Autor: admin

  • Rosario siempre estuvo cerca

    Rosario siempre estuvo cerca

    Hola! Como están todos?!

    Hoy les quiero traer historia que viví durante unas vacaciones de invierno, que me dieron una linda alegría y motivos para contarles de un lindo viaje que tuve durante las mismas.

    Ya en el mes de mayo recibí la invitación de Facu. Él es un amigo con el cual me vi un tiempo, pero con quien sólo llegue a tener mucha franela y besos las veces que lo veía, nunca llegando a nada más.

    El hecho de que él sea casado complicaba las cosas. La última vez que lo había visto llegue a hacerle un pete en el auto porque no dábamos más de la calentura.

    Yo ya había llegado a pensar de que no quería avanzarme, que no quería que se la chupara o que no quería cogerme. Esa situación me había puesto un poco de mal humor, hasta que él logró explicarme de que no le era cómodo volver a la casa luego de tener relaciones, porque se sentía “perseguido” o con miedo a que lo descubriera la esposa.

    Me prometió que íbamos a tener tiempo para disfrutar plenamente y estar juntos, sin pensar en nadie más, y fue ahí que me dijo de irnos el primer fin de semana de las vacaciones de invierno a Rosario juntos.

    En principio no le dije que sí. Si bien me moría de ganas de viajar, tenía que inventar algo en casa para que me dejaran sin hacerme problemas.

    Él ya tenía todo arreglado en la casa, con lo cual quedaba en mí poder zafar de mis viejos y viajar.

    El día que me propuso el viaje fue el día que pude chupársela. Creo que tenía más ganas yo de hacer una mamada que el de recibirlo. No se sentía cómodo. Sabía que después de que lo deslechara tenía que volver a su casa. Pero ninguno de los dos pudo contenerse.

    Hasta el momento sólo había sido franela, besos, chupones, paja pero sin llegar a acabar. Lo miraba a su cara y reflejaba una mezcla de placer y sufrimiento por no poder largar la lechita.

    Si bien el auto de Facu es amplio, obviamente no era el lugar ideal para hacer nada. Sin perjuicio de eso, disfrutaba de tenerlo cerca, de apretarle la verga, y en ésta última oportunidad de poder chupársela y que me dé todo su néctar. Como buena nena que soy, me encargué de dejarle la pija limpita, sin rastros de semen.

    Volviendo a la propuesta del viaje, les cuento que en casa pude armar una excusa para desaparecer, pero sólo sábado y domingo, y obviamente decir que me iba a Rosario con amigos aprovechando las vacaciones.

    Como me estaba yendo bien en la universidad, no me hicieron mucho drama. Sólo me pidieron que no tomara mucho alcohol y que tenga cuidado. Fue así que le confirmé a Facu que iba a viajar con él.

    El sábado temprano ya tenía mi mochila armada. Debajo de todo, la ropa de nena. Arriba, un jean, algunas remeras y ropa interior de nene para usar el domingo de regreso.

    A eso de las 17.00 horas me pasó a buscar a la altura de la estación Congreso de Tucumán de la línea D, y emprendimos viaje.

    Está demás decir que los dos estábamos algo nerviosos. Era raro… muy raro. Si bien no era mi primer escapada con algún macho, no por ello dejaba de ser inquietante. Más aún para él, que me dijo que era la primera vez que lo hacía.

    Habremos tardado unas 4 horas en llegar, previo escala en una estación de servicio. Fuimos hablando todo el camino, pero no me quiso adelantar nada de lo que íbamos a hacer.

    Al llegar nos dirigimos al hotel que había reservado Facu. Si bien yo conocía Rosario, nunca había parado en hoteles. Siempre en casa de amigos o en lo de un familiar.

    Fuimos a un hotel que la verdad que me encantó. Es un hotel que antes era para acopiar cereales, son unos silos de cemento con vista al río. Hermoso!!!

    Entre que hicimos el chek in y todo, se hicieron como las diez de la noche. Estábamos yendo a la habitación a dejar las cosas y acomodarnos, cuando empecé a desear llegar de manera urgente para mandarme la verga a la boca y chuparla un buen rato, hasta que Facu me pidiera el culo… pero no fue así.

    Me dijo que me bañara y vayamos a cenar. No les voy a mentir… tuve una mezcla de resignación pero de satisfacción a la vez. Me iba a atender como una reina.

    Fuimos a cenar a un lugar cercano al hotel, tomamos una botella de vino y el restaurant nos regaló una copa de champagne que ayudó a liberarnos. Ya era hora de regresar al hotel.

    Subiendo a la habitación, volví a desear lo que había deseado horas antes… tener la pija de Facu en la boca, mamarla, saborearla, dejársela como un fierro para luego escuchar las palabras mágicas… ”Dame el orto pendeja!!!”. En esta oportunidad el deseo era mutuo. Y así sucedió.

    Ni bien cerró la puerta me arrinconó contra la pared y me empezó a besar toda. Me manoseaba y me apoyaba la verga que ya la tenía al palo por debajo de su jean. No quería cortar el clima, pero quería retribuirle la atención que me había brindado poniéndome la ropita interior que había llevado especialmente para la ocasión.

    Todo un conjuntito negro de encaje, tanguita re clavada en la cola y corpiño con tasa soft para hacerme tetitas.

    Si bien me quería coger de una, accedió a que me vistiera. Al salir del baño, Facu ya estaba recostado en la cama, totalmente en bolas con la verga al palo, pajeándose suavemente.

    Con la luz baja de la habitación, fui acercándome a él sensualmente, mientras que escuchaba como susurraba cositas chanchas.

    Separó sus piernas, me arrodillé entre las mismas y sin dejar de mirarlo a los ojos bajé la cabeza para llevar mi boca hasta la verga de Facu. Lo tenía a centímetros de mis labios cuando de repente me agarró de la cabeza e hizo que me tragara de golpe por completo la verga. Si bien puede parecer algo bruto, es ni más ni menos lo que quería.

    Empecé a chupar de manera desesperada la hermosa verga de mi macho. Una verga de proporciones. Ya aquella primera oportunidad que se la había visto, sabía que estaba en presencia de un tremendo falo, no apto para todo público.

    La chupada fue una excusa para lubricar la verga, ya que no duró más que tres o cuatro minutos. Al toque me puso en cuatro patas, se colocó detrás de mí y me apoyo la cabeza de la chota en el culo. Pedí que no sea bruto como había sido al momento de chupársela. Fue inútil el pedido.

    Si bien le había babeado bien la pija y ya estaba con mucha calentura, puedo decirles que sentí el rigor de Facu. Y esto se iba a poner peor… recién empezaba.

    Lo que vino fue contundente, intenso, en diversas poses que no vale la pena ampliar pero que seguramente podrán imaginar. Su violencia e intensidad, sumado a la calefacción del hotel hacía que mi macho transpirara como una bestia, y eso me ponía loca.

    Facu me había dicho que con la mujer no tenía nunca sexo anal. Supuestamente era porque las pocas veces que lo practicaron a ella no le había gustado, sumado a que aparentemente no le bancaba la verga. Debo decir que esa confesión me hacía sentir importante y con un desafío a la vista.

    En el momento que me había dicho eso, pensé que estaba fanfarroneando. No fue así… había que bancarla… como ya dije, una verga no apta para todo púbico, sumado a la intensidad con la cual la usaba este hijo de puta.

    La noche fue intensa y extensa. Mordí la almohada más de una vez, pero nunca pedí que parara. Me la banqué, en todas las poses, todos los polvos.

    Recuerdo que la última vez que fui al baño a limpiarme eran más de las seis de la mañana. Me di una ducha rápida, sequé mi cuerpo y tuve intriga…intriga de mirarme la cola.

    El espejo estaba alto. Me subí al videt y abrí mis nalgas. Creer o reventar. El culo súper dilatado, rojo, mis carnes blandas. No me importaba. La había pasado más que bien a pesar de haber quedado así de rota, y sabía que mi macho estaba satisfecho luego de que le sacara en tres oportunidades toda la lechita. Ya luego no pudo acabar por más que se la chupé un largo tiempo y lo ayudé a pajearse.

    Al regresar a la habitación Facu yacía dormido casi en el centro de la cama, sobre la cual reposaba no sólo su cuerpo, sino también forros cargaditos de leche, otros usados pero si el néctar de Facu. Sábanas blancas con manchas que obedecían claramente al estado de mi cola, producto de la lucha encarnizada que tuvimos.

    Si la historia finalizara aquí, sin dudas que estaría bien. Pero existió un domingo. Voy a ser breve para no aburrir.

    Mediodía. Me desperté con mi macho chupándome el orto, desesperado. Su dedo mayor fue el mejor despertador de mis últimos años. Mi irritación hizo que lo rechazara. Le pedí que no me tocara así la cola, que me ardía.

    Siguió trabajando con su lengua. Generalmente estoy de buen humor por las mañanas, pero no era el caso. De sólo pensar como me había dejado el culo, y sabiendo que en horas regresaba a casa, de ninguna manera iba a acceder a que me cogiera de nuevo.

    Pero soy débil, y más ante un macho de proporciones como es Facu. Sólo había que encontrar la manera de complacerlo, y que ello significara mínimas consecuencias para mi cuerpo ya castigado a pijazos.

    Pedí una tregua. Al menos que acceda a mis formas para hacerlo. Que entendiera que me iba a doler, a arder, pero que no lo iba a dejar con la chota así al palo y sin un mañanero.

    Iba a manejar yo este polvo. Accedió.

    Pedí que se arrodillara en la cama, que tirara sus hombros hacia atrás y que con sus manos agarrara sus tobillos, haciendo que la verga quede bien mirando al cielo.

    Yo me arrodillé delante de él. Mis piernas bien juntas, mis rodillas chocando entre sí. Mi espalda bien arqueada. Si sacaba sus manos de sus tobillos intentando agarrarme de la cintura, se terminaba la acción. Accedió.

    De ésta forma, fui tragándome la pija de Facu centímetro a centímetro. A medida que entraba iba escupiendo mi mano derecha con saliva, para luego llevarla al tronco de la verga de mi macho.

    A pesar de eso el ardor se sentía. La pija la sentía áspera, como un palo. Es eso… me sentía empalada. A poco fue tragándomela toda por el orto. Escuchaba a mi macho disfrutar, mientras yo sólo me quejaba.

    El quieto detrás de mí, sabiendo que cualquier movimiento hacía fracasar éste polvo. Le había jurado que si no se comportaba le cortaba el polvo por la mitad.

    Mis movimientos eran suaves, y a medida que me la comía toda por la cola fui intensificando. Habrán transcurrido unos veinte minutos que fueron interminables para mí y para mi ojete.

    Fue el tiempo necesario para sacarle la lechita de la mañana a Facu, quien a pesar de acabar de manera impresionante, nunca dejó de estar en la posición que le había pedido, sin despegar sus manos de sus tobillos.

    Al sentir la hinchazón de su verga varias veces en mi orto, sabiendo que me estaba llenando, me moví bien fuerte para que no le quede nada de leche en sus huevitos, así lo dejaba vacío para el regreso a su casita con su esposa.

    Facu se quedó inmóvil al acabar, mientras su verga al palo seguía mirando al cielo. Yo me moví suavemente hacia adelante, para ir sacándome de a poco la verga del culo. Juro que sentía como se iba vaciando mi cola al retirarse el pedazo de carne duro de mi macho.

    Al sacármela del todo del culo, me tiré boca abajo en la cama para relajarme. Mis brazos inmóviles a mi costado, como indefenso. Facu aprovechó para agarrarme de las nalgas y separarlas para mirarme la cola, abierta, jodidamente abierta. Fue ahí que mi cola sonó acusando la batalla.

    En el viaje de regreso no hablamos mucho. Sólo le pedí que me dejara cerca de casa. No era lo que hubiese preferido, pero mi cuerpo pedía llegar pronto a mi cama a descansar.

    Nos dimos un beso al despedirnos. Caminé hasta casa y estaban mis papas. Me preguntaron como la había pasado, que había hecho, si nos habíamos divertido. Obviamente respondí a todo que si… que nos habíamos quedado con ganas de más.

    La realidad es que yo por ese fin de semana no quería más. Mi cola tampoco. Les dije que había dormido poco y que me iba a recostar. Que no me llamaran si me dormía.

    Fui al baño, hice el mismo ejercicio que había hecho en el hotel. Volví a mirarme el orto, y debo confesar reviví en segundos todo lo que había pasado con mi macho. Las consecuencias estaban a la vista, y me había gustado la experiencia, a pesar de esas consecuencias.

    Me acosté. A los cinco minutos me llegó un mensaje de Facu: “Llegué bien! Andá preparándote para otro finde. Que culo bancador tenés putito!”.

    No le respondí. Solo le clavé el visto.

    NATY.

  • Mi último amor

    Mi último amor

    Hoy les quiero contar sobre la que fue mi última noche con el amor de mi vida, estaba yo en segundo año de mi carrera de medicina tenía 20 años, nosotros llevábamos 3 meses juntos,  yo a pesar que ya me describí agrego que para este tiempo no me encontraba de esa manera si mi misma cara aunque un poco más joven, siempre he tenido cara de niño según me dicen y en ese momento se me reflejaba muy bien además que con lo risueño que soy más lo aparentaba, mantenía mis piernas y culo envidiable pero aun no era adicto al gym por lo tanto era delgado aunque si practicaba deportes así que tenía un abdomen como lavadero (la única vez de mi vida, ahora siempre se me sale un poco mi grasita) y aunque no estaba fuerte mis brazos eran gruesos aunque delgados.

    Ella cursaba el primer año de la carrera tenía 19 años, nos conocimos en la residencia de la facultad, al principio nunca me fijé en ella, pero cada vez que entraba a la residencia oía su nombre puesto que es un nombre poco común: K´yluma, se pronuncia Kayluma, que yo llamaba cariñosamente Kawi por mis gusto del lenguaje japonés esta palabra significa tierno, ella lo odiaba pero a mí me encantaba, la verdad era una chica normal de aproximadamente 165 cm de estatura, eso sí muy risueña y con un carácter que contrastaba entre niña y mujer madura siempre reía, pero cuando se trataba de un asunto serio era más mujer que muchas que he conocido, nunca fue celosa conmigo, supongo que sabía que yo era totalmente de ella, pues aunque mirara a otras mujeres en ese momento aún no me interesaban las relaciones de intercambio o abiertas, ni ninguna otra cosa para mi ella era mi mundo (como ven el primer amor es así).

    Ella era delgada, bastante la verdad, tenía cuerpo de modelo, de estos cuerpos delgados pero bien delimitados, unos senos medianos diría que una copa B, y un culito respingón, las piernas más bien gruesas para lo delgada que era o mejor dicho bien torneadas, y sinceramente era hermosa, no tengo otra manera de describirla, tenía esa sencillez que muchas veces es más hermosa que cualquier cosa, la tez clara, ojos marrones, y el pelo castaño oscuro largo lo llevaba por la cintura, y bastante abundante, realmente cuando lo lees aquí no es gran cosa, pero para mí era y es simplemente una diosa.

    Es el único amor que a pesar de lo corto que fue no he conseguido olvidar, ni con todas las que han venido detrás, ni con mil noches de sexo desenfrenado, ella simplemente es mi amor inolvidable (como dice una canción de la Oreja de Van Gogh el primer amor es el verdadero y los demás están para olvidar) y por la única mujer que sin pensarlo dos veces iría a donde me llamara a la hora que fuese y por la única que correría peligro cualquier relación mía.

    Bueno dejándome de cursilerías, corría el mes de febrero del año 2016, específicamente 13 de febrero yo me había trasladado a la residencia donde culminaría mis estudios de medicina ella aún se encontraba en la residencia de universidad se encuentran lejos pero manteníamos nuestra relación a distancia, nos hablábamos por teléfono diario al menos 5 minutos al día y dos veces a la semana yo iba pasaba mi día con ella, bueno mi tarde y noche, hasta que al otro día me trasladaba de nuevo a mi hospital para mis clases, ya llevábamos un mes así y ese día específicamente decidí estar con ella para amanecer 14 de febrero juntos, ya saben fantasías de enamorados.

    Ese día rezaban las 8 de la noche y nos disponíamos a comer, nos levantamos de la cama y nos dirigimos al comedor comimos con nuestros amigos y haciendo chistes, tarde de jóvenes como ven. Nos quedamos paseando por el área de la facultad viendo los últimos rayos de sol de la tarde, y nos escabullimos para subir a la azotea y poder estar totalmente solos, así pasamos más de media hora juntos solamente abrazados, sintiendo a la otra persona y llenándonos con nuestros aromas, ya habíamos olvidado la puesta de sol solo nos importaba ser nosotros.

    Luego de eso bajamos al cuarto estos cuartos son más amplios que el de la residencia que he descrito, presentan 6 literas, aunque solo estaban ocupadas las camas inferiores nosotros dormíamos en la penúltima cama de la fila izquierda una cama antes de la ventana.

    Entonces viendo que eran las 9:00 pm nos decidimos a bañarnos yo me fui al baño de hombres y me bañé rápido, al regresar ella aún no se ha bañado se encontraba en la cama chismeando con las amigas (ya saben el deporte preferido de las mujeres) en tono jocoso le pregunté si pensaba dormir cochina, y recogiendo las cosas corrió hacia el baño dándome un beso antes de salir, me acosté en la cama y me dispuse a oír música, cuando se va la corriente, algo común en esa época aunque un poco fuera de horario, yo sigo oyendo música cuando me sacan de mi ensimismamiento una de las compañeras de ella, diciéndome que me llamaban desde el baño, aunque las residencias sean mixtas los baños si son separados.

    Me dispongo a ir preguntando antes para no encontrar nada inadecuado, cuando ella me grita que entrara que solo estaba ella, me dice que el problema es que la de miedo la oscuridad que la acompañe mientras tanto, así que la ayudo desvistiéndola, ella entra a la poceta y yo me quedo afuera, para que no entrara nadie y se encontrara conmigo ya saben evitando una galleta innecesaria, pero no puedo contener mis ganas y la abrazo por la espalda besándole el cuello y provocando que se erice ella enseguida reacciona llevando la cabeza hacia atrás y me besa en un cachete mientras aún sigo dando besos y pequeñas mordiditas a su cuello, y aprovecho y giro mi cara para fundirnos en un beso apasionado, ella me pide que entre con ella y corre la cortina me desnuda con una rapidez indescriptible y ahí seguíamos comiéndonos a besos y recorriendo nuestros cuerpos con nuestras manos yo me encontraba bastante caliente y ella lo suficiente lubricada para que pudiera entras en ella, así que la levanto por los muslos, y la pongo a horcajadas sobre mi aprovechando para introducir mi miembro en ella cosa que ella misma hizo y ahí entre besos y cabalgada nos encontrábamos cuando llega la corriente al principio no me inmuté hasta que oigo las voces de otras chicas que se disponían entrando al baño, por lo que tuvimos que detenernos, me vestí rápido y cuando sentí que las demás regaderas estaban abiertas ella se asomó para ver que no quedara nadie afuera o desvestida y yo salí corriendo, desde la puerta le grite que me disponía a ir al salón de estudio y sin mirar a ningún lado salí casi que corriendo. Ya llevaba un par de horas estudiando cuando ella me abraza por la espalda y me besa:

    Kawi: ¿mi príncipe no piensa dormir hoy? Mira que mañana hay que madrugar y ya son las 12:10am

    Yo: si déjame terminar un capítulo más, y enseguida voy.

    Kawi: no demores, mira que en el baño me dejaste muy caliente, tuve que bañarme con agua fría para mejorar y, aun así; no mejoré mucho, aún estoy mojada. (me dijo en un susurro al oído esto último)

    Y sin más se retiró, contorneando su cuerpo de una manera muy sensual y atrayendo mi mirada con su caminar provocativo. Que les digo sabía usar muy bien sus armas de mujer. Yo volví a mi libro, pero ella me había dejado con una erección, y la verdad no podía concentrarme en mi estudio. Pasados 10 minutos yo sin poder concentrarme de nuevo, recogí y me dirigí a la cama, para mi sorpresa la encuentro cubierta por colchas en los cuatro lados de la litera de manera que no se viera hacia adentro, esto la hacíamos las parejas cuando queríamos intimidad en el cuarto, ese día no estaban todas las compañeras, pero había unas cuantas, y queríamos pasar una noche especial, pero aún más para mi sorpresa ella no estaba, la llamo al móvil:

    Yo: ¿Kawi dónde estás? Ya estoy en la cama y para mi sorpresa está sola.

    Kawi: ya voy para allá bajé a buscar algo de tomar, no demoro:

    Yo: ok aquí te espero, no demores que se siente fría la cama sin ti.

    Kawi: tranqui ya voy subiendo y para tu información, me encuentro necesitada, así que si pudieras ahorrarme el trabajo de desnudarte y estar listo para mi llegada.

    Yo: ok como usted guste mi reina.

    Me desnudé lo más rápido que pude y guardé un par de condones en la funda de la almohada, ella tenía un DIU, pero aun así no me gustaba correr el riesgo. Cuando la siento hablando con una amiga que era su cómplice para estas cosas siento que terminan y se cierra la puerta con llave las compañeras del cubículo ya dormían, sin más se dirigió a la cama y se fue desvistiendo por el camino, y al entrar a nuestra cueva del amor ya se encontraba totalmente desnuda, era una escultura echa a mano para mis ojos, el lugar estaba a oscuras un pequeño velador que teníamos nos permitía distinguir las siluetas y nuestras miradas de placer, sin dar paso a ninguna conversación nos fundimos en un beso, fue un beso de placer, nuestras manos no recorrían nuestros cuerpos solo nos abrazábamos apretándonos cada vez más uno contra el otro, sintiendo nuestra desnudez sus senos apretados contra mi pecho mi miembro quedó entre sus muslos y pubis y sentía el calor que desprendía esta área.

    No puedo saber con exactitud qué tiempo duró ese beso pero fueron más de 15 minutos, solo besándonos, nuestros labios jugueteaban nos mordíamos con delicadeza como si fuera una obra previamente ensayada, una vez ella otra yo, así hasta que las lenguas se dieron paso a nuestras bocas empecé y con un toque tímido a la de ella que enseguida respondió buscando nuevamente la mía ellas forcejeaban, así hasta que no aguantó más y subió su cabeza mirando hacia arriba lo que me permitió ir a besar su oreja derecha a la cual le di un par de besos y unas mordiditas tímidas, que provocó un escalofrió en ella y que se erizara su pierna, fui bajando dando besos y mordidas por la cara externa de su cuello, hasta llegar a su clavícula, la besé recorriendo con mis labios toda su amplitud, y seguí bajando hasta su seno que sin tocar el pezón fui dándole besos a toda el área externa (sé que esto la calentaba).

    Ella se movía tratando de que el pezón rosara con mis labios pero yo seguía evitándolo y así salté al otro seno y hacía lo mismo notaba como sus pezones estaban duros y erectos y ahí decidí besarlos, lo que produjo que ella gimiera de placer, seguí jugando con ellos, los recorría con mis lengua primero en círculos y después de arriba abajo y de un lado a otro, y volvía a realizar círculos, entonces le pegué una mordidita gentil solo con la punta de los dientes y así lo apreté un poquito lo que hizo que ella clavara sus uñas en mi espalda y se apoyara en mí, hice lo mismo con el otro seno, y sentía como sus piernas se aflojaban más y más la sujeté fuerte y la acosté poniéndome sobre ella seguí jugando con sus senos intentaba meterlos en mi boca completamente, pero no entraban y aprovechaba esto para lamer el pezón, así hasta que supuse que era suficiente y entonces decidí continuar bajé por su abdomen besándolo primero en una línea desde el centro de los dos senos hasta el pubis pero no llegué, subí y con mi lengua jugueteé en su ombligo lo que hizo que se removiera un poco por la cosquilla, seguí besando así el abdomen y a la vez pegaba pequeñas mordiditas, donde después daba un gentil beso, así seguí hasta girarla, y empecé a besar su espalda primero subí hasta la base del cabello y besé su cuello empecé a bajar por todo lo largo de la columna besando hasta el nacimiento de sus nalgas y ahí empecé a subir fui subiendo por el lado izquierdo al llegar al cuello de nuevo lo mordí y besé lo que provocó un gemido y que se erizara completamente.

    Después hice lo mismo en el lado derecho pero esta vez bajando hasta llegar a sus nalgas, las besé, mordí y decidí seguir hacia abajo por la parte posterior del muslo derecho hasta su pierno un beso tras de otro una mordida y en algunas partes pasaba mi lengua muy superficialmente que sentía que le erizaba esa zona, así hasta llegar a su pie fui besando primero el talón del pie y así toda la planta hasta llegar a los dedos que los besé uno por uno y después con mi lengua la metía en cada espacio entre los dedos y le daba vueltas al dedo esto le provocaba un cosquilleo ligado con placer que hacía que no parara de gemir, salté al otro pie e hice lo mismo bese cada dedo y posteriormente con mi lengua le daba vueltas a cada dedo y la metía en cada espacio interdigital, y fui bajando besando la planta del pie hasta el talón nuevamente y por la cara interna de la pierna que besaba, mordía y pasaba mi lengua muy superficialmente provocando que se erizara, seguí así hasta su muslo y llegué a su sexo, estaba súper caliente, y mojado al punto que choreaba, nunca la había visto así y aprovechando que ya estaba listo para mí lo lamí una sola lamida desde el culito hasta el clítoris presionando fuertemente mi lengua y después soplé aire frío, lo que provocó que llegara al primer orgasmo.

    Sus orgasmos eran bellos, a mí me encantaban ella empezaba un vaivén de contracciones que no podía controlar todo su cuerpo se movía sin para y se le escapaban los gemidos que a mí me llevaban a la gloria, yo por más que los viera cada uno era diferente del anterior y no me cansaba de verlos. Espere que terminaran las contracciones y continúe en mi labor de probar sus jugos y disfrutar de su vagina y su clítoris, volví a lamerlo de abajo hacia arriba y ella me rehuyó un poco apartando mi cabeza con su mano. Entre jadeos me pidió que esperara, mas, yo sin obedecerla pasé mis manos por fuera de sus muslos y agarrando su barriguita y de esta manera la atraía a mí y seguí con mi labor, ella aun así hacía por irse cada vez con menos esmero, yo lamia su clítoris haciendo círculos a su alrededor, que seguí aprisionándolo entre mis labios y con la lengua la empecé a pasar rápidamente de arriba hacia abajo y después de un lado a otro, paré y lo succioné fuertemente al soltarlo, volví a lamer de abajo hacia arriba pero seguí lamiendo solamente el clítoris en movimientos repetitivos uno y otro y otro hasta que volvió a explotar, esta vez los jugos corrían sin parar hasta llegar a mojar la sabana y sus contracciones esta vez más fuerte, que me derretían al verla así.

    En eso se incorpora un poco, aun con dificultad por contracciones rezagadas:

    Kawi: espera dame un cinco para recuperarme, déjame darte placer a ti un rato.

    Me acosté y sin detenerse en lugares secundarios fue directo a mi falo que se encontraba duro a punto de estallar. Sin más lo agarro firmemente y lo besó, lo agitó un poco y lo tragó no fue una garganta profunda a ella no le salían solo lo introdujo en la boca y mientras lo pajeaba con una mano con su boca no paraba de mamar, en eso noto que su sexo aun chorreando me queda al alcance de mi mano y con esta empiezo a juguetear con su clítoris haciéndole circulitos con mi dedo pulgar, y mientras más rápido yo lo hacía más rápido ella me pajeaba y mamaba, en eso para y me dice:

    Kawi: si sigues jugando con mi clítoris me voy a volver a venir, pero, no voy a para hasta que te vengas.

    Yo: por mi bien veamos quien termina primero, le espeté.

    Y seguimos en nuestra carrera por llegar al orgasmo, para ese tiempo aun no podía controlar bien el momento de venirme además que ella sabía cómo encontrar mi orgasmo con sus mamadas, y así sin parar de meter y sacar de su boca y pajearme agarró mi falo con sus dos manos, y pajeaba más fuerte apretándolo firmemente, lo cual a mí me sacaba de mis casillas, al ver que iba en serio, cambie la posición de mi mano, introduje mi índice y mi dedo del medio en su sexo y como estaba tan dilatada también introduje el dedo anular ya los tres adentro encontraban resistencia pero podía moverlos bien y con el pulgar jugaba con su clítoris, ahí sin para ninguno de los dos la llevé yo primero al orgasmo y las contracciones hicieron que no pudiera moverse se le tensó toda la espalda y las manos y como casi estaba al llegar yo también, le sujeté la cabeza antes de que la sacara y le folle la boca hasta correrme pero no se lo eche en la boca a ella no le gustaba, simplemente lo eché en una servilleta que tenía preparada. Ella se tiró hacia atrás abrazándome, y me beso.

    Kiwi: que bien se ha sentido, ya voy por cuatro y solo tengo más ganas.

    Yo: ¿qué esperas una invitación? Él está listo para ti.

    Sin pensarlo cogió uno de los condones (ella sabía dónde los guardaba) y se sentó encima de mí y se metió mi falo, después de correrme estaba un poco flácido, pero aun duro y ella empezó a moverse de adelante hacia atrás sobre el cómo cabalgándolo, en eso yo me levanté y la abracé con fuerza dejándome nuevamente caer hacia atrás de esta forma ella movía la colita de arriba hacia abajo, y aprovechando la posición acomodé mis piernas de manera que pudiera usarlas y sujetándola fuertemente empecé una vaivén con mi cadera rápido constante sentía como ella se ponía a tope de manera que me mordió el cuello para ahogar un grito que habría alertado a todos en el cuarto y calvó sus uñas en mis pechos de la excitación que le producía aquello que yo hacía, hasta que no pude más y volví a acostarme y la solté ella se levantó rápido y seguía entre un adelante y atrás y alternando con pequeños brinquitos sobre mi miembro hasta que se volvió a venir, entre contracciones y gemidos no paraba su cabalgada lo que hizo que me viniera yo también eso no me era común era demasiado rápido pero había pasado, ella se desplomó sobre mí, y entonces sin perder tiempo para no perder la erección que aún tenía la puse en cuatro pero no podía mantenerse agarrada con las manos así que me dejó la colita levantada pero acostó la parte de delante pegando su cara contra el colchón, yo me retiré el condón y la sujeté fuertemente de la cintura empezando a embestirla buscando mi tercer orgasmo, pero, ya esta vez por más que la embestía no llegaba, sus jugos se desparramaban de su sexo y recorrían sus muslos hasta parar en la sabana y ella ahogaba sus gemidos de placer apretando se cara contra el colchón, y ahí sin yo para llegó ella a su sexto orgasmo, más estrepitoso que los anteriores las contracciones la hicieron ponerse en posición fetal, y cada vez que la tocaba tenía un sinfín de contracciones que la hacían gemir, para no perder la excitación yo me masturbaba con una mano en lo que ella se recuperaba, pero me dijo:

    Kiwi: no puedo más, los brazos no me agarran y pies no me mantienen, ¿te falta mucho?

    Yo: no sé, ya casi me parece.

    Kiwi: pero si vuelves a tocar mi totica me desmayo del placer.

    Se acostó boca abajo como pudo y me dijo:

    Kiwi: usa mi culito hace ratico no lo hacemos por detrás y yo por delante no puedo más.

    A nosotros nos gustaba hacerlo por detrás, pero con la nueva forma de vernos nos era difícil, puesto que a la noche estábamos cansados y solo podíamos disfrutar de una cogida, a veces incluso nos quedábamos dormidos a media, por lo que llevábamos rato sin usar la entrada trasera, por esto no me lo pensé, este ofrecimiento la verdad me había excitado en demasía creo que era lo que necesitaba para volver al juego, sin más me acosté sobre ella y dirigí mi miembro a la entrada de su cuevita usando sus jugos y un poco de mi saliva como lubricante.

    Al principio opuso resistencia y ella emitió un débil chillido de dolor, la dejé ahí para que su culito se acostumbrara y sentía como me apretaba, mucho más que su sexo que estaba súper dilatado ya, una vez que sentí que ya estaba listo empecé un vaivén al principio suave, aun así provocaba en ella tanto gemidos, como chillidos imagino que era placer ligado con dolor, y cuando ya solo eran gemidos empecé a embestirla con fuerza introduciendo todo mi falo hasta lo último, sentía como su esfínter me lo ordeñaba y me estaba poniendo a mil en eso ella grita que se viene, yo rápido puse una almohada en su boca, pero no sé porque esta reacción fue el empujoncito que me faltaba y ahí dándole por detrás me corrí en su culito y me dejé caer sobre ella haciendo un lento vaivén con mi cadera, sentía como su esfínter terminaba de ordeñar lo último que me quedaba que la verdad ya no era mucho semen después de haberme corrido dos veces, y aun sentía sus contracciones bajo de mi cuerpo, ella había tenido 7 orgasmos yo llegué a tres con razón no podíamos levantarnos, así que aprovechando la posición la abracé por la cintura y ella sonrió y llevo una mano hacia atrás acariciándome la cabeza y yo bajito al oído le dije:

    Yo: feliz día de los enamorados princesa mía. Te amo. (y le di un beso en la mejilla cerca de la comisura de sus labios)

    Kiwi: gracias mi amor, igual para ti.

    Yo hundí mi cara en sus cabellos, que, oh dios me fascinaba su olor, y así juntos nos quedamos dormidos, ya eran las 5 am llevábamos cinco horas cogiendo sin parar.

    La verdad no sé cómo me pude levantar a las 6 y 30 para regresar al hospital, solo sé que me sentía como si me hubiesen pasado por arriba un millón de carros, ella estaba aún peor, en la mañana antes de irme tuve que llevarla al baño pues aun no podía sostenerse del todo por sus pies, y ese día no pudo ir a clases yo sí, pero la verdad ese día no entendí nada de nada. Y sin saberlo esa fue la última noche de sexo entre nosotros, realmente fue memorable, casi como una despedida, dos semanas después por razones que aun no comprendo se terminó nuestra relación, y aunque hace poco intenté contactar nuevamente con ella me recibió con las garras hacia mí, no intercambiamos más que unas cuantas palabras y yo que intentaba recuperar lo nuestro me fui desilusionado.

    Realmente después de ella no ha aparecido otra que haga sentirme como ella lo hacía y mucho menos otra con la que disfrute el sexo como con ella lo hacía, pero así es la vida gracias a mi búsqueda insaciable de encontrar esas sensaciones se me ha abierto todo un mundo de nuevas posibilidades. Hasta aquí mi relato, por favor espero sus críticas.

  • Su mejor amiga nos grabó

    Su mejor amiga nos grabó

    Estábamos en el cumpleaños de unos amigos, sus fechas eran en la misma semana, así que decidieron hacer una sola fiesta conjunta en la casa de la mejor amiga de mi entonces novia. Los invitados fueron el círculo de amigos en común de ambos que en total éramos algunas 12 personas.

    Recuerdo que en aquellos tiempos mi novia y yo recién habíamos comenzado a tener sexo y ya le había comentado sobre mi fetiche de hacerlo en lugares públicos o de que alguien estuviera observando, pero lo que no me esperaba era que ella había comentado eso entre sus amigas y tenía un plan para satisfacerme.

    La fiesta avanzaba normal, al principio pocos invitados y los que estábamos en pareja entre bebidas, barbacoa, cachondeo y bailando. Era la casa de la mejor amiga de mi novia y yo estaba ya bastante caliente y le proponía que fuéramos al vehículo para ver que podríamos hacer, ella sonreía y me pegaba su gran culo para sentir mi erección hasta que en un movimiento de manos pude tocarla y sentir su humedad, me dijo que estaba de acuerdo en ir al vehículo y para mi sorpresa le pidió a una amiga suya (la cual aún esperaba que su pareja llegara) que nos acompañara.

    Yo entendí al instante sus intenciones y mi emoción fue bastante obvia, prácticamente corrí a abrir la puerta de entrada para dejarlas salir, ya en mi vehículo ella le pidió a su amiga que se sentara al frente y ella y yo pasamos atrás, al principio solo nos besábamos y su amiga estaba sentada en posición normal en el asiento del pasajero delantero, entonces mi novia la llamó diciéndole «amiga mire para acá» y me pidió que me sacara el pene, su amiga se posicionó recostada entre los asientos como intentando no dejar ver desde el frente (que nos podían ver todos en la fiesta) mientras mi chica me comenzaba a dar una mamada, estaba súper excitado, la sentía esmerada en darme una mamada de lujo.

    Supongo que las ganas de lucirse frente a nuestra espectadora y yo estaba en la gloria, aunque quería darle más participación a su amiga sin llegar a tener rose, puesto que estaba claro que ella solo observaría, pero quería algo más y justo mi novia le pidió que le sostuviera el cabello, yo guardaba silencio (de lo cual me arrepentí por cómo se manejó el tema después de ese día) y deje a mi chica tener control de todo, su amiga era partícipe y no quería que nada se fuera a malinterpretar y arruinar el momento.

    Así que su amiga, supongo algo nerviosa, solo le sostuvo el cabello y no le movió la cabeza ni nada por el estilo, después de unos 8-10 minutos llegó la pareja de la amiga, así que los tres salimos del vehículo para que no se fuera a malinterpretar las cosas, aunque me quede con las ganas de venirme en la boca de mi chica, ella me dijo que descuidara que la noche aún era joven.

    Seguimos bebiendo, comiendo y bailando, ya casi todos estaban en pareja y se podrán imaginar lo caliente que estaba el ambiente, entonces fue cuando le dije a mi novia que ya no aguantaba más, que me la quería coger, ella entre risas habló con su mejor amiga (la dueña de la casa) y esta nos guio a una construcción al lado de la casa (que sería la marquesina hoy en día) y nos dijo «ahí ustedes pueden hacer sus cochinadas tranquilos» mientras reíamos, yo la sujete por un brazo y le pase mi celular con la cámara puesta, ella en un principio se negó diciendo que no quería vernos haciendo eso, pero se quedó en el lugar, así que mi chica se arrodilló y comenzó de nuevo otra mamada y su amiga ya bastante alcoholizada solo sonreía, yo le exigí que comenzara a grabar, lo cual ella entre risas comenzó a hacer.

    Yo no dejé que esa mamada durara mucho y levante a mi chica y la volteé para ponerla en posición de perrito, a lo que nuestra espectadora le preguntó «amiga, usted está rapando sin condón?»… Ambos reímos y le dijimos que sí, que no estaba en sus días fértiles y comencé a penetrarla, y para mí, es lo más excitante que he experimentado, me sentía un actor porno, era la primera vez que cumplía mi fetiche a plenitud, tener alguien observando y grabando como yo me follaba a mi pareja.

    Le agarre el pelo y comencé a cogérmela bien fuerte, mientras su amiga solo veía y grababa como ese gran culo rebotaba de mi pelvis y mi pene se perdía entrando en su vagina, hacíamos bastante ruido, su amiga nos pedía que cambiáramos de lugar, porque si alguien venía sería obvia la situación, pero yo me hacía el sordo ante eso, hasta que ella nos empujó donde una columna nos tapaba de algún posible transeúnte, los gemidos de mi novia eran súper excitantes, la risa tímida de su amiga y su cara de incredulidad hacían aún más excitante el momento.

    Entonces salió a la calle una pareja, era la amiga que se subió al vehículo poco antes con nosotros y su novio, nos observaron y aunque estaba oscuro era obvia la situación, así que quien nos grababa apagó la cámara y comenzó a alejarse de nosotros, y yo comencé a acelerar las arremetidas, el choque se hacía más sonoro y terminé derramando todo mi semen sobre el culo de mi novia, la que grababa entro a la fiesta de nuevo, los que se dieron cuenta de la situación en cambió entraron al vehículo donde había llegado el novio y ya luego supimos que se habían ido de la fiesta a coger.

    Cuando entramos de nuevo a la fiesta todos nos miraban de reojo y sonreían, era obvio que todos sabían, lo cual en verdad le daba más morbo a la situación.

  • Una chica muy ardiente

    Una chica muy ardiente

    Nos conocimos por chat, en un anuncio que puso decía: “busco amante”, le escribí, compaginamos nos excitamos teníamos sexo virtual y después caí entre sus piernas, fue delicioso.

    Todo empezó por curiosidad y por tiempo libre, en mi afán de tener con quien desquitar mis impulsos humanos en el ocaso de la madurez, cuando mis energías aún eran suficientes para no perder en el intento, conocí a una chica igual que yo con los mismos impulsos, fui seleccionado por ella, se fijó en mí y por fin después de intimar por internet la conocí, llego a mi después de citarnos la vi, era una chica bella, de tez clara, segura de sí misma y dispuesta, entro al auto, nos saludamos de nuevo pero esta vez con un delicioso y apasionado beso, en el puse toda mi energía y experiencia de ser y hacer sentir el deseo la pasión así como la ternura y la cachondez de un hombre que a lo que va es a hacerla disfrutar vibrar y sentirse plena, sentirse como es en todo su cuerpo, no falla, y eso sintió en todo su delicioso cuerpo, no sé si se humedeció el tesorito, pero besar a un extraño o extraña con la predisposición del deseo sexual al cual va una a una cita, hace que sienta, que vibre que se estremezca desde el cuello pasando por su espalda su cintura su piel sus senos hasta las piernas claro en la intimidad de su entrepierna donde más sienten, en fin quedó un poco turbada por el beso, y enfilamos hasta hacer algunas diligencias y luego a la agradable y esperada cita de la intimidad.

    En la primera vez un poco indispuesta por cosas de mujeres, la visita de Andrés, tomo de mi mi preciado instrumento de placer, deleitándose la boca con el gusto de tener a un hombre en su mayor masculinidad al máximo, yo firme como una hasta dispuse a acariciarla besarla y tocarle con mi lengua lo que podía en ese día tocar.

    No fue así la segunda vez, ni las siguientes, hasta en su lecho lo hicimos con pasión y lujuria desenfrenada, en su casa cuando pasaba a visitarle, en hoteles cuando salimos un día a una ciudad cercana o cerca de donde vive, han sido momentos maravillosos verla explotar, verla y sentirla como se viene como termina, como gime delicioso al sentir mis caricias o mi lengua en su vulva tocando su clítoris y besando sus labios, cada vez ha sido diferente y disfrutable hasta el grado de excitarla y masturbándonos al mismo tiempo por teléfono terminamos en múltiples orgasmos deliciosos y muy húmedos, es una amante deliciosa, excitante, explosiva, lujuriosa, golosa, sabrosa coge y se deja coger bien sabroso, gime y me complace con la boca, con su delicioso y apetecible trasero sin dejar de lado sus succionables pechos que me deleito con sabrosos besos y chupo ávidamente como bebe hambriento de placer y de pasión desbordada, es una amante deliciosa, es y será siempre mi rica y apetecible chica golosa de sexo y placer que me hace sentir un apasionado amante suyo.

  • Te engañé, madre. No soy maricón

    Te engañé, madre. No soy maricón

    Asier tenía 19 años, era rubio, de ojos azules, alto, delgado y muy guapo y además un buen estudiante. Su padre, Aitor, era soldado profesional. Su madre, Arantza, tenía una tienda de ropa.

    Asier y su padre estaba en una terraza de un bar de Donosty. Nekane, una universitaria, morena, con todo más que bien puesto y conocida de Asier se acercó a ellos y le preguntó:

    -¿Invitas a una Cocacola, Asier?

    Aitor, el padre de Asier, que tenía la altura de su hijo, y que era rubio, fuerte y que llevaba una buena mierda encima, le dijo:

    -Siéntate, siéntate y bebe lo que quieras.

    Nekane se sentó a la mesa y le preguntó a Aitor:

    -¿Es su padre?

    -Sí, soy su padre, el que le enseñó todo lo que sabe. ¿A qué te comió bien el culo antes de encularte?

    La chavala miró a Asier y rompió a reír. Asier saltó cómo un gato.

    -¡No bebas más, papá!

    Aitor, ni lo oyó. Siguió a lo suyo.

    -¿Cuántas veces te hizo correr?

    Nekane, que estudiaba segundo de derecho cómo Asier, no era de las remilgadas. Le respondió:

    -Ninguna, pero porque no intentó follarme.

    Aitor miró para su hijo, y le dijo:

    -¿Ves? Hablando folla la gente.

    Asier se armó de paciencia.

    -Se entiende, papá, hablando se entiende la gente.

    -Pues a ver si entendiste a este monumento. Te acaba de decir que si no la follas es porque no quieres.

    Llegó el camarero. Nekane pidió una Coca-Cola y le preguntó a Aitor.

    -¿A qué se dedica?

    -Soy soldado profesional.

    -¡Soldado! ¿Mató a alguien?

    -La semana pasada en Basora dejé a una chica de tu edad medio muerta.

    -Bromea.

    -Nunca bromeo con esas cosas.

    Nekane no se creía lo que estaba oyendo.

    -¡¿La dejó medio muerta de verdad?!

    -De verdad de la requetebuena.

    Nekane ya le prestaba toda su atención.

    -¡¿Qué le hizo la chica?!

    Unas palomas se pusieron a picotear unas migas. Aitor, mirando para ellas, le respondió:

    -Ponerse delante de mí- -le lanzó una patada a las palomas-. ¡Tuuuusa! -las palomas salieron volando-. Soy malo, muy malo.

    Nekane siguió quitando de él.

    -Pensaría que llevaba una bomba.

    -La bomba era ella. Cuatro tiros le pegué.

    -¿Dónde?

    -En el coño, y cuatro veces se corrió la chavala.

    Nekane rompió a reír y después le dijo:

    -Los cuatro tiros eran cuatro polvos.

    -Cómo cuatro soles, bonita.

    Nekane le dijo a Asier:

    -¡Tu padre es la hostia!

    -La hostia es la que le metería mi madre si se enterase de que le metió los cuernos. Venga, papá, vamos para casa.

    -Vete tú que yo estoy bien aquí.

    -¿Qué le digo a mamá?

    -Que voy a llegar tarde.

    Asier le dijo a Nekane:

    -Nos vemos, Nekane, y no le hagas mucho caso, de bebido miente más que habla.

    Asier los dejó solos y regresó a casa. Pasaban de las diez de la noche, echó mano al bolsillo y se percató de que se había olvidado las llaves. Cómo la luz de la sala estaba encendida fue a tocar en el cristal de la ventana para que su madre le abriera. Miró por un hueco que dejaban las cortinas y la vio, desnuda, magreando sus grandes tetas y follando su coño con una polla de goma mientras miraba en la tele de plasma un vídeo en el que un muchacho joven y cachas le hacía sexo anal a otro joven que aún estaba más cachas que él. Aquello lo desconcertó.

    Entendería, aunque le costaría, que su madre se excitara viendo a una mujer y a un hombre follando, pero dos hombres, es que no le cabía en la cabeza. No quiso molestarla e iba a esperar a que acabara para llamar al timbre de la puerta, pero la madre miró para la ventana y lo vio. Visiblemente nerviosa sacó la polla del coño, se tapó las tetas con una mano, cogió la bata del suelo, se dio la vuelta, Asier vio su culo y agarró un empalme del 18. Al ratito estaban madre e hijo en la sala. A Arantza se le caía la cara con la vergüenza. Sentada en el sofá donde se estaba masturbando, con la polla pringada de jugos sobre la alfombra y con su hijo enfrente, le dijo:

    -Siento que vieras lo que has visto, pero no os esperaba hasta las doce.

    Asier vio su oportunidad. Bajó la cabeza y mirando para la polla de goma, le dijo:

    -Discutí con papá.

    -¿Qué pasó?

    Le mintió cómo un bellaco.

    -Le confesé que soy gay y…

    A Arantza la pilló por sorpresa, exclamó:

    -¡Ay va la hostia!

    -¿Tanto te importa que sea de la acera de enfrente?

    -Hombre, eres nuestro único hijo y si eres maricón No vamos a tener nietos.

    -Gay, mamá, gay.

    -Maricón, hijo, maricón de toda la vida. Dime. ¿Te acostaste con alguna mujer?

    Asier no sacaba la vista de la polla de goma.

    -Las mujeres no me excitan, bueno, sus culos, si, es que yo culo veo, culo quiero, mamá.

    -¿Has visto muchos culos de mujeres?

    -Solo el tuyo hace un ratito.

    -¿Te gusta mi culo?

    -Sí, tienes un culo precioso, grande, redondo, morenito…

    -Estás hablando del culo de tu madre.

    -Estoy hablando de un culo, madre.

    Arantza quiso llevar al hijo por el buen camino.

    -A ver, cariño, a ver. ¿Probarías con una mujer?

    -No sé. ¿Sabes de alguna que se preste al experimento?

    -Cualquiera de mis amigas. Son mujeres con experiencia… Y veo cómo te miran.

    -¿Cómo me miran?

    -Con lujuria.

    -No me ponen, no tienen tu culo -Asier, levantó la cabeza y miró a Aranza. Quiero probar contigo, mamá.

    Arantza puso el grito en el cielo.

    -¡¿Conmigo?! ¡¡No hijo no!!

    -Si no es contigo no pruebo con ninguna mujer.

    -Pues te quedas maricón para toda la vida.

    -A lo mejor funciona. Piensa en tus nietos.

    Aranza se sintió chantajeada.

    -¡Serás hijo puta!

    -Soy hijo de una madre maravillosa, otra madre ya no tendría esta conversación con su hijo.

    -A ver, cariño. ¿Por qué no quieres desvirgarte con otra mujer que no sea yo?

    -Por qué les tengo miedo, madre.

    -Era eso.

    -Sí, era eso.

    -Si se entera tu padre que… No, no puedo, es que no puedo, ni puedo ni debo. Eres mi hijo.

    Asier se hizo la víctima.

    -Tendré que resignarme a ser lo que soy.

    Arantza entró al trapo.

    -Tú ganas, pero vas a hacer todo lo que te mande.

    -Seré cómo un perrito fiel.

    -Lo primero que vas a hacer, perrito fiel, es correr del todo la cortina, no vaya a ser que regrese tu padre y nos pille con las manos en la masa.

    Asier fue y corrió la cortina. Arantza, que era una mujer de 36 años, morena, de estatura mediana y gordibuena, se levantó, se quitó la bata y quedó desnuda. Asier vio sus tetas, decaídas por lo grandes que eran y su coño peludo mojado en la raja Arantza, le dijo:

    -Desnúdate, cariño.

    Arantza soltó el moño. Una cascada de pelo negro cayó por sus hombros y por su espalda. Al ver a su hijo desnudo y con la polla morcillona, estiró una pierna y le dijo:

    -Te voy a enseñar las cosas que le gusta que le hagan a una mujer. Coge mi pie que yo te digo lo que tienes que hacer.

    Asier le cogió el pie e hizo paso a paso lo que le dijo su madre que le hiciera… Olerlo, darle besos. Dejar caer saliva sobre la planta un par de veces y con la saliva masajear planta, talones y tobillos. Después pasar la lengua por debajo de los dedos, chuparle el dedo gordo, y luego separar los dedos para chupar uno por uno… Acabó chupando todos los dedos juntos. Le cogió el otro pie y lo olió. Arantza viendo el tremendo empalme que tenía su hijo, comenzó a masturbarse acariciando el clítoris con dos dedos que previamente había humedecido con la lengua. Poco después, le decía:

    -Sube besando y lamiendo mis muslos hasta llegar al coño.

    Le fue diciendo cómo y cuándo hacerlo… Y así, muy lentamente, yendo de muslo a muslo, fue subiendo y lamiendo hasta llegar arriba. Al llegar le mandó lamer los dedos que estaban acariciando el clítoris y después el dorso de su mano. Arantza metió dos dedos dentro del coño y pringados de jugos se los dio a chupar. Después de chupárselos, le siguió dando instrucciones… Asier subió besando y lamiendo su vientre, besó y lamió su obligo y llegó a las tetas. Pasó su lengua por el pezón erecto de la teta izquierda y sintió a su madre temblar y gemir en bajito. Le preguntó:

    -¿Te estás corriendo, mama?

    -Sííí, hijooo, sííí.

    Gozó cómo lo hace una cerda al revolcarse en el barro.

    Al acabar de correrse, Arantza, pasó dos dedos por el coño y se los puso en los labios, está vez estaban pringados con los jugos blancos y espesos de su corrida, Asier, después de chuparlos volvió a hacer lo que le dijo su madre que le hiciera… Meter la cabeza entre sus piernas y lamer de abajo a arriba el clítoris con la punta de su legua, lamerlo transversalmente, hacer círculos, rozándolo, apretando la lengua contra él. Masajear las tetas. Apurar los movimientos de la lengua cada vez más, y más y más, hasta que Arantza, que no era de las que gemía, dejó de dar indicaciones, comenzó a jadear y dijo:

    -¡Me corro cómo una perra!

    Asier, con la parte superior de su lengua sobre el clítoris y el resto sobre el coño, sintió sus contracciones y cómo salían de él jugos calentitos. Maricón sería, pero el empalme que tenía no era de asco.

    Arantza era insaciable.

    -Ahora quiero follarte yo, hijo. Échate boca arriba sobre la alfombra.

    Asier hizo lo que le dijo su madre. Arantza, dándole la espalda subió encima de él y comenzó a follarlo. La metía con fuerza, despacito, la metía cómo si la estuviera atornillando… Con la polla metida a tope movía el culo alrededor, y moviéndola así, Asier, le llenó el coño de leche.

    Al acabar de correrse su hijo, Arantza, se dio la vuelta. Le volvió a meter la polla en el coño, y le preguntó:

    -¿Te gusta que juegue contigo?

    -Sí, madre.

    Arantza apoyó las manos en la alfombra y movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacía atrás, movimiento que también hacían sus tetas, tetas que Asier, cuando las tenía a tiro, iba mamando. Al rato se incorporó, echó las manos a las tetas y comenzó a follarlo con saña. En un par de minutos, se detuvo y volviendo a gemir en bajito, dijo:

    -Me corro otra vez, amor.

    Se corrió comiéndole la boca a su hijo.

    Aun tirando del aliento volvió a apoyar las manos en la alfombra y lo volvió a follar despacito. Asier le amasó las tetas. Arantza volvió a acelerar los movimientos de culo y pasado un tiempo, le dijo:

    -Me voy a correr de nuevo, hijo.

    Asier le echó las manos a culo y acompasó sus movimientos. Arantza se volvió a venir, diciendo:

    -¡Me corro, cariño!

    Al acabar, Arantza, se quitó de encima y quedó espatarrada sobre la alfombra. No sabía que decir y dijo lo primero que se le vino a la cabeza.

    -¿Qué estará haciendo tu padre?

    -Darle a la lengua.

    Efectivamente, Aitor estaba dándole a la lengua dentro de un Seat Ibiza que tenía los asientos reclinados. Nekane se había levantado la falda y quitado las bragas. Tenía su camiseta blanca con el logo de los Stones subida y mostraba sus duras y redondas tetas. Aitor había abierto su coño con dos dedos y su lengua se metía y salía de su vagina, chupaba los labios, lamía de abajo arriba y lamia y chupaba su clítoris, un clítoris gordo y fuera del capuchón. Paró de lamer unos segundos, y le dijo:

    -Tienes un coño delicioso.

    -Estás a punto de conocer su sabor real.

    Aitor estaba borracho, pero supo que le decía que se iba a correr. Siguió lamiendo hasta que Nekane levantó la pelvis, y le dijo:

    -¡Te voy a ahogar!

    Gimiendo desesperadamente, soltó una corrida en forma de chorros. Aitor los buscó con la boca, pero cómo Nekane movía la pelvis acabó con la cara perdida de jugos espesos y con textura mucosa.

    Al acabar, Nekane, hizo que Aitor se echase en el asiento de al lado, lamió los jugos de su cara y después le dio un beso con lengua que en condiciones normales le pondría la polla tiesa, pero al estar bebido solo se le puso a media asta. Luego le desabotonó la camisa y le acarició y le chupó las tetillas, le bajó la cremallera del pantalón, le sacó la polla, la echó hacia atrás y le lamió, le besó y le chupó los huevos.

    Después le mamó y le meneó la polla. Pasado un tiempo vio que no se la ponía dura. Subió encima de él, cogió la polla y la frotó en el culo y en el coño mientras Aitor le comía sus tetas, medianas, con areolas oscuras y pezones gordos cómo dedos. La vagina de Nekane se abría al rozarla la cabeza de la polla. Era como si la quisiera comer, y acabó comiéndola cuando Nekane la metió dentro. Luego apretó la polla y la fue metiendo hasta que le entró toda. Una vez dentro, movió el culo alrededor y froto su clítoris contra la pelvis de Aitor… A punto de correrse, le dijo:

    -¿Tu polla sabe nadar? Si no sabe nadar dile que se ponga un flotador. ¡¡Ahí vaaa!!

    Besando a Aitor se volvió a correr y le encharcó la polla de jugos. Aitor sintiendo cómo los músculos de la vagina se la apretaban, descargó dentro de ella.

    Se había corrido juntos. Nekane, con una amplia sonrisa en los labios, le dio un pico, y después le dijo:

    -Bad boy (chico malo).

    -¡¿Chico malo?!

    Le dio la vuelta, metió la cabeza entre sus piernas, y lamiendo su coño, le dijo:

    -Sí, soy malo, malo cómo un diablo y más guarro que tú.

    Siguió lamiendo su coño hasta que le volvió a poner la cara perdida de jugos.

    Al acabar de correrse, lamiendo los jugos de su cara, le dijo:

    -Tenemos que repetirlo cuando se te ponga dura. Si no te importa engañar a tu mujer una vez más.

    -¡A saber qué hace ella cuando no está conmigo! Lo repetiremos.

    Arantza lo que estaba haciendo, a cuatro patas, era dejar que su hijo le lamiera el culo. Sí, la lengua de Asier lamía el periné y el ojete de su madre, a lo que ayudaba que ella separase las nalgas con las dos manos. Arantza disfrutaba una cosa mala cuando la punta de la lengua entraba, salía de su culo, lamía su coño, su periné, lamía el ojete y lo volvía a follar. El hijo le comía el culo mejor que el marido… Cuando le metió el glande en el culo comenzó a jadear cómo una perra. Le dio un azote en el culo y se la metió un poquito, luego de azote en azote la polla llegó al fondo. La cogió por las caderas y la folló despacio un par de minutos, después la cogió por las tetas y apretándolas le dio caña brava. Sus huevos batían contra su coño y hacían que la mujer se pusiera negra. Tiempo después cuando ya el coño de Arantza goteaba, le dijo:

    -Dime que estás sintiendo, hijo.

    -Siento que te voy a llenar el culo de leche y veo un culo que me vuelve loco. ¿Y tú qué sientes, mamá?

    -Siento que estoy en el Paraíso. Solo me falta que me comas el coño y correrme en tu boca.

    Asier, tenía otros planes.

    Le folló el culo a romper, y Arantza, sin querer queriendo, se corrió cómo una loca.

    -¡¡¡¡Me corrooo!!!

    Sus piernas comenzaron a temblar, su coño comenzó a desbordar y se desplomó sobre la cama cómo un fardo.

    Al acabar, Asier, le dio la vuelta, le lamió el coño empapado, besó con lengua a su madre y después se la metió en el coño. Follándola, le dijo:

    -Te tengo que decir algo.

    -Ahora, no, hazme correr de nuevo y dímelo después.

    Al rato, Arantza, estaba estremeciéndose, jadeando, con los ojos en blanco y el coño lleno de leche.

    Cuando Asier se quitó de encima de ella, boca arriba y sin mirarla, le dijo lo que ya le quiera decir antes:

    -Te engañe, madre. No soy maricón.

    -No, hijo, no, pensaste que me engañabas.

    Quique.

  • Suplencia en el Convento. Mi encuentro con la superiora (I)

    Suplencia en el Convento. Mi encuentro con la superiora (I)

    Llovía a cántaros en la montaña donde estaba ubicada la orden de las monjas teresianas. La parte trasera del convento, estaba compuesta por un pequeño huerto, que suministraba los vegetales a las veinticinco religiosas, además de un cobertizo-establo, con dos vacas lecheras y unas cien gallinas ponedoras. Una pequeña granjita autosuficiente que era atendida por el único hombre que tenía acceso a las instalaciones.

    Mi padre, de sesenta años, atendía con esmero aquel pequeño huerto y se encargaba del ordeño y de la recolección de los huevos. Ese día, por primera vez en veinte años, me tocó hacerle la suplencia a mi enfermo viejo. Antes de salir a suplir su ausencia, me entregó una larga lista de tareas que debía cumplir cabalmente: Conectar el sistema de riego, sacar la basura, recoger los huevos, ordeñar la vaca, recoger los tomates maduros, entre otras cosas. Finalmente, antes de salir, me exigió encarecidamente que no me acercara a la vieja casona donde habitaban las monjas.

    Comencé con las labores a las 5:00 am. A media mañana, el aguacero había mermado bastante y decidí salir del cobertizo de los animales y me dediqué a los quehaceres culturales de la tierra.

    Tendría poco menos de una hora bajo la fastidiosa llovizna, cuando vi pasar, como a unos cuarenta metros, a una monja con una cesta cubriendo su cabeza rumbo al cobertizo. Su paso apurado la delató y voltee sin intención alguna a ver que era aquel ruido.

    Ni me miró. Siguió su paso apresurado y se perdió dentro de aquel techo de zinc que resguardaba los animales. Pasaron como veinte minutos y aquella monja no daba señales de vida. Movido por la curiosidad y también para guarecerme de la lluvia que había arreciado, me fui acercando lentamente a la pared que me protegía de la visibilidad de ella, hasta alcanzar el alero del techo en donde me protegí de la abundante agua que caía de nuevo.

    No quise meterme dentro del cobertizo, obedeciendo las estrictas órdenes de mi padre: A las monjas ni te les acerques, me había implorado. El ruido que producían las gotas sobre las láminas del techo, me impedían escuchar lo que pasaba al otro lado de la pared. Uno que otro bramido de las vacas, lograba llegar a mis oídos cada cierto tiempo.

    Pasados algunos instantes, tal vez cinco minutos, la pertinaz lluvia bajó significativamente su magnitud. Todavía empapaba pero su ruido ensordecedor sobre el zinc, había mermado lo suficiente para percibir cierto ruido extraño al otro lado de la pared.

    Escuchaba tenuemente, un quejido que inicialmente atribuí a una de las vacas. Algo raro en verdad, afiné mi oído y comprobé que el ruido y el sonido gutural que resonaba en mis tímpanos no era producto del rumiante. El sorpresivo y cada vez más audible jadeo, se asemejaba más bien al que producen las personas que sufren de problemas respiratorios. Aquello me intrigó, rodé con sumo cuidado una vieja silla, que tal vez era usada por mí papá para descansar y la coloqué en la parte más baja del alero para tratar de descifrar el motivo de los ruidos.

    Tratando de no hacer mucho escándalo, me subí cuidadosamente en el sillón de madera y me agarré de una viga enmohecida que sobresalía del techo. El listón emitió un crujido seco que me obligó a quedarme estático por un momento. Yo no sabía realmente que resonaba del otro lado con cada vez mayor intensidad. Me imaginé algún tipo de animal extraño que resollaba de esa forma, o quizás la monja tenía un ataque de asma, la verdad, no adivinaba ni remotamente de donde provenía ese sonido.

    Retiré mi mano con sumo cuidado y me apoyé en el borde de la pared que parecía más estable. Los jadeos se incrementaban a cada instante que transcurría y mi curiosidad aumentaba proporcionalmente con los resuellos que escuchaba: Ahh, ahh, ay…

    Me incliné hasta donde más no pude y logré quedar peligrosamente guindado, pero con una vista completa hacía dentro del establo. Lo que vi a continuación me dejó perplejo. Tirada sobre las pacas de heno de las vacas, estaba tumbada de espaldas la monja, con sus hábitos arremangados hasta la cintura. En su mano izquierda sostenía una revista a colores y con la otra mano se frotaba frenéticamente su hermoso coño cubierto de escaso vello púbico.

    La monja se arqueaba espasmódicamente, mientras con su dedo medio se masajeaba con un entusiasmo sin igual. Vi, extasiado y con mi polla cobrando vida, como su respiración agitada emitía esos sonidos, que una vez asociados con la imagen visual, adquirían una connotación distinta a la de unos segundos atrás.

    Quedé colgado de aquella pared a las buenas de Dios. Entre la erección que me produjo la escena de la religiosa pajeándose y la incomodidad y el cansancio de estar guindando como un mono, mis piernas comenzaron a temblar y flaquear. No quería perderme aquello. Ver a la monja embelesada con las fotos que miraba y su mano jugueteando afanosamente con su coño, hizo que me descuidara, lo que se tradujo en un resbalón que me arrojó contra la precaria silla que me sostenía.

    Caí como una rama que se desprende desde las alturas. El golpe sonó seco cuando mi rodilla destrozó el apoya brazos del sillón. No tardé ni un segundo en reincorporarme del suelo cubierto de barro e intenté correr hacía una mata de mangos que estaba próxima a mí pero una voz desde adentro del cobertizo me paralizó:

    -¿Quién anda ahí, quién anda ahí? -Repitió la voz de la monja.

    -Soy yo, soy yo, Pedro, el hijo de don Julio, el encargado -alcancé a responder desde el lugar donde me había caído.

    -¿Qué hace usted ahí espiándome? -Me regañó.

    -No, no, yo no la estoy espiando. Estaba arreglando es-es-ta silla -le dije con tono balbuceante.

    -Voy a llamar a la policía. A usted nadie lo autorizó para entrar a esta propiedad -agregó con tono amenazante.

    Por mi mente pasaron infinidad de pensamientos. Mi papá no me había enseñado ninguna autorización y realmente yo pasé por la puerta trasera con la llave que él me dio. Le explique a la monja varias veces y no entraba en razón alguna. No sé si estaba frustrada con la interrupción de su juego o por el temor de haber sida descubierta en su acto auto complaciente. No quería enfrentarme a una acusación de violación de propiedad privada ni a ningún encuentro con la policía. En el comando policial del pueblo ya me conocían por mis múltiples entradas por alteración del orden público. Nada grave pero no quería echarle más leña al fuego.

    La monja seguía parada frente a mí con actitud desafiante.

    -voy a denunciarlo por robo y por conducta inapropiada.

    Aquella afirmación me enervó mis sentidos. Una cosa era que me reprimiera por no haber avisado de mi presencia en la granja del convento y otra era que me acusara de esos delitos.

    En treinta segundos detallé aquella monja encolerizada. Tendría unos cuarenta años. Era alta y con el cabello negro hasta sus hombros. Anteriormente ya había visto un avance de sus atributos internos. Tenía unas piernas regordetas muy bien torneadas que provocaba mordérselas por horas. Sus pechos eran desafiantes como su voz, no muy grandes pero con la postura firme y con dos fresas rosadas en su cima. Por su autoridad al hablar, supuse que tenía un rango alto entre sus compañeras. Estaba con el hábito mal arreglado y con la cofia en su mano derecha. Luego me enteré que se trataba de Sor Matilde, la jefa, la superiora. Estaba realmente alterada.

    -Usted no me puede acusar a mí de esos delitos -le dije

    -Ah, no. Ya vera que si puedo.

    Ante la insistencia en denunciarme y no escuchar mis ruegos, me armé de valor y le dije:

    -Usted era la que estaba actuando inapropiadamente. No me venga a sermonear a mí después de lo que la vi haciendo -Recalqué.

    Enseguida su postura cambió. Intentó torpemente colocarse la cofia y con tono menos altanero se dirigió a mí:

    -¿Qué fue lo que usted vio? Yo no estaba haciendo nada malo -agregó.

    -Lo que vi fue lo que vi. ¡No se haga usted la tonta, madre! -exclamé con un tono de más dominio de la situación.

    -Usted no vio nada, porque yo no estaba haciendo nada -respondió.

    -Claro que la vi. Observé claramente cómo se estaba manoseando su intimidad con desespero. Lo vi todo.

    De ser la víctima y el agraviado, pasé a ser el inquisitivo superior que emplazaba con autoridad a su discípula pervertida. La otrora altanera y endemoniada monja, se apoyó sobre la pared y con mirada suplicante me exclamo:

    -¡Qué vergüenza, no puede ser!

    Con lágrimas en sus enormes ojos negros me imploraba que no le comentara lo acontecido a nadie. Aquella imponente mujer de hace unos segundos, estaba a punto de derrumbarse. Al verla así, el salvaje que llevo dentro se despertó y empezó a maquinar un perverso plan.

    -Sí, es muy vergonzoso lo que acaba de hacer. Usted es una mujer entregada a su religión y no puede tener ese tipo de comportamiento tan vulgar y mundano -le dije con la autoridad que me confería mi plan.

    -Sí, sí, es verdad. Es que me posee un espíritu diabólico que nubla mis sentidos -me dijo sollozando.

    -Métase en el cobertizo para que discutamos esto sin mojarnos -agregué.

    La superiora caminó lentamente hacia el establo y yo la seguí oliendo la estela a miedo que dejaba flotando en el aire.

    Una vez adentro, recogí la revista que estaba tirada a un lado de las pacas de heno y le dije que se tumbara sobre las mismas. Ella obedeció sollozando y yo eché un vistazo al contenido de las fotografías internas del folleto. Nada especial en su contenido. Solo cuerpos semidesnudos de mujeres y hombres mostrando las escenas típicas de la pornografía.

    -¿Qué tienen de excitantes o extrañas estas fotos? -le pregunté.

    -Nada, nada. Solo miraba por curiosidad -respondió.

    -¿Usted cree que su conducta puede pasar inadvertida?

    -No le da vergüenza lo que está haciendo. ¿Qué pensarán sus compañeras y el obispo cuando se enteren de su aberrante afición? -le dije alzando un poco la voz.

    -No, por favor, no. Esto no puede salir de aquí. ¡Me van a excomulgar! -Exclamó toda angustiada.

    A medida que la conversación avanzaba, mi macabro y libidinoso plan se iba afinando. Mi pollón se expandía cada vez más y luchaba contra el pantalón caqui lleno de barro por todos lados. Decidí seguir con mi estrategia:

    -Bueno, tenemos que hacer algo. Ciertamente yo no quiero perjudicarla -le dije con voz apaciguada.

     -Sí, sí, muchas gracias. De verdad le agradezco su silencio. Déjeme buscar en el convento un dinerito para que se ayude con sus cosas. Espéreme un momento -agregó.

    Lo que no imaginaba la madre superiora era que yo no estaba interesado en recibir sus dádivas. Mi polla a reventar, estaba ahora a cargo de la situación.

    -¿Qué dice, madre? Yo no soy un delincuente. ¿Cómo se le ocurre intentar sobornarme? -Agregué con rostro ofendido.

    -No, no, yo solo quería agradecerle por su silencio. Discúlpeme.

    Pronunció esa frase y se levantó de la paca de heno con intenciones de abandonar el establo.

    -¿Dónde va? -Le pregunté con autoridad.

    -Al convento. Debo continuar con mis tareas, ya todo aquí quedó arreglado ¡gracias a dios! -exclamó con intenciones de recobrar su espíritu autoritario.

    -No, madre, no. Usted no se va de aquí sin mostrar signos de arrepentimiento y amor a su prójimo -proseguí.

    -Siéntese de nuevo y espere que yo le indique lo que vamos a hacer -le dije.

    Su rostro volvió a mostrar los síntomas del castigo de mis palabras. Su nerviosismo a su cuerpo regresó y se sentó torpemente en la paja seca que tenía a su lado.

    -No quiero que se vaya sin repetir lo que estaba haciendo. Debe hacerlo como penitencia y escarmiento a su corrompido espíritu -le dije.

    -¡Usted está loco! -Exclamó.

    -¿Cómo se atreve a insinuarme eso? -continuó.

    Su negativa me excitó aún más, sin embargo, la note con ganas de retomar la autoridad de hacía unos minutos.

    -Usted decide. O recrea la escena y así limpia usted su culpa o me veré obligado a denunciarla -la puse en esa disyuntiva embarazosa.

    -Es que usted no sabe la vergüenza que eso me produce -agregó ensimismada.

    -¡Qué vergüenza ni que nada! Vamos, súbase el camisón ese y empiece a meterse mano. Ya me tiene cansado con su falso arrepentimiento -le dije autoritariamente.

    La monja comenzó a subir su hábito lentamente con el rostro lleno de gestos de sumisión. Lo arremangó hasta sus rodillas e imperceptiblemente fue llevando su mano hasta la entrepierna. Hizo una interpretación teatral, como si estuviera hurgando su intimidad pero no le creí.

    -Así no, madre. Ponga más entusiasmo en lo que hace. Esto no es ni remotamente lo que yo vi hace rato. -le dije.

    La madre Matilde, deslizó su faldón negro sobre la cintura y expuso ante mis ojos la imagen más excitante que yo había visto hasta ahora. Sus rellenos muslos, terminaban en un triángulo rosado, cubierto por un fino vello púbico con reflejos plateados. Su incipiente vientre, lejos de ser desagradable a la vista, agregaba más realismo a su hermoso cuerpo. Verla tirada allí, liberó ingentes cantidades de mis hormonas y mi aparato adquirió dimensiones desconocidas. Su mano comenzó a frotarse con timidez su coño mientras yo me despojaba de mi camisa embarrialada y empapada.

    -Siga así, madre, siga así. Imprímale más entusiasmo, lo está haciendo muy bien -le dije.

     -Siento una gran vergüenza. Lo hago para expiar mis culpas -dijo sollozando.

    -Sí, madre. Si sigue así será perdonada y nadie sabrá nada de esto -la animé al decir esto.

    Mientras ella se sumergía en su masaje, yo me frotaba mi verga a través del pantalón. Seguidamente, y sin quitar la vista de aquella mano juguetona que se auto complacía, destrabé mi prenda y la dejé caer al piso. Bajé mi interior y liberé mi bestia que apuntaba a su presa ubicada a tan solo un metro de mí.

    Los ojos de la monja casi salen de su órbita cuando vieron mi amenazante cañón.

    -¿Qué está haciendo, por dios. Guárdese eso, por favor. No haga que mis pecados se incrementen -Me imploró desde la excitante posición que se encontraba.

    -No madre, véalo como observaba en la revista. En vivo es más efectivo -Le dije con mi pollón agarrado.

    Me fui acercando lentamente con mi polla entre las manos y le tomé su mano libre y la posé sobre mi miembro resbaladizo.

    -¡No, no, que está haciendo! ¿Cómo se le ocurre poner eso en mi mano?

    -Esto es obra de Satanás -me dijo.

    -déjeme ir a mis aposentos. Creo que ya es suficiente. Ya con esto expié mi pecado. ¡Por favor, déjeme ir!

    Lo que pronunciaban sus labios no guardaba relación con los movimientos de su otra mano. Si, la que frotaba con más ganas a su irritado y desaforado coño rosado. Su respiración comenzó a incrementarse y de sus adentros, los resuellos retornaron en menor medida.

    -¡Déjeme ir por favor! -exclamaba con poca creíble expresión.

    La imagen de la madre en esa postura y con sus dos manos ocupadas dando y auto infringiéndose placer, me empujaron a zambullirme encima de la superiora. Le recosté mi polla sobre sus muslos y con mis manos le liberé sus dos hermosos senos de un viejo sostén que los sujetaban.

    Me fue difícil interpretar los sentimientos y los gestos de la monja. Por momentos gemía y se apretaba contra mi polla y en otros me empujaba en señal de rechazo diciéndome que la dejara ir. Lo que estaba claro y en lo único que era consistente la monja era en el pajazo que se estaba dando. Su mano nunca abandonó su coño humedecido.

    -No, por favor. Dios, no, no -Era la única frase que alcanzaba a decir.

    Tomé sus melones y comencé a lamerlos con frenesí. Los manoseaba y ensalivaba con lujuria. Los tenía preciosos. Sus pezones se irguieron amenazantes con ganas de saltar al vacío. Mi lengua jugueteaba con ellos y estos respondían con contracciones al ritmo de sus palpitaciones cardiacas. El jadeo de Sor Matilde era enervante. Su pelvis se arqueaba y aferraba sus dedos a mi polla con el temor de quien no quiere que se suelte.

    Seguidamente me subí encima de ella y le estampe un beso en su boca la cual abrió invitándome instintivamente a meter mi lengua. La madre era torpe pero diligente y cargada de fuego interior. Era una mujer caliente en una profesión helada. Contradicciones de la vida.

    Ya estaba fuera de sí. Igual yo. Retire todos los trapos de sor Matilde y aproveché un descanso de su mano sobre su concha y hundí mi lengua dentro de su intimidad olorosa a especias de la India. Olía rico la condenada monja. Cuando comencé a lamerle su coño y la posé sobre su almendra vibrante, la exquisita monja me clavó sus uñas sobre mi espalda. Sus resuellos aumentaron y su respiración se hizo peligrosamente anormal. Mi polla no aguanto más.

    -La voy a crucificar, madre. Con esta espada voy a liberar todos sus pecados -le dije al oído.

    -Sí, si, libéreme, por favor. Conviértase en mi redentor. Empáleme con esa espada pero tenga mucho cuidado que yo nunca he sido exculpada de esta manera. Métamela, se lo imploro.

    Aquella petición fue más que excitante. Le abrí las piernas y acerque mi garrote y lo frotaba lentamente por su hendidura ya súper mojada. Ella se movía desenfrenada pero consciente de que aquel juego era solo el principio de su expiación. Me mordía el cuello, mis lóbulos, las tetillas.

    -No aguanto más. Proceda a crucificarme, por favor. No alargue más mi agonía -Me imploró.

    -Claro, mi querida madre. Prepárese que voy con todo.

    -Se lo agradezco mijo, métame esa espada afilada en mi virginidad que yo aguantaré con el estoicismo que me dan mis creencias -agregó fuera de si.

    Puse mii miembro a punto de explotar en la entrada de su concha y lentamente la fui introduciendo hasta que me clavó sus uñas, está vez con más fuerzas, y exclamó:

    -Hasta ahí, por favor, hasta ahí. ¡Me va a matar usted!

    -Disculpe, madre, no fue mi intención. Hasta ahí se la meto, no se preocupe.

    El espectacular cuerpo de la monja, aguantaba con decisión mis embestidas.

    Retiré mi polla y voltee a sor Matilde, colocándola encima de mí. Profería cualquier cantidad de sonidos. Jadeaba, resollaba, gemía. En la posición dominante que tenía, sacó fuerzas de su interior y me dijo:

    -Me la voy a meter toda. Tengo necesidad de ser purificada totalmente. No quiero dejar restos de mis pecados sin redimir.

    Duramos varios minutos en aquella lucha a muerte por su redención. El coño de la superiora, derramaba líquidos por montón. Quería meterse más. Los veintidós centímetros que medía mi polla parecían no ser suficientes para ella. Estaba condenadamente apretada. Me imagino que alguno que otro objeto habría penetrado su gruta. Se movía con desespero.

    Aflojó sus muslos y exclamó:

    -Ay, ay, Dios santo. Señor dame fortaleza para soportar este castigo tan enorme.

    Sus ojos se voltearon y una serie de espasmos me indicaron que se había corrido varias veces. Mi polla estalló cual volcán dormido durante años. Cuando sintió la lava que recorría sus entrañas se tumbó sobre mí y me estampó un beso apasionado.

    Segundos después, se paró frente a mí y pude observar a plenitud la belleza de aquella mujer madura.

    Escuchamos ruidos a lo lejos y tuvimos que interrumpir el ritual de expiación de los pecados de sor Matilde. Me dijo que una sesión no era suficiente. Me recalcó que ella estaba dispuesta a recibir el castigo que yo le impusiera…

    Ya en casa, entré a la cocina a tomar un café y allí estaba mi padre esperándome.

    -¿Hola, Pedro, como te fue en tu suplencia?

    -Bien, papá, excelente. Solo quiero disculparme porque rompí tu silla de descanso, pero no te preocupes, estaré yendo más seguido para ayudarte. La próxima semana te la arreglo…

    Continuará…

    Recuerden dejar sus comentarios. Su retroalientación es importante.

    Alphy Estevens

  • Mi primera cita con Carmen

    Mi primera cita con Carmen

    ¡Hoy es un día especial! Me encontraré con ella, después de un año de conocernos; y habernos visto una sola vez, hoy será nuestra primera cita; brevemente haré un recuento para seguir con la historia.

    Carmen y yo manteníamos comunicación por Whatsapp, desde que nos conocimos en ese chat e intercambiamos número de teléfono, pero nunca nos habíamos conocido en persona.

    Un viernes me escribió, después de saludar y chatear un rato, me dijo que el lunes próximo regresaría de vacaciones con su hija; y que si yo disponía de tiempo para buscarla y llevarla hasta su casa. Carmen vive en una ciudad a 126 kilómetros del terminal aéreo, yo vivo a unos 30 kilómetros, le respondí que sí, no hay problema, que aún seguía de vacaciones y tenía el tiempo para hacerlo, ya estando de acuerdo, cuadramos la hora, nos despedimos y nos dijimos «nos vemos el lunes».

    Llegó el lunes, bajé una hora antes de la llegada del vuelo, la esperé dentro del auto en la salida, vi cuando se acercaba, me bajé para que me pudiera ver, ella tenía una idea bastante diferente de mí, me imaginaba de otra forma, (bajito y gordito) yo si estaba más claro de cómo era ella, y tal cual la veía en fotos, era en persona, me atrevería a decir que se ve más interesante, «ojo» no es que no sea fotogénica.

    En ese momento que nos vimos, ella sonrío y me dijo «te imaginaba completamente diferente» yo la miré a los ojos y sonreí, a pesar de que no estaba vestida como para una cita, se veía bien; con cara cansada y ropa cómoda, en ese momento algo terminó de encajar entre los dos, vi en su mirada que de verdad yo le gustaba; y ella pudo sentir en mi algo similar; fuimos conversando por el camino, nos tocábamos las manos con mucha discreción porque su hija estaba en la parte de atrás acostada descansando del viaje.

    Nuestras miradas hablaban, el deseo de tocarnos y besarnos estaba en el ambiente, el camino se hizo corto, hicimos una parada en un restaurante de comida china, comimos algo y nos tomamos un par de cervezas; luego las llevé hasta su casa, cuando su hija se bajó, fue cuando pude besarla, sentir sus labios, ese beso selló en positivo el gusto que nos teníamos, ya era tangible, éramos dos personas reales que se atraían y sienten un gran deseo por ir más allá de conocerse y un beso, ya no éramos las personas de la foto o de la conversación por Whatsapp.

    Volviendo al tema, me desvié un poco porque me gusta recordar ese momento.

    Pasaron meses desde ese día que la vi por primera vez.

    Es sábado, me levante temprano, salí a cortarme el cabello y hacer unas compras, al llegar a casa me rasure la cara, me di una buena ducha, me puse perfume, me vestí, y salí a mi primera cita con Carmen.

    En el camino iba preguntándome ¿Qué pasará cuando nos veamos después de tanto tiempo? Algo nervioso me hacía una pregunta tras otra e imaginaba cada escena desde que ella se subiera al carro hasta donde llevarla; y donde vamos a iniciar nuestro encuentro.

    Llegué al lugar acordado, le escribí para decirle que ya había llegado y donde exactamente estaba estacionado, contesto «Okey, estoy llegando» yo estaba más nervioso que al principio, esperando a que llegara, pasaron como 10 minutos cuando a lo lejos vi que venía hacia mí ¡Wow! dije en voz alta ¿Cómo no decirlo? Se veía sexy, y sumamente hermosa; llevaba puesto un vestido color blanco corto, un poco más arriba de las rodillas; modelo strapless sin mangas, un poco suelto en la parte de abajo, sandalias casuales altas, lentes de sol, cabello corto rubio.

    Al subir pude sentir el sutil y exquisito aroma del perfume que tenía. Saludo con un ¡hola! Se quitó los lentes, me miró directo a la cara y sonrió. Su mirada y la sonrisa me hechizaron de inmediato. Respondí con un hola, devolví la sonrisa, pero mi mirada fue penetrante y directa, más atrevida, por un breve espacio de tiempo nos quedamos mirando sin pronunciar palabras, nuestros ojos exploraban todo, yo por mi parte veía sus ojos, los labios, las manos, el vestido, las piernas, el cabello, los pies.

    Poco a poco la tomé de las manos, me fui acercando lentamente hasta llegar a los labios, di un beso suave, luego con ambas manos tome las mejillas, acerque su rostro al mío y comencé a darle el beso más apasionado que me inspiraba en ese momento; ella correspondió con la misma intensidad, en ese momento pudimos sentir el deseo acumulado por tanto tiempo, ese deseo con ganas de entregarlo, pero lo teníamos reprimido por diferentes motivos.

    Pudimos sentir el calor de la pasión que se descargaba en ese beso, pudimos entregar nuestras ganas, y deseos que por tanto tiempo quisimos dar.

    No habían palabras, solo reinaban las caricias, los besos, no teníamos cuenta del tiempo, besos, caricias apasionadas en ese espacio que lo hicimos tan nuestro, y tan anhelado por ambos.

    Al poco rato nos fuimos a un lugar a tomar un par de tragos, conversar de todo un poco, la felicidad se nos salía por los poros, hablábamos, reíamos, las miradas provocativas eran las protagonistas del momento; por un momento hubo silencio, ambos nos quedamos estáticos mirándonos, no había más nada que decir.

    Rompí el silencio haciendo una pregunta ¿Vamos a otro lugar, donde podamos tener más intimidad? Ella con la cabeza asistió con un sí, pagué la cuenta, la tome de la mano y salimos de ese lugar a buscar un refugio donde solo estemos los dos, lejos de las miradas curiosas, un sitio para amarnos sin límites.

    Dando varias vueltas en la búsqueda, llegamos a un Motel de hermosa presencia, de los que estacionas abajo y la habitación está arriba, le dije «hermoso sitio, digno de nuestra primera vez juntos en la intimidad». Había algo de nerviosismo en el ambiente, más las risas y coqueteo, pero podía más el deseo que la expectativa de lo que pudiera pasar en ese cuarto.

    Estacioné, me bajé para cerrar el portón de entrada, ella continuaba dentro, le abrí la puerta como buen caballero, le di la mano para que saliera, cerré la puerta, acto seguido, puse la manos en la cintura, la mire fijo a los ojos, le dije ¡Por fin estamos solos! Después de tanto tiempo anhelando este momento, aquí nadie nos puede ver, solo estamos tu y yo.

    Ella dejó descansar los brazos en mis hombros, las sandalias al ser bien altas llegaba justo a mi tamaño, con las manos la atraje hacía mí pegando los cuerpos, ya mis manos estaban en la espalda y nos comenzamos a besar, esta vez con más deseo, con más entrega y con un toque de lujuria y morbo.

    Nos separamos, la tomé de la mano, caminamos hasta la escalera, deje que ella subiera primero, yo me quedé parado en el primer escalón para deleitarme viéndola por detrás ¡Dios mío! Exclame para mis adentros, lo que veía me gustaba demasiado, lógicamente el vestido se subió un poco, más el ángulo que tenía yo desde abajo, pude ver donde se unen los muslos con las nalgas, y evidentemente parte de la ropa íntima que se perdía entre sus nalgas.

    Carmen al llegar a la puerta de la habitación, volteo y me hizo una pregunta.

    -¿No piensas subir y traer la llave para poder entrar?

    Reaccioné y respondí

    -¡Claro hermosa! Por supuesto, ya subo, estaba viendo tu sensual caminar -ella sonrió y yo subí.

    Ya estando en la habitación, observamos todo, cada detalle, cada cosa que adornaba ese cuarto de hotel, la tome por detrás, apoye la quijada en su hombro, puse las manos en el vientre, le dije al oído ¿Te gusta? Asintió con la cabeza con un sí; pegó la espalda de mi pecho, la parte baja quedó pegada a la bragueta del pantalón, comencé a besar el cuello y a decirle en la oreja el deseo y las ganas que sentía de hacer el amor, le decía lo hermosa que se ve en ese vestido corto, y lo bien que luce en sandalias altas. yo hablaba y besaba, al mismo tiempo mis manos se paseaban adelante entre su vientre y un poco más abajo jugando con el ombligo, luego fui subiendo hasta que ambas manos se posaron en los senos por encima del vestido, apretaba suave y acariciaba, sentí como poco a poco se endurecen los pezones, con los dedos pulgares e índice acariciaba y daba apretones sutiles, ella respiraba fuerte y profundo, así como jadeos, yo aún no quería quitar en vestido, esa prenda formaba parte de nuestro preámbulo, de su ritual para seducirme, yo seguía acariciando y besando, su piel se erizaba, yo sentía sus senos en mis manos erguidos, tibios y excitados. También sentía como ella se movía en la bragueta de mi pantalón, para así sentir la erección que me estaba provocando.

    Pasado un rato, la volteó hacía mi, y quedamos de frente, nos besábamos, mis manos fueron a explorar debajo del vestido, acariciaba los glúteos y apretaba, los dedos tantearon para descubrir qué prenda íntima estaba adornando el cuerpo de mi amada Carmen, la señal que me daba el tacto era una prenda de finos encajes.

    Bajé el vestido en la parte de adelante hasta el vientre, dejando al desnudo ese par de bellos pechos de gran tamaño, alargados como un par de papayas colgando de la mata, con esa caída natural que la ley de gravedad no perdona, los pezones duros, los observe un rato, mientras seguía bajando el vestido hasta caer al suelo; ella estaba desabotonando la camisa, la fue quitando poco a poco dejándola caer, pego los senos a mi pecho, sentí lo caliente que estaban, seguimos basándonos, mis manos acariciando el cuerpo, luego me aleje un poco de ella para verla parada frente a mi, en sandalias y pantys hilo sin brasier.

    Le dije. Es tan excitante verte ¿Puedes darte la vuelta? Lo hizo lentamente, con cara de picardía y deseo lujurioso, en palabras entrecortadas dije, «definitivamente tienes excelente gusto, esa prenda íntima te queda divina, es blanca, mi color favorito, de finos encajes, me gusta como te queda».

    la abracé y la bese, poco a poco la fui luego seguir llevando a la cama, me senté en la orilla, ella quedó de pie frente a mi, le besaba el abdomen, y metía la lengua en el ombligo, mis manos se aferraban a las nalgas, bajé hasta la parte más íntima, metí la cabeza y la nariz en medio de las piernas, inhalaba y exhalaba fuerte al mismo tiempo que la empujaba hacia mi, quedando casi sin respiración; pasaba la lengua por encima de la tela y ella acariciaba mi cabeza con los ojos cerrados y gemía, al rato me levanté sin quitar nada, la senté en el mismo sitio que yo estaba, me puse de frente, ella comenzó a desabotonar y bajar el cierre del pantalón, lo fue quitando lentamente hasta que llegó a mis tobillos dejándome en bóxer, ella veía el bulto, mi erección era descomunal, mi pene goteaba lubricante, ella frotaba y daba apretones con la mano, daba besos, pasaba la lengua y mordía con los labios.

    Luego la fui recostando lentamente, me arrodille a la orilla de la cama, le subí las piernas hasta que las rodillas estaban colocadas a la altura de sus pechos, las abrí lo más que pude, daba besos y apretaba con mis labios la vulva, pasaba la lengua como un perro sediento, mojando más la blonda de ese diminuto triángulo que medio tapaba su humedecida cueva, besaba los muslos, y le decía lo rico que es tenerla así.

    Sin prisa fui quitando el hilo quedando completamente desnuda, ella se sentó en la cama, me fue quitando el bóxer hasta dejarme desnudo; nos acomodamos en medio de la cama, me subí sobre ella, nos besábamos, fui bajando hasta llegar a los senos, ahí me detuve a chuparlos con deseo uno a uno, seguía bajando hasta llegar a la vagina, le comencé hacer el sexo oral, paseando la lengua por su raja caliente y mojada del néctar cristalino que emanaba como una fuente.

    Con destreza mi lengua fue explorando hasta encontrar el clítoris, ese punto donde su cuerpo vibra sin poder controlarlo, donde se excita y quiere gritar, sus talones literalmente se encajaban en mi espalda, sus manos acariciaban y jalaban el cabello, poco a poco la fui colocando de lado sin dejar de chupar y lamer, quería poco a poco llevarla a la posición del (69) de medio lado para así ambos darnos el más divino placer. Al llegar a esa posición, lo tomo con una mano comenzó a masturbándome, después lo metió todo en la boca, lo chupaba, lo saca y lo metía de nuevo.

    Yo lamia el clítoris, lentamente fui introduciendo dos dedos en la húmeda cueva, que iban entrando y saliendo mientras seguía dando placer con la lengua, ella apretaba con una mano los testículos, con la boca apretaba, engullía por completo mi grueso falo, lo sacaba y se lo tragaba por completo de nuevo «que divina sensación me provocaba eso que estaba haciendo»

    Pasó un rato cuando en ese mismo (69) comenzamos a dar vueltas en la cama, ella quedaba a veces arriba, yo abajo, y viceversa, hasta volver a la posición inicial de medio lado.

    Luego la puse en cuatro, con ambas manos abrí sus nalgas, metí la lengua dentro de su orificio anal y lamía, le estaba dando una mamada en el culo que ella se quedó inmóvil, le dije «relájate, que aquí va a pasar lo que tu desees que pase, yo solo quiero lamer, disfrútalo sin miedo» Ella se relajó, al poco tiempo sentí que lo estaba disfrutaba mucho, escuchaba sus gemidos, veía como arqueaba la espalda y partía las caderas, como su piel estaba erizada por el placer que le estaba propinando mi lengua..

    Con ambas manos la fui llevando hasta colocarla boca arriba, me subí sobre ella sin afincar, colocando mis rodillas a los lados a la altura de los pechos, casi sentado en el abdomen, agarre los senos los acaricie y apreté, metí la verga en medio de ellos. Ella se inclinó, se metió todo el pene en la boca, luego lo escupió unas tres veces, lo lubrico bien con su saliva para que así resbalara mejor en medio de ellos, luego agarró sus grandes tetas, lo apretó fuerte, las subía y las bajaba, yo hacía movimientos de embestida, el glande entraba y salía de su boca – «que cosa más divina» decía ella con morbo.

    Casi me hace acabar, me quité, volví a bajar para darle otra buena mamada en la concha, antes de hacerlo le dije «quiero el primer orgasmo en mi boca» solo escuché un sí, me dedique mucho más, sentía como el cuerpo se contoneaba, subía, bajaba, la humedad que brotaba era cada vez más espesa, las uñas se paseaban por mi espalda, y fue cuando sentí su cuerpo temblar y su voz diciendo, me voy; y palabras como «que rico, dale ahí, así, dame más, me voy, y un hass, que rico amor, me fui rico». Esas últimas palabras las decía con voz baja y cansada.

    Inmediatamente me acosté en la cama y hice que se subiera, ella lo tomó con la mano y lo fue metiendo, al estar todo adentro, se movía con fuerzas, parecía un huracán sin control, cabalgaba sobre mi libremente, yo aferrado a las caderas y moviéndome de abajo arriba, sentí al instante otro orgasmo de ella, pero esta vez más fuerte, la volteo me pongo arriba, ella con las piernas bien abiertas, yo en el centro embistiendo duro y a veces suave, ella con los pies afincados en la cama subía, bajaba, y alternando con movimientos circulares, la veía, chupaba los senos, la besaba, le decía jadeando lo divino que es estar con ella.

    Nuestros cuerpos mojados de sudor emitían un sonido placentero, excitante, yo le decía lo rico que me estaba haciendo sentir.

    Mi erección crecía más, mi verga se hinchaba y palpitaba, las venas se cargaban más de sangre, hasta que sentí esa sensación deliciosa de eyacular, le dije gritando «voy a acabar» y ella le dio más rápido a sus movimientos pélvicos, yo me afinque más, comenzamos a movernos más rápido, fue cuando volví a escuchar, «yo también de nuevo voy a llegar coño».

    Eso me dio más morbo y excitación, le dije «vamos pues, dale más duro». Se escucharon, gritos, gemidos, palabras subidas de tono, y ambos cuerpos temblando, podía sentir como expulsaba la espesa esperma con fuerza y presión dentro de su coño, como un chorro sin control, ella se estiró y abrazándome con las piernas, me dijo, «llegamos rico amor, que divino me haces acabar» yo le dije «si amor, fue súper rico»

    Nos quedamos abrazados por un rato en la cama, luego nos fuimos a duchar juntos, para consentirnos en nuestro primer encuentro.

    DM

  • Aquel hombre quince años menor que yo (Parte I)

    Aquel hombre quince años menor que yo (Parte I)

    La última vez que estuve con aquel hombre quince años menor que yo, fue en aquella ocasión donde nos vimos en una ciudad distante y yo le mentí a mi esposo al decirle que iría a un seminario de superación personal.

    La vida es misteriosa, nadie comprende ni siquiera el 1% a los designios del destino, hoy me siento bien, sigo con mi esposo, siento que lo amo, es el padre de mis hijos. Después de lo que habíamos vivido, logramos recuperarnos. Me ha reconquistado en esta nueva etapa donde decidimos darnos una segunda oportunidad, después de ese desliz que él había tenido con otra mujer y donde me había roto un poco.

    Vivimos en otro pueblo por motivos de trabajo de mi marido. Les confieso que nunca me atreví a contarle a mi esposo sobre lo que viví con aquel hombre 15 años menor que yo, las mujeres guardamos algunos secretos en el fondo de nuestro corazón y este es uno de ellos.

    De aquel joven hombre nunca más lo he vuelto a ver, ni a contactar, de eso ya hace casi tres años, no obstante lo llevo en mi corazón, y hay veces que por una razón que no me explico lo recuerdo y pienso mucho en él. De repente me entraba la intriga de lo que él hacía con su vida, y hurgaba de manera anónima mediante las redes sociales en su perfil, luego me fue más complicado porque sus datos y fotos parecían estar configurados con alta privacidad y no podía ver su actualidad ni su presente. Además, no estaba bien que lo hiciera, lo reconozco tenía que tener cuidado de que mi esposo no se diera cuenta de este secreto.

    Si, hoy les confieso que aquella vez, donde supuestamente asistí al «seminario de superación personal» era la tercera vez que intimaba con aquel hombre joven, y hoy tengo la necesidad de contar como fueron las primeras dos veces que estuve con el de manera íntima, me nace hacerlo, eso me hace sentir muy bien, contar aunque sea mediante este escrito lo que viví…

    Sí, solo intimé con aquel hombre joven 3 veces, pocas, pero suficientes para jamás olvidarme de él, supo grabar muy bien en mi piel y en mi alma su nombre, hoy vive en mi memoria. Recuerdo que al poco tiempo que descubrí la infidelidad de mi esposo, decidí que si la vida me pusiera experiencias únicas no me negaría a ellas, y así fue.

    En aquel entonces yo tenía varias amigas que eran las mamás de los compañeros de uno de mis hijos en la escuela, hicimos muy buena amistad todas, y a veces nos reuníamos por las tardes a tomar algún café o simplemente a comer, y así fue que conocí a Gladys. Ella era la mamá de un compañerito de mi hijo, más o menos era de mi edad, y con ella hice gran amistad.

    Recuerdo que agregué en mis redes sociales a Gladys, y a veces inspeccionaba su perfil o veía sus publicaciones, y fue así como un hermano de ella, por alguna extraña razón me cautivó en una publicación donde etiquetaba a su hermana, a mi amiga Gladys, me gustó tanto el escrito, que me nació enviarle solicitud de amistad. Él era aquel hombre joven quince años menor que yo, y no pasó mucho tiempo para que el aceptara mi invitación de amistad en las redes sociales.

    Es muy extraña la vida, tanto que para no extenderme, me hice amiga de aquel hombre menor, por lo menos vía virtual, empezamos a platicar de manera constante, chateábamos a veces dos o tres veces por semana, las conversaciones me gustaban mucho, me hacía sentir muy bien lo que me decía y en verdad abrió las puertas a que me interesara por él, recuerdo que cosa que publicaba no dudaba en darle un like.

    Hasta ahí era una bonita amistad, pero había algo que estaba despertando mi interior, la atención y el trato de este hombre menor(aunque fuese por medio de un chat), me levantaban el ánimo, entonces a los pocos meses de hacernos amigos mediante las charlas en línea y mostrarnos amabilidad, nuestras conversaciones tomaron otro rumbo.

    Ambos, prácticamente fuimos compaginando una relación fortuita, yo casada y el con novia, nos dimos la oportunidad de ir más allá en nuestros diálogos, recuerdo que empezó a piropearme más de lo normal, y eso me encantaba y yo sin dudarlo le respondía con aceptación todos sus halagos, me gustaba que me dijera cosas bellas, y fue que yo le mandaba algunas fotos mías, y él me decía que me veía muy linda, muy hermosa, que era casi una diosa, y para mí todo ello era algo muy bello, me levantaba mi autoestima.

    Cuando menos acordé, me pregunto que si quería ser su novia de manera virtual, y eso me encantó, acepte rotundamente, ambos sabíamos de nuestra condición, pero decidimos emprender esto que parecía un juego pero que iba tomando cada vez más forma.

    Recuerdo que ya chateábamos diario, nos decíamos amor, y nos despedíamos con un te amo, era algo extraño pero que me gustaba mucho. Fue entonces que se llegó a lo que no tardaba en darse, elevamos nuestra conversación en el chat a temas de índole sexual, recuerdo que él me escribía relatos donde él y yo éramos los protagonistas y donde la piel y el amor eran los ingredientes base. Confieso que comenzaba a excitarme con esos diálogos aunque fueran conversaciones virtuales, despertaba el lado erótico en mí.

    No paso ni otro mes más, cuando decidimos vernos en persona, para platicar un poco, yo le propuse vernos en una calle poco concurrida de aquella ciudad.

    Recuerdo que la primera vez nos vimos, eran pasaditas las 3 de la tarde, yo me arreglé muy bien para él, me puse del mejor perfume que tenía en aquel momento, el venía demasiado guapo. En verdad, cuando lo vi frente a frente, se me hizo muy apuesto, en persona más de lo que lo había visto en fotos.

    Yo venía en mi automóvil y lo estacione en aquella calle, y él se internó en el auto y estuvimos platicando por casi media hora. Recuerdo haber estado muy nerviosa, primero por el hecho de que nadie nos viera, me refiero a algún conocido, y en segunda por él, me intimidaba, se veía tan apuesto.

    En esa casi media hora nos la pasamos riendo, pero era hora de retirarme, aun no estaba obscuro y corríamos el riesgo de que algún conocido nos viera y levantáramos sospechas, entonces, el me dio un beso en la boca en la despedida, no pensé que haríamos tal cosa, pero me gustó mucho, y no se lo negué, eso era el inicio de algo mágico que estaba a punto de venir…

    CONTINUARÁ…

  • Alejandra y el pastor

    Alejandra y el pastor

    Alejandra era la típica niña nacida en el seno de una familia evangélica, sus padres eran muy estrictos con ella y desde muy pequeña la llevaban a la iglesia evangélica a la que pertenecían. Alejandra fue educada por el fanatismo religioso de sus padres, cuando ya era una adolescente estos le prohibían salir con chicos, le prohibían mirar programas con contenido sexual y le hablaban del sexo como si fuera un pecado mortal si se hacia fuera del matrimonio.

    Alejandra era miembro activo de la iglesia a la que asistía desde pequeña, esa era casi toda su vida social, sus padres le habían enseñado que tenía que escuchar atentamente todo lo que le predicaba el pastor de su iglesia ya que este era el “emisario de dios” y tenía que obedecerlo en todo lo que dijera, así que ella lo veía como un especie de figura divina de autoridad.

    En dicha iglesia cuando uno de sus feligreses más jóvenes alcanzaba la mayoría de edad obtenía una credencial que lo proclamaba miembro oficial de la comunidad, pero antes tenía que someterse a un ritual en el que el pastor juzgaba a los nuevos aspirantes y decidía si eran dignos de hacer parte de la comunidad o tenían que seguir “estudiando” bajo su tutela.

    Alejandra ya había cumplido los 18 años así que el pastor de su iglesia les comunico a sus padres que era hora de que se sometiera al “ritual” para convertirse en miembro oficial de la comunidad. Para los feligreses varones y algunas mujeres el ritual consistía en varias semanas de ayuno y oración, además de trabajos de caridad y otras actividades ordenadas por el pastor, pero las feligreses favoritas del pastor recibían un ritual especial que consistía en pasar un fin de semana a solas con el pastor en su casa de campo, supuestamente este ritual era todo un honor y solo se concedía a las feligreses más devotas. Para los padres de Alejandra que tenían su cerebro completamente lavado después de años de pertenecer a esa secta les parecía todo un orgullo que su hija haya sido seleccionada por el pastor para el ritual especial.

    El día del ritual llego y Alejandra estaba muy nerviosa. Le habían dicho que era muy afortunada de ser una de las seleccionadas y que debía obedecer al pastor en todo momento o no sería aceptaba. Ella sabía que no podía decepcionar a sus padres así que iba a obedecer a todo lo que dijera su pastor.

    Su madre la condujo hasta la casa del pastor a las afueras de la ciudad, era una casa de campo grande y lujosa, tenía una edificación de tres pisos, piscina y un bonito lago. Allí pasaría el fin de semana, mientras se llevaba a cabo el ritual. Cuando llegaron las recibió en la puerta la esposa del pastor, Alejandra ya la conocía: se llamaba Martha, era una mujer en sus cuarenta, era un poco más alta que Alejandra, esbelta, bastante agraciada y tan devota como su esposo. Martha saludo a Alejandra y la llevo hasta dentro de la edificación. El lugar era grande y espacioso pero estaba extrañamente solo, Martha condujo a Alejandra hasta una sala grande donde había una enorme estatua de algún santo y le pidió que rezara con ella. Cuando terminaron la esposa del pastor empezó a decirle:

    Martha: Eres muy afortunada Alejandra, el pastor te ha elegido para que seas una de sus acolitas personales. Es un gran honor, pero primero tienes que purificarte para ser digna, el pastor purificara tu cuerpo y tu alma durante estos tres días, es importante que sigas nuestras instrucciones en todo momento ¿entendido?

    Alejandra: Si señora.

    Martha: Bendita seas, hay otra cosa muy importante, este ritual es un secreto sagrado, no debes contarle a nadie lo que va a pasar aquí durante estos días, debes jurarlo ante dios, si rompes el juramento y le cuentas a alguien quedaras maldita y arderas en el infierno, ¿entiendes?

    Alejandra abrió los ojos como platos y respondió aterrada ante la idea de arder en el infierno:

    Alejandra: Si señora, no contare nada a nadie, lo juro por dios.

    Martha: Muy bien, levántate es hora de que veas al pastor.

    Martha condujo a la joven por unas escaleras que bajaban hasta un nivel subterráneo, llegaron a una habitación con una vieja puerta de madera, ella toco y la puerta se abrió y apareció el pastor, iba vestido solo con una túnica azul y unas sandalias, el pastor era un hombre alto y corpulento, Alejandra siempre se sentía pequeña cuando estaba al lado suyo. El pastor la saludo y la invito a pasar. La habitación olía a sótano y una vez se cerraba la puerta no se escuchaba ningún ruido de afuera, Alejandra noto que había una cama grande en el fondo de la habitación, se le hizo extraño que alguien durmiera en aquel sótano. El pastor comenzó a hablar:

    Pastor: Bendita seas hija, ahora vas a recibir mi bendición y tu cuerpo quedara libre de pecado, cuando el ritual termine serás una acólita oficial de la comunidad, pero debes obedecer todo lo que te ordene y jamás deberás contar a nadie sobre lo que pase aquí, si lo haces iras al infierno, entiendes Alejandra?

    Alejandra: Si pastor, juro que obedeceré y no contare nada.

    Pastor: Muy bien hija, podemos comenzar. Primero debo hacerte una pregunta, tienes que responder con la verdad, ¿Eres virgen Alejandra?

    Alejandra: Si pastor, soy virgen.

    Pastor: Muy bien hija, para recibir la bendición tienes que dar una ofrenda, debes entregar tu virginidad al señor, yo soy su enviado en la tierra así que dios me dio la misión de recibir esa ofrenda y dársela a él, solo así podrás ser purificada.

    Alejandra miro confusa al hombre, sin entender exactamente que significaban esas palabras, solo se limitó a responder:

    Alejandra: Si pastor…

    Pastor: Quitarte la ropa hija.

    Alejandra: La rropa pastor? ttoda?

    Pastor: Debes obedecer hija, quítate toda la ropa, quédate como dios te trajo al mundo.

    Alejandra: Si señor.

    Alejandra comenzó a quitarse la ropa que llevaba puesta ante la mirada atenta del pastor, primero se quitó la blusa sencilla, luego se desabrocho la falda larga y la dejo caer, se sentía confundida pero le habían dicho que debía obedecer y eso hizo. Cuando quedo en ropa interior se detuvo insegura y dudo un instante, el pastor le dijo:

    Pastor: Toda la ropa hija, tu cuerpo es un regalo del señor no te debes avergonzar de mostrármelo, yo soy su emisario en la tierra, ¡quítate todo vamos!

    Alejandra obedeció, se quitó su sostén y dejo sus pequeños pechos al aire, luego se bajó sus panties y quedo completamente desnuda ante la vista del pastor. Se tapó su sexo con las manos, se sentía muy incómoda en aquella situación. El pastor se levando de su silla y se quitó la sotana que llevaba puesta, debajo estaba completamente desnudo, Alejandra se quedó admirada mirando el miembro erecto del pastor, nunca había visto a un hombre adulto desnudo. Él se puso frente a ella y la beso en los labios:

    Pastor: Ahora vas recibir mi bendición, arrodíllate hija.

    Ella obedeció, el pastor tomo su gran miembro y se lo acerco a la boca a Alejandra.

    Pastor: Bésalo

    Alejandra se inclinó y le dio un tímido beso en la punta de su miembro.

    Pastor: Muy bien, ahora chúpalo.

    Alejandra: Cchuparlo? Como?

    Pastor: Métetelo en la boca y chúpalo como si fuera una golosina.

    Alejandra tomo el miembro del pastor y se lo llevo a la boca, pero no sabía cómo hacerlo así que solo lo tuvo en la boca sin hacer nada.

    Pastor: No querida así no, debes chuparlo, como una paleta.

    Alejandra lo intento, pero lo hizo de una manera torpe, rozo con sus dientes el miembro de su pastor lo que le produjo un gruñido de molestia.

    Pastor: Debes hacerlo bien o no podrás recibir la bendición, la hermana Martha te va a enseñar cómo se hace, espera un momento, quédate de rodillas y no te muevas.

    El pastor se puso la sotana y salió de la habitación, volvió con su esposa unos momentos después. Alejandra tenía la cara roja de la pena y se sentía muy confundida, el pastor volvió a desnudarse ante ella, Martha se arrodillo a su lado, beso a Alejandra en los labios, y le dijo:

    Martha: Tranquila hija, te voy a ensañar como hacerlo, mírame como lo hago y luego haz lo mismo.

    Martha se introdujo la polla del pastor en la boca y empezó a chuparla, Alejandra observaba con atención, verla a ella haciendo eso le producía una sensación intensa, una sensación que a veces sentía por las noches pero que su madre le enseño a alejar a punta a oraciones.

    Luego de un momento Martha se detuvo y le indico a Alejandra que lo intentara. Alejandra emulo lo que había visto y se llevó el miembro del pastor a la boca, imito los movimientos que hacia Martha y pronto aprendió como se hacía.

    Martha: Muy bien hija, así se hace muy bien. Esta aprende rápido eh?

    Pastor: Bendita seas Alejandra, no te detengas.

    Alejandra siguió chupando el miembro del pastor, sentía que la boca se le llenada de algo viscoso con un sabor salado. El pastor emitía pequeños gruñidos de placer, mientras la sostenía por el cabello y le ordenaba que no parase. Alejandra tenía los ojos cerrados mientras le practicaba sexo oral al pastor cuando sintió que una mano húmeda le empezó a frotar su sexo. Era Martha, abrió los ojos y vio cómo se escupió en los dedos y los llevo hasta su vagina mientras comenzaba a frotarla.

    Martha: Ya está lista, está bastante húmeda.

    Pastor: Muy bien.

    El pastor le retiro la polla de la boca y la ayudo a ponerse de pie, la beso en la boca y luego le chupo los pezones, Alejandra sentía su corazón latiendo aceleradamente, sentía su sexo húmedo y caliente. Los chupones en los pezones que le daba su pastor le hacían sentir una sensación extraña, casi placentera.

    El pastor la llevo hasta la cama y le ordeno que se acostara y abriera las piernas. Alejandra obedeció.

    Pastor: Ahora voy a tomar tu virginidad Alejandra en el nombre del señor y quedaras bendita, no te muevas ¿entendido?

    El pastor le separo las piernas y se puedo en medio, Alejandra sintió como empezaba a introducir su miembro dentro de su vagina virgen. Sintió dolor.

    Alejandra: Duele!

    Pastor: Silencio, debes soportar el dolor, es parte de la penitencia.

    Alejandra cerró los ojos y se agarró con fuerza de las sabanas mientras el pastor presionaba su miembro dentro de su vagina. Martha miraba la escena sentada desde una silla. Eventualmente el pastor introdujo todo su miembro dentro y tomo la virginidad de Alejandra, ella sentía dolor. El retiro su miembro y le dijo a su esposa:

    Pastor: Martha alcánzame una toalla.

    Martha se levantó y le alcanzo una toalla grande a su esposo. Este la tomo y la puso debajo de Alejandra, quien se dio cuenta que estaba sangrando por su sexo. Suspiro asustada, Martha se recostó a su lado y le susurro que esa sangre era la sangre de dios que la estaba bendiciendo, que no se preocupara.

    El pastor volvió a separar las piernas de Alejandra e introdujo de nuevo su miembro dentro de ella, esta vez fue más fácil y no le dolido tanto. Empezó a meterlo y sacarlo mientras gruñía de placer. Cada vez lo hacía más rápido y con más fuerza, la cama empezó a rechinar debajo de ellos. Alejandra que hasta ahora se había sentido muy apenada y confundida empezó a gustarle aquello. Su pastor la embestía y emitía gruñidos de placer, Alejandra pronto empezó a gemir ella también. La polla de su pastor que la penetraba le hacía sentir una sensación nueva para ella, una sensación que le daba mucho placer.

    El pastor se detuvo y le ordeno a su esposa que se desnudara. Ella lo obedeció de inmediato.

    Pastor: Date la vuelta hija, boca abajo, levanta la cola, eso muy bien. Ponte enfrente de ella

    Termino de decirle a Martha. Alejandra estaba en cuatro patas mientras Martha desnuda se recostó frente a ella apoyada contra el espaldar de la cama. Abrió las piernas y su coño quedo frente al rostro de Alejandra.

    Pastor: Alejandra debes darle placer a la hermana Martha, usa tu lengua.

    Martha dirigió con su mano el rostro de Alejandra hasta su vagina y le explico cómo debía hacerlo. Alejandra comenzó a pasar torpemente su lengua por la vagina de Martha. Sentía el sabor extraño en su boca, un sabor fuerte y agrio pero siguió usando su lengua. El pastor empezó a penetrar de nuevo a Alejandra desde atrás, mientras esta le lamia el coño a su esposa. Alejandra gemía mientras trataba de seguir las instrucciones de Martha, las embestidas del pastor le dificultaban la tarea. Pronto entendió como hacerlo correctamente.

    Su pastor la penetraba desde atrás con fuerza lo que le provocaba un mezcla de placer y dolor que la hacía gemir. Martha tomo la mano de Alejandra y le chupo el dedo gordo para explicarle como debía chupar su clítoris. Alejandra obedeció y comenzó a chupar el clítoris de Martha. Apenas había comenzado a hacerlo cuando Martha comenzó a gemir.

    Martha: Oooh por dios que rico lo haces, sigue Alejandra no pares.

    El pastor empezó a penetrar a Alejandra con más fuerza ante semejante escena, el también gemía de placer cuando Alejandra sintió como su miembro se tensaba dentro de ella y le llenaba su vagina con un líquido caliente. El pastor se retiró y le dijo:

    Pastor: Ahora estás bendita hija mía, pero aun tienes que pasar por más penitencias el día de mañana y el día siguiente.

    Martha le indico a Alejandra que no se detuviera, ella obedeció y siguió chupando su clítoris. La esposa del pastor se retorcía y gemía de placer, mientras Alejandra sentía como el líquido caliente del pastor se le derramaba por la entrepierna. Martha tuvo un orgasmo que le produjo un espasmo que la hizo retorcerse en la cama. Después se levantó de la cama, se puso la ropa, le indico a Alejandra que se vistiera y la acompañara a rezar, así lo hicieron.

    Al día siguiente la prueba fue más dura, esta vez el pastor la tomo por detrás, Alejandra sintió mucho más dolor que la vez pasada, además mientras el introducía su miembro untado de aceite dentro de su ano, Alejandra sentía unas desagradables ganas de ir al baño. Antes de comenzar con su penitencia Martha le había indicado que hiciera del cuerpo y después había “purificado” su recto con agua bendita atreves de una manguera. Alejandra no sentía placer, solo dolor y ganas de ir al baño, esta vez también gemía pero no de placer.

    Alejandra: Duele mucho por favor, ya no más!

    Pastor: Debes aguantar hija, estas espiando tus pecados, este es tu flagelo aguanta y después quedaras bendita, si paras harás enojar a dios.

    Alejandra soporto el dolor en medio de sollozos mientras el pastor se la follaba por el culo, por suerte esta vez no duro tanto como la vez pasada, después de que el pastor derramo su “liquido bendito” dentro de su culo, Alejandra solo quería correr al baño más cercano y hacer del cuerpo.

    Durante ese día le recordaron mil veces que no debía contar nada que lo había pasado, de lo contrario iría al infierno. Ella estaba aliviada de que solo quedar a un día, no pensó que sería tan doloroso.

    Esa noche el pastor la obligo a mirar mientras tenía relaciones con su esposa, según él debía aprender a complacer a un hombre para cuando tuviera marido. Alejandra los miro con atención mientras los dos tenían sexo en varias posiciones. Verlos hacer el acto la hacía sentir excitada.

    Al día siguiente, el pastor la volvió a poseer en aquella habitación, Alejandra imito las posiciones que vio la noche anterior. Se puso encima de él y cabalgo la polla de su pastor mientras este la nalgueaba y gruñía de placer, después se recostó de lado mientras este la abrazaba y la penetraba desde atrás. Luego de eso le pidió que se pusiera en cuatro y se la volvió a follar por el culo. El dolor fue espantoso igual que la vez pasada, Alejandra solo cerraba los ojos y mordía la almohada con fuerza mientras su pastor la embestida desde atrás en medio de nalgadas y gruñidos. Esta vez no derramo su liquido dentro de ella sino que antes de terminar la puso de frente y le pidió que abriera la boca, Alejandra obedeció y sintió como un chorrito de líquido blanquecino caliente con sabor a cloro le lleno la boca, un poco le cayó también en cara y el cabello. El pastor le ordeno que se lo tragara, así que ella obedeció.

    Más tarde ese día la llevaron a lago y le dieron su “segundo bautizo”, esto significaba que Alejandra había completado el ritual y ahora era una acolita de su iglesia. Al anochecer sus padres orgullosos la recogieron en el auto y la llevaron a casa. Alejandra obedeció y no conto ni una palabra de lo que había pasado allí. Luego de volverse una acolita el pastor la invitaba a ella junto a otras feligreses a su casa de campo cada cierto tiempo porque según el debían ser purificadas. El pastor las encerraba a todas en el sótano de su casa y se las follaba por turnos, a veces Martha también participaba de las orgias

    Todo termino cuando una de las feligreses quedo embarazada y decidió contar todo lo que sucedía, otras feligreses delataron al pastor y su esposa también, Alejandra que sentía miedo de ir al infierno se guardó el secreto y no dijo nada. El pastor y su esposa fueron arrestados y más tarde sentenciados a 58 años de prisión. Nadie volvió a saber nada de ellos y la secta fue clausurada por las autoridades.

                                                                            

  • Teniendo sexo a escondidas de su familia

    Teniendo sexo a escondidas de su familia

    Cuando me encontraba en la universidad me tocó estar en la casa de una amiga, con familia presente, debido a que la casa era grande y que habían tenido visitas logre estar a solas con mi amiga. Ella era una mujer muy sexi, siempre lucía ropa que la hacía ver muy bien y hablamos de toda su ropa, no podíamos encerrarnos en el cuarto porque sería muy evidente, pero por alguna extraña razón pensamos en meternos al baño si alguien se acercaba simplemente uno de los dos contestaría que estaba ocupado y que tardaría un rato en salir pero por suerte no llego ese momento.

    Entramos al baño y empezamos a besarnos desenfrenadamente, mi lengua jugaba con la suya y su boca mordía mis labios. Ella llevaba un pantalón ajustado y una blusa ligera. Empecé a besar su cuello y mis labios se dirigieron hacia sus pechos, empecé a besarlos y morder sus ricos pezones, mientras ella me decía que no podíamos hacerlo porque estaba su familia y conocidos sin embargo su respiración, sus suspiros y sus leves gemidos que salían de su boca decían que siguiera, así que continúe besándola, seguí succionándolos con la boca, mordiendo ligeramente sus pezones, no nos quitamos del todo la ropa y para ser sinceros lo que yo quería era que disfrutara.

    Entonces fui bajando mis labios poco a poco, besando su abdomen, su ombligo hasta poder llegar a su pantalón y bajárselo a la mitad de las piernas, al fin pude ver un hermoso hilo dental color negro. Le hice a un lado su tanga y comencé a besarle la entrepierna pasando mi lengua repetidas veces hasta que empecé a escuchar la aceleración de su respiración que reflejaban el grado de excitación comencé a lamer su clítoris con movimientos lentos de arriba hacia abajo, mientras que mis manos acariciaban y apretaban sus nalgas, el hecho de que estuvieran a punto de encontrarnos le dio a ella un gran grado de excitación.

    Seguí lamiendo de forma más rápida y alternaba besando su entrepierna, mientras que con una de mis manos acariciaba uno de sus pechos, apretando ligeramente su pezón, de tal manera como si hiciera una bolita con un papel, de repente jalaba y apretaba con un poco de fuerza su pezón. Mientras ella con sus manos acariciaba mi cabello y apretaba mi cabeza hacia su parte intima la cual no dejaba de lamer. Ella empezó a gemir de una manera más intensa, sus piernas se abrieron más tratando de obtener una mayor estimulación por parte mía.

    Yo por mi parte seguí moviendo mi lengua mientras mis dedos entraban lentamente a su vagina para poder darle más placer, sus gemidos se volvieron más fuertes por lo que con su mano se tapó la boca para no hacer tanto ruido, mordiéndosela para evitar ser descubiertos hasta que su cuerpo se tensó fuertemente, sus piernas apretaron mi mano que estaba entre sus piernas y su mano en mi cabello apretó más fuerte de lo normal, logrando sacar al final un gran suspiro, y dejando mi mano totalmente mojada del orgasmo que había tenido.

    Salimos del baño para no levantar sospechas, siguiendo una regla esencial primero el orgasmo de la mujer y después el orgasmo de uno. El sexo es lo más hermoso del mundo.

    Por el momento radico en Querétaro si tu amiga radicas en el mismo lugar mándame un mensaje para concretar alguna cita, poder tener sexo, grabarnos y si es posible monetizarlo claro sin que nuestros rostros se vean [email protected].