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  • Francidós: En la casa de mi tía

    Francidós: En la casa de mi tía

    Hice una pasantía en el Instituto Agronómico, donde tengo dos primos, hijos del hermano de mi padre, capitán de barco, que murió. Viven con su madre, la tía María Luisa. Recogí mis cosas y me fui a Valencia, normalmente mi pasantía debería durar julio y agosto, el Instituto nos pagaría el alquiler, con un colega tomamos un estudio amueblado.

    Tenía la dirección de mi tía, y después de una semana de prácticas, aproveché el fin de semana para ir a verla. Cuando llegué a la dirección indicada, alrededor de las 11 de la mañana, vi una hermosa villa. Llamé y me respondió una voz femenina en el intercomunicador:

    — ¿Quién es?

    — Soy Federico —dije—, vengo de Orihuela, ¿vive aquí la tía María Luisa?

    — Sí, esta es su casa.

    Abrieron el automático, empujé la puerta para abrirla, y me condujo a un gran jardín, a veinte metros de la entrada. Camino hacia la entrada, la puerta se abre, aparece una joven y me saluda, le correspondo y me pregunta:

    — ¿Quién eres?

    — Soy Federico —digo—, vengo a ver a mi tía María Luisa.

    — Yo soy su hija —me dice—, soy, pues, tu prima Enma; sí, he oído hablar de ti, eres el primo de Orihuela, —sonaba a alegría.

    Y me invita a entrar, me lleva a la sala de estar, me dice que su madre no estaba allí, que había salido con su hermano Enzo al mercado.

    — ¿Enzo?

    — Sí, es Lorenzo, pero lo llamamos Enzo, —me respondió simpáticamente.

    Mi prima Emma tiene 21 años, es una chica hermosa, de 1,65 m de altura, regordeta, pelo castaño, bien educada, que habla en voz baja, me pregunta por la familia. Me cuenta un poco de su vida, acabo de enterarme de que fue estudiante en el instituto para convertirse en fisioterapeuta, que su hermano de 18 años va a entrar en el instituto de turismo. Le dije que había venido a Valencia para una pasantía, y que aprovechaba esta oportunidad para conectarme con la familia. Ella se alegró de verme a pesar de la disputa que tienen con mi padre por un problema de herencia.

    Media hora después, su madre, la tía María Luisa, llegó del mercado o de donde quiera que estuviera, me vio y preguntó a su hija quién era yo, su hija fue a hablar con ella, y mi tía vino hacia mí gritando:

    — Oh, mi sobrino Federico, cómo has crecido.

    Me preguntó por la familia, le conté todo, nos sentamos, tomamos el té, mi primo me saludó y se quedó tímidamente en un rincón.

    Es un chico guapo, tiene los mismos ojos que su hermana, heredó el trasero regordete de su madre, tirando hacia el trasero de una chica. Su madre le pidió que se acercara, y él se interpuso entre su hermana y yo. Después del té quise irme pero me retuvieron para dormir y pasar el fin de semana con ellos. La tía María Luisa me informó que su hijo está deprimido, no saben por qué, lo llevaron a un psicólogo que les dijo que carece de afecto, y que necesita un compañero para poder entretenerse y entrar en el mundo de los hombres, ya que perdió su ser muy joven. Finalmente me ofrecieron compartir la habitación de Enzo con mi primo, subí las escaleras, él vive solo arriba, tiene su propia habitación, una pequeña sala de estar y un baño para él solo.

    Puse mi bolso en su habitación. Tiene una cama doble, mi tía le pregunta a su hijo si quiere que duerma con él en la misma cama, él dijo que sí, que no hay problema. Le ofrecí ir a la playa, fuimos por un par de horas a nadar y a tomar sol, durante la estadía en la playa noté que me miraba la entrepierna, tal vez sea una idea mía, pero aún está por verse, —pensé. Fuimos a casa, nos duchamos juntos, entre a la ducha con el bañador y dentro se lo quitó y yo hice lo mismo; me dije en mi interior: «ya veremos esto en qué acaba». Comimos, tomamos una siesta, noté que había una computadora en el cuarto de mi primo, le pregunté si podía usarla, me dijo que sí, que había internet, la encendí, miré algunas páginas de los periódicos, fui a los favoritos, había porno gay y la cerré enseguida. Por la noche, después de cenar, fuimos a dar un paseo por la alameda juntos, mi tía y su hija también, fuimos a tomar una copa y volvimos tarde.

    Hacía tanto calor que decidí ducharme para refrescarme, Enzo se fue a la cama, su madre me dijo que no apagara la lucecita del cuarto del primo, luego vi la televisión y subí a la cama, había una pequeña luz que apenas se ve con ella pero no me molestaba. No tenía pijama y decidí ir a la cama en pantalones cortos, me puse bajo la sábana y oh, sorpresa mi primo está desnudo y estaba acostado sobre su estómago, me resbalé suavemente bajo la sábana. Levanté un poco la sábana y miré las nalgas y automáticamente tuve una erección. ¿Cómo hacer en esta situación?, ¿masturbarme? No, no debo, no puedo hacer caso omiso tampoco. Pensé en arriesgarme a tocarlo para ver si se despierta fácilmente. sólo rocé las nalgas de mi primo para ver su reacción, y nada, no se movía, volví a tocar otra vez manteniendo la mano en las nalgas de mi vecino de cama, acaricié un poco y de repente sentí a Enzo gimiendo, quité la mano por miedo a causar un escándalo, cambió de posición y me dio la espalda.

    Mi erección estaba al máximo, me pegué a él haciéndole sentir mi erección en su culo, empecé a moverme, llevé mi mano hacia su sexo, que estaba erecto, y empecé a masturbarlo suavemente, él empezó a gemir suavemente mientras pegaba su culo a mi polla. Inmediatamente me quité los pantalones cortos quedándome desnudo como él y deslicé mi sexo entre sus nalgas, él seguía gimiendo mientras yo lo masturbaba. Mi fibra venosa estaba entre sus nalgas, buscando el agujero. Se volvió hacia mí y puso sus manos alrededor de mi cuello y comenzó a besarme; era un beso caliente de una persona que sabe cómo besar. Mientras me besaba, deslicé una mano hacia su trasero y empecé a tocar el entorno de su agujero, le metí un dedo y gimió fuertemente. Dirigí allí mi fibrosa polla e inesperadamente empezó una mamada que engulló todo mi sexo, me la chupó bien. Le advertí que me iba a venir y me soltó la polla y volvió a su estómago, continué masajeándole el culo, y me dijo que me diera prisa, que teníamos que dormir, entonces me puse sobre él, le escupí el culo y le puse la polla. En cuanto le metí la polla gritó:

    — Me duele, tranquilo, —se separó las nalgas para facilitarme la penetración, y me dijo que fuera tranquilo, que era virgen, le hice caso.

    Le presenté mi fibra centímetro a centímetro, él gimió:

    — Oooohhh ouiiii vas, Oh, Fede.

    Lo agarré por los hombros y me enganché completamente en su culo, me quedé pegado a él un poco de tiempo para que se acostumbra a mi sexo.

    Se agachó para ayudarme, mis movimientos de ir y venir iban acompañados de los movimientos de sus nalgas, subía a mi encuentro cada vez que volvía a entrar en él, su esfínter también funcionaba, me sujetaba la polla con fuerza. De vez en cuando giraba la cabeza y le besaba, le ponía a cuatro patas, ponía mi mano debajo y empezaba a masturbarse, tenía una buena erección, y yo seguía barriéndole el culo, me pidió que fuera más rápido, y lo hice; sentí que los músculos de su ano se contraían, él jadeaba y gemía, yo también gemía:

    —Sí, continuamente bueno, —en el último compromiso fui más profundo.

    Le solté el sexo y lo até fuertemente por las nalgas y eyaculé durante este tiempo; él siguió masturbándose y también se corrió. Le envié toda mi reserva de semen en las entrañas, se puso boca abajo y yo estuve atrapado dentro de él por unos buenos cinco minutos mientras respirábamos. Mi pito se hundió una vez más y lo saqué, nos levantamos y nos limpiamos, y volvimos a la cama desnudos, con mi pito entre sus nalgas.

    Al día siguiente nos levantamos tarde, mi primo empezó a chuparme, y me dijo:

    — Todavía me duele el culo.

    Le dije que tuviera cuidado que los demás ya estarían despiertos, me dijo que las mujeres nunca suben antes de que él baje. Lo puse de espaldas y empecé a besarlo en la boca, le acaricié el pecho y bajé lamiéndole la barriga. Estaba gimiendo, su sexo estaba erecto, lo chupé un poco. Luego le puse una almohada bajo las caderas, le levanté las piernas y lo penetré, me lo follé a mi gusto; me vine pronto y él también eyaculó sobre nuestras barrigas. Fuimos a ducharnos y bajamos al comedor. Su madre me preguntó si había dormido bien. Le respondí:

    — Claro que sí, Enzo es muy tranquilo, he dormido muy bien, gracias.

    Su hermana me dio un beso mientras me frotaba sus pechos en mi pecho, sentí la frescura, me gustaba por cierto; tomamos nuestro café y decidimos ir a la playa juntos.

    Enzo estaba cambiado, hablaba con normalidad, incluso se reía. La tía María Luisa y Emma me miraban. Emma me dijo:

    — Es la primera vez en mucho tiempo que lo veo así, ¿qué le hiciste para que cambiara en una noche?

    — Nada —le digo—, solo nos reímos un poco, jugamos a las cartas y luego nos fuimos a la cama.

    — Entonces es que necesita un buen amigo, —dijo Emma.

    La tía María Luisa me invitó a dejar la pensión y quedarme con ellos.

    — Sí, sí, ven con nosotros, —exclamó Enzo.

    — Entonces, tía, te daré lo que tenía que gastar en la pensión.

  • El día a día con un intercambio de por medio

    El día a día con un intercambio de por medio

    15/07/2020

    Al subir al camión me senté en la parte de atrás, puse mi bolsa sobre mis piernas y las manos apoyadas en ella, al estirarse la blusa se notaba más el bra a través de ella, al principio no iba sentado nadie al lado mío, pero después se fue llenando y finalmente se sentaron al lado mío, para esto no faltó que varios que estaban subiendo, se fijaban en mi blusa o más bien en mis nenas, cerré los ojos y casi al llegar a periférico siento la mano del que va a mi lado en mi pierna acariciando y subiéndola, primero lento y ya después un poco más descarado.

    Yo estaba sin abrir los ojos y le permito y abro más mis piernas, me desabrocho el pantalón y bajo el cierre que se encuentra al frente y escucho que me pregunta “te gusta?”. No contesto nada y él lleva su mano al centro de mis piernas y comienza a acariciarme mi vulva y me masturba, supongo que tiene experiencia porque lo hace bien; me mete sus dedos y yo me muevo ligeramente y coloco mi mano sobre la de el para conducir sus caricias, así lo hace más tiempo; siento como me cosquillea mi panochita y el calor que me va llenando y me dice que se siente rico que estoy muy mojada y en eso siento que me vengo rico.

    Me pongo una pashmina que traigo en la bolsa para que se sienta con más libertad de tocar y cubro la parte de mis hombros, me rodea con el brazo y por debajo de la pashmina me empieza a toquetear, para después meter la mano por un lado de la blusa sobre el bra y con la otra mano también empieza a acariciar mis nenas en donde se sienten mis pezones muy bien por lo erectos que están y yo con la mano toco su verga y la acaricio, esta dura.

    Me pregunta si era casada, que si no me cogían bien y por eso estaba tan caliente. Quiero acompañarlo a otro lugar para cogerme, no digo nada. Me separo y le digo que tengo que bajarme (en san ángel) y de ahí tomo otro, él se baja también y se sube al mismo que yo, pero me siento en un lugar que va solo, y el en otro, se va llenando el camión, así que cuando me bajo no veo que me siga y entro al metro.

    Estoy muy ansiosa y excitada, me subí al vagón del metro, no hay casi gente y me voy sentada, voy recuperándome de la experiencia, al llegar a la oficina pienso en mi Amo, en que estoy demasiado caliente y necesito coger, de decirle que su puta se ha dejado manosear, que me vine muy ricooo sabiendo que podía contárselo.

    27/072020

    Me subí al vagón de los hombres, y aunque subí en el vagón de en medio había demasiada gente, ya en el vagón tanto por la fricción con los demás como también por el movimiento se fue bajando mi bra, vi como dejaba ver a través de la blusa el pezón que estaba por cierto respingón.

    Al principio iba una mujer cerca de mí pero un hombre que se había quedado viendo desde que subí y estaba más pegado a la puerta, fue acomodándose hasta colocarse frente haciendo a un lado a la señora y me vio a los ojos, por supuesto que a las nenas también, y me dijo que lo perdonara que se pegara tanto, le dije que no había problema, nos fuimos acomodando hasta la otra puerta y con su mano derecha empezó a tocarme discretamente y a subir su manos hasta que tocó y manoseó las nenas y sin pena al ver que no me movía tomo entre sus dedos mis pezones y giraba sus dedos a través de la blusa, ya estos me dolían porque lo hacía fuerte y al mismo tiempo sentía como mi panochita empezaba a cosquillear.

    Como siempre mi bajada se acercaba y debo acércame a la puerta y dejar a este hombre que al parecer por el bulto que pude sentir en mi pubis estaba excitado, pero me quedo muy excitada yo también y cierro los ojos y aún puedo evocar las caricias de mi amo de un par de días atrás, un sexo intenso en donde fui poseída por mi Amo de la forma en que él decidía, mi panochita al recodar se excita mucho, pongo mi mano y acarició para calmar un poco el deseo y poder concentrarme en mi trabajo, más es inútil, sus caricias, su verga al embestirme con tanta pasión, mi culo roto y la explosión que genera en mi cada encuentro con él, me embelesan, contraigo mis piernas oprimo con ellas mi mano en mi sexo y logro provocar sin problema o demora un orgasmo que me llena y calma un poco mi estado constante de excitación, por el que me tiene rendida y dispuesta a sus deseos, en el goce del recuerdo.

    Llega a mi celular un mensaje de un grupo creado por el, debo mencionar que hace ya un par de años mi Amo me introdujo al deleite de las varios lados, como un prisma, que significa el goce del sexo, una de sus caras es el swinger, conocido solo en relatos de una prima mía y del cual causó curiosidad callada, más él supo incrementar dicha curiosidad y juntos al imaginar el primer encuentro, vincularlo con un placer distinto, intento lleno de complicidad.

    Regresando al mensaje, en él se acuerdan fecha e intención de un encuentro con una pareja joven, ella busca un acercamiento con una Mujer y él ya conocido por nosotros ya que ha sido un hombre al que sus atributos me han deleitado, con una verga, la cual por su tamaño me ha producido orgasmos casi tan intensos como los que mi Amo me deleita; por ello se genera la ocasión para, de acuerdo a sus palabras, ver cómo su puta goza al ser penetrada por otra verga y cómo está se comporta como la gata sumisa que es, puta y obediente a los deseos de su Amo, la fecha y hora se acuerdan entre ellos, nosotras nada tenemos que decir, yo dispuesta a sus deseos sé que asistiré mojada, excitada y dispuesta, para merecer, después de demostrar cuan su puta goza ser poseída por alguien más, y el ver cómo mi amo deleita con su verga otra vagina jugosa y como muerde y chupa otros senos distintos a los míos.

    El día pactado llega, mi atuendo es un vestido corto negro con blanco , medias naturales y zapatillas negras, de acuerdo a lo que mi Amo le gusta, unas bragas pequeñas cubriendo lo indispensable y acordamos el lugar donde pasaría por mi, el lugar a donde iremos ya es conocido, lo hemos visitado ya un par de ocasiones, exenta de comodidades.

    Nos recibe Abraham, su vestimenta estrafalaria y su cabello adornado de rastas, huaraches cubren sus pies, amable como siempre, nos saluda con la familiaridad que da el conocernos toda nuestra piel y nos conduce, como guía, en una construcción que está próxima a perecer; con cuidado, y con toda la luz que puede dar el atardecer, recorremos el camino que nos lleva al lugar donde vive y crea.

    El trayecto lejos de incomodarme me gusta, está lleno de un ambiente bohemio, desordenado, donde los instintos se ponen en contacto con lo básico, las paredes con pintura que se rehúsa a caer, la estreches del lugar me limita un poco al principio, está impregnado de solvente necesario para su arte, se mete por mi nariz y altera un poco mis sentidos, tardo en acostumbrarme al olor, tomo asiento en un intento de colchón y mi Amo, elegante como siempre, en un sillón que ha quedado a ras del suelo, cruzo mis piernas y el vestido de levanta y mi amo, distante de la incomodidad que supone su asiento, luce dominante, desde ahí dueño de la situación dirige la plática como siempre, para romper el hielo, su plática la dirige a ella, una joven linda que aún debe estar en los veinte y algo, tez clara y su cabello rubio.

    Por la luz tenue que nos dispone un foco que hace su mejor trabajo por iluminar, no logro definir si es su color natural, usa lentes que hacen verla un poco más intelectual, mi amo la lleva a una plática en donde ella encuentra una vía para expresar sus ideas, cae ya en su encanto, yo lo veo y me hipnotiza sus ademanes, su voz que todo lo llena y su carisma que embruja, logra el cometido de hacer que los nervios de ella se disipan, se vislumbra abierta, su vestimenta no deja ver las sensualidad de sus formas, comienzan a fumar hierba y aunque mi intención a participar en ello había sido expresada a mi Amo con una renuencia a hacerlo, por lo que provoca en mi, el día la orden es incuestionable así que debo participar en el rito que ellos inician, el licor y la hierba, el ambiente y la música con tintes de reggae o cubana o africana, no logro definirla, hacen que mi piel desee ser ya tocada, mi Amo se ubica a lado mío y comienza a subir el vestido para que mis medias puedan verse, desabrocha mi.

    Vestido y mis nenas que se han despojado del bra desde antes, salen con los pezones respingones, abro las piernas y me toca la panochita, Abraham se acerca y hace los mismos movimientos y chupa mis nenas y muerde mis pezones, la verga de mi Amo ya está dispuesta y la descubro y empiezo a mamársela, deliciosa, ella comienza a desvestirse y Abraham la ayuda acariciando sus hombros, la despoja de su ropa y deja ver una piel blanca, la conduce a la cama y yo estoy deleitándome con la verga de mi Amo.

    Me levanto, mi intención es cambiar mi atuendo y me visto con encaje transparente como le gusta a mi amo; cuando regreso al espacio, que es testigo del placer y deseo que generamos, veo cómo ellos, lado a lado de ella disfrutan su piel y besan sus senos, chupan sus pezones que muestran los signos inequívocos de excitación, ella parece gozarlo y yo no puedo separar mis ojos de cómo mi amo la toca y disfruta su piel blanca.

    Es una imagen excitante dos hombres disponiendo de un cuerpo proporcionándole gozo, no se quita los lentes y su gesto indica que se está dejando llevar, veo cómo meten sus dedos en su vagina y juegan con su clítoris y quedó paralizada, por un placer que me envuelve; mi deseo está a flor de piel. Abraham se da cuenta que estoy observando, la deja a disposición de mi Amo y me pone contra la pared para tocarme primero mis nenas y luego mi panocha la cual empieza a dedear con singular maestría; su verga esta lista cuando empiezo a tocarla y acariciarla, se nota deseosa.

    Abraham me inclina en una silla y me penetra desde atrás. Su sexo choca contra las paredes de mi vagina y siento sus huevos en mi piel, la posición no da para mucho por lo que me acuesta junto a ella abre bien mis piernas y vuelve a enterrar su miembro en mi, lo hace con la dureza necesaria para hacer que mis gemidos se escapen, siento como está por venir los orgasmos. Ella está montando a mi amo y se mueve de forma tal que toca mis nenas y yo las suyas y mientras lo monta, meto mi mano en su vagina húmeda y caliente, deliciosa, la música hace que mis movimientos se acomoden al ritmo que penetra por mis sentidos; Abraham me embiste y acomoda mis piernas como se le antojan me siento mojada y excitada por ver a mi amo y ver cómo ella goza; yo gozo al par, y Abraham también.

    El ambiente se llena de gemidos y huele a sexo, de fluidos, me llena de un calor que explota mis sentidos los orgasmos se presentan, en algún momento, Abraham pone su mano sobre mi cuello, no puedo evitar la sensación que ello me produce, me enciende me siento asfixiada y eso eleva mi excitación, pero quita su mano, más le pido que no lo haga necesito de ese ahogo que hace que mis entrañas responden distinto; ella sigue montando a mi amo y lo hace bien.

    En algún momento Abraham la posee y la penetra yo le acaricio sus nenas y sus piernas con una piel tan suave que me hace pensar más en lo mucho que él la debió gozar, su sexo sigue caliente su clítoris hinchado, en bruces mi Amo me sorprende y mientras la acaricio me penetra por el culo sin condón porque se rompió, probando en mi el placer de sentirme sometida a un dolor que me llena y me envuelve que solo él puede darme y el cual deseo más siempre, me abandono al deseo; mi panochita se siente mojada y ella también la toca, todo me da vueltas y me dejo llevar por el placer y las explosiones que en mis entrañas me inundan, como un placer que se estrella en la rocas, exquisito, como no disfrutarlo.

    Me rindo ante su verga jugosa y perfecta, ellos se dejan llevar por su pasión, y mi Amo y yo debemos parar, el preservativo se ha roto nuevamente, demasiada fuerza, al regresar Abraham de espaldas la tiene con las pierna abiertas se dejan llevar y él se ve con las nalgas contraídas como la embiste, se corre y me acuesto en el colchón, mi Amo abre mis piernas y se yergue imponente para penetrarme sin reparo, me dejo llevar me uno a la música y lo que se vive, me va recorriendo nuevamente ese calor, ese golpeteo del que me he hecho adicta, mi Amo gime su sexo está a punto de explotar y se viene en mi siento como su verga hinchada se corre en mi vagina que recibe su calor extasiada, agradecida.

    Los tiempos nos urgen lamentablemente y debemos irnos, nos despedimos de ella con una sonrisa de complicidad del placer poco común compartido, me lanza un beso.

    Él nos guía con la luz del celular, el mismo recorrido del principio sumándose la oscuridad de una noche que huele a lluvia y unos cuerpos que transpiran deseo, yo una puta sumisa, adorándolo más.

    Un encuentro satisfactorio con prisas tal vez prometía más.

    03/08/2020

    En el metro no pasó mucho, pero me vine en camión para llegar al metro,

    Desde que subí estaba muy lleno, y me pase hasta el fondo del camión, ahí me fui parada, apretada, se colocó un muchacho como de treintena y algo, con pantalón de mezclilla y una camisa azul de cuadros, y chamarra delgada, lo vi porque pidió permiso al pasar, primero se colocó a espalda mía, pero en unos minutos estuvo moviéndose muestras de que se llenaba más el camión, hasta que se puso justo atrás mío, se agarraba del pasamanos superior, estaba más alto que yo y arrimaba primero por accidente y después  drede su verga a mis nalgas, solo que con el ajetreo del camión los arrimones eran más fuertes, yo aprovechaba también estos para pegar mis nalgas a él y sentirla pegada a mi, y moverme conforme él se movía, de forma discreta, aunque en realidad por lo apretados nadie veía, antes de llegar a la parada el coloco sus manos en los pasamanos de los asiento, y se frotó aún más, baje mi mano y la coloqué en su pantalón y puede tocarla, se sentía gruesa y dura y él emitió un gemido leve cerca de mi oreja, me giré para bajar ya que estaba cerca de la puerta, lo vi y aunque no se veía por el cubreboca le sonreí a lo cual yo creo que correspondió, se le veía en los ojos, se giró antes de que me moviera para bajarme, me apretó la nalga.

  • Masturbándome para un desconocido

    Masturbándome para un desconocido

    Era una tarde cualquiera, aburrida, estaba sola en mi casa viendo televisión, estaba viendo un programa sobre el cybersexo y no entendía como había gente que, hacia esas cosas, sin saberlo, ahí comenzó todo.

    Me intrigaba eso del cybersexo, y con eso que andaba experimentando en nuevas cosas y ya le había sido infiel a mi esposo, pues que más daba.

    Yo soy muy caliente, pero me incomodaba la idea de mostrarme en el internet, pero me excita mucho pensar en un tipo tocándose y gimiendo gracias a mí, hasta que finalmente me convencí y entre a un chat.

    Me puse un ChicaSexy ya que incitaba a que me hablaran, ¡mil tipos me hablaron a la vez! pero todos tenían cero tactos, decían al instante «tócate, quiero verte”.

    Era obvio, pero quería a un tipo que me conquistara & luego me hiciera suya hasta que lo encontré, se llamaba Víctor, después de la charla & preguntas típicas como mi edad, país y esas cosas, comenzó lo caliente…

    V: ¿Linda cómo eres?

    K: Alta, piel clara, ojos pardos & pelo café, y tu querido?

    V: Alto, musculoso, y con un buen amigo entre mis piernas que se emocionó al verte

    K: ¡Mmm!! es la idea, me gusta eso 😉 si supieras donde está mi mano …

    V: ¿Dime nena, como son tus senos y trasero?

    K: Mis senos no son muy grandes, ¡pero mi trasero si y esta todito a tu disposición!

    V: ¡Mmm!! que rico leer eso, mi amigo de 20 cm está feliz que está creciendo cada vez más!!

    Le di mi Whatsapp y nos agregamos, después de una charlita caliente pusimos los micrófonos y cámaras, ahí aparecía yo, con mis piernas abiertas, unos shorts apretados que marcaban mis labios, una mano en mis senos y otra en mi vagina, el al verme, dio un gemido que me estremeció, estaba en bóxer apretados y se marcaba una buena verga ahí dentro, me excité mucho.

    V: Nena, me encanta como se marcan tus labios, vamos linda, ¡sácate el short!

    K: Mmm! solo si te sacas el bóxer, ¡para ver si lo que tienes vale la pena!

    ¡Saco su enorme pene y me sorprendí era bastante grande y al instante me metí un dedo!

    K: ¡WOW! ese si es buen material

    V: Cumple tu promesa, ¡sácate ahora tú la ropa!

    Seximente me fui sacando todo, ¡mostrándole todo mi trasero y abriendo mis piernas!

    V: ¡Mmm!! que rico amor!

    Empezó a tocarse frenéticamente mientras gemía mi nombre, por mi parte, estaba de lo mejor metiéndome dedos, ¡rozando mi clítoris y gimiendo como loca!

    V: ¡Sácate el brasear!

    Le hice caso, comencé a tocar mis senos, besarlos, moverlos para él, Víctor se excito y se puso un tipo de anillo en el pene, me explico que era un aparato para masturbarse, gemía como loco me excite como nunca, ¡luego se puso crema y comenzó a tocarse más!

    Jamás había estado en una experiencia así, a lo mucho que había llegado era a mandar algunas fotos, pero eso era muy excitante.

    Pensar que me podrían ver o escuchar, que mi marido y mis hijos podrían llegar en cualquier momento, me ponía más loca, me masturbaba acariciando mi clítoris como nunca, ¡Víctor gemía y me pedía subiera mi intensidad!

    V: ¡Ponte en cuatro, abre las nalgas, muestra tu culo!

    K: ¡¿Así?!!

    V: ¡Dios, que rico, uhm, metete los dedos, imagina que es mi verga, uhm!

    Yo cerraba mis ojos y a mi mente se venía la escena de Víctor dándome como loco en mi culito ¡que rico! estaba toda extasiada ¡que experiencia!

    Víctor seguía gimiendo, el aparato que usaba para masturbarse estaba a toda velocidad, yo continuaba empinada masturbándome para él, dándome de nalgadas, empinándome, dejándole ver como escurría.

    V: ¡Que rico te mojas uhm!

    K: ¡Ah, así, papi, así cógeme!

    Que loca, jamás en la vida se me había paso hacer eso y lo estaba disfrutando como nunca, yo estaba como loca, ¡gemía mucho y me metía 4 dedos a la vez!

    K: ¡Ah!! ¡Qué rico, ah!

    V: ¡Así mi amor toma verga uhm ah!

    Gemidos y jadeos, palabrerías y ambos masturbándonos como locos, que momento, ¡estaba a punto de llegar y el también!

    K: Dame leche, ¡dame leche en esta vagina!!! me vengo, Víctor, me vengo!

    V: ¡Ah, sí mami, ahí va, ah! ¡casi sale, uh!

    K: ¡Saca tu rica leche, ah!

    V: ¡Ahí viene, ahí viene!!

    Lanzo un gran suspiro y mire como tremendos chorros de semen salían de su enorme verga yo no me quede atrás y me corrí sacando liquido mojando incluso la pantalla de mi celular.

    Víctor se retorcía chorreando y yo con cara de perdida le celebraba el gran orgasmo que me hizo sentir a distancia.

    K: ¿Te ha gustado?

    V: Mira toda la leche que bote para ti, obvio que me ha gustado, ¡ha sido un genial orgasmo!

    K: Debo irme, ¡ojalá nos veamos pronto para el 2 round!

    V: ¡Espera, uno más!

    K: ¡No puedo mi marido llegara pronto!

    V: ¡Guau!! ¡Eres casada uhm!

    K: ¿Te incomoda?

    V: Al contrario, ¡jajá la próxima vez más gemidos te sacare!

    Nos despedimos, acordando conectarnos lo más pronto posible.

    ¡No podía creer lo que había hecho! Ahora también había engañado a mi esposo virtualmente, pero que sensacional fue, tanto, ¡que lo repetí varias veces más!

    Kali

  • Conocí un amable desconocido

    Conocí un amable desconocido

    Era el cumpleaños de mi mejor amiga y fuimos a festejar a un bar en el sur de la ciudad, llegamos como a la una de la tarde y estuvimos tomando y bailando hasta las ocho, nos fuimos temprano del lugar porque ella tenía un viaje temprano al día siguiente.

    Entramos a la estación del metro más cercano, estábamos completamente borrachas.

    Vi a un sujeto parado a unos metros de nosotras, él se quedó mirándome, ese día yo traía puesta una falda corta y un top de lentejuelas ajustado que resaltaba mi busto, no me había sorprendido que el tipo no me quitaba la mirada de encima.

    El metro llegó y subimos en el mismo vagón pero por diferente puerta, quedamos alejados pero aún podía notar que él me veía, mi amiga también se dio cuenta y me convenció de que le coqueteara de lejos, yo acepté porque el tipo se veía galán, tenía el cabello rizado, ojos color miel y más o menos de nuestra edad, empecé sonriéndole y después le guiñe el ojo.

    Durante el camino el metro se fue llenando y mi amiga y yo nos recorrimos al centro del vagón, él también se movió y quedamos cerca, mi amiga bajaba pronto, a mi aún me faltaban unas ocho estaciones. Cuando mi amiga se fue él se acercó más a mí y me empezó a hacer la plática muy casual, no volvimos a mover para dejar salir a las demás personas y terminamos cerca de las puertas que no se abrían, él se recargó en la puerta y yo me sostuve del tubo dándole la espalda. Cuando el metro salió a la intemperie nos dimos cuenta que estaba lloviendo, lo que significaba que habría retraso en el trayecto, avanzamos una estación más y justo antes de llegar a la siguiente estación el tren frenó de golpe y se fue la luz, el vagón quedó completamente obscuro y con el impulso del tren frenando me hice un poco hacia atrás chocando con él, cuando traté de volver a dónde estaba parada el me sujetó de la cintura y me jaló hacia él, primero me sentí un poco rara, pero había tomado mucho y cuando tomo mucho alcohol me pongo caliente, así que me relaje y me pegué a él.

    Me tocó una nalga por encima de la falda y al notar que no lo detuve puso las dos manos y me arrimo su pene, se sentía que empezaba a excitarse, quise tomar el control de la situación y me incline un poco restregando le las nalgas aún más, después las menee un poco y sentí que su pene se había puesto bien duro, el metro volvió a avanzar y se encendieron las luces, no me moví de dónde estaba y aproveché el movimiento normal del metro para seguir balanceadme contra él, la lluvia seguía muy fuerte así que el tren volvió a pararse y se fue la luz otra vez, ahora el paso su mano por encima de mi pecho y lo apretó, vi la oportunidad y lentamente metí la mano en su pantalón para sentir su pene, estaba rasurado por completo, lo apreté un poco y el subió su mano y apretó mi otro pecho, sentí como estaba humedeciendo mis pantis de encaje y apreté las piernas, regreso la luz y los dos dejamos de tocarnos, tratando de que la gente no se diera cuenta, a la siguiente estación él se movió de dónde estaba para bajar del metro, las puertas se abrieron y salió, un instante antes de que las puertas cerraran salí del vagón y lo busque con la mirada, él estaba recargado en una pared, me acerque y me dijo «sabía que no te ibas a quedar con las ganas», le sonreí y lo tomé de la mano como si fuéramos juntos, lo seguí y salimos de la estación, caminamos unas calles y llegamos a un hotel de paso.

    «¿Estás segura de que quieres?»

    Asentí y entré primero al hotel, pagó dos horas de servicio y subimos a la habitación. En cuanto entramos me besó y me volvió a preguntar si estaba segura de querer tener sexo con él a pesar de ser un completo desconocido, yo le dije que sabía lo que quería y que traía suficientes condones como para dejarlo seco.

    Se quitó la camisa y pude ver su abdomen, era delgado pero musculoso, me volvió a besar y bajó el cierre de mi top el cual cayó al suelo dejando mis senos expuestos, mis rosados pezones se pusieron duros, él sonrió con timidez y se inclinó a besarlos, pase mis manos por su abdomen y le desabroché el pantalón, volví a meter mi mano para sentirlo, está vez estaba más duro que en el metro.

    Me levantó la falda y se fue agachando mientras me bajaba las pantis, al llegar al piso se hincó y me empezó a besar la vulva, se ayudó de sus manos para abrir mi labios y lamió de poco a poco toda mi vagina, le ayude a darme placer jugando con mi clítoris, cuando se dio cuenta de lo que hacía me pidió que me recostara en la cama y que me masturbara mientras él me veía, me quite la falda y levanté las rodillas para que tuviera la mejor vista posible, empecé masajeando en círculos mi clítoris, luego me metí el dedo medio, estaba lubricado por montones, metí un segundo dedo y me estaba dando mucho placer, empecé a sentir un pequeño orgasmo creándose en mi y él se acercó, quitó mi mano y me volvió a comer la vagina, me corrí en su boca.

    Se levantó y me pidió que le diera un condón, fui corriendo a mi bolsa, lo abrí y lentamente se lo puse con mis labios, me acomode encima de él y me metí completo su pene, sentí un gran placer, me empecé a balancear lento en él, él tomo mis pechos y los masajeo en círculos, me empujo un poco hacia atrás y me empezó a comer más duro, se escuchaba como nuestros sexos chocaban y como bombeaba mi vagina. Cambiamos de posición al misionero, éramos casi de la misma estatura y nuestros cuerpos se acomodaron a la perfección, rodeé su cintura con mis piernas y lo apreté para que metiera completo su pene me lo metió con tanta fuerza y que estampó mi cabeza con la pared, eso me excito más, después se levantó un poco pero como no lo solté mi cadera quedó elevada y me seguido cogiendo casi en el aire, continuamos así unos minutos y se volvió a tumbar encima de mi, lamió mis pezones, los mordió y jaló un poco con los labios, se retiró un poco y subió mis piernas a sus hombros, volvió a hacerse hacia adelante y su pene volvió a entrar, lento y profundo, solté un gemido casi gritando, tenía mis rodillas a punto tocar mis orejas, metió y saco su pene varias veces más en esa posición, cuando estaba a punto de venirse me taladró la vagina y soltó un suspiro.

    Se levantó de la cama y se fue al baño, yo me puse mis pantis y lo esperé sentada en la cama.

    Él tomo una ducha y salió a vestirse con prisa.

    Se acercó a mi, me dio un último apretón de senos y se fue.

    Me quedé un rato más en la habitación y llamé a mi amiga fa para contarle de mi aventura y se sorprendió de que había logrado tirarme a aquel tipo tan guapo sin siquiera saber su nombre.

    Me fui del hotel y llegué a mi casa a masturbarme y tomar un baño.

  • Caprichos mañaneros de una gatita en celo

    Caprichos mañaneros de una gatita en celo

    Gatita en celo acabada de levantar

    ―¿Adónde vas?

    ―¿Cómo que adónde voy? ―le digo subiéndome los calzoncillos, girando la cabeza y mirándola de reojo―. Sabes que he quedado con Róber. Tengo partido.

    Era domingo. Habíamos tenido relaciones sexuales esa misma mañana. Eran algo más de las diez, y yo comenzaba a vestirme, sentado a un lado de la cama. Ella seguía desnuda, recostada de lado, dándome la espalda. Trataba de taparse los pechos con un trozo de sábana, pero tenía las piernas separadas y se le podía ver el vello sobre la vulva y los labios internos sobresaliendo ligeramente. Seguía húmeda.

    ―No puedes irte ―me dice tajante. Yo recojo los vaqueros del suelo para ponérmelos.

    ―¿Qué? ―le pregunto sin girarme.

    ―Que no puedes irte, no puedes dejarme así.

    Detrás de mí, oigo el siseo de las sábanas. Estoy tratando de meter un pie dentro la pernera del pantalón, pero al escuchar su comentario me detengo. Me vuelvo a girar hacia atrás y, ¿qué es lo que veo?

    ―Tengo mucha necesidad… ―me dice. Los ojos se me salen de las cuencas. Se ha puesto a cuatro patas, dándome la espalda, y ha abierto ligeramente las piernas. Balancea su cuerpo hacia delante y hacia atrás, poniendo el culo en pompa y moviéndolo hacia los lados―. Y no puedes irte ―sigue diciéndome.

    No deja de retorcerse como una gata. Cuando se mueve hacia atrás, sus nalgas se abren y me muestra todo su coño abierto. El vello oscuro circunda la raja húmeda, rosada, y los labios internos de la vagina se abren como si fuera la boca de un molusco hambriento.

    ―Dame lo que necesito ―me dice.

    Tengo la pernera del pantalón atravesada en el pie. Ahí se quedó, atascada, y yo me sujeto los vaqueros mirando aquel espectáculo con cara de alelado. La polla se me ha puesto tiesa como el mango de una azada y los calzoncillos parecen un obelisco. Me llevo la mano instintivamente al paquete y me lo agarro, con tela y todo. «Dios mío bendito», es lo que pienso.

    La gata sigue contoneándose, mostrándome su pedazo de culo en pompa, moviéndolo a un lado y a otro y balanceándose sobre sus cuatro patas, hacia atrás y hacia delante, hambrienta. Las tetas le cuelgan provocativamente, y sus pezones morenos, tiesos, amenazan con soltar su leche ahora mismo y manchar la cama. Veo que se agarra una teta con la mano y empieza a sobársela.

    ―Ay ―me suelta con un largo jadeo―, no puedo más…

    Y pensar que hasta hace unos meses era una chica tímida, que cerraba sus piernas cuando yo acercaba mi boca para comérselo. Y mírenla ahora, provocándome de esa manera, sin ninguna piedad. Me pone como loco.

    La sangre se me ha ido toda a la cara, se me ha puesto ardiendo en dos segundos. Me quito los calzoncillos sin girar la cara, con torpeza, mis ojos fijos en aquella fuente de pecado. Estoy duro como un poste, y no pienso en otra cosa que en follármela. Me saco los calzoncillos, me subo a la cama, de rodillas, y me agarro el rabo con la mano derecha. Comienzo a hacerme una paja mientras observo a la gata en celo.

    Le acaricio las nalgas con la mano izquierda, se las abro y las aprieto con fuerza, con rabia, con unas ganas irresistibles de metérsela toda. Ella se sigue contoneando y sobándose las tetas con la mano. Se lleva los dedos a la boca, los empapa de saliva y luego los lleva a la raja, que empieza a acariciar con largos movimientos. Yo veo aparecer y desaparecer sus dedos por detrás. Me está poniendo cardíaco.

    ―No puedes dejarme así ―sigue diciendo aquella Eva monstruosa.

    Yo tampoco puedo más. Ya no sé ni dónde mirar. Sin soltarle la nalga, me inclino hacia abajo y acerco mi nariz a su coño. Inspiro con fuerza su fragancia. Me pongo aún más duro. Le doy un lametazo en toda la raja. Ella, al sentir mi lengua, la abre con los dedos.

    ―Ay, así ―dice―, cómetela.

    Y yo me la como como un desesperado. La cara se me impregna del aroma y los fluidos de su coño. Le doy fuertes chupetazos y estiro los labios con los míos. Al soltarlos, se retraen y quedan vibrando. Lo hago varias veces, pero no puedo aguantar mucho más. Es demasiada la excitación. Luego, me incorporo, me acerco por detrás con la polla en la mano y se la ensarto de un tirón. Le entra toda, hasta el fondo, de tan húmeda que está.

    ―¡Ah! ―suelta la gata, alzando su cabeza hacia el cielo, cerrando los ojos.

    Me quedo pegado a ella, sintiendo sus grandes nalgas contra mí, calientes y mullidas. Me inclino hacia delante y la agarro del pelo, con fuerza. Se le arquea el cuello hacia atrás. Yo me acerco a su oído.

    ―Cómo me pones, cabrona ―le digo jadeando―; por tu culpa voy a llegar tarde, ¿lo sabes, verdad?

    ―No me importa ―me dice la muy maldita. Tiene la cara contraída en una mueca de dolor y placer, los ojos cerrados―. Dame lo que quiero.

    La cabeza me da vueltas, me recorren mil escalofríos cuando la oigo hablar así. Sin soltarle el pelo, le vuelvo a hablar al oído, con rabia, en rasposos jadeos.

    ―Así que no te importa, ¿eh? ―le digo arrastrando ligeramente mis dientes por su cuello.

    Cuando termino de decirlo, hago un rápido movimiento con la pelvis, uno solo, hacia atrás y hacia delante, y se la clavo todo lo fuerte que puedo. El chasquido inunda la habitación.

    ―¡Ah! ―se queja ella―. No… no me importa ―me dice exagerando su desdén―, y no te puedes ir hasta que me des lo que necesito.

    Yo vuelvo a hacer otro brusco movimiento, más fuerte si cabe, penetrándola todo lo que puedo, forzándole la cabeza hacia atrás y sujetándola con la otra mano por la cadera, apretando con fuerza su carne con el puño. Veo como le tiemblan las nalgas y cómo sus tetas se balancean con la embestida. Le sigo gruñendo al oído.

    ―Qué perra eres ―le digo―, cómo me pones. Te voy a dar lo que te mereces.

    Empiezo a moverme despacio con movimientos profundos, metiéndosela toda. Mi pelvis estalla contra su culo provocando fuertes golpetazos. Miro hacia abajo y veo cómo mi polla entra y sale brillante de su raja. Le suelto la cadera y la agarro de las tetas. Se las sobo mientras la penetro. Voy aumentando el ritmo poco a poco. Mi cuerpo comienza a sudar. Sigo sin soltarle el pelo. Puedo ver la expresión de su cara. Abre la boca en una mueca de placer. El cuello arqueado empieza a humedecérsele por el sudor.

    ―Ah… así ―trata de articular la perrita en medio de los empujones―, dáselo todo a tu putita.

    Ahora me muevo más rápido. Me siento durísimo dentro de ella. Quiero llegarle lo más adentro posible, follarla con rabia. Le suelto la melena y la agarro con fuerza de las caderas. De tanto en tanto, le azoto una nalga con fuerza. Los dedos dejan una marca rosada en la piel. Le vuelvo a agarrar la carne de las nalgas con los puños, apretando, mientras la sigo penetrando con desesperación. Veo que ella lleva una mano por debajo y vuelve a masajearse el coño. Empieza a emitir gemidos de placer. La vuelvo a sujetar del pelo y tiro hacia atrás.

    ―Ya me tienes donde querías, ¿eh? ―le digo con rabia, sin dejar de penetrarla.

    ―Ay, sí, dámelo ―me dice con voz entrecortada―, fóllate a tu perrita.

    Me vuelve loco. Estoy a punto de correrme. Empiezan a caerme algunas gotas de sudor por las sientes y por el pecho. Entonces ella echa un brazo hacia atrás y me empuja el muslo, intenta detenerme.

    ―No, para ―me dice.

    ―¿Que pare? ―le digo sin soltarle del pelo―. Vaya, ¿ya estás satisfecha, eh?

    ―No. Ahora por el culito ―me suelta con voz melosa.

    Un escalofrío me recorre el cuerpo. Sus palabras me arrebatan. Tengo que hacer un esfuerzo para seguir con el juego, para pensar lo que le voy a decir. Le suelto la melena y descanso mis manos sobre su grupa.

    ―Vaya, ahora quieres por el culito, ¿eh, zorrita? ―le pregunto sin despegarme de ella.

    ―Sí… ahora quiero por el culito ―me dice llevándose un dedo a la boca, girando su cara hacia atrás, mirándome de reojo, como una niña traviesa chupando una piruleta―. Métesela a tu perrita por el culo ―y termina la frase con una sonrisilla.

    Yo abro los ojos como platos. Tengo que controlar mi excitación. Mis pulsaciones están desbocadas. Me despego de ella, me inclino hacia abajo y dejo caer un hilo de saliva sobre su ano. Lo recojo con el dedo índice y se lo embadurno. Se lo meto un poco, recojo más saliva y lo vuelvo a meter, agrandándolo. Escupo de nuevo, sigo embadurnándolo, se lo meto un poco más. Ahora baño mi polla con más saliva y la apunto a la entrada. Empujo despacio. El glande se pierde dentro.

    ―¡Huy! ―dice la gata―, duele.

    ―¿Duele? ―pregunto imitando su tono mimoso.

    ―Sí, sí duele, pero me gusta ―continúa diciéndome―. Más.

    ―¿Más? ―le digo sin dejar de empujar. Cuando la tengo casi toda dentro, le suelto―: ¿Así?

    ―¡Ay!, sí ―dice quejándose, pero con tono de placer a la misma vez―, así, sigue.

    Yo empiezo a moverme despacio. Su culo se traga mi polla. La siento muy apretada, me da mucho gusto. La agarro de nuevo de las caderas y la penetro. Tras unos pocos movimientos, la saco y vuelvo a escupir en el ano. Se la ensarto otra vez, ella suelta otro quejido. Ahora se desliza mejor. Comienzo a moverme más rápido. Me da muchísimo gusto, no voy a aguantar mucho.

    ―Oh… sí ―comienza a gemir ella―. Ay, cómo duele… Qué rico.

    Sus tetas se mueven con los empujones. Ella lleva una mano por debajo y se toca el coño con desesperación. Sus dedos hacen ruido de chapoteos, está empapada. Yo empiezo a jadear, estoy que exploto. Levanto mi cara hacia el techo, los ojos apretados, muriéndome de gusto. Ella gime y empuja su culo contra mí, arrebatada. Su mano se agita sobre su coño. El olor de nuestros cuerpos lo inunda todo. Se corre como una loca, le tiemblan las piernas, agita su cabeza arriba y abajo, el pelo se le pega en la nuca, por el sudor. Yo me corro dentro de ella, mis manos se crispan sobre sus nalgas, apretándole la carne. Me descargo dentro de su culo, mi pelvis y mi estómago se contraen, jadeo escandalosamente.

    Poco a poco los cuerpos se van ralentizando. Yo me dejo caer un poco sobre sus nalgas, respirando fatigado. Ella apoya las dos manos sobre el colchón y baja su cabeza, exhausta. Su vientre se hincha y deshincha agitado. Se deja caer despacio hacia delante. Mi polla sale de su culo, venosa, el glande muy rojo. Me echo hacia atrás, apoyando las manos sobre las sábanas. Mi vientre sube y baja, buscando oxígeno. Ella se echa de lado y se amodorra entre las sábanas. Cierra los ojos.

    Yo la miro de arriba abajo, con deseo. Veo que sonríe, su cara apoyada sobre la almohada.

    ―¿Ya está satisfecha la señorita? ―le pregunto con retintín, tratando de hablar mientras recupero el aliento.

    ―Sí ―dice sin abrir los ojos y sin dejar de sonreír―. Ya puedes irte ―me suelta con desdén.

    Vuelvo a sentir un chispazo dentro de mí. «Me la cargo», pienso. Aprieto los dientes con deseo y niego con la cabeza, sin dejar de mirarla. Me siento en el borde de la cama y recojo con pereza los calzoncillos. Me los pongo. Luego, cojo los vaqueros y comienzo a meter un pie.

    ―Saluda a Róber de mi parte ―dice finalmente, sin despegar la cabeza de la almohada.

    Yo dejo el pie en suspenso y giro hacia atrás la cabeza. Noto que me enciendo por momentos. No puedo evitar que se me escape una sonrisa. Vuelvo a negar con la cabeza. Entonces sé que tengo que dejar de mirarla, porque si no tendré que cancelar el partido.

  • La vi crecer (Capítulo 4)

    La vi crecer (Capítulo 4)

    X

    Una de mis películas favoritas es Basic Instinct. Tiene la dosis justa de suspenso y fuertes escenas eróticas, las cuales no aparecen de la nada, de manera forzada, sino que están relacionadas con la trama. Y claro, Sharon Stone está para partirla al medio.

    Cuando, pasadas las diez de la mañana, Carmen llegó a casa, me vino el recuerdo de una escena de esa película. Y no me refiero a una de las tantas escenas de sexo precisamente.

    La protagonista estaba implicada en un asesinato. Años atrás ella había escrito un libro, y en él se describía un crimen exactamente igual a aquel del que se la acusaba. A simple vista parecía una poderosa prueba en su contra, pero la protagonista esgrimió un argumento simple pero irrefutable: Si ella hubiera cometido el homicidio ¿lo habría hecho igual a aquel otro homicidio ficticio que se narraba en su libro? Ciertamente, eso sería autoinculparse. Nadie sería tan estúpido como para hacer eso.

    Ahora aquella prueba que parecía ponerla entre la espada y la pared, más bien le jugaba a su favor. Era impensable que ella haya sido tan torpe, y mucho menos que lo haya hecho de manera deliberada. Todo parecía indicar que alguien trataba de inculparla.

    Cuando Carmen llegó, con su gesto de aquí no pasó nada, me vino a la mente esa escena. Si me hubiese sido infiel ¿Sería tan tonta como para llegar tarde a casa, despertando así mis sospechas? Definitivamente sería más fácil aprovechar uno de sus pocos días libres, y mentirme diciéndome que debía ir a trabajar. Así podría llegar a casa en un horario normal sin levantar sospechas.

    Carmen no dijo nada. Mantuvo su actitud serena y autoritaria de siempre. Sin embargo, me pareció percibir que esa apariencia de normalidad era forzada.

    Se fue a duchar. Luego me dijo que se iba a dormir.

    Dejé pasar un par de horas, en las cuales la desconfianza iba en constante aumento. ¿Era mi corazón herido o mi orgullo lastimado el que atormentaba mi alma? Quizá ninguno de los dos. Tal vez era el miedo ante la posibilidad de dejar de pertenecer a esa familia, y por consiguiente, a dejar de vivir bajo el mismo techo que Lelu, sin jamás haber concretado nada.

    Aun así, necesitaba saber la verdad. Fui a nuestro cuarto, con el mismo sigilo con el que, entre sueños, había ido al cuarto de Lelu. Abrí la puerta. El picaporte hizo ruido, pero cuando entré, Carmen dormía profundamente.

    Sólo vestía ropa interior blanca. Las sábanas estaban a un costado, ya que hacía calor, y mi mujer no era amante del aire acondicionado. La luz del atardecer entraba a raudales al cuarto, e iluminaban el delgado y bello cuerpo de mi esposa.

    El celular descansaba sobre la mesita de luz. Toqué uno de los botones laterales, y la pantalla se iluminó. Deslicé mi dedo sobre el aparato, para quitar el protector de pantalla. El teléfono no estaba bloqueado, por lo que no era necesario poner código alguno. El ícono de Whatsapp esperaba a ser tocado. ¿Habría algo ahí? Carmen es inteligente y mañosa. Nunca dejaría mensajes incriminatorios. Salvo que quisiese que los encuentre, claro.

    No sé —y hasta ahora sigo sin saberlo— si fue por miedo o por resignación. Pero, de momento, dejé el celular en la mesita de luz.

    Me subí a la cama, y vi de cerca a Carmen. Dormía plácidamente. El estrés que sufría en su trabajo no se veía reflejado en su rostro.

    Acaricié sus pequeñas tetas. Pellizqué su pezón. Carmen balbuceó algo entre sueños. Metí la mano en su entrepierna. La bombacha estaba húmeda. Yo no era el único con sueños lujuriosos, por lo visto.

    El abundante vello del pubis no podía ser cubierto por la tela de la prenda íntima. Me excitó ver esa desprolijidad en la elegante y siempre prolija Carmen.

    Tironeé de la bombacha. Uno de sus labios vaginales quedó a la vista. Besé su muslo, mientras seguía bajándole la prenda. Di un lengüetazo al labio. Estaba húmedo y sabía a mujer. Luego mis labios se cerraron en el clítoris, presionándolos con rudeza. Carmen despertó, escandalizada.

    —¿¡Qué hacés, Eze!?

    No le hice el menor caso. Seguí con mi tarea lingual hasta que sus quejas se acallaron por sus propios gemidos.

    Deslicé mis manos por debajo de su cuerpo, y me apoderé de su colita de manzana. Magreé las nalgas con violencia, mientras mi boca se empapaba de sus fluidos. Mi nariz se hundía en el frondoso vello pubiano, y mi lengua no dejaba de trabajar sobre el sexo de mi arisca esposa.

    Carmen no duró mucho tiempo. Luego de unos minutos de intenso labor, me agarró de los pelos, y cerró sus piernas en mi cara. El orgasmo fue muy intenso para ella. Largó un grito que probablemente fue escuchado por Lelu.

    Pero yo apenas había empezado.

    Sin molestarme en ponerme preservativo, la abracé, le di un beso, haciéndola saborear sus propios fluidos que todavía estaban en mi lengua. Ella recibió el beso, asombrada pero obediente. Luego mis labios bajaron por su cuello de cisne, hasta encontrarse con sus lindas tetas. Mis dientes se cerraron en su pezón.

    Carmen gimió de dolor y placer. Intentó apartarme, pero yo seguía pegado a su pezón, como un vampiro hambriento.

    Entonces la penetré. Llevé mi mano a su cuello e hice presión. Mientras las penetraciones aumentaban en intensidad, la mano apretaba con más fuerza.

    —Despacio Eze —gimió Carmen.

    Al escuchar esas palabras, no hice otra cosa que imprimir mayor presión en su cuello, y ahora con las dos manos. La presión no era suficiente como para causarle un verdadero daño, pero sí para que le quedara en claro quién era el que mandaba ahora.

    Empecé a darle cortas y violentas embestidas. Carmen se corrió otra vez. Yo sentí mi entrepierna arder. Dejé de penetrarla. Me arrodillé a un costado. Me masturbé en su cara, hasta que unos intensos chorros de semen se eyectaron de mi sexo y bañaron el rostro y el cuello de ella.

    La agarré de las caderas, ante su silencio sumiso, y la hice girar.

    —Pará Eze, se va a ensuciar la almohada con tu leche. —se quejó ella, a lo que respondí dándole una sonora nalgada. —¿Qué te pasa? —inquirió.

    Me había puesto al palo de nuevo. Le di un beso negro, mordisqueé sus glúteos y le di una nueva nalgada. Apunté mi lanza de fuego a su cráter. Agarré sus glúteos y los estrujé, al tiempo que mi verga empezaba a meterse otra vez en esa conchita empapada.

    —¡Ay! —gritó Carmen.

    Pero yo seguí poseyéndola sin piedad.

    Cuando acabé, la dejé en la cama, agitada y confundida. Al salir del cuarto, el celular de Carmen vibró sobre la mesita de luz.

    —Atendé, debe ser por algo de tu trabajo —dije, dejándola sola.

    Hay verdades que no son necesarias confirmarlas.

    XI

    ¿En qué momento mi pasajero oscuro me derrotó? Supongo que es difícil ganar una batalla cuando, en principio, nunca se luchó.

    En efecto, hacía tiempo había sucumbido a mi duelo interna. Espiar a Lelu, tocarla mientras dormía, besarla cuando cayó rendida ante el alcohol, espiarla en el baño… Todas esas eran señales de que hacía tiempo el hombre decente que alguna vez fui, había quedado enterrado en el pasado.

    Como dije al principio, la cuarentena nos obliga a convivir con nosotros mismos, y saca a la superficie ciertas facetas que antes se mantenían ocultas hasta de nosotros.

    Con Carmen ahora compartimos esas extrañas e incómodas situaciones que consisten en: yo conozco su secreto, ella sabe que yo conozco su secreto, y yo sé que ella sabe que conozco su secreto, y aún así, no decimos nada al respecto.

    De todas formas, yo se lo hago recordar, de manera implícita, cada vez que puedo. Principalmente en la cama, donde, desde hace una semana, soy el amo y señor, y hago con su cuerpo lo que quiero. Carmen, ya sea por culpa o por compensación, desistió de su imposición de sexo monótono y moderado.

    Frente a Lelu fingimos tener una relación igual a la de antes. Yo la espero todas las mañanas con el desayuno preparado, y Carmen mantiene su puesto de sargento del orden.

    Lelu sigue con su vida de adolescente pseudofamosa. Si hay algo que me gusta hacer, es observarla sacándose fotos, o mejor aún, sacarle una foto yo mismo, para que luego la suba a internet, y después, ansiosa, revisar el celular, viendo el impacto que causan sus publicaciones.

    Si hay algo de bueno en estar consciente de que tu matrimonio está llegando a su fin, y no parece tener solución, es que las consecuencias de una infidelidad ya no se ven tan catastróficas. Incluso una traición podría significar la libertad.

    Lo malo es que la pequeña Lelu no me da señales concretas de que, si me tiro el lance, voy a ser correspondido. Es cierto que cada vez somos más compinches, y que las citas mientas Carmen está trabajando, se hicieron algo cotidiano, y que cuando pasea por la casa con sus prendas diminutas parece notar la admiración que despierta en mí su figura. Pero aun así, estas cosas, en el mejor de los casos, podrían considerarse un sutil coqueteo de su parte, y nada más.

    Aun así sigo empeñado en estar con ella. Las dudas e incertidumbres desaparecieron, y mañana jugaré mis cartas.

    Hoy pasamos un buen rato juntos. Por una vez, dejé mis quehaceres de lado, y me quedé rondando el living, ya que noté que ella tampoco pensaba pasar el día encerrada en su cuarto.

    Llevaba un top blanco, con un dibujo en el centro, y unos de sus diminutos shorts. Como de costumbre, la warrita no llevaba corpiño y sus pezones, cuando no, se marcaban en la tela.

    —¿Estás aburrida? —le pregunté.

    —Bastante. A veces ya no sé qué hacer acá en casa. Está bien que salgo a hacer las compras, y a veces me hago la tonta y me quedo charlando con Prisci en alguna esquina, peo no es lo mismo…

    —Así que rompiendo la cuarentena ¡Muy mal señorita! —bromeé.

    —No te hagas el boludo, vos vas a comprar al mercado y tardás una hora.

    —Okey me descubriste, pero hablando en serio… —dije. Apoyé mi mano en la suya, la cual, a su vez, estaba sobre sus piernas, por lo que aproveché para tocarlas con sutileza — vos siempre podés contar conmigo. Aunque te parezca un viejo bobi, si estás aburrida o te sentís mal, siempre podés acudir a mí.

    —Ya lo sé Eze, no sabés lo mucho que aprecio tu cariño.

    —Obvio, además, sé que vos también me querés. —dije, medio en serio y medio en broma.

    —Claro que te quiero. Y si pudiese haber elegido un padre, seguro te elegía a vos.

    —Qué lindo lo que me decís bebé —Acaricié su mejilla con ternura. —¿Vemos una peli a la noche? —pregunté, consciente de que Carmen aún dormía, y siempre era mejor tener nuestros encuentros cuando ella no estaba.

    —A la noche tengo zoom con las chicas. Pame está mal porque hace mese no ve al novio.

    —Pobre Pame —Ironicé.

    —No te rías malo —recriminó ella, dándome un codazo— bueno, mañana vemos la peli. Me gusta que sea a la noche, además, no sé a qué hora me levantaré mañana.

    —Cuando quieras bebé.

    —Pero te voy a pedir una cosita —agregó, con cara de pícara.

    —Qué.

    —Cuando mañana vayas al súper, como quien no quiere la cosa, traete un par de botellas de tinto. —me guiñó el ojo.

    —Como quieras, pero esta vez no te pases, el otro día caíste rendida, te tuve que llevar a tu cama.

    —¡Ay, sos un amor!

    Me abrazó y me besó. Me pregunté qué sucedería si Lelu mañana toma tanto vino como aquella vez ¿me conformaría con robarle un beso? Lo dudaba.

    XII

    ¿Fue otro sueño?

    Por esta vez el que se pasó de copas fui yo. Como un asustadizo adolescente fui vaciando la copa para que el alcohol mitigue el miedo. Vimos una película. Esta vez elegí yo: un policial español, bastante bueno, pero al que no le presté la menor atención.

    A eso de las diez llegó el sushi que había pedido a través de una aplicación. Lelu dejó una botella de vino sobre la mesa ratona, y una segunda botella al lado del sofá en donde estábamos sentados.

    —Así no tengo que ir a buscarla después —dijo.

    —Que chica práctica e inteligente —me burlé.

    Comimos y bebimos mientras miramos el filme.

    —Ya te digo que el asesino es ese —dijo Lelu, señalando al amante de la protagonista.

    Pasamos la noche bromeando y bebiendo. Lelu se había puesto el perfume importado de su madre. En mi hijastra la fragancia se sentía más deliciosa. Vestía una calza negra y una remera gris. Demasiado recatada por tratarse de ella.

    Cuando terminó la película abrimos la segunda botella.

    —Voy a decirte algo, aprovechando ahora que estoy medio borracha —dijo Lelu.

    Sus pómulos estaban colorados, y en su rostro se dibujó una sonrisa pícara y una tanto avergonzada.

    —¿Me tengo que preocupar? —dije yo, atajándome.

    —No sé, yo sólo te digo que últimamente vos y mamá hacen demasiado ruido a la mañana.

    Me dio vergüenza el comentario. Tomé un trago largo de vino.

    —Lo bueno es que se están llevando mejor. —Agregó ella.

    —No te creas —contesté—. No todo lo que brilla es oro.

    —¿Entonces es un último manotazo de ahogado? Dicen que la vela arde con más potencia cuando está a punto de apagarse—La miré, con asombro. —No pensarás que soy tan estúpida como para no darme cuenta de que hace rato ya no son la pareja que eran —dijo ella—. Pero bueno… —resopló— en fin, tenía una pequeña esperanza, pero supongo que siempre es mejor soltar.

    —Lo que me va a resultar muy difícil es no verte todos los días. —Largué, sin pensarlo—. Estoy demasiado acostumbrado a vos.

    —Podés verme cuando quieras, tonto. Y… ¿Ya hablaste con ella?

    —Me gustaría que primero pase la cuarentena. —Confesé.

    —Que paciencia… —dijo. Luego me miró con algo de lástima y me preguntó—: Tiene a otro ¿cierto?

    —Digamos que hay un noventa y nueve por ciento de probabilidades de que así sea.

    —Qué perra tramposa. —Se indignó Lelu.

    —No hables así de tu madre.

    —Ay, sos tan tonto como bueno.

    Lelu me abrazó. Yo le retribuí, aferrándome a su cintura de avispa. Me dio un beso en la mejilla. Nuestras miradas se encontraron. Miré sus labios carnosos. Estaban a unos centímetros de los míos, al igual que la otra vez cuando le había robado un beso cuando cayó rendida al sueño. Sólo que ahora sus ojos estaban bien abiertos. Sentí que su respiración se tornaba agitada.

    La besé. Sus labios sabían a uva y alcohol. La abracé. Metí la lengua y masajeé la suya. Mis manos se deslizaron lentamente por sus caderas.

    Lelu se apartó. Se puso de pie, dispuesta a irse. La agarré de la muñeca, con la misma vehemencia con que últimamente poseo a su madre. La atraje hacia mí. Lelu me dio un tortazo con el que me dio vuelta la cara.

    Se fue corriendo a su cuarto.

    —¡Luciana! —grité.

    La seguí hasta su cuarto. Poco me faltó para entrar y poseerla por la fuerza, pero la sensatez hizo una inesperada y oportuna aparición. Me quedé detrás de la puerta.

    —Lelu, hablemos por favor.

    No dijo nada. Esperé unos minutos y la dejé en paz.

    Bajé a ordenar el living donde habíamos cenado. Estuve tan cerca, pensaba para mí. Sin embargo, no dejaba de ser una victoria. El beso duró apenas unos instantes, pero fue un tiempo demasiado extenso si se tiene en cuenta que ella supuestamente no quería recibirlo.

    Me fui a mi cuarto, con mucha incertidumbre y con ciertas expectativas.

    Debía hacer pronto mi próximo movimiento. ¿Qué pasaría si Carmen se enteraba de lo sucedido? Seguramente aprovecharía para echarme como perro. Era la excusa que le estaba faltando para librarse de mí y quedarse con su chongo de turno. Y yo me quedaría sin el pan y sin la torta. No creía que Lelu fuese a delatarme, pero mi mujer podría notar que algo raro sucedía entre nosotros.

    Eran las dos de la madrugada y no podía pegar ojo. Varias veces estuve a punto de mandarle un mensaje a mi hijastra, pero me contuve. No debía actuar como un acosador. Debía jugar bien mis cartas.

    Tuve una erección. Me masturbé una, dos, tres veces pensando en ella. Pero aun así no pude conciliar el sueño. Me di una ducha. Me dio sed, así que fui a la cocina a tomar algo.

    Me sorprendió ver la luz encendida. Me pareció oír algún ruido. ¿Lelu estaba despierta? Pensé que quizá lo mejor sería dejarla en paz. No sería inteligente importunarla habiendo pasado tan poco tiempo desde nuestro incidente.

    Sin embargo, no me terminé de decidir a hacerlo. Así que simplemente entré a la cocina, con la persistente sensación de que era una mala idea.

    La imagen que presencié en ese momento parecía sacada del paraíso —aunque también podría venir del infierno—. Lelu vestía únicamente un bikini blanco de encaje. Estaba sentada en una pequeña silla, en una posición tal que la mayor parte de sus glúteos no estaban apoyados sobre la silla, sino que se encontraban perfectamente a la vista. Su torso estaba inclinado hacia adelante. Su pelo suelto, corrido a un costado del hombro.

    Se dio vuelta y me miró. Una mano estaba apoyada en su cabeza, en un gesto que podría parecer de hastío. Sin embargo, la expresión de su rostro no era fácil de descifrar. Lelu no se movió, se quedó en esa pose durante incontables segundos. Por un momento pensé que se quedaba así sólo para provocarme. Pero luego vi que, en una esquina, sobre otra silla, estaba el celular. La cámara apuntaba a ella.

    Se escuchó el sonido proveniente del aparato. Lelu había programado la cámara, y la cuenta regresiva llegaba a su fin. Me ignoró y miró a la cámara, la cual disparó el flash cuatro o cinco veces.

    —Ya me voy a dormir —susurró.

    Se bajó de la silla. Yo me acerqué a ella. La agarré de la cintura. Aún me daba la espalda.

    —¿Qué querés Eze? —preguntó.

    La abracé por detrás. Mi pelvis se apoyó en sus carnosas nalgas. La agarré del mentón e hice girar su rostro.

    Nos miramos en silencio. Ella acercó sus labios. Yo recibí el beso. La lengua de Lelu empezó a moverse hábilmente en mi boca. Apreté mi cuerpo al suyo. Sus glúteos sintieron el endurecimiento de mi miembro. Mis dedos se movieron, disfrutando de cada fibra de su cuerpo, hasta que llegué a sus pechos, a los cuales me aferré con locura. Los masajeé, con violencia, mientras nos seguíamos comiendo la boca. De repente, sentí cómo Lelu se las arreglaba para mover su mano hasta llegar a mi sexo. Lo apretó con la misma intensidad con que yo magreaba sus tetas. Movió mi tronco como si se tratase de una palanca. Parecía jugar con él.

    Se dio vuelta y me sonrió, en un gesto un tanto perverso.

    Me arrodillé. Acerqué, con timidez, mis labios a sus glúteos. Los besé con suavidad. Luego los lamí, una y otra vez. Lelu se inclinó y se apoyó sobre la mesada. Mordí una de sus nalgas. A ella pareció divertirla. Le bajé lentamente la bombacha. Sus nalgas estaban separadas una de otra. Enterré mi cara entre ellas y olí. Saqué la lengua y froté con ella su arito de cuero. Lelu gimió. Lamí una y otra vez, hasta dejar su culo lleno de saliva. El sabor de su carne era el más delicioso que había probado en toda mi vida. Hundí mis dedos en los cachetes, mientras ahora la lenga la perforaba, enterrándose varios milímetros.

    —Cogeme Eze —dijo entre gemidos.

    Esas eran las únicas palabras que podían haberme hecho desistir de seguir con mi cara pegada en su culo.

    Me paré. La agarré de las caderas.

    —No se te ocurra acabar adentro. —dijo, consciente de que ninguno de los dos interrumpiría ese momento para correr a buscar profilácticos.

    Separó sus piernas. Me acomodé, apunté mi lanza a su cueva. Hice un movimiento pélvico y se la metí. Ella soltó un largo gemido.

    Se sentía la humedad de su sexo. Mi verga se resbalaba con facilidad, a la vez que su hermoso orto se sentía deliciosamente en mis muslos cada vez que la penetraba. La agarré otra vez de las tetas y ahora empecé a metérsela con mayor velocidad.

    Lelu gritaba sin pudor, cada vez más fuerte, mientras me lo cogía en la cocina.

    Sentí que ya no iba a aguantar más.

    —¿Vas a acabar? —Preguntó ella, demostrando que tenía más experiencia de la que pude haber imaginado.

    —Sí —dije, agitado.

    Dejé de penetrarla. Lelu se dio vuelta y se arrodilló.

    Pensé que debía masturbarme hasta acabar en su cara. Pero Lelu me arrebató la pija y se la llevó a la boca. Empezó a chupármela. El placer era demasiado intenso. Mi hijastra me miraba a los ojos con cara morbosa mientras me la mamaba. Su cabello estaba despeinado y se movía para adelante, interrumpiendo su labor. La ayudé a acomodárselo, y ella siguió chupando.

    Hice un movimiento y se la enterré hasta la garganta. Lelu abrió desmesuradamente los ojos, y empezó a hacer sonidos, como si se estuviese atragantando. Golpeó mi pierna. La liberé de mi verga. Lelu tosió y escupió con abundancia. Sus ojos lagrimeaban, y su maquillaje comenzó a correrse. Una puerca hermosa mi Lelu.

    Cuando descansó lo suficiente le arrimé mi verga babeante de nuevo. Ella no le hice asco y se la tragó de nuevo. Enseguida llegó el orgasmo. Mi pija explotó y largó un montón de semen, el cual cayó adentro de la boca de Lelu, hasta la última gota.

    Abrió la boca y me mostró que el líquido viscoso que todavía no se había tragado.

    Después cerró la boca y vi cómo un movimiento en su garganta evidenciaba que algo entraba por ella. Abrió la boca de nuevo, sonriente, y me mostró que ya no quedaba nada de semen adentro. Aunque entre sus dientes todavía se veían unos finos hilos de mi leche.

    —¿Viste? Soy una nena mala —dijo.

    Se paró, y se despojó de su última prenda, el corpiño. Sus tetas de pezones rosados quedaron frente a mí. Las besé. Mordí los pezones mientras masajeaba su culo.

    —Vamos a tu cuarto —propuse.

    Lelu fue correteando, desnuda, hasta su habitación. Cuando llegué, me encontré con que la puerta no abría.

    —¡Andate degenerado!, te voy a acusar de abuso —gritó con crueldad.

    Empujé con más fuerza, hasta que se abrió. Lelu fue a la cama y se tiró boca arriba. Abrió sus piernas y las flexionó.

    —Dale, haceme lo que tanto querías hacer, viejo pervertido.

    Me desnudé por completo. Me fui al encuentro de mi amor imposible. Mi cuerpo marrón y lleno de vellos contrastaba con su piel suave y blanca. Aun así, nuestros cuerpos se mezclaron y se convirtieron en uno sólo durante toda la noche.

    Perdí la cuenta de cuántas veces acabé, pero sin dudas batí récord.

    A las siete de la mañana la dejé dormida, completamente desnuda sobre la cama. En la habitación quedaba un intenso olor a sexo. Me di una ducha. Tenía mucho sueño, pero aun así me dispuse a preparar el desayuno para Carmen, quien no tardaría en llegar.

    Continuará

  • Dos desconocidas

    Dos desconocidas

    Era una noche de viernes, una de esas noches en las que vas esas por la capital en tu coche con la música muy alta. Noche oscura sin apenas nadie en la carretera. Esas noches en las que estas asqueada de todo y te da por salir a conducir para relajarte. Llegando a un semáforo, en medio de una gran avenida te detuviste y a tu lado paro otro coche, volviste la mirada un poco para ver que había en él y oh! Sorpresa, era la cantante que tanto te gusta y que estabas en ese momento escuchado en el reproductor de tu coche. Sin más y lanzándote un poco bajaste la música y la ventanilla de tu coche, le hiciste señas para que ella también bajara la ventanilla para poder hablar.

    -Eres tu Laura? Le preguntaste. A lo que ella, con un sutil movimiento de cabeza dijo que sí. En lo poco que dura un semáforo en cambiar de color tenías que hablar con ella, era tu artista favorita y por qué no decirlo, también te ponía bastante.

    La dijiste que justo la ibas escuchando en el CD de tu coche y que sería una ilusión conocerla, a lo que ella, con su poquito español, te dijo que sería un placer firmarte el CD. Aparcasteis dos calles más abajo y salisteis del coche, tu primera sensación era de nervios y de alegría, de hecho se te olvido el CD en el coche, pero no pasaba nada, la tenías junto a ti, os disteis dos besos y entre el poquito español que sabia y lo que sabias tu de inglés empezasteis a hablar.

    Te conto que acababa de dar un concierto, lo cual tu sabias pero no pudiste encontrar entradas, lo cual hizo que Laura te dijera que como podía compensártelo.

    Fuiste a por el CD al coche y que con su firma te valdría, a lo que ella dijo que estaba sola en la ciudad y que no tenía ganas de irse al hotel aun así que…

    -por qué no me enseñas un poco la cuidad y te invito a tomar algo? Dijo ella.

    Tus ojos se salían de sus órbitas, accediste sin pensarlo, ibas a tomar algo con ella, con la que hasta 5 minutos estabas escuchando en el coche.

    Os montasteis en su coche y la fuiste guiando por la ciudad, os fuisteis a una zona de bares, poco concurrida, pero con ambiente.

    La cerveza y los chupitos corrían como si fueran agua, no había problema te dijo, su hotel estaba cerca. Así que entre trago y trago ibas hablando.

    Laura es una chica delgada con el cuerpo perfecto moreno, más o menos de tu altura, ojos grises hermosa diría yo.

    Cuando ya estabais algo bebidas, no dejabais de miraros a los ojos, vuestras manos se entrelazaban, cada frase que os decías os tocabais. Ella dijo que los conciertos la dejaban muerta, que entre eso y la bebida se iba a ir al hotel, así, cuando saliste del bar ella tropezó y casi se cae ,a lo que tu la sujetaste y la acompañaste al hotel.

    Ya en el hotel, subiendo por el ascensor no dejabais de miraros, tu la agarrabas por la cintura y ella a ti por el hombro y ella solo repetía que no sabía como agradecértelo. Así que ya llegando a la puerta de su habitación te pregunto:

    -No te gustaría experimentar con una mujer eso?

    -pues no sé, a ti? -le preguntes

    -Pues a mi si, soy lesbiana y el hecho de que seas una perfecta desconocida me da mucho morbo – dicho esto nos quedamos calladas en un incómodo silencio por unos 5 segundos hasta que ella volvió hablar.- Me gustaría… en serio no te gustaría?

    -pues si la verdad?

    -Pues podríamos hacernos el favor mutuamente-dijo para acercarse a tus labios un poco más

    -Pues no sé si tú quieres? -le dijiste, tú en verdad si querías

    -Yo si quiero y mas contigo -dijo para agarrarte de los pechos, poniéndote contra la pared y acercándote a ella y daros un beso sencillo.

    Abriste la puerta de la habitación.

    En ese instante se sentó arriba de tus piernas quedando con sus dos piernas a tus lados, os mirasteis y os volvisteis a besar, sentías su lengua recorrer toda tu boca, vuestras lenguas chocaban, era un beso apasionado tus manos se posaron en su cintura diminuta y ella puso sus brazos alrededor de tu cuello, ladeaba su cabeza para poder besarnos mejor, tus manos bajaron a su trasero y tocaste sus nalgas y las apretaste a lo que ella soltó un suspiro junto con un pequeño gemido; después de un rato os separasteis y tu le quitaste la blusa, y para tu suerte no llevaba sujetador, así que pudiste ver sus senos perfectos, redondos, apetecibles…

    No lo dudaste ni un segundo y la empezaste a besar, ella soltaba pequeños gemidos mientras tú con tu mano derecha agarra su seno y lo apretabas, mientras tu otra mano estaba en su espalda acercándola a ti para poder meter su seno derecho a tu boca… al principio solo chupabas sus senos eran exquisitos después de un rato le mordiste el pezón a lo que soltó un gemido, pases a su otro seno repitiendo lo mismo, lo chupabas y lo mordías y sabía que a ella le gustaba porque gemía y su respiración era entrecortada.

    Ella se movía arriba de ti mientras tu seguías entretenida en sus pechos…  después te separaste de ella dándole un beso, ella te quito la blusa y te acaricio los pechos por encima del sujetador para después quitártelo

    Ella se paró y se quitó el short que llevaba puesto junto con el tanga rosa de encaje que llevaba… tú también paraste y te quitabas lo que te quedaba, ella te agarro de la cintura y te besó, nos acariciábamos, tú le tocabas los pechos y ella tocaba tu trasero… sentías como una mano se metía entre tus piernas y las abrí, te dio la vuelta quedando tú de espaldas hacia ella… te pego a ella y me empezó a tocar, movía su mano lento, de arriba abajo mientras tu soltabas pequeños gemidos… te llevo a la cama y os acostasteis ella arriba de ti…

    -Estas hermosa!-te dijo al oído a lo que tú le respondiste con un gracias, tu también lo estas… Ella bajo a tus pechos y los beso para después bajar más, sentías como besaba tu entrepierna, hasta que sentiste su tibia lengua en tu centro, ella lamia muy lentamente mientras tu gemías, estabas en la gloria, tenías a Laura haciéndote sexo oral y con un morbo impresionante.

    -Aaahh!! laura!

    -Tranquila, disfruta amor

    -Esto es genial -dijiste con tu voz agitada. A lo que después ella chupo y metió su lengua en ti, ella lo hacía cada vez más rápido y te mordió.

    -Aaaahh!! Que rico!

    Ella regreso a tus labios y te volvió a besar tocaba tus pechos y tu los de ella… tu te diste la vuelta quedando arria de ella, así que bajaste con tu lengua recorriendo su cuerpo y limistes su sexo, estaba deliciosa, pasabas tu lengua de arriba abajo mientras la escuchabas gemir.

    -Aaahh!! que rico!! sigue amor sigue!

    -te gusta?

    -me encanta… aaahh!!Asi!

    Tu aprovechaste y metiste tu lengua en su centro, movías la lengua rápidamente haciéndola retorcerse y gemir fuerte, chupabas y lamias una y otra vez hasta que se corrió… tú te acostaste y ella abrió tus piernas y paso una por arriba y la otra la dejo de bajo de mi otra pierna… Empezasteis a moveros y a gemir… Sentíais como chocaban vuestros sexos, era delicioso, os movíais lento pero con lujuria.

    -AAH!!! Que rico! – decía ella, mientras echaba su cabeza hacia atrás. Tú le agarrabas los pechos moviéndote y gimiendo también igual que ella.

    -Aaaah!! así Laura muévete más rápido… Ahhh!! así! así!!

    -aah!! sii!! Me encanta!! aaah!! mmmm!!

    -mhh!! que rico!

    -oh por dios! me corro!!

    -aah! asi! asi! mas! mas! dios, muevete mas!!

    -oh!! sii asi!! ahhh!!! mhhh que rico!!- Decíais ambas mientras os movíais frenéticamente ,de un momento a otro las dos gemimos a mas no poder y ella callo arriba tuyo para después acercarse a la mesilla de noche de su cama y sacar un dildo que se ponía en la cintura…

    Con este puesto se puso encima de ti y te penetro, se movía rápido! muy rápido a lo que tu te volviste a excitar…

    -sii así así! así! más!! sii!! aaaah!!

    -mhhh!! muévete!

    -mas! más!! dame más!!

    asi? te gusta? te gusta que te la meta?

    -Si me encanta, métela! más!! aaaah!! mhhh!!

    -Te la voy a meter más!- dicho esto sentiste todo dentro de ti, se movía más rápido haciendo llegar de un momento a otro al orgasmo…

    Descansasteis un rato con pequeñas caricias y besándoos.

    -Te gusto?- dijo Laura dándote pequeños besos

    -Si me encanto.

    -Qué te parece si tenemos algo más?

    -Como qué?

    -no una relación. -te dijo ella

    -entonces a que te refieres.

    -Mira .después de un concierto acabo reventada, que te parece si cada vez que venga por la capital… nos relajamos juntas?

    -si! dijiste, os volvisteis a besar esta vez te tocaba a ti darle placer a ella, ella gemía como nadie, te gustaba verla moverse arriba de ti o debajo, sus pechos brincaban y te tentaban a besarlos, fue una de tus mejores noches.

    Ahora tú y ella seguís en contacto y deseando otro concierto en la capital.

    Espero que te gustara un cachito.

  • Aquiles me coge en el estacionamiento

    Aquiles me coge en el estacionamiento

    Aquiles es un amigo policía que conocía hace a los, un moreno ya mayor, un poco gordito, pero bien sociable.

    No sé, pero creo que siempre me tuvo ganas, ya que se ofrecía ayudarme en muchas cosas, incluso cuando me case el me ayudo con lo del salón, pero bueno, en ese entonces no me pasaba por la cabeza nada de lo que sucedería después.

    Una tarde me llamo por teléfono diciéndome que era su cumpleaños y que iba a salir ahí por mis rumbos, yo contenta lo felicite, fue entonces que él me invito a acompañarlo un rato.

    La verdad yo quería salir, así que le invente a mi marido que iba a ver a mi mama, como él estaba en sus ondas no me hizo mucho caso, me arregle un poco me puse una licra negra y una blusa abierta de la espalda y me fui.

    El paso por mí en la esquina de mi casa y de ahí nos fuimos a un boliche bar que está en la avenida cercana.

    Yo creí que seriamos más, así que no le pregunte nada, lo abrace y lo felicite por su cumpleaños.

    Al llegar al lugar tampoco había nadie esperándolo solo éramos él y yo, así que no pude evitar ya preguntarle sobre eso.

    K: ¿Esperaremos a alguien más?

    A: Unos amigos, ¡se supone que viene para acá!

    K: ¿Esperas a alguien en especial?

    A: ¡No! ¡Ya está aquí conmigo, jajá!

    Lo que me dijo me sonrojo y me reí con él, sintiéndome halagada, así que para empezar el pidió un tarro de cerveza para él y uno para mí.

    El ambiente del lugar era bueno, comenzamos una partida de boliche, jugábamos y disfrutábamos del momento, él me estaba enseñado a jugar, así que me agarraba la cintura, yo le ponía mi cadera y nalgas, lo vi normal, ya que era parte de la práctica.

    Ya estábamos en el segundo tarro y nada que llegaban los amigos, por el momento no le dije nada, así que después de terminar de jugar, nos pusimos a bailar.

    Sin saber que pasaba con sus amistades fui al baño a tomar aire y escribirle a mi marido para que no me marcara.

    Cuando regrese a la mesa, Aquiles me saco a bailar, era una música suave, me susurro al oído que era una lástima que no hubiera ido mi esposo que le gustaba como se me veía ese mayon, me felicitaba que usar ese tipo de ropa.

    No podía creer lo que escuchaba, él siempre fue muy callado conmigo, pero se soltó a decir que se había dado cuenta en la oficina como se notaba el encaje en mis vestidos, mis faldas ajustadas, que le gustaría que su esposa vistiera como yo.

    Al referirse a la Oficina es al lugar donde luego nos veíamos cuando trabajaba, yo no sabía que responderle.

    No pensé que Aquiles se fijara en mí, sentía su mano como la ponía sobre mi cadera en el encaje de mi tanga y sentir su voz en mi oído me hizo ponerme nerviosa e inquieta, que un hombre que no era mi esposo me hiciera esos comentarios no pude evitar ponerme un poco húmeda.

    Como lo comenté en los años que tenía de conocerlo nunca me había hecho algún comentario de ese tipo, que le gustaba como movía mi cadera al caminar, como bailaba cuando me saco, que se había dado cuenta como me miraban, que me movía rico, lo mire a los ojos y le dije que no siguiera que era mi amigo y que estábamos casados.

    Nos fuimos a sentar dejo que caminara delante de él, sentí por primera vez la mirada suya en mi cadera, la verdad no sabía que hacer, quería irme antes pero no sé hasta el momento porque no salí.

    Nos sirvieron unos tarros más, hacíamos comentarios de todo tipo, cuando sentí que el pie de Aquiles lo pasaba por debajo de mi zapatilla, hacia el movimiento para separar mi pierna, trate de oponerme, pero no quise hacer un escándalo, cuando lo mire me sonrío y me susurro;

    A: ¡Ábrelas!

    K: ¡Basta, esto no está bien!

    A: ¡Vamos, por favor, como regalo!

    Me levante para ir al tocador por segunda ocasión, cuando entre al tocador sentí que estaba húmeda no podía creerlo, trate de secarme, pero había manchado ya mi tanga, regrese a la mesa por mis cosas para irme.

    Tomé mi bolso y le comenté que tenía que irme porque mi hijo estaba solo y que no quería llegar tarde, así que salí al estacionamiento, no había gente ya que había comenzado el baile, estaba por llegar al carro ya que lo había dejado hasta el fondo cerca de la salida cuando sentí unos pasos, ¡era Aquiles!!

    A: ¡Discúlpame si te ofendí!

    K: ¡Esto no está bien, somos amigos, además somos casados!

    A: Lo sé, perdón, ¡pero no sabes cómo te deseo!

    K: ¡Basta, tu eres casado, además tu mujer es bonita!

    A: Si, pero nada que ver con una diosa como tú, desde hace tiempo quería decírtelo, sabes, ¡a veces cuando lo hago con mi esposa pienso en ti!

    Le dije que ya no me dijera nada, camine me tomo por la espalda me dijo que no podía evitarlo, que lo seguiría haciendo, me abrazo y se me repego, trate de librarme de él, moví mi cara para mirarle por mi hombro, le dije que gritaría me soltó solo para besarme.

    Trate de librarme y empezó a besarme mi cuello, mis oídos, me dijo que le gustaba que me deseaba, bajo una de sus manos la puso en medio de mis muslos, subió y sintió lo húmeda que estaba.

    A: ¡Que rico, mira como estas! te quiero coger!

    K: ¡No!! ¡Basta con esto!

    Me volvió a besar, yo le abrí mi boca, deje entrara su lengua, el acariciaba con la mía, no pude evitar repegarme a él y dejar que me acariciara.

    Mi vagina la tenía en su mano, húmeda deseosa, empecé a gemir la otra mano acariciaba mis nalgas, en medio del estacionamiento me repego a una camioneta, ¡lo besaba con desesperación!

    Estaba excitada, caliente, jamás pensé que Aquiles me haría eso y menos dejarme hacer lo que estaba pasando.

    El muy canijo me tomo de la cintura y me bajo la licra, mi humedad era evidente, no sabía qué hacer, el me acariciaba y me besaba, ¡estaba tan excitada que sentía que iba a explotar!

    ¡Bajé una de mis manos y le empecé acariciar su verga! él se la saco, la sentí caliente gruesa diferente a la de mi esposo, acaricié su verga sentía los líquidos en mi mano hice el intento para mamársela, pero el me detuvo y me dijo que no, que me la quería meter!

    K: ¿Traes condón?

    A: ¿Con una ricura como tú, como usaría condón?

    K: ¡Bueno, entonces ya me voy!

    A: ¡Espera!!

    Lo volví a besar y se me repegó de nuevo, le solté su verga y se me restregaba en mi panocha depilada, sentía su cabeza como tocaba mis labios vaginales queriendo entrar, no podía más, ¡le decía que tenía que irme que me dejara, pero él me seguía acariciando y besando!

    K: ¡Cógeme no puedo más, cógeme!!

    Me volteo, puso mis manos sobre el cofre de un carro e hizo a un lado mi tanga, sentí como la cabeza de su verga se abría camino en mí, sentía por primera vez la verga de un amigo de años, ¡la metió poco a poco hasta que choco su vientre con mis nalgas!

    K: ¡Ah!!! ¡Que rico, uhm!

    A: Soñaba con esto, ¡amiga, estas buenísima!

    K. Esta súper duro, uhm!

    A: ¡Así me pusiste nena!

    Sentía el rico vaivén, entraba y salía muy rico, gemía, mordía mis labios para no gritar me susurraba al oído… ‘Por fin eres mía’ empecé a moverme con deseo con desesperación!

    A: ¡Si, muévete uhm, que rico aprietas nena!

    K. Ah!! ¡Dios, que rico, ah!

    A: ¡Siempre quise hacerte mi puta, uhm!

    K: ¡Ahí!!! Aquiles, que rico, uhm!

    Me jalaba el cabello, me mordía el cuello, ahí estábamos en el estacionamiento cogiendo, una salida de amigos ahora era una rica cogida.

    Ahí caí en cuanta mientras me apretaba los muslos, que él no había invitado a nadie más, ¡que su intención siempre fue cogerme!

    ¡Me movía más, tuve mi orgasmo sentí como él estaba a punto de venirse!

    K: ¡Ah! ¡que rico, uhm, que rico!

    A: ¡Me voy a venir!! ¡Me vengo!!

    K. Salte, sácala!!

    A: ¡Ah!!! ¡Ni madres!!!

    No me hizo caso, me sujeto más, ¡me abrazo con fuerza sentí como su verga se ponía rígida los golpes de leche dentro de mi bañándome caliente!

    Oía que gemía, se vaciaba dentro de mí, sus últimos disparos los sentí rico, ¡nuestra mezcla se fundía en una sola! mi primera vez que le fui infiel a mi esposo en un estacionamiento y con un buen amigo!

    Saco su verga, sentía como escurrían su leche en mis piernas y mi tanga, me hinco para mamarle su verga, se la mame mirándole a los ojos probando la mezcla de mi entrega y su leche.

    A: ¡Eso nena, chúpala, que rico, uhm, que rico!

    K: ¡Te voy a dejar seco, uhm!

    ¡Otra verga más a mi colección de infidelidades!

    Se la limpie, me levanto me recargo contra una camioneta de espaldas, empezó a mamarme mi vagina, limpiándome, bajo mi tanga y me la saco para guardársela.

    Una vez pasado el orgasmo, me arregle y subimos al auto, me llevo a mi casa, en el trayecto me acariciaba la pierna, al llegar nos despedimos normal, como si nada hubiera pasado, pero esa no sería la última vez que cogería con mi buen amigo Aquiles.

    Kali

  • Nuestras primeras noches juntos: Segundo día

    Nuestras primeras noches juntos: Segundo día

    Nuestro segundo día en Concepción comenzó a eso de mediodía, ya que después de llegar desde el departamento de Leo y Mario, y los polvos que habíamos tirado, estábamos un poco agotados. Por suerte las reuniones de ese día estaban canceladas y nos dieron el día libre. Así que teníamos más tiempo para nosotros.

    Una vez que despertamos y volvimos a la conciencia, empezamos a conversar de lo sucedido la noche anterior con nuestros nuevos amigos. Por tu manera de hablar acerca de ellos, supe que lo habías pasado muy bien y que no estabas arrepentida de nada de los habíamos hecho. Me contaste también de lo que habías sentido al besar por primera vez una vagina. El olor y sabor que sentiste te dejó marcada, yo siempre te lo había pedido y siempre desviabas el tema, diciéndome que eso no era lo tuyo. Pero Leo te debe haber llamado mucho la atención para hacerla acabar con tu lengua en su clítoris.

    Todavía estábamos recostados en la cama, desnudos y mientras me contabas, no pude controlar la erección de mi pene, lo que aproveche‚ para tocarlo y estimularlo, como nos gusta a menudo. Por tu parte, tú también te empezaste a tocar. Y así estuvimos charlando y masturbándonos por cerca de una hora. Pero ya no aguantábamos más, lo recordado nos había calentado mucho y terminamos haciendo un rico 69. Esto nos sirvió para oler y saborear nuestros sexos con los restos de acción de la noche anterior.

    Me sorprendió la cantidad de fluido que vaciaste en mi boca, generalmente no botas tanto, pero esta vez fue una cantidad generosa y explosiva, que no dude en recibir, saborearla y tragarla. Lo que me dejó un rico gusto en mi garganta durante todo el día.

    Nos bañamos y arreglamos para salir a comer algo. Aprovechamos un restaurante que estaba cerca del hotel. Nos pasaron la carta y ordenamos. Mientras llegaban los platos aprovechaste de ir al servicio. Yo esperé en la mesa con un sabroso pisco sour. No habían pasado ni 2 minutos y recibo un whatsapp tuyo. Me extrañó, pero al leerlo entendí que tramabas, ya que me acordé de una de tus fantasías.

    El mensaje decía que fuera al baño de mujeres, que esperara al lado de la puerta. Le hice una seña al chico que nos estaba atendiendo, para que supiera que seguíamos en el restaurant y no nos habíamos ido. Me acerque al lado de la puerta y salió una mujer de su interior. Inmediatamente abriste la puerta y me agarraste para llevarme hacia el interior. Estabas sola y nos encerramos en el habitáculo del final del baño. Ese era una de tus fantasías que estaban pendientes. Nos besamos y desabrochaste mi pantalón. Lubricaste mi pene con tu saliva y sin más trámite, me diste la espalda y te agachaste hacia adelante, permitiendo dejar tu sexo a mi disposición. Sin dudarlo entré hasta el fondo de tu vagina y empecé a bombear, rápido, descontrolado, sabiendo que en cualquier momento podía entrar alguien. Tus gemidos no tardaron en llegar y mi respiración agitada generaba un ambiente muy caliente.

    Aún no acabábamos cuando escuchamos entrar a alguien. El sonido de la puerta nos congeló, nos quedamos quietos, pero tú empezaste a moverte lentamente. Con tu movimiento mi pene entraba y salía de ti. Estuviste así hasta que te hice saber que me iba a correr. En ese momento entra otra persona al baño, pero tú seguías moviéndote. Yo ya no aguantaba. Creo que las dos mujeres que estaban en el baño se percataron de lo que pasaba, porque se empezaron a reír y a hacer algunos comentarios, pero eso no nos importó.

    Te saliste justo antes de que acabara y te llevaste mi pene a tu boca, para recibir toda la descarga. No se‚ cómo lo hiciste, pero no desperdiciaste nada de semen. Me imagino que no querías ensuciar tu ropa. Me besaste y salimos. Las dos mujeres ya no estaban, pero cuando regresamos a la mesa sentimos un par de miradas sobre nosotros, deben haber sido ellas. Pero a nosotros no nos importó, terminamos nuestro pisco sour y llegaron nuestros platos. Almorzamos tranquilamente y conversamos bastante. Nos reímos de lo que habíamos hecho y de haber podido cumplir una de tus fantasías.

    El almuerzo estuvo muy entretenido, conversamos bastante, nos reímos y nos sirvió para recuperar energías perdidas. Después de un bajativo, nos fuimos a caminar a un parque cercano, tomados de la mano como si recién fuéramos novios. Sentados en una banca a media sombra, se nos acerca por detrás una persona y nos asusta. Era Mario que andaba haciendo unas compras. Nos saludamos como grandes amigos y nos pregunta que planes teníamos para la noche. Tú, sin vacilar, le dices que nada, que lo mejor que podría suceder es pasarlas nuevamente los 4 juntos.

    Mario te mira, se acerca a ti y te susurra al oído algo que no alcancé a escuchar. No me quisiste contar en ese momento, que más tarde me enteraría.

    Nos despedimos, ya que a Mario le quedaban cosas que comprar todavía. Nosotros nos regresamos al hotel y nos pusimos a dormir una merecida siesta. La necesitábamos.

    A eso de las 20 horas escuchó que sales del baño, ya estabas bañada y te empezabas a vestir. Noté que te colocaste ese conjunto de ropa interior que te regalé para Navidad. Ese que me encanta como se trasluce y la tanga como se pierde entre tus nalgas. Así que me fui rápidamente al baño, me duché y me vestí para la ocasión. Sabía a lo que íbamos y lo que sucedería.

    Cuando llegamos al departamento de Leo y Mario, me extrañó escuchar más voces. Tocamos la puerta y Leo, muy radiante como siempre, nos saluda a ambos con un beso en la boca, suave y tierno. Nos hace pasar y nos presenta a una amiga de la infancia y a una prima de Mario, Julia y Remi. Julia, su amiga de la infancia, es una colorina de unos 32 años, delgada y con buena delantera. Remi, prima de Mario, es de apenas unos 22 o 23 años, muy sensual en su actuar y con unos labios muy sugerentes.

    En la cocina estaba Mario, preparando algunas cosas. Pero no estaba solo, estaba con un amigo llamado Cristóbal. Muy simpático, que enganchó inmediatamente con todos. Se notaba que tenía mundo vivido, la manera de tratar a las mujeres y su simpatía lo destacaban.

    Por un momento me imaginé que los planes de Mario y Leo habían cambiado y que terminaríamos cantando karaoke, pero fue en ese momento cuando me dijiste lo que Mario te había susurrado durante la tarde… «prepárense porque van más amigos y vamos a tener una rica orgía…». Te mire y solo me cerraste un ojo, me diste un beso en la mejilla y te fuiste a conversar con las chicas. Yo por mi parte me quedé ayudando a Mario y Cristóbal a servir los tragos y los entremeses que tenía en el horno.

    Una vez todo estuvo servido, nos acercamos hacia donde estaban ustedes. Nos acomodamos en el living y partimos contando distintas historias. Obviamente nos preguntaron si estábamos casados o solo éramos novios. Nuestra respuesta fue al unísono… «somos amantes». Obviamente todos se rieron y nos comenzaron a interrogar de muchas cosas. Pero el ambiente estaba muy suelto y a medida que se vaciaban las botellas de licor, el tono de la conversación subía. Cada vez más hot y con provocaciones de todos hacia todos.

    Cuando fuiste al baño, Julia te acompañó y Remi se sentó a mi lado. Tardaste un poco más de la cuenta, lo que Remi parece sabía iba a suceder. Porque su mano estuvo en mi pierna todo el rato. En un momento me contó al oído que tú y yo le gustábamos como pareja y que nos quería conocer más. Me contó que le excitaban las parejas que eran amantes. Cuando regresaste del baño, venías algo colorada, pero feliz. Y estabas de la mano con Julia. Todos lo notaron y comenzaron a festejar y aplaudir. Julia te mira y se besan frente a todos. Se nota que fue un beso húmedo.

    Miro a Remi y ella se sienta a sobre mis piernas, mirándome de frente y me comienza a comer el cuello. Miro de reojos y veo a Leo sacándole la camisa a Cristóbal, mientras Mario te abrazaba desde atrás, quedando tú al medio de Julia y Mario.

    Remi me despojó rápidamente de mi ropa, lo primero que hizo fue llevarse mi pene a su boca. Era una maestra en el arte del sexo oral. Luego se puso de espaldas, apoyada en el sillón, y me dejó penetrarla analmente. Se notaba que tenía experiencia, ya que no costó nada que entrara. No estaba con condón puesto, pero a ella no le importó. Me pidió que acabara dentro de ella, lo que hice gustoso. Con sus gemidos y movimientos, mi eyaculación fue a borbotones. Restos de semen salían de su ano, pero rápidamente llegaste para no desperdiciar nada.

    Mientras me besabas, compartiendo ese semen que minutos antes había depositado en el ano de Remi, ella por su parte, limpiaba mi pene con su boca, sin dejar rastro alguno.

    Volviste con Julia, que ya desde tu ida al baño te tenía loca. Entre ella y Mario te desvistieron. Tu encaje dejó a todos locos, ya que llamaba mucho la atención. Te pusieron en cuatro. Julia debajo tuyo lista para un 69 y Mario te empezó a bombear desde atrás. Los sonidos de tus nalgas con el cuerpo de Mario, eran como aplausos del público. Por su parte, Julia, en la posición privilegiada que tenía, jugaba con tu sexo y las bolas de Mario. Muy pronto acabaste, Mario también. Ambos rendidos del rico sexo que habían tenido. Julia aprovechó de tragar todo el semen que salió de tu vagina. Tú gozabas con eso.

    El olor a sexo era indescriptible. Nunca habíamos probado tanto semen ni jugos de otras personas. Todo lo que saboreabas lo compartías conmigo. Yo hice lo mismo contigo.

    Nos reímos, gozamos y disfrutamos mucho. Perdimos noción de la hora. Perdimos control de nuestros cuerpos y de nuestros orgasmos.

    Cuando desperté ya era de día. Tú solo con la camisa de Cristóbal, nada para abajo. Me contaste que no encontraste tu conjunto de ropa interior, seguro alguna de la chicas se lo llevó. De la habitación de Leo y Mario, escuchamos gemir a Cristóbal, nos asomamos y ambos dueños de casa se estaban comiendo su gran pene. Pero eso es otra historia.

  • Aceptación

    Aceptación

    La primera vez que me penetró mi esposo por el ano, no fue nada agradable, ya lo conté en el relato «¿Se le podrá decir que no a un amante?» y me negué rotundamente a esa práctica sexual. También mi amante me lo pidió, la manera en lo que lo solicitó y mi respuesta están al final del mismo relato.

    Pasó el tiempo y durante poco más de dos años tuvimos que dejar de vernos mi amante y yo, pero no me aguanté y lo volví a contactar, ¡Y bien que hicimos contacto! Eso lo relato en «Regresé a las andadas». Poco tiempo de retornar a las delicias que su boca me daba, me recordó que le había dicho que sí me dejaría coger por el culo. Eso se dio como sigue.

    –¡Hola!, ¿cómo andas de trabajo?, porque mañana tengo varias horas libres en la mañana –le dije a mi amate cuando me contestó.

    –Sí tengo, pero me quedaré en la tarde para entregarlo todo y atenderte mañana.

    –Me encanta que te guste estar conmigo, mereces una atención especial.

    –Pues tendrás la oportunidad de dármela, compré un lubricante para que no te doliera al metértela por la colita… –me dijo advirtiéndome qué pensaba hacerme–, claro, después de tomar el atolito que hagas con tu marido para mí –aclaró pidiendo que ordeñara a mi marido para mamarme la panocha como le gusta.

    –Ya lo ordeñé todo el fin de semana y hoy en la mañana, pero durante toda la semana no estará aquí y hasta hoy lunes pude hablarte a tu oficina –le aclaré, porque nos gusta el lunes cuando sabemos que va a salir mi marido, pero como yo lo supe hasta el viernes, no pude avisarle antes–. Pero no me he bañado, ni lo haré mañana hasta después de verte para que goces del atole muy fermentado –le aclaré.

    –¡Qué rica has de estar! ¿Nos podemos ver hoy? –preguntó esperanzado.

    –No, nene, ya sabes que en las tardes atiendo a mis hijos.

    –Bueno, mamita, te espero mañana, con la carga fermentada.

    La verdad es que ni yo me aguantaba el olor a sudor de coger durante dos días con mi marido. Me bañé el viernes en la noche, cuando él me dijo que saldría de comisión, a pesar de que ya me había bañado en la mañana. “Ahorita que salgamos de bañarnos te doy de cenar y nos encamamos, papacito, para deslecharte todo el fin de semana”, le dije a mi marido, empezando a desnudarme y pidiéndole que él también lo hiciera, advirtiéndole que me lo cogería sin descanso. “Sí, me gusta cómo me tratas antes de que me vaya de viaje, ¡me quedo satisfecho para toda la semana!”, precisó. “De eso se trata, de aprovecharte completito…”, le dije, jalándole la verga para llevármelo al baño. En la ducha nos enjabonamos, se la mamé y me retiré de la boca el pene cuando él ya estaba listo para venirse, “¡Sigue, mujer, ya me voy a venir!, exigió, pero me hice la desentendida y nos terminamos de enjuagar. Lo cierto es que le dejé el palo estirado y se me antojaba mucho, pero yo quería tener en mi vagina todo el semen que pudiera.

    Después de secarnos nos pusimos la bata y cenamos con los hijos. Lavé los trastos, vimos un rato la televisión y, después que los “niños” (así les decimos, pero ya están grandes) se subieron a sus recámaras. Él abrió una cerveza y yo puse una película XXX. “Conseguí ésta para ver qué cosas nuevas aprendemos”, le dije quitándome la bata, abrí la de él y me senté en sus piernas. Se le empezó a parar cuando empezó a ver la acción en la pantalla. “¡Así de rico mamas tú, Mar!”, dijo acariciándome las chiches. Después, en la siguiente escena, el galán le chupó las nalgas y el culo a la señora, quien no dejaba de poner la cara de placer, la cual cambió por una de sorpresa al sentir en su culo la súper verga del macho, pero después de unos gestos, cuando las bolas del galán le golpeaban las nalgas, la cambió por otra de placer. En unos minutos más de “chaca-chaca” la toma a la cara del galán mostraba que, a todas luces, él estaba eyaculando. Cambió la toma y se veía como salía la vergota del ano, dejando un boquetote por el que salía leche en chorros. “Eso quiero hacerte otra vez, Mar, ¡tienes unas nalgas que se antojan para cogerte por allí!”, me dijo metiendo su mano entre mis nalgas.

    La verdad, yo también estaba muy caliente, pero me acordé cuando me dio por allí y, en lugar de negarme, le dije “¿Te fijaste que él le chupó la panocha y el culo antes de metérsela?, hazlo así, mi rey, gánatelo”, le dije. “Es que tu panocha huele mal y así sabe también”, contestó haciendo un mohín de disgusto y seguimos viendo la acción hasta que terminó.

    Al acostaron le dije “Quiero que me cojas como quieras, pero antes hazme venir con tu boca en mi vagina, así como yo cuando te mamo la corneta” le dije yéndome hacia su verga y se la empecé a mamar hasta que se vino. Más tarde, cogiendo de cucharita, quiso metérmela por el culo y me retiré. “¡Perdón!, se me fue chueco”, se disculpó, yo me levanté para hincarme dejando mi panocha en su cara “Chupa, que tu lengua se vaya por allí”, le dije. Él volteó la cara evitando que mi monte tocara su boca. ¡No!, mejor sigamos cogiendo” dijo acomodándome sobre de él, penetrándome riquísimo. Nos venimos mucho y terminamos escurriendo de sudor.

    Esa noche, y los días siguientes cogimos, conté ocho ordeñas, dos biberones y una rusa, pero lo más que logré fueron un par de besos en mis nalgas, ¡qué diferencia con mi amante, quien me besa y me chupa toda! No, de lo demás no me quejo, mi marido me coge muy rico y lo amo, además de que cada vez da más semen y eso le gusta a mi nene pues “el atole se hace muy rico con tus venidas”, me dice mi amante y sí, debe ser cierto, ya que me vengo mucho cuando mi marido me coge. Ni modo, quise darle otra oportunidad a mi esposo, pero él eligió seguir con cuernos.

    El martes, después de darles de desayunar a mis críos y que se fueron a la escuela y al trabajo, respectivamente, yo me vestí lo más simple y con prendas fáciles de quitar, quería aprovechar el tiempo al máximo. Así fue, pues apenas llegué al departamento de mi amante, nos desvestimos mutuamente y empezamos a amarnos: le di una entrada de tetas con crema, que chupó alternando con chupadas y lamidas en las axilas. Yo reía por las cosquillas que su lengua me hacía “Sabes a amor y todo el esfuerzo de su ardor”, me decía lamiendo también los costados de mi tórax.

    Después de dejarme las tetas limpias, pasó a lamerme y besarme el ombligo, que también recibió unas gotas que habían escurrido cuando le hice la rusa a mi marido. ¡Umh, traes una costra de semen!, dijo al lamerlo. Luego escurrió su lengua hasta mi pelambre, todo pringoso; abrió la boca y su saliva apoyó la tarea lingual de limpieza. Pensé que después de sorberme el clítoris y los labios internos pasaría a meter su lengua para completar la venida que tuve, pero luego pasó a mis verijas dejándolas sin huellas de escurrimiento; de allí pasó a mi ano y nalgas. Me puso en cuatro extremidades y me penetró deslizándose el pene con facilidad. Tuve un orgasmo más y, aún con la verga templada, me acostó boca arriba y se acomodó en un 69 en el que no me podía concentrar con lo que a mí me correspondía, ya que solamente gemía y luego gritaba francamente ante tanto placer que me daba su boca. Quedé exhausta y descansé chupándole el pene y los enormes huevos.

    –No mamita, esa te la voy a echar en las tripas –dijo separándose de golpe cuando ya se iba a venir, así que me quedé “de a seis”.

    Me volvió a poner en cuatro y me chupó el ano, tomó el frasco de lubricante que había comprado y me lo fue poniendo con un dedo que introducía poco a poco. Me gustó que no me doliera y empecé a sentir placer cuando metió un dedo más y más lubricante, metiendo y sacando los dedos. Yo lance varios quejidos de placer.

    –¿Te duele, mami? –me preguntó sin dejar de penetrarme y poner lubricante.

    –No, me gusta mucho, pero no me duele –contesté sin abrir los ojos.

    –Sí, se nota en tu cara el placer –dijo y metió un dedo más, poniendo más lubricante–, es porque ya estabas abierta que no te duele –me dijo en alusión a la cogida que mi marido me había dado la primera vez.

    Sacó los dedos y puso lubricante en su verga. Sentí la suavidad y redondez del glande en la entrada de mi ano y contraje el esfínter. “Tranquila, nena, relájate, no te va a doler”, me dijo al oído y me lamió el óvulo; sin dejar de presionar en el ano con su pene, me dio besitos en el cuello y en la espalda, pero sus caricias me calmaron cuando entró el glande, fue entrando con lentitud y el dolor que yo sentía era paliado con las caricias y besos. “Ya va más de la mitad mami” me dijo antes de agarrarse firmemente de mi cadera para penetrarme totalmente. Sentí que sus huevos golpearon en mis labios por el empujón rápido que hizo. Me sentí sorprendida de tenerlo adentro con casi nada de dolor. “¿Te dolió?”, preguntó quedándose inmóvil. “No”, contesté y me moví para sentirlo mejor. Eso fue la señal para que él empezara el divino movimiento de mete y saca. A los pocos minutos tuve el primer orgasmo y éstos siguieron hasta que sentí caliente dentro de mí y gotas de sudor que desde su cara escurrieron en mi espalda. Se quedó quieto, descansando su cuerpo sobre mis nalgas. Se dio cuenta de eso y me ayudó a acostarme sin sacármela.

    Cuando me la sacó y sentí escurrir el semen por mis nalgas, me imaginé la escena de la película y no pude evitar preguntarle “¿Cómo se me ve?”, “Muy bonito, parece que pide más”, contestó. Después de descansar nos metimos a bañar. En la ducha me cargó de las nalgas, me colgué a su cuello, y me la metió en la vagina, de donde la sacó pronto para ponérmela otra vez en el culo, que me había enjabonado muy bien, entró toda de golpe, me dolió un poco, pero se compenso con el orgasmo que tuve y fue tan intenso que me solté de los brazos sin medir las consecuencias. Afortunadamente él pudo guardar el equilibrio, sacó el pene y me fue bajando hasta que mis pies lograron sostenerme. ¡Sí, Tita tenía razón: sólo duele la primera vez y es otra experiencia deliciosa!

    Después de vestirme, me llevó hasta la puerta de la privada en la que vivo. En el trayecto rumbo a mi casa, le pedí a mi amante que también nos viéramos el jueves, porque quería repetir el sexo anal. También le pedí que me comprara un frasco de lubricante para mi uso. “Putita…” dijo entre dientes y sonriendo.

    Sin beso, pero con mucha gratitud, me despedí. Leí el nombre del condominio donde vivo: “Privada de la Reyna” y para mis adentros dije, mientras se retiraba el automóvil de mi amante, “Ya llegó la Reina”, porque así me sentía con el trato recibido ese día.

    Al legar a mi casa, aún me sentía abierta del orto, y como estaba sola, me desvestí y en el espejo de mi recámara, además de ayudarme con el espejo de mano, me vi cuidadosamente el ano y, fuera de un ligero color que delataba exceso de fricción y un poco dilatado, no había nada anormal, pero yo sentía una sensación extraña.

    Llegó el jueves y puntualmente me presenté en el departamento de mi amante. Me abrió la puerta y me recibió con un gran beso y un cachondísimo abrazo con el que empezó el faje, que no me sentí cómo me cargó y me di cuenta hasta que estaba sentada sobre sus piernas en el sillón de la sala. Me dio un jugo de naranja que estaba sobre la mesa de centro y empezamos a platicar, entre beso y beso.

    –¿No me vas a dar jugo, mami? –Me preguntó y le puse el vaso en sus labios– Lo quiero de tu boca, nena –me dijo entrecerrando los ojos, así que tomé un trago y lo vertí en su boca dándole un beso.

    –A ver, ¿para qué quieres el lubricante? –me preguntó tomando el frasco para dármelo.

    –Para usarlo con mi marido.

    –Te va a preguntar dónde lo conseguiste, cuánto te costó y otras cosas que te podrían delatar –me advirtió y me di cuenta de ello.

    –Ya tengo algunas respuestas, excepto la del costo. –contesté y él me dijo cuánto costaba y los muchos lugares donde se podía comprar.

    –Si estás dispuesta a usarlo con tu marido, quiere decir que te gustó –me dijo esperando mi respuesta, pero empezó a desabotonar mi blusa, me bajó las copas del brasier y empezó a chuparme las chiches.

    –Ya te había dicho que sí y que quería que me dieras más, por eso estoy aquí, así que vámonos a la cama –le ordené, poniéndome de pie y metí el frasco a mi bolso para poder tomarlo de la mano.

    Nos fuimos felices a la recámara y me dio varias nalgadas en el trayecto. Le recordé que no debía dejarme moretones ni ninguna otra marca que fuera indicio de mi relación extramarital. Antes de acostarnos me desnudó por completo y me tiró a la cama de un empujón. No me gustó por la sorpresa, pero nada le dije. Yo había caído boca abajo y me fui arrastrando hasta la parte superior de la cama.

    –¡Qué lindas nalgas, mami! ¡Cómo no va a querer cogerte así tu marido! –gritó mientras se terminaba de quitar la ropa, yo abrí y cerré las piernas para lucirme mejor.

    Así como estaba, me tomó de los pies y, metiendo uno por uno mis dedos a su boca, me acarició suavemente las piernas. Después besó mis plantas de los pies y les dio un lengüetazo a cada una. Sentí riquísimo, pero no pude evitar dar unas carcajadas y gritos por las cosquillas que sentía. Tomándome de los pies, me abrió las piernas y metió su cara en mis verijas, lamió lo que alcanzaba de mi panocha y su lengua siguió arrastrándose hasta mi ano; hizo varias veces ese trayecto. Todo lo sentía excitante, más cuando me lamía el periné, pues también enterraba su nariz en mi ano. Me volteó boca arriba y me chupó los labios y el clítoris como más me gusta, metió su lengua en mi vagina y tuve el tren de orgasmos al que me tiene acostumbrada su boca. Sin dejarme descansar, se incorporó y me penetró completamente, Sus manos las deslizó por mi espalda hasta que sus dedos rodearon mis hombros donde se apoyó para moverme a su antojo provocándome otra serie larga de orgasmos. ¡Qué delicia ser la marioneta de un cogelón experto! Se separó de mí para dejarme descansar y lamió mis pezones. Dormí casi una hora. Él se entretuvo tomándome fotografías de todo el cuerpo, completo y con acercamientos donde se veían los poros de la piel.

    –¿La señora linda está lista para lo que vino? –me preguntó al despertar y como respuesta me di la vuelta para ponerme en cuatro extremidades.

    –No, mami, ahora te lo haré de otra manera –me dijo acostándome boca arriba.

    Se metió entre mis piernas, las levantó y me colocó una almohada en la cintura, me cogió poco tiempo por la vagina en la posición de “armas al hombro”, tomó el frasco de lubricante y volvió a meterme los dedos con suavidad, mientras me chupaba el clítoris y los labios interiores. Para nada sentía dolor, incluso con los tres dedos adentro. se puso lubricante en el pene y menó la cabeza de éste por los alrededores de mi ano. Lo fue metiendo despacio, con suavidad hasta que me tuvo completamente ensartada y empezó a moverse muy rico. Yo subía las nalgas más, incluso flexioné mis rodillas para empujarlo desde sus hombros, ¡era delicioso, tuve tres orgasmos seguidos antes de sentir su calor en mis entrañas. Descansó hincado, sin sacármelo, y yo, con las piernas en alto, también cerré los ojos para disfrutar la calma.

    Sonó el teléfono, el ruido nos sacó del letrago. Era mi marido. Afortunadamente había traído la bolsa a la recámara y acostada, aún con la verga dentro, tomé la llamada. Dentro de las preguntas de rigor, las cuales contesté con lujuria: “Estoy descansando un poco, incluso, con las piernas arriba”; “Te extrañamos todos, también tu leche (mi amante afirmó con la cabeza); ¿Ya te recuperaste de la deslechada que te puse?, hasta en el ombligo me dejaste”; “Yo también te amo y quiero mostrártelo, para eso hice un pedido que estará en la tarde en casa”; “Es una sorpresa”; “Sí, también, todo el fin de semana, para empezar”. Me despedí lanzando un beso y sentí que, sin sacarla, a mi amante se le había vuelto a parar por la lujuria que nos provocó la llamada. Lo jalé de las manos y le pedí más. Se movió hasta que nos venimos al unísono. ¡Qué bello!

    Al despegarnos puse mi mano para recibir el esperma cuando me enderecé. Me puse de pie y me lo restregué en las chiches. Me acerqué al espejo tratando de verme el ano, agachada y separándome las nalgas. Mi amante tomó otro espejo y pude ver que a mí también me había quedado sumamente abierto, no tanto como en la película XXX que había visto con mi marido, pero sí, pero a mí me escurría el semen mezclado con heces no solamente el semen.

    –¿Por qué traigo caca? –le pregunte a mi amante contándole de la película.

    –Ja, ja, ja, porque por allí defecas –para que no haya ese problema, si es que no te gusta, o a tu marido le repugnara, habrás de hacerte antes un lavado. En Internet puedes ver como.

    –¿Y para que la panocha no me huela tanto? –pregunté, pensando en mi marido.

    Ahora fue sonora la carcajada antes de responderme que eso sí sería más difícil porque no debería coger tanto, hacerme limpieza y lavados vaginales más de una vez al día, exponiéndome a infecciones pues se destruiría gran parte de mi flora. “Eso es lo rico de ti, que coges mucho y lo que te dejamos se fermenta produciendo el aroma que a tu marido le disgusta y a mí me encanta”.

    Nos metimos a bañar, no me cogió en la ducha porque yo estaba pensando en el asunto de escoger oler a puta o dejar de coger.

    A los dos días, cuando mi marido llegó, después de comer me preguntó por la sorpresa. Le pedí que saliéramos a caminar un poco y platicamos.

    En la lista de aceites que me manda la señora Irene, venía un lubricante, le pregunté que si se trataba de aceite para los bebés o para las rozaduras. Se sonrió y me dijo para qué se usaba. Me advirtió que aún con lubricante, la primera vez era muy doloroso, pero que después al acostumbrarse, ya no dolía, pero que era recomendable usarlo. Me explicó cómo deberíamos hacerlo y me confesó que a ella le encantaba el sexo anal, pero como era cuestión de gustos o si tenía almorranas, no convenía. Así que me compré un lubricante para que me cojas por el culo, como tú quieres, pero te voy a decir cómo me dijo que hiciéramos. No le dije que ya me lo habías roto y que me dolió hasta el ama, pero como te amo, voy a darte otra oportunidad. También te la daré para que me chupes la panocha…

    –¿Es una por la otra? –me preguntó molesto.

    –No mi amor, el culo te lo doy si me coges despacito, mi panocha huele a lo que huelen las panochas de las mujeres satisfechas de tantas cogidas, como las que me das todos los días.

    Mi marido siguió bien las instrucciones, hice unas falsas muecas de dolor y empezamos a disfrutarlo plenamente. La verdad, después de la bella experiencia de sexo anal con mi amante, decidí que mi esposo merecía que le enseñara cómo debía hacerlo y… le enseñé. Poco a poco, lo fui llevando a incluir posiciones que he aprendido, pero el 69 no lo hace.