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  • La vi crecer (Capítulo 5): Final

    La vi crecer (Capítulo 5): Final

    XIII

    A veces las cosas simplemente salen bien. Eso era lo que pensaba cada vez que me resultaba demasiado buena mi situación. Tenía a las dos mujeres de la casa dispuestas a saciar mis necesidades sexuales. Carmen se había rendido y ahora no sólo aceptaba mis exigencias, sino que ella misma buscaba mi verga por las mañanas. Sin embargo, era Lelu la que me colmaba de alegría. Haber concretado con ella, después de tantas fantasías, de tantas dudas, de tantos miedos, y sobre todo, después de arriesgarme a dejar mi moral y honestidad de lado, me generaban un sentimiento que jamás sentí. Se trataba simplemente de la felicidad.

    Después de nuestra primera noche, no hubo mucho que charlar. Durante el día, mientras Carmen dormía, nos dábamos nuestro espacio, quizá más por temor que por otra cosa. Eso sí, cada tanto me la cruzaba en la concina, le pellizcaba su hermoso orto, o simplemente le daba una nalgada. Pero tratábamos de mantener la distancia, porque la calentura nos podía, y era muy arriesgado hacer algo mientras mi mujer estaba en casa.

    Pero a la noche, cuando Carmen por fin nos liberaba de su presencia, nos arrancábamos las cadenas y nos dejábamos llevar por la pasión y el ingenio.

    Nuestra segunda vez, fue la noche siguiente a la primera. No había motivos para esperar. Sin embargo, Lelu, quien cada vez se mostraba más perversa, fingió desinterés.

    Cenamos frente al televisor. Le di muchos besos mientras mis manos se movían por todos los rincones de su cuerpo. Estaba con la pija como roca, y entonces Lelu me dijo:

    —Me voy que tengo que hacer una videollamada.

    —¿No pueden esperar las chicas? —pregunté, curioso.

    —No es con las chicas.

    No pregunté nada, pero esperaba que ella me aclarara con quién iba a hablar. Pero no dijo nada al respecto. Se fue con una sonrisa burlona a su cuarto.

    Esperé una hora, dos horas. Llegó la medianoche y Lelu no salía de su cuarto.

    Me decidí a mandare un mensaje, preguntándole si quería tomar unas cervezas. Pero me clavó el visto y no respondió.

    Estaba indignado. Una pendeja no iba a jugar conmigo. Si se la daba de histérica, que se joda. Ya seria ella la que me buscaría después. Eso era lo que me repetía en la cabeza, pero la verdad es que no pude evitar mirar a cada rato el celular, a ver si me respondía.

    Pero nada.

    Estaba muy caliente. No me podía sacar de la cabeza todo lo que habíamos hecho el día anterior. Ya le conocía hasta los lunares que estaban ocultos en los lugares más recónditos de ese cuerpo despampanante capaz de enloquecer hasta al más fiel de los hombres.

    No pude con mi genio. Me levanté. Estaba vestido sólo con mi bóxer, y la erección que estaba a media asta parecía una lanza dispuesta a lanzarse ante la primera provocación.

    Fui hasta el cuarto de Lelu. Golpeé la puerta.

    —¡No estoy! —gritó, bromeando.

    Entré al cuarto. Lelu me esperaba completamente desnuda. Estaba boca abajo. Su pierna derecha flexionada, dejaba ver sus labios vaginales. Giró la cabeza, y me miró, sonriendo.

    —Tardaste mucho. —Me dijo con un puchero en la cara.

    Me quité el bóxer y me subí a la cama. Apoyé las manos en cada una de sus nalgas. Aun estando completamente abiertas, no podían abarcar totalmente el monumental orto de mi hijastra. Se lo estrujé con violencia, quizá como castigo por haber jugado conmigo.

    —¡Ay! —se quejó, a lo que respondí con una nalgada.

    Luego le di un mordisco, y acto seguido, lamí su delicioso ano. Lelu rió por las cosquillas que le producía mi lengua jugueteando con su orto, pero me dejaba hacer.

    Cuando me divertí lo suficiente, Lelu giró y se sentó sobre la cama. Estiró su mano y envolvió con ella a mi verga.

    —¿Te gusta así? —dijo, mientras me masajeaba el tronco.

    —Me gusta más cuando te la metés en la boca —confesé yo.

    Lelu rió. Yo apoyé la mano en su nuca, e hice presión hacía abajo.

    —Ay no entiendo qué querés que haga. —Mintió Lelu, moviendo la cabeza enérgicamente.

    —Que me la chupes —le dije, forzándola a que se acerque a la cabeza de mi pija.

    —¡No, esa es una cochinada! ¡Así no se hace el amor!

    Empujé con más fuerza, acallando sus tonterías, cuando mi sexo se metió entre sus labios. Una vez adentro, Lelu dejó de lado su papel de nena inexperta, y comenzó a demostrar lo que ya me había demostrado la noche anterior: no era ninguna virgen, y era casi seguro que sus experiencias sexuales dataran incluso de antes a cuando su cuerpo sufrió esa gran metamorfosis.

    Mientras me la mamaba, yo estiraba la mano y pellizcaba las nalgas, alternando esto con chirlos fuertes que la obligaban a interrumpir unos instantes el bucal.

    —¿Ya vas a acabar? Mirá, ya está saliendo mucho presemen. —susurró.

    Apoyó el dedo índice, con ternura, sobre el glande. Lo frotó y el dedo se impregnó del fluido. Se lo llevó a la boca y lo chupó.

    —¿Está rica? —pregunté.

    —Ajm —articuló ella, asintiendo con la cabeza, con el dedo todavía en la boca.

    —¿Querés el resto? ¿Querés tomarte toda la leche?

    —Sí. —contestó.

    Se corrió el pelo a un costado. Se acercó otra vez a la verga. Se la metió en la boca. Se prendió de ella, como si fuese una babosa.

    —Voy a acabar —le advertí, haciendo un movimiento para retirar mi verga.

    Pero ella no se quizo desprender de mi sexo. Siguió chupando. Eyaculé adentro suyo, y aún cuando mi sexo se fue haciendo cada vez más fláccido, siguió mamando. El semen salió de su boca, y, mezclado con abundante saliva, se deslizó por mi tronco, como una avalancha de nieve que caía de una montaña. Recién ahí Lelu se lo sacó de la boca. Agarró con delicadeza la pija y lamió el tronco, tomando toda la leche que pudo. Una sonrisa juguetona decoraba su carita mientras los hacía. Sólo se privó del semen que había llegado hasta mis vellos pubianos. Tan warra no era la nena.

    Quedamos desnudos, abrazados. Debía descansar unos minutos para una segunda vuelta. Pero Lelu estaba muy juguetona. No quería esperar. Así que mientras esperaba a que mi monstruo se despertara de nuevo, usé mis manos.

    Mis dedos se enterraron en su sexo empapado, mientras con la otra mano masajeaba sus tetas.

    De repente Lelu estiró la mano hasta la mesita de luz, y agarró el celular.

    —¿qué hacés? —pregunté.

    —Me olvidé de que tengo que mandar un mensaje, pero no pares —contestó.

    Le metí los dedos más profundamente. Acerqué mi cara y lamí el clítoris mientras seguía enterrando mis falanges. Lelu terminó de escribir y dejó el celular en la mesita.

    —Era para mamá —dijo, sin que yo se lo preguntara —Me había preguntado si limpié mi cuarto. Recién ahora me acordé de contestarle.

    Rió con perversidad.

    Me dio miedo su actitud. Pero no era momento de pensar. La tenía frente a mí, abierta de piernas, con su sexo oloroso largando fluidos. Ya estaba al palo de nuevo. Me puse el preservativo, y me la cogí.

    XIV

    El paraíso no es eterno. Ser el amante de una adolescente como Lelu también tiene sus consecuencias negativas. Pero bien que las valen.

    Ayer Carmen tuvo el día libre. A la noche, en nuestro cuarto, me sorprendió con un diminuto vestido negro.

    Tenía el pelo suelto, las piernas sensuales desnudas, y olía a flores. La abracé. Acaricié su culo a través de la seda, y la textura se sintió deliciosa.

    —Qué linda sorpresa —le dije al oído.

    Besé su cuello. Ella me abrazó y acarició mi espalda. Hacía años que no me sentía tan unido a mi mujer.

    —Perdoname si estuve tan arisca… es que tenía miedo de estar contagiada, y pegarte a vos el virus —dijo.

    Por primera vez en varios días me cuestioné si mis sospechas eran realmente fundadas. Pero era difícil creer que Carmen no había estado haciendo trampa. Más bien me daba la sensación de que había cortado con su amante y quería reconstruir nuestra relación.

    Por mí, con eso bastaba. Más aun teniendo en cuenta que lo que yo le hacía era mucho peor.

    El vestido le quedaba bien, pero no duró mucho en su cuerpo de modelo retirada. Se lo quité con cuidado. No llevaba nada abajo. Descubrí con sorpresa que estaba depilada.

    —Que chica mala… —dije, acariciando su pubis suave.

    —¿Te gusta?

    Giró, y pellizcó su propio trasero, como invitándome a hacerlo yo mismo. Así lo hice, y luego besé ese culo dulce.

    Carmen se puso en pose de perrita. Saqué un preservativo de la mesita de luz. Noté que me había olvidado de reponer dos paquetes que había utilizado con Lelu. El corazón se estremeció. Esperaba que a Carmen no se le ocurriera revisar el cajón. Con sólo dar un vistazo se daría cuenta de la ausencia y empezaría a atar cabos.

    Espanté esas ideas de mi cabeza. Me puse el forro. Carmen me esperaba con la cola levantada y las piernas abiertas. Le di un chirlo en el culo, la agarré de las caderas, y comencé con el cadencioso ritmo de los movimientos pélvicos.

    Los gemidos de Carmen eran suaves, y morían dentro de la habitación. Yo veía cómo su torso se arqueaba y se movía hacia adelante para luego retroceder y ser cogida una y otra vez en ese movimiento pendular.

    Pero después de unos minutos cambió de posición. Se puso boca arriba, y levantó las piernas con una agilidad impresionante. Sus talones quedaron apoyados en mis hombros.

    —Cogeme fuerte y rápido —ordenó.

    Empecé a penetrarla como me pidió, haciendo movimientos cortos y frenéticos. Apoyé las manos en su cabeza, para evitar que se lastime contra el respaldo de madera en caso de que los movimientos la sacudan de tal manera que la hicieran retroceder.

    Carmen intentó ahogar los gritos, pero enseguida su garganta desató un recital de gemidos que ya no podían ser contenidos adentro de esas cuatro paredes.

    No pude evitar pensar en Lelu. Desde que se convirtió en mi amante hice todo lo posible para evitarle esas situaciones. Pero me temía que ahora mi preciosa hijastra estaba escuchando los gemidos de su madre, mientras era penetrada salvajemente por mí.

    La adrenalina que me generó pensar en esto, hizo que me excitara aún más. Y si antes la cogida era salvaje, ahora éramos dos animales copulando en cuerpos humanos.

    Carmen acabó, haciendo que todos los ruidos que había hecho antes sean meros murmullos.

    Cuando llegó mi eyaculación, no me molesté en evitar exteriorizar el enorme placer que me causó. No tenía sentido hacerlo, después del escándalo de Carmen.

    Acabé, y quedé abrazado a mi esposa, con la verga fláccida adentro suyo. Ella me acariciaba el pelo con ternura. Luego nos despegamos y dormimos con una sonrisa en los labios.

    Después de una hora quizás, me despertó el sonido del celular que vibraba en la mesa de luz. Era un mensaje de Lelu.

    Miré con miedo a Carmen, pero ella dormía plácidamente. Leí el mensaje “¡Podés venir a la cocina por favor?”

    Lo pensé un rato y le contesté que mejor habláramos mañana.

    Ir al encuentro de Lelu en ese momento sólo podía tener dos desenlaces y ninguno de ellos me gustaba: Me iba a echar en cara lo que había escuchado, o pretendería que la posea ahí mismo, mientras su madre dormía. O tal vez ambas cosas. En todo caso, no era buena idea seguirle la corriente.

    Desde que le había mandado un mensaje a Carmen mientras yo metía el dedo en su sexo, había confirmado algo que ya sospechaba desde hace rato: Lelu tenía cierta animosidad hacia su madre.

    No creo que la odie, pero sin dudas le guarda un rencor que viene de antes de que yo aparezca en sus vidas.

    Lelu me envió otro mensaje, que en cierto punto confirmaba mi hipótesis. “Si no venís ahora, te juro que no me volvés a tocar un solo pelo”.

    No me cabían dudas de que estaba indignada. Pero si cedía en ese momento, Lelu pensaría que podía dominarme a su antojo, y no podía permitir eso. Si hoy me pedía esto ¿después qué seguiría?

    “Mañana hablamos” le escribí, y apagué el teléfono.

    Traté de dormir, pero tardé bastante en conseguirlo. Cada tenue sonido que escuchaba, me hacía mirar hacia la puerta de la habitación, con miedo a que Lelu entrara a buscarme.

    La cosa se me estaba yendo de las manos, y si no lograba controlar a mi hijastra, sólo sería cuestión de tiempo para que todo se vaya a la mierda.

    XV

    Lo de Lelu no era una simple amenaza.

    Durante toda la semana estuvo evitándome, y mantuvo una actitud arisca y casi hostil hacia mí.

    Me costó encararla, porque no estaba seguro de qué decirle. Le había dicho que la relación con Carmen estaba llegando a su fin, pero mi mujer se mostraba cada vez más complaciente, por lo que me iba a resultar muy difícil terminar con ella. Y peor aún, yo mismo empezaba a dudar de si eso era lo que realmente quería.

    —Tenés que entenderlo, es mi mujer. —le dije una vez en la que me la encontré en el living.

    —Entonces terminemos con esto y listo.

    No podía negar que lo mejor sería eso. Lelu estaba ofendida, pero quizá con el tiempo se le pasaba. Los jóvenes tienen la cabeza diferente. Para mí era un delirio estar con ella, pero probablemente Lelu simplemente estaba viviendo una experiencia como tantas otras. Una vez que se le pasara el capricho, todo estaría bien.

    Yo, por mi parte, ya había cumplido mi mayor fantasía. Tenía una anécdota diga de ser contada en un libro. Un recuerdo que jamás se borraría de mi mente. Como diría mi difunta madre, nadie me quitaba lo bailado.

    Pero olvidaba que vivir bajo el mismo techo que una bomba sexy como Lelu, no era fácil.

    Antes de ayer estaba en la cocina, supuestamente limpiando, aunque yo intuía que estaba esperándome. Llevaba un diminuto short blanco, de esos que le dejaban media nalga desnuda.

    —Hola — la saludé.

    —Hola —respondió ella, y siguió rociando la mesada con un líquido.

    Era increíble, pero a pesar de habitar la misma casa, se las había arreglado para cruzarse conmigo lo justo y necesario. Yo me sentí muchas veces tentado a visitarla por la noche, pero me apegué a la idea de dejar en el pasado esa fugaz y apasionada relación. Aunque tengo que reconocer que el hecho de que Lelu no me invitase a pasar la noche con ella, contribuyó en gran medida a poder cumplir con mi objetivo de fidelidad.

    Lelu frotó un trapo sobre la mesada, dándome la espalda.

    —¿Estás bien? —Le pregunté.

    —¿Y por qué no iba a estarlo?

    —Y entre nosotros… ¿Está todo bien?

    —Sí Eze, todo bien —respondió, con un tono neutro.

    Se le cayó el trapo al piso. Se inclinó a recogerlo, sin flexionar las rodillas.

    Así de poderoso puede llegar a ser un culo perfecto. Con sólo verlo, todas mis maquinaciones de marido leal se fueron a la mierda.

    Convencido de que se había puesto en esa postura sólo para provocarme, me abalancé hacia ella. Apoyé mis manos en sus glúteos y los apreté.

    —¿No te das cuenta que esto puede terminar mal? —le dije, sin dejar de manosearla.

    Ella no dijo nada. Yo la abracé por detrás. Mi pelvis quedó pegada a sus nalgas. Lelu hizo un movimiento y frotó su orto con mi bragueta.

    —A ver, quiero sentir cómo se endurece —dijo, repitiendo el movimiento una y otra vez, hasta que mi pija se alzó y se puso como piedra.

    Lelu la apretó. Me desabrochó el cinturón y bajó el cierre. Mi verga saltó como resorte.

    Ella se arrodilló.

    —¿Querés que te la chupe? —preguntó.

    La agarré de la cabeza, y asentí.

    Lelu se puso de pie.

    —Ahora vas a sentir lo que es que te dejen con la calentura. —dijo.

    Salió de la cocina, dejándome con los pantalones bajos.

    Sospechaba que pretendía que vaya a su cuarto a cogerla. No me gustaba la idea de caer ante sus manipulaciones, pero en ese momento de excitación, no podía pensar de manera razonable.

    Me subí el pantalón y fui hasta su cuarto.

    Estaba cerrado con llave.

    —¡Dejame en paz viejo degenerado! —gritó.

    Me fui al living, furioso. Puse un programa de televisión, pero no podía prestarle atención. Me fui a dormir, con el alma envenenada.

    Al otro día era el franco de Carmen.

    —¿Pasó algo entre Lelu y vos? —preguntó cuando terminamos de comer. Lelu había cenado antes y se encerró en su habitación.

    —¿Cómo? —pregunté, exaltado.

    —La vi muy seria, y no sólo conmigo, como es costumbre.

    —Ah, no, nada. No pasó nada —dije, ya que no se me ocurría otra cosa que contestar—. Después hablo con ella. —Agregué.

    —No te enojes pero hoy me duele la cabeza. —dijo Carmen, insinuando que esa noche no quería coger.

    No podía decirle nada, últimamente se había portado más que bien en la cama.

    Pusimos una película y ella se durmió a la media hora.

    La ausencia de sexo en ese día, y el recuerdo del franeleo con Lelu el día anterior, hicieron que me pusiera al palo.

    Llevé mi mano a la verga, dispuesto a autocomplacerme, cuando el celular vibró.

    Sabía que era ella, y sabía que era una trampa. Pero la intriga me pudo.

    No era un mensaje de texto. Era una foto. Lelu se la había sacado frente al espejo de su tocador. Llevaba un short rosa cuya tela se hundía en sus nalgas; un top blanco, y una vincha del mismo color que el short, la cual tenía una especie de moño en el centro, dándole un aspecto infantil que contrastaba morbosamente con la expresión provocadora que le hacía a la cámara.

    Si me hubiese agarrado en otro momento, tal vez lo hubiese soportado. Pero observar esa foto mientras con la otra mano sostenía mi verga dura, a punto de entregarme a las artes del onanismo, fue un golpe imposible de esquivar.

    Bajé de la cama, haciendo el menor ruido posible. Salí del cuarto, y mientras cerraba la puerta, me aseguré de que mi mujer seguía durmiendo.

    Fui al cuarto de Lelu. Si lo encontraba cerrado con llave de nuevo, ya me escucharía al día siguiente.

    Pero no lo estaba.

    —¿Te gustó la foto? La acabo de subir a Instagram y ya tiene ciento cincuenta likes.

    —Demasiado provocadora para compartirla con todo el mundo —respondí.

    Lelu se arrodilló en el borde de la cama. Tanteó mi miembro, el cual seguía igual de duro que hace unos minutos.

    —Si no ponemos límites nos vamos a arruinar la vida —dije. Pero Lelu no hizo el menor caso. Agarró el elástico del bóxer y tiró hacía abajo. —Si tu mamá se despierta y nota que no estuve por mucho tiempo…

    Lelu sonrió. Sus dientes blancos brillaban a centímetros de mi verga. Sacó la lengua, y la frotó en el glande.

    —Bueno, si querés andate a dormir. —dijo, y largó una carcajada histérica.

    —No grites, boluda —le recriminé, asustado.

    —Si no tengo mi lengua ocupada con algo, voy a seguir hablando y se me puede escapar algún grito.

    —Sos una hija de puta —le dije, y le di de comer mi pija, para que cerrara la boca.

    Con algo de rabia, la agarré de los pelos y le clavé la pija hasta que se enterró por completo. Mis vellos púbicos raspaban sus labios, su barbilla y nariz. Me golpeó la pierna para que parara, pero no dejé de castigarla hasta que sus mejillas se pusieron coloradas y sus ojos se abrieron desmesuradamente.

    —Pendeja atrevida. Ahora vas a ver cómo te castiga papá.

    Lelu, asustada y excitada, se dejó desnudar por completo. Se acurrucó en la cama, en posición fetal. Tapé su boca con la mano, y apreté con fuerza. Ella separó las piernas. Me acomodé y la penetré. Gimió, y el ruido quedó neutralizado por mi mano.

    Escuché un ruido que vino de no sé dónde. Dejé de penetrarla. Mis manos seguían apretando las mandíbulas de mi hijastra.

    Pensé que era el final de todo. ¿Cómo iba a reaccionar Carmen cuando nos viera ahí? ¿Qué excusas podía inventar en una situación tan comprometedora? Sentí pavor. Carmen podía llegar a matarme al enterarse de nuestra traición. El miedo me paralizó.

    Sin embargo, el tiempo pasó y no volví a escuchar ruido alguno. Miré a Lelu, quien movía la cabeza de un lado a otro, en un gesto de negación.

    —Creo que fue en la calle el ruido —dijo, cuando la liberé de mi mano.

    Nos miramos en silencio durante algunos segundos, y luego reímos al unísono. No sé si nos reímos de mi miedo, de nuestra traición, de la locura, o del hecho de que Carmen estaba durmiendo mientras yo estaba adentro de su hija. Pero esa risa nos unió más de lo que nos había unido tantos polvos furtivos.

    Le tapé la boca de nuevo, y la penetré una y otra vez. La cama hacía un leve ruido, pero algún riesgo debíamos correr.

    En ese momento decidí que no podía dejar de acostarme con Lelu. Iba a seguir haciéndolo, hasta que la mecha que se había encendido en algún momento de nuestras vidas, hiciera volar todo por el aire.

    Fin

  • La lechita de mi tío

    La lechita de mi tío

    Esto que les cuento sucedió hace 10 años aproximadamente, cuando yo tenía 18 años, como les conté anteriormente yo vivía solamente con mi padre.

    En ese tiempo estudiaba la preparatoria, iba por las mañanas y salía al medio día, llegaba a casa alrededor de las 14:00 horas, para esto mi papá tenía disponibilidad en su trabajo para ir a casa a hacerme de comer y esperaba a que llegara para comer juntos y platicar un rato.

    En una ocasión todo sucedió igual, llegué de la prepa mi papá ya tenía la comida hecha, comimos, terminamos y nos fuimos a ver televisión en su recámara, días antes hizo limpieza y sacó VHS que ya no usaba, al revisarlos descubrí dos películas pornográficas y me sordee seguí viendo las demás, para esto ya me sentía ansioso porque mi papá regresará al trabajo y yo poder ver esas películas (en aquellos años no tenía fácil acceso al Internet), pasó una hora y mi papá se fue a trabajar, lo despedí casi corriendonlo, salió de la casa y por la ventana me percaté que se fuera.

    De inmediato saqué las películas y puse una, era porno vintage pero como quiera me calentó ver aquellas vergas peludas, hombres más comunes, tanto me calentó que me bajé el short y comencé a masturbarme, sentía que no era suficiente así que encontré un cepillo de mango redondo con buen grosor, entre los cajones encontré condones que papá tenía guardados, saqué varios y uno se lo puse al mango del cepillo, me chupé dos dedos y me los comencé a meter en el ano para dilatar, ya que se había abierto mi ano comencé a introducir el mango del cepillo que resbalaba con facilidad, sintiendo muy rico.

    Pasó un ratito y seguía jugando con mi verga y con el cepillo en mi culo, no quería venirme porque sentía delicioso, de tanto gusto no me percaté que alguien había entrado y me veía desde la puerta, era mi tío Armando, al verlo me sorprendí, me saqué el cepillo y me cubrí con mi ropa hecha bola, él me veía y sonreía muy pícaro y se sobaba el bulto (que se le marcaba mucho con esos vaqueros que siempre usa), me dijo «que onda, no te asustes y sigue jugando, te ves muy rico» yo apenado pero más caliente por verle el bulto, continúe, la película seguía, entre los gemidos de la película y él ahí parado, me calenté muchísimo, en eso se metió al cuarto y comenzó a tocarme las nalgas, me quitó el cepillo y me comenzó a meter dos dedos, mientras me veía y se mordía el labio inferior, haciendo caras muy cachondas, con su otra mano comenzó a desabrocharse el pantalón, se lo bajó un poco y vi que traía una trusa guinda que me permitía verle la verga erecta hacía la derecha de muy buen tamaño (18 cm de largo y muy buen grosor, aparte circuncidado, se marcaba su cabezota y ya estaba húmedo), se la comenzó a sobar mientras me dedeaba, yo sentía mucho placer porque mi tío me hacía eso y otra el era mi fantasía sexual, pasó otro rato cuando me dice «ya te la voy a meter putita, me tienes bien duro», agarró mi mano y la puso en su verga, efectivamente estaba muy dura, palpitaba y estaba húmeda, tomé sus líquidos y chupe mis dedos, que sabor más delicioso.

    Sacó sus dedos y le dije «ya metemela, por favor, quiero sentirte», me volteo y me puso en cuatro patas, de los condones que había sacado agarró uno, se lo puso y me comenzó a meter su verga, primero sentí su cabeza entrar y salir, después sentía más y más hasta sentir y escuchar sus huevos rebotar en mis nalgas, jadeaba, gemía, me decía «que pinches nalgas tan ricas, que culito tan apretado putita», me nalgueaba y me hacía gemir y gritar, después de un rato sentí sus embestidas más fuerte en una sacó su verga y se quitó el condon, me la metió otra vez, tres embestidas más fuertes y lo que me decía «así te gusta puta, mira como gozas y como me tienes de caliente, me voy a venir adentro aaahhggg», sentí sus chorros de leche adentro de mí, estaban calientitos, que sensación tan más rica.

    Se dejó caer sobre mí, quedando su cabeza en mi pecho, comenzó a morderme los pezones y chuparlos, sacó su verga y sentí como salían sus mecos de mi culo, se repuso, se subió la trusa, me excitaba ver como la acomodaba y abrochó su pantalón, me dijo que solo iba a recoger un dinero que papá le prestó pero que esperaba visitarme más seguido para repetir esos palos y así fue…

  • Adrenalina en casa de mi tía

    Adrenalina en casa de mi tía

    La primera vez que hicimos el amor, nos encontrábamos en mi casa. Ese día yo y ella estábamos muy excitados y con muchas ganas de hacer el amor. Ella estaba un poco indispuesta y un poco asustada, empezamos a besarnos apasionadamente, yo estaba caliente y empecé a agarrar sus nalgas y a tocar sus tetas, empecé a rozar mi pene en su vagina, aunque estábamos con ropa.

    La situación se tornó más intensa y quise bajarle su pantalón y luego sus interiores, empecé a besarle el vientre bajando poco a poco hacia su vagina mojada. Yo estaba decidido a chupársela, baje lentamente con mis labios y empecé a besarle su vagina y a mover la lengua, ella estaba muy excitada también, yo sentí que debía pasar a la siguiente fase, quería penetrarla pero ella estaba un poco asustada.

    Aunque en el fondo yo sé que ella quería, le baje finalmente los pantalones y todo su interior hacia sus rodillas, la abracé y le dije que no se preocupara que yo la iba a tratar con cariño y que no iba a ser doloroso. Yo comencé bajándome los pantalones y el bóxer y agarre mi verga, estaba muy parada y se la introduje lentamente hacia su vagina.

    Ella estaba arrinconada sobre la pared y tome sus manos juntándolas con las mías y las apreté un poco fuertes, la excitación y el sudor dominaba nuestros cuerpos Se sentía algo caliente mi verga al introducirla en su vagina pero a la vez se sentía muy rico, mire su cara de placer y excitación, también escuché sus gemidos y eso me producía calentura sobre las mejillas y todo el cuerpo y sé que ya podía seguir penetrándola mas rápido y más duro, pasó un buen rato y cada vez la penetraba más y más duro ella gemía cada vez más fuerte y apretaba sus manos hacia mi espalda, estábamos muy conectados y fue algo muy lindo porque fue un poco arriesgado hacerlo en mi casa ya que en cualquier momento podía llegar mis primos o quizás mi tía.

    Estábamos llenos de adrenalina y emoción, lo habíamos intentado en varias ocasiones pero ella tenía un poco de pánico y yo no le transmitía ningún tipo de confianza y seguridad porque yo siempre he sido un hombre muy tímido.

    Terminamos de hacerlo y me gustó ver su rostro alegre como si hubiera esperado mucho tiempo que yo tomará las agallas y el atrevimiento para hacerla sentir mujer.

    Ese día los dos habíamos tenido un día muy especial ya que habíamos rompió el hielo.

  • SI tú te dejaras

    SI tú te dejaras

    Sonó el telefonillo y salí de la cocina para abrir. Descolgué el auricular y escuché su voz responder al otro lado. 

    Dejé la puerta abierta y volví a la cocina a terminar de preparar el café.

    -¡Hola! –asomó la cabeza por la puerta de la cocina mientras cerraba la puerta de la entrada.

    -¡Hey! -giré la cabeza y ahí estaba. Moreno, alto con el pelo alborotado y una barbita de un par de días. Llevaba unos pantalones cortos vaqueros y una camiseta blanca que se ajustaba bastante bien a su cuerpo.

    Le hice un repaso rápido mientras dejaba la mochila que cargaba en el suelo junto al sofá, fijándome sobre todo en los calzoncillos que se asomaban por encima de la cintura del vaquero y en sus gemelos descubiertos. Por alguna razón siempre me han dado mucho morbo los pantalones cortos. Debe ser algún fetiche, igual que a los que les molan los pies y cosas así.

    Se enderezó y se giró cuando me acercaba a la mesa con las dos tazas de café. Las dejé y lo estreché en un fuerte abrazo antes de sentarnos a la mesa.

    -¿Qué tal estas? ¿Cómo te va?

    -Bien, bien. Pronto empiezo en la piscina que ya estoy acabando de ponerla a punto.

    -¿Estas en el mismo sitio? ¿La de los pijos?

    -Sí. A ver si no dan mucho por saco este año.

    -Jajajaja. Oye, ¿quieres un colacao o algo?

    -No gracias, desayuné en casa.

    Me contestó riendo. Sus dientes eran blanquísimos y me encantaba como los ojos se le achinaban al reír. Esgrimí un croissant sonriendo.

    -¿Y un croissant? Son de mantequilla.

    -No, no, de verdad –seguía riendo-. Pero gracias.

    Me encogí de hombros y me metí medio croissant en la boca.

    -Por uno que te comas no vas a perder ese cuerpo que tienes.

    No podía evitarlo, siempre que podía meterle alguna ficha lo hacía. Él siempre se reía como respuesta.

    -Holaaa –la puerta del baño se abrió y se escuchó la voz de mi novio por el pasillo. Entró en el salón con el pelo mojado y saludó a su hermano con otro abrazo–. ¿Qué tal estás A****? Has llegado pronto.

    -Sí, te he llamado, pero no me lo cogías. Como siempre –añadió riendo mientras mi novio me daba un beso.

    -¡Ay! Lo tengo en silencio y no me entero.

    -Como si teniéndolo con sonido te enterases –dije yo, más acido de lo que pretendía. Esa mañana ya habíamos discutido a pesar de ser poco más de las nueve. Y a mí madrugar siempre me sentaba mal. Así que madrugar y discutir podéis imaginar lo que me gustaba.

    -Jo, no digas eso –me dio otro beso antes de sentarse frente a mí en la mesa-. Gracias por el café, cariño. ¿Tú no quieres nada?

    -No, le estaba diciendo a I**** que ya he desayunado antes de venir.

    Mi novio engulló el café casi sin respirar, cosa que me ponía enfermo, mientras A**** y yo hablábamos de cosas sin importancia. Había empezado a coger color en la piscina aunque todavía no había cogido su característico color tostado/negro de todos los veranos.

    En un momento dado bostezó estirando los brazos por encima de la cabeza con lo cual, aun estando sentado, su camiseta se subió dejando ver parte de su abdomen marcado. Devoré con los ojos esos centímetros de piel durante los escasos segundos que estuvieron a la vista, tratando de no ser demasiado cantoso aunque A**** tenía los ojos cerrados y mi novio estaba ensimismado jugando con el móvil.

    Durante toda mi vida me había tenido que conformar con esas pequeñas visiones de zonas prohibidas y ocultas. Llevo años fuera del armario y aun así me sigo emocionando el echar esos vistazos de soslayo hacia partes que, a mí, se me antojan más eróticas que ninguna.

    Reconozco que esos años de instituto, con las hormonas revolucionadas y manando de cada poro del cuerpo, en los que en clase de ed. Física veía a mis compañeros secarse el sudor con la parte baja de la camiseta, dejando el abdomen al aire durante un segundo, me marcaron profundamente en cuanto a mi sexualidad. Y sobre todo en mi concepto de erotismo.

    Y aquello que tenía delante cumplía todos mis extraños requisitos erótico-festivos.

    -¿Al final hasta cuándo te quedas?

    -Pues depende del caso que me haga mi hermano –dijo en referencia al ensimismamiento de mi novio con el móvil. Esperamos un instante a ver si contestaba pero, para variar, eso no sucedió.

    -Pues entonces puedes irte ya porque… –a veces tenía que ser así de borde para obtener algún resultado.

    -¡Oye! No seas malo. Sí que os hago caso.

    Lo dijo sin levantar la vista del móvil. Eso era todo lo que iba a conseguir.

    Solté un suspiro, más bien un bufido, y me levanté llevándome mi taza y la caja de croissant a la cocina. A**** no tardó en unírseme tras escuchar un audio de su novia más reciente.

    -¿Qué tal con tu chica? ¿Será chica del mes o es algo más serio?

    -¡Qué cabrón! –dijo riendo–. No, no esto es más serio.

    –Eso me dijiste la última vez que hablamos por Whatsapp. Pero a mí lo que me gusta son los detalles –dije poniendo mi famosa pose de maruja.

    Obviaré los detalles del ligue de A**** ya que no vienen al caso. Pero la conversación se prolongó unos minutos mientras yo fregaba el cazo de la leche y recogía la cocina. Me gustaba A**** porque podía hablar con el de cosas serias mientras bromeábamos.

    No todo iba a ser tener 20 años y estar tremendo, ¿no? Bueno, viéndole apoyado en la nevera con los brazos cruzados quizás un poco sí que lo era.

    En un punto de la conversación apareció mi novio en la cocina para dejar su taza en el fregadero. Nos dimos un pico y nos dijimos que nos queríamos.

    -Bueno me voy a ir. Que llego tarde.

    -¿Irte? ¿Dónde vas? –preguntó A****. Como de costumbre no había informado de las cosas. Volví a suspirar.

    -A acabar un trabajo con los de la uni. Te lo había dicho, ¿no?

    -Creo que es obvio que no. Como siempre –dije mientras salía de la cocina y me tiraba en el sofá. Cogí el móvil y me puse a mirar Twitter.

    -Amor, tengo que ir.

    -Sí. Ya me lo has dicho. ¿No pasaban a recogerte?

    -Se ha dormido. Le escribo y no le llegan los mensajes.

    -¿A qué hora habíais quedado con los demás? ¿A las diez? –el reloj de la pared marcaba las diez menos diez.

    –Lo siento –dijo acercándose al sofá. Yo ya no veía ni la pantalla del móvil, simplemente deslizaba el dedo por ella. Estaba tratando de contener todo lo que se me pasaba por la cabeza.

    –Sí. Claro. Vale.

    –¿Me das un beso? –puso una rodilla en el sofá y acercó su cara. Yo giré la mía y le di un pico sin quitar la mirada del móvil.

    Mi novio se quedó en la misma postura un momento. Sabía que esperaba algo más, pero no le iba a dar nada más. No con el cabreo que tenía.

    A**** estaba de pie en el marco de la puerta con el móvil en las manos, pero nos miraba. No era la primera vez que nos veía así.

    Finalmente mi novio se alejó y cogió la cartera y las llaves del recibidor.

    -Adiós.

    -Hasta luego –respondió A****.

    La puerta se cerró y los dos nos quedamos en silencio. Dejé el móvil y eche la cabeza hacia atrás cerrando los ojos. Sabía que A**** me estaba mirando, baje la cabeza y le sonreí.

    -No tiene remedio –dijo acercándose y tirándose en el sofá a mi lado.

    Aunque había más espacio al otro lado, se sentó en el sitio en el que quedábamos más apretujados. A mí me encantaba sentir su calor y su cuerpo pegado al mío y no me habría movido, pero por desgracia tenía que hacerlo para dejarle hueco.

    -Da igual. ¿Quieres ver alguna peli o algo? También podemos sacar algún juego de mesa.

    -Pon Netflix a ver qué encontramos.

    Encendí la tele y entré a la cuenta de la compañera de piso de mi novio. La tele era suya así que siempre estaba conectada.

    Pasamos la mañana viendo un par de películas de esas chinas absurdas que a él le encantaban y a mí me parecían horriblemente malas. Llegó un momento en el que me tumbé apoyando la cabeza en sus piernas para estar más cómodo, no era la primera vez que lo hacía y él no ponía ninguna pega. Por raro que parezca lo hacía sin ningún tipo de segunda intención.

    Estábamos terminando el segunda peli cuando sonó la puerta de la calle y entró la compañera de piso. Pausamos la película y A**** se levantó para saludarla, estuvieron hablando un rato entre ellos mientras yo veía en el móvil que mi novio no podría venir a comer.

    –¿Qué hacéis aquí? ¿No ibais a pasar el día fuera los tres?

    –Mi hermano tenía que ir a la uni.

    –Y por lo visto tampoco va a poder venir a comer –dije yo tirando el móvil al sofá después de contestar con un simple “vale amor”. Me incorporé del sofá y vi cómo L**** me miraba, sabía que había pensado en hacer algo especial aprovechando el día libre sorpresa que me habían dado en el trabajo–. ¿Qué tal el curro?

    –Bien, sin demasiado lío. Te he dejado un par de cosas para el lunes –la miré con una ceja alzada y cara seria.

    –Aprovecha ahora antes de que me cambien y pongan a una de las viejas glorias en mi lugar. A ver qué haces entonces –lo dije con voz seria aunque no en serio, trabajábamos bien juntos pero me encantaba chincharla con el tema.

    Seguimos hablando de otras cosas mientras decidíamos qué comer. Cuando encargamos las pizzas ella se fue a su habitación a terminar la maleta y nosotros aprovechamos para terminar la peli.

    Después estuvimos preparando la mesa y comenzamos a chincharnos. Yo siempre buscaba guerra pinchándole en el costado con un dedo y, aunque siempre salgo perdiendo porque tengo muchas cosquillas, me gustaban esas pequeñas peleas donde acabábamos riendo tirados en el sofá. Bueno yo también acabo medio llorando por las cosquillas y un poco excitado.

    Mientras nos comíamos las pizzas, hay que ver cómo le gusta comer pizza para estar tan bueno, L**** nos dijo que su padre vendría a recogerla en breve para irse el finde a su finca. Apenas nos dio tiempo a recoger los cartones cuando el telefonillo sonó y ella salió escopetada dejándonos solos de nuevo.

    Entre que habíamos hecho el pedido tarde y lo que nos habíamos entretenido comiendo nos habían dado ya las cinco de la tarde, nada raro un viernes.

    –¿Quieres que demos una vuelta? No hace demasiado calor. O podemos ver si hay algo en el cine.

    –Vale. Creo que estrenan una de miedo que tiene buena pinta.

    –Pues podemos ir al centro comercial y ver si la tienen.

    –¡Guay! Me lavo los dientes y salimos.

    Cogió la pasta y el cepillo de su mochila y fue al baño mientras yo me dirigía hacia el cuarto a ponerme ropa de calle. Me quité el bañador que tenía para estar por casa y me puse unos pantalones cortos, cuando me deshice de la camiseta y fui a echar mano al desodorante vi que no estaba. Miré en la cama y en el interior del armario, pero no estaba.

    –¿Está ahí el desodorante? –grité a A**** que me respondió con un gorgoteo que parecía afirmativo. Supuse que aún no había acabado de lavarse los dientes.

    Me fui hacia el baño y vi que A**** estaba delante del espejo con el móvil en una mano mientras que con la otra manejaba el cepillo. El baño es bastante estrecho y apenas hay espacio entre el lavabo y la pared por lo que para llegar hasta el armario donde estaba el desodorante tenía que pasar pegado a él.

    –Perdona.

    Él se hizo un poco para delante, pegándose al lavabo, intentando dejarme un poco más de hueco. Pasé de perfil, notando el frío de los azulejos en la espalda, haciendo equilibrios para dar la sensación de que no quería acercarme demasiado y a la vez apretarme contra él lo máximo posible.

    Noté lentamente cómo su culo fuerte se apretaba contra mi muslo y mi paquete y su espalda rozaba contra mi pecho desnudo. Desprendía un calor muy agradable y el olor a colonia me llenó las fosas nasales.

    Son esas situaciones las que desde adolescente han llenado mi vida y de las cuales he aprendido a sacar el máximo provecho sin llamar la atención. Un roce pasajero, ir en el bus o el coche apretados en los asientos y aprovechar para juntar piernas y brazos desnudos.

    Podrán parecer una estupidez si lo comparas con cosas más sexuales pero la corriente que corría por mi cuerpo en esas ocasiones me excitaba de una forma asombrosa.

    Estaba terminando de pasar por detrás de él cuando miré de soslayo la pantalla del móvil. Vi que estaba abierta la conversación de su novia y que le había mandado una foto sin camiseta, a lo que ella había contestado con el emoji que babea varias veces.

    Llegué al otro lado y mientras cogía el desodorante no pude callarme.

    –Bonita foto –dije mirándole a través del espejo mientras me rociaba. Su reflejo me miró. Noté como se avergonzaba antes de reírse.

    –Joder –entiendo que dijo pues seguía con el cepillo en la boca. Se inclinó a escupir–. Qué cotilla eres.

    –Bueno no la estabas escondiendo –dije riendo–. Tranquilo, entiendo que hay que mantener a la novia contenta.

    Ambos nos reímos con fuerza y yo me dispuse a pasar detrás de él.

    Pero un error de cálculo, o quizás la suerte, hizo que él se volviera a encorvar para enjuagarse antes de que yo me hubiera alejado del todo.

    Así que de pronto su culo firme chocó contra mi paquete con algo de fuerza. Yo me quedé quieto mirándole en el espejo y él se paralizó también. Seguro que fue solo un segundo, pero a mí se me hizo larguísimo.

    –Hostias perdona –dijo haciendo ademán de enderezarse.

    En ese momento mis manos fueron hacia sus caderas. Le agarré fuerte y me coloqué detrás de él, con la espalda pegada a la fría pared y mi pecho contra su espalda.

    Sus ojos se abrieron del todo y me miraron fijamente en el espejo, tenía la boca abierta pero no articuló ninguna palabra.

    Mi polla estaba cobrando vida colocada entre sus nalgas aunque con dos telas vaqueras de por medio no creía que el notara nada. Tenía la percepción embotada, el tiempo se distorsionaba y los sonidos de la ventana estaban amortiguados. Solo escuchaba su respiración, la mía y mis latidos.

    Fui poco a poco, tentando, probando. Un paso en falso y el sueño se rompería.

    Moví mis manos desde sus caderas hacia su abdomen, por encima de la camiseta. Primero las posé suavemente, luego hice más fuerza, notando a través de la tela cada uno de los surcos de su tableta.

    Subí una mano hacia el pecho, sin dejar de tocar cada uno de sus abdominales con la otra. Sus pectorales se abombaban bajo la tela, no demasiado A**** estaba bueno pero no era un matado que vivía para el gym. Su pecho estaba trabajado, duro, su simple tacto a través de la camisa me ponía los pelos de punta.

    Estuve un rato acariciando ambas zonas, haciendo especial hincapié en la zona donde adivinaba estarían sus pezones. Había entornado los ojos y tenía la boca medio abierta, su respiración se hacía más rápida poco a poco, igual que la mía.

    Decidí ir un poco más allá y bajé la mano de los abdominales hacia su entrepierna. Lo hice lentamente, sin prisa pero sin pausa, observando cada cambio en su rostro preparado para una retirada rápida. Vi como sus ojos, todavía entornados, seguían el camino de mi mano en el espejo. Llegué a su entrepierna y comprobé que había un bulto bajo el vaquero, no estaba todavía dura del todo pero me sorprendió que se le hubiera puesto morcillona.

    Recorrí el contorno que se marcaba y finalmente apreté con fuerza a la vez el pecho y la polla, atrayéndole hacia mí. Él soltó un gemido que hizo palpitar mi polla: era la señal de que no había vuelta atrás.

    Llevé las dos manos al pantalón y desabroché el cinturón y fila de botones. Introduje las dos manos y comencé a jugar con su rabo sobre la tela del calzoncillo amarillo que llevaba. Una de ellas se movía por la parte del capullo y la otra por el bulto de sus huevos.

    El trabajo comenzó a hacer efecto y noté como aquella herramienta comenzaba a coger turgencia y a marcarse a través del algodón. Los dos respirábamos ahora agitadamente, él había comenzado a morderse el labio; ninguno quitábamos la vista del reflejo.

    Liberé su polla de la presión y vi que el bulto era enorme bajo la tela amarilla: llegaba casi hasta el final de la pernera del bóxer, quedando el capullo a escasos milímetros de asomar por el borde. Mis manos subieron y agarraron el borde de la camiseta, tiré de ella para sacársela por la cabeza y su cuerpo quedó desnudo.

    Solo lo había visto así fugazmente un día que estuvo de visita y se fue a la ducha, y aunque me sirvió para hacerme una idea, ahora sabía que no le había hecho justicia.

    Sus hombros anchos daban paso a unos brazos fuertes, con los bíceps bien marcados aun en reposo. Su pecho estaba perfectamente contorneado, con una sombra de vello en el medio y unos pezones oscuros no muy grandes ahora que estaban de punta. El vientre se abombaba en cada uno de sus abdominales, marcados pero no demasiado, y tenía un ombligo no muy profundo desde el cual partía una fina línea de vello que se perdía bajo la tela amarilla. Las costillas y los oblicuos se marcaban en los costados que estaban rematados por unos sobacos con el pelo justo, suave y moreno.

    Cuando le saqué la camiseta de los brazos él hizo ademán de bajarlos, pero yo le detuve. Le cogí de los codos y le acomodé los brazos de forma que las manos estuvieran detrás de su cabeza. Me deleité con esa vista unos momentos antes de meter mi cabeza debajo de su sobaco.

    Aspiré su aroma, olía a Axe y algo de sudor. Mi polla volvió a palpitar y mis brazos le agarraron para apretarle bien contra mí, sabía que ahora mi bulto era más palpable al haberle quitado sus pantalones.

    Dejé de hacer fuerza y vi que él se pegaba a mí por voluntad propia. Moví mis manos por sus costados, acariciándoselos con las uñas suavemente. Noté como toda su piel se le ponía de gallina y se le escaba un gemidito. En ese momento, tras esnifar profundamente su aroma, saqué la lengua y comencé a lamerle el sobaco.

    No paré de acariciarle su suave piel mientras me afanaba con la lengua en cada rincón de su axila. Alternaba lamidas profundas, haciendo fuerza con la lengua, con otras más cortas y suaves, enrollaba sus pelos con la lengua y luego hundía la cara hasta casi quedarme sin aire. Cuando estaba ya bien mojado comencé a dar lametones hasta casi el codo. Una, dos, tres veces. Luego cambié de dirección y di una que le llegó hasta el cuello pasando por su trapecio. Fui dándole besos por la parte trasera del cuello hasta llegar al otro lado, ahí volví a darle un lametón que me llevó hasta el otro sobaco, donde repetí la faena.

    Pero esta vez una de mis manos alcanzó uno de sus pezones mientras que la otra bajaba magreando su abdomen hasta posarse de nuevo en su rabo. Apreté con fuerza atrapando con mis dedos la forma gruesa de su polla sobre los calzoncillos. Mientras le lamia la axila y le pellizcaba suavemente el pezón comencé a frotar con dos dedos la zona del capullo que se adivinaba en sus calzoncillos.

    Todo esto lo hacía a tientas ya que con la cabeza en el sobaco no podía ver nada.

    Estuve trabajando con ganas los tres frentes, arrancándole más suspiros y cada vez más fuertes.

    Cuando no pude contenerme más me retorcí y separé la cabeza de su sobaco, sacándola por delante y acercando mi boca a su pezón. Era una postura complicada, tanto él como yo estábamos incomodos y forzados, pero en el momento en el que me metí su pezón duro en la boca y lo sentí estremecerse bajo mi lengua supe que había merecido la pena.

    Di un par de lamidas cortas, luego hice succión con los labios y finalmente mordí con la fuerza justa a la vez que introducía mis manos en sus calzoncillos, agarrando todo su enorme rabo y liberándolo de la tela.

    Como respuesta escuché un gemido que se convirtió en un bufido que a mis oídos fue como música celestial.

    Continué pajeándole con las dos manos mientras volvíamos a la postura anterior, mucho más cómoda. Notaba como las babas que había soltado su capullo se iban extendiendo por todo su falo, lubricándolo bien. El calor que desprendía ese falo me quemaba las manos, sentía como palpitaba entre ellas y era capaz de notar cada una de las venas en mis palmas.

    Jugué con mi índice y el pulgar en su capullo dándole suaves pellizcos mientras que la otra mano se dirigía a sus huevos, los cuales liberé del calzoncillo también. Lo último que hice fue recoger todo el precum que pude de su capullo y me lo llevé a la boca.

    Saboreé lamiendo con ganas las puntas de mis dedos mientras le miraba fijamente a los ojos a través del espejo. Cuando terminé de chuparme los dedos llevé también esa mano a sus huevos y bajé los ojos hacia su rabo, lo hice despacio recorriendo el reflejo de su cuerpo, creándome una foto mental que seguro me acompañaría muchos días.

    Por fin tras cuatro años deseándolo ahí estaba.

    Una vara de carne gruesa y venosa, morena como todo él, se le curvaba hacia la derecha como a su hermano aunque era más grande que la suya. Estaba totalmente descapullada y el glande era de color rosado oscuro. Tenía el vello recortado en el pubis y el escroto, que era suave y colgaba lleno de unos huevos gordos, seguramente cargados de leche. Unos huevos que, mientras observaba esa enorme polla, seguía acariciando y que cada vez estaban más retraídos y con la piel de gallina.

    Quise observar el pack completo y retiré mis manos para acariciar sus muslos fuertes y caderas. Él se echó para atrás, atrapándome contra la pared y haciendo presión con su culo sobre mi polla, que ya notaba completamente mojada de babas. Tenía suerte de llevar vaqueros porque con otra tela se notaría la mancha.

    Hice fuerza con la barbilla en su hombro para que bajase el brazo y poder acceder a su cuello, que comencé a lamer y besar. Subí una mano para sobarle el pecho y jugar con su pezón mientras con la otra comenzaba a pajearle. Él me respondió llevando el brazo que había bajado al otro pecho para pellizcarse a sí mismo y comenzando un tímido movimiento de sube baja con su culo contra mi rabo.

    Creía que estaba en la gloria viendo esa escena a través del espejo pero descubrí que me equivocaba cuando, sin previo aviso, adelantó la cabeza y dejó caer un lapo en dirección a su polla. Debido a la situación su puntería falló, pero me hice cargo y el siguiente fue directo a su capullo. Lo restregué con la palma de la mano y le indiqué con la mirada que lo repitiera.

    Tres, cuatro veces cayeron sus babas sobre su polla. Yo me encargué de repartirlas bien y mezclarlas con el precum ya seco que la cubría.

    Continué la paja que ahora hacía ese ruido de chapoteo que creo a todos nos vuelve locos, como pude comprobar al sentir que A**** movía su culo con más energía, gemía más alto y más rápido. Sus pezones se pusieron aún más duros y yo no pude aguantar más.

    Empecé a pajearle con furia. A comerle el cuello dejándoselo lleno de babas. A pellizcarle con más fuerza el pezón.

    El respondió echando la cabeza hacia atrás, poniendo su mano sobre la mía y obligándome a apretar más sobre su pezón. Sus caderas cogieron un ritmo frenético y llegó el punto que se estaba follando mi mano.

    Normal que nunca le faltaran novias, con esa potencia las debía dejar rotas.

    Sus gemidos se convirtieron en gritos. Los gritos en síes.

    Noté como su cuerpo se tensaba y su rabo se inflaba. Lo coloqué en vertical, con el glande mirando hacia su cuerpo y disfrute de lo que vino.

    Seis. Siete. Ocho chorros de lefa espesa y blanca surgieron de su capullo rojo, cada uno acompañado de un estertor extático, y se esparcieron por su cuerpo, ahora perlado de sudor, alguno de los cuales le llegaron hasta el pecho.

    El esfuerzo le dejó sin fuerzas y noté como su peso caía sobre mí. Yo le sostuve mientras le admiraba en el espejo, viendo como la leche corría dejando surcos brillantes en su piel, sin soltar su polla morcillona y pringosa.

    Se mantuvo con los ojos cerrados mientras su respiración se calmaba. Cuando sus jadeos se suavizaron y me miró en el espejo, jugué mi última carta.

    Quité mi mano de su polla, recogí parte de la lefa de su abdomen y me la llevé a la boca. Saqué la lengua y le recogí toda de tal forma que él no se perdiera nada. Sus ojos brillaron de morbo y sorpresa.

    Estaba acabando de lamerme la mano cuando noté una presión diferente en mi polla. Su mano se había deslizado hasta ahí y me apretaba con fuerza. Sin darme tiempo a responder, y con su leche todavía en mi boca, se giró me desabrochó el pantalón y me sacó el rabo.

    Pasó la mano por su cuerpo recogiendo los restos de su lefa y me los extendió en la polla antes de comenzar a pajearme con frenesí, agarrándome con la otra mano los huevos. No necesité muchas sacudidas para empezar a correrme como pocas veces había hecho.

    Él, en un alarde de cerdeo, apuntó hacia su cuerpo y recibió los trallazos con la boca abierta, relamiéndose. No sé los chorros que solté sobre su abdomen pues estaba perdido en sus brillantes ojos marrones, pero cada uno iba acompañado por un gutural gemido.

    Estuvimos frente a frente, mirándonos mientras mi respiración se calmaba. Él seguía meneándome la polla que ya menguaba de tamaño, produciéndome un calambre de placer cada vez que rozaba mi capullo. Cuando acabó se limpió los restos que colgaban de su mano en su pecho extendiéndolos hasta sus pezones y siguiendo con los chorros que le había echado encima.

    Vi como su cuerpo se quedaba pringoso con ese masaje cerdo y no pude remediarlo, mi respiración no se había calmado pero me dio igual, me incliné hacia él y relamía los restos de leche que había en su pecho. Recorrí su pecho duro hacia todos lados, terminando en sus pezones con sendos mordiscos suaves que le arrancaron pequeños gemidos.

    Cuando terminé volví a mirarle a los ojos, él me devolvió la mirada con una sonrisa y soltó un suspiro largo, de esos de alivio que sueltas cuando has acabado una tarea ardua. Ambos reímos.

    Nos separamos y yo me dirigí hacia la puerta, acariciando su pecho de paso.

    -Dúchate y luego si quieres vamos al cine.

    -Sí, creo que lo necesito -dijo riéndose. Salí al pasillo y comencé a cerrar la puerta cuando oí su voz-. ¡I****!

    Me giré y vi que me lanzaba algo. Lo cogí al vuelo y vi que eran sus calzoncillos amarillos. Los cogí al vuelo y me los llevé a la nariz, esnifando su esencia. Él rio antes de cerrar la puerta.

    Me fui hacia la habitación pensando en lo guapo que era cuando se reía. Cogí el móvil y vi que eran las seis y media. Casi hora y media de paja y cerdeo.

    Me tiré en la cama y suspiré extasiado; me centré en disfrutar las sensaciones que sentía en ese momento. El móvil vibró y vi que mi novio me había escrito. Me llevé de nuevo los calzoncillos a la nariz y los esnifé, ya habría tiempo de pensar en lo que había pasado.

  • La puta de mi vecino (II)

    La puta de mi vecino (II)

    Después de la primera ronda de sexo ilícito entre mi esposa y su amante, ambos se levantaron, Mauricio se puso los pantalones y dejo sus zapatos a un lado y se tumbó en el sillón, Laura se levantó y tal como había quedado se dirigió al baño para asearse, yo trataba de encontrar el momento y la excusa perfecta para despertar, ya no aguantaba la firmeza de mi miembro que quería desahogarse pero tuve que aguantar, vi mi oportunidad cuando unos minutos más tarde mi esposa regresaba del baño y tropezó con algo, tal vez una silla, (la verdad no se) el punto es que tiro algunas cosas haciendo mucho ruido y creando la excusa perfecta, tanto el invitado como yo (que “desperté” sorprendido) nos apresuramos a ver lo que había pasado.

    Al verme Mauricio se quedó de pie en el pasillo y se limitó a preguntar si todo estaba bien, yo me acerque aparentando confusión y preguntando que paso, Laura estaba levantando algunos cubiertos del piso y yo me acerque a ayudarle, mientras lo hacía dirigía discretamente mi mirada a su escote buscando algún rastro de su humectante encuentro anterior, pero lo único que vi fueron sus pezones erectos presionando contra el ceñido vestido que apenas podía contener sus deliciosas tetas en libertad.

    Escondí como pude el bulto en mi pantalón y me dirigí al baño tratando de no parecer ansioso, en cuanto cerré la puerta deje libre mi verga y masturbándome me puse a buscar el sujetador de mi esposa, supuse que estaría colgando en la regadera después de lavarlo pero no estaba ahí ni en los muebles cercanos, ya desesperado abrí el mueble debajo del lavabo y al fondo encontré un rollito de tela lo primero en desenrollar fueron sus tangas húmedas con sus jugos vaginales, no pude evitar olerlas y pensar que se las quito para estar lista y a la orden, después desenrolle el sujetador húmedo y me encontré con la aun espesa lefa del vecino, me da pena admitirlo pero inmediatamente me lo acerque a la cara para olerlo, sentí una sacudida por todo el cuerpo y estuve a poco de chorrearme, la combinación del aroma de mi esposa y el olor de la corrida de Mauricio me pareció delicioso en ese momento, Instantáneamente envolví mi miembro con el sujetador de mi esposa para masturbarme y me corrí inmediatamente.

    Estando ya más tranquilo, enrolle nuevamente las prendas y las deje donde las había encontrado, me asegure de asearme bien y haciendo suficiente ruido anuncie mi salida del baño, ellos estaban sentados en el sillón “platicando”, me serví una copa y me uní a la conversación, poco a poco se fue terminando mi trago y fingiendo una embriaguez severa intente servirme un trago más asegurándome ser tan torpe que incluso el vecino tuvo que ayudarme, unos minutos después me levante del sillón -ahora regreso- fue lo único que dije.

    Tambaleando me dirigí a la habitación donde dormía nuestro pequeño y me recosté en la cama, tal vez una 10 minutos pasaron y la figura de mi mujer se dibujó en la puerta, estaba ahí para averiguar el estado en que me encontraba y al ser recibida por una orquesta de profundos ronquidos me llamo por mi nombre en reiteradas ocasiones solo para asegurarse, salió de la habitación cerrando la puerta tras ella.

    Deje pasar un tiempo y cuando juzgue seguro me levante para ver a través del hueco que había alrededor del pomo de la puerta, mi esposa cabalgaba al vecino moviendo sus caderas deliciosamente en círculos y después de adelante atrás intercaladamente, al tiempo sujetaba la cabeza de Mauricio que hundía su cara entre las tetas de mi esposa y el con ambas manos masajeaba y estrujaba sus firmes nalgas, me sorprendió el aguante del vecino que después de unos 15 minutos aún seguía recibiendo tan increíble cogida de mi mujer sin terminar, para entonces yo me estaba corriendo tras la puerta donde me refugiaba.

    Repentinamente recordé en donde me encontraba y busque con que limpiar el desastre que acababa de hacer, por fortuna había mucha ropa que desecharíamos, tome cualquier prenda y una vez que logre asear el área afectada me dirigí al hueco en la puerta esperando no haberme perdido el final, fue una increíble sorpresa ver a mi esposa acostada boca abajo en el sofá con su vestido alrededor únicamente de su cintura mientras que Mauricio, encima de ella le encajaba su verga igual que la primera vez, lo que me trajo recuerdos…

    No paso mucho tiempo hasta que Mauricio comenzó a penetrarla desesperadamente entre sus contracciones y los deliciosos gemidos de Laura apenas audibles por la música que aún seguía sonando, mientras él se corría dentro de mi mujer yo me masturbaba nuevamente detrás de la puerta aunque esta vez logre contenerme esperando que más tarde Laura, entrara a la habitación y me permitiera desahogarme, me recosté en la cama, para evitar sorpresas y después de un buen rato escuche la puerta que da a la calle abrirse y cerrarse, obviamente era el vecino que se retiraba satisfecho por el momento.

    Espere mucho tiempo pero nada pasaba, supuse que Laura se estaría bañando pero no había ruido alguno, cautelosamente me levante para asomarme nuevamente por el hueco de la puerta y la vi aun recostada boca abajo en el sofá, extrañado espere un rato más pero termine desesperándome así que salí y me acerque para confirmar mis sospechas y efectivamente estaba profundamente dormida o inconsciente por la gran cantidad de alcohol que había ingerido, solo la cubría una sábana vieja que había por ahí la cual retire inmediatamente y quede sorprendido de que aún estaba tan desnuda como Mauricio la había gozado.

    Sin esperar me desnude y me dispuse a desahogar mi calentura, pase mi rostro por su cuerpo oliendo el sudor y sexo impregnado en ella, suavemente la acaricie de arriba abajo hasta llegar a su entre pierna embebida en jugos, abrí sus piernas para concretar mis intenciones, un pequeño chorro traslucido escurrió de entre sus nalgas, inmediatamente se las separe y sentí un extraño vuelco dentro de mí, Mauricio le rompió el culo a mi esposa a placer hasta vaciarle toda su leche dentro, me quede con la boca abierta por un momento pero cuando logre reaccionar, decidí aprovechar la situación.

    Temblando por la excitación que sentía, lentamente le fui hundiendo la verga en el culo lleno de leche del vecino, mi sorpresa siguió creciendo cuando pude metérsela sin problema hasta el fondo, la enorme verga de otro hombre le abrió el ano a mi esposa tan profundamente que me evito cualquier esfuerzo, no podía dejar de imaginar su enorme tranca entrando y saliendo, abriendo a mi mujer que gemía de placer sin importarle quien la escuchara, no aguante más y se la metí tan duro y rápido como pude sin importarme si despertaba (lo cual, sorprendentemente no paso) la sensación de su culo caliente lubricado por la leche del vecino y la imagen de mi mujer clavada en esa enorme verga me excitaron tanto que no aguante mucho, cuando empecé a correrme no quise hacerlo adentro, se la saque y me vine en sus nalgas, entre ellas, en su espalda, tenía unas ganas inmensas de bañarla en mi semen, obviamente no tendría suficiente pero me conforme con lo que logre que sin presumir, fue bastanteaste.

    Sin dejar de verla me levante exhausto y me quede ahí viéndola por un rato hasta que recordé que mi hijo estaba en casa, volví a la habitación y me asegure de cerrar la puerta de modo que mi hijo no pudiera salir si despertaba antes que nosotros pues deje a Lan tal cual sin cubrirla con nada porque quería ver como reaccionaria al día siguiente esperando que me dijera que sí se dio cuenta y me cuestionara al respecto, quería contarle todo lo que sabía, que eso me tenía inexplicablemente bien caliente y que lejos de ser un problema quería cogérmela junto con el vecino pero no me atreví en el momento, pero que me gusto ver como se la cogieron y conocer a la puta que lleva por dentro, que yo también quería gozar a esa puta la próxima vez.

    Pero nada paso, al día siguiente fui el ultimo e despertar, el desayuno estaba listo mi hijo ya estaba desayunando y Lan estaba fresca, limpia y feliz aunque con resaca igual que yo, todo el día me concentre en ella para descubrir cualquier indicio que me diera la pauta para sincerarme con ella, pero en resumen fue un día común, de mi competencia imaginara… bueno, que puedo decir.

  • Fui cogida en una camioneta

    Fui cogida en una camioneta

    Recordando una época de locura, cuando yo tenía 24 años, me andaba paseando con unos tipos que la verdad no tenía nada bueno, más que su camioneta y sus tratos indebidos, pero ahí andaba con ellos, como toda una grupi lista para seguir a mi ídolo.

    Alfa era el líder por eso su apodo, en ese entonces él tenía casi 40 años, un tipo alto, blanco, de cabello cano y una cara de mal humorado que apantallaba a cualquiera, tal vez era eso lo que me agradaba, pero como yo andaba con unos de sus amigos él siempre se limitó y hasta era cortante.

    Les comento que en esa época andaba muy desubicada y me juntaba con personas que no, en esa época Alfa, mi novio, otra chica y yo nos dedicábamos a vender aparatos eléctricos, desde televisiones hasta celulares, eso significa que siempre andábamos en camioneta llevando los aparatos con los compradores, la otra chica y yo éramos el atractivo visual, caderonas, piernonas, embobamos a todos y por eso nos compraban los aparatos, así que siempre andaba de short o falda y a veces de calza.

    Una ocasión la recuerdo muy bien, andamos tomando y repartiendo, todos estábamos con alcohol en la sangre y felices ya que ese día estábamos vendiendo todo y significaba más ganancias para mí.

    Esa noche Alfa estaba más aventado que nunca, cantaba, me sonreía, me lanzaba indirectas y a pesar de que la otra chica se le estaba poniendo en bandeja de plata, él prefería tirarme el perro a mí, eso no me desagrado, yo le seguía el juego a pesar de la incomodidad de mi novio.

    Llegando al lugar de la última entrega de la noche, mi novio y la otra chica tomaron los aparto y los llevarían mientras nosotros esperábamos en la camioneta, pero una vez que ellos entraron a esa vecindad Alfa prendió la camioneta y manejo hasta detenerse en un lugar lejano, solo casi sin luz.

    K: ¿Que hacemos aquí?

    A: Tranquila, ¡quiero privacidad!

    K: ¿Privacidad para qué?

    Sin decir más comenzó a besarme y toquetearme, yo me sorprendí, pero lo recibí con gusto, su lengua se entrelazaba con la mía, sus manos acariciaban mis muslos y mis rodillas subiendo por mi abdomen y hasta apretar mis tetas.

    Cerraba mis ojos y gemía del placer y la excitación que surgía en ese momento, no sé qué me pasaba, ¡pero quería ser poseída por ese hombre!

    A: ¡Estás bien rica! ¡No sabes cómo quiero cogerte!

    Mientras me decía eso me despojaba la blusa dejando mis tetas al aire, las cuales como si de un bebe se tratara empezó a devorar con gran intensidad, yo le apretaba la cabeza, no quería que me dejara de morder, lamer y succionar, me tenía suspirando y jadeando, sus manos lentamente entraban debajo de mi falda de mezclilla y sus dedos empezaban a palpar por encima de mi cachetero.

    Alfa se quitó la camisa y me encanto su torso, un poco graso pero marcado, se veía que de joven era buenísimo, reclino el asiento y empezó a besarme las piernas con suavidad, mientras sus manos juagaban mis pechos.

    A: ¡Que piernas! ¡Eres mucho para ese pendejo!

    K. Ah!! Chúpamela por favor!

    Alfa me despojo del cachetero y comenzó a sobar mis labios vaginales, sus dedos empezaron a palpar mi vagina, apretaba mi clítoris con maestría, me tenía gimiendo, me retorcía como un gusano, eran ya tres dedos dentro de mi concha y gimiendo suplicaba ser poseída por él.

    A: ¡Que hermosa pucha!

    K: ¡Por favor, cómetela!

    Alfa se agacho y empezó a devorar mi cuca, la succionaba, metía su lengua para enrollarla dentro, me lamia como gato limpiándose, recorría desde mi culito hasta mi clítoris, sus dedos también acompañaron esa acción, estaba súper caliente, ¡el maduro me estaba sacando un rico orgasmo!

    K: ¡Ah!!! ¡Que rico, ah no mames!!

    A: Sabes riquísimo, ¡la mejor concha que eh probado!

    Entre lengüetazos y dedazos, Alfa me hizo tener un rico orgasmo en el cual expulse fluidos en su cara, los cuales el festejo y probo mostrándome el macho alfa que era.

    Se bajó el pantalón y la trusa y un pene blanco, grueso sin prepucio salió duro y listo para mí.

    Lo tome con mis manos y empecé a masturbarlo mientras nos besábamos con desenfreno, sin decir más él se levantó un poco acomodando su verga en mi cara y como buena chica empecé dándole besos a la cabeza para luego lamerla como si fuese una rica paleta.

    A: Eso es, que rico, ¡vamos devórala uhm!

    K: ¡Esta rica!

    Después de probarla suave, ahora me la comía todita, me ahogaba, el me apretaba la cabeza para follarme la boca, no sé si nos veían ni cuánto tiempo llevábamos, pero solo me tragaba su riquísima verga.

    Alfa que ya estaba súper caliente me llevo a la parte trasera de la camioneta reclino los asientos quedando plano y me acostó, me abrió las piernas y la metió suave.

    K: ¡Mmm, que rico, ah!

    A: ¡Ah!!! ¡No mames que rica pucha!

    Me la metía riquísimo, me besaba el cuello, me apretaba las nalgas, su dureza me encantaba, sonaban los celulares, pero seguíamos parchando.

    Me levanto las piernas y la coloco en sus hombros, me lamia la pantorrilla, las mordía con desesperación, sus manos apretaban mis tetas y sus movimientos me tenían gimiendo delicioso.

    A: Como quería cogerte, ¡que rico aprietas!

    K: ¡Mas, dámela toda!

    A: Siempre he querido meterte la verga, ¡uhm!

    K: ¡Que rica verga ah!!

    Se acostó y me subí en el para cabalgarlo, me movía suave y rápido, sus manos apretaban mis muslos, mis tetas y mi trasero el cual lo arañaba y apretaba como loco.

    A: ¡Ah!! Que rico no mames, uhm, muévete, así, ¡que rico!

    K: ¡Que dura, ah, te gusta, uhm, yo también te quería dentro, ah!

    Me di la vuelta y me daba de sentones que a él lo tenían viendo estrellas, sus manos apretaban mis carnosas nalgas, me jalaba el cabello, de pronto sentí como su verga se endureció y empezó a venirse dentro de mí.

    K: ¡Ah!! ¡Que rico, que rica leche!

    A: No mames tómala, uhm, que rico, ¡ah!

    K: ¡Dame toda tu lechita!!

    Pero a pesar de haber tenido un orgasmo y de haber expulsado tremendo chorro de leche, ¡el seguía duro y me ordeno poner en cuatro patas como toda una perra!

    K: ¿Todavía más?

    A: Claro, aun te quiero dar, uhm, que ricas nalgas, ¡y que rico culo!!

    Empezó a sobarme mi ano mientras mis nalgas masajeaban su dura tranca, ¡sentí su saliva hacer en mi anito y de pronto su cabeza ya estaba empezando a perforarme!

    K: ¡Ah!!! ¿Qué haces?

    A: ¡Uhm, que apretado, ah!!

    No podía hacer nada, ¡me la estaba metiendo por el culo! Me dolía, pero él me tenía bien trenzada y no me quedo de otra que resistir su metida.

    Una vez que logro entrar, empezó a moverse como toro poseído, me dolía, pero al mismo tiempo me encantaba tenerlo ahí dentro.

    K: ¡Ah, me duele, me duele!

    A: ¡Pero te gusta perra! ¡Que rico culo, es el mejor!

    K: ¡Si!!! Ah que rico, dámela, ¡toma mi culo!!

    A: Eso, eres una buena chica, toma tu premio, ¡uhm!!

    Sus embestidas eran magnificas, gemía, jadeaba, recibía de nalgadas fuertes que sus manos quedaban marcadas en mi trasero, me apretaba el cabello como maniático, que rico me estaba empalando.

    Yo también me movía, mi vagina escurría, mis tetas las pellizcaba con violencia, me hacía rico su puta, los celulares sonaban, pero nosotros seguíamos fornicando como locos.

    A: ¡Ah chiquita muévete, ah!!

    K: ¿Ah, te gusta?

    A: Eres muy buena, que nalgas, uhm, ¡vamos sácame la leche!

    K: ¡Ah, uhm, ah, sí, dámela!

    Me moví como loca de tal forma que él no resistió más y nuevamente comenzó a venirse, ¡pero esta vez en mi culo!

    A: ¡Ah!!!! ¡Que rico, tómala, tómala!!!!

    K: ¡Ah!! Si, así que rico, mas, dámela toda, ¡no dejes ni una sola gota!!

    El orgasmo fue maravilloso, luego de expulsar tremendos chorros finalmente quedamos pegados como perros, sudados y llenos de fluidos.

    Luego de un cigarrito y una cerveza, nos vestimos, sin querer ya había pasado una hora y media y teníamos que ir por los demás.

    Al llegar mi novio nos reclamó, pero él inmediatamente lo domó diciéndole que fuimos a dejar un dinero y que si no les había avisado es porque no quiso.

    No sé si ambos lo creyeron, decidimos seguir la noche en casa de la otra chica, Alfa y yo intercambiábamos miradas que mi novio notó, pero por miedo o no sé, no reclamaba nada.

    Lamentablemente para mi esa fue mi única experiencia con él ya que esa fue la última noche que lo vi, pero aún recuerdo lo rico que me cogió en su camioneta.

    Kali

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 5)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 5)

    -Quiero la leche en la lengua, Rodro –Me dijo la noche del sábado, mientras le tocaba suavemente el clítoris por encima de la bombacha.– La quiero acá –la escuché susurrarme al oído, a la vez que se ponía un dedo en la boca y lo lamía como una petera fuera de sí. Mi mano entera estaba empapada por el flujo que lograba traspasar la tela.

    Esa noche, ella no debía estar ahí. En ese momento ella debía estar entrando en la Iglesia, vestida de novia y siendo el centro de atención de toda nuestra familia emocionada por ver semejante espectáculo. Pero no.

    -Toda la leche, Rodro. Para tragarla despacito y sentirle el gusto hasta en la garganta. Toda la lechita en la lengua, quiero. –me repitió.

    A esa hora en su lengua debía estar deseando tener la ostia de la misa a la cual habría entrado soltera y salido felizmente casada. El cuerpo de Cristo, perdonando toda tentación y recibiéndola, nuevamente, en su rebaño. Pero no. Allí estaba ella en cambio, acostada en mi cama, llegando al orgasmo y deseando el semen de su primo.

    Pero en el segundo párrafo de esta historia les prometí ser detallado y creo que lo mejor es no romperle una promesa a un amigo, ni a una amiga. Porque aunque les parezca exagerado, así los considero: son ustedes los confidentes de mi mayor perversión. De mis deseos más oscuros, sin temor a ser juzgado más que por una coma o una tilde que no puse, o una palabra que repetí más de una vez, sin necesidad.

    Debo entonces volver al lunes anterior, cuando me desperté todavía con la mano en el culo de Julia. Ella ya estaba despierta y acariciaba el bulto que dejaba mi verga sobre el bóxer. Habrán pasado dos minutos hasta que sonó la alarma de mi celular. Siempre había sufrido esa especie de situación paranormal de despertarme dos minutos antes de que suene el despertador, pero nunca con mi prima tocándome la pija.

    Cuando las primeras notas de la canción “Anhedonia”, de Charly García, usurpó el silencio de la habitación, mi prima retiró su mano y la puso en mi mejilla. Ya no tenía la cabeza en mi hombro, sino sobre su almohada. Me giró tiernamente la cara y nuestras bocas quedaron casi a un centímetro de distancia.

    -No podemos coger, Rodri. –Me dijo. Tan cerca, que podía inhalar su aliento.– Somos primos.

    Por esas cosas que uno no puede explicar, aún medio dormido, lo primero que me llamó la atención fue el olor a menta. Quizá porque pensaba que de su boca saldría el olor a la verga de Fabián. O al culo de una pendeja desconocida, según la información que ella misma me había dado recientemente. Pero no fue así. Además de bañarse, aparentemente, también había recordado lavarse los dientes, porque las palabras de July se sintieron con aroma a picante, literalmente. Aunque quería corroborarlo con el sabor, con el olor me conformé.

    Le respondí que estaba bien, que tenía razón y que coger sería un error. Le di un beso en la frente para darle los buenos días y me fui a bañar.

    Por primera vez en la historia me encontraba en una situación que sabía manejar muy bien. Jamás debería mostrarme desesperado ante ella. No importa quién sea, ni cuánto me lata la pija cada vez que la vea. Si existe una chance de comerle la concha a una mujer como ella, tu mejor aliada es su imaginación. Su intriga, su inseguridad y su sensación de que todo depende de ella, siempre terminarían jugando a tu favor.

    Estaba seguro de que Julia en ese momento sintió temor de que nunca pasaría nada más entre nosotros. Podía prácticamente leer su pensamiento en ese instante: coger con su primo estaba mal, era incorrecto, pero ¿qué carajos iba a hacer con su deseo? Si el ser, encima, un deseo prohibido (estaba convencido) la excitaba aún más. ¡Y para colmo de males contaba con mi aprobación!

    Allí su imaginación entraría a jugar para mi equipo. ¿La estaba rechazando? ¿Estaría yo pensando que ella era una trola cualquiera? ¿Estaría ella más interesada en coger conmigo, que yo con ella? Y lo más importante: ¿Sería ésta la única chance que tendría a su alcance para cumplir su fantasía? Una mina nunca deja esas preguntas sin contestar por una sencilla razón: su inseguridad, ante dos opciones, la haría imaginar la peor. Si o si, por su propio orgullo, estaban obligadas a conocer las respuestas reales. Sea como sea, cueste lo que cueste.

    Si todo dependía de ella, con el tiempo, además de libertad de decidir, sentiría una profunda responsabilidad. Tan profunda que se convertiría en temor. En no saber qué hacer. Tener el control ya no le resultaría tan cómodo e, inconscientemente y poco a poco, me lo iría delegando a mí. Ese es, sin ninguna duda, el primer signo que muestra una persona cuando se entrega a otra. Dicho de otra forma: eso finalmente haría que mi prima se me entregue.

    Sé que este punto pudo haber sonado ofensivo para algunos de ustedes. No sólo ofensivo sino que manipulador y machista también. Pero déjenme aclararles dos cosas.

    La primera: no estoy generalizando a todas las mujeres. Solo revelo la táctica que creí conveniente usar para entrar en la concha de mi prima, que había probado en situaciones anteriores, en otro tipo de relaciones y que me había dado buenos resultados. Una táctica que ni siquiera había inventado yo: guerras enteras se habían ganado a lo largo de la historia de la humanidad gracias a los líderes que supieron cuando retroceder para que el enemigo entre a la zona que ellos querían, donde vencerlos sería mucho más fácil.

    Y la segunda: ese enemigo ya no era su consentimiento. El enemigo era un prejuicio. Una norma social a la que ya no le encontraba sentido alguno. El enemigo, en ese momento, se merecía mi manipulación, porque me parecía hasta desagradable. Que una sociedad te condene o que una institución parecida a una empresa cuyo logo es, ni más ni menos, que un arma de tortura, te amenace con mandarte al infierno por el sólo hecho de desear algo que ellos consideraban incorrecto, era una manipulación mucho peor. ¡Ni un pelo se me movería por jugar a su juego! Su mensaje debía ser simplemente amor. Puro. Sin temor. Y debería escribir otra historia nueva para poder explicarle a quien no entienda que la pasión y el deseo, son la forma más humanamente pura de amor que puede existir entre dos personas que comparten esos sentimientos.

    En fin, salí de la ducha sintiéndome un campeón. Con la seguridad de que mi morbo más perverso, tarde o temprano, se haría realidad. Podría llevarme un tiempo, era cierto, pero se haría realidad. No tenía más dudas de eso.

    Cuando llegué al trabajo lo primero que hice fue cambiar la fecha de mis vacaciones. Pensaba irme, en enero, unos quince días a Cancún, pero las adelanté para quedarme en casa. Lamentablemente había calculado que ese lunes sería mi último día allí, pero sólo pudieron acomodarme para tomármelas a partir del viernes. Podría haber sido peor y no me quejé. Me quedaban sólo cuatro días y tocándole el culo a mi prima todas las noches, se me pasarían volando.

    Al llegar a mi departamento, Julia ya me esperaba acostada, con el orto entangado para arriba, sus codos apoyados en el colchón y en sus manos, el celular. Vestía igual: la misma musculosa y la misma bombacha sucia con leche.

    Pensé en sacarme el pantalón y tirarme a su lado a meterle mano, pero recordé mi táctica. “No importa cuánto te lata la pija”. Pensé también que podría ir a saludarla con un beso, tiernamente preguntarle cómo estaba y darle un pequeño masaje en la espalda. Lentamente bajar una mano hasta el culo y jugar con mis dedos en la tanguita. No tendría por qué negarse a eso. Sería una buena oportunidad para besarle los hombros primero y luego la espalda, sobre la musculosa, desde arriba hasta abajo, hasta que la prenda se termine. Levantarla un poco para besar la piel de su zona lumbar y a la vez tener su cola bien a la vista. La mano bajaría despacio hasta su concha y ella ya excitadísima se daría vuelta pidiéndome por favor que se la chupe un poquito, o que le meta aunque sea un dedo. Bien sabido es que de los dedos a la pija hay tres minutos de distancia.

    Cuando la verga me apretó el pantalón volví a mis cabales. “No importa cuando te lata la pija”, me repetí. Esta operación era bastante compleja y no podía darme el lujo de cometer absolutamente ningún error.

    -Ya llegué, Ju. Vení a tomarte unos mates.

    Se notaba que había estado llorando, pero eso no era lo único que había estado haciendo. Por su mirada sospeché que, hasta no hacía mucho tiempo, también se había estado tocando la almeja. Cuando se sentó a mi lado, ya con el mate preparado, la tomé de las manos y al besárselas confirmé mi sospecha. Ella soltó una sonrisa que me resultó medio pícara y yo le pregunté cómo había estado, si ya se encontraba mejor.

    -Mal, Rodrigo. ¿Cómo voy a estar? Hubiese sido mejor que me deje plantada en el altar -me respondió, haciéndome seña de que le sebe uno.– Me estuvo llamando todo el día el pelotudo encima. Tuve que bloquearlo.

    Le acaricié el rostro cómo respuesta y ahora fue ella quien aprovechó para darme un beso en la mano.

    -Hasta hace dos días pensaba que lo más difícil del mundo, era planear una boda. –Dijo casi reflexionando– Lo más difícil, es suspenderla. Tengo que hacer mil trámites.

    -Yo te voy a ayudar, July. El viernes arranco las vacaciones y tengo tiempo de sobra para acompañarte a dónde tengas que ir.

    Mi prima me sonrió de nuevo y me agradeció con otro beso. Quité la mano para cebarme un mate para mí, lo tomé y le volví a dar uno a ella.

    -¡Dos mates hijo de puta! Y ya lo lavaste.

    Lo dejó en la mesa por la mitad, como si fuese una pendejita cheta, y se metió al baño. Abrió la ducha pero no llegué ni a terminar de agarrar el termo que salió llorando. Otra vez con las manos en la cara. Otra vez hacia mi pecho.

    -¡No puedo ser tan estúpida, Ro! ¡No traje más ropa!

    “Hace calor, July. Podemos dormir desnudos”

    “Aunque te lata la pija, pelotudo”

    Les dije que mi táctica era efectiva. Nunca dije que fuese fácil.

    -Tranquila, prima. Vamos a buscar. En dos patadas estamos de nuevo acá.

    -¿Estás loco? ¡No lo quiero ni ver!

    -Entro yo. Me decís qué necesitas, y listo.

    Quitó las manos de la cara y me regaló una sonrisa.

    -Si entrás vos, una de dos: o lo matas o se muere de un infarto del cagazo cuando te vea.

    Era un buen punto. De matarlo, podría contenerme; pero evitarle un infarto estaba fuera de mi alcance. Fabián sabía que Julia estaba conmigo y no se había ni asomado por el barrio. Mi prima sabía, también, que no lo iba a hacer y eso la tranquilizaba bastante. Es cierto que en ese momento lo odiaba con toda el alma, pero nunca antes lo había visto como un mal pibe. Eso sí: desde el primer minuto me pareció muy, pero muy cagón.

    Julia agarró el celular, habló unos minutos en el balcón y volvió a entrar. Me dijo que ya estaba arreglado, que una amiga le traería un bolso en un rato, pero que vivía en Mataderos y se iba a quedar a dormir acá. Cuando le pregunté dónde iba a dormir, fue muy clara: yo iba al piso con unas frazadas como colchón.

    Pensé en decirle que había estado todo el día esperando la noche para apretarle el ojete, pero en cambio le dije que estaba bien, pero que si la amiga estaba buena la que dormía en el piso era ella. Esta vez no me sonrió.

    Me puse a hacer unos fideos y cuando ya estaban listos, sonó el timbre. Mi prima se puso el pantalón con que había venido la noche anterior, agarró las llaves y como si supiese que esa noche no podríamos hacer nada más, me acarició el rostro, bajo por mi abdomen y con un dedo me rozó la pija, mirándome a los ojos.

    -Ya llegó. No seas pelotudo y comportate.

    Yo la di vuelta, la agarré de la cintura y la traje hacia mí, apoyándole el bulto en la cola mientras que con una mano le acaricié la concha por encima del jean.

    -¿Qué te pensás? ¿Qué te voy a manosear la conchita delante de tu amiga? –le dije al oído.

    Aunque parezca contradictorio, no estaba yendo en contra de mi plan. Era importante también que sepa que si bien ella manejaba la situación, cuando decidía avanzar debía estar segura de hacerlo porque mi reacción podía sorprenderla. ¡Y vaya que lo hizo! Julia no se lo esperaba, pero pude sentir en su respiración cuánto le había gustado. Solamente debía tener cuidado de no darle a entender que siempre que me buscase me iba a tener a sus pies. Ya encontraría luego alguna chance de rechazarla.

    Me permití ahora avanzar un poco yo, después de todo esa noche ya estaba perdida. La di vuelta nuevamente y quedamos enfrentados. Estuve a punto de besarla, pero me arrepentí. En lugar de eso le metí la mano en la cola, esta vez por debajo del pantalón.

    -No voy a ser tan desubicado de tocarte el orto delante de ella. –Saque la mano y le di una palmadita –Quedate tranquila, me comporto. –y la solté sonriendo.

    Julia tuvo que tomarse unos segundos para recomponerse y acomodarse la ropa un poco mejor. Se había excitado y no lo pudo ni disimular. Yo también lo había hecho, pero me puse a servir los fideos.

    Al ratito volvió con un bolso y la amiga. La reconocí de una. Era la pibita rubia del pantaloncito que tuve en la verga un rato, en la fiesta de despedida. La saludé un poco incómodo, asombrado porque también tenía buenas tetas y ni se las había notado aquella vez. Puse los platos en la mesa para los tres y nos dispusimos a comer. Mientras enroscaba los espaguetis en el tenedor me enteré que, además de ser amiga de Julia, era la prima de Fabián.

    “Hermosas casualidades de la vida”. O lo habrían sido, si aquella noche lluviosa me la habría cogido.

    El resto de la cena fueron puras palabras de odio hacia Fabián. Se notaba que ella no tenía con su primo ni la centésima parte de la relación que yo tenía con Julia. Prácticamente llegó a convencerme de que, lisa y llanamente, lo detestaba.

    Supe también que eran amigas desde la facultad, que la pibita le había presentado a Fabián, que le aconsejo mil veces que no sea estúpida y que lo deje, pero July ya estaba enamorada. Que se había peleado con su novio hacía poco y que estaba soltera. Además me contó que era vegetariana y aunque usualmente los vegetarianos me caen mal, gracias a esos labios peteros que tenía, ella no lo hizo. Todo esto en no más de cinco minutos. Es impresionante la cantidad de cosas de las que pueden hablar las minas en cinco minutos.

    Cuando terminamos de cenar, la amiga de mi prima se ofreció a lavar los platos. Tenía un shortcito de lycra que le marcaba bárbaro el culito lindo y bien parado que tenía, como si fuese una jugadora de vóley porno, así que le dije que sí. Que vaya nomás. Yo podría mirarle el orto tranquilo mientras lo hacía. Julia aprovechó para sacar ropa del bolso e irse a bañar.

    La pibita, apenas escuchó el ruido de la ducha, dejó la esponja, los platos y vino corriendo hacia mí. Me comió la boca tan rápido que me quedé con los brazos abiertos. Se arrodilló y empezó a desabrocharme el pantalón.

    -No veía la hora de chuparte la pija –me dijo, con tonada de nenita inocente.

    Reaccioné cuando tenía el cierre de la bragueta entre sus dientes. En realidad “reaccioné” es un poco exagerado. Todavía ni entendía lo que estaba pasando, pero la tomé de la cabeza y tras un momento de duda, entre bajársela y dejar que me petee tranquila o sacársela de mi entrepierna para no arriesgarme a que mi prima salga y se me arme quilombo, negocié conmigo mismo.

    -Vamos al balcón, que si te ve Julia te mata. Es más cuida que yo esa pendeja. –La estrategia se me estaba yendo a la mierda, pero una boquita en la pija, a esas alturas, era una verdadera necesidad.

    Me apoyé en la baranda mirando hacia adentro, a través del vidrio podría ver si había movimiento en el comedor, me prendí un pucho por si lo tenía que usar de excusa por estar allí y le dije a la pendeja que se arrodillara. Ya tenía la poronga dura como un fierro.

    No pensé en nada más. Ni pensé en que me podía caer, si seguía estirando la espalda. Estaba sacado y ella desesperada.

    -¡Dale, putita! ¡Arrodíllate! –le volví a repetir.- Mostrame lo que haces con esa boquita de petera que tenés.

    Noté que la onda dominante le gustaba porque puso carita de caprichosa, como haciendo pucherito, pero me obedeció sin chistar y se puso de rodillas en el piso. Otra vez sus dientes llegaron al cierre de la bragueta y lo bajó con una destreza que me calentó aún más. Después desabrochó mi cinturón y le dio un par de besos húmedos a la pija sobre el bóxer. Terminó de sacármela con la mano, se metió la cabeza del pito en la boca y la abrazó con los labios, mientras sentí cómo su paladar se llenaba de saliva. La pibita era fantástica, cada tanto me tiraba una mirada con una sonrisa de trolita que me mataba. Con los labios, ahora me apretó el pene un poco más, y gimiendo se lo dejó quieto en la boca, para lubricarlo y saborearlo mejor. Cuando lo sacó, pensé que se iba a ahogar ahí nomás. Me dejó la chota chorreando baba en dos patadas, y se entretuvo unos minutos pasándole la lengua desde el tronco hasta el glande, como cuidando que no caiga nada sobre el suelo.

    -Te voy a hacer el petiso de tu vida –me dijo, abriendo grande la boca.

    -¡Calladita, rubia! –Respondí, con el dedo índice cruzando mis labios- Seguí chupando, calladita.

    Como un acto de rebeldía, me bajó la ropa hasta las piernas y me empezó a lamer las bolas. Intercalaba lengüetazos pequeños y rápidos, con lengüetazos lentos y fuertes, por todos mis testículos, mientras me pajeaba despacio con su mano. Cada tanto me daba unos besos ensalivados en la parte interna de los muslos y luego volvía a pasar la lengua por mis pelotas. Me estaba haciendo ver las estrellas.

    Metí una mano por el escote de su remera y le manosee una teta esquivando el corpiño, la saque al ratito y le pegue una suave cachetada en la carita.

    -Ponéte el pito en la boca, piba.

    De vez en cuando se daba vuelta para ver si Julia no había salido del baño, pero yo le volvía a girar la cabeza hacia mi pija. Ahora yo también estaba desesperado.

    Sentir la humedad de su lengua, el calor de su aliento y el roce de mi verga entrando y saliendo de su cara, era una belleza que se disfrutaba más con los ojos cerrados. La pibita le daba besitos, lengüetazos, la escupía y se sopapeaba la lengua para volver a metérsela en la boca y saborearla un buen rato más. Cada dos o tres veces que me chupaba el glande, una se la tragaba entera hasta hacerla toser y sacarla toda enchastrada. Me estaba haciendo rebalsar de calentura. Cuando terminé el pucho me prendí otro de inmediato y la hice sentir más trolita todavía: con una mano fumaba, la otra la tenía en mi nuca y encima, ni la miraba mientras me comía la verga. Ahora me la chupaba como compitiendo con el cigarrillo, a ver quién me daba más placer.

    -Dame la lechita. Por favor, dame la chele antes que salga Julia. Mira que no me voy de acá sin la lechita –me dijo al rato, con los brazos en la espalda y una mirada de gatito abandonado que daba hasta ternura.- ¡Dale! ¡Por favor! Llename la boquita de leche.

    Sintiendo que ya me estaba costando respirar, la tomé con una mano de la mandíbula y le empecé a coger la boca a la fuerza, como si fuese una putita barata que se tenía que adaptar a mi ritmo. Trataba de aguantar lo más que podía, porque en verdad me la estaba mamando de una forma fenomenal y quería seguir disfrutando un rato más. El ritmo lo volví lento, nuevamente. Le seguía cogiendo la boca pero, esta vez, más suave, como si fuese una nena inocente a quién le tenía cariño.

    En medio de la excitación, el espectáculo tomó un giro dramático cuando del otro lado del vidrio la vi a mi prima. Estaba apoyada sobre la pared mirándonos, como hipnotizada. Tenía puesto un pijama rosa, con corazones blancos y su mano adentro, para masajearse la concha. Ni tuve que aumentar la velocidad de la cogida, que sentí que no podía aguantar más.

    -Te lleno la boquita, rubia. Traga todo, que si cae al piso, lo limpias con la lengua –le dije sin mirarla, cuando se me terminó el cigarrillo. Aunque me pareció abusivo, mi vista estaba esclavizada por la escena que se desarrollaba detrás del vidrio del ventanal.

    La amiga de Julia me contestó que sí, moviendo la cabeza, sin sacarse la pija de la boca. Esta vez la tomé de las mejillas y lentamente, ella solita se la fue metiendo toda entera hasta la garganta. Ni un movimiento más hizo falta que le largué el primer chorro de semen bajo la atenta mirada de mi prima, que se tocaba la concha cada vez con más intensidad. Obediente como nadie, la pibita del culito lindo, se lo tragó sin esfuerzo. Los dos siguientes lechazos le dieron algunas arcadas, pero también se los trago de una. Me quedaban dos chorros más que se los dejé en la lengua y volví a mirarla cuando cayó la última gota que salió al sacudirle la chota sobre su cara. Verla ahí arrodillada, con su mirada en mis ojos, la boca toda roja, con una actitud parecida a un pedido de perdón y aguantando una buena cantidad de leche en la lengua para saborearla un poco antes de tragarla, también era un flor de espectáculo. La mantuvo así por un instante y la deglutió, haciendo ruido de satisfacción. Se limpió los labios con la lengua y luego, con la mano y prolijamente, la boquita entera. Y finalmente, dejó al personaje de sumisa a un lado, cuando sonrió.

    -Hijo de puta, me empachaste.

    Le di un pico y la abracé como agradecimiento. Es cierto que la cara de puta que tenía mi prima cuando se masturbaba viendo cómo me chupaban la pija había ayudado, pero la pendeja había tenido razón: el pete que me había hecho, difícilmente salga algún día de mi memoria.

    Cuando espié otra vez hacia el comedor, Julia ya no estaba.

    Nunca se me había regalado una minita así, tan fácil. Pensaba que esas cosas pasaban solamente en las historias que contábamos borrachos en un bar o en las películas porno. No sabía bien por qué pero, por las dudas, me dije a mi mismo que, desde ese día, la remera que había llevado a la fiesta de despedidas de July sería, para siempre, mi remera de la suerte.

    Entramos y la pibita se fue a terminar de lavar los platos. Mi prima salió del baño un ratito después, ambas actuaron como si nada habría ocurrido.

    -Igual dormís en el piso, forro. –Dijo susurrándome en el oído. Como su amiga estaba de espaldas, de pasada me regalo un lengüetazo en el cuello.

    Y así fue que llegamos a la noche del lunes.

    Entiendo perfectamente que sea la noche del sábado a la que ustedes quieran llegar. Aquella en la que mi prima en vez de estar entrando a la Iglesia para casarse, estaba en bombacha acostada en mi cama deseando tragarse mi leche.

    Deberán tener más paciencia. Creo que es necesario que entiendan cómo llegue a eso.

    No porque piense que alguno de ustedes quiera cogerse a su prima y tal vez esta historia le pueda servir como un manual para lograrlo.

    No… nada que ver…

    Digamos que son solamente obsesiones literarias.

    Eso sí: Por ninguna razón se les ocurra pensar que esa noche del sábado fue la noche en donde esta historia terminó.

    A modo de anticipo les confieso algo:

    ¿Recuerdan cuando les dije que había dudado sobre si sería correcto comenzar esta narración en aquella noche lluviosa del mes de noviembre?

    La razón era porque justamente esa noche del sábado, también hubiese sido un buen comienzo para este relato.

    Más adelante entenderán por qué. Y estoy seguro que me darán la razón.

    Continuará…

  • Me visto como puta para mi novia (2): Esta vez con su amiga

    Me visto como puta para mi novia (2): Esta vez con su amiga

    Luego de aquella primera vez, Sofi se volvió cada vez más salvaje, yo apenas podía seguirle el paso, el sexo era mejor que nunca y ella parecía estar dispuesta a todo, era como si una ninfómana se hubiese apropiado de su cuerpo, ella solo quería más.

    Era el día de su cumpleaños, aquella fecha en la que finalmente podríamos hacerlo, me lo había prometido.

    –El día de mi cumpleaños, anal para todos –dijo la vez que se lo pregunté.

    Yo estaba ansioso por poder finalmente entrar a aquel deseado agujero de una vez por todas, pero ella parecía tener otros planes.

    Luego de que las celebraciones acabaron, los invitados empezaron a irse de a poco de su casa, hasta que quedamos solo Sofi, yo y Marti.

    Martina era una de las mejores amigas de Sofi, se conocían desde que eran muy niñas. Marti era castaña, en ese momento llevaba el pelo apenas arriba de los hombros, tenía ojos café claros y la tez muy clara. Era más alta que Sofi, y también más alta que yo. Su cuerpo no era nada increíble, tanto las tetas como el culo eran menores a los de Sofi, pero su cara era muy bonita, y sobre todo sus labios, los cuales ese día llevaba pintados con un labial rojo.

    Sofi me pidió que lavara los platos, yo no quería arruinar lo que estaba por suceder así que me puse a lavar mientras Sofi llevaba a Marti a su habitación, para mostrarle un vestido o algo así.

    Aproximadamente 5 minutos después, cuando estaba casi por terminar escuché que Sofi me llamó.

    –Amor, ¿puedes venir un segundo?

    –Ya casi termino -dije, sin imaginar sus intenciones.

    –Solo ven, después yo termino.

    Sin chistar más me sequé las manos y me dirigí a su habitación. Cuando entré me quedé impactado por lo que veía, ambas Sofi y Marti estaban desnudas totalmente, de rodillas en la cama, cuando me vieron entrar rieron y, sin previo aviso, se empezaron a besar.

    Yo había notado que a Sofi le gustaban las chicas, ella no lo ocultaba, aunque nunca lo había dicho directamente, pero nunca había pensado que ella querría hacer un trío, probablemente lo tenía planeado desde hace tiempo, en ese momento solo podía preguntarme hace cuanto estas dos llevaban una relación. Al mismo tiempo que pensaba esto, ellas estaban casi atragantándose con la lengua de la otra.

    Yo intenté acercarme, pero ambas me lo negaron, dejaron de besarse y Sofi bajo de la cama. Saco de su cajón una tanga, y me la tiró a los pies.

    –Póntela.

    Sin discutir me la puse, esta me apretaba mucho el pene, y por atrás apenas se veía.

    –Ahora de rodillas -en ese momento supe que le estaba mostrando a Marti como funcionamos nosotros, por lo que me arrodillé.

    Marti tomó la iniciativa y se sentó al pie de la cama, se abrió de piernas dejando a la vista su peludita vagina. Y procedió a decir sin duda alguna:

    –Lame.

    Yo mire a Sofi, quien pareció entender que yo solo la obedecía a ella, y dijo:

    –Escúchame putita, lo que ella te ordene, lo haces -y tomándome del pelo me forzó a pegar mi cara contra la vagina de Marti.

    Empecé a lamer, y noté como Marti gemía, y me pidió que lo hiciera más suave. Ella no sabía cómo era nuestra forma de follar.

    Sofi se sentó arriba de Marti, bloqueando mi acceso, la empujó hasta quedar acostadas una arriba de la otra y le empezó a meter los dedos mientras le tapaba la boca para que no hable, yo aproveché, me paré, corrí la tanga y saque mi pene, ya a full para insertarlo en Sofi, pero esta me señaló la boca de Marti y dijo:

    –Aquí.

    Yo me acerqué y le metí mi verga de a poco, Marti estaba al borde del llanto, pero no paraba de chuparlo, claramente le encantaba porque no podía parar de gemir fuera de control. Sofi me dijo que se la meta hasta que se atragante, así que lentamente empecé a ir más profundo en la boca de Marti, hasta que mis pocos vellos púbicos chocaban con su pequeña nariz. Sorprendentemente había sido capaz de comérsela toda, incluso empezó a lamerme los huevos.

    –La puta tiene la garganta profunda -dijo Sofi excitada.

    Sofi me ordenó sacarla de su boca y la empezó a chupar ella misma, yo me desmayaba de placer, las distintas temperaturas de sus bocas me volvían loco, mi verga estaba totalmente ensalivada. Sofi la metía y la sacaba de su boca mientras que Marti contenía mis huevos dentro de la suya.

    Sofi me guio para que me acostaste y agarró a Marti por el cuello, obligándola a que se ponga en cuatro, y me empiece a chupar la verga nuevamente, mientras tanto, sacó de un cajón un arnés con un dildo venoso, se lo ató a la cintura, y, sin preguntar, empezó a follarse a Marti, que no entendía quien la estaba penetrando. Sofi cacheteaba el culo de Marti, la cual gemía mientras enterraba sin cesar mi verga en su boca, al punto en el que, a veces, sentía su campanita.

    Cuando Sofi se aburrió de cogerla, se quitó el arnés y volteó a Marti, le dijo que se meta mi verga y esta obedeció, la vagina de Marti se sentía maravillosa, mas apretada que la de Sofi.

    Sofi ató el arnés a la cintura de Marti, sin siquiera preguntarle y sin que esta dejara de saltar en mi cintura.

    –Abrazala -dijo Sofi.

    Yo procedí a abrazar a Marti, nuestros dos cuerpos sudorosos se fusionaron y por primera vez desde que conocí a Sofi, sentí amor por alguien más. A Marti la conocía desde que empecé a salir con Sofi, y siempre me había caído muy bien, también apreciaba su belleza y su figura, y ahora la tenía, abrazada a mi mientras la follaba.

    Sofi se subió arriba de Marti, se metió el dildo y empezó a saltar arriba suyo, Marti gritaba de placer, y me besó, nos besamos en un largo beso, que curiosamente, era lo primero que hacíamos que no había sido orden de Sofi. En ese beso miles de sentimientos recorrieron mi cabeza, al tiempo que nuestras lenguas se estimulaban.

    Sofi, al notar como nos estábamos divirtiendo sin ella, bajó de arriba y nos ordenó, a Marti que se acueste, y a mi que la empiece a follar, antes de eso, le sacó el arnés y se lo colocó a ella misma. Yo no sospechaba lo que ella quería hacer. Cuando empecé a follar a Marti nos besamos apasionadamente, sin embargo, Sofi tenía algo más en mente.

    Sentí que algo rozaba mi ano, la lengua de Sofi, que placer me daba que me lo lamiese así, no podía más, estaba exhausto y súper excitado, luego de lamerlo, metió 2 dedos dentro, esto me sorprendió, ya lo habíamos hecho antes, pero ahora ella tenía un dildo en la cintura, y si, efectivamente después de los dos dedos vino el dildo, Sofi me agarró por los pelos y me penetró, fuertemente.

    Me dolía, pero no podía negar que me daba placer. Empecé a gemir mientras que Sofi aumentaba la velocidad, mi placer era indescriptible. Miré a los ojos a Marti y noté que ambos los teníamos llorosos por el cansancio, fue entonces que ambos nos besamos como nunca, y extrañamente, acabamos en el mismo instante, mi cuerpo quedó rendido, pero Sofi seguía penetrando, lo cacheteaba, yo era su muñeco.

    Luego de darse cuenta de que habíamos acabado, se desató el arnés, dejándolo enterrado totalmente en mi culo, se sentó abierta de piernas y dijo:

    –ahora putas, háganme acabar.

    Y acto seguido Marti empezó a lamerle el clítoris mientras que yo le mordía los pezones, Sofi gemía y perdió control de ella misma. Por primera vez nos dijo que paremos, empezó a gritar basta, pero Marti y yo queríamos venganza, así que seguimos, yo la puse en cuatro y empecé a lamerle el culo, pero Marti me quitó el arnés del culo y se lo ató a su cintura, me dijo que le lamiera la vagina, Sofi lloraba, la besé para consolarla y empecé a chupársela, noté por sus gritos de placer que Marti estaba penetrándola analmente con el arnés, Sofi finalmente se rindió ante nosotros y acabó en mi cara, como nunca.

    Cayó desmayada en la cama, Marti me abrazó y me penetró, yo abracé a Sofi y así los tres nos dormimos, exhaustos, sudorosos, y calientes.

    Fin.

  • Ya nos teníamos ganas

    Ya nos teníamos ganas

    Hace varios días que no nos vemos y eso hace que el deseo sexual esté por las nubes en los dos.

    De vez en cuando nos escribimos y nos mandamos fotos y algún video masturbándonos poniéndonos a mil.

    Esta tarde vamos a quedar después de que vuelvas de tus vacaciones en la playa, sé que tienes las mismas ganas de verme que yo… y de follarme.

    Llamo a tu puerta y me recibes con una sonrisa como siempre, sé que tu bollo ha empezado a palpitar solo de oír el timbre.

    Que tal las vacaciones, pregunto después de besarte, muy bien me dices pero no puedes aguantar y no me dejas decir más, cierras mi boca con la tuya mientras me abrazas fuerte y empiezas a emitir pequeños gemidos.

    Nos besamos bien frotando nuestras lenguas una con otra a la vez que aprietas tu bollo contra mi, mi boca baja a tu cuello y mi lengua te hace correrte.

    Te doy un par de azotes y te quito la camiseta y el sujetador.

    Muerdo tus pezones que se han puesto como una piedra y los hago saltar con mi juguetona lengua a la vez que una mano agarra tu culo y la otra acaricia tu bollo y te vuelves a correr esta vez riéndote a carcajadas.

    Bajo las bragas de golpe y empiezo a comer tu bollo a la vez que mis dedos entran y salen de tu húmedo coño, provocando un intenso squirt que yo alargó con mi lengua lamiendo enérgicamente.

    Te corres varias veces y me mojas toda la cara lo que me encanta y hace que mi polla se ponga dura como una piedra.

    «Paco métemela hasta dentro por favor» suplicas.

    Saco mi dura polla y la meto hasta el fondo de tu garganta, follándomela a la vez que te agarro de tus rizos.

    Tú de rodillas en el suelo tragas sin decir nada, mientras tu bollo chorrea muerto de ganas de que lo llene con mi polla.

    Te tumbo boca arriba y te la meto de un golpe hasta en fondo en tu lubricado bollo lo que hace correrte brutalmente » joder Paco!!»

    Te follo sin piedad, unas veces comiéndote la boca, otras mis dedos rozan tu clítoris a la vez, otras mis dedos abren tu culito, te vuelves loca una y otra vez.

    Saco tu vibrador, quiero ver cómo te masturbas, lo pasas por tu clítoris, lo metes lo sacas buff, pero yo no voy a quedarme quieto.

    Lubrico bien mis dedos y mientras te masturbas hundiendo tu juguete en tu bollo, haciendo desaparecer hasta el último centímetro, juego con tu culito abriendo poco a poco lo que te hace tener violentos orgasmos, tu culito está preparado para follarlo.

    Saco el negro, un dildo de silicona de grandes dimensiones, con varias bolas cada una de mayor grosor que la anterior. Lo engraso bien, vamos a jugar duro ahora.

    Te doy a comer mi polla a la vez que te lo voy metiendo poco a poco en tu bollo, te hace sentirte llena y te corres brutalmente, parando de comerme, pero te recuperas enseguida y me tragas a fondo lo que me vuelve loco, no te voy a aguantar mucho.

    Preparo al negro y lo alto a una colchoneta cilíndrica de masaje que tengo. Así bien sujeto te pones encima vas metiéndote una bola tras otra subiendo y bajando, a la quinta bajada lo tienes entero dentro de ti, haciendo desaparecer la última y más gruesa de los negros donantes. Te encanta tener dentro de ti semejante aparato.

    Pero mi polla tiene ganas de follarte, bien lubricada la pongo en tu culito, empujo y entra fácilmente hasta que mis huevos chocan con tus nalgas, mi mano ha hecho un buen trabajo antes.

    Te follo sin parar, mi polla está loca por penetrarte. Mi dura y enorme polla en tu culo y el negro dilatando tu bollo hacen que te corras sin cesar, tus dos agujeros no dan más de si, gritas como una loca, al borde del desmayo.

    Mis piernas empiezan a temblar, «voy a llenar tu culito de leche» te digo. A la vez que fuertes chorros de leche salen de mi polla y ninguno de los dos puede parar de gritar.

    Tú sigues saltando encima del negro con mi polla todavía en tu culo provocando un violento squirt que hace que empapes la cama.

    Caemos rendidos los dos sin poder articular palabra, empapados en sudor, saliva y el jugo de nuestros sexos.

  • Con el novio de mi mejor amiga

    Con el novio de mi mejor amiga

    Elías es un amigo que conocí en el trabajo, un chico un año menor que yo, simpático y muy atento conmigo.  Él llevaba mucho tiempo soltero y a pesar de que nos llevábamos muy bien no se había dado nada entre nosotros. Seguimos siendo muy buenos amigos hasta la fecha, a mí me atraía mucho pero por no echar a perder la amistad no me atrevía a insinuarle lo que sentía por él. Yo llevaba una relación de siete años con mi novio en aquel entonces, supongo que fue por eso que ni Elías ni yo intentamos algo el uno hacía el otro. Debido a mi trabajo me pidieron asistir a un curso de lengua maya en una universidad, esto para poder llenar los cupos vacantes del curso al cual asistí durante un año, en el transcurrir del curso me hice amiga de Rosario, que también tomaba el curso de lengua maya. Pronto nos hicimos buenas amigas y compartíamos momentos con Elías, mi amigo del trabajo. Se podría decir que yo le hice de casamentera con ellos, pues pronto ya se habían hecho novios ellos dos.

    Pronto tenía a mis dos mejores amigos liados en una relación amorosa, pasaban mucho tiempo juntos y como toda relación amorosa, deje de verlos pues ellos pasaban mucho tiempo juntos. Egoístamente, tengo que reconocerlo, no me gustaba que mi mejor amigo “Elías” me había desplazado por mi mejor amiga Rosario, sentía celos de Rosario, pues antes de eso, Elías era mí confidente y pasábamos mucho tiempo juntos. Mi atracción por Elías creció más y lo deseaba mucho, pensaba en la idea de que despertaba con él, al lado de mi cama haciéndome el amor, lo deseaba a mil.

    Había pasado algunas semanas sin verlos que decidí proponerles que fuéramos el sábado a un antro, ellos aceptaron y quedaron de pasar por mí. Me sentía muy emocionada por ver a Elías que ese día me arregle pensando él: me puse un vestido negro que me llegaba a medio muslo con una pequeña abertura por mi pierna izquierda, el vestido era de manga larga con un escote discreto que permitía ver parte de mis senos, debajo llevaba un tanga de encaje negro con un bra del mismo color, me puse unos zapatos de tacón que complementaba mi outfit, me veía y sentía sexy y ardiente.

    De pronto me avisaron que ya estaban afuera esperándome, tome mi bolso y salí. Llegamos al antro, nos dirigimos a una mesa y pedimos unos tragos. En el transcurso de la noche, bailamos sin parar, el tiempo paso tan rápido que no medimos las copas que nos tomamos, Rosario llevaba tacones de aguja que ya no quiso seguir bailando así que solo Elías y yo regresamos a la pista de baile, de pronto nos perdimos entre la multitud que estaba bailando, para mi suerte el dj cambio la música a bachata, a mí casi no me gustaba ese tipo de música pero no quería desperdiciar la oportunidad de bailar pagado al cuerpo de Elías, por el efecto de la bebida y lo cachonda que me encontraba, me pegue al cuerpo de Elías y ustedes sabrán que la bachata se baila pegado al cuerpo del otro con movimientos sensuales y acordes a la música. Pues así fue, Elías me tomo de la cintura con una mano y con la otra mano me acariciaba parte de la espalda, ambos nos movíamos pegando nuestros cuerpos que podía sentir la entrepierna de este hombre rozando mi ombligo ya que Elías es mal alto que yo, sentí que mi entrepierna ardía de excitación, estaba disfrutando tanto del baile, cuando giraba Elías me tomaba de la cintura y me untaba su entrepierna sobre mi trasero, eso me provocaba mucha excitación que yo le correspondía moviéndome mis caderas pegando mi trasero hacía su entrepierna que ya se sentía dura a pesar de estar debajo del pantalón. Estuvimos así por un rato, yo estaba bien cachonda que nada más hicimos de regresar a la mesa yo fui a los sanitarios para poder guardar la compostura. La música acabo y ya era tiempo de cerrar el lugar, como plan de after nos fuimos a mi departamento.

    Ya en mi departamento, nos servimos unos tragos de whisky y seguimos tomando. Mi amiga Rosario era la que estaba más borracha de los tres que se durmió en un sillón, con la ayuda de Elías la llevamos hasta mi cama, para que descansara. Vuelta a la sala, me senté frente a Elías y seguimos platicando mientras bebíamos, en la posición en la que estábamos sentados nuestras rodillas se pegaban en el sillón, eso hizo que mi falda se remangara hacía arriba dejando ver la parte interna de mis muslos, Elías me veía sin descaro y podía ver como crecía su erección debajo de su pantalón. En un movimiento brusco y premeditado que paso al brindar con nuestras copas nos pegamos y chocamos con la frente, nos reímos sin quitarnos la mirada el uno al otro que de pronto sin más Elías acerco sus labios a los míos y me beso, yo no opuse resistencia al contrario puse la palma de mi mano sobre su rostro y nos hundimos en un beso lleno de pasión, Ellas me pego a su cuerpo mientras seguía besándome, yo rodee con mis brazos su cuello sentada entre sus piernas mientras nos besábamos y Elías recorría con sus manos mis piernas, mi espalda y me apretujaba mis senos por encima de la ropa. Ambos estábamos calientes que nos olvidamos de mi amiga que dormía a solo unos metros de donde estábamos.

    Me puse de pie tomando a Elías de la mano y lo jale hacía mi para que me siguiera, caminamos hacia la parte de un patio trasero que tenía mi departamento, bajamos unos escalones y en eso Elías me tomo entre sus brazos y me cargo pegando mi cuerpo sobre la pared, metió su cuerpo entre mis piernas para ese momento el vestido se me había subido dejando ver mi tanga de encaje a la vista de Elías. Yo ansiaba tanto ese momento, de poder ser la mujer de Elías que me encontraba completamente excitada aún más con la adrenalina que nos pudiera describir mi amiga que yacía durmiendo a solo unos metros. En esa posición mis brazos rodeaban el cuello de Elías, nos besábamos con furia, Elías desvió sus labios hacía mi cuello y empezó a darme besos por mi cuello hasta llegar a mis pechos, retiro la tela del escote del vestido y hundió sus labios sobre mi pecho derecho, yo hice a un lado la copa del brasier dejando el pezón de mi seno izquierdo desnudo, Elías aprovecho para pasar su lengua por la punta de pezón erecto y duro, metió mi seno en su boca succionándolo, ese movimiento hizo que de mi boca emanaran pequeños gemidos que no pude controlar, Elías me bajo poniendo mis pies en el piso y se inclinó poniendo su rostro a la altura de mi pelvis, alzo por completo mi vestido llevándolo hasta mi ombligo sin quitármelo tomo mis bragas y la bajo, con mis bragas en su mano las llevo hasta su nariz para olerlo y me dijo -“Que rico hueles Marisol, me vuelves loco, te deseo, siempre te eh deseado pero no tenía el valor para decírtelo” – acto seguido me separo las piernas y hundió su rostro en mi entrepierna depilada, sentí su lengua recorrer toda mi vulva y eso me provoco un delicioso escalofrío que de manera inconsciente eleve mi pierna derecha poniéndola sobre su hombro y con ese mismo movimiento lo tome del cabello y lo jale hacía mí. Elías empezó a dar lamidas sobre mi botoncito que se encontraba rojo e hinchado por la excitación, me estaba dando unas lamidas bien ricas que tuve que llevar mis manos hasta mi boca para ahogar los gemidos que salían para no despertar a mi amiga.

    Elías se puso de pie, me abrazo poniendo sus manos en mi trasero estrujando mis nalgas de una manera furiosa, nos besamos y sus labios sabían a mí, sentir el sabor de mi vagina en sus labios me puso como loca que retire el cinturón desabrochando su pantalón y bajándolo junto con su bóxer, tenía una verga completa erecta y gruesa que tome con la mano y empecé a acariciar, instintivamente me voltee dándole la espalda, postre mis manos sobre la pared y alce mis nalgas empinándome para que mi amigo me penetrara, sentía empapada mi vagina que Elías tomo su verga y puso la punta en la entrada de mi vagina y empezó a metérmela suavemente, una vez que su verga entro por completo, se acomodó y llevo sus manos a mi boca para taparla y ahogar los gemidos que estaba a punto de pronunciar. Podía sentir el sereno de la noche cayendo sobre mi espalda desnuda mientras Elías me penetraba con fuertes embestías, estaba tan mojada que la verga de mi hombre se deslizaba sin problemas en mi interior si no fuera por la mano de mi hombre tapándome la boca seguro nos hubieran oído mis vecinos y hasta mi amiga. Elías seguía golpeando mis nalgas con su pelvis en cada embestía, de perrita es una de mis posiciones favoritas y con el efecto del alcohol que habíamos tomado Elías seguía bombeándome sin correrse, me la metía hasta el fondo y luego la sacaba de mi interior para luego volverme a penetrar por completo mi coño, estaba tan caliente que era yo la que empecé a moverme metiéndome la verga de mi amigo, después de un instante no aguanté mucho y sentí venirme en un rico orgasmo, estuvo tan intenso que empecé a gritar de lo extasiada que estaba. Elías se separó para quedarnos de frente acercó su verga hacia la entrada de vagina y estando parados me la metió, sentí rico que me abrace a su pecho hundiendo mi cara a su pecho y abrazándolo mientras mi amigo me penetraba, me tomo del pelo y hecho mi cabeza hacia atrás mientras me comía el cuello y me jalaba para luego llevar sus manos a mis nalgas, no sé si por el alcohol pero Elías había aguantado mucho en no venirse, quise ayudarlo y entonces me abrace más a él y empecé a mover mis caderas empujando mi pelvis hacia su verga y por su expresión notaba que le gustaba y lo estaba disfrutando, nuestros cuerpos estaban sudorosos y con aliento a alcohol no tardamos mucho en esa posición que de repente sentí un chorro de semen calientito inundándome e interior de mi cavidad vaginal, alias se había corrido dentro de mí y eso me había encantado, no podía terminar de mejor manera nuestra noche que de esa manera. Nos incorporamos, me puse mi tanga nuevamente y baje mi vestido, Elías también se incorporó acomodando su ropa. Nos besamos y regresamos a ver a mi amiga, quien seguía durmiendo en mi cama. Elías la despertó y le pidió que se fueran a su casa, para eso ya eran pasadas las 5 am, salieron y me dispuse a dormir.

    Nuestra amistad trascendió de lo más normal sin afectarse en nada, mi amiga actualmente se casó con Elías y de vez en cuando salimos a dar la vuelta, yo aún me mojo de cachonda de acordarme de esa situación…