Autor: admin

  • La mesera de hotel

    La mesera de hotel

    Lo que les voy a contar no es muy agradable, pero es lo que ocurrió…

    Hace un mes conseguí trabajo de guardia de seguridad en un hotel 5 estrellas y a su vez mi novia entro de mesera, mi novia y yo ya tenemos poco más de un año de una bonita relación, es tan linda, es lo que yo llamo una gordibuena, es llenita piernas gruesas y bonitas, unas buenas nalgas, y tengo que decirlo tiene un buen par de pechos, además es un amor de mujer…

    Pues resulta que hace unos días al llegar al trabajo me despedí de mi novia como cada mañana y esta vez le desee mucha suerte ya que iba a doblar turno nocturno, yo tome el camino a la cabina de cámaras de seguridad y ella hacia la cocina, en el trayecto me encontré a un camarada que conocía de años cuando estaba en otra empresa de seguridad, él iba con otras dos personas y me conto que venían de custodios de un personaje importante y que iban a estar 4 días hospedados y libres ya que su jefe había partido a un asunto personal y no los necesitaba… y me invito a convivir en su habitación para platicar y beber un rato y me pregunto si no sabía de alguna chica que pudieran pagarle para pasarla bien… le dije que tenía apenas un mes en el hotel y que no sabía de nadie, pero que no había problema que metieran a alguien que de eso yo me encargaba, y le comente que yo salía hasta en la noche y me dijo, está bien nosotros vamos para largo, le dije ok te veo más tarde, me dio su número de celular y la habitación que les había tocado.

    Pasadas un par de horas los vi por la cámara de seguridad caminando por uno de los pasillos a su habitación, sin embargo al doblar, por la posición de la cámara los perdía de vista… a los minutos me di cuenta que si estaban tomando ya que comenzaron a subir dos meseras con bebidas, una de ellas mi novia y eran vueltas las que daban con vasos y copas, al punto que le perdí interés y seguí con mi rutina, en uno de los trayectos volví a toparme con mi camarada y me dijo fui por cigarros y se me olvido comprar lo más importante… preservativos y le dije entonces si consiguieron chica? y me dijo sonriendo si, es una hembra que no te imaginas, barata y bien caliente y te vas a sorprender cuando te diga como la conseguimos, pero ya te cuento al rato… me fui a seguir mi turno y al tiempo por fin salí, de camino pase a buscar a mi novia para desearle una bonita noche y avisarle que estaría con unos camaradas en una habitación… pero no la encontré.

    Así que me subí por las escaleras y le mande mensaje a mi amigo para avisarle que ya iba llegando y me contesto, entra directo ya abrí la puerta… habían rentado la suite que constaba de dos habitaciones juntas, al entrar percibí el fuerte olor a tabaco y alcohol, y salude a mi amigo que estaba solo y me ofreció de beber, a los segundos pude escuchar desde la otra habitación unos jadeos y gemidos continuos de mujer entre carcajadas de hombres y fue cuando entendí que su dos compañeros estaban en la otra pieza con la prostituta, y mi amigo ni tiempo me dio de preguntar, y me dice te voy a contar, recuerdas que te dije que te ibas a sorprender? le dije si, pues resulta que la hembra que nos estamos cogiendo, es de aquí del hotel… yo sorprendido le dije no te creo, es mas eso tengo que grabarlo, le dije bromeando mientras sacaba mi celular, incluso pensando morbosear a la compañera posteriormente… está bien pero ven me dice… hay que entrarle porque estos ya tienen dos horas dándole duro y no nos van a dejar nada.

    Me llevo a la habitación y al entrar me toco el hombro y me dijo en voz baja, es una mesera… por un momento mi mente no pensó en nada… cuando me acerque tenían a la chica completamente desnuda en lo que decimos comúnmente a cuatro patas, uno de ellos estaba sentado a la altura de su cabeza y la tenía mamándole su verga y el otro detrás de ella penetrándola con fuerza, el olor a sexo era intenso, y los gemidos entrecortados por el oral, no paraban en cada penetración, yo comencé a excitarme y comencé a acercarme mientras grababa todo y fue cuando mi mente despertó y comenzó a decirme, yo conozco ese tono de voz, esos gemidos. al acercarme y ver esas nalgas abiertas recibiendo esa verga que le entraba con firmeza, esa espalda y esos brazos, fue cuando me di cuenta de todo, volteo a ver a mi amigo con una expresión de incredulidad y me dice, vez te dije que te ibas a sorprender…

    Yo no podía hablar, quería decirle que la soltaran, que era mi novia, pero no me salían las palabras y todavía me dice, le ofrecimos $500 pesos y le invitamos de tomar y ya tenemos 2 horas haciéndole de todo… la mire de nuevo y comencé a sentir algo tan difícil de explicar, al principio era rabia en contra de ellos, pero luego entendí que ellos no la habían obligado y que ni sabían quién era, y después esa rabia se volcó sobre ella, ver como estaba gozando tanto todo lo que le hacían, la nalgueaban, le decían palabras perversas, apretaban sus tetas, jalaban su cabello, y ella respondía con gemidos… sonreí y dije entre mi… ojala le den más duro y descarguen toda su calentura en ella, fue cuando volteo a ver que ninguno traía preservativo y dije es verdad… que los olvidaron… la excitación fue todavía mayor, estaba ya disfrutando viendo como la cogían y la sobajaban como si fuera una puta de la calle… en ese momento el que la penetraba se salió y mi amigo enseguida tomo su lugar, el ver como mi amigo de años se estaba cogiendo a mi novia, como la penetraba con fuerza y la hacía gemir mientras abría sus nalgas para llevar su verga hasta el fondo de su vagina y reírse burlonamente mientras lo hacía… y luego de un rato verlo sacársela y penetrarla por el ano, fue una explosión en mi cabeza, me acerque y veía claramente como su orificio anal se replegaba cuando se la sacaba y se expandía al entrarle la verga de nuevo, en un momento la voltearon para intercambiar papeles y temí que me reconociera, pero me di cuenta que era imposible, estaba ebria, además que lo que menos esperaba ella era encontrarme ahí, fue inconfundible darme cuenta por las penetradas lentas y profundas y jadeos de mi amigo, que ya se estaba viniendo adentro de ella, al sacársela todavía escurría una mezcla de fluidos de todos incluyendo los de mi novia, y me dijo éntrale te toca, yo le dije, no espera yo siento que no es correcto, no traigo preservativo y tengo un novia que cuidar… y no lo tomes a mal, es que no es mi estilo, entonces el otro se acomodó y la comenzó a penetrar tomándola de los tobillos y abriéndole sus piernas lo más posible para después llevarla hasta sus hombros, momento que aproveche para observarla bien…

    Ver como tomaban su cuerpo y lo usaban a sus antojos, como tocaban su piel como si les perteneciera, ver como se movían sus enormes tetas de un lado al otro mientras la cogían, y como las tenía rojas producto de algunas mordidas o succionadas, me enfoque en su rostro que aunque tenía algunas copas encima con sus ojitos cerrados con algunas lágrimas y que por momentos entreabría, lograba percibir esa expresión de placer que muchas veces hacia cuando estaba conmigo, pero esta vez era diferente, su boca entreabierta escurriendo semen y saliva, fue tan excitante… entonces no aguante más, le pedí al que la estaba penetrando que grabara, le di el celular y arremetí con fuerza metiendo mi verga en su boca, ella enseguida tomo el control y comenzó a mamar con una habilidad que nunca le había notado, no demore mucho tiempo y tuve dentro de su boca uno de los orgasmos más intensos que jamás había tenido… cuando pude descargar por completo… decidí vestirme y despedirme de mi amigo, con la excusa de que tenía que ir por mi novia, no sin antes preguntarle hasta que hora pretendían seguir cogiendo a la mesera y dijo… hasta el amanecer.

    Ella no nos puso un tiempo límite y mira como está disfrutándolo… la mire y me di cuenta que así era, y le dije cójanla muy duro sin piedad, quiero ver cómo llega mañana a trabajar… me dijo de eso puedes estar seguro… me encamine a la salida volteando a verlos como la seguían cogiendo y tocándola. Salí de la habitación… y me fui a mi casa, no pude dormir, ya por la mañana antes de irme escuche la puerta y era ella, entrando con una cara de desvelo y cruda que no podía ocultar, le pregunte como te fue, te ves cansada y me dijo si, voy a acostarme que no aguanto el cuerpo… le dije tuviste mucho trabajo por lo que veo y me dijo aja… se acostó quejándose un poco, le pregunte si no se iba a quitar la ropa de trabajo y me dijo no, estoy muy cansada y se quedó dormida… yo la observe y comencé a imaginar todo lo que vi y grabe y comencé a masturbarme hasta venirme nuevamente en su cara, ella ni cuenta se dio… le hice una caricia en la frente y me marche al trabajo… como doblo turno le toco descansar, así que llegue y mi camarada me dijo que la estuvieron cogiendo hasta las 5 am y de ahí le dijeron que se fuera y sin pagarle ni un peso… me reí y le dije que puta salió la meserita y dijo si y planeamos repetir antes de irnos para darle su despedida, yo solo les pedí que no dejaran de invitarme a la siguiente sesión…

  • Una pareja se conoce en un bar y tienen sexo en público

    Una pareja se conoce en un bar y tienen sexo en público

    Sol es una chica joven, vital y pícara que está empezando a conocerse y experimentar.

    Martin es un poco más grande que ella, un pibe que no quiere compromiso, pero es tan dulce que le es difícil mantener la soltería.

    Es sábado por la noche y los dos se sienten con ganas de sexo.

    Se encuentran por casualidad en un bar del centro de la ciudad

    Ella vestía una pollera muy corta, musculosa blanca y unos tacos altos que la hacían ver más sexi aun y esa noche estaba muy excitada. Pidió un trago y eligió una mesa ubicada en un rincón del bar, sabiendo que esta noche se iba con alguien a casa.

    Cuando Martín entro al bar con sus amigos, se notaba que no era oriundo del lugar. La ropa, el auto, el perfume, su cuerpo, su cara… fueron un regalo a la noche de sol.

    Él tenía una camisa blanca con los botones superiores abiertos lo que dejaba ver el pecho bronceado y tonificado, jeans con un calce tan perfecto que mostraba su cola redonda, musculosa y su bulto del tamaño perfecto de la mano femenina.

    Llego a la barra y se sentó, sin percatarse de ella e ignorando por completo su presencia.

    Sol, decidida y atrevida se levantó de su mesa, fue hasta el baño, retoco sus labios, acomodo su pollera, su pelo y salió decidida a conquistarlo.

    -permiso, puedo pedir un trago? -Le dijo sol mientras le tocaba la pierna

    -si por favor. -Le dijo Martin y corría las piernas dejándole paso.

    -me llamo Sol, estas solo?

    Martin se sintió intimidado y le encantó.

    -si querés que este con vos? -Le dijo

    -estoy sentada en aquella mesa -le dijo Sol señalando el rincón.

    Caminaron de la mano hasta el lugar, se sentaron muy juntos en un sillón de pana rojo que estaba al lado del espejo junto a la mesa de pool.

    -me encanta tu boca -le dijo Sol mientras le sujetaba la barbilla y le mordía los labios.

    Martin excitado, le agarra la nuca y la besa apasionadamente, sus lenguas se cruzan, las respiraciones se transforman en jadeos.

    Por debajo de la mesa Sol le desabrocha la bragueta y agarra con fuerza el pene duro de su conquista.

    La gente que estaba en el bar comenzaba a ver que la temperatura en ese rincón del bar estaba en aumento.

    En un movimiento rápido, pero sensual, Sol se monta sobre Martín, saca su miembro del pantalón, corre su bombacha para un lado y muy despacio casi sin movimientos, lo introduce.

    El placer se hace evidente en sus caras.

    Sol cabalga suavemente sobre Martín que sujetándola de la cintura acompaña los movimientos como si bailaran.

    Desde las mesas vecinas podía verse como Martín apretaba los pechos y mordía los pezones mientras Sol seguía el ritmo de la música sentada sobre él.

    -Besame! -le pidió sol sujetándole la cara mientras metía su lengua en la boca.

    Martin acariciándola desde el cuello al muslo descubrió que sus manos grandes tocaban zonas húmedas, mojó sus dedos y los introdujo en el culo provocando un grado de excitación extra entre los dos.

    -Haceme el culo -susurro ella al oído.

    El la giro sobre su falda y agarrándole el cuello con fuerza pero sin apretar, le metió suavemente su miembro duro, erecto, calentito en el culo, lentamente, al ritmo de la música.

    La gente los miro todo el tiempo hasta llegar al orgasmo; dieron un espectáculo erótico, excitante para todos esa noche.

    Después del éxtasis y la lujuria del orgasmo y la excitación por haber sido vistos todo el tiempo, acomodaron su ropa, terminaron el trago y se fueron juntos de la mano buscando otro bar donde cumplir sus fantasías.

  • Mi marido en la sala y yo cogiendo en la cocina

    Mi marido en la sala y yo cogiendo en la cocina

    K: ¡Ah!! ¡No pares, uh, ah!!!

    JL: ¡Que rica, uhm, toma, toma mi verga!!

    Ahí estaba yo, recargada en aquella mesa, abriéndome las nalgas y José Luis metiéndomela en mi ano, ¡dándome con todo!

    La música a alto volumen encubría nuestros ruidos, ya me había venido un par de veces y tener a mi marido en la sala sabiendo que me podría descubrir, me puso caliente.

    ¿Pero cómo empezó eso? ¿Cómo termine recibiendo sexo anal?

    Esa mañana José Luis le hablo a Mi marido invitándolo a la celebración de su cumpleaños, como lo dije en mi relato anterior, ellos se llevan bien y mi marido acepto gustoso diciéndome que estuviera lista porque pasaría por mí.

    Me arregle discreta, con un pantalón de mezclilla ajustado color azul, unos tacones negros y una blusa del mismo color entallad, deje a los niños con mi mama y lista, paso mi marido para dirigirnos a esa fiesta.

    JL: ¡Bienvenidos!!

    M: ¡Muchas gracias por invitarnos hermano!

    JL: No agradezcas, hola linda, ¿cómo estas?

    K: Muy bien, gra… cias!

    La verdad me tense al verlo, desde aquella vez donde me cogió en su sofá, no había vuelto a verlo y la verdad no sabía cómo actuar, contrario a mí, él estaba de lo más fresco y actuaba como siempre, ¡en ese momento lo envidie!

    La reunión era agradable, botana, baile, karaoke y bebidas a mas no poder, yo me quede con Carolina charlando, pero no podía evitar intercambiar miradas con José Luis.

    Las horas empezaron a transcurrir y lentamente todos nos fuimos alcoholizando de mas, yo ya bailaba sensualmente en medio de la pista, la verdad lo hice para provocar una reacción a José Luis, que, me miraba fijo bebiendo su tequila.

    Mi marido estaba platicando con Daniel y Sofía, mientras yo seguía con mi show, en eso, él se me acerco y me dijo:

    JL: ¿Así que andas de seductora?

    K: Jajá, no, ¡así soy!

    JL: ¡Pues que mujer más aventada eres!

    K: ¡Tu sabes lo buena que soy!!

    Lo tome de su cuello y le baile moviendo mi cintura ante los gritos de todos incluso mi marido aplaudió y grito pensando que era un chiste.

    Eso me puso más en brama, me sentía cachonda quería besarlo pero me detuve, noté su bulto, el estaba excitado y si no hizo nada fue para evitar algo catastrófico.

    Una vez terminada mi insinuación, me dirigí a la cocina a beber algo y comer, ya que como estaba un poco pasada de bebida, necesitaba comer.

    ¡Estaba yo comiéndome unas papas, cuando sentí un abrazo por atrás!!

    JL: ¡Siente como me pusiste!!

    José Luis estaba detrás re pegándome su bulto, yo solo lancé un suspiro y una enorme excitación me invadió, me di la media vuelta y mirándolo fijamente lo empecé a besar!

    El no rechazo mi beso, al contrario, ¡no solo me besaba si no que sus manos acariciaban mis tetas y apretaban mis nalgas!

    Su boca bajo a mi cuello, yo metía mis manos por debajo de su playera, ¡sentía su cuerpo y me mojaba cada vez más!

    K: ¡Oh!! ¡Cómo te deseo!!

    JL: ¡De mezclilla resaltan más tus ricas nalgas!

    Me levanto la blusa y llevo su lengua a mi abdomen yo cerraba los ojos, ¡me olvide de donde estaba y que mi marido estaba ahí!

    ¡Me hizo para arriaba el brasear y comenzó a chuparme los pezones de una manera tan rica que no pude evitar gemir!

    K: ¡Mi marido!!

    JL: Les puse un mix, esta baile y baile, no te preocupes por él, ¡mejor bájate esto!

    Con desesperación bajo mi pantalón de mezclilla, sus manos acariciaban mis piernas, ¡me lamia desde mi pantorrilla a mis entrepiernas me bajo con su boca mi tanga y luego fue a devorarme enterita!

    JL: ¡Tu concha es excepcional!

    K: ¡Ah, no pares!

    Le apretaba su cabeza mientras su lengua me daba un gran placer, sus dedos nuevamente recorrían mi ano, sus dientes mi clítoris, yo gemía, ¡total la música opacaba mis ruidos!

    Se bajó el pantalón y su trusa de golpe, ¡le sobaba su verga mientras nos besamos de lengua!

    K: ¿Esta seguro que no nos verán?

    JL: ¡Tranquila!! ¡Ahora bajete nena!

    ¡Me arrodillé como toda una puta y comencé a hacerle sexo oral!

    Llevaba mi lengua de sus testículos velludos a su glande, la metía de un solo golpe, mis dedos acariciaban mi clítoris, eso me dio más placer, ¡el me tomaba la nuca y follaba mi boca y mis dedos me estimulaban aún mejor!

    JL: Así nena, cómetela, uhm, ¡cómetela!!

    K Mmm!! Chop, chop!!

    Tuve mi primer orgasmo mientras se escuchaba la música a todo volumen, José Luis me puso de pie y me pego a una mesa que tenía ahí en frente, me tomo de la cintura, ¡se inclinó un poco y empezó a introducirla!

    Mis nalgas pegaban en la mesa fría que se calentaba al rozar mi piel, él me tomaba de la cadera y me embestía con velocidad, me encantaba tenerlo así, ¡abierta de piernas parada y sintiendo su dureza!

    K: No pares, uhm, ¡no pares!

    JL: ¡Que rico coges uhm!!!

    La suerte nos invadía, nadie entraba, se oía ruido y música, pero nadie entraba a la cocina, no sé si la había cerrado con seguro o que pasaba, pero nos daban tiempo para desahogarnos.

    Tomo una silla que estaba cera y se sentó, yo me di vuelta y me dejé caer de sentón en su pene erecto.

    JL: Así mamacita que rico, uhm, ¡que rico!

    K: ¡Ah, no mames que rico!

    JL: Estas bien sabrosa, ¡cómo me encantaría tenerte siempre!

    K: ¡Por ahora solo cógeme nene!

    Me apretaba los muslos, yo me dejaba caer y me movía en círculos, sus dedos entraban en mi concha a jugar mi clítoris, ¡me tenía a full y me hizo tener un segundo orgasmo!

    K: ¡Ah!! ¡Que rico, uhm, ah!!

    JL: Eres la mejor, ¡uf!!

    Con fuerza me levanto y me empujo en la mesa, me reclino sobre la mesa y me abrió las nalgas y con violencia me la ¡metió en el ano!

    K: ¡¿Qué haces?!

    JL: ¡Toma, uhm, tómala!

    K: ¡Ah!! ¡Me lastimas!

    JL: Cállate y ábrete más, ¡uhm!!

    Me dolía pero que rico sentía como entraba, me tapaba la boca y se empujaba más, sentía como mi ano era destrozado, ¡que rico!

    Quería gritar, quería llorar, quería todo, pero me aguantaba, no quería que nadie nos descubriera.

    JL: ¡Que rico es tenerte aquí así y que tu marido este allá afuera!!

    K: ¡Uhm, me duele, uhm!!

    JL: ¡Que rico culo, es el mejor!!

    K: Pártemelo nene, cógeme duro, ¡soy tuya destrózame el culo!!!

    Como toro en brama José Luis se movía tan fuerte y a la vez tan rico que no aguantaba el placer, sacaba lágrimas de mis ojos, sentía que vomitaría, babeaba como san Bernardo, qué momento.

    JL: Quiero que seas mía una vez a la semana, ¡aunque sea!

    K: ¡Las veces que tu quiera nene, uhm!!

    JL: ¡Buen niña!!

    K: Ah, me vengo uhm, ¡me vengo!!

    JL: Eso, uhm, sácame la leche, ¡te llenare tu culito nena!!

    Me moví como loca gozando mi tercer orgasmo, no sé en que momento me volví multi orgásmica pero ya era el tercero.

    El me apretaba salvaje, sentí como se inflaba, ¡entonces me moví como perra loca y lo hice acabar dentro de mi culo!

    JL: ¡Uf, tómala, ahí está mi leche!!

    K: ¡Ah!! Que rico, mas, ¡dámela toda!!

    Me la saco y su leche escurría por mis muslos, me volvió a tomar una foto, me di vuelta y me agaché a mamársela, ¡mientras el grababa un video!

    JL: Mámale, ¡así que rico!

    K: ¡Soy tuya!!

    ¡Una vez terminada la acción, me limpie me acomode y bebí un trago de tequila, antes de salir, me dio una nalgada y me beso!

    JL: ¡A partir de ahora serás mía!

    Me quede un poco más, meditando lo sucedió y pensando en lo que podría darse más adelante, pero fui interrumpida por mi marido.

    M: ¿Todo bien amor?

    K: Si, ¡todo excelente!

    Kali

  • Antes del café (Capítulo 13): Desempleados

    Antes del café (Capítulo 13): Desempleados

    Versión de Azucena:

    -Odio los aviones -expresé una y mil veces durante el vuelo hacia Ámsterdam, después de haber hecho una escala de hora y media en la Ciudad de México. Me angustiaba tener que volar por más de 10 horas y no ver más que el cielo y el Océano Atlántico por la ventana, pero tenía que acostumbrarme, porque en nuestros planes y posibilidades económicas teníamos programados por lo menos otros siete viajes, incluyendo el de regreso a Puerto Vallarta.

    Es importante aclarar que nuestra misión principal era coger mínimo con un hombre de cada país que pisáramos. Las reglas eran: No gastar dinero de más, si nos distanciamos permanecer en constante comunicación, ser puntuales para tomar los próximos vuelos y registrar evidencia de nuestras aventuras sexuales. En caso de haber una perdedora, tendría que raparse como Britney Spears y ser evidenciada en redes sociales.

    Todo corría por cuenta de Ingrid: los trámites, los traslados, los pagos y si yo me extraviara solo tendría que llamarla y solucionaría mi problema. La admiraba tanto por ser políglota.

    El cambio de horario me confundió demasiado, pero siendo la hora local mediodía del 29 de diciembre aterrizamos en la capital de los Países Bajos. Antes de retirarnos del Aeropuerto, Ingrid cambió las divisas y consiguió boletos para viajar a Roma el siguiente día.

    Luego de dejar nuestras maletas en el hotel, recorrimos la ciudad, de la cual me enamoraron sus construcciones, pero aún más los ríos y canales, pues está ubicada al nivel del mar, según me explicaba mi siempre inteligente mejor amiga.

    En la noche fuimos a divertirnos en un bar. Ingrid me invitó una bebida en la barra y comenzamos a platicar, notando que los hombres holandeses eran cohibidos. Sin duda alguna, mi amiga lucía apetecible en su vestido tipo maxi ajustado color negro y su abrigo plateado con puntos negros, por encima de mi modesto suéter crop top guinda y mis leggins de cuero negro.

    Era obvio que Ingrid haya sido cortejada primero por un apuesto señor alto y fortachón, quien se la llevó del bar. Minutos después, un joven alto, guapo, rubio y de ojos verdes me quiso hacer la plática. A pesar de que yo no sabía su idioma, él no dejó de intentar comunicarse conmigo hasta que pudimos entendernos a medias. Al parecer, su nombre era Nick y tenía 25 años.

    Ingrid me mandó un mensaje avisándome que su ligue pagó la noche en un hotel de su preferencia, así que yo podía llevar a Nick al hotel que habíamos alquilado previamente y me sentí satisfecha de haber logrado cogérmelo.

    Su verga era tamaño promedio, blanca, lampiña y muy rica. Me folló delicioso al estar yo en cuatro, pero la mejor parte fue cuando lo domé y con mis movimientos tapatíos lo hice venirse en mis nalgas. Capté un pequeño video de esa cogida con mi celular y me tomé algunas fotos con él para enviárselas a Ingrid. Después, ella me envió lo suyo y así, las dos cumplimos el primer reto.

    El día siguiente, ambas estuvimos puntuales en el aeropuerto y tras dos horas de vuelo, aterrizamos al mediodía en Roma. De igual manera, Ingrid se adelantó a comprar boletos para partir al otro día a París.

    Era obligatorio salir a pasear, admirar las bellas arquitecturas antiguas, tomarnos fotos con el coliseo romano de fondo y comer platillos típicos italianos.

    El lugar nocturno de nuestra elección fue un bar con ambiente musical concertista. El clima de la capital italiana nos permitió andar livianas: yo portaba un short apretado y un sexy bolero negro mientras que Ingrid vestía una falda drapeada y un top de malla en azul marino.

    La noche se me fue veloz luego de que me embriagué. Amanecí en un cuarto de hotel que ni siquiera era el que habíamos alquilado Ingrid y yo. A mi lado en la cama se encontraba un sujeto gordo y peludo. Sentí asco de ver con quién había pasado inconscientemente la noche. Revisé mi celular, eran las 9 de la mañana, demasiado tarde para llegar al aeropuerto.

    Ingrid me llamó, diciéndome que ya se encontraba en el aeropuerto con mi equipaje, le mandé mi ubicación y me hizo llegar un vehículo de transporte privado. Sin embargo, lo hice esperar unos minutos, luego de que desperté al feo barrigón pito chico, ese con el que me acosté y le di un mañanero con el fin de grabarnos. Mi mejor amiga había conseguido un trío con dos hombres y me envió los vídeos de su apasionante noche. De esta forma, ambas cumplimos el segundo reto.

    Lamentablemente, no alcancé a abordar el avión. Ingrid me insistió para que comprara el siguiente vuelo, aunque resultara más caro y por ese motivo perdimos dinero. Dos horas después, nos vimos en París. Debido a que ahí pasaríamos el año nuevo, mi amiga reservó un vuelo a Berlín para el 2 de enero.

    Luego de hacer cuentas y gracias a mi estupidez en Roma, de tener 200 euros estimados de sobra pasamos a tener solo 25, por lo que debíamos ser más ahorradoras en las próximas noches.

    Para remediarlo se me ocurrió una idea que al principio fue excelente. Evitamos gastar en provechosos recorridos para fijarnos en un solo sitio: la zona circundante a la torre Eiffel. Guardamos fotos para el recuerdo y procedimos a juntar dinero, cargando un letrero diciendo «1 baiser = 1 €, 1 photo = 5 €» (1 beso = 1 euro; 1 foto = 5 euros). Hicimos nuestro trabajo discretamente por si acaso lo que hacíamos constituyera una falta administrativa.

    ¿Qué hombre parisino o turista podría resistirse a mi esbelta figura exhibida por un vestido tipo sirena color lila brillante y a mi hermosa amiga presumiendo su piel canela en un mini vestido pegado color melón con un maravilloso escote que permitía verlo todo? En cuatro horas besé a más de 50 individuos, a varios más de una vez, me tomé fotos con 18 y conseguí algunos números telefónicos. Ingrid salió más ganadora y entre las dos juntamos más del triple de lo que había de sobra al principio.

    En la noche de fin de año, Ingrid y yo escogimos al azar a dos hombres de los que recolectamos sus números de teléfono y los contactamos para que nos hicieran compañía. Al poco rato llegaron muy ganosos, nos manosearon, nos prendieron y luego nos follaron rudamente, de lo cual filmamos unos minutos. Sin darnos cuenta, ya habían pasado de las 12. Terminamos el año 2019 e iniciamos el 2020 en pleno polvo y al final celebramos con copas de champagne.

    A continuación, la anécdota se torna gris: Ingrid y yo amanecimos sin saber en qué momento dormimos y, desgraciadamente, los sujetos con los que pasamos la noche nos robaron los celulares y las carteras con nuestro dinero, tarjetas de crédito, identificaciones, pasaportes y visas.

    Llamamos a la policía desde la habitación del hotel y como parte de la investigación, fuimos sometidas a pruebas que revelaron que estuvimos bajo los efectos de benzodiacepinas que fueron mezcladas en las copas sin percatarnos y a eso se debió nuestro sueño profundo. Los fulanos escaparon de la justicia y no se supo de su paradero.

    Con ayuda de los nobles oficiales, nos desplazamos hacia el aeropuerto y solicitamos el reembolso del vuelo a Berlín, sin embargo, nos lo denegaron. Recurrimos a la embajada de México en Francia, donde nos prometieron la reposición de nuestros pasaportes en un plazo de cinco días y un vuelo a México en diez días. Para rematar, el banco en París no nos pudo restituir las tarjetas de crédito por falta de documentos.

    El dueño del hotel se sintió endeudado con nosotras y nos concedió permanecer las noches que necesitásemos con todos los servicios gratuitos. Aceptamos la oferta y decidimos conseguir dinero nuevamente con el método de los besos y las fotos, para lo cual no éramos negadas. En fin, ese fue un episodio que deseamos borrar de nuestras memorias.

    Transcurrieron los días y en cada uno de ellos me mantenía en contacto con Erick y Braulio a través de Facebook en un café internet. El 9 de enero, varios días después de lo acordado, la embajada nos entregó nuevos pasaportes. Esto aconteció demasiado tarde, pues el mismo día, Erick me notificó que Ingrid y yo habíamos sido despedidas de nuestro trabajo por abandono, ya que las cosas por allá se habían puesto estrictas.

    Versión de Braulio:

    Habiendo regresado a mi departamento, luego de haber acompañado a Azucena e Ingrid al aeropuerto el sábado por la tarde, el ambiente en el edificio se percibía grisáceo, manso y frío, cuyos adjetivos se ajustan perfectamente si se quiere definir a la bella dama que esperaba por mí, Leilany. Tenerla sentada frente a mí representaba el arma más devastadora que podía pulverizar sutilmente mi interior.

    ¿Cómo más puedo describirla? A simple vista se apreciaba su intelecto, no solo por sus atractivos lentes de armazón redondo, sino por su mesurada perspicacia para aprisionar la atención de quien ella quisiera y parecía que yo era su víctima favorita. Su sonrisa atrevida arrojaba chispas que alcanzaban a punzar mi piel y erizarla. Aquellas miradas tras sus gafas en las que sus pestañas con el rímel en su punto me coqueteaban y sus pupilas escalaban hasta la parte más alta de su globo ocular, anclándose en mí entretanto ella, cabizbaja, insinuaba todo lo que en mi mente ocurría al ver sus dientes mordiendo sus labios del lado derecho. Su cabello ondulado de las puntas encarnaba la malicia en forma de serpientes que ahorcaban mi cuello como una corbata demasiado ajustada, mientras ella daba muestra de actos amables y gestos infantiles, simbolizados por su sujetador con forma de moño color rosa pastel. Y ni hablar de lo firmes que se observaban sus pechos cubiertos por su camisa polo blanca que asomaba la silueta de un brasier de encaje sexy y su falda tipo escolar negra con cuadros plateados, cuyo borde le llegaba a las rodillas. Inocente de mí que caía siempre en su juego y no lo digo en sentido figurado, pues en realidad, ella solo jugaba con mis sensaciones.

    Ella no le daba ni un sorbo a su café mientras leía perdidamente un libro titulado “Alguien que no soy” de Elisabeth Benavent. Con miedo a interrumpir, pregunté convencionalmente si le había gustado el café. Ella colocó su separador en la página donde se quedó, probó el café y me felicitó.

    – ¿Qué otra cosa rica saber hacer además del café y de coger?

    -Aquí la que coge de maravilla eres tú -lancé el cumplido y di rienda suelta a mi interrogatorio-. ¿Qué es lo que hace a una joven de 22 años como tú tan experta en el sexo?

    -22 años con 11 meses y 20 días para ser exactos -corrigió-. Me doy cuenta del interés que tienes por conocer los secretos que pueda exhibir, pero son solo eso, secretos.

    – ¡Vamos! Hay que intercambiar anécdotas -incité desesperadamente.

    -Está bien, te contaré una -aceptó, aunque parecía decirlo sarcásticamente y enseguida me dio la razón-. Un día caminaba por la orilla del mar en Puerto Vallarta, me encontré a dos sujetos que jugaban voleibol, me les uní y terminamos exhaustos luego de una noche de películas y coito desenfrenado.

    -Me suena familiar -comenté patéticamente y a continuación insistí-. En serio, cuéntame algo que te haya pasado anteriormente y yo corresponderé.

    – ¿Recuerdas cuando Erick me recomendó ir a algún bar de la ciudad y le contesté que yo ya no era una chica de fiestas? -cuestionó y respondió de inmediato-. Estás ante la nueva Leilany, la de antes fue mancillada.

    – ¿Qué quieres decir con eso? -despertó en mí la duda.

    -Nada, solo siéntete afortunado de conocer a mi nueva yo. Aclara tus dudas con el diccionario -me dejó en ridículo y volvió a abrir su libro.

    -La nueva Leilany me gusta mucho -admití de manera pícara.

    -Gracias, es imposible no gustarle a alguien siendo como soy -dijo vanidosamente.

    -Me pregunto cómo habrá sido la de antes -seguí molestando.

    -Veo que el motivo de tu invitación no fue para follar sino para fastidiarme -expresó al azotar su libro en la mesa y levantarse de su silla.

    -Yo veo que tú necesitas trabajar con tu actitud y tus emociones, aceptar tu pasado y sentirte orgullosa de que eres lo que eres gracias a lo que fuiste en su momento -repliqué mientras le abría la puerta amablemente.

    -Hablas como cualquier hombre promedio, insensible y sinvergüenza -expuso sus complejos al mismo tiempo que se dirigía hacia la puerta-. No sabes cuánta gente lastimé y peor aún, cuánta gente me lastimó, haciéndome sentir menos que mierda, pero no creo que lo comprendas.

    -Así es -afirmé-. No lo comprendo, ni sé de lo que me hablas, pero no me quitas la razón. Guardas mucho rencor y te mortificas. Te recomiendo que busques la manera de eliminarlo. ¿Heriste a alguien y alguien te hirió? Es la ley de la vida. En la vida hay que hacer lo que se nos apetezca, solo estamos de paso. Y ¿sabes qué? Da igual lo que quieras hacer, siempre habrá quien hable mal de ti. Lo importante es que lo disfrutes.

    Las palabras con las que rematé la hicieron romper en llanto y marcharse. Tal como si fueran un encantamiento, minaron las ruinas que había en su interior. Los siguientes días me dediqué a leer sobre la autora que ella leía y me di cuenta de que parafraseé unos renglones de la misma obra.

    En la noche de fin de año me dirigí al hostal donde ella reposaba. Ella abrió la puerta y me vio con una caja de chocolates, sacando un papelito del bolsillo de mi camisa para recitarle un sentimiento expresado en palabras toscas.

    – “Tú eres la mujer, por ende, no tienes pene. No puedes negar el gran placer que experimentas cuando te introduzco mi pene que yo, como hombre, poseo. Pero debo admitir que eso no se compara a la excitación que me provocas cuando me penetras con tu excelsa hermosura e inteligencia. Con solo mirarte me corro en lo íntimo de mi ser. Por favor, fóllame siempre a tu sexy manera.”

    -Ridículo -profirió sin poder evitar reírse y me abrazó.

    Mi declamación fue totalmente sincera, aunque excesivamente melodramática. No podía explicarme lo que sentía en esos momentos. Sentía enamorarme de algo o de alguien, pero no sabía exactamente de qué o de quién. Algunas veces, una persona se enamora de otra, pero en otros casos, se enamora de sí misma al estar con aquella persona y yo no sabía identificar mi caso. Tampoco supe diferenciar si lo que ocurrió entre las 11 de la noche del 31 de diciembre del 2019 y la 1 de la madrugada del 1 de enero del 2020 fue que Leilany y yo hicimos el amor o sencillamente fue una cogida romántica. Lo importante sobre todo fue que ella superó sus temores y recuperó la determinación de sí misma que parecía haber muerto.

    El primer fin de semana del nuevo año, Erick, Lizbeth, Leilany y yo decidimos pagar la cuenta que teníamos pendiente. A invitación de Lizbeth, nos presentamos en su casa a las 7 de la noche, vimos una película porno en su fina pantalla curva de 105 pulgadas, hicimos uso de su jacuzzi privado y ahí en el agua prendimos la fogata.

    Estando todos completamente desnudos, Lizbeth comenzó a mamar mi pene, mientras Erick le daba arrimones al trasero de Leilany. Los gemidos de las muchachas se dejaron escuchar en alto volumen y eso fue causa de gran excitación para nosotros los varones.

    Lizbeth sugirió ir despacio, pues teníamos toda la noche, ya que sus padres salieron de la ciudad y volverían al siguiente día en la noche.

    Después de intercambiar parejas y posiciones en el jacuzzi, Lizbeth nos permitió la entrada al cuarto de sus padres. Para mí resultaba raro follar en la cama de mi jefe, pero las ganas siempre estaban un paso adelante.

    Lizbeth y Leilany estaban en 69 lateral, yo penetraba a Leilany y Erick a Lizbeth. Poco a poco, la calentura se elevaba y Erick se corrió primero.

    La escena pornográfica se convirtió en trágica cuando mi jefe ingresó de improvisto a la casa junto con su esposa. En secuencia nos descubrió, me despidió, nos corrió de su casa y le ordenó a Lizbeth no volver.

    Por si fuera poco, a Azucena e Ingrid les robaron sus pertenencias en París y su recorrido por el viejo continente fue retardado. Esto tuvo como efecto que el jueves de la siguiente semana se le notificara a mi cuñado por parte de la empresa donde laboraban Azucena e Ingrid que estaban despedidas por abandono de trabajo y después él se lo hizo saber a su esposa, sin mencionarle mi situación a petición mía.

    CONTINUARÁ…

  • Las aventuras de mi esposa (I y II)

    Las aventuras de mi esposa (I y II)

    I. El Inicio

    Yo soy un joven de 26 años estoy casado y tengo una hija.

    Esto serie de sucesos inició en verano, en nuestra ciudad hace demasiado calor en esa época, por eso mi esposa se baña 2 o 3 veces la verdad a veces nos bañamos juntos y hacemos todo tipo de cosas ahí y es muy divertido. Un día nuestra hija salió a casa de sus amigas y se iba a quedar a pasar la noche ahí, entonces mi esposa se fue a bañar y cuando salió solo usaba un calzón y ya, ella me dijo que después de todo estábamos solos y no había problema se sentó al lado mío y pusimos una porno, a mí me gustan las películas de tríos o de voyerismo y cuando las vemos juntos solo se ríe diciendo que le gustaría hacer algo así.

    Esa misma noche me había contado de un nuevo maestro que había llegado al gimnasio que estaba muy guapo y que le encantaba a todas las de ahí y en forma de broma me dijo que sería interesante hacer todo eso de las películas con él, ella solo se rio pero yo le dije que no estaría mal que si quería le daba permiso de hacerlo con el pero que usara protección, ella solo se quedó sorprendida pero después puso una gran sonrisa.

    Unos días después nuestra hija se quedó con sus amigas otra vez porque a ella le gustan mucho las pijamadas y eso, esa misma noche ella invito al maestro a cenar, cenamos platicamos y al final yo mismo le dije que si quería tener relaciones con mi esposa, él se sorprendió pero mi esposa inmediatamente le dijo que no era broma que ella siempre ha lo ha visto muy bien y quería probar, entonces el acepto no muy convencido pero lo hizo.

    Así comenzó nuestra nueva y divertida vida sexual.

    II. Por fin mi esposa cumple mis fantasías de verla con otro hombre

    Bueno en el relato anterior conté lo que había pasado con mi esposa y como invito a su maestro del gimnasio.

    Después de que quedo todo aclarado fuimos a la habitación, ella se desvistió y empezó a seducirlo ninguno de los dos lo podíamos creer, ella tiene un cuerpo muy lindo es pequeña sin embargo sus pechos están muy bien su cadera es sexy y tiene un gran trasero. Ella se tiró a la cama y levanto sus piernas, podíamos ver su agujerito rosa y muy lindo.

    Entonces él se tiró a la cama sobre ella y empezó a besarla, acariciarla y a estimularla, yo estaba muy caliente y empecé a sobarme, mientras ella gemía y gritaba como nunca después de eso él se puso protección y empezó a penetrarla ella solo gemía cada vez más mientras yo estaba a punto de explotar por verla así.

    Después para la siguiente ronda el tipo del gimnasio se puso otra protección y puso a mi esposa en cuatro con su cara hacia mi pene y ella empezó a chuparlo bien y bonito, los tres sentíamos muy rico inclusive los dos nos vinimos dentro de ella y fue impresionante. Pero aun así mi esposa no estaba satisfecha.

    Ella acostó al tipo en la cama le puso condón y se montó encima de él, yo la veía montada encima de él y vi que lo estaba disfrutando demasiado al final mi amada y linda esposa quedo satisfecha después de tener relaciones con su entrenador del gimnasio.

    Bueno a la mañana siguiente los dos estábamos hablando de la situación de la noche anterior y yo le confesé que desde hace tiempo tenía la fantasía de verla teniendo relaciones con otros hombres siempre y cuando fuera consentido, de inmediato ella dijo que solo quería hacerlo una vez y ya, pero lo discutí con ella le comente que no era malo ni nada solo que me gustaría que lo hiciéramos con reglas y todo. Ella respiro y al final acepto.

    Las reglas que acordamos fueron: que no fuera nadie conocido, que ella iba a usar protección al igual que esa persona y lo más importante sería la discreción, el barrio donde vivíamos era muy chismoso y algo así podía destruirnos.

    Después de eso mi esposa iba con muchas más ganas al gimnasio para ver a su entrenador. Esta historia apenas comienza y todavía hay mucho que contar.

  • Cristina, una mujer prohibida

    Cristina, una mujer prohibida

    Mi esposa acababa de fallecer tres meses antes de esta historia. Cuando uno es un adulto mayor, las probabilidades de padecer toda clase de enfermedades es alta. Hipertensión, Diabetes, Alzheimer, Parkinson, solo por nombrar algunos de estos males, afectan a las personas cuya última etapa de su vida, solo desean vivir en paz y disfrutar de toda clase de placeres y lujos que en su juventud no pudieron disfrutar.

    Me llamo Ramón, tengo 70 años, resido en el puerto de Manzanillo, el reciente fallecimiento de mi esposa Carolina, con la cual, conviví cerca de 45 años de matrimonio, había dejado un vacío en mi interior, que de alguna manera no podía sobrellevar. Juntos formamos una familia y fruto de nuestro matrimonio, tuvimos tres hijos, mi hijo mayor, Aaron, y mis dos princesas, Cristina y Karla. No fuimos ricos, pero tampoco vivimos en la miseria. En nuestra juventud, trabajamos duro para poder darles un futuro decente a nuestros hijos.

    Mi hijo mayor Aaron, tiene 45 años, mi esposa y yo, nos casamos una vez supimos que seriamos padres, mi hija Cristina y Karla, tienen 35 y 33 años respectivamente.

    Tras el fallecimiento de su madre, mis hijos consideraban la opción de internarme en un asilo de ancianos, por mi avanzada edad, suponían que estar solo me afectaría mucho. Pues no me encontraba así desde hace años. Yo, orgulloso de lo que soy, me negué, les supliqué que me dejaran en mi casa. Todos ellos ya estaban casados y habían formado sus familias.

    Pese al duelo que conlleva perder a un ser querido, los días transcurrían con paz y tranquilidad; hacía tiempo que no me sentía tan libre. Todo cambio a raíz de sufrir un paro cardiaco padecía de hipertensión arterial, desde hace veinte años. Aquello encendió las alarmas en mis hijos, ya que, el día que lo sufrí, yo me encontraba en mi casa solo con la compañía de mi enfermera; una jovencita de piel blanca, de cabello negro y lacio, de muy buen ver, que había sido contratada en cooperación con mis hijos.

    Fui llevado de emergencia al hospital, y tras recuperarme satisfactoriamente, mi médico me recomendó seguir mi tratamiento y para evitar tener otro ataque. Así como les recomendó a mis hijos estar más al pendiente de este viejo.

    Mi hija Cristina, era una mujer muy guapa, rostro en triangulo, piel clara, cabello largo lacio, de color negro, con una figura envidiable ya que solía hacer mucho ejercicio. Sugirió que me quedará con ella y así ella vigilaría mi estado de salud. Al principio me negaba, no suelo tener una buena relación con su esposo, y él a su vez, me odia. Pero mi hija insistió, ya que mis otros hijos debido a sus trabajos no están cerca de la ciudad, lo cual dificultaba hacerse cargo de mi persona.

    A regañadientes acepte irme a vivir con ella, el día de mi salida del hospital, mi hija Cristina fue a recogerme. En aquel momento en que la vi llegar, algo en mí cambio. Vestía un vestido manga larga de color gris con patrones de rombo, con un cinto negro, el cual, hacía resaltar su figura, pues gracias a este, su cintura hacía que se pronunciaran mejor sus nalgas, y a su vez, las torneadas piernas lograban resaltar, y con sus tacones de aguja, me mostraban la belleza que impera en mi hija.

    Esa vista, me hizo darme cuenta de lo asombroso que se miraba su trasero, lucía bien paradito, un culito respingón como solemos decir vulgarmente. Lo único que pensaba era, porque me había impresionado tanto como se miraba mi hija. ¿Acaso era por el simple hecho de saber que mis días estaban contados y que ya no tenía mucho tiempo para disfrutar de los placeres carnales?; me sentía lujurioso.

    Llegamos a su casa, y solo se encontraba su ayudante de cocina, no estaba su esposo Camilo, por cuestiones laborales, había salido durante dos semanas. Mi nieto Agustín se encontraba en 6° grado de primaria.

    El resto del día me la pasé descansando, reposando en la cama, no dejaba de pensar en lo que mi hija me había provocado. La habitación se encontraba a lado de la cocina y por debajo de la habitación de mi hija y su esposo, frente a las escaleras que llevaban al segundo piso.

    Me senté un rato en la sala, y mi nieto estaba jugando videojuegos en uno de esos aparatos modernos, me dijo que se llamaba X-Box. Pasaba un rato agradable con mi nieto, cuando escuché la voz de mi hija salir de la habitación, se había vestido para ir a hacer ejercicio. Esta vez con un pantalón de licra color rosado con negro y un top, lo cual hacia resaltar aún más lo firme de sus nalgas y la sorprendente firmeza de sus senos.

    -Iré al gimnasio papá, vuelvo en unas horas, Agustín, no molestes al abuelo -dijo mientras yo trataba de disimular que me había impactado cómo se veía.

    Eran cerca de las 8:30 de la noche, cuando por mi calentura, decidí darme una ducha. Entre al baño, y a medida que el agua resbalaba en mi cuerpo, comencé a masturbarme, en mis pensamientos solo alucinaba con ver a mi hija desnuda, disfrutar de su cuerpo. Estaba a punto de venirme, cuando escuche que bruscamente se abría la puerta, era Cristina que acababa de regresar, no tenía la cortina corrida de la regadera, por lo cual, al abrirse la puerta, ella miró mi mano derecha en mi pene que estaba completamente erecto.

    -Lo siento papá -fue lo único que ella pudo decir al cerrar de inmediato la puerta.

    Terminé de enjuagarme y me vestí en el baño, al salir, no vi a mi hija en la sala, sino en la cocina.

    -Discúlpame Cristina, olvidé ponerle seguro a la puerta -le dije con un tono de voz apenado.

    -Descuida papá, yo también olvidé tocar la puerta, como me encuentro a veces sola, suelo llegar y hacer eso cada vez que regreso del Gimnasio -al mencionar esas palabras no alzo la mirada, estaba apenada.

    Para salirme de esa situación incómoda, le pregunté qué hacía. -Hago la cena -respondió, mientras yo me acerque lentamente a ella para ver que estaba guisando. A medida que yo me acercaba, ella comenzó a respirar más rápido -Huele delicioso -le dije, mientras logré darle un arrimón en sus nalgas.

    -Papá, ¿Qué haces? -me dijo con tono temeroso.

    -Nada, solo miró que haces de cenar -le conteste.

    -Por favor, te pido que lo que estabas haciendo en el baño, no lo hagas aquí, así como entre yo, puede entrar mi hijo.

    -Discúlpame, hija, lo que pasa es que, desde la muerte de tu madre, no he podido tener un poco de placer, ella era muy buena en eso. Y desde que se fue, no he disfrutado de nada.

    Mi hija con un tono algo más tranquila, me decía de cuanto lo sentía y que al igual que yo la extrañaba. De repente, nos dimos un abrazo, ya que ni en el velorio de su madre, pudimos abrazarnos. Al sentir su cuerpo tan cerca y la firmeza de sus senos, mi erección comenzó nuevamente. Y esta vez ella podía sentirla, pues mi pene erecto se restregaba en su pantalón de licra, el cual aún traía puesto.

    Se alejó discretamente

    -Lo siento cariño, yo no quería que esto pasara, mejor me regreso a mi casa.

    -No, descuida, siéntate a comer.

    Cenamos sin mencionar ninguna palabra, solo le pregunte por mi nieto, y dijo que ya se había acostado a dormir.

    Lavé los trastes y ella se fue a su habitación. Después de un rato, cuando ya todos dormíamos, entre sueños, escuché como la puerta de la habitación se abría muy despacio, y como un tenue rayo de luz, inundaba brevemente la habitación.

    Creí estar soñando, cuando vi una silueta que entraba a mi habitación, lo primero que pensé era que se trataba de la muerte misma. Cuando sentí como algo sumía la cama y tocaba mi pierna. Un pánico inundo mi cuerpo, cuando aquella mano acariciaba mis piernas, y como lentamente hacia un recorrido de arriba abajo. Con mis ojos entre cerrados, pude ver que no se trataba de la muerte, sino de mi hija.

    Su temblorosa mano seguía el mismo recorrido de arriba abajo, hasta colocar sus dedos apuntando hacia mi entre pierna. De repente, sentí como tocaba mi flácido pene, mientras con un gesto de desesperación trataba de no hacerlo. Comenzó a acariciar mi pene por arriba de la cobija, y este lentamente, comenzaba a ponerse duro. Tanta fue su emoción, que con una calma desesperada hacia el intento de quitarme la sábana que lo cubría. Hasta que por fin lo logró, dejando solo el pantalón de mi pijama, pero eso no le importó. Bajo despacio el elástico del pantalón junto con mi ropa interior y sacó mi pene.

    Sentir la caricia de su mano, sobre mi piel, provocó que de repente este se pusiera tan erecto, que era imposible para ella dejar de acariciarlo. Comenzó a bajarme el prepucio y mi cuerpo inmediatamente se llenó de placer, un escalofrió lo inundó, trataba de mantenerme serio y no generar ningún ruido para que ella no se detuviera. Y así continúo, subía y bajaba su mano, con un movimiento delicado, para evitar que me despertara, aquello se sentía de maravilla, mi propia hija, esa niña convertida en mujer me estaba masturbando.

    El placer que recorría mi cuerpo era un placer que nunca había sentido, ni siquiera mi esposa había provocado, tanta fue mi emoción que perdí la noción del tiempo, y después de un rato me vine en su mano. El cálido y jugoso semen, se disparó sobre su mano y las sábanas, mientras yo tratando de no hacer ruidos, disfrutaba ese orgasmo que provocó mi hija. Al terminar aquella escena, ella salió de la habitación tan rápido como pudo.

    No pude pegar el ojo después de aquello, y dieron las 5:00 de la mañana, cuando escuché como se abrió, la habitación de arriba. Y como unos pasos hacían el recorrido desde la puerta hasta la cocina, en mi afán de buscar respuesta, me levanté de la cama, y abrí la puerta de mi habitación tratando de no hacer ruido.

    Salí lentamente de la habitación completamente descalzo, me dirigí a la cocina, al llegar, observé a mi hija, de pie cocinando el desayuno, con una bata de seda, que le quedaba muy corta. Eso me calentó, y solo de recordar lo que ella hizo en la madrugada me puso muy jarioso. Caminé hacia donde estaba ella y la abracé.

    -Buenos días, mi amor -dije mientras la tomé de la cintura y le daba un beso en la mejilla, y acercaba mi cuerpo de una manera en la cual, ella pudiera percibir el bulto de mi pene.

    -Buenos días, papá, ¿dormiste bien? -respondió.

    -Muy bien, tuve sueños muy buenos.

    -¿De verdad? –preguntó, sin dejar de mover los huevos en el sartén que preparaba para el desayuno.

    Traía puesta una bata de seda color negro, que de igual manera resaltaba su figura. Mientras yo la tomaba de la cintura y concebía una erección, la acercaba más a mí para que pudiera percibirla. Pues me coloque justo en medio de sus nalgas.

    -Sí, Fue muy placentero –Le dije, mientras le daba suaves besos entre su cuello y la mejilla.

    -¿Papá que haces? -Lo decía de una manera que pareciera disgustarle, pero a la vez, agradarle.

    -No te hagas, gracias por lo de anoche –respondí, en tanto, colocaba mi mano izquierda en su pierna, para levantar lentamente la bata y notar su ropa interior, un calzón cachetero de encaje negro.

    -¿De qué hablas? –lo decía mordiendo sus labios y con su respiración agitada. Aunque de alguna manera, luchaba en su interior para no caer en la tentación.

    -Crees que no me di cuenta de que entraste en mi habitación y me masturbaste.

    -No era yo -dijo.

    -Claro que eras tú –Repliqué. Acerqué mi mano al pantalón del pijama y me saqué la verga completamente erecta, mientras con la otra movía de lado su calzón.

    -Esto está mal, soy tu hija. No puedes hacer esto –exclamaba, entre tanto, levantaba sus nalgas y yo le daba un ligero empujón para tener la entrada de su vagina a mi disposición.

    -Lo deseas tanto como yo.

    Con una calma absoluta introduje mi firme miembro en la cálida vagina de mi hija. Sentir el calor, el escalofrió y el placer de saber que aquella mujer era prohibida. Sobre todo, el hecho de saber que era sangre de mi sangre, y era capaz de provocarme eso, me enloquecía.

    Comencé a embestirla de manera tan sutil que ella trataba de librarse, hasta que sucumbió al deseo y el placer carnal que todo hombre y mujer debe disfrutar.

    -Papá, esto está mal, Muy mal –encomendaba, en tanto yo solo gozaba de las embestidas que le daba a esa mujer, mi mujer.

    -Que rico, ¿No te han cogido en meses verdad mi amor? -Le susurraba al oído y con mi mano derecha tapaba su boca para que no gritara de placer, pues si algo sacó de su madre, fue la manera en cómo gemía al sentir la verga de un hombre.

    -Papá, para, está por llegar Mercedes -Decía con sus manos refirmadas en la estufa y su cabeza inclinada que era cubierta por su pelo largo, pero entre gemidos se ahogaban sus palabras.

    Mercedes, es la señora de la limpieza. Yo no le hacía caso, solo me concentraba en bombearle su culo respingón y sus nalgas paraditas para recibir los embates de mi verga. Escuchar el sonido de nuestros cuerpos friccionando era música para mis oídos. Duramos en esa posición por minutos, hasta que de tanto embestirla, no me pude controlar y me vine dentro.

    Sudado, la solté y jalé una silla para sentarme y tomar un poco de aire, Pues por mi edad, y mi condición médica, se me dificultaba dar esos trotes.

    -No lo vuelvas hacer -fue lo único que me dijo. Apagó la estufa y salió de la cocina, subió a su habitación.

    En mi mente, sus últimas palabras, centellaban en mi cabeza una y otra vez. Claro que lo volveré hacer, pues no me quedó claro que no hacer, follarla o venirme dentro.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 11)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 11)

    No recuerdo ni haber escuchado el ruido de la ducha. Cuando Julia salió de la cama, me quedé dormido de golpe, como si me hubiesen desenchufado. O deslechado, para los que no les gustan tanto las metáforas. Ya era de día y el sol me pegaba en la cara pero, al cerrar los ojos, quedé desactivado del mundo.

    Otra vez sentí recordar un sueño. Esta vez, Julia se apoyaba suavemente en mis piernas, abría la boca y dejaba mi pija adentro, casi sin moverse. Solo disfrutando, solo sintiendo el sabor y la textura de mi verga con la lengua. Era tan nítido que hasta sentía su aliento caliente chocando contra el glande, cada vez que respiraba. Tan, pero tan nítido, que la saliva que chorreaba de mi chota, marcaba un camino sobre mi entrepierna perfectamente identificable.

    Entonces abrí los ojos. Esta vez no desee quedarme allí. Porque ya estaba allí. Ya estaba en la boca de mi prima.

    Supe que no era un sueño cuando, al moverme, Julia me habló.

    -Podrías dormir un poquito más, así sigo chupando. –me dijo, pretendiendo sonar ofendida.

    Yo le sonreí. Por decirlo de una manera. En realidad la sonrisa jamás se me había quitado de la cara desde aquel baño del bar. Si alguna vez alguien inventaba un despertador que en lugar de usar sonido para despertarte, usase los labios de mi prima, nunca, nadie, jamás, llegaría tarde al trabajo.

    Le pregunté la hora y me dijo que eran las 10. Había dormido 2 horas, pero me sentía como si habrían sido 20. Julia había dormido menos y ya tenía ganas de petear de nuevo.

    La verga creció un poco más en su boca y ella me regaló un gemido.

    -No sigo dormido, pero sigo soñando. Vos seguí con tu trabajito – le indiqué, acariciándole el rostro y apretando su labio inferior entre mis dedos pulgar e índice.

    Otro gemido, un besito en los dedos y mi prima otra vez volvió, como una esclava del deseo, a chuparme la pija.

    Cada vez parecía gustarme más. Y ese estilo que tenía de solamente usar su boquita, nunca sus manos, era como vitaminas para mi morbo. Me encantaba.

    Liberando un respiro como de esfuerzo, se puso de pie. Estaba por hacerlo yo también para cogerla de parado, pero entonces habló.

    -No me la quiero sacar de la boca ni para dormir, Rodri. –me dijo reflexionando.– Pero ahora vamos a desayunar.

    Tenía razón, en cierto punto. Pero ya sin esas vitaminas, mi cuerpo se sintió pesado. El cansancio comenzaba a hacer que mi mente busque alguna excusa para no ir. Para que vaya sola y yo seguir durmiendo. Ir a desayunar era sinónimo de volver a ser primos y antes de eso prefería descansar mejor, para cuando ella volviera a ser mi putita.

    Se lo expliqué tal cual lo acaban de leer, casi con las mimas palabras. Ella me sonrió y me dijo que me quede tranquilo.

    Cuando Julia cerró la puerta, volví a desenchufarme. Y al segundo, al menos así lo percibí, otra vez el sueño. Y otra vez la misma hermosa realidad. Julia me despertó, nuevamente, con la pija en su boca. Chupándola despacio, como enamorada de un pedacito de mi carne. Esta vez tenía en sus manos dos vasos con café. Solamente sus labios trabajaban, ahora con las manos ocupadas.

    -Te traje uno –me dijo, al notar que ya estaba despierto. Le dio un beso ensalivado más y con cuidado de no volcar nada, se acostó a mi lado y me lo ofreció.

    ¡Que había hecho yo para merecer esto! Nada. Era solamente un regalo que la vida me hacía por la simple razón de existir.

    Nos sentamos sobre el respaldo y le agradecí con un beso. Merecía un monumento, pero yo era ingeniero, no arquitecto. Igualmente, con el beso pareció conformarse.

    -Soy media boluda, primo. –me dijo al darle un sorbo a su café. Tenía esa mirada picarona que me enfermaba– Me olvidé de ponerle leche.

    Se puso de pie y me hizo señas para que haga lo mismo. Dejó su café en el piso y se arrodilló.

    -Voy a tener que ordeñar. -y volvió a ponerse mi verga en la boca. La morbosidad de mi prima le sacaba, por lo menos, dos vueltas a la mía.

    Ahí me encontré nuevamente en el paraíso. La mamada que me hacía era mejor que la anterior. La lengua me recorría la pija desde los huevos hasta la punta. Dejaba todo el tronco mojado por su saliva y sin dar señales, de vez en cuando, de sorpresa, se la tragaba hasta la garganta. Esta vez no apretaba tanto con sus labios. La tenía hasta el fondo, con la boca bien abierta y ella misma intentaba metérsela más adentro.

    -Agg. Aggg. Agggg – escuchaba cuando la punta no podía ir más lejos y aun así ella lo intentaba. -Aggg. Gagg -Luego la sacaba para respirar y la saliva caía al piso, por las arcadas que ella misma se provocaba. – Me tenés atragantada de pito, primo. Me quiero ganar la leche.

    Yo no podía ni hablar. A penas podía respirar. Sólo tenía gemidos como respuesta.

    Como tomándose un descanso, le dio un sorbo a su café. Hizo buchecitos como para entibiarse las encías y con la boca caliente volvió a meterse la poronga. Era una sensación hermosa. Pruébenlo los que tengan la suerte de tener una pareja chupapija y van a ver de lo que hablo.

    -Dale la leche a tu prima “la petera” –me decía.– Tu prima la “tragaleche”. Tu primita “la lechera”, quiere comer semen.

    Y entre sus palabras, sus técnicas y el placer de sus labios, no pude aguantar más. Julia, que parecía estar atenta a absolutamente todo, lo notó de inmediato y se quedó quietita con la pija en la boca, mientras se llenaba de guasca. Otra vez la contuvo. Esta vez era más cantidad y tuvo que hacer un esfuerzo para que no se caiga nada. Luego abrió la boca para que se la vea repleta de leche, hizo gárgaras como jugando y la escupió toda en su café. Lo revolvió con un dedo y levantando el vaso, como haciendo un brindis a la distancia se lo tomó entero, mirándome a los ojos.

    -El desayuno de las putas. –me dijo sonriendo, cuando lo terminó.

    Verla relamerse con esa cara de trolita contenta, meter el dedo en el vaso para ver si podía sacar la leche que quedaba en el fondo y lamérselo como para no desperdiciar nada, hizo que la chota se me ponga más dura que antes.

    -Ahora me toca desayunar a mí –le desabroché los botones del pantalón que se había puesto y se lo bajé de un tirón. No tenía bombacha, por lo que se hizo todo más rápido.

    La empujé sobre la cama y a penas puse mi boca en su conchita, me abrazó la cabeza con las piernas y sus manos.

    -Sopa de almeja es todo lo que como –le dije, citando al Indio Solari. Y le chupé la concha desesperado hasta hacerla acabar.

    Con la boca enchastrada por sus flujos, la besé. Ella me tomó de las mejillas y me lamió toda la cara, como limpiándome por completo.

    “Cierren el mundo, me quedo entre los brazos de mi prima”, pensé cuando me acosté a su lado. Sospecho que ella pensó lo mismo, o algo parecido. Incluso en silencio y relajados no podíamos dejar de tocar nuestros cuerpos. Julia jugaba con sus dedos en mi abdomen y los míos le acariciaban suavemente las tetas. Las yemas sintieron, por primera vez, sus pezones blanditos.

    Me estaba por quedar dormido, cuando golpearon la puerta. Julia se vistió y yo aproveché para irme a duchar.

    -Si es el chinito, mostrale el orto. –tiré en broma, desde el baño– Que me salvó la otra vez.

    Al salir, mi prima reía con una de sus bombachas en la cara.

    -Parece que esta noche hay una fiesta de máscaras, en la terraza. –me dijo– Yo no traje ninguna. ¿Voy así? ¿Qué decís? –y a través de la tanga de encaje rosa, pude ver su sonrisa. La pija se me puso al palo cuando comenzó a moverse como una putita excitada con la idea de una fiesta.

    Vestido con sólo una toalla en la cintura, la abracé y le di un beso a la bombacha que tapaba sus labios. Esta vez los de la boca.

    -No vamos a ir, primita. Pero tengo una idea.

    Julia me miró con curiosidad y me dijo que le gustaban mis ideas. Que le diga.

    -Hoy hacemos la fiesta de las bombachas. Te probas todas las que trajiste adelante mío y te la pongo con la que más me gusta.

    Mi prima llevó un dedo a su boca y luego de pensar un rato, con cara de puta, me respondió.

    -Me pruebo todas las que traje. Pero me coges con todas. –negoció– Me pongo una, me coges un ratito y te muestro la próxima.

    Puse mi mano dentro de su pantalón, para tocarle la concha, y me saqué la toalla, quedando completamente desnudo.

    -Te probas todas, te cojo con todas. Pero me desfilas como una putita mientras te cambias.

    Ella suspiró excitada. Llevo su mirada al techo, aunque tenía los ojos cerrados. Con una mano me agarro la pija y volvió a mirarme.

    -Te desfilo como una putita pero, además de cogerme, me chupas un poquito la concha con una y cada una de mis bombachitas.

    La negociación me estaba haciendo delirar. Era una de esas negociaciones que a medida que pasaban las palabras, ambos ganábamos más. Le asentí con la cabeza y no me pude contener más. Le saqué la ropa, la di vuelta y así parados como estábamos, la penetré desde atrás. La cajeta de mi prima parecía estar siempre lubricada.

    -Ahhh. –gritó cuando la sintió entrar.– ¡Qué bien cogida me tenés, por favor!

    Julia apoyó las manos en la pared y se acomodó sacando cola. Yo la tomé de la cintura, con fuerza empujé la chota hasta el fondo y la dejé quieta. Cuando mi prima se quiso mover, la frené de una nalgada. Quería disfrutarle la concha un ratito de esa forma: empalada por mi pija y que los latidos y espasmos que dábamos por la calentura, sean los únicos movimientos.

    Incluso así, inmóviles, mi prima parecía que iba a acabar en cualquier momento. Gemía y meneaba la cabeza como si estuviese haciendo una especie de baile ritual. Corrí una de mis manos de su cintura hacia su nalga, le manosee la raya del orto con el pulgar y sin previo aviso se lo metí en el ano. Esta vez el dedo entró más de la mitad.

    -Te cojo y te chupo la conchita, pero te rompo el culo con la bombacha que más me gustó.

    Se quedó en silencio. Por un momento, sólo una mezcla sonrisas y suspiros salían de su boca. Con cuidado de que no se le salga la chota de adentro de la concha, puso una de sus manos sobre la mía y retiró el dedo que tenía metido en el ojete.

    -¡El culo no, Rodrigo! –me dijo, simulando un enojo– No podes ser tan perverso de querer desvirgarle el orto a tu prima.

    -El culito de mi prima me vuelve loco –respondí.– Quiero que la putita de mi prima no se olvide más de que yo le hice la colita por primera vez.

    Julia comenzó a suspirar más profundo. No podía ni disimular que la idea también a ella la volvía loca. Volvió a moverse presa de su excitación, esta vez muy lentamente, como si tuviese miedo de que le de otra nalgada. Prácticamente suplicando que la coja como un animal.

    -El culo no, Rodri. En serio. Lo que quieras, menos el culo. –sus palabras cada vez se notaban más forzadas, para nada sinceras. Hasta ella misma sabía que eran sólo palabras que soltaba al aire producto del temor a lo prohibido. Su deseo quería decir que sí.– Te entrego todo, menos la cola.

    Decidí terminar con la tortura que estábamos sufriendo los dos y comencé a cogerla con más fuerza. Así como estábamos, con mi prima casi en cuatro y mis manos en su cintura, parecíamos dos salvajes contaminados por la morbosidad y la pasión. El mete y saca se acompañaba de un “plaf plaf plaf” que emitía el choque, cada vez más potente, de mi pelvis contra sus nalgas.

    Una vez más la clavé hasta el fondo y el orgasmo nos invadió al mismo tiempo a ambos.

    Llenarle la concha de leche a mi prima, era mi nuevo hobby. Dejársela escurrir por las piernas, era mi nuevo fetiche. Escucharla respirar luego de acabar, era mi nueva canción favorita.

    Como ya era habitual, después de coger Julia me tomó de las mejillas y me agradeció con un beso.

    -Me encanta ser la puta de mi primo –me dijo mordiéndose el labio antes de volver a besarme.– La chupapija. –otro beso– La peterita. -otro beso– la tragaleche de mi primo.

    -No voy a dejar de insistir de que seas también la culoroto de tu primo. Sabelo. –respondí, volviendo a apoyarle la mano de lleno en su almeja, que todavía largaba semen.

    Clavó su mirada en la mía, como retándome. Giró los labios hacia un costado de su boca, para darme a entender que lo estaba pensando. Manejaba los gestos de una manera que no podía dejar de calentarme. Nunca. Mirarla solamente podría alcanzar para tener la pija parada toda mi vida.

    -Me encanta que insistas. Pero vamos a almorzar ahora. Que cuando volvamos arranca la fiesta de las bombachas, y te necesito fuerte.

    Le sonreí y le respondí que sí.

    De los cuatro minutos que les dije en el capítulo anterior, el primero ya había pasado.

    Continuará…

  • Reencuentros satisfactorios

    Reencuentros satisfactorios

    Tuve que salir de la ciudad, la verdad es que iba de malas, no tenía ninguna gana de salir y exponerme a la pandemia, pero era muy importante que yo saliera, después de todo se trataba de trabajo y que me darían un buen pago por ese servicio, así que tome todas las precauciones necesarias.

    Al llegar al lugar y para colmo de males, había demasiada gente, así que todo me era muy incómodo, pero intentaba simplemente salir rápido de ese asunto, y poder regresar a casa y sentirme tranquila; pensaba de todo un poco en lo que esperaba a que por fin me llamaran, y presentar el proyecto que me solicitaron, pero me di cuenta de que yo estaba muy atenta viendo a un señor, pero no note que lo conocía, descubrí que solo lo veía pero no entendí por que, hasta que descubrí que efectivamente lo conocía, hice todo por acercarme y le llame, preguntando… Alex?

    Volteo a verme y con una amplia sonrisa me saluda con mucho gusto, hace más de 15 años que no lo veía, lamentablemente la última vez que nos vimos, fue en el funeral de mi papa, así que no fue con los mejores ánimos en lo que nos encontramos, platicamos un rato, incluso me olvide de la gente que había alrededor, le pregunte miles de cosas, y evidentemente el igual me pregunto lo que se le ocurrió, me dijo que mi tía igual había fallecido, tres años después de que pasara lo de mi padre, así que me apene mucho de ni siquiera haberme enterado de eso, pero si me explico porque, no le avisaron a nadie, ya que ni siquiera estaban en su casa.

    Por fin me llamaron, y pude presentar el proyecto, me tardaron mucho tiempo, ya que tenía que explicar muy bien todo, imagine que el ya no estaría fuera, daba por hecho que se iría, pensé, lo tonta que fui, ya que ni siquiera pregunte qué estaba haciendo ahí, y que es lo que iba a hacer después, o por lo menos su número de teléfono, así que para cuando salí, no lo encontré, pero me sentía de malas ya que me tenía que quedar por allá, ya que al otro día tendría que regresar ya que me lo solicitaron, así que pensé que iría a comer algo mientras buscaría un lugar donde hospedarme para pasar la noche; me detuve en la banqueta para ver hacia donde iría a comer y para mi gusto y sorpresa, él se me acerco diciéndome, que le había preocupado no darse cuenta del momento en que salí, y no volver a verme.

    Me sentía muy extraña con él, demasiado a gusto, era como en la adolescencia, cuando el chico que me gustaba platicaba conmigo, y me hacía sentir en las nubes, mientras platicábamos y recordábamos nuestra infancia, cuando nuestros padres se reunían y todo lo que jugábamos, le pregunte qué es lo que estaba haciendo por allá, me explico que él trabaja para esa empresa pero en Guadalajara, así que estaba en un trabajo especial.

    Entre tanto y tanto, le comente que necesitaba encontrar un hotel, para quedarme esa noche, pero igualmente antes tenía que ir a comprar un poco de ropa para el próximo día, ya que no se me ocurrió llevar más ropa, daba por hecho de que regresaría casa ese mismo día, para mi suerte el me ofreció quedarme donde él estaba hospedado, así que simplemente ya no me preocupe más y simplemente me deje llevar por la plática que tenía con él.

    Llego el momento de irnos al hotel en donde él estaba instalado, así que mientras subíamos por el elevador me di cuenta de lo que estaba pasando, y mi cabeza perversa, se puso a trabajar a toda velocidad, y di por hecho de que tendría sexo con él , estaba completamente excitada, así que para el momento en el que me abrió la puerta de la habitación, mi mente ya me tenía tirada en la cama, desnuda con las piernas abiertas esperando a que me metiera su pedazo de carne en mi muy caliente y lubricada vagina, deseosa de buenas estocadas. Tenía todo el día en la calle así que me hacía mucha falta limpiarme y sobre todo sanitizarme, le pedí que por favor me prestara algo para ponerme después del baño, así que el saco unos pants y me metí a bañar, pero salí envuelta en la toalla, el sentido en un sillón viendo la tele, y de reojo intentando verme lo más posible, le dije, tu turno, se metió al baño y rápidamente salió igualmente envuelto en una toalla, así que nos quedamos parados frente a frente, sin decir una palabra, simplemente me deshice de mi toalla, y me le acerque, quitándole la suya de la cintura, el como loco, me tomo de la cintura, y nos besamos, desesperadamente, mientras el masajeaba las partes de mi cuerpo que más se le antojaban, le rogué que me cogiera, moría de ganas de que su verga me penetrara hasta lo más profundo, con toda la pasión que cupiera en su palpitante falo bien erecto, mientras el continuaba besándome, me dijo, sabes lo que estamos haciendo? Somos primos… le dije, no seremos los primero ni los últimos, además nadie lo sabe, o se lo vas a decir a alguien?

    Claro que no!!! Mientras me aventaba a la cama para separarme las piernas y darme una de las mejores mamadas de la vida, logro hacer que me viniera como cinco veces, se nota que es su deporte favorito, él dice que le encanta chupar vaginas, si por el fuera tendría una todo el día.

    Le pedí que me diera su verga para hacer lo mismo, así que nos colocamos en un 69 y me entretuve con él en mi boca, y creo que me estaba excediendo, ya que se salió muy rápidamente y me dijo déjame metértela, así que le ofrecí mi trasero, y la verdad es que no planeaba hacerlo por el chiquito, pero el así lo entendió, me dio unas cuantas lamidas y se dispuso a colocarlo para metérmela poco a poco, mientas el dando suaves gemidos de gusto, me dice, esto se usa bastante, entra fácilmente, yo simplemente me deje ya que no me parecía nada mal, pasaría toda la noche con el así que solamente lo iba a disfrutar a todo lo que da!

    Efectivamente, se vino rápido, pero si me dio unos buenos empujones, en el momento en que saco su pene de mí, se disculpó por venirse tan rápido, pero es que la situación estaba completamente muy erótica y ya no aguantaba más.

    Así que para mi suerte, cuando regresamos de comprarme un poco de ropa para el próximo día, continúe con mi faena de sexo, con mi querido primo.

    M

  • Camping con mi prima

    Camping con mi prima

    Mi nombre es Felipe, actualmente tengo 33 años y desde hace 3 años más o menos estoy en una relación incestuosa con mi prima hermana, quien es una mujer con un físico deseable, la cual describiré más adelante. Este relato es mi vivencia real y solo busco contar mi historia sobre la primera vez que tuve sexo con ella. Mi relato puede ser un poco largo, pero no quise dividirlo en dos partes, ya que solo me animé hacerlo y no quiero perder ese impulso.

    Todo empezó como les indique arriba hace aproximadamente 3 años, cuando luego de un día de trabajo, me encontraba descansando en mi casa, de un momento a otro mi celular sonó y cuando lo reviso, veo que tengo una solicitud de amistad en Facebook, al ver la foto, vi que era una mujer muy atractiva, en otras palabras estaba muy buena, después de revisar la fotos usando, acepte la solicitud, minutos después recibo un mensaje que decía; hola primito lindo, como estas? La verdad me sorprendió dicho mensaje, porque no la reconocía y por más que mi cabeza trataba de hacer memoria, no lograba recordar quien era, hasta que me dijo, soy yo, tu prima Carolina, la hermana de Alejandro, en ese momento recordé de quien se trataba, pero por más que hacia memoria, no recordaba su físico y como no hacerlo, si la última vez que la vi, fue hace 15 años y era totalmente distinta, ella desde muy joven fue independiente y se había ido de la casa de mis tíos a otra ciudad y había vuelto nuevamente a la ciudad. Luego de hablar unos minutos, acordamos vernos, para hablar y recordar momentos de la juventud, pues ella tiene la misma edad que yo, solo me lleva unos meses más de edad.

    Luego de varios días, por fin llegó la hora de vernos, yo la verdad estaba muy entusiasmado de volverla a ver, no solo por lo buena que estaba, sino porque hace mucho tiempo que no supe de ella.

    Una vez que llegue a su casa a recogerla, cuando la vi, no pude evitar sacar una sonrisa de morbo, ante mi estaba una mujer de cabello largo y negro ojos negros con pestañas largas, piel blanca, con un vestido que hacia resaltar sus atributos, unos senos grandes y bien parados que sentía que me decía que querían ser liberados de ese escote que los aprisionada, una cintura casi perfecta, un culito grande, carnudo y muy bien puesto, Inmediatamente que la vi, sentía como algo dentro de mi pantalón reaccionaba ante esa hermosa vista, no pude disimular la excitación que me provoco en ese instante e imaginarme poseyéndola, una vez que se montó al carro, me dio un beso y un abrazo, su mirada por un momento se desvió hacia mi pantalón y vio como estaba mi verga, casi queriéndose salir de su jaula, subió su mirada inmediatamente y con una cara de maliciosa y de perversa, me dijo; primito como estas de lindo, tiempo sin verte, tenía muchas ganas de hacerlo, pero casi que no te encuentro en la red.

    Esa noche fuimos a cenar y todo transcurrió normal, hablamos de todo un poco y en medio de la noche, mis ojos se desviaban constantemente hacia su escote y mientras ella me hablaba, mi cabeza solo pensaba en que quería chupar esas tetas, quería tenerlas en mis manos, quería morderlas, apretarlas y hacerme una paja hasta venirme en ellas. Mis miradas eran cada vez más evidentes y ella lo notaba, pero no decía nada, sino todo lo contrario, disfrutaba que la viera, pues hacía gestos en donde yo pudiera ver mejor hacia su pecho, los movía y se pasaba las manos por ellos de forma sutil y cada que lo hacía, sentía que mi verga se ponía más grande cada vez más a punto de estallar.

    Esa noche no pasó nada más que un coqueteo, cuando la deje nuevamente en su casa, se despidió de mi con un beso casi en mi boca, paso so mano por encima de mi pantalón como si lo hiciera por accidente y me susurro al oído; me encanto haberte visto, espero y deseo verte nuevamente pronto para que me sigas mirando como esta noche, me encanto y me éxito mucho que me miraras así. Luego de eso se despidió y se fue alejando del carro y a cada paso que se alejaba, podía ver como meneaba ese culo que sentía que pedía verga a gritos.

    Pasaron los días, cuando recibí nuevamente un mensaje de texto que decía; primito te gusta ir de camping? La verdad no es que sea un plan que me apetece mucho, pero de imaginar lo que me había dicho mi prima la noche pasada y de saber que pasaríamos la noche en una carpa de camping con ella, fue suficiente para decir que si, sin vacilar.

    El día llego, me dirigí hacia las afueras de la ciudad donde sería el camping cuando llegue, mi prima ya se encontraba allá con mi tía y otros familiares de ella, todo el día nos la pasamos armando la carpa, tomando licor, bailando y escuchando música, hablando de todo un poco nada y de cruzar miradas de un lado a otro, nada del otro mundo paso en ese momento, pero entre más se acercaba la noche, más sabia que se acaba mi oportunidad de estar con ella, pues estaba esperando a que hubiera cada vez menos gente para hacer mi movimiento.

    Luego de todo eso, nos fuimos a dormir, por suerte mi prima había llevado una carpa solo para nosotros dos, mi tía no vio nada raro y sus otros familiares tampoco, así que nadie objeto que un hombre y una mujer ya suficientemente grandes durmieran solos, así que nos adentramos en la carpa, ella se acostó y yo me acosté al lado de ella, se puso de forma que me diera la espalda y poco a poco yo sentía que se me acercaba cada vez más, sentía como su culo se me pegaba a mi, sentía como lo movía y me decía, primo, tengo frío, porque no me abrazas, de inmediato la abrace por la espalda, acerque mi cabeza a su cuello, le dije si estaba mejor, me dijo que no, que necesitaba más calor, en ese instante mi boca empezó a besar su cuello, mis manos a tocar sus tetas por encima de su camisa, las frotaba de arriba abajo, mientras me decía que se estaba calentando, pero que aún necesitaba más, empecé a deslizar mi mano derecha por su abdomen, metí mientras mi otra mano seguía tocando sus tetas, acariciándolas y calentándola más.

    Ella se movía lentamente y emitía suaves gemidos que me calentaban más, sentía como mi verga tenia vida propia, a medida que iba tomando fuerza, mi mano derecha se metía en medio de sus pierna, sentía que tan mojada se había puesto, saque mi mano llena de sus jugos y me los metí a la boca, les pase la lengua y nuevamente los volví a meter para seguir explorando esa hermosa concha, la cual la tenía rasurada sin ningún pelo, como que ella ya sabía lo que se le venía encima y si, le baje su pijama para ver mejor lo que tenía en medio de las peinas y que desde hace tiempo me estaba soñando comerme y de inmediato clave mi cabeza en ella, mi boca empezaba a chuparle su clítoris, a jugar con mi lengua, a saborear sus jugos y mientras lo hacía, ella se movía constantemente y decía, que rico primo, sigue así, desde que te vi, tenía muchas ganas de follarte, de comerte, meterme la lengua hasta el fondo, no pares, me quiero venir en tu boca, me quiero correr.

    Y yo como buen obediente no paraba, seguía cada vez más chupándole ese rico coño con mi boca mientras mis manos le agarraban sus tetas, las cuales estaban duras y con los pezones parados, se veían que querían explotar a la vez que mi venga, luego de estar así un tiempo y de haber logrado que se corriera en mi boca, me dijo, quiero que me la metas, quiero sentir como me penetras, quiero que me hagas tu mujer, nuevamente como buen obediente que fui esa noche no lo pensé dos veces, me quite el bóxer y deje salir mi verga, la cual estaba dura y lista para meterla, una vez lo hice, sentí como ella gimió de placer, rodeo sus pierna en mi cintura y me empujaba cada vez más hacia a ella, sentía como la bombeada, pero lo que más me excitaba era lo que me decía, ya que mientras la bombeada y la arremetía cada vez más, decía, soy tu mujer primo, me encanta tu verga, me pone a temblar, quiero ser tu perra, la puta que te saque la leche siempre, quiero tu leche en mi cuerpo, la quiero en mi cara, mi boca, quiero ver cómo te vienes en mis tetas, que me llenas toda, dame más, no pares, me corro, quiero que me lleves mi coño de tu leche.

    Y yo no paraba, mi mente se nublaba, sentía que mi instinto animal salían a flote, la voltee y la puse en cuatro, le metí mi verga y ella pego un brinco y apenas la sintió adentro, me dijo; te gusta tenerme así, de rodillas para ti, para que me des como perra, pues dame, domíname, eres mi dueño y mi cuerpo es tuyo, no me importa si somos primos, quiero tu verga siempre para mi.

    Yo no podía parar, la agarre de la cintura y la penetraba una y otra vez, cada vez más y más, agarre de su cabello sutilmente y la jale hacia atrás, mientras con mi otra mano le daba unas nalgadas, me pedía más duro y mi mano cada vez más satisfacía sus deseos, me acerco a su oído y le dije, eres mía y serás mía para siempre, serás mi perro y mi pata y te foliares cuando quiera a lo que ella solamente decía, si, si, si y me voy a correr, me voy a correr y en ese momento yo también me corría al sentir sus líquidos calientes en mi pene y como bajaban por mis huevas, al igual que sentía como mi leche la llenaba por dentro.

    En ese momento los dos caímos rendidos no solo por la faena que habíamos tenido, sino por el día tan movido que habíamos tenido, así que caímos uno al lado del otro, nos besamos y ya pasado el calor y la excitación del momento, me miro a los ojos y me dijo; me encanto, fue mejor de lo que me imaginaba, quiero repetirlo siempre, prométeme que cada vez que quiera tu verga, me la vas a dar, me vas a dar tu leche, que sin importar si tuviera o consiguiera novia o esposa, tendría que seguir dándole mi verga, a lo cual le dije que siempre seria suyo sin importar nada, ni nadie, al igual que ella me prometiera que sería mía cada vez que yo quisiera y su respuesta fue, eres mi hombre, mi amor, este cuerpo siempre será tuyo, solo pídemelo y ahí estaré.

    Luego de hablar un rato más de todo un poco, nos quedamos dormidos y nos despertamos en la mañana temprano antes de que el resto lo hiciera y tuvimos sexo nuevamente, un mañanero para empezar el día con una sonrisa, lo bueno, es que nuestra carpa estaba alejada del resto, por lo que si hicimos ruido, no nos importó.

    Hoy en día y después de 3 años, un seguimos viéndonos y teniendo sexo, ella dice que me ama y que desea ser mi novia y mi esposa, pero ambos sabemos que sería algo imposible tener a la luz, por eso me dice que es mi novia en la oscuridad. Actualmente tengo novia y por la cuarentena ha sido difícil ver a mi prima, el poco tiempo que podemos salir, obviamente lo aprovecho con mi novia, pero ya que nos han dado más libertad, ya quede con mi prima de vernos nuevamente, ella está necesitada de mi al igual que yo, a pesar de que tengo sexo con mi novia y que me satisface en todo, el tener sexo con mi prima añade ese plus adicional de excitación al saber que es algo prohibido, pero algún día sueño en estar con mi prima y mi novia a la vez, si logro hacer realidad esa fantasía, se las contare, por ahora esto es todo lo que tenía para contar y espero que mi historia real los haya entretenido un poco.

  • Mi prima Valeria (VII)

    Mi prima Valeria (VII)

    -¡Feliz navidad!

    -¡Feliz navidad!

    -¡Felicidades!

    Dentro de la casa era un griterío, lo único que se escuchaba además de los gritos era el “tin” de las copas al chocar.  Todos estaban muy efusivos y alegres. Podría jurar que mis tíos estaban tan pasados que ya brindaban y se abrazaban dos veces con la misma persona, no por cariño, si no por total desconcierto.

    Yo brindé y saludé a todos con un beso o un abrazo.

    -¡Feliz Navidad primita! –le dije a Vale mientras le daba un beso en el cachete, extremadamente cerca de los labios. Quizás yo también había estado tomando un poco de más.

    -¡Feliz Navidad primito! –me respondió ella mientras me abrazaba y dejaba luego su brazo sobre mi espalda.

    Ya ambos habíamos saludado a todos, era como si hubiésemos planeado la ronda de esa forma para terminar así.

    -¿Vamos a la pileta? ¡El agua debe estar re linda! –le gritó a todos y sin soltarme –¡Podemos poner la red y jugar!

    La respuesta fue positiva por parte de todos mis primos, que a la vez que decían “dale”, ya agarraban un par de botellas de cerveza para llevar afuera.

    Tanto mis viejos como mis tíos se estaban volviendo a sentar. Era de esperarse, lo del vóley en la pileta y seguir tomando en el agua era más una cosa nuestra.

    Salimos todos al patio y como ya teníamos los trajes de baño puestos, solo era cuestión de sacarnos lo que teníamos encima y tirarnos al agua.

    Mis primos estaban totalmente pasados, casi no llegan a sacarse la remera que ya estaban de cabeza en el agua.

    Vale seguía con su brazo alrededor mío, solo que había bajado su mano a mi cintura, todo mientras sostenía una copa semi vacía en la otra mano. Por mi parte, desde que salimos al patio ya tenía mi brazo por detrás de su espalda con mi mano apoyada sobre su hombro derecho. Nada que no hayamos hecho antes delante de la familia, éramos un par de primos abrazados, nada más.

    -¡Voy a buscar la Red! –grité mientras deslizaba suavemente mi mano por la espalda de Valeria y empezaba a alejar mi cuerpo del suyo.

    Busqué la red, la pelota y volví al patio. Sofía ya estaba en la pileta con mis primos, pero estaba apoyada contra el borde apretando compulsivamente la pantalla de su celular con los pulgares sin parar. Tiré la pelota hacia la pileta para que la agarren mis primos y empecé a colocar la red.

    Mientras tanto, Valeria estaba dejando su celular en una de las reposeras y la copa justo al lado en el piso.

    Mis primos estaban en su mundo, riéndose, pasándose la pelota y cada tanto golpeando los vasos con cerveza para brindar por milésima vez en la noche. Sofía tenía la mirada perdida en su celular. Y estando todo el resto de la familia adentro de la casa, decidí levantar la cabeza mientras ajustaba la red. Valeria me estaba mirando fijo, como esperando que yo la mirara. Y en ese mismo instante empezó lentamente a desabrocharse la camisa. Despacio, pero siempre mirándome a los ojos y mordiéndose el labio o sonriendo.

    Creo que nunca tardé tanto en colocar la red en la pileta, creo recordar que estaba intentando ajustarla, pero quizás solo la desajustaba más al no estar prestando atención a eso.

    Cuando terminó con la camisa se dio vuelta y la tiró sobre la reposera, quedando totalmente de espaldas. Miró de reojo a la pileta para asegurarse de que todos seguían en sus cosas y automáticamente se empezó a sacar la pollerita, descubriendo la parte baja del bikini, ese hilito rosa que parecía solo marcar los límites de esa cola perfecta.

    -Hija de puta –pensé.

    Nadie jamás se había tomado tanto tiempo para sacarse una prenda en la historia de la humanidad.

    Tiró la pollerita sobre la reposera y se dio vuelta para mirarme. Con los ojos fijos y una sonrisa victoriosa. Ella sabía que yo no había perdido detalle de todo el show. De esa cola en ese bikini rosa. Mi regalo de Navidad.

    Al igual que la última vez que jugamos en la pileta, elegimos equipos.

    Sofía estaba demasiado concentrada en su celular, por lo que terminamos siendo Valeria y yo contra mis primos.

    El juego transcurrió sin demasiados acontecimientos, al menos así parecía desde afuera. Pero Vale, aprovechando la poca lucidez de mis primos y su hermana, aprovechaba cada ocasión que tenía para ponerse delante mío y apoyarme su cola en la entre pierna. La mayoría de las veces era un golpecito que se entendía como parte del juego, se acercaba solo para golpear la pelota y dejarme cerca de la red. O al menos eso decía ella. Sin embargo, había veces en que se la jugaba más. Se quedaba adelante mío a propósito cada vez que mis primos hacían una pausa para tomar algo más de cerveza y empujaba su cola contra mi cuerpo casi sin disimular.

    -Menos mal que está oscuro –pensaba yo muriéndome de vergüenza, porque si bien no estaba con una erección completa, la verdad es que cada vez que sentía a mi prima contra mi cuerpo me ponía un poco duro.

    No era para menos. La pendeja sabía perfectamente que me volvía loco su cola y más cuando estaba con ese bikini puesto. Lo bien que le quedaba.

    Habremos estado jugando casi una hora entre distintos breaks para seguir tomando cerveza. Pero un poco después de la una, mis tíos aparecieron en el patio avisando que ya tenían pensado irse.

    Mis primos habían venido por su cuenta pero aprovecharon para también salir de la pileta y retirarse. Sofi y Vale no tenían opción ya que habían venido con sus padres. Así que mientras la primera salió de la pileta y agarró sus cosas, Vale pegó un grito.

    -¡Yo enseguida voy! ¡Hago unos largos y salgo!

    Inmediatamente empezó a nadar de punta a punta en la pileta. Era algo que le encantaba hacer. Cuando era más chica entrenaba y competía en natación. Ella decía que no, pero cada vez que estaba en una pileta grande se notaba que un poco lo extrañaba.

    Yo la dejé hacer y me dispuse a buscar la pelota, para guardarla junto con la Red.

    Con todos ya fuera de la pileta e incluso ya dentro de la casa, yo estaba tratando de desajustar la red para poder sacarla, cuando de golpe sentí que algo se pegaba a mi espalda.

    -No me puedo ir sin despedirme de vos –me dijo mi prima mientras apoyaba su mano derecha justo sobre mi entrepierna. La izquierda la posó justo al lado de la otra, en la cara interna de mi muslo izquierdo.

    Sentí un escalofrío en todo el cuerpo y me di vuelta.

    No había terminado de hacer esto que ya tenía a mi prima besándome apasionadamente. Su lengua dentro de mi boca y su cuerpo pegado al mío. Por el ángulo en el que estábamos, no había forma de que alguien dentro de la casa pudiera vernos.

    De golpe colocó sus piernas alrededor de mi cintura y mi entrepierna se apoyó de lleno contra ese bikini diminuto y casi inexistente.

    Me importaba un carajo si alguien salía de la casa y nos descubría. Mi brazo derecho envolvió su cintura mientras mi mano derecha se posó y apretó suavemente el cachete izquierdo de esa cola perfecta. ¡Qué bien que se sentía eso! ¡Cuánto tiempo había esperado para poder agarrarla así! Sentirla así.

    La apreté bien fuerte contra mi cuerpo. Ya estaba al palo y quería que me sintiera. Quería que sintiera como la apretaba y restregaba contra mi paquete.

    Fueron treinta segundos de los más intensos de mi vida, pero los dos sabíamos que teníamos que parar. Teníamos que salir de la pileta antes de que nos vinieran a buscar.

    Vale salió primero. Moviendo la cola de un lado al otro mientras avanzaba hacia la reposera. Siguió con el mismo pasito rumbo a la casa, solo que mirando cómo yo salía de la pileta. Era su desfile de la victoria. Sabía lo que provocaba en mí y estaba muy orgullosa. Su sonrisa se hizo más notoria cuando vio mi entrepierna y mi indisimulable erección. Solo se limitó a mirarme la zona, después a los ojos y levantando las dos cejas mientras sonreía tiró un beso al aire y entró en la casa.

    Mi plan era esperar un rato afuera, pero me empezaron a llamar porque ya todos se iban, para que al menos vaya a saludar.

    La verdad es que no quería acercarme a nadie. No podía.

    Agarré la toalla que estaba sobre una de las reposeras y decidí asomarme para poder saludar a todos a lo lejos. Ya estaban en la puerta abrazándose y deseándose buen viaje. Vale incluso ya tenía la camisa y la pollerita puestas. De todos era la única que se quedó mirándome después de que pegué el grito de “Chau” desde el patio. Se estaba aguantando la risa. Sabía que yo no lo estaba pasando bien en esa situación.

    Finalmente, cuando la mayoría salió por la puerta principal, me metí a la casa. Siempre con la toalla en la mano justo delante de mi cintura, era la única forma de disimular la terrible erección que tenía.

    -Bueno, yo me voy a dar una ducha y bajo a ayudar con todo. –les avisé a mis viejos que estaban en la puerta aún saludando, mientras encaraba hacía la escalera.

    Subí rápido y fui respirando profundo ayudando a que la erección bajara.

    -¡Que pendeja hija de puta! –pensaba y susurraba.

    No podía creer que con todo el mundo ahí, se haya atrevido a hacer eso. Me había dejado al palo, puesto en una situación incomodísima y todo para reírse a expensas mías.

    No sabía cómo pero tenía que pensar la forma de vengarme. Si ella había llegado tan lejos, yo tenía que superarla. Faltaba una semana para año nuevo y tenía que idear algo. Esto no se iba a quedar así.

    Entré en la habitación y me saqué la remera mientras seguía pensando en cuál podía ser la mejor forma de pagarle lo que había hecho hoy.

    Desaté mi traje de baño y estaba por sacármelo cuando escuché una voz detrás de mí.

    -No me iba a ir sin darte tu regalo.

    Yo estaba de espaldas a la puerta cuando escuche eso. Ni siquiera había escuchado los pasos en el pasillo, por más que la puerta estaba abierta.

    Me vi vuelta y ahí estaba. Vale, mi prima. Mirándome con una sonrisa tan hermosa como pícara.

    -No tenemos mucho tiempo, dije que subía al baño antes de irnos –dijo mientras cerraba la puerta a sus espaldas y empezaba a caminar hacia mí, despacio -¿querés que te de tu regalo primito? –dijo mientras posaba su mano izquierda en mi pecho y lentamente acercaba su boca a la mía.

    Fue un beso lento, suave, al principio solo nuestros labios se tocaban, pero despacio nuestras bocas se fueron abriendo para dar paso a que nuestras lenguas se encuentren. Siempre suave, siempre despacio y tiernamente.

    -¿Ya no me diste mi regalo? –le pregunté.

    Vale no esperó a que yo le contestara. Con la mano que tenía apoyada en mi pecho, me fue empujando lentamente para que me sentara en la cama.

    Me acarició la cara mientras me sonreía y yo solo me dedicaba a mirarla embobado. ¿Qué iba a hacer?

    Apoyo sus manos en mis rodillas para volver a besarme suavemente en los labios mientras doblaba sus rodillas y dejaba su cabeza a la altura de mi obligo. Siempre mirándome a los ojos, siempre sonriendo. Ninguno de los dos decía una palabra y yo solo la dejaba hacer, podía pedirme lo que quisiera en ese momento y se lo iba a dar, estaba hipnotizado.

    Despacio puso sus manos a los costados de mi cintura y fue bajando mi traje de baño. Siempre mirándome, siempre expectante, como buscando aprobación de mi parte o al menos atenta a que no hubiera oposición de mi lado.

    Yo no pensaba. Mi mente estaba en blanco. No tenía la capacidad de entender lo que estaba pasando y menos de reaccionar ante esto. Solo me inundaban sensaciones.

    Sentí el frio del cubrecamas al quedarme sin ropa bajo la cintura. Sentí el traje de baño manteniendo mis tobillos juntos al caer este al suelo. Pero por sobre todas las cosas lo que más recuerdo es sentir la mano de mi prima cuando se posó sobre mi entrepierna.

    Primero solo apoyó su mano tímidamente, después me agarró y empezó a mover su mano lentamente, descubriendo y cubriendo la punta de mi pene, era una caricia, casi como si jugara despacio con algo que podía romper o quisiera entender cómo funciona. Mi cabeza estaba tan en blanco que mi miembro no había reaccionado hasta ese momento.

    Me fui poniendo cada vez más duro en su mano y ella lo fue sintiendo. Sus ojos siempre clavados en los míos parecieron iluminarse aún más en ese momento, siempre al compás de su sonrisa que me hacía entender que estaba satisfecha con estar cumpliendo su cometido.

    Ahí estaba yo, finalmente, con mi prima arrodillada entre mis piernas y masturbándome despacio. Verla así era un sueño hecho realidad. Por fin me estaba empezando a funcionar el cerebro, por fin estaba empezando a reaccionar y a la vez disfrutar de ese momento.

    Tenía los brazos estirados a los costados, las manos apoyadas en la cama sosteniendo mi cuerpo para que no cayera de espaldas sobre la cama. Involuntariamente sonreí y tiré un poco la cabeza hacia atrás. No pude disimular el placer físico y mental que estaba sintiendo. Mi prima lanzó una pequeña carcajada al verme hacer eso.

    -¿Te gusta lo que te estoy haciendo? –me preguntó ya no sonriendo si no desafiándome un poco.

    -Me encanta –respondí volviendo a mirarla fijo a los ojos y aceptando su desafío.

    Vale solo sonrió mordiéndose el labio inferior mientras apretaba un poco más y aumentaba levemente el ritmo.

    -Es el mejor regalo de navidad que recibí en mi vida –dije mientras tiraba nuevamente la cabeza un poco hacia atrás cerrando los ojos.

    Mi prima volvió a reírse muy bajito.

    -Este no es tu regalo de navidad –me dijo provocando que abriera los ojos y me encontrara con el techo. No entendía. Honestamente no entendía.

    Bajé la cabeza y volví a ver a mi prima, que con su mano en mi miembro, paraba de masturbarme para jugar con su dedo sobre la punta del prepucio. Esta vez estaba con su mirada fija en lo que estaba haciendo, por primera vez la miré y no encontré su mirada sobre la mía.

    -¿Qué? –pregunté incrédulo.

    Vale me miró ya no tan sonriente, pero tampoco seria. Si tuviera que buscar algo que la describiera, me miró decidida y divertida. Segura de lo que iba a hacer y también entretenida al tenerme ahí genuinamente sin idea de a qué se refería.

    -Feliz Navidad primito

    Sin aviso alguno mi prima bajo su cabeza hasta mi miembro y lo introdujo en su boca. Lo encerró con sus labios y apretó suavemente. Bajo con su boca lo más que pudo y fue subiendo de a poco.

    Yo estaba atónito. No me lo vi venir, no sabía como reaccionar, de nuevo mi cerebro se había apagado. Solo pude suspirar mientras involuntariamente mi cabeza se tiraba hacia atrás. Pero ese movimiento involuntario se contrarrestó enseguida. No podía no ver esto, no podía no disfrutar al máximo y ver lo que Vale me estaba haciendo. Rápidamente volví a posar mis ojos sobre ella. Sobre su cabeza, sobre su nuca mientras mi prima muy despacio y placenteramente subía y bajaba recorriendo mi pene.

    Este era el momento más espectacular de mi vida. Esa chica jovencita, hermosa y con la cola que era el objeto de mis fantasías, estaba ahí, haciéndome una mamada en la casa de mis padres. Si, en la casa de mis padres, porque esa chica, no era otra que Vale. Mi prima.

    El placer que estaba sintiendo no tenía nombre. Sentir su boca húmeda y caliente rodeando mi miembro, subía y bajaba despacio, después más rápido y volvía a desacelerar.

    Estaba totalmente concentrada en su tarea. Cada tanto frenaba, la sacaba de su boca y sujetándola firmemente con su mano, pasaba su lengua por la punta o simulaba darle un beso antes de volver a metérsela en la boca. Si seguía así me iba a hacer acabar. Ya no me faltaba mucho. Ya estaba pensando en cómo iba a terminar.

    ¿Mi primita me iba a dejar acabarle en la boca? ¿Me iba a pedir que acabe en otro lado? Ya estaba cerca, le tenía que avisar antes de que pase.

    -Vale… -le dije.

    Pero desgraciadamente mientras mi prima levantaba su mirada, algo nos interrumpió.

    -¡Vale! –Se escuchó desde abajo –¡Vale! ¿Bajas? ¡Dale que nos vamos!

    Era mi tía que la estaba llamando desde el comienzo de la escalera en la planta baja. No lo podía creer, con un balde de agua fría volvíamos al mundo real, donde no solo habitábamos nosotros dos.

    Vale levantó la cabeza y me miró, todavía con su mano en mi miembro moviéndola lentamente. Me miraba fijo como esperando que yo le dijera que hacer.

    -… -no dije nada, solo suspiré mirándola con extrema frustración.

    -Mi vieja –me dijo

    -Si –le dije odiándome por saber que no quedaba otra opción –tenés que ir.

    Mi prima me soltó y miró a los ojos, despacio se fue parando a la vez que yo subía mi traje de baño hasta la cintura. Para cuando terminé de atarlo ella ya estaba en la puerta de la habitación.

    -¡Ahí voy! –gritó.

    Se dio media vuelta desde la puerta y me miró frustrada por la situación. No sabía que decirme. Tenía una cara entre frustración, bronca y culpa. Yo sabía que dependía de mi apaciguar la situación.

    -No te preocupes, es mejor que vayas –le dije finalmente mientras me acercaba a ella y le ponía la mano en el mentón.

    -Bueno.. –dijo haciendo un poco de puchero –pero, ¿te gustó tu regalo?

    Yo solo le sonreí y me limité a besarla en la boca mientras apoyaba mi mano en su espalda y apretaba su cuerpo contra el mío. Quería que me sintiera todavía duro y caliente como estaba.

    -Me encantó. –le dije finalmente mientras le sonreía.

    Vale solo me miró y volvió a sonreírme.

    Nos besamos una vez más y abrí la puerta detrás suyo, dejando el paso libre hacia el pasillo.

    Empezó a caminar y alejarse de a poco, caminando toscamente, como demostrando su enojo con cada paso que daba. Mientras tanto, en esos segundos yo me limité a asimilar todo lo que acababa de vivir, todo mientras le miraba la cola a mi prima. Todo había empezado por esa cola perfecta que me tenía loco y las cosas ya habían llegado hasta acá.

    Vale se dio media vuelta antes de empezar a bajar las escaleras y mientras le sonreía y levantaba la mano para despedirla, solo pude pensar y convencerme a mí mismo de lo que ya era obvio. No era un juego de primos. Mi prima quería lo mismo que yo. Íbamos a terminar en la cama.

    No importaba cómo pero mi prima iba a empezar el año conmigo encima de ella. Adentro de ella. Y sobre todo, sujetando bien firmemente esa cola que me obsesionaba. Esa cola iba a ser mía y solo mía.