Autor: admin

  • Sesión de fotos

    Sesión de fotos

    Esto que les voy a contar, pasó hace algunos años atrás, me llamo Adriana, en ese entonces tenía 28 años, era un día de verano y sin nada planeado, no me encontraba de novia así que tampoco contaba con algún compromiso, todo era al día y esperar a que algo se presente; la facu terminó, entonces podía dormir hasta tarde en la mañana y acostarme tarde a la noche.

    Me desperté tipo 11:00 h ese día con mucho calor, mi padre se fue a trabajar estaba sola con mi madre, me levanté así como estaba, solo con una tanga y una remera corta, que me dejaba la panza descubierta, fui a la cocina a prepararme algo para desayunar, la saludo a mi mami, y me dice, “nena venís así, ponte algo, mira si había alguien”, le hice una sonrisa le di un beso en la mejilla y me prepare el desayuno, apenas me vi en el vidrio del microonda, y tenía los pelos hecho un desastre, nada glamoroso, tome un vaso de leche y me hice algunas tostadas.

    Mientras voy a mi dormitorio veo que tengo un mensaje de mi amiga Susana en el celular, me decía si no quería que la acompañe a la tarde, que tenía que hacer unas fotos, okey le respondo dale; arreglamos el horario y donde nos encontraríamos y listo, Me di un chapuzón en la pileta, me seque al sol, y preparamos con mamá unos sándwiches livianos para almorzar, mire algo de tele y le avise a mami que me daría una ducha ya que me iba a encontrar con Susy para salir.

    Me puse un conjunto de lencería negro, una blusa y una pollera con unas sandalias con algo de plataforma, salí y me encontré con mi amiga, en el viaje charlamos de cosas varias y nos reíamos de los hombres que nos miraban, no es por nada pero somos atractivas mi amiga es rubia y yo morocha, además nos dicen cosas por la calle y eso nos divierte; algunas son bastante subidas de tono, pero nos causa gracia.

    Llegamos al lugar, un departamento, le digo a Susy que la espero en una cafetería, y me dice nooo, vení no pasa nada, me esperas allí, okey le respondo, subimos y nos atiende una recepcionista, el departamento es amplio, en eso llega Juan Carlos el fotógrafo, y nos saluda a ambas, la hace pasar a Susy y me mira, lo miro y me sonrió y le digo, “que pasa”?, Susy le dice ella vino para acompañarme, y me voy a sentar a unos sillones al lado de la recepcionista. Cierran la puerta, y después de un rato Susy se asoma y me hace señas para que vaya, ella asoma solo la cabeza y me dice, “Juan Carlos quiere sacarte fotos a vos también”, yo me quedo sin decir nada, pero no tengo ropa ni nada le respondo, “no te preocupes dice Su aquí hay un vestidor”, bueno okey,

    Susy está en ropa interior por eso asomaba solo la cabeza, y me hace pasar, y me dice vení deja todo acá, ella se va a un dormitorio a cambiarse y en eso de otro lado llega Juan Carlos, y me dice, “tienes una bella figura, me gustaría sacarte fotos junto con Susana, las dos juntas, sino te parece mal”, okey si, solo que me tomas así de improviso, pero bueno dale, me acompaña a otro dormitorio, allí tienes la ropa lista para que te cambies, Susana ya las preparo, okey, sobre la cama había solamente un body negro, me desnude y me lo puse, me mire al espejo y era cavado y se me metía en la cola, me encanto.

    Cuando salí Susy ya estaba escuchando las recomendaciones de Juan Carlos, cuando me vieron se dieron vuelta e hicieron que me ruborizaba, a lo que Susy me llamo, “ven acércate”, Juan Carlos el fotógrafo me hablo, mira vamos hacer unas fotos sexy de ambas, necesito que sean lo más sensual posible, relájense y hagan lo que les salga, una chica nos maquillo y nos pintó los labios, le dieron volumen al cabello y fuimos a un costado donde había una decoración de un living.

    Juan Carlos preparo la luz y nos dio la orden de ir posando, al principio no salió nada bien, en un corte le digo a Susy “oye y si jugamos a que somos lesbianas qué onda”, podemos intentarlo me responde, “no le digamos nada a Juan y nos dejamos llevar, ya que hasta ahora no está saliendo nada”, listo a la orden yo comencé a acariciar a Susy, a besarle el cuello, le acariciaba los pechos, le puse mis dedos en la boca, le acariciaba la cola, hasta que en una de esas comenzamos a besarnos, Susy me tocaba las tetas, que con el body parecían que los pechos iban a explotar, ella comenzó a besarme en la boca, y le correspondí, nos dimos beso de lengua y la cámara no paraba de sacar fotos, sin que Juan Carlos nos pidiera detenernos seguimos; en eso se me da de bajarle los breteles del body a Susy, ella sin detenerse se lo quita del todo, yo también me lo quito, y nos revolcamos en el sillón, ambas no acariciamos la entrepierna, y pude observar que Juan Carlos tenía su bulto a punto de explotar; y fuimos por mas, ambas nos besamos la concha que por cierto estaban húmedas.

    Así pasamos la sección de fotos, el clima estaba que ardía, bien chicas nos dijo la maquilladora, Juan Carlos observaba la cámara con todas las fotos, pero esto no termino aquí, seguimos pero eso será en otro relato.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • Mi nueva secretaria: La hija de mi amigo (Parte I)

    Mi nueva secretaria: La hija de mi amigo (Parte I)

    Por dónde empezar… Bueno, calculo que lo mejor sería contar algo de mi. Me llamo Daniel, soy abogado, 48 años. Físicamente digamos que estoy bastante bien, producto de haber ido casi toda mi vida al gimnasio. Si bien ya no tengo 20 años, me conservo.

    Lo que les voy a contar empezó hace alrededor de 6 meses, aunque podría decirse que se remonta a unos 20 años atrás. Mejor voy desde el principio…

    Abrí el estudio en el 2003, después de haber trabajado en esto casi toda mi vida pero en relación de dependencia; es un estudio relativamente chico, aunque las oficinas parezcan lo contrario. Es que realmente es un departamento que heredé y fui reformando de a poco (aunque conservo la cocina y la heladera llenas y el baño equipado por si algún día me tengo que quedar hasta tarde, lo que cada vez pasa más seguido). Pero cuando los clientes ven que tengo 3 habitaciones aparte de mi despacho quedan impresionados… Todo producto del trabajo, supongo.

    En fin, mientras estaba aprendiendo el oficio me hice amigo de Luis, otro abogado que trabajaba conmigo en el primer estudio que trabajé. La verdad que congeniábamos bastante bien y hasta he llegado a ir a su casamiento con Nadia, su esposa. Me invitan a fiestas familiares y aunque últimamente estoy un poco alejado, siempre lo tuve en mucha estima. Supongo que nos distanciamos en el momento en que yo decidí abrir mi propio estudio y él quiso quedarse en relación de dependencia en el anterior. Para no irme por las ramas, en el 2000 o en el 99 ya ni me acuerdo, Luis tuvo una hija, Dani. Durante muchos años fui una especie de tío para ella, aunque como bien dije, hace unos años me distancié un poco de la familia. No obstante, sigo en contacto con el padre, nos saludamos para los cumpleaños y esas cosas.

    La cosa es que hasta el año pasado tuve una especie de socia/asistente/cadete que en Marzo decidió no sólo irse de mi estudio, sino hacerme un tremendo juicio que, claramente, me va a ganar en un par de años. Motivo de esto, desde hace más de un año estoy solo haciéndome cargo del trabajo. No quería saber absolutamente nada de contratar a alguien nuevo.

    Pero con el tiempo me fui dando cuenta de que no llego con todo y tuve que empezar a considerar tomar a alguien. Empecé a tomar entrevistas y realmente nadie me convencía, hasta que el 19 de octubre, el día del cumpleaños de Luis, saludo va, saludo viene le conté lo que había pasado con mi ex asistente.

    -No te puedo creer, pero estuvo casi 3 años con vos!

    -Si, una desubicada, podés creer que me pide casi un palo en la demanda…

    -Nooo…

    -Si… Encima no llego con los vencimientos, estoy laburando hasta las 2 de la mañana desde casa.

    -Che, y si tomás a alguien?

    -No sé… Mirá, durante un tiempo no quería saber nada, pero la verdad empecé a tomar entrevistas hace un par de semanas con la esperanza de encontrar a alguien, más para probar viste, pero los que vienen son todos un desastre…

    -Che, y si te mando a Dani?

    -A Dani?

    -Sí, empezó Derecho, no te conté? Está en segundo año y medio que anda buscando laburo… Para ir aprendiendo.

    -Y… Mirá, hagamos algo, decile que venga el lunes al estudio, sabés donde es?

    -Si, si…

    -No le prometo nada, pero la entrevista no se la voy a negar.

    -Dale, le pregunto. Tipo a qué hora?

    -A las 15.00 yo ya tendría que estar por acá, de ahí hasta las 7 me quedo.

    -Dale, le digo, se va a poner contenta… No sabés cuánto hace que está buscando…

    -Me imagino, está difícil para todos…

    Finalmente, ese lunes a las 14.50 h, más puntual que cualquiera de los otros postulantes, el timbre del estudio estaba sonando.

    -Quién es?

    Una voz aguda, casi aniñada respondió:

    -Dani! Tengo una entrevista…

    -Ah, sí, pasá!

    No voy a negar que empecé a sentir algo de nervios en el trayecto desde que Dani abrió la puerta hasta que llegó al quinto piso en el que yo estaba. Hacía unos 12 años desde la última vez que la había visto en persona…

    Finalmente, golpeó la puerta. Abrí y frente a mi había una chica de unos 20 años. Pelo negro pero tez súper blanca, ojos grises (estoy segurísimo que eran lentes de contacto), y vestida muy sobriamente con un pantalón negro, una remera blanca y un saco negro también. Usaba anteojos de esos grandes a pesar de los lentes de contacto.

    -Dani?

    -Si, Doctor…

    -Nooo, nada de doctor, para vos soy Daniel, vos quizá no te acordás pero yo te conocí cuando eras chica…

    -Perdón… Es que estoy un poco nerviosa…

    -No pasa nada… Ehmmm… querés pasar o te tomo la entrevista acá afuera?

    Me corrí de la puerta

    -Ah, si, perdón…

    Nunca antes me había pasado, pero cuando entró no pude evitar pensar en cómo había crecido esa chica. Por un instante se me fueron los ojos a su cola. Juro que nunca antes me pasó con una posible postulante, en serio. Pero me controlé al instante. Era la hija de mi amigo. Y aún si no lo fuere, era una entrevista de trabajo y tenía que actuar como un profesional.

    La hice pasar a mi oficina principal y no pude evitar notar cómo miraba fascinada las oficinas. La verdad no eran gran cosa para mi, pero siendo su primer trabajo seguramente le parecían geniales.

    Le tomé la entrevista y rápidamente noté que destacaba entre los postulantes de la semana anterior. No demasiado, no voy a mentir, pero claramente se la notaba con más ganas de trabajar, eso era innegable.

    Así que decidí darle una oportunidad, acordamos su sueldo y un horario part time en el que algunos días debería venir por la mañana y otros por la tarde y le dije que por ser el primer día vaya a su casa a descansar (a pesar de que dijo que si quería podía empezar al instante); preferí liberarla, y citarla al otro día a la tarde para irle mostrando de a poco el trabajo, no sin antes dejarle un gran saludo para sus padres.

    Así que ese martes empezó a trabajar y si bien estaba bastante, bastante perdida, la chica aprendía rápido. No tuve grandes quejas desde el primer mes. Por otro lado, era agradable escuchar un poco de música actual en el trabajo. La radio había quedado sintonizada en el AM desde que se fue la innombrable y ni me di cuenta lo que escuchaba. Dani me pidió permiso para cambiarla y empezó a poner su música; así conocí Foo Fghters y otras bandas bastante interesantes… La chica le ponía bastante empezó, aunque tenía un problema bastante serio con todo lo que es tribunales.

    Se olvidaba de anotar cosas, y la mayor parte de las veces tenía que ir yo de vuelta a ver los expedientes que ella había mirado descuidadamente. Así que un día ya casi llegando a finales de diciembre, la senté en mi oficina y le tuve que decir.

    -Mirá Dani, estoy muy contento con tu trabajo en el estudio, la verdad no tengo quejas, pero noto que hacés bastante agua cuando vas a mirar los expedientes, qué pasa?

    -Es que no entiendo Daniel… Es como que usted me dice… Perdón, vos me decís que busque tal o cual cosa pero no las encuentro en el libraco cuando estoy allá…

    -Mirá vamos a hacer algo… Mañana vamos a ir los 2 juntos a tribunales y vamos a hacer la procuración juntos, te parece? La verdad necesito que aprendas eso porque sino la verdad que no voy a llegar si tengo que ir todas las mañanas a ver los expedientes yo también.

    -Si, perdón… Te juro que intenté…

    -No te preocupes, hoy ya es tarde. Andá a casa y mañana a las 9 puntual te veo en tribunales, dale?

    -Si… Gracias por tenerme paciencia.

    -No pasa nada. Sólo te pido que ese mismo empeño que le ponés acá adentro se lo pongas a tribu… Hasta mañana.

    El día siguiente amaneció con un calor agobiante, propio de fines de Diciembre en el hemisferio sur. No obstante, la ciudad estaba cubierta de unos nubarrones oscuros que amenazaban tormenta. Llegué a tribunales a las 08 45, y Dani ya estaba ahí esperándome.

    Estaba vestida con una musculosa blanca y pantalón de jean. Yo le había sugerido hacía bastante tiempo que se venga más fresca los días de calor, sobre todo si iba a hacer tribunales. Nada justificaba que además de estar en la calle se muriese de calor…

    La cosa es que decidí llevarla a ver mínimo 10 expedientes, lo que implicaba movernos por la ciudad. Los que conocen Buenos Aires saben que es un caos de tránsito, por lo que nos movimos a pie. Estábamos en el octavo cuando se largó una tormenta terrible. Decidimos entrar a un café a tomar algo para esperar, pero la tormenta no paraba. A mí se me hacía tarde, así que le sugerí que volviese a su casa, pero su respuesta fue negativa:

    -Ya terminé de cursar, recién estamos a media mañana y la verdad ahora que sé cómo se mira un expediente, quisiera aunque sea aprender a trabajarlo, para tener el ciclo completo.

    No se podía negar que la chica estaba motivada…

    Así que le ofrecí que tomásemos un taxi al estudio, no nos separaban más de 12 cuadras pero con ese clima no era posible hacerlas caminando sin agarrarse una gripe. Aceptó.

    Son raras las vueltas que tiene a veces la suerte… Cuando estábamos a la vuelta del edificio, a escasa cuadra y media, nos topamos con uno de esos camiones que levantan volquetes. Y claramente recién empezaba su trabajo. Para no esperar (y evitar pagar de más), con Dani acordamos bajarnos ahí y correr esos escasos 150 metros hasta el estudio. No parecía demasiado. La lluvia era torrencial, pero no nos mojamos demasiado. Hasta que llegamos a la esquina. Alguna vez conociste a uno de esos idiotas que en un día de lluvia pasan pegados a la vereda en zonas inundables y te bañan? Bueno, yo conocí a uno ese día. Nos empapó de pies a cabeza. Lo que habíamos salvado corriendo, se fue al garete estando a 3 edificios del nuestro.

    Subimos más a limpiarnos y secarnos que a otra cosa, el día estaba casi perdido y todavía tenía que intentar salvar los pocos papeles que llevaba (por suerte eran copias solamente). Pero me olvidé de todo eso cuando, estando en el ascensor, no pude evitar ver en el espejo cómo se traslucía el corpiño de Dani en su musculosa. Era blanco, claramente, y resaltaba de un modo espectacular sus tetas. Y no sólo eso, al ser también blanca la musculosa, se le traslucía además el resto de su panza, lisa, sin abdominales pero tan sexy, coronada por ese ombligo y metiéndose en su jean, que también estaba empapado…

    -Ay no puedo creer que haya HDPs como ese… Dios! Tendría que haber multas para ese tipo de gente!

    Dijo con furia.

    -Es un desastre… Hacé algo, te secás, te pago un taxi y te volvés a casa, yo también tengo que secarme…

    -Pero mañana vence el plazo de los alegatos dijiste…

    -No te preocupes, yo los termino y los presento.

    -No, hagamos algo, me seco como puedo y si querés te ayudo un rato…

    Me había olvidado. Tenía que presentar un alegato al día siguiente y si no lo hacía tendría que correr el lunes. Claro que Dani no sabía eso y creía que el día siguiente era el último hábil… Sé que está mal, pero no le dije nada.

    Llegamos al estudio y le di dos de los toallones del baño para que se seque.

    -Segura que te querés quedar?

    A esa altura yo rogaba que dijese que sí. La visión del ascensor me había cegado completamente el sentido común.

    -Si, no se preocupe… Lo único, me podré cambiar en el baño?

    -Si, por supuesto! Yo uso mi oficina. Tenés algo de ropa de repuesto?

    -No, pero aunque sea para secarme…

    -Obvio… Si querés hagamos algo, secate bien y usá la otra oficina que está del otro lado.

    -Ok, gracias! Por suerte los pies no se me mojaron

    Ella había tenido suerte.

    En el estudio tengo 2 estufas tiro balanceado, una en cada oficina. Agarré el toallón que me quedaba, cerré la puerta, me saqué la camisa, el pantalón y las medias y los puse a secar a los pies de ella mientras me secaba. Cuando terminé, en un arranque de sentido común pensé que si Dani entraba a mi oficina me vería así, en calzoncillos. Decidí ponerme el pantalón de nuevo, por húmedo que estuviese. Calculé que de todos modos terminar el alegato no me llevaría más de media hora si trabajaba sin distracciones. Pero cómo iba a trabajar sin distracciones con eso en la cabeza.

    Escuché que golpeaban la puerta:

    -Daniel…

    -Si… Eh… estoy medio en paños menores…

    -No pasa nada, yo también… (Sentí una risita). Te quería preguntar si puedo poner algo de ropa adelante de la estufa así se seca…

    Creo que se me salió el corazón al escuchar esas palabras. No podía evitar preguntarme a qué ropa se refería. O era el pantalón, o era la remera. No podían ser las medias…

    -Bueno… si no te molesta… pasá… digo… si, no hay problema…

    Lo que vi cuando entró me ha dado que pensar en más de una noche. Ahí estaba ella, en musculosa, bombacha blanca haciendo juego y medias. Nada más. Se tapaba los pechos con el antebrazo, y en la otra mano tenía el corpiño y el pantalón. Los puso al lado de mi camisa y dijo

    -A ver si se seca algo… Todavía no puedo creer. Pudo salvar algún papel?

    -La verdad que todavía no abrí la carpeta

    Dije. Yo llevo siempre los papeles en una carpeta plástica, pero no tiene cierre ni nada, así que era probable que estuviesen tan empapados como nosotros

    -Uh, pero miremos, quizá se salvó algo! No?

    -Tenés razón…

    En este punto, me levanté para agarrar la carpeta que había dejado sobre una pequeña toalla del otro lado del escritorio.

    -Todavía tenés el pantalón puesto?!

    -Y… si, ya está, no pasa nada…

    -No, pero te va a hacer mal, está empapado!

    -Es que… bueno… me parece medio desubicado quedarme en calzones delante tuyo, bastante estoy así ya…

    -Mire Daniel… Digo, mirá Daniel, sos amigo de mis padres, y la verdad hace más de 2 meses que trabajamos juntos, además me conocés de chica y es una situación excepcional. No pasa nada, en serio. Además, si yo estoy así también… Saquemos el trabajo y nos vamos, pero no te quedes así que te puede hacer muy mal!

    Mientras ella hablaba no pude evitar fijarme en su bombacha. Si bien se seguía cubriendo con el brazo los pechos que se traslucían a través de la musculosa, la bombacha quedaba al descubierto. Y pude ver cómo se traslucían muy sutilmente sus labios, y un pelo púbico muy, pero muy corto. Pero se notaba. No podía sacarme el pantalón, la erección que tenía sería más que evidente.

    -Es que Dani…

    -Nada, no vas a ser el primer hombre que veo en calzones…

    Así que le hice caso mientras ella se daba vuelta (o hacía como que no miraba) y me lo saqué. Cuando lo hice y mientras me estaba sentando juro que me pareció escuchar un “Apa!”.

    -Qué?

    -Mm? Ya está?

    -Si… me lo ponés cerca de la estufa por favor?

    -Si, dale…

    Le pedí que se siente al otro lado del escritorio, orienté el monitor para que ella pudiese ver y dije:

    -Bueno, te explico rápidamente cómo se hace un alegato:

    Comencé mi explicación, pero claramente mi cabeza estaba en otra cosa. Mi otra cabeza también. Sabía que era cuestión de tiempo hasta que se le cansase el brazo y tuviese que bajarlo, así que hice la explicación lo más detallada posible. De todos modos, mis ojos iban del monitor a los suyos. Si bien una parte de mí quería ver esos pechos, traslúcidos a través de la musculosa, aún conservaba algo de decoro. Pero finalmente el cansancio cedió, pude notarlo por el rabillo del ojo. Había bajado el brazo.

    Ahora el problema era… cómo hacer para mirar, sin que se notase. Era una pelea tremenda dando vueltas en mi mente para evitar hacer contacto con sus pechos y sin embargo… finalmente, en uno de los “hasta acá vas entendiendo?” que cada tato le decía, bajé la mirada y los vi. Fue una fracción de segundo, pero alcanzó para que se grabasen en mi mente. Esos pechos pequeños, pero perfectos, de grandes areolas rosadas. El frío hacía que sus pezones estén completamente duros, apuntándome. Si en ese momento ya tenía una erección, se duplicó el flujo de sangre a mi pene. Ahora sí que no podía trabajar. Creo que ella se dio cuenta porque dijo

    -Voy a ver si el corpiño y el pantalón se secaron ya…

    Se levantó, se agachó a tocarlo y dijo “ya está, tu pantalón también, querés que te lo pase?”

    No había respuesta sensata a eso. Si decía que no, quedaba como un degenerado. Si decía que sí, vería mi erección.

    -Dale, pasámelo, así me tapo un poco…

    Me acercó el pantalón por encima del escritorio, y pude notar su mirada clavándose en mi bulto. No podía estar mirando otra cosa. Creí que ahí mismo se venía es segundo juicio en mi contra, pero muy por el contrario, Dani sonrió.

    Me puse el pantalón a toda prisa, medio atolondrado y casi me agarro con el cierre.

    -Ojo, no te agarres eso eh, que lo vas a necesitar en algún momento.

    Me dijo un poco entre risas. Yo ya no podía más. Apuré la explicación lo más que pude, imprimimos las cosas y le dije.

    -Bueno, no te preocupes, mañana quedate en casa que yo lo presento…

    -Seguro? Mirá que no me voy a resfriar ni nada eh?

    -No, tranqui, tomátelo libre…

    -Bueno, gracias… si no queda nada más para hacer, me cambio y me voy…

    -Vaya, vaya nomás…

    Dio media vuelta y se fue para el baño, circunstancia en la que no puede evitar mirarle cómo su bombacha se metía bien adentro de su cola, redondita y firme. No tenía demasiadas tetas, pero esa cola… por favor.

    Me iba a acercar a buscar la camisa, cuando Dani entró de nuevo. No habían pasado ni 30 segundos. Esta vez sus brazos estaban a los lados y podía ver perfectamente sus pezones. Pero hice contacto visual.

    -Daniel… Gracias.

    -Por?

    -Nada, por ser tan bueno conmigo. La verdad que aprendo un montón y realmente aprecio el trabajo.

    -Da, da da, si trabajás re bien, lo merecés. Andá a casa que te vas a resfriar… Ah, y agarrate un saco mío que debo tener alguno en el armario, el lunes me lo traés.

    -Gracias!

    Se fue a cambiar al baño, dejándome con la erección más grande de la historia. Traté de tranquilizarme, y pensé si realmente me había dicho lo que yo creía que me había dicho… Qué quiso decir con “no te agarres eso que lo vas a necesitar?”

    -Me quedé pensando mientras mi pene iba descendiendo. Antes de irse, pasó con mi saco y su pantalón puestos (calculo que el corpiño también), me volvió a dar las gracias y me dio un beso peligrosamente cerca de la boca.

    Esa noche dormí 2 horas nada más.

    Y esto recién empezaba…

  • Cuñada solidaria (Parte 2)

    Cuñada solidaria (Parte 2)

    Ese miércoles desperté temprano como siempre. Al abrir los ojos todo se me vino a la mente.  Miré hacia el cuerpo de mi mujer que yacía esta vez acostada boca arriba sin sábanas y con sus piernas medio abiertas. Su cuerpo apenas estaba cubierto por una diminuta tanga de tono claro. Un sentimiento de miedo recorrió mi cuerpo por un instante al preguntarme qué sucedería si ella llegara a enterarse de los acontecimientos entre su hermana querida y su marido. Un atisbo de culpa me invadió. La miré un poco dormir en la penumbra de la alcoba. Respiraba profundamente. Yo me levanté con una carga de emoción en la cabeza de solo recordar lo que había sucedido con Sara el día anterior. La ansiedad de querer que el reloj caminara hacia las diez de la mañana y volver a tener sexo prohibido, se apoderó de mí. Qué locura!

    Había hecho yo un esfuerzo por mantener mi cordura y estar menos distraído con mi mujer. Lo que menos convenía era levantar sospechas de que algo no estaba en su sitio. Paola despertó al poco tiempo y me abrazó de pie y desde atrás mientras yo preparaba el café en la cocina. Sentí el calor tibio de sus senos pequeños cónicos desnudos al pegarse a mi espalda. Me giré y le di un beso suave en sus labios carnosos. La vi allí dispuesta, con solo su tanguita de color claro, que ahora bajo la luz encendida podía saber que era de color rosado. Ella me abrazó sonriente posando sus brazos extendidos por mi cuello. Me miró con ternura. Yo al tenerla así casi desnuda frente a mí insinuando sexo, una erección potente se asomó abultando mi bóxer corto vino tinto. Lo notó con cierto morbo de inmediato.

    -Guao, funciona ya, al parecer

    -Si amor, pero desafortunadamente aun no puedo tener sexo -le mentí

    -Lo sé, igual yo tampoco. Tengo que abstenerme hasta que termine el tratamiento. Todavía me faltan 12 o 13 días. Pero sácalo para ver cómo te quedó. Es primera vez que te lo veo así parado.

    Yo sonreí y jugando a ser un stripper me bajaba el calzoncillo a media pero no lo suficiente como para que ella pudiera ver mi pene. Después finalmente me lo bajé dejándolo caer al suelo entre mis pies. Mi verga se salió entonces disparada apuntando hacia ella.

    -Te quedó bien. Se ve derecha y más bonita ahora. Que viva la ciencia médica. Ahora me la vas a poder meter más fácilmente.

    -Si amor. Te voy a poner en cuatro te voy a dar buena verga y vas a poder clavarte y menearte como tú quieras encima sin que yo me ponga tenso.

    -Ay amor, tu tan vulgar, pero la verdad me pones caliente. Ya quiero tenerla adentro.

    -Ojalá pudiera amor. Esperemos con paciencia algunos días y listo.

    -Esperaremos amor. Igual tampoco yo puedo por lo del tratamiento de la cistitis.

    Mi mujer extendió su mano y me hizo unas leves caricias en mi pene. Medio masturbándolo con cautela y suavidad. Me preguntó si no me dolía. Yo le respondí mentirosamente que no, pero que los tejidos internos aún estaban inflamados y un coito y una eyaculación seguramente si me dolerían todavía. Mi respuesta era convincente y era mejor que así lo siguiera creyendo. Dejó de acariciarme, me dio un beso y se fue al baño. Yo excitado intenté de no pensar en sexo y ocuparme para disipar mi erección.

    Al rato Paola se marchó al trabajo, ya más tranquila y aliviada. El silencio de estar solo en mi apartamento cálido aumentó mi ansiedad. Pero aún faltaban poco más de tres horas para que Sara llegara. Mejor era distraerme y ocuparme con algo para no sentir tan larga y agónica esa espera. Tomé mi ducha y después me puse a clasificar y organizar mis carpetas de música en la computadora cuando de repente el timbre sonó. Miré el reloj. Eran las siete y cuarenta y siete de la mañana. Pensé que era algún vendedor puerta a puerta ofreciendo alguna tontería. Yo andaba en camisilla sin mangas y calzoncillos. Me asomé por la ventana y vi que Sara estaba abajo vestida y arreglada con su bolso negro. Hizo contacto visual conmigo. Su rostro estaba maquillado. Lucía más atractiva así.

    -Cuñis, ábreme por favor.

    Esta vez no gritó como suele hacer cuando quiere que le abra la puerta. Subió sigilosamente vigilando que nadie en la calle la viera ingresar por las escaleras exteriores. Me intrigué de verle tan discreta y escondiéndose, pues es habitual para el resto del mundo que ella venga cotidianamente a casa de su hermana que además es vecina. De hecho, suele hacerlo casi a diario. Todo el mundo está acostumbrado a eso y no habría porque levantar sospechas de nada.

    Abrí la puerta y la vi en el umbral. Estaba bien arreglada, maquillada con olor perfumado. Sus labios estaban pintados de un rosado acentuado y se veía muy atractiva. Pero lo más llamativo era su vestimenta. Consistía en un vestido enterizo de flores azules sobre fondo blanco ceñido a su cuerpo curvo y voluptuoso con un escote un tanto atrevido más no vulgar que enseñaba la línea divisoria de su par de tetas apretujadas una contra otra como un par de nalgas. El vestido dejaba al descubierto un tercio de sus muslos. Lucía sensual aunque no subida de tono. Su rostro era sereno y su voz casi susurrante como hablando en secreto.

    -Cuñis, mi hermana ya se fue, supongo. -Esperó que yo asintiera y continuó:- Toca hacer lo que vayamos a hacer ahora. Debo estar en la escuela de mi hija a las nueve y media, y después ir a hacer vueltas bancarias. Alberto todavía se está alistando para ir al trabajo, pero yo le dije que mi cita en la escuela era a las ocho y media para poder salir antes. Por eso no quiero que se dé cuenta que en vez de ir a tomar el bus, me metí aquí. No quiero que sospeche nada.

    Yo solo cerré la puerta despacio. La vi tan sensual y bonita que ya mi pene estaba casi erecto cuando ella resuelta se fue a la cocina. Yo la seguí sin dejar de mirar sus caderas y su culo bonito dibujado en ese vestido de flores. Qué buena estaba mi cuñada. Pero era mejor no decirle nada para no incomodarla. Ya bastante tenía con el solo hecho de que le iba a meter la verga. Meterle la verga. Ni me lo creía. Tenía que pellizcarme para asegurarme de que no se trataba de un sueño erótico.

    Me atreví sin embargo a quitarme mi camisilla. Ella al girarse y verme así solo en mi calzoncillo abultado listo para el acto, me recorrió con una mirada de un brillo diferente. Sentí un velo de deseo en sus ojos. No me dijo nada. De pie junto al mesón de la cocina, abrió sus piernas, metió sus manos por debajo de su falda ceñida sin evitar alzarla y desnudar sus muslos amplios. Dejó resbalar su tanga blanca entre sus piernas y esta cayó envuelta entre sus pies con sandalias de tacones bajos. Me aventuré a agacharme para tomarlas yo en mi mano. Pensé que se negaría, pero alzó una pierna para que yo pudiera sacar la prenda, después alzó la otra y finalmente tuve la tanga delgada de encajes en mi mano. Me puse de pié y le dije que estaba bonita.

    -La tanga o yo?

    -Ambas, pero tú lo estas más.

    -Ay cuñis, tú con tus locuras.

    Coloqué una franela limpia tal como lo había hecho en día anterior. Ella se subió al mesón y se sentó con las piernas medio abiertas. Esta vez su falda ceñida no se deslizaba hacia la parte superior de sus muslos. Había que forzarla y alzarla completamente. Así que ella se la subió hasta su pelvis. Lo hizo con naturalidad. Para mí fue todo un acontecimiento verle por fin desnuda su blancura intima. Sus muslos completamente al descubierto. Abrió las piernas y su vagina rosada por fin la tuve ante mis ojos sin tapujos. El morbo me descrestó. La miré descaradamente mientras me bajaba mi calzoncillo y me acariciaba la verga como alistándola y apuntando hacia lo que se iba a comer.

    -Contento de conocérmela?

    -La tienes bonita. Rosadita y con ese monte negrito que te luce.

    -Ah, también te gustan los pelitos? Estas igualito a Alberto.

    -Me encantan. Se ven sensuales.

    -Y sigues con tus locuras. Mira que no tengo tanto tiempo. Méteme tu verga.

    Alzó sus piernas y apoyó los pies en el borde del mesón. Las abrió como mariposas y el olor a sexo invadió mi nariz. Sara estaba menos cohibida. Esta vez era menos enfermera y más mujer. Su actitud era resuelta y eso me encantaba. Me provocaba tanto esa vagina. No pude evitar hacer un gesto de morbo y me saboreé los labios. La miré a sus ojos. Su mirada denotaba morbo, como el que su hermana tenía en la mañana cuando me abrazó en semidesnuda. Puse mi verga en la entrada de su rajita ahora abierta y visible, pero estaba seca todavía. Así que empecé a resbalarla suavemente por afuera.

    -Sí, lo sé cuñado. La tengo seca todavía. Pero ella se moja después como ayer. Frótala así. Se siente rico.

    -Sara.

    -Qué?

    -Me dejas que te la lama?

    -Ay cuñis. No. No me siento bien que tú me hagas eso. Mira que esto es por razones médicas. No por sexo. Me da cosa con mi hermana.

    -Yo sé Sara, pero uff es que me provoca tanto -le dije mirándola sin dejar de comerme los labios en gesto provocador. Mi verga puesta en la entrada de su gruta sin penetrar.

    -Ay cuñis. No sé. Yo creo que mejor no.

    -Sara, un ratico breve solo para ayudar a que se te moje nada más. Déjame hacerlo. No seas tan durita. A esto también hay que ponerle goce.

    -Ay cuñis. No tengo mucho tiempo. Una lamida nada más para quitarte la idea.

    No podía creerlo. Halé una silla del comedor contiguo. Me senté y tuve su panocha servida justo en mis narices.

    -Apúrate cuñis.

    No empecé suave y despacio como solía hacerlo con Paola. Esta vez decidí por estrategia hacerla sentir mi hombría desde el primer envión. Metí mi lengua con firmeza y le lamí justo en la zona del clítoris. Ella emitió un gemido y su cuerpo dio un respingo que le puso la piel de gallina. Había dado en el blanco. No le di oportunidad de receso. Continué lamiendo su cuca con más ahínco y firmeza aplastando mi lengua dilatada sobre su carnosidad vencida. Ella jadeó y gimió. Me tomó por mis cabellos como queriendo empujar mi cabeza más hacía dentro de su sexo.

    -Ay cuñis, así, no pares, sigue, ah, ah, hmm

    Supe en ese momento que la había conquistado. Al menos sexualmente. No era momento de parar ni de descansar. Seguí lamiéndola, chupándola, besándola, apretujando sus labios menores en mis labios, resbalando sin cesar mi lengua contra su vagina cálida y olorosa. Mis brazos acariciaban sus muslos y ella explayaba aún más sus piernas para entregarse completamente a mis afanes.

    -Cuñis, así, ahh ahh.

    La complací sin parar con energía, con todo el morbo del mundo. Con todas las ganas que puede un hombre tener cuando quiere cogerse a una mujer ajena y prohibida. Le chupaba su concha como hacía mucho no se la chupaba a mi mujer. Mis ganas eran genuinas, lejos de ser rutinaria. Era ahora o nunca. Seguí aunque me sentí agotado un poco de tanto tener mi quijada exigida y mi boca trabajando en comer su sexo. Ese sexo rozagante, carnoso ahora totalmente mojado y dilatado que expelía un olor a hembra. Olor diferente al de su hermana menor por cierto. Era un olor vaginal más suave que el de Paola. Mi cara estaba ya inundad de jugos cuando sentí que Sara emitió un gemido intenso, fuerte, desgarrado. Su cuerpo se contrajo y se contorneó intentando alejarme de su sexo.

    -Ay cuñis, me vine. La tengo sensible muy sensible. Dame tiempo. Hmm hmm. Ah.

    La dejé disfrutar su orgasmo acariciándole sus muslos relajados. La abracé y ella me correspondió metiendo su cara en mi pecho velludo. Me acariciaba mi abdomen y mi pene con su mano sin dejar de respirar de forma jadeante. Estaba en ese estado indescriptible de goce corporal. Disfrutando del cosquilleo de un orgasmo.

    -Cuñis rico. No sabía que la sabías comer así. Hacía rato que no sentía tan fuerte un orgasmo. Me dejaste cansada cuñis.

    -Ven, vamos a la cama.

    Cedió sin reparos. Se bajó del mesón. Caminó al cuarto y se sentó en el borde de la cama. Mi verga parada apuntaba su cara. No hubo permiso ni palabras. Simplemente me acerqué y se la puse en su boca. Ella le dio besitos. Después la lamió despacio y le dio unas chupadas suaves y breves. El morbo era infinito. Ver a mi cuñada comiéndose mi pene era increíble.

    -Cuñis, vamos a que me penetres. Ya no puedo demorarme tanto. Dejemos ya el jugueteo y la chupadera.

    -Está bien Sara. Tienes razón. Ponte en cuatro

    Lo hizo aun con su vestido puesto. Se acomodó de forma transversal a la cama. Al girarse quedó con su rostro mirando hacia la mesita de noche en la que había una foto matrimonial de su hermana y yo.

    -Ay cuñis. Me hace sentir mal ver esa foto de mi hermanita. Si supiera lo que su hermana mayor está haciendo con su marido y en su cama. Ay Dios que estoy haciendo?

    -Deja de pensar en pendejadas Sara.

    Le alcé la falda y por fin tuve ante mis ojos uno de los culos más comentados del vecindario. Blanco, carnoso, bonito, redondo y con un lunar marroncito en la zona superior de la nalga derecha.

    -Ten cuidado. No te emociones tanto. No se te olvide que esto sigue siendo una prueba.

    -Si Sara, Tranquila. Tendré cuidado. Tu culo lindo me ayudará a ir despacio.

    -Ay cuñis, tu si dices locuras.

    Su conchita estaba mojadita. Abrió sus piernas. Su vagina se veía preciosa así dilatada y su ano rosadito me invitaba también. Pero no era momento para conquistas anales. Así que la puse en la entrada de su raja y fue absorbente. Nunca antes sentí mi pene irse tan fácilmente dentro de una vagina. Era como si me lo hubiera succionado. Apenas si empujé con mis caderas para penetrarla completamente. No podía creerlo. Era tan cómoda esa pose. Pensar que antes que antes era toda una tortura.

    Se la metí hasta el pegue y poco a poco comencé a cogerla, a embestirla con buen ritmo pero teniendo cuidado. Tac, tac, tac. Era el sonido del sexo. Mi pelvis contra las nalgas de mi cuñada. Mis testículos bailando al son de mis embestidas golpeando en su zona vaginal cada vez que mi pene entraba al máximo. La cama crujía un poco. Su vagina se sentía tan húmeda, tan cálida, tan suave, tan carnosa que un cosquilleo recorría mi cuerpo. Mi vista se recreaba con el espectáculo de ese culo perfecto desnudo ante mis ojos. La tomaba de las caderas y Sara comezón otra vez a gemir y jadear. A pedirme más y más con voz dulce.

    Mis manos fueron subiendo un poco y las posé en sus hombros para poder tener mejor agarre. Le di con más confianza y eso pareció aumentarle el morbo a Sara. Me atreví después a agarrarla por las tetas aunque su vestido aun lo llevaba puesto. Ella no me impidió ese gesto morboso y atrevido. No dejé de embestirla mientras mis manos apretaban sus senos amplios por encima de su vestido. Ella consentía y gemía, Pero ya el morbo se me había disparado y salido de control. Se la saqué en el último momento y simplemente no tuve opción que chorrearle sus nalgas y sus caderas desnudas apenas avisándole en el último instante. Ella sintió los chorros húmedos de mi semen resbalar por sus nalgas.

    -Ay cuñis me hubieras avisado antes ah ah.

    -Ah ah hmm ay Sara no pude, que rica estas hm

    Resbalé mi pene por sus nalgas para recoger el semen.

    -Cuñis, ahora estoy sucia.

    Me levanté y agarré de la cesta de ropa sucia contigua a la cama la panty usada rosada de Paola que tenía puesta en la mañana cuando me abrazó. Limpie las nalgas y las caderas de Sara con la prenda rápidamente.

    -Oye mi hermana se va a dar cuenta que su panty está sucia de tu leche.

    -No que va. Y si se da cuenta le diré que me hice una paja oliéndolas

    -Ay cuñis, sales con tus locuras. Que morboso eres.

    Sara se vistió rápidamente. Se miró al espejo para volver a recobrar su prestancia inicial.

    -Sara. Gracias. No sabes lo mucho que he disfrutado esto.

    -Ay cuñis. Me siento mal diciéndolo. Pero yo también. Hacía rato que no tenía un orgasmo así.

    -Que honor me haces.

    -Bueno debo irme. Estoy un poco atrasada por andar culeando. Ay Dios que mala me siento. Que hermana terrible soy.

    -Deja de decir pendejadas Sara.

    -Bueno. Mañana jueves vengo otra vez. Cuñis lo de hoy fue rico, pero no debe de pasar de ser algo médico y por la circunstancia. No lo hago por más nada.

    -Tranquila Sara. No te preocupes por eso. Esto queda entre tú y yo y es cuestión de seguir teniendo cuidado y ser discretos.

    -Oye, no te dolió ni te ardió nada, verdad?

    -No, para nada. Al contrario. Aun siento un placer rico que recorre mi pene.

    Tomó la panty sucia. La abrió y reparó intentando buscar un olor o color extraño del semen empatado en entre los encajes de la prenda.

    -Parece todo normal entonces. Me alegra que realmente te funcione.

    -Sara, para ti tal vez todo esto sea evidente porque estas acostumbrada a tener sexo con hombres con penes normales supongo. Ni te imaginas la felicidad que yo tengo ahora que pude por primera vez coger a una mujer en cuatro sin ninguna incomodidad.

    -Ah en serio? No lo había pensado fíjate. Para mi es algo normal la verdad. Es mi pose favorita ji ji. Ay qué vergüenza decirte eso. Alberto la tiene derechita la verdad y los novios que tuve antes de casarme la verdad es que también ahora que lo pienso. Bueno cuñis me voy que llego tarde.

    -Gracias Sara.

    Salió discretamente y se marchó caminando rápido hacia la parada del bus. Yo me metí al baño completamente complacido y agradecido con la vida. Mi cuerpo aun respiraba placer. Mañana sería otro día.

  • Cuando la calentura aprieta (03)

    Cuando la calentura aprieta (03)

    Después de todo lo ocurrido antes, esperaba que mi furor sexual, recién descubierto, acabara por desaparecer, pero ocurrió todo lo contrario. Empecé a despertar un nuevo furor sexual dentro de mí. Cada vez que estaba sola, aprovecha para ver videos por internet, masturbarme imaginando que lo que ocurría en esas filmaciones me lo hacían a mí. Descubrí los relatos sexuales y no tarde mucho en entrar a chats de sexo.

    Entraba con el Nick que me diera el servidor, ya que la primera vez que entre me puse un nombre de mujer y me fue imposible leer nada, no paraban de mandarme privados, los que no contestaba ya que lo primero que quería yo era indagar y ver como discurría todo en el chat.

    Era excitante estar dentro del chat, me ponía cachonda con solo leer los mensajes que iban poniendo y cuanto más soases fueran más me ponían.

    Pasaron unas pocas semanas antes de que me atreviera a entablar conversación con alguien del chat, pero al final me atreví. No supe lo difícil que era encontrar a alguien interesante, en cuanto empezabas a hablar con alguien de seguida empezaba a pedirte fotos desnuda, cam y todo tipo de cosas estúpidas. Yo claro esta no tenía pensado nada de eso, ya que tenía muy claro que en esta nueva faceta mía la discreción era lo primero.

    Me auto impuesto unas pautas muy concretas, nada de fotos ni Cam, si me gustaba y podíamos quedar estupendo y si no pues siempre me quedaba la masturbación. Tenía las cosas muy claras, aunque estaba haciendo lo que estaba haciendo, a mi marido lo quería con locura y a mis hijos. Mi familia lo primero. El sexo es solo eso, sexo.

    Entre tantos descartes, conocí a un hombre con el que entable amistad, Jorge, 40 años, casado y para mejor era de un pueblo cercano al mía, apenas 20 kilómetros nos separaban. Informático freelance, su esposa profesora, por lo cual, igual que yo tenía todas las mañanas disponibles. Me gusto porque las primeras conversaciones fueron sobre nuestra vida marital, en ningún momento me propuso hacer nada, solamente hablábamos y nos desahogábamos de nuestras cosas, como dos simples amigos.

    Pasaron varias semanas, hasta que nos convencimos mutuamente de conocernos personalmente y si nos gustábamos, tener una relación esporádica, algo que ya habíamos hablado y dejado bastante claro. Él tenía el mismo problema que yo, aunque quería mucho a su esposa, era más activo sexualmente que ella. Me confesó que solo le había engañado una sola vez, con una prostituta, pero que solo fue esa vez. Yo le mentí diciendo que solo lo había hecho también una vez. Aunque la mentira no era muy grande, ya que mi primera infidelidad no estaba preparada y fue un aquí te pillo aquí te mato.

    Decidimos quedar una mañana, después de dejar a mis hijos en la escuela, en una cafetería en un pueblo intermedio entre los nuestros.

    Me puse un vestido ceñido azul con un poco de escote y que me llegaba a medio muslo, de ropa interior un conjunto de encaje rosa.

    Llegue a la cafetería y me senté en una mesa, esperando que se acercara, ya que no nos conocíamos en foto, solo por la descripción escrita que nos habíamos hecho.

    El llego y me quede fascinada, era muy guapo, delgado con pelo moreno y unas pocas canas en los lados, barbita de 3 días arreglada y vestido muy bien. Me gusto lo que vi de un primer momento. Nos tomamos un café charlando tal y como lo haríamos en el chat, yo esperaba que se lanzara a proponerme ir a mi casa o a la suya. Cuando terminemos de tomarnos el café me dijo que le gustaba muchísimo y que le encantaría acostarse conmigo, yo no le lleve la contraria claro está. Me dijo que lo siguiera hasta su casa y que metiera el coche dentro de su jardín para que no nos viera nadie entrar. Así lo hicimos nos dirigimos hacia su vivienda y entremos tal y como él dijo.

    Una vez dentro no pudimos aguantarnos más y empecemos a besarnos como dos adolescentes, mientras nos besamos nos dirigimos hacia su dormitorio, no sé porque pero ver la cama me puso muchísimo, el poseer al hombre de otra mujer en su propia cama me excitaba.

    No tardo en sacarme el vestido y dejarme en ropa interior, yo aproveche también, le quite el jersey y comencé a desabrocharle el pantalón, el termino de quitárselo, seguidamente me desabrocho el sujetador y abrazándome me tumbo en la cama encima de él, comenzó a comerme las tetas, mordisqueando un poco los pezones, yo sentía como me humedecía cada vez más. Él seguía magreándome mientras no paraba de succionar mis pechos, mi culo, mis piernas, sentía sus manos por todo mi cuerpo.

    Decidí acelerar un poco la cosa, me baje un poco y le quite los calzoncillos, su polla salió despedida al encontrarse ya dura. Me encontré una polla bastante bonita, de tamaño normal, pero recién depila dita y operada de fimosis. Me la metí en la boca y empecé a mamarla, la salive bien y poco a poco intentaba metérmela entera en mi boca. Estuve un buen rato chupando hasta que él me dijo de parar, ya que no quería acabar antes de tiempo.

    Se levantó y cogió un preservativo, me dijo de ponerme a cuatro patas, acepte y él se colocó detrás de mí, sentí como empezaba a penetrar mi coño ya bien lubricado por la excitación.

    Estuvo un buen rato dándome, aunque yo no tarde mucho en correrme, cambiemos de postura se tumbó y me subí encima de él, comencé a cabalgar a la vez que el no paraba de jugar con mis pechos y levantar la cabeza para comérselos. Me pidió que si podía darme la vuelta para ver mi culo cabalgar, lo hice, me di la vuelta y el empezó a darme unos azotitos en el culo, era la primera vez que me lo hacían y me gustaba. De pronto note que se estaba corriendo al notar las sacudidas de su polla soltando el semen, esa sensación hizo que me corriera otra vez. Nos quedemos unos minutos quietos, yo sintiendo como su polla terminaba de descargar y aflojaba su dureza. Me encanto.

    Nos despedimos con un par de besos. Sabiendo que no volvería a repetirse, ya que era lo que habíamos hablado. Aunque claro está, nunca digas nunca más.

  • La catequista madura

    La catequista madura

    Ella tenía como cuarenta y tantos casi pegándole a los cincuenta, su cabello mostraba algunas canas, pero fuera de estar acabada tenía una silueta fenomenal.

    Su nombre es Norma y era la catequista de la iglesia de la colonia, una mujer blanca, de ojos café claro, unas tetas enormes que siempre cubría con su reboso, pero si la mirabas fijo te dabas cuenta de su tamaño, los domingos cuando iba a misa acostumbraba a vestirse de medias negras y falda un poco abajo de la rodilla, pero entallada, que marcaba sus piernas carnosas y sus nalgas grades.

    Ella había quedado viuda hace 5 años, su marido fue un camionero que creo la maltrataba por eso ella estaba casada con la iglesia desde hace años.

    Yo los sábados en la mañana iba a la iglesia no a rezar, solo para ver su clase con tal de verla, me encantaba ver sus pantorrillas con esas medias de seda negras o color carne, sus faldas que marcaban sus nalgas, sus blusas escotadas que escondía, con sus rebosos, me hice miles de pajas en su honor.

    J: ¡Hola señora buenos días!

    N: Hola chico, ¡buen día!

    Era en ese entonces lo único que se me ocurrió decir, así que así me la pasaba yendo los sábados a la iglesia solo para darme mi taco de ojo ya que muchos hombres habían intentado comérsela y en el intento habían caído, era notorio que un escuincle de 22 años tendría el mismo resultado.

    Una tarde de diciembre, antes de las festividades que celebran en la iglesia, ella estaba acomodando unas cajas, el show era fenomenal, verla agacharse y ver su tremendo tarsero me la puso dura, vi que le costaba trabajo cargarlas así que como pude me moví y me ofrecí a ayudarle.

    J: ¡Déjeme hacer eso por usted!

    N: ¡Oh, que amable, muchas gracias!

    J: ¡Si, no debería esforzarse tanto con esto!

    N: Lo hago por gusto, ¡así como tú que vienes todos los sábados a oír mi clase!

    J: Jajá, si, ¡es muy interesante como usted nos adentra más en esto!

    Era lógico que no le iba a decir que iba solo a verle las nalgas, así que quise me creyera un pan de dios.

    Termine de ayudarle y no podía más con mi erección, ella con su sonrisa angelical me agradeció y como gratitud me dijo que tenía unos libros para jóvenes, que si los quería, solo que estaban en su casa, al oír eso sin dudar le dije que sí, entonces ella me dijo que fuera a su casa con una mochila ya que eran bastantes, yo solo le decía que si a todo, me dio su dirección, aunque yo sabía dónde vivía y me dijo que fuera a las 4 de la tarde.

    Llegue como dos minutos antes, toque la puerta con ansias, ella tardo unos minutos en abrir, no sabía cuál era su demora, pensé que no estaba y casi a punto de irme, abrió la puerta.

    N: ¡Hola, perdón por la tardanza, me agarraste ocupada!

    J: ¡No se preocupe señora, no pasa na…!

    Me quede mudo al verla, ella traía una bata que apenas si cubría sus nalgas y sus tetas, sus medias color blanco y alcanzaba a ver sus ligeros que se las sostenías, se veía espectacular, ella ni se inmutó y me invitó a pasar, tapándose con su bata sus ricas tetas.

    Me pasó a su sala mientras me dijo que la esperara, que subiría a su cuarto y estaba conmigo de vuelta. Yo no pude evitar la tentación, así que la seguí sin hacer ruido, vi su puerta abierta y al asomarme, ¡madre mía! Estaba ella sin la bata mostrando su rico cuerpo sus tetas se veían magnificas, traía un calzón cachetero de encaje que marcaba su tremendo culazo, sus muslos, uhm, inmediatamente se me puso dura de verla.

    Ella escogía su ropa y en lo que lo hacía yo acariciaba mi verga por encima del pantalón, que rica se veía, no pude más y la saque y empecé a masturbarme viendo cómo se vestía.

    Estaba tan acelerado y metido disfrutando de su show, que no me di cuenta cuando termino hasta que escuche su grito.

    N: ¡¿Qué haces?!!!

    J: ¡Uhm, se…!!!

    No pude hablar ya que en ese momento mi leche empezó a salir de mi verga con mucha potencia, salpicándole su falda y piernas.

    J: ¡Perdón!!

    N: ¡Escuincle del demonio! ¡Vete de mi casa ahora!

    J. Pero señora!!

    N: ¡Que te vayas, vamos vete, vete!

    Yo guardándome la verga y siendo empujado por ella bajaba las escaleras, me aventó la mochila y me estaba sacando con mucha violencia, traté de calmarla, pero ella no me escuchaba.

    N: ¡Aprovechado, lárgate!

    J: ¡Discúlpeme, pero no pude evitarlo!

    N: ¡Eres un puerco, pecador igual que todos!

    J: Perdón, es que usted es tan hermosa que no pude evitarlo!

    Una vez dicho eso, me dejó de gritar y me pidió que saliera de su casa, resignado estaba por irme cuando me detuvo para preguntarme.

    N: ¿En serio soy hermosa?

    J: ¡Es muy hermosa, la más hermosa de esta colonia sin duda!

    N: ¡Eres un endemoniado, soy una mujer mayor y viuda!

    J: ¡Decirle hermosa no creo que sea un crimen!

    N: Eso no, pero masturbarte viéndome y en mi casa, eso es abuso, te tenía en un concepto Jonathan, pero bueno, ¡al final la carne es débil!

    Nos miramos fijamente, ella me mira de arriba abajo, yo hacía lo mismo, fue entonces que arriesgándome a todo me acerqué y le di un beso en la boca, no de lengua, pero sus labios y los míos rozaron muy bien.

    N: ¿Qué haces?

    J: ¡Si muero hoy, habrá valido la pena, que hermosa boca!

    N: ¡Eres un niño!

    J: ¡Tengo 22 y creo que sería mejor que todos los locos que se le acercan!

    N: ¡Mejor vete, antes de que pase algo más!

    J: ¿Qué? ¿Qué quiere que pase?

    N: ¡Vete niño, aléjate y no quiero verte!

    Estaba resignado y a punto de salir de su casa, creyendo que había hecho muchísimo para mis posibilidades, cuando de pronto algo inesperado pasó.

    Me tomo del brazo jalándome con fuerza a ella, y me comenzó a besar, yo no daba crédito a eso, sus manos agarraban mi espalda bajando por mis nalgas, su boca devoraba la mía, estaba como poseída, la catequista parecía otra.

    N: ¡Hace tiempo no pasaba eso, nadie me había hecho esto!

    J: ¡Que rico besas, eres una diosa!

    N: No, dios solo hay uno y espero me perdone, ¡pero necesito un hombre!

    Sus declaraciones me volvieron loco y ahora yo me lance a besarla, tocándole sus ricas y grandes nalgas, besándole el cuello, ella lanzaba pequeños suspiros de placer, finalmente tenía a esa hembra.

    Quise llevarla a su cama, pero me dijo que ahí lo hacía con su esposo fallecido que prefería la colchoneta detrás de su buro.

    Fui por ella y la tiré al suelo de la sala, lentamente ella se quitó la falda y la blusa, dejándose con las medias, el ligero su cachetero y su brasear que apenas si cubría sus ricas tetas.

    J: ¡Maldición, que buena estas!

    N: ¡Eso no es nada, antes paraba el tráfico!

    J: ¡Cariño no solo paras el trafico si no también otra cosa!

    Ella se acomodó en la colchoneta y yo comencé a besarle sus pechos, su abdomen un poco graso pero deliciosos, sus carnosos muslos, incluso la sensación de mi lengua encima de sus medias, me tenía durísimo.

    N: ¡Quítate la ropa!

    Obedecí la petición de la hermosa madura y mientras me despojaba de mi ropa ella se quitaba el brasear y su cachetero, le pedí se dejará las medias y el ligero, ella con una sonrisa me cumplió mi deseo, yo estaba súper firme, ella se acostó abriéndose de piernas y me abrió los brazos, supe que quería mi verga ya.

    N: ¡Que grande la tienes!

    J: ¡Tranquila no te lastimare!

    N: ¡Mi niño! ¡He tenido más grandes que esa!

    ¡Guau! su declaración me puso más loco y empecé a metérsela suave, su peluda vagina devoraba mi verga gracias a su humedad, ella estaba igual de caliente que yo.

    Gracias a su religión, no usamos condón, eso me dio una sensación aún más rica cada que la embestía, mordiéndole sus grandes tetas, ella gemía y se movía rico.

    N: ¡Dios, que rico, uhm, ah!

    J: Que buena estas, ¡soñaba con esto!

    N: ¡Más de 5 años sin sexo uhm, había olvidado lo rico que era!

    Levanté sus peirnotas y besándole los pies la embestía con fuerza, eso hizo que ella comenzara a gemir riquísimo, pidiéndome que no parara, que continuara dándole mi verga.

    La empujaba con fuerza, le doblaba las rodillas hasta que chocaban con su cara y yo hincado la metía y sacaba por completo, sintiendo como nunca en mi vida.

    N: ¡Uhm, ah, sí, ah, uhm!

    J: ¡Uhm, si, que rico, uhm!

    N: ¡Uhm, mas, uhm, si, así, que rico!

    J: ¡Valió la pena todos esos sábados, agh!

    La acosté de ladito levantando su pierna, se le veía un tarsero descomunal, en la pose de “cucharita” empecé a penétrala mientras mis manos acariciaban sus tetas aplastando sus carnosos pezones y su clítoris también era acariciado con ansias.

    En su tv apagada se reflejaban nuestra imagen de ella gimiendo, mordiéndome los dedos siendo cogida por mí.

    Me acosté y ella subió a cabalgarme, que magnifico se veía su cuerpo, sus piernas, sus tetas, era un manjar y yo me la estaba comiendo.

    J: ¡Que suerte, uhm, que suerte!

    N: ¡Agradécele a dios, uhm!

    J: ¡Muévete, uhm, si así, que rico, por dios!

    N: ¡Ah, uhm, no use su nombre en vano, ah!

    Cabalgaba delicioso, que rico se movía, era una experta, ahora entendía por qué su esposo era celoso, tenía un tornado como mujer y no quería compartirlo.

    Que rico se levantaba y dejaba caer, sus movimientos circulares me tenían a full, le mordía los pezones, ella también me mordía, era una experta en el sexo, me estaba dando la que hasta ahora considero la mejor cogida de mi vida.

    Se dio vuelta empinándose y clavándose solita, que monumentales se le veían sus nalgas, yo la agarraba como desesperado, las besaba, ella seguía dándome una buena cogida, más bien ella me estaba cogiendo a mí.

    J: ¡Que rico, uhm, ah, uhm, si así nena, uf!!

    N: Eso, gime nene, uhm, que rica verga, uhm, ¡ah!

    J: Uf, muévete, que nalgas, que piernas eres un manjar, ah, ¡que suerte tengo!

    N: ¿Chiquito, te vas a venir?

    J: ¡Casi, uhm!

    N: ¡Yo también bebe, uhm!

    Se puso en cuatro, yo tomándola de sus nalgotas me empujaba con fuerza, ella movía riquísimo su cuerpo dándome una enorme satisfacción, que rico cogíamos, mi verga estaba inflándose cada vez más, ella seguía moviendo su cadera fenomenal, ¡estaba por estallar!

    J: ¡Ay mamita! que rico te mueves, uhm, me vengo uhm, ¡me vengo!

    N: Si, así, que rico, uhm, no la saques, uhm, es pecado, ¡debes terminar dentro!

    Comencé a venirme dentro de ella, ella se movía fantástico recibiendo mi semen, que orgasmo, que placer, que cogida me había dado esa mujer.

    Se la saque y aun con un poco de dureza y escurriendo mecos, ella se agacho y me dio una mamada espectacular, de esas que te hacen venirte solo con unos segundos.

    J: ¡Dios que rico chupas, uhm!

    N: ¡Debo limpiarte, que rica semilla expulsa!

    ¡Que mamada! Una vez que termino de chuparme, reposamos unos minutos, luego me vestí y admiré como ella se vestía.

    N: No le cuentes a nadie, ¡cometimos un pecado!

    J: ¡No te preocupes, gracias por dejarme estar contigo!

    N: ¿Oye vas a querer los libros?

    J: ¿Para qué? me has dado la mejor clase de mi vida!

  • Ella se inició con un desconocido

    Ella se inició con un desconocido

    En la búsqueda de experiencias que satisfagan nuestras inquietudes y curiosidades sexuales, se presentan situaciones inesperadas y bastante extrañas. Sin embargo, todas estas circunstancias resultaron excitantes y fueron placenteras. Esto nos sucedió hace algún tiempo y aprovecho este espacio para relatarlo.

    En nuestra inquietud de explorar aventuras sexuales con terceros, fuera del matrimonio, junto a mi esposa iniciamos una serie de encuentros para conocer muchachos, muchachas o parejas que estuvieran interesadas en el tema y aceptaran ser parte de nuestros deseos. Cuando hablábamos sobre el tema, el interés recurrente se centraba en saber si ella podía disfrutar del sexo con otro hombre que no fuera su marido, que, si acaso ella pudiera tener alguna experiencia con otra mujer, que cómo sería atreverse a tener sexo con dos hombres, que a ella le atraían mucho los hombres de color y que cómo sería tener sexo con uno de ellos. Y así, especulábamos sobre tales posibilidades, pero sin pretender llevarlas a la práctica.

    Con el paso del tiempo, sin embargo, la curiosidad por conocer cómo vivían otras parejas ese tipo de experiencias, conocer sitios swinger y lugares similares, avivó nuestro interés y planteamos el objetivo de ver si podíamos llevar a cabo tales fantasías, pues no era nada malo y más de una pareja lo había experimentado. Con ese propósito en mente habíamos establecido algunos contactos a través de sitios web en el Internet y realizado varios encuentros con posibles candidatos, que habían terminado en nada. Ella siempre tenía una excusa para evitar ir más allá y concretar aquello de lo que tanto habíamos hablado en nuestra alcoba. Siempre, a la hora de concretar ese algo, surgían miedos y prevenciones.

    En un nuevo intento, después de algunas llamadas, nos contactamos con un muchacho llamado Carlos, bien parecido y según él con alguna experiencia en encuentros con parejas. Como había sido costumbre anteriormente con otros muchachos, nos reunimos con él para charlar y conocerle. Tras algunos minutos de conversación, donde le confesamos que estábamos apenas iniciándonos en este tipo de aventuras y que desconocíamos cómo proceder en estos casos, él, que parecía tener alguna experiencia, nos invitó a visitar un bar swinger que quedaba cerca del lugar donde nos encontrábamos y del cual no teníamos idea, a pesar de estar cerca a nuestro lugar de residencia. Mire a mi esposa, indagando por su aprobación, y estuvo de acuerdo en ir a aquel lugar, solo para conocer.

    Llegamos al lugar, un sitio algo apartado y oscuro, que no nos gustó en principio pero que, dadas las circunstancias y acompañado por nuestro guía, nos despertaba curiosidad por saber lo que allí sucedía. Al entrar, encontramos unas 10 o 12 parejas reunidas, algunas bailando al compás de una música bastante animada. Apenas nos habíamos acomodado, cuando observamos que una mujer del público salió sola a la pista de baile. Ella se fue desnudando al ritmo de la música, por lo cual las otras parejas se fueron sentando en sus mesas a observar. De pronto, ella se dirigió a un muchacho ubicado en una de las mesas, lo tomó de la mano y lo invitó a que le acompañara al centro de la pista.

    Estando allí, empezaron a bailar. Ella, vestida únicamente con sus zapatos de tacón alto, sus collares y pulseras, y él, aun vestido. Ella se mostraba muy insinuante, coqueta y, poco a poco, mientras bailaban, empezó a desnudar lentamente a su pareja de baile; primero la corbata, luego su chaqueta, después su camisa, su camiseta, dejándole su torso desnudo. A continuación, de repente y sin previo aviso, ella se puso en posición de cuclillas, siguiendo el ritmo del baile, desabrocho la cremallera de su pantalón, metió su mano dentro y sacó un miembro erecto y bastante grande, que de inmediato empezó a acariciar con su lengua, con gran devoción. El, no se resistió y permitió que ella lo hiciera. Luego, ella se dedicó a mamar aquel miembro mientras el muchacho le miraba, entre admirado y complacido, pues creo que jamás se esperó que eso le fuera a pasar estando a la vista de todos.

    En nuestra mesa, Carlos, mientras tanto, nos comentaba que conocía a aquella mujer, de nombre Nelly, quien periódicamente se prestaba para hacer ese tipo de show. También nos indicó que, cuando ella se lo proponía, llevaba a esos muchachos al cuarto de fantasías y allí tenía sexo con ellos. Nos contaba que algunas veces el marido, que estaba en la mesa, al parecer sin prestarle mucha atención, le acompañaba, pero que la mayoría de las veces dejaba que ella fuera sola e hiciera de las suyas. Y, con esa conversación y los detalles de lo que él conocía, y relatos de otros sucesos en aquel sitio, el ambiente se fue calentando y nos fuimos familiarizando con el lugar.

    Mientras tanto Nelly hacía que la verga de aquel despidiera chorros de esperma a diestra y siniestra, a la vista de todos nosotros. Fue algo inesperado pero muy excitante, la verdad. Y ella, como si nada, siguió mamando el miembro de aquel afortunado. Al terminar de limpiarle hasta la última gota, amablemente agradeció al muchacho su colaboración, y bailando, como al inicio, desnuda, fue recogiendo su ropa, desparramada por la sala, y volvió a la mesa donde se encontraba su marido.

    Entonces, Carlos, más animado y caliente, invitó a mi esposa a bailar. Ella aceptó y ambos se dirigieron a la pista de baile. Pude ver que aquel muchacho no perdía el tiempo, pues rápidamente abrazó a mi esposa, acercó su mejilla

    a su rostro para hablarle al oído y empezó a acariciar sus nalgas sin ningún escrúpulo. Me daba cierto morbo ver cómo sus manos amasaban las nalgas de mi mujer sin que ella se resistiera de alguna manera. También pude ver que apretujaba su cintura contra la cadera de mi mujer, por lo que supuse que le estaba dando a conocer el tamaño y dureza de su herramienta. Y en ese coqueteo permanecieron en la pista durante varias tandas de baile…

    De pronto, aprovechando que mi esposa se había dirigido al baño, Carlos vino hacia mí y me pidió permiso para ir más allá. Me dijo que ella le había dicho que se atrevía a acompañarle, sólo si yo estaba presente. Le dije al muchacho que entendiera que era su primera vez, que en otras ocasiones no habíamos pasado de la charla protocolaria en el café y que la idea era ir hasta donde ella lo permitiera, así que por mí no había inconveniente y que estaría presente en lo que fuera a suceder, si ella así lo quería. De manera que la esperó, volvieron a bailar, pero rápidamente la condujo a una sala posterior, algo más oscura, llena de espejos y en ese momento vacía.

    Yo me fui detrás de ellos, pero me quedé a la entrada de la sala espiando lo que iba a suceder. Una vez allí, Carlos se sentó en un amplio sofá, e hizo que mi esposa se arrodillara frente a él. Sus cabezas estaban unidas y vi cómo él empezó a dirigir las manos de ella hacia su miembro, por encima del pantalón. Al parecer él le instruía para que se lo sacara. Vi como soltó el cinturón del pantalón de Carlos, bajo la cremallera, metió su mano allí y sacó su miembro, que podía verse grande y erecto. Empezó a acariciarlo, frotándolo de arriba abajo y, de cuando en vez, lamiendo el glande con la punta de su lengua.

    Ella, al parecer, seguía instrucciones de Carlos y se dejaba guiar, por lo que creí entender que se estaba excitando, pero no pasaba nada más. Carlos seguía hablándole, quizá para que ella respondiera a sus propósitos. Y tal vez se lo tuvo que decir, porque poco a poco, tal vez presa de la curiosidad y la excitación que pudiera estar sintiendo, ella empezó a meterse aquel miembro en su boca, muy cautelosa y delicadamente. El colocó una mano sobre su cabeza y empezó a guiarla para que ella fuera arriba y abajo sobre su pene, con más ritmo. Al hacer esto, quizá ella se sintió presionada, pues no es lo que acostumbrábamos hacer en nuestra intimidad, y se detuvo, aunque siguió moviendo su mano arriba y abajo sobre el tallo de aquel duro y grande miembro que tenía en su poder.

    El, seguía hablándole, mientras llevaba sus manos al pantalón que tenía puesto mi mujer, lo desabotonó sin resistencia y trató de bajárselo. Ella, en un principio se resistió, pero algo tuvo que insinuarle Carlos, que poco a poco fue permitiendo que aquel continuara con su tarea. Ella se levantó, pues estaba de rodillas frente a él. Y, en esa posición, él continuó bajándole el pantalón hasta que llegó completamente al piso. Ella, entonces, saco sus pies de las mangas del pantalón, quedando ahora parada frente a él, vestida con su sweater, pantimedias negras y sus zapatos de tacón.

    Carlos pudo ahora ver y acariciar las piernas de mi esposa, concentrando su atención en su entrepierna y su vagina, mientras intentaba besarle. Y luego, viendo que ella estaba colaborando, deslizó sus manos por debajo del sweater para acariciarle su espalda y, poco a poco, pasar a masajear sus senos, por encima del sujetador. Ella lo permitió y no lo rechazó, pero no dejó que la desnudara totalmente.

    Mientras sus rostros permanecían unidos en un continuo beso, él fue bajando sus pantis y ella no se resistió. Ahora sus caderas y piernas quedaron expuestas, al natural, y él siguió acariciando su entrepierna. Vi como Carlos llevaba su mano al sexo de mi mujer, quizá introduciendo sus dedos en su vagina húmeda y procurando mantener elevado su nivel de excitación. Su verga continuaba erecta, tiesa, y él tomó a mi esposa por las caderas, guiándola para que ella se aproximara a él y se sentara sobre su miembro.

    Ella lo hizo, y yo de verdad me sorprendí, porque aquel estaba sin condón y ella es muy escrupulosa al respecto, así que supuse que había podido más la curiosidad que la cautela y que su grado de excitación era tal, que omitía por completo las precauciones de las que tanto habíamos hablado. La desconocía por completo en ese tipo de situaciones. Y tal sería su calentura, que se acomodó sobre aquel, facilitando que aquel pene la penetrara sin dificultad. Creo que ella misma se sorprendió de la facilidad con la que aquello se dio y por eso se permitió seguir adelante, así que al poco rato ya se movía arriba y abajo sobre ese miembro a su entera voluntad.

    Ella estaba encantada en esa posición. Ambos se miraban; Carlos le decía algo, pero ella parecía no hacer caso o no entender, ya que la música en aquel lugar sonaba a un volumen alto. Así que ella seguía moviéndose encima de él a entero placer. Poco después, ella se levantó. El, también lo hizo y la dirigió para que ella se colocara en posición de perrito, apoyando sus manos en el respaldo del gran sofá, quedando de espaldas a él. En esa posición él, que seguía vestido, solo con sus pantalones abajo, asalto a mi mujer desde atrás, tomó sus caderas y la penetró. Al principio fue delicado y entró en ella lentamente mientras le acariciaba sus nalgas y metía las manos por debajo de su sweater, para masajear sus senos, pero poco a poco empezó a acelerar el ritmo de sus embestidas y a empujar con fuerza contra ella.

    Ella tenía la cabeza agachada, así que yo no veía qué estaba pasando, pero por la postura de su cuerpo podía adivinar que aquello le gustaba, tanto que no se movía y seguía permitiendo que él la penetrara, duro, como a mí me parecía que aquel lo estaba haciendo. El, embestía y embestía hasta que alcanzó su clímax, viniéndose dentro de su vagina. No queríamos que fuera así, por aquello de los riesgos de embarazo, pero no habíamos hablado con Carlos sobre el particular y ella lo había permitido. Cuando eso pasó, él retuvo sus caderas hasta que descargó totalmente su provisión, quedándose allí, unido a ella, por un rato. Luego sacó su miembro, ya flácido. Algo le dijo a mi esposa y ambos, por separado, se dirigieron al baño. Creo que ninguno de los dos reparó en mí, así que yo me dirigí a la mesa.

    Al poco rato llegaron ellos, ya arreglados, como si no hubiera pasado nada. Conversamos un rato, pero nadie hizo referencia a lo que había pasado. Yo le pregunté al muchacho que cómo la había pasado y me dijo que bien. No hubo detalles, ni halagos, ni referencias a lo que se esperaba de aquel momento o sugerencias para hacerlo mejor en otra ocasión, ya que bien sabía él que hasta ahora estábamos empezando en eso. Nada. Nos tomamos dos o tres tragos y, en vista de la hora, Carlos se despidió alegando que debía trabajar temprano al día siguiente y que todavía faltaba camino para llegar a su casa, así que nos despedimos y después de aquello no le volvimos a ver.

    Mi esposa siempre ha sido una mujer de poca expresividad al referirse a su intimidad, pero al quedarnos solos quise preguntarle qué la había decidido a seguir adelante con aquel muchacho. Me dijo, entonces, que aquella mujer, Nelly, la del show, le había servido de modelo, y que, si esa mujer podía hacerlo, ¿Por qué ella no? Después me comentó que tenía prevenciones, porque para ella el sexo sólo era permitido disfrutarlo con la pareja, con el esposo en este caso, de manera que se había sorprendido de sentir excitación al tener el pene de otro hombre en sus manos y experimentar cierto control y poder sobre el hombre al comprobar como el miembro de ese muchacho se iba agrandando y endureciendo dentro de su boca.

    Me costaba creer que ella, mi recatada y recelosa esposa, me estuviera confesando aquello. No podía entender cómo se mostraba recatada conmigo, incluso para mamármelo, y ahora mencionaba aquello de la excitación al sentir que el miembro de aquel muchacho iba creciendo dentro de su boca. También me confesó que dudó cuando Carlos empezó a desvestirla, porque ella ya suponía para dónde iba la cosa, así que, ya entrados en gastos, lo más conveniente era terminar lo que ya había comenzado y que, además, qué iría a pensar aquel si ella se negaba después de haber llegado hasta ese punto.

    Le pregunté si había disfrutado cabalgándolo y me dijo que había estado bien, que en esa posición la sensación era muy profunda y que lo había disfrutado. Quise saber si le había gustado cuando él la había penetrado por detrás y me dijo que, aquello había estado súper; que había valido la pena superar tantas prevenciones. Yo, la verdad, oía sus razonamientos y me quedaba incrédulo escuchándola, así que le pregunté si quería repetir la experiencia con Carlos, ya que quizá, sabiendo ahora cómo era la cosa y cómo actuaba él, de pronto se soltaba más en otra ocasión. Me dijo, no forcemos las cosas. El muchacho estaba bien, pero quizá haya muchos mejores.

    No volvimos a tocar el tema y regresamos a casa, en silencio, sumido cada uno en sus pensamientos, quizá repasando mentalmente lo que se había vivido. Y fue así, de esa manera, como mi esposa se inició en la aventura de tener sexo con otros hombres y yo, de complacerla en sus gustos y compartir sus experiencias. De eso ya hace algunos años, pero quedan vivos los recuerdos.

  • Escapada al motel con mi Milf

    Escapada al motel con mi Milf

    Regresando con la historia de la Milf, nuestro segundo encuentro se dio de la siguiente manera.

    Luego de la aventura sexual que tuvimos en ese estacionamiento, yo deje de hablarle durante un tiempo porque me dediqué a aguijonear en otros lados.  Bueno, al cabo de aproximadamente un mes después, yo estaba en mi casa jugando play, cuando me llega un mensaje al celular que decía «sabes cabrito, las oportunidades se tienen una sola vez en la vida, y tú te estás perdiendo esta». Era la MIlf y su manera de reclamarme que aún no habíamos concretado el encuentro sexual que nos debíamos y también que yo deje de darle la atención que le había dado en el tiempo que estuve preparando la primera salida.

    En fin, como habrán de suponer, no me demore nada en tomar el teléfono para wazapearla de vuelta y coordinar otra salida, pero esta vez iríamos a un lugar más privado, terminado en 014 para los que conocen. Este mensaje debo haberlo recibido entre un día martes o miércoles, por lo que mi rendimiento laboral desde esa noche bajo a nada, no podía concentrarme en nada más que lo que ocurriría esa anhelada tarde del viernes, y todo lo que podría disfrutar teniendo a esa mujer en una habitación solo para mí.

    Nos juntamos esa tarde a esa de las 7 justo afuera del edificio donde me estaciono, aquel lugar donde ocurrió el primer relato. Nos subimos al auto y mientras me dirigía a la calle Santa Isabel, comenzaron los manoseos de su parte. Obviamente mi reacción fue instantánea, mi amigo se paró y alistó para lo que se venía, ella me desabrocha el pantalón y con su mano comienza a masturbarme suavemente mientras yo manejaba, (como consejo, manejar en «tercera» en este tipo de situaciones es el cambio ideal, ya que nos vas tan rápido y el auto no alcanza a «tiritar» por la baja velocidad).

    Me costaba poner atención a lo que pasaba afuera ya que esta mujer si que sabía lo que hacía, se mantuvo así durante las pocas cuadras que nos separaban de nuestro destino, y ya llegando a Marín terminó con un rico beso en la punta de mi glande, donde aprovechó de sacar todo el líquido pre-seminal que me había sacado. Entrando a la habitación nuestra reacción fue instantánea, nos fuimos uno encima del otro y como desesperados nos arrancábamos la ropa.

    La arroje de espalda sobre la cama y le quite los zapatos y pantalones, y fue ese momento en el que pude apreciar su formado y durito trasero. Ahí figuraba ella sobre la cama y en un colaless negro que el que se veía de infarto. Le bese desde la punta de los pies, subiendo por sus piernas y me detuve a jugar al interior de sus muslos, los mordía y besaba a mi placer, lo que provocaba espasmos en ella por lo que no tarde en poder disfrutar de toda su humedad. Llego a su deliciosa vagina toda depilada y comienzo a darme una fiesta con ella y mi lengua, besaba mordía y chupaba como si nada más importara y ella con sus manos presionaba mi cara contra su vagina lo que aumentaba la intensidad de mis besos.

    Comenzó a levantar su cadera de arriba a abajo tal como si se la estuviesen follando, y me decía que no parara de besarla. Estuve algunos minutos introduciendo mi lengua dentro de ella y saboreando todos sus jugos, su sabor y aroma eran exquisitos lo que sólo aumentaba mis ganas de comérmela entera.

    Aumente la intensidad de mis besos y comencé a chuparla poniendo mi boca en forma de «o» y a la vez introducía 2 dedos en ella, mi pulgar en su vagina y el índice jugaba en la entrada de su ano, ella no aguanto más ese ritmo y termino en mi cara en un intenso orgasmo que pude disfrutar cada minuto.

    Luego de su primer orgasmo ella me tira de espalda a la cama y comenzamos a hacer un rico 69, yo continuaba disfrutando de su dulce sabor y ella chupaba y jugaba con mi tronco, pasaba la lengua de la base hasta la cabeza, llegaba al glande y chupaba tal cual fuera una mamadera. Sabía exactamente qué hacer con su lengua mientras recorría todo el largo de mi pene.

    La sensación era exquisita pero conocida y yo necesitaba más, la levanto de esa posición y la tomó de las caderas para dejarla al borde de la cama y pongo sus piernas en mis hombros y comienzo a penetrarla, estaba tan mojada que llegue directo al fondo, pude sentir como ella también disfruto ese momento por sus gemidos. Jugaba con sus pies y mordía sus dedos mientras seguía penetrándola, cada vez a mayor intensidad, tomaba sus hombros ya que con la fuerza que se lo metía cada vez la empujaba las al centro de la cama.

    Luego de un rato la cambio de posición y le digo que se ponga en 4. Como la milf experimentada que era, se da vuelta y gatea hacia el respaldo de la cama, apoya su cara en la almohada y levanta su cola dejando toda su vaina y ano a mi disposición. Me pongo detrás de ella y comienzo a hacerle pasar mi pene por sobre su vagina, introduciendo solo la punta y sacándola, jugando con ella. Lo pasaba por el contorno de su ano y ella se erizaba entera, en aquella posición podía hacer lo que yo quisiera y ella también quería eso, ser dominaba completamente por mi.

    La tomo firmemente de la cadera y se lo meto todo, primero un par de embestidas fuertes y luego otro poco despacio. La tomaba de su pelo e hice una cola de caballo con el de manera que coordinaba sus movimientos con los míos. El sexo era perfecto y ambos lo estábamos disfrutando sin ningún pudor ni tapujo, la jalaba fuerte de si cabello para levantar su cuerpo y con la otra mano tocaba sus pechos, los apretaba con fuerza y ella gemía de placer. Baje mi mano por su abdomen mientras la penetraba en esa posición, ella con brazo hacia atrás se colgaba de mi cuello y giraba su cabeza para besarnos, me comía su boca como desesperado por estar dentro de ella, cada segundo de ese encuentro es inolvidable. Continúe mi camino bajando por su abdomen y paso mis dedos por su vagina acariciando y jugando con su clítoris, todos mis dedos estaban cubiertos de sus Jugos así que mientras apretaba sus pechugas con una mano, la otra la lleve a su boca Par que ella disfrutará lo rico de su sabor.

    La calentura era tanta en ese momento que ambos terminamos en un intenso orgasmo, el segundo de ella y el primero mío.

    Me despegó de ella y me tumbo sobre la cama para tomar aire, pero ella tenía otros planes. Me quita el condón y me dice que estamos recién empezando por lo que baja a dirigirse al país y comienza a hacerme un oral exquisito, no tomo mucho tiempo para que mi amigo revivirá. Chupaba y jugaba con mi pene con una delicadeza y calentura que solo una mujer experimentada y segura de lo que sabe podría hacer.

    Estuvo varios minutos así, yo casi moría de un ataque al corazón por el orgasmo que se venía, ella lo ve venir y me pregunta mientras tenía mi pene en su boca «quería terminar en mi boca?». Mierda me dijo esa wea y yo me volví como loco y literalmente le culeé la boca, sostenía su cabeza para manejar el ritmo de su manada, fue tanto que se estuvo atragantado un poco, pero lo disfrutaba, ella disfrutaba del sexo duro tanto como yo.

    Debo haberle mandado como medio litro de leche entera directo a su garganta y ella seguía chupando. Levanta la cabeza y me mira directo a los ojos mientras restos de mi semen colgaban de su boca hasta la punta de mi pene, la imagen es de las calientes que he visto por lo que al día de hoy no lo olvido…

    Continuará.

  • Cincuenta contra veinte

    Cincuenta contra veinte

    Michelle 22 años, 167 cm de altura, 60 kg de peso. Cabello castaño oscuro, siempre lacio y corto recogido en una coleta y un fleco que tapa su frente. Ella era muy aseada por lo que al acercarse siempre podía apreciarse una rica fragancia frutal emanando probablemente de su cabello recogido rígidamente, con un sujetador discreto, le daba una apariencia profesional y seria, como de secretaria de esas que no llaman la atención y parece que son una misma con su ordenador, aunque en ella por alguna razón esa imagen la hacía hacerse notar un poco entre las demás chicas.

    Piel clara y bonita, es tersa casi como terciopelo, la única cosa que ella prácticamente aprecia de su imagen, además de sus ojos, grandes, almendrados y de un color castaño claro, su mirada reflejaba inteligencia, pero inocencia siempre con tono triste, miraban a los demás como culposos de si misma. en sus manos la piel siempre estaba rosa por vicios que tenia de estárselas frotando una contra la otra y poseía un diminuto lunar en la mejilla izquierda, cosa que innecesariamente le daba inseguridad, y cuando hablaba con alguien de frente siempre hacia por girar la cara un poco a ese lado, para que no se lo vieran.

    Su cara no era ni particularmente bonita y fea para nada, de hecho poseía matices muy singulares que neutralizaban su presentación, pues sus ojos siendo grandes y hermosos, su nariz era un poco grande para su gusto, achatada y con los orificios al descubierto, cosa que no era fea o desagradable, solo no algo concebido como bonito, por lo que la tenía acomplejada, la odiaba y se la tapaba siempre con la mano en especial cuando pasaba entre grupos de personas y en situaciones que la hacían sentir insegura, lo cual podía ser perjudicial pues al hacerlo también tapaba además sus labios, unos labios en verdad de competición, grandes carnosos y de un intenso rosado natural, parecían el trabajo de un experto cirujano, pero más perfecto aun pues no había ninguna pista de artificialidad en ellos

    Por ultimo su cuerpo, siempre escondido bajo una sudadera con estampados de alguna caricatura o alguna banda de rock y unos pantalones holgados, cuando no usaba el uniforme de su trabajo, pero pese a esos pantalones holgados, no se podía ignorar la esculturalidad de sus caderas, pues tenía un culo que podía ser envidiado incluso por una yegua, sus medidas eran 97 de pecho, 73 de cintura y 112 de cadera, medidas que pese a que intentara no hacerlas notar se presumían a si mismas por debajo de sus ropas discretas y asexuales, aunque es cierto que tenías que estar cerca para denotar las prominentes curvas que intentaba tanto esconder, no era demasiado atlética, su figura era más bien natural, uno no podría realmente darse cuenta a menos que se fijara atentamente en su andar por detrás, y el movimiento oscilatorio que hacían sus nalgas al caminar, pero aunque fuera la testificación de gran cantidad de masa en sus glúteos no necesariamente muscular, al contrario de parecer poco atractivo de cualquier forma, era totalmente excitante, un verdadero espectáculo a la vista para el ojo atento.

    Febrero 24/ Cumpleaños de Michelle.

    Michelle estaba sentada en la cocina de casa de sus padres, desayunando cereal el cual era su comida favorita, con la mente en nada solo disfrutando su sabor meloso con paciencia, era su cumpleaños y prácticamente no deseaba más que un día tranquilo en el trabajo, para poder llegar en la noche y continuar viendo tranquilamente la serie de animación por la que se desveló la noche pasada.

    Su madre la apuro pues su padre ya estaba listo para irse al trabajo y él era su chofer que la dejaría esa mañana en donde ella misma trabajaba, un laboratorio clínico donde ella podía ejercer en totalidad su carrera de ingeniería química, la cual estaba a punto de graduarse con honores, siendo el promedio más alto de su generación, sus padres en general no estaban demasiado orgullosos de ella, o por lo menos no se lo hacían notar.

    Su padre estaba demasiado ocupado con el trabajo y con los grupos de iglesia a los que pertenecía (además de una que otra mujer que conocía en dichos grupos) y su madre estaba demasiado ocupada con su depresión y con la indiferencia de su esposo como para poder ser cariñosa con ella. Michelle reaccionó tarde al llamado de su mama, pues cuando dejo el plato en el lavador y corrió tomando su mochila y dirigiéndose a la puerta noto que su padre ya se había ido, su madre se enojó con ella y comenzó a regañarla quejándose mucho de su esposo Michelle le dijo que le hablaran a el trabajador de papa, Roberto quien siempre había sido amable con ellas, Karina la madre de Michelle lo hizo y este aceptó con gentileza.

    Al poco tiempo llego Roberto en su modesto auto sedan color negro, Michelle salió de casa apresurada con mochila en un hombro y un tierno suéter con estampas de dibujos animados digno de una niña de 10 años en una mano, Roberto la miro acercándose no dejando de notar como rebotaban sus pechos al trotar hacia su auto, cuando ella entro al auto lo saludo muy tímidamente con su típica voz dulce casi de niñita, Roberto sin dejar de verla con su enorme sonrisa de dientes ligeramente amarillentos que siempre hacia que una papada gruesa se notara bajo su barbilla, pero Michelle no lo volteo a ver, ella no tenía necesidad de dirigirse a él más que las cortesías necesarias por el favor, a ella no le caía nada bien, pues tenía la fuerte impresión de que Roberto coqueteaba demasiado con su madre, y que por la forma de ser de su madre con él, probablemente ya le había correspondido, sin embargo era algo que a Michelle no le interesaba pensar.

    Durante todo el camino Roberto quiso hacerse el gracioso y sacarle platica a la tímida chica, quien se encargaba de responder de la manera menos cortante que pudiera, pero sin dar demasiado pie a continuar con el tema, llego a sentir varias veces la mirada de Roberto sobre su escote, el cual solo quedaba al descubierto debido a que el cinturón de seguridad presionaba entre sus dos pechos, si no fuera por eso su lizo uniforme verde del trabajo no dejaría notar mucho más que las abultaciones propias de su feminidad, pero ella solo podía recurrir a ponerse encima del pecho el suéter, al llegar al trabajo esta se bajó e intento despedirse con una simple sonrisa y la mano, pero Roberto alargo su ancho brazo lleno de vellos grisáceos hacia el suave hombro de Michelle y la acerco con firmeza, antes de que ella pudiera hacer algo, sintió los gruesos y ásperos labios de cincuenta años tronando un beso fuerte en su mejilla, mucho más cerca de sus rojos labios de lo que ella nunca permitiría, sintió incluso cosquilleo y picor de los bigotes duros y canosos que salen por encima de la boca del hombre.

    Para Michelle fue una sensación de sorpresa total, en el momento sintió mucho desagrado pero no pudo reaccionar de ninguna forma, solo soltó una risita nerviosa y lo vio a los ojos por primera vez en todo el viaje y se alejó rápidamente, Roberto por otro lado tenía muchos años sin sentir una piel tan suave y tersa en la boca, la pura sensación y el olor frutal del cabello de Michelle hicieron que la virilidad de Roberto se abultara en los pantalones, este se relamía los labios intentando sacar el máximo provecho de esa rico beso mientras veía con perversión el regordete culo de Michelle alejándose con prontitud hacia las instalaciones, entonces noto que en el arrebato, la veinteañera había olvidado su suéter en el asiento, el hombre en un acto de deseo y morbo lo tomo y lo olio profundamente, en efecto estaba lleno del dulce aroma de la chica, su erección se agravo mucho más y comenzó a frotársela con el suéter sobre el pantalón mientras observaba el culo de la chica contoneándose al entrar en un edificio.

    Michelle por su parte estaba indignadísima, al principio pensó en contarle a su padre en cuanto llegara a casa, pero sabría que este nunca le haría demasiado caso, además si le contaba a s mama era probable que ella estuviera en su contra, y tal vez diría que fue ella quien lo sedujo, pues ya por ninguna razón en realidad la madre pensaba que Michelle era una puta, y de manera pasiva a veces se lo hacía notar.

    Michelle pensaba que era por el hecho de que sus pechos y su cadera desde la adolescencia ya eran mucho más grandes que los que su madre nunca fueron pero eso no era algo que Michelle había decidido ni tampoco que deseaba en realidad, todo el día Michelle pensó en el beso, y cada vez que lo hacia su corazón comenzaba a latir fuerte, llego el punto que al recordar los duros bigotes del hombre casi 30 años mayor, sentía un nudo en la garganta, la chica se convencía de que ese sentimiento era enojo e impotencia, si había mucha impotencia, pero tal vez el enojo cada vez era menos.

    La imagen del hombre no se le quitaba de la cabeza mientras se intentaba concentrar, en su mente se repetía la escena de aquel hombre enorme sentado junto a ella, el olor amargoso de su colonia que no parecía ser demasiado cara; con su diminuta mano se tocó el hombro que la enorme y dura mano de Roberto había sostenido fuertemente y arbitrariamente había halado con fuerza, recordó en su mente imágenes del grueso pecho de Roberto acercándose al suyo y las ideas siempre se terminaban con la imagen de Roberto acertando el beso directamente en sus labios y succionándolos.

    Michelle inconscientemente se mordía la boca al pensarlo, pero de inmediato reaccionaba y sacudía la cabeza después de imaginarse tal barbaridad, y era entonces cuando se daba cuenta que tenía la respiración levemente entrecortada y la sensibilidad en sus pezones estaba aumentada al punto de sentir cada roce con su brasier, no quiso ni poner atención en como estaría la sensibilidad en la otra zona intima, la chica intento despejar su mente con el trabajo pero por desgracia su imaginación era demasiado poderosa para ella y no se limitó nunca, llegando al punto de entremezclar escenas de la realidad, con escenas de películas pornográficas bastante fuertes de las que ella misma en ocasiones disfrutaba, y así fue todo ese largo día de trabajo.

    Ya iba a ser la hora de salida cuando Michelle analizo que no había sido un día demasiado ocupado, por desgracia, había tenido demasiado tiempo para pensar en mil cosas de las que cada vez se arrepentía menos de pensar anuqué 50% de la culpa era por imaginarse a ese señor mayor quien probablemente estaba casado y era, desagradable tan íntimamente, pues ella no quería aceptar que era tal pervertida y el otro 50% era por el hecho de que Michelle tenía un novio de su misma edad quien la amaba mucho, al punto de respetarla y no sobrepasarse con ella a la mínima muestra de incomodidad, por lo que solo habían tenido sexo una vez.

    Esa noche su novio la recogió del trabajo y la iría a dejar a la casa, al salir del trabajo Michelle no encontró su suéter por ningún lado y pensó lo peor, seguramente lo había dejado en el sucio auto de ese sucio hombre, los sentimientos en ese momento fueron raros, por alguna razón no estaba segura si quería volver a ver a Roberto o no, pero el hecho de que el tuviera su suéter favorito le ayudo a convencerse de que lo haría solo para recuperarlo.

    Al llegar a casa y despedirse con un tierno beso en los labios de su joven novio Erick, Michelle se bajó del auto y camino hacia la puerta, ya pensando que lo primero que haría sería decirle a su padre que necesitaba comunicarse con Roberto para recuperar su prenda, y pensando en que se lo volvería a topar de frente, tal vez estaría dispuesta a volver a besarlo cerca de los labios, el corazón de la joven se aceleró un poco, al punto de que intento trotar acelerando sus frondosas pero torneadas piernas en brincoteos hasta la casa, brincoteos que su novio degusto con un culposo morbo mientras veía su culo vibrar al alejarse y le mando un grito:

    -TE AMO AMOR -que la veinteañera no notó y simplemente entró a la casa.

    Adentro en su sala Michelle gritó:

    -OYE PAPÁ, NECESITO ALGO.

    Para lo que la madre respondió secamente:

    -necesitas esto? -sosteniendo con la mano su suéter perfectamente doblado y acomodado- Roberto vino hace un par de horas, se te olvidó en su auto, siempre olvidas todo Michelle, que bueno que fue lindo y lo trajo temprano así no lo molestábamos de nuevo.

    Michelle vio con un poco de amargura su suéter, estaba ahí, Roberto lo había regresado y no se dignó a verla ya nunca más, llegó a pensar que el beso fue un error y Roberto nunca intentaría algo así con una chica tan fea e inmadura como ella.

    -Gracias ma, si es que iba tarde y lo olvide, ups, luego le hablo a Roberto para agradecerle, esta papá? tendrá su número?

    -No se te ocurra llamarlo ahorita, él trabaja mañana más temprano con tu padre recuerda, y ahorita ya son las 11 PM no me gusta que te andes tardando tanto con tu noviecito al llegar aquí, quien sabe que anden haciendo Michelle eres tremenda -respondió la madre.

    Y la madre se aleja dándole la espalda a Michelle. La chica hace caso omiso de la indirecta de su madre y se queda viendo pensativamente el suéter, se acerca y lo toma, al estirarlo nota que una pequeña nota cae desde un doblez al suelo, Michelle se agacha para tomarla y la lee, esta decía: Roby, seguido de un número telefónico, el corazón de la joven se acelera, siente emoción, miedo y culpa a la vez, pero en lo más profundo sabe que en ese momento, tener ese número era algo que en realidad deseaba.

    Pasadas la 1 de la mañana Michelle daba vueltas por su habitación, el numero en la mano y su celular en la otra, ella estaba ya toda cambiada a su pijama, una blusa de tirantes a rayas pegada, que se oprimía fuerte contra su brasier abultado, haciéndolo notar debido a la presión que se sometía contra sus pechos voluptuosos y por debajo tenía un pequeño «booty short» negro que no dejaba nada a la imaginación respecto a sus grandes y hermosas piernas blancas, dignas de la bailarina exótica más cara. Para no pensar en ello Michelle mejor se dispuso a ver la serie animada que había dejado pendiente, el capítulo comenzó y esta le puso atención unos momentos, no dejaba de pasar el dedo por la nota de papel, el celular estaba al alcance e imaginarse en escuchar la voz de Roberto la hizo pensar muchas cosas.

    Enfrente de su ordenador la chica puso el cursor sobre el buscador y escribió el nombre de su página porno favorita, una que se caracteriza por su gran variedad de videos con contenido moderadamente fuerte, escogió deliberadamente uno en el cual una joven que se veía de entre 18 y 21 años le hacía un oral a un hombre de alrededor de 55 años. Los carnosos labios de Michelle se entreabrieron mientras ella observaba con atención la escena.

    Michelle comenzó a sentir sensibilidad en sus zonas intimas, su pelvis estaba caliente y sus pechos también, sin dejar de ver la pantalla recorrió una mano por su abdomen la paso por su pecho por encima de su brasier y presiono su busto izquierdo, el cual estaba muy sensible e hizo que sintiera un cosquilleo en su vulva, tuvo que apretar un poco las piernas y encorvo su espalda hacia atrás, entonces pasó su mano hacia el hombro que Roberto había sostenido fuerte y lo apretó igual que el aquel hombre de 50 años hizo, imaginó que su brazo grande y musculoso y canoso le rodeaba el cuello y que olía de nuevo el amargo perfume que lo caracterizaba.

    Michelle sintió que sus pezones cosquilleaban y se calentaban, se subió la blusa hasta el pecho y se bajó el brasier rápidamente, liberándolos de su prisión de ropa, estaban ya erectos y sensibles.

    Michelle cerró los ojos y apretó los labios, intentando imaginarse la gruesa boca de aquel hombre besándola, mordiéndole sus rosados labios así tan enormes y apetecibles, se imaginó que Roberto se los comía a besos, pasándoles la lengua, ahí en su auto, enfrente de su trabajo, tal vez los compañeros podrían verla, la respiración de Michelle estaba muy acelerada y cuando se comenzó a acariciar un pezón, la sensación le recorrió todo el pecho, le cruzo la espina y llego a su entrepierna, necesitaba oír a Roberto, quería escuchar su voz, ella no tendría que decir nada, solo le llamaría y cuando este dijera bueno, ella podría colgar y masturbarse fuerte, Roberto no conocía su número telefónico, entonces podría ser cualquier persona, entonces rápidamente sin tiempo para cubrirse los pechos de nuevo, tomo su celular, la nota con el número y marco.

    R: Hola Michelle -Sonó la profunda y madura voz del hombre

    M: …

    R: No vas a decir nada Michelle? -En tono confianzudo

    M: … Como sabes que soy yo?

    R: Te estaba esperando toda la noche, creí que no me llamarías, a esta hora no puede ser nadie más que una jovencita aburrida sabes?

    M: …

    R: Tu tampoco puedes dormir verdad? tenías unas ojeritas muy lindas hoy en el auto, pero tus ojos no se dejaban de ver hermosos.

    M; Me andabas viendo toda, si te vi.

    R: Yo también vi como sacabas el pecho la primera vez que volteé a vértelo, no puedes negarlo, además pudiste cubrirte con el suéter, pero solo te lo acomodaste de manera que se te botaron más los pechos entre el cinturón jaja, sé que te gusto que te viera, por eso te di el besito, sé que te gusto el besito, por eso te deje la nota, sé que estas excitada, por eso me hablas ahorita- Michelle se puso roja de pena, quería colgar y quería ofenderlo, pero no pudo, escuchando la voz del hombre siguió acariciando los pezones, intentando contener lo mayor posible la respiración acelerada y los jadeos.

    M: … y que estás haciendo?

    R: Viendo videos, pero las nenas de estos videos no tienen los labios de la mitad de lindo que los tuyos, no sé si tengan voz linda como la tuya porque mi esposa está dormida y no puedo subir el volumen.

    M: … hmmmm… que videos estás viendo?

    R: Un hombre afortunado está dándole de mamar su pene a una linda chica joven, como tú, que afortunado viejo, a mí la suerte se me acabo no he podido convivir con gente joven sabes? el trabajo me agobia y solo convivo con tu padre y los amigos, a veces quisiera sentirme joven de nuevo.

    M: Quieres convivir conmigo?, tengo ganas de convivir con algún señor, tal vez sea su día de suerte.

    R: Llego en 15, te mando mensaje.

    CONTINUARÁ

  • Mi hermana Ana, su amiga y yo (Parte 1)

    Mi hermana Ana, su amiga y yo (Parte 1)

    Era un domingo más, el único donde podemos estar tirados en nuestras camas hasta el atardecer, sin preocuparnos de nada, a menos… que tengas una hermana tan fastidiosa como la mía, sin embargo, eso, en ocasiones, tiene sus ventajas.

    Eran las 11 am y yo seguía babeando y soñando con una de mis amigas. No suelo ser superficial, pero en mis sueños no me puedo controlar, y menos cuando existe Natty, pálida y delgada como espagueti, con unos chinos castaños y una hermosa sonrisa. La protagonista de mis sueños no se estaba comportando como en verdad lo haría, pero me estaba volviendo loco, ella se acerca lentamente a mí, se sienta sobre mis piernas, yo empiezo a rogar que no se forme un bulto en mi pantalón, pero luego ella comienza a acariciar mi cuello se acerca lo suficiente a mis rostro como para escuchar su respiración, sus labios están listos, y yo también, me acerco un poco y nuestros labios se rozan…

    -¡Marco!

    Escucho que gritan, desvaneciendo mi sueño, las cortinas de mi recámara están abiertas y la luz del sol me ciega por unos segundos, yo nunca abro las cortinas, por lo que solo se puede significar que mi molesta hermana viene a fastidiar.

    -Marco, es tarde para seguir dormido.

    -Es domingo, bitch.

    -Marco, me salió un grano en el rostro.

    -¿Y a mí qué carajos me importa?

    -Te va importar cuando Natalia vea este vídeo.

    La perra de mi hermana me había grabado mientras dormía, y yo estaba como idiota, en el vídeo, sonriendo y susurrando el nombre de Natty, y lo peor es que mi erección formaba una gran carpa con la sabana que me cubría, erección que no había notado y que aún tenía, inmediatamente agarré una almohada y me cubrí.

    -Borra eso, idiota.

    -Entonces, ayúdame.

    -Si no te pusieras tanto maquillaje como el que se pone un payaso, quizá no te hubiese salido.

    -Eso no te ayuda y a mí tampoco, si no quieres ayudarme, ya sabes quién verá el vídeo.

    -Ahh -me quejo, ya que no tengo otra opción- ¿qué quieres que haga?

    Luego de su explicación me quedé un poco atontado.

    -¿Quieres mi esperma para hacerte una mascarilla? -mi cara de asco no desaparecía.

    -Solo te estoy pidiendo que no los tires al inodoro, idiota, crees que no sé por qué tardas tanto en la ducha.

    -No soy una vaca tonta, no puedo sacar cuanto y cuando quiera, además ¿por qué me espías en el baño? eso es desagradable -la verdad es que una vez lo noté, pero eso solo sirvió para adelantar mi orgasmo.

    -Más vale que empieces ahora perra, porque más tarde tengo una fiesta -ella se encaminaba a la cocina.

    -Espera, no lo puedo hacer solo, es decir, necesito “una mano extra”.

    -Y dices que yo soy la desagradable -lo pensó por un momento y luego- está bien, pero no te pongas raro.

    Ella se volteó y se quitó la blusa, no llevaba brasier, como acostumbraba, pude ver sus grandes senos rebotar por la gravedad cuando se acercaba a mí, yo los prefiero pequeños y puntiagudos, pero hace mucho que no hago nada de nada, y sí, estoy tan desesperado como para hacerlo con mi propia hermana, además le estoy haciendo un favor, y mejor veo el lado bueno y me dejo llevar.

    Ella se sienta esperando que yo baje mis pantalones, mi pene está flácido, por lo que me acerco a mi hermana.

    -Puedo tocarte… -Trato de decirle si le puedo tocar los pechos.

    -No hables, eso es raro, solo hagámoslo, hasta que tenga mi facial.

    Me senté a un lado de ella cuando puso sus manos en mi flácido bulto, mientras yo trataba de acariciar sus pechos. Los minutos pasaban hasta que olvidé que la chica que estaba enfrente de mí es mi hermana, e incluso, noté como ella comenzaba a relajarse. En este entonces, siento como una viscosa humedad recorre mi miembro, por lo que un leve gemido sale de mi boca (eso no suele pasar, pero en verdad necesitaba esto).

    Ella se lo come por completo, el sonido de su saliva en mí, es la última gota que derrama el vaso de mi respeto, casi por inercia, mis manos se van sobre su cabello, empujo su cabeza contra “la mía”. Ella no puso resistencia, en cambio, me miró a los ojos, aprobando ese comportamiento.

    -Sí… perra -suelta mi boca, por mi mente nublada, cuando noté que le dije eso a mi propia hermana, mi rostro se puso tan roja como el de ella, nos dimos cuenta de lo que hacíamos, pero eso solo lo mejoró.

    Ella empezó a acariciar mis muslos mientras me daba la mejor flagelación de la vida, cuando dejé de sentir sus escurridizas manos en mis muslos, noté como ella empezaba a acariciarse sobre su short, ella ya estaba mojada, y empezaba a disfrutar tanto como yo, cuando, sin aviso, disparé todo el líquido entro de su boca, directo a su garanta.

    -¡Maldito estúpido!

    -Perdón ¿Te lastimé?

    -No idiota, tenías que terminar en mi cara.

    Parecía una desgracia, ella se comportaba como tal, pero sabía que estaba tan caliente como yo antes de venirme y acabar en la boca de mi hermana.

    Le dije que podríamos intentarlo de nuevo, pero que necesitaría más que su boca para poder venirme por segunda vez, ella lo pensó tanto como yo, y en unos segundos sus labios se comían a los míos.

    Ana, mi hermana, se alejó por un momento, fue por un par de condones a su habitación, se desnudó por completo, igual que yo, y se me echó encima, su cuerpo se derretía como mantequilla sobre el mío.

    Toc, Toc, Toc…

    FIN DE LA PRIMERA PARTE

    Si tienes ideas para la historia o solo quieres darme tu opinión lo puedes dejar en los comentarios. 

    También puedes seguirme en mi Twitter: @JessBarber011. Gracias por leer.

  • Fantasía recurrente

    Fantasía recurrente

    Aunque creo que todas las mujeres son hermosas y dignas de admiración sin importar su físico, a ratos me ataña una ensoñación recurrente y siento una curiosa predilección por las mujeres llenitas o gorditas aunque el principal atractivo para para mi es la edad.

    Así que te invito a compartir conmigo esta fantasía, pues estoy seguro que si estuviéramos solos tú y yo esto sería lo que sucedería, o por lo menos y aunque no te lo diga tendría esta fantasía contigo…

    Comenzaría inhalando el olor de tu piel desde tu cuello… mientras mis manos se deslizan sobre tu blusa acariciando tus senos, besaría tu cuello repetidas veces mientras mis dedos poco a poco te liberan de esos botones que te que cierran la blusa que te esconden de mí, mientras acaricio suavemente tu suave piel. Te quito la blusa que me impide ver y sentir tu cálida piel morena que se eriza cuando mis labios la recorren como tratando de memorizar su aroma… recorro tu cuello lentamente dando pequeños besos descendiendo, buscando refugiarme en tus hermosos senos mientras mis manos te acarician explorando cada parte de tu cuerpo.

    Por fin me detengo en tus redondeados y cautivadores senos refugiándome para deleitarme probando tu dulce y tersa piel que invita al placer….

    Inhalo profundamente el aroma de tus senos mientras imagino y te digo susurrando que me excitas como loco. Acaricio con mis dos manos tus senos en repetidas ocasiones mientras disfruto del espectáculo de tu piel erizándose frente a mí.

    Beso con fuerza tus senos oprimiéndote contra mi estrujando tus senos contra mi cara… un par de ocasiones para proseguir con besos delicados sobre cada uno de esos hermosos regalos.

    Los beso delicadamente dibujando su contorno perfecto perdiéndome en un casi imperceptible espiral que me lleve a tus delicados pezones, que poco a poco y conforme me acerco, se endurecen, erectos de excitación, como invitándome a llegar con emoción.

    Beso suavemente la punta de tus pezones duros ya por la excitación, lamo tu pezón aguardo un poco al sentir tu profunda respiración agitándose de emoción y suspirando de excitación, insistiendo en repetidas ocasiones la labor de lamer profundamente tus pezones.

    Abro mi boca engullendo en su totalidad uno de tus pezones y succiono con fuerza en repetidas ocasiones tu pezón acariciándolo con mi lengua y presionándolo dentro de mi boca mientras gimes profundamente. Y me dispongo a repetir y a compartir la experiencia con tu otro seno que aguarda excitado y erecto a ser devorado por la pasión y la excitación que me haces sentir animado por tu delicioso cuerpo.

    Mientras me pierdo durante varios minutos con tus exquisitos senos mis manos recorren tus amplias y explicitas caderas, deslizándose hasta donde el largo de mis brazos permite alcanzar en su totalidad la extensión de tu s piernas.

    Mis manos se deslizan debajo de tu falda acariciando tu entre pierna mientras mi lengua juega bruscamente con tu pezón que se encuentra dentro de mi boca.

    Mi dedo dibuja el contorno de tu pataleta por debajo de tu falda y casi puedo jurar que siento como punza y palpita cada que mi dedo recorre la línea que tu vagina marca en tu ropa interior.

    Mi otra mano desabotona la falda baja el cierre y con un rápido movimiento te libero de la falda que te tiene presa y lejos de mi…

    Mientras mi boca juguetea con tus senos y tus pezones, mis manos acarician tus caderas y tus nalgas y me éxito sintiendo tu piel que se eriza cuando la rozan mis manos.

    Subo mis manos como pretexto para bajarlas rápidamente y sujetando en el mismo movimiento tus bragas para quitártelas de un rápido movimiento provocado por la excitación que me haces sentir.

    Acaricio tus nalgas, y la excitación me hace apretarlas fuertemente con mis manos.

    Mis manos acarician el contorno de tu cuerpo perfilando tus caderas, mientras comienzo a descender lentamente mientras te beso delicadamente en mi recorrido a zonas ubicadas al sur de tu ombligo…

    Llego finalmente a tu pubis dejando atrás un camino de besos suaves y delicados adornados con las caricias que mis manos han dejado a lo largo de tu cuerpo.

    Inhalo profundamente tu aroma como queriendo llevarme de ti la esencia de tu piel caliente húmeda ay excitada.

    Beso en repetidas ocasiones tus ingles aspirando en repetidas ocasiones el aroma que emana de tu piel. Te recuesto en la cama lentamente y me dispongo a abrir tus piernas.

    Beso tus entre piernas, poco a poco y lentamente subo desde tus rodillas dibujando un camino de besos hasta llegar a tu intimidad…

    Esa deliciosa vagina tuya que me espera ansiosa cálida y húmeda.

    Dibujo con besos el contorno de tu vagina sintiendo como se contrae con cada beso por la estación del roce de mis labios con tu piel.

    Lamo con la punta de mi lengua esa humedad que fluye de ti y que comienza a desparramarse por la excitación del momento.

    Lamo repetidamente la comisura de tu vagina introduciendo poco a poco mi lengua dentro de ella, admirando como se abre de poco en poco como si fuera una flor.

    Una vez abierta en pleno ante mí y solo para mi… recorro con mi lengua la forma de tu vagina hasta llegar al clítoris y me distraiga por un largo rato jugueteando con el…

    Beso tu clítoris, lamo tu clítoris, succiono tu clítoris, mientras escucho que gimes de placer.

    Me distraigo en tu clítoris y lamo tu humedad que es solo para mi…

    Una vez que estas completamente mojada y excitada, me pongo de pie a un lado de la cama frente a ti tomo mi pene con la mano y lo coloco sobre tu deliciosa y húmeda vagina que se contrae por la excitación. Empujo lentamente y con suavidad mi pene dentro de tu vagina hasta que mi pelvis choca contra tu cuerpo, tomo tu cuerpo firmemente y lo jalo contra el mío tratando de empujar mi pene lo más adentro de ti que me sea posible mientras escucho un profundo suspiro tuyo seguido de un delicioso gemido ahogado en el placer que tienes al sentirme dentro de ti.

    Saco lentamente mi pene y justo antes de que salga por completo empujo duro y con fuerza mi cuerpo contra el tuyo escuchando un gemido tuyo al unísono de nuestros cuerpos chocando mientras te penetro con fuerza.

    Arremeto con fuerza una y otra vez golpeando mi pelvis contra tu cuerpo mientras te penetro con toda la fuerza y la euforia que provoca la excitación que me haces sentir.

    Repitiendo cada ocasión que me sea posible… una y otra vez… con loca desesperación hasta caer bañado en sudor y exhausto por desbordar la pasión…

    De repente escucho tu voz preguntando -¿Sucede algo?

    Y yo salgo de golpe de mi transe y me doy cuenta que estaba perdido en mi fantasía mirándote e imaginando que te hacia mía, que te poseía, pero al fin y al cabo solo una fantasía…