Autor: admin

  • Una abuela muy caliente

    Una abuela muy caliente

    Hoy vengo a contarles la historia de cuando me cogí a la abuelita de mi amigo Julio.

    La mamá de mi amigo, la señora Ana era una mujer muy bonita, pero siempre salía con su marido para todos lados, puesto que él tenía una orquesta musical.

    Casi todos los fines de semana por no decir todos, salían y claro, siempre lo acompañaba su señora, por lo que en la casa quedaba su hermano menor y sus abuelos.

    Debo decir que la abuela de Julio, la señora María era muy buena y a la vez como que sabía del mundo se podría decir, ella tenía unos 57 años y su esposo unos 64. Pero su esposo tenia diabetes por lo que se cuidaba mucho, incluso últimamente se había golpeado la pierna y estaba muy mal, puesto que tenía que estar en cama reposando, por lo que la señora María le alcanzaba todo hasta la cama.

    Bueno, uno de esos días que los padres de Julio salieron, se llevaron a su hermano, por lo que me quedé con Julio en su casa a jugar con unos videojuegos, mientras que su abuela y su abuelo estaban en su dormitorio viendo televisión.

    De pronto sonó el teléfono y contesta Doña María, y le dice a Julio que deje un mensaje a la casa de otra señora que vive como a tres cuadras.

    Julio un poco amargo va por lo que yo lo esperaba -no quería ir-, entonces doña María me ofrece una limonada, y me empieza a preguntar de cómo me sentía, como están mis padres y tantas otras cosas, pero yo no dejaba de mirar sus labios y sus pechos, porque, aunque traía una bata que no lucia nada, yo ya me imaginaba lo que guardaba tras esa bata, hasta que le hice una pregunta que lo pensé mucho:

    J: Doña María, ¿usted de joven debió ser hermosa?

    M: ¿Que dices Jona?

    J: No me lo va a negar, apuesto que su forma de vestir es muy coqueta.

    M: ¡Bueno toda mujer es así!

    J: Sí, pero usted es muy atractiva, incluso muchos jóvenes se la quedan mirando por la calle cuando camina.

    M: ¿Y a ti te parezco atractiva…?

    Cuando estuve a punto de contestarle llegó Julio, y ella cambió la conversación diciendo: «Así que tus padres están bien, dales mis saludos», y volvió a su cuarto con su marido.

    Ese día me di cuenta que doña María era una caliente o tal vez necesitaba, la idea de que me la pude haber cogido ese día me rondaba la cabeza, imaginarla encima de mí, ¡era lo que más quería!

    El otro fin de semana, igual fui a la casa de Julio a jugar con los videojuegos, sus padres salieron con su hermano, y nos quedamos ahí, saludé a doña María, a don Roberto y me dirigí al dormitorio de Julio.

    Cuando ya estábamos jugando, tocan a la puerta, Sandra la ex enamorada de Julio, quería hablar con él (parece que quería volver con él) así que salió, y yo le dije: “tomate el tiempo que quieras, yo me quedo aquí mirando tele”.

    Cuando Julio se fue, doña María entra al cuarto y me dice:

    M: ¿Julio salió?

    J: Si. Una amiga lo busco.

    M: ¿Te quedaste solo…?

    J: ¡Sí, pero contigo, jajá!

    M: ¡Si claro… Jona lo que hablamos la otra vez… todo lo que dije fue en serio!

    Yo no supe que decirle, solo la miraba de arriba abajo y una erección me brotaba, la señora me estaba coqueteando y se me estaba generando una valiosa oportunidad, ya que la señora María pese a su edad, se veía muy bien, tenía buen físico, claro con algunas longas y arrugas, pero todavía apetecible, se me acerco y me dijo;

    M: En verdad te parezco atractiva?

    J: Si… pero tu marido está acostado, ¡cuidado que te escuche!

    M: ¡No, ya está dormido… ese viejo ya me aburre!

    J: ¿Entonces que buscas?

    M: Alguien joven y más fuerte!

    Yo me acerqué y le di un beso, el cual ella no me rechazó, empezó a quitarle la bata, y no tenía nada abajo (creo que ya lo tenía planeado), empecé a chuparle los pezones.

    J: ¡Que ricas tetas tiene!

    M: ¿Te gustan? chúpalas bien!

    Mientras con su mano me sobaba la verga, la cual ya estaba dura por lo acontecido.

    Yo ya quería que me la mamara, así que me senté en la cama de Julio y separé un poco mis piernas, mi verga ya estaba parada, ella entendió el pedido, así que empezó a metérselo a la boca y succionar con fuerza.

    J: ¡Que rico, así, chúpala toda!!

    Mientras yo le acariciaba su cabeza, la abuela de mi amigo se tragaba todita, le acariciaba sus tetas grandes y caídas, sus nalguitas, me tenía durísimo y prendido con sus ricas chupadas.

    M: ¡Que rica verga!!

    J: ¡Señora, uhm!!

    M: Hace años que no me comía una, ¡así como esta!

    De repente escuchamos la voz de su marido que le gritaba, eso me asustó un poco, pero ella me calmó diciendo que no hiciera nada, que me callara, así pensaría que ella salió, mientras tanto me la continuaba mamando de ¡forma majestuosa!

    Luego para no hacer ruido nos echamos en el piso, yo boca arriba y ella se montó encima de mí, empezó a saltar como loca, ¡era una perra!

    M: Ah, que rico, ¡uhm!!

    J: ¡María, ah, como te mueves!

    Sus movimientos eran fantásticos, yo disfrutaba mordiéndole sus tetas y acariciando sus piernas que aún se veían magnificas, la señora lo gozaba como nunca.

    Estuvimos, así un buen rato, ella meneándose y dejándose caer muy rico, después se puso en cuatro patas y se la metí por el culo.

    M: ¡Ah, duele, ah!

    J: ¡Que rico culo tienes nena!

    M: Me lastimas, uhm, ¡ah!

    J: ¡No hagas ruido, nos escucharan, uhm!

    La embestía con fuerza, mientras con mis dedos jugaba su clítoris el cual ya estaba súper inflado y duro, la señora gozaba como nunca.

    M: ¡Tantos años, uhm, ah, que rico!

    J: ¡Mamacita que rico coges, uhm, ah!

    Ella para no hacer ruido mordía una almohada, en verdad me excitaba saber que su esposo estaba en la habitación de al lado, eso me inspiraba a darle por completo mi verga, hasta que sus nalgas chocaban con mi pelvis, hasta que la empalaba por completo.

    J: ¡María, que rico, me voy a venir, uhm, que rico!

    M: ¡Me matas, agh, me vengo, me vengo!!

    Mari comenzó a correrse y tener un orgasmo, mordía la almohada y ahogaba sus gritos de placer en ella.

    J: ¡Me vengo, me vengo!!!

    Que rico, me había cogido a la abuela sexy de mi amigo, en su cuarto y con su marido en la habitación de al lado que no escuchó y si escuchó no pudo hacer nada.

    Cuando terminamos nos dimos un beso y le dije si quería ser mi amante en secreto, a lo que ella aceptó gustosa y de alegría me hizo una mamada.

    La señora me lo mamó hasta hacerme venir nuevamente, se tragó todo mi semen, dejándome todo seco, demostrándome que a su edad aun mataba a cualquiera.

    Después de eso ella se puso la bata, roció aromatizante en el cuarto y se fue justo cuando mi amigo Julio entró y sin sospechar nada continuamos jugando como si nada hubiera pasado.

    Saludos, espero les haya gustado, seguiré escribiendo mis historias.

  • Boca generosa

    Boca generosa

    Quiero que tu boca generosa me diga “te quiero mucho” de esa forma, de esa manera también, sin decir una sola vocal, con la naturalidad y la confianza de lo impresionante.  Que hagas de ella un instrumento para adormecerme las nociones de espacio y tiempo por un rato, bañándome con su cálida humedad uno de mis puntos más débiles, cuyas venas están temporalmente más marcadas que las de mi muñeca. Que me la escupas sin miedo. Que te sientas una diosa poderosa aun estando arrodillada y apoyando los codos en donde los estés apoyando, usando como única prenda de ropa el aire. Y ya con sólo besarme la punta del pirulí o haciendo en ella círculos con tu lengua, te estás convirtiendo en una, dejándome bien en claro que tus talentos de orden erótico son mejores que los míos. Al fin y al cabo serás tú quien mantenga por más tiempo la sonrisa imperial.

    “Estimula, estimula, estimula”, “frota, frota, frota”, “así, así, así”, “sí, sí, sí”, te está diciendo con su absoluta disponibilidad. Toma aire y luego prosigue, mi serafín terrenal, toma aire y luego continúa, atraviesa todas sus resistencias y redúcelas a su mínima expresión, hasta que sean más pequeñas que el ojo de una aguja. “Mmm, mmm, mmm”, “¿mmm? ¿mmm? ¿mmm?”, es lo que más quiero escuchar mientras me lo estás haciendo. Respira sobre ella con estío. Presiona mi miembro con tus labios, ángel mío, aminora su obstinación a no querer hacer explosión. ¡Te dejo, te dejo y te dejo! Sólo te faltarían los grandes y alocados lengüetazos de abajo a arriba, y de arriba a abajo. Se desvive por estar y refugiarse adentro tuyo, su necesidad más apremiante es esa, cielo mío. El revoloteo agradable que percibo en el interior de mi estómago, es grande y profundo. Mira cómo me estoy tocando el pecho –riéndote orgullosa de cómo reacciono.

    Tu lengua es atrayente, es seductora, es encantadora. Cautivante. Satisfactoria. Complaciente. Simpática, alegre, risueña. Graciosa hasta en los momentos más infartantes. Afectuosa, cariñosa, afable. Adorable, deliciosa, apetitosa. Tu lengua es ahora mi momento, haciendo con ella increíbles trazos de pluma mojada. ¿Dónde está la inocencia? ¿Qué es la inocencia? ¿Existe la inocencia? Aquí y ahora, eso no existe. Tengo una pequeña picazón, un hormigueo más chiquito que una mariquita de siete puntos, justo en la punta de mi falo, y me gustaría que me la rascaras con tu lengua.

    Increíble y maravillosa, es la gran riqueza de placeres corporales que puede caber en una sola cama y en una sola noche. No aguantaría si a lo siguiente te sentaras arriba mío como si fuera tu silla favorita y empezaras a moverte aleatoriamente, sin desprenderte de mí y menos de mi bulto sólido como una leño, ni por un minuto. Eso sí que no lo resistiría.

  • La vecina casada

    La vecina casada

    Siempre fui muy respetuoso y pensaba que estar con una mujer casada sería algo que nunca haría sin embargo la calentura es la calentura.

    Paty era la que organizaba a todo el fraccionamiento de casas donde yo vivía.

    Era una mamá joven, en ese tiempo rondaría los 31 años y ya con hijos algo grandes.

    Desde un inicio en mensajes por celulares ella siempre fue muy amable y me la imaginaba una señora de 60 años.

    Súper agradable, para ese tiempo solo y soltero tenía muy poco tiempo para los quehaceres administrativos del hogar.

    Siempre era un lío los pagos de mantenimientos y firma de recibos, minutas etc. etc.

    Paty siempre, siempre, siempre salía a mi rescate, así duramos meses, todo era amistad fiel y pura…

    Cosas del destino y de la vida:

    Cuándo un día era de vida o muerte pasarle a pagar a Paty porque el internet se había caído.

    Con mucha pesadez y poca gana, tuve que ir a visitar a Paty.

    Oh sorpresa, Paty de una sonrisa hermosa y unos ojos redondos, pestañas largas y cabello recogido.

    Era guapa, muy guapa para ser sinceros…

    Yo creo que se extrañó al ver mi sorpresa y mi timidez de no encontrar a una señora hermosa de edad.

    Si no hermosa, casi de mi edad…

    No sé cuánto duré en poder hablar y a medio explicarme; solo le entregué el dinero y casi salí huyendo.

    El esposo preguntó que quien rayos era a esta hora… Jajaja…

    No tarde ni un minuto en recibir un mensaje de Paty diciendo a su marido que le fui a dejar el pago, que ella eso supuso, jajaja.

    Fue muy cómico y lo sigue siendo hasta hoy que lo recuerdo grato.

    Pues bien el ritmo y nivel de pláticas por celular fueron cambiando:

    Empezamos a conocernos más, charlar de lo que fuera y a todas horas.

    Era una buena amiga y la amistad empezó a hacerse más fuerte.

    En un evento de la primavera, cada vecino que quisiera participar debía regalar algo a los niños.

    Yo jamás participaba, pero Paty ya influía en mí y entonces me volví partícipe.

    Bromeamos con los trajes que debían usar los niños entre otras cosas.

    Una de las condiciones para participar era que Paty debería ir y pedir cómo niña.

    Entonces iría de flor, de árbol, de ardilla, de manzana, de papaya, de mango…

    El tono sexual:

    Esa plática fue de las primeras en tono sexual.

    Yo la veía poco y de lejos porque el esposo trabajaba siempre en casa, vestía joven siempre, pero nada muy sexual.

    De alguna manera el marido influía en que no mostrara tanto…

    No fue así el día del evento de primavera ya que el marido por alguna razón no estaba en casa.

    Con pena me dijo que se pondría algo para sorprenderme y para que diera buenos regalos:

    Ahí fue cuando sentí como un impulso eléctrico recorrió desde mi cabeza hasta la punta de mi pene. Se aceleró la respiración, el corazón empezó a latir…

    Las horas fueron eternas y no podía concentrarme en nada. Solo quería verla y con morbo imaginar a qué se refería con sorpresa.

    Ella siempre fue cortante y nada abierta en ese tipo de temas. Me sorprendió y yo ya sentía una atracción por ella. Debo de confesar que más allá de lo sexual.

    Pasaban las horas y los minutos cuando recibí el mensaje de «ya vamos para allá».

    Era grande la comitiva de niños, pero pocos padres. Y si efectivamente fue una sorpresa para mí verla en ese minivestido rojo: ceñido, entallado, podía delatar perfectamente sus curvas… Todas.

    Paty era una mujer de 1.60 cuando mucho, muy bella, senos grandes, nalgas grandes y una cintura media, lo cual la hacía ver espectacular en ese traje de flor, seré sincero y ya creí que habría algo así debajo de toda esa ropa de señora casada.

    Sin duda una mujer así pasaría como una de las mejores en cualquier lugar público. Estoy seguro que muchos vecinos lo agradecieron y otras lo reprocharon. Pero mi cordura siempre fue mayor hasta ese momento, solo entregué los regalos, sonreí y cerré con prisa.

    Paty no tardó ni dos minutos en reprochar lo poco cortés y caballeroso, pero no pude más que demostrar más nerviosismo. Su mirada y mi mirada era obvio que nos conectaba.

    El valor o calentura?:

    Tomé valor y esa misma noche le confesé lo mucho que me atraía: lo mucho que disfrutaba verla en la calle y ver su sonrisa. Que estaba seguro que detrás de esas ropas de casada escondía una hermosa piel.

    Ella por su lado: no estoy seguro si jugando su juego me llamo loco. Y que no inventara cosas que seguramente solo quería acostarme con ella. Y que con mucha confianza me contó cosas que jamás nadie sabría. Ni a una amiga contaría, y que por favor ya no la buscará más.

    Sigo pensando que está un poquito loca.

    Pero después de unos minutos me llamó y me dijo que estaba fuera de su casa pensando en todo lo que le decía y me cuestionó ¿si era verdad?

    Solo pude decirle “ven para decirlo a la cara”, ella solo colgó el teléfono sin antes decirme dejara la puerta abierta…

    Fue ahí donde llega ese shock de energía, cuando el corazón comienza a latir, la respiración se agita…

    Cuando bajé las escaleras, la puerta se abrió y ahí estaba ella, con angustia, con cierto miedo, pero con unos ojos de mucha ansia, de sorpresa, de inocencia. Más yo solo la pude tomar de las manos, pegarla a mi pecho.

    Comencé a besar, un beso de lo más rico, amoroso, apasionado, nada morboso, fue un beso increíble. Nuestros corazones, la mirada, la respiración entonces se sincronizaron. Éramos uno mismo, su cuello era mío y mis manos eran suyas…

    Cayó la bata que traía para dejarme sentir un vestido para dormir de seda hermoso. Sus pechos eran cual montañas vírgenes, su olor y su piel (me recordaron mis primeras experiencias sexuales) eran tan suaves, tan ricas.

    Así parados llevó mis manos a su vagina, estaba húmeda y caliente, su clítoris estaba perfectamente asomado cuál botón en primavera, quería ser estrujado, mi mano nunca dejo de tocarlo, mis dedos nunca dejaron de manosearla y mi boca de besar sus senos, fueron minutos de máximo placer…

    Yo no dejaba de decir su nombre y ella no dejaba de jadear.

    Pude sentir esa corriente de calor por su cuerpo y como dejaba caerse en mis brazos, sus impulsos eran anormales, se retorcía con un gusto mientras gritaba lo mucho que le encantaba…

    La llevé al sillón en brazos y la recosté: es verdad que había perdido el sentido, fue una locura, era una mujer casada. Yo sabía que no era correcto, pero era una mujer hermosa en todos los sentidos, pero el olor de su cuerpo y su vagina era algo que ya no me hacían razonar…

    Continuará.

  • La melancolía del escenario

    La melancolía del escenario

    Hoy vengo hablarles de los detalles sucios y culminaciones sexuales en mi carrera como cantante y actor de performance.

    Voy a confesarme directamente; he ejercido teatro desde que era un niño, siempre bajo el cobijo de un colegio privado, pero mis aventuras empiezan desde que cumplí 18 años, cuando comencé a salir e inscribirme a instituciones públicas como casas de la cultura, talleres independientes u compañías aisladas.

    He de contextualizar, es mi obligación con ustedes queridos lectores.

    Soy un chico, en los días que les voy a relatar era tan sólo un joven, preocupado por nada, de pelo negro y descuidado, lidiando con la adolescencia y los complejos, era delgado y para nada el modelo de chico Disney que suele dejar el mundo más seguro en oportunidades de atracción, esto me llevó a ser alguien que siempre está buscando acción. Recuerdo que era un chaval excéntrico pues quería llevar mi rostro «peculiar», así como mi cuerpo, de deportista, pero aun así el cuerpo de un chaval, a los límites que nunca una persona convencional se molestaría en explorar. Así que ligaba cuanto podía, coqueteaba con quien me atrevía y cuando por fin llegué a intimar, lo hacía donde podía y con quién se dejase.

    ¿Guarro, fácil, sucio? Lo más probable es que sí, inclusive vil y a una corta edad. El tiempo pasó una factura cuando el placer se me fue de control…

    No quiero que se dé a malinterpretaciones yo aunque a esa edad gozaba de una vida sexual, bonita, variada, pero sana, me soltaba y gozaba de expresión en el momento, pero nada diferente a estar en un escenario y gozártela.

    Pero los escenarios y el sexo nunca se llevan bien si no está en la obra y lo probé de primera mano el día que conocí a Inés, Inés era mayor que yo y aunque no era la más grande del salón de teatro, sí poseía porte de protagonista, era joven, pero no lo suficiente como para estar a mi alcance, era de dinero y se notaba en su celular, aretes, alhajas y vestir.

    Inés era una cansina de primera eso sí.

    ¿Conoces a la clásica chica blanca, rubia que tiene una delgadez que denota dureza más que fragilidad?

    Pues era ella. Antipática, pero debo admitir, todos queríamos llevar la fiesta en paz, pues para mí era un simple taller más del montón, con suerte iba a hacer frente a las ganas de lucir bien ante la chica que sí me gustaba. Pero no, lo que obtuve fue una, me atrevería a decir violación de parte de Inés hacia mí. ¿Cómo? Bueno la verdad es que uno nunca se espera ser como una presa a la que se le está cazando y mucho menos por aquella mujer o dama que está fuera de su rango. Inés es, era y probablemente seguirá siendo sutil, asistía al taller siempre a la hora y se iba con prisa en cuanto acababa, pero durante el taller procuraba estar en equipo conmigo, buscaba contacto físico, espacios aislados y todo de manera muy extraña.

    Nunca se pasaba de la línea, pero yo siendo joven, estaba fascinado, ¿Qué más daría que la otra chica no voltee a verme sí tengo a esta otra que quizá busque algo? «La tengo que atrapar antes de perderla» creía ingenuo. Ay! de los problemas que me trajo andar de buscón… Pues el día de una primera presentación con Inés, estaba todo clarísimo y mi plan era simple, ya nos habíamos entendido y buscaba ir de fiesta con ella, besarnos, agarramos de las caderas, aferrarme a su cuerpo atlético, y un faje, que quizá me lleve a su casa y entre que sí y no termine teniendo sexo casual de cucharita, pero nada fue como lo pensé; ese día llegue, las mujeres se maquillaban, los hombres se arreglaban el vestuario, repasaban sus diálogos y demás. Cuando de repente me doy cuenta… y le digo en voz alta y con miedo al director…

    -Me he olvidado de la corbata y los zapatos…

    Deberán comprender el vestuario de último momento de un estrés, entre regaños, soluciones y mucha vergüenza escucho a Inés decir:

    -Shhhht, vete ya a comprar una corbata de una vez.

    Era el tono, la mirada y mis intenciones con ella, acabas por un descuido desorganizado.

    Todos estaban algo tensos hacia mí así que sí, lo mejor era ir y buscar, me lo confirmó mi maestro y director.

    Más cuando salí por la puerta, Inés tras de mi, ya con su maquillaje puesto, la sombra verde de sus parpados y sus pestañas bien. Toma mi brazo toscamente y susurra.

    -Llegando solo cámbiate y alístate para entrar, directo al baño nada de repasar.

    Tenía un tono severo y de regaño, yo mansamente sólo pude decir que sí.

    Con mi fragilidad destruida fui y regresé, entré directo al baño, mas resignado que decidido cuando de repente por el espejo veo a la flaca Inés, con su vestuario en brazo, cara de preocupación esperando a pasar.

    Como siempre baño de chicas cerrado y lleno, baño de chicos desocupado y con puertas abiertas.

    Yo procuré nada de contacto visual. Pero eso cambió cuando la veo caminar al espejo y tirar su vestuario a la zona despejada del lavabo.

    Sólo había silencio, sentía mi corazón palpitar, yo estaba finalizando de ponerme unos zapatos prestados, traje y corbata y ella entró sin una palabra o mirada.

    Tenía que huir de ahí, pero me detiene poniéndose frente a mi y poniendo su mano en mi pecho.

    Preocupado porque mis hormonas y mis erecciones podrían confundir la situación la miro y antes que diga algo. Me dice:

    -Necesito cambiarme, el baño de mujeres está lleno, cuida que no entre nadie y avísame si vienen, NO LA CAGUES.

    -Vale, vale, tranqui

    Acto seguido entra a un retrete, pero no cierra la puerta, en la desesperación decide dejarla entre abierta, cerrada con su mano, pero sin seguro alguno. Y yo en la puerta con cara de idiota al pasillo.

    Inés se percataría que no iba a hacer nada, sale con el encaje de camisa y me dice que me acerque rápido con una mano. Me explica que tengo que cerrarlo yo por atrás, le digo que está bien y cuando voy a la mitad de los broches noto que su mano pasa por mi lado derecho del muslo, cerca de mi cadera y nalga, se mueve lento y sensual, sin pensarlo mucho me acerco a ella, poniendo mi erección en su espalda y mis brazos abrazando su cadera, mi cara estaba un lado de su cabello y sus ojos cerrados junto con su nariz cincelada miraban arriba casi con orgullo.

    Ese momento para mi era sudor, nerviosismo, olores y victoria. Más debo decir que quizá después de eso se fue lo mejor. Recuerdo lo siguiente:

    Ella apartándome y dejándome en una pared de lado del váter, ella asomando por si viene alguien, silencio total, confusión y calentura en dosis iguales. Después fue una experiencia muy tosca, mientras yo quería tocarla ella no me lo permitía, pero de lleno ella sacó mi miembro y me pidió «ayudarla con el vestuario pero sin tocarla». Vamos quería que la metiera de lleno, yo no tenía protección, pero tampoco oportunidad de que esto volviera a pasar. Y me fui acercando, recuerdo estrecha al principio, difícil de entrar y recuerdo reclamos de tipo «deja que entre sólo», «no hagas ruido».

    Y finalmente nos encontramos en el silencio de la habitación, el mundo pausado, recuerdo su cabello, su cara de confianza, recuerdo yo sentir placer, de un túnel estrecho, maduro y de alguien que sabía usarlo, un recuerdo vivido que me gusta y me disgusta en partes similares.

    Recuerdo su movimiento y su piel, su delicadeza pero su energía y movimiento más fuerte que el mío. Recuerdo que me esforzaba por ella, y la única química que había entre nosotros era la forzada. Era un sexo triste, pero nunca me di cuenta de su melancolía porque estaba ocupado pensando en sus senos medianos, su movimiento, los momentos que la viví viéndola decentemente, los momentos que la ansié y el triunfo vacío que era estármela estrellando en los huevos.

    No era, ni soy un modelo, en ese momento no estoy seguro de quién era la perra de quién. Yo estaba ocupado sintiendo su trasero rebotar, su vagina resbalar, mi pene penetrar y sonido era casi imposible de escuchar su olor difícil de ocultar y la satisfacción fue tan temporal porque nunca fue recíproca. La presentación fue fatal para mí, buena para ella.

    Pero los dos hicimos lo mismo.

    Tiempo después conocería nuevas oportunidades en este mundo del espectáculo… como aquella con mi maestro de canto no mucho después.

    ¿Les gustaría escuchar más?…

  • La conocí en una reunión para bajar de peso

    La conocí en una reunión para bajar de peso

    Es una mujer que conocí en una reunión mientras iba con la intención de bajar de peso (cosa que logré) y se encargaba de la administración de ese grupo.

    Había estado pasada 40 kg de su peso, pero ahora a sus 38 estaba hermosa, ojos claros y aceitunados, caderas anchas que hacían que su cintura se acentuara, culo respingón y unas piernas que paraban en tráfico sus muslos eran anchos y firmes, sus pantorrillas musculosas y tobillos anchos con pies pequeñitos y muy delicados.

    Me pidió que la asesorara para hacer sus declaraciones de impuestos y le ayudara a tramitar una devolución de un pago que había hecho de más, por tratarse de una amiga no cobré honorarios, así que en cuanto logramos que le devolvieran el dinero me invitó a cenar.

    El siguiente viernes quedamos de salir y pasó por mí al departamento que en ese tiempo rentaba con un amigo y fuimos en su carro a un restaurante argentino, nos tomamos una botella de vino para acompañar las carnes y para terminar uno licores, la cena transcurrió sin platicas subidas de tono ni insinuaciones de ninguno de los dos.

    La verdad yo no tenía intención de nada, pensé que era una cena formal entre cliente y contador pero siempre alerta, esperando que pasara algo cuando salgo con una mujer hermosa y sobre todo muy buena.

    Ese día se llevó una minifalda de piel a medio muslo que cuando manejaba se le subía y casi se le veía la tanga, una blusa abierta al frente y zapatillas muy altas.

    Cuando salimos del restaurante ella iba un poco «happy» por lo que le ofrecí manejar y aceptó, en el camino disfruté viéndole las piernas que me volvían loco y ella lo notó, pero no dijo nada y no se bajó la falda.

    Llegamos a mi departamento y eran como las 10:30 y me dijo que era temprano, que si le invitaba un trago y hasta ese momento entendí que la cena era algo más que un agradecimiento.

    Yo solo tenía vino y tequila así que entramos y le serví un tequila y yo otro y bajamos a la sala a disfrutar de un trago, pero antes de comenzar su tequila se me sentó encima a horcajadas y me comenzó a besar. La verdad me sorprendió porque estaba con mi trago en la mano y no lo esperaba, pero no iba a desperdiciar el momento y la besé con la misma pasión que ella y cuando le dije que me dejara poner el vaso en la mesa de la sala se hincó, me abrió el pantalón, lo bajó junto con mi bóxer y me comenzó a dar una muy buena mamada y aunque le dije que despacio porque estaba súper caliente no me escuchó, lamia mi verga por todo el tronco, se metía la cabeza a la boca y lamía el presemen como si estuviera degustando un delicioso postre, su cara era otra, se había transformado en una degenerada que con solo mirarla me hacía excitarme al máximo y me la mamó profundamente metiéndose toda la verga en su boca hasta que no resistí más y me vine en su boca y como tenia sin coger algo de tiempo me vine muchísimo, le llené la boca de semen y cuando se dio cuenta que había parado de venirme abrió la boca para que viera mi semen, la cerró y se lo comió todo.

    Después se tomó su tequila de un trago, fue al baño y regresó por mí y me llevó a la recámara, parecía la dueña del lugar aún sin conocerlo.

    Se desnudó, solo se dejó puestas las zapatillas y caminó como si estuviera modelando, le admiré las piernas, tenía poco pecho, pero sus nalgas son anchas y paradas y su coño estaba sin depilar, me sorprendió su abdomen totalmente plano pues tiene dos hijos.

    Me desnudó, me acostó y me dijo que me pusiera un condón, le dije que como no esperaba nada de lo que estaba sucediendo no había comprado y que si lo íbamos a hacer seria sin condón y ella solo se me acercó al oído y me dijo:

    -Así me gusta más, pero te va a costar hacerme venir muchas veces.

    Se metió a la cama, se acostó y abrió las piernas y me pidió que la penetrara, yo ya estaba con la verga muy parada y se la puse en la entrada de la vagina, me la agarré y comencé a frotársela a todo lo largo de su raja, desde el clítoris hasta el final de su coño para masturbarla. Así estuve un rato largo, estaba gimiendo mucho, le veía la cara y se lamia los labios, hasta que me dijo «por favor métemela» y en ese momento no esperé más y se la metí hasta el fondo sin ningún problema pues estaba muy mojada.

    Al sentir mi verga entrando a su coño gimió, más bien gritó un poco y comenzamos el bombeo muy duro, después de un rato tomé sus tobillos y los puse en mis hombros para metérsela lo más profundamente posible, mis güevos chocaban con sus nalgotas, y ese sonido nos excitaba cada vez más y más a los dos hasta que apretó sus muslos y se vino en un orgasmo muy intenso, pero seguía muy excitada, todavía temblaba por la venida cuando se volteó y se puso en cuatro y me dijo que se la metiera así, hasta el fondo.

    El espectáculo de sus nalgas paradas ofreciéndome su expuesto coño era delicioso así que la agarré de las caderas y la penetré, cada embestida se la daba lo más fuerte que podía, seguía y seguía y ella gemía delicioso hasta que levantó la cabeza y el tronco y se vino en un squirt que me mojó las piernas, pero como yo no me había venido seguí bombeándola sin importar nada, lleno de excitación.

    Le seguía dando lo más duro que podía y entonces empezó a gritar y se volvió a venir, pero el squirt esta vez fue continuo, palpitando, llenando el ambiente de un olor delicioso a sexo, empezó a temblar y cuando sentí su temblor no pude más y me vine otra vez.

    Ella se dejó caer hacia el frente para tomar un poco de aire y yo me quedé con la verga dentro de ella recargado en los brazos hasta que mi verga fue perdiendo su firmeza y se salió de ella.

    Nos quedamos acostados descansando y se me recostó en el pecho, pasaron como 20 minutos y me empezó a acariciar nuevamente, primero el pecho y fue bajando la mano hasta llegar a la verga, se levantó, se metió en medio de mis piernas y me volvió a mamar la verga para volver a excitarme, quería más, otra vez estaba muy caliente y siguió hasta que consiguió que tuviera otra erección. Se acostó, me jaló para que la penetrara y cuando lo hice sentí como seguía muuuy mojada.

    Otra vez comenzamos a movernos rítmicamente, seguí bombeándola y comenzó a gemir y sin poder evitarlo se volvió a venir con otro squirt que me salpicó el abdomen, seguí cogiéndomela y se vino, no recuerdo si fueron dos o tres veces más y me puso tan excitado que volví a llenar de semen su coño mientras gemía.

    Nos volvimos a recostar y nos quedamos así como 10 minutos descansando y me dijo que estaba muy sucio y que me iba a bañar

    Nos metimos a la regadera y si me bañó, me enjabonó desde la espalda acariciándome (abrazándome) me enjabonó todo sobre todo la verga, y me enjuagó, luego se bañó y salimos del baño.

    Se vistió, se despidió de mi con un beso en la boca, suave, rico, la acompañé a su carro y regresé a descansar, estaba muy satisfecho y muy cansado, pensando que había sido una experiencia maravillosa.

    En otros relatos les platicaré como se fue transformando en una deliciosa degenerada que me hizo que después de mucho tiempo la siga recordando.

  • Me asaltaron en mi propia cama

    Me asaltaron en mi propia cama

    Serían como las 02:00 am, en la noche de año nuevo, cuando sentí que alguien entró en mi cama. Sin decir nada, María Edilma, que así se llama, simplemente se montó sobre mí, levantó su blusa y dirigió mis manos hacia sus nalgas, comprobando que estaban desnudas debajo de su corta falda. Su cuerpo se sentía cálido y ella, sin demora, me besó con inusitada pasión.

    Todo había empezado unos meses atrás. Ella era una muchacha joven, casi de mí misma edad, que vivía con nosotros y ayudaba con los oficios de la casa. Cuando mis amigos estudiantes iban a visitarme, no teníamos inconveniente en permitir que ella pasara tiempo con nosotros. Entre tarea y tarea, ella preguntaba sobre una cosa y otra, y a veces participaba con nosotros en juegos inocentes que nos inventábamos para pasar el tiempo.

    Una tarde me visitó Álvaro, un compañero de estudios muy cercano. Entre juego y juego nuestros cuerpos, se rozaban y estaban muy próximos, pero aquello no pasaba de ser juegos de muchachos. Acompañé a Álvaro a coger el bus de regreso a su casa. Poco antes de despedirse me dijo, usted le gusta a esa hembra y ella lo está buscando; aproveche. ¿De verdad? le dije yo. Y ¿qué hago? Ella lo va a buscar, dijo él. Cuando lo haga, aproveche y bésela. Y espere a ver qué pasa.

    Todo el trayecto de regreso a casa me fui pensando en lo que mi compañero me había dicho. ¿Cómo se había dado cuenta de eso? ¿Cómo se percató que ella me buscaba? ¿Para qué? Al llegar a casa, volví a acomodarme en la mesa del comedor, donde hacía algunos instantes estábamos haciendo las tareas. No pasó mucho tiempo cuando Edilma apareció en escena y me preguntó si ya había terminado las tareas. Le dije que sí, que iba a revisar que no me faltara nada y que todo estaba al día. Y, en ese momento, ella empezó a jugar, a tratar de hacerme cosquillas. Y yo, a no dejarme. Algo parecido habíamos hecho cuando Álvaro estuvo con nosotros, pero ahora estábamos solos, ella y yo.

    En medio de nuestra refriega, ella tratando de manosearme y yo a no dejarme, recordé lo que dijo mi amigo y, en algún momento, simplemente la besé. Ella no se resistió. Es más, ceo que lo estaba esperando. Nuestras lenguas se rozaron una y otra vez mientras nos abrazábamos. Hasta ese momento se me había ocurrido ver a Edilma de otra manera. Ese beso disparó todas mis sensaciones y los latidos de mi corazón se aceleraron a mil, despertando aún más el instinto. Ella era toda una hembra y me gustaba lo que estaba pasando, así que deslicé mis manos por debajo de su blusa y toqué sus abultados senos.

    Ella, en algún momento se detuvo y preguntó, su amigo lo aconsejó, ¿cierto? ¿Tendría que hacerlo?, le respondí. Usted hace rato me busca y me nació besarla. ¿Hay algo malo en eso? Respondió besándome otra vez, con intensidad, permitiendo que yo siguiera acariciando sus senos por debajo de su blusa. De repente se apartó y se desabrochó la blusa, exponiendo sus senos para que me quedara más fácil acariciarlos. Y no solo eso. Era la primera vez que veía los senos de una mujer al natural y se los besé, como si estuviera amamantándome.

    Eso pasaba en el comedor de mi casa. Mis padres no estaban, pero mis tres hermanos estaban en el segundo piso y no sabía en qué momento podrían bajar. Ella intentaba desnudarme, pero yo sentía miedo de ser descubierto y me cohibía de hacer algo más. Tan sólo le permití que me bajara la camisa, quedando desnudos nuestros pechos mientras seguíamos besándonos y acariciándonos. Yo la tocaba por todas partes; para mí era algo nuevo. Sobaba su espalda, sus pechos, su entrepierna y su vagina, que estaba húmeda.

    De un momento a otro ella se bajó la falda y quedó desnuda frente a mí, sin importarle nada. Yo, de verdad, me asusté y me corrí. Ella, así como estaba, siguió abrazándome, desabrochó mi pantalón y empezó a acariciarme mi pene, que para ese instante estaba duro y erecto. Se sentía muy rico cuando ella lo acariciaba con sus manos. Realmente me hacía ver estrellas. Pero yo le decía, no, aquí no. Mejor después, cuando todos estén dormidos, nos encontramos de nuevo. Pero ahora no. Ella me miraba burlonamente, sonreía y me volvía a besar. Seguía desnuda frente a mí, sin importarle nada quien nos viera o nos descubriera. Sin embargo, yo no fui capaz de seguir el juego y le dije que iba a subir, y la dejé sola en el comedor.

    A partir de ahí nuestra relación cambio. Cada vez que llegaba de la universidad, ella me buscaba, me llevaba al comedor y nos besábamos, como esa primera vez. Aquello se convirtió en un rito. Era inevitable que pasara y, si mis padres no estaban en casa, la aventura se hacía más frecuente. Poco después acordamos encontrarnos en el comedor, después que todos se acostaran. Ella retiraba los asientos para que pudiéramos tendernos sobre el tapete, debajo de la mesa del comedor y ahí retozar, abrazándonos, besándonos y acariciándonos sin límites. Ella chupaba mi pene y yo besaba su sexo, que tenía un olor peculiar e irresistible para mí, pero hasta ahí habíamos llegado; no porque no quisiéramos más, sino porque yo seguía con el temor a ser descubierto.

    En nuestras conversaciones Edilma empezó a insinuar que llegáramos al final. Ella me preguntaba ¿cuándo lo vamos a hacer? Y yo respondía preguntándole, ¿hacer qué? A lo que ella respondía insertando su dedo índice de su mano derecha en el círculo que formaba con el dedo índice y pulgar de su mano izquierda. Era claro que ella quería ser penetrada, pero yo me resistía a hacerlo. Me daba miedo hacerlo en casa.

    Después de muchas evasivas, un día dijo que, si yo no era capaz, ella si lo iba a hacer. Yo me reía porque aquello era parte normal de nuestras conversaciones cotidianas. Estábamos muy unidos, prácticamente éramos una pareja en convivencia, máxime cuando nos abrazábamos y besábamos con frecuencia; casi que a diario. Solo faltaba el punto final.

    Fue entonces, el día de año nuevo, cuando ella cumplió su promesa. Si yo no era capaz, ella si lo iba a hacer. Antes de ese día, varias veces me había invitado para que la visitara en su habitación, cuando todos durmieran, pero yo nunca lo hice. Así que, aquel día, una vez culminaron las celebraciones y despedimos el año viejo. Edilma irrumpió en mi habitación y se coló en mi cama una vez segura que nadie estuviera despierto.

    Aquello me tomó por sorpresa y nuevamente sentí miedo, porque en aquella habitación no sólo dormía yo sino también mis hermanos menores, pero a ella eso no le importó. Así que, llegados a ese punto, no la rechacé. Nos besamos como siempre y ella, ansiosa, dirigió mis manos para que le acariciara sus nalgas desnudas y muy pronto estuvimos desnudos los dos, fundiendo nuestros cuerpos abrazo tras abrazo. Mi pene estaba erecto y ella, sobre mí, no demoró en disponerse para que nos acopláramos y dejar que mi miembro penetrara su húmeda vagina.

    Sentí un calorcito agradable mientras entraba en aquella mujer. Su vagina parecía succionar mi sexo, porque sentía que algo me apretaba y se deslizaba arriba y abajo. Ella se movía, primero lentamente, suavecito, mientras nos seguíamos besando y acariciando, pero poco a poco empezó a mover su cadera de lado a lado, de arriba abajo y, en algún momento, sentí que su cuerpo hacía todo un círculo sobre mi pene.

    Se sentía rico. Nuestros cuerpos estaban sudando debajo de las cobijas y ella no quería separarse de mí, para nada. Seguíamos unidos en un interminable beso. Ella se movía a intervalos y yo seguía con mi pene erecto, aun dentro de ella, pero todavía no había eyaculado. Yo estaba cómodo en aquella situación y no quería que acabara. Al tacto su piel se sentía suave y noté como la textura de la piel de sus piernas cambió; se puso como piel de gallina.

    Edilma empezó a gemir, bajito, como un suspiro y, en nuestros escarceos y caricias, llegamos a colocarnos lado a lado. Mi pene se salió de su vagina, así que para volver a estar dentro de ella, ahora fui yo quien la monté y volví a penetrarla nuevamente. Ella abrió las piernas en toda su extensión y emitió un tímido quejido de placer que me excitó y me llevó a empujar dentro de ella con más intensidad y más rápido, y cuando ella volvió a gemir, eyaculé irremediablemente. Ese susurro de su voz, pidiendo que no parara, disparó la reacción en mí.

    Nos quedamos abrazados, no sé cuánto tiempo. Creo que dormimos un rato. Pero una vez recuperados, volvimos a la carga. Ella y yo estábamos a gusto y queríamos más. Todavía recuerdo la sensación que su piel despertaba en mí cuando la acariciaba y la excitación tan grande cuando ella tomaba mi miembro entre sus manos.

    Aquello fue grandioso, pero ella, una vez satisfecha su curiosidad, me dejó allí y volvió a su cuarto. Había cumplido su promesa. Si yo no tomaba la iniciativa, ella si lo haría. Y agradezco mucho que lo haya hecho, porque aún hoy sigue vivo en mí el recuerdo de ese momento. Y así fue como me iniciaron en la vida sexual. Un poco resistido, pero valió la pena, gracias a María Edilma.

  • Mi prima Valeria (V)

    Mi prima Valeria (V)

    Todo el resto de la noche estuvimos intercambiando miradas cómplices. Me moría de ganas por estar a solas con ella y poder retomar donde lo dejamos. Ni siquiera estaba del todo seguro qué era lo que seguía, pero necesitaba saberlo.

    Desgraciadamente eso no fue posible. Todo el resto de la noche nuestros primos estuvieron con nosotros en todo momento.

    -Voy a buscar algo más para tomar –dije en un momento dado, mirando a Valeria, para hacerle entender que la esperaba adentro.

    -¡Banca! Vamos todos directamente, ya está refrescando, vayamos y seguimos adentro -acotó mi primo, arruinando toda posibilidad de quedarme a solas con mi prima.

    Ese fue el único intento de poder volver a hablar con ella que llegué a realizar. Al poco tiempo de mudarnos al comedor, ya todos empezaron a levantar campamento y decir que era hora de irse. No me quedó mucha más opción que hacer lo mismo. Después de todo, mis tíos estaban dele repetir que “era tarde”, invitando cordialmente a que cada uno se vaya a su casa.

    Saludé a mis primos, mis tíos y mis viejos. Quedó para el final Vale a la cual al estar rodeados por toda la familia no pude más que abrazar y dar un beso.

    -Feliz cumpleaños primita, espero que lo hayas pasado bien hoy –le dije, honestamente sin ningún tipo de doble intención. Es algo que solía decir en esas situaciones.

    -Sí, muy, gracias –me dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

    Cuando me dijo eso entendí el doble sentido que podía haber tenido mi frase y le correspondí la sonrisa.

    -¡Bueno! Parece que se arreglaron las cosas –acotó Sofía que estaba justo detrás de su hermana.

    Era verdad. El escenario era completamente distinto. Había llegado a esa casa y mi primita me había recibido con ojos llenos de furia y durante casi toda la noche no me había querido dirigir la palabra. Y ahora me estaba yendo mientras compartíamos una sonrisa cómplice y un secreto que solo nosotros conocíamos.

    Eran las 3 y media de la mañana cuando llegué a casa y no debo haberme dormido antes de las 5, seguía repitiendo ese momento en el living una y otra vez en mi cabeza.

    Quería mandarle un mensaje a mi prima, pero no quería parecer un desesperado. Yo era el grande, el maduro en todo esto, no podía comportarme como un pendejo necesitado. La veinteañera era ella. Guau, veinte años, alegre, hermosa y divertida. Mi primita. Lo que hace unas semanas parecía una fantasía fuera de lugar, ahora estaba convirtiéndose en realidad.

    ———

    Dos y media de la tarde. Dolor de cabeza. Sol entrando por la ventana y dándome directo en la cara. Así fue mi despertar.

    Me costó unos minutos terminar de despabilarme pero cuando logré hacerlo y empecé a estirarme, todo lo acontecido la noche anterior empezó a volver.

    Tanteando con la mano, busqué mi celular en la mesa de luz, pero no estaba. No era la primera vez que pasaba. Rebusqué con los brazos entre las sabanas y bingo. Me había dormido con el celular en la mano de nuevo.

    Prendí la pantalla y ¡Sí! Tenía mensajes sin leer. ¿Me había escrito mi primita?

    Desbloquee el celular y entré a Whatsapp. Tres mensajes sin leer en total. Todos de la misma persona. Todos de Laura.

    Hace una semana eso me hubiera alegrado la mañana y puesto de bueno humor. Nos llevábamos bien, me parecía súper interesante. Pero esa mañana, al ver su nombre en los mensajes sin leer, me sentí decepcionado. No era la persona que quería que me escribiera ese día.

    -Eu! Cómo estás?

    -Tenés ganas de hacer algo hoy a la noche?

    -Un amigo me sugirió un bar que creo que te puede gustar.

    Los mensajes eran de hace un par de horas. Con el celular entre las sábanas, con una almohada encima, tal cual como lo había encontrado, claramente no había hecho el ruido suficiente cuando entraron los mensajes, como para lograr despertarme.

    Ni siquiera pasó por mi cabeza contestarle. Después de leer los mensajes dejé caer el celular sobre la cama de nuevo y me quedé mirando el techo.

    ¿Por qué Valeria no me había mandado nada todavía? ¿Lo iba a dejar pasar como algo de una vez y listo? Quizás estaba asustada por lo que había pasado. No, no podía ser, una parte de mí me decía que ella quería lo mismo que yo, quería que yo la besara y por eso no dijo más nada. Por eso me sonrió después. Quizás no sabía cómo manejar esa situación. No podía culparla, a mí me pasaba lo mismo y se supone que yo era el más grande de los dos. El que tenía más experiencia y tenía todas las respuestas. Después de todo, yo fui el que la besó a ella.

    Decidí levantarme y preparar algo para comer. Mientras lo hacía, recordé que no le había respondido nada a Laura. La verdad con lo que había pasado la noche anterior, no sabía cómo actuar con ella. Valeria se había puesto así cuando supo que había pasado algo entre nosotros, seguir saliendo con ella, seguramente iba a ser para peor.

    Tenía muchos sentimientos encontrados. Por un lado, Laura me gustaba. Pero si tenía que elegir, ella no me hacía sentir lo mismo que mi prima. Vale me tenía totalmente loco. Cada vez que pensaba en ella su imagen se veía bien lúcida en mi cabeza. Su sonrisa, sus ojos, ella de cuerpo entero, posando para una foto, sonriendo, luciendo ese cuerpito tan perfecto que me encantaba. Cada vez que pensaba en todo eso mi cuerpo sentía la necesidad de tenerla entre mis brazos. Agarrar su cinturita con mis manos y traerla hacia mí. Sentir sus brazos sobre mis hombros con sus manos juntándose detrás de mi cabeza. Nuestra mirada fija en los ojos del otro.

    Laura no me hacía sentir todo eso. Era solo Laura, una chica linda, divertida, que me gustaba y estaba buena, sí, pero ese era el sentimiento, ahí terminaba.

    Había algo más que debía tener en cuenta después de lo que había pasado la noche anterior. Vale era una chica joven, 20 años, una pendeja. Quién sabe cómo podía reaccionar si después de besarla, yo seguía saliendo con su amiga. ¿Quién sabe qué podía pasar si hacía algo que a ella no le gustaba? Sentí un poco de pánico. ¿En qué lío me había metido? La situación que me había imaginado la noche anterior con toda mi familia queriendo matarme todavía se podía volver realidad.

    -No, calmate –me dije a mi mismo –Valeria es mucho más madura que eso. No llegaría a hacer algo así solo por sentirse rechazada. Tendría que irme muy a la mierda como para que algo así pasara. Relajá.

    Frenar y pensar en frío era lo correcto. Lo que tenía que hacer ahora era comer algo, relajarme y pensar qué le podía responder a Laura. Tampoco quería tratarla mal, ella no tenía nada que ver y no se lo merecía.

    Decidí que lo mejor era verla en persona, pero que no pasara a mayores. Solo salir como amigos y después decirle que no nos veía funcionando como algo más. Esa era la opción uno. La dos, era decirle que mantengamos todo 100% a espaldas de mi prima. Iba y venía entre las dos. Era arriesgado, pero a la vez, tener la posibilidad de ponerla de vez en cuando no es algo que se tiene que tomar a la ligera, además no sabía si lo de Valeria iba a prosperar o si había sido una cosa de una sola vez. Después de todo era una situación complicada como para “proyectar a futuro”.

    Decidí escribirle y empezar a decidir el mejor camino sobre la marcha.

    -Ey! Todo bien! Disculpá. Recién me levanto. Lo del bar puede estar bueno!

    La respuesta no tardó mucho en llegar.

    -Noche larga, no?

    -Si, era el cumple de Vale y nos quedamos hasta tarde.

    -Cómo estuvo? Lo pasaron bien?

    -Si, estuvo tranquilo, pero estuvo bueno.

    -Si, ella me dijo lo mismo.

    ¿Había hablado con Valeria? ¿Hoy? ¿Para qué?

    -Ah! Ya hablaste con ella?

    -Si, como no me respondiste y sabía que había festejado su cumpleaños con la familia anoche, le pregunté por las dudas, a ver si habías ido. Pregunte por arriba para que no sospeche nada raro.

    Valeria no es ninguna boluda, ya sabía todo desde antes de que yo se lo confirmara. Pero no valía la pena decirle nada a Laura, mejor cortar el tema ahí.

    -Ah! Okok. Y cómo querés hacer hoy a la noche?

    -Si te parece, nos encontramos ahí a las 10. Es cerca de mi casa. Sé que no te queda muy a mano, pero de última después te quedas en casa así no tenés que volver hasta allá.

    No podía decirle que no sin darle demasiadas explicaciones. Así que no me quedó otra que decirle que sí.

    -Si dale! Te veo ahí entonces.

    Pasé una buena parte de la tarde imaginando escenarios en mi cabeza de cómo podía comportarme con Laura esa noche. Hasta no saber qué era todo esto con mi prima y no descifrar donde iba a terminar, no podía arriesgarme. Tenía que congelar la situación con ella. No hacer algo que pudiera molestar a Vale pero tampoco sacarme de encima a Laura de una. Si mi fantasía con mi prima no se volvía realidad, Laura era mucho más que un premio consuelo. Definitivamente era una chica con la que me veía saliendo.

    Tipo 6 de la tarde me llegó un mensaje de Laura.

    -No me mates, pero te molesta si Vale se nos suma hoy a la noche?

    Me descolocó por completo esa pregunta. ¿Cómo sabía Valeria que nosotros íbamos a salir? Laura no le había contado nada y yo no le había dicho a Laura que Valeria ya sabía.

    -Mi prima?

    -Si, perdón! Es que me escribió para preguntarme si te había podido localizar. Se ve que no fui muy sutil cuando le escribí a la mañana. Me dio a entender que ya sabía que estábamos saliendo, así que le conté que nos íbamos a ver hoy a la noche.

    -No era que íbamos a mantenerlo entre nosotros?

    Sentía un poco de bronca, todo mi plan de manejar las cosas con calma se estaba viniendo abajo.

    -Si, perdón! Pero me parece que ya sabía. Por suerte no me dijo nada malo. Se lo tomó súper bien. Me preocupé por nada se ve.

    No. No se había preocupado por nada. Valeria estaba súper enojada la noche anterior y era porque Laura y yo habíamos estado juntos después del bar. No había forma de que se estuviera tomando todo esto bien. Estaba disimulando para que la amiga no se diera cuenta. Pero si venía con nosotros al bar iba a explotar y seguro la noche terminaba en escándalo. Tenía que inventar algo para evitar que se sume.

    -No va a ser medio raro que venga con nosotros?

    -Yo le di a entender lo mismo, pero me insistió mucho, no le pude decir que no.

    ¡Mierda! Claramente quería enfrentarnos y ponerme en esa situación de mierda. Quizás hasta le terminaba diciendo a Laura lo que había pasado la noche anterior.

    A Vale la conocía lo suficiente como para saber cómo podía reaccionar en situaciones normales, pero no tenía ni idea cómo podía reaccionar Laura al enterarse de que yo había besado a mi prima. Ya me veía siendo viral en redes. El pervertido del que todos comparten fotos para advertir a las mujeres.

    No se me ocurrían muchas excusas para inventar y tarde o temprano iba a tener que enfrentar la situación, así que decidí ir para adelante y aceptar lo que venía.

    -Ok, no te preocupes. Nos vemos en el bar a las 10 y listo, Vale es copada, no es que nos va a arruinar la salida.

    -Obvio! Dale, gracias! Y perdón de nuevo!

    No estaba contento con la situación, pero tampoco había mucho que pudiera hacer. Que pase lo que tenga que pasar, pensé.

    ———

    Eran las 22.15 cuando llegué al bar. Había estado dando vueltas un buen rato hasta encontrar donde estacionar. Al ser una zona residencial, había muchos autos en la calle y pocos lugares permitidos para dejar el auto.

    Entré al bar y empecé a buscar a Laura, hacía 10 minutos me había avisado que ya estaba ahí, sentada en una mesa chica. No la estaba viendo por ningún lado, el bar estaba bastante lleno, como suele pasar llegando a fin de año.

    -Tenés que seguir derecho y mirar a la derecha, ahí está nuestra mesa –me dio un escalofrío en todo el cuerpo cuando escuché eso. Inmediatamente me di vuelta y la vi.

    -Vale…

    -Hola primito –me dijo con una sonrisa.

    -Hola –Respondí como un autómata, no sabía bien cómo reaccionar.

    Ella solo me sonreía, esperando que yo diga algo. No parecía enojada por el hecho de que yo haya decidido salir con Laura. Eso me dejaba con dos suposiciones. Valeria estaba ahí para mandarme al frente delante de Laura y humillarme como venganza por besarla y al día siguiente salir con alguien más. O, estaba ahí solamente para divertirse a expensas mías. Ver cómo me ponía nervioso y me retorcía un poco. La segunda opción era la más probable conociéndola.

    -Dale, Lau nos está esperando –dijo pasando por adelante mío y guiando el camino mientras cargaba una pinta de cerveza en cada mano.

    Tenía puesto un jean bien ajustado y una blusa que terminaba justo donde empezaba el pantalón, por lo que se le veía un poco la espalda al caminar. Y cómo caminaba, ese jean hacía que se moviera de un lado al otro como un péndulo intentando hipnotizarme ¡Qué tortura!

    -¡Dale! ¡Vamos! –me gritó dándose vuelta, cuando notó que no la estaba siguiendo y sacándome de mi trance hipnótico.

    ¡Dios! De adelante era peor, se dejaba ver un poco de su pancita totalmente plana, con el pantalón justo debajo de la línea de su cintura. Incluso se me pasó por la cabeza que parecía no tener ropa interior, porque a esa altura ya debería verse algo. Si miraba más arriba, el atuendo culminaba con un escote bastante pronunciado, claramente tenía puesto un corpiño push-up. Nunca se vestía con algo tan expuesto. Me había dejado congelado de la impresión.

    Seguimos caminando hasta llegar a la mesa donde Laura estaba sentada.

    -¿Estaba difícil estacionar? –me preguntó sonriendo al vernos llegar.

    -Si, es un quilombo venir en auto acá, está súper lleno –le dije mientras le daba un beso en el cachete y me sentaba en la silla que estaba enfrente a ella. Valeria se había sentado en la que estaba al lado de Laura, así que no tenía mucha más opción.

    -Yo vine en taxi, pero me cobró una fortuna, a la vuelta me voy en bondi –dijo mi prima haciendo puchero.

    Pasamos un buen rato conversando de todo un poco. La semana que habíamos tenido y la que se venía. Hasta que Laura mencionó el cumpleaños de mi prima.

    -¿Cómo lo pasaron anoche? –preguntó mirando a Valeria.

    -¡Re bien por suerte! –contestó con una sonrisa

    -Si, estuvo bueno –agregué yo

    -¿Nada raro? –insistió Laura, dejándome un poco preocupado, pensando en por qué estaba haciendo esa pregunta.

    -No. ¿Por? –contesté con la voz un poco entrecortada y dando un sorbo a la cerveza para disimular.

    Las dos me miraron. Laura haciendo una mueca extraña y mi prima sonriendo. Estaba disfrutando verme sufrir la pendeja.

    -No, para sacar conversación –dijo Laura mientras posaba su mano sobre la mía.

    Me estremecí un poco y creo que ella se dio cuenta, por que sacó suavemente su mano.

    -Voy a pedir otra. ¿Quieren? –nos preguntó a mi y Valeria mientras se levantaba.

    -No, gracias. Todavía me queda la mitad de esta –señaló mi prima.

    -Dale. Yo si quiero otra. ¿Querés que vaya yo? –le ofrecí.

    -No no, vos fuiste la última, ahora vengo –dijo mientras encaraba rumbo a la barra.

    Vale y yo nos quedamos solos por primera vez en la noche. Llevaba más de una hora conteniéndome para no mirarle el escote, no prestarle más atención de la que correspondía para evitar que Laura notara algo raro. Pero en cuanto Laura desapareció de la vista, me di vuelta para mirar a mi primita.

    Ahí estaba ella, mirándome con una sonrisa en la cara, totalmente consciente de lo particularmente provocativa que estaba y de lo nervioso que me ponía.

    -Parece que están muy cariñosos ustedes dos -dijo manteniendo su sonrisa

    -¿Cariñosos? –respondí yo.

    Se limitó a mirarme con cara de “No te hagas el tonto” y seguir sonriéndome.

    -Tampoco la puedo culpar. Estás lindo hoy. Te queda muy bien esa camisa, primito –dijo mientras me sonreía pícaramente.

    -Gracias. Vos estás muy linda también.

    -¿Si? ¿Te gusta lo que tengo puesto? –preguntó mientras se tiraba un poco para atrás mirándose el escote y pasando “inocentemente” su mano por el borde del mismo.

    Ni siquiera le respondí. Mi sonrisa lo decía todo. Ella estaba jugando conmigo y lo estaba disfrutando.

    Nuestro intercambio de sonrisas se vio interrumpido cuando Laura volvió a la mesa.

    Me dio mi cerveza y volvió a poner su mano sobre la mía. En realidad, sobre mi antebrazo, acariciándolo un poco.

    -¿De qué hablaban? –preguntó mirando a Valeria con una sonrisa.

    Mi prima tardó un poco en contestar. El gesto de su amiga no le había gustado mucho.

    -De anoche –dijo de repente, haciendo que mi corazón se frene por un instante.

    -¿Si? ¿Qué cosa de anoche? –preguntó Laura

    -De lo hábil que es mi primito para algunas cosas –respondió con total seguridad y sosteniéndole la mirada a su amiga.

    -¿Hábil? ¿Hábil con qué? –volvió a preguntar Laura acariciando más mi antebrazo.

    Yo quería que me tragara la tierra ahí mismo.

    -Me dejó completamente dada vuelta anoche, fue casi un abuso –dijo haciendo una leve pausa que mi corazón acompañó –perdí todo lo que aposté jugando al póker contra él. ¡Y eso que era mi cumpleaños! ¡Cero piedad!

    Laura se rio ante el comentario de mi prima y nosotros la acompañamos en su risa. Aunque la mía era más nerviosa que otra cosa.

    La conversación siguió por otros rumbos, un poco de esto, un poco de aquello, mientras se iba haciendo más tarde, hasta que de golpe en medio de un silencio que se había hecho, Laura habló.

    -Estoy un poco cansada. Me parece que voy a encarar para casa.

    -Si, yo también, estoy muerta –acotó Valeria

    -Si, yo estoy igual –dije intentando aprovechar la oportunidad para escapar de esta noche tan rara.

    -¿Querés acompañarme a casa y tomamos algo antes de que vuelvas? –me preguntó Laura.

    -¿No estabas cansada? –dijo de repente mi prima.

    Yo me quedé en silencio, se estaban mirando entre ellas y prefería que lo resolvieran solas. Desgraciadamente la jugada me salió mal y las dos me miraron para que diga algo.

    -La verdad, yo estoy bastante muerto. Si no te jode yo también encaro para casa.

    -¿Seguro? –insistió Laura tirándome una mirada por si no había entendido lo que “tomar algo” realmente significaba.

    -Si, perdoná, es que mañana me toca levantarme temprano –mentí.

    Mi respuesta no le gustó mucho a Laura, pero creo que prefirió no subir más el tono, la situación ya estaba bastante rara con mi prima en el medio.

    -Si, obvio no hay problema. Igual, en la semana arreglamos para vernos –Ese último comentario no había sido casual. Parecía que Laura estaba intentando marcar el hecho de que si no era hoy, iba a ser en la semana, pero que nos íbamos a ver a solas de nuevo.

    Vale se dio cuenta del tono que usó su amiga y para echar un poco más de leña al fuego, no tardó en hablar.

    -Primito, ya que vas para tu casa, ¿me podrías alcanzar? –mientras ella me sonreía, Laura la fulminaba con la mirada.

    -Eh… si, supongo que sí. Lau ¿Segura que no te molesta? –le pregunté a Laura. La verdad es que toda la situación era un poco extraña, mi prima parecía que estaba marcando territorio.

    -No, obvio, vayan. Mejor que la lleves que ya es tarde como para que vaya en colectivo sola –lo que decía y lo que aparentaba iban en sentidos totalmente opuestos.

    Finalmente salimos del bar y nos despedimos en la entrada. Laura y Valeria con un abrazo y cuando yo fui a besar a Laura en el cachete, ella movió la cara y me besó en la boca fuerte, agarrándome de la cara. Cuando me soltó me miró fijo a los ojos y se despidió.

    -¡Vayan con cuidado! ¡Nos vemos!

    Yo no dije ni una palabra, empecé a caminar rumbo al auto con Valeria a mi derecha. En el camino no intercambiamos ni una palabra. Tres cuadras caminando totalmente en silencio.

    Subimos al auto y encaramos rumbo a lo de Vale. Va, lo de mis tíos que es donde ella vivía.

    Todo el camino, de nuevo, ni una palabra, lo único que rompía el silencio era la radio. Yo resistía la tentación de mirarla todo el tiempo. No sabía si estaba enojada conmigo y no tenía muchas ganas de descubrirlo, así que me limité a manejar.

    Al llegar, frené enfrente a la entrada de la casa de mis tíos. Tiré del freno de mano y giré mi cabeza hacia la derecha para ver a mi prima.

    No había terminado de girarme que los labios de Valeria estaban totalmente apoyados contra los míos.

    Me tomó totalmente por sorpresa. Hasta ese momento no habíamos tenido más que un par de intercambios de miradas y sonrisas a lo largo de la noche. Pero no me veía venir eso así, tan de golpe. Menos después del beso de Laura.

    Su boca estaba presionada contra la mía, esperando que yo haga un movimiento. Tardé un par de segundos en reaccionar pero le devolví el beso. Incliné un poco mi cabeza a la derecha y empecé a besar tu labio inferior, a abrir un poco mi boca y empezar a besarnos de verdad, lenta pero intensamente. Recordar el momento en el que la punta de mi lengua se encontró con la suya, me sigue causando escalofríos. Creo que en ese momento a ella también, porque justo después de ese contacto sentí que se tiró levemente para atrás. Podría jurar que también se le escapó una sonrisa. Sé que a mí me pasó exactamente eso.

    Seguimos besándonos despacio. Había llevado mi mano derecha al costado de su cara y acariciaba su mejilla suavemente. No queríamos que ese momento terminara. En parte porque no sabíamos cómo íbamos a actuar cuando tuviéramos que vernos de nuevo a la cara, pero también en parte porque era una situación única. Tantas idas y vueltas, tanto había pasado hasta llevarnos a esto que los dos queríamos y sabíamos que tarde o temprano iba a pasar, era muy difícil dejar ir ese momento.

    Posé mi mano izquierda sobre su pierna de forma muy suave, la sentí estremecerse cuando hice eso, se separó por medio segundo de mi boca pero enseguida volvió a besarme.

    Empecé a mover mi mano sobre su pierna muy despacio, subiendo. No lo hice con ninguna intención en particular, fue un acto reflejo, pero otra vez se estremeció. Esta vez se separó despacio de mi cara y me miró a los ojos. Estaba sonriendo. Estábamos sonriendo. Los dos al mismo tiempo nos mordimos el labio inferior y lo sentimos con la lengua, todavía estábamos saboreando el beso que nos acabábamos de dar. Nos reímos al darnos cuenta de que habíamos hecho lo mismo y eso rompió el silencio dentro del auto.

    -Guau –es todo lo que salió de mi boca.

    -Si, guau –sonrió mi prima –estuve toda la noche esperando poder hacer eso.

    -Yo también –dije sonriendo y dándole un beso suave en los labios. Esa boca era irresistible al tenerla tan cerca.

    Nos quedamos en silencio unos segundos, mirándonos a los ojos sin saber realmente qué más decir. Yo quería arrancar el auto y que nos fuéramos de ahí, pero no quería presionarla.

    Vale se incorporó en el asiento y yo hice lo mismo, miré hacia adelante. No sabía qué hacer con mis manos, la izquierda se posó en el volante y la derecha sobre mi pierna. Giré un poco la cabeza para poder verla. Ella seguía mirando para adelante, todavía un poco perdida pero semi sonriendo. Seguro pensando también qué es lo que podíamos hacer. Me miró y abrió la boca como para decir algo. Por fin ella tenía algo para decir, porque yo estaba totalmente congelado.

    En ese mismo instante vi detrás de mi prima que las luces de la casa se prendían. Había alguien despierto y si estaban prendiendo las luces del living es porque estaban en esa habitación. Probablemente ya habían visto el auto. Vale vio mi reacción y se dio vuelta para ver qué había pasado atrás suyo.

    -Uf –suspiró mientras miraba el techo y dejaba caer su cabeza contra el asiento en clara señal de frustración.

    -Ya deben haber visto el auto –le dije

    -Si, que pesados.

    -No creo que vean adentro del auto igual, es de noche y los vidrios están polarizados.

    -Si, no vieron ni ahí. Debe ser mi viejo que no le gusta que esté en un auto afuera de casa mucho tiempo. Tiene miedo de que alguien nos sorprenda y nos traté de robar al entrar a casa, cuando me dejan mis amigas hace lo mismo. Es un paranoico –dijo mientras se incorporaba de nuevo en el asiento y me miraba.

    -Algo de razón tiene, capaz es mejor que entres –le respondí sin tener ningún deseo real de dejarla ir.

    -Si –dijo ella sintiendo lo mismo. Lo veía en su mirada de frustración.

    Vale miró hacia la casa una vez más. Abrió su cartera para sacar las llaves y después de volver a cerrarla me miró.

    -Andá con cuidado –me dijo con un tono entre pedido y orden, lo cual me hizo sonreír.

    -Si, no te preocupes. Anda dale, descansa.

    Me sonrió al darse cuenta de cómo había sonado su frase. Como una novia sobreprotectora. Miró una vez más hacia la casa, creo que buscando lo mismo que yo, ver si no se asomaba nadie por la cortina de la ventana del living. Me miró de nuevo y sin dudar me clavó un beso mientras agarraba mi cara con la mano derecha, como para asegurarse de que no me iba a escapar. Fue solo un segundo, pero tener sus labios sobre los míos de nuevo se sintió muy bien. Nos despedimos con una sonrisa y se bajó del auto.

    Me quedé hasta que la vi entrar y con mi cabeza todavía dándome vueltas, encaré hacia casa. Me sentía muy bien. Como al final de una primera cita con la persona que te gusta, en la que todo sale como lo esperabas. Pero esto era levemente distinto. Había sido una noche rara, pero definitivamente terminó mejor de lo que hubiera esperado. Ya no era un juego de primos, no era solo un secreto que guardábamos en complicidad, de algo que había pasado solo una vez, esto ya era algo más.

    Todavía me quedaban dudas sobre cómo iba a seguir la cosa. Algo me había quedado claro, Vale estaba marcando su territorio esa noche. Me había dejado en claro que quería lo mismo que yo. Con Laura la noche no había sido la mejor, pero no me importaba, la salida con ella ya se sentía como de una noche diferente. Lo único para lo que tenía espacio en mi cabeza era mi primita. Lo linda que estaba esa noche, lo bien que le quedaba ese pantalón y lo dulce que se sentían sus labios. Iba a estar difícil conciliar el sueño.

  • Un viaje en bus una aventura

    Un viaje en bus una aventura

    Me puedo describir como un voyerista, sexualmente muy activo y caliente, siempre respetuoso porque me considero una persona que se da cuenta cuando una mujer quiere y desea algo.

    Este relato, real y la primera experiencia voyeur que creo yo, me pasó donde una mujer de aproximadamente 28 a 30 años me instruyo.

    Pues bien cuando solo tenía 18 años realicé un viaje con los amigos a la playa, un lugar muy paradisiaco y recóndito, pues bien, en el viaje todo pasó muy bien, el alcohol las mujeres y la playa nunca falto, por problemas de la universidad tuve que regresarme a la ciudad, viajé solo y me tocó el asiento de la ventanilla.

    Viajaría muy cómodo y estaba a gusto ya que podría ocupar los dos lugares, sin embargo antes de salir el bus llego una pasajera que faltaba habían más lugares desocupados inclusive los de al lado, pero se sentó justo en el mío, qué raro me dije tal vez le tocó este, así que pensé si nadie más sube en un rato me moveré a uno vacío.

    Como ya les comenté aproximadamente 28 años tenía la chica, test blanca y cabello castaño, estaba muy bien de cuerpo, ella no era delgada del todo, digamos que tenía buen cuerpo pues no estaba seca, pechos grandes que con su cuerpo no tan delgado le venían muy bien, además con unas nalgas que tenían buen tamaño y lo resaltaban un pantalón tipo playero muy delgado en color naranja de los que solo se amarran por la cintura y una blusa de tirantes negro lo recuerdo muy bien, el cual me daba cuenta que no tenía brasier y a pesar del tamaño y su juventud se veían muy sugerentes. Que para serles sincero nunca me percate de sus intenciones y por lo tanto no notaba hasta ese momento lo buena que se me hacía y todos los detalles de su cuerpo y vestimenta.

    Pues bien al parecer la despedía su novio o un chico al cual por la ventana se despidió con un simple adiós y en una expresión que comprendí perfectamente le dijo que no se preocupara que le tocó con un niño, y si así era nunca me pasó por la cabeza hacer algo.

    Se sentó, me saludó y me sonrió, tomo un pequeño chal que traía, de estilo xipie y se lo colocó en el regazo.

    Pues bien salimos aproximadamente a las 7 pm y el viaje era de aproximadamente 6 horas.

    Todo fluía normal como otros viajes sin embargo por el cansancio acumulado y las desveladas caí no recuerdo a qué hora, me dormí normal en mi espacio y no recuerdo a qué hora, pero ya estaba oscuro comencé a sentir un roce en mi pierna izquierda.

    Era ella que ya tenía esas nalgas pegadas en mi pierna, podía sentir claramente el contacto de las dos nalgas y esa raya en medio, se le salía tantito la tanga del mismo color de su blusa, tipo licra, siéndoles sincero no le di importancia y creí que no lo hacía a propósito por lo que para no incomodarla me acosté de lado y me hice a un lado, tipo cucharita, volví a dormir después de un rato, y comencé a sentir de nuevo esas nalgas, que se restregaban contra mí con el vaivén del camino, que como no íbamos en autopista en las curvas sentía perfectamente como empezaba a enterrarse contra mi pene, que en ese momento comenzaba a sentir ese calorcito del roce, ya que llevaba un short muy delgado y un bóxer de licra que hasta la fecha suelo usar.

    Me di cuenta que no era normal y su tanguita sobre salía más de esos enormes cachetes y ya tenía el chal tapándose parte del cuerpo por arriba de la cintura como si tuviera frio. Parecía dormida sin embargo podía sentir su calor y que algunos movimientos no parecían del todo normal, yo me deje llevar y en un movimiento me acerque más a ella y enderecé mi cuerpo para que pudiera sentirme mejor, a mis 18 ya tenía varias experiencias con chicas, pero no con nadie mayor como ella, después de unos varios minutos sintiendo su culo rosar mi pene que estaba parcialmente erecto y con una sensación para mi nueva y muy rica ya que la tela de su pantalón era muy delgada y de mi short ni se diga era un contacto casi piel con piel, no me atreví a tocar nada, aún seguía en shock con los ojos cerrados y disfrutando ese roce al igual que ella.

    Fue entonces cuando sentí como su mano cayo como dormida en mi entre pierna y al igual un roce sin igual pero ahora con sus manos fue cuando todo cambio y el pene se me erecto, fue de las primeras veces que sentí esa adrenalina cuando sabes que era algo público y prohibido y las personas que lo han experimentado me entenderán, es como perder unos segundos el conocimiento y reaccionar después y entender lo que pasa.

    Sentí perfectamente cómo me tocaba y comenzó hacer sus movimientos más descarados, yo no decía nada pero la respiración agitada me delataba y ella lo disfrutaba al igual que yo ya que note como su mano se iba directamente a la unión de sus piernas, y podía oler la calentura que tenía, a los 18 no es tan sencillo aventarse, empecé a notar su respiración y como se tocaba.

    Fue cuando lentamente metí mi mano derecha por su chal y comencé a acariciar levemente el costado de su seno derecho que con su mano posada en mi pene me dejaba muy fácil el acceso, y noto que el pezón lo tenía totalmente erecto y descubro que no traía brasier la sensación fue riquísima, le tocaba las tetas que notaba que le encantaba, ella empezó a quitar la cinta de mi short y a separar el velcro, metió su mano y saco mi pene que ya estaba durísimo, tenía ganas de cogerla ahí mismo pero mi inexperiencia parte de miedo no sabía cómo, así que ella solo se limitó a hacerme una pajita, muy lento lo bajaba y lo subía, mientras ella se tocaba, ya con mi pene de fuera y ella sin voltear, se abrió parte del costado del pantalón, lo volvió a amarrar y lo dejo más holgado metió su mano para tocarse y volvió a coger mi pene, pero no solo eso ya subía su mano para tocarme todo el cuerpo, el pecho el abdomen, la verdad que estábamos muy calientes.

    No sabía realmente si quería que la cogiera ahí mismo o solo quería calentarse ya que acerco su cuerpo totalmente de espaldas, se pegó a mí y quede con mi boca pegada al cuello pude olerla, olía riquísimo, no llevaba perfume lo pude notar pero el olor de una hembra caliente me enseño a apreciar, me tomo la mano que apretaba sus pezones y la metió por debajo de su tanga, pude sentir una mata de pelos muy bien rasurada por el área del bikini, el tacto te mis dedos con el clítoris fue una maravilla estaba mojada completamente, con facilidad resbalaban, ahí me dejo quería que jugara con su clítoris, cuando reaccione comencé a darle besitos así muy tiernos en el cuello y le mordía la oreja, que a pesar de mi corta experiencia con las niñas que ya había estado y revistas que había leído sabía que a las mujeres le mataba.

    No nos importó que estuvieran más personal alrededor, y creo yo no se daban cuenta o no lo sé el grado de calentura que tenía no me importaba, yo intensificaba el juego con su clítoris, tuvo que subir la pierna derecha al asiento ya que no podía acceder tan fácil a su vagina, cuando sintió un dedo se estremeció lanzo su cabeza hacia atrás y la coloco en mi hombro, me respiraba cerca de la oreja, yo metía un dedo y lo sacaba por lo que ella me tomo la mano y no dejo que lo sacara y entendí que le encantaba cuando lo movía dentro de ella, lo hacía de arriba hacia abajo, sin parar, fue uno y después el otro, cuando tenía los dos lubricados le metí los dos, fue cuando sentí claramente ella como se retorcía de placer, sin decirme palabra sentí como dejo de tocarme y se tocaba fuertemente los pezones, los pellizcaba.

    Estuve así un buen rato porque me encantaba que le encantara hasta que sentí como temblaba de gusto, fue cuando cerró sus piernas me dejo como los dedos adentro por lo que tuve que retirar el brazo, ella se incorporó, amarro su pantalón olio sus manos y se las dejo en la cara se acostó de lado y no emitió ningún sonido, yo me acomode el short con una erección enorme quede viéndola todo el camino sin tocarla, hasta que llegamos al destino ella se levantó, me miro, me sonrió y solo me giño el ojo.

    Se bajó y hasta la fecha me he atrevido a escribir esto. Una experiencia realmente maravillosa, considero yo en mis inicios de voyeur.

  • El primer día

    El primer día

    Habíamos quedado para comer en el Hostal La Gavina, era un lugar bastante lejos de casa y con el nivel que hay en ese local era poco probable que ni a ti ni a mí nos reconociéramos, aunque tú, al no estar comprometida, tampoco era problema.  Llegamos cada uno con nuestro coche, de hecho, eran los más sencillos del parking, cuatro Ferraris, algún Lamborgini… «buenas tardes Shasra, me alegro de que hayas venido», «hola Xavier, ya sabías que no fallaría». Dos besos en cada mejilla, aunque al cambiar de lado nuestros labios se frotaron ligeramente, mientras nuestras manos estaban cogidas más tiempo del que indica la cortesía, como si quisiéramos retener el tacto el uno del otro. Pero con actitud digna como si no pasara nada entramos dentro.

    Mesas separadas que permitían hablar tranquilamente. Una comida buena, o más que buena, acompañada de un vino sabroso; pero lo mejor de todo fue nuestra conversación, no parábamos de explicarnos y preguntarnos cosas, como dos ametralladoras. Me gustaba mirarte y contemplar tu sonrisa, tus ojos y tus labios y vi que te gustaban mis manos. Yo, con la excusa de que te había caído la servilleta, me levanté para dártelo muy cerca, quería sentir tu olor y que tú sintieras el mio. Nos atraíamos pero no lo dijimos.

    Nuestros ojos estaban un poco vidriosos, habíamos pedido cava después del vino. Salimos fuera, pero a las cuatro de la tarde el calor era insoportable y tuvimos entrar dentro para buscar un lugar y seguir la conversación. De golpe, paseando y conversando por uno de esos pasillos te cogí de la cintura, deseaba hacerlo desde el día que te conocí, aunque era virtualmente, tienes un no sé qué seductor. Tú, me dejaste hacer, y lentamente me fui acercando tus labios a los míos y nos dimos un beso. Tú, no te apartaste y cuando yo lo quería hacer me pusiste la mano en la cabeza y me acercaste a ti, el beso pasó a ser largo e intenso, nuestros labios pugnaban para ver quien chupaba y besaba más al otro, nuestras lenguas se buscaban y entraban en la boca del otro en busca de placer, gemías de placer y no queríamos parar nunca. «Shasra», «Xavier» nos decíamos flojito mientras nuestros labios no se podían separar. Nuestros cuerpos estaban completamente juntos, sintiendo el deseo uno del otro. Poco a poco fui separando mis labios y los conduje hacia aquella parte que une tu labio de arriba con el de abajo, dulce placer. Subí por la mejilla, luego la nariz, hacia la frente y bajé por tu otra mejilla en dirección a tu cuello, te dejabas hacer, la piel del brazo la tenías rizada, y de repente cuando mis besos se acercaban a tu cuello tú te tiraste sobre el mío. Como pude me deshice y te devolví la moneda, tu cuello izquierdo estaba al descubierto y fue víctima de mis besos, lametones, chupadas… tus piernas empezaban a desfallecer y tu piel me excitaba de lo más.

    Una camarera que atendía las mesas de fuera salía de una habitación pequeña, allí guardaban las toallas. Te volví a coger de la cintura y te dije «quieres venir Shasra?», No dijiste nada, tus ojos lo dijeron todo. Entramos en la pequeña habitación que estaba llena de toallas limpias, de todos los tamaños y nos volvimos a abrazar. Tu rodilla pasaba entre mis dos piernas y la mia rozaba tu entrepierna, volvimos a besarnos pero de repente… la camarera abrió la puerta, me giré y le pregunté si había otra habitación con toallas , dijo que si y le dije «mire, por favor, en las próximas dos horas, todas las toallas que necesite las coge del otro lugar, me deja la llave de acuerdo?», así lo hizo, probablemente contribuyo el hecho de que mientras ella me daba la llave yo le ponía en su mano un billete de cincuenta euros, a saber. Cerramos por dentro y me cogiste la cara y vas espetá «Xavier, a que estás esperando»?

    Con el brazo hice caer una pila de toallas en el suelo y mis labios se lanzaron a comer los tuyos, tú te dejabas y contraatacabas con la lengua, dios mío! Qué lengua!, dulce, suave, sabrosa. Nos tumbamos en el montón de las toallas y te dije al oído «Shasra déjate hacer». Te estire y yo encima tuyo, del cuello bajaba un poco más abajo mientras tus manos me tocaban por debajo de la ropa y las mías recorrían tu piel. Desabrochaba lentamente tu blusa y mis labios cada vez se acercaban más a tus sujetadores. Tu pecho se tiraba arriba como ofreciéndome lo mejor que tenías, deseosa de que fuera más allá. Mi mano fue acariciando tu espalda, desabroché el sujetador y pude contemplar como tus pezones estaban erectos, les di besos a los pechos pero sin tocarte los pezones y tu vas exclamar «Xavier, por favor, cometelos, come-telos ya!». Te besé un pezón y al otro lo chupe, y entonces fue un no parar, te lamía, besaba, acariciaba con las manos y más y más tú sentías placer y hacías pequeños gemidos, cada vez respirabas más y más rápido, estabas fundida. Poco a poco, mientras una mano tocaba un pecho y la lengua el otro, con la otra mano iba bajando.

    Tú estabas tan centrada con tus pechos que hasta que no notaste que desabrochaba tu falda no dijiste «eres muy malo Xavier» y yo «quieres que pare Shasra?» «Si paras ahora te…» desabrochada la falda, mi mano tenía el camino expedito hacia tus bragas y te acariciaba los muslos, cada vez más cerca de tu sexo. Esperabas que entrara por arriba pero mi mano entró por un lado de un muslo y diste un pequeño bote, querías pero no sabías cómo. Mi mano se acercó a tu clítoris y lo toqué, estabas mojada, muy mojada y te dejabas hacer. Tu propio jugo me sirvió para lubricar tu clítoris, cada vez lo tocaba un poco más intensamente y más fuerte y la otra mano no paraba de recorrer todo tu cuerpo y tus pechos con mi boca. Decías «Xavier si, tócame, tócame, tócame». Tu vientre subía y bajaba y las caderas lo seguían compulsivamente. Levantaste la cabeza y con tus mejillas rojas y los ojos llenos de lujuria dijiste «Xavier, que me estás haciendo?” siente Shasra, siente, disfruta del placer, entrégate «. Y vaya si lo hiciste, tus manos me tocaban anárquicamente, tocaban todo lo que podían de mi cuerpo todavía vestido. Gemías, gritabas y terminaste con un grito que seguro se oyó en todo el hotel.

    Poco a poco cerraste las piernas y te quedaste quieta, estiraste un brazo y me acercaste hacia ti, nos dimos unos besos tiernos y dulces. «Me gustas Xavier» «Me gustas mucho Shasra» nos dijimos al oído abrazados en ese suelo. Ambos sabíamos que aquello sólo acababa de empezar y nos quedaba mucho por descubrir de nuestros cuerpos y deseos.

    «¿Estás bien Shasra?» «Y tanto Javier, he sentido mucho «Cuando me chupabas los pezones y me tocabas el… ey, que haces Xavier?, dónde vas ?, estábamos muy bien aquí abrazados y…» «Voy de expedición Shasra». Había decidido bajar hacia tu vientre mientras me sacaba la ropa y cuando llegué a tu pubis ya estaba desnudo y tú me mirabas con cara de medio sorpresa, medio lasciva. Mis labios besaban tus muslos, cada vez más al interior de ellas, más y más, hasta besar el espacio que hay entre ellas y tu sexo, piel suave y muy sensible. Miraba cuando pasaba de un lado a otro como el clítoris cada vez latía más ostensiblemente y la vagina cada vez más mojada. Tus piernas se iban abriendo y abriendo temblorosas, tus manos me agarraron del pelo y me orientaron hacia tu clítoris, decías flojito «si, si». Empecé a besar tu clítoris y tú empezaste a jadear cada vez más fuerte, tus manos ya no fueron tan delicadas con mi pelo y ya empujaban mi cabeza sobre tu clítoris y chillabas, Shasra. Sentías tanto que dudabas entre dejarme seguir o hacerme parar, yo lamía y besaba y tú me decías «para Xavier, para, sigue, sigue», hasta que dijiste «más fuerte, muérdelo, comételo».

    Yo seguía y seguía, y con la barbilla froté tu clítoris y tu alarmada me dijiste que volviera, y, finalmente, con un gran chillido cerraste las piernas, casi me chafas la cabeza de la fuerza, y te quedaste extasiada, yo paré. Estabas tumbada sobre las toallas y mi cuerpo desnudo se puso sobre ti, tú abajo y yo encima, me acerqué a tu cara y te di un beso en la mejilla y nos pusimos pecho contra pecho. Entonces te pusiste encima de mí y nos besamos, buscaste mi pene con tus manos y te gustó tocarlo, lo mirabas con ojos de ansiedad. Me deshice de tus manos y te puse de nuevo abajo, acerqué mi pene en tu vagina y te penetré despacio, en la primera acometida hiciste un escalón y quedaste con la boca abierta y yo me sentía desatado y vicioso. Tú ya no querías que parara, ya no era mi pene, era mi polla, ya no era tu vagina, era tu coño, cada vez más fuerte «fóllame Xavier fóllame», yo te penetraba y te volvía a penetrar y tú te dejabas hacer o me tocabas los pechos o el culo o me besabas con mucha saliva. Yo te tocaba los pechos, pero poco porque necesitaba las manos para aguantarme sobre tu cuerpo, hacíamos la postura del misionero pero parecía que estábamos follando dos bestias del sexo. Chillabas mucho y yo disfrutaba viéndote dándote placer, gemías de placer Shasra.

    Poco a poco, cogí tu cuerpo y te pedí que te giraras, que te pusieras a cuatro piernas, mi polla no había salido de tu coño y una vez colocados volví al ataque. Ahora contemplaba tu espalda y la acariciaba con las manos, en la habitación había un espejo y tu mirabas como te penetraba por detrás, yo de rodillas y tú a gatas, ambos sintiendo mucho, tú estabas deshecha e inundada de placer, chillabas, dijiste mi nombre e incluso me insultabas con perversión. Mirando el espejo, viste que al otro lado de la puerta que era de láminas blancas con grandes espacios para mirar dentro, había alguien.

    Era la camarera que nos miraba y estaba gimiendo, se estaba masturbando viéndonos así, a ti, aun te excitó más y te mostraste para que ella te viera bien… hasta que vas reventar de placer excitada por nuestro brutal sexo y su presencia, caíste rendida y escurrida. Yo me tumbe sobre tu espalda y poco a poco saqué mi pene de tu coño, cuando finalmente salió emitiste un breve suspiro de placer. Pequeños besos en la espalda y te dije cosas cerdas en la oreja. Tú estabas quieta, pero no muerta, sonreías y sonreía. Mi polla estaba erecta en sobre manera, te giraste paulatinamente, yo estaba de rodillas sobre las toallas y cogiste mi polla, le diste un beso y me preguntaste «sobre dónde quieres eyacular Xavier, sobre mi cara o sobre mis pechos?», «sobre tus pechos Shasra». Te estiraste y me masturbaste, qué placer verte tumbada delante de mí, desnuda, mostrándote toda, seductora tu piel, seductor tu cabello, seductores tus labios, seductoras tus manos… estaba demasiado excitado para durar mucho y mi semen saltó sobre tus pechos, tus ojos eran de vicio y tu entrepierna aún estaba abierta, yo te miraba y aún me excitaba más. Tuve un orgasmo largo, intenso, gemía, soplaba y te decía que no pararas por favor, y yo seguía sintiendo y oyendo, me sentía un animal desatado, finalmente cogí tu mano desbocada y la paré. Me acosté a tu lado, sobre las toallas, tenía la boca seca. Nos abrazamos desnudos, sabíamos que todavía teníamos mucho por descubrir. «Me gustas muchísimo Shasra» «Te adoro Xavier», nos besamos tiernamente y largo.

    Necesitábamos agua o cualquier cosa para calmar la sed, las copas estaban vacías, levanté la cabeza y la camarera aún miraba, no quería perderse nada; le guiñe un ojo mientras le decía «queremos agua», y en pocos minutos picaba en la puerta, con una botella de agua y dos copas de cava, con unos ojos pícaros me dijo «tienen todo el tiempo del mundo, hoy termino mi turno tarde», con una sonrisa de agradecimiento pensaba que tal vez quería participar.

    Me di la vuelta y tú me estabas mirando de arriba abajo, deje las copas en el suelo y me senté sobre ti, te sientas, y te cojo con mis piernas por detrás de la espalda y bebiendo agua entre besos me excitabas con tus labios húmedos. Cojo la blusa y te tapo los ojos, te estiro encima las toallas y empezó rociarte de cava. De la nariz, va cayendo en la boca y con la lengua no dejó ninguna gota mientras tus labios intentan atrapar los míos. Siento tus caricias en las piernas y sigo llenándote de cava, tu cuello, alrededor de tus pezones que no dejo de chupar, en tu ombligo que volteo con la punta de la lengua, mientras tu polla me dice «estoy aquí», y la noto entre mis pechos, lo cojo y la meto en la copa al mismo tiempo que mi coño frota tus cojones y tus manos presionan mi culo. Estoy excitada, tu respiración, tu voz que repite mi nombre, tus manos que recorren mi piel y dejo de golpe la copa y la cojo bien fuerte con las manos, mis labios acarician la punta, la lengua la lamen toda al compás de tus manos que me enredan el pelo, la chupo hasta que mi boca la hace prisionera y me dices «qué placer», la dejo, cojo tus labios con los míos y te saco la venda de los ojos y te digo «mírame, Xavier» al mismo tiempo que bajo recorriendo con la lengua todo tu cuerpo, sin dejar ni un rincón, hasta que la vuelvo a hacer mía con mi boca, con mis labios, te miro, me miras, la siento y te siento gemir, te sueltas suspirando y te corres en mi boca, los labios, placer consentido!, te abrazo y al oído “Shasra que dulce que eres!”.

  • Cuñada solidaria (Parte 1)

    Cuñada solidaria (Parte 1)

    Ese lunes desperté temprano como casi siempre. Yo no había podido dormir bien ya desde hacía más o menos quince días desde que me practicaron una cirugía urológica. Me levanté aun en medio de la penumbra y mi esposa Paola estaba todavía dormida roncando con la sábana medio envuelta en su torso. Sus nalgas al descubierto apenas medio ocultas por su tanga color oscuro me provocaban una caricia. Acerqué mi mano para posarla encima de su piel, pero me detuve. Mejor que durmiera un poco más si aún su cuerpo lo necesitaba.

    Me fui al baño y mientras orinaba recordé que a las 10 am tenía cita con el urólogo para un seguimiento posoperatorio. Mi mujer despertó media hora más tarde con su rostro hinchado de sueño y sus senos pequeños al desnudo. Se sentó a orinar en la taza del baño con la puerta medio abierta y pude oír su quejido. Desde hacía dos días se venía quejando de una molesta cistitis. La tarde anterior había ido a ver a su médico que le prescribió un tratamiento sencillo aunque incómodo.

    Después de haber tomado la ducha, mi esposa me pidió que la ayudara con el medicamento vaginal que debía aplicarse durante siete días. Se acomodó en el borde de la cama completamente desnuda y fresca del baño recién tomado, con sus piernas abiertas en posición de parto. Tuve cierto atisbo de excitación al ver su sexo allí explayado ante mis narices pero yo no podía y no debía intentar nada sexual hasta tanto el médico no me lo indicara. Tomé la especie de jeringa sin aguja, llena de un medicamento pastoso y blancuzco, lo introduje en su vagina e inyecté la sustancia lentamente. Me lo agradeció con cierta incomodidad y rostro fruncido, se colocó una toalla higiénica, su calzón íntimo limpio, termino de vestirse y se marchó al trabajo algo fastidiada y sin ganas.

    Yo quedé solo en casa aun disfrutando de mis días de incapacidad médica tras la cirugía practicada en mi pene. Debía esperar a mi cuñada Sara que llegara más tarde para acompañarme la cita médica de control. Sara me había acompañado en todo mi proceso urológico, no solo por ser enfermera, aunque novata, sino porque disponía del tiempo que mi mujer no tenía por razones puramente laborales. Le habíamos pedido el favor de asistirme durante mi convalecencia y de hacerme compañía a las citas posoperatorias hasta que yo me recuperar.

    Sara llegó un poquito tarde como de costumbre pese a que vivíamos a solo media calle de distancia.

    -Cuñis ya llegué -me gritó desde abajo en la calle con sus manos puestas en su boca a manera de megáfono.

    Yo me asomé por la ventana de mi alcoba del segundo piso y la vi bajo la luz aplastante del sol intenso de las nueve de la mañana. Le hice seña de que ya bajaba. Lo hice un tanto apurado para tomar el taxi y llegar a la cita a tiempo. Salimos a la calle principal y tomamos el primer taxi que pasó. Yo todavía debía caminar despacio y con cuidado aunque francamente no era ya tan necesario que ella me acompañara puesto que pasados los quince días me comenzaba a sentir bastante recuperado. Pero era mejor no ir solo porque tal vez requería de alguna recomendación o cuidado que Sara entendería y recordaría mejor que yo seguramente y además porque había sido ella quien amablemente me había estado acompañando en todo este tortuoso proceso.

    Una vez en el consultorio y después que el médico y su asistente me observaron, aquel se sentó en su escritorio frente a mi cuñada y yo y con su voz jovial que no concordaba con la apariencia seria y pesada de su rostro me dijo:

    -Bueno señor ya Ud. está listo. La herida superficial ya secó completamente. Su pene parece estar apto y desinflamado ya lo suficiente como para entrar en acción. La curvatura creo que quedó bastante bien corregida y lo que resta es simplemente tener relaciones sexuales preferiblemente sin condón para que puedas evaluar tu sensibilidad. Con cuidado eso sí. Ojala lo más frecuentemente que pueda. Debe volver acá en diez días para hacer un chequeo final y listo. Debe prestar mucha atención a la sensación durante el coito y el orgasmo. Si hay dolor, ardor o incomodidad etc. No debería haber nada de eso en principio. Así que señora consienta mucho a este señor –dijo mirando afablemente al rostro de mi cuñada que sonrió alzando una ceja con mirada de querer decirle al médico que ella no era mi mujer como él creía desde el principio, pero eso era un detalle incensario y sin importancia en ese momento. Sara se limitó a sonreír y asentir moviendo rápidamente su cabeza.

    Salimos y justo en la puerta de la clínica antes de tomar el taxi de vuelta, le comenté a Sara que yo estaba contento con todo pero que había un problemita.

    -Qué pasó? -me interrogó con aire de preocupación.

    -No voy a poder practicar ni hacer nada en diez días. Tu hermana no puede tener sexo porque anda con una cistitis. Se tiene que aplicar un medicamento vaginal y debe abstenerse de sexo vaginal quince días a partir de ayer. Es decir, le quedan catorce días aun sin poder hacer nada de nada. Pensé que ella te había comentado algo de eso.

    -No, no lo sabía. Ándale! que vaina! y ahora qué vas a hacer?

    -Se me ocurre llamar más tarde y cambiar la fecha de la cita como para dentro de un mes o cuarenta días. Así le doy tiempo a Paola de recuperarse y me cubro un poco más yo al tiempo, porque después ya en una semana yo retorno a trabajar y probablemente me manden para la capital en unos quince días para una formación de tres o cuatro días, así que la cosa podría extenderse aún más tiempo. Mejor dicho que yo mi pinga me la voy a poder estrenar quien sabe cuándo. Estoy algo desesperado. La voy a tener que meter en un mofle de moto.

    -ja ja ja ay cuñis, que locuras dices y que pena contigo. Estás bien de malas. Jodida la cosa así.

    -Me va a tocar buscar otro culito por ahí, ja ja ja

    -Bueno eso es asunto tuyo, yo no me meto en eso ni le digo a mi hermana nada ja ja ja, así que bien puedes.

    La conversación quedo así. Durante el viaje de vuelta ella hablaba por celular y yo intente cerrar los ojos pero el calor y el ruido de la ciudad que pasaba por la ventana del incomodo taxi no me lo permitía.

    Una vez llegamos a casa justo en la puerta del edificio nos despedimos. Ella marchó a su casa y yo subí tranquilo de saber que todo había salido bien y que solo era cuestión de tiempo. Podría pronto tener sexo de manera más cómoda. Había valido la pena someterme a esa cirugía voluntaria y espontanea de corrección de curvatura de pene. De nacimiento mi pene vino con esa curva pronunciada hacia la izquierda que impedía desempeñarme sexualmente con comodidad y soltura.

    Al ir subiendo las escaleras intente llamar desde mi móvil a mi mujer para narrarle lo sucedido pero no respondió, así que tal vez me devolvería la llamada más adelante. Me senté en una mecedora después de quedar solo en calzoncillos a escuchar música cuando sonó el timbre de la puerta. Me asome a la ventana y divisé desde mi ventana la cabellera abundante de Sara que miraba hacia arriba tratando de tapar con su mano al sol incandescente que golpeaba sus ojos

    -Ábreme por favor

    -Se te olvido algo?

    -No, anda ábreme.

    Le abrí sin mucha intriga y ni me molesté en ponerme una toalla para cubrirme puesto que estaba ya acostumbrado desde la cirugía a que ella me viera desnudo e incluso me curara el pene.

    Abrí la puerta y su mirada aunque serena tenía un brillo diferente.

    -Modificaste ya la fecha de la cita?

    -No, aun no lo he hecho.

    -Le dijiste ya a mi hermana lo que nos dijo el médico?

    -No, tampoco –le respondí con aire ya intrigado– porqué lo preguntas?

    Me miró con una sonrisa pícara y ese brillo en los ojos que denotaba algo trascendental. Esa mirada la conocía ya bastante después de tantos años de ser vecinos y familia. Yo conocía a Sara desde antes de hacerme novio de su hermana Paola. Sara ha sido siempre una mujer de atreverse y no temer ni titubear a la hora de ejecutar una acción ya decidida.

    -Cuñis, no canceles cita ni llames a Paola. No es necesario creo.

    -Como así?

    -Te tengo ya solución para que puedas estrenar tu pene.

    Yo solo fruncí el ceño con mirada intrigada pero dejándola proseguir.

    -Si quieres, lo haces conmigo –terminó así su frase corta, directa y se limitó a mirarme directamente con sus ojos negros grandes y brillantes de luz desafiante y firme.

    Yo apenas si pude procesar lo que estaba escuchando de su boca delgada con esa voz dulce pero segura. Lo primero que pensé era que me estaba bromeando.

    -Sara, no me bromees con ese tema. No es gracioso.

    -Cuñis, no es broma. Lo digo en serio. Para que no tengas que esperarte quien sabe hasta cuándo. Puedes hacerlo conmigo. Ojo y te aclaro. No es por morbo ni nada de eso, sino simplemente por ayuda médica. Claro esto es en secreto. Lo he pensado bien ahorita y por eso vine a proponértelo. Sé que eres un tipo serio. Nada de comentárselo a Paola ni yo tampoco le diré nada a Alberto ni más faltaba. Cuñis, si tú quieres claro está. Yo te ofrezco. Tú decides.

    En ese instante sonó mi teléfono. Era mi mujer devolviéndome la llamada. Al responder Sara me hizo seña desesperadamente con los ojos y sus manos de que no dijera nada ni tampoco que mencionara a su hermana que ella estaba allí conmigo. Así que solo le dije a Paola parte de la verdad.

    -Si, si amor. Todo va bien. Debo ver al médico en diez días y tal vez sea todo. Pero me dijo que la recuperación va mejor y más rápida de lo que esperaba. Si, Sara estuvo allí conmigo. Estoy tranquilo con eso.

    Mientras hablaba Sara me miraba asintiendo y haciéndome gestos de aprobación por haber dicho lo que dije a su hermana. Terminé la llamada y volví a dirigirme a mi cuñada con aire de sorpresa e incredulidad.

    -Sara, claro que quiero. Claro que acepto tu propuesta ni más faltaba. Ni tengo palabras que agradecerte. Eres la mejor cuñada del mundo. Además que estas muy buena y lo sabes.

    -Cuñis, nada de morbo. Solo es por cuestión médica. Tenlo en cuenta. No quiero que pienses que soy una zorra puta que anda repartiendo culo por allí. O que ando enamorada de ti porque soy una esposa infiel ni por nada de eso. Lo hago por ayudarte y porque he sido tu confidente en todo esto tan privado. Además tú a mí me has ayudado bastante. Has sido un buen cuñado y yo te estimo. Lo sabes. Sabes también lo mucho que quiero a mi hermanita.

    -No he dicho nada de eso. Relájate. Solo dije que estas buena. Eres una mujer atractiva y lo sabes.

    -Ok. Gracias por el cumplido. Ahora me voy. Mañana por la mañana como a las diez vengo. Espero estés listo. Ni una palabra de esto a nadie.

    Ese fue el día más largo de mi vida. La espera se me hizo eterna hasta el día siguiente. Me puse lunático casi. Mi mujer noto mi actitud distraída y distante. Me preguntó en varias ocasiones si me pasaba algo. Yo le mentía intentando darle excusas etc., pero ella con su malestar de cistitis tampoco estuvo de humor para prestarme mucha atención. Me costaba creer que mi propia cuñada me propusiera sexo solidario con ella. Me pellizcaba para ver si acaso no era un sueño. Sara, la hermana mayor de mi mujer, casada, madre de dos hijas, vecina, enfermera novata vendría al día siguiente a darme sexo. Era difícil de digerir. Eso me hacía pasar por todos los estados emocionales. Era tremendamente morboso todo eso para mí. Para ella era tal vez una cuestión técnica y medica de solidaridad para conmigo, pero para mí era un acontecimiento de morbo y fantasía sexual increíble. Tener sexo con una mujer fuera de mi matrimonio ya de por si constituía toda una aventura cargada de emociones y si a eso le sumaba el hecho de que esa mujer era nada más y nada menos que mi propia cuñada, sumaba aún más morbo al punto de descrestar mi imaginación.

    Sara es una mujer físicamente bien hecha la verdad sea dicha. A pesar de los kilos demás que trae consigo la treintena y la vida de casada con hijos, es una mujer que inspira sexo a cualquier hombre ciertamente, incluyéndome a mí. Nunca se me hubiera ocurrido proponerla algo así claro está, pero más de un mal pensamiento se me ha pasado por la cabeza con Sara desde que la conocí. A diferencia de mi mujer, quien debo decir que es bonita y de cuerpo más bien proporcionado pero sencillo, Sara es voluptuosa, de senos amplios y nalgas grandes. Su estatura alta, su cuerpo amplio de curvas pronunciadas y su piel blanca de abundante cabellera negra la hacen lucir elegante siempre. Al momento de lo ocurrido en esta narración, Sara tenía y cuatro años recién cumplidos. Dos años menor que yo y cinco más que su única hermana.

    No pude pegar el ojo en toda la noche pensando en cómo sería ese primer encuentro sexual con mi cuñada para estrenar mi pene ahora ya casi recto. La pondría en poses que antes me costaba trabajo. Imaginaba la fisonomía de sus zonas íntimas. Intentaba recrear como debían ser sus senos, sus pezones, su vagina, su vulva, su sus nalgas etc. Me preguntaba qué tan parecidas debían ser con respecto a los de su hermanita. La imaginaba desnuda de diversas maneras. La ansiedad no me dejo dormir. Amaneció. Hice la rutina con Paola mi mujer quien me notó aún muy distraído. Le apliqué su medicina en la vagina y se marchó nuevamente desanimada aunque se sentía ya un poco mejor. Solo después pude medio caer vencido de sueño y dormir un par de horas hasta un poco pasadas las nueve de la mañana.

    Desperté al oír un vendedor callejero gritar su mercancía. Tome mi baño matutino. Tuve varias erecciones y me emocionaba ver que mi pene estaba realmente derecho con una ligera curva pero bastante menor.

    -Espera nene, ya viene Sara. Te la vas a comer rico. –le hablaba a mi pene como si fuera una persona.

    Me limpié con más cuidado cual primera cita de amor y me puse mi mejor calzoncillo. Un calzón nuevo grisáceo corto que horma bien en mi cuerpo velludo. Era el preferido de mi mujer. Por un momento pensé en Alberto, el marido de Sara. Sera que antes ella le habría sido infiel? Aunque en este caso no se puede considerar así. No se trata de una relación como tal. Pero era como si lo fuera. Me confundía en esas divagaciones moralistas sin encontrar respuesta. Lo sentía por él, pero era imposible despreciar y no desear a su mujer. No quería yo estar en su sitio. Puro orgullo de hombre era lo que me hacía divagar. Me preguntaba si acaso mi mujer no haría cosas traviesas también. La voz de Sara entrando por la ventana me sacó de esas inútiles cavilaciones.

    -Cuñisss… -gritó Sara

    Mis latidos aumentaron el ritmo. El momento había llegado y fue cuando me di cuenta que yo estaba nervioso. Que el macho se asustaba un poco. Debía calmarme para funcionar bien. Recobré mi compostura, me asomé por la ventana y la divisé abajo. Estaba vestida con una blusa azul de tirantas y una falda negra que le daba por encima de las rodillas. El calor ya era abrazante.

    Al entrar por la puerta, su mirada era relajada pero intensa. Su andar firme y decidido. Sabíamos que no era una mañana tan normal como las otras de los últimos quince días anteriores. Había cierta tensión en el ambiente que lo enrarecía.

    -Listo?

    -Claro, le dije simulando cero nervios.

    Ella me miro de pies a cabeza. Reparó mi calzoncillo pero no dijo nada. Se metió en la alcoba principal. Se sentó al borde de la cama justo en el sitio en el que horas antes Paola había abierto las piernas para aplicarle el medicamente vaginal.

    -Creo que aquí en la cama no es tan bueno para ti ahora que lo pienso bien. –dijo resuelta.

    -Tienes razón. Es mejor que yo esté de pie y pueda controlar el movimiento.

    -Exacto. Mejor yo me siento en el mesón de la cocina y tu quedas de pie. Te parece bien?

    -Si. Buena idea.

    Era raro tener esa conversación así. Parecíamos más bien dos personas planeando instalar unas cortinas en una casa o dos personas acomodándose para hacer un corte de cabello en un sitio improvisado que un hombre y una mujer a punto de tener sexo.

    Sara se sentó encima de las baldosas del mesón sin quitarse una sola prenda de vestir. Medio abrió las piernas sin dejar que se desnudara más allá de sus muslos blancos y me pidió acomodarme frente a ella. Abrió aún más sus piernas. Me asió para que yo me adentrara contra su cuerpo. Yo aun con mi calzoncillo puesto acerqué mi pelvis hasta pegarla con su zona vaginal. Era perfecto para mi estatura afortunadamente. Mi pene quedaba justo por encima del canto superior del mesón apuntando directamente hacia su vagina. En realidad ya lo sabía porque numerosas veces había tenido sexo con mi mujer justo allí en la cocina sentando a Paola en el mismo lugar, pero no quise comentar esa infidencia con Sara innecesariamente.

    Pude entonces sentir en mi pene el calor emanado de su sexo a través de las telas de nuestras respectivas prendas íntimas. Eso me predispuso y generó un leve respingo de erección pese a mis nervios y a la sobriedad con la que se habían manejado hasta ese momento las cosas.

    Fui rápidamente a la alcoba y traje una franela limpia mía y la puse encima del mesón para que Sara se sentara y no posara sus nalgas directamente encima de las duras, frías y resbaladizas baldosas de cerámica blanca que recubrían al mesón.

    -Sara una cosa antes de iniciar.

    -Si, dime cuñis.

    -Se supone que no debo ponerme condón idealmente. Algún problema si lo hacemos así?

    -Si. Lo sé. También pensé en eso. No te preocupes. Vamos a hacerlo así si no tienes ningún problema claro está.

    -No. No hay problema.

    -Bueno. Bájate ese calzoncillo y sácala a ver.

    Yo sentía todo esto raro, todo tan técnico y metódico pero no dejaba de excitarme de algún modo. No hubo ni caricias, ni besos, ni miradas morbosas. Yo me desnudé frente a sus ojos y mi pene aun medio fláccido saltó a su vista. Ella me lo miró sin morbo aparente de forma directa y me dijo que se veía mucho mejor que la última vez que lo había visto para curarme la herida superficial. Extendió la mano y me acarició el tallo de mi pene justo donde había estado antes una herida superficial más con actitud de examinadora que de amante.

    -Ahora que sienta calorcito se va a poner duro. Vas a ver. –me dijo para hacerme sentir tranquilo

    Sara con cautela metiendo sus manos por debajo de su falda algo replegada y sin bajarse del mesón se fue deslizando su prenda interior sin elevar la costura de la falda más allá de sus muslos. Por respeto yo trataba tensamente de no mirar sus partes para no incomodarla. Como por arte de magia su calzoncito blando de algodón lo tuvo en sus manos y lo colocó enrollado dentro de su busto por debajo de su blusa. El morbo me subió a la cabeza cuando tuve esa imagen frente a mí. Quería oler esa prenda sucia de su sexo y me excitaba saber que ya debajo de esa falda negra no había más barreas para mi verga que cobraba volumen despacio.

    -Ahora ya la puedes meter. Sóbala en mi chuchita para que se endurezca y se meta solita en mi raja –sus instrucciones las decía con naturalidad. Sin emoción, pero con voz dulce.

    Yo me alejé un poco para que ella pudiera ver mi erección. Quería neciamente que ella supiera que yo estaba muy excitado por y para ella.

    -Caramba, ya lo tienes duro. Intenta meterlo despacio. Sin desespero. Tomate el tiempo que necesites y así me das tiempo a que yo lubrique un poco.

    Yo, nervioso, seguía sus instrucciones. Sentía el calor de su chucha. Resbalaba mi miembro por su rajita con mis brazos apoyados a lado y lado de sus muslos afirmándome en el borde del mesón. Ella estaba sentada con sus piernas completamente abiertas y su falda replegada pero sin dejar acceso a mi vista. No pude ver su sexo. Olía su piel y el perfume del jabón del baño recién tomado. Miraba sus ojos negros relajados y seguros. Ella por momentos me miraba y por momentos me esquivaba. Me provocaba embestirla con desenfreno, besarla o acariciarle y comerle las tetas. Pero eso arruinaría todo. Ella se comportaba con actitud médica aunque su voz relajada me pedía que disfrutara para que se el sexo se hiciera placentero. Nuestros rostros estaban cerca y la respiración era jadeante en ambos.

    Con la punta de mi verga exploré la geografía exterior de su vagina. Tenía vellosidades, aunque no abundantes y alcanzaba a rozar sus carnosidades tibias y blandas. Estuve así rozando y frotando mi verga por afuera de su vagina y ella cerraba los ojos por momentos. Pude empezar a hincar mi falo en la entrada de su gruta. Ella aunque no tan mojada estaba lo suficientemente lubricada como para permitir una penetración.

    El silencio fue interrumpido estrepitosamente. Sonó su teléfono y al ver la pantalla me hizo señal de que hiciera silencio. Yo me asusté un poco al deducir por su conversación que se trataba de su marido Alberto. Intenté retirarme, pero ella me lo impidió con sus piernas. Dejó en espera a su marido al otro lado de la línea y se acercó al oído para decirme que siguiera haciendo todo sin parar que ella no demoraba nada.

    Entonces emboné mi glande muy lentamente justo en la entrada y me detuve unos segundos hasta que ella colgó su llamada. Me sorprendió la tranquilidad y control con la que una mujer es capaz de engañar a su marido. Embestí con cuidado. Fui sintiendo como cada milímetro de mi pene iba resbalando en el calor de su concha tan facilito. Era una sensación novedosa que antes con la curva no podía tener. La fui metiendo. Sentí como resbalaba adentrándose en su carnosidad suave y calurosa. Llegue a tope y mis vellos púbicos se unieron a los de ella. Sara emitió un leve gemido y un jadeo ahogado al saberme totalmente penetrado en ella.

    -Muy bien. Vas muy bien cuñis. Bravo. La metiste toda -me decía ya con voz pasita al oído.

    Yo no podía creer que eso estaba ocurriendo. Todo era algo raro. Placenteramente raro.

    -Avísame si sientes dolor, ardor o algo. Ahora intenta moverla. Sácala y métela despacio.

    Mi rostro estaba cerca del de ella. Podía sentir el aliento de su boca de labios delgados y rosados. El jadeo era inevitable y mi pecho se juntaba un tanto contra sus senos abultados que siempre había morboseado. Su faldón tapaba mi zona pélvica y no podía ver mi pene ni su chucha. Pero la sensación de placer, de morbo y de calor físico era sensacional. La comencé a embestir despacio. La sacaba hasta más de la mitad y movía mi cadera para volverla a penetrar completamente. Con cada penetración sentía más humedad en su vagina. Sara gemía y jadeaba muy levemente. Entonces me atreví a preguntarle:

    -Y tu Sara. Estas bien? Te gusta?

    -Ah, ah, No soy de hie-rro hm cuñis. Ah, ah, soy de car-ne y hue-so, hm ah, ah. Claro que me da placer. Ah, ah, ah sentirlo den-den-ntro. Ah, si-si-gue asi. Hm, ah, hm, hm.

    Escucharla jadear y ver sus pupilas dilatadas me dio ánimo y confianza. Comencé a embestirla un poco más rápido. Sara comenzó a gemir con más soltura. Sin embargo no perdía su cordura.

    -No tan rápido cuñis. Es rico ah, ah pero despacio. A-a-acuerdate.

    Yo bajé el ritmo con mucho esfuerzo. El morbo se me había subido a la cabeza y el cosquilleo era placentero. No sentía ni ardor ni dolor. El momento cúspide se acercaba. Yo sabía que estaba llegando al punto de no retorno. Sentía un regocijo al penetrarla tan cómodamente. Era la primera vez en mi vida que experimentaba esa sensación de efectividad al penetrar. Era la primera vez que mi pene entraba en una vagina solito, sin necesidad de tener que agarrármelo para dirigirlo hacia la entrada. Era la primera vez que podía embestir a una mujer moviendo mi cadera hacia adelante y hacia atrás y no hacia medio lado. Era la primera vez que la hembra estaba sentada de frente y no de medio lado para ayudar a que la curva de mi pene ingresara en su sexo. Era algo simple y obvio para alguien que toda su vida ha tenido un pene normal, recto, pero era todo un acontecimiento para alguien como yo. Mis emociones de felicidad y morbo estaban hirviendo dentro de mi cuerpo en ese instante. Sara tal vez no era consciente de eso. Pero yo se lo estaba agradeciendo mucho.

    -Sara, me voy a venir-rrrrr

    -Cuñis sácala. Échala en este vaso.

    Me paso un pocillo de tono oscuro que tomó del portavasos que había justo a su lado izquierdo. Solo en el último instante saqué mi pene completamente mojado del gozo vaginal. Solo en ese fragmento mas por reacción accidental de ella al levantar sus piernas pude ver sin mucho detalle esa vagina rosada y algo velluda. Lo que vi me resultó hermoso y erótico.

    Introduje mi pene en el vaso completamente y dejé que eyaculara en el interior del vaso. Sara me miraba a la cara mientras yo vivía mi orgasmo y tuvo tal vez el único gesto de cariño. Me acarició mi pecho velludo mientras yo jadeaba de placer contorneando mi cuerpo con cada pringo de semen que salía disparado contra el fondo del vaso. Un placer intenso recorría mi cuerpo y una leve sensibilidad diferente en el tallo de mi pene pude percibir cuando este se contraía para eyacular.

    Solo después de notar que yo había recobrado un poco mi prestancia me preguntó.

    -Todo bien cuñis? Te dolió o te ardió cuando te viniste?

    -Nooo, no. Solo un poco de sensibilidad, pero nadita de dolor. Puro placer.

    -Ya veo que no. Ja ja ja.

    -Perdóname Sara, pero que chuchita tan rica tienes.

    -Tranquilo cuñis. Me alegra que te haya gustado y que la hayas pasado bien. Pero sobre todo que tu verga funcione bien. Mi hermana ahora va a estar más feliz. Bueno hay que seguir probando claro está. Y bueno déjame decirte que se sentía rico. La moviste bien.

    -Gracias Sara.

    -Miremos el semen. No debe tener ni olor ni color raro.

    Sara se bajó del mesón como si nada hubiera pasado antes, cual mujer haciendo un trabajo de laboratorio. Tomó el pocillo, se acercó a la puerta de salida al patio para tener buena iluminación. Miro al fondo del pocillo, lo acercó a su nariz y lo olió.

    -Parece todo normal. Me pasas una cuchara pequeña por favor?

    Le pasé una cuchara y ella la sirvió de semen. Lo observó a la luz por unos segundos con ojos de enfermera y hasta untó un poco en su dedo índice derecho para juntarlo con su pulgar pudo tantear su consistencia.

    -Creo que todo se ve normal con tu semen. Míralo tú.

    Yo lo vi, lo olí e hice lo mismo que ella.

    -Si. Todo parece normal.

    Me sentí aliviado, complacido y de alguna manera unido emocionalmente a mi cuñada. Era todo algo confuso. En ese momento supe que la forma de relacionarnos ya no sería nunca igual. Algo habíamos roto. Al menos en mi cabeza aunque tal vez no en la de Sara.

    Se despidió apuradamente al caer en cuenta que estaba atrasada con sus deberes. Se lavó las manos en el lavaplatos con jabón de lavar loza, se secó con su falda y se marchó casi corriendo.

    -Mañana vengo más o menos a la misma hora eh.

    Tuve que pellizcarme para corroborar que no estaba soñando lo que acababa de suceder. Era el acontecimiento sexual más intenso de toda mi vida hasta ese momento. Pude relajarme y ocuparme en algunos quehaceres sin dejar de pensar ni un minuto que lo que paso y en lo que pasaría al día siguiente.