Autor: admin

  • La noche que casi nos descubren

    La noche que casi nos descubren

    Creo que el verano es la excusa perfecta para tomar decisiones atrevidas, y sin dudas Julio y yo sabemos muy bien cómo llevarlas a cabo.

    Fue una noche calurosa. Nos encontrábamos en su departamento, acostados. Bueno, en realidad, él estaba sin poder conciliar el sueño y yo dormía. Debo aclarar que a Julio le cuesta mucho poder dormirse y, sin lugar a dudas cuando eso ocurre busca la manera de despertarme.

    Esa noche no ocurrió de esa manera, lo que verdaderamente pasó fue que hacía mucho calor y me despertó la luz del pasillo prendida. Al abrir los ojos noté que Julio no estaba, por lo que fui a buscarlo. No lo encontré por la casa, pero recordé que en esos días el lugar que más frecuentaba era la piscina. Me puse mi bikini que tenía al alcance, una remera de él (la cual me quedaba holgada) y bajé para sorprenderlo.

    Ahí estaba. Sentado, solo. Contemplaba la noche mientras se podía percibir el silencio. No había nadie, todos dormían… claro, si eran las 3 am.

    Me senté junto a él y lo besé.

    -No podía dormir y no quise despertarte -me dijo.

    -Tampoco podía dormir, el calor no me dejaba -le contesté y le sonreí.

    -Vení. Metete al agua conmigo -me extendió la mano y me llevó hacia el borde de la piscina.

    Estábamos en el agua, en silencio, apreciando la noche. La gente dormía y nosotros pensábamos en no despertar a nadie (la piscina era compartida).

    El ambiente era exquisito, tenía la temperatura perfecta. Nos miramos y nos besamos tan apasionadamente. Sentí su lengua con la mía jugar, recorría mi boca y de a ratos le daba mordiscos.

    Su mano acariciaba mis pechos, los cuáles rápidamente se verían desnudos. Podía ver el corpiño de mi bikini flotar a mi lado. Me tenía desnuda. Era suya y él era mío.

    Bajé sus bóxers y toqué su pene por debajo del agua. Estaba duro, podía sentirlo. Me tocaba la vagina con movimientos circulares mientras dejaba deleitarme por sus dedos… ufff, sin lugar a dudas sus dedos me tocaban demasiado bien.

    Besaba mi cuello lentamente, respiraba en mi oído y eso me volvía loca. Podía escuchar sus gemidos y sentir su olor. Era perfecto.

    Oí ruidos de la parte de adentro del edificio, se escuchaba como si alguien intentase abrir la puerta. La idea de que pudiesen descubrirnos me excitaba y lo único que podía pensar era en el orgasmo que estaba sintiendo. Rápidamente se dejó de escuchar y eso me alivió.

    ¿Qué importaba? Estaba siendo penetrada en la piscina pública. Podía sentir su verga adentro mío, sus dedos enredados en mi pelo y un placer intenso a punto de explotar.

    Nos miramos, nos sonreímos y con una mirada cómplice nos vestimos.

    Estábamos mojados, caminando hacia el departamento… listos para conciliar el sueño.

  • Señor taxista

    Señor taxista

    Esto sucedió tiempo después de haber tenido mi experiencia con mi compañero, quería volver a hacerlo con alguien y sentir placer, hacerlo de una manera diferente a la primera, pero no me quería arriesgar a que fuera algún conocido cercano. Así que decidí buscar cuidadosamente a alguna persona a través de internet, entré a chats, pero no me convencía nada, así que dejé de buscar, luego vi un comentario donde promovían una página y me llamo la atención la imagen y el nombre, decidí ver de que trataba, y había hombres que publicaban sus números de teléfonos y localidades con la finalidad de hacerse pasar por taxistas, pero en lugar de pagarles con dinero, se pagaba con ‘favorcitos’.

    Me llamó la atención eso, sonaba excitante, así que empecé a ver más para ver si alguno quedaba cerca de mi localidad, agregué a uno que quedaba cerca, y empecé a platicar con él.

    Era un hombre llamado Bladimir de 34 años, casado, un poco alto, moreno, formal, algo gordito, quedamos con que pasaría por mí a la escuela, ese día me salí un poco antes con la excusa de que tenía cita médica, así mis amigos no me verían con quien me iba.

    Me esperé en el parque que estaba adelante de la escuela y me empecé a sentir nerviosa, de repente se me vinieron pensamientos como «y que tal que es un «psicótico o un maleante?» o «qué tal que ya no me deja ir» obviamente no pasó nada de eso.

    Maneja un taxi, ya me había mandado foto del modelo del auto y las placas, obviamente una foto de él también, cuando lo vi me acerqué nos saludamos y entre al auto, platicamos en el camino ya no tanto de cosas para conocernos pues eso ya lo habíamos hecho por mensaje fue más bien del porque habíamos entrado en la página, ya después casi a mitad de camino cambio el tema, me empezó a cortejar y yo respondía aun tímidamente, me dijo «me excita tu timidez» puso su mano en mi pierna, ese día llevaba pantalón, no me gusta usar faldas o vestidos, me dijo que podía poner mi mochila en el asiento de atrás y así lo hice, me dio una chamarra que tenía y me dijo «póntela en las piernas y baja tu pantalón y calzones quiero acariciarte bien» así lo hice, me había puesto nuevamente nerviosa, cuando ya había hecho lo que me pidió empezó a acariciar mi pierna, hasta llegar a mi vagina, que por cierto ya estaba mojada.

    Me preguntó si conocía alguna calle que estuviera sola, le dije que sí, y le empecé a decir por dónde. Al llegar se estacionó por donde había un árbol grande, con ramas y hojas colgadas, lo suficiente para tapar aunque sea un poco.

    Se acercó a mí para besarme y siguió acariciándome, hizo el asiento hacia atrás de forma que quede casi acostada, bajó el cierre de mi chamarra y subió mi playera y brasier, empezó a pellizcar suavemente mis senos de tal forma que poco a poco se fueron poniendo duritos, ya estaba muy mojada y a él se le notaba su pene erecto.

    -Gustas que te lo chupe? -pregunté

    -será todo un placer.

    Se acomodó en el asiento del conductor y le desabroché el pantalón y dejé al descubierto su pene, me excitó ver que su pene era grande y grueso.

    -no creo que tal pedazo de carne entre completo a mi boca.

    -yo te ayudo princesa.

    Empecé primero a mamarle su glande, como si fuera una paleta después fui introduciéndolo poco a poco en mi boca, lo metía lo más que podía, luego él me sujetó del cabello y comenzó a empujar mi cabeza de tal modo que me entrara completo en mi boca, me empezaba a escurrir saliva por los lados de mi boca de tanto que me atragantaba con su pene.

    -que rico chupas princesa, dejaría a mi esposa por ti, lo haces bien rico.

    -jeje es la primera vez que hago sexo oral.

    -no parece, chupas como una puta, ya me imagino como has de ser en la cama.

    Me besó en la boca y mientras lo hacía sentía como pasaba sus dedos sobre mi piel, pellizcaba mis pezones y metía sus dedos en mi vagina, mientras me besaba yo gemía, sentía muy rico, estaba súper mojada, quería que me penetrara, quería sentir su rico pene en mi vagina, sin embargo había pasado rápido el tiempo y vi que se me empezaba a hacer tarde, antes de que me dejara acomodar la ropa me agarró del cabello y volví a chuparle su pene.

    -está riquísima princesa, agradezco que me hayas dado la oportunidad de probar tu lindo cuerpo.

    -jeje tú no te quedas atrás, está claro que los maduros no se andan con rodeos.

    -si fueras mi hija te castigaría bien rico por tanta travesura que haces.

    -bueno me das un motivo para portarme mal cada día.

    Después de ese momento me acomodé la ropa y me dejó a unas cuadras de donde vivía y ya no volví a tener contacto con esa persona.

  • Aquel hombre quince años menor que yo (Parte III)

    Aquel hombre quince años menor que yo (Parte III)

    Si, cuando vi que no me rogaría más, le puse los medios a este hombre quince años menor que yo para que me hiciera suya, ya estaba algo mojada, y escurrían en mi las ganas de que este hombre joven me la metiera, que pusiera su pene en mí. 

    Fue entonces que finalmente su pene comenzó a introducirse en mi parte más íntima, por decisión mía, me estaba ensartando un pene que no era el de mi esposo, por vez primera probaba un falo que no era el de mi marido, y lo estaba disfrutando mucho. Recuerdo que en cuanto sentí que me había metido todo su tranca, le dije insistentemente, “que rico» le implore que me «cogiera», y el empezó con tremendas embestidas.

    Me restregaba con fuerzas su miembro viril, yo lo recibía con mucha devoción, con encanto, estaba sumisa y dispuesta para que este joven hombre se comiera lo que por ley le pertenecía a mi esposo. Creo que este joven hombre, al que yo le llamo príncipe, se estaba prendiendo muy rápido, percibí que no tardaría mucho en venirse, si yo misma me encontraba en un estado de alta efervescencia, y así sucedió, recuerdo que no le impedí en lo absoluto que se viniera en mí, sentí como su esperma caliente llovía en mi interior, me mojaba intensamente, me bañaba con sus fluidos, y yo los recibía sin mayor oposición, que hermoso sentí, fue maravilloso sentirlo.

    No pensé que en una noche donde mi príncipe y yo solo nos veríamos en una hora para platicar y besarnos, terminaría entregando mi cuerpo, terminaría dándole mi tesoro más sagrado.

    Nunca pasó por mi mente intimar con alguien más que no fuera mi esposo, y aquel día me estaban hasta depositando semen ajeno, a diestra y siniestra, regaba mi milpa un extraño. Me estaban «cogiendo» en una finca vieja mientras mi esposo me esperaba en casa y no me remordía mi conciencia en lo absoluto, solo al poco tiempo después.

    Después de eyacular en mí, decidimos retirarnos de aquel lugar rápidamente nos subimos a mi automóvil, y recuerdo que le di una aventón un par de cuadras adelante, después llegué a comprar unas cosas a una tienda y marché hasta mi hogar donde mi esposo e hijos me esperaban.

    No fui capaz de detener lo acababa de acontecer, porque así lo decidí, por convicción, hubo oportunidad de que esto no llegará más lejos pero me negué a ella, me dispuse para que me follarán, yo misma encaminé su pene a mi gruta para que me perforara.

    En el camino un poco de remordimiento aterrizaba en mí, y a la vez un mar de excitación, venía de entregarme a otro hombre, mojada de semen ajeno, sentía mi ropa interior húmeda del líquido seminal de este joven mozo al que yo llamaba mi príncipe, venía de sentir un pene distinto al que estaba condicionada experimentar por el resto de mis días, me sentía un poco rara, pero a la vez feliz, viva, ansiosa de probar nuevas cosas.

    Finalmente arribé a mi casa, un poco nerviosa con una bolsa de cosas en la mano, tenía miedo de que mi marido sospechará algo, pero cuando llegué él hablaba por teléfono sobre cuestiones de trabajo y yo aproveché rápido para ir al baño cercano de mi recamara, tomé unas bragas limpias y me limpié mi intimidad. Tuve que esconder mi calzón mojado de esperma, recuerdo que antes de esconderlo lo olí y me excité mucho, lo rocié con agua y con jabón y lo metí en la ropa sucia.

    Sí, acababa de darle mi parte más sagrada a un hombre quince años menor que yo, había intimado con mi príncipe por primera vez, había hecho cosas esa noche que nunca pensé hacer.

    A los días posteriores, la necesidad de volver a chatear con mi príncipe me invadía, a la primera oportunidad que tenía cuando mi esposo e hijos no se encontraban o estaban ocupados, accedía a mi red social para mensajearme con él.

    Las conversaciones siguientes subían más de tono, prácticamente hasta iniciamos a tener sexo virtual, imaginando cosas y contándonos relatos que nos excitaban, incluso se trazaba un segundo encuentro en algún hotel de nuestro pueblo, ya empezaba a haber planes.

    Recuerdo que en una de esas conversaciones fogosas entre mi príncipe y yo, salió a relucir el tema de las fantasías eróticas, y yo le pregunté que si él tenía alguna, y él me contó muchas cosas que me despertaban la excitación, una de ellas era tener sexo anal, él me preguntó sobre ello, y me dijo que si alguna vez lo había experimentado, cosa que nunca he hecho -le respondí, «pero de pensarlo me excita demasiado».

    Fue entonces que entregarme por segunda vez a este hombre joven cada vez estaba más cerca, pasaron dos semanas cuando todo se alineó a la perfección, mi esposo salió a un evento de trabajo, y yo encargué a mis hijos con algunos familiares.

    Nos citamos cerca de una estación de autobuses, ahí el subió a mi automóvil y nos fuimos para un hotel en las orillas de nuestro pueblo, y estando en la habitación recuerdo que le tenía reservada muchas sorpresas a mi joven príncipe, entre ellas, llevaba un corsete y una ropa interior muy sexy para él, medias y encaje, quería que él se sintiera consentido…

    CONTINUARÁ…

  • Mi tía lesbiana

    Mi tía lesbiana

    Mi tía Isabella era la menor de las hermanas de mi madre, toda su vida había sido una mujer carismática, alegre, el alma de toda fiesta, además de que era bastante atractiva.  Cuando yo estaba niña ella era mi tía favorita así que cuando se fue a trabajar a Australia me sentí muy triste. Cuando ella viajo yo tendría unos 12 años, así que yo y mi tía favorita perdimos contacto durante toda mi adolescencia. Aparte de algunas fotos que me mostraba mi madre y alguno que otro chisme no supe nada de Isabella durante casi 6 años.

    Pues bien, a Isabella le había ido de maravilla en Australia, había trabajado con una importante multinacional por lo que llego a tener mucho dinero, cuando la empresa cambio de dueño y empezaron a hacer recorte de personal mi tía fue una de las afectadas así que perdió su trabajo y decidió volver a su país natal. Cuando mi madre me conto que Isabella iba a volver al país para las fiestas de diciembre me sentí muy emocionada, tenía muchos buenos recuerdos de ella en mi niñez y quería volver a verla.

    Isabella volvería al país para el día de navidad y el resto de las fiestas decembrinas así que mi familia organizo una reunión en la finca de mis abuelos para celebrar.

    Llego el día de navidad así que toda la familia se reunió en la finca mis abuelos. Cuando llegamos mi tía ocurrió el esperado encuentro con mi tía Isabela, cuando la vi quede sorprendida de lo bien que lucía, acababa de cumplir 38 años pero lucia espectacular, se notaba que se cuidaba mucho su figura. Isabella me saludo con un fuerte abrazo y un beso en la mejilla:

    Isabella: Mía chiquilla Natalia como has crecido, wow estás hermosa cariño por lo visto la adolescencia te trato muy bien.

    Natalia: Que gusto volver a verte tía, lo mismo dijo de ti, estás súper hermosa.

    La reunión fue muy agradable, estuvimos horas hablando con mi tía sobre toda su experiencia en Australia, nos contó un montón de cosas y nos mostró muchas fotos, me di cuenta que en muchas de ellas aparecía con la misma mujer así que le pregunte:

    Natalia: ¿Quién es ella, tía? ¿Alguna amiga?

    Noté que se puso algo tensa.

    Isabella: Si amor algo así.

    Natalia: Ah vale, y que tal son los australianos tía he escuchado que todos son rubios y altos es cierto? no te levantaste algún australiano guapo jeje?

    Isabella: Jaja si los australianos son hombres muy guapos, pero paso de ellos.

    Natalia: wow no me vas a decir que no tuviste algún noviecito australiano

    Yo noté que Isabella se sentía un poco incomoda por el asunto, así que entendí más o menos a que iba todo y deje de preguntar por el tema. Ya más avanzada la noche yo estaba en la despensa buscando una botella de champaña cuando sentí que mi tía entró en la habitación:

    Isabella: ¿Qué haces amorcito?

    Natalia: Mira mi abuela me dijo que probara una botella de champaña, supuestamente es la más deliciosa.

    Isabella: Mmm tiene razón a mi ex le encantaba esa champaña, es muy popular en Australia.

    Natalia: Heee así que si tuviste algún noviecito Australiano

    Isabella: Una australiana, soy lesbiana me gustan las mujeres.

    Natalia: Wow tía no tenía ni idea, lo siento por lo de antes, vi que no querías hablar del tema.

    Isabella: Tranquila amorcito no hay problema, es solo que me gusta mantener ese tema discreto, sabes que tu abuela y tu madre son muy religiosas y no quiero problemas ya sabes…

    Natalia: Vale lo entiendo, es muy injusto que muchas personas no toleren los justos de los demás, no hay nada de malo en que dos mujeres se amen.

    Isabella: Me alegra saber que pienses así Naty por eso eres mi sobrina favorita jeje, ven trae esa champaña y vamos afuera quiero que me cuentes todo sobre ti.

    Salí con mi tía y la botella de champaña hacia un kiosko que quedaba afuera al lado del lago, nos servimos champaña y comenzamos a hablar durante mucho tiempo. Con el alcohol fluyendo la conversación empezó a tornarse más picante y comenzamos a hablar de las fantasías sexuales y fetiches que teníamos:

    Isabella: Dime ¿cuál es tu mayor fantasía sexual Naty?

    Natalia: Ay no se tía, supongo que ¿follar en un avión?

    Isabella: Jajaja pero que poco original, nooo esa fantasía es muy normalita, anda seguro que tienes algo más hot que no quieres contarme.

    Natalia: jaja tal vez… te lo dijo pero si me dices cual es la tuya primero.

    Mi tía me miro y sonrío de una forma lujuriosa

    Isabella: ¿La mía? Follarme a mi sobrina Natalia jajaja.

    Natalia: Que!!?? Jajaja que cabrona eres, dime de verdad cuál es?

    Isabella: pero es cierto no te miento, en este momento mi mayor fantasía es follar contigo Natalia.

    Natalia: Wow en serio? vaya eso es… inesperado

    Isabella: jaja bueno bueno anda no te hagas la despistada tu dijiste que si te contaba mi mayor fantasía sexual tú me dirías la tuya, así que habla amorcito.

    Natalia: Bueno este eh…

    Isabella: anda que no te de pena Naty estamos entre mujeres.

    Natalia: Bueno es que desde hace rato, he querido pues experimentar… ya sabes con otra mujer…

    Isabella: ¿Quieres experimentar el sexo con otra mujer?

    Natalia: Si…

    Isabella: Esa sí que es una buena fantasía, sabes si quieres la puedes hacer realidad esta noche…

    Natalia: ¿Wow hablas en serio?

    Isabella: ¿Claro, no te gusta la idea?

    Natalia: Pues que te dijo, me da un morbo terrible pero es que no se…

    De repente mi tía Isabella se inclinó hacia mí y me beso en los labios, al principio me sentí aturdida, pero no sé si sería por el alcohol pero el beso me excito mucho.

    Isabella: Desde que te vi cuando llegaste me sorprendió lo buena que te has puesto Natalia, ¿te gusto ese beso?

    Natalia: Me encanto

    Invadida por la excitación del momento me abalance sobre ella y comenzamos a besarnos intensamente, Isabella me rodeo con sus brazos y jugueteamos con nuestras lenguas.

    Isabella: Espera amorcito, aquí no, de pronto nos ven mejor vamos a mi habitación.

    Salimos del kiosko y nos dirigimos disimuladamente a la habitación de mi tía en el segundo piso de la casa. Yo estaba medio borracha y muy excitada, el corazón me latía a mil y mi vagina estaba muy húmeda. Nos aseguramos de que no hubiera nadie cerca y nos encerramos en su habitación.

    Mi tía Isabela me empujó y caí sobre su cama, se puso encima de mí y comenzamos a besarnos intensamente. Me besaba y me daba chupones en el cuello que me hacían volver loca. Sentía un morbo increíble.

    Luego de un rato me bajo el cierre del vestido y me despojo de él, comenzó a frotar mi coño con su mano por encima de mis panties mientras seguía besándome y dándome chupones en el cuello, me susurro al odio:

    Isabella: Tienes ese coño muy húmedo y calientito, ¿quieres que te lo coma amorcito?

    Natalia: Siii devórame todita tía

    Isabella me quito los panties y empezó de devorarme el coño, la forma como usaba su lengua, como me daba chupones en el clítoris me hicieron descontrolar, empecé a gemir como loca, por suerte en el primer piso tenían música así que nadie me escucho. Mi tía seguía comiéndome el coño en medio de mis gemidos, yo la tome del cabello y le suplique que no se detuviera, nunca me había sentido tan excitada, cuando comenzó a penetrarme con dos dedos no pude más, me vine en un poderoso orgasmo que me hizo retorcer como un contorsionista, el placer que sentí fue increíble mucho mejor que coger con un hombre.

    Isabella: ¿Te gusto Naty?

    Natalia: ¡Si tía me encanto!

    Isabella: Tengo el coño hirviendo amorcito necesito que me lo comas ya mismo

    Natalia: Siii, me muero por probar tu coño tía

    Isabella se quitó la diminuta tanga roja que llevaba puesta y se acomodó con las piernas abiertas para mí. Su coño lucia exquisito, nunca pensé que un coño me provocara tanto deseo. Me puse en medio de sus piernas y comencé a darle placer con mi boca.

    Isabella: Eres una mentirosa, no hay manera que esta sea tu primera vez comiéndote un coño.

    Natalia: Enserio es mi primear vez! Pero no será la última…

    Seguí comiéndole el coño a mi tía, estimulaba su clítoris con movimientos rápidos con mi lengua, luego me lo metía a la boca se lo chupaba. Ella había empezado a gemir, veía en su rostro lo cachonda que estaba. Quería hacerla venir, empecé a masturbarla con dos dedos mientras le chupaba el clítoris, Isabella gemía como loca, sentí como comenzó a temblar y como su vagina se contrajo con mis dedos dentro de ella, la había hecho venir.

    Isabella: Eso fue increíble Naty, eres una experta comiendo coños.

    Natalia: No mejor que tu tía.

    Nos besamos un rato, luego nos vestimos y volvimos a la reunión como si nada hubiera pasado. Como ella era tarde nos excusamos y dije que iba a dormir en la habitación de mi tía. Antes de irnos a dormir tuvimos otra sesión de sexo y luego nos quedamos dormidas desnudas abrazadas bajos las sabanas. Durante el resto de diciembre hice varias visitas a mi tía Isabella en las que tuvimos sexo de manera desenfrenada, el año nuevo lo celebre con un orgasmo mientras mi tía Isabella me comía el coño a escondidas en el baño.

    Luego de las fiestas decembrinas mi tía volvió a Australia y no la volvería a ver desde entonces.

  • Las hermanas de Camilo (Capítulo 1): Polvo de borrachera

    Las hermanas de Camilo (Capítulo 1): Polvo de borrachera

    Me llamo David, tengo 31 años y vivo en Bogotá. Sin embargo, no quiero dar detalles ni hablar más sobre mí, pues lo único que me resta por contar es que me siento el hombre más afortunado del planeta. No es para menos, pues en los últimos diez años he venido follando con tres hermanas, las tres de diferentes edades, de diferentes personalidades; de diferentes gustos, hábitos y formas de vivir el sexo, pero las tres con el mismo hermano: mi parcero, mi mejor amigo.

    Antes de que todo esto surgiera tuve un par de noviecitas, y ambas me hicieron mucho daño; me engañaron y me volvieron añicos. Tanto así que sufrí una especie de trauma con las mujeres, luego de esas relaciones me convertí en un putero de tiempo completo, no quería enamorarme ni sentir nada por nadie. Amaba ir de putas, pues era sexo sin compromiso, sin disgustos, sin peleas, sin obligaciones, sin sacrificios; solo había que pagar y disfrutar. Pero eso se me fue convirtiendo en un problema, pues poco a poco fui perdiendo habilidad para encarar mujeres, charlarlas y conquistarlas. Sin embargo, las hermanas de mi amigo, llamado Camilo, me iban a sacar del vicio de las putas. Vicio que me dejó también grandes vivencias y que espero en otra oportunidad podérselas contar.

    Todo surgió de repente, pues yo, a pesar de fantasear con las hermanas de Camilo, no me atrevía a establecer con ellas algo más allá de una amistad; para mí y para Camilo, las hermanas, novias y exnovias eran sagradas; se puede decir que teníamos un juramento tácito de no meternos con ellas, por simple respeto y lealtad.

    Camilo tiene tres hermanas: Katherine, Alexandra y Diana. Para la época en que esto empezó, Alexandra y Diana vivían con él en un bonito apartamento en Bogotá. Ellos venían de una ciudad cercana, motivados por el hecho de poder llevar a cabo sus estudios en universidades de acá; evidentemente porque en su ciudad no existía la suficiente oferta académica o no gustaban de las universidades de allí, como seguramente pasa en todos los centros urbanos de mayor población.

    Camilo y yo nos conocimos en la universidad, ambos empezamos estudios para ser productores audiovisuales, y rápidamente nos hicimos amigos. Yo amaba ir a su apartamento, pues el ambiente era ideal para estudiar cuando había que hacerlo, pero además porque era un lugar ideal para unos jóvenes universitarios: hacíamos fiestas, bebíamos, nos drogábamos, nos servía de picadero, o por lo menos a Camilo, pues yo, como ya expliqué, estaba en una época en la que no me comía a nadie, y en líneas generales era un sitio para pasar el tiempo sin preocuparse, no había una figura de autoridad que prohibiera tal libertinaje.

    Quizá Diana, que es su hermana mayor, era la figura de autoridad en ese lugar, pero incluso a veces ella se unía al desorden de dos universitarios fuera de control como nosotros. Diana, como ya mencioné, es la hermana mayor de Camilo, para mi gusto era la más buenorra de las tres: medía por ahí 1,65 o 1,70 m, su piel era blanca, sus piernas torneadas, bien formadas, sin ser muy gruesas ni muy delgadas; su culo era carnoso y redondo, sin exceder tamaño; sus senos eran de buen tamaño y de pezón rosado, lo supe muy temprano pues en casa acostumbraba a andar sin sostén y con prendas que permiten las transparencias; sus ojos negros, grandes y muy expresivos; sus labios carnosos y rosas. Era un monumento de mujer.

    Pero con quien más compartí en ese apartamento, además de Camilo, fue con Alexandra, pues ella era quien más noches pasaba estudiando, y, como dije antes, muchas veces yo iba allí para estudiar o hacer trabajos que en mi casa no habría podido hacer por simple falta de concentración.

    Alexandra, en ese entonces era estudiante de derecho y era muy aplicada con su estudio. Tenía aproximadamente la misma edad que yo y de Camilo. Tal vez era la menos agraciada de las tres hermanas, por lo menos para mí. Su estatura era la habitual entre la gran mayoría de las mujeres de este país, 1,60 o 1,65 calculo; su piel morena, su pelo era negro, largo y ondulado, sus ojos de un negro intenso, muy lindos realmente, pero quizás era su mayor atributo en el rostro, pues su nariz estaba un poco torcida, sin ser algo exagerado, y sus labios eran muy finos, delgados, no tan provocativos como si podían ser los de Diana. Sus senos eran pequeños, y quizá lucían más pequeños de lo que eran por su forma de vestir, pues Alexandra es de esas chichas que difícilmente usan un escote. Sin embargo, la gran virtud de Alexandra era su culo, al cual me permito llamar desde ya como un culazo en toda la dimensión de la palabra. Era macizo, carnoso, de buena forma, notorio incluso cuando usaba pantalones holgados: sudaderas, pijamas y demás. Era un culo espectacular, digno de contemplar durante largos minutos, obviamente con el disimulo necesario.

    Recuerdo mucho una vez en la que yo estaba en el comedor de su apartamento, ella salió del baño sin saber que había alguien en casa, y en medio del apuro no había terminado de subir su ajustado pantalón, que se negaba a subir con facilidad por el grosor de semejante culo. Era realmente espectacular.

    Pero yo, más allá de fantasear con su culo, no iba más allá. Primero por lo que ya expliqué antes, procurando un respeto hacia el código establecido con mi amigo de no meterse con hermanas o exnovias, y también porque Alexandra tenía su novio, del cual parecía estar enamorada rotundamente, pues era el único que había tenido en su vida y le había durado muchos años. Para ese entonces calculo que llevaban unos seis años de noviazgo. No parecía una chica dispuesta a arriesgar su idílica relación, por lo que intentar algo con ella parecía algo utópico.

    Aunque debo decir que me equivoqué completamente. Alexandra iba a ser mi inducción en el mundo del sexo con las hermanas de mí amigo. Ocurrió una noche de fiesta en el apartamento de Camilo. Muchos de sus compañeros y compañeras de clase en la universidad fuimos a su hogar esa noche, pero solo sus amigos más cercanos nos quedamos a dormir.

    En esa ocasión bebimos bastante, también fumamos hierba, que era uno de nuestros grandes pasatiempos en esa época de estudios universitarios, y los que consumían otro tipo de drogas no escatimaron en hacerlo. Sobre las dos de la mañana yo estaba perdido de tanto licor. Estaba entre el difícil dilema de vomitar para seguir bebiendo o simplemente dormir. Camilo y otro amigo decidieron que lo mejor era que durmiera, así que extendieron una colchoneta casi al lado de la entrada del apartamento, extraño lugar para hacerlo, y me acostaron allí. Alexandra, que también evidenciaba estar bastante ebria, empezó a jalarme de un brazo con la intención de no dejarme dormir. Camilo la detuvo y le pidió que me dejara en paz, pues yo estaba muy mal como para seguir en pie. Así lo hizo, me dejó tranquilo y yo entré en profundo sueño. No me di cuenta cuando el resto de la gente se fue, ni cuando apagaron las luces y la música, solo recuperé la consciencia una vez que Alexandra se acostó a mi lado.

    No sabía por qué lo había hecho, no sabía cómo reaccionar, de hecho, no me lo creía, llegando a creer que era algo que estaba soñando o imaginando dado mi estado de ebriedad. Pero no, era real. Alexandra se había acostado a mi lado.

    Empezó a besarme, su boca tenía un fuerte sabor a ron. Inicialmente sus besos eran tímidos, pues ella parecía estar tratando de averiguar si yo era consciente de lo que estaba pasando. Yo la correspondí, por lo que no tardó demasiado en notar que contaba con todo mi beneplácito. Sin contemplación alguna metió su mano bajo mi pantalón, empezó a masturbarme mientras nos besábamos. Yo todavía no daba crédito a lo que ocurría, aunque poco a poco fui aceptando que era verdad.

    Quise meter mi mano bajo su pantalón, deseaba sentir su vagina con mis dedos, pero ella no me lo permitió. Bloqueó mi mano con la suya, con la que tenía libre. Decidí entonces tomarla de la cabeza y besarla apasionadamente. También la agarraba de sus nalgas, como empujándola hacia mí. Para ese momento era más que evidente mi intención de penetrarla. Pero las cosas buenas toman su tiempo.

    Sentí el temor de ser descubierto por Camilo o por cualquiera de los otros que se habían quedado esa noche en su apartamento. Era una ansiedad apenas obvia, aunque a esa altura de la noche estaba dispuesto a afrontar lo que fuera, incluso si eso me costaba una merecida golpiza por parte de Camilo o la pérdida de su amistad. No era que no lo valorara, solo que estaba siendo completamente dominado por mis instintos más básicos. Afortunadamente para mí, eso no ocurrió.

    Alexandra se dio vuelta, bajó ligeramente su pijama y dirigió mi pene hacia su coño. Fue lento ese momento en que se dio la penetración, pero una vez dentro de ella, era inminente su excitación; su coño ardía. La penetraba en posición de cucharita, sin hacer mucho ruido, pues los dos tratábamos de guardar cautela sabiendo que era una situación aventurada y ciertamente prohibida. Disfrutaba del lento ritmo que asumimos ambos en un comienzo. Mientras me movía lentamente, aprovechaba para besarle el cuello y ocasionalmente la boca, justamente cuando ella volteaba su rostro y lo permitía. Despacito, como quien no quiere la cosa, fui dirigiendo mi mano hacia su pubis, y entendí porque anteriormente no me había permitido tocarlo. Estaba sin depilar; completamente, es más, parecía que no lo hacía desde hace mucho tiempo. Sin embargo, tal era la excitación que esta vez no me prohibió hacerlo. La penetraba y le acariciaba su vagina, era el cielo para mí.

    Alexandra es de esas personas que sesean, que no sé si todos saben lo que es el seseo, pero que a mí, en medio de sus tímidos y discretos sonidos, me excitaba escucharla arrastrar las “ese”. Me encantaba esa forma de decir “zi, ezo, azí…”.

    Como su culo era un monumento, era más que obvio que tarde o temprano iba a querer follarla en cuatro. Y resultó siendo más temprano que tarde. La agarré de las caderas, la puse en cuatro y la penetré de nuevo muy despacio. Diría que casi cariñosamente, aunque no había nada de eso, solo era la intención de no pasar por precipitado, por no quedar como el típico violento desconsiderado. Pero luego eso se perdió, pues tratándose de una primera experiencia entre ambos, era más que válido un exceso de furor.

    La penetré lento, sin apuro. Me agarré de sus nalgas y seguí deslizando mi pene entre su humanidad con total suavidad, sin parecer tener afán alguno. Para ese momento ella era silenciosa, pero su coño no tanto, gritaba de calor, y yo enloquecía con ello. La agarré de su pelo y traté de jalar su cara hacia mí. Besarla era de mi interés, pero quizá no tanto como tener su rostro cerca al mío para escuchar su deliciosa y tímida manera de disfrutar el sexo.

    Eso fue excitándome cada vez más, con lo que aumentaba un poco mi entusiasmo al penetrarla. La agarré de sus hombros, la jalaba hacia mí, cada vez la iba penetrando a mayor velocidad. Veía sus nalgas rebotar con fuerza contra mi cuerpo.

    Ver ese culo macizo temblando por la vehemencia de mis empellones, era motivación suficiente para querer terminar la faena con ese hermoso panorama. Pero traté de resistir por un rato más, pues sabía que debía disfrutar una situación como esa por todo el tiempo que me fuera posible.

    Ver a Alexandra, sumisa, sometida a mis deseos, lejos de ser esa chica de apariencia de metalera ruda, habitual en ella; me hizo sentir poderoso, incluso llegué a creer que la borrachera era cosa del pasado, que dominaba completamente la situación, aunque quizá era solo una ilusión dado el éxtasis que me invadía. No sabía tampoco porque ella había terminado haciendo esto. No sé si era consecuencia de su ebriedad, o de una pelea con su novio. Lo cierto es que estaba ocurriendo y era algo exquisito, maravilloso.

    Pero de todas formas todo tiene un final, y este polvo sensacional también iba a tenerlo. Me fue irresistible ver ese culo enorme, tenerlo entre mis manos, estrujarlo, manipularlo a mi antojo.

    Se lo saqué y le arrojé el semen sobre su culo y un poco sobre su espalda, mientras ella seguía jadeando discretamente.

    Alexandra se dejó caer sobre la colchoneta, parecía por fin lista para dormir, luego de un rato de sexo improvisado. Para mí había sido extraordinario. Llevaba un racha larga sin culear, y recobrar la noción de cómo se siente, me hizo alucinar; por lo menos de la forma como se había dado con Alexandra. Pensé que podía a quedarse a dormir ahí, junto a mí, y que podríamos repetirlo en un ratito, pero no fue así. Su tumbada en la cama había sido algo fugaz. Alexandra vivía allí, tenía su cuarto y un sinfín de razones para evitar ser descubierta allí conmigo, así que rápidamente me abandonó en la oscuridad del living de su apartamento. Me sentí algo estúpido al pensar que podía ser posible que ella pasara la noche ahí, conmigo. Había sido algo ingenuo. Quizás era efecto de la borrachera, sobre la cual, una vez más teniendo uso de razón, había comprendido que estaba bajo sus efectos.

    De todas formas había sido un botín notable, un festín inolvidable, una noche para enmarcar. Pero ya no me quedaba más que dormir. Quizá soñar con que estaría entre las piernas de Alexandra hasta el amanecer, al fin y al cabo, la mente es muy ilusa.

    Ese polvo iba a cambiar mi forma de relacionarme con Alexandra por un tiempo. Inicialmente fue confusión, por lo menos a la mañana siguiente.

    Desperté con una insoportable resaca, pero con la fortuna de tener los recuerdos intactos. De todas formas no sabía cómo iba a mirar a Alexandra una vez que nos cruzáramos. Como sentía que se trataba de un polvo a causa del estado de ebriedad de ambos, seguramente ella sentía arrepentimiento, posiblemente no querría dirigirme la palabra o mirarme a la cara. Pero fueron simples suposiciones mías, pues para el momento en que nos cruzamos esa mañana, me saludó como si nada hubiese ocurrido, continuó su rutina.

    Entendí que arrepentimiento no había, aunque tampoco parecía existir un deseo de repetir lo ocurrido, por lo menos de su parte. Salí de su apartamento y me dirigí a mi casa. Ese día, el siguiente a la noche de sexo con Alexandra, pasé las horas pensando en lo ocurrido, excitándome al recordar el suceso, y evidentemente tratando de revivirlo por mi cuenta: con mis manos y mi imaginación, pero evidentemente no iba a ser ni parecido.

    *********************

    Capítulo 2: Mi reino por el culo de Alexandra

    Desconocía que esto era el inicio de una serie de polvos que íbamos a echar Alexandra y yo, aunque debo reconocer que entre más lo repetíamos, más iba perdiendo el misticismo, el encanto de esa noche de primer encuentro entre ambos…

    Twitter: @felodel2016

  • Un chico de 25 y una mujer de 38 años, explorando sus deseos

    Un chico de 25 y una mujer de 38 años, explorando sus deseos

    Este relato se originó en la pandemia, como fue y aun es común por todo el mundo debimos permanecer encerrados por un largo tiempo y evitar así contagios y demás, cosa que seguramente impulsó a muchos a descubrir ciertas usanzas en la red, como fue mi caso. Sé que por mi anterior relato para nadie debe ser extraño saber que tengo un gusto indescriptible por las mujeres mayores, simplemente es algo que no se explicar, una mujer mayor me parece un monumento de deseo, tan seguras, tan imponentes, tan sensuales y creo que la fortuna en realidad me sonrió al poder experimentar esto con una mujer mayor.

    Todo pasó una noche mientras entraba en una página de chat, estas tenían algunas salas donde algunas personas podían mandarte mensajes en privado lo cual me parecía a adecuado para matar el tiempo de sobra que se tiene en esta emergencia y es así como de la nada comencé a charlar con una persona, Veronik888 era su perfil, a pesar de ignorar que pasaría por la mente de esta misteriosa mujer traté de mostrar mi completo interés y he de confesar que al principio de todo esto no tenía ninguna intención oculta, pero una vez que comenzamos a charlar me pareció una mujer intrigante e interesante por lo que mientras la charla se hacía más profunda, me contó que hacía ya dos años ella se separó de su ex marido, el tipo la había engañado por una mujer un tanto más joven por lo que no pude evitar replicar “el idiota se lo pierde”, le dije que me parecía una mujer única y muy interesante, vaya todo aquello que posee una mujer sexy a lo que ella me cuestiono diciendo que probablemente al verla no pensaría lo mismo.

    Pasaron algunas horas mientras no paraba de hablar con Verónica hasta que nuestras palabras poco a poco nos llevaron a soltar algunas frases sensuales y con intenciones subidas de tono, yo le decía que no podría dejar de mirarla si caminara por ahí, a lo que ella me respondió que le gustaría saber que un chico de mi edad disfruta de mirar su cuerpo a lo que yo decidido le comente que si a ella le parecía bien podríamos hablar de una manera más intensa, obviamente a través de una cuenta falsa en Skype o algo similar que no pusiera en riesgo su identidad ya que siempre he pensado que jamás se debe arriesgar a una dama, ella un poco insegura y después de pensarlo un poco solo acepto así que después de agregarla espere la llamada de Verónica.

    No pasaron 10 minutos cuando recibí su llamada y lejos de lo que cualquiera pensaría se veía tal como la imagine, una mujer de cabello negro de una piel blanca y tersa, su cuerpo a pesar de haber concebido un hijo se miraba firme y apetitoso bajo una blusa negra y unos shorts azules, ella se apenó y comentó que le daba pena que mirara unos cuantos kilos demás que su cuerpo hacía notar un poco a lo que le mencione que una mujer con un poco más que lucir no era fea, al contrario, en lo personal pienso que una mujer con un poco más de cuerpo a pesar de que moleste como kilos de inseguridad se miran de lo más sexys, un cuerpo que a pesar de tener un poco de peso extra guarda su figura lo hace ver aún más apetitoso.

    Fue entonces que paso

    Ella: ¿En verdad piensas que me miro sexy?

    Yo: por supuesto que sí, una mujer como tu es todo lo que deseo, tu cuerpo no solo me gusta, sino que siéndote muy franco me encantaría hacerle de todo

    Ella: ¿si es así, que le harías a esto?

    Verónica me mostro una parte de sus hombros bajando uno de los tirantes de su blusa.

    Yo: me encantaría poder sentir el aroma de tus hombros, sin duda deben ser deliciosos pero moriría no solo por olfatearlos, también moriría por probarlos Verónica

    Ella: suena muy rico ale, pero me pondría muy loca si lo hicieras, ¿además me gustaría saber que le harías a esto?

    Fue entonces que Verónica dejo bajar su blusa lentamente hasta solo mostrar un poco de su seno derecho, apenas y se miraba el cambio en el tono de su piel.

    Yo: uff Verónica, de poder estar ahí me mirarías lamer cada centímetro de la piel que tu sostén no alcanza a cubrir, hasta el punto en el que mi lengua rosaría los bordes de tus deliciosas areolas, mientras mi lengua invita a tus hermosos pezones a salir.

    Ella: entonces lo haría.

    Fue cuando Verónica saco sus senos de su blusa, eran por más deliciosos, casi podía sentir como si fuera una bestia salvaje que deseaba von todas sus fuerzas lamer sus increíbles pezones como un desquiciado.

    Yo: oh Verónica, en verdad son tan excitantes, ¿pero sabes me encantaría llamarlos un poco más rudo o sucio si te parece?

    Ella: y que nombre usarías?

    Yo: ¿quiero saber que nombre te gusta más a ti?, sin ataduras ni juicios, el nombre que siempre deseaste usar

    Ella: me gusta tetas Alex

    Yo: pues sabrás que muero de deseos de no solo lamer, sino mamar tus tetas de una manera increíble, dejar tus pezones completamente satisfechos hasta que no puedas sentirlos

    Fue entonces que mire como Verónica se excito al escuchar lo que le decía, pero sentí que debía hacer algo más por ella, fue entonces que me levante y poco a poco quite mi pantalón hasta dejar solo mi bóxer en mi cuerpo

    Yo: lo miras Verónica, casi puedo sentir como está a punto de romper mi bóxer, quiere salir a cualquier costo.

    Ella: uff, enserio te pongo así?

    Yo: más que eso Verónica, en realidad muero de las ganas de estar dentro de ti.

    Ella: ay Alex, yo quiero que te metas muy dentro de mi.

    Yo: Verónica, estas algo húmeda?

    Ella: si, muy muy mojada

    Yo: podría ver lo que ha salido?

    Fue entonces que ella me mostro lo mucho que había mojado unas bragas color azul rey, esa mancha de deseo se miraba tan deliciosa tanto que no podía resistir las ganas de lamer todo lo que salió, al punto que habría lamido por encima de su ropa interior, hasta dejarla completamente limpia.

    Ella: así se mira Alex

    Yo: ojala pudiera lamerlo y probar todo eso, apuesto a que no dejaría ni un poco del delicioso sabor que tiene tu coño Verónica.

    Fue entonces que deje salir mi pene, estaba increíblemente hinchado, punzando como un loco.

    Yo: ¿podría masturbarme y mirar tus tetas y tu coño Verónica?

    Ella: uff Alex, tu puedes hacer lo que quieras.

    Ella abrió sus piernas después de sacar sus bragas azules dejando ver como se abría su delicioso coño, ella miro un intento loco de mi parte por lamer mi pantalla a lo que ella respondió acercando su pc a su coño y abriéndolo, como si de alguna manera en nuestras mentes excitadas sintiera mi lengua probando su interior.

    Yo me masturbaba como un loco, mientras ella rosaba su clítoris y a la vez penetraba su coño muy duro con sus dedos.

    Yo: ojalá pudiera penetrar tu coño Verónica, lo penetraría hasta entrar en tu útero, hasta partirlo por la mitad.

    Ella: seria súper rico sentir como quieres entrar por completo.

    Los dos no paramos de masturbarnos hasta que casi al mismo tiempo sentimos como todo salía de nuestro interior, ella gemía muy fuerte mientras yo sentía como no podía soportarlo más así que solo le hice saber que terminaría.

    Yo: Verónica voy a venirme como un loco.

    Ella: sácalo Alex, deja que salga todo en mis tetas.

    Fue entonces que salió de mi mientras ella miraba y se notaba que tenía un orgasmo, me vine hasta que sentí que no había ni una gota más por salir mientras ella se estremecía y dejaba mirar como su delicioso coño se mojaba a chorros.

    A la fecha ella y yo seguimos hablando y dejamos que nuestros deseos se sacien el uno con el otro de vez en cuando.

  • Un sueño erótico en la distancia

    Un sueño erótico en la distancia

    Día lunes. En Colombia son las 4:30 am, suena la desagradable alarma del celular, esa que le indica que debe activarse, hace un frío implacable. A duras penas se sienta en la cama, se enrolla con la gruesa cobija, se estira y se pone en pie, da gracias a Dios por un nuevo comienzo, prende la luz suelta la cobija y se va directo al baño, baja sus pantaletas, se sienta a orinar, mientras sale el oriné mira la puerta de la ducha, y ahí comienza la lucha interna de sí entra o no, se levanta del trono, termina de desnudarse y casi que obligada de un salto entra, lentamente abre la llave de la regadera, espera a que caliente el agua y ¡Saz! De un sopetón entra a mojarse, a pesar de lo caliente que está el agua ella siente como si alfileres penetraran su cuerpo, rápidamente se baña, al salir monta hacer el café mientras se va vistiendo, prepara la lonchera con desayuno y almuerzo, termina de hacer el café con leche que tanto le gusta, se medio sienta en la silla de costumbre para deleitarse con el aroma y delicioso sabor, mientras su mente divaga en infinitas cosas, ya para cuándo termina toda su rutina y de soñar, son ya las 5:30 am, hora de salir de casa a un nuevo día de jornada.

    Fanny C. Debe ir trabajar muy duro los siete días de la semana, por 12 horas a un taller de costura a unos 30 kilómetros de distancia, eso le lleva aproximadamente una hora quince minutos, ya que debe tomar dos carros por puesto para poder llegar, su horario de entrada es a las 7:30 am, pero le gusta llegar con tiempo a la fábrica para desayunar tranquila y conversar un poco con alguna compañera de trabajo.

    Ella está fuera de su nación que tanto ama, y extraña. La situación país la obligó a irse en busca de mejoras económicas, a pesar de haber estudiado una carrera universitaria, le tocó pegarse a una máquina de costura recta sin saber mucho del oficio. Pero cuando se quiere sé puede, y aprendió rápido, siempre con la esperanza de volver o conseguir algún puesto de trabajo en su carrera.

    Cada jornada trabajada la hacía estar más cerca de alcanzar la meta de estar con él, ese hombre que dejó en Venezuela, su cabeza se llena de pensamientos, entre ellos está, llegar a casa cansada y saber que el la espera.

    Por fin llegó la hora de salida, sale disparada para tomar el bus que la llevara de vuelta a casa, ya sentada en la unidad, se relaja un poco, se coloca los auriculares para escuchar música, y así iba por todo el trayecto inventando en su mente cada escena sexual con él, sonreía con picardía y mordía su labio inferior pensando si él estuviera ¿Que ropita sexy se pondría para alborotar ese instinto lujurioso de su macho?

    ¡Ah ya se! Me pondría ese shorts tipo cachetero sexy de algodón blanco, que solo cubren la mitad de mis grandes y redondas nalgas piel canela, y una franelilla del mismo color sin brasier que se notan mis pezones, recuerdo que cada vez que me veía puesta ropa de ese estilo, los ojos se le salían y era inevitable que al pasar por su lado me dé un par de nalgadas y un fuerte apretón, y eso de verdad me encantaba cuando lo hacía.

    Y así va por todo el camino de regreso a casa, pensando y sonriendo de solo imaginar si él estuviera cuando ella abriera la puerta, en su mente pasa una película que la vive como si fuera real.

    Por fin llegó a casa, dejo todo sobre la mesa, preparó algo rápido de comer, después de cenar, se quitó toda la ropa y se fue a la ducha, al salir del baño envuelta en la toalla, se va a la habitación, se quita la toalla y se va colocado crema con olor a vainilla en todo el cuerpo, se pone esa prenda sexy que venía pensando, se tumbó boca arriba sobre la cama, puso música, cerró los ojos y comenzó a imaginar mientras aún estaba despierta, colocó una mano dentro del shorts, apretaba y pasaba el dedo medio por su depilado y humedecido coño, como deseaba que fuera la mano de él, abría más las piernas y buscaba darse más placer masajeando el clítoris. Con la otra acariciaba su largo cabello lacio castaño, y por momentos alternaba acariciando sus pequeños pechos con areola marrón y pezón oscuro, así estuvo por un rato hasta que no pudo más y el sueño terminó venciendo a la agotada mujer.

    Él al verla entrar a casa, sin mediar palabras la recibe con un fuerte brazo y un beso apasionado, sus manos están colocadas en las anchas caderas, las aprieta y acaricia, luego sigue tocando ese cuerpo que le gusta tanto, la toma por la pequeña cintura y la pega a su cuerpo. Tener en sus brazos a esa mujer piel morena de 1,70 cm, con escultural cuerpo hace que su sangre hierva, vuelve a besarla, sus lenguas se exploran mutuamente, solo se escucha el sonido de los besos como un chasquido húmedo y la respiración agitada, casi que jadeando.

    Él comienza a desabotonar el pantalón de ella y baja la cremallera, acto seguido los baja hasta los tobillos mientras ella con los pies quita sus zapatos y termina de sacar el pantalón.

    Ella está disfrutando ese momento a plenitud, se siente tan húmeda que piensa que va a chorrear por el entre piernas hasta llegar a los pies.

    Él está haciéndola sentir deseada, amada, querida.

    La desnuda por completo, ella solo se deja llevar por el placer que el imprime con sus caricias.

    «Te amo» le susurra al oído mientras acaricia en medio de las piernas, ella se abre más para darle paso a esas manos que la hacen vibrar.

    Comienza a arrancar literalmente la ropa de el con fuerza, con desespero, con ganas, hasta dejarlo desnudo para ella, sus ganas crecen más cuando el comienza a chupar sus senos y sigue con su mano puesta en la vagina, y un par de dedos la están masturbando.

    Ella comienza a frotar y apretar lo que tanto le gusta, luego se pone de rodillas ante él. Lo acaricia, lo besa, lo frota hasta que lo lleva a la boca.

    Él acaricia el cabello suelto, por momentos lo jala con fuerza y empuja la verga erecta dentro de la boca y la saca, ella saborea su pene, y va disfrutando cada embestida que el da.

    Él se detiene por un momento, la toma de las manos, la levanta, le dice que le dé un minuto, va a buscar la silla y la coloca cerca de la ventana. Ella ya sabe lo que sucederá, pero esta vez él le dice «amor, ponte de espalda colocando tus rodillas en el asiento y sujétate con ambas manos del espaldar y para el trasero».

    Se arrodilla tal cual el desea, el abre las nalgas y comienza a lamer su ano, mientras aprieta las grandes nalgas y perfora con la lengua, los gemidos de ella aumentaban cada vez más; y él podía mirar como la vagina goteaba el néctar cristalino que emana de la cueva.

    Él se arrodillo para que su cara quedará justo en su nalgas y siguió amasando ambos glúteos y metiendo la lengua en el orificio anal.

    Ella decía «dame duro que me gusta. Mete más tu lengua mira que eso es tuyo haz lo que quieras»

    Él al escuchar esas palabras se calentó mucho más, comenzó a meter el pulgar en el ano y dos dedos en la vagina y con la lengua daba lamidas en el clítoris, los dedos entraban y salían al ritmo de los movimientos de caderas. La lengua seguía lamiendo la raja y el excitado clítoris, el fluido se hacía cada vez más presente.

    El placer de ella aumentó a tal punto, que pegó un grito ensordecedor cuando estaba sintiendo la llegada del orgasmo, estalló de placer en los dedos y lengua de él, sus fluidos salían con presión a chorros, como si fuera orine, jadeaba con fuerzas y lloraba de placer.

    Él sintió las piernas de ella desmayarse y vio su piel erizada, fue ahí cuando se levantó luego de estar arrodillado largo rato y la penetró por la vagina sin darle tregua al descanso.

    Ella con voz agitada y cansada le suplicaba que le diera más duro, más fuerte, y con ganas. El la penetraba con fuerza y daba palmadas fuertes en sus nalgas, al punto de ponerlas rojas y marcar los dedos, eso a ella le daba más placer y excitación, hasta sentir que se iba de nuevo. Su orgasmo fue aún más fuerte y saco de su interior toda esa lujuria que lleva guardada.

    Cuando pidió gritando «ahora Mételo por detrás»

    Él sin pensarlo obedeció a su petición.

    Ella sentía la presión de la cabeza entrando y a pesar que le dolía pedía que no parara, ese dolor le causaba placer al máximo y decía repetidas veces «me gusta metelo todo hasta el final».

    Él se comenzó a mover al ritmo de ella y los testículos golpeaban su vagina mojada. Ella con una mano se comenzó a masturbar y luego apretar las bolas, sus alaridos de placer eran cada vez más fuertes.

    Él dijo voy acabar y le daba más duro mientras ella se movía más fuerte. Diciendo quiero esa leche dentro de mí.

    Él acabo plácidamente, expulsó tres chorros de semen dentro de ella, mientras le decía con morbosidad lo rico que se sentía cogerla por el culo.

    Poco a poco lo fue sacando, descanso un instante sobre la espalda de ella.

    Fanny C se quedó un rato más en el mismo lugar, aún sentía como su cuerpo temblaba; él se sentó a verla en esa posición, pasaron unos segundos cuando observó que el culo de Fanny C sé estaba cerrando lentamente, ella comenzó a pujar, cerraba y abría aquel orificio, volteó su cabeza y mirándolo fijo le dijo «¿Quieres ver cómo sale tu leche del trasero? La respuesta de él fue obvia ¡Sí! Se acercó y puso su cara muy cerca de sus nalgas, las abrió con ambas manos para tener una mejor vista.

    Ella se inclinó, arqueó la espalda, pujó fuerte, sé fue abriendo su dilatado culo, al instante comenzó a salir el semen y él se deleitaba viendo como chorreaba hacia su vagina húmeda, haciendo un camino por el muslo hasta caer en la silla.

    Después de ver ese espectáculo, la levanto de la silla, la beso y le dijo, ahora si vamos a bañarnos amor. ¿Cómo estuvo tu día de trabajo?

    … Sonó la alarma, ella de despertó sobresaltada, al abrir los ojos fue cuando cayó en cuanta que sólo fue un sueño, estaba sudada, tenía una mano dentro del shorts, al sacarla estaba mojada el shorts empapado, sus pezones endurecidos, y el cuerpo le temblaba.

    Suspiro, sonrió y agradeció por ese sueño tan maravilloso que pudo sentirlo como si hubiese sido realidad.

    De nuevo a la rutina.

    D A

  • Stairway to heaven

    Stairway to heaven

    Me invitaron a una fiesta donde solo conocía a unos cuantos y a otros más solamente de vista o por medio de redes sociales.

    Al principio me tardé en integrarme, pero al calor de las copas y de la música todo fue más relajado. Así fue avanzando la madrugada hasta que los invitados empezaron a retirarse o bien se iban a dormir. Y quedamos en pie un chico de esos a los que sólo conocía por redes y con quien en las últimas horas había estado bailando y platicando.

    Ambos todavía teníamos ganas de tomar y nos sentamos en las escaleras de la casa y compartíamos una copa. Platicábamos y reíamos, estábamos muy cerca uno del otro, yo sentada unos escalones más abajo de él y de un momento a otro, súper espontáneo, ya estaba besándole la verga por encima del pantalón y él no perdió el tiempo, se abrió el pantalón y yo empecé a devorarme su rica durísima erección, subía y bajaba con ritmo mientras el contenía sus gemidos.

    De repente él metió un su mano debajo de mi sostén y empezó a manosear mis senos de manera deliciosa, jugaba con las perforaciones de mis pezones mientras yo seguía felizmente mamando su miembro. Me excité más cuando me tomó del cabello me besó y me dijo: “la mamas delicioso, sigue que quiero que me acabes”.

    Así continué chupándolo como por media hora y disfrutaba viendo cómo se esforzaba para no venirse y para no hacer ruido. Hasta que no pudo más, sentí su vergota palpitar en mi boca y acto seguido un enorme chorro su semen calientito me llenó la boca, escurrió por mi garganta y un poco más por la comisura de mis labios. Pero yo no paré, me tragué su semen y se la chupé otro poquito mientras veía su cara de placer y como ahogaba un grito tapando su boca con sus manos.

    Lamí el semen que había quedado en su verga, le sonreí y él me dijo: «Tenemos que ir a fiestas más seguido, sobre todo si van a terminar así».

  • Los pies de mi amigo Esteban

    Los pies de mi amigo Esteban

    Habíamos terminado las clases, las vacaciones según lo planeado iban a ser fantásticas, y de hecho así lo fueron.

    Yo iba con Esteban para mi casa, desde que éramos pequeños fuimos súper buenos amigos, habíamos planeado todo una noche para jugar al súper Smash. (En ese entonces acababa de salir el Smash para wii).

    Él vive a unos 5 minutos de mi casa, y absolutamente todos los días hacíamos las tareas juntos. Esteban es algo gordito y de piel café (trigueño) y yo soy menos gordito que él, y blanco, haciendo que por nuestra amistad inseparable nos dijeran galletas oreo.

    Las calificaciones que llevábamos eran de las más altas, seguro por el trabajo en equipo que siempre hacíamos.

    Siempre que llegábamos nos íbamos a mi cuarto y ahí nos quitábamos los zapatos, siempre amaba ver los deditos chiquitos y gorditos de Esteban, y siempre me animaba a tocarlos, pero me daba pena, aunque siempre notaba que él ponía cualquier excusa para tocar los míos. (No sé si era por tocarlos, o únicamente era ilusión mía por las ganas que tenía de tocar sus pies.)

    Pues volviendo al relato, íbamos para mí casa, la partida de Smash sería genial! Entramos a mi habitación, y encendí la wii, me senté en el sofá y luego Esteban se sentó junto a mi bastante pegado pues era sofá individual.

    Estaba haciendo bastante frío ese día, y levanté mis piernas para enrollarlas y así sentir algo de calor, cuando en eso Esteban agarró mis pies con sus manos y los jaló un poco hacia él.

    —déjame calentarlos. —me dijo.

    Sentía súper rico como él me los sobaba y me daba pequeños masajes, había dejado de jugar solo para tocar mis pies! Cuando en eso él me pregunta.

    —¿Te enojarías si los lamo? —yo me sorprendí y le dije que obvio no me enojaría. No sé de donde agarré valor y le dije.

    —¿puedo tocar los tuyos también?

    Él me sonrió y los levantó poniéndolos en mis piernas, miré los pies más hermosos que jamás había visto cerca mío, sus deditos gorditos con sus uñas que hacían juego al tamaño me parecieron la cosa más linda.

    La pelea de Smash había parado por completo, y cada quien estaba lamiendo y saboreando el pie del otro.

    De repente miré al amigo de Esteban un poco alterado, y para mí sorpresa, mi amigo estaba igual! Pero lo ignoré pues estaba con los mejores pies del mundo, le lamí dedito por dedito, luego puse sus dos pies en mi pecho para sobarlos.

    Apagamos el juego y pusimos una película, solo la pasamos y nos fuimos a acostar a la cama, nos pusimos lado a lado y toda la película la pasamos sobando, masajeando y lamiendo los pies, a veces les dábamos uno que otro beso.

    —¿No te importa si me masturbo? —me pregunto.

    —No, si me dejas hacerlo igual. —le respondí.

    Y así empezamos a seguir con nuestros pies mientras nos masturbábamos, yo ponía sus pies en mi amigo y él hacía lo mismo.

    Llegó el momento donde él no aguanto más, y de mera coincidencia yo lo hice instantes después, llené toda la planta de su pie del líquido fecundador y él hizo lo mismo conmigo. Lo regamos un poco y luego juntamos ambas plantas del pie en señal de nuestra amistad.

    Ya era bastante de noche y decidimos dormirnos, quedamos tan cansados que ni nos volvimos a poner la ropa y nos acostamos de un solo.

    De repente sentí como sus pies se pegaban a los míos y me dijo.

    —Quiero sentir nuestros pies juntos toda la noche.

    Yo volteé y le sonreí, y así nos quedamos dormidos. Después de ese día, hacemos bastante seguido eso de tocarnos los pies, nuestras novias jamás lo han sabido, y juramos que sería nuestro secreto de por vida.

    Escribo esto por algo que nos pasó justo ayer, y antes de contarlo quisiera ver cómo reaccionan ustedes a nuestro primer fetichismo.

    Les repito de nuevo, los pies de Esteban son los mejores pies del mundo, tienen la suavidad perfecta, el color perfecto, la forma perfecta (gorditos) los dedos perfectos, las uñas perfectas, todo es perfecto.

    Hacemos buen dúo pues somos del mismo tamaño, y mis pies son un poquito más grandes que los de él, pero según él, así le gustan más, y pues yo amo a los de él.

    Si me reciben bien esto, contaré que fue lo que nos pasó hace poco.

  • Me tragué 24 centímetros

    Me tragué 24 centímetros

    Empezamos a coquetear por Instagram, respondimos a las historias del otro etc. Él solía subir fotos donde se notaba que estaba bien dotado pero jamás me imaginé que tanto, después de todo no hay que creer todo lo que se ve en redes.

    Un día empezamos a coquetear más y la plática subió de tono, total que nos quedamos de ver para ir a un hotel, ¡Yo tenía que ver que tan grande estaba esa verga!

    Llegó el día, nos reunimos en una plaza cercana y, cual sería mi sorpresa al ver llegar a un chico de más de 1.90 de estatura (lo cual era muy buena señal) total nos encaminamos a un hotel, llegamos y mi cuerpo temblaba de nervios.

    Nos comenzamos a besar, luego a tocarnos, y sentí algo duro que chocaba contra mi abdomen, llevé mis manos hacía él y… ¡Wow! ¡Una verga enorme que no me alcanzaban las dos manos para tomarla! En ese momento me encendí, comencé a besarlo más apasionadamente, a tocar su verga, a frotar mi cuerpo contra ella.

    Él bajó su ropa interior y dejó al descubierto su miembro, me quitó mi lencería, me tomó de la cabeza y la llevó hacia esa palpitante, colosal verga. Yo hice mi mejor esfuerzo por darle un rico oral pero parece que el disfrutaba ver cómo me atragantaba y salían lágrimas de mis ojos al tratar de introducirlo más a mi boca.

    Y después llegó lo que tanto anhelaba, se acostó sobre la cama y dijo que lo montará, que me lo introdujera yo sola poco a poco. Y así lo hice, me puse sobre él y empecé a meterlo en mi pequeña y apretada vagina que para entonces estaba goteando de lo excitada que estaba.

    Centímetro a centímetro sentí como se iba abriendo paso, como cada vez mi vagina se expandía más, y entonces sentí un pequeño dolor en el vientre y pensé: «Ya está, ya lo tengo todo adentro», pero al llevar la vista hacia abajo, vi que aún me faltaban unos centímetros por meter y me dejé caer para que entrarán de golpe. Mmmh por fin tenía esa verga tan gigante y rica hasta el fondo, fue un dolor tan placentero que no pude evitar lanzar un grito, y empecé a mover mis caderas como loca para sentirlo por completo, él me tomó de las nalgas y me dio con todo desde debajo mientras lamia mis pezones. Se levantó y me puso en mi posición favorita; en cuatro, de a perrito como la perrita que soy.

    Jugueteó torturándome un rato frotando la puntita en mi clítoris y sin avisarme me clavó de golpe su verga, yo gemí de dolor y placer, sentí como llegó hasta mi abdomen, incluso pude ver como se formó un bultito a través de él. Ahí fue cuando no tuvo piedad y me cogió tan duro y yo gritaba tanto que los demás huéspedes han de haber pensado que me estaba matando. Y si de cierta forma yo sentía que moría de placer con cada fuerte embestida.

    Me la sacó y me empujó sobre en mini bar se acomodó y me volvió coger por detrás esta vez jalándome el cabello y diciéndome que era su putita, que me iba a dejar sin poder caminar en días y que quería verme llorar, le respondí que entonces me cogiera más duro y ufff pasó algo que no esperaba, me tomó de las piernas con fuerza hacía él y sin sacármelo me cargó y empezó a mover su cadera muy rápido mientras yo gritaba. Estaba hasta adentro de mí, moviendo esa anaconda en mi interior como un salvaje. Yo no podía estar más excitada, y entonces me apretó con mucha más fuerza y lo sentí correrse deliciosamente adentro muy adentro de mí lanzando un gran gemido.

    Me puso sobre la cama y me sacó la verga, sentí como escurría su semen de adentro de mi adolorida vagina.

    Se recostó a mí lado acarició mis pezones y luego bajó, y bajó, puso su cabeza entre mis piernas y me empezó a dar un oral delicioso, chupaba y succionaba mi clítoris de manera que me hacía retorcer y así continuó por varios minutos hasta que me hizo tener un orgasmo magnífico.

    Unos momentos de descanso y estaba listo para volver a darme, me abrió las piernas con brusquedad y me metió su verga poco a poco primero después con la misma brusquedad con la que abrió mis piernas me empezó a coger salvajemente, puso su mano en mi cuello y me asfixiada mientras me cogia como animal en celo. Yo no podía gritar solo disfrutaba y ahogaba los leves gemidos que podía emitir con tu gran mano rodeando mi cuello.

    Así continuó un rato, luego me cargó y me puso sobre un potro del amor que había en la habitación. Me puso boca abajo con mi trasero grande redondo apuntando hacia arriba, me dio una buena sesión de nalgadas hasta que mi piel quedó muy roja, se acercó a mi oído y me dijo que me relajara, abrió mis piernas y metió poco a poco la puntita en mi culo apretadito, continuó metiendo otros centímetros más y más, hasta que me embistió y yo grité, dolió, sí, pero no tanto como imaginaba, yo estaba tan excitada que a los pocos minutos empecé a menear mis caderas con gran parte de su miembro metido en mi culo, como dándole la indicación de que podía empezar a cogerme salvajemente.

    Y así lo hizo me dio tan duro que sentí que me desmayaba cuando por fin metió sus 24 centímetros hasta el fondo de mi. Inmediatamente después de clavarme toda se vino adentro de mi culo.

    Descansamos un par de horas y me despertó dedeándome, yo no abrí los ojos y el metió dos dedos en mí y me masturbo como un experto. Y aquí vendría la última ronda, pero no la menos placentera. Me sentó sobre él y metió toda su verga en mi puchy, agarró mis tetas y me dijo: muévete perrita. Entonces yo le di unos sentones deliciosos, sentía su verga entrar y salir de mi ya muy castigada vaginita, pero no importó seguí disfrutando su vergota moviéndome en círculos, arriba y abajo hasta que se puso de pie, me dijo: abre esa boquita y se corrió en ella, yo trague felizmente su leche y deje limpiecito su monstruo con mi lengua mientras él acariciaba mi mejilla.