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  • Luis y José Luis (4)

    Luis y José Luis (4)

    Mi relación con Luis estaba pendiendo de un hilo, después de mi aventura en Brasil, las cosas con Luis se habían apagado un poco, seguíamos sin conectar sentimentalmente y ahora el sexo también se estaba desgastando, él estaba cada vez más ocupado en su trabajo y yo en el mío, su cumpleaños cincuenta estaba cerca y habíamos planeado ir a pasar el fin de semana en una casa que tenía en Cuernavaca, yo esperaba que ese fin nos sirviera para poder tener sexo como antes, así que compre velas aromáticas, un conjunto de lencería color vino casi transparente y muy pequeño, una pijama de seda delgada y sexy y un traje de baño pequeño y provocativo, quería demostrarle que quería volver a como éramos al principio.

    Esa fue la primera vez que usaba mi auto en autopista y estaba muy emocionada. Al llegar a su casa en Cuernavaca noté que había otro auto estacionado en el garaje, no quise preguntarle de quien era o por qué estaba ahí, entramos por el jardín y ¡oh sorpresa! Sus hijos estaban platicando cerca de la alberca, sentí un hueco en el estómago, en definitiva no esperaba que hubiera otras personas con nosotros durante el fin de semana.

    Nos acercamos a ellos y me los presentó, eran José Luis de 26 años y Rafael de 20. Me miraron fijamente, examinaron cada centímetro de mi ser y siguieron con su conversación como si nada.

    Subimos a la habitación principal y Luis me dijo que había planeado ese fin de semana para que conociera mejor a sus hijos, porque creía que eso iba a reforzarnos como pareja, le sonreí con desagrado y me fui al baño. Cuando salí él ya estaba en la alberca tomando con sus hijos, me tragué mi orgullo y me puse mi traje de baño que había comprado especialmente para esa ocasión.

    Me tome a prisa dos cervezas para evitar que me diera vergüenza salir con tan poco ropa y convivir con los hijos de mi novio.

    Luis al verme cambio su expresión lucía enojado, pero trató de disimularlo, yo me metí a la alberca y seguí como si nada, seguimos tomando tequila toda la tarde, prepararon una parrillada en el jardín y comimos todos juntos, al terminar subí a bañarme y preparar el cuarto para la sorpresa que había preparado para Luis.

    Prendí las velas, acomode una botella de vino y unas copas cerca de la cama, me puse mi lencería y encima la pijama de seda, me maquille un poco y me puse perfume, una vez lista me acomode en la cama para esperarlo. Luis entró al cuarto y miró alrededor, cerró la puerta y me pidió que quitara todo eso, me dijo que no era “apropiado” porque estábamos en la misma casa que sus hijos, me enoje, apague las velas, tome la botella de vino y salí del cuarto, me senté en la escalera y destapé el vino, me sentía muy decepcionada, empecé a tomarme el vino directo de la botella, baje a la cocina, prendí la luz y me senté junto al refrigerador, me termine la botella de vino, de pronto entro a la cocina José Luis y se quedó viéndome fijamente sin decir nada, alcé la mirada y traté de levantarme pero estaba tan mareada que no logre hacerlo, José Luis se río y se sentó junto a mí.

    Estuvimos platicando como si fuéramos los mejores amigos, teníamos muchas cosas en común y él era muy gracioso, de pronto sin esperarlo me besó, cuando separo sus labios de los míos me quede observándolo un instante y lo volví a besar, esta vez fue un beso más dulce y largo, al terminar me levanté a prisa y salí de la cocina, él me siguió y me tomo de la mano, “tranquila, está bien, no te preocupes” me dijo susurrando, volví a mirarlo fijamente y algo me impulso para volverlo a besar, me tomó de la cintura y empezamos a caminar hacia el jardín, una vez afuera me soltó y me retó a entrar a la alberca, le sonreí y sin pensarlo me lancé, el entro justo después de mí, estuvimos nadando unos minutos, se acercó a mí y me empujo hasta la pared de la alberca, me acomodo el cabello y me beso apasionadamente, rodeé su cuello con mis brazos y peque su cuerpo con el mío, me quitó la blusa de seda y se sorprendió al ver mi casi inexistente brasier, mis pezones se transparentaban, estaban tiesos por el frio y la excitación, aun así me lo quitó, puso sus manos mojadas en mis senos y los apretó juntándolos para después empezar a besarlos, eso me encanta, hace que pierda la cabeza, bajé las manos y le quité el short, no traía ropa interior, así que empecé a jugar con su pene, José Luis me soltó las bubis y me bajo el short de la pijama, tomó los pequeños resortes de la tanga que traía y los jaló de manera que rasgó la delgada maya que cubría mi pubis, se volvió a recargar en mí, pasó sus manos por mis nalgas, siguió bajando por mis muslos y me levanto las piernas, gracias al impulso del agua logró poner mis piernas alrededor de su cintura, tomé su pene completamente duro que era más grueso que el de Luis, lo guie a la entrada de mi vagina y él me empujo de la espala baja para lograr metérmelo hasta el fondo, lo saco un poco y me lo volvió a meter, seguimos así unos minutos, me clavaba su pene de una manera suave pero hasta el fondo, quería gemir pero no lo hacía por miedo a que alguien nos descubriera, así que opté por morderle la oreja para sofocar mis gritos de pasión, me volteo y me empezó a agarrar la nalgas, las estrujaba y las levantaba para que quedaran más cerca de él, me empujaba su pene duro entre las nalgas sin penetrarme, con una de sus manos recorrió mi cadera y al llegar a mi ingle bajo sus dedos lentamente hacia mi vagina, de una manera brusca me metió el dedo medio y solté un gemido casi ahogado, sacó su dedo, subió su mano a mi cara y me lo metió a la boca, yo lo lamí como si se tratara de su pene, me empujó aún más con su pelvis y se separó de mi cuerpo, salió de la alberca y se sentó en la orilla por fuera de la alberca solo con los pies colgando dentro del agua, la alberca no era muy profunda en agua apenas alcanzaba a cubrir mis pechos, por lo que su pene quedo casi a la altura de mi cara, me acerqué más a la orilla, tome su pene con mis dos manos y le lamí la punta, después me lo metí completo e hice una pequeña succión, seguí lamiéndolo un rato más, me cercioré de que nadie nos estuviera viendo y salí de la alberca, lo empuje de los hombros recostándolo en el pasto y me subí en él, me senté en su pene y sin sacármelo me recline a besarlo, él doblo las rodillas para tener más impulso al momento de penetrarme, mis senos estaban completamente pegados a sus cuerpo y rozábamos con fuerza con cada metida que me daba, seguía besándolo para que mis gemidos no se escucharan, sacó su pene y termino afuera.

    Recogí mi ropa y entré a la casa, un sentimiento de culpa empezó a darme vueltas por la cabeza, subí a la habitación y tome una ducha, al salir observe a Luis y me di cuenta que ya no quería seguir con él, no después de haberlo engañado dos veces, me vestí, tomé mis cosas y le deje una nota en el buró “lo siento”, no sabía que más podía decirle, salí de la casa y me subí a mi coche, llegue casi al amanecer a mi casa, decidí bloquear el número de Luis y me dormí.

    No volví a saber de Luis, pero a veces pienso en todo lo que me hacía en la cama y los recuerdos me llevan a masturbarme y a querer experimentar más como lo hice con Luis.

  • Nuestras primeras noches juntos

    Nuestras primeras noches juntos

    Por viaje de trabajo a Concepción decidimos que esta es la oportunidad que buscábamos para poder pasar unas noches juntos.

    Por agenda, no pudimos viajar en el mismo avión, tú viajaste en la tarde de ese mismo día. Yo estaba ahí esperándote, en la puerta de llegada de pasajeros. Apenas me ves, corres a abrazarme, nos besamos apasionadamente sin importarnos si hay alguien alrededor que nos pueda reconocer.

    Vamos hacia el auto. Mientras tú subes, yo subo tu maleta en la parte de atrás. Me subo y antes de poner en marcha el motor nos volvemos a besar. Esta vez nuestras manos recorren los cuerpos, hace mucho que no se encontraban.

    La calentura va subiendo y, aprovechando el rincón del estacionamiento donde dejé el auto, me empiezas a hacer un rico sexo oral. Es lo que necesitaba.

    Tus manos acarician mis testículos mientras te metes mi pene entero a tu boca, tus labios me aprietan. No pasa mucho tiempo y exploto en un chorro de semen. Te tragas una buena parte. Otra rebalsa por tus comisuras y lo que quedó dentro de tu boca lo compartimos en un caliente beso, húmedo, con el sabor y tibieza del semen recién exprimido.

    Al llegar al hotel, nos duchamos y cambiamos ropa. Ya son como las 9 PM y deseamos salir a comer algo. Llegamos a un pub en el barrio céntrico de la ciudad. Hay bastante gente, de todas las edades, pero encontramos una mesa. Me cuentas de tu viaje y de como el hombre que se fue a tu lado en el avión, te coqueteo todo el viaje. Sé que eso te gusta y aprovechaste de tener un viaje agradable.

    Pasado un rato, en la mesa del lado nuestro, se sentó una pareja. Él casi de mi edad, tal vez un par de años más joven, pero ella no tenía más de 25. Llamó la atención de muchos alrededor, formaban una pareja muy atractiva.

    Como las mesas estaban tan cerca unas de otras, era casi imposible tener una conversación privada, sin que se escuchara lo que decía el resto. Pasado un rato comenzó una ronda de karaoke. Tú me debías unas canciones y aprovechaste de tomar el micrófono. Todos aplaudieron tu interpretación, tanto así que pidieron que salieras a cantar al mini escenario que había. La canción elegida era para un dúo, pero tú sabes que yo no canto, ni en la ducha, así que Mario, el hombre que estaba a nuestro lado se ofreció a acompañarte. Tú no dudaste. Sabes que hay cosas que me gustan, y el que me saques celos es una de esas.

    La canción les salió muy bien, incluso en un momento se tomaron de las manos, casi al final de la canción. Todos aplaudieron lo bien que les había salido. Mientras tanto, su pareja y yo empezamos a conversar, una que otra palabra, ya que estábamos atentos a su actuación al frente. Ella se llama Leonor, pero todos le dicen Leo.

    Al terminar la canción, se vinieron asentar. Como Leo y yo ya estábamos conversando, no dudamos en juntar las mesas para seguir la charla y conocernos. Leo y Mario eran personas muy agradables, ambos con muy buena facha y estampa, de buena estatura y tonificados. Ellos no estaban casados, pero tenían un hijo pequeño y vivían juntos en Concepción. Habían salido a celebrar el nuevo trabajo que Leo había conseguido.

    Ya cerca de las 1 AM, nos cuentan que se tiene que ir, ya que la niñera no puede quedarse más tiempo. Pero nos invitan a que sigamos el carrete en su departamento. Nos vamos los 4 en mi auto ya que ellos habían llegado en Uber.

    Llegamos a su departamento, le pagaron a la niñera y le pidieron un Uber. Una vez que esta se fue, Leo y tú se pusieron más cómodas, secaron los zapatos y nos sentamos en el living. Mario trajo algunos tragos y Leo sacó algo para picar. Conversamos de todo un poco y quedó de manifiesto que nosotros éramos amantes y que yo estaba en Concepción por trabajo. Salieron algunas bromas en doble sentido, para ambos lados. Nadie se cortó, por el contrario, fuimos más explícitos cada vez que bromeábamos.

    Mario se paró y trajo un juego de mesa. Era un tablero donde había que avanzar en la medida que los dados lo indicaban. Nada muy complejo, pero cada casillero tenía un número y una prueba que cumplir. Algunas eran preguntas y otras eran desafíos para cumplir. Si no cumplías con los desafíos debías pagar con alguna prenda. Pero también había casillas que te despojaban de alguna prenda.

    Te mire y comprendí que estabas dispuesta a jugar. Así partió el juego. Obviamente partieron las damas jugando. La primera fuiste tú. Y tuviste que contar cómo te gustaba hacer el amor. Tu respuesta fue rápida y no dudaste en decir que te gustaba de cualquier manera que sintieras placer, de manera que pudieras llegar a ese orgasmo que tanto te gusta.

    Leo fue la siguiente, pero saco un par de unos. Eso significaba, de manera automática, despojarse de una prenda. Leo ya no tenía los zapatos, ya que los había sacado, al igual que tú, hace un rato atrás. Ella andaba vestida de pantalón y blusa. No había mucho donde elegir, ya que pulseras y argollas no entraban en el juego. No lo pensó mucho y se sacó la blusa, dejando mostrar un listo sostén de encaje negro, que afirmaban un par de ricas tetas. Grandes y firmes, como sabes que me gustan. Sentí una erección en mi pene y tú lo sabías, porque miraste mi pantalón y viste el bulto que se había formado. Mario y tú aplaudieron cuando se sacó la blusa. Yo me quedé congelado, ya que no esperaba verla tan pronto así.

    El juego siguió, fue mi turno y después el de Mario. Solo fueron casillas en las que hubo que responder. Sorteamos bien esa ronda. El ambiente se notaba un poco más hot. Estábamos un poco desinhibidos por el trago y el ambiente era perfecto. La segunda ronda comenzó. Lanzaste los dados y te tocó una casilla que te pedía despojarte de una prenda. Me preguntaste que cual me aconsejabas, si tu polera o tu pantalón. Yo te pedí el pantalón, pero que tú tenías la decisión final. Me hiciste caso y te decidiste por el pantalón que llevabas. Pero antes de sacártelo, Leo dijo que tenía que ser al frente de todos, no de donde estábamos sentados. Así que te paraste y te pudiste al centro de la habitación y te lo sacaste al compás de la música, de una manera sensual y provocadora. Tu hot pants lucía fantástico y junto a tu polera te veías muy atractiva.

    El juego siguió de esa manera, fuimos perdiendo prendas hasta que todos quedamos solo con nuestra ropa interior. Es decir Leo y tú con sus calzones y sostenes y Mario y yo en calzoncillos. Pensamos que el juego paraba ahí, pero creo que ninguno quería que parara. La mirada de nosotros cuatro se cruzaron y sin decir nada, seguimos jugando. Entre preguntas y pruebas eróticas, cada vez más eróticas. Además nosotros mismos pusimos más condiciones que dejó el juego más caliente, ya que quien perdía una prenda, debía ser despojada por el acompañante del sexo opuesto de la otra pareja. Es así como Mario te despojo de tu sostén. Lo sacó solo con una mano, como un profesional, mientras te miraba fijamente a los ojos. Se podía notar desde lejos tu respiración agitada. A mí me tocó lo mismo con Leo, y lo hice bajo tu atenta mirada. Para verme la cara cuando descubriera ese tremendo par de tetas frente a mí. Al poco rato, estábamos todos desnudos, sin pudor. En este momento cada pareja se comenzó a besar, de manera apasionada y caliente. Por la ubicación en que cada uno estaba, podíamos ver perfectamente que estaba haciendo la otra pareja, la luz era lo suficiente para vernos detalladamente. Te toque y estabas en un charco de secreción. Me contaste que llevabas mucho rato así. Me dijiste que tenías ganas de todo esa noche.

    Vimos como Leo empezó a besar el pene de Mario, que tenía un muy buen tamaño y grosor. Ella se puso en una posición tal que dejó su sexo frente a nosotros. Obviamente lo hizo a propósito, se notaba como corrían sus fluidos desde su interior. Me pediste que me sentara para tú montarte sobre mí. Así lo hice. Me montaste y partiste cabalgándome. Cuando te dejaste de mover supe que habías llegado a tu clímax. Sentí como tu orgasmo me transmitía esa electricidad que nos gusta. Cuando acabaste, vimos como Leo y Mario nos miraban, con deseo y lujuria. Leo tenía restos de semen de Mario en sus pechos y boca. Yo aún no acababa.

    Te saliste de arriba mío y tus fluidos corrían por tus piernas. Leo te preguntó algo al oído y asentiste con tu cabeza. Te sentaste a mi lado y Leo se tragó mi pene, perdiéndose en su boca. Qué bien lo chupaba. Parece que quería seguir gozando, ya que recién había hecho acabar a Mario de la misma manera. Mientras me chupaba mi pene, con su mano tocaba tu sexo, que estaba todo mojado. Me pidió que le avisara cuando fuera a acabar. Eso hice y te hizo una seña para que entre las dos recibieran mi semen en sus bocas. De esta manera nada se perdió, ya que entre las 2 me vaciaron. Lo que quedó en tu cara Leo te lo limpió con un beso erótico.

    Mario miraba esta escena mientras se masturbaba para revivir su buen miembro que tenía. Una vez que ustedes se despegaron, Leo besó en la boca a Mario, con la mezcla de semen de ambos. Tú me besaste y pude sentir el sabor de esa rica eyaculación que Leo me hizo.

    Todos habíamos acabado, a excepción de Leo. Tú me pediste permiso con tu mirada y entendí perfectamente que querías hacer. Tomaste a Leo y la acostaste boca arriba. Hicieron un rico 69. Te encargaste de cada rincón de ella, de manera tierna y dominante. La hiciste acabar después de escuchar sus gemidos al accionar de tu lengua y labios. Tu cara volvió a quedar empapada, pero esta vez por culpa de los fluidos de Leo. Me contaste que era tu primera vez que besabas otra vagina y que te había encantado. Te besé y pude comprobar el gusto a miel que tenían los fluidos de Leo.

    El día había sido largo y ya eran cerca de las 4 am. Nos teníamos que ir. Nos vestimos y despedimos como amigos de toda la vida. Nos quedaban un par de días en Concepción y decidimos juntarnos al día siguiente. Pero eso es otra historia a contar.

    Llegamos al hotel y apenas cruzamos la puerta de la habitación, nos despojamos de todo he hicimos el amor, rudamente hasta quedar casi inconscientes. Ni siquiera tuvimos fuerza para ir a limpiarnos.

  • La dulce entrega

    La dulce entrega

    Mi nombre es… ¿para qué te lo voy a decir?, los dos sabemos que no te voy a decir mi nombre verdadero, así que, imagina el nombre que más te guste.

    El relato que voy a contar se remonta al tiempo de cuando tenía 18 años, no quiere decir que esa sea mi edad actualmente, solo puedo decir que marcó mi vida para siempre y lo guardo entre los recuerdos más agradables y excitantes de mi vida.

    Siempre la relación con mi padre fue estupenda, no dudo que era un hombre al que había que respetar y obedecer, pero siempre conmigo fue cariñoso y su mirada reflejaba una ternura y un amor que no he visto en nadie más.

    Puedo decir que no era un hombre corpulento, tenía un cuerpo dentro de la media, no era gordo ni delgado, tenía fuerza y a la vez era débil, es difícil poder unir esos términos, pero mi padre los albergaba de una manera totalmente armoniosa, también me demostró amor incondicional a cada instante, respetaba mi manera de pensar y me corregía como todo padre pero de una forma muy dulce, siempre fue de mente abierta, aceptaba los cambios de generaciones y estaba siempre pendiente de todos los detalles que mis inquietudes de niña-adolescente-adulta mostrasen para poder aceptarlas, entenderlas y adaptarse a ellas, cabe decir que tal vez yo vea estas características bajo mi perspectiva.

    Corrían tiempos de verano, con un calor sofocante, yo estaba en pleno apogeo sexual, aún era virgen, pero por dentro sentía la necesidad de sexo, me envolvía la curiosidad, me masturbaba continuamente, pero aun así no era suficiente, quería sentir otro cuerpo al lado mío, alguien que me hiciera sentir mujer, alguien a quien palpar, acariciar, besar, alguien que me tocara, que me deseara, en fin, todo aquello que mueve la atracción entre las personas.

    Como todo hijo que se precie, no faltaba el deseo del progenitor del sexo opuesto, el ejemplo de madurez sexual, el complejo de Edipo que llaman, el deseo por el padre/madre, en este caso mi padre me gustaba muchísimo, cuando estaba en casa con camisetas y pantalones cortos simplemente lo miraba e intentaba imaginármelo desnudo, en una ocasión cuando era pequeña le vi orinando en el baño con la puerta abierta, cuando vi su miembro en ese momento me pareció algo excesivamente grande y eso que se encontraba en reposo, puede ser también que la memoria me jugase malas pasadas y simplemente a los ojos de una niña esa imagen haya sido desproporcionada.

    Muchas veces, al masturbarme, no podía dejar de pensar en él y su aparato, mezclando imágenes guardadas en mi memoria y fantasías que iba recreando a medida que crecía.

    Recuerdo que el día en cuestión era miércoles, lo sé porque papá esos días salía más temprano del trabajo, llegaba a casa, aunque teníamos bañera el acostumbraba ducharse y se ponía a ver la televisión en la sala, a veces yo lo acompañaba viendo cualquier tontería que pusieran, otras veces me quedaba en el cuarto haciendo deberes o en internet, ese día en particular hacía un calor inaguantable, yo me sentía muy caliente, aun cuando me había masturbado hace poco, tenía esa sensación de calentura que no podía aguantar, estaba mojadísima, mi padre ya había llegado y se estaba duchando, mi mente no hacía otra cosa que pensar en él y en su desnudez, no dejaba de maquinar como tener un encuentro con él, estar los dos desnudos abrazados, la situación, el momento y la disposición después harían lo demás, en esos momentos de excitación, la mente no piensa bien y se atreve a lo que sea, al fin, me dispuse a hacer lo que pensaba, le toqué la puerta del baño y le dije:

    – Papi, me dejas pasar?

    – Claro Cielo! ¿necesitas orinar?

    – Si, por favor

    – Tranquila, pasa!

    Yo iba vestida con pantalón corto, y una camiseta de andar por casa, no era una miss Universo, pero tenía mis atributos, un cuerpecito proporcionado, buenos senos acordes a mi tamaño y una buena cadera herencia de mi madre, al entrar al baño, me bajé el pantaloncito, luego la tanga y me senté en el inodoro, no sabía que excusa darle a papá para que me dejara ducharme con él.

    – Que calor hace papi, estoy sudando un montón

    – Y dicen que va a hacer más calor esta noche

    – Pues ya me dirás, estoy que me siento toda pegajosa y quiero refrescarme, Papi, ¿me dejas usar la ducha?, es que no aguanto el calor

    – Mi amor, no me parece apropiado, estoy desnudo

    – Y que tiene? no me voy a morir por ver a mi padre desnudo, es algo muy natural… anda papi, porfi, de verdad me estoy muriendo de calor

    – No, no es adecuado

    – Porfi papi, de verdad que hasta creo que me siento mal

    – ¿cómo que te sientes mal?

    – Muy acalorada, anda déjame entrar, solo es para mojarme un poco y cuando ya no tenga tanto calor salgo

    – Mi amor, estoy desnudo, me da vergüenza que me veas así

    – Papi, y a mi que me importa, solo es para mojarme un poco

    – No me parece prudente

    – De verdad, no me voy a asustar por ver un pene, ¿crees acaso que no los he visto en Internet?

    – ¿los has visto en Internet? no deberías

    – Papi, no hay nada oculto en la red

    – De todas maneras no me parece que sea bueno tu y yo bañándonos

    – ¿De verdad te vas a poner retrógrado a estas alturas?, te pensaba más abierto

    – NO SOY RETROGRADO!

    – Demuéstramelo!!

    – Mierda!… está bien, pero solo mojarte y te vas!

    Esa frase hizo que el corazón me diera un vuelco… iba a ver a mi padre totalmente DESNUDO! uno de mis sueños, sin dar opción a arrepentimiento, me quité la camiseta, obviamente no tenía sostén, termine de bajar el pantalón y el tanga, los dejé en el suelo y me dirigí a la bañera, desplacé la cortina y ahí estaba mi padre, enjabonado, con una mirada de incertidumbre y a la vez admirando mi cuerpo totalmente desnudo, observé su pene, se encontraba en reposo, no lo recordaba así, a pesar de ello me llevé una grata sorpresa, mi padre desnudo, bajo mi perspectiva era impactante, no quise demostrar ningún asombro, intente llevar la situación lo más natural posible, para evitar que haya tensiones, levanté una pierna para entrar, luego la otra, y, con el fin de que mi padre admirara mi cuerpo por delante y por detrás me giré para cerrar la cortina.

    -Gracias papi, déjame mojarme porfi

    Le agarré de la cintura para que se pusiera en mi lugar y así yo aprovechar la ducha, me puse debajo de la ducha, cerré los ojos, puse la cabeza hacia arriba apuntando al chorro de la ducha y estiré los brazos para agarrar mi pelo y lograr que el agua entre por toda mi cabellera, con ello hacia también que se me marcasen los senos y que mi pubis se viera completamente, en un momento abrí ligeramente un ojo y lo vi embelesado contemplándome, eso me daba indicios de que algo podría llegar a pasar.

    -¿Me prestas el jabón?

    -Sí, Claro! -contestó como si se hubiera despertado en ese momento de un letargo.

    Mi padre se le veía descolocado, no sabía qué hacer, estaba inquieto y en un terreno que nunca había imaginado, de todas maneras intentó por todos los medios continuar con sus tareas como si nada hubiera pasado, me dio el jabón y comencé a enjabonarme todo el cuerpo.

    -Ya que estas aquí, ¿puedes enjabonarme la espalda?

    Se puso a enjabonarme, el intentaba no tocar nada en mi cuerpo fuera de las zonas “normales”.

    -Papi, que no soy una desconocida, mi cuerpo ya lo has enjabonado más de una vez, ahora solo han pasado unos años, es todo, tómalo con calma

    Le cogí la mano con el jabón y la dirigí a mi nalga derecha como indicándole que le daba total permiso.

    -Sí, pero no deja de ser extraño para mi.

    -Cuanto más lo pienses peor será, puedes enjabonarme en todas partes, no te voy a decir que no, es una tontería, ya lo has hecho en otras ocasiones cuando era pequeña y no te sentías así, ¿verdad?

    -Tú lo has dicho, cuando eras pequeña… ahora eres toda una mujer.

    En ese momento, di media vuelta y me puse frente a él.

    -¿Te parezco una mujer?

    -Claro que si, ya tienes 18… lo eres.

    Bajé mi mirada a su pene, no estaba de la misma forma como lo vi al abrir la cortina, había aumentado ligeramente de tamaño, no apuntaba hacia abajo, noté que estaba comenzando a excitarse, yo estaba a mil, lo único que quería era preservar este momento, sentía que estábamos generando un lazo de intimidad que mucha gente desearía tener, aun así intente estar lo más tranquila posible para que él no se alterara y permitiera mantener el momento.

    -¿Y porque es extraño para ti?, para mi es lo más natural del mundo, como abrazarnos, pelear, comer, etc. además, por lo que veo –dije mirando hacia su pene– hay otra parte de ti que no opina que esto es extraño.

    -Bueno, “esa parte de mi” como dices, no distingue entre lo que es familia y los demás

    -¿Quiere decir que a “esa parte de ti” le gusta lo que ve?

    -No entremos en ese juego.

    Comencé a restregarme el jabón en mi cuello, mis senos y recorrí todo mi cuerpo hasta quedar totalmente enjabonada,

    -Papi, anda, relájate, déjame enjabonarte la espalda, ya verás que te sientes más tranquilo.

    -No se mi amor…

    -Anda, no te pongas tonto

    Le volví a coger de la cintura y lo obligue a dar media vuelta para que pudiera enjabonarle la espalda, me esmeré todo lo que pude, lo hice muy lentamente, aproveché mi desasosiego para acariciar desde los hombros hasta la cintura, subía con mi mano a sus pectorales, bajaba por su abdomen, volvía a la parte inferior de la espalda y aprovechaba el momento para llegar a tocarle las nalgas

    -Eh!… no te pases!

    -Vaaale, pero he de decir que tienes un culito muy apetecible.

    Al voltearse de nuevo y ponerse frente a mi, no pude evitar bajar la mirada, nuestro amiguito estaba totalmente firme, grande, poderoso…. no sé cómo no se dio cuenta que en ese mismo instante el corazón me palpitaba a mil por hora, no podía reprimir las ganas de cogerlo en mis manos, tocar su dureza, su calor, aun así no pude evitar exclamar:

    -Dios!, como ha crecido

    -No he podido evitarlo

    -No importa papi, como te dije, es natural, igual yo también me siento rara

    -¿Ves?, no deberíamos estar haciendo esto

    -No es eso papi, a decir verdad este momento me hace sentir una sensación de intimidad contigo muy profunda, siento que no tenemos secretos, que nos mostramos tal cual y que no hay brechas entre nosotros, eso entre un padre y su hija para mi es muy importante.

    Dije mirándole directamente a los ojos, mientras el agua limpiaba el resto de jabón de mi cuerpo y este volvía a mostrarse en su estado natural, acto seguido le volví a coger por la cintura con el fin de intercambiar posiciones para que él se limpiara también el jabón de su cuerpo, mientras se quitaba el jabón no podía evitar dejar de ver su pene, me gustaba muchísimo, tantos pensamientos me corrían por la cabeza y en todos ellos él estaba tomándome, penetrándome, con cada pensamiento mi vagina segregaba más líquido, intentaba calmar el deseo en momentos en el que él no me veía, pasando la mano por el clítoris, mientras él se sacaba el jabón, en un momento, toco su pene para quitar todo resto de jabón de su miembro aun completamente erecto, no había disminuido de tamaño para nada, retiro la piel de su prepucio y con sus dedos se masajeaba el glande con el fin de quitarle completamente el jabón, no sabía que esa imagen iba a quedar grabada en mi mente para siempre, fue muy excitante, verlo a plenitud, toda su hombría al alcance de la mano, y yo con un deseo de tocarlo y que lo hiciéramos incluso ahí mismo cada vez mayor, le deseaba, tenía ganas de experimentar por primera vez el sexo y lo quería hacer con él, no cabía ninguna duda, quería su pene dentro de mi, quería que me hiciera gemir de deseo, quería que el fuera el primer hombre en enseñarme lo que es hacer el amor, sé que él también lo quería, su dureza lo demostraba, incluso, cuando se limpió el pene, no dejo de apartar su mirada de mi cuerpo.

    En un momento como que cayó en la realidad y cerró el agua de la ducha, abrió la cortina y me invitó a salir, inmediatamente salió el, cada uno tomo una toalla para secarse y, mientras nos secábamos le dije:

    -Papi, es verdad lo que te dije en la ducha, nunca me había sentido tan integrada a alguien, con tanta confianza, siento que puedo decirte todo y que no hay secretos para ambos

    -Mi amor, eso lo siento yo desde siempre, sabes que siempre has sido y eres muy especial para mi

    -¿Te puedo pedir un favor?

    -Lo que quieras mi amor

    -Quisiera disfrutar más de este momento, aunque no sea en la ducha, quiero estar abrazada a ti un rato, vivir este momento especial, por favor

    -Mi amor, a mi también me gustaría, pero no creo que sea apropiado

    -Por favor papi, no tenemos momentos como estos nunca, ahora que ha surgido, déjame estirarlo un poco mas

    -Pero mira como estoy, este -señalo con la mirada a su pene- no ha dejado de estar levantado, no quiero esa imagen para ti. No sé si es prudente.

    -Papi, tranquilo, no va a pasar nada, solo quiero tener un momento contigo en que estemos tu y yo y nadie más, que podamos charlar con total libertad y desinhibidos de preceptos extraños, tu erección para mi es un simple reflejo natural, no significa nada, por favor anda.

    -Bueno, nunca puedo negarme a tus peticiones, que quieres que hagamos

    -Ven conmigo

    Lo cogí de la mano y, tal cual estábamos le llevé a mi cuarto, al entrar le dirigí con mi mano hacia la cama, dejé de tomarle la mano y ya cerca de la cama toque levemente su espalda con la intención de que se acostase, él se acostó boca arriba, luego me acosté yo, al lado de él, colocándole mi brazo en su abdomen y apoyando mi cabeza en su pecho, el pasó el brazo por mis hombros y me abrazo, en esa posición aprovechaba a acariciar su torso, no podía dejar de mirar su miembro aun firme, sin haber disminuido de tamaño ni un poco, comencé a buscar conversación, y, de vez en cuando subía mi cara para verle, se sentía totalmente cómodo, al igual que yo, la conversación fue adquiriendo cada vez una tonalidad más privada, comenzamos a contarnos secretos, si yo había tenido relaciones, le dije que aún era virgen pero que sentía mucha curiosidad, el me comento que eso era normal, que a mi edad comenzaba a despertarse el deseo, con ese tipo de intimidad, aproveché a preguntarle:

    -Papi, ¿no te duele el pene teniéndolo tanto tiempo así de tieso?

    -No mi amor, es parte de la naturaleza, el pene está hecho para poder mantenerse erecto durante un buen rato.

    -Para complacer a la hembra, le dije con una sonrisa maliciosa dibujada en mi boca.

    -Se podría decir algo así, me contesto sonriendo

    De vez en cuando subía mi mano de su abdomen con pequeñas caricias hasta su torso y apretaba en señal de agrado, mis senos estaban en contacto con su cuerpo, el también movía su mano en mi hombro de un lado a otro, se notaba que había tensión sexual, pero él no estaba dispuesto a iniciar ningún movimiento, a menos que yo tomara la iniciativa (eso pensaba internamente)

    -Papi

    -Dime mi amor

    -Quiero pedirte un favor

    -¿Qué será?

    -Por favor, toma en cuenta la confianza que te tengo y la que tú me tienes, no te exaltes y simplemente piensa si tu estuvieras en mi lugar, Siento muchísima curiosidad y me gustaría tocar tu pene.

    -Mi amor, está mal, ya esta situación no es normal

    -Papi, no es normal para los demás, pero para ti y para mi lo es, o eso pienso yo, nuestra relación, nuestra intimidad, sobrepasa esas creencias, para mi es algo natural, de hecho, como te dije antes, siento que esto crea un vínculo tan especial que dudo mucho que lo tengan otros padres con sus hijas

    -Mi amor, haces que me sienta incómodo

    -¿Incómodo por qué?, tan solo tengo curiosidad de tocar un miembro del sexo opuesto, como tú la has tenido, tengo la oportunidad de que mi padre, que es de mente abierta, me lo permita, ¿o preferirías que fuera a ciegas a estar con otro hombre cuya procedencia desconoces?, además, es tan solo un pedazo de piel al que le han puesto muchos tabúes alrededor, – cogí su mano y la puse encima de uno de mis senos dejando mi mano encima de la de el – ¿ves?, yo no tengo ningún problema en ello, y, por mi no hay inconveniente si quieres ir mas allá, solo te pido eso, poder tocarte, siento muchísima curiosidad y me gustaría que fueras tu el primero en permitírmelo y enseñarme como debo actuar y comportarme con vuestra intimidad.

    El quedó un momento callado, por dentro lo ansiaba, tanto tiempo con el pene erecto sin hacer algo al respecto estaban haciendo mella en su determinación, además, el hecho de tener en su mano un seno mío hacía que perdiera argumentos, notaba en su pecho que sus palpitaciones se aceleraban, mi seno, por la fricción se puso también firme, puntiagudo, sentía que su temperatura corporal iba subiendo, al igual que la mía, mi respiración se hizo mas lenta, en vista de que no objetó nada pasados unos segundos, no quise darle mas oportunidad y bajé mi mano por su abdomen, poco a poco me dirigí a su vientre, seguí hacia su pierna derecha, con mis uñas le arañé cariñosamente subiendo la mano hacia su zona erógena, y, en vista de que no había ningún comentario por su parte, llegue con los dedos a sus testículos, él estaba callado, completé la acción poniendo toda mi mano en ellos, el, inconscientemente colocó sus dedos índice y medio en mi pezón, y masajeaba mi seno, lo apretaba muy sutilmente, apretaba los dos dedos, luego cambiaba al dedo gordo y el índice y jugaba suavemente, de vez en cuando, dependiendo de mis movimientos el apretaba mi seno, dependía de si lo que estaba haciendo le hacía sentir de alguna manera una sensación sexual agradable, mientras tanto yo me movía muy lentamente poco a poco dejé los testículos y con mis dedos fui describiendo la forma de su falo, desde la base hasta la punta, con mi dedo gordo y mi dedo índice acariciaba toda su envergadura, no tardó mucho tiempo hasta que con mi mano agarre y apreté suavemente su pene, sentí su dureza, en ese momento el miembro se puso más duro, sentí que hubo reacción por parte de mi padre, abrí mi mano y volví a dibujar su gran silueta hasta arriba, estaba temblando de deseo y ansia a la vez, sentía mi cabeza y todo mi cuerpo muy caliente, no se cuánto liquido generaba mi vagina, pero sentía que nunca había tenido tanto flujo, eso cada vez me excitaba más y no dejaba de ver el miembro de mi padre, una vez estando mi mano arriba de su pene, la cerré y bajé con mucho cuidado con el fin de bajar el prepucio y destapar su glande, baje hasta donde la piel del prepucio me lo permitió, noté en él un leve gemido acompañado de un ligero apretón en el seno, volví a subir la mano tapando el glande y volví a bajarla lentamente, nuevamente se repitió la escena, abrí mi mano, me dirigí a los testículos y los volví a envolver con mi mano, luego volví a subir mi mano por su vientre, y mientras tanto le daba besos en su pecho, estaba totalmente excitada, me habría encantado que en ese momento y de manera abrupta se montara encima mío y me penetrara de una forma animal, con un deseo irrefrenable y con el fin de dominar a su hembra, eso sentía, quería que me tomara, que toda su erección entrara en mi, que derribara mi virginidad, pero sabía que no iba a ser de esa manera.

    -¿Ves que no era para tanto? – con una voz muy baja y dulce queriendo quitarle hierro al asunto

    El abrió los ojos y solo atinó a decir:

    -Me encantaría poder besarte todo el cuerpo

    -Me encantaría que lo hicieras.

    Sin mediar más palabra comenzó a besarme en la frente, bajo al cachete y me dio otro beso, luego el cuello, en ese momento me estremecí, sus besos eran deliciosos, primero con sus labios, y luego con su lengua, era enervante, sin embargo, yo me quedé quieta esperando sus movimientos, siguió bajando, mi hombro, mi axila, con cada beso me ponía más inquieta, un lado de mi seno, pensé que en ese momento iba a chuparme el pezón, pero no, bajo por la cintura, cadera, subió hacia la pierna y, cuando pensaba que iba a llegar al centro de mi sexualidad, no, siguió por mi pierna, rodilla, canilla, empeine, ahí se arrodillo en la cama, podía ver su figura, su pene seguía sin cambio, con el glande al descubierto y totalmente firme, en eso cogió mi pie y comenzó a chuparme cada uno de los dedos, eso fue mágico y delicioso, sentía que quería a ese hombre, que lo deseaba desde siempre y ese día era ya incontrolable mi deseo por él, luego siguió por dentro de mis piernas hasta llegar a mi vagina, cuando pensé que iba a regalarme un beso en mis labios vaginales, no lo hizo, pasó a la otra pierna y repitió todo el proceso a la inversa hasta llegar de nuevo a mi cuello, mi cachete y mi frente, yo ardía en deseo y sé que él no se podía contener, pero manejaba la situación como un maestro, haciéndome sentir que no iba a complacerme, estaba en su red, no podía escapar, me tenía totalmente sometida, solo pude decirle al oído:

    -Por favor… no pares ahora

    -¿De verdad lo quieres?

    -Desesperantemente!

    Siguió besando el centro de mi frente, la punta de mi nariz, me dio un toque únicamente en los labios, DIOS!… yo quería un beso apasionado, pero no, siguió por el cuello, el pecho, en ese instante, se dirige a mi pecho derecho, le pasa la lengua a mi pezón que parecía una punta de lanza y lo succiona, lo hace con mucha dulzura, con vehemencia, yo estaba comenzando a moverme sin querer, solo alcancé a coger mi mano derecha y entrelazar mis dedos entre su pelo, me estaba volviendo loca de deseo, no podía aguantar mucho más, a mi mente venían imágenes de su pene, yo abriendo mis piernas y el poseyéndome, era lo que más anhelaba en ese momento, luego, deja el seno derecho y con besos se dirige al izquierdo haciendo la misma operación, yo cerraba mis manos como impotencia, quería hacer tantas cosas, pero lo dejaba, él sabía lo que hacía, y bien que lo sabía, me tenía perdida, volvió con besos al centro y poco a poco fue bajando a mi abdomen, lo beso, en el momento en que bajaba mi único gesto fue separar las piernas, pasó mi abdomen con la lengua, mi ombligo, siguió besando con lentitud y continúo, besó mi vientre, mi monte de Venus, lo besó y lo mordió, yo no aguantaba más, mi vagina rebosaba chorros de líquido, estaba totalmente preparada para permitir a ese hombre que hiciera lo que quisiera conmigo, intenté abrir las piernas lo mas que pude para facilitarle el trabajo pero las piernas de él me entorpecían, así que las levante y las abrí más aun superando sus piernas, estaba claro lo que quería, él sonrió y siguió con su rutina.

    Comenzó a bajar la boca hasta situarse justo al frente de mi vagina, puso sus dos manos encima de mis piernas y solo pasó su lengua por el borde de mi entrepierna, puso ambos dedos gordos a los lados de mis labios vaginales con el fin de abrirlos y mostrar toda mi intimidad ante su boca, en ese momento rozó con su lengua mis labios, yo solté un gemido, la paso por la entrada de la vagina para subir hacia el clítoris, nuevamente expulsé un gemido, no podía controlar mi cuerpo ni mis reacciones, me manejaba a su entera disposición, yo no tenía autonomía de nada (ni tampoco quería tenerla), era totalmente suya y el totalmente mío, subí mis pies a su cuerpo, apoye mis talones en su espalda, eso hacía más cómoda la posición para ambos, con sus labios comienza a succionar mi clítoris y mientras juega con su lengua en él, yo no podía pensar, solo gemía, adoraba cada cosa que hacía, me volvía loca y el seguía, mis manos lo único que podían hacer era acariciar su cabeza o cerrar el puño con las sábanas como testigo y aferrarme a ellas, yo no dejaba de tener los ojos cerrados, estaba como drogada de deseo, de vez en cuando el cambiaba del clítoris a mis labios vaginales, en ocasiones recorría la entrada de mi vagina notaba que estaba totalmente cerrada, intentando empujar con la lengua, seguía ensimismado en su actividad, a veces bajaba para lamerme el ano, era un mezcla de sensaciones que me mantenían como loca y desesperada a la vez, estaba en cada momento a la espera de que nueva sensación iba a provocarme, yo no paraba de gemir, más de una vez grité más alto de los gemidos normales porque había tocado un punto que hacía que ardiera más aún si se puede en deseo, esa mezcla de gemidos y gritos le hacía aumentar su deseo, yo solo alcanzaba a acariciarle la cabeza, entrelazaba mis dedos en su cabellera e intentaba decirle con los dedos que no parara, que me estaba volviendo loca y a la vez me sentía plena, quería que esa tarde fuera interminable y que acabara en ese clímax que tanto anhelaba, poco a poco fue deteniendo los besos y comenzó a subir, repitió el mismo camino que hizo cuando bajaba, yo estaba totalmente excitada, no quería desprenderme de él, a medida que subía, le acariciaba los hombros, parte de la espalda, sus fuertes brazos, hasta que tenía su cara frente a mi, su boca olía totalmente a mi, sus ojos mostraban un estado pleno de excitación, me miró un breve instante, en ese momento cruce mis brazos en su cuello, el me preguntó:

    -¿Te gustó?

    -Papá, por Dios!, que si me gustó?, por favor, ahora no puedes parar, no me dejes así, desde hace mucho tiempo no he podido dejar de pensar en ti, te deseo, necesito sentirte, quiero tenerte, quiero ser totalmente tuya, quiero que seas mi primer hombre, y quiero que lo seas ahora, no mañana ni pasado, Ahora!, lo necesito, Te necesito!

    -Amor, ¿sabes lo que estas pidiendo?, ¿Estas absolutamente segura?

    -Nunca estuve tan segura de algo, siempre te he deseado y ahora lo único que quiero es a ti, quiero que me hagas el amor, quiero que estés dentro de mi, simplemente te pido que lo hagas despacio porque puede dolerme.

    En ese momento forcé con mis brazos que bajara su cabeza hacia la mía para darle un beso totalmente apasionado, acerqué mi boca a la suya, la abrí y sentí como la suya se abría y me metía su lengua, lo besaba con lujuria, entretanto crucé mis piernas aún encima de su espalda y buscaba acercar mi vulva hacia su miembro, el, por su lado hacia lo mismo, intentaba encontrar la entrada el centro de mi placer, el deseaba hacerme el amor como yo lo deseaba también, se le veía en los ojos, tan solo un segundo después ambos sexos se encontraron mientras seguíamos besándonos, yo moví mi cadera ligeramente para hacer que su pene se colocara en la entrada, una vez hecho esto, papa no perdió un segundo en comenzar a ejercer presión hacia adentro, e intentar abrirse paso hacia mi interior, sentía la presión de mi hombre por entrar, inmediatamente comencé a sentir un dolor como si estuvieran desgarrando algo en mi, dejé de besarlo y solo esbocé un grito, mi padre paro en seco.

    -¿Te duele?

    -Un poco, pero sigue por favor, no importa, no pares.

    Era tanto mi estado de excitación que lo único que quería sentir era su pene, como iba entrando, quería disfrutar ese momento a plenitud, aguanté como pude el dolor, me dolía pero también me excitaba, el con su condescendencia, intentaba entrar muy poco a poco, yo puse mis pies encima de la cama, que en ese momento se encontraban a la altura de sus piernas, intenté abrirme mas para que el dolor remitiera, el para no pesarme, se apoyó con las manos en la cama, yo no quería desprenderme de él, quería sentir su pecho con el mío, el seguía su cometido, muy poco a poco, deslizando su miembro en mi vagina, por momentos me miraba a los ojos, con una mirada de ternura infinita y a la vez deseo irrefrenable, yo sentía dolor y excitación, quería que pasara el dolor pero no quería dejar de disfrutarlo, pasado un momento casi me acostumbré al dolor y solo lograba tener la imagen en mi mente de su pene dentro de mi, eso me excitaba mas y hacía que mi vagina segregara mas líquido logrando una penetración mas fácil, mientras tanto solo alcanzaba a acariciar sus brazos que estaban tensos, su espalda, su cintura y su pecho, la verdad he de decirlo, en ese momento me estaba gozando a mi padre, con ambas manos iba acariciando su pecho, bajé a su abdomen, su vientre y llegué a su verga, aun había un espacio entre mi vagina y su vientre, toque parte de su pene para ver cuánto del miembro había entrado, comprobé que la mayor parte lo había hecho, en un acto de extrema lujuria (y un poco de puterío también), y con el fin de evitar que el dolor aumentara, subí mis manos por sus piernas hasta sus nalgas, las agarre con cada mano, subí mi cadera y empujé hacia mi su vientre, Dios!, en un acto sentí varias sensaciones a la vez, dolor, ese hombre me estaba rompiendo, deseo, sentía su pene completamente dentro de mi, desde su base y vientre, tocando mi clítoris hasta su punta rozando la boca de mi útero, no sabía que se podía sentir mas allá del clítoris, me sentía llena, mi hombre me había penetrado totalmente, tenía toda su verga en mi interior y estaba llena de deseo, pasé mis manos por su espalda y lo abracé, el hizo lo mismo pasó sus brazos por mi espalda y me apretó hacia el, sentía que su impulso de deseo iba creciendo, quería tenerme para el, enlacé mis piernas en sus piernas, y le dije:

    -Hazme el amor!

    El, al comprobar que todo su miembro había entrado, comenzó el juego del sexo, se movía con calma pero con seguridad hacia adelante y hacia atrás, yo solo advertía que mi padre, el hombre que me atrajo tanto tiempo estaba haciéndome el amor, y de una forma totalmente tierna y lujuriosa a la vez, sabía lo que hacía, su experiencia lo avalaba, yo con cada movimiento de su parte seguía gimiendo, note que sus penetraciones eran rítmicas, casi como un baile, penetraba el miembro hasta el fondo y luego subía el vientre con el fin de que el pene al salir rozara con el clítoris y hacer que gimiera de placer, me gustaba tanto que me uní a ese baile, cada vez que el empujaba, yo subía mi vientre, cada vez que el subía su vientre yo bajaba mi cadera, el roce era mayor y yo percibía en su cara una honda satisfacción, a la vez que yo disfrutaba si se podía decir mas, sabía que él estaba gozando tanto como yo, en otros momentos, cambiaba la dirección y con su cadera dibujaba círculos, eso me ponía a 100, su pene tocando cada parte de las paredes de mi vagina, cuando el hacía movimientos a la derecha, yo los hacía a la izquierda, sentía una total sincronía con mi hombre, me sentía totalmente suya, sentía como si esto lo hubiéramos vivido en muchísimas ocasiones anteriormente, es un poco difícil de explicar, mientras tanto en mi mente seguían pasando imágenes de su pene dentro de mi, era ya imposible poder segregar mas líquido, estaba a tope, mi calentura, mi excitación, mi hombre moviéndose como se movía, volviéndome loca como lo hacía y las imágenes en mi mente no hicieron otra cosa que obligarme a decirle:

    -Sigue así, no pares!

    Eso hizo que el reaccionara y comenzara a hacer movimientos mas rápidos y rítmicos, seguros pero no bruscos, yo comencé a gemir mas fuerte y casi a gritar:

    -Sigue, sigue, asi, asi, ooooh!

    -Amor, tienes un coño delicioso!

    -Y tu papa, tienes un pene increíble, te amo, te amo, siempre te he amado, no pares ahora, por favor, sigue, así, así, oooooh!, por favor, Dios!, me tienes loca papa, puedes hacer conmigo lo que quieras, soy totalmente tuya, uuuuh! Creo que no voy a aguantar mucho mas mi amor.

    Eso hizo que el imprimiera mas pasión en su tarea, hizo que el dolor se me olvidara y que solo sintiera un placer profundo, con cada embiste yo seguía gritando, fue tanto el placer que sentía que en un momento emití un último grito de satisfacción:

    -Aaaaah!,

    En ese momento todo mi cuerpo se estremeció, sentí que un cosquilleo me paseaba todo el cuerpo acompañado de una tranquilidad indescriptible, creo que hasta perdí el conocimiento por un momento, no dudo en que fue una de mis mejores experiencias en la vida.

    Mi padre seguía “bailando”, me encantaba como lo hacía, se sentía pleno de haber hecho que su hembra llegara al clímax, yo, por mi lado, disfrutaba cada embiste y cada retroceso, lento, suavemente, sobre todo con mucha dulzura, yo seguía paseando mis manos por su espalda, en ocasiones le arañaba, tocaba sus nalgas, apretaba su cadera con mis piernas, subía con mi pierna derecha sobre su pierna, me colgaba de sus hombros, gemía, gritaba, volvía a gemir, seguía dibujando su cintura, no quería perderme nada de ese momento ni de mi padre, el me estaba enseñando a ser mujer, en un momento paró, e inmediatamente saco su pene de mi vagina, se venía!, yo solo le dije lo que me apetecía:

    -Riégate encima!

    Eso hizo, con su mano agarró su pene, hizo dos o tres movimientos hacia adelante y hacia atrás y enseguida comenzó a salir su esperma, el primer bombeo me llegó casi hasta el pecho, los siguientes fueron mermando, hasta caer en mi monte de venus, luego se echó al lado mío como si todas sus fuerzas se hubieran esfumado, en un instante me miró, yo lo miré y lo besé, me apoye en su pecho y le dije:

    -Gracias papi por hacerme sentir mujer, te amo!

    Acto seguido le besé en el pecho y pasé mi mano por su abdomen.

  • Jordi me rompe el culo

    Jordi me rompe el culo

    Me dirigí a su departamento, me vestí tan sexi como pude, con mis medias color carne, mi minivestido blanco que tanto le gustaba que me pusiera y con una lencería blanca que me combinaba muy bien.

    Llegue puntal a la cita, él ya me estaba esperando, tenía una cerveza en la mano, yo me acerque a él y lo bese muy apasionadamente, el me acariciaba las piernas y el trasero, “las voy a extrañar” me dijo mientras sus manos apretaban fuerte mis glúteos, continuábamos besándonos muy apasionadamente, yo acariciaba su espalda, el subía poco a poco su mano acariciándome las nalgas muy rico.

    Jordi se iría a vivir a otro estado y quiso pasar un rico momento conmigo antes de partir.

    Subió mi vestido y lo dejo hasta mi cadera, también bajo los tirantes dejándome en mi tanga y brasear, me besaba el abdomen y su lengua lamia mis muslos no cubiertos por las medias.

    J: ¡Que cuerpo más rico, te voy a extrañar!

    K: Yo también ¡te extrañare!

    Fue tan buen amante, que acepte coger la última vez con él, además su rica verga ha sido de las más ricas que me eh comido en la vida.

    Me pare arriba del sofá dejándole mi vagina en su cara, el hizo a un lado mi tanga y comenzó a lengüetearme, su lengua entraba y salía riquísimo, yo levante mi pierna para que lamiera desde mi anito, mi clítoris se endurecía gracias a las chupadas de Jordi, me apretaba las nalgas y me follaba con su lengua.

    K: ¡Que rico papi síguele amor!

    J: Que vagina más deliciosa, la extrañare.

    K: ¡Sigue lamiéndola papi, síguele!

    Después de estar chupándome y lograr que me mojara demasiado, se desnudó totalmente, ahora yo me senté y él se paró sobre el sofá dejándome su rica y grande verga justo en mi cara, me sonrió y con una mirada me ordeno comer su animal.

    Yo comencé a lamerle la cabecita y darle chupadas mientras mis manos acariciaban sus testículos, lo introduje dentro de mi boca lentamente, él me tomaba fotos diciendo que serían para el recuerdo, comencé a devorarla por completo, sus 25 cm me ahogaban de placer, le apretaba las nalgas para meterla más y más a mi boca, el gemía y me felicitaba por lo que hacía.

    J: ¡Que rico mami, que rico te la comes!

    K: Sabes riquísimo amor.

    J: De verdad que echare de menos estos momentos contigo.

    Se bajó del sofá, me levanto las piernas, dejando mies pies a la altura de sus orejas y me penetro fuerte, me la deja ir con toda su fuerza, me sacaba el aire de su fuerte movimientos, pero me encantaba sentir su dureza dentro de mí

    K: Así dámela que rico, me encanta como coges.

    J: ¡Ah nena dios mío qué coño tienes!

    K: Es tuyo por siempre ¡cógeme papi!

    Me levanto del sofá y elevo mi pierna entrelazándola con su brazo, me cogió de esa forma, nos besábamos salvajemente mordiendo nuestros labios, con su mano izquierda me tomaba del trasero para empujármela hasta el fondo.

    Yo parecía garza parada en una pata, después apoyándome en el brazo del sofá me incline, el me abrió las nalgas y me la metió muy fuerte, me jalaba el cabello y me daba de nalgadas, sus manos acariciaban mis piernas envueltas en esas medias color carne, yo me movía para sentirla mejor.

    J: Te mueves bien rico, que mujer.

    L: Tú también lo haces muy rico, dame más amor, ¡dámela toda!

    Él se recargo en el brazo del sofá, yo me dejaba caer en su palo duro, el me apretaba las tetas y besaba mi cuello, se acomodaba de forma que su verga entraba totalmente en mí, eso me prendía más y más.

    K: Bebe que rico, que verga más dura.

    J: ¡Muévete hermosa muévete!

    Los dos estábamos tan excitados, que nos venimos juntos, el me lleno mi vagina de su semen, chorros y chorros de fluidos empapaban nuestros cuerpos, el orgasmo fue riquísimo pero el segundo round apenas iba a comenzar.

    Me llevo cargando a su cama, ahí me puso boca abajo y comenzó a lamerme desde mis pies a mi cuello, su lengua me ensalivaba las piernas, mis nalgas, mi espalda, sus manos apretaban cada parte de mi retaguardia, con sus dedos comenzó a jugar mí ya muy estimulado clítoris, metía de dos a tres dedos en cada acercamiento, su boca besaba mis pechos y sus dientes me marcaban todo el cuerpo.

    J: Que rico cuerpo hermosa, me encanta tu espalda.

    K: ¡Ah bebe, eres magnifico!

    Me puso en cuatro en la cama, me tomo de las nalgas y las abrió, comenzó a masajearme con su dura verga en medio, ya mojada me penetro, pero esta vez muy suave, la puntita me estimulaba mi clítoris, mis gemidos invadían su habitación, poco a poco introdujo su gran verga en mi vagina, sus embestidas subían de nivel, yo me empinaba totalmente incluso con mis propias manos abría mis nalgas para que entrara por completo.

    K: Así bebe que rico, dios mío, dámela rico, así.

    J: Eres única, ¡muévete hermosa muévete!

    La fuerza de sus embestidas me tiró en la cama, el me penetraba subiéndose totalmente en mí, me abrazaba para apretarme las tetas y su boca mordía mi oreja, que rico, su verga entraba por completo en mí, me sentía empalada, sentía que iba a vomitar, yo le mordía el brazo él lo hacía con más fuerza.

    K: Que rico amor, me matas, ¡me matas!

    J: Te gusta mi verga nena, ¿la vas a extrañar?

    K: Si la extrañare, extrañare todo de ti.

    Comencé a chorrearme nuevamente, estaba teniendo un rico orgasmo, el me jalaba el cabello y eso me hacía venirme más, la cama se llenaba de mi líquido, pero Jordi aún estaba durísimo.

    J: Súbete nena y abre el culo.

    K: ¿Me la vas a dar por ahí?

    J: ¡Si te lo voy a destrozar!

    Él se acostó y yo abriendo mi culo me dejó caer en su verga durísima y roja, su verga entraba y me lastimaba, pero al mismo tiempo me daba tan grande placer.

    ¡A mi marido no le permitía mucho entrar ahí y a él le dejaba destrozarme como quería!

    J: ¡Que rico culo, aprieta chingón!

    K: ¡Bebe me destrozas!

    J: ¿Te gusta mi verga en tu culo?

    K: Si guapo, dámela, ¡empálame con tu verga!

    Yo cabalgaba su palo, mi ano se iba abriendo con cada movimiento, el me mordía las tetas y me empujaba su verga, eso me generaba tipo nauseas, sentía que vomitaría, el dolor era fuerte, su verga me estaba destrozando, pero no podía dejar de moverme y querer más.

    J: ¡Así, muévete amor, muévete!!

    K: ¡Papi dámela, me lastimas, pero me gusta!

    J: ¿De quién eres?

    K: ¡Tuya, soy tuya, puedes cogerme cuando gustes!

    J: ¡Vale, lo hare con gusto!

    Ya era su perra, ya no era la mujer respetada madre y esposa, ahora era una mujer hambrienta de sexo y placer.

    J: Que rico culo uhm, riquísimo, ¡uhm!

    K: Ah, si es tuyo, ah, que rico, que rico.

    Sentía como su verga se estaba inflando, yo movía más y más mis caderas, el con sus manos me levantaba y dejaba caer, también apretaba mi clítoris, tenía doble satisfacción, lo mordía del cuello, el me apretaba todo, sentí como sus huevos se inflaban.

    J: ¡Me voy a venir, me voy a venir!

    K: ¡Lléname de ti, lléname!

    Comenzó a venirse, parecía una manguera, me llenaba toda que incluso escurría por mis piernas, el gritaba y se movía riquísimo, yo me corrí por tercera vez y también me movía fuertemente.

    Terminamos exhaustos en la cama, nos besábamos ya más suave, mi ano me dolía a mil, pero la sensibilidad que tenía me hacía tener tremendo placer.

    Cogimos un par de veces más, lo hicimos por toda su casa, en la sala de perrito, lo cabalgue en su sofá, en el ventanal mirando la ciudad, que rica cogida.

    Llegue en la madrugada a casa toda adolorida, ya nunca más lo volveré a ver, pero jamás olvidare su rica verga y como me hacía gozar riquísimo.

    Kali

  • La santurrona y su hijo culturista

    La santurrona y su hijo culturista

    Estar mucho tiempo confinados en casa una madre y un hijo aunque la madre sea una santurrona lleva a que ocurran cosas que en otra situación no ocurrirían.

    Eva, a la que apodan La Sosa, tiene 40 años, es morena, de ojos marrones, mide poco más de un metro sesenta, sus tetas son medianas, sus caderas anchas, su culo gordo, sus piernas delgadas y es muy atractiva.

    Lorenzo tiene 20 años y trabajaba de fontanero, es moreno, de ojos azules, mide un metro setenta y es un fanático del culturismo.

    Al principio Lorenzo hacía ejercicios en su habitación, pero con el paso del tiempo pasó a hacerlos en todas las partes de la casa, esto llevó a que Eva viese el cuerpo perfecto de su hijo y el tremendo paquete que se marcaba en el pantalón de deporte.

    El viaje sin retorno comenzó el día que Lorenzo estaba haciendo flexiones en el piso de la sala y le dijo a su madre:

    -Siéntate en mi espalda, Eva.

    -Ahora iba a darme una ducha.

    -Será un momento.

    -A ver si te fastidias la columna.

    -No te preocupes, sienta.

    Eva dejó en el piso la toalla que llevaba en la mano, recogió las piernas, se sentó a la altura de la cintura de su hijo y apoyó sus manos en la espalda. Lorenzo haciendo las flexiones sintió cómo su madre le mojaba la espalda al frotarla con su coño. Era sudor, pero se empalmó imaginando que se humedeciera. Después de hacer más de treinta flexiones se quedó boca abajo para que su madre no viese el empalme que tenía. No sabía cómo iba a hacer para darse la vuelta, Eva lo quitó del apuro, ya que le dijo:

    -Me voy a dar una ducha.

    Al irse su madre Lorenzo sacó la polla para darle un par de toquecitos. ¡Qué polla tenía el condenado! Aquel trozo de carne con una cabeza cómo un puño, con las venas y el nervio dorsal marcados en él parecía el monstruo del lago Ness, o eso le pareció a Eva que volviera a recoger su toalla, toalla que quedó sin recoger.

    A Eva, bajo el agua de la ducha, le venía la imagen de la tremenda verga de su hijo, se santiguaba y pensaba en otras cosas para quitarla de la cabeza, pero al enjabonar el coño y sentir sus dedos deslizarse por él volvió a verlo. Su coño comenzó a latir y a picarle. Puso el agua fría, pero era igual, volvió a ver la tremenda verga. Se santiguó de nuevo, tocó con su mano derecha la frente, luego el hombro izquierdo y apretó la teta con su brazo, llevó la mano al otro hombro, mejor dicho, quiso llevarla, ya que la posó en la teta y la magreó, y después la llevó a los labios, pero no a los de la boca. Tenía que masturbarse. Era pecado, pero su cabeza le decía una cosa y su coño otra. Llevaba más de un mes sin correrse.

    La última vez fuera follando con su marido, en la posición del misionero, un marido mea pilas cómo ella, que ahora estaba confinado en un hotel madrileño. Pensó en esa última vez. Puso el agua templada… Vio a su marido, la estaba follando, fue recordando paso a paso lo que hicieran hasta que sintió que se venía. En el momento en que se comenzó a correr lo que vio fue la verga de su hijo. Imaginando que la enorme verga le llenaba el coño de leche se corrió cómo una burra.

    Al acabar se sintió mal y se prometió a si misma que jamás se volvería a tocar. Esperaría a que volviese su marido para satisfacer sus deseos carnales.

    Esa noche cenando, Lorenzo, que llegara a la mesa vestido solo con un bañador azul, le dijo a su madre, que vestía con una bata verde que le llegaba a los tobillos:

    -Cuando pase la pandemia me voy a presentar a un concurso de culturismo.

    -Buen cuerpo lo tienes, hijo.

    Lorenzo se levantó y le hizo unas posturitas.

    -¿Cómo me veré oleado?

    Eva miraba las posturitas y de reojo el tremendo paquete que se marcaba en el bañador de su hijo.

    -Brillante, hijo, te verás brillante, pero ahora siéntate y come el pollo.

    La verdad es que Lorenzo era un Adonis, y lo sabía. Las posturitas y el bañador apretado eran para calentar a su madre. Ya la había poseído muchas veces con el pensamiento y ahora quería probar su carne. Hablaron de culturismo durante la cena. Al acabar de cenar, Lorenzo cogió en la alacena una botella de aceite de oliva, y le dijo a su madre:

    -Úntame la espalda de aceite, Eva, quiero verme brillante.

    -Eso es vanidad, hijo, y la vanidad es un pecado.

    -No me importa pecar por vanidoso, peor sería que pecara de envidia si envidiara el cuerpo de otro.

    -Sí, la envidia es un pecado capital.

    Eva cogió la botella, echó aceite en la palma de una mano, las frotó y le masajeó el cuello, los brazos y la espalda con las palmas y con el dorso de sus manos, palmas y dorsos que después cubrieron las partes traseras de sus piernas de aceite. Luego le dijo:

    -Por delante echa el aceite tú.

    Eva regresó a su silla y vio cómo su hijo se echaba aceite en los pectorales, en sus brazos, en su vientre… Vio el bulto que hacía la verga de su hijo moverse debajo del bañador y su coño se empezó a mojar más de la cuenta. Lorenzo se quitó el bañador y Eva vio la verga tiesa y mirando hacia el techo. Escandalizada, le dijo:

    -¡Tápate, sinvergüenza, tápate!

    Lorenzo echó la mano a la verga y la madre vio cómo su mano iba deslizándose por ella descubriendo y cubriendo el glande con la piel.

    -¿No te gustaría tenerla dentro de tu coño?

    -Eres mi hijo. ¡Jamás haría nada contigo! Tápate, por Dios te lo pido, tápate.

    Mirando para el muslo de una pierna que enseñaba su bata entreabierta, le dijo:

    -Te deseo, Eva.

    Eva cerró la bata y tapó los ojos con una mano.

    -¡Calla, sinvergüenza, calla!

    Fue a su lado.

    -La lujuria puede conmigo, Eva -le pasó la verga por los labios-. Te necesito.

    Eva ponía cara de asco al sentir la verga en sus labios, giró la cabeza, y le dijo:

    -Para, Lorenzo, para.

    -Peca, Eva, peca de gula, peca de lujuria.

    -¡Nunca!

    -No digas nunca, jamás.

    Lorenzo, al ver que su madre no hacía por librarse de él, se subió a la parra.

    -Sé que me deseas.

    Lorenzo le volvió a frotar la verga en los labios. Eva apartó la cabeza.

    -¡No, no puedo desear a mi propio hijo!

    Lorenzo cogió la polla, la levantó, le puso sus huevazos en la boca a su madre y los movió de un lado al otro. Eva sintió cómo corría un río de jugos dentro de su coño. Lorenzo le pasó la polla por los labios por tercera vez.

    -Chupa, Eva.

    Eva le dijo:

    -Quita esa cosa de mi cara.

    Eva se levantó de la silla. Lorenzo le dijo:

    -Deja que te olee yo a ti.

    -¡No!

    -Anda, deja que te oleé. Conoceré la textura de tu piel y me ayudará en mis momentos de intimidad.

    -¡Degenerado!

    Eva quiso irse, Lorenzo, detrás de ella, la cogió por la cintura, le abrió la bata y le magreó las tetas.

    -¡Déjame! -dijo Eva poniendo sus manos sobre las de su hijo para retirarlas-.¡Suelta mis senos!

    Lorenzo sacó las manos, las manos de su madre quedaron sobre ellas, puso sus manos encima e hizo que las magrease mientras le decía:

    -Eres un caramelito que quisiera que se derritiera en mi boca.

    Eva magreando las tetas oleadas con los pezones saliendo entre sus dedos se estaba poniendo enferma.

    -Quita -dijo sin ofrecer resistencia-, quita.

    Lorenzo siguió haciendo que Eva magreara las tetas, le quitó la bata y frotó su pecho oleado y su verga contra la espalda y el coño de su madre, la besó en el cuello y le susurró al oído:

    -Te quiero, Eva.

    Eva con los ojos cerrados, le dijo:

    -No quiero que me quieras, bribón.

    -Finjamos que soy un desconocido.

    -Jamás copularía con un desconocido.

    -Joder, Eva, joder con un desconocido, dilo.

    -Copular.

    -¡Joder!

    Se salió con la suya.

    -Copular, maleducado.

    Le dio la vuelta, le retiró las manos y vio sus bellas tetas con areolas marrones y pezones grandes y tiesos como pitones de toro. Su boca, ávida de carne trémula, chupó su teta derecha.

    -No -dijo Eva empujando sin fuerza la cabeza de su hijo.

    Lorenzo siguió mamando al tiempo que le magreaba la otra teta. Al dejar de mamar la teta quiso besarla, pero Eva le hizo la cobra. Mamó la otra teta. Eva volvió a empujar su cabeza sin fuerza.

    -Esto no está bien, Lorenzo.

    Lorenzo siguió mamando. Cuando dejó de mamar, Eva volvió a poner las manos sobre sus tetas para taparlas. Lorenzo se puso en cuclillas, y le dijo:

    -Quiero que me des el néctar de tu coño en la boca.

    Eva hizo una pregunta que jamás pensó que haría.

    -¡¿Quieres qué me corra en tu boca?!

    -Sí, Eva, eso quiero.

    Lorenzo le quitó las bragas, las olió, le dio la vuelta y lamió los jugos que había en ellas. Eva estaba cachonda a más no poder. Le dijo:

    -Nunca la tentación había clavado sus garras en mí con tanta fuerza.

    -Si quieres gozar date la vuelta.

    -No debía, es inmoral y…

    Eva se dio la vuelta, Lorenzo le abrió las nalgas y le lamió el periné y el ojete.

    -¿Te gusta, Eva? -le metió dos dedos en el coño encharcado y le besó el ojete.

    -Sí, pero no debía gustarme.

    Le metió y sacó la lengua en el agujero del culo. Puso los dedos mojados de jugos a ambos lados del clítoris y lo apretó con ellos. Eva ya se magreaba las tetas. Estaba que echaba por fuera.

    -¿Sigo?

    -Sigue, cariño.

    Le dio la vuelta, le cogió las nalgas y le lamió el coño, un coño rodeado por una gran mata de pelo negro, y le preguntó:

    -¿Te gusta?

    -Mucho, hijo, mucho.

    -¡¿Papá nunca te comió el coño?!

    -Tu padre es un buen hombre.

    Eso quería decir que el mea pilas nunca bajara al pilón.

    -Contesta. ¿Quieres correrte en mi boca?

    -Sí, quiero.

    Con las manos en su cintura le lamió el coño de abajo a arriba ocho veces.

    -¿Quieres acabar pronto o que te dure?

    -Que dure.

    Lamió quince veces coño y clítoris.

    -¿Qué sientes?

    -Que me voy a correr.

    Le lamió más de veinte veces ojete, coño y clítoris.

    -¿Quieres correrte ya?

    -Quisiera estar sintiendo lo que siento horas y horas…

    Lamió media docena de veces muy lentamente.

    -Me voy a correr, cariño.

    Lorenzo vio cómo del coño de su madre caían unas gotas de jugo. Lamió de abajo a arriba cada vez más aprisa hasta que Eva comenzó a gemir y después explotó.

    -¡Me corro, hijo, me corro!

    A Eva le comenzaron a temblar las piernas y de su coño salieron jugos en cantidad que Lorenzo se tragó mientras su madre jadeaba cómo una perrita

    Al acabar de correrse la cogió en alto en peso por las nalgas, puso el cabezón de la verga en la entrada del coño, y le preguntó:

    -¿Meto, Eva?

    Eva no le contestó, rodeó el cuello con sus brazos y posó su cabeza en un hombro. Lorenzo empujó y desvirgó de nuevo a su madre, ya que la verga engrasada de aceite entró tan apretada cómo entra el dedo medio en un dedal para el dedo meñique, solo que el coño se dilató, y al rato ya entraba y salía haciendo que Eva viese las estrellas mientras lo comía a besos. La única posición que conocía era la del misionero. No fue extraño que se corriera cómo una loba, que Lorenzo se corriera con ella y que al acabar le dijera a su hijo:

    -No debimos hacerlo.

    Lorenzo la puso encima de la mesa, le abrió las piernas, hizo que flexionara las rodillas y le pasó la lengua por el coño mientras la leche salía de él. Eva le dijo:

    -Lo que estás haciendo es tan sucio que no lo hacen ni los animales.

    Lorenzo paró de lamer.

    -Si te parece muy guarro lo dejo. ¿Quieres que lo deje, Eva?

    -No, cariño, si a ti te gusta…

    Lorenzo lamió su coño, luego con su lengua pastosa de jugos y leche le lamió los pezones y después le mamó las tetas… Volvió a subir con la lengua pringada, besó a su madre, Eva saboreó sus jugos y después le metió la lengua hasta la campanilla… Lorenzo volvió a masajear y a lamer y mamar sus tetas. Dejó las manos sobre ellas y ya se quedó en el coño… Su lengua lo lamió de abajo a arriba, lamió el clítoris, entró y salió de su vagina. Volvió a lamer de abajo a arriba mientras le magreaba las tetas… La lengua volvía a hacer el caminó una y otra vez hasta que Eva le dijo:

    -Mamá se va a correr otra vez, cariño.

    Siguió lamiendo y se encontró con una riada de jugos pastosos que Lorenzo se tragó gustosamente mientras su madre se derretía diciendo:

    -¡Me voy a morir!

    A acabar de correrse, siguió lamiendo para aprovechar los últimos jugos que salían de su vagina. Cuando iba a retirar la boca, Eva se la volvió a apretar de nuevo contra su coño. La señal que le mandaba era inequívoca, quería correrse otra vez. La lengua volvió a hacer el camino que la llevara al orgasmo. Minutos más tarde los gemidos de Eva ya eran de nuevo escandalosos. Le volvió a meter la verga en el coño empapado, Eva, le dijo:

    -¡Me voy a correr otra vez, me voy a correr otra vez!

    La folló a lo bestia y en menos de un minuto se corrió dos veces. Cuando se iba a correr por tercera vez la atrajo hacia él, le levantó las nalgas se la acercó al ojete y le clavó el cabezón en el culo.

    -¡Ayyyy!

    Lorenzo, le preguntó:

    -¿La quito, madre?

    Iba a ser que no quería que se la quitase, ya que dijo:

    -¡¡Me corro!!

    Eva se corrió sintiendo una mezcla de placer y de dolor que hizo que la corrida durase una eternidad. Lorenzo vio a su madre temblar, con los ojos en blanco y cómo de su coño salía una cascada de jugos espesos cómo babas que bajaban por sus nalgas y acababan en la mesa.

    No siguió metiendo. Se corrió dentro del culo de su madre solo con el glande dentro.

    Al acabar, Eva, arrepentida, se bajó de la mesa, se arrodilló, juntó las manos, miró hacia el techo, y dijo:

    -¡Perdón! No sabía lo que hacía.

    La verga de Lorenzo bajó la cabeza y adelgazó una cosa mala. Mirándola, le dijo:

    -¡Coño, Eva…!

    Eva estaba fuera de si.

    -¡Vete! ¡¡Aléjate de mí, Satanás!!

    Lorenzo se fue para cama. Se sentía mal por haber seducido a su madre. Dos horas después le iba a pasar todo el mal. Eva, desnuda, se metió en su cama, lo despertó y le dijo:

    -¿Por dónde íbamos, cerdito mío?

    Se ve que se había arrepentido de nuevo.

    Quique.

  • Tercera vez: Tarde de lluvia

    Tercera vez: Tarde de lluvia

    La tercera que tuvimos sexo, fue la primera vez que lo invité a mi departamento; recuerdo bien, que la tarde amenazaba con lluvia; un gris denso cubría el horizonte, el aire soplaba intenso y frío, haciendo el ambiente muy íntimo; el ansia me desbordaba, había planeado y deseado tanto aquel encuentro; quería asaltarlo con una sorpresa, y lo primero que se me había ocurrido era esperarlo desnudo; acto, que prácticamente me ponía un letrero en la frente de, «cógeme».

    Ambos sabíamos de que iba el encuentro; se la había pasado previamente, argumentando todo lo que me iba a hacer, imaginación le sobraba, y eso me había excitado de sobremanera, me lo imaginaba tomándome por las nalgas, poniendo su verga dentro de mí, haciéndome suyo a su manera y a su voluntad; la expectativa de aquella cita era alta, y yo, tenía que estar a la altura del encuentro.

    Golpearon a la puerta, supe que era él, mi pulso se aceleró, mi nerviosismo era notorio, abrí la puerta, entró y al verme desnudo, dudo unos segundos a causa de mi desnudes, quizás esperaba una charla o ir más despacio; viendo lo que había, fuimos directo al grano; me rodeo el cuello con su húmeda boca, chupando despacio, me tomo por las nalgas y deslizó un par de dedos hacia mi esfínter, lo frotó con las yemas, buscando entrar, acción imposible de ejecutar, por la falta de lubricación, pero él no desistió, sus intentos me prendieron más; lamió y chupo mis pezones; mi erección se hizo manifiesta; desesperado luchaba por sacarle la ropa; desabotoné su pantalón, una vez conseguido esto, lo puse de espaldas a la pared, le saque la camiseta y le baje el pantalón hasta los tobillos junto con la ropa interior, su erección emergió plena, ofreciendo a la vista todo el esplendor de su hermoso pene; me hinqué, lo acaricié y deslice su prepucio, dejando su glande al descubierto, tornado de un color levemente morado; por la uretra se filtraba un líquido viscoso y transparente, chupe suavemente, estaba dispuesto a comerme esa verga, antes de ofrecerle mis nalgas; la saboreé con delicadeza, centímetro a centímetro la recorrí, tenía la verga durísima (más dura que otras veces), sus fluidos llenaron mi boca de su sabor sexual, los bebí complacido; chupando delicioso y pronto empezaron sus jadeos; mi excitación se multiplicó, introduje lo que me cupo de su verga en mi boca con suavidad, chupe profundo, suave, saboreando y recorriendo ese pedazo carne; lamiendo y chupando desde su escroto hasta la punta de su verga; con tal maestría, lo hacía disfrutar y yo disfrutaba. Se desato un una aguacero torrencial…

    Me llevo a la habitación y me tumbo en la cama boca abajo, abrió mis nalgas y hundió su lengua en el ojo del culo, lamió lentamente desde el perineo hasta donde se unen mis nalgas por la espalda baja, mordisqueando a momentos las paredes internas de mis redondos y carnosos glúteos, se detenía en mí esfínter, sentía la dureza y humedad de su lengua intentando entrar en mí, eso me hacía enloquecer; por ratos me azotaba las nalgas, con las palmas de su manos, golpeando con más fuerza cada vez; luego se hundía de nuevo, devorándome el culo con voracidad; me llenaba de excitación cada lamida, cada roce de sus dientes, cada beso que sellaba en mi palpitante orificio, cada vez más ávido de su durísimo miembro; me tomo por la cintura y me llevo hacia él; mis rodillas se apoyaron en la orilla del colchón, mi pecho contra las sabanas, mis nalgas asomaban por fuera de la cama, mis brazos extendidos a los lados, tomó lubricante y lo dejo caer por la división de mis nalgas, aplico lubricante en su glande y lo dirigió hacia mi esfínter, haciendo presión; Métela! Le dije; no hubo obstáculo a su dureza, su verga se abría paso dentro de mí, deslizándose lentamente, mi esfínter cedía, sintiendo como se abrían mis pliegues, cuando estuvo dentro la mitad, de un empujón me la metió toda, buscando su límite en mis nalgas; mi culo se tragó su miembro completo y en mis contracciones lo hundía más en mí, deglutiéndolo y adaptándome a su forma; sus manos apresaron enérgicamente mis caderas; empezó a entrar y salir; salía casi al completo, dejando la punta dentro y de un impulso de su pelvis la metía de nuevo hasta el fondo, se movía cada vez más rápido, cogiéndome duro!

    Su verga torturaba con placer de manera impune, sus caderas estoicas iban hacia adelante y hacia atrás en una acometida placentera, una exquisitez; no había resistencia de mi parte, mi rostro apoyado a un costado del colchón, dibujando los gestos del placer; se movía en un va y ven muy rápido, había un halo de inspiración en sus movimientos, como un esteta dotado de gracia; con esa locura creativa que tienen algunos; de vez en vez gemía por esfuerzo y del goce, sus manos se debatían entre sujetar mis caderas o azotar mis nalgas; por momentos las separaba, buscando entrar lo más profundo posible; mi respiración se aceleraba y jadeaba, tome aire hondo; era un acto de recompensa, voluntarioso, un acto del que nadie debería privarse; el roce de su verga por dentro de mi lubricado culo era inobjetable, enajenado, lo desee más; Que rico, cógeme así, rico!…

    Su pelvis golpeando mis nalgas, impetuoso, como el océano furioso azotando las rocas una y otra vez, era un potro en pleno galope, seguía, embestía; una bestia en brama, acometiendo sin tregua, cada vez más rápido; mis nalgas heroicas, firmes en el frente de batalla, enrojecidas por la lucha, recibiendo con gentileza su durísimo miembro, consintiendo el acto; tenía el culo ancho de tanto forcejeó; en cada metida se dejaba sentir su devoción por el acto; en un arrebato de total frenesí, se hundía una parte suya, como un amalgama de instintos y goces; los cuerpos mojados, calientes, lujuria derrochada; su dureza era infinita, una ricura cada fricción, agradecí el acto, agradecí por su pene hermoso y de un grosor colosal, agradecí por mis nalgas que se entregaban sin objeciones, por mi invadido culo, sometido y satisfecho; una escena digna de la remembranza, de un canto o epopeya, éramos héroes ocultos, dos depredadores en busca de su hegemonía, él, con su virtud en el dar y la mía en el recibir…

    Lo desee adentro, siempre adentro, pugnando por el goce suyo y por el mío, mi boca conservaba el sabor de ese hermoso falo, cerré los ojos recapitulando el momento…

    De nuevo me había entregado a él, me rendí a su viril miembro, le ofrecí como premio, mis nalgas muy abiertas, como lo exigía la postura en la que me encontraba, para guardar lo suyo dentro de mí y hacerlo mío; un irresistible panorama, que tomo sin reparo; y luego, paso a formar parte de aquel cuadro, enloquecí como las veces anteriores, le pedí casi al ruego entre gemidos, que me hiciera suyo, que me la metiera, quería sentirlo, quería gozarlo, quería cogerlo; Por favor, culeame! Culeame rico! Culeame por favor! entraba y salía una y otra vez; perdí noción del tiempo, luchaba por no venirse, llevando el mismo ritmo, sin parar, entraba y salía una y otra vez, sin descanso; había mucha decisión en sus actos; poco después se detuvo, saco su miembro de mí, lo restregó por todo el canal que divide mis nalgas, para después meterlo de un solo golpe hasta el fondo, gemí… Aaaay que rico! Que rica verga tienes!

    Lleve mis manos más allá de mis caderas y de un movimiento delicado, jalé de mis nalgas ofreciendo a voluntad mi adolorido culo bien abierto, que se fruncía en espera de su invitado, facilitando la labor; empujo su verga hasta el fondo sin usar las manos, salía por completo y volvía a entrar, repitió ese acto varias veces, solo encontró limites cuando su pelvis se estrellaba en mis nalgas; esas estocadas desbordaron mi excitación… Me rompes! Dije… Mi voz ahogada por los jadeos y mi respiración agitada, intuyó mi goce; quito mis manos y volvió a tomar mis caderas con fuerza, de nuevo, metió su rígida verga hasta el fondo, entraba y salía más rápido que al principio; Cógeme duro! Dame tu verga!

    El sonido de su pelvis rebotando en mis nalgas, hizo eco en la habitación, un vitoreó a su triunfo (clap, clap, clap), Apreté las sábanas con mis manos, mis jadeos se esparcieron. Mis gemidos multiplicados eran intensos, eran gloria, eran el pico de mi goce, la exaltación del sexo; el también gimió, llevo mis caderas hacía atrás y las atrapó a su pelvis, se quedó inmóvil, mi culo apresó de manera intermitente su dura verga con mis contracciones; me apretó con más fuerza; Por favor adentro, vente adentro! Supliqué; sentí las palpitaciones de su pene dentro de mí y como un calor me invadía, gimió fuerte, supe inequívocamente que se había venido; que rico se sentía. Se mantuvo dentro mío un rato más y lentamente empezó a salir, sentí su verga desplazarse centímetro a centímetro, en cada contracción, mi esfínter succionaba, en un acto de retención.

    Después de unos minutos, salió por completo, me incorporé, por mis piernas escurría su espeso y aun tibio semen, sin decir nada, nos bañamos, nos vestimos; la lluvia había cedido, dispuso a marcharse con la consigna de venir a visitarme más seguido.

  • La primera vez de un tímido estúpido

    La primera vez de un tímido estúpido

    Mi nombre es Celso, tenía 19 años, estudiaba la universidad, soy alto, delgado, no muy guapo, pero tampoco tirado a la calle.  En ese lugar conocí a Nancy de mi misma edad, de 1.55 cm, delgada, nalgas paraditas, pechos pequeños, pero bien formados, muy hermosa y sexy, ella era muy coqueta ya había fajado con varios compañeros, aunque a mí solo me veía como amigo, pero yo quería algo más.

    Como varios chicos rentábamos un cuarto cerca de la uní era común que la visitara en las noches solo platicábamos de cosas sin importancia, mientras observaba su linda figura siempre que iba ella estaba muy sexy con minifaldas escotes pronunciados y descuidadamente dejaba asomar su tanga, todas las noches salía de ahí bien caliente a masturbarme en mi cuarto y a imaginarme que sería mía alguna vez; por alguna razón yo estaba seguro que pasaría, aunque nuestras conversaciones no llegaban a nada sexual el entorno siempre era muy caliente al menos para mí, por ese motivo siempre cargaba un condón que pasaban los meses y no ocupaba.

    Hasta que un buen día…

    Celso: bueno niña ya me voy a dormir a mi cuarto cuídate

    Nancy: espera tengo miedo esta noche y quería ver si te quedabas con migo solo por hoy

    Celso: mmm ok si a ti no te incomoda por mí no hay problema aunque yo duermo desnudo jeja (en tono de broma).

    Ella solo dijo no hay problema de una forma muy seria y casual yo me quedé sorprendido pero no dije nada, Nancy se metió al baño a cambiarse y yo solo me quite el pantalón y me metí en la cama en bóxer y playera para no incomodar, cuando la vi caminar hacia el apagador de inmediato tuve una erección, tenía un short cortísimo transparente que dejaba ver su tanga verde agua luciendo sus redondas nalgas y sus estéticas piernas y un top donde se marcaban sus pezones no sé si de frio o de excitación; estaba muy excitado y nervioso nunca avía estado con una mujer y menos con ese cuerpo y esa carita que me encantaba.

    Nancy apago la luz y se metió a la cama me dio la espalda yo no sabía qué hacer ella acerco sus nalgas hacia a mi, pero yo estúpidamente trataba de que no sintiera mi erección, me arme de valor y la abrase empezó a besar su cuello, su espalda sus hombros, de una forma muy tierna , como no decía nada yo seguí metí mi mano debajo de su top y acaricie sus pechos, la acomode frente a mí y me comí sus senos eran deliciosos, mi mano bajo y poco a poco le quite su short y acaricie su vagina encima de su tanga que estaba mojada y viscosa.

    Nancy: que tienes porque tiemblas?

    Celso: estoy nervioso

    Nancy: esto no parece que sea de nervios (mientras acariciaba mi pene muy fuerte)

    Nancy: me quieres coger?

    Celso: si

    Al momento que yo dije si de una forma tímida y parecía hasta con miedo, ella se me fue encima muy salvajemente, me quito la playera y me basaba como loca, mis labios mi cuello, mi torso podía sentir su lengua y sus mordidas fuertes pero cada cosa que Asia era placentero para mi, se tallaba en mi pene con su tanga mojadísima y con unos movimientos salvajes, luego lentos era un sueño hecho realidad.

    Nancy: quiero que me la metas pero no tengo condón

    Celso: yo traigo uno en mi pantalón (mi fiel amigo desde hace unos meses)

    Nancy: eres un desgraciado ya savias a lo venias (mientras me planto dos cachetadas)

    Me desconcertó un poco pero al ver que se quitaba la tanga de inmediato fui a ponerme el condón mis manos temblaban y ella me apresuraba, y ahí estaba todo listo la mujer que quería abierta de piernas esperándome, me fui sobre ella mis movimientos no eran los mejores era mi primera vez y como estaba tan excitado sentía que me iba a venir muy rápido, al ver mi frustración ella dijo: quítate lo haré yo, y así fue me recosté y se subió en mi con movimientos circulares rápidos tan placenteros para los dos, pude sentir como me mojaba y ver su liquido viscoso salir de ella, le provoque un orgasmo aunque ella lo estaba haciendo todo.

    Nancy tenía una silla como periquera muy alta se sentó hay abrió sus piernas y estaba perfecta para mi medida me puse de pie y se la clave fuerte y rápido, pude contener mi eyaculación no podía quedar mal, pude escuchar y sentir otro orgasmo de ella, me dijo que para ella eso era suficiente me poda retirar, se levantó y volvió a la cama.

    Celso: en serio?

    Nancy: si ya vete ya recibí lo que quería dos orgasmos en una noche son suficiente

    Celso: pero yo la tengo aun parada

    Nancy: en tu cuarto te la jalas ya vete

    Yo me moleste y me fui a jalármela en mi cuarto después de sacarme toda la leche estaba feliz de por fin haber tenido a una mujer pero que mujer.

    Después de platicar nuevamente le comente que fue mi primera vez ella me abrazo y me dijo que entonces yo le pertenecía y que me iba a enseñar, y así fue fueron meses de mucho sexo todo lo que se es gracias a ella hasta mi esposa esta agradecida con ella de alguna forma, posteriormente subiré algunas de nuestras aventuras, gracias por leer hasta el final.

  • La madre de mi hijo, la prostituta

    La madre de mi hijo, la prostituta

    Mi nombre es Juan, tengo 39 años y vivo en los suburbios de la ciudad. Estoy casado con Bárbara desde hace 8 años con la cual tengo un hijo de 7 años.

    Durante toda mi vida fui empleado de una distribuidora de ropa. Pero esta debido a la crisis y los vaivenes de la economía cerró sus operaciones en la ciudad dejando a muchos incluyéndome a mi en la calle. Acto por lo cual tuve que tomar mi automóvil y empezar a realizar viajes tipo taxi mediante aplicaciones móviles.

    Trabajo en el cual no se gana mucho dinero, pero cuando tienes una familia y un niño que alimentar no hay mucho más que pensar.

    Todos los días trabajo más de 10 horas para que a mi familia no le falte nada. Mientras Bárbara se ocupa de cuidar a nuestro hijo y realizar los que haceres domésticos.

    Bárbara o Barbi cómo solemos decirle es una mujer hermosa con 170 cm de altura y 37 años. Piernas largas, caderas anchas, cola parada y poderosa con una pizca de celulitis que le da un realismo extremo. Cintura marcada, con un busto pequeño pero muy sexy y dotada de un abdomen bastante plano. Pelo largo castaño con flequillo y una boca de labios gruesos. Sin estrías, ni tatuajes, ni piercings. Una verdadera mujer de casi 40 años que fue madre de un hijo. De una conducta intachable y una perra insaciable en la cama.

    La condición económica generada por mi despido hizo que Barbi tenga que buscar algunos trabajos a tiempo parcial, los cuales hacía desde nuestra casa. Viéndose limitada en el tiempo por las actividades que nuestro hijo realiza. Así sea llevarlo o traerlo a la escuela, a fútbol a inglés o alguna de las tareas que desempeña un niño de 7 años. Cosa que me es imposible realizar por la dinámica de trabajo que tengo con mi automóvil.

    Trabajos vinculados con la venta on line de productos para el pelo, cremas y algunos maquillajes era el campo donde Barbi se desempeñaba con gran éxito. Las comisiones de dichas ventas nos ayudaban muchísimo a la hora de pagar las cuentas. Habiendo meses en los cuales superaba holgadamente mi salario. Pasando a ser este el ingreso principal de la casa.

    Una tarde luego de dejar el auto en el taller mecánico con el fin de hacerle unas reparaciones tuve la mala noticia de que iban a demorar 2 días en entregármelo.

    Entonces decidí no desaprovechar esos 2 días y hacer algunas cosas pendientes en la casa. Trabajos simples como arreglar el desagüe de la cocina, pintar la reja de entrada o simplemente ordenar mis herramientas.

    Vivimos en una casa muy amplia de 3 habitaciones, con una gran cocina comedor y un extenso patio trasero con un florido jardín. Teniendo entrada tanto delantera como trasera por la cochera. Un palacio en buen estado pero al cual aún le restan algunas cosas por hacer para que quede sensacional.

    Dos días eran suficientes para pintar y reparar unos armarios en una habitación que teníamos como depósito.

    Revolviendo ese armario encontré para mí sorpresa una caja muy bien escondida la cual tenía varios conjuntos de lencería, bragas, diferentes disfraces eróticos, vestidos muy sensuales, sugestivos y extremadamente cortos, además de tacones altos y botas. Ropa la cual Barbi nunca había utilizado ni siquiera en nuestras noches de pasión. También en la caja había una agenda donde Barbi anotaba sus ventas detallando por nombres e importe.

    Lunes Raúl $200 3 pm.

    Jueves Tomás $500 2 pm.

    Viernes Ezequiel $1000 3:30 pm.

    Previsto para la semana entrante. Calculé que eran nombres de algunos compradores pero era todo muy sospechoso.

    El comienzo de estos detalles en esa agenda venía de hacía varios meses.

    Entonces planeé ese lunes dejar de trabajar cerca de las 2 pm, para ir a mi casa y ver que ocurría.

    Esperé sobre mi automóvil pacientemente desde un ángulo dónde podía verse la puerta de entrada de mi hogar, sin estar del todo visible para el que estaba dentro. Pasadas las 3 pm un hombre de mediana edad, panzón y medio pelado tocó el timbre. Evidentemente era Raúl. Todo concordaba con la agenda. Pasaron 10 min y el tal Raúl seguía dentro de mí casa. Por tanto decidí entrar sigilosamente por la puerta trasera sin que nadie me viera para ver lo que estaba ocurriendo. Realizar esta maniobra en el anonimato no fue difícil de gestar. Lo que sí es difícil es narrar lo que estaba ocurriendo dentro de mi hogar.

    Luego de entrar silenciosamente por la puerta trasera y refugiarme tras una pequeña pared pude ver como Bárbara chupaba la verga de Raúl de modo atroz. El pene erecto de este estaba completamente dentro de la boca de mi mujer. Raúl estaba sentado en una de las sillas de la cocina mientras mi esposa Bárbara estaba de rodillas frente a este. Jalándola del cabello subía y bajaba su cabeza graduando esté desde ahí, la cantidad de centímetros que mi mujer tragaba por la boca.

    Vestida para la ocasión con unos tacones negros, una pollera corta negra muy ceñida a sus caderas y un pequeño top mi mujer se prostituía con este patán.

    Cómo buena anfitriona agasajaba vía oral a su invitado. El cual esgrimía una cara de placer extremo con cada lamida de mi esposa a la cabeza de su verga. El panzón de Raúl no dejaba de presionar con su mano la nuca de Bárbara metiéndosela hasta la garganta como intentando saber cuan profunda era.

    Dejándola a las puertas del ahogo y la asfixia. Arcadas mediante sin ningún tipo de respeto.

    -¡Así puta! ¡Así, trágatela toda! -solía decirle

    Haciendo que mi mujer agarre con sus dos manos su instrumento de carne, mientras succionaba su glande de forma atroz. Mirándolo fijamente a los ojos de modo tierno yacía de rodillas frente a él.

    Acto que hizo venir a Raúl en la boca de mi esposa la cual tragó toda la semilla de este sin ningún tipo de inconveniente.

    Pude ver la cara de placer de Raúl debido al orgasmo que mi señora le hizo tener con su boca.

    No voy a negar que al ver a mi esposa en esta situación me dio una gran ira. También género una terrible erección como hacía tiempo no tenía. Tales imágenes generaron que me masturbe varias veces seguidas recordando cómo mi señora por dinero le chupaba la verga a un extraño en mi casa haciéndome acabar contra la pared del baño mientras tomaba una ducha.

    Por lo cual decidí volver a ver cómo rezaba la agenda sin mencionar ninguna palabra de lo ocurrido.

    Fue así como llegó el jueves. Posicionándome de la misma manera esperé que el tal fulano ingrese a mi casa, el cual no tardó en llegar. Tomás era un veinteañero que recién había salido de la pubertad. La única diferencia con Raúl fue que está vez al atenderlo en la puerta, Bárbara se encontraba con una ropa muy sugestiva símil prostibularia. Tacones medias negras un vestido muy corto extremadamente abierto por ambos lados color rojo.

    Dejé pasar varios minutos para entrar con el fin de no ser descubierto para ver lo que acontecía en mi hogar. Repitiendo mi ritual silencioso atravesando la casa sin despertar ninguna sospecha. Posicionándome en el mismo lugar descubro que la acción lejos estaba de producirse en la cocina como el martes.

    El seguir la huella de los ruidos que invadían el silencio de mi hogar me condujeron a la puerta de mi habitación donde podía escuchar como estaban haciendo tronar el colchón de mi cama matrimonial mientras Bárbara gemía de forma alocada.

    Acciones que llevaron a ver por entre la puerta cómo Tomás ensartaba con su enorme miembro a mi señora. Bárbara brincaba como una zorra sobre este desprovista de su pequeño vestido el cual adornaba el piso. Tomándola de las caderas sacudía con fiereza una y otra vez a mi esposa para que esta recorra con su vagina todo su largo pene de ida y vuelta. El joven usaba el cuerpo de mí esposa la cual solo estaba vestida con unas medias largas negras sostenidas por un liguero.

    Mientras me masturbaba, podía observar a la golfa de mi mujer teniendo un orgasmo el cual pintó de blanco el largo tronco peneano de Tomás.

    Este no dejaba de sacudirse frenéticamente cogiéndose a mí esposa, la cual brincaba de manera colosal sobre él. Gritando de placer de forma terrible haciendo tronar nuestro colchón. Hasta que este le pidió acabarle en la cara. Para ser textual le dijo:

    -Putita, ¡arrodíllate que te voy a pintar la cara con leche!

    Ordenó el joven

    Podía ver cómo a escasos centímetros mi esposa se prostituía en mi cama por unos pocos billetes. Mientras me masturbaba durante todo el transcurso de este acto tras la puerta.

    Entonces puso a Barbi de rodillas y el ya puesto en pie empezó a agitar su largo miembro frente a ella. Lo cual dio tiempo a que Barbi pudiera acomodar su pelo. Jalando el pellejo de su pene hacia atrás y hacia adelante esté cargaba su pepino de leche. Mi señora esperaba desde abajo con gran emoción recibir todos sus jugos. Hasta que de un momento a otro escupió su esperma en varios chorros seguidos. Una cantidad enorme de semen espeso que impactaron de lleno en la cara de mi mujer. Chorreándole la cara de una caliente y espesa leche. Envuelta en una profunda humillación está lamía sin culpa el orificio de la uretra de este para quitarle hasta la última gota de esperma al viril pendejo. Haciéndome masturbar y acabar por tercera vez consecutiva dentro de mis pantalones.

    Solo restaba el jueves para terminar este rodeo sexual dónde oficiaba de marido voyeur mientras mi mujer trabajaba del oficio más viejo del mundo.

    Esperaba con ansias el viernes para ver la llegada de Exequiel. Seguí paso a paso la secuencia que fue descripta en los días anteriores. Exequiel era un muchacho afroamericano el cual llevaba 20 minutos dentro de mi casa. Al igual que con Tomás la acción se desarrollaba dentro de las 4 paredes de nuestra habitación matrimonial. Dónde este muchacho tenía ensartada por la cola a la madre de mi hijo. La cual estaba vestida con un uniforme de mucama.

    Con un pene de tamaño normal pero ancho y cabezón abría analmente a Bárbara la cual estaba sobre el borde de la cama puesta como un perrito. Mientras este hombre de tés negra empujaba tras ella taladrándole el culo de modo firme. Todo el moreno miembro de este no cabía dentro del ano de mi mujer la cual tiraba su cuerpo hacia delante buscando un poco de alivio. Retirando así ¾ del largo del pene de este de dentro de ella. El cual la tomaba del cabello para volver a introducir nuevamente esa distancia de un solo empujón.

    Así pasaban los minutos. Mi señora se defendía de las arremetidas de Exequiel con la cola sobre nuestro lecho matrimonial. Barbi no podía soportar la bravura de tales movimientos debido al grosor del aparato de este. Haciendo que mi esposa golpeara con la palma de su mano en reiteradas ocasiones el colchón como clamando compasión. Exequiel había pagado un alto precio y en efectivo por la cola de mi señora. No iba a dejarla hasta satisfacer sus más bajos instintos. Barbi tomó una almohada para morderla con su boca y así poder soportar al moreno que metía toda su ancha verga dentro de su culo. Para luego con sus dos manos presionarla sobre su boca y así disminuir los gritos que le hacía pegar tan terrible bombeada. De esta manera bajaba varios decibeles a sus alaridos que este le extraía cuando se sacudía tomándola de la cintura con sus morenas manos.

    Era un hecho este hombre de color le estaba rompiendo el culo a su sirvienta sexual. Con el trasero bien empinado sobre mi cama, había arremangado la falda por arriba de su cadera del uniforme de mucama que mi señora había escogido para este mal remunerado acto sexual. Podía verse también un pomo aplicador de vaselina el cual mi esposa luego de minutos de dura fricción rogaba a esté, que se unte sobre su miembro.

    A la luz de los hechos yacía parado en la puerta desde hacía 30 minutos. En los cuales me masturbé en reiteradas ocasiones como nunca antes. Mientras este sodomizaba a la ramera de mi esposa.

    Mientras se zarandeaba sin control dentro del culo de Bárbara podía oír al moreno decir:

    -¡Sí! ¡Zorra! ¡Sí! ¡Así! ¡Si! ¡Zorra puta! ¡Así! ¡Sacúdete! ¡Golfa barata! ¡Oh, sí!

    Empujando a contramano la materia fecal con movimiento frenéticos cómo nunca antes había generados sobre el culo de mi esposa. Enseñoreándose gracias al poderío de su dinero del esfínter de Bárbara para sin más vueltas reventar su Granada de semen a la altura de su recto.

    Luego de vaciarse dentro de ella dejo pasar unos instantes para retirarse, momento en el cual Barbi le suplicó:

    -¡Ay, Exequiel sácamela! ¡Por favor! ¡Despacito! ¡Por favor! ¡Despacio! ¡Ay Ay! ¡Que me rompiste el culo! ¡Ay hijo de puta! ¡La tenés enorme! ¡Ay!

    Retirándose de dentro de ella pude ver algunas gotas de semen que rebalsaban del culo de mi mujer el cual buscaba cerrarse sin mucho éxito. Mientras tanto Exequiel limpiaba algunas notas marrones sobre su miembro provenientes del trasero de Barbi.

    Nunca dije nada del trabajo de mi esposa la cual siguió prostituyéndose por un largo tiempo.

  • Mi esposa dejó de ver a mi amigo como fracasado (Parte 4)

    Mi esposa dejó de ver a mi amigo como fracasado (Parte 4)

    Si no has tenido la oportunidad de leer los relatos anteriores desde el inicio de la aventura que me convirtió en el cornudo que soy, por favor léelos antes de este para que tengas la historia completa y puedas disfrutarla como yo lo hice, gracias por acompañarme en esta fantasía maravillosa.

    Pasaron algunas semanas después de haber descubierto aquella escena que me tenía la cabeza y mi calentura muy alborotada, la imagen del tío Teo masturbándose con la prenda íntima de mi mujer me había creado una nueva obsesión y era vigilarlo todo el tiempo a través de las cámaras instaladas en mi casa, la mayoría estaban escondidas por eso de las señoras de servicio que habíamos tenido en el pasado y algunas nos habían robado, sin embargo el estar al pendiente de lo que el tío Teo hacía en casa en especial cuando se encontraba solo en casa con mi mujer me había causado una nueva adrenalina.

    Misma que era alimentada al descubrir que el tío Teo buscaba cualquier oportunidad para ver a mi esposa en alguna posición sugerente, al agacharse a recoger alguna cosa, inclinarse y ver sus hermosos pechos o verla llegar del trabajo o el gimnasio y escanear de re-ojo las nalgas y tetas de mi mujer en cada oportunidad, todo esto me tenía muy excitado al grado de dejarle algunas pequeñas trampas como la puerta abierta de nuestro dormitorio cuando mi esposa dormía y/o ropa tirada de mi esposa que ella no notaria su ausencia, para luego descubrir al Teo recogerla del piso y olerla, así como echar un vistazo a la recamara en alguna visita al sanitario, todo era captado por la cámara la cual nunca se dio cuenta de su presencia y yo podía deleitarme con los atrevimientos que el tío Teo me deleitaba inconscientemente.

    Así pasaron los días y finalmente tuvo respuesta por parte de la notaria que estaba tramitando su papelería, necesitaban validar algunos papeles de su jubilación y el tío Teo no los tenía a la mano, era necesario ir de regreso a su ciudad anterior y tramitarlos en las oficinas de esa dependencia, el viejo estaba muy enojado y aun cuando tratamos de tranquilizarlo, este cayó enfermo debido al coraje provocado. En un acto de caridad lo llevamos con un doctor amigo de varios años y este le diagnostico presión alta, por lo que debía quedarse en cama varios días. Fue entonces que Gerardo se ofreció a ir por ellos para darle el tiempo al viejo de recuperarse, sin embargo yo tenía programado un viaje de trabajo casi por las mismas fechas a esa ciudad, por lo cual me ofrecí a recoger esos documentos en lugar del tío Teo, por supuesto una vez más teníamos que resolverles sus problemas.

    Ahí estaba el tío, acostado en su cama y recibiendo de nuestra caridad el apoyo que necesitaba, antes de partir les dije a los dos amantes, que tuvieran cuidado en mi ausencia que no se confiaran y les ganara la calentura, sobre todo en esas escapadas en las noches. Algo me inquietaba de lo que aquella noche yo había creído haber visto o escuchado. Ambos me dijeron que no me preocupara y que serían responsables, así pues partí a mi destino.

    No es necesario contar que todas las noches que estuve fuera de casa, me la pase pegado a la pantalla de mi celular, por las noches pude ver como Gerardo ocupaba mi lugar en nuestra alcoba, nada era más excitante que ver a mi mujer montada sobre la verga de mi amigo, cabalgando esa gran verga mientras mi amigo con sus manos apretaba sus nalgas su cintura y sus pechos, ver acelerar el ritmo de sus embestidas y escuchar en mi cabeza los gemidos de mi mujer cada que alcanzaba un orgasmo. Todo desde el ángulo superior era como “espiar” a dos amantes en jubilo. Las escenas iban desde mi mujer hincada sujetando con sus manos los glúteos de Gerardo y ofrecerle una mamada de campeonato mientras este le sujetaba el cabello con una mano y la otra sobre la parte posterior de la cabeza de Laura para empujarla hacia adentro la cual al sentirse ahogada por esa gran verga se sacaba ese monstruo lleno de saliva de golpe, otro día estaba mi mujer en 4 puntos y mi amigo le enterraba su herramienta hasta el fondo de sus entrañas, verlos comerse sus sexos, sus fluidos, todo era un mar de excitación que me hacia el cornudo más feliz del mundo.

    Un día por la mañana recibí la llamada de mi mujer, la cual después de ponerla al corriente en mis actividades en la ciudad, me comento que el tío Teo le había hecho una petición que le parecía extraña, al preguntarle yo de que se trataba y captando toda mi atención, me dijo que el tío le pidió ayudarlo a tomarse una ducha, esto me hizo levantar una ceja de curiosidad repentinamente, captando toda mi atención le pedí que me explicara la petición anteriormente descrita.

    -Me ha pedido que si puedo colocar una silla al interior de la regadera ya que aún se siente débil para estar de pie, sin embargo entiendo que debo ayudarlo a llegar a la ducha. ¿Cómo espera que suceda eso?, me extraña que no se lo pida a Gerardo. Comento mi mujer.

    Esto rápidamente me hizo pensar que el tío quería sacar ventaja de la situación para abrazar a mi esposa o su convalecencia no lo hacía pensar con claridad. Opte por decirle que no se preocupara que solo fuera meter una silla en el baño y no le diera más importancia. Cambiamos de tema y colgamos, sin embargo no sería el fin de esa charla.

    Yo podía ver que los días que no había nadie en casa, el tío se levantaba y caminaba a la cocina o al baño sin dificultad, tanto que en una de ellas pude verlo entrar a nuestra habitación y repetir la escena que les he contado con anterioridad, a diferencia, esta vez totalmente desnudo se masturbo en el centro de nuestra cama y pude verlo eyacular en una de las prendas limpias de mi mujer y guardarla nuevamente en el cajón, esto me causo una tremenda excitación de tan solo pensar que mi mujer más tarde se pondría esa prenda con el semen seco del tío, el semen seco de ese viejo por fin tocaría la parte más íntima de mi mujer y está no tendría idea de que eso sucedería. Pfff creo innecesario contarles como me masturbe pensando en eso.

    Otro día, mi mujer le ayudo al tío a meter la silla al baño, Gerardo había ido a recoger al súper mercado una lista de alimentos que Laura le había pedido. Al saber el tío esto, casualmente le pidió ayudarlo a que este tomara un baño, mi esposa sin sospechar nada accedió a ayudarlo con la silla, sin embargo esta al finalizar de ponerla debajo de la ducha, vio entrar al tío Teo al baño con tan solo una toalla sujetada a la cintura, Laura en un parpadeo rápidamente evito cruzar la mirada con él, a voz de ella solo pudo ver el pecho desnudo del tío el cual estaba cubierto de vello y una gran barriga la cual era adornada con un ombligo grande y profundo, esquivando el cuerpo del tío salió de prisa del baño y antes de cerrar la puerta pudo ver como el tío dejaba caer la toalla sin embargo solo pudo apreciar las nalgas gordas y peludas del viejo antes de sentarse en la silla que minutos antes mi mujer había colocado, esta escena le causo repulsión y se fue de ahí sin mediar una sola palabra.

    En otras ocasiones cuando ella le llevaba de comer al tío o dejarle su dosis de medicina, está por intención u omisión debía tocar la puerta y pedirle que se tapara, ya que generalmente solo tenía puestos sus calzoncillos o desnudo solo con una sábana. Mi esposa se sentía acosada cuando tenía que recoger los platos vacíos y/o ayudarlo a acomodar las almohadas, podía notar como el tío clavaba su vista en sus nalgas o pechos, sin embargo no le generaba más problema por la situación de salud del viejo.

    Todo esto lo supe una vez al regresar de mi viaje, mientras jugábamos bajo las sabanas y yo empezaba a masturbar su sexo, me contaba como habían sido las noches con Gerardo y lo rico que la habían pasado, esto la tenía en el punto de su excitación máximo, ya que cada que me explicaba cómo llegaba al orgasmo yo aceleraba la masturbación con mi mano y lo que salía de su boca era un placer para mis oídos. La excitación de ambos me nublo la vista al ver a mi mujer y recordar como disfrutaba de cada cogida que Gerardo le dio en mi ausencia, sin embargo la escena del tío eyaculando sobre la tanga de mi mujer y que ella lo viera desnudo fue lo que me hizo perder la cabeza y acelerar el ritmo de mis tres dedos metidos sobre la vagina de mi mujer, al escuchar que llegaba al orgasmo perdí la razón y dije de manera inconsciente:

    -Vente mi amor, vente… córrete puta, vente zorra, córrete en mi mano… imagina que es la mano del tío Teo que te está metiendo los dedos, córrete puta!

    Esto hizo que Laura se arqueara al escucharlo y soltara un gemido seco pero profundo al sentir su orgasmo llegar, pude sentir como sus muslos pélvicos se comprimían al recibir esa dosis de placer y apretaban mis dedos en su interior.

    Cuando se recuperó, aun podía sentir su sudor frio al recibir esa avalancha de placer mientras respiraba agitada, la bese con pasión y sentí el sabor seco de su boca. Antes de que pudiera recuperarse dijo.

    -me has sacado uno de los mejores orgasmos que he tenido, siempre sabes que decir para excitarme de esa forma. -Dijo ella.

    -¿de verdad? ¿Te excito que te dijera que eres una puta y que aparte el tío Teo te estuviera masturbando? -Le conteste.

    -Si, lo que a ti te excita a mí me calienta, he notado que te llama mucho la atención que te platique como me ve el tío Teo, me imagino que te ha dado material para imaginar muchas cosas ¿no?”.

    Esas palabras me hicieron abrir el cofre de secretos que había guardado hasta ese momento, aunque lo dude un poco y ella me pregunto qué pasaba, le platique como el viejo la veía en sus descuidos y lo que había visto a través de las cámaras, en un principio se sorprendió cuando le dije lo de las masturbaciones en sus prendas íntimas, pero al verme que al estarle contando todo esto y mi erección alcanzo mi máximo limite, tomo mi verga y empezando a masturbarme me dijo:

    -“entonces te excita que el viejo eyacule en mis tangas y yo las use sin darme cuenta” a lo que responde que sí.

    Vi como hizo una mueca de maldad y enseguida se llevó mi miembro a su boca, me regalo una de las mejores mamadas que me había dado y me hizo llegar al cielo. Una vez que termino de tragarse los borbotones de leche que eyacule de varios tragos, le dije “quiero que hagas sufrir al viejo, sin ser evidente caliéntalo, hazlo que cada día te desee más y vamos a engañarlo como el cree que nos engaña al entrar a nuestra habitación” como si de dos niños traviesos se tratara, al principio la vi dudosa pero luego me sonrió de manera picara y me dijo “Pero solo hasta donde yo me sienta cómoda, no quiero que vaya a tomarse atribuciones y luego no podamos controlarlo”.

    -No te preocupes, será como tú quieras… no llegara más allá de lo que permitamos. Le dije.

    Así pasaron los días, Laura al inicio se mostró vergonzosa pero finalmente participo en nuestro juego, se dejaba pasear por la casa en ropa más ajustada, provocativa o incluso fingía que por error el tío estaba ahí y salía del baño en solo una toalla pequeña muy por debajo de sus hermosas nalgas. Lo llamaba para que la ayudara con algún que hacer de la casa y le permitía ver más a detalle su hermoso cuerpo, recuerdo un día que Gerardo y yo nos fuimos a mi oficina ya que me ayudaría con algunos trámites, mi esposa aprovecho esta oportunidad y sabiendo que estaba a solas con el tío se metió a bañar, para luego intencionalmente llamarlo y pedirle que le subiera una botella de shampoo que había supuestamente olvidado en otro lugar, el Tío Teo de inmediato aprovecho esta situación y corrió a dejarla, tocando a la puerta del baño y mi esposa diciéndole que pasará y se la diera por un costado de la regadera, yo no me perdía ningún detalle a través de las cámaras desafortunadamente no tenía una dentro del baño, pero pude ver antes de que el ingresara como el viejo nervioso se limpiaba el sudor de la frente con la botella del shampoo en mano, tomar la perilla de la puerta e ingresar al mismo mientras escapaba el vapor mediante se abría la misma, ya dentro mi mujer le dijo “pásemela por favor”, mi esposa solo podía ver la silueta grande del tío y su brazo atravesando por un costado de la cortina le entregaba la botella, mi esposa le respondió con un “gracias que lindo”, el solo dijo “de nada” con una voz entrecortada, seguramente pudo ver la silueta desnuda de mi mujer, el contorno de sus pechos y sus hermosas piernas, mi esposa me contó luego que duro algunos segundos ahí parado viéndola y ella fingiendo dándole la espalda para que pudiera apreciar sus nalgas, al cabo de unos minutos escucho la puerta cerrarse. Mi mujer estaba excitadísima de los nervios, dice que no pudo contener masturbarse en la ducha.

    Habíamos llegado sin darnos cuenta a un punto sin retorno, ambos nos excitaba la idea de que el tío Teo estuviera siendo víctima de sus deseos sexuales hacia mi mujer, era tanta nuestra complicidad que Gerardo había pasado a un segundo término, aun así Laura cumplía con satisfacerlo por las noches y en algunas ocasiones en algún motel de la ciudad donde se citaban para saciar sus pasiones. Habíamos acordado no decirle nada de nuestra nueva fantasía, esto para no hacerlo sentir mal o que se molestara de saber que su tío estaba siendo víctima de nuestras ardientes travesuras.

    Los días pasaron, yo disfrutaba de ver a mi mujer siendo la calentura de dos hombres que vivían en mi casa, uno la cogía todas las noches en mi cama y el otro se la comía con el pensamiento, muchas veces podía ver al tío Teo masturbarse en los pasillos, en el jardín, en la sala y en cualquier lugar donde estuviera solo y le ganara la calentura de esos pensamientos morbosos que mi mujer le provocaba con sus acciones predeterminadas, a solas, mi mujer y yo veíamos esos videos y yo podía notar como ella se quedaba atónita al ver la verga del tío, incluso coincidimos que debía ser más grande que la de Gerardo sin embargo lo que más le sorprendía era la cantidad de semen que eyaculaba y como cada que podía repetía dejar marcadas todas las prendas de mi mujer, incluso mi mujer se llegó a poner para calentarme aún más aquellas que aun tenia humedad de la leche de ese viejo.

    El tío Teo había se había sentido en total comodidad ya en casa, en nuestra ausencia se paseaba desnudo por la casa sin temor a que llegáramos de repente, se sentaba a ver televisión y era como si esperara que mi mujer un día cruzara la puerta y lo encontrara de esa manera, sentado y con su mano sujetando ese monstruo erecto, lo cual sucedió más tarde pero de otra manera.

    Un día mi mujer al llegar a casa y preguntar quién estaba en ella nadie respondió, así que pensando que estaba sola decidió ir a la recamara a ponerse cómoda, en el camino desabrocho su blusa y dejándola caer en una silla, camino en falda y sujetador hacia la recamara, Laura al ir a la mitad del pasillo vio como la puerta del baño de visitas se abría, en ese momento apareció la enorme silueta del tío, desnudo y secándose su gran cabeza con una toalla recién salido de bañar.

    Mi mujer se paralizo al ver ese enorme cuerpo frente a ella desnudo, su enorme barriga sobresalía al igual que su miembro que colgaba flácido junto a los testículos tupidos de vellos púbicos. Mi mujer finalmente estaba frente a ese miembro que tantas veces vio en video y esta vez lo tenía a pocos metros, pudo notar a detalle el largo de este y como la forma del glande sobresalía del resto, era como si un pene de caballo pareciera.

    Cuando mi mujer pudo finalmente salir del trance, corrió tapándose los ojos y en voz alta dijo:

    -“¡Por favor Teo! Tenga cuidado, vístase antes de salir de la ducha”. Mientras tapaba su vista con la palma de la mano y corría a la habitación.

    Este solo le contesto:

    -“Perdón, no sabía que había llegado. Discúlpeme usted también por verla en sujetador”. Esto mientras una sonrisa burlona se veía en su cara.

    Fue cuando mi mujer reacciono que le había regalado otra imagen para su colección y había disfrutado de ver sus hermosos senos. Mi esposa al contarme esto, sabía lo que provocaría en mí y finalmente me pude imaginar que hubiera pasado si la escena con Gerardo aquella primera noche su hubiera repetido, definitivamente estaba perdiendo la razón, como era posible que me excitara la idea de que ese hombre viejo, gordo, no agraciado físicamente y vulgar pudiera disfrutar de mi mujer, sabía que había perdido el control y aun así lo disfrutaba.

    Una tarde, recibimos la notificación de que los trámites del tío se habían logrado, la notaria tenia lista su documentación y sabíamos que pronto se iría, no puedo describir aun el sentimiento de negación y de decepción de saber que nuestra nueva fantasía se acabaría, sin embargo era así y sabíamos que sucedería pronto, el viejo también sentía sentimientos encontrados.

    Al día siguiente recogimos los documentos del tío y propusimos celebrar esa noche con una cena para los 4, Laura prepararía todo con ayuda de nosotros y compraríamos vino para la velada. Una vez en la mesa, los caballeros empezamos a platicar de cosas sin importancia, chistes y anécdotas de nuestras infancias, mi mujer bajo más tarde ya que le había pedido como última condición antes de que el viejo se fuera se luciera para que este se llevara esa imagen para siempre, mi mujer no me decepciono y al escucharla bajar las escaleras con sus tacones y bajar el último escalón todos nos quedamos atónitos y un silencio surgió, mi mujer lucia espectacular, se había puesto un vestido blanco ajustado que marcaba todo su cuerpo hasta sus muslos, un escote pronunciado hasta su ombligo y unos tacones negros de plataforma, su pelo alaciado y sus aretes de circulo que adornaban perfectamente su cara, lucia realmente sexy. Los cumplidos no faltaron hasta sonrojarla.

    Al pasar por un lado mío para sentarse a un costado de la mesa, pude percibir el aroma de mi perfume favorito y al verla por detrás un escote en su espalda dejaba ver su hermosa figura, por ultimo pude ver como el vestido dejaba ver una tanga blanca por debajo, la cual era diminuta y se veía el triángulo perderse entre sus nalgas. El tío Teo no daba crédito a lo que veía, no pudo disimular cuando se dio cuenta que había dejado a medio camino un tenedor con comida que se llevaría a la boca antes de quedar en shock al ver a mi mujer.

    Gerardo por su parte, le sirvió rápidamente una copa de vino a mi mujer y este le dijo:

    -“muchas gracias por la cena, esta deliciosa” sin despegar su mirada de los senos de mi mujer que se asomaban sobre la mesa una vez que esta puso sus hermosas nalgas en la silla.

    -“Qué bueno que les gusto, lo hice especialmente para el tío Teo”. Dijo Laura con una sonrisa.

    La noche circulo entre risas, experiencias y palabras de despedidas al tío, esta solo eran interrumpidas cuando mi mujer se levantaba a la cocina por mas botellas de vino y que yo fingía revisar mi celular para que estos dos pudieran comérsela con la mirada.

    Todos empezábamos a tener los efectos del alcohol con cada botella que se destapaba, el primer en sufrir los efectos por supuesto fue el tío Teo el cual comenzaba a repetir algunas cosas como “los voy a extrañar, a usted más Laurita por su comida” “por su amabilidad” “por su amabilidad con este viejo”, mi mujer ya en un estado también etílico en una de esas palabras de cariño hacia ella se levantó a darle un abrazo, situación que el tío aprovecho para abrazarla y poner sus manos sobre su cintura y pude ver como con sus dedos intentaba sentir la prenda íntima de mi mujer, todo esto mientras Gerardo veía lo que pasaba y me volteaba a ver con cara de extrañeza, pero al ver mi cara con una mirada directa era como si nuevamente nuestros poderes telequineticos hicieran efecto, supo entonces de lo que se trataba y atónito giro su cabeza hacia mi mujer y el tío que recién se separaban y este le daba un beso a mi mujer en la frente.

    Yo estaba fascinado viendo como mi mujer empezaba a coquetear con el tío y por debajo de la mesa tocarme sobre mis pantalones para revisar como estaba erecto, Gerardo ante la excitación que también le provocaba ver a su puta, se le ocurrió decirle a Laura que lo acompañara a fumar un cigarrillo afuera, mi mujer entendió la indirecta y afirmo con la cabeza, el tío ya entrado en copas no pudo disimular cuando mi mujer se paró y le dio la espalda para dirigirse al jardín, este clavo su vista entre sus nalgas las cuales le pasaron a unos cuantos centímetros y solo pudo sentirlas en su imaginación.

    Yo sabía que Gerardo estaba excitado e iba aprovechar para tocar a mi mujer fuera de la vista de los dos, es por eso que tuve que distraer al tío con la plática, sin embargo este no me ponía mucha atención y solo contestaba con movimientos de su cabeza, sabía que estaba desesperado por seguir viendo a mi mujer como un adicto sin su dosis diaria, solamente apaciguaba su ansiedad con un trago a la copa y tomando valor me dijo algo que me sorprendió y no venía venir.

    -“Tu mujer es muy hermosa, yo nunca podría tener una mujer como ella, realmente te admiro”

    Esto retumbo en mi interior y me dejo atónito, me pasaron por la cabeza contestarle mil cosas entre ellas que sabía que se masturbaba pensando en ella, que sabía que la veía a escondidas y sobre todo que me excitaba de manera enferma de pensar en todo eso. No tuve más opción que decirle “Gracias, realmente es una belleza”.

    El tío se levantó de la mesa y pude notar como una gran erección se marcaba sobre sus pantalones, su enorme barriga ayudaba a esconderla pero sin duda podía notar ese gran bulto sobre su muslo derecho, una vez incorporado con voz desinflada, dijo:

    -“necesito ir al baño”.

    Yo solo le acerté con un movimiento de cabeza mientras le daba un trago a mi copa, una vez que entro al baño aproveche y al escuchar el sonido del seguro de la perilla, me levante de prisa y fui a buscar a los amantes. Al salir al patio no los vi a primera vista, pero un gemido dirigió mi mirada hacia el cuarto de servicio, me acerque y al asomarme por la ventana de este mi sorpresa fue ver a mi mujer empinada sujetándose con sus dos manos sobre una mesa, su vestido levantado hasta media espalda y su tanga echada a un lado de sus nalgas por la mano de mi amigo el cual tenía los pantalones en los tobillos, la penetraba duramente y podía ver como sus nalgas rebotaban con cada embestida que le daba Gerardo, esto mientras este le decía:

    -“¡¡eres mi puta me escuchas!! Me excita que estés coqueteando con el viejo, eres una zorra”

    Mi mujer solo gemía del placer que sentía. Estaba por sacarme mi verga para masturbarme cuando escuche el agua del inodoro del baño donde había entrado el viejo, rápidamente regrese al comedor en lo que se lavaba las manos, al salir este lo primero que dijo fue “donde están los otros?” me tarde en contestar entre la falta de aire por la corrida y la excitación que tenía por haber visto a esos dos cogiendo.

    Le conteste que seguramente terminando el cigarrillo, el no contesto nada y tomo su copa, lo invite a sentarnos en la sala mientras le llenaba más su botella, en ningún momento me paso por la cabeza que el viejo había estado delicado días antes y no debería estarme excediendo en lo que se le servía, sin embargo el tío Teo se veía alegre y queríamos que la pasara bien. Una vez sentados, los amantes entraron disimulando discutir por un tema sin sentido, sin embargo no pude dejar de notar ligeramente despeinada a mi mujer y mi amigo aun acalorado el cual tomo su copa de la mesa y se sentó a un lado mío, mientras que mi mujer se sentó a un lado del tío, mi mujer camino hasta el sillón donde estaba el tío, el cual al verla acercase no pudo disimular ver sus hermosos senos, recorriendo los pies para que Laura pasara este le indico que se sentara a un lado de él, mi mujer obediente lo hizo mientras me veía con cara de malicia, se sentaba a un lado del viejo mientras iba depositando su cuerpo en el sillón pude notar que levanto sus nalgas más de lo normal para tomar asiento, el tío Teo debió haber tenido una vista espectacular desde ese sitio, todo mientras mi mujer me regalaba una sonrisa traviesa.

    Al sentarse cruzo sus piernas dejándolas la pierna en la parte alta pegada a la del tío, el cual se notaba estaba nervioso al estar frente a ese monumento que tanto tiempo le había dedicado varias masturbaciones. La plática continuo como si nada, en un momento de la charla el tío fingiendo no darse cuenta puso su mano derecha sobre la rodilla de mi mujer, la cual sujeto fuertemente mientras fingía una sonrisa para disimular el movimiento, al hacer esto vi la reacción de mi mujer la cual se notaba nerviosa, nunca se habría imaginado que el viejo tocaría una de sus piernas sin embargo pudo contener la situación y dejó que este disfrutara de su suave piel.

    Ver esa escena me causaba una enorme excitación, me era difícil acomodar mi verga sin que notara el hecho, por eso fingía cruzar las piernas para poder acomodar mi miembro erecto, peor aún mi mujer me estaba regalando una deliciosa vista, ya que al tenerla de frente con un vestido tan pequeño, junto a ese hombre gordo y feo y ver como tocaba su pierna me volvía loco, sumado a que podía notar el triángulo de su ropa interior el cual seguramente aún estaba húmedo por la cogida que le habían propinado minutos antes.

    En ese punto sé que Gerardo estaba disfrutando de la escena también, no hubo necesidad de platicar que yo estaba de acuerdo, sabía que me gustaba ver a mi mujer siendo la puta y coquetear con el viejo, el cual podría estar de acuerdo o no, eran las reglas de mi casa.

    Esta situación que me tenía con los huevos a punto de explotar y decidí dejarlos solos para que se sintieran más cómodos al coquetear con ella, fue entonces que dije que era mi turno de ir al sanitario, mi mujer con su mirada trataba de descifrar mi mensaje mas no dije más y me fui a nuestra habitación a orinar a nuestro baño. Ya en la recamara solo me acosté en la cama y espere que preguntaran por mí, entonces escuche como alguien fue a la habitación y fingí estar dormido, escuche los pasos retirarse y decir a mi amigo Gerardo en la sala:

    -¡Vaya! el cansancio ha hecho presa a tu marido mujer, se ha quedado dormido.

    Los tres rieron en voz baja y continuaron con la plática, decidí cerrar los ojos para descansar un poco pero cuál fue mi sorpresa que dormité unos minutos, tal vez habrían pasado unos 40 minutos pero cuando desperté el bullicio de la sala había desaparecido y mi mujer no estaba en la cama, solo un silencio el cual no supe que había pasado. Decidí salir sigilosamente de la habitación aun algo adormilado, al pasar por el cuarto de visitas mi sorpresa fue ver a Gerardo acostado en su cama profundamente dormido, fue entonces que me di cuenta que el tío Teo no estaba en la habitación, me pregunte donde podrían estar y algo en la boca de mi estómago empezaba a sentirse, regrese a la sala y no encontré a nadie, las copas estaban sobre la mesa y fue cuando escuche una charla a la distancia, me acerque a la ventana que da al jardín y ahí estaba mi mujer y el tío Teo, sentados en la mesa de jardín fumando un cigarrillo o por lo menos el viejo le hacía compañía a mi mujer.

    El tío se veía que luchaba por no quedarse dormido, sin embargo aún podía hilar palabras las cuales no entendí de que estaban hablando, mi mujer estaba sentada sobre una silla con el cuerpo flojo, tumbada en la silla recostada de lado podía notar como sus pechos casi se salían por ese escote pronunciado, la elegancia había sido perdida unas copas antes pero se veía en total comodidad con el tío al frente, no le importaba que el viejo tenía solamente su vista clavada en esas redondas tetas mientras mi mujer hablaba sin voltearlo a ver. Estuve ahí viéndolos sin que notaran mi presencia por 15 minutos, hasta que mi mujer dijo que era hora de dormir, se inclinó e intento meter sus pies a los tacones que para ese momento ya deberían ser una carga pesada, aun así pudo ponérselos sin sujetarlos.

    El viejo ya se encontraba de pie y ofreció con su mano ayudarla a pararse a mi mujer de la silla, Laura acepto y de un pequeño jalón la puso de pie y esto hizo que ella tambaleara un poco pero en un reflejo el tío con su otra mano la sujeto de la cintura para que esta no cayera al suelo, el viejo tenía sus dos manos en mi mujer y esto me causaba un morbo increíble, verlos tan cerca cuerpo a cuerpo, solos y mi mujer en esa ropa era lo mejor de lo que me había imaginado.

    Al verlos acercarse a la cocina para entrar a la casa, corrí a esconderme a otro lugar donde no podían verme. Los escuche entrar y él se ofreció a ayudarla a recoger las copas y los platos, lo cual mi mujer dijo que no era necesario, que se fuera a dormir y le agradecía haberla escuchado en esa casi media hora, me sorprendí al verla inclinarse y darle un abrazo y un beso en la mejilla. Esto hizo que el viejo le regresara el abrazo tratando de disfrutar más de ese cuerpo que lo tenía loco, una vez se separaron él se quedó viéndola fijamente a su cara, luego bajo a su pecho y por ultimo a su parte baja, mi mujer con una sonrisa nerviosa le dijo:

    -¿estás bien Teo?

    El viejo tardo un minuto en contestar mientras la veía fijamente.

    -Si estoy bien, gracias por ese abrazo cálido.

    Mi mujer se sonrió y se dirigió a la mesa a recoger los platos, el tío camino sentido contrario rumbo a las habitaciones se despidió dando las buenas noches, mi mujer hizo lo mismo. Yo para ese momento estaba frotándome sobre mis pantalones, ver esa seducción y esa “inocencia picara” de mi mujer me tenía enfermo de morbo.

    Fue entonces que mi mujer una vez recogida la última copa, la puso sobre el fregadero y abrió la llave del grifo para enjuagarlas. Mientras hacía esto yo podía ver sus hermosas nalgas, su espalda, su cintura y toda la belleza que irradiaba mientras ligeros movimientos en su cuerpo eran causadas por el fregar de las copas con la esponjilla.

    Estaba en mi trance más profundo observando a mi mujer y fantaseando como el tío Teo se masturbaba viendo ese monumento, cuando de repente fui interrumpido al ver al Tío aparecer en escena nuevamente y silenciosamente pararse a escasos metros de mi mujer por detrás, ella nunca se dio cuenta de su presencia y como si la casualidad fuera parte del juego, mi mujer se agacho para sacar una toalla para secar las copas del cajón debajo del fregadero, nunca percibió la presencia del tío, yo estaba mudo con la boca abierta, mi garganta rápidamente se secó al dejar de tragar saliva, estaba en un nuevo shock al verlo ahí viendo el hermoso culo de mi mujer que se transparentaba su hermosa y delicada tanga al estar ella en esta posición, mi verga estaba a punto de estallar.

    Finalmente sucedió, como en cámara lenta pude ver al tío caminar hacia detrás de mi mujer y antes de que ella pudiera darse cuenta el tío tomo sus nalgas y le empujo toda su humanidad a su cuerpo, mi mujer al sentirlo se incorporó asustada y sin darse cuenta el tío con sus grandes brazos gordos la sujeto por detrás de su cuerpo, una de sus manos se sujetó fuertemente su estómago y la otra a su cuello, mi mujer estaba paralizada y el tío se acercó a su oído y le dijo susurrando:

    .-“me moría por sentir tu cuerpo, crees que me iba a ir sin haber disfrutado de él”

    Mi mujer quería decir algo pero antes de poder soltar palabra alguna, el tío sujeto el frente de su vestido con ambas manos y jalo fuertemente hacia lados contrarios, los senos de mi mujer brincaron a la vista violentamente y sin perder tiempo el tío los apretó con ambas manos. Mi mujer intentaba torpemente taparse y decía:

    -No… noo… espera… espera… aaahhh… suéltame Teo!

    -¡No, no esperare más! Contesto él.

    Mi mujer trataba de quitárselo pero era imposible, el peso del tío fácilmente triplicaba el de mi mujer. El tío seguía diciéndole cosas al oído como:

    -No sabias como moría por este momento, te voy a coger como nadie te ha cogido, estoy harto de solo mirarte, hoy me voy a saciar todas las que me debes”.

    Lo que estaba viendo era increíble, mi fantasía se estaba volviendo realidad frente a mis narices y no podía perderme cada detalle, aun no puedo creer como he sido el cornudo más feliz del mundo viendo como otro disfrutan de mi mujer de esa manera. Yo estaba ahí congelado viendo la escena.

    Mientras veía todo esto, mi mujer insistía en detenerlo, incluso llegue a pensar en actuar ya que mi mujer empezó a suplicar que parara, pero mi calentura me impedía hacer algo, solo escuchar me provocaba en mi estómago un placer indescriptible.

    -¡Para, para, para… por favor Teo, no quiero, por favor para, déjame”

    El tío sin parar su faena, le decía.

    -Tranquila preciosa, disfruta de cómo te haré sentir mujer.

    Entonces el viejo, con su mano derecha busco la parte baja del vestido de mi mujer y levantándolo de un jalón se abrió camino para tocar la vagina de mi mujer, las débiles manos de mi mujer no eran impedimento contra las manos gordas y rudas del tío, mi mujer suplicaba que parara pero esto solo incitaba más al tío para violentarla, una vez su mano se abrió camino hacia el sexo de mi mujer este empezó un movimiento brusco y acelerado en los labios vaginas de Laura, me tenía impactado la forma tan ruda con la que estaba abusando de mi mujer, sin embargo no podía actuar y no quería perderme detalle de nada.

    El tío empezó a besar el cuello de Laura y esta solo podía girar su cabeza pero todo eran vano, no podía liberarse de esa bestia que estaba hambrienta de sexo, con su mano izquierda tenia atrapado el seno derecho de mi mujer el cual parecía explotar de la presión que este ejercía al apachurrarlo.

    Así estuvieron luchando por 2 minutos mientras el tío aceleraba el ritmo de su mano en la vagina de mi mujer, el insistía y le pedía que no se resistiera, fue entonces que el tío en un movimiento se inclinó más encima de mi mujer, obligándola está a poner la mitad de su cuerpo sobre la barra de la cocina, lo que la obligo a abrir más las piernas para poder sostenerse y con sus manos tratar de sostener el peso que ejercía el tío sobre ella, todo era en vano la presa no podía hacer nada contra el depredador.

    No supe como paso, pero cuando reaccione yo ya tenía fuera de mis pantalones mi pene erecto, estaba masturbándome viendo esa escena donde mi mujer luchaba por liberarse de las bajas pasiones del tío Teo, este no dejaba de abrirse camino en la vagina de mi mujer la cual había ya cedido a la violación que estaba sufriendo. Yo estaba impactado viendo aquello y de repente el forcejeo tomo un rumbo diferente cuando el tío le dijo a mi mujer en la oreja.

    -“Relájate Laurita, déjame saborear tu delicioso sexo”

    En eso pude ver como sacaba su mano del interior de los labios vaginales de mi mujer y se metía los dedos a la boca para chupárselos mientras emitía sonidos de que estaba disfrutando de los jugos de su presa.

    -“Ahora entiendo por qué Gerardo todas las noches disfruta de esta delicia. Dijo abruptamente el tío”

    Mi mujer al escuchar eso se paralizo y yo salí de mi trance, el tío soltó una silenciosa carcajada y dijo:

    -Si preciosa, yo sé que mi sobrinito disfruta de tu cuerpo y tu cornudo esposo lo disfruta viendo, ahora es mi turno de disfrutar de ti.

    Todo este tiempo el tío nos había descubierto, esa noche definitivamente estaba escuchado cuando yo vi su silueta y ahora conocía de nuestro estilo de vida. Una vez más mis pensamientos fueron interrumpidos por el tío al ver que subía el vestido de mi mujer hasta la mitad de su espalda, mi mujer nuevamente intentaba zafarse de esa prisión pero era imposible, el tío en un movimiento brusco jalo de aquella fina tanga blanca y la arranco del cuerpo de mi mujer. Mi mujer insistía en que parara.

    -Espera tío, suéltame por favor… Para, para!!

    -¡Tranquila!… voy a disfrutar de ti por todo lo que me has calentado y sé que tú también lo disfrutas!!! -Dijo Teo.

    Rápidamente el tío con su mano aun libre, se desabrocho los pantalones y bruscamente se hizo a un lado el tirante del calzón, su enorme verga salió disparada de aquellos calzoncillos… Su verga era descomunal para su edad y sus problemas, era increíble cómo podía lograr esa erección, un mástil negro con una cabeza en forma de hongo rosada y unas venas hinchadas que adornaban el tronco de esa herramienta… Vi como la tomo con su mano y rápidamente la abrió camino por las nalgas de mi mujer, la cual está al sentir el hirviente fierro antes de poder decir algo el tío Teo rápidamente libero de su prisión el pecho que tenía sujetado con firmeza para taparle la boca a mi mujer… y susurrando le dijo:

    -Te voy a coger como nunca te han cogido estos pendejos…

    Sin más, se la enterró de un golpe seco en la vagina de mi mujer, yo solo pude ver como mi mujer soltó un grito ahogado con la mano del tío tapando su boca y sus ojos se abrieron casi a punto de salir de sus orbitas. La gran barriga del tío estaba aplastando la espalda de mi mujer la cual tardo un minuto en poder ahogar ese grito de dolor.

    Lo que yo estaba viendo era una violación y lo peor de todo es que yo lo estaba disfrutando, mi mujer estaba siendo usada por ese ser despreciable y viejo y yo estaba ahí paralizado viendo y resignándome como el cornudo que era, ver como mi mujer era el objeto sexual de otro y de qué manera había sobrepasado todos mis pronósticos.

    El tío seguía empujando para abrirse camino en el sexo de mi mujer, los gritos de ella eran ahogadas por esas grandes manos y unas lágrimas empezaron a rodar por las mejillas de mi mujer, el dolor era demasiado para ella. El tío entonces haciendo una pausa al brusco movimiento, se incluso hacia la espalda de mi mujer y comenzó a besarla a cada detalle y diciendo:

    -“Tranquila hermosa, deja entrar en tus entrañas… deja que tu cuerpo se adapte a mi verga”…

    Mi mujer gemía gritando algo que no fue comprensivo para nadie, así estuvo 1 minuto mientras Teo hacia ligeros movimientos circulares para ayudar a que esa enorme verga se abriera camino en su interior. Algo paso y pude ver como mi mujer desvanecía la respiración agitada poco a poco, incluso su cabeza sobre la barra para tratar de recuperar energía y la agitación en vano que utilizo para liberarse… esto debió ayudar a sus músculos vaginales ya que el tío burlonamente dijo:

    -“ya viste mamita? Así es, relájate y deja que yo haga el resto”.

    El tío con su sonrisa burlona, su frente empezaba a gotear ligeras gotas de sudor sobre la espalda de mi mujer, su gran tamaño y peso a pesar de controlar la situación lo había agitado tratando de neutralizar a su presa, agitado empezó un movimiento de vaivén en la pelvis de mi mujer… la cual no oponía ya resistencia.

    Entonces pude ver finalmente como su enorme verga se abría paso entre los labios vaginales de mi mujer, sus grandes manos se pusieron sobre las curvilíneas caderas de mi mujer y esto le permitió comenzar un nuevo ritmo de penetración el cual desde mi posición me permitía ver los testículos de Teo golpear en los labios vaginales de mi mujer, mismos que lucían rojos de la hinchazón provocada por la vejación violenta sufridos previamente. Mi mujer estaba rendida y finalmente entendía que no podría hacer nada contra él, posiciono sus brazos y manos sobre la barra, dejando a merced su cuerpo al tío. Este lo celebro diciendo:

    -“eso es mi Laurita, déjame mostrarte lo que este viejo puede darte”

    -“por favor… no… espera” -dijo mi mujer.

    Entonces el tío, con un movimiento lento se arrancó su camisa que había lucido esa noche. Los botones cayeron al suelo junto con los retazos de tela de la misma, finalmente su enorme barriga y una enorme espalda llena de pelos canosos tupian esa pared obesa hasta las nalgas las cuales fueron expuestas una vez el pantalón de Teo cayó al suelo por el movimiento pélvico del tío.

    La escena me tenía impresionado, ver la humanidad grotesca del tío sobre mi mujer penetrando el cuerpo frágil y hermoso de Laura la cual intentaba ponerse de puntitas sobre sus dedos de los pies para aligerar la penetración ya que soportar el peso del tío siendo sofocada por esa bestia le estaba arrancando la vida.

    Mis ojos no daban crédito, finalmente mi fantasía se estaba volviendo realidad y era ver como ese viejo trataba como a una cualquiera a mi mujer y al mismo tiempo se volvía en el desfogue de otro hombre más, el cual a diferencia de Gerardo estuvo trazando poder llegar hasta este momento y lo había conseguido, ahora mi mente estaba completamente fuera de control al saber que mi mujer estaba saciando el deseo más pervertido de ese anciano.

    Todo este tiempo estuve masturbándome sin darme cuenta, estaba disfrutando cada segundo de lo que veía, escuchaba y podía sentir en el ambiente. El tío entonces detiene un momento sus brutales embestidas, con su brazo derecha busca la pierna de mi mujer la cual intentaba seguir balanceando el cuerpo del tío Teo, sin embargo este al sostener su pierna derecha con su brazo inicio nuevamente la estocada, la vista era inaudita podía ver perfectamente los huevos del tío chocar en la maltrecha y llenos de fluidos vaginales de mi mujer, el tío rompió mi concentración al decir agitadamente y falto de aire lo siguiente:

    “Que rica y estrechas Laurita… déjame llenarte con mi semen”

    Mi mujer no podía decir nada, solo podía escuchar sus ligeros gemidos los cuales empezaban a degustar del momento. El tío apretó entonces sus movimientos y comenzó con un fuerte vaivén que me puso nervioso, el ruido que emanaba de la barra me hacía pensar que podía quebrarse y ambos caer encima de ella. Los trastes a un lado que recién había lavado mi mujer empezaban a vibrar, una copa de vino cayó al suelo y el ruido de los vidrios quebrándose se escuchó en toda la cocina y comedor, estaba seguro que Gerardo lo hubiera escuchado, mi cabeza empezaba a pasar de excitación a nervioso ya que no sabía qué pasaría si mi amigo pudiera llegar en ese momento y encontrarlos así, pero al parecer el cansancio y el alcohol como la vez anterior lo había hecho presa del sueño.

    Desde mi posición pude ver entonces como mi mujer al empezar a sentir esa violencia indudablemente había pasado del susto a la excitación, un ligero;

    -si, si, si, dale cabron. Salía de su boca.

    Entonces con sus brazos dejo de querer levantarse y abrió ambos brazos sobre la barra, lo que hizo que su pecho y cabeza se pusieran sobre la superficie, esto hizo que el tío finalmente al sentir a su presa a disposición pudiera arremeter contra toda su humidad y bajo nuevamente la pierna derecha para ahora hundir sus gruesos dedos en el cabello de mi mujer y con un movimiento rápido lo jalo bruscamente hacia él, haciendo que mi mujer inclinara toda su cabeza hacia atrás.

    -Así Laurita… así, déjame llenarte del semen de un verdadero macho. Dijo el tío entrecortado por la agitación y el esfuerzo físico que estaba haciendo.

    -Lléname, lléname… lléname viejo asqueroso decía mi mujer con su cara descompuesta.

    Al escuchar esto, mi verga el cual ya estaba a punto de explotar sentí llegar el orgasmo, incline mi cabeza hacia atrás para no hacer ruido, apreté mis labios y eyacule tan fuerte que hasta la fecha no sé dónde quedaron mis fluidos. El orgasmo que había experimentado me dejo aturdido, con la boca seca un frio sudor en mi frente… sin embargo no podía perderme terminar de ver ese momento único y excitante ya que pude escuchar como el tío empezaba a brumar señal de que estaba por terminar, entonces sujetándose con una mano en las cadera de mi mujer y con la otra jalando fuertemente el cabello de mi mujer, el tío llego al orgasmo, podía verlo por el espejo como empezaba a gritar como loco mientras una línea de saliva empezaba a salir de su boca y decía:

    -Haaa, Haaaa… que rico toma toda mi leche en tu vientre, aaaahhh”

    -SI tio! Dame fuerte… dame!! Aaaaahhh” mi mujer exclamo con su voz ahogada por el peso del tío.

    El tío con sus últimas fuerzas empujaba todo su cuerpo tratando de atravesar a mi mujer y esto provocaba en ella un grito ahogado mientras sentía en su interior la leche caliente del tío, esa leche que por mucho tiempo estuvo esperando poder entrar en las entrañas de mi mujer y que ahora celebraba el júbilo de su victoria.

    Finalmente esa pesada humanidad cayó sobre mi mujer, ambos quedaron tendidos sobre la barra, varios platos más cayeron al piso. La agitación de ambos se escuchaba en la cocina solamente, mi mujer fue la primera en intentar reincorporarse, pero el tío seguía sobre ella y este trataba de recuperar la respiración y seguía experimentando algunos ligeros espasmos los cuales lo tenían en las nubes, sin embargo mi mujer con mas esfuerzo y viendo que su depredador ya no podía ejercer fuerza, lo hizo a un lado.

    Pude ver como la enorme verga del tío saliendo de la empapada vagina de mi mujer, al salir esa enorme cabeza roja un chorro de semen salió junto a ella y caía sobre los chamorros de mi mujer, otro hilo de semen empezaba a resbalar en la pierna de Laura.

    Cuando esta pudo finalmente ponerse de pie, se acomodó el vestido que había perdido toda su forma, como pudo tapo sus senos y bajo su falda, se acomodó el pelo el cual estaba desaliñado como si recién se hubiera levantado de la cama, recogió sus zapatos y volteo hacia Teo el cual seguía tendido sobre la barra tratando de recuperar fuerzas, entonces mi mujer sin decir nada camino hacia la salida de la cocina y fue cuando se llevó la sorpresa de verme escondido detrás ella e hizo que se paralizara de la impresión, rápidamente entendió cuando le indique con el dedo índice en mis labios que guardara silencio y siguiera a la habitación, había entendido perfectamente mi mensaje y siguió hacia nuestro cuarto dejando ambos atrás al tío Teo.

    Una vez en nuestra habitación y cerrando la puerta finalmente la tome de un brazo y jalándola rápidamente hacia mí la bese apasionadamente como hacía mucho tiempo no lo hacía, mi mujer me había convertido en el cornudo más feliz del mundo y yo tenía que sentirlo, por eso la avente hacia la pared y bajándole el vestido hasta los tobillos, la penetre de un solo golpe… Ella solo gimió pero le tape la misma con mi mano… Pude sentir su humedad y la leche del tío Teo aun en su útero, esa sensación estuvo toda la noche que hicimos el amor.

    Para cerrar esta historia, basta decirles que decidimos guardar el secreto y no contarle nada a Gerardo acerca de lo sucedido con el tío Teo, mi mujer a la mañana siguiente lo hablo con el viejo y él estuvo de acuerdo, así como también hacerlo creer que yo no sabía nada y que se iría en la fecha ya establecida, a cambio de ese trato de silencio pues él se sirvió con la cuchara grande, el aprovecho los dos días previos a su partida para hacer de mi mujer lo que quería, aprovechando mi ausencia y la de Gerardo en el resto del día.

    Yo tenía un festín a través de las cámaras de celular, en esos dos días el tío se cogió a mi mujer en mi cama, en la sala, en el comedor, en la ducha y hasta el jardín. Le pedía toda clase de sugerencias eróticas, como comerse su vagina y ella su enorme verga al mismo tiempo en un 69, intento varias ocasiones penetrarla analmente pero mi mujer no se lo permitió forcejeando con él, era un bestia ya que si mi mujer estaba trabajando o cocinando llegaba y le arrancaba las ropas y se guardaba en su pantalón las tangas rotas no sin antes olerlas y prácticamente violarla como lo había hecho la noche de la cena y una vez que terminaba en ella la sujetaba fuertemente del cabello y la obligaba a tomarse hasta la última gota que salía de ese enorme capullo rojo, me excitaba por las noches verle los moretones y mordidas que le dejaba mientras mi mujer dormía.

    Una tarde en que Gerardo y yo estábamos en casa él se ofreció a acompañar a mi mujer al súper mercado, yo sabiendo sus malvados planes evite que Gerardo los acompañara y fingí que necesitaba su ayuda para algo del trabajo, mi mujer me conto que en el súper mercado la tocaba descaradamente por los pasillos y una ves de regreso la obligo a detenerse por una zona abandonada y ahí la sometió a hacerle un sexo oral como una prostituta de la calle, era una bestia que había despertado sexualmente y no podía controlarse, incluso le arranco el parche anticonceptivos a mi mujer por que le excitaba verla sufrir cuando este se lo quitaba violentamente y le decía que la iba a dejar embarazada de un bastardo suyo, lo cual mi mujer en su excitación le decía que le llenara el vientre para que la embarazara y eso transformaba al tío en un toro en celo al escuchar esas palabras, obviamente mi mujer tomo una pastilla de emergencia para evitar esto pero yo disfrutaba llegar a casa y verle las manchas secas de semen en su labios vaginales y las delgadas líneas que dejaba el semen que escurría sus entre piernas.

    Muchas otras cosas pasaron que convirtieron en la partida del viejo en algo muy erótico en complicidad con mi mujer. Afortunadamente Gerardo no se dio cuenta hasta que le contamos tiempo más adelante para revivir la llama de nuestra relación lo cual obviamente lo enloqueció al enterarse y se cogía a mi mujer mejor que nunca.

    El tío cumplió su promesa y se fue llegando la fecha pactada, yo nuevamente invente no poder estar ese día y le pedí a ella que me despidiera de él, Gerardo y Laura lo hicieron y el tío volvió a su ciudad a regañadientes, así terminaba la aventura fugaz con el tío Teo, mi mujer actualmente se mensajea y le envía fotos desnuda o algún video tocándose, esto hace que el tío insista en querer venir algún tiempo a visitarnos pero siempre le hemos dicho que no podemos recibirlo más, no le queda más que resignarse con esos recuerdos.

    Algunas veces hemos pensando si darle la oportunidad de visitar a mi esposa con mi complicidad porque en mi interior sé que ella disfruto siendo la puta de ese hombre poco agraciado y la forma en que la tomaba como un simple juguete sexual para desahogar sus deseos hace que mi mujer de recordarlo tenga unos orgasmos riquísimos, por lo pronto el tío se tiene que conformar con recuerdos y masturbarse como yo, un cornudo feliz.

    Gerardo a los pocos meses también se fue de casa y no por que las cosas entre los tres estuvieran mal, sino porque una nueva oportunidad de trabajo al otro lado de la ciudad lo llevo a mudarse independientemente, aun así nos ha seguido visitando o pasa los fines de semana con nosotros donde puedo saciar mis fantasías al verlo cogerse a mi mujer y experimentar ellos sus propias fantasías, las cuales espero en una oportunidad contárselas porque también han sido muy excitantes y placenteros.

    Agradecemos infinitamente a todos sus comentarios y saludos que nos han hecho llegar a nuestro correo, no soy un profesional y nuestra única intención era compartir nuestra riquísima aventura, una disculpa por las faltas de ortografía y/o redacción. ¡Muchas gracias!

  • Antes del café (Capítulo 9): Relaciones abiertas

    Antes del café (Capítulo 9): Relaciones abiertas

    Intervención de la narradora:

    Dentro de sí, Azucena sintió quebrarse en pedazos. Lamentó mucho que prácticamente ya no habría otro día disponible antes de la boda para entregarse a la lascivia con su hermano. Sin embargo, ella lo abrazó y le exteriorizó una falsa alegría.

    -Aprecio la confianza con que me cuentas lo que hay entre Ingrid y tú. Ella me adelantó un poco.

    -Perdona que todo este tiempo he utilizado alibis – se excusó Braulio-. Ahora tengo toda la seguridad de recurrir a ti en mis travesuras y conflictos, pero ya es algo tarde.

    – ¿Por qué lo dices? -preguntó Azucena.

    -Porque en pocos días ya no vamos a estar tan cerca como lo estamos ahora -contestó Braulio-. Aún no sé a dónde irás a vivir con Erick.

    -Ni yo lo sé -replicó Azucena-. Pero puedes seguir chismeando conmigo, Erick no es quién para impedirme esta relación de hermanos. Llámame cada que puedas y quieras comentarme algo, no importa el día ni la hora, por favor.

    -Pero Erick y tú tienen que cumplir con sus deberes conyugales -mencionó Braulio.

    -No hablemos de eso, ¿sí? -solicitó Azucena-. Haz lo que te digo. Así yo también podré contarte cómo marcha mi matrimonio y los problemas que surjan, ¿de acuerdo?

    -Está bien -aceptó el joven-. Pero no estás enojada por lo mío con Ingrid ¿verdad?

    -Por supuesto que no -respondió Azucena-. De hecho, me hubiera encantado ser testigo de todo, no visual, pero al menos sí en tiempo real.

    -Pues el día que prometimos no volver a mencionar fue la primera vez que sucedió -confesó Braulio.

    -Entiendo que no me lo hayan dado a saber ese día -alegó Azucena.

    -Entonces, ¿te molesta que hasta estos días te lo hiciéramos saber? -insistió Braulio.

    -Tampoco -replicó Azucena-. Estoy molesta con la actitud que mostré. Tú lo dijiste, somos adultos, nuestras vidas son decisión nuestra, pero esa vez no fui madura para comprender que todo fue coincidencia. Presumo tener mente abierta y ese día me vi hipócrita. ¡Y ve ahora! Me voy a casar, ¿es estúpido no crees?

    -Para nada -objetó Braulio-. Te has esforzado en mejorar en todos los aspectos de tu vida y has obtenido resultados significativos. Además, es evidente que eres feliz.

    -Honestamente no dejo de ser un mar de emociones desde hace varios días -reveló Azucena.

    -Comprendo muy bien, se te están juntando varios eventos conmovedores -dio razón Braulio.

    -Dejémoslo a un lado por ahora o comenzaré a llorar -sugirió Azucena.

    Braulio comprimió más fuerte a su hermana y en reacción, Azucena imprimió besos sutiles en el cuello de su hermano.

    -Me haces cosquillas -dijo Braulio entre risas y Azucena cesó de inmediato.

    -También te felicito por ser destacado en tu trabajo -reanudó Azucena la conversación-. Mañana espero levantarme a la misma hora que tú para desearte un excelente viaje y si puedo acompañarte al aeropuerto estaría mucho mejor.

    -El avión parte a las 6 de la mañana -informó Braulio, soltando a su hermana-. Si quieres acompañarme tendrás que despertarte a las 4 conmigo para tomar el café.

    Azucena le dio las buenas noches a su hermano dándole un fino beso en su mejilla mientras sostenía su cabeza y le expresó que lo quiere. Braulio devolvió la muestra de cariño, sintiéndose mimado y sonriente. Cada quién se acostó en su respectiva cama.

    Es turno de que los hermanos narren lo que continúa.

    Versión de Azucena:

    Enseguida me preparé para dormir. Sin embargo, la nostalgia venció a mi voluntad. Con voz silenciosa, me preguntaba “¿qué haré?» (para quitarme la curiosidad de coger con mi hermano). Transcurrían los minutos de la madrugada y después de tanto explotar a mi cerebro me quedé dormida.

    Sonó la alarma de mi celular a las 4 de la madrugada. Escuché que alguien se estaba bañando y recordé que mi hermano tenía que partir rumbo a Cancún, pero también pensé en que sería la última ocasión para follar con él. Me levanté deprisa, me desvestí y entré al baño envuelta en mi toalla. En secuencia, mi hermano asomó la cabeza por la cortina de baño y me vio, yo dejé caer mi toalla, él me jaló de la cintura hacia la bañera con él, me recargó en la pared, me besó el cuello mientras yo le frotaba su enorme verga y sin demorarse más me la metió toda, cogiéndome duro contra el muro y haciéndome gozar demasiado. De repente, el sonido del agua precipitándose y de nuestros gemidos fueron desvaneciéndose. Desperté, eran las 8 de la mañana.

    Noté en mi teléfono que la alarma de las 4 de la mañana sonó, pero no me despertó. Me desilusioné de que solo haya sido un sueño y rápidamente salí hacia el pasillo, quise abrir la recámara de mi hermano para avisarle que se le hizo tarde, incluso toqué fuerte la puerta, pero salieron mis padres espantados y me dijeron que mi hermano ya se había ido desde las 5 de la mañana. Les pedí disculpas, entré a mi cuarto, cerré la puerta y comencé a llorar. Después de eso, mis padres se alistaron para salir a pasear y me quedé sola en casa.

    Sabía que era mi culpa, pero aun así me preguntaba tristemente porqué mi hermano no tocó la puerta de mi habitación para despertarme y hacerle compañía con un café en la madrugada. El temor de creer que Braulio realmente no estaba interesado en mí me aprisionó y mi mente empezó a maquinar locuras.

    -Pues ahora sí saldrá a la luz la verdadera Azucena que soy. Un día de esta semana que viene, aunque llegue de trabajar muy noche y se sienta cansado lo estaré esperando en su recámara y lo violaré. No me caso sin antes probar la gigante y sabrosa pija de mi hermano. Si es posible me colocaré un trozo de cinta de aislar en la boca a la hora de introducirme su pene y que nuestros padres no escuchen mis gritos.

    Con tanta calentura y sin saber qué decir ni hacer se me ocurrió llamar a Ingrid. Ella aceptó venir inmediatamente a mi casa. De rato, se escuchó la puerta principal azotándose y en un santiamén tenía postrado ante mí a Erick, estando yo sentada en mi cama.

    – ¡Te fui infiel! -rompió en llanto-. No era mi intención. Solo quise saber cómo reconquistarte, pero a tu mejor amiga y a mí se nos pasaron las copas. Recuerdo los momentos, todavía estaba consciente pero no pude controlarme y me dejé llevar. Terminamos en un hotel habiendo tenido sexo y ahora me siento terrible. ¡No mereces a un marido como yo!

    Quería decir algo, pero me quedé callada por varios minutos, en los cuales él me pedía desde su interior que lo perdonara y no paraba de llorar. En realidad, era él quien no merecía a una esposa como yo. Mi corazón cimbraba de lo mal que me sentía al haber provocado ese innecesario sentimiento de culpa en él.

    De pronto, Ingrid entró a la casa, se dirigió a mi recámara y nos hallamos los tres como si se tratara de un funeral. Pensé que sería el peor día de mi vida. No sabía cómo manejar la situación, por lo que mi única idea fue poner cómodo a Erick.

    -Querido, toma asiento ¿sí? Ahorita platico contigo, a Ingrid la cité antes porque tenemos un pendiente que arreglar.

    El angustiado de Erick se sentó en mi cama y yo llevé a Ingrid a la barra para hablar, o más bien, susurrar.

    – ¿Ahora qué hago? -dije con desesperación.

    – Pues, ¿no que te ibas a poner perra y hacer que te ruegue? -me cuestionó.

    -Es lo que estaba haciendo hasta que llegaste -le comenté-. Se arrodilló y me confesó todo. Ya no sé qué hacer, me siento fatal. ¿Y si fingimos una escenita en la que te corro de mi casa toda encabronada?

    -Amiga, yo creo que tenemos que hablar con la verdad -aconsejó ella.

    – ¿Qué? ¿Y romperle el corazón de esa manera? -pregunté.

    -Ya has roto varios, este será solamente uno más -opinó desconsideradamente.

    – ¡Es mi prometido! -exclamé-. Estamos a una semana de casarnos y soy su felicidad, ¿quieres que lo desilusione y mate sus esperanzas puras?

    -Mira, él fue honesto contigo -contestó-, si tú eres honesta con él, por lo menos te sentirás bien contigo misma.

    -No le veo sentido a lo que dices -me sinceré-, pero quiero acabar con esto de una vez por todas. Si después de esto él me sigue queriendo habrá boda.

    Respiré hondo, me armé de valor y me acerqué a él junto con Ingrid. Comencé admitiendo que yo le propuse a Ingrid la idea de llevarlo a la cama, aunque no le dije la verdadera razón. Mi pretexto fue que se trataba de una despedida de soltero que yo misma le preparé, con el propósito de que llegara entrenado a la noche nupcial.

    Erick mantuvo una mirada seria hacia nosotras por unos instantes y luego se retiró sin enunciar ninguna sílaba. Di por hecho que el compromiso se había terminado.

    Ingrid se encargó de acompañarme en mi sufrimiento el resto del fin de semana y así hasta el siguiente viernes, quedándose todos los dias en mi casa después del trabajo y hasta el anochecer. Precisamente el viernes, inesperadamente nos visitó Erick, quien abrazó a Ingrid y luego a mí. Sus palabras hicieron saltar a mi corazón.

    -No me explico muchas cosas. Tienes una mente tan abierta como para permitir que yo haya tenido sexo con tu mejor amiga, pero estoy dispuesto a lo que sea contigo, incluso si quieres follar con alguien más no me molestaré en lo absoluto, con que seas feliz a mi lado me basta. ¿Sigue en pie nuestra boda?

    Mi respuesta fue sencillamente un sí. Sin pedirlo, Erick se había convertido en el modelo de marido que tanto soñaba y yo estaba sumamente contenta de eso.

    Llegó el sábado previo a mi boda. Antes de tomar mi café, decidí llenar la tina y meterme a bañar. En eso, escuché que alguien azotó la puerta principal y de repente, vi una sombra detrás de la cortina de baño.

    Versión de Braulio:

    Eran las 6 de la mañana cuando me encontraba en un avión dentro del Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta, un poco decepcionado porque mi hermana me dejó plantado con el café que habíamos acordado. Ella no despertó ni con los golpes que le di a su puerta.

    En cuestión de horas aterricé en la paradisiaca costa de Cancún. El hotel que la empresa reservó era uno de los más reconocidos y se ubicaba en la playa caracol.

    Me instalé en mi habitación, acudí a la comida de bienvenida y después comenzó un ciclo de conferencias, las cuales estaban programadas de 3 a 8 PM ambos días, sábado y domingo. El resto del tiempo era libre.

    Terminando la convención del sábado regresé a mi habitación con el fin de asearme y arreglarme para asistir a la cena de gala. De pronto, tocaron la puerta, anunciando el servicio a la habitación. La voz me sonó familiar. Fui hacia la puerta, abrí y ante mis ojos se presentó Lizbeth, quien traía puesto un traje de baño negro de dos piezas elegante bajo una falda tubo transparente negra y unos lentes de armazón cuadrado, con los que se veía intelectualmente ardiente.

    Ella dio un paso hacia el interior de mi recámara, puso su dedo en misi labios a manera de silenciarme, cerró la puerta y me dirigió la palabra.

    -Le dije que usted sería mío este sábado y domingo, profesor. Aquí estoy para eso.

    – ¿Y si tu padre nos está esperando en la cena? -pregunté.

    -Le avisé previamente que saldría a divertirme con usted -respondió-. ¿Acaso no soy inteligente? Usted me debe este viaje. Yo convencí a mi padre de traerlo con el argumento de que usted es mi pretendiente. ¿Cómo me lo puede pagar? Usted ya lo sabe.

    Sus brazos rodearon mi cuello como una soga mientras me plantaba unos besos intensos en la boca. De inmediato, dirigí mis manos hacia el broche de su bikini, pero ella dejó de besarme y me dio sugerencias.

    -No, profesor. Tenemos dos noches y madrugadas enteras, así que procure no enseñarme todo lo que sabe hacer en una sola. Gócelo y hágame gozar. Solo no me haga un anal porque aún no me recupero de aquella vez que estrenó mi culo rompiéndomelo.

    Para mí era increíble la autoridad y sabiduría sexual de una muchachita de 18 años. Después de tomar asiento en el sillón y ella de frente sobre mí, no dudé en seguir cuestionando sus conocimientos

    – ¿Y por qué eres experta desde los 16?

    -Asistía a la preparatoria -comenzó a narrar entre gemidos debido a que recibía mis besos en su cuello y mis calientes arrimones-. Tenía un novio con el que fue mi primera vez. No obstante, yo estaba enamorada de mi profesor de artes. Un día me quedé al final de su clase en el salón, cerró la puerta y me cogió tan rico que hubiera deseado que esa fuera mi primera vez. Fue mi pareja sexual hasta que tuvo problemas matrimoniales por mi causa. Le aprendí mucho y desde ahí tengo una parafilia por los profesores. Usted es mi segunda víctima después de él.

    -Con ese cuerpo maravilloso tendrás muchísimas víctimas, te lo aseguro -la halagué mientras me levanté cargándola para llevarla a la cama.

    Tuvimos un previo exquisito de tres horas cachondas en las que nos comimos a besos, no hubo un solo lugar de su cuerpo que no recorriera con mis labios y viceversa, dedicándole más tiempo a nuestros genitales y demás partes íntimas. Así también fricionamos nuestros cuerpos envueltos en nuestras ropas hasta que la calentura llegó al punto de ebullición y procedimos a desnudarnos.

    Ella me concedió el honor de iniciar dándole en cuatro. Apenas la penetré y sentí que sus paredes vaginales estaban tan hinchadas que me apretaban demasiado el pene, así que tuve que ir despacio y tomarme el tiempo necesario para que mi verga llegara hasta lo más profundo. Ella emitía gritos de placer que iban incrementando en volumen, por lo que tomó una almohada y los ahogó en ella.

    Pasamos largos ratos cambiando posturas: ella acostada boca arriba, la misionera, vaquera, de tornillo, de cruz y una que conozco como carretilla invertida, donde ella se suspendía reposando su cabeza y brazos en la cama mientras la sostenía de sus piernas. No duré más de cinco minutos en esa última posición, ya que al tener a mi vista su cara de satisfacción coronando sus prominentes tetas, saqué mi pija y dejé escurrir mi leche a lo largo de su abdomen, llegando a sus pechos y salpicando un poco en su cara y sus sexys lentes.

    Ella se duchó mientras yo fui vencido por el sueño, siendo las 2 de la madrugada. Amanecí el domingo con Lizbeth a mi lado en su traje de baño y no pude evitar arrimarme a ella de cucharita, pero ella me sosegó una vez más.

    -No gaste energía, profesor. Desayune, diviértase en la playa, ponga atención a sus conferencias y nos vemos a la misma hora que ayer, pero ahora en mi cuarto. Es el 709.

    Me besó, se puso su falda y salió de mi habitación. El resto del día se me hizo una eternidad hasta que por fin cayó la noche. Acudí con mi maleta ya preparada a la recámara de Lizbeth, ella me permitió entrar y la lujuria se volvió a desatar. Esta ocasión procuramos tardar menos, ya que debíamos tomar nuestro vuelo de regreso a las 6 de la mañana del lunes.

    De esta manera tuvimos un nuevo previo muy caliente y un polvo fenomenal, con posturas sexuales que variaron poco con respecto al día anterior. Al final, ella estaba sentada en mí y se dio unos sentones muy duros cuando le advertí que estaba por correrme. Gemí fuerte y luego vi mi semen cubriendo mi verga después de haberle rellenado el coño.

    Ella se acostó a mi lado, satisfecha, abrazándome y siendo franca conmigo.

    -Aunque tenga encuentros sexuales con otros en un futuro, volvería a usted frecuentemente. Usted es mi definitivo, con el que desearía juntarme o casarme, como usted prefiera y si es que está de acuerdo conmigo. Piénselo muy bien.

    Después de una ducha juntos, dormimos y en unas cuantas horas acudimos al Aeropuerto Internacional de Cancún para regresar a Puerto Vallarta.

    La propuesta de Lizbeth me dejó pensando mucho, pero estaba seguro de que yo también quería algo así con ella, una relación abierta pero siendo ella mi definitiva.

    Transcurrió una semana normal hasta que llegó el sábado en que me mudaría. Me levanté temprano, salí al pasillo y vi que mis padres se iban de paseo. Aproveché la situación para ir por mi toalla y meterme a bañar antes de tomar el café.

    CONTINUARÁ…