Autor: admin

  • Lo que sucede en el metro de la CDMX (2)

    Lo que sucede en el metro de la CDMX (2)

    01/06/2020.

    Salí de casa extasiada por la forma en que iba vestida y porque llevaba el consolador en mis adentros, conforme avanzaba la excitación iba subiendo y por el movimiento del taxi estaba yo ya demasiado extasiada, sentía cómo en los topes o baches se movía y se introducía más el consolador, cruzaba las piernas y básicamente estaba sudando y ahí sentí como mi interior explotaba, di un pequeño gemido y me mordí mi dedo para que no se escuchara.

    Me costó trabajo al bajar y cuando pagué el que conducía el taxi me lanzó una mirada muy maliciosa, viendo primero el escote que se abrió más al inclinarme; mis nenas yo las sentía que estaban hinchadas y mi pecho agitado, los pezones respingones; bajé los escalones del metro, tratando de recuperar un poco de compostura, con las manos me acomodé mi blusa y acaricié mis senos, de verdad todo el trayecto me había puesto muy a punto ya, deseaba que el metro estuviera lleno y también deseaba el sentirme tocada, para seguir con este estado de inquietud y sabiendo que le encantaría que su puta se sintiera como tal. Cómo ya habíamos quedado me subí en el vagón de los hombres, el cual al principio no estaba lleno, pero me fui parada cerca de la puerta y a medida que avanzaba se fue llenado y al igual que ayer quedé entre dos hombres solo que por lo apretado del espacio uno quedó enfrente de mí, era más alto que yo y quedaba a la altura de su hombro.

    Sentí como él de atrás se acercaba a mis nalgas y dando un roce con las manos, las toco. Como vio que no me separé se dedicó a restregarme su verga, mientras el de enfrente, de reojo, observé que me veía el escote que se abría más por estar tan apretados, dejando ver gran parte de mis senos y sentí su verga en mi cintura y una de sus manos en mi pierna.

    No sabía que hacer porque su mano acariciaba mi pierna e iba a la entrepierna.

    Para tener más equilibrio separé mis piernas y él subió la mano por enfrente acariciando la pierna, mi abdomen y llegó hasta las nenas, las apretó, yo levanté la cabeza y vi como sonreía y yo con la mano que tenía libre le agarre su verga y se la acaricie de abajo hacia arriba, pero como ya tenía que bajar, pedí permiso para salir.

    06/06/2020

    Me subí al vagón, ahora si había mucha gente, no me quedé en la puerta esta vez, pero tampoco me senté, quedé en el pasillo, como se llenó mucho, pronto hubo quien se pusiera tras de mí, como estoy algo chiquita me agarré de uno de los asientos y separé un poco las piernas para tener equilibrio, lo cual un chico de mi estatura, lo aprovechó para colocarse justo en medio y darme unos arrimones bastante intensos; sentía su respiración muy cerca de mí y con el movimiento, con su verga a la altura de mis nalgas y el talle frecuente, así como el vaivén del metro hizo que su bulto se acomodara bien y lo sentía muy pegado; sentí como empezaba a recorrerme un calorcito que empezaba en el centro de mi panochita, junté mis piernas por un momento y sentí como llegó un rico micro orgasmo, sentí más su verga y así se quedó por un momento, como ya tenía que bajar, lo empujé un poco para poder salir y bajé mi mano al mismo tiempo y rocé su verga por encima del pantalón, la cual se sentía muy dura.

  • La putita maestra de cómputo

    La putita maestra de cómputo

    Esta historia fue cuando trataba de entrar a trabajar en una empresa que me mandó a una clase de computación, pero bueno, la verdad yo no daba una y así que usé mi encanto “jajá” para que la maestra me ayudara.

    Su nombre es Soraya, ella era llenita y tenía un gran culo y unas tetas que se podían comparar con ubres las tenía un poco caídas, tenía unos 45 años, un día yo estaba platicando con unas amigas y se acercó a charlar con nosotros yo no podía dejar de mirarla ya que me llamaba mucho la atención ese gran trasero y esas tetas, entonces me puse erecto y me fui.

    Una tarde me quedé después de la clase y la vi salir y fui y le hice la plática para que así aparte de que yo ganara puntos para mi examen pudiera relacionarme más con ella.

    Ella se sorprendió y se me quedó viendo con cara de qué se trae este muchacho y le hice la plática y todo acabó con una tremenda erección de mi parte.

    Esa tarde me dijo que me ayudaría a estudiar para el examen yo con tal oportunidad, no iba a dejar que se pasara, fui a su casa, que era un simple departamento ahí ella me invitó a entrar. Estaba con una faldita que dejaba ver sus grandes nalgas y una playera que le apretaban sus senos.

    En ese momento me empezó a excitar cuando se paraba a recoger algo me ponía mi polla hasta el borde, ella lo notó y lo seguía haciendo a propósito ya que lo hacía con más costumbre y me dejaba ver sus hermosas piernas, cuando ya me iba a ir se paró a recoger la mesa yo me paré detrás de ella entonces se le cayó un libro y se inclinó a recogerlo y sus nalgas rozaron mi verga erecta y lo sintió porque se empezó a mover, pero lo dejo de hacer a los pocos minutos.

    Un día antes del examen volví a ir a su casa para volver a estudiar toqué, pero me fijé que estaba abierto cuando entré ella se estaba bañando y yo me quedé admirando esa figura entonces salió de la regadera cuando me vio se espantó y tiró la toalla, yo la recogí y se la di.

    S: ¡¿Qué haces aquí?!!

    J: ¡Lo siento, pero estaba abierto!

    S: ¡Pero no deberías pasar sin permiso!

    J: Maestra…

    S: ¿Qué??

    Entonces nos quedamos viendo y salté sobre ella con un beso apasionado que mi lengua entró casi a su garganta y estaba jugueteando con su lengua en ese momento ella me bajaba el pans y sacaba mi polla y la empezó a sobar y acariciar.

    J: ¡Maestra no sabe cómo la deseo!

    S: ¡Chamaco, que pitote tienes!

    Ella me pegó a la pared, se agachó y comenzó a mamar de forma espectacular. Que rico lo hacía, yo gemía y disfrutaba de la mejor mamada que me daban hasta ese momento.

    Se la tragaba enterita y entonces sentí que estaba en la gloria se comía mi pija, con su lengua lamía desde los huevos hasta la punta, para luego ahogarse con ella, yo disfrutaba de tenerla ahí mamándome la verga, mis fantasías se estaban haciendo realidad.

    J: ¡Ah!! ¡Si así!

    S: ¡Uhm, que rico!

    J: ¡Mamas espectacular, agh!!

    S: ¡Que rico sabes tú verga nene!

    Me chupó tan rico y yo estaba tan excitado que me vine en su boca, ella se tragó mi semen mientras yo atomito y gimiendo disfrutaba de la escena.

    S: ¡Sacaste muchísima!

    J: ¡Estaba muy excitado!

    S: ¡Ahora te toca a ti!

    Ella me llevó a su cuarto, se acostó en la cama, se veía espectacular, su vagina se veía tan comestible que no dudé nada, me le acerqué a su vagina y comencé a darle suaves lamidas y besos entre sus piernas, la maestra gemía y se retorcía, le abrí su concha y comencé a lamer su clítoris.

    S: ¡Ah, que rico, ah!

    J: ¡Qué bien sabe esto!

    Se la chupé un buen rato, mi lengua entraba y salía de su húmeda vagina, la veterana maestra gemía al sentir como mis dientes apretaban su clítoris, ¡que rico la tenía para mí!

    S: ¡Ah, Jonathan, que rico uhm!

    J: ¡Déjame probar tu venida amor!

    S: ¡Ah, uhm, ah, me voy a venir, uhm!

    J: ¡Si nena, hazlo!

    A: ¡Ah, dios mío!!

    La maestra se vino en mi boca y yo gustoso bebí sus fluidos de placer, mientras ella se retorcía en su rico orgasmo.

    La senté en el sillón y empecé a chupar sus pezones duros de excitación, le mamaba las tetas cual becerro amantándose, ella las tenía tan grandes y ricas que no podía dejar de chupárselas, poco a poco me fui poniendo duro nuevamente.

    Ella se abrió de piernas y con su mirada me dio la señal para meterla, la tomé de sus ricas piernas y empecé a penétrala suave y tierno.

    S: ¡Ah, que rico, ah!

    J: ¡Maestra!! ¡Qué rico!

    Mi verga entro por completo, nos besamos y empecé a moverme fuerte, gracias a la pose en la que estábamos podía moverme rápido y dársela con mucha fuerza.

    Ella se acostó por completo en el sillón y yo subí encima, la metí rápido y fuerte, ella me abrazaba con sus piernas y me arañaba la espalda yo lamia su cuello, mejillas y boca, además de acariciarle su gran trasero. La maestra no hacia otra cosa más que gemir y gemir como toda una perra, le encantaba tener mi dura verga dentro, estaba hambrienta de sexo y ambos cumplíamos nuestros deseos.

    S: ¡Ya quería que me cogieras!!

    J: ¿Ah, en serio?

    S: Me gustas, uhm, ¡no sabes cuantas veces soñé este momento!

    J: Ah, que rico, yo igual nena, ¡quería darte pito hasta que te vinieras y me dejaras seco!

    Me senté en el sillón y ella se acomodó para cabalgarme apoyada de su sillón, que rico era tenerla encima mío mamándole las tetas y apretando ese tremendo par de nalgas.

    La maestra se movía genial, me tenía gimiendo y ella igual disfrutaba de mi dura verga, que placer, el sillón se movía a nuestro ritmo, sudábamos y jadeábamos, ¡que rico era tener a esa veterana encima de mí!

    S: ¡Que rico papi, que rico!

    J: ¡Ah, maestra que rico cuerpo, coges de lujo!

    S: ¡Déjame ponerme en cuatro!

    J: Si, ¡ponte de perro!

    Ella se puso en cuatro y su cuerpo se veía magnifico, la tomé de sus carnosas nalgas y la empecé a penetrar duro.

    Me aventaba y la embestía con fuerza, le daba de nalgadas y le apretaba las tetas, me dejaba caer encima de ella, sus nalgonas chocaban en mi pelvis, la maestra me tenía a tope.

    S: Ah, uhm, ah, nene, ah, sí, sigue, que rico, que rico me coges, ¡ah!!

    J: Uhm, dios mío que rico prietas, estas buenísima, ¡uhm maestra!

    La adrenalina estaba al máximo, la embestía con toda mi fuerza, ella comenzó a venirse de forma deliciosa y yo unos segundos después le hice segunda.

    S: ¡Dámela, uhm, que rico, ah!

    J: ¡Tome mi leche, uhm, si, que rico!!

    Ambos disfrutamos del orgasmo, mi semen le llenó su peludo coño, la veterana maestra quedo satisfecha de mi trabajo, ese día me la cogí un par de veces más, en su baño y en su sala, hasta que nos llegó la noche y tuve que irme a casa ya que temprano seria el examen.

    A pesar de que no estudié, saqué 10 en el examen de su materia, claro, el trabajo que le hice a mi maestra fue lo que me dio el 10 y ella disfrutó mucho tiempo de mi verga.

    Espero les haya gustado.

  • Mamani, el boliviano

    Mamani, el boliviano

    Pobre Inés. Pobrecita y hermosa Inés. Melancólica, angelical y desdichada Inés. Preciosa y buena chiquilla. Su cara joven y pálida estaba enrojecida de la vergüenza y la furia. Sus ojos estaban hechos de sorpresa y espanto, sólo le faltaba lanzar un grito ensordecedor, y es porque estaba leyendo un libro, o una novela más bien, que fue publicada meses atrás al otro lado del océano atlántico de donde vive y que en parte, en buena parte, habla de ella. En el libro, ella está diciendo y haciendo, palabras y acciones fuertes que, algunas de ellas sí son verdad y hay otras que nunca sucedieron en realidad, que nunca dijo o hizo, con cierto joven que ya no está cerca de ella físicamente, pero sí sigue estando en su vida, y no sólo en sus recuerdos.

    Cosas muy comprometedoras, y muy íntimas, con un joven que ella alguna vez quiso mucho, más que a su propia piel, con quien tuvo una sólida amistad pero nunca llegó a formalizar pareja. Las circunstancias del pasado lo impedían, y las circunstancias del presente lo impiden también. Ella está, desde los diecisiete años, en pareja y ahora comprometida con otro muchacho, un chico afro de origen venezolano, un tal Sebastián Motumbo, que trabaja haciendo oficios de gasista y electricista matriculado, y de albañilería y carpintería. En estos momentos está haciendo también un curso anual de tornería en un centro de formación profesional.

    En tal novela también hay referencias a su apariencia física, a sus tatuajes, a su forma de vestir y de llevar el cabello. A su personalidad, a su fecha de nacimiento y a su actual trabajo en una panadería. A su triste infancia, con un padre biológico que la abandonó ni bien se enteró de su futura existencia, una madre alcohólica, violenta y depresiva que terminó suicidándose cuando era una niña, y un padrastro que la maltrataba psicológicamente hasta que poco después lo enjuiciaron y lo metieron preso por enseñarle los genitales a una niña de cinco años. Un hombre, si es que se le puede llamar hombre, que siempre fue de un perpetuo sentimiento derrotista.

    También habla de su intento de suicidio a los doce años en una playa en apariencia vacía, intentando ahogarse nadando hasta el fondo, y que se habría consumado el hecho de no haber sido porque la salvó un inmigrante senegalés que justo estaba allí de paso. Un inmigrante ilegal africano, que ni bien la sacó con todas sus fuerzas de las aguas, empezó a sermonearle sobre el valor que tiene la vida a pesar de todas sus porquerías, recalcándole lo joven que era para tomar una decisión tan funesta y lamentable, en un idioma totalmente extraño que ningún hispano podría entender sin haberlo estudiado antes. Ella lo único que quería hacer en una situación embarazosa como esa, y que terminó haciendo, era alejarse de allí y de él, pidiéndole repetidamente que la dejara en paz, estando empapada hasta el inconsciente.

    Viéndolo ya desde la distancia, fue una verdadera lástima que ella no le hubiera entendido nada. Ella en el fondo de su conciencia, le hubiera gustado entender lo que le estaba diciendo. Al menos había alguien, creía ella, en apariencia adulto, que se estaba interesando realmente en ella y en su hondo y pesado dolor. Jamás lo volvió a ver. O quizás sí lo volvió a ver una segunda vez, vendiendo bisutería de fantasía en una de las vastas arenas de una ciudad “feliz”, pero puede que no lo haya reconocido o distinguido bien. Para ella todos los inmigrantes de ese país le parecían iguales.

    Buena parte de todos esos detalles que se mencionan, sólo los sabía ella y ese muchacho misterioso del que se está mencionando. Ese joven misterioso del que estamos hablando se llama Alejandro César Biondini, y es de su misma edad, igual que su novio. Actualmente vive en un apartamento con una familia de tres personas en España. No en Madrid o en Barcelona, no en Sevilla ni en Zaragoza, tampoco en Málaga o en Murcia, vive más precisamente en algún lugar de la ciudad de Valencia. Trabaja cobrando facturas de servicios públicos y privados e impuestos, en un local de cobranza extra-bancario cerca de donde está alojado. Un trabajo bastante aburrido por decirlo de alguna manera, considerando que una de sus mayores aficiones es leer cuentos y novelas, y escribir frases y poesías. Pero mal no le va, y es mejor eso que estar en el paro.

    Pero no nos confundamos, Alejandro no escribió esa novela, primero porque no tiene las intenciones, segundo porque no tiene la técnica y menos la experiencia, y tercero porque no tiene el dinero suficiente para pagar una edición de varias miles de copias impresas. En el campo de la escritura sólo sabe escribir poemas y frases cortas, y tiene en sus planes estudiar alguna carrera relacionada a ello cuando, algún día, cambiaran los horarios de atención del local, o en su defecto, cuando lo despidieran de ahí. Pero él no hacía mal su trabajo, y trataba de no hacerlo mal nunca. Vino desde Argentina, más precisamente de la ciudad de Mar del Plata, porque su vida corría peligro, y porque no tenía parientes o conocidos de otras ciudades de aquél país para poder alojarse. Los únicos conocidos que tenía fuera de aquella ciudad balnearia, estaban aquí en Valencia. Era obvio que no quería ser una carga para ellos, y aparte de ello, estaba agradecido de que alguien se ofreciera en darle trabajo a un joven sin experiencia laboral previa, y encima con su condición adicional de albino. Alejandro era delgado, de estatura media, mirada inteligente y una piel que era blanca como la leche, al igual que su cabello lacio y algo despeinado. Sus ojos eran de un celeste opalescente, que de no ser albino seguramente no los tendría así, y casi siempre iba vestido de camisa, traje, corbata, zapatos de cuero y llevaba unos anteojos rojos que usaba para proteger su complicada vista del Sol.

    La gente que no lo conocía lo miraba y lo miraba. Los niños y las niñas, y sus madres, lo miraban y lo miraban, algunos de ellos, los más pequeños, lo señalaban con el dedo. Él sólo sonreía un poco y bajaba aún más la mirada. Los ancianos sentados en la plaza también lo miraban y lo miraban, algunos de ellos se morían de risa al verlo. Él sólo llegaba a lanzar un insulto al aire por lo bajo y aceleraba el paso.

    Quien escribió esa novela y pagó para publicarla, es en realidad un reciente conocido suyo, un profesor universitario de literatura latinoamericana, de origen boliviano. Un hombre ya mayor cuya edad roza entre los sesenta y los setenta años y que nació en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Vivió varias décadas en Argentina, y eso se nota de forma casi calcada en su manera de hablar. Se licenció en periodismo y en literatura allí, también se casó y se divorció allí de su primera esposa. Tiene un hijo biológico, y que lo conoció ya de grande, de una relación sentimental de breve duración que tuvo en su juventud con una muchacha de origen paraguayo, convertida actualmente en una señora de marcado fanatismo religioso.

    Allí también tiene una hija adoptiva que lleva uno de sus apellidos, que son de origen amerindio, más precisamente quechua y aimara. Aunque físicamente esta niña, que actualmente está hecha una mujer profesional de mediana edad, era de aspecto eslavo oriental y no se parecía en nada a él. Pero al fin al cabo eran padre e hija, éste la crió a ella desde que era una beba junto a su madre. Ella lo mira a él con ojos de hija, y él la mira a ella con ojos de padre. Él la admiraba y la respetaba a ella por su inteligencia precoz, entre otras grandes razones. Y ella lo admiraba y respetaba a él por su dramática historia de superación personal, a pesar de lo irreverente que podía llegar a ser.

    El hombre de quien estamos hablando, se llama Mauricio Manuel Quispe Mamani, un hombre cuyo mayor sueño es, obstinadamente, convertirse en el escritor de origen boliviano con más proyección internacional a largo plazo. Una ambición que a simple vista se veía muy poco viable, aunque sus últimos tres libros se vendieron a una cifra considerable o al menos respetable, y tuvieron la suficiente repercusión como para que lo llamaran varios medios de comunicación digitales para entrevistarlo. Pero todos ellos, eran solamente ensayos anti-académicos. Polémicos, controvertidos y olvidables ensayos. Ninguno de ellos era una obra maestra. Ninguno de sus tres anteriores trabajos le hacía siquiera sombra a esas obras de aquellos autores eternos que él admiraba y envidiaba tanto, sana e insanamente. Desde el punto de vista económico se alegraba por haber escrito y publicado esos ensayos, pero viéndolo desde el punto de vista creativo y literario, se sentía muy frustrado. Sus otros anteriores libros, ninguno de ellos logró venderse con éxito. Publicó dos libros de poesía, un libro de prosa, tres libros de cuentos infantiles, una novela fantástica juvenil, una novela policial, dos novelas históricas, y todos fueron un fracaso estrepitoso de ventas. Es más, hubo una pequeña editorial que quebró al apostar por él publicando su última novela histórica poco después de haber nacido el siglo XXI, que estaba ambientada en la Bolivia de la dictadura militar de Hugo Banzer Suárez. Los dueños de tal editorial que se fundió no lo podían ni lo querían ver.

    Después de aquello, no volvió a publicar más nada en Argentina, se hartó. Se divorció de su primera esposa, ya cuando el matrimonio con ella estaba bastante desgastado, agarró sus maletas, y se fue a España con lo puesto y algunos ahorros, lo hizo poco después de la masacre de Plaza de Mayo. Su hija, su primera hija, ya era mayor de edad, se había licenciado en una carrera y no vivía con ellos sino con quien fue en su momento su primer concubino. Ahora está separada definitivamente y no está en sus planes, al menos en el corto plazo, formar pareja de nuevo.

    “¿Te vas a vivir a otro lado del océano, sólo para satisfacer uno de tus más delirantes caprichos?”, le espetó reiteradamente, y muy visiblemente enojada, su hija, de nombre Yelena. Él, pocos días antes de tomar el avión a Europa, le respondió:

    “No estoy seguro de lo hago, y tampoco sé si valdrá la pena, puede que a lo sumo me termine volviendo totalmente desencantado. Y puede que sea verdad lo que dices, que es una estupidez muy infantil lo que hago, pero a decir verdad, no espero y no esperaré a que me entiendas. Tú no tienes este rostro que tengo yo, no eres una amerindia. A ti te persigue medio país de lo bonita que eres, y te puedes dar el dudoso lujo de comportarte vanidosamente muchas veces por tus orígenes rusos. Tú no te despertaste durante varios días y varias noches odiando con todas tus fuerzas el reflejo de tu apariencia en el espejo. A ti nunca te golpearon, te insultaron, te escupieron o te menospreciaron por tu color de piel, por tu forma de hablar o por tener un pasaporte extranjero que delataba tu verdadero lugar de nacimiento. Nunca te hicieron sentir que eras inferior y que merecías morir porque estabas a un millón de kilómetros de distancia de cualquier canon estandarizado de belleza humana. Nunca te derrumbaste, en el suelo, en soledad y en posición fetal, implorando no haber nacido. Jamás de los jamases deseaste, hasta la última gota de médula de tus huesos, mandar al infierno más rojo a todos aquellos que te humillaron por eso, y a sus infelices prejuicios, a través de tus propios logros personales”.

    Pobre Yelena, se quedó muda y avergonzada al escuchar eso. Creo que no hacía falta dispararle con una respuesta de ese calibre tan pesado. Su padre continuó hablando:

    “Y aparte de ello, el talento no me falta, ni mucho menos las ideas, para escribir otro buen libro. En España existe una gran diáspora de inmigrantes latinoamericanos que estarían encantados de poder leerme. También existe la posibilidad de poder atraer a una buena cantidad de lectores españoles que gustan de consumir a autores latinoamericanos como yo, con el mismo entusiasmo con que yo leo a varios de sus autores. Quiero probar a ver si tengo un poco suerte, y te pido por favor, que me des tiempo, a ver si logro hacer que gente, varias personas, muchos individuos que se parecen a mí y que nacieron con esta cara, lean uno de mis libros, y los ayude a quererse un poco más. Sé que no eres tan obstinada como tu madre. Ni bien le conté de mis intenciones, me cerró todos los grifos de una comunicación adulta con ella”.

    Al hombre, de cabello antes color azabache y ahora casi completamente canoso, se le empañaba la mirada al recordar esas palabras. Mamani era un hombre que por varias décadas renegó de sus orígenes amerindios, y sobre todo de sus orígenes bolivianos, aunque siempre que publicaba una obra lo hacía con su nombre completo, y era principalmente porque nunca le gustaron los pseudónimos. Cada vez que algún curioso o curiosa le preguntaba, sin ninguna maldad y por ejemplo, si era aimara, o chorote, o colla, o guaraní, o mapuche, o quechua, o tehuelche, o toba, o lo que fuere que le pareciera, solía responder con una sola oración: “Yo soy argentino y solamente argentino”. Como si en aquella gran nación no hubiera nadie autóctono que perteneciera a las ya mencionadas etnias. Otras veces solía responderles a estos curiosos con una oración en la que se refería a sí mismo como un ciudadano del mundo, cosa que era verdad, pero no daba ninguna especificación. Siempre le incomodaba que le hiciesen ese tipo de pregunta.

    Aunque después, hace poco tiempo de hecho, empezó a tener un renovado y algo energizado aprecio por su país de origen, aunque nunca llegó, ni llegará nunca, a tocar esas aguas turbias de tal nacionalismo que es asesino de toda objetividad y serenidad. Quizás porque mientras más viejo se hacía, y mientras más cuenta se daba de lo lejos que ha llegado, viniendo desde los subsuelos del desamparo y la desesperanza afectiva, más vergüenza le daba darse ese lujo, esa insolencia o ese escudo psicológico, dependiendo de las circunstancias o del contexto.

    Y en parte quizás también fue porque tenía, y tiene, una muy buena y afable relación con algunos miembros de la comunidad boliviana en España, que a veces lo invitan a algunas de sus reuniones o vienen de otras ciudades de aquel país a regalarle unos libros de escritores conocidos y desconocidos, jóvenes o longevos, de aquella pequeña nación sin mar y sin playas. Pero no lo convencían, ninguno de aquellos autores lo terminaban de convencer, si los leía era para buscar metáforas o cualquier descripción que sonara a lenguaje simbólico o figurado. Peor era el trato que le daba a las obras de Carlos Mesa, que lo aburrían soberanamente. Automáticamente los tiraba al tacho de basura. Los únicos literatos de Bolivia que le llegaban a gustar eran Adela Zamudio, Óscar Alfaro y Franz Tamayo, cuyos trabajos leía en internet.

    Y sí, Mauricio Mamani en algo se parecía a la pálida Inés. Los dos tuvieron una infancia triste, y los dos también tenían, o tuvieron en su tiempo, en unos de los peores momentos de sus vidas, un enorme poder de resiliencia. Quizás sea por ello la gran fascinación que sentía éste por ella y su historia, a pesar de la corta adultez de ésta.

    Pero volviendo a lo de Inés, había en cierta novela, que todavía no sabía si era del género biográfico, romántico o erótico, unos párrafos muy descriptivos que la molestaban más que cualquier otro, y eso que recién iba por la página veinte. Cito:

    “La boca de Inés era una boca viciosa, muy generosa a la hora de hacer el amor con Alejandro, más generosa con él que con el bueno pero soporífero de Sebastián, que estaba más ocupado en trabajar y en enfrentar a sus propios demonios internos que en atender emocional y sexualmente a su novia. Una boca que se movía línea por línea y que contaba historias con cada beso, que llegarían a conmover a cualquier varón enamorado con algunas de ellas. Era una boca suave y dulzona que, al momento de jugar con las debilidades carnales de un hombre, o de otro, era capaz de adormecerle las nociones de espacio y tiempo por un rato, no una sino varias veces, y así hasta que le empezara a doler la mandíbula.

    La lengua de Inés era una lengua atrayente y seductora. Una lengua simpática, alegre, risueña y graciosa hasta en los momentos más infartantes. Sus mejillas eran de miel, deliciosas, e impregnaban ternura. Su cuello era demandante de cariño. Sus ojos centelleaban y echaban chispas de sentimiento con mucha facilidad. Si su novio Sebastián le decía unas modestas palabras bonitas, y enseguida éstos se humedecían, y si Alejandro le recitaba una de sus frases o uno de sus poemas dedicados a ella, y los ojos de ésta al medio minuto rebalsaban de lágrimas. Sus pechos eran blandos y frondosos, atrapantes y de mirada alta. Sublimes y divinos casi como un ángel, con un surco que era ideal para dormirse una larga siesta. Sus piernas eran vibrantes, rutilantes e imploraban una buena compañía. Sus pies eran espléndidos y sedosos. Sus posaderas eran apetecibles y parecían sacadas de un molde por la forma que tenían, que era insolente. Su entrepierna, era un río caliente de temperatura exaltante cuando se trataba de intimar con alguien que quería tanto como su propia respiración.

    Su desnudez, ¡ay Jesucristo, su desnudez! Qué bien se llevaba ésta con la libertad. Su desnudez era imponente, radiante, efervescente, y una real invitación al éxtasis. A la fascinación. Al embelesamiento. Al arrobamiento incontenible.

    Inés; aquella encantadora Inés; aquella preciosa y cautivante Inés; aquella satisfactoria, complaciente y afectuosa Inés; aquella cariñosa, afable, adorable y vulnerable Inés; esa hermosa jovencita de ojos color almendra, era, mirándolo desde un punto de vista psicológico, como un pequeño cachorro desesperado porque le quieran con intensidad. ¿Pero cómo no quererla? ¿Cómo no abrazarla? ¿Cómo no acariciarla o consolarla en su tristeza? Si tenía, y tiene, todos los atributos para hacerse amar y no odiar. ¿Es un ser entrañable? Darle una respuesta obvia a esa pregunta sería redundante, e incluso podría insultar la inteligencia de cualquier hombre auténticamente sensible”.

    Inés, enjaulada por un espeso sedimento de ira, ni bien asimiló la última letra del último párrafo, tiró el gordo libro con toda la fuerza de uno de sus brazos hacia una de las ventanas de su casa prefabricada que da a un improvisado patio trasero. Después se sentó en una de las sillas de plástico, cerró los ojos y contuvo la respiración varias veces, buscando trepar hacia la calma, hasta que consiguió lograr llegar a esa necesaria cima, pero recién después de una hora.

  • Me follé al esposo de mi tía

    Me follé al esposo de mi tía

    Me llamo Karen y tengo 20 años. Soy una mujer bastante liberal en cuanto al sexo, tengo un apetito sexual incontrolable, básicamente si un hombre me gusta me lo follo y ya está, da igual que tenga novia, sea casado, sea mayor o sea mi profesor no me importa. Los hombres son muy fáciles de convencer cuando tu estas buena y sabes cómo incitarlos.

    Para poner las cosas en contexto:

    Mis padres fallecieron cuando yo era una bebe así que una de mis tías me crio como si fuera su hija. Mi tía María era una mujer atractiva pero que ha tenido mala suerte con los hombres: cuando yo tenía 6 años un tipo la dejo embarazada y la abandono sin responder por él bebe, así que ella tuvo que criar a la niña sola, después tuvo múltiples relaciones toxicas todas ellas fallidas. En fin, mi tía no era una mujer muy feliz hasta que conoció al que según ella era el hombre de su vida: Había conocido a Leonardo en el matrimonio de una de sus compañeras del trabajo, mi tía me conto que quedo flechada en el instante en que lo vio y no era para más: Leonardo era un tipo bastante atractivo, moreno, medía por lo menos 1.90 metros, era corpulento con una espalda ancha, pecho amplio y unos brazos gruesos. A pesar de que imponía respeto con su presencia tenía un rostro bastante amable.

    Mi tía y el comenzaron a salir y después de dos años formalizaron su relación. Para esa época yo había comenzado a estudiar en la universidad y vivía en un apartamento junto con mi tía y mi primita. Después de que Leonardo y mi tía María se casaron decidieron mudarse a vivir juntos a un apartamento, como ella me mantenía y yo me encontraba estudiando me invitaron a mudarme con ellos mientras terminaba mis estudios y podía independizarme.

    Por desgracia para mí, Leonardo era uno de esos hombres que me hacía volver loca de lujuria, era todo lo que a mí me gustaba: alto, fuerte, guapo y carismático, todo un macho alfa. Cuando él iba a visitar a mi tía al antiguo apartamento yo hacía de todo para llamar su atención: me ponía shorts bastante sugestivos y me pavoneaba delante de él, me metía al baño a ducharme y salía en toalla, me sentada frente a él en poses sugestivas, yo notaba que el definitivamente se fijaba en mí, pero nunca paso nada más allá de unas cuantas miradas y algún que otro comentario subió de tono en forma de broma.

    Me sentía mal por desear al esposo de mi tía de esa manera pues yo le debía todo a ella: mi tía me había criado y había sido la madre que nunca tuve, siempre apoyándome y dándome su cariño como si fuera su propia hija a pesar de las adversidades, además nunca la había visto tan feliz. Cuando me dijeron que iba a vivir con Leonardo en la misma casa me sentí súper emocionada. Inmediatamente pensé en lo fácil que sería seducirlo si viviéramos en la misma casa, ningún hombres se resistía a mis encantos y el tarde que temprano también caería. Pero entonces pensaba en mi tía y me sentía culpable, me dije a mi misma que intentar seducir a Leonardo era una idea horrible que me podía traer consecuencias muy malas y que debía sacármela de la cabeza, pero era muy difícil, que el fuera el esposo de mi tía le daba ese toque de fruto prohibido que me hacía desearlo más. Siempre me había dado un morbo terrible follarme a hombres casados.

    Después de mudarnos trataba de estarme la mayor parte del tiempo en la universidad. Intentaba distraerme con el estudio y otras cosas pero no me podía concentrar, siempre andaba fantaseando con Leonardo, me lo imaginaba encima mío fallándome salvajemente, me imaginaba la enorme y jugosa polla que debía tener, pensaba como sería el sabor de su leche en mi boca, era muy frustrante tenerlo en casa todos los días y no poder hacer nada.

    Perdí el interés en los demás hombres, solo pensaba en Leonardo, estaba obsesionada con la idea de follármelo, era demasiado para mí.

    Una noche estaba en mi habitación intentando dormir cuando escuche ruidos extraños provenientes de la habitación de mi tía, me levante y pegue la oreja a la puerta de la habitación, era obvio que estaban follando. Me quede afuera de la habitación escuchando mientras Leonardo se follaba a mi tía, mi corazón estaba acelerado y estaba empezando a mojarme entonces dominada por la lujuria abrí un poco la puerta y me asome cautelosamente.

    Por suerte Leonardo estaba de espaldas a la puerta así que no se dio cuenta, me quede allí un instante viendo cómo se follaba a mi tía deseando ser yo la que estuviera en el lugar de mi tía, después por miedo a que me descubrieran cerré la puerta silenciosamente y volví a mi habitación. Esa noche casi no pude dormir, me la pase pensando toda noche: ¿Qué pasaría si mi tía me sorprendiera follando con su esposo? ¿Qué pasaría si me le insinuó y el me rechaza y le cuenta a mi tía? Me metería en graves problemas sin duda, pero… ¿qué pasa si dijo que fue Leonardo quien me sedujo a mí? O podría ir más lejos he incluso decir que el me obligo a hacerlo, ¿quién iba dudar de mí?, yo era una pequeña adolescente de 1.50 metros, el un hombre grande de casi 2 metros, aunque eso lo metería a él en problemas me salvaría el pellejo, pero claro si no nos pillaban no pasaría nada. Me iba a arriesgar, ahora solo necesitaba esperara al momento adecuado, desde que nos mudamos a aquella casa me daba cuenta como Leonardo siempre me miraba el culo disimuladamente, yo siempre me vestía provocativa para incitarlo y claramente le gustaba así que yo no creía que él se negara.

    Unos días después un sábado temprano por la mañana mi tía salió con mi primita a una cita con el dentista por lo que solo quedamos Leonardo y yo en la casa. Aquella era mi oportunidad: me puse unas tangas de hilo blanco muy sexys, un ligero con unas medias malladas negras y me dirigí a la habitación de mi tía. Leonardo estaba aún acostado en la cama medio dormido, solo llevaba puestos unos shorts que le marcaban el enorme paquete que tenía. Me subí a la cama y me puse encima de el:

    Leonardo: ¿Amor? ¿Qué paso se te olvido algo?

    Karen: Abre los ojos.

    Leonardo: ¿Karen? ¿Qué pasa? ¿! Qué estás haciendo!?

    Karen: Algo que quería hacer desde hace rato.

    Leonardo: Pará, no podemos hacerlo, si Martha…

    Karen: Shhhh, mi tía no se va a enterar, tranquilo.

    Leonardo: Vaya que eres una niña traviesa, en serio te quieres follar a tu tío?

    Karen: He querido tenerte dentro de mí desde la primera vez que te vi.

    Leonardo: Karen si nos llegan a descubrir…

    Karen: Nadie nos va a descubrir, ¿Qué pasa, acaso no te gusto? No te hagas he visto como me miras, sé que me tienes ganas

    Leonardo: Claro que te tengo ganas, estas muy buena, pero es que eres mi sobrinita y tu tía…

    Karen: A mí no me importa, ¿de verdad te importa? Pues vas a tener sexo con su sobrina.

    Le baje los shorts y tome su polla con mi mano: como me había imaginado era una polla enorme, apenas estaba medio erecta y era casi tan grande como mi antebrazo, empecé a masturbarlo mientras empezaba a ponerse dura.

    Leonardo: Supongo que ya que vives en mi casa es justo que me pagues el arriendo de esta forma no?

    Karen: Te voy a pagar todos los meses atrasados de que te debo con mi culo.

    Leonardo: Jajaja que perra eres Karen me encanta, pero ni una palabra de esto a nadie ¿entendido?

    Tome su enorme polla y me la lleve a la boca, nunca había chupado una tan grande, la sola cabeza me llenaba la boca, tenía que abrir mucho la boca para poder engullirla toda, era tan grande que me dolían las mandíbulas, por suerte tengo la facilidad de introducir objetos bien profundo en mi garganta sin sentir ganas de vomitar. Tome aire, y me la metí toda en la boca, hasta lo profundo de mi garganta, sentí como me estiraba la faringe a medida que me la iba tragando toda.

    Leonardo: Oooh por dios! como es que eres capaz de metértela toda, ninguna mujer había sido capaz.

    Tome aire y empecé a darle mamadas hasta lo profundo de mi garganta, el esposo de mi tía empezó a gemir, sentía como me empezaba a llenar la boca de sus líquidos, cada pocas mamadas tenía que parar para tomar aire y tragar una mezcla de saliva y su liquido pre seminal. Luego de unas cuantas mamadas Leonardo se puso de pie, me agarro del pelo y empezó a follarse mi boca. Yo ya había hecho garganta profunda con otros hombres, pero esto era otro nivel, después un breve momento tenía la mandíbula adolorida y la garganta ardiendo, Leonardo me follaba por la boca mientras emitía gruñidos de placer, a mí me gustaba sentirme utilizada por él.

    Luego de tragarme su polla, Leonardo me empujo sobre la cama, me tomo por la cadera y empezó a darme nalgadas.

    Leonardo: Mira que rico culo tienes Karen, Martha no se compara contigo, te voy a partir en dos Karen.

    Karen: Si papi rómpeme toda.

    Corrió mis tangas blancas a un lado y empezó a meterme la polla, me sorprendió sentir un poco de dolor, nunca había sentido dolor al follar, pero era cierto que aquella era una polla enorme, el me metía la polla despacio ¡yo la quería tener dentro ya!

    Karen: Métemela toda Leonardo no aguanto más! La quiero toda dentro de mí ya.

    Leonardo: Tienes hambres de mi verga Karen, bueno te la vas a comer toda

    Leonardo me la metió toda de un tirón, yo solté un gemido, sentía como su polla presionaba contra mi cérvix, sentía mi vagina estirada como nunca antes, me sentía tan llena tan dominada, mi corazón latía a mil. Leonardo me tomo del cabello con fuerza y empezó a follarme.

    Leonardo: Te encanta esta verga cierto?

    Karen: Siii

    Leonardo: ¡Dilo!

    Karen: Me encanta tu verga papi

    Leonardo: Así me gusta que seas un perrita sumisa

    Al principio fue doloroso pero luego me acostumbre y la sensación fue increíble. Con cada embestía sentía como Leonardo me penetraba hasta lo más profundo de mi ser, todo era muy intenso, me movía adelante y atrás como si fuera una muñeca, la cama rechinaba como si se fuera a desbaratar, yo gemía como loca. No había pasado más de dos minutos y tuve mi primer orgasmo, sentí como se tensaron todos mis músculos y soltaba un chorrito de squirt. Leonardo no se detuvo y comenzó a penetrarme con más intensidad, el placer iba en aumento no había terminado de tener el primer orgasmo cuando tuve un segundo mucho más intenso, sentí como el temblor se apodero de mí, un espasmo me recorrió toda mi vagina y sentí como expulse un enorme chorro de squirt que dejo empapadas las sabanas. Me encontraba complemente extasiada era increíble el placer que me había hecho sentir esa majestuosa polla, nunca había tenido un squirt de esa forma. El orgasmo fue tan intenso que me dejo aturdida por unos instantes.

    Leonardo me saco la polla mientras yo seguía temblando dominada por el placer, nos vinimos casi al mismo tiempo, sentía su leche caliente dentro de mí, era la mejor sensación del mundo.

    Nos besamos por un buen rato y después tuvimos que cambiar las sabanas y secar el colchón con un secador de pelo ya que habia quedado empapado por mi squirt. Mi tía no tardó en llegar, me acababa de follar a su esposo en su propia cama y ella no tenía idea, me sentí como una niña que hace una travesura sin ser descubierta. Desde entonces Leonardo y yo follamos siempre que tenemos la oportunidad, cada vez nos volvemos más temerarios, hasta el punto de escabullirme en su habitación para darle mamadas mientras mi tía está en el baño y follar aun cuando mi primita está en la casa, la sensación de peligro hace que sea más excitante.

  • La novia de mi primo

    La novia de mi primo

    Mi nombre es Juan Carlos, tengo 22 años, soy un hombre de estatura promedio, piel morena, ni flaco ni gordo, vivo solo en Bogotá, Colombia, ya que decidí venir a estudiar. Llevo 8 meses queriendo escribir este relato, pero no me animaba, debo decir que nadie sabe lo ocurrido aquel día.

    Alejandra tiene 23 años, somos amigos desde pequeños, ya que estudiamos juntos, tiene una sonrisa hermosa, ojos claros, pelo rojo, enormes tetas y un culo aceptable, como lo dice el título es la novia de mi primo Santiago quien es como mi hermano, compartimos muchos gustos y tiempo juntos.

    Un fin de semana me encontraba sin nada que hacer aburrido jugando en el play, cuando suena mi celular y es mi amiga Alejandra, quien en ese momento era la novia de mi primo Santiago. Debo aclarar que nosotros éramos amigos antes de su relación, de hecho, se conocieron gracias a mí, ella me invitaba a una fiesta con sus amigos y amigas teniendo en cuenta que mi primo no se encontraba en la ciudad y no tenía quien la acompañara, accedí a acompañarla y pasar un rato agradable, la recogí en su casa y todo transcurría normal, un saludo cariñoso, pero sin nada de morbo, llegamos a la fiesta, nos encontramos con sus amigos y amigas nos presentaron, hablamos un buen rato de todo tema y luego de comer algo empezamos a bailar, yo bailaba con varias chicas incluida Alejandra, había una chica en especial que me miraba frecuentemente y yo se las correspondía, bailamos muchas canciones juntos, incluso uno que otro beso cruzamos. Alejandra al percatarse de lo que pasaba solo me hacía preguntas sobre la chica, sonaba algo interesada, pero no noté nada raro, era muy común hablar de esos temas entre ella y yo.

    La noche pasaba y ya estaba un poco tarde, la fiesta se fue apagando y Alejandra y yo decidimos irnos para casa, ella vive al otro lado de la ciudad y yo cerca de donde estábamos, entonces sin ninguna mala intención la invité a Alejandra a quedarse en mi casa evitando el largo viaje hasta su casa, ella aceptó y decidimos ir.

    Camino a casa Alejandra me decía que las cosas con mi primo Santiago no iban bien, que discutían muy seguido y ella estaba un poco cansada, lo único por lo que no quería dejarlo era su hija quien tenía ya 2 años. Yo me limité a escuchar y decidí no comentar nada al respecto, pues de un lado estaba mi primo que es como mi hermano y por el otro mi amiga desde años del colegio.

    Llegamos a casa y seguíamos hablando del mismo tema, yo para evitar seguir hablando del tema sugerí ver una película ya que ninguno tenía sueño. Empezamos a ver la película y poco a poco me fue venciendo el sueño, no planeamos dormir en la misma cama, pero la situación se presentó de tal manera, pasó aproximadamente una media hora y la televisión prendida me despertó, abrí mis ojos y Alejandra me miraba fijamente a la cara, no me dio tiempo ni de parpadear y se me lanzó encima y me besó, yo le correspondí el beso y duramos varios minutos jugando con nuestras lenguas, mi pene estaba a reventar yo tocaba sus tetas y sus nalgas, no me resistí más y le quité toda su ropa, teniendo esas enormes tetas de frente las empecé a lamer y ella gemía de placer, me puse encima de ella y sin pensarlo dos veces la penetré ella gritaba mi nombre y al mismo tiempo gemía y enterraba sus uñas en mi espalda, estaba por correrme y ella paró y me empezó a hacer sexo oral (se notaba poca experiencia, pero me encantaba) lamía mis testículos y yo sentía que no podía más, hasta que exploté en su boca y la llené de mi semen, yo quería que ella también se corriera y empecé a bajarle y lamía su vagina que estaba muy mojada, ella me agarraba del pelo y me hundía mi cabeza contra su vagina, cuando subí la intensidad, inmediatamente suelta un enorme gemido que hasta creo que mis vecinos escucharlos y se corre en mi cara llenándome de su flujo.

    Caímos rendidos y nos dormimos en pocos minutos sin decirnos ni una sola palabra. Al día siguiente nos despertamos como si nada hubiese pasado y la llevé hasta casa, me dio un leve beso en la boca y me fui confundido para mi casa. Hoy casi 8 meses después hay miradas cómplices entre nosotros, pero jamás se volvió a tocar el tema.

  • Un día me atreví a todo (Parte lll)

    Un día me atreví a todo (Parte lll)

    Una mujer se puede atrever a todo.

    Sé que no he escrito desde hace ya mucho, han pasado muchas cosas en el lapso de tiempo y que he vivido y experimentado nuevas aventuras, terminare de contarles la experiencia de una mujer casada, harta de vivir en la monotonía y buscando entrar en el mundo del atrevimiento, sé que alguna de las personas que me leerán entenderán de lo que hablo, pero más que nada busco transmitir las historias que me han contado todas las personas que en mi han confiado.

    Me llamo Lucas y soy una persona que busca expresar la libertad de la mente de cada una de esas personas que son calladas que tienen miedo del que dirán y por muy dentro desean atreverse.

    En contexto en esta historia Galy es una mujer casada, como lo he contado en los dos últimos relatos ella vivía en una monotonía con su familia y su marido, vivía con el miedo del que dirán, pero por dentro nacía una parte de ella que le decía, “y que se sentirá”, “si me atrevo” y “que más da, ya he soportado bastante”.

    Sé que no soy mujer, pero a lo que muchas me han contado llega un punto en tu vida donde dices “ya que más da“, en este caso Galy después de experimentar estas dos acciones conmigo me conto que decidió adentrarse más, en este caso intentar serle infiel a su marido con un tipo de su trabajo, para ella un hombre bello de telenovela que le daba una atracción desenfrenada hacia un mundo de fantasía, todo lo que escriba es descrito y escrito por ella, claramente con su previo permiso.

    Galy: ¿Hola Lucas, como estas?

    Yo: ¿Hola Galy, bien bien y tu como estas?

    Galy: muy bien sabes que lo que hicimos me ayudo bastante y hoy amanecí de muy buenas

    Yo: me da un gusto que te ayude y vaya que si lo disfrute.

    Sé que no fue en persona, pero al notar el placer en una mujer con su voz es algo que aprecio mucho

    Galy: sabes me he estado poniendo a pensar las ideas de salir de mi mundo sé que aun puedo disfrutar de la vida, aun me queda un tiempito para alcanzar algunas cosas que siempre quise hacer, pero con los niños y mi esposo es lo que me detiene

    Yo: ¿pero todo esto se puede hacer, ellos no tienen por qué detenerte o porque lo piensas?

    Galy: Hay Lucas, pues por que principalmente si se entera alguna persona conocida cercana a alguno de nosotros pues se volvería un caos, imagínate me ven con alguien o algunos de los amigos de mis hijos me reconoce o peor un conocido de mi esposo uy no esto sería un caos.

    Yo: pero puedes ir conociendo el mundo a medida que te atrevas y siempre asegurando el entorno

    Galy: ¿cómo?

    Yo: puedes atreverte a hacer lo que tú quieras, pero siempre viendo el entorno, sé que tal vez te puedan descubrir excita, pero puedes ajustar las cosas siempre a tu favor, ¿dime que sería lo que tienes en mente?

    Galy: mmmm.

    Su pensamiento y boca no coordinaban, porque dentro de ella nacía la idea que por meses le giraba, pero le costaba aceptarlo

    Galy: Hay un chico en mi trabajo se llama Martin, es un chico de unos 29 años es muy buena onda es algo atrevido ya que a casi todas en el trabajo ha besado, pero es de esas personas que no tiene miedo a nada es muy loco pero divertido.

    Yo: ¿te gusta?

    Galy: no, pero se me hace muy atractivo va mucho al gym y siempre va con una sonrisa encantadora, es como un actor de telenovela.

    Yo: ¿y entonces te llama la atención como para una noche?

    Galy: no solo una noche quiero ver de que es capaz porque siempre que lo escucho en las platicar con las otras compañeras es de estar tirando indirectas de que tiene mucha actividad sexual y que hace sentir muy rico y quisiera ver si es cierto.

    Yo: oh ya me imagino, bueno y porque no empezar por allí

    Galy: ¿cómo?

    Yo: si, atrévete a ver si es muy bueno y solo busca el placer que deseas conocer.

    Galy: hay claro que se escribe muy fácil, pero él nunca se fijaría en una mujer con dos hijos y menos con 44 años.

    Yo: pero tienes muy bonito cuerpo y para un hombre siempre existirá el factor de excitación al saber que eres casada.

    Galy: mmmm podría ser, pero necesito analizarlo.

    Yo: ok piénsalo y veras que todo saldrá a tu beneficio.

    Galy: ok lo pienso y te cuento, nos hablamos más tardecito porque voy a ocuparme.

    Yo: ok aquí andaré Ciao.

    ¿Sera cierto que una mujer necesita de una salida de su mundo rutinario?, ¿se atreverá?, me dará gusto si se atreve pensare en ella para tenerle lista algunas ideas y ver como lo toma, eso me lo preguntaba al termino de nuestra platica y pasando más de medio día y llegando a casi el anochecer me hablo:

    Galy: ¿hey Lucas estas?

    Emocionado por su mensaje lo abrí rápidamente y le contesté.

    Yo: ¿si aquí estoy, como andas?

    Galy: bien algo cansada estuve de aquí para allá, pero ya lo he pensado y la verdad si me quiero atrever

    Yo: Genial, y como tomaste la decisión

    Galy: pues lo medite mucho y con el pasar del tiempo y ver a mi esposo con aburrimiento y sin ganas, pues fue lo que me ayudo a tomar la decisión.

    Yo: Ok, y tienes algo planeado

    Galy: la verdad no sé, pero mañana voy al trabajo y veré como están las cosas te estaré hablando en el día para ver qué pasa.

    Yo: ok aquí estaré.

    Galy: Va, iré a dormir por que ando muy cansada, descansa niño travieso

    Yo: jajaja, descansa Galy.

    Era un pensamiento realmente excitante al saber que una mujer descubría las ganas de experimentar y me encantaba saber, que confiaba en mi para expresarse, paso la noche dormí con el sueño de conocer a que se atrevería y ver qué resultados daban, desperté a las 8 de la mañana para ir al trabajo y en el transcurso del viaje recibí un mensaje de ella:

    Galy: Buenos días, Luquitas

    Yo: jeje buenos días Galy, no me habías dicho así, ¿cómo amaneciste?

    Galy: jajaja ya se es algo de cariño, hoy desperté con ganas de conquistar el mundo me aliste desde temprano saque un conjunto de falda color negra pegadita y blusa de botones blanca y de ropa interior un bonito cachetero negro con un brasier blanco.

    Claro que para un hombre estos detalles son encantadores, la mente hace su trabajo y para mi saber que se vería hermosa y sexy.

    Yo: Muy guapa he, ese Martín no se negará a una mujer encantadora como tú.

    Galy: jajaja la verdad no me acordaba, pero me emociona atreverme y ver qué pasa.

    Yo: pues a darle no temas me cuentas todo cuando esté pasando

    Galy: ya sabes que sí, te mando mensaje.

    Yo: ok

    Llegue a mi destino de trabajo y durante las primeras horas me comentaba en mensaje que ese Martín estaba por su lugar de trabajo, ella me describía que desde que llego todo mundo la volteaba a ver y sentía las miradas de todos.

    Galy: Todos me miran como si nunca me hubieran visto.

    Yo: entonces haz de estar radiante más que otros días

    Galy: jajaja, claro que no, pero me gusta que me vean me hace sentir rara pero bien.

    Galy: ya vino Martín y me dijo que estaba guapísima, que ha de haber muchos choques afuera porque todos no me quitan la mirada de encima, jajaja y le comente que también se veía bien y me invito a platicar ahorita en el almuerzo, te cuento que pasa.

    Yo: ok aquí estaré leyéndote y apoyándote.

    Pasando más de medio día me comento ella que al momento del almuerzo Martin le compartía de su desayuno balanceado ya que la tenía que cuidar su figura.

    Galy: ya fui a desayunar con él, Hay Lucas me está encantando este hombre me hablo de forma bonita pero con su toque, siempre simpático y carismático, me conto que hace ejercicio diariamente y le comente “ huy estaría genial que me enseñaras para yo también empezar”, y él lo tomo con mucho agrado y me dijo “por qué no hoy vamos a correr a un parque conocido”, y yo le dije veré porque con mis hijos así no se si pueda pero dentro de mi me dije “qué más da será un ratito y me lo merezco” y después le dije “mmm sabes que si puedo a las 7 te parece bien” y él me dijo que si.

    Yo: wow, vas con todo a ver si se da la oportunidad.

    Galy: veremos qué pasa la verdad, estoy nerviosa, pero algo dentro de mí me da ánimos, llegare ahorita a casa y sacare mi ropa deportiva que tenía guardada, ojalá aun me quede.

    Yo: claro que te quedara si tienes un muy bonito cuerpo, y si pasa algo dime para ayudarte.

    Galy: ok

    Ella a pesar de su edad mostraba un cuerpo hermoso, una silueta de formada y un par de senos grandes y hermosos, además que lo que llamaba era ese trasero levantado y lleno de deseo para cualquiera que lo viera, Pasando las horas y el momento de trabajo me daba cuenta que ella estaría ansiosa y muy nerviosa le mandaba mensajes para saber que estaba pasando,

    Yo: Ya saliste de tu trabajo me imagino que vas muy nerviosa

    Galy: La verdad es que si jajaja, como lo sabes niño, ¿eres brujo?, ya voy llegando a mi casa voy con tiempo medido ya que él tiene su ropa en su coche y yo tengo que ir hasta la casa, pero ya se donde está todo y así que voy me doy un baño rápido y salgo para con él.

    Yo: adelante y atrévete

    Galy: veras que sí, ahorita llego y le digo a mi esposo que saldré con una amiga que me invito a una rutina de zumba y todo estará arreglado.

    Yo: Ok tienes ya un plan.

    Pasó el tiempo y de ella no recibía un mensaje, comenzaba a pensar si estaría bien o si la estaba pasando bien.

    Yo salí de mi trabajo un poco tarde, y en el transporte público llegue a ver en mi celular un mensaje de voz de ella así que me fui hasta una parte privada del autobús y me puse mis audífonos, subí el volumen y lo que escuche fue algo que me dejo muy emocionado, ya que era un par de sonido al aire y se escuchó claramente con su voz un “que rica verga” y un succionar como si estuviera chupando, claramente era muy claro que estaba chupándosela y el quejido de el de placer era más claro.

    Yo le respondí con un emoji de me gusta y le dije disfrútalo.

    Pasando el rato en el camión no dejaba de repetir ese audio, llegando a mi casa y más de 30 minutos llego una llamada de ella rápido me puse mis audífonos y le marque me dijo espera que tengo que contarte todo con detalle deja me muevo de donde estoy.

    Yo: Ok Galy, ¿dime cuando estés lista, que paso, como estas?

    Galy: Hay Lucas no sé qué paso, pero la verdad lo he disfrutado como no lo imaginas.

    Su voz la delataba está llena de excitación demostrándola con una risa bonita.

    Yo: ¿qué hicieron?

    Galy: veras, llegue corriendo al parque él ya estaba algo sudado porque había calentado un poco y estaba en unas barras haciendo flexiones, yo lo miraba muy atlético con sus short y su playera de tirantes, se veían sus músculos muy marcados y era un imán de tracción con esa sonrisa, el me saludo de forma agradable y yo encantada, me dijo “vamos a correr un poco” y al estar caminando me dijo que no pensaba que me fuese a atrever a venir.

    Yo le dije “por qué” y él me dijo “es que estas casada y tu esposo ha de estar muy molesto”, yo pensaba lo que me decía y la verdad me acorde de lo que me dijiste que lo de casada les prende mucho y vi que sí, le comente que no pasaba nada que él no era para nada celoso y que todo iba a estar bien, comencé a recibir instrucciones de que hacer y así como hacíamos flexiones y corríamos, el me ayudaba a hacer bien las cosas, pero siempre notaba su interés por tomarme por atrás, y siempre sintiendo su pene, eso me prendía mucho, pero me trataba de controlar ya que me hacia la loca para disimular y más porque había varia gente a nuestro alrededor, nos movimos a un lugar donde había menos gente y me apoyo una mano por mi cadera para estirar bien las piernas y sentí como la movía por mi nalga derecha jajaja, se le notaba que esta algo caliente cuando también por descuido pase mi mano para sujetarme y alcance a mover mi antebrazo hacia atrás y roce con su miembro.

    Así hubo varios momentos hasta que llegó el momento en donde jugando en broma por decirle que todas las señoras se le quedaban viendo y el me comento que a mi todos los hombres y me dijo con ese cuerpo todos nos tienes embobados, siempre con su sonrisa yo reí y me agache y dije pues que miren bien y me puse en una posición que hacía que mi trasero resaltara más con mis pants, me agache a abrocharme las cintas de los zapatos deportivos y note que sus ojos se salieron jajaja lo provocaba y eso me encantaba, él se rio y me dijo así como no, no aguanto las ganas y me dio una nalgada algo que me tomo de sorpresa y me puse muy roja algo molesta pero por dentro me gusto, lo voltee a mirar y solo lo veía con su sonrisa, y le dije oye jajaja más despacio, con eso creo que le di permiso de comenzar a hacer un toqueteo más físico y llevar esto a un nivel más alto.

    La verdad estaba muy emocionada y caliente mi cuerpo reaccionaba y mis senos se pusieron muy duros con la situación, se vino más el anochecer y cuando estábamos terminando de caminar reíamos y contábamos cosas del trabajo, lo mire y me dije que tan guapo hombre lo miraba de pies a cabeza y me decía como lo tendrá, la inquietud de mi mente me llego a preguntarme, ¿me quedare con las ganas?, así que le dije que si me ayudaba a checar mi auto ya que cuando llegue tenia prendido una luz extraña, el accedió a ayudarme, ya está algo oscuro y nuestros autos estaban estacionados en una parte poca transitada, llegamos y él se sentó en el lugar del piloto y yo de copiloto, prendió el coche y me dijo que luz extraña vez Galy, y yo un poco temerosa y caliente lo mire y le dije una que esta por aquí y me fui agachando para la parte del volante y llegar a estar cercas de su miembro, realmente no me creía que estuviera haciendo eso pero me anime y dije es hora o nunca, y pase mi boca muy cercas y el identifico a que me refería, sentí una mano por mi trasero y solo reí y le respondí tomando con mis manos su miembro erecto, ya estaba muy duro jajaja.

    Me levante lo mire y nos besamos con pasión como si fuese algo prohibido, lo cual lo era, me reí y le dije “que dura la tienes“ y me dijo quieres verla a lo cual lo accedí, tome mi celular y lo puse en el suelo cercas de sus pies, saco su miembro y me quede sorprendida era un pene muy grueso y muy limpio, muy diferente al de mi esposo, estaba muy caliente y solo pensaba en tocarlo y probarlo, lo mire y él sabía que era lo que quería, así que me paso su mano por mi cabeza y yo accedí lo tome y casi no podía cerrarlo con mi mano, estaba fascinada y muy excitada mi cuerpo y mi vagina estaban ardiendo y solo quería sentir placer, pase mi mano de arriba hacia abajo y no aguante a probarlo era un sabor un poco salado pero era delicioso sentir eso en mi boca, sentía su excitación por como gemía, no dejaba de darle placer se la chupaba y pasaba mi lengua por todo ese tronco, su gemido era encantador y tome mi celular y pensé quiero que veas que si me atreví así que grabe ese audio que te mande y fue lo que escuchaste está chupándosela y diciéndole “Que rica verga”.

    “Ay Martin que rica verga“, eso lo prendía mucho y yo estaba muy contenta, él me decía “Galy que rico la chupas”, y no dejaba de chupársela, así estuve hasta que sentí como sus bolas se ponían algo duras al tocárselas y su respiración se aceleró ya sabía que se vendría así que le chupe más rápido y sentí como comenzó a llenarme la boca de su rica leche, cerré los ojos y sentía su sabor en toda mi boca, estaba muy excitada y decidí tomármelo, la verdad nunca lo había hecho pero era mucha de su leche en mi boca y su sabor era de mi gusto, me levante y lo mire siempre con su sonrisa encantadora me decía “Que rico Galy, me has hecho venir mucho”.

    Yo estaba muy mojada quería sentir esa verga dentro de mí, lo mire , el noto mi deseo, mi boca y mi cuerpo se sincronizaron y dejaron a un lado el miedo y la vergüenza y muy dentro de mi salió un “cógeme, por favor”, yo traía condones en mi bolso ya que a veces a mi esposo se le ocurría hacerlo en la carretera pero ya desde hace tiempo no los había usado, incluso la caja estaba nueva así que tome uno y se lo di, paso su mano por mi vagina, la verdad estaba nerviosa pero al sentir esa presencia me deje llevar, metió su mano y para pronto me quito el pants y mis bragas salieron rápidamente, ya estaba lista para que me cogiera era lo que más quería se lo pedía constantemente y es que no paraba de decir “ya por favor quiero sentir tu verga”, “ Métemela por favor”.

    Nos movimos a la parte de atrás de mi auto y me tomo de mi cintura me acerque a él y me senté lentamente mis piernas estaban algo temblorosas, al sentir ir entrando esa rica y deliciosa verga fue un placer sin palabras, no me creía que me estuviera cogiendo con Martin, se sentía muy diferente al pene de mi esposo, era muy rico la sensación de ese grosor tocar todo mi interior y como respuesta de mi cuerpo siempre sonreía y quería más, no paraba de moverme y gemía sin mas no poder, sabía que me podrían escuchar pero eso paso a un segundo plano, abrí más mis piernas y me quite la blusa deje caer mis tetas que estaban muy duras, gemí como nunca había gemido, todo era placer pero sabes algo alcance a escuchar mi celular sonar, me voltee y le di mi espalda a Martín el ya sentado y me senté en su verga.

    Alcance a ver mi celular y la llamada era de mi esposo, eso me produjo mucha excitación no sé porque pero sentí un rico orgasmo en ese momento en donde veía que mi esposo me llamaba y sentir la verga de Martín entrar todo dentro de mí, acelere el paso y entre más sentía más quería, sentía que ya me vendría y que Martín también así que me tumbe hacia el de espalda el me tomo con una mano una teta y con la otra acariciaba mi clítoris, vaya si que sabía tocar a una mujer, estaba comprobando con exactitud todas las indirectas que él decía, le dije que me venía y él me dijo que también terminaría, aceleramos el movimiento y llego esa gran sensación que una mujer necesita sentir, ese shock eléctrico que recorre todo tu cuerpo y hace que pierdas el control de tus extremidades, era un orgasmo tan fuerte que gemí muy fuerte, el con el condón lleno y su sonrisa fue una vista muy agradable.

    Terminamos y me vestí rápidamente él me dijo que me acompañaría en su carro hasta dejarme lo más cerca de mi casa a lo cual le agradecí, mientras venia en mi auto venia pensando las cosas que pasaron, volteaba a ver por el retrovisor su auto y solo sonreía, llegue cercas de mi casa, el hizo sonar su claxon y se despidió, llegue a casa, mi marido estaba furioso pero sé que valió la pena lo mire le dije que me entendiera que tenía que salir a distraerme y el no comprendía, la verdad no me importaba ya lo que él pensaba, estaba muy encantada y cansada, corrí a meterme a bañar mis hijos comenzaron a preguntar por la cena y mi esposo con su humor, así que decidí ignorar y les dije pueden hacer lo que quieran, me retire a mi baño abrí la regadera y disfrute de un baño placentero, recordé la situación y mi cuerpo aun tenia secuelas de excitación, fui a ponerle seguro a la puerta y me masturbe recordando esa rica verga de Martín, sali de bañarme y vi que todos estaban tranquilos y vine a llamarte, eso fue lo que paso y quiero darte las gracias por apoyarme y estar aquí conmigo.

    Yo estaba realmente excitado y mientras la escuchaba no dejaba de tener mi miembro erecto, ya centrado en lo que me decía estaba encantado porque ella estaba descubriendo eso que necesitaba.

    Yo: Me da mucha alegría que te atrevieras, pero y ahora que viene para ti

    Galy: jajaja no sé, esto es poco a poco, pero con esto me ha ayudado a pensar más y abrir mi mundo sexual, tal vez un trio, dos chicos para mi sería fantástico, o hay un chico conocido de mi esposo que siempre lo que, tenido en la mira, jajaja no se ya veremos que pasara.

    Así como Galy, me han llegado grandes experiencias con otras mujeres, y es por eso que te invito a dejar un comentario o un mensaje por correo, sabes que todos tenemos ese mundo el cual tenemos miedo de expresarlo, pero a veces es fantástico para algunos donde me incluyo conocerlo, espero te haya gustado este relato, aun me falta algo más, espero subirlo y más que nada ayudarte a disfrutar un rato tu día.

    Saludos, Lucas.

  • Divirtiéndome con el permiso de mi esposo (8)

    Divirtiéndome con el permiso de mi esposo (8)

    Muy buenas a todos mis lectores seguimos con mis experiencias que a todos fascina, por su morbo.

    Para el día de hoy voy a contarles unos cortico. Era un martes en la tarde, habíamos almorzado con David en un restaurante que queda por la calle 37 con 13 teníamos cita en la embajada americana en esa entonces quedaba sobre la trece. Teníamos planeado ir a las Bahamas de vacaciones, desafortunadamente a mi esposo, lo habían llamado de la oficina para que fuera a recoger unos planos y darle unas modificaciones que había que hacer lo más pronto posible. Por lo que le toco ir a la oficina obligado. Entonces se fue y me quede esperándolo, sentada en el restaurante si no había trancones podríamos alcanzara entrar. Ya llevaba casi dos horas esperándolo y la hora de la cita se acercaba y me empecé a angustiar que de pronto no alcanzara a llegar, pasaban los minutos y nada, lo llame al celular y al parecer lo tenía apagado, eche un madrazo. No me había percatado que en la mesa de al lado había un caballero que sintió mi angustia, bueno y también me escuchaba hablando sola, tenía la mesa llena de papeles que revisaba.

    –¿Al parecer te han dejado plantada?

    Volteo a mirarlo, esa voz me produjo cierta sensación agradable, me quedo viéndolo en silencio por unos segundos.

    –Si carajo teníamos una cita en la embajada americana con mi esposo y al parecer la hemos perdido ya.

    Miro el reloj, me rasco la cabeza con el lápiz, me sonrió y le pico el ojo.

    –Pero tranquila ya habrá otro día, otra cita ¿van a viajar pronto?

    –No, no hasta dentro de dos meses.

    –A no lo que tiene es tiempo para eso preciosa.

    –No si de aquí a esa fecha hay es tiempo, espero que nuestras ocupaciones nos den un tiempito para volver.

    Seguimos hablando y le dije.

    –Ven muñeco y te sientas junto a mí.

    Se paró cogió sus cosas y las puso en las sillas de enfrente mío, en ese momento vi que mi esposo venia y haciéndole con mi mano la señal de cortar y de que se alejara. Pero no lo hiso y si se sentó detrás mío donde estaba aquel caballero sentado.

    –Bueno primero que todo mucho gusto mi nombre es Miguel.

    Me dio la mano y sentí un corrientaso que me auguraba una buena cogida, suspire mientras le contesto.

    –Mucho gusto muñeco Diana para ti.

    Comencé a recoger el papelerío que tenía sobre la mesa ordenándolos.

    –¿Pero parece que al fin tu marido no va a venir?

    –No si ya estoy ciento por ciento segura que ya no viene y lo mejor es que ya ni se aparezca ¿cierto?

    –Yo creo que sería lo mejor así te puedo conocer ¿Y a que te dedicas preciosa?

    –Soy abogada penal.

    –Ve que bien y me lo imaginaba.

    –Si ¿tengo pinta de abogada?

    –Pues por tu hermosa pinta de pronto no por que déjeme decirle que usted está bellísima. Pero si por las hojas que manejas, no en todas partes se usan de ese tamaño oficio, sino en los juzgados más que todo.

    Ese día no llevaba traje de paño, me había puesto un enterizo de malla negro que me cubría todo el cuerpo, pies y brazos, no llevaba sostén, ni calzones, una falda negra de cuero, un saco de lana negro y zapatillas altas de correas.

    –Lo único bueno que tu esposo no hubiera venido fue el poder conocerte.

    –Si tienes toda la razón muñeco.

    –Me gustaría invitarte una copa ¿no se si puedas, tienes algo que hacer ahora?

    Me volteo a mirarlo me le acerco a la cara estirando mi cuello.

    –Pues si, te cuento que me encantaría en verdad y como no tengo nada que hacer, aprovechamos que mi marido no vino y no sé si quieras pasar la tarde conmigo y así me despejo de la rabia que tengo por el incumplido de mi esposo.

    –Listo claro que si, espera hago una llamada.

    Agarro su celular y se puso a llamar a su amigo, pero al parecer estaba apagado.

    Me reí…

    –jajaja yo no sé para qué tienen un verraco celular si lo dejan apagado.

    –si que joda ¿y a dónde quieres ir preciosa? Tu que conoces la ciudad ¿podríamos ir a la zona rosa o a Galerías?

    –Yo tengo un sitio a donde podemos ir.

    Le acaricie el cabello mientras le hablaba.

    –Es por acá en Teusaquillo es muy reservado y en donde podemos pasar toda la tarde.

    Se me queda mirando medio sorprendido, prácticamente lo estaba invitando a cogerme.

    –Si claro a donde quieras.

    Estábamos tan cerca de nuestras caras que le zampe un beso en la boca.

    –Camina entonces Vamos saliendo ¿y qué haces por estos lares?

    –No estábamos en el I. C. A. que queda a media cuadra solicitando unos documentos de una investigación agropecuaria. Yo soy agrónomo y las necesitamos para trabajar con ese proyecto.

    –¿Pero estas con alguien?

    –Si con mi colega que está en las oficinas.

    Salimos del restaurante había unos escalones y el caballero me dio la mano para bajarlos, no me soltó al iniciar al caminar y yo tampoco, antes al contrario entrelace sus dedos con los míos. Al llegar a la esquina lo vio que salía del edificio con un folder en la mano, nos acercamos se me queda mirando.

    –Listo viejo aquí está el proyecto.

    –Mucho gusto. Me extiende su mano.

    –Ahí discúlpame, mira te presento a pedro mi compañero de trabajo.

    –Encantada de conocerlo.

    Le doy la mano y vuelvo a sentir esa chipa que me prende, me cachondea el cuerpo. Miguel se me queda mirando cuando pego ese brinquito.

    –Jeje ese mismo brinquito pegaste cuando me presente.

    Me tape la cara de vergüenza.

    –No me pasa nada.

    Estuvo echándole una ojeada al proyecto y hablaron con Pedro.

    –Bueno viejo ya con esto podemos iniciar labores y que nos den la plata.

    –Si hermano ya no falta nada.

    –Vamos a ir a la oficina o vas a algún lado.

    –Vamos a ir con Diana a tomarnos una copa y nos vemos mañana.

    Ahí me toco meter la cucharada.

    –Pero pedrito si quieres nos puedes acompañar a mi me encantaría estar con los dos.

    Miguel me mira y mira a Pedro.

    –Pues yo estaba pensando en ir a celebrar que ya iniciamos labor pero no esperaba compañía tan hermosa.

    –A entonces camina pedrito vamos a un sitio que yo se que les va a encantar. ¿Tienen carro?

    –Si, si esta parqueado frente al restaurante.

    Nos fuimos caminando yo en la mitad de los dos. Era el carro de Pedro nos montamos, ellos dos adelante yo atrás los guie bajando por la 37 hasta la 19, volteamos a la derecha llegamos a la 39 y otra vez a la derecha, llegamos abrí el parqueadero con el control, entramos a la oficina cerramos el portón y luego al sitio. La luz estaba bajita por lo que la subí un poco aquellos dos se quedaron medio pensativos por el sitio, me imagino yo, una cama extra grande, un bar, cortinas gruesas rojas, un yacusi. Con una ducha trasparente.

    –¿Ustedes viven acá?

    –No este es un sitio al que vengo con amigos a tener relaciones sexuales.

    Ambos se miraron asombrados, Me acerque al bar y les ofrecí.

    –Se toman algo tengo de todo. Pidieron wiskiy y yo mí acostumbrado ron, me quite la chaqueta, nos sentamos en las butacas del bar.

    –¿y tu marido sabe de este sitio?

    –Si, este sitio mi esposo me lo adecuo para mí.

    Empezamos a hablar del proyecto que iban a realizar, por un buen rato, las copas se desocupaban rápidamente, la música sonaba, yo ya estaba entonadita y con ganas de verga, entonces sonó un reggaetón y me puse a bailarles en la barra, moviendo mi cuerpo muy sensualmente, me solté lentamente los botones del saco, sin quitármelo seguí bailando, con mis movimientos se veían mis tetas a través de la malla.

    Luego seguí soltando un botón de la falda, luego la cremallera, seguía bailando y moviendo mi cintura de adelante asía atrás me la baje. Suspiros y abertura de ojos al verme que estaba sin calzones, con mi cuquita recién depiladita, me agarro del tubo, me agacho mostrándoles mi trasero y me saco el culero que traía, continuo bailando y me quito el saco, quedando solo con la malla, que me cubría todo mi cuerpo y con una abertura entre las piernas.

    Ambos se me aproximan, Miguel que es mas alto se me coloca por detrás y me comienza a besar mi cuello, Pedro se agarra de mis tetas, bajo el enterizo para que me las pueda chupar. Con la mano izquierda le agarro la verga a Miguel sobre su pantalón, y con la derecha la de Pedro, confirmando lo que ya sabia, que estaban bien dotados. Se desabotonan sus camisas y yo es suelto el cinturón, los botones y les bajo la cremallera, terminan de quitarse la camisa y yo les bajo los pantalones, se quitan los zapatos, levantan los pies para sacarse los pantalones y yo meto mi mano entre sus bóxer y les agarro la verga.

    Los beso metiéndoles mi lengua en sus bocas, los masturbo, me acarician dedeándome mi cuquita y el trasero, se quitan sus interiores y bajo mi cabeza y les veo sus vergas, ambas igual de largas pero la de miguel mucho mas gruesa, cubierta por su piel no había sido circuncidado, nos besábamos, me acariciaban todo mi cuerpo, Miguel me dedeaba con fuerza sacándome varios gemidos de placer, Pedro se arrodilla y me agacho un poco, me lambe el trasero abriéndome las nalgas con sus manos, miguel se termina de quitar los pantalones y bóxer, se desapunta la camisa quitándosela y sigue besándome, lo masturbo, le acaricio las huevas, me besa las tetas, abro las piernas y Pedro me lambe desde el culo hasta la cuca.

    Miguel me alza y me lleva para la cama, me acuesta se sienta a mi lado y lo acuesto besándonos y masturbándolo, luego me levanto colocándome encima de él haciendo un sesenta y nueve, sus pies contra el piso.

    Pedro termina de desvestirse y se acerca colocándose enfrente de mí, agarro ambas vergas y comienzo a mamárselas, deleitándome con su textura, sintiendo como recogía la piel el glande de Miguel, Pedro no era que fuera huevon pero su depósito era bastante largo y caído, perfectamente cubría su verga al colocársela, arropándola.

    Agarraba sus vergas restregándomelas por la cara al sentir sensaciones placenteras con la lambida de Miguel, hasta que me vine. Cambiamos de pose nos montamos los tres en la cama Miguel boca arriba y yo como perrita me agarro a mamarle la verga y el Pedro por detrás me penetra la cuquita, me la saca y vuelve me penetra, vuelve y me la saca y otra vez para adentro varias veces hasta que empieza a cogerme a buen ritmo por casi veinte minutos, me vine temblando toda, aferrada a la verga de Miguel, con la que me deleitaba mamándosela.

    Cambiamos de pose y me le monto a Miguel, coloco su verga en la entrada de mi cuquita y me dejo rodar por ella, sintiéndola entrar rozando mis paredes vaginales. Pedro nos sirve unos tragos de ron y seguimos cogiendo hasta hacerme venir y cambiamos nuevamente de pose.

    Me agacho para mamarle la verga a Miguel por unos segundos me volteo dejando a Miguel a mis espaldas y me coloco su verga en la entrada de mi trasero y lentamente fui metiéndomela, movía mis caderas de lado a lado dilatándome sintiendo su carne en mi paredes anales, hasta cuando la sentí toda adentro, suspiro, abro mis ojos, me apretó los labios, me muevo en círculo, me levanto sacándola un poco y vuelvo a metérmela suavemente, vuelvo a hacerlo aumentando el ritmo y mis gemidos, me apoyo en sus piernas y brinco incesantemente sintiendo mi cuerpo temblar con cada una, sensaciones deliciosas me cubrían, descanse un poco levantándome, dejando que Miguel me cogiera, Pedro me besaba e inclinándome lo hice parar en la cama y le mame la verga, mientras el Miguel me rompía el trasero dándome con todo.

    Volví a venirme y descansamos un poco, tomamos roncito y al rato volvimos a la acción esta vez acosté a Pedro boca arriba y me le monte encima, y me penetro mi trasero, Miguel se había lavado la verga, se me paro enfrente y se la mame. Al rato le pedí que me la metiera por la cuquita, se arrodilla me levanta mis piernas colocándolas en su pecho y me penetra deteniéndonos con Pedro para dejarlo penetrarme y empezar a sentir esas dos vergas dentro de mí entrando y saliendo sin parar, sensaciones placenteras inundaban mi cuerpo, mi voz entrecortada pedía mas candela, mas placer.

    Hasta hacerme venir en intermitentes espasmos que retumbaban en todo mi cuerpo. Miguel se levanta y el pedro me hace volver a venirme con sus movimientos. Descansamos unos minutos y volvemos a la faena, estando de pie me abrazan y el miguel me levanta sobre su cintura yo lo atenazo con mis piernas y me penetra la cuquita, el pedro pos detrás me penetra mi trasero y cogemos por cerca de 20 minutos, me agarro de sus hombros y disfruto de sus dos vergas entrando y saliendo de mi cuerpo hasta hacerme venir nos detenemos y me agacho a mamarles las vergas, luego siento a miguel en el sillón y me le monto encima dándole la espalda le agarro la verga y me la meto en mi trasero, pedro se arrima y levanto mis pies dejándolos en su pecho me penetra mi cuquita cosa de diez minutos en que logramos venirnos todos derramando su semen dentro de mi, quedando todos conectados por unos segundos me sacan sus vergas todas untadas de semen y me agacho a mamárselas dejándoselas limpiecitas sin rastros de líquidos.

    –He ave María doña Diana usted en verdad es toda una puta exquisita.

    –No sabe su marido cuanto le agradeceremos el no haber ido al restaurante.

    –No querido el si llego, yo lo vi entrar y le hice señas que cortáramos y me dejara contigo, él fue el que se sentó detrás de mí y nos escuchó hablar.

    –Vea pues me sorprendes mujer, hacen una pareja muy peculiar.

    –Si somos una rara especie, a mi me gusta coger con otros hombres y a él le encanta verme o imaginar todo lo que gozo yo.

    –no me queda más que felicitarte preciosa, regálame tu número de teléfono porque me encantaría volver a verte.

    –Anótalo 311 … … …

    En ese momento preciso sonó el teléfono. Pensé que era el Miguel que me había marcado y al ver vi que era mi hija quien llamaba.

    –Hola hija ¿cómo vas?

    – Hola Mami bien ¿y tú en donde andas?

    –Estoy en el sitio hija pasándola rico con dos caballeros que acabo de conocer.

    –A bueno ¿y que se demoran o van a salir ya? No ya creo que salimos tengo que ir a donde un cliente a llevarle unos papeles, Huy carajo ya son las seis.

    –A bueno es que vamos a ir con dos amigas que quieren ponerle los cuernos a sus esposos y entonces ya vamos para el sitio, Mami ¿vas a ir a la casa o a dónde Gerardo? Es que estamos con él.

    –Ahí malditos se van de goce ¿y no me invitan?

    –Mami en la casa te cuento que ya estamos de ida para el sitio.

    –Listo hija yo voy hoy a la casa aprovecho y arreglo una ropa para estos días.

    Colgué y me levanté.

    –Bueno queridos ha sido todo un placer pero nos tenemos que ir mi hija viene con sus amigos a coger.

    Ambos se quedan mirándose y se sonríen. Quedándonos de volver a repetirla se despiden y se van. Yo organizo, limpio un poco y dejo prendido los ambientadores y me voy.

    Terminando este relato me despido esperando sus comentarios a esta página o al correo [email protected]

    Con amor

    Diana lucia Saavedra.

  • Casi violada en la CDMX

    Casi violada en la CDMX

    Ayer en la noche me fui en metro, tardó un poco en pasar supongo que porque estaba lloviendo. Había mucha gente y me subí en el de los hombres; el olor no es tan padre como en la mañana, olían a mojado. No pasó mucho tiempo y quedé pegada en la puerta y sentí como uno se pegaba en mi espalda y con los movimientos se acomodaba, pero lo sentía más brusco. Poco a poco se fueron bajando y como me sentí incómoda, busqué un lugar para sentarme y así lo hice.

    Al lado contrario yo creo que se sentó el que venía molestándome, porque en algún momento que volteé se me quedó viendo de una forma rara, cuando bajé sentía que le seguía al subir las escaleras, y me dio un poco de miedo.

    Las últimas escaleras estaban descompuestas y al subir sentí que me tocaron las nalgas de forma descarada, volteó y me dice, “te gusta que te manoseen”. Me di la vuelta y me di prisa pero me alcanzó y me tomó del brazo; casi no había gente, (por lo que se tardó en pasar el metro y en las estaciones, eran como 9:30).

    Los puestos estaban ya cerrados y no había mucha luz, me quise zafar pero no pude, me llevó a la calle que está a un lado, ahí está oscuro y hay una casa que tiene como un hueco, quería gritar pero algo me lo impedía y él me abrazo fuerte al caminar, me puso contra la pared, me tocó las nenas y como el bra era delgado me pellizcó mis pezones y yo trataba de zafarme, pero no sé cómo me tenía que no pude o quizás no quería.

    Él bajó sus manos y las metió en el leggings por encima, sintió que llevaba mi consolador porque se me quedó viendo y me dijo, que “traes aquí puta”. Jaló la tela y rompió las costuras con la mano, metió sus dedos y agarró mi consolador, no sé más que más me dijo, de que era muy puta, que tenía una verga adentro, que iba a sentir la de él, sacó un poco el consolador y lo metió con fuerza y sentí como se incrustaba en mi panochita, pero me dolía lo cual ocasionaba una terrible excitación y al mismo tiempo sentía cómo se contraía mi vagina y un miedo que me recorría toda la entrepierna que me excitaba aún más. Me dijo que iba a sentir su verga, (pasó una persona del otro lado, pero no hizo nada y él se pegó más).

    Me dijo que iba sentir lo dura que estaba que la sentiría y yo la sentía muy dura; me dio mucho miedo y me moví, pero me dio una cachetada, me volví a mover más pero no podía mucho porque me tenía muy pegada, no me dejaba de manosear las nenas y sentía su verga en mi pierna, cuando intento abrirse la bragueta se separó un poco, yo tenía aún el consolador adentro.

    No sé cómo grité, y lo empujé con mi cuerpo, no se cayó, pero me dio espacio para salir corriendo, me fui hacia a la avenida y tomé un taxi.

    Llegué a mi casa muy agitada, quería llorar y no podía, me metí a bañar y sentía todavía sus manos y la forma en que incrustaba el consolador y metió sus dedos en mi panocha lo cual sinceramente me excitaba mucho.

  • La esposa de Osvaldo

    La esposa de Osvaldo

    Hoy les vengo a contar la historia de cuando me comí a la esposa de mi amigo Osvaldo, aquel mismo que nunca supo que su mamá fue mía y ahora años después su mujer sería mi perra. 

    Osvaldo y yo desarrollamos una gran y fuerte amistad pese a todo, él siempre fue mi escudo y espada, tanto que me consiguió trabajo a su lado en la empresa en la que él trabajaba, los tiempos de la música ya habían pasado y ahora él ya era un hombre responsable, pero yo continuaba en mis desmadres.

    En varias ocasiones me invitó a cenar a su casa, en una de estas ocasiones conocí a su esposa Caro, ambos tenían 26 años, yo 27.

    Caro es bajita y algo llenita, con buenos pechos y trasero mediano, es blanca de piel, ojos verdes, pelo largo castaño y rizado, y con eso que llaman cuerno de viuda (ojalá lo fuera) en la frente, siempre me ha fascinado ese tipo de pelo porque yo ando un poco escaso, aunque no sea calvo, es muy simpática y aparentemente callada, es intuitiva, se da cuenta de todo, tiene una mirada intensa, profunda y viva, ¡es una delicia!

    Empezamos a ser muy amigos, aunque la amistad era buena, era notorio que éramos muy diferentes, el más serio, responsable y respetuosos y yo loco, vale madres y acelerado, eso hizo que Caro se forjara una imagen sobre mí y que poco a poco tuviera más interés en conocerme más.

    A Caro le gusta mucho llamar por teléfono y casi todos los días llamaba a la oficina para hablar con su marido, pero alguna que otra vez no se podía poner por no dejar sus ocupaciones de ese momento, y algunas veces le oí decir “Vaya otra vez esta pesada”.

    La primera vez que oí eso me dolió mucho que pensara y sintiera eso por una mujer como Caro, empecé a pensar que tenía mucha suerte de estar casado con ella, pero que no la merecía.

    Si su marido no podía hablar me llamaba a mí, así pasó que algunos días hablamos horas y horas desde la oficina, yo como no tenía que ganarme prestigio como Osvaldo, tenía menos ocupación y además me encantaba hablar con ella.

    Teníamos un tono cariñoso, cálido, yo me empezaba a mojar apenas comenzaba la charla con ella, no es que yo percibiera que su relación con su marido se deteriorara, pero notaba también que estaba muy a gusto conmigo, que lo pasaba bien llamándome y hablando de sus cosas, de si estaba mala, de sus temores y alegrías, para mí como pueden suponer esto era un conflicto porque él era mi amigo y sin embargo me gustaba más hablar y estar con ella.

    Nunca en nuestras conversaciones yo le dije que me gustaba, pero eso creo que se notaba, le preguntaba de todo, hasta llevaba la cuenta de cuando tenía la menstruación y se lo recordaba si estaba más triste o más simpática.

    Mis deseos se iban acentuando, resultó que Osvaldo decidió dejar la empresa y ponerse por su cuenta en una empresa de construcción, no tenía dinero, pero pidió préstamos, compró un piso, contrató gente y comenzó su gran aventura, la aventura de su vida, era lo que le gustaba.

    Eso le entusiasmaba más que su mujer, a ella no le hacía mucho caso, por eso me llamaba a mí cuando quería hablar con alguien.

    Al principio era la excusa de que como él estaba muy ocupado no quería molestarle con sus tonterías, luego llegó a tener una dependencia absoluta de mis llamadas, de mis consejos, de mi presencia, al menos al teléfono.

    Yo no les visitaba mucho últimamente, Caro a pesar de que no le gustaba ese tipo de trabajo se puso a ser secretaria de una empresa para colaborar económicamente.

    Fue un día notable para mí cuando su primer día de trabajo me escribió una carta, diciendo que era un día importante para ella, está asustada y nerviosa y quería escribir, con lo mucho que le costaba hacerlo, a una persona muy especial para ella, y ese era yo, deshaciéndome en deseos por ella, pero sin decirle nada.

    Inmediatamente la llamé por teléfono dándole las gracias por el detalle y le dije que era majísima y cualquier cosa la iba a conseguir porque valía un montón.

    Nos veíamos de tarde en tarde, más bien poco. Pero sucedió algo más que cambió las cosas.

    Caro tuvo que operarse de un pie porque se hizo un esguince, dejó de trabajar dos meses, me seguía llamando y ahora con el dolor de su pie, mimosa y con ganas de ánimo.

    Yo no podía más, estaba loco por ella, le dije que su marido tenía mucha suerte y que era una pena que estuviera casada y además con mi amigo Osvaldo, Caro estaba emocionada, coqueta, sonreía, aunque me decía que no dijera esas cosas.

    C: No digas eso, ¡oye porque no vienes a comer conmigo!

    J: Pues no sé, ¡tendría que huir de aquí!

    C: Ándale, ¡además Osvaldo está súper ocupado!

    J: ¡Deja me las arreglo y voy para allá!

    Pedí permiso para salir a un asunto urgente y con los pantalones mojados y una gran erección, además del corazón a mil, fui rápido en mi coche hasta su casa.

    Estaba con las muletas, su pelo rizado suelto, se había quitado las gafas, se veían muy bien sus preciosos ojos verdes y amplia sonrisa.

    Llevaba un vestido negro que le favorecía mucho, resaltaba su figura, la prominencia de sus senos y perfilaba sus preciosas caderas, se había vestido para la ocasión.

    Acababa de salir del baño porque todavía se podía oler en su casa y manos el gel de baño, al verla me acerqué a darle un par de besos, ¡estaba radiante!

    Hicimos una comida sencilla entre los dos, le ayudé en algunas cosas y eso permitió que sin darme cuenta nuestros cuerpos se rozaran más de una vez debido a la estrechez de la cocina.

    Creo que notaba que yo me acercaba de más y que tenía una significativa erección, no podía más así que puse mis manos delicadamente en sus caderas y la acaricié mientras acercaba mis labios a su nuca.

    C: ¡Quítate!

    J: ¿En serio?

    Dijo que me quitara, pero de un modo muy suave, como pidiendo guerra, indicando que le gustaba, comencé a besarla el cuello y seguía moviendo mis manos por encima de su vestido, suavemente.

    C: No por favor, Osvaldo puede llegar de un momento a otro, es mejor que lo dejemos, bésame, ¡dame un beso pequeño solamente!

    Ella seguía luchando contra sus instintos y decía que esto no podía ser, pero yo había decidido que no se podía escapar, que tenía que conseguirla ese día o nunca.

    Seguí acariciándola, mientras me daba la vuelta, ahora frente a frente la abracé y dije que tranquila que no pasaba nada, si no quería no habría besos, pero mis manos hacían lo contrario, le tocaba sus nalgas en círculos, ella estaba excitada también, creo que podía sentir mi bulto en su falda.

    Me dijo que nos sentáramos en el sofá, la situación era patética porque ella iba con sus muletas, yo no sabía cómo cogerla con aquellos hierros que me estorbaban para mi propósito.

    Se sentó y pensó que conversaríamos, pero yo insistí, quería un beso, me tumbé hacia su lado, ella seguía diciendo que no podía ser, pero el forcejeo creo que la estaba calentando.

    Logré meter la mano por una abertura que tenía su vestido y llegar a su sujetador, era negro de encaje, introduje mis dedos hasta llegar a su pecho, alcancé su pezón izquierdo, estaba duro y erecto, como un centímetro, seguía forcejeando excitada.

    C: ¡Basta! ¡Uhm!

    J: Tu boca dice eso, ¡pero tu cuerpo no!

    C: ¡Jajá, ya soy muy tímida!

    J: ¡Eso me gusta más!

    Mi mano seguía acariciando su pecho y mi boca seguía consiguiendo algunos besos robados, me dijo que, de acuerdo, que ella misma se quitaría un momento el sujetador, que no quería que se rompiese.

    Entonces pude contemplar un espectáculo único, se quitó la parte de arriba del vestido y el sujetador negro, sus pechos se balanceaban libres ante mí. Con unas aureolas medianas y rosadas y unos pezones inmensos, ¡nunca vi nada tan bello!

    Sus pechos eran grandes y mullidos, pero nada fláccidos, mis manos no podían más, se lanzaron a acariciar esas maravillas.

    C: ¡Ah, tranquilo, uhm!

    J: ¡Que ricos los tienes!

    Noté como cerraba los ojos con pasión, cómo respondía a mis caricias y se mordía el labio inferior, aproveché para acercar mi boca a sus labios y nos besamos con pasión.

    Nuestras lenguas se mordían y acariciaban, nuestra saliva se mezclaba, mis manos habían tomado posesión de sus pechos y pellizcaban sus pezones que seguían saludando el precioso día.

    Acerqué mi boca al pecho más cercano, lo besé con ternura, lamí su pezón en círculos, podía escuchar sus jadeos levemente, como suspiros.

    C: No, no puede ser, ¡no sigas!

    Pero yo no hacía caso, ese tesoro era mío, todavía tenía puesta el vestido, mis manos ahora buscaban algo más, se introdujeron por debajo del elástico y pude palpar mientras mi boca seguía entretenida con su pezón izquierdo, pude palpar digo, sus braguitas de seda negra.

    Al girar la mano por el contorno de su muslo pude alcanzar las gomas del liguero que sujetaban las medias negras que llevaba. Seguí acariciando sus muslos con mis dos manos.

    Poco a poco, Caro se iba abandonando, gemía a rítmicamente, de modo variado según le venían espasmos y sensaciones voluptuosas diversas.

    Mis manos fueron bajando su vestido, quedando al aire su precioso trasero solo oculto por unas bonitas bragas, apenas usadas, compradas para la ocasión.

    Mi boca estaba ya en su ombligo, ella seguía con los ojos cerrados, ¡No, no puede ser, no me hagas esto! Pero yo ya no podía parar.

    Bajé su vestido hasta sus tobillos, tuve cuidado con su pie derecho, el del esguince, aún tenía las bragas y las medias sujetas por los ligueros, seguí acariciando mientras observaba con detenimiento aquel hermoso paisaje, sus bragas eran pequeñas y se podía observar su vello púbico asomar tímidamente por los bordes.

    Con una mano acariciaba su trasero y con la otra su entrepierna, aparté un poco las bragas y le introduce acariciando mi dedo en sus labios vaginales.

    Tenía vello no abundante, se ve que lo recortaba de vez en cuando, era de color castaño claro, como su pelo, ella seguía jadeando y ahora noté que cambiada su discurso.

    C: No, no puede ser, Jonathan, me estás volviendo loca, loca de pasión, ¡ah!

    J: Me tienes loco nena, cuanto moría por esto, estas buenísima, ¡que rico cuerpo tienes nena!

    Yo ya no me podía controlar, estaba desnudando a mi amiga, mi amigo podía llegar de un momento a otro y me iba a follar a su mujer, en su casa, en su sofá.

    Mi dedo seguía metido en su vagina, se movía a su antojo, buscaba el botón de la felicidad, subía hacia arriba y por fin lo encontré, no era largo pero duro y gordo.

    Seguí acariciando en ese punto, estaba muy mojada, mi mano estaba llena de su flujo.

    C: ¡Ah!!! ¡Que rico lo haces uhm!

    J: ¡Esta muy cachonda!

    C: ¡Creo que en el fondo quería esto!

    J: ¡Lo se nena, uhm!

    Caro no podía más, gemía, gritaba y clamaba de placer, seguí acariciando con dos dedos cada vez más rápido, noté como una eyaculación en mi mano, otra más.

    Mi otra mano seguía acariciando sus nalgas e introduciéndose en la raja y acariciando en esa parte, bajé mi boca a su coño y le metí la lengua poco a poco.

    Sorbí todo el líquido que había por allí, me encantó su sabor que se mezclaba con mi saliva, mis manos bajaron sus braguitas, a estas alturas ya empapadas y poco a poco acariciando sus piernas fui besándolas y bajándolas hasta los tobillos. Caro ya no decía nada, se dejaba hacer, estaba enloquecida.

    Creo que nunca había gozado tanto, estaba en esa placidez semiconsciente que dejan los orgasmos repetidos en las mujeres, mis manos se perdían en caricias por todo su cuerpo, cara, pelo, cuello, pechos, pezones, ombligo, caderas, coño, clítoris, piernas y precioso y riquísimo pie, que pude besar y chupar repetidamente.

    Yo me había quitado la camisa, pero ahora me quité los pantalones y calzoncillos, mi pene estaba chorreando de líquido pre seminal.

    Estaba completamente erecto, 20 cm de pene rosado y duro como una roca y con testículos peludos, Caro no podía estar más lubricadas tras mis operaciones anteriores y su pasión incontrolable, así que no me resultó difícil ensartarle mi verga hasta las bolas, como en los toros, y arremeter bombeando, mete y saca, una y otra vez, yo pensaba en la muerte para evitar eyacular demasiado pronto.

    C: ¡Ah, que rico, Jonathan, que rico!

    J: ¡Ah, ¡Caro, uhm!

    C: ¡Cógeme, si, así, soy la mujer más feliz, que rico!

    J: ¡Dios nena, me tienes a mil!

    Como no quería lastimarla me invente e improvise unas posiciones, para continuar dándole de mi verga, finalmente tenía a la sensual esposa de Osvaldo para mí.

    J: ¡Que rico, uhm, que rico!

    C: ¡Ah! Si, ah, dios, ¡hace tiempo que no sentía esto!

    ¡Que idiota! Pensé eso de Osvaldo que descuidaba a ese majar, que comenzaba a mover su cadera de forma riquísima, yo estaba súper excitado, tenía que respirar y distraerme para no venirme aun, ya que quería seguir disfrutando de esa mujer.

    J: ¡Caro, que rico, uhm, me vas hacer venirme!

    C: ¡Si, uhm, que rico, uhm!

    J: Dios, muévete nena muévete, ¡pero no te vayas a lastimar!

    C: ¡Ah!! Que rico, que rico, ¡te siento bebe!

    No puede aguantar más de 10 minutos empujando una y otra vez, y tuve una corrida tan abundante, ya que hacía algunos días que no me masturbaba, que el sofá negro de cuero resplandecía y brillaba con el espeso y límpido material acuoso, mezclado con el líquido que expulsaba Caro.

    Lo había conseguido, finalmente me había cogido a esa mujer descuidada por un hombre que su ambición supero su deseo y amor por ella.

    Caí en sus senos, exhausto, cansado, feliz y satisfecho, por fin me había follado a la mujer de mi vida, mi mejor amiga, la mujer de mis sueños.

    Caro abrió levemente los ojos y me miró pensativa. De su pupila derecha resbalaba una lágrima. ¿Pensaba en Osvaldo? ¿Cómo seguirá la relación? ¿Podremos seguir siendo amigos? ¿Llevará bien los cuernos mi amigo Osvaldo?

    Le ayudé a vestirse, ella continuaba muda, limpie el sofá y le dije que me iba, justo en eso ella me abrazó y llorando me pidió no le contara de eso a nadie, que no fue correcto, que fuimos malos.

    Yo la abracé y le dije que no tenía que ponerse así, que no hicimos nada que no queríamos y que Osvaldo jamás se enteraría.

    La amistad no fue la misma, los días y meses siguientes ella me evitaba, ya no me hablaba, de hecho, Osvaldo se dio cuenta y discutieron, al verla muy deprimida no me quedó de otra más que alejarme de ellos, pero nunca olvidaré el día que me la cogí en su sofá.

  • Desayuno para curar la cruda

    Desayuno para curar la cruda

    El pasado fin de semana e iniciando bien este mes de julio fuimos mi esposa Maricruz y yo a un convivio con un grupo de amigos a una cabaña que tiene uno de ellos en un poblado cerca de nuestra ciudad, por la cuarentena y evitar que nos cortaran la fiesta decidimos alejarnos un poco de la civilización para convivir entre amigos y pasarnos un rato ameno.

    El sábado a las 3 de la tarde y después de terminar con nuestras actividades laborales nos reunimos todos para llevar lo necesario para nuestro convivio, carne, asador, botanas y bebidas, y nos encaminamos cada pareja en su propio vehículo, en total éramos 6 parejas, entre ellos mi compadre y su esposa. Cuando decidimos que él fuera el padrino de bautizo de mi primer hijo todavía no estaba él casado, por eso solo él es compadre.

    Total que agarramos camino hacia la cabaña todos en caravana para no perdernos, 6 parejas 6 carros uno tras otro para no perdernos en el camino, la cabaña no estaba lejos alrededor de 35 minutos de nuestra casa cerca y a la vez lejos del ruido, cruzando cerros, pinos y arroyos así que el camino pintaba de lo mejor. Llegamos y de inmediato las mujeres comenzaron a preparar la carne y botanas mientras los hombres con la cerveza ya en la mano poníamos el fuego y platicábamos de nuestros empleos y demás, asimismo las mujeres se ponían al día en sus cosas, total que a una hora de nuestra llegada ya estábamos listos para comer, nos fuimos acercando a la mesa.

    Todos contentos conviviendo y disfrutando del lugar y la comida, pasando esta y entrando la noche, pusimos una fogata para que nos iluminara la noche y hacer un encuentro bohemio para relajarnos de nuestras labores diarias, en ratos estábamos todos juntos en rato puros hombres y así fue pasando la noche hasta que estábamos todos muy tomados en particular los hombres.

    Las pláticas cuando estábamos todos juntos eran triviales del día a día y temas que nos hacían reír a todos desde chistes a anécdotas, y cuando estábamos los hombres solos pues era un poco más candente la conversación ya al punto tomados pues se nos suelta la boca, y en eso estábamos cuando mi compadre se desahoga conmigo y me platica que trae problemas con su mujer, que sin llegar a ser de consecuencias fatales, si incomodaban un tanto llevar su vida tranquila, por lo mismo en el ámbito sexual pues mi compadre me pidió recomendaciones de donde poder desahogarse sin consecuencias, prácticamente me estaba pidiendo que le recomendara alguna prostituta o algún bar donde pudiera aliviar su frustración, yo me reí de su ocurrencia y después él me dijo que era de verdad que ya tenía casi un mes que no tenía intimidad con su esposa, ninguno de los dos es feo, por el contrario ella hace voltear a verla en la calle, su vestimenta siempre es elegante siempre muy formal, y su bonito cuerpo sin tener nada exagerado.

    Estuve a punto de contarle el secreto que teníamos mi esposa y yo lo de nuestras travesuras, pero me contuve primero quería comentar con mi mujer la situación del compadre y a ver si podíamos ayudarle un poquito, ya que antes de nosotros ser matrimonio, mi compadre intento ligar ella por bastante tiempo la pretendió pero nunca se dio que pudieran salir solos, tanto ella como el como que de jóvenes se tuvieron ganas pero nunca nadie dijo nada ni se dio la oportunidad de quitarse las ganas, platicando con Maricruz le propongo que hagamos algo por el compadre, que lo saquemos del trance por el que pasa e ideamos la mejor manera para conseguir nuestro objetivo que sería llegar a un trio con el compadre.

    Así que contando con el permiso de ella y trazando entre los dos un plan me dirigí con mi compadre para ir tanteando el terreno y como envolverlo en nuestro plan, llego con el platicando de cosas tranquilas hasta que el de nuevo me pide mi recomendación, le digo que a la mañana que ya se empezaba a asomar lo invitaba a desayunar a nuestra casa, que le tendría un caldo caliente y muy picante para sacarnos la cruda que los dos llevaríamos.

    Mientras platicábamos de eso se acerca mi esposa a platicar con nosotros y como ya había previsto antes aleje a mi compadre un poco para poder platicar tranquilos y sin que nadie nos escuchara, cuando ella llega me pide irnos que ya es tarde y tenemos que descansar, en eso la abrazo y le planto un beso que ella me devuelve con cariño y ánimo, y ella me dice en tono de cachondearía “mejor ya vámonos que ya te necesito en mi cama”, y lo dijo enfrente del compadre y él entre risas me dice “vamos matador disfruta tu noche que yo no sé hasta cuándo”, mi esposa un tanto coqueta le dice al compadre: “te acuerdas cuando andabas tras de mí, chance y algún día…” Y en cuanto terminó de decir eso me dice “vámonos”, y tomándome de la mano me jala y nos despedimos de todos y salimos rumbo a nuestra casa.

    Apenas nos subimos al coche ella se quita la chamarra que traía puesta por el frio, y se inclina para sacarme el pene y ponerlo en su boca, yo pasé mi mano por su cintura, por debajo del pantalón y todos lados y en cuanto entramos cerro el portón se saca sus pantalones y nos fuimos hasta nuestra recámara metiéndonos mano y en ocasiones la penetraba en alguna pared que la recargaba o en empinada en el sillón, ya en la cama me tumba y se sube para cabalgarme de una manera violenta que nos hace acabar juntos.

    En la mañana en cuanto sale el sol, me levanto y salgo a comprar el desayuno, un caldo de camarón que hacen en un restaurant y afortunadamente abren desde muy temprano para los enfermos que origina el alcohol, y en el camino de regreso le marco a mi compadre para invitarle a desayunar y este me contesta que solo se da un baño para refrescarse un poco y que si no fuera porque sabía que había tomado bastante sino se iba directo al hospital a internarse.

    Cuando llego a la casa despierto a Maricruz y que se ponga bonita sin exagerar para que parezca que se acaba de levantar, pero si le pido que se bañe y que se lave bien sus partes. Llega mi compadre y salgo a recibirlo burlándome de la cara que la resaca le saco y lo bien que le caería el desayuno, pasamos a la casa y empecé a servir los platos mientras mi compadre preparaba una cerveza, en eso baja mi esposa y nos da los buenos días con un beso en la boca a mí y uno en la mejilla a mi compadre, bajo vestida con un blusón de dormir de tirantes con encaje en sus pechos y de ceda el resto que apenas y cubría sus pompis, descubrimos el compadre y yo que no llevaba sostén porque se dibujaban perfectamente sus pezones por la delgada y transparente tela, y de sus calzones no podíamos ver si traía o no.

    Comenzamos a desayunar y platicábamos entre risas todo lo ocurrido la noche anterior, yo aprovechaba para decirle piropos a mi esposa o bien meterle mano mientras mi compadre nos veía y al momento que yo tocaba a mi esposa ella voltea a ver a mi compadre para dedicarle una sonrisa coqueta o me quitaba la mano pero siempre viendo a mi compadre, y en cuanto ella hacia el ademan de retirarme, yo le preguntaba a él “a poco no está bien chichona mi vieja?” O “a poco no está chula esta preciosura que tengo?” Y así muchas cosas para generar un ambiente cachondo.

    Después de tanta manoseada de imprevisto dice mi compadre “ya por favor dejen de comer delante de los hambrientos, con esta cruda que me cargo y tras un mes de castidad me siento como burrito en primavera”, mi esposa y yo reímos del comentario y esta a su vez le dijo “a ver, a poco te excitaste viendo como este canijo me mete mano”, y él le contesta que no es de palo además de que “prácticamente te estoy viendo las chichis comadrita”, “está muy hábil le pregunta y te gusta lo que ves?”, él: “claro se ven muy bien” y en cuanto él dice eso yo le agarro uno de sus pechos y lo comienzo a masajear, ella me recrimina diciendo que pobre compadre, y también le dice “compadre si es cierto que esta excitado déjeme ver que la tiene parada y lo dejo que me toque el otro pecho”, este inmediato se levanta y su short parecía carpa de circo, ella le dice “ándele pues présteme su mano” y ella la agarra con sus dos manos y la pone sobre su pecho mientras le dice “suavecito que brusco no me gusta”, y ahí estábamos los tres sentados en la mesa con nuestro desayuno enfriándose, pero nuestra temperatura más que caliente.

    En eso dice ella “basta de sobadas” se levanta y con fuerza hace girar la silla de mi compadre diciéndole: “más vale que usted sea discreto y si lo es tendrá esto -señalando su cuerpo- cada vez que quiera”. Dicho lo anterior ella se saca el blusón quedando frente a mi compadre en puro calzoncito negro, bikini liso, y se arrodilla frente a él para bajarle el short con todo y bóxer para sin más tomarla por la cabeza para pasar su lengua desde sus testículos hasta su cabecita, lo hizo tres veces para en la cuarta de una sola meterse todo el miembro del compadre a la boca, y comienza a hacerle según él, el mejor sexo oral que ha recibido. Ella le agarra las dos manos y las pone sobre la cabeza de ella para que la acompañe en la mamada.

    Mientras yo los veía ella me hace señas para que me acerque y le saque los calzones y en cuanto lo hago, me acuesto en el piso boca arriba para comenzar a lamer el sexo de ella, hasta que ella me pide que cambiemos y es ahora el compadre quien devuelve el favor a ella metiéndole la lengua en su vagina.

    Ella se levanta después de un rato y nos invita al cuarto y en cuanto llegamos me pide que me siente en una orilla de la cama que quiere que la vea como se coge al compadre y dicho esto ella se pone de perrito sobre la cama y diciendo al compadre que se la meta, que quiere que se la coja y que lo haga fuerte como si se tratara de una puta. Este se la metió de un solo golpe y empezaron a coger como poseídos, duro, fuerte, y ella pidiéndole más, más fuerte y de repente suenan dos nalgadas que él le dio, ella diciéndole “siii mas mas hazme lo que quieras soy la puta que siempre quisiste tener, hazme tuyaaa”.

    Cambiaron a muchas posiciones, hasta que él se corrió dentro de ella. Cansados los dos el compadre dice que es hora de irse y en cuanto se incorpora mi esposa salta como resorte sin importarle que de su panocha escurran los jugos de ellos, se pone de rodillas y le deja la verga semi erecta bien limpia. Yo me quedé sentado en la cama viendo como mi esposa y mi compadre se alejaban, ella en cuanto bajan se pone el blusón él se recompone sus ropas y dirigiéndose a la puerta, y yo me acerqué a la ventana para ver que sucedía, mientras se encaminaban hacia su vehículo.

    Maricruz le decía que cuando quisiera sacarse el estrés ella estaría disponible siempre para él, no le importó que alguien o alguno de los vecinos la vieran con el sol de la mañana y lo transparente de su blusón se podía ver tanto sus pechos como su abultada vagina. Ella se despide de él con un beso apasionado en la boca y tomándolo del cuello, y este a su vez le metía las manos por debajo para tocar sus nalgas, durarían unos 5 minutos en despedirse para cuando el sube y se aleja.

    En cuanto ella llega al cuarto de nosotros yo estoy desnudo con mi pene en la mano y ella al llegar se deja caer sobre el para moverse como poseída, y agradeciéndome que le haya permitido cogerse al compadre y que espera que pronto se pueda repetir otro desayuno igual…

    Como siempre espero que el relato haya sido de su agrado y les enviamos un cordial saludo.