Autor: admin

  • Luis, a la mañana siguiente (2)

    Luis, a la mañana siguiente (2)

    A la mañana siguiente me desperté en esa enorme cama de malvavisco, Luis no estaba en la cama, me levanté y vi una nota en el buró:

    «Preciosa salí a entregar unos pendientes, la puerta de la derecha es el baño por si quieres ducharte, te dejé el desayuno en la cocina. Regreso a mediodía, no te vayas»

    Me dirigí al baño, era un espacio muy grande tenía un lavabo de cerámica con un espejo enorme, al fondo estaba la regadera rodeada por una pared de cristal y a un lado un jacuzzi.

    Me quité la camisa de Luis y entré a la regadera, el agua caliente cayó en mi cuerpo y empecé a fantasear con todo lo que había pasado la noche anterior, entre recuerdos me masturbé en la regadera, empecé acariciando mi clítoris haciendo círculos, pero me excité demasiado rápido, así que me metí dos dedos hasta donde alcancé y me generé tremendo placer que conseguí correrme en la ducha. Terminé de bañarme y tomé una bata de baño blanca que estaba guardada en los cajones del lavabo.

    Salí a la sala a buscar mi ropa, pero no estaba, así que fui a la cocina y desayuné, estaba tomando una segunda taza de café cuando Luis entró al departamento, se sentó junto a mí, me besó y me pidió que cuando terminara con mi café fuera a su cuarto, que ahí me estaría esperando.

    Se levantó y se dirigió a la habitación, tomé el resto de mi café lento, quería crear un poco de suspenso a la situación, pasados unos 10 minutos me levanté y fui directo a su habitación. Cuando entré él estaba recostado en la cama sin playera, acarició la cama en forma de decirme que me sentara junto a él, eso hice y pasó su brazo por encima de mis hombros y me sonrió, con su otra mano desamarró el nudo que había hecho en la bata y la abrió un poco de forma que ahora podía ver la mayor parte de mis pechos.

    «¿Me puedes hacer un favor?» Me preguntó mientras empezaba a jugar con mi pecho, ya empezaba a sentir pulsaciones en mi vagina. Este hombre realmente lograba que me excitara muy rápido, asentí y lo besé apasionadamente. Al terminar el beso me dijo con una expresión muy seria «quiero que te sientes en mi cara», eso me desconcertó un poco, yo no era la clase de mujer experimentada, en realidad solo había tenido una pareja sexual antes de Luis y no era mucho de experimentar en el sexo. Pensé que sería una buena manera de aprender de alguien que obviamente sabía lo que hacía.

    Me levanté un poco de la cama y le pregunté «¿Cómo quieres que me acomode?». Él sonrió con lujuria, se acostó por completo y me dijo que me sentara a la altura de su boca con las piernas bien abiertas y que él se encargaba de lo demás, eso hice y en la posición que estaba solo podía ver sus ojos, empezó lento recorriendo mi vagina con su lengua, después mordió levemente mis labios, yo sentía un hormigueo en el vientre y palpitaciones en la entrada de la vagina, después hizo círculos con su lengua en mi clítoris, continúo con pequeñas succiones, estaba demasiado excitada, recargue las manos y la frente en la pared, hasta que de pronto sucedió algo que nunca había pasado, solté una cantidad enorme de agua seguida de un orgasmo increíble, Luis succionó ese líquido y continúo lamiéndome hasta que me dejó seca.

    Me sentí tan bien que quise devolverle el favor. Me levanté de la cama y me quité la bata de baño, después subí lentamente a la cama, casi gateando y llegué a su pelvis, le desabroché el pantalón y se lo bajé junto con su ropa interior, me acerqué a su pene lo tomé y me lo pasé por las mejillas, le di unos pequeños besos en la punta para asegurarme de que estaba bien excitado, después bajé los besos hacia sus testículos. Pude notar que eso le gustó, lamí de la base hasta la punta de su pene y llegando otra vez al glande me metí su pene a la boca, me lo comí como si de una paleta se tratara. Él se hizo un poco hacia adelante y me pidió que parara porque quería terminar en mis senos.

    Yo lo dejé, incluso tomé mis pechos, los junté con mis manos y puse la punta de su pene en medio de ellos, se movió un poco metiendo más su pene hasta que chocó con mi pecho, «mueve esas hermosuras» ordenó, yo lo hice, primero lento, después más rápido a modo de rebote, él eyaculó en mí, un poco de su semen alcanzó a salpicarme en la cara, el resto resbaló por todo mi vientre, estaba tibio y eso me excitó, una vez más estaba chorreando, sentía como se deslizaba el líquido entre mis piernas.

    «Vuelve a hacerme tuya» le dije en seco, volví a gatear hacia él hasta llegar a su boca lo besé apasionadamente, le mordí el labio inferior, él me tomó del cabello y me jaló hacia atrás, «ponte en cuatro» me ordenó, la excitación subió y empecé a respirar jadeando. Me acomodé dejándole todo mi trasero al descubierto, él se acomodó detrás de mí y me dio una nalgada a secas, sin quitar la mano me apretó la nalga y después hizo lo mismo con la otra, continúo amasándolas.

    Yo estaba disfrutándolo, pero al mismo tiempo necesitaba que me penetrara, así que curvé la espalda aún más, levantando mis nalgas, separé más las piernas dejando un poco al descubierto mi vagina y empecé a moverme como si ya me estuviera cogiendo, quería provocarlo, volvió a nalguearme y metió sus dedos en mi vagina, empezó a masajearme por dentro. Tenía las manos bastante grandes, por lo que con los dos dedos que tenía dentro de mí me estaba complaciendo muy bien, solté un gemido y él hizo un sonido de gozo. Sacó los dedos de mi vagina y me dijo «me encanta como te mojas», se abalanzó sobre mí y sentí como empezó a meterme su pene, lo metía y sacaba rápido, después lento y luego rápido otra vez, yo gemía de placer y como a él le gustaba que fuera escandalosa le decía que me hiciera suya, que me cogiera más duro y que me encantaba su pene, eso hacía que él se prendiera más.

    Me metía completo su pene con fuerza y todo mi cuerpo rebotaba, principalmente mis nalgas contra su pelvis y mis pechos que estaba colgando, volvió a cogerme rápido, pero ahora se sujetó de mis senos y mientras jugaba con ellos me pellizcaba los pezones y los jalaba, eso me generó más placer. Logré acomodarme con una sola mano y con la otra me empecé a acariciar el clítoris, Luis se dio cuenta y me dijo al oído «si así, córrete toda en mi pito», eso le pareció una orden a mi cuerpo porque en cuestión de segundos estaba teniendo un orgasmo y sentí como me escurría.

    Luis no sacó su pene, pero se dejó de mover, «sígueme dando» le grité, él continuó dándome rápido y duro. El orgasmo me duró bastante tiempo no podía dejar de gemir, me hormigueaba todo el cuerpo, Luis aún no se venía, su pene seguía duro y delicioso.

    Cambiamos de posición, está vez yo estaba arriba dándole la espalda, literalmente lo estaba montando, nuestros cuerpos se coordinaron y mientras yo rebotaba en él, él me jalaba el cabello, me nalgueaba y me arañaba la espalda, de pronto lo sentí, había hecho a mi hombre acabar una vez más sentí como me llenaba de su leche, no me levanté de su pene hasta que él me lo indicó.

    Me levanté de la cama y me puse la bata.

    -¿Dónde está mi ropa?

    -No te la voy a dar hasta que terminemos.

    Se levantó de la cama y se dirigió al baño, entró y dejó la puerta abierta, era obvio que quería que lo siguiera, espere un poco y entre al baño, él estaba de frente al espejo y lo abracé por la espalda. “¿Cómo te has sentido?” me pregunto con una voz muy amable, le di un beso en la espalda y contesté “genial, nunca había experimentado algo así”, pude ver a través del espejo como sonrió, se dio la vuelta y me besó, primero suavemente, después rápido y agresivamente, me recargó contra el lavabo de cerámica, lo sentí frio en mis nalgas y mis pezones se entumecieron.

    Luis pasó sus manos por debajo de mis nalgas a modo que abrió mis piernas y al mismo tiempo me levantó para sentarme en el lavabo, quede a la altura de su cintura y abrí más las piernas, quería dejar en claro que necesitaba que me volviera a coger, se acercó a mí y metió su pene en mí, esta vez hizo movimientos lentos adelante y atrás, yo recargue mis manos en el lavabo y empuje mi espalda hacia enfrente, así cada vez que él se acercaba a mí rozaba mis senos con su pecho, se detuvo sin sacar su pene, posó sus nanos en mis nalgas y me cargó hasta la regadera, sin soltarme me recargo contra la pared y me cogió más rápido, me sujeté de su cuello para ayudarle con el equilibrio, me tuvo rebotando en su pene por varios minutos, el agua caliente nos caía lentamente, yo no podía dejar de gemir, nos detuvimos y dejó de cargarme, acto seguido me dio vuelta, se aprenso de mis senos y me pegó a su cuerpo, podía oír su respiración entrecortada y su corazón palpitando a toda velocidad, paso su mano a la parte alta de mi espalda y me reclino hacia enfrente, me tomo de la cadera con una mano y con la otra me empezó a masturbar, cuando estaba completamente mojada me metió en seco su pene y lo saco y lo metió con fuerza y así siguió hasta que termino, me tenía totalmente sometida y por alguna razón eso me encantaba.

    Salimos de la ducha y sacó mi pequeño vestido rojo y mis zapatillas de su closet, me los dio y me dijo que se iba a quedar con mi ropa interior como recuerdo de una gran experiencia.

    Me vestí y me fue a dejar a mi casa, nos despedimos con un beso apasionado en su coche.

  • ¡Métemela hasta el fondo del culo, papá!

    ¡Métemela hasta el fondo del culo, papá!

    Eduardo había llegado a casa a las once de la noche. Elvira lo esperaba en la sala de estar. Con cara de pocos amigos, le dijo:

    -¡Cómo pudiste follar a tu hija!

    Eduardo, la miró de lado, y le dijo:

    -¿Y tú me lo preguntas, boyera?

    Elvira se hizo la sorprendida.

    -¿Te dijo…?

    -Sí, me dijo que la sedujiste

    -¡Me sedujo ella a mí!

    Eduardo se sentó en un sofá y le dio a la cosa una vuelta de tuerca.

    -Oye, dime una cosa. ¿Tu novia era Enriqueta?

    Elvira se hizo la enfadada, pues ella y Julia habían hecho un trato para liar a Eduardo.

    -¡Puta!

    -Puta ya sé que es, pero, ¿fue tu novia?

    -Lo de puta lo dije por tu hija. ¿No ves que está jugando con dos barajas?

    -Lo sé, lo sé, pero no me contestaste.

    -Sí, Enriqueta fue mi novia.

    -No conocía esa faceta tuya. Así que eres bisexual.

    -Sí. Tú nunca estuviste con otro hombre, claro, eres muy macho.

    -Todos tenemos un pasado. Una vez estuve con un hombre, pero de eso hace muchos años.

    -Cuenta. ¿Cómo fue?

    -¿A qué viene ese interés?

    -Me ponen las cosas entre dos hombres.

    -Me casé con una mujer que no conocía. Lesbiana, le gusta ver follar a dos hombres.

    -Bisexual, y si lo quieres saber todo de mí no tienes más que preguntar, eso sí, después cantas…

    -¿Qué es lo que más te gusta en la cama?

    -Que me aten y me metan las bragas en la boca, que me huelan y que me coman el coño hasta que me corra cómo una perra. Que me amasen y me coman las tetas hasta que mis pezones se pongan tan duros que necesite que me los muerdan. Que se corran dentro de mi, que se queden dentro y que me vuelvan a follar hasta que me corra yo. Me gusta meter mi lengua dentro del coño empapado de una mujer y que me la meta ella. Correrme en su boca y que se corra ella en la mía. Que me coman el culo hasta que no pueda más y le tenga que decir al tío que me lo reviente. Que me pongan el culo a arder con las palmas de las manos. Mamar y masturbar una polla hasta que se corra, guardar la leche en mi boca y besarlo para tragarla juntos, y muchas cosas más.

    -¡Joder!

    -Te toca, cuenta lo de tu experiencia homosexual. ¿Cómo empezó todo?

    Eduardo ya se abrió.

    -Empezó con la mujer de este hombre. Me diera mil pesetas por follarla. El tipo se enteró y me dijo que escogiera entre devolverle las mil pesetas, llevar dos tiros, o llevar por culo. Dinero no tenía, morir no quería, así que…

    -Te dio por el culo.

    -Sí.

    -¿Quién era el hombre casado?

    -Eso jamás lo diré.

    -Si me lo cuentas me hago un dedo delante de ti.

    -¡No serías capaz!

    -¡O sí! Me ponen las historias entre dos hombres.

    Eduardo quería ver a su mujer masturbándose y cantó.

    -Fue mi tío Froilán

    -Cuenta.

    -Fue en el monte. Después de ponerme las peras a cuarto, y yo aceptar que me humillara dándome por culo, me arrimó a un pino -Eduardo vio cómo Elvira cerraba los ojos, se echaba hacia atrás en el sofá, abría las piernas, levantaba el vestido y se metía una mano dentro de las bragas-. Apoyado con las manos en el pino sentí su polla empalmada entre mis nalgas, su boca en mi cuello y sus manos acariciando mis tetas, mis costillas, mi vientre…

    Me quitó el cinto, me bajó los pantalones y los calzoncillos hasta los tobillos, me quitó la camiseta y después bajó besando mi espalda, besó mis nalgas, las abrió y lamió mi perineo y mi ojete, para pasar a meter y sacar su lengua de él. Sin poder evitarlo, la polla se me puso tiesa, me la cogió y me la meneó lentamente… Al rato me dio la vuelta, me la mamó y en segundos me corrí en su boca. El muy maricón se tragó toda la leche de la corrida.

    Después me dio la vuelta y me volvió a lamer y a follar el ojete con su lengua, para luego levantarse, separar mis piernas, poner la polla en la entrada de mi ojete, empujar y desvirgar mi culo. Me dolió, pero tampoco fue la cosa para tanto. Me la fue metiendo mientras me daba azotes en mis duras nalgas. Me relajé y al rato ya estaba de nuevo empalmando y disfrutando al sentir su polla llegar al fondo de mi culo… Con una mano giró mi cabeza y me metió la lengua en la boca.

    No sé qué me pasó que me besé con él cómo lo había hecho con su mujer, bueno, si sé lo que me pasó, que al besarme me cogió a polla y me la meneó de nuevo y eso hiciera que me pusiera más caliente que un perro, poco después sintiendo su polla entrar y salir de mi culo y sus huevos chocando con los míos, un chorro de leche salió de mi polla y fue a parar al pino y los otros sobre la hierba, los del cabrón fueron a parar dentro de mi culo.

    Eduardo fue junto a su mujer, le bajó las bragas y vio cómo dos dedos entraban y salían de su coño pelado cubiertos de jugos, puso su lengua encima y lamió por encima y entre ellos. Elvira ya estaba llegando. Sin abrir los ojos quitó los dedos, cogió su cabeza con las dos manos, apretó su lengua contra su coño y moviendo la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo se corrió en su boca gimiendo y retorciéndose de placer.

    Al acabar, le dijo a su marido:

    -Lo disfrutaste.

    -Sí, fue una experiencia muy placentera.

    -¡¿Qué te faltará a ti por hacer?!

    -Un trío. Follar con dos mujeres y ver cómo se follan debe ser la pera.

    -¿Harías un trío con tu hija y conmigo? ¿O te daría corte?

    -Ahora de lo que tengo ganas es de echarte un polvo.

    -Tú lo que quieres es darme por culo, y me va a gustar que me des. Responde. ¿Te daría corte hacer un trío con Julia?

    -No, no me daría corte, pero no sé si querrá, te odia.

    -Es muy puta.

    -Hasta hace nada era virgen.

    -Pero ahora es muy puta y querrá.

    -Dirás que sois muy putas.

    -Somos muy putas, pero somos tus putas.

    -¿Qué estará haciendo ahora?

    Julia estaba en cama con Anastasia en una de las camas gemelas de una amplia habitación. Anastasia era una pelirroja de ojos azules con pecas hasta en el culo, pero muy bonita. En la otra cama dormía Clara, la hermana de Anastasia, una muchacha también pelirroja y algo más joven que ella. Hacía una media hora que se metieran en cama. Las contras de la ventana estaban entreabiertas y un rayó de luna se posaba sobre el cuerpo de Anastasia, que ya dormía. Julia no tenía sueño. Apartó muy lentamente la sábana y la colcha que cubrían a Anastasia y la vio cubierta con un picardías negro que dejaba entrever sus gordas tetas y ver sus largas y fuertes piernas.

    Lo levantó un poco y vio que por los lados de sus bragas negras salía pelos pelirrojos. Se rozó el clítoris con dos dedos. Le bajó una asa del picardías y vio una teta grande y redonda con la areola rosada echada hacia fuera y un pezón gordo. Metió un dedo en el coño y comenzó a masturbarse metiendo y sacando el dedo del coño sin dejar de acariciar el clítoris. Le bajó la otra asa y vio la otra teta. Las dos tetas eran blancas cómo la leche y tenían los pezones erectos. Se moría por mamar aquellas tetas, pero Anastasia era heterosexual y en breve se iba a casar, tan en breve cómo el domingo de la semana siguiente. Le apartó las bragas hacia un lado, le pasó muy despacito un dedo por la raja y le salió mojado. Anastasia abrió los ojos, y susurrando le dijo:

    -Se ve que te gusto.

    -Me gustas una barbaridad. ¿Me dejas mamarte las tetas?

    -Sí, pero no hagas ruido que se puede despertar mi hermana pequeña.

    La boca de Anastasia se posó sobre la areola hinchada de la teta izquierda y mamó con ganas atrasadas mientras su dedo entraba y salía de su coño cada vez más aprisa, luego mamó la derecha… Anastasia metió dos dedos dentro del coño y también buscó un final feliz. Las mamadas dieron paso a los besos, a los pequeños ruidos, la pasión se desbordó y poco después se corrieron juntas al sentir decir a Clara, en bajito, en la otra cama:

    -Yo ya no puedo mas. Me corrooo.

    Dos días después, por la noche, Eduardo, Julia y Elvira estaban desnudos en la habitación de matrimonio. Elvira tenía en la mano un lubricante Durex con base de agua. Le dijo a Julia:

    -Esto hará que la penetración anal sea más agradable.

    Eduardo, le dijo:

    -Mejor excitarla antes con otra base de agua.

    -¿Cuál, papá?

    Eduardo tenía en las manos una botella de tres litros de cava Freixenet, echó un trago, después le dio la botella a su hija, y le dijo:

    -Echa cava por la espalda y por las tetas para que Elvira y yo disfrutemos de ti.

    Elvira se puso detrás de ella y fue lamiendo la espalda, luego al bajar entre sus nalgas le lamió el ojete y el periné. A Julia le encantó sentir la lengua lamer su ojete mientras su padre le comía la boca. Al echar cava por delante Eduardo le comió las tetas y después el coño… Julia siguió echando pequeñas cantidades de cava por detrás y por delante… Poco después el cava fue a la mierda, ya que se comenzó a correr y la botella le cayó de las manos, y no cayó ella de culo porque su padre la sujetó mientras sus piernas y su cuerpo temblaban cómo sacudidas por un terremoto…

    A continuación. Eduardo la echó sobre la cama dejando sus piernas colgando, Elvira, que era una golosa, se agachó y le lamió el coño corrido, Eduardo al ver a tiro el coño de su mujer, la cogió por la cintura y se la clavó hasta el fondo de una sola estocada…

    Después le siguió dando, pero no de cualquier manera, le dio duro, de manera que con cada clavada su cuerpo se movía hacia delante y con ella la cabeza, lo que hacía que su lengua lamiera el coño y el clítoris de Julia en un continuo.

    Pasado un tiempo Elvira se enderezó con la polla dentro del coño, movió el culo alrededor, y le dijo a su marido:

    -¡Me corro, cariño!

    Eduardo, medio agachado y magreándole las tetas sintió como el coño de su esposa anegaba su polla con una larga corrida.

    Al acabar de correrse, sacó la polla y pringada de jugos se la dio a mamar a su hija. Julia, que si se toca ya se corre, mamó la polla con ganas. Luego, Eduardo, la echó boca abajo a lo largo de la cama. Echó cantidad de lubricante en la polla, lo extendió bien, le puso el glande en el ojete, empujó, y la cabeza entró en su culo con más facilidad de lo que había entrado en su coño al desvirgarla. Julia con la cabeza pegada a la cama y los brazos estirados hacia delante estaba encantada.

    -¡Qué bueno! Que rico, ay que rico, ay, ay, ay que ricooo. ¡Métemela hasta el fondo del culo, papá!

    Eduardo se la clavó hasta las trancas.

    -Mete y saca, mete y saca, ¡Quiero correrme así!

    Elvira le preguntó a Eduardo:

    -¿Se la tienes metida en el culo?

    -Sí.

    -¡Hostias con la princesa! Tiene más vicio que yo.

    -¡Calla, puta! ¡¡Roba padres!!

    Julia estaba actuando, Elvira lo sabía, pero Eduardo, no.

    Le dio dos cachetes en las nalgas y le dijo:

    -No le llames eso a tu madre o te pongo el culo negro.

    Lo retó.

    -¡No tienes cojones!

    -¡¿Qué no?!

    Eduardo la nalgueó con fuerza y le folló el culo a romper. Julia cuanto más le gustaba, más le decía:

    -Maricón… maricón… Maricón… Maricón… Ma, ma, ¡¡Madre mía que corrida!!

    Lo fue, Julia se corrió cómo un río y con la fuerza de un ciclón. Eduardo le llenó el culo de leche.

    La noche fue larga, muy larga.

    Quique.

  • Cosas de familia (Parte 1): La hija

    Cosas de familia (Parte 1): La hija

    La historia que voy a contar fue escrita desde lo más oscuro de un sucio calabozo. Dónde espero a que en breves momentos mi señora esposa venga y pague una pequeña fianza, así pueda ser liberado.

    Mi nombre es Juan, tengo 46 años, soy profesor de matemáticas, graduado en la universidad de ciencias exactas. Además de profesor, soy regente del colegio católico Saint Paul. Uno de los más caros, antiguos y prestigiosos establecimientos educativos de la ciudad.

    El fin del ciclo lectivo se acercaba siendo esta una época de cierre de calificaciones. Una etapa difícil para aquellos estudiantes que debían egresar a la universidad. Teniendo que ajustar sus calificaciones al nivel más alto.

    Año final el cual tiene intensas evaluaciones de parte del personal educativo del colegio. Cabe destacar que la mayoría de estos jóvenes cumplen 18 años en el último trimestre del ciclo escolar. Para así poder entrar con la mínima edad requerida por norma en cualquier universidad. Por tanto comienza a dárseles un trato más maduro y no tan infantil.

    Aquellos que no lleguen a los niveles deseados podrían perder el próximo año de universidad debido a los requisitos que estás tienen para la admisión de sus alumnos. Suena menor pero por lo general las familias más acomodadas de la alta sociedad pagan fortunas en universidades privadas nacionales o en el mejor de los casos internacionales para que sus hijos se gradúen. Pagando miles de dólares anuales por la educación de estos, de ante mano y sin devolución. Entonces el aprobar todas las materias en estas instancias es crucial para ser habilitados a cursar el año universitario.

    Jésica Suárez era una de las más lindas alumnas del último año. Una chica muy respetuosa, de una familia de las más burguesas de la ciudad. Su padre dedicado al comercio exterior era muy reconocido en la ciudad por sus exitosos negocios.

    Durante el año Jésica nunca pudo encontrar el camino para amigarse con los números y cálculos de la materia reflejando un promedio bastante bajo para este momento en su cierre de calificaciones.

    Realmente la alumna Suárez era hermosa, 170 cm de altura. Curvas muy pronunciadas bajo su uniforme escolar, sobre todo en la parte de su cadera. Las cuales veía con gran deleite los martes cuando las alumnas hacían gimnasia. Poseía unas piernas potentes y tonificadas. De apariencia aniñada con esa trenza de pelo rubio que siempre llevaba. Era imposible creer que hacía 2 meses había cumplido 18 años.

    Caminaba siempre moviendo su trasero cosa que volvía loco a todos los alumnos y profesores. Varias veces fantasee con estar bajo su falda haciendo mía a esta mujercita. Con unos hermosos ojos celestes cielo y unos labios gruesos que podían llevar al extremo cualquier fantasía que uno tenga con esta mujer de corta edad.

    Sus calificaciones no eran buenas más allá de mi materia. También había otras áreas que estaban bastante bajas cerrando así un año para el olvido. Comprometiendo terriblemente su próximo año en la universidad. Muchas veces puede hacerse una amnistía sobre esta situación dependiendo del alumno, las influencias políticas, la posición en la sociedad, o la cantidad de billetes que este tenga en su cuenta y cuan dispuesto a colaborar esté.

    Cómo regente del establecimiento activo un protocolo interno, dónde pido una reunión con la familia y la alumna para evaluar el caso y así tomar algunas medidas.

    Reunión fechada para el miércoles por la tarde en mi oficina. Luego de la salida de los alumnos del establecimiento. Todas las partes conocíamos la delicada condición de Jésica Suárez tanto los docentes cómo los padres. Solo restaba ver un posible acuerdo por izquierda para evitar la debacle producida por sus calificaciones que echaban por tierra la idea de cursar regularmente el próximo año de universidad.

    La hora de la cita en mi oficina, se había cumplido. Sin ninguna presencia de las partes necesarias requeridas por el establecimiento. Luego de 15 min de demora, golpea la puerta la alumna Suárez sin la presencia de sus padres.

    Tomando asiento sola en mi oficina, me comunica que sus padres estaban demorados, pero que en 20 o 30 minutos aproximadamente llegarían. Lo cual era una falta de respeto total y algo imposible de realizar por cuestiones de agenda.

    Sin importar la ausencia de sus padres, comencé la reunión a solas con la alumna. Comunicándole sus notas las cuales ambos sabíamos que eran malas. Razón por la cual se le quitaba la condición de ser alumna regular de cualquier universidad.

    -¡No, señor regente!, ¡No puede pasarme esto!- Decía Suárez

    -Lo lamento, pero es la realidad. Con estas notas no podemos hacer nada. Tendrás que perder el año. ¡No puedo ayudarte, realmente lo siento!

    -¡Señor regente mis padres me van a matar! ¡No me haga esto! ¡Se lo suplico!

    -¡Lo siento señorita Suárez! le comunicaremos en breve a sus padres estas tristes noticias. ¡Muchas gracias por venir!

    Finalizando la reunión me pongo de pie y me dirijo a abrir la puerta de la oficina para acompañar la retirada de la alumna.

    -Bueno señorita Suárez, ¡que tenga un excelente verano, gracias por acercarse a mi oficina!

    Mientras abría la puerta, como invitando a que se retire.

    -Señor regente, ¿no habría otra solución un poco más viable? -Pregunta esta puesta ya en pie.

    -No mi estimada, las evaluaciones del ciclo lectivo ya han finalizado y no has podido estar a la altura de este. Sumado a la ausencia de tus padres en esta reunión lo cual complica todo aún más. Lo siento pero te pido que te retires.

    Desde la puerta podía ver cómo la joven retrocedía lentamente hasta apoyar sus carnosas nalgas sobre mi escritorio sentándose levemente. Para con suavidad empezar a abrir sus piernas y levantar notoriamente su falda de colegiala.

    -Señor regente, ¿está seguro que quiere que me vaya?

    -¡Señorita Suárez un poco de cordura! ¿Qué se piensa que es esto?

    -No lo sé señor, dígame lo que es usted.

    Mientras se recostaba sobre mi escritorio para terminar de levantar su uniforme escolar. Cada vez con las piernas más abiertas podía observar su diminuta ropa interior color rosa que surcaban toda su intimidad. Cerré la puerta y sin salir de mi asombro quedé petrificado ante tan sexual acontecimiento.

    -¿Qué está haciendo?, ¿Está loca alumna Suárez?

    -¿Qué cosa? ¿no le gusta señor?

    -¿Querés que nos metan presos a todos?

    -No, yo tengo 18 años recién cumplidos.

    Mientras terminaba de echarse completamente sobre mi escritorio. Abría sus piernas para comenzar a tocarse por debajo de su ropa interior y delante de mí. Astutamente con una mano corrió su ropa interior para empezar a manosear su clítoris por unos instantes, como quien hojea una revista. Para terminar introduciendo de a uno, tres de sus dedos en su orificio vaginal. Mientras me miraba de modo tierno como desafiándome a qué actúe.

    -¿Le gusta señor? ¿Le gusta cómo me estoy tocando por usted?

    -¡La verdad que sí! ¡No te lo puedo negar!

    -¿Señor regente, no tiene ganas de cogerse una pendeja de 18 años? ¿Una pendeja atrevida, arriba de su escritorio?

    -¡Suárez no juegue con fuego!

    -Micaela Acosta, nos contó lo cabezón y lo terriblemente grueso que es su pene. Y cuánto tuvo que chuparlo celeste rosales en la sala de profesores.

    (Micaela Acosta y Celeste rosales eran alumnas de otras promociones que en otro momento les voy a contar).

    Para que más, mi pene no entraba en mis pantalones explotando en una terrible erección generada por esta mocosa atrevida.

    Para sin piedad abalanzarme sobre esta. Agachándome hasta posar mi cara en su rozado pesebre en forma de canoa. El cual comencé a degustar con la punta de mi lengua de forma muy suave. Para progresivamente ir aumentando la frecuencia e intensidad, mientras esta muchacha hundía mi rostro con sus manos sobre su mojada, sabrosa y cerrada vagina.

    Pude lamer toda la espesura de su ser sintiendo en cada succión su rico gusto a juventud. Mientras empezaba a gimotear debido al placer oral que le brindaba.

    -mmm ¡El señor regente le está chupando la conchita a una alumna arriba de su escritorio! mmm ¿Qué pendeja puta esa alumna no? ¿Por qué no se la coge de una vez? mmmm

    Sin más contemplaciones volví a la verticalidad y extraje mi miembro de dentro de mis pantalones en una erección colosal. Contemplando su figura angelical desparramada sobre mi escritorio mientras agitaba mi pene con mi propia mano. Para comenzar de modo brusco la extracción de su ropa interior. Ensalivé mis dedos de manera excesiva para verter parte de este líquido en su raja emulando un gel lubricante que reduciría la fricción entre ambos.

    La tomé de las piernas las cuales puse suavemente sobre mis hombros. Posicionando sus caderas justo frente a mí. Para comenzar a penetrarla y sentir como esa pequeña raja apretaba mi glande al mismo tiempo que podía oír los gemidos de placer emitidos por esta alumna. Lejos de tener piedad la tomé de los muslos dónde hice presión para que de un solo movimiento entre a fondo en ella. Un hermoso quejido de placer rompió el silencio de la oficina. Mi pelvis se sacudía a ritmo duro haciendo entrar y salir mi verga de esta colegiala la cual pagaba con el cuerpo su falta de buenas calificaciones. Podía ver cómo todo mi tronco deformaba su inexperto coño. Placer que era maximizado por la ausencia del uso de un condón. Me sacudía como una bestia dentro de ella, cómo poseído por la misma lujuria. Haciéndola gemir cómo una pequeña zorra. Mi zorra. Mis manos en su cintura, sus piernas en mis hombros y mis testículos rebotando entre sus nalgas extraían unos gemidos de placer que adornaban la escena.

    Luego de varios minutos de placer en esta posición decidí darle la vuelta y seguir mi festín sexual copulando con ella. De un solo movimiento rápido y preciso la tomé de las caderas haciéndola girar. Quedando esta boca abajo a lo cual intuitivamente optó por tomarse del borde de mi mesa de trabajo con ambas manos. Dejándome libre acceso por detrás de ella.

    -¡Señor regente! ¿En esa pose me va a seguir cogiendo? ¡sí!, ¡cójame y cójame bien duro, como se cogió a la mamá de Matías Sánchez!

    No me quedó más remedio que enredar su largo cabello trenzado en una de mis manos y así comenzar a penetrarla analmente. Mientras jalaba de su cabello, mi pene avanzaba por dentro de su esfínter sin freno. Toda mi longitud peneana abría su cerrado ano dándole un placer extremo. Un olor fecal invadía mi oficina en un claro indicio que el recto de Jésica estaba siendo bien hurgado por mí.

    -¡Ay señor regente ay!, tenía razón Micaela Acosta. ¡Usted tiene la pija muy gruesa! ¡Ay! ¡Le está rompiendo la colita a una chica de 18!

    Mientras se agarraba fuertemente con las dos manos del borde del escritorio buscando un punto firme de apoyo. Mientras desfloraba su cola sin freno con mi erecta tripa. Marcando un ritmo duro, clavando mi muñeco hasta adentro una y otra vez.

    -mmm ¡señor regente lléneme por favor el ojete de su semen! ¡llénele el orto a esta putita!

    Viendo plácidamente cómo esta estudiante rebotaba sobre mí. La ferocidad del acto era tal que los lapiceros, la lámpara y el reloj caían al piso debido a los embistes de mi pubis sobre las nalgas de Jésica. Para de una buena vez dejar todos los jugos masculinos en una corrida atroz dentro de ese culito duro y redondo que tenía.

    Una vez terminada esta especie de compensación para conseguir una amnistía que le diera la posibilidad de ingresar a la universidad comenzamos a cambiarnos sin emitir palabras. Me senté en mi silla debido al cansancio que me propinó el cogerme a esta bella pendeja. Mientras ella buscaba su ropa interior, recogía su cabello y alistaba su uniforme para que al salir nadie note lo que había pasado.

    -¡Espero ir a la universidad el año que viene! ¡Me voy señor regente!

    -¡Vas a ir quedate tranquila! respondo en un tono agitado aún.

    Continuará…

  • Aventura en Brasil (3)

    Aventura en Brasil (3)

    Luis y yo llevábamos tres meses saliendo, cada vez que estábamos juntos era toda una aventura, lograba que me sintiera deseosa todo el tiempo, teníamos sexo todo el tiempo, pero en la cuestión sentimental no éramos tan buenos, estábamos tratando de mejorar ese aspecto en nuestra relación, así que él sugirió que lo acompañara a una convención de alimentos en Brasil, que de esa manera podríamos conectar mejor y yo podía tomarme unas vacaciones mientras él tomaba sus cursos, yo acepté conocer otro país me parecía algo increíble.

    Llegamos a Rio de Janeiro el lunes en la tarde, Luis debía ir a una cena de bienvenida, así que esa noche pedí servicio a la habitación y me dormí temprano, a la mañana siguiente el salió antes de que yo despertara y no nos vimos hasta la noche, estábamos tratando de dejar de lado el sexo para trabajar en nuestra relación, por lo que habíamos acordado no hacerlo durante nuestra estadía en Brasil.

    Los días habían pasado casi sin importancia, nada muy especial había pasado, el miércoles decidí ir a la piscina del hotel para broncearme y despejar la mente, me puse un bikini negro que Luis me había regalado para el viaje, me quedaba perfecto aunque era un poco provocativo, eso en realidad no me preocupaba.

    Salí a la zona de la piscina y me recosté en un camastro, estuve así unos minutos cuando una sensación de que alguien e observaba se apoderó de mí, alcé la vista y busque la mirada, la encontré en un hombre moreno de unos treinta años, estaba sentado en la orilla de la alberca y sínicamente me devoraba con la mirada, lo ignore y volví a acomodarme en el camastro, al poco tiempo llegó el mesero con una margarita de parte de este hombre misterioso, la recibí y brindé con él a la distancia.

    Para la hora de la comida fui al restaurante del hotel y pedí una mesa, el lugar estaba casi lleno y en lo que esperaba a que me asignaran una mesa se acercó a mí el hombre de la alberca, media cerca de 1,90, su cuerpo era muy musculoso y tenía una sonrisa perfecta, estaba dispuesta a rechazarlo pero en cuanto hablo me derretí, tenía una voz profunda y sexy “soy Manoel, mucho gusto”, me presenté y decidimos compartir la mesa para no comer solos, mientras comimos pasé uno de los mejores momentos, nos reímos y compartimos anécdotas, él pidió más margaritas, eran su bebida favorita, yo empecé a sentirme un poco borracha y deje de tomar.

    Luis me mandó un mensaje diciendo que iba a salir con su grupo, que no lo esperara, eso me hizo enojar y entre todo el alcohol que había tomado, la falta de sexo, la ausencia de Luis y lo irresistible que encontraba a Manoel, no pude evitarlo y besé a Manoel al despedirnos en el restaurante, él me sujetó con fuerza de la cintura y me dijo que debíamos aprovechar la oportunidad, caminamos al elevador, él se estaba quedando un piso debajo del mío, fuimos a su habitación y tan pronto entramos me lanzo a su cama, me sentía tan indefensa en comparación de este enorme hombre, me quito el pareo casi arrancándomelo, debajo aun traía mi bikini negro, sin que él dijera una palabra me quite el top y lo deje que observara mis pechos, él no perdió el tiempo y empezó a acariciarlos, di un paso enfrente y le quité la playera, pude ver su musculoso pecho y un tatuaje de alacrán que tenía en el abdomen, de pronto Manoel se convirtió en todo lo que había fantaseado. Lo volví a besar y metí la mano en su short, sentí su pene, tan enorme como él, grueso, largo y venudo, sabía que iba a disfrutarlo.

    Sin que él dijera una solo palabra me hinqué y empecé a mamárselo era tan grande que no me cabía en la boca, lo lamia de arriba abajo, él me tomo con las dos manos de la nuca y me empezó a coger por la boca, logré relajar la garganta y de algún modo me entró completo su pene, sin forzarlo, lo metía y lo sacaba de mi boca, llegó un punto en el que casi no podía respirar pero tampoco podía dejar de comerme ese pene, Manoel hizo hacia atrás mi cabeza, se agacho y me besó, me levantó de las axilas y me lanzó a la cama, sacó un condón de su cajón, se lo puso, yo lo observaba con deseo mientras me acomodaba con las rodillas dobladas y las piernas bien abiertas, él se acercó y sin dudarlo me metió completo su pene, al principio me dolió pero entre más duro me cogía yo más me lubricaba, él se movía muy sexy y se dejaba llevar por la situación, sus enormes manos cubrían por completo mis senos cuando los acariciaba.

    Se levando y me pidió que me diera vuelta, yo lo hice, sentí su mano golpear mi nalga derecha y luego la izquierda, después me dio golpecitos en las dos de una manera rítmica, se acercó más y sentí como empezó a besarme las nalgas, continuo lamiéndolas, yo estaba volviéndome loca de la excitación, de pronto sentí como empezó a separar mis nalgas y lentamente me metió un dedo, al principio me sentí incomoda, pero después empecé a disfrutarlo, me dilato lo suficiente como para empezar a meterme su pene, me dolía pero estaba tan excitada que no quería que parara, me levanto por el vientre y quede en cuatro, me abrazo rodeándome completa y continuo masturbándome, me metió los dedos, sabía exactamente como moverlos, me hizo tener un squirt y deje toda su cama mojada, saco sus dedos y me los metió a la boca en ese punto estaba enloquecida de placer, tenía un orgasmo tras otro, se salió de mi trasero y me pidió que lo hiciera venirse, así que lo recosté en la cama, me subí en él, me ti lentamente su pene en mi vagina mientras iba apretándolo, cuando me entro completo, empecé a moverme lento adelante y atrás, él solo me veía con admiración, para aumentar la apuesta empecé a jugar con mis senos y a gemir más fuerte, me jale los pezones y le dije “dame tan duro como puedas”, su mirada cambió y empezó a cogerme más duro, todo me rebotaba, mis gemidos eran cortos y pasmados, “ahórcame” ordenó, baje mis manos y empecé a ahorcarlo levemente, él de postró en mis pechos como si quisiera arrancármelos, Manoel soltó un gemido y me nalgueo por última vez, había logrado que se viniera. Me levante de la cama, recogí mis cosas, me vestí y salí del cuarto, las piernas me temblaban, la vagina me dolía pero me sentía completamente satisfecha.

    El resto de la semana continúo igual, no volví a ver a Manoel en el hotel pero todas las noches me iba a dormir con el recuerdo de esa mágica cogida.

  • Mi madre se accidentó y me la termino cogiendo (Parte 2)

    Mi madre se accidentó y me la termino cogiendo (Parte 2)

    Anteriormente les relaté como y cuando comencé en el incesto con mi madre, desde su accidente hasta nuestra convivencia en el sexo. Llevábamos dos meses viviendo juntos, nuestra relación giraba en torno al sexo. Cogíamos cada vez que podíamos. Ella se estaba recuperando de la pierna y me gustaba masajearla, siempre terminaba esos masajes con ella acostada boca abajo en la cama y yo con la cabeza hundida en el culo, chupándolo por largo tiempo, era su forma de relajarse y el momento en que se le ocurrían las ideas más alocadas, de esas ideas surgió la propuesta de sumar a nuestro juego a Elena.

    En uno de esos largos monólogos me sorprende con una idea.

    -Tengo una idea que te va a gustar, pero todavía no sé cómo llevarla a cabo. Quiero que Elena tenga sexo con nosotros, que seamos tres en la cama. Somos amigas desde muy chicas y la conozco más que ella a sí misma. Sé que el sexo le parte la cabeza, pero está frustrada.

    -Pero es muy seria, nunca la escuché hablar de sexo, ni insinuarlo.

    -Sé lo que siempre quiso, pero después de casarse es como si se hubiese apagado, el marido es un estúpido, muy conservador y peor después de tener a sus mellizos.

    -Yo veo que se llevan bien.

    -Son todas apariencias, ella me cuenta todo, él quería casarse para tener hijos, para complacer a su madre, una vieja hija de puta, pero millonaria. Elena lo conoció desde muy joven, aunque sabía que era muy apegado a la madre y que ella lo manejaba, pensaba que después de casados todo iba a ser diferente, pero se equivocó.

    -Pero que tiene que ver con el sexo, tal vez se llevaban bien en la cama, cogen bien.

    -No, todo lo contrario, esa es su mayor frustración. Aunque no lo puedas creer, Elena es virgen del culo.

    -jajaja ¿Cómo sabes?

    -Es lo primero que le pregunte después que se casó, siempre me contaba que se lo guardaba para la noche de bodas, pero no tuvo suerte. Jorge es un estúpido, siempre le dice que ese agujero no se hizo para tener sexo.

    -jajaja lo que se pierde.

    -Tenés razón, lo que se pierde, tiene un culo hermoso y un agujero apretado, un día nos estábamos duchando en un vestuario y nos ayudamos a enjabonar, no me pude resistir y le metí el dedo en el culo, dio un largo suspiro, pero me tomó de la mano y se sacó el dedo, reímos lo tomamos como un juego, mientras me decía que lo quería guardar para Jorge.

    -Pero que piensas hacer con Elena

    -Quiero que le rompas el culo, que le metas esa enorme cabeza, que no se pueda volver a sentar. Sé que va a ser difícil, pero no imposible.

    -Parece que la querés ver sufrir

    -Al contrario, quiero que recuerde cuando le dilatamos el ano, siempre fue su sueño, creo que lo vamos a lograr.

    -Pero ¿cómo vamos a hacer?

    -Te cuento cual es mi idea. Yo la voy a llamar para que pase el fin de semana que viene con nosotros, le voy a decir que el marido vaya con su mamá y lleve a los mellizos, ella muere por sus nietos, pero a Elena no la quiere ni ver y el marido con tal de complacer a su madre seguro que no se va a negar.

    -Pero ¿qué le va a decir al marido, para que va a venir con nosotros?

    -Que le diga que me tiene que ayudar con la pierna, cualquier excusa lo va a convencer

    La conversación me excito, apenas saqué la cara del culo no pude resistir en meterle la pija hasta el fondo y estuvimos cogiendo por media hora.

    Mi madre no perdió el tiempo. Luego de ducharnos agarró el teléfono y llamó a Elena, estuvieron hablando como una hora, entre risas y divagues, la invitó a pasar el fin de semana con nosotros, no tardó mucho en convencerla, aunque quedo en confirmarle.

    Pasaron tan solo dos horas y Elena le devuelve el llamado, nuevamente hablaron por un largo rato, le pregunta si podía estar con nosotros cuatro días, ya que su marido quería pasar esos días con su madre, mi madre enseguida le dijo que el tiempo que sea, todo andaba sobre rieles, el plan de mi madre había comenzado.

    Ahora mi duda era como le contaría mi madre que yo me la estaba cogiendo. Bueno no fue tan complicado como parece. Ahora les cuento.

    Llego el día en que viene a casa Elena, era alrededor de las 10 h del viernes, llega vestida con un pantalón jean desgastado y una remera blanca, con una pequeña mochila donde trae ropa para pasar esos días. Alejandra, mi madre, abre la puerta y la saluda con un largo beso en la boca, Elena se sorprende, pero no la enoja, se ríe. Me ve y viene a saludarme, me da un fuerte abrazo, puedo sentir sus firmes pezones apretar mi pecho, la reacción fue casi instantánea en mi pija, una incipiente erección empujaba mi pantalón, pero me trato de tranquilizar el día recién empezaba.

    Ellas conversaban mientras preparaban la comida, luego almorzamos y seguían hablando, yo las escuchaba mientras el tono de la conversación iba subiendo, especialmente por mi madre que todo lo llevaba al terreno sexual. Cuando agarraba un pepino, se lo mostraba y le decía que lindo se sentiría por atrás o tomaba unas naranjas con las manos y las chupaba mientras decía que eran los huevos del hombre que le gustaba. Elena se reía, pero se la notaba avergonzada porque yo las escuchará hablar así, se notaba en sus mejillas coloradas y en su miraba que apartaba de la mía rápidamente.

    Mi madre no quiso perder tiempo, empezó con su plan, como una araña para atraer a su red a un insecto.

    Alejandra: Matías, ya es la hora del masaje. Elena ¿lo puedes ayudar?

    Elena: Si, no hay problema, en que lo ayudo.

    Alejandra: ¿Puedes ir al baño a traerme unas toallas para poner sobre la cama? No quiero que se ensucie con la crema. Te esperamos en la habitación

    Elena: Ahora las busco y voy.

    Vamos a la habitación y en voz baja me cuenta que íbamos a hacer

    Alejandra: Voy a esperar a que vuelva y me empiezo a sacar toda la ropa, mientras vos haces que preparas las cremas para el masaje. Masajéame todo el cuerpo, después masturbarme y vemos cómo reacciona.

    Yo: dale, le voy a dar un espectáculo. ¿Cuál crema uso?

    Alejandra: Cualquiera, esa corporal puede servir.

    Esperamos un minuto y vuelve con dos toallas en las manos.

    Elena: ¿Éstas pueden servir?

    Alejandra: Sí, esas sirven, colócalas sobre la cama estiradas mientras me desvisto

    Mi madre primero se saca la remera y se desprende el corpiño, quedando en tetas. Yo miraba la cara de Elena y veo como abre los ojos como sorprendida y enseguida se sonroja, pero no podía sacar la vista de Alejandra. Mi madre sigue con total naturalidad, se baja el pantalón y queda con una tanga blanca, que enseguida se saca, quedando completamente desnuda. Elena la sigue mirando e intenta decir algo.

    Elena: Pero, p…. ¿sin nada?

    Alejandra: ¿Qué cosa?

    Elena: Sin ropa

    Alejandra: Claro, como me va a dar un masaje, no me digas que te da vergüenza.

    Elena: No, no, pero es Matías.

    Alejandra: Que mejor que me toque mi hijo. Relájate y mira el mejor masaje que un hijo le puede dar a su madre.

    Elena ya no podía decir nada, no le salían palabras, se le dibujaba una sonrisa nerviosa en la cara, se sienta a unos pocos centímetros de la cama, en una silla de mimbre, mi madre ya estaba recostada boca abajo sobre las toallas para ofrecer su cuerpo a mis manos. El olor que desprendía el cuerpo de mi madre en esa pequeña habitación enviciaba el aire de sexo.

    Comiendo a masajear su espalda hasta dejarla brillosa, luego hago lo mismo por otros minutos con sus piernas hasta que subo al culo y se lo empiezo a manosear. Ya saben cómo es el culo de mi madre, firme y redondo, le dejo los glúteos brillosos como dos bolas de boliche, el silencio en la habitación sólo era roto por la fricción de mis manos y la respiración cada vez más profunda de Elena.

    Deslizo mis manos al centro del culo y meto un dedo en el ano, la empiezo a masturbar. Mi madre empieza a agitarse y gemir muy despacio. Miro a Elena, respiraba muy fuerte, se desabrocha el botón superior del jean y con los ojos cerrados se lleva los dedos a la vagina, se estaba masturbando, hasta que empieza a temblar de la excitación, de pronto en su entrepierna se empieza a extender una mancha de humedad mientras gime, había eyaculado, mi madre ya pegaba pequeños gritos y se contorsionaba en la cama.

    De pronto, Elena abre los ojos y entra en conciencia de la situación, nos mira avergonzada y agitada, como no sabiendo donde está. Mientras se tocaba el pantalón mojado nos pide perdón.

    Elena: perdón, perdón, perdón, yo no quise…

    Alejandra: ¿Por qué perdón?, no seas tonta, no pasa nada. Vamos Matías, métemela

    No tardo ni un segundo en quedar desnudo y con la pija parada, no me cuesta nada penetrarla por el ano, empujo con fuerza y se la saco varias veces, era la primera vez que alguien me veía coger y menos con mi madre, Elena no pudo evitar meterse la mano en el pantalón nuevamente y volver a masturbarse, eyaculaba de tal manera que parecía mearse, el jean estaba casi todo mojado, no paraba de gemir, sus ojos estaban en blanco. No puedo aguantar más, saco la pija y eyaculo sobre la espalda de mi madre.

    Quedamos exhaustos sobre la cama mirando a Elena, que de a poco empezaba a entrar en sí.

    Alejandra: ¿te gusto? ¿quieres probar por el culo?

    Elena: No puedo, esto está mal.

    Alejandra: No seas tonta, él no es tu marido. Matías te puede hacer feliz. Dale

    Mi madre se levanta de la cama, la toma de un brazo y la tira sobre la cama, Elena parecía no tener voluntad propia. Alejandra toma por los costados el jean desbrochado y mojado y se lo saca, con el sale también su ropa interior, luego le saca su remera y la deja desnuda. El olor de Elena era diferente, una mezcla a perfume, transpiración y orín, no tenía la vagina completamente depilada, si un prolijo triangulo sobre sus rojos labios vaginales.

    Mi madre y yo nos arrojamos como dos animales salvajes sobre su presa, fue casi por instinto, los dos a la vez la comenzamos a chupar por todos lados, especialmente su vagina. Tenía un sabor exquisito, no podíamos parar de chupar, cada lengüetazo sobre su vagina la hacía gemir, hasta que mi madre la toma de la cadera y la deja boca abajo.

    Ahora nuestro objetivo era el ano de Elena, yo fui el primero en posar la lengua sobre ese hermoso agujero, un sabor un tanto amargo que se diluía con cada pasada, hasta dejarlo muy lubricado para mi madre. Alejandra empieza a empujar sobre el apretado agujero con el dedo índice, hasta que logra meterlo, Elena paga un gemido lo que hace tomar coraje a mi madre para meterlo bien profundo. El dedo entraba y salía a escasos centímetros de mi cara, aunque no salía muy limpio, yo ayudaba a lubricar con saliva, me perecía un manjar. Mi madre logra meter dos dedos y la empieza a masturbar con más fuerza, Elena empieza nuevamente a eyacular un largo chorro en cada metida.

    Luego de un rato mi madre me mira y con la cabeza me hace un gesto, como diciendo, es tu turno. No espero más, me arrodillo sobre la cama y arrimo el pene al esfínter, mi glande parecía imposible de poder entrar, pero empiezo a empujar, empujo y empujo, pero no cede, mi madre acariciaba la espalda de Elena. Mi madre me mira y sin decir nada, con un cabezazo en el aire me indica que lo haga con más fuerza, le hago caso. Empujo fuerte y ano empieza a ceder, lo hago más fuerte y cuando Elena pega un grito, logro meter la cabeza. Mi madre la empieza a besar en la boca y la acaricia para que se calme y me vuelve a indicar que siga. Ya no había vuelta atrás, empujo con más fuerza y le meto toda la pija de un saque.

    Elena ya estaba ensartada por el culo, ahora empiezo con el bailoteo sin sacarla del culo, con cada embestida ella pagaba un grito. Nunca imaginé que una mujer se excitará tanto con una pija en el culo, no paraba de chorrear, parecían litros que le salían, hasta que después de diez minutos no aguanto más y eyaculo dentro de sus entrañas. Cuando saco la pija, le dejo el ano chorreando semen mientras tiraba unos pequeños y burbujeantes peditos.

    Quedamos los tres extenuados sobre la cama, deshidratados, mirando el techo y riendo. Fue el primer día y no paramos de coger en esos cuatros días. Elena quedo con el culo dilatado como nunca lo había tenido. Desde ese momento, Elena descubrió otra vida y cada vez que puede se escapa a tener sexo con nosotros, su nueva pasión es el sexo anal y la nuestra es complacerla.

  • Antes del café (Capítulo 6): Actor pornográfico

    Antes del café (Capítulo 6): Actor pornográfico

    Versión de Braulio: 

    Supuse que fue mi imaginación haber oído el sonido de la puerta principal. Después de unos minutos no volví a escuchar otro ruido, así que me tranquilicé y continué follando con Lizbeth.

    Sus gritos y expresiones me estaban poniendo en apuros y su vagina estaba tan apretadita que sentía venirme en cada empuje de mi verga. Decidí, por lo tanto, hacerlo lentamente y sacársela de vez en cuando para descansar. Ella captó inmediatamente mi preocupación y externó su deseo.

    -No importa cuándo ni dónde quiera correrse, profesor. Hágalo.

    Tomé en cuenta su atenta proposición, pero debía ser yo quien lograra primero su orgasmo. Entonces me mentalicé y comencé a cogérmela duro y rápido teniendo sus pies en mis hombros y frotando su clítoris.

    Después de un rato considerable, me acosté para que Lizbeth me desvistiera por completo y me propinara unos sentones. Fue bastante placentero observarla brincando duro y oír sus quejidos que representaban el dolor que sentía, aun así, le fascinaba, pero yo ya no podía resistir más toda la influencia.

    Ella notó mis gesticulaciones de sufrimiento y debo admitir que, en esos momentos, trataba de pensar en cosas ajenas para no eyacular pronto.

    -Profesor, ¿no piensa darme su lechita? -preguntó entre jadeos por el esfuerzo que empleaba al saltar.

    No aguanté más. La tomé de la cintura y la acosté boca arriba para darle nuevamente con sus piernas abiertas. Luego de pocos minutos, le desenterré mi pija, la llevé a su boca en la posición en la que se encontraba y le eché muchísimo semen. Ella, sin ascos, se lo tragó todo y con su lengua me dejó limpio el miembro.

    Fue todo un deleite para mí. Además, no me sentía cansado y tenía ganas de empezar una tanda más, por lo que volví a mi puesto mientras ella seguía abierta de piernas y le introduje mi pene. Ella estaba muy a gusto de que yo continuara haciéndola mía.

    Lizbeth me recomendó hacerlo de perrito, con la modalidad de pegar su espalda a mi pecho y sostener sus tetas. Sin pensarlo dos veces ejecuté la acción y lo hicimos despacio.

    Sus movimientos eran extraordinarios. Indiscutiblemente, ella tenía un talento innato, era buenísima en la cama, excelente seductora y exageradamente hermosa. Esas ideas me despertaron muchas dudas que no tardé en manifestarle mientras follábamos.

    -¿Desde cuándo eres experta?

    -Desde hace dos años -respondió-. ¿Y usted?

    -No tiene mucho -dije-, como máximo un año.

    -Vine a aprender más de sexo con usted -admitió-. Mis intenciones no fueron académicas en ningún momento, así que le pido que no me repruebe ni le comente de esto a mi padre y le prometo que le entregaré mis nalgas cuando usted lo desee.

    -Ni loco te delataré -prometí-. Pero ¿qué has aprendido hasta ahora conmigo?

    -Que los plátanos gigantes existen -hizo hincapié-. También aprendí a convencer a un profesor de coger, a tratarlo como rey, a vaciarle los huevos y a satisfacerlo sexualmente, ¿o no?

    -Pero eso lo aprendiste por ti misma -le aclaré-. ¿Hay algo nuevo que quisieras que te enseñe?

    -Sí, deseo que me muestre toda su casa -contestó-, y así podría enseñarme cosas nuevas con su creatividad en cada escenario.

    Me pareció una increíble idea. Después de que Lizbeth terminara de quitarse su tanga, salimos el pasillo, llevándola abrazada por detrás. Ella me preguntó sobre la puerta que estaba frente a mi habitación y le expliqué que era el cuarto de mi hermana, pero que, por lo general, siempre estaba cerrado con seguro y giré el cerrojo para demostrárselo. Ella lamentó que se descartara ese sitio de nuestro sexoso recorrido.

    La barra ya era un viejo lugar conocido. Sabiendo lo que ella tramaba, la cargué para sentarla en la barra, abrí sus piernas y le chupé su concha con todo y clítoris. Luego, en la misma posición, le ensarté mi herramienta una y otra vez.

    Pasado un rato, la bajé y la empiné de pie para metérsela por atrás, mientras ella recargaba las manos en la barra.

    Después de unos minutos, la llevé a una silla del comedor, me senté y ella tomó asiento en mis piernas, ensartándose mi espada. Se dio deliciosos sentones hasta el cansancio y luego ella se subió sobre la mesa.

    Enseguida, la acosté de lado y estando yo de pie la penetré, impactando rudamente mis muslos contra su trasero. Mi deseo era escuchar otra vez sus gritos, pero volvieron a superarme y me detuve antes de eyacular.

    Rodeé la mesa para toparme con su cara e insertarle mi polla en su boca. Ella la succionó perdidamente por un tiempo y luego se la sacó y suspiró de lo contenta que estaba.

    -Me deja muy admirada, profesor -reconoció-. Me cogió tan duro que creí que la mesa se quebraría.

    Pronto, de forma maldosa, me subí a la mesa junto con ella y comencé a follarla en cuatro tomándola de la cintura. Ella se agachó, formando una rampa con su espalda y me incitó a darle nalgadas fuertes, pero al poco rato pidió que paráramos debido a su miedo de caerse y después de ayudarle a bajarse de la mesa, me pidió su puntuación.

    -Qué rica lección, profesor. ¿Pasé el examen de la barra y el comedor?

    -Evalúame a mí, tú estuviste fantástica -le declaré.

    -Yo le doy de calificación un 69 -insinuó-, usted decide si quiere obtener el 100. Ya le di la clave.

    Pronto la llevé al sofá, me acosté y Lizbeth, invertida encima de mí, puso su entrepierna en mi cara y le di mamadas a su coño. A su vez, ella se estaba comiendo tan rico mi pito que me provocó darle nalgadas, lo cual indujo que se moviera a modo de restregarme su cola y emitió gemidos ardientes.

    De repente, mi lengua tocó territorio anal. Ella pegó un grito agudo y procedí a mover mi lengua en círculos. Sus gemidos eran más bien chillidos, pero de rato se levantó y me dió una advertencia con su acento pícaro.

    -¡Qué atrevido, profesor! Pero le recomiendo no estimular una zona que no se atreverá a explorar.

    -Lo dices como si ya hubieras vivido esa situación -repliqué con curiosidad.

    -Para su información, nadie ha atravesado mi culo -confesó-. ¿Le gustaría ser el primero?

    -Sería un honor -contesté-. Pero lo haré solo si usted acepta el término de que esto sea filmado.

    -Acepto todos los términos que usted tenga a bien aplicar, profesor -enunció con elegancia.

    De esta manera, fui por mi teléfono y una toalla, la cual coloqué en la cama de mis padres y ahí fue donde dejé empinadita a Lizbeth.

    Fijé mi celular a un muro para grabar cómo me comía su culo y lo dilataba con mi lengua. Luego, afirmé mis pies en la cama, me posicioné en cuclillas, le escupí directo en el hoyo y fui penetrándolo con la punta de mi sable.

    -¡Tss, duele, papi! ¡Ah, ah! -gritaba descomunalmente mientras estrenaba su ano.

    Luego de varios intentos, me resigné a que mi verga no entrava completa. Sus gritos me acaloraban demasiado y decidí cogérmela con velocidad, controlando mi fuerza para no lastimarla más.

    -¿Te gusta, preciosa? -cuestioné.

    -¡Mucho, mi rey! ¡Me encanta! -exclamó.

    En menos de diez minutos comencé a sentir que mi pene vibraba e inconteniblemente, me corrí en su culo. Vi como salía mi líquido blanquecino de su cola y la limpié con la toalla, además de que me ofrecí a bañarla.

    Ya en la regadera, antes de enjabonarla, nos besamos apasionadamente y le metí mis dedos en la concha mientras ella se manoseaba el clítoris hasta que se vino. Aun así, me sentí adeudado porque ella me hizo venir dos veces y yo a ella solo una.

    Le tallé su cuerpo, pero Lizbeth todavía tenía antojos. Se hincó y comenzó a lamer mi pija, queriendo iniciar una nueva ronda en la ducha, pero frené sus intenciones a pesar de su molestia, ya que casi eran las 2 de la tarde.

    -Si fuera por mí, tendría sexo con usted por 24 horas aunque esté adolorida -confesó mientras salíamos del baño.

    -Te creo, lindura -respondí mientras recogí mi celular-. Pero no puedo andar cancelando clases muy seguido. ¿Nos vemos el fin de semana?

    -Este fin se atraviesa mi periodo menstrual, mejor el próximo -propuso-. Y otro día ¿me permitiría conocer la habitación de su hermana?

    -No prometo nada -concluí para vestirnos y marcharnos a nuestros diferentes destinos.

    Versión de Azucena:

    Entré a la casa y de inmediato escuché los gemidos de Braulio y los agudos gritos de una chica, provenientes de la habitación de mi hermano. ¡Me quedé boquiabierta! No me atrevía a interrumpir, así que, sigilosamente, ingresé a mi habitación y cerré la puerta con seguro. La conversación conmigo misma se reanudó con susurros.

    -¡Braulio está echando un polvo con una chica! ¿No se supone que debería de estar dando clases?

    Los rechinidos de la cama de mi hermano y la voz de la escandalosa muchacha me aturdían un poco. Además, en el intercambio de palabras cachondas entre ellos, oí que la chica le llamaba profesor a mi hermano. Empecé a sentir algo de coraje.

    -¡Ese mocoso no cambió su forma de ser desde que ocurrió lo de aquella vez! ¡Sigue siendo un cínico y pervertido!

    Sin embargo, no tardé en ver el lado positivo de la situación, es decir, me prendí en cuestión de segundos y me acosté en la cama.

    ¿A quién iba a engañar? Tal como si fuera una película pornográfica me imaginé a un hombre y una mujer cualesquiera cogiendo intensamente. Después, metí a mi prometido en la cinta y yo me vi en el papel de la mujer. Pero, poco a poco, mi hermano fue reemplazando a mi novio y en mi mente contemplaba el incesto perfecto.

    -¡Azu! No pienses cosas que no sucederán. Ya estás por contraer nupcias y serás la mujer de un solo hombre.

    Quise pensar en Erick, en lo que aconteció el día anterior y en el posible desenlace que se hubiera suscitado si mis padres no hubieran llegado. Al principio así lo hice, pero oyendo los exagerados gemidos de la joven copulando con mi hermano no pude contener las ganas de recordar aquella vez a oscuras con él. Sin duda, fue un placer como ningún otro lo de hace un año y estaba urgida por revivir algo exactamente así o mejor.

    Cuando menos me lo esperé, mi falda de mezclilla ya se encontraba alzada y mi mano zurda dentro de mi panti, escarbando mis labios vaginales. Mis toqueteos eran fuertes y mis gemidos comenzaron a asomarse, por lo que tapé mi boca con mi mano fracturada envuelta en una muñequera.

    Me masturbaba a un ritmo lento para no llegar al extremo, pero ya había pasado casi hora y media así. La mujer que estaba con mi hermano no paraba de gemir o gritar y yo aterricé en ideas sucias que pronto me llevaron al orgasmo. Metí a mi boca uno de mis dedos y, mientras los de mi otra mano me penetraban, acabé corriéndome.

    Yo estaba jadeando bastante excitada cuando de repente, oí que por fuera de mi recámara alguien intentaba abrir la puerta y me espanté. En cuanto dejaron de tocar el cerrojo, me levanté y pegué mi oreja a las bisagras con el propósito de escuchar su charla.

    No obstante, lo que nuevamente se oyó fueron las ruidosas expresiones de placer de quien estaba con mi hermano. Pero eso no fue todo: También identifiqué los sonidos constantes de la madera de la barra crujiendo, así como el de las patas de la mesa, de las sillas y del sofá. No pude evitar expresar mi desagrado en voz baja.

    -¡Iu! ¡Qué puercos! ¡Ahí comemos!

    Importándome poco, volví a calentarme en mis pensamientos. A partir de ese instante, existió en mí una batalla entre el bien y el mal. Aquella fantasía de coger con mi hermano estaba resurgiendo, pero la negaba y reprimía sin poder vencerla, cuando lo que debía de hacer era satisfacerla.

    Ya había pasado la 1 de la tarde y escuché que mi hermano le propuso a la muchacha tener sexo anal en el cuarto de mis padres y filmarlo, así que paré oído y presté toda mi atención.

    Durante los siguientes diez minutos el escándalo retumbó en mis oídos. La chava parecía llorar pero a su vez decía que le encantaba. Recordé aquel día en el penthouse cuando le hice un oral a la herramienta de mi hermano, que en realidad estaba enorme y entendí porqué los gritos desgarradores. Me ahorré el impulso de masturbarme otra vez y esperar a que se fueran.

    Se me ocurrió una gran idea cuando escuché que mi hermano y su acompañante continuaron de calientes en la ducha. Tan rápido como pude, me trasladé al cuarto de mis padres para ver si mi hermano casualmente dejó su celular. Por suerte, lo encontré recargado en una esquina y filmando.

    Obviamente, quedé grabada entrando a la habitación, pero me apresuré a editar el video y recortar esa parte. Me di cuenta de que tenía otros quince videos porno en su galería, aunque no sabía bien si eran de él o no. De todas maneras, los copié por medio de un cable conectado a mi laptop, volví a poner el teléfono donde lo había encontrado y regresé a encerrarme en mi recámara.

    Al poco tiempo, escuché que salieron del baño y platicaban en voz alta, mientras se vestían, sobre follar un fin de semana y claramente oí que la joven mencionó algo sobre coger con mi hermano en mi cuarto. Eso me molestó, pero no tardó en quitarse mi absurdo coraje.

    -¡Ni loca se los prestaría para sus cochinadas! ¿Por qué se le ocurrió esa estúpida idea? ¿Qué le habrá dicho Braulio de mí?

    A las 2 de la tarde, la puerta principal se azotó y las voces se alejaron. Por fin estaba sola. Salí a inspeccionar y aproveché para limpiar el desorden que produjeron.

    Terminando, corrí a mi habitación, cerré con llave y ante el poco tiempo que tenía antes de que llegara Erick, decidí mirar solo un pedazo de cada video.

    Empecé a reproducirlos en orden cronológico. El primero tenía una duración de media hora aproximadamente y me dio la sorpresa de mi vida. Identifiqué que el lugar era el penthouse del hotel de aquella embarazosa ocasión y por si eso fuera poco, miré a mi hermano y mi mejor amiga follando.

    Anonadada y curiosa, vi los primeros tres minutos y continué con los demás, pero noté que todos los videos eran entre Braulio e Ingrid en diferentes días y lugares, excepto el último que fue con la muchachita que vino a la casa. Inmediatamente me cuestioné.

    – ¿Por qué Ingrid no me ha contado nada sobre esto? Un día se lo cobraré caro.

    Por último, disfruté el video completo que acababa de filmar mi hermano con la chica en su primer entierro anal. Vaya que me calentó ver a Braulio como todo un actor pornográfico.

    Dieron las 3:30 y con mucha motivación recibí a mi prometido en mi recámara. Iniciamos de pie con besos que prontamente subieron de tono, él me quitó la blusa, yo le quité su corbata y su camisa, me senté en la cama, desabroché su pantalón y lo bajé con todo y calzón. Después, lo miré y le hablé provocativamente.

    -Hoy sí probaré tu verga y no me lo vas a negar, cariño. Si quieres darme por el culo lo haremos a mi modo.

    Provoqué sus gemidos luego de que comencé a comerme desesperadamente su pija. La tenía un poquito más grande que una promedio, pero con mi malicia podía encargarme de que tuviera un perfecto rendimiento en el sexo.

    Cuando se la puse bien dura, procedí a posicionarme en cuatro. Erick subió mi falda y bajó mi panti con mucha seguridad. Colocó la punta de su pito en mi culo y me adelanté en gemir. Sin embargo, él no podía penetrarme.

    -Está muy chiquito tu ano -se excusó.

    -Papito, te recomiendo que primero lo estimules con tu lengua -respondí acordándome del video de Braulio.

    -No me atrevo a hacerlo -dijo.

    -Bueno, por lo menos escúpele y frota la baba con tu pene -sugerí.

    Erick escupió en varias ocasiones pero su saliva siempre cayó en el colchón. Sin saber qué más hacer, intentó cogerme en seco y presionando mi orificio anal con fuerza, pero su polla no entraba y solo me lastimaba.

    -¡Amor, me está doliendo! Así no se hace -le indiqué.

    Observé que su pene se encogió y no podía tener una nueva erección. Frustrado y con la voz quebrada, se vistió y se despidió de mí.

    -Lo siento, Azucena. No cumplo con tus expectativas en el sexo. Deberías pensar bien si quieres como esposo a alguien como yo.

    Al borde de las lágrimas, se largó.

    CONTINUARÁ…

  • Historia de una hembra (1): El nacimiento de una hembra

    Historia de una hembra (1): El nacimiento de una hembra

    Esta es la historia de un nacimiento. El nacimiento de una mujer, en cuerpo y carne de hombre. Es la historia de un descubrimiento, el de una flor fértil brotando de una rama seca. Es la historia de cómo quema por dentro la llama de la lujuria hasta que ya no queda nada de lo que una vez fue un cuerpo con vida.

    ——–

    Aquello ocurrió en un día de verano. Eran las 4 de la tarde, en un barrio residencial a las afueras de la ciudad. Los edificios habían sido construidos hace 50 años por orden del gobierno local para dar alojamiento a los trabajadores del polígono industrial creado para dar impulso a la economía de la ciudad y explotar los yacimientos mineros de la zona, razón por la cual la mayor parte de sus habitantes eran obreros que trabajaban en canteras y empresas de procesado del metal. Eran edificios de baja altura, de apenas tres o cuatro plantas, y de aspecto ennegrecido por la alta contaminación de la zona dada su cercanía a las áreas de explotación. En mitad de aquel remoto y solitario lugar, donde apenas habitaban jóvenes, nada rompía el silencio salvo el sonido de una cigarra, y un sol de justicia calentaba el ambiente haciendo el salir a la calle una labor casi imposible.

    De pronto, en mitad de aquel remanso de inquietud y sequedad, unos gritos de desgarro se escuchaban salir de una de las ventanas del primer piso de uno de los edificios de aquel océano de hormigón. En aquella habitación, una cama, un escritorio con una pequeña lámpara y una silla eran todo lo que llenaba la estancia. Él se encontraba encima de la cama, tumbado boca abajo, completamente desnudo salvo un tanga morado apartado a un lado y sujeto por un cachete, y la cara reposando a presión sobre la almohada. Sobre él, otro hombre, un bulto mucho mayor, dejaba caer todo su peso sobre el cuerpo del joven, con toda su grasa abdominal descansando sobre su espalda. Como un animal, con su pene, no de gran longitud pero gran grosor, penetraba a base de embestidas lentas y fuertes el ano de la otra persona, escuchándose al compás de sus gritos de dolor, los jadeos de la bestia, y el sonido de los testículos chocar contra su culo cada vez que penetraba.

    Esta fue su primera vez que aquel joven pudo experimentar lo que significa entregar su cuerpo a un macho, un hombre de los de verdad. Fue la primera vez que pudo sentir en sus carnes el significado de ser una hembra que paga con su dolor el precio de consolar a un hombre. La primera vez que pudo sentir en su ano fluir, el líquido de la vida.

    Pero esta historia, hasta ahora contada en tercera persona, tuvo un comienzo distinto y, que tal y como merece esta historia, contaré en primera persona.

    ——–

    En aquel momento de mi vida, vivía sólo acompañado de mi madre y de mi hermana. Mis padres, hacía ya tiempo que se habían divorciado, y los tres vivíamos en un pequeño apartamento alquilado, en el cual sobrevivíamos a pesar de las muchas dificultades gracias a la pensión que recibíamos hasta que empezásemos a trabajar de mi padre, albañil, y los esfuerzos de mi madre, que trabajaba en una pequeña tienda de alimentación y ultramarinos. Mi madre, había recientemente encontrado una nueva pareja que, a pesar de no vivir con nosotros, era común que pasara algunas noches por casa para tener sus encuentros rutinarios con mi madre.

    Aquella mañana de domingo, y no siendo esto la norma, los tres habían salido de casa para realizar la compra semanal, con la cual a veces contribuía el novio de mi madre, casi 20 años mayor que ella. Yo, me negaba a tener con aquel hombre más relación que la estrictamente necesaria, y preferí quedarme en casa viendo la televisión al igual que hacía el resto de los días. Todo era normal, pero en uno de los cortes publicitarios, algo pasó que sería el comienzo de una nueva vida. De pronto, comenzó a emitirse un anuncio de televisión de una famosa marca de lencería mostrando a una chica en ropa interior. Al finalizar el anuncio, una fugaz pregunta me atravesó la cabeza de lado a lado de manera aguda. <<¿Qué se debe sentir vistiendo ropa interior de mujer?>>. Pasó un rato, y cuando por fin me levanté para ir a la cocina a beber algo de agua, el silencio de la casa vacía me inundó por completo. <<¿Y si pruebo a vestir ropa interior de mi hermana?>>. No pude controlarme. Sabía que hacía ya un buen rato desde que me quedé solo en la casa, y que no pasaría mucho tiempo hasta que los demás regresaran. Sin embargo, había dentro de mí algo que me movía. Fue esta la primera vez que sentí el fuego ardiendo en mi interior. Sin poder evitarlo, me dirigí a la habitación de mi hermana, y comencé a abrir sus cajones, en busca de alguna prenda de ropa interior de mujer. Sobre todas, me llamó especialmente la atención un pequeño tanga tipo hilo, de color verde y con una muñeca de Hello Kitty dibujada en el pequeño triangulo de la parte delantera. Nunca imagine que mi hermana, unos años mayor que yo, vestía este tipo de ropa. Automáticamente, comencé a desnudarme, dejando toda la ropa caer sobre el suelo. Quedé completamente desnudo, y con una especie de ansias que nunca había sentido, acompañado por el miedo de que llegara mi familia en cualquier momento y me descubriese, intenté ponerme la prenda de vestir. Ni siquiera era capaz de diferenciar cuál era el lugar correcto por el cual debía introducir las piernas, pero después de un par de intentos, fui capaz de ponérmela. Era demasiado pequeña, y a pesar de que mis piernas eran finas, tuve problemas para poder llevarlo desde el suelo hasta mi cintura, y no podía guardar mi pene y testículos en su interior. Al finalizar, y sin poder evitarlo, tuve una erección, que tuvo como consecuencia que pasara sobre mí la siguiente idea. <<Agáchate>>. Mis piernas se inclinaron, y me puse de cuclillas, sintiendo un placer que aún hoy en día no sé explicar. El sentir del hilo de la tanga apretar y rozar mi ano al agacharme.

    Una nueva vida de ansiedad comenzó desde ese día para mí. Lo que en principio fue una simple inquietud después de ver unos anuncios, se convirtió en un hábito. Aprovechaba cada ocasión que tenía de quedarme sólo para poder acudir al cajón de ropa de mi hermana y vestirme con su ropa, no sólo interior, sino medias, leggins, mallas o faldas. Había descubierto que, por alguna razón, disfrutaba vistiéndome de mujer. No sospeché en ese momento que no sólo mi identidad sexual, sino también mi sexualidad, se verían afectadas por aquella afición mía de vestir ropa interior de mujer. En secreto, y sin que nadie se enterara de ello, comencé a intentar copiar y reproducir todos los comportamientos femeninos que estaban en mi mano, como orinar sentado, ir a la calle con ropa interior de mujer, la cual compraba en secreto a escondidas de mi madre, entrar en baños de mujeres, y un largo etcétera. También llevé a cabo una serie de prácticas, fruto de alguna extraña perversión enfermiza, que me llevaban a realizar actos vergonzosos, y cuyo deseo por realizar no entendía, como aguantar las ganas de orinar hasta no poder más y hacerlo en cuclillas encima con la ropa puesta, y otra serie de perversiones que relataré, si así lo deseáis, en próximos relatos.

    Por alguna razón, me sentía bien sintiéndome mujer, y era a través de la perversión que encontraba el camino hacia el mundo femenino, lo cual, inevitablemente, me condujo hasta la masturbación anal.

    ——–

    Tenía permanentemente en mis pensamientos la intención de introducir algo en mi ano, pero pasó un tiempo hasta que fui capaz de dar este gran paso en mi etapa de conversión hacia una mujer. Téngase en cuenta que, a parte de mi lado femenino, el cual sólo podía sacar a la luz cuando me encontraba sólo en casa y a escondidas de cualquier persona, tenía que seguir manteniendo la farsa en mi vida cotidiana, la cual ponía obstáculos en mi transformación. Durante este tiempo, y utilizando el ordenador de casa cuando nuevamente tenía la oportunidad de estar sólo, comencé a buscar información en internet a cerca de como se debía de masturbar analmente un hombre, y empecé a planear el momento, siendo constantes las escenas que se repetían en mi mente acerca de cómo sería aquel momento. Como no, siempre que lo pensaba, tenía una erección.

    Por fin llegó el día en el cual me decidí a llevar a cabo la profanación de mi ano, en mis pensamientos perversos de aquel momento, el momento de follarme el culo. Durante todo el día estuve reuniendo todo aquello que necesitaba para ello, principalmente, algo con lo que poder lubricarme y algo con lo que poder penetrarme. Había pensado en utilizar alguna crema que encontrase por casa, gel de baño, o incluso agua, pero finalmente, opté por utilizar el líquido más viscoso que encontré en casa, aceite de oliva de cocinar, con el cual rellené una pequeña botella que escondí debajo de mi cama para que nadie encontrase. Después de estar todo el día pensando, no puede pensar en nada con lo que poder llevar a cabo la penetración, por lo que opté por aquello que tenía a mano y que no era lo suficientemente grande como para asustarme en aquella primera penetración, lápices y bolígrafos.

    CONTINUARÁ…

    Siguiente capítulo: Juegos de penetración.

    Hasta aquí llega la primera parte de esta historia, que será una larga serie.

    ¿Te ha gustado hasta ahora?

    ¿Cómo crees que continuará?

    Si te ha gustado, te animo a dejarme tu comentario y, si te apetece, seguirme para estar al tanto de todas mis publicaciones.

    DulcesBellos.

  • Dominando a la perra (Parte 1)

    Dominando a la perra (Parte 1)

    Me volví una mujer independiente,  mis padres se divorciaron cuando yo era muy joven, nunca creí en el amor, pero me encanta el sexo, constantemente cambio de pareja, ninguno me satisfacía, quería algo bueno algo que me obsesionara, en pláticas con una amiga, me comentó la vida de Leonardo, un excompañero con el que nunca me lleve bien, era dueño de un club con mala fama para la gente decente, pero yo no conocía aquella palabra, esa noche aburrida, fui a ese lugar con una ropa provocativa, los ojos de muchos se quedaban fijos en mi, una pequeña falda que apenas cubría mi grande trasero dejaba su imaginación a flote, llevaba una tanga negra que apenas y cubría mi parte íntima, al notar aquellas miradas de perversión, deje caer mi bolso de mano y me incline por él, dejando que aquellos se deleitarán con la vista.

    Mi blusa tenía un gran escote casi hasta el ombligo, dejaba que mis pechos se asomaran con timidez, pero no se salían, no llevaba brasier, y por la calentura del momento la excitación en mis pezones se miraban, mi maquillaje era algo natural, yo sabía lo que provocaba en un hombre, y hacerlos encender me encantaba.

    – vaya, vaya… Que tenemos aquí, la dulce Margaterh en mi club- dijo la voz de aquel egocéntrico excompañero, quien se encontraba recargado en la barra de la cantina.

    – y yo que pensé que tardaría más en encontrarte Leonardo, tiempo sin vernos- respondí con voz calmada y sensual.

    – todos comenzaban a decir que una diosa se había aparecido en mi club, no podía perderme lo… Pero solo te encontré a ti- responde con tono decepcionado mientras que de la barra tomaba un trago de whisky

    – lamento decepcionarte, pero quiero hacer un trato contigo.

    – no te preocupes no me decepcionarte tanto, digo… Mírate pareces toda una perra, meneando la cola frente a miles de hombres, te pusiste muy buena, quisiera tomarte aquí mismo… Pero eso será en otra ocasión -alardeo – así que dime… Que ocupaba de este fiel siervo de afrodita-

    – me da gusto saber que conoces de literatura griega- respondí sarcástica, ignorando los primeros comentarios

    – cariñito quieres comenzar una disputa?- respondió amenazante

    – quisiera convertirme en tu sumisa

    En cuanto escucho eso una sonrisa maliciosa se pintó en su rostro y después comenzó a reír.

    – tu… Una sumisa… Mi reina tú no sirves para eso, no te dejas dominar, eres un zorra astuta que usas a los demás a tu antojo, si fuera tu amo, tendría castigarte cada noche por tu desobediencia, a no ser que…- dio una pausa y la sonrisa en su rostro comenzó a volverme más y más maliciosa – te gusta ser castigada he?-

    – tú mismo lo acabas de decir, aceptas el trato

    – primero que nada, cuida el tono con el que me hablas perra- aquella voz sonó imponente y amenazante, comencé a sentirme nerviosa pero me gustaba la sensación – segundo, las cosas no son tan sencillas, como sabré que vas en serio?- añadió y volvió a dar un trago a su bebida

    – aquí estoy, pruébame

    Sonrió satisfecho, me miró retador unos segundos y le mantuve la mirada, se acercó lentamente y se detuvo detrás de mí.

    – primer error- susurro en mi oído- nunca mires a tu amo a los ojos si este no te lo pide.

    No me dejó responder cuando sentí el azote en mis nalgas, la sensación era nueva, dolorosa, pero excitante, ya estaba metido en su papel, y yo estaba debía de meterme en el mío.

    – lo siento- respondí y baje la cabeza, al instante otro azote se dejó caer, en cuanto mi cuerpo lo sintió un grito ahogado salió de mi boca

    – lo siento, que dijiste perra? no lo entendí -respondió retante

    – lo siento amo- dije con voz más fuerte

    – no me levantes la voz- aclaro y otro azote se dejó caer en mis nalgas

    – si amo.

    – espero no tener que castigarte así diario, aún que- comenzó a pasar una mano por debajo de mi falta – parece que disfrutas de estos, ve a la barra, te quiero arriba de ella con las piernas abiertas

    – aquella orden me sonó absurda, mi cuerpo no reaccionaba

    – que no me escuchaste! Las órdenes de tu amo son ley para ti – dos azotea se dejaron caer en mis nalgas, entonces supe que hablaba en serio, subí a la barra y solo así supe cómo todos me miraban, subí la falda y abrí bien las piernas, se podía ver cómo mi vagina chorreaba

    – grandiosa vista- dijo alguien entre la multitud

    – Hazte a un lado, ella es mía- respondió Leonardo, empujando a aquella persona, se acercó de nuevo a la barra y tomo un cubo de hielo, y comenzó a frotarlo en mi vagina, cerré las piernas inconscientemente y este las abrió con fuerza

    – jamás te di permiso de cerrarlas

    Entonces introdujo el hielo dentro de mí, aquello ardía, el calor de mis flujos acompañado de frío del hielo era excitante, me esforzaba por no cerrar las piernas.

    – mastúrbate – ordenó

    Esta vez no respondí nada, aquello lo deseaba, comencé a masajear mi vagina con una mano, mientras que con otra, jugaba con mi clítoris, Leonardo mi observaba atento, entonces jalo de mi blusa dejando completamente mis pechos al descubierto, comenzó a jugar con ellos dando continuamente pellizcos a sus centros.

    Podía sentir las miradas encima de mi, aquellas estaban cargadas de lujuria.

    Estaba a punto de terminar pero Leonardo quitó mis manos

    – está prohibido terminar antes que tú amo, bájate- ordenó, no sin antes quitarme la tanga negra que estaba empapada.

    Cuando baje de la barra mis piernas temblaban, esperaba otra orden que diera seguimiento a aquel placer, pero nada ocurrió, introdujo en su saco la tanga, me acomodo la blusa y comenzó a decirme

    – bien hecho perra, te me vas directo a casa, nada de masturbarse, si lo haces yo lo sabré, te quiero mañana, a las 9 de la noche en mi departamento- me dio una tarjeta con su contacto y dirección – aún hay cosas que aclarar, pero que te quede claro, desde hoy… Eres mía.

    Continuará.

  • La cuarentena con mi sobrino (VII)

    La cuarentena con mi sobrino (VII)

    Anteriormente: Tras un desgarro de mi sobrino haciendo gym, termino haciéndole masajes en mi cama matrimonial.

    Concluye todo en un final feliz, donde lo masturbo de tal manera que explota su leche en mi cara.

    Pero esta vez le regalo para sus ojos como me masturbo mientras me como su leche.

    Mi sobrino adolescente con sus piernas abiertas y yo en medio de ellas de rodillas mostrándole como metía mis dedos frenéticamente hasta acabar largando fluidos que caen por la fuerza de gravedad hasta su zona lesionada y su pija que descansaba latiendo aun.

    Me levanto en silencio, voy a ducharme. Al salir de la ducha mi sobrino ya no está en mi cama.

    Espero en mi cuarto hasta la hora de la cena. Por más que tuve un desahogo masturbándome delante de mi sobrino quería hacerlo de nuevo.

    Mientras no tenga sexo con mi sobrino estaría todo bien, solo estábamos pasando la cuarentena como podíamos. La masturbación es algo natural, lo hacemos con el porno, o con nuestras parejas o con nuestra cabeza solamente.

    Pero en esta situación en la que no tengo a mi pareja y estamos aislados no esta tan mal estimularnos con algo de realismo, es solo estimulación visual, nada físico, y nada que ver con que es mi sobrino y yo su tía.

    Estos y otros argumentos pasan por mi cabeza para convencerme que no es algo tan malo que lo que hice. Y hasta que podría lograr un acuerdo con mi sobrino de que pudiéramos vernos diariamente el uno al otro desnudo y masturbarnos a la vez para desahogarnos.

    Mi sobrino seguiría siendo virgen, yo seguiría siendo fiel.

    Entonces cerca de la hora de la cena me armo de valor y salgo en ropa interior al living.

    Le pregunto a mi sobrino si tenía hambre y me doy con una sorpresa.

    Estaba haciendo una videollamada con su madre, con mi hermana.

    Vuelvo corriendo horrorizada y avergonzada a mi cuarto.

    Me pongo un jean y una remera y dudo en salir. Si mi hermana me vio en ropa interior hablándole a su hijo como si nada se desataría un infierno.

    Encerrada en mi cuarto temblando y con el corazón latiendo a más no poder siento pánico, me imagino a mi esposo dejándome, a mi hermana escrachándome ante toda mi familia. Vislumbro un futuro oscuro y sin sentido.

    En ese momento mi sobrino toca a la puerta de mi cuarto, dice que mi hermana quiere hablar conmigo.

    Si le decía que no sería peor, así que salgo temblorosa, miro a mi sobrino con culpa, tratando de anticipar si paso algo.

    Parece que mi hermana no me vio, la saludo y me habla normalmente, me empieza a contar todas sus cosas, respiro aliviada.

    Mi sobrino empieza a preparar la cena. Y yo le cuento a mi hermana como estamos pasando la cuarentena.

    Saludo a mis otros sobrinos y sobrinas, me muestran dibujos y me cuentan que les gusta no ir a la escuela, pero que les dan mucha tarea.

    Terminamos cenando y mirándonos como cenamos en una casa y en la otra.

    En ese tono familiar termina este día, y cada uno se va a dormir por separado, yo a mi cuarto matrimonial, mi sobrino a su sofá.

    Llega el día 12, viernes.

    Todo transcurre normal, pero en la hora del gym ahora debo hacerlo sola.

    Mi sobrino se sienta en una silla y me da las indicaciones mientras me mira practicar su rutina.

    Es extraño tenerlo sentado observándome. Tiene el permiso, además la noche anterior me vio desnuda metiéndome dedos, pero no es lo mismo.

    Siento como quiere mirar más allá de mi pequeño short, mirara cuando se me sube de tal manera que se ven las partes de abajo de las nalgas. Se fijara si el escote muestra algo más con cada movimiento.

    En medio de la rutina suena mi teléfono en forma insistente.

    Cuando atiendo, es mi jefe que me dice que tuve ciertos errores graves y que tiene que presentar un informe y se dio cuenta que me equivoque. Me exige que corrija todo lo antes posible porque el día lunes siguiente debería encontrarse con los directores de la empresa para presentar los informes y estaban todos mal.

    No sé qué decir, solo le digo que tengo que fijarme, que me disculpe que no sé qué puede haber pasado.

    Me voy corriendo al escritorio, a la oficina de mi esposo la cual estoy usando para mi trabajo ahora.

    Enciendo la computadora y mientras mi sobrino como puede viene a traerme un refresco rengueando.

    Le agradezco mientras le cuento que tengo que arreglar errores en mi trabajo.

    Él mientras se va a duchar. Yo me pongo a ver todos los datos y mails y planillas donde me pude haber equivocado, tengo que revisar casilla por casilla.

    Todo el trabajo de un mes, tirado a la basura, y tenía que resolverlo en dos días.

    Esa noche no habría nada especial, La cena me la llevo mi sobrino a la oficina para no levantarme de la silla. Cuando ya los ojos no me daban, ni el cerebro me voy a dormir, era la madrugada. Mi sobrino dormía como un bebe en el sofá.

    Día 13, sábado.

    Transcurre el día como el final del día anterior, me levanto más temprano que de costumbre, me doy una ducha rápida y voy en ropa interior y bata a la oficina mientras desayuno. Mi sobrino duerme.

    Almuerzo en la oficina. Mi sobrino me dice que necesita ir a comprar cosas, que además compraría cosas para la casa. Tan preocupada en mi trabajo que solo le dije que sí, que vaya nomás, que se fije que hace falta. Le quise dar dinero pero no me lo acepto. Tal cual habíamos quedado la semana anterior, me recordó que el compraría esta semana.

    Mientras trataba de encontrar los errores en mi trabajo, me vino el recuerdo de la putita del barrio, de esa adolescente sin clase que se vestía como prostituta. Yo cuando era adolescente me gustaba mostrar y calentar pero con cierto decoro, un pudor de la puta que quiere mostrar pero sin mostrar. Estas de ahora no les importa un carajo, usan unos shorts que se les ve todo el culo, o si es una pollera, es como una polera. Y los escotes que llegan casi hasta la panza, prácticamente es todo corpiño y una telita para decir que no están desnudas.

    Además la actitud de puta, de ir al frente, de mostrar directamente las tetas o abrir las piernas o caminar sin que les importe que se les vea todo el culo. Más de una vez mientras salíamos con mi esposo a pasear tenía que estar mirándolo a la cara cuando nos cruzábamos a estas pendejas de ahora.

    Incluso al lado mío, mi esposo se le escapaba la mirada hacia esos cuerpos jóvenes.

    Salgo disparada a mi cuarto, me pongo un vestido muy corto, me saco el corpiño, tomo el tapaboca y me voy en busca de mi sobrino.

    Está muy fresco, salí pensando en la puta de la plaza, más que en la temperatura otoñal porteña que comienza a hacerse notoria.

    Comienzo a escribirle a mi sobrino, diciéndole que lo acompañaría, que no quería que se pierda o esas estupideces que una inventa cuando quiere estar cerca de alguien para controlarlo.

    No me responde los mensajes, voy local por local, donde fuimos el sábado anterior y no lo encuentro, en la carnicería me encuentro a doña Cleotilde, la vecina chusma.

    Me mira de arriba a abajo, me ve vestida con este minivestido con el fresco que hay, sin corpiño, hace un gesto típico de vieja metida.

    Cuando salgo de camino a casa, llamando por teléfono insistentemente a mi sobrino, lo veo en la plaza, hablando con la pendeja puta.

    Desde lejos le grito de porque no me atendía el teléfono, porque lo tenía en silencio.

    Cuando llego hasta él, me dice que se disculpa que lo tiene siempre en silencio.

    En eso la chica interrumpe con un:

    «ay nene, tenés que atender a tu mama, eso es ley, siempre hay que tener con sonido y atender todos los mensajes y llamados de la mama»

    Mi cara se transformó y se llenó de odio.

    «¡No soy la mamá!» grité.

    En ese momento se escucha en la esquina a una señora llamando a la adolescente.

    Era doña Cleotilde llamando a la chica, ella se despide rápido diciendo que la llama la abuela y cuando se va le tira un beso a mi sobrino.

    Se va caminando moviendo el culo perfecto sin celulitis, un minishort de jean que no tapaba nada, mostraba cada nalga al caminar. Ella cada tanto se da la vuelta y parece sonreírle a mi sobrino a pesar del barbijo.

    Alterno mi mirada entre mi sobrino y la puta, y el está embobado mirándole el culo.

    «¿qué estás mirando?» le digo con un tono de reto.

    «nada tía, nada, ya compre todo, estaba yendo a casa» me dice mientras me invita a caminar hacia la casa que compartimos estos días.

    Apenas llegue le haría una paja fenomenal a mi sobrino para que se le vayan las ganas con esa puta y largue leche de la mano de una mujer experimentada que no necesita andar en culo por la vía pública para que un hombre goce.

    Llegando a casa suena el teléfono, mi jefe a los gritos porque todavía no le envíe el informe corregido.

    Nuevamente tengo que internarme en la oficina. No habría masturbación para mi caliente sobrino.

    Ceno en la oficina, sigo hasta la madrugada, mi sobrino duerme.

    Amanece el domingo, día 14.

    Mis ojeras son terribles, me preparo un café fuerte, voy a la computadora. Almuerzo en la oficina, gracias a mi sobrino que hace todo lo que yo no puedo por falta de tiempo.

    Me duele la cabeza, el cuello, la espalda. Mi esposo me llama, le digo que no puedo hablar, brevemente le cuento lo desesperada que estoy por arreglar mis errores.

    Yo siempre fui aplicada, pero se ve que estas últimas semanas no he estado muy atenta a mi trabajo. Algo me estaba distrayendo.

    Ceno y no doy más, no puedo encontrar los errores grandes que hacen que todo se derrumbe, tengo ganas de llorar, de gritar.

    Mi sobrino me escucha sollozar y se acerca con ternura, me dice que necesito un recreo, unos minutos para despejar la mente, eso me ayudaría.

    Me quedaban solo algunas horas para solucionarlo y no veía como hacerlo, pero era sensato lo que me decía mi sobrino.

    Voy a darme una ducha, desde hace 3 días que no me bañaba, ni me había dado cuenta de lo sucia que estaba tan metida en esta preocupación.

    Ya es casi medianoche, tengo que seguir. Mi sobrino me espera despierto como para hacerme compañía, dice que no se iría a dormir hasta que lo resuelva. Me causa ternura.

    «tía, necesitas masajes» me dice viendo mis quejas por dolores en el cuello y espalda.

    Me dice que me recueste en la cama matrimonial, que él me haría masajes.

    Me da vergüenza, pero le aclaro sin nombrar que solo masajes, nada extraño, solo unos minutos para poder seguir adelante con mi trabajo.

    Él se ríe, sabe que no puedo nombrar nada relacionado al sexo, por mas que hayamos estado mirándonos en primer plano como se masturbaba el otro.

    Me pongo en la cama boca abajo, me cubro la parte de mi cola con una toalla de manos, le indicó dónde están los aceites y se dispone a realizarlo.

    Comienza su tarea en mis hombros, sus manos fuertes ya me relajan, sentir la masculinidad y la firmeza de un hombre da placer al solo contacto.

    Se lo toma en serio así que hace mucho énfasis en mi espalda, en mis omoplatos, en mi cuello, en cada zona donde le digo que me duele.

    Me está haciendo muy bien, siento que me relajo.

    En eso usa solo un instante para tomar mis pies, y a masajearlos. Me encanta, no se lo había pedido, aparte no es donde más dolor tenía, pero no puedo negarme, es placentero.

    Sube por mis pantorrillas y hace lo mismo, siento placer en cada masaje.

    Sigue subiendo hasta mis muslos, ya mis ojos se abren, mi mente comienza a hacerse preguntas, creo que hasta acá estuvo bien.

    Mientras pienso sigue subiendo y comienza a levantar la toalla que cubre mi cola.

    La hace a un lado y tira algo de aceite en mi cola, que va chorreando hasta la raya del culo.

    Sus manos están en la parte inferior de mis nalgas, muy suavemente está masajeando y tratando de ir un poco más allá.

    «¿sigo?» me pregunta

    «no, no sigas» le respondo en forma de suspiro.

    Sin embargo el sigue pasando sus dedos calientes en la parte inferior de mis nalgas y se dispone a cubrirlas por completo.

    «¿sigo tía?» me pregunta

    «no, por favor sobrino, no sigas» le respondo temblorosa mientras abro instintivamente mis piernas y levanto el culo.

    Sus dedos están masajeando mi culo y abriendo lentamente mis nalgas.

    Ante su mirada adolescente tiene un culo de 35 años, un ano que se abre y una conchita rosa húmeda.

    Comienza con sus dedos a jugar entre mis nalgas, rozando mi ano y tocando muy de cerca los labios vaginales.

    «¿sigo tía?» me pregunta

    «no, sobrino, basta, ya está bien» le digo casi jadeando sin hacer ningún movimiento que corrobore lo que digo.

    Entonces un dedo se pierde en mi concha, para luego ser dos, y empieza un festival de chapoteo, esos ruidos del aceite, y de mis fluidos entrando y saliendo por los dedos de un hombre. Dos dedos suyos son mucho más que mis pequeños y delicados dedos.

    Los mete y los saca con delicadeza y yo comienzo a jadear con sonidos sordos, no quiero que piense que me tiene presa con solo eso.

    «sigo putita» me dice

    Y esa expresión hace que se me escape un gemido sonoro, mientras se me eriza la piel.

    Sigue metiendo y metiendo los dedos y hasta con el pulgar juega con mi culo solo acariciándolo y tratando de ver hasta donde resiste para ver si entra algo, pero de manera delicada.

    Con su otra mano llega hasta mi cuello, lo sostiene contra la cama. Eso me calienta mas, La idea de que mi sobrino me esté poseyendo, ser su objeto de placer.

    En un movimiento mete sus dedos en mi boca, las cuales chupo como si fuera su pija, las chupo cerrando los ojos, imagino que es la pija hermosa de mi sobrino, esos recuerdos de tenerla entre mis manos hacen que manotee su bulto.

    Mientras el me masturba yo lo masturbo a él, sin mirarlo, tengo sus dedos en mi boca y sus otros dedos en mi concha y un dedo jugando con mi culo, me siento puta.

    Así estamos largos minutos hasta que cuando siento que se va a venir lo manipulo hasta la proximidad de mi culo. Siento como explota su leche, la potencia que sale desde su pija caliente y que cae en la cama, y en mi culo.

    Sentir que cae la leche caliente en mi culo hace que sus dedos se transformen en un catalizador del orgasmo, y termino yo también explotando de placer.

    Poco a poco vamos disminuyendo el ritmo, mi mano suelta su pija, sus dedos salen de mi concha y de mi boca. Ambos estamos agitados.

    En silencio él se va hacia el baño, en silencio se va al comedor

    En silencio me limpio la leche de mis nalgas y me pongo la ropa interior y una bata.

    Cuando voy al comedor, la luz está apagada y mi sobrino acostado. Yo voy a la oficina.

    Ya es las 2 de la madrugada, mi teléfono está lleno de llamadas perdidas de mi jefe.

    Aleatoriamente me pongo a ver una ficha y me doy con el error que desencadenó todo.

    Sonrío sola, lo corrijo y lo envío.

    ************************

    Gracias por todos los comentarios, aún falta lo mejor, así que comenten con tranquilidad que todo lo tomo en cuenta para lo que viene.

  • El amigo de mi primo (Parte 1)

    El amigo de mi primo (Parte 1)

    Mi nombre es Andrea y les voy a contar algo que paso hace algunos años atrás, en primer lugar voy a contar de mí, soy una mujer que por aquellos años tenía 32, soy de pelo castaño largo más allá de los hombros, buenas caderas y tetas no voluminosas pero tampoco pequeñas, normales pero gorditas jeje.

    Vivo sola, con lo cual puedo hacer lo que me dé la gana, los hombres me encantan pero por el momento no llego “el príncipe azul”; un día como tantos otros me cae un mensaje de mi primo Raúl que tenía en aquella época 20 años, y me dice, “prima Andre, necesito un favor, tengo que dar unos exámenes en la facultad y son días consecutivos, para no ir y venir a mi casa, puedo quedarme unos días contigo sino te molesta?, lo único que voy también con un amigo que también tiene que rendir”, me dije guauuu, de estar sola a estar con 2 hombres, me causaba risa lo que estaba pensando, pero sabía que mucho no podría “hacerme la loca” ya que eran conocidos, nada una estupidez mía de pensamiento.

    Para no responder el mensaje, decidí mejor llamar a mi tía para saber detalles, y si en verdad era algo real lo que Raúl, me estaba comentando, pues es un buen chico pero a veces inventa algunas cuestiones, que para no decir la verdad crea algunas historias para salirse con la suya, pues bien, después de la llamada si, era todo real, así que respondí el mensaje, y le dije que sí que podían venir, que no había problemas. Entonces me dispuse acomodar un poco mi casa, ya tendría visitas por unos días, acomodé un sillón preparé algunas sabanas que tenía, una cama chica la ordene un poco, y bien ya estaba todo más o menos en orden.

    Al día siguiente, ya sabía, que llegarían por la mañana, a eso de las 10 de la mañana sonó el timbre y eran ellos, yo me levante desayune y me puse un short de jean, y una remera con un escote discreto sin nada llamativo; por otro lado Raúl me había dicho que su amigo se llama Claudio, es algo tímido y vergonzoso, él le dice salame no sé por qué tan cruel en esa manera de expresarse, ya lo averiguare. Abrí la puerta, y nos abrazamos con Raúl pues hacia un tiempo que no nos veíamos, y su amigo quedo parado en medio de la puerta, tuve que decirle, “oye no me presentas a tu amigo?”, con lo que Raúl algo despistado me dice “ah si ven Claudio pasa te presento a Andrea mi prima, le puedes decir Andre”, cuando lo voy a saludar me extiende la mano, y yo me acerco para darle un beso en la mejilla, onda que quedo con la mano extendida, allí me di cuenta que era buen chico, tímido si, pero de buenos modales.

    Lo hice pasar a ambos, les mostré sus lugares para dormir, y que bueno no íbamos a llevar muy bien, con relación a Claudio, vi que a veces me observaba, yo no entendía por qué, jamás le dije nada para no incomodarlo, con lo cual, traté de ver por dónde venía la cosa, así que con ropa o gestos no muy evidentes trate de llevarlo a un terreno a ver qué pasa, cosas como rozarlo sin querer, sentarme y cruzar las piernas, o bien colocarme remeras un tanto escotadas agacharme frente a él mostrándole algo las tetas, y llegue a la conclusión que por allí venia la cosa, va mejor dicho no estaba segura pero casi, necesitaba algo mas para estar en lo cierto.

    Así que en un almuerzo, lo llamé a Claudio a que me ayude con los platos, se ofreció gentil y sin querer lo rosé en la mano y se quedo casi temblando, y lo terminé retando para que lleve los platos a la mesa, desde ya que después que se fue me termine riendo, durante la comida hablamos de cualquier cosa, como iban con los estudios, y en una de esas le digo a Claudio, ¿te dejan entrar así con el pelo largo y se lo toco muy suave?, nuevamente la misma reacción; luego terminado el almuerzo, levanto algunas cosas para lavar, los chicos ayudan con el resto, y cuando Claudio viene con los vasos, pasa por detrás de mí, saco un poco la cola para afuera para que me toque, y en un acto reflejo, retira la mano y dice “uy disculpa Andre”, yo haciéndome la tonta le digo, que paso?, te toque me responde, a no me di cuenta, no pasa nada, me reí de lo hecho, después de lavar, lo veo a Raúl estudiando pero no lo veo a Claudio, cuando voy al baño, escucho un sonido que no sabía identificar, sin hacer ruido era Claudio, no lo podía ver, pero se estaba masturbando, pues sentía sus jadeos que trataba de acallar; listo ya tenía la prueba que necesitaba.

    Así anduvimos la semana, yo me divertía de situaciones como las anteriores, me imagine que se masturbaría en los momentos que daba la oportunidad, y llegó el sábado, me puse unas calzas y un top ajustado, dejando ver mi panza y ombligo, y las calzas me marcaban bien la cola, Raúl me dijo “prima vas hacer ejercicio?”, y le respondí que si, Claudio no dijo nada solo me miraba, y arranque con las rutinas, cerca del mediodía, termine y les dije a los chicos que me iría a dar una ducha que no daba más, en el medio de la ducha Raúl me dice que iba a salir y que Claudio se quedaba, respondí con un okey que no había problemas.

    Termine me envolví con el toallón y me seque el cabello con una toalla, me dirijo a mi cuarto y selecciono mi ropa interior para ponerme, y veo de reojo una sombra en la puerta, sin hacer ruido, abro la puerta de golpe y lo encuentro a Claudio y me lo quedo mirando, para que no se sienta mal lo miro y le digo, “ven pasa, mientras lo tomo de la mano, le pregunto porque tiemblas?, nada sin respuesta, escucha, cuántos años tienes?, y me responde 18, okey le digo, tu no viste una mujer desnuda aun no?” y me dice no con la cabeza, tampoco tienes experiencia con las mujeres no” y me dice que no, mientras veo que se le ponen los ojos vidrioso, “oye no te preocupes, es algo normal, sé que mi primo quizás es más rápido tal vez, no todos somos iguales, y ni tu ni el son mejores ni peores por ello, me entiendes?”, y me dice si con la cabeza, me mira y me dice como te diste cuenta”, porque cada vez que paso y te rozo te quedas petrificado, te tomo la mano y tiemblas como una hoja y cada vez que sin querer me ves mis piernas o algo mas te quedas mirando como si fuera una nave caída del espacio, me responde que tu lo hacías a propósito, casi y me echo a reír; vamos hacer algo pero tiene que quedar entre nosotros, nadie tiene que enterarse, okey me responde.

    Y le coloco las manos en mis hombros, anda tócame, me toca muy despacio, anda toca y acaríciame suavemente, y lo acompaño con mis manos, así muy bien, mientras él me acaricia los hombros y el cuello, con mis manos, desprendo el toallón y lo dejo caer, quedando totalmente desnuda, y le digo haz unos pasos para atrás y mírame, se quedó duro, y veía como tragaba saliva, ahora ven, y tomándole sus manos, las llevo a mis pechos, anda tócame la tetas, y sin soltarlo las paso por todas ellas, lo miro y le digo, “te gustan?”, si me responde, tócame los pezones y se los señalo, apriétalos suavemente, eso sí, yo me estaba mojando, ahora vamos hacer algo más.

    Lo tome de una mano me senté en el borde de la cama, me eché hacia atrás puse mis piernas abierta en el borde, y le dije a Claudio mira, esta es la vagina o concha como le quieras llamar, ven acércate, dame tu mano, y la llevo allí tócame, suavemente como lo hiciste con mis tetas, y le dije así, mientras me agitaba y él estaba a 1000 rpm, te gusta le dije?, si mucho, okey, ahora introduce un dedo en ella, el que quieras, y con temor me introduce el índice y lo retira, anda colócalo nuevamente y más adentro, cuando lo hace pego un grito, él retira rápidamente la mano y me pregunta si la lastime, le respondo no, ese es un acto reflejo que tenemos las mujeres, algunas más otras menos algunas gritan, porque nos encanta, a veces es doloroso, pero después es placentero ya te darás cuenta, ahora por último, tócame aquí arriba, y le señalo el clítoris, tócame aquí y frótalo con ganas, como así me dice y frota riquísimo el desgraciado, ayyy si así, y me muerdo el labio inferior, listo, esto que te mostré recién es lo que tu hacías los otros días, me acabas de masturbar o hacerme la paja, sin llegar al final okey, y se me queda mirando, y me dice, tu sabes que me hago la paja, si Claudito de mi vida, lo sé el otro día te escuche como te agitabas en el baño, bueno a las mujeres si nos tocas allí nos masturbas, o bien para pajearnos notros nos tocamos allí para llegar al clímax.

    Yo ya te mostré bastante por hoy, ahora me tendrás que mostrar tu antes que llegue Raúl, porque después de esto tu vas a ir al baño a pajearte, así que anda, pajeate aquí delante mío, termino de decir esto y le estaba desabrochando el pantalón, se lo baje junto a sus bóxer, y salió un pedazo de pija nada despreciable, brillaba su glande, anda pajeate, y como no atinaba a nada, acaricie sus testículos y todo su tronco, y comencé a pajearlo, “lo haces tú o lo hago yo le digo”, con lo que tomo su miembro con la mano y comenzó a pajearse, acto que duro dos segundos, ya que yo en pelotas delante de él, y después de mostrarle todo y que me toque, cuando me quise acordar, me estaba embadurnando todos los pechos de semen espeso, y le temblaban las piernas, lo mire a los ojos, me sonreí, y le dije bien hecho.

    Claudio me respondió, “disculpa Andrea no quise tirarte todo encima”, no te preocupes me encanto le respondo y era lo que quería, anda al baño lávate las manos así luego voy yo, y recuerda, de esto nada a nadie, Si me dice no te preocupes no diré nada, cuando se fue, junte con mi mano la leche de mis senos y me lo tome no quería desperdiciar nada, procedí a ducharme nuevamente.

    La próxima les contaré como siguieron los días venideros, pues esto no termino aquí.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].