Autor: admin

  • Mi comienzo sexual

    Mi comienzo sexual

    Este es el primer relato que escribo, mi nombre es Celso. Desde la secundaria empecé a obsesionarme con el sexo, fantaseaba con mis compañeras y maestras, llegué al grado de enamorar chicas no muy atractivas, pero de un faje no pasaba. Katy fue mi primera novia, pero como no me aflojaba la dejé. Cumplí 18 y me fui a estudiar a Tulancingo Hidalgo.

    En esos tiempos tenía problemas económicos y en una sala de chat conocí a Ivo de quien nunca supe su nombre real. Era un hombre alto, delgado, platicamos varios días, él me comentó su atracción por los chavos y me ofreció 500 pesos porque se la chupara, entre mi calentura y mi necesidad acepté, quedamos de vernos en la terminal a las 7 y ahí estábamos. Él solo dijo “sube a mi carro” y lo hice, fueron 10 minutos de silencio total, llegamos a su oficina de trabajo, entramos no dijo nada solo se sentó me agarro de la cintura y me sentó en sus piernas y me beso de una forma muy apasionado su lengua era rasposa y la movía por toda mi boca me empezó a desnudar y besaba mis pechos como si fuera su mujer.

    Celso: dijiste que solo venía a chupártela

    Ivo: y así será solo te estoy fajando, ven acuéstate aquí…

    Tiro unos cartones en el suelo y me acosté mientras él se desnudaba por completo, se puso de rodillas y bajo mis pantalones con mi bóxer besaba como loco mis piernas y mis nalgas, subió hacia mi cara con su enorme y carnuda verga.

    Ivo: ahora si a lo que te traje perro

    Empecé a chupársela como si ya lo hubiera hecho antes me la metía hasta garganta me quedaba sin aire pero gustaba el sentir que era su mujer.

    Ivo: ahora te la voy a meter

    Celso: traes condón?

    Ivo: No solo déjate un poco te daré 200 mas

    Yo sin decir nada solo me voltee para recibir el calor que sentía era tan grande que no me importaba nada, él la metió tan fuerte que solo aguante envestidas la verdad no me gusto y m voltee, él me pidió disculpas y me pidió intentarlo otra vez pero no accedí, me la dio a chupar y lo hice con gusto se vino en mi boca e hizo que me lo tragara.

    Después me dio un ray al centro donde me dejo con 400 pesos solamente y con la promesa de que si me dejaba coger bien me daría más, y esta fue mi primera experiencia espero les guste y lean mis próximos relatos.

  • Cobrando venganza (Segunda parte)

    Cobrando venganza (Segunda parte)

    Después de salir molesto de la habitación donde deje a mi esposa fui al refrigerador por una cerveza y me dirigí al sofá, pasaron quizá unos 20 minutos desde que se fue Mony, yo estaba sentado en la sala con las luces apagadas bebiendo mi cerveza cuando vibró mi celular, era un mensaje de Mony, –vamos a otro lugar a seguir tomando- escribió, -es casi la 1:00 de la mañana no creo que encontremos algo decente- le conteste extrañado -vamos a un hotel- y mi respuesta final fue -dónde estás?-, al tiempo que salte del sofá, no espere su respuesta y fui hacia la habitación buscando pelea y dispuesto a todo para poder salirme de casa pero no fue necesario, Laura estaba profundamente dormida a causa de tanto alcohol, ni siquiera se molestó en quitarse la ropa y dudo que hubiera podido.

    Salí corriendo de ahí, subí al auto vi rápidamente el último mensaje de Mony en mi celular y fui a donde me esperaba, estaba solo a unas 3 cuadras de la casa, subió al auto y nos dirigimos a un hotel cercano, en el camino no hablamos más que para ponernos de acuerdo a que hotel ir… en este punto necesito explicar que ir con ella a un hotel o que ella lo propusiera, no significa nada en realidad, solo es un hábito que adquirimos en nuestras salidas con amigos, cuando ya muy noche los bares y antros cerraban, nosotros nos trasladábamos a un hotel adecuado para seguir la fiesta, lo cual nunca paso de ser eso, pero en esta ocasión y después de lo ocurrido anteriormente en la mesa de aquella fiesta, no pensaba en beber y era una oportunidad que no pensaba dejar pasar.

    Llegamos al lugar, pedí la habitación y unas cervezas al entrar ella se dirigió directamente al baño, yo prendí las luces, deje las cervezas en una repisa tomando solo una, me quite los zapatos y me recosté en la cama, no sé cuánto tiempo paso, Mony tardo mucho, comencé a sentir mucho sueño y pensé que me quedaría dormido pero el sonido de la puerta del baño al abrir me despertó, ella se subió por el otro lado de la cama opuesto al que me encontraba y yo sin bajarme de la cama me estire para alcanzarle una cerveza, la abrí y se la di, le dio un trago largo, la puso en un mueble que se encontraba de su lado y sin más se montó sobre mí y comenzó a besarme apasionadamente, no sé qué paso con mi cerveza pero antes de darme cuenta tenia mis manos en sus nalgas y su lengua tan profundo en mi boca como le era posible, puso sus manos en mi pecho y se levantó, sonriendo maliciosamente me dijo –me costó un poco hacerla enojar, y a ti- me dejo tan perplejo que no puede responder.

    Aun no salía de mi asombro cuando sin esperar respuesta de mí parte se quitó la blusa quedando desnuda de la cintura hacia arriba para aumentar mi sorpresa, no sabía en qué momento se quitó su sostén y no me importaba, enseguida se reanudaron los besos y las caricias y como es obvio no tarde en hundir mi cara entre sus deliciosas tetas, lamerlas, chuparlas y acariciarlas con las ganas que siempre quise hacerlo, poco a poco nos fuimos desnudando cuando al fin pude recostarla en la cama y retirarle sus shorts y calzoncitos para después usar mi lengua y recorrer con ella cada pliegue de su suave y húmeda concha, hundiendo mi lengua en ella, mordisqueando levemente con mis labios, aumentando y reduciendo el ritmo de cada chupada y lamida hasta que ya no pudo más y tomándome del cabello me jalo hacia arriba hasta tenerme frente a ella y con un excitante susurro dijo –cógeme mi amor, cógeme ya-, lo que obviamente hice sin más espera, ni siquiera hubo necesidad de apuntar, casi sin advertirlo mi pene fue entrando en ella al mismo tiempo era mi lengua la que ahora se sumergía en su boca intentando llegar a su garganta mientras aumentaba el ritmo y la profundidad de cada estocada, mis manos recorrían su cuerpo, sus senos, sus piernas, sus caderas, cada tramo de su deliciosa piel era un majar extasiaste que me envenenaba y en un momento mis dedos se escurrían entre sus nalgas hasta que sin poder resistirlo la punta de mi dedo medio entro en su culo caliente haciendo que arqueara su espalda oprimiendo mi dedo y mi miembro al mismo tiempo ocasionando que la penetrara con más fuerza y rapidez hasta casi correrme dentro de ella, y así hubiera sido de no ser porque me detuvo en seco empujándome para que me quitara.

    Su reacción fue tan violenta que pensé que se había molestado por mi audacia de invadir su culo sin su consentimiento y esperando un maltrato le pregunte titubeante que pasaba a lo que me respondió -espera- se quedó un momento recostada sobre la cama mientras a mí me comían las ganas de seguir cogiéndomela, entonces se levantó un poco y lentamente se giró para quedar boca abajo sobre la cama y sin voltear a verme como si sintiera algo de pena me dijo –mételo por atrás- y antes de que pudiera responder algo o siquiera moverme agrego –quiero saber lo que se siente-… ni siquiera la sorpresa fue suficiente para entorpecerme pues al ínstate estaba humedeciendo mi miembro con saliva para cumplir con su petición, mientras ella paraba sus nalguitas pacientemente yo se las separaba para dejar a la vista el magnífico obsequio que me entregaba, le acerque la punta de mi miembro y poco a poco comencé con un juego previo antes de intentar meterlo, debo confesar que soy bastante inexperto en esta práctica, solo en un par de ocasiones lo intente con Laura, logrando solo una de ellas y fue más doloroso que placentero para ambos, y que decir de Mony que tomando en cuenta sus preferencias sexuales era mucho más inexperta que yo.

    Así que durante un largo lapso estuve intentando entrar sin lograr mucho, ella estaba siendo muy paciente y yo me estaba desesperando y a punto de darme por vencido logre encajarle la puntita, lo que provoco un pujido ahogado en la almohada que me puso más caliente y estuve a punto de empujarle con fuerza el resto pero logre controlarme recordando la dolorosa experiencia con mi esposa… me moví lento y de a poco fui aumentando el ritmo sin llegar a mucho, cuando sentía que se relajaba penetraba un poco más su estrecho culito hasta que pronto ya tenía casi la mitad de mi verga adentro de ella, me encantaba la estreches de su ano en mi miembro y el sonido de su voz pujando y gimiendo en combinación, estaba haciendo un esfuerzo inmenso por controlarme pero valía la pena pues esta vez el acto era delicioso, así seguimos por unos minutos y cuando se relajó completamente me dijo –métemela toda- lo que hice de una vez provocándole una combinación de grito y gemido que ahogo en la almohada, sin dejar de moverme me fui recostando sobre ella y sujetando sus deliciosas tetas la montaba penetrando su culo tan profundo como podía y cada vez más rápido, ella seguía pujando, gimiendo y gritándole a la almohada y sacudiéndose cada vez más hasta que fue tanto el alboroto que tuve que detenerme, pero ella seguía moviéndose tratando de contener sus gemidos, fue cuando me detuve que la sentí temblando incontrolablemente y entendí que estaba teniendo un orgasmo, aunque quise hacerme a un lado mientras se tranquilizaba ya no pude, con cada contracción succionaba fuertemente mi verga y en conjunto con sus gemidos y el movimiento de su cuerpo no pude más, reanude el movimiento y como loco la penetre haciéndola gritar literalmente con la cara enterrada en la almohada oprimiendo las sabanas entre sus manos como si quisiera arrancarlas del colchón, por mi parte me vine dentro inundando su culito con grandes chorros de mi leche caliente sin dejar de penetrarla con menor intensidad cada vez, seguimos así durante unos minutos más hasta que lentamente fuimos quedándonos inertes lo cual tardo bastante, cuando todo era calma me recosté aun lado y ella se quedó tal como estaba.

    Lo siguiente fue que desperté ya casi amaneciendo, mire el reloj que marcaba las 5:47 de la mañana (aproximadamente), ella seguía en la misma posición en la que se quedó y me preocupe (su reacción durante el acto había sido muy violenta) así que la moví para despertarla, me costó trabajo pero al fin lo logre, me pregunto la hora y cuando la supo se levantó de inmediato tomo su ropa y se dirigió al baño para bañarse y vestirse lo cual hizo sorprendentemente rápido y al salir me dijo que teníamos que irnos ya, lo cual agradecí pues yo no tenía excusa para estar ahí.

    Básicamente sin hablar salimos del lugar, subimos al auto y durante el trayecto a su casa solo cruzamos un par de palabras, el alcohol y la falta de descanso causaron estragos en ambos, al dejarla se despidió de mi con un beso largo y tierno, me abrazo de la misma forma, como si no quisiera dejarme ir (o al menos así lo quise pensar) pero al final se fue sin decir una sola palabra.

    Cuando llegue a casa me prepare para lo peor, sabía que no podría justificarme y estaba dispuesto a aceptar lo que pasara, a dar la cara… siendo honesto, entre a mi casa sintiendo algo de temor, todo estaba en silencio fui hasta la recamara conteniendo la respiración y al verla acostada en la cama aún vestida me regreso el alma al cuerpo, creo que no es necesario describir lo que sentí, me fui al sofá y en minutos me quede dormido, horas más tarde me despertó el ruido de la licuadora, Laura estaba preparando el desayuno, aunque se sentía muy mal por la resaca estaba de buen humor, después de bañarme me senté a la mesa y me entere mientras desayunábamos que no podía recordar mucho de la noche anterior desde que llegamos a casa.

    Camino a casa de sus papas para recoger a nuestro hijo pensaba en la imaginaria competencia que tenía con mi esposa e inconscientemente sonreí mientras me decía a mí mismo “le gané por paliza”.

    Hombre Ingenuo…

  • Follando con mi vecina en la azotea

    Follando con mi vecina en la azotea

    A inicios de la cuarentena en el mes de marzo, aun hacía calor en Lima y la azotea del departamento donde habito con mi mujer, solía encontrarme con una vecina joven que con los días tuvimos encuentros furtivos a escondidas de nuestras parejas, fue una cuarentena de mucho sexo con mi joven vecina.

    El confinamiento cambio la vida de muchas personas, la mía se volvió más monótona de lo que ya era, pero sin embargo el Covid 19 me premio con una vecina joven hambrienta de mucho sexo.

    Para esto ya meses atrás se había mudado una vecina joven al departamento, continuo al mío el cual compartíamos azotea, cual solo nos separaba un muro de 1 metro. Solíamos cruzarnos, pero debido a la pandemia ella se quedó sola las primeras semanas, ya que resulta ella era la amante de un tipo casado el cual le había puesto ese departamento como para asegurarla como suya y seguro dándole demás caprichos, ya que se notaba casi siempre bien maquillada y acicalada como toda mujer que busca que la consientan.

    Resulta que en los días que uno podía salir solo algunos días y por género, el papá de mi mujer venía a recogerla con un pase especial, ya que solo se podía transitar muy rara vez, ocasión el cual yo me quedaba solo en casa haciendo algo de home office, pero algunas ocasiones salía a la azotea a respirar algo de aire poniendo música de mi móvil y tomando algún trago que tuviera a la mano.

    Hasta un día de mucho calor, me dirige más temprano de lo habitual a la azotea, para distraerme con el día ya que mi mujer se había ido por el fin de semana a casa de sus papás, y ahí estaba ella sentada sobre una silla de playa tomando solo con un bikini negro que marcaba perfectamente su pequeña figura, sería de 1.60 delgada, pequeños senos piernas formaditas con su copa de vino helado en su mano y con la mirada cielo cubriéndose con unos anteojos el brillo del sol.

    Me acerqué para cautelosamente y a la vez nervioso ya que tenía a tan bella hembra a metros mío con un muro entre ambos el cual controlo que la haya embestido y poseer tan bella mujer. La quede mirando unos segundos el cual ella giro y mirándome de reojo dio un salto de susto y dejando caer su copa que la caer se rompió.

    -¡Ayyy vecinooo… que sí que paso? -decía nerviosa palabras sin sentido.

    -No, descuida tu sigue, discúlpame más bien por saludarte antes y hacerme notar. Ten cuidado con el vidrio -mientras ella sentada miraba por donde no pisar ya que andaba descalza.

    -¡Cuidado, déjame ayudarte! -salté el pequeño muro rápidamente y le acerqué unas sandalias que tenía sobre una lavadora, ya que su azotea tenía un pequeño cuarto de lavado

    -Ok, gracias… pero ten cuidado también no te vayas a cortar -me encontraba en bividí además de un short y unas sandalias veraniegas.

    -Descuida -Le repliqué.

    -Cuál es tu nombre? -me dijo.

    Le dije el mío y también le pregunté por el suyo… entre nervios y risas por lo que había sucedido.

    Mientras ella se quitó los anteojos y se mantenía inmóvil ya que tenía el temor de quizás pisar los vidrios, hasta ese momento no hubo nada fuera de lo común hasta que volví a regresar al lado de mi azotea y ya ambos de pie mirándonos ella un poco avergonzada por estar en bikini tuvimos una charla provocativa.

    -Discúlpame por no pasarte la voz, pensé que estarías dormida y me acerqué con cuidado además mucho tiempo en el sol, podrías haberte bronceando mucho.

    -No descuida recién estaba disfrutando de la mañana y pensé que no habría nadie, ya no volveré a salir así tendré que privarme de este pequeño relajo que tenia

    -¡No, que dices!, discúlpame más bien si te incomode, no te prives de este calor además ya somos dos, ya que yo también había pensado tomar sol aprovechando que el verano está a días de irse. Si quieres te acompaño

    -Si, o sea… y tu mujer no subirá y no se amargará si nos ve así

    -No descuida ella no está, se fue el fin de semana a casa de sus papas y yo me quede trabajando home office.

    -Bueno Ok, pero que miedo te imagina si nos viera qué pensaría nos mata a ambos -riéndonos

    -No, bueno… creo que también haría lo mismo tu pareja si nos encontrase así.

    A lo cual ella me dio una respuesta corta, pero concisa.

    -La verdad no creo que se aparezca buen tiempo, él tiene sus hijas y esta que pasa con ellas la cuarentena, supongo que también al lado de su ex esposa… así que me queda, en fin, no quiero hablar de eso -mientras ella barría los vidrios de la copa y veía contornear su pequeña figura el cual notaba ya con el sudor que producía el calor.

    -Si deseas, pudo acompañarte y tomar sol mientras charlamos un rato.

    -Uhm bueno, si es que no estas ocupado -mientras ella volvía a acomodar su silla para seguir tomando sol

    Baje rápidamente, mientras me iba quitando la ropa sucia, la cual me manche, al cruzar le muro, busque mi ropa de baño más ceñida que podía tener, agarre mis lentes de sol, y agarre un par de latas de cerveza que tenía en la refri, y volví de inmediato

    Ya en la azotea, vi que no estaba y me dije seguro se arrepintió, empecé a mirar por la calle hasta que sentía que subía su escalera, ya se encontraba con un pareo mientras la veía acercarse meneando su figura como tratando de provocarme, en la y traía copas vacías con su botella de Riccadonna helada en las manos.

    -Hola, aquí estaba esperándote… pensé que ya te habías ido.

    -No, que va solo fui a traerme el resto de mi botella… pensé invitarte, pero veo que ya trajiste tu cerveza

    -Bueno, pero si me quieres invitar, no te voy a decir que no

    -¿Nunca dices no a nada acaso? -mientras ella me miraba toda picara

    -No, digo si… depende -mientras me sentía sonrojar

    -Pero donde te vas a sentar a acompañarme

    -Aquí en el muro no hay problema que me siente.

    -No, mira al costado de la lavadora tengo otra silla tráela si quieres para que te sientes y estés más cómodo

    Procedí saltar el muro otra vez teniendo cuidado, lavándome las manos rápidamente en su pequeño caño que tenía en su cuarto de lavandería, y a traer la silla y ponerla algo cerca de ella mirándola de perfil. Mientras empezó a sonar su celular al cual contesto y haciéndome una seña de silencio con su dedo le contesto a su marido.

    -Hola, si si, estoy aquí tranquila, ya el lunes viene mi mamá… si ayer compre cosas en plaza vea para cocinarme, ok no te preocupes si ya… estoy lavando la ropa… te llamo en un rato ok porque también ya me pongo a cocinar… ya un beso -colgando- ¡estúpido ahí! Encima que esta con su ex mujer me llama a controlarme… idiota.

    La notaba enfadada, pero en el acto procedí a quitarme el polo y solo quedarme en short mientras servía las copas de champagne para brindar, mientras ella se puse de pie y se quitó el pareo colándola sobre su silla… estábamos ya con calor del sol de casi del mediodía.

    -Uy, me olvide mi bloqueador… voy a tener que regresar…

    -No, espera tengo detrás de mi silla en el bolsillo

    Me acerqué detrás de ella y mientras sacaba su bloqueador, pude apreciar como sus senos estaban con sudoración, mientras me aplicaba en mi cuerpo y solo atine a provocarla.

    -Que lindas montañas se ven desde aquí

    -Montañas, pero si solo son cerros de arena y casuchas que se ven al fondo de la ciudad

    -Me refería a tus montañas -a los cual ella miro sus pechos y reímos ambos

    -Así!, así que te gustan mis montañitas… pero son muy chiquitas, yo la he visto a tu mujer y si tiene buen busto, tu sabes cómo somos las mujeres nos fijamos las unas a la otras

    -Bueno, pero no por eso me van a dejar de gustar otros bustos de las mujeres que veo por la calle

    -Ah ósea eres un mirón!… que dirá tu mujer… hombres solo se fijan en la figura… mañosos, con razón te acercaste a mirarme mientras estaba yo distraída

    -y tú? acaso que ves de los hombres… me vas a decir sus ojos y sus manos, acaso nunca te has imaginado como será un paquete de un hombre -mientras ella quedo muda y yo terminaba de echarme el bloqueador.

    -Bueno me fijo en muchas cosas, pero no quiero mencionarlas ahora… brindemos antes que se caliente el Riccadonna

    Mientras servía las copas, sonó mi celular y dije mi mujer, le hice la señal de silencio -así como ella me lo hizo- sonrió y se echó como disfrutando el sol mientras escuchaba nuestra conversación.

    -Hola amor, que tal llegaste… si ok… ya en un rato me pondré a cocinarme no tengo mucha hambre aun… ya amor entonces ya vamos hablando, besos saludos a tus papas

    -Uhmm, entonces tampoco tienes que comer ya somos dos que al parecer vamos a comer tarde.

    -Sí, bueno… cosas de la cuarentena tiene sus ventajas y desventajas, estaré solo el fin de semana relajándome un poco… pero también tendré que cocinarme algo

    -Entonces van a dejar solito a mi vecinito, estaremos solos, tendremos que darnos compañía pues

    Sentí en ese momento que mi verga empezaba a ponerse dura, tenía tanta excitación que me quedé mudo y ella solo a atino a mirarme y sonreír, no podía si se había dado cuenta que me estaba poniendo cachondo. Así seguimos charlando un poquito más… hasta que decidió pararse y decirme:

    -Bueno vecino ya me tengo que ir a cocinar -con voz de oh que pena

    -¿Que ya, tan pronto? -mientras estaba tomando la primera lata de cerveza que abrí

    -Si, bueno… sino que voy a comer

    En ese momento me levanté y me puse cerca de ella

    -Bueno vecina, pero en mi casa le podría invitar algo de comer -mi verga se iba poniendo dura

    -¿Así, como qué? -como tratando de que me insinuara

    -Bueno tengo mucha carne, ensaladas, bebidas frías… pero en especial mucha carne

    -Déjeme decirle que me gusta mucha la carne, pero de otro tipo -mientras se acomodaba el pelo al viento

    -Pues tengo de todo tipo, es más le puedo hacer un adelanto como una degustación de adelanto -procedí a bajarme el short de baño dejando escapar mi verga erecto con algo de fluidos

    -Vaya, que, si esa carne se ve jugosa, hasta chorrea -sonriendo y con su voz tornándose más excita -ella miraba mi verga, mientras yo bebía un sorbo de mi lata de cerveza.

    -Bueno esta vez tendré que rechazar su degustación, en verdad soy vegana

    A lo cual atine a mirarla como confundido… y la tome de su cadera y la pegue junto a mi como dándole entender de que esta no se iba a ir tan fácilmente.

    -Vecino!!! Que hace suélteme… No se va atrever a forzarme a hacer algo que yo no quiera -mientras sentía que su respiración se notaba más agitada

    -¡No vecinita, no voy a hacer nada que no le guste menos obligarme a chuparme la verga! -mientras ella quedándose muda solo atino a obedecer

    -Agáchate, no me vas a despreciar este pedazo de carne jugoso que sé que te va encantar, así seas vegana, esta carne si te va gustar y me vas a pedir todos los días -estábamos llevándonos de la arrechura.

    La agache mientras la bajaba del hombro, ella se puso en cuclillas y mientras se empezaba a masajear con una mano unos de sus pechos empezó a darme una intensa mamada de verga que me hizo dejar caer mi lata de cerveza al suelo.

    -Ahí tienes vecinita sigue así chupándola… ohhh que rico lo haces -mientras devoraba mi verga sucesivamente una y otra vez

    -Ves que te gusto sigue chupándola

    -Uhmmm Ohhhh uhmm slupp, slupp… rico… uhmmm ya extrañaba chupar una verga y la tuya me gusta

    -¿Más la de tu marido? -tratando de que me diera una respuesta cachonda

    -Uhmmm si!!… está más rica… la verga de mi marido no se le para tan firme como la tuya y la tuya es más cabezona uhmmm que rica verga uhmmmm sluppp

    -Y tú que rico la chupas, ni mi mujer lo succiona tan rico como tu… quiero que te tragues mi semen… ok… quiero que te lo tragues todo… ya que mi mujer no me da ese placer -eso hizo que la excitara más y empezó a masturbarme con intensidad mientras sentía que ya iba a explotar

    -Eres un atrevido, te aprovechas de mi porque estoy sola e indefensa uhmmm uhmm

    -No me aprovecho de nada, haces tiempo cuando cruzábamos miradas sabía que te gustaba y ahora me lo estas demostrando… bendita se está cuarentena, que por eso ahora me lo estas mamando así de rico -mientras la sostenía de la cabeza y follaba su boca, estábamos acalorados por el sol y mientras apretaba mis huevos y succionaba sin parar -ohhh ohhh me vengo, ¡me vengo!!

    Se arrodillo rendida al placer y deje venirme a chorros mientras veía que cerraba los ojos y disfrutaba de los chorros que le daba, atino a abrir su boca y mientras chorreaba algo de mi leche sobre sus mejillas y no dejaba de chupar solo repetía.

    -Uhhmmm que rico… que calentita tu leche… se ve que estabas cargando acaso tu mujer te tiene descuidado

    -No, tanto, pero tengo mucha leche para ella y para ti ahora… ¡¿Si ella puede compartir porque tu marido no?!

    -Cállate, uhmmm

    Mientras mis dedos se cruzaban en sus cabellos y veía como sus pechos al aire tenían pequeños chorros de semen y empezó a lamer mis bolas y a dejarme la verga tan limpia y reluciente al sol que solo disfrutaba de aquel espectacular momento.

    -Wao, sí que me dejas sorprendido de lo bien que lo mamas

    -¿Bueno tengo mis habilidades, y yo acaso no voy a recibir nada?

    Quedando sorprendido de que quería que me la follara, nos quitamos nuestros trajes de baño y mientras rosaba mis dedos sentía su vagina mojada, acto seguido la lleve al cuarto de lavado y colocándola sobre la lavadora con las piernas abiertas, empecé a lamerle su vagina y frotando con mis dedos sus piernas sus nalgas y su ano, el cual le excito y empecé a lamerle hasta el culo ya dilatada, empezó a pedirme que la follara; la baje y la coloque culo a mí y empecé a fallármela una y otra vez, su cuerpo se contorneaba de excitación ambos estamos con los con los aromas del bloqueador a coco nos sentíamos en la gloria

    -Te gusta que te folle verdad… nunca imaginaste que esto pasara… y ahora pasara las veces que queramos

    -Si, a lo mejor pero no debe saber nada tu mujer ni mi marido porque nos matan, pero tienes que follarme como no lo hicieras a tu mujer ok

    -Ahora serás mía… no tengo problemas en compartirte -mientras seguía penetrándola una y otra vez hasta que la rodeé de sus tetas y sentí venirme- ya me vengo otra vez.

    -Espérate, no puedes venirte en mí -se giró y empezó a chupármela de nuevo- vente vente

    -Ohhh Ohhh… toma toma ahhh

    Volví a venirme a chorros con menos excitación, mientras ella me exprimía la verga hasta para que no dejase escapar ningún chorro, solo veía su cara sudorosa y su cuerpo de cuclillas mientras miraba mi verga y se encargaba de lamer todo nuevamente.

    -Bueno ahora si ya me tengo que ir, tengo que cocinar

    -Bueno vamos, te acompaño

    Medio sorprendida, bajamos a su departamento y entramos a su ducha y nos refrescamos por el momento, mientras nos besábamos y ya entregados a la infidelidad, prometimos seguir viéndonos a escondidas.

    -¿Mañana que seguiré solo, nos vemos en la azotea de nuevo?

    -Ok, pero porque mejor no me visitas esta noche, ya tardé plan de 11 pm mi marido me llama por la noche para despedirse -mientras me acariciaba mi espalda de lo abrazados que estábamos y yo solo arrimaba mi verga con su concha.

    -Igual yo mi mujer me llama para despedirse, te visito en la noche… quiero seguir follándote, pero en tu cama

    -Ok, será nuestro pacto

    Intercambiamos números, ella en bata y yo con un pantalón de buzo y un que me presto de su marido, fuimos a su cocina y cocinamos algo express… mientras ella servía yo la besaba del cuello y le acariciaba las piernas, fuimos libres por un momento, nadie nos iba a interrumpir.

    -Bueno ya regreso en la noche, me esperas lista ok, te silbo (silbe con un tono fácil de reconocer)

    -Ok, ese será nuestro llamado -mientras nos mirábamos con excitación

    Regrese por la azotea y salte, con mi ropa de baño en la mano hacia mi azotea y regrese a descansar, esperando que sea la noche para nuestro nuevo encuentro, así con la hora pactada y ya libres de llamados, fui a la azotea silbe y ella desde la puerta entre abierta que daba acceso a su casa, grito que pasará, así tuvimos una noche de más sexo, mas mamadas y muchas poses del Kama Sutra el cual dominaba, y entre mi decía con razón ese viejo la tiene en un altar, tremenda hembra que te hace feliz en la cama… ya a plan de 3 am y cansados sobre la cama, le dije:

    -Ya me voy -con voz de pena

    -No, quédate mañana es domingo y nadie se mueve en las calles, ni nos molestaran

    -¿Segura? -Mientras le acariciaba sus caderas y atinaba a oler y besar su cuellito

    -Si quédate no quiero estar sola, tenemos todo este tiempo para nosotros

    Así nos quedamos a dormir en su cama y al amanecer nos sentíamos tan liberados como si no existieran nuestras parejas, pasamos un rico domingo desnudos sobre su sofá, mientras solo guardábamos silencio cuando nos llamaban, bendito covid 19 y gran mujer que vi por algunas ocasiones más, hasta que se aligeró la cuarentena y ahora yo paro más con mi mujer y su marido viene a verla seguido… aunque nos quedamos con la promesa de que nos veremos en algún momento después que pase todo… nos deseamos y eso no cambiará por ahora.

  • Estaba obsesionado con Laura

    Estaba obsesionado con Laura

    Estaba obsesionado, debo reconocerlo.

    Laura estaba tan buena, tenía un cuerpo tan perfectamente voluptuoso y pleno, que de solo pensar en ella ya se me insinuaba una erección. Quería cogérmela a toda costa y de la forma que fuera; esa era la verdad. Pero ella parecía no darse cuenta de que yo la perseguía con la mirada y con todo lo que estuviera a mi alcance para intentar un acercamiento y así poder hablarle y llevarla al terreno de la conquista, que terminaría seguramente cuando nos encamáramos y gozáramos como dos animales.

    Muchas veces la había imaginado desnuda metiéndose en mi cama y diciéndome muy suave al oído que deseaba ser mía, y que por favor la hiciera acabar una y otra vez como solo yo era capaz de hacerlo mientras comenzaba a tocarme suavemente la pija y la alistaba para, segundos después, meterla dentro de su boca y chuparla con tanta pasión que yo no era capaz de retener el orgasmo, y explotaba inundándola de semen. La sola idea de vaciarme dentro de ella hacía que me volviera loco, me sacaba de quicio.

    Laura era una joven delgada y de carne firme como la roca; sus ojos color miel, su boca y su cuerpo terriblemente sensual que invitaba al placer hacían de ella un animal sexual perfecto. Todos los días, mientras viajaba a mi trabajo en el maldito transporte público que siempre venía repleto, pensaba en ella y la erección aparecía.

    Una noche, ya de regreso a casa, estaba más lleno que de costumbre. Viajaba parado y para poder correrme un pequeño lugar tenía que hacer grandes esfuerzos y pedir disculpas por empujar a los demás pasajeros. Llegué casi hasta la mitad y ahí quedé, ya que se había terminado el espacio y era imposible seguir avanzando.

    Fue así que justo delante de mí estaba parada una muchacha que intentaba mantener el equilibrio ante los sacudones del ómnibus; evidentemente le resultaba una tarea imposible, ya que el conductor parecía empecinarse en conducir mal y en convertir al vehículo en una coctelera donde todos nos movíamos a su ritmo.

    No sé qué ocurrió; realmente no lo sé.

    Pero el hecho es que sin poder evitarlo, comencé a frotarme contra su culo ante los reiterados vaivenes, y mi verga despertó, comenzando a agrandarse y a abultar dentro de mis pantalones. Quise hacerme a un lado y evitar que ella se diera cuenta, pero justo en ese momento el micro volvió a sacudirse terriblemente, y le apoyé de pleno el miembro; mi desesperación fue total.

    Estuve tentado de disculparme, pero preferí esperar y ver si había notado el bulto: no dijo ni una palabra ni se dio vuelta para increparme.

    “Menos mal”, pensé.

    Nuevamente ocurrió el percance, y mi pija seguía aumentando de tamaño ante cada roce; la mujer continuaba como si nada. Decidí que intentar moverme era evidenciar la situación, por lo que decidí hacerme el distraído y continuar los frotes pasara lo que pasara; me quedaba la excusa de decirle que no tenía otra opción, dada la cantidad de gente que viajaba.

    Repentinamente ella giró la cabeza y me miró con una leve sonrisa.

    “Dios mío, ahora me golpea”.

    Y en ese instante sentí una suave caricia a la altura de mi bragueta, una cálida mano que recorría mi pene desde la base hasta la punta, como midiéndolo.

    Ahora era ella quien buscaba apoyarse fuertemente contra mí, y bamboleaba el culo, aunque de una forma imperceptible para los demás pasajeros; me puse a pensar en Laura, ya que se le parecía bastante, y entonces, lentamente, comencé a masajearle la cola como respuesta a su toqueteo. Bajé un poco la mano hasta llegar a su pierna y descubrí una minifalda. Subí su pollera con mucho cuidado de no ser visto por nadie, metí los dedos por debajo de la bombacha y busqué desesperadamente su vagina, para poder comenzar a excitarla, pero cerró sus piernas de tal forma que me fue imposible efectuar la maniobra.

    Allí descubrí un detalle: era una chica gordita.

    “Aquí no” me dijo en voz muy baja al darse vuelta y mirarme nuevamente.

    Retiré mi mano, la falda volvió a su posición, y yo quedé a la espera de su decisión.

    “Bajemos”, me dijo resueltamente.

    Como pudimos, y no sin pisotear a varias personas, conseguimos llegar hasta la puerta y por fin bajamos. Era inmensamente bonita, y confirmaba mi impresión de su peso, aunque poseía un cuerpo increíblemente armonioso y llamativo. Sus tetas parecían estar puestas a presión dentro de su corpiño y daban la impresión de no poder permanecer por mucho más tiempo allí dentro; eran los pechos más enormes que había visto en mi vida.

    “¿Vivís con alguien?” Preguntó.

    “No, vivo solo”.

    “Entonces vayamos a tu casa, la mía queda demasiado lejos de aquí”.

    Paré un taxi, subimos y fuimos rumbo a mi departamento. En el viaje no pude esperar y toqué su pierna con tanta vehemencia que creí que el taxista estaba viéndonos. Iba de la rodilla hacia arriba y le levantaba la pollera, que dejaba ver unas medias negras y una tanga del mismo color. La muchacha abrió levemente las piernas y guio mi mano hasta su intimidad, pero inmediatamente la sacó y se acomodó en el asiento sin decir una palabra, y pasó el resto del viaje en silencio mirando por la ventanilla.

    Cuando por fin llegamos, la invité a sentarse y beber una copa, lo que aceptó de buen grado. Fui a la cocina a buscar hielo, y cuando volví, la encontré en ropa interior recostada en el sillón. Realmente, y pese a sus kilos de más, poseía un cuerpo voluptuoso y extraordinario; tal como había deducido, tenía las tetas gigantes y perfectamente paradas, y había metido su mano bajo su diminuta tanga para frotarse el sexo e ir preparando el terreno que yo visitaría en unos minutos. Debo decirlo: estaba extasiado con ese panorama, y a esa altura, terriblemente caliente. Su masaje ya comenzaba a acompañarse con lentos movimientos de su pelvis hacia delante y atrás, y para completar la escena, se sacó toda la ropa y volvió a estimularse.

    “Sacá la pija, la necesito”, rogó.

    No la hice esperar: también yo me desnudé por completo y tomándola de la mano la llevé hasta la cama; ambos nos tiramos en ella y comenzamos a tocarnos desesperadamente, metió su lengua en mi boca y jugueteó unos instantes, mientras con su mano tiraba bien hacia atrás la piel de mi pene y comenzaba a acariciar el glande.

    Me acostó boca arriba y se acomodó sobre mí; ahora podía disfrutar por primera vez y en su verdadera dimensión de sus pechos monumentales y sus salientes pezones color cereza. Agarró con sus dos manos la pija y comenzó a hacerme una paja con tal lentitud que creí que iba a morir de placer; grité que había llegado al límite de la exasperación, se la puso en la boca y comenzó una mamada como jamás nadie me la había hecho, era una gloria y mi placer, infinito.

    Estaba a punto de acabar, y ella lo notó. Sin decir palabra se acostó y me pidió que le apoyara la pija entre las tetas, lo que hice con urgencia. Era tal mi necesidad de descargar, que empecé a empujar locamente mientras ella apretaba sus melones contra mi miembro para crear mayor superficie de contacto y brindarme más placer. No pude más: largué el primer chorro de semen que fue a parar a su cara, y los siguientes espasmos inundaron sus tetas mientras ambos gemíamos por el orgasmo simultáneo que habíamos logrado. Mientras yo sacudía sobre su vientre mi aparato para drenar las últimas gotas que quedaban, ella se metía la mano llena de semen en la boca, y lo saboreaba con una mueca de lujuria.

    Fui al baño a higienizarme, y cuando volví a la cama, la encontré descansando boca abajo. Tenía un culo amplio y parado, con la carne firme y sedosa. Me senté a su lado y comencé a acariciar los cachetes con la mano abierta; ella hizo una mueca de placer, y comenzó a gemir con intensa suavidad. Poco a poco fui entrando en clima y nuevamente se me empinó el palo, por lo que mi excitación aumentó rápidamente, y mis masajes se hicieron más seguidos e intensos. La muchacha también había entrado en clima, y jadeaba sin cesar, pero no se movía. Le separé las piernas y pude ver su vagina casi sin vello púbico y mojada; le separé los cachetes y empecé a lamerle la raya, deteniéndome en el agujero del culo, que ante mis embates, se dilató en una invitación al placer.

    Rápidamente busqué la almohada y se la puse debajo del vientre, para que esa preciosa cueva quedara lo más expuesta posible; a esa altura, ella resoplaba como un animal e imploraba que la cogiera y la hiciera acabar. Me planté justo detrás, sostuve la verga, y con la mano la guie por esa preciosa cola hasta que encontró el hoyo; con un leve esfuerzo le metí la cabeza, y esperé porque me pareció escuchar un leve quejido de dolor. Continué, ya desesperado de calentura, y en un loco embate se la pude meter hasta el final.

    Ella gritaba y jadeaba; con una mano me tocaba la base del miembro, mientras con la otra se masajeaba el clítoris y se metía los dedos bien adentro pidiendo a gritos que me sacudiera; comencé a bombear dentro de ella en forma tan tremenda como en mi primer polvo.

    Sus nalgas golpeaban contra mis huevos y mi pelvis y me hacían calentar más; su caverna estaba deliciosamente lubricada y cálida, y mi pija se regocijaba en ella. Sentí venir el orgasmo, y con movimientos casi bestiales mandé las últimas embestidas, hasta que largué los chorros de leche sin cesar.

    Ella continuaba gimiendo y tocándose con desesperación, mientras gritaba que necesitaba mi miembro en su concha, por lo que se puso boca arriba, me acomodó, y guiándome con la mano, se la introdujo hasta el fondo, rodeando mi cintura con sus piernas y efectuando unos movimientos de caderas tan elásticos y violentos como nunca antes había visto en mi vida.

    Jamás había sentido tanto goce, el miembro se perdía entre sus deliciosas carnes, y yo le apretaba y chupaba las tetas como si fuera la última vez. No podía más.

    “Vaciate en mí, por favor”, gritó con la voz ronca y los ojos dados vuelta del orgasmo descomunal que estaba experimentando; era una máquina de coger y acabar. Finalmente, y luego de una soberano esfuerzo, llegué al clímax nuevamente y eyaculé en ella, quedando un rato con mi miembro dentro, hasta que comenzó a quedar fláccido. Nos besamos y tocamos largamente antes de separarnos.

    Encendí un cigarrillo y la abracé: nunca había cogido tan estupendamente como con esa chica extraordinaria. Su gordura había resultado una bendición.

    “Ni siquiera nos hemos presentado”, expresé en una pausa del cigarrillo. “Me llamo Nicanor”.

    “Y yo, Laura”, contestó dulcemente.

    Mi sorpresa fue mayúscula, y una sonrisa se apoderó de mí. ¡Finalmente, y después de todo, me había cogido a Laura!

  • De Facebook a la cama y apenas lo conozco

    De Facebook a la cama y apenas lo conozco

    Lo conocí en Facebook, apenas un mes y medio después de lo de Enrique, su nombre es Jordi Mejía, al principio no le hacía mucho caso, me mandaba mensajes de imágenes bonitas y cosas así, pero nunca le ponía atención.

    Una noche mientras estaba en mi celular atendí un mensaje de él, comenzamos a charlar y la charla fue tan amena, que lo hacíamos diario, el me comentaba mis fotos y me invitaba a cenar, yo lo dudaba al principio, pero un jueves de hecho acepté salir con él.

    Cuando lo vi me gustó mucho, un joven de 29 años, de piel blanca ojos cafés, fornido y elegante, ¡guau!, fue mi primera expresión al verlo.

    El me atendió educadamente, yo llevaba un traje de vestir ajustado ya que salía del trabajo, conversamos un rato, la cena fue maravillosa, eran las 9:00 PM y me invito unos tragos por un bar de Insurgentes, fui gustosa, entre copa y copa salieron charlas desde tristes hasta calientes, nos empezamos a contar como fue su primera vez y la mía, lo que más nos gusta de nuestro cuerpo y esa charla nos llevó a lo que ¡inevitablemente pasaría!

    J: ¡Oye! ¡Qué guapa eres, que cuerpo tienes nena!

    K: Tu igual eres muy guapo

    J: ¿Lo has hecho con alguien menor que tú?

    K: ¿Jajá que pregunta?

    J: ¡Es que yo quiero ser el primero!

    Lo miré seriamente, pero mi cabeza comenzó a imaginar ese encuentro, de pronto él se acercó a mí y me miró fijamente, ¡sin dudarlo comencé a besarlo!, besaba muy rico, sus labios eran carnosos, su mano me acariciaba la cintura, el momento se volvió muy hot, yo con mi mano le acariciaba la pierna.

    J: Vamos a mi departamento, ¡claro si quieres!

    Yo: ¡Déjame avisar que llegare tarde!

    J: ¿Guau tu marido no te dice nada?

    Yo: ¡No! ¡Él sabe que si llego tarde es porque me salió algo bueno jajá!

    J: Uf, ¡que marido!, yo no te compartiría con nadie!

    Yo: ¡Pues aprovechemos que el sí!

    Me llevo a su departamento típico de hombre soltero, pero muy elegante.

    Me ofreció algo de tomar, pero yo sin decirle nada comencé a besarlo, el cedió fácilmente, ¡comenzamos a desnudarnos mutuamente!

    Nuestra ropa estaba regada por el pasillo hacia su habitación, una vez dentro el me tiro en su cama, el joven elegante y educado desapareció y se convirtió en una fiera, me besaba de los pies hasta mis ojos, me acariciaba como desesperado, sus manos eran grandes y fuertes, su pene era grueso no tan grande pero circuncidado, yo lo acariciaba suavemente mientras el besaba y jugaba mis pezones, su mirada fija y desafiante mientras sus dientes apretaban mis pezones.

    Sonreí mientras el lentamente bajaba a mi vagina, comenzó a olerla y pasar dos dedos por encima, ¡la sobaba muy rico mientras su lengua yacía en mis ingles!

    “¡Que placer” poco a poco la llevo a mis labios vaginales, laos besaba tiernamente, pero al mismo tiempo bruscamente, esa sensación!

    Estaba yo maravilla con la su lengua me daba mucho placer, comenzó a meterme un dedo y lo movía jugueteando mi clítoris, el cual mordía y apretaba, ¡uf estaba gimiendo como loba en celo!

    K. ¡Así que rico lo haces papi!

    J: ¡Sabes a Gloria!

    Nos acomodamos en un 69, comencé a devorar esa verga “hermosa”, mientras el metía su lengua y la sacaba, abrió mis nalgas y desde mi ano la llevaba a mi clítoris, que placer, yo devoraba fieramente su verga, ¡la mordía suavemente y me atascaba con ella hasta ahogarme!

    Estuvimos devorándonos un buen rato, me sorprendió que no se venía, solo se ponía más y más duro.

    J: ¡Déjame ponerme el condón!

    K: No nene, dámela así, ¡ya no quedare embarazada!

    J: ¡Dios mío que zorra!

    K: Métemela papi, ¿o tienes miedo?

    Esas palabras bastaron para que se calentara, me acostó y me abrió las piernas como compas a 90 grados, me sonrió y me la empezó a meter suavemente, ¡uf! ¡Que rico resbalaba dentro de mí, él se movía rico, su movimiento de pelvis me hacía sentir su dura verga rozar todo por dentro!

    J: ¿Te gusta?

    K: Si, sigue así

    Me besaba las tetas y mi cuello, yo lo apretaba fuerte, me levanto las piernas y pegando mis pies en su frente comenzó a moverse más bruscamente, que rica pose.

    ¡Su verga entraba por completo en mí, ¡así papi dámela! ¡Le decía yo mientras gemía del placer que me provocaba!

    Después me puso de lado en la orilla de la cama, se levantó y así me la dejo caer, me acariciaba los muslos y las nalgas, ¡me apretaba la frente y se movía fuertemente!

    J: ¿te gusta?

    K: Si, ¡me encanta!

    Me la daba fuertemente, yo gemía del placer que sentía, con fuerza me puso en cuatro y me ensarto fuertemente, ¡que ricas nalgas! Decía mientras me cogía riquísimo, yo también movía mis caderas como se dice en la actualidad “perreándolo” la sensación era magnifica, el me apretaba tan fuerte mi cadera yo me movía también con fuerza, de pronto comencé a venirme, ¡dios que rico orgasmo! ¡Él también estaba por correrse, pero la saco y me hecho todo en mis nalgas!

    J: ¡Uf, que rico, que rico!

    K: ¡Papi que placer!

    Ya no pensaba en mi marido, ni en que estaba con un hombre que apenas conocí y era ms joven, solo disfrutaba del momento.

    Creí que todo había terminado, pero no fue así, el me tomo de la mano y me puso de rodillas a mamársela nuevamente, yo devoraba esa manguera que escurría leche caliente aun, él me tomaba de la cabeza y me miraba sonriendo, ¡qué suerte tengo! Dijo mientras me empujaba su pene hasta mi garganta.

    Ni con mi marido llegue a ser así, de hecho, una vez terminaba se aseaba, pero esto era muy caliente.

    Estuve comiendo su carne un rato hasta que nuevamente se endureció como roca, esta vez lo acosté en la cama y dándole la espalda comencé a cabalgarlo, él me tomaba de la cadera y me movía velozmente, ambos gemíamos, yo le besaba los pies mientras él me daba de nalgadas.

    J: ¡Así mami, muévete, que rico lo haces!

    Yo: ¿Te gusta?

    J: Me matas, ¡uf como destrozas mi verga!

    Sin sacármela me di vuelta para verlo de frente, me seguía moviendo como licuadora, sentía como me entraba hasta mis entrañas, ¡el gemía y me mordía las tetas!

    J: ¡Que rico mami, que rico!

    Debes en cuando me daba de sentones, el sonido provocado me ponía a mil, ambos gritábamos, el me movía más fuerte, sentí como comenzó a inflarse, y nuevamente nos corrimos juntos, ¡esta vez me lleno mi vagina de su semen caliente y espeso!

    K: ¡Así nene, así!

    J: ¡Eres la mejor!

    Terminamos exhaustos, nos quedamos abrazados un rato, platicando y besándonos, el me dejo ducharme, al vestirme nuevamente regreso el joven caballero, me pidió un Uber y me mando a casa.

    Llegué a casa y mi marido me cuestiono, pero le di una mentira piadosa y eso lo calmo.

    Ya estaba perdida, ¡ahora solo pensaba en que nueva experiencia tendría la cual esperaba con mucha ansia!

    Kali

  • Una noche en la aldea

    Una noche en la aldea

    Este relato comienza una noche como otra cualquiera en donde los cuentos acaban y empiezan las fantasías, varios aldeanos y aldeanas nos encontrábamos en una taberna en un pueblo cercano al nuestro. Entre todos, destacabas tú, morenita, muy bien proporcionada, tenías el pelo recogido en una coleta y llevabas un vestido de algodón, algo suelto, con una falda algo rasgada que dejaba ver con claridad tus contorneadas piernas.

    La noche transcurría por los cauces habituales, cerveza, hidromiel, bailes… Ya la madre blanca estaba en lo alto, con esa luminosidad que da al estar llena, tú dijiste que tenías que tomar el aire y me ofrecí a acompañarte. Nada más salir y entre dos balas de heno vomitaste. En esos momentos no estabas especialmente atractiva, pero no podía dejar de mirar tus piernas y el tanga que se intuía bajo su vestido.

    Estuvimos andando unos cuarenta minutos para que te diera el aire. Yo te hablaba, pero no parecías enterarte de nada, sin embargo los continuos roces con tu cuerpo, dado que ibas apoyada sobre mí, me estaban provocando una tremenda excitación.

    Llegamos a un prado y decidimos sentarnos. Te sentaste, apoyándote sobre mis piernas y creo que te quedaste dormida. No pude por menos que alegrarme dado que hubiera sido difícil disimular mi erección en esos momentos. Pero entonces, un providencial golpe de aire levantó tu vestido lo justo para que pudiese ver tus piernas en toda su extensión, justo hasta el elástico de tu tanguita. Estiré la mano para devolver el vestido a su posición normal y al hacerlo rocé tu piel con las yemas de mis dedos… estaba caliente.

    Aparentemente estabas dormida y no puede evitar acariciarte un poco más. Deslicé mi mano desde tu rodilla hacia arriba apenas rozándote con las yemas de los dedos estaba nervioso, pero no podía parar. Mi mano alcanzó el elástico de tu tanguita sobre tus caderas y siguiendo el borde alcancé el pequeño triángulo de tela que cubría tu sexo.

    Te miré y continuabas dormida, así que decidí ir más allá y deslicé mis dedos sobre aquel pedacito de tela dibujando una S sobre el tejido, casi sin rozarlo.

    Suspiraste levemente, lo que me excitó aún más así es que comencé a juguetear con mis dedos. De pronto abriste los ojos e instintivamente retiré las manos. Me miraste nerviosa mientras te colocabas el vestido y al hacerlo se te cayó la faltriquera. Me agaché para recogértela, apoyándome instintivamente sobre tu rodilla y al levantarme pude ver perfectamente aquel triangulito de tela que segundos antes estaba acariciando, me quedé embobado mirando y entonces te recostaste un poquito y me dijiste susurrando… ‘Me gustaría que siguieras’.

    Aquello me dejó totalmente helado y tardé algunos segundos en reaccionar. Finalmente me decidí y comencé a besar tus piernas comenzando desde las rodillas, subiendo lentamente, apenas rozando tu piel con mis labios, deslizaba mi lengua sobre la cara interna de tus muslos, levantando el vestido con mis manos según avanzaba hasta que mi nariz topó con tu tanguita.

    Te miré y puse mi mano sobre el borde, tirando de él hacia arriba, haciendo que presionase tu sexo. Se te escapo un leve gemido mientras mi dedo dibujaba el contorno de tu sexo sobre el tejido de su tanguita. Puse mis manos sobre tus caderas y bajando, arrastré su tanguita hacia abajo, dejándolo sobre tus rodillas.

    Humedecí un poquito mi dedo índice y lo deslicé desde tu pubis hacia abajo, jugueteando con tu clítoris apenas rozando los labios y subiendo muy lentamente, presionándolo con la yema.

    Noté como tu respiración se aceleraba y unos gemidos muy suaves comenzaron a salir de tu boca mientras mi dedo se deslizaba bordeando tu clítoris, apenas rozándolo. Suspiraste profundamente en el momento en que puse mi dedo sobre él y comencé a masajearlo, haciendo pequeños círculos sobre él presionándolo con la yema muy despacito.

    Tú jugueteabas con mi pelo, acariciando mi nuca y con suavidad empujaste mi cabeza contra tu sexo. Así que deslicé mi dedo un poquito más abajo y mi lengua ocupo su lugar, bordeando tu clítoris, humedeciéndolo, besándolo…

    Mis labios lo envolvieron y comencé a juguetear con él dentro de mi boca, lamiéndolo, presionándolo con mi lengua. Lo succioné con mucha suavidad y mientras tu estiraste las piernas cerrándolas un poquito. Sentía la presión de tus muslos sobre mi cara y tu respiración muy agitada y entonces salió de tu boca un suspiro muy profundo, relajándote al instante, te estabas corriendo.

    En ese momento oímos el relinchar de unos caballos, estábamos en el prado cerca de nuestra aldea. Te tapaste te corriendo, nos incorporamos tratando de tranquilizarnos, eran otros aldeanos que venían ya para casa, nos buscaban así que tuvimos que interrumpir nuestro encuentro. Nos levantamos y nos dirigimos hacia la aldea. Ya llegando a la entrada de la villa, me dijiste al oído que: «esto no acaba aquí, que ya te tocaría a ti hacerme gozar».

    Lo que tú no sospechaba es que yo había ya gozado con lo sucedido.

    Espero que te guste un cachito.

  • Su fantasía y mi sorpresa

    Su fantasía y mi sorpresa

    Ayer les relaté mi experiencia con Geovanna, la sobrina de Diana, de quien me habló de que tenía problemas en lograr orgasmos durante sus relaciones con su marido y que también quería experimentar por primera vez el sexo anal. Pues creo que comenzamos con el pie derecho, pues Jova, en su primera experiencia logró un orgasmo que ella me lo describió como fascinante.

    Ayer, regresó después de una semana para otra ronda sexual y en esta ocasión quiere experimentar con juguetes sexuales y simular una doble penetración. Para ello, he comprado varios juguetes los cuales espero sean del agrado de esta chica de 27 años. Para los que no leyeron el relato anterior, Jova es una chica de apariencia esbelta, de un metro y 77 centímetros de altura y unas 130 libras de peso. Tiene un rostro y cuerpo atractivo, con dos tatuajes en su cuerpo: uno de signos musicales a un costado de su abdomen y otro de jeroglíficos en su espalda baja.

    Como se lo pedí, viene con una blusa deportiva de color fucsia y con pantalones de vaquero bien ajustados a su atlético cuerpo. En el proceso de desnudarla, veo que me ha complacido trayendo un calzón cachetero del cual imaginé iba a tener una buena proyección en sus nalgas y que, según ella, también es más confortable que la tanga que usaba la primera vez que la desnudé. A pesar de que ya había estado desnuda conmigo y de haberme follado cada exquisito orificio de esta linda chica, ella siempre muestra ese nerviosismo o por lo menos creo que está tensa como la primera vez. Por lo menos hoy sabe lo que le espera y lo único nuevo que vamos a integrar a este juego sexual, son los juguetes que he comprado para esta ocasión.

    Compré algunos en recomendación de la vendedora, quien me sugirió un anillo para mi verga, el cual a la vez tiene un pequeño vibrador que en diferentes posiciones también puede estimular el clítoris de tu pareja. Dos consoladores de diferentes tamaños, que según la chica son lo que ella recomienda, pues son los que se sienten más naturales según ella. Unas bolas para la estimulación anal y un tapaculo que tiene como dos secciones, una más grande que la otra y ambos según la vendedora con el material de mejor calidad y de los pocos que tienen vibrador.

    Creo que Jova estaba ansiosa de cómo será esta nueva ronda y en lo que a mi respecta, pues yo ya he vivido esta experiencia jugando con similares juguetes con alguna de las chicas que he estado. Este día también habría una sorpresa para mí que no me la esperaba.

    Jova tenía tanto en su imaginación que cuando le quité ese calzón cachetero de un color rosa, ya los tenía muy mojados. Ella a primeras me comenzó a dar un oral y en minutos tomamos la posición del 69 en el cual Jova estaba sobre mí. Teníamos preparado los juguetes en la cama y habíamos acordado en usarlos a como diera nuestra imaginación. Tomé el consolador pequeño el cual es un poco más grande y grueso que mi pulgar, quizá de unos 12 o 15 centímetros y se lo mojé con sus jugos vaginales y lentamente comencé a penetrárselo en su excitada conchita. Lo puse en vibración media y solo escuchaba esa combinación de la vibración del aparato y el chasquido de ese mete y saca del aparato.

    Le pedí a Jova que posara y estirara sus alargadas piernas sobre la cama, pues así en posición de rodillas por sobre mi rostro, su concha me quedaba muy elevada para hacerle sexo oral. Ella extendió sus piernas, dejándose caer con cuidado y comencé a chuparle el clítoris y ella seguía tragándose mi verga en esa posición del 69. Tomé de nuevo el vibrador pequeño, el mismo que ya le había penetrado en su conchita y se lo comencé a sobar es su ano mientras seguía chupándolo su concha.

    Este pequeño vibrador termina con un pequeño ángulo en la punta y según la vendedora es ideal para estimular el punto G y también para estimular las paredes sensibles del ano. Comencé en hacer presión en su ano, hasta que una buena parte de ese vibrador penetro el culo de esta preciosa chica. Creo que la combinación del vibrador en su culo y el calor de mi lengua en su concha, le sobrexcitó que luego estaba con ese vaivén y rozando con más ímpetu su concha sobre mi boca. Por un momento se dejó llevar por ese placer, pues dejó de mamarme la verga y ella vivía ese primer orgasmo del día, el cual otro le acompañó enseguida y otro más leve después. Tuvo unos cinco minutos orgásmicos donde Jova no decía nada, más que se oían sus gemidos y ese chasquido de su concha friccionando mi boca y ese consolador vibrando en su hermoso culo. Fue espectacular ver esa corrida… me excité tanto que, si me la hubiese estado mamando, hubiera acabado en ella.

    Paramos la penetración con el vibrador pues para Jova se le había vuelto cosquilla y ella se puso de rodillas y me comenzó a mamar la verga, pues sabía que también yo estaba sobrexcitado y me mamaba la verga con tanta intensidad y mientras con una de sus manos me sobaba mi ano, me hizo acabar con una rica corrida. Le llené su boca de mi esperma y me la siguió mamando hasta sacarme la última gota. Nos limpiamos con una toalla que teníamos listas y nos fuimos a tomar la primera ducha del día.

    Según Jova, es primera vez que vive orgasmo múltiples y creo que debe estar en esos genes, pues su tía Diana, ella es multiorgásmica. No me lo podía explicar, pues hasta sus 27 años vivía estas experiencias. Creo que un buen porcentaje de las mujeres pueden tener orgasmos múltiples si se les excita y se mantiene esa excitación hasta que sucumba. Diana, la tía, ella realmente me sorprende de cómo en unos cuantos minutos puede llegar a tener 5 o 7 orgasmos muy fuertes y luego tiene que trabajar estimulándose para conseguir otro. Diana me ha dicho que ni ella misma lo sabe… de repente le pueden llegar y otras veces la debo estimular por largos minutos para lograr uno. Creo que es cuestión también de paciencia, de darse el tiempo y no esperar con ansiedad llegar a obtener uno.

    Cuando nos activamos sexualmente con Jova, tenemos en mente ambos en experimentar esa fantasía de esta chica en sentir una doble penetración. Unto el tapaculo con suficiente lubricante, le aplico un poco de lo mismo a su ano y en posición de perrito comienzo la penetración hasta llegar al nivel más grueso. Quizá sean unos 15 centímetros de largo, pero de un buen grosor, y estos son diseñados para que queden sin ser atendidos y que no ocurra una situación que lamentar, pues no se pueden introducir totalmente por su diseño. Le pongo la vibración más alta y comienzo a pompear la conchita de Jova y donde puedo sentir esa vibración que manda lo que le he insertado en su rico culo.

    Esto debe ser tan excitante para Jova, que de su concha escurre abundante líquido y donde escucho ese chasquido de mi verga saliendo y entrando de su rica y bien depilada concha. Ella participa con ese vaivén frenético que hace rechinar mi cama. Sus nalgas chocan con mi pelvis y le taladro impetuosamente que hasta siento algunas gotas de sudor cayendo por sobre mi espalda. Ese vibrar de ese aparato en su culo me llegaba causándome enorme placer y obviamente esto reducía y hacía sentir la concha de Jova más apretada. Ella siente el clímax y me pide que se la pompee con embates más fuertes. Pone sus tetas sobre la cama y siento como su vagina se contrae y me hace sentir más que esa vibración en mi pene. Su vagina produce un calor distintivo y siento que me aprieta descomunalmente y ella tiembla del placer que no sé si está llorando o riendo. Acabo en ella, pues tenía ya un buen tiempo de no sentir una vagina que apretara tanto y creo que esto era producto de ese vibrador en su culo. Creo que fue una mejor corrida comparada a la primera.

    Nos recuperamos tomando un almuerzo liviano y continuamos la faena con otra fantasía de Jova. Esta vez ella me pidió si permitiese que me sodomizara con uno de los juguetes. Acepté, haciéndole pensar que era mi primera vez, aunque ya me lo han hecho algunas mujeres en el pasado. Me puso de espaldas y me comenzó a besar la espalda hasta llegar al ojete de mi ano. Ahí se entretuvo lamiendo mi culo y esto me excitó tanto que mi verga se puso más dura que antes. Pensé que lo iba a intentar con el consolador más pequeño, pero usó el que a ella le había insertado en su ojete una hora antes. Le echó una buena cantidad de lubricante y sentí la invasión del aparato. Me relajé, pues no creo que alguien haya usado algo más grueso que este anteriormente en mi ojete.

    Una vez que había logrado esto, Jova me pidió que hiciéramos otra vez el 69, pero en esta ocasión ella estaría abajo. Comenzó a darme una rica mamada y fue cuando ella activó el vibrador a toda su potencia y me hacía vibrar hasta los huevos. Yo hice lo mío propio, y mamándole su conchita logré insertarle a su ojete ya bien dilatado el consolador más grande, que creo es de 18 centímetros, al igual es más grueso. Pero ella había ya asimilado el tapaculo que yo ahora tenía en mi ano, pues este no fue muy difícil hacerlo penetrar en esta posición.

    Se oía el ruido de la vibración, el jadeo con las palabras de “¡Que rico!” De Jova y al igual ambos comenzamos a sentir ese clímax de una nueva corrida y Jova comenzó a acelerar el ritmo, yo dependía de la constancia de su mamada, pero Jova no puede mamar cuando siente que se está yendo. Me suelta la verga y me sacude su concha en mi cara y yo meto y saco ese vibrador con más ímpetu en su culo y puedo ver como su concha se contrae e incluso, de esa contracción en su intestino y su ojete, expulsa el vibrador y puedo ver su ojete contrayéndose de puro placer.

    Piensa que me va a hacer acabar mamándomela, pero yo le pido que se ponga en cuatro, de perrito por sobre el mismo sofá que me la cogí una semana atrás. Seguía con ese tapaculo trabado en mi ojete y le meto toda mi verga en el canal rectal de esta linda mujer. Tanta era la vibración de este aparato, que Jova me dice que ella siente esa vibración también. Comienzo a pompearle el culo a esta chica, mientras ese vibrador me sacude el culo con inmensa fuerza. Pensé llegar al orgasmo en minutos, pero Jova me lo anunciaba de nuevo y me pidió le taladrara el culo con todas mis fuerzas. Tan pronto explotó con sus alaridos de placer, le dejé ir una rica corrida. Terminamos sudados y con una respiración profusa que nos tomó minutos en recuperar la normalidad.

    Ayer cogimos rico con Geovanna. Creo que al igual que su tía Diana, ella vendrá a hacer una de esas chicas disponibles en momentos de calentura. No creo que tenga problemas de no llegar al orgasmo, sino que nunca la han calentado lo suficiente para que ella pueda explotar como un volcán. Esa es la ventaja creo yo de una persona mayor como yo. Ya pasamos muchas aventuras que tomamos el sexo con la misma excitación, pero también con el tiempo para disfrutarlo y en ello, que nuestra paraje también lo disfrute. Date una oportunidad de follar con una persona mayor y podrás vivir una emocionante experiencia. Regularmente no vamos por acabar, vamos para darte placer.

    En este encuentro con Geovanna, tomamos video pues en el futuro quiere volver a vivirlo y verlo a través de un monitor. Pensó que lo iba a hacer con mi celular, pero nunca imaginó que tenía en mi habitación cámaras de alta definición ocultas, pero que luego le mostré y nos vimos follando, lo que provoco que le sodomizara ese rico orificio de un redondo y voluptuoso trasero.

  • Coge unas bragas y nos vamos

    Coge unas bragas y nos vamos

    Llevaban tiempo conociéndose y ya habían tenido algún encuentro, pero querían algo más que sexo.

    Habían programado asistir a un concierto y ya tenían todo. El día de antes, mientras hablaban por teléfono, ella le comentó que se la había chafado el plan que tenía para esa noche, él no lo dudo y la propuso coger algo de ropa y marcharse el fin de semana juntos.

    Ella aceptó y en menos de 2 horas tenían preparada una bolsa y las ganas de estar juntos. Una vez juntos, buscaron donde poder ir aunque lo importante era pasar esos días juntos.

    Durante el viaje se dedicaron gestos de cariño y alguna que otra caricia picarona.

    Él tenía unas ganas inmensas de tenerla entre sus brazos y no sabía cómo disimular y ella tampoco se quedaba atrás.

    A mitad de camino pararon en una estación de servicio para estirar las piernas y tomar un café. Una vez fuera del coche él se abalanzó para besarla y la apretó contra el coche. Ella le siguió el juego y estuvieron un rato jugando con sus lenguas, ella también se apretó contra él y notó como su pantalón tenía un ligero bulto y se sonrió para sus adentros.

    Pasaron al bar y decidieron tomar algo para descansar y fumar un cigarro. Estando allí sentados, ella le dijo que tenía que ir al baño y le recomendó que también fuera él porque quedaba bastante viaje y debían hacerlo del tirón. Así que bajaron juntos, los baños tenían una zona común y luego dos puertas que daban acceso a los respectivos baños de cada uno.

    Una vez allí, en el momento que se iban a separar, ella le cogió de la mano y se lo llevó para el interior del baño de señoras. Rápidamente se metieron en uno de los aseos y le dijo: «creo que tenías un bulto por aquí», mientras sus manos le acariciaban esa zona, se arrodilló, le desabrochó el pantalón y comenzó a mamarle la polla. En un primer momento la polla estaba dormida, pero según se la iba metiendo y sacando de la boca y la lengua jugaba con su glande esta iba creciendo. Ella estuvo un rato chupando y lamiendo hasta que decidió levantarse y darle la espalda sin soltar la polla que ella misma había puesto dura y que tenía en las manos.

    Ella iba con una falda cortita y solamente tuvo que subirla un poco y apartar el tanga para dirigir lo que tenía en sus manos dentro de su coño.

    La primera embestida fue lenta, pensando que costaría más, pero no fue así, porque ella estaba bastante húmeda. Una vez tenía la polla dentro, sus manos se dirigieron a la pared y comenzó a moverse para notar entrar y salir el miembro de él. Ambos comenzaron a moverse y fueron acompasando el ritmo. Él estaba muy excitado. Llevaba todo el viaje pensando en ese momento y también por la mamada que le acaba de hacer, así que tuvo que parar para no venirse tan pronto. Según estaban, ella con el culo pegado a la polla de él, la abrazó y bajó sus manos por delante hasta sus labios y comenzó a masajearla y a buscarla el clítoris. Ella apretaba el culo contra el miembro de él y disfrutaba de sus dedos, hasta que su mano también se bajó a su coño y comenzó a ayudarle a masturbarla.

    Tantos dedos jugando con sus labios y clítoris la hicieron venirse y tener un orgasmo intenso, pero tras recuperarse se volvió a lanzar con su boca a la polla de él para volver a chupársela. Esta vez de manera salvaje y ayudada por sus manos que le acariciaban los huevos.

    Ella sabía que eso le excitaba mucho y en breve conseguiría que el también soltara su semen. En el momento que él empezó a eyacular ella se metió la polla en la boca y no paró de jugar con su lengua hasta que él dejo de correrse.

    Tras esto, se colocaron la ropa y salieron con disimulo del baño para emprender camino a su destino…

  • Antes del café (Capítulo 8): Mañas de mujeres

    Antes del café (Capítulo 8): Mañas de mujeres

    Intervención de la narradora:

    La noticia de Braulio desató un profundo silencio. Azucena estaba perpleja mirando fijamente su taza de café. Angustiadamente, dio rienda suelta a su interrogatorio.

    – ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Cuándo te vas a mudar? ¿A dónde? ¿Aquí mismo o fuera de Puerto Vallarta? ¡Dime por favor que no te irás lejos!

    -Tranquila, Azu -serenó Braulio-. Es aquí mismo, un poco más cerca de la playa. El día previo a tu boda daré el enganche y a partir de ese momento podré ocupar el departamento. No te lo anticipé porque ayer cerré el trato con el dueño del edificio. Prometo que cuando llegue ese día te llevaré a conocerlo a ti y a nuestros papás.

    Azucena agachó la cabeza, evidentemente triste. Pensó que no había más tiempo para tener el placer de llevar a la cama a su hermano antes de casarse, solamente tenía ese mismo día o el siguiente fin de semana. Así que, con el miedo en el fondo de su ser, se camufló bajo la apariencia de una hermana amorosa y arrastrada por sus impulsos carnales, se lanzó a los brazos de su hermano arrimando todo su cuerpo a él y lo felicitó.

    -Estoy orgullosa de ti, mi lindo hermanito. Has logrado muchísimo en tan poco tiempo.

    Braulio, gustoso, sonrió y sintió demasiada tranquilidad. El abrazo ya había durado mucho cuando de pronto, Braulio deslizó una de sus manos por la espalda de su hermana hasta el resorte de la prenda inferior del pijama y metió uno de sus dedos.

    Al sentir eso, Azucena apretujó más fuerte a su hermano y él introdujo un poco más su mano, alcanzando a masajear ligeramente la parte superior de sus glúteos.

    – ¡Tss, ah! -susurró Azucena, quien comenzó a pasear delicadamente sus manos por detrás de su hermano, seguidamente de caricias en el cuello y levantando la playera para manosear su espalda.

    Braulio se quedó estático al presentar tales sensaciones y escuchar aquel conjunto de gemidos. Parecía estar reprimiendo su excitación, pero fue inminente que su miembro tuviera principios de una erección. Su próxima acción sería atreverse a llegar más hondo con sus manos en el trasero de su hermana, inclusive Azucena ya se había preparado para alzar una pierna, pero, desafortunadamente, sus padres salieron de su habitación y los cachondos hermanos tuvieron que separarse deprisa.

    Los padres les preguntaron porqué estaban levantados tan temprano y Braulio aprovechó para darles la noticia de su nueva adquisición. De esta manera, procedieron a congratularlo y todos hicieron un brindis con tazas de café mezclado con tequila. En dos semanas estaban programadas dos fiestas y eso era motivo de felicidad para la familia, primero la inauguración de la nueva vivienda de Braulio y al siguiente día la boda de Azucena.

    Interrumpiendo la pequeña celebración, Braulio anunció que saldría a la costa para divertirse con sus amigos de la universidad que tanto extrañaba y negociar la compra de un automóvil. Azucena hizo el intento de convencerlo de ir con él, pero se negó, ya que argumentó que era algo personal.

    Braulio salió de casa y tomó un taxi, mientras que Azucena, algo decaída, quiso alistarse para ir a ver a su prometido, sin embargo y para colmo, le llegó la advertencia del comienzo de su ciclo menstrual y prefirió permanecer en su recámara.

    La historia continúa relatada por los protagonistas.

    Versión de Azucena:

    Me hallé en mi cama, encogida, padeciendo los dolores de cada mes y al mismo tiempo pensando tanto en lo que acababa de acontecer. Ahora sí, sin mentir, era un mar de emociones.

    No paraba de pensar en el consentimiento mutuo con que mi hermano y yo estábamos escribiendo el principio de un capítulo inusual en nuestras vidas. En mi mente comenzaron a fluir ideas fascinantes.

    -Esta vez parece que va en serio. Mi fetiche puede hacerse realidad. Se nos atraviesa una semana que se me hará como una eternidad, pero el fin de semana siguiente me desquitaré y no dejaré que me ponga una excusa, antes yo le pondré una bubi en su boca y lo callaré. Tendré la iniciativa. Voy a hacerlo solo por mi bien, por no quedarme con la curiosidad.

    Mis fantasías fueron pausadas por una llamada telefónica. Se trataba de Erick. Después de saludarlo y preguntar cómo está, la discusión comenzó.

    -Ya me siento mejor -expresó-, solo tuve una crisis emocional pero ya está solucionada. No debí permitir que llegáramos a esos extremos antes de casarnos, por eso te pido disculpas y te prometo que nuestra vida sexual será única y extraordinaria.

    -Eso no te exime de lo idiota que te comportaste después -me sinceré-. Ignorarme, dejarme de hablar y negarte a salir conmigo ¿cuándo te lo he hecho yo a ti?

    -Pero, mi amor, de verdad estoy arrepentido por eso y no volverá a suceder -aseguró él.

    -Pues más te vale -amenacé-, porque en vez de preguntarte si cumples con mis expectativas en el sexo deberías cuestionarte si eres maduro para el matrimonio. No tengo ganas de hablar.

    -Pésimo día para pedirme perdón -me dije a mí misma después de colgar el teléfono.

    Era increíble que a exactamente dos semanas de casarnos tuviéramos discusiones como nunca las habíamos tenido. Presentía que sería una probadita de lo que nos esperaba cuando fuéramos marido y mujer. Me llevaba las manos a la cara en señal de frustración.

    Reanudé el momento de sueños eróticos que estaba teniendo con mi hermano, pero la inquietud me envolvió al ver que mi prometido me llama al teléfono repetidas veces.

    -Si sucede y me gusta demasiado coger con mi hermano, tanto como para volver a hacerlo ¿seré capaz de engañar a Erick? ¡Pero qué tonta! De por sí ya le sería infiel a nuestro noviazgo. Incluso le estoy siendo infiel con la imaginación. Definitivamente no estoy lista para el matrimonio. Ahora ¿cómo se lo planteo?

    El resto del día me la pasé meditando sobre cómo renunciar por la paz al compromiso de contraer nupcias con Erick o cómo sobrellevar mis impulsos. Para ayudarme un poco, busqué en internet foros de mujeres donde expresé mi situación en espera de algún comentario, pero fue una novela extranjera, cuyo nombre no recuerdo, la que me dio la respuesta.

    Al siguiente día me presenté a trabajar luego de mi incapacidad y terminando el horario laboral acudí con mi super amiga Ingrid. Ella ya sabía de mi problema, pero fui franca y le confesé lo que sentía, incluyendo mi deseo sexual por mi hermano, Después de informarme que adquirió un nuevo departamento, le pedí un favor del tamaño de su trasero.

    -Tengo un plan y tú estás involucrada en él. No me quiero sentir mal por ponerle el cuerno a Erick, así que te pido amablemente y por favor que consigas follar con él antes de nuestra boda. Y si puedes adiestrarlo en el sexo estaría bastante mejor.

    – ¿Estás loca? Yo con un impotente, nunca -se indignó Ingrid.

    -Ahora resulta que la más zorra de las zorras no quiere darse el lujo con un treintañero y sus 17 centímetros de chorizo -repliqué enfadada.

    -Suena bien, pero ¿qué me darás a cambio, querida? -insinuó ella.

    -Todo lo que deseas los hombres te lo dan, ¿por qué me pides algo a cambio? -pregunté.

    -Calma, amiga, lo que quiero es sencillo -explicó Ingrid-: Me gustaría que a fin de año, en vísperas de mi cumpleaños, solicites tus vacaciones de ley y viajes solo conmigo a Europa. Además de que cooperes con la mitad de los gastos. No creo que para entonces tu marido se haga el macho y te lo prohíba. ¿Qué dices?

    -¡Por eso te quiero mucho amiga! -exclamé alegremente-. Pero tienes que filmar tu cogida con Erick. Prométemelo, es para tener evidencia.

    -De acuerdo -aceptó-. Al fin que ya se me hizo costumbre con Braulio.

    – ¡¿Qué!? -grité atónita.

    – ¡No me digas que no te ha contado nada! -dijo llevando sus manos a la cara.

    – ¡¿Contarme qué?! -pregunté exaltada.

    -Nada, espera a que él te cuente -me dejó con la duda-. Yo te estaré enviando el video de mí garchando con tu novio el viernes por la noche. Bye.

    Tomó sus cosas y se marchó. Obviamente fingí que no sabía lo que hay entre mi hermano y ella, pero por lo que mencionó, me hizo pensar que Braulio me lo debió haber confesado desde hace tiempo. Además de que mi amiga es una cínica de primera.

    El resto de esa semana no coincidí con mi hermano en ningún momento, como era de esperarse. Asimismo, seguí ignorando a Erick con la finalidad de que fuera más fácil para él acceder a follar con Ingrid debido a mi desprecio.

    Llegó el viernes, eran las 8 de la noche. Yo ya me encontraba en casa e Ingrid me iba poniendo al tanto sobre su cachonda encomienda. Me explicó que citó a mi novio en un bar para ayudarle supuestamente a reconquistarme porque él sentía que me había perdido.

    El tonto cayó en la trampa, fue a verla y después de varios tragos se embriagó mientras que Ingrid permaneció sobria. Ella lo llevó a un hotel y después de un rato recibí por whatsapp sus videos echando palo. Me asombró lo masculino y guarro que se vio Erick bajo los efectos del alcohol.

    A la medianoche, Ingrid me avisó que mandó a mi novio en un taxi a la casa de sus padres (porque seguía viviendo con ellos) y que ella se encontraba en su apartamento. «Misión cumplida», le dije agradeciéndole.

    Escuché el azote de la puerta principal y después alguien llamó a la puerta de mi habitación. Supuse que era Braulio, así que traté de arreglarme rápido, le abrí y lo invité a sentarse junto a mí en mi cama. Me dijo que tenía dos cosas que contarme y pidió mi atención. La segunda me haría ruinas el alma.

    -Primero, te confieso que he estado teniendo relaciones sexuales con Ingrid desde hace un año, espero que no lo tomes a mal. Y segundo, mañana temprano viajaré a Cancún a una conferencia de trabajo y regresaré hasta el lunes.

    Versión de Braulio:

    Arribé en poco tiempo al departamento de Ingrid. Era mentira que vería a unos amigos en la playa, pero tampoco iba a con la intención de hacer cosas malas con Ingrid, aunque sí se dieron, pero no fueron nunca mi intención.

    Ingrid me invitó por medio de whatsapp a disfrutar el domingo con pizza y cerveza mientras nos dedicábamos a pintar las paredes y acomodar los muebles en su nueva vivienda.

    Ella vestía un sexy short de cintura alta y cuero negro y un crop top de malla transparente color fucsia que me permitía admirar su brasier de encaje negro, lo cual me sedujo un poco, aunque me pareció raro que estuviera dispuesta a mancharse de pintura así, pero ella me explicó que era ropa vieja. Vaya lujitos.

    Terminando de pintar todo, ella me sugirió que empezáramos por acomodar los muebles de la habitación. Apenas había acomodado la cama y ella me emboscó acostándome boca arriba, me ató de manos a las esquinas, me bailó sensualmente y desenfundó mi espada. Enseguida, ajustó su cámara en la pared detrás de la cama y filmó el sometimiento sexual.

    Inició masturbándome y haciéndome un oral exquisito, en el que todo el tiempo me vio a los ojos con su pícara mirada. Luego se deshizo de su crop top, puso mi pito entre sus pechos dentro de su brasier y me hizo una rusa fenomenal. Amaba cuando frotaba mi verga con sus tetas mientras mi glande le llegaba a la boca y lo relamía paseando su lengua en círculos.

    Instantes después, ella me dio la espalda, se bajó el cierre de su short (no tenía prenda interior), lo dejó a la altura de sus rodillas y de esta manera se enterró mi pija en su coño. Yo quería no ser el único en el mundo que gozara de ver a una mujer dándose sentones aún con su vestimenta inferior puesta para que alguien entendiera el placer visual que se sentía. Es decir, el brillo del cuero de su short mientras que sus nalgas rebotaran contra mis muslos me causaba gran excitación.

    Ingrid no pensaba en cambiar de posición ni en desatarme, solo quería disfrutar de mi miembro clavándose en lo profundo de su cavidad vaginal una y otra vez a diferentes velocidades que ella controlaba, mientras frotaba arduamente su clítoris.

    Transcurrieron varios minutos y ella se corrió pero también se cansó, así que se hincó echando el trasero hacia atrás y yo movía mi pelvis de manera que le entrara y saliera mi verga.

    Después de un rato me cansé y ella continuó con los sentones. Tanta fue mi excitación visual y de mi pene siendo follado que le avisé que estaba cerca de venirme. Entonces, ella se quitó y volvió a meter mi vara en su brasier con la punta en su boca y después de masturbarme con sus senos le eché mi semen en su boca y le escurría hacia sus tetas. Fue una imagen impresionante que quedó grabada para el recuerdo.

    Luego del delicioso momento ella me desató, se recargó en mi pecho, recogía con sus dedos la leche que le quedó en los pechos para llevarla a su boca y me halagó suspirando entretanto yo le acariciaba el cabello.

    -No quería involucrar mi corazón pero estoy enamorada de tu vergón. Lo quiero por unos años más ¿te agrada la idea?

    -¿No has encontrado a alguien que te satisfaga más que yo? -pregunté.

    -Ni siquiera lo he buscado -contestó-. Ni siquiera creo que exista.

    -Pero algún día te aburrirás de mí -comenté.

    -Mientras te disfrutaré y sacaré el mayor provecho posible -dijo al mismo tiempo que besaba mis clavículas y mi pecho.

    -Si vamos a seguir así creo que lo mejor sería decirle a Azucena de lo nuestro -opiné.

    – ¿Estás seguro? -me cuestionó.

    -Sí. Ella ha sido insistente en hablar de sexo -expliqué-. Además, hoy tuvimos leve contacto piel con piel. ¿Quién se lo dice? ¿Tú o yo?

    -Mira, tú cuéntale hoy en la noche y yo le cuento mañana en el trabajo -propuso-. Así no tendremos mayores problemas con ella.

    -De acuerdo -cerré y nos levantamos para seguir con el quehacer.

    Fue hasta la noche que acabamos de darle el toque al departamento y regresé a casa. Agotado y adolorido, me cubrí con mis sábanas y dormí, pensando que algo se me estaba olvidando.

    Al siguiente día desperté listo para mis actividades cotidianas. Eran las 9:30 cuando llegó a mi casa la muy puntual y guapa de mi alumna Lizbeth, quien seguía en sus días, pero eso no fue estorbo para darnos unos besos cachondos. Ella no pudo evitar revelarme su gran apetito sexual.

    -Me quedé con ganas de su anaconda este fin de semana, profesor, pero el próximo será toda mía.

    Me sentía cautivado por sus encantos, no obstante, yo deseaba tener al menos el sábado disponible para estar en casa y que se diera la maravillosa oportunidad de coger con mi hermana. Así que se lo aclaré.

    -Me parece perfecto, pero tendrá que ser hasta el domingo.

    -El sábado también -respondió-. Ya verá, profesor.

    -Estaré ocupado el sábado, baby -comenté.

    -Si usted lo dice -insinuó dejándome en suspenso.

    El resto de la semana, Lizbeth insistía que ambos días del fin de semana se la pasaría echando polvo conmigo. Llegado el viernes, me sorprendió verla en la oficina, en lugar de que se presentara a la universidad. Todo el tiempo me observaba y me seguía como una adolescente enamorada. Luego de un rato desapareció de mi vista y lo agradecí, pues no quería que el jefe me viera con ella.

    A las 7 de la noche tuve junta con el jefe y demás compañeros. Entre otras cosas, mi superior eligió a quienes lo habrían de acompañar a un congreso de conferencias en Cancún y me seleccionó a mí. Por tanto, pensé que mis planes de coger, sea con Azucena o con Lizbeth, se habían arruinado.

    En camino a casa, siendo casi la medianoche, recordé que desde el domingo en la noche debía haberle contado a Azucena sobre mi relación sexosa con Ingrid. Me di manotazos en la frente, pensando que ya se habría enterado por cuenta de Ingrid, pero decidí armarme de valor para hacérselo saber en cuanto llegará a casa.

    Estando en casa, sin hacer escalas, toqué a la puerta de la habitación de Azucena. Ella me invitó amablemente a pasar y sentarme con ella en la cama, pero le pedí de su atención para comentarle aquellas dos situaciones.

    -Primero, te confieso que he estado teniendo relaciones sexuales con Ingrid desde hace un año, espero que no lo tomes a mal. Y segundo, mañana temprano viajaré a Cancún a una conferencia de trabajo y regresaré hasta el lunes.

    CONTINUARÁ…

  • El culo virgen de Eden

    El culo virgen de Eden

    En el sitio de búsqueda de parejas para sexo casual donde soy miembro, había una chica interesada en encontrar un «sugar dady» que la ayude económicamente a cambio de pasar un buen rato juntos.

    Intercambiamos mensajes durante varios días hasta que entendí que la chica con solo 19 años estaba sola en el país ya que sus padres estaban en California y ella debería arreglárselas sola como pueda.

    Eden era virgen y fue clara en todo momento que su experiencia sexual era casi nula y que quería conservar su virginidad.

    La idea de pasar una aventura sexual con una chica sin casi experiencia y ser su maestro y guía me excitó enormemente y acepté sus condiciones.

    A mis 70 años ser el maestro sexual de una niña inexperta de 19 es una oportunidad que no se presenta todos los días.

    La invité a mi casa, pero se negó y dijo que en nuestra primera cita prefería que fuéramos a un hotel donde se sentiría más segura, ya que era la primera vez que hacia una cita de tono sexual y que solo el dinero la movía a esta cita.

    La pasé a buscar por su casa y fuimos a un hotel de citas no muy lejos de su barrio.

    Eden era además de virgen muy vergonzosa y le costaba mucho relajarse y adaptarse a la situación de estar con un hombre mucho mayor que ella.

    Después de charlar un rato y de tomar un par de copas se fue distendiendo y las risas y besos fueron apareciendo.

    Jugamos un juego de naipes donde quien perdía debería quitarse una prenda así que en un par de minutes ambos estuvimos desnudos totalmente.

    Ya desnudos comenzamos a tocarnos uno al otro y besarnos dulcemente, ella aun con mucha timidez…

    La llevé a la cama y empecé con unos masajes en la espalda y las piernas que rápidamente paso a transformarse en una gran masturbación de su clítoris inflamado que la llevo a tener su primer orgasmo entre gemidos y temblores descontrolados de su cuerpo.

    El siguiente paso fue tratar de introducirle un dedo en el culo a lo cual se negó al principio, pero se fue aflojando y mis dedos visitaron lo más profundo de su culo entre gritos de dolor y placer.

    Le besé todo el cuerpo chupándole las tetas que estaban duras y paradas hasta llegar a su coño virgen, pero empapado de jugos calientes que no dejaban de fluir de su pequeño coño.

    Le di una mamada de película llevándola a orgasmos espectaculares que llenaron mi boca de jugos calientes y deliciosos.

    Ya era hora de tener mi turno y es cuando le pedí que me chupara la verga se negó, diciendo que nunca lo había hecho y le daba un poco de asco y no sabría como hacerlo.

    Le expliqué con su dedo en mi boca como debería hacerlo y luego con mis dedo en su boca para practicar, Eden no estaba aún convencida, pero entre una cosa y otra puse mi verga en sus labios que instintivamente se abrieron dejando entrar mi verga en su boca.

    Pese a todas las explicaciones la chupada no fue muy buena y habrá que mejorar para la próxima vez.

    Nos quedamos abrazados en la cama un buen rato hasta que se giró y puso su culo apretando mi verga que volvía a endurecerse.

    Aprovechando la posición embadurné su culo con una buena cantidad de gel y le fui apoyando la verga en su hoyito que lentamente se fue relajando y la punta de la cabeza de la verga se metió en su culo.

    Eden pegó un grito por la sorpresa, pero yo empuje más y unos cuantos centímetros estaban ya en sus entrañas.

    Eden jadeaba y suspiraba sin cesar y yo lentamente fui metiendo toda mi verga en la profundidad de su culo hasta que mis bolas tocaron sus nalgas.

    Eden se movía en forma espasmódica, pero yo no le saque mi verga del interior de su culo hasta acabar dentro con un par de chorros de leche tibia.

    Cuando la saqué me encanto el espectáculo de mi leche saliendo de su culo y verla resbalar por sus nalgas.

    Nos besamos largamente y nos duchamos juntos enjabonado nuestros cuerpos uno al otro.

    Después de vestirnos, tomamos otra copa y le di el dinero que habíamos acordado y Eden me agradeció no solo por la ayuda económica sino por la noche de gozos y experiencias que tuvimos juntos

    La llevé a su casa y quedamos un nuevo encuentro en dos semanas, pero en mi casa!

    [email protected]