Autor: admin

  • Ruta 66

    Ruta 66

    Tengo dos pasiones, la fotografía y las motos, con 18 años conseguí unirlas y empecé a viajar sola a sitios lejanos remotos e insólitos, siempre que puedo hago una escapada, mis padres no están de acuerdo piensan que es peligrosos que una chica con 24 años viaje así de esa manera, había recorrido la península ibérica y gran parte de Europa, había fotografiado a sus gentes, ciudades y pueblos, me encanta plasmar la vida en mi cámara. Llevo planeando un viaje que me ronda desde hace más de tres años, recorrer la ruta 66, más de 3800 Kilómetros desde Chicago a Los Ángeles, la gran carretera que atraviesa los Estados Unidos y había una parada obligatoria en Arizona aunque tendría que desviarme un poco “El Gran Cañón”. Como ya os digo llevaba más de tres años preparando este viaje, y pesar de las broncas con mi familia, mis amigas que decían que estaba loca pero ese verano iba a realizarlo.

    Llego el día de mi partida, solo mi amiga del alma Cristina me fue a despedir al aeropuerto, cogí un vuelo para Chicago, me esperaban 20 días por delante de un viaje apasionante que nunca habría pensado que me pondría mi vida patas arriba cambiándomela por completo. Salí de Chicago con mi moto después de haber llenado ya de fotografías casi una tarjeta de memoria de aquella ciudad y alrededores, aunque la ruta se puede hacer bien en unos 11 días, yo me la había planteado hacerla despacio, quedándome en aquellos lugares que mas me llamaran la atención, me iba parando un muchos pueblos donde cámara en mano me convertía en una auténtica reportera de gentes y lugares.

    El primer lugar donde pare hacer noche fue en Springfiel, en un pequeño hotel con bastante encanto, fue cuando me fije en el por primera vez cuando se bajó de su moto, un chico alto, guapísimo con un cuerpo de infarto, tendría más o menos mi edad, pelo coto, castaño, con unos ojos azules muy claros, era de es chicos que todas las mujeres nos giramos para mirar, después de ese regalo para la vista me metí en la ducha para relajarme del camino, luego saque mi portátil y pase todas las fotografías. El resto de los días transcurrieron de la misma manera, a veces me encontraba con este chico, llegue a pensar que me estaba siguiendo o quizás yo a él, porque cuando llegaba algún pueblo veía ya su moto y le veía fotografiar como yo solía hacer, fueron tantas veces en las que nos encontrábamos que ya nos saludábamos, el sonido de su voz me encantaba.

    Habían transcurrido 7 días de mi viaje, me encontraba realmente cansada, acababa de entrar en la ciudad de Amarillo, entre el sudor y el polvo del camino me llene la bañera y me metí en ella para relajarme, allí empecé a visualizar en mi mente todos los lugares y las gentes que había visto, una imagen me se repetía, era el, la de mi chico como empecé a llamarle para mi, empecé acariciarme los pechos, dándome pequeños pellizcos en mis pezones, no me podía quitar su imagen de la cabeza, me acariciaba el cuerpo con mis dedos muy despacio baje hasta mi sexo acariciándome el bello, cerré los ojos y con la imagen fija en él, mis dedos bajaron a mi coño, recorriendo todo el contorno de mis labios, acariciando mi perla rosada, mi clítoris que empezaba a aumentar de tamaño, seguía tocándome los pechos muy en especial mis pezones que también me habían aumentado de la excitación y los tenía muy sensibles, buscaba mi rajita con mis dedos, masajeaba mi clítoris, estaba por aquel entonces ya muy mojada y empezaba a gemir de placer dentro de la bañera, me mordía la comisura de los labios jadeando, imaginaba como ere el quien me estaba acariciando, como me besaba y como pulsaba con su lengua y succionaba mi clítoris, yo seguía pasando mi dedos cada vez más fuerte por mi coño, ahora metiéndome los dedos dentro de mi vagina, mi cuerpo empezó a experimentar pequeños escalofríos, espasmos, estaba llegando, me iba a correr, joder seguía imaginándome a ese chico pero ahora follándome fuerte con su verga, pegaba pequeños gritos de placer, me acababa de relajar… por completo.

    Al día siguiente, la casualidad dio que me lo encontrara saliendo de la habitación cuando la puerta contigua a la mía se abrió, había estado en la habitación de al lado toda la noche, me empezó a rondar por la cabeza el hecho de que me podría haber oído en la bañera por la noche ya que soy bastante gritona, empecé a ponerme roja como un tomate, no sabía dónde meterme, cuando paso por mi lado me sonrió, me saludo y siguió su camino, yo seguí con la mirada todos sus movimientos, como movía ese culo perfecto al andar, en esos momentos se dio la vuelta y con una sonrisa donde dejaba ver unos dientes blancos perfectos, se despedía de mi diciéndome en ingles “hasta la noche” yo como una tonta levante la mano y le dije en español “adiós”… pero tía, que vergüenza por favor, aparte de haberme pillado mirándole el culo, le digo un simplemente adiós en español con una vocecita de tonta.

    Seguí mi viaje, llevaba ya unas cuantas tarjetas de memoria llenas de fotografías, en cada sitio que paraba buscaba su moto no la había visto en dos días y pensé que ya no le vería mas, que equivocada que estaba, una noche cenando en Alburquerque, estaba con mi ordenador en la mesa revisando las fotografías mientras me tobaba una hamburguesa y alguien se dirigió a mi en un pobre español, pero que se le entendía, era el, me estaba diciendo que si se podía sentar con migo, un escalofrió me recorrió el cuerpo y balbuceando le dije que si, pero que me pasaba con este chico, me ponía tan nerviosa su presencia, poco a poco fui perdiendo la vergüenza, estaba mas cómoda, la verdad que él me lo ponía fácil, aparte de guapo, era inteligente buena conversación y teníamos muchas cosas en común, nos gustaban las motos, la fotografía y él también había soñaba con mismo viaje.

    Tom era canadiense tenía 26 años, había terminado la carrera de medicina hacia unos años, era un chico muy sensible implicado en muchos voluntariados, pasamos una velada maravillosa, no paramos de hablar de nosotros de lo que nos gustaba, de la fotografía, de lo que habíamos estudiado, el medicina y yo veterinaria. Terminamos cerrando el local y me acompaño a mi habitación donde me despidió hasta la mañana siguiente para desayunar juntos, según cerré la puerta, me apoye en ella, empecé a sonreír, estaba tan feliz, había pasado una noche realmente deliciosa, había conocido a un chico que me encantaba y me hacía sentir de verdad, había algo que me recorría el cuerpo, no sé qué era, no sabía si llamarlas mariposas en el estómago como decía mi madre o que. Al día siguiente salió mi vena mas femenina y después de maquillarme mas que otros días, baje a desayunar, Tom estaba esperando en la mesa, decidimos hacer el viaje juntos y a partir de ese momento el viaje cambio por completo, ahora en nuestras fotografías a parte de paisajes, había dos protagonistas mas, empecé a disfrutar el viaje de otra manera.

    Como ya dije una parada obligada era el Gran Cañón del colorado, teníamos que desviarnos un poco de la ruta pero como digo era obligatoria, así que en el momento que entramos en Arizona lo empezábamos a preparar las cosas que teníamos que comprar puesto que teníamos los permisos pertinentes para acampar dentro del parque, no eran ni las 11 de la mañana cuando paramos en un pueblecito muy pintoresco para comprar algunas cosas, ese día yo llevaba puesto un pantalón vaquero muy corto, una camiseta blanca y un chaleco color caqui con flecos, al parar la moto me saque el casco de la moto y menee la cabeza sacudiendo mi melena, hacía calor y estaba llena de polvo del camino, me di cuenta como Tom no perdía ojo de mis movimientos con lo que empecé en broma a exagerarlos, mientras le miraba, sacudirme el polvo del desierto de una forma muy sensual, Tom me miraba y se reía tirándome besitos al aire, besos que yo le devolvía y empezamos a reír, pero no era el único que estaba mirando mi espectáculo.

    Cuando volví del baño de asearme un poco, Tom estaba comprando en la pequeña tienda del pueblo, estaba haciendo fotografías al pueblo cuando me di cuenta como dos hombres me estaban mirando, me estaban haciendo que me sintiera incomoda, empezaron a dirigirse a mi de una forma muy soez, diciéndome verdaderas guarradas, yo estaba muy nerviosa y realmente asustada, se estaban acercando, estaban a pocos metros de mi, yo apartaba la mirada estaba como paralizada cuando oí la voz de Tom, con voz alta y con un tono agresivo se dirigía a estos dos individuos, quienes empezaron a insultando a Tom pero retrocedieron se metieron en un coche tomando la dirección contraria por la que nosotros íbamos a ir. Me sentí tan aliviada que corrí hacia Tom abrazándole, estaba temblando, el me abrazo y mas tarde me cogió de la barbilla mirándome a los ojos me tranquilizo, no sé qué me paso por la cabeza pero fue cuando le bese, le tenía tan cerca que no pude aguantar el impulso, el me devolvió el beso, nuestros labios se fundieron, al principio solo eran pequeños besos luego nos besarnos profundamente, no se el tiempo que trascurrió, allí estábamos en medio de la nada, en un pueblo que parecía sacado de una película del viejo oeste, abrazándonos y besándonos.

    Llegamos al parque del Gran Cañón, pagamos y enseñamos los permisos para dirigimos a la zona de acampada, durante todo el camino solo pensaba en aquel abrazo, en los besos que nos habíamos dado, estaba feliz, tan feliz como una colegiala puede estar cuando le dan su primer beso, pero cuando empecé a mirar a mi alrededor, el paisaje era algo grandioso, sé que a él le paso lo mismo porque de pronto callamos, hacíamos fotografías a cada paso, empezamos a realizar una ruta que teníamos señaladas cerca donde íbamos a montar las tiendas, empezaba anochecer y aparte del peligro yo quería fotografiar las figuras del cañón con el cielo estrellado y para ello tenía que colocar y preparar la cámara en el trípode, para hacer fotografías de noche.

    Ya estaba todo preparado y había programado el ordenador para que fuera haciendo fotografías cada cierto tiempo, habíamos montado las tiendas y Tom me había preparado la cena, la mejor velada de mi vida, había metido unas flores del desierto dentro de una botella de cerveza y con dos botellas y unas velas había hecho dos candelabros, imagínate, con el hombre ideal, flores, velas bajo el cielo estrellado del Gran Cañón del colorado, pero que mujer no se sentiría abrumada, lo dicho la mejor noche de mi vida, lo que no sabía que solo había hecho mas que empezar. Avanzada la noche, después de reír, de cenar y hablar de todo un poco, daba gusto hablar con un hombre que tuviese conversación de música, de literatura, de arte, de los países y lugares que habíamos visitado, estábamos sentados en el suelo apoyados en una gran roca escuchando el silencio y mirando el cielo estrellado, solo sentía el viento y los ruidos de la naturaleza, nosotros estábamos en silencio, disfrutando de todo aquello, apoye la cabeza en el hombro de Tom y le abrace por la cintura, el me abrazo mientras me daba un beso cariñoso en la frente, así pasamos algún tiempo sin que ninguno de los dos dijera nada, no sabía que había entre nosotros solo sé que me sentía feliz de estar allí con él, muy feliz, a salvo de cualquier otro problema, entre sus brazos, lo quería, lo quería como nunca antes había querido a nadie.

    Sentía su respiración, cuando me beso en la frente y susurrando le escuche decir en ingles me quería, mi pulso se aceleró, sentía como el corazón se me salía del pecho, sería posible que el sintiera lo mismo que yo, levante mi cabeza mirándole fijamente, quizás fue mi expresión como si no le hubiera entendido, cuando me susurro otra vez pero ahora en español y un poco mas alto “te quiero Susan”, respire profundamente, no cabía de felicidad, me acerque a él y le bese en los labios muy suave, nos empezamos a besar despacio, como si tuviéramos miedo a rompernos, mientras yo le iba diciendo que le quería, no paraba de repetírselo hasta que me beso profundamente, nos besábamos sin paras mientras que nos íbamos tumbado sobre la manta que teníamos debajo, con sus dedos me acariciaba el pelo pasándolos sobre él, me besaba el cuello, estaba disfrutando tanto que le abrazaba la espalda pasando los brazos de un lado al otro, empecé a quitarle la camisa quería sentir su cuerpo sobre la mía, piel contra piel, me quito mi camisa y me desabrocho el sujetador con maestría, mis pechos al aire estaban aplastándose sobre él, no paraba de besarme, fue buscando con sus labios mis pechos, acariciaba mi cuerpo casi sin tocarme, una serie de escalofríos me atravesaban de una punta a otra del cuerpo, daba pequeños mordiscos con sus labios en mis pezones, estos habían aumentado enormemente su volumen, nunca los había tenido tan grandes, sus labios empezaron a recorrer mi cuerpo, mi respiración era entrecortada, estaba tan excitada, sabía lo que iba a suceder y esperaba ansiosa el momento de que nos uniéramos, de tenerle dentro de mi, lo deseaba, lo deseaba tanto.

    Tom metió sus manos por debajo del pantalón encontrando mis bragas y acariciando mi vello, buscaba mi vulva, llego con su boca hasta el pantalón y recorrió mi vientre con su lengua de izquierda a derecha, empezó a desabrocharme el pantalón, me lo bajo un poco lo justo para meter bien sus dedos por debajo de mis bragas, buscado mis labios, mi clítoris, metió un poco su dedo en la abertura de mi coño, luego lo saco, estaba mojado, mi coño estaba totalmente empapado, no dejaba de jadear de la excitación, fue quitándome la bragas muy despacio hasta quitármelas por completo, allí estaba yo, desnuda en el mejor escenario del mundo y sobre mi el hombre que amaba, pase a la acción y quería quitarle los pantalones pero no me dejo, bajo su cuerpo y metió su cabeza entre mis pierna empezó a lamerme los labios, pequeños mordiscos con los suyos, me succionaba el clítoris mientras me metía dos dedos en mi vagina, gemía de placer, mis manos agarraban con fuerza la manta sobre la que estaba tumbada, le empecé a decir que por favor me follara, quería sentir su pene dentro de mi, Tom se incorporó y mientras nos mirábamos a los ojos, se quitó los pantalones, allí estaba el desnudo con un pene enorme, bien hinchado, volvió besándome pero ahora desde mi coño a mi boca, sabia a mi cuando nos besamos, me abrí bien de piernas para mi amante, para que pudiera penetrarme bien con su verga, lo llevaba esperando casi desde que le conocí cuando en aquel hotel me masturbe pensando en él.

    Note como jugaba con su polla entre mis labios, empezó a metérmela despacio, solo la punta, luego la volvía a sacar, la excitación iba en aumento, recorría toda mi vulva con su capullo escondiéndose entre mis labios llegando a mi abertura y metiéndola solo un poco, no podía mas, todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo estaba revolucionadas, todo lo que me hacía me daba placer, al final la metió totalmente, estaba tan mojada que entro hasta el fondo sin tan siquiera hacer el mínimo esfuerzo, como si mi vagina lo hubiera succionado para que no se escapase, causándonos un gran placer a los dos, una sensación tan placentera que causo que mi vientre subiera sin que yo hiciera nada, mi cuerpo no me respondía, Tom iba metiendo su pene dentro de mi, estaba tan duro, tan suave, tan grueso que me llenaba una y otra vez, notaba las palpitaciones de las venas de su pene en mi, sin casi esfuerzo mi coño lo recibía y se la llevaba hasta el fondo, hasta tocar el fondo de mi paredes vaginales, no podía parar de dar pequeños gritos de placer, de inspirar aire con la boca abierta y no parecía que soltara el aire cada vez que la metía.

    Tom saco la polla de mi coño, quería que me pusiera encima, pero en vez de eso se la empecé a chupar, estaba totalmente empapada de mis jugos, sabia a mi, lamía su polla como si la quisiera limpiar de todo aquello, estaba sentado en la manta, inclinado un poco hacia tras, se sujetaba con el antebrazo en la manta mientras me miraba como subía y bajaba la cabeza metiéndome, saboreando esa polla que era solamente mía, notaba su respiración sus gemidos de placer, yo tenía la vagina tan mojada que cuando me movía notaba como chapoteaban mis labios, le dije que no se tumbara que quería sentarme encima de él y abriéndome de piernas me senté encima de sus muslos, sin haberla guiado su verga se metió hasta el fondo, nos mirábamos a los ojos, nos besábamos, gemíamos de placer los dos, cada movimiento la polla se metía mas y mas al fondo, dejamos de besarnos y unidos por nuestros labios con nuestra respiración entrecortada, jadeando los dos, empezó a meterla mas profunda y con mas rapidez, notaba como me empezaba a correr, quería que se corriese dentro de mi, no quería que la sacara, quería todo su semen dentro mi, yo le decía que no se apartara que siguiera así, así, justo antes de corredme yo, Tom eyaculo todo su esperma dentro de mi, notaba como me mojaba todo su semen caliente dentro de mi vagina, incline mi cuerpo hacia atrás recibiendo las ultimas estocadas de su polla, estaba gritando de placer al igual que Tom, mientras nuestros jugos mezclados empezaron a salir y resbalar por mis muslos, terminamos fundidos en un abrazo, besándonos y diciéndonos que nos queríamos mientras unas lágrimas de felicidad inundaban mi rostro.

    Aquella noche hicimos varias veces el amor hasta que cerca de las 6 de la mañana que empezó amanecer, un amanecer que contemplamos abrazados, no creo que ninguna fuerza humana ni de la naturaleza podría habernos separado en aquellos momentos. Decidimos quedarnos un día mas allí, un día con su noche, en aquel enclave tan grandioso que fue testigo de la consumación de nuestro amor, pasaron todavía 6 días mas hasta que llegamos a los Ángeles y nos bañamos en el Pacifico, todavía me quedaban dos días a mi para que saliera mi avión rumbo a España, en los que no salimos prácticamente de la habitación del hotel.

    Mi viaje había terminado, la despedida fue realmente muy dura, habíamos quedado en llamarnos casi a diario, en volvernos haber no sé cuándo, pero yo sabía que la distancia era enorme, ya en Valencia mi vida había dado un giro de 180 grados, solo conté lo esencial de mi gran aventura a la familia, enseñando las fotos justas, menos a mi amiga Cristina que se lo conté todo, muriéndose de envidia pero alegrándose por mi, le enseñe algunas instantáneas que cogió la cámara por la noche, porque sin darnos cuenta nos pusimos hacer el amor, precisamente en la trayectoria de la cámara, sacando unas fotografías bastantes subidas de tono, donde se veía como follaba apasionadamente.

    Habían pasado ya dos meses de mi viaje cuando a mediados de noviembre Tom se presentó en mi clínica con una perrita preciosa con un lazo en el cuello y un ramo de rosas y entre ellas unas las flores secas del desierto, las que me regalo aquella noche, según le vi no me pude reprimir y me tire a su cuello, abrazándole mientras empezaba a llorar de alegría. Tom había venido a por mi, decía que no se iría a Canadá sin mi y si yo no quería o podía se quedaba el en España, pero que no iba a pasar ni un segundo mas sin mi, fue toda una declaración de amor, no podía contener las lágrimas de felicidad, ni yo ni mi amiga Cristina, ni la gente que ese día abarrotaba la sala de espera de mi clínica, lo único que quería era estar conmigo y yo con él.

    A la semana siguiente hice mis maletas y me fui a Canadá, todos los años a finales de agosto pasamos unos días realmente maravillosos en el mismo sitio donde sellamos nuestro amor bajo un cielo estrellado.

    De eso hace ya 50 años.

  • Mi sobrina Sara y sus grandes tetas

    Mi sobrina Sara y sus grandes tetas

    Muy buenas a todos. Me estreno aquí en esta web de relatos tan interesantes, morbosos y excitantes, que ya seguía hace tiempo, pero la verdad, por no tener mucho tiempo, para escribir mis propios relatos reales y de experiencias vividas, por eso no había publicado nada hasta hoy.

    Os comento nuestro estado actual

    Me presento, me llamo Mario, tengo 56 años, soy gallego y trabajo en una empresa de publicidad, como diseñador gráfico, marketing, publicidad en redes sociales.

    Estoy casado desde hace más de 30 años con una mujer exuberante y deliciosa, también de 56 años, tenemos una hija que se llama Ana de 27 años en la actualidad.

    Mido 1.79, 75 kg, cuerpo atlético (me encanta el deporte y lo practico). Me encanta el sexo, pero sólo con mujeres, soy ardiente, apasionado y bien dotado 17 cm reales y gordita.

    Mi mujer Maite 1,70, 79 kg, guapa, exuberante, ardiente, morbosa, 105 de pecho, un culo que quita el hipo, depilada, multiorgásmica, bisexual y le encanta todo, además muy liberal y en casa le gusta estar prácticamente en pelotas, solo llevando su tanga que remarca su culo y una camiseta.

    Mi hija Ana 1,70, 59 kg muy guapa, cuerpo de modelo, 95 de pecho, también liberal, bisexual, depilada y multiorgásmica como su madre. Y también le encanta el sexo.

    Mi sobrina Sara sobre 1,70 unos 68 kg, muy exuberante, 110 de pecho, y las formas de su cuerpo resaltan con cualquier prenda que ponga ya que eran muy marcadas, realmente le gusta que se fijen en ella, además debe ser casualidad o genética de familia, multiorgásmica.

    Así tenéis una idea como somos de familia.

    Esto que os voy contar en mi primer relato real, sucedió en el año 2011.

    En la ciudad donde vivimos, también vive la hermana de mi mujer, también casada y con una hija que se llama Sara, que es de la edad de nuestra hija solo se llevan 2 meses de diferencia.

    Además desde los 3 fueron siempre al mismo colegio y clase… En el año que os comentaba las 2 tenían 18 años recién cumplidos.

    Mi sobrina pasaba mucho tiempo con nosotros, ya que era aparte de prima la mejor amiga de mi hija, ya que al compartir todo desde muy pequeñitas están muy unidas.

    A finales del mes de junio de 2011, salí antes que de costumbre de la oficina, serían sobre las 7 de la tarde, en principio mi mujer y mi hija, estarían de compras y no sabía fijo si mi sobrina podía ir con ellas o no, ya que le dolía una muela.

    Cuando llegué a casa, en principio parecía que no había nadie, pero en nuestra casa tenemos 4 habitaciones, 2 cuartos de baño uno dentro de nuestro dormitorio, salón y cocina.

    Cuando pasé por el baño del pasillo, estaba la puerta entornada, pero se escuchaba unos pequeños gemidos.

    Aunque la puerta estaba entornada se veía perfectamente dentro… ahí estaba mi sobrina totalmente en pelotas, con los ojos cerrados, sentada en el wáter, con las piernas muy abiertas, con una mano se estaba sobando sus grandes tetas y pezones, por cierto los pezones se notaban duros y excitados… y con la otra mano tenía un cepillo de dientes y se lo estaba metiendo en su coño de forma acompasada, se notaba que el mango del cepillo de dientes estaba mojado de sus jugos, ya que brillaba bajo la luz, tenía un monte de venus exuberante de pelo, se estaba masturbando muy rico.

    Me quedé mirando y mi polla empezó a revivir del letargo de venir de trabajar, sinceramente hacía meses que mi sobrina solo mirarla me excitaba y la deseaba, tenía la fantasía que me hiciera una cubana con sus grandes tetas y terminar en su boca.

    El espectáculo era delicioso, aquella adolescente ya con su mayoría de edad que ya era toda una mujer… Me entró un deseo tremendo de entrar y ayudarla a disfrutar y que me hiciera disfrutar a mí.

    En ese momento de pensamientos y deseos lujuriosos abrió los ojos y me vio, con mi mirada posada en su cuerpo que yo deseaba con locura.

    Me sonrío y volvió cerrar los ojos como si yo no estuviera siguió con la faena hasta que su cuerpo se arqueo empezó a gemir fuertemente y empezó a salir de su coño un líquido entre trasparente y blanco cayendo al suelo del cuarto de baño… Había tenido un espectacular orgasmo. Hasta el mango del cepillo de dientes al sacarlo de su coño, también soltaba sus jugos de placer.

    Yo estaba viendo como aquella adolescente ya mujer, que yo deseaba se había corrido con un orgasmo brutal delante de mi… y yo escasamente a 2 metros de ella.

    Se levantó pasó al lado mía totalmente desnuda y fue por una fregona para limpiar su corrida del suelo del cuarto de baño, cuando volvió, yo seguía en la misma posición, viendo cuando venía por el pasillo sus tetas se balanceaban con fuerza y aun de su coño le salía algo de sus jugos y al andar se le caía hacia muslos y rodillas…

    Al pasar me dijo ‘te gustó lo que viste Tito’ (así es como me llamaba cariñosamente).

    Yo aún seguía maravillado por lo que había presenciado y le respondí, ‘claro a quien le amarga un dulce’.

    A Sara le gustó mi contestación y se rio.

    Al poco rato llega mi mujer y mi hija de comprar, la verdad vinieron y casi no les hago caso, ya que aún me golpeaba en mi cabeza las imágenes tan morbosas y lujuriosas de mi sobrina, a la que deseaba hacerle de todo…

    Cenamos y ella no dejaba de mirarme con cara lasciva, a veces se pasaba la lengua por los labios sin que se diera cuenta mi mujer y mi hija.

    A eso de las 12 nos fuimos para la cama.

    Yo con mi mujer a nuestro dormitorio y ellas al dormitorio con 2 camas gemelas que mi sobrina y mi hija compartían.

    Mi mujer se abrazó a mi y me dijo ‘amor, hoy estoy un poco cansada, pero si quieres follamos uno estilo rapidín y nos dormimos’.

    Y yo le contesté, ‘cielo no te preocupes, si estás cansada es mejor que descanses, ya en otro momento…’ me miró me besó y me dijo ‘gracias amor, eres como siempre maravilloso’.

    Yo la verdad tenía otros planes en la cabeza, despertarme a medianoche e ir a junto de mi sobrina y hacerla mía.

    A eso de las 4 de la madrugada, me desperté súper excitado, mi bóxer estaba todo estirado, porque mi polla hacia palanca queriendo salir.

    Mi mujer dormía acurrucada al lado mío, siempre duerme con un antifaz para los ojos y unos tapones para los oídos.

    Así que me levanté sigilosamente y fui a la habitación de las niñas.

    Se veía bastante bien ya que tenían la ventana abierta, bajada un poco la persiana, pero entraba la luz de la luna, ya que estaba totalmente despejado.

    En una cama mi hija dormía acurrucada en tanga y tus tetas al aire.

    En la otra cama mi sobrina estaba boca arriba sus grandes desafiantes tetas me miraban con sus pezones aun no muy duros, como diciendo cómeme.

    Tenía una de las piernas semi flexionada y con la luz de esta noche tan clara, se veía perfectamente una parte de su monte de venus y se le marcaba los labios genitales en su tanga.

    Me acerqué a ella y suavemente le empecé a sobar sus tetas con mis manos, eran tersas y suaves, le acaricie sus pezones y casi al instante se pusieron duritos, ella empezó a variar su respiración, empezaba seguro a excitarse en sueños…

    Fui hacia su boca y la besé mus suavemente poco a poco mi lengua fue buscando la suya y se empezaron a entrelazar… ella está dormida tal vez no muy profundamente y empezó a responder a mi beso y suavemente fuimos besándonos… dejé de besarla y empecé a lamer chupar dar besitos por su cuello…

    Poco a poco bajé hacia sus hermosas tetas, ella cada vez respiraba más fuerte, estaba claro que le gustaba, y a mi también, ya que mi polla reclamaba que la dejara libre de su jaula.

    Llegue a su teta izquierda y la masajee suavemente mientras con mi boca chupaba su pezón, lo mordisqueaba, lamia, chupaba, ummmm… mi sueño se estaba cumpliendo.

    Pasé a su teta derecha haciendo lo mismo y tan entretenido estaba que no me di cuenta que había despertado… y con voz baja me dijo: ‘Tito te esperaba, quiero y deseo que hoy me hagas tuya’.

    Ufff no os podéis imaginar… como un rayo eléctrico me pasó por el cuerpo de la excitación que me dio saber que deseaba a su Tito.

    Se incorporó un poco y empezó a besarme con pasión, con sus manos me atraía hacia ella, me marcaba sus uñas en la espalada, como para no dejarme escapar… jeeje estaba claro que no me escaparía, yo solo deseaba hacer todo con ella…

    La tumbé otra vez en la cama y empecé a recorrer con mi lengua desde su cuello, tetas, pezones, ombligo… umm ya olía su sexo, seguro que estaba chorreando.

    Seguí bajando y empecé a oler su sexo por encima de su tanga, como yo suponía su tanga estaba empapado, no quería esperar más así que se lo quité sin prisa pero sin pausa…

    Su maravilloso coño, estaba a mi disposición, empecé a lamer sus muslos por el interior, ella estaba cada vez más caliente y excitada…

    Me decía ‘Tito te he espiado varias veces como follabas con Tita (Mi mujer que lógicamente es su tía) quiero que me hagas lo mismo a mí, sabes que no hay problema que te corras dentro, ya que tanto Ana (Mi hija) como yo estamos tomando la píldora para regular la regla’.

    Yo cada vez estaba más excitado sabiendo que por fin, podía poseer sin problemas a mi sobrina.

    Le pregunté ‘nunca probaste una polla’ y me respondió, ‘no Tito, tú serás el primero, lo que si he probado muchas veces es con Ana… Nos hemos besado masturbado, metido un lápiz mutuamente…’

    Esos encuentros lésbicos ya lo sabía que se habían producido ya que alguna vez las pillé sin que se dieran cuenta.

    Pero lo que me dejó sin palabras, fue lo que me dijo a continuación…

    -Tito te voy poner aún más cachondo, sabes que Ana me dijo una vez que le gustaría que el primer hombre que la follara quería que fuera su papi.

    En ese momento que me lo dijo, me quedé como paralizado, pero al instante reaccione… y pensé somos una familia muy natural no hay secretos, que mejor que disfrutar todo entre nosotros todo lo que podamos.

    Así que le dije ‘no me sorprende y además me encantaría ser su primer hombre’.

    Después de esta pequeña conversación y cuando la teníamos, no deje de acariciar sus enormes tetas, me fascinaban, eran más grandes que las de mi mujer…

    Ahora me concentré en su coño, sus pelos eran abundantes, me daba mucho morbo el separarlos y buscar sus labios mayores y menores, abrirle bien su rajita rosada y lamerla desde el clítoris hasta su ano.

    Sabía deliciosa estaba llena de jugos, sabían agridulces, me encantaban, los de mi mujer son más dulces, pero este coño estaba sin explorar por un hombre y yo sería el primero en hacerlo.

    No dejaba de gemir… mi hija seguía dormida en la otra cama…

    Mordía su clítoris lo chupaba, lamía y empezó arquear su cuerpo y dijo…

    -Ahhh me corrooo Titooo… -al instante una corrida espectacular penetra mi boca mi cara mi cuello, era su tsunami de placer…

    Delicioso, era una corrida aún más espectacular que la que tuviera delante de mí por la tarde…

    La besé con sus jugos aún en mi boca, me beso y lamió sus propios jugos que estaban en mi boca y se los tragó.

    Me dijo ¡Tito quiero hacer lo que te hace Tita…¡

    ‘Ven…’ me puso encima de la cama estirado, se puso encima de mí a horcajadas y me empezó a besar, sabía su beso a sus jugos… me empezó a lamer el cuello, se paró a morder mis pezones, siguió bajando, hasta que empezó a liberar mi polla del bóxer.

    Saltó como un resorte y quedo a su disposición, empezó a lamer el capullo suavemente, bajaba con su lengua de arriba abajo, mordisqueaba mis huevos, los estrujaba, era un placer delicioso, mi sobrina del alma, me estaba mamando mi polla…

    Siguió así un buen rato y me dijo, ‘que tal lo hago Tito, es mi primera vez’, y le dije ‘amor, lo haces muy bien’.

    Y me dijo ‘es lo que aprendí viendo lo que te hacía Tita’.

    Y me dijo ‘quiero que restriegues la polla en mis tetas como haces con ella’ y le dije ‘eso se llama cubana’.

    Así que empezamos hacer una cubana, sus tetas eran perfectas, suaves, tersas, firmes, grandes, pasaba mis 17 cm de polla por el canalillo y llegaba a su boca y cada vez que llegaba me lamia el capullo, así estuvimos un rato, yo no quería correrme en su boca esta primera vez, sino desvirgar su coño y correrme dentro.

    Así que me baje de sus grandes tetas y le dije, ‘cariño ahora vas sentir dolor y placer al mismo tiempo, tal vez no mucho dolor porque ya te metiste objetos en tu coñito virgen, pero mi polla es bastante más gorda y seguramente le costará entrar y tendrá que romper todo tu himen, no como ahora que solo tiene un pequeño espacio…’

    A todo ello mi hija seguía durmiendo, fui un momento a donde mi mujer y dormía plácidamente.

    Así que busqué una toalla, por si sangraba algo la puse debajo de su precioso culito y me puse encima de ella (Misionero) la empecé a besar suavemente, paré un momento llené mi mano de saliva y embadurne con ella mi polla, ella estaba muy mojada pero aun así necesitaba lubricante extra y mi saliva valdría…

    La miré a los ojos y le dije, ‘pídeme que te follé…’ y me dijo ‘Tito fóllame y lléname de esa leche tan rica que tienes’.

    Con una mano empecé a restregar mi polla de arriba debajo de su ano a su coño, estaba muy muy caliente y mojada…

    Así lo hice un par de minutos más o menos, y me dijo ‘por favor métemela no aguanto más…’ para mí era una orden deliciosa…

    Puse el capullo en la entrada de su vagina y lentamente fui apretando, para que entrara, estaba realmente mojadísima, fue entrando lentamente, hasta el punto donde debía de romper definitivamente su himen, estaba ella muy excitada, porque me decía, ‘no pares no pares…’.

    Di un empujón, no muy brusco pero lo suficientemente importante para que su obstáculo al fin se abriera… y así fue, entró toda y ella dio un pequeño grito, se tapó la boca y por fin estaba toda dentro, la bese con dulzura y empecé a moverme dentro de ella, sus enormes tetas chocaban con mi pecho… estaba follando a mi sobrina querida, por fin la estaba haciendo mujer…

    Ella pronto cogió el ritmo, aprendía muy rápido, me decía que era delicioso, que notaba muchas cosquillas dentro de su coño y que le encantaba, que era feliz sabiendo que su Tito era el primer hombre que la hacía mujer…

    Seguíamos un rato así acompasando los movimientos, después subí sus piernas a mis hombros, y por la claridad, veía como entraba y salía mi polla de su virgen coño… Al poco rato me dijo ‘me voy correr, Tito dame más fuerte que me corro… dame tu leche… por favor dámela a tu niña…’.

    Seguí bombeando otro poco, sólo estaba retrasando mi corrida para hacerlo al mismo tiempo que ella… me dijo… ‘Tito… no aguanto más… me corrooo ahhh… damelaaa…’ me moví más rápido y notaba como su vagina se contraía y apretaba mi polla… ummmm me estaba ordeñando mi sobrina de mis amores…

    Y le dije ‘tomalaaa toda amor’ y salió disparada toda mi leche, juntándose mi corrida y la suya… quedamos exhaustos… nos abrazamos yo con mi polla aún dentro de ella, me besaba dulcemente, me decía ‘gracias Tito, te quiero mucho’.

    Al rato me levanté y vi que la toalla que pusiera estaba mojada de mi leche sus jugos y un poco de sangre… Estaba claro que esa toalla tenía que tirarla, fui a la cocina, la metí en el cubo de la basura en el fondo, no quería que la viera nadie, era nuestro lujurioso secreto.

    Mi amada sobrina había sido desvirgado por su Tito y lo habíamos disfrutado.

    Me pasé por junto de ella, la besé dulcemente en los labios y me dijo ‘no me lavo hasta mañana quiero dormir con tus leche y mis jugos dentro de mi…’ y le dije ‘como tú quieras cariño, que duermas bien…’ y me dijo ‘hoy dormiré mejor que nunca… mi Tito cumplió mis sueños más morbosos y perversos…’

    Salí de la habitación… mi hija seguía dormida en la misma posición.

    Entre en mi dormitorio me fui al baño y lavé mi polla, olía al coño de mi sobrina y a mí corrida… me acosté y al rato mi mujer me abrazó, me hice el dormido, no quería que me pidiera follar con ella, esta noche fue exclusiva para mi dulce sobrina Sara…

    Continuará…

  • El día que le fui infiel y de manera consentida (Parte 2)

    El día que le fui infiel y de manera consentida (Parte 2)

    Recomiendo leer el relato anterior ’El día que le fui infiel y de manera consentida’, pero si no lo leen igual lo disfrutaran.

    Luego de que me subí al taxi de ida a casa, sintiendo la resaca mientras pensaba en la situación de haber cogido con mi amiga y mujer al mis tiempo. Tenía miedo que mi mujer termine la relación o un sinfín de cosas que pasaba por mi cabeza.

    Llegue a casa mas o menos a las 11 am día sábado y mi mujer Vivi me llamo:

    Vivi: ¿Ya llegaste a tu casa?

    Yo: si amor… ¿por que? Vas a venir? Quedamos en que pasaríamos el finde semana juntos.

    Vivi: Sigo casa de Susan. Ella está muy shokeada con lo que paso y yo igual. Pasa a recogernos y nos preparas algo ligero de almorzar porque estamos con resaca.

    Yo: claro amor en seguida voy!!

    Pase en el jeep por casa de Susan y las dos estaban usando unos shorts cortos que acostumbra usar Susan (ya que Vivi tenía el vestido de la noche anterior en su cartera). Salude a Vivi con un beso y la abrace…ella me correspondió, a Susan un beso en la mejilla y un abrazo medio forzado. Se notaba que estaba algo arrepentida. Ya en el jeep Susan sentada atrás estaba muy callada y Vivi me dijo:

    Vivi: Bueno mira… ya que anoche te descontrolaste y te tiraste a Susan sin protección terminando adentro no sé cuántas veces… tenemos que ir por una farmacia a comprar la ´´pastilla del día después´´ porque dejo de cuidarse estos días al terminar con su novio.

    Yo: Ah claro no hay problema… vamos!! (Dije con vos de hecho ´al arrepentido´)

    Susan: Van a disculpar que moleste con estas cosas pero gracias por todo. Y más a vos Vivi que no me dejaran sola este fin de semana deprimida en casa.

    Vivi: claro amiga no te preocupes… sé que estás pasando por momentos difíciles y para eso estamos nosotros (mientras le sobaba las piernas). Pasaremos un buen fin los tres.

    Luego de pasar por la farmacia y comprar el anticonceptivo para Susan, pase por el súper a comprar unos vinos y cosas para picar.

    Ya en casa les prepare un almuerzo ligero, las dos disfrutaron y me elogiaron por el sabor (siempre fui buen cocinero y eso le gustaba mucho a Vivi y por lo visto a Susan también).

    Mientras Susan lavaba los servicios le indique donde podría hacer su siesta y Vivi me llevo de la mano a mi cuarto y cerró la puerta. Entro a darse otro baño, me dijo que espere en la cama… se notaba que no quería verme cerca de Susan.

    Ya encamados me abrazo y nos besamos… me dijo que me amaba y que lo de anoche solo fue otra de nuestras aventuras. Le respondí que la amaba mas! por hacerme descubrir diferentes emociones cada vez y todavía faltan…

    Hicimos una laarga siesta y a eso de las 18:00 ya los tres estábamos despiertos. Tomamos un café muy especial del pueblo de Buena Vista y Susan volvió a alagarme por ser tan atento. Vivi miro de reojo y se notaba la tensión de celos.

    La idea era tomar los vinos y ver pelis o jugar con la cámara del ps4 que le gustaba a Vivi. Ella era la que más quería jugar y beber. La tv mas grande estaba en mi cuarto, al final Vivi y yo en la cama con Susan sentada en el sillón. Mientras jugábamos con las imágenes, Vivi empezó a insistir en tomar seco el vino y nosotros hacíamos caso. Ya había pasado como media hora y dos vinos se acabaron como si nada. Me di cuenta que Vivi no bebía mucho y se concentraba en embriagar a Susan.

    Vivi estaba con mucho feeling, empezaron a sacarse fotos juntas y subir al Instagram mientras fui a traer maaas vino… increíble lo que vi antes de entrar al cuarto! Se sacaban fotos besándose, agarrándose las tetas!!! Eso me puso a mil y casi derramo el vino. Se notaba que lo hacían mas por joda y chiste… ya cuando vi que se calmaron simplemente entre como si nada a llenar sus copas.

    Vivi me insistió en sacar un poco de weed para fumar y Susan de un salto me rogo para fumar… empezamos a fumar y Vivi le pasaba el humo a Susan. Hizo lo mismo conmigo y luego yo fume para pasarle el humo a Susan aprovechando de besarla un poco. Vivi nos separó entre risas.

    Seguimos tomando y me pidieron que trajera agua… al volver con una jarra de agua Vivi fue la que empezó todo… termino de tomar un vaso y el próximo que se sirvió de manera simulada lo chorreo encima de las tetas de Susan mojando su camisón, de a poco se notaban sus tetas. Susan se rio y Vivi siguió echando mas agua quedando sus pezones apuntando hacia afuera y notándose sus grandes tetas. Hice lo mismo con Vivi para que estén iguales las dos y la tome por sorpresa echando agua. De igual manera se notaban sus pezones y deliciosa tetas… Vivi era la que mas tocaba las tetas de Susan y apenas me dejo tocar dos veces apretándolas e intente chupar sus pezones sobre el camisón.

    Vivi: Oye calmate!!! No te pases con Susan!! Yo te voy a dar permiso o esto se acaba!!

    Yo: Ya amor tranquila no pasa nada… pero es que las dos me tienen loco y con la pija dura.

    Vivi: si se nota (mientras me apretó la pija sobre el short y riéndose como perra sucia)

    Vivi: me hizo frio el camisón mojado… (le dijo a Susan mientras se lo quitaba)

    Susan: ay amiga!! Otra vez va pasar esto… peor que me haces fumar jiji (mientras quedaron las dos con calzoncito tipo cachetero)

    Ese rato me saque la polera y short quedando en bóxer. Vivi se acercó a Susan con su vaso de vino y la abrazo pidiéndole que bebiera mas!! Me volvió loco ese abrazo porque las tetas de las dos se apretaron una contra la otra.

    Se notaba que Susan estaba muy chispeada por el vino y la weed. Pareciera que esto ya lo tenía planeado Vivi y no sabía hasta donde quería llegar.

    Vivi: se nota que estas mareada amiga, sentate un ratito y quedate quietita ahí (mientras le daba un beso suave con lengua)

    Susan se sentó un rato en el sillón y ese momento Vivi me acostó en la cama, subió encima y empezó a besarme en frente de Susan mientras se estrujaba, luego bajo, me saco el bóxer y empezó a chuparme la pija como solo ella sabe… hace unas chupadas que te pueden hacer terminar en solo segundos, pero yo tengo un poco de autocontrol jeje.

    Cuando voltee a mi izquierda Susan estaba en el sillón y ya estaba tocándose por debajo de su cachetero.

    Vivi: amiga sacate tu cachetero… mira como chupo pija (mientras seguía mamándola)

    Susan: oooh hermosa me encanta verte chupar pija… me haces desear. Me vas a dejar un poco yaa??

    Vivi: glup glup… claro amor pero primero yo. Vos tranquilita quédate ahí y mira mientras hago lo mío…

    Dejo de mamarla y empezó a montarse encima de mi dura pija que apuntaba hacia arriba… Vivi ya estaba mojada y de a poco se acomodó para clavársela hasta el fondo, dando un gemido con esa vocecita de puta, se movía lento disfrutando mientras yo sobaba su bajo vientre con una mano sintiendo mi pija adentro y con la otra apretaba sus tetas. A ratos volcaba la mirada y Susan se acariciaba la concha, Vivi también volteaba a mirarla y sonreía como si fuera exactamente lo que quería ver.

    Escuchaba los gemidos de las dos y podía notar que Vivi estaba acelerando… eso significaba que estaba por orgasmear.

    Vivi: uuuh dame asiii… seguiii asiii… mira Susan como me cogen y me gusta… uhhh siii asiii uuuhhh…

    Se notó que fue fuerte su orgasmo no solo por su grito sino porque chorreaba de líquidos vaginales, se tumbó encima de mí y sin sacarle la pija la puse en posición de misionero. Seguí dándole despacio para que se recupere del orgasmo, ella movía su pelvis de a poco disfrutando de mi pija, miraba a Susan y ella seguía masturbándose y pidiendo que sea su turno…

    Vivi: tranquila amiga… ya te va ser tu turno, primero yo, además quiero que antes me hagas un favor oral…

    Eso me excito demasiado y le di un gran beso a Vivi metiéndole la lengua lo mas que podían en su boca mientras de a poco empecé a terminar adentro de su conchita ya mojada… aaaggg tomaaa estoy acabandooo adentrooo!

    Vivi: dale terminame, terminame adentrooo quiero toda tu leche adentrooo dameee aaggg yo también estoy terminandooo aagg damee asiii asiii aaggg

    Fue una descarga descomunal que duro bastante, me quede encima de ella unos minutos hasta que salga la última gota de semen, me separe para acostarme a su lado y retomar el aliento.

    Vivi: Ahora si putita veni te toca… vas a lamerme la concha y dejaras limpiecita tragándote todo lo que salga. Tanto que te gusta la leche de mi novio… la tomaras desde de mi conchita.

    Susan: Ya amor voy, pero prométeme que voy a recibir pija hoy…

    Vivi: Si lo haces bien dejare que Javi te la vuelva a meter las veces que quieras…

    Ese momento Susan se montó encima de Vivi y le dio un beso largo, para luego chuparle las tetas unos segundos… Vivi con sus manos empujo la cara de Susan directo a su mojada concha para que empiece a chupar. Se notaba que eso era lo que realmente quería…

    Susan empezó lamiendo de arriba abajo, se notaba como chorreaba semen y líquidos vaginales… ella seguía lamiendo y tragando lo que podía. Seguía en lo suyo ya lamiendo su clítoris y llegando a tener el ritmo que le gusta a Vivi. Yo estaba otra vez con la pija dura y empecé acariciando las nalgas a Susan mientras de a poco metía mis dedos en su conchita excitada.

    Ese rato entre jadeos Vivi me dice:

    Vivi: ahora ya tenes permiso de cogerte a esta puta que tanto te gusto…

    Yo: Ya amor como digas…

    Baje de la cama y Susan puso culo en pompa para facilitar la penetración, empecé sobando con mi verga su conchita mojada y de a poco empezando a empujarla para adentro hasta el fondo… Susan dio un gemido mientras dejaba de lamer la concha de Vivi pero esta la volvió a apretar hacia su concha para que no pare de lamer. De a poco empecé a bombear a Susan al ritmo de los lengüetazos de concha que quería Vivi, estuvimos así intensificando de a poco hasta que Vivi empezó a gemir y apresurar el ritmo…

    Vivi: sigan asi… asii… asiii uuuhh uhhh lameme asi perraa daleeee…

    Se notó que tuvo un buen orgasmo porque quedo rendida y aparto a Susan para ponerse de lado mientras temblaba de placer y retomaba aliento. Yo seguía dándole en cuatro a Susan cada vez más duro y a su ritmo, pare un poco y la abrace por atrás mientras apretaba sus grandes tetas con un largo beso sabor a la concha de Vivi y los restos de leche que deje… me pidió que acueste boca arriba y empezó a cabalgarme. Estaba muy excitada y apresuraba los movimientos mientras apretaba sus hermosas tetas…

    Vivi: ¡¡por si acaso todavía no podes terminar adentro!! (Me dijo con voz de enojada al volver del baño)

    Susan: uuh damee asiii asiii seguiii no paress!!! Uuyy sii que linda pijaa damee asiii uuhhh…

    Yo: aaag Susu también me vas hacer acabar adentroo… pero voy aguantar seguí Susu esta pija esta pa vos toda la noche

    Susan: uuuyy uuuhhh damee asiii uyy…

    Al parecer Susan también termino y se notaba demasiado mojada llegando a quedarse quieta y tomar un buen respiro. Algo paso, note que la sabana estaba totalmente mojada… Se levantó y chorreaba de líquidos transparentes, puede confirmar que era un squirt…

    Susan: Discúlpame si moje tu cama pero a veces me pasa esto y es vergonzoso.

    Yo: Tranquila no pasa nada… esto es lo más excitante que existe!!

    Vivi: Si amiga no te preocupes, él lo limpia, todavía sigamos disfrutando… salud!! Toma más!!

    Trajo mas vino, seguimos tomando mientras reíamos, nos acariciábamos y poníamos mas música. Yo seguía con la pija dura porque Vivi no me dejo terminar y verlas desnudas me ponían mas arrecho…

    Vivi: Miralo a este que no se calma… hay que hacer algo. Sentate en el sofá (me ordeno) y vos Susan acóstate boca arriba que quiero probar esa concha.

    Empezó Vivi a lamerle la conchita deliciosa de Susu un buen tiempo, mientras me pajeaba en el sillón viendo ese espectáculo… hizo orgasmear a Susan dando un grito y apretándole la cara a su concha. Luego Vivi me pidió que me acueste y Susan se monte de espaldas en mi verga mientras lamia la concha de Vivi… estuvimos en esa pose hasta que note como terminaban las dos. Las dos se acostaron para tomar aire y prácticamente Vivi se durmió. Aproveche de cogerme a Susan en posición de misionero y nuestros gemidos despertaron a Vivi…

    Vivi: Ahhh a escondidas otra vez te coges a esta puta!! Tenes suerte que quiero descansar… ya podes cogerla hasta que termines. Pero luego voy a querer que me cojan otra vez.

    Yo: claro amor… seguiré con fuerzas para vos todo el tiempo que me pidas.

    Estuve bombeando a Susan (ella algo cansada) hasta que no aguante, la abrace lo más fuerte que pude para sentir sus tetas y me vine adentro… estuve dentro de ella hasta sentir que me descargue del todo y quedamos acostados los tres abrazados.

    Descansamos un rato y estuvimos jugueteando haciendo varias cosas… lamer sus conchas por turno, ellas igual me chuparon la pija, en una de esas chupadas de pija termine dentro de la boca de Vivi (se tragó todito el semen), luego me las cogía de diferentes poses, etc. Hasta que nos dormimos cansados los tres y yo en medio.

    A la mañana siguiente los tres fuimos a la ducha y Vivi pidió que me las coja a las dos contra la pared por turno mientras filmaba con su celular… con gusto hice lo que me pidió y termine por mi cuarta vez dentro de Susan a modo de despedida (la yapa).

    Desayunamos de manera normal mientras recordamos lo sucedido y reíamos. Hasta eso paso un familiar de Susan para llevársela a un almuerzo y con Vivi nos encamamos todo el domingo a descansar.

    En la tarde pregunte a Vivi:

    Yo: ¿Amor que tenes con Susan?… parece que anoche SI lo tenías planeado…

    Vivi: Si amor… ella va ser nuestra puta así que anda acostumbrándote jiji… pero todo con mi permiso!!! Me entero que haces algo sin mi permiso y van a ver consecuencias!!

    Yo: jajaja me gusta la idea… tranquila amor no hace nada sin tu permiso.

    Gracias por leer una de mis experiencias… estaré contando otros relatos.

  • Un viaje en la ruta

    Un viaje en la ruta

    Estaba jugando con el chorrito del bidet en mi anito mientras me masturbaba, mientras una mano frotaba mi clítoris, con la otra apretaba y acariciaba mis pechos, dando pequeños gritos y jadeando, mis pulsaciones se aceleraban, y en eso escucho que suena el mensaje de celular, llegue al orgasmo y de a poco fui relajando y cobrando la respiración, fue un rico orgasmo.

    Era mi amante que me decía que estaba haciendo, jaaa no le podía decir, así que lo llame y le pregunte que quería, me dijo si quería salir a dar una vuelta en su camioneta y luego volveríamos, le dije okey, me dijo que en 20 minutos pasaría por mi casa. Me puse un conjunto de tanga y bra de color blanco, una camisa que anude por arriba del ombligo, y una pollera tableada por encima de las rodillas; cuando Fabián (mi amante) llegó toco bocina y salí, al verme me dijo que linda que estas, de solo verte me exista, me hizo sonrojar.

    Salimos sin ningún rumbo en especial, el día estaba muy bueno, hacía calor, así que era apropiado para disfrutas, me senté y me ate el cinturón, por entre medio de las tetas, no son exuberantes, normales gorditas, haciendo que se vean apenas, al sentarme crucé la pierna izquierda sobre la derecha y la pollera se subió un poco, lo suficiente para que Fabián vea de reojo, un ojo en la ruta y otro en mi figura, yo me di cuenta y le dije, “será mejor que prestes atención a la ruta o nos mataremos”, él toca mi pierna y dices es que estas encantadora, viniste para infartarme nena.

    Pude observar como su pene formaba un bulto en su pantalón, puse la mano en su bulto y se lo apreté, mientras le decía, “atiende la ruta tonto”, y me responde “muy bien yo atiendo la ruta, pero tú tienes algo que atender también”, y comenzó a desabrocharse el pantalón, sacando a fuera su pene que estaba a punto de estallar, me lo quedo mirando y le pregunto, “¿Qué pretendes que haga”?, y me toma abrazándome el cuello con una mano, y acercándome hacia él, me dice “ven mi amor, acércate”, me desabrocho el cinturón, y comienzo a masajearle la pija, se la acaricio y le paso la lengua por el glande, recorro todo el tronco, y me la pongo toda en la boca y comienzo a mamar, la pollera se me sube dejando ver mi tanga y los cachetes de la cola gorda, con lo que Fabián me da una palmada, mientras lo sigo masturbando y mamando, sentí como se le hinchaba la pija, y entendí que estaría por venirse, con su mano me sujeta la nuca y escucho su quejido, mientras comienza a largar gran cantidad de leche en mi boca, el primer chorro da justo en el fondo de mi garganta, y luego gran cantidad de leche inunda mi boca ahogándome, le muestro todo y me lo trago, y le digo “aggg casi me dejas sin aliento”, y me responde “cada vez lo haces mejor”.

    Frenamos en una estación de servicio a cargar combustible, y yo fui al baño a refrescarme y a enjuagarme la boca, cuando salí note varios ojos que se posaban en mi figura, fui directo a la camioneta y me acomode en el asiento, mientras Fabián terminaba de abonar el combustible, mire a un costado, uno de los trabajadores me sonreía mientras se masajeaba su bulto del pantalón ese gesto me hizo reír mientras me ruborizaba; Fabi subió y seguimos viaje, hicimos unos kilómetros y salimos de la ruta, por un camino de tierra, sorprendía pregunte a dónde íbamos, y no recibí respuesta, llegamos a un lugar descampado sin nada, donde lo atractivo eran los arboles; Fabián freno la camioneta, yo me baje y pregunté, ¿Qué hacemos aquí?, aunque internamente me imaginaba que hacíamos allí, de manera irónica le dije a Fabi, “me vas a matar aquí” mientras lo rodeaba por el cuello, sin decirme nada me beso en la boca, sus manos me subieron la pollera y me apretaba las nalgas, yo le correspondía con la lengua, y le susurre, “por que no me llevaste a un telo”, porque lo quiero hacer aquí al aire libre corazón.

    Me separe del, y me quite la camisa, me quite la falda, desabroche y tire al asiento el bra y me fui bajando la tanga, apoyando los codos en la camioneta le dije, aquí me tienes papito, me tomo de las piernas y las coloco en su hombro y metió su cabeza entre mis piernas, buscando mi conchita, saboreo y hundió su lengua en mi interior, me hizo jadear, saboreo mi botoncito y podía gritar de la mejor manera, tome mis tetas y apreté mis pezones, y se las ofrecí diciendo, “toma, chúpame las tetas”, mientas jugaba con las puntitas de las tetas en su boca. Le rogué, dale no me hagas desear cogeme, Fabi se acostó en el suelo, con los pantalones bajos, y me monte sobre él, hundí todo su miembro en mi húmeda conchita, y enterrándomela completamente, su pija me llegaba al fondo de las entrañas, cambiamos de posición y me hizo poner en cuatro, mi posición favorita, Fabi bombeaba haciendo gritar, y se descargó dentro mío, Fabi era un semental, descansamos un rato, yo desnuda al aire libre, calculo que este lugar lo conocía bien; trate de buscar mi ropa interior, Fabi me dice, “espera no te apures”, me toma por detrás, me escupe la cola, y supuse lo que se venía, apoyo su glande en la entrada de mi ano, y comenzó a empujar, a la tercera ya tenía la pija adentro, ayyy me duele amor, despacio, abrió mi cola y empujo hasta meterla toda, sus huevos golpeaban en mi vagina, y me hacía gritar, sus brazos abrazaban mi cintura mientras me rompía el culo, hasta que descargo su semen, “ay guacho como me dejaste”, y sus líquidos caían por mi pierna.

    Me vestí y volvimos a la ciudad.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • Experimentando

    Experimentando

    Reitero que mis relatos son reales, nada fantasioso.

    Después de iniciar mi tercera relación amorosa, me sentía tanto anímica como emocionalmente bien, sentía la curiosidad de hacer cosas nuevas. Una de ellas fue tener sexo en un lugar público, había escuchado historias, visto videos y me generaba morbo hacerlo.

    Una tarde calurosa, con mi pololo (novio) decidimos pasear por un cerro de la capital, siendo fin de semana había mucha gente, conversábamos y nos sacábamos fotos, todo muy tranquilo, llevamos cosas para comer, así estuvimos hasta que ya comenzó a irse gente, la luz solar no era tan intensa, nos pusimos en un lugar apartado, sabíamos que íbamos a hacer, nos comenzamos a besar y tocar… parábamos a mirar si había alguien y seguíamos… le bajé el cierre de su pantalón y le saco su pene erecto y comienzo a masturbarlo mientras lo besaba.

    En seguida baje a chuparle su pene mientras sentía su respiración y como su pene se ponía muy duro. Yo llevaba puesto una falda así que fue fácil quitarme el calzón y sentarme en su pene, lo tome con mi mano derecha y lo introduje en mi, ya dentro, comencé a moverme muy rápido… la situación, el morbo que alguien estuviera ahí, me tenía muy caliente, me seguía moviendo y saltando.

    No recuerdo cuanto tiempo fue, pero debió ser entre 5 y 10 min. haciéndolo, hasta que sentí su semen dentro, me detuve muy agitada y sudada, nos quedamos así unos segundos hasta que me puse al lado, sentía como el semen caliente se resbalaba por mis piernas… por suerte tenía para limpiarme. Mientras lo hacía me moría de la vergüenza al igual que él. Me puse el calzón y nos fuimos, iba temblando, había tenido un orgasmo que me había dejado muy relajada, apenas podía caminar. Fue mi primera experiencia en un lugar público, lo disfruté mucho.

    Durante los siguientes días, conversábamos mucho de sexo y que queríamos hacer y experimentar… él tenía la fantasía que me vistiera de algo en especial, le dije que me daba vergüenza la idea de comprar algún traje más que de usarlo.

    Me daba vergüenza decirle a alguna amiga, oye quiero comprarme un traje… así que me demoré muchas semanas en hacerlo, fui a algún sex-shop, pasaba por fuera, me aterraba la idea de que alguien me viera, después de varias vuelta por la zona, entré rápidamente, por suerte no había nadie, solo una chica de unos 20 y tantos atendiendo, eso me dio un poco más de tranquilidad, me notó nerviosa… me preguntó muy amablemente si estaba buscando algo especial, yo tartamudeaba y le decía que quería ver algún traje, mientras sentía como mi cara estaba completamente enrojecida… ella muy natural me dice, tranquila mira ven, estos tengo.

    Me mostró algunos, los típicos: policía, enfermera, unos de látex, uno que parecía profesora. Le digo mi talla, quería el de policía, me muestra algunos accesorios como esposas y látigos, compré todo rápido antes que entrara alguien más, no alcancé a mirar nada más.

    No le había dicho a mi pololo que había comprado, quería probármelo para ver si me quedaba y ver si me veía bien. Llegando a mi casa me encerré en mi habitación, saqué el traje y me lo puse… me quedaba bien, era bastante sensual, más de lo que imaginaba. Mientras me quitaba el traje, escondía bien los accesorios por si alguien por casualidad lo podía encontrar.

    Hablé con mi pololo y le comenté que había hecho la compra, pero no podíamos probar porque había gente en casa, y en la suya también. Si recuerdo bien, a eso de los 3 días, él me dice que vaya con el traje a su casa. Eché el traje a mi mochila junto con las cosas y me dirigí a su casa.

    Al llegar, el me abre la puerta y subimos a su habitación y me dice muy ansioso, a ver muéstramelo… su ansiedad era obvia ya que me había negado a enviarle fotos con el traje, me daba vergüenza. Le dije que saliera de la habitación para que no se perdiera la gracia… el salió y yo me puse el traje y le dije que entrara. Cuando me vio quedó inmóvil, le mostré el látigo y las esposas.

    Sin decirle nada, se comienza a sacar la ropa, mientras yo lo miraba, me dio algo de risa que fuese tan ansioso. Ya solo con su ropa interior, nos besamos y con mucha vergüenza, intento entrar en el personaje de policía y lo tiro a la cama, él se deja, me subo arriba de él, y siento como su pene ya estaba erecto… tomo sus manos e intento esposarlo.

    Ya teniéndolo esposado, subo sus manos y comienzo a besarlo hasta llegar a su ropa interior, se la saco y su pene sale como si estuviera prisionero… comienzo a chupárselo, le digo que no baje los brazos, gemía mucho, más de lo que lo había hecho las veces anteriores.

    Me detuve y comencé a quitarme la blusa lentamente y luego la falda del traje, me dejé las botas, el cinturón el sombrero, me senté dándole la espalda, introduje su pene en mi, y comencé a moverme… me incliné afirmándome de sus tobillos, y seguía moviéndome y saltando, es una posición que me encanta, sentía como él podía ver todo desde esa posición, eso me calentaba mucho.

    Al acabar yo rápidamente, me detuve y me acerque a besarlo, le quité las esposas, en ese momento, él me toma fuerte y me pone en cuatro… toma mis manos y me esposa a mi… me dice que me dará muy fuerte… a lo que yo le digo que si, quería que me lo metiera fuerte… sentía como mi vagina estaba muy húmeda, la situación de sometimiento me estaba calentando muchísimo, él me toma de mi cadera y casi subiéndose arriba mío comienza a darme muy rápido y fuerte, sentía como golpeaba sus piernas y testículos en mi, mientras su pene entraba y salía, eso me hacía gemir muy fuerte, me hizo acabar a los pocos minutos, eso a él le produjo mucha excitación que lo hizo acabar dentro con un gemido fuerte, cayó al lado mío, exaltado… yo seguía en cuatro con su semen deslizándose…

    Dos pequeñas pero intensas historias. En el siguiente relato, contaré dos experiencias más, una de ellas fue por primera vez grabarme y la otra, haber tenido sexo oral en el transporte público una madrugada.

  • Antes del café (Capítulo 10): A ciegas

    Antes del café (Capítulo 10): A ciegas

    Intervención de la narradora:

    Braulio abrió la puerta del baño. Azucena se hallaba sentada en la tina y al ver la sombra detrás de la cortina de baño la recorrió. Ambos se quedaron mirando. Ella sonrió insinuante y lanzó la invitación.

    -Deberíamos intentarlo ¿no?

    -Sé muy bien a lo que te refieres -dijo Braulio, quien enseguida se aproximó hacia su hermana.

    Sin moverse de su lugar, Azucena jaló la toalla de su hermano para desnudarlo. Con un brazo rodeó sus piernas y lo acercó más a ella para tener frente a sus ojos aquella herramienta que se encontraba flácida.

    -Brau, ¿sabías que este pajarito ha aparecido en mis sueños por varias noches? -confesó Azucena y procedió a masturbarlo.

    -Si preguntas por mis sueños, mucho tiempo soñé con finales alternativos de aquella tarde en el penthouse -reveló Braulio.

    -Cuéntame uno -consintió Azucena mientras lamía el pene de Braulio como si fuera una paleta.

    -Definitivamente el mejor fue concretando ese trío contigo e Ingrid -admitió Braulio.

    -Bueno, pero yo solo quiero matar mi curiosidad -comentó Azucena.

    – ¿Y si tú o yo volvemos a desear otra ocasión después de esta? -preguntó Braulio.

    -Tengo el permiso de mi casi marido -informó Azucena y le relató la historia sobre cómo lo convenció de tener un matrimonio abierto-. Ahora tú tienes que contarme todo de tu vida sexual, he querido saber de ti.

    -Realmente es muy poco, pero todo comenzó el año pasado con Ingrid en el penthouse -discurrió Braulio sobre todas las veces que se acostó con Ingrid y con su nueva pareja sexual, Lizbeth. Entretanto, Azucena le mamaba la pija y escuchaba atentamente.

    – ¡Qué escondidito te lo tenías, hermanito! -exclamó Azucena-. Me encanta tu verga, pero no puedo meterla toda a mi boca ¿me ayudas?

    -Por supuesto, hermana -respondió Braulio y procedió a tratar de meterle toda su herramienta en la boca-. ¿Acaso no te sientes nerviosa? Yo sí y mucho.

    -Demasiado -se sinceró Azucena después de sacársela y luego volvió a introducirla en su boca.

    Después de casi ahogarse con el chorizo de Braulio, Azucena se levantó, ya que su hermano quería mamarle la concha. Braulio entró a la tina y se sentó para que Azucena le restregara su coño en la boca.

    -Ahora cuéntame de toda tu vida sexual, hermanita -pidió Braulio mientras comenzaba a besar sus labios vaginales.

    -Es mucho, pero poco interesante -contó Azucena entre gemidos-. A grandes rasgos, tuve mi primera vez con un novio de la universidad en su auto, a mis 19 años. Después, desde los 20 hasta los 27 fui una latosa que tenía novios solo por sexo. Luego llegó Erick y ya sabes el resto. He tenido buenos polvos pero ninguno que me haga recordarlo como el mejor, a excepción de aquella noche en el penthouse que no se completó.

    -Lo sé -contestó Braulio-. De haber continuado ese día seríamos unos hermanos sexosos.

    -Si no me hubiera puesto de payasa -argumentó Azucena.

    -Si hubiera tomado la iniciativa en la mañana que te vi bien ardiente en tu traje de colegiala -replicó Braulio.

    -Yo también quería tomar la iniciativa en ese momento -secundó Azucena.

    Braulio se levantó, tomó de la cintura a Azucena y la recargó en la pared. Ambos sintieron incomodidad de verse a la cara, así que Azucena se dio la vuelta para darle la espalda a su hermano y él comenzó a sobarle el trasero con su pija.

    -Me encanta tu culo, hermanita -halagó Braulio.

    -Mejor dime mami o algún otro sobrenombre o adjetivo que no sea «hermanita» -solicitó Azucena-, ya comenzó a causarme incomodidad eso, siento cosas raras al oírlo.

    -Tienes razón -dijo Braulio-, hay que vernos el uno al otro como cualquier otra persona y más si esto nos gusta y lo volvemos a hacer.

    – ¡Sí pero ya cállate y métemela papi! -exclamó Azucena.

    En cuestión de segundos, Braulio dejó ir toda su verga en la concha de Azucena como una espada, sin piedad, sin hacerlo despacio.

    – ¡Ay, sí! Sácala poco a poco y vuelve a meterla así de rápido -pidió Azucena.

    Braulio la obedeció y volvió a seguir los mismos pasos en repetidas veces. Indudablemente a Azucena le encantaba.

    -Ahora no te muevas -indicó Azucena, quien procedió a moverse lentamente para introducirse y sacarse el pene de Braulio una y otra vez.

    – ¿Te gusta, Brau? -preguntó Azucena.

    Braulio contestó afirmativamente, pero no la convencía de que fuera así. Después de un rato, Azucena se sacó la pija de Braulio y reposó en el agua de la tina.

    -Mejor dime la verdad. Finalmente no te agradó la idea -dedujo Azucena.

    -Sí me está gustando, es solo que aún no me quito de la cabeza que esto es raro -explicó Braulio.

    -Tranquilo, cualquier otro día con más calma lo podemos volver a hacer -sugirió Azucena.

    – ¿Con más calma? -cuestionó Braulio-. Tenemos prácticamente todo el día de hoy.

    Como si no hubiera prisa de nada, Azucena salió de la tina, tomó su toalla para secarse y se dirigió a la barra para tomar café. Braulio la imitó en todo y juntos tomaron el café matutino.

    Braulio no podía explicarse porqué sentía incomodidad de coger con su hermana cuando era lo que tanto había deseado. Ambos, envueltos en sus toallas, bebían sus cafés, sin dejar de pensar en lo que podría resolver sus problemas de incomodidad.

    -Quizá deberíamos de embriagarnos -ideó Azucena.

    -Sería buena idea si no tuviéramos cosas que hacer más tarde -replicó Braulio.

    -Entonces podríamos seguir con las confesiones -sugirió Azucena.

    – ¿Tienes algo más que confesarme? -preguntó Braulio.

    -Sí. Mucho, de hecho -replicó Azucena-. ¿Recuerdas el día que lo hiciste con Lizbeth aquí en casa? Pues toda esa semana no fui al trabajo por incapacidad y particularmente ese día que follaste con Lizbeth escuché todo.

    -Wow. No querías escuchar eso -supuso Braulio.

    -Fue placentero para mí -admitió Azucena-. Pero no solo eso. Cuando se metieron al baño copié tus videos de tu teléfono a mi laptop. Después los usé para masturbarme mientras los veía. Entre ellos vi aquel en el que cogiste con Ingrid en el penthouse de ese hotel y le confesaste que lo harías conmigo. Me sentí mal por haberme comportado así aquel día cuando en verdad yo también quería.

    -Ya no tienes porqué sentirte mal -comentó Braulio-. Queríamos quitarnos la curiosidad y ya lo hicimos, aunque no salió como lo esperábamos.

    -Al menos pude probar tu vergota y sentirla un rato dentro de mí antes de casarme, como me lo prometí -finiquitó Azucena.

    Horas más tarde arribó el camión de mudanza para transportar las pertenencias de Braulio hacia su nuevo domicilio. Eran las seis de la tarde cuando todos los muebles quedaron instalados en la nueva vivienda. Se encontraban presentes Azucena, Braulio, sus padres, Lizbeth, el padre de Lizbeth, compañeros de trabajo de Braulio e Ingrid en la improvisada celebración que duró apenas dos horas.

    Posteriormente, los invitados se retiraron y solo permanecieron Azucena, Braulio y sus padres. Estos últimos veían la televisión, mientras que Azucena tomaba una siesta en la recámara.

    Versión de Azucena:

    De pronto, sentí en la oscuridad cómo un trozo de carne se paseaba por mis labios. Sin hacer una sola pregunta, estiré mi mano para tocar la cosa misteriosa y luego empecé a chuparla.

    – ¡Qué rica verga! -exclamé.

    Sentía que una mano me agarraba el cabello y me impulsaba para meterme y sacarme de la boca el largo y duro pene que estaba felando. No cabía todo dentro de mi boca, pero lo succioné bastante bien. Minutos después, me acosté boca arriba, poniendo mi entrepierna en dirección hacia esa enorme herramienta.

    -La quiero toda adentro, papi -pedí.

    Al instante, sentí unas manos grandes tomándome de los muslos para elevarlos y así descansar mis pies en algo que parecían unos hombros. A la par, sentí ese monstruo tan largo tocando mi abdomen, mientras él se deshacía de mi ropa interior bajo mi falda. Pensé que era un sueño más y si acaso lo era, realmente no quería despertar.

    Aquel varón comenzó a masturbar su pene con mis muslos al apretarlos y rosaba mis labios vaginales. Las ganas de sentir ese viborón dentro de mí aumentaban cada vez que él lo pasaba por mi clítoris.

    Mientras él se masturbaba de esa manera, yo frotaba suavemente su glande con una mano. Así fue como, de repente, sentí que su glande se alejó de mi mano y se colocó a la entrada de mi concha. Mi grito fue ahogado en su mano que se aproximó a mi boca en el momento en que introdujo su miembro todo hasta el fondo de mi coño.

    La mezcla de dolor y excitación eran impresionantes. Mis pies prensaron su cuello con fuerza debido a los pujidos que realizaba por sentir semejante vergota dentro de mí. A su vez, eso hacía que apretara su pija con mis paredes vaginales de forma que a él le costaba trabajo penetrarme hasta el fondo, si no era dura pero lentamente. Por otra parte, a mí me volvía loca de placer y no pude evitar chorrearme tres veces casi seguidas.

    El tiempo me parecía vano en esos momentos, pero consideré que ya había transcurrido un largo rato hasta que él me movió de forma que me puso en cuatro y volvió a penetrarme duro. Una vez más, su mano tapó mi boca y ahogó mis gritos.

    Paulatinamente, la cogida que me estaba propinando el sujeto se tornó violenta. La penetración se volvió muy rápida y dura. Una de sus manos seguía tapando mi boca mientras que la otra me despojó de mi blusa y me tomó de la parte de atrás del cuello para agacharme hasta que mi barbilla tocara el colchón.

    Sentí la urgencia de emitir por lo menos un gemido audible, pero mi error fue haber mordido su mano, lo cual hizo que él se detuviera.

    -Solo quería decir que no pares. Me está encantando -susurré.

    Para mi fortuna, él siguió follándome así sin piedad y muy rico. Después de que él pisó fuerte el acelerador, sacó su pene soltándome y sentí que algo líquido cayó en mi espalda. Luego de eso, él me acostó boca arriba y colocó su pito en mi boca, bañado de lo que supongo que era su semen, que aunque sabía amargo, no dejé de chuparlo todo.

    Terminando de limpiar su pene, sentí su cuerpo junto al mío, un brazo suyo rodeando mi tórax y una de sus manos acariciando mi cabello.

    No supe más hasta que desperté el día de mi boda en mi recámara, siendo las 9 de la mañana. Mis padres tocaban fuertemente la puerta para despertarme, pues se me hacía tarde para asistir al registro civil.

    A un lado de mi celular, que estaba en el buró, se encontraba un papel doblado de color azul claro, el cual desdoblé y leí su contenido: «Así como en la primera vez, gracias a tu voz sabía perfectamente que eras tú y eso no me importó, puesto que no me veías y no sabías que era yo. Esa era la clave».

    La confusión no me permitió entender el mensaje, pero al cambiarme de ropa y sentir mi blusa pegajosa de la parte de atrás pude entender que no fue un sueño aquella cogida de anoche y que las palabras de esa carta eran de mi hermano. Mi deseo de tener una digna despedida de soltería se me hizo realidad y nadie mejor para hacerlo que Braulio, por lo que acepté haber sido cómplice y partícipe de aquél encuentro sexual secreto, sin tener que pedirle explicación.

    Pasó la oficialidad del casamiento con Erick en el registro civil y en la iglesia. Nos fuimos a la Riviera Nayarit de luna de miel una semana, donde tuvimos nuestras primeras veces como esposos.

    Regresamos a Puerto Vallarta y Erick se encargó de solicitar el transporte de mudanza de mis pertenencias hacia nuestro nuevo hogar.

    Mi sorpresa más grande fue haber averiguado dónde habríamos de vivir.

    Versión de Braulio:

    Luego de acompañar a mis invitados a la salida del edificio regresé a mi departamento para ejecutar mi plan. Mis padres veían la televisión, así que me ofrecí a servirles una botana acompañada de tequila. La botana tenía un aderezo especial que los dejó dormidos por un rato.

    De esta forma, me apresuré a entrar a la habitación donde mi hermana dormía a oscuras. Bajé mi pantalón con todo y calzón y puse la punta de mi pene en su boca. Después, sentí que su mano tomó mi verga y luego comenzó a chuparla. Notando su reacción positiva, le ayudé sujetando su cabello con mi mano para introducir mi pija hasta su garganta.

    Al poco rato, ella me pidió que la metiera toda adentro de su vagina. Estiré mis manos y sentí sus muslos, por lo que deduje que ya se había acostado boca arriba. Acomodé sus piernas de forma que sus pies reposaran en mis hombros y deslicé su pantaleta por debajo de su falda hasta quitarla.

    Mi pito se encontraba sobre su abdomen y se me ocurrió masturbarme con sus muslos. Ella me ayudó apretándolos y acariciando mi glande con su mano. Mi forma de agradecerle fue frotando sus labios vaginales con mi miembro, sintiendo en el camino su clítoris.

    Sin más preámbulos, alejé mi verga de su mano y la inserté hasta adentro de su coño, apresurándome a tapar su boca con mi mano para que sus gritos no alcanzaran a escucharse y pudieran despertar a nuestros padres.

    La tarea de penetrarla se volvió complicada cuando me ahorcaba con sus pies y sentía que apretaba fuertemente mi pene con sus paredes vaginales, así que tuve que hacerlo despacio y duro. Sentí que a ella le dolía y lo infería al oír sus intentos de gritos ahogados por mi mano, pero continué hasta que sentí que mi miembro estaba más húmedo de lo normal. Ella se había venido muy rico y abundante.

    Después la acomodé para penetrarla de perrito. La excitación me inundó de manera que empecé a darle muy rápido y duro, pero una mordida a mi mano de su parte interrumpió el momento. Pensé que la había lastimado, sin embargo, con susurros me pidió que no parara y me confesó que le encantaba.

    De inmediato volví a enterrarle mi verga en la concha y me porté un poco más violento, llevando mi mano a la parte posterior de su cuello para agacharla hasta que su cara tocara el colchón, después de haberle quitado la blusa.

    El ritmo al que me la follaba era rápido y constante. No tardé en sentir que mi pene vibraba, tuve que sacarlo y masturbarlo para eyacular en su espalda. Entonces, me apuré en sacar del bolsillo de mi pantalón que traía medio puesto una bolsa pequeña de plástico que portaba un sedante triturado y lo rocié en mi miembro, el cual lo puse en su boca. Ella mamó mi verga un rato y luego me acosté junto a ella, abrazándola y acariciando su cabello hasta que me percaté de que se quedó dormida.

    Prontamente me vestí, la vestí, la cargué y la llevé hacia la sala, donde mis papás ya se encontraban despiertos. Ellos vieron que su hija dormía en mis brazos y yo me ofrecí a acompañarlos a la casa con el fin de que no se dieran cuenta de que Azucena estaba dopada.

    Mi plan había funcionado, por fin pude cogerme a mi hermana sin sentir incomodidad ni hacerla sentir incómoda. No obstante, tenía ganas de hacerle saber que fui yo quien la folló, por lo que, después de acostarla en su cama, dejé una nota en su buró y después me regresé a mi apartamento.

    Al día siguiente, asistí a sus trámites legales y a su ceremonia para contraer nupcias con su querido novio, Erick. Ella se mostró normal, recibió mi abrazo de felicitaciones como si nada hubiera ocurrido el día anterior y se veía muy feliz, que era lo principal que me interesaba. Parecía que aceptó la forma en la que accedí a tener sexo con ella.

    A pesar del logro personal (y vaya que muy personal), me sentía nostálgico de pensar que tendría lejos a mi hermana, aún sin saber dónde habría de vivir y solo lo sabría luego de que volviera de su luna de miel.

    Transcurrió una semana en la que apliqué los últimos ajustes de vivir en un nuevo departamento, es decir, acomodé los muebles, programé las fechas de clases con mis alumnos, les avisé sobre la nueva sede, estrené el departamento cogiendo con Ingrid un día y con Lizbeth otro día.

    Llegó el lunes en que mi hermana regresaba de luna de miel. Me asomé por el balcón, con mi taza de café en la mano, para observar si llegaban mis alumnos. En eso, se estacionó enfrente un camión de mudanza y vi a mi hermana junto con Erick.

    CONTINUARÁ…

  • Mi iniciación

    Mi iniciación

    Me llamo Lorena, mido un metro y setenta centímetros y peso cincuenta y cinco kg, mis medidas son 84-61-89, en consecuencia se puede decir que soy una chica esbelta, aunque debo de reconocer que estoy un poco escasa de pecho, cuando voy a comprarme un sujetador me tengo que conformar con una talla 85B, pero en fin esto se compensa cuando voy a comprarme una falda o un pantalón, que con una 36 tengo suficiente, incluso a veces una 34. Siguiendo con mi descripción diré que mi pelo es negro azabache, liso y normalmente me dejo una melena que sobrepasa ligeramente mis hombros, mis ojos son de un color marrón claro. Hace ocho años tenía dieciocho años, recién cumplidos a finales de agosto.

    Acababa de terminar el bachillerato en la rama de Ciencias con notas brillantes y de la misma forma había superado la selectividad, en consecuencia, podía elegir los estudios universitarios que yo quisiera sin ningún tipo de problema. Había decidido hacer la carrera de Ciencias Exactas, había tenido dudas entre realizar los estudios en la facultad de mi ciudad o en otra diferente, que se encontraba a cuatrocientos km, finalmente me decidí por esta última opción, deseaba conocer gente nueva tener otras experiencias, vivir otro ambiente y porque no decirlo alejarme un poco del control de mis padres. Viviría en un piso, que compartiría junto a otras dos compañeras.

    En cuanto a mis aficiones son la música clásica, estuve estudiando piano hasta comenzar el bachillerato, en ese momento tuve que dejarlo, pues temía que me quitara tiempo para mis estudios. Me gusta la fotografía, la playa, la lectura, hacer senderismo y desde luego el sexo, en especial con desconocidos, así se evita que lo vayan contando a personas conocidas.

    A través de internet contacté con dos compañeras de estudio con las que compartiría piso, Ana y Gloria, elegí esta opción por dos motivos, en primer lugar, salía más económico que una residencia de estudiantes y en segundo lugar disfrutaría de mayor libertad de movimientos.

    Finalmente llegó el día de trasladarme a mi nueva residencia, el viaje lo realizaría en tren, es un medio de transporte que me gusta, en los viajes largos en autobús siempre me ha estresado, el hecho de tener que estar sentada en tu asiento sin poder moverme, y en cuanto al avión, que en teoría es más rápido, entre traslado al aeropuerto, antelación con la que te tienes que presentar y control de equipajes al final no es tanto el tiempo que se economiza en un viaje de cuatrocientos km, además en el control de equipajes siempre he tenido el temor de que, en el trasiego de la maleta a las cajas y de estas a la maleta se me olvide algo.

    Después de haber dejado preparada la maleta la noche anterior, me levante a las siete y media, me duché, desayuné y me puse la ropa que había elegido la noche anterior para el viaje, una minifalda amarilla, lisa y ajustada, que se cerraba con un botón y una cremallera en la parte trasera y una blusa blanca abotonada delante ligeramente traslucida, ese tipo de blusa requería un sujetador blanco para que se adivinase, pero que no destacase demasiado, en consecuencia, mi ropa interior era un conjunto de braguita y sujetador blanco.

    Salí de casa de mis padres poco después de las ocho y media, cogí el metro y llegué a la estación alrededor de las nueve. A las nueve y diez minutos ya me encontraba sentada en mi asiento, junto a la ventana, baje la bandeja de mi asiento, saque de la mochila mi tablet y me puse a leer una novela, el tren tenía fijada su salida diez minutos después y tras cinco horas y diez minutos de viaje llegaría a Madrid. Puntualmente arrancó el tren sin que nadie se sentara en el asiento de al lado.

    Cuando llegamos a Burgos se acercó un señor de mediana edad con una incipiente calvicie, comprobó el número del asiento que se encontraba a mi lado y sentó en él, mientras me saludaba:

    – Buenos días

    – Buenos días – le respondí.

    – ¿Vas a Madrid?

    – Si

    – ¿Estudiante?

    – Si, ¿cómo lo sabe?

    – No es muy difícil, una chica joven a primeros de septiembre viajando sola… Por cierto, eres muy guapa.

    – Gracias, usted también va a Madrid.

    – Si, tengo allí mis negocios, pero por favor tutéame. Me llamo Juan.

    – Encantada, mi nombre es Lorena.

    Nos dimos dos besos en las mejillas y me percate que me miró con cierto descaro el canalillo, en ese momento llevaba desabrochados los dos botones superiores de mi blusa. Siempre había estado un poco acomplejada por mis pechos, en el instituto en más de una ocasión mis compañeros de clase hacían chistes a cuenta de ellos, el que ahora alguien se fijara en ellos e intentase ver o adivinar lo que se escondía bajo mi blusa y mi sujetador me excito bastante.

    – Y tú ¿a qué te dedicas? – Le pregunté.

    – Es complicado de explicar a una chica tan joven como tú, igual te escandalizo, ¿qué edad tienes?

    – Hace una semana he cumplido los dieciocho, el día veintiocho, pero si tan delicados son tus negocios no te voy a obligar a que me los cuentes.

    – Vaya, una virgo.

    – Si, así es.

    Sacó el portátil de su mochila y lo puso encima de la bandeja y mientras se encendía, me dijo:

    -Te voy a mostrar mi trabajo.

    Abrió la carpeta de imágenes y aparecieron una serie de imágenes de chicas, las mismas chicas aparecían vestidas muy sexys, en ropa interior o en bikini y completamente desnudas incluso abiertas de piernas mostrando su coño y su ano, todas con el coño completamente depilado o arreglado.

    – ¿Eres fotógrafo? Me encanta la fotografía.

    – No, no soy fotógrafo ¿Haces fotos? ¿Has posado como modelo?

    – Bueno soy aficionada a la fotografía, hago fotos y me han hecho fotos, pero no como modelo.

    – Con el cuerpo que tienes serías una modelo estupenda para realizar desnudos.

    – Gracias, pero no me veo haciendo ese tipo de fotos, que vergüenza si me ve algún conocido desnuda.

    – ¿No has hecho nunca topless o nudismo?

    – Si, pero en la playa, no es lo mismo, esas chicas lo enseñan todo. Entonces ¿qué eres representante de modelos?

    – Bueno algo así, te enseño nuestra página web.

    Abrió una página web que debajo del título tenía un subtítulo que decía algo así como “Escorts, las mejores prostitutas de lujo en Madrid”.

    – ¿Llevas una agencia de prostitutas?

    – Si, tengo un club de alterne y una agencia de prostitutas de lujo, aunque suena mejor escorts o chicas de compañía.

    – Ya suena mejor, pero por si acaso hay pone bien claro que son prostitutas. ¿No las molesta? Tengo entendido que las escorts son chicas cultas que no aparentan a lo que se dedican.

    – Si así es, normalmente su entorno no lo sabe, llevan una doble vida incluso algunas tienen un trabajo normal durante la semana y sólo trabajan de putas los fines de semana, entre universitarias como tú hay varios casos, estudian durante la semana y de viernes a domingo se convierten en prostitutas y no lo saben ni sus compañeros ni sus profesores, muchas son de fuera como tú. Y en cuanto a molestarlas, sólo se menciona lo que son, tanto ellas como los clientes saben que son putas y se tienen que acostumbrar, la mayoría de los clientes prefieren tratarlas como ligues, pero también hay los que prefieren tratarlas como putas y decírselo a la cara, es algo que tienen que aceptar.

    – En alguna ocasión alguna ¿se habrá encontrado con algún conocido?

    – Bueno es difícil, puede suceder con las que viven aquí y tienen un trabajo y conocen más gente, con las universitarias es más difícil, casi imposible, aquí prácticamente sólo conocéis a los compañeros de clase, o personas jóvenes como vosotras y estos normalmente no frecuentan estos lugares, podría darse el caso de coincidir con algún profesor, pero es difícil…

    – Bueno no solamente serían los que conoces aquí, también puede venir alguien a pasar un fin de semana, solicitar una de estas chicas y encontrarse con que la conoce o que la reconozca a través de las fotos que colgáis.

    – En cuanto a reconocerla por las fotos es difícil, ya has visto que la mayoría tienen los ojos o incluso toda la cara desenfocada, las que no tienen el rostro desenfocado es porque no las importa ser reconocidas. En el caso concreto de las universitarias es la condición que ponéis todas, tener el rostro desenfocado, no os soléis conformar sólo con los ojos.

    – Desde hace un rato, cada vez que hablas de universitarias que practican la prostitución parece que me incluyes a mi entre ellas, me da la sensación de que me estás llamando puta.

    – Bueno me gustaría mucho que trabajaras para mí y poder llamarte puta, ¿no se te ha pasado nunca por la cabeza la posibilidad de prostituirte?

    – ¿Trabajar de prostituta? No, nunca.

    – ¿No me estarás mintiendo? Según estudios que circulan por ahí sois muchas las chicas que tenéis esa fantasía.

    – En todo caso serían fantasías, pero la realidad tendría más inconvenientes que ventajas.

    – Uno de los inconvenientes sería ¿Qué te reconociese algún conocido?

    – Supongo que en el caso de planteármelo ese sería uno.

    – Resumiendo, lo que te preocupa no es ser una puta, sino que las personas de tu entorno lo sepan y que cuando hablen de ti te llamen puta.

    – La mejor forma de que no me lo llamen es no serlo.

    – ¿Segura?

    – ¿Qué quieres decir?

    – ¿Tienes novio o has tenido?

    – No

    – ¿Te gusta el sexo?

    – Si.

    – ¿Eres virgen?

    – No.

    – Sin novios y no eres virgen ¿Cómo puede ser eso?

    – Lo que no puede ser es que alguien que tiene tu negocio sea tan anticuado.

    – Ja, ja estaba de broma. Esto quiere decir que te han follado y seguramente te habrán metido mano en más de una ocasión.

    – Si, algunas veces.

    – Siempre gratis, supongo.

    – Evidentemente, yo me divertía y el que estaba conmigo también.

    – ¿Conocidos, desconocidos?

    – Algún compañero de clase, algún amigo y también en alguna ocasión ligues que no conocía con anterioridad.

    – Y, no crees, que en más de una ocasión alguno de esos, ¿no habrá contado su aventura y habrá dicho por ahí que Lorena es una puta?

    – Es posible, los chicos sois así.

    – Resumiendo, te han llamado puta y encima te has quedado sin cobrar, si te hubieses prostituido al menos hubieses sacado un beneficio.

    – Estas empeñado en convertirme en una de tus putas.

    – Y espero conseguirlo y poder llamarte puta algún día.

    – Gracias por reconocer que todavía no lo soy. Oye, una pregunta ¿Alguna vez has follado con tus chicas?

    – Toda puta que trabaja para mí con el primero que folla es conmigo y con mi socio. Ya ves otro motivo por el que quiero que trabajes para mí, poder follarte.

    – Ja, ja pues espera sentado.

    – ¿Puedo hacerte una pregunta? Un poco íntima.

    – ¿Las que has hecho hasta ahora no lo eran? Pregunta lo que quieras.

    – ¿Qué llevas debajo de la faldita?

    – Braguitas.

    – ¿Alguna vez has salida con faldita y sin nada debajo?

    La conversación me estaba excitando muchísimo, estaba muy húmeda, pensé en terminar con la conversación, pero mi excitación pudo más y seguí con ella.

    – Si, una vez, hace un mes. Después de celebrar mi cumpleaños, mi primo me dijo que no me atrevía a salir a la calle sin ropa interior y con una minifalda. Yo le contesté que no tenía ningún problema en hacerlo, que si nos apostábamos algo podíamos quedar para el fin de semana próximo. Finalmente nos apostamos una cena y la gané yo.

    – Como te vestiste.

    – Con una mini escocesa y una blusa estampada, camisera como esta.

    – ¿Cuántos botones sueltos?

    – No recuerdo supongo que dos o tres, como en esta.

    – Vamos que según como se te mire se te puede ver el tirante del sujetador y el borde de la copa.

    -Si, supongo que sí.

    – Tu primo ¿se fio de tu palabra o comprobó que realmente ibas sin nada debajo?

    – Mira si te sigo contestando vas a terminar diciéndome que soy una puta.

    – No creo que en este momento eso te preocupe demasiado igual hasta te gustaría que lo hiciese, además el que lo piense no quiere decir que te lo diga si pienso que te va a molestar. ¿Lo comprobó? y ¿Cómo lo hizo?

    – Paramos en un área de descanso y estuvimos metiéndonos mano.

    – Supongo que pasaría algo más.

    – Me dijo que había una convocatoria de dogging y que siempre le había apetecido ir a una, yo al principio me negué, pero como la cita era en otra provincia limítrofe pensé que sería difícil encontrarnos con algún conocido y finalmente accedí y después de cenar nos acercamos al lugar de la convocatoria.

    – Muy interesante, sigue contándome, ¿cómo te exhibió?, ¿qué pasó?

    – Bueno era un parking en un pinar cerca de una playa, me puso una barra separadora de piernas en los tobillos y me mandó que pusiese mis manos a la espalda esposándomelas, reclinó mi asiento hasta que quede completamente tumbada, encendió las luces interiores del coche y me dijo que esperara, poco a poco empezaron a acercarse algunos curiosos que me miraban, empezó a acariciarme los pechos por encima de la blusa a continuación fue desabrochándome los botones muy despacio uno a uno pero teniendo mucho cuidado para que la blusa se mantuviese en su posición original y cuando terminó con el último me dijo: “Ahora viene lo divertido” y procedió a separar los lados de la blusa dejando mis pechos al descubierto, a continuación, al igual que había hecho con los botones, fue soltando muy poco a poco cada una de las dos hebillas de la falda escocesa, cuando termino con la última el extremo de la falda que quedó libre lo retiro hacia un lateral del asiento dejando al descubierto todo mi muslo derecho hasta la cintura. El otro extremo de la falda que permanecía unido al resto de la falda por un par de corchetes que tenía en la cintura tapaba a duras penas mi entrepierna y mi muslo izquierdo, no me atreví ni a mover un solo musculo, temiendo que si lo hacía mi coño quedase al descubierto. Alguien preguntó si se podían sacar fotos, y la respuesta de mi primo fue que sí. A partir de ese momento aparecieron varios móviles que se dirigieron hacia mí, supongo que aparezco en varias fotos y supongo que también en algún video. A continuación, desabrocho los dos corchetes que mantenían unida mi mini por la cintura, lo que le permitió deslizar el extremo izquierdo de mi falda al lado izquierdo del asiento, dejándome completamente desnuda a la vista de los mirones. Mi primo empezó a tocarme los pechos y el coño, finalmente se tumbó encima de mí, se desabrochó la bragueta y sacando su polla me folló delante de todos hasta correrse dentro de mí, a continuación, se sentó en su asiento subiéndose su calzoncillo y cerrando su bragueta. A continuación, puso mi asiento en su posición normal quedando nuevamente sentada. En el exterior del coche había cinco o seis personas mirándome, mi primo me dijo: “creo que quieren hacer algo más que mirar” y dicho esto bajo la ventanilla de mi lado, inmediatamente entraron varias manos que acariciaban mis pechos, mis pezones, algunos los pellizcaban, me tocaban el coño, sentía como entraban y salían dedos de él, hasta que finalmente mi primo dijo que nos teníamos que ir, cerró la ventanilla, me libero los tobillos de la barra separadora, me soltó las esposas y arrancó el coche y nos fuimos de allí.

    – ¿Disfrutaste?

    – La verdad es que sí.

    – ¿Lo habéis vuelto a repetir?

    – No

    – ¿Por?

    – Mi primo se dedicó a contarlo y se enteraron varios compañeros de clase.

    – Vieron las fotos o los videos.

    – Que yo sepa no.

    – Supongo que aquella noche oirías más de una vez palabras como puta o similares.

    – Si.

    – Y eras consciente de que se referían a ti.

    – No soy tonta

    – ¿Te molestaba o te ponía?

    – En aquel contexto me ponía.

    – Una chica con tu experiencia y que ya está acostumbrada a que la llamen puta no tendría ningún problema en trabajar para mí.

    – Son cosas diferentes, una cosa es tener una cierta fama de puta porque me gusta el sexo, y otra cosa es trabajar de puta.

    – Te hago una propuesta. Si vas al servicio y te quitas la ropa interior y cuando vuelvas aquí me dejas comprobar todas las veces que yo quiera que vas sin bragas te doy cien euros.

    – Ja, ja y cómo quieres comprobarlo, ¿subiéndome la falda?

    – No, metiéndote mano, como los mirones que me has contado.

    – Estamos en un tren nos pueden ver.

    – Un poco difícil, estamos en la última fila del vagón, en el asiento de al lado no hay nadie y estas bandejas tapan muy bien.

    – No.

    – Doscientos.

    – ¿Sólo por dejarme meter mano?

    – Sería más divertido follarte, pero aquí sería más complicado. Sólo por meterte mano.

    – ¿Hasta cuanto piensas seguir subiendo? Ja, ja, no soy una prostituta.

    – Quinientos, ni un euro más y tienes diez minutos para decidirte a partir de ese momento iré bajando la oferta de cien en cien euros hasta llegar a cero, sólo una condición más tu braguita y sujetador me los tendrías que entregar, pasarían a ser de mi propiedad.

    Cogió su mochila, abrió la cremallera de un compartimento interior y tras unos segundos me mostró diez billetes de cincuenta:

    – Pueden ser tuyos, ya sabes las condiciones y el tiempo está corriendo

    Desde que Juan se había sentado a mi lado, el morbo de la conversación había ido subiendo de tono, le había contado intimidades mías que no se las hubiese contado a nadie, el que insinuase que era una puta, no me molestaba, sino que, aumentando el morbo de la situación, incluso yo le había dado pie a que me lo llamase, no cortando la conversación a tiempo o con algunas de mis respuestas. Hacía rato que estaba tremendamente mojada, que tenía unas ganas tremendas de hacerme un dedito o de que alguien me metiese mano has conseguir que me corriese de una vez. ¿Quién mejor que un desconocido al que posiblemente no iba a volver a ver? Además, a pesar de sacarme unos cuantos años, calculé unos veinte, me resultaba atractivo, me gustaba su forma de tratarme y por otra parte recibir quinientos euros por dejarme meter mano durante poco más de una hora y venderle un conjunto de ropa interior que me había costado unos veinte euros no estaba nada mal.

    Mientras me hacía estas reflexiones, me pregunto:

    – ¿Dudas?

    – La verdad es que sí. Y si después de dejarme meter mano ¿no me pagas?

    – En cuanto pongas tu braguita y sujetador encima de mi bandeja yo pongo los billetes encima de la tuya, a las putas siempre se las paga por adelantado.

    Cogí mi bolso y me levanté de mi asiento:

    – ¿Me dejas pasar?

    – Encantado – dijo mientras se levantaba.

    Fui al servicio, me quite la blusa para a continuación quitarme el sujetador, después me quite las braguitas y doble perfectamente ambas prendas, para que ocuparan lo menos posible y las guarde en mi bolso. Salí del servicio y volví a mi asiento, en cuanto llegué Juan se levantó para dejarme pasar. Me senté, abrí mi bolso y cogiendo las dos prendas las dejé sobre la bandeja de Juan, inmediatamente el dejó los billetes sobre la mía, los cogí y los guardé en el bolso. Antes de guardar mi ropa interior en su mochila cogió mis braguitas y empezó a olerlas por la zona de la entrepierna:

    – Huelen a puta.

    – Si, estoy un poco húmeda, pero en todo caso olerán a sexo.

    – A sexo de puta, y dentro de poco mis dedos también olerán a puta

    Posó su mano derecha sobre mi rodilla izquierda y comenzó a acariciármela, a continuación, fue subiendo poco a poco hasta llegar al borde de la falda y ahí se detuvo conformándose con acariciarme el muslo y juguetear con el borde de la falda, unos segundos más tarde su mano empezó a progresar ya por debajo de la mini hasta llegar a mi vello púbico y empezar a jugar con él diciéndome:

    – Ya no se lleva el felpudo, de lo tienes que depilar o al menos recortarlo.

    – Es que tenerlo completamente depilado cuando voy a una playa nudista me da corte.

    – Y estar en un coche abierta de piernas a vista de todos ¿no?, voy a buscar una posición más cómoda.

    Sacó la mano de donde la tenía y me la puso en el hombro y fue bajándola muy despacito hasta toparse con la cintura de mi falda, busco el botón y me lo desabrochó, a continuación, me bajo la cremallera de la falda, yo proteste:

    – Me estas desnudando, ese no era el trato.

    – Tranquila, que la mini va a seguir en su sitio, sólo estoy haciéndome espacio para meter mi mano, con el botón y la cremallera subida no tenía espacio.

    Empezó a meter la mano entre mi cintura y la de la falda hasta llegar a rozar con los dedos la rajita de mi coño.

    – ¿Sabes Lorena? Ya no podrás volver a decirme lo que me has dicho hace un momento.

    – ¿A qué te refieres?

    – Me has dicho que tu no eras una prostituta, y en este momento te estás prostituyendo por quinientos euros, ¿sí o no?

    – Vale tienes razón, ahora ya si lo soy.

    – No te he oído decir lo que eres.

    – Soy una prostituta.

    – Muy bien así me gusta que lo reconozcas. Abre las piernas.

    Obedecí y a partir de ese momento sus dedos manosearon mi coño, pellizcaron mi clítoris, entraban y salían de mi coño, en un momento dado saco la mano y se llevó los dedos a la nariz.

    – Efectivamente huelen a puta.

    Volvió a meter la mano debajo de mi falda y sus dedos en el interior de mi coño y aunque me corrí el siguió metiendo y sacando sus dedos hasta que se anunció por la megafonía del tren que estábamos llegando a Chamartín.

    Subí la cremallera de mi falda abroché el botón cogí mi equipaje y Salí con él del tren, entonces me dijo.

    – Viene a buscarme mi socio, te llevamos a casa.

    – No gracias – Mi intención era no volver a verle, me había divertido y obtenido unos euros que me venían muy bien pero no quería que supiese donde vivía – Prefiero ir sola.

    – ¿Me das tu teléfono?

    – No lo siento

    – Como quieras, de todas formas, aquí tienes mi tarjeta, espero que cambies de opinión, siempre serás bien recibida en nuestra agencia.

    – Lo tendré en cuenta.

    Nos dimos dos besos en la mejilla, yo cogí el metro y me dirigí a la dirección de la inmobiliaria en la que yo y mis compañeras habíamos alquilado el piso que sería mi nuevo domicilio en mi etapa universitaria.

  • Mi esposa encontró el gusto por el semen y quiere compartir

    Mi esposa encontró el gusto por el semen y quiere compartir

    Mi esposa siempre me dejó correrme sobre su cuerpo, siempre me pareció irresistible acabar sobre sus tetas, verlas chorrear o que se las unté con las manos. También me encanta correrme sobre su vientre y tratar de llegar lo más lejos posible. Sin embargo, nunca se había atrevido a recibirme en su boca… Hasta ahora.

    Ese día había estado muy excitada, provocándome toda la tarde con juegos y caricias. Me había dejado con varias erecciones por lo que me sentía muy cargado y sabía que esta noche nos íbamos a poner bien guarros.

    Nos fuimos a la cama y nos arrancamos la ropa si intermedios, comencé a mordisquear sus pezones y luego baje para saborear su vulva, que no tardó mucho en mojarse después de tan prologando juego previo durante el día. No dudó en dejarse llevar y quería empapar mi boca, pero me detuve justo antes que termine para dejarla bien excitada y le dije.

    —Ahora te toca. —y puse mi pene erecto frente a su rostro. Lo tenía bien duro y grande de tanta calentura, las primeras gotas comenzaban a asomarse.

    Sin ningún reparo lo agarró del tronco con una mano y con la otra comenzó a acariciar mis testículos. Lamió la punta para saborear mi fluido previo y se lo metió en la boca muy decidida. Comenzó a chupar como una profesional, succionó y lamió la punta, se lo metió bien adentro y me hizo exhalar de placer. Enseguida me tenía listo y quería hacerle comer mi eyaculación.

    —¡SIII! Me vengo, no aguanto más. Quiero correrme en tu boca. —grité descontrolado.

    Ella me miró a los ojos sin quitar mi pene de su boca y manteniendo un firme contacto visual siguió chupando con más fuerza hasta el final. Exploté a chorros y mi polla se contraía sin control con cada uno, llené su boca hasta que comenzó a chorrear por las comisuras y gotear sobre sus tetas. Ella se quedó allí hasta extraer el último sorbo que tenía para darle y se quedó con lo que pudo en la boca mientras dejó chorrear el exceso por sus mejillas.

    Estaba tan excitado que todavía tenía la polla algo dura, ella me la soltó y se levantó a mi altura. Dejó chorrear el semen desde su boca a su pecho y tetas, era una gran cantidad y se veía tan bien adornándola. Me cogió de la nuca y me forzó a limpiarla con mi lengua, haciéndome juntar todo el semen posible, luego se recostó sobre su espalda y me tiró para que nos besemos compartiendo el fluido. Me enredó con las piernas y se la metí mientras continuábamos intercambiando la corrida anterior.

    Ella se vino enseguida pero estaba tan exaltada que me pidió que siga más fuerte. Tanta calentura me hizo ponerme bien duro otra vez y follamos con intensidad hasta que volví a eyacular dentro de su coño, ella todavía tenía para más y como el semen en nuestras bocas ya escaseaba me empujó mi rostro a su entrepierna y se giró para sentarse sobre mi cara, colocando su vulva sobre mi boca, esta vez para que termine el trabajo.

    Mi propio semen salía de su coño mientras lo estimulaba con fuerza y al poco ella comenzó a temblar y a empaparme con su néctar. Cuando terminó se acomodó sobre mi y volvimos a compartir otro beso húmedo formado hilos de ambos flujos entre nuestros labios.

    A partir de esa noche ella comenzó a disfrutar el sabor del semen, nuestros polvos se volvieron cada vez más intensos y decidimos probar aún más nuestros límites.

  • Tengo sexo con el maestro de mi hija

    Tengo sexo con el maestro de mi hija

    Después de lo sucedió con Joaquín la verdad entre en depresión, no sé si por la culpa o porque me sentía incompleta. 

    Mi marido llegaba siempre tarde a casa y generalmente trabajaba los sábados, nuestros ratos compartidos era muy pocos y mi vida sexual junto a él nunca había sido nada sensacional, pero a partir de sus ausencias se volvió casi inexistente.

    Sin darme cuenta comencé a sentirme deprimida, triste e irritada.

    Hablaba muy poco y hasta había perdido la paciencia que tenía con mis hijos.

    Me di cuenta que sin tardanza debería poner en práctica un cambio, primero pensé en conseguir nuevamente un trabajo, creí que no me costaría reintegrarme al mundo laboral, pero lo sucedido con Gerardo mi último jefe y que termine mal con la empresa me hicieron reflexionar para no hacerlo.

    Mi marido no me apoyaba moralmente, me quedé en casa rumiando mi mala suerte y como estaba deprimida los primeros tropiezos fueron suficientes para hacerme desistir del intento.

    Me empecé a llevar mal con toda mi familia porque me trataban como una neurótica y comencé a aislarme también de ellos.

    Cuando mi hija me dijo que quería estudiar pintura le busqué una buena profesora, que en realidad resultó ser un profesor, que me tenía al tanto de los progresos de la chiquilina.

    Era un hombre de unos 40 años, que en su taller de dibujo y pintura daba rienda suelta por las tardes a su vocación de docente, su nombre era Jonathan.

    A medida que lo iba conociendo más, más me simpatizaba, me parecía una persona con la que podía tener reales afinidades, también me daba cuenta que él me prestaba particular atención.

    En una primera etapa no le di importancia a ello, aunque no puedo soslayar el confesar que me hizo sentir bien, él había resultado comprensivo y me hacía sentir estimada.

    Pasaron varios meses, cuando una tarde llevé a mi hija y se desencadenó una fuerte tormenta, llovía torrencialmente y creí prudente quedarme hasta que parase un poco, porque era peligroso conducir con semejante lluvia.

    El me invitó a presenciar la clase, terminada ella, las otras mamás fueron a buscar a sus chicos y yo me quedé charlando con Jonathan, el profesor, ya que siempre me gustó la pintura.

    Mi hija mientras tanto dibujaba y pintaba en su mesa.

    Jonathan me invitó con un café y sin darnos cuenta, los minutos comenzaron a correr!

    Hablamos de todo un poco y me preguntó por qué nunca había intentado hacer algo al respecto, me dijo que me haría bien iniciar algún tipo de estudio de tipo artístico, ya que me notaba triste.

    Debo haberle puesto una cara rara porque me tomó la mano y me pidió disculpas por sus palabras, agregando al mismo tiempo que, empero, había que ser muy ciego para darse cuenta que estaba atravesando un mal momento.

    Se me hizo un nudo en la garganta, no pude continuar hablando.

    Aquella noche concluí que él era la primera persona que se daba cuenta, sin ningún esfuerzo por lo visto, de lo que me sucedía.

    Estuve una semana para decidir que me llevaría de su consejo y tomaría un curso de pintura por la noche, que era la hora en que enseñaba a los adultos.

    Se lo dije a mi marido, al que realmente no le gustó mucho la idea, pero no le di importancia.

    Yo iba a las clases un día distinto al de mi hija, éramos solamente cuatro alumnos.

    Descubrí que tenía talento para hacer lo que había comenzado, me gustaba y de a poco logré salir del pozo al que me había estado precipitando todos los días un poquito más.

    Jonathan era especialmente amable conmigo, yo era la última en retirarme de la clase y al quedarnos solos conversábamos de todo.

    Nos hicimos amigos y no sé cómo fue, pero un día, cuando me iba, él me dio un beso en la mejilla.

    Yo me sonrojé cómo si fuera una adolescente, él se sonrió y me apretó fuertemente la mano derecha y es que acostumbrada a la seducción y manoseo, eso me dejo anonadada.

    A la semana esa clase de despedida se repitió, pero esta vez no me sonrojé y le devolví el beso y él me abrazó.

    Se lo devolví, cerró la puerta con llave y así, bien apretadita, me llevó hasta el sofá, nos besamos en los labios con increíble pasión.

    J: ¡Te deseo mucho!

    K: ¡Y yo a ti!

    J: ¡Perdón si te obligo a hacer algo que no deseas!

    K: ¡Yo lo deseo como no tienes Idea!

    Me pasó las manos por los senos y luego las resbaló por mis caderas, bajé mis manos hacia la bragueta de su pantalón y aunque no era la primera vez que me comportaba así con un hombre, ese día me sentía renacer.

    Todo aquello me nacía de adentro y tenía que demostrarle lo que realmente sentía, de otra manera nuestra relación carecería completamente de sentido.

    Despacio, con una sensualidad envolvente, Jonathan y yo nos fuimos desnudando y nos trasladamos al pequeño dormitorio que había en el piso alto del taller.

    Nos acostamos y Jonathan se ocupó de besar y lamer cada rincón de mi cuerpo.

    J: ¡Que cuerpo más escultural, uhm!

    K: ¡Uhm! ¡Que rico!

    Me hizo sentir maravillosamente hermosa, querida, respetada y deseada, ¡yo le demostré el afecto que él me había despertado con besos y caricias primero y después tomando su pene con las manos!

    ¡Cuando lo tuvo duro y erecto me lo introduje entre los labios y lo lamí y chupé golosamente!

    J: ¡Ah!!! ¡Que rico, uhm!

    K: Esta riquísima, ¿te gusta?

    J: ¡Uf! ¡Es mejor que como lo soñé!

    Devoraba su pene como si fuese una hambrienta, sus manos apretaban mi cabeza y su respiración agitada me incitaba a devorarlo con toda mi pasión.

    Después se acomodó entre mis piernas y la lamió mi vagina, su lengua me daba un placer enorme, no era tosco, de hecho, ¡era el primer oral tan pasional que me dieron!

    K: Uhm, ¡esto es delicioso!

    J: Soñaba con devorártela, uhm, ¡que aroma y que sabor!

    Yo me abandoné completamente a él, sus dedos ahora e palpaban, ¡apretaba mi clítoris con delicadeza y luego se lo metía a su boca para succionarlo con gran fiereza!

    K: ¡Ah!! ¡No pares!! ¡Ah!

    J: ¡Eso!! Termina amor, ¡acaba!!

    No pude resistir más y me ahogue en un tremando orgasmo, me tenía retorciéndome en su boca succionado todos mis fluidos que él me saco.

    Me acostó y empezamos acoger en un misionero normal, Jonathan me besaba, me acariciaba todo lo que podía, yo gemía, ¡su grueso pene me tenía en el cielo!

    En ese momento ya no importaba nada, me sentía renacer, ¡había vuelto a mí la confianza y el amor propio y mientras estábamos en la rica pose de “cucharita! Él me decía al oído;

    J: Que rico cuerpo, ¡de verdad jamás me había cogido a alguien como tú!

    K: ¡Me encantas!! Hazme tuya nene!

    Él se acostó y yo lo cabalgaba con suavidad, nunca antes había sido tan suave estando arriba, el me acariciaba hermoso, ¡mi cuerpo se erizaba cada que sus manos lo tocaban!

    J: ¡Eres la mejor, uhm!

    K: ¿Te gusta cariño?

    J: Tienes un cuerpo de lujo y que rico te mueves, ¡uhm!

    K: ¡Me hacía falta esto!

    Me puse en cuatro y sus manos masajearon mi trasero con suavidad, su lengua recorría cada cm de mis glúteos, ¡me tenía súper caliente y le pedí al metiera ya!

    Cuando me montó y comenzó a penetrarme con su grueso miembro de pequeña cabeza, enlacé las piernas a su cintura y ambos nos movimos al mismo ritmo.

    Me apretaba con fuerza mis caderas, se agachaba besarme la espalda, ¡yo me movía también para ensartarme más rico!

    J: Ah, que rico, más, ¡muévete!

    K: ¡Ah, que rico, métemela!! ¡Así que rico!!

    Fue una cogida lenta, ¡perfecta, como pocas veces en mi vida alcancé el orgasmo con tanta suavidad!

    Cuando Jonathan acabó yo todavía flotaba en una maravillosa nube de placer y abandono.

    Compartimos un café, me lavé, me vestí y volví a casa, como era de esperar mi marido todavía no había llegado.

    Cuando regresó, yo ya estaba dormida, feliz, tan satisfecha que ni siquiera me desperté cuando él se metió en la cama.

    Me estado anímico mejoró sensiblemente, ¡mi relación con Jonathan se empezaba a formar y es el único con quien puedo decir tuve una relación!

    Todas esas noches, sus cariños y su atención me tenían loca por él, pero todo lo que inicia tiene un final.

    Kali

  • Incestos con la madre y la hija

    Incestos con la madre y la hija

    Mi amigo Berto aún era virgen. Tenía una tía que era la fuente de su inspiración. Se llamaba Genoveva, tenía una hija y estaba casada con un guardia municipal. Genoveva era muy guapa, tenía 38 años y era alta y morena. Sus tetas eran fenomenales, sus caderas anchas y su culo gordo. Era una delicia de mujer.

    Berto después de hacernos una manola en el monte me contó la historia de sexo que estaba teniendo con su prima y con su tía. La contaré cómo si yo fuera él.

    Una tarde que llegaba a casa oí desde la puerta a mi madre hablar del color amarillo que dejaba yo en las sábanas, a lo que Genoveva contestó hablando del color amarillo de su hija en las bragas y de añadir que se mataba a peras. Cuando oí lo de las peras de mi prima Carmiña me empalmé y tuve que ir al monte a machacarla.

    El caso fue que dejé de tener fijación por mi tía y las pajas comenzaron a caer a la salud de la carita de ángel, sí, Carmiña tenía carita de ángel, un ángel con boquita de piñón, ojos azules cómo el cielo, de cabello negro largo y rizado, flaca, con tetas pequeñas, cinturita y culo redondo. Era la típica muchacha que la veías y pensabas que nunca rompiera un plato.

    Al estar su casa a escasos diez metros de la mía tenía mucho roce con ella, o sea, que además de primos éramos amigos.

    Tres días después de oír lo del amarillo de las sábanas y lo de que se mataba a peras, o sea, nueve pajas después. Lavaba ella ropa en un río apartado y le hacía yo compañía sentado sobre la hierba, cuando me preguntó:

    -¿Qué me ocultas, Quique?

    -Nada.

    Frotando en una camisa el taco de jabón, me dijo:

    -Lo que nada no va al fondo.

    -Y al que madruga lo madrugan.

    -No te vayas por los cerros de Úbeda.

    -Mejor eso que enfadarte.

    Cogió un pantalón y lo restregó con las dos manos sobre la tabla de lavar. Sus tetas y su culo se movían de atrás hacia delante y de delante hacia atrás cuando me dijo:

    -Nos conocemos hace muchos años, sabes que no me pelearía contigo. ¿Qué es eso que me quieres decir que no te atreves?

    -¿Por qué sabes qué te quiero decir algo?

    -Porque me miras de un modo que nunca antes me habías mirado.

    Metió el pantalón en el río lo lavó bien y cuando lo retorcía para escurrirlo, le dije:

    -Si te lo digo vamos a dejar de llevarnos bien.

    Echó el pantalón en un barreño, se secó las manos a su falda azul, falda que le daba por debajo de las rodillas, arregló su largo cabello, negro, me miró y me urgió a contarle que me pasaba con ella.

    -Suéltalo ya.

    Se lo solté de un tirón.

    -Me enteré de que te masturbas.

    -Habla claro.

    -Me enteré de que te matas a peras.

    -Sí, y para hacerlas echo en los dedos champú de huevo.

    Su respuesta me dejó boquiabierto.

    -¡¿De verdad?!

    -No, pero la contestación venía a huevo.

    -O sea, que no.

    -¿Aunque así fuera te crees que te lo iba a decir?

    -Supongo que no.

    Dejó de lavar y me miró con una seriedad que jamás había visto en su rostro.

    -¡¿Quién te dijo que me mataba a peras?!

    -Se lo dijo tu madre a la mía.

    -¿Cómo pensará eso?

    -Supongo que llegó a esa conclusión porque dejas manchas amarillas en las bragas.

    -Podían ser de orina.

    -¿Lo eran?

    Mi prima ya se metió de lleno en el tema.

    -Dime, Quique. ¿Cuántas pajas haces tú al día?

    -Ya das por sentado que las hago.

    -Eres un pajillero más. Todos los hombres son unos pajilleros.

    -Si tú lo dices…

    -¿Cuántas?

    Le pagué con la misma moneda.

    -¿Aunque las hiciera te piensas que te lo iba a decir?

    -Sí, porque a lo mejor te diría que yo también las hago. ¿Cuantas?

    Canté al momento.

    -Dos o tres.

    -¿En quién pensaste la última vez?

    -Sí te lo digo…

    -Dejaré de ser tu amiga. Eso quieres decir que pensaste en mí madre o en mí.

    Me hice el ingenuo.

    -En tu madre… No digas tonterías.

    -Veo para dónde le miras cuando ella no te ve.

    -Es mi tía…

    -Y yo tu prima. ¿No me follarías si te dejara?

    -Sí.

    -¿En quién pensaste la última vez, en ella o en mí?

    Ya me confesé.

    -En ti.

    Se le dibujó una sonrisa en los labios.

    -Por eso me miras para el culo y las tetas cuando crees que no te miro, para tomar nota.

    Sonriendo con picardía, le dije:

    -Apuntes.

    -No tengo nada que apuntar.

    -Apuntes son notas.

    -¡Y vuelve el burro al trigo! Me haces sentir tonta del culo.

    -Tú de tonta no tienes nada. No hago más que pensar en ti…

    -Cuando te la pelas, pajillero.

    -Y sin tocarme también.

    Se rio de mí.

    -¡Uy, que el nene se enamoró!

    -¿Y si me enamorara de ti, qué? Eres preciosa.

    Se puso seria.

    -Deja de decir estupideces.

    -Empezaste tú.

    -Lo dije en broma. ¿Y antes?

    Me pilló a verlas venir.

    -¿Y antes, qué?

    -¿En quién pensabas antes de pensar en mí?

    -Dejemos el cuento.

    -Vale. ¿Qué me hiciste cuando te la pelaste?

    -Es muy fuerte.

    -Cuenta.

    -Si te lo cuento me matas.

    -Cuenta que no te voy a regañar.

    -Te tengo al lado y me voy a empalmar.

    -Cierra los ojos.

    -Dime una cosa, Carmiña. ¿Tú también juegas sola?

    -Interpreta mi silencio.

    Se masturbaba.

    Me eché boca arriba sobre la hierba, puse las manos en el pecho, cerré los ojos y comencé a recordar la película que me montara con ella la noche anterior.

    -Imaginé que entraba por la ventana de tu habitación y me metía en tu cama. Tú estabas dormida. Te tapé la boca. Te besé en los labios y como no chillaste te volvía besar y te destapé. Estabas desnuda. Vi tus tetas, con areolas claras y pezones pequeños. Llevé mi mano a tu coño peludo y lo encontré empapado. Imaginé que te acababas de masturbar y aquella humedad era tu corrida…

    Carmiña me interrumpió para decir:

    -Bien podía ser, si.

    -Te lamí el coño…

    Me volvió a interrumpir.

    -¡¿Eso hiciste?!

    -Sí, en mi imaginación.

    -¿Sabes chupar un coño?

    -Tengo la teoría.

    -¿Y qué dice la teoría?

    -Que el clítoris…

    -Ya estamos. En cristiano, coño, en cristiano.

    -Que la pepita del coño es la parte más sensitiva de la mujer y…

    -Déjalo ahí, me estás poniendo cachonda y yo de cachonda podría hacer locuras.

    El que hizo una locura fui yo. Me puse de pie y me abalancé sobre ella para comerla viva, con tan mala suerte que pisé el jabón, caí encima de ella y fuimos los dos a parar al río. Al ponernos en pie el agua nos daba por la cintura. Carmiña pilló un cabreó criminal. Levantó su pequeña mano derecha y me dijo:

    -¡Te mato a hostias!

    Le miré para las tetas y vi que eran más grandes de lo que yo pensaba. Sus pezones también eran más grandes y se marcaban en la camiseta blanca pegada a su cuerpo. Mi polla se empalmó y mis manos se posaron en ellas. Estaban muy duras. Mi prima seguía con la mano levantada.

    -¡Qué te doy!

    La besé y no bajó la mano.

    -Quita.

    Quité las manos de sus tetas. Se dio la vuelta para salir del río. Le volví a echar las manos a las tetas, la besé en el cuello, le arrimé la polla empalmada al culo, se la froté contra él, y le dije:

    -Vamos un poquito más arriba donde no nos cubra tanto y no nos pueda ver nadie.

    -¿Para qué?

    -Para comerte el coño y ver cómo te corres.

    Escurriendo el cabello y sin quitarme las manos de las tetas ni separarse de mí, de forma despectiva, dijo:

    -Ya.

    -¿No te gustaría correrte en mi boca?

    -Fantasma.

    Volví a frotar mi polla en su culo y le tiré de los pezones.

    -Te correrías en mi boca, créeme

    -Lo que voy es a partirte la boca si no me sueltas. ¿Qué vas a hacer correr tú, atontado?

    -¿Qué te apuestas?

    Puso su manos encima de las mías y se empezó a dar.

    -¡¿De verdad que me harías correr si dejo que me chupes el coño?

    No sabía lo que podría pasar al comerle el coño, ya que nunca comiera uno, pero mi voz sonó autoritaria al responder:

    -Tan cierto como que estamos mojados.

    -No sé, me daría corte enseñarte el coño.

    -A alguien se lo tendrás que enseñar algún día.

    Mi prima entregó la cuchara.

    -Me dejo, pero siempre y cuando después no quieras meter.

    -Tú mandas.

    Se dio la vuelta de nuevo y echó andar río arriba. Paró cuando el agua le dio por debajo del coño. Nos tapaban matorrales por ambas orillas. Allí no nos podía ver nadie. Le di un pico y le dije:

    -¿No es romántica la música que hacen el croar de las ranas, el cantar del cuco, el cri, cri, cri de los grillos y el murmullo del agua corriendo?

    -Me vas a chupar el coño, Quique, déjate de historias de fotonovelas.

    Tenía razón. Fui al grano. Le levanté la camiseta y vi sus tetas. Las areolas las tenía pequeñitas, cómo encogidas y los pezones de punta. Le chupé una teta y se le puso la piel de gallina. Me cogió la cara con las dos manos y me dio un beso, tierno, dulce y largo, después le chupé las tetas… Más tarde le subí el vestido y le bajé las bragas hasta las rodillas. Al lamer su coño mi lengua patinó por él como si estuviera lleno de aceite. A medida que iba lamiendo los flujos se hicieron más pastosos. Era la primera vez que le comían el coño y su cuerpo se estremecía, y no con el frío, los nervios hacían que se estremeciera. Poco después, con voz temblorosa, me dijo:

    -Me voy a correr, Quique.

    Seguí lamiendo su coño y su clítoris. Al ratito Carmiña metió el canto de una mano en la boca, lo mordió, se agarró a la rama de un chopo con la otra, y me dijo:

    -Me corro.

    De los escalofríos pasó a los temblores, y temblando se corrió en mi boca.

    Al acabar bajó la camiseta, subió las bragas y me dijo:

    -Me gustó mucho.

    Empalmado a más no poder, saqué la polla, Mi prima miró cómo la meneaba… Vio cómo me corría y mirando cómo la leche salía de mi polla y como la corriente se la llevaba, dijo:

    -¿Qué me está pasando?

    -¿Qué te pasa?

    -Mi coño está palpitando. Tengo ganas, muchas ganas. Necesito correrme otra vez.

    Se agachó, sacó las bragas y las dejó ir río abajo. Echó sus brazos a mi cuello, dio un saltito y rodeó mi cuerpo con sus delgadas piernas. Cogí la polla, se la acerqué al agujero y le clavé el glande en su coño cerrado. Algo se rompió allí dentro, y no, no fue su himen, ni sintió ella el dolor, lo sentí yo al romperse mi frenillo. No sangraba ella, sangraba yo y la corriente llevaba la sangre al mismo lugar que llevara mi leche. A pesar de eso se la acabé metiendo hasta las trancas. Mi prima era bisoña en el sexo, cómo yo. Su boca no sabía besar con lengua y me morreaba. Yo tampoco sabía besar con lengua y me morreaba con ella al tiempo que subía y bajaba su culo para que mi polla entrara y saliera de su coño. Después de un rato largo, con sus tetas apretadas contra mi pecho, me miró y me dijo:

    -No te corras… Me viene, me viene. ¡Me corro, primo!

    Sentí como se estremecía, cómo temblaba y como su coño apretaba y soltaba mi polla al correrse.

    Al acabar de gozar, se agachó y dándole el agua por las tetas metió mi polla en la boca. No hizo falta más. Me corrí en su boca. Mi prima chupó y escupió la leche, que cómo la otra, se fue río abajo.

    Salimos del río y con las ropas mojadas siguió lavando ella y dándole conversación yo.

    -… Eres cómo una princesa de cuento.

    Carmiña no era amiga de sensiblerías.

    -No jodas, Quique, te di el coño. Soy una puta.

    -Putas son las que cobran.

    -Pues soy una cualquiera.

    -Mira, prima, para mi eres una princesa, y digas lo que digas lo seguirás siendo.

    De sentirse una cualquiera, pasó a hacerse la importante, y se volvió a reír de mi.

    -¡Uy, que el nene se enamora, uy que el nene se enamora!

    -Eres mala, muy mala!

    La conversación tuvo premio. Quedamos en que esa noche dejaba la ventana de la habitación entreabierta para continuar lo que empezáramos esa tarde.

    Era media noche y en mi casa dormían todos. Me vestí y salí sin hacer ruido. Fui por la huerta que tenían detrás de la casa hasta la ventana de su habitación acompañado del perro que tenían para guardar la finca, un pastor belga al que llamaban Tigre y al que acariciara cientos de veces. Al abrir la ventana sentí unos ronquidos que despertaban a los muertos. Venían de otra habitación. Salté por la ventana y después la cerré. Me desnudé y en la oscuridad oí el sonido de una respiración que venía de la cama. Mi prima se estaba haciendo la dormida.

    Todo iba cómo lo planeáramos. Me metí en la cama emocionado y con un empalme brutal. La besé en el cuello y se armó la gorda… Una mano me agarró del cuello con fuerza. Se encendió la luz y vi a mi tía sujetando con la otra mano la sábana que la cubría. Tenía una cara de mala hostia que de verla pillé un acojone que me temblaron hasta las cejas. Sin levantar la voz, me preguntó:

    -¡¿Cuánto tiempo llevas jodiendo con mi hija, desgraciado?!

    Aflojó para que pudiera contestar.

    -No sé lo que le dijo Carmiña…

    -No me dijo nada, pero ya me lo dirá cuando vuelva de la casa de tu abuela. ¿Cuánto tiempo lleváis liados?

    -Desde esta tarde.

    -¿Qué hicisteis esta tarde?

    Mentí cómo un bellaco.

    -Solo le comí el coño.

    -¡¿Cómo?!

    -Pues lamiéndolo hasta que se corrió.

    Se seguían oyendo aquellos ronquidos infernales.

    -No te creo, una mujer no se corre así. ¿Qué le hiciste?

    -Bueno, también le comí las tetas y nos besamos.

    -Sigo sin creerte.

    -Hay una manera de que me creas.

    No era tonta, la pilló por el aire.

    -Hay, pero tu vas a salir de aquí cagando leches y mañana ya hablaré con tu madre.

    Me hice el remolón.

    -Mujer, ya que estamos podíamos echar un polvo, quien dice uno, dice siete u ocho.

    Genoveva me miró para la polla. Los dieciocho centímetros de una polla gordita y el estar a solas en la habitación no hicieron mella en ella.

    -Vístete y lárgate de aquí antes de que te meta una hostia y te arranque la cabeza.

    La destapé arriesgándome a que me diera lo que me había ofrecido. Estaba desnuda. Aquello no era una mujer era una diosa. Sus enormes tetas tenían unas areolas marrones más grandes que mi boca abierta y sus pezones eran tan grandes y gordos que si me cornea con ellos me deja tuerto, y su coño. ¡Ay su coño! Tenía tanto pelo que parecía un campo de trigo teñido de negro. Le dije:

    -Joooder qué buena estás, tía.

    Genoveva se volvió a tapar, y me dijo:

    -Una hostia lleva grabado tu nombre.

    Cómo amenazaba y no me caía la hostia me vine arriba. Le eché la mano al coño y le robé un beso. Me empujó sin fuerza.

    -¿Quieres morir esta noche, Quique?

    -Sí, de gusto entre tus brazos.

    Metí la mano bajó la sábana y al tocar su coño vi que estaba muy mojada. Visiblemente nerviosa y sin retirar mi mano de su coño, en el que ya entraran dos dedos, abriendo las piernas, me dijo:

    -Vete, diablo, vete que me vas a meter en un compromiso.

    Masturbando su coño, le supliqué:

    -Un polvo, aunque uno solo sea.

    Me volvió a echar la mano al cuello y apretó. Por un momento creí que la palmaba y con los nervios mis dedos le follaron el coño a mil por hora. Soltó mi cuello y me dio mi primer beso con lengua, un beso de los que jamás se olvidan, ya que tenía lengua de vaca y llenó con ella mi boca. El beso me supo a tortilla de patatas con cebolla. Me quitó los dedos de su coño y los chupó. Luego besándome me cogió la polla y me la meneó. Meneándola me chupó mis tetas y mis pequeños pezones y luego metió mis huevos en la boca y los chupó. Después mamó mi polla metiendo toda en la boca hasta que me corrí cómo un pajarito. No dejó que se perdiera ni una gota de leche, se la tragó todita. Después, subió encima de mí y sin dejar que se me bajara la polla, la cogió y la metió en el coño. Entró como si tuviera el coño untado con mantequilla, pero no floja, no creas, para ser una mujerona cómo es sentí cómo mi polla rozaba las paredes de su vagina. Me cogió las palmas de las manos con las suyas, las llevó a los lados de mi cabeza y me folló sin compasión… Cuando me ponía los pezones en los labios miedo tenía que dejara caer la teta encima de mí y me ahogase. Cuando me besaba me dejaba sin aliento. Era una fiera, una fiera con muchas ganas. Poco después sus manos apretaron las mías. La polla me quedó aprisionada, era cómo si me la estuviera chupando con el coño. Sentí cómo descargaba sobre ella apretándola y soltándola. Se estaba corriendo y echaba babas en cantidad. Mí tía, con los ojos cerrados, rugía cómo una leona.

    Al acabar me besó sin lengua, y me dijo:

    -Sabes, Quique, las mujeres maduras tenemos fantasías con pollas duras y cuerpos de jóvenes y las jóvenes las tienen con hombres maduros por su experiencia.

    No acertaba a entender porque me lo decía.

    -¿Por qué me dices eso, tía? No te entiendo.

    -Te lo explico. Mira, Carmiña, igual que tú, está en la edad de las fantasías y nunca se imaginó que ibas a hacerle lo que le hiciste, lo más probable es que se haya enamorado de ti, pues le diste lo que ni imaginaba que le podía dar un hombre maduro. Si encima le das lo que me diste a mí la harás sufrir…, porque tú no la quieres. ¿O sí la quieres?

    -Le tengo mucho cariño.

    -Eso no es suficiente. Le acabarías haciendo mucho daño. Prométeme que no te vas a acostar con ella.

    No se lo podía prometer, ya la había follado.

    -No podría…

    Me agarró los huevos.

    -¿Si no lo prometes te arranco los cojones?

    Yo con mis pelotas nunca jugué. Si había que prometer, se prometía.

    -Te lo prometo.

    Me acarició las pelotas y después me preguntó:

    -¿Quieres algo de mí a cambio?

    No lo tuve que pensar.

    -¿Te la metió el tío en el culo?

    Sonriendo, me hizo cosquilla y me dijo:

    -No. ¿Quieres hacerlo tú?

    El cambio fue brutal, de querer dejarme sin pelotas a dejar que le diera por el culo.

    -Sí.

    Se puso boca abajo y me dijo:

    -Siempre tuve ganas de que me follaran el culo.

    A ver, yo no sabía cómo comer un culo, pero oyera unas rimas que hablaban de eso. Las dijera un viejo en la taberna, un viejo soltero al que unos llamaban el poeta y otros Toño el borracho. Él estaba en el mostrador a solas con la hija de la tabernera y yo estaba con un amigo jugando al futbolín en una habitación lateral. Es cortito, así que lo contaré.

    La hija de tabernera, una recién casada, le dijo al viejo:

    -Poeta, cuéntame una historia de las tuyas.

    El viejo, le preguntó:

    -¿Qué me das a cambio, Loliña?

    -Un litro de vino para llevar para casa.

    -¿Y si me das el culo media horita?

    -Le están oyendo los del futbolín.

    -Y yo oigo como le dan a la bola, no soy sordo.

    -¿Va el vino?

    -¡Qué remedio!

    El viejo le contó la historia:

    -La muchacha estaba de pie, la lengua del viejo se movía de arriba abajo en la raja del culo lamiendo su ojete y su periné. La muchacha lubricaba, se mojaba y se mojaba. La lengua comenzó a entrar y a salir de su culo, el muchacho era un cerdo y chulo, muy chulo. La arrinconó contra la pared y le metió la polla en el ano, y no se la metió en vano, y te lo digo yo, que fui el muchacho que se la metió y quien vio cómo se corrió.

    Volvamos al turrón.

    Mi tía tenía un culo cómo un pandero. Sus nalgas estaban duras debido a que trabajaba al jornal en las huertas. Se las abrí con las dos manos y le olí el culo. Para qué te voy a engañar, le olía a mierda, pero a mi me excitó el olor. Al pasar la lengua por su ojete, me dijo:

    -¡¿Qué haces?!

    -Follarte el culo -le metí y le saqué la lengua de él. ¿No te gusta?

    -¡Joder si me gusta! Sigue, sigue.

    Al rato se puso a cuatro patas. Aquel coño abierto debajo de su enorme culo impresionaba, pero no a mi polla que latía sin parar y soltaba aguadilla. Echando las manos a sus tetas le lamí y follé con la lengua el coño y el culo. Mi tía gemía cómo una descosida. Al meterle la punta de la polla en el culo, me dijo:

    -Despacito y hasta el fondo.

    Hasta el fondo se la metí, despacito y de una sola clavada. Al chocar mis huevos con su coño, me dijo:

    -Déjala toda dentro.

    Dejé la polla metida hasta el fondo. Me cogió los huevos con una mano y los froto en los labios. Metió un huevo dentro del coño y después el otro. Con ellos dentro sintió mi polla latir dentro de su culo. Me dijo:

    -Córrete. Quiero sentir tu leche dentro de mi culo.

    Sus palabras fueron órdenes. Me corrí cómo un cerdo, aunque me hubiese corrido igual si no me hubiese dicho nada.

    Después le volví a dar caña… Mis huevos siguieron chocando con su coño hasta que sus piernas comenzaron a temblar. Corriéndose, dijo:

    -¡Qué guuustooo!

    Al correrse le tembló todo el cuerpo.

    Al acabar se echó boca arriba y me dijo:

    -¡Cómo ronca el condenado!

    -Mejor así. ¿No?

    -Sí, si no escapara de los ronquidos…

    -Quiero comerte el coño, Genoveva.

    Me miró raro.

    -Lo tengo perdido de la corrida.

    -Así mojado tiene que estar rico.

    Me dio un pico, y me dijo:

    -Eres un cerdo.

    -¿Me dejas?

    -Come, cochino.

    Se abrió de piernas pensando que le iba a comer el coño. Le acaricié el cabello y le di un pico en los labios, los entreabrió y dejó que la besara. La besé en la frente y después la besé en la punta de la nariz. Me preguntó:

    -¿Qué haces?

    -Amarte.

    -Cómeme el coño, no me ames. A mí nadie me amó, todos los hombres me jodieron.

    Una mujerona diciendo eso impresionaba. Le dije:

    -Yo te voy a amar, Genoveva, te voy a amar cómo te amé en mis fantasías.

    Le dio a la cabeza, y me dijo:

    -Si te hace ilusión…

    Le volví a acariciar el cabello, le di un pico en los labios, y la besé con ternura. Mi tía se había quedado quieta cómo si fuera una muñeca de terciopelo. Mis manos acariciaron sus grandes tetas y después las amasaron mientras lamía y chupaba sus gordos pezones y sus enormes areolas. Antes de bajar a su coño la volví a besar, y le dije:

    -Eres de lo más bonito del pueblo.

    Era dura cómo una piedra.

    -Deja de decir tonterías.

    Al meter mi cabeza entre sus piernas y pasar mi lengua por su coño me encontré con una piscina en la que mi lengua chapoteaba al lamer. Mi tía gemía sin parar. No tuve que hacer mucho para que se corriera. Solo lamí sus labios cubiertos de jugos, metí y saqué la lengua en su vagina unas ocho veces, lamí su clítoris de abajo a arriba doce o catorce veces y ya se derritió como un helado debajo del sol. No se corriera cómo la tigresa que era, se corriera cómo una monja en su primera vez, temblando y gimiendo en bajito, como para que nadie supiese el maravilloso placer que estaba sintiendo… Se estaba aún corriendo cuando dejé de lamer. Le puse la polla en la entrada del coño y empujé para meterla. Pillé el coño cerrándose y no entró. Al abrirse y penetrar, volvió a cerrase y me la apretó. Era como si fuera virgen de nuevo. Acabó entrando toda. Cuando acabó el placer se relajó, y mirándome a los ojos, me dijo:

    -Haz que me corra otra vez, pero esta vez jódeme cómo a una perra.

    Lo dijo y se puso a cuatro patas.

    Chupé el dedo pulgar de la mano izquierda y se lo metí en el culo. Le follé el coño cómo me pidiera, a toda mecha… Genoveva gozaba cómo una perra y jadeaba cómo tal… Tiempo después su coño se fue mojando, tanto se mojó, que mi polla ya chapoteaba dentro de él, cuando dijo:

    -¡Me corro, me corro, me corro!!

    Su coño volvió a apretar mi polla y la volvió a bañar de babas.

    Al acabar de correrse la saqué y me corrí sobre sus tetas. Mi tía levantó las tetas con las dos manos y las masajeó con la leche. Quise volver a follarla, pero me dijo:

    -No puedo más. En mi vida me había corrido tantas veces.

    -Una más.

    -Estoy reventada, Quique.

    -Entre las tetas. Deja que me haga una paja entre tus tetas.

    No paraba de sorprenderla.

    -¡¿Pero tú dónde aprendiste a hacer tantas cosas?!

    -Uno escucha y aprende.

    Cómo vio que la polla no se me bajaba no quiso dejarme así.

    -Haz esa paja.

    Le pasé la polla mojada por los pezones y por las areolas, se la pasé por los labios del coño, después se la metí entre las tetas, se las apreté con las dos manos y se las follé. Mi polla se deslizaba entre sus tetas cómo un caracol y cómo caracol fue dejando su rastro de babas, lo que hizo que la polla se sintiese cómo si follase un coño mojado. Al rato mí tía se estaba metiendo dos dedos en el coño… Ya gemía desesperada cuando le metí la polla en la boca. Me la chupó con ganas. Después se la pasé por los dedos que entraban y salían de su coño y me masturbé rozando el glande contra ellos. Me iba a correr cuando sacó los dedos, me cogió el culo y metió la polla hasta el fondo. Tuve que sacarla a toda prisa. Me corrí en la entrada de su coño.

    Mi tía se había puesto tan cachonda que me cogió la cabeza y me la llevó a su coño. Estaba asqueroso y olía a bacalao, pero yo ya había probado mi leche muchas veces después de pajearme y me gustaba lo asqueroso y el bacalao. Se lo lamí de abajo a arriba con celeridad y mi tía en segundos echó en mi boca una cascada de babas espesas y agridulces mientras jadeaba y su cuerpo se convulsionaba.

    Al acabar me quitó de entre sus piernas, y me dijo:

    -Tienes que volver a casa antes de que te echen de menos, Quique.

    Le hice caso. Salí de la cama, y vistiéndome le dije:

    -Me gustaría volver a follar contigo, tía.

    -Y a mí tener tu edad, Quique, pero lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

    -O sea, que no volveremos a follar.

    -A veces ocurren milagros, Quique, a veces ocurren milagros.

    Quique.