaba quitando la ropa, para el momento en que yo volteo a verlo, ya solo estaba en puro calzón, se empieza a acercar a mí y yo estoy tratando de quitarme la ropa, a lo que él me baja el pantalón y termina de quitármelo y quitándome también la playera, dejándome igual que él.

    Ya habiendo quedado los dos solamente en puro calzón/bóxer, nos acercamos y nos empezamos a besar y el aprovecha para acariciar todo mi cuerpo, me pasaba las manos por la espalda mi nalgas y yo haciendo lo mismo, provocando una sensación que recorría todo mi cuerpo, iba provocando placer con el beso y las caricias que me iba prodigando, nos separamos del beso y me hace ponerme en cuatro en la cama, quitándome mi ropa interior y con sus manos separa mis nalgas y acerca su cara y empieza a pasar su lengua por todas mis nalgas y por mi culito, empieza a chuparme con bastante ansia mi culito, provocando que empiece a gemir de placer, de a poco tratando de meter uno de sus dedos, intentando cada vez tratar de abrirse paso, hasta que logra conseguirlo, metiendo y sacando su dedo, sin dejar de chupar otras partes de mis nalgas.

    Luego de unos instantes que me encantaría que durasen más, hace que me levante y me hinque frente a él, poniéndome su verga en mi cara, a lo que la agarro y la meto en mi boca, comenzó a mamarla, metiéndola, sacándola, chupando su tronco, subiendo y bajando, aumentando de vez en vez el ritmo y luego bajándolo, escuchando como gemía de gusto, de repente hace que me detenga, diciendo que ya está casi por venirse y que no quería hacerlo aún, volviendo a levantarme y poniéndome nuevamente en 4 sobre la cama, a lo que él se acerca y siento como acomoda la cabeza de su verga en la entrada de mi culo, empieza a empujar, tratando de introducirla, deja de hacerlo, se retira un poco y vuelve a intentar, haciéndolo varias veces, poco a poco va cediendo y cediendo, hasta que por fin, logra entrar la cabeza, con lo cual se detiene un momento.

    Con esto, el busca que mi culo se acostumbre al tamaño de su verga, en un momento lo saca y vuelve a meterlo y empieza a hacerlo de esa forma, de manera constante, esto logra que empiece a gemir más y más seguido con cada arremetida que me está dando, poco a poco va entrando más y más, ya logrando que entre por completo, ya empieza el a estar metiendo y sacando su verga de manera constante, se detiene, la saca y hace que me acueste, haciendo que me acomode de lado y el poniéndose a mi espalda y se acomoda para empezar a penetrarme ahora en esta posición, esta con su mete y saca nuevamente, de manera constante, que delicia que estoy sintiendo, ambos gimiendo de inmenso placer, acerca su cara a mi oído y me pregunta que a mi donde me gustaría que terminara, yo le respondí que donde él quisiera, en ese momento, agarra saca su verga y se levanta, haciéndome me hinque nuevamente frente a él y empieza a masturbarse, aumentando su ritmo rápidamente y empieza a soltar gemidos bastante fuertes, pone su verga frente a mi boca y deja salir varios chorros de su semen, después de esto, pasando su verga su por mi cara, mis labios.

    Una vez que hubo terminado, me fui a limpiar los restos de su venida y el empezó a vestirse, terminando ambos de vestirnos, decidimos salir de la habitación, cada quien para su lado, quedando en contacto para ver si posteriormente se daba una segundo encuentro.

    MicifusARM

    [email protected].

  • Taburete

    Taburete

    Antes que nada, quería agradecerles a aquellos que les gustó mi anterior relato, lo visitaron y se tomaron el tiempo de leerlo. 

    Eso me dio ánimo para contarles otra historia que me tocó vivir con un amigo, con quien tuve algunos encuentros, pero creo que éste fue especial por algunos detalles que les paso a contar.

    Ojalá lo disfruten como lo disfruté yo, a pesar de que tenga que ser explícita en algunas cosas, que quizás no les agraden a todos.

    Con Javi nos conocemos por intermedio de una amiga trans. Ella me lo presentó un día que él había concurrido con tres amigos -uno de los cuales se casaba-, y habían decidido celebrar la despedida de soltero en un boliche del rubro.

    Creo que desde el momento mismo nos gustamos, pero creo que también había por parte de él algo de prejuicio de encararme. Por momentos observé que se sentía más cómodo con trans o travestis que con una cross como yo.

    Quizás también la edad lo pudo condicionar por momento. Así me lo manifestó ni bien pudimos comenzar a dialogar. Los 39 años en ese momento y yo 20.

    Desde aquella oportunidad hicimos una linda amistad, la que derivó en continuos mensajes por whatsapp, alguna esporádica llamada, alguna fotito hot, hasta que tuvimos nuestros primeros encuentros.

    Pero no son esos encuentros los que les quiero contar, sino uno especial por algo que sucedió y fue lo que me hizo poner muy caliente, y a él también.

    Ya habíamos estado unas cuatro veces juntos. Además de garchar con él, lo que tenía bueno es que vivía solo y podíamos ir a su departamento, yo llevar mi mochi con mis cosas, y luego de pasarla bien, poder cambiarme en su casa tranquila.

    Él vive por Núñez en un departamento normal pero muy ordenado. Siempre habíamos sido muy conservadores con el lugar para coger, siempre era la habitación el lugar elegido.

    Pero yo siempre le decía que envidiaba la cocina que tenía. Súper amplia, luminosa, con un desayunador con dos sillas altas tipo taburete giratoria (creo que se llaman así).

    Ahí compartíamos un vinito, comíamos algo tranqui y el desayunador al ser tan angostito permitía tener nuestras caras cerca, y a medida que avanzaban los sorbos de vino, también avanzaban los besos, mimos, y la calentura.

    Generalmente no soy de tomar, pero esa noche el vino hizo que me sienta más suelta, con más confianza y menos vergonzosa quizás de lo que puedo llegar a ser.

    Eso despertó mis ganas de ya no ir a la cama, a la habitación. Quería algo distinto, probar quizás el sillón, porque no la misma cocina arriba de la mesada, algo distinto.

    Lo más tentador y arriesgado me parecía que me coja en el living. Tiene un ventanal del tamaño de prácticamente toda la pared de cuatro hojas, que si bien no da contra otros edificios vecinos directamente, si algún vecino está en un balcón, no necesita mucho para ver dentro del living del bulo de Javi.

    Esa circunstancia de que nos puedan ver me calentaba, y quería eso. Pero quería mucho más también.

    Me sentía totalmente desinhibida. Fue así que pasé del otro lado del desayunador, me acerqué a Javi y empecé a transarlo todo. El siguió sentado en el taburete y mientras me besaba y me mandaba lengua me agarró del culo con fuerza.

    Yo ese día me había puesto un vestidito re corto de color negro, que ni bien se me subía un poco ya dejaba ver el comienzo de mis nalgas. Eso no fue desaprovechado por Javi, que ni bien pudo me empezó a apretar los cachetes de la cola con fuerza, a la vez que los separaba y los volvía a juntar con sus manos.

    A medida que más lo comía a besos, avanzó con sus manos por debajo de mi tanguita, para empezar a rodearme mi cuevita con sus dedos.

    Le abría la camisa así podía chupar su pecho, mientras le hice volar el cinto y bajé su bragueta. Ya lo tenía re al palo. Sabía que iba a ser una noche especial.

    La altura en la cual se encontraba sentado hizo que no pudiera arrodillarme para empezar a chuparle la verga. Si me arrodillaba quedaba muy abajo, así que tuve que quedarme parada e inclinarme para poder empezar a mamarle la pija.

    Javi es re peludo, y si hay algo que me gusta cuando le chupo la verga es quedarme con algún pendejo en la boca. Puede parecer raro, pero me gusta.

    Me comí un rato largo la poronga de Javi pero la verdad es que estaba en una posición incómoda. Él se dio cuenta y fue en ese momento que ahora le tocaba a él.

    Se bajó de la banqueta del desayunador, me puso contra la pared y empezó a chuparme el orto. Sabía lo que me gustaba. Empezó a los lengüetazos, se turnaba con sus dedos, uno, o dos por momentos.

    Me trabajaba la cola como un profesional. Me escupía mi entrada trasera para que sus dedos hagan mejor su trabajo. Y yo no sólo lo disfrutaba, sino que también proyectaba. Sabía que si esto seguía así, todo podía pasar.

    Realmente pierdo la cabeza cuando me chupan así el orto. Que lo trabajen, que sepan que es como preparar una rica comida, la que después van a disfrutar. Además me animo a probar cualquier cosa, de tamaño, color, religión, je!

    Después de semejante preparación de culo, creo que me merecía un buen pijazo, y él se merecía algo distinto a lo que ya veníamos haciendo.

    Tomé la mano de Javi y lo llevé al living, al centro del living de su departamento, cerca del ventanal que daba a la calle. Ahí ya los dos desnudos (sólo me quedaba mi diminuta tanguita puesta), nos confundimos en besos y manotazos.

    Yo también había dejado mis tacos en la cocina, lo que hacía que quedara mucho más petiza que él. Cuando por un momento dejó de chuponearme el cuello, giré sobre mi eje y quedé dándole la espalda. No dudo en ponerse el forro, escupirse la chota, un poco los dedos de su mano derecha y mandármela entre mis nalgas para lubricar mi agujerito.

    Yo sabía que se venía el pijazo. Pero estaba preparada para ese pijazo y cualquiera que quisiera venir. Tenía una excelente dilatación, podría haber bancado cualquier cosa.

    Javi flexionó sus piernas y empezó a apoyarme la cabezota de la verga en el culo. Traté de ayudarlo también flexionando un poco las piernas y “sacando cola” para facilitar la penetración.

    Así empezó a clavarme. Al principio solo la cabecita, como jugando, para ver si yo se la pedía toda. Y él sabía que la quería toda, porque de a poco fue tirando mi cuerpo cada vez más para atrás, así podría ir comiéndome la verga de a poco.

    Ese jueguito significó tenerla enterrada toda en menos de cinco minutos.

    Con mis brazos hacia atrás trataba de tomarlo por la nuca con mis dos manos, así su boca se acercaba a mi oído para poder escuchar cositas chanchas, o por lo menos como se quejaba mientras me la ponía.

    Las cortinas del ventanal estaban abiertas de par en par. Eso hacía que cualquier vecino de algún edificio cercano pudiera quizás vernos, y eso me calentaba aún más.

    Sumado a eso, veía nuestras imágenes reflejadas en los vidrios del ventanal, como si fuera una especie de espejo, y lo que veía me gustaba.

    Me veía a mí, diminuta, sacando colita como ofreciéndosela para que haga lo que quiera, y por detrás mi macho, con su postura corporal como si fuera un animal montando a su hembra. Le señalé el ventanal. Creo que la calentura no lo dejó ver lo que yo veía.

    Fue ahí que se puso más caliente, hasta más violento diría. Ya no era una penetración sino que se parecía más a una embestida, como para hacerme daño, para que mi cola sufra.

    Eso realmente no me preocupaba. Mi dilatación era excelente y mi cola quería violencia. Pero sentía que si seguía a ese ritmo iba a sacarle toda le lechita muy rápidamente. Eso no me estaba interesando en ese momento. Quería pija en mi culo por un buen rato.

    Creo que ambos queríamos que esa noche dure más, exprimirla, jugar, rompernos. Y el jueguito de estar expuestos frente al ventanal, y que nuestros cuerpos se reflejen sobre los vidrios fue algo que a Javi realmente lo ponía muy cachondo.

    En un momento me sacó la verga de la cola. Pensé que estaba por acabar y quería aguantar, pero no. Me pidió que me quede paradita ahí en el centro del living, y fue para la cocina. Regresó con uno de los taburetes, una de las sillas altas del desayunador.

    Si bien yo sentía que él estaba haciendo un esfuerzo con sus piernas para flexionarse para poder ponérmela, la realidad es que no sabía para que venía con esa silla.

    Javi estuvo muy rápido. A pesar de la calentura, se permitió pensar. Ubicó el taburete en el centro del living, en el mismo lugar que hacía dos minutos me tenía ensartada.

    Me pidió que me siente, pero al revés. Como a caballito de la silla, tomando el respaldo con mis brazos para no estar tan incómoda. Pisé el apoya pies, y me subí. Efectivamente me tomé del respaldo con mis brazos, como abrazándolo.

    No sé si soy clara con la descripción, pero lo que sé es que mi cola quedó como muy parada digamos, muy expuesta. Me miraba en el vidrio del ventanal y la pose realmente me encantaba. Además lo veía atrás mía a Javi preparándose la verga, y con la otra mano acariciando mi cola, como hablándole.

    La pose hacia que la cola me quede súper abierta, sin necesidad de usar las manos para separar mis nalgas. Eso hacía que mi agujero este al descubierto. Creo que lo podían ver desde Uruguay.

    Mi macho se arrodilló detrás de mí y me empezó a comer la cola. Ya sentía que mi dilatación le permitía que su lengua ingrese, sus dedos ya no iban de a uno, sino de a dos.

    Le tuve que pedir que me la ponga, lo juro. No iba a aguantar más sino. Y me empezó a coger de nuevo.

    La imagen era increíble. Me ponía muy caliente, y él lo sabía. Y empezó a trabajarme el orto. Mitad para darme placer, mitad para él poder aguantar y no acabar.

    Empezó un juego. Me bombeaba a full por dos minutos y me la sacaba de golpe. Y se alejaba de mi para mirarme como me iba dejando. Y yo a todo esto lo veía todo en pantalla gigante en los vidrios del ventanal.

    Ese trabajo lo empezó a hacer de manera constante, repetitiva, y ya mi cola lo sufría. Y no tardó en hacerlo saber.

    Me embestía a vergazos y cuando me la sacaba la dilatación hizo que empezara mi cola a dar señales. Cada vez que me la sacaba empezó a hacer ruiditos, además él me pedía que puje, que haga fuerzas.

    Ya sé. No es lo más romántico, pero esto no era romanticismo. Era calentura, coger, tragar pija, que me garchen, que me rompa, no me importaba.

    Accedí a su juego. Mi cola cada vez más dilatada, y cada vez que se quejaba más. Javi estaba transformado. Me hablaba, me decía cosas.

    – Mmmm, sentí como se queja ese orto!!! Te la pongo? Te la pongo sólo si haces fuerza y veo cómo te estoy dejando la tripa.

    Sinceramente, a pesar de ser una situación por momentos incómoda, a mí me volaba la cabeza, y a Javi lo ponía loco.

    Así me tuvo un buen rato haciéndome sonar el orto, ya sea cuando me empernaba como cuando me la sacaba de golpe.

    Todo esto se sumaba a la posibilidad de ver todo en el reflejo del ventanal. Combo perfecto.

    La lechita siempre estuvo cerca. Cuando él sentía que se venía, me la sacaba del culo y empezaba a jugar con sus dedos como para “enfriar” el tema.

    Pero la calentura pudo más. Fue una ráfaga de cinco minutos teniéndome clavada, dándome a morir, yo aferrándome al respaldo del taburete para no caerme de la silla, y Javi como una bestia la los pijazos.

    Me la sacó, se sacó el forró, bastaron dos puñetazos de su mano para que salgo el sagrado jugo que todas queremos sacarles a ellos.

    Mi espalda recibió los tres escupitajos del lechita bien calentita. Javi se tiró como desplomado en el sillón del living, y yo quedé como temblando, aún sin querer dejar de aferrarme al respaldo del taburete.

    Sentía también mi cola latir, sin necesidad de verla sentía que se abría y se cerraba, yo ya no la manejaba. Javi había hecho bien su trabajo, y así me lo hizo saber:

    – No sabés como te quedó el culo pendeja! No podés ser tan hija de puta!!!

    Una ducha rápida, tomar mi ropa de nene de la mochi y guardar la de nena, y emprender el regreso a casa, tratando de no despertar sospechas, saludar a papa y mama, y acostarme utilizando como excusa que tengo que levantarme temprano a estudiar, para poder taparme con las sábanas y poder comprobar y testear con mis propias manos como me dejó el culo Javi.

    Ojalá les guste ésta nueva historia, que a pesar de tener unos años, la recuerdo como si hubiese sido ayer.

    Con Javi sólo tengo contacto por whatsapp a la fecha, pero muy esporádicamente. Hoy en día lo único que quedó es una linda amistad.-

    SOFY.

  • La Toña, golosa insaciable

    La Toña, golosa insaciable

    Cuando yo tenía unos 30 años trabajaba en una empresa donde contrataron una secretaria muy guapa, era rubia deliciosa y no tenía mucho trasero levantado pero si a lo ancho, se veía de frente muy rica y apetecible, pero como se vestía bien sexi se veía bien deliciosa y sus senos eso si eran bien levantados y firmes, aun sin sostén, no se pegaban al cuerpo, a pesar de haber sido madre y de buen volumen, además usaba sostenes que le juntaba los pechos para notar más volumen, se vestía muy atractiva, ojos verdes, blanca, despampanante, que a todos nos dejaba boca abiertos.

    Esa vez fue como inicio la aventura era mi cumpleaños, cuando fuimos a celebrar con los compañeros a un café y después la lleve a su casa y platicamos un poco de sexo, al platicar de eso ella se interesaba más y cuando le ofrecí si le gustaría conocer mi miembro, ya erecto, accedió como regalo de cumpleaños en el auto me hizo sexo oral y termine en su boca y ella quería seguir y llevarla al hotel pero ya era muy tarde, debía volver a casa y quedamos de seguir al día siguiente.

    Esa vez ella se quedó con ganas, pues me invitaba ir al hotel pero ya era muy tarde, como dije, al día siguiente en la oficina no se dieron cuanta aun ella seguía prendida, pocos días después nos fuimos al hotel y nos dimos una tremenda revolcada de historia, faltamos al trabajo y comenzamos como a las 9 de la mañana, fuimos a comprar lo necesario para una especie de picnic hotelero y cuarto nudista.

    No salimos hasta las seis de la tarde para cumplir con el horario de trabajo, lo hicimos en la mesa, en el baño, en la cama, frente a la ventana, en el piso, tenía multi orgasmos que explotaba a cada ratito, era muy blanca muy guapa y monumental y media pecosita, pero muy bonita la muchacha de unos 25 o 27 años, con un cuerpo exquisito, sus pezones rosados, su pelos güeros hasta en su monte de Venus, y sus labios vaginales y pezones rosados, y así terminamos con mi miembro y sus labios más rosados de ardor de tanto meter y sacar todo el día.

    Practicamos todas las posiciones inimaginables, el Kama Sutra de ida y vuelta, después algunas veces solo teníamos encuentros en el auto, entre la palanca del freno y la mía terminaba yo derramado en su interior, pero eso era también otro show que ya habíamos practicado bastante bien mis penetradas que le daba en el auto, además de las orales, pues estaba buenísima que le hice de todo así duramos casi 4 años haciéndolo, ella según era mi secretaria y teníamos sexo 3 o 4 veces a la semana.

    Yo estaba ya empalagado con tanto sexo, pues ella no tenía forma de complacerla totalmente además y pedía dinero, cosas, ropa, la renta de su casa, más le daba y más quería y mas era las ansias de hacerlo donde fuera, en la misma oficina cuando se habían ido a comer todos, se empinaba sobre el escritorio y le daba sus muy buenas entradas.

    Llevaba minifalda y a veces sin pantaletas me mostraba abriendo sus piernas todo su lindísimo sexo abierto y jugoso, a la que no podía faltar mi erección y satisfacer nuestros deseos frenéticamente, una vez fuimos a una expo donde ella llevaba una falda larga y una blusa como suéter, pero no traía ropa interior solo se ponía ligueros con medias que le compre y sus senos firmes no necesitaba sostén, en el estacionamiento la desnude junto al auto con la puerta abierta y ahí mismo nos dimos una atascada sabrosa.

    Eran como las seis de la tarde y el estacionamiento estaba un poco oscuro era el tercer piso y comenzamos yo solo con los pantalones abajo, se quitó su blusa por delante pues tenía botones y su falda cayó al piso, y era una escena hermosa, me aleje un poco para apreciarla era como una pintura artística, en la poca claridad, se veía como una diosa griega, erótica, sensual, bella, pero ansiosa de ser poseída y penetrada.

    La comencé a besar suavemente y acariciar su cuerpo desnudo ella estaba de pie y me ofrecía un espectáculo maravilloso, al besar todo su cuerpo pasaba más por sus zonas eróticas y me detenía a darle chupadas más tiempo, ella estaba que se escurría de ganas y mientras yo llegaba a ese hermoso vello púbico y comenzaba a mamarle su deliciosos labios inferiores y meter mi lengua hasta donde podía en su vagina empapada y mi cara llena de líquido vaginal que me dejaba la cara muy suavecita, fue muy agradable esa sensación de tersura y suavidad que deja su liquido vaginal en mis mejillas cuando explotaba en sus orgasmos.

    Ella levantaba la pierna para ofrecerme su cavidad caliente y jugosa lista para ser ensartada, se abrazaba con sus piernas a mi cuello y a mi cintura al poseerla y brincaba sobre mi mientras sus brazos en mi cuello y mi miembro al máximo era clavada y gemía y gemía de placer, tenía orgasmos seguidos y sentía como se contraía su vagina sobre mi pene erecto y sin parar más que para que ella reanudara su acción, sentía la contracción de su cavidad vaginal cada vez que llegaba al clímax y eso me excitaba y me hacía derramar mi semen dentro de ella y lo sacaba escurriendo, para que ella lo lamiera exprimiéndome hasta la última gota de mi semen en sus labios.

    Hincada lo colocaba sobre sus senos lamiéndolo suavemente de abajo arriba, lograba que se le levantara mientras lo ponía entre sus pechos, y lo masturbaba, se sentó sobre el cofre y me ofreció su húmeda vagina abierta para volver a dar mis embestidas y terminar de nuevo, entramos al auto y descansamos sudorosos y desnudos de tanta actividad sexual mientras nos besábamos diciendo cosas amorosas, pues no era vulgar me decía que estaba yo desperdiciado por mi mujer pues ella es muy fría y si me va bien una vez al mes tenemos relaciones (ahora menos).

    Mientras con ella más de tres veces al día, en la mañana cuando iba por ella a su casa, a medio día cuando salíamos a comer y en la noche cuando la regresaba sin contar con los ratos en que estábamos solos en la oficina.

    Fueron así 4 años de placer sexual bien aprovechados ahora yo sigo desperdiciado pues eso fue hace muchos años… por eso escribo esto para dejar memoria antes que me muera a mi tantos años… El desperdiciado… pero no tanto pues supe aprovechar esa experiencia maravillosa del sexo prohibido. Esas son otras historias…

  • Nunca había sentido cosa igual (Parte III)

    Nunca había sentido cosa igual (Parte III)

    Después de haber tenido nuestro primer orgasmo, mi príncipe y yo nos besamos apasionadamente y descansamos un poco. Lo que acabábamos de vivir era algo que no olvidaría. Este hombre 15 años menor que yo me había sacado hasta las lágrimas a causa de estas sensaciones hermosas que jamás había experimentado en la vida. Ni siquiera mi esposo me había llevado a este clímax o cumbre de magia y ensueño.

    Después de charlar un poco y comernos a besos, mi príncipe estaba listo me avisaba que quería seguir internando su falo en mí, yo no lo dudé ni siquiera un poco, deseaba ansiosa que me volviera a hacer suya, que me diera otra dosis de su miembro viril, quería volver a sentir su vara de carne.

    Y fue entonces que ambos empezamos a besarnos, luego él comenzó a penetrarme de lado, se postró atrasito de mí, de ladito, como en posición de cuchara, la verdad es que sentía muy rico. Mi príncipe me lo metía y con sus manos no dejaba de tocar mis senos, estuvimos en ese punto como unos seis minutos. Luego, me recostó sobre el colchón y me puso boca abajo, penetró mi vagina desde atrás y comenzaba a cabalgarme, cada una de sus embestidas hacia que mis nalgas rozarán con él, que placentero, estaba añadiendo más leña a mi fogata, sentirlo arriba de mí, montándome, me hacía vibrar.

    Sí, mi piel blanca de señora casada se entregaba sin tregua a este hombre joven, le estaba entregando más de lo que pensé, mi príncipe había logrado despertar a mi interior de una manera muy especial, me cabalgaba en cada una de sus embestidas, yo recibía su pene con todas las ganas del mundo, lo quería en mí, en ese momento nada más importaba, estaba entregando la mercancía de mi esposo a este hombre joven, y no tenía remordimiento alguno de darle mi cuerpo a mi príncipe, no dejaba de recibir su tranca en mí, sus macanazos de carne en mi ser, no suelo decir esta palabra pero seré literal: «me estaba cogiendo de lo más lindo», me la metía una y otra vez, hasta que por segunda ocasión los dos volvimos a estallar, nos mojamos casi al mismo tiempo, una vez más se vino en mí, que rico, sentir su esperma, su semen, sentía caliente cuando recibía su leche en mi interior, él se quedó encima de mí y yo dejé que se descargará por completo, no le impuso trabas para que eyaculara en mi interior. Nos besamos nuevamente, y nos quedamos por segunda vez descansando después de aquella faena hermosa.

    Era el segundo orgasmo que me hacía sentir aquel hombre 15 años menor que yo. Yo estaba enamorada, no había marcha atrás, quería complacerlo en todo,

    Las mariposas revoloteaban en mi estómago, y solo quería ponerme a su disposición. Se llegó el tercer round (como dicen en ese deporte llamado box), sí, mi hombre joven quería seguir haciéndome suya, quería penetrarme, esta vez en otra posición, y yo no le opuse resistencia, al contrario, me vi como una presa que se ofrece a su depredador, estaba endiosada con él, con mi príncipe, quería sentirlo nuevamente en mí, quería que su pene se paseará en mi intimidad, lo añoraba.

    Ahora, el me pidió que me hincara, se puso atrás de mí, e hizo que mis rodillas y manos tocarán el piso, quería hacerme suya en la posición que muchos llaman «de perrito», y yo, loca por él, lo consentí, y rápidamente seguí sus instrucciones, cuando menos acordé ya me estaba ensartando su pene, sí, mi vagina recibía por tercera ocasión su macana, su leño de carne. Él comenzaba a bombearme sus embestidas, que hermoso sentía, «que rico» llegué hasta pronunciarle, me encontraba sumisa completamente, solo recibiendo su falo, en un mete saca intenso mientras sus manos sujetaban mi cintura, por tercera ocasión me la estaba metiendo, «me cogia» como dicen por ahí, «me estaba cogiendo como nunca», no me importaba nada más, solo quería sentirlo, sentir como su pene se atarragaba en mi interior una y otra vez. Nunca imaginé entregarme a un hombre que no fuera mi esposo, de darle mi parte más sagrada a un hombre menor que yo, y hoy lo hacía con gran convicción.

    Pienso quizás, que en ese momento mi esposo acababa de terminar su práctica de tennis, mientras yo, su mujer, daba lo que a él le pertenecía a otro hombre, que me estaban «cogiendo» a kilómetros de distancia, que mi piel se exhibía sin recato a este príncipe.

    Se llegó el momento, un tercer orgasmo a la puerta, ambos estábamos a punto de explotar, y así fue, otra vez, al mismo tiempo ambos estallamos, «que rico», «que hermoso» me decía a mí misma, mientras mi príncipe volvía a vaciarse en mí, por tercera ocasión mi príncipe me mojaba, llovía en mí, que delicia, era un placer absoluto sentir como su carne derramaba su semen y lo vertí en mi ser, prácticamente nos vaciamos en ese tercer acto.

    Terminamos exhaustos, el tiempo empezaba a carcomer nuestros planes, fue entonces que llegó el momento de irnos de aquel hotel, después de besarnos un poco, comenzamos a vestirnos, juro que mi vagina me dolía de tanta embestida, pero era un dolor que me gustaba, me excitaba, siento que me había rozado un poco de mi parte más íntima, pero me encantaba, al mismo tiempo veía el pene de mi príncipe, todo rojo, colorado, de tanto usarlo en mí, y fue entonces que él me dijo: «ya hasta me duele mi pene», eso me excitó mucho, pues al saber que me lo había atarragado sentía mucha éxtasis, me gustó verle su falo rojo rojo, muy colorado de tanto metérmela, definitivamente vacié sus testículos, pues las tres veces mi príncipe se vino en mí como nunca, juro que ni siquiera mi marido lo había hecho de tal manera.

    Ahora, nos preparábamos para regresar a nuestro pueblo, veníamos los dos algo cansados en un autobús, ya la noche acariciaba nuestro viaje, que por cierto casi sin pasajeros, veníamos felices, en el camino mi príncipe me dedicaba una canción y yo suspiraba. Si, reconozco, me acababa de entregar a este hombre menor que yo como nunca lo hice con mi esposo, le había entregado más que mi aliento, mi cuerpo entero, y ahora regresábamos a nuestros destinos.

    Había entregado mi mayor tesoro sin remordimientos, sin pausas, ni quejas, porque así me nació, este hombre joven despertó mi intensidad, avivo las llamas de mi sentir, y yo le correspondí dándole mi cuerpo sin reservas, dejé que peregrinara en mis caminos sin obstáculo alguno.

    Llegamos a nuestro destino, fue cuando yo subí a mi coche y le lancé un beso de despedida en el camino a mi casa, recuerdo que sentí palpitar mi vagina, una especie de aire vibrante en mi estómago, recreaba mientras iba a casa con mi esposo e hijos lo acontecido en aquella ciudad con mi príncipe, sentí mojarme un poco, con mi mano derecha me toqué mi parte sagrada, y pensé, quiero que mi príncipe me la vuelve a meter ojalá sea pronto, lo más pronto posible, lo necesito.

    Cuando llegué a casa, mi esposo abrió la puerta, me dio un beso en mis labios y la bienvenida, y junto con mi hija más grande, inmediatamente fueron a recoger la cena que habían encargado, no vi en él alguna sospecha o reclamo, fue estupendo. Yo saludé a mis otros hijos y rápidamente fui al baño a cambiarme y quitarme la tanga, pude oler el semen de mi príncipe en ella, que rico olerlo.

    Sí, yo, una señora casada, acababa de regresar de una aventura en una ciudad cercana, venía bien «cogida» por un hombre más joven, acababa de entregarle a mi príncipe mi cuerpo, mi ser, en toda la extensión, había sido completamente suya y mi esposo no se había dado cuenta.

  • Descubriendo a una sumisa

    Descubriendo a una sumisa

    Soy Steve hoy pensaba publicar un solo relato, pero no pude aguantarme al recordar este día mi imaginación voló y tuve que hacerlo. Este relato ocurrió hace 3 años ya, yo estaba en cuarto año de mi carrera de medicina tenía 21 años, acabado de terminar la rotación de ginecobstetricia la verdad no me gustó, pero me aprendí algunos truquitos que me ayudarían para la vida.

    Tengo una amiga enfermera que es mi cómplice para algunas cosas es de esas personas que llega a tu vida y se hace familia, nos conocíamos desde hacía tres años ya, y nos conocíamos completamente o sea completamente yo la inicie a ella en el mundo del nudismo la conocía desde que era estudiante. Un día le platiqué del nudismo y le gustó la idea, me pidió consejos e instrucción en ese tema, le busqué materiales educativos y hasta le hice un resumen de algunos materiales que no pude hacerle llegar, de ahí en adelante nuestra relación fue cuando más se fortaleció, y nos hicimos los amigos que somos ahora que estamos en las buenas y en las malas, es de las personas que llamas a las 3 am porque tienes un problema y ahí esta ella para ti, cualquiera el problema que fuese.

    Hasta por si necesitas follar porque hace rato no lo hacías siempre estaba para mí, pero esta historia sucedió antes de ser así tan cercanos, apenas ella estaba incursionando en el nudismo, y aun le daba pena mostrar su cuerpo. Ah no la describí ella es bajita de 160 cm de estatura tez clara, pelo castaño claro, ojos color miel, y tiene un cuerpo que muchas envidiarían, se llama Elianys, Eli cariñosamente por los amigos, pero entre ella y yo nos gusta llamarnos pollito y pollita. Todo empezó como una broma ella dijo que yo parecía un pollito y me llamaría así y como no me gusto yo le dije que la llamaría pollita a ella, en venganza, pero nada así nos seguimos llamando tantos años de eso ya. Un día normal como cualquier otro, ella me llama:

    Eli: pollito, tengo un problema.

    Yo: dime, ¿cómo puedo ayudarte?

    Eli: es que no me ha caído. La esperaba hace tres días y aun nada.

    Yo: ¿y cómo puedo ayudarte?

    Eli: es que no sé, no sé, no sé qué hacer, no me lo puedo sacar y me pelee de ese muchacho hace un mes ya.

    Yo: ¿y piensas estar embarazada? tienes algún síntoma de los que conoces?

    Eli: no, no me siento nada, pero estoy preocupada.

    Yo: entonces sácalo de tu cabeza por ahora. Esperemos un poco más tres días de retraso no son nada veras que en estos días te cae.

    Eli: está bien confío en ti esperaré.

    Y así transcurrió la semana seguíamos en lo nuestro nos enviábamos fotos todas las noches por el Whatsapp, como les decía ella estaba incursionando en el nudismo y donde único no le daba pena mostrar su cuerpo era en fotos por ahí así que de esa manera empezamos (no sabíamos a donde nos iba a llevar eso) todas las noches nos mandábamos 4 fotos desnudos yo le enviaba mías para disminuir su pena puesto que si tienes un cómplice es más fácil, o al menos así aprendí yo. Y la verdad cada día se veía mejor. Entonces a la semana exacta mientras teníamos una sesión nocturna como le llamábamos me dice:

    Eli: pollito ya sé que me dijiste que no me preocupara, pero, aun no me cae.

    Yo: ¿en serio, porque no lo dijiste antes?

    Eli: es que dijiste que no me preocupara.

    Yo: dije que no te preocuparas por tres días, pero ya son ocho.

    Eli: lo sé pero es que hasta a mí se me había pasado, no debería ocurrir pero lo había olvidado.

    Yo: ¿y los síntomas de embarazo? ¿Tienes alguno?

    Eli: pues no de los que conozco al menos no.

    Yo: ¿y otros como cambio de coloración de las aureolas, la vulva, tienes línea alba, tus senos están más grandes, somnolencia?

    Eli: pues todo eso es no, excepto…

    Yo: no me gusta ese excepto…

    Eli: me parece que mis senos están más grandes.

    Yo: hay que hacer un examen más exhaustivo, ¿estas dispuesta?

    Eli: a lo que sea a mi alcance.

    Yo: ¿pues tienes que introducir tus dedos en tu rajita y buscar el cuello y dime cómo se siente? ¿Sabes que buscar?

    Eli: si lo sé.

    Yo: normalmente tiene la consistencia de la nariz, cuando estas embarazada se pone como los labios en la segunda semana. ¿Me entiendes?

    Eli: sip, espérame un tantito en seguida te digo.

    Eli: oh dios mío lo siento suave.

    Yo: ¿estas seguras?

    Eli: pues no se nunca había tocado uno, pero lo siento blando.

    Yo: no se diga más mañana te vienes conmigo a la clínica a examinarte con el ecógrafo.

    Eli: ¡Nooo!!!

    Yo: ¿qué pasa?

    Eli: a la clínica no. Recuerda que mi tía trabaja ahí, no puede verme en esto.

    Yo: y que hacemos entonces.

    Eli: mira yo no sé muy bien que toqué porque no me examinas tú y así sabremos mejor.

    Yo: no sé, es más seguro la ecografía.

    Eli: a la clínica no iré, eres mi amigo examíname tu para estar seguros y si después del examen consideras que hay que ir a la clínica vamos.

    Yo: está bien, ¿cuándo puedes venir?

    Eli: mañana mismo puedo ir.

    Yo: perfecto te espero a primera hora de la mañana.

    Nos acostamos a dormir enseguida y me dejo preocupado, al punto que me costó trabajo conciliar el sueño, desperté antes que mi alarma sonara y me cepillé y asee y me disponía a desayunar cuando la veo entrando a la residencia donde me hospedo para mis estudios (en ese momento no tenía novia por lo que dormía en un cuarto para hombres, pero eran días festivos y solo me encontraba yo). La oigo golpear la puerta.

    Yo: pásale está abierto.

    Eli: hola pollito, aquí me tienes examíname y dame una buena noticia.

    Yo: cálmate déjame desayunar que muero de hambre. Eli: pero estoy súper preocupada.

    Yo: por 15 minutos de diferencia no va a cambiar nada ven tomate un zumo conmigo.

    Me quedé mirándola atónito pues ese día estaba hermosa más de lo habitual, vestía una blusa blanca ceñida desmangada, no llevaba corpiño ella lo odia, y una minifalda de mezclilla azul, que, si bien no revelaba mucho te hacia imaginar cosas raras, y a juego unas sandalias de cuero.

    Nos sentamos en la mesa y tomamos un zumo de manzana y yo comí unas tostadas con mantequilla además, ella no quiso, al terminar se ofreció a lavar los platos (ella sabe que yo odio hacerlo, que mi pasión es cocinar pero, fregar se lo espanto a cualquiera) y yo me dirigí a lavarme la boca de nuevo.

    Yo: ya todo listo vamos a examinarte.

    Eli: ¡Si lista!!! Gritó.

    Yo: cálmate nunca una mujer se había emocionado por esas palabras.

    Eli: es que estoy loca por salir de dudas. ¿A dónde vamos?

    Yo: Aquí, ¿a dónde más?

    Eli: ¿pero aquí y si nos ven?

    Yo: y donde pensabas? No te preocupes mis compañeros están para sus casas solo estamos tu yo.

    Eli: aun así.

    Yo: bueno para calmarte.

    Y con las sabanas armé un paraban en una litera, de manera que no se viera lo que pasaba adentro.

    Yo: bueno no es lo más cómodo, pero algo es algo. Dale desvístete.

    Eli: ¿completa?

    Yo: no solo la minifalda y el blúmer y quítate las sandalias para que no ensucies mi cama.

    Eli: pero date la vuelta, me da penita.

    Yo: por dios yo esperaba superar eso para este momento, ni que nos conociéramos de hace dos días, si fueras al médico te desnudan sin preguntar.

    Eli: ya, pero tú eres mi amigo, y mi médico, pero aun así…

    Yo: vale me doy la vuelta, me llamas cuando estés lista te pones en posición ya adentro.

    Eli: está bien.

    Oigo la ropa como se desliza y luego la oigo entrando al paraban, y me grita, lista.

    Yo entro y me la encuentro enredada en la sabana, como bebe.

    Yo: ¿pero pollita?

    Eli: con calma aun no me acostumbro a estar desnuda en público.

    Yo: yo no soy público y además ya te he visto.

    Eli: lo sé, pero no es igual aquí me da pena.

    Yo: vamos, pero así no puedo, tú fuiste la que quiso hacer esto.

    Eli: lo sé, pero… bueno déjame calmarme… ya estoy lista y se destapó los pies, y se puso en posición.

    Tenía la concha depilada, se veía rosa, con unos labios mayores carnosos y gruesos que cubrían todo, y por un momento pensé que me apetecía probarla, lo que casi hizo que se levantara una erección, pero me controlé. A falta de lubricante intenté penetrar con los dedos secos solo usando el lubricante de su vagina, pero no entraba muy bien, era con trabajo, siento sus piernas que le tiemblan.

    Yo: ¿no me digas que eso es de los nervios?

    Eli: sip de eso mismo.

    Yo: no te creo tan fuerte te da? Y Así quieres ser nudista, vas mal.

    Eli: lo siento no puedo evitarlo.

    En ese momento cañoneé un poquito y ella me detuvo diciendo que le dolía.

    Yo: así no vamos a avanzar, necesito que te relajes, solo soy yo nos conocemos hace un año, tenemos confianza.

    Eli: lo sé, pero, aun así, no puedo.

    Yo: Ah tengo una idea…

    Salí y me desnudé también. Y volví a entrar, ella dio un pequeño respingo.

    Eli: ¿qué haces?

    Yo: ahora estamos en igualdad de condiciones así te vas a relajar, ya tú no eres la única expuesta. Ven agarra mi miembro y juega con el mientras yo juego con tu panocha.

    Me agarró mi verga que pensé que la cortaba del apretón a lo que ella respondió poniéndose dura y admito que la escena me ponía también un poquito. Así dejó de temblar, pero aún estaba seca y no entraban mis dedos, intenté pajearla un poquito como me estaba haciendo ella (que lo hacía sin ánimos solo se entretenía con mi miembro), y nada, ya era la tercera vez que intentaba y no podía, estaba tensa y la vagina dura, no me dejaba llegar. (si una verga estuviera ahí estaría a gusto, pensé) pero estaba fuera de mis cabales, el enojo la impotencia porque ella no cooperaba nada, así que me levanté tirando con ello el paraban y le dije muy serio:

    Yo: Escúchame bien… o te relajas y me dejas examinarte por las buenas que fue lo que pediste tú, o te juro que voy a bajar ahí a si sea en contra de tu voluntad te voy comer la rajita, cuando este bien lubricada te voy a meter la verga y ya cuando te hayas venido y estés bien mojada y dilata te voy a examinar, ¿me escuchaste o tengo que repetirlo?

    Eli: Haré mi mejor esfuerzo, lo siento es que es la primera vez en el ginecólogo y estoy nerviosa por el resultado.

    Yo: una si fuera el ginecólogo ya hubiésemos terminado porque te hubiese puesto un espéculo, y dos si te dejaras ya supieras el resultado.

    Eli: lo se dale intenta otra vez prometo portarme bien.

    Nada más me arrimé a su lado volvió a agarrar mi verga. Y la miré.

    Eli: para calmarme me dijo con mirada del gatito de shrek.

    La ignoré y seguí en lo mío, intenté una vez, y nada segunda vez y nada tampoco (realmente no sabía cómo una persona podía resistirse tanto) e hice mi tercer intento sin lograrlo tampoco. Y me levanté como loco de nuevo y me dirigí al closet.

    Eli: que haces, discúlpame no lo hago a postas.

    Yo: se acabó, nos vamos a la clínica y allí será a las malas.

    Eli: no a la clínica no intenta una vez más.

    Yo: lo he intentado un millón de veces no sé cómo alguien puede resistirse tanto, en la clínica o a las malas. ¿Le dije sin pensarlo?

    Eli. Hazlo a las malas pero en la clínica no. Es mi última decisión.

    Entonces abrí el closet y saqué mis tres cintos de correa.

    Yo: cierra los ojos y no mires, aunque sientas que le mundo se acaba. Le espeté.

    Eli: tan malo va a ser.

    Yo: no solo lo suficiente.

    Ella obedeció, sumisamente. Algo que si les soy sincero me calentó. Me le acerqué y le dije siéntate, y obedeció. Entonces le quite la blusa y deje libre también esos pechos lindos que tenia de pezones parados y areolas rosadas. Entonces cogí sus manos llevándolas por encima de la cabeza de ella y las até con uno de los cintos (como es un cinto de tela entretejida con dos argollas de acero en la punta fue muy fácil hacer eso) la acosté nuevamente y até sus manos al travesaño posterior de la litera. Ella protestó un poco.

    Yo: dijiste a las malas y así será, así que te quedas tranquilita y si te duele te aguantas, y no grites porque me da por meter cosas en tu boquita, ¿ok?

    Eli: si está bien.

    Yo: Cuando te pregunte algo responderás: si señor ¿ok?

    Eli: pero que dices

    Y ahí le espeté una cachetada en una teta, hizo ademan de gritar, pero se tragó su grito y solo respondió:

    Eli: sí señor, como usted diga.

    Yo: bien así será obedeces como una perrita o prometo que habrán mas de donde vino ese.

    Eli: sí señor, usted me manda.

    La verdad a mí siempre me ha gustado someter a mis parejas, para salir de la rutina, pero eso había sido muy fácil. O ella ya tenía experiencia o entendía que yo controlaba. Entonces amarre cada pierna por separado a cada lado de la litera. Me dispuse a torturarla un poquito antes de empezar cualquier cosa que fuera a hacer así que busqué hielo y empecé a recorrer su cuerpo. Veía la reacción de ella se erizaba y de vez en cuando se le escapaba un gemido entonces le introduje el hielo en su sexo y ella gritó a lo que yo le espeté otra cachetada en el otro seno, y no se pudo controlar y volvió a gritar y entonces le di de lleno con mi mano abierta en su sexo, pero en vez de gritar gimió.

    Yo: ¿eso es lo único que quiero que salga de tu boca me has entendido?

    Eli: sí señor, como usted diga.

    Yo: bien, ahora ponte otra vez en posición. Voy a intentar de nuevo.

    Ella obedeció y yo le acerqué mi miembro que estaba que explotaba. Lo puse en la entrada y empuje muy fuerte, haciendo que ella gritara. Y ahí le agarré los dos pezones y se los estiré.

    Yo: sabes que no puedes gritar.

    Eli: mi señor, pero es un grito de placer eso me gustó.

    Yo: aun así, te dije que solo gemidos. Pero creo que aún falta lubricante no resbala bien. (Mentira ya para este momento estaba que era una fuente, pero me gusta jugar no puedo evitarlo)

    Eli: si mi señor, usted no se equivoca.

    Yo: habrá que hacer que lubriques más.

    Eli: como usted guste mi señor, haga de mi lo que desee, pero llegue al fin que queremos.

    Entonces me dispuse a realizarle un cunnilingus, pero sentía que lago faltaba, miré del rededor y encontré un pepinillo sobre la mesa, busqué un condón se lo puse y me dispuse a metérselo en su ano, pero se resistió, y tuve que disciplinarla, entonces le di una cachetada a cada teta, una en el sexo y por si acaso una a cada lado de la cara, no fue especialmente fuerte solo sonaron, era solo a modo de advertencia para que supiera su lugar como sumisa.

    Yo: pensaba lubricar esto antes de meterlo, pero por portarte mal ahora veras lo que es el infierno.

    Y empecé a introducir el pepinillo en su agujerito estaba bastante apretado ella grito una vez que se la dejé pasar y entonces empezó a gemir, lo dejé a la mitad y me dispuse a realizar el cunnilingus, ella jadeaba sin parar y gemía como una loca. Y yo me concentre en su clítoris lo lamia de arriba abajo y de un lado a otro, después le hacía círculos lo mordía lo sorbía, así hasta que se vino y sus jugos comenzaron a brotar traté de coger todo lo que pude en una mano, que no era mucho solo un par de gotas, bueno mas bien una cucharadita, se lo acerqué a la boca y le dije bebe esto te hará olvidar el dolor y lo hizo como si de eso dependiera su vida.

    Yo: ¿supongo ese culito ya esté listo para mi verga?

    Eli: si mi señor haga con él lo que usted disponga.

    Entonces solté una de sus piernas y le ordené ponerse a cuatro patas (sé que a ella esa posición le fascina) le abrí las nalgas y empecé una entrada suave de más está decir que sus jugos de la venida anterior habían inundado ya su ojalito, una vez dentro completamente la dejé ahí para que se acostumbrara, y empecé a embestirla sin parar ella empezó a gritar y por cada grito le propinaba una nalgada cuando ya las manos me ardían de tanto azote le agarré los pezones y los apretaba cada vez que gritaba mientras tiraba a la vez de sus lolas. Así hasta que se vino y se desplomó de manera que tuve que agarrarla por suerte estaba la cama debajo.

    Entonces la giré nuevamente y empecé embestirle por su rajita, sin para esta vez solo gemía, mientras yo con una mano jugueteaba con una de sus lolas y con la otra realizaba círculos sobre su clítoris así hasta que se vino ella junto conmigo, pero lo aguanté hasta ponerme a su lado le dije que abriera la boca y así lo hizo y se lo eche todo en la boca poniendo mi glande dentro de ella imagino que fueron directo a su garganta, ella hacia muecas pero le tape la boca y apreté el clítoris con mi otra mano, diciéndole que tragara o iba a sufrir y así lo hizo se lo tragó todito. Entonces me levanté así miso.

    Yo: creo que ya estás como para examinarte.

    Eli: si señor ya estoy lista para que me exploren.

    Ahí realicé la exploración como dios manda puede comprobar que el cuello se encontraba normal y además al sacar el dedo la puntita tenía una manchita de sangre así que ya todos sabemos que era eso.

    Yo: muchas felicidades pollita… (Ella por primera vez desde que le dije que cerrara los ojos los abrió como platos y me miró con cara de susto) no estas embarazada.

    Ahí respiró… nos levantamos yo fui a lavarme y nos sentamos a la mesa con el zumo de manzana, ella me preguntó qué porque yo sabía que a ella le gustaba ser sometida si nunca hablamos de eso, y yo le respondí que no lo sabía solo la iba a torturar un poco hasta que se le aflojara la voluntad, pero me calentó tanto que no pude parar. Y así como dios nos trajo al mundo seguimos tomando zumo y hablando hasta que decidimos darnos un baño que lo hicimos juntos y volvimos a coger. En la noche mientras yo estudiaba me llamó contenta que ya le había caído la regla y hasta una foto de su tota manchada de sangre me mando puesto que había sido tan brutal que se había manchado las bragas la bata de casa y sus piernas que por suerte la había cogido sentada y no sobre la cama.

    Espero les guste este relato, aunque parezca ficticio me sucedió de verdad y así atónitos como algunos de ustedes se quedaron así mismo quedé yo al escribirlo ahora con la cabeza fría y darme cuenta que de veras fue algo duro para haber sido nuestra primera experiencia sexual, que por suerte no fue la última.

    Espero impaciente las críticas y las cosas que creen que puedo mejorar.

  • Te miro probarte tu ropa nueva

    Te miro probarte tu ropa nueva

    Hoy te llegó un paquete que compraste por internet.  Estabas muy contenta porque era la ropa que habías pedido hace un par de semanas y ya estaba tardando en llegar. Corriste a la habitación donde yo estaba, abriste el envoltorio y desplegaste varias prendas sobre la cama. Sin dudar, te desvestiste en un instante y me tomaste desprevenido, de pronto estabas ahí de pie sólo con tus bragas, mientras indecisa evaluabas con cual prenda empezarías, tus pechos se balanceaban hipnóticos y con eso obtuviste toda mi atención.

    Ahí estabas midiendo una blusa al presionarla contra tu cuerpo, metida en tu mundo ignorando lo que en mi provocabas. Te volteas para verte al espejo y te la pones, abrochas los botones y te miras al espejo, poniéndote de lado, arqueando la espalda y adelantando tus senos. Es muy entallada y te marca la cintura. Te observo y no notas como este acto me pone.

    Te desbrochas los botones y no puedes imaginar lo sensual que eres cuando descubres tus tetas. Mi erección se hace notar, pero estas distraída en otra cosa.

    Lo siguiente es un vestido corto, muy ajustado, con patrones de varios colores. Contorneas tu cuerpo para meterte en él y te quejas porque el talle es muy justo pero que probablemente estire con el uso. Yo solo veo como marca tu figura, como tus manos tironean de la falda para bajarla apenas por debajo de tu culo. Y como luego tomas tus tetas con las manos abiertas para ponerlas en su lugar. Yo solo imagino tirarte en la cama y arrancarte las bragas, para luego follarte desde atrás con tu nueva ropa puesta.

    Claramente no sabes lo sensual que eres para mi. Ni notas que aprovecho los momentos en que te volteas hacia el espejo para frotarme mientras te miro. Mientras luchas al sacarte ese vestido y tus senos aparecen de golpe y rebotan descontrolados.

    La última prenda es un sujetador deportivo, estabas feliz porque era tu talla justa. Cuando te lo pones, te aprietas con fuerza y me dices con total inocencia -Ves, son estos los que me gustan porque me aprietan bien las tetas -y yo me enciendo, visualizando como te tomaría ahora mismo y metería mi falo en ese escote ajustado hasta correrme todo sobre ti.

    Finalmente juntas todo muy rápido, y aún con los pechos al aire, te acercas a mi y me besas la frente, mientras esas hermosas tetas se mecen muy cerca de mí, dices -Te dejo seguir viendo la tele -y abandonas la habitación así como entraste, dejándome con el pene duro como roca y sin saber si quiera que es lo que había en la pantalla.

  • Un empresario multimillonario y una inocente estudiante

    Un empresario multimillonario y una inocente estudiante

    Mi nombre es Fernanda, tengo 22 años y voy a contar la historia detallada de cómo un poderoso empresario se convirtió en mi suggar daddy y pasé de ser una estudiante becada de bajos recursos a una mujer rica

    Para empezar a poner las cosas en contexto:

    Provengo de una familia de escasos recursos, mis padres fueron los típicos padres sobre protectores y estrictos. Durante toda mi adolescencia incluso parte de mi adultez me prohibían salir, tener novio, etc. Me dedicaba por completo al estudio y rara vez salía de mi casa para algo que no fuera el colegio. Siempre era la “nerd” del salón, y por la crianza de mis padres, era tímida e inocente. Me gradué del colegio muy joven a los 16 años y hasta ese momento no había tenido un novio ni había perdido mi virginidad, no por ser fea porque varios hombres me coqueteaban y me habían dicho que era atractiva, sino por ser inexperta y torpe.

    A pesar de ser de escasos recursos, debido a que fui la mejor alumna de mi promoción, me otorgaron una beca para estudiar con todos los gastos pagos en una de las universidades más caras del país, elegí una carrera de gestión empresarial porque siempre me ha llamado la atención todo el mundo corporativo. A pesar de que a mis padres no les gustaba la idea porque me tenía que mudar a otra ciudad para estudiar en dicha universidad obviamente no iba rechazar la beca. Comencé mis estudios y poco a poco me fui soltando más, después de los primeros semestres tenía muchos amigos, incluso conocí a un chico: “Camilo” era un chico culto que siempre tenía un tema interesante para conversar, practicaba deportes y sabía hacerme sentir muy especial, en fin me propuso que fuera novios y yo acepte.

    Ser la mejor alumna de mi carrera tenía muchos beneficios, uno de esos era que la universidad me financiaba viajes a conferencias, simposios y eventos empresariales a otras ciudades a veces incluso fuera del país. Fue en uno de esos eventos en los que participaban importantes empresas y universidades que conocí al que sería mi suggar daddy.

    El evento era el más importante en su tipo del país, se llevó acabo en la capital del país en el centro de convenciones más grande de la ciudad. Durante el evento tuve que dar una exposición sobre mi trabajo de investigación ante un auditorio lleno de los empresarios y hombres de la academia más importantes del país. Me estaba muriendo de los nervios pero me las arreglé para hacerlo bien. Después de terminadas las exposiciones estaba en el salón de principal caminando entre los stands cuando un hombre se me acerco: era un hombre mayor alto con el cabello y la barba salpicadas de canas. Me saludo cortésmente con una voz gruesa e imponente:

    El: Buenas noches jovencita, ¿Cómo la estás pasando esta noche?

    Yo: Buenas noches, la estoy pasando muy bien gracias.

    El: ¿Sí?, que bien. ¿Te gusta este lugar?

    Yo: Si señor me encanta es muy bonito

    El: Fernanda ¿cierto?

    Yo: Si señor ese mi nombre.

    El: Mucho gusto Fernanda, me llamo “Gustavo Grandes”, soy el gerente ejecutivo del grupo empresarial ADH, si has escuchado hablar de este?

    Yo: Si señor por supuesto, sé que son una de las empresas más importantes de la región.

    Gustavo: Me ha llamado mucho la atención tu trabajo Fernanda, te quiero hacer una propuesta si te interesa.

    Yo: Si señor, por supuesto que me interesa. ¿De qué se trata?

    Gustavo: Excelente Fernanda, mira ahora mismo tengo una reunión de negocios importante, porque no me acompañas y aprendes como se mueve el mundo empresarial en la vida real, después podemos conversar sobre tu trabajo y a lo mejor concretamos algo te parece.

    Yo: ¿Aahora mismo?, eeste, ¿será demorado?, vengo con dos compañeros, ¿les puedo avisar?

    Gustavo: La reunión empieza en 15 minutos, si el negocio nos conviene a ambas partes probamente sea una reunión breve y fructífera, quiero que me ayudes a decidir, la forma como te desenvolviste en tu presentación me convenció de que sabes más que la mayoría de mis asesores.

    Yo: Muchas gracias, estaría encantada don Gustavo.

    Gustavo: Muy bien, la reunión será en la sala de juntas 2B, en el segundo piso, si necesitas avisar a tus compañeros de la universidad te espero allí en 15 minutos.

    Yo: Muy bien, en 15 minutos, muchas gracias.

    No me fue difícil encontrar a mis dos compañeros, estaban a pocos metros observando todo, cuando les conté lo que me había dicho aquel hombre, se voltearon a mirar con cara de incredulidad.

    Luis (Compañero): ¿El gerente ejecutivo de ADH?, ¿me estas tomando el pelo verdad?

    Yo: En serio Luis!! el tipo quiere que vaya con él a una reunión de negocios dentro de 15 minutos en el segundo piso, dios que ¿hago?

    Luis: Pero no entiendo, ¿porque te quiere llevar a una reunión de negocios si te acaba de conocer?

    Yo: Dijo que le gusto mi exposición…

    Luis: Yo creo que le gusto otra cosa…

    Yo: ¿Qué quieres decir?

    Luis: Jajaja nada nada, pues ve a lo mejor lo convences y te propone algo muy bueno, serias tonta si dejas pasar la oportunidad.

    Julio (compañero): Joder! Que fácil que lo tienen las mujeres.

    Yo: Ay cállate idiota, si no te hubiera dado miedo exponer a lo mejor te lo hubieran propuesto a ti.

    Julio: Ha! Si como no… mejor vete ya que si llegas tarde la lías, suerte.

    Me despedí de mis compañeros y fui al segundo piso a buscar la sala de juntas 2B, había mucha gente en los pasillos pero pude ver a Gustavo que hablaba con otro hombre afuera de un sala. Gustavo era un hombre alto yo mido 1.75 y él era una cabeza más alto que yo a pesar de que se le notaban los años seguía siendo un hombre imponente, sobre todo su voz le daba un toque de jefe muy distintivo.

    Me acerqué tímidamente a los dos hombres, Gustavo me rodeo los hombros con su grueso brazo y le dijo al otro hombre:

    Gustavo: Mira quien llego Jaimes te presento a Fernanda, mi nueva asistente personal.

    Yo: Mucho conocerlo justo señor.

    Jaimes: El gusto es mío, definitivamente don Grandes tiene buen ojo para los negocios y las mujeres jaja.

    El hombre nos invitó a pasar al salón. La reunión duro alrededor de una hora, se hablaron todos los por mayores y por menores del negocio, se hicieron los arreglos y al final se acordó el negocio de manera no formal. Durante toda la reunión Gustavo me preguntaba mi opinión, me pedía concejo técnico y me sonreía mucho.

    Cuando salimos de la sala Gustavo se despidió del hombre, y me propuso ir a cenar para hablar de una propuesta laboral que quería hacerme. Yo acepte de inmediato, estaba admirada con ese hombre, durante la reunión demostró unas dotes de negociación y una diplomacia exquisita, imponía respeto con solo con su porte y voz.

    Foto real de Gustavo y Fernanda el dia del evento

    Salimos juntos del centro de convenciones, me llevo en su camioneta hasta el restaurante más fino y lujoso que hubiera visto en mi vida. Gustavo pidió un vino que costaba casi lo de un salario mínimo mensual y un plato con un nombre extraño y me dijo con mucha cortesía que podía pedir lo que quisiera que hoy era su invitada. No quería abusar así que pedí uno de los platos más baratos, pero el insistió en que probara un plato que costaba el triple así que accedí.

    La velada fue muy agradable, me conto anécdotas de su vida empresarial, me hablo de su empresa, de los planes de expansión que tenían, discutimos sobre mi proyecto académico, me pregunto sobre mi familia, y mi vida personal.

    Fernanda durante la cena

    Gustavo era un tipo muy encantador, la forma como hablaba, como comía, como me trataba demostraba educación, estatus y poder. Desprendía una poderosa energía masculina que me hacía sentir acogida, atraída hacia él. Al final de la cena me dijo:

    Gustavo: Eres una mujer muy encantadora Fernanda, he disfrutado mucho cenar contigo.

    Yo: Ay muchas gracias Gustavo, el gusto es mío.

    Gustavo: Mira necesito una mujer inteligente, joven y ambiciosa que trabaje para mí, estoy pensando que serias la mujer indicada Fernanda.

    Yo: Me encantaría trabajar para ti Gustavo, ¿Qué tipo de trabajo seria? Es que aún me falta por terminar la carrera.

    Gustavo: Quiero que seas mi asistente personal, mi anterior asistente no cumplía su labor de manera correcta así que tuve que finalizar su contrato, los hombres de negocios exitosos necesitamos asistentes que satisfagan todas nuestras necesidades al completo (me dirigió una sonrisa enigmática).

    Yo: Seria como un sueño hecho realidad para mi Gustavo, pero aun no tengo mi título profesional, me faltan algunos semestres y te confieso que no tengo experiencia laboral, no sé si eso sea un problema.

    Gustavo: Tienes razón, es muy importante que tengas tu título profesional, me parece muy responsable de tu parte, mmmmh déjame pensar… te quiero proponer algo Fernanda, me puedes proveer tus servicios de otra forma, soy un hombre que viaja muy seguido por cuestiones de negocios como te podrás imaginar, me hace mucha falta una asistente que se encargue de la logística durante esos viajes, tu podrías ser esa asistente, me ayudarías a organizar toda mi logística, me prestarías su asesoría técnica y otros servicios que convengamos después ¿qué te parece?

    Yo: Ay Gustavo es una oferta increíble, no se… no sabría que decirte, la verdad no sé si este capacitada, es que pues no tengo experiencia…

    Gustavo: Vale ya sé lo que quieres escuchar, te pagaría un sueldo básico como si fueras mi asistente personal a tiempo completo, serían unos $3.000 dólares, aparte te ofrezco recargos por cada viajes que hagamos, los tiquetes de avión en clase ejecutiva y los viáticos corren por mi cuenta por supuesto, además podrías ganar más dinero si me prestas ciertos servicio especiales durante los viajes ¿no sé si me entiendes?

    Yo quede estupefacta ante semejante oferta, $3.000 dólares al mes era demasiado dinero para mí, casi me parecía una broma, no tenía sentido, ¿porque me ofrecía un trato tan bueno si solo era una estudiante que acababa de conocer?, ¿acaso estaba soñando? Estaba procesando la propuesta de Gustavo cuando me di cuenta de algo: “podrías ganar más dinero si me prestas ciertos servicios especiales durante los viajes”, ¿a qué se refería con eso?

    Yo: Pues… es una oferta increíble don Gustavo, no la puedo rechazar, definitivamente acepto pero puedo preguntarte ¿A qué te refieres con servicios especiales?

    Gustavo sonrió y empezó a hablar:

    Gustavo: Mira jovencita, déjame enseñarte algo sobre el mundo empresarial, los hombres como yo somos personas muy ocupadas, tenemos la responsabilidad de dirigir empresas de las cuales depende el futuro económico de cientos de familias, no me creerías si te dijo la cantidad de dinero que mueve mi empresa, tantas responsabilidades hace que descuidemos cosas como la familia, la salud incluso ciertos entretenimientos y placeres que pasan a segundo plano pero que necesitan ser complacidos. Dime Fernanda, ¿No te has preguntado porque la mayoría de ejecutivos exitosos tienen de secretarias y asistentes personales a mujeres jóvenes y hermosas?

    Yo: Pues yo creo que… es un trabajo que las mujeres hacen mejor.

    Gustavo: Jajaja claro tienes razón. Te voy a contar un secreto a voces del mundo corporativo. Las mujeres que empiezan en este mundo tienen una ventaja sobre los hombres para ir escalando, pero deben saber usarla ¿sabes cuál es?

    Yo: Este, yo no sabría…

    Gustavo: Jajaja me encanta tu inocencia, mira una mujer puede prestarle ciertos servicios especiales a su jefe, complacerlo y recibir privilegios a cambio de esto, ¿si me entiendes?

    Yo: No sé qué… Oh!, ¿te refieres a ssexo? (solo pronunciar la palabra me hizo sentir apenada)

    Gustavo: Jajaja por supuesto, ya ves como empiezas a entender cómo funciona el mundo empresarial. Es algo más normal de lo que crees, pero se maneja con mucha discreción, por supuesto muchos tenemos familia, y un paso en falso nos puede costar nuestro puesto y nuestra reputación. Es un secreto a voces. Mira Fernanda desde que te vi en salón de exposiciones me encantaste, eres pura inocencia, eres hermosa e inteligente, por eso quiero que trabajes para mí, piénsalo es una oportunidad que no volverás a tener en la vida.

    Yo: Yo no sé… dices que me voy a ganar $3.000 dólares?

    Gustavo: No, mucho más que eso si me complaces en todo lo que te pida.

    Yo: Es que no se si pueda, yo… no he terminado mi carrera y no creo correcto pues eh…

    Gustavo: Vale déjame proponerte algo para que veas que va enserio. Si aceptas ya mismo te ofrezco un adelanto de $1.000 dólares y esta misma noche me acompañas a mi suite cinco estrellas y me prestas tus servicios, solo por esta noche, considéralo una entrevista laboral.

    Yo: ¿En serio?

    Gustavo: Te hablo en serio, puedo transferir el dinero a tu cuenta ya mismo si quieres, ¿qué dices?

    Yo no sabía que decir, $1.000 dólares era demasiado dinero, me imagine todas las cosas que me podría comprar con ese dinero, además Gustavo era un tipo encantador y muy adinerado, supongo que no estaría mal.

    Yo: Esta bien, trato hecho.

    Gustavo: Eres una mujer lista Fernanda, muchas mujeres darían lo que fuera por estar en tu posición en estos momentos, considérate afortunada.

    Gustavo saco su celular y transfirió el dinero a mi cuenta, pero no fueron $1.000 dólares fueron ¡$2.000 dólares! cuando vio la expresión que puse al revisar mi celular, se rio y dijo “Es para que veas lo generoso que soy”.

    Gustavo pago la cuenta (cerca de $400 dólares) y fuimos en su camioneta hacia el hotel donde estaba hospedado, mientras íbamos en el ascensor, Gustavo empezó a acariciar mi cabello y me beso. Sentía como sus poderosas manos me sostenían el rostro mientras me besaba. No podía creer lo en lo que me había metido pero ya no había marcha atrás…

    Entramos a la suite, era una habitación grande y lujosa, Gustavo cerró la puerta y procedió a quitarse la chaqueta del traje, saco una botella de una estantería y sirvió dos tragos de whisky, nos sentamos en el borde de la cama, se tomó su whisky de un tirón y yo lo imite aunque la garganta me quedo ardiendo (un presagio de lo que pasaría a continuación), puso las copas sobre la mesa al lado de la cama y me empezó a desabotonar la camisa, cuando termino me quito el sostén, me acaricio mis pequeños senos y me dio chupones en los pezones y luego me beso apasionadamente, yo me sentía dominada por esos fuertes brazos, después se quitó la camisa y se desabrocho los pantalones. Podía ver el enorme bulto que formaba su miembro en sus pantalones a medio abrochar, Gustavo tomo mi mano he hizo que le sentiría el bulto, estaba duro y se sentía enorme, entonces se levantó de la cama y se desnudó por completo y pude ver su miembro masculino completamente: era enorme y grueso y se le marcaban las venas, quede impresionada, ni envolviéndolo con ambas manos cubría toda su longitud, instintivamente empecé a masturbarlo con una mano, era tan grueso que alcanzaba justo a cerrar mi mano alrededor de él. Gustavo me tomo del cabello y acerco mi rostro a su miembro, abrí la boca casi que por reflejo y me metí la cabeza de su miembro en mi boca, era tan grande que solo me cabía la cabeza y un poco más en mi boca. Gustavo me apremio “Vamos amorcito, chupa ese pene hazle caso a tu jefe”, lo obedecí y empecé a chupar su miembro de manera un poco torpe, yo no tenía mucha experiencia en temas sexuales, el pene de mi novio no era ni siquiera de la mitad del tamaño de este.

    Mientras le daba placer con mi boca Gustavo emitía gruñidos de placer. Luego de un rato me ordeno que abriera la boca lo más que pudiera y sacara la lengua, me dijo “Cuidado con los dientes amorcito, trata de metértela toda en la boca”, yo lo intente pero solo fui capaz de llegar hasta la mitad cuando sentí ganas de vomitar, “Muy bien amorcito, trata de hacerlo otra vez, saca bien la lengua vamos”, volví a tratar de meter todo su miembro en mi boca, esta vez fui más lejos y dure un poco más, pero de nuevo sentí ganas de vomitar, Gustavo soltó un gemido de placer y dijo “Vamos amorcito otra vez, ya casi lo logras”, lo volví a intentar, esta vez Gustavo me sujeto del cabello y presiono su miembro contra mi boca, sentí como se introducía toda hasta lo profundo de mi garganta, cerré los ojos y aguante las ganas de vomitar mientras Gustavo emitía gemidos de placer.

    Cuando me libero, me acaricio el rostro y me dijo “Buena chica, lo haces muy bien amorcito, ahora lo vamos a hacer más rápido” yo asentí, no podía negarme a nada de lo que mi jefe me pidiera sentía como su energía masculina me sometía, me dominaba, esa sensación de sumisión me hizo sentir muy excitada, me tomo del cabello nuevamente y empezó a meter y sacar su polla de mi boca, cada vez iba más profundo hasta lo más profundo de mi garganta, “¡Aguanta!” dijo con su poderosa voz, yo cerré los ojos y me aguante las ganas de vomitar, Gustavo gruñía de placer mientras se follaba mi garganta, me quede sin aire así que me libere de su enorme verga y respire profusamente, “Eso amorcito lo haces muy bien, toma aire, vamos otra vez prepárate” volvió a meterme la polla hasta lo profundo de mi garganta y siguió follándome por la boca, esta vez no sentí muchas ganas de vomitar, me estaba usando como quería y a mi gustaba.

     

    Cuando termino de follarme por la boca, Gustavo me quito el pantalón, la ropa interior y me tendió boca arriba en la cama, tomo mis piernas con sus manos fuertes y las separo para ponerse en medio y empezar a follarme. Empezó a introducir su enorme miembro en mi estrecha vagina, solo al entrar la punta sentí dolor, su miembro era muy grande y yo no estaba acostumbrada al sexo, solté un gemido de dolor y él se dio cuenta.

    Yo: Es muy grande

    Gustavo: ¿Eres virgen Fernanda?

    Yo: Si… (En realidad no era virgen, pero le mentí no sé porque)

    Gustavo: Me encanta escuchar eso amorcito, ¿me vas a dar este regalito verdad?

    Yo: Si, ¡quítame la virginidad Gustavo!

    Gustavo: Muy bien amorcito, vamos a ir despacio hasta que te entre toda, vas a follarte esta verga como una experta ¿Entendido?

    Yo: Si jefe.

    Introdujo su enorme polla en mi vagina de manera pausada y lenta al principio, yo sentía como poco a poco me iba llenando, como se iba estirando mi vagina, sentía dolor sí, pero una vez me acostumbre empecé a sentir mucho placer. Gustavo empezó a aumentar el ritmo y la fuerza de la penetración, a pesar de sus años ese hombre tenía más energía que un adolecente, cada vez que me penetraba sentía como su enorme miembro me llenaba, como se introducía profundo dentro de mí ser, me sentía dominada, sometida completamente a la voluntad de Gustavo y su poderoso miembro.

    Empecé a gemir de placer y al escucharme Gustavo empezó a embestirme de manera agresiva con miembro, todos los sonidos formaban una melodía de lujuria: cada vez que su cuerpo chocaba contra el mío, el sonido de la cama que se crujía debajo de nosotros mis gemidos y sus gruñidos de placer, todo era muy intenso. De repente me invadió un espasmo que recorrió todo mi cuerpo, mis piernas se tensaron, la vista se me nublo, y sentí un intenso estallido de placer sexual por todo mi cuerpo, había tenido el primer orgasmo de mi vida.

    Gustavo se detuvo, me beso en los labios y me susurro “Lo has muy bien amorcito”, se levantó de la cama y se sirvió otro trajo de whisky, mientras se lo bebía note como había un parche de humedad en las sabanas: yo las había mojado durante aquel orgasmo tan intenso. Mi vagina estaba roja y me sentía un poco dolorida, pero mi jefe volvía por más. Me tomo por las caderas y me volteo para quedar boca abajo, me manejaba como una muñeca con sus fuertes brazos, me puso en cuatro patas y empezó a follarme de nuevo, sentía como me embestía con furia desde atrás, me daba nalgadas y me sujetaba del cabello. Era un hombre dominante en la cama. Yo gemía como loca.

    Gustavo: Como te encanta esta verga amorcito, eres toda una putita, ¡ooh que rico!, ¿te gusta ser mi putita Fernanda?

    Yo: Si

    Gustavo: ¡Dilo!

    Yo: ¡Me encanta ser tu putita Gustavo!

    Gustavo: Oh que rico, te voy a llenar con mi leche, ¿quieres mi leche dentro de ti Fernanda?

    Yo: Si por favor

    Gustavo: ¿Quieres que te haga hijo Fernanda?

    Yo: Si por favor Gustavo, hazme un hijo. oooh!!!

    Gustavo empezó a penetrarme con más fuerza y rapidez duro así unos instantes y luego sentí como el cuerpo de Gustavo se tensiono y como en medio de un gruñido de placer se venía dentro de mí.

    Sentía su semen caliente dentro de lo profundo de mi vagina, me tumbe a un lado exhausta y dolorida con la semilla de Gustavo en mi interior. Me dio un beso dulce y se metió a la ducha, yo me quede acostada en la cama mirando al techo tratando de procesar todo lo que había pasado, me sentía extasiada, como si estuviera en un sueño. Tome mi celular y abrí la aplicación del banco: los $2.000 dólares seguían en mi cuenta. No podía creer que tuviera tanto dinero. Ahora era toda de Gustavo, me había poseído de una forma que ningún hombre me podía poseer. Pensé en todo el dinero que podría sacarle si lo complacía como esa noche, y tome la decisión de que eso era lo que haría, iba ser su asistente, su secretaria, su asesora, su amante, su puta lo que el deseara, siempre que me diera mucho dinero.

    En ese momento la niña inocente y estudiosa que no se atrevía a desobedecer a sus padres murió y dentro de mí nació una mujer fuerte, manipuladora y llena de ambición.

    Las cosas fueron como lo planeamos, seguí con mis estudios, Gustavo me llamaba casi que a diario, me enviaba regalitos todas las semanas: un celular último modelo, vestidos hermosos, Lencería sexy, Relojes finos, Zapatos, etc. Llegue a tener mi closet lleno de ropa cara. Cada vez que tenía un viaje de negocios, me enviaba los tiquetes de avión siempre en clase ejecutiva y me consignaba una fuerte cantidad de dinero a mi cuenta.

    Durante los viajes nos hospedábamos en los hoteles más lujosos, comíamos en los restaurantes más finos. Me rodeaba de hombres de negocios, empresarios, políticos. Siempre que podía me llevaba a sus reuniones. Yo cumplía mi labor de asistente personal: organizaba su calendario, respondía sus correos electrónicos, redactada las actas y los contratos, le prestaba asesoría técnica, averiguaba información para él… y durante las noches o cuando él quisiera era su amante.

    El insistía en que quería yo tuviera un hijo suyo, pero eso nos hubiera traído muchos problemas a los dos, él era un hombre casado, con tres hijos: dos de ellos mayores de edad. El hombre estaba completamente enamorado de mí y eso era justo lo que yo buscaba. Le seguía dando falsas esperanzas pero en realidad siempre llevaba una pastilla post day y cada vez que me follaba y derramaba su semilla dentro de mí yo esperaba a que se quedara dormido y me la tomaba, nunca se daba cuenta.

    Gustavo era un tipo asquerosamente rico, todo el dinero y los regalos que me daba no era gran cosa para él, como su asistente personal yo sabía que él tenía varias cuentas bancarias con varios millones de dólares, sabia más o menos cuales propiedades tenia, cuánto dinero movían sus contratos. Si quería que le diera un hijo tenía que dejar de tratarme como su puta y empezar a tratarme como su reina.

    Después de varios meses de ser su “asistente personal” llegue a tener mucho dinero: varios miles de dólares en mis cuentas, me vestía con ropa de las marcas más finas, tenía un apartamento en la zona más exclusiva de la ciudad, incluso llegue a pedirle un Mini Cooper para mi cumpleaños y de verdad me lo regalo, era difícil explicarle a mi familia y las personas que me conocían de donde salía tanto dinero, cuando se tocaba el tema yo simplemente decía “negocios”.

    Pero Gustavo me enseñó a ser ambiciosa y me había vuelto muy ambiciosa. Su matrimonio era un obstáculo para mis ambiciones o una oportunidad dependiendo de cómo lo mirase, llegue a confesarle que estaba tomando pastillas anticonceptivas y le dije que estaba dispuesta a darle un hijo pero habían condiciones: primero quería que pusiera algunas de sus propiedades a mi nombre, segundo que me nombrara como una de sus herederas y tercero que el 10% de sus ganancias netas mensuales serian para mí.

    El idiota estaba tan enamorado de mí que acepto pero por desgracia cuando estaba a punto de lograr mis objetivos, su esposa y sus hijos se entrometieron y mis planes se fueron por la borda.

  • Las dos primeras veces es culpa de ella, la tercera es tuya

    Las dos primeras veces es culpa de ella, la tercera es tuya

    Hay varios dichos populares que reflejan el estado de la persona que se duele como un todo. Me viene a la memoria uno que reza “Cuando uno anda de culo hasta las bolas arrastra”. Pareciera que la afectividad, herida profundamente, adquiere la capacidad de retorcer los intestinos, atenazar el corazón, secar la boca, humedecer los ojos, hacer arder el estómago, dificultar la respiración y otras múltiples sensaciones desagradables.

    El humano es el eterno solicitante de nuevas oportunidades cuando algo le sale mal o comete un error, y creo que de esto nadie se salva por lo cual, la posibilidad de enmendar un yerro, debiera estar al alcance de todos.

    Tenía 28 años cuando conocí a Julia con 20 de edad. Quedé prendado de esta mujercita preciosa, muy femenina y con el recato de quien, sabiendo lo que es y lo que tiene, no necesita exhibir ni resaltar su aspecto para resultar muy atrayente. Al tercer año de conocimiento y noviazgo nos casamos, habiendo cumplido hace poco el séptimo aniversario de nuestra boda. Me llamo Pedro, soy ingeniero informático y llevo ocho años en una empresa a cargo del mantenimiento de su sistema.

    Dos años atrás mi señora quedó sin trabajo porque el negocio dónde se desempeñaba cerró. Aprovechando mi trato cordial con gente de recursos humanos de la empresa les pedí que si se producía alguna vacante tuvieran en cuenta a mi mujer. Al tiempo ella pudo ingresar y acordamos, ellos y nosotros, mantener en reserva la relación matrimonial para evitar comentarios maliciosos. Y así se cumplió.

    Parte de mi trabajo consiste en controlar el funcionamiento de las cámaras de seguridad que se monitorean desde un local, de acceso restringido, ubicado en planta baja. El lugar de trabajo de Julia es un salón con varias mesas para ocho o diez empleados y un cubículo cerrado ocupado por el jefe del sector. Dos meses atrás estaba mirando la pantalla que controla ese espacio cuando veo al jefe salir de su despacho y dirigirse al escritorio que está al costado del de mi mujer. Si bien hablaba con quien ocupaba ese lugar su mirada estaba dirigida hacia mi esposa, y por lo que se podía ver, ella no ignoraba eso, ya que retirando su silla hacia atrás giró en dirección hacia el observador y llevando el ruedo de su vestido hasta las rodillas separó levemente las piernas, volviendo a la normalidad cuando el beneficiado por el espectáculo se mordió el labio inferior.

    Desde luego que dentro de mí todo se desarregló. Buscando quizá disminuir mi dolor me dije que probablemente era un simple coqueteo.

    Si bien no tengo horarios fijos porque debo estar disponible todo el tiempo, a partir de lo visto, incrementé la frecuencia y duración de mi presencia dentro del horario laboral sin que Julia lo supiera. Uno de esos días desde el centro de monitoreo observo que el galán se acerca a la mesa de la galanteada cruzando pocas palabras. Ahí tomé el teléfono y la llamé, observándola en pantalla.

    – “Hola Julia, justo tengo que ir a la empresa, te busco y tomamos un café?”

    – “Qué lástima, ahora no puedo porque tengo una reunión con Jorge.”

    – “Algo me estoy perdiendo, quién es Jorge.”

    – “Pedro, es mi jefe. No me digas que no lo sabías.”

    – “La verdad es que no. No conozco el nombre de todos los que trabajan allí. Otra vez será.”

    Por supuesto seguí mi vigilancia pues permaneció en su asiento aunque habiendo tomado cartera y chaqueta. Al ver que su superior salía en dirección al ascensor ella se levantó entrando juntos a la cabina. Evidentemente pensaban salir, así que dejé mi puesto de vigilancia y me aposté frente a la puerta por donde debían aparecer. Pocos segundos pasaron hasta que nos encontramos frente a frente, él tomándola de la cintura para hacerla salir pero sin soltarla después.

    Siguiendo la vieja costumbre no dimos muestras de conocernos pero su repentina palidez la puso en evidencia. Tomé el ascensor a cualquier piso, entré en cualquier oficina y me senté en cualquier lado simulando trabajar en mi portátil. No habían pasado cinco minutos cuando sonó el celular.

    – “Hola Julia.”

    – “Quería decirte que se aplazó la reunión y estoy lista para un café.”

    – “Qué lástima, ahora no puedo porque estoy viendo un equipo que está en dificultades. No sé la hora en que llegaré a casa.”

    Ni yo pedí explicaciones ni ella me las dio

    Primera oportunidad concedida.

    En los diez días siguientes nada sucedió que indicara continuación de lo visto. Ello me llevó a pensar que un oportuno arrepentimiento volvería las cosas a su cauce habitual así que mi hosquedad cedió paso a un lento incremento de la intimidad.

    Una noche en que la excitación nos había dominado a Julia y a mí, cosa que se venía gestando desde la cena, hicimos una prolongada sesión previa de caricias y besos con una corrida de ella. Cuando su boca buscó mi pija me entregué al placer sin saber lo que me esperaba. No exagero diciendo que en lugar de una felación me hizo un tratamiento de extracción de esperma. La delicadeza de sus manos pasando el miembro por su cara, los besos amorosos desde el glande a los testículos ida y vuelta, labios y lengua concentrados en saborear la cabeza de un solo ojo, todo eso me produjo una corrida donde creí que largaba hasta el aire de los pulmones. Por supuesto que traté de corresponderle y su orgasmo fue escandaloso, pero estoy seguro que mi estimulación fue sensiblemente inferior a la de ella.

    Cosa rara me repuse más rápido que otras veces. Al ver mi miembro de nuevo en condiciones adoptó su postura favorita, de espaldas, con las piernas en mis hombros y sus manos separando los labios. Teniendo el glande adentro me tomó de la cintura. Mirando cada uno a los ojos del otro, parecíamos esperar la señal para yo llenarla y ella sentirse llena. La bajada de sus párpados me indicó que había llegado el momento. De un solo golpe entré hasta el fondo sintiendo sus uñas clavarse en mi espalda. Los gemidos, indicándome el placer que sentía, dispararon el pausado movimiento de salir y entrar. En una de las entradas, habiendo llegado al final, continué con empujes como si pretendiera sobrepasar el límite de nuestras pelvis unidas. Y ahí la escuché

    – “Así, así, jor… mi amor”

    Quedé paralizado. De golpe ingresó a mi organismo la multitud de sensaciones espantosas, todas contenidas en un dolor generalizado que partiendo de la coronilla llegaba a la punta de los pies.

    Por alguna causa, ciertamente milagrosa, me repuse de inmediato sin que mi cara reflejara nada. Empuje dos veces más y cuando mi pija, otrora erguida y altiva, era un pedacito de carne deforme y arrugado, que ni siquiera tapaba la entrada de la vagina, me levanté. Con parsimonia y evitando todo contacto quedé acostado boca arriba a su lado. Ella, en la misma postura que yo, sin mirarme y con voz temblorosa, apenas audible, nuevamente habló

    – “Qué pasó.”

    – “No sé, súbitamente sentí asco, náuseas y despareció la excitación.”

    – “Será porque te dije mi amor?

    – “Difícil, esa expresión no provoca malestar sino alegría y orgullo.”

    – “Dejá que yo me encargo, empecemos de nuevo.”

    – “Te agradezco pero no me toques. Me siento mal. Hasta que me reponga conviene que duermas en la pieza de huéspedes.”

    – “¡Pero por qué te sentís tan mal!”

    – “Ojalá lo supiera, porque así le pondría remedio”

    El Jorge no nombrado era su jefe. A partir de ese momento nuestra intimidad se redujo al saludo diario.

    Oportunidad concedida desperdiciada.

    Esperé unos días para recién pensar el tema con algo de tranquilidad, y luego de barajar varias hipótesis, concluí que no había vuelta, que era ilusorio sanar las heridas. Llamé a alguien entendido.

    A pesar de no ser lo usual logré que el abogado consiguiera hacer la entrega de la comunicación oficial de inicio del juicio de divorcio en el trabajo, coordinando día y horario aproximado, haciéndomelo saber con antelación.

    El día indicado estuve buena parte de la mañana en la sala de control de cámaras y pude ver cuando en el mostrador de recepción le entregaban una hoja firmando otra en devolución. Por la palidez de su cara y las facciones desencajadas me imaginé el contenido. Estaba mirando el temblor de las manos al tomar el teléfono y llamar cuando sonó el mío, era ella.

    – “Hola Julia.”

    – “Dónde estás?”

    – “Trabajando”

    – “Voy para casa, necesito hablar urgente con vos. Podrás ir?

    – “En una media hora estoy.”

    En realidad en quince minutos podría haber llegado pero primero deseaba ver el encuentro con su galán. Tomó chaqueta, cartera y con paso rápido, llevando en la mano el papel recibido, se dirigió al cubículo de su jefe entrando sin detenerse en la puerta. Salieron a los dos minutos y siguiéndolos por cámara vi que salían en el auto de él.

    Cuando llegué a casa la encontré sentada a la mesa del comedor, con la cabeza entre las manos, el papel delante y llorando. Sin decir una palabra me senté en frente.

    – “Qué es esto?”

    – “A ver, es la comunicación oficial del juzgado diciéndote que he iniciado juicio de divorcio.”

    – “Por qué.”

    – “Porque ya no te quiero.”

    – “Cómo que ya no me querés. Nunca me dijiste nada y ahora, así de golpe, por medio de un papel judicial me entero?

    – “Así es. Quizá recuerdes, cuando el encuentro en la puerta del ascensor, te dije que soy celoso, y que es bueno que así sea porque significa que te quiero, y agregué, cuando me dé cuenta que tu quehacer no me importa significa haberte dejado de querer, y ese es el momento previo a pedir el divorcio. Simplemente eso sucedió.”

    – “Y cuándo te diste cuenta?”

    – “Después de tu fallida expresión ‘Así, así, Jorge, amor mío’ instalé una cámara en el despacho de tu jefe. Cuando vi las filmaciones sentí bronca, tristeza, impotencia y me saltaron las lágrimas. Y eso pasó porque estaba constatando la pérdida de algo que había sido mío y que mucho quería. Pensando haber digerido y aplacado el dolor volví a verlos hace unos días y sólo sentí asco. Paré la reproducción y llamé al abogado. Vení te voy a dos o tres:

    “Estás entrando urgida de abrazarte con él. Te hace señas de cerrar la puerta y poner pasador mientras se sienta y saca su pija. Ni siquiera te deja besarlo pues tomándote del cuello guía tu cabeza para alojarte el miembro en la boca. Después de conseguido su placer vuelve a la tarea interrumpida. Tampoco te despide con un beso, probablemente porque no le gusta el sabor de su semen.”

    “Aquí se hace patente que eras irrecuperable para mí. Después de cerrar ceremoniosamente la puerta, verificar que las cortinas impiden cualquier observación desde afuera, estás parada frente a él, como un empleado esperando instrucciones de su jefe, que permanece sentado. Cuando te pregunta si hiciste según lo ordenado, asentís con la cabeza, no sea que alguien esté escuchando. Levantando la falda mostrás que ninguna prenda cubre esa zona, y para evidenciar la excitación que te domina le señalás el hilo de flujo que baja por el muslo. Como si fuera una obra ensayada te das vuelta arrodillándote sobre la alfombra, rodillas separadas, cabeza y hombro derecho apoyados en el piso para permitirte que las manos se ocupen de separar las nalgas. Ahora sí vemos al hombre ponerse majestuosamente de pie, sacar su miembro y ubicarse detrás de la hembra que se ofrece. Sin preparación la sodomiza pareciendo gozar de las lágrimas que muestran el dolor provocado. La crispación de la cara del macho sugiere que tu recto ha recibido su ración de esperma, con lo cual da por terminada la reunión volviendo a lo suyo.

    Este hace suponer algún acuerdo previo. Ninguno dice una palabra, él tiene desocupado el escritorio, entrás, cerrás con llave la puerta, después de arremangarte la falda en la cintura te ponés de espaldas sobre la mesa, llevás las rodillas a tus hombros, con la mano derecha corres a un costado la bombacha mientras la izquierda abre los labios para que su pija penetre de un solo envión hasta el fondo. Se ve que ibas muy caliente porque el encuentro dura poco. La contracción de los músculos faciales, la cabeza tirada hacia atrás estirando al máximo el cuello y la súbita convulsión de todo el cuerpo evidencian tu orgasmo. Casi de inmediato comienzan los temblores en él, que luego de un fuerte empuje queda rígido. Es notable no solo la ausencia de palabras sino también de caricias. Finalizado el trámite el macho guarda lo suyo y la hembra previo alisar su falda sale llena de semen, probablemente deslizándose hasta el tobillo.

    – “Querés ver los otros?

    – “No, podrías habérmelo dicho antes”

    – “Ese sentido de lealtad lo aprendí de vos, que en ningún momento te arrepentiste del engaño. Quiero advertirte que entre hoy y mañana voy a concluir con todas aquellas cosas que eran fruto de esta relación, tarjetas, cuentas, etc. Naturalmente, cuanto antes te vayas de aquí mucho mejor.

    Al día siguiente, un rato antes del horario de entrada, empleando un servicio de cadetería, envié para ser dejado en el mostrador de ingreso de la empresa unos cien discos compactos con todos los cortos videos protagonizados por los amantes. La idea era dejarlos simulando ser alguna propaganda de juegos para adultos. Para asegurarme el resultado, después de encargar el envío, fui al lugar de entrega para confirmar que fuera recibido y en cierto modo impulsar la consulta. Cuando el guardia de seguridad acepto la recepción tomé uno de los CD para ver su contenido.

    – “Me prestás la máquina para ver de qué se trata?, puede que sea interesante”

    Cuando abrí el primer archivo la exclamación de asombro del guardia fue bien audible, sobre todo cuando reconoció a los intervinientes. La noticia corrió como fuego, en dos horas era raro encontrar alguien que no lo hubiera visto y se dio el resultado esperado. Al día siguiente los dos protagonistas ya no trabajaban allí. Relación concluida, ahora a olvidar.