Autor: admin

  • La musa y yo

    La musa y yo

    Revisaba documentos en mi escritorio cuando apareció Mike. Me saludó con un gesto de mano y una sonrisa de perfecta y blanca dentadura.

    Me alegré al verlo. Después de una tarde ajetreada necesitaba una pausa y hablar un poco resultaría provechoso como un sorbo de agua en el implacable desierto. -Pasa -le dije con entusiasmo mientras me levantaba y le sonreía. -¿Qué se te ofrece?

    Mike ingresó en el aula y con su habitual educación inclinó un poco la cabeza y me estrechó la mano. -Pasaba a ver si ha hecho dibujos nuevos -me dijo.

    -Oh, sí -manifesté mientras abría mi carpeta. -Aquí tienes.

    Mike tomó el voluminoso bulto compuesto por unos 40 dibujos. Había ilustraciones de animales, coches, criaturas y para mi desdicha otras que no debían estar ahí. El corazón se me aceleró cuando vi los ojos de Mike agrandarse por la sorpresa y su bonito rostro teñirse de rojo.

    -Eso no debía estar ahí… -expresé avergonzado con un susurro sintiendo la cara hecha una brasa con el tono de un tomate ante los dibujos de varios chicos desnudos que olvidé guardar en casa en mis dibujos privados.

    -Me da mucha pena… Mike… No tenías que haber visto eso… -dije con voz temblorosa mientras carente de fuerzas me sentaba para luego llevarme las manos a la cabeza en expresión de angustia. El estudiante que más me agradaba y ahora se alejaría sin duda al considerarme un pervertido al que le agrada el mismo sexo.

    Me sentí morir, pero luego un soplo de aire fresco inundó mis pulmones cuando unos dedos delicados se posaron con suavidad sobre mi hombro. -No se preocupe -me dijo una voz apacible -Están preciosos sus dibujos, en especial los últimos.

    Miré a Mike con los ojos húmedos. Él me sonreía.

    Creí que estaba en un sueño. -¿En verdad no te molestan mis dibujos? -le dije para estar seguro de que no alucinaba. Entonces sentí los agradables dedos del muchacho acariciar mi hombro en una forma en que sería inusual para un chico corriente al tiempo que su voz tranquilizadora manifestaba con un susurro cálido: -No, de hecho me gustan muchísimo. -Me quedé atónito cuando su voz varonil, pero suave agregó: -Me gustan tanto, que, si fuera posible, me gustaría ser dibujado por usted alguna vez como en uno de esos magníficos dibujos.

    Tocaron la puerta. Era Mike.

    Mi corazón se aceleró cuando el apuesto espécimen de muchacho que tenía enfrente se sacó la camisa. A sus 19 años era un muchacho espléndido, guapo en el sentido absoluto del término.

    Tenía los brazos gruesos y el torso robusto, con grandes pezones rojos abultados y pectorales y abdomen gorditos, como los muchachos de las pinturas barrocas. Tenía la piel muy blanca y tan suave como la piel de un bebé. Un torso robusto, no obeso, era bonito, precioso, según estilo de canon renacentista, tanto como su exquisito rostro, varonil, pero de facciones delicadas, por el que resultaba complementado con esbelta gracia.

    A petición mía se sacó también los zapatos. Tenía los pies hermosos.

    Se acomodó en el sofá, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y las piernas algo abiertas, una hacia adelante y otra hacia atrás, y el rostro algo inclinado con los entrecerrados ojos seductores dirigidos a mí. La pose lo hacía ver exuberante. El tono blanco rosáceo de su torso contrastaba agradablemente con el negro de su pantalón. Podría quedarse sin camisa y descalzo una eternidad y mis ojos nunca dejarían de contemplarlo extasiados.

    Mike miró su dibujo con asombro. -Está perfecto -exclamó complacido. -¡Tiene usted un enorme talento! -agregó. Sonreí satisfecho con su expresión. No dejaba de contemplar su dibujo. -Es tuyo -le dije.

    Mike se volvió con los tiernos ojos húmedos y me abrazó agradecido. Su torso desnudo tan cerca mío me desestabilizó y no pude evitar una erección. -Lo siento, no era mi intención… manifesté avergonzado sintiendo nuevamente mi cara hecha una brasa ardiente del tono de un tomate muy maduro mientras le quitaba las manos de la espalda aunque mis dedos se resistieran a abandonar su tersa piel.

    Mike se sonrojó, pero me sonrió con ternura. -Si alguien ha sido culpable soy yo – exclamó con un susurro jocoso refiriéndose al abrazo. Luego me guiñó un ojo mientras decía: -Es lindo que mi contacto te provoque sensaciones. Es muy lindo ser del agrado creativo y personal -aquí hizo énfasis y me volvió a guiñar el ojo -de un artista.

    Me desperté de lo que había sido un hermoso sueño.

    Vi a Mike a mi lado, dormido, de espaldas a mí, con mi brazo rodeando su torso y mi polla erecta entre sus nalgas.

    Sentí sus nalgas carnosas rodeando, casi apretando, la sensibilidad de mi glande hinchado y duro sobre la suave oquedad de su ano; sentí su blanda piel bajo mis dedos y una oleada de su olor viril me inundó las fosas nasales y entonces entendí que no se trataba de un mero hermoso sueño. Mi musa estaba conmigo bajo las sabanas. La intensa noche de sexo había sido tan real como mi polla erecta entre las nalgas del chico ahora. Todavía sentía bajo la punta del glande la preciosa humedad de su tibio culo.

    FIN

  • Despiértame con una mamada

    Despiértame con una mamada

    Despiértame, mujer madura, despiértame. Cuarentona preciosa, despiértame estando bien dormido. Despiértame en plena madrugada, estando solamente con ropa interior negra, con el aire caliente de tu boca, ahí, justo abajo de mi vientre. Despiértame acostado boca arriba con tus manos calientes recorriendo la cara externa de mis muslos, después de haberme despojado muy lentamente de mi única y más pequeña prenda de tela de algodón. Quiero que lo primero que escuche sea una de tus risas. Despiértame con un tierno beso, ahí, abajo de mi cintura, con mi cabello azabache todavía mojado tras haberme bañado, por más que no te pueda ver por la falta de iluminación. Despiértame con un largo lengüetazo tuyo, ahí, abajo de mi ombligo. Despiértame con el frenesí de tu lengua, y con esos recorridos circulares que suele hacer también, sabré que serás tú y no otra mujer.

    Despiértame lamiendo la humedad que desprendo por ti y gracias a ti, después de haber acabado un sueño erótico contigo. Despiértame haciendo un sube y baja lingual, ahí abajito, haciéndome temblar la respiración. Por favor, ráscame también la histórica picazón que tengo en la puntita. Despiértame con una dulcísima sensación de hormigueo en mi estómago, que mañana me tocará a mí despertarte. Mañana me tocará hacerte lo mismo que me haces a mí.

    Mañana me tocará doblar la lengua para introducirla dentro de tus labios vaginales. Mañana me tocará hacer todo el esfuerzo necesario para quitarte las bragas sin que te des cuenta. Mañana me tocará encerrar tus pezones en mi boca hasta que te ardan y parezcan irrompibles, escuchando el sonido de tu corazón. Mañana me tocará empaparte de saliva toda tu maravillosa entrepierna. Para después fundir tu piel enfebrecida con la mía, sudada por ti. Mañana me tocará recorrer todos los pliegues de tu carne anhelante con mis dedos, empezando por tu rajita dispuesta a cualquier cosa conmigo. Mañana me tocará acariciarte las nalgas. Besarlas. Lamerlas. Chocártelas repetidamente.

    Mañana me tocará ponerte bocabajo haciéndote retorcer como una serpiente con mis hachazos de placer. Mañana me tocará intentar que quieras menearme tus posaderas como una posesa mientras te hago cucharita, con una erección que no posaderas como una posesa mientras te hago cucharita, con una erección que no para de crecer. Dura, me la tienes bien dura mujer.

    Mañana me tocará abrir tus piernas como abriendo simbólicamente también las puertas de todo un palacio carnal, y que mi elongación encuentre lo que sería la mejor de sus metas. Mañana me tocará trepar tus pechos con mis labios, para después acoplarme contigo. El pronóstico dice que habrá tormenta, quiero que tus gritos y jadeos se escuchen más que cualquier lluvia.

    Mañana me tocará hacer de tu adorable coño, mi locura, con tus piernas estando igual que un abanico ocupando el mayor espacio posible. Tocar la punta de mi juguete con tu clítoris repetidamente, para que después al entrelazarnos me lo aprietes a tu hospitalario coño, clavándonos con fuerza.

    Mañana me tocará bambolearte los pechos, y terminar corriéndome copiosamente dentro de ti, abrazándonos muy fuerte mientras lo hago, hasta rebalsar de blanco toda tu zona pudenda. Para después al medio minuto seguir follándote con intensidad, con parte del contenido mío que te dejé todavía adentro de ti.

    Mi polla tiene grandes motivos para excitarse contigo.

    “¡Ay, pero qué calentito lo tienes, como para darte toda la noche, hasta que grites mi nombre!”.

    Las ganas que tengo de restregar mis genitales con los tuyos son abismales. Descomunales son las ganas que tengo de alimentarme de la temperatura de tus bellas fracciones femeninas.

    Mañana pasado me tocará abrazarte por atrás, y darte bien fuerte por atrás, mientras cierro los ojos y huelo tu cabello.

  • Celebramos que me casaba cogiendo

    Celebramos que me casaba cogiendo

    Durante mucho tiempo mi novia y yo fuimos los viernes por la noche a un bar que estaba en la planta baja de un hotel y al paso del tiempo fuimos haciendo amigos entre los clientes frecuentes, con el músico que amenizaba el lugar y su esposa y eso hacía que la pasáramos muy bien.

    Desde siempre me ha gustado que admiren a la mujer que me acompaña y tratándose de mi novia me gustaba más y era súper excitante que la vieran y la desearan, además por ser una mujer hermosa y porque estaba muy buena (en la actualidad está buenísima) me excitaba que los hombres que la veían en el bar, no le quitaran los ojos de encima. Yo le pedía que se quitara la tanga que usaba los viernes, usaba minifalda y nos sentábamos en una barra que estaba un poco más alta, y en ese lugar se le veía su vello púbico desde casi todo el pequeño bar, siempre se mojaba por caliente y porque me encargaba de excitarla.

    Entre los amigos, había una pareja donde él deseaba muchísimo a mi novia y cuando se le subían las copas me pedía que hiciéramos un intercambio de parejas y me insistió durante casi 6 meses.

    Él no le gustaba nada a mi novia e incluso le caía mal, sin embargo su novia, la Güera, era una mujer muy agradable, simpática, rubia, nariz recta, unos ojazos grandes, redondos, cafés, con unas pestañas muy largas que acentuaban lo bonita que era y además tenía un cuerpo espectacular, caderas anchas, nalgas paradas, pechos grandes y duros, muy acinturada, unas piernas de campeonato mundial y siempre muy arreglada.

    Una semana antes de ir a hablar con el padre de mi novia para pedirle la mano de ella, fuimos al bar como cada semana y después de platicarle el plan para el siguiente viernes, el novio de la güera me propuso que, el día que fuera a pedir la mano, para celebrar, hiciéramos un intercambio de parejas y ya entrado en copas acepté y le prometí que hablaría con mi novia para que el viernes siguiente, por fin hiciéramos lo que venía proponiéndome hacía tiempo.

    El viernes siguiente pedí la mano de mi novia y cuando le dije que fuéramos al bar a celebrar me dijo que prefería quedarse en su casa. Yo tenía ganas de celebrar y me fui al bar. Ahí me senté con la pareja y cuando le avisé a él que no iría mi novia, se molestó y estaba tan enojado que sin razón se peleó con su novia (la güera) y se fue dejándola en el bar sola.

    Me quedé en la mesa con la güera y me di cuenta que su novio no le había dicho nada del intercambio de parejas, yo tampoco le había dicho nada a mi novia, jejeje, pero yo estaba muy contento por haber pedido la mano de mi novia y todo había salido muy bien, así que le dije a la güera que se quedara, que la invitaba a que nos corriéramos una buena parranda y ella aceptó, así que pedimos unos tragos y nos la dispusimos a pasarla muy bien.

    La güera y yo estuvimos platicando todo el tiempo y por el volumen de la música nos teníamos que acercar mucho y comenzamos a platicarnos acercando nuestras bocas cada vez más, poco a poco nos acercábamos más y más, pero en lugar de platicarnos al oído, platicamos de frente, sentí su aliento tibio tocar mis labios, sentía el calor de sus labios acercarse hasta que, platicando, sus labios tocaron los míos, no nos besábamos, solo rozábamos nuestros labios mientras platicábamos disfrutando la excitación de besar sin besar, de sentir la humedad de sus labios y cuando pasaba su lengua por ellos yo la sentía pasar sobre mis labios.

    En un momento ya no nos detuvimos, era mucho el deseo, muy cachonda la situación y la tomé de la cintura la acerqué a mí y nos besamos, primero de piquito, solo poniendo sus labios sobre los míos abriendo un poco la boca, y me dijo:

    -no sabes desde hace cuánto tiempo quería besarte, que estuviéramos solos tu y yo.

    Me lo decía con sus labios sobre los míos, pasaba su lengua por mis labios, me besaba muy delicadamente, sin ningún morbo, hasta que ninguno de los dos pudimos más y nos dimos un beso intenso, largo, excitante, nos comíamos uno al otro.

    El músico terminó ese turno y se sentaron él y su esposa con nosotros y se empezaron a burlar que estábamos como novios, agarrados de la mano y besándonos todo el tiempo, nos dijo ella:

    -Vaya hasta que se les hizo a los dos, creímos que no se iban a besar nunca, hace rato que se les notan las ganas.

    Hasta ese momento ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta de la tensión sexual que existía entre nosotros y que los demás notaban.

    Seguimos en el bar besándonos y en el último turno de música y antes de que terminara la tomé de la mano nos paramos y la llevé hacia una habitación que había pagado previamente cuando pedí la cuenta del bar y ya tenía la llave.

    Llegamos a la habitación y solo dejé una luz tenue y nos quedamos parados la recargué en la pared junto a la cama y seguimos besándonos, disfrutándonos, yo le acariciaba la cara, el cabello, la veía y ella acariciaba mi cabello.

    Los besos eran pausados, lentos, nos mordíamos los labios suavemente, nuestras lenguas se entrelazaban explorando nuestras bocas, deseándonos con cada caricia que sentíamos.

    Me quitó la camisa y yo le quité la blusa lentamente, desabroché su brasier, se lo quité, nos abrazábamos fuerte mientras nos besábamos, yo sentía sus grandes tetas en mi pecho, sus pezones se recargaban en mi excitándome, yo la jalaba de la cadera para que sintiera mi erección y ella recargaba con fuerza su pubis sobre mí.

    Nos sentamos en la cama y rodamos hasta quedar los dos sobre las sábanas. Nos desnudamos cada uno por su parte completamente y quedamos de lado, todo esto sin dejar de besarnos, se recostó y me jaló para que quedara sobre ella, quedé en medio de sus muslos y acerqué mi miembro a la entrada de su vagina, la penetré lento, sin prisa, sintiendo como mi miembro que estaba muy erecto iba abriendo su cuerpo mientras avanzaba hacia adentro de su vagina hasta que se lo metí totalmente, me apretó de las nalgas para que no me moviera.

    Me mantuvo un rato así, los dos sentíamos como estábamos compartiendo un momento increíble y aflojó la presión de sus manos sobre mis nalgas así que comencé un vaivén, entrando hasta el fondo y saliendo casi hasta salir de su vagina, fuimos acelerando el ritmo, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, acelerando más y más, gemíamos los dos, nos besábamos, le comencé a morder el cuello hasta que no pudo más y mi cuerpo se puso rígido, ella lo sintió y se abandonó al placer y tuvimos un orgasmo simultaneo delicioso, sentía su vagina palpitando, caliente, lubricada por una cantidad increíble de semen y de flujos vaginales y otra vez nos quedamos sin mover por unos minutos, mientras nos seguíamos besando, no sé cuánto tiempo pasó pero me salí de ella despacio para que los dos sintiéramos el placer del rose de nuestros sexos separándose y me recosté a su lado. Ella se acostó en mi pecho y comenzamos a platicar de lo delicioso que había estado hacer el amor.

    Pero yo seguía caliente y ella también, después de un ratito la acosté y le empecé a lamer el cuerpo, nunca la había visto desnuda, su piel era muy blanca llena de pecas por todos lados, sus pechos grandes estaban coronados por dos pezones parados, duros, pequeñitos, rosas, sus aureolas eran rosas también, los lamí los succioné, ella solo cerró los ojos y me dejó hacer disfrutando, lamí su abdomen y fui bajando hasta encontrar su coño sin rasurar, era castaño claro, lamí toda su raja desde el clítoris hasta el ano, me metí su clítoris en la boca y lo lamí y succioné, me di cuenta que se excitaba mucho pues su clítoris creció mucho y se puso muy duro, seguí lamiendo su coño, le daba mordiditas a sus labios vaginales hasta que gimió más fuerte, apretó las piernas y se vino, temblaba, escurrían sus flujos por su raja hasta el ano y me los comí con mucho gusto, eran calientes y deliciosos.

    Levanté sus piernas, las puse sobre mis hombros y lamí su ano presionando mi lengua contra su ojete, la fui metiendo poco a poco, llenándolo de saliva, ella se retorcía de placer, me empujaba la cabeza y me decía que no siguiera pero levantaba las nalgas para seguir sintiendo mi lengua entrar en su ano, cuando mi lengua no alcanzaba a entrar más, cambié y le metí el dedo índice que entró con facilidad pues estaba muy lubricado por mi saliva y sus flujos y la empecé a masturbar doblando el dedo hacia su punto G, ella gemía muy fuerte, cada vez que apretaba el dedo contra la pared del ano gritaba de placer, la puse boca abajo y le mordí las nalgas y seguí masturbándola con el dedo, no aguantó más y gritó viniéndose otra vez en un squirt impresionante y se recargó contra la almohada para acallar el grito, yo no la dejaba de excitar, le mordía el interior de los muslos, las nalgas, me comí su venida y seguía sin parar masturbándola aunque ella me rogaba que parara, de repente me dijo susurrando, un poco un ruego un poco una orden:

    -métemela por atrás.

    Yo reaccioné y le pregunté:

    -¿por dónde?

    Y entonces si me gritó y me dijo:

    -¡¡¡por el culo!!!

    Le levanté las caderas, abrí sus nalgas, la lubriqué con sus flujos y mi semen que todavía escurría de su coño y puse la cabeza de mi verga en la entrada del culo y cuando sintió que estaba a punto de ser penetrada por mí, movió su trasero hacia atrás y ella sola se clavó mi verga hasta adentro, gritó y me dijo:

    -no te muevas, me duele mucho.

    Yo me quedé muy quieto viendo su enorme trasero, sintiendo como palpitaba su culo y después de un momento ella empezó a moverse, primero muy lento llevando el ritmo, cada vez iba más rápido, mandando, cogiéndome, gritando en cada embestida, acelerando de una manera frenética hasta que se volvió a venir gritando muy fuerte, sus flujos chorreaban por sus muslos, mojaban mis piernas y me vine dentro de su culo en un orgasmo que me volvió loco de excitación, ella levantó la cabeza y el tronco, medio se sentó en mi dejando mi verga metida en su culo, la abracé desde atrás, palpitábamos al unísono, no nos movíamos, solo nos quedamos así un buen rato, hasta que mi verga fue perdiendo la erección y cuando ella sintió que no la tenía tan parada se fue quitando lentamente hasta que me salí completamente.

    Me recosté en una cama húmeda por sus flujos y ella se volvió a acostar en mi pecho para que descansáramos y me dijo que nunca lo había hecho por el culo pero que le había encantado, que fue una sensación maravillosa, increíble, indescriptible, estaba verdaderamente extasiada y yo sorprendido.

    Pasaron unos minutos y me dijo:

    -No te muevas, ahora yo quiero volverte loco.

    Y se metió en medio de mis piernas y se metió mi verga semierecta en la boca, reaccioné rápidamente y se me volvió a parar la verga y cuando me intenté mover no me dejó y siguió mamando, lamia el tronco de mi verga, le daba pequeños mordiscos a la cabeza, lamia mis güevos y mi ano y volvía a subir a meterse toda la verga en la boca, subía y bajaba su boca por toda mi verga masturbándome, se la metía toda y así siguió hasta que no pude más, le dije que me iba a venir y en lugar de quitarse apretó sus labios y aceleró la mamada hasta que sintió mi semen entrando en su boca y aún y cuando le dije que parara no lo hizo y siguió mamando, la sensación era desesperante pero deliciosa, me hacía temblar, yo trataba que parara y no me dejaba, hasta que, cuando lo decidió, me liberó de esa tortura deliciosa y me dejó de mamar.

    Se volvió a acostar en mi pecho y platicamos otro rato, eran las 5:00 de la mañana y le pregunté si nos íbamos a quedar a dormir y me dijo que no podía.

    Después de quedarnos un rato más abrazados se levantó y se metió a bañar, yo la alcancé y nos bañamos juntos besándonos cuando podíamos y abrazándonos.

    Salimos del cuarto, la acompañé a su carro y me besó y me pidió que no le dijera nada a su novio y prometió que íbamos a repetir el encuentro muchas veces más, sin embargo, por alguna razón que desconozco, no fue a mi boda y nunca más la he vuelto a ver.

    Sin embargo la recuerdo con mucho cariño y recuerdo ese encuentro como uno de los mejores de mi vida.

  • Devuelto del inframundo

    Devuelto del inframundo

    Jesús Torres entró en esposado y con una capucha en la que sería su nueva residencia y fuente de horrores.

    Fue arrestado durante una de las decenas de manifestaciones estudiantiles que producían encontronazos y refriegas con la policía. Protestaba contra la tiranía y ruina de un gobierno nefasto que destruyera la economía intencionalmente, para controlar a la población mediante dependencia absoluta del estado. Sin embargo, la grave ruina hizo que disminuyeran las fuentes laborales, los salarios decrecieran, los servicios desmejoraran, la producción cesara y hubiera hambre, pues el gobierno funesto no pudo satisfacer las necesidades de la población como pretendiera. La propaganda no fue suficiente para contener a las masas indignadas y entonces el gobierno, convertido en dictadura, reprimió ferozmente cualquier intento de rebelión contra su estructura podrida, cada vez más inmunda a medida que se empapaba las manos con la sangre de inocentes que reclamaban su libertad.

    Esa tarde cuando ya esposado lo subían en la atestada patrulla, Jesús no tenía idea de que estaba por ingresar al infierno.

    La celda era larga, con un suelo gris de concreto bruto y paredes que otrora hubieran sido blancas, aunque ahora lucían amarillentas y con grandes manchas de suciedad amarronadas, y otras más pequeñas y oscuras en algunas partes, algunas en forma de salpicaduras que el muchacho dedujo sin equivocarse apenas verlas: sangre.

    Estando ya desnudo, como vino al mundo, sintió un escalofrío al verse rodeado por cuatro hombres mirando su cuerpo con ojos lascivos, ya prestos a hacerle las cosas aberrantes que se hacían con cada infeliz que entraba en aquel trozo de infierno sobre la tierra.

    Le sangraban los oídos por severos manotazos hasta quedar casi completamente sordo. Casi se desmayó ante aquellos golpes rotundos y si no hubiera estado atado de los brazos en la viga se habría caído.

    Mientras lo sujetaban del cabello y le pegaban en el estómago hasta dejarlo sin aire alguien le aplicó el alicate en los pezones hasta cubrirle el torso de anchos hilos rojos que descendieron bruscamente para fundirse en el tupido bosque de su entrepierna.

    No lo interrogaban, no necesitaban saber nada que pudiera decir. Sólo lo torturaban por placer.

    Los puñetazos le dejaron el rostro sangrando y el torso violáceo por los hematomas. Los golpes en los costados, infligidos con una media suya llena de arena, hicieron que le doliera respirar.

    Jesús había leído artículos sobre torturas. Cuerpos reventados a golpes eran la usanza. No sabía que un día le tocaría experimentarlo en carne propia. Y le faltaba padecer muchos horrores. En los artículos, muchos no sobrevivían a las golpizas, palizas, la electricidad, las técnicas de asfixia, los cortes, las heridas, las quemaduras con calor, con ácido, entre otras atrocidades espeluznantes.

    Apenas acababan de traerlo y ya se sentía devastado. Esperaba un cambio de suerte que lo librara del sufrimiento. Tenía la esperanza de resistir y recuperarse de las lesiones padecidas. Abrigaba la esperanza de ser el muchacho saludable de antes.

    Jesús en aquel momento no lo sabía, pero los salvajes manotazos en los oídos lo iban a dejar sordo en forma permanente. Sufrió rotura de ambos tímpanos. El deterioro paulatino de su cuerpo se iría incrementando con cada tortura. Aun así, tenía la esperanza de sobrevivir.

    Cuando estaba en la celda de reclusión, donde lo arrojarían tras cada tortura, tenía el cuerpo tan lastimado que apenas podía moverse. No encontraba alivio en el duro suelo de concreto que, ante la ausencia de un vasto banco de cemento como lecho, le servía de cama. El aire frío que se colaba por la ventana lo mantenía encogido tiritando. Aun así, intentó pensar que se trataba de una dura prueba de la que lograría salir imperioso.

    Llegó la mañana, pero el dolor no se fue con ella.

    La ración acuosa y sosa que le sirvieron por sopa, y el trozo de pan duro suministrados dos veces al día junto a un vaso de agua de mal sabor no eran suficientes para regenerar su cuerpo.

    No había mucho que hacer en la celda sucia y semioscura que le servía de aposento. Si tan sólo hubiera tenido alguien con quien hablar. Intentarlo con los compañeros de las celdas vecinas estaba prohibido y hacerlo le hubiera supuesto ser sacado y arrastrado antes de tiempo a la sala de torturas como castigo.

    En la tarde fue arrastrado nuevamente a la infame sala para sufrir tormentos.

    Mientras colgaba de las manos fue azotado hasta que se desmayó. Tras ser revivido sus pezones, genitales, ano y las plantas de sus pies experimentaron las atroces caricias de las picanas eléctricas hasta que se desmayó nuevamente.

    La aplicación de la electricidad en los genitales fue especialmente feroz. Se le introdujo un cable con un tubo metálico en el pene y con otro que terminaba en una desesperante aguja, afilada como una espina, se le acariciaban, o pinchaban, el glande o los testículos hasta que le quedaron entumecidos de tanto tormento. Con el tubo dentro del pene, como electrodo fijo, le fueron torturados intensamente los pezones y el ano. El dolor de las quemaduras en las partes torturadas era un tormento adicional una vez concluido el suplicio. Defecar por las quemaduras en el ano fue un tormento atroz que se mantuvo por varios días.

    Poco a poco el muchacho se iba deteriorando.

    Una vez, una sola vez, por suerte para él, le cubrieron la cabeza con unos ochos pasamontañas, hasta quedarle la cabeza cubierta por una masa gruesa de tela, y entonces, mediante un palo forrado con varias capas de goma espuma, le fue golpeada la cabeza con golpes severos que habrían terminado matándolo sin aquella protección. Durante varios días tuvo la cara hinchada, morada y torturada por severas cefaleas que parecían reventarle la cabeza en mil pedazos.

    Una tortura debilitante fueron los azotes con vara en las plantas de los pies. Cada golpe le provocaba una oleada intensa de dolor que subía desde sus plantas sus piernas y espalda hasta estallar como una onda de dolor masivo, inaudito en la base del cráneo. Nunca imaginó que golpes en las plantas de los pies pudieran provocarle tal horror, indescriptible plenamente con palabras. Los golpes eran durísimos. Un par de veces perdió completamente la sensibilidad en las plantas durante la administración del tormento. La curvatura plantar se le tornó llana por los edemas de sangre depositada entre los tejidos deshechos. No pudo caminar durante varios días y le quedaron lesiones permanentes por atrofia de tejidos musculares y nervios. Una cojera y dolor al caminar por hipersensibilidad le quedarían como secuela permanente.

    Varias veces fue asfixiado hasta perder la consciencia. Unas veces utilizando una bolsa plástica para cubrirle la cabeza y otras sumergido hasta el pecho en un tonel con agua. Un par de veces se le hizo esto estando colgado de los tobillos.

    La agonía del tormento con el bisturí eléctrico era peculiarmente atroz. Tal instrumento corta como un cuchillo, quema como metal candente y cauteriza con electricidad, combinando en simultáneo tres torturas horrendas de las que le quedarían, como cicatrices, unas líneas abultadas, como surcos en tierra llana.

    Uno de los peores dolores que experimentara en su vida le fue infligido mediante varillas de metal calentadas en un brasero enfrente suyo para que pudiera anticipar todo el horror que le esperaba.

    Jesús deseó morir para escapar del sufrimiento. Conocedores de la locura inducida por el dolor lo mantenían atado de modo que no pudiera librarse antes de tiempo.

    Jesús dejó de comer para morir de hambre y fue alimentado forzosamente. No iba a morir cuando quisiera sino cuando sus verdugos quisieran.

    Habitualmente era torturado por uno o dos carceleros. El muchacho no entendía que podía haber debajo de la piel de aquellos seres con forma de humanos que tanto sufrimiento, inaudito, enloquecedor, perturbador en grado sumo, le prodigaban. No podían ser personas. No era posible. Aquellos monstruos eran demonios, criaturas de horror procedentes del mismo infierno.

    Sólo podía haber un escape para tal espanto. Deseaba con vehemencia que se propasaran durante una tortura y acabaran con su pena matándolo. Había llegado a idealizar la muerte como la irrefutable liberación de su agonía.

    Una tarde mientras padecía una golpiza se escucharon gritos afuera y su torturador alertado por un mensaje de texto salió despavorido.

    La dictadura había caído.

    La ironía quiso que los verdugos de Jesús fueran torturados muchas veces hasta su muerte en la misma celda por el régimen de liberación, que quiso hacerle a los cerdos lo que le hicieron a otros, aquella misma celda donde muchas veces el muchacho en medio de dolores atroces desgarrara el aire con sus gritos y gotas de su sangre alimentaran las manchas de las paredes y el suelo. Todavía podían verse manchas de su sangre mezcladas con las de muchos en aquella funesta celda que nunca más vería y procuraría olvidar.

    Jesús volvió a su vida previa, aunque no como antes. De las torturas le quedaron, como secuelas, una sordera casi total y permanente, y problemas al caminar.

    Sus limitaciones adquiridas no fueron inconveniente para que al cumplir los 27 años, hecho un hombre apuesto, cinco años después de su tortura, se casara con una preciosa chica, con la que tendría una vida feliz y dos preciosos hijos.

    A momentos, tuvo la impresión de acabar perdiendo la vida en el infierno que viviera durante dos semanas. La pésima alimentación no le permitía recuperarse adecuadamente del deterioro experimentado en los tormentos. Ya era por complexión un muchacho flaco y perdió cuatro kilogramos durante aquel horror. A menudo, durante los peores momentos del sufrimiento atroz que padeció creyó que moriría. Los gritos constantes en las celdas contiguas lo desmoralizaban y llegó a esperar con ansias que la muerte lo liberara de la desquiciante agonía de los suplicios.

    Cuando fue liberado lucía pálido, huesudo y demacrado, con grandes manchas marrones bajo los ojos. Las marcas de las torturas se evidenciaban por todas partes: la espalda, nalgas y costados deshechos a latigazos, el torso morado por hematomas de puñetazos, el rostro hinchado y reventado a golpes, vestigios de sangre por manotazos en los oídos, un afección pulmonar por las sesiones de ahogamiento, marcas negras en el torso y las plantas de los pies por quemaduras con varillas candentes, entre otras muchas lesiones. Hubiera muerto con certeza de no haber sido salvado por las circunstancias.

    Hoy, a sus 30 años es un hombre feliz que se estremece en ocasiones cuando recuerda los rezagos de sus vivencias de hace ya varios años. Cuando tenía 28 años, gracias a una novedosa y sofisticada operación de reconstrucción de tímpanos, subvencionada por una organización pro derechos de víctimas de tortura internacional, recuperó la audición y otra vanguardista cirugía de reconstrucción y regeneración de almohadillas talonares le ha permitido caminar correctamente. Es por hoy un hombre rehecho física y mentalmente junto a su familia.

    El régimen de liberación orquestado por militares rebeldes que sacara del poder a la infame dictadura que durante ocho años oprimiera el país dio paso a negociaciones políticas que desembocaron en el advenimiento de la democracia, imperfecta, pero más favorable que un régimen totalitario. Poco a poco la nación fue reconstruida y todo rastro de aquella nefasta tiranía olvidado.

    Algunas diminutas marcas blanquecinas u oscuras, indicios residuales de las descargas eléctricas, otras mayores y hundidas o en relieve, producto de las quemaduras con metal caliente y aquellas otras como líneas voluminosas que le quedaran del infame tormento con el bisturí eléctrico, le recordaron durante muchos años sobre ese lado oculto y malévolo de la naturaleza humana que se esfuerza por mimetizarse para eventualmente salir y corromper el mundo con oscuridad para perjuicio de muchos. Pero las marcas de su pasado eventualmente desaparecieron o se atenuaron junto con los recuerdos más oscuros de sus vivencias más sombrías desterrados con la fuerza del amor de sus seres queridos y de la paz, añorada durante los peores momentos de agonía en las torturas, que sucedió a la tragedia.

    FIN

  • Pasillo escondido

    Pasillo escondido

    No siempre podemos innovar en casa. Pero afortunadamente no nos aburrimos. A mi marido y a mí nos encanta coger. En todos los ambientes, en todas las posiciones. Ambos somos versátiles y disfrutamos mucho. Pero no siempre podemos innovar en casa.

    Por eso, aprovechamos al máximo el resto de las situaciones. Esta vez fue una fiesta de disfraces en un menguante verano. Para alimentar la fantasía, asistimos a esos festejos por separado. Eso nos da la oportunidad de jugar a los celos e incrementar la tensión sexual.

    Llegué. Mi marido disfrazado de lobo feroz bailaba con una conejita. Estaban demasiado cerca y ella apoyaba las nalgas en su miembro. No duró mucho tiempo: en cuanto me vio, él se distrajo de su compañera.

    Con una bata color vino, un body blanco (con ganchos en la zona genital) y unas medias hasta la mitad del muslo emulaba una vampiresa. Pronto se me acercó un pirata. Bailamos bastante apretados y seductoramente le dejé mis marcas en el cuello. Entonces, sentí que desde atrás alguien me mordisqueaba la oreja. Reconocí el mordisqueo y me recargué contra mi lobo feroz. Nos alejamos del pirata y nos acomodamos en un sillón. Me senté en sus piernas, mirándolo.

    Me besó con furia. Me reí y le pregunté si estaba celoso. No me respondió, así que me puse a comerle el cuello y logré arrancarle algunos gemidos. Con mi bata, oculté parte de la escena y pude llevar sus manos a mis pechos. Me manoseó por encima del body hasta ponerme los pezones puntiagudos. Me estaba mojando mucho, me estaba provocando muchísimas ganas de saciarme con su erección.

    Nos levantamos. Empezamos a recorrer la casa, ansiosos. Las habitaciones estaban ocupadas y en el patio había demasiada gente. Sin embargo, delante de ese lugar había un breve pasillo. Estaba oscuro, pero levemente iluminado por la luz de la luna que se colaba por la puerta. Nos miramos, cómplices. Me apoyó contra la pared, dándole la espalda, y me besó desesperadamente el cuello y la nuca. Corrió mi bata, liberó su verga y la restregó contra mi culo. La tenía durísima y potente. Me quitó la bata, bajó los breteles de mi body y sacó mis tetas, para amasarlas, pellizcarlas y acariciarlas mientras continuaba masturbándose contra mis nalgas. Gruñía y a mí me palpitaba el sexo.

    Volteé, hirviendo. Desprendí los ganchos de mi body. Le pedí al oído que me cogiera allí mismo. No tuve que repetirlo. Estábamos tan calientes y mojados que pudo meterme su pene de un primer y exquisito empujón. Grité. Levanté una pierna y la flexioné alrededor de sus caderas. Al compás de las mías se clavaba en mí una y otra vez. Y me mordía los pezones, sin piedad. Gemí más fuerte hasta que tuve que taparme la boca para no alarmar a nadie. Me tomó por el trasero, rodeé su cuello con mis brazos y así, en vilo, estuvo dándome. Mi espalda chocaba constantemente contra la pared.

    Nos corrimos casi al mismo tiempo, agitados, con taquicardia. Me observó y sabiéndome llena de su leche sonrió y me beso con pasión. Nos acomodamos como pudimos y regresamos a la fiesta, a ver si podíamos crear otro espacio para una segunda ronda.

  • Sexo en la playa

    Sexo en la playa

    Fue una noche de verano junto a Julio, estábamos de vacaciones aislados del mundo. El calor nos invitaba a desvelarnos y hacer de nosotros lo que quisiera.

    Habíamos planeado ir a ver la playa nocturna, tirarnos en la arena y tomar unas cervezas. Queríamos una noche distinta, de paz y tranquilidad. Sin dudas fue la mejor opción.

    La noche era cálida y oscura, no había ni un alma en la calle y eso era ideal para pasar una velada romántica.

    Comenzamos a caminar por la playa justo por la orilla. Jugaba con mis pies en el agua mientras hablábamos de historias que ya ni recuerdo, pero que sin lugar a dudas fue una de las charlas más profundas que habíamos tenido.

    Nos sentamos en una manta arriba de la arena, en un rincón un poco apartado de todo. Se escuchaban los autos de fondo pero no nos importó.

    -Que linda que está la noche -dijo Julio y me abrazó.

    -Lindo que todo esto estemos haciéndolo juntos -le dije sonriéndole. Le devolví el abrazo y lo besé apasionadamente.

    Nos envolvimos en un beso mojado, de esos que las lenguas se enredan y juguetean sin cesar. Comencé a sentir como subía la temperatura y eso me gustaba mucho.

    Julio comenzó a subir sus manos por mi cuerpo, llegando a tocar mis senos. Jugaba con mis pezones, los acariciaba y empezaba a pasar su lengua por ellos. Era un placer exquisito y la idea de que alguien pudiese vernos me excitaba muchísimo.

    Lo toqué por debajo del pantalón y sentí su verga dura y húmeda, era perfecto. Estaba muy caliente.

    Me sacó el short y me recostó. Introdujo su pene erecto dentro de mí. Jadeé y suspiré, me volvía loca todo lo que ocurría en ese instante. Éramos fuego a punto de estallar.

    Mi vagina estaba mojada. Julio estimulaba mi clítoris mientras me cogía despacio, suave, lento. Podía oír nuestras respiraciones aceleradas mientras se alborotaban nuestras lenguas, quienes se encontraban en un beso interminable, en una especie de baile continuo rozándose y lamiéndose la una con la otra.

    Se salió de mi para luego continuar tocándome. Lo hacía con sus dedos, me masturbaba y yo sentía que el mundo dejaba de existir. Introducía sus dedos en mi concha mojada, era capaz de hacerme tocar el cielo sin necesidad de llegar a él. Jugaba con mi clítoris y eso hacía que me retorciera de placer.

    Comencé a masturbarlo lo suficiente para que acabara. Podía ver su cara de placer, le gustaba mucho. Estaba caliente, muy caliente y eso era algo que me volvía loca.

    Oímos ruidos, parecía a lo lejos ver que había alguien viniendo hacia nosotros. La adrenalina del momento nos llevó a excitarnos aún más, tanto que cuando quisimos darnos cuenta explotamos de placer.

    Estaba mojada, acalorada. Y él también.

    Nos pusimos rápidamente la ropa. Él su pantalón, yo mi short.

    Veíamos como se acercaba la gente de a poco al lugar en el que estábamos mientras nosotros tomábamos una cerveza y nos abrazábamos otra vez.

    -Me gusta estar acá -le dije al oído mirándolo con dulzura y una sonrisa pícara. Acto seguido me besó la frente.

    Todo estaba bien.

  • Quitándole la virginidad en casa de sus padres

    Quitándole la virginidad en casa de sus padres

    Tenía yo 20 años y en ese entonces esperaba ansioso la fiesta de cumpleaños de mi novia Zuleyma, cumpliría 19 años y aunque llevaba meses tratando de convencerla de que me diera su cuerpo ella aún no se sentía lista.

    Ella es morena, de cuerpo esbelto, nalgas paradas y tetas pequeñas, pero de esas mujeres que te quieres coger, siempre fajábamos como locos, pero cuando estaba a punto de desnudarla siempre me detuvo.

    Sus padres le hicieron una comida para su cumpleaños, ella y varios amigos más, tenían su fiesta aparte, cervezas, botanas y música, llegue un poco tarde debido a que en ese entonces trabajaba para una tienda y no me dejaron salir, al llegar mi novia ya estaba un poco tomada, por lo que yo me moleste ya que varios andaban viendo a ver que lograban, pero al verme ella los bateo.

    J: ¡Pensé que me esperarías!

    Z: ¡Lo siento, pero es que tenía sed!

    J: ¡Aja! ¿Y eso qué?

    Z: Ya vas a empezar, yo soy tuya, ¡jajá!

    Yo me hice el enojado, Zuleyma solo me miraba y trataba de contentarme, se sentaba en mis piernas, me besaba, pero yo me mantenía firme, no me importaba que ese día traía una minifalda de lujo que apenas si cubría sus nalgas y una blusa entallada que marcaba sus pezones.

    Ella me bailaba, me tomaba las manos para que la agarrara, pero yo seguía molesto, en realidad estaba planeando ver que lograba, ese día quería romperla por primera vez y aprovechando sus copas de más y sus ganas de contentarme sabía que me daría algo más esa noche.

    Ya más de madrugada, ella seguía tratando de hacerme reír, de que le contestara, pero yo incluso le sonreía a sus amigas y la ignoraba, eso la hizo enojarse.

    Z: ¿Qué te pasa?

    J: ¿De qué? Déjame en paz!

    Z: ¡Vete de mi casa!

    J: Como quieras, así lo dejamos, ¡ya mejor hasta aquí llegamos!

    Yo hice la finta de que me iba, entonces ella corrió tras de mí, peor yo montado en mi macho iba decidido a dejarla, fue entonces que ella como loca lloraba y me pedía que no me fuera.

    Z: Ya ven mi amor, ¡no te vayas!

    J: ¡Tú así lo quisiste, mejor así lo dejamos!

    Z: ¡No!! Te amo, ¡déjame estar contigo!

    J: Tu eres la que no me deja estar contigo, ¡seguro con otros bien que lo haces y a mí no me dejas!

    Z: Ok, mira, ¡dejemos que mis papas se duerman y vamos a mi cuarto!

    Me hice el digno un rato, hasta que acepte su propuesta, en lo que esperamos, nos besábamos ella estaba entregada, el show de que la dejaría había funcionado, pero bueno, era hora de lo bueno.

    Sin hacer ruido subimos a su recamara, yo estaba ansioso por tenerla desnuda, ella se acostó en su cama y yo como león subí a saborearla, besándola y tocando todo su cuerpo, mis manos no dejaban de sentir su rico y virginal cuerpo.

    Comencé quitándole su blusa, sus tetas estaban cubiertas con un brasear de caricaturas, ¡se veía muy rico!, mi lengua viajo en su plano abdomen, ella aguantaba los gemidos y respiraba agitadamente.

    J: ¡Tranquila nena, relájate!

    Z: Mejor le paramos, ¡es que mis papás están aquí a lado!

    J: ¡Tranquila, no nos escucharan!

    Z: ¡Es que… soy virgen!!

    Una sonrisa iluminó mi cara, subí a besarla con pasión y aventarle el típico choro de que la cuidaría, así sin más le quite su falda, se veía riquísima en su cachetero, ella cerraba los ojos y yo como buen cazador disfrutaba de mi presa.

    Me quite la ropa hasta quedarme completamente desnudo, con la verga bien parada, ella me miro y se espantó al ver mi verga grande, pero yo la clamé diciéndole que se la metería despacio, pero que antes quería mamarle su conchita.

    Ella se quitó su trusa y que rica vagina. Peludita y escurriendo de excitación, me agache para olerla, ese oler era embriagante, le besé sus entrepiernas, mi novia gemía despacio, ya que no quería que sus papás nos descubrieran, comencé con ligeras chupadas, en sus labios vaginales y aunque me tragaba uno que otro vello, sabia genial.

    Abrí su vagina con mis manos e introduje mi lengua con suavidad, parecía gato limpiándome las patas, una y otra vez pasaba mi lengua recogiendo sus fluidos virginales y saboreándolos con placer.

    J: ¡Que rica sabes mi amor!

    Z: ¡Dios, uhm, ya me vas a hacer gritar!

    J: ¡Hay una forma de que no grites y es que me la chupes también!

    Z: ¡Pero nunca lo he hecho!

    J: Pues hoy es día de debuts, ven mi amor, ¡súbete en mi!

    La acomodé en un 69 delicioso, ella dudando apenas si abría su boca y colocaba mi cabecita, pero yo ya le devoraba su coño, jugando su clítoris y lamiéndola con fuerza.

    J: ¡Vamos, chúpamela, métela a tu boca!

    Z: ¡Pero, huele raro!

    J: Aquí también huele raro y me lo como, ¡vamos has lo mismo!

    Zuleyma comenzó a meter mi verga en su boca, al principio hacia ascos, pero poco a poco se fue acostumbrando y me comenzó a dar una exquisita mamada.

    Z: ¡Uhm!!! Mmm!! ¡Que rico!

    J: ¡Si, así mi amor, uhm, cómeme mi verga, uhm!

    Z: ¡Qué grande es, uhm!

    J: ¡Vamos, hazlo bebe!

    Que rica mamada me daba. Zuleyma me la chupaba magnifico, se había acostumbrado al sabor y olor y ahora todo era un placer, yo con la yema de mis dedos la masajeaba por dentro y ella comenzó a pedirme mi verga.

    La acosté en la cama, le abrí sus piernas y coloque mi puntita en la entrada, ella me miró atenta y poco a poco comencé a introducirme dentro de ella.

    Z: ¡Ah!!! ¡Uhm!!

    J: ¡Tranquila, uhm, tranquila!

    Mi verga entraba poco a poco, ella solo respiraba agitadamente y se mordía la mano, que rico apretaba, finalmente sentí como se rompió si himen y mi verga estaba totalmente dentro de ella.

    Z: ¡Ay!!! ¡Me duele, me duele!

    J: ¡Tranquila bebe, uhm!

    Lentamente me comencé a mover, sin sacársela por completo para que ella empezara a gozar.

    Poco a poco su dolor se convertía en placer, su vagina apretaba magnifico mi verga, comencé a moverme más rápido y sacaba ya mi verga para empujarla duro, notando un ligero rastro de sangre virginal de mi novia.

    Z: ¡Ah, que rico, uhm, ah!

    J: ¡Shhh! ¡Nos escucharan tus papás!

    La puse de pie y apoyé una de sus piernas en la cama mientras la otra estaba en el suelo, la tome de sus nalgas y la embestí parado, apretaba sus nalguitas para empujarla hacia mí, nos besamos, le mordía los pezones el ruido de nuestras pelvis chocando era fenomenal, pero al mismo tiempo se corría el riesgo de que nos escucharan.

    Me senté en la cama y la puse a darse sentones, al principio fue torpe, pero en cuanto agarro ritmo el placer de tenerla dándose sentones era fantástico, sus nalgas se veían hermosísimas, yo acariciaba su clítoris y sus tetas, mi nena me daba un gran momento tenerla encima y comiéndose mi verga con su vagina estrenada.

    J: ¡Si, que rico, uhm, muévete mami, muévete!

    Z: ¡Que dura, uhm, esto es la gloria, ah, uhm, ah!

    J: ¡Nos escucharan, uhm, que rico!

    Z: ¡Jonathan, uhm, cógeme!

    La puse en cuatro en la cama, que rico se veía su juguito salir de su concha y sus nalgas pidiéndome la carne.

    La tome de su cintura y la penetre despacio, la embestía suave, no quería venirme ya que me tenía tan caliente que estaba a punto de estallar, ella gemía riquísimo, de eso gemidos que te hacen venir, yo continuaba dándosela y moviéndome en círculos, ella siguió mi ritmo y ambos disfrutábamos del momento.

    Z: ¡Que rico coges nene!

    J: ¡Y eso no es nada, uhm!

    Z: ¡Te amo!! ¡Uhm, ah, uhm!

    J: ¡Muévete amor, que rico mueves tus nalgas!

    Subí el ritmo de mis embestidas, la tomaba de sus hombros y me empujaba con fuerza, tapándole la boca para ahogar su grito de placer.

    ¡Que rico! ahora la embestía más fuerte, como toro en brama, mi novia empezó a escurrir, yo también comencé a acelerarme sabía que pronto terminaría.

    J: ¡Ah, bebe, uhm, me voy a venir, uhm!

    Z: ¡Ah, uhm, sácala uhm, sácala!

    J: ¡Uf!! ¡Ahí viene, ah!!

    Apenas si me dio tiempo de sacársela y mi leche caí en su espalda y nalgas resbalando por sus piernas que bella imagen, mi manguera la estaba salpicando de mi leche espesa y caliente.

    Z: ¡Que rico amor, uhm!

    J: ¡Uf, fue fenomenal, ah!

    Terminamos acostados en su cama, luego de un ligero descanso donde me dormí, me vestí y me salí por la ventana, dejándola desnuda en su cama.

    Zuleyma fue un gran amor para mí, pero un día me encontró con otra y ahí acabó todo, pero que rico es recordar cuando le quité su virginidad.

  • Angélica quiere más

    Angélica quiere más

    Después de la salvaje y pornográfica escena de ver a Angélica llegar con urgencia a mi casa y literal abrir su culo para mí, nos relajamos un rato, desayunamos algo con tranquilidad mientras teníamos una charla banal. Fue un pequeño intermedio para lo que seguía, después de todo teníamos el resto del día por delante.

    Cruzamos la mirada y ambos sabíamos lo que se venía, me levanté y me acerqué a donde se encontraba sentada, la tomé de la cabeza y acerqué mi polla a sus labios.

    -Chúpamela –fue todo lo que le dije.

    Ella alzó la mirada y con sonrisa coqueta tomó mi polla con la mano derecha, la meneó un par de veces antes de introducírsela por completo. Mamaba con maestría, por los gemidos que daba y las caras que ponía era obvio que le gustaba, era una chupa pollas bastante buena. Movía la cabeza a un ritmo frenético, por ratos se separaba para admirar lo que tenía enfrente, escupía en el tronco, lo relamía y volvía a la carga llevándosela al fondo de la garganta.

    -Bebé, me encanta chupar tu verga, siento como crece en mi boca, y la tienes muy rica.

    Sus atenciones hacían palpitar mi polla dentro de sus labios y Angélica succionaba como loca.

    -Suficiente, ven que necesito estar dentro de ti.

    La tomé de los brazos, ella se colocó de espaldas a mi ofreciéndome el trasero y apoyando las manos en la mesa donde minutos antes estábamos comiendo, ahora era yo quien iba a comer, sí, pensaba comerle el culo de nuevo. Le di un azote que la hizo gemir, luego otro y otro, usaba las dos manos y alternaba los azotes en sus nalgas variando la intensidad, Angélica no se retiraba, sólo cerraba los ojos y gemía de gusto.

    -Toma eso, sé que te gusta, te voy a dejar el culo rojo –un azote seguido de otro.

    -Sí, sí, sí, dame más, me gusta que me azotes, que me trates como tu puta –decía aguantando estoicamente.

    -Eres mi puta y te doy lo que mereces, ahora abre el culo que por eso viniste.

    Angélica separó sus nalgas con fuerza dándome una vista privilegiada, y yo, en agradecimiento por su obediencia, le chupé el culo durante unos minutos. No anduve con rodeos, ni siquiera me asomé a su concha, fui directo al ojo de su culo y lo lamí múltiples veces, le escupí para lubricarlo, le metí 2 dedos de una sola vez, y cuando lo sentí más dilatado me paré detrás de ella, acerqué la punta de mi polla y se la mandé directo al fondo de su culo, si es que tenía algún fondo, empezaba a creer que no.

    -Oh sí, sí, así me gusta –decía Angélica, agradecida por la nueva incursión.

    -Te gusta? Te gusta bebé? –contesté mientras se la dejaba ir repetidamente.

    -Me encanta, hace mucho que lo deseo, mi culo te necesita.

    -Y yo necesito tu culo, lo quiero todo el día.

    Angélica lejos de aguantar las embestidas, las disfrutaba. Meneaba su culo en círculos y devolvía cada pollazo que le daba. Quien la viera diría que ella buscaba empalarse sola. Abría su culo cuando le metía la polla y lo apretaba cuando intentaba sacársela. Por mi parte, la tomaba de las caderas para atraerla hacia mi, o la tomaba del pelo y la cabalgaba como a una yegua, mi yegua, mi Angélica.

    En algún momento se me salió la polla por la fuerza con la que cogíamos, y por inercia se fue directo hacia su concha, los reproches no se hicieron esperar.

    -No, por ahí no, por el culo por favor, mi culo tiene hambre.

    Hice caso omiso, obvio que quería seguir reventándole el culo, pero me encantaban sus súplicas llenas de morbo.

    -No puedo, ya estoy encarrerado, cuando se vuelva a salir cambio de nuevo.

    -No, por favor bebé, el culo de tu perrita tiene hambre, necesita un hueso que la llene –forcejeaba pero sus esfuerzos eran inútiles.

    -Eres mi perrita, y haces lo que yo diga –contesté mientras seguía taladrando su canal vaginal.

    -Sí bebé, soy tu perrita, pero tu perrita tiene la necesidad de sentir su culo lleno de ti, sólo tú sabes cómo llenarlo –gemía y su vagina chorreaba– métemela por el culo bebé, por favor –con los dedos abría su culo para mi.

    -No se diga más, pero que conste que me interrumpes y eso no te lo voy a perdonar –dije a sabiendas de que Angélica excitada hace lo que sea por buscar su placer.

    Se la metí de nuevo y reinicié un mete y saca duro y rápido, sentía su culo húmedo y caliente, apretado y, pese a eso, le entraba mi polla con total facilidad no cabía duda de que lo tenía elástico, y muy hambriento.

    -Sí, sí, así bebé, así me gusta, perdóname por interrumpirte pero te necesitaba dentro de mi, en recompensa prometo tragarme toda tu leche siempre que quieras, pero no me la saques nunca.

    -Nunca? Pues toma bebé, toma verga –y seguí perforando sus entrañas sin piedad.

    Además, lo había conseguido, que hiciera más promesas sin pensarlo, y aunque me veía ampliamente beneficiado sospecho que ella deseaba tener una fuente para tragar leche cada vez que se le antojara.

    Angélica se irguió y abrió sus nalgas para maximizar la profundidad a la que mi verga entraba en su culo.

    -Me voy a venir, me vengo, por el culo de nuevo bebé, échame tu leche dentro, quiero sentirla dentro.

    -Sí bebé, te la voy a echar dentro, en el fondo de tu culo, prepárate.

    Explotamos juntos en un orgasmo brutal, su culo me apretaba descontroladamente mientras ella gritaba de placer, y yo no dejaba de cogerla mientras descarga leche a borbotones, se la metía hasta la raíz y sólo veía su culo rojo del esfuerzo.

    Tras ese esfuerzo se la saqué aún rígida, con la cabeza roja y brillante llena de semen. Me dirigía al sofá donde habíamos tenido nuestro primer encuentro y Angélica conmigo, la miré y le sonreí, no fue necesario decir nada, Angélica aunque agotada y fiel a su promesa, se agachó y se metió mi polla a la boca, la chupó y tragó toda la leche que le escurría, quiso retirarse pero no la dejé.

    -Aún no has terminado, de hecho creo que me gustaría que sigas.

    Angélica, pese al cansancio no se echaba para atrás, y como dije ella disfrutaba de mamar verga, así que asumió su papel de puta y siguió chupando con vehemencia. Fueron unos largos 30 minutos en los que la veía dar lo máximo de sí hasta que consiguió sacarme la leche por tercera vez ese día.

    -Descansa un rato, te lo mereces –le dije.

    No hizo falta decir más, se recostó y se durmió rápidamente. El día apenas comenzaba y Angélica parecía no tener llenadera, qué más podría pasar ese día?

    ***********************

    Su amigo Heathcliff de nuevo, continuando con mis aventuras con Angélica, me disculpo por el retraso. Espero sus comentarios.

  • Las hermanas de Camilo (Capítulo 4): Volviendo al origen

    Las hermanas de Camilo (Capítulo 4): Volviendo al origen

    El encuentro sexual con Katherine fue un punto de quiebre en mi vida. Me llenó de la confianza de la que carecí por tanto tiempo. Luego de varios años fui capaz de nuevo de encarar mujeres y tener relaciones con algunas. Sin embargo, ninguna logró generarme lo que sí logró Katherine, pero a ella no le vería, por lo menos, hasta el siguiente año.

    No soportaba la idea de que ella estuviera fornicando con alguien más en su ciudad, que de seguro sería así, tratándose de una chica con un apetito sexual tan notorio y de gran belleza. Pero no podía hacer nada más allá de resignarme y esperar a que terminara el año para volver a tener la oportunidad de poseerla.

    En los meses restantes de ese año seguí con mis estudios, disfrutando de esos años de vida universitaria en los que abunda el licor, la fiesta y el sexo.

    También cambió radicalmente mi relación con Alexandra, pues a pesar de que se daban oportunidades para follar, no lo hacíamos. Solo hubo una ocasión en que se dio.

    Fue el 31 de octubre, día en que acá, en Bogotá, se realizan muchas fiestas de disfraces. Para ese año fuimos con Camilo, Alexandra y su novio, y un par de compañeras de la universidad, a una que organizaban en un bar del norte de la ciudad.

    Camilo tenía cuento con una de ellas, por lo que se suponía que yo tenía que conformarme con la otra. Pero en este caso se trataba de la amiga fea de la vieja buena. A mi poco me atraía, pero de no lograr conquistar a nadie más esa noche, tendría que conformarme con ella. De todas formas no sería sencillo, pues al parecer yo le generaba tanto deseo como el que ella a mí.

    Yo traté de congeniar con alguna otra chica en el bar, pero no era mi noche. Luego de un rato regresé derrotado a la mesa en la que estaba el grupo con el que había llegado. No me quedaba más opción que tratar de pasarla bien, bailando ocasionalmente con la amiga fea, que por cierto se llama Leidy, con Alexandra, y quizá ocasionalmente con Catalina, la amiga buena, a la que Camilo difícilmente soltaba.

    Pasada la medianoche el licor había derrotado al novio de Alexandra, que luchaba contra sí mismo para no dormirse sobre la mesa, pero eso era algo que tarde o temprano iba a ocurrir.

    A esa altura de la noche creo que todos estábamos en cierto grado afectados por el consumo de licor. En Alexandra también era muy notorio, y yo decidí que tenía que aprovechar la oportunidad.

    Le propuse bailar a lo que ella accedió. Poco a poco nos fuimos mezclando y perdiendo entre la multitud de cuerpos que bailaban en el lugar. Esa noche Alexandra lucía un clásico disfraz de diabla con un pequeño top y una falda muy cortita, que dejaba expuestas sus piernas en todo su esplendor y en cierta medida el monumental par de nalgas que tenía. Su sensual apariencia sumada a sus movimientos al ritmo del reguetón, fueron despertando la excitación que no había sentido por ella en meses.

    Era imposible no rozar y no frotar nuestros cuerpos al ritmo del “género urbano”. Esta situación generó, rápidamente, una erección que no pude disimular. Creo que tampoco tenía la intención de hacerlo, es más, mi intención era hacer que Alexandra lo notara. Y así fue.

    Ella no parecía molesta con ello, incluso frotaba constantemente su culo para sentir mi excitación. Literalmente nos restregábamos, tal y como piden el 95% de las letras en el reggaetón. Ella bailaba dándome la espalda, yo la tomaba de su vientre con una de mis manos, tratando de empujarla hacia mí. Le susurré al oído que lo hiciéramos, a lo que ella accedió sin mayor complicación.

    Fuimos al baño de mujeres a cumplir nuestra fantasía. Sabíamos, o por lo menos yo, que debíamos ser rápidos, pues cualquier demora podría generar sospecha para su novio o cualquiera de los otros con los que habíamos salido esa noche.

    Apenas entramos al baño empezamos a besarnos casi que con desespero. Luego nos encerramos en un cubículo y sin dar tiempo a nada la apoyé contra una de las paredes, levanté su falda, corrí su tanga hacia un costado y la penetré. Rápidamente incrementé el ritmo, ella también se movía con agresividad; parecía como si los dos lleváramos un largo tiempo sin follar, aunque realmente no era así.

    En esa ocasión ninguno de los dos tuvo que contenerse, los gemidos fueron en aumento con la tranquilidad de no ser escuchados por el alto volumen de la música.

    A pesar de que ya le daba fuertes empellones, ella pedía que la follara cada vez más duro, así que no escatimé para follarla con brutalidad. Tanto así que me dejé llevar y empecé a azotarle las nalgas. Ella parecía disfrutarlo pues me alentaba para que le siguiera azotando su magnífico culo. Tal fue mi calentura con esa situación que no tarde en terminar, lo hice sobre su faldita, que para ese momento reposaba sobre la parte alta de su culo.

    Fui el primero de los dos en retornar a la mesa donde estaban los demás, incluido su novio, que seguía ahí dormidote, sin sospechar los cuernos que le crecían sin parar. Me preguntaba si Alexandra lo engañaba solo conmigo o con alguien más.

    Ella volvió un par de minutos después, tambaleándose de la borrachera. No tardó en pedirle a Camilo y los demás que volviéramos a casa, pues estaba muy ebria como para continuar allí.

    Esa iba a ser la última vez que follaría con Alexandra, pues de no haber sido por el alto estado de alicoramiento, creo que ninguno de los dos habría accedido a follar con el otro, pues para esa altura ambos, creo, estábamos aburridos el uno del otro.

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    Capítulo 5: «Enlagunada»

    Yo seguía frecuentando el apartamento de Camilo, pero ya no había la maliciosa intención de follar con Alexandra, así se diera la oportunidad. Iba allí sencillamente porque Camilo era mi amigo y siempre era un buen plan ir a su hogar, siempre había algo para hacer, o la sencilla oportunidad de conversar y compartir como buenos amigos…

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  • Fernanda: La esposa de Christian (Parte 2)

    Fernanda: La esposa de Christian (Parte 2)

    Después de lo acontecido en mi departamento la noche anterior, yo no podía concentrarme en el trabajo, no dejaba de pensar en Fernanda masturbándose o en lo bien que se había sentido el venirme en su boca, mis pacientes me notaban como “distraído” aquella mañana – ¿Doctor se encuentra bien? –preguntaban preocupados– Sí, no es nada, me ha faltado dormir –contestaba yo tratando de enfocarme.

    Por la tarde al llegar a casa no había rastro de Christian ni de Fernanda, dejé mi bata y mi maletín en el sillón, me quité los zapatos y fui hacia mi cuarto, antes de que pudiera acostarme vi un papel sobre la almohada de mi cama, era una nota que decía: “Tu y yo no hemos terminado…” justo después de la última palabra había un número de celular y un horario (10:00 pm) con la especificación de enviar whatsapp.

    Al principio me reí incrédulo y decidí guardar el papel bajo la almohada, quizá lo mejor era no repetir ni culminar lo que había pasado la noche anterior, pero afortunadamente eran las 5 de la tarde y había tiempo para distraer mi mente.

    Después de comer y realizar los quehaceres habituales, como a eso de las 8:30 me entró una llamada de Christian –Hola hermano gracias por la ayuda de ayer, ¿puedo pasarte a ver hoy a tu casa? Kamy me va a repetir la dosis –me reí nervioso– Amigo te voy a fallar hoy –mi amigo se comenzó a reír– No te preocupes, lo único importante es que si mi mujer te pregunta cuando nos veamos le digas que hoy fui contigo –yo repliqué afirmando a su petición y cortamos comunicación amablemente.

    Por fin dieron las 10, después de mi ritual de lavado de dientes, pijama y de mi vaso de agua me fui a acostar, las luces estaban apagadas excepto la de mi cabecera de la cama que se supone era para leer o para alguna emergencia nocturna.

    Por mi cabeza pasaba una y otra vez la idea de mandar mensaje al número de whatsapp y no me decidía a apagar la luz, cuando por fin estaba a punto de hacerlo la pantalla de mi celular se iluminó –Estoy disponible –decía un mensaje de un número no registrado, los nervios se apoderaron de mí, tenía tantas ganas de responder pero sabía que no debía, fue tanto el tiempo que demoré en contestar que entró una videollamada por whatsapp, no podía titubear, contesté y en la pantalla estaba Fernanda enfocando solo su nariz y sus labios– Tarde o temprano me vas a coger ¿si sabes verdad? –susurró mientras intentaba reírse pero un gemido se lo impidió– estoy muy húmeda por tu culpa –enfocó su zona intima mientras seguí susurrando, aunque quisiera disimularlo mi piel estaba de gallina y comencé a sudar– Fernanda por favor… -exclamé como pude– primero… voy a hacer que no dejes de pensarme… luego voy a hacer que te toques pensando en mi… y cuando ya no puedas más… estoy segura que me vas a coger donde sea y tan duro que… ahhhh -comenzó a gemir mientras la cámara enfocaba sus pechos y sus labios– Déjame ver tu pene –susurró, del otro lado me imagino que ella solo podía ver mi rostro un poco sudado y como me sonrojé –Si te da pena… puedes mostrarme como se ve la erección con todo y bóxer – ella seguía gimiendo y susurrando, y la verdad es que yo entrado en calor no me lo pensé mucho y mostré mi erección – Óscar te juro que antes de que termine el mes me vas a coger y ni siquiera te lo voy a tener que pedir… – comenzó a gemir violentamente, la cámara se movía tanto que no podía notar que estaba pasando.

    Después de unos minutos se enfocó de nuevo, ella esta sudada, un poco roja y con una gran sonrisa – Me verás pronto…- mencionó y sin aviso colgó, yo estaba ardiendo, tenía ganas de salir corriendo, treparme al coche e ir hasta su casa a hacerle el sexo salvaje, pero mi complejo moral y de culpa no me lo iba a permitir, antes de irme a dormir muy celular sonó nuevamente, era un mensaje de whatsapp, en la pantalla podía verse el número de Fernanda y un texto que decía FOTO, al abrirlo había una foto de Fernanda desnuda frente al espejo – Descansa, nos vemos pronto – decía un texto posterior a la foto, yo solo decidí dejarla en visto y posterior a eso irme a dormir.

    A la mañana siguiente pensé por alguna estúpida razón que todo volvería a la normalidad pero no fue así, Fernanda comenzó a enviar fotos en distintos horarios de ella, algunas eran solo de sus labios, otras eran de sus escotes y el resto eran bastantes subidas de tono, también enviaba mensajes con textos bastantes eróticos hasta que llegó el domingo, aquel día yo ya estaba tan desesperado que le tomé una foto a mi pene erecto y se la envié, acompañada de un texto que decía: – Si tantas ganas tienes sabes dónde trabajo y donde vivo – para mi sorpresa, segundos después el whatsapp mostró las palomitas azules que indicaban que lo había leído, en la pantalla se podía ver “ESCRIBIENDO…” y por momentos “EN LÍNEA…” pero jamás se concretó la idea que ella quería comunicar, pasaron horas y horas y no respondía el mensaje – ¡Santo remedio! – pensé.

    Llegó el Lunes y mi día en el consultorio iba bien hasta que tocaron la puerta como a eso de las 12:30 pm, sin pensarlo mucho abrí ya que el día era bastante tranquilo – Doctor disculpe la molestia lo busca la Srta. Fernanda, dice que viene a dejarle una invitación para la fiesta de cumpleaños de su hija, ya le comenté que me la dé a mí pero ella insiste en verlo – me sorprendí – Ehrmmm que pase – comenté titubeando, y así fue, Fernanda llegó en un vestido color esmeralda y con su labial rojo.

    -Jamás pensé que fueras a venir a mi trabajo –le comenté mientras terminaba de cerrar la puerta, al voltear para verla se abalanzó sobre mí y me comenzó a besar con desesperación, el beso se convirtió en un faje, después de unos minutos me bajó el pantalón en el consultorio y comenzó a hacerme sexo oral sin piedad.

    Ella metía mi pene en su boca lo más profundo que podía y con una rapidez impresionante, su mano derecha que sostenía mi miembro estaba perfectamente coordinada con los movimientos de su labios y lengua, por momentos paraba para masturbarme mientras su lengua bajaba hasta mis testículos, para luego volver a subir por todo el miembro, llegar al glande y volver a meterla en su boca.

    Era una sensación deliciosa, y lo hacía tan bien que no demoré en venirme precisamente en su boca, para mi fortuna Fernanda era de las que no solo se tragan todo… también lo disfrutan.

    Cuando terminó, se sentó en mi escritorio sonriendo maliciosamente de manera un poco sofocada – casi me haces pedírtelo Óscar, en verdad pero no, pronto me vas a rogar para poder estar dentro de mí – buscó en su bolsa y sacó una invitación de cumpleaños – El sábado es el cumpleaños de Sofía, más te vale llegar – se levantó, me besó de nuevo y sin despedirse verbalmente, abrió la puerta y se fue.

    Yo quedé bastante sorprendido, no podía asimilar lo que acababa de pasar, esa semana fue un infierno dolorosamente placentero, por un lado no podía concentrarme en el trabajo, no sabía si debía asistir a la fiesta de Sofía la hija de Christian o no, pero por otro lado moría de ganas de ver a Fernanda de nuevo.

    Para el día Viernes, mi amigo Chris me marcó para confirmar mi asistencia a la fiesta, como me escuchó con un poco de dudas me comentó que si no asistía a la fiesta me dejaría de hablar de por vida (si, así era de dramático), una vez que acepté (me tenía en altavoz), Fernanda comentó en voz alta mientras Chris se reía – Será un placer tenerte en nuestra casa -.

    Después de la noche infernal que pasé por tanto pensar, había llegado el día de la fiesta, hice mi rutina de costumbre, me vestí casual, me fui a comprar el regalo de la festejada y me dirigí al lugar en el que se llevaría a cabo la fiesta.

    El evento comenzó a las 3, estábamos reunidos todos los amigos, Fernanda estaba vestida con coletas y con una falda de ballet (un poco corta) ya que el tema de la fiesta era Ballerina, una película de dibujos animados que era la favorita de Sofi.

    Toda la tarde pasó sin novedad, Fernanda estaba bastante indiferente conmigo, nos estábamos divirtiendo todos, no había preguntas incómodas y parecía que todo iba a volver a la normalidad hasta que Christian recibió una llamada.

    Después de colgar me pidió hablar en privado, por lo que salimos al patio, una vez ahí me comentó – Kamy me acaba de marcar, quiere verme en su casa a las 9 pm ¿crees que te podría quedar a apoyar junto con Héctor a Fernanda para recoger las cosas y subir los regalos al cuarto de mi hija? La verdad es que este “pollo” se va a ir de viaje unas dos semanas y quiere que le dé su despedida como Dios manda – se comenzó a reír mientras esperaba mí respuesta, yo solo asenté con la cabeza y el me agradeció.

    Cuando dieron las 9 pm no solo Christian se retiró, también lo comenzaron a hacer nuestros amigos, excepto Héctor y su novio Ángel, quienes ayudaron a recoger todo.

    Pasamos un rato bastante agradable mientras hacíamos el quehacer, en barrer, levantar el mantel, limpiar la mesa, acomodar las sillas, quitar la sencilla decoración y tirar los platos desechables se no fue el tiempo, cuando terminamos Fernanda nos pidió que dejáramos la subida de regalos para el final, todos accedimos así que pusimos un disco de Metallica con sus mejores éxitos y nos dispusimos a compartir unas cervezas.

    Los 4 estábamos sentados en la mesa mientras sonaba The Unforgiven, comenzamos a platicar y hacer nuevamente preguntas incómodas, y poco a poco el ambiente se comenzó a poner más intenso – Todos tomen un trago si se desean tener sexo con alguien que está sentando en esta mesa – mencionó Héctor mientras se comenzó a reír, pero su rostro cambió cuando vio que todos dimos un sorbo a nuestra bebida.

    Para romper el silencio incómodo Fernanda interrumpió – ¿Y si hacemos verdad o reto? – todos nos comenzamos a reír – Esa es una buena idea – respondió Ángel – Que comiencen las damas – Fernanda giró una botella vacía de cerveza que estaba en el centro de la mesa y la punta me señaló a mí – Óscar, ¿verdad o reto? – me sonrojé – Verdad – ella me miró a los ojos – Dime ¿te cogerías a alguien de los que estamos en la mesa? – al ser heterosexual mi respuesta iba a ser obvia por lo que titubeando un poco respondí que prefería reto, al escuchar eso Fernanda se quitó la playera, tenía una especie de pezoneras en forma de X y derramó un poco de cerveza por sus pechos y su vientre – Está bien Óscar quiero que bebas toda la cerveza que hay en mi cuerpo – me levanté de la mesa un poco alterado – ¡Vaya que juego tan estúpido! – todos se comenzaron a reír – Querido, he conocido a Fernanda por más de 4 años y le he conocido cosas peores, nada va a salir de aquí, no te preocupes – lo pensé por un momento, parecía tan irreal – Está bien- me quité mi chamarra, levanté con fuerza a Fernanda y la senté en la mesa (comenzó a sonar Tuesdays Gone de Metallica).

    Sin pensármelo mucho comencé a lamer su cuello con desesperación mientras mis manos pasaban por su espalda baja una y otra vez – no pares hasta que ya no haya cerveza en mi cuerpo – respiraba con dificultad y acariciaba mi cabeza – Mi niña por alguna razón me comencé a excitar, ¿recuerdas la noche en la que fuiste con nosotros al “Bar Garotos” y te fuiste con el abogado y su esposa? – mencionó Ángel mientras parecía frotar la entrepierna de Héctor.

    Cuando escuché esa pregunta, una parte de mí se enojó, tanto que comencé a lamer y a morder parte de su cuerpo, la excitación de Fernanda era evidente – ¿Quieres saber cómo pasó eso? – preguntó entre respiración agitada y gemidos – Llevaba el mismo vestido esmeralda con el que te visité en el consultorio, aquella noche en ese bar una pareja no dejaba de verme, el abogado era un hombre maduro cerca de los 45 con barba, iba vestido con un traje café, su esposa era una mujer cerca de los 40, ella iba elegante con un vestido blanco, de momento ella se acercó y me tomó de la mano, me llevó a un cuarto oscuro y nos comenzamos a besar, acariciábamos nuestros pechos y ocasionalmente estimulábamos nuestros clítoris con nuestras manos hasta que una mano grande comenzó a apretar mis nalgas y de momento sentí como la barba recorría parte de mi espalda, como pudo la mujer que minutos antes me había llevado a ese cuarto se recostó en una especie de sillón y puso mi boca contra su zona, yo la comencé a masturbar con mis dedos y a lamer su clítoris, todo iba muy bien hasta que el hombre que estaba detrás de mí arranco literalmente mi ropa interior y mi penet…-.

    La empujé nuevamente en la mesa y quedó boca arriba – ¡Basta! – grité enojado, arranqué su ropa interior y me decidí a comenzar a lamer su clítoris mientras apretaba sus tetas con desesperación, ella comenzó a reír maliciosamente y a gemir – Desde la primera vez que te vi te he deseado Óscar, siempre he tenido el fetiche de tener sexo con un doctor – seguía gimiendo como loca mientras sudaba, mientras yo le hacía sexo oral a Fernanda, Héctor y Ángel se comenzaron a besar desesperadamente y a tocarse la entrepierna, la imagen era tan rara para mí que levanté a Fernanda y nos fuimos de ahí.

    Subimos las escaleras con cuidado para no despertar a Sofi que ya estaba dormida (su cuarto era el primero al derecha y estaba junto a las escaleras), después de caminar un poco por el pasillo llegamos a la última puerta que estaba de lado izquierdo, una vez adentro ella cerró la puerta y puso seguro, a lo lejos aún podíamos escuchar a Metallica con Nothing Else Matters.

    Rápidamente la puse de rodillas y metí mi miembro en su boca, ella comenzó a mamar con desesperación mientras yo apretaba sus hermosos pechos, pero esta vez el sexo oral que ella me ofreció no duró por mucho, ya que por desesperación la recosté en la cama, levanté su tutú y puse mi pene sobre (no dentro) de su vagina y lo comencé a restregar – dime que quieres – comencé a susurrar mientras movía mi miembro con rapidez – eres un maldito – se comenzó a reír maliciosamente mientras su cara se ponía roja, yo le di una pequeña bofetada – dime perra, que quieres – ella se dejó de reír y contestó enojada – que me cojas – yo no hice caso y seguí restregando mi pene – ¿qué dijiste? – ella se enojó aún más – ¡que me cojas! – alzó la voz, y yo sin pensarlo mucho levanté sus piernas y la penetré lo más profundo posible sin retirar mi miembro.

    Ella apenas si podía gemir – Es… una… delicia… – pronunció con dificultad, yo comencé a retirar mi pene lentamente pero cuando parecía que iba salir de su zona lo volví a introducir lentamente hasta el fondo – ¿Qué dijiste? – ahora era mi turno de reír – Es… una delicia… cógeme Óscar – y así lo hice.

    Nuestra cogida era bastante agresiva, yo besaba sus pechos y apretaba sus nalgas con desesperación mientras la penetraba sin piedad y a gran velocidad, ella gemía gustosa, la cama se movía estrepitosamente, nuestros besos eran más lengua y mordidas que labios en acción.

    Su aliento era en vedad excitante, era una mezcla de cigarro con cerveza, no sé en este punto si mi entiendan queridos lectores pero hay algunos alientos que aunque parecieran ser “desagradables” son muy excitantes.

    – Respírame – le susurré – ¿Qué? – preguntó mientras su cara estaba toda roja y empapada en sudor – Respírame – le repetí mientras miraba sus ojos que estaban casi blancos en su totalidad, ella obedeció y dejó su boca cerca de mi nariz, por momentos lamía mi labio superior y mi nariz por otros momentos solo gemía.

    Este tipo de sexo rudo me excitaba más de lo normal, fue así como después de unos minutos intentamos hacer el coito a tergo (doggy style), me gustaba dominarla pero la excitación ya era tan alta que yo solo la penetraba con desesperación, ella trataba de moverse a mi ritmo pero su cuerpo ya temblaba demasiado, por momentos la nalgueaba por otros más solo apretaba sus glúteos, era una delicia total.

    – Acuéstate boca arriba – comentó, yo paré por un momento y obedecí, una vez en la posición indicada ella se montó sobre mi pene erecto y comenzó a moverse como toda una profesional, sus manos se movían por todo su rostro y sus pechos, cuando yo intentaba tocarla ella en automático bajaba mis manos y las ponía sobre sus caderas.

    Aunque yo estaba desesperado por acariciarla, debo admitir que era más excitante ver como se tocaba ella sola, constantemente insertaba sus dedos en su boca para poder obtener saliva y ponerla en sus pezones, pero también por algunos momentos pasada sus manos por su cuello y por su cabello, sus gemidos eran cada vez más exquisitos – ¡Óscar me vengo! – se comenzó a mover más rápido, mis manos permanecían en sus caderas, yo me movía más rápido cada vez, esos últimos segundos fueron una locura hasta que ella logró venirse (a mí me faltaron algunos segundos para también lograrlo).

    Ella se recostó sobre mi respirando exhausta – ¡Ha sido increíble! ¿Te viniste? – preguntó – No, casi lo logro pero me ganaste por unos segundos – y sin comentar nada más, comenzó a bajar su mano para masturbarme, y lo hacía tan rápido que no tardé mucho tiempo en venirme, salpiqué la colcha de su cama, parte de sus pantorrillas y pared.

    Para el resto de semen no dudó en bajar a mi zona genital y lamer lo que quedó, pero ese generoso acto terminó en sexo oral (al parecer le encantaba hacerlo).

    Por la hora no había tiempo de despedidas, me vestí a toda prisa y me retiré ya que Christian no tardaría en regresar, pero desde ese día Fernanda y nuestros encuentros sexuales se volvieron frecuentes, nuestras bocas se buscaban constantemente, no se podíamos apagar la pasión, habíamos tenido sexo en bares, en mi consultorio, en mi departamento, en el carro y en su casa.

    Pero los nuestro terminó en la fiesta de cumpleaños de Aline, cuando Fernanda me encontró besándome en los baños con la vocalista de la banda que tocaba aquella noche en la reunión… su nombre era Nadia.

    FIN

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    Saludos y excelente fin de semana.

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    Relatos anteriores (Orden Cronológico):

    Melissa: https://www.cuentorelatos.com/archivos/relato/la-infidelidad-de-melissa/

    Carolina: https://www.cuentorelatos.com/archivos/relato/carolina-la-mejor-amiga-de-melissa/

    Fernanda 1: https://www.cuentorelatos.com/archivos/relato/fernanda-la-esposa-de-christian-parte-1/

    Kenia: https://www.cuentorelatos.com/archivos/relato/miss-kenia-la-maestra-de-primaria-de-mi-hijo/