Autor: admin

  • Cuando las peleas acaban bien

    Cuando las peleas acaban bien

    Fue en estos días de cuarentena cuando le pedí prestada la computadora a Julio para poder ver unos e-mails importantes de la universidad, mejor dicho, fue una noche de fin de semana.

    Estaba investigando unas carpetas ya que no podía encontrar los archivos, cuando me encontré con algo que hubiese preferido no ver. Una conversación de Julio con otra chica. Hablaban cosas fogosas, fuertes y eso me enojó muchísimo.

    Para que pudiesen comprender, es una chica que habíamos pensado para hacer un trío y a mí me gustaba, pero definitivamente leer algo que no estaba bajo las normas no me agradó ni un poco. No me había comentado absolutamente nada de esa charla, yo no era partícipe de lo que hablaban y se seducían mutuamente. Definitivamente era algo fuera de lo acordado y eso hacía que me doliera bastante.

    Solo había sido eso, una charla no más. Pero aun así me desestabilizó por un segundo.

    Discutimos un poco esa noche. Julio intentó calmarme y explicarme que era parte del juego, que para poder proponérselo debía primero seducirla. Pude comprenderlo pero aun así tenía muchísima furia.

    Bronca, calor, fuego. Eran tantas las palabras y emociones que se acercaban a mi mente y tan difícil de manejarlas todas a la misma vez.

    Bebimos un vino después de cenar para descontracturar el mal momento que había sucedido. Él me pedía perdón por lo que había pasado y a mí aún me costaba dar el brazo a torcer.

    Ya estábamos ebrios, ya no era solo el vino, ahora también eran las cervezas en nuestro organismo. Estábamos un poco borrachos debo admitir.

    Borrachos, música de fondo y largas charlas de medianoche. Dejamos de hablar de lo ocurrido para comenzar a hablar exclusivamente de nosotros mismos.

    Para variar el alcohol siempre nos pone más calientes de lo normal y no fuimos la excepción. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos besándonos apasionadamente, pegados contra la pared mientras nos masturbábamos el uno al otro, éramos placer a punto de explotar. No tardamos demasiado en ocupar el sillón para hacernos el amor.

    Era violento, brutal.

    Bajó mis calzas que llevaba puesta, me tenía en cuatro, me tomaba del pelo fuerte mientras me cogía bien duro. Mi vagina estaba completamente húmeda y estaba en una especie de trance, de goce absoluto. Quería que me cogiera tan duro como podía, necesitaba de alguna manera olvidar lo que había ocurrido.

    Subimos las escaleras, estábamos en el cuarto. Me desnudé para él y me senté encima de su verga, como intentando dominar la situación. Comencé a cabalgarlo, lo volvía loco. Se excitaba y comenzaba a sentir cada vez más duro su miembro, más mojado. Penetraba mi concha de una manera hermosa, con una sensación tan cálida y placentera.

    Le pedía más y más. Que me lo hiciera duro, fuerte. Me gustaba que fuese bruto. Me agarró de la cara y del pelo, me excitaba. Hice lo mismo y le pegué una pequeña bofetada: ¿Asique te gustó mucho la putita?, ¿te calentó tanto como yo?, ¿vos sabés que nadie te va a coger como lo hago yo, no?

    Acabé, no sé cuántas veces. Una, dos, tres, cuatro… fueron tantas que ya no lo recuerdo:

    -Me da bronca, ¿sabes? Pero me calienta, me calienta mucho la trolita esa.

    -Vos querés que te coja también, ¿qué le querés hacer?

    -Quiero cogerla, sí. Cogerla con bronca, sabés que me da bronca que hayas hecho eso ¿Por qué lo hiciste? No era parte del trato. Sabías que me gustaba.

    -Quiero ver cómo le haces todo a ella, ¿cuándo esté con nosotros cómo vas a hacer? Si te encanta.

    Tenía razón y eso era lo que me generaba mayor morbo.

    Me gustaba y fantaseaba con sumar a una chica a nuestra cama.

    Quería besarla, que nos viera Julio mientras se calentaba. Que él comenzará a masturbarme y se convirtiese todo en un perfecto triángulo amoroso, que de amoroso no tendría absolutamente nada.

    La bronca se convirtió en fuego y el fuego en un placer inmenso.

    -Quiero que me cojas bien fuerte- le decía mientras sentía su verga entrar una y otra vez.

    El sexo era brutal. Nos cogíamos los dos como si no existiese un mañana, mientras fantaseábamos con la idea de estar con ella.

    Lo dejé que me practicara sexo anal mientras tocaba mi vagina estimulando mi clítoris. Me volvía loca, era una explosión de placer recorriendo todo mi cuerpo y él un ardor a punto de estallar.

    Éramos dos animales salvajes, comiéndonos como si el mundo fuese a acabarse. Por suerte los que “acabamos” fuimos nosotros, en un acto sexual perfecto que nos devoró en la noche. Mi enojo se convirtió en placer y en un morbo perfecto por cumplir.

  • Luisa, la ahijada de mi tía (Segunda parte)

    Luisa, la ahijada de mi tía (Segunda parte)

    Yo me quedé sentado observando. Luisa se bajó de la mesa, se acercó a mí, se sentó sobre mí de frente pegando la vagina húmeda a mi pene ya flácido, colocando sus manos en mi pecho, me miró fijo a los ojos sin decir palabras, percibí satisfacción y rabia, una mezcla de ambos sentimientos.

    Mis manos sujetaban y apretaban sus grandes y redondas nalgas, su espalda estaba arqueada, sus pechos los pego a mi pecho recostando la cabeza cerca de mi hombro, yo acarició suavemente sus muslos y caderas, cuando escuché entre susurros -no te vayas, quédate un poco más.

    Respondí mientras acariciaba sus cabellos. No puedo, tengo que irme, pero te prometo que volveré por ti. Ella se quedó sin decir nada, levantó la cabeza de mi hombro, tomo mi cara y me besó suave y tierno, se levantó, tomó su camisa, se la puso, mientras iba abotonado me miraba, luego me dio la espalda y salió sin hacer ruido de mi habitación. Yo me quedé dormido sin salir a ducharme, quería tener su olor conmigo.

    6:00 am. Suena la alarma, despierto, abro los ojos y enseguida llegaron a mi mente lo que paso anoche con Luisa, miro al techo pensando en cada detalle, sonrió, me pongo en pie y salgo a la ducha, aún mi cuerpo estaba impregnado con el olor a sexo, mientras el agua corría por mi cuerpo pensaba en ella, en cada momento vivido desde que la vi por primera vez. Me empalme de inmediato, y comencé a masturbarme, la verga me dolía, era un dolor agradable, enjabonada y subía y bajaba el forro, cuando siento que abren la puerta de la ducha, abro los ojos y era ella con una toalla diminuta cubriendo con dificultad su cuerpo.

    -Buen día Alex ¿Me puedo bañar contigo? Sé que en un par de horas te irás y no volveré a verte, no hagas ruido para que mi madrina no nos escuche. -Cuando iba a pronunciar palabras, puso un dedo en mi boca y dijo- no digas nada, las palabras se las lleva el viento.

    Sin dejarme hablar para decir cualquier cosa o por lo menos un sí, dejó caer la toalla al piso quedando desnuda, yo admiraba sus buenas tetas, esas caderas anchas y ese coño carnoso que dejaba salir los labios inferiores, ella entró a la ducha, me abrazó, y me besó.

    De nuevo abrí ambas llaves de la regadera, el agua corría por nuestros cuerpos, yo la besaba y apretaba contra mi, ella tenía su lengua muy inquieta y morbosa, esculcaba toda mi boca y su mano me jalaba y apretaba la verga con fuerza, eso me dolía, pero me gustaba sentir ese dolor, me recordaba como la desprendí de su virginidad tanto vaginal como anal.

    Yo pasaba el jabón por la espalda, caderas y glúteos, le mamaba las tetas mientras mis dedos hacían su trabajo «índice y dedo medio entraban y salían, anular acariciaba el clítoris, y el pulgar de forma circular se movía dentro del culo.

    Ella mordió un poco duro mi lengua, al yo intentar quitarme la soltó y comenzó a chuparla como aliviando el dolor que me había causado, yo con la mano que me quedaba libre apreté fuerte su cadera mientras di más rudeza y velocidad a mis dedos, ella haló mi lengua duro, abrí los ojos y le di una fuerte nalgada, sentí como mi mano se puso roja y ardía, ella por su parte soltó un pequeño grito de dolor y sus ojos se llenaron de lágrimas, yo sobaba su nalga que estaba caliente y mojada, le dije que lo sentía, pero me estaba doliendo lo que me hacía.

    -Disculpa Alex es la excitación que me haces sentir con los dedos dentro de mí y lamiendo mis pezones, que mi reacción fue morderte y chuparte la lengua duro mientras estaba teniendo un placentero orgasmo. Acabé divino con eso que me estabas haciendo, me duele la nalga, pero esto me encanta.

    La volteo y la pego contra la pared, me pongo de rodillas y beso sus nalgas ¡De verdad le había marcado los dedos! En ese maltratado lugar sobé, y lamiendo le dije que lo sentía mucho, pero se lo había buscado. Ella asistía con la cabeza diciendo que sí. Luego abrí ese par de nalgas y comencé a darle una mamada en el culo que ella se retorcía de placer, arqueaba la espalda y mordía con fuerza una de sus manos con el puño cerrado, y con la otra apretaba sus tetas y por momentos pellizcaba los endurecidos pezones.

    En esa misma posición lamía su coño que estaba goteando sus jugos propios de la excitación, escuchaba como jadeaba y como su cuerpo se estremecía, mi falo expulsaba gotas de lubricación, y Luisa estaba teniendo otro orgasmo, pero esta vez más fuerte.

    Con voz agitada y cansada me pide entré sollozos que la penetre por el culo, que le dé duro…

    -Alex quiero sentir tu verga entrando como un torpedo dentro de mi hueco, hazlo YA que no aguanto maldito desgraciado pervertido, quiero que esa cabeza grande me desgarre más que anoche.

    Esas palabras obviamente me excitaron más, me puse de pie y coloqué el glande en todo el ano, intentando penetrar, pero tenía cierta dificultad para entrar, estaba muy apretado.

    Ella hizo presión hacia atrás ayudando a que entrara, Luisa empujó fuerte su trasero hacia mí en línea recta, y yo al mismo tiempo di una embestida fuerte, y en ese momento toda mi verga entró de un solo golpe completo, quedando solo mis bolas afuera.

    Ella nuevamente metió su mano a la boca para no gritar, apretó los dientes en el puño, y respiro profundo.

    Nos quedamos sin movernos y al poco rato empezó a dar movimientos de caderas lentos, y a su ritmo yo metía y sacaba mi verga de su apretado culo, era divino sentir como se abría para mí y como lo disfrutábamos, sus nalgas pegaban fuerte a mi pelvis haciendo ese sonido excitante de dos cuerpos sudados teniendo sexo.

    Mis manos se aferraban a su cintura y ella con una mano se estaba masturbando y la otra la tenía puesta en mi nalga derecha apretando y empujando hacia ella.

    Yo daba con fuerzas y sentí como se desvaneció delante de mi, soltó mi nalga y saco la mano de su entre piernas y con ambas manos se sujetó con fuerza a las llaves de agua fría y caliente, suspiro y empezó a orinarse, los chorros salían como un manantial, corrían por sus piernas, ella jadeaba con lujuria, ese olor a orine me elevó más el morbo, seguí dándole, pero esta vez tenía mis manos en sus tetas, las apretaba con fuerza, mientras más lo metía y sacaba, más apretaba las tetas y pezones, mi verga se endureció más y sentí como me llegaba esa sensación de acabar y fue cuando explote dentro de ella, sentí como los chorros de leche entraban en su hueco, seguí con movimiento lento hasta que pare, saque mi pene me recosté sobre su espalda y besé el cuello.

    Ella se reincorporó, se dio la vuelta y se paró frente a mí, nos besamos y procedimos a bañarnos.

    Al terminar de ducharnos y secar nuestros cuerpos, se puso la pantaleta el brasier y me dijo:

    -¿Te gustó tu despedida? Quizá no te vuelva a ver, quiero que tengas estos momentos que pasamos juntos en tu memoria y que no lo olvides. Yo no los podré olvidar.

    Se despidió con un beso y abandonó la sala de baño, yo terminé de hacer lo que me faltaba y salí directo a mi habitación.

    Me vestí rápidamente y salí con mi maleta, estaba tía Mary en la cocina, tomé café y conversé un poco, me despedí con un beso y abrazo y le pregunté por Luisa, me respondió -mijo ella salió antes que tú salieras del cuarto. Yo simplemente dije -OK, me despide de ella.

    Ya camino a casa no podía dejar de pensar en Luisa, recordando cada momento vivido, desde sus malcriadecez hasta hacerla mía. Bueno en realidad ¿Quién hizo suyo a quién? Debía volver a verla, tengo que inventar un pretexto para estar de nuevo con ella.

    Llegué a mi departamento casando por el viaje, me duché y almorcé ligero, luego me puse a acomodar la maleta ¿Cuál fue mi sorpresa? Había una bolsita de regalo, cuando la abrí, había un hilo negro trasparente de encajes con una nota que decía.

    «Este regalo es un recuerdo de mí para ti, está sudado de todo un día, tiene mi olor natural para que no lo olvides, cada vez que me quieras cerca solo búscalo, llévalo a tu nariz y siente mi aroma a mujer apasionada y deseosa, sé que te gusta, por cierto es el que tenía puesto la segunda vez que me diste la cola para el instituto, otra cosa, te va a faltar en tu equipaje una camisa blanca manga larga y un bóxer del mismo color, te los robe para también sentir que estás a mi lado. Para finalizar esté es mí número, nunca te tomaste la molestia de pedírmelo Y sí quieres de vuelta tu ropa. Sabes lo que tienes que hacer. Adiós»

    Me senté al borde de la cama y pensé «definitivamente debo volver».

    D A.

    Esta historia debe continuar…

  • Vamos a mover esto

    Vamos a mover esto

    Vamos a mover esto, que debajo de la cintura me siento delicioso como un postre, sabroso como un bombón, exquisito como una barra de chocolate, deleitoso como una golosina, azucarado como el almíbar, por ti. Si la parte más privada de mi cuerpo tuviera un nombre, contigo se llamaría “apetito”. Podrías jugar con ella sin un mínimo de dificultad, que está más ansiosa que tú. Briosa como los ánimos de un caballo corredor, tiesa como un tronco, casi tan levantada como una pared de ladrillo, más despierta que un gallo a la mañana y un grillo en la noche, la puedes agarrar con las dos manos si quieres.

    Quiero que la trates con el cariño de esos que no se olvidan nunca, especialmente la zona de la corona y el glande, haciendo tales movimientos con tu lengua que no dejarían con frío a nadie, amor mío. Quiero que hagas gestos como si la estuvieras mordiendo mientras estás codiciando lo que tiene guardado adentro para ti. Quiero que conviertas frases como “no siento nada”, o, “no me pasa nada”, en las mayores mentiras del mundo. “Mira como me pones”, te está queriendo decir mientras la estás meneando con ternura a puño cerrado, tesoro mío. Está más desbocado que la ausencia, el éxodo, el exilio de tu blusa y tu sostén, expatriados a lo que es el suelo. Se mueve sola, y no tiene ningún reparo en hacértelo ver. Lubrícamela con tu agua, que me tienes volando mujer, sostenido la evidencia más desubicada y arrogante de ello. ¡Azúcar, azúcar, azúcar! Dame más azúcar, que ni me fijo si te estás pasando. Haz más almíbar con él –a lo que es, probablemente, el reflejo más verídico de lo que generas en mí–, que la temperatura y los ingredientes ya los tenemos de sobra.

  • Quiero oírte aún más

    Quiero oírte aún más

    Habían pasado ya 4 meses desde que empecé a salir con mi novio, un chico tranquilo, amable, tierno y lindo, siempre esforzándose para hacerse un mejor hombre para mi.

    En los momentos más íntimos que compartíamos en su apartamento, luego de una «tarde de estudio» la mayoría de las veces terminábamos con caricias y besos fogosos que siempre me calentaban, pero era solo eso, besos y caricias que terminaban en abrazos y yo dormida en su pecho, lo cual me frustraba en cierto punto, ya que quería, necesitaba ir aún más lejos.

    —¿Hmm? ¿Adónde vas? —Pregunté al ver que se levantaba de la mesa donde estaban los libros de texto y demás.

    —Voy a la cocina un momento, prepararé algo para comer, tú espérame aquí —Dijo para al final dedicarme una de sus radiantes sonrisas.

    Yo solo asentí mientras él se dirigía a la cocina. Aburrida de los libros, mis pensamientos se dirigieron hacia otros más candentes. Empecé a imaginarme su tacto en mi piel, a él tocando todos los rincones de mi cuerpo, sus labios rozando los míos…

    Cuando me di cuenta, me sentía un poco húmeda ahí abajo.

    Imagine cómo sería su tacto en mi zona húmeda, sus dedos tocando mi clítoris de forma suave y continua, mientras me miraba a los ojos… me preguntaba cuál sería su expresión al tocar mis pechos mientras me masturbaba.

    Pensando en eso, subí un poco mi falda, mis dedos empezaron a tocar por encima de mis bragas, mientras la otra de mis manos se metían debajo de mi camisa y seguidamente debajo de mi brasier, simulando la acción que acababa de imaginar.

    Ahora estaba masturbándome mientras mi novio estaba en la cocina. Pensé que él podría llegar en cualquier momento y encontrarme en ese estado y ese pensamiento solo me calentó aún más.

    Mis movimientos empezaron a hacerse más rápidos y mi respiración empezaba a ser algo irregular. Levanté mi camisa, dejando al aire mi sostén, mostrando mi escote. Quise ser más atrevida y me atreví a soltar un gemido, en parte involuntariamente y en parte para que él me escuchara.

    Metí mi mano derecha por debajo de mis bragas, tocando directamente mis labios.

    —Yoosung… —Solté el nombre de mi novio en un suspiro.

    —Lily… —Me giré rápidamente al origen de la voz, encontrándome con el rostro sonrojado de mi novio

    Rápidamente detuve mi acción y saqué mis manos de debajo de mi ropa.

    —¿C-Cuanto tiempo llevas ahí? —Pregunté mientras sentía mi rostro en llamas.

    —Te escuché gemir mi nombre… —Dijo mientras se acercaba a mi rostro, colocándose en frente de mi, a pocos centímetros de mis labios.

    Nos miramos unos segundos hasta que el empezó a besarme con pasión, tomo mi rostro en su mano izquierda mientras nuestros labios se unían en un caliente y apasionado beso.

    Me recostó del sofá mientras seguía besándome, con él encima de mí. Dejo un rastro de besos desde mi boca hasta mi cuello, donde me lamía, besaba y mordía, dejando pequeñas marcas.

    Yo enredé mis dedos en su cabello mientras jadeaba. Sentí su mano aventurándose dentro de mi camisa, mientras subía lentamente hacia mis pechos.

    Su boca bajo aún más, besando y dejando chupetones en la zona de la clavícula.

    Se separó de mis labios para levantarme la camisa, una vez que me la quitó, levantó mi brasier para empezar a tocar y apretar mis pechos.

    —Hoy estás… Más atrevido de lo usual… —Alcancé a decir.

    Él se acercó a mi oreja y susurró con su voz algo grave —Verte hacer esas cosas… Gemir mi nombre… Eso me prendió mucho —dijo para luego morder mi lóbulo mientras sentí un escalofrío bajar por mi columna.

    Luego de eso acercó su boca a uno de mis pezones y empezó a succionar y lamerlo suavemente, mientras su mano dejaba mi pecho derecho y bajaba hacia mis bragas, empezando a rozar por encima de la tela, haciendo círculos y presión en la zona del clítoris.

    Empecé a subir su sudadera para quitársela, una vez que la tiré en algún lugar de la sala, comencé a pasear mis manos por su pecho.

    Él se separó de mí y desabrochó su pantalón y empezó a bajarlo, yo repetí la misma acción con mi falda. Noté el enorme bulto que tenía entre sus piernas. Me senté sobre él y apoyé mis brazos en sus hombros. Él me tomó de las caderas y empezamos a rozar nuestras partes íntimas por encima de la tela. Movía mis caderas en movimientos lentos y sensuales, con la ayuda de él. Apear de que la tela estuviera de por medio, se sentía tan caliente y delicioso que no podíamos parar. Podía sentir su duro pene caliente, deseoso por quitar mis bragas y sentirme completamente.

    El me empujó y quitó mis bragas. Una vez que estaban fuera, empezó a besar mis muslos, dejando un rastro de besos hasta mi vagina. Suspiró y bajo sus bóxers, mientras acercaba su rostro.

    Primero dio una pequeña lamida, provocando que soltara un gemido. Al ver mi reacción empezó a besar y a lamer toda mi zona, haciendo énfasis en el clítoris, donde se detenía para dar círculo con su lengua y chuparlo.

    —¡Ahh! ¡Hmm! —Gemía de placer al sentir su lengua y labios hacer contacto.

    —¡Hm! —Soltó un gemido el también al escucharme y empezar a masturbarse.

    Cuando sentí que iba a correrme él se alejó y posicionó su polla entre mis labios, para frotarse y lubricarse con mis jugos.

    —¡A-Ahh! —Respiraba entrecortadamente.

    —¡Hmm! ¡Yoosung! —Grité su nombre al sentirlo entrar en mi

    —L-Lily… —Dijo para empezar a besarme mientras empezaba a embestirme.

    Las embestidas eran fuertes y rápidas, podía sentir toda su polla dentro de mí, estimulando mi punto G. Tomó mis caderas y las elevó, haciendo las estocadas aún más profundas.

    —Di mi nombre… Quiero escucharte mientras te follo —demandó con voz ronca y entre gruñidos

    —¡Yoosung! ¡Ah! —decía entra gemidos mientras sentía mi mente ponerse en blanco.

    Me corrí y el siguió embistiéndome hasta que el también sacó su miembro y se corrió sobre mí.

    Desde ese día, ambos descubrimos lo que era el placer del sexo.

  • Naruto: Quedando a mano

    Naruto: Quedando a mano

    Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.

    Este es mi primer fic en este sitio, por lo que espero haberlo hecho bien. Comentarios, críticas y sugerencias son bienvenidas. 

    *************

    El Byakugan es uno de los Doujutsus más poderosos del mundo ninja, le permite al usuario ver la red de chakra de su oponente y grandes distancias, algo que la matriarca Uzumaki hace uso en este momento, viendo algo que la desgarra, cuando quiso sorprender a su esposo en el trabajo, que debe estar cansado de lidiar con la delegación de Kumo.

    Grande fue su sorpresa al ver a su amado esposo con su polla hasta el fondo en una rubia barata de Kumo, el grueso miembro penetrando con dureza el trasero de una kunoichi familiar a la ex Hyuuga. Samui, la peliazul recuerda entumecida por el descubrimiento, gemía como perra en celo mientras su infiel esposo disfrutaba el engañar a su esposa.

    «¡Hokage-sama!» La rubia grito como loca al sentir la corrida del Uzumaki llenar su estrecho ano, mientras este le apretaba las tetas con rudeza.

    Alejando la mirada y aguantando las ganas de llorar, ve como se acerca a ella un hombre de tez oscura, un sombrero con el kanji del trueno dejando claro su identidad.

    “Hinata-san, un placer verla” – Darui, el quinto Raikage saluda a la Matriarca Uzumaki. Notando su triste expresión, el hombre entendió que ella descubrió la infidelidad del Uzumaki.-”veo que ya se dio cuenta.”

    “¿usted sabia?” – Hinata parece que era la única no enterada de la costumbre del rubio de follar a todas las delegadas de las aldeas.

    “lo siento” – el Raikage le dijo por decir, tenia los mismos hábitos que su contraparte del fuego. Pero no tenia esposa a la que serle fiel. El hombre de pronto abrió los ojos y miro fijamente a la kunoichi, viendo esa ropa holgada fallar en tapar esa voluptuosa figura.-“tetas grandes, culo redondo” – el Kumo-nin nota los atributos de la mujer.

    “¿Qué pasa?” –la dolida mujer le pregunta al hombre que le sonríe.

    “porque no le da un poco de su propia medicina a su esposo” – le propone.-“Naruto necesita una lección, ¿no lo crees?”

    Hinata no sabía qué hacer, su esposo la engaña, quien sabe con cuantas mujeres. No conocía muy bien al usuario de Ranton, pero la necesidad de hacer algo la llevo a aceptar escucharlo.

    Nunca se imagino como terminaría la noche

    ********************

    Ya en la tarde, un feliz Uzumaki iba en camino a su casa, su cuerpo cansado luego de lidiar con la delegación de Kumo. Darui desapareció como de costumbre, algo bastante conveniente para el líder de konoha, quedando solo la tetona rubia kunoichi. Intentado evitar una erección, algo difícil al recordar la intensa sesión que tuvo con la bella ninja, el rubio llega a su casa.

    Al entrar, siente escalofríos por una razón desconocida, mientras llega al comedor. Al entrar, nota que sus hijos no se encuentran presentes y que su esposa lo ve con una mirada seria.

    “¿Cómo te fue con esa mujerzuela?” – Naruto se congelo, su esposa sabia de sus pecadillos. Intento explicarle y pedir disculpas, pero Hinata levanta una mano y lo detiene.

    “Estoy muy dolida” la peliazul resistía el perdonarlo de inmediato, al ver la cara del rubio. Debía ser fuerte, si lo perdona Naruto seguirá haciéndolo, debía probar que puede encarar a su marido

    Debía quedar a mano.

    “Tenemos dos opciones”- La mirada de la princesa se endurece, esforzándose por no tartamudear.-“nos separamos” – la puerta de la cocina se abre, un sonriente Darui acercándose.-”o ves como yo te soy infiel, como yo lo hice.”

    “Hinata”- Naruto se quedo quieto, viendo la decidida mirada de su esposa, algo que sorpresivamente lo excito, nunca la había visto tan firme. “si eso es lo que quieres”. Miro de mala manera al Raikage, que sonríe, agradeciendo mentalmente no morir por su descaro.

    “me alegro”.- la mujer, tratando de ocultar sus nervios, se va a su habitación, los dos hombres siguiéndola. Sería la primera vez que tiene relaciones con otra persona que no sea su esposo, pero debía demostrar que tenía su orgullo.

    ******************

    Ya en la habitación, Hinata le señala a su amado rubio que se siente en una silla, mientras se acerca a Darui. Mirando al gran hombre, la menuda mujer se sintio pequeña, y tímidamente se empieza a quitar la ropa.

    El raikage ve con mucha atención como la mujer se empieza a desvestir, sus enormes tetas apenas contenidas por un escote blanco, sus shorts mostrando la curvatura de su trasero. Acercándose, el hombre besa a la mujer, que sorprendida abre su boca, la lengua del Kumo.nin invadiendo su pequeña boca.

    “aahh”- la mujer se siente excitad de la morbosa situación, su marido viéndola ser infiel con un hombre que no conoce, las manos del raikage apretando sus nalgas y su bulto presionando su estomago.-“Darui-san”

    El raikage rompe con facilidad el escote de la princesa Hyuuga, sus redondas tetas desafiando la gravedad, mientras le baja los shorts y las pantis, dejándola desnuda. “que cuerpo ocultabas, Hyuuga”-. Las oscuras manos del hombre la llevan a la cama, la mujer dejándose llevar por la situación.

    Quitándose la ropa, el hombre siente su orgullo irse a las nubes ante la apreciación de la Hyuuga por su enorme polla. Tratando de no mirar al rubio con mirada asesina, el Raikage se acerca a la mujer. Montando el escote de la matriarca Uzumaki, que lo mira con una mezcla de nerviosismo y lujuria que lo endurecen a más no poder,

    “¿porque no aprovechas esas grandes tetas?” – Darui sonríe al ver como la mujer envuelve sus redondos pechos alrededor de su polla, sus ojos blancos mirándolo fijamente, y empieza mover su pelvis hacia delante y atrás, la mujer dándole lamidas a la punta de su grueso palo. La sensación de esas tetas frotando su polla y como esa piel blanca contrastaba con su oscura verga la excitaban más de lo que hubiera estado jamás, tener al hombre más fuerte del mundo mirándolos sin hacer nada era otro bono.

    Preso de la lujuria, el raikage se agarra la cabeza de ama de casa y con toda su fuerza entierra su miembro en su garganta, ignorando las arcadas de la mujer. –“te gusta tener la boquita llena no, ¿Hyuuga?” el kumo-nin siente como la mujer se acostumbra al tratamiento y con timidez chupa su polla, sus ojos cerrados mientras mueve la cabeza. La Hyuuga siente su coño humedecerse al ser tratada así, viendo entre el rabillo de sus ojos a su amado rubio.

    Este tenía una complicada expresión en el rostro, testigo de su esposa teniendo relaciones con otro hombre. Por un lado, se siente culpable de haber comenzado todo esto al engañar a su esposa con tantas mujeres, aunque Hinata solo sabe de Samui, y por otro lado, quiere matar al hijo de puta actualmente follando la pequeña boca de la peliazul, mientras manosea esas tetas que el rubio tanto ama.

    “mierda, mierda” – El rubio agradecía que Kurama este dormido, no quería al zorro molestarlo con los pensamientos que tiene. Mas allá del enojo y culpa, lo que más siente en este momento el Hokage es excitación, viendo a su esposa en un claro estado de excitación, algo que pocas ha visto en la mojigata ex-Hyuuga.

    “aahh”- La bella mujer exclama de alivio cuando Darui se cansa de abusar de su boca, golpeando sus pechos con su gordo pito. – “que grande es” – la kunoichi se ríe cuando el kumo-nin la carga hasta la base de la cama – “veo que alguien está emocionado” – el hombre solo le sonríe mientras levanta sus piernas colocando sus pies sobre sus hombros, el shinobi arrodillándose y frotando so polla en la húmeda vagina de la madura belleza. –“mira Naruto-kun, me va a penetrar otro hombre” – la mujer gime a medida que su amante entierra su polla en su cálido coño, su mirada fija en esposo -”aahh, dios, Darui-san” la mujer siente como el pene se hunde en su interior, sus bolas golpeando sus nalgas.

    “que esta buena tu mujer Naruto”- Darui le dice divertidamente a su homologo, que solo frunce el ceño. El hombre decide enfocarse en la belleza en vez del shinobi en caso de que este se enoje mas y lo mate, algo fácil por lo bien que se siente la puta Hyuuga, viéndose tan pequeña e inofensiva debajo de ‘el. Aumentado la velocidad, se sonríen mientras la joven madre aprieta los brazos de su amante mientras este se mueve con dureza.

    La cama se mueve con los movimientos de la pareja, ante la atenta mirada de Naruto, que lentamente se masajea su duro bulto sobre el pantalón, abrumado por la situación. La Hyuuga grita cuando el hombre, sin salir de su concha, se apoya en sus pies inclinado, presionándola contra la cama.-“mmmmm” – los gemidos de la mujer se ven silenciados por los labios del shinobi, que aumenta el ritmo de sus embestida, su pelvis casi pareciendo un borrón, su oscuro pene entrando y saliendo de la pálida mujer.

    El rubio se quita el pantalón y empieza a masturbarse al ver a su esposa en tan candente posición, su rosado ano a su vista mientras su concha es castigada por el otro kage. –“nunca le he follado el culo”- el rubio piensa con diversión, dominado por la excitación.

    Hinata mía a su esposo con lujuria, fuera de sí. La peliazul golpea suavemente los brazos del kumo-nin, que la mira fastidiado.-“creo que ya aprendió su lección Darui-san” – los amantes se separan y la bella mujer se arrodilla en la cama, el rubio uniéndoseles, poniéndose al lado del hombre mayor. Todos estaban en silencio, los kages viéndose serios, y la tetona mujer en sus rodillas, fascinada viendo dos gordas vergas frente a ella.

    “Naruto-kun” –la mujer se dirige a su esposo, que la mira tranquilo. Las suaves manos de la matriarca Uzumaki masajeando los huevos de los fuertes guerreros.-“con esto quedamos a mano, ¿no?” – al ver que el rubio le asentía, la mujer felizmente engulle hasta la base el miembro de su marido, su mano derecha masturbando a su amante, para luego cambiar al otro kage, su mano izquierda dándole placer al rubio. Así siguió la kunoichi por un buen rato, chupando y masturbando ambos miembros, sus tetas manoseadas y abofeteados por los excitados hombres, que perdían el antagonismo hacia el otro, por ahora.

    “aahh”.- la mujer suspira contenta, masturbando a ambos hombres antes de juntar sus puntas y metiéndolos en su boca, su lengua lamiendo las puntas de sus grandes pollas.

    La mujer chilla de la sorpresa al sentir a su marido empujarla a la cama, girándole y pegando su pecho a su pálida espalda, enterrando su polla en la sensitiva vagina de su esposa.-“no seas tan bruto” – la mujer se queja a medias, disfrutando de la sensación, viendo a Darui colocarse frente a ella, la bella mujer abre su boca para satisfacer al kumo-nin, que disfruta de una fenomenal mamada. Así se mantuvieron por un buen rato, el rubio nalgueando a su hermosa mujer que esta abrumada por estar en medio de dos viriles hombres.

    “¿Naruto-kun?” la peliazul le pregunta confundida a su marido, que saco de improviso su polla de la feminidad de la mujer. Hinata abre sus ojos al sentir la punta del miembro de su esposo lentamente entrando en su virginal ano.-“ahí no cariño” – la mujer objeta-“no estoy preparad—”- la mujer no puede seguir hablando cuando la sombre del trueno vuelve a follas su boca, sus gritos solo aumentando cuando el rubio empieza a hundir su pene en el apretado ano de la ex-Hyuuga.

    La pareja se queja de la nueva situación, pero el hokage rápidamente se pone cómodo y empieza a embestir el culo de su dama, que se siente como una puta en esta situación, siendo follada en su más estrecho agujero y teniendo relaciones con alguien más que su querido esposo.-”¿Te gusta por el culo Hinata?” – Naruto la nalguea, agarrándola del pelo para que lo mire, la mirada perdida de la mujer excitándolo.-”dime te gusta que te rompa tu ano”- el rubio quita su pene del trasero de Hinata, para pegarlo a sus nalgas

    “¡¡no!!” – la mujer se queja –“no me gusta…” – la mujer chilla cuando el konoha-nin introduce la punta en su ano. Darui se queda quieto mirándolos, esperando que el Jinchuriki convenza a la mujer.

    “¿segura?” – el divertido rubio sigue jugando, mientras metía dos dedos en el húmedo coño de su mujer, que muerde los labios.-“bueno, no importa” – de improviso, el rubio vuelve a penetrar el más estrecho agujero de la Uzumaki.

    “¡rómpeme el culo!” – los tres se sorprenden por el vulgar grito de la mujer, pero su marido obedece y embiste rápidamente en el agujero de la mujer, asintiendo a su compañero ninja, que solo sonríe. La mujer solo ve como su amante se recuesta en la cama, su pene erguido como si fuera una bandera.

    “ven aquí, Hyuuga” El kage señala su pelvis, a lo que la peliazul besa a su marido antes de moverse encima de Darui, su grueso pene entre sus nalgas.

    “quieres probar mi culito ¿Darui-san?” – la serena voz de la Hyuuga contrastaba con sus sucias palabras, mientras movía sus caderas sobre sus amante. El Kumo-nin solo le sonríe y separa sus nalgas. “adelante” – la Hyuuga agarra la polla con una mano y lentamente lo hunde en su ano, empezando a cabalgarlo con rapidez. “Naruto-kun, usa mi boquita” la Hyuuga no olvido a su esposo, que aprovecha la invitación para follar su boca, agarrando su cabeza para un mayor agarre.

    “que culo tienes Hyuuga” – Darui la sujeta de las nalgas mientras la mueve de arriba abajo.- “quien diría que fueras toda una puta”- la Uzumaki lo abofetea por el comentario, sin dejar de cabalgarlo o chupar a Naruto.-“no te gustan esos comentarios”- lejos de ofenderse, el Kumo-nin aumenta la fuerza de sus embestidas.

    “no tan fuerte idiota” – la mujer deja de mamar a Naruto para quejarse, abofeteándolo varias veces, a lo que el usuario Ranton solo sonríe descaradamente.

    “Hokage”- Darui le dice al Hokage, dejando de embestir en la mujer.

    “¿Qué cosa?” – el rubio estaba siendo masturbado por las hábiles mano de su mujer.

    “¿porque no la follamos juntos?”

    “¿que tienen pensado? – La Hyuuga se siente consternada ante el intercambio de palabras, chillando cuando su marido la levanta y la lleva al suelo, ambos de pie y Hinata dándole la espalda a su marido, que se presiona contra ella. La pareja se mira a los ojos mientras Naruto frota el clítoris de la mujer, provocándole leves gemidos.

    “esto te va a encantar Hyuuga” – el Kumo-nin se acerca a ellas y la agarras de las nalgas, levantándola e introduciendo de golpe su verga en la concha de ella. La mujer sol chilla y envuelve sus piernas en la cintura de su amante, mientras este la mueve un poco, ambos felices de las sensaciones, hasta que Naruto se acerca a ellos.

    “¿Qué hace Naruto-kun?” – La Hyuuga emite un grito de sorpresa cuando siente al rubio meter su gorda verga en su culo.-“dos al mismo…tiempo” – La Hyuuga solo podía sentirse abrumada entre los dos hombres, sus agujeros recibiendo los dos falos.

    La rubia arque un poco la espalda, dándole espacio al rubio para jugar con sus tetas, que hace con entusiasmo, manoseando su par de melones con dureza. Rebotando sobre los dos miembros, la peliazul besa a su amante, sus lenguas chocando mientras se retuerce del placer de la doble penetración.

    “Hey Naruto, cambiemos” – el Raikage le dice al rubio, queriendo probar de nuevo el trasero de la Hyuuga.

    “no” – el Hokage responde, feliz de seguir donde estaba,

    “aahh”- la matriarca Uzumaki chilla cuando ambos se vuelven más brusco, molestos con el otro.-“cálmense chicos” – apoyando sus brazos en las hombros de los hombre, la kunoichi gime de placer y dolor. Rodando los ojos al ver a sus hombres mirarse de mala manera, la mujer se pregunta cuál es la fascinación con su trasero, agarra sus cabezas y las lleva a sus tetas, la madura belleza gime con satisfacción cuando empieza a chupar sus rosados pezones.-“¿Por qué no pueden compartir?”

    “muy buena idea” – Darui le responde a la Hyuuga, saliendo de su coño, mientras le señala la cama al kage rubio. Antes de que la kunoichi pueda parpadear, se encontraba recostada en la cama, los líderes de la Hoja y la Nube mirándola con lujuria, masturbando sus viriles miembros.

    “hay algo muy popular en Kumo, cuando a las putas les gusta por el culo”- el Hombre de tez oscura le dice al Jinchuriki, que arquea una ceja. –“¿porque crees que Samui es tan buena?”.- el hombre del Rayo le recuerda al rubio la razón por la que tiene que compartir a su esposa.

    “golpe bajo idiota” – el rubio le responde fastidiado, pero igualmente curioso por lo que el Kumo-nin tiene planeado. Siguiendo al Raikage, ambos se colocan pegados al otro, sus duros penes tocando el ano de la Hyuuga.-“bueno, siempre hay una primera vez”.

    “Oigan que hacen” -la kunoichi les pregunta nerviosa, viendo como los kages se inclinaban y lentamente introducían, al mismo tiempo, sus gruesa pollas en su apretado ano.-“¡¡oh por Dios!!”.- la mujer chilla de la sorpresa, los hombres gruñendo por el esfuerzo de penetrar es estrecho agujero, centímetro a centímetro de verga blanca y negra inundando su ser.-“¡me van a romper! ¡Sáquenlos por favor!”, Apretando con fuerza las sabanas de la cama, la mujer les ruega que dejen de abusar de su culito.

    “tranquila Hyuuga, te acostumbraras”. Darui le dice, encontrando un ritmo con el rubio, uno embistiendo y el otro saliendo, en un vaivén de caderas que dejan a la tetona Hyuuga sin palabras, su mirada perdida y su coño chorreando jugos por la morbosa escena.

    “No está mal”. El Hokage admite, coordinando sus embestidas con el hombre mayor, la posición haciéndole difícil enterrar su polla en el culo de su esposa, sus dedos apretando el clítoris de la ninja del equipo 8, sacándole un grito. Pero el hombre más fuerte del mundo quería más. Subiendo a la cama, el hombre del equipo Kakashi agarra de forma brusca a su esposa, alejándola del Kumo-nin, que se queja.

    “No seas tan brusco, Naruto-kun”- la mujer le dice juguetonamente al rubio, su voluptuoso cuerpo empapado en sudor y fluidos vaginales, sus agujeros sensibles luego de ser follada por dos enormes pollas, La mujer se desconcierta al no recibir respuesta, jadeando cuando su esposo la sube encima de él, la mujer cayendo de espaldas sobre el Hokage, que con una mano acomoda su pene en su abusado culito.

    “¡¡ohhh!!” – la belleza Uzumaki chilla ante la repentina penetración, la polla hundiéndose en su trasero, su cuerpo perdiendo toda su fuerza. El Rubio agarrando sus piernas con el brazo izquierdo.

    “¿Te gusto engañarme?” – el rubio nalguea con furia a su esposa, su blanca piel enrojeciéndose ante los fuertes golpes, mientras su pelvis se mueve con una increíble rapidez.

    “no, yo no…” – la mujer intenta replicarle, abrumada por la dura follada, su cuerpo siendo tratado como una muñeca de trapo.-”yo solo quería…”

    “No importa lo que querías” – el rubio no se detiene.-“después de esto no vas a poder caminar”- la mujer nunca había visto a su marido así, tan agresivo. La Hyuuga siente su cuerpo calentarse ante el trato, ese lado pareciéndole sumamente atractivo.

    “bien dicho”- Darui se les acerca, no queriendo ser dejado de lado por la pareja, quitando el brazo del Hokage para abrir las piernas de la matriarca Uzumaki. -”pero acá somos tres”. Rápidamente introduce su pene en el ya lleno culo de la kunoichi, ambos hombres ignorando sus miembros frotándose con el otro, enfocados en no correrse ante la estrechez del ano de la princesa Hyuuga.

    “no de nuevo…” – la ninja de konoha se queja del dolor, dos pollas embistiendo con facilidad su ano, sus pelvis chocando con sus muslos. La habitación de lleno de sonidos de piel chocando, ambos hombres adorando los gemidos que la de ojos perla mientras era balanceada sobre dos pollas.

    “tienes a la mujer perfecta, Naruto” – Darui ve con fascinación los melones de la ninja rebotar en todas direcciones, su concha chorreando sus jugos sobre las pelvis de los hombres, sus miembros entrando y saliendo del redondo culo de la ama de casa.-“pero mira esa carita”- abofeteando la cara de la mujer, sonríe con suficiencia ante la mirada de lujuria de la mujer

    “me alegro que pienses así”- el rubio responde sarcástico al hombre que esta follando a su esposa, apretando sus tetas con ambas manos. La mujer empieza a menear sus caderas, tratando de llevarlos al orgasmo, ya agotada de la intensa sesión.

    “ohh mierda”- Ambos hombres están perdiendo el control, sus movimientos erráticos, los tres presos de la lujuria. La mujer se sorprende al sentir a sus amantes salir de su abusado culo, poniéndola de rodillas.

    “ara ara” – la mujer se ríe cuando los hombres se colocan detrás de ella, colocando sus penes debajo de sus axilas, las puntas tocando sus blancos pechos.-“que chicos tan traviesos” -juntando sus brazos, la Hyuuga siente las gordas vergas moverse frenéticamente, los kages perdiendo el aliento a medida que llegan a su límite. Corriéndose casi al unisonó, los hombres liberan una enorme cantidad de semen, pintando las grandes tetas de Hinata con su leche.

    “me dejaron toda sucia” – la kunoichi lame la leche en sus pechos, su mirada aperlada en los jadeantes hombres, que caen en la cama, sus miembros ablandeciéndose. Los hombres ríen, chocando puños, el rubio demasiado satisfecho y agotado para sentir rabia. La mujer se alegra de ver a su marido feliz, su intención nunca fue hacerlo sentir mal, solo quería que reciba de su propia medicina. Gateando, la mujer se acerca a los exhaustos hombres, agarrando un miembro en cada mano.

    “que puta te salió la mujer Naruto” – suaves manos masturbaban los semi-duros miembros

    “como las de Kumo” – el Hokage coloca sus brazos detrás de su cabeza y disfruta de la paja

    “espero que tengan mas energías” – Hinata estaba determinada a seguir con la noche –“aun nos falta mucho para quedar a mano, Naruto-kun”

    “puede ser” – al rubio le cae una gota de sudor por el rostro, nervioso por la declaración. Si Su hermosa esposa quisiera quedar a mano, seria mal para él, que se acostó con todo lo que tenía vagina.

    Aun así, el imaginar a su dulce esposa con otros hombres, todos dedicados a follar a la hermosa mujer, lo excitaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

  • Trabajando al trabajador

    Trabajando al trabajador

    Mi nombre es Sofi y para quién no me ha leído me describo, soy una chica de 26 años tez blanca, acuerpada de grandes caderas.

    Todo empezó la mañana de un sábado de descanso en que mi esposo me despertó para avisarme que había llegado un trabajador para hacer el mantenimiento del aire lavado, él se tendría que ir a trabajar y me pedía estar pendiente de cualquier cosa, sin embargo yo estaba muy somnolienta y me quedé dormida nuevamente…

    Yo duermo con un blusón y sin ropa interior para dormir más cómodamente…

    Sin embargo entre tanto ruido me entre desperté y sentía una mirada, mi habitación se encuentra en el segundo piso y al no contar aún con el aire en función duermo con la ventana abierta y mi blusón se encontraba ya a media cintura y sentía un mirada, recordé que mi esposo me comentó que estarían trabajando en el aire lavado y al ver el reflejo en el espejo de mi tocador me di cuenta de que la escalera estaba justo sobre la ventana, quién estuviera trabajando tenía un amplio panorama de mi gran trasero al descubierto, en principio me tape, sin embargo el morbo me ganó y decidí ponerme un poco más de modo para quién subiera pudiera verme, sin perder visibilidad del espejo para darme cuenta cuando lo hicieran…

    Era un señor de entre 40/50 años fornido y de buen ver, quién dio más de 10 vueltas innecesarias sólo para contemplar mi desnudez, sonó mi teléfono y era mi esposo, quién me indicaba que el señor que trabajaba necesitaba que corroborara su trabajo, por lo cual me levanté rápidamente, pero sin ponerme bra y tanga decidí bajar con el puro blusón, ya que sabía entonces que solo era él quien se encontraba en mi casa decidí divertirme un ratico…

    Al principio se notó un poco tímido pues no sabía que yo ya había visto que me espiaba mientras dormía, así que decidí actuar con naturalidad para no verme tan obvia.

    Me pidió hacer las pruebas básicas de encendido / apagado del aire lavado, sin embargo me mencionó había un problema y tendría que cambiar algunas partes y para corroborar me pedía subir a revisar que es lo que fallaba, yo accedí, pues suponía las intenciones que tenía.

    Le mencioné mi pánico a las alturas por lo que me sugirió subir delante de él, comencé poco a poco a subir y mi vestido holgaba delante de él dándole total visión de mi entrepierna sin ropa interior, por estar de morbosa tuve un descuido y se me dobló mi tobillo, dándome algo de dolor, por lo cual decidí no seguir subiendo y bajar lo poco que ya había avanzado, El entre lo asustado decidió tomarme en sus brazos y llevarme al sofá de la sala, para poder recostarme y revisar mi tobillo.

    Pensé que por el acto de la lesión se le había pasado la calentura, sin embargo se ofreció a revisar mi pie para ver qué nada hubiera pasado, yo accedí pues yo aún tenía morbo…

    Comenzó a tocar lentamente mi tobillo y mi pie, dando ligeros masajes y rotación a mí tobillo, me pareció un gesto de amabilidad hasta que recordé que no llevaba ropa interior y desde su ángulo podía verme hasta las anginas… Decidí facilitarle y le comenté que si me podía sobar un poco más arriba, ya que el dolor se había extendido por la pierna… El sin dudar comenzó a masajear suavemente mi pierna hasta llegar por encima de la rodilla, mi pie ya reposaba en su entrepierna y sentía su gran bulto que pedía a gritos salir de ese pantalón, fingía dolor y movía mi pie con la intención de provocarlo aún más, decidí pedirle de favor si me podía ayudar a subir a la habitación para poder recostarme y reposar el dolor, el accedió rápidamente y me ayudó.

    Al llegar a mi habitación me recosté en la cama sin importarme que mi blusón estaba casi al borde de mis nalgas, le pedí me pasará una pomada que tenía en mi armario con la intención de que al abrirlo viera mi colección de juguetes sexuales, al abrirlo, solo murmuró y me pasó el ungüento, comenzó a frotar mi pierna y mis pies dándome un masaje tan lento y rico a la vez, que yo sólo me limitaba a lanzar gemidos, ya me encontraba demasiado mojada y creo que él ya lo había notado, pues cada vez le metía más intensidad al masaje…

    Estire mi brazo al costado de mi cuerpo y por accidente toque su entrepierna con su pene duro gritando salir a pasear, fingí demencia y dejé mi mano postrada en él, al paso del masaje entre gemidos y movimientos aprovechaba para ejercer presión en su pene para sentir lo duro que se encontraba por mí, me preguntó que si para justificar el accidente podría darme un masaje en mi espalda a lo cual yo accedí felizmente, ya que mi esposo por mucho que le pido no me da masajes…

    Me quité el blusón argumentando que así sería más cómodo y el sorprendido asintió solo con la cabeza.

    Me puse boca bajo y comenzó a masajear desde mi espalda hasta mis nalgas agarrándolas y separándolas con fuerza, en alguna ocasión sentía como rozaba mi vagina con sus dedos pero muy poco por lo cual no dije nada, era más que obvio que ya se había dado cuenta de lo tan mojada que me tenía, yo al estar viendo con los ojos entre abiertos al espejo, noté que sacó de su pantalón un gordo y grande pene mientras con discreción lo jalaba al tiempo que me masajeaba, se sentó sobre mis nalgas para ejercer más presión y yo sentía la piel de sus genitales y el vaivén de su masturbación, yo me encontraba a tope, por lo que sólo me decidí a mover mi cintura y sacar un poco más mi culo para que tuviera mayor visión de él, nunca esperaba que él aprovechará para dirigir su pene hacia mi vagina y clavarlo con tanta excitación, yo gemí de dolor, sin embargo era un dolor rico y me decidí a subir y bajar mi cadera para que entrara y saliera sin problema…

    Sin mediar palabra me volteó y me comenzó a besar con lengua tan salvajemente que me corrí con él dentro, me jaloneaba mis grandes tetas mientras me embestía con su enorme pene, en ese entonces yo ya me encontraba en completo clímax y ya no me importaba nada, gemía como loca y dejaba que me penetrara como él quisiera, me comenzó a decir «Eres toda una puta» y yo le decía “SI, SOY TÚ PUTA”, mientras me cogía, repentinamente se sacó y me llenó de leche toda la entrada de mi vagina mientras gemía de placer, me sonó el teléfono y era mi esposo que se encontraba casi por llegar a la casa y rápidamente me limpié con un dedo y metí su leche en mi boca mientras él se subía su pantalón y bajaba rápidamente, llegó mi esposo y lo recibí con un beso en la boca y él nunca se percató de lo acontecido.

    Desde entonces mi aire lavado falla siempre que mi esposo sale a trabajar y por ello me tiene que visitar el técnico encargado de ello, cosa que les platicaré en otra ocasión.

  • Una ventana al amor

    Una ventana al amor

    Hola amigos. Ya más repuestita de tantas pérdidas y con este encierro y sin trabajo, ya se imaginaran ustedes lo duro que es para una mujer transexual mayor lo que esto significa. Bueno pues de mi baúl de los recuerdos les traigo este relato de hace ya mucho tiempo cuando era bonita y ponía a los que se creían muy machos de cabeza.

    Resulta que allá por los lejanos años 70s en mi barrio había un guapo herrero muy varonil, musculoso y con una cara hermosa rubio y de ojos verdes hermosos, que tenía varias chicas sufriendo por su amor, él jugaba con todas ellas y como nos conocimos desde pequeños medio me aceptaba como vecino y no me juzgaba, solo se burlaba un poco enfrente de sus clientes y amiguetes mientras bebían cerveza tras cerveza.

    Yo fantaseaba que él me tomaba e como a las demás chicas ahí en su taller entre hierros y con olor a soldadura de arco. Pero, él juraba que era muy macho y no le hacía a los culos de putos. En mi casa necesitábamos arreglar algunos desperfectos en las ventanas pues la casa era (y es) muy vieja.

    Papá lo contrató para cambiar la ventana de la sala por lo que trabajó como 3 días en ella, luego llegó para ponerla en su lugar, me hallaba solo yo y él, -Pasa le dije, entró cargando la ventana y aproveché para bañarme, salí secándome el cabello que era bastante largo y negro y me vestí con una falda naranja y una blusita blanca de tirantitos, me calcé unos viejos tenis y fui a mirar cómo ponía la ventana cepillándome el cabello y con los labios rojos, rímel y los ojos bien delineados.

    Ocasionalmente me miraba y hablábamos de sus conquistas, le preguntaba por tal o cual muchacha del barrio y cual se le había resistido más, así él chorreando sudor instaló como en hora y media la dichosa ventana. Le llevé una cerveza helada para que se refrescara un poco y le pregunté por qué me trataba mal enfrente de sus amigones.

    -Es que soy muy macho y me chocan los mujercitos.

    -Pero si nos conocemos de toda la vida ¿A poco no desde chiquita he sido nena?

    -Igual pero, no quiero quedar mal frente a los cuates.

    Le dije:

    -Si supieras que algunos de tus amigos me han pedido las nalgas.

    -¿A ver quién? -preguntó.

    -Pues Chalo, Richi y Miguel. ¿A poco? Pregúntales.

    -¿Y ya te cogiste a un puto de esos?

    -No ¿Por…?? Son habladores -De repente le dije:- ¿A poco crees que te vas a salar si te mamo la verga?

    -¡Claro!

    -Se me hace que lo tienes chiquito por eso te das tu paquete.

    -Nel… el mío es grande y gordo.

    -¡Enséñamelo!

    Se bajó un poco los pantalones y se sacó una verga hermosa a medio parar.

    -Ya ves como si te caliento.

    -Pinche Julieta la neta estás buena pero a quien me quiero coger es a tu hermana la Lora, pero ella se cree mucha cosa.

    Se estaba ajustando el cinturón y me le acerqué tocándole el pene encima del pantalón

    -Mhhh que rico lo tienes… se le puso tieso y supe que era mío ya.

    Empezó a gemir y le desabroché el cinturón y le bajé el cierre, metí mi mano y le acaricié la verga, respondió rápidamente y me haló hacia él agarrándome las nalgas. Lo besé en la boca y respondió como hombre con una mujer. Nos sentamos en un viejo sofá que estaba en el patio y que esperábamos tirar pronto. Me giró y me puso en cuatro, alzó mi faldita y me metió sendo dedote en el culo lubricado solo por su saliva, bueno en realidad me unté bastante vaselina antes por si se me hacía y… se me hizo, esa verga hermosa me fue entrando llevándonos al paraíso, se vino en mí rápidamente, no duró ni 3 minutos.

    -Ahhh, rico, rico. Oye de esto ni una palabra eh o te madreo.

    -Para que voy a contar algo tan hermoso entre tu yo.

    -De verás tienes culo de mujer pinche Julieta y te lo tragas mejor que muchas que me he culeado.

    -¿Te gusto mi Rey? ¿Neta?

    -¡Pues si, la verdad!

    Me lo follé otras veces… No tantas como yo quise pero, era un bello ejemplar masculino. Después se fue a trabajar a México City y no lo volví a ver hasta hace como dos años cuando enviudó y regreso acá. Solo que muy deteriorado por la vida de cabrón que siempre llevó. Me contó que estuvo en la cárcel una temporadita por hacerle al hurto a una casa ricachona a la que entró sin permiso.

    Ah, por cierto él me hacía venirme sin que yo me tuviera que tocar, además le encantaban mis tetitas y las mamaba como ninguno.

  • El suplicio en el tonel

    El suplicio en el tonel

    En la fuente de su suplicio sólo había oscuridad. Estaba inmerso en una total negrura mientras la textura líquida invisible, pero apreciablemente fría, lo rodeaba desde el pecho hasta la cabeza, invertido como estaba. Después, la oscuridad externa se fue haciendo interna, porque, aunque sus ojos no veían nada, fue como si la oscuridad se fuera haciendo tan densa que empezó a sentir sueño, pesadez, hasta que finalmente dejó de patalear.

    Entonces, cuando dejó de sacudirse, lo levantaron.

    Colgaba de los tobillos sobre el tonel lleno de agua, negra ante la poca luz, donde lo sumergían, hasta el pecho, para sofocarlo hasta que perdía la consciencia.

    Cuando retornó la lucidez sintió el aire frío que se colaba por la ventana, a esas horas de la madrugada, acariciándole bruscamente, como garras gélidas, el tembloroso cuerpo desnudo. No fue del todo agradable recuperar la consciencia ante las expectativas del sufrimiento. Prefería que un infarto hubiera acabado con su vida mientras estaba desmayado.

    Sin embargo, como una contradictoria paradoja, Mike sintió con satisfacción el confortable aire ingresando agradablemente en sus pulmones lastimados. Cada suculenta bocanada le devolvía literalmente una porción de vida. Casi podía sentir el sabor del aire, como nunca antes lo había sentido. Nunca antes había disfrutado de cada sorbo de aquel gas precioso como ahora. Pero el alivio duró poco, porque, tras permitirle respirar unos segundos, volvieron a sumergirlo en la negrura líquida.

    No podía hacer otra cosa que apretar los ojos, encoger los brazos, que tenía esposados detrás de la espalda, frotarse las piernas y curvar los dedos de los pies mientras se asfixiaba. No había experimentado antes una desesperación semejante. Ahogarse dolía como pocas cosas en la vida. Con cada aspiración involuntaria el agua ingresaba bruscamente por sus vías respiratorias anegando sus pulmones hasta que, de nuevo, se desmayaba.

    Ya llevaban haciéndole aquello un rato.

    Cuando ya no podía soportar más inmersiones, sin que sufriera un infarto, se quedó suspendido de cabeza como lo tenían y entonces vio al torturador más despiadado sonreírle malignamente mientras sujetaba un par de cables con pinzas que le pondría en los pezones, el pene o los testículos para administrarle descargas eléctricas. Chispas azules iluminaban tenuemente la oscura sala mientras, al acercarse, el torturador frotaba los espeluznantes electrodos que en pocos segundos estarían tocándole la piel.

    No era más que un estudiante de 22 años que protestaba en una marcha. Era inaudito el salvajismo ante semejante ofensa.

    Su cuerpo ya no era suyo. Estaba a disposición de sus verdugos. No era más que un prisionero en una sala de torturas. Podían hacerle lo que quisieran. Nadie vendría a socorrerlo. Los gritos angustiosos de decenas de torturados en las celdas a su alrededor le confirmaban que estaba solo, perdido y sin esperanza, a merced de aquellos monstruos.

  • Imelda: La runner del trabajo (II)

    Imelda: La runner del trabajo (II)

    Nunca pensé que Imelda accedería a invitarme a dormir a mi cama. 

    La fiesta y el cansancio eran grandes, para ni fue buena idea dormir juntos.

    Ella ya estaba muy alcoholizada y necesitaba dormir.

    Yo solo me limité a rodearla con mi brazo. Precio a esto me puse mi pijama.

    Pasaron un par de horas cuando mi reloj biológico despertó.

    Cómo todos los días amanecí duro como roca.

    Era muy notoria mi erección y me di cuenta como ella acomodó sus nalgas cuál tetris buscando acomodo.

    Pude sentir perfectamente como entraba mi pene en ese espacio.

    Mi corazón y mi respiración se agitaron.

    Lentamente metí mi mano entre su blusa blanca de seda.

    Eliminé el brasier y empecé a masajear esos pechos muy redonditos y bien parados, nada grandes, pero tampoco eran unos limones.

    Sus pezones empezaron a erectarse, pude percibir su respiración.

    Comencé a mover mi mano por todo su cuerpo hasta llegar a las rodillas.

    Ahí comencé a subir nuevamente para empezar a jugar con sus muslos,

    Empecé con un masaje leve y comencé a subir la intensidad, no tocaba su vagina, solo era un roce muy leve.

    Pude sentir como palpitaban sus labios vaginales y como su respiración empezaba a descontrolarse.

    Entonces las yemas de mis tres dedos se posaron sobre su calzón a la altura de su vagina y empecé a moverlo, que rico como sentir ese palpitar.

    Fueron varios los minutos de masaje, hasta que percibí cómo mis dedos se humedecían y ella dio un gran suspiro.

    Su tanga era color perla de seda con encajes negros, la cual hacia juego con el brasier. Sin duda un conjunto digno de una madura. Pero una madura sexi y elegante.

    Tomé su minifalda, la subí hasta la cintura y ella ligeramente me ayudó a abrir las piernas. Tan solo con tratar de mover a un lado la tanga. Puedo ver cómo arqueo su espalda.

    Imelda estaba muy sensible, pero ella al parecer seguía dormida.

    Mientras esto pasaba, yo ya no podía contener mi erección. Solo bajé mi pantalón de pijama y me puse sobre ella. Tomé mi pene y con la cabecita comencé a jugar con su clítoris. Pasaba mi glande por su clítoris, se besaban con cariño, se acariciaban mutuamente.

    Junte lo más que pude mis rodillas y yo me abracé con sus piernas en mi cintura y la penetré muy dulcemente, mientras entraba, engordaba mi pene para abrir sus labios.

    Tan solo de sentir que entró todo mi pene ella abrió los ojos y solo me dijo:

    Ime: «Me prometiste que no pasaría nada»

    León: «no haré nada que no quieras»

    Irme: «tiene mucho que no lo hago»

    León: terminé de entrar -y me fui a su oído y le dije- «sé lo afortunado que soy de que estés hoy conmigo».

    Y comencé a besarla, mientras mi pelvis comenzaba a moverse, siempre fueron movimientos a su ritmo, yo quería que ella fuera quien llevara la batuta.

    Pero ella me dejó a mi hacer uso de su cuerpo, yo le decía que ella tenía las mejores piernas de la oficina. Que había sido un tonto al notarlo apenas.

    Solo me dijo: “soy la mejor corredora, y estás piernas son las mejores que encontrarás”.

    Me incliné y puse sus piernas en mi hombro mientras las besaba y mordía esos muslos, mi movimiento aumentó y sus gemidos se hicieron demasiado intensos.

    Tenía que taparle la boca por qué los gemidos eran altos.

    Estoy seguro que tuvo su primer orgasmo. Fuerte y largo, pero me pidió que no parara. Mis fluidos y sus fluidos se hicieron uno solo.

    Le dije que si alguna vez lo había hecho por el culo. Solo movió la cabeza que no.

    Le dije que si quería intentar, solo me dijo: «Soy tuya». Entonces la penetré por la cola con tanto fluido fue tan sencillo.

    La puse de lado y aumenté el ritmo de mis envestidas. Ella se volvió loca y gemía de placer y no sé si de dolor. Pero me pedía que no parara, para mí fue súper excitante ver cómo su blusa de seda y minifalda quedaron arremangadas en su cintura, cómo ese calzón dejaba lucir sus piernas bronceadas.

    Fue cuando ella se incorporó y me pidió que la pusiera de perrito. Así lo hice y volví a meterle mi duro y grueso pene por la vagina.

    Y noté como ella ya tomó el control del ritmo. Y como entraba y salía su hermoso cuerpo de mi. Ella solo gritaba que “así así así”. Dejó caer por completa su espalda y yo comencé a moverme.

    Éramos dos locos buscando su placer y ahí fue cuando el grito y sus movimientos se detuvieron, me apretó la verga y me dijo que parara, yo no pude hacerlo y seguí embistiendo cuál toro. Ya estaba yo descontrolado y no paré, ella seguía retorciéndose y yo solo podía nalguearla. Fueron varias y de ambas nalgas que se le pusieron muy rojas y coloradas.

    Ella seguía retorcida cuál lombriz, me pidió que me saliera y la llené de semen. Toda su espalda y espina dorsal quedaron manchadas, sus ropas llenas de jugos de hombre.

    Su ano y vagina estaban tan expuestos, tan rojos.

    Y solo pude abrazarla

    Ella me repetía que le jure que no pasaría nada, que no pasaría nada.

    Yo solo jadeaba y le repetía que me encantaba…

    Así fue como comenzó mi amistad con Ime, después de este encuentro, me invitaba como pareja a eventos.

    Nunca me pido formalidad, ni nada… El secreto de las piernas jamás lo compartí, era mío y nada más.

    Fin.

  • Todo pasó gracias a una avería en el auto

    Todo pasó gracias a una avería en el auto

    Me llamo Nicolás y estoy felizmente casado con mi mujer, Verónica, tenemos cuarenta años y vivimos en Buenos Aires. Nuestra vida sexual después de 18 años de casados es un poco monótona, limitándonos a lo clásico, alternado con películas porno, Vero es una mujer clásica en cuanto al sexo, si no la provocas se puede tirar semanas o meses sin él, además es conservadora a la hora de coger y no admite, ni por lo más remoto me ha dejado practicar sexo anal. La sola idea de hacerlo nos hace discutir, por lo que proponerle una orgía o cambio de parejas me parecía impensable, siempre me cortaba con un ¡¡¡Andate a la mierda!!! o ¡¡¡Sos un degenerado!!! eso acabaría con nuestro matrimonio, o sea que lo tenía claro con Vero.

    Esta historia sucedió en el feriado de semana santa del 2019, cuando aprovechamos los feriados y decidimos hacer una escapada hacia la provincia de Neuquén para descansar unos días, ya que trabajamos los dos y nos venía bien a ambos.

    Así que, llegado el miércoles, por la noche luego de regresar del trabajo, arrancamos nuestro viaje. Circulábamos por la autopista, serían las diez o diez y cuarto de la noche, llovía a cantaros e iba despacio, sin prisas, a lo lejos vi unas luces destellantes, algún accidente le comenté a Vero y reduje la velocidad por si acaso. A unos diez metros había un coche parado y vimos a un hombre haciendo señas para que parásemos -paré con reservas, no me gusta recoger a nadie, por miedo a los asaltos- pero me paré delante del coche, un hombre joven de unos 30 años, nos dio las gracias y nos dijo que había pinchado una rueda y la de auxilio también estaba sin aire, su mujer estaba dentro del coche por la lluvia.

    Me bajé y pude ver efectivamente que el tipo no mentía en lo de las ruedas, era más bien atractivo de cara, simpático y muy educado, a Vero le agradó mucho y a mí también. Hablamos con su mujer se llamaba Natalia y él Pedro, y nos ofrecimos a ayudarles. Nos enseñaron los DNI y la documentación del auto -por cierto un BMW de ensueño- aunque yo les dije que no hacía falta que se identificaran que les íbamos a ayudar, pero insistieron para que no dudásemos de su palabra. Lo comprobamos para que no se ofendieran y más tranquilos, los cuatro calados hasta los huesos por la lluvia subimos precipitadamente a nuestro auto. Por la prisa, ya que llovía con más fuerza que antes, Vero, Nati y Pedro se sentaron en el asiento trasero y yo me quedé sólo frente al volante. Afuera caía tanta agua que el limpiaparabrisas no daba abasto, puse la calefacción para entrar en calor y trazamos un plan.

    Resulta que ellos también vivían en Buenos Aires y, al igual que nosotros, querían aprovechar los feriados para descansar unos días y habían elegido la misma provincia argentina. Para más casualidad, tenían reservada habitación en el mismo hotel de 4 estrellas que nosotros! Listo les dije yo, sólo falta que nuestras habitaciones estén juntas! Jaja, a lo que Pedro dijo “tendría gracia, ¿no?”, y nos echamos a reír los cuatro.

    Pedro, le dije, ¿qué te parece si esta noche la pasamos en algún hotel que encontremos en el camino, así avisamos al seguro y que te arreglen el auto? ¿De verdad harían eso por nosotros?, preguntó Pedro. Hombre claro, contesté, ya que vamos al mismo sitio, no nos importa ayudarles, verdad Vero? Lo que tú digas cariño, contestó mi mujer. Además, no me gustaría verme en su lugar y que no parase nadie para prestarme ayuda.

    Me giré para mirarlos mientras hablábamos, daban pena, la pobre Nati tenía el pelo negro chorreando y le caía por su cara, tenía el rímel corrido de llorar de desesperación, Pedro estaba también con unas pintas desastrosas. La pobre Nati se echó a llorar por los nervios (llevaban dos horas esperando socorro y los teléfonos de la autopista no funcionaban) y por la emoción de nuestro gesto, Vero que estaba en medio de los dos la consoló abrazándola y dándole besitos en la cara.

    Me fijé en Nati una jovencita que tenía unas piernas preciosas, a juzgar por lo que veía, tenía la falda muy subida -no lo advertía por lo precipitación de subir al coche- y enseñaba unos muslos casi de cine, con las piernas entreabiertas pude verle las braguitas negras y mi miembro reaccionó. Ensimismado estaba contemplando a Nati y me sobresalté cuando Pedro, con lágrimas en los ojos me agradecía la ayuda. No es nada, hombre, ya pasó lo peor.

    Pedro, ¿te parece que agarremos el equipaje de tu auto y lo subamos al nuestro? Perfecto Nico, y así lo hicimos, dejando a las chicas dentro del coche. En cinco minutos estaba todo resuelto, Nati todavía daba hipos de llanto sobre Vero, la pobre tendría un pequeño ataque de nervios, pensé. Bueno ya está todo arreglado, vamos al hotel y mañana será otro día, comenté.

    Me disponía a arrancar el coche, cuando Nati se abalanzó sobre mí, dándome las gracias y abrazándome, me estampó un beso en la boca. Yo me quedé estupefacto y más cuando noté su lengua paseando por mis labios, me quedé sorprendido. Pedro también besó a Vero, agradecido.

    Espera Nico, me dijo mi mujer, que paso delante contigo, aquí vamos un poco apretados. Se incorporó y apoyándose en los asientos pasó una pierna y al pasar la otra la falda se la subió hasta sus caderas, mostrando su culotte de encaje negro.

    Reanudamos la marcha charlando animadamente los cuatro y unos kilómetros más adelante, estaba el área de servicio con hotel. Nos paramos, tomamos el equipaje y entramos. Hablamos con el recepcionista y le contamos lo sucedido, el hombre muy amable se deshizo en disculpas por el teléfono, el temporal ha estropeado la línea nos dijo, pero no se preocupe, déjeme las llaves del coche y mañana sobre las diez lo tendrá aquí en la puerta y arreglado. Quedamos encantados con el servicio y tomamos dos habitaciones dobles. Antes tomamos algo ligero en la cafetería y nos dirigimos a las habitaciones.

    Vero se ofreció ayudar a Nati con las valijas y Pedro y yo nos quedamos en nuestra habitación charlando, me contó que llevaban 10 años casados, no tenían hijos y estaban cansados de la monotonía del matrimonio, que buscaban nuevas aventuras.

    Igual que nos pasa a nosotros, le dije, pero a Vero no hay quien la convenza, le confesé, es muy conservadora con el sexo y no quiere cambiar. Nati es igual, me confesó también Pedro, es joven pero está llena de tabúes.

    Sacamos unos whiskys del mini bar y brindamos. No las entiendo, dije yo, si fuera mujer cogería a cada rato, sería muy puta, le dije, mientras la conversación iba subiendo de tono. Con lo bien que se debe pasar, decía Pedro, con una buena pija, tiene que disfrutar a lo bestia cuando lo notan en la boca o dentro de ellas. Esto me hizo dudar sobre Pedro, y le pregunté ¿sos gay? No jaja, no Nico, descuida, pero seguro que soy bisexual! A vos no te pasa que a veces si ves una película porno, sientes deseos de acariciar las pijas y mamarlas, ¿no te excita pensar en ello? Pues ahora que lo dices, la verdad es que sí, pero a ver como me apaño con esa fantasía, le dije mirándolo a la cara -la verdad es que Pedro tenía mucho atractivo-. Se levantó, cerró la puerta con llave y se sentó en el borde de la cama, me miró a los ojos directamente y me dijo: sólo hay un modo de averiguarlo y además estoy en deuda contigo, acto seguido me atrajo hasta él, quedando mi bragueta a la altura de cara, la bajó y deslizó su mano dentro, llegó al bóxer y metió la mano hasta agarrarme la pija. La contempló de cerca y mirándome a los ojos me dijo: Nico me encantan tu pija, es preciosa y me gusta.

    Yo notaba un placer extraño, no me decidía a seguir adelante pero me excitaba muchísimo, y me dejé hacer. Pedro me acarició los testículos, tocándolos con una dulzura exquisita, me agarró la pija semierecta y se la metió en la boca. Este contacto con su boca me hizo dar un suspiro de placer, me daba mucho morbo ver a un joven tan bonito como Pedro chupándome la pija, sobre todo pensar que era otra boca y no la de Vero, me hizo tener una erección terrible. Pedro lo notó y se la sacó, me miró dulcemente, mientras jugaba con el prepucio que envuelve mi glande, lo lamía, atrapándolo con sus labios, para después dejar mi capullo morado de excitación al aire y lamerlo alrededor, pasando su lengua por la rajita, mientras me acariciaba los testículos.

    Yo gemía y jadeaba, Vero nunca me había chupado el miembro con tanta dulzura estaba a punto de eyacular y se lo dije a Pedro, hazlo en mi boca, contestó y sin poder contenerme escupí mi semen en su boca, mientras le sujetaba la cabeza con las manos y clavaba mi pija en su garganta como si lo estuviera cogiendo. Pedro se tomó toda la leche y me miró con ternura, sonriendo. Eso fue maravilloso le dije y él contestó que le había encantado, que por lo menos conmigo sabía que era bisexual. Y justo… Llamaron a la puerta, era Vero! En eso, Pedro se fue a su habitación. Yo estaba un poco confuso con lo que acababa de pasar, pero no me arrepentía para nada, en el fondo me había gustado muchísimo.

    Vero se quitó la falda y la blusa y se quedó con la ropa interior puesta, se sentó en la cama y charlamos. Estaba encantada con los nuevos amigos, Pedro era muy atractivo y Nati era una bellísima mujer, me confesó, si la hubieras visto en ropa interior…! Noté que al decirme esto le brillaban los ojos. Quieres contarme algo, la animé -conozco a mi mujer y sabía que quería decirme algo-. No sabía cómo empezar, me dijo que en el coche, cuando pasó al asiento delantero una mano le había acariciado la conchita y reconocía que en vez de disgustarse le había excitado.

    Dale Vero, es una broma? Estás desconocida, le dije. Si no me dejas hablar, me callo, amenazó.

    La animé a que siguiera -esto prometía y me excitaba, prosiguió su relato-ahora cuando estaba con Nati, sentadas en la cama hablábamos y me acariciaba los muslos al punto en que me calentó muchísimo. Pero cuando se ha desnudado, al ver su cuerpo, me quedé hipnotizada. Es perfecto, deseable y me he mojado el culotte al verla, ella me abrazó y me dio un beso en la boca, acariciando mis tetas, me dijo que estaban en deuda con nosotros que pidiéramos lo que fuera, mientras me echaba sobre la cama, me introdujo la lengua en mi boca y nos hemos besado con una pasión de adolescentes.

    ¿Has gozado?, la dije. Muchísimo y más cuando me acarició la entrepierna, corrió a un lado mis bragas y me comió la conchita, de verdad Nico ha sido una sensación nueva para mí, era maravilloso. No te arrepientes, ¿verdad? No, para nada y lo peor no es que me he corrido en su boca con sus caricias y no he sentido ni vergüenza ni mucho menos asco, lo peor es que siento deseo por ella me gustaría tener relaciones con ella y eso me confunde mucho. No te preocupes, le dije abrazándola, a mí me ha pasado lo mismo, y le relaté mi aventura con Pedro. También me ha encantado, la dije y desearía probarlo con Pedro y con Nati, si no te parece mal. Podemos intentarlo, me dijo…

    En ese momento llamaron a la puerta, me levanté y abrí, eran Nati y Pedro, querían hablar con nosotros. Les hice pasar y me quedé mirando a Nati, llevaba una camiseta larga y zapatillas dejando al aire una buena porción de muslos que me excitó. Se fijaron en Vero y Pedro se acercó hasta mi mujer, mientras Nati me abrazaba y me besaba en la boca, metiendo su lengua, chupando la mía. Con una mano me acariciaba la pija por encima del pantalón y yo deslizaba mis manos por su camiseta acariciándole el culo. No me sorprendió que no llevara nada debajo y metí la mano entre sus muslos, deslizándola por la concha. Con la otra mano le atrapé una teta, que tenía los pezones bien erectos. Le lamí el pezón y lo mordí, poniéndose más duro y nos acercamos a la cama, nos desnudamos y nos acostamos.

    Vero estaba de espaldas en la cama y Pedro le comía el clítoris, abriendo sus labios, introducía la lengua en la vagina. Ver a mi mujer retorciéndose me ponía a mil y mi pija se estiró del todo. Pedro la puso a cuatro patas e hicieron un 69, veía como Vero devoraba la pija de Pedro, con un ansia desconocida. Lamiéndole los testículos y bajaba hasta su culo donde también metía su lengua.

    ¿Te gusta?, le pregunté. Me encanta! Me respondió

    Nati y yo hicimos otro 69 y al ver su conchita totalmente afeitada me puso más caliente y me lancé sobre él, sentía una lujuria descontrolada en todo mi ser y lo devoré, me metí en la boca sus grandes labios vaginales. Nati de daba una mamada de campeonato mientras me metía un dedo en el culo. Fueron unos minutos así, hasta que le pedí que se pusiera en cuatro y se la clavé bien hasta adentro, empujando bien fuerte adentro de ella. Nati movía sus caderas con movimientos circulares y me pidió que le metiera un dedo en el culo. Escupí en su culito y metí el dedo índice, bien despacio. Ella gemía y animado le eché más saliva y metí otro dedo viendo como su ano se dilataba sin problemas. Estaba tan excitado que saqué mi pija de la concha y apunté a ese culito abierto por mis dedos. Mi pija empezó a entrar, sentía como ese culito se iba comiendo de a poco mi pija. Cuando estuvo toda adentro, ella apretó el esfínter entorno a mi pija y eyaculé en adentro con grandes chorros de leche, mientras Nati acababa al tiempo que yo le pajeaba el clítoris por detrás. Me quedé encima de ella con mi pija adentro de su culo, ya se saldría, pensé.

    Mi mujer estaba con las piernas abiertas, en cuclillas, de espaldas a Pedro, quien le había metido dos dedos en el culo y ella no protestaba, la muy puta, ahora consentía todo. Cuando tuvo el ano dilatado se sentó sobre la pija de Pedro y se la metió de un golpe. Pedro la animaba con palabras cariñosas, así Vero cariño, haz fuerza con el culo y aprieta mi pija, para que la sientas mejor. La muy puta se estaba corriendo, nunca la había visto chorrear tantos jugos por la concha. Nati se arrastró empezó a chuparle la conchita a Vero, que al rato volvió a correrse. Pedro seguía dándole por el culo, ahora la sujetaba por los hombros y hacia fuerza hacia abajo para que se clavara más pija. Así estuvo un rato hasta que se corrió dentro del culo de mi mujer.

    La enculada de mi mujer me la había puesto durísima otra vez y me follé de nuevo a Nati provocándole tres orgasmos. Como ya me había corrido por segunda vez en la noche hace unos minutos, aguanté bastante y estuve un buen rato cogiendo a Nati en todas las posturas, por detrás, de lado, por detrás de ella, a cuatro patas, encima de ella, ella sentada sobre mí, hasta que me corrí sobre sus tetas salpicándole la cara mientras me hacia una paja. Pedro y Vero le lamieron el semen y Pedro me limpió la pija a lametones. Yo ya no podía más, estaba agotado, pero observé que Pedro estaba empalmado de nuevo, así que me animé a cumplir mi nueva fantasía, y me metí esa pija en la boca, la misma pija que le había hecho por primera vez el culo a mi mujer también fue la primera pija que me metí en la boca. Y me encantó. Se la chupé bien suave al principio, lo pajeé mientras le pasaba la lengua a esa cabeza bien colorada y brillosa, mientras jugaba con mis dedos en su culo, hasta que al final eyaculó en mi boca. Acto seguido, con toda la leche escurriendo por mis labios, nos besamos los cuatro, compartiendo la leche con nuestras bocas. Terminamos acostándonos, rendidos, hasta que nos dormimos, yo abrazando a Nati y Vero a Pedro.

    A las horas, me despertaron unos jadeos. Abrí los ojos y quedé gratamente sorprendido, mi mujer con su cabeza hacia mis pies estaba de lado, sobre la cama, apoyada en un codo, Pedro por detrás de ella, la sujetaba una pierna y se la alzaba mientras veía como su pija empujaba dentro de su concha. Estaban a la altura de mi cara y no me perdí detalle, mi pija se estaba endureciendo mientras contemplaba la pija de Pedro entrar y salir de mi mujer, ¡¡¡por Dios!!! Que morbo sentía ver como otro hombre se la cogía, esto es mejor que cualquier película porno, notaba una excitación enorme que me desataba un deseo sexual que no puedo describir, mi pija se ensanchó y no paraba de latir. Vero tenía una cara de puta gozando como nunca, es más me cogió el pie y me empezó a lamer el dedo gordo, pasando la lengua entre los dedos me producía un placer que yo no conocía.

    De repente sentí unos deseos irrefrenables de chuparle los huevos a Pedro. Acerqué mi boca y se los lamí, metiéndomelos en la boca, notando su textura aterciopelada. Disfruté como nunca sintiendo con mi lengua como su rabo se enterraba en la conchita de Vero y cómo se arrugaba y dilataba cuando la recibía, estuve un buen rato pasando mi lengua por el clítoris de mi mujer y por el trozo de miembro que sobresalía. Pedro levantó una pierna y me lancé sobre su culo, le pasé la lengua ensalivándolo, le metí dos dedos dentro para dilatarlo, cuando los saqué contemplé el agujero y totalmente desenfrenado por un deseo sexual nuevo para mí. Introduje mi lengua todo lo que pude, lamiendo el culo de Pedro. Estaba de lado, y sentí como Nati me agarró la pija, masturbándome lentamente para que no me corriera, pasando sus dedos por mi glande. Me giré de lado, dándole la espalda a Pedro y a mi mujer, metí mi cabeza entre las piernas de Nati y empezamos a chuparnos mutuamente.

    Después de un rato, me puse en la misma posición que Pedro y Nati, en cuclillas, agarró mi pija y la dirigió a su culo, sentándose encima. Se la clavó toda y comenzó a subir y bajar. Diiiooosss, como disfrutaba viendo como Nati me cogía, pero lo que me ponía fuera de mi era contemplar a la puta de mi mujer en la misma postura que Nati, que también recibía pija por el culo. No podía creer lo que pasaba, hace apenas un día, esto hubiese sido inimaginable y ahí estaba, contemplando como mi mujer le acariciaba las tetas a Nati, mientras le hacían el culo. Luego de eso, se fundieron en un beso súper caliente, que cuando separaron sus bocas, pendían hilitos de saliva de sus labios. Con toda esa imagen, si no me detenía, iba a acabar en poco tiempo, por lo que propuse cambiar de pareja.

    Vero se puso en cuatro delante de mí, se giró y me dijo “amor, necesito que me rompas el culo ya!”. No me hice esperar, después de ver ese agujero bien dilatado por la pija que me acababa de chupar por segunda vez en la vida, y se la metí de un solo movimiento. Era la primera vez en mi vida que le hacía el culo a mi mujer! Estaba en el paraíso!!! Estuvimos unos minutos así, pero yo ya estaba a punto de eyacular. Al escucharme decirlo, Nati me agarró los testículos con una mano y me los apretó con fuerza haciendo daño, tanto que se me fueron las ganas de eyacular automáticamente, incluso la pija se me puso flácida.

    Nati, ¿por qué? ¿Qué hiciste?, le pregunté.

    Es la mejor técnica para que retrases más la eyaculación me dijo. Además, quiero que Pedro y vos nos hagan un numerito gay. Vero me dijo que deseaba ver cómo los dos se comen la pija mutuamente. Así que después de eso, Pedro se puso encima de mí y montamos un 69 para deleite de nuestras esposas, comiéndonos la pija y los huevos. Mientras tanto, las chicas se acariciaban con el espectáculo que les dábamos. Luego, Pedro se acostó boca arriba y levantó las piernas, pasando las manos por detrás de las rodillas. En esa posición, me ofreció su culo. Ufff, era demasiado, nunca me había cogido a un tipo! pero la calentura que tenía me hacía desearlo todo y mucho más.

    Así que me coloqué frente a él y apoyé la punta de la pija en su culo. Empecé a hacer fuerza hasta que entró toda. No encontré diferencia con el de las chicas, me gustaba mucho sentir mi pija adentro de él, mientras tenía mi mano en su pija, pajeándolo. No aguantaba más, le dije a Pedro que lo iba a llenar de leche, pero Nati y Vero, que estaban besándose me dijeron que no, que querían que las llenáramos de leche a ellas. Así que saqué mi pija y casi instantáneamente explotó, soltando grandes chorros de leche por sus caras y pechos. A continuación, Pedro se unió y lo ayudé pajeándolo hasta que acabó también sobre las chicas.

    Después de esa terrible maratón de sexo, nos duchamos cada uno con su esposa. Luego nos vestimos, fuimos a recepción y nos informaron de que ya estaba arreglado el coche de Pedro, estaba estacionado en la puerta. Recogimos las llaves y desayunamos en la cafetería, disfrutamos de un buen desayuno mientras comentábamos las circunstancias en las que nos conocimos y el inesperado desenlace que tuvimos.

    Aún teníamos que recorrer un buen tramo de autopista para llegar a destino. En el viaje, con Vero fuimos hablando, muy emocionados, por la hermosa amistad que hicimos, planeando

    Tardamos una hora y quince minutos más o menos, fuimos Pedro y yo a recepción y para mayor sorpresa nos habían reservado las habitaciones una al lado de otra, con comunicación interior, nos dijo el recepcionista que si queríamos, nos podía dar una llave interna para comunicarnos por dentro, decidimos que si, y se lo dijimos a las chicas, estaban súper encantadas, subimos a las habitaciones y abrimos la puerta que las separaba. Hablamos los cuatro sobre la suerte que teníamos y Pedro y Nati, se emocionaron recordando las circunstancias en las que nos conocimos, nos dimos un beso tierno y nos felicitamos por nuestra nueva amistad, y pensando cómo lo celebraríamos nuevamente a la noche…