Autor: admin

  • Comida familiar post-cuarentena

    Comida familiar post-cuarentena

    En esta historia os quiero contar lo que pasó la semana pasada en una comida familiar que no esperaba que fuese otra cosa más que una comida normal y corriente, atentos…

    Como está siendo habitual estas semanas en España, las familias se reúnen para celebrar comidas/cenas/meriendas después de haber estado sin poder estar juntos durante las semanas de la cuarentena por el COVID-19.

    Mi familia no iba a ser menos, no somos muchos miembros, pero nos gustar celebrar comidas cada cierto tiempo con el fin de vernos porque no todos vivimos en la misma zona del centro de España.

    Yo soy Edgar, hijo único, tengo 28 años y soy masajista aunque cuando empezó la cuarentena me vine a casa con mis padres ya que era una tontería seguir en mi piso solo y sin trabajar, mido 1,74 y peso unos 73 kg. Soy moreno, de pelo rapado y ojos azules, siempre he hecho ejercicio y he tenido un buen cuerpo, aunque actualmente llevo tiempo sin hacerlo debido a una lesión que tuve en la espalda y de la que me estoy recuperando, pero aun así, se nota que lo he hecho ya que tengo un buen físico.

    Mis padres organizaron con mis tíos y primos una comida en un restaurante que ha abierto sus puertas hace poco tras la cuarentena, el típico sitio de comidas familiar, un sábado y que como siempre, acabaría cuando mis primos más pequeños (5 y 7 años) empezaran a pelearse y entonces yo por mi lado huiría con mis colegas.

    A las 13:45 estábamos en el local, mis tíos Juan (hermano de mi padre) y su mujer Sonia ya estaban allí junto a los dos pequeños terremotos que os mencionaba antes (Santiago y Hugo) que conforme me vieron se lanzaron a saltarme encima y a retarme a pulsos porque según decía Santi, ya eran grandes y fuertes.

    A las 14:30, mis tíos Sebastián (hermano de mi madre), mi tío Víctor (también) y la mujer de Sebastián, Celia, aún no habían llegado y mis padres les llamaron, resultó que habían pillado atasco a la salida de Salamanca debido a un accidente, y estaban llegando ya.

    Sebastián y Celia eran una pareja curiosa, él, jefe de conservación en un museo en Madrid, ella psicóloga, él, calvo y bajito, ella, rubia y de 1.90, siempre me hacía gracia verlos y eran muy simpáticos los dos. Tenían dos hijas Noelia de ahora 13 años y Susana de 18 o 19, no estoy seguro, ya que viven en Madrid y los vemos una vez cada año o año y medio.

    Llegaron poco después, besos y abrazos para todos y todas y nos sentamos en la mesa, los niños (entre los que se me incluye por ser hijo) en un lado), y los padres en el otro. A mi lado se sentaron los terremotos que no paraban de jugar y enfrente de nosotros, mi tío Sebastián, Noelia y Susana respectivamente.

    Susana era una chica bajita, no llegaría al 1,60, de pelo castaño y largo, cara redonda y ojos marrones, acompañados de unas gafas redondas como su madre y era delgada. Hacía algo más de un año que no la había visto, y ahora que estamos en verano, la empecé a ver bien. Ella no paraba de mirar el móvil, era una chica tímida, siempre lo había sido, y desde mi sitio podía observar que estaba en YouTube mirando qué videos habían subido sus youtubers favoritos.

    Me dispuse a hablarle de ello, ya que compartíamos afición por varios de ellos, sobre todo por los que subían contenido de videojuegos (cosa que a ambos nos había encantado siempre).

    -Bueno Susi, qué tal va todo? Le estás dando caña a algún juego?

    -Bien, sí, bueno, estoy jugando a Los Sims 4, me encanta hacer el mal jaja.

    Mantuvimos una conversación sobre Los Sims mientras yo me fijaba en ella, se había puesto muy guapa, llevaba puesto un vestido de pecho ceñido con una falda ancha pero corta de color marrón claro, sobre el vestido ceñido se notaban un par de tetas que, sin ser extremadamente grandes, se notaba que tenían un buen tamaño. Ella debió de fijarse en a dónde miraba porque en una frase, hizo un silencio repentino y se puso roja como un tomate, aunque siguió hablando. Joder, me estaba poniendo muchísimo, estaba deseando llegar a casa para hacerme una paja que mi polla me estaba pidiendo a gritos.

    La comida continuó con normalidad un rato pequeño (unos 10-15 minutos), hasta que decidí quitarme la chaqueta, debajo llevaba una camiseta negra (nada del otro mundo) con un dibujo de un soldado en plan tribal, pero cuando me la quité, Susana apoyó el móvil en la mesa y se sacudió la melena, y mientras dejaba la chaqueta en el respaldo de la silla, me fijé en que miraba mis brazos y pectorales con vicio, con cara de haberse puesto cachonda… uff, cómo me puse en ese momento. Decidí aumentar el nivel del juego y remangarme las manchas cortas de la camiseta hasta el hombro con la excusa de que me estaba tostando, “estamos a 25 grados aquí dentro” dije y me fijé que Susi se mordió el labio inferior sin dejar de mirar mi ahora brazo izquierdo, que es el que le quedaba cerca ya que estaba girado dejando la chaqueta.

    Durante un ratillo, mantuvimos conversaciones sobre chorradas o videojuegos pero la tensión fue aumentando en el momento en que mi padre se puso a hablar de las escenas de sexo de la serie de Vikingos, que estaba viendo ahora, lo que provocó que mi madre y mi tía le riñesen porque los niños estaban delante. En ese momento, Susana volvió a mirar el móvil sin decir nada y de repente:

    -Voy al baño -dijo.

    -Yo también -dije sin saber porqué.

    ¿A qué vino eso? ¿en qué pensaba?, pero mi cuerpo me llevó hasta el baño casi por inercia. Susana estaba en la puerta entrando a la zona en la que están las puertas de separación de baño para Dama a la izquierda y Caballero a la derecha, y yo por inercia la abrí para dirigirme a mi baño a lavarme la cara porque me había puesto malo pensando cosas guarras (joder, que es mi prima); pero cuando abrí la puerta al pasillo de separación, mi prima estaba allí y me dijo:

    -Edgar, sin chorradas, sé que me estabas mirando las tetas, y yo te estaba mirando el cuerpo, mira, sé que esto es una locura, pero quisiera pedirte que follases conmigo ahora mismo.

    Me quedé helado, ¡¿QUÉ?! -le dije.

    -Pues eso, que sé que te has puesto cachondo y te has quitado la chaqueta a propósito porque siempre has sido friolero… No me digas que no.

    No sabía qué responder, sabía lo que tenía que hacer pero… me salió solo…

    -No podemos decir nada de esto eh? -ya no había vuelta atrás.

    -No tranquilo, nunca. Es que aparte de que siempre te has portado bien conmigo, nunca lo he hecho… y mis amigas ya se ríen de mí… y joder, que me pones mucho.

    Me puse tenso, no me esperaba que me contase lo que sentía así de repente, pero le dije: tranquila, esto es entre nosotros.

    Entramos al baño de hombres y nos metimos en uno de los servicios cerrando la puerta, y sin esperar, ella se lanzó a mis brazos, y pensé: -esta niña me va a matar.

    Me besó en la boca con uno de los besos más apasionados que me han dado en la vida, follar no habría follado, pero besar seguro, porque lo hacía mejor que muchas con las que había estado yo antes.

    Mientras me besaba me dijo: agárrame las tetas que los estás deseando. Le quité la parte superior ceñida del vestido soltando la cremallera y lo que ví fue increíble, no es que tuviesen una forma y un tamaño decente, es que el vestido era muy ceñido, y lo que había dentro eran unas tetazas que me dijo ella en ese momento: -son una 95D. Con unos pezoncitos pequeños y rosados, con una forma muy bonita, nada caídas, joder, era increíble.

    -No puedo más -le dije- me la chupas?

    -Sí claro.

    Me sacó la polla de los pantalones, no tengo una polla enorme pero nunca se me han quejado, pero conforme la vió puso esa cara de vicio que tanto me había puesto en la comida, y me empezó a hacer la mamadas más húmeda que me han hecho, le salía la saliva por los laterales de la boca, estuve a punto de correrme de lo cachondo que estaba como a los 3 minutos, que la levanté, y aprovechando que no pesaba nada, la alcé en brazos tras quitarle el tanguita que llevaba, de color verde claro y me dirigí a comerle el coño que para mi sorpresa, llevaba perfectamente depilado.

    QUE MARAVILLA! Ese chochito rosita con los labios cerrados, uff, se lo comí lo mejor que pude, y debí de hacerlo bien porque se corrió en mi boca.

    Después me dijo que se la metiese, suave porque era la primera vez, y que no me preocupase por correrme ya que tomaba la píldora porque le regulaba el período, así lo hice. Tenía el coño completamente empapado y abierto, cogí mi polla y empecé a hacer presión poco a poco, ella ponía cara de dolor pero me decía que siguiese, y al final, de golpe entró mientras soltaba un gemido de placer y dolor mezclado. Empecé a follarla suave, despacito, y ella me fue pidiendo que le diese más rápido por favor. La puse contra la pared del retrete y empecé a darle fuerte, ella tenía los ojos en blanco y no paraba de gemir.

    Seguí dándole duro, pero no aguanté mucho debido a que estaba deseando correrme, pero a ella no le importó, cuando me corrí, ella se corrió, soltó un grito enorme en el momento en el que el primer chorretón le entró y empezó a temblar de placer.

    Me besó de nuevo, se limpió en el retrete, nos lavamos ambos y nos vestimos.

    -Gracias Edgar enserio, me ha gustado mucho, ha sido bestial.

    -No me las des, gracias a ti, joder, estás brutal.

    Ella se puso roja, me volvió a besar y salió un minuto antes que yo, me lavé la cara, sonreí y salí a seguir comiendo.

    Susana, muy avispada, dijo que se le había caído el móvil al suelo y no iba, y que había estado ayudándole a sacar la tarjeta Sim, porque ella no podía, lo cual fue un argumento que ninguno pudo discutir.

    Cuando acabó la comida, todos nos despedimos, sabiendo que en un tiempo, sobre todo a los madrileños, no los veríamos. Susana me pidió el móvil para (dijo en voz alta) hablar para quedar y jugar online. Se lo di sin problema, cuando me monté en el coche, recibí un whatsapp suyo:

    -Cuando quieras repetimos, ven a Madrid en dos semanas que los papás se van de fin de semana.

    Miré adelante y sonreí.

  • La ahijada seduce al padrino y a la madrina

    La ahijada seduce al padrino y a la madrina

    Adolfo, mi compadre, un hombre que se hiciera millonario con el contrabando de tabaco rubio, le había prometido a su hija lo que quisiera si sacaba buenas notas.  La muchacha las había sacado y le pidió un viaje a Bali.

    Mi amigo Alfonso iba a cumplir diez años de casado y Adolfo lo sabía. Jugando una partida al dominó, le preguntó:

    -¿Qué le vas a regalar a tu mujer en el décimo aniversario de boda?

    -La llevaré a cenar a algún sitio y a ver si antes encuentro otra pareja dispuesta a al intercambio,

    -Eso no te sería difícil. ¿Qué te parece si la llevas a Bali?

    -¿Qué Bali? ¿El de Indonesia?

    -Sí, tu ahijada quiere ir ahí de vacaciones y mi mujer y yo no la podemos acompañar. Te pagaría los siete días de estancia y aviones de ida y vuelta.

    Alfonso no se lo pensó dos veces.

    -Cuenta conmigo.

    -Solo una cosa, a mi hija no la llevéis a ninguna sala de masajes.

    -¡No estoy tan loco cómo para llevar a mi ahijada a un sitio así!

    Paso a contar la historia en primera persona.

    Llegamos al aeropuerto de Denpasar a las 10.45. Nos estaba esperando una guía balinesa, delgada, baja, morena y muy hermosa que también era chófer y que no paró de sonreír a Anastasia, hasta por el espejo retrovisor le sonreía. Nos llevó a Canggu a un complejo hotelero con una habitación triple. O sea, con tres camas, dos juntas y una separada. Ellas deshicieron las maletas y yo me fui al bar. La chica de detrás de la barra me recomendó un Arak. Desempolvé mi inglés y tuve una pequeña charla con ella. Ya la había hecho buenas migas con la chavala cuando llegaron mi esposa y Anastasia. Anastasia llevaba puestos unos shorts vaqueros con cinturón ajustado, un top azul corto, de tirantes y unas zapatillas deportivas blancas sin calcetines y mi esposa un vestido de flores y unas sandalias. La verdad es que la vista se me iba para mi ahijada… Es que con su cabello rubio recogido, sus grandes ojos azules, sus largas y estilizadas piernas, sus pezones marcándose en el top, con sus labios y sus uñas pintadas de rosa y su sonrisa angelical, no mirarla sería un pecado. Cuando llegaron a mi lado mi esposa me preguntó:

    -¿Qué bebes?

    -Arak, una bebida hecha con arroz.

    Anastasia sintió curiosidad.

    -¿A qué sabe, padrino?

    -A anís.

    -Yo también quiero.

    Tomamos los tres Arak, conversamos… Volvieron a la habitación contentas y riéndose por cualquier tontería. Había que desnudarse para ir para cama. Mi esposa me dijo:

    -Vete al baño, Alfonso, que nos tenemos que desnudar.

    Fui a echar una meada. Yo en verano e invierno siempre duermo en calzoncillos, y así me metí en la cama, al lado de mi mujer y del lado de la cama de Anastasia que estaba tapada con una sábana en la que se marcaban los pezones de sus grandes y redondas tetas. Con ella allí no podía hacer nada con mi mujer, así que me eché a dormir. Una hora después, más o menos, aún no conciliaba el sueño. Mi esposa ya dormía.

    La habitación estaba iluminada por la luz de la luna. Miré para la cama donde dormía Anastasia. Tenía al descubierto las tetas, una pierna y parte de su pubis, un pubis con vello rubio. Me empalmé. Acaricié la polla muy suavemente. Anastasia abrió los ojos, vio que la estaba mirando y en vez de taparse se destapó del todo. Yo hice lo mismo. Anastasia vio la polla empalmada. Puso su mano izquierda sobre la teta izquierda y la derecha la metió entre sus piernas. Mirándome a los ojos y mirando mi mano subir y bajar por mi polla comenzó a masturbarse.

    A veces pasaba su lengua por los labios, otras se mordía el labio inferior, otras bajaba la cabeza y pasaba su lengua por los pezones y areolas y otras sacaba los dos dedos del coño, los chupaba y después acariciaba con ellos los pezones. A los diez o quince minutos aquello fue demasiado para mí. Sin poder evitarlo de mi polla comenzó a salir leche a raudales. La mano de Anastasia se movió más aprisa entre sus piernas. Su pelvis se levantó, sus ojos se abrieron cómo platos, se cerraron de golpe, luego apretó las piernas y se corrió mirando para mi con los ojos vidriosos y gimiendo en bajito.

    A la mañana siguiente desayunamos huevos con langostinos, fruta y café. Anastasia no paraba de mirarme cuando mi esposa no la veía. Tenía que convencer a mi mujer para que me dejara follarla, pero antes tocaba otra cosa, Surf, para lo que la guía balinesa nos llevó a la playa de Batu Bolon. Allí nos dieron las tablas. Yo ya había cabalgado algunas olas, pero en Galicia y con vela. En fin, que no hice el ridículo porque las olas eran pequeñas y porque Anastasia no hacía más que caerse de la tabla y mi esposa ni lo intentó.

    De vuelta, la guía balinesa nos llevó a una sala de masajes y se quedó a mirar, a mirar a Anastasia, a mi polla no le echó ni una mirada.

    Allí estábamos tumbados boca abajo en tres esteras, yo estaba en el medio, mi esposa a mi derecha y Anastasia a mi izquierda. Un joven balinés masajeaba a mi esposa y dos bellezas balinesas nos masajeaban a Anastasia y a mí… Cuando nos dieron la vuelta ya mi esposa estaba cachonda, lo noté en que cerró los ojos cuando el joven masajeó sus ingles, esto, unido al olor a jazmín del aceite y a los dulces gemidos de Anastasia hicieron que me empalmara.

    Mi esposa sonrió cuando mi masajista masajeó mis huevos y masturbó mi polla, y sonrió cuando vio a la otra balinesa masajeando las tetas de Anastasia, y volvió a sonreír cuando el joven balinés masajeó las suyas. Mi esposa no era mucho de gemir, pero empezó a hacerlo cundo dos dedos del balinés se metieron en su coño. No iba a ser él el que la masturbara, iba a ser ella la que lo hiciera moviendo su pelvis hacia arriba, hacía abajo y alrededor.

    Luego vi cómo Anastasia, le cogía la cabeza a su masajista, la besaba con lengua y después le llevaba la boca al coño mientras miraba para la guía balinesa. La otra balinesa, masturbando mi polla muy lentamente, la metió en la boca y me la mamó. El balinés sacó su polla, una polla pequeña, pero más gorda que la mía. Mi mujer se abrió de piernas y la folló. Mirándola, me corrí en las tetas de la balinesa. Mi esposa le encharcó la polla de jugos al balinés. Anastasia fue la última en correrse. Mi mujer, la guía balinesa y yo vimos su cara de ángel al correrse y en ese momento supe que no era yo solo el que la quería follar.

    Esa noche volví al bar. Ellas se quedaron en el dormitorio. La chica que atendía la barra estaba acompañada por otra joven balinesa. Volví a hablar con ella y le entré, le entré pensando que no iba a entrar al trapo, pero entró, aunque me pidió 750 rupias por una masturbación. 10 dólares no me iban ni me venían y por ver cómo me la pelaba aquella preciosidad bien valía la pena pagarlas. Acepté. Habló con la otra chica, salimos por la parte de atrás del bar y entramos en una casa de bambú.

    No esperaba que lo hiciera, pero se desnudó. Sus tetas eran pequeñas, con areolas muy oscuras y sus pezones pequeños. Me mandó sentar en una silla de bambú que había a los pies de la cama. El caso fue que le había entendido mal, la masturbación se la iba a hacer ella, yo solo podía mirar y masturbarme. Era el juego «mírame pero no me toques.»

    En fin, que aún valía la pena, por lo novedoso. La balinesa, que parecía una muñeca, con las piernas abiertas y colgando de los pies de la cama comenzó a frotar el clítoris de abajo a arriba y de arriba a abajo solo con un dedo. Yo quité la polla empalmada y la meneé. La balinesa tenía los ojos cerrados. Era como si no sintiera ni padeciera. Si no fuera por los movimientos del dedo se diría que estaba muerta, pero no lo estaba, su chocho con poco pelo se fue abriendo y no tardé en ver su vagina abriéndose, cerrándose y echando jugos, jugos que mismo parecían de coco por lo blancos que eran. No pude resistirme, le pasé la lengua por el coño. No me dijo nada, bueno, si dijo, pero en forma de gemidos. Siguió frotando el clítoris con el dedo hasta que jadeando cómo una perrita comenzó a desbordar. Le metí la punta de la lengua dentro de la vagina y sentí el calor y el sabor agridulce de su corrida mientras me la apretaba y me la soltaba al cerrarse y abrirse.

    Al acabar de correrse le froté la polla en el coño y me corrí en la entrada de su vagina y en sus tetas. Después lamí mi leche de las tetas y del coño, por ver si se ponía cachonda y me dejaba follar, y me dejaba, pero por 50 dólares. No los llevaba conmigo si no se los pagaría. Le di 1000 rupias en vez de las 750 que me pidiera, guardé la polla y me fui.

    Cuando regresé a la habitación ya mi ahijada y mi esposa estaban durmiendo.

    A la mañana siguiente la joven guía balinesa nos llevó a las cataratas y las cascadas de Munduk, los lagos gemelos de Gobleg, el templo Pura Ulun Bratan, el lago Bratan, los arrozales de Jatiluwich, donde a nuestras espaldas se besó Anastasia con ella, al mercado de Tebanan, el templo de Pura Tanah Lot y el templo de Pura Batu Bolong.

    Por la noche, a la hora de ir para cama, mi mujer y Anastasia, una después de la otra se pusieron los picardías en el baño, y después se metió cada una en su cama.

    Anastasia, a los diez minutos, más o menos, le dijo a mi mujer:

    -Tengo unas ganas locas de correrme, madrina.

    Mi mujer me miró y me dijo:

    -El compadre nos mataría si se enterase, de que jugamos con su hija.

    Me importaba una mierda mi compadre, aun así le dije:

    -Y si se entera de lo del masaje, también. Ven Anastasia.

    Anastasia se desnudó y nosotros lo hicimos con ella. Nos destapamos. Se metió en la cama y se puso en medio de los dos. Cogió mi polla en estado morcillona y comenzó a menearla. Me besó. Sus labios y su lengua eran frescos cómo la aurora. Cogió la cabeza de mi esposa y puso su boca en mi boca. Nos besamos, luego la besó a ella, después le llevó la cabeza a mi polla, que ya estaba dura, e hizo que me la mamara mientras me la masturbaba, al rato la apartó y me la mamó ella. Mi esposa me volvió a besar. El silencio que guardábamos lo rompió una voz dulce y con acento balinés. Venía de la habitación de al lado donde vivía una inglesa de mi edad, 30 años, que le debía estar comiendo el coño a la joven, ya que gritó: «¡¡!I´m coming!!!» Anastasia le preguntó a mi mujer:

    -¿Me dejas ser la primera, madrina?

    -Anda, sube y pónmelo a tono.

    Mi esposa no solo le dejó ser la primera, sino que me cogió la polla y la llevó a su coño. Anastasia bajó el culo y mi polla entró muy, muy apretada. Si no era virgen poco le faltaba. Al tenerla toda dentro, dijo:

    -¡Uuuuy que gusto!

    Me puso un pezón en los labios y mientras se lo lamía y le chupaba la teta, redonda, dura, con areolas color carne y pezones pequeños, ella metía y sacaba la polla. Mi mujer se puso detrás de ella y comenzó a jugar con la yema de un dedo en su ojete. Anastasia se incorporó, le echó un brazo al cuello y al encontrarse las bocas le metió la lengua hasta la coronilla. Mi esposa le metió el dedo en el culo. Se volvió a echar sobre mí y con el dedo follando su culo y su coño follando mi polla, cabalgó, y cabalgó cada vez más aprisa hasta que se apretó contra mí… Sentí los espasmos de su cuerpo en mi cuerpo y la fuerza de su corrida en mi lengua, lengua que casi devora.

    Al acabar, mi esposa le quitó el dedo del culo, me lo dio a oler y cuando me lo iba a meter en la boca, Anastasia lo cogió y lo chupó.

    Mi esposa estaba cachonda de verdad. Al quitarse Anastasia de encima, y echarse boca arriba sobre la cama, en vez de montarme, se echó encima de ella, le besó el cuello y ya se tiró a saco a su boca. Le dio un beso con lengua tan largo que la puso perra de nuevo. Yo, meneando la polla, vi cómo mi esposa le agarraba las tetas, se las apretaba, y con ganas atrasadas, desmadrada, le lamía los pezones y le mamaba las tetas. Ya ni pasó por su ombligo. Aquella no era mi mujer, era un torbellino, era una perra en celo, era la lujuria personificada. Se puso a cuatro patas, metió la cabeza entre sus piernas y le comió el coño. No se lo comió, lo degustó, ya que gemía, con cada lamida.

    En diez años no la sintiera gemir tanto. Sus gemidos aún excitaban más a Anastasia, y a mí ya ni te digo. Me arrodillé detrás de mi mujer y le lamí el coño. La lengua llegó pringada de jugos al ojete. Se le abría y se le cerraba esperando a que mi lengua entrara en el agujero… Se lo follé con la lengua. Los gemidos de las dos ya eran escandalosos… Le clavé la polla en el culo de una sola estocada. No dijo palabra, tenía la lengua ocupada. Unos cinco minutos después, en la habitación de al lado volvimos a oír aquella voz dulce, sensual, diciendo: «¡I´m coming!». Anastasia le cogió la cabeza a mi mujer y moviendo la pelvis alrededor y mirándome a los ojos, dijo:

    -¡Me corro!

    Sus ojos se cerraron y no los abrió hasta que acabó de correrse. En ese momento, mi mujer, se incorporó, le giré la cabeza, besé su boca llena de jugos. De su coño salió un chorro de meo que bañó a Anastasia y después una corrida pastosa que recogí en la palma de mi mano, froté en su espalda y después lamí.

    Quedé con la polla flácida. Ellas también estaban boca arriba recuperando el aliento. Sonó el celular de Anastasia. Era su padre. Le contó cuatro mentiras mientras se secaba el meo con las bragas y después le colgó. Esa noche ya no volvimos a follar.

    Al día siguiente la guía balinesa nos trasladó a Ubud, a otro complejo hotelero con tres camas. Allí íbamos a visitar el bosque de los monos, el palacio y el mercado. La guía nos dejó comiendo. Al regresar al hotel sentimos ruidos en el baño, fui a ver pensando que sería algún macaco, pero no, no era un mono, era la guía balinesa, estaba recostada dentro de la bañera y sobre el agua flotaban cientos de pétalos de diferentes flores. Parecía una diosa esperando a que la desvirgaran. Mi esposa me preguntó:

    -¿Y esta que hace aquí?

    -Vamos a tomar algo. Déjalas solas.

    -¡¿Qué sabes tú que yo no sepa, calamidad?

    -Que quieren estar solas. Vi cómo se besaban en los arrozales.

    Anastasia, desnudándose, nos dijo:

    -Podéis mirar, pero es lesbiana, no puedes hacer nada con ella, padrino.

    Mi esposa y yo veíamos el baño desde la cama. Vimos cómo Anastasia, desnuda, se metía en la bañera. La guía balinesa se levantó. Tenía el coño con pelo de rata, o sea, no era tupido. Sus piernas eran delgadas, su cintura estrecha, sus caderas anchas y sus tetas cómo naranjas de Valencia.

    Con una esponja, a la que echó gel, le enjabonó el cuello, los hombros y las tetas, luego sus manos masajearon las tetas de Anastasia mientras le sonreía, después le enjabonó las nalgas, las piernas y el coño y le dijo palabras que no llegué a entender. Después le frotó con las manos las nalgas y las piernas, Anastasia, se sentó en el borde de la bañera. La guía balinesa le beso los pezones, le mamó y acarició las tetas… Hacía todo muy despacito, era como si quisiera que aquel polvo durase horas.

    Mi mujer y yo estábamos con las espaldas apoyadas a la cabecera de la cama, me sacó la polla empalmada y comenzó a menearla con la misma lentitud que la guía balinesa le estaba tocando el coño y las piernas a Anastasia.

    Anastasia acarició sus tetas enjabonadas. La guía balinesa le echó agua con pétalos en el coño, le abrió las piernas, y otra vez con una lentitud pasmosa hizo círculos con la yema del dedo pulgar sobre su clítoris. Anastasia, al ratito, se corrió cómo una angelita, sin ruidos, sin temblar, sin nada, solo echó la cabeza hacía atrás y le dijo a la guía balinesa:

    -Me corro, morena.

    Cuando Anastasia acabo de gozar la guía balinesa se sentó a su lado en el borde de la bañera, le cogió una mano y acarició con ella sus pequeñas tetas. Anastasia le echó las dos manos a las tetas y las masajeó cómo se las había masajeado a ella, con lentitud. La guía balinesa le metió dos dedos en el coño y Anastasia comenzó a gemir de nuevo.

    La palma de la mano de mi esposa ya estaba mojada con mi aguadilla.

    La balinesa cogió a Anastasia por la nuca, sacó la lengua para que se la chupara, se la chupó y después se comieron las bocas. Se masturbaron mutuamente. Ya gemían las dos.

    Mi esposa se desnudó y dándome la espalda metió mi polla en su coño, un coño que ya echaba por fuera.

    Vimos cómo la guía balinesa movía su mano con rapidez en el coño de Anastasia, Anastasia también la masturbó a prisa. La guía balinesa se acarició el clítoris, la miró a los ojos, mordió el labio inferior, y antes de comerle la boca, le dijo:

    -iI´m coming!

    Era la misma voz que oyéramos en la otra habitación, solo que esta vez la acompañaban unos gemidos de placer que parecían llantos.

    Al acabar de correrse se volvió a meter en la bañera, le volvió a abrir las piernas y le comió el coño con la lentitud de que hiciera gala antes. Anastasia se volvió a acariciar las tetas. Poco después sus gemidos fueron subiendo de tono hasta que apretando las tetas, dijo:

    -¡Me viene!

    Viendo cómo se corría nuestra ahijada, mi mujer me baño con los jugos de su corrida y yo le llené el coño de leche. La fiesta sexual se acabó ahí, pero la otra fiesta siguió en la playa viendo danzar a las bailarinas entre hogueras, una fiesta donde corrió el alcohol.

    Los días siguiente visitamos los arrozales de Tegalan, que son patrimonio de la humanidad, el templo de manantial sagrado, donde nos bañamos los cuatro, la plantación de café de Minduk, los bosques de bambú de Penglipuran y el tempo Madre de Pura Besakih.

    La guía balinesa, mi esposa, mi ahijada y yo, entramos en un bar para comer ya que el viaje era solo con estancia y desayuno pagados. Mi esposa fue al servicio, y sentados a una mesa, mi ahijada me dijo:

    -Esta noche quiero que me abras el culo, padrino.

    -Dalo por hecho. ¿Algo más?

    -También quisiera es una doble penetración, pero falta uno.

    La guía balinesa, que entendía el español, aunque no lo hablaba, le dijo:

    -My brother can be the second man (mi hermano puede ser el segundo hombre.)

    Al volver mi esposa del aseo le contamos los planes para la noche. Me sonrió. Pillé la idea por el aire. Ella también quería una doble penetración.

    Llegó la noche… Mi esposa le estaba comiéndole el coño en la cama a la guía balinesa. Mi ahijada estaba a su lado tendida boca abajo. Eché aceite de coco en su ojete y se lo masajeé con la yema del dedo gordo. Después se lo metí dentro. Entrara en su ano con una facilidad asombrosa. Le follé el culo con él… Luego hice que se pusiera a cuatro patas. Con mis manos pringadas de aceite le magreé sus duras tetas, le lamí el coño y el ojete y se lo follé con la punta de la lengua. Ya gemían las dos cómo condenadas cuando engrasé mi polla con aceite, le acaricié el ojete con la cabeza de la polla y después se la metí. No oí una queja, sólo oí gemidos de placer mientras se la metía hasta el fondo. La estaba follando cuando entró en la habitación el hermano de la guía balinesa.

    Era un joven de estura normal y tenía cuerpo de culturista. El muy presumido se había echado aceite por la piernas y por el pecho y brillaba cómo una bombilla, si a esto añadimos que los únicos pelos que tenía era en la cabeza y que era guapo a rabiar, pues eso, que el cabrón me robó el protagonismo, y se convirtió en la estrella del lugar. Quité a Anastasia de la cama y con la polla dentro de su culo la puse delante de él. El cabrón sabía lo que hacía, se agachó y le comió el coño, no sé cómo porque no lo veía, solo sentía su lengua chapotear en sus jugos, pero lo debió hacer bien, ya que Anastasia se corrió a lo grande y anunciándolo:

    -¡Me corro!

    Después me eché de nuevo sobre la cama y se la puse a tiro. Le volvió a comer el coño y a continuación se la metió. Entrara con mucha dificultad, pero entrara. Al follarla yo no me moví, pero él le dio caña de la buena, tan buena fue que antes de cinco minutos lo volvió a anunciar:

    -¡¡Me viene!!

    No fue ella sola la que se corrió, la guía balinesa también lo hizo. Chillando más que ella dijo:

    -¡¡¡I´m coming!!!

    Al acabar de correrse las dos y quitarse el musculitos de encima de mi ahijada, mi esposa lo cogió por la cintura, lo montó y lo folló comiéndole la boca y chupando su lengua como si fuera un caramelo. ¡Qué puta me saliera, carallo, qué puta me saliera! No iba a durar nada. Lo quiso follar a toda mecha para que le llenara el coño de leche y se corrió ella. Sin anunciar nada, gimiendo, derrotada, pero gozando una cosa mala. Salían los últimos gemidos de su garganta cuando le froté la polla en el culo. Después se la clavé sin miramientos. Le di a romper. El cabrón del moreno también movía el culo hacia arriba. Mi esposa, que nunca fuera de orgasmo fácil, comenzó a mear por la polla del balinés y después se la encharco de jugos. Mientras temblaba todo su cuerpo, y se deshacía en gemidos, le llené el culo de leche.

    Al acabar estaban las tres boca arriba con los coños hechos unos zorros. El moreno se echó encima de su hermana, que estaba en medio de mi esposa y de Anastasia. La muchacha comenzó a dale bofetadas. Mi mujer le cogió un brazo, Anastasia el otro y el hermano la desvirgó. Se veía que le tenía ganas. Follándola buscaba sus labios. Huyendo de su boca movía la cabeza hacia los lados, donde en un lado encontraba los labios de mi mujer y en el otro los de Anastasia. Al ratito, ya besaba a mi esposa, besaba a Anastasia y besaba a su hermano. El músculitos era un chulo de mierda, pero el chulo de mierda, muy a mi pesar, era un artista que follaba cómo nadie, y su hermana acabó por correrse anunciándolo de nuevo:

    -¡¡¡I´m coming!!!

    Al acabar de follar con su hermana el chulo se acercó a mí y quiso besarme. Al cabrón le iba la carne y el pescado. Mi mujer y mi ahijada me llamaron cobarde, y a mí nadie me llama cobarde.

    En fin, que después de aquella noche loca y de algunas visitas más regresamos a España.

    Os recomiendo un viaje a Bali, es un paraíso en la tierra.

    Quique.

  • Su cuerpo adornado

    Su cuerpo adornado

    Soy de El Salvador, contaré este relato que como los anteriores es real.

    Desde la primera vez que la vi cautivó mi atención y así pasaron varios días en los cuales tanto ella como yo nos dirigíamos al trabajo y coincidíamos el lugar donde abordábamos el autobús que nos llevaba a nuestros destinos, en esos días procuraba estar a la misma hora que ella para admirarla pues esperaba el día y momento adecuado para entablar conversación. Ella como de 1.70 de estatura, piel trigueña, ojos color miel, labios que me incitaban a besarlos, un cuerpo para mi bello, sus pechos y traseros preciosos y lindos, dueña de una mirada y sonrisa bella y lo que más me atrajo su cuerpo adornado de tatuajes (me gustan pero no tengo ninguno) los cuales no son vulgares y se le ven muy bien y adornan aún más su bello cuerpo.

    Pasaron como dos semanas hasta que tuve la oportunidad de conversar con ella y estaba decidido a hacerlo aun si tenía el reproche de ella pues me sentía nervioso y un poco tímido, respondió a mi conversación y fue de lo más agradable yo seguía con cierto nerviosismo pues íbamos en el autobús aunque yo me bajaba antes que ella porque ya lo había notado en ocasiones anteriores así que no fue una gran conversación pero me permitió saber su nombre y que al siguiente día abordaríamos juntos el autobús.

    Llegó el siguiente día y llegué antes al lugar de abordaje y espere un momento a que llegara y apareció ante mi vista ella tan hermosa como siempre, pelo suelto largo, esta vez vestía unos leggings negros y una blusa escotada que dejaba a la vista el tamaño de sus pechos preciosos. Nos saludamos y esperamos para abordar luego de hacerlo, nos sentamos y platicamos un poco de cada uno y nos presentamos.

    Deseaba no bajarme pero había que llegar al trabajo, me satisfacía saber que ya tenía su atención, que las conversaciones eran amenas y que al siguiente día la vería porque a la hora de salida no se podía por los horarios de ella, transcurrieron los días y se acercaba navidad y fin de año y por el tipo de trabajo de ella entraba más temprano y salía más tarde por esa razón no los veríamos como ya se nos había hecho costumbre así que nos deseamos lo mejor a cada quien.

    Para mediados de enero nos volvimos a ver y estaba encantado (hasta este momento no habíamos intercambiado números telefónicos) y se llegó el momento de hacerlo así que en el transcurso del día nos mensajeábamos y fue subiendo la confianza y haciéndonos saber lo que nos gustaba de cada uno, en las mañanas que nos veíamos nos saludábamos de abrazo y beso en la mejilla y mi cuerpo se ponía a mil al sentir su piel, su aroma y sus pechos muy cerca y me encantaba me quedaba impregnado su aroma en mi ropa y me embriagaba de su esencia de mujer, me excitaba con solo el hecho de sentir su aroma.

    Soy muy respetuoso y en unos mensajes sin vulgaridades le confesé como quedaba cada vez que sentía su piel y su aroma y para mi sorpresa me dijo que también le sucedía lo mismo y que la ponía nerviosa que no entendía porque ya que tenía muchos años de no sentir esas sensaciones que yo le provocaba y que jamás pensó sentirlas de nuevo, pero que le gustaba todo eso y que me disculpara por ser atrevida (confieso que me gusta que sean así) pero que yo era culpable por haberle dicho como también me excitaba.

    Después de esos mensajes nos dimos el primer beso y ansiaba probar su boca y labios y fue exquisito, esa boquita y labios incitaban a más y más se lo hice saber y en el autobús sobre mi pantalón le mostré mi excitación lo cual acaricio mientras nos besábamos, esos besos son adictivos e incitan a terminar sin ropa pero no podíamos y así seguimos viéndonos y escribiéndonos los siguientes días hasta que un fin de semana sin planearlo quedamos de vernos en la noche para dar rienda suelta a nuestra pasión y deseos.

    Llegué al lugar acordado y espere por ella para luego ir a cenar y platicar, después de la cena nos dirigimos al motel en el trayecto aproveche para besarla y acariciarla (íbamos en el vehículo) los dos excitados entramos, nos parqueamos y subimos las gradas ella adelante lo que me permitía ver su trasero redondito y parado, estando en la habitación nos fundimos en abrazos y besos ahhh esos besos adictivos, bese como si no había mañana su boca sus labios tan deliciosos, entre besos aprovechaba y mordía sus labios y mis manos no dejaba de acariciar su trasero sus caderas sus piernas sus pechos también tomaba su cara con mis manos mientras nos besábamos era tan rico ese momento, momento que ella y yo deseábamos y que al fin era realidad.

    Pasamos como 20 minutos de besos y caricias y aun no nos habíamos quitado nuestras prendas yo quería disfrutar mucho su piel y su aroma y ella también lentamente empecé a despojarla de su ropa sin dejar de besarla ni un momento primero su blusa y besaba su cuello (su debilidad) quite su sostén y ahí estaba sus pechos bellos!! Alternaba con besos en su boca, cuello y mamaba su pechos la acariciaba mucho hice un camino de besos desde su boca hasta su vientre y así quitar su pantalón deje su tanguita y pude ver lo mojada que estaba y pase mi lengua sobre la tanguita luego seguí con besos a su boca y cuello apretando su cuerpo junto al mío era un momento de máxima excitación para ambos no deje de besarla ni un instante, bese cada tatuaje (eso en ella me encanta).

    Después metí un dedo y luego dos en su rajita mojada por unos minutos estuve estimulando su clítoris sin dejar de besarla luego baje lentamente dejando un camino de besos hasta su vientre para quitar su tanguita no baje del todo ya que sus pies termino de quitarla volví a comerme su boca su cuello y pechos para luego bajar y comerme su vagina bien rasurada, usé muy bien mi lengua para saborear cada parte de su vagina hasta que no aguanto y me dio su orgasmo en mi boca tome sus fluidos que sabían a néctar su cuerpo quedo tembloroso deje que disfrutara ese momento y luego se la metí y fue como tener mi verga entre algodones no deje de comer su boca y sus pechos mientras la bombeaba hasta que llegamos al éxtasis juntos, quede sobre su cuerpo y continúe besándolo mientras nuestros volvíamos de ese trance.

    Descansamos un momento nos duchamos y luego seguimos comiéndonos tan delicioso hasta que llegó la hora de irnos, después de eso sucedieron otras veces siempre con la misma pasión y deseo pero un tiempo por distancia y trabajo dejamos de vernos hasta que unos meses después nuevamente volvimos a estar cerca, pronto contare el reencuentro.

    Si desean contactarme:

    Angelblanco

    [email protected]

  • Tanto tiraste de la cuerda que al fin se cortó

    Tanto tiraste de la cuerda que al fin se cortó

    Me llamo Raúl, estoy en pareja con Rita y convivo con ella desde hace un año y medio. Soy un solterón de cuarenta años y ella, hoy con treinta y siete, se había divorciado a los treinta y tres. Nos conocimos en una reunión de amigos comunes y a partir de allí empezamos a frecuentarnos hasta que decidimos vivir juntos. Trabajo en un estudio jurídico de prestigio, del que soy socio minoritario, y tengo buenos ingresos. Soy un tanto retraído y me mantengo físicamente aceptable porque practico un arte marcial desde los dieciséis años, naturalmente ahora con menos intensidad. Rita hace cinco meses quedó sin trabajo por cierre de la empresa en la que era empleada. Es muy linda, con un cuerpo apetecible que sabe resaltar con la vestimenta adecuada. Agradablemente extrovertida, no hay reunión aburrida si ella está presente.

    Más o menos un año atrás conocimos un matrimonio más desparejo que el nuestro, Pablo de treinta y ocho y Rocío de treinta, él extrovertido, bromista y, según sus dichos, mujeriego con mucho éxito, alto y con un físico de gimnasio. Ciertamente tenía una posición económica muy buena, pues su padre le había dejado en herencia una empresa que funcionaba bien sin su presencia, además de varias propiedades. Intelectualmente es muy básico y le gusta hacer alarde de su riqueza. Rocío es psicóloga, delgada pero bien proporcionada, viste con muy buen gusto pero con si tratara de disimular su anatomía. Con el correr del tiempo me di cuenta que tiene un cuerpo deseable. Llevan casados cinco años.

    Dada la afinidad de los matrimonios era frecuente que nos reuniéramos a cenar los sábados, sea en la casa de ellos o en la nuestra, y según las ganas termináramos entretenidos con algún juego de mesa o viendo una película.

    Cuando nos reuníamos eran muy comunes entre Pablo y Rita las bromas subidas de tono, las frases con doble sentido y algunas cercanías que rozaban el límite de lo aceptable. Son esas situaciones que uno da por seguro son previas a algo más serio, pero que no son base suficiente para algún reclamo, pues inmediatamente el reproche se vuelve en contra con frases, “estás viendo fantasmas”, “te estás enfermando de celos”, tenés poco sentido del humor”, etc.

    Al comienzo esa conducta me incomodaba y no siendo razonable mantener una relación de amistad en esas condiciones, me detuve a pensar qué convenía hacer. La conclusión fue dejar que obraran sin ningún tipo de presión. Si todo obedecía a una manera desenfadada de relacionarse, la cuestión carecía de importancia. Por el contrario, si ambos estaban decididos a intimar, cualquier obstáculo que les pusiera sería sencillamente dilatar en el tiempo un desenlace inevitable. Así que dejé de preocuparme sin por ello desentenderme del tema, porque una cosa es vivir amargado por la posibilidad de ser cornudo y otra cosa es lucir los cuernos.

    A poco de conocernos mi relación con Rocío se transformó en muy buena y placentera. Las charlas con ella versaban sobre variadísimos temas que podían ser superficiales o serios pero tocados con profundidad y sentido crítico. En esas conversaciones de larga duración, sin haberlo hablado o puesto de acuerdo, ambos éramos conscientes del juego que se desarrollaba entre Pablo y Rita y los dos observábamos de soslayo su lento y perseverante progreso. Los simples roces se fueron convirtiendo en caricias, brazos que se despegan del cuerpo indicando que la mano se dirige a la falda de quien está sentado al lado, súbitas desapariciones de uno o dos minutos de duración.

    Un sábado atrás fuimos a cenar a la casa de ellos y lo que sucedió era previsible. La costumbre hace que bajen las precauciones y se tense la cuerda más de lo aconsejable. Tres factores confluyeron para que las simples sospechas se transformaran en casi certeza.

    El indicador de alerta se activó cuando las súbitas desapariciones aumentaron en cantidad y duración.

    Al llegar a casa ella entró directa y rápidamente al dormitorio mientras yo desconectaba la alarma y controlaba las aberturas. Cuando fui a nuestra habitación la puerta del baño estaba cerrada por lo cual me imaginé que quizá estaba con alguna urgencia intestinal, pues ella en verano, ni para bañarse la cierra. Salió ya vestida con camisón y ahí entré yo, y lo primero que vi fue su bikini recién lavada colgada de una llave de la ducha. Era parte del conjunto que había dejado sobre la cama para vestirse después del baño y antes de salir para la cena. Ante eso el indicador de alerta se puso amarillo.

    Lo usual después de las reuniones de los sábados era que ella llegara a la cama con un notable estado de excitación. Yo intuía que se debía al acoso de Pablo en esas cortas desapariciones y cuyo beneficiario era yo, pues se corría hasta tres veces antes de mi eyaculación. Esa noche, cuando salí del baño, Rita estaba vuelta hacia su mesa de luz y con el velador apagado como si estuviera durmiendo. Decidido a despejar la espantosa duda me arrimé abrazándola, comenzando las caricias sobre las tetas y la conchita que preanunciaban mi deseo. Cuando me dijo que la dejara, pues no tenía ganas, el indicador se puso en rojo y activó la alarma.

    Con el entendimiento nublado por la bronca la puse boca abajo, con la mano izquierda le aplasté la cabeza contra la almohada y en el momento en que, espantada, me preguntaba si estaba loco, clavé con fuerza mi rodilla entre los muslos que mantenía juntos y apretados. Sin hacer caso al grito de dolor me puse entre las piernas, y de un solo golpe le metí tres dedos en la vagina reseca y el pulgar en el recto, diciéndole que lubricara rápido porque de lo contrario iba a quedar en carne viva. El violento movimiento de entrada y salida lo detuve después de un buen rato, cuando sus gritos de dolor dieron paso a un llanto convulso.

    La dejé llorando en posición fetal y como el sueño iba a tardar en llegar por el odio que me dominaba, encendí la luz de mi lado y el televisor. Luego de buscar en la cocina algo fresco que tomar estuve cambiando canales sin lograr concentrarme en ninguno hasta que me dormí.

    Me desperté a media mañana y mirando a mi lado vi a Rita casi en la misma posición en que la había dejado, de costado dándome la espalda. Preparé mi desayuno y lo tomé mirando un partido que terminó al mediodía. Al ver que no se levantaba me fui a comer a un restaurant cercano.

    Al volver ella estaba tomando un té en el comedor. Si mirarla pasé de largo en dirección al dormitorio cuando me dijo si podíamos hablar. Regresé sentándome al frente.

    – “Te escucho”

    – “¿Por qué me hiciste eso?”

    – “Por la sencilla razón de que tu rechazo, después de una semana sin sexo, me provocó un bronca monumental. Sobre todo luego de haberte visto vivaz, sugerente, bromista y hasta diría lanzada durante la cena. Cuando entraste a casa pareció que te hubieras apagado de golpe. Al revés de casi todas las ocasiones anteriores en que nos reunimos.”

    “No te lo perdono”.

    – “Ni pretendo que lo hagas. Ahora sabés a qué atenerte si en el futuro aparece otra negativa”

    Al anochecer, ambos distantes, sentados en el sillón del comedor viendo televisión recibió una llamada en su teléfono y luego de ver quién era se fue a otro lado a atender. Al rato vino con mensaje de Pablo, que nos invitaba a pasar cuatro días en el chalet que tiene en la playa, en total seríamos cuatro parejas. Además, Rocío me mandaba decir que si yo iba ella también lo hacía.

    – “Por favor dame el teléfono de Rocío”

    Cuando lo tuve llamé desde mi aparato y al ser atendido hice lo mismo que antes había hecho Rita, me fui a mi escritorio y cerré la puerta para después hablar. La conversación, intrascendente, duró poquísimo porque el objeto era acordar una reunión para el día siguiente, lunes, en algún lugar tranquilo. Cuando salí y volví al comedor me preguntó qué me había dicho Rocío. Fiel a mi propósito de hacerle sentir mi malestar le contesté.

    – “Nada que te importe”

    Al día siguiente me encontré con Rocío en un café, saludándonos con el habitual afecto.

    – “Raúl, sácame de la intriga, qué es eso que no deseabas tratar por teléfono.”

    – “Quería escuchar de tu propia boca que vas a ir a la reunión de fin de semana y además hacerte conocer mi situación, pues me apenaría causarte algún inconveniente.”

    – “Contame, sabés que podés confiar en mí.”

    – “La relación con Rita va empeorando paulatinamente, estoy convencido que está jugando a dos bandas, y una de las bandas es tu marido.”

    – “Y entonces por qué vas?”

    – “Porque me gustaría que esta situación confusa se defina de una vez. Y en esa reunión confluirían tres circunstancias favorables. Primero que vamos a estar en un ambiente más que apropiado para que se liberen las pocas ataduras que quedan. En segundo lugar, esa definición desagradable, al ser esperada tendrá en mí un impacto más suave que si fuera algo sorpresivo. Y en tercer término el trago será menos amargo si estoy acompañado por vos.”

    – “Comparto totalmente tu postura, también estoy harta de Pablo y su vida de casanova. Yo sistemáticamente me negué a participar de esas reuniones por eso, si a vos te resulta grata mi compañía, voy encantada pues me siento muy bien a tu lado”.

    El viaje ya lo hicimos con las parejas cambiadas por sugerencia de Pablo con el pretexto de facilitar la conversación entre Rocío y yo. La tarde pasó sin nada importante que contar.

    Esa primera noche salimos a cenar. En la distribución de lugares quedamos Rocío y yo juntos, flanqueados por otro matrimonio, Omar al lado de mi pareja y Sara, su esposa, a mi derecha. Justo enfrente nuestro estaban Pablo y Rita que parecían novios impedidos de disimular su calentura. De pronto Rita dio un salto en su silla y soltó un “ay”. Luego me miró fijamente y con odio. Por supuesto que en seguida me di cuenta de lo sucedido. Los otros matrimonios no hicieron caso o no se apercibieron pero Rocío sí, por lo cual le dije

    – “Eso se llama dedo en vagina irritada”

    Ahora de los ojos que reflejaban odio se desprendieron dos lágrimas, no sé si de dolor o de bronca contenida. De todos modos poco me importaba su sufrimiento. El postre y la sobremesa siguió por los carriles comunes con un pequeño ingrediente no previsto, Omar charlaba con Rocío con evidente deseo de agradarle, cosa que ella, cuando salimos para ir a la discoteca, me lo confirmó.

    – “Francamente pesado y aburrido Omar”

    – “Entonces es probable que lo tengas de candidato para bailar”

    – “Espero que no, pero si me invita lo haré una sola pieza por no despreciarlo, pero nada más”

    Ni que hubiera sido adivino. Estábamos todos en la pista, cada uno con su pareja, cuando al lado nuestro aparecieron Omar y Sara. Él le pidió bailar a Rocío y Sara dijo que se encargaba de mí. Poco tardó esta nueva compañera en abrazarme el cuello y pegar su pelvis a la mía. Ante esto me retiré un poco y, sonriendo, le agradecí su buena intención de hacerme pasar un rato placentero pero hacía pocas horas había cambiado pareja y no pensaba variar en lo más mínimo. Su respuesta me sorprendió y además me dio indicio que detrás de esto había varios implicados con la intención de forzar la participación de Rocío.

    – “No te preocupés por ella que seguro la tienen apretada contra alguna pared con las piernas abiertas y una mano en la concha.”

    – “Entonces, por lo que me decís, debo suponer que tu marido es un conquistador relámpago y Rocío demasiado fácil”.

    Con mi última palabra sentí que alguien se tomaba de mi brazo y apoyaba su cara en mi hombro. No necesité mirar para saber quién era, por lo cual de nuevo me dirigí a Sara.

    – “Algún fallo en el pronóstico?”

    La curiosidad de Rocío la llevó a preguntarme de qué hablábamos. Mi respuesta fue contarle fielmente lo sucedido. Su mirada de interrogación a Omar fue respondida.

    – “Yo nada dije”, siendo Sara la que habló mirándolo con desprecio.

    – “Sos una basura y encima me dejás a mí como una puta”

    Cuando el conquistador fracasado dio media vuelta y se fue, recibí una sorpresa que me paralizó algunos segundos. Mi nueva pareja había puesto sus brazos alrededor de mi cuello y mirando a Sara me dijo.

    – “No arruinemos el pronóstico que Omar no pudo cumplir”

    Se levantó el vestido y tomando mi mano la puso sobre su bombacha para luego cubrir mis labios con los suyos, saboreando ambos nuestras bocas. Desde ya que mi mano se deslizaba suave y lentamente acariciando su conchita sobre la prenda hasta que terminamos el beso. Su pregunta me volvió a la tierra.

    – “¿Te parece que los habremos escarmentado?”

    – “Estimo que sí, pero habiendo disfrutado tanto me gustaría que escarmentáramos a todos los presentes.”

    Bailamos un rato más hasta que Pablo y Omar dijeron de ir pasear por la playa aprovechando la hermosa noche pero el otro matrimonio y nosotros preferimos irnos a dormir.

    Teníamos asignado un dormitorio con dos camas, lo que no nos significó contratiempo alguno y descansamos bien. Al otro día fuimos a la playa a media mañana pensando regresar cuando se pusiera el sol. En algún momento de la tarde, yo tirado sobre la toalla, la siento a Rocío decirme.

    – “Quizá quieras ver una nueva forma de entretenimiento.”

    Incorporándome un poco pude apreciar que Pablo a tenía a Rita tomada por debajo de los brazos besándola, mientras Omar la agarraba de la cintura y, haciéndole poner las piernas sobre los hombros masculinos, la envestía con regularidad. Su insolencia era manifiesta, pues ambos miraban en nuestra dirección y ella saludaba con la mano. Después nuevamente me acosté.

    – “No te duele verlos así?”

    – “Dolerme no porque era lo esperado. Lo que me molesta es esa burla encubierta. De todos modos no es algo significativo. La única persona verdaderamente importante sos vos, y a vos te tengo a mi lado.”

    Mi corazón triplicó su ritmo cuando, inclinándose, puso sus labios sobre los míos mientras sus palabras me acariciaban.

    – “Te amo.”

    Después de cenar propusieron algunos juegos que no duraron mucho. Parecía que el deseo general era pasar a actividades más íntimas en una especie de todos contra todos. Desde ya que no contaban con nosotros. Cuando vi el rápido progreso del nuevo entretenimiento le comenté a mi amiga.

    – “Que te parece si les hacemos una broma a los presentes.”

    – “Haciendo qué”

    – “Simulando que estamos teniendo sexo.”

    – “Cómo lo hacemos.”

    – “Sentada en mi falda, vas diciendo lo que pasa en una progresión. Primero negando, luego aceptando un poco y por último gozando.”

    – “Me parece que, disimuladamente, querés meterme mano.”

    – “Por supuesto.”

    – “A mí, siendo tu amiga?”

    – “Querida amiga, un hombre que tiene a su lado una hermosa mujer, educada, culta, con rectas y curvas armónicamente distribuidas, si no quiere meterle mano es porque padece un serio problema mental y fisiológico. Yo con toda suerte estoy sano.”

    – “Me estás envolviendo, no sigas hablando y comencemos la representación.”

    Iniciamos la farsa, aunque ambos nos salimos un poco del libreto. Mis manos algo acariciaron al margen de la broma y ella ubicó y movió sus nalgas muy en serio. En eso estábamos cuando nos llamó la atención el diálogo en voz alta de Rita y Pablo.

    – “Que pasa que te has desinflado”

    – “Es que no me puedo concentrar culpa de esa hija de puta de mi mujer. Hace más de un año que no me deja tocarla, mirá se mueve gozando como una burra, escuchá lo que le dice a tu marido, ‘Te amo, te quiero más adentro, lléname la panza de leche, me estás haciendo correr de nuevo’.

    – “Yo tengo el remedio, mis labios hacen maravillas.”

    Cuando se descabalgó quedó a la vista una pequeña, arrugada y caída porción de carne. En eso pudimos sentir la voz de Omar, con su habitual brutalidad.

    – “Pablo, la tenés tan muerta como mi bisabuela”

    Mostrando su enojo ambos se levantaron y salieron. Habiéndose roto el encanto de la reunión también nosotros nos despedimos yendo al dormitorio que teníamos asignado. Por supuesto que intercambiamos opiniones sobre el resultado de la broma, ya que ninguno esperaba la reacción de Pablo. Evidentemente nunca había imaginado ver a su mujer con otro pues la consideraba exclusivamente suya aunque fuera inconscientemente.

    Cuando salí del baño Rocío estaba en su cama tapada con la sábana hasta los hombros.

    – “Por favor acércate, quiero decirte algo, pero al oído”

    Para eso me arrodillé y pegué mi oreja a sus labios.”

    – “Me darías un gusto muy grande?”

    – “Encantado.”

    – “Meteme mano, pero mucho, mucho.”

    Al deslizar mi brazo por bajo la sábana, la palma encontró un cuerpo desnudo. El recorrido siguió bajando más allá del ombligo enredando los dedos en el vello del pubis. Mientras mi boca saboreaba alternadamente labios y tetas, con índice y pulgar abracé los labios vaginales moviéndolos, hacia arriba apretando y hacia abajo abriendo. El nivel de excitación hizo que la caricia durara poco tiempo. Cuando abrió las piernas permitiendo que anular y medio hicieran círculos en su entrada, sus manos tomaron la mía provocando que los dedos ingresaran de golpe al encuentro de su entrepierna. Las convulsiones dieron paso al cuerpo tensado en arco, apoyada sobre hombros y pies para luego desplomarse.

    El momento de recuperación lo hicimos abrazados, ella con la cabeza sobre mi hombro y yo con mis labios sobre su frente. El contacto corporal suplía con holgura cualquier palabra que pretendiera expresar lo bien que nos sentíamos. Su voz me devolvió a la conciencia.

    – “Haceme tuya.”

    Tomé la almohada y la puse a lo largo debajo de su cuerpo. Sentado sobre mis talones, con los muslos abrazando sus nalgas pude ver que su conchita y mi pija quedaban a la misma altura. Era lo deseado, pues pretendía penetrarla erguido, viendo en su cara el efecto de cada centímetro de carne ingresado en la vagina. El placer visual fue superior al deleite de contacto. Tres partes en movimientos coordinados provocaron el gozo máximo. Mi glande en la entrada fue correspondido con la bajada de párpados, luego la apertura de ojos y boca respondió al deslizarme hacia adentro, y mi tope con el fondo fue acompañado por la cabeza tirada hacia atrás con el cuello tendido, los ojos cerrados y emitiendo un rugido. Unos cuantos golpes cortos de pelvis fueron suficientes para que los músculos de la vagina forzaran al cilindro invasor a cabecear y soltar chorros de líquido grumoso, que ella recibió cruzando sus piernas en mi espalda y arañándome las nalgas.

    Al día siguiente nos levantamos tarde y fuimos al pueblo cercano, que yo no conocía. Después de recorrer la parte céntrica llegamos a una plaza con jardines preciosos y un monumento en el medio de la manzana. Tenía una escalinata de acceso y, el paseo alrededor de la estatua, rodeado por un muro bajo desde el cual se podía observar el predio. Rocío, sin premeditación, acodada en el antepecho, me permitía disfrutar mirando sus nalgas enfundadas en una bombacha blanca como su vestido, apenas traslúcido.

    – “Qué te parece la vista?”

    – “Maravillosa.”

    Como se dio cuenta que estaba atrás, y no a su lado, giró y percibió hacia dónde estaba dirigida mi vista. Sonriendo me recriminó

    – “Me refiero a los jardines de la plaza.”

    – “Y yo hablo de algo que está en la plaza aunque no forma parte de ella, y con una gran diferencia, su belleza es totalmente natural.”

    – “Me estás envolviendo de nuevo, lo cual muestra tus intenciones.”

    – “Por favor, seguí observando tranquila y permitime que cumpla un deseo que acaba de nacer.”

    No me contestó, pero verla girar su cabeza mirando nuevamente a los jardines lo tomé como asentimiento. Me acerqué y, metiendo las manos por debajo del vestido, le bajé y saqué la bombacha mientras ella permanecía quieta y callada. Haciendo que separara las piernas me puse entre medio, pero sentado de espaldas al muro. Que ella bajara un poco y yo subiera apenas mi boca fue suficiente para que su conchita se juntara con mis labios. La primera tarea lingual fue recorrer la hendidura subiendo y bajando sin separar los labios. Lo que al comienzo fue leve humedad y silencio, con el andar de la caricia el flujo aumentó su caudal y los aparecieron los gemidos. El preanuncio de la corrida fue una mano apretándome contra ella, mi boca saboreando y tragando abundante líquido, y la leve queja mutando a un rugido que trató de acallar poniendo la boca sobre el brazo. Repuesta del esfuerzo retiró el vuelo del vestido que me cubría para mirarme.

    – “Ahora dispongo yo. Por favor sacala que quiero clavarme sola, y no te muevas.”

    Poniendo sus manos sobre mis hombros empezó a bajar en cámara lenta. Tras una pequeña detención para ubicar mi glande en su entrada, siguió descendiendo con los ojos cerrados, sus dedos como garras en mis hombros y su boca que iba abriéndose en sincronía con el avance de la penetración. Ambas pelvis pegadas y su cabeza en mi hombro hicieron parar el movimiento para dar lugar a su voz susurrante en mi oído.

    – “Así mi amor, así, ahora lléname de pija y después que me rebalse la leche. Te voy a ordeñar contra la ley de gravedad, mi conchita exprimidora te va a obligar a la fabricación de esperma contra reloj para los próximos días. Sí mi vida ya te siento, uno, dos, tres, cuatro disparos en el centro del blanco y me cooorro”

    Tal como habíamos programado, el sábado al mediodía comimos asado que yo me encargué de hacer y lo disfrutamos con buen vino. Terminada comida y sobremesa me dediqué a ordenar y limpiar la parrilla para facilitar su uso futuro. Luego de eso, traspirado y con olor a humo, decidí darme un baño y descansar un rato mientras las tres parejas y Rocío iban a la playa. Dormía profundamente cuando siento un cuerpo que se acuesta a mi lado pegándose bien por lo estrecho de la cama. Por supuesto sabía quien era, y dándome vuelta hacia ella le pregunté a qué se debía su rápido regreso.

    – “Me volví porque mi marido y sus amigos son una porquería. Cuando llegamos tendí mi toalla y estuve tomando sol un rato hasta que el calor me hizo meterme al agua, donde ya estaban jugando y toqueteándose todos con todos. Al ir llegando a la orilla vi que los tres hombres, después de decirse algo, se dispersaron, mientras yo llegaba a la profundidad de mi cintura. Entonces caí en cuenta de estar rodeada y acercándose ellos decían que ahora les tocaba jugar conmigo. Sabiendo en qué consistía el juego al que pretendían sumarme les grité que no me tocaran pero ya era tarde, sintiendo que me pasaban del uno al otro, aprovechando para recorrer con sus manos todo mi cuerpo con la complacencia de mi marido que participaba alegremente, sin que le interesaran mis gritos y negativas. Ya llorando sentí que Pablo, a mi espalda, me tomaba de la cintura y Omar me sacaba el bikini, después de lo cual se fueron riendo y dejándome desnuda de la cintura para abajo. Menos mal que siendo una playa nudista pasé desapercibida al salir para tomar mis cosas y venirme.”

    Cuando regresaron al atardecer las caras nada decían del mal rato que le habían hecho pasar a Rocío, al contrario, le hicieron bromas diciendo que la felicitaban por practicar nudismo. Entonces vi mi oportunidad para sacarme las ganas de vengarme de los tres en la persona de quien se había quedado con la prenda, por lo cual me acerqué a él.

    – “Omar, me das el bikini de Rocío, que mañana no va a tener qué ponerse?”

    – “Y por qué no me lo pide ella”

    – “Porque está enojada con vos y no quiere hablarte”

    – “No me acuerdo qué lo hice, creo que lo dejé en la playa”

    – “Tendrías que buscarlo y devolverlo, sobre todo porque se lo sacaste contra su voluntad”

    – “Ahora no tengo ganas”

    Cuando mi puño en el abdomen lo hizo doblarse y caer al suelo lo tomé del cuello y aplasté su cabeza contra el piso reanudando el diálogo.

    – “Vamos a ver si este tratamiento te hace recuperar la memoria y te devuelve las ganas. Mi sugerencia es que me avises cuando recuerdes dónde está. Voy a esperar que se te pase el dolor y recuperes la respiración. Luego irá un puñetazo al hígado y, si eso no surte efecto, seguiré con patadas al tórax para ir quebrando costillas”.

    Sara, en un ruego lastimoso me hizo volver la vista hacia ella.

    – “Por favor no lo golpees más, tomá acá está”.

    – “Agradecele a la memoria de tu mujer que te hayas salvado de ir al hospital. Ahora, vos que lo sacaste, me lo vas a entregar en mano”.

    Cumplida la exigencia, y para que no hubiera confusiones futuras, le advertí.

    – “Tratá de no acercarte a menos de un metro de Rocío o de estar a mis espaldas. Si eso sucede, ésto te va a parecer una caricia.

    Al día siguiente, mientras desayunábamos solos, mi deliciosa pareja tocó el tema que ocupaba el pensamiento de ambos, el futuro de nuestra relación. Mi opinión fue que convenía esperar como mínimo dos semanas para tocar con cierta ecuanimidad el asunto, porque ahora cualquier decisión iba a estar fuertemente influenciada por la pasión y la novedad. Ella estuvo de acuerdo y, cuando nos despedimos al regreso, el abrazo tierno, sentido, por encima del deseo, cargado de afecto, me dio la casi certeza de que algo duradero se avecinaba.

    Ya en casa entré directamente al dormitorio, escuchando a Rita.

    – “¿Querés tomar un café?”

    – “Sí, por favor.”

    – “¿Qué estás haciendo?”

    – “Estoy sacando la ropa de cama que usé con mi ex pareja”

    – “Pero si ahí dormimos la noche antes de irnos al chalet de Juan”

    – “Totalmente de acuerdo, a vos me estoy refiriendo cuando digo mi ex pareja”

    – “Estás loco, decime qué pasa”

    – “Simplemente pasó lo que el miércoles te dije que podía pasar. Cuando vos, entusiasmada, me contaste la invitación de Juan y el tipo de reunión que sería, yo te contesté que no me parecía conveniente porque siempre sale afectada la relación de pareja. A veces de manera casi imperceptible, y otras fracturándola totalmente. Acepto que a vos te parezca algo sin importancia, pero a mí me resultó traumático y muy desagradable.”

    – “¿No podemos olvidarlo? te juro que solo te quiero a vos”.

    – “No nena, y te voy a decir por qué. Cuando te veía teniendo sexo con cualquiera de los tres, cuando escuchaba tus alaridos de placer, no sentía celos, y si no sentía celos es porque no te consideraba mía, y si no te sentía mía es porque simplemente no te quiero lo suficiente como para tenerte a mi lado. Además no encuentro una razón valedera para tener de pareja a una mujer que no encuentra en su casa lo que ella desea, obligándola a tener dos vidas para estar satisfecha. No pretendo que te vayas ahora mismo, pero cuanto antes lo hagas mejor”

  • La señora Laura

    La señora Laura

    Ese año atravesaba por situaciones nada favorables y anudado a eso, acababa de firmar el divorcio.

    Después de un tiempo separados de cuerpo viviendo bajo el mismo techo obviamente debía mudarme lo más pronto posible.

    Un viernes saliendo de la oficina fui a una tasca a comer algo y tomar un par de cervezas, tenía la necesidad de distraerme un poco y organizar mis ideas.

    Debía resolver urgente para donde me iría a vivir. Amistosamente había quedado con mi ex que me mudaría lo más pronto posible.

    Al poco rato de estar sentado en la barra pensando, tomé el móvil y llamé a mi buena amiga Tamara, la saludo con mucho cariño y después de un rato de conversación, le expongo mi situación. Ella por unos segundos se queda callada, le digo – ¿Aló, estás ahí?

    – Sí, déjame ver si te puedo ayudar, dame unos minutos para llamar a una amiga y luego de hablar con ella te devuelve la llamada. Hace unos días atrás me comentó que su hija menor se había ido a vivir a Madrid y tenía esa habitación desocupada, le voy a preguntar si está interesada en alquilar, así se ayuda un poco, y tiene compañía.

    Paso mucho tiempo y Tamara no llamaba, a cada momento miraba el celular, al ver que no daba señales de vida, pagué la cuenta y me fui, justo cuando iba saliendo del establecimiento entró la llamada.

    Le dije -cuéntame. Ella responde con alegría – debes ir mañana para la casa de mi amiga, te quiere conocer y dependiendo de lo que hablen es posible que te alquile la pieza. Le dí las gracias y quedé en comentarle después que hablara con la señora, ella sonrió y me dijo -suerte.

    Sábado en la mañana, toque el intercomunicador 4-B, al contestar me identifique, me respondió – ya bajo, deme un momento y colgó.

    Después de un rato se abre la puerta del elevador, sale una mujer blanca de unos 50 años aproximadamente, mediana estatura, cabello rubio recogido con una cola de caballo, vestida con ropa de hacer deportes, y zapatos deportivos.

    Para ser una señora de la edad que calculé, realmente se veía ¡Bastante bien! Ese lycra color gris oscuro definía su atlética figura y delineaba muy bien el entre piernas, dejando notar una protuberancia y una línea en el medio que dividida los gruesos labios, dejando entrar parte de la tela entre ellos como si la estuviera absorbiendo.

    En la parte de arriba tenía una camiseta corta blanca de la misma tela, que dejaba desnudo su abdomen.

    No tenía brasier, y por más que quisiera disimular, era inevitable no clavar mí vista en sus grandes pechos, de pezones pequeños como un botón que se marcaban en la camiseta sin ella poder evitarlo.

    Pero lo que más me llamo la atención fue ¡La cantidad de pecas rojas de diferentes formatos que adornaban ese par de tetas estéticamente bien esculpidas ¡Una obra de arte! Sus hombros bien formados también pintaban muchas pecas, realmente una hermosura de mujer.

    Ella al llegar a la puerta principal, antes de abrir me pregunta ¿Eres Alex? Le contesto que sí, abre la puerta me mira de arriba abajo, me da la mano, sonríe y me dice -mucho gusto me llamo Laura, bienvenido, pasa adelante. Le devuelvo la sonrisa y le digo «el gusto es mío».

    La observaba mientras iba caminando delante de mi hacia el ascensor, subimos al apartamento, me invitó a sentarme en la sala y comenzamos a conversar, después de un rato de platica de preguntas y respuestas me ofreció café, el cual no rechacé; se paró a la cocina a prepararlo, mis ojos la siguieron hasta donde ya no la pude ver.

    Al poco rato me trajo la taza de café, se sentó y seguimos la conversación, esta vez hizo las preguntas básicas ¿de dónde conoces a mi amiga? ¿A qué te dedicas? ¿Cuánto tiempo necesito la habitación? Respondí a todas de una manera amena.

    Luego de terminar el café, hubo un poco de silencio, se levantó tomo de mi mano la taza vacía para llevarla al mesón que divide el comedor de a la cocina, me dijo «dame un momento» y yo respondo que no hay problema.

    Regreso se paró frente a mi y me dijo -ven para que veas la habitación.

    Me la mostró, es bastante amplia y bonita, con una cama individual, clóset, biblioteca, un escritorio y televisión por cable, luego me llevo al baño que usaría, la cocina, el lavadero, etc.

    Indiscretamente pregunte ¿Usted vive sola? Al cual respondió. -sí, pero casi no estoy en el día, llego tarde en la noche, y mi hija mayor los fines de semana viene a visitarme.

    Pregunto ella ¿Tienes amiga, novia, mujer? Dije no. Respondió «Porque no acepto visitas, solo tú y porque eres recomendado de mi mejor amiga, y por lo que ella me contó, quiero ayudarte.

    Inmediatamente contesté, «le estaré muy agradecido». Nos quedamos mirando y ambos sonreímos.

    Yo sentía que el gusto era mutuo, que había química de sobra.

    Terminamos el recorrido, le comente que me gusto, que sí alquilaría, le di las gracias y me acompaño hasta la salida del edificio donde nos despedimos y le dije que nos veríamos el sábado siguiente temprano.

    No dejaba de mirarla, creo que la incomode un poco, me quedé parado en la puerta después que se cerró para verla de espalda caminado hasta que llegara al ascensor, detallando cada movimiento que hacía. Ella sintió mi mirada y volteo, me miró fijo y me regalo una hermosa sonrisa.

    Llego el día de mudarme, estaba emocionado sabiendo que la volvería a ver y que vivirá en su apartamento, pero estaba un poco nervioso porque mis intenciones era conquistarla y si me equivocaba dejaría mal a quien me recomendó, de verdad no podía darme ese lujo.

    Era una gran tentación vivir bajo el mismo techo con la mujer que llamo mucho mi atención desde que la vi.

    Cuando llegue al edificio ella me estaba esperando en la planta baja, saludé y subimos, al entrar me llevo hasta el cuarto. El cual ya estaba limpio, acomodado y con sabanas limpias.

    Fui guardando las pocas cosas. Al terminar me recosté, y prendí la TV, al rato ella tocó la puerta, al abrir me dijo – disculpa es para entregarte las llaves, y decirte que hay agua si te quieres bañar, puedes usar mi baño por que el otro lo vienen acomodar el lunes, tiene un bote de agua en la llave de la ducha. Le respondí, muchas gracias muy amable.

    Al poco rato salí y le pregunté ¿Dónde está su baño? Me llevo hasta su cuarto que conveniente estaba justo al lado del que yo estaba ocupando.

    Al estar a solas en el baño mi curiosidad creció, mis ojos exploran todo, había un estante donde estaban varias cremas, jabón, champú, y todas las cosas de uso personal. Veía cada rincón, después de ducharme me la encontré de frente en el pasillo y le di las gracias.

    Acostado en la cama, no dejaba de fantasear con ella, de cómo se vería duchándose, saliendo mojada de la ducha, secando lentamente su cuerpo, untándolo de crema, colocándose la sexy pijama y luego acostándose.

    Así fueron pasando los días, casi no coincidimos, en mi empeño por querer conocer cada vez más de ella, la espiaba cuando llegaba, cuando se iba, cuando estaba en casa, hasta que ropa se ponía, etc. Pero no me atrevía a abordarla por temor a equivocarme y salir de su casa como corcho de limonada.

    Una mañana temprano yo estaba sentado en la sala leyendo y ella salió de su habitación con una toalla en la cabeza y una bata de baño corta, con ropa en las manos y fue al lavadero, imagino que era la ropa que había usado para dormir.

    Yo me fui a mí habitación, realmente me excitó verla así. Mi creatividad se elevó y comencé a fantasear cada cosa con ella, mi verga erecta levantaba el bóxer como una carpa, yo la apretaba y frotaba pensando en ella.

    Creí escuchar la puerta, dije «ya se fue» salí directo al cesto de la ropa buscando sus pantaletas sudadas y sucia, había un cachetero negro, lo agarré, lo acomodé y lo elevé un poco para verlo mejor, luego cerré los ojos, me lo puse en la nariz, lo olía con morbosidad, yo deseaba sentir su olor, Inhale suavemente, al sentir el olor entré orine y sudor me hizo que mi verga se parara a la máxima potencia, soltando gotas de lubricación, realmente muy divino el olor natural de Laura.

    Sin darme cuenta el tiempo corrió, y no percate que ella no se había ido.

    Cuando de pronto sentí que me estaban observando, al abrir los ojos era ¡ella! Dios miooo dije en mis adentros!!! Me quede paralizado, sin poder decir palabra alguna.

    Me miraba y lo único que se me ocurrió decir fue. «Mil disculpas» y colocar la prenda en su sitio. Ella me miraba fijo, estaba tan nervioso que sentía que me temblaban las piernas y las manos, en mis adentros decía, «hasta aquí llegue yo»

    Me salí del lugar, al darle la espalda me dijo. Responde con honestidad. ¿Te gusto la prenda? ¿Te gustó el olor?»

    Me volteo y me quede pensando; viéndola a los ojos le contesté «Sí, y mucho, tienes buen gusto para la ropa íntima y tu olor es divino, excitante. Lo volvería hacer las veces que pudiera.

    Ella tomo pausa, medio sonrió, y contestó «ya sabes donde las dejo»…

    Me quede parado, la miré fijamente, me fui acercando sin prisa, tomé sus mejillas y mis pulgares acariciaban sus pómulos, me pegué completo, ella estaba inmóvil, cerró los ojos al momento que coloqué mis manos en sus caderas. Nos besamos por un rato, al dejar de hacerlo, ella colocando las manos en mi pecho, me miró y dijo «este no es el momento.

    Se dio la media vuelta y se fue dejándome con una calentura y un sinfín de preguntas en mi cabeza.

    Pasaron unos días después de ese encuentro en el lavandero, noté cambios en ella que me confundían, no se dejaba ver mucho por mí, y las pocas veces que ocurría estaba vestida con ropa de estar en casa bastante sexy y provocativa, si nos encontrábamos en algún lugar de la casa solo saludaba y ya. Realmente era bastante incómodo para mí. Yo tenía que hablar con ella y terminar de salir de esa incertidumbre ¿Pero cómo lo hacía, por donde empezaba? Debía buscar la oportunidad apropiadas.

    Hasta que ese día esperado llegó sin buscarlo. Un domingo estando en la habitación, salí para tomar agua y, la consigo en la cocina sentada de espalda a la puerta con el celular en la mano en una de las 4 banquetas con espaldar del mesón, solo veía la cabeza y mitad de la espalda, yo me quedé sin hacer ruido y me pare a poca distancia, cuando logro ver, resulta que la señora estaba viendo un video porno, me quedé un momento en silencio y al ratico dije «buenos días» ella pegó un salto y gritó diciendo – «hay me asusté» ¿Cuánto tiempo llevas parado ahí?

    Yo respondo, lo suficiente para ver lo que estabas viendo. Ella se puso de todos colores y nerviosa, tartamudo intentando explicarme, yo le dije, tranquila eso es normal, no tiene porqué darte pena y menos darme explicaciones, somos adultos.

    Me mira y me dice – ¿Por qué me estás espiando? Y le dije, no lo hago, solo me quedé parado en la entrada y me dio curiosidad por los gritos de lo que estabas viendo, ella responde – yo no sabía que estabas aquí, pensé que no habías llegado anoche, no escuche las llaves de la puerta.

    Mi respuesta es que llegue primero que ella, me acosté temprano y me quedé dormido ahí mismo, yo notaba que no se levantaba, solo giró la cabeza con el brazo apoyado para verme, permanecía casi que inmóvil, le pregunto ¿Te pasa algo? Disculpa sí te incómoda mi presencia, voy a tomar agua y regreso al cuarto, yo seguía parado detrás de su espalda que la cubría una franela blanca, abajo intuí que estaba en shorts o en pantys.

    Continuó callada y yo camine para la nevera a buscar el agua, me dice – no vayas a voltear porque estoy desnuda en la parte de abajo.

    Eso es como si me hubiese dicho voltea. De inmediato giré y la mire directo a la cara, ella me dice  -¡Te dije que no voltearas! Yo contesto, disculpa es una reacción espontánea, no fue mí intención.

    Puso su mano para tapar la vagina, puso el celular sobre el mesón, y en la otra mano tenía algo que no podía creer. Tenía un consolador de tamaño regular que luego intento tapar metiéndolo debajo de las piernas, sus pezones estaban excitados, se notaban a través de la franela.

    Me miro, sin pensarlo mucho me acerque, me puse frente a ella, la besé si cual ella correspondió de inmediato, nuestras lenguas se unieron en un morboso beso, mi mano fue a dar a su entre piernas, ella las abrió más, yo apretaba y metía los dedos en ese empapado coño con una línea de vellos que adornaba esa gran raja.

    Con la desesperación arranque la franela para lamer y mamando sus grandes tetas pecosas le decía «hasta que por fin perra, te tengo como yo quería» ella decía -no sabes cómo deseaba está vaina contigo, desde que te pille con mí pantaleta sucia en tu nariz y boca tengo esas ganas, ahora cógeme como lo que soy ‘tú perra».

    Después de masturbarla y mamar rico sus tetas, me puse de rodillas tome el juguete sexual y lo introduje en el coño, lo sacaba y metía mientras lamía el clítoris, ella levantaba las piernas y tomaba mi cabeza y la empujaba hacia su vagina húmeda y olorosa, sus gritos se podían escuchar a distancia, hasta que la perra acabo en mi boca, ella daba jalones de pelo y luego enterró sus talones en mi espalda.

    Su cuerpo se timbraba y su piel se enchina, yo arrodillado ahí le digo. Quiero que me orines la cara y la boca. Ella se sorprende pero me dice – está bien maldito pervertido quédate quieto ahí abre la boca y déjame concentrar para que salga el meao.

    No paso mucho tiempo cuando un gran chorro salió de su coño directo a mi cara y mi boca, chorreaba líquido por mi pecho y sus muslos hasta llegar al piso. Mi verga se puso a millón me pare entre sus piernas bañado en oriné mezclado con fluidos vaginales, ella se abrió como una puta en celos y me dijo -cógeme duro sin piedad, mete toda esa verga dentro de mí y hazme gemir de dolor y placer, dame duro perro.

    Puse mi pene en toda la entrada de la cueva orinada y olorosa a sexo, era un olor excitante y lujurioso. La penetraba con fuerza mientras escupía y mamaba sus tetas, ella se meneaba cuál puta y yo jalando sus cabellos hacia atrás. Me gritaba pidiendo más y más.

    Sentía como se quebraba su cuerpo dando movimiento de arriba abajo y de lados, Era un verdadera Saranda dando cintura. Yo taladrando cada vez más fuerte hasta que acabe chorros de leches dentro de su coño y ella seguía teniendo sus múltiples orgasmos.

    Nos quedamos quietos por un momento, mi verga se fue durmiendo dentro de ella hasta que se salió, la mire la bese, ella me abrazo y me dijo al oído. -no se sí se repita, nuca lo había hecho así. Me encanta, recogeré el descarte para irme a duchar, nos vemos pronto.

    D A.

  • Amiga del trabajo, somos casados

    Amiga del trabajo, somos casados

    Trataré ser muy breve, solo escribir sobre esta anécdota de como tuve relaciones con Fernanda.

    Sucedió hace 4 años, éramos compañeros de trabajo y sabíamos que existía una atracción mutua, los dos casados y quisimos tener esa aventura.

    Nuestra vida era muy rutinaria, trabajo de 8 a 6, un día decidimos que era tiempo y sin importar el riesgo optamos por solicitar un día de vacaciones sin que nuestras familias lo supieran.

    Ya estábamos libres y no queríamos algo tradicional como moteles, así que su esposo regresaba tarde del trabajo y teníamos casa sola, nos fuimos en su auto y tuve que esconderme un poco antes de llegar, ya dentro sentí mucha adrenalina, hasta nerviosismo.

    La tomé por la espalda y besé su oreja y cuello suavemente, sentí su excitación y metí mi mano bajo su pantalón, su vagina súper mojada así que la puse de frente y nos dimos un apasionado y largo beso mientras empezamos a desvestirnos.

    Entramos a una de las habitaciones y rápidamente se acostó boca arriba y acto siguiente abrí sus piernas y empecé a penetrarla fuerte, gemía de gusto, me apoyé sobre sus senos y seguía fuerte, luego de perrito al tiempo que la tomaba del cabello. Luego me montó y al tiempo que la penetraba nos dábamos besos súper ricos, era lo máximo.

    Y para terminar decidimos masturbarnos uno al otro, primero yo a ella, que rico se retorcía, al terminar luego ella me masturbó y mi semen terminó en su cara.

    Por cierto yo 27 ella 32.

  • Con el amigo de mi primo

    Con el amigo de mi primo

    Estaba ansiosa por llegar a casa de mi primo, tenía mucho tiempo sin verlo y quería ponerme al día con él. Al llegar destapamos unas cervezas, yo casi no bebo, pero no rechacé la mía, después de un rato de estar charlando, alguien tocó a la puerta, mi primo se levantó y fue a abrir.

    No tenía idea de que esperaba a alguien, cuando entraron a la sala me giré para ver quién era, creí que sería la novia de mi primo, pero no era así. Era el mejor amigo de él, yo no lo conocía, pero me gustó al verlo.

    Era alto 1.80 más o menos (lo que para mí es demasiado alto yo solo mido 1.56) barba espesa y cabello un poco largo, tenía puesto un gorro de lana, una playera negra y sobre ella una camisa azul de cuadros, pantalón un poco entallado y botas tipo constructor.

    Mi primo se encargó de presentarnos.

    —Ella es mi prima Laura y él es mi amigo Alex.

    Nos acercamos para saludarnos con un rápido beso en la mejilla, olía delicioso.

    Nos sentamos y platicamos los tres hasta muy tarde, el alcohol comenzaba a hacer que nos sintiéramos un poco mareados, pero nos la estábamos pasando muy bien entre música y las típicas charlas sin sentido que nos da la bebida mi primo ya estaba muy tomado y decidimos ir a dormir. Mi primo se quedó dormido en cuanto se acostó, Alex y yo nos quedamos un rato más escuchando música y platicando un poco más hasta que también fuimos a dormir cuando nos acostamos (los 3 en la misma cama) él me «abrazó» poniendo su mano sobre uno de mis pechos me alejé un poco y dormimos.

    Ya entrada la noche comencé a sentir un poco de frío así que me acerqué lo más que pude a Alex buscando calor ya que no tenía una manta cerca, estaba acostada de espalda a él y al acercarme y «cucharear» sentí un bulto duro en mis nalgas sonreí y me pegué a él lo más que pude, de nuevo el me abrazó poniendo su mano en el mismo lugar que antes.

    Comencé a frotarme lento, él masajeaba mis pechos, me puse de frente a él y lo besé, él puso su mano en mi concha y la movía lento, hice lo mismo y comencé a acariciar su verga que ya se sentía dura y húmeda la sacó para que la chupara lo hice, pero en ese momento mi primo se movió para acomodarse de milagro no se despertó no quiero ni imaginar la cara que pondría al ver semejante imagen, nos asustamos un poco así que Alex decidió que fuéramos al baño.

    Me levanté primero y me fui mientras él se cercioraba de que su amigo no despertase.

    Cuando entró al baño le sonreí y se abalanzó a mi boca como si hubiera estado esperando en hacerlo toda la noche su lengua se enredaba con la mía succiona a y mordía mi labio yo le respondía igual sus manos no se separaban de mis pechos y las mías de su verga al sentirla tan dura moría por tenerla en la boca.

    Dejo de besarme y me pidió que se lo chupara me puse de rodillas y saqué de su pantalón un falo grande y grueso no había visto uno así tan delicioso no dude y comencé a chuparlo una y otra vez lo saboreaba como si se tratara de un dulce él tomaba mi cabeza y se movía para llegar más profundo, cuando estaba listo me levanto y me puso contra el lavabo jugo en la entrada de mi concha para sentir lo lubrica da que estaba mientras me decía al oído que era rico sentirme así estaba tan mojada que no le costó trabajo entrar.

    Oh era tan grande podía sentir como mi concha lo apretaba comenzó a penetrarme lento con una mano en mi clítoris me estaba haciendo temblar de solo sentirlo una y otra vez me embestida cada vez con más fuerza su boca en mi cuello mordiendo y lamiendo eso me tenía vuelta loca quería más y se lo pedí la invitación fue para el cómo música ya que lo hizo aún más enérgico hasta que hizo que me corriera y mis piernas no me respondieran temblando me tomó en brazos e hizo que me recostara en el piso.

    Comenzó a besarme esos besos de los que te llevan a otro lugar en el que no sabes cómo volver comenzó a bajar lamiendo mis pechos parecía que le encantaban ya que sentía como los disfrutaba, su mano en mi sexo masturbándome lento con un dedo dentro. Estaba volviendo loca al sentir eso. Dejó de lamer mis pechos y bajó lentamente puso mis piernas sobre sus hombros y comenzó a lamer la sonrosada piel de mi sexo abrió los labios un poco con su mano y un largo y húmedo lametazo me hizo soltar un gemido fuerte que tuve que tapar mi boca con mis manos para evitar despertar a quien se encontraba en el cuarto.

    Cada sensación de tenerlo entre mis piernas era más y más intensa mi mano lo sostenía de la cabeza y lo apretaba más hacia mi sexo para que no parara una sensación de calor bajo desde mi vientre hasta mis piernas al sentir su lengua en mi clítoris succionando y acariciando era como si ya no estuviera en ese lugar no podía pensar en nada más que en su boca.

    Una corrida tras otra me tenía totalmente a su merced y él lo sabía separo más mis piernas y se arrodilló para penetrarme una vez más era delicioso tenerlo dentro se movía con firmeza me miraba a los ojos y decía que le encantaba tenerme y que le prendía más escuchar como mis gemidos eran tapados por mi mano le pedí que siguiera que no se detuviera que lo quería todo sus movimientos eran más fuertes, pero no bruscos podía sentir como su verga se hinchaba más hasta que un beso sofoco una especie de gruñido sentía como palpitaba y se dejaba ir dentro de mi.

    Me sorprendió que solo se quedó unos segundos sobre mi solo para ponerse de pie y sentarse en una silla que había ahí pidiéndome que lo montara al ver su verga aún estaba dura hice lo que me pidió me puse de espaldas a él y metí nuevamente su dura y gran verga comencé a moverme el me masturbaba sentía como lo apretaba más le decía que me encantaba tenerlo dentro el mordía mi cuello y jugaba con mi oreja en su boca hasta que una sensación de calor llegó a mi quería más así que no me detuve hasta que sentí como un chorro salía de mi estaba empapando a Alex.

    Me pidió que no parara pero estaba ocupada temblando así que él me sostuvo y comenzó a moverse violentamente hasta que sucedió de nuevo lo disfrutaba tanto que al seguir moviéndose y toda esa humedad hizo que fuera más sencillo penetrarme hasta que con un gemido y sus manos en mis pechos. El término su corrida era más intensa que la anterior nos quedamos así unos minutos tratando de recuperar la respiración me levante me limpie y arregle un poco el hizo lo mismo me beso y salió del baño yo me quedé un poco más para no levantar sospechas por si ya se había levantado mi primo.

    Al regresar al cuarto vi que seguía dormido y con una sonrisa maliciosa me acerque a Alex para besarlo el me sentó en sus piernas y nos besamos sentí que estaba duro de nuevo así que comencé a hacerle una mamada disfrutando del sabor de su verga mi boca parecía hecha para el mis manos jugaban con sus huevos los lamia y regresaba a meterla hasta el fondo de mi boca, lo miré y vi una cara de placer que no voy a olvidar me decía que era la mejor mamada que le habían hecho y que le encantaba mi boca que no parara lo obedecí seguí lamiendo, chupando y con mis manos lo masturbaba tomo mi cara y se movió hasta que un chorro de semen lleno mi boca su agarre se debilitó seguí chupando hasta que dejó de palpitar saboreando toda la leche que me dio me puse de pie me beso y una sonrisa de complicidad nos acompañó el resto del día.

  • Polvos de pre cuarentena

    Polvos de pre cuarentena

    Siempre les traigo relatos contados desde mi óptica, pero hoy decidí publicar una experiencia pre-cuarentena que tuve con Cristian, un macho que cambiaba a su novia por mí, y el resultado de esos encuentros se ve plasmado en estas líneas que él mismo me dedicó. Espero que les guste.

    En primer término me presento. Soy Cristian, tengo 38 años, soy soltero, pero convivo con mi novia -a la que llamaré Mariana-, desde hace unos dos años aproximadamente.

    Me considero una persona atractiva, con buenos gustos, tranquila, de perfil bajo en algunas ocasiones, pero decidido a ir al frente cuando algo me gusta.

    Y eso fue lo que me pasó con Naty. Si bien sus fotos en la página de internet donde la había visto hablan por si solas, tuve la oportunidad de charlar por chat, Skype y finalmente por Whatsapp, en donde logré conocer a una gran persona, más allá de su belleza física.

    Logramos tener buena conexión desde el principio, y fue sincera conmigo ni bien comenzamos a tomar contacto.

    Si bien ambos manifestamos gustarnos mutuamente, ella me dijo que era de tener pocos encuentros con gente que había conocido en la página de contactos que frecuentamos ambos, o en chats, etc., y con quienes había tenido experiencias reales siempre habían sido personas presentadas por amigas de su confianza.

    Si bien esto a comienzo me hizo bajar la expectativa, las charlas eran agradables -y calientes la mayoría de las veces-, motivo por el cual no me jodió tener sólo contacto virtual por unos cuantos meses.

    Fue allá por mitad del 2019 -luego de varias veces de vernos por videollamada-, que Naty se copó a vernos en algún lugar, para conocernos personalmente.

    Recuerdo que era mitad de semana, y un día con bastante frío. Propuse vernos en un bar/cervecería de calle Montevideo, a media cuadra de Corrientes, ya que era un punto cercano para ambos y de fácil acceso.

    A manera de resumen y para no aburrirlos, he de decir que el encuentro fue espectacular.

    Si bien ella fue vestida de “nene”, siempre la vi como una hermosa pendeja. Su cara, su mirada, lo que dejaba ver su cuerpo detrás de una vestimenta que seguramente ella desearía no tener en ese momento. A pesar de eso, vi una hermosa putita.

    Sabía que ese día iba a ser sólo de conocimiento. No más que eso. Lo que se repitió un par de oportunidades más, en el mismo lugar, con las mismas intenciones.

    Fue luego de una charla de Whatsapp previa a un nuevo encuentro, el día en el que supe que era el momento de dar un paso más, el paso que ambos deseábamos… podía leerlo entrelíneas en los mensajes de Naty.

    Ella estaba más explícita que en otros días, mas sexual, más lanzada. La conversación finalizó cuando ambos confirmamos horario y presencia en el lugar de nuestros encuentros, y con una foto que me mandó Naty de un hermoso conjunto de ropa interior blanco. Ya sobraban las palabras.

    Ese día me ocupé de avisarle a mi novia que salía con amigos a tomar algo, y que seguramente llegaba tarde al depto., por lo cual la motivé a que ella también organice algo con sus amigas, así me daba más tranquilidad para llegar a casa y acomodarme, en caso de que finalmente concretara algo con Naty.

    Ese día nos vimos en la cervecería de calle Montevideo, pero la charla sería breve. Ambos sabíamos que era una simple excusa.

    Como daba por hecho de que pasaríamos a una fase más íntima, y dado a que yo no tenía lugar donde ir para estar juntos a solas, contacté a un amigo y le pedí prestado el departamento por un par de horas, obvio con la excusa de que iba a ver a una mina que me estaba garchando.

    Debo aclarar que me encanta vivir la sexualidad a pleno, pero el hecho de que me gusten “nenas” como Naty no es algo que tenga blanqueado. Ni siquiera a amigos, y obvio que mucho menos a mi novia.

    Con ella desde que vivimos juntos tenemos muy buen sexo, no puedo quejarme. Pero debo confesar que como seguramente le pasará a muchos de ustedes quizás, pienso en chicas cross, trans, travestis, etc. cuando la garcho, o tengo fantasías, o tengo contactos de este tipo por redes sociales que alimentan mi morbo. Así de hecho nació mi relación con Naty.

    Volviendo al encuentro, y como adelantara, lo de la cervecería fue muy breve. Con la excusa de que había mucha gente y la idea era poder charlar más tranqui, le propuse a Naty irnos al bulo de mi amigo, a unas 7 cuadras de donde estábamos.

    Fueron unas largas 7 cuadras. Mucho silencio. Algún comentario tonto de alguno de los dos para hacer menos incómoda la caminata.

    Llegamos, abrí la puerta del departamento y todo comenzó a fluir. La timidez, los miedos o las vergüenzas quedaron de lado.

    Al mismo momento que cerré la puerta, comenzamos una tremenda franela, besos, lengua, manotazos, digno de dos desesperados sexuales.

    Creo que no pasaron más de 30 o 45 segundos que ya para ese momento teníamos la mitad de la ropa puesta.

    Fue ahí que Naty -con gran lucidez-, pidió frenar un poco, y retirarse al baño. Me pidió que la esperara en la habitación.

    Agarró su mochila y se dirigió al baño. Yo quería verla con el conjuntito de ropa interior blanco que me había mandado por Whatsapp puesto, mataba por eso.

    Yo sólo me limité a irme a la habitación y quedar solamente con el boxer puesto, con la verga queriendo salir a toda costa, con la cabeza de la chota queriendo llegar a tocar el sol.

    Cuando la vi entrar a la habitación, sabía que nos íbamos a sacar chispas. Naty manejo toda la previa, y eso me encantó.

    Se contorneaba con su conjuntito de ropita interior, se acercaba lentamente a mí, que sólo me limitaba a esperarla recostado, con mis piernas y brazos abiertos como esperando recibirla.

    Juro que se me explotaba la pija. Muchas ganas de ver a Naty con la chota en la boca. Si bien había sido de conversación en diversos chats, Skype y nuestros mensajes de Whatsapp, jamás habíamos hablado de sexo explícito personalmente.

    Era como que dejábamos eso para el momento oportuno, y creo que eso generó mayor curiosidad en el otro y mayor deseo.

    Sabía que a ella le gustaba mi pija, al menos las fotos. Yo estaba enamorado de sus fotos, y ahora la tenía enfrente, confirmando lo visto en las imágenes.

    Ella se acercó gateando sobre la cama, y sin que yo haga nada, solita bajo mi bóxer. Ahí pudo verme a pleno, y esbozar su primer comentario, agarrar mi verga y mirarla como con admiración.

    Me dijo… -No podés tener esta verga papi… es hipnótica.

    Y así parecía, porque no paraba de mirarla y mirarla, mientras sus manos la recorrían desde los huevos, pasando por el tronco hasta llegar a la cabezota.

    Le dije que era suya, que está esperando una buena chupada de su parte desde hace tiempo, y sólo con mirarme sabía que venía la mejor parte.

    Empezó a tragarse lentamente la verga, sabía lo que hacía. Sostenía firmemente con sus dos manos el tronco, mientras tímidamente se comía la cabeza de la chota.

    De a poco comenzó a tragar más y más, mientras me pajeaba o me acariciaba los huevos y por debajo de ellos. La dejé trabajar la verga tranquila, quería que la disfrute, la mire, grabe con su mirada el brillo que emanaba de la cabeza, que apreciara el grosor de mi tronco, el flujo sanguíneo de mis venas bien marcadas, algo que yo sabía que le llamaba la atención y le encantaba.

    Fue el momento en el que sentí que tenía que tomar el control. Me levanté suavemente de la cama y le pedí a Naty que se arrodillara en el piso, previo colocarle una almohada para que no lastimara sus rodillas.

    Entonces, le pedí que abra grande la boca y saque su lengua lo que más pueda, y que nunca deje de mirarme fijo a los ojos.

    Yo por mi parte, la agarré con mi mano izquierda por detrás de su nuca, mientras que con la otra mano sostuve fuerte mi verga desde la raíz, para empezar a darle embestidas dentro de su hermosa boquita.

    Y ahí empecé a bombear, a coger su boca. Al principio solo la cabeza de la poronga, para ir ingresando cada vez más con mi miembro a la profundidad de su garganta.

    Ya con casi la totalidad de la pija dentro de su boca, era obvio que iba a empezar a hacer arcadas, como tanto me gusta a mí. Pero en ningún momento Naty desistió de hacer ese hermoso trabajo que tan bien le sale que es satisfacer a su macho.

    Cada vez embestía más fuerte y con mayor frecuencia en su boca, el bombeo era constante. Y empezaron las lagrimitas de arcadas. Algo hermoso, verla mirarme fijo a los ojos, ahogándose con mi verga, con lágrimas de placer en sus ojitos inocentes.

    Creo que no menos de tres veces estuvo a punto de vomitar, pero nunca dejó de chupar y bancarse la verga en su pequeña boquita. Todas esas babas que caían iban a ser muy útiles para la lubricación de su colita.

    Es que, ante tanta baba, entendí que iba a ser el mejor lubricante que podríamos tener.

    Les puede parecer tonto, pero a pesar de la situación, sentí que en caso de avanzar, tenía que tener a anuencia de ella.

    Es que mientras se la metía en la boca, le empecé a preguntar si me iba a dejar hacerle la colita, o todo iba a quedar en una buena mamada.

    Si bien ella mucho no podía hablar por tener la boca llena, asentía con un sí ante cada pregunta que le hacía al respecto.

    Con su consentimiento, la puse en 4 patitas en el borde de la cama, para poder así adentrarme en esa hermosa cuevita que tiene con mi lengua.

    Me esmeré en tratar de darle la mejor chupada de culo de la historia. No sé si lo logré, pero la dilatación que iba logrando me daba algo de tranquilidad de que estaba haciendo las cosas bastante bien.

    Ya con dos dedos adentro del orto, fue que le pregunte nuevamente si me iba a dejar hacerle el ojete, pero la respuesta fue un quejido y luego el silencio, hasta que le apoye la cabeza en la puerta del orto, y fue recién ahí que escuché… si papito… pero porfa… cuidame…

    Y traté de cuidarla, pero ese culo sin dudas era bancador, así que dudé en cumplir el pedido de Naty. Creo que sólo cuidé ese culito los primeros 10 minutos de penetración.

    Me gusta el sexo intenso, fuerte, entregar todo físicamente, terminar exhausto y con la satisfacción de que le di todo a mi putita de turno, y con ella no iba a ser la excepción.

    Soy físicamente robusto, y ella tan menudita. Eso me excitaba aún más. La dominación sobre Naty era total. La manejaba en la cama con facilidad al ser tan livianita.

    Juro que le clavaba la chota desde todos los ángulos, y ante cada pose los quejidos de placer que escuchaba de su interior me ponían cada vez más loco, cada vez más intenso, cada vez más sexual.

    Fue en un momento que vi reflejados nuestros cuerpos en la pantalla de un TV de 43 pulgadas que mi amigo tiene colgado en su habitación. Ese aparato estaba apagado, y hacía las veces de espejo de nuestros cuerpos cogiendo a morir.

    Le pedí a Naty que se pare, y la puse de costadito a la TV. La agarré de su cintura por detrás, y tomé sus brazos, a la altura de sus codos.

    Ella no paraba de mirar en ese espejo que habíamos inventado. Se veía claramente la diminuta dimensión de su cuerpo, en contraposición con el mío, mucho más grande. Y también se veía claramente mi verga al re palo a punto de explotar. Y creí que esa era el momento oportuno para dejar todo.

    Me escupí la cabeza de la chota, y se la afirmé en el ojete, mientras que le trabé sus brazos por detrás de su espalda con los mías, para que no sólo no se me escape, sino para tener un dominio absoluto sobre ella.

    Y no voy a mentir, no quería que Naty se pajeara mientras la clavaba, ni pajearla yo. Quería ver el punto de calentura de esta putita.

    Es que ahí fui por el orgasmo… de ambos. No me importaba si ella me pedía que parara, o si se quejaba cada vez más fuerte.

    Sentí que era el momento de no perdonarla, de enterrarla toda, bien hasta los huevos, y hacer bombeos de pija completa, es decir, bien hasta el fondo, y sacarla hasta el punto que parece que se zafa del culo.

    Y a eso, sumarle fuerza, empuje y velocidad. No hay culo que aguante.

    Lo que buscaba sin dudas era que ella eyacule, y probar con eso el punto de calentura que en todo momento percibí de su parte.

    Creo que fueron unos cuantos minutos, los dos agitados a no más poder, yo totalmente empapado en transpiración, pero nunca bajando el ritmo, teniendo a Naty parada por delante de mío, totalmente ensartada hasta los huevos, hasta que llegó el momento, momento que ambos pudimos ver en la imagen que reflejaba ese televisor a manera de espejo.

    Pude observar el punto máximo de calentura de ella, la veía sin chances de escaparse, rendida y entregada, totalmente desinhibida, con sus piernas queriéndose flexionar continuamente, como que buscaba como tirarse al piso, hasta que no pudo más y soltó toda su calentura.

    Empezó a acabar, así de simple, sin tocarse, solo siendo cogida. Y pude ver eso como sucedía.

    Juro que fue algo que me motivó a seguir dándole, y fue algo que recién ahí me permitió terminar a mí… si no lograba que ella acabe de esa manera sin estimularse los genitales, solo siendo penetrada, hubiese sido un fracaso para mí.

    Luego de ese momento sublime, fue como que ella empezó a desvanecer, a quedarse sin energías, y empezó a pedirme por favor que acabe. Y sus pedidos son órdenes.

    La seguí clavando hasta que descargué la leche que quizás nunca había logrado descargar en un polvo con mi novia. Llene el forro y el ojete de Naty con la chechona que ella tanto me pedía.

    Inmediatamente después que le saqué la verga del orto, se tiró al piso, como buscando descansar, apoyando su cabeza sobre el lateral de la cama.

    Entonces, me saqué el forro, y le pedí que suavemente me limpiara la verga con una linda mamada, como ella tan bien sabe.

    No nos dimos mucho tiempo para recuperarnos. Sentíamos que el tiempo y la calentura nos apuraba. Y repetimos una buena cogida en dos hermosos polvos que me sacó esa misma tarde.

    No me echaba tres polvos como los que le mandé a Naty desde hacía tiempo. Ella me los sacó. Una de mis mejores tardes de sexo.

    A partir de ese día, cambiamos la cervecería por el departamento de mi amigo. Y ya los encuentros eran fijos y cada vez más intensos.

    En ese departamento nos vimos unas 5 o 6 veces más, hasta el momento de que mi amigo me empezó a interrogar de con quién me veía, que mina era, si era conocida de mi novia o no, etc., lo que me obligó a mentirle en una serie de cosas, y por ende a dejar de pedirle prestado el departamento.

    Sabiendo la zona por la cual se movía Naty, y siendo que ella accedió, empezamos a vernos en un telo de calle Talcahuano casi Córdoba.

    Si bien no era un lujo, lo bueno es que nos dejaban ingresar sin drama, a ella le quedaba a un par de cuadras de la sede de Paraguay y Uruguay de la Uces de Psicología que ella cursaba en ese momento, y a mi me quedaba al toque del laburo.

    Ya para esos encuentros, yo me escapaba de mi laburo en el horario laboral para no llegar tan tarde a mi casa.

    En los encuentros en el departamento de mi amigo se me complicaba para volver muy tarde si mi novia no hacía algo ella por su lado, entonces empezamos a vernos en el horario de almuerzo, tipo 13 horas, pero terminábamos a eso de las 18 de coger y jugar.

    Como yo trabajo por mi cuenta, no tenía drama en esas escapadas, de borrarme todo el día, pero al día siguiente era una pila de laburo, mensajes que me dejaba anotados mi secretaría de gente que había intentado contactarme durante mi ausencia… un quilombo.

    Eso sin contar que más de una vez me pasaba de tener que garchar a mi novia, después de haber estado cuatro o cinco horas con Naty. Era todo un stress, un lindo stress.

    Con Naty la piel era increíble, congeniábamos perfecto, a todo nivel. Hasta en una oportunidad, no conseguimos habitación en el telo, y terminamos en un sex shop de calle Talcahuano que tiene unas cabinas en el subsuelo para ver porno.

    Pagamos el doble y nos mandamos a una cabina, la más amplia de las 4 que tiene, que no era mucho más grande que 2X2, y le pegué una garchada hermosa, que recuerdo le temblaban las piernitas. Ese fue uno de los días que más caliente la noté.

    Me confesó que la había calentado mucho el saber que el resto de las cabinas estaban con tipos pajeándose, y nosotros a todo garche a metros de ellos.

    Pero sin dudas, no era un lugar para ir todos los días, y el telo tampoco era un lugar para seguir yendo todos los días. Yo trabajo cerca, ella concurre a la facu cerca, era todo muy jugado, yo ya no podía pedir el departamento prestado a mi amigo… pero las ganas de vernos eran cada vez mayores, y algo teníamos que hacer.

    Fue ahí que ella me propuso verme un día en el departamento de una compañera de facultad. Una piba que había pegado muy buena onda y cursaban juntas desde el comienzo de la carrera.

    La piba era de una ciudad de la provincia de Buenos Aires y la bancaban los viejos con sus gastos. Sólo estudiaba. Me dijo que, si le dábamos unos mangos como para garpar luz/gas o algo así, podíamos usar la habitación de su amiga.

    La verdad que al comienzo la idea no me convencía, no quería tener quilombos de ningún tipo, ni con su amiga, ni con nadie que me viera, con mi novia menos.

    Pero después de 15 días de no encontrar solución, accedí a vernos en el departamento de su compañera de estudios. Esos 15 días sin vernos fueron la prueba de que teníamos un garche tremendo ambos, fuego puro.

    La onda era usar el departamento una vez por semana para no generar quilombo de ningún tipo, y aprovechar ausencias de su amiga.

    Además, yo no quería tampoco que sea algo mucho más intenso, porque mi novia me había hecho un par de planteos en cuanto que sospechaba cosas, como que me alguien me escribía, redes sociales, mensajes, etc., entonces me había propuesto cogérmela de lunes a lunes para que no me joda.

    Como nos fue? Nos veíamos todos los días que Naty cursaba, es decir lunes, martes, jueves y viernes. Horarios? Desde las 13 hasta que me saliera agua de la verga. Si… es la posta.

    Hasta un par de veces teníamos tribuna… jaja. La amiga de Naty y dueña del departamento en el living supuestamente “estudiando”, mientras yo la tenía ensartada a su amiga en la habitación y a los quejidos limpios.

    Era todo sumamente intenso desde el punto de vista sexual. Muy fuerte todo. Creo que en un momento llegamos como a desafiarnos sin proponérnoslo.

    Como era eso? Llevábamos cada uno nuestro físico al límite. Yo con la pija roja en sangre. Ella con el ojete híper dilatado.

    Fue ahí en esos días como que mi cabeza hizo un click.

    Si bien estar con Naty era como una droga, era un viagra natural, verla era querer ponérsela, ponerte al palo en segundos, yo sabía que estando en pareja esto era insostenible.

    Además, la situación se ponía cada vez más jugada para ambos. Ya en los últimos polvos ni nos cuidábamos, lo cual era una irresponsabilidad, pero lo hacíamos.

    Es que usábamos una banda de forros, y llega un momento que poder sentir como la carne de la verga transita un ojete tan rico, te hace cometer locuras.

    Para evitar seguir haciendo macanas, y sabiendo que podría generarme problemas a mi en mi casa con mi novia y a ella quizás con su amiga en el depto. -ya que era testigos de una porno de 5 horas en cada encuentro, fue que tuve que tomar una decisión que hasta hoy me apena, que sólo está siendo menos dolorosa por esta situación que estamos viviendo por el Coronavirus que nos mantiene a muchos encerrados haciendo la cuarentena.

    Para febrero de este año fue que decidí suspender los encuentros con Naty de manera tan continua. Sentí que era arriesgado, y que quizás nos llevaría a problemas que ninguno de los dos quiere transitar.

    Ambos seguimos conservando nuestros teléfonos, pero sabemos que sólo tenemos contacto en ciertos horarios, y charlas de poco tiempo, para no levantar temperatura y sentir la necesidad de vernos. Ambos sabemos la conexión que tenemos.

    Desde febrero que no nos vemos. Más allá de la decisión que terminó siendo consensuada entre ambos, la cuarentena nos ayudó a sostenerla sin dudas. De lo contrario, quizás el final de este relato sería otro.

    Yo hoy en día continúo conviviendo con mi novia, pero no voy a mentir…en más de una oportunidad al día se me cruzan en mi cabeza imágenes con Nayy, las más lindas y perversas imágenes de las cosas que le hacía, que ella me hacía, que nos hacíamos.

    Más de uno quizás me critique por la decisión tomada… y lo entiendo. Pero lo más importante es que ella me entendió, y desde un comienzo, tal como lo hablamos siempre, lo nuestro venía por el lado sexual, de pasarla bien, tener buen garche, disfrutarnos, y eso fue lo que hicimos… y quizás lo que en algún momento volvamos a hacer.

    NATY

  • Preñada en un basural

    Preñada en un basural

    Muy tarde, ya era de noche. No sé porqué se me ocurre quedarme hasta esa hora en la oficina, pero el deber me llama. Finalmente, termino con los ajustes contables y la contabilidad creativa necesaria, supongo que estamos listos para la dura auditoría que nos toca mañana.

    Recojo pues mi abrigo, me llevo algunos papeles para la reunión de mañana y salgo a la calle. Voy caminando hacia mi casa, como hubiese hecho cualquier otro día con la diferencia de que todo luce sumamente más siniestro a las once de la noche.

    En eso, por el rabillo del ojo siento como si me estuvieran siguiendo. En efecto, detrás de mí hay dos sombras que ya hace algún tiempo que los tengo a la zaga. Trato de apurar el paso, con una inquietud, pero ellos también hacen lo mismo. En un momento decido acelerar decididamente el paso y largarme a correr, pero entre el miedo y el desconcierto doblo en la esquina que no debía, encontrándome de repente en un callejón sin salida. ¡Vaya mala pata!

    Me tiro sobre la pared del callejón, entre bolsas de basura, mientras los dos sujetos, que parecen bastante fornidos, se van acercando. El corazón me empieza a latir con mayor intensidad por el miedo de lo que podría pasar.

    —¡Vaya! Pues fíjate al pececillo que tan tontamente cayó en la red —dijo uno de los facinerosos.

    —Bueno, chavala, ya sabés cómo es el procedimiento. Tira tu cartera y todo lo que tengas —completó el otro.

    La situación ciertamente era desesperante, pues tenía en mi poder no solo mi efectivo y los plásticos, sino además estos informes que iba a necesitar mañana. ¿Por qué no los dejé en la oficina?

    —Este… miren, les dejo mi cartera pero primero déjenme sacar unos papeles de trabajo que necesito para… —trato de balbucear.

    —¡De eso nada! O nos das todo o no cuentas el cuento —dijo el primero de ellos, pelando de su bolsillo una amenazadora navaja.

    Resignada, tiro mi cartera a sus pies, sabiendo que probablemente esto podría llegar a costarme el curro pero al menos seguiría con vida e íntegra. O eso esperaba…

    —Oye —dijo el segundo, más alto— está forrada, debe tener como 300 euros aquí.

    —¡Sí, quédense con todo el dinero, pero por favor denme de vuelta los papeles, que los necesito!

    —¡No estás en condición de solicitar nada acá! —Bramó el primero, que parecía el cabecilla— Todo este toma y daca me impacienta, dado que apenas estamos comenzando…

    El susto me nubló el razonamiento… ¿Qué quiere decir con eso de que “apenas estamos comenzando”?

    —¡Por favor, llévense todo y váyanse!

    —No maja, todo este bla bla no hace más que abrirme el apetito. Desvístete, y si eres lo suficientemente fea, te dejaremos ir.

    Me quedo con la boca abierta, sin saber qué decir. Definitivamente, esto pintaba muy mal. Se me acerca el segundo, también con navaja en mano, y de un saque me arrebata el abrigo y luego me arranca la blusa y el vestido, a puro navajazo. Alguna habilidad tenía, pues es lo suficientemente diestro como para no cortarme a mí.

    Antes de que me dé cuenta, me encuentro solamente en bombacha delante de ellos, atemorizada, esperando cómo seguiría esto.

    —¿Qué dices tú, Rod? ¡Tiene unos melones de la ostia! —dice el segundo mirándome los pechos.

    —Sí, sí Picha, vamos a darle y ya… Escúchanos bien perrita, si haces bien tu papel y nos satisfaces, quizás tengas alguna chance de vivir.

    Sin otro particular, el llamado “Picha” me empuja hacia una esquina del callejón, repleto de porquerías y basura diversa. El miedo me atenaza, esperando lo que pasaría ahora… Rod se me acerca y me susurra al oído:

    —Hace mucho que esperábamos esta oportunidad, si te portas bien te limitaremos a dejarte preñada como a una perra en celo, pero estarás viva, para cuidar a nuestra prole.

    —Sí, sí, señor… —atino a decir muy temerosa.

    Picha saca otra vez la navaja y corta con ella mi bombacha, quedando así completamente desnuda frente a los dos patanes. Me agarra y me coloca en cuatro, con las manos hundidas entre un montón de basura podrida. Siento como los facinerosos proceden a magrearme desde atrás, sus manos pasan por mis nalgas, mi entrepierna, me palpan bruscamente la conchita, mi agujerito anal. Pego un respingo cuando uno de ellos, creo que el tal Picha, me pellizca un pezón.

    Estoy como perra sometida a ellos, esperando el primer embiste (¿de quién y en dónde?). En eso, uno de ellos me empieza a lengüetear con desparpajo las nalgas, cada vez más cerca de mi anito. Me entra un poco de temor, no estoy muy preparada por esa zona, digamos que soy virgen de esa región. La buena noticia es que si se conforman con una rápida penetración anal no correría riesgo de embarazo.

    ¡Plas! En eso, uno de los patanes me pega una importante nalgada que casi me hace saltar en cuatro, e inmediatamente después siento una lamida directamente en el ano, lo que se convierte en un fuerte beso negro. Me maldigo a mi misma cuando sin quererlo emito un pequeño gemido.

    —¿Escuchaste Picha? En efecto, parece que está bastante deseosa la zorra esta…

    Nuevamente maldigo mi debilidad, pero debo admitir que la situación de suciedad y de magreo continuo me generó algunas palpitaciones y excitación. Todavía el miedo era más fuerte, pero la repugnancia estaba dejando poco a poco paso a otra cosa…

    En estas elucubraciones, siento que me escupen el ano, y con una mano empiezan a frotarlo. A continuación, una seguidilla de escupitajos en mi agujerito junto con algunas otras nalgadas, bastante fuertes por cierto; a esta altura mi cola debe estar roja como un tomate.

    Oí un par de braguetas que se abren, yo estaba sin ver todavía, con la cabeza casi enterrada en la basura. “Ya llegó la hora” pienso. Un par de dedos se introducen entre mis nalgas para separarlas, pero oigo algunos murmullos de frustración, me imagino que la estrechez de mi ano los debe disuadir un poco. Pero no parecen gente que se rinda fácilmente. Prontamente unos dedos empiezan a escarbar el interior, metiéndose bien profundo en mis entrañas.

    El dolor es fuerte, pero pienso para mis adentros que mejor esto que la desgracia de llevar el vástago de uno de ellos.

    En un momento, siento que algo más grueso se empieza a colar por mi agujerito, ya algo dilatado por tanto manoseo. El dolor es muy fuerte, pero no tan insoportable como hubiese esperado, creo que todo el procedimiento me está empezando a generar un poco de cachondez debo decir. Oigo los gruñidos del que se hace llamar Picha, evidentemente está peleando con mi ano para poder meter su ubre de toro.

    —¡Ay! Eso duele, ¡maldito degenerado! —grito.

    —Escucha preciosura, es lo que te conviene, si acabamos en tu culo no hará falta que toquemos tu preciosa concha.

    En eso admito que tenía razón, preferible una acabada dolorosa en mi culo y no en la vagina, con los riesgos que eso conlleva.

    Empieza a acompasarse el ritmo, de ser desprolijo a pasar a algo más ordenado, a medida que mis entrañas se van adaptando a la entrada de la verga de Picha. Resoplo como puedo, pues algunos embates resultan dolorosos pero en general debo decir que un cierto gusto le encuentro a esto, y además sabiendo que con un poco de suerte esto los calmaría. Siento cómo mi entrepierna empieza mojarse un poco, ¡diablos, justo ahora me estoy calentando! Encima, mi olor a celo es muy notorio… No sé qué es lo que me agarra en ese momento, algo del morbo que me imponen los facinerosos, pero de repente deseo fervientemente que me hagan completamente suya. No solamente desde el anito, sino también desde mi conchita, sino no estaría mojándome como lo estoy haciendo ahora.

    —Ah… Escuche… Ah —atino a decir— terminemos esto de una vez.

    —¿A qué diablos te refieres? —dice el Picha, con su verga todavía en mi ano.

    —No soporto el dolor, me gustaría sentir bien esto. Háganlo por delante.

    Se interrumpe el bombeo en ese momento, los debo haber desconcertado.

    —¿Estás insinuando que… —susurra el Rod.

    —¡No perdamos más tiempo, atinen en donde tiene que ser! — prácticamente grito, totalmente en celo.

    —¡Sucia y cochina zorra! —dice uno de ellos, ya no sé quién, junto con otras invectivas, mientras vuelve una violenta andanada de cachetazos a mis pobres nalgas.

    Siento de vuelta el ano libre, y me doy vuelta, tirándome en la basura para darles la cara. Definitivamente, será este un polvo para memorar. Abro la entrepierna y con mis deditos sucios de la roña, me abro los labios vaginales, invitándolos a entrar. El llamado Picha no pierde tiempo, evidentemente está a punto de explotar, se abalanza encima mío con su verga, la cual ahora puedo ver, una cosa bastante desagradable; larga, gruesa y doblada después de la mitad. Se atina a ver un poco de líquido preseminal asomando de la uretra, y la suciedad de mi ano en su verga. Me escupe la concha con desprecio, y con un dedo desparrama su saliva por mi cavidad vaginal, lo cual me produce un escalofrío eléctrico, para luego colocar su verga en la entrada de mi caverna.

    —¿Tú estás segura de esto? Nos veníamos de coña, con darte la follada en tu culo estábamos.

    —¡Hagan lo que tienen que hacer, vamos! —no me reconozco en ese grito.

    Siento como se me entierra su verga sucia de mis propias heces en mi interior, lo cual me lleva a las nubes al momento. No puedo detener los jadeos cuando continúa el bombeo. Lo agarro bien firme, y le meto un dedo por debajo de su pantalón para tantearle su propio culo, el cual procedo a estimular mientras me penetra casi con sadismo. La calentura del facineroso es muy fuerte, así que no tarda mucho en correrse en mi interior, recubriendo mi concha hasta mi útero de su esperma caliente. Sentir eso hace que me vuelva loca de placer y estalle en un orgasmo, tirando fluido vaginal por todos lados en el proceso, es casi como si me hubiese orinado encima. Me termino recostando en la basura, agotada, con esperma derramándose de mi conchita, pero sintiendo que algo faltó.

    Evidentemente el cambio de actitud de mi parte los debe haber desconcertado a ambos, el Picha guarda su ya flácida verga en el pantalón. El Rod me mira desconcertado un segundo, analizando su jugada. Tiene una hembra completamente desnuda, claramente en celo y dispuesta, y pareciera que aún insatisfecha a pesar de su orgasmo. Creo que nunca le debe haber pasado una cosa así en su vida.

    En eso, el Rod se baja completamente el pantalón y sus calzones, quedando su aparato genital al aire. Si el del Picha ya era feo, este es directamente grotesco, de magnitud considerable, sumamente venoso, y su glande luce como si estuviera partido en el medio. Realmente, es repulsivo. Pero lo peor debe ser sin duda sus testículos, dos tremendas pelotas que le colgaban del miembro, repletas de semen listo para vaciarse en mi interior.

    Se acerca hacía mí, me pellizca ambos pezones con crueldad, causándome un grito.

    —Te aseguro que yo sí te dejaré bien preñada, eso tenlo por seguro, perra —dice casi con desprecio.

    —Vamos, ¿a qué esperas? —digo desafiante, con la emoción desbordada de lo que estaba por pasar.

    Me invade el dolor cuando siento ese glande de película de terror internándose en mis paredes cavernosas. Por suerte, la lefa del Picha ayuda a la lubricación de mi chochita. Procede entonces a hacer el mete-saca continuo, cada vez más rápido, y yo noto que de vuelta mi concha se empieza a encender. Vaya, ¡así es como uno descubre que se es multi-orgásmica! El bombeo se va volviendo cada vez más intenso, y escucho los bufidos del Rod a medida que su pene se va calentando por la fricción y el placer, que debo decir es compartido. En un momento se vuelve tan intensa la cosa que se desgarra una de las bolsas de basura, descargando restos de porquerías innombrables por encima de ambos.

    En esta competencia de quién acaba primero, gano yo. El orgasmo es sumamente intenso, la follada más espectacular de mi vida, y rápidamente es acompañada por un torrente lechoso de esperma que me rebalsa la concha de lo intensa que es. Le debo haber vaciado esos dos balones que tiene de testículos al hijo de puta. Quién lo diría, capaz que efectivamente me preñan, ¿quién sería el padre? Quizás los dos, vaya uno a saber.

    Quedo tirada agotada en la basura, en medio de una ensoñación de placer. Los dos sujetos recogen sus ropas y las mías, y también mi preciosa cartera.

    —Oigan… mi cartera, mis papeles… —digo casi son convicción.

    —Perra, ¿de qué diablos hablas? Ya no estás para esos labores de pija, ahora eres una puta hecha y derecha —me espeta el Rod— Vámonos Picha, dejémosla sola acá desnuda en su callejón.

    Con eso, los dos sujetos se escabullen, dejándome ahí tirada, desnuda, sin nada, en medio de un montón de basura. Mi vagina rebalsa de fluidos masculinos, oliendo muy mal por el semen y las heces de mi propio culo, contribuyendo a la mugre del lugar. No tengo fuerzas para moverme, y prontamente me quedo dormida entre la basura, a medida que en mi mente voy reviviendo lo que definitivamente fue la follada más guarra de mi vida… Un polvo así bien vale la pena por todo lo que puede pasar después.

  • Alberca Ciudad Deportiva (1)

    Alberca Ciudad Deportiva (1)

    Hace ya algunos años decidí inscribirme a cursos de natación en la Ciudad Deportiva de Toluca, para quitarme mi panza chelera, que aunque no muy grande si era ya poco estética.

    El primer día pude constatar la buena decisión que tome, pues aunque llegue 15 minutos antes por cualquier inconveniente me pasaron de inmediato a regaderas para prepararme.

    Al entrar pude ver que aquello era un paraíso, lleno de jóvenes que estaban terminando su clase de las 6 pm y adultos que como yo iban a iniciar clase a las 7 pm.

    De inmediato vi a un chico de unos 19, años alto, moreno claro, cara de niño, atlético, guapo, pero sobre todo bien dotado pues le colgaba un generoso paquete entre las piernas.

    Me coloque en la regadera junto a la suya y comencé a desnudarme, mientras el no perdía detalle de mis movimientos, lo cual de inmediato me indico que le interesaban los hombres, por lo que me dedique con mucho detalle a enjabonarme y enjuagarme, tardándome más de lo que debería. Después de unos minutos le hice una seña para que se acercara, lo cual hizo de inmediato, y comencé a acariciarle las lindas y respingaditas nalgas que se cargaba. Le metía los dedos enjabonados y él se dejaba hacer, gimiendo bajito para que nadie lo escuchara.

    Lo masturbaba con mi mano derecha, mientras le acariciaba las nalgas con la izquierda. El hacía lo mismo conmigo, besándonos constantemente entre cada movimiento.

    Poco a poco se fueron saliendo todos, de uno y otro horario, y nos quedamos solo él y yo, oportunidad que aproveche para voltearlo y empezar a meterle mi verga, que para ese momento estaba a reventar. Se inclinó un poco hacia adelante, lo que me facilito la acción y empecé un mete y saca rítmico que pronto me hizo estallar dentro de él, pero de pronto se volteó y se agacho a chupar los últimos disparos de mi semen.

    Le correspondí agachándome a mamar su verga, que según mis cálculos podría medir unos 17 cm, nada mal para un joven de su edad, y comenzó a gemir más fuerte, hasta que no pudo más y termino en mi boca llenándola completamente de deliciosa leche juvenil.

    Seguimos acariciándonos por un buen rato, aprovechando el agua caliente y la ausencia de personas, y platicando de él y de mi, de su sexualidad disimulada y solo expuesta en lugares así, y de mi gusto por muchachos como él.

    Me dijo que tenía que irse, nos besamos apasionadamente y le dije que nos veíamos pronto, pues él también iba a diario ahí como yo.

    Me fui a nadar feliz e inspirado, pero con la certeza de que volvería a pasar algo así en más de una ocasión. No me equivoque.

    Espero les guste mi relato.

    Mi dirección es [email protected].