Autor: admin

  • El hermano de mi mejor amigo (Parte I)

    El hermano de mi mejor amigo (Parte I)

    Me presento: me llamo Adri, tengo 23 años y soy gay en secreto.

    Hace más de dos años que conozco a Roberto, mi mejor amigo. Tanto su familia como la mía son muy conservadoras por lo que, pese a que me muero de ganas de salir del armario, aún no se me ha presentado la oportunidad de hacerlo, así que nadie de mi circulo sabe que soy gay.

    Cuando conocí a Roberto, conocí a su hermano, Nacho. Nunca me había fijado en él, al fin y al cabo era 5 años menor que yo, lo conocí con los 18 recién cumplidos, y siempre lo había visto como el hermano de mi amigo. Hasta aquí todo normal, pero con el tiempo, Nacho cambió, se volvió muy callado y misterioso, empezó a hacer ejercicio y maduró mucho. Fue entonces cuando me empecé a fijar en él.

    Nuestra amistad empezó a hacerse mucho más fuerte. Descubrimos que teníamos muchísimos gustos en común, empezamos a quedar nosotros dos, sin Roberto, y, sin darme cuenta, me acabé enamorando de él. Hace casi un año que me empezó a gustar pero, desde hace medio, realmente me he dado cuenta de que me estoy enamorando.

    Ahora, creo que le gusto, veo señales y nuestra situación cada vez es más complicada.

    CONTINUARÁ

  • Una tarde de verano

    Una tarde de verano

    Este relato pasó hace mucho tiempo en la localidad donde vivía en ese tiempo. Una tarde calurosa decidimos con mi novia visitar una caída de agua que había en nuestra localidad.

    Y nos fuimos al salto que está a algunos kilómetros de la avenida, al llegar vimos que no había nadie ni en la entrada donde hay una casa para cuidadores ni en el estacionamiento, que era de tierra, todo rodeado de una hermosa vegetación, por donde mirábamos se veían árboles y se escuchaba el rumor continuo del salto, allá abajo.

    Comenzamos a bajar hacia el mismo y el rumor se hacía más fuerte, al llegar decidimos ir hacia lo alto del salto y no hacia el pequeño lago que forma el agua al desplomarse desde unos tres o cuatro metros, el arroyo, convengamos, es pequeño, es lo que llamamos, un arroyito, allí arriba, en ese verano, el agua escasamente llegaba a los tobillos, lo que permitía poder sentarse o incluso acostarte en el lecho sin que el agua te tape del todo, entramos, ella vestida con una malla enteriza y yo con un pantalón deportivo, nos sentamos mirando ese hermoso espectáculo del agua cayendo, del monte espeso, verde, cubriendo ambas orillas y pensé, «esto es el paraíso», naturaleza espléndida y una mujer joven, hermosa, en camino de convertirse en toda una mujer y sobre todo enamorada de mi.

    Pasamos unas horas ahí sentados en el arroyo, tirándonos agua, riendo, besándonos con algún que otro manoseo, yo excitado pero a la vez atento, ya que al ser un predio municipal es de entrada libre, cuando el sol se escondía entre los altos árboles, a pesar de que era temprano, le dije, «vamos», al salir del agua sobre la orilla, la abracé y la besé y sobre el pasto de la orilla, al lado de los restos de una vieja fogata, la recosté y luego de besarla con el amor que sentía por ella, corrí su malla en la parte de abajo dejando al descubierto su rica vagina y bajando apenas mi pantaloncito saqué mi pene que temblaba y suavemente la penetré.

    No sé cuánto duró el acto amoroso, solo sé que acabé y me sentí completo como cada vez que hacia el amor con ella, esos espasmos largando mi leche, mirándole a los ojos, sintiendo su concha llena de mi esperma era un éxtasis que solo se entiende cuando se hace el amor con la mujer amada, no sé si ella se vino, entre el pasto, la tierra y mi excitación, creo que no, al retirarme y ver como mi leche caía de su concha, que por un momento adoptó la forma circular de mi pija, hacia la tierra, escucho la voz de ella diciéndome, «cuando me dijiste vamos, pensé que hoy no me querías coger».

  • Adicta a la intimidad (Parte 1)

    Adicta a la intimidad (Parte 1)

    Mi nombre Marisol. Esta es mi historia llena de calentura y romance.

    Su nombre es Sebastián, un joven apuesto y apasionado de 19 años, yo una señorita reservada de 18 años con una mente sucia…

    Aún recuerdo lo suave de su piel y ese seductor aroma que merodeaba por todo su cuerpo el simple hecho de verlo a lo lejos me volvía loca y tenerlo cercas, su mirada directa me excitaba…

    Todo inició cuando en nuestro noviazgo empezó a ver problemas bueno un día me pidió que me escabullera y me fuera con él a caminar y bueno lo hice… corrí a sus brazos. íbamos a donde empezaría nuestra caminata, pero nunca imagine lo que estaba por venir… durante el camino conocí sus miedos y virtudes… cuando en una parte de aquella sierra fresca con el olor de los pinos y la tranquilidad de tierra comenzó a abrazarme dulcemente… y después a besarme pasaba su mano por mi cintura estremeciendo mi cuerpo.

    Me acercaba a él, y metió su mano bajo mi blusa recorrió suavemente mi abdomen… Después bajo mi bra y acarició suavemente mis pechos… Yo sabía lo que venía; no quería conformarme con solo unos besos candentes y me demostró que el tampoco… Se apartó un poco se quitó su sudadera y la tiro al piso se recostó sobre ella.

    Lo veía como la cosa más hermosa del mundo simplemente era todo lo que siempre había soñado, me pidió que me recostara a su lado y debo confesar que sentí algo de miedo, y mis emociones en total descontrol nunca había llegado tan lejos con alguien, pero me recosté le tenía completa confianza.

    Nuevamente comenzó a besarme esta vez con más pasión e intensidad y en un momento le quite su camisa y el a mí la blusa mientras besaba mi cuello y me susurraba al oído que todo estaba bien en un momento sin darme cuenta ya estaba semidesnuda por mi mente pasaban cientos de escenas estaba tan excitada que yo quería más de lo que ya tenía.

    Así que introduje mi mano en sus pantalones y acaricie su miembro mientras besaba Sus dulces y suaves labios y descendía a su cuello y con mi otra mano arañando su suave espalda…

    CONTINUARÁ…

  • Woman del callao, una mujer ardiente

    Woman del callao, una mujer ardiente

    Era el año 2014, casualidades de la vida la conocí en el cumpleaños de un amigo, ella era algo de mi talla algo llenita pero bien producida… todos querían con ella, así que poco a poco yo me fui ganando su confianza resultando después de unos días tremenda follada que tuvimos cuando me fue a buscar en su camioneta.

    Casi a fin del año, yo andaba algo despechado, con ganas de buscar aventuras, ya que mi relación con la profesora de inicial no daba para más resulto ser algo tóxica, por más que follara con la profesora y me diera su culo para tener sexo a anal la veces que quisiera ya no era lo mismo, quería follar otras mujeres estaba arrecho (excitado por la lujuria).

    Volviendo a la historia, después de aquella fiesta y congeniamos muy bien whatsapeamos algunas noches, cosas de que nos gustaría verte, salir contigo…vámonos de viaje, etc., etc. Una noche ya plan de 8 pm me timbra, me encontraba descansando tonteando que había en la tv.

    -Hola (ella) y ese milagro

    – Para que veas… dónde estás? – preguntándome con curiosidad.

    – En mi departamento por? – me decía estará por venir, me querrá visitar.

    – Estoy afuera – con voz suave y provocativa.

    – En serio no te lo creo donde – mientras me asomaba para verla.

    – En mi camioneta negra me ves –haciendo juego con sus luces intermitentes.

    Me sorprendí, Tiene carro no sabía… uy que hubiera pasado si yo estaba con alguna amiga fácil me mira de la calle del, me iba acercando y asomo su cabeza hacia afuera y le di un besote en la mejilla como dándole a entender que rico que fuera buscarme.

    – Que sorpresa me has dado? – mientras nos mirábamos y yo podía verla de reojo en su faldita como su short bien cortito llegando casi a su vagina.

    – Que me miras – como diciendo parece que te traigo salivando.

    – Eh, no nada, solo quería notar si traías por debajo algún regalo para mí, ya que no habrás venido solo por la puras, ya dámelo de una vez sorpréndeme del todo – riéndome.

    – Uyyy, no sorry, no te traje ningún regalo, porque yo soy tu regalo – coqueteándome.

    – Que -quedándome frio de los nervios.

    – Ah pues, poco envuelto este mi regalo – riéndonos de las tonterías que hablábamos

    En realidad, vino con prendas muy ceñidas, short chiquito, un topcito con mangas cero, además de su bisutería, y unos zapatos de verano con zancos, el cual me di cuenta porque cuando la invite a pasar a mi departamento, se los puso al abrir la puerta, además de tener su cabello teñido a rubio cenizo… estaba producida… que tales piernas tenia, corpulentas de puro musculo, llenita pero firme.

    – dejo aquí afuera mi carro? – me decía dudosa

    – Si, no hay problema – aunque en mi mente decía y si follamos como sale o salgo a mover el carro van a cortar la faena

    Por suerte lo dejo en la entrada de una cochera de un carro ya cuadrado.

    – Bueno, pero solo un ratito si, mañana tengo clases en la universidad.

    – Si, claro no me voy demorar en desenvolver mi regalo – como provocándola

    – Veremos – con sonrisa coqueta.

    Ya dentro de mi departamento sabíamos lo que iba a pasar, préstame tu baño me pidió espérame que ya vengo, me dijo, de inmediato entre a mi cuarto cerré las cortinas puse una luz tenue de una lámpara, a la vez que me quitaba la ropa me puse al palo en una, mientras me miraba en el espejo… bien, bien vas a follar bandido mientras me echada algo de colonia, escucha la puerta del baño y sintiendo que venía al cuarto me siento, veo entrar tremendo mujeron… ufff sus piernas carnosas y firmes son pechos eran pequeños pero justos para saborear riquísimos pezones.

    – Asu!, que tan ansiosos nos vemos, te dije espera un rato no que me esperes listo

    Mientras se acercaba a mí, empezando a morder y lamer sus pezones a la par que sujetaba sus carnosas piernas ufff… empecé a mamar ambas tetas y ella solo me presionaba contra ella despeinándome de lo ansiosa, estábamos llevándonos por la lujuria

    – Que tales piernas tienes, me ganas – riéndome y sin dejar de manosearla ahora en la cola

    – Te gustan mis piernas y mi cola por lo que siento, pero estoy gordita – como dando pena

    – Que hablas lo que estas es fuertota – levantándome y empezándola a besar desesperado mientras nos manoseabas de la arrechura (excitación)

    Me eche en la cama a lo cual ella subió encima y empezó a cabalgarme, me daba tremenda movida de caderas que incluso lo hacía sin manos misma vaquera una y otra vez, estaba volando a mil de los excitado sentía que mi cama se iba a partir estaba mudo y preocupado

    – Te gusta tu regalo, eh – mirándome con arrechura

    – Me encanta- con voz de todo arrecho

    Se detuvo y giro dándome el culo volviéndose a sentar agarrando mi verga e introduciéndola en su tremenda vulva, estaba sorprendido mudo disfrutando la follada, veía tremenda cola saltar sobre mi verga sube y baja, sube y baja… solo cerraba los ojos por ratos y disfrutaba

    – No te duermas niño – como retándome

    – cómo crees solo lo estoy disfrutando – dándome valor para mi siguiente movimiento

    La detuve y le ordené que se pusiera al filo de la cama patas arriba, empezando a sobar mi verga en su vagina, estábamos sudorosos, introduje mi verga bombeando tremenda hembra mientras la sujetaba de sus carnosas pantorrillas y veía el gozar de su cara.

    – Sigue no pares, que rico me lo metes uhmmm uhmmm

    – Que rica tu conchita ufff que suertudo soy, eres toda una hembra – follando sin parar

    – Ahhh, me vengo niño, me vengo- mientras friccionaba su clítoris

    Sentí chorros de orgasmo salir de su concha, que empapaban más mi verga y huevos, que rica escena ella estaba más arrecha que yo

    – Y yo muñeca me vas a dejar llena mis bolas de leche – mientras besaba una de sus piernas en alto.

    – Que quieres que haga para vaciarte esas bolas eh? Pídemelo y te lo concedo.

    – Nada del otro mundo muñeca, solo mámamelo hasta que me venga.

    – Pero vamos a la ducha, antes de irme que ya se me va hacer tarde, después friega mi papá

    Fuimos a la ducha mientras la abraza de atrás e iba arrimando mi verga aún al palo, subí la llave entre a la ducha mientras ella me decía, pero no abras tan fuerte la llave no quiero mojarme el pelo, tuvimos el cuidado del caso, enjuago mi verga y se puso de cuclillas para empezar a mamármelo, toda una experta con esa lengua.

    – Uhmmm, slup, slup.,. Te gusta niño? – mientras no paraba de metérselo una y otra vez

    – Me encanta – mientras me sujetaba de las paredes de la ducha y con voz de excitado le pedía que no pare.

    – No te quieres venir creo- mientras me pajeaba ahora incesantemente

    – Creo que mi verga se intimido con tu cuerpazo – mientras la jalaba de los pelos para que no pare

    – Con cuidado niño uhmmm – mientras al soltarla se introducía mi verga una y otra vez a la vez que me miraba a los ojos, era toda una mamadora profesional.

    – Coño ahora si me vengo ufff… abre tu boquita – mientras pajeándome a punto de venirme apuntaba a su boca – toma muñeca toma ahhhh tomate mi leche ahhhh

    Viniéndome con un fuerte chorro que le llego a uno de sus ojos, aunque rápidamente se lo metió a la boca y empezó a recibir mis descargas de leche mientras me miraba a los ojos toda una puta mamadora; Aunque no se los paso se los echo frotándoselos en su pecho cara y cuello ufff deliciosa escena.

    – Ahora si niño, me baño y me alisto rápido que ya me tengo que ir… me traes mi cartera de la sala

    La deje ducharse mientras desnudo y exhausto me dirige a traer su cartera, mientras la deje que se alistará, regrese a mi cuarto, me puse el bóxer, tendí algo rápido la cama prendí la luz, abrí algo al ventana para que entrará aire, ya vestida la espere sentado en mi cuarto mientras esperaba bañarme.

    Entro a la habitación y me dijo, ya me voy niño, nos vemos otro día- mientras se sentaba a mi lado y acariciaba mi mejilla – me encantas

    Nos dimos un piquito, le dije espérame, aunque sea te acompaño a tu carro… vistiéndome rápidamente algo apurado ella terminaba de maquillarse.

    – Eres espectacular muñeca, el pase bien… ¡nos veremos otro día?

    – Si niño, ya coordinamos – mientras nos dirigimos a la calle

    Subió a su camioneta y nos despedimos de un tierno beso

    – No te pierdas eh – le decía con cara de bobo

    – Cuídate muñeco, que descanses ya hablamos.

    Mientras su carro arrancaba y la vi alejarse por la avenida… tremenda cogida me había pegado con tal mujeron; entre a mi departamento… y vi las llamadas perdidas de mi maestra, habrá sido la conciencia que le advirtió que estaba follando de lo rico. Atine a llamarla

    – Aló Dayanna, me timbraste que paso

    – Dónde estabas? Te vengo timbrando hace media hora

    – Estaba en… en reunión de vecinos del edificio que paso? Porque me hablas así… deje el celular cargando, porque me reclamas, no me dijiste que ya no querías saber nada de mi

    – y tu bien tonto te la crees, cuidadito que estés metiendo a perras en tu casa ok, lo nuestro aún no acabado

    – Tranquilízate si, así no llegamos a nada, por eso ya me tienes harto

    – Mañana quiero verte, voy a ir a tu casa voy a faltar a mis prácticas, podemos vernos más temprano paso por tu trabajo

    – Ok, pero calmada ya, no me gusta que te pongas en plan de marcaje y celosa acaso yo te dado motivos para que desconfíes de mi

    Mientras tirado en la cama sentía el humor y fragancia de la escena del sexo, riéndome hipócritamente.

    – Ya, bueno descansa, me voy a bañar

    – Porque te vas a bañar?! que has hecho?! – con tonito de celos

    – Nada solo bañarme ya sabes que me baño antes de dormir no empieces… hablamos mañana que enferma eres, chau – cortándole el celular

    Procedí a limpiar todo, porque sabía que al día siguiente podría follar de reconciliación, así fue, follar con dos mujeres un día después de la otra me hizo exigirme, era toda una enferma sexual la maestra de inicial, por más que me dio su cola y gozaba recibiendo la verga por su ano sentía que ya no era igual, tantas veces follando de mil maneras de fotos y videos caseros para nuestra intimidad ya se estaban volviendo cosa del pasado, como dije quería otras mujeres otras hembras el cual follar.

    Volviendo a mi woman del callao

    Hablamos un par de veces más, pero había algo raro en ella era cortante y a veces se demoraba horas en responderme los whatsapp, bueno así poco a poco hablábamos poco y nos fuimos distanciando, solo quería follar y así lo hicimos.

    Lamentablemente salió con los años en la Tv, en un noticiero done la acusaban de estafa con su pareja, me sorprendió y dije ufff de la que me libre, pero no olvidaré tan rico momento, que lleguen a tu casa, quiera follar y se vaya así de la nada, que suertudo fui , además de que nunca se enteró la maestra de nido que andaba en trampas, porque un caballero no tiene memoria… para los que saben una woman del callao es una verdadera woman del callao.

  • Mi marido me descubre cogiendo con otro

    Mi marido me descubre cogiendo con otro

    Después de lo acontecido en mi vida, pensé en retomar mi carrera universitaria, así que convencí a mi marido de que me apoyara, quería olvidarme del desastre que se estaba volviendo mi vida y tal vez estudiando me ayudaría.

    Me inscribí en la carrera de Administración, obviamente siempre iba bien arreglada, de minifalda, con mis pantimedias color carne y mi saco, o leggings o jeans entalladísimos, el tener el cuerpo que tengo y en un lugar tan lleno de hombres me hacían ser la más popular.

    Pero había un compañero de nombre Manuel, él siempre fue directo conmigo, desde que me conoció me aventó el perro, me invitaba a cenar, me invitaba a comer, me abrazaba, él era muy aventado.

    Él era un hombre alto, de aproximadamente 1.88 cm, caucásico y de buen porte, él era el más aplicado de todos y por esa razón siempre sentía que podía lograr algo conmigo y la verdad Manuel no me desagradaba tanto.

    Ese día no hubo clases así que tuve que regresar a casa, al llegar había un carro estacionado y era Manuel quien me espero con una botella de vino y me dijo que, si lo dejaba pasar, yo un poco tensa accedí, a leguas se notaban las intenciones de él, pero yo quería ver qué pasaba.

    M: ¡Es increíble como una hermosura como tu tenga que regresar a estudiar!

    K: ¡Lo que pasa es que estoy esperando tratando de terminar lo que empecé!

    M: ¡Pues si yo fuera tu marido no te dejaría salir!

    K: ¿Y porque dices eso?

    M: Seré directo nena, ¡porque estas buenísima y todos los compañeros te quieren comer!

    K: Jajá, ¡pero eso no me afecta y supongo que a él no!

    Fue entonces que él se lanzó a mí, ¡se acercó y me dio un beso el cual recibí sin poner resistencia, su mano acaricio mi pierna por encima de mis medias que eran sujetadas por un ligero, su mano bajaba y subía mientras me besaba!

    Al tenerlo así, me dio lo mismo que estuviéramos en mi casa, lo besaba apasionadamente, el me acariciaba las piernas y las nalgas, me quito el saco y la blusa dejando mis tetas en brasear, le besaba el cuello y le quite su camisa, para ver un buen cuerpo atlético, el me abrazaba con pasión.

    M: ¡Estas buenísima!

    K: ¡Tu estas muy bien!

    M: ¡Que rico, te tenía ganas preciosas!

    K: ¡Lo se nene, aprovecha que estoy de buenas!

    Como vil ramera me estaba entregando a él en mi propia casa, mis hijos no estaban y mi marido trabajando, era irremediable, ya no era yo, ahora solo una hiena hambrienta de sexo.

    Le baje el pantalón y la trusa y dios mío, una verga de buen tamaño erecta por la acción, sin dudarlo la lleve a mi boca, la succione y la lamia como paleta, ¡Manuel gemía del placer que sentía al tenerme entre sus piernas!

    M: ¡Ah!! Que rico, que rico me la mamas, ¡uff!!

    K: ¡Disfruta rey, te voy a deslechar!!

    M: Desde que te vi te me antojaste, ¡tienes unas piernotas y unas nalgas riquísimas!

    K: ¡Pues ahorita me vas a gozar nene!

    Mamaba la verga de Manuel mientras él me acariciaba las nalgas, me tomaba de la cabeza y metía toda la pinga en mi boca, yo experta mamadora gozaba de eso.

    Pasamos a un 69, le dejo caer mi concha en la cara, mientras me la chupaba, ¡yo masturbaba la verga con mis tetas!!

    M: ¡Que rica concha y tu culito que rico!

    K: ¡Cómeme papito, cómeme!

    El 69 era magnifico, yo no dejaba ni un centímetro sin comer él me trabaja muy rico mi clítoris y mi ano, yo estaba gozando, no me interesaba que llegara mi esposo y me encontrara con él.

    Tal vez en realidad eso quería que pasar, que mi marido viera de una vez por todas, como lo engañaba y como me cogían, ¡ese pensamiento me ponía más caliente!

    Decidí tomar el control y subí en él, lentamente me dejaba caer en la verga de Manuel, quien ya estaba desesperado por penetrarme.

    Manuel me tomó de la cintura y como loco comenzó a moverse, yo movía mi cadera tan rica que Manuel no cabía de la excitación, él me agarraba los pechos, las piernas, las nalgas! Yo seguía domando a la bestia, ¡Manuel solo jadeaba y gozaba mi cuerpo!

    M: ¡Uf que rico te mueves nena, que rica pepa, me aprietas riquísimo!!

    K: Me encanta tu verga, ¿quieres que me mueva más nene?

    M: ¡Si, destroza mi verga!

    Me movía más rápido, cambie de posición ahora lo hacía al revés mientras Manuel me acariciaba las nalgas, cada que podía me dejaba ver que estaba fascinado con mi tremendo trasero, yo hacía lo mismo con el pene de él, de repente el no soporto más y se vino, era lógico, lo estaba destrozando.

    M: ¡Perdón chiquita… pero estás buenísima…!

    K: ¡No te preocupes bebe tenemos mucho tiempo!!

    Sin importarme la hora, baje a mamársela nuevamente, el gemía y gozaba el placer que le daba, le limpiaba nuestros fluidos, la tragaba todita, el me apretaba la cabeza, me la follaba ligeramente, poco a poco se paraba nuevamente.

    M: ¡Así, dios mío!

    K: ¿Estas gozando mi amor?

    M: Muchísimo amor, ¡muchísimo!!!

    Mamaba con fuerza, el gemía y me pedía que no parara, ¡yo obedecía sus órdenes ahogándome con su rica verga hasta lograr que estuviera dura nuevamente!

    Me puse en cuatro dejándole mi trasero a su disposición, el me dio un par de nalgadas y me abrió las nalgas para meter su verga en medio, se masajeo con ellas un momento para luego dejármela ir con fuerza.

    Me la estaba dando lento y luego rápido, mientras yo acompañaba con ricos movimientos, me tomaba de la cintura y me acariciaba las nalgas, se estaba dando gusto con mi rico cuerpo.

    M: ¡Ugfgff! ¡Qué ricas nalgas, están riquísimas, muévete! muévelas más mami!!

    K: ¡Goza papacito, ah, así, uf, ah!!

    M: Eres la mejor, uhm, ¡qué manera de coger!

    K: No pares, vamos, ¡dámela!

    Él estaba tan excitado que sentí como no resistiría más y aunque hubiese querido que durara más ni hablar, pero lo que duro fue rico, me tomo de la cintura y con tremenda velocidad decidió venirse dentro de mí.

    K: ¡Ah!!! ¡Te siento, uhm, te siento!!

    M: ¡Toma mi leche nena, uhm, ah!

    Me logró prender, lo acompañe con movimientos desesperado, ambos nos venimos, líquidos manchaban mi cama, ¡esa cama que compartía con mi esposo!

    Quedo encima mío como un perro mientras su semen escurría por mis entrepiernas, sudados, cansado peor bien gozados, ¡así estábamos cuando se escuchó la puerta!

    Que más les puedo decir, mi marido me encontró desnuda, ensartada y con otro en nuestra cama, Manuel tomo su ropa y después de intercambiar algunas agresiones salió, mi marido estaba todo poseído y no era para más.

    Ese fue el comienzo del final de mi matrimonio, no sin antes vivir una experiencia que me estaba esperando y les contare después.

    Kali

  • Carlos y Erika

    Carlos y Erika

    Carlos y Erika fueron mis compañeros en la universidad, de hecho Carlos fue mi amigo desde la secundaria, nunca mi mejor amigo pero si alguien a quien frecuentaba.

    Se casaron después de unos años de que salimos de la universidad y formaron su familia con su hijo Carlitos.

    La verdad nunca vi a Erika como una posible conquista, ella era la mujer de mi amigo y ni por la mente me pasaba lo que sucedería un sábado que fui a visitarlos de improviso.

    Cuando llego a su casa para dejarle un regalo a Carlitos porque había pasado su cumpleaños pero yo no pude acompañarlos por cuestiones de trabajo, cuando llego veo que no está la camioneta de mi amigo, solo el coche de su esposa en la cochera, y pensé en no bajar para no incomodar a Erika, pero justo cuando estaba por encender mi coche nuevamente, se abrió la puerta y vi a Erika que me saludó y ni modo me tenía que bajar a saludar, igual y bajé el regalo para entregárselo a Carlitos.

    Er: porque no te querías bajar que mala cara viste o qué? Me dijo bromeando.

    Yo: no como crees, lo que pasa es que no vi la camioneta de Carlos y pensé que no estarían en casa, donde esta Carlitos le traje su regalo de cumpleaños.

    Er: se fueron al rancho a llevar unas cosas a la cabaña y dijeron que se quedarían a acampar esta noche y regresaran hasta mañana por la tarde, tu sabes que a mi no me gusta mucho estar allá y por eso me quede, pero pasa no te quedes ahí afuera.

    Yo: no quiero molestarte solo te dejo el regalo y vengo después.

    Er: como crees, pásate acompáñame con una copa de vino y platicamos un rato.

    Yo: la verdad hasta ese momento reparé en la figura de Erika, una mujer delgada pero muy bien formada, unas tetas no muy grandes, de tamaño mediano pero muy antojables y su culo era la verdad muy bien proporcionado, paradito y remarcado por esa cintura pequeña y esas piernas bien delineadas, de tez perlada, y cabello castaño obscuro, toda ella era perfecta, y en di cuenta porque Carlos estaba tan enamorado de esa mujer.

    Empezamos a platicar y me sirvió una copa de vino y preparó algunos bocadillos, charlamos por un buen rato, y de repente entre la plática y los recuerdos me soltó la pregunta con la que me dejó mudo.

    Er: por qué nunca me buscaste como mujer?

    Yo: titubeando, porque eras la novia de mi amigo y ahora su esposa.

    Er: si pero haz tenido muchas aventuras con mujeres de tus amigos y con esposas de ellos también, y a mi nunca me buscaste, por qué? No te parezco atractiva?

    Yo: como crees, eres una mujer muy hermosa, pero no se, nunca se me ocurrió.

    Er: y ahorita que tienes la oportunidad, lo harías?

    Yo: bueno no sé, tú me aceptarías?

    Ella no dijo más, se abalanzó sobre mi y nos prendimos en un beso prolongado, nuestras lenguas jugaban entre sí, yo la tomé de la cintura y empecé a acariciar sus nalgas que estaban súper duritas y bien formadas, ella paso sus brazos por mi cuello, y me besaba como si el mundo se fuera a acabar, para ese momento ya le había quitado la blusa y metí mi mano en su entrepierna, comprobando que ya está bastante húmeda, besaba sus pechos y mordía sus pezones que se mostraban erectos por la excitación.

    Ella me desabotono el pantalón y saco mi verga erguida al máximo, y me empezó a hacer una paja increíble, yo seguía introduciendo mis dedos en su conchita y masajeaba su clítoris que también estaba súper inflamado por el deseo contenido, ella empezó a jadear apresuradamente y llegó a su primer orgasmo.

    Yo en tanto seguía disfrutando aquel cuerpo que ni siquiera me pasó por la mente que llegaría a tener, introduje mi verga súper dura en su vagina y la empecé a bombear con fuerza, ella me pedía más y más, no quería que parará, mis huevos chocaba una y otra vez con su cuerpo yo la besaba, chupaba sus tetas y seguía embistiendo rápido y fuerte, por fin llegamos al siguiente orgasmo, casi juntos, ella expulsó un torrente de líquidos que se mezclaron con mi semen y caímos agotados en el sofá, ella empezó a limpiar mi verga con su boca, y mientras lo hacía me decía:

    Er: vez que no era mala idea buscarme como mujer?

    Me besó y ya repuestos, subimos a su recámara, ahí volvimos a follarnos una y otra vez, fue una noche agotadora, nunca pensé que Erika fuera tan caliente, le pedí hacerlo por el culo, y aunque lo intentamos, lo funcionó, ella sentía miedo y le provocaba algo de dolor, pero eso no fue impedimento para que siguiéramos disfrutándonos.

    Ya casi al medio día nos metimos a bañar y lo hicimos por última vez ahí en la regadera, me fui dejándola más que satisfecha y llevándome un muy grato sabor de boca, obviamente nos pusimos de acuerdo para seguir viéndonos y pasarla rico, y por supuesto que llego el día en que le desflore ese lindo culo, pero esa será otra historia, esperen el próximo relato.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 14)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 14)

    Mi prima cerró los ojos con fuerza y apretó los labios cuando la cabeza de mi pito entró completamente en su ano, dilatándoselo de a poco, recibiendo a cambio el calor del musculo virgen que parecía resignado a tener que abrirse cada vez más.  Puede parecerles una pelotudez, pero hasta el rojo furioso que tenían nuestras sábanas esa noche parecía hacer juego con tanto pecado rondando en el ambiente. El infierno entero parecía estar pendiente de nuestros actos, observándonos atónitos por lo que hacíamos en secreto.

    -Ay. Ayy. Ayyy. – gritó ante un nuevo empujón de mi parte. – Me duele. Me duele mucho, Ro.-dijo luego, al borde del llanto.

    Cuando la mitad de la pija le llegó a entrar en el orto, Julia llevó una mano hacia su espalda y alcanzó a apoyarla en su cola. Un poco para ayudarme abriéndose un cachete del culo y otro poco para sentir la seguridad de que podría empujarme y quitarse el pito de adentro, si le llegaba a doler demasiado.

    No crean que fue un descuido. O que de tanta desesperación no lo tuve en cuenta. Los dos teníamos el morbo, encima, de no utilizar ningún tipo de lubricante completamente a propósito. Queríamos que, aunque sea la primera vez, se sienta como naturalmente se debería sentir. Que haya dolor, de ser necesario. Que haya dificultad, si eso era lo natural.

    -Dejala así, Rodri.-dijo al sentir otro empujoncito que le di, para intentar meterla toda -Dejame sentir de a poco como me rompes la cola.

    No pude ni quise negarme. La sensación de su colita a medio desvirgar abrazándome la poronga, era espectacular. Aunque yo estaba desesperado por probarle el ojete más y más profundo, también quería sentir todo de a poco. Como si ese estado mental en el que me encontraba, no fuese a terminar nunca.

    ¡Al fin me cogía a mi prima por el ojete! No lo podía creer de todo.

    -Ya vas a entender la diferencia entre romperte la cola y hacerte el culito, como estoy haciendo ahora -la corregí y empujé un poco más.

    Mi prima respondió con un grito. Seguido de un suspiro, que mezcló en su risita de minita nerviosa, esa que tanto me gustaba.

    -No puedo creer que mi primo me desvirgue el culo.-dijo después, como reflexionando un poco – Me siento tan puta… -y volvió a gemir

    Con sus palabras no ayudaba en calmarme la ansiedad por enterrarle toda la verga de una. Eran un serio incentivo para ignorar mis ganas de dejar que se amolde bien a su esfínter, de quedarme allí toda la noche de ser necesario. Con movimientos de entrada y salida tan lentos que parecían una simple respiración. Escuchando sus quejidos diluidos entre mis suspiros. Quietitos los dos, de costado, haciendo cucharita, con mi pene a medias metido en el ano, como si todo fuese un simple un juego, nos mantuvimos durante un ratito más, para seguir disfrutando. El roce del glande con el calor de su esfínter y los bordes de la pija con las nalgas de mi prima, nos llevaba al límite de una perversión que conscientemente entendíamos como algo tan prohibido, tan sucio e inmoral, que nos quitaba el aire.

    -¿Te gusta, Ro? -preguntó.

    Debía ser yo quien le pregunte a ella, pero estaba encaprichada en ser mi putita.

    -¿Te gusta la cola de tu primita? ¿Ya está abierta? ¿O le falta pija?

    Entonces sentí que ya no podía aguantar más. El momento era el indicado. La morbosidad de desvirgárselo completamente, ignoró todo deseo aparte que se hallaba en mi mente. La tomé de la cintura y me propuse a dar el empujón final. A meterle la pija, finalmente, toda adentro de su estrecho ano. A bombeárselo tantas veces como pudiese aguantar, hasta llenárselo de leche.

    Pero cuando estaba a milésimas de segundos de hacerlo, la conexión entre primos jugó, esta vez, en mi contra.

    -¡Pará! -gritó -¡Pará, desubicado, que no me podes desvirgar el orto así nomás!

    «¡La puta madre!», pensé. Estaba tan cerca y por simple ambición de disfrutar más dejaba que una interrupción me haga correr el riesgo de perderlo todo. No podía permitirme fracasar así.

    Pero mi temor duro solo un instante, lo que dura un gemido en una cama prohibida. O menos.

    -Esperame que tengo una sorpresa – dijo sonriendo, sabiendo que me había hecho asustar -Casi me olvido.

    Julia busco algunas cosas que no llegue a ver que eran y fue al baño. Dejándome en la cama solo, desnudo con la poronga al palo, sin importarle. No tardo mucho, pero me pareció una eternidad. Cuando salió, mis ojos encontraron a la octava maravilla del mundo. La primer y mejor maravilla del mío.

    Siendo difícil poder encontrar las palabras para semejante imagen, les escribo esto: Mi prima vestía una vez más como una novia, pero sin el vestido y sin el disfraz.

    Llevaba una bombachita blanca de encaje, muy profesional. Parecía haber sido hecha a mano, por un verdadero artista. Por sobre sus piernas crecían dos medias de red, hasta más o menos la mitad de sus muslos, también blancas y un porta ligas haciendo juego. Sus tetas al aire y una pequeña florcita en su cabello, que había peinado en segundos, pero le quedaba perfecto. Incluso una trencita le cruzaba la cabeza, desde adelante hacia atrás, como si fuese una colita de un mechón de pelo perdiéndose en el resto de su cabellera. Los labios pintados a penas de rosa y un gesto de inocente que se acoplaba armoniosamente con su rostro tan angelical. Se había delineado los ojos y el verde de sus retinas se resaltaban aún más. Estaba hermosa. Siempre me había parecido hermosa, pero esta vez merecía una redundancia extra.

    -Así me iban a romper el culo por primera vez -me dijo con cierta timidez, mordiéndose la uña de uno de sus dedos -¿Te gusta la bombachita que iba a usar en mi noche de bodas?

    Sentí una calentura enorme. Y una emoción indescriptible. Mis veces había oído de este tipo de emociones. La de un padre al ver a su hija caminando hacia el altar de la iglesia. O la de un hermano. O la de un primo. Esa belleza que ronda en una novia, en un momento tan especial como ese. Esa energía tan fácil de percibir por todos los presentes, a su alrededor, en cada paso que da sobre la alfombra roja, hacia una nueva vida.

    Esa emoción no era muy complicada para identificar. Era amor. Amaba a mi prima con toda mi alma. Pero que no se entienda mal. No la amaba de la forma en la que ama un novio enamorado. La amaba porque a su lado yo era muchísimo mejor persona. Ella sacaba lo peor de mí, lo peor de lo peor, pero tenía ese poder infinito de convertirlo en algo mejor. Y era tan claro que yo hacía lo mismo con ella…

    Lo entendí todo cuando la vi vestida de novia. No disfrazada. No jugando. No para calentarme ni a mí, ni a su futuro marido, ni al chinito de las tarjetitas. No para impresionar a los críticos que parecen salidos de una historieta, cuando hablan mal de la ropa que usa uno. Vestida de novia como si fuese un ángel. El ángel que ya sabía que era. Que ya sabía que tenía a mi lado. Vestida de novia, ante mis ojos y sin vestido, mi prima me enseño que eso que se movía en el aire, entre nosotros dos y solo entre nosotros dos, era amor. Verdadero. Puro. Tomando la forma más humanamente posible entre dos personas que comparten esos sentimientos.

    Me puse de pie y le tiré una latita, que otra vez agarró al boleo. Me acerqué con los ojos un poco brillosos, la besé y propuse un brindis.

    -Por mi prima, que se viste de novia -dije al aire, antes de dar un sorbo de cerveza.

    -Por tu prima, que se viste de novia para que le hagas la cola -respondió. Y aunque Julia ya sentía que iba a desmayarse de tanto alcohol, también bebió un sorbo para dejarme conforme.

    Luego, el ángel esquivó mi cuerpo y caminó hasta el pie de la cama. Allí puso sus manos sobre el colchón y dándole un segundo extra al morbo, arqueó la cintura y levantó la cola. La movió de un lado hacia el otro, como para llamarme. Mi mirada estaba perdida entre la fina línea de tela blanca que quedaba entre los cachetes de la colita que me iba a coger y los movimientos tan sensuales de mi prima borracha. Esa era, sin duda alguna, otra de las postales que quedaría en mi memoria por siempre. Para hacerle un cuadro y ni gastarse en ponerle un marco. Nada podría mejorarlo.

    Me quedé inmóvil un momento más, para apreciarlo. Sentí que era la primera vez que realmente le veía el culo entangado a mi prima. O la primera vez que realmente me detuve para observarlo con atención. Verlo tan entregado, redondito y duro, del tamaño justo para mis manos, me hizo delirar la imaginación todavía un poco más. La forma y los elásticos de la lencería ajustándose a las curvas de sus nalgas, con agujeros pequeños pero que alcanzaban para que el blanco de su piel contrastara con el blanco de la prenda tan íntima que llevaba puesta.

    Di un paso para acercarme y cuando puse una mano en la parte de la bombacha que tenía metida entre los cachetes del culo, mi prima subió una rodilla al colchón. La otra pierna la subió cuando le hice la tanga a un costado. Y sin pensarlo de más le introduje el dedo índice en la cola, justo cuando Julia quedaba en cuatro arriba de la cama.

    -Mmmm – escuché salirle de la boca, cuando volvió a apretar sus labios con fuerza.

    Nuevamente me dispuse a apreciar el momento. A sentir la tibieza del ano de mi prima apretándome el dedo. Girarlo, lentamente, para ir, de a poco, metiéndoselo más profundo. A disfrutar de sus gestos mientras se lo sacaba para metérselo de nuevo. A ver como de a poco iba cediendo la resistencia y comenzaba a disfrutarlo ella también.

    Fue cuando comprendí que ese espectáculo no había sido pensado para mí, que percaté que en mi cerebro quedaba lugar para una gota más de morbo. Esa bombacha era para que la disfrute otro, no yo.

    Quien debía estar en mi situación era su marido, no su primo.

    Me estaba por coger un culito vestido para otra persona. Y entonces mi mente rebalsó de excitación, de morbosidad y de perversión. Esta vez dudaba seriamente si habría lugar para siquiera un solo pensamiento más sobre lo prohibido. Jamás me había sentido tan completo.

    Ese fue el segundo exacto en donde una bomba explotó en mi cabeza, un monstruo que ya conocía se apoderó de mí. Ya no había ni siquiera tiempo para razonar. Como si la luna sobre el océano infinito que veíamos tras el ventanal del balcón estuviese llena, una fiera animal se encarnó en mi piel para hacerle, de una buena vez por todas, el culo a mi prima.

    Me acomodé de golpe para penetrarla, con la mente completamente distorsionada. Con una mano la tomé del pelo y ya sin nada de paciencia, le punteé la entrada del ojete sin piedad hasta que la cabeza, nuevamente, recibió el cálido abrazo del esfínter del orto.

    -Ahh.-dijo cuando sintió el glande. – Ahhh – cuando ya la mitad de mi pija se encontraba en su interior. – Ahhhh – cuando la sintió entrar entera, luego de un “Trac. Trac. Trac.”, que pensé que había sido un desgarro.

    Comenzó a gritar de dolor cuando quise empezar a bombearle. Me frené y como una muestra de cariño, se la deje un rato quieta, toda adentro del culo. Julia movía la cabeza y los gritos se fueron transformando en gemidos. Ahora parecía ser ella quien quería comenzar a moverse y dejé que lo haga. Se la metía y se la sacaba, a penas, ella solita, moviendo su cintura de adelante hacia atrás todo lo que podía.

    La agarré de las caderas para volver a tomar el control y se la empujé con fuerza hasta el fondo de la cola. Con una mano tironeé de su pelo para hacerla levantar y que su oído quede más cerca de mi boca.

    -Ya tenés la colita hecha. – le susurré -¿Te gusta el pito de tu primo adentro del culo?

    Me respondió que sí, entre gemidos. Y nuevamente le empuje la verga con fuerza.

    -¿Te gusta ser mi puta del culo? ¿Te gusta? – pregunté con tono más firme. – Decime que sos. Decime. – le ordené un segundo después.

    Julia apenas podía respirar. Entre el dolor y la excitación que tenía le resultaba muy difícil poder emitir alguna palabra.

    -La puta del culo. – dijo al fin. – Soy la puta del culo.

    Comencé ahí nomás a meterla y sacarla. A dejar que todo el pito reciba el calor del culito estrecho de mi primita favorita. A sentir una vez tras otra la fricción que provocaba el ano, recientemente desvirgado, abriéndose. O abriéndole paso a mi pija. A disfrutar lo cerrado que estaba y como me apretaba la verga cada vez que quería metérselo de nuevo, o llegar más profundo. Y saber que nunca jamás volvería a estar tan cerradito como esa vez. A escuchar sus gemidos y hasta sentir su aliento mientras le tiraba del pelo para que me muestre también su cara.

    Esta vez el escalofrío que recorría mi cuerpo duró mucho más tiempo. El orto de mi prima ya no era virgen. Ya era mío. Pero me frené antes de llenárselo de leche.

    -¿De quién? – le grité como retándola.

    -De mi primo. Soy la putita de mi primo. La culoroto de mi primo. – dijo simulando un miedo por no volver a equivocarse.

    Le solté la cabeza para que sepa que me había respondido justo lo que esperaba y con fuerza la empujé sobre la cama y me acosté sobre ella, inmovilizándola con mis piernas para que no abra las suyas. Todavía con la pija adentro, volví a tomarla del pelo y giré su cara para poder besarla, pero en vez de hacerlo la dejé con las ganas. Julia tiró dos o tres lengüetazos al aire y como no encontró mi boca, me escupió, simulando estar ofendida.

    -Ya te hice la colita. – le dije al oído, con tranquilidad -Ahora te voy a romper el culo como a una putita de cuarta. Ahora vas a aprender la diferencia.

    Mi prima se movió con brusquedad, como si quisiese escaparse. Cuando logró liberar una mano, la usó para tocar y golpear varias veces la funda de la almohada que tenía a su lado y arrugarla luego cerrando el puño. El mensaje estaba recibido.

    -No sé, Rodri. – dijo con vocecita de nena caprichosa -Ayy. Ayyy. – repitió varias veces cuando le tire un poco del pelo. -Me haces mal, en serio, Rodrigo. Pará. Ya fue, en serio. Pará. – gritó antes de que mi mano le tape la boca.

    Sus palabras no hacían más que calentarme. Estaba preso de una enfermedad incontrolable. No sólo me rendí ante la bestia, sino que disfrutaba del extraño ser en el que me estaba convirtiendo esa noche.

    A pesar de los movimientos que hacía para intentar quitarme de encima, le enterré la pija en el fondo del culo e ignorando las vibraciones que sentía en la palma de la mano producto del “mmmm” que emitía mi prima sin entender del todo mi actitud, en medio de los “No. No. No.” que lograba pronunciar, comencé a penetrarla con fuerza.

    Esta vez el “Trac. Trac. Trac.” se escuchó con más intensidad. Pero continué. Sabiendo que le estaba doliendo a más no poder. Sabiendo que la sutileza se había acabado. Incluso de esa forma, sabía que no iba a parar hasta dejarle el culo roto, abierto y rojo como nunca jamás había estado antes. Romperle el orto había pasado de ser un deseo prohibido, a una obsesión incontrolable, en apenas minutos. La enfermedad crecía y crecía en mi interior y la conciencia se me iba debilitando. Lo sentía con absoluta claridad.

    -¡Hijo de puta, me haces mal! Me estas rompiendo el orto, Rodrigo. ¡Pará!. En serio. Que me duele. – gritó desesperada, cuando mi mano le soltó la boca por un instante. Sentía a sus talones golpeármela espalda de las patadas que daba al aire, pero no me importaban -¡Hijo de puta, me estas violando! – dijo luego, resignada al ver que una vez tras otra ignoraba sus pedidos. -¡Me estas violando el orto, hijo de puta!

    Sus palabras no hacían otra cosa más que alimentar a la fiera. Todavía con más fuerza que antes, la seguí penetrando. Ahora le dejé la boca libre para escucharla gritar y suplicarme que pare. Una mano la usé para inmovilizar sus brazos y con la otra volví a tirarle del pelo, que ya estaba completamente despeinado.

    -Te sale sangre del culo, prima. ¿Te gusta? – le pregunté retóricamente. – Tengo la pija ensangrentada de tanto romperte el orto. Y todavía falta, putita. Te lo voy a romper más todavía.

    Ella sólo se movía y me pedía que pare. Sus ojos se llenaron de lágrimas y siguió puteándome desesperada, ahora llorando.

    -Por favor, forro. Hijo de puta. ¡Para! – escuché una vez tras otra entre su llanto.

    Pero no podía. Ni siquiera con un arma apuntándome en la cabeza creo que habría podido parar. Me seguía cogiendo el culo de mi prima de una forma desenfrenada, con ella boca abajo, la colita parada, sometida completamente a la lujuria de mi pija y las bombeadas que le estaba pegando. Tan fuertes que hasta a mí mismo me sorprendía todo el tiempo que había aguantado sin acabar.

    Cuando sentí su sangre recorrer mis testículos, se la saqué de una. No lo había hecho por piedad. Quería observar cómo le estaba quedando el ano. Quería ver bien como se lo había dejado. Quería apreciar los resultados, como un artista revisando su obra de arte, para continuar mejorándola.

    Al vérselo tan abierto, tan roto, tan rojo, completamente rojo, no solo por los hilos de sangre que le chorreaban hasta por la parte interna de sus muslos, coloreando la bombachita que alguna vez había sido blanca, me sentí satisfecho.

    Se la volví a poner entera, sin aviso. El grito de dolor de mi prima retumbó en toda la habitación, cuando me dejé caer sobre ella, dejándole la verga completamente en su culito. Otra vez sentí su sangre mancharme hasta las bolas y quitándole el pelo que tenía sobre el costado de la cara, volví a hablarle.

    -¿Querés que pare? ¿Te duele mucho la cola, prima? La tenés toda rota. No sabes cómo la tenés. Todo el culo roto tenés.

    Ver su maquillaje completamente arruinado por las lágrimas, me llenaba aún más de ambición, de perversión bestial. Esos ojos hermosos, ahora tenían los bordes rojos producto del llanto y de la fuerza que tenía que hacer para aguantar el dolor. El negro del delineador se escurría por todas sus mejillas. Mi excitación no paraba de aumentar.

    -Si. Pará, por favor. – me respondió ya sin fuerzas – Hago lo que quieras, pero sácamela del culo, Rodrigo. ¡Por favor!

    Esta vez le hice caso y me puse de pie. Al ver que Julia seguía llorando con su cara sobre el colchón, la agarré del pelo para que me mirara.

    -Arrodillate y chupamela. Limpiamela con la lengua que está toda sucia. Toda la pija sucia de culo y sangre me dejaste.

    Me dijo que no. Mirándome a los ojos, buscando un poco de misericordia para que no la obligue a hacer eso. Pero ni sus lágrimas, ni el rostro de pibita abusada, me conmovieron. Volví a tirarme sobre ella y clavándole nuevamente el pito en el fondo del culo, volví a escucharla gritar de dolor.

    -Te sigo rompiendo el culo entonces. Toda la noche y todos los días que restan vas a sentir mi poronga desgarrarte más y más el orto. ¿Estás segura que no querés petear?

    Le bombee dos, tres y cuatro veces con fuerza, hasta que aceptó mi oferta. Sin dejar de llorar me dijo que estaba bien. Pero que pare. Que me limpiaba la pija sucia con la boca. Pero que por favor pare.

    Me puse de pie y al instante mi prima se arrodilló, esta vez sin mirarme a los ojos. Abrió la boquita y a penas la tocó con la lengua sintiéndole el sabor, se la quitó. Tosió varias veces y de forma violenta hacia un costado, como si de tanto asco iría a vomitar sobre la alfombra del piso. Dejé que se le pasen un poco las arcadas y sin necesidad de decirle nada, ella sola y todavía sin mirarme, volvió a ponérsela en la boca para empezar a mamarla.

    Esta vez me la chupaba distinto. Como si sus ganas se habrían esfumado. A pesar de que no usaba tanta saliva y cada tanto le volvían las arcadas e interrumpía el pete, a mí me encantaba. Me hacía ver las estrellas el notar a mi prima tan sometida, tan humillada chupándome el pito recién salido de su propio culo. Incluso me excitaba pensar que su amor por la leche parecía haberse terminado.

    Me volvía loco reflexionando, entre sus gestos de asco, las diferentes etapas que tiene el amor. No solo por su amor al semen, sino también por aquella emoción que apenas minutos atrás me había hecho sentir a mí, al verla vestida de novia.

    Me la estuvo limpiando a los lengüetazos y succionadas por varios minutos. Siempre con actitud de ausente. Cuando quedé conforme con cómo me la había dejado, le dije que vuelva a ponerse de pie. Le costó un poco por el dolor, pero lo hizo sin siquiera decir una sola palabra.

    Cuando su cara estuvo a la altura de la mía, pude ver la rabia en su mirada.

    -Ponete en cuatro, primita. – le dije sonriendo.-Que tengo ganas de romperte el culo un poco más.

    Julia me miró fijamente, haciendo equilibrio por el temblor que sentía en sus piernas. Tenía un gesto de enojo que a cualquiera le habría hecho helar la sangre. Pero a mí no me movió ni un pelo. Se acercó más y me escupió con fuerza, juntando saliva. Cuando me quité el escupitajo que me había pegado en la cara, volvió a escupirme con furia. Luego se limpió la comisura de los labios con una mano y todavía sin decir absolutamente nada, me obedeció. Se puso lentamente sobre el colchón, levantándome la cola para que le haga lo que quisiese.

    Otra vez me detuve a mirarle el culo. Ahora roto. La tanga estirada a un costado, manchada de sangre, con el esfínter que comenzaba a cerrarse de a poco. Era, sin dudas, una postal mejor que la anterior.

    -Te lo lleno de leche y te dejo descansar – le dije. Y volví a ponérsela de una, ahora agarrándola de la cintura para poder cogerla con más fuerza. Mi prima no me contestó.

    No sé si ya no sentía tanto dolor o pretendía aparentar resignada, pero ni siquiera se quejó cuando la sintió entrar y salir hasta lo más profundo del ojete. Una vez tras otra, mientras yo también sentía que me temblaban las piernas. Pero de placer.

    Sólo creí escuchar un gemido cuando el primer lechazo le golpeó en el fondo de su intestino.

    Hice fuerza para llegar más adentro y los restantes chorros de semen le llenaron el culo.

    El orgasmo me duró un montón. Luego de haberla sodomizado a mi manera, saque la pija y le apreté los cachetes para que la leche se quede en su ano la mayor cantidad de tiempo posible, para que la absorba y lo lleve siempre consigo. Pero a pesar de mi esfuerzo, cuando lo solté, una buena cantidad se le escurrió entre los muslos, imitando las huellas que había dejado el recorrido que antes había hecho su sangre, ahora seca y pegada a su piel. Ambos respiramos aliviados de que finalmente había terminado.

    Nos quedamos rendidos en silencio un buen rato. Mi prima se acostó y se acomodó en la cama hasta llegar a la almohada, y con el culo para arriba, todavía abierto, suspiró. Yo, en cambio, me quedé sentado, solo mirándola.

    El esfuerzo que hacía para respirar y relajarse después de la cojida que había recibido ya me estaba haciendo parar la pija de nuevo. Cuando vi que estaba empezando a amanecer, me di cuenta que le había estado rompiendo el culo por horas.

    Nuevamente me ganó la perversión y me acosté encima de ella, otra vez. Todavía con la pija afuera pero apoyándosela entre las nalgas, le corri el pelo de su cara y le sequé las lágrimas que todavía tenía en sus mejillas, mezcladas con la traspiración y los restos de su maquillaje.

    Al segundo mi prima reaccionó.

    -¿Otra vez tenes el pito duro? – me preguntó. – No creo que aguante otra vez, Rodrigo. De verdad me arde el orto como nunca.

    La besé tiernamente y le dije que le tenía fe. Que ella era tan puta que iba a poder soportarlo. Me acomodé para enterrársela salvajemente de nuevo y Julia volvió a hacer retumbar la habitación por su grito, apenas entró glande.

    -¡Rojo. Rojo. Rojo! – dijo ahora – Perdoname, Rodrigo, pero “Rojo”.

    El tono de su voz me hizo largar una carcajada. Retiré la pija del ano y me acosté a su lado. Mi prima giró su cara hacia la mía y me besó. Una vez tras otra. No sólo en la boca, sino en toda la cara.

    -Perdoname, Ro. Perdoname. – me repetía mil veces, sonriendo, entre cada beso. – Mañana voy a poder aguantar más. – dijo al final.

    No podía reprocharle absolutamente nada. ¿Qué le iba a reprochar? Si era la prima perfecta.

    Le dije que estaba bien. Que se la había aguantado más que bien. Cuando le pregunté si le había gustado, me respondió, con su típica sonrisita que tanto, pero tanto, me gustaba. Luego me dijo que sí. Que nunca se había sentido tan putita y que no sabía si alguna vez volvería a sentirse así. Que le había encantado.

    Con cuidado de no apoyar mucho la cola en el colchón, porque todavía le dolía, se puso de costado y me pidió que la abrace.

    -No creo que ahora me aguante que me rompas de nuevo el culo, Rodri.-repitió – Pero podés hacerme la colita si querés.

    Sin dudarlo la abracé haciendo cucharita, rodeé su cuello con mi brazo y suavemente le fui poniendo el pito adentro del orto que ya tenía abierto.

    -Ahh. Sí. Así. – susurró como una putita cuando lo sintió. – Dejamelá toda la noche así.

    Haciéndole caso, ni me moví. Y aunque la noche ya había terminado, no pensaba en sacársela hasta que volvamos a despertarnos.

    Julia, como ya era costumbre, antes de dormirse definitivamente, volvió a hablar.

    -Es hermoso, Rodri. – dijo al ver a través de la ventana que daba al balcón – El océano y el cielo tienen el mismo color. Parece que estuviésemos volando.

    Sonreí recordando aquel primer día, pensando en que ojalá nuestra nave nodriza no vuelva nunca más a la Tierra. Hasta que, preso de tanto placer y tanto amor, me dormí yo también.

    Satisfecho, pero también tranquilo. Porque la fiesta del culo recién estaba comenzando.

    Ni yo sabía, en ese momento, todo lo que le faltaba a la fiesta aún.

    Si les gusta, continuará…

  • Esclavo de mi fantasía (Parte IV)

    Esclavo de mi fantasía (Parte IV)

    Acostado en mi cama, con una sensación de desahogo y calma, vuelvo a ver el mensaje de Samir en el celular.

    “Me dijeron que te fuiste con Antonio, donde estás?” (Sonrió y lo pongo a un lado)

    Simplemente decidí no responder concentrándome en algunas actividades que debía entregar mañana lunes en el instituto.

    Dormí como nunca antes, desperté lleno de una energía que recorría mi cuerpo y me daban ganas de comerme el mundo, estaba muy feliz.

    El hombre de mis fantasías me había buscado y Antonio me enseñó que ser gay es más que ser la puta de alguien.

    En el bus, camino al instituto me escribe Antonio:

    “Feliz día bebé” (Wow… me sentía afortunado y halagado).

    Siempre estuve escondiendo mi inclinación sexual y aunque ahora estaba más seguro de mi mismo y de lo que quiero, no estoy listo para hacerlo público.

    Sin embargo se encendió una llamarada dentro de mi que ahora ilumina mi camino.

    Durante la mañana, estuve muy activo y participativo en todo. Al llegar la hora de almorzar voy con un pequeño grupo de la última clase al cafetín, allí veo a Samir e Inés.

    Él con una sudadera negra y jeans, su cabello castaño medio largo y semi ondulado cubriendo parte de su perfecto rostro, mientras abrazaba a Inés con uno de sus brazos. Ella con un vestido de sexy escote la hacían blanco de todas las miradas (Debo reconocer que a pesar de ser gay ella despertaba cierta curiosidad en mí).

    La pareja bomba del instituto! Ellos al verme hacen señas para que me acerque. Yo con la fuerza y seguridad que me impulsaban ese día camino a su mesa y los saludo como los mejores amigos. Ella me dice con voz curiosa y pícara observándome de arriba abajo:

    Inés: … Martin te veo diferente…! Estás radiante! Será que alguien enloqueció tú corazón?

    Yo: (entre risas y viendo a Samir discretamente) Quizás… ayer pase un día genial!

    Samir: (siguiendo el juego) cuenta… quien es? El sábado en la fiesta no contaste nada y luego te desapareciste.

    Yo: Me fui porque no me sentía bien. Me despedí de algunas personas pero ustedes dos estaban desaparecidos.

    (Inés sonríe y besa a Samir en señal de complicidad)

    Inés: y que te paso? Qué pena contigo, seguro necesitabas atención medica?

    Yo: Siii! Algo me callo mal… pero luego me dieron lo que necesitaba para estar mejor.

    Samir me dio una mirada seria y le dijo a Inés:

    “Amor busquemos a Isabel para ir a clases antes de que se haga tarde” (nos despedimos y cada quien tomo su camino)

    Al terminar la última clase, salgo del aula, voy caminando y me consigo de frente con Samir y dice señalando el salón:

    “Entra, tenemos que hablar”

    Una vez adentro cierra la puerta y dice con voz baja pero reclamando:

    “Como que te dieron lo que necesitabas? Por qué no contestas mis llamadas? Que hacías con Antonio?

    Yo: Samir estás celoso? (Haciéndome el sorprendido)

    Samir: No! Solo me preocupe por ti! ( Mientras se calma un poco y continua) Antonio solo te quiere coger!!!

    Yo: y tú que quieres de mi? Él se portó muy bien conmigo, se preocupó…!!! (Haciendo énfasis en esta última palabra y continuo)… en tomarme en cuenta!!!

    Samir: eso es por interés! Al estar aquí yo te demuestro que me preocupas! (Acercándose frente a mi)

    Yo: y yo te demostré que soy capaz de entregarme completamente a tus deseos…! Y Antonio no tiene miedo de sentir mis…

    Samir me toma con fuerza de mis brazos acercándome a su cara donde podía sentir su respiración molesta en mi rostro, interrumpiéndome dice:

    “Yo no tengo miedo de nada…”

    Él se queda sin palabras solo viéndome y yo quede atrapado en sus grandes ojos color ámbar en un silencio eterno… se va acercando más a mi y de pronto suena algo en el pasillo, me suelta y se aleja.

    “Me tengo que ir, luego hablamos” y sale casi corriendo.

    Yo me senté en la silla del profesor para entender lo ocurrido. Será que Samir quiere algo más que mi culo…? Un mujeriego que no podía contar con cuántas mujeres se había acostado, se preocupa por mi? pensé.

    Por fin salí del instituto, llegue a mi casa, entre a mi cuarto y me dormí mientras trataba de descifrar a Samir. Pasaron casi dos horas, cuando mi madre me toca la puerta y dice

    “Voy a preparar la cena, vas a comer? Te pregunto porque tu papá tiene una reunión y comerá afuera, si no quieres no cocino”

    Yo: Si, tengo hambre! pero voy a salir a caminar para hacer algo de ejercicio.

    Salgo a caminar y de pronto me doy cuenta que estoy a un par de casas de la de Samir, me detengo y pienso “seguro esta con Inés” y decido regresar.

    Al llegar a la casa entro a la cocina en silencio y está mi mamá preparando la comida, la abrazo, ella se sorprende y me dice:

    “Me vas a matar del susto…! Pero qué bueno que llegaste rápido, en tu habitación está tu amigo de la escuela.

    Yo sorprendido le pregunto “que amigo?”

    Sra. Helena: ese que estudio contigo antes del instituto.

    En mi mente “No puede ser!”

    Salgo corriendo a la habitación, abro la puerta y allí está él! sentado en mi cama con las piernas abiertas, inclinado hacia adelante con los brazos como soporte en sus piernas, el cabello algo desalineado y viendo un juego de fútbol.

    Vestía un pantalón deportivo negro y una camiseta deportiva roja sin mangas que dejaba ver parte de sus pectorales y sus fuertes brazos.

    Samir: Martin!!! Cómo estás…? Tienes lo que te pedí?

    Yo aún impactado y sin entender, respondí:

    “Bien… sorprendido… (y en voz baja le digo) … que haces aquí? … que me pediste? “

    Samir: es que tengo un problema y solo tú sabes cómo solucionarlo! (luego en voz baja y como una orden dice) cierra la puerta!

    Cierro la puerta y el sonríe perversamente con la mirada que me vuelve loco (mi corazón estaba a mil palpitaciones por minuto, y se veía tan hermoso como esa ropa) y dice:

    “Holaaa!!! (Guiñando el ojo)… siéntate a ver el juego conmigo (en voz baja pero seductora)”

    Yo: Estas loco, afuera está mi mamá y yo nunca e tenido visitas en mi habitación! (Seguimos en voz baja y de fondo el sonido del juego en la TV)

    Samir: siempre hay una primera vez… no? (Y sigue con esa sonrisa perversa mordiéndose el labio inferior)

    Yo: que buscas? Mis padres no saben que soy gay. No quiero que sospechen! (Murmurando)

    Samir: cálmate los amigos también se visitan! y ya te dije… tengo un problema que solo tú puedes solucionar!

    Entonces Samir se endereza e inclina hacia atrás sosteniéndose de sus codos y deja al descubierto una gran erección que levantaba su pantalón deportivo como una carpa!!!

    Mis ojos y labios se abrieron! Los ojos de la impresión (parecía una imagen de película porno) y mis labios para tomar aire y humedecerlos!

    “Estas loco… no puedo!” (Le digo sin quitarle los ojos a ese espectáculo.)

    De pronto se escucha la voz de mi mamá llamándome y diciendo:

    “Martin… dile a tu amigo que se quede a comer con nosotros”

    Samir se levanta de la cama dirigiendo su cara a la puerta y con su personalidad extrovertida responde a mi mamá:

    “Será un placer… muchas gracias señora!!!

    Yo volteo a ver a Samir asustado y luego mi mamá vuelve a hablar:

    “En 10 minutos estará servida la cena”.

    Yo: ok mamá! Gracias! (Mirando a Samir que estaba parado frente a mi con esa carpa entre sus piernas, él solo sonreía como si todo fuera un juego. Yo estaba aterrado).

    Entonces Samir me dice mientras levanta sutilmente su camiseta para mostrarme sus abdominales:

    “Tienes 10 minutos para resolver esto”

    Mi corazón en la garganta, mi pene muy duro y mi boca hecha agua!

    Me arrodillé frente a él y baje su pantalón, No tenía ropa interior! (Eso explicaba la gran carpa que se veía en su pantalón)

    Tome ese trozo de carne que latía entre mis dedos y lo llevé a mi boca, apreciando su sabor masculino mientras observaba la cara de Samir viendo hacia arriba con los ojos cerrados. Definitivamente él lo estaba disfrutando (con su rostro hacía gestos de placer pero como un experto ningún sonido).

    Toma mi cabello, me sienta en el piso de espaldas a la cama (sin sacar su pene de mi boca) y cuando estoy acorralado, comienza su movimiento pélvico con todo su cuerpo como dibujando una S cogiendo mi boca y llegando casi a mi garganta (me costaba respirar) mientras yo solo podía apretar sus fuertes piernas.

    Y de pronto comienzo a sentir toda su leche caliente en mi boca (cómo no tenía baño en el cuarto y mi mamá estaba a pocos metros me la tuve que tragar toda) poco a poco deja de moverse y dice mientras lo saca:

    “Solo tú… podías con esto” (subiéndose el pantalón no sin antes yo lamerle todo el semen que queda en su pene).

    Y se escucha a Mi mamá: “chicos a comer!”

    Mientras yo me siento en la cama para tomar aire, Samir sale de la habitación de lo más tranquilo y sonriente. Yo por el contrario tardo unos minutos y digo al salir:

    “Ya voy, primero debo ir al baño”

    Una vez en el baño me lavo la cara, la boca y me revise en caso de tener huellas del delito en la ropa. Dando tiempo también a que mi erección disminuyera.

    Al llegar a la mesa estaban mi mamá y Samir riendo por alguna de sus payasadas (él es muy carismático y atento) y yo pensando “Si supieran lo bestia que es en la cama”.

    Comimos y estuvimos un largo rato hablando en la mesa, fue muy agradable. Yo siempre he sido reservado y aunque siempre buscaba mantenerme en el grupo de Samir (“ya saben para que”), no me gustaba llevar a nadie a la casa (salvo actividades escolares), siempre lo evitaba por el miedo a que alguien notara mis gustos.

    Samir se levanta y se ofrece para lavar los platos pero mi mamá dice:

    “No, no te preocupes. Martin no trae a muchos amigos a la casa, y ahora que vienes tú no te pondré a lavar!”

    Yo: No, me pondrá a mi! (Entre risas)

    Samir: entonces me despido Sra. Helena ya es algo tarde y mañana hay clases.

    Señora Helena: muy bien! Tienes razón! (Y mirándome a mi continua) Martin estos son los amigos que debes traer a casa!

    Todos reímos y tanto Samir como yo caminamos a la entrada de mi casa:

    Samir: escuchaste…! me tienes que traer más seguido a tú casa! (Y me da esa sonrisa sexy que me encanta)

    Yo: casi muero…! Pero gracias por ser tan amable con mi mamá y hacerme quedar bien con tus historias.

    Samir: hasta mañana…

    Me da la mano, se da la vuelta, comienza a caminar; quedo hipnotizado viendo su firme trasero y de pronto se detiene, gira dándose cuenta que le miraba el culo y dice:

    “Casi lo olvido… te dejé un regalo en la cama… para que veas que te tomo en cuenta” (sonríe y se va)

    Entro rápido al cuarto, cierro la puerta, comienzo a buscar hasta que levanto la almohada y veo un bóxer negro con una nota que dice:

    “Para que te diviertas” (estaba impregnado con su perfume y aroma corporal).

    Lo puse en mi cara regresando instantáneamente mi erección, me acosté cerré los ojos deseando que él estuviera nuevamente aquí. De pronto suena mi celular, al ver que era Samir respondo rápidamente:

    “Hola, que pasó? Estás bien?”

    Samir: Si, solo quería saber si encontraste el regalo?

    Yo: Si ya lo tengo, precisamente lo estaba disfrutando…

    Samir: Ups… disculpa si interrumpo la diversión…

    Yo: No, para nada.

    Samir: entonces no te gusto?

    Yo: al contrario me encanto…! Pero dos meses atrás lo hubiese disfrutado más, mucho más…! Ahora prefiero divertirme pero viéndote!

    Samir: aaah… como en la primera noche que pasamos juntos?

    Yo: exacto…! …espera un momento! Tú no estabas dormido?

    Samir: …

    Continuará en “Esclavo de mi fantasía, V parte” pero primero Samir quiere que lo conozcan en “De mujeriego a bisexual, confecciones de Samir 1”

    Advertencia: Las confesiones de Samir contarán con sexo hetero, después de todo a quien no le gustaría ver al hombre de sus fantasías en acción incluso cogiendo a una mujer!

  • Su amigo (Primera parte): En la disco

    Su amigo (Primera parte): En la disco

    Llegamos mi novia y yo a la disco. Estaba abarrotado de gente, como me esperaba. Ella estaba espléndida, súper sexy. Llevaba puestos unos leggings negros y un top del mismo color. Sus pantalones daban la impresión de como si fueran de cuero, es decir, con un efecto “engomado” ¿los conocéis?, seguro que sí. Eran bien ceñidos, lo que hacían que se le marquen esos cachetes como ¡wow! Además, como si fuera poco, llevaba ese topsito que parecía uno de esos “sostenes” deportivos pero éste era para fiestas, lo que hacía que su abdomen quedara todo a la vista ¡daban ganas de lamerla, joder! Su ombligo estaba decorado con un piercing.

    De la mano, penetramos por la multitud buscando un espacio para poder bailar. Encontramos un hueco y nos quedamos ahí. La gente no paraba de rozar con nosotros, varias chicas me atropellaban con sus pechos y los varones, amablemente, me pedían para pasar. Me estaba poniendo un poco nervioso. Ella lejos de estarlo, parecía excitada. Yo controlaba con la vista que las manos de los tíos estén en alto al pasar tras ella. Pensé que alguno se pudiese propasar restregando su bulto por su trasero. Era probable ya que tiene una voluminosa cola y con lo apretados que estábamos… ¡Joder!, la agarre de la cintura y la pegué más a mi. Me dijo sensualmente al oído:

    -Mmm… Que ganas de que me comas la concha.

    -Pero bueno… -bajé mis manos hacia sus nalgas.

    -¡Hey!, no podes tocarme.

    -¿Por qué, bonita?

    -No podes tocarme hasta que te de autorización.

    -Joder, ¿en serio?

    -Se hace lo que yo diga -me dice con su picaresca sonrisa.

    Joder, coño, no joda pensé y aparté mis manos. Nos movimos entre la gente, otra vez. Ella iba delante buscando un mejor lugar donde estar a gusto. Luego de unas vueltas, llegamos a un espacio considerable. Había un hombre alto revisando su celular al que mi chica fue a saludar con toda alegría. Se dieron un cálido abrazo. Luego de cruzarse unas pares de palabras al oído me dice:

    -Él es un amigo mío.

    Y luego siguieron charlando muy de cerquita, toda simpatía, echándose unas risas cada tanto.

    “Un amigo suyo”, no lo conocía. Bueno… Hace relativamente poco que empezamos a ser novios. Mientras estaba allí como un pasmarote, le eché una mirada de reconocimiento a ese tío: afrodescendiente, con una calva brillante, camisa de marca y, por lo visto, simpaticon ¡Telita con el tío este!

    Pasado un rato nos pusimos a bailar, alternándose ella con uno y con otro. No es que sea un buen bailarín la verdad, ella lo sabe por lo que cuando me tocaba a mi, solo ponía sus brazos alrededor de mi cuello y se movía suavemente para que yo le siga. Con él era otra cosa, era más perreo. En ocasiones la giraba y bailaban muy pegaos. Me ladeé para observar su danza. Ella estaba, con la columna arqueada, dejando su trasero en pompa y moviéndolo de lado a lado, a tal punto que se me hacía que, lo que estaba buscando, era el roce con la entrepierna del colega. Me quedaba viendo su cara de zafada y la mano intrusa de ese tío en su cintura. Digamos que era como un “sándwich” pero que en la otra parte del pan se divertían más. ¡Diablos!, tengo que aprender a bailar me dije a mí mismo en esos momentos.

    -Chicos, ¿quieren ir a un reservado? -Nos dijo él. -Yo consigo uno.

    -Oh wow, que genio, ¡Siii! -dice ella.

    En efecto, fuimos hacia allá. Eran tipo unos cubículos ubicados al borde de la pista, con un cómodo sillón en forma de “u”, como para unas seis personas tal vez, y una mesita en medio. El amigo se sienta al fondo, mi novia tras él, a un palmo de distancia y yo por último en el borde.

    Ellos estaban teniendo una amena conversación de la cual no me enteraba de nada, parecía que hace tiempo no se veían. Cada vez que ella le iba a hablar acercaba su carita hacia su oído. Luego se incorporaba, me miraba con una sonrisa, algo insinuante se me hacía, y me acariciaba el muslo para después continuar la charla con su amigo. Así estuvimos una media hora…

    -¡Qué sed que tengo! -Dice ella de repente. -Amor, ¿y si vas a comprar un trago?

    Sacó de su carterita dinero y me lo pasó con una sonrisa.

    -Ahm… Okey bonita.

    A ese hermoso rostro no le podía negar nada. Mientras marchaba a la barra, me giré a verlos y, como si fuese en cámara lenta, ella se deslizaba por el sillón hasta quedar pegada al tío. Riendo, ella gira su vista hasta encontrar la mía. Su semblante cambió a serio, se me hizo desafiante. Sólo me di la vuelta y seguí para la barra.

    Llegué con el trago que a ella le gustaba. Era un vaso grande por lo que lo podíamos compartir tranquilamente entre los tres. Lo dejo en la mesita y me pego a ella. Se gira hacia mí, me pasa el brazo por el cuello y con la otra mano me acaricia muy cerca de mi ingle, con movimientos que entraban y salían. De seguido me planta un beso rabioso. Nos dimos un morreo que me dejó fino. Después se separa, toma el vaso y le da un buen trago. Se lo pasa al amigo, luego él me pasaba a mi y así seguía la ronda. Yo tomaba poquito, tengo… digamos que la “vejiga chica” y si tomo mucho alcohol me dan ganas de ir al baño a cada rato, lo cual era muy molesto.

    Y así estuvimos con esa dinámica, ahora por lo menos los escuchaba, pero mucho que me interesaba igual. En una oportunidad, cuando acerco el trago, me la quedo viéndola y la noto un tanto erguida. Algo me inquietó. La mano de ÉL estaba acariciando su espalda, bajando muy cerquita del inicio de su cola, ¡vaya con el amigo, eh! Ella le miraba hasta que, en un momento dado, apartó la vista hacia el frente:

    -¡Uff! -Dio un suspiro. Se gira hacia mí, y con sus dos manitas acariciando mi pecho, me dice con esa carita de súplica. -¿Y si vas a comprar otro trago, amor?

    -Ejem… -carraspeé. -Claro bonita.

    Me da otro billetico y voy. Me perdí entre la gente, sin alejarme mucho, y busco un lugar camuflado para observarlos sin ser visto. Cuando encuentro una zona, trato de verlos pero entre la gente que iba y venía, sólo podía ver en fragmentos. Ella parecía estar buscándome, al no encontrarme, gira la cabeza y lo mira a ÉL. Parece que se van a besar… Pasa gente. Veo, cuando por fin dejan de pasar tantos, que… ¡Dios mío!, se estaban dando el lote, ¿¡qué cojones!? tengo que hablar con ella y que me explique esto.

    Antes de que la gente piense de mí como un depravado acechador, me dirigí a terminar mi recado, aunque a decir verdad, las personas estaban más en las suyas, ¡y menos mal!, porque si estuvieran viendo la situación…

    Volví con el trago. Estaban los dos como si nada.

    -Te tardaste bebé -me dice ella acariciándome la espalda.

    Estaba tenso, un poco nervioso pero antes de que pudiese pensar en ello me agarra de los cachetes y muak… Me da un sonoro beso. El se desplaza por el sillón (recuerden que es en forma de U) hasta la otra salida:

    -Voy un ratito al baño -”Tic”, le hace un guiño de ojo.

    Perfecto pensé, ahora voy a poder hablar con ella. Esperé que se alejara, me doy la vuelta para preguntarle pero apenas abrir la boca ella se abalanza hacia mi y me mete la lengua hasta el fondo, ¡madre mía!, mmm… Qué rico. Cerré los ojos y me perdí. Sentía sus manos tocándome de aquí para allá y pues bueno, yo hice lo mismo. El empalme que me estaba dando…

    Se separa, me pasa su mano por los labios, como secándome. A los pocos segundos de eso llega su amigo. Ella lo mira sonriente. Apenas se acomodó en su lugar, se pusieron a charlar. Muchas bromas de por medio. Muy divertida parecía la cosa pero yo, con la erección que me había dado, no podía concentrarme. Ahora todo tomó un cariz erótico, con un rumbo morboso, hasta recordar lo que había visto me… ¿¡qué coño!? Empecé a tomar con ganas.

    Y así, extrañamente, pasaron las horas. A veces iba yo por otro trago, a veces iba ÉL o alguna que otra ida al baño. Algunos cariñitos nos hacíamos pero de allí más nada. Ya andaba medio chispado y pasaba de todo, ni me ponía a controlar que ocurría cuando me iba. No sé, estaba como relajado… Relajado y excitado.

    En esos aires pasó el tiempo, muy achispados todos, divertidos, las risas de ella, las bromas de ÉL, tanto así que el boliche ya estaba cerrando sus puertas. Nos íbamos los tres en plan de lo que venga. Salimos del local y nos encontramos con que ya había amanecido.

    -¿Vamos a seguir o qué? -Propone ella.

    -¿Quieres?, vamos para la suite donde estoy, que me dijiste que querías conocer -responde EL.

    -¡Uy si, vamos Dany! La única forma de conocer un hotel así es que nos inviten -me dice y se echa una carcajada.

    -Pues vale. Aparte tengo unas ganas de ir al baño.

    -Típico de vos jijiji.

    *****

    «Y bueno amigos, dejadme en comentarios si les gustaría que siga con esta historia. Son tres partes en total, tenía pensado subirlas todas del tirón, pero preferí ver cómo respondían a esta primera parte. También agradecería todo el feedback que quisieran dejarme, como qué les parecieron los personajes, la redacción y cualquier otro aspecto que quieran compartir. Bye»

  • Isla paraíso (Parte III): Desembarco de los violadores

    Isla paraíso (Parte III): Desembarco de los violadores

    Raenys

    Raenys llevaba tres semanas en la isla Paraíso y vaya que era un paraíso, la isla era de las más hermosas del caribe y del mundo, pertenecía al millonario y filántropo Gabriel Lancaster, hijo del millonario Dan Lancaster, dueño de la petrolera más grande de América. La fortuna de Gabriel era de una cantidad inimaginable, era tanta que era dueño de la isla Paraíso, de 140 kilómetros cuadrados, bien protegida pues en ella vivía las mujeres del multimillonario, un total de 234 mujer de alrededor del mundo, una verdadera locura, pero era un lujo que el solo podía darse.

    Las mujeres eran de las más hermosas del mundo con un cuerpo que toda mujer quisiera tener. Gabriel era un hombre con un voraz apetito por las mujeres, así que creo su propio «paraíso» en la tierra en una isla con 234 mujeres que se dedicaban a complacer sus apetitosos carnales. Raenys aún no tenía el privilegio de conocer a su dueño, ni mucho menos de ser montada por él, pero ella esperaba su día.

    La mujer había pintado su cabello de un color negro, lo que hacía que resaltara su cabello de su pálida y hermosa piel. Ese día iba junto a Kira, una muchacha de suiza con quien había pasado el mayor tiempo en aquella isla. Iban de camino al lago cristal, un lago que albergaba un agua cristalina y dulce. Ambas desnudas iban a caballo, pues era el medio de transporte en aquel lugar, también había motos de cuatro ruedas pero a ellas les gustaban más los caballos.

    El ambiente en el lago era de fiesta, mujer bebían, nadaban y bailan desnudas, disfrutando del sol, mujer con esbeltos cuerpos, cuerpos que eran el deseo de todo hombre.

    Las tetas y nalgas brincaban sensualmente mientas las mujeres se embriagaban y jugaban entre ellas. Tomaron unas cuantas cervezas y bailaron sensualmente con otras mujeres, sus cuerpos bañados en sudor y bronceado hacia excitar a Raenys.

    Después de un rato ella y su amiga Kira se metieron al lago. Raenys le metió los dedos en el apretado coño de aquella chica que apenas tenían 19 años. Ambas comenzaron a besarse y a meterse los dedos, el placer recorría su cuerpo como las ondas recorrían las aguas.

    Ya estando fuera del lago en la húmeda y blanca arena, ella comenzó a lamer el coño rozado de la mujer suiza, su coño era todo un manjar que a Raenys más se le antojaba el coño cada que metía la lengua en ella.

    —Hazme tu perra —decía entre jadeos su acompañante.

    Raenys le metía los dedos con pasión y locura, ambas se besaban y los deseos de pasión se desprendían de sus cuerpos.

    Juntaron sus sexos y las frotaron entre ellas, el placer se apoderaba de ellas y sus bocas escupían gemidos de placer. La cara de la Kira se puso roja y Raenys le metió un dedo a su boca para que lo lamiese, la mujer lo lamia como se de una verga se tratase.

    Después de un rato, las mujeres que están en el lago bailando y tomando se fueron a tomar el sol en la playa que no se encontraba lejos de ahí, Raenys y Kira las acompañaron con el fin de relajarse un rato… pero ellas no sabían el infierno que se avecinaba.

    Samael.

    Viajaba en una lancha junto a otros 8 hombres, tres de ellos eran amigos y los demás unos desconocidos, todos estaban ansiosos de llegar a la afamada isla Paraíso. El dueño de la isla había reclutado a un gran grupo de hombres, un total de 115, con una sola misión; someter a las mujeres que vivían ahí.

    Por lo que les había dicho la hermosa mujer que decía ser la mujer del millonario Gabriel Lancaster, los había seleccionado para que sometan a aquellas mujeres por 2 meses y que hicieran de ellas lo que quisieran. La mujer había dicho que cada 3 años el cambiaba de mujeres para poder disfrutar de nuevas mujeres.

    Aquélla ocasiones era la primera vez que hacía eso con sus mujeres.

    Después de un rato navegando pudieron divisar la isla, estaba rodeada por aguas cristalinas y blanca arena. Mientras más y más se acercaban, podía divisar un grupo de mujeres, al parecer, estaban tomando el sol.

    —Vamos, ya quiero llegar para follar a esa zorra —dijo uno de sus amigos, un regordete hombre de 48 años.

    Algunos rieron y otros decían más comentarios.

    —Hace tiempo que no penetró un culo, ya quiero comerme uno —dijo un extraño.

    El grupo de mujeres en la orilla era grande, de al menos 21 mujeres y al parecer no se percataron de su llegada.

    Otras lanchas con hombre se alejaban entre ellos, para cubrir y rodear la isla lo más posible, un total de 11 lanchas con 9 o 10 hombres sedientos de placer acechaban la isla y a las mujeres como bestias acechaban a sus presas.

    Kira

    Unos gritos de mujeres la despertaron de su sueño, mujeres corrían, huían de unos hombres que las perseguían. Quiso incorporarse pero una pesada mano la sometió contra el suelo arenoso. Trato de pararse pero la mano hizo más presión.

    -No te muevas perra- dijo una voz detrás de ella.

    Miro a diferentes lados y lo que vio la asustó. Hombres en la isla, montando a sus compañeras, las risas y gritos de las mujeres se escuchan con atención, rápidamente se dio cuenta de que pasaba.

    Kira se quería escapara de su captor, pero aquella bestia se negaba a dejarla huir.

    —Estate quiera puta —dijo el hombre— O te irá peor maldita porra.

    —¡NOOO! —Gritó con fuerza— ¡Déjame!

    Vio el rostro de su captor, sería un rostro atractivo en otra situación, pero en aquella no. El hombre le metió la dura verga y ella sintió su virilidad dentro de ella, en la montaba con violencia, un olor de vino se desprendía de su boca.

    Ella no quería ser violada pero sus esfuerzos fueron inútiles.

    La verga salía y entraba en ella con fuerza, le dolía donde la penetraba, sentía una mezcla de placer y miedo, sus gemidos se mezclaban con sus gritos.

    Samael.

    El pasaba sus manos por todo el delgado cuerpo que se resistía a él, las manos agarraban las pequeñas tetas y coño, la perra sollozaba y se quejaba, eso lo hacía excitarse más. Miro a su alrededor y vio el festín, 9 de las casi 22 mujeres fueron apresada y montadas con brutalidad, sometidas como perras, sus captores se divertían con ellas.

    —Te haré mi perra, tú y tus perras amigas serán nuestras esclavas —dijo Samael a su presa.

    La chica lloraba y se quejaba, eso lo hizo excitarse más.

    —¡Ayyyy!… ¡basta!…

    El jalo su cabello hacia atrás y la monto con violencia, su clímax llego y se corrió en su coño, rugió con fuerza y aferro su verga en el coño de la víctima, sintió como llenaba el coño con su leche.

    Después, el hombre la tomó de la cintura y la hizo a un lado con violencia y fue en busca de otra presa.

    Raenys.

    Cuando su captor término de usarla la hizo a un lado con fuerza y fue por otra mujer a la cual montar, ella iba a escapar cuando otro la tomó del cabello y la arrastró.

    —Ahora tu perra.

    El hombre había montado a otras dos mujeres y ella era su tercera víctima, el hombre metió su virilidad y obligó a la mujer a mamaria.

    La chica tenía el maquillaje corrido y tenía los ojos rojos, agarro se cabellera rubia y la comenzó a mover para que le chupara la verga más rápido.

    La verga entraba y salía de su boca, sentía como su saliva salía de su boca. El hombre le jalaba el cabello con rudeza y apretó su cara contra del cuerpo del hombre.

    Sentía la gruesa verga en su garganta y le costaba respirar, Kira lo empujó y eso hizo que el hombre se enojase, le dio una bofetada y volvió a meter la verga en su boca y después de un momento su boca estaba llena de leche, le sabía saldo. El hombre saco su poya cuando terminó y la tomó del cuello y la levantó.

    —Trágatelos —ordenó

    Ella hizo lo que le pidieron y los tragó, el hombre le abofeteó suavemente y la felicito, acto seguido la lanzó sobre la arena y más hombres la utilizaron ese día de pesadilla.

    Continuará…