Autor: admin

  • Mi amiga y yo reventadas por un viejo conocido

    Mi amiga y yo reventadas por un viejo conocido

    Mi novio me pidió que le llevara unos papeles a mi suegro. No hay que olvidar que en relatos anteriores narro hasta qué extremo llegó mi atracción por él. Dejando no sólo que me cogiera a su antojo durante meses, sino que me hacía cosas muy cerdas que me enajenaron más a él, hasta el punto que intente quedar embarazada de él en un trio que hicimos con su hijo. En fin, para evitar que algo pudiera suceder decidí que iría con mi amiga Jessica

    Eran papeles para vender un carro y su papá los necesitaba pero Armando estaba trabajando así que fui yo en su lugar prometiendo que no pasaría nada y además llevaría a Jessi conmigo. El problema es que no pensamos que la vez que nos vimos en mi cumpleaños, su papá se la había cogido también.

    En fin, llegamos a su casa como a la 1 y él nos recibió con mucho cariño, casi parecía uno de esos hombres mayores que son muy buenos y amables. Al grado que aceptamos pasar y sentarnos a platicar un rato. Octavio sirvió unas cubas y la plática transcurrió tranquila y entretenida. Hasta el punto en que ya estábamos entonados y muy divertidos, fue cuando me levante al baño y a los pocos minutos regresé para encontrar que se estaban besando muy calientes en la sala, no sabía qué hacer, incluso me moleste con Jessi por estar haciendo algo que no teníamos que hacer. Me dirigí a la cocina para hacer ruido pero, cuando regrese a la sala seguían caldeando igual de rico y mi amiga ya le había sacado la verga del pantalón y se la estaba chaqueteando. Sentí celos y me senté en la sala viéndolos con seriedad. Mi amiga me volteo a ver y después siguió en lo suyo

    -Wey! Qué pedo?! -le dije molesta

    -Que tú ya no te lo puedas coger no es mi culpa -contestó divertida

    -Dame chance, llevo casi dos meses sin deslechar -dijo él

    Sentí que ardía. Me llene de lujuria y celos, estaba viendo cómo se iban a coger a mi hombre. Y haciendo cuentas yo tenía más de 5 meses sin coger con él entonces era claro que en este tiempo se había metido con otra mujer y eso me puso peor.

    Podía recordar como la verga que mi amiga tenía en su mano ya había estado en todos mis hoyos, los conocía a fondo, me había cogido hasta el cansancio incluso en ese sillón. De su verga yo había recibido un montón de leche durante los meses que me hizo su puta.

    -Wey! Ya vámonos, Armando va a pensar mal si no le habló – dije

    -Fany dame chance! Quiero coger con él, mira como la tiene de gorda- dijo ella sacudiendo ese precioso miembro

    Me quedé callada sin saber que decir

    -Si quieres vámonos los tres al cuarto, esto nunca va a salir de aquí – Jessica

    -Wey no, no puedo -dije sufriendo esa situació – cómo crees que haría trio?

    -No sería la primera vez, no te hagas pendeja- dijo mientras seguía caldeando

    Dijo eso refiriéndose a las dos veces que mi novio nos cogió bien duro a las dos. No tenía muchos argumentos para seguir resistiéndome a que ahora nos cogiera su papá y en el fondo lo deseaba.

    -Te la mamo? – le preguntó a Octavio

    -Claro, ya la traigo escurriendo – contestó

    Entonces Jessica se levantó y se puso de rodillas enfrente del sillón donde yo estaba, justo enfrente.

    -Vente para acá – le ella dijo haciéndose una coleta.

    Octavio sin más se postró delante de ella con esa verga que para su edad no tiene rival ni en tamaño, ni en vigor comparada con hombres 20 años menores. Yo mejor que nadie sabía de sus capacidades para el trabajo sexual.

    Ella se lo comía como una perra hambreada. Cada vez era más irresistible ese hombre, teniendo de rodillas a una mujer y a otra con la vagina húmeda. Su verga brillante de baba me parecía riquísima. Era cuestión de tiempo para que ese pene estuviera dentro de alguna de las dos.

    -Ándale Fany, dame chance. Si quieres lo hacemos entre los tres, ya sabes que no tengo bronca- dijo mi amiga

    -Pero Armando va a sospechar- dije ya con mi guardia en el suelo.

    -Márcale y dile que estás en mi casa y me lo pasas – propuso

    -Si Fany, vamos a pasarla bien – dijo Octavio sonriendo y yo me sonroje

    Llamé y el afortunadamente contestó rápido. Le dije que ya había dejado los papeles y que estaba en casa de Jessi. Me preguntó si no se había pasado de mano larga su papá y yo le dije que no, se había comportado como todo un caballero. Y mientras yo decía eso él se iba quitando la ropa con mi amiga de rodillas mamando con calma su verga gruesa y larga, esta llamada también significativa que yo acepte tener sexo con los dos y después de colgar, seríamos penetradas y eyaculadas hasta sentirnos colmadas de placer y semen. Estaba ya muy distraída imaginando el cogidon que nos iba a reventar por lo que Jessi me pidió el teléfono y saludo a mi novio.

    -Hola, mi rey, cómo estás? – escuché que le preguntó y recordé que hacía le decía a Armando desde la primera vez que se la había cogido frente a mí

    Yo me fui de rodillas directo a ponerme en posición para hacerle oral a mi suegro. Un hombre que yo extrañaba tanto, estaría dentro de mí otra vez. Tomé su gordo pene y lo masturbe, se sentía muy bien tener tanta carne en mi mano otra vez, lo mire y le sonríe como una puta metiendo su garrote en mi boca. Mi suegro gimió al sentir la humedad y calidez de mi lengua y garganta, la sacaba y le pasaba con fuerza mi lengua desde sus huevos hasta el ojillo de su pene, que para esas alturas estaba emanando mucho líquido preseminal, le hacía círculos con mi lengua sobre su glande y me la metía hasta la campanilla.

    -Hubieras venido tu sola – dijo – te daría toda mi leche hasta dejarte escurriendo

    -Tranquilo, tu puedes con las dos, yo lo sé. Además no todos los días te puedes dar a 2 chavas al mismo tiempo – dije eso jugando con sus bolas

    Jessica se acercó y me dio el teléfono. Me pare y contesté. Mientras me despedía de mi novio miraba a Jessi besando y masturbando a mi suegro.

    -Si amor, aquí voy a estar con Jessi, la plática ya se alargó bastante y estamos tocando temas bastante gruesos – dije y una sonrisa se dibujó en el rostro de todos – seguramente vamos a estar con eso hasta que saque todo

    Ellos se masturbaban uno al otro mientras me sonreían esperando a que colgara. Ya estaban desnudos excepto por los tennis de Jessi. Me despedí de mi novio y avente el teléfono al sillón para poder empezar a quitarme la ropa. Mi playera, pantalón y tennis terminaron rápidamente en suelo

    -Ya la tienes bien parada – le dije a mi suegro

    -Cómo sabes? – preguntó

    Entonces me quité el brasier, me acerque para poder tomar su herramienta con fuerza y mirando sus ojos le dije:

    -porque yo conozco muy bien tu verga

    Se empezó a turnar en nuestras bocas, mientras metía mano con descaro y de forma muy vulgar por cada parte de nuestro cuerpo. Cada vez nos juntábamos más, hasta que prácticamente teníamos nuestras bocas unidas en un beso triple. Él tomó nuestras melenas y nos presionó una contra la otra, se separó para observar aquel beso lésbico que ya en muchas ocasiones habíamos hecho.

    -Vamos a mi cama, ya me las quiero coger – dijo tomándonos de la cintura

    -Tienes condones? – preguntó mi amiga

    -Solo uno- respondió

    -Pues entonces te lo dejas puesto y lo usas con las dos – dijo Jessica – yo no sé a cuántas te has cogido o si te andas cogiendo a otras

    -Tranquila, lo peor que puedo hacer es dejarte embarazada – Octavio

    -Wey no seas mamona, hay que hacerlo al natural – dije coqueta – o ya se te olvidó que a mi novio, osea, a su hijo te lo cogiste así

    -No sé wey- Jessi

    -Da lo mismo, si no se cambia el condón yo te puedo pegar algo- dije exprimiendo su seno

    -Vamos al cuarto y vemos – dijo ella

    Los tres caminamos con cierta prisa hasta la habitación de nuestro amante en turno. Me tiro sobre la cama mientras nos veíamos con los ojos rojos, llenos de lujuria y ansia, mi suegro se paró frente a mi y comenzó a enfundar su miembro súper erecto con un condón. Mi amiga se acostó junto a mi y nos besamos y acariciamos mientras él veía esta escena masturbando su verga. Abrió mis piernas y me penetro. Grite por lo gordo y sobre tu todo porque pensé que nunca más volvería a tenerlo dentro de mí.

    Tomó mis muslos para besarlos mientras me la dejaba ir hasta el fondo. Después se recostó sobre mi y nos besamos como desesperados, era una cogida que no pensé que se iba a poder

    -Te extrañe -le dije entre gemidos

    -A mi o a las cogidas que te daba?! – Octavio

    -Todo! Te extraño y extraño mucho como me cogías! Ah ah ah! – dije mientras gemía como una perra necesitada

    Seguimos unos minutos más hasta que me la saco y le dijo a Jessi que se pusiera de perra.

    -Cogen súper rico -dijo mi amiga- hasta parece que son novios

    -Iba a ser su esposa – contesté – ahora sólo seré su amiga y puta

    Mi suegro tomó a mi amiga de las nalgas y dirigió su miembro en la entrada de su sexo caliente y húmedo. Aquella verga estaba brillante por mis fluidos vaginales. Sonreí al pensar que tanto el hijo como el papá nos habían hecho hacer trio con ellos, nos habían penetrado a su antojo mientras nos dedicamos a gemir como unas putas y sobre todo a mi cuando me ensartaron los dos al mismo tiempo.

    Mi suegro gimió y se la empezó a coger duro, se escuchaba por toda la habitación los gemidos junto con el golpe de las nalgas cada vez que mi suegro le acomodaba una buena metida. Yo los veía gozar con la sabrosa cogida que se estaban dando, mientras tanto tenía dos dedos bien metidos en lo que esperaba a mi suegro para que me la volvía a clavar. Era muy caliente ver a mi amado suegro teniendo en 4 a otra perra para después sacar su verga toda escurrida y sin limpiarse dejármela ir y rotarnos para el delirante gozo de nuestro cuerpo.

    -Ay mi rey! Qué buena verga te cargas y que bien la sabes usar- dijo jadeante Jessi

    -Ya sé! Pinches viejas siempre me piden más – Octavio, dijo y yo se lo creo – Aquí esta Fany

    -Lame, lo necesito! – le dije a Jessi abriendo mis piernas frente a su cara para que pudiera comer mi pucha

    -Me estás volviendo una puta, Octavio! Coges bien rico, no mames! – le gritaba Jessica

    Entonces mi suegro y yo nos acercamos y jugábamos con nuestras lenguas de manera muy sucia y enferma, no cesábamos nuestra danza oral y eso provocaba que nuestra saliva empezara a salirse de nuestras bocas. El placer hacia que los tres estuviéramos ardiendo sobre esa cama, mi amiga bien atravesada por el papá de mi novio mientras luchaba por lamer mi vagina al ritmo de las metidas de verga y los gemidos que le provocaban. Mi suegro bien concentrado en no venirse mientras me besaba daba una muestra de vigor como las que sólo él puede dar. Yo estaba muy excitaba, sentía mis pechos a punto de reventar y mi vagina ardiendo mientras escurría tanto que mi amiga tenía que beberlo para continuar chupándome, y yo solo gemía cada vez que ella masajeaba con saña mi clítoris que estaba muy duro y sensible, así estuvimos dándole cerca de 15 minutos.

    Sujetó de la cadera a Jessi y se la empezó a coger durísimo

    – Ay que buenas pendejas – su mirada se perdió en el techo y mi amiga empezó a gritar con la cara roja y desfigurada del placer que causa aguantar tan potente hombre – que rico es cogerse panochas ajenas y más si son chavitas!

    -No mames! Me estás cogiendo muy duro! Octavio! No mames! Ahhh! – Grito llegando a su ansiado orgasmo, yo me separé y vi como la pobre puta se retorcía del gusto – Me vengo! Ya! Ya! Aaaah!

    -Cógetela más fuerte mi amor! Haz que se venga! Ándale, hazla terminar! – gritaba animándolos a copular más intenso

    -Ya me hacía falta esto! – Jessi

    Mi suegro estaba tan entrado que casi la aventó a un lado, como si fuera un juguete roto, en ese momento me pidió mi vagina frente a él para meterla y masturbar su miembro ahora conmigo. Me coloque rápido y me clavó con un golpe de cadera que me la enterró hasta los ovarios, grite por su poco tacto pero estábamos tan lubricados que la penetración apenas si fue incomoda, para mi claro, el me agarró con fuerza de mis hombros y empezó a llenarme de una manera brutal. Gemíamos como animales y mis manos se aferraban con desesperación a las sábanas. Tenía mi columna totalmente arqueada y mi cabeza mirando al cielo, a donde mi hombre me estaba guiando.

    -Chupámela puta- Jessica me sacó de mi trance poniéndose de pie frente a mi y llevando mi cabeza a su mojado sexo. Era una tarea deliciosa pero difícil hacerle un buen trabajo oral mientras tenía a Octavio atrás.

    En medio de mi agónico estado de cordura me di cuenta que sus gemidos se oían ahogados y ahora sabía lo que mi amiga había escuchado mientras Octavio y yo nos besamos durante su turno de estar en cuatro. Así me estuvo penetrando como todo un dios del sexo durante más de 10 minutos, diría que me cogia más fuerte que a Jessica, me sentía extasiada, tuve la sensación de que el aire me faltaba entre mis continuos jadeos que no pararon. Esa sensación de falta de aliento junto con el placer de esa verga removiendo con maestría mis entrañas, me hacían sentir ganas de llorar. Mi amiga estaba vuelta una ramera, sus fluidos salían con tal intensidad que ya estaban chorreado a lo largo de sus piernas hasta el colchón sobre el que estábamos realizando nuestro acto sexual y en otra dirección hasta mis pechos, pasando por mi barbilla y cuello. Ahora entendía porque Jessi me comió con tanto descontrol y no como cuando hemos tenido sexo entre nosotras dos únicamente, el placer es tanto que es imposible concentrarse.

    -Le toca a Jessi! Ponte! – dijo mi suegro ahora aventándome a mi hacia un lado y con esa acción su verga era extraída de mis entrañas. Octavio se la empezó a coger bien rico con un ritmo que era difícil de creer debido a que ya llevaba cerca de 30 minutos penetrando con furia nuestras abiertas y jugosas vaginas.

    Les juro que es un hombre que me vuelve loca con su virilidad y experiencia, el único que lo supera en potencia y virilidad es mi novio, en donde no lo hace es en la experiencia y aguante. Continuamos unos minutos más hasta que nuestro semental anunció que estaba próximo a expulsar su primera carga de leche viril, estaba jadeante y bañado de sudor, se vería tan perfecto y macho, hicimos un último cambio y unos segundos después grito que ya se iba a venir. La puta de mi amiga se puso de rodillas directo en el suelo y le pidió que la bañara, sentí rabia de que esa perra no haya dejado que él terminara estando dentro de mí, a pensar del condón lo hubiera disfrutado. Me arrodillé junto a ella y orgullosas porque teníamos bien ganada nuestra leche, erguimos nuestra postura, nuestros senos resaltaron así que para darle placer visual extra, levanté los míos en un claro ofrecimiento de un sitio para que pudiera vaciarse. Octavio se retiró el preservativo con una desesperación que parecía que se lo estaba arrancando y cuando se lo quito lo arrojó a mi pechos.

    -Saca la leche rey! Tengo mucha sed de lo que producen tus huevos – dijo Jessica abriendo la boca como si fuera una revisión médica

    -Desahógate! Ándale! Ya te has aguantado mucho! – dije imitando a Jessi – La neta nos cogiste bien rico

    -Ahí les va mis putas! Ahh! Abran la boca para que se la traguen! – apuntó a mi boca mientras se la jalaba y en ese segundo un chorro cayó dentro de mí boca, se empezó a alternar entre nuestras bocas para expulsar su caliente esperma.

    Pero el placer de su orgasmo fue devastador y al tercer chisguete cerró los ojos y ya no controló la dirección de su eyaculación. Entre gritos y temblores lanzó cuatros disparos más, bien cargados como es normal en sus primeras eyaculadas. Cuándo terminó y pudo vernos se dio cuenta del reguero que había hecho sobre nuestros juveniles cuerpos, había semen en nuestra boca, senos, cara, vientre y hasta en las piernas de Jessica.

    -Mi amor, estabas súper cargado! Jaja – le dije complacida mientras Jessica se lanzaba a mamarle su verga que todavía escurría semen.

    -Ustedes de dónde salieron así?! Jaja – le preguntó mi amiga, defiéndase a él y su hijo – dónde los fabrican para pedir dos

    -Qué hombres por dios! – dije eso yéndome de lleno a comerle los huevos

    Así estuvimos unos minutos hasta que nos dimos cuenta que no había perdido la erección de hecho se le veía más parada y venuda. Ese día continuó así, entre penetraciones, orales, gritos y orgasmos riquísimos.

    Básicamente fue un todos contra todos sobre esa cama, que terminó húmeda como era de esperar. Nos estuvo cogiendo bien rico sobre su cama, en adelante ya no se puso condón para alternar en nuestras verías, debo decir que sin condón es más rico pero encima de eso me daba mucho morbo ver como sacaba su miembro mojado de la vagina de Jessi, toda babosa de los fluidos de ellos y así me la metía.

    Las posiciones eran más variadas para poder estar cómodos mientras el atravesaba a alguna de las dos un buen rato y la que estaba ensartada le comía la vagina a la otra, debo reconocer que el sexo estaba muy bien, había mucha lujuria y deseo entre los tres. Así estuvimos durante horas, no había descansos ni siquiera cuando mi suegro se venía, en lo que se recuperaba nos hacíamos sexo oral en un triángulo perfecto.

    En cuanto a Octavio se le paraba nos volvía a coger, nos turnábamos para recibirlo dentro de nosotras, da gusto coger con hombres así, tan cumplidores. Él se vino 4 o 5 veces, yo estaba impresionada aunque su última erección no fue tan rígida sirvió para seguir practicando el coito. Normalmente solo eran 3 lechadas por día pero supuse que dos meses sin coger y en la primera tiene dos chavas bien ponedoras lo tenía muy caliente. Le dimos hasta que el cansancio nos venció a todos y con la última eyaculación de Octavio nos quedamos deshechos sobre la cama que había soportado un inusual ajetreo, vimos la hora y eran cerca de las 10 de la noche! Llevábamos cogiendo más de 4 horas.

    Nuestros cuerpos estaban bañados en sudor y fluidos de todo tipo, cosa que sucedió porque él siempre terminó afuera. Nos levantamos a cenar y rendidos nos fuimos los tres a su cama para dormir profundamente, él durmió en el centro y sus mujeres a cada lado. A la mañana siguiente se la estuvimos mamando hasta que logramos que se le pusiera erecta. El papá de mi novio con esa última erección nos dio una buena cogida mañanera.

    De ese día no le he dicho nada a mi novio pues le prometí que no volvería a acostarme con su papá, tampoco le he dado entrada a los mensajes de mi suegro. Lejos de sentir remordimiento tengo unas terribles ganas de volver a ir a su casa para que me tome a su antojo… Hasta que ahora si, me llene bien adentro de su semen. Espero que eso no pase porque aunque me gusta andar de promiscua no me gusta romper mis votos.

    Me gusta mucho disfrutar del placer que se obtiene en el sexo, no tengo problema eso. Pienso que cada uno es libre de hacer lo que quiera en este país de doble moral. Si alguien me gusta y se puede tenemos sexo, eso no quiere decir que no me cuide, en las primeras veces siempre usamos condón y aunque ya tengamos más tiempo de estar cogiendo son pocos los hombres con los que lo hago sin protección. Me he acostado con varios hombres y aunque algunos son mejores, siempre lo he disfrutado. Mis amigas y yo compartimos esta forma de pensar y por eso somos capaces de gozar tanto con diferentes hombres e incluso entre nosotras.

    Fany

    Ya saben que me pueden escribir a mi correo [email protected] para platicar de diversos temas y contarme sus anécdotas.

  • Mi primera vez y con un chico de una página de citas

    Mi primera vez y con un chico de una página de citas

    La historia que estoy por contarles es 100% real, omitiré mi nombre y el del involucrado por seguridad.

    Esto pasó cuando yo tenía 19 años (ahora tengo 23). Vivo en el estado de México cerca de CDMX por bosques de Aragón. Soy alto, algo delgado, algo velludo y de cabello negro. Siempre había tenido experiencias con chicas y me gustaba, pero también conforme al tiempo empecé a notar que sentía algo hacia los hombres, pero nunca hice nada al respecto por inseguridad en un campo que yo no conocía para nada. Yo tengo fetiche con la lencería femenina, me encanta usarla, de todo tipo, baby dolls, tanga, medias, liguero, brassieres, etc. Me encantaba usarla en mi intimidad para cuando iba a masturbarme analmente, y era algo que me calentaba mucho, pero nunca paso más allá de algo privado.

    En aquel momento, yo estaba soltero, y no buscaba una relación con nadie, quería disfrutar de mi soledad y sin compromisos. Navegando por la tienda de App de mi teléfono, encontré una aplicación la cual tiene como objetivo los encuentros entre personas homosexuales, lo cual me dio mucho morbo, y sin pensarlo mucho, la instale.

    Cree mi cuenta y después detalle mi perfil, haciendo hincapié en que me encantaba la lencería y que yo era muy novato en esto (Hasta el día de hoy lo sigo siendo, ya que no he tenido demasiados encuentros). Los días pasaron y empecé a hablar con varias personas, pero todas eran iguales, solo querían sexo y súper rápido, y es algo que a mi no me gusta, necesito conocer a la persona un poco antes de tener algo así, ya que siento que le da un mejor ambiente y me hace sentir más cómodo. Llegó un momento donde yo ya no sabía si borrar la App, ya que nadie me agradaba lo suficiente, y siendo honesto no buscaba un encuentro, solo quería alguien con quien charlar de mis gustos.

    En uno de esos días, un chico mayor que yo por 7 años me habló, lo llamaré “J” el cual desde el inicio se mostró muy buena onda conmigo, y me dijo que le encantaban mis fetiches, que a él le atraía mucho eso y que le encantaban los hombres velludos, a mi nunca me ha gustado tener vello, pero el que a alguien le gustara me hizo sentir cómodo, por lo cual comencé a hablar con él, y poco a poco empezamos a morbosear el cómo sería hacer algo, pero para ser honestos, yo tenía mucho miedo e inseguridad al pensar en hacer algo de verdad.

    Un día mientras hablábamos, el me propuso conocernos e ir a un Hotel, yo tenía muchos nervios, así que por una semana lo evadía e intentaba cambiarle el tema, pero el seguía insistiendo ya que decía que le atrio mucho, y quería hacer todo lo que habíamos platicado por mensaje, hasta que, una noche yo estaba súper caliente y le dije que sí, que aceptaba su propuesta, yo moría de nervios y miedo ya que yo no sabía nada del sexo gay, pero me puse a investigar, ya que yo sería el pasivo, y llegue a los enemas, por lo que compre lo necesario para hacerlo antes de verlo, yo no pude dormir mucho ya que estaba emocionado y nervioso por lo que estaba por suceder.

    Al día siguiente, me desperté de golpe, desayune muy ligero y me metí a bañar, para estar limpio y hacerme el enema, todo salió bien, así que fui a mi cuarto, y no sabía que usar, pero decidí ponerme una tanga negra, unas medias del mismo color y un liguero, sobre eso un pants medio entallado, y una sudadera, ya que quería aparentar que no estaba emocionado o preocupado por que todo saliera bien, quería lucir tranquilo y despreocupado, así salí de mi casa y fui a encontrarme con él a unos 20 minutos de mi casa.

    Llegue al lugar y ahí estaba él, tenía una sonrisa amable en su rostro y me saludo como a un amigo, y me pregunto -¿Listo para ir?- a lo que yo respondí que sí, entonces empezamos a caminar rumbo al hotel mientras platicábamos de cosas triviales, como dos amigos en cualquier día pasando el rato. Llegamos al hotel, y mi corazón comenzó a acelerarse cuando note que estábamos entrando y pidiendo un cuarto, pero respire y solo fluir con la situación.

    Al entrar al cuarto, por inercia me quite los tenis y me acosté sobre la cama mientras seguía platicando con él, en un intento por no crear un silencio incomodo, el hizo lo mismo y se acostó relajadamente al lado de mí, así estuvimos platicando por unos 10 minutos hasta que puso su mano en mi muslo suavemente y me dijo -Tu solo fluye, déjate llevar- para posteriormente clavarme un beso apasionado en mis labios, yo estaba que no podía con lo que estaba sucediendo, se sentía tan correcto, que solo deje fluir el beso, y en cuestión de segundos, mi pene se puso duro, lo cual me sorprendió.

    Estuvimos besándonos por unos minutos hasta que con su mano, se movió despacio hacia mis glúteos, y por encima del pants los apretó, yo no pude evitarlo, y solté un gemido en señal de que me había encantado, después el jalo del costado del resorte del pants, y dejó al descubierto mis pompas, solo cubiertas por la tanga, puso su mano en una de ellas y le dio una nalgada, mientras me decía que le encantaba que estuviera vestido así, eso me calentó demasiado y yo baje la mano hacia su cierre del pantalón, para mi sorpresa se sentía más grande que en las fotos que me había mandado, lo cual me asusto un poco, pero a la vez me dio morbo, así que con mis dos manos le quite el botón del pantalón, y saque su miembro, y comencé a masturbarlo despacio mientras nos besábamos.

    En un momento él se separó de mí, y me ordenó ponerme en 4, yo sin pensarlo lo hice, de forma que mi rostro quedara reposando en las sabanas, pude sentir como introdujo uno de sus dedos ensalivados, mientras me masajeaba las nalgas, yo no podía creer que estuviera pasando eso, pero no quería que se detuviera, y hasta abrí mas mis piernas para empinarme mejor.

    Él siguió metiendo sus dedos, a la par que yo soltaba gemidos de placer. Me encantaba lo que estaba haciendo, minutos después, sentí como puso su pene lleno de saliva sobre mi ano, y me dijo -Solo relájate, te dolerá un poco, pero ya te dilate, así que se pasara rápido- y empezó a meter su miembro en mí, lo cual si me hizo sentir dolor, pero conforme a los segundos, iba desapareciendo, y yo quería más, al ritmo que sacaba y metía su pene de mí, mientras me nalgueaba y escuchaba sus gemidos.

    Así estuvimos un buen rato hasta que se salió de mí, y con su saliva “limpio” su miembro, para después ponerse enfrente de mí, yo ni siquiera pensé en sus motivos y me metí su pene en mi boca, era algo grueso y un poco largo, pero me encantaba, y estuve chupándoselo otro buen rato, mientras lo llenaba de saliva, y trataba de hacer mi mejor esfuerzo, tiempo después, el saco su pene de mi boca, y tras masturbarse unos segundos, se vino en mi rostro hasta la última gota… yo estaba fascinado con esa escena, yo vestido en lencería, con el ano abierto y la cara llena de semen, me sentía toda una puta consumada, y a ser sincero, me encanto la sensación.

    Después de un rato, nos fuimos cada quien a sus casas, y acordamos hacerlo más seguido, pero él consiguió novio y ya no pudimos continuar, pero a partir de ahí había un deseo constante en mi de querer repetir algo así.

    Espero les haya gustado, pueden mandarme sus opiniones a: [email protected]

    Les contestaré con gusto.

  • 1. El pervertido señor de la tienda

    1. El pervertido señor de la tienda

    Me llamo Liliana y este es mi primer relato erótico que publico. Espero que lo disfrutes, querido(a) lector(a).

    Una mañana de lunes, cuando gozaba los 29 años y llevaba dos años de casada, me dedicaba a las labores del hogar. Mi marido, David, tres años mayor que yo, estaba por despertarse, así que le dejé una nota en la mesa diciendo «no tardo, amor, fui al mercado» y me apresuré a salir de casa para comprar lo necesario para prepararle el desayuno.

    Antes de pasar al mercado, creí que sería mejor preguntarle a Don Óscar de la tienda de la esquina si tenía leche y huevos. Por las prisas, yo iba vestida en un short de mezclilla con múltiples rasgaduras por delante y una blusa muy holgada, reflejo de lo libidinosa que estaba en ese momento.

    Don Óscar era un hombre trabajador, caballeroso y honesto, aunque lamentablemente viudo y sin hijos, por lo cual vivía solo. Parecía de unos 45 años, moreno y un poco canoso.

    Llegué a la tienda, saludé al buen varón, quien me vio sonriente de pies a cabeza y le pedí un kilo de huevos. Mientras él los pesaba en la báscula, yo me encorvaba para observar desde la reja si había leche de la marca de mi preferencia. Noté que Don Óscar agachó la mirada, la cual apuntaba hacia mis senos, por lo que procedí a enderezarme y taparme.

    O: ¿Algo más, señorita?

    L: Disculpe, ¿tendrá leche de marca XXXX?

    O: Creo que sí, pero está en cajas que tengo debajo de un estante y no puedo agacharme por problemas lumbares. Si gusta, le permito entrar para que usted misma tome las que quiera.

    Don Óscar abrió la reja e ingresé. Él cerró la reja tras de mí, me indicó el lugar donde guardaba los empaques de leche y tuve que agachar la espalda para sacarlos. De repente, sentí una mano que presionó mi espalda mientras que otra mano se deslizaba suavemente a lo largo de mi muslo derecho hasta quedarse estática en mi nalga derecha.

    L: ¡Oiga! ¿Pues quién se cree?

    O: Sus piernas son hermosas.

    L: ¡Suélteme!

    O: Tranquilícese, no le haré nada, solo me estoy imaginando cosas.

    L: ¡Usted no está enfermo de la zona lumbar, sino de la cabeza!

    Lo que me parecía una grave falta de respeto se convirtió en una delicia. Él repitió varias veces ese procedimiento y provocó que yo emitiera un gemido de aprobación. Sin embargo, aún no estaba convencida del todo.

    O: ¿Ya ve como sí se siente bien?

    L: ¡Cállese y déjeme ir! ¡Tengo quehaceres!

    O: Dese un lujo para iniciar la semana de buen humor.

    Inesperadamente, sentí cómo su lengua lamió lentamente mi short desde donde se encuentra mi pucha hasta donde comienza la línea que separa mis glúteos.

    L: ¡Tsss!

    O: No le quitaré mucho tiempo y no se va a arrepentir.

    Colocó una mano en mi abdomen y otra en mi cintura para llevarme a través de una puerta hacia su catre acolchonado y sentarme. Él estaba de pie, se bajó el cierre del pantalón frente a mí y me dejó ver su negro pene, que aunque estaba flácido, se veía largo.

    Por instinto, llevé mis manos hacia mi cabello y me hice un chongo. Él me sujetó del chongo y yo empecé a lamer su glande.

    Se escuchaba que llamaban en el mostrador de la tienda, por lo que me detuve y volteé mi cabeza. No obstante, Don Óscar tiró de mi chongo y metió violentamente todo su pito en mi boca.

    Su calentura estaba al tope. Él introducía y sacaba su verga de mi boca con fuerza y mucha velocidad, parecía que quería romper mi mejilla izquierda por dentro de mi boca. De esa forma hizo que se le pusiera toda dura, erecta y venosa.

    Luego él jaló mi chongo e hizo que metiera sus peludos testículos en mi boca. Para entonces, yo ya estaba encantada por lo que estaba pasando y admiraba cómo su polla reposaba frente a mi nariz y la punta rebasaba mi cabeza, mientras le chupaba cada huevo.

    O: La mamas como diosa ¿te gusta mi poderosa?

    L: Está enorme, me encanta.

    O: Quiero ver tu panocha.

    Enseguida, él me acostó y bajó mi short con todo y panti sin quitármelos. Me dio pena que viera mi jardín íntimo sin podar debido al poco uso que le daba, pero él lo vio hermoso y se apuró a introducir su dedo medio en mi concha al mismo tiempo que lengüeteaba mi clítoris.

    Comencé a jadear discretamente y a sujetarlo de la cabeza para que no se despegara de ahí. Pero también me estaba preocupando porque debía de prepararle el desayuno a mi esposo.

    L: Don Óscar, se me hace tarde.

    O: Ahorita la dejo ir, solo será un rapidín.

    L: Me urge llegar a casa.

    O: Deme unos minutos.

    Rápidamente me quitó el short y dejó mis pantis a la altura de mis tobillos. Alzó mis pies y los separó de modo que mis pantis se restregaran en su cara. Fue cuando sentí su enorme verga entrar en mi coño y llenar toda mi cavidad vaginal. Tal como lo es un rapidín, me embistió rápido y duro. Me estaba doliendo, pero a su vez lo disfrutaba. Hacía mucho tiempo que no me echaba un polvo así.

    L: ¡Ay! ¡Qué rico! ¡Mmm!

    O: Me encanta oler tu trusa mientras te cojo.

    L: ¡Cójame así! ¡No pare! ¡Ahhhh!

    La posición en la que me tenía me permitía sentir su pito hasta lo profundo de mi pucha. Sus llegues feroces empezaban a acalorarme demasiado. Empecé a sacudir mi mano cerca de mi cara como si se tratara de un abanico, lo cual significaba que estaba cerca de correrme.

    L: ¡Sí, sí, sí! ¡No deje de penetrarme!

    O: ¡Ya casi me vengo!

    L: ¡Por favor no me la saque! ¡Véngase dentro!

    Sin embargo, Don Óscar me la sacó y la llevó a mi boca, donde me echó toda su lechita bien caliente y me la tragué todita. No pude evitar llevar mi mano a mi clítoris y estimularme para venirme, pero no lo conseguí.

    Nuestro caliente encuentro duró veinte minutos. Luego de arreglarnos, él sacó de su refrigerador dos empaques de leche y me los dio junto con el kilo de huevos que le había pedido.

    Debido a los gritos que emitimos, yo temía salir por la tienda y ser vista por los vecinos de la colonia que esperaban por ser atendidos, así que le pedí que me condujera hacia la puerta trasera.

    Después de que Don Óscar me despidiera con un beso en la mejilla que me dejó adolorida por el oral que le hice, corrí a casa y le preparé el desayuno a David. Yo no me sentía mal de haberle puesto el cuerno por primera vez, quizá porque solo se trató de la satisfacción de una necesidad que no involucró sentimientos.

    Era evidente mi alegría y comencé a insinuarle cosas ardientes a David para animarlo a tener un rapidín antes de que se fuera, pero no tuve éxito. Luego de que acabó de desayunar, se marchó a su trabajo y me dejó con las ganas.

    Después de eso me encerré en la habitación para terminar lo que se había quedado inconcluso, sin evitar pensar en el mañanero con Don Óscar y en su negra verga colosal.

  • Autobiografía sexual (Prólogo)

    Autobiografía sexual (Prólogo)

    A continuación, me daré a conocer contestando algunas preguntas generales y otras que seguramente todos los hombres se formulan acerca de las mujeres.

    Presentación: Mi nombre es Lorena Padilla, para servirte. Nací un 9 de enero de 1997 en mi bello Tequisquiapan, Querétaro, México. Al día de hoy tengo 23 años y 7 meses. Soy hija única de un matrimonio promedio, donde mi padre es un macho preponderante y mi madre es una ama de casa casi sirvienta, pero con altas aspiraciones. Soy soltera, en un noviazgo a distancia, abierta a cualquier posibilidad con o sin mi novio. Mi nivel máximo de estudios es bachillerato concluido y quisiera ingresar a la carrera de psicología.

    Descripción física: Soy una joven de piel levemente apiñonada. Soy chaparrita, mido 1.55 metros. Los hombres que me conocen dicen que soy delgada, pero yo me considero llenita, mis medidas son 97-65-95. Mis ojos son color café oscuro, mi cabeza, frente, ojos, nariz y labios son medianos y mis mejillas son prominentes. Mi cabello es negro, lacio, aunque me gusta rizarlo de las puntas y que me llegue a la cintura. La parte favorita de mi cuerpo son mis pechos, pues son los que me dan la facilidad de conquistar al hombre que se me antoje, aunque mis glúteos también tienen lo suyo. Mis piernas son largas y firmes, mis muslos y mis chamorros son gorditos.

    Descripción de personalidad: Supongamos que es la primera vez que convives conmigo. Hay dos posibles escenarios: Comúnmente me mostraré fría, seria, callada, pero amable, aunque si eres molesto conocerás mi lado grosero. Por otra parte, si en ese momento tengo elevada la libido y me pareces física y/o intelectualmente atractivo, seré alegre, cálida y sutilmente coqueta. A la hora de follar me considero muy fogosa, creativa, golosa, insaciable, imparable y maliciosa. Me comparo con un río feroz dispuesto a arrastrar muy lejos a quien se sumerja en mí.

    Hobbies: Adoro leer y plasmar mis ideas en el papel, escribir relatos, poesía y mezclar mis versos con la música que radica en mí. Amo coger, no importa si es con alguien que no lo haga bien, siempre es un placer para mí enseñar lo que sé del tema. Me encanta escuchar música, ver películas, sobre todo las porno; ir de compras o comprar ropa y accesorios en línea; viajar en mi hermoso país y pasar ratos agradables con mis amistades. Me gusta ver y jugar fútbol, gracias a que en mi adolescencia me juntaba mucho con hombres; mi posición es guardameta.

    Preferencia sexual: Soy bisexual, pero me inclino más por los hombres.

    Práctica y posición sexual favorita: Vaginal y dar oral, obviamente también me gusta lo demás. Amo el 69, la vaquera, la misionera y de perrito.

    Parejas sexuales hasta el momento y actuales: En toda mi vida fácilmente han sido más de cien; actualmente podría decirse que son tres.

    Fantasías sexuales: Muchas ya se me han cumplido, como los colectivos, diferentes tamaños de miembros, lésbicos, hacerlo en lugares públicos y demás. Actualmente, sueño con encontrar a un sabio historiador con quien adaptar temáticas sexuales a distintos contextos históricos / sociales / literarios y redactar las inventivas para publicarlas; por ejemplo: la antigua Grecia, Julio César y Cleopatra, los samuráis, los alquimistas, la edad media, el viejo oeste, las obras de Marqués de Sade, safaris, viaje al espacio, entre otros y así recrearlos con el vestuario adecuado, sin faltar la escena erótica. Puede que sea bastante raro y mucho pedir, pero así son algunas fantasías sexuales de todas las mujeres, están destinadas a permanecer solo en la imaginación, como también lo son para mí follar con Cristiano Ronaldo, Chris Hemsworth, Chris Evans, Drake Bell, Gianluca Vacchi, el actor porno Johnny Sins, etcétera.

    Edad de mi primera vez: Dejaré a la intuición del lector saberlo. Fue con un novio tres años mayor que yo.

    Inicio de mi vida sexual: Esto ocurrió antes de mi primera vez. Lo que prendió la chispa fue encontrar entre las cosas de mi padre unas revistas con mujeres desnudas en la portada y unas historietas populares tituladas «El libro vaquero», las cuales pasaron a ser mis obras favoritas. Después, los compañeros del salón se reunían para ver videos pornográficos a escondidas y yo era invitada a verlos. Mi primera impresión fue de asombro y espanto. Eso me dejó tantas dudas, las cuales me quité al masturbarme por primera vez. La mezcla de la lectura de anécdotas eróticas más la auto-manipulación era mi pasatiempo preferido cuando me encerraba en mi habitación cada noche. Esto me llevó a comportarme muy coqueta, pero los chicos aún eran muy tontos en ese entonces y únicamente atraía a profesores. Tuve algunos novios con el fin de llegar al punto de experimentar mi primera vez, pero ese momento llegó después…

  • ¡Por el culo no, hijo!

    ¡Por el culo no, hijo!

    Peter estaba en una biblioteca inglesa tomando apuntes cuando se sentó enfrente de él una joven espigada, rubia, de ojos azules, con el cabello recogido en una coleta. Vestía una blusa blanca y una minifalda marrón que dejaba ver unas larga y estilizadas piernas y calzaba unas deportivas blancas. Mirando para el Rolex que llevaba en la muñeca, en bajito, le dijo:

    -¿En que trabajas?

    -Buscaba Cariño en el mapa de España.

    -Cariño te lo puedo dar yo, guapo de cara.

    -Gracias pero ya tengo el de mi madre.

    A la muchacha no le salían las cuentas. En su vida la habían rechazado. Pensó en lo peor.

    -¿Oye?

    -¿Qué?

    -¿Eres marica?

    -No, soy Peter.

    Aquella respuesta cambiaba la cosa.

    -¿Tienes un punto de retraso?

    -No, soy puntual.

    -Me piro. No quiero ir a la cárcel.

    Cat hizo amago de levantarse.

    -No te vayas. Nunca hablo con chicas guapas. ¿Por qué ibas a ir a la cárcel?

    -Por estar con un retrasado mental.

    -¿Qué le hiciste a ese retrasado mental?

    -No me extraña que no hablen contigo, ni las guapas ni las feas.

    -¿Por?

    -Porque lo digo yo.

    -Ya veo, ya.

    -Tú no ves ni un burro volando.

    -Claro que no lo podría ver, los burros no vuelan.

    Cat sonrió, y le dijo:

    -Seré tonta, debía salir corriendo…

    -Las apariencias engañan. Pareces lista. ¿Qué edad tienes?

    Cat miró para todos los lados.

    -¿Dónde está la cámara oculta?

    -¿Y a mí me lo preguntas? Si está oculta no se ve.

    -Joder con el guapo de cara… Veintidós.

    -Si hay veintidós y miramos bien alguna encontramos. ¿Para que la quieres encontrar?

    -Que tengo veintidós años. ¿Tú cuántos años tienes?

    -Dieciocho…

    -Un caramelito.

    -Vale.

    -¿Qué vale?

    -Que sí, que quiero ese caramelo.

    -Una hostia es lo que te voy a dar cómo me sigas vacilando

    -Jamás vacilé ante nada.

    La muchacha se cabreó.

    -¡Tu puta madre!

    -¿Y tú cómo sabes eso?

    Lo pilló.

    -Te estás riendo de mí, come letras.

    -Empezaste tú. No soy marica ni subnormal. Voy a seguir buscando por Cariño

    La chica se alegró de que no fuera un retrasado, ya que si lo fuera se le jodían los planes.

    -Quien se mete entre mis piernas dice que encuentra cariño.

    Peter le preguntó:

    -¿Y qué tienes ahí que da cariño?

    -La cueva de Alí Babá, una cueva en la que quieren entrar todos los ladrones.

    Peter puso cara de pensar y después le preguntó:

    -¡¿No serás una de esas mujeres que cobraban por hacer cosas que van contra la moral?!

    -¿Tú estás por joderme? No, por eso no estás. Estás por reírte de mí.

    -No, no estoy riéndome de ti, pero si me cuentas un chiste gracioso nos podemos reír los dos

    -Sé que te haces el tonto, y si no te lo haces ya me da igual. ¿Tienes dinero?

    -No, no llevo dinero encima.

    -¿Y en casa?

    -Allí sí, siempre guardo algo de mi paga.

    -¿Y de cuánto es tu paga?

    -De mil libras semanales.

    A Cat se le pusieron los ojos como platos.

    -¡¿Mil libras?!

    -Sí. ¿Cómo te lamas?

    -Cat. ¿Y tú?

    -Peter.

    -Me gusta tu nombre.

    -¿Por qué te llamas a ti misma Cat?

    -Es mi nombre y me viene al pelo porque soy muy gata.

    -Ronronea para que te crea.

    -Chupo mejor de lo que ronroneo.

    -¿Qué chupas?

    -Polla.

    -¿Y cómo la distingues del pollo?

    -Te gusta jugar con las palabras, ¿eh? A mí tampoco se me da mal. ¿Cómo distingues un coño de una coña?

    -¿Qué es un coño?

    -Lo sabes de sobras, listillo, y seguro que con ese cuerpo ya comiste más de uno.

    -Puede. ¿Tiene otro nombre?

    -Almeja.

    -No, conozco el bivalvo, pero no lo comí

    -¿Te gustaría comer mi bivalva?

    -Me da a mi que estamos hablando de cosas diferentes.

    -¿Quieres que te enseñe…?

    No la dejó terminar.

    -Mary ya me enseña todo lo que tengo que saber.

    -¿Quién es Mary?

    -Mi profesora particular

    -¿Y qué haces aquí?

    -No tenemos mapas en la biblioteca de la mansión.

    -Así que era verdad, eres el hijo de lady Winter. Se rumoreaba que tenía un hijo de soltera, pero nadie lo había visto.

    -Pues ya lo ves.

    -Ya llegó mi madre. -Peter miró hacia la entrada de la biblioteca-. Vete que no le gusta que hable con mujeres

    Cat miró para donde mirara Peter y vio a una mujer alta y fuerte de unos cuarenta años con un sombrero gris a juego con su vestido y con sus zapatos de tacón de aguja. Se levantó, y desde un ángulo muerto, le dijo:

    -¿Cuándo vuelves a la biblioteca?

    -No sé, vengo cuando tengo alguna duda y si mi madre me lo permite.

    -Cuando vengas trae cien libras.

    -¡¿Para qué?!

    -Soy una de esas chicas que hacen cosas que van contra la moral.

    Peter se quitó la careta.

    -No tienes pinta de puta.

    -¡Serás cabrón! Y yo que pensaba que eras un virguito…

    -Y lo soy, lo soy.

    -¿Un virguito?

    -No, un cabrón.

    -De eso no me cabe duda.

    Cat se fue. Peter recogió y regresó a casa en el asiento trasero del Jaguar negro que conducía su madre.

    Peter y lady Winter.

    Lady Winter, la madre de Peter, era una dama escocesa de 40 años, viuda y sería cómo un palo. A Peter lo veía cómo un niño de siete años, y se encargaba de que supiese de la vida sexual lo que sabe un niño de esa edad. A pesar de que ya hacía años que dejara de ser un niño seguía con los castigos corporales cuando hacía algo que no debía.

    Se había ido el servició. En el lujoso salón de la mansión sonaba Aida de Giuseppe Verdi. Peter estaba leyendo Moby Dick sentado en un sillón. Lady Winter estaba sentada en otro sillón mirando la BBC y tomando un whisky gran reserva de su bodega. Ella llevaba puesta una bata de seda roja y él una marrón. Peter tenía ganas de guerra, levantó la cabeza del libro y le preguntó a lady Winter:

    -¿Qué es un coño, madre?

    A lady Winter le cambió la cara oír la pregunta.

    -¡¿Quién te dijo esa palabra?!

    -Se lo oí decir a una chica mientas cogía un libro de la estantería.

    Empezó el interrogatorio.

    -Así, sin más. ¿No se le cayó el libro ni nada?

    -Sí, así, sin más.

    -¡Cómo te atreves a mentirme!

    Peter, fingiendo nerviosismo, le dijo:

    -A lo mejor se le cayó algo.

    Estaba visto que mentir no era lo suyo.

    -¿Me vas a decir por las buenas con quién estuviste hablando?

    -No hablé con nadie.

    -Sabes que no tolero que me mientas. Ven aquí que te voy a poner fino.

    Posó el libro en la mesa camilla que tenía delante y fue junto a su madre que se sentaba en un tresillo…

    -Dámela.

    No hizo falta que le dijera que le tenía que dar, Peter le quitó de su pie derecho una de sus zapatillas Birkenstock rojas con piso de goma del mismo color.

    -Échate sobre mis rodillas.

    Peter se echó sobre las rodillas de su madre.

    Lady Winter le subió la bata y le bajo los boxers, y con las duras nalgas de su hijo a su disposición, le dijo:

    -Se bueno, dime con quien hablaste y no te castigo.

    Le mintió.

    -No hablé con nadie.

    Le dio con la zapatilla.

    Le acarició las nalgas.

    -Se bueno, cariño, dímelo.

    -Dígame usted que es un coño.

    Le dio con más fuerza.

    -No digas esa palabrota.

    Peter estaba empalmado y su madre sentía su polla mojar el muslo de su bata abierta. Mientras le daba se iba a comportar cómo un niño travieso.

    -¡¡Coño!! -¡¡Plasssss, plasssss!! ¡¡Coño, coño!!

    -¡¿Con quién hablaste?

    -Con una chica.

    -¿Cómo era esa chica?

    -¡A usted que le importa!

    -.¿Cómo es?

    -Es una chica.

    -Te picó fuerte la bicha. Te voy a quitar el veneno

    El muslo de lady Winter se movió más prisa de arriba a abajo y de abajo a arriba rozando el glande y su mano en sus pelotas y en la base de su polla se movieron al mismo ritmo. Peter, se corrió en el muslo de su madre y en su bata abierta.

    -Ya me salió el veneno, madre.

    -¿Cómo era la chica?

    -Muy guapa, madre.

    -¿Más guapa que yo?

    -No, madre, usted es la mujer más bella de la tierra.

    Peter se puso en pie. La polla quedó a cinco o seis centímetros de la boca de su madre. Lady Winter tenía unas ganas locas de mamar la polla a su hijo, pero se contuvo una vez más, y le dijo:

    -Anda, vete para cama que ya es hora.

    Al irse su hijo pasó las yemas de dos dedos por la leche, los chupó y se dijo a si misa: «Si me toco ya me corro.»

    No se tocó en el sillón, lo haría en la ducha y después en su cama.

    Peter y Mary.

    La maestra de Peter se llamaba Mary y era una mujer divorciada de 36 años con dos hijos. Era alta, fuerte, fea, era erudita en todas las materias y en la de amar era una maestra.

    Estaban en un salón. Lady Winter había ido a hacer una revisión médica. Peter estaba sentado en una silla delante de una mesa sobre la que había una libreta y un ballpoint meisterstuck. Mary le preguntó a Peter.

    -¿Ya te follaste a tu madre?

    -Aún no.

    Mary se sentó en una silla, y le dijo:

    -Sigamos con la lección. Acabas de correrte después de azotarte tu madre. ¿Qué tienes que hacer?

    Peter se levantó, fue a su lado y sacó la polla. Mary le preguntó:

    -¿Qué haces?

    -Tengo más veneno, madre.

    Le cogió la cabeza con las dos manos a su maestra, la atrajo hacia él y la polla le entró en la boca. Mary se la mamó sin manos. Al rato le dijo Peter:

    -Lame mis huevos.

    -Si, cariño.

    Después de jugar con sus pelotas, Peter se dio la vuelta. Mary le abrió las nalgas y le lamió el periné y le folló el ojete con la punta de la lengua.

    Peter se volvió a dar la vuelta y le dijo:

    -¡Te voy a follar hasta que no puedas más!

    -Ya me tardaba que lo dijeras.

    Se levantó y en un plis plas estaban desnudos, o casi, ya que Mary dejó puestas sus medias negras y sus ligas rojas.

    Mary era morena, usaba gafas y su cabello negro era largo y abundante. Tenía tetas grandes, decaídas, con inmensas areolas rosadas y pezones gordos cómo dedos. Tenía michelines. Su coño tenía vello en cantidad y sus piernas, cómo sus brazos, eran anchas. Mary medía un metro setenta y algo y pesaba más de lo debido.

    Peter era moreno, medía casi un metro ochenta, su cuerpo estaba musculado, cargaba bien, unos 20 centímetros, y era guapo, muy guapo.

    Mary se echó sobre la alfombra del salón, Peter se arrodilló, le cogió los pies, le levantó las piernas y se la metió de una estocada, Mary comenzó a gemir con el primer mete y saca: «¡Ah, ah, ah, ah, uh, uh, uh, uh, uh, ah, ah, ah…» Peter, follándola veía su cabello desparramado por la alfombra y cómo sus grandes tetas y michelines subían y bajaban. A Peter le gustaba la chicha en las mujeres y su polla se ponía más y más dura. Aceleró cada vez más el mete y saca y se aceleraron sus gemidos Al follarla a toda mecha. Peter se corrió dentro de ella con toda la polla dentro. Mary lo miraba y sonreía, sabía que la polla se le iba a bajar un poco, pero que la iba a seguir follando y se le pondría otra vez dura. Así, fue, al ratito ya la polla estaba dura cómo el hormigón y chapoteaba al llegar al fondo del coño con la cantidad de leche y jugos que se encontraba: «¡Clash, clash, clash, clash…! Peter sabía cómo hacer para que se corriera Mary, lo sabía porque le enseñara ella. Le levanto más las piernas y haciendo palanca con su culo le folló la pared superior de la vagina donde tenía el punto G. Los gemidos de Mary subieron de tono: «¡¡Aaaaah, aaaah, aaaah, aaaaah…!!» Su cabeza se movió hacia los lados sin control, Peter sabía que se iba a correr. La folló a toda mecha y Mary se corrió a lo grande, temblando y gimiendo. Por los lados de la polla de Peter salieron jugos de su corrida.

    A acabar de correrse se dio la vuelta y se puso a cuatro patas. Peter se la clavó en el coño y volvió a follarla. Cada vez que la polla entraba la nalgueaba o le pellizcaba las nalgas. Mary era muy de expresar lo que sentía y comenzó a gemir de nuevo. La polla entró y salió del coño cómo un martillo pilón hasta que Mary le dijo:

    -Métemela en el culo que ya estoy a punto.

    Peter la sacó del coño, le jaló parte del cabello y se la metió en el culo.

    Azotando sus enormes nalgas, ya coloradas, y tirando de su cabello la folló a todo dar, hasta que le dijo:

    -¡¡Me corro!!

    No se corrió, se corrieron, él dentro de su culo y ella sobre la alfombra.

    Al acabar, Peter se puso boca arriba. Tenía la polla morcillona, Mary subió encima de él, cogió la polla y la metió en el coño. Su ceño se frunció. Ya le gustaba de nuevo. Se sentó sobre la polla y movió su culo alrededor, Peter le echó las manos a las tetas y se las magreó. Poco después ya la polla estaba dura de nuevo. Mary se apoyó con las manos en la cama y lo besó. Su cabello le cubría la cara, Peter lo recogió con una mano y se siguieron besando. Mary comenzó a cabalgarlo al paso y volvió a gemir de nuevo: «Ah, ah, ah, ah, uh, uh…!» Gemía, lo besaba, le miraba a los ojos, veía lo guapo que era, volvía a gemir, lo follaba y lo volvía a besar. Cuando sintió que le venía, gimiendo y mirándolo a los ojos lo cabalgó al galope. Peter vio cómo lo miraba con ojos de loca, de repente los ojos se le cerraron y temblando se derrumbó sobre él. Susurrando, le dijo:

    -Me corro otra vez.

    Al acabar, deshecha, se echó boca arriba, Peter se arrodilló a su lado y le metió la polla en la boca. Mary le hizo una mamada y se tragó su leche.

    El mayordomo y lady Winter.

    El mayordomo era un hombre irlandés, alto, serio, que vestía de negro. Parecía Lurch, el de la familia Addams.

    Era jueves, lady Winter volviera de llevar a su hijo a la biblioteca, Brian, el mayordomo, entró en la habitación de su ama con una bandeja en la que llevaba un plato cubierto con una tapadera y lo puso en una mesa camilla que había frente al sofá donde se sentaba su ama. Lady Winter lo abrió y vio en él una zapatilla blanca con piso de goma rojo. El mayordomo se sentó en una silla y esperó a que lady Winter se denudase y se echase en su regazo.

    Mientras tanto, en la biblioteca…

    Peter estaba en una esquina de la biblioteca esperando que apareciese Cat. Apareció con su blusa blanca, su minifalda marrón y con sus zapatillas de deporte blancas. Le preguntó:

    -¿Traes contigo el dinero?

    -Sí.

    -Dámelo si quieres que te enseñe cosas.

    Le dio dos billetes de 50 libras. Cat, le hizo una señal a la bibliotecaria. La mujer que se llamaba Lily y que tendría unos 25 años, colgó el cartel de cerrado y cerró la puerta de la biblioteca. Tenían dos horas para gozar con él cómo dos lobas.

    Lo llevaron a un cuarto trasero iluminado por una sola bombilla donde había estanterías, máquinas de escribir…, había cosas que ya no usaban, entre ellas un viejo colchón. Peter haciéndose el asustado, les preguntó:

    -¿Qué me vais a hacer?

    La bibliotecaria, que era delgada y tenía mucho de todo, besó a Cat y le respondió:

    -Te vamos a hacer feliz.

    -Las mujeres no se besan.

    -Las mujeres se comen todo y se corren cómo putas.

    -No digas palabrotas.

    Cat le dijo a la bibliotecaria.

    -Es muy raro, nunca sabes por donde va a salir.

    Se acercaron a él, lo flanquearon y lo desnudaron. Peter ya tenía la polla a media asta.

    Cat se puso en cuclillas y metió la polla en la boca. Peter, fingiendo estar asustado, le dijo:

    -¡No me la comas!

    Cat le dijo:

    -No tengas miedo, te va a gustar.

    Lily le dio un beso con lengua. Al acabar de besarlo, Peter, le dijo:

    -¡Qué asco!

    Cat le dijo a Lily:

    -Dale otro beso con lengua que se le puso la polla dura cómo una roca.

    Lily, sonrió, y le dijo:

    -A ver, cariño, yo no soy tu madre, no me tienes porque mentir. Saca la puntita de la lengua.

    Peter sacó la lengua, Lily se la chupó varias veces y después ya lo besó cómo ella quería, Cat le mamó la polla metiéndola hasta la campanilla y poco después Peter se corrió en su boca. Cat le preguntó:

    -¿Te gustó?

    -Muchisísimo.

    Al acabar se desnudaron. Al verlas desnudas la polla de Peter se volvió a poner dura, y no era para menos, Cat tenía unas tetas cómo pirámides y pezones y areolas rosadas, Lily, que era madre de un niño pequeño, las tenía redondas con areolas y pezones marrones y echaban leche. Lily se echó sobre el colchón, Cat se echó a su lado izquierdo y le dijo a Peter:

    -Échate al otro lado.

    Se echó y Cat le dijo:

    -Te voy a enseñar las cosas que te dije. Haz lo mismo que haga yo.

    Cat metió su lengua dentro de la boca de Lily, Peter vio cómo se acariciaban las lenguas e hizo lo mismo, primero con Lily, después con Cat y al final se besaron los tres. Luego Cat y Peter le amasaron una teta cada uno, lamieron los pezones y después le mamaron las tetas. Cat, con la boca llena de leche besó a Peter que se acababa de tragar aquella leche blanca y dulce como la miel. Después besaron a Lily con sus bocas llenas de leche, para acto seguido bajar a su coño, un coño que echaba por fuera de lo mojado que estaba. Cat pasaba la punta de su lengua por su raja y después lo hacía Peter. Lo mismo pasó con el clítoris, con el dedo y con los dedos, pues tenía cuatro dentro de su coño cuando se corrió gimiendo cómo una loca y temblando cómo si tuviera el mal de san Víctor. Al correrse se le inundó el coño de jugos y de sus tetas salió leche en cantidad que se encargaron de lamer.

    Lo mismo que hicieran con Lily lo hicieron con Cat, la única diferencia que hubo fue que Cat no echó leche por las tetas en ningún momento. Al acabar, les dijo Peter.

    -¿Qué hora es? Si mi madre viene a buscarme y encuentra la biblioteca cerrada le da algo

    A su madre le estaban dando algo, le estaba dando el mayordomo una paliza con la zapatilla, pero volvamos al principio.

    Lady Winter con sus tetas meloneras al aire y su felpudo negro entre las piernas, moviendo sus gordas nalgas para un lado y para el otro, como si fuera una modelo algo pasada de peso, llegó junto al mayordomo y le dio con la zapatilla blanca en la polla:

    -¿Quién va a hacer que me corra?

    El mayordomo, haciendo de malo de la película, estiró un brazo y con un dedo de la otra mano señaló su regazo. Lady Winter le dio la zapatilla y se echó sobre sus rodillas. El mayordomo sonreía mientras le daba:

    -¡¡Plaasss!! -¡Ayyyy!-

    El mayordomo volvió a su seriedad habitual.

    -Quiero que me tripliques el sueldo.

    -Ni lo sueñes, hace poco que te lo doblé.

    -¡¡Plasss! ¡Ayyy!

    -A tu hijo le das 1000 euros semanales, puta.

    -¿Y tú te vas a comparar con mi hijo, maricón?

    -¡¡Passs!! ¡Ayyy!

    Mirando por el ojo de la cerradura y viendo cómo la azotaba estaba la criada, una cuarentona, solterona fea cómo un carallo y que se mataba a pajas. Tenía una mano dentro de las bragas.

    El mayordomo estaba cabreado.

    -Odio a ese Peter Pan de los cojones.

    -¡¿Qué has dicho?!

    -Odio!! Plasss!! ¡Ayyyy!

    Lady Winter quedó con ganas de más.

    -No te oí bien

    -¡Peter! ¡¡¡Plas!!! ¡¡Ayyy!!

    Lady Winter, cachonda cómo una perra en celo, se bajó de su regazo con el culo rojo cómo un tomate maduro, le quitó la polla, una polla normalita, se sentó sobre ella, le rodeó el cuello con los brazos, le comió la boca y subió y bajó el culo hasta que se corrió metiéndole un mordisco en la boca que casi le arranca los labios. La criada viendo cómo se estremecía y gemía su ama se corrió con tanta fuerza que acabó en posición fetal en el piso del pasillo. Nada nuevo, pues se corriera así muchas veces, ya que lo del mayordomo con la señora ocurría a menudo.

    Vuelta a la biblioteca.

    Cat se masturbaba al tiempo que le comía el coño a Lily. Peter le estaba dando la polla a mamar. Ya estaban los tres buenos de ir. Lily le dijo a Peter:

    -Mete tu polla en el culo de Cat.

    Peter seguía con la comedia.

    -Nooo, esas cosas no se hacen.

    Cat dejo de comer coño y le dijo:

    -Métela, ya verás cómo te gusta

    -No que un día vi un documental…

    -¡Qué me la metas en el culo, atontado!

    Peter se puso detrás de ella, no fuera a ser que se arrepintiera. Le clavó el glande de un golpe.

    Cat se quejó.

    -¡Despacio que no soy de goma!

    Peter viendo entrar y salir la polla del coño tenía unas ganas locas de azotar las nalgas de Cat, pero un ingenuo no podía… ¿No podía? Había pagado, así que se quitó la careta. Levantó a Cat cómo si fuera una muñeca de trapo, le dio la vuelta, se la clavó en el coño y la folló a romper.

    Lily quedó boquiabierta, y Cat sin palabras

    Cat, al ratito, con las rodillas sobre el colchón y haciendo un arcó con su cuerpo, se corrió babeando y jadeando cómo una perra.

    Al acabar de correrse la echó sobre el colchón, cogió a Lily por los pies, la atrajo hacia él, se la clavó como se la había clavado a Cat y aún le dio con más saña. Lily, doblada y con la cabeza sobre el colchón, al sentir que e iba a correr, le dijo:

    -¡¡Follas cómo un diablo, farsante!!

    Peter, viendo a Lili convulsionándose, gimiendo y con los ojos en blanco, le llenó el coño de leche.

    Al final ellas supieron que él no era un ingenuo, y él supo que ellas no eran putas. Eran dos amigas que donde ponían el ojo ponían el coño, y si se caían unas pelillas…

    Quitando caretas.

    Lady Winter, en bata de casa de seda azul, estaba tomando el whisky nocturno que la relajaba. Peter leía 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne, y le preguntó a su madre:

    -¿Cómo se come un coño, madre?

    Winter se escandalizó.

    -¡Ay que ha dicho! ¿Quién te habló de esa palabrota?

    -La misma chica que me habló del coño.

    -¿Cómo te lo dijo?

    -Me dijo. «¿Te gustaría comerme el coño, guapo de cara?»

    -¿La que dijiste que era más fea que yo?

    -Sí, madre, pero le mentí, es más guapa que usted.

    Lady Winter se enfureció

    -¡¿Cómo se llama esa chica?!

    -No se lo voy a decir.

    -No me va a quedar más remedio que quitarte el veneno para que me digas cómo se llama. Desnúdate y ven.

    Peter se quitó la bata, debajo no llevaba nada, bueno, llevaba la polla empalmada y los huevos llenos de leche. Se quitó las zapatillas negras con piso de goma del mismo color, cogió una y fue junto a su madre. Le puso la polla en los labios, levanto la mano con la zapatilla, y le dijo:

    -Abre la boca y mama.

    Lady Winter había deseado mil veces que llegase aquel momento, pero tenía que seguir representando su papel

    -¡¿Qué te han hecho, hijo?!

    Al abrir la boca le entró la polla hasta la garganta y casi vomita con las arcadas que le dieron.

    -¡Chupa!

    Lady Winter se hacía la decente, pero el hijo estaba cansado de saber lo puta que era.

    -No me hagas esto, Peter.

    Le metió el glande en la boca.

    -Chupa, lagarta.

    Lady Winter le chupó la cabeza. Peter le cogió una mano y se la llevó a la polla. Lady Winter la cogió y la apretó. Peter movió el culo para masturbarla. Lady Winter, poco a poco, fue metiendo más polla en la boca. Al rato Peter dejó de mover el culo y la mano de su madre se deslizó por la polla para masturbársela, luego la levantó y le lamió y le chupó los huevos. Peter le dijo:

    -Estabas deseando mamar mi verga y de comer mis huevos. No lo niegues, madre.

    Lady Winter se hizo la indignada.

    -Esto me lo vas a pagar muy caro.

    -¡Sigue mamando, guarra!

    Volvió a mamar el glande, a masturbar la polla, a meterla casi toda en la boca… Lady Winter estaba perra, pero disimulaba. Masturbando a su hijo y mirándole a los ojos, le dijo:

    -Acaba de una vez.

    Peter no le iba a dar su leche en la boca, de momento. La cogió por debajo de los brazos, la levantó y le quitó la bata vio sus tetas meloneras, con areolas marrones y gordos pezones. Le lamió los pezones y mamó y acarició las tetas largo rato, después la bajó las bragas mojadas, vio su felpudo, y le dijo:

    -¡Qué coño más bonito!

    Peter se sentó donde había estado sentada su madre, le echó las manos a la cintura y le lamió el coño encharcado de jugos. Lady Winter le dijo:

    -¡Así te envenenes!

    Siguió lamiendo hasta que su madre empezó a gemir. En ese momento, le dijo:

    -Coge mi zapatilla del piso, dámela y échate sobre mis rodillas.

    Lady Winter se siguió haciendo la difícil.

    -¿Y si no lo hago, qué?

    -Le digo a tus amigas que te follas al mayordomo.

    Lady Winter no sabía que su hijo estaba al día de sus aventuras y se envenenó.

    -¡Cabrón chantajista!

    -Puta abusona.

    Lady Winter cogió la zapatilla, se la dio y se echó sobre sus rodillas, cosa que haría sin chantaje ni hostias, pues estaba tan cachonda que su coño echaba por fuera y sus pezones estaban duros cómo hierros.

    Peter, acarició sus blancas nalgas con las palmas de sus manos, le pasó un dedo por el coño mojado, lo chupó y después le dijo:

    -¿Te excitabas mucho al masturbarme?.

    Lo negó a palo seco.

    -Yo nunca te masturbé.

    -¡¡Plasss! Ayyyyy!

    -Me masturbaste y me gustó.

    -Eras tú el que se frotaba con mi pierna.

    -¡¡Plasss!! ¡Ayyyy!

    -Y tú la que jugabas con mi polla y mis pelotas

    -Mentira, yo nunca hice eso.

    Lady Winter mentía para que le siguiera dando y le dio con fuerza.

    Peter le acarició y le besó las nalgas doloridas.

    -Vamos a llevarnos bien. ¿Disfrutabas haciendo que me corriera?

    Lady Winter seguía en las suyas.

    -No, no sentía nada.

    -¡¡Plassss!! -¡Ayyy!

    Le metió dos dedos en el coño y se lo folló con ellos.

    -¿Quieres que te haga correr cómo me hacías correr tú a mí? Y no me mientas

    -¡No, no quiero!

    Le volvió a dar con fuerza.

    -Veo que te gusta, zorrita?

    Lady Winter sacó la puta viciosa que llevaba dentro.

    -Si, me gusta, cariño, dame más. ¡Quiero más!

    -¡¡¡Plass!!! -¡Ooh!

    -¡Ay que me corro!!

    Peter la levantó en alto en peso, se la clavó y la folló… Lady Winter, con la cabeza echada hacia atrás y con los brazos y los pies colgando, se corrió cómo una burra.

    Al acabar de correrse su madre, Peter, se volvió a sentar en el sillón con la polla dentro del coño. Lady Winter lo besó y le dijo:

    -¿Tenías ganas de mí?

    -Muchas, madre.

    Lady Winter comenzó a follar a su hijo a su aire. Peter le magreaba las tetas, le comía la boca… Poco después quitó la polla y le dio las tetas a mamar. Peter gozó de ellas hasta que lady Winter le dio la espalda. Peter cogió la polla y se la frotó en el ojete. Lady Winter, le dijo:

    -¡Por el culo no, hijo!

    -¿Nunca te dieron por el culo, madre?

    -No, hijo, el culo es para otros menesteres.

    -Y también para dulces placeres.

    Le apretó los pezones, clavó la cabeza de la polla y le rompió el culo.

    -¡¡¡Ayyyy!!! -se la siguió metiendo. ¡¡Ayayay!!

    -¿Te gusta, madre?

    -¡¡Me encanta!! ¡Mete, mete más!

    Se la metió hasta que los huevos. Al rato ya era lady Winter quien follaba su coño con dos dedos y la polla de su hijo con el culo. Los trallazos hacia atrás de su culo se los daba con tanta saña que se puso perra y perdió los modales.

    -¡¡Te la voy a romper, cabrón, te la voy a romper, te la voy a romper…!!

    Peter, apretando sus tetas, le daba por el palo.

    -Rompe, puta, rompe.

    Lady Winter dejo de dar trallazos. Peter sintió cómo el ojete apretaba su polla, y apretando y soltando, su madre se corrió cómo una cerda.

    Lady Winter además de puta y viciosa era una guarra, después de correrse entre gemidos y espasmos, quitó la polla del culo, se arrodilló delante de su hijo, la olió y después se la mamó hasta que Peter le llenó la boca de leche, luego le puso el coño en la boca, y le dijo:

    -Quiero correrme en tu boca.

    Peter le echó las manos al culo, la nalgueó y después pasó su lengua por el coño.

    -Aquí no, en tu cama.

    -¿Por qué en mi cama, madre?

    -Hace tiempo que deseo meterme en ella, hijo.

    Amanecieron abrazados.

    Quique.

  • La laguna

    La laguna

    Es una tarde calurosa, la brisa de la montaña parece no apaciguarlo.  Estás tú tan linda y sensual, el vestido que protege tu cuerpo esta tan pegado a ti, debido al calor, que parece una segunda piel. Ante tal bochorno decides refrescarte, conoces tan bien la montaña que sabes de un lugar donde hay una laguna esplendida, es tan acogedora y tranquila que dices ¿Por qué no?

    Llegas al lugar te cercioras de que estas solas; comienza a desvanecerse el vestido poco a poco hasta llegar a tus tobillos no lo piensas, te arrojas al agua, ese suspiro que das… el solo contacto de tu piel con el agua provoca una electrizante sensación dentro de ti. El agua esta exquisita, te sientes tan viva. De repente escuchas un ruido, no estás sola… alguien está ahí, soy yo estoy mirándote intentas disimular mi presencia, pero no logras librarte de la cabeza tal idea.

    Las formas del agua con las tuyas parecen fundirse en una sola. Me acerco a la laguna, tú te vas hasta el otro extremo. No te mueves. Me miras con miedo, pero a la vez con un feroz deseo. Comienzo a despojarme de mi ropa hasta quedar desnudo al frente tuyo. Me tiro al agua me pierdo por unos instantes dentro de la laguna. De repente aparezco cerca de ti. Nos miramos fijamente unos instantes, el golpeo de las olas me acercan tanto a ti que el solo rozar de nuestros cuerpos nos pone en ebullición, mi mano desliza suavemente tu cuello y nos besamos tan profundamente que nos dejamos llevar. Mis brazos rodean tu cintura, poco a poco bajan atreves de ella encontrando tu esplendido trasero. Cabe perfectamente en mis manos. Tú me rodeas el cuello y te cuelgas de él. Los pequeños mordiscos propiciados a tus labios te ponen en éxtasis, preparada para lo que viene.

    Te acerco a la orilla y te recuesto sobre la verde hierba, eres tan linda, tan sensual, pero a la vez te noto tan indefensa. Comienzo a besar tu cuello poco a poco, comienzo a bajar lentamente hasta llegar a ese espacio antes de tus pechos que me encanta, llego a tus pezones duros por la excitación, son tan ricos, tan duros, los beso uno a uno, mi lengua los recorre una, y otra vez. Ellos me anuncian que estas en éxtasis total, pues tus pezones erectos no ceden, sigo bajando me encuentro con tu ombligo, mi lengua entra en él, y te provoca un cosquilleo en tu cuerpo.

    Sigo mi camino y me encuentro con tus muslos tan apetecibles que no dudo un minuto y mis labios los besan, te miro y tus ojos están cerrados, y tu boca entre abierta, vuelvo a mi labor y ante mí me encuentro tu sexo…tan rico despidiendo ese aroma tan excitante, sin pensarlo lo beso poco a poco, suave y lentamente, tus pequeños gemidos me enuncian que te encanta eso, mi lengua lo recorre una y otra vez, con más fuerza y rapidez cada vez más y más… tu cuerpo comienza a formar un arco, llegas a un clímax total. Regreso a besarte para calmar tu locura pasional.

    Abres tus ojos y te arrojas a mi te pones encima de mi cuerpo, me besa las boca y bajas por mi pecho, mi abdomen y llegas a mi miembro que está deseoso de tus labios. Me miras muy pícaramente y pones tus manos en él. Lo miras y tu lengua lo recorre, tus labios, como saboreándolo. Lo besas tan suave, tierna y sensualmente es una sensación divina, cada vez con más y más pasión, comienzas a comerlo poco a poco, tan magistralmente. La sensación dentro de mí es tan fuerte y placentera que pierdo el sentido, lo haces con más y más fuerza y más rápido, cabe perfectamente dentro de tu boca. Estoy apunto y mi líquido vital moja tu boca pero afectivamente recibes con gusto tal acción.

    Eres sensacional. Nos besamos de nuevo como queriendo reponer el aliento perdido durante tal acción. Estas listas, te coloco en cuatro patas y me cercioro de tu humedad y estas perfectamente lubricada por tus propios fluidos y el calor que despide tu ardiente cuerpo. Me preparo para entrar en ti, coloco mis manos en tus caderas, y comienzo a entrar poco a poco… te estremeces de tal manera que parece que la succión viene de dentro de ti. Entra más y más… tú no dejas de suspirar y el escalofrío de tu cuerpo me anuncia tu placer, sigue entrando más hasta llenar tal espacio en ti. Por fin está dentro de ti. Comienzo a mover en un vaivén que hace que mis caderas choquen con las tuyas… el placer es demasiado, y muy exquisito lo hago con más fuerza tu gemido me anuncia tu orgasmo, pero salgo de ti, aun no… necesito que goces más.

    Me coloco boca abajo y hago que me cabalgues, comienzas a sentarte poco a poco lo sientes tan dentro, tan rico, que te veo excitadísima y al estar dentro de ti comienzas a moverte como una loca y veo ese movimiento de tus pechos en una forma oscilante y como te muerdes los labios, es una postal tan sensual, lo haces tan bien y con tal placer, como si fueras experta en tal acción. El orgasmo te hace moverte aún más y más rápido, yo también estoy a punto de terminar dentro de ti. Rápido con más fuerza, más pasión, estamos a punto de llegar, ambos estamos vibrando y gimiendo con tal fuerza que no logramos contenernos y… llegamos simultáneamente al éxtasis orgásmico y perdemos totalmente nuestras fuerzas.

    Te levantas, salgo de ti y te desplomas en mis brazos. Ambos nos quedamos jadeantes tumbados entre las hojas de la laguna.

  • El profesor va a mi casa y terminamos cogiendo

    El profesor va a mi casa y terminamos cogiendo

    Hablando de la universidad, recordé a mi viejo profesor de literatura, su nombre es Miguel, él era un hombre maduro, pero se veía muy bien, la verdad me gustaba mucho y a veces me daba a entender que yo le gustaba.

    Como yo no tenía ninguna relación, no dudaba en coquetearle e intercambiar miradas fuertes con él, a veces platicábamos y me tomaba la mano, aunque a veces él era muy serio, pero bueno poco a poco comenzó a formarse la situación.

    Una tarde sin imaginarlo le dije que estaba mal en su materia y que iba a necesitar que me ayudara porque si no iba a reprobar el semestre y si eso pasaba en mi casa me iban a matar.

    Para no hacer más larga la historia él aceptó ir a mi casa y darme clases, mis padres y mi hermano se encontraban ese día en casa, mi hermano con su novia, que aquí entre nos se me hace muy bonita y me gusta, y mis padres viendo el televisor.

    Llegó el profesor Miguel, Mickey como yo le digo, y lo saludé, como si nada yo me había vestido con una minifalda muy corta y mi blusa tenía un escote muy pronunciado, casi dejaba ver mis pechos completos, él se sentó en el comedor y le ofrecí una taza de café, en ese momento mis padres dijeron que ellos irían al cine para dejarnos estudiar, mi hermano también iba a salir con su novia, lo que a mí me pareció genial, ya que entonces si iba a poder hacer lo que yo me había propuesto.

    M: En que vas mal, ¡a ver cuéntame!

    K: Pues mire, ¡no entiendo esto!

    Empezamos a estudiar y yo como si nada me senté al lado del como para entender mejor sus explicaciones.

    Él un poco nervioso se alejaba, pero luego se volvía a acercar a mí, en una de esas a él se le cayó un libro y al momento que él se agachó yo también me agaché y se quedó mirando a mi escote, con unos ojotes de que le habían gustado mis pechos luego, luego se incorporó como si no hubiera pasado nada, en ese momento me senté y me acerqué más a él.

    Con un movimiento discreto empecé a rozar mi pierna con su pierna y él ya no se apartó de mí, poco a poco fui poniendo mi mano en su pierna y empecé a subirla y bajarla, sin llegar a tocar su miembro lo que a él no le incomodo, al contrario, creo que le agrado, el también poco a poco empezaba a acariciarme las piernas, ¡lo que a mí me empezó a excitar!

    Con discreción me acerqué a su cuello, ¡como para olerlo y empecé a besarlo suavemente él empezó a disfrutar y poco a poco volteó su cara para que yo le besara los labios en lo que él seguía acariciando mis piernas suavemente y ya casi a punto de llegar a mi vagina que estaba ya algo húmeda!

    K: ¡Que rico huele profe, uhm!

    M: ¡Que sagaz eres!

    Él me besaba como nadie lo había hecho nunca, metía su lengua en mi boca y empezaba a moverla como si estuviera besando mi vagina, eso a mí me prendía cada vez más, yo de rodillas en el sillón, hacia movimientos como si lo estuviera cabalgando, arriba y abajo, ¡Para que sus manos fueran subiendo más y más para que él me tocara las nalgas!

    ¡Sus manos llegaron a mis nalgas las cuales él empezó a acariciar y a apretar como si de pelotas o globos se trataran!

    M: Que ricas las tienes, uhm, ¡eres la más buena de la clase!

    K: ¿Te gusto?

    M: Me encantas, uhm, adoro tus piernas, ¡se sienten tan bien y besas riquísimo!

    K: ¡Usted también besa delicioso!

    Que rico se sentía, poco a poco fue pasando sus manos hacia delante y a acariciar mi vagina, que ya estaba muy húmeda, metió primero un dedo y empezó a jugar con mi clítoris, mientras yo le desabrochaba su camisa y besaba su pecho, su bien formado pecho, mordía sus tetitas, que para mí las sentía ricas y excitantes ya que mientras lo hacía pensaba en la novia de mi hermano.

    Poco a poco fue acercando su dedo a mi vagina y lentamente lo fue metiendo en ella, yo gemí de placer y me arqueé un poco hacia atrás, para sentirlo entrar un poco más, en ese momento el aprovechó y con su mano libre empezó a tocar mis pechos, y a apretármelos, ¡saco el dedo de mi vagina y se lo llevo a la boca!

    M: ¡Que rico sabes, uhm!!

    Me quito la blusa y empezó a darme tremendas mamadas en mis pechos, como si en verdad quisiera comérselos de un solo bocado, yo sentía rico y empezaba a tocarme mi vagina que ya pedía sentir su pené entrando en mí, lo agarre del cabello y lo aparte de mí, lo recosté en el sillón y le abrí el pantalón, ¡saque su pené que era casi de una cuarta y comencé a mamárselo!

    K: ¡Guau!! ¡Que rico pene!

    M: ¡Vamos, uhm, devóralo putita!

    K: ¡Sí, soy tu puta papi!

    Primero suavecito a mordidas suaves pero que trataba yo de que entrara completo en mi boca, lo tenía grande y duro, que rico sabia, el metía otra vez sus dedos en mi vagina y los empujaba como si en verdad fuera su pené el que me penetraba, recorría mi rajita humedeciéndola toda hasta llegar a mi ano y con fuerza lo penetro, que rico se sintió dolor, ¡pero me gusto!

    ¡Poco a poco me jalo hacia él y de rodillas me sentó frente a él y coloco su pené en la entrada de mi vagina fue metiéndolo poco a poco!

    M: ¿Te gusta?

    K: ¡Si, si me gusta!

    M: Pídemela, ¡anda pídeme que te la meta!

    K: ¡por favor matéemela, matéemela toda! ¡Quiero sentir rico!

    Y en ese momento la metió toda, agarrando mis nalgas hacia que yo subiera y bajara en su pené, ¡que rico se aventaba me tenía viene ensartada!

    Yo le apretaba el cuello, levantaba mis piernas las cuales el besaba y haciéndose ligeramente atrás, ¡me metía solo la puntita para dejarla ir con todo después!

    K: ¡Así, que rico, uhm, que rico!

    M: ¡Madre mía! ¡Que rico coño!

    K: ¿Soy la mejor de tus alumnas verdad?

    M: ¡Si!! ¡Y la que más rico coge!!

    Después me volteo de espaldas a él y me volvió a penetrar él con las piernas cerradas y yo con las piernas abiertas, y después yo con las piernas cerradas y el abiertas, la fricción se sentía más dura, me apretaba las nalgas me mordía la espalda, me estaba devorando mi profesor.

    M: ¡ponte de perrito putita!, Anda ¡ponte de perrito!, Ya me di cuenta que te gusta que te cojan y que te cojan bien!

    ¡Yo me puse de perrito y él siguió penetrándome en esa posición!

    M: ¡Muñeca que rico coges, uhm!

    K: ¡Ah, tú también coges riquísimo, uhm!

    Al momento de que me penetraba con su pené mi vagina, ¡con sus dedos empezó a penetrarme por el ano!

    M: ¿qué te parece? ¿No te gustaría estar con dos al mismo tiempo? ¡Verdad que se siente rico!

    ¡Yo sentía delicioso, me volteo y abrió mis piernas en compás y empezó a penetrarme en esa posición!

    M: ¡Ah muñeca que rico se siente!

    K: Si papi sigue así, no te detengas, mas dame más, ¡mmm se siente rico!

    M: ¡Si mami! te gusta? ¿Verdad que te gusta?

    K: ¡Sí!! Sigue así, mas dame más!!

    M: ¡Pídelo más fuerte, grítalo!!

    K: ¡Mas papi dame más, ah!!!

    ¡Se oyó el grito de él y empecé a sentir como su semen recorría mi vagina y mis nalgas!

    Que rico se sentía su leche, él se había venido en mí y yo había tenido un riquísimo orgasmo.

    Nos acomodamos la ropa y arreglamos un poco el lugar, y que el sillón y lo que había hi había quedado maltrecho, yo limpié las marcas de nuestros fluidos, el profesor y yo más tranquilos hablamos y le confesé que solo quería coger rico con él.

    Kali

  • Recordando esa aventura con mi prima

    Recordando esa aventura con mi prima

    Hace algunos años les narré una follada que nos dimos con mi prima Roxana. Un año después de haberme cogido a Roxana, me cogí a la prima mayor y mucho tiempo después me cogí a la hija de Roxana, de nombre Jacqueline. Son las únicas aventuras que he tenido con un familiar cercano y debo de hacer énfasis que se tratan de primas de segunda y a quienes no conocía y que en cierta ocasión llegaron de repente y pasó lo que pasó. La única que me sorprendió fue la sobrina Jacqueline, quien a sus 20 años nos metimos en un hotel en México para esas vísperas de la boda de su hermana mayor.

    Siempre he pensado que por lo prohibido que esto supone estas experiencias las he idealizado. Con Jacqueline por motivos de esa distancia esa aventura solo ocurrió un par de veces, con la hermana mayor, estuvimos cogiendo por los primeros meses cuando vino a estudiar y mi casa fue también su casa, pero con Roxana, siempre hemos cogido… no frecuentemente, pero cuando hemos coincidido en algún lugar, siempre hemos intentado recordar esa intimidad. La verdad que todavía a sus 54 años se mira jovial y se cuida mucho para ello, pero también por la distancia esos encuentros han sido pocos.

    La última vez que nos vimos solo me pidió verme la verga. Estábamos en el patio de la casa de mi hermana y ella en un descuido me la masajeó sobre el pantalón. Creo que al igual que Roxana idealizamos esas primeras cogidas que nos dimos en esa época de la juventud. Como no podíamos coger en mi casa con esa libertad que un día tuvimos mientras mi madre trabajaba y mi tío dormitaba, recuerdo que buscábamos cualquier oportunidad para estarnos manoseando. Una noche le estaba haciendo masaje oral en plena sala de la casa y Roxana se estaba yendo con un orgasmo que no sé cómo lograba mitigar el ruido. Se ponía unos pantalones bien ceñidos y sobre sus pantalones le comía su conchita y de esa manera acababa. Me gustaba cuando se ponía falda, pues de esa manera podía sentir e introducir mis dedos entre su calzón. Ese día que me comía su concha sobre el pantalón, Roxana estaba acostada en posición del misionero y después de besarnos apasionadamente y haberle erizado su piel mamándole el cuello, le ponía mi boca sobre su conchita sin quitarle el pantalón. De esa manera se fue en varias ocasiones y ese noche no sé cómo le hizo, pues yo nunca escuché a mi tío acercarse y si nos no vio fue porque la luz estaba apagada y las cortinas corredizas totalmente cerradas y era muy oscuro. Suerte que había una puerta cerca para llegar a la cocina y por donde yo me fui.

    La verdad que ya lo habíamos hecho una vez plenamente donde hubo sexo oral, vaginal y anal y lo queríamos volver a vivir, estábamos ansiosos para repetirlo y solo faltaban un par de días para que el tío y Roxana regresaran, pues los quince días que tenía de vacaciones el viejo, llegaban a su final. Tres días antes había inventado ir a un parque de juegos mecánicos muy popular entre los jóvenes, pero el tío se nos unió a pesar de que él no disfruta en nada este tipo de entretenimiento. Por suerte, en ese parque había una promoción de ir un segundo día sin costo alguno y es donde aprovechamos, pues el tío estaba tan cansado con un primer día caminando por todo el parque que ya no estaba dispuesto a acompañarnos y mi madre que tenía el día libre, sabía que ella no le gusta este tipo de diversión.

    La verdad que no pensábamos ir al parque, pensábamos ir a meternos a un motel y en esos días no eran los días donde te controlaban por un celular… no existían. Ya lo habíamos platicado y yo iría a recepción para la registración, pues como imaginaran, una chica a sus 18 años no desea ser vista con nadie entrando en un motel, aunque nadie la conozca. La verdad que hasta yo mismo me sentía nervioso, era la primera vez que rentaba un cuarto de un motel. Y por seguridad, entré yo solo para asegurarme que todo estaba bien y nos tocó la habitación al interior del edificio en el segundo nivel. Regresé por Roxana, quien estaba ansiosa y nerviosa por lo que estábamos haciendo.

    Roxana llevaba un pantalón a rayas verticales de color multicolor y una camiseta blanca que le hacía ver una silueta muy sensual. No era muy alta, creo que debería de medir un metro con sesenta y quizá pesaría de unas 120 a 130 libras muy bien proporcionadas. Era de esas chicas de piernas llenas, de un trasero bien proyectado, de unos bustos redondos y como dije en mi primer relato, verdaderamente sólidos. Llevaba un sostén y unos calzones tipo bikini, aunque no diminuto de color blanco. Roxana no se depilaba su conchita, pero tampoco tenía muchos vellos. Desde que se los quité ya los tenía mojados… podía sentir ese olor de sus feromonas a través de sus jugos vaginales, olor del cual me hice adicto… me gusta el olor de una fresca panocha.

    La habitación era toda para nosotros y hasta recuerdo haber puesto esa nota que decía “No interrumpir” colgada en la puerta. Roxana, al igual que yo sentíamos ese nerviosismo que a esa edad se tiene, de hecho, todavía me sigo poniendo nervioso cuando ando en estos trotes. A esa edad ya media un metro con ochenta y ocho y pesaba unas 200 libras. Ya mi verga estaba bien desarrollada y ya llegaba a las 21 a 23 centímetros. Ya Roxana la había probado, ya la había mamado y cogido con su panochita y su rico y apretado culo.

    Recuerdo que me concentré en darle placer oral. Quizá lo más incómodo por la confianza con Roxana. De hecho, no se desvestía frente de mí, siempre lo hacía debajo de las sabanas. Así que esas primeras mamadas que le di fueron debajo de las sabanas y siempre con la luz apagada. Solo sentía como me tomaba de la cabeza cuando llegaba al orgasmo. Por ese tiempo todavía no lo podía entender ni creo que me lo cuestioné, ella se podía ir varias veces en solo minutos. Roxana se iba fácilmente cuando le hacía sexo oral, creo que le fascinaba y qué chica de 18 años no le encantaría sentir una lengua en su canal vaginal o en el de sus nalgas. Roxana lo vivía completo a esta edad, y estábamos libres para hacerlo en estas cuatro paredes y yo me deleitaba metiéndole la lengua en ese ojete y conchita que había desvirgado una semana antes.

    Llevaba un paquete de 3 condones y ese día ya para las once de la mañana los habíamos ocupado. Puse a Roxana en posición de misionero y le gustaba esa posición porque también le mamaba sus ricos pezones, pero también le gustaba de perrito, porque podía sentir como mis testículos le golpeaban, pero también luego después me dijo, que le encantaba sentir como mis dedos jugaban con su ojete mientras le embestía su conchita. El sexo anal siempre lo hicimos sin condón y Roxana tiempo después me confesaba que le había gustado pues sentía una sensación exquisita cuando sentía mi corrida en el interior de su culo… esa sensación de calor y sentir mi verga en su culo fue algo que ella idealiza de esos días. Una semana antes se lo había hecho sangrar y en esta otra ocasión también tuvo en pequeño sangrado, pero nunca se dio cuenta, pues yo se lo limpiaba con algunas toallas mojadas que teníamos a mano.

    Recuerdo que ese sábado salimos a comer y a traer más condones. No creo exagerar, pero a esos 18 años que teníamos, le eché por lo menos diez corridas y hasta recuerdo que me quedaban ardiendo los testículos pues ya no sacaban mucha leche. Roxana hasta tiempo después me hablaba de que por esos días lograba conmigo unos 15 orgasmos. Me confesó que ese día tuvo su primer orgasmo anal y que no lo ha logrado con nadie, más que conmigo y es por eso por lo que a pesar del tiempo y ciertos riesgos, siempre me ha buscado para que me la coja analmente. Creo que debe ser mi resistencia, pues recuerdo que fácilmente pasaba taladrando su culo por más de 30 minutos y escuchar ese cacheteo, ese chasquido de mi verga entrando y saliendo le volvía loca. Ella también me elogia diciendo que el tamaño y grosor debe tener cierto efecto. Roxana la puedo considerar una chica petit y es un delicia culear a esta pequeña mujer… Su conchita siempre la siento apretada, ahora pueden imaginarse como aprieta ese su rico culo que tiene.

    Tengo la seguridad que Roxana no tiene idea que por la misma época me cogí a su hermana, mi otra prima. También no creo que tenga la remota idea que me haya cogido a su hija, la preciosa e idéntica Jaqueline. Esto quizá sea lo morboso y porque idealizó esos días de esas cogidas. Cuando se fue después de sus vacaciones con mi tío, no la volví a ver hasta esos días previos a su boda. Recuerdo llegué dos días antes al evento y me dijo: Tony, mañana tengo mi despedida de soltera oficial con mis amigas, pero esta noche, quiero que seas solo tú, quien me despida de mi soltería. Ya para este tiempo, se depilaba su conchita completamente.

  • Reencuentro en el hotel

    Reencuentro en el hotel

    Llego al hotel. Estoy más ansiosa que cansada. Te escribo un mensaje en cuanto termino de acondicionarme. Sabemos cómo vamos a terminar, pero algo de juego no viene mal. Pido que traigan la cena a la habitación y te espero con un vestido rojo de cuello alto que me aprieta las tetas y cuyo tajo permitirá una buena vista de mis muslos. Sé que te gustan mucho.

    Llegás bañado y perfumado. Paseo mi nariz por tu cuello, olfateándote. Aunque tu saludo haya sido frío, sé que en este momento te cosquillea la entrepierna. Pero primero hay que cenar. Comiendo, conversamos un poco y la noche empieza a entonarse gracias al vino. Con la excusa de la comodidad, me llevo la copa a la cama y sigo bebiendo ahí, de piernas cruzadas. Te veo comerme con los ojos.

    Súbitamente parecés recordar a qué viniste. Me tomás de las manos y me atraés hacia vos. Bailás conmigo, pegándome a tu cuerpo. Me das una vuelta. Quedás a mis espaldas y me pegás de nuevo a tu cuerpo. Olfateás mi nuca. Ahora a mí me cosquillea la entrepierna. Tu erección me presiona las nalgas y tus manos pellizcan mis pezones por encima del vestido. Gimo despacio. Una mano se queda a masajearme las tetas. La otra aprovecha el tajo para colarse debajo de mi tanga bordó. Estoy empapada y tus dedos se benfician de ello. Jugás con mi clítoris hasta ponerme a gritar y entonces tus dedos me penetran.

    Cuando me corro por primera vez, me echás a la cama, desabrochás tu cinturón y acercás esa verga potente a mi cara. Decís «Quiero tu boca» y mi boca engulle el glande y después el tronco, mientras mis manos amasan tus testículos. Te tomo por las nalgas y empujo hasta que la punta me choca la garganta. Me cogés la boca con ganas hasta salpicarme todo el paladar.

    Nos desnudamos y nos besamos durante el descanso. Nos rasguñamos y manoseamos por completo, recorriéndonos, degustándonos. Te sentás en la cama y me acomodo para cabalgarte con mis tetas siempre al alcance de tu cara y de tus dientes, que me lastiman rico, muy rico los pezones. Te monto una y otra vez, agarrada de tus hombros para no perder impulso. Me gusta mucho cómo tu pene se va abriendo camino dentro de mí. Entrás y salís hasta que nos sorprende un orgasmo que nos deja exhaustos.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 13)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 13)

    Esta vez dormí hasta las cuatro de la tarde.  El cansancio acumulado se había hecho sentir con creces. Pero la importancia, era un cero absoluto.

    Como ya estaba comenzando a acostumbrarme, supe que estaba despierto cuando sentí el “Gaag. Agg. Agg. Gaag.”, que producía mi pija ya parada sobre la garganta de mi prima al intentar metérsela más y más profundo. Se la quería comer toda, literalmente.

    Los chorros de saliva y el sonido gutural sonaban a campanadas recibiéndome en el paraíso. Era una sensación perfecta. Julia era perfecta. Todo era perfecto. Sentía que hasta yo mismo era perfecto. Y si eso no era la sensación plena de paz que describen los genios cuando hablan del cielo, no entendí nada.

    Al instante me distraje del pete que me hacía mi prima y recordé que había aceptado hacer la fiesta del culo.

    Entre sus labios, sus besos, su baba y su garganta, la verga volvió a latirme sin piedad. El orgasmo había comenzado en mi mente al saber que finalmente le haría la cola a mi prima. No solamente le haría la colita: se la iba a desvirgar. El ano de Julia llevaría mi marca por siempre. Aquellas punteadas que le había dado mientras dormía borracha, finalmente completarían la misión. El solo hecho de imaginar su culito estrecho cediéndole lugar a mi verga, poco a poco, despacio para no generarle un dolor extra, me estaba haciendo estallar el espíritu.

    La tomé de las mejillas y le marqué el ritmo. Uno podría pensar que era el momento perfecto para hacer que su cabeza suba y baje con toda la fuerza, pero no parecía ser necesario.

    -Hoy desayunas guasca – le dije entre gemidos. Ignorando que el horario para desayunar ya había finalizado.

    Julia emitió dos sonidos parecidos a un “no”, todavía con la pija en la boca, pero fue en vano. Con una de mis manos sobre su mentón y otra sobre su nuca, le fue imposible salirse allí. Dos, tres y cuatro lechazos le llenaron nuevamente el paladar de semen. Cinco y seis lechazos más le hicieron tener que inflar los cachetes, para poder contenerla toda.

    Mi prima me miró con cara de odio cuando la solté. Se puso de pie y con las tetas al aire y la bombacha de su amiga puesta, agitaba las manos como si se estaría quemando, o como si le daría asco tener tanto esperma de su primo en la boquita. Parecía que estaba por vomitar en cualquier momento.

    Yo en cambio la miré sorprendido y le pregunté qué le pasaba. No me había dado hasta ese entonces la idea de que era una de esas pibitas que necesiten que les avisen cuando uno iba a acabar. Mientras ella buscaba algo en donde escupir la leche, mi curiosidad no hacía otra cosa que aumentar.

    Encontró un vaso de vidrio, como los que se usan para tomar whisky y escupió todo el semen que tenía en la boca, en un segundo.

    -¿Sos pelotudo, Rodrigo? – me preguntó cuando pudo usar la lengua para hablar, en vez de petear. – ¿Sos pelotudo o te haces?

    Abrí mis brazos como respuesta, para que sepa que no entendía nada. Ella volvió a escupir sobre el vaso los restos de semen que quedaban en su boca y todavía con gesto de enojada me dijo que me vaya a la mierda. Que no podía ser tan pelotudo.

    -¡Pero qué te pasa! – le dije – ¿Te despertaste alérgica al semen? – el no entender que ocurría ya me estaba molestando.

    Tras dos segundos de silencio, que parecieron muchos más, Julia se tiró en la cama, a mi lado y me besó.

    -Te dije anoche que hoy era la fiesta de la leche. No podes acabarme así. Arruinaste todo.

    Era cierto. Lo había olvidado. Me había quedado pensando en la otra fiesta. La que vendría. Pero no pude ni disculparme. No habría sido sincero.

    -Explicame, genia de la vida, ídola de los deslechados – le dije irónicamente -¿Qué mierda es la fiesta de la leche? – pregunté después, resignado a no poder sincronizar mi imaginación con la de ella.

    Julia sonrió. A penas. Entendió ahí que no había sido del todo mi culpa llenarle la boca de semen sin previo aviso.

    -La fiesta de la leche es que yo te chupo la pija todo el día y vos aguantas. No acabas hasta la noche. – me dijo, ya con menos enojo en su rostro. – Entonces antes de dormir me tomo toda la lechita acumulada.

    “Llegó el momento más esperado de la noche”, sentí escuchar cuando cerré los ojos por un momento. “El premio para el hombre más estúpido del planeta Tierra es para… taran, taran… “

    Había arruinado alta fiesta. El sueño del pibe. Que te chupen la pija todo el día, relajado en un barco de lujo, tomando toda la birra que quieras y encima la dueña de la garganta iba a ser mi prima.

    Ni tuve que imaginar mi nombre. El premio era para mí.

    Pero no suelo dejarme llevar por la desilusión por mucho tiempo. Ya lo sabrán. La comodidad que te ofrece la tristeza, es adictiva. Cuánto más rápido salga uno de ella, más oportunidades tendrá en la vida.

    -Esa no es la fiesta de la leche, boba. – dije sin saber que más iría a decir. -Esa es la fiesta de la chupapija. – Aclaré luego, todavía sin idea de lo que quería explicar.-La hacemos otro día esa fiesta.

    Julia sonrió. Esta vez me convenció un poco más de que ya no estaba enojada. Cuando me dijo que le explique, entonces, cuál era la fiesta de la leche, saqué la guitarra. Todo lo que había aprendido sobre el chamullo a las minitas exigía inmediatamente aplicación.

    Ella lo sabía. Y le gustaba. La volvía loca saber que me la iba a chamullar como a una putita que recién conocía en un bar.

    La tomé del rostro y le besé la frente. Luego el hombro e inmediatamente me puse a chuparle una teta. Como para darle tiempo a mi cabeza a que consiga, al menos, algo parecido a una idea.

    -La fiesta de la leche es que acabe siempre en un vaso. Y al final te la tomas – improvisé – Te la tragas fresquita, bien concentrada. Con mucho gusto a semen.

    Julia hizo un gesto de asco. Mitad de asco para ser preciso. La otra mitad demostraba duda.

    -No sé si me va a gustar, Rodri. – me dijo tímidamente – Nunca tome la leche fría. Siempre me gustó calentita. Y tanta cantidad junta… no sé.

    Mi cabeza se dirigió al cielo nuevamente. Ya me estaba excitando otra vez. Esa carita de desagrado que ponía cuando parecía venírsele encima algo de lo que no estaba segura, me hacía hervir la sangre. Y toda esa sangre hirviendo iba a parar al pene, para no dejarlo dormir ni un minuto tranquilo. Otra vez al palo. Otra vez durísima, con los testículos recién vaciados.

    -Te va a gustar, porque sos toda una lecherita. Vas a ver.

    Mi prima dudo pero aceptó. Al verme la pija otra vez parada se acomodó para volver a chupármela.

    -Si seguís así me parece que me vas a tener todo el día mamándotela igual.

    Le asentí con la cabeza. Esta vez mis manos fueron a mi nuca y cerré los ojos para que mi prima me peteara como ella quisiese.

    La humedad de su boca, el cariño de los lengüetazos que le daba a mis pelotas, incluso el reflejo que me producían sus dientes cuando a veces simulaba morderme el glande, ya estaban por hacerme eyacular de nuevo. Pero esta vez presté más atención: se la quité de la boca y me puse de pie. Tomé el vaso de whisky y le sumé dos lechazos pastosos al contenido que ya había escupido Julia.

    -A penas arranca la fiesta y ya está lleno casi por la mitad. – le dije, poniéndolo a la altura de la vista y marcándole con un dedo hasta dónde llegaba el contenido de semen de su interior. – Por las dudas busquemos otro vaso.

    No era verdad. Estaría casi un cuarto lleno. Pero me gustaba exagerarle, para tratarla como a una putita tragaleche. A ella también. Tal cual lo había sospechado, su gesto de asco del comienzo era ahora de excitación.

    Me miraba con una cara de trolita abstinente de pija que pensé en volver a la cama y comerle la conchita un rato. O incluso cogerla con la verga un poco muerta. Pero no me iba a arriesgar a estropear, otra vez, la fiesta que ella había propuesto.

    Le dije entonces que aprovechemos a ir a buscar algo para comer y a recorrer los bares para conseguir latitas. Que le demos tiempo a que se me vuelvan a llenar las bolas de esperma, para seguir llenando el vaso que se tomaría al final.

    En el crucero no sólo tenían una inmensa variedad de comida, sino que, además, el comedor funcionaba las 24 horas del día. Sin dudas era el lugar ideal para hacer fiestitas con mi prima.

    Mientras probábamos el pescado (que, tal como dijo Julia, era bien fresco) sentí el peso de la resaca. Tanta cerveza de la noche anterior y dormirme sin cenar, le pasaban factura a mi cuerpo. Sobre todo a mi cabeza. Pero por suerte tenía el antídoto a mano: agua. Me habré bajado cinco o seis botellitas de medio litro en menos de una hora, pero ya me sentía mejor.

    Esta vez no cometería el mismo error. Aunque la recorrida por los bares nos demoró más tiempo que la del día anterior, además de las latitas de cerveza, pedimos varias botellas de agua.

    Otra vez y en el mismo lugar, con la misma ropa y en la misma silla lo volví a cruzar a Fabián. Ya hablaba con el barman como si fuesen amigos de toda la vida. Y aunque no tenía bebidas libres, le regalaban de lástima algún que otro trago de vez en cuando. Lo sé porque me quedé un rato observándolo, desde lejos. Hasta a mí me estaba empezando a dar pena. A Julia no.

    Como si lo habríamos ensayado todo, nos encontramos justo en la entrada de nuestro camarote. Mi prima abrió la puerta y pegó un grito: habían ordenado y limpiado el cuarto a la perfección. En el suelo sólo quedaron las bombachas de la fiesta. Las latas vacías, los papeles y todo lo que estaba a su alrededor, parecía haber desaparecido por arte de magia. La cama recién hecha, un bellísimo aroma a lavanda en el aire y hasta el baño parecía como nuevo. Pero a Julia nada de eso pareció satisfacerla.

    Tal vez por los restos de resaca, pero ella fue más viva. Corrió hasta la mesita de luz y suspiró relajada cuando encontró el vaso con leche.

    -¡Uff! – dijo dándole un beso – Pensé que lo habían tirado.

    Al ver la situación me di cuenta que mi prima realmente estaba loca. Loca por la guasca. Y me encantaba. Me encendió la mente, un poco más, imaginarme la cara que habrá puesto el o la que encontró el vaso. Semejante olor a semen viejo, reposando en un recipiente que ni se atrevieron a tocar. Tal vez por asco, o tal vez porque no querían meterse con la puta que planeaba comérselos.

    Como si quisiese terminar la tarea, mi prima juntó todas sus bombachas del suelo y las acomodó sobre la cama.

    -Vos y tu fiestita – dijo retándome -Tengo todas las bombachas sucias ahora. Todas manchadas con pija.

    Me acerqué y la besé, con cara de pibe arrepentido de una travesura realizada. De su cintura mi mano viajó hasta su cola, para apretársela primero y manosearla despacio después.

    -Relajate un poco, gila – contesté, intentando quitar una sonrisa más de su rostro – Que te voy a chupar la conchita igual. Te cojo y te peteo la concha con la bombacha sucia. Te va a gustar más.

    Puso una mano sobre mi nuca e intercalándolos con su exhalación, me ofreció una buena cantidad de besos en el cuello. Al palparme la pija sobre el pantalón, volvió a sentirla dura.

    Me miro con cara de: “¿otra vez?” y solamente con mi mirada entendió que había llegado el momento de chupármela de nuevo.

    Se puso de rodillas y me bajó la ropa de un tirón, se la puso en la boca y otra vez pude disfrutar del “Gaag. Aagg” que salía de su garganta. Las caricias con su lengua, los apretones con sus labios. El aire caliente al respirar, chocando con mi poronga mojada por la saliva de mi prima. Era estar volando de placer.

    Ahora le avise que iría a acabar y cual putita sumisa, agradeció con una sonrisa mi gesto de piedad.

    Al detectar que ya no salía más leche de mi pija, vació su boca en el vaso.

    Esta vez ella misma midió el contenido, marcándolo con el dedo sobre el vidrio.

    -Sí, creo que vamos a necesitar otro vaso, Ro.

    Como esta fiesta nos daba tiempo libre, Julia propuso aprovechar que el día estaba lindo e ir a la pileta que el crucero tenía en el fondo. No me negué, pero le dije que apenas tuviese ganas de que me haga otro pete volveríamos a la habitación, de inmediato y sin excusas.

    Ella aceptó y propuso que decidiésemos algún código para que le pueda avisar.

    Era una buena idea. No podía decirle delante de toda gente que debíamos irnos para llenar el vaso un poco más. Ni que ya sentía las pelotas con leche suficiente como para una nueva mamada.

    “Vamos a la pieza primita, que te quiero acabar en la boca” No daba. “La colecta de semen ya está lista para una nueva entrega”. Tampoco.

    Mientras se cambiaba, le escuché decir que use la palabra “rojo” en una frase cualquiera y ella entendería. A mí me dio gracia. Aguantándome un poco la risa, le expliqué que esa palabra se usaba cuando uno de los participantes de una sesión de sadomasoquismo quería frenar. Que como las palabras tenían vía libre, los quejidos y pedidos eran ignorados. Salvo la palabra “Rojo”. O algo así.

    -Bueno. “Blanco” entonces. – dijo desde el baño – “Rojo” queda para cuando te zarpes de bruto cogiéndome.-bromeó al final, sacando la cabeza para espiar mi reacción. Quería saber si ahora ella me había quitado una sonrisa a mí por su comentario.

    Pero cuando salió del baño, se encontró sólo con mi boca abierta. De sorpresa. El bikini que tenía puesto estaba hecho a su medida. Le resaltaba las tetas de una forma tan sensual que me dejó atónito. Y la cola… Que decirles… Ni tan tanga, ni tan conservadora. Del mismo color celeste, casi verde, que tenían sus ojos cuando el sol le pegaba de lleno en la cara. Estaba hermosa.

    Una diosa de su altura, paseándose con esa bikini metiéndosele en la colita y la almeja depilada perfectamente, marcada entre sus piernas, iba a ser un verdadero peligro para la salud de los viejos verdes que ya habíamos visto que viajaban con nosotros.

    Cuando dio una vueltita para mostrarme como le quedaba de atrás, recibí un flechazo en la mente. Otro más. Esta vez más fuerte: a esa colita le quedaban pocas horas de virginidad. Ese culo bellísimo que tenía enfrente estaba cada vez más cerca de ser mío. Por más lindo que sea, lo quería romper con todas las fuerzas posibles.

    -¿Y? ¿Qué tal me queda, Rodri? – me preguntó, sabiendo la respuesta.

    -Blanco – dije sin dudar. También casi sin pensar.

    La palabra salió de mis cuerdas vocales con tanta desesperación que Julia pensó que la estaba cargando.

    -Blanco. – le repetí.

    Julia sonrió con la boca chueca, signo que ya sabía que expresaba cuando se estaba excitando.

    Se puso detrás de mí, apoyándome las tetas en la espalda. Con una de sus manos me abrazó el abdomen y con la otra me sacó la verga del pantalón, y la apretó con ternura.

    -Que pajerito resultó ser mi primo. – dijo suavecito en mi oído. – Le tengo que andar tocando el pito a cada rato.

    Y comenzó a bajar y a subir sus dedos con mi pija en el medio. Yo me estiré y le alcancé el vaso. Lo tomó y volvió a poner su mano sobre mi panza, esta vez apoyándome el cristal para tener más comodidad.

    -Esta vez te tengo que sacar la chele con la mano, porque me vas a dejar llagas en la boca sino. No le querrás lastimar la boquita a la petera de tu prima ¿no?

    Me encantaba su tono de voz. Me calentaba tanto que tenía siempre el trabajo mucho más facilitado cuando quería hacerme delirar. Y esas contradicciones que mostraba a veces su lógica, no hacían otra cosa más que enfermarme peor. Como si ella misma no podría tampoco pensar con claridad cuando caía presa por las ganas de coger con su primo.

    Hacía un rato nomás se había enojado porque arruiné su plan de chuparme la pija absolutamente todo el día. Desde que nos despertásemos hasta que nos fuésemos a dormir. Y ahora simulaba un temor a no lastimarse la boca de tanto petear y petear.

    -Que pervertido resultó ser mi primito. Pajerito y pervertido. – continuó – Le gusta que la prima le haga la paja. Y que se tome la leche.

    La pija entera me ardía de una forma tan relajante, que me volvía más y más loco. Mi prima era una experta chupando chota, hablando como una puta, gestualizando como una piba inocente; pero también era una experta pajeándome.

    -Se la cogió con todas las bombachitas que trajo y todavía quiere que le siga tocando el pito, para acumular más guasca. – siguió protestando.

    Parecía hablarle a alguien que no estaba. Como quejándose en serio de mis actitudes. De mis deseos. Jugaba con el morbo en primera división. Al nivel de las mejores ligas.

    -Tiene suerte que la prima es flor de puta. Alta tragaleche es la prima, que sino… sino lo saca corriendo.

    Y ya no hizo falta ningún movimiento más de su mano. Atenta como siempre, acomodó el vaso sobre la punta del pene, para que no caiga ni una gota afuera.

    Al notar que ya estaba completamente deslechado, volvió a actuar normalmente. Y como siempre, finalizó nuestro momento sexual besándome tiernamente.

    -Pensé que “Blanco” lo íbamos a usar para cuando yo te quería chupar la pija a vos. No cuando vos querías un pete. – me dijo confundida.

    Le contesté que daba igual. Podíamos aplicarlo a las dos cosas. Y nos fuimos a la pileta.

    Nos costó unos minutos meternos, porque el agua se sentía fría. Contrastando con nuestra calentura era casi obvio que nos iba a parecer así.

    Realmente pasamos un buen rato, jugando a salpicarnos y esas boludeces. Aprovechando que teníamos la barra cerca, pudimos pedirnos unos tragos más exóticos, más elaborados. Y la verdad que el pibe que los preparaba le ponía onda y los hacía realmente bien sabrosos. Pero el sol comenzaba a irse.

    La pija se me empezó a parar de nuevo al ver que los tipos grandes, incluso ya sin sol, hacían tiempo para no irse y poder continuar mirándole el culito a mi prima. Julia también lo había notado. Lejos de sentirse avergonzada, les aumentaba el espectáculo. Desfilaba como una pendejita delante de ellos, cada vez que iba a buscar un trago. Les dejaba la cola parada casi en primer plano, cada vez que salía de la pileta. Sacudía el pelo, les movía el orto y se quitaba a los manotazos las gotas de agua que quedaban en sus tetas. Aunque las esposas y los hijos les rompían las pelotas para volver a sus habitaciones, los tipos seguían firmes, negándose a irse.

    Esa noche, estaba seguro, Julia estaría en la mente de varios hombres pajeándose pensando en ella. Imaginándola desnuda, bien trolita, bien pero bien peterita. Me encantaba saber que el único que la disfrutaría en la realidad, sería yo.

    Estaba por iniciar una campaña por la unidad de la familia, darles respiro a esos tipos y sobre todo a sus esposas, pero antes de poder pronunciar la palabra mágica e irnos, mi prima habló primero.

    -Blanco. – dijo

    Al ver que yo solamente la miraba sonriendo, sorprendido de la conexión que teníamos, se acercó nadando y continuó.

    -Blanco. Blanco. – repitió, esta vez agitando sus manos frente a mis ojos y chasqueando de vez en cuando los dedos sobre el agua, para salpicarme un poco la cara – Blanco. – y me pegó una cachetadita en la mejilla, sonriendo ahora ella también. – Te quiero chupar la pija, Rodri. – me susurró al final. Por las dudas de que no le haya entendido.

    A penas salimos de la pileta para ir a llenar un poco más el vaso, ambos sentimos el efecto del alcohol. Ni mareos, ni nauseas. Encontrarnos en ese estado, sólo nos produjo una carcajada de felicidad. Tanta felicidad que casi le como la boca delante de todos, pero por suerte tuve fuerzas para contenerme.

    Al llegar al camarote: otra contradicción. Julia se arrodilló y me la empezó a chupar desesperada. Lejos de aquel temor a lastimarse la boca, ahora parecía querer lastimársela apropósito.

    La entendía. No recordaba ni siquiera haberle tocado la concha un poquito en todo el día. Sin dudas estaba caliente como nunca. Pero eso me servía. La quería con muchas ganas para romperle el culo. Y la obediencia de mi prima me venía al pelo: ella tampoco me lo pidió siquiera. La fiesta de la leche, era la fiesta de la leche. Y nada más. Así las deseaba ella. Y, por supuesto, yo también.

    Nuevamente me corrí adentro de su boca, pensando en su culo, disfrutando su lengua. Escupió la acabada toda adentro del vaso y se sentó en el suelo.

    -Se está por llenar – dijo relajada, como si ella también habría tenido un orgasmo – Tiene la re pinta, me la quiero comer ya.

    Esta vez era cierto. Hay que reconocer que el contenido además de mi semen tenía bastante de su saliva. Pero a las ocho de la noche exactas, el vaso tenía lugar solo para uno, o dos, lechazos más. Si mi prima quería petearme o pajearme más veces, necesitaríamos otro.

    Nos acostamos con nuestras espaldas en la pared de la cama y bromeamos un poco sobre las miradas de los tipos de la pileta, mientras bebíamos una lata de cerveza tras otra, sin importarnos en lo más mínimo que estuviesen calientes. El coraje y la valentía que me daba todo el entorno lo usé para tocar el tema que me había comido el cerebro todo el día. Toda la vida, en realidad, aunque sólo lo supe unos días atrás.

    -Le quedan, a ver… -dije pensando con la mirada en el reloj – 3 horas y 21 minutos exactos de vida al vaso.

    Julia me miró de reojo pero no dijo nada. La conexión que nuestras mentes tenían me hacían sospechar que ella también estaba pensando en lo mismo que yo. Interpreté su silencio como un permiso para seguir hablando.

    -A las 23:59 te lo tomás de una. Toda la leche del día termina en tu pancita. – y me incliné para besarle y lamerle, a penas, el vientre. – Porque a las 00:00 arranca la fiesta del culo. – sentencié después.

    Esta vez sonrió nerviosa. Ambos supimos que éste en verdad era un temor y no el de las llagas en su boca.

    -Negociemos como puedo zafar – me dijo con un poco de resignación. Mi respuesta ya la sabía, pero igual me miró con los ojitos entrecerrados, para dar lástima.

    -Negociemos que te rompo el culo. Y si te duele mucho, te doy un beso. – respondí, con una sonrisa de atorrante dibujada en los labios – Y te sigo rompiendo el culo.

    La cara de mi prima me confirmó que estaba bien. Que se retiraba de la negociación y que me entregaría el culito en unas horas. Me dijo sonriendo que al menos lo había intentado y que no sea muy bestia. Cuando me tocó el pito y me acusó de pervertido, otra vez, por querer desvirgarle el ojete, ya estaba para otro petardo. Al decírselo, casi me manda al carajo por lo insensible que era; pero se arrodilló y me la chupó, sin protestar de más.

    Esta vez era seguro. El pechó se me infló con esa percepción que marca la diferencia entre un antes y después. La diferencia, para que me entiendan, entre ir a rendir un examen confiado, sabiendo que se habían esforzado hasta el cansancio para aprobarlo y salir efectivamente aprobado. Como haber conseguido el trabajo que querías. O haber pateado el penal que te dio la copa.

    Esta vez era seguro. Y aunque la calidad de petera que tenía mi prima era sobresaliente, los chorros de semen que recibió el vaso, esta vez fueron mérito exclusivo de esa sensación de logro. De esa sensación de ganador que me producía saber que en tres horas, minutos más o minutos menos, el culo de mi prima sería para mí. Por primera vez. El primer pene en entrar en él, sería mío. Si al otro día mi prima no podía caminar bien, sería por mi culpa.

    Julia tenía miedo, por ser una experiencia nueva. Dolorosa, según alguna que otra amiga que le haya contado. Pero también la atemorizaba verme tan desesperado. Pero se lo bancó como una reina. En vez de seguir quejándose o intentar negociar, o convencerme de que no sea tan bruto, priorizó al morbo. A ella también le gustaba la idea. A ella también la volvía loca. Ella también quería entregarle la cola a su primo.

    Le daba miedo, pero también se desesperaba por probar. Pedir piedad era algo que no la convencía del todo, porque una parte suya no la quería. Ambos lo sabíamos.

    Me dijo que vayamos a cenar. Lo hicimos.

    Me dijo que quería tomar más cerveza para “anestesiarse” un poco. Lo hizo.

    Me dijo, al regresar, que quería otro lechazo para llenar el vaso hasta el tope. Se lo di.

    Recordamos juntos cuando en navidad o año nuevo, nos poníamos frente al televisor, casi siempre clavado en Crónica Tv, y esperábamos de la mano que sean las doce justas para avisarle al resto de la familia que ya era la hora. Ya había que brindar, celebrar, abrazarse y desearnos felicidad.

    Esta vez era un minuto de diferencia. Con la diferencia, también, de que esto no se lo íbamos a avisar nunca jamás a la familia. Desearnos felicidad era en vano, porque ya lo éramos. Y aunque el brindis sería con semen y sólo para ella, era un brindis al fin.

    Incluso con evidentes diferencias, tal cual recordábamos de aquellas noches, dejamos nuestras miradas sobre el reloj del celular, tomados de la mano.

    Cuando cambió el 8 por el 9, del 23:58 que marcaba, Julia volvió a levantar el vaso, tal como había hecho con el café, y mirándome a los ojos con la cara de putita que solía poner al hacer travesuras de este tipo, se lo tomó entero, haciendo fondo blanco.

    Luego tosió, puso cara de asco y hasta sintió arcadas. Pero se tragó toda la leche. Toda. Esta vez fría, acumulada, en cantidad comparable a la que habría en un verdadero gangbang.

    Verla así, me volvió loco. Literalmente, sentí locura. Ser consciente de lo que comenzaría en un minuto, más su lengua recorriendo el interior del vaso, más su mirada de sumisa caliente, de niña pecando por desear la verga de su primo, de putita abandonada que no recibió ni una caricia en la concha por todo su trabajo. Todo eso permanece hasta el día de hoy como una de esas cosas que uno sabe que lo acompañarán toda su vida. O más allá. Esa locura exquisitamente prohibida que se despertó en ese instante, era amor. Esa clase de amor capaz de convertir al malo en bueno, al torpe en genio, al diablo en dios. Y ese amor me cambió para siempre.

    Cuando llegaron las 00 exactas, Julia me besó. Me di cuenta que estaba demasiado borracha, cuando tropezó camino a la cama. Llevaba en su rostro ese gesto que tanto me calentaba.

    Se sacó el pantalón y la parte de abajo de la bikini que tenía todavía puesta. Luego la remera y la parte de arriba. Una vez desnuda se tiró en la cama de costado, poniendo el orto apuntando hacia mi lado. Y me llamó, presa del alcohol y el deseo.

    -¡Vení acá, Ro!-dijo casi llorando – Vení a dormir conmigo. – agregó cuando apoyó su cabeza en la almohada.

    Me detuve un momento más para disfrutar del espectáculo. Con una mano se separó una nalga, para mostrarme el agujero del culo, y al rato la soltó, para dejarla caer y taparlo. Realmente estaba muy borracha. Más que anestesiada, parecía que iría a quedar inconsciente de un momento a otro. Pero el morbo no quería soltarla. Ni ella que la suelte.

    -Veni a hacerle la cola a tu prima – susurró al notar que ya estaba desnudo, acostándome a su lado. – No seas pelotudo y si me quedo dormida, aprovechá.

    Con la verga más dura que nunca, le hice caso. El glande de mi pija sintió una vez más el calorcito tan sexy de su ano apretado y comencé a empujar de a poco. Cuando la apoyada que le estaba pegando se hizo más intensa, un nuevo escalofrío se apoderó de mi cuerpo entero.

    Segundos después, el esfínter externo ya abrazaba la punta de mi pija con total normalidad. Julia emitió un gritito de dolor, que más loco me volvió.

    -Despacio – dijo, justo cuando me disponía a ponérsela entera. – Dejame la cabecita adentro nomas, que me duele.

    Peleando una feroz batalla entre el deseo de romperle el orto y la intención de no lastimarla, le obedecí. La dejé quieta para que se adapte mejor a sus contornos y me entretuve disfrutando los espasmos que recibía en la puntita del pene por las contracciones que daba el culito virgen de mi prima. Eran los últimos segundos de virginidad y lo sabía.

    -¡Ayyy! – gritó cuando quise penetrárselo un poco más. – ¡Ayyy! Despacio. – se volvió a quejar.

    Pero ya no podía obedecerla más. Mi alma entera ahora le pertenecía al demonio que había poseído mi cuerpo.

    ¿Conocen ustedes a alguien que se haya ganado ciento setenta mil millones de millones de millones de millones de dólares a la lotería?

    Tengan un poco más de paciencia.

    Lo van a conocer en el próximo capítulo.

    Continuará…