Autor: admin

  • Habíamos terminado

    Habíamos terminado

    Habíamos terminado (el a mi) hacia unas semanas y lo llame para que nos encontráramos, el me invito a almorzar y estuvimos hablando un rato, me decía cosas bonitas y notaba que me miraba con deseo, pero no me decía nada. Caminamos, estábamos cerca de su casa y me dijo que llamara de allí al taxi, ya dentro no había nadie me dijo que si quería estar con el yo le dije que lo que quería era besarlo pero no hacerlo.

    Espero a que yo lo besara, lo pensé un poco y lo hice, cuando se tocaron nuestro labios me beso como si no nos hubiéramos besado en mucho tiempo y al mismo tiempo que introducía su lengua en mi boca sus manos se metieron debajo de mi ropa cogieron mis nalgas las estrujaron y no paraban de querer avanzar, yo lo trataba de parar, no me dejaba, tocar la chocha, lo quería era que me besara solamente, pero no pude pararlo más y me cogió la chocha con una mano y la otra la dejo en mis nalgas, me dio dedo en mi gallo y luego lo metió, nunca lo había visto tan ansioso no dejaba quietas sus manos ni su lengua, me besaba el cuello y las orejas.

    Yo le decía que no e intentaba moverme pero estaba atrapada y claro también me gustaba, pero no se lo hacía saber. Se detuvo de tanto que yo le dije, me miro unos minutos y luego empezó a besarme otra vez me cogió la mano y me la paso por su verga por encima de su pantalón, me lo hizo restregar mientras él seguía besándome, luego se la sacó y la puso en mi mano estaba súper dura y chorreando, el gemía y seguía con su mano en mi chocha, yo haciéndole la paja, me hizo arrodillar y chupársela, me cogió la cabeza y me la empujaba y gritaba de placer.

    La solté y me dirigí a la puerta me iba a ir porque tenía ganas pero me había dicho que no lo iba a hacer, me tomó del brazo y me beso otra vez en el cuello y las orejas y me dijo que ya todo lo que había pasado era como si lo hubiéramos hecho entonces que siguiéramos, se quitó la ropa y me la quito a mi, se quedó mirándome unos segundos y me tumbo en la cama, quería chupármela, pero yo le dije que no que me lo metiera, me toque la chocha estaba mojadisima, me lo metió duro encima mío y abriéndome las piernas, me besaba la cara y el cuello y las orejas, luego le dije q si quería que me hiciera encima y el enseguida se puso boca arriba y yo le empecé a batir las tetas porque hasta el momento no me las había ni cogido, me las estrujó y eso me calentó mas, me moví mucho tanto que me dijo que parara porque estaba que se venía y no quería todavía.

    Me puso baca abajo y me la metió subiendo me un poco el culito y yo sentía sus bolas rozando mis nalgas, me hizo fuerte como sabía que me gustaba.

    Luego me cogió otra vez el encima, me cogió las piernas levantadas estiradas y me cogió fuerte con toda sus fuerzas me levanto mi culito de la cama y me dio más duro, me la saco y me la puso en mi boca y se vino, salía leche y más leche y él gritaba y me decía eres mía… chúpate mi leche!

  • Reencuentro después de la pandemia: El día después

    Reencuentro después de la pandemia: El día después

    Nos dormimos exhaustos después del trío de la noche anterior… estábamos desnudos…

    Llovía con furia, sentí como el viento golpeaba las hojas de los árboles… truenos, relámpagos… y te miré… estabas en un sueño profundo… te tenía solo para mí.

    La cabaña estaba templada, tomé tu pene y lo metí en mi boca… comenzó a crecer… despertaste y gemiste… te gustó mi «Buenos días» chupé tus testículos, grandes y suaves… secretaste ese juguito delicioso que me encanta. Metí mis dedos en tu ano, gemiste nuevamente…

    Estabas gozando cuando de pronto me dijiste que parara… saliste de la cama y fuiste donde estaba tu bolso… magia, sacaste nuestro arnés y el lubricante… y sonreíste…

    Te recostaste boca abajo, me puse el arnés…

    Comencé a besar tu cuello, acaricie tu pelo, tu espalda… tenías la piel erizada.

    Puse lubricante en mis dedos y comencé a meterlos en tu ano… gemiste y te pusiste en 4.

    Pasé mi lengua por fuera de tu ano, metí mis dedos, comenzaste a dilatarte… te tenía solo para mí… me puse detrás tuyo y suavemente comencé a penetrarte… muy suavemente para que no te doliera.

    Mientras entraba de a poco acaricie y besé tu espalda…

    Me pediste que parara, pero no lo hice, porque sabía que en verdad querías que siguiera…

    Ya tenías los 20 cm de miembro dentro de ti… y comenzaste a moverte. Te tomé de las caderas y le puse ritmo a nuestra nueva pose…

    Tomé tu pene, estaba húmedo y muy duro… estábamos muy calientes…

    Paramos y te pusiste boca arriba, abriste las piernas y volví a penetrarte… ya estabas abierto, así que no fue difícil que entrara de nuevo.

    Pude mirarte, vi en tus ojos que estabas gozando, mientras te hacía mío, te masturbé… nunca dejaste de botar tu rica secreción, que me servía para humedecer más tu rico pico…

    Cuando vi que ya no podías más de placer, metí tu pene en mi boca y eyaculaste en ella… lo tragué todo, te dejé limpio… y te besé…

    Estabas rendido, gozaste de manera distinta y ya teníamos otro secreto para recordar…

    Habíamos hecho planes para ir a Puerto Montt y cruzar a la isla, pero había tormenta… así que decidimos quedarnos encerrados, sería un día de mucho sexo…

    Desayunamos, nada nos perturbaba, éramos solo nosotros, me tenías, sin condiciones.

    Hablamos de nosotros, de nuestra historia, de nuestros encuentros y del aguante que tuvimos durante los meses que debimos aislarnos debido a la pandemia…

    Después de la ducha nos sentamos en el sillón con la chimenea encendida y Norah Jones de fondo… era la escena perfecta… que imaginé tantas veces…

    La lluvia seguía, y nosotros también… me dijiste que me desnudara y me quedara en el sillón… lo hice, sin preguntar nada.

    Comenzaste a besarme, entera… mi cuello, los hombros mis pezones… mi entrepierna, que ya estaba llena de mis fluidos…

    Eres delicioso, tu lengua es exquisita…

    Metiste tus dedos en mi ano…

    Me abriste con tu lengua… y cuando viste que estaba lista mi vagina se abría mientras metías tu pene dentro…

    Estuviste así solo un momento. Te pusiste el arnés y me penetraste nuevamente… tu pene en mi vagina, y el arnés por atrás… creo que gemí muy fuerte, me estabas dando doble placer con esa doble penetración… creo que tuve tres orgasmos seguidos…

    Te sacaste el arnés y abriste más mis piernas, te moviste salvajemente, me lo metiste duro, tus dedos jugaban con mi clítoris, estaba loca, no podía más de placer… hasta que un chorro de agua te empapó entero y yo temblando entera con un placer que jamás nadie me había dado…

    Fue el mejor orgasmo que he sentido en mi vida…

  • Una infidelidad de mi pasado: Termino preñada

    Una infidelidad de mi pasado: Termino preñada

    Hoy quiero contarles una historia de mi pasado, en aquel lejano año tenía yo 19 años, era gimnasta, ¡bailarían de una academia y tenía un novio sociópata, el cual me trataba mal, pero como estaba toda idiota seguía con el!

    Él me tenía bien domada a veces, aunque no quería terminaba teniendo sexo con él en lugares que no me agradaban, pero el miedo y la costumbre eran más fuertes.

    En esa época obviamente brillaba por mi belleza de juventud, un cuerpo espectacular, la verdad no es por ser soberbia, pero si ahora muchos caen rendidos a mí, antes ni se diga y uno de tantos en esa época fue Sergio, Sergio era un chico normal, hijo de abogados y de una familia que honestamente tiene poder político, mi mama siempre me quiso emparejar con él, pero a mí no solo no me gustaba si no me parecía un tipo x.

    A veces cuando mis padres se reunían con los suyos el me llevaba chocolates, galletas o algún detallito, yo fríamente los aceptaba, pero lo bateaba, incluso a veces me ponía a fajar con mi novio el malora en frente suyo, era una ¡despiadada con el

    Pero una ocasión, supe que mi novio estaba con otra tipa, incluso los vi, yo estaba súper molesta quería acabar con él y ella, en esa época era muy infantil y tonta, no cabía de la rabia, en eso aprecio Sergio con unas flores, las cuales le arroje, pobre, estaba pagando los platos rotos.

    Pero en ese momento se me ocurrió una idea para vengare de mi novio y la mejor era saliendo con Sergio y que me vieran, quería que supiera que yo podía hacer lo mismo, así que cuando él se iba, falsamente me disculpe y le dije que si iba conmigo a tomar unas cervezas.

    S: ¡Pensé que querías que me fuera!

    K: Disculpa, a veces exploto rápido, ¿entonces me acompañas?

    S: ¡Por supuesto, vamos, yo invito!

    K. Ok, vamos por acá!

    Metí mi ano a su brazo y nos fuimos por la calle donde vivía mi novio, yo a pesar de no estar a gusto con él, quería que me vieran, quería que le contaran, así llegamos al lugar, un pequeño bar donde había muisca, y cervezas, pedimos dos, mi intención era beber esa y regresar a casa.

    Pero entre platica y platica Sergio me comenzó a parecer interesante, él era muy bueno en la escuela, tocaba el piano y me enseño fotos de sus expediciones en Chiapas, la verdad era un tipo que me podía ofrecer más, nada que ver con aquel.

    Esa cerveza se convirtió en otra y luego en otras y después en cubetas, yo estaba ya muy ebria y Sergio igual, bailábamos gritábamos, estábamos fuera de sí.

    Fue entonces que lo comencé a besar, sabía que él nos e acercaría y yo lo bese, como forma de agradecimiento o porque ya estaba muy ebrio.

    El me abrazo y me beso con pasión, yo no lo rechace, al contrario, ambos nos perdimos en un sensual beso lleno de deseo.

    S: ¡Me gustas mucho!

    K: ¡Shh! ¡Solo bésame!

    Salimos del lugar como si fuéramos novios, recuerdo que yo estaba de short de mezclilla mostrando mis piernas, note como él se ponía duro cada que yo me pegaba a besarlo, estábamos en la esquina acariciándonos y besándonos como si fuéramos novios, sus manos agarraban mis piernas y mis nalgas, yo le acariciaba su pene por encima del pantalón, ¡pero él no se atrevía a decir más!

    S: ¡Creo que ya tenemos que ir a ut casa!

    K: En serio, ¡aún es temprano!

    S: Si, pero, pero…

    K: Hay que hacerlo, ¡o no quieres?

    El no dijo nada y me beso, me tomo de la cadera arrimándome su duro pene por atrás, la verdad me gusto, caminamos al hotel de la colonia pedimos un cuarto para pasarla rico.

    Al entrar como desesperado me tiro a la cama y me quito la ropa, y me beso desde mis pies hasta mi cabeza, yo estaba caliente la verdad la adrenalina me invadía, ¡se podría decir que era mi primera infidelidad!

    S: ¡No sabes cuánto te he deseado!

    K: ¡Mmm, no digas nada continua!

    Me quito la trusa y se lanzó a lamerme mi conchita mojada su lengua inexperta daba lengüetazos muy toscos pero sabroso, la verdad ni mi novio lo hacía así, ¡pero me gustó tanto que comencé a escurrir!

    Su boca devoro mi sexo por varios minutos, incluso tuve un orgasmo escurriéndome en su boca, Sergio quien aprecia un inexperto no se quejó de eso, al contario más duro se puso, era mi turno de hace lo mío.

    Él se acostó en la cama y después de una sesión de besos desenfrenados, con mi lengua recorrí su flaco abdomen, bajando a su pelvis la cual lamí y llegué a su pene, era delgado de tamaño normal pero obscuro como la noche.

    Coloque su punta en mi boca y él se retorció como gusano, eso me incito a darle pequeñas mordidas que lo tenían jadeando, mi lengua lamia de sus testículos recorriendo hasta su cabeza, ¡para luego de un bocado tragármela toda!

    S: ¡Uhm!! ¡Que rico!

    K: ¡Uhm, eso es, goza!

    Succionaba como anaconda cada pedazo de su morena carne el gemía me acariciaba la cabeza, me apretaba para ahogarme, eso me gusto, ¡jamás se la había chupado así a nadie hasta entonces!

    Él estaba extasiado, sabía que si seguía así no duraría mucho, así que me detuve subiendo a besarlo nuevamente, el me acariciaba mi espalda y mis nalgas, nuestras lenguas se enrollaban, fue entonces que me acomode para que entrara, el titubeo un poco.

    S: ¡Espera! ¡El condón!

    K: ¿Condón? ¿Porque? así mejor!

    S: ¡Pero si pasa algo más y si te embarazo!

    K: Eso no pasara, uhm, ¡ya sigue!

    Sin dudarlo me tomo de la cintura y me empezó a empujar hacia su pene, entraba muy fácil ya que estaba muy mojada, lancé un gemido al tenerla dentro y comencé a moverme, el gemía y me apretaba las tetas, yo seguía moviendo rápido y suave, ¡dándole pequeños besos en su cuello!

    K: ¡Ah, uhm, ah, ah!!

    S: ¡Uhm!! ¡Que rico, uhm, así!

    Yo sabía que si seguía moviéndome así lo haría terminar pronto, así que le pedí se para y me puse en cuatro en la cama, el me tomo de la cadera y me comenzó a embestir despacio, respiraba hondo y la metía, yo movía mi cadera, ¡el seguía empujándomela hasta el fondo!

    Termino empujándome hasta que quede boca abajo y el encima mío empujándose con fuerza y besándome la espalda, yo estaba gozando rico, no era lo máximo, pero hasta entonces me estaba cogiendo más rico que mi novio.

    Me apretaba los muslos, me acariciaba las nalgas, era más sutil a diferencia de mi novio que solo la metía y ya, el me acariciaba, besaba y se movía rico.

    K: ¡Que rico, uhm, ah!

    S: ¡Ah, esto es un sueño, ah!!

    Me acostó en la cama y me cogía de misionero, se empujaba rico, me besaba el cuello y mie tetas, le arañaba la espalda, le mordía los hombros, le apretaba el cabello, ¡mientras que el me levantaba las piernas y me cogía de patitas al hombro!

    K: ¡Que rico, uhm, que rico, ah, ah!

    S: ¿Te gusta hermosa?

    K. Si, métela, uhm, métela rico!

    S: ¡Eres la mejor nena, uhm, toma, toma mi verga!

    K: ¡Si!! ¡Que rica, que rica verga!

    Nos movíamos juntos, él se dejaba caer rozando mi clítoris, me tomaba las nalgas y se empujaba con fuerza, yo lo abrazaba con mis piernas, me movía en círculos, me besaba los pies y pantorrillas, sudábamos, estábamos disfrutando del momento.

    S: ¡Si!! ah, que rico, ah!

    K: ¡Sergio!! Cógeme, cógeme rico!

    S: ¡Bebe me vengo, me vengo!

    K: Ah, sácala, saca tu lechita, ¡uhm!

    ¡Era irresponsable lo sé, pero quería sentirlo dentro, no quería que parara y la sacra quería sentir un rico orgasmo con leche incluida!

    K: ¡Ah que rico, que rico!

    S: ¡Ah, toma nena, ah, toma mi leche, ah!!

    Parecía una manguera, su pene expulsaba litro y litros de semen, el orgasmo fue fenomenal, el mejor orgasmo hasta ese día, nada que ver con quedarme a medias, ¡ese feo joven me había cogido riquísimo!

    Reposamos y después volvimos a coger, no con la misma intensidad, pero igual de rico, de hecho, nuevamente se vino dentro de mí,

    Me llevo casi al amanecer a mi casa, mi madre me esperaba y después de un sermón me dejo ir a dormir.

    Unos meses después estaba embarazada, el dilema era que no sabía de quien era si de Sergio o de mi novio, todo era confuso, me había metido en un problema, de puta no me bajaban y aunque ya era mayor de edad, para la gente de mi familia era lo peor que pude haber hecho.

    Cuando Sergio se enteró, dio la cara y aceptaba hacerse cargo del bebe, pero yo lo destroce le dije que se fuera, que ni loca con él, y así señores decidí estar con el otro que solo meses después me dejo en un cuarto a mi suerte, desde ahí comenzaron muchos problemas que me persiguen hasta hoy.

    Kali

  • La cita

    La cita

    Me llamo Sofía, casada, 26 años, pelo largo castaño, 1,54 m. algo menuda, y 82 cm. de busto, hace 3 años que contraje matrimonio, soy profesional y mi esposo también, nuestro confort de vida es muy bueno, pero a pesar de eso a veces tengo la necesidad de algo más, admito que soy algo caprichosa en determinadas ocasiones, y que termino haciendo mi objetivo, y muchas veces cede mi esposo, ante mis requerimientos.

    Todo se inició de una manera casual, un día me surgió en Facebook, un hombre llamado Manuel R. de Salta, con un léxico bastante escueto, pero a pesar de eso su narrativa era interesante, en donde su experiencia sexual era muy amplia, donde había practicado todo tipo de encuentros, algo me incito a seguir en contacto, e interesarme por su vida personal fundamentalmente en lo sexual, la que según me explicaba era muy activa y variada. Poco a poco me fue contando cosas de sus relaciones, que si bien me chocaron en un principio, terminaron alterando mis hormonas, que por una cuestión de respeto a esta persona, no las mencionaré.

    Nuestro correo se fue intensificando, hasta llegar a enviarnos fotos, en un principio familiar y por ultimo de nuestros cuerpos desnudos, quedando totalmente impactada por su verga erecta, de la que verdaderamente me atraía, adulando en cada oportunidad que le escribía. En varias oportunidades hice referencia a su aparato, que por supuesto me decía que me lo depositaria en cada una de mis aberturas. Respondiendo que me encantaría, hasta le comente que una tarde, me había desnudado y mientras miraba su foto, me la imaginaba dentro de mí y una serie de fantasías. Deba aclarar que no era de hacer este tipo de comentarios con un hombre, o de haberlos hecho eran más «light».

    El me decía que le encantaría romperme el culo, respondiéndole que me entregaría sin chistar, y así fuimos manteniendo nuestra comunicación. Sabía que eso acabaría en cualquier momento, ya que las cosas se iban reiterando y mermando nuestro envió de correos. Hasta que un día, me comunica que viajaría a Buenos Aires por un tema de trabajo, que nos podíamos encontrar, conocernos y por qué no practicar algunas de las cosas que nos decíamos.

    Si bien me era muy factible viajar, a pesar de estar casada, fue que esa fantasía que mantenía, se me hacía realidad, y como se dice » Del dicho al hecho hay un buen trecho», pero realmente di un paso al costado, admito que me asusto la idea.

    Le conteste que me era imposible, que me encantaría etc., etc., etc.

    Lo sintió mucho que podría quedar para otra ocasión, esa proposición me llevo nuevamente a hacerme fantasías con este buen hombre, volviendo a reiniciarse la comunicación.

    Si bien mi matrimonio lo sentía algo monótono, y nuestra relación matrimonial no estaba demasiado bien, sentía la necesidad de tener algo, una aventura, hacerme un regalillo personal. Pero lo que estaba a mi alcanza era este medio, por consiguiente continúe comentando de su aparato, al punto de realmente desearlo.

    Hasta que después de otro periodo de comunicación, creo que fue como un desafío a mi misma, le escribo que tenía que viajar a Buenos Aires, si le gustaría que nos encontrásemos, sabía que era todo parte de mi imaginación, pero a pesar de no estar demasiada convencida, seguí insistiendo, pero en el fondo deseaba que dijese que NO.

    Días más tarde recibo un mail, aceptando mi propuesta, no lo esperaba, pero a pesar de eso le conteste que en un par de semanas viajaría, y que tendría que ser un viernes por la mañana, nuestro encuentro. No sé si estaba convencida, de esta locura, pero lo hice como empujándome a una descabellada aventura. Le dije a mi esposo que tendría que viajar por unos trámites, que en parte eran verdad, y que podíamos aprovechar ese fin de semana en Buenos Aires, le propuse eso con la intención de tener una excusa con Manuel y dejar sin efecto la cita.

    El tema que los días pasaron, yo viaje un día antes por el trámite, hospedando en un lugar cerca del encuentro. Estaba bastante nerviosa, sin saber realmente que hacer, buscar una excusa, apropiada y suspenderlo, pero recibí un mail de Manuel diciéndome que estaba ya en la terminal para ir a Buenos Aires.

    Prácticamente esa noche, dormí mal, dándome vueltas en la cabeza, que hacer, ese «juego» fue demasiado lejos, pero a la mañana siguiente llegaba, así que opte por ver qué pasaba.

    Así que me puse un vestido simple, dirigiéndome al lugar de mala gana. Cuando lo vi, sentí un escalofrío, no porque fuese feo, era un tipo algo fornido, alto, que me llevaba casi una cabeza, no me había imaginado que existía esa diferencia, aunque a pesar de ser una persona algo rudimentaria, era muy cálido, posiblemente su vestimenta no concordaba con mi gusto, pero no era motivos, como para irme. Me invito a desayunar, y aunque ya lo había hecho acepte, gustosa. Hablamos bastante, más que nada sobre los mail que nos enviábamos, que cuando mencionaba sobre el tema de sexo, me cohibía un poco, desviando la conversación, me era bastante difícil hablar como cuando le mandaba los mails. Me sentía a gusto platicar con él, pero creo que le daba más conversación, para ir dilatando el «encuentro» posterior.

    Por supuesto que después de casi 2 horas, me pregunta:

    «Quieres ir a alguna parte en especial»

    Era obvio, a que se referiría de ir a algún lugar para concretar las relaciones físicas, por supuesto que era el pasa siguiente.

    » No sé, que me propones?» le pregunto.

    «Te parece ir a mi hotel?»

    No era fácil «romper el hielo», en otra ciudad, con alguien que si bien habíamos tenido comunicación por más de 6 meses, acababa de conocer personalmente, además había una diferencia, respeto al nivel social, sumado a que jamás había engañado a mi esposo, se me hacía bastante difícil la situación, que de alguna manera la había fomentado, aceptando y hasta invitarlo a llegar a esta situación. Creo que para no desilusionarlo, ya que había insistido en su viaje, solo debía de decir «si», aunque sabía que más que nada, no me animaba a decir «Me voy», teniendo que aceptar el desenlace final, algo que estaba implícito en ese encuentro, todo como consecuencia de haberme entusiasmado de su verga, estoy en esta encrucijada.

    Me tomo del brazo, y le dije que prefería que fuésemos sin tocarnos, por si cruzaba algún conocido. Mientras caminábamos, pensaba, la hago rápido, le digo que me voy a buscar la maleta y desaparezco, pero mientras mi mente continuaba buscaba otra vía de escape. Caminamos, en donde hable poco, durante el trayecto, hasta que arribamos al hotel, de una categoría de «2 estrellas».

    Llegamos a la habitación de Manuel, era algo deprimente, chico y con una cama doble, una lámpara que apenas iluminaba, mi expresión en la cara delato mi desagrado, porque me dice:

    «Pasa algo, Sofí?, mientras traba la puerta.

    «No, no, todo bien?» le respondo, pensando que ya estaba atrapada.

    Le pido de ir al baño, donde una vez ahí, no se me quitaban los deseos de huir del lugar, no sé qué me sucedía, pero me sentía mal, arrepentida de estar en ese sitio, de esa propuesta, de tener ese encuentro, era posible que después de unos días de conocernos, podría llegar a tener relaciones. Mientras mi mente vagaba, para lograr encontrar una pronta solución, oigo golpear la puerta.

    «Te pasa algo?» me pregunta

    “No, todo bien, gracias»

    Así que comencé a quitarme el vestido y los zapatos, hasta que decidí salir solo en ropa interior hacia la habitación, me acosté, tapando hasta el cuello con la sabana.

    Mientras Manuel en bóxer, con su bulto bien visible, que no puedo negar que algo me altero, volviéndome a repetir «Realmente, te ocurre algo», inmediatamente respondo que no.

    Se metió en la cama, quitándose su única prenda, notando perfectamente su erección, permanecimos quietos sin hablar durante varios minutos, hasta que me dice «Sofí, si quieres irte, lo puedes hacer, no quiero forzarte a algo que no deseas»

    «No, Manuel está todo bien» le repito, permaneciendo callados nuevamente, era más que obvio, mi poco interés en tener un contacto físico. En ese ínterin trató de besarme, que por supuesto evité, no me animaba a irme, tenía miedo, hubo varias intenciones por su parte a las que continuaba rechazando, notando que se estaba poniendo algo molesto.

    Volvió a preguntarme, que me sucedía, repetí lo mismo, hasta que después de unos minutos, repentinamente, me destapa violentamente, levantando mi sostén, haciendo aflorar mis tetas, que manotea bastante irritado, a la vez que me arranca las bragas.

    Me quedé petrificada ante esa actitud, que reconocí después, que de alguna manera era la provocadora de esa reacción, haciéndome abrir bien mis piernas, para montarme, fregando su glande en mi abertura vaginal, que sin darme tiempo a nada, la penetro con tenacidad, mientras apresaba con su mano mis muñecas sobre mi cabeza.

    Sentí su verga friccionar las paredes de mi vulva, doliendo por su tamaño y el ímpetu con que lo realizaba, agitando mis tetas al compás de cada una de sus embestidas, tenía miedo y ganas de llorar, pero me mantuve lo más integra posible, tratando de disimular mis emociones.

    Su bombeo fue prolongado, sabía que me estaba violentando, pero tampoco hice nada para impedirlo, por temor o porque lo merecía, no sé bien, hasta que sentí su cálida eyaculación, manteniendo su aparato metido, como en señal de dominación.

    Se vuelca sobre la cama y me dijo:

    “Sofí, disculpa mi arrebato, puedes irte si lo deseas», tomé mi ropa interior, e intentando taparme con mis manos me dirigí al baño, cuando quise ponerme las bragas note que estaban rotas, así que las tiré, acomodando mi sostén y poniéndome el vestido y los zapatos. Al salir me despedí de Manuel, no lo odiaba por lo que hizo, si bien estaba irritada, y no tenía dudas que mi comportamiento infantil fue producto de su arrebato, me sentía un poco culpable de haberle producido ese desenlace.

    Camino a mi hotel, pensaba en lo ocurrido, era la primera vez que engañaba a mi esposo, con un hombre que conocía hacia unas escasas horas, en donde el gran contacto lo había hecho por mail. Pero estaba molesta conmigo misma, por haber actuado como una estúpida chiquilla, para que sucediese eso, ocurriendo lo que me paso. De lo que tengo que reconocer, fue que esa «trasgresión» me había sacudido interiormente, al punto de no sentir odio, a quien me lo hizo, (que lo percate más adelante).

    Llegué al hotel, fui a mi habitación, sin saber que iba a hacer, recordé de que mi esposo vendría ese fin de semana, lo llamé, para confirmarlo, me contestó que no podía hacerlo, así que le dije que tenía que quedarme hasta el lunes, porque no había terminado con el trámite, me dio la sensación que no le importó demasiado que me quedara, eso me cayó bastante mal, dejándome llevar por la intuición.

    Me bañé y cambié de ropa, y salí a caminar sin rumbo fijo, lo hice durante casi dos horas, pensando que hacer, continuaba molesta contra mí misma, regresando al hotel, desde mi habitación conseguí el teléfono donde se hospedaba Manuel, lo llamé, pero no estaba, estaba fastidiosa siempre había sido algo caprichosa, y me fastidiaba no encontrarlo, así lo repetí varias veces, hasta que me dijeron que estaba en su habitación, le dije que no lo molestaran, que iría para allá.

    Así que armé mi maleta, pagué la habitación, dirigiéndome al hotel donde se hospedaba Manuel, aceptando todo lo que podría sugerir, pero no tengo dudas que lo de mi esposo, fue lo que hizo tomar esta decisión, era como que ya, no me importara nada, tenía que saber que sucedería, si forzaba el destino. Golpee en su puerta, bastante nerviosa, al abrirla me miro sorprendido, pero esbozo una sonrisa, como diciendo «sabía que regresarías».

    Cerró la puerta me hizo colocar la maleta sobre la cama, para comenzar a desvestirme, mis nervios, hacían alterar mi respiración, mientras mis prendas eran despojadas lentamente de mi cuerpo, quedando solo con mis bragas, que previo a ser quitada, saco los zapatos, el reloj, el collar, anillos, aros, una gomita que contenía mi pelo, hasta la pulsera que tenía en el tobillo, como una especie de posible castigo.

    Hasta que por último deslizó mis bragas, observando mi cuerpo descaradamente, acariciando mis tetas y tocándome mis nalgas, me sentí incomoda, y despojada totalmente, quedando sola con mi piel, ante los ojos de Manuel, que no dejaba de observarme, como si tendría que tomar una decisión sobre mí. Hoy recuerdo ese momento y no me caben dudas de que deseaba ser humillada, como pidiendo disculpas, a este hombre, que empezaba a ejercer un dominio sobre mi persona.

    Quise decir algo, pero coloco su índice en sus labios, en señal de silencio, besando mis labios, permaneciendo quieta, resignada a lo que este hombre estaba dispuesto a imponerme.

    Pronto él hizo lo mismo, se quitó su ropa, hasta que vi su verga erecta, parado frente a mí, a la espera de ser saboreada, me tomo de los hombros hasta hacerme arrodillar quedando mi cara frente a su sexo. Hacer eso, redimiría mi negativa de la mañana, me contuve un momento, hasta que comencé a lamerlo en toda su extensión, besándolo simultáneamente, lamiendo su glande y chupando sus testículos, era su devota sierva adorando su falo con mi boca, llegando a aumentar mi placer minuto a minuto.

    Hasta que mi boca lo fue digiriendo, introduciéndolo todo lo que podía, mamando con pasión, ni a mi esposo lo había tratado de esta manera, lo hacía lentamente con la intensión de complacer a mi nuevo «macho» . Trate de levantarme, para que realmente me «cogiese», estaba bastante alterada, pero volvió a tomar mis hombros para que me bajase y continuara con mi «labor».

    Prolongue mi trabajo con total pasión, hasta que al percibir ciertas convulsiones, supuse que estaba por acabar, intente quitar mi boca, pero sus manos se apoyaron en mi rostro impidiendo mi intensión. No tardé en saborear su cálida esperma en mi cavidad bucal, al ser invadida por una serie de chorros, que a pesar de salirse por la comisura de mis labios, trague gran parte, descubriendo un sabor como a castañas.

    El tener su miembro en mi boca, mi posición de estar arrodillada, como adorando, frente a ese hombre, que de manera sumisa, acataba su deseo, me habían llevado a un estado de excitación, sabía que tardaría un rato en volver a tener una erección, pero a pesar de eso, trate de activarlo, de manera desesperada lamia todo su aparato reproductor, sin lograrlo inmediatamente.

    “Estas muy caliente. Sofí?» me pregunta de una manera algo sarcástica.

    “Si Manuel, mucho, haz lo que quieras, pero aplaca mi necesidad»

    “Bien, mastúrbate, lo has hecho mirando mis fotos, pues acá presente te será más excitante»

    «Pero preferiría que me lo hagas tu»

    «No, tírate sobre la cama y muéstrame»

    “Pero, nunca lo he hecho frente a alguien»

    «Siempre hay una primera vez para todo»

    Jamás había sido ordenada para efectuar algún acto sexual que no estuviese de acuerdo, pero con este hombre comencé a aceptar sus órdenes, con otro, es seguro que me habría ido totalmente ofendida, pero no pude revelarme, así que me tire sobre la cama comenzando a tocarme, mientras Manuel disfrutaba del espectáculo que le ofrecía, que no tardé en apreciar una satisfacción saber que gozaban tanto como yo.

    Nadie me había vista masturbarme y este hombre en escasas horas, me iba llevando a una degradación, aceptando sin chistar esos mandatos. Así que continúe tocándome, tocando mis pezones, friccionando mi clítoris, metiendo mis dedos en mi vagina, alterando cada parte de mis sensibles zonas, hasta lograr evacuar un poderoso orgasmo, con mi respiración agitada, me abrí bien de piernas mostrándole mi sexo, mientras recuperaba energías.

    No puedo negar, que sentí pudor por lo que había hecho, pero por otra parte estaba aceptando esa dominación, que ejercía Manuel sobre mi persona, cuando me dice:

    «Chúpate, tus dedos, mi amor»

    Admito que sentí algo de vergüenza, aunque lo hice, no tuve dudas que estaba intentando domarme, o por lo menos hacer sentir su dominio, efectuando como un «castigo», por mi anterior actuación. Aunque apenas nos habíamos visto, su forma de ser, parecía más cordial o bonachona, pero autoritaria, haciéndome modificar mi rumbo, como clavando las espuelas para poder tener autoridad sobre mí.

    No entendía cómo podía ser tan tonta, pero apenas termine, me quede tendida en la cama, me toco bastante, como si fuese un objeto cualquiera, nuevamente, pensé en irme, aunque no tomaba la iniciativa, cuando me dijo que me vistiese.

    Lo hice, mientras miraba esa deprimente habitación, quería salir de ahí, y se me ocurrió comentarle de ir a otro hotel, que podría quedarme hasta el domingo o lunes sin problemas.

    «No puedo pagar uno más caro» me dice.

    «No te preocupes, yo lo hago» le contesto

    «No puedo permitir eso» me reitera

    «Vamos Manuel no seas terco, yo pongo la diferencia, te parece, estaremos más cómodos. Además si decides quedarte, me voy y si nos cambiamos, haremos lo que nos plazca o te plazca, no pondré peros? lo dije en un tono definitorio.

    “Está bien, está bien» responde

    Apenas nos instalamos en el nuevo hotel, mucho más confortable y además céntrico, me dice

    “Estas acostumbrada a hacer lo que quieres, aunque después puedes llegar a arrepentirte»

    «La verdad que si, estaba arrepentida al principio, ya no»

    Lo mire sorprendida, como en tan escaso tiempo empezaba a conocerme.

    «Tienes razón Manuel, te diré algo además, es la primera vez que engaño a mi esposo, sé que eso te debe enorgullecer, ser el primero, supongo?»

    «No, para nada, me enorgullece haber conquistado a una belleza como ti” me dice, mientras comienza a levantar mi pollera, bajando mis bragas, para alzarme, rodeándolo con mis piernas, mientras su verga estaba lista para incrustarla en lo más profundo de mi útero, se había roto el hielo. Su falo sacudía mi interior, produciendo algo de dolor, pero un goce único, me aferre a su cuerpo, mientras me abrazaba fuertemente, sin dejar de embestir contra mi sexo. No creía que podría gustarme tanto, mi cuerpo vibraba, ante sus locas embestidas, mi boca se prendió a la suya para entrelazar nuestras lenguas, mientras mi delgado cuerpo se cobijaba en el suyo, disfrutando de su aparato que se introducía en mi intimidad, por segunda vez.

    Cuando sentí sus flujos en mi interior, un fuerte orgasmo sacudió mi cuerpo, abrazándolo con fuerza, gimiendo como una gata en celo, que a pesar de haber acaso, continuo bombeando hasta llevarme a un segundo orgasmo. Nunca había sentido algo similar, apenas me bajo, aprese su verga para chuparla ávidamente, desgastando esa mezcla de flujos que lo cubría.

    Después de eso me sentí más relajada, nos duchamos y salimos para cenar, regresando al hotel como a las dos horas.

    Esta vez me hizo quedar en ropa interior, previa quitar todos mis adminículos personales, era como limpiar mi cuerpo de objetos extraños me encantaba que me llevase a su mundo sexual, algo violento, salvaje, autoritario y muy machista. Después de obedecer su pedido, me ato con mis medias al respaldo de la cama, tocando mi cuerpo lentamente, comenzando a alterarse por ese contacto lento y superficial, ese leve contacto.

    Desplazo mi sostén para succionar mis pezones, que por supuesto estaban erectos, mordisqueando con algo de saña, creando un tiempo entre uno y otro, mi corazón se iba acelerando, tras cada minuto que sucedía. Así continuo, hasta quitar el corpiño, para chupar fuertemente de mis tetas. Me estaba enardeciendo de una forma muy eficiente, cuando sentí desplazar mis bragas, y sus dedos pasarlos por lentitud por mi raja, que sentía supurar mis jugos.

    Su dedo índice, húmedo como consecuencia de su toqueteo vaginal, fue a aparar a mi boca, para saborear por vez primera mis propios flujos, hasta que se detuvo.

    Dada mi calentura le digo:

    «Sigue por favor»

    «Si hablas nuevamente, te amordazo» en un tono algo autoritario.

    Así que volví a hablar, cumpliendo con su amenaza,

    Manuel solo contaba con su bóxer puesto, por supuesto se notaba su volumen, mi mente pensaba en el momento final, que era eso lo que más me excitaba, mientras que mi clítoris era alterado constantemente, gesticulaba como para indicar mi estado, y que acelerase los pasos. Pero haciendo caso omiso mantuvo ese ritmo, lento y conciso, disfrutando de mi alteración.

    Cuando oprimía fuertemente mis pezones, no podía de mar de gemir, o intentarlo, hasta que su boca la apoyo en mi sexo, comenzando a oprimir con su lengua mi clítoris, rozando con sus dedos el borde de mi esfínter.

    Deseaba venirme, pero prefería que mi introducirse su herramienta tal viril, pero mantuvo esa misma tesitura, hasta que sus dedos se introdujeron en mi cavidad vaginal, moviéndolos con total destreza hasta llevarme a un nuevo orgasmo, introduciendo su verga para bombearme hasta hacerme acabar nuevamente simultáneamente con su eyaculación.

    Si bien teníamos una actividad sexual bastante continua, no me cabían dudas de la vitalidad de Manuel, a pesar de sus 50 años, me relataba ciertos de sus encuentros con otras mujeres, contando determinados momentos, que para mi eran novedosos y en algunos casos muy «morbosos», a pesar de haber tenido bastante sexo con mi esposo y otras parejas anteriores, esta hombre me transportaba, hacia lo que quería, habiéndome negado con otros a efectuar determinadas posiciones o lugares a penetrarme, el cansancio y lo tarde que era me dormí de inmediato, no llegando a ponerme ninguna prenda, algo no habitual en mi.

    Ya era sábado, cerca de las 10 am, me desperté, con ganas de orinar, pase por encima de Manuel, en parte para despertarlo e ir al baño, que apenas abrió los ojos me tomo de la cintura quedando a caballito sobre él. Nos besamos dándonos los Buenos Días, y ya su erecta verga lista a volver a penetrarme.

    «Espera Manuel que vaya al toilette»

    Haciendo caso omiso ya la tenía entre mis piernas, montada sobre el, comenzó a moverse, sintiendo hasta lo más profundo de mi útero.

    “Espera que vaya al baño, me vas a hacer orinar»

    «Hazlo» me dice, continuando más aprisa con sus movimientos, no solo me estaba excitando, sino que mi necesidad de expulsar mi orín era eminente.

    Trate de soportar esa necesidad, pero con el calor de esa acción, comencé a convulsionarme, y en el momento de estar por acabar, mi orín bañó, el abdomen de Manuel, que sumado al orgasmo que tenía, me dio ganas de continuar evacuando mis líquidos, me abrace a Manuel, mientras eyaculaba mi interior, produciendo un chiquero en la cama, que bastante avergonzada traté de salirme, aunque mi hombre lo impidió revolcándonos en ese líquido dorado, sumando ese momento, a otra nueva experiencia.

    Por supuesto que después de tener ese loco momento de sexo, desayunamos muy bien, para reponer nuestro desgaste físico. Salimos, regresamos como a las 15 pm, reiteramos sexo, dormimos y planificamos ir al cine por la noche. La función comenzaba a las 7:30 pm, y había algo de gente, por lo general la mayoría, concurre al horario de las 10 pm.

    Buscamos una ubicación algo atrás (pues no me gusta demasiado adelante, que me produce problemas en la vista), al cabo de un rato, vimos que la película no creaba demasiado interés, hasta ver que había gente que se levantaba y se iba. En un momento dado me dice:

    «Sácate los calzones»

    «Estás loco, Manuel»

    «Vamos no me lo hagas repetir»

    Riéndome de su ocurrencia, termine haciendo lo que me pide, me parecía algo «travieso», además me empezaba a gustar esa clase de «sorpresas» después de hacerlo esperar un rato, me los saco, mostrándoselo, pero me lo quita y se lo guarda en el bolsillo.

    «Estúpido» le digo en tono de broma, que no dejo de producirme una excitación.

    «Levántate la pollera»

    «Pero Manuel, eso no»

    «Vamos no me obligues»

    Ese juego me empezaba a alterar, era algo nuevo para mí, así que me la levante, quedando entre mis ingles

    “Abre más»

    «No puedo»

    «Levántala más»

    Lo hice quedando la totalidad de mis piernas al descubierto, me excitaba eso, saber que alguien podía verme, mientras pensaba en esa locura, su mano, se dirigió a mi vagina.

    «Estas toda mojada, eres tan puta», calificativo que mucho no me agrada, pero lo sentí como un halago de la persona que lo decía.

    Creo que uno de los espectadores lo oyó, pero no me importo, y menos cuando sus gruesos dedos comenzaron a escarbar en mi sexo, inconscientemente fui levantando la pollera que era algo estrecha, hasta dejarla casi en mi cintura, permitiéndome abrir más mis piernas, mientras las extremidades de su mano, me iba penetrando, rozando mi clítoris de una manera habilísima. Ese roce y parte de penetración, me fue transportando en un estado de estimulación, que no me interesaba si alguien me observaba, siguió sin pausa, hasta que logro sacarme unos gemidos propios de tener un orgasmo, dándose vuelta un espectador.

    Cuando finalizo la película, me levante sabiendo que carecía de mis bragas, me causo gracia, algo nuevo que me sucedía, además sabía que eso estimulaba a Manuel. Fuimos a un restaurante, donde tuve que mantener mis piernas bien cerradas para evitar que alguien llegase a ver mi vagina.

    Regresamos al hotel cerca de la medianoche, una vez en la habitación, empecé a provocar a Manuel, que no tardo en ponerse a tono, iniciando ese juego de decir, «Te voy a castigar, porque eres una chica mala», mientras me sienta en la cama, para acariciar mis muslos, fundamentalmente mi entrepierna sintiendo como se activaba mi clítoris. Flirteaba en la zona, a escasa distancia de mis labios mayores, eso me creaba una ansiedad, me fui quitando el resto de mi vestimenta, mientras Manuel continuaba, jugueteando ese lugar, rozando con su dedo mi vestíbulo vaginal, gimiendo suavemente ante ese constante contacto.

    Comprimió mis pezones intensamente, producto de ese acoso a mi sexo, que comienza a humedecer la zona alterada, cuando su lengua en círculos va bordeando mis abultados labios, mientras mis manos se aferran al borde de la cama. Manuel no me da respiro, alterando cada vez más mi cuerpo, al sentir sus dos dedos entrar en mi útero, oprimiendo hacia afuera la parte superior de mi abertura, activando más mi sensible clítoris, llegando a arquear con desesperación, mi cuerpo convulsionado.

    Cuando su lengua se acercó a mi clítoris, y sus gruesas falanges humedecidas se fueron incrustando en mi ano, mis gemidos se fueron acrecentando, gritando como consecuencias de esos espasmos que me provocaba, mientras sus dedos oprimían mi recto. Sin quitarlos de mi conducto se acercó para besar mis labios, y en un estado de total paroxismo le digo: «Haz lo que quieras»

    «Lo que quiera?» me contesta

    «Si, lo que quieras?

    Termino de desnudarse, me giro en la cama, quedando boca abajo, coloco un almohadón en mi abdomen, elevando mi culto, mientras separaba mis glúteos, supongo que observando mi ano, hasta que incrusta nuevamente sus dedos en mi recto, mientras acariciaba mi espalda, y después de moverlos varias veces en mi interior, los retira para sentir algo al instante en la puerta de mi esfínter. Sabía lo que se avecinaba, era algo que siempre he tratado de evitar, pero a pesar del temor que me producía, opte por arriesgarme, sentí que debería complacer a Manuel, que era uno de los lugares que más le apetecía.

    Cuando su glande lo apoyo en mi cavidad, tratando de introducirlo levemente, haciéndome gemir, con algo de dolor, pero continúe boca abajo, aceptando lo que se venía. Un nuevo empujón hizo introducir algo más de su verga, acompañado de otra exclamación de dolor, permaneciendo quieta a la espera de otro mayor acceso, mientras Manuel continuaba con su labor aparentemente sin importarle mi posible sufrimiento, aunque creo que a los hombres les excita saber que duele, pero suponen que estamos gozando también, mi pobre culto redondo y paradito estaba siendo marchitado.

    Sentí sus manos en mi cintura, como preparándome para el toque final, cuando un fuerte empujón, hizo completar la entrada de su verga en mi recinto, donde no pude contener un grito mayor, y comencé a sollozar, mientras las palpitaciones de ese falo eran percibidas a través de mi conducto renal.

    En ese instante Manuel me dice

    «Quieres que la saque?, no quisiera lastimarte»

    «No Manuel, sé que me lo querías hacer, sigue, no te detengas, soy todo tuya.» palabras que nunca pensaba expresarlas en mi vida.

    Beso y acaricio mi espalda, como preparándome para la etapa final, me tomo de la cintura, acodo bien adentro su falo, esperando que su acomodara a esa nueva funda, y sin darme respiro comenzó a bombearme, sintiendo el roce de su verga sobre la membrana renal, que parecía que me partiría, golpeando sus testículos en mis nalgas. Su bombeo fue prolongado, sintiendo que me succionaba mis entrañas, cuando lo quitaba, y me hundía mis órganos al introducirla.

    Gemía de dolor pero a su vez me gustaba ese trato, ese dominio, realmente no se bien cómo explicarlo, ese poder que ejercía sobre mí, permitiendo alterar mi cuerpo a costa de mi sufrimiento, para que este hombre prácticamente desconocido, aplacase su deseo sexual con mi cuerpo, o más bien con mi recto.

    Después de una serie de fuertes y continuas embestidas, nuevamente sus flujos fueron depositados en el interior de mi conducto trasero, Cuando saco su verga, me puse a llorar, no sé porque realmente, supongo que la tensión, me abrazo fuertemente, mientras besaba mi cara, acurrucando mi cuerpo contra el suyo como pidiendo amparo.

    Pensaran que fui una estúpida al dejarlo tener sexo anal, con esa considerable herramienta, en la que solo tuve sufrimiento, pero sin un orgasmo, a pesar de mi calentura, puede ser, pero me gusto, entregarle esa parte de mis conductos, y lo seguirían repitiendo cuantas veces me lo pidiese.

    Bueno el resto del domingo tuvimos sexo, en donde practicamos una serie de posiciones que si bien las conocía, nunca las había practicado, aunque permanecimos más desnudos que vestidos, el lunes por la mañana, nos despertamos cerca de la 7 am, al mediodía nos separábamos para regresar a nuestras correspondientes ciudades.

    El ardor de mi culo se había disipado, así que le pregunte:

    «Manuel, tengo algo que decirte, si bien no fue un comienzo bueno, lo que continuo me encanto, haz ejercido una supremacía que me ha encantado, y creo que seguiría aceptando cada nueva proposición que me pidas, quería que lo sepas antes de separarnos»

    «Tú también, Sofí, has sido una hembra excepcional»

    Mientras me besaba, acariciando mi cuerpo, tocando mi sexo, alterando mi ser ante cada minuto que iba transcurriendo, me deje llevar a la vez de tocarle su miembro, me giro suavemente, acariciando mis sentaderas, hasta que jugueteó con mi ano, que aún estaba algo irritado por esa penetración tan activa. No tenía pensado volver a tener ese tipo de contacto, pero lo único que dije fue:

    “Por favor tengo cuidado» en parte esa frase fue como que le daba autorización a ser transgredida por ese lugar.

    Cuando sus dedos comenzaron a urgir ese sector tan delicado, abriendo mis cachetes dejando al descubierto mi ano.

    Si bien aún me dolía no hice demasiado para impedirlo, solo trate tímidamente de disuadir, aunque Manuel no estaba dispuesto a continuar, así que opte a mamar bien su verga, como para lubricarla con mi saliva, cuando al cabo de un par de minutos me alzo, sentando sobre la mesa, mientras elevaba mis piernas, tomándome de mis glúteos, acercándome a su aparato, jugando con mi ano, hasta que lo puso, introduciéndolo lentamente pero sin pausa, sintiendo como se deslizaba, dentro de mi recto.

    Nos mirábamos, viendo su cara de satisfacción, por lo que estaba haciendo, hasta que sentí que la totalidad de su falo, dominaba mi interior.

    «Quieres que me masturbe?»

    «Si, hazlo»

    Sin quitar nuestras miradas de los ojos, comencé a tocarme, sintiendo el palpitar de su verga, en mi culo, mientras las yemas de mis dedos frotaban mis labios mayores. Todo fue lento, disfrutando esos últimos minutos, hasta que mi cuerpo comenzó a convulsionarse, senil suficiente para que Manuel, comenzara a agitar, entrando y saliendo de mi recto, a un ritmo acelerado, mientras mis dedos se apresuraban para llegar juntos al éxtasis.

    Comencé a gemir fuertemente, mientras mi «macho» no dejaba de bombearme, hasta que la explosión fue simultánea.

    Creo que jamás olvidare ese orgasmo, mezclado de dolor, de una pasión desmedida, cuando me alzo, abrazándolo con mis cuatro extremidades, dirigiéndonos a la ducha.

    Sentí mucha tristeza cuando nos despedimos, no sé cuándo volveríamos a encontrarnos, si es que, se llegase a concretar.

    Mes y medio después el test de embarazo, corroboró mi estado.

  • Marcia Daniela: Sin complejos

    Marcia Daniela: Sin complejos

    Desde un principio seré sincera, ya que no es de mi naturaleza la alternativa a lo primero. Tormentosos son mis momentos de soledad, actuales, de hecho; y más allá de haber contactado a tanta gente bella, desde todo punto de vista, en sitios de Encuentros y Contactos Amorosos, así también como en la gran mayoría de canales de “chat” que pululan por doquier, he mentido a todo el mundo. Digo “mentido” no en relación al “qué” sino, más precisamente, al “cómo” y “cuándo”. El “porqué” es la sombra que me acosa desde niña; mas, esto es otra cosa, y me lo guardo…

    Ocho son las elipsis de nuestro planeta alrededor de ese Sol que, de manera imaginaria, y de la mano de mi compañero de trabajo (del cual estaba enamorada), pude ver tan de cerca, cuyo resplandor se fundía con el placer más intenso que una mujer puede sentir en cada pulgada de su cuerpo, y que arrastra su libido hacia una agonía tan bella donde el sentido de las cosas más simples pierden su relatividad.

    Damián, un compañero de oficina, y del cual hace ya cinco oscuros y eternos años no tengo rastro alguno de su lugar en este Mundo, y ni siquiera en mi corazón, tristemente lo digo, fue quien me definió como persona, mujer y alma, tres aristas fundamentales en mi vida, particularmente. Una relación tan pura como “amigos”; y me detengo a subrayar este punto en cuestión por tratarse de una amistad sin condicionamientos de género desde un principio. Damián fue el hombre que, y es el hombre que hace que (y ya adentrándonos en el terreno de la carne) te definas por completo no sólo por lo que te decides ser, sino también para lo que viniste a este Mundo, sin ir más lejos, tu identidad de género.

    Los dos aspectos anteriormente expuestos se combinan, complementan y potencian mutuamente de una manera increíble, hecho por el cual, y citando una frase de una persona que una vez tuve el agrado de conocer, “las personas llegan a tu vida para dejarte una enseñanza”. Creo que mi alma es mucho más pura, diáfana, cristalina, gracias a Damián, mi, por entonces, verdadero gran amor…

    Casi una década, pasada ya, sin sentir las manos de un hombre rozar mi piel, acariciar mis cabellos; sin besarme. Sin sentirme deseada ni amada… Los últimos años han sido de dos caras, por “dibujarlos” de alguna manera, manera algo simple y vulgar, más honesta. Si bien la necesidad de “mover las mariposas” de mi estómago siempre estuvo, está y estará recorriendo cada célula de mi piel, me he visto en la necesidad, todo este tiempo de ayuno de amor, de “amarme” en solitario y proyectando mentalmente mis estímulos eróticos en personas, amantes, “almas gemelas”, todas, imaginarias. El onanismo es una práctica que nos ayuda a mantener viva esa llama que la Naturaleza nos “empuja”, indeclinablemente, a hacer, llama que en mi caso personal, ya está en total descontrol, sin poder encuadrarla dentro del paradigma moral, lejos de las aberraciones y perversiones, siendo éste último, el peor estadio del asunto.

    –“¡Ya no puedo evitarlo ni controlarlo!”, me dije hace unos meses. “¡Necesito sentirme la mujer o, rectificándome, una mujer…!

    La insensatez me condujo a algo que nunca imaginé posible de mi parte. En muchos entornos sociales, virtuales, obviamente, esta pulsión de sexo me envolvió por completo y publiqué en diversos medios mis ansias por conocer a una persona, sea cual fuere, y detallando todos mis anhelos, acotada mi historia de vida, mis preferencias, incluso mis “formas en que me cuerpo canaliza la energía que me embriaga cuando me enriendo sensualmente en las sábanas”. Fuera de sí, creo yo, fue mi accionar…

    No voy a mentir, cerca de tres mil candidatos desbordaron mi casilla de correo con fotos, detalles de “qué me harían” (la mayoría de las propuestas muy pasadas de tono, vulgares, muy “hardcore”, como lo llaman los adictos al contacto rudo y sucio, en mi opinión) Me desanimé. Me deprimí. No, esto, no lo quiero… Creo que bajaré la persiana y que los cuarenta me lleven a la castidad hasta el fin de mis días… No quiero esto…

    –“¿Hola? ¿Estás?”, es el mensaje que una noche me sorprende dentro del “chat” de mi sitio de correspondencia electrónica.

    –“Sí, hola… ¿Te conozco?”

    –“No creo, pero leí, por accidente, aunque no tanto así, tu aviso y, realmente, me interesó mucho; mas, no quise molestarte. Estimé que nunca me contestarías…”

    –“Sí, la verdad es que me dolió la contestación de muchos de los interesados, más allá de que este tipo de avisos no me agrada para nada, razón por la cual desistí de seguir “correteando” por estos medios…

    –“Sí, me imaginé…”

    Ese “imaginé” me hizo bien. Sentí que alguien me comprendía. Y… me animé a seguir la charla con Alejandro, el chico en cuestión…

    Nos contamos todo. De todo, las charlas, se trataban y comenzamos a construir una amistad basada en lo puro, lo ameno; las cosas sencillas, las cuales se habían desconectado desde hace tiempo… Y, sentí nuevamente ese “eso” que sentía por Damián, hecho que, al mismo tiempo me hacía daño; y si lo manifestaba a Alejandro, sería muy cruel de mi parte…

    Luego de dos meses de conocernos, Alejandro me propone citarnos, a lo que respondí de forma negativa.

    –“Ale’, no quiero saber nada con ningún vínculo emocional con nadie por el momento. Perdóname…”

    –“Te entiendo, Marcia… No quise presionarte…”

    –“Pero…”, agrego, “…lo del aviso publicado sigue en pie.” (En un momento sentí que yo era la que lo presionaba a él…)

    –“¡Me encantaría! Pero, como vos decís, sin compromisos…”

    –“Sin ningún tipo de compromisos…”

    –“Está bien…”

    Cierro mi notebook y empecé a temblar como una condenada. ¡No podía creer el punto al que había llegado! Pero esto era otra cosa… Nunca se me había ocurrido la idea de satisfacer mis “mariposas” sin ataduras ni emociones enredadas… Y dejé de tiritar de los nervios aunque, ahora mi cuerpo se envolvió en un aura erótica como jamás había experimentado antes. Estaba excitada al punto de largarme a llorar de la emoción y me ruboricé por completo.

    Pasaron los días, las pláticas mucho más íntimas con Alejandro se tornaron más descriptivas y “calientes”, como muchos las llaman (por mi parte, nunca me gusta lo “calentón”, más bien mis inquietudes son algo más “eróticas”, “románticas”, “softcore”, citando, nuevamente, las nuevas terminologías).

    …y llegó el gran día… Acordamos que el encuentro sería en el local del negocio de mi padre, el cual cuenta con un pequeño departamento al fondo del mismo, lugar donde ultimaríamos lo acordado.

    Como narradora y autora de esta vivencia, detengo un momento la narrativa para describir un par de cuestiones que, hasta el momento, y como buen entretejido, merecen un lugar para “pintar el paisaje que sigue…”

    Alejandro es una persona que, si no se le pone los límites que impuse (algo que me costó bastante) hace que te enamores al instante… Decidimos reunirnos en el lugar sin intercambiar palabra alguna, en ningún momento… Sin saludos, comentarios, palabras soeces. Nada. Sólo nos apuntaríamos al placer de los cuerpos, nada más…

    Ya eran las nueve de la noche y sentía que se me salía el corazón, a pesar de que nos veríamos a las dos de la mañana. De más está decir que me tomé un baño con esencias, depilé todo mi cuerpo a la manera que yo aprendí de chica, o sea, siguiendo del “mapa capilar” (ya sabrán que en cada área del cuerpo brota el vello en diferentes direcciones). Sin embargo, esta vez tenía pensado usar algo que nunca se me había pasado por la cabeza ponerme de atuendo, un babydoll morado ultra-transparente y medias de encaje blancas (aunque esto último siempre me pareció de mujerzuela…) Igual, quise probar algo nuevo, ya que siempre fui sencilla…

    Estuve hasta la una de la mañana planchándome el cabello y maquillándome (la verdad, estaba bastante atractiva) Nunca me gustó hablar bien de mí, de ahí mi “bajo perfil”. En fin, estaba casi lista…

    El local comercial, que se encuentra delante de “la pieza”, cuenta con todo tipo de luces tipo dicroicas y tubos fluorescentes. En la hora que restaba (y habiéndome anticipado durante el día a comprarlas) llené el lugar de velas rojas, que marcaban un camino claro pero tenue, muy tenue, hasta la habitación “de mi sueño”…

    La cama ya estaba lista. Sábanas limpias y perfumadas. Varios sahumerios que ya estaban consumiéndose y que, todo el tiempo iba restaurándolos. La quietud del momento se quebró, de repente, al estruendoso, para mí, sonido del timbre de entrada… Supe en ese instante que toda esta narración llegaría a consumarse y temerosa, me senté en la cama, pensativa. Comencé a temblar ahora sí, de miedo… Dudas, inseguridad; y luego pánico se apoderó de mí…

    Nuevamente, timbre del portero… Me reincorporé, respiré profundamente, cerré mis ojos por un momento y me dije, “Marcia, Marcia Daniela soy yo. Alejandro te está esperando…”

    Durante todo el trayecto por el camino de velas hacia la puerta de entrada, sentí el miedo más grande que una persona puede experimentar en su vida… Por momentos mi cuerpo de enajenaba de mis sentidos. “Tengo miedo…”, me dije…

    Abrí la puerta y, ahí estaba él… No lo miré mucho. Lo tomé de la mano y lo hice pasar. Cerré la puerta, tomé su mano nuevamente y lo conduje por el sendero de cera ardiente hasta el lugar de nuestro lecho…

    Como ya habíamos acordado, ninguno de los dos musitó palabra alguna. No hubo contacto físico por unos instantes, excepto el de mi mano guiándolo hacia el lugar, la cual solté inmediatamente. Lo único que nos conectaba eran nuestras miradas… Penumbra, silencio… Nuestras respiraciones, algo aceleradas y ásperas era el único elemento que deleitaba nuestros oídos. Digo “deleitaba” porque no era el entrar y salir de aire del pulmón que respira, más bien, el de un crisol de emociones, excitación, miedo, ansiedad y temor… Alejandro no podía sacar su mirada de mis piernas (ya él, en contadas ocasiones, había halagado mis piernas: éstas eran mi foto de los avisos en las publicaciones…). Sentía sus ojos en mis muslos, justo en donde termina el encaje y la línea de patrón se corta dejando expuesto mis muslos desnudos, blancos y femeninos, recién depilados. Levantando la mirada, mis piernas iban aumentando en curvas y se perdían por debajo del babydoll; y lo tenue de la luz dejaba entrever mi monte de Venus, sin vello alguno, éste (mi pene y mis testículos, invisibles gracias a una pícara fullería que aprendí para esconderlos por completo); su rostro se perdía en mis pechos, pugnando con su impedida visión salvar la delgada tela de mi atuendo…. Llegó el momento de mirarnos a los ojos. Un momento inédito en mi vida…

    Él llevaba puesta una camisa blanca a cuadros y pantalones jeans… Zapatos de cuero. Estaba muy bien mozo. De pronto, algo despertó en mí, me acerqué a unos escasos centímetros de su rostro, llevé mis brazos por encima de sus hombros y lo besé como si de mi primer noviecito se tratase. Ese novio, primero, que te da la bienvenida al mundo de las “mariposas” (las que lo han vivido, entenderán la analogía). Nos besábamos apasionadamente, de esa única manera donde se confunde el amor y la lujuria, la amistad y la fraternidad; lo físico y lo mental.

    Nuestras lenguas se perdían en sendos cuerpos y nuestra respiración se elevó de tono, ritmo y volumen. Instintivamente, y, sinceramente sin darme cuenta, comencé a desabrocharle la camisa y ésta, al caer al piso, no pude evitar “comerme” sus pectorales y abdominales, estos bien definidos, mas no tanto. Me doy cuenta que él mismo se afloja el cinto de sus pantalones y, al darme cuenta de esto, ayudo a quitárselos. Mi cuerpo se llenaba de éxtasis cada segundo que corría. Comencé a sentir esa extraña sensación de cuando voy a vivir algo nuevo y excitante pero, a la vez, peligroso… Alejandro quedó sólo en slips y, aunque les parezca algo ordinario, noté que su pene en cualquier momento desgarraba la tela que lo retenía, la cual ayudé a quitarle y, en eso estaba cuando, al bajar la parte anterior del mismo, fui testigo de algo tan bello, sublime; único. ¡No podía creer lo que estaba viendo! Años, hacía ya, que no sentía, mi cuerpo, la sensación de estar a punto de estallar de placer. Siempre tuve en mente la imagen del pene perfecto y… el de Alejandro era mi sueño hecho realidad. Largo y grueso, blando pero firme, bien curvo y “para arriba”; una obra de Dios. Desafortunadamente nunca tuve el valor para el sexo oral, por lo que Alejandro se sintió algo, no sé si decir molesto pero, intuyo que era eso lo que esperaba él de mí.

    Sólo con miradas nos dábamos las indicaciones. Le señalé que se acostara en la cama, de lado (la cama estaba contra la pared, por lo que él tuvo que acostarse primero) y cuando hice lo mismo para quedar en posición de “cucharas” (que es la pose que a mí me vuelve loca), comencé a llorar de la emoción.

    Dado que ya habíamos platicado sobre no decirnos nada, ni para conocernos las voces, siquiera, comenzó a acariciar mi cuerpo, llevando su mano diestra a mi muslo derecho y acariciando la parte desnuda del mismo, mientras que, con suma sutileza, su mano izquierda se presentó por debajo de mi axila derecha para llegar a mi seno, el del corazón, comencé a volar de placer, a sentir las “mariposas” en mi plexo solar y a mi rostro llegaba el calor de la más intensa excitación, esa que se traduce en erotismo puro. Mis ojos se pusieron en blanco de tanta dicha, mi cadera se quebró de manera natural, mis pezones se tornaron de piedra y cuando mi ubre izquierda sintió las caricias de la mano de Alejandro, tronó en todo mi cuerpo el primer gran orgasmo hacinado de hace tantos años. Me sentí desfallecer. Era una fusión de felicidad, tristeza, llanto, alegría, lujuria y un sinfín de emociones, mucho para mi cuerpo, por entonces, tan fuera de estado, sentimentalmente hablando. Las oleadas de placer recorrían todo mi cuerpo, epicentro, mi plexo solar, y, nuevamente, comencé a llorar. Alejandro debe de haberse dado cuenta de mi hipersensibilidad, algo de lo que siempre le platiqué y creo que nunca llegó a creerme… hasta entonces…

    Procuramos no decirnos nada, en absoluto, tal cual nos lo habíamos pautado. Su cuerpo pegado al mío, cual cóncavo y convexo; femenino y masculino. Coincidencia perfecta. Mi mente flotaba, enajenada de este Mundo… Mi cuerpo se recuperaba paulatinamente, aunque no lo suficiente… La abstinencia de tantos años sin la emoción de la sensualidad hacia para otro ser debió ser re-aprendida en pequeñas dosis.

    Alejandro procuró mi bienestar todo el tiempo y esto, y aunque no lo quería, me enamoró. Giré mi cuello y comencé a besarlo como mi novio, mi amante. Mi esposo. Nuevamente resonaban nuestros alientos en la pobre acústica de la habitación y comenzamos a excitarnos de sobremanera. En eso estábamos cuando sentí que, y sólo con los besos, estaba encaminándome al cielo nuevamente; Alejandro comenzó a besarme con mucha pasión. Nuestras bocas iban de lado a lado. Inesperadamente, sus besuqueos se escurren entre mi nuca y mi oreja derechas, y comencé a gemir como una auténtica mujer:

    –“¡Ay, Alejandro. Ay, Alejandro…!”

    Mi amante desliza mi babydoll y se afana en besar y morder mi hombro derecho, bajando por el brazo, para luego dirigir su boca a mi seno. Giré un poco mi cuerpo hacia mi derecha para facilitarle la postura y así, y de la manera más tierna de la que hubiese podido esperar de un hombre, succiona mi pezón con un frenesí que me ocasionó el vértigo de placer más intenso de mi vida:

    –“¡Ale’… Ale’… A-a-aaahhh…!”

    Una catapulta de goce altamente erótico sobrevino a mi cuerpo mientras me retorcía por entre y sobre las sábanas, y cada ciclo de placer me llevaba a pegarme más a su cuerpo, tan varonil, y a la vez dulce, tierno; caballero…

    Fue en ese momento que me di cuenta de que se me había mojado la cola completamente. Sorpresiva respuesta por parte de mi cuerpo pero, y en ese momento pensé, “¡Qué sabia es la Naturaleza…!”. Ni bien terminé de reflexionar sobre esta inesperada reacción fisiológica (algo que, de veras, me sorprendió, lo repito…) cuando advierto el contacto de Alejandro sobre mi muslo derecho, justo por encima del encaje, contra la desnudez de mi pierna. Y cuando digo Alejandro, me refiero a su parte más íntima, y por mi parte, anhelada, durísima, caliente. Mi hombre comenzó a besarme con una insistencia típica del macho que quiere preñar a su hembra. Clavó su boca en mi cuello y al hacerlo, sus besos hicieron que mi cabeza se gire a un costado, y percibo cómo su pene, sin que ninguno de los dos interviniera, se deslizara por mi cola, todo de manera natural. Su glande púrpura y radiante se sentía caliente, duro como el acero, y mi mente, nuevamente, se enajena de mi cuerpo cuando éste, instintivamente, quiebra el ángulo de mi cadera una vez más, preparándose así para el coito. Alejandro, también dominado por sus hormonas, impele su falo contra mi pimpollo rosado y… es en ese momento que vuelvo en sí y lo detengo al instante…:

    –“¡No, Ale’, esperá! Estoy cerrada, amor…” (…me di cuenta de mi error por hablarle…)

    –“¿Y cómo hacemos? No traje nada para estas cosas…”

    –“No, no hace falta. De la misma excitación, la cola se me moja sola pero, yo te voy diciendo cómo quiero que lo hagas…”

    –“Bueno, mi amor…”

    De más está decir que ese “amor” terminó de definir mis sentimientos para con él; mas, no le insinué nada al respecto…

    –“Ale’, empujá un chiquito, un poquito más para arriba. A ver…”, y llevé mi mano hacia mi cola para ayudarle a dirigir su pene hasta el lugar exacto. Es redundante manifestar mi lapsus al asirme de su miembro, con lo cual casi desfallezco al sentirlo tan ancho y duro. Y las palpitaciones del bálano iban en sincronía con nuestros corazones…

    –“¿Así, amor?”, me dice…

    –“Sí, tenemos que esperar un ratito. Yo te aviso…”

    –“Bueno, amor…”

    Y así, en actitud de cópula, esperaríamos unos cuantos minutos que, para mí, se hicieron eternos. ¡Tanto tiempo sin ser amada, me había cerrado por completo…! En un momento me desmoralicé, ya que si no lograba abrirme, todo nuestro castillo de naipes se venía abajo…

    Sin darme cuenta, comencé a respirar cada vez más largo, pero sin resoplar. Sólo más largo. Mi diafragma descendía más de lo habitual para luego exhalar todo el aire ingresado a mis pulmones. Casi de inmediato comienzo a sentir una terrible angustia pero, era extraño. No quería llorar, sólo angustia. A este sentimiento se le suma una fuerte impresión de ansiedad extrema que afloraba desde mi plexo solar y sentí algo muy peculiar en mi espina dorsal. No podría explicarlo con palabras… Alejandro reparó a mi conducta:

    –“¿Estás bien, amor…?”

    –“No sé, Ale’… Me siento rara… Percibo algo nuevo, y no sé qué es…”

    –“A ver si esto te hace sentir bien…”, y gira mi rostro para darme el más dulce, tierno y romántico beso de amor que una pareja puede darse…

    …y en medio de ese beso mi zona lumbar se funde con el abdomen de Alejandro…

    …y lo miro a los ojos. Mi mirada se pierde en el infinito, mi expresión se diluye. Los vellos de todo mi cuerpo se encrespan. Alejandro, carialegre, advierte la situación. Acerca su boca a la mía, dándome el beso de enamorados más romántico que una pueda imaginar y me transporto al orgasmo más grande de toda mi vida.

    –“¡Aaaahhhhh…!”

    Perdí los sentidos. Por unos instantes quedé sorda y ciega… ¿Sería como morir? ¡Qué bella agonía! Por más de diez minutos quedé temblando de pies a cabeza…

    –“Marcia, sos hermosa. ¡Estoy todo dentro de tu cuerpo, amor!”

    –“¡Sí, mi amor! ¡Siento que somos un solo ser!”

    Nos dimos un último beso y emprendimos la Danza del Amor… ¡Sublime!

    Alejandro conmovía mi cuerpo. Sentía toda su virilidad moverse en mí cual pececillo en el agua. No había dolor. No había roce, ni ruidos extraños… Sólo placer.

    –“¡Ay, Ale’, te amo, mi amor…!”

    –“¡Marcia, yo también te amo, vida…!”

    Algo dentro de mí, en lo más profundo, me producía como un delicioso cosquilleo. Comencé a agitarme sobremanera. Alejandro, por contagio, imagino, y paulatinamente, respiraba cada vez más corto y jadeante. Mi cosquilleo interno comenzó a esparcirse por toda la superficie de mi piel y yo ya sabía lo que se venía…

    –“¡Ale’… Ale’…!”

    –“Marcia…”

    –“¡Ay, Alejandro! ¡Ay, Alejandro…!”

    –“Marcia, amor… No aguanto más… ¡Amor, ¿qué hago? ¿Qué hago?!”

    –“¡Ay, Alejandro, mi amor…! ¡Seguí, dale…! ¡Dale!”

    Y dicha ésta, mi última palabra, todo mi cuerpo comienza a vibrar de amor; a temblar de manera caótica y a gemir demencialmente. ¡Estaba teniendo, ahora sí, el más intenso, penetrante y profundo orgasmo que nunca más tendré en mi vida!

    …pero eso no es todo…

    –“¡Marciaaa, aaaahhhh…!”

    Nunca creí que fuera palpable pero, cuando siento a Alejandro endurecerse como una roca, su eyaculación fue tan abundante que sentí un volcán estallar dentro de mi cuerpo. Durante la cresta de mi orgasmo, la mera noción mutua de que él estaba derramando su esencia dentro de mi cuerpo, hizo que los dos entráramos en CLÍMAX, y pasmamos en nirvana sobre nuestro lecho de amor…

    Largos minutos transcurrieron para volver de los cielos a nuestra cama. Alejandro me tenía firmemente sujeta en la misma posición en la que hicimos el amor, porque eso fue lo que hicimos finalmente, el amor. Aferrado a mi cuerpo, como si para no dejarme escapar se tratase, me tenía. Yo, en cambio, culminado el clímax reciente, me sentía totalmente relajada, como sin huesos, pero satisfecha y feliz… Me dispuse a girar mi cuello para besar a mi amante en eterno agradecimiento por lo vivido pero, para mi desgracia, se había dormido. No quería interrumpir su valle. Quedé en la misma postura por media hora más, hasta que se despertó y así, sin “desconectarnos físicamente”, me besó con tanta ternura que me sentí enamorada…

    Sin mediar palabras se vistió y, como “a hurtadillas” lo escolté hasta la puerta del negocio “a ciegas”, ya que las velas “ya no ardían”…

    De regreso a la habitación, me senté sobre el borde de la cama, pensativa, rememorando lo acontecido, me sentí dichosa y realizada. Sin embargo, por otro lado me sentía sucia, con remordimiento y culpa. Por momentos sentí como si hubiese usado a Alejandro, más allá de que estaba completamente segura de lograr saciar su hombría, desahogando su masculinidad con una mujer… Y creo que ahí yace mi malestar, al tratarme de una “cosa”, un “híbrido”, algo enfermo…

    Estuve pensativa por casi dos horas… A lo mejor éste es mi destino. Esto soy yo. Ésta soy yo, Marcia Daniela. Una chica especial…

    Por Marcia Daniela Anderson

  • La visita de mi prima que jamás olvidaré

    La visita de mi prima que jamás olvidaré

    La idea de que mi prima y mis tíos vinieran de visita en las vacaciones de verano por tres semanas no me emocionaba mucho, pues probablemente iba a tener que ser parte de esas salidas familiares en las cuales los llevaríamos a conocer aquí y allá y, aunque en cierta forma eso no me molestaba tanto, sabía que iba a interferir con algunos planes que yo ya había hecho semanas atrás entre los cuales estaba viajar fuera del estado, por lo que, debido a esto y para no tener algún tipo de conflicto con mis padres, consideré mejor re agendarlos para después.

    A decir verdad yo no conocía a mi prima. Por cuestiones de trabajo, años atrás mis padres habían decidido que nos mudaríamos de ciudad y en ese entonces yo era muy pequeño, lo que hizo alejarnos de la demás familia y que yo no conociera ni conviviera con mis otros parientes.

    Debo decir que cuando pasó esta historia yo tenía 23 años. En ese entonces estaba por terminar la universidad y no tenía novia, aunque ya había iniciado mi vida sexual. Aun así, acostumbraba a masturbarme casi todos los días, lo cual se había convertido ya en una rutina que disfrutaba muchísimo.

    En fin, recuerdo que era un viernes por la tarde y el plan era que mis padres los recogerían en la terminal de autobuses mientras yo esperaba en casa. Cuando llegaron no hubo gran asombro de mi parte, saludé a mis tíos y a mi prima con la mayor naturalidad posible y minutos después ocurrió la clásica plática familiar en la cual nos conocemos mejor hablando un poco acerca de nuestra vida.

    En la conversación supe que Ada, mi prima, tenía 19 años, que recién iba a comenzar la universidad y también que ayudaba en un pequeño negocio que su familia tenía dentro de su misma casa. Me di cuenta de que Ada era un poco tímida porque cuando mis padres o yo le preguntábamos alguna curiosidad ella se limitaba a dar respuestas un tanto cortas y no ahondaba demasiado en el tema, de todos modos me parecía alguien agradable.

    El día en que llegaron, Ada vestía un pants color gris claro un poco holgado y una sudadera blanca, aun así lucía una figura delgada que me hizo pensar que hacía ejercicio regularmente, además no era muy alta, medía aproximadamente 1.60 m. Su piel tenía un color apiñonado y su rostro simpático denotaba una ligera inocencia que hasta el día de hoy recuerdo muy bien. Tampoco mostraba imperfección alguna lo cual me sorprendió debido a que a simple vista no parecía llevar maquillaje. Su cabello tenía un color castaño oscuro y llevaba una media coleta que dejaba ver de mejor manera cada una de sus delicadas facciones.

    A pesar de esto, el concepto que yo tenía de Ada era el más normal posible, después de todo sabía que era mi prima y yo no veía más allá de ello, o eso es lo que creía hasta ese momento.

    Fue en los siguientes días cuando comencé a sentir una extraña atracción física hacia Ada y unas cuantas veces la miraba de re ojo sin que ella se diera cuenta observándola con un poco de más detalle. Recuerdo que a menudo vestía jeans ajustados que dejaban admirar su prominente trasero, un trasero que a decir verdad me resultaba increíble. Y no estoy exagerando, sólo verlo provocaba poco a poco que mi pene comenzara a tener una erección y que en mi mente surgieran pensamientos que sabía que no me podía permitir; sin duda era su mejor atributo. Sus senos, en contraste, parecían tener un tamaño más bien pequeño aunque se miraban firmes y bien formados los cuales lucían por encima de un abdomen al parecer totalmente plano, mientras sus piernas eran delgadas lo que hacía notar aún más sus hermosas nalgas.

    Lo que transcurrió en la primera semana fue relativamente normal, la mayor parte del tiempo salíamos con la familia y los llevábamos a conocer los lugares turísticos de la ciudad o íbamos a comer, siendo así pocas las veces que nos quedábamos en casa.

    En una plática, mientras comíamos, nuestros padres nos dijeron que se habían enterado que dentro de unos días, un miércoles para ser exacto, iba a haber un concierto en nuestra ciudad de un grupo de género pop el cual no recuerdo el nombre, pero que tanto a mis padres como a mis tíos les fascinaba. Nos habían invitado a Ada y a mí, pero ambos dijimos que no, sinceramente no era de nuestro interés y les dijimos que preferíamos quedarnos en casa.

    Con el pasar de los días poco a poco fui conociendo mejor a Ada llevándonos cada vez mejor y es que, también, en ocasiones salíamos los dos solos. A veces me acompañaba a comprar tal o cual cosa que mis padres nos encargaban y entonces aprovechábamos para ir hacia alguna pequeña plaza a caminar y distraernos un poco y pasar un rato agradable.

    Otra de las cosas que acostumbrábamos a hacer es que por las noches veíamos TV en mi cuarto y platicábamos de varias cosas cotidianas antes de que ella se fuera a la habitación donde dormía.

    En una de esas noches me enteré de que Ada siempre había ido a escuelas que son únicamente para chicas y donde además imparten enseñanzas católicas, pues sus padres eran de la idea de que era mejor así y que de esa forma podía concentrarse más en sus estudios sin tener distracciones como salir con un novio y esas cosas, sin embargo, Ada me confesó que a ella nunca le había gustado tanto la idea y que con el pasar de los años fue descubriendo que no compartía tanto las creencias que sus padres le habían inculcado desde chica. Finalmente me contó que, debido a sus constantes buenas calificaciones, al fin había convencido a sus padres de la posibilidad de ingresar a una universidad mixta.

    Un sábado por la noche nuestros padres estaban en la cocina conversando y nosotros en el piso de arriba en mi cuarto viendo TV y platicando como de costumbre, yo me encontraba sentado a la orilla de la cama y ella en el suelo, sentada de piernas cruzadas sobre un cojín justo casi debajo de mí. Ada llevaba puesto un pequeño short azul marino que dejaba ver sus piernas totalmente depiladas y una blusa negra un poco escotada con lo cual no pude resistirme para, de vez en cuando, bajar la mirada hacia lo poco que se alcanzaba a ver de sus pequeños pechos. Luego de un rato cambiamos de tema.

    -Y entonces, ¿no has tenido novio o algo así?- le pregunté con curiosidad.

    -Mmm… la verdad no –me dijo. –Es que mis papás son algo estrictos en cuanto a eso y pues ya te conté que siempre he ido a ese tipo de escuelas…

    -En serio, ¿nada, nada? –insistí, tratando de que pudiera contarme algo más. Después de unos segundos de silencio me dijo:

    -Bueno… hace como un año me vi un tiempo con un chico, era muy serio y tranquilo, aun así me gustaba. Vivía cerca de mi casa y a menudo iba al negocio a comprar con la excusa de verme. Mis papás nunca supieron y a veces lo invitaba a la casa cuando ellos salían, pero no duró mucho. –me explicó.

    -¿Y eso por qué? –pregunté interesado.

    -Pues… es un poco vergonzoso, mejor… no te cuento.

    -Cuéntame- le dije en tono serio, tratando de que pudiera depositar un poco de confianza en mí. Entonces me miró y siguió.

    -Mira… ya llevábamos un tiempo viéndonos, una vez mis papás salieron y decidimos ya sabes… El problema es que no pudimos… Para empezar el chico no pudo ponerse el… condón, entonces yo también lo intenté pero tampoco pude… Al final nos ganaron los nervios y por el miedo de que pronto llegarían mis padres ya no hicimos nada.

    -¿Y qué pasó con el chico? –pregunté.

    -Pues nos seguimos viendo después, luego él se mudó y ya no lo volví a ver –dijo con un aire de nostalgia. Después me entró de nuevo la curiosidad.

    -Híjole… oye, ¿y… que en las escuelas que vas no les enseñan sexualidad y esas cosas?, digo…- pregunté en tono serio. Ella soltó una risita como burlándose y me dijo:

    -Ay, claro que sí, menso. Un poco, pero no nos enseñan cosas como poner condones, no inventes, ni siquiera sabía cómo eran hasta esa vez. Y la verdad nunca había visto… ya sabes… a un chico… y creo que algo similar le pasó a él… A veces mis amigas me dicen que debería ser un poco más aventada en ese tipo de cosas… pero creo que soy así porque mis papás me presionan un poco en la escuela… además te habrás dado cuenta de que no soy muy sociable…

    Durante el tiempo en el que me platicaba todo lo anterior yo comenzaba a sentir una ligera excitación y sentía cómo mi pene crecía lentamente por lo que me tuve que poner un pequeño cojín para que Ada no se diera cuenta. Sólo imaginarla posiblemente desnuda poniendo un condón a un completo extraño a mí me excitaba a sobre manera, aun así la escuchaba atentamente y quería hacer algo al respecto. Entonces me levanté y le dije:

    -Te voy a hacer un favor –fui a un cajón de mi closet y saqué un paquete que contenía varios condones.

    -Toma, para ya sabes… –le dije. La expresión de su rostro no tenía precio pues esto la tomó por sorpresa. Ada se veía un poco nerviosa y confundida a la vez, mirándome dudosa a los ojos mientras yo me quedaba con la mano extendida sujetando la cajita de condones.

    -Cómo crees- me dijo entrecortado- cómo…

    -Sí… anda, toma. Con confianza, así puedes… no sé… –al mismo tiempo que ella tomaba el paquete de condones con incertidumbre.

    -Es más… si quieres te enseño, es fácil y no te tardas nada –dije en tono de broma y pensando que obviamente se iba a reír o, por el contrario, molestar un poco por mi sugerencia.

    -Mmm… pero ahorita no, están nuestros padres abajo. –respondió en un tono serio que yo no esperaba, aun así pensé que muy en el fondo bromeaba y sólo me seguía el juego.

    -Amm… pues mañana que se vayan a comprar las cosas…- me apresuré a decir. Para esto, nuestros padres iban a salir el día siguiente al centro de la ciudad a comprar no sé qué y acordamos que aprovecharíamos ese momento.

    -¿En serio? Vale pues. -Seguimos viendo TV y después de unos minutos decidió despedirse mientras de nueva cuenta yo aprovechaba para mirar sus enormes nalgas a medida que se alejaba, esas nalgas que con el pasar de los días deseaba a más no poder y es que sabía con seguridad de que de nadie habían sido aún.

    Al día siguiente, nuestros padres salieron a eso de las 5 pm y nos dijeron que iban a regresar aproximadamente en hora y media. Ada y yo estábamos cada quien en su cuarto y entonces fue cuando me animé y le dije desde mi habitación en un tono de voz algo alto:

    -¿Entonces sí?

    -¿De qué?-me preguntó nuevamente en el mismo tono.

    -No, nada… -dije disimulando y a la vez con un poco de decepción. Entonces apareció en la puerta y me dijo:

    -No es cierto jeje, pues si quieres…- soltando una pequeña risa.

    -Pues sí, ¿no?

    -Mmm… vale, deja voy por ellos –respondió.

    Me sentía un poco nervioso, pero sabía que no era la gran cosa y sólo le iba a mostrar cómo ponerlo.

    -Bueno, y ahora en qué… – agregando una pequeña risa en forma de murmullo.- Pero sí has visto cómo, ¿no? -le pregunté.

    -… bueno, la verdad… no. –me dijo con un poco de pena. Noté que Ada estaba algo nerviosa, lo que me llevó de vez en cuando a hablar de otros temas que no tuvieran que ver con lo que pasaba para que el ambiente fuera más llevadero.

    -Podemos intentarlo con algo parecido-volví a decir mientras buscaba.- Voy a la cocina, a ver si hay algo… ya sabes.- Pero, no sé si para suerte mía, no encontré algo que pudiera servir para tal propósito, lo que me hizo pensar que sólo quedaba una última alternativa. Con un poco de nerviosismo, excitación y al mismo tiempo emoción volví a subir y le dije tranquilamente que no había nada.

    -Podemos…

    -¿Qué? –me preguntó viéndome directo a los ojos.

    -Bueno, yo puedo enseñarte cómo ponerlo, digo… más bien, me lo pongo… y te explico… – Sentía que mi corazón se aceleraba, hacerle tal sugerencia traería dos alternativas: que aceptara o que se fuera molesta a su cuarto pasando por una situación totalmente vergonzosa que tal vez nunca hubiéramos olvidado ni ella ni yo, por lo que después de unos segundos agregué tratando de modificar lo anterior:

    -Bueno, digo… – pero antes de que continuara me interrumpió.

    -Sí, está bien- respondiéndome con una tranquilidad que sinceramente no me esperaba. Ada se sentó en el borde de la cama y yo quedé de pie casi enfrente de ella. Tomé un condón y le expliqué la forma en la cual se debe abrir y lo que no debe de hacerse. Entonces comencé a bajarme los pantalones con la mayor naturalidad posible y después mis calzoncillos dejando así mi pene totalmente descubierto el cual lucía medio erecto. Ada inmediatamente fijó su mirada en él. Acto seguido me sorprendió su pregunta:

    -¿Por qué está así?

    -¿Así cómo?

    -Pues la parte de… -señalando el glande –enfrente… está… descubierta.

    -Eso… bueno, hace unos años me circuncidaron… una pequeña cirugía por razones de higiene y bueno, se ve mejor. ¿No crees?

    -… – No respondió. Ada no quitaba la vista de mi pene, que a decir verdad no era ni grande ni pequeño pero que estéticamente se veía muy bien considerando que me recortaba el vello púbico con regularidad. Yo miraba en su rostro una sutil mezcla de asombro, nerviosismo y excitación que hizo que comenzara a tener una total erección sin la necesidad de tocarme.

    -Bueno, creo que ya se puede- excusándome. –Sabes que debe estar bien erecto para ponerlo…

    No contestó. Le dije también que lo conveniente era colocar un poco de lubricante ya que así resultaba más fácil y podía deslizarse mejor el condón. Dicho esto saqué un tubito del mismo cajón del closet y comencé a esparcir una pequeña porción de lubricante por todo mi pene y también por mis testículos, después me coloqué el condón y le pregunté con un tono de dulzura si había entendido.

    -Creo que sí… -me respondió apenas. En ese momento decidí dar un paso más y decirle:

    -¿Quieres intentarlo?

    -Mmm… pero… espera, voy al baño.- me dijo. Y otra vez, aproveché para mirar sus monumentales nalgas mientras se alejaba comenzando a sentir pequeñas y ligeras palpitaciones en el cuerpo de mi pene y preparándome para lo que fuera que viniera a continuación. Tardó unos minutos y al volver, Ada se volvió a sentar en la cama tomando el otro condón en sus manos.

    Decidí esperar y entonces, frente a sus ojos, comencé a quitarme el condón que tenía puesto y al hacerlo pude notar que había líquido pre seminal en la punta de mi glande y fue así que me animé a decirle que era su turno. La verdad se veía un poco nerviosa, al principio utilizó sólo una mano la cual estaba un poco temblorosa tratando de no tocar tanto mi pene, lo que provocó que tardara un rato y al final no pudiera poner el condón adecuadamente.

    -No pasa nada- le dije con sutileza. -Es mejor si usas las dos manos, toma otro.

    Le pedí que sujetara la punta del condón con una mano y que con la otra desenrollara lo demás lentamente por todo el cuerpo de mi pene. Poco a poco fue realizando tal acción mientras yo sentía la suavidad de sus manos las cuales estaban un poco menos temblorosas. A decir verdad esta vez tardó menos de lo que esperaba y al parecer su nerviosismo se comenzaba a ir poco a poco.

    -Ahí está… –le dije.

    Al soltar mi pene, Ada se quedó por unos segundos mirándolo y yo trataba de descifrar qué es lo que estaba pasando por su mente. ¿Acaso se sentía excitada con el hecho de tener una verga justo enfrente de ella sin importar que fuera la de su primo? ¿Acaso quería hacer algo más?

    -¿Y ahora? –fue lo único que preguntó mientras seguía mirando mi erección. Yo pensaba un sinfín de cosas, quería tomarla en mis brazos y besarla para después penetrarla justo en ese momento. Sin embargo, sentí que tal vez nuestros padres llegarían pronto así que decidí no arriesgarme.

    -Ahora quítalo… –le ordené. Con suma delicadeza lentamente fue desenrollando el condón sin quitar ni un segundo su vista en mi pene. Cuando terminó alzó su mirada hacia mis ojos y entonces fue cuando escuchamos que se abría la puerta de la casa.

    -¡Llegamos!… -Ambos nos quedamos helados, por lo que rápidamente le dije a Ada que se fuera a su cuarto mientras yo recogía todo e iba al baño. Casi justo al cerrar la puerta de este, escuché que alguien subía, era mi tía que preguntaba por mi prima.

    Afortunadamente no se dio cuenta de nada, encontró a Ada leyendo en su cuarto y segundos después yo salí del baño preguntándole cómo les había ido. Al pasar por el cuarto de Ada ambos cruzamos miradas con un gesto de asombro y al mismo tiempo realizando una pequeña mueca sonriendo. Había estado cerca.

    Desde aquel día mi excitación por Ada obviamente fue mucho mayor y noté que en ocasiones ella también me miraba de una manera un poco distinta y me sonreía más de como lo hacía de costumbre, especialmente cuando desayunábamos, comíamos o cenábamos.

    En fin, recuerdo que cuando llegó el miércoles, el día del concierto, mis padres y mis tíos se fueron alrededor de las 10 pm y nos dijeron que iban a llegar en la madrugada como a las 3 o 4 am. Yo estaba emocionado, la verdad quería cogerme a Ada esa noche y pensaba que tal vez tenía una pequeña oportunidad y que debía aprovecharla.

    Esa noche Ada vestía uno de sus jeans color gris claro y una blusa roja de tirantes lo cual de nuevo me excitaba tanto que las ganas por controlarme me eran muy difíciles, tratando también de disimular mis miradas lascivas hacia ella lo más posible. Recuerdo que Ada y yo pedimos pizza para cenar y después vimos una película mientras ambos estábamos acostados en la cama uno al lado del otro. Todo iba normal y fue en el transcurso cuando me dijo:

    -Oye, la otra vez casi nos cachan, no inventes…

    -Casi, ¿verdad?, lo bueno que hay dos pisos, si no imagínate… -En ese instante Ada giró quedando de lado hacia mí acercándose un poco.

    -Gracias –me dijo con un susurro y en tono dulce. Noté que había una gran sinceridad en esas palabras y realmente sentí que aquella enseñanza días atrás había significado mucho para ella.

    Estábamos tan cerca que bastaba realizar un pequeño movimiento para besar sus labios y comenzar lo que sea que pasaría, los dos nos mirábamos a los ojos y fue cuando ella, sin más, dio el paso y me besó durante varios segundos. Lo primero que noté fue que mi pene rápidamente comenzó a crecer, y no era para menos ya que no me había masturbado durante esas semanas, añadiendo también los acontecimientos ocurridos días atrás. No sé si Ada se había dado cuenta pero a decir verdad ya no me importaba porque era obvio cómo sentía que mi verga rozaba con sus muslos.

    -Nuestros padres tardarán en llegar- le dije. En efecto, miré el reloj y eran la 1:30 am. Con una pequeña risa Ada me besó de nuevo mientras poco a poco comencé a tocar su cintura y parte de sus nalgas deteniéndome en estas por algo más de tiempo. Nos besamos un buen rato, en ocasiones tomaba su mano dirigiéndola hacia mi verga erecta para que gentilmente la colocara sobre ella y no la soltara. Ambos sabíamos lo que estaba por pasar y entonces aproveché para quitarme la playera y el pantalón quedando únicamente en calzoncillos. Acto seguido, Ada se quitó su blusa amarilla mientras yo le ayudaba a bajarse los jeans.

    Quedé impresionado, su figura era espectacular aun quedando únicamente en brasier y en bragas. Su piel lucía tan cuidada y suave que me causaba un gran asombro interno. Decidí quitarle su brasier y dejar al descubierto esos pequeños pero apetecibles pechos que inmediatamente comencé a besar lentamente pasando mi lengua por sus pezones los cuales poco a poco notaba que comenzaban a ponerse duros.

    Fue entonces cuando Ada comenzó a emitir pequeños suspiros, después bajé lentamente hacia su abdomen plano y en un abrir y cerrar de ojos le quité sus bragas dejando al descubierto su deliciosa vagina, la cual tenía poco vello que apenas y se percibía, además lucía algo estrecha a simple vista, era obvio.

    Comencé con ligeros besos alrededor de ese deseable orificio utilizando también un poco mi lengua e introduciéndola cuidadosa y gentilmente mientras con una mano frotaba lentamente su clítoris. Noté que Ada comenzaba a suspirar con un poco de más intensidad, pasaron unos minutos y pude ver que su vagina se comenzaba a mojar, así que decidí que era el momento. Entonces subí hacia su rostro besándola una vez más, me levanté y le dije:

    -Pues… ya sabes cómo, ¿no? –Ella soltó una pequeña risita y tomó otro condón. Bajé mis calzoncillos los cuales tenían una pequeña mancha de líquido pre seminal que se notaba a simple vista, mi pene salió totalmente erecto y Ada colocó el condón mucho más rápido que la última vez.

    Decidí abalanzarme sobre ella gentilmente mientras abría sus piernas, un poco temerosa. Fue entonces cuando coloqué mi pene en la entrada de su estrecha vagina. Primeramente decidí meterla poco a poco hasta llegar al tope y detenerme unos segundos para que Ada se acostumbrara a la sensación. Después comencé a realizar lentamente movimientos de meter y sacar, notaba la estrechez de su vagina la cual se sentía espectacular, sentía como si algo estuviera succionando mi pene, algo que quería que no se terminara jamás.

    Al no notar que Ada se quejara por algún tipo de dolor decidí entonces aumentar la velocidad mientras veía cómo sus pequeños pechos realizaban un ligero vaivén con los movimientos de la penetración. La miré y casi todo el tiempo tenía los ojos cerrados y de vez en cuando notaba que los entreabría comenzando a realizar pequeños gemidos que excitarían a cualquiera, aun así trataba al mismo tiempo de no hacer tanto ruido. Por mi parte mis gemidos eran aún más notorios y con el pasar de los minutos sentía que no faltaría mucho para correrme dentro de ella.

    Yo sabía que era su primera vez y creía que la posición en la cual nos encontrábamos era la más adecuada porque así se sentiría más cómoda, pero después la morbosidad vino a mi mente y recordé esas nalgas que casi desde el día en que llegó no podía sacarlas de mi cabeza.

    Sabía que tal vez esa era mi única oportunidad con ella, así que me arriesgué una vez más y de alguna forma me las ingenié para colocar a Ada a cuatro patas, debía tener esas nalgas a mi merced y era ahora o nunca. Claramente podía ver que ella nunca había estado en esta posición por lo cual tuve que guiarla un poco poniendo de igual manera una almohada a la altura de su abdomen por debajo de este.

    No lo podía creer, ahí estaba al fin en esa posición que por noches anteriores me había estado imaginando. No puedo describir lo espectacular que se veía Ada de esta manera. Comencé a penetrarla lentamente mientras con mis dos manos sujetaba firmemente sus nalgas y en ocasiones las acariciaba con movimientos circulares. Y es que como he dicho no estoy exagerando, el tamaño que tenían era increíble, una mano mía tal vez sólo ocupaba una cuarta parte de lo que sería una de sus nalgas.

    Con el paso de los minutos la penetraba con más fuerza logrando ver cómo rebotaban y chocaban con mis testículos y cómo poco a poco, al realizar pequeñas presiones sobre estas, comenzaba a dejar pequeñas marcas que se notaban debido al color de su piel. Sentía que no tardaría en llegar a orgasmo.

    Aun así, no pasó mucho para que volviera a recordar que era su primera vez. Quería que esta ocasión terminara de la mejor manera para Ada, por lo que me volví a colocar encima ella como en la primera posición viéndonos de frente y sólo bastaron unos segundos más para que al fin yo llegara al orgasmo en el cual sentí haber descargado al menos 3 grandes chorros de semen mientras Ada soltaba gemidos aún más excitantes ahora con mayor intensidad y ya sin tanta vergüenza. Al terminar, ambos quedamos tendidos el uno sobre el otro durante unos segundos.

    Recordé que tenía que sacar mi pene inmediatamente de su vagina por la situación del condón. Ada miró la gran cantidad de semen almacenada mientras yo me cercioraba que todo había salido bien. Una vez que me quité el condón nos quedamos tendidos una media hora más en la cama uno al lado de otro dejándonos llevar por el placer que ambos habíamos experimentado y en todo este tiempo casi no dijimos nada.

    Tiempo después miré la hora y faltaba relativamente poco para que llegaran nuestros padres así que le dije que era mejor que nos diéramos un baño y que para mayor seguridad (aunque así yo no lo hubiera querido) era mejor si lo hacíamos por separado.

    -Sí… yo primero- me dijo.

    -Vale. –Tardó una media hora y después seguí yo. Estábamos cansados, ambos decidimos irnos a dormir despidiéndonos con un último beso en los labios.

    -Nos vemos mañana- me dijo con una sonrisa.

    Pasó alrededor de media hora cuando noté que abrían la puerta de la casa. Eran nuestros padres. No sabía si Ada ya se había dormido pues ambos habíamos cerrado las puertas y teníamos las luces apagadas como de costumbre, aun así no había creído lo que había experimentado aquella noche. Por otro lado, sabía que Ada se iba a ir en uno o dos días y sólo era cuestión de esperar.

    Al día siguiente recuerdo que todos nos quedamos en casa pues a la mañana siguiente se iban a ir temprano a eso de las 7 am. No tuve tiempo para platicar con ella como hubiera querido ya que casualmente ese día llegaron visitas de última hora por casi todo el día y prácticamente tuvimos que estar ahí en la plática como es de costumbre. Al fin, ya en la noche, yo estaba en mi cuarto viendo TV cuando escuché que Ada iba subiendo las escaleras diciendo a mis tíos, que estaban abajo, que iba a despedirse de mí. Una vez más la miré parada en la puerta.

    -¿Y…? –pregunté.

    -Y… -me dijo.

    -Mañana te vas… ¿Cómo te sientes?- le pregunté. Entonces me sonrió, se acercó a mí y me abrazó tan fuerte como si fuera la última vez que me vería. Fue cuando me susurró al oído:

    -Nunca olvidaré esto… -Dándome un ligero beso en la mejilla seguido de una sonrisa mientras al mismo tiempo una de sus manos la colocaba gentilmente sobre mi pene.

    -Descansa- fue lo último que le dije, devolviéndole la sonrisa.

    Al día siguiente desperté pensando que tal vez alcanzaría a verla de nuevo, sin embargo, ya era tarde. Miré el reloj, eran las 8:30 am y Ada ya no estaba. Ya nunca la volví a ver desde esa vez.

    Años después la encontré en Facebook, decidí agregarla y aunque platicamos de vez en cuando de cosas cotidianas ya nunca volvimos a tocar ese tema. En los siguientes días después de que se fue en lo único que pensé fue en ella y en el gran deseo que se apoderó de los dos aquella noche. Fue algo que sin duda jamás olvidaré y que siempre será una excitante experiencia.

  • Mi placer es tuyo

    Mi placer es tuyo

    De eso se trata darte mi placer aunque no te encuentres cerca. Sentirme tuya con sólo pensarte. Todo lo que tú provocas en mí, lo siento cada vez que llegó al clímax. Ese orgasmo intenso que deja todo mi cuerpo vulnerable al tacto con solo imaginarme que eres tú quien me posee.

    En las noches me encierro en mi habitación; me desnudo pensando que eres tú quien me quita la ropa. Quedando expuesta en mi cuarto dejando que la sutil brisa que entra a mi habitación acaricie mi cuerpo y despierte mi excitación. Me dejó caer en mi cama el frío de la misma me abraza y hace mi piel estremecer. Con las yemas de mis dedos voy trazando mis labios y rozándolos con mi lengua como si fuera la tuya. Mientras mi otra mano libre hala mi cola de caballo fuerte como si tú tuvieras el control de mí.

    Con mis dedos húmedos recorro mi cuello con suma delicadeza para poder palpar el pulso de mi cuerpo y notar la leve diferencia mientras voy bajando al centro de mis senos. Me acaricio con dulzura para poder sentir como las aureolas se contraer a mi tacto y mis pezones se endurecen haciéndolos más sensibles para mí placer. Dejo escapar gemidos casi inaudibles para ir aumentando mi excitación. Dejo mi cabello libre para seguir recorriendo mi piel y llegar a mi pubis dónde dibujo círculos con mis uñas.

    Comienzo a descubrir mi vulva sintiendo lo fresca que se siente recién acicalada. Suspiró al abrir mis piernas y dejarla expuesta para mí disfrute pensando que tus dedos me tocan. Mientras mis pezones siguen susceptible a cualquier sensación que produce mi cuerpo mientras te imagino conmigo. Cubro mi feminidad con mi mano, la aprieto, acaricio y mi cuerpo se serpentea en mi cama donde una vez me hiciste tuya.

    Esos movimientos me lleva a verte sobre mi y a gemir exclusivamente para ti. Comienzo trazar el interior de mi vulva y mis dedos sienten cuán mojada estoy. El éxtasis se apodera de mí y mis gemidos aumentan que retumban en mi habitación. Ni tan siquiera me importa si alguien me escucha solo quiero quemarme en la pasión que siento al pensarte. Revivo en mis pensamientos esas noches que solo soy tuya y tú mío. Me dejó consumir por la excitación la cual se calma cuando logro llegar a mi orgasmos que me desgarra desde mi interior y termina en suspirando tu nombre.

    © C.Dee.L.C

  • Mi exprofesora del colegio, mi profesora del sexo (Parte 2)

    Mi exprofesora del colegio, mi profesora del sexo (Parte 2)

    Habían pasado unos días desde que tuve una memorable primera vez con Vero, continuamos hablando después de eso, y un día decidimos vernos de nuevo.

    Nos veríamos después de mi trabajo, fuimos a comer al centro, en un pequeño restaurante junto al parque donde me había hecho sexo oral días atrás. Hasta ahí todo era normal, lo consideraba una salida más, comimos, hablamos un poco y fuimos al parque, sí nos dimos algunos besos, pero nada pasado de tono.

    Las cosas empezaron cuando nos sentamos, nos abrazamos, y como ella es un poco más bajita que yo instintivamente miré hacia abajo, y me alegré de hacerlo, pues su escote daba una buena vista de esos senos que me encantaban, mi miembro se empezó a poner duro.

    Yo: Me queda una muy linda vista aquí. (Dije en todo de broma).

    Vero: ¿Qué? (dijo un poco confundida, pero no le tomó mucho tiempo entender a qué me refería) Ah, sí, sé que te encanta esa vista.

    Yo: Sabes, si buscamos una banquita más escondida podríamos hacer algunas cosas como la otra noche.

    Vero: Mejor vamos al hotel, está cerca y así estaremos más tranquilos.

    Si no es obvio, ni siquiera lo pensé, emprendimos el camino al hotel, que estaba a solo 3 cuadras, sin prisa, caminamos despacio, aunque ansioso, no quería apresurar las cosas, podía tomármelo con calma, era tarde, pero ella no tenía que dar clases temprano, y yo entraba tarde al día siguiente.

    Ya en el hotel, nos dieron una habitación más pequeña, esta no tenía el escritorio, solo una cama y un baño, pero con eso bastaba, cerré la puerta y dejamos las cosas a un lado, de inmediato y con pasión nos empezamos a besar, recorrí todo su cuerpo con mis manos. No tardamos mucho en quitarnos la ropa, era una sesión más o menos rápida, y queríamos aprovecharla. Cuando estábamos en ropa interior, se dio la vuelta y me enseñó como desabrocharle el bracier, era mi segunda vez teniendo sexo y aún no sabía cómo hacerlo, pero ya que me mostró como, se lo quité, la abracé desde atrás, acaricié sus pechos y la besé en el cuello, rozando mi miembro en su trasero.

    El sexo oral fue bueno, pero rápido, pasamos pronto a la penetración, no usamos condón, no queríamos usarlo, estuve un rato encima de ella, me la follé un poco más fuerte que en mi primera vez, mientras la besaba, jugué con sus pechos mientras mi pene entraba y salía de su vagina, cambiaba el ritmo, lo hacía despacio, lo que me gustaba mucho porque sentía como mi verga se deslizaba en su vagina húmeda, por momento me detenía por completo, llevaba mi pene hacia afuera lentamente, hasta que estaba casi todo afuera, y luego se le metía todo con fuerza, repetí algunas veces mientras veía como Vero sonreía cada vez que lo hacía, luego volvíamos a coger con ritmo normal.

    Luego, me senté en la cama y traje a Vero hacia mí, quería que ella me hiciera sentadillas como la vez anterior, pero no logramos acomodarnos bien, aún así pude penétrala y lo hicimos sentados uno frente al otro, su sonrisa pícara demostró que eso le gustó mucho, los dos podíamos movernos, ella movía su vagina para que mi pene entrara, yo le ayudaba entrando y saliendo.

    De esa posición pasamos a estar ella sobre mí, y después de un momento en esa posición eyaculé como nunca en la vida.

    Fui al baño para limpiarme y luego nos acostamos juntos. Hablamos un poco y nos dimos algunos besos pequeños, esos besos empezaron a volverse más largos, empecé a acariciarla, a rozar mi cuerpo con el de ella, y en pocos minutos ya mi miembro estaba duro y listo para hacerlo de nuevo.

    Intenté penetrarla, pero ella tuvo un problema y su vagina no estaba mojada, por lo que era doloroso para ambos, me retiré, no quería lastimarla, cambié eso por llevar mi lengua a su clítoris, y chuparla suavemente mientras me masturbaba. Supe que lo estaba disfrutando, eso era mejor que intentar penetrarla, y en lugar de dolor, la hacía sentir placer.

    Dejé de masturbarme y le metí mis dedos en su vagina, que ya estaba húmeda y seguía humedeciéndose más mientras le hacía sexo oral. Vero empezó a gemir y arquear la espalda, y estaba tan húmeda que pensé que era buen momento, le chupé su vagina un momento más y luego le metí mi pene, ahora estaba tan húmeda que mi miembro entró sin problema.

    Empecé a tomar ritmo, la tomé por la cintura e instintivamente, empecé moverme muy rápido, metía y sacaba mi pene con mucha velocidad, su cuerpo se sacudía, ver eso me encendía más, empezó a gemir mucho y se agarró sus tetas, estaba seguro de que la tenía cerca del orgasmo, seguía dándole rápido y le agarré sus tetas, bajé el ritmo y le di algunos empujones lentos, pero fuertes, luego volví a subir la velocidad.

    Ese segundo round terminó justo como el anterior, Vero se colocó encima de mí y me montó por un momento hasta que no pude aguantar más y eyaculé. Le avisé que iba a hacerlo, porque no quería eyacular dentro de ella. Ella se apartó y dejó que mi leche saliera libre, luego tomó una toalla y me limpió.

    Fue una experiencia muy buena, nos vestimos, nos dimos algunos besos y nos fuimos. El recuerdo de su sonrisa cuando estábamos sentados, y de cómo gemía cuando la follé rápido, son cosas que hasta el día de hoy aún me encienden.

    Gracias a ella tomé confianza en mis habilidades en la cama, creo que me enseñó a coger bien, y las parejas que he tenido desde entonces, que tampoco son muchas, pero todas han quedado satisfechas.

  • Mi primo me enseña a disfrutar con el cepillo dental eléctrico

    Mi primo me enseña a disfrutar con el cepillo dental eléctrico

    Me llamo Susana (Susi para la familia, amigos y conocidos), soy de Gijón (Asturias, España), tengo 19 años para 20 y soy una chica muuuy mala. Destaco de mí que tengo el pelo castaño con mechas azules, para llamar la atención, para distinguirme entre la multitud.

    Tengo un perro, un gato, un loro, un cactus, un padre, un hermano, un medio novio, mal genio y una madre que me lo altera siempre que puede.

    He dejado a mi madre la última porque quiero explayarme con ella. Más bien despotricar contra ella. Y, ¿por qué despotricar?, se preguntarán, amigos lectores. Vayamos por partes:

    Primero, porque es una pesada y una mandona.

    Segundo, porque las fuerzas de la naturaleza no son nada en comparación con ella.

    Tercero, porque no quiere darse cuenta que ya soy una señorita, que estoy muy buena y que mi vida es mía y de nadie más.

    Recalco que soy joven, que estoy muy buena, que mi vida es mía y que no es de nadie más. Mucho menos de ella, aunque me mantenga, aunque me acoja en su casa. Aunque pretenda mantenerme virginal (ella dice que “pura”, para suavizarlo) porque, según dice, “en la virtud nadie se ahoga”. ¡Menuda majadería! Si supiera la cantidad de veces que me he ‘ahogado’, y que me han ‘rescatado’, y que me han hecho el ‘boca a boca’ y otras cosas por las que merece la pena ‘ahogarse’ una y otra vez hasta el infinito.

    ¡En fin! El caso es que hacía mucho que quería librarme de ella durante una buena temporada, pero con los estudios y mi precaria situación monetaria, el asunto parecía misión imposible.

    Mi salvación vino de parte del Presidente del Gobierno de España.

    Y, ¿por qué?, se volverán a preguntar. Les explico.

    El pasado 13 de marzo (viernes para colmo) por la mañana, mi tía llamó a mi madre por teléfono. Las dos hermanas hablaron como cotorras durante hora y cuarto. El motivo era que su hijo (mi primo Antón) había sufrido un accidente de moto y se había lastimado la rodilla derecha. La preocupación de mi tía era que el pobre Antón vivía solo en Santander, donde trabaja como auxiliar en una clínica odontológica, y que nadie se ocuparía de él. ¡Las madres son así!

    En esta situación vi la oportunidad de escaparme al menos un fin de semana con todos los gastos pagados.

    ꟷ Yo puedo cuidar de él este fin de semana, mamá ꟷle dije a mi madre con cara de no haber roto un plato.

    Ella mostró lo que parecía una sonrisa (apelando mucho a la imaginación).

    ꟷ ¿En serio lo harías? Mira que Santander no está precisamente a tiro de piedra y que la paliza puede ser…

    ꟷ Ni te preocupes, mami. ꟷLa interrumpíꟷ Apenas hay 150 kilómetros. Eso sí, paso de ir en tren o en bus. Tu coche. Tienes que dejarme tu coche.

    Ella dudó, no obstante, accedió al ver que mi interés podría decaer si no acataba mis condiciones.

    Conformes, salí de casa después de comer, a eso de las tres, con las llaves en la mano y 100 euros en la cartera que ella me había dado para gastos varios.

    Antes de ponerme en camino, pasé por casa de mi tía, que ya sabía del asunto, con la excusa de preguntarle si quería que llevara algo de su parte para Antón. Ella me comió a besos por el doble buen gesto: cuidar de su hijo y llevarle comida y otras cosillas de primera necesidad. El caso es que salí de allí engordando mi cartera con otros 100 euros, el motivo encubierto de ‘mi buen segundo gesto’.

    Gracias al eficiente GPS del coche, llegué sin novedades a mi destino: La Libertad.

    Tras aparcar el coche y convencer al portero del edificio, donde vive mi primo, de que precisamente era su prima, llamé a la puerta del apartamento y esperé.

    ꟷ ¿Locaaaa? ꟷPreguntó mi primo con cierto tono de sorpresaꟷ ¿Cómo es que tú… estás… aquí? ꟷVolvió a preguntar, tartamudeando.

    ꟷ ¿Cómo?… ¿Nadie te ha informado de mi llegada? ꟷCuestioné yo.

    Aclaro que mi primo me llama “Loca” desde que una vez, a mis trece años, le quemé las cejas con un mechero. No recuerdo si queriendo o sin querer. Lo que sí recuerdo es que reí mucho y que él se cabreó proporcionalmente al volumen de mis carcajadas.

    Él me dijo que no había respondido a las incesantes llamadas de su madre, después de contarle lo del accidente y asegurarle que se veía capacitado para cuidar de sí mismo.

    ꟷ A mis 26 años no estoy para tonterías. –Aseveróꟷ. ¿Las madres no se dan cuenta de que, cuando abandonamos el nido, también salimos de debajo de sus faldas?

    ꟷDímelo a mí, que mira en lo que me he metido para librarme de ella unos días. ꟷMurmuré.

    El resto fue alegría porque llevábamos dos años sin vernos.

    En este punto regreso a mi agradecimiento al Presidente del Gobierno porque, al día siguiente, declaró el estado de alarma debido a la crisis sanitaria por el COVIDꟷ19.

    ‘Mi suerte’, entre comillas, no podía ser mejor. ¿Por qué?, se preguntarán ustedes, mis queridos lectores. La razón es que, debido a esta circunstancia que duraría, en principio, quince días, vi la forma de ampliar mis improvisadas vacaciones un par de semanitas más, aunque ello supusiera un aislamiento casi monástico.

    No me costó convencer a mi madre: por un lado, estaba la lesión de mi primo, que yo magnifiqué mucho más de la cuenta; por otro lado, concurría la circunstancia de que las clases en la universidad se habían suspendido; finalmente, recurrí a un repentino temor, no al virus (que lo tenía), sino al caos que pudiera originarse a raíz de la situación y el peligro que podría suponer salir a la carretera.

    ꟷ Imagínate, mamá…, yo solita en el coche por esas carreteras de dios. ꟷ Exageréꟷ Desamparada, expuesta a que me hagan… Dios sabe lo que unos desalmados podrían hacerle a una chiquilla indefensa como yo. ꟷSeguí con el culebrón improvisado, lloriqueando, sonándome la nariz, representando un papelón digno de un Oscar.

    No solo conseguí quedarme con mi primo. También alimenté mi cartera con 200 euros que mi madre ingresó en mi cuenta de ahorros (por llamarla de algún modo ya que solo tenía, si no recuerdo mal, 20 o 30 euros) para que “no muriera de hambre”. Al día siguiente los saqué del cajero por si se arrepentía.

    La primera semana transcurrió sin novedades. Bueno, tuve un pequeño conflicto con mi medio novio debido a que me fui sin decirle nada. ¿Qué le iba a decir si llevábamos casi un mes sin apenas vernos? Lo cierto es que nos vimos un par de sábados. Cosa de poco. Un polvo el primero y dos el segundo. A eso se resumía nuestra relación durante los últimos seis meses: a follar de vez en cuando y cada uno a lo suyo, más como folla amigos que otra cosa.

    Precisamente el sexo fue algo que me trajo de cabeza durante esa primera semana. Antes no solo follaba de vez en cuando con mi folla amigo. También tenía un par de ellos más que compensaban lo que el primero no me daba. El morbo, sobre todo, ya que soy bastante morbosilla.

    Otro inconveniente fue dormir en el sofá-cama ocho noches seguidas. El apartamento de mi primo solo tiene un dormitorio y dormir juntos era algo impensable para ambos. Era admisible durante un fin de semana, la idea original, pero la situación había dado un giro de 180 grados. Podría haberle dicho que nos alternáramos, pero en su estado sufriría mucho más que yo.

    Por otro lado, masturbarme en el sofá-cama resultaba un incordio: cuando no sonaba un muellecito, lo hacía el de al lado, o el de la esquina contraria, o…. Y yo soy de moverme y gemir mucho cuando me masturbo. Esto último impedía que disfrutara a tope cuando me lo hacía en la ducha. También, anecdóticamente, me intrigaba saber si Antón lo hacía y cuándo, porque yo no apreciaba indicio alguno, ni visual, ni auditivo. Nada de nada.

    No sé cómo, pero saqué el tema a colación mientras desayunábamos el segundo lunes por la mañana. No el tema de la masturbación, sino el de dormir en el sofá.

    ꟷ Yo lo he pensado varias veces, prima, ꟷconfesó Antónꟷ pero no he dicho nada porque tú no sacabas el tema y pensaba que estabas cómoda.

    Fruncí el ceño y entoné el ‘mea culpa’.

    ꟷ Pues yo no te he dicho nada por si pensabas que era una desagradecida. Es tu casa y yo una adosada.

    Mi primo rio con ganas.

    ꟷ ¡Cómo vas a ser una adosada si tú me has sacado del apuro! ꟷExclamó al tiempo que tomaba mis manos con las suyasꟷ Mira, primita. Tú hiciste la compra el primer día y seguimos tirando de aquello. Tú has cocinado para mí. También has cubierto mis necesidades básicas, no porque yo no pudiera, sino porque a ti te costaba menos y te nació hacerlo.

    No seáis mal pensados, estimados lectores, que con “necesidades básicas” se refería a tareas mundanas como llevarle un vaso de agua, arreglarle la habitación, limpiar, lavar la ropa, etc.

    ꟷ Pero eso no es nada. ꟷRepliquéꟷ A mí me cuesta bien poco y, por otro lado, encerrados los días se hacen muy largos.

    ꟷPues no hay más que hablar, ꟷdijo soltando mis manos, antes de darme un cachete cariñoso en la cabezaꟷ A partir de esta noche dormimos juntos. Total, somos primos, adultos y en mi cama cabrían tres con cierta comodidad.

    La idea me vino como agua de mayo. No podía estar más contenta.

    No obstante, esa primera noche supuso todo un reto. A saber: yo suelo dormir en braguitas y con una camiseta mini; así mismo, él suele hacerlo en calzoncillos y con la camiseta de rigor. Esto no suponía mayor problema una vez dentro de la cama, tapaditos y cada uno en su mitad, sin apenas roces pues realmente es tan grande como dijo. El problema era desnudarse. Juntos en la habitación era impensable. Primero uno y luego el otro reducía mínimamente el riesgo de ver lo que no se debía.

    Al final todos estos pensamientos míos cayeron en saco roto pues él, sin siquiera hablarlo, tomó la rutina de acostarse una hora antes de lo habitual, cuando yo comenzaba a ver la película de rigor antes de dormir.

    Así transcurrieron dos días.

    El jueves, 26 de marzo, las noticias fuera del apartamento no podían ser peores. Todo indicaba que el estado de alarma se prorrogaría al menos otras dos semanas. Sin embargo, en opinión de los expertos que opinaban en los distintos programas de TV, aquella situación iba para muy largo.

    Debido a esto y a algo que sucedió aquella misma tarde, decidí escribir mi particular diario de cuarentena. Obviamente, lo compartiré con ustedes, amigos lectores. Lo llamaré…

    Diario de cuarentena de una chica muuuy mala

    Día uno. 26 de marzo de 2020.

    Son las dos de la madrugada, hora de las confesiones, y confieso que hoy ha sido un día perfecto y que me siento muy feliz.

    Pasado el susto por lo que sucede en el exterior, preparo la comida como siempre. Eso sí, gestionando las provisiones para que duren todo lo posible. No me apetece nada salir a la calle.

    Después de comer, ayudo a mi primo con sus ejercicios de rehabilitación. Dice que con la panza llena se siente animado y con más fuerzas. Es cierto porque ha mejorado mucho y apenas cojea. Parece que el asunto no era tan grave como parecía en los primeros días. Aun así, se echa una siesta para descansar. Yo le sigo un rato después.

    Al despertarme, observo que ya no está en la cama. El ruido de la ducha delata su ubicación, y decido aprovechar para hacer la cama y arreglar un poco el dormitorio.

    Absorta en mis pensamientos, canturreando una tonadilla, descubro que Antón me espía a través de la puerta entreabierta, en calzoncillos, con el pelo mojado y una toalla colgando del cuello. Puedo verle reflejado en el espejo de pie situado entre la cama y el armario. Caigo en la cuenta de lo que mira al percatarme de que todavía sigo en braguitas y con la camiseta mini.

    “El culo. Seguro que me mira el culo”, pienso.

    Sin miedo a parecer una fresca, haciéndome la despistada, decido prolongar mis quehaceres todo lo posible o, como mínimo, hasta que él se haga notar. No surge carraspeo alguno, ni ruido ocasional, ni tan siquiera un “ejem, ejem” que llame mi atención. Por esto, sigo dándole la espalda, exagerando la posición de mi culo en pompa, para que se recree mientras yo le vigilo de reojo en el espejo.

    El momento es… ¿Cómo lo definiría?… ¡Épico!… Esta es la palabra.

    Me siento bien y deseada, algo sucia pero deseada. Sin embargo, debo decir en mi defensa que, aunque es mi primo, Antón está para comérselo. Desde los quince años he fantaseado con él y con lo que me gustaría que me hiciera. Por un momento he olvidado el parentesco y le he percibido como un hombre cualquiera. Como alguien que me desea, y esto para una chica muuy mala como yo es una victoria.

    No puedo contenerme más.

    ꟷ ¿Qué? ¿Piensas quedarte ahí como un pasmarote toda la tarde?… ¿Te gusta el paisaje?

    ꟷ Eres terrible, primita. ꟷme suelta como si nadaꟷ. Si sabías que estaba aquí, ¿por qué no has dicho nada?

    ꟷ No sé. He pensado que sería cruel privarte de unas vistas que parecían gustarte tanto.

    Al darme la vuelta hacia él, noto cierto sonrojo en sus mejillas.

    ꟷ ¿Qué? ¿Estás acalorado o abochornado? Lo digo por tus mejillas coloradas… Y por el bulto de tus calzoncillos ꟷañado tras un breve, pero intenso repaso visual.

    ꟷ No lo sé. ꟷresponde con aire chulescoꟷ Debería sentirme avergonzado, pero no es el caso. Más bien, estoy sorprendido por lo bien que te has alimentado en los años que llevo sin verte.

    Decido seguirle el juego hasta ver adonde nos lleva.

    ꟷ Y eso se traduce en…

    ꟷ Simplemente se traduce en que no he dejado de mirarte desde el día que llamaste a mi puerta. Y parece que no te has percatado hasta hoy. Hoy he sido más descarado o menos cauto. No sabría definirlo.

    Empieza a gustarme el juego de ‘tú me atizas y yo te la devuelvo’.

    ꟷ Ni lo uno, ni lo otro. Yo diría que menos disimulado. Días atrás he notado ciertas miraditas, pero mi subconsciente lo ha pasado por alto. Incluso, aquella noche no le di mayor importancia.

    ꟷ ¿Noche?… ¿Qué noche? ꟷAntón se impacienta con mis intrigas. ꟷ ¿Qué pasó la noche que dices?

    ꟷ No. Si es una tontería. Al menos, yo me lo tomé como tal.

    ꟷ ¿Quieres, Susi, decirme qué ocurrió esa dichosa noche?

    ¡Huy! Que me haya llamado por mi nombre, en lugar de “prima” o “primita”, indica que se toma el tema muy en serio.

    ꟷ ¡Bah! Pero si es una tontería. Es solo que, anteanoche, me desperté a eso de las cuatro de la madrugada y me vi en una situación inesperada, aunque no incómoda, debo matizar. ꟷAntón no dice nada, pero sus gestos y mirada reclaman celeridad a la hora de explicarmeꟷ El caso es que tú estabas pegado a mí, tu pecho contra mi espalda, ambos en la posición de la cucharita.

    ꟷ ¿Solo eso? ꟷpregunta, algo nervioso.

    ꟷ Bueno. Además de tu espalda, otra parte de tu cuerpo oprimía otra parte del mío… Ya sabes.

    ꟷ ¿Qué es lo que sé? ꟷpregunta de nuevo, ahora histérico.

    Por un momento pienso que es tonto o que se lo hace.

    ꟷ¡Joder, Antón! ¿Todo hay que explicarlo? Pues que tu miembro apretaba contra mi culo. Y no estaba flácido, que se diga. ¡Igual que ahora!… ¡Exactamente igual que ahora! ꟷgrito al percatarme de que su erección ha alcanzado cotas inimaginables para mí.

    Decido dejar el tema porque su indolencia me enferma. O, acaso, ¿pretende que sea yo quién dé el paso que se supone que alguno debe dar?

    Ni me molesto en vestirme al salir del dormitorio. Total, después de haberse recreado un buen rato mirándome, poco recato debería mostrar en adelante.

    El resto de la tarde resulta un tanto tensa, y solo tocamos temas triviales. Pero algo me corroe por dentro y necesito forzar la situación. Entonces, dando rienda suelta a mi habitual descaro, decido dar el segundo paso que él, o no se atreve, o no quiere dar.

    ꟷ Dime, Antón. ¿Tienes alguna novieta nueva? He sabido que lo dejaste con aquella chica de Oviedo, hará algo menos de un año.

    ꟷ Sí. Lo dejamos. Al final la distancia es un obstáculo insalvable. Y no. No tengo a ninguna otra digna de mención.

    ꟷ Entonces te has convertido, imagino, en un masturbador empedernido ꟷsigo metiendo el dedo en la llaga.

    ꟷ No, querida. Eso es algo que no me va mucho.

    ꟷ Entonces… Eres de los dignos que prefieren que se lo hagan. Yo, por mi parte, confieso que me masturbo todo lo que puedo y más.

    ꟷ En serio ꟷpregunta como si no lo hiciera.

    ꟷ Pues, sí. Lo malo es que temo que la huella dactilar del dedo corazón derecho no sirva cuando tenga que renovar el DNI. Y lo peor es que con el resto de dedos no me apaño. Como que no siento el mismo gustirrinín….

    Antón ríe con ganas ante mi bobada. No importa porque me gusta que ría.

    ꟷ ¿No te van los juguetes eróticos? ꟷpregunta mirando hacia el suelo.

    ꟷ Lo probé una vez, pero el resultado no fue tan bueno como esperaba. El problema es que yo soy más bien clitoriana. Ja, ja, ja… ¡Soy Susana y vengo del planeta Clítoris! ꟷsuelto sin más, al tiempo que imito a un robot con la voz y los brazos.

    Lo reconozco y me avergüenzo, porque ha sido una imitación lamentable.

    Tal vez por esto no ha reído. Y tampoco ha dicho nada. Sigue con la mirada perdida.

    Sigo el trayecto entre sus ojos y el objetivo de estos hasta llegar a mi entrepierna. Estaba tan absorta con la charla que ni cuenta me he dado de mi posición. Sí, ha sido inconsciente, pero el caso es que, entre pitos y flautas, sentada en el sofá, frente a él en el sillón, mis piernas no están tan cruzadas como debían, y él puede ver mis braguitas sin obstáculos, con la hendidura vaginal bien marcada y una pequeña mancha de humedad.

    ꟷ ¿Es de sudor? pregunta, pillándome desprevenida.

    ꟷ ¿Sudor?… ꟷvacilo durante un par de segundos. Luego caigo en la cuenta, palpo la zona con la mano derecha y respondo con seguridad. ꟷNo. No es precisamente sudor.

    Él levanta la vista. Yo separo más las piernas, por si quiere retomar la observación. ¿Por qué?, me cuestiono. No sabría responder categóricamente. Imagino que, a estas alturas, Antón y yo somos simples seres humanos, más que primos, con instintos básicos como cualquiera.

    En este momento desconozco las motivaciones o pensamientos de Antón. Me sorprende retomando el tema como si nada.

    ꟷ Hay otras alternativas a los artilugios eróticos.

    ꟷ ¿Por ejemplo?

    ꟷ No sé. Mi exnovia, sin ir más lejos, solía utilizar un cepillo dental eléctrico que yo le regalé.

    ¿Un cepillo dental eléctrico? Mi mente no es capaz de imaginar semejante utensilio de tortura en esa zona. Se lo hago saber y él me explica la increíble ingeniería sexual que esconde el mencionado aparato.

    ꟷ Verás. Cuando se lo regalé, había comprado dos por internet. Eran, por lo visto, exclusivos y con dos velocidades, una más lenta para la zona delicada de las encías y otra rápida para el resto de la dentadura. Obviamente, ella lo utilizaba con la velocidad lenta y algo más para no lastimarse.

    La intriga era superior a mí.

    ꟷ ¿Qué era ese “algo más”?

    ꟷ No sé. Cualquier tipo de tela fina y tensa podía servir. Por ejemplo, la misma braga. Al ser un movimiento circular, debía mantenerla tensa con una mano al tiempo que, con la otra, lo colocaba en el clítoris sin apretar demasiado, lo justo para sentir las cosquillas a través de la tela.

    ꟷ ¡Interesante! ꟷexclamoꟷ Y, ¿sirve para el interior?… ¡Ya me entiendes!

    ꟷ Eso no lo sé. Imagino que depende de la persona y de la maña que se dé.

    Como el que no quiere la cosa, hemos llegado al punto de no retorno, a ese que puede marcarte de por vida, en uno u otro sentido, dependiendo del siguiente paso. Al menos, yo lo percibo así y tiro por el camino del riesgo.

    ꟷ ¿Todavía conservas el tuyo? Me refiero al que hace pareja con el que le regalaste. ꟷEntonces caigo en la cuentaꟷ ¿No será el que tienes en el cuarto de baño?

    Antón asiente con la cabeza, y yo decido saltar sin paracaídas y que sea lo que dios quiera.

    ꟷ Quiero ser sincera y que me escuches con atención, abriendo tu mente todo lo que puedas. Y no, no digas nada hasta que termine. Seré breve y directa.

    Otro gesto afirmativo de su parte supone el pistoletazo de salida para lanzarme al abismo en modo telegrama.

    ꟷ Yo soy moderna. Tú también lo eres. Los tiempos han cambiado. Tú eres mi primo y yo tu prima. Pero también somos un hombre y una mujer adultos. Lo de los primos ya no tiene la transcendencia que tenía en tiempos de nuestros padres y abuelos. En definitiva: yo por mi parte no tengo prejuicios, y espero y deseo que tú tampoco. Dicho esto, si no me muestras las maravillas que promete el dichoso aparatito, te juro que hago las maletas, me salto la cuarentena y me vuelvo a casa. No podría soportar tus reproches o silencios si la respuesta es NO. ꟷañado con lágrimas en los ojos, debidas a la liberación que supone soltar lo que me corroe las entrañas.

    Felizmente, suelto el lastre de la tensión cuando, sin esperarlo, se sienta a mi lado, me abraza y me dice con dulzura:

    ꟷ No temas, Loca, que tú de aquí no te vas. ꟷQue me llame “Loca”, como antaño hacía para chincharme, tiene ahora un significado diferente para hacerme sentir bien. ꟷYo pienso lo mismo que tú, punto por punto. Prepárate que ahora vengo. Voy a buscarlo, pero antes debo lavarlo bien con agua y jabón.

    ꟷ ¡Vale! ꟷrespondo sollozando de felicidad.

    Ya estoy preparada cuando regresa, semi tumbada a lo largo del sofá, con las piernas bien abiertas, flexionadas y temblando como un flan. No obstante, antes he pensado en ir al dormitorio y cambiarme la braguita húmeda. Me ha retenido un pensamiento:

    “¿Y si viene y no estoy aquí? Por otro lado, a los tíos les motiva más una braguita con aroma a sexo. Mejor me quedo quietecita donde estoy”.

    ꟷ ¿Preparada?

    ꟷ Sí, cielo. Lo estoy.

    Mi respuesta es tímida, pero contundente. Sensual, pero sin rozar el exceso.

    Él se sienta en el sofá, en el espacio que abarcan mis piernas, reclina su cuerpo hacia el mío y coloca el cabezal del cepillo justo en el clítoris. Yo ya estoy preparada, tensando la braguita con la mano derecha y acariciando su cabello con la izquierda. Suena un leve clic y aquello comienza a girar. Lo hace más lento de lo que esperaba. Pese a este detalle técnico, el gustito supera con creces mis expectativas.

    “Dios, esto debería ser considerado artículo de primera necesidad, y no solo para la higiene dental”.

    Las celdas del cabezal giratorio abarcan una mayor superficie, por las inmediaciones del clítoris. Imagino que mi primo había practicado con su ex cuando estaban juntos. La de ratos felices que debió pasar aquella tipa.

    Los gemidos manan de mis labios y se precipitan descontrolados. No quiero que pare. Quiero mucho más. Ansío llegar al clímax y gritar de felicidad. Que mis gritos y gemidos se hagan inaudibles entre los aplausos que la gente dedica todos los días, a esta hora, a los sanitarios. Ya deben ser las ocho. Lo siento por ellos. Espero que me perdonen por no salir al balcón como los días precedentes. Así ha surgido. Yo no he marcado los tiempos. Cuando termine saldré yo sola y les aplaudiré gustosa toda la noche. Si los vecinos me lo permiten, eso sí.

    Esto no importa ahora.

    El aparato se detiene y cesa el zumbido. Abro los ojos para ver qué ocurre. Antón no dice nada, pero entiendo que ha valorado mi estado de excitación y quiere rematarme con la lengua. Eso hace. Separa la prenda íntima con la mano izquierda y posa la lengua en el clítoris, que a estas alturas está duro como un garbanzo, al tiempo que introduce un dedo de la mano derecha en el coño. No sé cuál es, pero debe ser el más hábil a tenor del gusto recibido.

    ꟷ ¡Joder, Antón! ꟷExclamo entre gemidosꟷ No sé por qué has guardado el secreto durante tanto tiempo. La de noches felices que hubiese disfrutadoooo…

    El primer orgasmo acalla mis palabras. No puedo emitir sonido alguno. Ni un leve suspiro. Es algo que me ocurre casi siempre cuando llego al cénit del placer. Durante estos breves instantes, lo único que mana de mi cuerpo es una discreta cantidad de fluidos. No dura mucho y, cuando pasa la marea, recobro el habla.

    ꟷ Gracias, Antón. Eres mi Aladino particular. Nadie frota la lámpara como tú.

    Sé que lo que digo no son más que tonterías infantiles, pero así me siento, como una jovencita que descubre el placer supremo.

    Ajeno a mis pensamientos, Antón insiste con la lengua y dos dedos. Sí, ahora caigo en la cuenta de que otro dedo se ha sumado al baile. Y es tan buen bailarín como el primero. Noto como ambos se mueven en armonía. Primero salen y luego entran, para terminar la secuencia con unos giros perfectos, alcanzando las zonas más sensitivas de mi interior, provocando nuevos gemidos de placer. Entonces un pensamiento invade mi mente:

    “Hasta la fecha, mis mejores momentos han tenido lugar cuando el chico también recibe placer”.

    Es una de mis teorías sexuales. Imagino que común a otras muchas personas. Se resume en que uno se motiva más cuando recibe lo mismo que da.

    Aparto la cabeza de Antón, muy a mi pesar, pero con la certeza de que el beneficio será mayor.

    ꟷ Déjame ahora a mí. ꟷle digo mirándole a los ojos, con agradecimiento en los míos.

    ꟷ Lo que tú quieras. ꟷMe responde sin más.

    Antes de proceder, me levanto del sofá, me quito la braguita y la camiseta delante de él. Lo hago muy despacio, regalándole una improvisada sesión de striptease, moviendo levemente el torso, las caderas y el culo, al tiempo que giro para que no pierda detalle, recogiendo mi cabello con ambas manos por la nuca. Finalmente, tomo una goma para el pelo de la mesa y la uso para hacerme una cola de caballo. Lo que viene ahora requiere la mínima distracción o molestia.

    Me acerco al sofá. Él está cómodamente sentado, con la espalda apoyada en el respaldo y las piernas entreabiertas. Me arrodillo entre ellas y tiro del calzoncillo. Él mueve el culo de un lado a otro para facilitar la extracción. Finalmente lo consigo y lo tiro hacia atrás, que caiga donde caiga, me da igual. Me apresuro a tomar su verga con ambas manos. La acaricio, calculo su volumen y estimo que cabrá en mi boca con cierta facilidad, pese a tener unas proporciones mucho más que generosas. Me siento la mujer más afortunada del mundo por ello.

    Comienzo con un breve masaje arriba y abajo, cinco o seis veces, con la mano derecha, mientras palpo los testículos con la izquierda. Luego poso los labios cerrados en el glande. Más que nada es un beso. Los abro y abarco la cabezota, apretando ligeramente al tiempo que succiono con cierto ímpetu.

    “¡Dios, que ganas tengo de comerme este trozo de carne!”.

    Lo engullo por completo, hasta que el glande me alcanza la campanilla y mis labios rozan sus pelotas. Apenas me llega para respirar. La meto y la saco para tomar aire cuando puedo, método poco eficiente, pero me basta para no asfixiarme. Su sabor es una mezcla entre ácido y salado. No es de extrañar teniendo en cuenta la situación, el calor y el tiempo que ha pasado con ella dentro del calzoncillo desde que se duchó.

    “Esto ahora no importa”, me digo a mí misma a modo de ánimo, aunque no ando escasa de ello. Todo lo contrario.

    Finalmente, la saliva segregada en mi boca disipa el sabor y facilita la felación. No obstante, reprimo el ímpetu por miedo a que se corra en mi boca, antes de tiempo, antes de que me proporcione el placer que espero, que ansío.

    ꟷ ¿Quieres que lleguemos más lejos? ꟷle pregunto tímidamente, sacando aquello de mi boca y clavando la mirada en sus ojos.

    ꟷ ¿Te refieres a fo…?

    ꟷ ¡Sí, a follar! ꟷ Exclamo, totalmente desatada, sin darle tiempo a terminar.

    Sin comerlo, ni beberlo, me veo en una situación totalmente inesperada cuando, atónita, veo como me toma de la barbilla, oprimiendo con cierta brusquedad, con una mirada diferente, puede que agresiva, y me dice:

    ꟷ No me gusta que me corten cuando hablo. ¿ENTIENDES? ꟷLevanta ligeramente la voz y añadeꟷ Te voy a follar como a una zorra. Es lo que quieres, ¿verdad?

    No alcanzo a valorar mi estado de ánimo tras presenciar lo que he presenciado. Por un lado, me siento intimidada, pero, por otro, me pone a mil su reacción.

    “Si, como sospecho, se va a poner en plan dominante a partir de ahora, ¿me conviene o no me conviene”, me cuestiono. Decido que me conviene y motiva el repentino cambio de rumbo y le incito a proseguir por ese camino.

    ꟷ Permite, por favor, que te ponga un condón y luego haces conmigo lo que quieras.

    ꟷ Esa es la actitud. ꟷResponde sin atisbo de remordimientoꟷ ¿Tienes tú? Yo no tengo.

    ꟷ Claro que tengo. Una guarrilla como yo siempre va preparada. ꟷLe respondo como entiendo que le gusta.

    Él asiente con la cabeza, aparentemente satisfecho con mi actitud.

    Voy corriendo al dormitorio, donde tengo el bolso y un puñadito de preservativos dentro de él. Allí, antes de regresar, contengo el aliento, tratando de calmar los nervios y mi cuerpo tembloroso. Sí, tiemblo como un flan pensando que este renacido y nuevo Antón me gusta mucho más que el de antes. Al menos en este tipo de situaciones, cuando el macho tiene el control de la situación y se muestra más varonil. Bueno, más que varonil debería decir autoritario y seguro de sí mismo y de lo que quiere.

    “Al toro y que sea lo que dios quiera”, me digo antes de regresar.

    No es precisamente Dios, pero, en aquel momento, Antón es para mí una especie de Zeus dispuesto a someter mi voluntad y adaptarla a sus caprichos. Este pensamiento resulta acertado cuando regreso.

    Le encuentro en pie, impaciente. Tanto que ni permite que le coloque el preservativo y lo hace él mismo, a la velocidad del rayo. Luego me toma del brazo derecho, tira de mí hasta colocarme junto al sofá y con un pequeño empujón consigue que caiga hacia atrás y termine sentada.

    Arrodillado, me separa las piernas con ambas manos y tira de mí hasta colocarme con el culo en el borde del asiento.

    ꟷ Espera, Antón. ꟷLe digo con voz preocupadaꟷ Así puedes hacerte daño en la rodilla. Recuerda que…

    ꟷ Ni te preocupes por eso. ꟷResponde acallando mis palabras, tapándome la boca con la mano derechaꟷ Ya casi la tengo bien del todo.

    ꟷ Ya. ¿Pero no sería mejor en la cama, yo encima de ti?

    Él niega con la cabeza.

    ꟷ La cama está demasiado lejos ahora. Y no tendría gracia que seas tú quien me folle.

    Tiene lógica la respuesta, a tenor de su repentina transformación.

    Da por terminado el debate cuando me empuja por el hombro hasta que mi espalda choca contra el respaldo. Así, abre todo lo posible mis muslos, se introduce más en ellos, me coloca el glande entre los labios mayores y empuja hasta perforarme las entrañas.

    ꟷ¡DIOS! ꟷGrito al sentirme atravesadaꟷ ¡Que gusto! Por favor, no me hagas… ¡UF!… Bueno, hazme el daño que quieras ꟷmatizo al final.

     “El daño que quieras” es solo una forma de hablar porque, en esta posición, el dolor será poco y el placer mucho.

    Las primeras acometidas son un poco de lo primero y mucho de lo segundo. Tanto que no tardo en gritar de gusto cuando, pasados apenas dos minutos, otro glorioso orgasmo me regocija en cuerpo y alma.

    ꟷ ¡SIGUE ASÍ!… ¡NO PARES! ꟷGrito como una posesaꟷ ¡Fóllame!… ¡Fóllame así!  ꟷAñado entre susurros y jadeos, mientras disfruto los últimos coletazos del orgasmo, al tiempo que abrazo fuertemente su cintura con las piernas, con los pies entrelazados a la altura de su trasero.

    ꟷEres más golfa de lo que imaginaba. ꟷResponde élꟷ ¿Me dejarás que te la meta por el culito? ꟷAñade, como si tal cosa, esperando pillarme con la guardia baja.

    Yo no puedo creer lo que oigo. No por extraño, sino por precipitado. Es la primera vez, apenas llevamos diez minutos follando y, ¿ya quiere mi culo? La conversación sigue mientras me penetra sin descanso una y otra vez.

    ꟷ No, cielo ꟷle digo con dulzura, apelando a su comprensiónꟷ. No soy virgen por ahí, pero las veces que lo he probado eran pollas más pequeñas que la tuya. Tú me lo puedes reventar. Puede que otro día, con más calma y empleando un método alternativo para que el ano dilate poco a poco y sin dolor. Ahora, en tu estado de excitación, dudo mucho que te contengas.

    ꟷ Entiendo lo que dices ꟷreplica con aparente resignaciónꟷ, pero, al menos, deja que te folle por detrás mientras te meto un dedo.

    ꟷ ¿Por el ano? ꟷPregunto sin saber por qué lo hago, pues la respuesta es obvia.

    ꟷ Sí. Por el ano. ꟷResponde él.

    Apenas manifiesto mi conformidad, me ayuda a colocarme arrodillada en el sofá, dándole la espalda, con las piernas ligeramente abiertas y el culo bien expuesto. Finalmente arqueo la espalda, bajando el estómago y apoyo los antebrazos en el borde superior del respaldo.

    Él, por su parte, coloca la verga en el coño, se apoya con ambas manos en mis caderas y empuja hasta clavarla del todo en mi interior.

    Vuelvo a gritar de placer, a gemir con cada embestida. Con más ahínco cuando el dedo corazón de su mano derecha (creo que es ese) penetra en el ano, y acompaña sus movimientos con los de la verga, una y otra vez, con potencia, con resolución.

    Mi mayor temor en este momento es que la saque repentinamente del coño y me sodomice sin darme tiempo a reaccionar, aprovechando que un nuevo orgasmo debilita mi voluntad y nubla mi mente.

    ꟷGracias por no aprovecharte ꟷle digo cuando vuelvo a mi ser.

    Antón no parece haberse percatado de mi situación, pues sigue follando como un poseso. Entiendo que está a punto de correrse y con la mente en otro sitio.

    ꟷ ¡CHÚPALA, CHÚPALA! ꟷgrita cuando está a punto de caramelo, justo antes de salir de mí y quitarse el condón.

    Entendiendo lo que pretende, me arrodillo frente a él y trago su verga hasta la mitad. No necesito hacer más pues él, entre gemidos y suspiros, sujetando mi cabeza por la nuca, forzándola a no separarse, suelta un par de chorros que inundan mi boca y que yo trago gustosa. Seguimos así hasta que escupe la última gota de semen. Esta no la trago. La aprovecho como complemento a mi escasa saliva para lamer el glande y succionarlo por última vez.

    ꟷ A sido una pasada ꟷsusurro en su oreja una vez me he puesto en pie, abrazados, mezclando el sudor de nuestros cuerpos, pecho contra pechoꟷ. Juro por Dios, y mira que no me gusta, que ha sido la mejor follada de mi vida ꟷañado mientras acaricio su polla, que aún se mantiene, como poco, a un 80% de erección.

    ꟷSí. Ha sido una pasada ꟷresponde él con cierto aire de contrariedadꟷ, pero ha faltado algo para resultar perfecto, al menos para mí.

    Me siento fatal por él. No me arrepiento de mi decisión, pero necesito consolarle.

    ꟷ Mira. Hagamos una cosa. Mañana, o cuando quieras, buscamos algo que sirva de lubricante y lo intentamos con calma, sin prisas. Te prometo que pondré todo de mi parte. Aunque me duela al principio, lo aguantaré porque sé que el ano se dilatará lo suficiente si lo hacemos como te digo. Lo que venga después serán todo ventajas para ambos. Te prometo que merecerá la pena. ¿Vale?

    ꟷ Vale. Pero podríamos probar ahora que la tengo a media asta.

    ꟷ Anda, payasote, déjate de bromas y ayúdame a preparar la cena.

    ꟷ ¿Yo preparar la cena?… ¿Con mi rodilla así…?

    ꟷ ¿Cómo? ¿Ahora resulta que la tienes bien para follarme como un loco y mal para ayudarme en la cocina? Anda, tira para la cocina, que te conviene.

    Antón sonríe maliciosamente y yo me temo lo peor.

    ꟷ Hagamos un trato. Yo te ayudo con las comidas, y lo que haga falta, si te comprometes a ir desnuda por la casa todo el día, todos los días. Obvio que yo también. Y si hace frío, pues pongo la calefacción a tope. ¿Vale?

    Asiento con la cabeza y decidimos ducharnos juntos antes de cocinar. ¡Cómo está mandado después de practicar sexo!

    El resto de la noche resulta extraña. Sobre todo, porque andar por casa como Adán y Eva vinieron al mundo, propicia situaciones nuevas y novedosas.

    Por poner un ejemplo, a eso de la media noche, apenas hace dos horas, tras tomarnos un par de vodkas a palo seco, y después de pasar un buen rato manoseándonos por cualquier motivo, he vuelto a sucumbir ante sus encantos, que no son pocos.

    Yo me hallaba en la cocina, picando hielo para tomarnos el tercer y último vodka. No me he percatado de su presencia hasta que, por la espalda, me ha abrazado, acariciado mis pechos menudos, ha presionado mi cuerpo contra el suyo y he notado, para mayor sorpresa, una erección de aúpa, casi como la de horas atrás.

    ꟷ Follemos otra vez. Antes de dormir sienta mejor. Y en la cocina… ¡no veas el morbo que da la cocina!

    Sin remilgos, con descaro, me he girado hacia él y le he mirado a los ojos al tiempo que valoraba el tamaño de su verga con la mano derecha.

    ꟷ Esto promete. ¿Seguro que te queda munición para uno más? Mira que no han pasado ni cuatro horas…

    ꟷ Nada que ver. Esto será para quitarme el regusto amargo que me ha dejado no metértela por el culo.

    ꟷ Vale. Pero por ahí no. ¿Lo prometes?

    ꟷ No temas, ‘Loca’, que será rapidito y por donde tú quieres.

    Otra vez me ha llamado ‘Loca’. Mira que me pone que lo haga. Y el modo en que lo hace.

    Me ha faltado tiempo para limpiar la mesa de la cocina, recostarme en ella de cintura para arriba, levantar la pierna derecha sobre el borde de la mesa y quedar de espaldas a él, con las piernas y el coño bien abiertos y dispuesta a disfrutar de otro ratito.

    El polvo apenas ha durado cuatro o cinco minutos, pero ha resultado sumamente satisfactorio para ambos.

    Él ha terminado yéndose a la cama y yo, tratando de asimilarlo del todo, he quedado en vela hasta terminar esta primera entrada del diario, antes de que parte de lo sucedido se diluya en mi memoria.

    En una próxima entrega de mi particular diario de cuarentena, les hablaré de algo sucedido días después y que no consigo quitarme de la cabeza.

    Espero sus comentarios, positivos o negativos, y prometo responderlos.

    Gracias por el tiempo tomado para leerme.

  • Cornudo sumiso

    Cornudo sumiso

    Mi nombre es Juan y soy de Madrid. Esta historia ocurrió con mi esposa Carol el día de mi cumpleaños. Soy un hombre alto de buen ver de 24 años, mi esposa de mi edad, mide 1.62, con un culazo de ensueño y unas piernas blancas que atraen las miradas de cualquier hombre. Siempre he tenido la fantasía de ver a mi esposa follar con otro tío y de hacer un trio con ella, pero cada vez que se lo propongo ella se molesta ya que dice que no necesita de nadie más para satisfacerse, por lo cual me paso mis tiempos libres viendo porno y leyendo relatos de esta revista.

    Todo comenzó un día antes de mi cumpleaños el cual había llegado por la noche del trabajo, bastante cansado y fastidiado, tome una ducha y me tiré a la cama quedando totalmente dormido, al entrar mi esposa a la habitación se desnudó y me pidió sexo, pero entre sueño le contesté que era demasiado tarde y estaba derrotado, ella molesta se tiró a lado mío quedándose despierta pensando, en cuanto al cabo del tiempo tomo la iniciativa de bajarme los pantalones cuidando de no despertarme. Al cabo empezó a hacerme una mamada de ensueño la cual me hizo despertar en pocos segundos. Al notarme ya despierto y dispuesto a penetrarla me detuvo diciendo con una seña

    -shhh… Que has preferido dormir y en este instante solo busco mi satisfacción así es que duerme mientras yo te follo.

    Cosa que me dejó atónito pero encantado de disfrutar como cabalgaba mi polla mientras soltaba gemidos increíbles de su boca. Apretándome de las manos y con una almohada en la cara me sujetaba diciéndome -calma mi amor y no te corras que ahora eres mi juguete sexual y no te voy a dejar correrte hasta que yo me haya venido, diciendo esto a los pocos minutos empezó a cabalgarme con mayor frenesí soltando gemidos por todo el lugar y llenado me la polla con una salvaje corrida.

    Ya satisfecha y cansada se sacó la polla de su empapado coño y se tiró al lado mío sin decir una palabra y sin ponerse ropa alguna.

    Aquella escena me dejó bastante caliente y con ganas de llenarle ese rico coño con toda mi leche, la tomé así como estaba y ni corto ni perezoso de un solo golpe se la metí por el coño lo cual provocó un profundo y largo gemido seguido por un grito

    -¡¡qué coño haces cabrón no te he dicho que solo quería utilizarte, anda ya a dormir que ya es tarde!!

    -calla que ahora es mi turno de correrme y usar tu cuerpo a mi disposición.

    Escuchar eso la hizo levantarse de la cama tratando de disimular su coño mojado aun escurriendo de su corrida y las ganas que tenía de ser penetrada a fondo.

    Tome sus bragas del suelo y las utilice para vendarle los ojos a lo cual ella contesto

    -¡qué haces! A caso quieres que me imaginé otra polla mientras me follas.

    A lo cual respondí sorprendido

    -acaso ahora si quieres que alguien más te folle, ¡vaya puta!

    -pues si eso deseas eso hare

    Aquellas palabras me pusieron a tope follándola con ganas provocándole múltiples orgasmos seguidos de fuertes gemidos de placer que estremecía la habitación, al terminar dentro de su apretado coño rosado me salí de inmediato y comencé a comerle el coño lamento toda su entrepierna guardándome mi propia leche en la boca para terminar con un caliente beso para compartirle mi corrida.

    Es noche todo término ahí y nadie dijo nada ni tocamos tema alguno.

    Al día siguiente, platicando en las redes por el móvil le mandé fotos de mi polla diciéndole que en la noche le esperaba una buena descarga de mi leche ya que estaba a tope, a lo que me contestó si en verdad quería verla follar con otro tío, al lo cual le confirme con fotos de una corrida abundante.

    Al llegar a casa ella me estaba esperando vestida muy ardiente, llevaba una minifalda de piel muy pegada que resaltaba todo ese enorme y jugoso culo característico de ella, adornando sus piernas unas mallas de red que le llegaban a medio muslo con un liguero negro que daba ganas de quitárselo a mordidas, tenía una ombliguera roja sin brasier que marcaba sus pezones que se ponían cada vez más duros con el frío de la noche, la polla se me puso dura como una roca que parecía que rompería el pantalón ya que sabía cómo explotar su cuerpazo vestida de tal manera que parece prostituta que me vuelve loco.

    Me dijo con una sonrisa pintada con un labial rojo profundo muy picante sube al coche que yo conduzco, te tengo una sorpresa de cumpleaños que te va a encantar.

    Al abrirle la puerta del coche me quedé helado y casi me corro dentro del pantalón, pues no traía bragas y al agacharse se le veía toda la rajita que se había depilado completamente para la ocasión sin dejar nada a la imaginación. Condujo a unos cuantos kilómetros a las afueras de la ciudad a un bar bastante alejado de casa.

    Al llegar justo bajando del coche la belleza de mi esposa era tal con aquella vestimenta que muchos hombres se le quedaban mirando casi cayéndoseles la baba.

    Entramos al bar y comenzamos con unos chupitos para calentar la noche, cosa rara en mi mujer ya que el alcohol no es lo suyo, comenzamos a bailar en la pista en la cual había bastantes parejas y varios tipejos restregando sus paquetes en las mujeres cada que se presentaba la oportunidad.

    Comencé a observar como un tipo alto, bastante fuerte, rubio comenzaba a acercarse cada vez más a mi esposa la cuál ella correspondía restregándole las nalgas cada que se acercaba, al poco tiempo me abrazo y comencé a besarla y aprovechando el humo y la multitud empecé a meter mano por debajo de su falda metiendo mis dedos por su coño que por los roces con el bailarín de a lado ya estaba a punto para recibir mi polla sin si quiera hacer previa. Lentamente se acercó y besando mi cuello me dijo al oído.

    -no te muevas que ya vuelvo, voy al tocador.

    Asentí con la cabeza y me dirigí a la barra a tomar un trago mirando como caminaba entre la gente recibiendo todo tipo de miradas y siendo manoseada cada vez que podían. Note como aquel hombre que se estaba manoseando a mi esposa hacia unos minutos me perdió de vista y se dirigió al baño donde entro mi mujer. Después de 10 minutos de espera, note como mi mujer salía del baño desacomoda, lentamente se acercó a mi y se sentó a mi lado, con discreción metió su mano en su falda pasando sus dedos por su coño y empapado por sus dulces jugos y por una corrida abundante que escurría lentamente por sus muslos metió sus dedos en mi boca y me dijo

    -toma cabrón, que ya sé que te gusta tragar leche.

    Lo cual me cabreo bastante al imaginarla follando con el otro tío en el baño, pero gustoso y bastante excitado limpie todos los jugos de sus dedos y le dije que nos fuéramos del bar que quería vaciar mis huevos en su linda carita, con morbo me miró y me dijo calma cornudo mío que ya tengo planeado todo, la mire bastante sorprendido mientras ella pedía una botella de whisky al mesero. Me tomo del brazo sacándome a tirones del bar, al llegar al coche me vendo los ojos y me hizo subirme en el maletero lo cual me extraño bastante pero era tal mi excitación que acepte, a los pocos minutos escuché extrañado como se cerraban ambas puertas del coche, en seguida puso música bastante fuerte y comenzó a conducir.

    A los pocos minutos se detuvo y bajo para sacarme de mi encierro, sin quitarme la venda de los ojos comenzó a bajarme los pantalones y se metió toda mi polla que estaba dura tras esa escena en el bar y comenzó a darme una mamada que me hizo correrme casi enseguida, mientras escuchaba como se quitaba la ropa escuché como un cinturón caía al suelo cerca de nosotros, ella comenzó a lanzar gemidos al unísono mientras limpiaba toda mi corrida de mi polla dejándola completamente limpia, el poco tiempo se retiró de mi y me dijo que me retirará la venda de los ojos, lo que vi me dejó helado, frente a mi estaba mi esposa a gatas recibiendo la polla erecta del tío que se la había follado en el bar y me dijo con bastante morbo en su mirada y una sonrisa burlona.

    – está es tu sorpresa cariño ya puedes cumplir tu fantasía de verme follar con otro tío frente a ti.

    Sin saber decir nada y sin moverme seguí viendo aquella escena de mi esposa gritando de placer como una loca mientras era penetrada frente a mi. Al poco tiempo ella le dijo que se retirara, abrió la puerta trasera del coche y me tumbó de espaldas sobre el asiento y dijo:

    -quiero me llenen mis dos agujeros con su leche.

    Me dio a mi el placer de follármela por el ano, cosa que nunca me había permitido lo cual era notorio de su grande excitación, el otro tío se acercó y me dejó con la boca abierta pues aquel miembro suyo era más grande y más grueso que el mío, se acercó a ella y comenzó a bombearla con bastante fuerza permitiéndome sentir como se movía aquel elemento dentro de ella tras la tremenda doble penetración que le estábamos dando.

    Cuando le dije que estaba a punto de correrme ella retiro al otro tío de su coño y metió mi polla por su rajita mientras le hacía señas a el otro tío de meterla también lo cual fue bastante difícil, al lograr meterse las dos pollas por su coño soltó un grito de dolor el cual poco a poco se fue desvaneciendo haciéndola correrse varias veces en esa posición, yo ya estaba que no aguantaba ni un segundo más y me vine dentro de ella, el otro tío no aguanto pocos minutos después de mi y nos corrimos ambos dentro de ella casi al mismo tiempo, bastante cansado se retiró de su coño y ella se levantó de mi, note como escurrían varios chorros abundantes de semen de su abierto coño a lo cual me hizo señas diciéndome, -ven acércate que te he preparado un rico licuado de semen solo para ti mi cornudo amado-, limpie hasta la última gota de nuestras corridas de su rosado coño.

    Los tres ya vestidos subimos al carro y nos retiramos de aquel sitio, que sin darnos cuenta habían varios espectadores grabando nos desde sus autos ya que estábamos en el estacionamiento de una gasolinera en una carretera poco transitada.

    Al llegar de nuevo al bar nos despedimos de aquel tío de la polla grande y mi esposa le dio un apasionado y largo beso y le dijo que cuando necesitará le iba a llamar para darnos más placer de nuevo, ambos nos fuimos de inmediato a casa y sin decir ni una palabra, al llegar me sonrió me abrasó y me dijo, vaya buena fantasía la tuya feliz cumpleaños.

    Hemos quedado los tres varias veces después de esa ocasión, y hemos contactado más parejas para intercambiar, pero eso será. Asunto de otro relato. Saludos.