Autor: admin

  • Iniciándonos en los tríos

    Iniciándonos en los tríos

    —Amor no nos levantemos todavía, esta rico acá. 

    —Ya, pero un rato no más que debemos cocinar.

    —Si mi nenita… hagamos cucharita… mmm que rica eres amor.

    —Oye Anto hace tiempo quiero preguntarte algo…

    —Pregúnteme lo que quiera

    —Tienes alguna fantasía?

    —mmmm la verdad si… me gustaría hacer un trio alguna vez… y tú tienes alguna fantasía amor?

    —SI… me da vergüenza decirte

    —Pero dime si tenemos confianza, me gustaría saber

    —Me gustaría estar con 2 hombres

    —Uyyy que golosa mmm

    —Los dos queremos hacer un trío jajaja y tú, que trío te gustaría?

    —Yo quiero ver como tú y otra chica me lo chupan

    —Uyy mi amor… a mi igual me llama la atención estar contigo y otra chica, me gusta la idea… y si la hacemos Anto? Te atreves?

    —Hablas en serio mi amor?

    —Si… si me gusta cuando nos ponemos perversos! Pero de donde sacamos a la chica?

    —No se… mmm y si buscamos en Facebook?

    —Ya, buena idea, hagámonos un perfil como pareja… yo lo hago durante la tarde.

    Al llegar la noche la Ale me menciona que ya hizo el Facebook y que se ha  metido en algunos grupos y que ha invitado a varias chicas y ha hablado con algunas, pero nada serio. Así que yo también me conecto a ver qué sucede.

    —Amor nos ha ido mal buscando a la tercera… nadie acepta o si hablan no parecen muy interesadas… Qué hacemos?

    —Sí, me he dado cuenta, yo también he intentado contactar a algunas y nada, solo pillo chicas lesbianas que se interesan solo en ti y no en mi jaja o parejas que quieren intercambio y chicos que quieren ser tercero.

    —Mmm yo no me enojo si un tercero nos quiere hacer compañía he jajaja

    —Amor que juguetona eres jajaja, pero si esta tan difícil encontrar una chica, yo igual aceptaría que el trío fuera con un tercero entonces… además igual me gustaría verte jugando con dos penes jaja

    —Que rico seria… pero no te pondrás celoso amor?

    —Sí, yo creo que si… pero sé que nos amamos y es solo un juego, una fantasía que queremos hacer.

    —Si amor, que lindo escuchar eso… yo soy tuya y te amo, y me gusta que tengamos esta confianza.

    Al pasar uno días, comenzamos a seleccionar en Facebook algunos chicos y dos le llamaron mucho la atención a la Ale, así que conversamos con ellos, ella les pidió fotos y se veían decentes. Así que la Ale eligió a uno llamado Claudio y quedamos de acuerdo en reunirnos con él, el sábado.

    —Estas nerviosa para mañana?

    —Sí, mucho… no sé cómo será todo esto… no sé cómo empezaremos… será muy raro estar contigo y con otro hombre a la vez… tampoco sé si yo lo pueda disfrutar sabiendo que tú me estas mirando y tampoco quiero que lo pases mal tu Anto… porque sé que te darán celos… pero de verdad me gustaría experimentar esto.

    —Si mi nena, yo también estoy nervioso, no sé cómo sea verte con otro… pero de verdad te amo y quiero darte en el gusto… que lo disfrutes mucho… y no te preocupes por mí, yo me pondré celoso, pero lo debo aceptar es parte de la situación.

    —Si mi amor, el tercero solo viene a darme en el gusto y nada más, tu eres a quien amo.

    —Ale pero pongamos algunas reglas para evitar malos entendidos mejor?

    —Ya… pero cómo cuáles?

    —Mmmm estaba pensando… en dos cosas solamente… una, yo quiero ser el primero que te dé por el culito… él debe ser el segundo y lo otro… no quiero que te tragues su semen.

    —Entendido, mi culito será tuyo primero… pero si se la chupo y acaba en mi boca… y me lo trago sin querer… no te enojes por fa.

    —jajaja… ya mi nenita… si quieres leche nueva… lo entenderé. Pero ese culo lo abro yo, ok.

    —Si mi amor, siempre tuyo.

    Llego el día, nos preparamos; dejamos todo el departamento listo. Ella se veía espectacular, una faldita negra con lunares blancos, una blusa negra muy escotada, su cabello suelto, ojitos delineados con sus grades pestañas y labios rojos que cautivaban a cualquiera.

    —Mi nena que hermosa eres!

    —Gracias mi amor, pero no es para tanto…

    Llegamos al punto de encuentro y Claudio estaba allí, con su celular en la mano esperándonos. Nos presentamos y nos dirigimos a un bar cerca de ese lugar, pedimos unas cervezas y conversamos un rato. Él nos contó que ya había hecho tríos antes, que está era su tercera vez y que ya no se sentía tan nervioso como la primera. Nos contó un poco de él, sus pasatiempos, en que trabajaba, donde vivía, etc. Con la Ale teníamos unas claves para definir si ambos estábamos de acuerdo y si, el chico nos agradó; así que le hice una seña a ella y ella también a mí. Ya estaba aceptado por ambos.

    Yo lo único que analizaba era que fuera una persona que se viera decente, que fuera respetuoso y entendiera cuál es su lugar en el juego.

    Nos fuimos a nuestro departamento, entramos, nos sentamos a conversar y tratar de romper el hielo, nos servimos vodka, pero no sabíamos cómo empezar, así que la Ale tuvo una idea.

    —Chicos les propongo una idea, les parece si jugamos un juego erótico que encontré en una aplicación?

    —Ok

    —Es una ruleta y el que pierde hace una penitencia o elige una prenda.

    Comenzamos, yo me di cuenta que la Ale estaba ya un poco tocada por el alcohol, aunque a decir verdad yo también. Perdió él y la Ale le pide que se saque la polera, luego ganó yo y le pido a la Ale que se saque la blusa; se veía tan hermosa, solo con sostenes y su fadita y sus mejillas rojas por el alcohol. Él gana ahora y pide besarla, eso me puso muy celoso, ver como la tomaba y la besaba y mi nena se dejaba, pero me hice el desentendido…

    Siguió el juego y cada vez menos prendas hasta que ya estábamos todos en ropa interior y gana él. Y Claudio pide otra penitencia y le dice a la Ale que le dé una chupadita en el pene. Ella me mira como pidiéndome permiso y le digo que no se preocupe que es un juego nada más, así que se agacha le saca el pene a Claudio y se lo mete en la boca, dándole 2 o 3 mamadas.

    Yo realmente me excité al verla chupándole el pene a otro hombre, le digo amor quédate allí de rodillas. Me acerco me saco el pene frente a ella y sin decir nada, ella me empieza a dar mamadas. Claudio se acerca con su pene y ella lo agarra con la mano mientras sigue chupándomelo, luego se lo chupa él y parece estar muy excitada con un pene en cada mano.

    Yo la pongo de pie y le saco los sostenes mientras le chupo los pezones, Claudio la tiene por atrás y con sus manos en su vagina y ella empieza a gemir y retorcerse, él le saca los calzones y de su vagina chorrea líquido por sus piernas, la masturba y ella se moja cada vez más. Veo que le abre sus nalgas y le lame todo, ella se abre de piernas para que él le chupe lo más profundo que pueda y yo le tomo la cabeza y la empujo hacia abajo y entiende automáticamente que es la señal para chupármelo. Ella comienza a gemir mientras tiene mi pene en su boca, para no caerse se afirma de mis piernas. El sale de su culito y se pone de pie y la penetra por la vagina haciéndola gritar como una puta, una, dos, tres veces y la embiste sin parar, es algo brusco, pero con cada embestida mi pene entra hasta su garganta, yo la agarro de la cabeza, metiéndole el pene sin parar, abusamos de ella y ella se entrega a la lujuria.

    —Claudio quieres probar la boquita de la Ale?

    —Si por supuesto…

    Saco mi pene de su boca, le cuelga mucha saliva. Ella se afirma con una mano en la cama mientras yo me dirijo a penetrar su vagina y él le da por la boca, yo se lo hago con fuerza y es tan morboso escuchar como grita con el pene de Claudio en la boca. La tenemos en esa posición un buen rato, hasta que yo me separo unos minutos para ir a hacerme un trago.

    Al volver ella está abajo y el sobre ella en la cama, yo me quedo unos minutos mirando como el la penetra, mientras ella lo disfruta. Me tomo tranquilamente mi vodka…

    —Amor ven, ven… quiero chupar tu pene, dámelo entero!

    Ella muy excitada me agarra de los testículos y se come todo el pene, una y otra vez, mientras él ahora la tiene con las piernas en sus hombros, ella gime cada vez más fuerte y yo la tomo de la cabeza y empiezo a darle embestidas muy fuertes en la boca hasta traspasar su garganta. Ella se toca el cuello y se siente como entra y sale mi pene muy erecto. Hasta que ella se retuerce con un gran orgasmo, apretándose muy fuerte los pechos y gimiendo… “hooo que rico….!! Ufff!!”

    Ella sale de la cama y se dirige al baño, mientras nosotros nos servimos otro vodka nuevamente.

    —Que es maravillosa tu novia

    —Si es hermosa mi nenita y al parecer lo está pasando muy bien jajaja

    —Como están chicos? Yo igual quiero un vodka (dice Ale)

    —Toma amor… como estas?

    —Súper jajaja pero tengo ganitas aun…

    Entonces ella se pone de rodillas y me lo agarra comenzando a darme mamadas nuevamente y le dice al tercero que quiere mamar su verga también. Y nos da a ambos varias mamadas. Yo la levanto y la coloco en cuatro sobre la cama, penetrándola por la vagina y sintiendo como suenan sus nalgas golpeando mi cuerpo. Mientras él se acuesta delante dejándole a la altura de su cara el pene, sin perder tiempo ella se lo chupa sin parar. Le doy varias estocadas y es tan rico escucharla gemir, que me pone muy ardiente, en esa posición se le ve el hoyito por lo que le meto un dedito mientras sigo embistiéndola, pero el dedito apenas entra, está muy seca, así que voy a buscar un lubricante. Ahora me echo mucho en todo el pene e intento abrirle el culito con mi pene, pero no le entra, está muy cerrada.

    —Amor ven, colócate de rodillas apoyada en la cama… quiero abrirte ese culito…

    —Si mi amor, lo que me pidas… así está bien?

    —Si mi nena… aguanta que te lo daré muy duro…

    —Ayyy amor… trátame mal, muy mal.

    Y le meto la puntita y ella grita y se la saco, le tiro saliva y vuelvo a intentar y ahora se la meto toda. Empiezo a darle sexo anal, una, dos, tres, muchas embestidas y Claudio mira como tengo a mi chica mientras se toma el vodka.

    Ella de rodillas en el suelo y apoyando su cabeza y brazos en la cama, solo resiste mis embestidas aferrándose a las sabanas.

    —Claudio, échate lubricante te toca darle por el culo a mi novia.

    Y sin esperar él se lo coloca también, dándole muy fuerte y ella grita sin parar, mientras yo me masturbo para que no se me ponga flácido, nos empezamos a turnar, dándole un rato él y otro rato yo dejando su ano muy dilatado con nuestros penes muy gruesos y erectos.

    Sin sacarle el pene de su culo, le pregunto.

    —Amor te gustaría probar doble penetración?

    —Si Anto, me encantaría mucho…

    —Ya pero yo quiero darte por el culito.

    —Claro amor, lo que tú digas, soy toda tuya.

    Claudio entendió inmediatamente como seria, así que se acostó en la cama, y ella se subió arriba de él y sin esperar más es penetrada nuevamente por la vagina y yo me coloco frente a su culito, penetrándola sin problemas, ya que estaba muy dilatada. Se escucha como gime y se nota que le encanta…

    —hooo más fuerte… quiero que me den por todos lados…

    Gime sin parar y empuja para adelante y para atrás metiéndose por un lado el pene del tercero y empuja para atrás para meterse mi pene. La tenemos así un buen rato, ella se retuerce y creo que ha acabado en varias ocasiones pero sigue pidiendo que le demos más y más fuerte, yo le doy con todas mis fuerzas por el culo, sin tener compasión y alcanzo a ver como desde el ano le corre un hilito de sangre que desciende por su pierna…

    Yo ya no aguanto más, quiero tirarle mi leche, le saco mi pene de su culito y voy rápidamente al baño a limpiármelo y escucho que Claudio dice que va acabar así que ella se tira de rodillas al suelo para recibir su leche y él se comienza a masturbar muy rápido. Yo me acerco y también me masturbo en su cara. Claudio le tira el semen en la boca, le chorreaba por la lengua y yo casi listo, la tomo de la cabeza y le meto todo mi pene en la boca sin importar que la boca estaba llena con semen de Claudio; se lo meto sin parar embistiéndola hasta que acabo tirándole toda mi leche en la garganta, se la traga toda, nos agarra del pene y nos succiona más a cada uno, no desperdiciando ni una gota.

    Ella se levanta y va al baño, nosotros aún muy agitados nos comenzamos a vestir.

    —Qué gran chica tienes Anto, por favor repitamos esto!

    —Sí, lo haremos, estuvo buenísimo.

    Sale la Ale del baño, ya toda repuesta, pero aun con sus mejillas rojas.

    —Chicos, estuvieron fabulosos… me gustó muchísimo, aunque yo creo que mañana no poder ni sentarme jajaja.

  • Cogiéndome a Felipe

    Cogiéndome a Felipe

    Soy Jonathan, un saludo y fuerte abrazo, hoy vengo a contarles una anécdota que tuve hace unos años, esta es una de tantas experiencias gay y se las cuento porque me parece muy excitante.

    Su nombre era Felipe, él es homosexual y vive en mi calle, era hijo menor de un matrimonio de pueblo, él siempre se vestía como señorita, pantalones ajustado y ombligueras, todos le silbaban para molestarlo, pero a él le gustaba, él a pesar de ser gay siempre se juntó con nosotros, jugaba futbol, tomaba y justo una tarde en la que tomábamos él se unió a la palomilla.

    Entre alcohol y jugueteos, varios compas lo manoseaban y él estaba más que feliz, pero yo ese día estaba muy caliente, mi novia me dejó colgado y quería sacar mi semen sí o sí.

    Entre copa y copa comencé apegarle mi verga en sus nalgas a Felipe, él no decía nada al contrario se ponía para que yo se la arrimara, no sé si alguien se dio cuenta o no, pero estaba excitado tenía que descargar ya.

    La madrugada nos llegó, la mayoría ya estábamos ebrios y yo ya tenía a Felipe arrinconado, mientras todos bebían y platicaban yo lo llevo al callejón de al lado.

    J: ¿Entonces que, me la chupas?

    F: ¡Ay Johnny, que dices!

    J: ¡Órale, solo una chupada!

    F: ¡¿Aquí?!

    Yo trataba de convencer al jotito de que me la chupara, pero él se daba su paquete, yo no aguantaba la calentura.

    Lo abracé y empecé a besarle el cuello, él gemía y sentí como su verga se ponía dura, eso me enloqueció y comenzamos a besarnos como locos, me valía que nos vieran quería cogerme a ese putito.

    Nos arrinconamos hasta donde había unas cajas, seguí besándolo mientras le acariciaba su verga, él gemía y cedía ante mi insistencia.

    J: ¿Me lo vas a chupar o qué?

    F: ¡Pero solo una chupada!

    Se arrodilló y sacó mi verga, el maricón la jugaba con sus manos, me miraba a los ojos, yo ardía quería que ya la chupara.

    J: ¡Cómetela putito, cómetela!

    F: ¡Que grande!!

    Felipe abrió su boca y comenzó a devorar mi verga ¡uf! Que mamada me daba, jamás me la habían chupado tan rico como en ese momento, el jotito del barrio me daba un muy buen oral.

    Le apretaba su cabeza para que no parara, Felipe me estaba haciendo gozar, sus mamadas eran majestuosas, no me atrevo a compararlas con las de una mujer, pero me tenía a mil.

    J: ¡Que rico mamas, continua, devórate mi verga!

    F: ¡Que rica verga tienes, uhm, todo un manjar!

    Lo levanté de donde estaba abrazándolo por atrás y arrimándole mi reata dura.

    J: ¡La quieres a dentro putito!

    F: ¿Aquí??

    J: ¿No la deseas?

    F: ¡Jonathan, que macho eres!

    Le masajeaba su verga y sus nalgas, él se rendía ante mis caricias y movía sus nalgas masajeándome mi verga que estaba a punto de estallar y necesitaba entrar ya.

    Lo pegué a la pared y lentamente le bajé su pantalón, él muy bastardo traía una tanga de encaje.

    J: ¡Venias preparada perrita!

    F: ¿Te gusta?

    J: ¡Excelente, déjame hacerla a un lado!

    Moví su tanga y escupí en su ano, me saboreaba su culito, era estrecho, el puto estaba listo para mí.

    Comencé a penetrarlo lentamente, sin condón a pelo, exponiéndome a todo, pero mi calentura podía más.

    F: ¡Ah!! ¡Que duro, me lastimas!!

    J: ¡Eso perra, ladra, uhm, que apretada estas!

    F: ¡Jonathan, uhm!!

    Él no hacia otra cosa más que gemir, comencé a embestirlo suave, dándole nalgadas y jalones de cabello, Felipe era mi puta, me estaba desahogando con él.

    F: ¡Ah, papi, uhm, papi!

    J: ¡Uhm, ah, uf, si!!

    Le daba con todo, aceleraba mis movimientos hasta que mi verga le entró por completo, él gemía y gemía, exclamaba de felicidad, Felipe era un buen come vergas.

    Sin sacársela yo me pegué a la pared, mientras el putito se movía como gusano, sus movimientos me daban tremendo placer, ¡que rico sentía cada que el movía su cadera en círculos!

    F: ¿te gusta papi?

    J: ¡Sigue así perra!

    Yo pegado a la pared y empujándome levemente mientras Felipe hacia lo demás, su ano devoraba toda mi verga, comencé a masturbarlo con mi mano, él estaba a tope y comenzó a escupir semen, semen que me cayó en la mano y lo hice comérselo, el muy cabrón devoró todo, ¡eso me puso a mil y me moví como bestia!

    F: ¡Ah, que rico, agh, lléname de semen!

    J: ¡Ahí va putita, ah, ahí va!

    Felipe se movía como loco, yo también, ambos gemíamos y disfrutábamos de ese momento, no pude controlarme más y finalmente exploté en su culo.

    J: ¡Ah!!! Tómala puta, toma mi leche!!

    F: ¡Oh!!! ¡Papi que rico!!!

    Gocé mi orgasmo como nunca, todavía puse al putito a mamármela y limpiarme la leche que sobraba, Felipe me lo chupó hasta dejármelo reluciendo de limpio.

    Nos acomodamos el pantalón y regresamos con los demás, que seguían tomando y en lo suyo, a partir de ese día quedaba de verlo en ese callejón en las noches y me lo cogía hasta llenarlo de semen.

    Espero les haya gustado esta anécdota, continuaré escribiendo para ustedes, ¡saludos!

  • Carolina: La mejor amiga de Melissa

    Carolina: La mejor amiga de Melissa

    Después de descubrir la infidelidad de Melissa vivir a su lado se había vuelto un infierno, ella sospechaba que yo ya lo había descubierto e intentó ser más cariñosa de lo normal y yo ya no sabía cómo evitarla.

    No pensaba en divorciarme como tal, me daba miedo pensar que diría la Real Sociedad de Doctores del Estado de Zaragoza en la cual yo era miembro honorario.

    Mi esposa nada tonta y muy inteligente comenzó a invitar a su amiga Carolina casi todas las tardes a cenar, cuando yo regresaba del trabajo Caro ya estaba ahí y se retiraba normalmente cuando yo estaba durmiendo e incluso 3 de cada 5 ocasiones se quedaba a dormir.

    La tierna y sensual Caro, de unos 27 años era la viva imagen de la actriz Gwyneth Paltrow (cuando era joven), siempre vestía jeans azules o negros de corte slim Fit, botas negras de gamuza, su playera de tirantes roja o negra y una camisa de cuadros (a veces azul y a veces verde con negro), su cabello era largo y de color rubio cenizo, tenía discreto delineado en los ojos y siempre la acompañaba su labial rojo, era copa B y aunque sus nalgas estaban bien definidas no eran muy grandes.

    Era imposible no querer a Carolina, era graciosa e inteligente, siempre tenía bromas a la mano, ayudaba a mi hijo con las tareas cuando su madre iba al “club deportivo”, era especialista en cocina italiana y jugaba Xbox.

    Poco a poco Carolina también se fue convirtiendo en mi amiga y ocasionalmente ella llegaba a mi consultorio para que juntos nos fuéramos a la casa a cenar (olvidé mencionar que Caro era maestra en la facultad de psicología de la UAZ y que su trabajo quedaba cerca del mío).

    Llegó el día en que mi hijo tuvo que ir a de excursión a un parque llamado “Estrella” por parte de su escuela como festejo del día del niño, este centro de diversiones queda en otra ciudad por lo que había que salir de casa a las 6:00 am y el regreso sería cerca de las 10:00 pm (eran dos horas de trayecto).

    Teniendo en cuenta que era el día del niño y aprovechando el parecido que tenía Caro con la actriz antes mencionada, le propuse que me acompañara a visitar el ala infantil en el hospital, ella vestida como Pepper Potts y yo con mi armadura de goma eva de Iron Man, regalaríamos dulces y juguetes a los pacientes y al terminar podríamos regresar a casa para que ella esperara a Melissa y pudieran platicar como de costumbre.

    Aquel día fue todo un éxito, niños felices y miles de fotos son las mejores maneras de describirlo, cuando por fin terminamos regresamos a casa, ordenamos algo para comer y pasamos el resto de la tarde jugando Xbox.

    Comenzó a oscurecer y éramos tan flojos que la única luz que alumbraba la sala era la de la televisión –Prende la luz no seas flojo – picó mi estómago con su dedo mientras se reía – No, ve y préndela tú flojita – devolví el piquete en su estómago – No, ve tú – y comenzó una guerra de cosquillas que termino conmigo sobre ella, ambos estábamos riéndonos hasta que nos miramos a los ojos, dejamos de reírnos y solo se podía sentir la respiración del uno sobre el otro y fue ahí cuando me decidí a besarla.

    Al principio no quería corresponder pero lo hizo, comenzamos a besarnos de manera tierna, pero el beso fue subiendo de tono, baje su blusa para comenzar a sacar sus pechos, cuando por fin estaban afuera comencé a besarlos con suavidad y acariciarlos, ella temblaba y respiraba con dificultad.

    – Esto no está bien – contestaba temblando – claro que lo está – comencé a besarla de nuevo y la llevé a la cama, cuando llegamos la comencé a desnudar con delicadeza, ella respiraba con dificultad, recorrí con mis labios cada parte de su cuerpo y después de un par de minutos ella comenzó a bajar, quitó mi pantalón mientras besaba mi torso y comenzó a hacerme sexo oral.

    Este sexo oral se sentía diferente era lento, subía y bajaba tranquilamente, por momentos con su lengua lamía el glande y continuaba, era una verdadera delicia.

    Por fin Caro se decidió y se puso encima de mí, me miro a los ojos y susurró – Hazme el amor – la besé tiernamente y con mucho cuidado la penetré, un pequeño gemido salió de sus labios, comencé a moverle lentamente de arriba hacia abajo mientras nos mirábamos a los ojos.

    Poco a poco ella fue aumentando la velocidad y yo trataba de igualar el ritmo sosteniéndola de las caderas, sus gemidos eran deliciosos, y yo estaba tan emocionado que comencé a besar sus pechos y a lamer sus pezones.

    Después de un rato la recosté, levanté un poco sus piernas y comencé a penetrarla sin ser rudo, su cara estaba un poco roja y sudada, su mirada estaba perdida, su boca estaba entre abierta y de ella emanaba un excitante sonido mientras sus manos trataban de apretar mi espalda – Sigue así, es una delicia -.

    Por momentos intentaba aumentar la velocidad de la penetración pero no había necesidad en verdad lo estábamos disfrutando – Óscar… ahh… – susurraba ella con la mirada perdida – Caro… me encantas… – le contesté mientras la penetraba y recorría su cuello, su piel estaba de gallina – voy a venirme… – repetía una y otra vez susurrando, yo comencé a aumentar la intensidad, sus ojos estaban en blanco, Caro temblaba tanto hasta que por fin ambos logramos venirnos.

    Los dos estábamos empapados en sudor, respirábamos agitados, nuestros cuerpos desnudos estaban juntos, cuando de momento se abrió la puerta del cuarto – Óscar ayúdame con Adrián se quedó dormido en el carro y… – era Melissa…

    Queridos lectores así fue como inició mi divorcio, debo mencionar que esa fue también la última vez que hice el amor y que Caro jamás ha vuelto a hablar desde ese día aunque a veces la llegó a ver por el centro de la ciudad o cerca del hospital.

    Es inevitable pensar en ella cuando escucho el tema principal de “Pide al tiempo que vuelva” compuesto por John Barry o “Rhapsody on a Theme of Paganini”.

    No hay forma de describir lo que sentí aquella noche, y lejos de ser un relato erótico o de venganza por la infidelidad de mi exesposa, esta es un pequeño tributo a Cara, una especia “rara” de carta de amor, siendo honestos ella no era el tipo de chica a la que te querrías coger, ella era el tipo de chica a la que le querrías hacer el amor por el resto de tus días.

    Quizá en otra vida mi amada Caro…

  • Hay incestos que son inevitables

    Hay incestos que son inevitables

    Sonia era una morenaza de ojos negros, pelo largo y rizado, con labios gruesos y sensuales. Era guapa y lo sabía, tenía un cuerpo de escándalo y lo sabía. Sabía que levantaba pasiones y las provocaba detrás de la barra de un bar que era una de las tapaderas de un narco gallego. Le pagaban por eso, por atraer clientes y lo hacía a la perfección, aunque al llegar a ciertas horas de la noche acababa asqueada, ya que los clientes, casados y solteros, al estar mamados se creían los reyes del mambo siendo unos babosos.

    Sonia solía cenar con los clientes que no se emborrachaban y después presumía enseñando las facturas desorbitadas del restaurante donde cenaban, que también era del narco.

    Sé todo eso porque ese bar, que antes era una taberna, se abrió en mi pueblo, y quien lo llevaba era el padre de la esposa del narco.

    Me enganchó desde un principio, y no por la morenaza, ya que era mi sobrina, me enganchó porque tenía una mesa de billar americano, y yo era el mejor jugando, más que nada porque los que otros no tenía ni pajolera idea.

    Una tarde de verano fui a tomar una cerveza. No había clientes y Sonia estaba aburrida. Me senté en un taburete enfrente de la barra, le pedí una Heineken, me la puso delante con un vaso de tubo, cogió un papel debajo del mostrador, se inclinó delante de mí poniendo los codos sobre la barra y me enseñó el papel y la mitad de sus tetas, que asomaban en el escote de su camiseta blanca sin mangas.

    -Mira, tío, langostinos y cigalas, 50 euros, lubina, 30 euros, filete de ternera con patatas fritas y ensalada, 20 euros, tarta, 10 euros, champán 60 euros y café 4 euros.

    No sé dónde metiera todo aquello, ya que era flaca. Mirándole para las tetas, le dije:

    -¿Y?

    -Y me pagó la cena Claudio, el de la Barca.

    -Ese siempre tuvo un punto de retraso. Sabiendo que nunca follas en la primera cita…

    -Y no doy una segunda cita a nadie -se siguió haciendo la interesante.- Tengo más facturas. ¿Tienen todos un punto de retraso?

    -Ya sé que las tienes deben estar desgastadas de tanto enseñarlas, y no, no tienen todos un punto de retraso, son todos unos retrasados. ¿Entra en tu contrato cenar con clientes?

    -No, pero ceno bien y me llevo el cuarenta por ciento de las dolorosas.

    -Trabajas a comisión.

    -Sí, en la universidad además de la beca se necesita dinero.

    Al oírla me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo.

    -¡¿Ya entras en la universidad?!

    -Después de C.O.U…, es lo que toca.

    -¿Qué vas a estudiar, Sonia?

    -Arquitectura.

    -Debes ser muy lista.

    -Más que alguno que yo me sé…

    Pillé la indirecta volando y le iba a cambiar de tema.

    -Muy listo no seré, pero no pagaría una cena de esas ni harto de vino.

    No me creyó, pensaba que era irresistible y que todos iban a intentar follarla.

    -¿Seguro?

    -De lo único que estoy seguro es de que soy un inseguro.

    -Ahora me vienes con juegos de palabras.

    -¿Lo quieres más claro? Si quieres que te invite a cenar, pierdes el tiempo.

    -Y si te dijera que un par de días antes de que me baje la regla me pica el coño una cosa mala.

    -Te diría que lo rascaras.

    Después de decirme lo de que le picaba el coño, pensé que no me podía sorprender más, pero estaba equivocado. Me dijo:

    -Te voy a hacer una confesión. Me gustas, tío Enrique, me gustas tanto que sin tenerte ya te tuve.

    Mi sobrina me acababa de decir que se había masturbado pensando en mí. Le seguí la corriente.

    -¿Un dedo?

    -Sí, te lo metí en el culo cuando te tuve sin tenerte.

    Me dio la risa.

    -Te pasaste tres pueblos, Sonia.

    Tirando una caña de cerveza rubia, me dijo:

    -No creas, solo te metí la mitad. ¿Te gustan mis tetas?

    No conocía aquella faceta suya. Le iba la socarronería, le dije:

    -¿Son naturales o las hinchaste con un bombín de bicicleta?

    -¿Te gustan o no? Lo digo por qué no parabas de mirarlas.

    No debí decírselo, pero se lo dije.

    -Son bonitas.

    -¿Hablamos de cenar?

    -Me sentiría mal.

    -¿Al pagar?

    -No, al comerlas. Oye, ¿Cuántos días faltan para que te baje la regla?

    -Eres más lento pensando que una tortuga caminando.

    -Te faltan dos días.

    Bebió un trago de cerveza, y me dijo:

    -¡Premio para el caballero!

    -Aunque quisiera hacerle esa putada a tu madre, tengo diez euros en el bolsillo

    Debía ser cierto lo de las ganas, ya que me dijo:

    -Te invito yo a cenar.

    Traté de zafarme.

    -¿Quién te dijo que tu tía y yo nos dimos un tiempo?

    Se sentó en su taburete, y enfadada, me dijo:

    -¡Vete a la mierda!

    -Doce euros.

    Me miró con cara de no entender nada.

    -¡¿Qué?!

    -Que eso deben cobrar en ese restaurante por un plato de mierda.

    Ahora se carcajeó.

    -Por eso me gustas, nunca sabe una por donde vas a salir.

    Otra vez me metí en vereda, pero esta vez sin querer, queriendo.

    -Ni por donde te entraría.

    -¿Lo qué?

    -Mi polla.

    -¿Eres medio maricón?

    -Algo de maricón tengo.

    Entraron tres clientes y se acabó la conversación.

    A las doce de la noche, antes de cerrar, cuando se fuera el jefe y quedamos solos, me preguntó:

    -¿Te acompañas a casa, tío?

    -Vas a piñón fijo.

    -Si quisiera ir a piñón fijo se lo pediría a Juan que tiene una bicicleta y también vive solo.

    -Sigue con la broma que puedes acabar llorando.

    Estaba en plan torera.

    -¿Tan grande la tienes?

    -¡Y dale!

    Salió de detrás de la barra y recogiendo las mesas vi su culo redondo marcado en su falda beige de círculo que le daba por encima de las rodillas, su cinturita, sus generosas caderas, sus piernas delgadas, y la mitad de sus tetas. Sabía que la estaba mirando y me preguntó:

    -¿Te gustas lo que ves, tío?

    Ya le di por el palo.

    -Estas para comerte viva y repetir cinco veces.

    Le echó la llave a la puerta. Vino a mi lado, me echó las manos al culo y me besó con aquella boca que todos deseaban comer y nadie podía saborear. Sentí sus duras tetas apretarse a mi cuerpo, su lengua en mi boca buscando la mía y mi polla reaccionó poniéndose firmes. Le levanté la falda. Le eché las manos a las bragas, se las bajé, tiré los tacos, el triángulo y la tiza al piso de baldosas y la eché encima de la mesa de billar americano. Saqué la polla, le subí la camiseta y le comí las tetas en un visto y no visto. Se la metí en el coño y la follé con furia. La veía sobre la mesa tan joven, tan hermosa y tan excitada que no pude aguantar. Le llené el coño con tanta leche que casi echó por fuera. Cuando la saqué quiso incorporarse, la empujé, me agaché la cogí por la cintura y lamí el coño. Dijo

    -Eres -le metí la lengua dentro del coño-, un, un, un -lamí aprisa-, un, un guarro, oh, oh, ooooh ¡Encantadooor!

    Se corrió como si los jugos de su coño fueran leche hirviendo. Echo todo por fuera de una vez, y suerte que la corrida paró en mi boca que si llega a parar en el tapete de la mesa de billar americano, quedaría inservible.

    Al acabar de correrse se levantó, y poniéndose las bragas, me dijo:

    -Sabía que tenías algo que los otros no tenían.

    -¿Qué tengo?

    -¿Y tú me lo preguntas, cochino?

    Veinte minutos más tarde estábamos en mi casa. Yo había ido a la bodega a buscar vino. Apareció a mis espaldas, me tocó el culo, y me dijo:

    -Quiero que me hagas algo que nunca le hiciste a la tía.

    La jarra ya estaba llena de vino blanco. Le quité la camiseta, ella se quitó la falda, las bragas y las zapatillas y después me desnudó a mí. Cogí la jarra, le eché la cabeza hacia atrás y derramé vino en sus labios y en sus tetas. Llené la boca de vino, posé la jarra. Se arrimó con la espalda a un barril. La besé. Bebimos vino mientras nuestras lenguas se lamían y su mano acariciaba mi polla… Después le comí las tetas mientras mi dedo jugaba con su ojete. Al lamer sus pezones y sus areolas y al chupar las tetas sentía cómo se le abría y se le cerraba. Me agaché y le lamí el coño. Estaba mojada. Me dijo:

    -Hazme correr de pie tío.

    Me levanté y le dije:

    -Cada cosa a su tiempo.

    Hice que se diese la vuelta. Cogí la jarra y eché vino por la espalda. Luego lamí desde el coxis hasta la nuca, para a continuación lamer sus nalgas y su ojete. Lamiendo su ojete, abrió las piernas, echó las manos a la parte superior del barril y comenzó a gemir. Después de follar bien follado su culo con la lengua, le eché mano a uno de los muchos chorizos que colgaban de un cordel y le follé el culo con él. Follándoselo, dijo:

    -Me gusta, me gusta mucho.

    Al rato saqué el chorizo de su culo y le metí un mordisco, Sonia, me cogió la mano y le metió otro mordisco al chorizo. Luego cogió la jarra y bebió dejando caer por sus tetas cantidad de vino. Sin dejarme beber, me saltó encima, rodeó mi cuello con sus brazos y mi cuerpo con sus piernas y me metió la lengua en la boca. Cogí la polla la llevé a la entrada de su coño y se la clavé hasta las trancas, cogí otro chorizo y se lo metí en el culo. Arrimé su espalda a pared de la bodega y le di caña con los dos.

    -¡Me encanta! ¡¡Dame duro!!

    Le di caña de la buena por los dos orificios… Poco después sentí sus duras tetas temblar sobre mi pecho, sus piernas temblando en mi culo, su boca comiendo mi lengua y su coño apretando y bañando mi polla. Tuvo una de esas corridas que jamás se olvidan, por lo larga y por lo intensa que fue, ya que cuando estaba acabando de correrse, me corrí yo. Al sentir mi leche dentro su coño se le abrió y se le cerró varias veces seguidas y comenzó a correrse de nuevo.

    Al ponerla en el cemento del piso de la bodega sacó al chorizo que tenía dentro del culo y lo comió.

    -Tengo hambre -dijo.

    Yo eché un trago de vino de la jarra y después la volví a llenar. No quise que se vistiera. Probablemente no volvería a ver un cuerpo tan bello en lo que me quedase de vida. Desnudos volvimos a mi casa.

    En la cocina había una mesa larga con un mantel a cuadros. Sobre ella había follado a mi esposa, pero no del modo que se me pasó por la cabeza follarla a ella. Le pregunté:

    -¿Quieres que te coma untada en mermelada?

    Me echó la mano a la polla.

    -¿Le echarás mermelada también a esta?

    -Cada cosa a su tiempo.

    La cogí por el culo y la eché sobre la mesa… Pillé en la alacena el bote de la mermelada y el pan de molde y en un cajón un cuchillo para untar. Tomándome mi tiempo le unté mermelada de fresa en la planta de los pies. En las rodillas, en los labios mayores, en el ombligo, en las palmas de las manos, en el juego del brazo, en las axilas, en las areolas y los pezones, y en mentón. Me dijo:

    -Creo que me va a encantar lo que me vas a hacer.

    Le cogí el pie izquierdo y tomándome mi tiempo de nuevo lamí su planta hasta dejarla limpia, luego le chupé los dedos, para acto seguido dejarle limpia la otra planta y chupar los dedos. Lamí la mermelada de sus rodillas, le levanté las piernas y lamí detrás de las rodillas, lamí los labios superiores… Me dijo:

    -Come mi coño un poquito.

    -Cada cosa a su tiempo.

    Le pasé la puntita de la lengua de abajo a arriba por la raja y después lamí la mermelada de su ombligo. De ahí pasé a sus manos, lamí las palmas y le chupé os dedos, luego las uniones del brazo con el antebrazo y después sus sobacos. Acto seguido me fui a por sus tetas, lamiendo el pezón izquierdo y lamiendo y chupando la areola, me dijo:

    -Estoy tan malita que seguramente me corra antes de que acabes de comerme las tetas.

    Le cogí las tetas, redondas y duras como piedras y magreé, lamí y chupé hasta que con voz de quien se está derritiendo con el placer, me dijo:

    -Para, para, para tío, para que me corro.

    Le lamí la mermelada del mentón, y la besé, bueno, me comió la boca ella a mí. Al dejar de besarnos abrí el pan de molde, cogí una rebanada y se la pasé por el coño. Salió mojada. Le di un mordisco al pan mojado, Sonia se estremeció, y me dijo:

    -Dame, dame, dame un poquito.

    -Cada cosa a su tiempo.

    Unté mi polla con mermelada y se la puse en los labios. Me cogió las pelotas, lamió, saboreó y mamó. Al sentir que me iba a correr se la quité de la boca. Iba a tirar de ella para poner el coño a tiro, cuando me dijo:

    -Cómeme el coño. Quiero volver a correrme en tu boca.

    No hizo falta que se lo comiera mucho tiempo, lamí de abajo a arriba diez o doce veces y ya salió su cascada de jugos. Esta vez no pude evitar que algunos me bajaran por la comisura de los labios y cayeran sobre la mesa, y no pude evitarlo porque se sacudió cómo si hubiera metido un dedo en el enchufe… A correrse chilló cómo una coneja al clavarla el conejo.

    Empalmado cómo un burro esperé a que le volvieran las fuerzas. Tan pronto cómo pudo, bajó de la mesa, me cogió la polla, la metió en la boca, y masturbándome la mamo mientras uno de sus dedos se metió dentro de mi culo. Tampoco hizo falta que me la mamara mucho, al rato le llené la boca de leche. Fue una corrida brutal, si sería brutal que al acabar me quedaron las piernas tan tiesas cómo la polla y me costó trabajo dar dos pasos para sentarme en una silla. Ahora la que tuvo que esperar fue ella, pero no perdía el tiempo. Se puso a untar mermelada en cuatros rebanadas de pan, y mientras lo hacía, me dijo:

    -¿No decías que tenías algo de maricón?

    -¿Quieres que te la meta en el culo?

    Cubrió las cuatro rebanadas untadas de mermelada con otras cuatro rebanadas, y cómo buena gallega me respondió con otra pregunta.

    -¿Tú que crees?

    Ya tenía las piernas bien y aquel culo se me antojaba delicioso.

    -Date la vuelta que vas a saber lo que es bueno.

    Cogió la jarra de vino blanco en la encimera y un vaso en la alacena, y me dijo:

    -Cada cosa a su tiempo, tío, cada cosa a su tiempo.

    Quique.

  • Victoria, mi compañera de trabajo (Parte II)

    Victoria, mi compañera de trabajo (Parte II)

    Después de ese fantástico fin de semana con Victoria, no nos vimos mucho. Yo estuve de viaje, al desempeñarme en Ventas dentro de la empresa y con la apertura de una nueva sucursal en otro distrito, mi jefe me envió allí, lo que se extendió a tres semanas hasta estar todos los procedimientos de ventas listos y puesto en marcha el nuevo sistema.

    Durante este tiempo, por las noches, mientras estaba solo en el hotel no podía dejar de pensar en Vicky, así que la contactaba por whatsapp y siempre teníamos un momento de bromas y luego venían nuestras conversaciones calientes. Estas iban acompañadas de alguna foto, aunque ella prefería, después de haberme calentado, hacerme una video llamada y ver cómo me había puesto la pija. Disfrutaba mucho ver que me la había parado y si yo me comenzaba a pajear se volvía loca. Lo que yo aprovechaba para pedirle que hiciera lo mismo. Así pasamos muchas noches calentándonos y calmándonos a través de las pantallas de nuestros celulares.

    Ya sabíamos que faltaba poco para que yo regresara y retomáramos las cosas en el punto justo en el cual las habíamos dejado. Este tiempo que estuve fuera de nuestra ciudad nos sirvió para alimentar el deseo y conocer nuestras fantasías. A mi me encantaba la idea de coger su culito y tener mi verga entre sus hermosas tetas. Pero creo que a los dos nos ponía muy calientes pensar en hacerlo en un lugar muy arriesgado, nos excitaba mucho eso.

    Finalmente el sábado pasado volví a mi ciudad y el lunes me reincorporé al trabajo. Ese lunes me la pasé de reunión en reunión dentro de la empresa, poniendo al tanto a los distintos sectores sobre lo ya implementado en la nueva sucursal. Cada vez que pasaba cerca de Vicky, aprovechaba para rozarla, a lo que respondía con miradas cómplices. Le tenía muchas ganas y era difícil reprimirme, aunque a todo esto ninguno de los dos había comentado a nuestros compañeros nada de lo sucedido entre nosotros, por lo que veníamos llevándolo muy bien.

    Esos primeros días transcurrieron velozmente por la cantidad de trabajo que yo tenía. No tuve momentos para acercarme a Vicky, pero el viernes después del almuerzo, nuestro jefe nos llamó a ambos para concertar los detalles de un viaje al que iríamos junto con él. Vicky debía estar para programar todos los transportes y estadías que tendríamos durante esa semana de trabajo en el exterior. Ese día Julio, nuestro jefe, estuvo un tiempo con nosotros y luego se tenía que retirar a una reunión de negocios fuera de la oficina. Por lo que nos dejó a nosotros dos reunidos en su oficina para finalizar el itinerario que planificaba.

    Vicky estaba muy guapa, un poco más de lo acostumbrado. Llevaba pantalones negros bastante pegados al cuerpo, una remera blanca que dejaba ver sus hermosas tetas, contenidas en un diminuto corpiño. Un detalle en su fina manera de vestirse y combinar sus prendas, era un pañuelo rojo en su cuello y una camperita también negra. Sus labios tenían labial rojo esta vez.

    La oficina de Julio estaba bastante aislada del resto de las oficinas, él tenía siempre las persianas casi cerradas, por lo que desde afuera no se veía hacia adentro, lo que favorecía mis intenciones. Eran las 17 horas cuando él se marchó, aún quedaba una hora de trabajo por delante, pero yo sabía que nos podíamos extender un poco más ya que Vicky tenía un juego de llaves y generalmente era la última en retirarse de la empresa.

    Mientras seguíamos trabajando me fui arrimando hasta estar prácticamente pegados y comencé a acariciarla, gesto que me devolvió tomando mi mano con fuerza. No pude frenar mis manos y comenzaron a recorrer sus pechos, a lo que ella me frenaba pero seguí insistiendo y desabroché su sostén blanco. Mis manos se fueron sobre sus tetas. Ella me agarró de la mano y me llevó detrás del escritorio de Julio, a su baño. Era un baño bastante espacioso, entramos, cerró la puerta y nos besamos desesperados, le saqué su campera, levante su remera y chupe sus tetas con muchas ganas. Mis manos estaban muy activas y buscaban su concha, ya muy húmeda y comencé a jugar con su clítoris, ella respiraba cada vez más entrecortado. Ella desabrochó mi pantalón y bajó en busca de mi verga, la cual ya estaba muy gorda y dura. Hizo un par de movimientos y se la metió en la boca. Me chupaba con mucha fuerza, estaba muy caliente.

    Deje que ella siguiera y luego fui yo por su concha, besé su clítoris y labios y la chupé para que se volviera loca, puse sus piernas sobre mis hombros y fui también hasta su culo con mi lengua, ella gemía y se estremecía. Luego me decía:

    -Quiero que me metas esa pija hasta el fondo. Te quiero adentro.

    -Tomá, es toda tuya…

    Cuando me di cuenta estábamos cogiendo como dos adolescentes, cambiamos de posición, quise verla desde atrás, ella en cuatro, estábamos muy acelerados así que yo estaba por explotar. Ella pidió:

    -Quiero tu leche en mi boca.

    Eran tantas las ganas que tenía de cogerla que la llené de leche con chorros palpitantes, no solo en su boca, en su cara también. Quedamos tendidos un momento en el piso hasta reponer fuerzas.

    Cuando Vicky se dio cuenta de la hora, se lavó y se vistió rápidamente y se fue hasta su escritorio habitual a ver si tenía algún mensaje o tarea pendiente. Yo aproveché para vestirme y me fui nuevamente al escritorio de reuniones de Julio por las dudas viniera alguien.

    No podía dejar de pensar en esa mujer, en su perfume, sus olores, su cuerpo, pero aún me quedaban cosas pendientes con ella, seguía imaginando como sería estar dentro de su apretado culo. Quería eso y sabía que lo iba a tener pronto. Necesito llegar ahí con Vicky…

  • Cacería de casadas (1): La espiritual

    Cacería de casadas (1): La espiritual

    El relato que voy a describir es un hecho real de algunos amoríos, affaires o simplemente sexo que he tenido a lo largo del tiempo. Donde me he dedicado a conocer gente por distintas plataformas así sea grupos de solas y solos, aplicaciones de citas o páginas en Internet.

    En una breve descripción mi nombre es Juan, tengo 35 años, pelo corto castaño. Soy flaco, peso 65 kg y de una altura de 1,70 metros. Una persona súper normal.

    Una noche luego de subir una foto a un grupo de Facebook con el fin de hacer amistades. Me contacté con una chica llamada Yohana. Entre Comentarios, mensajes y risas en ese mundo digital logré que Yohana me pase su Whatsapp.

    Obviamente y como era de esperar estaba en pareja. Tenía 2 hijos, vivía en una zona baja de la ciudad. Yohana era una mujer muy sensual 1,70 de altura, pechos medianos (95 cm), cintura muy marcada. Tenía un poquito de panza, pero le quedaba súper sexi. Pelo largo tirando a negro. Una cola grande y bien parada. Con una edad de 34 años, mamá de dos niños de 3 y 8 años. En pareja con el padre de sus hijos desde hace varios años siendo este uno de sus pocos amores. Este no le brindaba mucho interés ni tiempo. Ella decía con gran dolor que para él estaba primero su trabajo y su auto. Actitudes como esta hicieron que ella se agotara de sobremanera al no sentirse amada ni valorada.

    Luego de obtener su Whatsapp y con el paso de los días comencé una charla con el fin de conocer sus gustos y saber de ella. Pude recabar datos como: su situación económica, la cual no era la mejor, ya que no trabajaba pero si estudiaba. Se jactaba de tener una moral muy alta y ser una mujer de fe. Dotada de altísimos discursos de moral y códigos extremos de valores. Yohana era una concurrente de alta frecuencia a una iglesia local. Recuerdo la tarde precisa en que todo comenzó a tener un tinte más sexual y caliente entre nosotros.

    —Hola ¿cómo estás? ¿Qué andas haciendo? —Preguntaba mi mensaje,

    —Hola Juan, estoy estudiando. Trato de concentrarme y no puedo. Pensaba en vos —me responde.

    Aproveché y le mandé una foto mía en bóxer el cual estaba a punto de reventar debido a la terrible erección generada por mi pene. En la cual se podía apreciar una gran carpa.

    —¡Guau! ahora sí, me distraje del todo ¡quiero ver más de eso! —Responde.

    Obvio que lo que siguió fueron unas fotos muy sexis dónde dejó verse con una ropa interior negra como lo más leve. Una tanga muy diminuta que calzaba en su potente culo y un corpiño con transparencias. Para terminar regalándome unas fotos de sus hermosos senos los cuales tenían unas gigantescas areolas. Cuestión que me ponía la verga muy tiesa.

    Los días siguieron y esta situación no se volvió a repetir, ya que ella se excusaba diciendo que no hacía esas cosas, que iba a la iglesia, que no estaba bien y cosas similares. Nuestras charlas siguieron hasta que un jueves en la noche le digo:

    —La verdad que la foto de tus pechos que me mandaste hace unos días no me deja dormir. ¡Me pone al palo! —Adjuntando una foto de mi pene completamente erecto, bien cabezón y de más de 22 cm de largo.

    —¡Vos me haces tentar! logras cosas que nunca hice. —Fue su respuesta.

    La noche siguió con varias fotos y está vez videos. Donde me mostraba todo lo humanamente posible. Desde un vídeo bajándose el pantalón para mostrarme que bombacha tenía puesta en ese culito redondo hasta levantarse la remera para dejarme ver esos pezones marrones que tanto me calentaban.

    Sus gigantescas areolas tenían unos granitos cerca del pezón condición que se da luego de haber amamantado. Estos granitos generan una secreción muy mínima la cual tiene un determinado aroma. Son los que ayudan al bebé a reconocer dónde está el pezón para poder alimentarse.

    Ya se había dejado morder las ubres por sus dos hijos ahora se las iba a masticar yo.

    Esa misma noche le propuse venir al taller donde trabajo para conocernos. Así esto dejaba de ser una relación virtual para ser algo más físico y placentero para ambos.

    Quedamos en que el sábado a las 11 am ella iba a pasar por el taller para conocernos y almorzar juntos. En ese horario y sobre todo los sábados no había gente realizando actividades como los días de semana.

    Llegó la hora 11:10 y ella estaba en la puerta. Muy bella. Traía puesto una remera con encaje y transparencias en los hombros. Un corpiño que la hacía muy tetona y un pantalón engomado negro que al verlo caías en tentación de manosearle bien el culo.

    Nos sentamos en el comedor. Le sirvo un café para ir tomando algo mientras hablábamos un rato. Hasta que le digo:

    —¿Sabés que tengo muchas ganas de besarte? ¡Vení acércate! —Estirándole mi mano desde mi silla.

    Ella aceptó sin problemas acercarse para tener un contacto más íntimo. Mi lengua entraba y salía de su boca con mucha pasión, mis manos se refregaban fuertemente sobre su parado culo una y otra vez sin ningún freno. Para terminar apretándole los senos bajo su remera de manera muy descarada. Los besos ya no alcanzaban así que liberé sus pechos los cuales eran prisioneros de un apretado corpiño.

    Inmediatamente levanté su remera para degustar con mi lengua sus pezones King size una y otra vez y de arriba abajo. Mi boca devoraba sus tetas hasta sentir que sus pezones se ponían cada vez más erectos. Durante largos momentos mamé de sus pechos de manera alocada. Lejos de bajar la intensidad de la situación mi mano desabrochó su pantalón para poder así correr su ropa interior y empezar a jugar con su intimidad. Mientras su pantalón caía lentamente hasta sus rodillas. Mis dedos comenzaban a mojarse de a uno dentro de ella. Tres dedos se introducían dentro de su tibia vagina para agitarse sin igual. Mientras metía mi lengua dentro de su boca hasta su garganta.

    —Te quiero garchar acá en la mesa del comedor… (Le digo)

    —¡Acá no! Me da cosa… ¿No hay otro lugar?

    —Vamos al sótano (sugiero)

    Ya en el sótano y luego de quitar su remera me propongo a no dejar ninguna parte de sus majestuosas tetas sin lamer. Mientras me las refregaba en la cara con una gran habilidad. Mis dedos mojados seguían colándose dentro de ella haciéndola delirar de placer en ese oscuro lugar.

    Sin más vueltas me pongo de rodillas frente a ella. Luego de retirarle mis dedos bautizados por sus jugos de dentro de su ser y me dispongo a pegarle una buena lamida de concha para hacerla ver las estrellas. Minutos de puros paletazos de lengua. Mi boca probaba los jugos vibrantes de su ardiente raja. Más le chupaba la concha, más se mojaba. Más le pasaba la lengua por sus pliegues vaginales, más gusto a concha tenía en mi boca. Más lamía su clítoris, más gemía.

    Luego de este preámbulo oral, dónde pude chupar a gusto y como un animal salvaje su sabrosa vagina, logré incorporarme en mis dos piernas.

    La tomé de la cintura y la empujé contra la pared dejándola de frente a esta, consiguiendo una vía libre para entrar por su retaguardia.

    —¿Me vas a coger de parado? —pregunta.

    —Te voy a coger bien duro —respondo.

    Mientras desenfundo mi pene duro como una roca y lo voy agitando con el único fin de penetrarla.

    —Pero, ¡por favor cuídate! ¿No tienes forros? —Pregunta mirándome con un dejo de ingenuidad.

    —¡Te voy a coger sin forro! no me gusta gastar plata. —Mientras apoyo la cabeza de mi pija en la puerta de su mojada conchita.

    —¡No sé… Espera! —Intenta decirme.

    Con un movimiento pélvico la penetro con media pija, lo cual le hace dar un salto haciendo que rasguñe la pared de placer.

    —¿La querés toda perra?

    —Ay ay ay, si dámela toda, ¡cógeme!… ¡ayer estaba ovulando! ¡tené cuidado! —comenta entre gemidos y gritos de placer.

    Otro movimiento para empujar mi pija completamente dentro de ella.

    —¡Te calzó toda adentro! no me importa si estabas ovulando, prepárate que te voy a coger como nunca lo hicieron antes, mamita!

    Con una mano la tomé de la cintura y con la otra del pelo. Durante 25 largos minutos la hice rebotar sobre mi pelvis una y otra vez. Veía como mi pija lubricada por sus jugos entraba y salía de dentro de ella. Su culo rebotador sonaba a aplausos con cada fondeada de mi ardiente y largo falo. Sus gritos de placer iban en aumento. Aun jalándola del pelo con una mano y con la otra tomándola de sus senos cómo si fuera el manubrio de una bicicleta al oído le digo:

    —Este regalito va adentro, te dejo una bendi… (Una bendición)

    —¡Termina por favor! —Exhala con voz muy tenue.

    Empujé a fondo mi poronga hasta sentir que hacía tope dentro de ella y escupí todo mi semen como un volcán en erupción, pudiendo sentir como mí leche bañaba las paredes vaginales internas de Yohana. Seguí sacudiéndome para que hasta la última gota de esperma quedé impregnada en lo más hondo de su ser

    Nos vestimos, nos despedimos y nunca más la vi…

  • La conocí en el supermercado

    La conocí en el supermercado

    Esto comenzó durante la semana pasada.  Le dije a mi mujer que yo iba ir hacer las compras al supermercado porque ya estaba enfadado de estar mucho tiempo en casa a lo que ella accedió. Fui el martes como a eso de las 11 de la mañana, agarré mi carrito y empecé agarrar las cosas que me había encargado mi mujer, en la zona donde está la verdura observé a una mujer como de unos 55 a 60 años (en ese momento no sabía su edad) era la edad que yo le calculaba, pero sentí cierta atracción y algo me llamó la atención por lo que me dispuse a tratar de conversar con ella. Me acerqué y choqué con mi carrito al de ella por lo que procedí a pedirle perdón.

    Y: disculpe no fue mi intención lastimarla

    S: no te preocupes, no pasa nada

    Y: tenía mucho que no venía al súper y se mira muy fresca la verdura

    S: sí, siempre está fresca y si vienes los viernes está mejor

    Y: no lo había notado, empezaré a venir los viernes entonces, que mal educado mi nombre es…

    S: ni yo me presenté disculpa, mi nombre es Sonia, mucho gusto.

    Seguimos platicando hasta que llegó el momento de marcharnos.

    Era una persona que me llamó la atención y quería seguir platicando con ella. Se las describiré, era una persona no mayor de 1.65 cm, delgada, piel blanca, ojos color miel, pelo güero con rayos, piernas no muy gordas, pero si marcadas, nalgas chicas, pero redonditas al igual que sus bubis.

    Salí del súper y me dirigí a la casa, donde me esperaba mi mujer, donde todo siguió con normalidad.

    Llegó el viernes y le dije a mi mujer que saldría, la verdad fui al súper a ver si encontraba a Sonia ya que ella me dijo que los viernes había verdura fresca por lo que deduje que iría.

    Y así fue me la volví a encontrar, la saludé y ella me saludó, y me acerqué a platicar con ella, solo que fue breve la charla. Al final de las compras salimos juntos al estacionamiento donde le ayudé a meter sus bolsas a su carro y platicamos.

    S: me caes bien no te conozco, pero te me haces buena persona

    Y: pues no me conoce porque no quiere, yo encantado de platicar con una persona como usted.

    S: pero que dices como un joven va querer platicar con una persona tan vieja como yo.

    Y: vieja? Se mira muy joven, yo le calculo unos 55 años y se me hace que no pasa de ahí

    S: ja ja ja cómo eres, tengo 67 años, pero gracias por el cumplido.

    Y: pues no parece, me encantaría platicar con usted más, qué tal si le doy mi número y nos ponemos de acuerdo y platicamos en algún lugar.

    Y así fue le di mi número y me dio el suyo.

    Pasaron los días y yo andaba un poco ocupado en tareas de la casa y el trabajo, cuando el lunes me sonó el celular, era ella, me decía que si se me había olvidado lo que le dije de platicar con ella, por lo que le comenté que no y que si quería nos veíamos en un lugar para platicar.

    Nos vimos en el supermercado, subimos a mi camioneta y fuimos a comprar una nieve y a dar la vuelta platicando de nuestras vidas y todo eso. Pues me contó que su esposo ya no trabajaba, era pensionado y bla bla bla. Yo me le metí por el tema sexual.

    Y: y su vida amorosa cómo va?

    S: pues que te diré, a esta edad a mi esposo que es mayor pues ya nada de nada yo solo me resisto y queda jugar con un aparato que me regalaron mis amigas y comenzó a reírse.

    Y: qué lástima que siendo una mujer tan bonita tenga que recurrir a eso.

    S: no hay más, y ya nadie se fija en una mujer así, ya somos vejestorios

    Y: pues está equivocada.

    Pasó la tarde y la fui a dejar al supermercado. Al despedirme le quise dar un beso en su boca, pero me aguanté y se lo di muy cerca y le dije nos vemos pronto.

    Llegó el miércoles y le mandé un mensaje para ver si nos podíamos ver y dar la vuelta como el lunes, me dijo que sí, que tenía toda la tarde y parte de la noche libre ya que su esposo se iría a jugar dominó con sus amigos.

    La recogí nos fuimos a dar una vuelta, para esto yo subí una hielera donde puse una botella de wisky, hielos y vasos.

    Tomamos, platicamos, cantamos y después de eso nos besamos y me invitó a su casa, donde platicamos y seguimos bebiendo. Ya en su casa pasó lo que tanto había querido, me invitó a su cuarto, nos besamos, yo la abracé y le dije que si estaba segura a lo que dijo que sí, que quería despertar esa llama otra vez.

    La desnudé poco a poco como si fuéramos unos adolescentes teniendo su primera vez, le besé todo su cuerpo, sus tetas estaban un poco colgadas, pero muy exquisitas, le chupé las chichis y los pezones, quise hacerle sexo oral, pero me dijo que no había mucho tiempo y que estaba muy excitada por lo que se quiso montar encima de mí y empezar a cabalgar.

    Ella tenía el ritmo, yo solo acariciaba sus ricas nalgas y sus tetas, los dos tuvimos un orgasmo al mismo tiempo. Ella quedó sentada sobre mi pene, se seguía moviendo, pero muy poco.

    Me dijo que le había encantado que lo repitiéramos, cuando de repente escuchamos el ruido de la cochera: su esposo había llegado…

    Yo corrí con toda mi ropa al otro cuarto y me cambié. Y me quedé sin hacer ruido. Cuando su esposo subió al cuarto, ella tenía puesta la pijama por lo que ella lo acostó y le dijo “vienes borracho iré por algo a la cocina”.

    Ella me dijo que saliera rápido y me fui de la casa. Nos mandamos mensaje y ella me dijo que quería repetirlo, pero quería más tiempo, le dije que si nos programábamos el fin de semana a lo que ella respondió que sí.

    Esperemos que pasa el fin de semana y a ver cómo me le escapo a mi mujer…

  • Mor y Eric, amigos

    Mor y Eric, amigos

    Había conocido a un par de vendedores senegaleses (los que están en las veredas vendiendo), con los cuales tenía una buena relación, siempre comprándoles alguna de las cosas que vendían.

    Así un buen día, luego de tener confianza, de tutearnos y demás, quedamos en encontrarnos en tomar algo por ahí. Fue así como en un bar de la zona, nos juntamos y tomamos algo contando anécdotas de cada uno como para saber quiénes éramos! Eric, Mor (nombre medio extraño!) y yo.

    En otra de las tantas salidas, nos encontramos en la casa de Eric para seguir tomando y conversando. Y así lo hicimos también en la casa de Mor.

    Todo cambió cuando quedamos de encontrarnos en casa… No sé si habíamos tomado quizá de más, pero fui a la cocina a buscar más hielo y Mor que me siguió, empezó a tirarme insinuaciones como que yo tenía una linda cola, que él nunca había estado con un hombre y que le gustaba la idea de tener una relación y me preguntó a mí si aceptaría, pero todo en un tono de chiste, lo que me hacía pensar cuánto habría de chiste en lo que decía!! Al rato, ellos estaban sentados en un sillón, me levanté y fui a la cocina nuevamente y fue ahí donde supe que mí corazonada estaba en lo cierto. Sabía que Mor decía la verdad, que era lo que realmente deseaba: ¡estar con un hombre!

    Él sorpresivamente entró en la cocina, me agarró de la cintura y me empezó a besar la espalda por sobre la ropa y luego besos en el cuello. Inmediatamente me di vuelta y sin mediar palabra me besó, y más allá de mí sorpresa, en el fondo era lo que tanto había soñado yo también. Rápidamente se disculpó diciéndome que no supo que le pasó, porqué lo hizo! A lo que le dije: «tranquilo Mor»!

    Aproveché la ocasión para decir lo mío. «Me gustan los dos y deseo tener algo con Uds.», le dije. Y ahí me le abalancé y empezamos a besarnos y tocarnos cada vez con más ganas y de una manera desenfrenada. A todo esto Eric, al ver qué ninguno de nosotros volvía al living, entró en la cocina y… sorpresa!!! Nos vio haciéndonos mimos y tocándonos y sin mediar palabra, se unió y los tres retomamos con lo que estábamos haciendo Mor y yo… al final era lo que los tres sentíamos: ganas de estar con un hombre…

    Eric me pidió bañarse, luego lo hizo Mor. Los dos se quedaron desnudos sentados. Por último lo hice yo que ya, para este momento estaba muy excitado. Salí del baño y me fui al cuarto a cambiarme, sabiendo lo que quería y lo que iba a pasar!

    Me puse lencería negra con portaligas y medias, tomé un consolador que tenía y crema.

    Salí del cuarto hecha una verdadera putita, con muchas ganas de coger y saborear dos hermosas vergas (aunque no las conocía todavía).

    Me paré junto a una mesa cerca de los sillones dónde estaban mis amigos, coloqué el consolador sobre la mesa, me subí, me puse crema y empecé a metérmelo muy despacito. Atento a ellos como se masturbaban y ver lo que tenían, mi dulce amigo se deslizaba dentro de mí cola sin darme cuenta que me habían entrado sin desperdiciar nada más que 18×5. Estaba en éxtasis total!

    Mor de repente levanta la mano y me llama, cosa que hago luego de sacarme mí silencioso juguete. Me siento entre ambos y lo primero que hice fue agarrarles a cada uno su miembro y darme cuenta que tenía dos enormes pedazos de carne en cada mano. Fue ahí cuando los dos empezaron a besarme por todo el cuerpo sin dejar lugar alguno por recorrer. Yo mientras podía se las tocaba masturbándolos.

    Luego de varios minutos Eric me hizo sentar arriba suyo, me corrió la bombacha, yo abrí mí cola y sin más nada que decir me la metió hasta el fondo no dejándome siquiera quejarme. Y ahí me daba y me daba cada vez con más ganas, sentía como esa enorme cosa me entraba toda. Mor estaba al acecho conmigo hasta que se levantó, mojó con saliva su verga y tirándome hacia adelante buscaba a toda prisa, meter lo suyo y vaya que era grande. Sabía que me iba a doler pero no me importaba, porque era lo que quería y sentía, porque eran deseos que tenía hace tiempo: ser cómodo por dos hombres de color y encima dotados! Mor logró su objetivo, sentía como dos inmensas vergas hacían de mí cola lo que querían, era mí sueño, disfruté como nunca, me llenaron de espesa leche que corría por mis entrañas…

    Luego de haber cumplido la misión, mis amigos se vistieron, no sin antes despedirse con un rico beso. Quedamos en encontrarnos en unos días, cosa que me alegró saber que íbamos a estar nuevamente juntos. Mientras tanto yacía en el sillón extenuado sin saber cómo estaba, pero feliz de haber concretado un sueño…

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  • Juego de amigas

    Juego de amigas

    Me presento, soy una mujer chilena, casada, 44 años. Con mi esposo tenemos una vida muy rica sexualmente hacemos de todo para complacernos, ya hemos hecho varios juegos, tríos, gand band y varias cosas más. Bueno les cuento mi relato.

    En mi otro trabajo un día llegó una compañera nueva unos 4 años mayor que yo, muy linda, muy sexy, buen cuerpo, muy simpática y alegre. Hicimos muy buena amistad, a los 5 meses después ella estaba de cumpleaños y me dijo que lo pasaría sola porque su hijo vivía en el sur de Chile, y su esposo estaba con mucho trabajo así que no saldría a ningún lado porque llega tarde eso la tenía triste.

    Le dije que fuéramos a un pub a celebrar a la salida, del trabajo.

    En el pub tomándonos unos tragos y me confesó que ella disfruta mucho su sexualidad con su marido que le gusta hacer diabluras y todo eso, yo solo la escuchaba, nunca habíamos hablado de nuestra vida privada hasta hoy, yo no le dije nada de mi vida, solo ella hablaba. Después de un rato llegó la hora de irse, ella llamó un Uber para que nos fuera a dejar. Al llegar a su casa me invitó a pasar yo no quería, pero ella insistió, así que llamé a mi esposo y le comenté donde estaba y que llegaría más tarde.

    Después de una copa de vino y seguir con sus confesiones, yo ya estaba un poco mareada y excitada porque sus relatos ya eran con lujo y detalle.

    -Ven te quedo mostrar algo –me dice.

    Nos dirigimos a una pieza que está con llave, abre la puerta, enciende la luz y wuau, sorpresa.

    Era una habitación del placer, tenía una cama con barandas, grilletes, esposas, látigos, trajes de látex, y un montón de consoladores, y vibradores de todas partes y tamaños y colores, y un montón de otras cosas.

    -Este es nuestro salón del placer con mi esposo -me dice.

    Ella coloca música, y me dice:

    -Ven, bailemos

    Yo le digo que bueno y después suena un tema lento. Me mira y me dice

    -Lo bailamos.

    Yo abro mis brazos y nos abrazamos y reímos.

    A la mitad de la canción todo estaba bien, nada extraño, solo que ambas estamos en silencio. Comienzo a sentir sus labios húmedos por mi cuello y eso me comienza a poner la piel de gallina y a excitar. Sus besos ya eran con más intensidad y sus manos se movían por mí cintura y espalda. Nos miramos y besamos, fue un beso muy durante, intenso. Ella se quita su falda, y saca la mía, nuestras blusas vuelan también. Ya nos encontrábamos desnudas.

    Me recuesta en la cama y comienza a lamer mi zorra, (nunca había estado sola con otra mujer, si estando en intercambio de parejas, pero no era lo mismo) Yo estaba a mil.

    Ella me dice que si quiero probar un juguete especial que ella tiene. Yo le grito que sí, estaba tan excitada que no lo pensé. Me pide que me ponga a lo perrito, me coloca unas cadenas en las muñecas que estaban enganchada al respaldo de la cama. Me coloca lubricante en mi zorra.  Acerca una mesa que tiene con algo tapado (era una máquina hidráulica del placer). Busca un consolador de unos 20 centímetros y lo coloca en su máquina, con una manivela, lo ajusta en altura y profundidad para mí.

    Me pasa un control remoto y me dice que yo vea que intensidad quiero, me explica cómo funciona. Comienzo a darle velocidad, y se sentía muy rico mientras la máquina me culeaba. Ella lamía mi culo, se ponía un guante de látex, lo embetunaba con gel y me metía sus dedos en mi culo. Yo gritaba de placer y aumentaba la velocidad, comencé a tener múltiples orgasmos.

    Ella, detiene la máquina y cambia el juguete. Coloca un consolador, doble, lo ajusta y me dice que está listo.

    Comienzo a darle velocidad y siento mucho placer al sentir mi zorra y culo llenos. Ella se pone frente a mí y comienzo a lamer su zorra. Yo me retorcía de placer.

    Ya después, estando las dos haciendo un 69, y otras posiciones, en eso estábamos haciendo una tijerita y entre nuestras zorras había un consolador largo como de 50 cm, con dos cabezas, las mitad metida en mi y la otra en mi amiga y trasfregando nuestras zorras.

    Se abre la puerta y se asoma su esposo con un regalo y un ramo de flores.

    É la saludó a ella con un beso con lengua y le tomó una teta, le dice:

    -Que buen regalo te estás dando.

    Yo no atiné a nada, me quedé congelada, no esperaba que llegara él y nos encontrara así.

    Él me toma una teta y me besa con lengua, saca su verga, que era larga y gruesa y me la pone en la boca. Yo solo atiné a chupársela (nunca me había pasado eso, ver a un hombre y que en menos de un minuto me tocara una teta, besara y se lo chupara sin decir hola). Él se desnudó, tenía un físico muy bien cuidado.

    Nos pudo en 69, me culeaba a mí y a ratos sacaba su verga y se la ponía en la boca de su esposa para que se la chupara. Luego se culeaba a su esposa y me lo ponía en mi boca, yo le lamia entera su verga.

    En un momento acaba dentro de su esposa, daba su verga de la zorra de ella y la pone en mi boca y me da sus últimas gotas de moco, luego comienza a salir el moco de la zorra de ella y yo comienzo a lamerla y me tomo todos esos fluidos.

    Fue una gran experiencia…

  • Cuando la realidad supera la ficción

    Cuando la realidad supera la ficción

    El domingo de la semana pasada, de noche, recibí en mi correo (capalo.33@ gmail.es) un mensaje de la que creí una soñadora, que decía así:

    «Soy fan suya y quería decirle que esta mañana antes de que el servicio me trajera el desayuno a la cama leí su relato -Lolita-. Me mojé tanto que mis dedos acabaron haciendo que disfrutara de un delicioso orgasmo, pero eso no fue lo mejor, lo mejor pasó cuando fuimos mi amiga Penny y yo a dar un paseo a caballo por los campos de la propiedad de su abuelo en Oxfordshire.

    Penny y yo habíamos discutido en las caballerizas porque había llegado tarde y ella es una loca de la puntualidad. El caso es que durante el paseo no me habló cómo castigo a mi tardanza.

    Con el balance de mi culo yendo de atrás hacia delante al ir el caballo al paso hice que mi clítoris se frotase con la silla de montar. Fantaseé con mi madrastra y mi padre… Sentí cómo se me iba empapando el chochito. Poco después puse el caballo al trote para frotarme más prisa. Penny, picada, también puso al trote a Furia, después los pusimos al galope, ella para ganar la carrera y yo para frotarlo aún más rápido, lo que me llevó a alcanzar un orgasmo tan intenso que me caí del caballo. Imagine la cara de sorpresa de mi amiga viendo mi pantalón blanco encharcado de jugos.

    Espero no haberlo molestado en demasía.

    Gracias por sus relatos. No pararé hasta que los lea todos.

    Un beso.

    Chastity.»

    Le contesté y le dije:

    “Me alegro de que hayas disfrutado con el relato. Afortunado el caballo que montabas cuando te corriste y afortunados tus dedos, que ojala fueran mi lengua y los ojos de tu amiga ojalá fueran los míos para poder verte.

    Gracias por leerme.

    Un beso.

    Quique.”

    Mi esposa, que estaba sentada en un sillón de la sala enfrente de mí, me preguntó:

    -¿Quién era?

    No hay mejor cosa que decir la verdad para que no te crean.

    -Una que me dice que se corrió encima de un caballo…

    No dejó que terminara de hablar.

    -¡Ya te vale!

    Se levantó del sillón. Le pregunté.

    -¿Te vas para la cama?

    -Voy.

    -¿Subo y le damos una alegría al cuerpo?

    -Estoy cansada.

    Mi voz sonó a reproche.

    -Siempre estás cansada para follar.

    -Será porque ya no tengo veinte años.

    -No, será porque me tienes muy visto.

    Yéndose, y cómo quien te llama mierda a la chita callada, dijo:

    -Será.

    Mirando La Nave Del Misterio sentí en el móvil el aviso de un mensaje. Era del correo. Lo abrí y vi las fotos de dos preciosidades, rubias, de ojos azules, jóvenes, con coletas, botas negras altas, pantalón blanco ajustado a las piernas, blusa blanca y chaqueta roja, y al pie una nota que decía:

    «La de la izquierda es Penny, la de la derecha, la que monta el caballo negro soy yo.

    Un beso.

    Chastity.»

    Pensé que sacara las fotos de una revista, ya se sabe que en internet se miente mucho. Le respondí:

    “¡Quién fuera ese caballo negro!

    Un beso donde quieras.

    Quique.”

    A los diez minutos me llegó una foto. Era Chastity, la rubia que montaba el caballo negro. Estaba en cama, desnuda. Sus piernas eran perfectas, sus tetas eran redondas y pequeñas, el cabello lo llevaba suelto. Con dos dedos abría el coño, un coño que tenía los labios rosados. A su pie, decía:

    «Lo quiero aquí.»

    Al ver la foto me pude palote. Me bajé los pantalones, saqué la polla y meneándola hice un pequeño vídeo dónde le preguntaba si no querría que se la metiera después de comerle el chocho.

    Al rato me llegó otro pequeño vídeo donde se veía metiendo un dedo en el chocho y después chupando el dedo y diciendo:

    «Si, me gustaría que me lo comiera y que después de correrme en su boca me follara hasta que no pudieras más.»

    Le mandé otro pequeño vídeo donde se veía salir aguadilla del glande descapullado de mi polla y le decía:

    “Mira cómo me puse de pensarlo.”

    En el siguiente vídeo solo vi su cara con los ojos en blanco y la boca abierta, que cerró para decir:

    «¡I cum!»

    Diez veces lo vi repetido antes de que mi polla soltase un chorro de leche que fue a parar a algún sitio de la sala. No sé dónde porque los ojos se me cerraron de golpe.

    Después de esto me llegó una foto de dos de sus dedos haciendo la señal de la victoria entre los que había un hilillo de jugos blancos y un mensaje, que decía:

    «Lo volveré a llamar a estas horas un día que mi amiga Penny duerma conmigo.

    Un beso en la puntita de la polla, con mucho amor.

    Chastity.»

    Sigo esperando a que me llame.

    Quique.