Autor: admin

  • Mi experiencia como cornudo: El cumpleaños de mi esposa (2)

    Mi experiencia como cornudo: El cumpleaños de mi esposa (2)

    Las cosas transcurrían como de costumbre, por lo menos hasta una mañana que comenzamos a hablar en el desayuno.

    K: Oye que crees que acaba de pasar?

    M: Que?

    K: Armando me ha estado mandando mensajes para decirme que me veo muy bien en las fotos que he estado subiendo los últimos días. Y está muy insistente en que vaya a tomar un café con él.

    M: Ja… Ese cabron cuando te empieza a insistir es porque te quiere llevar a la cama

    K: Y no es acaso lo que queremos?

    M: Si, pero esta vez es diferente.

    K: Entonces… Puedo ir?

    M: Si pero recuerda que no puedes hacer nada, la idea es que lo provoques y si llegas a un punto adecuado que le digas que es lo que queremos hacer.

    K: No te preocupes tu confía en mí.

    Dicho esto seguimos con nuestra rutina diaria y casi a las 8:00 pm me dijo que se iba a alistar para salir

    Se acercó a mí me dio un beso y se metió a bañar.

    Cundo salió, me quede boquiabierto.

    Llevaba una minifalda negra que dejaba ver el comienzo de sus nalgas y de la tanga que llevaba puesta.

    Un top negro que dejaba ver que no llevaba bra debajo y unas zapatillas abiertas que dejaba ver sus uñas recién pintadas

    M: Te ves hermosa

    K: Gracias… Me voy de pesca jajaja Te veo más tarde

    Se despidió de mí y salió cuando escuche un auto legando a la entrada.

    Subí a ver la televisión pero me quede dormido casi de inmediato, desperté casi a las 3:00 y no fue sorpresa darme cuenta que ella aun no había llegado.

    Casi a los 2 minutos escuche el auto en la entrada otra vez, pero fue hasta casi después de media hora desde que escuche que se estacionaba en la entrada que escuche la puerta abrirse y vi a Karina entrar procurando no hacer ruido.

    M: Te divertiste?

    K: Hay cabron… Pensé que seguirías dormido

    M: Desperté hace poco… pero bueno aprovechando que estoy despierto dime… que paso?

    K: Ok… no te voy a mentir, te voy a contar todo pero promete no enojarte y que vamos a seguir con el plan.

    Escuchar eso no me pareció y comenzó a revolverme el estómago pero decidí acceder

    Llego por mí y me saludo dándome un beso casi en la boca.

    Llegamos a un café en el centro y comenzamos a hablar de cosas banales, hasta que llegó un momento en el que me pregunto por qué había accedido a verlo después de tanto tiempo.

    K: Bueno pues decidí darte la oportunidad de hablar y pasar el rato

    A: Vaya… ya te separaste?

    K: No, no te emociones.

    A: Pero tengo alguna oportunidad?

    K: No lo sé… si haces méritos posiblemente…

    A: Ok, ven vamos a otro lado

    Me llevo a un bar bastante escondido, pero agradable, comenzamos a beber y a bailar, sentía como restregaba su paquete en mi vientre y sentía como sus manos se acercaban a mis nalgas cada que podía.

    No te lo voy a negar. Estaba excitadísima… Sentía como comenzaba a escurrirme

    A: Vaya, se ve que ya estas algo pasada de copas…. Que te parece si nos vamos a un hotel como en los viejos tiempos y te hago gozar como te gusta?

    Al escuchar estas palabras ya tenía mi tanga completamente mojada, el metió su mano bajo su falda y lo noto.

    A: Vaya, lo sabía. Vamos no te vas a arrepentir.

    En ese momento no pude más y le dije que nos sentáramos y le platique lo que planeábamos hacer.

    A: Ja… me estás diciendo que ese pendejo cornudo quiere ver cómo te cojo mientras nos ve?

    Ok, lo voy a hacer… No va a haber limites cierto?

    K: No, no va a haber límites, si puedes esperar al próximo fin de semana

    A: Muy bien, Ya me tienes bastante excitado, te llevo a tu casa antes de que me arrepienta.

    De camino a dejarme el solo me recordaba lo que hacíamos cuando salía con él, la forma en la que me daba y eso me excito más… no lo sospechaba pero llegando aquí entendí cuál era su intención.

    Nos estacionamos y cuando me iba a despedir tomo mi mano y la coloco en su pantalón

    A: Mira como me dejaste… No piensas ayudarme con esto?

    K: No puedo, lo prometí…

    A: Oye, es solo una mamada, además sé que te encanta, cada oportunidad que tenías para chupármela y sacarme la leche que tanto te encanta lo hacías.

    Cuando dijo eso abrió su pantalón y saco su verga. Grande, más que la tuya, gorda, venosa. Veía como palpitaba y comenzaba a salir de la punta el jugo que me volvía loca.

    No tuve tiempo de reaccionar, me tomo de la nuca y me bajo a la altura de su verga.

    Comencé a mamarla como loca, estaba perdida en placer… más cuando sentí que con sus dedos masajeaba mi clítoris ya húmedo por mis jugos

    Estuve casi media hora mamando, pasaba mi lengua de arriba a abajo, me metía sus huevos en la boca y sentía como el llevaba el ritmo de la mamada.

    Llego un punto en el que ya no pudo más, me la metió hasta la garganta y sentí los espasmos de su verga en mi boca.

    Fueron chorros de leche llenando mi boca y bajando hasta mi garganta.

    Lo que se llegó a escurrir en sus huevos me hizo limpiarlo lamiendo hasta que los deje limpios y yo encantada lo hice.

    A: Muy bien putita, sigues recordando cómo me gusta, dile al pendejo que tienes por esposos que esto no es nada comparado con lo que te voy a hacer la próxima semana.

    Cuando baje del carro me dio una nalgada y se quedó con mi tanga de recuerdo

    En ese momento yo estaba lo que le sigue de excitado, la empine y comencé a cogérmela hasta que termine.

    No podía esperar a que llegara el día de su cumpleaños.

  • Entre sus brazos

    Entre sus brazos

    Nuestros cuerpos se reconocieron al instante, mi alma supo que era él, sus besos en mi piel eran fuego intenso, sus caricias en mis partes fueron como encender una hoguera, poco a poco y luego con intensidad. Su mirada fija en mí me hacía temblar, me inquietaban sus ojos oscuros llenos de fuego, de ganas, de deseo y de muchas ansias.

    Besaba mis senos con cierta delicadeza, rozaba su lengua alrededor de mis pezones con pasión y mucho deseo, llegó hasta abajo recorriendo mi cuerpo con su boca llenándome de besos lentos y él sin saber que esa era mi debilidad pasó su lengua húmeda entre mis labios, la introducía, la volvía a sacar, subía y succionaba muy suave ese «botón» que nos da tanto placer a las mujeres y a ellos al vernos retorcer de satisfacción, en ese delicioso movimiento de su lengua me hizo llegar al orgasmo, fue una sensación única e indescriptible, solo sé que quedé temblando las piernas, erizada todo el cuerpo y realmente extasiada.

    Luego me beso con vehemencia, me giró y al ponerme boca abajo, con una mano sostuvo las mías y con la otra entró en mí penetrando con un solo movimiento, entre lento, pero al tiempo duro, el cual me hizo estremecer, mover mis caderas involuntariamente al sentirlo dentro, y gemir de una manera muy sutil, pero que sin lugar a dudas lo excitó aún más, cada embestida era más dura, más desenfrenada, más salvaje y apasionada.

    Halaba mi pelo, besaba mi espalda y pasaba su deliciosa lengua, me fascinaba que hiciera eso, me hacía erizar ¡Y de qué manera! Me daba besos por el cuello y susurraba a mi oído lo mucho que yo le encantaba y como lo ponía, mientras continuaba moviéndose estando dentro de mí. Agarraba duro mis nalgas como apropiándose de ellas y eso me calentaba más. El vaivén de mis caderas en esa posición le hacía realizar ciertos sonidos, que a decir verdad, me excitaban demasiado, saber que lo estaba disfrutando igual que yo era algo muy placentero.

    Al final entre mis movimientos y los suyos y a ese nivel de excitación mutua, fue inevitable sentir como entre un movimiento pausado y un exquisito sonido, estalló de placer dentro de mí, recostándose por unos segundos sobre mi espalda dejando salir un leve suspiro.

    Lo deseaba como a nadie, deseaba besar su piel, tocarlo, lamer cada parte de él, me excita solo de pensarlo, me humedezco imaginándonos de nuevo. Y después de probarlo lo deseo aún más, es como cuando pruebas una droga y te gusta la sensación, pues algo similar, a mí me gustó lo que sentí entre sus brazos, mojados de sudor mezclado entre fluidos, vibrando y con la piel erizada con cada caricia y cada beso que le daba a mi cuerpo.

    Paula Osorio.

    Correo: [email protected]

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 10)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 10)

    Dejaron de transpirarme las manos cuando leí el primer mensaje: 

    “Vení al bar del octavo piso”

    Volví a respirar con las palabras del siguiente, que fueron:

    “No aguanto ni que me apoye la mano en los muslos”

    Y se me paró la pija al tercero:

    “Esperame en la segunda puerta del baño de hombres, que necesito tu leche en la boca”, decía.

    Imaginen la torpeza con la que me vestí. La rapidez producto de la ansiedad y la alegría, más la chota parada, más algunos cuantos litros de alcohol que tenía en la sangre: me choqué todo lo que tenía al paso. Pero salí.

    Al ratito ya estaba en el box indicado, del baño indicado, del bar indicado. Chequeé en mi memoria también que sea el piso indicado y cuándo estaba dudando si había apretado el 8 o el 6 en el tablero del ascensor, apareció Julia.

    Al verme se tiró a mi cuello y me comió la boca. Otra vez nuestras lenguas elevaron aún más la temperatura.

    – No para de pedirme perdón. Como si se hubiese tropezado sin querer en el culo de otra piba. – me dijo aprovechando para respirar. Mi prima me confundía un poco con sus gestos. Por momentos parecía que iría a llorar, pero por otro lado no paraba de besarme y manotearme la verga – Sacatela. Sacate la pija y métemela en la boca, Ro.

    Ni lo dudé. Ya con más calma, me desabroché el pantalón y me lo bajé hasta los tobillos. Julia se arrodilló y continuó buscando mi desnudez ella misma. Como si hubiese estado abstinente por años, me sacó la pija del bóxer con la mano y como si estuviese muerta de hambre, se la puso en la boca. Creí que iba a explotar al sentir la humedad de la saliva calentita que usaba de lubricante.

    – Está más grande que la otra vez. – Me dijo mientras hacía circulitos con la lengua sobre mi glande, como si quisiese penetrarme la uretra. – ¡Y más rica! – acotó después.

    Y comenzó a meterla y sacarla, a penas mis manos la tomaron de la cabeza. Me la chupaba con tanto morbo que mis piernas temblaban. Disfrutaba hasta los sonidos que salían de su boca. A veces gemidos y otros productos del ahogo que le producía llevársela hasta el fondo de la garganta.

    – Alta petera resultó ser tu primita – me decía mirándome a los ojos, con cara de traviesa y tonada a piba de barrio. – ¿Te gusta, primo? ¿Te gusta como tira la goma tu prima “la petera”?

    Me volvía loco. Era un sueño hecho realidad. Mi pija estaba entre los labios de mi prima. Y cuando los apretaba, me lengüeteaba la punta. Mi mejor amiga, mi confidente de toda la vida me estaba chupando la verga en el baño de un bar. Un sueño es poco. ¡Mi prima me estaba peteando como una trolita bien entrenada!

    Y era en verdad una experta. No dejaba de mamármela ni un segundo. Ni siquiera para lubricarla. La escupía y la llenaba de baba, la succionaba, la besaba, la recorría entera con su lengua, pero nunca se la sacaba de la boca, hasta llevársela hasta el fondo y aprovechar, desde allí, a lamerme las bolas. Solo interrumpía para hablar.

    – Hoy la pruebo entera, Rodrí. Hoy te siento el gusto a semen. Llename la boca de leche. – dijo casi ignorándome, como si sólo estuviesen ella y mi pene en el ambiente. – Dame leche. Tu prima quiere leche. – repitió varias veces y aunque se tentaba a tomarla con sus manos para pajearme, las volvía a poner sobre mis nalgas para continuar metiendo y sacándola de su boca sólo con la ayuda de sus labios.

    “Mi prima se viste de puta” pensaba. Así habría titulado esta historia si lo decidía en aquel baño.

    La tomé de las mejillas y prácticamente me la cogí por la boca. Ese rostro familiar, con el maquillaje un poco corrido, mirándome como buscando piedad. Eso me estaba cogiendo. Era hermoso. El sabor del pecado del resto del mundo me llenaba el alma de placer. Julia se quedó quieta, obedeciendo a mis movimientos. Se la clavaba bien profundo y se la sacaba chorreando saliva. Cuando quedaba afuera de su boca mi prima aprovechaba para lamerme nuevamente los testículos. Y pedirme leche.

    – Poneme el pito en la boca, malo – solía decirme, simulando estar enojada. O encaprichada por la chota. Me estaba devorando del éxtasis. – Dame la leche.

    Y entonces supe que el viaje había finalmente comenzado. Un viaje en un crucero, es cierto. Pero, en realidad, era mucho más que eso. Era un viaje hacia lo prohibido, lo inmoral.

    Comencé a pajearme, cumpliendo sus palabras como si fuesen órdenes. Quería tardar más. Disfrutar más. Sentirla más. Pero sopapeándole la lengua con la cabeza del pene, aguantar era cada vez más difícil. Y con la imagen, ni les cuento. Mi prima cerró los ojos y como si estuviese probando un manjar, recibió los primeros chorros de leche. Es verdad que los primeros ya los tenía en la bombacha, por lo que estos eran más espesos. Más concentrados. Bien puro. Y así los deseaba ella. Si quería sentirle el gusto, esos lechazos eran los indicados.

    Cuando su boca quedó llena de esa crema blanca que había salido de mis pelotas, se puso de pie. La miré con atención, todavía excitado, para no perderme el momento de la deglución. Tal vez sea una perversión personal pero, aún con las bolas sin leche, me gustaba ver los gestos de una mujer al tragarse una corrida. Y ella era mi prima. De todas las mujeres, era la más deseada. De todas las perversiones, ella era la mejor. Pero me dejó pagando.

    La contuvo en la boca y me tomó de las manos. La ayudé a abrir la puerta y los dos salimos del baño. Apenas lo hicimos, mi corazón comenzó a latir más fuerte. Ya sabía lo que se venía.

    Con volumen casi ensordecedor, se escuchaba de fondo una de las cumbias más bellas de la república Argentina. La versión de Gilda, de la canción “Paisaje”.

    Presos en una escena filmográfica, otra vez, atravesamos a la gente que bailaba en la pista y sentado en la barra, estaba Fabián. Vestido como la primera vez que lo había visto. Un short verde desteñido y la remera blanca, con mis dientes marcados.

    “Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor”, se escuchaba cuando Julia lo besó, con mi leche en la boca. El pelotudo que no me invitó a su fiesta, con cara de ilusionado disfrutó del beso blanco como un completo idiota. Mi pene comenzó a crecer nuevamente, cuando pude ver mi semen entre sus lenguas. Reconozco que me asusté un poco al pensar que se daría cuenta. Pero en ese momento Fabián debía estar como loco, creyendo que ese beso había sido, en realidad, un paso hacia la reconciliación.

    – Dejáme pensar en este viaje – le dijo – Cuando lleguemos a Buenos Aires vamos a poder hablar más tranquilos.

    El boludo no dejaba de sonreír. A penas levanté la mano, reaccionó tirándose para atrás, como defendiéndose. Sin embargo no pude evitar darle un gesto de comprensión: la apoyé sobre su hombro y le di dos palmaditas.

    Otra vez tomándome de la mano, mi prima me guio para que nos vayamos.

    “Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo”, repetía ahora la canción. No se me ocurre que otra frase habría sido mejor para darle inició a algo tan familiar. Lo percibí como una señal divina de que lo nuestro tenía vía libre. Y Julia también.

    – Ya sé, Rodri. – Me dijo cuando salimos y la música nos permitió hablar sin gritar. – Afuera del cuarto vamos a tener que decir que somos primos – continuó cuando el ascensor ya estaba disponible para bajar con nosotros. Al comenzar a sonreír pude sentir el olor a guasca que todavía le salía de la boca – Pero adentro soy tu putita.

    Como si una sola señal no fuese suficiente, cada vez más lejano por nuestro caminar, Rodrigo Bueno nos decía: “Fue lo mejor del amor, lo que he vivido contigo…”

    Cuándo la puerta se cerró y nos quedamos solos, Julia me besó. Casi instintivamente puse mis manos apretándole el culo sobre el vestido, el cual fui corriendo para manosearle la bombacha, primero desde atrás y luego sobre la parte de la concha. Mi prima estaba empapada. Y mi verga otra vez al palo.

    – ¿Y quién quiere salir del cuarto? – preguntó, al mismo tiempo que una campanilla nos avisaba que ya estábamos en nuestro piso.

    No necesitaba respuesta.

    A penas entramos a la habitación, Julia se trepó encima de mí y con la espalda cerramos la puerta. Sus piernas rodeándome la cintura no fueron obstáculo alguno para bajarme el pantalón y el bóxer, todo de una vez. Sentir su lengua recorrerme el cuello, era otro motivo más para perder el aliento. Mi prima se corrió la tanga a un costado y sin más esfuerzo la penetré.

    – Ahhh. – dijimos al unísono, cuando mi pija le llegó al fondo de la concha, por primera vez.

    El viaje que habíamos planeado finalmente comenzaba.

    “Como dejarte si te llevo conmigo”, imaginé escuchar varias veces, en cada paso que dábamos sin dejar de estar unidos por nuestros sexos hacia la cama.

    Cuando la solté, rebotó sobre el colchón al menos dos veces. El golpeteo me había dejado ver la bombachita bajo el vestido por un instante y más loco me volvió. Sin poder pensar en nada más, la tomé por los costados y disfrutando de la morbosidad de la situación completa, le bajé la tanga lentamente hasta dejarle la concha libre, toda entera para mi vista. La concha de mi prima, era toda para mí.

    Metí mi cabeza entre sus piernas y me dediqué un instante a olerla bien. Los flujos parecían hipnotizarme.

    – Dale, Rodri. Metele lengua a la concha de tu prima. – me apuró, simulando una inocencia que ambos sabíamos que no tenía. – Chupame la concha, que me muero.

    Y así lo hice. Primero con la punta y luego con la lengua entera. Al primer lengüetazo nomas la pija me empezó a latir. La suavidad de su piel, erizaba la mía. Una y otra vez le recorrí toda la vagina a mi prima. Era un manjar. No sabía, en ese momento, cómo podría dejar de chupársela alguna vez. Deseaba poder vivir lamiéndola. Sus labios, su clítoris, el agujero, eran los nuevos dueños absolutos de mi boca. El sabor de sus fluidos, casi amargos, casi dulces, casi salados, penetraban mi mente hasta dejarme soñando, despierto.

    – Ahhh. Ahhhh. Ahhhhh. – le escuchaba decir.

    Puse mis dedos sobre su clítoris y como si mi lengua fuese la punta de la verga, comencé a metérsela y sacársela. Penetrarla de esa forma nos enloquecía a ambos.

    – Ahhhhh.

    Luego invertí los papeles. Mi lengua se dirigió hacia el clítoris y mis dedos hacia su interior. Mi prima volvió a gritar, esta vez más fuerte y sobre mi boca acabó. En ese momento mezclé en mi paladar su acabada con la mía, ya seca sobre la piel y sin siquiera tocarme la pija, creí que iría a eyacular. Me tragué todo lo que pude. Todos los líquidos que encontré en cada rincón de su conchita, fueron a parar a mi garganta. Y aunque cada vez quedaba menos, no podía dejar de comer.

    Julia puso una mano en mi frente, para que la mirara a la cara. Una vez más, le obedecí. Su rostro era de satisfacción absoluta. A aquella mirada mitad picara y mitad inocente, se le sumaban unas gotas de agradecimiento.

    – Veni a cogerte a tu putita ahora. – me indicó un segundó más tarde, y asi lo hice.

    Todavía con el vestido puesto, acomodé sus piernas. Las abrí un poco más para apoyar la pija en la entrada de su concha y volví a metérsela hasta el fondo. Me tomé unos segundos para clavar ese momento en mi memoria, para siempre. El roce apenas perceptible de mi verga en su conchita depilada era de esas cosas que uno debe tener siempre guardado, como un tesoro.

    Hasta que ya no pude más. El mete y saca se volvió más rudo, plenamente salvaje. Y con sus uñas recorriendo mi espalda, acabé dentro de ella. El mejor orgasmo de toda mi vida me lo había dado la puta de mi prima. Se sintió tan fuerte que los anteriores orgasmos, ni siquiera parecían orgasmos. Este fue totalmente diferente. Cien, Mil, Millones de veces más fuerte. Y era sólo el primero.

    Todavía sin ser del todo consciente de lo que había ocurrido, volví a empujarle el pito más adentro. Como para que reciba hasta la última gota de mi semen.

    La besé en la boca nuevamente, agradecido por ella. No simplemente A ella. Agradecido, a la vida, POR ella.

    Mi verga salió de su concha cuando comenzó a achicarse. Todavía nos costaba a ambos respirar normalmente. Y entonces caí:

    ¡Me había cogido a mi prima! Habíamos pasado de ser almas gemelas, a ser amantes. De jugar a la mancha, a mancharle la bombacha. De jugar a las escondidas, a coger sin que nos viesen. De jugar a tomar el té, a tomar la leche.

    Volví a besarla, todavía más agradecido que antes y ella hizo lo mismo. Estaba a punto de dormirme cuando July salió de mis brazos y me dijo que se iba a bañar. Reaccioné tirándola del brazo, para que su cuerpo chocase con el mío, apenas se puso de pie. Esta vez ella quedó encima de mí.

    Le puse una mano en la cola desnuda y con mis dedos esquivé las nalgas, para apoyarle uno en la entrada de su ano.

    – Las putas de verdad, se dejan romper el culo – le dije, tanteando su mirada.

    – Mmmmm. No, Rodri. El culo no. – respondió.

    Era entendible. Pero esa parte de los hombres, que algunos llaman codicia, había logrado mil veces cambiar el mundo. No podía no intentarlo.

    Presione el dedo, haciéndole circulitos. Tal vez por la transpiración, pero noté que estaba húmedo. Mi prima hizo un gesto de placer y me animé a empujarlo un poco más. Hice presión lentamente y logré introducírselo un poco. Como el gesto ahora fue de dolor, me detuve.

    – Las putas de verdad, se dejan romper el culo – le repetí.

    – Mmmmm. Rodro. Pará, pará. Que me duele – dijo con los ojos cerrados – No se…

    Era todo lo que necesitaba. Si de los dedos a la pija hay tres minutos de distancia, de un “no sé” a un “si, por favor”, hay solamente cuatro.

    Continuará…

  • Mi mujer con otro (II)

    Mi mujer con otro (II)

    Ángela a me dijo que no había sido todo, y que ya había sido suficiente lo que me había contado, y quería que yo le dijera que pensaba de esto y que estaba en todo mi derecho de echarla a la calle o separarnos, pero le dije que aún no sabía que pensar, que me parecía irreal todo lo que me estaba contando, me quede en silencio un momento y le dije que quería escuchar todo con lujo de detalles, el morbo que me producía todo esto es difícil de explicar. No sé de qué forma o en que tono se lo dije, pero sentí que ella se relajó un poco, se echó para atrás en el sillón, cerró un poco los ojos, tomo aire y siguió contando su historia.

    “Ese día llegue a la casa sin tiempo de nada, como que tuve que cambiar el chip en un abrir y cerrar de ojos, mientras terminaba el almuerzo y era mamá como siempre, por dentro sentía un fuego, un sentimiento sucio, pero a la vez placentero, no había alcanzado a bañarme, sentía mi vagina mojada como si estuviera latiendo lujuriosamente furiosa. La ducha me calmó, fue cuando pude pensar más serenamente, hasta lloré, yo no podía estar haciendo eso.

    Pasaron varios días en que no vi ni supe nada de don Marcos, lo raro es que cuando mi jefa me lo nombraba por algún tema de trabajo, mi cuerpo se estremecía, sentía un cosquilleo en realidad me daba como vergüenza volver a verlo a la cara, pero era obvio que lo volvería a ver.

    Un día estaba ya estaba preparándome para irme a la casa, Me había quedado unos minutos más en el trabajo en mi pequeña oficina y llega el como siempre como con todo calculado, llegué a pensar que se estacionaba cerca de mi trabajo y veía nuestros movimientos y apenas vio que salió mi jefa el entró, bueno eso es lo que pienso yo.

    Saludo muy cortésmente como es su costumbre , pregunto por mi jefa y cuando se dio por enterado de que ella no estaba y que estábamos solos, su mirada se transformó, su actitud de cliente cambió a una de macho en total control de la situación, me dijo que aún le estaba debiendo, un frio eléctrico corrió por mi espalda y le contesté que ya le había pagado, pero él me dijo que no se sentía pagado aún, se paró de su asiento y se puso detrás de donde yo estaba sentada, se inclinó un poco y su nariz roso mi nuca, sentí su respiración y nuevamente quedé paralizada, me dijo al oído, me sorprendiste mucho ese día, tenía unas ganas de decirle que ese día no me quería bañar, porque aún quería sentir su aroma, pero me contuve, él me tomó de los hombros me levantó de la silla y me abrazó por atrás y me rodeo la cintura con sus manos, tocó mis estómago y subió hacia mis tetas, empecé a sentir su bulto entre mis nalgas y dios, se sentía exquisito y casi involuntariamente empecé a mover el mi culo, primero hacia arriba y hacia abajo y después de manera circular, me encantaba sentir ese pene rozándome , sus manos que masajeaban mis tetas me parecían enormes y de pronto subió una de ellas hacia mi cuello y luego hasta mi boca y con uno de sus dedos toco mi boca y solo atiné a abrirla y chupar ese dedo como si fuera su exquisito pene.

    Era un momento exageradamente caliente, yo me movía para no dejar de sentir su cuerpo rozando el mío, una de sus manos empezó a buscar el botón de mi pantalón de vestir, lo desabrochó y empezó a jugar con mis pelitos y llegar más allá tratando de tocar mis labios vaginales que en es ese momento ya estaban mojados y esperando acción, todo esto mientras me besaba el cuello, don Marcos llevo esos mismos juguetones dedos a mi boca y pude sentir mi propio aroma que a esa altura me sabía a perra en celo, de pronto el paró sus movimientos y me dice que se tenía que ir a una importante reunión, mi desazón fue total, me da vuelta y por primera vez clave mis ojos en los suyos y le reclamé, en realidad le dije que quería que termináramos este asunto y no alargarlo más, y te soy sincera amor, lo único que yo quería era en ese momento era que me sacara la ropa y me hiciera lo que quisiera”.

    Ángela seguía sentada con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás, como contando un cuento de hadas, por un momento pensé que estaba en trance, ya que me contaba detalles y parecía que lo disfrutaba, tragaba saliva a cada rato y aunque parezca gracioso decirlo, parecía sentir unos bultos saliendo de mi frente, pero también sentía curiosidad y un inmenso morbo, incluso puedo decir que sentía una mezcla de excitación y enojo tal, que me daban ganas de tirarme encima de ella, romper los botones de su blusa y hacerle el a amor furiosamente, sin tener cuidado de que le gustara o no, castigarla de algún modo, pero también pensé que si hacía eso ella no me seguiría contando su historia, me calme un poco y le dije:

    – ¿tan caliente te tenía es hombre? ¿Tan bueno fue que no querías tener remordimientos y me lo estás contando? –ella me miró y me respondió– fue muy bueno, sí, nunca me sentí así – ¿Cómo así? Le dije – y ella pensó un poco la respuesta como queriendo no equivocarse – así de puta!!, abrió los ojos y me pregunto si la odiaba, no podía decir nada, debo confesar que me pegó un balazo con esa pregunta, no la odiaba, me sentía extraño como si ese hechizo del que ella hablaba al principio también me hubiera tocado a mí, solo dije que no con la cabeza y pregunte que si había más, ella respondió que sí y siguió su relato.

    “Don Marcos me dijo que debía irse a una reunión, lo cual como te dije antes me causo una gran tristeza por que quiéralo o no, había hasta soñado con ese momento, pero ese señor había tenido el valor de decir que no, según yo quería terminar todo este asunto de pagar con mi cuerpo esa deuda, pero para que miento, yo solo quería comérmelo y sentir todo eso rico que había sentido ese día en su casa, creo que hasta perdí el pudor y la vergüenza ya que como última opción le toque el paquete como incitándolo a que se quede y me de lo que yo tanto deseaba, pero el insistió en que ya estaba atrasado me dio un beso en la boca el cual no respondí, y se fue.

    Me sentía tan estúpida por que se suponía que yo solo debía ser un pedazo de carne con el que él se cobraría mi error, debía ser una piedra, pero no, ahí estaba yo casi suplicándole que me cogiera, ahora pienso que se salió con la suya para hacerme entender que él tenía el control de esto.

    Me quede caliente, mojada y por sobre todo frustrada, me fui a mi casa, me metí enseguida a la ducha, cosa con lo cual aprendí que ayuda a bajar mi ansiedad, mientras enjabonaba mi cuerpo, toqué mi clítoris como no acostumbro a hacerlo, me toque pensando en don Marcos, lo imaginaba tocándome con sus manos fuertes y rozándome con su velludo cuerpo… me dije a mi misma que esto no había terminado y ese solo pensamiento me dio un alivio.

    Pensé en tomar la iniciativa, pero al momento deseché la idea, tampoco lo quería andar persiguiendo como una loca para “pagar mi deuda”, no debía ser así. Así que me dije que solo debía esperar, ser paciente y que cuando sucediera debería disfrutarlo y sacar todo esto de mi cabeza.

    Pues bien habrá pasado una semana o más y ese día recién había llegado a mi trabajo en el horario de la tarde y a eso de las 3 recibí un llamado, era don Marcos, quien corto y preciso me dijo que me estaba esperando en la casa a la que habíamos ido la otra vez, que vaya ahora y luego cortó. Mis sentidos se revolucionaron al instante, pero estaba en horario de trabajo, tuve que decirle a mi jefa que tenía una emergencia en mi casa y que apenas estuviera lista volvía, mi jefa sin mirarme me dijo anda nomas, fue más fácil de lo que pensé, y lo siguiente era ir a esa casa, pues bien cuando ya me subí al taxi que me acercó al lugar empecé a pensar en lo que estaba haciendo, actuando como una loca, no pensé nada más que en ir, y cuando mi cabeza dejó de pensar en si mi ropa interior era adecuada o si estaba perfumada, empecé a sentir un pánico, que tuve el impulso de abrir la puerta del taxi y salir arrancando… no hice eso.

    Llegue hasta la esquina de la casa caminé mirando para todos lados, yo creo que cualquiera podría haber sospechado algo de mí, pero bien, llegue a la casa, y ahí estaba don Marcos ese guapo hombre cincuentón, con su barba frondosa con la camisa abierta, como avisando la selva que tenía en el pecho, se sonrió y me dijo:

    -primero no pensé que vendrías y que si venías no que llegarías tan rápido.

    Me dio vergüenza ese comentario, pero seguido a esto se acercó me tomó de la cintura y me dijo que ahora teníamos un poco más de tiempo, un poco tartamudeando le dije que esa debía ser la última vez y que ya todo quedaría saldado, él se volvió a sonreír y me dijo que si, lo siguiente que hizo fue agachar un poco el cuello y darme un beso, esta vez sí lo acepte, abrí mi boca como queriendo que su lengua entrara entera dentro de mi boca, fue un beso ardiente y mientras me apretaba contra su cuerpo empecé a sentir su miembro chochando con mi bajo vientre, tocaba y apretaba mis nalgas, yo tocaba esa fuerte espalda y me atreví a levantar su camisa para sentir su piel, estábamos ya algo ansiosos y me dejo caer sobre un sillón y el cayó encima comiéndome a besos, me tenía toda desabrochada y a los tirones termino por sacarme la ropa, yo por mi parte desabroche su pantalón y toque por fin ese pene duro y hermoso, pensaba para mis adentros en el pedazo que me comería.

    Fui directo al grano y me puse a chupar es miembro como loca, sentía que llegaba hasta el fondo de mi garganta e iba sintiendo como un sabor a semen en mi boca, él me tomaba del pelo y trataba de contenerme, busque sus testículos con mi boca y pase mi lengua con la intención de quedarme con su olor a macho, don marcos se retorcía tenía su verga durísima, yo no podía aguantarme y como ya hacía rato que estaba sin calzones, como que pegue un salto sobre el caballero y torpemente trate de pegarle un sentón, pero él no sé de donde saco un condón se lo puso y luego se dejó querer, y sí, me ensarte de una en su pene, yo estaba chorreando líquidos hacía rato y solo quería sentirlo adentro, sentía que tenía el control de todo, se sentía delicioso, a la vez que parecía que me rompería algo, como que llegaba al tope con sus por lo menos 20 cm.

    Empecé a cabalgar a Don Marcos, sentía como mis nalgas se azotaban sobre su cuerpo y el sonido aquel como de aplauso me excitaba más, lo abrazaba y besaba y el respondía besándome las tetas, el cuello, en un momento el me agarró fuerte de la cintura y logró sacarme de encima y me reclamo que si yo pensaba terminar todo tan rápido, y la verdad es que sentía tanto deseo de ese macho que no me podía contener, me puso de espaldas sobre el sillón y se puso sobre mí, deje de tener el control, pero sentirme dominada me hacía llegar más alto aún, tocaba con mis manos su pecho y besaba su vellos, el me penetro en esa posición mientras buscaba mi boca con la suya, yo solo me la quería comer, estaba tan excitada que acabé casi en silencio no quería que él se diera cuenta ya que yo no quería darle tregua y seguí moviéndome para que el siguiera su mete saca, subió mis piernas en sus hombros y ahí sí que sentí que don Marcos me tenía ensartada hasta el fondo, me miraba a los ojos mientras me la metía y de repente empezó a bombear más y más fuerte y respirar como un toro.

    Yo seguía poseída y sin la capacidad de moverme, solo recibir esas embestidas que en algún momento me parecieron brutales, me puso de costado y el por atrás metiéndomelo, todo, pero todo… era un manjar para mí, pensé que iba a terminar así, pero decidió ponerme en cuatro patas y yo estaba otra vez a punto de acabar, me lo mete en esa posición y mientras el bombeaba yo mecía el culo, me dijo que ese movimiento circular que hacía con mi trasero lo volvía loco, (esa era la idea),el me apretaba las nalgas se sentía delicioso, de pronto don Marcos no pudo más acabó en un gran suspiro y yo en una andanada de gemidos, fueron unos segundos creo yo en que todo quedó en negro…

    Fue delicioso, quedamos rendidos, el tendido encima mío por unos instantes, nos calmamos y después de un par de minutos de silencio, me pregunto si le había gustado y claro que le dije que sí, me di vuelta y le di un beso y por primera vez en toda esta historia conversamos sobre todo esto, le confesé que había quedado muy prendida con la vez anterior y lo enojada que quede cuando me dejo con las ganas en la oficina y aunque él no lo dijo, insisto en que todo era parte de su estrategia.

    Él me dijo que en esos últimos días había estado arreglando un poco esa casa para poder llevarme y estuviéramos más cómodos, si al final solo estuvimos en el sillón.

    Y ahí estábamos con las piernas entrelazadas cual novios conversando amenamente, hasta que él dijo que nos vayamos, la verdad es que se había pasado la hora, don Marcos fue al baño mientras yo trataba de localizar mis prendas que habían quedado por cualquier parte, sentía que mi cuerpo tiritaba, pero ahora no era de nervios sino que de veras me acababan de dar una culeada de aquellas y me sentía débil, me senté de nuevo desnuda en el sillón como esperando agarrar fuerzas para vestirme y de repente se me vino una sucia idea, me puse en dirección hacia la puerta del baño abrí mis piernas y así espere a don Marcos, piernas abiertas mostrándole todo y que yo sentía que se había ganado, el salió del baño y su cara de lujuria broto al instante, me dijo:

    – así te soñé…!

    Solo venía con una toalla en la cintura y se dirigió a mí, se inclinó y empezó a chuparme la vagina con esa lengua carnosa y jugosa, mi clítoris no daba más sentía como electricidad en todo el cuerpo, ese hombre sí que sabía hacer sexo oral, me olvide del cansancio y como que todo se reactivó, su lengua me daba fuerzas y así me hizo acabar delicioso y por un momento pensé que sería todo, él se subió por mi cuerpo y dejo su pene a la altura de mi boca y la verdad es que me empezó a penetrar por ahí, que rico, que sensación tan deliciosa, estaba decidida a tragar su semen, estaba tan satisfecha que él se merecía eso, tu sabes amor que a mí no me gusta eso, pero lo deseaba, empecé a mover mi cabeza y a darle más intensidad a la metida por mi boca, pero él tenía otros planes, me puso en cuatro patas de nuevo, condón de por medio, me la empezó a meter en esa posición yo otra vez estaba en la gloria a punto de irme cortada de nuevo y pensé que el también, por que empezó a embestir más fuerte…

    Yo llegue a los gritos y sentía una especie de espasmos mi cuerpo saltaba… oh llegue al clímax máximo… acabe, pero para mi sorpresa él no había acabado, seguía metiéndolo ahora más suave, se salió de dentro de mí se agacho un poco y me empezó a besar las nalgas y su lengua llegaba hasta mi hinchada vulva.

    Pero de repente llevo esa juguetona lengua hacia mi ano, territorio hasta ese momento no explorado y ahí se quedó jugando y ensalivando mi hoyito, ya me imagine cuál era su idea, quería metérmela por el culo, no es algo que me guste tanto, tú lo sabes, pero quien era yo en ese momento para negárselo, me metió un dedo, luego dos y probablemente tres y ahí estuvo un rato y yo tranquilita esperando el momento no más, hasta que se decidió y puso la punta de su pene en la entrada de mi ano, sentí un cosquilleo hermoso, mezclado con miedo, esa verga era muy grande como para estar dentro de mi culito, de hecho pensé que no entraría.

    Mientras el apuntaba yo me empecé a tocar la vagina como inconscientemente, recordé ese día de la ducha cuando me masturbe pensando en ese mismo hombre y ahora lo tenía ahí a punto de clavármela por atrás, de pronto sentí como su cabeza quedo en la entrada de mi agujero y que poco a poco se iba metiendo y acomodando, ese hombre sabía cómo hacer eso, nada de meterla de una, despacito y rico, en un momento sentí que me empezó a entrar y llenar de carme el culo…

    Ooh que sensación, dolor y placer, cuando ya se supo dentro de mí, empezó a bombear despacito pero a cada entrada y salida le ponía un poco más de intensidad, yo gritaba como una loca, creo que deben haber escuchado a muchas cuadras el culion que me estaban dando, el dolor empezó a desaparecer y el placer era todo lo que estaba ahí, don Marcos me estaba dando con todo, sentía que tenía el ano roto, pero me gustaba tanto, estaba en otra, y de repente se me ocurre otra idea sucia…

    Puse una mano hacia atrás y como que le pedí a don Marcos que parara, el me pregunto qué pasaba, no conteste nada solo estire mis manos para atrás alcance su pene y le quite el condón, mire hacia atrás sin perder mi posición y le dije, quiero que me llenes el culo… quiero sentir tu semen caliente dentro de mí, nunca habría imaginado hacer algo así.

    Me la puso sin condón, yo empecé a mover mi culo más que nunca y el continuo con ese mete saca profundo, una y otra vez, nunca me habían nalgueado y a cada tanto me pegaba un palmazo en las nalgas, quizás me lo merecía por puta , me parecía ser una actriz porno, eso hasta que sentí como él se empezó a retorcer y dentro de mi culito sentí algo caliente que me llenaba las entrañas, si, esa fue la verdad me lleno el culo con su semen…

    Que momento más caliente, nunca pensé hacer algo así, esa fiebre que te da al tener sexo también viene con locura temporal, estuve ahí un rato sin poder moverme, me tiritaba todo, don Marcos estaba tendido detrás mío con los ojos cerrados, quedamos agotados, después de un rato me vino el sentimiento de culpa y de estar sucia, quería llorar, irme de ahí, cuando pude pensar bien tuve miedo más bien pánico de no poder terminar esta situación, que se nos escapara de la manos…

    Nos vestimos y nos fuimos, fueron tres o cuatro horas intensas de mucho sexo”

    Mi esposa abrió los ojos como si la sesión de hipnotismo hubiera acabado, me miro y vio mi cara perpleja, con más dudas que certezas, veía a mi mujer y no podía creer que haya pasado todo eso, veía sus piernas y las imaginaba en el hombro de ese tal don Marcos, veía su boca y veía un pene extraño en ella, pero tal vez sea masoquista, aun con esos sentimientos quiero saber más…

    CONTINUARÁ…!!

  • La princesa y el caballero

    La princesa y el caballero

    Cuando estas en mundos de fantasía, lujuria y morbo, suelen ocurrir cosas extraordinarias.

    Esto ocurrió en un reino lejano y próspero, un país en el que el rey tenía una bella hija llamada como tú. Aunque ésta apenas había cumplido los dieciocho años era tan hermosa que su belleza ganó fama en el reino y aun fuera de él, llegando a oídos del soberano de un reino vecino. Era este rey joven, así que la idea de tener a un poderoso suegro como aliado al mismo tiempo que conseguía una bella esposa le pareció muy interesante y pronto quiso empezar las negociaciones. Para tal fin envió una embajada a cargo de su leal servidor el caballero Sir kay, dándole instrucciones en privado de averiguar si era realmente tan bella la princesa.

    La embajada del caballero Sir kay fue bien recibida, pues tu padre en absoluto le disgustaba sellar una alianza política casando a su adorada hija con tan buen partido. Presentó su hija al caballero y éste pudo comprobar que la fama era bien merecida. El rostro era bellísimo, con labios rojos del color de las cerezas (tan dulces como éstas) y las mejillas ligeramente coloradas como una jugosa manzana. Los ojos eran grandes, aunque también altivos. Los cabellos oscuros estaban recogidos por una diadema. En cuanto a su cuerpo se advertía que era una joven bien formada a pesar del largo y holgado vestido que impedía descubrir más… Porque realmente sus pechos eran redondos como pomelos y su culo como un hermoso melocotón maduro.

    Era pues un verdadero cachito de cielo en la tierra que podía derretir el corazón de cualquier hombre y así ocurrió a Sir kay, que sintió que se derretía ante aquellos ojos. Esto no evito, sin embargo, que cumpliese sus órdenes y llevase a buen término las negociaciones para la boda entre su señor y la princesa. No le costó mucho convencer al padre y regresó para dar a su rey la buena noticia y describirle después con sincero entusiasmo la belleza de la joven, alegrándole así.

    El caballero se ofreció voluntario también para buscar a la princesa y traerla, aunque fuera sólo para volver a verla cuanto antes, pues estaba enamorado sin remedio. Fue mejor recibido aún a su regreso y agasajado en los festejos de despedida. Tu padre, el rey regaló a Sir kay un costoso pañuelo de seda, añadiendo con picardía que sería magnífico para atraer a una dama. No sabía en verdad la mucha razón que tenía. Tú te despediste entre lágrimas de tus padres y finalmente la comitiva partió, dispuesta para que la princesa disfrutara durante el viaje de todas las comodidades posibles.

    Durante el día reposaba en una lujosa y enorme carroza, cuidada por sus doncellas y custodiada por una numerosa guardia. Como decía sentir mareos debido al infernal traqueteo del camino, hubieron de ir a un ritmo realmente lento, lo que agradó mucho a Sir kay. Constantemente se acercaba a la carroza para preguntar a la vieja hechicera que acompañaba siempre a la princesa si se encontraba bien y necesitaba algo, desesperando a la anciana que respondía que no y le daba las gracias. Así con un poco de suerte conseguía alguna vez notar de refilón los preciosos ojos de su amada, que le miraba curiosa y algo juguetona desde dentro de la carroza; pero no sabía cómo pasar más tiempo con ella y se desesperaba en la soledad de su tienda.

    Un día aprovechó que la princesa, agobiada de tantas horas en el interior de la carroza, deseaba dar un pequeño paseo por un bosque. Se acercó a ella y se arrodilló para hablarle de su belleza, de lo mucho que la amaba, etc. Halagó mucho su amor a la princesa, pero nada más. Pero ella le miró con desdén y sencillamente consideró que todo aquello era ridículo y absurdo, dejando a su desgraciado adorador confuso y avergonzado cuando se fue. Sir kay se sintió realmente herido por la actitud desdeñosa de su amada. Pero si sintió el amor apagarse en su pecho, no el deseo en su órgano viril y muchas noches pensó en la belleza de la princesa, con pensamientos poco castos que ningún trovador se hubiera atrevido a describir. Tú, en cambio, seguías durmiendo como si nada hubiera pasado. Aunque Sir kay era un caballero joven y apuesto, ella era una muchacha bien educada y las chicas honestas y decentes no piensan en locuras y amantes, sino en buscar buenos partidos y obedecer a sus padres.

    Llegó a tal punto el ansia de Sir kay que una noche fue a la tienda de la princesa. Dijo al soldado que la custodiaba que deseaba relevarle y entró. La visión de la princesa dormida como una bella durmiente, con los ojos dulcemente cerrados y los labios entreabiertos hizo que permaneciese observándola anonadado antes de que se despertara. Cuando se incorporó llevaba sólo un camisón color arena que no disimulaba sus atractivas formas como los pudorosos vestidos que vestía siempre. Volvió a hablar de amor, pero esta vez se irritó ante la negativa de la princesa y quiso abrazarla para desahogar aquel deseo que le consumía. Pero tú, ahora mucho más seriamente, le advertiste que el castigo de su señor sería terrible si no le llevaba una doncella sino una muchacha deshonrada: su virginidad era para su futuro marido. Consiguió intimidar así al caballero, que de nuevo se marchó en silencio.

    Ella olvidó todo, pero no Sir kay, que sintió redoblada la furia del deseo, pensando en lo que cubrían los pliegues del precioso camisón. Se lamentaba mientras desfogaba su deseo con una mano y pensaba en lo desgraciado que era.

    ¿Cómo podría él satisfacer su deseo y al mismo tiempo cumplir su promesa de llevar una doncella a su señor?

    Fue en una de esas noches que dio con la solución. Se sintió de nuevo feliz y salió de inmediato de su tienda para visitar a la princesa, pero esta vez la victoria sería suya.

    La princesa le recibió con fastidio añadido y quejándose de su tenacidad. Ya no le halagaba su actitud, sino que le producía hastío. De nuevo le advirtió lo que ocurriría si el rey no tenía la esposa virgen que deseaba en su noche de bodas. Sir kay se limitó a sonreír y dijo:

    – Por cierto, que este caballero cumple siempre sus promesas. Vuestro sexo habrá de ser de mi señor, pues le he jurado lealtad y es su derecho de marido y rey. Sin embargo, no he prometido nada sobre el resto de vuestro cuerpo.

    La princesa, educada como una joven honesta y pudorosa, no entendió qué quería decir pero se sintió amilanada por la seguridad de sus palabras y su mirada lasciva. Cuando él la abrazó y tiró de su vestido quiso gritar, pero él tapo su adorable boca con una mano mientras con la otra desgarraba salvajemente el camisón hasta dejarla desnuda.

    La amordazó entonces con el pañuelo de seda que le había regalado tu padre, y la llevó a empujones hasta su lecho, donde la derribó dejando bien a la vista su culo. Era éste, efectivamente, redondo como un melocotón y suave como el terciopelo. Sir kay lo besó con adoración y lo acarició dulcemente. Recorrió despacio el hermoso culo con su dedo índice, buscando el lugar donde habría de satisfacer su deseo. Una vez encontrado introdujo su dedo allí para que supiese lo que le esperaba. Río al notar la cara de perplejidad y espanto de la princesa mientras lo movía.

    Ella sabía ahora cuál era el brutal deseo de aquel hombre y trató de liberarse inútilmente. Poco después oyó el sonido de los calzones de Sir kay cayendo al suelo. Él quería introducir su miembro sin más tardanza. La pobre muchacha no había visto nunca un miembro viril ni pudo verlo esa noche, pero sí sentirlo…

    Cuando el capullo acarició su culo trató con todas sus energías de escapar. Se retorcía la joven como un pez que da coletazos fuera del agua, consiguiendo tan sólo menear aquel culo de una forma realmente graciosa y excitante para Sir kay. Éste lo agarró con sus rudas y enormes manos de militar y lo inmovilizó sin ninguna dificultad. Viendo su enorme y tiesa verga al lado de aquel culito sintió dudas de si podría entrar.

    Pero querer es poder y su voluntad era inquebrantable: el hermoso capullo entró. Ahora era él quien se burlaba mientras la pobre princesa lloraba y le lanzaba maldiciones ininteligibles por la mordaza. Una vez que estuvo dentro el capullo, Sir kay siguió empujando inmisericorde hasta que ella sintió el choque de sus testículos. El dolor era enorme para la princesa y proporcional al placer del caballero, que empujó una y otra vez como si el pene fuera a salir por la boca de la princesa. Su expresión era un poema por la rabia y el dolor, mientras que el caballero sonreía de gusto y también por el placer de la venganza.

    Cuando se sintió agotado de aquellos empujones se corrió, dentro de ella por supuesto, y sacó el miembro chorreando su jugo blanco por todo el culo de la princesa. Antes de retirarse no dejó de advertirle que él había cumplido su promesa de llevarla virgen hasta su señor y que se guardara mucho de revelar nada sino quería verse repudiada. Ella le entendió perfectamente sin dejar de llorar. Sir kay se fue de la tienda satisfecho y durmió enseguida como no había podido hacer en mucho tiempo.

    Al día siguiente todos los servidores se sorprendieron mucho cuando la princesa dijo haberse cansado del lento ritmo del viaje y obligó a todos a darse más prisa. Sólo Sir kay sabía el porqué de este deseo, pero se cuidó de hacer todavía un par de visitas a la princesa para gozar de nuevo con su culo.

    Finalmente llegaron y hubo grandes festejos de boda. Luego vino la noche de bodas y el rey se encontró con que su esposa le esperaba a cuatro patas sobre el lecho nupcial. Sorprendió mucho este capricho al rey, pero ella le explicó que eran instrucciones de su hechicera para agradar a su futuro marido. Lo cierto es que, sin quererlo, Sir kay había logrado aficionar a la princesa a hacerlo de ese modo y ella quería probarlo de nuevo… El pretendido consejo de la hechicera era insólito pero no dejó de agradar mucho al rey y la tomó así, con gran placer y mientras se corría en el culo, en absoluto virgen, de la princesa. No sería hasta la noche siguiente que la princesa, ahora reina, perdiera definitivamente su virginidad.

    Tu tardaste un tiempo en perdonar al caballero Sir kay pero lo hizo y un día se encontró éste en la alcoba de la reina, que le esperaba bien dispuesta en la cama. Ahora sí pudo gozar de su sexo y luego probó de nuevo su culo, con el que tanto había gozado. Lo cierto es que Sir kay era más habilidoso tanto en una forma como en la otra. Hubo más ocasiones porque la princesa era inteligente y procuró que su marido no supiera nunca nada.

    En unas de las ocasiones en las que estaban asolas Sir kay le dijo la verdad, es que el caballero que la había aficionado al sexo anal era yo.

    Y de esta forma caballero y rey disfrutaron de tu culo y tu sexo.

    Espero que te guste un cachito.

  • Sin pensarlo dos veces

    Sin pensarlo dos veces

    Mi nombre es Juan y les vengo a contar cómo me cogí a un chico que no conocía.

    Esto pasó a principios de año cuando estaba en la casa de una amiga con la que también tengo cuento, pero eso lo diré en otro relato en fin ese día estábamos mis amigos y gente que no conocía la gusta era tranquila hasta que llegaron con unos pastelitos espaciales y todos terminamos happys como media hora después de eso me dieron ganas de ir al baño y cuando entre me encontré a un chico masturbándose, yo entre y le dije

    J. Por qué acá?

    M. Qué demonios por que no tocaste

    Yo me calenté al verlo y se me puso dura.

    J. Ven y hazme una mamada o si no le diré a los demás lo puto que eres

    M. Si con eso no hablaras está bien

    J. Ven acá pequeña puta

    Me saque la verga que a mi parecer es bastante grande tiene unos 20 cm de larga y unos 4 cm de ancha y la empezó a chupar muy rico como él ni tenía pantalón le empecé a tocar las nalgas entonces paro de mamar y me dijo:

    M. También las quieres, porque yo te quiero adentro

    Me sorprendió esa respuesta pero le dije que si

    Se paró y se puso encima del retrete dejándome ese culo a mi disposición sin pensarlo le escupo el culo y mi verga la pongo en la entrada y me dice:

    M. Despacio que es la primera que me meten

    J. ya calla puta

    M. Pero metemelaaa

    Se la acomode bien en la entrada del culo sin pensarlo de una sola vez se la metí toda pego una grito pero con la música no se escuchó, me quede quieto un buen rato quieto y después me empecé a mover suave y luego más duro mientras le decía aguántala toda y le daba duro pero despacio llegando muy dentro de él.

    Él empezó a gemir y yo le empecé a dar más y más duro se la saqué y tenía el culo muy abierto le di la vuelta y se la metí otra vez viéndole la cara de puto que tenía y como me pedía que parará pero no caso le hacía, se la saqué y le dije dónde quieres la leche y me dijo en la boca y yo le dije no en el culo y se la metí de una sola vez le di como otras dos metidas y solté todo mi semen dentro de ese culo al rato me salí y le empezó a gotear ,le dije que me la limpiará y así fue me vestí y le dije limpiaste y quédate callado salí del baño y nunca supe que pasó con aquel muchacho.

  • La atractiva profesora de inglés

    La atractiva profesora de inglés

    Hoy es el primer día en el instituto de inglés, estaba tan entusiasmada con esta nueva experiencia, me encontraba un tanto nerviosa, sin embargo todo fue transcurriendo sin ninguna novedad. De repente, me percaté que en aula contigua se encontraba una mujer muy guapa dictando la clase, no podía dejar de mirarla, era demasiado atractiva, tenía el cabello crespo color cobre rojizo, su piel era clara, unos ojos café oscuro, era delgada de estatura media, no pude evitar mirar sus pechos y su trasero los cuales estaban proporcionados a su contextura de todo su cuerpo. Al cabo de un rato, la profesora salió del aula y me preguntó si necesitaba algo, pues hace rato había notado que la miraba; inmediatamente que no, pero mis mejillas se ruborizaron de la vergüenza. La profesora muy amablemente se presentó.

    – Mucho gusto mi nombre es Alejandra

    A lo que respetuosamente respondí.

    -Gusto en conocerla profesora Alejandra, mi nombre es Karol.

    Alejandra me sonrió cordialmente, me entregó su tarjeta personal por si necesitaba una asesoría particular.

    Al salir del instituto solo pude pensar en aquella maestra tan atractiva, que a pesar de tener unos 34 años aproximadamente, se veía tan fresca y jovial, no podía negarlo, aquella mujer me tenía encantada, esa misma noche decidí escribirle para concretar una asesoría con ella, quedamos en reunirnos al siguiente día en su casa.

    Me dirigí a la casa de la profesora Alejandra según las indicaciones que me había dado, al llegar a dicho lugar, toco la puerta y para mi sorpresa, encuentro a Alejandra más atractiva y encantadora que el día anterior, ella lucía un vestido corto con una onda muy hippie, que dejaba ver mucha piel, yo por otro lado vestía como siempre, un look relajado de jeans, tennis deportivos y un suéter, algo muy normal en una chica de 26 años.

    Ambas hablamos un buen rato, nos reímos de anécdotas que nos contábamos, tomamos un poco de vino, hasta que repentinamente Alejandra me besó, quedé paralizada porque fue algo que realmente no esperaba, no tenía idea que a la profesora le gustaran las mujeres, al cabo de unos segundos correspondí a sus besos, las dos estábamos en el sofá y no podíamos parar de besarnos, yo le mordía suavemente sus labios y ella rozaba su lengua alrededor de toda mi boca, lo cual me excitaba mucho, con mis manos tocaba sus piernas y subía hasta sus muslos acercándome bastante a su sexo, Alejandra besaba mi cuello, bajó un poco más, descubrió mi pecho y empezó a besarme los pezones de manera tan deliciosa que sentía mi ropa interior muy húmeda ante tal estímulo respondí de la misma manera, bajé la parte de arriba de su vestido y procedí a besarle lamerle sus pezones que eran un poco más grandes que los míos y estaban tan erectos que los sentía duros entre mis labios.

    Estábamos tan calientes que nuevamente volví a acariciarle los muslos y esta vez le quité el panty, tenía todo el camino libre para ir directamente a su sexo. Alejandra abrió sus piernas y puede ver totalmente su vagina, tenía un poco de vello, el suficiente para parecerme delicioso, sus labios vaginales eran preciosos, estaban brillantes, recubiertos de tanta humedad, no pude evitar morderme los labios al ver el clítoris de Alejandra, sin pensarlo lo empecé a estimular con mis dedos de manera circular y presionándolo levemente, Alejandra gemía, me decía que no parara, luego aumenté un poco la velocidad de los masajes y sus caderas se empezaron a mover más. Su clítoris me volvía loca, lo sentía más duro y un poco más grande, así que con mis dedos, separé más sus labios, lo expuse en su totalidad y empecé a succionarlo suavemente con mi boca, la profesora solamente podía gritar

    -Karol, no pares!! Sigue chupándolo!

    -Me encanta como lo haces!

    Sentía que ella ya estaba que se venía, así que metí dos dedos en su vagina, entrando y saliendo, mientras seguía pegada lamiendo su clítoris rosado, que a veces se escondía un poco entre los vellos de su vulva. Al cabo de un par de minutos Alejandra curvó su espalda, sentí como se contrajo su vagina y acompañado con un fuerte gemido explotó en un orgasmo, mi rostro quedo empapado de su excesiva humedad.

    Ahora era el turno de que la profesora me hiciera suya, se notaba la experiencia que tenía en cada caricia que me daba. Me quitó el pantalón, me acarició la vulva encima de mi ropa interior por unos minutos, me estaba muriendo de ganas de que me quitara el panty, pero ella quería hacerme esperar más, hasta el punto que le pedí en medio de gemidos y jadeos que me tocara, ella me miró y con una sonrisa pícara accedió. Finalmente, me quitó la ropa interior húmeda, abrió mis piernas, comenzó a mirarme la vagina, separó mis labios y empezó a besarme el clítoris a una velocidad lenta y constante, mi respiración se agitaba aún más, estaba tan excitada, sentía que en cualquier momento iba a estallar.

    Fue ahí en ese instante que de manera ágil y experta sus dedos entraron a mi vagina, hacía movimientos que me mataban de placer, sorpresivamente con uno de los dedos que tenía libres rozaba mi ano, fue tal el estímulo que exploté agresivamente en un orgasmo que jamás había tenido y todo gracias a la experta profesora.

    Actualmente seguimos con nuestras asesorías privadas semanalmente.

  • La semana que disfruté a mi cuñada (II)

    La semana que disfruté a mi cuñada (II)

    Siguiendo con el relato anterior, después de hacerle el amor a mi cuñada Zandra en su departamento, determinamos pasar juntos los días que yo estuviera en la ciudad de Guadalajara y pasar las noches en un hotel donde yo me hospedaría, aprovechando que Javier su esposo no se encontraba en la ciudad por varios días.

    Así que nos metimos a bañar, la ducha de su departamento no era muy grande, diría más bien pequeña, la cual nos imposibilitaba el movernos a nuestro antojo, el ver correr el agua que mojaba su cuerpo desnudo, me puso caliente y empecé a sujetarle los brazos –yo estaba tras de ella-, besando sus hombros y su cuello, y de inmediato mi falo empezaba a ponerse duro, restregándolo a sus nalgas, para ese momento mis manos recorrían cada parte de sus pechos, provocándole una erección en sus pezones se pusieran duros, viendo la calentura que ella también se cargaba, baje mi mano derecha a su puchita, refregando con mi dedo medio todo lo largo de su raja por unos minutos, ella ya toda caliente se voltea y me empieza a besar intensamente, sintiendo como su lengua entraba suplicante a mi boca, pidiendo ser recibida por la mía, mientras tanto mis manos manoseaban a total libertad sus ricas nalgas, las estrujaba, las agarraba como poseído, sin importarme dejarle algún moretón, diciéndome “Si esto es un sueño, no quiero que termine nunca”, “No mi amor, te quiero siempre conmigo”, sin embargo el chorro de la regadera no nos permitía besarnos apasionadamente.

    Así que apague la llave porque la quería penetrar ahí mismo, sin embargo el tamaño del baño no nos daba mucho margen, viendo esto, Zandra se puso de rodillas y me dijo, “Papacito, te voy a bajar la calentura que traes”, y agarro mi verga empezando con la punta de su lengua a lamerme el glande, haciendo que sintiera una sensación muy rica, para después empezar a lamerlo por todo lo largo, como ya antes lo había hecho, durando así unos tres a cuatro minutos, yo le decía “sigue así, que rico”, solo escuchaba como gesticulaba “mmm, ha, qué grande se te puso”, con ese tipo de expresiones yo me calenté más y le dije “quiero que desde el inicio de mi verga empieces a chuparla y mírame a la cara”, lo que hizo sin chistear.

    Al verla de rodillas, mamándome la verga y mirándome a la cara, me dio la sensación de tener todo el poder sobre ella, tenerla así arrodillada y en total acto de sumisión a mi antojo, siendo una mujer presumida y creída, hizo que me excitara demasiado sintiendo que iba a explotar, a lo que le dije “quiero dártelos en tu boca”, ella obedeció como una autómata, “no dejes nada, dámelos todos, quiero probarlos, ah, mmm”, me respondió, yo aprisione con mis manos su cabeza y le decía “comételos todos, no quiero que dejes nada, pruébalos, me voy, que rica estas, agg”, viendo cómo empezó a tragarlos sin decir palabra alguna, y me dijo “están garrosos, pero me gustaron”, “como que garrosos?” le pregunté, porque no entendía esa palabra, “si mi amor, están pegajosos” me dijo.

    Después de ello la levanté la bese en los labios y terminamos de bañarnos y nos fuimos a su cuarto a cambiarnos, me pidió que me cambiará en la otra recámara, porque me tenía una sorpresa con su ropa interior, cuando volví, note que estaba arreglada guapísima y en una maleta puso su ropa y demás accesorios, estaba vestida de pantalón negro y una blusita del mismo color que le hacía ver la silueta de su bello cuerpo, con unas zapatillas de tacón y unos lentes de sol, unos minutos después íbamos camino a hacer mis pendientes, procediendo a dejar en la plaza comercial cerca de la glorieta la Minerva.

    De vuelta de mis pendientes serían las 2:40 de la tarde y pensé que sería mejor primero ir a comer y después registrarnos en el hotel, aunque preferí que Zandra lo determinase, al fin teníamos todo el tiempo del mundo para nosotros, esto último me recordó los últimos dos años que estudié en esa misma ciudad, Guadalajara, donde me encerraba de viernes a lunes con una compañera de la facultad de nombre Elizabeth en su departamento, donde lo único que hacíamos además de hacer el amor, era ver televisión.

    Al buscar a Zandra en la plaza comercial, la vi salir de una tienda de ropa deportiva, con varias bolsas de diferentes tiendas departamentales, así que de inmediato la aborde, y me dijo “Paco, te voy a dar una sorpresa, ya verás”, y me preguntó cómo me fue, contestándole “Muy bien hermosa, con que la sorpresa sea algo bonito, con eso me conformo”, se rio tomando varias de las bolsas y nos retiramos a subirnos al carro, pidiéndome nos hospedarnos en un hotel no muy céntrico para no exponernos a la mirada de la gente, lo que estuve de acuerdo recordando que por la universidad Panamericana, había unas villas que les llamaré Suites Alcázar, retiradas unas entre otras, así que optamos por tomar una de ellas por la privacidad que ello implicaba.

    Le pregunté que si primero comíamos, diciéndome que sí, por lo que la lleve a un restaurant Italiano por rumbo a la calle Niños Héroes, ya en la plática me comenta que quería pedirme disculpas por la forma que siempre se había portado conmigo, que ella quiso ser mi novia, incluso antes que yo conociera a su hermana, que sabía que mi esposa fue quién me buscó –lo que es cierto-, me recordó que cayó en depresión el día que llegó de estudiar inglés en Canadá, y al verme que estaba ahí junto a su hermana, se sintió muy mal, que sentía celos que yo me hubiera fijado en su hermana y no en ella, ante esta situación que yo desconocía, le comenté que a quien primero conocí fue a ella, una vez que pase por el negocio de su padre, ella estaba ahí atendiéndolo y se me hizo una muchacha muy hermosa, pero no insistí ya que en ese momento yo tenía novia, a lo cual ella se me acercó a mi pecho y yo le acaricié su rostro.

    De vuelta al carro para ir al hotel, con su mano izquierda me empezó a manosear mi falo por arriba del pantalón, lo que provocó que a los pocos segundos yo sentía que se iba poniendo duro y con voz de sorpresa me dice “Paco, se te puso bien dura”, a lo que le contesté “Así me tienes cabroncita, bien caliente, ahorita que lleguemos a nuestro nidito de amor, te voy a dar verga riquísimo”, correspondiéndome con una mirada de maldad en su rostro, lo que hizo que me pusiera súper excitado, tarde se me hacía llegar a las suites y registrarnos y que nos dieran la habitación para cogérmela.

    Ya dentro de la habitación que en realidad era un estudio, es decir habitación, sala, baño con jacuzzi, cocina, la tomé de la cintura y la pegué a mi cuerpo, y le dije, “ahora sí mamacita, ven para acá, ahora si vas a saber lo que es hacer amor en cuerpo y alma”, respondiéndome “papito me vas a comer toditita?”, “te voy a dar cogida tras cogida, vas a ser mía y vas a querer más, te voy a comer, estas bien sabrosa”, “cabrón tus palabras me excitan mucho” fue su respuesta y me empezó a besar, primero metiendo un poco su lengua a mi boca, correspondiéndole yo de la misma manera, tome su nuca y sus riquísimas nalgas con mis manos y empecé a traerla más a mí, sentía como sus besos eran sinceros.

    Por mi parte le agarraba sus nalgas arriba de ese pantalón negro, seguí por besar su cuello, lo que hizo que empezará a agitarse y a respirar muy profundo, mi verga empezaba a pararse y la restregaba con su vulva, aún con pantalones, agarraba sus nalgas a placer, estando de tal manera, desabroche dos botones de su blusa y se la quité, ella para no quedarse atrás me quitó la corbata y me desabrochó mi camisa, mi verga completamente dura, la seguía restregando con su puchita, ya estábamos demasiado calientes, notaba su excitación, veía como sus senos atrapados en su brassiere empezaban a subir y bajar.

    Le bajé su pantalón con dificultad puesto que le quedaba bien apretadito, le dije “Qué buena estás, ahora si te voy a disfrutar, vas a gemir y gritar a mi antojo”, para esos momentos ella ya gemía, “mmm, uff, ah, ah” y decía “Sí papacito, hazme tuya, gózame, quiero ser toda tuya”, yo estaba demasiado caliente, la retiré de mí y di unos tres pasos hacia atrás, a lo que ella se sacó de onda, y le dije “quiero verte con esa lencería que traes, mira que rica estás, eres una diosa que se la va a comer su macho”, notando que esa frase la ponía más cachonda y me dijo “quítate el pantalón, quiero ver tu miembro”, quitándomelo de inmediato, y le dije “Zandra, quiero que con tus manos te acaricies los senos y tu puchita, restriégalos”, ella sin dudar, me dijo “Eres un cabrón caliente, me voy a derretir”.

    El verla la forma en que se tocaba sus senos y su pucha, me puso bien caliente, de ella ya salían expresiones que no entendía, solo “mm, agg, agg”, deje que estuviera un par de minutos, venía como uno de sus dedos lo pasaba por su almeja, mientras yo me empezaba a masturbar, viendo a mi diosa haciendo lo mismo, no aguante más, me acerqué por atrás y le besé su espalda, atrapé su cintura y le restregaba mi verga ya gruesa y firme contra sus nalgas, sentía como cada rincón de su cuerpo se erizaba, metí una mano dentro de sus bragas para jugar con su almejita, toda mojada, de repente sacaba mi dedos y se los ponía en su boca para que los lamiera, lo que hacía absorbiéndolos, me decía con voz entrecortada “Paco, no me martirices, estoy que exploto, cógeme”, “claro mamacita, te voy a coger hasta que todos tus sentidos huelan a mí, esto apenas comienza” le dije.

    Suspirando me decía “la sensación de tu semen aún la traigo en mi boca, el olor de tu piel en mi nariz”, inmediatamente le quité su calzón y el brassiere, ya desnuda y totalmente expuesta a mí, quería darle sexo oral, la recliné en la cama y le abrí sus piernas, me acomodé y empecé a meter y sacar el dedo medio en su rajita, cada que lo sacaba, veía como estaba salía mojado, lo metía en mi boca para saborear sus líquidos, después de estarla dedeando, bajé mi boca y empecé con mi lengua a lamer su clítoris, eso la puso súper cachonda, me decía, “uff, mmm, agg, cógeme, ya métela, me estoy infartando”, mi lengua la ponía lo mas rígida posible, entraba y salía de su chocho, lo lamía, sentía el sabor de sus jugos, eran muchos, estaba tan excitado que quería probar el néctar de esa diosa que estaba a mi total disposición, situación que iba a aprovechar al máximo, se vino varias veces y yo tomaba sus líquidos.

    Ya cansado de estar en esa posición, me arrodille dejando mi verga pegada a su raja, veía como ella me miraba con esa carita de diosa, rogando que la penetrara, sus suspiros, sus senos inflados y con la respiración entrecortada, me exigía “métemela, no ves cómo me tienes hijo de la chingada, cógeme, me vas a matar, no me hagas sufrir, ahh, agg, mm”, me gustaba que me exigiera que la cogiera, por lo cual le dije “antes te voy a castigar”, tomando mi verga toda dura la cual estaba llena de líquido pre seminal, y le empecé a golpear su raja con el mismo, dándole golpes como si fueran martillazos leves, lo cual hizo que gimiera, “eres malo, me tratas mal, me matas, ya hazme tuya, ayyy, mmm, agg, agg…”, así estuve algunos dos minutos, metiéndole el glande y con mi mano lo hacía para arriba, restregándoselo sus paredes internas, lo que hacía que ella se contorsionare y salieran más fluidos, hice esos movimientos varias veces quizás alrededor de un minuto, ella ya rendida, quería tomar mi verga y empujarla en su raja, pero yo me quitaba haciéndola desatinar.

    Con ese juego vi su mirada de suplicio rogando que la penetrara “Paco, cógeme ya, por favor te lo suplico, métemela toda, hazme tu mujer, qué quieres que haga, pero ya dame tu verga”, oírla así me puso a caliente a mil, agarre mi verga y empecé a metérsela poco a poco, para sentir como nuevamente sus paredes vaginales recibían cada pedazo de verga y conforme la iba presionando iban cediendo ante mis envestidas, “ah, agg, mmm” se escuchaba en toda habitación, estuve así alrededor de 15 minutos, dándole duro y constante, veía el movimiento de sus ricas tetas ante cada arremetida, su cara contorsionarse de la excitación, “te amo papacito, quiero que seas mío, soy tuya y siempre lo seré” me decía, “agg, agg, mmm, me partes en dos, te quiero, que placer siento”, yo seguía con mi arremetida, dándole más y más.

    Ya cansado de tal posición, la senté en la cama y la puse de a perrito, veía como sus piernas estaban escurridas de sus líquidos, mi verga igualmente, tenerla así me dada un espectáculo, ver sus nalgas bien duras y su culo todo expuesto, la penetré a buen ritmo, ella gemía “me partes, Paco me vas a matar, la tienes muy grande, estoy demasiado estrecha”, escucharla suplicar, hacía que me calentara más y penetrándola más rápido, al arremeter de tal manera, agarraba sus nalgas y las contraía hacia mi verga, ocupaba reponerme de lo cansado que estaba, así estuvimos 10 diez minutos, posteriormente acomodé mi pierna derecha apoyándola con mi pie y la izquierda arrodillada, lo que me daba más palanca para arremeter con fuerza, cuando ella sintió esa postura, me dijo “Paquito me la estas metiendo con todo y los huevos, me partes”, yo le dije que así sentía mayor placer, tanta era la fricción, que llegamos a la cabecera de la cama a la cual ya estaba sostenida, yo la poseía a mi antojo, veía como mi verga salía y entraba a esa puchita bien apretada, y como sus manos se agarraba más fuerte de la cabecera.

    Esa posición me permitía ver como mi verga entraba y salía de su rica almeja, me gustaba ver su rico culo, ese botoncito de una flor que más tarde iba a estrenar y romper a mi antojo, para eso nuestro sudor se mezclaba nuestros jugos estaban en todas partes, verla sumisa y abnegada, hizo que me excitara al por mayor y le dije “Siente mi verga, como va a explotar, toca mis huevos para que veas cómo están cargados de leche”, y me corrí dentro de ella, sentía mis chorros que inundaban esa rica vagina, esa almejita, para ese momento, ella no suplicaba, gritaba “que rico, me encanta tu verga, la quiero toda, dámelos, soy tuya, agg, mmm, agg, mmm”, ya todo exprimido, me tumbe a la cama y ella se recargo en mi pecho, nos empezamos a besar y a acariciarnos.

    Siendo como a eso de las 8 de la noche, me pidió que nos metiéramos al jacuzzi, lo que hicimos, y ya dentro nos abrazábamos y besábamos, y me decía que estaba enamorada de mí, que mientras no pudiéramos estar juntos, “Quiero que seamos amantes, quiero saber que cuento contigo, porque tú siempre vas a contar conmigo, te amo Paco”, “También me estoy enamorando de ti chiquita, te quiero solo para mí, y siempre vas a contar conmigo, me dejaste pensando de todo lo que me dijiste en el restaurante”, hacía que me arrepintiera de no haberla buscado cuando me llamo la atención, pero el estar así con ella hacia un vuelco en mi corazón, me empezaba a enamorar de esa belleza de mujer, le dije que me encantaba todita, que antes me caía gorda por mamona, pero que no dejaba de reconocer que era una mujer hermosa, una diosa, que me gustaba mucho.

    Viniendo de cenar de una taquería ahí cerca del hotel, me dice “Paco, ya estoy ansiosa de probar tu cosa en mi chiquito”, lo que hizo que me calentó, “Ese culito lo voy a estrenar hoy, quiero darte toda la noche, ese cuarto lo vamos a dejar oliendo a nosotros” le respondí, pasamos a una tienda y compramos algunas cervezas, aguas, botana, etc.

    Llegamos al hotel y nos metimos a nuestro cuarto, de inmediato me dice “voy al baño a hacerme la lavativa y lavarme los dientes, espérame en la cama”, yo aproveché para rociar todo el cuarto del perfume de feromonas que había comprado, y salió como a los 15 minutos, en un conjunto de baby doll negro y una tanguita del mismo color semitransparentes, nomás de verla mi verga se puso dura, y le dije “Mira que sabrosa estas, te voy a comer completita, te voy a hacer el amor toda la noche”, sus senos se empezaban a expandir por la excitación, me paré, la abracé y la besé, metía mi lengua en su boca, ella la aceptaba correspondiéndome, yo tome su cabeza con una de mis manos y la atraía conmigo, con la otra mano estaba dándole una repasada a sus ricos senos por arriba del baby doll, “te vez exquisita, eres un manjar, uff, mmm”, empezaba a calentarme nuevamente, mis manos bajaban a sus nalgas, sobándolas, apachurrándolas, dándole un faje de aquellos, “mmm, umm, agg, que rico me agarras”, respondía Zandrita.

    Antes de penetrarla, quería ponerle un faje por todo su cuerpo, quería disfrutar a esa mujer que tenía a mi disposición por varios días, para que nunca olvidase esos momentos, que tuviera necesidad de mí, así que le quité el baby doll y su rica tanguita, mi boca recorría sus bubis ya bien paraditas y sus pezones durísimos, mientras con mis manos recorría sus lindas nalgas, duras erizadas por la excitación, metía mis dedos en su puchita, mis manos y mi boca recorrían cada parte de su cuerpo, la acosté y tomé su pierna izquierda entre mis brazos, empecé a besar desde su pantorrilla, subiendo hacía su rodilla, no solo a besos sino mi lengua las lamía, llegando a la parte interna de sus piernas, besándolas con unos ricos y leves chupetes, los cuales hacían que se estremeciera, diciéndome “que rico me haces, que sensación, mmm”, mientras con el dedo pulgar de una de mis manos, jugaba con su clítoris, y sus labios externos bien apretaditos, sentía como sus fluidos empezaban a mojar toda su rajita, y yo seguía subiendo con mi boca y lengua a sus ingles, “me estás poniendo muy caliente, no sé qué me pasa, estoy súper excitada, agg, mmm, dame chance de respirar, por favor mi amor” me decía.

    Para ese momento mi verga estaba durísima “quiero penetrarte ya, mamacita”, le dije, acomodé su pierna izquierda arriba de mi hombro y la otra quedó al parejo de mis caderas, así que acomodé mi falo, durísimo y algo ya rojizo de tanto follar, y la empecé a penetrar poco a poco, la mitad cupo sin problema alguno, sin embargo la volví a sentir apretadita, la presión de mi cuerpo sobre su pierna, hizo que su vulva aceptara más rápido la envestida, hasta que sentí como entraba toda mi verga cediendo sus paredes vaginales, ella gemía y me decía “Paco, me estás dando muy fuerte, siento que entró toda, me vas a lastimar, agg, mmm, ayyy, agg, papacito dámelo lentamente, me destrozas”, palabras y gemidos que me pusieron muy caliente y tome su otra pierna y la acomodé sobre mi otro hombro, así tenía toda su almeja expuesta a mi antojo, siguiendo con la penetración, de igual forma con mi dedo pulgar, lo metía a su boca y hacia que lo chupara, ella solo gemía.

    En esos momentos me dice “no te vayas a ir en mi puchita, cógeme por el culo”, y ella tenía razón, no quería irme en su rajita, porque quería estrenar su rico botoncito anal, “claro que no Zandrita, solo quiero disfrutarte y gozar del monumento de mujer que eres”, así que me retiré acostándome a su lado, besándonos largamente, sin dejar de manosearla completita, tomé la vaselina que estaba en el buró, y le dije, “no te pongas nerviosa, déjame hacer a mi todo”, así que embarré dos de mis dedos de vaselina y mientras la besaba iba tocando su rico botoncito, primero con el dedo índice el cuál poco a poco lo fui introduciendo, sintiendo sus esfínteres y su cuerpo empezaba a reaccionar, diciendo que le dolía.

    Así que tomé más vaselina y le volví a untar en la entrada de su culito, ya cuando empezó a entrar la falange distal, ella se contraía, así que seguí suavemente hasta que sus pliegues empezaron a ceder y pude meterle la falange medial, respondiéndome con gemidos “mmm, agg, despacio mi amor”, ya un poco distendido su ano, seguí con el dedo medio, a lo cual ella me gritó “cabrón ya me metiste otro dedo, son dos, me duele”, lo que hizo que volviera a meterlo poco a poco, hasta que su paredes cedieron más, y al cabo de unos 4 cuatro minutos, sentía como su ano iba expandiendo, hasta que logré meterle la totalidad de ambos dedos, para eso ya sentía su culo lubricado, y estuve dándole alrededor de otros minutos más, diciéndome “Paco, que rico se siente, pero tú verga no me va a caber, me vas a destrozar”, “Deja que la tengas adentro y vas a sentir más rico, mamacita” le contesté, acomodándola de rodillas con su cuerpo agachado.

    En esa posición seguía metiendo mis dedos para distender su esfínter, el cual cuando sentí que sin problema le entraban ya tres de mis dedos sin que ella se quejara, determiné acomodar mi verga, y poco a poco empecé a arremeter, primero fue muy lento, “me partes, me vas a matar”, gritaba, yo le decía “Mi amor, tranquila vas a ver que te va a caber toda”, y así estuvimos alrededor de unos dos minutos, hasta que vi que mi glande entró totalmente, ella me decía “me estás rompiendo el culo, detente”, tal súplica me calentó mucho, determinando penetrarla más, ya cuando mi verga a empezó a entrar unos 4 centímetros más, ella se retorcía y se quería quitar, pero yo la tenía bien sujeta y no se lo permití, sin embargo no quería penetrarla con dureza y de golpe porque sentía que podía rasgar de más sus paredes anales, de ahí que escupí varios salivazos sobre su culito, para que mi verga resbalara, hasta el momento en que noté que sus pliegues y esfínteres estaban a mi total disposición, gimiendo “agg, mmm, ayyy, está entrando toda”.

    Para eso ya tenía más de la mitad de mi verga dentro, trataba de no sacarla toda en cada arremetida, para que su culo se fuera amoldando, notaba como mi falo estaba lleno de líquido y sangre por el desgarro de sus pliegues, a pesar que lo hacía lentamente, hasta que después de algunos 10 minutos de estar así, sentía que mi falo ya entraba más cómodamente, “mi amor, qué rico, me duele pero también me gusta, que sensación, dámelo pero no tan fuerte, te quiero dentro”, me decía, sentía como sus piernas temblaban, para ese entonces yo estaba parado con mis dos piernas, subiendo y bajando, sentía ya más de la mitad de mi verga entraba y salía de ese rico culo, era una sensación chingona, así que le dije que me mirara a la cara, lo que hizo de inmediato.

    Al tenerla en esa posición y ver esa cara lindísima, haciendo gestos de dolor, de placer, suplicándome con los ojos y gimiendo, hizo que me fuera dentro de su rico culo, y le dije, “Zandra me voy a ir en tú culazo, aguanta un poco más, ya casi me voy”, “Paco dámelos soy tuya, rómpeme, agg, mmm, mi amorcito dámelos ya” respondiéndome, por lo cual en las últimas arremetidas, empecé a meter un poco más mi verga y me corrí en su riquísimo culito, ya cuando terminé, la abracé y le dije “Me tienes bien enculado, estoy completamente enamorado de Ti, te amo chiquita”, “Gracias mi amor, quería oír esas palabras, lo necesitaba, no quiero sentirme utilizada, sabes que soy toda tuya”, respondiéndome.

    Ella al ver mi verga con semen y sangre, me dijo “me has de ver roto el culo, me duele todo”, diciéndole que no se preocupara, que así eran las primeras veces, que con el transcurrir de las horas su culo se iba a adaptar y así lo íbamos a hacer más veces, nos besamos y así nos quedamos un buen rato, ya hasta que me dijo que si quería una cerveza, se paró y me dejó ver su lindo cuerpo desnudo que caminaba un poco adolorida y trajo una cerveza para mí y una bebida caribe cooler para ella.

    En el correr de la noche, volvimos a tener sexo dos veces más, pidiéndome que si por la mañana la podía llevar a correr -ella es runner-, que ella iba al parque metropolitano con Javier, dos veces por semana, así que le dije que mejor la llevaría a otro parque, recordando mentalmente que le tenía una sorpresita para esa ocasión, pero lo que ocurrió posteriormente, será otra parte de otro relato.

  • Mi suegra, esa mujer desconocida

    Mi suegra, esa mujer desconocida

    Soy Mariano, tengo 29 años y estoy casado con Silvana que tiene uno menos que yo. Ella es una joven muy simpática, con una sonrisa abierta, sincera y amplia que atrapa y enamora. No es muy alta (mide solo 1,62) ni tampoco posee un cuerpo que haría excitar a un hombre a primera vista, pero en la cama sabe utilizarlo muy bien y sacar buen partido del sexo, disfrutando y haciendo disfrutar sin límite. Podría decirse que es una hembra en celo con una capacidad amatoria ilimitada.

    Nuestras relaciones por tanto siempre han sido intensas, apasionadas y continuas y en muchas ocasiones hemos cogido varias veces en el mismo día; era mirarnos o rozar tan solo nuestra piel para trenzarnos en un combate amoroso en cualquier lugar de la casa que terminaba en descomunales jadeos y gemidos al acabar juntos y mezclar mi leche con sus jugos, que brotaban como un torrente de sus entrañas.

    En mi trabajo hay mujeres hermosas que más de una vez se me insinuaron y hasta hubo un par de invitaciones a encontrarnos afuera; estoy convencido que es por mi puesto dentro de la empresa (soy gerente de recursos humanos) y no por mi atractivo, ya que pese a ser alto y delgado no doy con el perfil de un «galán» de telenovelas. Pero como tengo un muy buen sexo con mi esposa y ella me completa de tal forma, no se me cruza por la cabeza una aventura con alguien.

    Hoy, como todos los viernes, vienen a cenar Julia y su inseparable amiga Nora. Julia es mi suegra, tiene 65 años y pese a su edad posee un cuerpo sorprendente: caderas firmes, grandes tetas y piel blanca sin arrugas visibles; es una mujer rubia, de ojos claros y una altura más que aceptable para su sexo (1,73). Ella y Nora se conocen desde muy pequeñas y han forjado una sólida e inseparable amistad que ha durado toda la vida y las convirtió en hermanas de la vida como les gusta llamarse. Nora es viuda hace 5 años, no tuvo hijos y desde la muerte de su esposo se dedicó a «vivir la vida» viajando y yendo a bailar. Julia se divorció de mi suegro hace más de una década y no volvió a tener pareja, dice que la libertad que consiguió no la cambia por el mejor de los hombres y por eso prefiere seguir sola y tranquila. Hemos tenido noticias de varios que intentaron acercarse y fueron sistemáticamente rechazados. Nora en cambio, tengo la impresión de que algún que otro amante ha pasado por su cama, ya que su difunto marido siempre comentaba lo activa que era.

    La cena se desarrolla como siempre normal y cordialmente. Silvana y yo nos sentamos juntos y quedamos enfrentados con ellas; mi esposa con su madre y yo con Nora. La charla es amable, alegre y el vino exquisito que nos da una cuota extra de alegría y las miradas se hacen diferentes o a mi me parece que Nora me observa con intensidad, brilla de otra manera; lo atribuyo al alcohol. Ella fija sus ojos en mí y esboza una casi imperceptible sonrisa que intento no corresponder, pero en mi mente se desata la duda. Terminamos de comer, llega el café y esos ojos siguen clavados.

    Silvana y Julia van a la cocina a charlar mientras lavan la vajilla y yo quedo en silencio con Nora, y es ella quien toma la iniciativa.

    – Hemos quedado solos.

    – Si, respondí.

    – Pues me alegro, porque hace unos días que quería decirte algo y no sé como hablarte a solas, esta es una buena oportunidad.

    – Qué ocurre Nora?

    – En realidad debo pedirte un favor.

    – Adelante, la escucho.

    – Necesito hablar con vos en privado de un tema personal, pero no acá. Cuándo podríamos encontrarnos para contarte en detalle?

    – No lo sé, tendría que ser en la semana, el miércoles luego de salir de mi trabajo quizás.

    – El miércoles estaría bien. A qué hora nos veríamos?

    – Yo quedo libre a las 6, luego de esa hora no hay problema. Puede adelantarme algo?

    – Prefiero que sea el miércoles en mi casa si no tenés problema. Vos conocés mi dirección así que vení directamente, voy a estar esperándote. Solo voy a pedirte una cosa: de esto ni una palabra a Silvana ni a Julia.

    – Me está asustando Nora.

    – Tranquilo Mariano, no es grave pero necesito tu ayuda.

    Vaya sorpresa! Qué le ocurre a esta mujer para requerir mi asistencia y no la de su hermana del alma? El fin de semana, el lunes y el martes transcurren sin sobresaltos familiares ni laborales, todo es rutina. El miércoles a las 2 de la tarde recibo un mensaje en mi móvil: «no olvides nuestra cita de hoy»: es Nora, y como final de la nota hay un emoji con un corazoncito latiendo; en mi mente tengo agendado este encuentro y debo reconocer que la curiosidad me moviliza.

    Salgo del trabajo y en lugar de usar transporte público tomo un taxi para no demorar demasiado; a mi esposa le dije que iba a llegar tarde porque debía revisar legajos de los empleados y actualizar datos laborales fuera de hora así que estoy cubierto por un tiempo. Nunca le he mentido, pero respeto el pedido de silencio y lo cumplo aunque no muy convencido.

    Finalmente llego al edificio, toco el 7-E y a los pocos segundos me habilitan el acceso; mientras utilizo el ascensor estoy inquieto pensando en qué demonios puede estar ocurriéndole a la veterana. La puerta está entreabierta, golpeo por las dudas y entro; escucho la voz de Nora que me llama desde la cocina así que me dirijo allí. Al llegar la veo preparando un café y vestida solo con una larga remera que llega por encima de sus rodillas, dejando a la vista buena parte de sus piernas. Me quedo helado, no imaginé que esta mujer podría tener un cuerpo tan sexy y firme, sus tetas grandes y paradas a pesar de no tener puesto corpiño y un culo que invita a la lujuria. Nunca me había fijado en ella pero algo dentro mío se altera ante ese espectáculo y no sé como actuar ni qué decir.

    -Hola Mariano, gracias por venir. Estoy preparando café, o quizás quieras una cerveza o algo mas fuerte. Sentate por favor.

    – Si, dije.

    Debo haberme convertido en zombie porque logro sentarme pero tengo mi mirada clavada en ella y en el descubrimiento de su físico que, o bien supo cubrir muy bien en sus visitas, o bien estuve ciego todo el tiempo. Ella se da cuenta y esboza una leve sonrisa mientras trae el café a la mesa y ocupa su silla.

    – Veo que te asombra como estoy vestida – dijo tranquilamente – siempre uso este tipo de ropa cuando estoy en casa, espero no te sientas molesto.

    – Al decir verdad, me impactó y no lo esperaba. Y también me impactó su cuerpo, aunque esto no debería decirlo porque usted es amiga de mi suegra y de Silvana.

    – No tiene nada de malo, siempre es lindo que un hombre se fije en una, aunque a mis años ya eso está casi olvidado.

    – Olvidado? Tengo entendido que usted se divierte bastante.

    – Si te referís a salidas voy a bailar, me gusta cenar en algún restaurant cuando puedo y no niego que también alguien ocupa mi cama en muy pocas oportunidades, pero…

    -Pero qué? – pregunté interesado.

    – Pero esa persona no logra satisfacerme, ese es el tema. Y sin querer estoy contando algo íntimo que no debería, pero siento que no puedo hablarlo con nadie que no seas vos.

    – Bueno, no sé qué decir. Así que esto era lo que deseaba decirme…

    – Vos sabés que soy una persona muy fogosa y me encanta el sexo, te lo han comentado. Pero necesito ese tipo de sexo que me deje relajada y plena, que me haga gozar sin límites y apasionadamente; y no lo tengo.

    – Por qué no busca otro hombre entonces? Si él no hace bien su trabajo habrá otro que pueda hacerlo y asunto arreglado.

    – Los hombres de mi edad ya han perdido la potencia y a mí no me arreglan solo con la lengua o los dedos, yo necesito un hombre joven que tenga sus hormonas en ebullición y sienta deseo por alguien como yo. Pero vos sabés cuántos años tengo Mariano? Sesenta y nueve. Creés que es fácil encontrar un tipo relativamente joven que quiera cogerse a una vieja?

    – Mire Nora, estoy seguro que muchos querrían tener sexo con usted y de antemano me disculpo por lo que voy a decirle, pero al verla con esa remera cuando entré casi tengo una erección. Ni por un segundo imaginé que tenía ese cuerpazo que queda bien disimulado bajo la ropa que usa cuando viene a cenar a casa. Wow, despierta deseos muy intensos, créame.

    – Ay Mariano, no puedo creer estar escuchando esto de tu boca sabiendo que sos tan serio y formal! Te calenté un poquito?

    – Si respondo eso vamos a entrar en un terreno del que quizás no haya retorno, es muy difícil no calentarse viéndola así.

    Ella se puso de pie y caminó lentamente, parándose pegada a mi cuerpo; olía a exquisito perfume que despertaba mi verga nuevamente y podía sentir un leve roce de su sexo en mi hombro que me volvía loco, se frotaba imperceptiblemente.

    – Necesito coger Mariano, necesito hacerlo con vos – dijo en voz baja mientras acariciaba mi cabello – por eso te pedí que vinieras. Hace mucho tiempo que deseo tenerte y que me hagas tu mujer y no sabía como decírtelo hasta que me animé. Sos el único que puede calmar este fuego que siento dentro de mi cuerpo.- Y comenzó a bajar sus caricias hasta mi pene, que se puso como un garrote.

    – Nora, no podemos… – atiné a decir casi jadeando, aunque la calentura era tan grande que ya no podía razonar.

    – Esto queda entre nosotros, nadie sabrá nunca sobre esta aventura. No me rechaces por favor.

    Dicho esto subió su remera casi hasta el principio de sus muslos, separó sus piernas y se sentó sobre mí en la silla rodeándome con sus brazos y mirándome fijamente con los ojos cargados de lujuria. En ese momento me olvidé de Silvana y del mundo y la atraje hacia mí buscando su boca con desesperación, nuestras lenguas se entrelazaron y la avidez de los besos largos y profundos casi nos quitan el aire pero no podíamos despegarnos, era tal el deseo que sentía que mi cuerpo hervía y bajé mis manos hasta su cola para masajearla sin pudor.

    Entonces ella se sacó la prenda y quedó desnuda, enseñándome esas tetas enormes y de pezones duros como aceitunas que pedían a gritos ser chupados. Mientras besaba y lamía su cuello y ella gemía desprendió mi pantalón y metió su mano para frotar mi pija, que ya no cabía en el slip.

    – Dios mío, que enormidad! – exclamó asombrada

    – Quiero comerte toda Nora, estoy a full.

    – Vamos al dormitorio, ahí vamos a estar cómodos.

    Nada más entrar me deshice de toda mi ropa quedando con mi mástil duro como piedra y contemplando ese cuerpo que pese a la edad se mantenía firme y voluptuoso; las piernas bien torneadas, los pechos apenas caídos y un culo redondo y parado; ella se sacó la tanga y mostró su concha completamente depilada de labios grandes y carnosos, su brillo me decía que ya estaba mojada y lista para la acción. Nos acostamos y nuevamente las lenguas se encontraron, necesitaba explorar su cuerpo y comencé a bajar hasta sus pezones para tenerlos en mi boca dándoles pequeños mordiscos que la hacían gritar de placer; me detuve en ellos un buen rato pero mi objetivo era seguir el camino hasta llegar a su humedad, y así lo hice.

    Nora separó instintivamente sus piernas y me ofreció su intimidad abriendo con sus dedos la flor que cubría el punto más sensible de su cuerpo, y sin preámbulos enterré mi lengua en su clítoris comenzando a libar el licor que generaba su ya enorme calentura. Con cada roce de la punta de mi lengua ella se retorcía y jadeaba como una perra en celo y yo entraba en una especie de trance que me llevaba a querer cogerla intensamente, porque mi leche no iba a soportar mucho más tiempo dentro de mí. Apuré la lamida, entonces ella con sus manos presionó mi cabeza y con un grito que brotó de lo más profundo de su ser acabó y descargó una cantidad descomunal de líquido que inundó mi boca y bebí con deleite. Los espasmos de su sexo continuaban luego de su orgasmo, era una verdadera máquina de sexo.

    Yo volaba de calentura, aún no había descargado y lo necesitaba con urgencia porque mi verga explotaba en cualquier momento, así que me ubiqué encima de ella dispuesto a metérsela a fondo y aliviarme, pero cuando iba a acomodarme Nora me detuvo.

    – Qué pasa Nora, vas a dejarme así?

    – No amor, voy a darte el mismo placer que me diste pero vamos a jugar un poquito antes.

    – Jugar?

    – Quiero que te pongas esto y me imagines mientras te chupo – y sacó un antifaz ciego de los que se usan para evitar la luz al dormir, de abajo de la almohada.

    Carajo, que viejita más guarra, le gustaban los jueguitos eróticos! Me coloqué la mascarilla pensando en mis momentos de sexo con Silvana, y deduje que el goce que me esperaba era mucho mayor. Nora me acostó boca arriba y con una suavidad única comenzó a deslizar mi piel hacia atrás y descubrir el glande, es evidente que la edad le había dado la experiencia para disfrutar y hacer disfrutar intensamente a su hombre. Repentinamente se detuvo y salió de la cama, yo no podía ver nada y no sabía que iba a hacer.

    – No te saques el antifaz por favor – dijo con voz cálida.

    Pasaron unos treinta segundos y volvió a sentarse a mi lado, entonces sentí que su lengua daba círculos alrededor de la cabeza y una electricidad recorrió mi columna, esta mujer chupaba como los dioses y era capaz de sacarme un río de leche en pocos segundos.

    – Qué rica verga, hace años que esperaba este momento y ahora la tengo toda para mí. Dios, tiene el tamaño perfecto para mi boca y mi concha!

    Esa voz era conocida, pero no era de Nora, había alguien más en la habitación haciéndome un oral. Estaba equivocado o eran dos mujeres en la cama conmigo? Intenté sacarme la mascarilla pero una mano me detuvo mientras esa boca seguía dándome un placer infinito, chupaba con una maestría que me volvía loco, su lengua recorría mi tronco desde mis huevos a la punta y al llegar ahí se la metía entera y mamaba con deleite. Dos o tres succiones más y seguro descargaría inevitablemente en su boca, y se lo hice saber.

    – Quiero que te vacíes dentro de mí, quiero toda tu leche en mi… – y diciendo eso se sentó en mí, se enterró mi verga a fondo y empezó a moverse lentamente con un ritmo acompasado mientras Nora me daba sus pezones para chupar. A quién me estaba cogiendo???

    La que estaba ensartada en mí empezaba a gemir y jadear y acelerar de a poco, y yo no podía contenerme mucho más. Me di cuenta que Nora sacó sus tetas y en su lugar apareció otra; no podía ver pero mis manos fueron hacia ella, eran dos ubres descomunales que estaban a tiro de mi boca y las amasé mientras mi amante jadeaba en mi oído.

    – Cogeme más, más papi, dame sin parar!

    Me saqué la máscara y no podía creerlo: frente a mí estaba Julia, mi suegra y me estaba dando una cogida como nunca nadie me la dio. Se movía como una anguila, gemía sin parar y estaba descontrolada.

    – Te gusta mi concha amor, te calienta? – decía entre jadeos.

    – No aguanto más, voy a acabar!

    – Dame tu leche, descargame todo adentro Mariano! Ya no puedo esperar!!!

    Sentí las contracciones de su sexo junto a su grito de placer y en ese preciso instante solté varios chorros de esperma dentro suyo, estábamos acabando con una intensidad impresionante. Nora estaba a nuestro lado con un vibrador en su interior y su cuerpo se contorsionaba por un gran orgasmo, mi leche seguía brotando en mi suegra que se acostó sobre mí y sin sacarse la pija, me besaba agradecida. Yo le acariciaba el culo y mi dedo buscó su agujero para penetrarlo y sentir su interior.

    – Mi culo y el de Nora serán tus próximos regalos, esto recién comienza. A partir de ahora seremos tus amantes y siempre tendremos sexo de a tres.

  • La conocí en Miami

    La conocí en Miami

    Era la primera vez que salía de mi país, el viaje fue un poco raro, el estigma de ser colombiano me persiguió durante la hora y media de escala que tuve que hacer en Panamá. Lo que me tenía molesto.

    Como sea, la sensación de tener todos los ojos sobre mí y el coraje que tenía desaparecieron justo cuando llegué al lugar donde me iba a hospedar. No era una casa lujosa, más bien era algo pequeño y con el espacio justo para que una familia no la pasara mal. Allí vivía una amiga de mi madre (y sus hijos), con quien hablé días antes para poder hospedarme con ellos.

    Al entrar, la amiga de mi madre me recibió con un abrazo y mucha amabilidad. Pero… ¿Qué era eso?, pensé al ver salir una sombra de estatura pequeña de la habitación más recóndita del lugar.

    -te presento a nuestra inquilina -dijo la amiga de mi madre.

    Intenté disimularlo pero estoy seguro de que en mi rostro se reflejaba mi asombro. Se trataba de una joven a la que ya había visto antes en mi país, trabajaba en la farmacia de mi barrio, pero jamás habíamos hablado antes. Pensé que era una tremenda coincidencia, pero analizándolo bien, todos en esa casa éramos del mismo barrio en Colombia. Así que no era tan raro verla ahí.

    Era de 1,55 de estatura más o menos. Un culo redondo, tremendo, y un cabello liso brillante, sus pechos eran pequeños pero justo como me gustan para ponerlos en mi boca.

    Asumí que era la novia del hijo mayor de la anfitriona pero para mí sorpresa dos días después me enteré que no era así.

    Nicole. Así se llamaba, y estaba en la ciudad buscando nuevos rumbos para su vida. Simplemente le estaban dando posada como a mí.

    Un día, me levante temprano, tenía la idea de visitar algún lugar deslumbrante en Miami. No había nadie en la casa pues todos habían ido a trabajar. Entonces me duche, tome mi toalla, la puse alrededor de mi cintura y salí del baño hacia la habitación. En ese momento se abrió la puerta de la habitación de Nicole.

    La mire con algo de pena.

    -pensé que estabas trabajando- le dije.

    -No, hoy tengo el día libre- respondió mientras se acercaba a mí lentamente.

    -te he visto antes, ¿eres de mi barrio, verdad?

    -¿qué?, ¿vives en mi barrio? Jamás te vi- dijo ella para mi decepción.

    -¿qué lugar conocerás hoy?- me preguntó mientras yo pasaba la pena de ser un don nadie para ella.

    Entonces caminé hacia mi pequeña habitación y le pregunte desde allí, si tenía alguna recomendación para mí. Nicole respondió con un tono sereno

    -Deja que me duche y te invito a mi lugar favorito en la ciudad.

    Debo admitir que mientras ella se duchaba pasaron mil cosas por mi mente, podía imaginar cómo se quitaba la ropa y probaba la temperatura del agua que mojaría todo su cuerpo. Entonces pensé «¿por qué no?» Mientras Nicole se duchaba me saqué la toalla y lleve mi mano derecha hasta mi pene. Estaba grueso y completamente erecto solo de imaginarla a ella.

    Me tumbe en el colchón que me habían prestado, y con mi desnudez comencé a mover mi mano de arriba hacia abajo. Esta vez simplemente cerré mis ojos e imaginé el culo de Nicole rebotando sobre mí.

    La estaba pasando tan bien que ni siquiera me di cuenta de que mi puerta estaba abierta. El baño estaba a unos metros justo en frente de mi habitación, así que cuando Nicole salió de ahí, lo primero que pudo ver fue a mí con las manos ocupadas.

    Ella guardó silencio, me miró asombrada y yo en mi terrible pena no sabía que decir…

    -¿te ayudo?

    Nicole rompió el vergonzoso e incómodo silencio con lo que jamás esperé escuchar. Ni siquiera dejó que respondiera, caminó hasta mi habitación, llegó a mí y con sus húmedas manos empezó a frotar mi pecho.

    Sin pensarlo me abalance a su boca y la besé con pasión. No fue difícil igualar las condiciones, pues con sólo halar la punta de su toalla Nicole quedó completamente desnuda.

    -déjame verte bien- le dije en medio de nuestros besos lujurioso. Así que la tomé de los hombros, la alejé un poco e hice que me diera la espalda. Tenía un culo perfecto, (lo recuerdo y me entran unas ganas tremendas de comérmelo completo). Entonces la acerqué a mí, aun de espaldas, y empecé a besar su cuello.

    -hay que cerrar la puerta- fue lo único que acertó decir Nicole mientras su rostro parecía transformarse. Definitivamente era una sucia promiscua que llevaba tiempo sin coger, se acercó a mí nuevamente, se prendió a mí cuello, y con un pequeño salto enredó sus piernas en mi cintura.

    Era el momento, estaba esperando a que pusiera mi carne dentro de ella, y con una sonrisa en su rostro me dijo -¿qué esperas?

    Ni siquiera un condón me dio tiempo de buscar, para mi sorpresa ella quería tanto ese momento como yo. Así que lo hice, hundí mi duro pene en su ya húmeda vagina, y mientras ella tomaba una bocanada de aire con su boca abierta yo agarraba su culo como si de eso dependiera mi vida.

    Con mis manos en él, dirigía los movimientos de Nicole y la penetraba una y otra vez. Las embestidas eran tan fuertes que retumbaban en la pequeña habitación.

    En los casi cinco días que llevaba en esa casa solo había tenido la oportunidad de verla en las noches y por un corto tiempo. Pero eso había hecho que mi deseo y seguro el de ella también, aumentara.

    No pasó mucho tiempo para que nos tumbáramos juntos en el colchón, ella quedó justo debajo de mí, sus piernas seguían rodeándome y yo no dejaba de cogérmela y de lamer sus senos con lujuria.

    -espero que luego de esto si me recuerdes- me atreví a susurrarle con el poco aire que captaban mis pulmones en ese momento.

    -ya veremos, por ahora quiero probarla- me respondió la irreconocible Nicole. Así que con una mirada de maldad me empujó levemente, con su mano tomó mi pene y con un pequeño esfuerzo se resbaló por en medio de mis piernas hasta quedar frente a frente con mi dureza.

    Sacó su lengua, la pasó por el frenillo de mi pene suavemente y luego se lo llevó hasta la garganta. Yo seguí penetrando su boca como si de su vagina se tratara, sin importarme las fuertes arcadas que podía escuchar. Sin embargo no era suficiente para mí. Me puse de pie, la tomé por el cuello con fuerza y halando su cabello con mi otra mano hice que su rostro mirara hacia el techo.

    -dije que después de esto me recordarás- le repetí esta vez con rudeza. La llevé hasta la pared más cercana, aun estando de pie hice que me diera las espalda sin soltar su cabello, abrí sus piernas, mire ese hermoso culo y nuevamente puse mi pene dentro.

    Con la otra mano abrasaba su cintura y la pegaba a mí, penetrándola a un ritmo frenético. Ahora podía escuchar cómo se quejaba y pedía más.

    No faltaría mucho para que termináramos, en el suelo se podía ver el fluido que había bajado por las piernas de Nicole. – quiero tragármelo- dijo Nicole al escuchar mis jadeos pre orgásmicos. Entonces rápidamente encontró la forma de acomodarse a mis pies. Solo se arrodilló, abrió su boca y espero a que me viniera en ella. No hizo falta que me tocará. Con solo acercar su lengua nuevamente a mi pene bastó para que derramará en ella un mar de líquido blanco. Con sus labios empapados y su boca inundada decidió tragar y luego sonreír.

    Nicole se puso en pie, limpio lo que quedaba en sus labios como un niño que bebe leche, me miró y me dijo – vístete, hoy iremos a Wynwood.