Autor: admin

  • Mientras mi marido no está, cogemos en mi casa

    Mientras mi marido no está, cogemos en mi casa

    Este es otro de mis relatos, este digamos que es la continuación del relato de la aventura sexual que tuve con Enrique.

    Poco a poco mi obsesión y perversión fue creciendo, después de coger con Enrique en la calle me sentía más viva, más mujer, sé que suena absurdo, pero sentía que podía hacer lo que quería.

    Una tarde de domingo, mientras mi marido llevo a los niños al centro comercial, yo estaba haciendo ejercicio en casa un mini short de licra y una blusa de top me acompañaban, estaba yo muy metida en eso cuando oí el timbre.

    ¡Sin cambiarme o taparme abrí la puerta y me llevé una gran sorpresa al ver que era Enrique!

    Q: ¡Ahora si te agarre solita beba!

    ¡Como pude cerré la puerta! el me manoseaba las piernas y el trasero y su lengua entraba en mi boca de una forma tan juguetona que no pude resistirlo.

    K: ¿Qué haces aquí?

    Q: ¡Vamos adentro!

    ¡Entramos y el me llevo al sofá de la sala! Me tiro de forma desesperada y me rompió la tanga que traía puesta, después comenzó inmediatamente a devorarme la vagina.

    Q: ¡Que rica vagina, sabe a gloria!

    K: ¡Que brusco!

    Siguió chupándomela deliciosamente, yo gemía del placer que me hacía sentir, ¡sus manos jugaban mis nalgas y mis piernas y su lengua endurecía mi clítoris!

    Me la mamo un buen rato, tuve un rico orgasmo, ¡ese escuincle me estaba tratando como su puta!, pero me encantaba serlo.

    Esto ay no era casualidad, ahora ya era u puta y estábamos en mi casa traicionando a mi marido.

    Dejo de chupármela para sacarse su verga, que ya estaba dura y venosa, con violencia me tomo del cabello y me metió la verga de un golpe a la boca, mientras con su otra mano grababa la escena.

    Q: ¡así nena chúpala, chúpala!

    Graba mis nalgas y como devoraba la verga, yo estaba tan clavada que no me importo que me tomara video, ¡solo quería devorarme esa tranca dura y hermosa!

    Saque mis mejores trucos, ¡se la mame tan fuerte y rico como por 10 minutos hasta que saco su leche en mi boca!

    Q: ¡Ah!!! Que rico, ¡uhm!

    K: ¡Uhm, ah!!

    Me trague cada gota de su blanco semen, el me seguía grabando cómo me tragaba su leche.

    Enrique aún muy excitado, me puso de pie y me desnudo totalmente, besándonos pasionalmente fuimos hasta mi recamara.

    Su ropa quedo regada por toda la casa, al entrar en la habitación el me tiro en mi cama, me tomo de las piernas las puso en sus hombros y me la dejo ir violentamente, se movía fuerte, mientras, ¡mordía mi cuello y me apretaba las tetas!

    Q: ¡Tómala puta, tómala!

    K: ¡Dios, que rico, que duro!

    Q: ¿Te gusta perra, es tuya?

    Cruzo una de mis piernas poniéndome de ladito, que rico la sentía en esa pose, el me daba de nalgadas y de cachetadas, que salvaje estaba siendo, ¡pero me ponía más caliente esas acciones!

    Me puso boca abajo y me la metió enterita, la sentía toda adentro mientras él me comía la oreja, ¡así nene, así! Le decía mientras él me mordía la espalda.

    Q: ¡Que rica estás, que rico es coger contigo!

    K: ¿en serio?

    Q: ¡Desde que vi tus fotos del Facebook! ¡Y el saber que eras casada, me desato más el deseo en ti!

    K: ¡No imagine que fueras una bestia sexual, cógeme bebe no hables!

    Q: ¡Mi amor lo que digas!

    Me puso en cuatro y tomándome del cabello e metió su verga hasta el fondo, yo estaba babeando del placer, ¡el me daba de nalgadas y de arañadas!

    Q: ¡Que nalgas, que piernas, esta buenísima nena!

    K: Si, disfrútame, ¡cógeme fuerte!

    Q: Si amor, toma mi verga dura, ¡es tuya déjala seca!

    K: ¡Que rico es coger aquí en mi casa con otro!

    Me cogía riquísimo, yo movía mi cadera en círculos, su dureza me tenía a tope, Enrique sabía hacer su chamba, ya no me importaban los modales o ideales de familia o casada, solo quería disfrutar al máximo.

    Sentí como inflaban sus testículos y como se endurecía más, le pedí se viniera dentro de mi vagina, yo comencé a moverme salvajemente como potra salvaje, ¡quería sentirla ya!

    K: Ya vente papi, ¡dámela ya la quiero!

    Q: ¡Pídemela, suplícala!

    K: ¡Por favor lléname de tu semen!

    Q: ¿Quién te coge más rico tu marido o yo?

    K: ¡Tu nene, tu eres un dios sexual!

    ¡Como manguera me lleno la vagina de leche!

    Mi orgasmo era maravilloso, él se movía para hacerlo más placentero, que rica sensación, yo mojaba todas mis sabanas, terminamos acostados riéndonos de lo bien que la pasamos.

    Unos minutos después él se fue así como llego, yo me quede en la cama desnuda recordando ese rico momento, pero también con el problema del remordimiento.

    Pero era momento de aceptar lo que estaba pasando, ahora tenía más ganas de experimentar, de disfrutar, ya no me detendría, ni siquiera por mi familia, ¡solo quería disfrutar más!

    Kali

  • ¡La tengo toda adentro!

    ¡La tengo toda adentro!

    Diana es una mujer madura de 43 años y llevamos una relación clandestina por más de 8 años. Ella es casada y quizá estoy más en contacto con ella por la sencilla razón de que no tiene hijos. Con Diana tenemos una buena relación y ella ha sido siempre muy abierta conmigo y es por eso por lo que tenemos una gran confianza prácticamente en todo. Tanto así es la confianza que un buen día me habló de una amiga que se sentía frustrada con el sexo y que tenía algunas trabas en lograr un orgasmo y pensó que yo le podría ayudar en ello. Siempre pensé que simplemente se trataba de una excusa para tener una aventura, pues su amiga no tuvo ningún problema en experimentar varios orgasmos ese día.

    Para finales del año pasado me habló de su sobrina, la cual me describió de unos 27 años, de buena figura, casada y también hasta el momento sin hijos. Al igual, me hablaba de que tenía problemas en encontrar un orgasmo con su marido, pero también que tenía una curiosidad de experimentar el sexo anal y más que todo ver si podía vivir un orgasmo anal. Debo decir que Diana es una mujer muy abierta de mente y lo que yo he podido observar de ella en estos años que hemos tenido esta relación clandestina, es que ella disfruta más el sexo anal que el sexo convencional y no es la única, tengo otras relaciones donde he observado esta preferencia.

    Diana en estos días que hay muy poca comunicación entre los seres humanos de una manera física por esta pandemia ha procurado montar encuentros para que conozca a Jova, como ella llama a Geovanna. Como evitamos hoy en día comer en restaurantes, Diana se tomó la libertad de venir a preparar desayuno junto a su sobrina y aunque ya teníamos un rato de no hablar de su sobrina, ese día intuí que, según Diana, su sobrina estaba decidida a dar ese paso. Obviamente ni siquiera hablamos de ello entre nosotros, Diana de repente ya para terminar el desayuno dijo algo para que yo lo entendiese: Tony, no sé si tú tienes tiempo, pero Jova hoy es día que tiene disponible. – me dijo.

    La verdad que siempre tengo tiempo para una linda chica y Jova realmente que lo es. Tiene una buena altura, quizá de un metro y 75 centímetros, cabello largo y oscuro, de piel clara y ojos de miel, de boca pequeña y labios gruesos… definitivamente atractiva. Quizá no tenga ese espectacular trasero que su tía tiene, pero es atractivo, muy generoso podría decir. Su pechos son de una copa C, quizá llegando a la D y tiene esa figura que se puede criticar de esbelta, su altura y un peso de unas 130 libras la hacen ver espigada. Este día trae un escote pronunciado y me dejan ver una buena porción de esos hermosos bustos y una falda que, si no es mini, me deja ver sus bien torneadas piernas. Las veces que hemos hablado, no la siento tan libre como lo es su tía y es así como cuando Diana se despide, le dice en voz alta, como para quebrar el hielo: -Jova, te dejo en muy buenas manos, Tony es todo un caballero y recuerda lo que te dije… esto queda entre nosotros y Tony lo sabe. – y se fue dándonos un beso a ambos.

    La noté un tanto nerviosa y me lo hizo saber. Como acabamos de desayunar la invité a caminar al jardín y pasamos a también a dar una caminata al río que pasa detrás de mi casa y calcular por lo menos una hora para la digestión y no sentirme tan lleno si es que llegábamos a la acción. Intenté de abrir la intimidad y le conté de mi primera experiencia sexual y luego ella me contaba la suya propia. Como lo imaginé, fue una experiencia frustrante, pues a esa edad tan joven, los muchachos son pocos los que pueden controlar la eyaculación y las mujeres regularmente requieran una estimulación mas extensa para llegar a tener un orgasmo. Jova me habla que ha tenido orgasmos, pero que han sido muy pocos durante el sexo con su pareja. Con algo de pena me habla que los logra masturbándose y que con su marido los ha logrado si este se toma el tiempo haciéndole sexo oral, pero que no recordaba alcanzar uno mientras este le penetraba, él eyacula, según ella, de una manera muy prematura. Y la plática se extendió hablando de su sexualidad y creo que esto comenzó a subir la temperatura y a ponernos algo cachondos.

    Como hacía calor y habían pasado ya dos horas la invité a nadar en la piscina. Como no traía traje de baño, la invité a bañarnos desnudos, pues total estábamos encaminados a vernos desnudos. Me mostró algo de pena, como que ese instinto de pudor todavía se encontraba en ella. Yo le empujé un poco y me desvestí ante ella quedándome solo en mi bóxer para luego asistirle en removerle su ropa para demostrarle confianza. Le removí su blusa blanca y su falda de mezclilla color azul y descubrí su tanga blanca y pude observar su conchita mojada por la plática que habíamos conllevado. Tiene un tatuaje de signos musicales en un costado de su plano abdomen y otro de jeroglíficos en su baja espalda. Sus pechos se miran sólidos, típicos a esta edad y ella se los toma con la mano como queriendo todavía cubrirlos. Le dije que me bajara mi bóxer y mi verga estaba en ese punto de llegar a una erección completa, pero no estaba totalmente erecta. Me bajó el bóxer mostrando pena, pero lo hizo más intentado mirar mi rostro que mirando mi verga. Yo le removí la tanga y la tomé de la mano y caminamos hacia la piscina.

    Intenté relajarla, no mostrar desesperación. En la piscina rozamos nuestros cuerpos, comenzamos a dejarnos sentir el uno al otro. Cuando se me acercaba aprovechaba en tocarle los pechos, las nalgas, hasta que llegó el momento de mamarle los pezones. La soltaba, nadábamos y luego se los volvía a mamar y de esa manera llegué a acariciarle el sexo y de esa manera ella llegó a tocarme el mío, el cual por el agua fría se mantenía semi erecto. Salimos de la piscina y nos duchamos en las regaderas que están en un quiosco para que desapareciera el cloro y cubiertos por las toallas nos sentamos en una de las sillas reclinables. Le pregunté si le gustaba dar sexo oral y ella me respondió con otra pregunta: ¿Quieres?

    Se abalanzó donde yo ya yacía acostado y acomodándose en la silla reclinable tomó mi verga semi erecta y esta tomó todo su potencial cuando Jova se metido mi glande a su linda y pequeña boca. Intentó meterse todos mis 22 o 23 centímetros, pero se atorzonaba en el intento. Me dio una buena mamada en los testículos y después de unos 10 minutos le pedí que era mi turno de probar esa conchita. La acomodé en la misma silla reclinable, pero a diferencia de ella, me fui recorriendo desde su cuello, pasando por esos melones tan sabrosos que tiene… realmente tiene buenas tetas y se sienten muy sólidas a pesar de su tamaño. Juego con sus pezones que incluso le uno sus tetas y le mordisqueo los dos pezones a la vez. Veo como cierra los ojos como escondiéndose para que yo no vea como lo está gozando. Bajo a su ombligo, beso su zona del monte venus totalmente afeitado y observo su clítoris expuesto y que se puede ver excitado totalmente hinchado.

    Le doy ese masaje oral y todo su cuerpo se estremece y su piel se eriza. Le hundo mi lengua en su canal vaginal mientras le tomo los dos pezones con mis manos y deslizo mi lengua de arriba abajo. Jova gime de placer y prontamente comienza a mover su pelvis como pidiendo verga. Para no tomar riesgos y que se quiebre esta silla no me voy por sobre ella, le pido que se ponga de perrito y no poner todo mi peso. Ella creo que estaba a punto de irse y creo que se ve frustrada por esta interrupción, pero luego en esa posición de perrito comienzo con el mismo oral, pero ahora también cubro su rico culo que me ha quedado en bandeja de plata. Creo que no se lo esperaba, e intento hundir mi lengua en su apretado ojete.

    Le comienzo de nuevo a estimular si clítoris con mis dedos, mientras mi lengua le masajea el ano. No tarda mucho en comenzar a mover la pelvis como pidiendo verga y esta vez tomo la posición y cuidadosamente le dejo ir toda mi verga hasta que mis testículos pegan en sus nalgas. Se la dejo adentro sin ningún movimiento y con mis dedos sigo ese masaje en su ano al punto que mi falange proximal estaba adentro del culo de Jova. Con mi pulgar adentro del culo de Jova, comienzo a pompear con embestidas sólidas, pero a poca velocidad la conchita de esta preciosa mujer.

    Ella acelera sus movimientos pélvicos y gime de placer y yo sigo con mi ritmo semi lento. De repente se pone tensa y siento ese vibrar de los músculos de su vagina y como su ojete se contrae apretando más mi dedo pulgar insertado en él. Jova me pide que le pegue mas fuerte con mi verga y sé que está viviendo un orgasmo y sus jadeos se elevan al igual que su ritmo que ahora es obvio ese ruido de sus nalgas pegando contra mi pelvis y ese chasquido de mi verga, entrando y saliendo de la conchita de esta linda mujer. Ella comienza a relajarse y acelero mi ritmo y le anuncio que me vengo y una vez más ella acelera el ritmo de su pelvis y le dejo ir mi corrida sobre sus nalgas, pero luego le vuelvo a meter la verga para sentir ese rico calor de su vagina. Hemos comenzado bien esta faena.

    Vamos a las regaderas a ducharnos de nuevo y veo como mi esperma sale de la conchita de Jova y luego tomamos otras toallas y tomamos nuestra ropa para luego ir de nuevo a la sala de la casa. Ella se mira relajada, creo que el hielo se ha roto y ha vivido un buen orgasmo, creo que siente más confianza pues ella se escucha más abierta diciendo:

    -¡Wow! ¡Que rica corrida me has sacado! Diana tenía razón, tienes muy buena experiencia para hacer disfrutar a cualquier mujer… la experiencia y estás bien dotado. Aunque te debo ser honesta Tony, no sé cómo esa enorme verga me pueda caber o cómo es posible que Diana me haya hablado del orgasmo anal, si tu pene más parece que me puede hacer mucho daño. Nunca lo he hecho y realmente tengo mucho miedo.

    -¡No tienes que hacerlo! -Le dije y le agregué. – Creo que uno debe hacer todo aquello que realmente le excita… si lo tuyo no es el sexo anal, no debes sentirte obligada a hacerlo.

    -¡Es que Diana habla de la potencia de esos orgasmos, que es muy difícil no sentir la curiosidad de vivirlos! Y es por eso por lo que decidí vivir esto prohibido contigo y realmente ese orgasmo fue muy distinto a los demás… sentí que venía desde adentro… muy muy diferente.

    -Si gustas lo podemos intentar y si te parece incomodo pues desistimos. Mi dedo pulgar ya dilató en algo tu trasero… es cuestión de seguir dilatándolo un poco más.

    -¡Tu pulgar no tiene el grosor ni lo largo de tu pene! ¡Tienes una verga descomunal por si no te lo habían dicho!

    -Como te repito… no hagas nada que no sientas quieres o te excita hacer.

    -Ya estoy aquí y lo vamos a intentar… no quiero que me sigan contando nada, quiero saberlo por experiencia propia.

    -¿Tu marido nunca ha intentado hacértelo?

    -La verdad que sí, pero de alguna manera nos han enseñado que es algo prohibido y aunque parezca tonto, uno no quiere admitir que le atrae la idea y no mostrarnos tan liberales, aunque sea tu marido. Además, acabaría tan pronto como siempre lo hace y me dejaría con el mismo dilema si es posible lograr placer haciéndolo.

    -¿Ya habías experimentado el “rimming”?

    -¿Qué es eso?

    -Lo que te hice hace poco: contacto oral a tu ano.

    -No nunca… ha sido mi primera vez.

    -¿Te ha gustado?

    -¿Tú que crees? ¡Me encantó! Sentí que me volvías loca.

    -Bueno, eso es sexo anal también. Ahora si quieres experimentar la penetración, ¿en qué posición te gustaría experimentarlo?

    -¿Tú que sugieres? ¿Algo que tú recomiendes?

    -La verdad que tú debes también imaginarlo… ¿Cómo crees que te gustaría sentirlo?

    -Como me tenías por último me gustó mucho.

    -¿De perrito?

    -Si… es primera vez que me vengo en esa posición y me gustó mucho.

    Como no tenía ningún lubricante a la mano, cuando nos activamos de nuevo le pedí a Jova que me diera otra mamada a lo que pronto se puso en acción. En esta ocasión estábamos en la habitación y ella se abalanzó hacia mí y comenzó con una rica felación. Jova mama rico, es constante en sus movimientos y de seguro manda a cualquier novato como a su marido al paraíso en cuestión de minutos. Sé que lo disfruta pues a la vez su concha se moja y se pueden ver esos jugos fluyendo. Le meto mi verga para que sus jugos me sirvan de lubricante y le pido que se ponga de perrito en mi cama.

    Mi cama es un poco elevada y no es apropiada para embestir este culo desde el suelo. Le pido que deje caer su pecho a la cama y que me deje expuesto ese precioso culo. De su concha fluye mucho jugo y con mi lengua comienzo a invadir su culo de nuevo. De vez en cuando paro ese masaje y me acomodo y le hundo mi verga en su concha y se la pompeo por un par de minutos. Me arrodillo y de nuevo busco su culo con mi lengua y poco a poco se lo dilato con mis dedos. Ella gime y no se si es dolor o de placer.

    Aquello se repite por varias veces y he notado que el ojete de Jova está bastante apretado. Me tomo el tiempo y creo que Jova está desesperada por ser penetrada, pues lo veo en su concha, es un manantial de jugos que llenan sus entrepiernas. Me recuerdo del pequeño sofá y le pido que nos movamos, pues ahí tendría más control en la penetración, pues su altura así me lo ha permitido en pasadas experiencias. La acomodo y después de lengüetear su ojete una vez más, le asomo mi glande a la entrada de su rico culo. Me tomo la verga y le hago presión y en la primera mi glande se hundió y sentí como ese anillo me lo apresó. Jova gime, pero no dice nada que me impide continuar. Cada diez, quince segundos, mi verga se hunde unos cuantos milímetros hasta que desaparece y mi pelvis choca con sus nalgas. Ella solo exclama:

    -¡Oh, Dios mío! ¡La tengo toda adentro!

    -¿Te incomoda, te duele?

    -¡Un poco! ¡Pero es un dolor extraño y podría decir que rico también!

    -¿De veras, es primera vez que te culean?

    -¡Por mi madre Tony! Es primera vez que tengo una verga en mi culo.

    -¿Quieres ver cómo se mira una verga en tu culo?

    -¿Cómo?

    En ese momento tomo mi celular y tomé cuatro fotografías de diferentes ángulos. Le di el celular y Jova podía ver como cada centímetro de mi verga estaba adentro de ella. Me dio el celular y me pidió que las borrara, pero nunca lo hice. Ella comenzó en esa posición a tocarme los testículos y me decía que parecían sus huevos. Yo le dije que mis huevos y mi verga eran de ella por ese día o cuando ella quisiera y con una sonrisa me respondía que tuviera cuidado con mi oferta, que de verdad aquello se podría convertir en algo adictivo y podía tomar al pie de la letra mi palabra. En esa plática comencé con un bombeo semi lento y Jova solo gemía de placer diciendo: Tony, ¡que rico es sentir tu verga en mi culo!

    Llegó el momento que salía completa y se la insertaba a placer con cierta violencia y Jova solo gemía. Ella me dijo que le gustaba así, que acelerara ese entra y saca y comencé a pompear a placer, su esfínter estaba totalmente dilatado. Pensé con mis dedos darle placer a su clítoris, pero ella me pidió que le taladrara más el culo, que estaba sintiendo una sensación de placer que le parecía única. Puso sus brazos extendidos al espaldar del sofá y comenzamos con un taladreo que Jova gemía como loca y por un momento pensé que exageraba sus alaridos y que quería hacerme fingir un orgasmo. Vi como la piel de las nalgas se erizaban, me pidió que los embates fuesen más fuertes y por más de un minuto le di un taladreo donde me anunció que se corría y me dejó ver como sus nalgas temblaban y ella se quedó muda sin decir palabra y solo se escuchaba ese respirar profuso como si le faltara el aire y me dijo: ¡Puta! Me hiciste acabar divino. – Yo aceleré mi taladrar porque sentí que me iba a venir, pero me tomó otros cinco minutos en dejarle ir otra eyaculación. Pude ver su culo bien abierto, dejando caer ese material blancuzco de mi esperma y descubrí una mancha de sangre en ella.

    Jova me habló de esa sensación de ardor en su ano, de esa sensación de haber sentido ese dolor placentero que, aunque ya no tenía mi verga adentro, sentía tenerla, pero me hablaba incrédula que se podría lograr un orgasmo teniendo sexo analmente. Era algo diferente para ella y definitivamente lo haría las veces que pudiera, aunque ese día no lo haríamos de nuevo, por ese ardor que le provoco esa fricción de mi verga. Resumimos ese accionar sexual con dos palos más, donde Jova también descubrió la diferencia del orgasmo vaginal y el que ella había descubierto con la masturbación: el orgasmo de clítoris.

    Esto pasó hace una semana y este día Jova me ha vuelto hablar y dice estar preparada para una faena más y me ha pedido que esta vez tome video, que ya encontró un lugar donde guardar ese contenido para que su marido no lo pueda encontrar. Le insinué que porque no hacíamos un trio con su tía, pero, aunque Diana está disponible, Jova no lo puede todavía asimilar. Cuando le mencioné el nombre de Diana, Jova me pidió que no se lo hiciera saber a su tía, pues no quiere dar la impresión de que ella continúa con esta relación y que se ha convertido en una puta.

    La verdad que me da igual y no me importa mantener su secreto. La estoy esperando y le pedí que se pusiera un pantalón de mezclilla y un calzón cachetero. Yo me comprometí con conseguir unos juguetes sexuales, pues quiere sentir la sensación de una doble penetración y he conseguido anillos y vibradores de diferentes tamaños y con la textura más cerca al toque humano. Creo que tendremos un buen encuentro ahora y espero volverla hacer vivir otro orgasmo o muchos orgasmos anales, que es con los que ella viene soñando de nuevo.

  • Disfrutando de una joven en un parque público

    Disfrutando de una joven en un parque público

    Pareja sexy besándose en un parque

    Yo la vi primero. Bueno, supuse que era ella. No la conocía aún. Estaba al otro lado de la calle y pasaba en ese momento por un paso de cebra, tecleando en el móvil, la muy loca. Me estaba enviando un mensaje:

    [21:43] Vicky:

    ¿Dónde estás?

    [21:43] Eric:

    Te estoy viendo. Mira al otro lado de la rotonda.

    Iba vestida de negro, con un vestido muy ajustado que acentuaba la curva de sus caderas. Llevaba sandalias abiertas, sin tacón, y tenía el pelo muy oscuro, muy largo y liso. Crucé la calzada y llegué hasta ella.

    ―¿Qué tal? ―me dice sonriendo. Sus dientes delanteros, que le asoman ligeramente, le dan un aire gracioso.

    Nos dimos dos besos. Mi mano en su cintura. Rico contacto. Olía muy bien. Me sorprendió tenerla delante. Para ser una chica, era bastante alta, tenía mi estatura (¡menos mal que no llevaba tacones!), pero tenía una carita aniñada que la hacía parecer aún más joven. Yo debía sacarle casi veinte años.

    ―Bien, ¿y tú? ―le digo, algo cortado.

    Entramos a una cafetería. Ella pasó delante de mí. Dios, me costaba mucho no mirarle la silueta. El vestido, de una sola pieza, se abría en el busto con uno o dos botones. Tenía un escote muy discreto. Era elegante. Una cadenita muy fina de oro le colgaba sobre las clavículas. Me sentía un poco cohibido: ella era tan joven…

    Era una cita inocente, una toma de contacto, por ver si surgía algo de feeling. Yo no tenía pretensiones, más allá de eso. Nos sentamos en una esquina de la sala. Los asientos eran acolchados, una especie de bancos. Ella pidió una cerveza y yo, un cortado con algo de licor. No había mucha gente. Menos mal, porque yo seguía sintiéndome un poco incómodo. Por suerte, enseguida nos metimos en conversación.

    Ella hablaba de manera muy reposada, con aquella vocecilla, y se apoyaba todo el rato con los gestos de las manos, como si dibujara croquis sobre la mesa para explicarse mejor. Se mantenía siempre muy erguida. Su fino cuello acentuaba esta sensación.

    En muchas ocasiones teníamos que cuchichear, porque hablábamos de asuntos un poco «indiscretos». Nos contamos unas pocas experiencias personales. Algunas de las suyas me sorprendieron bastante. «Joder», pensaba yo, «con esa carita tan inocente que tiene». Pero ella parecía vivirlo todo con mucha naturalidad, como sin darle ninguna importancia. Me resultaba muy curioso. Transmitía serenidad.

    La velada fue transcurriendo muy relajadamente, la conversación fluía, y sin darnos cuenta había pasado cerca de una hora y media. Aparte de algún pequeño silencio, nos sentimos muy cómodos. Al menos esa era mi impresión.

    ―Yo invito hoy ―le dije cuando nos acercábamos a la barra, como anticipándole que me lo había pasado bien y que me gustaría quedar otro día.

    Al salir del local, ya noche cerrada y algo fría, la acompañé a su coche. Junto a la puerta, me acerco a darle un beso. Entonces, noto que su cuerpo tibio se acerca al mío un poco más de la cuenta y mis labios permanecen sobre su mejilla un segundo más de lo necesario. Me pareció en ese momento una chica cariñosa. Al separarnos, dice:

    ―¿Te apetece que vayamos a alguna parte?

    Yo me quedo parado un instante. No me lo esperaba.

    ―Sí… claro. ¿En tu coche?

    ―Sí, yo conduzco ―dice, y nos subimos en su «bólido», como lo llamó ella. Por como hablaba de él, se notaba que le tenía cariño.

    Mientras conducía, hacía algunos comentarios sobre las zonas que íbamos pasando. Yo no las conocía, así que me fue haciendo de guía. De pronto, veo que pone tímidamente su mano derecha sobre mi muslo. Me acaricia, sonríe. Yo la miro de reojo, un poco sorprendido, sonriendo también. Entonces pongo mi mano sobre la suya y se la tomo. Nos acariciamos, jugamos con los dedos. «Qué cariñosa», pensé.

    Durante todo el trayecto, ya no abandonamos este juego. A veces, ella tenía que cambiar de marcha y me soltaba la mano durante unos segundos, pero enseguida volvía a cogérmela o yo iba a buscar la suya. Parecíamos dos tortolitos.

    ―Se me acaba de ocurrir un sitio chulo ―dice de repente.

    ―¿Ah, sí?

    ―Sí, te va a gustar ―dice, contenta.

    Nos bajamos en una zona residencial muy tranquila. No se oía un alma, tan solo nuestras voces, las puertas del coche al cerrarse y nuestros pasos en la acera. Me había llevado a una especie de parque, y parecía tener muy buena pinta.

    ―Pero está cerrado, ¿no? ―le digo.

    Ella se sonríe y no me contesta. Se echa a andar delante de mí. Rodeamos unos muros de piedra y llegamos a una cancela herrumbrosa.

    ―A ver si hay suerte ―dice girando el pomo.

    La hubo, y la puerta chirrió levemente.

    ―Vaya… ―dije en voz baja, sin romper el silencio de la noche.

    Pasamos dentro y comenzamos a subir y bajar algunas escaleras. Estaba lleno de recovecos, de pequeños muretes, de bancos de piedra, de árboles y plantas. Ella va delante de mí y me lleva de la mano. Es su lugar secreto.

    ―He venido aquí otras veces ―me confiesa riendo.

    Se lo conoce bien, no me cabe duda. De cuando en cuando, ralentiza el paso o se detiene y se pega a mí, frotando sus nalgas contra mis pantalones. Me sorprende su gesto juguetón. Yo la rodeo con el brazo y la atraigo hacia mí por el vientre. Acerco mi boca a su cuello, le huelo la melena, le doy algún beso en el cuello.

    A medida que avanzamos, nos va llegando un murmullo de agua cayendo. Al llegar a un rellano, vemos de dónde procede el sonido: en un pequeño estanque lleno de nenúfares, cae un chorrito de agua que sobresale de la pared empedrada. Sobre el murete que rodea el estanque, Vicky deja su bolso y el móvil y se apoya de espaldas. Me echa las manos al cuello, sonríe y nos besamos.

    Tras unos instantes, miramos hacia los lados. Está completamente oscuro y no se oye nada ni nadie, pero quizás es demasiado espacioso.

    ―¿Andamos un poco más? ―dice―. Más arriba hay un sitio más discreto.

    ―Claro ―le digo, y volvemos a subir escaleras.

    Llegamos a un nuevo rellano, pero ya no se puede seguir más arriba. Parece una atalaya, y desde allí vemos el resto del parque. Hay una barandilla y algunas torretas. Al fondo, el mar, que está muy levemente iluminado por la luz de la luna.

    Dejamos nuestras cosas sobre un murito, nos acercamos el uno al otro y comenzamos a besarnos de nuevo. Sin darnos cuenta, vamos dando pequeños pasitos sobre las baldosas, como meciéndonos: parece una especie de danza muy lenta.

    Poco a poco, nos vamos desnudando. Yo saboreo con los ojos cada trozo de su cuerpo que va quedando desnudo, se me hace la boca agua con cada prenda que se quita. Cuando se saca las braguitas, veo que lleva el pubis totalmente rasurado. Se lo acaricio con la palma de la mano, con los dedos, le busco el interior. Está muy suave, húmedo. Aún no se ha quitado el sujetador, y me relamo ante la idea de verle los pezones. Con nuestra danza erótica, hemos llegado sin querer a la barandilla.

    ―Quítatelo ―le digo.

    Ella se saca el broche y tira la prenda al suelo, hacia un lado. Por fin, le observo los pechos. Son preciosos, de tamaño medio, con los pezones de rosa intenso. Me los llevo a la boca, los saboreo, los chupo, los mortifico con la punta de la lengua. Son muy firmes, deliciosos.

    Al estar completamente desnudo, siento el impacto de la noche fresca sobre mi cuerpo. Es una sensación extraña, agradable. Cuando me acerco a ella, su calor me resulta todavía más placentero. Tiene la piel realmente suave. No puedo dejar de tocarla, de apretarme contra ella.

    Nuestra ropa está toda desperdigada por el suelo. Soy consciente, en ese momento, de que hay algo muy erótico y excitante en esa situación. «¿Y si nos sorprendiera alguien ahora mismo?», pienso. Me excita la idea.

    Entretanto, yo me he puesto muy duro. Mi pene tropieza contra su cuerpo mientras me aprieto contra ella para besarla y acariciarla. A veces, la muy traviesa se da la vuelta y me empuja con sus nalgas, clavándose mi erección. Me vuelve loco. La rodeo con los brazos y le como el cuello hincándole mi miembro, moviendo mi pelvis exageradamente, como si la penetrara. Deseo estar dentro de ella. Entonces se reclina sobre la barandilla, agarrándose con las manos y ofreciéndose, y yo busco su hendidura húmeda con mi punta. La penetro despacio, hasta dentro. La sujeto por las caderas y comienzo a moverme. Los choques de la carne y nuestros jadeos y respiraciones se oyen muy fuerte en aquel rincón del parque. Las ramas de los árboles, muy entrelazadas y espesas, forman una especie de bóveda, de cámara acústica.

    Tengo mi mirada fija en la entrada de sus nalgas. Me gusta observar cómo mi miembro se pierde dentro de ella. Me sigo relamiendo con su piel blanca y suave, con las vibraciones de la carne de sus nalgas firmes. Le acaricio la curva de la espalda mientras la penetro, me inclino hacia delante y le busco los pechos. Ocasionalmente, levanto la mirada y observo el contorno de su cuerpo destacado sobre el plato del mar, iluminado por la luz tenue de la luna, su cabello cayendo hacia un lado y ondeando con mis embestidas.

    Salgo de dentro de ella y le pido que se dé la vuelta.

    ―Abre las piernas ―le digo.

    Ella se apoya de espaldas contra la barandilla y me ofrece su sexo. Se me hace la boca agua solo de verlo. Me acerco y comienzo a lamerla. En el aire limpio de la noche, el olor de su vulva me invade, me excita. Le doy fuertes chupadas, la acaricio con la lengua, le introduzco los dedos. Siento cómo ella se excita a cada instante que pasa: su pelvis, que se balancea sobre mi cara, la delata.

    En cierto momento, ella se lleva una mano a la vulva y comienza a darse palmaditas. Yo la observo y veo cómo su rostro se contrae de gusto. Entonces yo la imito, se la azoto con la palma de la mano y veo con sorpresa cómo a los pocos instantes sus piernas comienzan a temblar, y cómo un líquido transparente y salado empieza a brotar de su sexo y a salpicarme la cara. Abro la boca buscando beberme con desesperación esas gotas de placer. Veo cómo el líquido le resbala entre los muslos. Yo, sediento, lo recojo con la lengua. Pero ahora que conozco el truco, quiero repetirlo, y la azoto nuevamente esperando la nueva lluvia de su orgasmo. Ella me riega de nuevo la cara entre jadeos y temblores, me agarra del pelo con el puño crispado, mi boca abierta bajo su sexo.

    Tras un nuevo instante de calma, con mi cara perfumada y brillante de su flujo, me levanto, la rodeo con los brazos y la beso. Nuestras lenguas comienzan de nuevo a enredarse. Mi pene se hinca en su vientre y en su vulva. Entonces, ella se desliza hacia abajo y se pone de rodillas frente a mí. Comienza a succionarme. Yo le echo el largo pelo hacia un lado y la observo con deleite. Le pongo la mano sobre la cabeza, le acaricio la cara, el cuello, los hombros. Cuando mis pulsaciones vuelven a dispararse, la tomo de las axilas, la levanto y la vuelvo a poner de espaldas a mí, de frente a la barandilla. La vuelvo a penetrar con fuerza hasta que siento la venida del orgasmo. En ese momento, salgo de dentro de ella y me corro sobre la piel húmeda de sus nalgas. Ella, traviesa de nuevo, agita su culo cuando yo extiendo el semen con el miembro, dándole azotes con él como si fuera una vara. Los chasquidos de la carne se escuchan muy fuertes bajo la bóveda de ramas.

    Ya algo más perezosos, nos ayudamos de la linterna del móvil para salir del parque, para sortear los escalones, las subidas y bajadas. De nuevo, en el silencio de la noche, se cierra la cancela con un leve chirrido. Es cerca de la una de la noche.

    De vuelta en su coche a nuestro lugar de la cita, donde el mío sigue aparcado, nuestras manos vuelven a buscarse intermitentemente. Sonrisas tímidas. Ahora hablamos menos, nos dejamos mecer por el vaivén del coche. En cierto momento, giro mi cabeza y le observo las rodillas. Algo me llama la atención. Me inclino un poco más. Observo unas marchas rosadas en la piel, y algunos granitos de tierra o arena. «Claro, de cuando estuvo arrodillada», pienso. Entonces siento una punzada de culpa y llevo instintivamente mi mano hacia ellas, retirando los granitos y haciéndole un pequeño masaje.

    ―No es nada ―dice sonriendo.

    Yo continúo masajeándole las marcas con los dedos, como tratando de hacerlas desaparecer.

    Antes de bajarme de su coche, nos damos dos besos.

    ―No pensé que fuera a suceder esto ―le digo.

    ―Yo tampoco ―me asegura sonriendo.

    ―Pues… ha sido genial. Y… sí, me encantó el sitio.

    Los dos nos reímos. Me despido y me alejo de camino hacia mi coche. Le digo adiós de nuevo con la mano. Sin duda, nos volveríamos a ver.

  • Cobrando venganza

    Cobrando venganza

    Ha pasado mucho tiempo desde mi último relato, lamentablemente pasé por algunas cosas muy complicadas que no vale la pena mencionar, pero que me impidieron seguir adelante con mi historia, ofrezco una disculpa a quienes esperaron la continuidad de la misma y espero honestamente lleguen a leer los siguientes relatos, aunque traté de hacer de este una historia breve, resultó bastante extensa, no me gusta contar las cosas en partes, pero en esta ocasión lo haré para que no se vuelva tedioso.

    A pesar de que mi intención era la de cobrar venganza de mí «amiga» Mony (por los acontecimientos anteriores) debo decir que las cosas no salieron como pensé, aunque no salieron mal.

    Resulta que después de planear y planear por semanas como ver a solas a Mony sin levantar sospecha (hacía tiempo que no nos veíamos y además se había convertido en confidente y cómplice de mi esposa) no quería correr riesgos. Mientras yo me esforzaba al extremo tratando de formular un buen plan, Laura llegó a darme la noticia de que Mony, nos invitaba a una fiesta (de una amiga de ella o conocida o que se yo, pero era una buena oportunidad que no podía desaprovechar), el punto es que sin más esfuerzo podría ver a Mony, aunque ahora tenía que pensar como alejarla de mi esposa.

    Los días pasaron lento y llegó el día esperado, después de dejar a nuestro hijo con sus abuelos maternos nos dirigimos al lugar donde Mony ya nos esperaba, no pude idear nada durante los 3 días previos a la fiesta, pero ya no importaba, le dejaría todo a la suerte.

    Al entrar al lugar del evento pasaron solo unos segundos para que Mony nos encontrará, nos saludó con un efusivo «Hola», un beso en la mejilla y un abrazo para mi esposa e igualmente para mí. Vestía una blusa blanca de manga corta muy poco escotada aunque ceñida al cuerpo, lo que dejaba apreciar su hermoso par de tetas y compensaba en mucho su falta de escote, un shorts café claro que igualmente dejaba ver su firme trasero y en conjunto con sus zapatos de piso de correas como tipo sandalia griega color café (no sé de zapatos de mujer así que perdón por la descripción tan pobre) con su pelo castaño claro, suelto, lacio y hasta los hombros y casi nada de maquillaje, se veía realmente antojable en comparación de mi esposa que sabiendo que el evento no era muy importante, vestía una blusa blanca sin escote, un saco rosa pálido abierto, un pantalón de mezclilla azul cielo algo suelto tipo pescador y zapatos de piso igualmente rosas, el pelo suelto y poco maquillaje.

    Acostumbrado a verla siempre impecable esta vez no le puso nada de empeño a su apariencia y es qué no tenía ganas de estar ahí, fue únicamente por compromiso así que quería regresar a casa lo antes posible. Mientras nuestra amiga nos guiaba a nuestra mesa no dejaba de hablar, lo único que entendí de su incesante parloteo fue que nos había tocado un mal lugar, lo cual corroboré al llegar, la mesa del rincón fue la que nos asignaron jajajaja, como sea no nos importó, para nosotros era mejor pasar desapercibidos.

    El tiempo fue pasando y en un punto a Laura se le olvidaron las ganas de irnos rápido, entabló conversación con la amiga de Mony, que aunado a los tragos progresivos parecía que estaríamos ahí un buen rato, lo cual fue de provecho. Mony se sentó junto a mi, por alguna razón estaba especialmente amable conmigo, (culpa, supuse yo y tal vez el alcohol que ya había causado efecto) me costaba tratarla como siempre por el resentimiento que sentía lo cual se hizo evidente con los mordaces comentarios que le lanzaba ocasionalmente relativos a su falta de lealtad, hasta que ya fastidiada de mi negatividad me cuestionó al respecto.

    En resumen para no alargar esto, le dije todo lo que sabía y la increpé por no solidarizarse conmigo siendo que nuestra amistad es más antigua que la que tiene con mi esposa, pero tajantemente me respondió que ese no es problema suyo y que no es ni su guardia ni mi espía ni nada por el estilo, que eso lo arreglará yo con Laura.

    Quise responderle pues lo que dijo me molesto pero honestamente me dejo sin argumentos y antes de cualquier cosa se acercó más a mí poniendo su mano en mi pierna apretándola un poco y sonriendo pícaramente me dijo “vamos a cambiar de tema” me sorprendió mucho su acción tan explícita pues como ya antes lo mencioné es gay.

    Al día de hoy no sé si lo que pasó fue porque tenía algún remordimiento y quiso compensarme, pero lo que haya sido agradezco que pasara. Al calor del alcohol que habíamos bebido comenzó a acariciar mi pierna bajo el mantel de la mesa que fungía como refugio clandestino, poco a poco y fingiendo sutileza entre platicas que ni siquiera recuerdo fue subiendo su mano hasta llegar a mi miembro completamente erecto para entonces, se dedicó a brindarme un placentero masaje que resultó ser sumamente delicioso gracias a la adrenalina teniendo a mi esposa y su nueva amiga frente a nosotros.

    Poco a poco fue aumentando la intensidad hasta que en un momento perdiendo toda cautela aflojó mi cinturón y desabotonó mi pantalón lo cual ni siquiera traté de impedir por lo excitado que estaba, enseguida con una maestría sorprendente introdujo su mano, lo que le permitió palpar y masturbar mi miembro al desnudo, creando una mezcla de sensaciones tan exquisitas que no pude contenerme por mucho tiempo.

    Al ver mi expresión y sentir mis convulsiones (que yo torpemente trataba de disimular), rápidamente envolvió mi escroto con su mano para contener mi eyaculación, lo que pronto fue imposible y terminé con mi ropa interior sucia.

    Una vez que pasó la excitación me preocupé por la situación, temeroso miré a mi esposa y a mi alrededor y sorprendentemente nadie nos había notado, era como si no estuviéramos ahí, pero ¿Qué haría para justificar la evidente humedad en mis pantalones?…

    Para mi gran fortuna, Mony iba a un millón de años luz delante de mí, de entre sus piernas sacó una servilleta de tela que utilizó para limpiar su mano mientras yo abrochaba mi pantalón y cinturón, antes de que yo pudiera reaccionar, derribó mi vaso derramando todo su contenido sobre mí, seguido de una actuación digna de Hollywood y una incesante serie de disculpas (obviamente falsas) dándome con esto la perfecta excusa para salir corriendo al baño para asearme un poco.

    Al salir del baño con los pantalones mojados, me encontré con mi esposa que conteniendo la risa me pidió relajarme y no increpar a su amiga por el “accidente”, a lo que solo me limité a responder con un semblante serio “ya qué”, para después regresar juntos a la mesa donde Mony, esperaba falsamente apenada, y reanudo las disculpas que termine con un “no te preocupes, todo está bien”.

    Muchos tragos después, decidimos irnos para mi fortuna, mi esposa y Mony acordaron seguir la fiesta en casa. Yo no tomé mucho pues tenía que manejar así que ellas se dieron vida con los tragos y ya estaban algo tomadas. Nos despedimos y después de una parada en el camino para comprar algunas cosas complementarias para la velada, llegamos a casa.

    La verdad es que no hay nada interesante que contar del tiempo transcurrido ahí, ellas se dedicaron a platicar y yo a aburrirme, hasta que ya después de un rato Laura comenzó a discutir con Mony de la nada, la razón pudo ser cualquiera pues ya estaban muy tomadas y para terminar pronto Mony visiblemente fastidiada prefirió despedirse y retirarse.

    Le pedí que no lo hiciera, que ya era tarde y que se podía quedar (obviamente con doble intención) pero ella se negó incluso no me permitió pedirle un taxi, simplemente se despidió de mí y se fue. Yo me senté a un lado de mi esposa y le pregunté que pasó, pero estaba completamente a la defensiva y remató conmigo exigiéndome de muy mal modo que no me metiera en lo que no me importa, solo respondí “ok” y me ofrecí a acompañarla a la cama.

    Convencerla fue un reto, pero después de unos minutos accedió, una vez en la cama buscó cualquier excusa para comenzar una discusión la cual terminó con ella gritándome que me largara y la dejara en paz y conmigo azotando la puerta de la habitación.

    Lo que sucede después de esto es lo mejor, pero lo dejaré para la segunda parte.

  • Mi suegro (Parte 2)

    Mi suegro (Parte 2)

    Después de esa impetuosa mañana, me puse a tratar de acomodar mis pensamientos, en donde jugaban una serie de cosas, esos momentos con mi suegro que realmente, me habían no solo impactado, sino que su intervención me llevó a un estado de excitación, que hasta el momento no había arribado. Si bien el amor a mi esposo no lo podía comparar por el que sentía hacia mi suegro, aunque algo me estaba comenzando a atraer. Su manera de tratarme, ese carisma tan especial, pero aunque trataba de no reconocerlo, me excitaba más que nada llevar a mi mente su miembro erecto.

    Interponía cada vez que lo recordaba, que era la esposa de su hijo y que lo que habíamos hecho, si bien no se concretó la copulación, no dejaba de ser algo muy poco digno y menos con su padre.

    Traté de ser más cálida con mi esposo, aunque nuestra relación, no pasaba de ser una necesidad biológica, que de alguna manera afectaba mi psiquis.

    A pesar de haber tenido una breve conversación con mi suegro, de una manera tácita, tanto de mi parte como de él, no volví a darle la teta a Manu, frente a Ricardo, como que él tampoco se acercaba cuando eso ocurría.

    No puedo negar que esos breves e intensos instantes llegaban a incitarme, hasta un día llegue a masturbarme pensando en esos momentos y fantaseando sobre los mismos.

    A pesar de mi esfuerzo de mantener viva la antorcha de nuestro matrimonio, no lograba concretarlo, ni progresos en esa iniciativa, ya era todo bastante rutinario, y a veces pensaba si toda mi vida sería así, apenas tenía 22 años. Por suerte Ricardo, me complacía con obsequios, consejos, sin dejar de tratarme muy cariñosamente.

    Así pasaban los días, y mi vida con un futuro algo incierto.

    Una tarde había quedado sola, terminé de amamantar al pequeño, higienizarlo y cambiarlo, para luego acostarlo. Apenas se durmió, me fui a la sala a ver televisión, me sentía bastante triste y hasta solitaria, al punto de romper en un profundo llanto. No me di cuenta que mi suegro había llegado, al oír mis sollozos se acercó para ver que me sucedía, sorprendida traté de contenerme. En el momento que me dice:

    “Que te pasa Trini?”

    Me abrazó tiernamente, sintiendo contenida, percibía un calor especial, lo abrace con fuerza, al punto que mis tetas se comprimían sobre su pecho, llegando a segregar algo de mi leche. Traté de separarme para evitar de mancharlo, quien impidió que me retirase, dándome un beso en la frente, mientras me decía:

    “Cámbiate e iremos de paseo” Lo miré sorprendida, a la vez que me dio mucha alegría su propuesta, recordando cuando era chica y mi padre me llevaba a una salida.

    Eso levantó mi estado de ánimo, así que nos preparamos los tres para dar un paseo. Fue una hermosa tarde y divertida, shopping algo que tomamos, algunos obsequios de su parte, me sentía tan bien que lo tomé del brazo, actitud que le encantó.

    Cuando llegamos a casa, estaba mi esposo, algo malhumorado al no encontrarme en casa, esperando que hiciese la cena. Mi suegro no dijo nada, pero por su expresión no parecía estar de acuerdo con el comentario de su hijo. Cenamos, y mi esposo se fue a la cama, casi sin saludar, cosa que no me importó demasiado. Mi suegro me ayudo a levantar la mesa, una vez finalizado, nos fuimos a la sala a ver TV y platicar sobre cualquier tema.

    El llanto de mi niño, cortó nuestra afable charla, así lo traje a la sala a darle la teta, delante de Ricardo, quien se levantó para irse a acostar. A lo que le digo:

    “Quédese por favor” mientras lo miraba a sus ojos, notando un dejo de incertidumbre. Como algo muy natural, levanté mi sweater, bajé mi sostén con absoluta lentitud, dejando libremente mi repleto seno a su vista, hasta que coloqué al bebe a mamar en el.

    Continuamos con la plática, notando el placentero rostro de mi suegro, mientras disfrutaba de ver a su nuera amantando a su primogénito nieto.

    Emprendí una dieta, que en escasas semanas se podía ver el resultado, a lo que mi cuerpo comenzaba a retomar las formas anteriores a mi embarazo, aunque mis pechos continuaban aun abultados, lo que realmente no me preocupaba demasiado.

    Por supuesto que Ricardo notó que estaba perdiendo kilos, haciéndomelo saber diciéndome:

    “Cada día estas más bonita”

    Palabras que ayudaban a alimentar mi ego, cosa que su hijo, carecía de esa sutileza, al punto de no darse cuenta del cambio en mi cuerpo. Notaba que mis pechos estaban más suaves, al punto que me encantaba acariciarlos y hasta cuando Manu se prendía a mi teta, era una sensación de placer y hasta podría decir de voluptuosidad.

    Un día había abierto mi camisa para observar mis pechos, acariciándolos y hasta apretar levemente mis pezones, cuando justo pasa mi suegro mirando lo que hacía, me giré rápidamente, observándolo detenidamente, sin tratar de cerrar mi camisa. Me giré como esperándolo, hasta después de breves segundos se me acerca, me toma de la cintura y me besa, respondiendo a ese contacto inicial. Cuando abre más mi camisa, hasta quitarla, permanecía inmóvil ante su intervención, hasta quedar con dorso desnudo.

    Volvimos a besarnos, tomando ávidamente mis suculentos senos con un total recogimiento, devorándolas con sus locas y frenéticas succiones, hasta sentir como mi leche corría por mis conductos mamarios, mientras mi circulación sanguínea se aceleraba.

    Se había apoderado de mis pechos de una manera ansiosa y sin ningún tipo de tapujos, entregándome a su delirante intromisión. Si bien las veces anteriores había desbordado mi excitación, esta vez excedía mi arrebato. Su mano exploraba mi piel sin dejar de frenar sus impulsos a mis agobiadas tetas, me encantaba sentir esas manos salvajes y sin recatos ir apoderándose de mi cuerpo.

    Sentí que iba deslizando mi pollera, metiendo su mano entre mis piernas, mientras mi sexo se alteraba más y más a cada segundo, humedeciendo mis labios inferiores, hasta ser adsorbidos por mi prenda íntima. Sentí que se iba deslizando mi pollera, mientras su mano se metía en mi calzón, tendiendo a bajarlo, mientras lo abrazaba sin detenerlo en sus propósitos.

    Prácticamente mi desnudez se iba haciendo visible, cuando el llanto de mi bebe se hizo escuchar, haciéndonos venir a la realidad. Lo miré algo asombrada, tratando de cortar con lo que hacíamos, mientras levantaba mi prenda para ir a buscar al pequeño. Me dirigí a la cocina con mi hijo, me senté colocando una manta entre mis piernas y con el dorso desnudo comencé a alimentarlo.

    Cuando se acerca Ricardo y me dice, con cierta suavidad pero algo autoritario:

    “Quita esa manta y tus calzones”

    No sé qué me sucedió, pero me gustó la manera en que me lo decía, que obedecí sin contestar palabra, hasta llegué a quitarme las sandalias.

    Así que totalmente desnuda, amantaba a mi bebe, sin dejar de mirar a Ricardo a sus ojos. Sabía que estábamos cruzando el límite de nuestra integridad, pero no me importaba nada, sentía la necesidad de entregarme a sus deseos, que también eran los míos. Si bien estar así ante los ojos de mi suegro me ponía algo tensa, en el fondo creo que me atraía esa situación.

    Se acercó hacia mí, se arrodilló, abrió mis piernas, para comenzar a mamar de mi concha, muy alterada por cierto, entregándome a sus intenciones, para comenzar a disfrutar ampliamente, sintiendo como mis partes más sensibles eran absorbidas por dos distintas bocas. No llegué a un orgasmo, pero mi cuerpo estaba muy, pero muy, alterado.

    Terminé de alimentarlo, lo cambié, todo de una manera automática, hasta acostarlo, cuando veo a mi suegro totalmente desnudo, con su crecida verga bien erecta. Sin pensar nada, me arrodillé frente a él, en una aptitud de total acatamiento, para iniciar una mamada muy especial.

    Después de unos minutos en que mi boca se deleitaba con ese respetable miembro, me tomó de los hombros me alzó y me llevó a su cama. Me acostó abrió mis piernas, hasta que sentí ese tronco de carne incrustarse sin mayores contemplaciones en mi vagina deseosa de ser penetrada. Gemí ante esa intromisión algo brusca y directa, pero lo abrace con toda mi fuerza, mientras su pistón friccionaba las paredes de mi cavidad.

    Su tamaño afectaba un poco mí claustro, pero me encantaba, porque me fue llevando a un delicioso y prolongado orgasmo, gritaba ante su impetuoso embate, que se prolongó varios minutos, en donde nuestra transpiración se fusionaba por nuestro contacto físico.

    Cuando sentí su esperma llenar mi cavidad, grité al apreciar como mi cuerpo reaccionaba regalándome otro nuevo orgasmo, para continuar abrazados un buen rato, reponiendo energías.

    No llegamos a repetirlo, aunque esa noche lo hice con mi esposo, por supuesto que sin querer hacer comparaciones no fue lo mismo.

    Al día siguiente lo volvimos a hacer, sabía que estaba mal pero no podía contenerme, vivía con mi suegro, como podía hacer para no verlo, sabiendo que compartíamos su techo. Admito que era una situación complicada, pero mientras se trataba de encontrar una “solución”, nuestra relación era cada vez más apasionada.

    No puedo negar que en gran parte era yo, la que iniciaba las cosas, desde levantarme con un camisón corto transparente, cosa que antes no lo hacía, o dar de mamar al bebe con el dorso desnudo, demostrando que estaba dispuesta a tener sexo. No sé por qué motivo, no tomábamos precauciones, posiblemente por sentir su miembro libre de esa membrana protectora.

    A pesar de haberme visto desnuda, no dejaba de sentir una cohibición que me acarreaba, ante su mirada, tratando de taparme con mis manos, que él retiraba besando cada centímetro de mi piel, llevando a girar mi cuerpo, para besar mi cuello, espalda, cintura y mis glúteos. Día a día le iba entregando mi cuerpo, disfrutando plenamente de sus caricias.

    Como solía hacerlo habitualmente, una tarde mientras acariciaba mi espalda, llego hasta mis posaderas, separándolas manteniéndolos con sus manos, sin dudas observando mi ano, cosa que me dio algo de pudor, traté de relajarme para regocijarme de sus excitantes caricias. Hasta que su dedo comenzó a bordear mi orificio, oprimiéndolo cada tanto, ese contacto me enervaba. Hasta que después de ese loco juego, su yema oprimió mi ano, abrí más mis piernas, como aprobando ese acercamiento, hasta sentir como su dedo se iba introduciendo lentamente en mi conducto. Me dolía un poco, al punto de pedirle que cesara, pero traté de soportarlo para ir descubriendo esa nueva sensación.

    Así con total maestría su dedo fue introducido totalmente, sacándolo y volviéndolo a enterrar, hasta llegar a elevar mi temperatura, después de varios minutos, lo hizo con dos, cosa que me hizo gemir un poco, por esa intromisión punzante.

    Mientras efectuaba ese vaivén enardecido, su otra mano oprimió mi pecho, apretando mi pezón, mientras sus dedos llegaban lo más profundo que podían. Me sentía totalmente enardecida, con ese abrupto hurgamiento, donde mis tetas comenzaron a expulsar la leche y mi vagina a humedecerse rápidamente.

    Empecé a gemir por mi exaltación, a lo que mi suegro acelero el tratamiento, hasta que mi cuerpo parecía estallar por las convulsiones que me producía, gimiendo y gritando de ese método tan efectivo, aplacándome ante la llegada de un fuerte orgasmo.

    Debo reconocer que mi suegro me llevaba a una serie de estados, que lamentablemente nunca había experimentado.

    Nuestra relación se iba acrecentando día a día más, ya no me vestía durante la mañana, esperaba que se fuese mi esposo para levantarme solo con mi camisón corto, yendo a la cocina a alimentar a mi hijo, esperando a mi suegro para quitármelo, quedando desnuda. Prácticamente ese ritual era todos los días, apenas dejaba de amamantar teníamos una relación. Me encantaba estar desnuda ante él, dándole la teta.

    Una mañana después de dar de mamar a mí bebe, llegó Ricardo a la cocina, al verme con mis pechos al aire, no pudo contenerse para comenzar a besarlos, su leve contacto me alteraba las hormonas.

    Me quitó el camisón quedando totalmente sin nada, nos besamos alocadamente, hasta que me levantó, sentándome sobre la mesa, abrió mis piernas quedando mis intimas aberturas a su entera disposición, si bien me sentía algo cohibida ante su mirada, me atraía saber que lo excitaba.

    Jugueteo con mi ano, hasta que comenzó a lamer mis hendiduras, elevando mi estado de calentura, rápidamente se quitó su ropa, viendo su verga erecta lista a entrar en acción. Quise besarla pero no lo permitió, volvió a elevar mis piernas, apoyándolas sobre sus hombros.

    En escasos minutos, sentí su miembro recorría mi raya hasta detenerse en mi abertura, para hurgar alrededor de mi ano, nos miramos de una manera cómplice. Mientras su glande se apoyaba descaradamente en mi aro, oprimiendo su glande contra mi abertura.

    Me invadió una especie de temor, pero traté de permanecer inmutable a la espera de su continuidad, a pesar de conocer el tamaño de su aparato, no dejaba de complacerme que fuese mi suegro el primero en desvirgarme analmente, su glande permanecía oprimiendo mi orificio, como intentando meterlo sin producirme demasiado dolor.

    A pesar de nunca haber tenido sexo anal, estaba dispuesta a ofrecerle mi tercera abertura, intente elevar mi culo, esperando su total intromisión, además el hecho de ser desvirgada analmente sobre la mesa de la cocina, no dejaba de producirme una sensación de liberación.

    El extremo de su pene permanecía oprimiendo mi acceso anal al pretender introducirlo, exhale un grito de dolor, se detuvo de su propósito, sintiendo su saliva humedecer mi orificio. Templaba como una hoja, a la espera de esa intromisión, su glande visita mi orificio, en espera de efectuar su entrada triunfante. Hasta que su cabeza fue apresada por mi esfínter alojándose en mi recto, sintiendo un fuerte dolor, al que trate de no anunciarlo.

    Dolorosamente centímetro a centímetro, fue usurpando poco a poco la intimidad de mi recto, supongo que cada vez más enrojecido por el elemento penetrador, hasta que el esfínter parecía latir, tolerando mejor la incursión. Sentía las palpitaciones de su aparato reproductor a través de la membrana de mi recto, sus manos apretaban mis senos, hasta que al fin terminó de entrar y la cabeza se alojó profundamente, dejando sus genitales pegados a mis glúteos, anunciando que la totalidad de su miembro se cobijaba en mi entraña. Mis gritos y gemidos parecía que lo provocaba, porque sus empellones se comenzaron a acentuar, produciéndome un ardor ante su paso. Dada la posición, me permitía ver su rostro, lleno de satisfacción, disfrutando del culito de su nuera, además de ver a su verga entrar y salir de mi recto.

    Era algo cruel sentir su falo metido hasta mis entrañas, dando la sensación de partirme, que a pesar del dolor que me provocaba me encantaba ser tratada con ese frenesí. Le rogué, que no se moviera, quería disfrutar su aparato en mi conducto, que no dejaba de hacerme vibrar, contrayendo mi ano, aprisionando su verga, hasta que súbitamente empezó otro impetuoso bombeo, fue fabuloso, lo hacía de una manera algo brutal, al punto de hacerme sentir como su puta, era algo irracional, como si en ese contacto anal estuviese descargando su voracidad, en parte me asustó pero a su vez me excitaba esa comunión anti natura. Oprimió mis pezones algo fuerte, gritando por el malestar, pero a pesar de eso le digo:

    “Hazme gritar, me duele, pero me agrada” Así continuo hasta hacerme lagrimear por el dolor, mientras su miembro no paraba de hurgar mi pobre ano, y mis tetas producto de ser oprimidas o por mi total calentura, evacuaban el alimento de mi hijo.

    Cada vez que penetra su verga, mi cabeza se iba hacia atrás, la que parecía enervar más a mi suegro, bombeándome con mayor arrebato. El dolor y el goce se mezclaban, haciendo ese contacto en algo portentoso. Era todo tan delicioso, que si bien mi actitud era más pasiva, recibía constantemente el furor de su actividad, manteniendo mi cuerpo en un estremecimiento continuo, aceptando gustosa, ese sexo salvaje e injurioso.

    Mientras me cogía, me dice:

    “Toca tu clítoris” Lo miré algo sorprendida, nunca me había tocado delante de nadie.

    “Vamos, hazlo“ repite. Así que sumisamente acate su requerimiento

    No paraba de gemir como desaforada, ese roce en las paredes de mi conducto, era alucinante, mientras nuestros cuerpos se fusionaban de una manera excitante. Entre temblores y convulsiones me vine, y mi orgasmo fue lo más grande y maravilloso que haya experimentado… Y momentos después se vino él llenando mis intestinos con un torrente de jugos. Exhale, gemidos y gritos de placer hasta mi último aliento, mientras mi convulsión parecía aumentar, no tardando en tener un segundo orgasmo, al haber percibido la esperma de mi suegro. Después de haber eyaculado, su cuerpo extenuado cayó sobre mi pecho, acaricie su cabeza, manteniéndonos apareados. A pesar de sentirme satisfecha, no pude contenerme y arrodillándome frente a mi suegro, se la mamé, paladeando un sabor distinto algo amargo pero muy sugerente, posiblemente la mezclas de nuestros resabios.

    Cuando recuerdo aquel momento, a pesar de haberme hecho sangrar mi esfínter, y tenerlo dolorido un par de días, siento un cosquilleo interno.

    Dios mío, fue una sensación fuera de este mundo, mientras trataba de dormirme no podía de dejar de pensar de ese momento indescriptible, cuando mi esfínter se fue abriendo para permitir forzando las paredes de mi conducto, la entrada de ese trozo de carne entrando hasta el fondo, para regar mi intimidad, tocando mis órganos internos, pero de una manera muy deliciosa.

    La relación continuo, y lamentablemente por así decirlo cada día más intensa, en donde no tenía dudas que vivía dos vidas paralelas en la misma casa. Hasta que un día volví a quedar embarazada.

  • Con el maduro dominante

    Con el maduro dominante

    Soy Felipe de alguna ciudad de Chile. He tenido varias experiencias con maduros pero éste sin duda es el que más me ha excitado y tratado como me gusta. He tenido 3 experiencias con este maduro de alrededor 50 años casado, siendo cada experiencia más excitante que la anterior. Lo conocí a través de una página de citas y me invitó a su casa, cuando lo conocí era el prototipo de hombre que me excita: estatura media, con algo de panza, trigueño y con voz varonil.

    Antes de juntarnos me había enviado unas fotos con ropa deportiva y mostrandome su verga la cual encontré pequeña, pero al llegar me di cuenta que no era tan así y era suficiente para hacerme gozar. Cuando llegue estaba con la misma ropa deportiva, me hizo pasar y ni siquiera me saludó, mientras yo veía las fotos de sus hijas colgadas en la pared. Me sentó en el sillón, se bajo el pantalón y comencé a mamársela. Luego se sentó el y yo me arrodille en el piso, se la seguí mamando y le dije que se saque la sudadera, quedando sólo con calcetines y yo frotándole los pies. Luego me dijo que me sentara en su verga, se puso el condón y lo hice. Me dolió y estuve al menos 1 minuto sentado y se vino. No volvimos a hablar más.

    La segunda vez que nos juntamos fue casi un año después, me cree una nueva cuenta y me habló. Le dije que era yo y un día que me quedé sólo en casa lo invité. Lo estuve esperando toda la noche mientras hablabamos sobre como lo iba a montar y en que me trataría como una perra. Llegó a eso de las 2 am, ya que estaba esperando que se vayan unas visitas de su casa. Yo estaba muy excitado ya que era la primera vez que invitaba a follar a alguien desconocido a mi casa. Cuando llegó usaba la misma ropa deportiva. Quedamos en que me la iba a meter como una perra, pero cuando llegó dijo que no encontró el condón así que le dije que sólo se la chuparía. Se bajó los pantalones y comencé.

    El estaba parado y yo arrodillado, me tiraba del pelo y hacia que me atragantara con su verga, lo cual no había hecho la vez anterior y me tenía muy excitado. Seguí chupándosela como 5 minutos y me preguntó si quería leche, yo nunca había tragado y dudé un poco, pero estaba tan excitado que le dije que si. Acabo en mi boca y me lo trague, nunca había probado semen y me encantó, sentir ese líquido espeso y caliente pasar por mi garganta y tragarlo, mientras escuchaba como gemía de placer fue la cosa más excitante que había hecho hasta el momento.

    El se fue y ahí me quedé, aún tenía el sabor de su leche en mi boca y solo me quedé con las ganas de que me penetrara, pero había quedado conforme. Le envié mensajes para que nos veamos otra vez pero no me respondió y perdí su contacto.

    Seguí acostandome con hombres mayores pero ninguno me excitaba tanto como ese hombre, así que me cree 2 cuentas nuevas para que me hablará (que penoso).

    La tercera vez fue hace más o menos 2 meses y la más excitante, ocurrió un poco más de un año de la segunda vez. Me habló en mi cuenta nueva y le dije que era yo, no tuvo problemas y tuvimos una charla bastante sucia, donde me decía que me iba a tratar como una puta, que me tragara su leche calentita, que me iba a follar mi boquita (le dije que solo quería hacerle oral) y donde yo le pedía que me tirará del pelo y que me pegara. Fui a su casa a las 9.30 PM y en Chile hay toque de queda a las 10 PM, por lo que iba a ser rápido.

    Cuando estabamos hablando dijo que cuando llegara a su casa solo me arrodillara y comenzara a chupersela. Cuando llegué estaba oscuro, me abrió la puerta, di un paso y se bajó el pantalón, por lo que me arrodille y comencé a chuparsela. Fue la chupada más agresiva y excitante que he dado. En donde me agarra de la cabeza, me metía su verga hasta el fondo y no me dejaba sacarla de mi boca. Me atragante muchas veces y no podía respirar, mientras que le pedía que me pegara y lo hacía, me daba cachetadas en mi cara (no tan fuertes como me hubiera gustado), me pegaba con su verga en mis labios y me lo pasaba por toda la cara.

    Cuando me sacaba la verga de mi boca para descansar me preguntaba quién me había dado permiso, por lo que tenía que volver a ponerla en mi boca y seguir chupándosela, mientras me decía que era una puta. Nunca había tenido una experiencia tan excitante como esa y quería que siga, pero ya eran las 21,50 pm y debía volver a mi casa (vive cerca), por lo que dije que acabara en mi boca para que vuelva a sentir esa leche calentita bajando por mi garganta así que lo hizo, acabo un poco en mi cara así que me limpie con mis dedos y me los metí a la boca, para que nada se pierda.

    Pasé al baño a limpiare y cuando salí lo vi con su verga colgando y yo solo quería limpiare su verga de la leche que había quedado, pero debía irme.

    Después de eso le pregunté si quería otra chupada y no me respondió. Acabo de publicar otro anuncio a ver si me habla, deseenme suerte.

  • Segunda fantasía cumplida

    Segunda fantasía cumplida

    Para los que no leyeron mi primer relato, se los resumo muy brevemente. Mi novia Valentina y yo teníamos la fantasía de realizar un trío, así que ella se encargó de contactar a un amigo y tuvimos una noche deliciosa los tres.

    Luego de ese encuentro tuvimos semanas muy calientes, recordábamos el encuentro y nos encendíamos, nos dábamos besos, nos tocábamos a todo momento.

    Una noche llegó a casa, entro a la pieza y Valen me estaba esperando acostada con un conjunto de ropa interior de encaje azul que me vuelve loco, rápidamente me tire a su lado y le di un fuerte beso, mis manos recorrían sus piernas cola y espalda hasta agarrarle fuerte el pelo, ella besaba mi cuello mientras apretaba fuerte mis nalgas y las pasaba las manos por mi pija cada vez más dura, luego de varios minutos de besos y caricias, busco algo en la mesa de luz, se puso en cuatro y dijo:

    -esto mételo por la cola y vos penetrarme por la concha que quiero recordar la doble penetración

    Me pasó su plug anal de color gris y brillantes, le puse lubricante y se lo empecé a meter lentamente entre gemidos y movimientos de ella.

    Una vez que lo metí todo saque el calzoncillo agarre mi verga, y con ella. Le froté toda la concha que estaba muy mojada y poco a poco la introduje en su vagina, comencé hacer movimientos lentos, pero profundos, Valen gritaba y se movía al ritmo de mi pija, hasta que empecé a moverme más duro ella se mojaba más y más, hasta hizo una especie de squirt que mojó mi pierna lo que me excitó demasiado y me hizo acabar dentro de ella.

    Luego de esa sesión increíble de sexo nos pusimos hablar del trío que habíamos realizado de lo rico que fue y lo excitante que seguía siendo recordarlo, aproveche esa ocasión para decirle que me gustaría probar el trío con otra mujer, ella entre risas me dijo “obvio ahora te toca a vos”.

    Luego de unos días de no tocar el tema mi novia me dice:

    -ya sabes a quien invitar para nuestro trío?

    -no tengo a nadie a quien invitar, no soy tan bonito como vos jaja, vos no tenés alguna amiga que se anime?

    -nooo mis amigas son re cerradas, sabes que podemos hacer? Abramos una cuenta en una App de citas como pareja que buscamos una chica para ver si alguien quiere y nos gusta.

    Esa idea me encantó, así que inmediatamente bajé la App e hicimos una cuenta con nuestras fotos lo que buscamos.

    Para mí sorpresa un montón de chicas nos matcharon, así que tuvimos para elegir, habían rubias morochas altas bajas, flacas con más curvas, para todos los gustos.

    De todas las posibilidades nos decidimos entre dos, una rubia ojos claros que era flaca, y una morocha con unas buenas curvas, después de hablar un tiempo con las dos pegamos mejor onda con la morocha asique decidimos que era la indicada.

    Al ser una desconocida decidimos citarla en un bar en el que se armaba baile entrada la madrugada.

    Cuando por fin llegó la noche con vale nos arreglamos, ella se puso una falda que le marcaba bien la cola, y un top con un escote que le quedaba muy sexi, yo por mi parte me puse un pantalón ajustado y camisa.

    Llegamos puntual a la cita nos sentamos en una mesa y pedimos unas cervezas mientras esperábamos, de repente entro Carla, llevaba un vestido ajustado al cuerpo que la hacía verse candente, los dos la miramos con deseo.

    Llegó muy simpática nos saludó y se sentó a nuestro lado, las chicas pegaron muy buena onda y se pusieron hablar de todo un poco, fuimos pidiendo tragos, comimos algo hasta que empezó la música. Carla agarro a Valen y le dijo vamos a bailar, se fueron al centro de la pista y por supuesto yo las seguí, bailábamos alegremente los tres juntos, hasta que el alcohol nos pegaba un poco más y la música de reggaetón hizo que bailáramos más pegados apretados entre los tres. Yo bailaba detrás de Valen ella jugueteaba con Carla, ponían su cara muy cerca como si se fueran a dar un beso.

    Después de mucho baile y toques superficiales la noche se había puesto muy caliente, asique propuse ir a la casa, las dos aceptaron rápidamente.

    Después de un viaje en auto que se me hizo eterno porque estaba ansioso por llegar, entramos a la casa. Serví unos tragos y puse música, volvimos a bailar los tres pero ahora con besos por todos lados yo empecé a besar a Valen mientras Carla besaba mi cuello, luego ellas se besaban, mientras yo acariciaba sus nalgas.

    Cuando estábamos todos bien calientes nos fuimos a la pieza las chicas se tiraron en la cama, cuando yo fui a acostarme mi novia me dijo

    – no no no, vos sentate en el sillón, quiero que observes.

    Rápidamente fui a sentarme y miraba como se desnudaban entre las dos, quedaron en ropa interior las dos, Valen se puso arriba de Carla y le empezó a comer la boca, yo estaba extasiado de placer observando eso, poco a poco fue bajando por su cuello, chupo sus tetas y siguió bajando. Al llegar a su entrepierna corrió la tanga para un costado y le dio un lengüetazo a la concha de Carla, siguió lamiendo su clítoris mientras le introducía los dedos, Carla gritaba de placer, yo estaba prendido fuego así que empecé a masturbarme.

    Luego de unos minutos me llamaron para participar, fui totalmente desnudo, Valentina agarro mi verga y la introdujo dentro de Carla, un placer increíble sentí al introducirme dentro de ella, Valen aprovecho la posición y puso su concha en la boca de Carla, le empezó hacer un oral tan feroz que en pocos minutos hizo llegar a vale a un orgasmo.

    Cambie posición de Carla y la puse de perrito, vale se corrió a un costado y empezó a tocarse, esa imagen era tan excitante que Carla y yo luego de unos movimientos acabamos al unísono.

    Luego de descansar un rato las chicas querían volver a jugar así que las dos me empezaron a besar bajaron por la panza y me la empezaron a chupar una rato cada una, muy rápidamente la tenía muy dura así que agarré a vale me puse arriba de ella y la empecé a penetrar, ella con su mano le metía los dedos a Carla que gemía muy excitada, Carla me gritó “por favor métemela que quiero sentir tu pija”, por supuesto no me negué y la penetré hasta que tuvo un orgasmo increíble, yo totalmente excitado saque mi pija y les dije que se pongan enfrente mío, empecé a tocarme hasta que mi leche callo en sus bocas.

  • El papá de mi esposo

    El papá de mi esposo

    Después de mi primera infidelidad me convertí en una mujer sexualmente insaciable, llena de morbo y deseo carnal, no había un día que no pensara en sexo, miembros masculinos penetrándome; pero nunca pensé que mi lujuria no tendría límite…

    Me encontraba sola en casa, veía una película para consolidar el sueño, consciente de que dormiría sola esa noche, mi esposo se fue de viaje laboral a una ciudad a dos horas de distancia, era viernes, regresaría hasta el lunes por la mañana, no me gustaba que tuviera que dejarme por algunos días, a pesar de que ya lo había hecho antes por la misma razón, no me acostumbraba. Mis ojos se cerraban involuntariamente, el sueño me vencía, la TV seguía encendida en un canal de comedia; cuando de pronto, un golpe muy fuerte me despertó, primero supuse que el sonido venía de la tv, pero ya consciente lo volví a escuchar, no cabía duda, ese sonido venía de la puerta principal.

    Me levanté rápidamente, me acerqué lentamente a la sala de estar, dónde tendría vista directa a la puerta, aunque las luces permanecían apagadas, intentaban abrir, sabía que no era mi esposo, ya que él me hubiera avisado sí por alguna razón canceló su viaje, así que de inmediato pensé en un ladrón; tomé un bastón que tenemos de adorno en una mesita en la sala, la utilizaría de arma en caso de necesitarla, me fui acercando a la puerta, con un golpe de adrenalina, miedo y valor encima al mismo tiempo… Cuando de pronto ésta se abre y se enciende la luz. ¡Oh sorpresa! Era mi suegro, solté un suspiro y le dije:

    -Suegro, ¿Qué hace aquí?, Casi me mata del susto, ¿Por qué no aviso que vendría?, Su hijo salió de viaje.

    Se quedó atónito, no contestó nada, sólo me veía, y comprendí porque, yo me encontraba semi desnuda, con mis tetas al aire, mis pezones rosados duros a causa del frío de la noche y el suceso de un momento atrás, y una diminuta tanga que solo cubría ligeramente mi pelvis y mi rayita; tras un escaneo visual de parte de mi suegro, moría de pena y con algunas disculpas en mi boca corrí a un sofá para cubrirme con un cojín. Él salió del shock de verme y contestó con una voz tartamuda y nerviosa:

    -Perdóname nuerita linda, no quería llegar así, no tuve manera de llamar, mi teléfono se quedó sin carga, mi hijo me dijo que viniera a cuidarte ya que no sentía seguro que te quedaras sola con tantos casos de delincuencia que han ocurrido últimamente, seguro te desperté, aún no sé cómo se abre su puerta.

    Yo le respondí que no había problema, pero que sí me dio un buen susto y conversamos un poco de eso, nos reímos y con un bostezo floreciendo me despedí de él, le dije que moría de sueño, mientras me dirigía a la habitación, comentando también que podía dormir en cualquiera de las 3 habitaciones restantes de la casa; mientras me alejaba, sentía su mirada penetrante en mí, seguro estaba viendo mi hermoso trasero.

    Eran alrededor de las 3 am, me dirigía al baño como de costumbre todas las madrugadas, cuando al salir de la habitación escucho unos jadeos masculinos, venía de la habitación de enfrente de la nuestra, eran unos jadeos muy sexys, sin duda alguna escucharlos me mojó y me intrigó, sabía que era mi suegro, él que muy probablemente se estaba masturbando, la curiosidad me ganó, la puerta estaba cerrada, pero no podía alejarme de ahí sin ver lo que pasaba dentro, abrí la puerta con mucho cuidado (de tal manera que no hice ruido), estaba totalmente oscuro, sólo lograba distinguir la silueta de mi suegro sobre la cama, haciendo movimientos de brazo…

    Me calentó ver esa escena, pero me calentó aún más cuando de la boca de mi suegro salió un «sí nuerita, sigue así, me encantas», no pude más, mi entre pierna parecía un río, mi saliva se volvió ácida, me acerqué a mi suegro, sin que se percatara de mi presencia, tomé su miembro, volteó asustado, pero seguí su juego y comencé a masturbarlo, mi suegro parecía no creerlo, pero no se opuso. Seguí masturbándolo hasta que acerqué mi boca a su verga y comencé a lamerla, lentamente aumentando la intensidad gradualmente, mi suegro tomó mis piernas y la jaló hacia su cabeza, dejándome boca abajo con mi vagina en su cara, hizo la tanga a un lado y lamió como loco, el 69 más rico de mi vida, me hizo terminar dos veces en su cara.

    Me levanté, me recosté a su lado en posición de cucharita me retiré la tanga y acerque su miembro a mi vagina, comenzó a penetrarme, me daba muy duro mientras yo levantaba mis nalgas con una mano y el con las suyas masajeaba mis tetas, así seguimos hasta que lo hice terminar, dentro de mí, nos separamos, me fui a mi habitación sin decir ni una palabra y dormí como reina…

    Al día siguiente en el desayuno quedamos en que nada de eso se diría, y qué tal vez lo repetíamos.

  • Francuno: Cruising club francés

    Francuno: Cruising club francés

    Casi me pierdo la entrada a este club de cruising gay en París, es muy discreto. Llamo y la puerta se abre para darme acceso. El tema del día «desnudo» me queda perfectamente. En el vestuario, dos chicos se desnudan al mismo tiempo que yo y solo se quedan con los zapatos. Estoy emocionado por encontrarme allí, yo que no soy demasiado experimentado en términos de sexo pero siento un deseo furioso de tener sexo, chupar polla, que mi polla ya está comenzando a enderezarse ya que me siento bien. Me preparé antes de venir dilatando y lubricando un poco mi pequeño agujero.

    Las pequeñas luces a nivel del suelo permiten caminar seguro sin tropiezos y termino acostumbrándome a esta oscuridad propicia para tocar. Al fondo de la habitación, en la oscuridad, dados los gemidos que escucho, un chico es follado y grita de placer cada vez que es violado. Me acerco, sus manos tocan mi cuerpo, también siento a otros chicos, tan calientes como yo. Nos tocamos la polla, nos lamemos la boca, sentimos las nalgas. Un tipo se agacha y se traga mi cola… Maldición, está caliente, muerto de hambre, demasiado brutal… me hará disfrutar demasiado pronto con su boca voraz. Le hago entender que pare. El hijo de puta de al lado logró tocar mis nalgas y atraerme hacia él. Probablemente adivinó mi pequeño trasero perdido con tantos deseos. Ahí está contra mí, detrás de mí, jugueteando con mi trasero, nervioso, ardiente como brasas, cuerpo liso, un besador muy activo, nada enfocado en besos, lo que me hace comprender su interés principal. Solo tengo tiempo para apoyarme contra la pared y presentar mis nalgas, también quiero que me penetre. Su pene, como curioseando, se coloca entonces a la puerta y, sin dudarlo, me penetra, me invade, me perfora el culo… y me jode, me jode, me jode y me jode sin parar y con ganas. Mi llanto de hijo de puta invadió tanto la habitación que sintieron todos lo que pasaba.

    — Es un buen hijo de puta, ese…

    — Oye, hombre, lo desvirgaste bien, es lindo…

    Varios chicos se burlan de la situación y se forma una multitud alrededor. Todo fue tan rápido que no pensé en el condón. Obviamente, el condón no es prioridad para nadie. Una ola de calor al mismo tiempo que la felicidad suprema corre por mi cuerpo. Vine a ser follado y allí me sirven brutal, completa y directamente. No tuve tiempo para pensarlo ni para comprobar cómo se montó. Afortunadamente había preparado mi pequeño agujero. Es un poco culpa mía, me puse en posición para ser follado por el tipo, me puso a tiro como un ciervo. Mis pequeños chillidos solo lo excitaron y él me envía una ronda de polla tras otra, los cachetes de mis algas más allá de mis expectativas. Teniendo en cuenta el sonido del chasquido de sus bolas, todos los que estaban presentes a nuestro lado entienden el celo que pone en ello y pueden imaginar su rígida cola barriendo mi trasero.

    De vez en cuando, saca su polla y me hace cosquillas en el agujero con los dedos y vuelve a encajar de inmediato su polla, encantado con su efecto. Luego, descubriré por qué, de repente se detiene para follar a otro chico, esperando la continuación. Me siento, todavía golpeado en mi culo. Vine aquí para explotarme, pero no quería comenzar así.

    Me toco el trasero, ya descompuesto, conseguí un poco de gel para calmar la sensación de fuego y tratar de salir del fondo de este laberinto. Intento salir de allí, pero un chico no me deja otra opción, me da la vuelta y se queda atrás. Me doy cuenta de que es un negro que vi en el pasillo cuando llegué, pero no pensé que este tipo de hombre pudiera estar interesado en un joven como yo. Tendría unos cuarenta, tal vez cincuenta años, me sobrepasaba mi cabeza una cuarta y media más alto que yo y anchos hombros, un peso medio y un poco panzudo, me hace comprender que quiere besarme. Tal vez me vio follar y piensa que es su turno. Solo tengo tiempo de tocar su polla y es de un tamaño mucho más grande de lo que solía recibir mi pequeño trasero. Está magníficamente colgado, no es particularmente largo, pero tiene un tamaño de grosor considerable; esto es lo que más temía. Él entendió mi aprensión e impuso su autoridad sobre mí. Con un gesto repentino, extiende mi mano y me obliga a agacharme para ofrecerle mi trasero. Repele sin rodeos a dos tipos que intentan adherirse a nosotros para participar. Entiendo que voy a probar, que realmente quiere follarme. Sé que me me va a costar, pero la necesidad de ser follado es demasiado fuerte. Cuando eres joven, quieres grandes pollas en tu trasero, quieres cumplir tus fantasías… Solo el tiempo suficiente para aferrarse a un agujero en la partición y su gran glande encuentra fácilmente la entrada entre mis pequeñas nalgas gracias al gel que acabo de propiciar. Su enorme falo me abre el rosetón del culo y fuerza el camino. Trato de evadir esta introducción viril, pero sostiene firmemente mis muslos y me bloquea en la esquina de la habitación. Es con obvio placer que me rompe el ojete y me penetra. Su gran estaca dilata mi esfínter anal, de manera lenta pero segura, centímetro a centímetro. Tengo dolor pero no me atrevo a gemir demasiado. Él sabe que sufro de ser atravesado por su gran cola, así que me retuerzo.

    — Déjate llevar, relájate…

    — Está gorda.

    — ¿Viniste aquí para que te follaran o no?

    — Sí.

    — Me gustan las pequeñas vírgenes como tú. Voy a llenarte con mi tusa o juguetón.

    Nuevamente rechaza a un tipo que está tratando de verificar nuestro apareamiento. Pegado contra mí, con el calor que reina en este club, su cuerpo suda sobre mí. Sus brazos me abrazan mientras escucha mis pequeños gemidos amortiguados, porque me penetra a pequeños empujes. Tan atento a mi trasero olvidé que tengo pezones y cuando los pellizca con fuerza, haciéndome olvidar la lenta introducción, siento algo ya de placer. La apertura está hecha, casi en silencio si no hubiera esta música de fondo que pondría a una secta en trance… nuestros cuerpos se ajustan… Su enorme cola de repente se desliza dentro de mí y me llena, mientras una lágrima corre por mi mejilla. Un compañero cercano me pregunta si «ya me la metió», pero no respondo, estoy demasiado ocupado respirando, para recoger este cuerpo extraño que me expande los esfínteres. Por nada del mundo le daría mi lugar a otro. Con mis piernas temblorosas, mi cuerpo abandona la resistencia. Con un empujón desde sus riñones penetra su émbolo y sus bolas golpean mis bolas, arrebatándome un gemido que es tanto de dolor como de felicidad. Conociendo su enorme miembro, sintiendo sus bolas contra mi trasero, ¡la felicidad es suprema…!

    — ¡¡Jaaaiiinnn!!

    — No quería joderte demasiado.

    — Tu cola es enorme, duele.

    — Eres una buena perra, te lo tomaste bien.

    El sudor u Fe mi frente y es como mi corona victoriosa también, me regocijo en esas enormes y buenas estocadas. Otro tipo, cerca de mí, al mismo tiempo, es desmantelado y no es posible hacer un escándalo, pero no me importa todo lo que suceda después. Quiero que este malabar me folle y desarme mi trasero. La situación se vuelve digna de una película porno y el gran negro aprovecha la oportunidad para masajear mi polla masturbándome, encantado con mis gemidos ahogados, entre otros suspiros, quedó encantado con su efecto. Nunca he tenido una picha tan grande en mi trasero. El placer está allí y me impulsa a su antojo, orgulloso de su fuerza, orgulloso de su capacidad para hacer consultas, orgulloso del deseo que da a los demás. En esta penumbra, los chicos son los siguientes en verme sufrir esta protuberancia, pueden sentir envidia de mi destino, pueden estar ansiosos por besarme.

    Mi trasero se abrió a este falo de sueño para nuestro placer común. Abusa de la situación, me intimida, de repente me obliga a chupar una polla que sube al agujero en la pared donde tomé apoyo y me colgué. Descubro el mundo del sexo en una faceta desconocida pero que realmente me gusta. El tipo de enfrente, afortunadamente equipado normal, besa mi boca sin rodeos y luego, sin previo aviso y sin que yo pueda liberarme, me envía sobre mi trasero un generoso aporte de esperma muy grande y se va. El negro ha entendido la situación y parece más que encantado.

    — Espera, te voy a dar otra ración en el trasero. Voy a engordarte como a una puta.

    Mi cabeza golpea la pared con cada golpe de pistón en mi trasero. Me aferro lo mejor que puedo bajo el ataque de este hombre demasiado poderoso para mí. Se vuelve más bestial, más cercano a un chico que se está preparando para correrse, especialmente desde que me lanzo para recibirlo mejor, que hago que la puta que llevo dentro sea bien puta. De repente se detiene, completamente entre mis nalgas, una señal que no deja dudas sobre la prueba de que él vacía sus bolas en mis entrañas. Intento liberarme.

    — No te muevas, pequeña perra, te estoy fertilizando.

    Se toma su tiempo, como para saborear su victoria y asegurarse de enviarme su semilla. La sensación de ser invadido por su semen negro es irreal. Él termina retirándose y se va sin formalidad, dejando mi trasero abierto, dilatado al extremo y lleno a tope.

    Estoy tratando de sentir mi agujero y ver el daño, la roseta había explotado y mi agujero babeaba semen, fue entonces cuando un tipo que probablemente había esperado mi trasero disparando esperma contra la pared. ¡Cuán difícil es explicarlo…, debido a la oscuridad! Un tipo de los que siempre buscan y se cruzan tiene un estilo de vigilar que asusta. Está demasiado emocionado para esperar, no es lo suficientemente diplomático como para preguntar, y aquí me encuentro, ahora soy un hijo de puta de este tipo robusto y rudo, imponiéndome su virilidad, frotando los pelos duros y densos de su vientre contra mí. Obviamente, él me eligió como depredador mirando a su presa. Con una mano firme en la boca para evitar que gritara, fácilmente me ensartó y apagó su sed de besar como un animal.

    — Eres una perra hermosa, voy a destrozarte el culo. Hmmm.

    No tiene sentido protestar. Además, me complace enormemente hacerme el poseído de esta manera. Él también lo entendió rápidamente porque quitó su mano para tomar mejor mis caderas y cortarme el trasero. Sabiendo que me penetra tras el pene gordo del negro que se ha aliviado en mí, espero que entre de cabeza. Lucha, me envía con sus golpes de polla golpeando la partición, despertando a los compañeros con este espectáculo sexual y ruidoso. Me ato como un ciervo, pido que entre sin más, lo que le parece el regalo más hermoso.

    — Estira tu trasero, perra.

    Isidro entra a tope y perdido en el placer, me frotó el trasero, meneó el pequeño agujero, para aumentar la penetración, y eso lo vuelve loco.

    — Este agujero hará que me corra.

    Toma mi cabeza con una mano y se acerca a mí y me la gira también para rodearla con la suya. Su barba de varios días invadió mi cara, luego su lengua gruesa penetró mi boca, su saliva se derramó en mí mientras me forzaba el culo. Él me domina, me folla, me folla, me babea mientras con una última puja de fuerza explota y se deja llevar.

    — Perra, yo también voy a hacerte mi pequeña.

    Eyaculo a chorros contra la pared, grito de alegría, mientras él también me suelta y llena mi trasero con su esperma. Después de concluir su negocio, el chico también me abandona allí.

    Me quedo allí, lixiviado, el culo pegado, la polla suavizada y la multitud de compañeros va a otras escenas porno. Mi culo levanta el esperma, recojo papel para limpiar la abundancia, ya que estos dos machos tenían sus pelotas llenas y no me extrañó nada. Por primera vez en este club, he tenido éxito. Volveré, sí, tendré que volver.

  • Antes del café (Capítulo 7): Pláticas de hermanos

    Antes del café (Capítulo 7): Pláticas de hermanos

    Intervención de la narradora:

    El resto de la semana fue normal para los hermanos. Azucena se quedó encerrada en su recámara todas las mañanas para no interrumpir la rutina y las clases que impartía Braulio. Incluso, un día Braulio tocó la puerta de Azucena antes de las 10 de la mañana y preguntó si se encontraba. Obviamente ella no contestó y él no intentó abrir la puerta, creyendo que se encontraba en su trabajo.

    Por las tardes, Azucena no veía a su novio, ya que él seguía triste. En pocas palabras, el resto de la semana fue muy aburrido para ella. Braulio terminó la semana dando sus clases sin problemas, a pesar de sentirse tentado todo el tiempo por su sexy alumna Lizbeth.

    De esta manera, llegó el sábado. En su día de descanso, ambos estaban muy ganosos y cada quién lo manifestaba a su manera. Al mediodía y en ausencia de sus padres, se dispusieron a tomar su acostumbrado café en la barra y entablaron una charla muy atractiva.

    – ¿Qué tal tu vida, Brau? -inició Azucena con alegría-. Otra vez no te miré en toda la semana.

    -Muy agotadora -contestó muy seco Braulio-. ¿Qué tal la tuya?

    -Se nota -dijo Azucena-. ¡La mía estuvo fantástica!

    – ¿Y eso a qué se debe? -preguntó el muchacho.

    Azucena se arrojó a los brazos de su hermano y de ahí en adelante se mostró muy cariñosa.

    – ¡Te extraño mucho cuando las semanas pasan y no nos vemos! -expresó.

    -Y yo a ti, hermanita -respondió Braulio un poco sacado de onda, pero correspondiendo el abrazo.

    Instintivamente, Azucena permaneció abrazada a su hermano, pegando de más su cuerpo al de Braulio, quien no tardó en ser gracioso.

    -Ya te está afectando la idea de casarte a dos semanas de la boda.

    -Algo así -se sinceró Azucena-. Voy a extrañarte mucho cuando deje de vivir aquí. En estos momentos soy un mar de emociones.

    Braulio se sintió alarmado y comenzó a acariciar con delicadeza la espalda de su hermana. Ella emitió gemidos apenas perceptibles para Braulio y este externó su duda.

    – ¿Segura que andas así por lo de tu matrimonio?

    -En parte -respondió Azucena mientras soltaba a su hermano-. Existen otros motivos.

    -Tú decides si quieres hacérmelos saber -enunció Braulio fingiendo desinterés mientras le daba un trago a su café.

    -Hermano, de verdad quisiera contarte -replicó Azucena, agobiadamente y con muletillas-. Pero tengo miedo de cómo reacciones.

    – ¿A qué te refieres exactamente? -cuestionó Braulio un poco asustado.

    -Es que si te contara lo que me pasa sería como invocar viejos tiempos -explicó Azucena, nerviosa-, específicamente un día que prometimos no volver a mencionar.

    Braulio abrió los ojos por la impresión, pero manejó con temple la situación aún sin saber qué es lo que le afectaba a su hermana y le demostró su madurez.

    -Hermanita, en realidad no podemos simular que aquel día no existió. Ya nos lo perdonamos y tenemos que aprender a vivir con ello. Se supone que ya se restauró entre nosotros la confianza.

    -Justamente es a lo que voy -aclaró Azucena-. El asunto que me inquieta rebasa los límites de confianza que nos tenemos. Aparte, me sentiría como una degenerada al hablar contigo de esto.

    – ¿Acaso no soy un adulto igual que tú? -abrió interrogación Braulio, ligeramente exaltado-. ¿Crees que soy inmaduro a pesar de que casi tengo mi vida arreglada a los 22 años?

    -No me malinterpretes, hermano -serenó Azucena-. Empecemos de nuevo y hagamos de cuenta que hoy no he dicho nada. Hermano, ¿me tendrías la confianza de escucharme y darme un consejo sobre sexo? Que quede solo entre nosotros.

    -Claro que sí -aceptó Braulio después de pensar un poco la pregunta.

    -Está bien, se trata de Erick -comenzó a discurrir Azucena-. Yo tenía un ritmo de vida sexual constante, como te mencioné aquella vez, vivía mi sexualidad a pleno. Entonces, Erick llegó a mi vida y cambió eso porque él tiene principios morales enraizados, como lo es su voto de castidad. Por el contrario, a mí me consume el deseo sexual. Mi secreto es que esta semana lo convencí de garchar, aunque sea analmente para que no sienta culpa, pero no pudo penetrarme, parecía tener impotencia sexual. Ahora me siento mal de pensar que en verdad no cumple con mis expectativas.

    -Pero tú eres mujer, en su relación tú eres la de la experiencia y la autoridad en el sexo -señaló Braulio-. Tienes la oportunidad de educarlo como te plazca, esperando que él ponga de su parte. Al menos tuvo la intención ese día y eso me hace pensar que en el matrimonio hará lo que tú sugieras y ordenes. No te rindas y tendrás un marido viril, como a ti te guste.

    -Ay, hermanito, suenas más inteligente que yo en este tema -expresó admirada Azucena y de pronto ejecutó lo que tramaba-. ¿Acaso eres experto?

    Braulio se terminó su café de un solo trago y aparentó una carcajada.

    – ¡Por favor, Azu! ¡Aquí la experta eres tú! Solo te doy mi opinión como varón que soy.

    -Bueno, lo dije por si querías compartirme algún relato -insinuó Azucena con una sonrisa provocadora.

    Braulio estalló entre risas y dejó con la duda a su hermana.

    -Lo dejamos para otra ocasión, ¿sí? Tengo que ir a la biblioteca porque me quedé sin material para mis clases de la próxima semana.

    – ¡Te acompaño! -exclamó Azucena.

    -Después tengo que ir a un curso en la oficina. Perdona, tendrá que ser otro día. Agradezco tu confianza -remató Braulio, se alistó y salió de casa.

    A continuación, le dejo mi lugar de cronista a los hermanos.

    Versión de Azucena:

    Habiéndose ido mi hermano, no pude contener mi furia. Mi intento de hacer que me confiese sobre su vida sexual fue frustrado, incluyendo, desde luego, lo que hay entre él e Ingrid. Si no lograba que él me lo confesara, Ingrid tendría que hacerlo porque era como mi hermana o eso se suponía. Mi voz detonó iracunda.

    – ¡Y eso que tenemos confianza! ¡Par de hipócritas!

    De inmediato, marqué al teléfono de Ingrid y ella contestó mi llamada. Le pedí de favor que viniera a verme para platicar y salir de compras, pero se disculpó por supuestos pendientes que debía de realizar y me colgó. Inferí que planearon verse los muy ingratos.

    De igual manera llamé a mi prometido, pero también se negó a hacerme compañía debido a su sentimiento de ineptitud. Mi coraje se puso al nivel de mi apetito sexual, así que decidí salir de compras yo sola, con actitud y vestimenta de perra.

    Una hora después me hallé en la plaza comercial presumiendo una falda drapeada negra y un top de encaje negro. Le creía a mi novio cuando me declaraba lo guapa que soy. Pero habiendo salido en esas fachas a la calle, los hombres y algunos turistas me halagaron, incluso fui motivo de aplausos y silbidos.

    Compré artículos personales, entre otras cosas de mujer, incluyendo un bonito conjunto de lencería de angelita y varios juguetes sexuales. En la sex shop no pude evitar mostrar mi lado pervertido y terminé obteniendo el número telefónico de algunos muchachos que se mostraron muy amables conmigo.

    Después de tanto tiempo me sentí verdaderamente atractiva y sexy. Pensé que debía de rendirme con Erick y comenzar una vida sin preocupaciones amorosas para tener una o diversas parejas sexuales. Los pensamientos en mi cabeza aumentaron.

    – ¡Cuántos hombres pudiera tener de sobra y yo atada a un santurrón!

    Sin embargo, llegué a caminar por calles más alejadas de lo que conocía y temí por mi vida luego de ver a sujetos horribles y corpulentos sin despegar su mirada de mí. Contacté a un chófer de vehículo de transporte privado y me llevó con bien a casa.

    Mis padres habían salido a pasear como acostumbraban cada fin de semana. Así que, teniendo la casa sola por varias horas, me metí a la tina rebosando en espuma, puse mi laptop a la vista y miré los videos porno de mi hermano mientras degustaba una copa de tequila y le daba el primer uso a mis consoladores.

    Esta vez los ordené del último al primero en grabarse, ya que el primero era el que duraba más y pensé que sería el mejor.

    Imité con los dildos el ritmo al cual mi hermano se cogía a su alumna y a mi mejor amiga en sus respectivos filmes. Aunque comencé con el anal que le hizo a su alumna, no me animé a penetrar mi ano hasta que después de unos videos Braulio le encajó su pito al culo de Ingrid. Entre gemidos elogiaba la capacidad con la que mi hermano complacía a mi mejor amiga.

    – ¡Braulio! ¡Quién te viera con esa anaconda! ¡No tienes porqué negar tus dotes innatos!

    A lo largo de mi deliciosa tarde me orgasmeé cuatro veces y tenía ganas de más. Llegando al último video me salí de la tina, me sequé con la toalla, llevé mi laptop a mi recámara, me serví más tequila y saqué el vibrador de su empaque.

    Entre más se elevaba la intensidad en que cogían mi hermano e Ingrid en el video más me acercaba a otro orgasmo con el vibrador. A los pocos minutos, Braulio se corrió en la boca de mi amiga y después desaparecieron de la pantalla.

    Adelanté el video por si acaso había más acción y llegué a la parte final. Ellos se sentaban en la cama, parecían recién bañados. Se vistieron, bebían champagne y escuché su conversación. Mi corazón se aceleró cuando Ingrid le preguntó a mi hermano acerca de follar conmigo y él respondió que le hubiera encantado. Me quedé atónita y repetí varias veces esa parte. No podía creerlo.

    Después, Ingrid le ofreció a mi hermano ayudarlo para coger conmigo y le aconsejó tener iniciativa porque yo no la tengo. Detuve el vídeo y pensé en voz alta.

    -Tiene razón mi amiga, pero eso se acabó. Haré lo posible por cogerme a mi hermano.

    El resto de la tarde me la pasé ideando algún plan, pero no se me ocurría nada más que seducirlo. Finalmente, me decidí por algo que parecía ridículo, pero aseguré que sería la mejor vía, me refiero a ganarme más su confianza y en un momento que estemos a solas aprovecharme de él. No obstante, mi mayor obstáculo era el tiempo que quedaba para casarme con Erick.

    Procuré calmar mis ansias, me relajé y esperé a mi hermano. Para mi mala fortuna, él llegó a las once de la noche a casa y de inmediato fue a dormirse.

    Al día siguiente, desde temprano toqué la puerta de su habitación, Braulio abrió y yo lo invité a tomar nuestro café dominical. Iba caminando delante de él hacia la barra y de repente me detuve para encorvarme, fingiendo que me dolía la espalda. Fallé en ese intento de provocarlo, pues él me tomó de la cintura para ayudarme a caminar hacia la barra.

    Estuvo listo el café y lo bebimos mientras empecé la plática, preguntando acerca de su día anterior. Mis intenciones de llevarlo a un estado de confianza tal que pudiéramos hablar abiertamente de sexo se desmoronaron al escuchar su triste noticia.

    -Hermana, voy a mudarme muy pronto.

    Versión de Braulio:

    En cuanto salí de casa me di prisa por tomar un taxi y en cuestión de minutos arribé a mi destino, donde ya se encontraba Ingrid, se trataba ni más ni menos que de un hotel.

    Enseguida, nos encontramos en un cuarto bebiendo vino y escuchando música. Sin más preámbulos, cada quien colocó su celular en diferentes puntos de la recámara para filmar esta ocasión especial.

    Ella se sentó en mis piernas y comenzó a mover su enorme trasero, que lucía sabroso con ese baby doll negro. Una copa de vino más y mi pantalón voló por los aires. Ingrid me acostó y comenzó a mamar mi pene a lo desgraciado.

    Yo presioné su cabeza hacia abajo, dejando toda mi herramienta dentro de su boca y tocando hasta su garganta. Casi se ahogaba, pero soportó estar así mucho tiempo y fue sacando mi víbora de su boca de una forma tan sensual y profesional.

    Después, se ensartó mi verga y empezó a montarme dándome la espalda. Yo apachurraba sus tetas y al mismo tiempo le soltaba unas duras nalgadas. Ella aumentó la fuerza con que se azotaba contra mi ingle, lo cual provocó que frotara su clítoris y pegara gritos placenteros.

    – ¡Mmmm, papasito! ¡Tu verga me vuelve loca!

    Luego de veinte minutos en esa posición se vino con mi pito adentro. Rápidamente procedí a empinarla y follarla de perrito. Ella no cesó de estimular su clítoris y en poco tiempo volvió a orgasmearse.

    Dejé mi pija dentro de ella y ella siguió clavándosela con movimientos encantadores hasta que se agotó y la acosté boca arriba, abrí sus piernas y le di unas lamidas a toda su concha con clítoris incluido.

    De rato, comencé a succionar su clítoris mientras le metía y sacaba un dedo de su vagina. Sus gemidos se intensificaban gradualmente.

    – ¡No pares, baby! ¡Vas a hacer que me venga otra vez!

    Aumenté el número de dedos que le introducía a la vagina hasta tres y transcurriendo unos minutos le salieron chorros que atrapé con mi boca. Ella gritaba y temblaba de la excitación, entonces, me acerqué a sus labios vaginales y los mordí levemente, estaban demasiado empapados y ardiendo en fuego.

    Ella sacó de su bolso un consolador, se acostó boca arriba y con las piernas abiertas se lo insertó en el coño. Luego de un rato, yo estimulé su ano con mi herramienta en esa misma posición y se la encajé poco a poco.

    Ingrid tenía esa fantasía de recibir doble penetración y a falta de otro macho súper dotado, optaba por penetrarse con juguetes sexuales.

    Ella no podía parar de gritar al sentir sus dos orificios llenos en su totalidad, sus ojos se le iban para atrás y sin poder contenerlo, se corrió una vez más.

    De la excitación, incrementé la velocidad con que le metía y sacaba mi pene del culo y en pocos minutos lo rellené con mi leche hirviendo.

    -Feliz aniversario de pareja sexual -le expresé luego de eyacular.

    Ambos detuvimos la grabación de nuestros celulares y no pudimos evitar acostarnos y seguir follando, pero ahora más relajados. Estando de ladito en la cama, inicié una conversación.

    -Tengo dos cosas que contarte.

    -Te escucho, corazón -respondió.

    -La primera es que ya no eres mi única pareja sexual -confesé-. En la semana una alumna me sedujo y terminé echándome un palo con ella. Pero te agradezco a ti porque ella vio en mí la seguridad que tú me inspiraste.

    -Sabía que conseguirás a alguien más, bombón -me felicitó.

    -La otra es que Azucena está muy sospechosa -le comenté-. Hoy me mostró más cariño de lo normal, se arrimó a mí, me contó de su situación íntima con Erick que tú ya me habías contado previamente y al final me preguntó si yo ya soy experto en el sexo.

    -¡Lotería! -exclamó-. Está desesperada y te está viendo como una opción para quitarse el antojo.

    Me quedé pensando en la posibilidad y no dudé en confirmar mi deseo.

    -No estaría nada mal. Para ser sinceros, sigo con la curiosidad de saber qué se sentiría tener sexo con ella.

    -Pues apresúrense porque ya casi es la boda -aconsejó Ingrid-. Sería brillante que le concedieras una despedida de soltera.

    -Estoy de acuerdo, reina -contesté-. ¿Y qué hay de ti?

    -Adquirí una nueva propiedad -relató-. Es un departamento de un edificio recién inaugurado. Me mudaré ahí y le rentaré mi casa a una familia. Te lo comento porque tú estabas en busca de un bien inmueble y esos departamentos están accesibles económicamente, aparte de que están muy bonitos.

    – ¿Y si me llevas a conocerlo? -propuse.

    -Con gusto, papi -aceptó-. Pero te aviso que aún no tengo muebles, por lo que si nos entran las ganas de follar lo vamos a hacer en el suelo.

    -Con tal de estrenar tu nuevo departamento no importa -dije riendo.

    Saliendo del hotel nos dirigimos al departamento que adquirió. En pocas palabras, me agradó como para conseguir uno igual.

    Al ver que había más departamentos en oferta no dudé en llamar al dueño y en pocos minutos concretamos el trato. Dentro de dos semanas, Ingrid y yo seríamos vecinos.

    La celebración continuó en la noche. Fuimos a cenar a su restaurante favorito y nos retiramos contentos. Llegué a casa muy noche y me dormí inmediatamente.

    Al siguiente día, Azucena me invitó el café dominical muy temprano. Su comportamiento volvió a ser sospechoso. Se empinó frente a mí diciendo que le dolía la espalda, pero lo evadí e insistió que le platicara de mi sábado. Entonces, le revelé la sorpresa.

    -Hermana, me mudaré muy pronto.

    CONTINUARÁ…