Autor: admin

  • ¿Estás despierta?

    ¿Estás despierta?

    Al despertar, lo primero que veo es a ti. Despeinada, con los ojos cerrados, y tu cara totalmente relajada, descansando. El camisón blanco de raso, con pequeños encajes, deja entrever tus atractivas formas. Despertarte justo ahora me resulta muy apetecible, y pienso en las posibles maneras de hacerlo para que no te enfades por ello.

    Se me cruza por la cabeza una maravillosa idea, que te gustará… ya lo creo que sí. Me quito la ropa interior, y me meto bajo las sábanas muy lentamente. Te mueves un poco, balbuceando algo ininteligible y te vuelves a acomodar todavía dormida. Te observo, maravillosamente hermosa, no quiero que te despiertes aún.

    Retiro delicadamente los tirantes de tu camisón, bajando la parte de arriba hasta tu cintura, tus pechos están libres. Sé que te encanta verme por la mañana con una erección tan evidente, rara es la vez que no me levanto así, y la vista de tu cuerpo ayuda a que no tarde en hacerse extraordinaria.

    Pongo mi pene entre tus pechos, e intentando apoyarme sin hacer mucho movimiento, te rozo, lo acojo con ellos. Ahora sí me gustaría que despertases, que abrieses los ojos y me vieses así, bajo las sábanas, con mi miembro en tus tetas y tu boca muy cerca. Y que pasases la lengua despacio por la punta, mientras te miro a los ojos perplejos.

    Me sitúo detrás de ti, con mi lanza enrojecida alojada entre tus nalgas. Alargo el brazo y rozo con la punta de los dedos por encima de tus braguitas escotadas. Te toco ligeramente en el interior de los muslos entreabiertos, y voy subiendo despacio hasta la zona del clítoris. Noto como te tensas, te mueves y dejas deslizar un pequeño gemido, medio dormida. Y sigo acariciándote muy despacio, levantando un poco la tela y dejando que la punta de los dedos resbale en una humedad cada vez más evidente. Tu respiración se agita, y se te escapan algunos suspiros.

    Poco a poco empiezas a ser consciente de que el sueño que crees tener, es una realidad. Giras la cara hacia mí y tus manos se acercan a mi cabeza, para acariciarme el pelo. Me miras, los ojos aún entrecerrados… «¿Pero qué… qué estás…?»

    No puedes ni hablar, echas la cabeza hacia atrás y la boca se te abre sola, con pequeños gemidos que no puedes evitar. Intento besarte, quiero respirar tu excitación, pero me tiras inconsciente del pelo y tengo que apartarme. Aunque el placer que te proporciono lo recompensa con creces.

    He captado tu atención, ahora ya estás despierta y te tengo excitada como quería. En un acto de perversidad paro en seco y me aparto, y tu cara de asombro y de incomprensión me dicen que no te gusta la idea. «¿A dónde vas?». «Espera un poco», digo, mientras me estiro hacía la mesita de noche, abro el cajón y saco tus medias.

    «Dame las manos» te digo muy serio. «Es una broma, ¿verdad?», con cara de cierto enfado. «¿Quieres quedarte así, o quieres esto?”, digo, mientras señalo a mi miembro a punto de reventar. «Pues dame las manos». Aceptas a regañadientes, y te ato al cabecero de la cama.

    Echo las mantas hacía abajo, dejando la cama libre, y retiro la minúscula tela que oculta tu sexo. Te subo el camisón, sin llegar a quitártelo, y me deslizo entre tus muslos, rozándote con mi erección. Subes un poco las caderas, para sentirme más cerca, y llego a notar tu calor…

    Te como la boca, la lengua, de manera hambrienta, y haciendo un recorrido de besos por un lado del cuello, voy bajando hasta tu pecho. Chupo tus pezones, cerrando los labios sobre ellos y absorbiendo con ganas, moviendo la lengua alrededor. Sabiendo que con cada movimiento que hago mi miembro te roza, muy cerca de la entrada de tu vagina, ya totalmente húmeda y deseando recibirme. Disfruto viendo cómo te retuerces, sujeta por las ataduras, sumamente excitada y gimiendo ya con más fuerza.

    Sigo pasando mi lengua por tus pechos, mientras el camisón se sube dejando al descubierto más de tu hermosa desnudez. Te observo, también excitado, y tú me miras ansiosa, aún un poco desconcertada por todo lo que está pasando nada más abrir los ojos. Sigo descendiendo, rozando con los labios tu vientre, sonriendo al ver en tu cara el deseo. Sin apartar mis ojos de los tuyos voy acercando la punta de la lengua hasta las cercanías de tu clítoris, mi barba acariciando tu musgo y sintiendo tus ligeros temblores, palpitando.

    Te acaricio los muslos con los labios, beso suavemente tus ingles, y acerco mi boca hasta la entrada de tu vagina. Mi lengua desenvuelta te toca con precisión y exhalas un gemido intenso, pero aún no… Continúo jugueteando alrededor de la entrada, siguiendo tus labios hasta el clítoris, varias veces, saboreándote mientras aumenta la tensión. Te intentas mover para acoplarte más a mí y echas la cabeza hacía atrás con ganas de soltarte y agarrarme del pelo.

    Estás ya totalmente entregada, y yo continúo acariciándote despacio, de abajo arriba, recorriendo con mi boca y mi lengua cada centímetro de tus partes íntimas. Observas como lamo, como mi lengua se va acercando de nuevo hasta tu clítoris, con movimientos cada vez más rápidos, para quedarse sobre él quieta durante un segundo que te parece eterno. Repito la operación, despacio, un poco más rápido, y quieto de nuevo. Te mueves desesperada, queriendo más, y tus gemidos ya salen de tu boca descontrolados, aumentando mi excitación.

    Ya no puedo esperar, y esta tortura que en principio era para ti empieza a afectarme también a mí. Así que me coloco rápidamente entre tus piernas temblorosas y sin dejar de mirarte acerco mi miembro enhiesto a tu sexo, sujetándote firmemente por las nalgas. Y lo empiezo a introducir despacio, lentamente… observando en tu cara el placer que experimentas, abriendo la boca y dejando escapar el aire contenido, mientras tu vagina se va abriendo y me recibes en su interior. Suspiras con fuerza, suspiro yo también, mientras continúo entrando y saliendo lentamente, agarrándote por las caderas cuando empiezas a moverte siguiendo el ritmo de las embestidas. Me gusta follarte así, sentirte indefensa debajo de mí, entregada y a la vez concentrada en tu placer.

    Los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás, un gemido con cada movimiento, abriendo la boca cuando atrapo uno de tus pezones y chupo con fuerza. Aumento el ritmo, penetrándote hasta el fondo una y otra vez, una y otra vez, más y más fuerte, más intenso. Agarro y separo tus muslos, para llegar más adentro, y consigo una visión completa de tu cuerpo… tus pechos libres, los pezones duros, las piernas abiertas, tus caderas elevándose a medida que salgo y me hundo de nuevo en ti.

    Ahora voy intercalando movimientos lentos y rápidos, sólo por ver tu cara de sorpresa y excitación, y «ahh» los gemidos se hacen más fuertes. Tu cuerpo se tensa, la espalda se arquea, tus piernas tiemblan, y te mueves con ganas desesperadas por llegar, conmigo en tu interior. Y lo haces, un orgasmo intenso, brutal, mientras te agarro fuerte por las nalgas y te aprieto contra mí mientras duran tus contracciones. Ya te he hecho sufrir suficiente, así que te desato las medias de las manos y dejo que te tires sobre las sábanas, jadeando boca abajo.

    Pero en esa posición aún me enciendes más, y te agarro de nuevo de las caderas para poseerte otra vez, desde atrás, con ganas y azotándote en las nalgas. Y tu excitación es tan grande, que no tardas en pedirme, entre gemidos, que te penetre con todas mis fuerzas mientras clavas tus uñas en las sábanas y te mueves enloquecida. Entre embestidas, azotes y tirones de pelo noto como el placer empieza a apoderarse de nuevo de ti, y cómo me arrastra irremediablemente hacia el clímax. Y coincidiendo con tu segundo orgasmo, llega el mío de manera increíble y me derramo también en tu interior, agarrado fuertemente a ti y apretándome contra tus nalgas.

    Nos quedamos exhaustos sobre la cama, mi peso presionando tu cuerpo y completamente agotados, ambos con los ojos cerrados. Te mordisqueo la nuca con suavidad, todavía dentro de ti. «Buenos días, cariño», logro decir, entre risas ahogadas.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 7)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 7)

    Al escuchar sus palabras, bajé una mano y la apoyé en su cola. Mi prima siguió acariciándome la pija suavemente sobre el bóxer, sin dejar de mirarme a los ojos, aunque los míos ya se encontraban desviados hacia el techo.

    Cuando mi erección ya fue más que evidente, Julia comenzó a jugar con sus uñas. Me rascaba la verga sobre la tela con un dedo, a veces dos, sin notar mi temor a que vaya explotar en cualquier momento. La imité rasguñándole despacito la nalga. Rondaba el silencio y ambos sospechábamos que sería poco práctico emitir palabra alguna.

    Ya preso por el demonio, apreté el dedo índice sobre su ano, como queriendo metérselo con bombacha y todo. El silenció se rompió con su suspiro.

    Giré mi cuerpo y ella acomodó el suyo, hasta quedar enfrentados y otra vez mirándonos cara a cara, aunque en realidad lo que nos mirábamos eran nuestras bocas. Me moría de ganas de besarla, de sentir el gusto de su lengua enroscada contra la mía. El olor de su aliento se sentía como la peor de las morbosidades diluida en los dos o tres centímetros de aire que había entre nosotros.

    Sin pensar nada más, puse mi mano en la parte de la tanga que sostenía a su conchita y al presionar un poco con el dedo que segundos antes tenía en su ano, recordé a Macarena.

    Maca había sido mi primera novia, mi primer gran amor, con ella había tenido mi primera experiencia sexual y ella también lo había hecho conmigo. Tal vez percibir la concha apretada de mi prima bajo su bombacha conectó en mi mente aquella hermosa sensación al romperle el himen a esa morochita de la cual había estado perdidamente enamorado, varios años atrás. Pero al instante supe que no, no era eso.

    Macarena me había dejado de un día para otro y en aquellos tiempos mi corazón estaba destrozado. No entendía por qué, ni para qué, ni siquiera hasta el día de hoy he logrado encontrar alguna pista previa que se me haya podido haber salteado entre tanto amor y llanto. Había cortado la relación dejándome completamente sorprendido y desbastado, es cierto, pero también me regaló una flor de lección: a los pocos días de su tajante decisión me llamó para volver a vernos. Imagínense mi alegría e ilusión, en aquel entonces, al sentir que la recuperaría, que no volvería a equivocarme (si era que lo había hecho), que conseguiría otra oportunidad y que volveríamos a estar juntos, ésta vez para el resto de nuestras vidas.

    Nos encontramos y pasamos una tarde fantástica. No dejé de decirle cuánto la amaba y todo lo que cuidaría de ella desde ese día en adelante. Verla sonreír y hasta emocionarse con mis palabras, me hicieron sentir el pibe más feliz del mundo.

    Esa fue la última vez que la vi.

    Esa tarde me había “chequeado”. Su ego en realidad me había chequeado. Había pasado la tarde conmigo solamente para inspeccionar cada detalle, para saber si yo seguía disponible para ella. Supo que sí, se tranquilizó, se sintió mejor con su autoestima y siguió adelante. Sin mí. Ya no me necesitaba y lo bien que hacía. Yo aprendí que con tal de no lastimarse la autoestima, las mujeres pueden ser los seres más crueles de la tierra. Y por supuesto, a no dejarme “chequear” nunca más.

    Eso era exactamente lo que Julia estaba haciendo.

    Faltaba sólo un paso más para cogerla como a una putita y no podía darme el lujo de fallar en nada. Quité mi mano de su concha y aproveché para continuar con mi plan: había llegado la hora de desdramatizar el hecho de que fuésemos primos, trasladar ese problema a otro más fácil de resolver.

    Entiendo si me tildan de obsesivo o de analizar mucho las cosas. Realmente no lo soy. Esta nunca pretendió ser de esas historias donde la prima se le tira, o acepta al toque, o ambos desatan las ganas acumuladas. No. No digo que no sean ciertas las anécdotas de esos tres o cuatro afortunados, digo que aquí pretendo relatar lo que nos pasa a los simples mortales en la realidad. Podrán tratarme de aburrido, pero nunca de mentiroso. Desde el primer momento les dije que iba a explicar todos los detalles necesarios. Y si no lo logro, al menos dormiré tranquilo al saber que hice todo lo posible para enseñarles que, si con estas tácticas logré algo con mi prima, ustedes pueden lograr lo que quieran, cuando quieran y con quien quieran.

    Y es más, aprovechando que rompí varias reglas literarias con esta aclaración, permítanme romper una más y repetirles a modo de ferviente consejo: Nunca se dejen “chequear”. Nunca. No les den respuestas a sus temores. Dejen que las preguntas que las pibas se hacen, las responda su imaginación. Créanme: su imaginación jugará siempre para ustedes. Respuestas ambiguas como “Estoy aprendiendo muchas cosas”, “Estoy viviendo experiencias nuevas que jamás pensé que serían tan agradables” o “Estoy aprendiendo a disfrutar de personas que ni sabía que tenía cerca”, no solamente crean misterio y ponen su inseguridad a trabajar, sino que también los hará aparentar más maduros, más libres y sobre todas las cosas: más independientes de ella. Siempre ambiguas, ojo, nunca digan que están con otra persona si no es cierto.

    Esa conclusión tienen que sacarlas ellas mismas reflexionando en su cama, por la noche, solas. La idea no es darle celos, sino hacerlas maquinar. Tampoco jamás le rueguen a una mina volver con ustedes si ella los dejó, o les pidió un tiempo. Jamás apuesten a su instinto maternal brindándole lástima. Si existen chances de que vuelva sólo las aprovecharán mostrándose bien, contentos, rehaciendo su vida. Aunque sea mentira. Y no sean giles: no la llamen mil veces, dejen que sienta ella también el miedo a perderlos a ustedes. Que sientan que si la relación se termina, ustedes entran al maravilloso mundo de la soltería donde mil conchitas nuevas los esperan con las piernas abiertas y ellas al mismo mundo donde, lejos de parecerles maravilloso, deberán aguantar día y noche su natural miedo a morir solas. Aunque sea mentira.

    Si, ya se. Los hombres también solemos ser crueles cuándo lastiman nuestro amor propio.

    -No es sólo el hecho de ser primos, July. –Dije acariciándole, ahora, el rostro.– Ni siquiera creo que ese sea el verdadero problema.

    Ella me escuchaba con atención y sintiéndose a penas rechazada quitó su mano del bóxer y la apoyó sobre mi abdomen, sin dejar de jugar con sus uñas.

    -No pienses que no tengo ganas, boluda. No dudaría ni un segundo en ponerte la pija hasta el fondo, si fuese otro contexto. Sabes que sos hermosa. Tocarte el culo nomás me hace parar la verga como nunca.

    Su mano volvió a la pija y una vez más su respiración me decía que se estaba excitando.

    -El problema es que si nos descubren, se arma flor de quilombo. Ser primos, vaya y pase. Somos dos personas que se quieren mucho antes que eso. Pero si cogemos, es probable que nos cueste disimularlo.

    Julia no decía nada, sólo me escuchaba y eso era una buena señal. Ahí estaba la clave para desdramatizar la situación incestuosa. Ser primos era inevitable, un problema que jamás se iría a resolver, nuestro parentesco era de por vida; pero al trasladarlo al “ser descubiertos”, además de provocarle un poco más de excitación al ser algo prohibido, se volvía un problema que tenía solución por lo que había chances de resolverlo.

    -Imaginate que te hago la concha acá nomás, ¿cómo vuelvo a dormir en esta cama, en esta pieza, sin pensar en hacértela de nuevo? –le pregunté retóricamente. Mi idea era clara: echarle todo el problema encima al lugar e ir proponiendo, con el tiempo y como solución, ir a un telo.

    A estas alturas yo ya lo imaginaba con absoluta nitidez: ir a un hotel alojamiento, pagar toda una noche, comerle la concha, llenársela de leche luego. Continuar hablando se me hacía más difícil cada vez que las escenas recorrían mi mente. Pero debía continuar. Con paciencia, es cierto, todavía era jueves y me había puesto como meta cogérmela el sábado o el domingo, a más tardar.

    -Es cierto, Rodri. Algún error vamos a cometer. Una mirada de más delante de la gente equivocada puede llegar a ser suficiente. Si cogemos nos van a descubrir aunque sea por una pavada.

    Estaba cayendo en la trampa. No volvió a repetirme lo de ser primos.

    -Y sí. La otra vez me chupaste el cuello y estaba tu amiga ahí nomás. –le respondí al segundo. En el inter texto le dejé en claro que era su responsabilidad. Ella era la que debía tener más cuidado.– Es cierto que podemos hacer otras cosas, como decís. Pero coger, July, no podemos. Al menos así, no.

    Volví a poner dos dedos sobre su bombacha, acariciándole la conchita. Le dije que podíamos tocarnos y ella soltó otro suspiro. Pero yo además de la almeja, necesitaba tantearle otras cosas más.

    -Podemos masturbarnos el uno al otro, también. –ella cerró los ojos, cómo disfrutando. Sabía bien que el límite lo pondrían sus gestos, por lo que la miré con atención.– Podemos apoyarnos sobre la ropa, frotarnos, no hace falta que te la meta para divertirnos un poco. –Julia soltó otro suspiro y apenas pude disimular el mío cuándo en su rostro encontré aceptación.

    Mi calentura en ese momento era extrema. La seguridad que tenía me permitió avanzar un poco más. Con destreza absoluta corrí su bombacha con los dedos y apoyé, de lleno, la palma de mi mano sobre su concha desnuda. Estaba empapada. Un poco áspera. La textura me indicaba que hacía apenas unos días se la había depilado por completo. Me recorrió un escalofrío sensacional. La pija bajo el bóxer se me puso dura, como pocas veces la había sentido.

    “Le estoy tocando la concha desnuda a mi prima” pensé. “La conchita de Julia me está mojando la mano con todos sus fluidos”.

    Casi hipnotizado quise acomodarme para meterle los dedos, aunque sea la yema de uno de ellos. Pero ahí me frenó. Quitó mi mano haciendo un esfuerzo. Ella también estaba muy caliente. Sentí yo ahora el peso de la ansiedad. Me moría de curiosidad por seguir diciéndole cosas y ver hasta dónde ella aceptaría. Si también lograría convencerla de que podíamos besarnos, hacernos sexo oral, acabarnos en la boca. Pero si bien eran cosas que no involucraban penetración, tenía que volverme frío y saber que todavía tenía tiempo.

    -Dejame pensarlo, Rodri. ¿Puede ser?

    Le mentí diciéndole que sí. Que por supuesto. Que no tenía absolutamente ningún problema. Y que, al contrario, me dejaba más tranquilo saber que ella entendía que esto era una cosa que debíamos pensar bien, como adultos y que no podíamos cometer ningún error. Esto último era en parte cierto, sólo omití decirle que en realidad ella iba a pensar lo que yo quería que piense.

    Lo pensó ese jueves. Lo pensó también el viernes. Y el sábado por la tarde, cuando estaba por decirme que todavía lo seguía pensando, comencé a hablar primero yo:

    -July, ¿Te jode si me voy a dormir a lo de una compañera de trabajo, que quiero terminar un par de cosas?

    Sonaba a ultimátum, lo sabía. Pero llevaba dos días recibiendo caricias en la pija, manoseando una colita hermosa y toda la leche seguía acumulada en mis testículos.

    -No quiero dejarte sola un sábado, pero de verdad es urgente –le mentí. Ella sólo pensaba en silencio.

    Ya estaba de vacaciones, ambos lo sabíamos. Pero que mi compañera de trabajo era imaginaria, lo sabía sólo yo. Debería estar contando la plata para pagar un hotel donde la concha de mi prima quedaría roja, no esperando una respuesta donde pagaría un hotel para masturbarme solo. Ante su silencio, decidí continuar:

    -Si querés podés invitar a tu amiga, la petera con conchita salada. Tienen todo el departamento para ustedes solas. Hay cervezas en la helad…

    -No hay drama, Ro. Andá –me interrumpió– Estuve pensando lo que hablamos la otra vez. Ya sé que podemos hacer. Pero lo charlamos el domingo –Me dijo al fin, con una sonrisita que me causó gracia: mi prima creía que era ella quién me estaba manipulando a mí.

    Me acerqué y la tomé de la cintura. Le pregunté cuál era entonces la decisión que había tomado. “Podemos ir a un telo” era la respuesta para un diez. “Podemos masturbarnos” era un cuatro.

    -Podemos tocarnos, apoyarnos, hacernos acabar. Podemos también decirnos cosas. Qué nos haríamos, qué nos gusta. Eso sí, con ropa, no podemos vernos desnudos.

    Le pregunté por qué no, entendiendo que de esa respuesta vendría su nota. Si me decía que no podíamos vernos desnudos por ser primos, se iba directamente a marzo.

    -Porque si te veo la pija no voy a poder disimular delante de nadie que te la quiero chupar.

    Aprobada. Un 6 digamos. Era un buen comienzo. Si los restos que quedaban de la conciencia de mi primita sobrevivían a la calentura de mis manos y mis palabras sin pedirme por favor que vayamos al telo, el domingo se lo pediría yo.

    Puse mis manos sobre su jean y le desabroché el primer botón.

    -Quedate en bombacha y vamos a la cama.

    No habrán pasado ni 30 segundos que ya la tenía como le había ordenado. Se puso de espaldas y me dijo que le apoye el bulto en la cola, y así lo hice. La tomé de las caderas y me pegué con fuerza sobre su cuerpo. Era el éxtasis. Un nirvana producto de mis propias hormonas cerebrales. No aguanté mucho más y decidí tocarle el orto. Puse mi mano en su tanga y la recorrí con los dedos, sentí cada contorno, cada milímetro de tela antes de detenerme en la entrada de su ano. El gemido que emitía con cada uno de mis movimientos, parecía estar a tono con los latidos que me daba la verga. Tenía a mi prima como aquella primera noche, entangada y a mi merced, pero esta vez, gracias a su colaboración, podía llegar con mi mano hasta su conchita.

    Otra vez. Una vez más mi mano se sintió húmeda por el flujo vaginal de mi prima favorita. Una vez más, de lo que sabía, serían muchísimas, pero muchísimas más.

    Volví a manosearle la cola cuando en su vagina me topé con sus dedos. Julia ya no aguantaba no poder tocarse. Mi mente estaba desbordada por el placer de nuestras perversiones.

    -Haceme la cola, Ro. Desvirgala. Que quede para siempre amoldada al tamaño de tu pija. –dijo entre gemidos.

    No le di ningún lugar a la sorpresa. Simplemente me dejé llevar por las ganas que tenía de romperle el culo. Rápidamente me bajé el bóxer y le hice a un lado la bombacha dejando la entrada del orto desprotegido. Ni se me ocurrió usar un dedo, o dos, para dilatarlo un poco: de una, así como estaba, lo presione con mi glande, que lo lubricó en un instante. El calor de su esfínter desnudo sobre la piel de la cabeza de la verga me volvía loco.

    “La pija en el orto de mi prima”.

    Ella gemía y se masajeaba el clítoris, desesperada. Yo hice un poco más de presión, pero estaba realmente muy cerrado.

    -Pará, Rodro. Pará. –dijo, como haciendo fuerza contra una contradicción.– Son palabras. No me lo hagas de verdad.

    Recién ahí entendí su juego. Era mucho y muy fácil para ser real. De todas formas, no perdí ni una pizca de excitación.

    -Tócame la concha mejor –Y se puso boca arriba, como cuidando el culo sobre el colchón.

    Allí llevé mi mano y comencé a acariciarle el clítoris sobre la bombacha. Mi boca fue directamente a su oído y comencé a jugar yo también.

    -¿Te gusta, pervertida? Que tu primo te haga la paja, te gusta ¿no? –Julia asentía con la cabeza y el poco aire que salía de sus labios.– Me estas dejando la mano toda sucia de concha.

    -Quiero la leche en la lengua, Rodro. La quiero acá.

    Un ratito después, nuestra relación cambió para siempre. Se retorció a más no poder y sobre mi mano llegó al orgasmo. Incluso caliente como estábamos supimos en ese instante que de esto no habría vuelta atrás. De un orgasmo no hay vuelta atrás. Ya no era parte de mis teorías. Eso era una ley.

    -Te toca a vos, ahora –dijo agarrándome la pija sobre el bóxer y comenzando a moverla, como si iría a masturbarme así.– ¿Y a vos? ¿Te gustan las pajas que hace tu prima? –preguntó volviendo a excitarse.

    Estaba recibiendo una sensación hermosa, no puedo negárselos. Pero tenía una oportunidad extra de avanzar y la aproveché.

    -Me encanta, July. Pero sobre el bóxer no siento mucho, me va a costar acabar así.

    Ella pensó un poco y se dio vuelta, poniendo el culo de costado, como una perrita en celo.

    -Hacetela vos y acabame en la cola. Llename la bombacha de leche. –me dijo con voz de putita.

    Y ahí me encontré otra vez. Apuntando la pija hacia el orto de mi prima. No sé si podría haber negociado algo mejor, o no, pero, en ese momento, cualquier cosa me conformaba.

    -Manchame la cola, Rodrigo. La cola con leche quiero.

    Y así lo hice. Mi prima gimió al sentir los primeros lechazos explotar sobre la piel de sus nalgas. No sólo le ensucié la bombacha, sino que le dejé chorreando semen hasta en las piernas. Ya relajados los dos volvió a girarse, levantando la cola para no manchar el colchón, como si eso importase.

    -¡Ya sé, Rodri! –exclamó con el tono con el que usualmente algún científico diría “eureka”- Ya sé dónde podemos ir a garcharnos sin riesgo a que nadie nos conozca, ni que nos traiga recuerdos que nos cueste disimular.

    “Al fin” pensé. Y aunque le había regalado prácticamente la idea, me hice el sorprendido y le pregunté a dónde.

    Mi prima sonrió, juntó con su dedo un poco de la leche que tenía en el muslo y lo acercó a mi boca. El morbo de leerle la intención de hacerme probar mi propio semen comenzó a provocarme una nueva erección. Lo puso en mi boca y me dijo que no lo trague. El mismo dedo lo metió ahora en su concha, lo sacó suspirando y completamente empapado lo lamió, con los ojos cerrados.

    ¿Conocen ustedes a alguien que se haya ganado la lotería?

    Con mi semen en mi boca y con sus jugos en la suya, como cerrando un trato, me besó. Por primera vez sentí el sabor de su lengua. Y el de su concha. Por primera vez mi prima tuvo mi leche en la boca. Y todo en un solo acto.

    No pregunto por esos que ganan cien, doscientos, o hasta mil dólares. ¿Conocen a alguien que se haya ganado, digamos, un millón?

    -Mañana sale el crucero de mi luna de miel. Tengo los pasajes. Tenemos nueve días, Rodro. Nueve días para coger todo lo que queramos. ¿Querés ir?

    Le dije que sí, sintiendo como si me hubiese ganado diez.

    Sintiendo también que si en una noche de telo podría dejarle la concha roja, en nueve días, en un barco de lujo, las chances de dejarle también el culo roto, eran muy favorables.

    Continuará…

  • Apertura al sexo

    Apertura al sexo

    Era una época en donde yo estudiaba en un liceo solo de mujeres. A la edad de 15 años, comencé a sentirme atraída por algunas de las chicas que veía en los pasillos, patios, etc. Era confuso el sentimiento, aún más cuando seguía muy en onda de salir con hombres, nada sexual, nada amoroso, solo amigos, me costaba asumir que aunque me gustaban los hombres, las mujeres no eran invisibles para mi.

    Era una chica tímida y aún lo sigo siendo, no me inicié sexualmente hasta los 18 años recién, y fue con mi primer pololo, ya tenía en mi historial besos pero solo a hombres. Volviendo al tema, mi primer pololo, ese tipo de la misma edad, medio tímido, muy nerd, simpático si, creo que nunca me enamoré de él, pero él de mi si. Durante nuestra relación, la cual duró sólo 1 año, si tuvimos mucho sexo, me gustó y lo pasaba bien en ese momento pero sentía ruido, algo no me llenaba en un 100%. Terminé con él, lo extrañé un tiempo pero pasó, el insistió mucho en volver pero siempre fue un no.

    Estuve 5 meses sin nada, solo salía con amigos/as ,hasta que conocí a una chica por Facebook, me gustó mucho, al tiempo de hablar, ella tenía experiencia sexual lésbica, era lesbiana declarada, yo aún no asumía mi atracción a las mujeres. Un día me invitó a salir y acepté, recuerdo que fuimos a tomar a un bar, comimos algo y luego a bailar. Ahí fue mi primer beso a una mujer, se sintió muy extraño, tenía mucho nervio, y ella lo percibió, me tranquilizó, disfrutamos toda la noche, solo fue ese beso en ese momento. Ya eran pasadas las 5 de la mañana y ella me dice que unos amigos la invitaron a su casa que estaba de cumpleaños uno de ellos, me comentó y me preguntó si quería ir, a lo que contesté que si. Al llegar ya estaban todos ya sentados tomando con música de fondo, me presenté, todo bien, seguí tomando y fumando un poco, estaba el ambiente muy tranquilo. Tipo 8 a.m. ella se fue a acostar y le dije que también iría, nos pasaron una pieza, nos acostamos juntas, y nos besamos por segunda vez, pero esta vez… ella comenzó a tocarme y me gustó, yo le dejé pero en un momento cuando iba ya a otro nivel, paré y le dije que me sentía incómoda, con algo de temor por su reacción, ella lo entendió y simplemente dormimos.

    Después de ese episodio seguimos en contacto y una semana después la invito a mi casa, de mis padres en ese entonces, estaba sola. Llega ella, vimos una película mientras comíamos, ya casi al final de la película, la miro y la beso, ella sorprendida me sonríe, está vez me sentía preparada, nos besamos, tocamos y en ese sofá tuvimos sexo, al ser primeriza, ella me guiaba, yo me dejaba llevar, sexo oral por parte de ella fue lo que más hubo, estuvimos ahí un tiempo hasta que nos fuimos a mi habitación para continuar y terminar lo que empezamos.

    Ella fue mi primer encuentro lésbico, quise seguir con ella pero su carácter era demasiado fuerte, estuvimos juntas unos meses, intensos meses.

  • Un orgasmo a los 20 años

    Un orgasmo a los 20 años

    Mi nombre es Lara y tengo 28 años, la historia que os voy a contar sucedió hace unos años en Alicante, en aquel entonces yo tenía 20 años y me faltaban menos de dos años para terminar mi carrera de derecho, en febrero empecé unas prácticas en una consultaría de un amigo de mi padre, no era una empresa muy grande, unas 6 personas en total, todos eran bastante más mayores que yo y me sentía muy desplazada, todos me trataban como a una niña, todos no, había un hombre que me trataba muy respetuosamente ayudándome siempre en todo, su nombre era Juan, era un hombre guapo, pelo corto y ojos azules, tenía un poco de barriga cervecera pero no estaba nada mal para su edad, tenía 50 años.

    Yo me sentía muy agradecida a él, me ayudaba a integrarme en el grupo y al final del verano éramos todos ya una gran familia, fue en ese tiempo cuando note como Juan se iba apagando, estaba triste, huidizo, su mujer le estaba dejando y para el comienzo de las navidades estaba solo, a mi me daba mucha pena porque era un hombre con mucha vitalidad, siempre de bromas y con ganas de vivir.

    En la cena de navidad de la empresa tuve que ir a buscarlo a su casa para que se viniese, teníamos vacaciones y no le dejaba solo en ningún momento, íbamos al cine, al teatro, a cenar, me reía mucho con él y me sentía muy a gusto con su compañía, mis amigas llegaron a pensar que estábamos liados y mi novio empezó a tener celos, Juan se dio cuenta de la situación e intentaba evitarme para que yo saliera con mis amigos, de hecho siempre me decía “ Lara, tú lo que tienes es que salir con gente de tu edad y dejar a este pobre viejo”, a lo que yo le contestaba “si ya viejo, ya les gustaría a muchos estar como tu estas”.

    Un días antes de Navidad, salimos a cenar, ese día lo notaba especialmente triste, así que intente animarle toda la noche sin conseguirlo, cuando me dejaba en casa, siempre nos despedíamos con un adiós, pero aquel día no sé porque me acerque a él y le di un beso en los labios, fue un impulso, yo me quede petrificada por lo que acababa de hacer, él estaba muy sorprendido y yo tan avergonzada que salí pitando del coche y no volví a saber nada de él hasta pasado unos días.

    El día 26 de diciembre salí con unas amigas al cine a ver una película de esas comedia románticas, casi calcada a lo que yo estaba viviendo esos días y decidí llamar a Juan, no sabía qué le iba a decir, ni cómo iba a reaccionar ni mucho menos como terminaría, pero le echaba de menos; no me cogía el teléfono así que fui a su casa, “hola desaparecido”, su cara era un poema, “que no me invitas a pasar”, sentía su nerviosismo, el pobre hombre no conseguía enlazar dos palabras seguidas, eran todo monosílabos, me canse de esa situación y sin más me acerque a él y le bese, joder no me digáis porque lo hice otra vez, pero lo hice.

    Juan se quedó mirándome pero sin reaccionar, así que me levante y me senté encima de él, y mientras le iba besando le decía, “no comprendes que si estoy aquí, es porque yo quiero estar, porque me apetece”, algo paso en su cabeza porque Juan me empezó a besarme por el cuello, mientras me abrazaba por la cintura, yo me dejaba llevar, le besaba apasionadamente entrelazando nuestras leguas, madre mía como besaba, estaba poniéndome muy nerviosa porque acababa de abrir una caja que podría explotarnos en las manos, empezó a desabrochar la camisa besándome el cuello y por la parte de arriba de mis pechos, la cosa se estaba calentando y yo empecé a tener miedo, podríamos acabar en la cama y eso yo no lo tenía previsto, pero me gustaba tanto que seguí dejándome llevar por la situación.

    Juan me sujeto por el culo y levantándome me tubo en el sofá quedando el arriba, sentía unas sensaciones muy extrañas, miedo y alegría a la vez, empecé a quitarle la camiseta que tenía puesta, el seguía desabrochándome la mía hasta que la quito, besaba mis hombros, me acariciaba casi sin tocarme el vientre, pasaba los dedos por el contorno del sujetador, me incorpore un poco para quitármelo y lo tire al suelo, estaba empezando a notar mi coño mojado, me gustaba tanto que estaba dispuesta a ir a por todas así que empecé a desabrocharle los botones del pantalón, metí la mano y encontré un pene enorme y duro, Juan dio un pequeño respingo de placer, notaba la excitación mientras me empezaba a besar mis pechos, los acariciaba, pasaba su lengua por mis pezones que estaban ya muy hinchados y sensibles, me subí la falda para quitarme las medias y bajarme las bragas que ya en esos momentos estaban muy húmedas, quería ese pene dentro de mi, quería que me llenara mi vagina con su verga, ya no tenía otro pensamiento más que ese, me había olvidado por completo de la edad de mi amante, no me importaba, solo quería que me penetrase, mi coño estaba ardiendo, estábamos los dos jadeando.

    Juan me ayudo a quitarme por completo las bragas, me estaba comiendo todo mi coñito, paseaba su lengua por mis labios, hundiéndola cuando llegaba a mi abertura, se entretenía succionando mi clítoris, mientras me metía uno o dos dedos, la sensación era maravillosa, yo quería comerme esa verga, quería saborearla y durante un breve momento de tiempo me dejo, el tiempo que dejo de masturbarme para quitarse los pantalones y quedarse desnudo ante mi, Juan estaba deseando meterme la polla, sentía su deseo y yo lo deseaba aún más, me levanto del sofá, y dándome la vuelta me apoyo en una mesa, busco la abertura de mi vagina por detrás y de un certero golpe me introdujo todo su pene, empecé a jadear de placer, bombeaba su pene sin parar en mi coño estrecho, lo tenía tan mojado.

    Había un espejo de esos altos en la habitación y nos veía reflejados en él, eso me ponía más caliente, ver como Juan me estaba follando, yo tumbada boca abajo con la cara en la mesa del comedor cogiendo con fuerza el mantel entre mis manos, mi rostro se desencajaba cada vez me sentía el pene de Juan entrando y saliendo de mi, Juan con unos movimientos acompasados y mientras me agarraba y acariciaba de los pechos, hacía que mi cuerpo se estremeciese, una sensación de calor y placer envolvió mi cuerpo, no sabía que era, nunca antes había tenido un orgasmo, sentí como mi vagina se inundaba, empecé a gritar, me estaba corriendo, era algo que nunca había experimentado, sentía como salían chorros de mi, mi cuerpo no reaccionaba, en la imagen del espejo veía a Juan como me la metía ahora con mas fuerza, mas rápido y mas profundamente, mientras que yo gritaba y le clavaba las uñas en los brazos cada vez que esa sensación me embargaba, hasta que note como Juan empezaba a jadear cada vez mas rápido y a correrse también dentro mi coño, poco a poco paro sus movimientos, hasta quedar exacto tumbado en mi espalda. Cuando recuperamos un poco las fuerzas Juan me cogió en brazos y me llevo a la cama, donde continuamos follando toda la tarde.

    No nos volvimos a ver hasta que empezamos a trabajar, yo estuve un tiempo asustada hasta que me bajo la regla, seguimos con nuestra relación de compañeros hasta que dos meses mas tarde me fui de la consultaría, nunca hablamos de aquella tarde, una tarde maravillosa, en la que tuve mi primer orgasmo.

  • Disfrutando el sexo

    Disfrutando el sexo

    Antes de comenzar, dejo en claro que todos los relatos que haré, son reales, nada inventado. No sé si ser explicita, intentaré ser un poco más esta vez, me gustaría saber si les interesa que lo sea más o el nivel mostrado en este relato está bien.

    Ya habiéndome iniciado sexualmente como conté en el anterior relato, tenía en mi vida dos relaciones amorosas, no quedaba mucho para terminar el año, ya estaba por entrar a la universidad, eran instancias de vida muy estresantes.

    Era fin de año, no tenía planeado hacer nada más que estar en familia pero surgió una invitación de unos amigos. Estos amigos la verdad no eran muy íntimos, los llamo amigos de carrete (fiesta), de esos que sabes que probablemente solo están para eso. Esa invitación la acepté, era una fiesta en una casa, no me hacía mucha expectativa la verdad, pero no tenía nada mejor que hacer. Al ir al lugar de la fiesta, me encontré con mis amigos, había mucha gente, me sentía algo incomoda, trataba de pasar en todo momento con mis amigos, aunque nadie tomaba en cuenta a nadie la verdad, todos estaban en su onda, nos unía el alcohol, la música y las drogas que habían.

    Estuve la mayor parte del tiempo tomando y drogándome con mis amigos pero en un momento de la noche, madrugada ya, se acerca un grupo de tipos, a conversar con nosotros. No he mencionado que mi grupo de amigos, lo conformaban 3 hombres y 2 mujeres, entre ellas, yo. Se acercan estos chicos, eran 3, conversamos, nos reímos, todo bien. Uno de ellos me pareció más atractivo, el intentaba hablarme pero mi timidez me hacía solo responder cortante e intentar mantener la conversación grupal y no individual.

    Ya siendo hora de irse, el chico este, se me acerca y me pide mi celular, se lo di y nos fuimos. Con el conversamos…digamos, todo enero, hasta que en febrero decidí salir con él. Ya mientras conversábamos a través de internet, me parecía un chico bastante interesante, no era de muchos amigos, supe que fue a esa fiesta por la misma razón que yo, no tenía mucho más que hacer.

    Luego de nuestra primera salida, se dieron un par más y decidimos intentarlo… Nuestro primer encuentro sexual, fue en su casa, la verdad es que tenía muchas ganas de hacerlo.

    Fuimos a su habitación, comenzamos a besarnos muy desesperadamente mientras nos quitamos la ropa, se sentó en la cama y bueno, le quité los pantalones y su bóxer, estaba erecto, me levanté y lo besé, lo noté muy nervioso, aunque yo también lo estaba. Mientras lo besaba, le acariciaba su erecto pene. Al dejar de besarlo, el me pide si podía chupárselo, yo le digo que si… me arrodillo y comienzo a darle besos, lo oigo gemir, comencé a meterme su pene en mi boca y a darle besos desde el tronco hasta su cabeza.

    Llega un momento donde él dice que pare, lo miro y me levanta, me guía hacia su cama, él se acerca a su velador, a sacar un preservativo, yo mientras me quitaba lo que quedaba de ropa. Se me acercó y comenzó a besarme y tocar mi vagina, no era muy cuidadoso, no me dolía, pero no me gustaba, solo era incómodo como trataba de meter sus dedos, intentó hacerme sexo oral y al principio con la excitación de la situación me gustó pero no sentí nada similar a lo que había sido el sexo oral de mi ex pareja mujer.

    Ya con unos minutos él se detiene y comienza a introducir su pene en mi, le digo que despacio… entra poco a poco… voy sintiendo como su pene entra en mi… comienza a moverse de menos a más, se sentía muy bien, comienzo a gemir al igual que él.

    Solo fueron unos segundos, quizás, no sé, 30 segundos diría, cuando él se detiene y me voltea, me tocaba recibir en cuatro, ya estaba bien lubricada, así que el solo la metió y comenzó a darme muy rápido, yo cerré los ojos y disfruté, apoyé mi cabeza a la almohada y lo escuchaba gemir, al igual que yo lo hacía, antes de acabar él me dice si puede tirar su semen en mi pecho, yo lo pienso… mientras él seguía dándome… le digo que si… cuando digo que si, él, se mueve muy rápido y dice ya… me giro él se saca el condón y comienza a masturbarse, yo cierro los ojos y siento como me salpica el líquido caliente en mis pechos y algo en mis muslos, mientras escuchaba sus gemidos… por su puesto yo ya había acabado una vez, creo que no se había dado cuenta, o quizás si, con la intensidad de mis gemidos.

    Al acabar el, se tira a la cama y dice que hay una polera vieja que me limpie con eso, pensé que lo haría el pero bueno… busco la polera, me limpio y me acuesto a su lado, Nos besamos y nos dormimos.

    Fue un buen sexo? la verdad en ese momento sentí que sí, aunque él ni yo éramos experimentados. Dos posiciones, 15 minutos aproximadamente de sexo. Estuvo bien.

    Con este chico, experimenté lo que se puede llamar amor… y experimenté algunas fantasías sexuales, como hacerlo en un cerro. Sexo oral en el transporte público, usar por primera vez un traje, grabarnos etc.

    No sé si contarlas todas en un solo relato, o hacerlo cada una de ellas por separadas, ojalá recibir respuestas.

  • Tú y yo, mientras te observo jugar

    Tú y yo, mientras te observo jugar

    Nuevamente estoy pensando en ti, en que quiero volverte a acompañar en otro de nuestros juegos atrevidos, pero esta noche me encuentro atrapado en una de esas aburridísimas cenas de trabajo. Pero, tu estas sola y tengo aquí mi móvil para guiarte y… observarte. Divirtámonos un rato, ya sé qué haremos, vas a necesitar alguno de tus juguetes.

    Hoy te traigo un juego para que juguemos juntos, si decides aceptar mi invitación y me das tu colaboración, haré mi mejor esfuerzo para que te sientas inmersa en esta experiencia, hoy te toca a ti ser la que tiene algo de placer en esta noche solitaria. Antes de continuar leyendo, este relato funciona si utilizas un dildo o vibrador, aunque si no cuentas se precavida con las alternativas más caseras. Haz lo posible por eliminar todas las distracciones y pon toda tu atención para dejarte llevar en lo que a continuación escribo exclusivamente para ti. Recuerda que tienes todo el control, tu dictas el ritmo, haz las pausas que necesites y avanza como gustes para que esta propuesta te resulte lo más satisfactoria posible.

    Muy bien ¿Estás lista? Déjame ver que es lo que trajiste. Si si, me agrada mucho, excelente elección. Qué envidia me da pensar todo lo que vas a hacerle y yo me voy a perder que me hagas, como se prepara para visitar tus zonas más íntimas y que yo quisiera visitar en su lugar, como desearía que en vez de estar rodeado por estas personas fastidiosas estuviera rodeado por tus piernas, pero ya sabes cómo es nuestro juego y cuáles son las reglas, y aunque en este momento no pueda unirme a ti y sentir tu toque por medio de mis manos si quiero que tu sientas mis ojos recorrerte por completa.

    Lo primero que quiero ver es como te quitas tu ropa, lento como si fuera yo quien te la está quitando, déjame disfrutar como te desnudas por completo frente a mis ojos, déjame ver como la tela te acaricia al descubrir tu hermosa piel, déjame apreciarte allí expuesta y comienza a recorrerte con las yemas de tus dedos, muy levemente de tal forma que sólo sientas el cosquilleo, porque esta es la forma en que te recorrería con mis labios. Continúa como si me guiaras por las partes que más te provocan y mientras lo haces cierra tus ojos un momento para imaginar que estoy allí contigo.

    Me enciende tanto verte así tocándote a ti misma que debo hacer un esfuerzo grande para que no se me note, acomodándome varias veces en la silla para que nadie vea que es lo que sucede debajo de la mesa, lo que tú me generas.

    Toma tu juguete, vas a empezar por apoyarlo en un lateral de tu cuello y desde allí comenzarás a recorrerte, primero bajando a tus pechos, dale un poco de atención a cada uno de tus pezones, luego continúa por tu vientre, por un ladito no por el medio exacto, muy suave, un movimiento delicado que lo dirija directo a tu entrepierna.

    Separa tus piernas y déjame apreciar como comienzas a estimular tu vulva, frótalo por los lados y haz unos círculos recorriendo todo el perímetro, debemos preparar el área que requiere un poco más de… humedad. Haces que mis pantalones me aprieten cada vez más y sólo la mesa oculta mi cada vez más evidente erección que se abre espacio hacia mi pierna derecha.

    Coloca el objeto de lado entre tus labios mayores y muévelo arriba y abajo para estimular tus labios menores y tu clítoris. Sigue así hasta que sientas que empiezas a mojarte un poco pero no lo dejes entrar aún. No olvides que estoy aquí soportando este tedio y estoy observando el espectáculo mientras te satisfaces.

    Cuando sientas que es el momento posiciónalo para penetrarte, introdúcelo lentamente en tu vagina, primero un poco para lubricarte bien y en cada penetración llévalo un poco más adentro. Muéstrame que tan adentro puedes ir, muéstrame hasta donde llevarías mi miembro si yo estuviera encima de ti y muéstrame en tu rostro como lo estás disfrutando.

    Es hora de que tu otra mano entre en escena, pellizca uno de tus pezones, primero suave retuércelo un poco y comienza a presionarlo más fuerte hasta donde puedas, porque mientras saboreo aquí un pequeño canapé imagino que es ese pezón que aprietas lo que tengo entre mis dientes.

    Es tan sensual lo que haces que no aguanto el hormigueo que siento allí abajo, busco escusas para rozarme sin que se note, me das ganas de unirme a ti, sacarla aquí mismo sin que nada me importe y comenzar a jalármela al mismo ritmo que tu metes tu juguete. Sigue así, aumenta la velocidad y sigue hasta que sientas la necesidad de gemir y permíteme escucharte sentir placer.

    Baja tu otra mano y estimula tu clítoris, enséñame como te gusta que te lo estimulen. Incrementa la potencia y avanza con más vigor, a por todo ahora mismo, quiero escucharte gritar, quiero verte llenarte de placer, como te tocas hasta hacerte arquear la espalda, abrir los dedos de los pies y morderte los labios. Me pone tan duro verte gozar que ni siquiera podría ponerme de pie ahora, incluso siento algo que comienzas a mojar mi pierna goteando un poco, sólo de verte a ti.

    Ahora si es momento de que pongas la marcha máxima, quiero ver tu orgasmo como únicamente tu sola puedes dártelo, tu que conoces cada milímetro de tu cuerpo, hazlo ya mismo, da todo y déjate caer en el placer.

    ¡Más rápido!

    ¡Más duro!

    ¡Más adentro!

    Vente ahora mismo, empápate en tu néctar y llévame contigo al borde de la lujuria mientras te retuerces de gusto cuando todos tus músculos se contraen.

    Lo has hecho fantástico y luces increíble mientras lo hacías, cada segundo de ti frente a mi me llena de múltiples sensaciones y deseos, así como verte recuperar el aliento. Hoy ha sido todo para ti, pero no te creas que no me dejaste encendido, al límite y no pensando en nada más que cuando va a ser la próxima vez que nos encontremos tú y yo.

  • Compartiendo a Sofía

    Compartiendo a Sofía

    Nunca fui un hombre celoso, desde que era niño me gustaba compartir todo, desde el lonche en la escuela hasta la tarea en secundaria, era el más listo de la clase pero también era consiente que las influencias era tan importante como el conocimiento, esto me llevó a formar mi propia empresa y hacerla crecer hasta tener las comodidades que tengo hoy en día: dinero, lujos, tranquilidad. Sofía vino a mi vida cuando tenía doce años, un abogado dijo que la prueba de ADN me certificaba como padre y la última voluntad de Macarena era que estuviera conmigo. ¡Coño!, ¡¿yo qué carajos sabía de niños?!

    Con treinta y dos años mi hice cargo de mi hija y la crie lo mejor que pude, o mejor dicho, crecimos los dos. Al principio era incómodo, y fuimos como dos extraños viviendo en la misma casa durante meses, pero poco a poco comencé a ver mucho de Maca en ella, y de mí también. Con los años nos volvimos buenos amigos y esa temida adolescencia llena de rebeldía no golpeó tan fuerte nuestra relación, quizá porque éramos más amigos que familia. Creo que nunca la vi como mi hija, nunca la sentí de esa manera, y ella nunca me vio como un padre.

    ¿Cómo comenzó todo? Bueno, Sofía era tímida al principio, callada y solitaria, pero conmigo comenzó a soltarse, la comencé a llevar a mis eventos con esperanza de que saliera más de casa y se comportara como una adolescente normal, no salía con amigas, no me pedía dinero para tonterías, no habían fiestas ni alcohol ni drogas, nada. Era raro, así que era yo el que la llevaba a conferencias, reuniones, exhibiciones y bla, bla, bla… En el salón de belleza y la boutique la preparaban y le enseñaron lo que su madre no pudo y ciertamente yo no podría, porque aunque sé apreciar una mujer bien arreglada y tengo idea de cómo lo hacen.

    «¿Qué harás después de graduarte?» le pregunté desde el otro lado del vestidor, sentado en el sofá mientras ella terminaba de colocarse el vestido. Miré el reloj, llevábamos diez minutos de ventaja aún, todo estaba bien.

    «No lo sé» respondió desde el otro lado, no me sorprendió en absoluto.

    «¿Y ya decidiste qué vas a querer por tus 18?» seguí, poniéndome en pie para ir de un lado al otro de la íntima habitación, había un perchero con todas las opciones que las asistentes le tenían lista, ella se decidió por un vestido escarlata que se veía diminuto a simple vista. En el espejo me vi reflejado con mi traje de gala, el cabello aún en su lugar, me acomodé el pañuelo del saco y aprecié de nuevo la buena figura que conservaba: los hombros anchos y el abdomen plano, las piernas, siempre tuve un problema con los pantalones porque me quedaban demasiado ajustados, pero el sastre había dejado el pantalón a la medida. Era el vigésimo aniversario de la compañía que inicié siendo un crío apenas, y allí estaba, cagándome en dinero.»¿Sofia? ¿Todo bien?» pregunté ante su silencio.

    «Sí, la bragueta no subía» respondió con un quejido. «No sé, papi».

    «Fue hace más de una semana, Sofía, tienes que decidirte. ¿Un viaje, un auto, ropa, zapatos, joyas, una mascota? Tal vez una fiesta con tus amigos, ¿qué dices? Así por una vez antes de que acabes la escuela puedo conocer la gente con la que sales».

    «Yo no salgo con nadie» respondió plana al otro lado. Suspiré sin ganas de seguir insistiendo. «Estoy» dijo corriendo la cortina del cubículo, Cuando apareció sentí que el corazón me dio un vuelco: el vestido escarlata le quedaba tan ajustado como una segunda piel, arriba no tenía mangas, estilo tubo pero en lugar de tela en la espalda tenía pequeñas tiritas de cinta que dejaban su espalda al descubierto, el culo le quedaba tan expuesto que si se agachaba o se movía podría enseñar el coñito y el liguero debajo, las tetas, sin brassier, le quedaban aprisionadas y los pezones se le veían marcados como dos cerezas erectas. ¡Eso apenas y tenía tela y me saldría más caro que todo lo que yo llevaba puesto! «¿Cómo me veo?»

    «Deliciosa» respondí, ofreciéndole una mano, ella la tomó y la hice girar, cuando la tuve enfrente le di una fuerte nalgada que hizo que sus carnes rebotaran, ella se quejó y luego rio. La asistente entró a supervisar todo y la alabó, se veía espectacular con el maquillaje completo: los labios rojos vibrantes y el resto del rostro más discreto y sencillo, un par de argollas sencillas y una cadenita de oro, fina y delgadita alrededor del cuello. Su cuerpo era todo lo que necesitaba para lucirse. Salimos de la boutique tras pagar la factura. «¿Viste cómo te veían esos hombres con sus esposas? Te ves divina».

    «¡Ay, papi! No exageres, no me veían a mí».

    «¡No, claro, me veían a mí, soy irresistible!» bromee, haciéndola reír. Su teléfono vibró dentro del pequeño bolso Gucci y respondió de prisa, el tráfico se tornó lento. Miré el reloj, quedaban cinco minutos de ventaja, lo demás era el tiempo justo para llegar a la exposición de arte a la que me habían invitado. La miré con su celular, era lo único que hacía igual que cualquier adolescente: el bendito celular, las fotos, las redes sociales… Me pregunté de nuevo porqué no se comportaba como cualquier otra chiquilla saliendo con sus amigos en lugar de ir a una aburrida exposición de arte clásica rodeada de un montón de viejos aburridos. «¿Todo bien con tus amigos?» pregunté tras verla hacer un puchero.

    «Sí, sólo que estoy aburrida, ya quiero llegar a la exposición» sugirió, acomodándose las tetas dentro del vestido de nueva cuenta. «Me aprieta las tetas», se quejó.

    «Se te ven divinas» le dije por inercia, ella sacó el pecho y agitó sus tetas debajo del vestido con una risa, pero a mí me causó una ráfaga de sangre que subió directamente a mis ingles. Ella se las tomó de las manos cuando el tráfico comenzaba a avanzar de nuevo. «Divinas, como dije. Tu novio debe pasarla muy bien, bebé».

    «¡Ay, papi! Sabes que no tengo novio, si lo tuviera ya te lo hubiese presentado»

    «Entonces, ¿con quién chateas tanto?» pregunté. Ella se rascó detrás de la oreja derecha, como hacía cada vez que estaba nerviosa.

    «Con nadie importante. ¿No hay manera de llegar más rápido? Ya quiero llegar»

    El tema quedó muerto, si ella no quería hablar, no hablaba y ya, pero no dejé de darle vueltas al asunto de tanto mensaje, de tantas llamadas y de tanto misterio en esta chiquilla que decía ser hija mía y, a pesar de serlo, era tan extraña a mí. La adoraban, todos la esperaban y la alababan cada vez que aparecía en nuestras reuniones, socios, cuerpo administrativo, amigos, proveedores… Sofía era la estrella, y esa noche todos le decían lo deliciosa que se veía con el vestidito rojo, lo rico que se veía su culito y lo bien que le quedaba el rojo.

    «Mira estas tetitas» dijo Roberto, el vicepresidente, llevó una mano a su tetita derecha y entre el pulgar y el índice le tomó el pezón erecto, Sofía sacó pecho cuando lo vio acercarse y se rio con picardía al sentir el tirón en la tela. «Eres una mujercita, Sofía» continuaba, haciendo círculos sobre el pezón con el pulgar.

    «Mi niña, debes tener a los jovencitos locos, ¿no? Te molestan mucho los muchachos en casa, ¿no Ezekial?» me preguntó su esposa, Martha le rodeo la cintura a mi hija y le dejó un beso en la mejilla cuando su esposo por fin dejó de tocarla. Sofía se dejaba hacer.

    «Para nada, mi nena está muy concentrada en sus estudios» respondí orgulloso. Una scort se acercó a ofrecernos copas de champaña, los cuatro aceptamos una y alzamos las copas. «Por Sofía».

    «Por Sofía» secundaron los demás.

    «¡Sofía!» llamaron desde detrás de nosotros. Gabriela, la directora de mercadeo llegó con nosotros, ni siquiera esa mujer a sus veinticinco años, con unas tetas de infarto y un vestido casi tan pequeño como el de mi hija se le podría comparar, Sofía atraía las miradas esa noche. «Ven te quiero presentar a alguien. Espero que no les moleste que se las robe un segundo».

    «Claro que no, diviértete, hija» le dije dándole un beso en la mejilla contraria de donde Martha la tenía sujetada y con una palmada en el trasero la esposa de mi colega la dejó ir. La vi reunirse con otros viejos y adultos, Gabriela era la más joven entre ellos, todos los demás tendrían entre treinta y cinco y hasta sesenta y dos años, pero Sofía se desenvolvía bien, la agasajaban, le daban cachetes en las nalgas, le acariciaban la cintura y ella fluía sin que nada le incomodara, ni siquiera las erecciones notorias que le apoyaban en la espalda baja o entre ese par de nalgas.

    «Tú niña es una bomba» me dijo Roberto, su esposa le secundó. «¿Sabe qué va a hacer cuando se gradúe?»

    «No, no me ha dicho nada, no tengo idea de qué le gusta y cuando le pregunto parece no estar interesada».

    «Bueno, tráela a la empresa, que sirva como asistente o en cualquier departamento mientras se va dando cuenta de lo que quiere, nos vendría bien a todos tenerla alrededor siempre, no nos basta con verla en las reuniones o cuando vamos a visitarte a tu casa. ¡Esa nena es tremenda!»

    «Un vaso de agua fresca» secundó Martha, tomando del brazo a su esposo. «Miren quien viene allá».

    Mientras yo meditaba en esa opción de tener a mi hija conmigo en la empresa además de en casa, Daniel y Duncan aparecieron, los inversionistas del mercado europeo. Ambos eran hermanos, Daniel rondaba los cuarenta y cinco y Duncan los cincuenta y dos, eran divorciados pero siempre traían consigo algún jovencito acompañándolos, «pasantes», decían ellos. Fornido era Duncan con un porte firme, músculos rígidos por el gimnasio, barba impregnada de canas, ojos azules detrás de las gafas. Daniel no usaba gafas, ni barba, era más delgado y serio. Intercambiamos palabras vagas, que el mercado aquí, que la bolsa allá, que las ganancias, bla, bla, bla… Fuimos a la sala tras dar una vuelta y ver las pinturas, Martha nos ayudaba con los conceptos y las explicaciones, se nos unió Catrina, una posible socia de Brasil, piel morena, ojos pardos y una melena rizada castaña que le caía en la espalda, todos los rasgos que podrían esperarse de una deliciosa brasileña de treinta y ocho años pero el acento británico en su inglés, por todo el tiempo que vivió en Londres antes de regresar. Nos ubicamos en los divanes.

    «Es bueno tenerte, Catrina, y es bueno que pudieran venir» dije luego hacia los hermanos Daring. Eché un vistazo hacia Sofía al otro lado de la sala, ella también me miró y me sonrió, el viejo Garred le estaba acariciando una teta también, ella le escucha atentamente mientras él aparentemente le explicaba algo referente a ellos, se los levantaba, le pasaba un dedo por el borde del top del vestido, escabulléndolo dentro. Ella sentía y sonreía.

    «¡Por Dios, ¿esa es Sofía?!» preguntó Daniel al darse cuenta que me perdía de la conversación. Su mirada siguió a la mía y vio lo que yo veía, pronto la atención de todos se centró en Sofía. «Pero si está riquísima la nena. Llámala, que nos venga a saludar».

    «Claro. ¡Sofía!» llamé y ella se giró a vernos, el viejo Garred alejó sus dedos arrugados de ella y levantó la copa como saludo, al cual respondí con el mismo gesto. Ella se despidió de él con otro beso en la mejilla y él la dejó ir tras una cachetada en ese culazo. Llegó meneando sus caderas pero no alcanzó a llegar a mí porque Daniel estiró una mano y la tomó de la muñeca, la hizo sentarse en sus piernas.

    «¡Ven aquí, Gatita! Llevo mucho sin verte, llego y estás así: hermosa, riquísima… ¿cuándo creciste tanto?» Le dijo dándole un beso en el cuello y deslizándole una mano por la espalda y otra por la cintura, sus manos eran tan grandes y la cintura de Sofía tan pequeña que la abarcaba casi por completo. Sofía se reía y sacudía por las caricias de Daniel, me hizo muy feliz verla tan sonriente y satisfecha con la atención. «¿Me extrañaste?»

    «Sí, mucho. ¿Me trajiste algo de Paris?» preguntó ella, manteniendo sus piernas muy juntas aún, pero las piernas largas y firmes se le veían fenomenales.

    «Claro que sí, pero no lo tengo aquí porque no estaba seguro de si te vería. Iré a visitarte a tu casa y allí te lo daré, ¿vale?»

    «Vale» respondió ella, dándole un beso de piquito en los labios, Daniel la estrechó aún más y Sofía perdió un poco el equilibrio, abrió sus piernas para no perder el balance por completo, al hacerlo se vio debajo la tanguita negra que hacía juego con el liguero, Catrina y yo que estábamos frente a ella vimos su coñito abierto, brillante de humedad por tanto roce y tocadera en sus pechos, ella se quedó recostada en el pecho de Daniel unos minutos mientras éste le decía sabrá Dios qué en el oído, ella se sonreía con picardía.

    «Ya, ya, déjala para mí un rato», Intervino su hermano. «Ven aquí, princesita, hace mucho no te veo tampoco, déjame ver cómo has crecido» le dijo luego de que ella se volviera a poner en pie y llegara frente a él. Duncan, al igual que todos, lo primero que hizo fue llevar las manos a sus tetitas y jugar con sus pezones, luego le rodeo la cintura con las manos mientras Sofía permanecía de pie frente a él, deslizó sus manos de dedos largos y delgados hasta las piernas cubiertas con el liguero. Duncan deslizó una rodilla entre las piernas de Sofía, haciendo que las abriera más. Le rozó las nalgas paradas y duras, le dio un cachete que desde nuestra perspectiva hizo que se le sacudieran los orbes que tenía por nalgas mi nena. «Vaya que has crecido» le dijo tras la inspección. «Siéntate» indicó, ayudándola a acomodarse sobre sus piernas también. Sofía sacó el bendito celular y siguió en sus cosas de chica mientras nosotros hablábamos.

    «Tu hija es una preciosidad. Parece que todo el mundo la quiere» me dijo Catrina, visiblemente aturdida por el espectáculo que ofrecía Sofía.

    «Sofía es la consentida de todos» expliqué, pidiendo otra copa de champaña.

    «¿Su madre?» inquirió.

    «Murió cuando ella tenía doce años, fue cuando vino a vivir conmigo. Te la presento oficialmente. Sofía» llamé, hice un gesto con los dedos a lo que ella acudió de inmediato, tomó mi mano derecha con la suya, dejando su pequeño bolso a mi lado. «Te presento a una amiga: Catrina. Catrina, ella es mi hija, Sofía».

    «Hola, Sofía.»

    «Hola, señora Catrina».

    «No me digas ´señora´ que me sale una arruga cada vez que me lo dicen» Sofía se sonrió, las mejillas le formaron dos pequeños hoyuelos, «dime Cat, o Catrina, como quieras. Estás hermosa, Sofía».

    «Gracias, Catrina. ¿Usted también es muy guapa? ¿Va a ser socia de mi papi?»

    Catrina me vio con una sonrisa.

    «Gracias por lo de guapa, claro que no me comparo contigo. Eres una delicia. Y con respecto a lo de la sociedad, me lo pensaré muy en serio sólo si tú eres parte de la empresa, preciosa. ¿Qué dices?»

    «¿De verdad?» pregunté, sintiendo que por fin estábamos a punto de cerrar el trato.

    «¡Claro! Me encantaría trabajar aquí si voy a verte más seguido. ¿Que a nadie se le ha ocurrido hacer de esta preciosura la cara de la nueva marca?» sugirió ella, iluminando en todos una idea brillante y única. «Ven aquí, déjame verte» Sofía, dócil y mansa se sentó en las piernas de la brasileña como lo había hecho con los Daring, ésta vez sus piernas abiertas quedaron en mi dirección. El coñito le destilaba ya un olor delicioso a humedad y excitación. Catrina le llevó una de las manos hasta las tetitas y sobre el vestido de las magreo con suavidad, Sofía sacó el pecho y se dejó hacer mientras Catrina le besaba el cuello. Los demás, mientras comenzamos a considerar la opción, llamamos a Gabriela y programamos una sesión de fotos piloto para Sofía así como un concurso en los equipos de diseño para ver opciones para nueva imagen dirigida al público de brasileño. Cuando volvimos la atención a Sofía, ella y Catrina reían y charlaban como dos grandes amigas, estiré mi mano hasta las piernas de mi niña y deslicé mis dedos sobre el encaje de la tanguita.

    «Sofi, estás empapada».

    «¿De verdad?» preguntó Catrina. Yo saqué mi mano y ella metió la suya debajo del vestido escarlata, Sofía se retorció un poquito. La morena sacó los dedos y los llevó a su boca. «Es verdad, estás mojadita».

    «Ve a limpiarte, Sofía, vas a mojar a la Catrina» le dije, ella se sonrojó como si le hubiese dicho que se orinó en las bragas.

    «No te preocupes, preciosa, no te avergüences. Ven conmigo, yo te ayudo».

    Sofía se dejó llevar con calma, me dejó su celular que no dejó de recibir uno que otro mensaje durante todo el rato que se fueron las dos mujeres…

    En el baño, Sofía se dejó llevar de la mano de la brasileña. Catrina la llevó a último cubículo y entró tras de ella, puso el seguro y se acercó para besarle los labios con apenas un roce de los suyos. Había más que suficiente espacio para ambas pero Catrina permaneció con el pecho pegado al de ella, olfateándole el cuello mientras la nena se dejaba hacer con total comodidad.

    «¿Me dejas ver tus tetas, preciosa?» le preguntó la madura. Sofía asintió y Catrina llevó sus dedos largos y manicurados hasta el top del vestido, llevaba un anillo de plata en cada dedo, se lo bajó despacio hasta que las tetitas brincaron fuera, erguidas y suaves. Sofía vio a la mujer acercar sus labios al pezón derecho y succionarlo, luego deslizó su lengua larga por él y lo entrecerró con los dientes, haciéndola gemir.

    «Son bonitos», le dijo apartándose y poniéndose de rodillas. «A ver ese coñito húmedo». Ésta vez le levantó el vestido, el liguero y la tanguita de encaje se mostraron, tenía empapada la braga y los jugos se le deslizaban en toda la entrepiernas. «Vamos a quitarte estas braguitas. ¡Oh, pero si están mojadísimas, cielo!» dijo la mujer, deslizándolas y develándole los labios vaginales externos, gruesos, cubriendo los labios internos, todo bien depiladito y brillante por los juguitos de Sofía. Catrina acercó la nariz al coñito de Sofía y lo olfateó. «Que rico huele, mmm… Eres deliciosa, ¿lo sabes, Sofía?» Ella asintió. «Abre las piernas para mí» ordenó mientras la ayudaba a apoyarse de espaldas en el cubículo y obedecer, los labios se le abrieron como una flor al amanecer, una gotita de humedad se estiró y cayó al suelo. «¡Oh, qué desperdicio! Vamos a limpiarte».

    Catrina extendió su lengua y la deslizó a lo largo de los labios de Sofía, recolectando todo el juguito posible y tragándolo. Sofía estaba tan sensible que se estremeció, como un molusco la lengua de la madura le jugó los labios de arriba a abajo, frotando en círculos alrededor del delicado clítoris que ya tenía tan duro como los pezones. Abrió la boca tanto como pudo y abarcó el coñito de Sofía, succionándolo con fuerza.

    «Catrina…» se quejó Sofía, colocándole una mano en la cabeza y retorciéndose, pero sin cerrar las piernas en ningún momento. «Catrina…»

    La soltó cuando sintió que estaba a punto de correrse con la succión, impidiéndolo. Las tetitas de Sofía subían y bajaban con su respiración agitada, pero Catrina no terminaba, le deslizó uno de los dedos dentro de la cuevita virgen hasta que el anillo grueso que tenía le rozó, el frío del metal le causó escalofríos de placer. El coñito de Sofía no dejaba de exhalar juguitos y Catrina hacía lo posible por beberlos todos, se concentró en su clítoris y con su lengua al ritmo de las metidas de dedo comenzó a frotarlo, Sofía se descontroló y se agitó contra la pared del cubículo, contrajo las paredes de su vagina alrededor del dedo de la madura y le soltó un pequeño chorrito de humedad que cayó en la barbilla de Catrina. Poco a poco se relajó la joven y Catrina continuó pasándole su lengua hasta dejarla limpia, se relamió ella la barbilla y tomó una de las toallas disponibles afuera junto a los lavamanos, volvió con la nena y las secó, ella se quedó con las bragas mojadas, se secó la barbilla, le acomodó la ropa a Sofía y la tomó de la mano. La puso frente al espejo del lavamanos y desde su espalda, apoyándole las tetas en la espalda le ayudó a lavarse las manos. Sofía se dejaba hacer, su padre le había enseñado a compartir.

    ***

    Okay. Segundo intento de comenzar estos relatos. Espero que les guste la historia de Sofía. Por fis, déjenme saber si les gusta, ¿qué puede mejorar? ¿Les gustaría una segunda parte? ¿Qué opinan de Sofía? Besitos.

  • Francinco: Jonatan y Alex

    Francinco: Jonatan y Alex

    Estamos a mediados de julio, hace mucho calor, la ciudad se ha ido vaciando poco a poco de sus habitantes, todos ellos se dirigen al sur. Acabo de salir de mi club de lucha donde acabo de vencer a Hugo, el único luchador del equipo que nunca ha perdido un combate hasta hoy. Lo derroté gracias a una parra de doble pierna, donde logré enfrentarlo al suelo, bien instalado en la parte superior de su cuerpo, mi pelvis colocada justo en su vientre, mis piernas se separaron, deslicé mis pantorrillas bajo el hueco de sus rodillas y encajé mis pies contra su espinilla. La parte superior de mi cuerpo presionó su cabeza y sus hombros contra el suelo. Se encontró separado bajo mi mando en una posición de sumisión muy humillante.

    Me felicitó pero pude sentir su rabia. No me gusta demasiado, es feo, fornido y debo admitir que mi victoria de hoy me ha dado un enorme placer.

    Pero esta victoria me la merecía, tengo 24 años, 1.85 m, 84 kg de músculo y hueso. Mis hombros son anchos, mi pecho es bien redondeado, mis músculos abdominales están bien definidos y mis piernas son de acero. Pero para eso, levanto mucho hierro fundido. Cuando llego a mi casa, un pequeño edificio de dos plantas, con un bonito campo de hierba delante y una piscina hinchable en el medio, oigo gritos.

    — ¡Espera, te atraparé!

    — ¿Qué piensas, Jonathan?

    Mis dos jóvenes vecinos, Jonathan y Alex, acaban de salir de la piscina. Con sus cuerpos goteando se enfrentan entre sí. Ambos tienen 18 años. No se fijaron en mí, así que me detuve a mirarlos.

    Mi Jonathan… Sé que está enamorado de Alex, me lo confesó hace poco, pero Alex es heterosexual. Jonathan y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, lo ayudé en la escuela, lo defendí cuando los niños del barrio se metían con él. Somos como dos hermanos el uno para el otro. Nos conocemos muy bien. Incluso me eché sobre su hombro cuando dejé a Nicholas. Fue comprensivo y se quedó conmigo toda la noche mientras yo lloraba, habíamos bebido bastante esa noche. Me consoló y puso sus labios sobre los míos. Y lo que tenía que pasar, pasó. Sus manos me tocaron, las mías lo acariciaron, y sin duda, hicimos el amor con ternura y durante mucho tiempo, un momento en el que pienso a menudo. Y que permanecerá grabado en mi memoria.

    Ambos están en traje de baño triangular y de repente se lanzan el uno sobre el otro. Es el juego favorito de estos dos jóvenes machos, medir su fuerza para ver quién es más fuerte. Jonathan pone un brazo alrededor del cuello de su amigo y comienza a apretar, Alex no se suelta, sus brazos se lanzan hacia adelante para rodear la cintura de su asaltante y luego se empuja hacia adelante. Ambos caen al suelo con los brazos y las piernas enredados, y como el suelo está ligeramente inclinado, empiezan a rodar uno sobre el otro y a ganar velocidad. No puedo apartar la vista de estos dos jóvenes, bronceados y sudorosos con sus cuerpos pegados. Un leve calor invade mi abdomen inferior. Por un breve momento Jonathan toma el control, pero Alex reacciona envolviendo sus muslos alrededor de la cintura de su oponente y apretando los músculos de futbolista que tiene va rodando bajo su piel, entonces, con un poderoso golpe de la pelvis, lo hace perder el equilibrio. Jonathan es arrojado, rueda y cae de espaldas, Alex se aprovecha de esto para apurarlo y comienza a aplastarlo con todo su peso. Ligeramente más musculoso y más alto que Jonathan, él toma la delantera. Mientras mantiene a su oponente en el suelo, sus músculos se hinchan, sus brazos ya bien desarrollados agarran las muñecas de Jonathan para mantenerlas por encima de su cabeza. Puedo ver a mi pequeño vecino retorciéndose debajo de él tratando de escabullirse de él. Pero Alex no le dejará, incluso puedo ver sus nalgas endureciéndose bajo su bañador mientras aplasta su pelvis contra la de su amigo para impedir que se mueva. Incluso está completamente desparramado sobre él y no duda en golpearse la pelvis repetidamente mientras imita una escena de sexo. Con sólo mirarlos, mi sexo se ajusta inmediatamente bajo el lienzo de mis pantalones. Mientras inmoviliza sus muñecas, Alex se posiciona de tal manera que se encuentra sentado en el torso de su amigo, bloqueando sus hombros en el suelo con sus rodillas. Saca un buen puñado de hierba y se la frota en la cara. Jonathan está derrotado. Es cierto que es un poco más frágil que Alex, tiene piernas largas y delgadas, sin pelo y un torso delgado y sin pelo. Su cara de tipo asiático, de su madre coreana, es adorable. Lleva unas gafas pequeñas que le dan una mirada conmovedora. Creo que es muy guapo. Alex, por otro lado, es más del tipo de chico que no tiene miedo a nada, cuerpo firme y musculoso con una cara bonita enmarcada por el pelo rubio.

    Me recompongo cuando me acerco a ellos.

    — Hola Fabien, he perdido otra vez, —me dijo Jonathan—. Es demasiado fuerte para mí.

    — Todo lo que tienes que hacer es acumular un poco de músculo, —le respondió Alex.

    — ¡Intenta hacer lo mismo con Fabien, así te veré morder el polvo!

    Alex se levanta y me desafía con sus ojos.

    — ¿Qué dices? Nunca he luchado con un luchador de verdad, intentémoslo.

    Para cualquier respuesta, me quito la camiseta sin mangas. Como no hay nadie alrededor y mi deseo de mostrarle lo que valgo en una pelea está creciendo, estoy encantado con su propuesta y realmente quiero ganarle. Jonathan se sienta en el suelo y observa cómo nos desafiamos mutuamente.

    Nos paramos frente a frente, en posición. Estoy esperando que Alex se mueva primero. Luego viene hacia mí, estoy firmemente plantado en ambas piernas. Tan pronto como su cuerpo hace contacto con el mío, le doy un cinturón inmediatamente. Sostengo su cuerpo presionado contra mí mientras aprieto mis brazos. Como soy más alto que él, tiene que ponerse de puntillas para seguir el movimiento. Aprieto un poco más, pero no demasiado, porque sé que este agarre, el abrazo de oso, es muy doloroso si se hace correctamente. No quiero hacerle daño. Su pecho sudoroso de su lucha con Jonathan está presionado contra el mío, puedo sentir mis pezones endureciéndose bajo este contacto. Empujo mi cuerpo aún más hacia adelante contra el suyo hasta que se dobla un poco más hacia atrás, el contacto entre nuestra pelvis empujada se vuelve insoportable, tengo que concentrarme para no ponerme duro. Empieza a retorcerse entre mis brazos para tratar de salir de mi control, siento claramente la fricción de todo su cuerpo contra el mío, estoy electrificado, no resistiré mucho tiempo, mis sentidos están hirviendo y mi sexo empieza a endurecerse. Tengo un poco de miedo de que lo note, porque nuestros paquetes están exactamente al mismo nivel y nada separa a nuestros dos sexos, incluso tengo la impresión de sentir una cierta dureza en este contacto. Sus rodillas empiezan a doblarse y aprovecho la oportunidad para tirarlo al suelo. Alex se encuentra acostado de espaldas. Lo miro, brilla de sudor, de espaldas con los brazos extendidos, recupera el aliento. Mis ojos recorren su cuerpo, sus pectorales brillan con finas gotas de sudor, sus abdominales se mueven al ritmo de su respiración, sus muslos se alargan y, bajo su traje de baño, un bulto que delata un poco la excitación que este contacto mano a mano le ha dado y que confirma mis impresiones. Me inclino hacia él para extender mi mano y ayudarle a levantarse, ¡se endereza para agarrar mi mano! y… me tira hacia él con toda su fuerza, siento las manos detrás de mí empujándome hacia adelante. Me caigo sobre Alex, Jonathan, sólo esperando ese momento, salta sobre mí. Ciertamente disfruto del espectáculo de nuestro duelo porque siento contra mis lumbares, una erección muy fuerte a través de su bañador blanco. El lugar puede estar desierto, pero francamente no es el lugar ideal para este tipo de fantasía. Apoyándome en Alex me levanto, sin olvidarme de presionar un poco más mi pelvis contra la suya para sentir la dureza de su sexo contra el bulto que debe de formar mis pantalones. Nuestros ojos se encuentran y lo veo sonrojarse mientras Jonathan se cae y rueda por el suelo riendo. Ambos se levantan y corren a la piscina para empaparse por última vez y quitar toda la hierba que se les pega a la piel. Tengo el tiempo justo para poner mis ojos en sus bañadores, que moldean sus duros genitales ventajosamente, antes de que se sumerjan en el agua para refrescar su ardor. Cuando finalmente salen, sólo puedo admirar a estos dos pequeños limpiándose el cuerpo con un trapo. El bañador blanco de Jonathan se ha vuelto casi transparente al mojarse, e incluso se puede adivinar el color de sus nalgas y el abultamiento de su sexo bajo la tela. Vuelven a mí.

    — ¿Cómo ganas todas tus peleas?

    — Sí, tendrás que enseñarnos.

    — Bueno, si estás libre, ven a mi casa, haremos deporte y te enseñaré algunos movimientos.

    — Genial, te estamos siguiendo, —dijeron.

    Al llegar a mi departamento, los dejo en la sala de estar, donde una buena mitad sirve como gimnasio. Tengo una variedad de pesas, un banco de pesas, una pelota grande de 60 cm y dos colchonetas de gimnasia en el piso. Voy a mi habitación a cambiarme de ropa. Saco mi traje rojo de lucha en lycra. Me quito los pantalones y la ropa interior y me pongo la Lycra. Me gusta el contacto de la lycra en mi piel, es muy sensual. Me miro en el espejo, se adapta perfectamente a mi cuerpo, el corte baja bastante y deja que salga la parte superior de mi pecho. La parte inferior se detiene a mitad de los muslos y la protuberancia de mi pene se forma debajo de la tela. Salgo de la habitación y me uno a ellos. Los encuentro en un combate cuerpo a cuerpo acostado sobre las colchonetas de mi gimnasio, no perdieron el tiempo … Al oírme llegar, se levantan y me miran con ojos grandes.

     — Wow, qué atuendo y qué cuerpazo.

     — Antes de mostraros algunas tomas de lucha libre, haremos un poco de entrenamiento con pesas. Comenzaremos con una serie de bombas con el cuerpo pesado, te lo mostraré. Las bombas son fáciles, pero para aumentar la dificultad necesita peso extra. Y para eso te voy a usar Jonathan.

     Me mira sin comprender, su traje de baño todavía está un poco húmedo y todavía tan transparente, una alegría para mis ojos y no puedo evitar admirar su bonita cola moldeada en ella.

     – En realidad, solo vas a recostarte boca arriba mientras hago flexiones.

     Me pongo en posición, mis manos en el suelo, mi cuerpo estirado y mi espalda recta. Jonathan se acerca a mí, se arrodilla y se acuesta boca arriba, manteniendo los pies en el suelo. Es pesado, pero comienzo a descender sobre mis brazos, hasta que mi cuerpo está paralelo al suelo, mis músculos pectorales se estiran al extremo y mi tríceps se hincha. Comienzo mis ensayos, uno… dos… tres… El cuerpo de Jonathan contra mi espalda se está volviendo más pesado, cuatro … cinco… seis… su pelvis está al nivel de mis nalgas, siento su polla endurecerse debajo de su bañador, siete… ocho… nueve… mis músculos paralizados se agotan mientras mi cola se hincha de deseo, diez… once… doce… Me acuesto en el suelo, su cuerpo aún soldado al mío, su sexo cada vez más rígido contra mis nalgas. Suavemente, Jonathan se separa de mí y nos levantamos. Alex nos mira, mira nuestros dos calzoncillos distorsionados por el tamaño de nuestros sexos, pero no dice nada.

     — Es tu turno Jonathan y es Alex quien te pesará.

     Se pone en posición, veo a Alex acercarse y acostarse sobre él, no puedo creerlo, una gran protuberancia sostiene su paquete. Está posicionado de modo que su polla erecta quede atrapada entre las nalgas de Jonathan, incluso tengo la impresión de que su pene comienza a señalarse en el bañador. Jonathan tiembla bajo el peso de su amigo y comienza a descender… uno… Veo las manos de Alex deslizarse bajo el cuerpo de Jonathan, dos… sus dedos se mueven hacia el enorme bulto que estira su bañador… tres… Jonathan se derrumba bajo el peso de Alex donde sus manos quedan atrapadas bajo esta formidable erección. Se mantienen unos momentos uno encima del otro. Incluso veo a Jonathan extendiendo sus muslos ligeramente y veo que los dedos de Alex salen de abajo y envuelven la protuberancia que hay en el bañador.

    — A ver, ¿queréis poneros un poco más cómodos antes de que empecemos el próximo ejercicio?

    Se levantan y se quitan los speedos de lycra, así ya no ocultan nada de su excitación. Puedo ver sus pollas finalmente liberadas mostrando con orgullo sus pelotas. Es mi turno de quitarme el traje de lucha donde se ha formado una ligera mancha en mi polla rígida.

    Como segundo ejercicio les propongo una serie de abdominales en una bola. Es Alex quien se pega a ella recostado sobre la pelota, muslos separados para mantener el equilibrio, manos detrás de la cabeza. Su sexo está siempre muy rígido y me parece ver una pequeña gota en la punta de su glande. Como si nada hubiera pasado, al contraer sus abdominales, sube por la parte superior de su cuerpo. Luego se acuesta de nuevo en la bola, arqueando su cuerpo para que se ajuste a la forma de la bola. Es hermoso de ver, los músculos ruedan bajo su piel. Toco su cuerpo aquí y allá para corregir un poco su posición. Cuanto más se estira hacia atrás en esta superficie esférica, más su sexo se extiende sobre su cuerpo. Mi mano aplica presión en sus abdominales inferiores, para que su vientre permanezca lo más plano posible. Esto parece tener efectos beneficiosos en el volumen de su cola, que crece aún más. Pero Alex valientemente continúa todos sus ensayos. Miro a Jonathan, está sentado y nos mira, su mano distraída descansando en su sexo, que no tiene nada que envidiar al sexo de su novio. Una vez que el ejercicio termina, Alex se detiene y se levanta de la pelota.

    — ¿Vamos a poder luchar en este estado? —dice, riéndose.

    — Vamos a intentarlo, —responde Jonathan.

    Les pido que se unan a mí en los colchones.

    — Te mostraré una bodega que te gustará, ¿quién quiere probar?

    — ¡Yo! —me dijo Alex, tengo una venganza que tomar.

    — Bien, ponte en posición.

    Agachados, inclinados hacia adelante, nos damos la vuelta como dos leones listos para saltar el uno sobre el otro. La emoción es palpable, nuestra cola erguida no esconde nada de nuestras intenciones. Alex se precipita hacia adelante, yo doy un paso al costado, dejando mi pie en su camino. Se tambalea hacia adelante al rodar y termina de espaldas con los brazos en alto. En ese momento todo va muy rápido, me lanzo sobre él y me siento al revés en la parte superior de sus pectorales para que mis nalgas estén al mismo nivel que su cara. Sus brazos se atascan entre mis muslos, me levanto un poco sobre mis rodillas, me inclino hacia adelante y mis manos agarran sus tobillos. Su sexo sigue erecto, le tiro de las piernas hacia atrás para traerlas hacia mí y la parte inferior de su cuerpo sigue el movimiento. Sigo tirando hacia atrás para que sus piernas pasen a ambos lados de mi cuerpo y sus pies toquen el suelo detrás de mí. Nuestros sexos se están tocando. Si doblo mi pecho hacia adelante, mi cabeza estará por encima de sus nalgas. El impulso es demasiado fuerte, mientras nuestras rígidas colas se rozan entre sí, me sumerjo entre estos dos lóbulos firmes. Mi boca abierta se apoya justo en su ano y mi lengua se estrella contra su agujero. Comienza a girar, depositando un máximo de saliva y luego se vuelve más insistente forzándolo un poco más contra la entrada de su agujero para alejar las paredes.

    — Fabuloso, ¿qué estás haciendo?

    — Lo que has estado esperando por un tiempo, —responde Jonathan, viniendo hacia nosotros.

    Empieza a acariciar las nalgas de Alex, separándolas lo más posible para que mi lengua, que se ha vuelto dura, pueda penetrar un poco en él. La cola de Alex se está trenzando y se está mojando cada vez más, nuestra dos castañas están las del uno contra las del otro. Mi lengua se está metiendo en sus entrañas, e incluso puedo sentir a Jonathan tratando de meter un dedo. Los gruñidos que salen de la boca de Alex son la prueba de que su placer no está lejos. El dedo ha llegado a mi lengua, y nos movemos cada vez más rápido y más fuerte, siento las paredes de su ano apretando alrededor de mi lengua, lo saco para dejar que ese dedo entre más profundamente, Jonathan y yo hemos encontrado nuestro ritmo, cada uno de nosotros sumergiéndose felizmente entre las nalgas de Alex. Su respiración se vuelve más y más espasmódica, su glande se hincha hasta el extremo. Le meto la lengua en el culo por última vez cuando siento su sexo vaciándose en largos tirones contra mi polla. Nos separamos unos de otros, nuestros cuerpos sudan, y llenan el ambiente de un olor a semen y sudor.

    Alex está en la luna.

    — Dioses, eso estuvo bien, he querido hacerlo desde hace mucho tiempo, pero nunca me atreví a hablar de ello.

    — ¿Quieres más? Se lo digo.

    — Sí, él sopla.

    Alex se pone a cuatro patas, me acuesto debajo de él para tragarme su polla colgante. Mi boca lo traga entera y se deleita con su semen que termina de fluir. Empiezo a bombearlo suavemente, girando mi lengua alrededor de su glande. Después de unos segundos se siente una ligera erección. Jonathan se desliza detrás de él, y después de mojarse los dedos empieza a meter el dedo medio en el ano, que todavía está mojado con mi saliva. Puedo sentir la cola de Alex hinchándose aún más mientras mis labios se deslizan por su eje. Da unos ligeros golpes para penetrar más profundamente en mi boca y retrocede para empalarse en el dedo de Alex, que aprovecha para meter un segundo dedo. Una vez que lo tenga a punto, cambiamos de posición. Me posiciono detrás de Alex, mientras Jonathan toma mi lugar. Alex entiende inmediatamente lo que va a pasar y sus labios se abren con una sonrisa codiciosa. Su sexo, tan rígido como siempre, entra en la boca de Jonathan. Continúo preparando su ano, esperando hacer algo más grande que mis tres dedos que se activan dentro de sus entrañas. Las paredes de su culo se están volviendo cada vez más suaves mientras su novio le chupa la polla. Retiro delicadamente mis dedos y coloco mi polla endurecida. Mi glande se presiona contra su anillo, que se extiende ligeramente bajo la presión. Lentamente empiezo a empujar y puedo sentir las paredes del anillo separándose mientras mi glande lo fuerza a entrar.

    — Ay, me duele un poco.

    — Relájate mucho, me retiraré si quieres.

    — No, no, tómalo con calma.

    Mientras se masturba con avidez, Jonathan continúa más y más maravillosamente para bombear este sexo con el que ha estado soñando durante mucho tiempo. Mis manos descansan en las nalgas de Alex y delicadamente lo atraigo contra mí, mi sexo avanza un poco más, no dice nada, incluso puedo oírlo gemir bajo la experta lengua de Jonathan. Aprovecho esta oportunidad para hacer que mi polla penetre un poco más, la parte más difícil ya ha pasado. Empiezo a mover lentamente mi polla hacia atrás para empujarla más adentro, los gemidos de Alex se vuelven un poco más roncos. Su ano, mojado y dilatado por su deseo, se traga mi polla bajo el empuje que Alex hace para venirse y empalarse lo más posible. Mi excitación se hace muy fuerte, me alejo para penetrarlo de nuevo, mi pelvis queda aplastada contra sus nalgas. Acelero el ritmo con movimientos pélvicos largos y rápidos, donde a veces me retiro completamente para penetrarlo con más fuerza. Sus gemidos se convierten en quejidos, mi placer se vuelve difícil de controlar mientras Jonathan se ahoga con su deliciosa cola. Mis movimientos se aceleran un poco más, y su culo se empalma más y más violentamente y más y más profundo entra mi polla, que no puede soportarlo más. Los tres estamos empapados de sudor bajo el esfuerzo, oigo a Alex gritar de felicidad, mientras su ano se aprieta alrededor de mi polla. Eyacula con un grito de placer y estoy seguro de que Jonathan no pierde ni una gota. Atrapado en esta caja de seda y apretada mi polla se vacía en largos chorros en sus entrañas.

    Después de recuperar el aliento nos separamos, y en el colchón queda con una gran mancha de esperma que Jonathan había derramado cuando se tragó el esperma de Alex. Los tres nos tumbamos de espaldas, cogidos de las manos, con una sonrisa feliz en los labios de los tres que nos obliga a cerrar los ojos suavemente.

  • El huaso

    El huaso

    Juan Carlos era huaso. Si, era un huaso de la cuarta región de este Chile lindo, no recuerdo bien si era de Ovalle o Monte Patria, pero él hablaba mucho de ambos lugares cuando se juntaba con sus compañeros de pega a jugar un partido de fútbol, para rematar después en un opíparo asado bien regado con cajas y cajas de cerveza. Él era trabajador antiguo en la empresa minera de más prestigio y con más garantías laborales de la provincia y se desempeñaba específicamente en la planta de ácido. ¿Qué hace una planta de ácido en medio de una industria del cobre le pregunte un día al huaso Juan Carlos? Y el tomando aire y orgullosamente empezó una gran charla inductora a lo que era su trabajo y que yo resumiría en lo siguiente. Una gran obra de ingeniería, la planta, que tenía por objeto captar los humos que salían de la fundición de concentrado de cobre, que llevaban en sí, altos componentes químicos de azufre, y que en su proceso esta planta, transforma los humos, en ácido sulfúrico como producto final.

    Si, era un orgulloso y esforzado trabajador de esta gigantesca empresa del cobre. Y todo ese sentimiento se había forjado porque fue contratado para trabajar a los 17 años y desde entonces habían pasado 34 años, que estaban llenos de historias, las pocas de alegrías, las muchas de penas, tristezas y sobreesfuerzos.

    Se arrancó de su hogar en la cuarta región huyendo del maltrato de un padre alcohólico y de no querer seguir viendo a una madre mártir, que soportaba estoicamente todas las bajezas de ese padre borracho, por el beneficio de un techo y algo de comida decente, para sus demás hermanos, que proveía ese esperpento de ser humano que le toco por progenitor. Tenía 16 años. Durante un año vago y viajo rumbo al norte, hasta llegar a la ciudad que lo cobija hasta ahora.

    Pasado un año postulo y quedó aceptado para trabajar en esa inmensa industria, que en esa época estaba en manos de los gringos la explotación del cobre. Era la época que a los capataces, algunos empleados con estudios técnicos y con certeza a los que tenían estudios Universitarios les pagaban con dólares. En esa época entro a trabajar el huaso Juan Carlos. Tenía 17 años.

    Ahora lustraba 49 años y estaba casado hace 19 años. Se había casado “viejo” para la época. La mayoría de los hombres a los 25 ya estaban casado y con hijos. Se decía del hombre mayor de 30 que era soltero que era un mujeriego, vividor, parrandero, mal proyecto de casorio y del varón mayor de 40 que era soltero lo que se decía eran todo lo que se pudiese ocurrir en términos de dudar de su hombría y sexualidad.

    El huaso Juan Carlos hizo muchas cosas antes de casarse que para él eran prioritarias. Trabajo como mula, a lo bruto y disciplinadamente para ganarse su dinero de buena manera y ahorrar al máximo. Fue ascendiendo, lo hizo. En 10 años logro traer a su madre y hermanos. Hubo también entretanto algunos pololeos de corta, mediana y algunos de largo alcance y también hubo decepciones y falsas ilusiones. Y así pasaron 15 años y a los 32 años se casó, contrajo nupcias.

    De la esposa nunca hablo mucho el. Pololearon 5 meses y a los 8 meses se casaron. Era una mujer bonita, muy joven para él. Era 10 años menor, tenía 22 años cuando la conoció. Era esa mezcla rara de niña inocente con mezcla oculta de mujer fatal, esa que seduce lentamente hasta llevarte al borde del precipicio y sin darte cuenta, te hace caminar kilómetros y kilómetros en esa condición, hasta cuando llega ese empujón que se siente como un verdadero alivio al ir cayendo al vacío, a la nada, a la no explicación, al sin sentido, a lo absurdo. Si, fue un misterio de donde llego ella, pero la tesis más aceptada en el mundo underground o subterráneo del pelambre y cuchicheo de las típicas amigas envidiosas y feas casi siempre, era que la esposa del huaso Juan Carlos tenía sus orígenes en la zona sur de Chile, más allá de Concepción y que él la encontró en uno de los viajes de vacaciones que hizo, en una boite, de esas típicas que hay allá en el sur para los huasos. Esas boite llenas de rancheras, vino y peleas por las mujeres que están en la estancia.

    Esos cuchicheos y pelambres duraron los 6 meses iniciales del matrimonio, pero la mujer del huaso, con sabiduría y astucia supo hacer callar su realidad que la había perseguido hasta ese lugar, sin tenerle piedad. Si, ella era la mejor mujer de ese lugar cuando llego el huaso y se enamoró de ella. Era la más bella y la más cara de la comarca. Y el huaso pago muchos miles de pesos para estar con ella. Y ese poder económico, ella lo admiro demasiado y por eso dijo que si, cuando le propuso irse al norte con él, para que después de un tiempo se convirtiera en su mujer. El sabia en su fuero interno que ella no podía amar a nadie, menos a él. El solo esperaba que el tiempo hiciera el milagro. El solo le exigió fidelidad. Ella acepto.

    Ella quedo embarazada inmediatamente. Fue una hermosa niña la que nació. Después vinieron 3 embarazos más pero ninguno llego a buen puerto. Decidieron en común acuerdo que se quedarían solamente con la niña y que serían muy felices viviendo por y para ella.

    La hija tenia ahora 18 años, estaba cursando cuarto medio y daría la PSU. Quería estudiar Bioquímica y tenía notas en su colegio para poder ingresar a la Universidad Católica que era su mayor sueño. Ella era intelectualmente y físicamente una jovencita sorprendente por sus capacidades y belleza. Se veía como una mujer fatal. Llena de sensualidad, pasión y rasgos claros de lujuria cuando, por ejemplo, jugaba mordiéndose su gordo labio inferior, para ir soltándolo lentamente, sintiendo la mirada atónita del o de los hombres que la observaban mientras ella se hacia la distraída.

    No tenía pololo, tenía excelentes notas en su colegio, era una destacada nadadora y había ganado varias competencias a nivel nacional. Fue elegida reina de la ciudad en el aniversario del año anterior y su sector habitacional se movilizo para lograr que fuera dueña de esa corona. Si, la hija del huaso Juan Carlos eran Venus y Eros en conjunción. La perfección misma hecha mujer. Esa era su hija.

    Y su mujer, su mujer ya era “Doña”, la señora del Huaso Juan Carlos, querida, pero sobretodo respetada por todos, por su carácter. Nadie se atrevía a decirle nada que le pareciera mal, porque le temían. Le temían a ella, a su carácter, a su pasión a ese torbellino que era ella y dejaba su estela a su paso. Obviamente que nunca perdió ese don, el de hacer notar, pero también se preocupó de hacerle saber a toda la comunidad cercana al huaso Juan Carlos, comunidad minera sobretodo, que tienen perfiles de comportamiento social muy especiales, basados principalmente en principios valóricos que distan mucho de lo espiritual y humano. Recuerdo dos dichos que derivan de ese tipo de Comunidad. “El piojo hinchado” referido a aquella persona que fue en sus comienzos de extrema pobreza y que después de un tiempo, al tener un buen trabajo, se las da de que siempre tuvo mucho y exige derechos en nombre de lo que tiene. Y el otro dicho era “A quien le ha ganado este”, sobretodo refiriéndose a personas ajenas a su propia comunidad, la minera. Si, la mujer del huaso Juan Carlos era un miembro destacable dentro de la comunidad en que vivían y eso lo hacía sentir muy orgulloso.

    Por eso, casi se desmaya cuando su mejor amigo y compadre de bautizo de su hija se lo dijo: Juan Carlos, la comadre te está cagando con otro. Sus piernas temblaron perdiendo fuerzas y su cabeza sintió algo raro y sus párpados aumentaron su frecuencia y la visión por un instante fue borrosa.

    Se recuperó inmediatamente tomando una bocanada de aire y pregunto. ¿Quién es?, ¿Lo conozco? Es ese huevón taxista, colectivero. Ese pendejo de 25 años que nos viene a parchar el equipo de futbol cuando jugamos contra el otro sector de la población.

    Ah ya. Gracias compadre. Y no se habló más del tema.

    Fue a la sección de acumulo de ácido desde donde e enviaba ácido a todas a aquellas secciones con laboratorios de mineralogía, en pequeñas cantidades muy distinta a los pedidos industriales que hacían otras industrias del país o del extranjero.

    Le pidió al encargado que le diera 1 litro de ácido sulfúrico al 100 %, era el más peligroso, el que reunía más requisitos de cuidados y precauciones en su uso, por lo que le costó un poco convencer a su compañero de trabajo que lo quería para hacer una prueba experimental secreta, pensando en mejorar un proceso, en el marco de circulo de calidad al que el pertenecía y que buscaba mejorar la calidad de la gestión en su trabajo, disminuyendo los accidentes del trabajo. Fue difícil, sobretodo porque le pidió que no registrara nada de ese pedido, pues sospechaba de un jefe que le tenía envidia y no lo dejaría seguir con el experimento. Al final de muchos dimes y diretes en buena onda, el huaso logro convencer a ese ejemplar empleado de esa prestigiosa empresa que le diera el litro de ácido sulfúrico.

    Había avisado a su esposa que tenía turno de mañana por tercera vez saliendo de un turno de noche, es decir, había avisado tres veces que iría a doblar por lo que no volvería a casa hasta pasado el mediodía. Se iba al atardecer y no volvía hasta pasado el mediodía del otro día. Era solo cosa de esperar. El practicaba la pesca en ese río de su provincia, ese el más largo del país y que causaba risa cuando él lo decía, porque por la ciudad pasaba como un simple riachuelo y en algunas partes como acequia, según los entendidos. Como buen pescador, sabía que debía elegir el mejor lugar, la mejor carnada y tener mucha paciencia hasta que el pez se comiera la carnada completa.

    Se ubicaba frente a su casa a observar, a vigilar, a esperar a que llegara la presa. Y tenía paciencia. Permanecía inmóvil horas y horas mirando directamente a la casa desde un lugar donde no levantara sospechas y donde no lo pudieran ver. Sabía que ese era el horario que elegían para verse. Lo dedujo. Ella quedaba sola, pues la hija se iba al colegio, así que era el momento propicio. Y tenía que ser allí en su propio hogar, pues donde quisiera ir ella fuera de la casa, lo hacía con él o con su hija.

    Vio llegar el auto. Se estacionó cerca donde estaba el y se tuvo que ocultar rápidamente para no ser descubierto. Del auto se bajó el conductor, el flaco de 25 años, se bajó el amante de su esposa. Pero inmediatamente se abrió la puerta del copiloto del auto y bajo otro joven de edad parecida o un poco más joven y salieron caminando rauda y sigilosamente hacia la casa, su casa. Eran las 08:45 h. Todo coincidía según sus cálculos. Su hija ya debía haber tomado el furgón que el pagaba y que la pasaba a buscar por la puerta del patio, pues había otra amiga que se subía al mismo furgón y vivía al frente de ellos.

    Dejo pasar un tiempo prudente. ¿Que era tiempo prudente se preguntaba el?, sobre todo si sentía que cada segundo era un año y cada minuto que pasaba un siglo. La perra ya no se apareaba con uno solo, no le era suficiente. Ahora quería dos. Por eso que dudaba para poder saber cuál era el tiempo prudente para que el señuelo fuese comido completo y poder tirar la caña de pescar. Lo definió en media hora.

    Palpo el objeto cilíndrico de hierro que llevaba en un bolso de cuero que usaba para llevar su vianda al trabajo. Ahí estaba su instrumento justiciero. Ahí estaba la sentencia de su destino. Ahí estaba el empujón al precipicio. Caminó decidido hacia su casa. Abrió con calma y sigilosamente la puerta de entrada. No quería sorpresas para nadie. Camino rápido, raudo y casi a ciegas los pasos para llegar a su dormitorio, el dormitorio matrimonial. Se paró en el umbral de la puerta, tomo aire, abrió el tubo que contenía el ácido. Escucho los resoplidos de la perra en celo, abrió la puerta, los vio, se acercó un poco pues todavía no lo sentían venir, ni tampoco lo harían. Estaban anillados y entregados al placer bestial. Ella cabalgaba arriba de él, brazos estirados al cielo cabeza tensa, ojos cerrados, sonidos y jadeos guturales. Fue un segundo que duro un siglo y no quiso saber más ni ver más. Un movimiento del tubo dirigido hacia ella y el segundo que contenía la mayor parte del ácido para él.

    Ambos abrieron los ojos y al instante supieron lo que pasaba. El olor a carne chamuscada se confundía con los leves quejidos de los perros amantes agonizando para su bendita, vengativa y eterna felicidad.

    Volvió el rostro al escuchar ese alarido suplicante y la vio. Una sombra se escurría por detrás de ella. Quedó paralizado al descubrir la otra verdad.

  • Viuda reciente, madre caliente (2)

    Viuda reciente, madre caliente (2)

    Capitulo: Soy la puta del chulo de mí hijo.

    Al final del primer relato, expliqué cómo mí hijo Mario me consoló de mí reciente viudez, follándome y dándome un placer que mí difunto marido nunca supo darme.

    Desde que me folló por el culo, me he vuelto una madre muy guarra y caliente, queriendo recuperar con mí amado hijo el tiempo perdido, disfrutando al máximo al ser follada por el culo. Me he vuelto una adicta del sexo anal, además de una verdadera puta y sumisa, permitiéndome que mi hijo me chulee, llegando a permitir que el muy chulo y perverso, me prostituya en los cines de barrio, haciéndome que pajee a los abuelos, y obligándome a que le de todo el dinero a él, siendo así mí chulo además de mí Amo, cosa que debo reconocer para vergüenza mía, me gusta y me hace feliz, cómo me chulea y me somete cómo a su perra sumisa.

    A la semana de haberme follado por el culo, mí hijo me propuso que le dejara dormir conmigo en mí cama, así según él no me sentiría tan abandonada y triste

    —Mamá que te parecería si duermo contigo en tu cama, así no te sentirás tan triste y sola, quiero que no estés triste más tiempo, papá casi nunca te hacía caso últimamente.

    —Tesoro sé que lo haces por mamá, pero me da algo de vergüenza que durmamos juntos, apenas hace seis meses de su muerte.

    Reconozco que has sabido darme más placer, que el que tu padre me dio nunca, pero mí educación me hace que tenga remordimientos, me siento culpable de dejar que me hayas hecho tuya, de aquella manera, gozando cómo animales los dos… mientras le fui hablando me quité la chaqueta negra y la blusa, quedándome con un vaporoso body de color azul eléctrico, que mostraba mis menudos pechos casi del todo, apenas cubiertos los pezones por la blonda negra del borde.

    La mirada de mí hijo se clavó en mis tetas, mientras yo le iba hablando, sintiendo cómo mí coño me traicionaba, humedeciéndose al sentir los ojos de mí hijo en mis pezones, que se mostraban henchidos y duros por la excitación que me provocaba su lasciva mirada.

    Mi hijo me interrumpió, a la vez que me atrajo hacia él cogiéndome de la mano, haciendo me sentara en sus muslos, igual que hiciera el sábado pasado al volver del cementerio, al descubrirme mientras me pajeaba

    —Mamá sabes de sobras que tu cuerpo necesita ser acariciado, que mis manos lo acaricien cómo sólo yo sé hacerlo, por eso tienes ya los pezones duros de excitación, así que no trates de engañarte a ti misma ni engañarme a mí.

    Seguro tienes ya el chocho húmedo de deseo, eres una madre muy guarra y lo sabes. Mientras se atrevió hablarme así, subió su mano por mis muslos hasta mis bragas, agarrándole yo la mano, pero sin hacer nada por detenerlo, mientras le pretextaba sin ninguna convicción

    —n-no… e-es… cierto hijo, no me acaricies así, haces qu-que me confun… da… mmm… ah. Su mano me acarició todo el coño por encima de la tela, sin que mí mano encima de la suya la detuviera, descubriendo rápidamente cómo tenía de húmedo el coño.

    En ese instante Mario se sacó la polla, haciéndome que se la agarrara, a pesar de que intente resistirme.

    —n-no Mario… no me hagas esto, soy tu madre, no…

    En cuanto mí mano la agarró, los dedos se cerraron alrededor de aquella barra de carne dura y gruesa, quedando hipnotizada por lo dura y gruesa que se mostraba, con aquella cabeza tan gruesa y amoratada que parecía amenazarme con follarme.

    Mis dedos se cerraron solos, de forma morbosa y obscena, sintiendo cómo latía aquella verga a cada caricia mía, parecía que mí mano no me obedecía, notando cómo empapaba los dedos de mí hijo con mis jugos, que no dejaba de soltar a cada instante, mientras yo le decía que no me tocara así.

    —no me acaricies así nene… ah… ah… no metas tus dedos así… ah. Excitándonos los dos por el lascivo chapoteo de sus dedos en mí chocho, haciendo que me corriera de placer, y mi cara se cubriera de un intenso rubor violáceo hasta las orejas, por la intensa excitación y vergüenza que sentía a la vez, ocultando mí cara en su hombro, mientras gemía y sollozaba de placer.

    —Oh mamá tu coño no para de chapotear jugos…córrete así, Oh tu mano agarra muy fuerte la polla, córrete así so guarra, que chocho tan jugoso tienes… oh sí, cómo me tironeas la polla mamá.

    —ah… ah… nene no toques así mí coño… ah me corrooo… ah… ah… no me los metas así… ah me corrooo… me confundes, oh tu polla… ah.

    Mientras me corría intensamente, me agarré al cuello de Mario con fuerza, facilitando así que el muy aprovechado no perdiera la ocasión de besarme y lamerme la oreja y el cuello, excitándome cómo una adolescente, hablándome muy caliente, diciendo cosas muy guarras y excitantes, haciendo que le agarrara la polla cada vez con más deseo.

    —oh mamá… no paras de correrte so cachonda… cada vez me agarras la polla con más deseo pedazo guarra, voy a dormir contigo cada noche, y follarte, estás deseando te vuelva a dar por culo… puta incestuosa, cómo te chorrea jugos el chocho, mamá guarra…

    —Al oírle hablarme así, me excite más a la vez que le negaba que quisiera me follara por el culo, ni que iba a permitirle dormir en mí cama, cómo él quería.

    —n-no es cierto… aaahhh, te aprovechas de tu débil madre… aaahhh no toques así mí chocho, haces que me confunda… aaahhh me corrooo sin parar… no voy a dejar duermas conmigo… so golfo… aaahhh.

    Mi hijo sabía lo excitada que estaba, pese a mis protestas, sintiendo cómo yo le tironeaba y acariciaba la polla con más deseo a cada instante, con un morbo y una lascivia, dignas de una perra en celo, y no de una madre.

    Al escuchar mis protestas pese a que estaba deseando me follara por el culo, me echó en sus muslos, subiéndome la falda y bajándome las bragas hasta medio muslo.

    En esta vergonzosa pose, me nalgueó varias veces, separándome los muslos con sus piernas, mientras me mantenía inmovilizada sosteniéndome un brazo en la espalda, al verme así tratada proteste gritándole cómo una loca, pataleando, consiguiendo que me azotara más intensamente cuanto más gritaba yo. Para más vergüenza y desconcierto mío, me descubrí empapando mis muslos de jugos, cosa que no le pasó por alto a mí hijo, haciéndomelo saber, diciéndome lo guarra y lo puta que era.

    —Te voy azotar hasta que aceptes que duerma contigo a partir de hoy mamá, tu coño no para de soltar jugos cómo un grifo mal cerrado, so perra, que te arda bien el culo, mira cómo tienes el chocho, so cachonda, estás deseando te folle el culo cómo papá no te lo quiso follar nunca, que chocho tan guarro y jugoso tienes mamá, está hambriento de mis caricias… puta.

    Mario me acarició todo el chocho y el culo cómo quiso sin prisa ninguna, metiéndome dos dedos lentamente en el coño, y el pulgar en mí ofrecido ano, arrancándome gemidos y sollozos cómo nunca nadie había logrado hacerlo nadie, por lo bien que el muy golfo estaba sabiendo tocarme, haciendo que me corriese sin parar en una cadena de orgasmos, a pesar de mis gritos, insultos y protestas, sabiendo él que no vivía nadie cerca de nosotros, no preocupándole que nadie pudiera oírnos.

    — oh mamá… ufff que chocho tan húmedo y abierto tienes, estás deseando te lo acaricie así todo… mmm, ¡¡qué chocho!! Cómo me aprietas los dedos de rico así… toma mis dedos so guarra, no paras de correrte… y tu culo tan hambriento oh que bien te meto todo el dedo, so cachonda… no paras de correrte mamá que puta eres… ufff.

    —ah… ah… ah… ¡¡chulo!! no me acaricies así el chocho… ah me corrooo…  mmm… no me metas así los dedos… ooohhh… ooohhh… mi coño, no es verdad so golfo… ah… te aprovechas de tu madre viuda… aaahhh… aaahhh… aaahhh… no metas tu dedo así en mí culo… ah… Mario… ooohhh… me corrooo… ¡¡cabrón!!… me matas de placer, ¡¡so chulo!!

    Mi cuerpo para darle la razón a mí pequeño, iba por libre, mi mano izquierda que estaba libre de sujeción alguna, apoyada en su cadera, en el momento que me corría con más intensidad, por el mete saca de los dedos de mí hijo, agarró el paquete de mí hijo, que parecía iba a reventar el pantalón de deporte que llevaba puesto.

    Al sentir la caricia mí hijo, me echó así cómo me tenía encima de mí cama, atándome ambas manos a la espalda, dejando mis piernas fuera de la cama.

    En ese instante se subió en la cama, enfrente mío de rodillas, cogiéndome por el pelo y haciendo me tragara toda la polla hasta producirme alguna arcada, follándome la boca cómo nunca me lo hizo nadie. Mí coño más excitado, lo sentía palpitar a cada embestida de la polla de mí hijo en la boca, sintiendo cómo me metía el cipote hasta la garganta.

    Arrastrada por el placer que me provocaba el muy golfo, cerré los labios alrededor de la barra de carne, succionándole así con fuerza toda la polla, provocando más su excitación.

    — mmm… oh… mamá… que rico me comes la polla ¡¡so perra!! tómala toda así… mmm, hasta dentro así trágatela toda, mamá cachonda.

    Mi pequeño me agarró del pelo con fuerza sin dejar que respirara, con toda la polla metida en mí garganta, consiguiendo que tuviera arcadas al no poder respirar, hasta que me la sacó unos instantes, y después de tomar una bocanada de aire, me la volvió a meter toda otra vez.

    — cof… cof… me… aho… gas… cof… cof…

    — eso te pasa por guarra, ¡¡trágatela toda venga!!

    Esto me lo ordenó teniéndome cogida del pelo, pero sin tironearme hacia su polla, sino que yo cómo una perra sumisa, de ver cómo mi hijo me dominaba con esa seguridad, me la tragué toda pasándole lentamente la lengua a lo largo de toda la polla, saboreándola con autentico vicio y lujuria, provocando la perversidad de él, haciendo me nalgueara intensamente, mientras me hablaba cómo a su perra.

    — mmm… oh… oh… ¡¡perra!! Así saborea bien toda mí polla, pedazo guarra, te voy hacer mí perra sumisa mamá… ah… ah… sí… lámeme así toda la polla… voy a nalguearte bien duro, hasta que me supliques que te folle, ¡¡puta!! Que rico me comes la polla mamá… no pares… aaahhh… aaahhh…

    Mario al ver cómo mí boca rozaba sus huevos, y me tragaba toda la polla se excitó cómo un animal.

    — ufff me voy a correr si me la comes así toda… oh mamá… párate o me correré en el fondo de tu garganta… oh… que boca tienes.

    Al oír a mí hijo le obedecí, mientras siguió azotándome el culo y dándome palmadas también en mí chocho, lo que provocó me corriera empapándole los dedos, a la vez que le supliqué con voz cargada de lascivia y deseo mal disimulado.

    — mmm… ah… me corro otra vez… ¡¡fóllame ya!!… mmm.

    Mario al verme así de excitada, sin perder tiempo se colocó detrás de mí, pasándome la lengua por todo el chocho y el ano, cómo si le fuera la vida en ello, haciéndome gemir de placer.

    — mmm… ah… ah… mmm neneee…

    Su perversa lengua se introdujo en mí culo, lamiendo mí esfínter hasta conseguir que se le abriera todo ofrecido, en ese instante escupió en mí ano y enfilo la gruesa cabeza de su polla en mí ofrecido culo, a la vez que me daba una fuerte nalgada mientras me ordenaba — empuja tu culo hacia mí cipote mamá, ¡¡SO PERRA!!

    — ah… ah… ¡¡nene!! tienes la polla muy gruesa… ah… me vas a romper el culo… ah.

    Pese a mis pobres protestas, le obedecí sintiendo cómo su grueso cipote me penetraba, excitándome cómo una guarra de sentir el cipote de mí hijo en mí culo, mientras no dejaba de azotarme las nalgas y tironearme del pelo.

    —AH así guarra, ¿Sientes cómo te entra el cipote, perra? Voy a soltarte las manos, espero no me tenga que arrepentir, quiero que te abras las nalgas con ambas manos, y me pidas que te folle el culo, ¿Entendido mamá? Toma mí polla… oh… que culo tienes GUARRA.

    Mientras me decía esto último, metió la mitad de la polla de una embestida, sin miramiento ninguno, tratándome cómo si fuera mí chulo y yo su puta, excitándome cómo un animal de verme tratada así por la sangre de mí sangre.

    — ooohhh… ooohhh… sí folla así el culo de tu madre… ¿así quieres que te abra las nalgas, so golfo…?

    Al ver Mario cómo le abría las nalgas, y pedía me follara el culo cómo una guarra en celo, me agarró fuerte de las caderas y me empaló toda la polla, hasta que sentí sus huevos chocar contra los labios de mí coño, arrancándome unos gritos y gemidos cómo si me matara, sin importarme que mi hijo viera lo puta y viciosa que era su madre, loca de placer y arrastrada por el morbo y la excitación que mí nene, había conseguido provocarme.

    — oh mamá que puta eres… oh sí toma toda mí polla así… todaaa, cacho perra… oh cómo te follo tu estrecho culo… toma toda la polla… ¡¡guarra!! aaahhh… aaahhh

    — ¡¡que polla!!… oh nene sí… follate mí culo así… cabrón… aaahhh… aaahhh… aaahhh… méteme toda la polla en el culo… me matas de placer hijo puta… follate a tu puta así…

    Mario arrastrado por mí excitación, y la lujuria que había en el aire de la alcoba, se estiró encima de mí espalda, cogiéndome todo el chocho con una mano, y las tetas con la otra, clavándome la polla en el fondo de mí culo, con un mete saca rápido y profundo, como si fuera un perro rabioso, sabiendo acariciarme el muy golfo mi hinchado clítoris, haciendo que me corriera loca de placer, encadenando orgasmos uno tras otro, mientras me rompía el culo clavándome el cipote en el fondo de mí culo igual que un animal, a la vez me mordía el cuello y la oreja con su cara oculta en mí melena, mientras me hablaba cómo un chulo habla a su puta sumisa.

    — oh… oh mamá… voy a follarte por tres sitios a la vez, cacho guarra, sí toma toda mí polla puta cachonda… así, mira cómo te cojo todo el chocho, so perra, y las tetas… aaahhh, que bien te clavo así toda la polla… toma mí cipote… oh que culo… tienes la pipa muy hinchada… toma mí cipote…

    —ah… ah… ah… sí cabrón… ah… me la estás clavando todaaa… ¡¡so chulo!!… nadie me ha follado así… sí coge mí chocho así hijo puta, me matas de gusto, me corro sin parar… follate mí culo así cariño… dame por el culo cabrón, no sé ni que te digo, me matas de placer, no pares de follarme.

    El chulo de mi hijo, para hacerme ver que estaba decidido a hacerme su perra, además de su sumisa y su puta, se subió encima de mí grupa cómo si fuera realmente un perro.

    En esa postura me clavó toda la polla, sacándola casi en su totalidad en cada embestida, rompiéndome el culo, y haciéndome sentir una autentica guarra y una perra así con mayúsculas, mientras me hablaba de forma soez y perversa, consiguiendo que me corriera cómo nunca lo he hecho antes, haciendo que perdiera prácticamente la consciencia por el placer que sentí, viéndome arrastrada por la lujuria y la perversidad de mí hijo.

    — Ahora sí que te voy a follar bien follado este culo tan guarro que tienes… so guarra… así toma la polla de tu nene, bien clavada… oh que culo tienes mamá… toma polla.

    —ayyy… ayyy… ayyy… ¡¡cabrón!! cómo me fo… llas así el culo… ayyy.

    — ¿ayyy…? ¿Así te entra bien, so perra?, ¿así quieres que te folle el culo, verdad puta viciosa?

    —ayyy… ayyy… ¡¡chulo!! me estás rompiendo el culo… sí follate mí culo así hijo puta, dame así por el culo hijo… ayyy… ayyy que polla me clavas, me voy a desmayar de gusto… aaahhh me corro por el culo, sí follate a tu madre por el culo así… ayyy cabrón me corrooo…

    —aaahhh puta sí… que rico mueves el culo… toma polla así… me corro, te voy a llenar el culo de polla y leche… tomala toda hasta el fondo, me corro contigo, así hasta el fondooo…

    —ayyy… ayyy… sí córrete conmigo… aaahhh cómo me la metes todaaa hijo, llena mí culo de leche así… ayyy… ayyy… me quemas cabrón… ayyy me corrooo yaaa… me voy a desmayar… ayyy… ¡¡que polla!!…

    —sí toma la leche so guarra… aaahhh me corro en tu culo mamá… así toda la polla hasta el fondo…

    Al cabo de unos minutos cuando desperté, mi hijo me había tapado con las sabanas y permanecía a mí lado, jugando con mí melena entre sus dedos.

    Desde esa misma tarde, mi hijo durmió en mí cama, como si fuéramos amantes en vez de madre e hijo, aunque me trata en realidad más cómo a su perra sumisa y su puta.

    La empresa donde yo trabajaba cerró, así que Mario decidió que los fines de semana hiciera de puta para él. Me hizo poner un anuncio en un conocido diario de Génova, donde me ofrecía a tener contacto con Sres. maduros en un cine de barrio, en el que exhibían películas eróticas.

    A cambio de 20 euros dejaba que los abuelos me manosearan el coño y las tetas, hasta que los hacía correrse. Esto al principio me pareció una atrocidad, dejarme chulear así por mí propio hijo en un lugar público.

    Con el pasar de las semanas, le fui cogiendo el placer, sobre todo por lo caliente y cachonda que acababa después de cada jornada, de sentirme manoseada por extraños en la oscuridad de la sala, sacarles la leche a uno tras otro. Si la tarde era buena, conseguía pajear a tres o cuatro maduros, o incluso a cinco alguna vez, sacando de 80 a 100 euros para mí chulo.

    Mi hijo permanecía en la fila de atrás, sin perderse detalle de cómo manoseaban a su mercancía, no fuera que algún salido fuera a pasarse de listo, cosa que en parte me tranquilizaba, aunque también me hacía sentirme más puta aún si cabe.

    En alguna ocasión, mi hijo ha llegado a susurrarme obscenidades al oído— Te… excita… ser… acariciada… así… por… un… extraño… ¿verdad pedazo guarra? sabes… que… tu… hijo… está… detrás… de… ti… vigilándote… ¡¡PUTA!!…

    Mientras el maduro estaba concentrado en correrse, no se enteraba de nada. Cuándo esto ocurría, yo me excitaba mucho más, aunque tratara de negarlo por pura decencia y coquetería femenina, aun sabiendo que no conseguía engañarle.

    —Mmm… n-n… no pervertido… mmm… no es verdad… Aaahhh… me… estás pervirtiendo… hijo… vicioso… Aaahhh… lo… hago… porque… te gusta… chulearte… a… tu… propia… madre.

    Esta… noche… te…romperé… el… culo… con… más… deseo… hasta… que… te corras… por… el… culo… mamá-cachonda… —. Al oírle hablarme así, le susurre toda ofendida y más excitada a mí pesar—mmm… ¡¡cabrón!!

    Me gustó sentirme una autentica guarra, una pajillera de cine de barrio a la que su chulo —mí hijo— nada más llegábamos a casa, me hacía postrarme de rodillas ante él, cogiéndome del pelo, me hacía lamerle la polla sin prisas, dejándomela saborear con autentico deleite, comprobando lo dura y gruesa que se la ponía rápidamente, y me metía la polla en la garganta, no parando de follarme la boca, hasta que le sacaba la leche al chulo.

    El muy cabrón sabe lo guarra que soy, cómo me calienta y excita verme tratada así por él. Nada más correrse me hacía poner a cuatro patas en nuestra cama, o reclinada en una silla, mientras me nalgueaba el culo o me flagelaba con una fusta de doma, comprobando cómo me excitaba al ser azotada así, por cómo soltaba jugos mí chocho, llegando a empapar mis muslos.

    Con cada nalgada o golpe de la fusta, mi piel vibraba haciéndome gemir y sollozar a mí pesar, teniendo que reconocer que mi hijo tenía arte para azotar y flagelarme cómo lo hacía

    — mmm… ufff… que rico me comes la polla mamá, cada día eres más puta y guarra, necesitas que te domine y someta duro así, que te ardan las nalgas al sentarte ¡¡so viciosa!! tienes el coño babeando jugos ¡¡perra!!, te voy a follar cómo nunca te lo hizo papá, que te corras de placer cómo una fuente.

    Al descubrir cómo me tenía de cachonda, me metía la polla en el coño y el culo, con fuertes y profundas embestidas, cómo un animal en celo, sin olvidarse de estirar y retorcerme mis gruesos pezones, cosa que me ponía loca de cachonda, tironeándome del pelo sin dejar de azotarme, hasta que me hacía correrme varias veces, cómo una perra, arrastrándome con él en una atmósfera de lascivia y perversión, provocando que le hablara cómo a mí chulo y Amo, en vez de como a mí hijo.

    —no me folles así de fuerte…haces de mí lo que quieres… ooohhh… siento tu polla en el fondo de mí culo… ¡¡chulo!!…me dominas y sometes cómo a tu perra sumisa sí… no pares de follarme así… te siento cómo a mí puto amo… rómpeme el culo así… ooohhh… ooohhh… que follada me siento por ti amo… me corrooo yaaa…

    — ufff… perra que bien te follo así tu vicioso culo… ooohhh… que culo tan tragón tienes… sí córrete con tu amo mi perra sumisa… toma toda la polla y la leche… me corrooo yaaa ufff…

    —aaahhh… aaahhh… sí dame toda tu leche yaaa… me rompes el culo cabrón… me corrooo amo mmm…

    Después de medio año desde que me hiciera su puta, Mario me hizo contactar con hombres más jóvenes cada vez, pues comprobó que pagaban más que los maduros, ya que estos últimos estaban muy resabiados y les costaba soltar el dinero.

    Los jóvenes estaban encantados de poder meterle mano en el cine, a una Sra. de buen ver y si encima les hacía correrse, se volvían locos de excitación. Además, yo misma descubrí, que me producía un mayor placer sentirme manoseada por chicos que podían ser mis hijos por la edad que tenían, excitándonos mucho más los dos, follando cómo dos animales nada más volver a casa.

    Dispuesto a someterme más cada día, Mario no hubo noche que no me follara en nuestra alcoba, después de haberme azotado y nalgueado previamente, hasta dejarme las nalgas bien marcadas de moretones. En realidad, más que madre-hijo, éramos desde hacía meses, amantes libidinosos, donde la lascivia y la lujuria, junto con el morbo y la mayor perversión, llenaban nuestros sentidos, sintiéndome a la vez, la perra de mi hijo, cosa que me hacía estar todo el día en celo, esperando ser dominada y follada por mi pequeño.

    Conforme pasaban los meses, mi hijo se volvió más perverso, llegando a follarme en la calle cuándo ya se hacía oscuro, e incluso en el cine en una ocasión, después de que me manoseara un chico africano, al cual aún recuerdo por la polla que se gastaba, el mocoso.

    Mi hijo al verme tan excitada y tan guarra, pues llegué a comerle la polla hasta que se corrió, lanzando unos chorretones de leche increíbles, me llevó a la última fila dado que, al ser una sala de barrio, un Viernes noche apenas habría más de una decena de personas.

    Nada más tomar asiento él, me asió del pelo y me metió la polla hasta el fondo de la garganta, el muy vicioso, después de haberme puesto de rodillas en el suelo, entre sus piernas.

    Le lamí la verga sin prisa alguna, gozando de cada centímetro de aquella barra de carne, corriéndome sin tocarme de sentirme tan puta con mi amado hijo. Cuando ya no pudo más, me hizo sentarme encima de él dándole la espalda, haciendo que yo misma me empalara su gruesa polla, arrancándome un gemido profundo en forma de susurro ─…mmm… follameee… ─al sentirme tan empalada, notando su grueso cipote en el fondo de mi coño, cómo pocas veces lo he sentido.

    Loca de excitación, provoqué a mi pequeño para que me llenara de su leche, sabiendo cómo se excita cuando su madre le habla de forma soez, consiguiendo que se corriera a los pocos segundos.

    Al cumplirse justo un año de la muerte de mi difunto esposo, Mario me sorprendió queriendo acompañarme esa tarde al cementerio. Yo no daba crédito a lo que oía, pero me alegró su decisión, sin pensar en las perversas intenciones que poco después descubrí.

    Haciendo un alto en lo que aconteció esa tarde en el cementerio, desde que me folló en el cine, me impuso que no utilizara bragas jamás, salvo que tuviera la regla obviamente, por razones de higiene.

    Al ser el mes de noviembre en esas fechas anochece a las cinco de la tarde por lo que, a esas horas, el campo santo no recibe ninguna visita, menos aún en un pueblo tan pequeño y tranquilo cómo es el nuestro.

    Todos saben que el vigilante del cementerio es un hombre jubilado, que no cierra jamás las puertas en otoño, sino que se limita a dejarlas ajustadas nada más.

    Nada más terminar de comer, mi hijo me estiró encima de la cama, con las piernas fuera a los pies de la cama, esa postura le encanta para azotarme y follarme, y me ató las manos a la espalda, utilizando una media.

    En esa postura, me nalgueó todo lo que quiso, más de media hora, a la vez que me lamió todo el coño, sin olvidarse de mi culo, recorriéndome con la lengua toda la canaleta, del ano al coño.

    Yo me corrí varias veces de una forma morbosa, sin parar de gritar y soltar jugos cómo una fuente del vicio. Cuando le pareció que tenía el ano bien lubricado, me dio por culo hasta que nos corrimos juntos, llenándomelo de su leche.

    Así nos fuimos a ver la lápida de su padre, con la leche de mi hijo aun caliente, resbalando por mis muslos. El silencio era sobrecogedor, a pesar que no eran más de las cinco y media, al abrir la cancela los goznes chirriaron de una forma que me hizo sobresaltarme, provocando que Mario se sonriera a la vez que me soltó una fuerte nalgada.

    Al llegar delante de la lápida, Mario se pegó a mi espalda, poniendo su cara oculta en mi negra melena, a la vez que me pasó las manos por las axilas, cogiéndome las tetas por e

    Yo pretexté muy poco su atrevimiento, mientras le hablé a su padre cómo solía hacer siempre

    ─ Paolo te echo mucho de menos…me has dejado muy abandonada, me siento apenada por tu muerte, lo llevo mejor gracias a nuestro hijo…─ mientras hablaba con su padre, Mario me frotaba cada vez con más fuerza el enorme bulto de su polla, a la vez que me besaba por el cuello, lamiéndome la oreja, poniéndome muy cachonda de lo atrevido y perverso que era, por atreverse a tanto, delante de la tumba de su padre─. Mario hizo que me reclinara sobre la sepultura, doblada hacía adelante, en esa postura me metió la polla en el culo, sin prisa ninguna, haciéndome sentir bien cómo la gruesa cabeza de la polla me abría el ano, haciendo que se la mordiera fuerte con los esfínteres de mi recto, el muy perverso, a la vez que me daba alguna nalgada y me hablaba en susurros, cachondo perdido de follar a su madre, allí, delante de la sepultura de su padre.

    ─ ah… Paolo… mira cómo cuida nuestro hijo de su pobre madre… ah…  viuda… ah… cariño… sí… follame así… hijo puta… me corro ya…

    ─ oh… oh… oh… mamá… que bien te follo así… delante de tu marido… puta… me muerdes… el cipote… sí… me corro… ya puta… toma mi leche…

    ─ ah… ah… ah… sí llename todaaa… que vea tu padre cómo me cuidas… me corro cariño.

    Nada más volver a casa, mi hijo me hizo sentir que desde ese instante, yo era totalmente suya, hablándome cómo un Amo habla a su sumisa, en vez de hablarme cómo a su madre.

    ─ Mamá ponte los tacones negros y las medias de cristal, las que tienen la costura detrás, y maquíllate cómo tú sabes que me gusta lo hagas, y espérame en el comedor, ¿Lo has entendido?

    ─Sí cariño, ahora mismo te complazco.

    A los pocos minutos me llamó desde nuestra habitación, dejándome con la boca abierta por lo que vi al entrar. Estaba la alcoba iluminada con velones colocados de forma que la cama quedaba toda iluminada, el resto permanecía en penumbra, el aire olía a sexo y lujuria, a vicio incestuoso, pero también a incienso, creo que era selva madre, olía muy bien.

    Su voz me sacó de mi ensimismamiento ─Ponte a cuatro patas en el centro de la cama mamá.

    Su voz sonó segura, firme, yo le obedecí con sumo placer. Nada más tenerme cómo era su deseo, me ató de las muñecas y los tobillos, a las cuatro esquinas de la cama. Teniéndome así, me acarició con una fusta de doma que no había visto antes nunca, deteniéndose sobre todo en mis pezones, pasándomela por la canaleta del ano al coño, dándome con ella en el coño, haciéndome aullar de dolor y placer, al sentir cómo la lengüeta golpeaba mis labios, hinchados y abiertos, que comenzaban a soltar gotas de jugos.

    Después de acariciarme toda la espalda, erizándome toda la piel, se ausentó un instante ordenándome antes─ ¡¡ no te muevas perra!! ─.

    Al momento lo vi con un grueso cinturón de cuero en su mano derecha, antes de poder reaccionar, sentí cómo el cinturón se estrellaba en mi culo, haciéndome gritar de la quemazón que sentí, al contacto del cuero con mi piel─ aaahhh… Después de ese primer golpe hubo muchos más, consiguiendo el chulo de mi hijo, arrancarme mis primeras lagrimas cómo su madre-sumisa, sin que eso le frenara, hasta que me dejó ambas nalgas, marcadas igual que el diafragma de una partitura.

    Me dejó descansar unos minutos, tras lo cual se colocó detrás de mí, realizándome un masaje por toda la espalda y mis nalgas, ungiéndome algo parecido a una crema que olía bien, y que al contacto con mi piel, hizo que se calentara una barbaridad, poniéndome esa sensación muy excitada y cachonda.

    Recorrió con sus manos cada pliegue de mi piel, sin prisa alguna, deteniéndose sobre todo en mi poblado coño, ungiéndome esa pócima por toda la pelambrera y mis hinchados labios, que se abrieron dejando que los dedos me hurgaran todo el coño, dejándolo totalmente lubricado y brillante de aquel ungüento, chorreando jugos por cómo mi hijo supo acariciarme, con tanta pasión.

    Después de dejarme toda cubierta de aquella poción, se sentó encima de la cama de rodillas enfrente mío, me cogió con cariño de la barbilla, mientras me miraba sonriente a la vez que sus ojos desprendían una lujuria que hizo se me erizara toda la piel, sintiendo cómo me ardía toda la piel, y el coño dejaba resbalar gotas de jugos por los muslos.

    Me dio un bofetón intenso, haciendo que mi negra melena se me despeinara, cubriéndome el rostro, antes de darme tiempo a protestarle, me besó, dándome el mejor beso que nadie me ha dado jamás en mi vida.

    ─ Mamá quiero que desde hoy, además de ser mi madre seas mi pareja, mi mamá-sumisa, creo que yo puedo cuidar de ti, mejor de cómo te cuido papá, que te tubo abandonada casi siempre, te amo cómo un hombre ama a su mujer, ¿Estás de acuerdo o mis sentimientos te escandalizan quizás?

    Yo me sentí emocionada de comprobar lo maduro que se mostraba mi pequeño, provocando que mi corazón pareciera el de un caballo de carreras, por cómo me latía de rápido y fuerte, pudiendo contar mis pulsaciones, sin necesidad de tocarme. Perversamente disfrute aquellos segundos de mi silencio, viendo en su mirada, seguridad, decisión, pero también miedo a cuál podría ser mi respuesta, ante su propuesta nada convencional, sino todo lo contrario, amoral, perversa y pervertida, no habiendo lugar para dar marcha atrás.

    Le respondí balbuceando mi respuesta, cómo fingiendo estar algo sorprendida, pero la verdad era que yo deseaba y esperaba aquella propuesta inmoral, hacía varios días, deseándola tanto o más que Mario.

    ─ Y-yo… s-sí… estoy de acuerdo contigo cariño, realmente estos meses desde la muerte de tu padre, me has dado mucho más placer, y has sabido hacerme más feliz, de lo que él nunca supo hacerlo, yo también te amo hi…

    Sin darme tiempo a acabar de hablar el muy golfo me dio un nuevo bofetón con más intensidad que el anterior, hablándome cómo a su perra, provocando que mi coño, se humedeciera más, de verme tratada así por mi hijo-Amo

    ─ ¡¡PUTA!! te voy a someter y follar cómo a mi guarra, que es lo que estás necesitando, so perra.

    Mario se colocó detrás de mío, después de hacer que agachara mi cabeza, para ofrecerle mejor todo mi coño y mi culo, dedicándose a lamerme el chocho y el ano, sacándome los jugos a lametazos, metiéndome toda la lengua hasta el fondo del coño, cómo nadie me lo había hecho nadie, haciéndome solloza y gemir cómo si me matara de placer, gritándole de todo en voz alta, viendo por entre mis piernas, la terrible erección de mi pequeño, sin que yo le hubiera acariciado lo más mínimo, su lengua me lamió los hinchados labios, haciendo que le frotara el coño contra su boca, para que se lo comiera mejor

    ─ nene… sí… mmm… comete el chocho de tu madre así… oh… oh… sí mete toda la lengua hijo, me corro en tu boca… ooohhh… tom mis jugos ¡¡cabrón!! me matas de placer hijo… ooohhh… ooohhh… ¡¡follame!! lo necesito so golfo… ooohhh… no paro de correrme.

    Loco de excitación por cómo me tenía de cachonda, me enfiló la gruesa cabeza de la polla en el ano, mientras me hablaba cómo a su puta.

    ─ oh mamá que puta eres… mmm, toma toda la polla así so guarra…

    ─aaahhh… hijo… la tines muy gorda… aaahhh… más despacio… aaahhh…

    ─ ah… que bien te la meto así puta… no paras de empujar tu culo, para que te folle más. Clavándome toda la polla de golpe, volviéndome loca de placer, de sentir su cipote en el fondo de mi culo, empujando yo mi culo para sentir más su polla, lo incite a que me follara cómo a su perra.

    ─ aaahhh… aaahhh… aaahhh… ¡¡que polla me das!! follame cómo a tu perra hijo… damela toda nene… me corro yaaa… mmm.

    Mario se subió encima de mi grupa, cómo si imitará a un perro de verdad, apoyándose con sus manos en mi espalda, sin sacarme la polla del culo, en ningún instante, en esa postura se lio a encularme cómo un perro rabioso, clavándome la polla, hasta que sus huevos chocaron en mi coño, con un mete-saca muy rápido sacando y metiendo la polla casi en su totalidad en cada embestida─ haciendo que le gritara, fuera de control, por lo bien que me estaba follando, corriéndonos juntos, locos de lascivia y morbo, por la follada tan guarra y excitante que estábamos protagonizando, en total complicidad madre e hijo

    ─ ooohhh… ooohhh… ooohhh… así me la clavas más… ooohhh… cómo siento tu polla… aaahh… aaahhh… sí dame por culo así hijo… me corro cabrón… aaahhh… llenamelo de polla y leche… aaahhh… ¡¡cómo me follas!!

    ─oh mamá sí toma mi leche me corrooo contigo, así todaaa… aaahhh… puta… mmm.

    ─sí dale a mamá toda la leche… mmm.

    Así es cómo mi hijo Mario y yo, vivimos desde que falleció mi marido. ─. Paolo, nuestro hijo Mario me lo da todo…

    FIN

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