Autor: admin

  • Abuela cariñosa

    Abuela cariñosa

    La noche anterior cumplí dieciocho años. Mis padres y mis amigos me organizaron una fiesta para celebrar mi cumpleaños, y aquí estoy, sufriendo los embates de la resaca. La casa de campo de mi familia, albergó casi un centenar de invitados que mi joven madre quiso me acompañaran en tan importante fecha. Yo no era muy amigo de esas reuniones tan pomposas, me hubiese conformado con algo más sencillo y pasarlo con mis pocos amigos y la familia más íntima. Pero así era mi mamá, imponente y se hacía lo que ella decía.

    Vinieron muchos de mis primos, mis tíos, algunos compañeros de estudio y mi novia Raquel. La pasé muy bien, a pesar del alboroto y del afán de mamá por dejar todo impecable después del jaleo que se formó. El personal de limpieza, gracias a dios, dejo todo perfectamente limpio y ordenado.

    Ese domingo, todos se marcharon a la ciudad y yo me quedé solo con mi abuela que había venido de la capital a ayudar a mis padres a organizar el barullo. Le dije a mi madre que no me sentía muy bien y que necesitaría descansar un par de días. En la nevera quedó mucha comida preparada y algunas cervezas que me refrescarían y ayudarían a despejar mi cabeza.

    Somos los típicos 3×18. Mi abuela tuvo a mi madre a los 18 y ella a mí a los 18, por lo que al cumplir mis 18 ellas tendrían 36 y 54 años respectivamente. Simples matemáticas.

    Mi padre, un tanto mayor que mi madre, rondaba los 42 años. Mi abuelo, lamentablemente, había fallecido hacía dos años en un accidente de tránsito.

    La paz que se respiraba en la finca era reparadora. Caía una pertinaz lluvia que acariciaba mis oídos y me invitaba a seguir tumbado en la hamaca que había colgada en el corredor. Un chorro de agua bajaba por el tubo de latón y golpeaba fuertemente contra unos helechos que estaban agradeciendo el chaparrón que les caía. Metí seis cervezas bien frías en una cava pequeña de anime y las puse a la mano debajo del chinchorro. Al cabo de una hora, ya me había tomado al menos cuatro cerbatanas.

    Desde adentro, se escuchaba el ruido de la abuela trasteando con los implementos de limpieza y arrimando los pesados muebles de madera y cuero del comedor de doce puestos. Le gustaba sacar sucio de donde no había, decía mi mamá cada vez que la veía en esos menesteres. Esa característica, se le había acentuado luego de la pérdida irreparable de mi abuelo Ramón. Mucho costó convencerla de que asistiera a la celebración y mamá tuvo que persuadirla de lo importante de su presencia para que todo saliera bien.

    La lluvia seguía cayendo con sus mágicas caricias y una leve brisa comenzó a sentirse sobre las matas de plátano que servían de barrera al corredor. Todo estaba nublado. Desde media mañana, luego que todos se marcharon, no se le volvió a ver la cara al sol. No había querido ingerir ningún tipo de alimentos, la mezcla de ron, cerveza, vodka y cuanta bebida pasaba por mis manos, me habían producido una indigestión. Solo hace poco menos de una hora, me provocó tomarme, como les dije, unas cervecitas bien frías. Esas nunca fallaban para recuperarme de la resaca.

    El olor de la sopa que me estaba preparando la abuela, se colaba por la ventana que separaba la cocina del corredor donde estaba. Ya aproximándose el mediodía, no faltaba mucho para que la abuela me llamara a deleitarme con ese caldo que levantaba los muertos, como ella decía. En efecto…

    -Pedrito, Pedrito, venga a comer -se escuchó a través de la ventana

    -Voy, abuela, enseguida -Le respondí desde la hamaca.

    Recogí las latas vacías y me dirigí cuidadosamente al comedor para evitar resbalarme en el piso empapado de agua.

    -Esta sopa te va a revivir. A tu abuelo se la preparaba todos los domingos y lo ponía a tono luego de sus largas partidas de dominó sabatinas. Es milagrosa -añadió.

    Nos sentamos a disfrutar de aquella delicia caliente y, ciertamente, con cada sorbo sentía los efectos reparadores sobre mi estropeado cuerpo. Disfrutamos mucho el momento. Noté a mi abuela menos desanimada. Me comentó que tenía dos años que no salía. Se desahogó hablándome de la falta que le hacía el abuelo y de todo lo que había tenido que pasar para ir superando poco a poco su ausencia. Su rostro se iluminaba cada vez que lo nombraba.

    Nos quedamos charlando amenamente en la sobremesa y yo le ofrecí un vodka con jugo de naranja para complementar la exquisita sopa que nos habíamos comido. Afuera, la lluvia seguía cayendo y la brisa se incrementaba sin cesar. La abuela observaba con preocupación, como el agua inundaba el corredor de la casa.

    -Voy a buscar el haragán y el tobo para escurrir el piso del corredor. Si me descuido se va a meter para el comedor -me dijo.

    -¿Te ayudo, abuela? -Me ofrecí.

    -No mijo, quédese tranquilo en su chinchorro que yo me ocupo -agregó.

    -Sírvame otro coctel para quitarme este frio.

    La brisa refrescante y fría, se colaba por las ventanas y la puerta hacia el interior de la casona. Serví dos cocteles más y me instalé nuevamente en la hamaca.

    Llevaba pocos minutos y apareció la abuela con los peroles a escurrir el agua que fluía por el piso.

    Desde el chinchorro, observaba como mi abuela luchaba con el ventarrón. El ruido de los loros y los alegres sapos, retumbaba en el corredor de la vieja y bien conservada casa colonial. Ahí tumbado, recordaba mis encuentros con mi novia. Lamentablemente, algo frustrante porque no tuvimos la oportunidad, por la cantidad de gente, de enrollarnos en la cama como lo hacíamos en mi casa cuando mis padres no estaban. Evocando esos momentos, me acaricié la polla como consolándola por no haber tenido actividad en mi cumpleaños.

    La Abuela Soledad, trapeaba y empujaba el haragán con ritmo endemoniado. Su camisón de algodón, estaba empapado de agua producto del rocío que se colaba a través de las matas. Por primera vez detalle a la abuela con atención. El efecto de la lluvia y la paz que se respiraba, lograron que mis sentidos se concentraran en ella.

    Como les dije, tenía 54 años. Si me hubiesen pedido una descripción de ella días atrás, probablemente les hubiese hecho un resumen bien escueto. Mi abuela era mi abuela, y punto. Sin embargo, inducido por el ambiente, las cervezas, los dos vodkas y mi sutil manoseo genital, me atrevo a ser más osado en cuanto a mi apreciación sobre ella. ¡Por Dios, Qué estoy diciendo!

    Tenía unos pies verdaderamente bellos. Aun descalza se veía elegante. La franela mojada que llevaba, cubría como una segunda piel su cuerpo hasta las rodillas y la envolvía y le hacía destacar sus atributos en forma mágica. El vaivén de sus pechos al aire y el de sus nalgas bamboleándose al empujar el haragán, me estaban produciendo una erección inusual. ¡Esto es el colmo! Pensé. ¡Se me está parando la polla!

    Por primera vez me había fijado en el físico de mi abuela. Me sentí incómodo con mi reacción. Sin retirar la mano de mi sorocha polla, me puse a mirar los arbustos bamboleándose al vaivén de la brisa. No era fácil desviar la vista ante la bulla y el movimiento de la abuela.

    Mojaba el trapo y lo escurría. Empujaba el haragán y volvía a repetir la operación. Seguidamente, rodó el tobo de plástico y lo puso a escasos metros de la hamaca en donde yo estaba y se agachó a escurrir el trapo que utilizaba para secar el piso. Lo que vieron mis ojos es muy difícil de describir. No podía creer que me estuviera empalmando con la imagen ante mí.

    La franela se le subía más arriba de sus muslos y dejaba ver un espectáculo increíble. Unas piernas bien bronceadas y rozagantes como una mujer de menor edad que aunado al color de su piel morena y brillante, las hacían parecer dos columnatas romanas. Quedé sorprendido con lo bien conservado que estaba a sus cincuenta y cuatro años.

    Desde mi posición, agudizaba mi vista y trataba de traspasar la barrera que separaba el algodón mojado del triángulo que presentía húmedo, producto del agua que le rociaba. Mi polla cobraba fuerzas. Ya mi mano dentro del interior, notaba como un líquido cristalino y aceitoso cubría mi alborotado miembro. Siento algo de pudor al contarles esto.

    La abuela siguió trapeando y escurriendo, trapeando y escurriendo y el aguacero no amainaba. En una de esas, arrimó el tobo hacía a mí, unos dos metros quizás, y se agachó dándome el frente. ¡Increíble! Su camisón se subió casi hasta sus nalgas y abrió sus piernas mostrándome su pantaletica humedecida y transparente. Los segundos parecían horas. Con esa imagen fijada en mi cabeza, mi polla se endurecía más por mucho que yo tratara de alejar esos pensamientos algo descarados.

    No podía quitar la vista de la entrepierna que se me mostraba casual y despreocupa. Inadvertidamente, comencé a frotarme suavemente mi polla, ya no pensando solo en Sofía sino en la imagen de mi abuela agachada en el piso escurriendo el trapo dentro del tobo.

    ¡No podía creerlo! Mi abuela se veía exquisita en esa posición. Un morbo desconocido e inapropiado se apoderó de mí. Desde mi posición, podía ver perfectamente su bikini negro. Sus muslos doblados se veían imponentes y juveniles a pesar las incipientes pistolas que se le formaban a los costados. La hamaca comenzó a bambolearse suavemente y la cuerda emitía un chirrido al roce con la viga que la sostenía.

    Yo no sé si mi abuela se percató de aquello, lo que si les puedo decir es que tardó más de la cuenta en esa posición. Abría las piernas imperceptiblemente y mostraba con mayor claridad su coño finamente rasurado. Estaba a punto de venirme y la hamaca se movía con mayor intensidad. Los amarres seguían con su sonido característico y mi mano arreciaba sus movimientos sobre mí polla.

    Seguía lloviendo a cántaros, los esfuerzos de la abuela por escurrir el agua no cesaban. Pajearme con el short playero que llevaba era muy incómodo. Tratando de alargar mi venida y buscando liberar mi polla de la presión de mis prendas, bajé un poco el ritmo y subí mis caderas para quitarme el carcelero que impedía la libertad de mi polla presa.

    -¡Qué lluvia tan fuerte está cayendo, Pedrito! -me dijo desde el piso.

    -Sí, abuela, está lloviendo muchísimo -Respondí.

    Sus palabras me trajeron de vuelta a la realidad. Era mi abuela ¡por dios!

    Pero mi polla no pensaba igual. Seguía firme como un guardián del Vaticano. Mi abuela se paró y colocó el tobo justo al lado de la hamaca. Yo tapé mi polla descubierta con una diminuta almohada que tenía conmigo. La tenía como a cincuenta centímetros de mí. Ya podía percibir su aroma remojado combinado con el perfume de la noche de mi cumpleaños. En aquel momento ni me percaté de esa fina colonia, ahora, sus exquisitos aromas me llegaban sutilmente a mi sentido olfativo y agregaban un ingrediente más a la libidinosa escena.

    Siguiendo con su rutina, se agachó nuevamente y en esta oportunidad me mostró sus lindas tetas achocolatadas y con unos pezones brotados debido, tal vez, a la fría agua que le empapaba la franela. Los tenía algo caídos pero no dejaban de ser endemoniadamente hermosos. Por momentos, me provocaba saltar sobre ellos y lamerlos hasta el cansancio.

    Su proximidad, me impedía hacer movimientos muy bruscos. Mi paja, se limitaba a manosear mi cabeza resbaladiza y uno que otro sacudón producido con la muñeca. En esa posición tan sensual y provocativa, la abuela parecía una diosa. En un momento que me dio la espalda, giré imperceptiblemente y me puse en una posición más cómoda para mis manoseos cada vez más fuertes.

    Ahora el espectáculo era sus voluptuosas nalgas que gritaban por ser liberadas del diminuto bikini. La humedad incrementaba la transparencia de su prenda. Sus nalgas se paseaban a escasos veinte centímetros de la hamaca. Con poco esfuerzo podría haberlos mordido sin moverme mucho. Su hermoso culo tropezaba juguetonamente el borde de la hamaca. Quería apretarlos y meter mi cara entre sus nalgas y fundir con pasión mi lengua con su diminuto orificio anal. Estaba a reventar. Imprimí cuidadosamente un poco de velocidad a mi mano, cuidando no ser detectado por la abuela. La almohada que me tapaba la polla, saltaba a cada instante y tenía que reubicarla de nuevo. Me olvidé por completo que era mi abuela. El sentimiento filial fue borrado por aquella señora que se exhibía inocentemente frente a mí.

    Por obra del demonio, o quizás Dios, mi abuela se paró y se resbaló aparatosamente cayendo dentro del chinchorro que encubría mi furtiva paja. Cayó justo sobre mi pollón escuetamente escondido bajo la pequeña almohada. La abuela levantó las piernas al aire y exclamó:

    -¡Dios mío, casi me mato! Menos mal que caí dentro de la hamaca, Pedrito -agregó.

    Soltando una risita nerviosa le dije:

    -Sí, abuela, menos mal.

    Con la abuela encima, transmitiéndome su humedad y restregándome su culo sobre mi polla, la rodee con mis brazos y le dije:

    -Tranquila abuela que no te pasó nada.

    -Sí, mijo, tremendo susto -me respondió.

    Mi pollón la amenazaba a quemarropa. Por instantes, creí levantarla con las palpitaciones de mi bestia aprisionada. No quería que se parara de ahí, primero por lo delicioso del momento y segundo que iba a mirar la tremenda erección de mi polla descubierta y desprotegida. Sentí nervios al pensar que me descubriera así.

    -Ay, mi corazón, tengo que tener más cuidado, ya estoy algo vieja para estos trajines -me dijo.

    -No abuela, que vieja ni que nada. Eso le hubiese pasado a cualquiera. El piso está muy mojado. Todavía eres muy guapa y muy sana -pronuncié dándole ánimos.

    -Tú crees, Pedrito. ¿Tú crees que tu abuela no está algo estropeada por los años?

    -¡No abue, que va! ¡Cuántas no quisieran estar como tú! -exclamé.

    Realmente no sé si se percató del pistolón que amenazaba su hermoso culo. Solo sé que no daba muestras de querer bajarse de mi hamaca. Animado por la presencia de aquel cuerpo, la apreté fuertemente y le susurré suavemente:

    -Te quiero mucho, abuelita. Eres especial para mí.

    -¡Qué tierno, Pedrito! Tú también eres especial para mí. Eres mi nieto preferido. -me respondió con voz maternal.

    El momento se prolongó más de la cuenta. Ya mi polla sentía los rigores de la presión ejercida sobre el culo de la abuela. La lluvia seguía azotando con más fuerzas. El abrazó interminable, se convirtió en un leve vaivén que permitía que mi polla se frotara con cierto descaro contra su culo. Ella se quedó impávida ante la espada que la amenazaba. Mi pollón a punto de explotar, se regocijaba ante la fusión con aquellas nalgas. Me negaba a pensar que la abuela estuviese disfrutando aquello.

    -Qué rico, Pedrito. Me encanta que me abraces con tanto cariño. Me está pasando el frio. ¡Eres muy cariñoso! -exclamó.

    -Sí, abue. Tú también eres muy cariñosa. Mereces que te consientan y protejan. Para eso estoy yo, abuelita -Le susurre aquellas palabras, acercando mi boca detrás de su cuello cubierto por los humedecidos cabellos. Instintivamente la besé ahí mismo. Un beso cariñoso, no quería que la abuela pensara otra cosa.

    -Ay, que rico, Pedrito. Me gusta que me beses ahí. Eso me recuerda a tu abuelo. ¡Era tan dulce…!

    Sus palabras me animaron a seguir besándola ahí. Mordisquee su cuello y pasé mi lengua imperceptiblemente y sentí como mi abuela se erizaba. Los movimientos que sincronizaban su hermoso culo con mi polla se incrementaban. Ya no era solo yo el que se movía. La abuela Soledad, acompañaba rítmicamente mis movimientos. Mi polla desnuda, deseaba convertirse en un objeto filoso para desgarrar y cortar la tela húmeda que lo separaba de aquel lujurioso culo. Seguí mordiendo con mayor intensidad el cuello de mi abuela y cubrí mi rostro con su cabello negro donde percibí su fragancia exquisitamente especial.

    -Ay, ay, sigue mordiéndome así. Me encanta. Eres muy cariñoso, Pedrito.

    -Si abuela. Te voy a seguir haciendo cariño. A mí también me encanta que estés contenta -le dije.

    Así seguimos unos minutos más. Nos acoplamos en un baile que no aceptaba interrupciones. La abuela acompañaba mis pasos y yo aguantaba estoicamente con mi polla a reventar. No aguanté más y me arriesgué a subir lentamente el camisón empapado. Centímetro a centímetro, fui despejando aquel cuerpo escultural de la abuela Soledad. No quería ni pensar como reaccionaria. Jamás me hubiese imaginado esa escena ni remotamente. La tersura de su piel y lo bien proporcionado de su cuerpo, me habían sorprendido en extremo. ¿Cómo no me había fijado antes en la abuela? Pensé. Era obvio. ¿Quién se iba a fijar en su propia abuela?

    Subía lentamente el camisón y evaluaba las reacciones de mi abuela. Si se molestaba le diría que estaba muy mojada y podría agarrar un resfriado ¡Qué sé yo!

    Con la franela a punto de descubrir sus pechos color caramelo, y que estaban hermosamente coronados por dos botones a punto de estallar, la abuela, subió sus brazos en señal inequívoca de que colaboraba en su liberación. ¡No lo podía creer! ¡Mi abuela y yo empalmados uno al otro y casi desnudos!

    Saqué la prenda húmeda de su cabeza y la lancé rápidamente al piso como quien presagia la conquista de una fortaleza inexpugnable.

    Seguidamente, Mi abuela, como poseída por un demonio, se incorporó de la hamaca y se exhibió esplendida ante mis desorbitados ojos.

    -¿Cómo me veo, Pedrito?

    -¡Espectacular abuela! -Eres la abuela más cariñosa del mundo, le dije. Tratando de minimizar la lujuria del momento.

    -Nada de cariñosa, Pedrito. Me refiero a como me veo físicamente -agregó.

    Aquella pregunta me dejó frio. La abuela quería escuchar otra cosa.

    -Espectacular también, abuela. Tienes un cuerpo exquisito.-Respondí- Los años no te han maltratado -agregué.

    La abuela giraba sobre sus pies, exhibiendo ante mí su escultural y bien conservada figura. Parecía una diosa egipcia con su piel acanelada y adornada por un perfecto arabesco en su incipiente vientre. Fue una sorpresa para mí. En mis años, no había detallado la obra de arte que mi abuela tenía impresa en su piel. Tenía ciertas cáscaras de naranja en sus glúteos y las típicas pistolitas en el costado de sus muslos pero nada exagerado. La madurez de su cuerpo y el morbo que me produjo verla frente a mi desnuda es difícil de describir.

    -Tu abuelo se moría por poseerme. Jamás le fui infiel. Era un hombre en todo el sentido de la palabra. Tú no sabes cuanta falta me hace, Pedrito, tú no sabes -agregó con cierta nostalgia en sus palabras.

    -Lo sé, abuela, lo sé -Alcance a decir.

    Mi polla seguía erguida a pesar de la conversación de mi abuela. Sus giros pausados, para que la detallara y le ofreciera mi opinión sobre sus encantos, me animaron a incorporarme un poco para tocar sus ricas nalgas.

    -Abuela, estás dura. Pareces una roca -le dije

    -¿Lo dices para no desanimarme, verdad?

    -No abue, no. Lo digo en serio.

    Apreté fuertemente sus nalgas y me puse de pie atrayéndola hacía mí. Puse mi polla sobre su vientre para que sintiera el armamento que le quería reducir.

    –Ay mijo, no sé qué estamos haciendo pero me siento tan feliz con tus caricias -me susurró.

    No había terminado de proferir esas palabras cuando sentí como me empujó dentro de la hamaca y se aferró a mi pollón diciéndome:

    -Tienes una polla muy bonita y muy desarrollada, Pedrito. La tienes mucho más grande que el abuelo. Déjame detallarla -Prosiguió.

    Se puso en cuclillas frente a mi mazo y comenzó a manosearlo con cierta ternura indescriptible. Cubría la cabeza de mi polla con su palma y con la otra mano intentaba medirla con sus dedos.

    -¡La tienes Enorme! -exclamaba sin dejar de frotarla.

    -Quiero probarla, Pedrito. Siempre le hacía eso a tu abuelo -Me suplicó.

    -Claro, abuela. Saboréela como quiera, esa polla es suya -le dije.

    La abuela metió su trofeo en su hambrienta boca y empezó a succionármela con la veteranía de sus años. Se la engullía hasta la garganta mientras con su mano acariciaba mis bolas a punto de estallar.

    Así duró unos minutos. Jugueteaba diestramente con mi instrumento y sabía cuando cambiar el ritmo para que no me viniera. Era una veterana de mil batallas que producto del momento, se despojó de cualquier prejuicio que limitara sus pasiones reprimidas por el largo periodo de abstinencia.

    Retiró su boca de mi polla y me mostró, esplendida, su hermosa rendija babeada y lista para recibir mi pollón.

    -Quiero que me lo metas, Pedrito. Por favor, cógeme sin piedad. Quiero sentir es animal que tienes, dentro de mí. Fóllame con ganas, tengo ya dos años que no sé qué es una polla y menos con esas dimensiones -me dijo desaforada.

    -Si abue, sí. Te voy a follar con todo. Tú te mereces una buena cogida -agregué.

    Subió sus muslos sobre el chinchorro y se acomodó perfectamente sobre mi ansioso cañón.

    -Este momento es solo nuestro. Empótrame esa polla hasta el último centímetro, Pedrito. ¡Cógeme, fóllame, hazme tuya, por favor! -Exclamó.

    Colocó mi bazuca en la entrada de su resbaladiza vagina y lo introdujo lentamente hasta las bolas.

    -Que rico, Pedrito. Tienes un pollón enorme. Lo quiero todo para mí. Destrózame con esa verga endemoniada.

    -Si abuela, es toda tuya. Métela hasta donde quieras.

    -Dame duro, más duro, ah, ah, así, por favor, así. ¡Me encanta que me ensartes con ese animalón que tienes! -Exclamaba fuera de sí.

    ¡Eres fantástico! Quiero que me partas en dos, dame duro, más duro -me decía.

    La abuela parecía poseída por un espíritu libidinoso. Su cuerpo se contorsionaba rítmicamente y a cada movimiento se tragaba mi polla hasta lo último. La sentí correrse varias veces. En lo que a mi refiere, ya le había acabado dos veces. La liberación de mi esperma, había hecho disminuir la molestia que tenía en mis pelotas.

    -Te sentí venir, Pedrito. ¡Que rico! Tenía mucho tiempo que no echaba un polvo tan sabroso -me dijo.

    Se incorporó y se dio vueltas para exponer su culo hacia mí.

    -Cógeme por el culo, nieto. Méteme ese armamento por mi desprotegido culo. Lo quiero adentro, tal vez me va a doler pero intentaré domarlo. El de tu abuelo entraba con facilidad, pero no importa, penétrame con ese animal, que yo puedo-

    Esa petición tan explícita, aunado a la belleza del culo que se me entregaba, hizo que mi polla resucitara sin problemas. Me senté en el chinchorro y extendí mis piernas para dejar mi falo en posición para ser tragado por el culo hermoso de mi abuela Soledad.

    Ella se acomodó fácilmente de retroceso y escupió con abundante saliva sus dedos y los pasó con lujuria sobre su culito. Fue bajando lentamente y puso mi melocotón en su puerta y con su mano lo ayudó a entrar.

    -Ay, que rico, Pedrito. Creo que si voy a poder. Ay, Ay, ahí lo llevo. ¡Me matas, Pedrito, me matas con esa espada tan grande! -Exclamaba con una mueca de dolor en su rostro.

    -Sí, abuela, sí. Quiero matarte de placer -le dije.

    Cuando llevaba la mitad de mi polla introducida, respiró profundo y prosiguió con su ardua y excitante tarea. La abuela era de retos. Era lo que llamaban una mujer ardiente, un buen polvo. Nunca me imaginé algo así.

    Sus piernas le temblaban. Con una mano agarró el resto de mi polla y me dijo:

    -La voy a dominar toda. Ayúdame, Pedrito. Empuja lentamente que yo me dejo caer encima de ella. ¡Empuja, empuja! -Exclamaba.

    Con la otra mano, la abuela se frotaba con frenesí su abultado clítoris.

    -Pellízcame las tetas -me rogaba.

    Con mis dos manos me aferré a su par de tetas y le pellizcaba sus pezones como me lo había pedido.

    -Así, Pedrito, así. Pellízcame duro, ah!

    -empuja, párteme en dos, Pedrito. ¡Qué rico pollón, por dios!

    -Ya se me fue todo, Pedrito. Ay, ay, que rico la tienes. Muévete, muévete. Penétrame hasta las bolas. La quiero toda dentro de mí ¡Ay, que rico, ah, ah, me vengo, me vengo!…

    Viniéndose mi abuela y sintiendo yo unas contracciones en su apretado culo que me exprimieron hasta la última gota de mí ya seca polla. El movimiento de su culo sudoroso y brillante era un espectáculo surrealista.

    Ay, Pedrito, no la saques todavía. ¡Quiero más, más!

    Ya yo estaba seco y doblegado. Dejé que mi abuela se acoplara de nuevo con mi polla y continué pellizcándole sus pezones a punto de estallar.

    Así, Pedrito, así. ¡Que rico! No sé cuántas veces me voy a correr, ah, ah… Dame duro, duro, ah.

    Se corrió nuevamente.

    Este fue el mejor regalo de cumpleaños que me podría imaginar.

    La abuela Soledad se quedó extenuada sobre mis rodillas. Había gozado ese momento con emoción. No sintió ningún remordimiento ni sentimiento encontrado por haberse entregado a mí. Me lo dijo.

    -Gracias, Pedrito. He gozado de tu polla como no te imaginas. Estoy orgullosa de ti. Este secreto lo guardaremos por siempre. Ya yo no estoy para andar buscando hombres por ahí. Quiero que seas mi consuelo el resto de mis días. Mientras se pueda -Agregó.

    -Claro, abuela, claro. Siempre estaré para ti. Eres la abuela más especial del mundo, yo también estoy orgulloso de ti.

    -Te quiero, abuelita, te quiero…

    Gracias por leerme. Si te gustó, comenta. Recuerda que tus comentarios son importantes para mi crecimiento como escritor.

    Alphy Estevens.

  • Mi crush de universidad

    Mi crush de universidad

    Desde que entré a la universidad, y sin que mi ex novia Oriana lo supiera, había conocido a muchas chicas que se volvieron mis amigas. Incluso después de que me cambie de carrera seguía llevando con varias de mi curso anterior. Al tener más libertad después de terminar con Ori, había decidido volver a hacerme con más amigas ya que siempre me he llevado mejor con mujeres que con hombres.

    Durante esta transición, comencé a llevarme bien con una chica que se llamaba Daniela. A Daniela la conocí durante mi primer semestre en mi nueva carrera, luego de dos semestres en los que no estuvimos juntos, volví a tomar clases con ella, y fue gracias a ella que pude conocer a mi crush de carrera: Clara.

    Ambas se habían vuelto amigas durante los semestres que Daniela y yo no compartimos clase. Clara se me hizo muy guapa desde el primer momento en que la vi. Tenía la piel ligeramente morena casi color canela, cabello negro, un cuerpo bien definido (digno de un modelo de bikini), unos pechos bien definidos, un piercing en su nariz; en fin, una belleza en tierras mexicanas.

    Gracias a Daniela, logré acercarme con ella y prácticamente nos volvimos amigos casi de inmediato. Era una chica bastante divertida y en clases solíamos hablar de cualquier tontería y media, incluso en un par de ocasiones nos pusimos a jugar Mario Kart con la consola de un amigo a la mitad de clase.

    Sobra decir que me sentía atraído por ella, incluso en un halloween ella había decidido traer un escote bastante pronunciado para el disfraz que se iba a poner más tarde. Sin poder evitarlo, mi mirada se había desviado hacia sus pechos, lo cual desde luego no pasó desapercibido para ella. Me disculpe, desde luego, por mi actitud, pero ella me sorprendió con su respuesta:

    —No, tranquilo, de hecho esa misma reacción es la que esperaba generar.

    Sonreí ante el comentario y ella río. Aun no me sentía del todo relajado ya que no estaba seguro si realmente me lo decía en serio o porque sabía que sentía atracción hacia ella y no quería que las cosas fueran raras entre nosotros. Ciertamente era algo que yo no quería, ya que al fin de cuentas Clara me agradaba mucho como amiga.

    Vaya sorpresa que me llevaría tiempo después.

    Durante la época de finales, Clara me había pedido ayuda para poder terminar un ensayo. Yo ya había acabado el mío, por lo que accedí sin ningún problema. Le había sugerido que fuéramos a mi casa después de terminar la clase, ya que los apuntes y libros que necesitaban estaba ahí. En el camino a mi casa, ella me invitó un helado como pago por mi ayuda, acepte aunque no era necesario.

    Mientras íbamos en el transporte público, comenzamos a hablar de tontería y media. Fue ahí cuando me di cuenta lo bien que iba vestida. Llevaba puesto un top fruncido color blanco que revelaba la parte superior de sus pechos, un short de mezclilla bastante corto y unos zapatos abiertos de plataforma. Aquel día hacía mucho calor, entonces entendía porque usaba una vestimenta tan ligera, pero en mi mente sólo podía pensar en lo sexy que se veía.

    Al ver sus pechos me hizo recordar su vestimenta aquel día de halloween y por un momento pensé que si no se haría una idea errónea del por qué la había invitado a mi casa, aunque dentro de mi cabeza estaba disfrutando mucho su compañía y de la vista.

    Cuando llegamos a mi casa, abrí un par de cervezas y comenzamos a trabajar en su ensayo. Mis padres solían trabajar hasta casi la noche, entonces estaríamos solos un buen tiempo.

    Estuvimos fácilmente un par trabajando en su ensayo, cuando decidimos a tomar un pequeño descanso. Mientras continuábamos tomando un poco más de cerveza, estuvimos platicando a más profundidad de nuestras vidas. Quizá era el alcohol, pero termine por contarle a Clara todo lo que había pasado con Ori y lo que sucedió las últimas vacaciones que estuvimos juntos (pueden leerlo en esta página). Clara escuchaba atentamente mientras bebía de su cerveza.

    —Vaya, si debió de ser duro —me dijo ella.

    —Sí lo fue, más para ella que para mí, pero al fin de cuentas si lo fue. —respondí.

    —¿Y aun te ves con esas chicas? ¿Lo has vuelto a hacer con ellas? —me preguntó con una risa juguetona.

    —Lo hice de nuevo con Jimena, y he hablado con Valeria de hacerlo de nuevo, pero no hemos podido, no se nos ha dado la oportunidad.

    —Entonces llevas un tiempo sin hacerlo —la forma en cómo lo dijo era más una afirmación que una pregunta.

    —De hecho, lo hice con una amiga que vino hace poco.

    —¡Ah! Entonces por eso me quisiste traer aquí —dijo Clara bebiendo de su cerveza.

    —¡No! No, eso sólo se dio, no lo tenía planeado ni nada, te lo juro.

    —Está bien, si tú lo dices —respondió ella con una sonrisa.

    Me sentí un poco avergonzado, pero pensé que le estaba diciendo la verdad y no tenía nada por qué disculparme.

    —¿Sabes? Yo sí llevo un rato sin hacerlo —dijo ella de repente.

    —¿En serio? —pregunte genuinamente sorprendido—. Yo hubiera pensado que tenías novio de menos que alguien se te había declarado o algo.

    —Sí, pero la verdad con ninguno se me ha antojado. Como que no me gustan lo suficiente para eso.

    —Ya veo.

    —Aunque sí sería bueno hacerlo, ya me hace falta un poco.

    —Pues creo que no deberías rechazar a tantos entonces —dije riéndome.

    —Quizá ese es el problema —respondió.

    Nos reímos un poco y sin poder evitarlo volví a mirar sus pechos que el top revelaba. Podía entender que varios hubieran intentado algo con ella, realmente era una chica guapa y bastante sexy, vaya incluso yo quería intentarlo con ella.

    Casi con seguridad que era el alcohol lo que me ayudaba, decidí ponerle mi mano en un muslo, casi esperando que ella fuera a quitarla, vaya fue mi sorpresa que no pasó.

    —¿Y no has hablado con alguien para eso? ¿Alguien quien si te guste? —pregunté.

    —He pensado en un par, pero no lo sé, prefiero que las cosas se den y no forzarlas —me respondió dejando su cerveza vacía en la mesa.

    —Creo que te entiendo, la última vez que lo hice también deje que las cosas fluyeran y pues salió bien —en ese momento acerque un poco mi silla a la suya, casi sin pensarlo comencé a acariciar su pierna. El hecho que trajera un short tan corto me permitía recorrerle prácticamente todo el muslo.

    —¿Y aun la vez y todo?

    —Sí, claro, pero no sé si a ella le gustaría que lo volviéramos a hacer. No sé, quizá no le gustó como le hice o no sé —a cada momento me sentía más nervioso, pues volví a acercar mi silla hacia ella, prácticamente estábamos de frente el uno del otro, pero tomaba como buena señal que aún no quitara mi mano.

    —¿Quién sabe? Quizá no eres tan malo como piensas.

    Casi llevado por un impulso me acerqué a la orilla de la silla para estar más cerca de ella y ella respondió:

    —¿Vas a besarme? —me preguntó.

    En ese momento retiré mi mano y me sentí un poco avergonzado, esa era mi intención, pero su pregunta me hizo detenerme. Reí completamente nervioso y contesté.

    —¡No! ¿Cómo crees?

    Ella sonrió y me abrazó por mi pequeño desliz, quizá le parecía tierno o algo y en realidad tampoco quería sobrepasarme con ella. Así que también la abrace y le di un beso en la mejilla mientras nos reímos, como amigos que éramos.

    Pero su aroma, había algo en su piel, olía delicioso, no sabía si era su perfume o ella misma, pero me encantaba y hacía que me excitara. Nos separamos ligeramente, nos vimos, sonreímos y nos besamos.

    Besaba increíble, delicioso, tanto que hacía que comenzara a sentir mi erección crecer en mi pantalón. La tomé de la cintura y la acerque más a mí, nuestras piernas se entrecruzaron. La besaba con deseo y ella a mí.

    Me separe un poco para decirle:

    —¿Dices que no has cogido con alguien últimamente?

    Ella me sonrió y se levantó de la silla para darme la espalda.

    —No lo sé, aún tenemos que acabar mi ensayo.

    En ese momento yo estaba muy excitado, la deseaba y no quería que parara ahí. Así que me acerque a Clara por atrás, la tome de la cintura y comencé a besar su cuello. Desde ahí tenía una excelente vista

    —Podemos acabarlo después —le dije entre besos.

    Su respiración comenzó a acelerarse y su cuerpo a moverse de un lado hacia a otro. Baje una mano hacia su entrepierna y comencé a acariciarla. Unos ligeros gemidos salieron de su boca mientras su cuerpo volvía a moverse de un lado a otro, señal que le gustaba lo que estaba haciendo. Volteó el rostro y volvimos a besarnos. Así estuvimos unos momentos antes de que me separara de ella.

    —¿Qué dices entonces? —pregunte mientras continuaba acariciando su entrepierna.

    Ella tan sólo se volteó y me empujó directamente hacia el pasillo. Mi cuarto estaba hasta el fondo, así que la tome de la cintura y comencé a caminar hacia atrás mientras nos besábamos, pero a cada momento me sentía más y más excitado y no podía esperar a verla desnuda.

    A la mitad del pasillo, empuje a Clara contra la pared y levante su top para quitárselo, ella alzó los brazos para poder ayudarme. Mi sorpresa radico en ver que no llevaba sostén y por un momento me hizo pensar si no tenía planeado esto, pero deje de darle importancia y comencé a besar sus pechos y chupar sus pezones que ya estaban duros. Clara abrazó mi cabeza y a jugar con mi cabello mientras sus gemidos se hacían más fuertes. Mientras atacaba sus pezones con mi lengua, mi mano apretaba el otro pecho, lo que hacía que ella apretara mi hombro y se mordiera el labio.

    —¡Quítate esto! —me ordenó comenzando a quitarme la playera.

    Me separe de ella para ayudarla, en cuanto lo hizo comenzó a besarme mi pecho, subiendo hasta mi cuello mientras su mano comenzaba a quitarme el cinturón. Me quite los lentes y los arroje junto mi playera al suelo en el momento que ella hacía lo mismo con mi cinturón. Volvimos a besarnos mientras la llevaba a mi cuarto. En cuanto llegamos, la tomé del brazo y la lance a la cama, boca abajo y luego tomé su cintura para hacer que elevará su trasero hacia mí.

    —No te gusta perder el tiempo ¿eh? —me dijo mientras bajaba su short hasta revelar unas bragas completamente negras.

    Antes de que pudiera hacer algo, ella me empujó ligeramente con el pie para que pudiera sentarse sobre la cama, luego tomó con su mano el borde de mi pantalón y lo bajó casi de un tirón. Metió mi mano en mi boxer y comenzó a masturbarme mientras yo apretaba uno de sus pechos.

    —Tienes unos increíbles pechos —le dije mientras observaba como me quitaba el bóxer y continuaba masturbándome—. Me encantan.

    —Lo sé, no podías quitarle la mirada de encima en todo el rato —me dijo ella con una sonrisa.

    Luego tomó mi pene y se lo colocó entre los pechos y comenzó a subirlo y a bajarlos. La sensación mando descargas a mi cerebro y a todo mi cuerpo, la suavidad de sus pechos se sentía increíble en mi falo. De vez en cuando, Clara sacaba la lengua para lamer apenas la punta de mi pene, la combinación hacía que me fuera al cielo. Sentía que estaba a punto de venirme.

    La detuve, porque aún quería disfrutar de ella un poco más. La tome de las manos y la volví a lanzar contra la cama. Sin darle tiempo de responder, me dirigí directamente hacia sus piernas, hice a un lado su ropa interior y comencé a comerle el coño. Desde luego que ya estaba completamente húmedo, no sabía desde cuando Clara estaba así, pero ahora iba a hacer que se mojara aún más.

    Su cuerpo se retorció por mis lamidas, recorría todo su coño, desde arriba hacia abajo y luego daba unas cuantas vueltas alrededor de sus labios. Los gemidos de Clara se transformaron en gritos de placer. Su clítoris finalmente decidió asomarse para poder jugar, así que lo ataque con la punta de mi lengua mientras introducía dos de mis dedos en ella. Clara tuvo que cubrirse la boca debido al grito que iba a soltar.

    Sus piernas se estremecían y sus dedos jugaban con mi cabello, podía ver como con su otra mano apretaba uno de sus pechos tan perfectos.

    —Así, así, no pares. ¡Ah!

    Acompañe mi lengua con mi dedo pulgar para continuar con su clítoris. Está vez ella no pudo resistir el grito.

    —Quiero sentirlo, quiero sentir tu verga dentro de mí —me dijo sin dejar de apretarse los pechos.

    Le di un par de lamidas más antes de quitarle finalmente las bragas, alzarme y acercarme a besarla mientras apuntaba mi pene hacia su coño. Con la punta acaricie sus labios vaginales y podía sentir el gemido en su garganta mientras nuestras bocas continuaban besándose. Besé su cuello mientras la penetraba lentamente, podía sentir sus uñas clavarse en mi espalda a cada centímetro que se perdía dentro de ella. Cuando llegué al fondo de su dilatado coñito, me susurró al oído.

    —¿Qué esperas? Dame lo que quiero.

    Inspirado por su petición, comencé a darle con rapidez. Me separé ligeramente para ver cómo sus pechos subían y bajaban al ritmo de mis embestidas. Clara se mordía el labio con una sonrisa mientras bajaba la vista para ver cómo se la estaba metiendo.

    Me alejé un poco más para poder tomarla de la cintura y aumentar la velocidad de mis penetraciones. Ella tan sólo gemía y se agarraba de las sabanas. Me sentí cansado y ella pareció notarlo.

    —¿Quieres cambiar de posición? —me preguntó.

    Asentí y ella tan sólo se acercó a mí y me besó mientras me empujaba para que estuviera yo acostado en la cama. Cuando fuera yo el que estuviera acostado, Clara acercó su cabeza a mi falo y comenzó a lamerlo lentamente, como si estuviera probando un dulce. La forma en cómo lo hacía me hizo recordar el helado que habíamos comprado antes de venir a mi casa; para mí, estaba lamiéndolo de la misma forma como lo había hecho con ese helado. Chupó mi verga un par de veces antes de colocarse encima de ella, aun sin que se lo metiera.

    —Ahora me toca trabajar a mí —me dijo moviendo su cadera hacia adelante y hacia atrás.

    Sus labios vaginales abrazaban mi pene y podía sentir como recorría mi falo de arriba abajo. Me encantaba cuando hacían eso conmigo. Ella cerró los ojos y su cara demostraba que también lo estaba disfrutando, después de un tiempo se detuvo, tomó mi pene y poco a poco se la introdujo hasta llegar al fondo.

    Comenzó a cabalgarme con maestría, se veía como una diosa, sobre mí, con sus pechos rebotando y yo tan sólo podía mirar. La tomé del trasero para hacer que subiera y bajara con más velocidad y sin poder evitarlo le di una nalgada. Ella se inclinó ligeramente hacía mí para dejarme sus hermosos pechos a mi alcance para poder chupar sus pezones mientras ella continuaba moviendo su cadera de arriba abajo en mi verga.

    Nuestros gemidos estaban casi sincronizados, su coño se sentía delicioso y cada que nos besábamos hacían que mi placer aumentara.

    Detuve a Clara un momento para hacer que se levantara de mí y que se diera la vuelta, ella tan sólo se dejó hacer. Atraje sus piernas hacia mi rostro y ella se río en cuanto la jale.

    —Que rudo —dijo entre risas mientras tomaba mi pene entre sus manos.

    Comí de su coño mientras ella comenzaba a chupar mi miembro. El mejor 69 que he tenido en mi vida. Me esforzaba demasiado, haciendo que Clara se detuviera para poder disfrutar lo que yo le hacía y cada que le daba un respiro, ella intentaba recuperar el tiempo perdido chupándomela lo más profundo que podía.

    —Ven acá —me ordenó reculando hacia adelante.

    Por la posición supe lo que quiso. Me levanté y me acerque a su trasero mientras ella se ponía en cuatro para mí.

    —Dame muy duro por favor —me dijo mientras acariciaba su trasero.

    Apunte la punta de mi miembro y le di lo que quería. La penetre lo más duro que podía, haciendo que su trasero rebotara contra mi pelvis e hiciera ruido cada que lo hacía.

    Clara volvía a gritar con cada embestida que le daba, sus manos fueron directo al borde del colchón para intentar agarrarse y la cama se movía a nuestro ritmo.

    —¡Ah! Creo que me voy a venir así —le dije sentir el orgasmo llegar.

    —¡No! Espera, quiero hacer algo más —me dijo retirándose—. Levántate.

    Obedecí, con el miembro palpitando. En ese momento Clara se acostó boca arriba con la cabeza colgando en la orilla de la cama.

    —Ven aquí —me ordenó.

    Obedeciéndola, acerque mi miembro a su boca y ella comenzó a chupármela de nuevo. La posición era muy diferente a lo que había hecho en mucho tiempo, sin poder evitarlo comencé a mover mi cadera como si estuviera penetrándola, tan sólo escuchaba como su boca se comía mi falo y eso me excito demasiado. Tenía al alcance su coño, así que estiré mi mano y comencé a masturbarla de nuevo. Sus gemidos eran apagados por mi miembro en su garganta y sabía que no podía durar mucho así.

    —¡Me vengo! —grité entre gemidos.

    Saque mi miembro de su boca y me corrí directamente en sus pechos y en su cuerpo. Cuando el orgasmo terminó ella alzó la espalda y giró la cabeza para verme.

    —No estuvo mal —me dijo con una sonrisa.

    —¿Tú llegaste?

    —La verdad es que no.

    —Aun puedo solucionarlo —le dije acercándome a ella por la espalda.

    Antes de que ella pudiera responder o siquiera moverse, agarre sus brazos y los sostuve con mi brazo mientras introducía dos dedos en su coño húmedo.

    —Dios, sí, sigue —me dijo mientras seguía mis dedos seguían explorando dentro de ella.

    Levante un poco su cadera para tener mejor movimiento. Sus gemidos en mis oídos hacían que mi erección no bajara. Sentí su orgasmo llegar, pero aun así no deje de castigar su coño, hasta que finalmente, de un fuerte espasmo, su cuerpo se inclinó hacia adelante y ella soltaba un grito de placer.

    Cuando el orgasmo pasó ella se dio la vuelta en la cama para poder verme. Mi corrida aún estaba en su cuerpo y ella la miró con una sonrisa.

    —¿Sabes? Si tu amiga piensa que no coges rico, está muy equivocada.

    Sonreí por el cumplido, mi miembro aún estaba erecto y yo me la estaba jalando ligeramente.

    —¿Qué dices? ¿Round 2?

    Note cómo Clara lo pensaba, pero se sentó en la cama y me miró.

    —Creo que no, aún necesito acabar mi ensayo ¿recuerdas?

    —Oh, cierto,

    Mentiría si no estaba un poco decepcionado por esa respuesta, incluso creo que en mi tono se lograba apreciar esa decepción, porque Clara agregó.

    —Otro día lo hacemos. Lo prometo.

    Eso me subió los ánimos un poco.

    —De acuerdo, estuvo excelente, por cierto. Estuviste increíble, bastante sexy.

    —Gracias, tú también —bajó la mirada hacía mi corrida en su cuerpo—. ¿Crees que pueda bañarme? No me gustaría traer esto todo el día.

    —¡Oh! Sí, claro. Si quieres entra, te dejare tu ropa dentro del baño para cuando acabes.

    —Gracias —respondió ella dirigiéndose al baño que estaba al lado de mi cuarto.

    Recogí nuestra ropa, le deje la suya en el baño y espere a que terminara. Cuando lo hizo, regresamos al trabajo de su ensayo, ahora con un humor mejorado.

    Cuando terminamos, la acompañe hasta su casa y nos despedimos con un beso en los labios, después de la tarde que pasamos juntos.

    —Te deje algo en tu cuarto —me dijo—. Me lo devuelves para la próxima vez que vaya.

    Me preguntaba a qué se refería con eso. En cuanto regresé a mi casa, mis papás ya habían llegado, me preguntaron cómo había sido mi día y tan sólo les dije que había tenido una tarde excelente. Fui rápido a mi cuarto y encontré las bragas negras de Clara debajo de mi almohada y entendí lo que me quiso decir.

    Definitivamente se las iba a regresar la próxima vez.

  • Ángela se enferma y la cura es mi verga

    Ángela se enferma y la cura es mi verga

    Hola a toda la comunidad hoy continuaré con otro de los encuentros que tuve con Ángela, pues de más está decir que después de esa noche sensacional no terminó todo.

    Al otro día como les había dicho no pudimos levantarnos de la magnífica noche que pasamos, nos tomó las 11:00 amen la cama y nos despertó Diana, al regresar de sus clases.

    Nosotros aun seguíamos desnudos y enrollados en la cama. Cuando nos despertó nos sobresaltamos, pero todo continuó normal, ella nos juró que no contaría nada, pues también había tenido sus noches de pasión, y durante el tiempo que duró la conversación nos fijamos tanto Anye como yo que ella no paraba de observar nuestros sexos aun un poco viscosos de la noche que habíamos tenido, y a partir de ese día cambio su actitud hacia nosotros, que siempre había sido distante empezó a ser más apegada sobre todo a Anye con la que se hacía súper amiga.

    Ese día terminó normal Anye se fue para su casa a seguir trayendo cosas que necesitaría en la residencia para terminar de instalarse lo más rápido posible, la tarde y la noche la pasamos Diana y yo juntos, principalmente estudiando y de vez en cuando ella me lanzaba alguna pregunta sobre la noche anterior, yo le contesté todas con el mayor número de detalles e incluso en algunos casos agregué algún detalle picante para mejorar el momento, y ella no paraba de lanzar miradas a mi entrepierna, después de haberme visto desnudo había pasado así el día y como a mí me encanta provocar ese día especialmente usé mis shorts más cortos y reveladores y por supuesto sin ropa interior.

    Aun así, no pasó nada entre nosotros ese día, aunque en la noche si sentí algunos gemidos provenientes del baño después de haberme “acostado a dormir” sin darme cuenta que era me acerque a la puerta y pregunte que pasaba y con voz entrecortada respondió que nada, y fue ahí cuando caí que se estaba masturbando o algo así.

    Bueno esa semana terminó y el fin de semana todos nos retiramos a nuestras casas nos incorporamos el lunes nuevamente, las cosas siguieron normal entre nosotros Anye y yo en las noches si podíamos nos acostábamos sino, solo dormíamos. Hasta que llegó el miércoles, ese día me tocaba guardia, como de costumbre me levanté temprano me di un bañito, pero antes de salir entró ella, casi que corriendo pues necesitaba hacer pis, y al final no pudo aguantar y un chorrito le mojó un pie termino, y aquejándose del asco me pidió espacio en la ducha, eso si no era común entre nosotros, a esa hora los calentadores solares aún no han tenido tiempo de calentar el agua y cuando sintió el agua fría sobre su piel me abrazó por la espalda y de más está decir que ese gesto me excitó, junto al contraste frio del agua con su piel, lo que provocó una erección en mí que no tenía manera de disimular, fui a salir pero me detuvo –eso no estaba ahí cuando yo entré- me dijo, -eh bueno esas cosas pasan- le respondí, -¿no necesitas ayuda?-, -la verdad si pero se me haría tarde-, -eso tiene solución me dijo- y comenzó a mamármela sin decir una palabra más.

    De sobra está decir que ella lo hacía genial empezó tomándola por la base e hizo una garganta profunda, y otra, y otra… después me masturbaba con una mano, mientras metía y sacaba mi glande de su boca y jugueteaba con su lengua en él. Perdí el control y la sujeté de la cabeza, y comencé a follarle su boquita linda, me detuvo y me dijo –te vienes en mi boca no lo pienses, que no hay nada mejor que empezar el día tomando leche- ese comentario me puso a 1000 y seguí fallándole la boca hasta venirme, y ella como toda una experta se tragó hasta la última gota y seguía chupando, yo creo que quería más de la que le di.

    Al terminar se puso de pie se enjuagó la cara y me pegó un súper beso entre manoseo mutuo, que evito que se me relajara por completo la verga, pero viendo la hora salí corriendo del baño nada más terminarlo, sin ropa solo con la toalla sobre los hombros, al salir Diana estaba despierta y como su cama queda frente a la entrada del baño me vio -pero hombre, ahora vamos a estar exhibiendo la mercancía a esta hora, ¿no ves que hay personas que llevamos tiempo sin probarla?-, me dijo –sino la haz probado es porque no has querido, porque dormimos en el mismo cuarto hace ya dos años- le contesté –esa respuesta te la vas a comer, cuando te coja y te folle-, -tal vez, puede ser, pero no me voy a arrepentir-, se sacó la colcha para descubrirse desnuda en la cama y se señaló la tota que llevaba depiladita, diciendo: -cuando pruebes esta no vas a querer más ninguna otra, pero va a ser tarde, porque solo te voy a follar para dejarte con las ganas de mas-, en eso desde el baño gritó Anye: -no me dejéis afuera también me dan a mí, yo también quiero quedarme con ganas de más-, mi mente en ese momento se volvió loca y empezó a volar trayendo al momento no sé cuántas fantasías.

    Pero me terminé de vestir agarré mis cosas y despidiéndome de ambas hice ademan en retirarme, pero al salir por la puerta oigo que Anye me grita que había olvidado la bata, regreso corriendo y me las encuentro a ambas en la cama de Anye desnudas, y tocándose mutuamente sus sexos hice por no mirar la escena recogí la bata y cuando fui a salir ambas se pararon frente a la puerta, diciendo –para salir tienes que pagar peaje.

    La verdad estaba flipando con esa situación sino hubiese tenido guardia a la mierda el trabajo me quedaría con esas dos bellezas, pero las guardias son sagradas, intenté salir y me detuvieron la verdad yo hubiese podido quitarlas muy fácilmente pero no quería entonces Anye salto arriba de mí y me pegó un beso de esos que te dejan sin aire, mientras Diana se acercó a nosotros y empezó a tocar el sexo de Anye que estaba a horcajadas encima de mí, en eso Anye se baja y entonces Diana, se acercó y esta vez ella me besó, uff por dios que beso, admito que Anye es mejor pero ese también estaba para libros, al soltarme casi que salí corriendo de la habitación, mientras las oía reír y con una erección que me duró casi que tres cuadras.

    Mi guardia transcurrió normal como de costumbre mucho trabajo, un par de cirugías y varios pacientes que van al hospital solo por tener un pretexto para salir de la casa o a pedir una recete de paracetamol. Ya marcaban las 12:00 am y me tocaba mi turno de la noche. Me senté en la consulta a esperar por si alguien llega cuando tocan la puerta para mi sorpresa era Anye.

    Entra y se sienta como si estuviera enferma, la interrogo y me inventa un cuadro clínico como si en serio tuviera algo, le pido que se acueste en la camilla para examinarla al acercarme le descubro el abdomen, y comienzo a palpar, pero me dice –doctor mi dolor es más abajo- y toma mi mano y la lleva a su sexo, que estaba cubierto por una licra gris yo la retiro rápidamente y le mando unos complementarios ya sabía que no tenía nada, le pedí a la enfermera que la acompañara y una vez esta había salido la tomé por la espalda y le dije al oído: -deshazte de la enfermera al llegar al laboratorio y vuelve aquí-.

    La enfermera la dejó en el laboratorio y regresó rápido diciéndome que la paciente no necesitaba acompañante la mandé a ver a los pacientes ingresados y un par de procederes tontos para que demorara, casi no había salido y ya Anye regresaba.

    Entro a la consulta y cerré la puerta tras de sí, la sujeté fuerte y la pegué contra la puerta pegándole un beso en los labios que aún debe tener falta de aire, me separé un segundo y le dije: -así que mi niña está enfermita-, -si mi doctor- me dijo –el problema está en que te extraño allá abajo y no podía dormir por lo que vine por una dosis de tu calmante- esto último lo dijo apretándome la verga por encima del pijama de trabajo.

    De sobra está decir que yo estaba a punto de explotar, por lo que volví a besarla, en eso ella se separó de mi empujándome hacia atrás y me detuvo el buró ella aprovechó para bajarme el pantalón y el bóxer, y arrodillándose frente a mi empezó a mamarme la verga que estaba súper hinchada, primero beso el glande y dijo: -como te extrañé, sino es porque en la mañana Diana me quitó la calentura que me dejaste no sé qué me haría sin ti, y sin más hizo una garganta profunda al sacarlo un hilo de saliva quedó entre su boca y el glande, que estaba de un rojo intenso en ese momento, entonces me pajeo un momento y empezó a mamármelo, intercalando las mamadas con lambidas, chupones de bolas y gargantas profundas.

    Si les soy sincero me costó bastante controlarme para no venirme, cuando pensé que iba a estallar la tome por los brazos y la levanté, le di un beso y la acosté sobre el buró, quitando la licra y el hilo que llevaba dejando al descubierto ese conejito afeitado y ya bastante mojado, sin más salté a mamarlo y lamí todo los labios mayores aun sin dejar que mi lengua tocara los menores o el clítoris, entonces recorrí toda su rajita con mi lengua y presionándola bastante lo que hizo que se estremeciera, y comenzara a soltar más jugos, entonces empecé a jugar con su clítoris le daba vueltas con mi lengua, y lo apretaba entre mis dientes, después lamia de arriba hacia abajo y de un lado a otro entonces ayudándome con una mano tensé la piel encima de él dejándolo aún más al descubierto, cosa que ya había aprendido que le gustaba y entonces succioné ese pequeño botón rosado ya dentro de mi boca le di lengüetazos en todas las direcciones que se me ocurrió, y con la otra mano empecé a introducir un dedo en su vagina esto hizo que sus respiraciones entrecortadas se convirtieran en gemidos.

    Agité un poco mis dedos, pero no le di mucho placer entonces solté el clítoris y aproveché para meter mi lengua en su vagina, mientras con la mano que ahora tenía libre pasé a jugar con su clítoris con el pulgar le dibujaba círculos mientras mi lengua entraba y salía de su vagina, así hasta que se corrió en mi boca llenando mi cara de sus juguitos, y comenzando a contraerse sus muslos se pegaron a su abdomen y ahí estaba boca arriba en mi escritorio semidesnuda y tan mojada que tenía un charquito de sus jugos bajo de ella sobre el buró, y con una vista perfecta de su sexo.

    Sin pensarlo la sujeté por la cintura ella aún no se recuperaba del todo, y la atraje al borde, introduciendo mi miembro en su sexo de una sola embestida, de más está decir que entro sin dificultad, y ahí empecé a bombearle, ella gemía y de vez en cuando se le escapa un gritico, sin parar de bombearle una de mis manos fue subiendo pasando por debajo de su blusa hasta encontrar un seno apreté el pezón entre mi pulgar y el dedo índice y después apreté toda la teta con la mano, usándola como apoyo para seguir con mis embestidas, e hice lo mismo con la otra ella levantó sus pies poniéndolos sobre mis hombros, lo que me permitió darle más duro aun que es como a ella le encanta, la llevé al orgasmo en un minuto, y ahí entre contracciones soltó mis manos de sus tetas y se agarró de mi cuello para acercarse a besarme los pies de ella se interponían pero haciendo un esfuerzo lo consiguió.

    Yo aproveché para levantarla y la llevé a la camilla donde la acosté y cuando me disponía a continuar me empujó y se puso en cuatro, pero no levantada sino con los muslos pegados al vientre, dejando un sexo bien hinchado y mojado a la vista al borde la camilla y cuando me dispuse a seguir cogiéndola me dijo: -por lo necesitada que me has tenido todo el día te permito encularme-, la verdad me moría por hacer eso desde la primera noche cuando me lo había negado, así que no lo pensé a pesar de lo lubricado que se encontraba su orto por sus jugos que habían chorreado yo embarré mi dedos de saliva y los llevé hacia su agujerito, como le costó un poco de trabajo entrar, los llevé a su rajita y los embadurné bien de sus juguitos y volví a meterle uno como ya esta vez entró bien, le metí otro más.

    Entonces me le acerqué y le di una lamida a su orto, dejando bastante saliva en el di otra y otra, y me decidí a comenzar con mi trabajo, cuando presenté mi glande a su orto, me detuvo y me dijo por favor empieza suave que hace bastante que no lo uso, eso me encendió más aún, si era posible, y comencé a introducirla, soltó un pequeño chillido, pero fue aguantando hasta que estuvo todo adentro, en lo que se iba acostumbrando su orto a mi verga me encorvé un poco hacia adelante y le di unos besos en la espalda mientras jugaba con sus tetas y las apretaba en mis manos ella se erizó y se encorvó un poco, entonces cuando creí que ya estaba lista, comencé a bombearla suavemente.

    Empezó con chillidos y al cabo de unos minutos ya gemía, por lo que me dispuse a aumentar mi ritmo, y así fui haciendo poco a poco, subiendo mi intensidad, ella gemía, y de pronto gritó: -¡durooo!!!-, entonces solté sus senos y me aferré a su cintura con mis dos manos, embistiendo todo lo duro que pude clavando mi verga hasta lo último en su culito, esto provocó un grito de dolor mezclado con placer, y volvió y gritó: -¡más duro, mas, dame maaas!!!

    Yo estaba que flipaba con aquella reacción y no podía controlarme por lo que seguía embistiendo con todo mi ser sin parar, cada vez tan duro como me lo permitían mis manos, ella no paraba de gritar hasta que me dijo: -me vengo ahora no pares- yo aceleré aún más mis embestidas para poder venirnos juntos, y así lo hicimos descargué mis jugos en su culete, y ella primero la reacción la llevó al arquearse sobre su espalda, a mi medio se me aflojaron mis pies, así que la cargué aun empotrada en mi verga que ya iba perdiendo dureza.

    Y así con ella sobre mí me senté en la silla que estaba a mis espaldas, ahí la abracé fuertemente y la con el abrazo a la vez la sujetaba, ella recargó su cabeza sobre mi hombro al tirarla hacia atrás y la giró de manera que me besó la mejilla y yo respondí girando mi cara para besarla también y nos fundimos en un rico beso.

    Cuando pudo levantarse se vistió al igual que yo. La acompañé hasta la salida y le pedí un taxi para que no regresara sola, en lo que yo terminaba mi guardia.

    Sus últimas palabras antes de irse y después de besarme fueron:

    -mañana te vamos a dar una sorpresa así que descansa todo lo que puedas hoy.

  • Las vídeo llamadas

    Las vídeo llamadas

    ¿Cómo pasa la cuarentena una ninfómana septuagenaria? Hace unos días, una de mis lectoras seguidoras (¿será la única?) me pidió: “Cuenta algo reciente, no sólo recuerdos de hace décadas. Digo, para saber si también se puede a tu edad.” Cierto es que mis publicaciones se refieren a tiempos pasados, pero si lo recuerdan, las motivaciones fueron las de exponer lo que sufrí con mi acusada ninfomanía, hasta que se estabilizó mi situación. Así que hice varias entregas en un foro ya desaparecido donde expuse mi situación. Allí tuve intercambio con varios autores y particularmente uno de ellos, Orestes Santoyo, me propuso publicar mi experiencia también aquí, en “CuentoRelatos”, pues tendría mayor difusión. Y así fue que me integré a esta comunidad y publiqué la saga “Ninfomanía e infidelidad” en la que, además de mi historia real que ya había publicado antes, le añadí unas variantes, con otros posibles finales muy probables.

    Salvo un relato que no fue texto mío sino ficticio sobre mí, y así lo aclaro en él, mis posteriores publicaciones se refieren a situaciones que ocurrieron y complementan la saga. Pero subyace mi interés por mostrar la problemática que sobrellevó esta ninfómana que escribe y, confieso, también recordar tiempos pasados que me alegran la libido, además de ser textos que gustan a los lectores de “CuentoRelatos”; y es con ese afán que hago caso de lo que me propone Mar1803. Va esta historia actual, en la que participan, además de mi esposo Saúl, dos de mis machos: Roberto y Eduardo.

    Ya estamos hartos del encierro. Han pasado tres meses en que sólo salimos a caminar muy temprano dentro del coto en que vivimos, esto para toparnos con la menor cantidad posible de vecinos a quienes saludamos de una acera a otra. Todo lo que requerimos nos lo traen los hijos y, como si fuésemos menores de edad, nos prohíben salir. Esta confinación la he resentido mucho, pues mis relaciones sexuales, semanales o quincenales, con mis machos se han suspendido. Sólo hablamos por teléfono, además de los mensajes amorosos, nos enviamos textos picantes o francamente obscenos.

    Roberto tomó un video donde su rico y cabezón pene le entra y sale a la vagina de Britt, su esposa, quien grita en español “¡Puto, sigue, chímame como tú sabes!” y luego otras cosas que no entendí porque las dice en su idioma (¡Se me antojó ser la beneficiaria de esa acción!) hasta que se viene y al sacarlo, le escurre el río de leche a su mujer de quien ya sólo se escuchan jadeos. No pude evitar abrir la boca queriendo recibirla. ¡Capaz que, si he estado ahí, le chupo los labios a la suertuda! Seguí acariciándome la pepa cada vez más fuerte hasta que me vine. El texto que acompañaba al video decía “¿Se te antoja, puTita? Salió mucha lefa porque me imaginé que estaba contigo”. No sé si la sesentona de Britt debiera agradecerme el favor…

    Estoy segura que Saúl hackeó mi teléfono, aunque lo niega y argumenta que eso sólo son inventos de los políticos y gente paranoica, pero cuando me hablan y me retiro a la recámara para tener mayor privacidad, él va a su estudio, supongo que para conectarse subrepticiamente a escuchar y ver mi comunicación. Cabe aclarar que en casa sólo andamos con ropa interior y tenemos cerca una bata o un pants para ponérnoslo cuando llega alguno de los hijos. De esta manera es muy fácil masturbarnos si se da la ocasión.

    Hace una semana recibí una video llamada y de inmediato me fui a la recámara y le puse seguro a la puerta. Era Eduardo. Conecté el teléfono a la pantalla de la recámara y me agasajé con la imagen donde destacaba la gran tranca de mi amado acariciándola en todo lo largo. Me posaba de frente y de perfil. Brillaba el glande de tanto presemen que soltaba.

    –Estaba pensando en ti y decidí hablarte. Espero que no te haya importunado –me dijo sin dejar de mostrar cómo se la jalaba.

    –Para nada, al contrario –contesté bajándome las pantaletas para acariciar mi clítoris.

    –¿Cómo estás? –me preguntó.

    –Míralo por ti mismo –dije retirándome de la pantalla para abrir el cuadro y me quité la blusa para que me viera por completo.

    –¡Qué ricas tetas, mi amor!

    –¡Qué rico pene! De seguro que te tomaste un viagra… –le dije relamiéndome los labios.

    –Sí, pero al rato lo disfrutará Adriana –me confesó–, aunque quise calentarme un poco para estar en forma…

    –Me gustaría ser la agraciada de recibir los enviones que darás –contesté y me acosté abriendo las piernas y acercándome hacia la cámara

    –Ponlo aquí, mi amor… –le dije abriéndome los labios para que se notara que yo también estaba mojada. Y en la pantalla vi su glande babeante con el zoom que hizo.

    –Tómalo, mámalo, mi mujer… –no pude evitar venirme al meterme los dedos y mover con rapidez la mano–. Te amo… –me dijo con dulzura, antes de despedirse.

    –Yo también te amo –le dije y corté la comunicación para reposar un poco.

    Me quedé pensando en que él se iría a hacerle el amor a su esposa, después de calentarse con el show que le di. Pensé en que yo también iría a sonsacar a mi marido para recibir un trozo de carne, pero no fue necesario, pues Saúl tocó a la puerta, que yo había cerrado con seguro.

    –Oí qué gritaste, pero seguramente fue por alguna agradable razón –me dijo después de meterme los dedos en la raja y chupárselos llenos de mis jugos.

    Me tiró a la cama y me empezó a lamer para tomar del amor que otro me provocó, y que seguramente había estado monitoreando la video llamada pues llegó encuerado y con el pito bien parado.

    –¿Tomaste una pastilla? –pregunté al sentir su pene muy firme entrando en mi ser, al tiempo que me mamaba una chiche y me apretaba la otra.

    –No es necesario cuando se tiene a la Nena puta en casa –dijo moviéndose frenéticamente–. ¡Que se la tomen los que la necesiten para su esposa, yo tengo una puta! –dijo quedándome claro que espía mis llamadas.

    ¡Qué cogida tan primorosa me dio! Nos vinimos mucho y, por si fuera poco, hicimos el 69 para saborearnos el amor…

    Sí, a pesar de la edad, aún nos queda espacio para hacer el amor.

  • En la camita de mis papas

    En la camita de mis papas

    Hoy quería contarles lo lindo que lo pasé un fin de semana que se celebraron elecciones, y no fue precisamente votando.

    Siempre que he tenido experiencias con machos, ha sido en telos, en sus departamentos/casas, en departamentos prestados de amigas mías, o en el peor de los casos, en auto.

    Sólo una vez llevé a alguien a casa y fue hace tiempo.

    El hecho de vivir con mis papas hace imposible que disponga de lugar para pasarla bien, poder vestirme de nena como me gusta y disfrutar de un buen garche.

    De hecho, hasta se me hace difícil tener ropa de putita en casa. Siempre escondiendo todo en lugares insólitos para que no me descubran, lo que implicaría irme de casa sin dudas.

    Esa situación hizo que sólo jugara de local una vez, y la verdad es que estaba tan perseguida que no la pasé del todo bien, más allá de que la persona con la cual estaba fue un caballero.

    Pero el fin de semana de las elecciones se presentó una nueva oportunidad, y obvio que no la desaproveché.

    Tanto mi papá como mi mamá tienen domicilio en Pilar, donde también vive mi abuela materna, motivo por el cual debieron votar allá. Yo voto acá en Capital.

    Promediando la semana, me confirmaron que se iban el sábado a la tarde para allá, lo que me permitió no sólo comenzar a planear el finde, sino también elegir con tiempo con quien quería compartirlo.

    Como no quería volver a estar perseguida como la anterior oportunidad que use mi departamento de cogedero, quería elegir bien a mi chongo.

    Hace rato me vengo escribiendo con Leo. Lo conocí hace un tiempo en Glam por intermedio de una amiga cross que nos presentó.

    En un primer momento no me impactó ni mucho menos. Un tipo de unos 1.80 m., físico normal, pesará unos 80 kg., ojos marrones, morocho de pelo cortito… normal digamos.

    Esa noche no pasó más allá de una charla y un trago. Luego él le pidió a mi amiga mi celular, y yo la autoricé a que se lo pase.

    Quizás a partir de ahí comenzó a agradarme un poco, hasta que me termine de gustar como hasta ahora. Mucho chateo, palabras lindas, piropos y esas cosas, muy respetuoso.

    Creo que tardó un mes en pedirme la primera foto de nena. Ahí empezó a estar interesante el asunto. Después empezamos con video llamada y me terminó de cerrar.

    Como no soy hipócrita, debo decir que para mí el tamaño importa. Y Leo colmaba mis expectativas. Una hermosa verga, que estando al palo ya podía observar lo venuda que era, estaba todo rasurado, con lo cual me dejaba observar sus huevos, el tronco hermoso que tenía su chota, intimidante, no apta para estrechas.

    Siempre me pedía de vernos, pero nunca me animaba. Tener la posibilidad de invitarlo a casa me tentaba. Nuestro continuo contacto hizo que confiara en él.

    Fue así que le escribí, le dije si quería venir el sábado a casa a cenar, tomar algo, charlar, algo tranqui, invitación que obviamente escondía otras intenciones.

    Re buena onda aceptó, me preguntó que tenía que llevar, si vino o tomábamos cerveza, que pedíamos algo para cenar, etc.

    El sábado por la tarde, mis viejos emprenden viaje para Pilar, y yo súper relajada porque sabía que se quedaban allá hasta después de las 18 horas del domingo. Igual no iba a arriesgar.

    Lo cité para las 21 horas, y tengo que jurar que llego en punto. Eso realmente me gustó. Me daba la tranquilidad de que realmente quería verme.

    Obvio que no cociné nada. Pedí algo livianito para comer que ya me lo habían hecho llegar antes de que viniera Leo. Apareció con un vino tinto y unos chocolates.

    Yo a todo esto no estaba vestida de nena. De hecho él me había conocido así, pero sabía por mi amiga de que ambas nos vestíamos.

    Resumiendo, comimos rico, música de fondo, vinito para soltarnos, sobremesa de charla con aristas sexuales. Esto empezaba a ponerse lindo.

    No sé si fue el vino o qué, pero me estaba gustando mucho Leo. Lo estaba viendo con otros ojos, quizás más sexuales, y cada vez que me hablaba no podía dejar de pensar en la verga y si se iba a poner tan dura como la había visto por cam.

    Cuando comienzo a levantar las cosas de la mesa, me ayuda y va conmigo hacia la cocina. Cuando dejo unos platos en la bacha, en cuestión de milésimas, lo tenía detrás de mí comiéndome la oreja, besando mi cuello, y obviamente apoyándome el trozo en la cola. En realidad me la estaba apoyando en la espalda prácticamente. Él es mucho más alto que yo, más corpulento, y eso me ponía cachonda.

    Lo dejé que me tenga así por un par de minutos hasta que sentí su dureza, y ahí no dudé en girar y arrodillarme para empezar a saborearle la chota.

    Tengo que confesar que la cámara no miente ni engorda. La pija era tal cual la había visto, gruesa, con unas venas que parecían explotar, la cabeza al descubierto amenazante, y mirándola como desde arriba era ancha, como la cabeza de una serpiente, no sé, algo así.

    Empezó a moverse hacia atrás y adelante, como cogiéndome la boca. Quizás en su calentura no se daba cuenta de que yo estaba golpeando mi nuca con el filo de la mesada.

    Para no cortar el momento, me saque la verga de la boca y le empecé a comer los huevos. No desaproveché la oportunidad y comencé a olerlo todo, sus testículos, su verga, su vientre, todo.

    Me lo llevé de la mano a mi habitación, dejé la luz tenue y aproveche para dejarlo en mi cama boca arriba con el mástil en lo más alto, aguardándome mientras me iba a poner linda para él.

    No tardé más de diez minutos regresar a mi habitación y verlo tal cual lo había dejado, al palo.

    Pero no quiero quedarme en ese primer polvo, que si bien fue muy lindo a pesar de que me dolía, quedó como historia culpa de cosas que sucedieron esa noche.

    Ese primer garche fue muy caliente, a toda máquina, como desesperados ambos, lo que hizo que estuviera bien, pero no fue extenso. Leo acabó y nos quedamos abrazados en la cama de una plaza de mi habitación. Yo lo había disfrutado, pero aún me sentía incompleta.

    Me encargué de llevar nuestras copas de vino a la habitación, retomamos la charla que habíamos dejado y cargamos energía.

    A todo esto, mientras estábamos en la cama, Leo pasaba su mano izquierda por sobre mis nalgas, mientras yo tomaba con mi mano su verga, haciéndole suaves caricias.

    Fue ahí cuando se volvió a poner al palo que comenzó realmente la noche para Leo y para mí. Me hizo una propuesta… que conscientemente debería haber rechazado, pero mi inconsciencia no me lo permitió… hacerlo en la cama de mis papas.

    No sé si hice bien o mal, pero acepté. Sinceramente, estaba deseando que me pida eso desde el miércoles que le empecé a escribir para vernos… no me pregunten porqué… pero lo deseaba y mucho.

    No era una cuestión de comodidad ni mucho menos… era evidentemente morbo, tener que ocultarme de mis padres para disfrutar como disfruto como nena, era romper una barrera, traspasar límites, y fue así que pasamos a la habitación de mis viejos. Entramos para romper el orden absoluto del ambiente.

    Leo realmente estaba excitado por la situación, hasta creo que más que yo. Las condiciones cambiaron, estaba en presencia de un macho más picante, más intenso que el primer polvo, con ganas de satisfacerme y satisfacerse.

    Chupada de pija de rigor, besos por todos lados, dedos en la cola, apretujones de nalgas, y finalmente empujón para caer de espaldas en la cama. Me giró bruscamente, me puso culo para arriba y en cuatro patas, y comenzó en trabajo a fuerza de lengua y dedos en mi culo, digna de un actor porno.

    Perdí la cabeza, ya no trataba de silenciar mis quejidos por miedo a que escuche algún vecino, le hablaba a Leo pidiéndose más, así, que me dé más, si papi…

    Y es que acá cuando cometemos otro error que no voy a dejar de contar. Habíamos dejado los forros en mi habitación, y nadie estaba dispuesto a ir a buscarlos. Escupitajo en la chota, una buena salivada, yo en cuatro patas, con rodillas bien separadas, la cola bien al cielo, arqueando mi espalda a morir, esperando recibir el trozo.

    Leo apoyó el glande de la chota en mi pequeño orificio, el que pedía a gritos que lo llenen de carne dura, y así fue. Fue cuestión de apoyarla, que ante un solo empujón me la enterró toda de una, a lo bruto.

    No dije nada, solo me quejé, pero eso fue como una provocación para él, que comenzó a darme a romper. Se paró con sus piernas flexionadas, como clavándome desde arriba, y a partir de ese momento comencé a sentir el rigor de una buena verga.

    Había perdido el sentido de la ubicación. Ya no registraba que estaba siendo clavada en la cama de mis papas, en su habitación, me estaban rompiendo el culo en su lecho.

    A medida de que Leo empujaba, mis piernas iban aflojando y terminé totalmente boca abajo acostada, ya no en 4 patitas. Mi pitito rozaba contra las sábanas, lo que se sumaba al placer de sentir la pijota de lleno en el orto, lo que hacía que mi esfínter no diera más.

    Estaba no sólo siendo recontra cogida y nada más. Estaba realmente sintiendo placer, con continua sensación de que estaba por acabar, un estado realmente lujuriante.

    En un momento Leo se detuvo, le pregunté porque, imploraba que siguiera bombeando mi cola. Siento que estiraba su cuerpo por encima de mí, pero nunca dejando que se saliera la verga de mi hoyo dilatado, que parecía querer expulsarlo.

    Levanto la vista y veo que toma un portarretratos de la mesita de luz, con la foto de mis viejos juntos en un casamiento… la pone sobre la cama, debajo de mi cara, como para que no tenga otra opción que observar esa imagen. Era el morbo absoluto.

    Me empezó a hablar y a decir barbaridades… que si la iba a seguir aguantando toda en la cola, que si era la putita de papá y mamá, que ellos tenían que saber que tenían una nena culo roto, y esas cosas, las que lejos de ofenderme, me subieron la temperatura.

    Ante las órdenes de Leo, le pasaba la lengua a la foto, sintiéndome realmente humillada. La situación era fuerte… pero para no mentir, también lo era la calentura que teníamos.

    Me tomó con sus manos por debajo de mi vientre, me volvió a poner en 4 y sacando cola, y me siguió rompiendo en esa pose.

    Yo estaba a punto de acabar… y sin tocarme… mi próstata agradecía el rigor de Leo, mi esfínter lo sufría.

    Y no aguanté más. Comencé a acabar mientras Leo se ponía más loco. En ese momento no advertí que estaba haciendo un desastre en las sábanas de la cama de mis papas. No era momento para pensar en eso.

    Mira cómo estás acabando putita de mierda!!! Fue la frase que desató la furia sexual de mi macho. Mi cola destrozada, seguía aguantando los embates de tremenda chota, haciendo los ruidos característicos cuando la llenan de aire, lo que volvía aún más indomable a Leo.

    Sentí como se queja ese orto bebe!!! No paro hasta sacarla embarrada!!! Te vas a acordar de Leíto!!! Y Sin dudas que me iba a acordar.

    Comenzó a gemir, quejarse y a escupir al menos seis o siete chorros de leche dentro de mí… al menos eso es lo que llegué a sentir a pesar de estar muy dilatada. Sentí seis o siente hinchazones de su verga dentro de mi cola, para luego relajarse y volver a hincharse.

    Terminamos los dos acostados como estábamos. El detrás de mí, yo boca abajo, hasta que decidió girar y quedar boca arriba, siendo ese el momento que expulsé su verga de mi tripa, conjuntamente con toda la lechita que me había cargado por detrás, y también fue ese el momento que terminó de concretar una hermosa obra de arte en las sábanas de mis viejos.

    Sumado a eso, Leo no tuvo mejor idea de limpiarse la verga ni bien me la sacó con una de las sábanas, dejando rastros de su semen y de leves manchas marrones, sin dudas restos del interior mi cola, lo que demostraba el poder de destrucción de mi macho.

    Nos quedamos inmóviles en la cama por unos cuantos minutos. Ninguno de los dos hablaba, hasta que decidí darme una ducha. Si bien la noche siguió, no iba a haber polvo como ese. Ni siquiera el mañanero.

    Leo se fue de casa a eso de las dos de la tarde. Le bajé, lo despedí como a un amigo. Ya de nuevo en el depto., pude comprender lo que habíamos hecho y tomar dimensión.

    La escena del crimen estaba tal cual. Foto con portarretrato sobre la cama, manchón de semen tanto mío como de mi chongo en el centro del sommier, sábanas blancas que ya no eran blancas culpa de los rastros dejados por los jugos de mi cola.

    Estaba súper cansada, quería dormir, pero tenía que acomodar todo. La habitación de mis viejos volvió a ser tal, las sábanas sucias las escondí en mi habitación, chequeé que no hubiera vestigios de la batalla, pero para evitar sospechas de mis papas, no podía sólo limpiar su habitación. Tuve que limpiar todo el departamento.

    Desde las dos de la tarde hasta las seis puteando a Leo. Sin dudas que tenía razón… que me iba a acordar de Leíto… me acordé de él y de su madre. Limpié toda la casa como una esclava para evitar sospechas.

    Y ya una vez con mis papas en casa, luego de regresar de Pilar, me seguí acordando de Leo cuando me volví a bañar por la noche y me toqué la cola. Lo volví a putear, pero a la vez quería tenerlo dentro nuevamente.

    Desde esa vez que no nos vemos. Si nos mandamos mensajes y me hizo una video llamada hace unos días preguntándome si la quería de nuevo, mientras me mostraba la pija al palo.

    Si bien soy débil, no soy tonta. No tengo ganas de andar rota como anduve por días.

    Ahhh!!! Me olvidaba!!! Mis papás me felicitaron por haberme tomado el trabajo de limpiar todo el departamento sin que tuvieran necesidad de pedírmelo.

    NATY.

  • Por un favor

    Por un favor

    Ángel del demonio. Hazme el chingado favor y se lo hice. Con una veterana igual de caliente que yo.

    Todo comenzó con un favor al joven, bueno ya no tanto más bien madurón, pero así me dijo, resulta que se rompió la manguera del agua del auto y terminó solicitando en el estacionamiento del banco a la empleada de la limpieza un poco de agua, ella ni tarda ni perezosa se aprestó ayudarlo, y le dio dos cubetas, que no ocupó más que una, pero al agradecérselo él le dijo que con que se lo pagaría si quería con un beso o con una coca, esta no perdió la oportunidad y prefirió un café, que sería en otra fecha y platicar un rato.

    La segunda vez le llevo una coca pretendiendo agradecer el favor pero ella insistió en el café, sus ojos denotaban ciertas pretensiones y quedaron de verse para platicar así es que se citaron pero no llegó ella, o no entendió total que le dio su número de teléfono el a ella y zas que le llama, de por sí la veía seguido pues en el banco asistía con regularidad dos o tres veces a la semana.

    Y en esta ocasión quedaron de que le llamaría y así fue, la espero en un lugar y subió ella al auto y marcharon con dirección a su casa de ella, se fue dando la plática, ella viuda, y el casado solo con una pretendida amistad llegaron al tema del sexo que ella no se espantó al contrario se desplayó haciendo notar que era una mujer abierta y dispuesta sin temor, no sabía que debajo de esa ropa desaliñada había un escondido tesoro de 55 años dispuesta y ganosa con una sorpresa de poseer un sexualidad no descubierta para ella misma, un perrito decía tener ahí abajo, así le decía a la suculenta sensación de aprisionar el pene del varón con sus contracciones vaginales y que según ella tendría a un hombre aprisionado y atado a ese tipo de caricias, y que ella poseía y que jamás la olvidaría, pues el doctor le había dicho que por falta de uso estaba como señorita y que quien se aventara disfrutaría al máximo de ella, y el presumiendo de gallito la complacería y se daría algún día esa oportunidad, ella lo dudaba por supuesto, de que a la mera hora tuviera que suicidarse porque su amiguito no le funcionó.

    Así se despidieron anunciando una nueva entrevista si antes notar que la fantasía sexual de ella era una habitación de un hotel con velas después de una romántica cena y una noche de pasión que pasarían juntos.

    Era nada más y nada menos que una aventada de calzones a la cara, que no quiso en ese momento aprovechar y dejarlo para otro día.

    Por fin cayo, salimos a ver unos clientes y me seguía insistiendo en el asunto de no ser hetero, de plano me echaba sobre un tipo que ambos conocemos, así paso todo el día soportando sus comentarios hasta que ya como las 5 pm íbamos llegando de regreso y se durmió unos instantes, iba sobre una zona de hoteles y observe que uno me pareció más o menos cerca de donde íbamos a llegar, ella había insistido que pasáramos a uno a descansar o dormir un rato o que me diera un masajito, el pretexto era hacerme la prueba, sin embargo las intenciones mías era de plano echarme el guante, y como fue, me las dio completitas para deleite mío.

    Entramos, pague y subimos ella se adelantó no sé a qué y fue al baño yo llegue y me recosté cerrando las cortinas y prendiendo la tele, ella se recostó y le reclame el masaje se subió sobre mí y yo boca abajo vestido, con mis pantalones de vestir delgados sentí la temperatura de su sexo, que se recargaba sobre mis glúteos y mi espalda, era mayor que el resto de ella, le propuse quitarme la camisa pero en verdad no sabía dar masaje, le insistí que me tocaba a mí y que se quitara la blusa, ella así lo hizo y empecé a sobarle y más acariciarle la espalda con mi sexo erguido ya lo sintió también en sus nalgas, le desabroche para darle en toda la espalda su sostén y accedió después le desabroche también sus pantalones y me ayudo a quitárselo, la tenía casi desnuda pero deseaba ese tesorito delicioso y me insistió en el pacto de no hacer nada pero insistí y se los quité eran bonitos por cierto sus tanguitas como alas de mariposa al frente.

    Me encantó tiene un delicioso cuerpo muy delgado talla 32, sus senos no son tan pequeños pero si muy deliciosos pues no tiene casi aureola y sus pezones delgaditos y paraditos, comencé a lamerlos y chuparlos hasta llegar a su sexo que abriendo las piernas pude deleitarme con su clítoris mamándole y chupándole hasta el fondo le metí la lengua, nunca se lo habían hecho así, nos besábamos, me desnude después y sintió mi miembro desnudo y erguido y se sorprendió, pues nunca había visto uno así en vivo, ni el de su difunto esposo, pues le daba pena, ella abrió las piernas y me deslizo de un solo golpe dentro de ella con arremetidas acompasadas solo gimió un poco pues estaba un poco cerrado pero si muy húmedo, estaba yo llenísimo de deseo y su vagina es muy estrecha ella la contraía de manera que no pude resistirme más y me había puesto el condón que iba ya yo prevenido y explote y salió un gran chorro que ella noto la gran cantidad de semen en la bolsita que se sorprendió, tanto tiempo sin sexo dijo, claro que estaba yo muy lleno.

    Seguimos en juegos eróticos y posiciones que ella me iba enseñando según ella, conozco otras más ricas decía, así se le complació su fantasía me dijo de tenerme entre sus piernas bien clavado, ella me dio las nalgas deliciosamente y cogimos un buen rato, pero me quede con más ganas, la invite una segunda vez tres días después y entramos de nuevo y nos dimos otro tremendo atracón bien sabroso, coge deliciosamente tiene una vagina muy estrecha y sabe manejarla muy rico con sus contracciones vaginales que mi miembro no aguanta y explota, según ella tiene muchos años desde que su marido murió que no coge, pero no importa a mí me cogió dos veces y ha sido maravillosa amante deliciosa, ella es muy rica para coger y ella misma dice que me dio las nalgas y si pero no solo fueron esas deliciosas nalgas sino todo su rico cuerpecito

    Esa semana volvimos a coger de nuevo, salimos como de costumbre y en el camino íbamos platicando si primero íbamos al hotel a coger o luego iríamos a comer algo, claro que quien prefiere otra casa que primero coger así es que nos fuimos buscando un hotel que ya sabía dónde quedaba y llegamos alquilamos un hotel pretendiendo que ora si funcionara, así es que entramos al cuarto y empecé a manosearla ella igual y nos despojamos ayudándonos mutuamente esta vez también me la cogí bien rico que no pude aguantarme y clavarle toda mi dura verga en su deliciosa panochita y ya llevábamos cogiendo varios años, se puso más buena, se le ensancharon las caderas, y el busto le creció un poco mas según sus sostenes que ya no le quedaban, así como sus biquinis los cambiamos por tangas que se pierde la tela entre sus nalgas, siempre está dispuesta a coger, y lo más que hemos hecho es coger en plena calle en la carretera, y hasta el punto de entrar en su casa, su recamara y cojeármela en su propia cama donde ella duerme todos los días, en su propia casa, bueno no ha sido la única ya conozco otras 4 camas ajenas a la mía donde he cogido deliciosamente con las propietarias en su misma casa, aparte de los hoteles claro.

    Todo empezó como dije con una propuesta indecorosa de cierta fémina que en iguales circunstancias de edad más uno, me supera en deseos dos a uno, primero por su actitud quinceañera de con más feromonas activas y con deseo de satisfacción constante sin llenadero que pedía esquina bajan, esta vez fue más un estreno que un desarrugamiento, por su flexibilidad de su delgado cuerpo que le favorece, y no por ello su atractivo ante algunos caballeros, y ha dejado a más de uno con un palmo de narices ante sus propuestas indecorosas de algunos machines que no me han librado de ella, más bien con ello se jacta de que otros la desean, no es atractiva pero en el lecho es una mujer común y apetecible para los instintos reproductivos de cualquier hombre no está nada mal, con casi 14 años sin actividad y la previa más de posesión machista que de satisfacción plena, ha rendido en uno sin tanta experiencia como crean que cualquier mortal tenga, se va complacida hasta el día siguiente que sigue con su voraz apetito, solo que esta vez para rendir más frutos ingerí la consabida pastillita azul, pues para ponerse uno en condiciones similares a un quinceañero de 54 como ella, digo al mínimo dejarla por lo menos complacida por dos días de ausencia.

    Comenzamos todo bien, un poco desconcertada por la pastillita pues había que tomarla tiempo antes ella la tenía prevenida y la tome, hicimos tiempo hasta se puso vestido cosa rara, recordando el primer viaje a la playa, y con diminutas prendas íntimas que encendieron las cosas y comenzó la lucha que nos complacía más y más.

    Fue una verdadera arrastrada producto del resultado efectivo del fármaco que funciono a la perfección y me mantuvo despierto por más de tres o cuatro episodios y creo que quedo adolorida la pobre pero satisfecha por unos días la ingrata, todo para ver si así se la bajaban las ganas fue hasta por donde le habían platicado y nunca se imaginó hacerlo pero si experimentar alguna vez y resulto la valiente baja espalda tuvo sus triunfos y fue usada para otra cosa que lo era lo normal, por mi quede encantado estrenar el asunto un poco adolorida le gusto, ambos disfrutamos tremenda tarde, será por la experiencia que funciona más la complacencia ajena que funciona más, y dejarla que ella se complazca que complacerse uno pues al mismo tiempo se complace y es un éxito rotundo, solo espero que le dure un día más que de costumbre.

    Y funcionó, lo peor del caso es que aun siguieron los efectos de la susodicha genérica de 50 mg que por la tarde después de dejarla más tranquila ya estaba en plena acción virtual con otra, fémina aparte que también arde en quemársele las habas y que termino como cuatro veces según escuche espasmódicos gritos y gemidos inerrables en real conversación telefónica la amiguita, bueno andando urgida a ella le funciona, nombre si cobrara por ello habría sacado lo de la semana.

    Lo peor vino después casi en los últimos dos raund con la primera, pues con sus fantasías de ella de que se imaginaba como lo hacía con las otras (por celos como siempre), le sugerí como se lo haría el otro y desplegué algunas de las artimañas que no le había mostrado eventos anteriores, le dije que me dijera como él se llama y yo como se llamaba la primera y nos imagináramos ambos como sería la acción, y manos a la obra, no contenta con ello ni logrando sus propósitos me dijo ahora que era la última vez y que debíamos terminar y que esto era una prueba, y le dije, ah sí pues entonces vas a sentir como nunca y así fue como se realizó el estreno susodicho, después triste y desconsolada y llorosa quería salir sola del cinco letras y no le hice caso y la acompañe la subí al auto y en el trayecto comenzó de nuevo la terapia, total que no se terminó el asunto y sigo con la cruz a cuestas de tener que sacrificarme de nuevo en otra aventura más del sacrificado seductor seducido por chantajes féminos.

    Sigo con la presión del encadenamiento a los deseos placenteros, claro que no, es el deseo normal de un hombre ganoso y en edad madura complaciente, hemos pasado gratas aventuras en hoteles viajes y encuentros fugaces llenos de placer intenso, una de las mejores fue en el mar después de haber tenido en la noche y nuestros cuerpos calientes fuimos a la playa muy temprano vacía y solitaria y quede sin ropa dentro ella al verme se hundió en las aguas y comenzó a hacer su especialidad de tomarme con la boca delicioso desnudo el agua tibia y hacer el amor en la playa es sumamente placentero, tanto que me vacié en pleno mar mis líquidos masculinos inundando el inmenso mar con la semilla de mi cuerpo.

    Como de costumbre en el trabajo fue un viaje por carretera a 120 km acompañado por mi amante celosa y adicta al sexo y yo dispuesto a satisfacer nuestros deseos ocultos por mucho tiempo entregándose a la fornicación completa y como ansiosos amantes los ánimos de placer entre ambos fueron subiendo más, porque con su falda amplia y larga de mujer decente era más sencillo el manoseo de su cuerpo y sentir la tersura de sus piernas suaves y tibias de su entrepierna húmeda y deseosa hasta que de tanto manoseo y despojándose de su tanga detuve el vehículo y acariciándola y besándola apasionadamente con la falda levantada le introduje la lengua entre sus piernas y más en ese coño depilado a mi gusto y por mí, llegando hasta su culo con mis hábiles lengüetazos ella se resistía a las caricias del culo, abierta de piernas recorría el coño y metía mi lengua por el anillito y mamándola deliciosamente ambos orificios y metiendo hasta tres dedos en su vagina hasta el fondo de su tesoro negado a muchos se entregaba a mi suerte.

    Ella vibraba de placer y con mi pene erecto se lo untaba por sus labios sin meterlo más que la cabeza del palpitante órgano y mientras movía su perrito viendo como los labios de su deliciosa vagina palpitaba de la señora de 58 años delgada sin estrías y con unas ganas de coger tremendas después despertar su libido a los 16 años de viudez parecía una chica de 15 descubriendo la sexualidad que nunca tuvo con su esposo jamás entregándose completa a cualquier capricho erótico mío y con un cuerpo firme liso y casi sin pelo púbico pedía a gritos que la penetrara mientras parábamos para descansar y calentándola todo el camino hasta que por fin llegamos a guardar la camioneta le subo la falda pues ya venía sin tanga se empina dándome las nalgas a mi antojo mostrándome su culo que arduamente sigo lamiendo y chupando hasta penetrar su vagina con el instrumento de su reprimido deseo inmoral.

    Después de mamarlo ávidamente la ensarto gimiendo de placer y pidiéndome que por favor se lo meta duro repetidamente descargando mis fluidos en ese coñito hambriento empujando a ritmo suave y firme copulamos hasta terminar felizmente ella al sacar mi miembro ya flácido y con las patas abiertas chorrea su líquido abundante sobre el piso en su orgasmo contenido por primera vez en su vida de no haber sentido eso con su difunto esposo jamás. Esto es en unos de los múltiples viajes de placer y de lujuria en tres años de un par de viejos cachondos y calenturientos entregándose a los placeres de la carne lujuriosos y fornicadores incansables de experimentar el sexo en el auto en su casa de ella en el hotel en los viajes y donde se pueda tener un lugar apartado para desatar los momentos de copulación y penetración oral y vaginal.

    Hasta ahora pues aún teme ella dolor por no dejarse meterse eso por el virginal culo espero que cedan pues en algunos intentos ha sentido dolor y sólo la cabecita ha entrado en ese estrecho e íntimo lugar prohibido para ella pero por lo menos ya se deja besar y lengüeteárselo con gran placer y no tarda en que sea penetrado al menos 10 cm de mi deseoso miembro estar dentro de ella pues es la presión que ejerce que eyaculo antes de entrar todo. por lo menos ya bebe regularmente mis fluidos convirtiéndose en costumbre cotidiana el sexo oral y los traga como alimento proteínico normal y yo disfruto dándole de beber su dieta con gran placer cada vez que se puede siendo ya una experta en chuparla y vaciarme cada tercer día le ha asentado el cambio que su cuerpo se ha puesto más apetecible ensanchado sus caderas y engrosando sus piernas y busto tanto que según cuenta ha notado no sólo ella sino su familia y amigos y las proposiciones que le hacen de llevársela al hotel son varias de hombres lujuriosos y deseosos como yo de tener entre las manos y mi boca sus ricos pechos y sus deliciosas y firmes nalgas y el jugoso tesoro de sentir la tiesa verga penetrada en esa jugosa panocha.

    Se volvió adicta al sexo y ya no vive sin un pito como nunca en su vida había cogido y chupa ahora la verga tan delicioso que es imposible no terminar en su boca y sus labios vaginales se mueven como su perrita llorando pidiendo su comida.

  • Los preliminares de un polvo inolvidable

    Los preliminares de un polvo inolvidable

    Sebastián iba en un autobús rumbo a San Salvador, cerró los ojos y pensó en el Camino de las Flores. Recordaba el mercado de Nahuizalco, la ceiba, el árbol sagrado de Salcoatitán, un árbol con más de cinco siglos de historia, La iglesia del Cristo Negro de Juayua y sus festivales gastronómicos, los Chorros de la Calera. La iglesia de Apaneca, Concepción de Ataco y el cafetal Beneficio El Carmen. Los murales. La casa Degraciela, el hotel boutique donde había dormido… Volvía a El Salvador cómo turista, la vez anterior lo hiciera cómo cámara de una televisión española. El autobús se detuvo. Le llegó una agradable aroma. Abrió los ojos y la vio, era una mujer que llevaba puesto un vestido gris, y que calzaba unos zapatos marrones. Tendría unos treinta años y mediría un metro sesenta de estatura, era de piel clara, cabello castaño, gordita… Estaba muy buena. Se sentó a su lado, y le dijo:

    -Buenas tardes.

    -Buenas tardes, señorita.

    -Señora.

    -Usted perdone, es que no parece tener edad para estar casada -le tendió la mano-. Me llamo Juan Sebastián El Cano.

    La mujer, ignorando el cumplido y su mano, le dijo:

    -Elizabeth, reina de Inglaterra.

    -A ver, a ver, a mi me llaman El Cano porque tengo el pelo cano. ¿A usted por que la apodan la reina de Inglaterra? Si no es mucho preguntar, claro.

    -Es mucho preguntar.

    -Pos vale.

    Sebastián se echó hacia atrás en el asiento y cerró los ojos. La mujer sacó el maquillaje del bolso, se puso a maquillar, y haciéndolo, le dijo:

    -Isabel.

    Sebastián volvió a abrir los ojos y le preguntó:

    -¿Qué?

    -Que me llamo Isabel. ¿Puedo hacerle una pregunta?

    -Claro, pregunte.

    -¿Qué perfume lleva? Es muy agradable.

    -Loewe. ¿Y usted?

    -Colonia.

    -Me encontré un perfume de mujer en un asiento del aeropuerto. ¿Lo quiere?

    A la gordibuena no le gustó lo que oyó. Le preguntó:

    -¿Es qué le molesta mi olor?!

    -Para nada, olvide lo que le he dicho.

    -Si no le molesta mi olor. ¿Por qué me quería regalar el perfume?

    -Prefiero no responder a esa pregunta.

    -¡¿No estará intentando seducirme, señor?!

    -Pues sí. Estando el autobús casi vacío, al sentarse a mi lado pensé que había visto algo que le gustara.

    La mujer se mosqueó.

    -¡Prepotente! La idea era conversar con alguien para hacer más llevadero el viaje.

    -Pues conversemos.

    -¡Ya me quitó las ganas!

    Sebastián abrió su bolsa de mano y sacó un frasco de Chanel Nº 5.

    -¿Lo quiere o no?

    Isabel levantó la cabeza y la giró en señal de desdén.

    -No le digo por donde se lo puede meter por qué…

    No la dejó acabar de hablar.

    -¿Quiere que me lo meta por aquel sitio?

    -Sí, por ahí mismo.

    Sebastián era perro viejo y las malas contestaciones le resbalaban.

    -Mi esposa me dice lo contrario cuando le regalo un perfume. Se echa unas gotitas y me dice que le coma el culo, yo aprovecho y también le como la almeja.

    Isabel visiblemente nerviosa, le dijo:

    -¡Vos, vos… ¡Cabrón!

    -Sí, lo sé, está en mi naturaleza. Sabes, en el avión me funcionó.

    -No quiero saber que te funcionó.

    -Me funcionó lo del Chanel. Me follé a una azafata en el lavabo. ¡Cómo estaba la chavala!

    -Te dije que no lo quería saber.

    Sebastián, de repente, le cambió de tema.

    -¿Y en que trabajas, Isabel? -le miró para los labios- Si no es mucho preguntar.

    -Es mucho preguntar.

    -Yo soy cámara de televisión -le miró para las tetas- y estoy de vacaciones.

    -Se nota, se nota que eres cámara.

    -¿En qué se nota?

    -¿En que eres muy observador?

    Aquella puya no hizo que se callara. No se fuera para otro asiento y eso le dio alas.

    -Y muy curioso. ¿Llevas muchos años casada?

    -¡Y a ti qué le importa!

    -Lo decía porque yo llevo muchos. Y después de los dos primeros años…

    -¿Qué?

    -Que se empieza uno a cansar y al ver a otras mujeres se pone tierno.

    Lo miró con cara de pocos amigos, y le dijo:

    -¡Qué cabrón!

    -¿Es que tú no tienes fantasías con otros hombres?

    Isabel parecía ofendida.

    -¡¿Fantasías yo?!

    -Sí, cómo que te encuentras con un extraño en algún sitio y acabas haciendo el amor con él, por ejemplo.

    Isabel sacó de nuevo su genio.

    -¡¿Pero qué clase de mujer te piensas que soy para tener esta clase de conversación conmigo?!

    -Una mujer que me gusta.

    -¡Enfermo! Soy una mujer casada y fiel a mi marido. ¿Te pensaste que me podías comprar con un perfume?

    -No creo que una mujer cómo tú se vendiera por mil botes de perfume.

    -Crees bien no me vendería por mil botes de perfume ni por nada. Una mujer debe ser honrada, y si es casada, más.

    -Lo de estar casada y ser honrada es muy subjetivo, y nada tiene que ver con que despiertes pasiones.

    No sé qué tiene el halago que a todos nos gusta. El tono de voz de Isabel se hizo amable.

    -¿Despertar pasiones yo? No digas tonterías.

    -¿Acaso no notas cómo te miran los hombres?

    Le sonrió por primera vez, y respondió:

    -Bueno, a veces sí.

    -¿No intercambiaste miradas con otro hombre estando en un bar con tus amigas, o estado sola, o incluso estando con tu marido?

    Giró la cabeza hacia el otro lado del pasillo del autobús donde se sentaba una joven de unos veinte años, con una larga melena rubia, de ojos color avellana… Era muy guapa y parecía estar pendiente de lo que se decían.

    -No voy responder a esa pregunta.

    La respuesta era que sí. Sebastián ya fue a saco.

    -¿Te tocaste pensando en alguno de esos hombres?

    Se cabreó bien cabreada.

    -¡Hasta aquí hemos llegado! O te callas o me cambio de asiento.

    -Habías dicho que querías hablar. No dirás que no tengo temas de conversación.

    -No, pero hablas de cosas que no debías hablar y mientes.

    -¿En qué crees que te he mentido?

    -A ver, si le distes el Chanel a la azafata. ¿Cómo es qué aún lo tienes? Eh, eh.

    -Por que compré otro en el aeropuerto.

    Sacó el Chanel de la bolsa de mano y se lo dejó sobre el regazo.

    -Por las molestias causadas.

    Isabel lo miró con extrañeza.

    -¿Y no quieres nada más?

    -Nada más, a veces se gana y a veces se pierde.

    Isabel se echó unas gotitas en el pulso, lo olió y guardó el perfume.

    Faltaba más de tres horas para llegar a San Salvador… Al poco comenzó a anochecer. Sebastián estaba con los ojos cerrados. Se sintió observado. Abrió los ojos en la penumbra y vio a Isabel con los ojos cerrados. Se quedó mirándola y cuando ella abrió los ojos para mirarlo los cerró él. Así estuvieron, abre y cierra, abre y cierra, hasta que llegó un momento en que se quedaron mirando con las cabezas de lado en los respaldos de los asientos. Sebastián, que era un cincuentón, de ojos claros, pelo cano, alto y agraciado, lentamente, acercó sus labios a los de Isabel, ella cerró los ojos y se fundieron en un beso largo, muy largo, tan largo que Isabel acabó sacando la mano derecha de Sebastián de dentro de sus bragas.

    Al soltársela, Sebastián chupó los dedos mojados con los jugos de su coño y volvió a cerrar los ojos, con ellos cerrados le cogió una mano a Isabel y se la puso sobre la polla. Isabel estaba tan cachonda que se iba a desmadrar. Giró la cabeza, vio la espalda del conductor y que no había pasajeros hasta cuatro filas más adelante y tres más atrás, la única que estaba cerca era la chica e iba durmiendo. Le abrió la cremallera del pantalón y le sacó la polla, una polla gorda, tirando a grande y la meneó.

    Algo después miró para la chica del asiento de al lado y la vio con las piernas abiertas y con la cremallera de sus jeans bajada, con una mano dentro de las bragas y la otra magreando sus tetas. Se estaba haciendo un dedo mirando para la polla y viendo cómo la mano de Isabel subía y bajaba…

    Al rato, de la polla comenzó a salir leche. En cascada bajó por ella y pringó su puño… Isabel se limpió con un pañuelo que quitó del bolso y siguió mirando cómo la chica se seguía masturbando. Cuando sintió la mano de Sebastián cerca de sus bragas, se echó hacia atrás, abrió las piernas y dejó que la masturbara. Dos dedos entraron dentro de su coño mojado y haciéndole el «ven aquí», la masturbó.

    La chica del asiento de al lado e Isabel se miraban y se mordían los labios, cómo diciendo: «Si te pillo te devoro el coño». Poco después, la chica del asiento de al lado se encogió y se corrió en silencio. Isabel cogió a Sebastián por la nuca, le metió la lengua en la boca y en ella ahogó los gemidos de su larga corrida.

    Dos horas más tarde, Isabel y Sebastián entraban en la habitación de un hotel. Nada más cerrar la puerta, Sebastián, rodeó con sus brazos la cintura de Isabel, la besó en el cuello, le mordió el lóbulo de la oreja, y le susurró al oído:

    -Antes de meterme en cama necesito beber algo caliente.

    Isabel giró la cabeza, lo besó y le dijo:

    -¿Cómo qué?

    -Cómo el néctar de tu panocha.

    Le abrió la cremallera del vestido, se lo quitó, le sacó el sostén, los zapatos, los pantis, las bragas, le dio la vuelta y la miró. Tenía un polvazo. La arrimó a la pared. Se comieron las bocas. Luego cogió las tetas con las dos manos y apretándolas, lamió los pezones y se las mamó. Después se puso en cuclillas. Isabel abrió las piernas. Sebastián pasó la punta de la lengua por su raja de abajo a arriba, una, dos, cuatro, ocho, veinte veces…

    El coño se fuera abriendo poquito a poco y poquito a poco la lengua había entrado más adentro. Con el coño a medio abrir pasó la lengua por los labios, primero uno y después el otro, y así siguió hasta que se abrió cómo una flor, en la que en la parte superior lucía un pétalo en forma de glande de un gordo clítoris. Le metió y sacó la lengua dentro de la vagina varias veces al tiempo que le cogía las nalgas, después, apretando la lengua contra el coño lamió de abajo a arriba. Apretó aún más la lengua sobre el glande del clítoris. Lo lamió varias veces, e Isabel, le dijo:

    -¡Me vengo!

    Estremeciéndose, se corrió en su boca. Sebastián tomó los jugos calentitos de la corrida de Isabel.

    Luego, besando a Sebastián, le quitó la chaqueta, la camisa, los zapatos, los pantalones, el bóxer, se agachó, echó saliva en la mano cogió la polla empalmada por la base, la lamió para humedecerla bien y después, lo masturbó acelerando y desacelerando, le lamió y chupó los huevos. Metió la polla en la boca, le mamó el glande, después la mamó casi entera, lamió de abajo a arriba, y cuando vio que se iba a correr, se levantó, lo besó con lengua, lo besó en el cuello, le mordió el lóbulo de una oreja, y le susurró al oído:

    -A mi me gusta sentir algo caliente dentro de mi cuerpo después de estar en cama.

    Sebastián le dio un pico, y le preguntó:

    -¿Cómo qué?

    -Como tu leche dentro de mi panocha.

    Sebastián apartó la colcha, se echó boca arriba sobre la cama, y le dijo:

    -Ven, bombón.

    Isabel se metió en cama, lo montó, cogió la polla, la metió en el coño y lo folló, ahora lento, ahora rápido, ahora le daba las tetas a mamar, ahora lo besaba… Lo estaba follando cómo si lo conociera de toda la vida, como si fueran su pareja, lo follaba con ternura, Isabel, en el fondo, era una romántica. Sebastián, era un golfo, le dio la vuelta y con los brazos estirados y sus manos apoyadas en la cama la folló cada vez más aprisa. El culo subía y bajaba cómo un ascensor con el mal de San Víctor, en nada, Isabel, se corrió cómo una loba. No le dio tiempo ni a decir «ay».

    Le vino con tanta fuerza que quedó muda. Sebastián no disminuyó la velocidad de las clavadas mientras Isabel se corría y a esa corrida siguió otra, y una tercera. En menos de dos minutos se había corrido tres veces. Sebastián le dio su leche caliente. El coño le quedó a rebosar. Al acabar de correrse se metió entre sus piernas y se lo comió encharcado de jugos y semen. Isabel levantaba la cabeza y miraba cómo le comía el coño…

    Poco después ya estaba otra vez cachonda. Comenzó a gemir de manera casi inaudible, casi, ya que Sebastián la oyó. Hizo que se pusiera a cuatro patas y le comió el culo mientras masturbaba la polla para ponerla dura. Isabel aún se puso más perra de lo que ya estaba, Cuando le frotó el glande en el ojete, coño y ojete se abrieron y se cerraron al mismo compás. Sebastián le metió el glande despacito. Entró sin dificultad. Despacito y acariciando sus nalgas se la clavó hasta el fondo. Después fue acelerando el mete y saca y con él subió el tono de los gemidos de Isabel.

    Sebastián sabía que la tenía. La agarró por la cintura y aceleró el mete y saca… Sus huevos rebotaban en el coño cuando las piernas de Isabel comenzaron a temblar y: «Zis, zis, zis…». Del coño de Isabel comenzaron a salir chorros de orina. Salían a presión, cómo salen en una fuente luminosa. A eses chorros siguió una corrida brutal, criminal, bestial, una corridaza tan grande que casi se muere de gusto. Sebastián se corrió dentro de su culo.

    Al acabar hablaron un rato, luego, Isabel, se vistió y se fue. Había sido un gran polvo, un polvo inolvidable, pero que no se iba a volver a repetir.

    Quique.

  • Mi posguardia

    Mi posguardia

    Aquí continúo el relato de cuando terminé mi guardia.

    Mi noche terminó sin complicaciones, me acosté a dormir a las 4:00 am cuando me relevó mi compañero de guardia, a las 8:00 am me levanté y me dirigí a la sala de cirugía el servicio se reunió y se realizó la entrega de guardia. Ese día mi trabajo en la sala terminó temprano sobre las 11:00 am y me dispuse a realizar a la residencia para recuperar las horas de sueño que había perdido gratamente la noche anterior. Al llegar mi cuarto estaba vacío, mis compañeras debían estar en clases, así que tomé un baño rápido, comí algo y me acosté a dormir.

    Para que contar que estaba más cansado de lo que en realidad me sentía, y quedé rendido, para no decir muerto, o como me gusta decirlo a mis compañeros médicos: en estado de coma inducido por melatonina. No fue hasta las 5:00 pm que me despertaron mis compañeras hablando, al otro lado del paraban que dividía los cubículos, me dispongo a ir hacia dónde estaban y saludar, cuando me doy cuenta que Anye dice:

    Anye: vamos uno rápido, él está dormido no se va a enterar nunca.

    Diana: que no, que va pensar de nosotras, capaz y se lleve una mala impresión.

    Anye: ya él sabe que nos da igual quien sea con tal de un buen sexo.

    Diana: ¿cómo así?

    Anye: yo le dije la anoche cuando lo visité en el hospital, además le prometí una sorpresa esta noche.

    Diana: pero ¿qué, por qué hiciste eso?

    Anye: bueno porque quise, además te sorprendería lo abierta que puede ser su mente a pesar de todo el esfuerzo que él hace para evitar que se note.

    Diana: ¿cómo así?

    Anye: pues sí, ese medio robot como se proyecta no es su verdadera personalidad, es una máscara que viste para encajar en este mundo.

    Me gustaría destacar aquí, que ese comentario lo hizo, pues a pesar de como soy con ella, realmente para encajar en el mundo que me rodea no soy así, soy alguien serio, que no descubrirás mis gusto a menos que quiera yo, soy la personificación de lo correcto por así decirlo, es que soy nacido en una familia religiosa donde el sexo es un tabo por lo que me críe con esa consciencia y pos después que descubrí lo maravillosos que era fue que mi vida comenzó a cambiar y mi mente se abrió de sobre manera.

    Diana: igual, no me parece correcto

    Anye: en serio dices eso después del espectáculo que le dimos ayer en la mañana.

    Diana: pues ayer no estaba en mis cabales; sabes que me voy a bañar.

    Y diciendo esto se levantó cogió su toalla y se metió al baño casi corriendo. Anye se disponía a ir a su cama cuando al pasar a mi lado ve que ya había despertado se acerca a mí, se sienta en mi cama y me dé un beso.

    Anye: uy mi amor sorry si te desperté, es que llegué con ganas del gym después de ver tantos cuerpos sudorosos, y quería comérmela, pero tu presencia la inhibió.

    Yo: no te preocupes ya he dormido suficiente, ¿quieres que hagamos algo con esas ganas?

    Anye: me encantaría, pero ahora mismo no deseo una verga, quiero un chochito y tu hasta ahora no puedes ayudarme con eso.

    Se quedó pensativa con la mirada ida y me dijo:

    Anye: pero se me acaba de ocurrir una gran idea, hazte el dormido si quieres un buen espectáculo.

    Y diciéndome esto fue para el baño, entonces la oigo como le dice a Diana que le haga espacio en la poceta que está muy sudada y quiere enjuagarse, no oigo nada mas solo el agua y me dispongo a espiarlas asomándome por una esquinita de la puerta, cuando las veo besándose como dos perras en celo, terminan su beso y entonces Anye le da la espalda y le dice:

    Anye: lávame la espalda que no llego.

    Entonces se da cuenta que observo y me guiña un ojo, veo como Diana empieza a restregarle la espalda con el jabón mientras va dando masajes en ella con la otra mano cuando parecía que había terminado Anye se vuelve a virar hacia ella y se enjuaga la espalda, diciéndole:

    Anye: parece que tenemos una niñita sucia aquí deberíamos lavarla.

    Entonces la besa y veo como una mano va bajando a la entrepierna de Diana, donde introdujo dos dedos apenas llegar veo como Diana muerde el labio inferior de Anye, mientras esta sigue jugando con sus dedos en su sexo, ya en este momento no se los mete pero veo como dibuja círculos en el clítoris y en ocasiones recorre toda la rajita con dos dedos, mientras que Diana jugaba con las tetas de Anye con una mano y con la otra se sujetaba de la jabonera para no caer de tanto placer, cuando noto como su cuerpo empieza a contorsionarse supongo que llegó al orgasmo en ese momento pues su respiración se vuelve más entrecortada aun y se abraza fuertemente a Anye esta aprovecha para decirle:

    Anye: ¿te parece si seguimos en la cama? aquí estamos un poco incómodas.

    Diana solo asiente con la cabeza y Anye toma la toalla y empieza secarla recorriendo su cuerpo con esmero, al ver esto me marcho rápido y voy a mi cama a hacerme el dormido. Un minuto después salen del baño besándose en un amasijo de manos y veo como Anye se trepa encima de Diana a Horcajadas y esta sigue así caminando hasta llegar a la cama donde se deja caer con ella encima sigue besándose por más de 5 minutos, y mientras juega con las nalgas, yo desde donde las observaba un pequeño agujero en el paraban de cartón-tabla entre las camas podía ver muy bien el sexo de ambas ambos chorreantes e hinchados por la excitación.

    Seguían así cuando veo a Diana que estaba debajo quitarse a Anye de encima y esta vez ella se pone encima, y esa muchacha que hasta ahora había lucido tímida empieza a tomar el control de la situación, aprovechando que Anye estaba sentada encima de ella queda con sus pies dentro de los de Anye lo que aprovecha para mantenérselos abierto dándome una magnifica panorámica del sexo de Anye y también del de ella, entonces sigue besándola y va bajando una mano hasta el sexo de Anye donde al llegar introduce dos dedos, siento como Anye gime, y con la otra mano juega con un seno de Anye, donado pequeños pellizcos en el pezón que o dios se veían erectos y listos para meter en mi boca.

    Al parecer Diana pensó en ese momento igual que yo pues empezó a bajar dando besos por la cara lateral del cuello de Anye, hasta llegar al pecho contrario al que tenía agarrado, y veo como empieza besando el pezón, para pasar a succionarlo metiéndolo completo en la boca vaya a saber que le estaría haciendo con la lengua, pues en ese momento Anye comenzó a gemir con más ímpetu, pero no se detuvo ahí siguió bajando pasando su lengua por todo el abdomen de Anye y así hasta que llegó a su conejito, que estaba encharcado, chorreaba por todos lados sin parar y vi como al llegar lamio cada gota de jugo como tratando de saciarse, entonces se entretuvo en su clítoris la verdad no sé qué haría pues en la posición que estaba no podía distinguir bien hasta que la vi llegar con dos dedos y meterlos, en su vagina entonces Anye comenzó a mover su cadera mientras Diana la penetraba con sus dedos y a la vez mamaba su clítoris, y así hasta que vi cómo se corrió, aumentando sus fluidos y los gemidos hasta pequeños gritos.

    Entonces se quitó Diana de arriba la acostó y vi como puso sus muslos a ambos lados de la cara de Diana dejando su rajita al alcance de la boca de ella mientras que ella bajaba hasta llegar al sexo de Diana, quedando en un perfecto 69, la verdad no veía muy bien que pasaba solo que de vez en cuando Anye paraba levantaba la cabeza y gemía y otras veces la que gemía era Diana, entonces ambas empezaron a penetrarse mutuamente primero con un dedo y después con dos y para mi sorpresa vi como ambas empezaron también a penetrarse sus culitos con un dedo, así veía como sin parar ambas se mamaban y se penetraban hasta que acabaron juntas en un orgasmo que vi como ponía rígidos los cuerpos de ambas, antas que se relajaron y vi como Anye hundió su cara en el sexo de Diana pero no mamaba se veía más como que descansaba y Diana estaba muy quita solo una que otra contracción, en uno que otro momento, supongo réplicas de la gran venida.

    Cuando me fijé ya Anye no respiraba entrecortado y la verdad pensé que todo había terminado, cuando la veo realmente acomodándose para hacer tijera, puso su sexo contra el de Diana y se aferró a una pierna de esta que le quedaba levantada, y empezó un frenesí de movimientos ella hacia adelante y atrás y Diana igual pero la posición hacia que fuera hacia los lados con respecto a ella, y las veía como forcejeaban sus cuerpos uno contra el otro, sus ricos cuerpos sudados y que no paraban de gemir veo como Anye se mete los dedos del pie de Diana en la boca y los lame, esto parece que le gustó pues empezó a moverse más rápidamente y además a gemir con más ímpetu y cogió las caderas de Anye entre sus manos y la hacía embestirla con más fuerza jalándola con bastantes ganas, y ahí vi como esta se corrió tensando todo su cuerpo la vi cómo se arque sobre la espalda en la cama, y las contracciones invadieron su cuerpo haciéndola no controlarlo entonces empezó a intentar apartar a Anye de ella pero esta se aferraba más fuerte y comenzó acelerar sus movimientos, hasta que la vi correrse también, primero se tensó todo su cuerpo y después vi cómo se dejó caer sobre Diana hundiendo su cara en los pechos de esta, Diana automáticamente la abrazó y así quedaron un rato, sus sexos chorreando, y sus cuerpos sudorosos y desnudos unidos por un abrazo sobre la cama.

    Entonces ya recuperada Anye le dijo algo al oído a Diana y esta se sonrojó y sin esperar mucho se levantó y salió corriendo de nuevo para el baño, entonces Anye vino a mi lado y se acostó conmigo se veía feliz y radiante, con una sonrisa pícara, en sus labios, no pude evitar preguntar qué pasaba, y lo único que hizo fue darme un beso y decirme:

    Anye: necesito que me limpies he quedado muy mojada, ¿te importa?

    Yo: para nada, pero si lo hago se me va a poner dura, sino lo está ya, y ¡quien me la va a bajar?

    Anye: pos si se para ya estoy lista para ella así que empieza.

    Ahí de más está decir que empecé a mamar de inmediato bajé y empecé a chupar todos los jugos que ahí habían, la verdad todos sabían igual, pero yo sabía que había jugos de ambas, así que me esmeré, pero los olores que me dieron si eran diferentes me dio el de Anye al momento, ya lo conocía pero de vez en cuando me daba un olor ligeramente más fuerte tal vez solo fue mi imaginación pero estoy casi seguro que ese otro olor era el de Diana… cosa que más tarde comprobé…

  • Una de mis fantasías más anheladas

    Una de mis fantasías más anheladas

    Hace un tiempo les conté de mi primera experiencia interracial, la cual fue increíble. Después de esa ocasión tuve muchas otras que fueron muy buenas. Pero siempre tuve la fantasía de tener un trio interracial, tener dos excitas vergas negras penetrándome. Me ponía a full. Pero no había tenido la oportunidad hasta entonces.

    Yo llevaba alrededor de 2 años viviendo sola en mi departamento. Y lo amaba, pero siempre odie el color. Y desde que lo compre siempre quise cambiarlo, pero ya saben. Entre comprarlo, decorarlo a mi gusto, y otras cosas. Siempre lo posponía. Un día, gracias a un bono de venta que me gane, decidí no esperar más. Decidí pintar el departamento. Hable con mi hermano, que es constructor y me dijo más o menos cuanto me podía costar. En ese entonces él trabaja en otra ciudad, y no tenía a quien mandarme. Pero en la recepción de mi edificio había un anuncio de maestros. Le pregunte al conserje si tenía alguna referencia de ellos. Y de muy mala forma me dice que no lo conocía, justo estaba el conserje que me odiaba, siempre le molesto que mi estilo de vida, y a muchos de mis vecinos también, sobre todo por el ruido. Así que copie el número, y me fui a mi departamento para llamarlos.

    Y: Alo, buenas tardes

    P: En que la puedo ayudar

    Por el acento supe que era colombiano.

    Y: Mire, vi el anuncio que puso en mi edificio. Y quería saber si me puede hacer un presupuesto. El departamento es de 2 dormitorios, y de 60 m2.

    P: aaah… ya. Para hacer el presupuesto tendría que ir a verlo para ver cuánto trabajo es.

    Y: mmm… ya. Y podría venir mañana?

    P: tendría que ser en la tarde como a las 3.

    Y: ya ni un problema. Disculpe cuál es su nombre?

    P: el mío es Santiago, y el suyo

    Y: Camila

    P: bueno señorita Camila mañana los vemos.

    Y: si, nos vemos

    Era un día sábado, así que estaba en haciendo un poco de aseo. Cuando suena el cito fono.

    Conserje: buenas tardes, el señor Santiago y Emmanuel están aquí

    Y: si dígales que suban

    Conserje corta, y pasan uno par de minutos y tocan el timbre. Yo voy abro la puerta. Veo a dos hombres de raza negra. Yo quede un poco pegada mirándolos. Eran muy altos, sobre un 1,80, con cuerpos fuertes, de unos 30 años, imponentes ambos.

    S: podemos pasar?

    Y: si, si disculpe. Santiago?

    S: si, él es mi primo Emmanuel.

    Y: Hola… bueno pasen.

    Comenzaron a revisar el departamento, tomaron unas medidas. Yo por mientras miraba lo que hacían. Y cuando terminaron. Me dieron un presupuesto de cuanto salía, más los que costaría los materiales. Estaba dentro de lo que había dicho mi hermano. Así que acepte el trabajo. Ellos iban a comprar los materiales y yo se los reembolsaba.

    Y: y cuando podrían empezar

    S: bueno, nosotros estamos terminando una casa, pero podríamos empezar en una semana.

    Y: Ya, no hay problema así tengo tiempo para sacar las cosas y avisar a los vecinos

    S: y cuando nos juntaríamos para escoger los colores?

    Y: yo estoy de vacaciones. Así que dígame usted

    S: por favor, no me trate de usted, dígame Santiago

    Y: jajaja… bueno Santiago.

    S: mire el lunes vamos a ir a comprar unas ultimas pinturas para la casa. Podría a primera hora.

    Y: sí. Hay nos comunicamos, y dígame Camila

    S: bueno

    Ellos se fueron, y quede loca. La verdad es que eran bastante guapos, relativamente jóvenes, simpáticos educados, y se veían responsables.

    S: Camila, buenos días. Como estas?

    C: Bien. Estoy a 10 minutos de la ferretería.

    S: perfecto, nosotros con Emmanuel ya llegamos.

    Y: ya que bueno, nos vemos entonces

    S: si la espero acá afuera

    Y: ya gracias.

    Colgué y seguí manejando. Cuando llegue los 2 me estaban esperando al lado de su camioneta. Me baje, nos saludamos

    S: buenos días, Camila

    Y: Buenos días

    S: te molestaría si te acompaña Emmanuel a escoger las pinturas

    Y: no, no hay problema

    S: Gracias, es que tengo que comprar las cosas para la casa y no quiero retrasarme.

    Y: si, si

    Entramos tres, y con Emmanuel fuimos a ver las muestras, no me demore mucho, ya iba con la ideas bastante clara de lo que quería. Emmanuel me daba consejos, y anotaba los códigos. Cuando terminamos, invite a Emmanuel a tomar desayuno en una pequeña cafetería que había, y aprovechamos a conversar un poco mientras esperábamos a Santiago. Ambos venían de Cartagena de Indias. Santiago había llegado hace 3 años y el solo hace 6 meses. Hablamos como media hora, era bastante muy simpático. Después llego Santiago y le invite un café, nos sentamos otro rato, coordinamos las cosas para la próxima semana. Y ellos se fueron a trabajar, y yo aproveche a ir al gimnasio. Yo termine de ordenar el dpto., y pedí permiso a la administración e informe a mis vecinos que pintaría el departamento. El día sábado llame a Santiago para confirmar.

    Y: hola Santiago

    S: Hola Camila como estas?

    Y: bien, gracias. Quería confirmar que van a empezar el lunes?

    S: si, justamente estamos con Emmanuel comprando sus cosas

    Y: aaaah… perfecto y como a qué hora van a llegar?

    S: Vamos a llegar a las 8

    Y: Ya perfecto.

    En la tarde de ese día sábado me envía un mensaje la presidenta de la junta de vecinos, recordándome que los horarios de trabajo parten a las 9 y termina a las 17 horas. Como era verano, yo me había ido a la parcela de un amigo, a pasar el fin de semana. Me lo estuvieron encajando todo el fin de semana el y su mejor amigo. Y no pude ver el mensaje hasta el domingo en la noche. Llame a Santiago, pero no me contesto. Así que no me quedo otra que más levantarme temprano

    Llegaron pasado las 8, yo estaba vestida con unas calzas deportivas y un top fucsia, cuando abrí la puerta, Santiago y Emmanuel me quedan mirando.

    Y: Pasen chicos, les tengo una mala noticia

    S: hola, que paso.

    Y: es que no pueden empezar a trabajar hasta las 9. Por ordenanza de la junta de vecinos. Pero les tengo listo un desayuno rico.

    S: bueno

    Entraron las cosas

    S: nos prestas el baño para cambiarnos

    Y: si, si quieren pueden cambiarse en mi pieza. El baño es muy chico

    S: no te molesta?

    Y: no, para nada

    Cuando salieron de mi pieza, ambos levaban una polera sin mangas sucias con manchas de pintura, que dejaban ver sus musculosos brazos negros. Comenzamos a tomar desayuno, yo no podía dejar de verlos. Tenían unos cuerpos maravillosos. Hablamos un rato. Les había costado comenzar aquí, porque desconfiaban de ellos. Igual les costaba encontrar pareja debido a su trabajo conocían pocas mujeres. De repente Santiago me pregunta

    S: Y tu Camila, no tienes novio?

    Y: uuu… no, por ahora

    E: cómo es posible que un no tengas?

    Y: es que yo no soy de tener novio

    E: cómo es eso? Si estás muy guapa?

    Y: es que no me gusta tener novio

    S: pero como le puede gustar estar sola

    Y: pero yo no dije que estaba sola, solo que no tengo novio

    Ellos se rieron y dio la hora para comenzar a trabajar. Iban a comenzar en mi dormitorio, mientras yo limpiaba las cosas del desayuno en la cocina. Cuando aparece Emmanuel.

    E: Camila puedes venir un poco.

    Yo déjelas cosas, y fui a la pieza. Y ellos se estaban riendo.

    Y: si, que paso.

    S: le cuento, al mover la cama encontramos esto. Y me muestra un colaless.

    Y: jajaja… gracias a sé tiempo que no lo veía. –me lo pasa. Y le pregunto. Era solo eso.

    S: no, venga. -yo me acerco. Y me muestra la pared. Cuando movimos la cama vimos que el muro estaba roto.

    Y: y como paso?

    S: emmm… bueno, el respaldo de la cama choca con el muro, y término rompiendo el muro. Para arreglarlo hay que comprar pasta de muro.

    Me puse un poco roja

    Y: bueno, les parece si ustedes siguen sacando el papel, y yo voy a comprar la pasta

    S: bueno

    Así que fui a la ferretería a comprar. Cuando volví. Ellos me estaban esperando, habían sacado todo el papel mural.

    S: aaah… que bueno que volvió, pero trajo un paquete muy grande.

    Y: bueno es posible que encuentren más hoyos en la pared

    Ellos se rieron, porque sabían cómo se hicieron esos hoyos. Después de eso continuaron trabajando, pedí almuerzo para los tres. Y continuaron trabajando. A las 17 les avise que pararan. Ellos me preguntaron si podían ducharse aquí. Yo no tenía ni un problema. Ya me tenían loca viendo sus cuerpos músculos trabajar todo el día, y ahora imaginármelos en la ducha era mejor. Entro Santiago primero, y luego Emmanuel. Cuando termina. Pega un grito

    E: Santiago pásame la toalla que está en mi mochila.

    Santiago estaba en la pieza cambiándose. Yo tome la toalla, y fui a pasársela. Abro la puerta del baño, y Emmanuel estaba parado en la ducha completamente desnudo. Un hermoso cuerpo, y un pico grande colgando, yo me quede mirándolo, y me dice

    E: emm… Me pasa la toalla.

    Y: sí, sí. Toma. -y cerré la puerta

    Estaba impactada por lo que vi. Ellos se arreglaron, y se fueron. Yo me arregle y me fui a un hotel cercano, pero no me podía sacar de la cabeza la imagen de Emmanuel en el baño. Y comencé a fantasear un trio con ambos, ser penetrada con esos picos negros, sentir sus cuerpos sudorosos y musculosos. Me masturbe dos veces esa noche pensando en eso. Al otro día llegue temprano, y los espere con desayuno nuevamente. Cuando llegaron se cambiaron, ni Emmanuel, ni yo mencionamos lo que paso en el baño, pero no podía dejar imaginar ser penetrada por ambos. Ese día, hacía un calor horrible, y a media mañana ellos se sacaron las poleras, yo no aguantaba más ver a esos cuerpos musculosos trabajar. Iba a cada rato a verlos como trabajaban le ofrecía cosas. Ellos empezaron a notar que no era cortesía, que iba a verlos a ellos. Durante el almuerzo. Ellos estaban sentados comiendo sin poleras.

    Y: Uff que hace calor. Voy a ponerme algo más cómodo

    S: vaya no más

    Cuando volví, me había sacado la polera y me había puesto la parte de arriba del bikini. Ellos me desvestían con la mirada. Y a mí me gustaba. En la tarde cuando al fin terminaron de trabaja y se estaban cambiando, yo me puse a tomar una cerveza.

    S: vaya, no me deja de sorprender

    Y: que cosa?

    S: que le guste la cerveza, creí que sería de gustos más finos

    Y: aaah… no. Para el calor es rica una cerveza

    S: nada mejor

    Y: quieres una?

    S: no como se le ocurre

    Y: vamos. -saco una del refrigerador. Si ya terminaron de trabajar hoy.

    El me queda mirando, la toma

    S: está segura?

    Y: siii. -se la abro. A parte nunca me ha gustado tomar sola

    Llega Emmanuel.

    Y: quieres una?

    Emmanuel queda mirando a Santiago.

    E: puedo?

    S: si ella te lo ofrece, si

    La toma y se la abro.

    Y: y chiquillos, que hacen para entretenerse?

    S: no nos queda tiempo para eso

    Y: Pero como es eso? tienen que salir

    S: no, si salimos, pero poco. Manu sale más.

    Y: AAAAh

    E: Y a ti que te gusta hacer.

    Y: bueno, no viste los hoyos en la pared

    S y E: jajajaja

    Y: no, a mí me encanta bailar, salir hacer correr, la música. Y que les parece las chilenas.

    S: bueno. Yo llevo más, pero son muy tímidas. Uno se les acerca para conversar. Y te quedan mirando aterrorizadas

    E: siiii… por eso voy a boliches colombianos.

    Y: si, es verdad. Pero o todas somos así. O creen que yo soy tímida.

    S: no, para nada

    Así continuamos hablando, yo estaba segura que pasaría algo. Pero me equivoque. Se tomaron la cerveza y se fueron. Yo me quede con las ganas. Arregle un poco el departamento, y me fui al hotel. Estaba muy excitada, y no pensaba pasar otra noche masturbándome. Así que llame a un amigo, para que me fuera a visitar al hotel. Culeamos un par de veces, y luego le pedí que se fuera, porque tenía que levantarme temprano.

    Al otro día, me quede dormida. A las 8 am me llama Santiago, avisándome que estaba en la recepción. Yo salte de la cama agarre la ropa del día anterior. Salí corriendo. No me dio tiempo de una ducha. Cuando llegue a mi edificio.

    Y: hola. Perdón. Me quede dormida. Vamos pasemos.

    Yo venía despeinada, con ojeras, la ropa del día anterior. Íbamos en el ascensor cuando Santiago pregunta.

    S: salió a bailar anoche?

    Y: no, salimos con unos amigos.

    S: aaah.

    Entramos al departamento.

    Y: les molestaría si se cambian en el escritorio. Es que no alcance a ducharme, y después tomamos desayuno

    S: No hay problema.

    Yo me fui al baño, me duche, me cubrí con una toalla, y salí. Fui a la cocina a prender la cafetera, ellos estaban en el living, ya estaban listos. Ellos me quedan mirando.

    Y: oooh… creí que estaban cambiándose. Me visto y tomamos desayuno.

    S: Camila, yo no voy a poder. Tengo que ir a la casa que acabamos de terminar.

    Y: algún problema?

    S: no, no. Es que al dueño no le gustó el color de una de las piezas. Pero no se preocupe el manu se va quedar acá avanzando.

    Yo no pude evitar pensar en Emmanuel desnudo en la ducha, y el su gran pico.

    Y: aaah… ok. Anda no más.

    Santiago se fue, y yo fui a vestir. Mientras lo hacía pensaba como sería la mejor forma de abordar a Emmanuel. Si no iba a tener mi trio, por lo menos iba a disfrutar de él. Así que rápidamente me puse unas calzas y un top deportivo, y salí.

    Y: Así que nos quedamos solos. Les pasa muy seguido que tengan que cambiar el color?

    E: A veces, las personas se lo imaginan y cuando lo pintamos no le gusta.

    Y: Aaaah… es que igual es difícil. Sobre todo que uno no pinta tan seguido.

    E: si es verdad.

    Nos sentamos a tomar desayuno, y a conversar. Yo me empecé a jugar mis cartas, y comencé a coquetear con él. El a mí. No s levantamos y nos fuimos al living, y hay mientras me explicaba. Me colgué y lo besé, el pasa sus manos por mi cuerpo, hasta llegar a mis piernas, y me levanta para llevarme al sillón. Nos acostamos el me besaba con locura, yo le comencé a sacar la polera, el me tocaba con sus grandes manos. Me besa mi cuello y le me levanta el top.

    Y: no he podido sacarme la imagen tuya en la ducha.

    E: nosotros hemos fantaseado contigo desde que te vimos por primera vez.

    Me termino de sacar el top, yo no perdí el tiempo y le metí la mano a sus shorts. Y le agarre su pico.

    Y: sácate los shorts.

    Emmanuel se pone de pie enfrente mí. Yo me siento, y él se abre el pantalón y se lo baja. Y ahí estaba ese rico pico negro, que me traía loca.

    E: te gusta?

    Yo no respondí, solo se lo tome con la mano y le comí sus bolas y luego su pico, que empezó a crecer en mi boca. Lo miraba y veía su cara de placer.

    E: eso mami. Sigue

    Era tan rico, llevaba mucho tiempo sin probar un pico negro, y este estaba delicioso. Solo pensaba en tenerlo adentro. Continuamos así unos minutos. Hasta que Emmanuel me dice.

    E: me toca. -me saca su pico. Y me empuja. Él se agacha, y me saca las calzas, debo confesar que ya estaba completamente mojada.- Mami ya se está mojadita. Y mete un par dedos en mi chorito, y comienza comérselo. Yo estaba tan excitada que tuve un primer orgasmo.- ya está lista

    Me toma, y me levanta en sus brazos, me sienta en la mesa. Nos besamos, y empieza a pasar su gran pico negro por mi chorito. Yo me acuesto en la mesa y comienza a penetrarme lentamente, podía sentir como su pico llenaba mi chorito.

    Y: aaah… sí. Al fin.

    Comienza embestirme lentamente, pero profundo. Yo veía su cuerpo moverse, y su pico entrar y salir, yo agarraba sus hombros con cada penetrada, el me besaba todo era demasiado excitante. Con el correr de los minutos fue aumentando velocidad. Y mis gemidos también.

    Y: AAAh… si… papi… que rico.

    E: aah… sii… mami…

    No pude evitar un orgasmo maravilloso. Eso a Emmanuel lo excito más. Cada vez lo hacía más duro.

    Y: sii… papi… métemelo… todo tu rico pico

    E: sí… Aaah… toma… mami… toma.

    Estábamos a full. Cuando Emmanuel me saca el pico. Me toma, me da vuelta. Y me vuelve a penetrar duro a mi chorito.

    E: que rico culo mami…

    Y: sii… aaah.

    Me con todo una vez más y deja toda su leche adentro.

    E: aaah… mami…

    Y se desploma encima de mí. Mientras mantenía si pico adentro. Nos sentamos unos minutos en el sillón para recuperar el aliento.

    Y: wuau… fue mejor de lo que creía…

    E: aaah… fue increíble.

    Después de un rato, nos vestimos. Y seguimos como si nada. Al rato llegó Santiago.

    S: Manu pero que poco avanzaste. Yo esperaba que hubieras terminado de sacar el papel que sea.

    Y: fue culpa mía. Yo lo distraje.

    Ellos comenzaron a trabajar, yo lave las cosas del desayuno. Y me fui a la pieza. A ordenar un poco y a descansar. Mientras ordenaba escuchaba que Emmanuel le contaba a Santiago, y se reían. A la hora de almuerzo Santiago me dice:

    S: estuvo bueno el desayuno?

    Yo sonreí

    Y: estuvo muy reponedor.

    Él se ríe. Y comenzamos a comer. Después de eso. Me fui a la pieza y me acosté. Me quede dormida casi inmediato. Ellos seguían trabajando. De repente sentí la ducha y ya eran las 17:00. Me levante rápidamente. Y fui al living. Estaba Santiago vistiéndose todavía sin polera

    Y: oooh… perdón. Ya terminaron?

    S: tranquila, pase.

    Y: avanzaron su buen poco. Quiere una cerveza?

    S: por favor.

    Voy al refrigerador para sacar unas cervezas. Santiago me toma por atrás.

    S: y mami cuando voy a tener la oportunidad. Y siento su pico en mi trasero.

    Yo me levanto, lo beso, y le agarro el paquete.

    Y: cuando quieras. -Santiago sonríe, me levanta y me sube al mesón, y comenzamos a besarnos. Yo pasaba mis manos por su torso desnudo. Santiago no perdió el tiempo y mete su gran mano al mis calzas y a mi chorito.

    Y: mmm

    En mi cabeza ya me podía ver siendo penetrada por ambos, y eso me excitaba más rápidamente. Nada me iba a detener ahora. Empuje a Santiago, me baje del mesón. Lo bese una bese una vez más en sus carnosos labios, y luego fui bajando. Cuello, pectorales, abdomen. Desabroche su pantalón, y saque su gran pico negro, aun no lo tenía erecto, pero me iba a encargar de lo contrario. Tome su pico, y me lo comí de una.

    S: aaaah… si

    Comenzó a crecer en mi boca. En ese momento sale del baño Emmanuel, nos encuentra en la cocina. Me saco el pico.

    Y: Ven

    Emmanuel se acerca. Y le abro su pantalón, y me como su pico, mientras masturbo a Santiago. Debo decir que el pico de Santiago era mucho más grande que la de Emmanuel.

    S: Vamos a su dormitorio

    Yo asentí. Me levante, y nos fuimos los tres. Aunque Emmanuel aún no estaba muy convencido.

    S: venga mami, muéstreme lo que tiene

    Me saco el top y mis calzas.

    Y: le gusta?

    Santiago se me acerca balanceando su gran pico, me besa, y apoya su pico en mi abdomen. Al instante, siento las manos y pico de Emmanuel en mi trasero.

    S: supongo que voy a ser el primero.

    Y: mmm… los 2

    E: está segura

    Y: he fantaseado con esto desde que los vi por primera vez.

    Empujo a Santiago a la cama, y me monto sobre él, y su pico me lo pongo en mi chorito. Mientras me penetraba me hizo hacia tiritar de placer. Su pico llenaba mi vagina. Pero a mi cuerpo el faltaba algo, algo que llenara mi trasero. Me recline sobre Santiago y con mis mano me abrí el culo.

    Y: ven manu.

    Emmanuel se acerca, se acomoda, se escupe en su verga y mi culo. Y comienza a metérmela.

    Y: aaay… Sigue. Nuevamente sentí mi cuerpo tiritar. Sigue.

    Emmanuel continua metiendo su pico, mientras Santiago se ríe al ver mi cara, y comienza a embestirme. Yo comencé a gemir. Era aún mejor de lo que pensaba. Emmanuel me penetra hasta el fondo.

    E: que golosa.

    Y: si… damelo.

    Y comienza a embestirme, no pude aguantar tanto placer, y me derrumbe sobre Santiago con gran orgasmo.

    S: eso mami… la vamos a llenar con nuestra leche.- no me importaba que no llevaran condón que sentir toda su leche adentro.

    Y: sí… Siii… la quiero toda adentro.

    Continúan embistiéndome. Se dieron cuenta que podía soportar todo. Y me empezaron a dar con todo lo que tenían. Yo estaba rendida al placer de ambos. Y o podía dejar de tener orgasmos. Y de repente. Emmanuel me saca su pico.

    E: no voy a permitir que se desperdicie mi leche.

    Y: no te detengas

    E: tranquila, estoy recién empezando.

    Y comienza a meter su pico e mi chorito.

    Y: oooohh… si… siii. Hace tiempo que no recibía una doble penetración, y menos con ese tamaño de pico que tenían ambos. Pero estaba tan excitada, que entro sin problema. El placer se duplico. Y podía sentir esos dos picos moviéndose adentro mí. Un orgasmo con squirt no se hizo esperar. Así continuaron penetrándome salvajemente. Mi cuerpo ya era de ellos. Santiago se corrió llenando mi chorito, pero Emmanuel seguía penetrándome, unos minutos después se corrió el. Mi chorito estaba repleto d su leche. Yo me desplome sobre la cama.

    S: Camilita prepárese porque mañana voy por su culo.

    Yo no tenía energía para responder, y solo pude asentir, ellos se fueron. Yo me quede tirada en la cama sin poder levantarme de la cama. Mi chorito estaba rebalsado de leche. Tuve que esperar alrededor de una hora para poder ir al baño y arreglarme. Apenas pude caminar a mi hotel.

    Al otro día, partimos el con Emmanuel en mi chorito y Santiago en mi culo como prometió… Así continuamos hasta que terminamos de pintar mi departamento. Y lo celebramos con un fin de semana de sexo en mi departamento recién pintado.

  • Conocí el placer en un bar

    Conocí el placer en un bar

    Fue una noche de verano, nos encontrábamos de vacaciones disfrutando los últimos días que nos quedaban. Volvíamos de la playa caminando hacia el departamento mientras debatíamos a dónde iríamos más tarde.

    Llegamos, nos bañamos y cuando se hizo la hora emprendimos camino hacia un bar, el cual había visto muchas veces y siempre le repetía que debíamos ir ahí. Le dije que esta vez sería diferente, que esperaba que la noche nos deslumbre. Y así lo fue.

    Cuando llegamos pedimos una cerveza y una pizza, la cual llegó rápido. Nos la devoramos, pero lo que no sabía era que esa noche quien iba a ser devorada, era ella.

    Todo era perfecto. Sonaba música de fondo en vivo, un guitarrista y su vocalista nos deleitaba con algunas canciones conocidas mientras que iban corriendo las mesas en el lugar para rápidamente darle comienzo a la pista de baile. Y sin dudas, lo que más hicimos fue bailar.

    Se hizo más tarde. Bebimos champagne y algún que otro vino dulce que tanto nos gusta. Estábamos lo suficientemente borrachos como para calentarnos muy fácilmente y sin lugar a dudas me calentaba solo de verla.

    Ella llevaba el pelo atado en una colita y cada vez que me bailaba pegadito podía ver como se le asomaba la tanguita que se escondía debajo de su vestido rojo, el cual era corto y muy sexy. Entre tanto ruido del ambiente no pude distinguir bien lo que me dijo, pero me dejo su cartera y pude ver como se dirigió hacia el baño. Caminaba tan sensual que podía notar como se empezaba a poner duro mi pene y me recorría el calor producto de tanto alcohol. Tenía tantas ganas de cogerla.

    No me aguanté. Era el momento ideal para cumplir con esa fantasía con la que tanto tiempo esperamos. No podía dejar pasar la oportunidad de cumplirla y… ¿qué mejor que en nuestras vacaciones?

    Me dirigí de forma sigilosa al baño, intenté entrar pero tuve miedo que me vieran. La esperé en la puerta con la excusa de llevarle su cartera. Cuando la vi salir me di cuenta en su rostro que estaba tan excitada que no tuve mejor idea que decirle que me siguiera. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos dentro de un cubículo del baño de hombres:

    -¿Tenés preservativos? -Me dijo al oído.

    -No, me olvidé. Pero estoy muy caliente, sentí -Puse su mano sobre mi verga y le mostré lo dura que la tenía. Se calentó tanto que me dejó meter mi mano por debajo. Estaba húmeda.

    Le levanté el vestido muy lentamente, la puse de espalda y me bajé el pantalón. Moría de ganas de penetrarla y la idea de que alguien pudiese descubrirnos me fascinaba. La tomé por el pelo como tanto le gustaba mientras podía oír como gemía y me movía el culo. Mi verga estaba cada vez más dura y podía notar como comenzaba a mojarse. Introduje mis dedos en su vagina, eso la volvía loca y a mí me hacía sentir que estaba haciéndolo bien.

    Oímos ruidos afuera. Se escuchaban dos hombres hablando. Nos tocaron la puerta y nos asustamos, aunque, al mismo tiempo nos excitó tanto pensar que podían abrirnos la puerta que seguimos.

    Ahora estaba sentado en el inodoro, con la tapa baja. Y ella arriba de mí no paraba de moverse en forma constante mientras se tocaba su clítoris. Podía sentir sus flujos en mi verga y eso la ponía cada vez más dura, podía sentir el éxtasis de ese momento.

    La veía tocarse y eso me volvía cada vez más loco, sentía que mi cuerpo disfrutaba de ese momento. Mientras chupaba sus tetas bien paraditas ella no podía parar de retorcerse de placer. Podía ver en su cara lo bien que la estaba pasando.

    “Voy a salir”, le dije. Y automáticamente ella se corrió por completo. La sentí tan mojada que por fin acabé.

    Nos besamos y nos acariciamos.

    Salimos rápidamente del baño y volvimos a la pista.

    A seguir bailando que la noche es larga.

    Julio.