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  • Placer incestuoso (Parte 1)

    Placer incestuoso (Parte 1)

    En mi habitación, mi hermana y yo compartimos un secreto de nuestros padres. Poco saben que mi hermana y yo hacemos cosas que serían extrañas o incluso extrañas para los demás. Pero no hay nada que podamos hacer, porque cuando nos sentimos atraídos el uno por el otro, nuestros corazones laten salvajemente y nuestro corazón solo se calma cuando nuestras energías se quedan sin tanto amor.

    Aunque tengo 18 años y mi hermana tiene 20, tenemos sexo como lo hace cualquier adulto en los videos porno que vemos como referencia. Aprendimos tantas cosas que nos sentimos como adultos, mi hermana prefiere mucho el sexo anal. Por supuesto, ella tiene una razón para no quedar embarazada, pero de alguna manera encontró placer en el anal. A mi hermana le gusta tanto el anal que no sé qué hacer cuando lo quiere de inmediato.

    Pero por suerte para ella, mi pene se siente bien metiéndose en su trasero. A diferencia de su coño mojado y caliente, su culo solo está caliente, no tiene la misma lubricación que sus fluidos vaginales. Además del hecho de que está apretado, lo que me obliga a empujar profundamente dentro de él. Sin embargo, como ella es mi querida hermana, tengo la obligación de complacerla más que nada. Si ella quiere tomarlo por el culo, como hermano, asumo este papel sucio, aunque no lo disfruto muy bien.

    ……….

    Fue una noche como cualquier otra, pero esa noche fue especial. Mis padres salieron a disfrutar su día de San Valentín a pesar de que estaban casados. Mi hermana y yo no tenemos estas cosas llamadas novios, solo nos tenemos el uno al otro.

    -¿Qué te han parecido mis nuevas bragas?

    -Linda.

    -Hola, en realidad no lo compré, se lo robé a mamá. Entonces, ¿me parezco a ella?

    -Hmm, ¿qué me dice que sí? -Lo desafié.

    -Bueno, si dijera que sí, ganaría toda mi furia. Pero si no, tendrás todo mi amor por esa noche.

    -Lógicamente digo que no. -Dije desesperado.

    Ella sonrió, su hermosa sonrisa sexy y seductora. Mi blanca y rubia hermana con hermosos pechos, con su hermosa vagina cubierta por las bragas de mamá. No tenía forma de no emocionarme. Mi pene quiere su coño más que nunca.

    Mi hermana sabe cómo deseo su cuerpo, sabe que en lugar de ir directamente a mis brazos en la cama, estaba haciendo algunas posesiones donde me seguía empujando cada vez más. Tu trasero que me gusta morder dejando marcas, tus tetas que me encanta chupar, tus pezones rosados que hacen que mis ojos brillen de emoción.

    Mi hermosa hermana rubia con ojos azules que tiene los deseos carnales más sucios, quiero follar cada parte de su cuerpo. Aunque delgada, es una mujer resistente a mis ataques en la cama, su cuerpo puede soportar cada golpe que le doy en el culo y el coño.

    -¿Por qué hay tanta presa? Tenemos una noche entera para nosotros. -Mi hermana habló notando mi ansiedad.

    -Incluso estaría de acuerdo con eso, si no fuera por el hecho de que estamos haciendo esto en la cama de nuestros padres.

    -No hay problema, cariño, lo hemos hecho muchas veces y no es hoy que nos atraparán.

    Estaba tan segura de que me dejó otra opción si ella no lo aceptó, pronto se vio que no era tan confiado. Ella decidió ir a la cama ella misma, trepando a cuatro patas y arrastrándose hacia mí. Sus pezones sufrieron el tirón de la gravedad al ser derribados. Sería un cachorro si me quedara abajo y chupara esos pezones rosados. Mis ojos pasaron de su sonrisa a sus tetas sin mucho esfuerzo de ella.

    -Perro bastardo, entre mirarme la cara o las tetas, prefiere mis tetas. Los hombres son hombres. -Ella gruñó juguetonamente.

    -No es ese amor. Sus senos son tan hermosos que no pude evitar admirarlos. -Expliqué.

    -En serio, además de mis tetas, ¿qué otra parte te llama la atención además de la cara bonita? -Ella me preguntó evaluándome.

    -Yo… hmmmm… luz, tu coño, esa parte es la más bella además de tu cara.

    -Perro de verdad, pero haz qué. Es un hombre de dieciocho años con una erección por todo lo que parece un coño. Pero basta de hablar, ven aquí y quítate las bragas.

    Mi hermana se dio la vuelta mostrándome su hermoso culo blanco que amo tanto, es como siempre me gusta. Grande, gordito, muy redondo. Le gusta ir al gimnasio y la parte donde más trabaja es su trasero. Solo pensando que hay un entrenador personal mirando su trasero, no hay forma de que no pueda ponerme celosa.

    Mi hermana es mi esposa, y si pudiera estar con ella en el gimnasio, definitivamente iría.

    -Oiiiii, Terra para Marte, mis brazos se cansan manteniendo mi trasero en tu cara.

    -Ok, lo siento, déjame quitarme esas bragas y déjame ver bien este coño.

    -Perro.

    Le quité las bragas en las que ella ayudó a quitarse, pude ver muy cerca de su hermoso coño que ningún otro hombre puede ver. Tu trasero como siempre parpadea de emoción, deseando una vez más que mi pene entre en él dejando un gran agujero.

    Mi corazón, lleno de emoción, se reflejó en mi pene que luchaba dentro de la ropa. Luego, a toda prisa, me quité toda la ropa, dejándome desnuda como mi hermana.

    Al ver que me quité la ropa, mi hermana se dio la vuelta, con sus tetas deslizándose sobre mi glande, que por cierto seguía saltando de emoción. Mi hermana vio esto y sonrió en respuesta, todavía planeaba jugar conmigo incluso queriendo que ella comenzara a tener relaciones sexuales.

    -Tu polla está muy emocionada por mi gusto, ¿debería darle el placer del incesto?

  • A mi novia le gustan sus cuernos

    A mi novia le gustan sus cuernos

    Estábamos ebrios, calientes y con muchas ganas en la discoteca. Hacía calor dentro del lugar, era tarde y habíamos bailado toda la noche, Andrea y yo habíamos sido novios ya por un tiempo, así que esta no era nuestra primera vez besándonos en aquel lugar, sin embargo, las cosas fueron más lejos que nunca.

    Casi sin importarme quién nos hubiera podido ver, la besaba en el cuello mientras deslizaba mis dedos por su short, podía sentir la tela de su ropa interior húmeda mientras los frotaba circularmente en su sexo. Podía escuchar sus gemidos en medio del ruido del lugar y eso me ponía a mil. Después de tal vez unos quince minutos así, ella empezó a tener movimientos orgásmicos y quitándome la mano me dijo «ya me vine». Le sonreí y ella me besó, me dijo que estaba muy excitada y quería irse… yo le dije que también estaba muy caliente, ebrio y que no quería seguir mucho rato allí.

    Ella se ofreció a pedir el Uber, pero antes iba al baño. Me dejó solo por un buen rato en el que estuve bailando con un grupo de gente que no conocía, ella se tardaba mucho y mi erección no desaparecía. No recuerdo bien como terminé bailando con una chica rubia, de tetas pequeñas, estomago descubierto y una minifalda pero ahí estábamos. La chica se pegaba cada vez más y me preocupaba que pudiera sentir mi erección…

    Finalmente lo inevitable sucedió y sus nalgas rosaron mi pene, pero ella no se detuvo. Podía sentir sus glúteos subiendo y bajando en mi miembro, separados solo por la tela de su falda y de mi jean. Estaba muy caliente y mi novia no regresaba, así que continué el movimiento hasta que finalmente nuestros labios terminaron besándose. En ese momento sentí como todo el efecto de la bebida se iba y mi corazón latía más fuerte, me separé y seguí bailando, unos momentos después vi a mi novia acercarse con dos vasos de agua, ella me miro pegado a esta chica y frenó de repente.

    Pensé que me había metido en problemas, pero ella me sonrío.

    Hace unos cuantos días Andrea y yo habíamos tenido por primera vez un trio con un chico que a ella le gustaba, ese día, ella me confesó que realmente le daba seguridad saber que podía tener confianza conmigo y me explico de una fantasía que ella tenía, algo extraña, que ese día se estaba cumpliendo.

    «Me gustaría verte con otra chica» había dicho. -«He fantaseado, con verte coger con otra. Me daba miedo decírtelo por lo que pueda significar, pero si tú tienes la apertura conmigo para que yo pueda confesarte cosas, te las confieso todas.»

    Recordé esa conversación, miré a mi novia a la cara, le devolví la sonrisa y empecé a besar a la otra chica justo enfrente de ella. Después de un rato le devolví la mirada a ver su reacción y podía notar sus cachetes algo sonrojados, mientras tomaba su vaso de agua. Sin separar mis ojos de los de ella, bese a la chica rubia en el cuello y con mis manos la acercaba más y más.

    Andrea se sentó en uno de los sillones que habían en esa discoteca, cruzo sus piernas y con su celular vi como empezaba a grabar el momento. Sin perder el tiempo volví a besar a la otra chica, esta vez deje que mi lengua se viera chocar contra la de ella, quién estaba completamente entregada a mi. La fui moviendo poco a poco a la esquina, donde se encontraba ese sillón donde solo estaba mi novia y su bolso. Justo en frente de Andrea, tomé la mano de la chica y la puse sobre mi pecho disimuladamente. Ella la iba bajando poco a poco hasta tocar mi pene, lo rosaba con su palma mientras intercambiábamos saliva.

    Ella exploraba mi pantalón y con una sola mano, me desabrocho el botón que tenía, se pegó junto a mi. Metió su mano dentro de forma que solo Andrea quién todavía seguía grabando veía. Movía mi pene de arriba abajo y yo la dejaba seguir…

    Luego de un rato, la chica rubia frenó y me sonrío. No recuerdo muy bien la conversación pero la lleve al baño, la puse sobre la taza y levante sus piernas. Tenía un calzón de tela color gris, el cual se lo quite con la boca y comencé a hacerle sexo oral a la chica.

    Recuerdo los gemidos y también recuerdo la adrenalina de poder ser cachado por alguien más… Andrea quién había estado sentada por un rato, se encontró con un chico que le invitó a bailar, ella estaba tan excitada y en shock que no podía hacer nada más, se negó a bailar con el extraño y se dirigió al baño.

    Era un baño grande, donde hay varias puertas y la única forma de ser cachados es que alguien fuera hasta el último rincón y escuchara algo raro detrás de esa puerta.

    Andrea se dirigió a ese lugar, se puso en el inodoro del lado y justo en ese momento, yo, quién seguía dándole sexo oral a la otra chica, note en el piso los tacones y el bolso de Andrea, justo al lado.

    Andrea, bajo los shorts que tenía, su ropa interior, y solo podía ver sus tacones con la ropa en el piso. Ella se estaba masturbando justo al lado.

    Mi lengua iba rápido y podía sentir el movimiento de la otra chica quién con sus muslos me apretaba la cara, ella no gemía, pero su respiración se notaba poco a poco y entonces sentí los calambres, de ella mientras me alejaba la cara de su sexo. Ella empezó a reírse y me dijo «Estamos locos!!» me atrajo a su boca y la bese. Ella desabrochó mi pantalón y yo la levante su blusa, dejando ver esas tetas perfectas. Empezó a masturbarme y a mamármela por un rato, hasta que diciéndole entre suspiros que me iba a venir, solté mi semen dentro de su boca.

    Ella sonrío, abrió la boca, me enseñó el semen y luego se lo tragó. Yo estaba en el cielo.

    Nos vestimos y pude notar que mi novia todavía seguía a la par nuestra. Salí con la otra chica del baño y la discoteca estaba justo como la dejamos, caliente, llena de gente ebria y con muchas parejas besándose. Una de las amigas de la rubia llegó por su amiga y le preguntó cómo estaba, yo solo la veía recordando lo que acababa de pasar. Entonces le pedí el número a la chica, se llamaba Emma. Le explique que debía retirarme, que la noche se me había ido de las manos y ella me dijo que también le había sucedido eso, me dio un beso en la boca, cambiamos contactos y la vi perderse con el grupo de amigos con el que estaba.

    Fui por dos vasos de agua y espere a Andrea, quién duro un rato más en salir… finalmente la vi, le sonreí y le di el vaso de agua.

    -Cómo te sientes?

    -La próxima vez, este tipo de cosas las hablamos. Estuve sola mucho tiempo tocándome…

    -Te noté, al lado. Pudiste venirte?

    -Hoy me vine 3 veces con esto, pero… prometes que la próxima vez vas a avisarme cuando hagamos esto?

    -Lo prometo. La próxima vez podrás ver todo.

    Nos besamos con lengua y ella pudo saborear los líquidos vaginales de la otra chica que todavía estaban en mi boca.

    Me sonrío y le dije «Oficialmente sos mi cornuda».

  • El misterio en tu foto de perfil

    El misterio en tu foto de perfil

    Recuerdo la primera vez que vi tu rostro, no fue en persona, no fue en detalle, fue en un diminuto cuadro en la foto de perfil de una aplicación de mensajería ya extinta.  En una época previa a las redes sociales, en la que no existían los espacios para las fotografías personales desde cada ángulo posible, todo lo que vi de ti eran un puñado de píxeles que daban nada más que una noción de tu identidad, sin embargo, eso fue suficiente.

    Nada más que una fracción de tu rostro, una mirada dirigida al suelo que escapaba de los ojos del espectador, una iluminación deficiente en una intensión artística mal lograda, tu cabellera oscura que enmarcaba la imagen en un espacio aún más reducido. En esa escasez de información primaba la incertidumbre y me dejaba el trabajo de completar los huecos, pero no era lo que quería porque la incógnita era lo que me llamaba, me atraía hacia ti la obligación de descubrir lo que allí faltaba. A diferencia de lo que siempre hago cuando escribo esta vez no quería construir en base a lo poco que veía sino que necesitaba descubrir lo que tu fotografía ocultaba.

    Por un tiempo muy prolongado, que parece ínfimo en retrospectiva, esa fue tu apariencia y fueron únicamente palabras lo que intercambiamos, con las cuales me diste los indicios al principio de los aspectos detrás de ese cuadro, pero luego me dejaste que de a poco te desnude con las mismas, inadvertido de como también me desnudé ante ti. Llegamos a conocernos en una profundidad inimaginable, compartimos un grado de intimidad que jamás podríamos haber predicho si el misterio detrás de tu rostro no hubiera estado allí y finalmente encontramos que estaba oculto en la intriga… Amor.

    Ya lo sé, no tienes que recordarme que somos unos incrédulos ante las conexiones del destino, que no buscamos jamás encajar una interpretación de eventos fortuitos asociada a una fuerza desconocida, eso ya lo sé, pero por otro lado no puedo negar que en el momento que vi tu imagen hubo una sensación urgente de ponerme en contacto contigo, nunca supe porque y nunca preví los resultados de esa acción, sólo sabía que necesitaba hablar contigo.

    Es el día de hoy que los incrédulos son los que escuchan nuestra historia, los que están seguros de que obviamos o adaptamos detalles, pero ya va bastante más de una década de esas primeras oraciones que cruzamos, de esos temas banales sin ninguna intención secundaria que sin advertencia previa se han convertido en una hermosa familia, en los ladrillos de nuestro hogar, en los paseos con nuestras mascotas, en los juegos con nuestros hijos y en una lista aún creciente de los más hermosos recuerdos que jamás podríamos haber anticipado.

    Todo gracias al misterio en tu foto de perfil.

  • Viernes tranquilo (1)

    Viernes tranquilo (1)

    El día había sido tranquilo y solo quería llegar a casa para darme una ducha y pasar la tarde en el sofá.

    Estando ya en el sofá, recibí un mensaje de alguien desconocido: «en 10’ en el bar de siempre».

    Cómo no conocía el número no hice caso pero al rato volvió: «donde andas?».

    Amablemente la conteste con «mira bien el número que te has debido equivocar».

    Al instante contestó: «de eso nada, soy la pelirroja que trabaja en la planta de arriba, la abogada».

    Ella era Alicia, una abogada w trabajaba en el piso superior de mi oficina con la que había fantaseado multitud de ocasiones y con la que coincidía en el bar a la hora del café.

    Me disculpé y la dije que no tenía su teléfono y por eso no hice caso. También aproveché para explicarla que estaba ya en casa recogido y que hacía mucha pereza en ir.

    A lo que ella contestó: «si te atreves tomamos un vino en tu casa».

    Alucinaba, y aunque pensaba que era una broma de algún compañero no podía dejar pasar la ocasión de conocer mejor a Alicia así que la envíe mi ubicación y esperé…

    Al poco rato sonó el timbre de casa y, efectivamente era ella, no había cámara oculta. Venía con uno de sus vestidos ceñidos y el pelo recogido en una trenza… Estaba espectacular.

    Nos dimos los dos besos de rigor y la invite a pasar al salón, saqué algo de picar y unos vasos para el vino que había traído ella. Charlamos, bebimos y todo eran risas hasta que de pronto ella tomó el mando y me soltó: «no pensabas nunca en pedirme una cita?», «He notado que me miras con deseo pero no te acercas».

    Yo no sabía dónde meterme, pero ante tal comentario decidí lanzarme.

    Aproveche que volvía de la cocina para abrir otra botella y al acercarme cogerla por el cuello y buscar sus labios para besarla. Ella accedió y movió su cuerpo para utilizar sus manos, me cogió por la cintura y yo recorría su espalda.

    Estuvimos un rato jugando con muestras lenguas y masajeando nuestro cuerpo hasta que se incorporó un poco y nos dirigimos al sofá.

    Ella se tumbó y se subió la falda dejando a la vista un precioso tanga burdeos de encaje a la vez que sus manos cogían mi cabeza y la llevaban a su entrepierna.

    Mis labios y lengua recorrieron su pelvis, pero el calor de su toto hizo que con uno de mis dedos apartará un poco el tanga y comenzará a lamer su húmedo toto.

    Ella seguía tocándome el pelo con una mano y con lamprea descubrí sus preciosos pechos. Cuando rozaba su clítoris Alicia apretaba mi cabeza contra ella para que no dejará de lamer y así estuvimos hasta que comenzó a gritarme que no parara y se corrió…

    Continuará…

  • Disfrutando con mi mejor amigo de la infancia

    Disfrutando con mi mejor amigo de la infancia

    Desde que tengo uso de razón conozco a Ángel, mi mejor amigo de toda la vida y aunque es 3 años mayor que yo nos llevamos muy bien… Demasiado bien… Él es muy cercano de mi familia porque su mamá es muy amiga de mis padres así que en la mayoría de las reuniones tanto familiares como de trabajo es común verlos en nuestra casa o nosotros en la suya.

    Desde pequeños compartimos fiestas de cumpleaños, pasteles, dulces y muchas travesuras. Nos complementábamos muy bien al ser hijos únicos. No había día que no estuviésemos juntos hasta que llegó la adolescencia, él creció y se desarrolló físicamente, su voz se engrosó y sus gustos cambiaron por lo que comenzamos a distanciarnos. Luego fue mi turno y al llegar los 11 años aquella niña regordeta que era se fue transformando en la joven de caderas anchas, piernas firmes, trasero y busto abultado pero aún con el rostro con rasgos infantiles, ojos grandes color marrón y labios gruesos.

    Cuando cumplí 13 años de nuevo lo volví a ver, usaba una camisa azul marino igual al color de mi vestido. Ya no éramos unos niños y a pesar de que nuestros cambios eran muy notorios eso no impidió que volviéramos a convivir como antes. Las tardes de palomitas y películas habían regresado, salíamos con sus amigos a fiestas y conciertos, aprovechábamos cualquier excusa para pasar el tiempo juntos hasta que se hizo novio de una chica de grandes y firmes senos con un carácter de la chingada. El sexo fue la única razón de su relación. Cada vez lo veía menos y siempre que nos reuníamos, ella estaba pegada a él. No mentiré, ardía en celos todo el tiempo pero eso no impidió que yo también me divirtiera.

    Me hice novia de uno de sus amigos quien después de un tiempo se encargó de quitarme la virginidad a los 18 y ahí fue cuando descubrí cuanto realmente disfruto del tener sexo y ser presa de deseo carnal, tome algo de experiencia y entendí cuál era la fascinación que mantenía a Ángel con su novia a pesar de las constantes discusiones.

    Una tarde, él había discutido muy fuerte con ella así que fue a mi casa para distraerse, estaba sola, mis padres siempre llegaban tarde del trabajo. Había terminado de bañarme, nos sentamos en la sala, tenía únicamente la bata, él se sintió un poco incómodo al ver mis piernas y como la toalla se pegaba a mi piel húmeda, era una sensación extraña, pero me gustó y aunque Ángel fuera únicamente mi mejor amigo no me quedaría con las ganas.

    Le pedí que pusiera un DVD mientras iba a cambiarme, me coloqué la lencería más bonita que tenía y después un vestido entallado blanco con estampado floreado que permitiera lucir mis piernas y mi busto sin ser demasiado revelador. Cuando regresé a la sala él quedó boquiabierto y aunque intentaba disimular sentía su mirada ardiente en mi cuerpo, le acerqué las piernas e incluso le pedí que me ayudara a hacer palomitas de maíz, una buena excusa para agacharse, mostrar las piernas al buscar los recipientes, no sabía que más hacer, sentía que ardía por dentro cuando me besó y llevó sus manos a mis caderas, fue un beso apasionado que nos puso muy calientes, y él subió mi vestido para apretar mi trasero.

    Quité su playera y él su pantalón, comenzamos un recorrido por la pieza mientras se quitaba su ropa, lo lleve hasta mi habitación donde se sentó en el borde de la cama mientras me quitaba el vestido para después sentarme sobre él aún con la ropa interior puesta, me acomode y comencé a moverme para estimularlo, el solo sujetaba mis caderas para controlar el ritmo y lentamente hizo a un lado las panties, su miembro cada vez se ponía más erecto y fue cuando me recostó en la cama con delicadeza aprovechando para desvestirme con su boca y quitarme el sostén.

    Ahora si estaba completamente desnuda sobre las sábanas cuando me volvió a besar y con sus dedos tocaba mi cavidad moviéndolos dentro de mi mientras reprimía los gemidos mordiéndome los labios, al introducir su miembro fue lento, pero yo pedía más con mis movimientos de cadera, cada embestida me hacía sentir el cielo.

    Sólo éramos él y yo en la habitación disfrutando, explorando, gozando de nuestros cuerpos, gimiendo. Seguíamos una cadencia hasta que sentí como un líquido tibio corrió por mis piernas, se había venido acompañado de un gran gemido, lo besé y lo mantuve sobre mi un momento en un abrazo hasta que le pedí que cambiaríamos de posición para posicionarme de nuevo encima de él, y me monté, daba pequeños brincos mientras que con sus manos acariciaba mis pechos, los besaba o de vez en cuanto me daba nalgadas, yo sólo me movía con más rapidez y fuerza, estaba demasiado caliente que no me importaba cuanto ruidos, gemidos, mordiscos pudiera hacer, sólo quería más y más hasta que sentí como mis músculos se tensaban y el placer me invadió por complete acompañado de un líquido tibio correr por mis piernas, mi cuerpo mientras temblaba, me sentía en el cielo y me rocé en la cama para disfrutar el momento, podía morirme en ese momento y me sentiría la más feliz.

    Me pegó a su cuerpo para besarme y cubrirme con las sábanas. Nuestras respiraciones volvían a la normalidad, no dijimos nada en un buen rato, solo disfrutamos piel con piel y algunos besos más dulces mientras acariciaba mi espalda.

    No me arrepiento de haber rebasado los límites, haber roto la confianza de mi familia si entre los mejores amigos llegamos a compartir y guardar secretos para experimentar una y otra vez el deseo carnal y el placer de sentir a Ángel moviéndose entre mis piernas.

  • Las hermanas de Camilo (Capítulo 5): Enlagunada

    Las hermanas de Camilo (Capítulo 5): Enlagunada

    Yo seguía frecuentando el apartamento de Camilo, pero ya no había la maliciosa intención de follar con Alexandra, así se diera la oportunidad. Iba allí sencillamente porque Camilo era mi amigo y siempre era un buen plan ir a su hogar, siempre había algo para hacer, o la sencilla oportunidad de conversar y compartir como buenos amigos.

    Evidentemente yo iba con la ilusión de coincidir con una esporádica visita de su hermana más pequeña, Katherine, que para ese entonces me había causado una obsesión, todavía más porque, a pesar de la ausencia, mantenía el deseo vivo enviándome fotos suyas, con y sin ropa. Sin embargo, siempre me llevaba decepciones, pues nunca la encontraba.

    Tampoco desaprovechaba las ocasiones en que estaba su hermana mayor, Diana, a quien siempre vi con ojos de lujuria. Pero mis oportunidades para deleitarme con su cuerpo eran limitadas ya que ella casi nunca estaba en casa.

    Como bien lo dije antes, Alexandra ya no me calentaba de gran manera. El sentimiento era mutuo, pues ella tampoco demostraba mayor interés en volver a follar conmigo. De todas formas, seguimos llevándonos bien, compartiendo noches de trasnocho en esas épocas de exámenes, trabajos, entregas y parciales.

    Mi larga espera por volver a ver a Katherine iba a terminar al año siguiente, en el que ella empezaría sus estudios universitarios acá, en Bogotá.

    Yo estaba dichoso porque al fin la tendría cerca para repetir lo de aquella lujuriosa noche en que la conocí. Aunque no iba a ser fácil, pues todo debía ser clandestino ya que ni Camilo ni sus hermanas podían enterarse.

    Viviendo todos en el mismo apartamento iba a ser una misión difícil de cumplir. Sabía que entre más visitará este apartamento, más opciones tendría para que se diera tal oportunidad.

    Obviamente, en medio de la espera por la ocasión perfecta, debía cruzarme con ella y afrontar sus insinuaciones, pues a ella parecía no importarle nada. De hecho era bastante desinhibida para demostrar que me deseaba; me agarraba el culo o la entrepierna si nos cruzábamos por algún pasillo del apartamento, me buscaba en mis momentos de soledad en el balcón mientras fumaba, o sencillamente me hacía gestos provocativos, incluso, en presencia de Camilo y sus hermanas, claro está, sin que ellos lo notaran.

    Quizá la vez más arriesgada fue un día en que Diana cocinó para todos los que estábamos en el apartamento. Estaba obviamente Camilo y Diana, Alexandra y su novio, y Katherine y yo.

    Katherine se sentó junto a mí en la cena, recuerdo que en frente mío estaban Alexandra y su novio, mientras que en las cabeceras de la mesa estaban Camilo y Diana.

    Esa vez, en medio de la cena, Katherine tomó mi mano izquierda, y la posó sobre una de sus piernas. Ella llevaba una falda puesta, así que el contacto fue piel con piel.

    Pensé en quitar mi mano de ahí, pero sabía que ella estaba gozando con la situación y no quería romperle la ilusión, tampoco quedar como un aguevado, así que dejé mi mano sobre su pierna. Poco a poco ella la fue deslizando hasta llevarla por debajo de su falda. Palpe su coño por sobre su ropa interior, y aun así se sentía el ardor. A la vez moría del pánico por la posibilidad de ser descubiertos, pero afortunadamente eso no pasó. Terminé de cenar, me puse de pie y pedí permiso para retirarme a fumar al balcón.

    Allí, solo, con la fuerte brisa que se siente y con la panorámica que brinda el estar en un décimo piso, pensaba en lo que acababa de pasar. Mi calentura era total. Tenía en mente rematar esa noche con un buen polvo con Katherine a pesar de la presencia de Camilo y sus hermanas. Evidentemente tenía que ser precavido, tenía que cumplir mis deseos pero sin ponerme en riesgo.

    Era una misión difícil y arriesgada, pues por más que lo pensaba, no encontraba la forma de follar con Katherine bajo el mismo techo que su hermano y sus hermanas, sin ponernos en evidencia.

    Pero de repente se me ocurrió que no tendría que ser necesariamente allí, en ese apartamento. Es más, tampoco tendríamos que alejarnos demasiado, era cuestión de dar correcto uso a todos los espacios disponibles. Afuera del apartamento, justo en lado quedaba el cuarto de basuras de ese piso. Era una zona común y por ende podía ser más arriesgado, pues en caso de ser atrapados el escándalo podría ser mayor. Aunque a altas horas de la noche era difícil que alguien fuera a ese lugar.

    Esa noche, más o menos sobre las 12, todos se habían ido a sus respectivos cuartos. Yo estaba en el sofacama destinado al invitado, que de tantas veces que me había quedado allí, creo que ya tenía mi olor.

    Empecé a enviarle mensajes por whatsapp a Katherine. Le invitaba a escapar un ratito de su cuarto, que al mismo tiempo compartía con Diana. No fue muy difícil convencerla, pues para esa época parecía que la obsesión de ella por mí era superior a la mía por ella, o por lo menos similar.

    Una vez que se reunió conmigo allí en la sala, le pregunté si había vuelto a fumar marihuana y si le gustaría volver a fumar un porrillo conmigo. Ella accedió sin obstáculo alguno. Salimos al balcón, lo encendimos y lo fumamos en medio del silencio. Luego empecé a besarla y a preguntarle si me había extrañado. La fui llevando contra la pared a medida que nos besábamos y subía la tensión. Fui sintiendo una vez más sus carnes entre mis manos, su pubis contra el mío, y su deseo por mí más vivo que nunca. Pero decidí detenerme, pues ese no era el plan.

    La tomé de una mano y la llevé hacia la entrada del apartamento, abrí la puerta con total sigilo, y salimos. Luego entramos al cuarto de basuras, que en este caso no es de aquellos que tiene cubos llenos de residuos, sino un ducto por el que se arrojan. Era un espacio bastante pequeño, pero lo suficientemente amplio para los planes que tenía.

    Volví a besarla, y poco a poco fui pasando a su cuello. Al mismo tiempo la acariciaba con ambas manos, aunque rápidamente una de ellas iría a parar bajo su ropa interior.

    Mientras levantaba su camisa y le besaba sus pequeños senos, acariciaba su vagina que empezaba a emanar una alta temperatura a pesar del poco tiempo que llevábamos dándonos cariño.

    Esta vez ella parecía entregada completamente a mis caprichos. Estaba completamente sumisa, entregándome toda la iniciativa.

    Le saqué su camisa y la colgué de la perilla de la puerta. Sus delicados senos quedaron al aire, a mi completa disposición. Una vez más estaba cara a cara con esos pequeños pezones rosa. Los besé por un tiempo corto, pues ese no era el premio mayor.

    Bajé lentamente por su abdomen con mi lengua mientras con mis manos trataba de desapuntar su falda. Debo confesar que hubo cierta torpeza de mi parte, pues ella tuvo que intervenir para abrir el cierre y así poder quitársela y hacerla a un lado.

    Una vez que quedó solamente en ropa interior, que para esa noche eran cacheteros, mi excitación era total. Aunque del afán no queda sino el cansancio, así que no me precipité para follar con ella, sino que me encargué de hacer que esta fuera otra noche memorable, tanto para mí como para ella.

    Me arrodillé y empecé a pasear mis manos por su abdomen, por sus caderas, por sobre su vagina, que aún permanecía cubierta; por sus piernas, por su culo.

    Era muy delicado al hacerlo, pues era el trato que una figura como la de Katherine le exigía a mi mente. Empecé a besar la cara interna de sus piernas, también a pasar lentamente mi lengua hasta subir a su pubis. Baje sus cacheteros y me puse una vez más cara a cara con su vagina.

    Comencé a chuparla, a lamerla y a besarla sin dejar de acariciar su abdomen, sus piernas y sus caderas. Era notorio que ella lo disfrutaba, pues para ese momento ya empezaba a soltar unos pequeños jadeos.

    Ocasionalmente levantaba la mirada para verle su cara, para ver sus gestos de placer. Ella estaba con sus ojitos cerrados y la cabeza ligeramente reclinada hacia atrás.

    Su vagina se humedeció rápidamente, Pero esto no hizo que me detuviera, pues a pesar de que el sabor de sus fluidos era horroroso, estos se convertían en un manjar al saber que eran fruto de su disfrute.

    Ella me agarraba fuertemente del pelo para evitar que mi cara se apartara de su coño. No era necesario que lo hiciera, pues yo aún estaba lejos de terminar con la sesión de sexo oral que tenía preparada para ella.

    Continuaba acariciando su cuerpo, pero esta vez mis caricias iban acompañadas de ligeros y suaves rasguños por su espalda. Era tal su excitación que sus fluidos fueron escurriéndose por la cara interna de sus muslos.

    Ocasionalmente me ayudé con los dedos para acariciar su vulva, que para ese momento ardía. Sus jadeos pasaron a ser gemidos y posteriormente pasaron a ser pedidos para que la follara.

    Hice caso a su petición pues ya era hora de sentirla nuevamente. Allí, de pie y frente a frente la penetré. Acompañé ese momento con unos tiernos besos. La follaba con relativa calma, sin apuro alguno, aunque sentía que pronto debía cambiar esa actitud, pues del primer encuentro había aprendido que a esta chica le gustaba el sexo duro.

    Tomaba entre mis manos y apretaba sus nalgas a medida que la penetraba con más fuerza. Ella no decía nada. Por ratos me miraba directamente a los ojos, con la boquita abierta, para luego pasar a cerrar sus ojos y reclinar su cabeza mientras soltaba uno que otro gemido. Yo la besaba con frecuencia, pues sus labios eran un gran factor de sensualidad. También su manera de besar, ya que Katherine gustaba de morder cuando lo hacía, y a mí eso me volvía loco. Cuando lo hacía, yo parecía detener mis movimientos, para luego reanudarlos con mayor fortaleza.

    La humedad de su vagina podía sentirla ya en mis pubis, al igual que sentía sus senos chocar contra mi pecho con cada una de mis embestidas. Y así como yo agarraba sus nalgas en ese coito en pie recostados contra una pared, ella agarraba las mías enterrando sus uñas.

    De todas formas, mantenernos en esa posición fue algo agotador, así que con el pasar de los minutos nos “desenganchamos”, le di vuelta, la apoyé contra la pared y la penetré. La rodeaba con uno de mis brazos por su abdomen mientras que con la otra mano la tomaba, por ratos de uno de sus hombros, por ratos de su pelo, y por ratos de su cara para girarla y continuar besándola.

    El volumen de sus gemidos fue en aumento, aunque eran realmente esporádicos. Yo trataba de ser silencioso, pues a pesar de no estar al interior del apartamento, sentía que de todas formas estábamos corriendo un riesgo.

    Me encargaba de penetrarla a profundidad pero si agresividad, tratando de evitar hacer ruido con nuestros cuerpos al chocar. Tampoco me apetecía follarla con dureza, a menos de que ella lo quisiera, pero nunca lo manifestó.

    Más bien guardaba silencio, ocasionalmente dejaba escapar sus gemidos, que en medio de la oscuridad de ese cuarto me resultaban bastante lujuriosos.

    Este, a diferencia del primer polvo, fue bastante largo. Seguramente porque ninguno de los dos sintió la amenaza o el temor de aquella primera vez en que corrimos el riesgo de ser descubiertos. Pero aunque yo hubiese querido que durara para siempre, su apretado coño iba a cumplir con la función de generarme un orgasmo. Fui lo suficientemente previsivo y ágil para sacarlo y terminar corriéndome sobre su espalda y sobre su culo.

    Cuando terminamos no pensamos en encender la luz por lo menos en un comienzo. Pero ella soltó un pequeño grito seguido de una risa nerviosa. Lo hizo porque había pisado un charco en el suelo, un charco que ella había creado con sus fluidos.

    En un comienzo yo no entendí el porqué de su reacción, encendí la luz y vi el charco, ella aún en medio de su risa nerviosa se disculpó.

    – Ay, oye, perdóname, la verdad que no lo controlé, dijo la avergonzada chica

    – No te preocupes…

    – Yo no sé tú qué sentiste, yo sentí rico así que me dejé llevar, dijo ella interrumpiendo mi respuesta

    – Tranquila, yo ni me di cuenta

    – Jejeje, nunca me había pasado, de verdad discúlpame

    – No te preocupes, es algo completamente natural, no tienes de que avergonzarte

    Ver el pequeño charco de fluido allí en el suelo, no solamente me calentó un poco, sino que despertó en mi un sentimiento de compasión, quizás enamoramiento, por la vulnerabilidad y nobleza expresada por Katherine.

    La besé antes de que se vistiera, acaricié su mejilla y le expresé lo mucho que me alegraba su llegada a la ciudad y su aparición en mi vida. Nos vestimos y entramos de nuevo a su apartamento. Nos besamos nuevamente y luego la vi partir hacia su habitación mientras yo tenía el deseo de compartir la noche entera con ella.

    *******************

    Capítulo 6: infragantis

    Era evidente el interés de ella por mí y el mío por ella, así que nuestros encuentros sexuales se iban a repetir en más de una ocasión. Pero siempre íbamos a contar con la dificultad del dónde: en su apartamento existía el peligro de ser descubiertos por sus hermanas o su hermano, en mi casa estaban mis padres, con lo incómodo que puede ser follar teniéndolos en el cuarto del lado…

  • Adiós es la palabra más dulce cuando se sabe que regresaras

    Adiós es la palabra más dulce cuando se sabe que regresaras

    Triste apartó el visillo de aquel cristal, mirando con melancolía, como su amor marchaba. Un suspiro sacó de su interior aquel cálido aire que empaño de vaho el cristal. Ella no se dio la vuelta para despedirse, caminaba despacio con la cabeza baja, dejaba a su amado triste, pero tristemente tenía que alejarse.

    Aquel amor que duraba apenas unas horas no volvería hasta pasados unos días, exactamente hasta la siguiente luna. Montó su caballo y cabalgando al trote hasta perderse en la llanura, dejando una estela de polvo que lo envolvió todo sin dejar que él pudiese verla.

    Con su mano abierta hizo desaparecer aquella exhalación de frío aliento en el vidrio de la ventana, sin obtener satisfacción a sus deseos de encontrarlo en el horizonte.

    Su amor desaparecía como desapareció en él el ansia de amar cuando aquella noche la hizo suya.

    Recostó su cabeza en la abultada almohada, aún se apreciaba su aroma, el olor inconfundible de ella, de su misma condición.

    Un almohadón que sirvió para acercarla a ella en aquel instante preciso de necesidad amatoria.

    Para entonces sus besos ya eran recuerdo, una evocación que le atormentaría cada noche cuando en aquel lecho retozase junto a ella en sus cálidos pensamientos.

    El gran espíritu le haría soñar y en su sueño cabalgaría a su lado, encontrándose en lo alto de las montañas, casi pudiendo tocar las nubes.

    Solo la compañía de la naturaleza invadiría su mente, viéndose con él tendidos en la hierba, y como techo la copa de los árboles. Podía apreciar la suave brisa que refrescaba sus cuerpos del sofocante ambiente.

    Sus cuerpos abrazados eran uno solo y sus besos una sucesión de palabras de amor mudas que tan solo el acelerado sonido de sus corazones reproducía.

    Pero despertó y aquel paisaje maravilloso se desvanecería quedando sola hasta la próxima luna con el recuerdo de sus besos.

    Espero que te guste un cachito.

  • Lo que sucede en el metro de la CDMX (4)

    Lo que sucede en el metro de la CDMX (4)

    10/07/2020.

    Me subí al servicio didi que me lleva al metro y decidí casi llegando quitarme el bra que dicho de paso es muy sexy porque es transparente y de un cuarto de copa, color café; me lo quito tratando de ser discreta pero sin guardar mucho cuidado; el conductor veía desde el retrovisor, supongo que se dio cuenta, porque veía por el retrovisor mientras lo hacía, coincidí con él en la mirada y le dije: “perdón” me estaba apretando y molestando, me dijo que no me preocupara y que con todo respeto se me veían muy bien mis (pezones) a través de la blusa.

    Le dije que si quería tocarlas y dijo que si por lo que antes de llegar al metro hay una gasolinera, se detuvo ahí y yo me senté al filo del asiento, se desabrocha el cinturón de seguridad y se voltea, así que con la mano derecha empieza a tocarme por encima de la blusa, no está muy cómodo por lo que no lo hace tan bien, le digo que ya me tengo que bajar porque se me hace tarde, pero que me puede tocar por debajo de la blusa y él ni tarde ni perezoso se acomoda un poco más y mete su mano; me siento muy nerviosa y mojada.

    El con la misma mano juega un poco con una de las nenas y después con la otra, juega con mis pezones los cuales ya están muy erectos; la forma en cómo está sentado no le permite hacer más, a mi me gusta cómo lo intenta, me incorporo y me acomodó la blusa para bajar, la situación me excitó demasiado y lo siento en mi panochita porque palpita mucho, quizás por ver cómo pasaban a un lado y saber qué probablemente veían todo el manoseo, no fue mucho el tiempo pero lo disfrute. Le digo que cuánto va a hacer, dijo que nada, que así estaba bien y muchas gracias; él era relativamente joven de tez clara y ojos muy grandes, sus manos muy gruesas con los dedos igual algo rasposos.

    Le agradecí y camine hacia el metro excitada por el evento y con mi bra en la bolsa. Los pezones erectos que se notaban a través de mi blusa, y los hombres se quedaban viendo al bajar las escaleras, primero a los pechos y luego a mi, me subí al vagón con el deseo de que algo más ocurriera para seguir así de excitada, pero ahora no había tantas personas y me fui sentada, solo con las miradas de alguno que otro. Al bajar roce sus brazos con mis nenas y nada más. Me fui caminando así al trabajo con mis nenas sin bra y con los pezones muy respingones y entre al edificio en donde me encontré a mis compañeros de trabajo y yo supongo que se dieron cuenta porque era muy notorio que no lleva brasier.

    Durante el día en la oficina de uno de mis compañeros a quien considero amigo me senté en un sillón que estaba ahí y que queda más abajo y él con otra niña estaban sentados en las sillas, yo no me di cuenta que me senté de tal forma que me incliné y se dejaba ver las nenas en el espacio que hacía la blusa, platicaba con la niña y de repente volteo y lo vi a él, viéndome las nenas, me di cuenta que se turbo y yo me senté ya bien para no probarlo más. Lo bueno es que lo considero mi amigo. Ustedes que piensan?

    14/07/2020.

    Subí al metro ya saben del lado de los hombres, ya me había dado cuenta que el vestido se levantaba más de la parte de atrás, las medias se notaban hasta el encaje, me quede pegada del lado de la puerta y conforme se fue llenando quede ubicada con un hombre en cada lado y también al frente, el que quedó de frente, tenía su movimiento limitado, pero aun así pudo poner su mano entre él y mi vestido, empezó a acariciar por encima con el dorso y como veía que no hacía por quitarme y que yo misma me pegue a su mano, me toca la entrepierna y poco a poco va subiendo mi vestido, yo llevo las piernas ligeramente abiertas para evitar caerme.

    Levanta el vestido cada vez más con su mano y al mismo tiempo acaricia y dirige su mano ya por debajo del vestido a las nalgas y ahí las aprieta con la mano derecha así que toca mis nalgas, siente que llevo tanga por qué con uno de sus dedos toca la línea de tela que se encuentra separando mi culo; por un momento creo que va a meter sus dedos, pero no, regresa a acariciar mis nalgas y mi pierna y yo me acerco más, y coloca su pierna entre las mías.

    Por enfrente, la tanga es muy pequeña y el solo metió la mano en el espacio del pubis y la hace a un lado, acaricia la pierna e introduce su mano en mis bragas, juega con mi clítoris lo acaricia y lo aprieta como pellizcándolo; me siento acalorada y volteo para ver si alguien se está dando cuenta, el de más allá parece que si, porque me ve como sonriendo, pero no hace más, el que me va tocando quiere meter sus dedos en mi panochita pero la posición no se lo permite y aunque voy algo pegada y abro mis piernas no se atreve a hacerlo o quizás no puede, yo de todas formas disfruto su roce y los pellizcos, con la mano que tengo libre acaricio su verga encima del pantalón y quiero bajarle el cierre, pero no soy muy diestra así que se la acaricio primero de abajo hacia arriba, tomándola y apretándola, después vuelvo a intentar bajar el cierre y al no poder lo acaricio de arriba hacia abajo, aunque estaba ya abultado el pantalón y me costaba trabajo y el gimió al sentir mi mano así que mejor sigo tocándolo por encima sintiéndola dura,

    Llego a mi estación y tengo que pedir permiso para poder bajar, salgo del vagón y me subo las escaleras, seguramente se me veía mí panochita al aire, porque el tipo dejó mal acomodada la tanga y sé que los que vienen abajo me pueden ver mis labios muy humedecidos.

    Me quedé muy caliente así que decido atenderme en la oficina y me corro muy pronto, pero la temperatura no cede y a sugerencia de mi amo decido ir a que me pongan la inyección en el consultorio médico. Así que camino por la tarde hacia allá. Llego y me atiende un médico joven y tímido. Me dice que cuál es el motivo de la consulta y le digo que sólo voy por la inyección que me toca.

    El prepara la inyección y para mientras me levanto el vestido descubriendo mis dos nalgas y dejando ver toda mi tanga; me recargo en la mesa de exploración y saco mi cadera. Él se turba un poco y me limpia la zona en donde pondrá la inyección. Siento como risa con sus dedos mi piel y me excita ese momento. Le refiero que mi nena izquierda me sigue molestando y que me preocupa. Termina de ponerme la inyección y me vuelve a acariciar mi nalga con sus dedos y en círculo. Me está tocando de más, me siento muy nerviosa. Me dice que donde me duele y le señalo y él me toca mi nena sobre la ropa y se arrepiente y me dice que debo ir con una ginecóloga.

    Me pide mi número telefónico, sé lo doy y me dice que me enviará el contacto. Deseaba sentirme revisada y explorada pero el “ternuritas” no se atreve. Me quedare nuevamente con mis ganas.

  • Continuación del segundo encuentro con mi milf

    Continuación del segundo encuentro con mi milf

    Luego de haberme corrido en su boca por la tremenda mamada que me dio, parte de mi leche quedó colgando entre sus labios y mi pene, ella siguió chupando y pasando su lengua por toda mi carne como si fuera un helado, disfrutaba de mi sabor y su mirada caliente se clavaba directamente en mis ojos mientras ella continuaba con su juego.

    (La escena era tan caliente que su solo recuerdo me deja como fierro y me viene la imagen de todas las veces que folle esa boca y tuve el privilegio de correrme en su cara).

    De a poco fui perdiendo mi erección, pero no mis ganas de seguir disfrutando de su cuerpo.

    La levanto de la cama y la llevo desnuda directo a la ducha, apoyo sus manos contra el muro y me coloco detrás de ella presionando mi pene contra sus nalgas para que sienta nuevamente crecer mi erección junto con el deseo incontrolable de estar dentro de ella nuevamente, de probar y follar esa colita.

    Sometida contra la muralla comienzo a jugar con el lóbulo de su oreja, lo chupo y muerdo provocando sus gemidos, ella daba vuelta su cara y su miraba me pedía que vaya por más, se entregaba completamente a lo que le haría. Recorro todo su cuello con mis labios y empiezo mi descenso por su espalda besando cada centímetro de ella, mientras uso mis manos para masajes y jugar con sus tetas.

    Al llegar a la altura de sus nalgas, comienzo acariciarlas con mis manos mientras las beso, entierro mi cara justo al medio de ellas y comienzo a jugar con mi lengua en su ano, la sensación de placer y excitación para ambos era increíble, «ya métemela» me decía mientras gemía de placer y yo me deleitaba con su agitada respiración.

    Continúo jugando en la entrada de su ano para luego recorrer desde ahí a su vagina depilada, lamo y chupo cada centímetro de ella y disfruto de sus jugos mientras el agua que cae recorre el resto de su cuerpo.

    En cuclillas detrás de ella pongo mi mano derecha en la entrada de su zorrita y sin problemas le introduzco mis dedos índice y medio para masturbarla mientras mi dedo gordo entra lentamente por su ano. Empiezo a meter y sacar estos 3 dedos de dentro de ella, primero lentamente para que se acostumbre y de a poco voy aumentando el ritmo y movimiento en su interior mientras como podía chupaba su zorrita que a esta altura abundaba de su humedad.

    Poco tiempo estuve en esa posición cuando la sentí tiritar entera producto del orgasmo que le había provocado. No le di tiempo de recuperarse y me la lleve directo a la cama, «ponte en 4» le dije y ella obedeció sin chistar. Me puse frente a su rostro y pasaba mi pene por toda su cara, ella intentó tocarlo con sus manos pero no se lo permití, «solo puedes usar tu boca» le dije a lo que ella respondió abriendo bien grande sus labios para que los utilizará a todo mi placer. La tomo del pelo y hago una cola de caballo para controlar el ritmo de su mamada, sus labios recorrían todo mi pene, lo sacaba de su boca y le ponía las bolas en la cara y ella se regocijaba chupándolas.

    Sin soltar su cabello me coloco detrás de ella, que levanta su cola y me ofrece todo su cuerpo para que hiciera con él lo que me plazca. Comienzo a jugar con mi pene en la entrada de su colita haciendo círculos a su alrededor y le pregunto qué es lo que quiere, necesitaba escuchar que quería ser follada por el culo por mi, quería escucharla decir que la partiera con mi pene y así lo hizo «quiero que me partas el culo» «soy tuya» me decía, «así» le respondí mientras introducía lentamente la punta del pene en su interior, «fuerte, más fuerte».

    Cuando escuché aquellas palabras jale fuertemente su cabello hacia mi mientras introduje el resto de mi pene en su ano, podría sentir lo estrecho que era y como la fuerza de mis impactos se abría camino al interior de ella. Por su movimiento pude notar que sintió un poco de dolor al comienzo, el que lentamente a punta de culeadas fue convirtiéndose en placer. Le follaba el culo a mi antojo y disfrutaba cada segundo de ese inolvidable momento, con cada embestida ella se retorcía de placer y sentía como su interior apretaba mi miembro. Solté su cabello pero mantenía la fuerza en mis embestidas, con la mano que me quedo libre le daba fuertes nalgadas y ella se retorcía de placer con cada una de ellas, poco tiempo pasó hasta llegar al momento del clímax, me salgo de su cola y le ordenó que se arrodilla y abra la boca, lo que hace gustosa de placer, y comienzo a follarle la boca, estaba tan caliente que bastaron un par de embestidas para tirarle toda mi leche en su cara, boca y tetas.

    Todo lo que callo fuera de su boquita, fue recogido por mi pene mientras lo pasaba por su carita y esparcía los restos de mi leche. Lo pasé por sus tetas y luego le puse el pene en la boca para que lo dejara limpio. Como siempre, ella chupo hasta no dejar ninguna gota fuera.

    Nos tendimos en la cama, nos tomamos un trago y seguimos conversando Hasta que dio la hora de irse del motel.

    Luego de este encuentro nos juntamos otro par de veces más en su departamento, aprovechamos cuando su hija alojaba fuera de casa, si les interesa la historia, con gusto puedo contarles esta y otras aventuras que he tenido la suerte de vivir.

  • Después de las fotos

    Después de las fotos

    Después del relato anterior ‘Sesión de fotos’, Susana y yo nos dirigimos a nuestras habitaciones así desnudas como estábamos; deje el body sobre la cama y me puse mi tanga, en eso se abre la puerta y era mi amiga Susana con su ropa; apenas entro no abrazamos y nos reímos, ambas estábamos solo con nuestras tangas, nos sentamos en la cama a charlas lo que habíamos hecho en la sección de fotos, Susy me dice, “¿guacha cómo se te ocurrió que fuéramos lesbianas?”, y le respondo, no sé, nos conocemos hace tiempo y se me ocurrió porque te tengo confianza, Susy me responde “te cuento que me calentaste mucho, casi que lo haces mejor que mi novio jaja”, lo que me hizo ruborizar su comentario, y le respondí “pero no fue nada”; Susana me mira me toma la cara con ambas manos y me besa en la boca, nos damos un beso de lengua intenso.

    Ella se recuesta de espaldas en la cama, y nos seguimos besando suavemente, nos tocamos las tetas mientras nos besamos, Susy me toma la cabeza, y suavemente me lleva para abajo, le beso el cuello, le beso y tomo las tetas besándolos y pasándole la lengua a sus pezones rosados, un jadeo suave sale de su boca, bajo a su ombligo, con ambas manos le bajo la tanga, y comienzo a besar cada rincón de su conchita, que por cierto está muy húmeda, ella separa bien las piernas, y le paso bien toda la lengua por sus labios vaginales, entretenida en hacerle el oral a mi amiga, no me di cuenta que se abre la puerta del dormitorio, en eso alguien detrás mío, me toma por la cintura, me apoya con su duro miembro, me corre la tanga, y a poya la verga en mi agujerito de la cola, y embiste con fuerza hacia mi interior, y hace que pegue un grito aaaahhh, levanto la cara y abro los ojos, Susy me mira y me dice en un susurro, “¿qué pasa Adri?” y le respondo en un grito “alguien me está rompiendo el culo”, me doy vuelta y era Juan Carlos.

    Yo seguí haciéndole oral a Susy, pero Juan Carlos era un salvaje semental, jadeaba aggg aggg toma perra me decía, hasta que de un empujón me ensarto más profunda su verga, y sentía sus huevos pegándome en las nalgas, lo que me hizo gritar nuevamente “aaahhh ah ah ah, despacio me lastimas”, Susana salió de la posición en la que estaba y comenzó a besarme y acariciarme las tetas, mientras Juan Carlos me daba por detrás, siento la mano de Susy acariciarme el clítoris, y hace que me vuelva loca, ah ah ah ah asiii, asiii no pares, tuve un hermoso orgasmo, y siento todos los jugos de Juan Carlos que se descarga en mi ano.

    Termino rendida recostada boca abajo en la cama, me incorporo voy al baño a lavarme, y cuando salgo, la miro a Susy, “¿vos sabias de todo esto no?”, si me responde pero no quiero que te enfadas, a lo que la abrazo y le digo “me encanto, tonta, solo que Juan Carlos, guau se entretuvo con mi culito”, y ambas no reímos. Terminamos de cambiarnos, y salimos de la habitación, la recepcionista nos dio a ambas un cheque, con una buena suma de dinero para ambas, las fotos sabe Dios donde serán publicadas, antes de irnos, Juan Carlos nos llama, y nos dice, “estén atentas que quizás volvamos a llamarlas”, me mira y me hace una sonrisa burlona, lo miro y le digo “okey, gracias por avisar”.

    Salimos a la calle, la tarde caía pero el calor era tremendo, fuimos a un bar a tomar algo fresco, y a charlar algo de la experiencia vivida, le pregunto a Susy, “¿tú te acostaste con Juan Carlos”, se me queda mirando sin decir palabra, y le digo “siii te acostaste” y largo una risotada, ella me confirma que si, y le digo, “mira que no quiero ser su novia ni nada, no sé cuál es tu relación con él, pero yo no pretendo nada, lo que paso hoy no quiero que cambie nada entre nosotras”, ella me escucha sin decir palabra, “y si tu estas enamorada de él sigue adelante, a mí solo me rompió el culo hoy y nada más“, okey me dice, “y lo que paso entre nosotras aquí fue para ayudarte en tu trabajo”, y le digo, dime algo porque me dejas hablando sola, Susy me mira y me dice, “te quiero mucho amiga, me gusto lo que hicimos, fue mi primera vez con una mujer, y si llegara a ver otra posibilidad, me gustaría repetirlo contigo”, le tomo la mano y respondo “okey, tal vez tengamos otra oportunidad porque a mí también me gusto.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].