Autor: admin

  • Una juventud madura (XI): Mis padres nos pillan

    Una juventud madura (XI): Mis padres nos pillan

    Se me hacía raro el no tener a Pedro al lado en mi cama. Mientras mis padres disfrutaban de su “idílico” viaje de trabajo, él había permanecido conmigo todo el tiempo; acariciándonos, besándonos, follándonos… Vamos, una relación en toda regla. Sus padres al igual que los míos se pensaban que nos pasábamos jugando el día entero a videojuegos, jejejej, sí sí, a videojuegos; eso les decía por teléfono. Creo que lo único para que tocamos la tele fue para poner porno en pantalla grande y pajearnos y follarnos como dos chicos más de la orgía. Pero nada, todo lo bueno al final se acaba y aquí estaba yo, a la hora de cenar, tumbado en mi cama sólo, avergonzado y sin ganas de salir de mi habitación para no tener que hablar con mis padres. Nunca pensé que el día pudiera acabar de esa forma.

    El día había comenzado como cualquiera de los que habíamos tenido esa semana, era por la mañana y como siempre estaba desayunando con Pedro, bueno, más bien dicho, estaba desayunando “de” Pedro. Ya era rutinario, un buen pirulo untado en miel y para acabar una dulce leche caliente y espesita para llenar un poco la panza. Es que ya ni nos lo preguntábamos; el que primero se despertara… a tragar se ha dicho. Era una auténtica delicia despertarse boca arriba con los orgasmos que me provocaba Pedro con su succión y su garganta profunda. Incluso uno de los días me desperté corriéndome, que por un instante hice el auto-reflejo de aguantarme como cuando tenía un sueño húmedo, pero aun así me salió todo descontroladamente en la garganta y cara de Pedro. Al final, con la tontería, acabé acostumbrándome y ahora, cuando tengo sueños húmedos, soy incapaz de controlarme; lo suelto todo. La de sábanas que habré puesto a lavar para eliminar el manchurrón mañanero.

    Ya no quedaba habitación ni cama ni trozo de suelo donde no hubiésemos follado, incluso en el jardín de la parte frontal de la casa, que los árboles no llegaban a tapar del todo. Vamos, llega a asomarse por la ventana el vecino pajero de enfrente y nos pilla con el culo al aire. Hablando de culos al aire, os vais a reír, pero ya por casualidad, me puse a mirar mi casa con la aplicación google earth, que para los que no lo saben permite ver fotos por satélite de todo el mundo, y… ¿a que no adivináis qué se veía en mi jardín por satélite?, sí, así es, durante un año estuvo mi culo dando vueltas por google earth hasta que se decidieron a actualizar las fotos. Que puta casualidad. Si llego a jugar a la lotería, me toca seguro. Además, con todo detalle, no es que digas que se veía un manchurrón color marrón…. No, no, no, se me veía a mi claramente abierto de brazos y de piernas boca abajo y a Pedro con su cabeza en mi culo chupándomelo. Menos mal que tienen poca definición esas fotos porque llegan a ser 4k y me pillan incluso con los ojos bizcos de placer. Una locura. Mira que no soy de rezar, pero durante un año estuve pregando que a nadie le diese por mirar mi casa por google earth, pero bueno, al final todo esto se quedó en una anécdota.

    Volviendo a la mañana del día trágico, me fui a cepillarme los dientes después de chupársela a Pedro. Al volver allí seguía él, en la cama, mirando mi móvil.

    -¿Y este video?- me dijo girando la pantalla hacia mí.

    Era el video del primer día, cuando aún no éramos nada más que vecinos. Ese día que escondí el móvil mientras nos duchábamos pensando que sería la última vez que tendría la oportunidad de ver a Pedro desnudo.

    -Ejeeee, ¿no te lo había dicho?- Le dije avergonzado rascándome la cabeza.

    -No me suena- Me contestó mirándome pícaramente- Pero me gusta. Pillaste un buen plano de mi culo.

    -jajaja, eso intenté.

    Entonces Pedro pasó el video accediendo a otro de mí masturbándome frente al espejo. Era una de las primeras veces que me pajeaba, poco después que pasase lo de los vestuarios justo antes de empezar el verano. A penas era de un minuto y en verdad era lo que duraba esas primeras veces.

    -Mira esa carita de placer, seguro que es de tus primeras porque mira esa mano apresurada. Ahora te lo tomas más en calma- Decía Pedro burlándose e intentándome avergonzar.

    -Anda, déjame tu móvil, que me extrañaría que no tuvieses de estos.- dije cogiéndoselo de la mesita de noche.

    -Tranqui ¿Quieres que te muestre el primer video que me hice pajeándome?- dijo recuperando su móvil y poniéndolo.

    Se veía los vestuario del campo de fútbol donde entrenaba Pedro y a él dejando el móvil en uno de los bancos, cogiendo jabón y pajeándose.

    -Tío, ¿pero cuantos años tenías?- Le dije riéndome y viendo que claramente habían pasado algunos añitos de eso.

    -Pues debe tener dos o tres años este video- me dijo.

    -Pues amigo, dime qué comes, porque de lo que tenías a lo que tienes ahora… Jopé. Eso no daba ni para merendar y ahora tengo para hacerme una baguette.- Le dije riéndome.

    -Pues mucha paja. Cuanto más se ejercita un músculo…

    -Pues al ritmo con el que vamos nos va a tocar hacer la inversión de comprarnos un carrito con ruedines en el que descansar el amigo- Le contesté claramente exagerando entre risas.

    Aun habiendo pasado tanto tiempo, en el video ya se le veían esas nalgas respingonas que tanto placer me habían dado y esos dientes con brackets que ahora le hacían lucir una sonrisa perfecta.

    -¿Y ahora qué? ¿Dónde quieres que follemos hoy?- Le pregunté apartando el móvil de su vista.

    – ¿Folleteo en la piscina bajo el agua?

    – No tío, que luego tengo irritado el culo todo el día.

    -¿Un poco de fisting?

    -Bueno, si te dejas… La última vez me dijiste que cambiaríamos los papeles y aún sigo esperando.

    -Bueno… Si quieres esta vez pongo yo el culo y tú la mano, pero deberás ser paciente. No es fácil meter un puño entero.

    -No te preocupes cariño. Tu marcarás los ritmos.- Le dije besando su frente y frotándome las manos para darle un poco de miedo y bromeando.

    -Pero esto ya por la tarde. Ahora vayamos a pasear y a comer por allí.

    No muy convencido acepté salir, porque hacía ya varios días que no pisaba la calle. Llamamos a unos amigos y compañeros míos de entreno de waterpolo y compis de futbol de Pedro para socializar un poco y divertirnos por allí. Fuimos a la playa a jugar a voleibol (equipo de waterpolo contra los futbolistas). Les pegamos una paliza… Nadamos un rato y finalmente fuimos a comer a uno de los restaurantes de por allí (a un lugar donde sirven hamburguesas y que comparte el mismo nombre que el pato de Disney). Nos lo pasamos tan bien que el tiempo nos pasó volando y ya era hora de volver. Nos despedimos de todos y nos subimos en la bicicleta (pedro y yo en la misma) yo sentado en el sillín y pedro de pie sobre los pedales.

    A medio camino, cuando pasábamos por una calle vacía, moví mis manos de la cintura de pedro a su paquete agarrándolo fuerte y diciéndole…

    -Ahora vas a ser mío

    Se le puso dura, pero continuó pedaleando ya que su camiseta playera le tapaba el bulto y no le preocupaba que le pudiesen ver.

    Llegamos a casa donde dejamos la bicicleta y nada más atravesar el portal y cerrar la puerta nos despojamos de la ropa y empezamos a besarnos.

    -¿Estás listo Pedro?- Le dije levantando una ceja. – ¿Listo para convertirte en la rana Gustavo?

    -Anda, ¿me estas llamando rana?

    -Sí, pero si te beso te convertirás en príncipe-

    -Venga, prefiero que me metas el brazo entero antes que escuchar más cursiladas.

    -No te preocupes amigo. Ahora mismito… ¿Cuál prefieres? – Le contesté riéndome mostrándole los dos puños

    Entonces fue cuando Pedro salió corriendo despavorido buscando que fuese tras él.

    -No huyas ranita.- Le dije corriendo tras él por la cocina y el salón.

    Corrimos por todo el salón hasta que Pedro se tiró en plancha boca abajo sobre el sofá.

    -Vale, vale. Me rindo. Pero trátame bien.- Me dijo

    -Yo nunca te trataría mal- le contesté tirándome sobre él y diciéndoselo al oído acompañado de un beso en la nuca.

    Fue en ese momento cuando seguí besándolo por la espalda bajando poco a poco hasta su culo. Cuando llegué al agujero, empecé a lamerlo y degustarlo poco a poco.

    -mmmm. Ranita, estas saladita.

    -No se si nos deberíamos haber duchado antes- Contestó él

    -Luego ya nos duchamos juntitos. Ahora vamos a la acción.

    Me levanté, fui directo a la habitación y saqué el lubricante. Volví al salón donde seguía tumbado Pedro y después de lubricar su culo empecé a meter un dedo poco a poco metiéndolo lo máximo posible y con un vaivén constante. Pedro parecía más tenso de lo normal, pero en apenas unos minutos de empezar se relajó ejerciendo menos presión anal.

    Meter el segundo dedo no supuso ningún problema ya que los dos se introdujeron fácilmente e imbatibles abriendo ese orificio. Pedro suspiraba al ritmo del vaivén de mi mano, pero fue al meter el tercer dedo cuando realmente empezó a gemir.

    Antes de meter el cuarto le hice girarse bocarriba para ver su cara de placer con sus mejillas rojas y pene medio erecto. Una vez empecé a meter la mano sin incluir el pulgar veía su expresión tornándose a una expresión de dolor. Cada milímetro que iba entrando le provocaba un espasmo de dolor. Fue entonces cuando me tome un buen tiempo lubricando y dilatando poco a poco con un movimiento de mete-saca rotando la muñeca en ese ano apretadito, intentado que le doliese lo menos posible.

    Finalmente, sin decirle nada a Pedro fui metiendo el último de los dedos con delicadeza hasta que mis nudillos sobrepasaron el orificio. Fue entonces cuando empecé a notar que su culo me succionaba la mano haciendo que ella misma se introdujese toda hasta la muñeca. Pedro gemía y lloraba como un crío.

    -Ya está, Ya está dentro.- Le dije consolándolo y empezando de nuevo el vaivén tras unos segundos de respiro.

    -Duele mucho.- Me dijo

    -Relájate. En unos segundos dejarás de sentirlo.

    -Ve despacio Fran.

    En apenas unos minutos Pedro se calmó y dejó de dolerle. Mientras yo seguía metiendo más el puño poco a poco hasta que me llegó al codo. Veía mi mano moviéndose en su barriga.

    -Mira Pedro. Tienes un alien, le dije empujando mi mano ligeramente hacia afuera para que se marcase en su barriga y provocándole un poco de dolor.

    -AAAA no hagas eso.- Me dijo quejándose e intentándose no reír.

    Poco después saque todo el brazo de su interior de golpe para ver su culo abierto. Pedro pegó un chillido de dolor. Pero yo conseguí mi objetivo, veía su interior sin necesidad de abrirlo. Era espectacular.

    -Venga, ¿a qué estas esperando?- Me dijo aun dolorido.- Fóllame hasta el fondo.

    No me lo pensé dos veces. Coloqué a Pedro de lado en el sofá con una pierna estirada y otra levantada y le metí el pene todo lo hondo que pude de golpe. No encontré ningún impedimento, se deslizó de la punta a la base como el que corta mantequilla.

    Pedro pegó un gemido grave y con mucho aire pero sin ninguna señal de dolor.

    -Follame duro Fran.- Me dijo muy excitado

    Le pegaba tales nalgadas duras y secas que mis huevos rebotaban contra su pierna. Se la metía y sacaba a una velocidad inhumana. Hasta me dolía la cadera.

    Cuando ya me ardía la punta del pene y él mostraba síntomas de necesitar un descanso fue cuando decidimos besarnos unos segundos y cambiar de posición a 4. De nuevo se la metí de golpe.

    -Por Dios, como te entra ranita. Cuanto más te doy más rápido se desliza.

    Pedro él no podía decir nada. Gemía descontroladamente.

    Le cogí su pene y empecé a pajearle sin parar de taladrarle el culo. De un momento a otro sentí que su respiración se aceleraba, que sus gemidos eran más fuertes y de un momento a otro noté como mi mano se mojaba y resbalaba más.

    -¿Te has corrido ranita?

    Oí un “sí”, flojo, aireado y cansado.

    -Tranquilo. Ahora acabo.-Le dije continuando penetrándole hasta que empecé a sentir ese cosquilleo.

    -Me voy a correr Pedro dentro.- Dije gimiendo.

    Fue entonces cuando de golpe se abrió la puerta de la calle y entraron mis padres por el portal. Mi primera reacción fue sacar rápidamente mi polla del culo de Pedro mientras él pillaba un cojín con el que taparse. Puse mis manos en mi pene para tapar, pero la corrida era irreversible ya no podía pararla; me corrí en mis manos goteando en el suelo mientras mis padres me miraban desde el portal. La escena se quedó congelada. Mis padres no decían nada ni se movían y nosotros más de lo mismo. Sólo se oía el goteo de mi semen en golpeando el suelo. El primero en romper el stop temporal fue Pedro que lentamente se desplazó hasta el portal donde estaba su ropa recogiéndola sin dejar de taparse con el cojín y sin dar la espalda para que no se le viese el culo.

    -Bueno, yo me voy.- Dijo saliendo por la puerta aun desnudo, avergonzado, mientras mis padres lo miraban y mi padre cerraba la puerta tras él.

    Me quedé sólo frente al peligro. No sabía que hacer o qué decir, así que mi madre dio el primer paso mandándome a mi habitación sin hacer ningún otro comentario.

    Y aquí estaba, toda la tarde sentadito en la cama, bloqueado, asustado, avergonzado…

    -Fran baja a cenar- Me dijo mi madre desde el piso de abajo.

    La primera impresión al bajar las escaleras era de simple normalidad, pero al sentarme a la mesa empezó el interrogatorio.

    -Fran no te estamos recriminando nada que hayas hecho o algo que eres o que te puedas sentir, pero queremos hablarlo contigo porque es nuestra obligación como padres.- Me dijo mi madre seria pero con seguridad.

    -Vale.- Contesté asustado

    -¿Por qué hacías eso con Pedro?

    -Porque nos gusta hacerlo. Es lo que hace todo el mundo.

    -No hijo. No es lo que hace todo el mundo.- Dijo mi padre claramente enfadado mientras mi madre lo pellizcaba y le ponía caras.

    – ¿Y quien te lo ha enseñado? ¿Alguien te ha obligado a hacerlo?

    -Mamaaaa- le dije claramente evitando esas preguntas- Nadie me ha violado si es lo que preguntas. Sólo estábamos divirtiéndonos.

    -Sabes que nos lo puedes contar si pasa algo.

    -No mamá, no pasa ni ha pasado nada.

    -¿Y por qué con Pedro? ¿Te gusta Pedro?

    – Claro que me gusta.

    -Los chicos como vosotros estáis en la época de experimentar. Nos pasa a todos, pero luego cambia y nos avergonzamos de lo que podamos haber hecho.

    -Mamá yo no me avergüenzo de nada de esto. Sé lo que hemos hecho y no me avergüenzo.

    – ¿Y te gustan otros chicos o sólo él?- Me preguntó con cautela

    -Sí, creo que sí, me gustan otros chicos. No es algo que piense sino que me pasa. Creo que soy Gay- Contesté con la misma cautela mirando con timidez a mi madre y la cara de mi padre que claramente parecía como si le estuviese clavando un cuchillo en la barriga.

    Fue la primera vez que lo dije y creo recordar que fue la más dura, ya que después de eso volvió un silencio incómodo hasta que mi padre estalló.

    -Así que eres gay, un maricón de los que se restriega con otros tíos. Pues yo te digo que no. Mi hijo es un tío normal, un macho, no una nena. Y ya te digo, a Pedro no le vuelves a ver el pelo. Mañana hablaré con sus padres.- Dijo claramente soltando todas las perlitas posibles mientras mi madre se rompía a llorar.

    Fue entonces cuando fui más maduro de lo que nunca he sido. Me levanté de la mesa y serio pero con los ojos llorosos y la voz temblorosa le dije…

    -Sí papa, soy un tío normal y un macho, pero me siguen gustando los tíos y eso no me hace menos hombre. Cuando lo sepas entender, tú también serás normal. Y Pedro no ha hecho nada más que quererme; cuando verdaderamente lo hagas tú entenderás cómo soy- me levanté de la mesa y me fui a dormir sin cenar. Bueno “dormir”.

    Mis padres estuvieron discutiendo a gritos hasta las tantas sobre el tema y en ese momento no sabía que me deparaba el futuro, pero la cosa no pintaba bien.

    Al día siguiente, con la cosa más en frio fue cuando conversamos más calmados. Mi padre se disculpó por los comentarios, aunque un poco reticente a aceptar lo que era. Y mi madre, intentándome dar afecto y cariño para lo que estaba por venir. Fue entonces cuando me dijeron algo que iba a cambiar toda mi vida hasta el momento.

    TO BE CONTINUED…

    Relatos anteriores:

    1-Una juventud madura

    2-Una juventud madura (II): Más allá del conocimiento

    3-Una juventud madura (III): La mejor mañana para despertar

    4-Una juventud madura (IV): Pasión de venganza

    5-Una juventud madura (V): Ojos que solo ven lo que el corazón siente

    6-Una juventud madura (VI): Campamento de verano 1

    7-Una juventud madura (VII): Campamento de verano 2

    8-Una juventud madura (VIII): Fin del campamento

    9-Una juventud madura (IX): Carne que crece no puede estar si no mece

    10-Una juventud madura (X): Pedro me enseña su guarida secreta

  • Casa solo con mi mejor amigo

    Casa solo con mi mejor amigo

    Todo comienza hace unos años atrás exactamente tres años, cuando conocí al que se convertiría en mi mejor amigo, novio y amigos con beneficios.

    Tengo muchos relatos con el pero este primero que inicio, es de hace poco tiempo en cuarentena por el covid-19, él estudia la universidad y como sabrán lo hacen desde casa, yo soy de la capital y por trabajo me fui al pueblo donde es él; lo llamaremos Jona, como les mencione antes fui al pueblo de el por trabajo, como pensé que serían por unos días nada más le pedí que me ayude quedándome en su casa, ya que me llevo bien con la familia y no dudo en ayudarme.

    Los días transcurrían normalmente sin nada de morbo ni nada que se le parece; la familia de él no saben que él es gay, para no levantar sospechas todo el tiempo como amigos, salir juntos o en familia porque así los considero ahora, pero nunca con la mala intención de hacer nada y que no pase nada, pero ya pasaron tres semanas desde que estuve en esa casa y la tentación era más; les voy a describir como es él tiene 20 años desde adolescente hacia deporte y por eso tiene un cuerpo bien marcado y no decir su trasero que es bien duro y firme eso me tenía a morir ver todos los días que pasaba por la habitación donde me quedaba.

    Como ya soy parte de la familia de Jona, tenían la confianza de salir y dejarnos solos o con los otros hermanos de Jona, pero igual no pasaba nada, él me decía que quería tener sexo ya que era tiempo que no lo hacía, pero por mi trabajo y sus estudios se nos dificultaba, sus padres decidieron ir de vacaciones a una finca que tienen a fueras de su pueblo, se fueron todos nos dejaron solos a los dos, creo fueron como 3 días que se fueron y nosotros solos allí en casa.

    Una vez que se fue toda la familia el me llamo a su habitación fui y ver ese cuerpo desnudo y las ganas que tenía hizo que mi pene se levante me desvestí pronto, ver ese cuerpo hermoso y marcado en su cama esperando que le de placer, fue cuando nos empezamos a besar como locos, lo bese todo el cuerpo y el empezó a meterse mi polla en la boca lo mamaba también que a veces parecía que ya quería terminar, es un experto mamando lo hace también que a veces tenía arcadas ya que se lo metía hasta la garganta, le dije que también quiero mamarle su huequito y accedió meter mi lengua besar su culito me tenía a mil, hicimos el 69, como locos devorándonos con las mamadas, ya lubricados los dos se puso de lado y me dijo que estaba listo para que lo metiera.

    Puse la cabeza de mi pene en su huequito sentir caliente me decía que ya lo penetre le metí despacio sintió dolor lo deje así hasta que el mismo se mueva, una vez listo empezó a moverse, le di duro porque me lo pedía yo loco acariciando su cuerpo besando su nuca y sus espalda sacaba más sus nalgas y le daba de nalgadas, cambiamos de posición le puse en 4 ver tremendas nalgas enteras a mi disposición, le volví a mar ese culito le daba nalgadas y el más excitado que nunca le metí por completo mi pene e hicimos sonar esa cama duro como estuvimos solos no importaba nada, así estuve unos minutos, luego se subió sobre mí, parecía todo una puta se movía bien el carbón, parecía que ya iba a terminar, pero no lo hice en esa posición nos volvimos a besar, pero la posición que le gusta es el misionero ahí pude ver ese cuerpo perfecto lo volví a penetrar y gemía de placer me pedía más y más hasta que me vine dentro de él y al mismo tiempo, luego nos quedamos ahí desnudos abrazados.

    Fuimos a desayunar y las sonrisas eran de complicidad nos quitamos las ganas que teníamos, en la tarde tenia clases, obvio esos día no salí a trabajar lo hice desde casa, cuando empezó las clases estaba caliente recordando lo que hicimos en la mañana, una vez incoando clases se comenzó el a desnudar otra vez empezó mi erección deje de trabajar y lo empecé a besar (por cierto besa rico hasta ahora ningún chico besa como el), escuchaba sus clases y nosotros cometiendo el mayor pecado y lo nombran para la asistencia y mientras yo le daba él contestaba con el miedo a que se le salga un gemido, eso fue lo que me excito más y al mucho más, se colgó de mi cuello y lo sujete duro así estuvimos hasta que el termino antes que yo, me dejo con ganas ya que el profesor pidió que prendan sus cámaras así que estuvimos así desnudos hasta que termine sus clases, en la noche luego de cenar fuimos a la cama de la hermana y ahí lo volvimos hacer esta vez lo termine en la boca quería tragarse mi leche fue rico nos bañamos y nos dormimos así desnudos y bien abrazados, nuestra rutina de esos días de estar solos fue follar y follar, me pide cada vez que tiene ganas, dice que le gusta mi polla, por eso siempre que podemos a escondidas el viene y me lo mama y también mamo su culito, cada que podemos desde ese día follamos a escondidas, en el rio, en el monte o en mi habitación sin hacer ruido. Nos vamos de vacaciones a un lugar mágico que lo que hagamos ahí les contare en otro relato.

    Espero les haya gustado mi primer relato, tengo muchos más relatos, cuando fue la primera vez que lo hicimos en que ciudades y lugares exóticos lo hemos hecho, espero esta amistad con derecho no termine o quien sabe volvamos a ser pareja.

  • Sexo con un colega recién conocido

    Sexo con un colega recién conocido

    Estuvimos trabajando todo el día dando una conferencia a un grupo de jóvenes, era un municipio pequeño de la Amazonía, caluroso y con mucha humedad en el ambiente, lo que hacía que la sensación siempre fuera de aire caliente y pegajoso sobre la piel, a pesar de su cercanía al río.

    Ya en la noche decidimos salir a tomar u trago y quizá bailar, pero el único lugar abierto del pueblo no ponía tan buena música; aun así, departimos y nos reímos.

    Había alguien especialmente interesante en el grupo, alguien que me llamó poderosamente la atención desde el primero momento, alto de aspecto tonto, con un sentido del humor muy similar al mío, su doble sentido hizo ruborizar en más de una ocasión a nuestras colegas, pero no a mí, que también gozo de plantar ideas de doble filo en la mente de los demás.

    Con él balamos y reímos toda la noche, hicimos bromas y juegos de doble sentido que caían en lo sexual, era como un reto para mi no dejar intimidarme por este hombre.

    Ya de camino al hotel donde todos nos alojábamos, las bromas subían de tono entre los dos que nos fuimos caminando atrás de todos. Él me insinuó que pasara por su habitación para seguir charlando y quizá me daría algo más que charla, a lo que yo le respondí que si él se atrevía pasara por la mía para que conociera lo que es una buena charla; así seguimos riendo y tentándonos.

    Al llegar al hotel nos despedimos en la recepción, el me dio un beso mas que afectuoso lascivo, sentí la tibieza de sus labios muy cerca de mi boca lo que me dejó un poco excitada.

    Estaba acostada en mi habitación, pensando que pasaría si yo pasara a su habitación, me acariciaba los senos a través de la suave tela de una pijama muy pequeña que permitía sentir la dureza de mis pezones. Mis manos volaban igual que mi imaginación y llegaron a mi entrepierna, se sentía caliente deseosa de ser acariciada, mi mente imaginaba a este colega tomándose su tiempo entre mis muslos, metí mi mano bajo mis pantis y pude sentir cuan mojada estaba. Este tipo me tenía muy caliente. Estaba recién acariciando mi palpitante clítoris cuando escuche que la puerta se abría…

    Era él, estaba parado frente a mi viendo como mi mano acariciaba mi sexo con suavidad, estaba ahí escuchándome gemir en silencio, viéndome retorcerme de deseo con mis piernas muy abiertas…

    Se acercó a mi sin decir nada, yo sin dejar de tocarme lo mire a los ojos que estaban llenos de lujuria, se aproximó a mi y sin mediar palabra me beso, fue un beso largo y profundo, lleno de pasión, sentí su lengua acariciar la mía, sus labios dulces chupaban con avidez los míos y yo me entregué a ese beso, a ese hombre que despertaba más humedad en mi vagina que aún era acaricida por mi mano.

    Él se apoyó en mi cama sin dejar de besarme, sus labios descendieron por mi cuello y sus manos bajaron los tirantes de mi pijama, por fin sentí sus manos apoderándose de mis tetas, las masajeaba y las apretaba con firmeza pero con delicadeza, sentía sus dedos rozar mis pezones duros y sensibles, su boca siguió el camino de mi pecho, beso y lamio mis senos, su lengua dibujaba arabescos a l rededor de mis aureolas, sentía su cálido aliento quemar mis pezones, quería mas pero mis gemidos no me permitían pronunciar palabra.

    Prosiguió con sus besos descendiendo por mi abdomen a la vez que mi única prenda cedía paso a sus besos, llegó a mi ombligo que lamio y beso para pasar luego a las caderas y a los muslos, cada vez se acercaba mas a donde mi mano acariciaba, mi pelvis, mi monte de venus y por fin con su mano tomo la mano que estimulaba mi sexo y la beso, lamio mis dedos y sonrió viéndome directo a los ojos…

    Seguidamente se recostó cómodamente sobre mi ingle y empezó a besar despacio, lamio lentamente mis labios que estaban muy excitados y listos para sus caricias, abrió con su lengua mis labios en busca de ese pequeño botón de placer, mi clítoris que es muy pequeño se encontraba hinchado, erecto, firme como el guardián de un tesoro, pero él supo doblegarlo, lo metió entre sus labios y los chupo con suavidad, lo lamió por lago tiempo, sentía como su lengua penetraba mi estrecho sexo y se deslizaba a lo largo de mis pliegues llegando casi a mi ano, yo quería más, apretaba su rostro contra mi vulva palpitante logrando así que su lengua entrara a cada rincón de mi coño empapado y me diera mas placer, no pude más, un fuego se apodero de mi sexo y recorrió todo mi cuerpo, mi abdomen mis senos, mis pezones y estalló en mi boca en forma de gemido, era el más delicioso orgasmo que jamás había sentido, se prolongó por unos segundos en los que él no se separó de mi gruta, libando mis jugos como perdido en el desierto…

    Ahora soy yo quien está de pie frente a este hombre que me acaba de regalar el mas delicioso orgasmo, el sentado en la cama me acaricia con la mirada, sus ojos van desde mis ojos hasta mis piernas haciendo fuentes énfasis en mis tetas y mi sexo, yo solo quiero devolverle en algo el regalo que me acaba de dar…

    Me pongo entre sus piernas y con mis ojos puestos en sus ojos abro su pantalón y puedo por fin ver ese hermoso pene, grueso, largo, surcado de venas palpitantes, con un glande que ya pide ser besado y no lo hago esperar, acerco mis labios a ese falo enorme y lo acaricio con la punta de mi lengua, recogiendo las primeras gotas de su líquido preseminal, lo rodeo con mis labios mientras mi mano se mueve arriba y abajo por toda su extensión, escucho sus gemidos ahogados y veo que no puede apartar de mi su mirada, así que le doy una sonrisa y una vez mas devoro ese delicioso pene, así paso un rato pero ya quiero tenerlo adentro, quiero que esa verga llene mi húmedo coño, quiero tenerlo todo hasta el fondo…

    Me puse de pie y dándole la espalda me acerque dejando que besara mis caderas y nalgas, mientras yo tomaba su miembro por entre mis piernas, lo acerqué a mi chorreante sexo y acaricie con el mis labios y mi clítoris, luego me dejé caer sobre el de un golpe, lo sentí entrar en mi como una daga de carne caliente, él me tomo de las caderas con fuerza para no dejarme mover, sentía su glande latiendo en las paredes de mi vagina, sentí que podía succionarlo y dejé que lo disfrutara un instante, luego empecé a moverme lentamente, dejando salir casi por completo su verga para después meterla nuevamente con lentitud, sus manos apretaban mis senos y pellizcaban mis pezones, estaban tan duros como no recuerdo haberlos tenido nunca, esas manos viajaban de mis pechos a mi clítoris, a mis labios, a mis espalda y nalgas y así pasaron varios minutos, donde solo nuestros gemidos y el chasquido húmedo de mi sexo eran la música ambiental.

    Estaba cerca de terminar de nuevo, pero aun quería sentir el lado salvaje de mi colega, gire levemente mi rostro y le susurré “tómame como a una puta”…

    Me levantó de un solo impulso y me arrojó a la cama quedando de rodillas con las cara hundida en la sabana, me tomó de la cintura y pego sus labios a mi chocho empapado de nuestros jugos, metió ávidamente su lengua y recorrido cada pliegue de mi vulva, luego dedico unos segundos a mi estrecho ano, esto último me hizo erizar totalmente ya que nunca me habían tocado de esa manera. Se puso tras de mi con su miembro como una lanza y me penetro de un golpe y siguió adentro y afuera en un ritmo frenético, estaba muy caliente y sentía mis fluidos deslizarse por el interior de mis muslos temblorosos, me aferraba a la sabana con manos y dientes mientras era castigada por mi amante…

    Después me encontré acostada boca arriba con él dándome placer de pie entre mis piernas, sentía cada embestida agitar todo mi cuerpo, amasaba mis senos y yo lo acompañaba tomada de sus manos, estaba tan excitada que mis gemidos eran ya gritos de placer que seguro se pian en todo el hotel.

    No sé cuántas veces había llegado al orgasmo y si fue uno solo que se prolongó, pero estaba en el cielo de la lujuria penetrada salvajemente por un casi desconocido del que solo sabía que quería que terminara en mí, le pedí que se acostara para cabalgarlo como a un potro salvaje, me subí sobre el apoyada en su pecho y deje que su verga se abriera paso a mi interior, lo que no fue nada difícil ya que estaba muy mojada y dilatada, una vez tuve todo su pene adentro me recosté sobre él para besarlo tiernamente mientras mis caderas bailaban un ritmo muy lento y sensual, fui aumentando la intensidad de mis besos a la medida que mis caderas se movían con más rapidez, sentía cada vez más gruesa su verga y sabía que pronto me llenaría de su éxtasis, pero quería algo más, esta es una noche que nunca se repetirá, me dije, así que con mi mano tome su pene y lo puse en la entrada de mi estrecho pero necesitado culo, lo fui empujando con suavidad y él como un caballero que es, dejo todo el control para mí, milímetro a milímetro sentía como me entraba y cada centímetro me mataba de dolor, pero el dolor era poco comparado con el placer que me producía sentirme sometida por él, así que no me detuve, seguí insertando su duro pene hasta tenerlo todo adentro, sentía como si me fuera a romper por dentro, pero sabía que solo había una forma de sacarlo de allí, así que mis movimientos empezaron a marcar un ritmo más intenso, entraba y salía con suavidad y el dolor fue desapareciendo para dar paso solo al placer más exquisito que haya tenido, seguía agitándome pero esta vez sentada totalmente sobre ese monstruo que invadía mis entrañas, sentía como se convertía en algo cada vez más grande, más grueso, sentía esa cabeza de su pene como un enorme volcán que se inflamaba y palpitaba cada vez más rápido a punto de hacer erupción…

    Por fin, agarrando mis caderas con fuerza metió una última envestida que alojó su miembro en lo mas profundo de mi ser y sentí como su lava ardiente inundaba mi cuerpo, me quema, siento que me derrito por dentro con cada bombeo de semen, siento que pronto terminará y solo puedo pensar en cuento deseo otro encuentro….

    En silencio como llegó, me besó y se fue, solo hasta la mañana cuando salimos para el aeropuerto nos saludamos como si nada, pero nuestras miradas habían cambiado, no podíamos dejar de pensar en esa noche y en cuando volveríamos a trabajar juntos.

  • ¿Sueño o realidad?

    ¿Sueño o realidad?

    Un día como tantos, navegando por la red, veo un anuncio de una aplicación que permite restaurar imágenes o fotografías antiguas, y me puse a probar algunas de la familia que tenía, en las cuales había digitalizado, pero no se podía apreciar bien los rostros sobre todo si se las ampliaba.  Debo confesar que la aplicación supero mis expectativas y lograba gracias a sus algoritmos corregir mucho las fotografías.

    En alguna de las fotos que probaba era de la época en la que mi hermana terminaba el colegio y estaba junto a mi mamá recibiendo su certificado. Al aplicarle el programa, le corrigió muchísimo y aunque era una foto que me gustaba mucho porque mi madre se veía bonita, ahora podía apreciar su rostro mucho mejor, me hizo recordar mucho mi época de juventud, muchos recuerdos, y lo mucho que me gustaba mi madre de lo guapa que era.

    En esas estuve, buscando fotos de madre y a todas iba aplicándole esos filtros para mejorarlas y poder apreciar mejor a mi madre, con cada una de ellas me excitaba mucho más al ver lo hermosa que era mi madre en su juventud y las ganas de poder haberla conocido así como hombre o pretendiente.

    Me desvelé un poco probando la aplicación en todas las fotos que podía, hasta que me quedé dormido…

    No sé si fue un sueño o un simple recuerdo, pero me encontraba en una de las escenas de las fotos que antes estaba restaurando, se trataba de una salida familiar a la casa de mis abuelitos, era a inicios de los 90, cuando yo estaba por el segundo año de universidad por cumplir los 20 años, mi hermana estaba por cumplir los 15 años y mi madre todavía trabajaba en una institución de gobierno, ella tendría unos 43 años, era hermosa, se conservaba muy bien, delgada y de muy buena presencia, pequeña cintura, anchas caderas y unas piernas de ensueño, espalda angosta y unos pechos firmes y aunque no muy grandes, muy bien formados, de cabello hasta los hombros y un rostro angelical, arreglada como solo ella sabía hacerlo, labios muy bien pintados, párpados sombreados y cejas muy bien delineadas, su rostro era tan joven, sin arrugas… estaba hermosa.

    Por un lado entre el ambiente familiar, ver a mis abuelitos con vida, mis parientes más jóvenes, y mi madre, con su forma de vestir casual, de pantalón de mezclilla azul, una blusa de manga larga blanca, zapatos de taco medio, y escuchar su risa mientras conversaba con sus papás, yo la miraba embobado, apreciando cada uno de sus detalles, como grabándolos a fuego en mi mente, por momentos cuando salía de mis pensamientos trataba de disimular mis actitudes.

    En esa época Martha, ese era su nombre, tenía un pretendiente, se llamaba Edgar, una especie de enamorado, ya iban algún tiempo y aunque en esa época no le prestaba mucha atención, ahora que soy más maduro y experimentado, estoy seguro que no debieron haber estado solo de manitas cogidas. Eso me molestó muchísimo, y aunque sabía que pronto terminarían separándose, no podía pensar siquiera que alguien la abrazara y disfrutara de ella, nadie, sino fuera yo.

    Martha siempre me gustó, y me atrajo como mujer, al vivir solo con ella junto a mi hermana, fue mi primer referente femenino. Y aunque en más de una ocasión dejaba de verla como mi madre y desearos como mujer, nunca pasó de deseos reprimidos en mi mente, los cuales en ese instante habían regresado con mayor fuerza.

    Por un momento recordé que estaba en un sueño, aunque estaba durando mucho, en verdad se trataba de en sueño? Estaba durando demasiado… en verdad eso no importaba, yo estaba dispuesto a aprovecharlo.

    Por esa época yo hacía deporte y físicamente estaba bien, me gustó comprobar que no tenía llantitas y lo joven que estaba.

    Ya regresamos a casa y en la tarde mi hermana se fue a la casa de una amiga, yo saldría a dar una vuelta por el barrio, ya que principalmente tenía curiosidad por ver qué otras cosas había en mi “sueño”. Martha se quedaría en casa.

    En mi paseo me topé con algunos amigos que no había visto en años y nos quedamos conversando un buen rato.

    Estaba regresando a la casa y cuando estaba muy cerca escuché unos gritos de discusión, era Martha que estaba discutiendo con Edgar, primera vez que los veía en esta situación, así que abrí el portón de mi casa y pude ver que Martha trataba de cerrar la puerta y Edgar la empujaba para entrar. El momento que Edgar me vio entrar, automáticamente se detuvo y sin decir absolutamente nada simplemente salió de la casa. Yo cerré la puerta con seguro cuando el salió enfurecido.

    Martha se quedó en la sala, estaba desesperada, llorando mucho. No la había visto así, solo cuando en alguna ocasión estábamos en casa y hubo un temblor muy fuerte. Y al igual que en esa ocasión me tocó tomarla de los brazos y sostenerla levantando un poco la voz para calmarla.

    La tomé del rostro para que me viera, mientras trataba de calmarla, le decía que ya todo estaba bien. Por un momento la solté y le abrazaba muy fuerte, Martha se estaba calmando de a poco.

    Nuevamente la tomé del rostro y mientras le decía que la quería mucho y que era muy importante para mí, le daba besos en su frente y sus mejillas, en eso y sin pensarlo, le di un beso en su boca, en realidad u pico, y como si nada le seguía diciendo cuanto la quería. Nos quedamos frente con frente rosando nuestras narices, mientras ella sollozaba y yo seguía hablando.

    Al percatarme que Martha no se molestó con el beso, pues estaba todavía en el shock del momento, aproveché para intentarlo de nuevo, me relamí los labios y mientras ella cerraba sus ojos, bajé mis manos a su cintura y la besé de nuevo en sus labios. Una vez, otra y otra más, demorándome cada vez más, al principio Martha solo recibía los besos, y poco a poco fue correspondiéndome, deje mi mano derecha en su cintura y con la izquierda la tomé de su rostro, mientras poco a poco nuestros besos tomaban más confianza, nuestras bocas se fundían en besos y nuestras lenguas poco a poco empezaban a intentar abrirse paso también.

    No sé cuánto estuvimos así, cuando dejamos de besarnos, nuestras respiraciones estaban agitadas, solo nos abrazamos y Martha recostó su cabeza en mi pecho. Nos quedamos en silencio durante un largo tiempo, mientras nuestras respiraciones iban calmándose, soltamos un suspiro casi al mismo tiempo.

    El estar abrazado a esa mujer que tanto me excitaba, mi miembro se había puesto duro y ella lo sintió rozarlo en su vientre. Se separó casi como un resorte, y se fue a su habitación mientras adecua que casi susurrando que lo que hicimos estaba mal.

    Me quedé en la sala observando cómo se alejaba, observando su figura y clavando mis ojos en sus caderas, para luego pensar en lo sucedido. Pero como pensaba que era un sueño, no me preocupaban mucho las consecuencias.

    Más tarde llegaría mi hermana a la casa y seguiríamos nuestra rutina diaria. Martha bajo a la cocina, yo no me acerque siquiera, pies no quería que se sintiera presionada o acosada. Cenamos todos juntos de forma normal, conversando lo suficiente.

    Estaba dudando que se tratase de un suelo, pues sucedían muchas cosas, pasaba el tiempo y no despertaba. Tampoco era que tenía muchas ganas de despertar rápido.

    Por lo visto, Edgar había salido de su vida ya y de lo que yo recordaba no regresaría más. Martha estaba un poco alejada, me rehuía y se limitaba solo a contestarme lo necesario. Los días transcurrían y ella iba y regresaba del trabajo, me encantaba verla con su uniforme que consistía en un conjunto de falda, blusa y zapatos de tacón.

    La semana aproveché para ir recordando cosas, ir a la universidad y recorrer sitios que en mi tiempo ya no existían.

    Llegó el viernes y particularmente Martha esos días se vestía diferente de reforma casual, hoy vestía una falda de seda negra con flores suelta que le llegaba hasta las pantorrillas, y una blusa tejida de color rosado que hacía juego con el de las flores de su falda, zapatos de taco y media nylon color humo, su cabello suelto y arreglada como siempre.

    Sabía que los viernes mi hermana le gustaba ir a la casa de una amiga, así que yo esperaba ansioso el momento de este a solas con Martha y conversar lo que había sucedido.

    Con el temor de que ella no quisiera subir a la casa luego del trabajo, decidí ir a verla a la salida.

    Ella no esperaba toparse conmigo a la salida, yo estaba en la vereda del frente, al verme se detuvo un segundo y cruzó hacia donde yo estaba. Saludamos, ella un tanto sería, yo le di un beso en la mejilla, lo cual no era común entre nosotros, caminamos hacia la parada de bus, mientras yo le pedía si podíamos conversar, Martha sugirió llegar a la casa, mientras yo le insistía si podíamos ir a algún sitio o simplemente caminar.

    Martha insistió ir a la casa, pues consideraba que lo que teníamos que conversar era privado y nadie tendría que saberlo y tampoco quería curiosos.

    Al llegar a la casa nos sentamos en la sala, Martha cruzó sus piernas, le encantaba sentarse así, me encantaba verla así, seria, un tanto fruncida de ceño, y sus manos sobre su rodilla, me parecía muy sexy.

    Me senté junto a ella, pues quería que sepa que no me acobardaba.

    -A ver Pablo, empezó diciendo, lo que pasó el otro día no debe repetirse, yo estaba distraída y en shock por la discusión con Edgar, y bueno la situación se salió de las manos. Y es algo que no debe repetirse, entiende que yo soy tu madre.

    -Lo entiendo, y sé que las cosas se salieron de control, yo tampoco buscaba esto, simplemente se dio la situación, contesté

    -El hecho que seas el hombre de la casa no significa que yo sea tu mujer, dijo

    -Lastimosamente… -dije casi en voz baja

    -¿Lastimosamente qué? -Me recriminó…

    -Lastimosamente… usted no puede ser mi mujer… -le dije, después de lo que pasó el otro día, no he dejado de pensar en nuestros besos y la verdad, a pesar de que esté mal y todo eso, déjeme decirle que me encantó, y muchísimo.

    -Se quedó callada, con cara de espanto, no daba crédito a lo que estaba escuchando

    Era ahora o nunca, y decidí irme por todo, total era un sueño… o ¿en realidad no lo era?

    -Mire usted, desde que dejé de ser niño, empecé a darme cuenta que usted me gustaba, su figura, su forma de ser, su forma de vestir, todo en usted… Si he buscado alguna chica por ahí, sin darme cuenta, he estado buscando que tenga algo de usted, o que se le parezca.

    -Pero, yo nunca… -Intentó decir algo

    -Yo sé que usted nunca ha hecho anda para provocarlo, le interrumpí, pero son cosas que se han ido dando, usted como mujer me fascina, me encanta verla caminar, me parece tan sensual y hermosa, sus piernas me vuelven loco y fantaseo con sus caderas.

    Marta estaba sonrojada, nerviosa, no daba crédito a lo que escucha de su propio hijo, pero a la vez estaba sentada ahí, no se retiraba, y su respiración comenzaba a hacerse más y más agitada.

    -Un millón de ocasiones me imaginado tomarla de la cintura y besar sus labios, y debo confesar que jamás imaginé que sabían tan deliciosos, le dije, mientras ella se sonrojaba mucho más.

    -Esto no puede ser… ¿Acaso estás enfermo o loco? -Me dijo

    -Estoy loco, pero por usted, le dije, mientras puse mis manos sobre las suyas, y la miraba fijamente a los ojos, no podía imaginar que cosas pasaban por su mente, seguramente era una lucha sin cuartel entre sus emociones, creencias, y demás pensamientos.

    -No, no… solo supo decir

    -¡Martha te amo!, entiéndelo, y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por hacerte feliz… -le decía

    -Esto es inmoral, es ilógico, no tiene nombre… -Decía mientras se soltaba de mis manos e intentaba incorporarse

    -Si tiene nombre, se llama amor, le dije, el que siento por ti, y que estoy seguro de que tú también lo sientes, lo sé porque lo sentí en tus labios el otro día cuando nos besamos. Dices unas cosas con la boca, pero sientes y piensas otras muy distintas.

    -Calla, esto no puede ser, me dijo, virando el rostro y sentándose nuevamente.

    -Tranquila mi amor, no pienses en nada, solo deja que tus sentimientos y deseos afloren, y dejémonos llevar por lo que sentimos el uno por el otro… le propuse, mientras me apegaba más a ella y con mi mano regresaba su rostro para que me mirara

    -Yo… No… Es que… Intentaba decir algo inútilmente

    – No digas nada… solo bésame, le dije mientras me inclinaba sobre ella para alcanzar sus labios y sentir como al principio ella se resistía, pero luego se dejaba llevar por la pasión y el deseo. Martha cerraba los ojos y disfrutaba del momento, al inicio yo la miraba para ver como reaccionaba, luego también cerré los ojos y nos fundimos entre besos y caricias sutiles por nuestros rostros.

    Eran los besos más dulces que se podrían dar un par de enamorados, dejábamos a un lado el ser madre e hijo para ser un par de enamorados.

  • El cura tenía vocación de chulo y la monja de puta

    El cura tenía vocación de chulo y la monja de puta

    Kiitty volviera a su convento de Santiago de Chile, pero ya no era no era la hermana Marta, era Kitty. Estaba cansada de madrugar, de los Maitines, de rezar por rezar… Y además la frialdad de la celda de su convento se volviera insoportable. Tenía que masturbarse varias veces cada noche. Las cuentas del rosario que había llevado de España, unas cuentas gordas cómo canicas y alargadas, cuya cadena había roto para que más que rosario fueran bolas chinas, y que tenía bien escondido, ya perdieran las cuentas de cuantas veces entraran y salieran de su coño y de su culo.

    La hermana Elisa, prima de Kitty, que era una novicia bella cómo un ángel y que solo levantaba la cabeza del suelo para rezar, aquella noche de truenos, muy asustada fue a la celda de su prima, y le dijo con su voz aniñada:

    -¿Puedo dormir con usted, hermana Marta? Los truenos me meten mucho miedo.

    -Sí, hermana Elisa, venga.

    La cama era pequeña. Al meterse en ella estaban muy apretadas. Elisa le pasó un brazo por encima de la cintura y le arrimo a cabeza a la espalda. Kitty tuvo pensamientos impuros. Su prima se lo puso a huevo, al preguntar:

    -¿Cómo fue su estancia en España?

    -Pequé, hermana, pequé mucho.

    Su reacción fue de sorpresa.

    -¡No!

    -Sí.

    -Nunca pensé que pudiera pecar. Usted era el espejo en el que me veía reflejada.

    -Pues deje de hacerlo. No soy buena. Soy una pecadora, una mujer que pronto se irá de aquí. ¿Quiere qué le diga quién soy en realidad?

    -Sí.

    -Soy una puta, una puta, que nació para ser ama, pero no una ama al uso, una ama sumisa. Quiero que cuando me besen sea yo la que ordene cuando y donde, que cuando me toquen sea yo la que marque los pasos. Una ama que diga cómo le tienen que comer las tetas, cómo deben jugar con sus pezones… Si me los aprietan o no, si me los lamen, si me los chupan. Una ama que diga cómo deben follarla, si rápido, si lento, en fin, marcar yo las líneas y los límites del juego en cada momento.

    Elisa acurrucada en su espalda, le dijo:

    -Quiero jugar.

    -¿Estas segura, Elisa?

    -Sí, Marta.

    -Llámame Kitty, prima.

    -Ordena, Kitty.

    Kitty se dio la vuelta.

    -Echa esa lengüita fuera, putita.

    Elisa sacó la lengua, Kitty se la acarició con la suya, se la chupó y después le comió la boca hasta que el coño de su prima dejó las bragas mojadas. Luego le dijo:

    -Quita mi camisón y después el tuyo. Quiero ver tus tetas.

    La novicia quitó los camisones, unos camisones que les llegaban a los pies y vio sus tetas, unas tetas medianas, casi piramidales, con las areolas rosadas hinchadas. Kitty se sentó en la cama, y le dijo:

    -Frota tus tetas con las mías y bésame.

    Elisa las frotó y la besó. La novicia se puso cómo una moto y su boca era el tiro de escape de los gemidos.

    -Lame mis pezones… Mamá mis tetas… Amásalas, lame y mama…

    La novicia se estaba dando un festín y sus bragas ya estaban para tirar con tanto flujo que había salido de su coño… Kitti siguió dando órdenes

    -Coge el cordón del hábito y ata mis manos a mi espalda.

    La novicia le ató las manos a la espalda y después la puso boca abajo. Kitty, sorprendida, le preguntó:

    -¿Qué haces, prima?

    Elisa cambió su voz aniñada por una voz ruda.

    -¡Lo que me sale del coño, puta! Y calla la boca o me veré obligada a amordazarte.

    -¿Y tú eres la que se miraba en mi espejo?

    -Sí, en el espejo de Kitty.

    -¡Serás cabrona!

    Le quitó las bragas, las mordió, las rompió y le amordazó la boca.

    -No, soy puta, muy puta, y vas a saber cuánto.

    Se bajó de la cama y cuando subió llevaba una zapatilla en la mano, una zapatilla marrón con piso de goma de color negro. Le dio dos veces en cada nalga.

    -¡Ummm!

    -¡Calla, putona!

    La novicia le abrió las nalgas y le lamió el ojete, luego le metió el dedo pulgar dentro del culo. Con el dentro y follándole el culo, le volvió a dar.

    -¡Ummm!

    -¡Qué te calles, coño!

    La novicia le daba pero no le daba con tanta fuerza como para hacer daño, lo que quería era causar placer, o eso fue lo que pensó Kitty cuando dos dedos entraron en su coño y le folló culo y coño al mismo tiempo. No pudo evitar comenzar a gemir, ya que estaba viendo que se iba a correr… Cuando la tuvo a punto, paró de follarle culo y coño y le volvió a dar, pero esta vez a romper.

    -¡Umm! ¡¡¡Plasss!! -¡Umm!

    Tiró con la zapatilla. Le dio la vuelta, le abrió las piernas, le levantó el culo con las dos manos, metió todo el coño en la boca y le clavó la lengua en la vagina. Kitty movió la pelvis alrededor y en segundos se corrió en la boca de su prima mientras su bello cuerpo temblaba y se retorcía.

    Al acabar de correrse Kittty, le dijo la novicia:

    -Las amas follamos así, no nos andamos con medias tintas.

    Le quitó la mordaza, la desató, y Kitty le dijo:

    -Me debes unas bragas.

    -¿Y si rompes tú las mías y me las metes en la boca…?

    Cambiamos de escenario. Pasamos al confesionario.

    ¿Eso le dijo, hermana?

    -Si padre.

    -¿Se las metió?

    -Sí.

    -¿Y qué pasó?

    -Que la leona era una ratita. Con pasar mi lengua por su coñito mojado tres veces ya se corrió en mi boca.

    El cura, dentro del confesionario tenía un empalme brutal.

    -¿A que saben sus flujos vaginales?

    -Ha pecado.

    -¿Y le hablo a la hermana Elisa de lo que le dije?

    -Hablé, y está dispuesta.

    -¿Y las otras?

    -Estoy en ello.

    -Vete para la sacristía que allí le daré la absolución.

    Kitty sabía qué clase de absolución le iba a dar, mejor dicho, pensaba que sabía.

    Kitty fue para sacristía. El cura tardaba en venir y cómo sabía dónde estaba el vino de mesa, se sirvió para hacer más grata la espera. Le dio tiempo a contar los crucifijos, los candelabros, los retablos… Por poco le da tiempo a contar los cuadros de la gran alfombra que cubría el piso. Vio un abre cartas con un mango gordo y no pudo evitar la tentación, lo pasó por el coño, lo metió dentro, lo sacó lo chupó… Sintió pasos y lo devolvió a su sitio.

    Eran los pasos del cura, que era un tipo alto, con rostro amable y de unos cincuenta años y los de un treintañero, guapo, alto y fuerte, de esos que no necesitan pagar por follar. El cura le dijo:

    -Este es Pablo, un benefactor de la iglesia.

    Haciendo una reverencia con la cabeza, le dijo:

    -Un placer.

    -Espero que sea mutuo.

    El guaperas sacó la cartera, quitó de ella dos billetes de quinientos dólares estadounidenses y le dijo:

    -Tome, hermana, lo acordado por una hora.

    Kitty se levantó y le dijo al cura:

    -¡Ya le dije que yo no entraba en el acuerdo, padre!

    El cura trató de justificarse.

    -Pensé que le gustaría hacer real su fantasía de la doble penetración…

    La monja estaba indignada, Kitty se empezó a poner cachonda, ya que el Guaperas estaba cómo un queso de tetilla. Habló la monja:

    -¡Eso se lo dije en confesión!

    El Guaperas se encontraba en una situación incómoda.

    -Será mejor que me vaya.

    A Kitty nada le gustaría más que follar con el Guaperas, pero no cobrando cómo una puta, pero la moja le dijo:

    -Sí, mejor que se vaya, sacrílego. ¿No le da vergüenza querer deshonrar a una pobre monja?

    -Lo que me da es morbo, me da morbo saber que hay debajo de esos hábitos.

    El cura se puso detrás de ella, la agarró por la cintura, y le dijo al Guaperas:

    -Métele mano.

    El Guaperas le echó las manos a las tetas.

    -¡Dejarme, pecadores!

    El joven, con un empalme brutal, le comió las tetas por encima del hábito.

    -¡Abusadores!

    El Guaperas le dijo:

    -Calle, hermana, calle que le va a gustar.

    El cura le sacó el cordón y el crucifijo y le tapó la boca para que dejara de protestar.

    -¿Te callas y te dejas o te tapo también la nariz hasta que pierdas el conocimiento?

    Quitó a mano de la boca para que le respondiera.

    -Cargaré con esta cruz.

    Kitty tenía unas ganas locas de echarle la mano a la polla al guaperas, agacharse y comérsela, pero así no debía comportarse una monja. El Guaperas le quitó la cofia y la puso sobre una mesa que tenían al lado, la monja, le dijo:

    -No me beses, por favor.

    El Guaperas mirando para su rostro le arregló el cabello y después la besó con lengua.

    -No, por favor, no me siga besando que va a despertar mi instinto animal.

    El Guaperas, emocionado, la siguió besando.

    -Saque la fiera que lleva dentro, hermana.

    El cura se quitó la sotana, y con su hermosa polla al aire se puso al otro lado. La monja giraba la cabeza y dejaba que la besaran, mas no devolvía los besos. Al quitarle el hábito y ver que no llevaba nada debajo, el Guaperas se puso burro. Sacó la verga empalmada, un pedazo de pepino, le puso las manos en los hombros e hizo que se agachara.

    -Mame, hermana.

    -No voy a mamar.

    El cura la cogió por los pelos y le tiró de ellos.

    -¡Agarra las pollas y mama o te dejo calva!

    La monja cogió las dos pollas y las mamó, sin poner mucho ímpetu, al principio, ya que después el calentón la perdió, apareció Kitty y las masturbó y mamó cómo si se fuese a acabar el mundo… Cuando se puso en pie de nuevo, el Guaperas le dijo:

    -Desnúdeme.

    Kitty ya estaba perra, lo desnudo, lentamente. Al tenerlo desnudo vio aquel cuerpo de Adonis con aquella tremenda tralla y su coño comenzó a lubricar una cosa mala. Tanto lubricaba que colgaban de él jugos cómo mocos cuando el Guaperas se lo lamió. El cura se agachó, le abrió las nalgas con las manos y le lamió y folló el ojete. Al ratito, sin avisar, se corrió y le llenó la boca de jugos al Guaperas.

    Al acabar la echó sobre la mesa, el cura se la metió en la boca. El Guaperas se la metió en el coño de un golpe de riñón y la folló sin piedad hasta que se corrió dentro de ella. Kitty se había quedado con la miel en los labios. El cura lo sabía, pero no podía follar su coño, tenía que participar, eso fuera lo acordado, pero follar su coño solo podía follarlo el Guaperas, así que metió la cabeza entre sus piernas y le comió el coño, segundos, que fue el tiempo que tardó Kitty en correrse cómo una fiera. Su coño soltó la leche de la corrida del Guaperas junto a los jugos de su corrida y el cura se los tragó cómo un cerdo, cómo un cerdo que era.

    Kitty se incorporó, se sentó en la mesa y después se puso en pié, el cura, por delante, le metió mano en el coño mojado, el Guaperas le frotaba la verga entre las nalgas y Kitty masturbaba al cura y besaba a los dos. Ahora ya les chupaba las lenguas sin esconder lo puta que era. Sin que el Guaperas le dijera nada se puso a cuatro patas sobre la alfombra, el Guaperas le metió la verga en la boca y se la folló cómo si fuera un coño, el cura le comió el coño y el culo. Kitty miraba al Guaperas con ojos de gata. De su boca caían babas para aburrir. El Guaperas se sentó en el suelo, Katty se arrodilló y le siguió mamando la polla. El cura cogió lubricante en un cajón, untó su polla con él, y sin más se la clavó a Kitty en el culo. Kittí dejó de mamar. Masturbando la polla del Guaperas, quiso decir: «¡Que rico, qué rico, qué rico!», pero dijo:

    -¡Ay qué penuria! -su rostro que quería mostrar alegría, reflejó dolor-. ¡Me rompió el culo, padre!

    El Guaperas la miraba asombrado. La monja era puta, pero bien puta, pero se creyó que era la primera vez que follaba, eso le puso la polla tiesa, tiesa, tiesa. Se echó sobre la alfombra. El cura le quitó la polla del culo para que Kitty cabalgara al Guaperas. La monja metió aquel pepino en el coño, pepino que le entró más apretado de lo que le entrara la polla en el culo. Al tenerlo todo dentro, el cura echó más lubricante y se la volvió a meter en el culo. Kitty nunca había sentido cosa igual. Gozaba una cosa mala, y en un par de minutos se corrió cómo una cerda… Se desmayó con el tremendo placer que sintió. Cuando volvió en sí aun salía leche de su coño y de su culo. El cura estaba despidiendo al Guaperas en la puerta de la sacristía. Tan pronto cómo se fuese iba a follar al cura hasta dejarle la polla inservible.

    La madre superiora al volver al convento se enteró por una de las monjas lo que estaba tramando el cura. El cura fue expulsado de la iglesia, Kitty sigue comiendo coños en el convento, ya que culpó al cura de amenazarla con hacer desaparecer a sus padres si no colaboraba, pero todo esto tiene un principio y para ni dejar el relato con lagunas, os lo voy a contar.

    Un tiempo antes…

    Kitty estaba limpiando el altar de la iglesia cuando llegó el cura a su lado y le dijo:

    -Es usted muy hermosa, hermana.

    La monja, avergonzada, bajó la cabeza.

    -No mienta, padre, soy una mujer normalita.

    -Ahí le ha dado, es una mujer, una mujer que despierta mis más bajos instintos.

    La monja se escandalizó.

    -¡Padre!

    El cura se acercó a ella, le echó las manos a las tetas, y le dijo:

    -¡Tienes un polvo brutal No hago más que menearla pensando en ti.

    -Necesita confesión, padre.

    -Lo que necesito es tu coño jugoso en mi boca.

    La monja sintió la dura polla del cura en su culo y el coño le empezó a latir.

    -Pare, padre, pare, pare que está despertando a la mujer que hay debajo de los hábitos.

    Sus palabras le dieron carta blanca al cura, se agachó, le subió el habito, le bajó las bragas y agarrándole las nalgas le comió el culo. Sintiendo la lengua lamer su ojete y entrar y salir de él vio entrar en la iglesia a una anciana. Se puso a limpia uno de los candelabros con el paño. La anciana a unos metros de ella, le encendió una vela a un santo, y le dijo:

    -Tú no debías hacer ese trabajo, hijita.

    -Siento mucho placer al hacerlo.

    Y no iba a sentir, con la lengua del cura lamiendo su ojete y su coño lo raro sería que no lo sintiera. La vieja estaba media sorda y le dijo:

    -No te oigo, hijita. Queda con Dios.

    -Con que no que no acabe preñada…

    La anciana dio media vuelta y se fue caminando por el pasillo de la iglesia. La monja sintió que estaba llegando.

    -Me voy a correr, padre, ay, ay, ay, ay que me corro, padre. ¡Me corro!

    Tiró el candelabro, se apoyó con la mano izquierda en el altar, mordió la palma de la mano derecha y se corrió con tanta intensidad que los jugos cayeron por las comisuras de la boca del cura y bajaron por sus piernas.

    Kitty al acabar de correrse se puso en pie. El cura se la clavó hasta el fondo de un chupinazo y la folló despacito. La puerta de la iglesia seguía abierta y en cualquier momento podían volver a entrar por ella. Los santos se parecían que la estaban mirando. Aquella situación la excitaba sobremanera, y aun se excitó más al ver una cabeza que asomaba por una puerta lateral de la iglesia, era la cabeza de un joven melenudo a que no conocía de nada y que cuando se vio descubierto dejó que viera cómo se masturbaba.

    El cura follaba cómo un diablo. Había empezado clavando hasta el fondo, despacito, y fue acelerando y magreando las tetas, acelerando y magreando, acelerando y magreando…, y cuando el coño de Kitty apretó su polla y la baño de jugos, el cura le apretó los peones con fuerza, lo que hizo que el placer de la corrida aumentara. Cuando Kitty abrió los ojos ya el joven se había ido.

    Al acabar de correrse, le dijo el cura.

    -Mámamela.

    La monja se arrodilló y comenzó a mamar y a masturbar la polla del cura, que le dijo:

    -Tengo un negocio en mente que nos puede hacer ricos.

    La monja no entendió que pintaba ella en el negocio.

    -¿Qué nos puede?

    -Sí, tú me buscas las putas, yo busco los clientes y hacemos tres partes.

    La monja no entendía nada.

    -¿Dónde quiere que le busque las putas?

    -En el convento.

    -¡¿Se ha vuelto loco?!

    El cura no iba a desistir en su empeño de convencerla.

    -¿Tu sabes lo que llegarían a pagar por follar con una monja? ¡Y ya no te digo nada si es virgen!

    El cura se corrió sin avisar. La monja mamando el glande se tragó la leche, al levantarse, le dijo:

    -Veré que puedo hacer.

    El resto ya lo sabéis.

    Quique.

  • Julia una madre muy necesitada

    Julia una madre muy necesitada

    Hola amigos espero estén bien, hoy vengo con una nueva entrega y esta vez me toca hablar de Julia, una madre de tres hijos que su marido nunca está en casa y ella se ahoga las ganas en el café, así como dice esa famosa canción.

    “Hola, mi nombre es Julia, me pasaron tu contacto, quisiera estar contigo, contratar tus servicios, hace tiempo que no tengo sexo y la verdad estoy muy necesitada, mi marido nunca esta y entre los hijos y la casa todo es muy monótono, espero tu respuesta”

    Su caso me pareció conmovedor y cliché, la típica casada que no es atendida, la verdad me la imagine muy sexy o de esas que cuando se quitan la ropa tiene un cuerpo exquisito, así que le conteste que sí, pero ella quería que fuera a su casa, ya que si salía los parientes de su marido inmediatamente le avisarían, eso pasa cuando vives tan cerca de la familia.

    Ahora me sentía con la obligación de ir y cogérmela tan rico que jamás se olvidara, así que le dije que llegaría y me presentaría como el “carpintero” me vestí de jeans, una camisa de cuadros y botas y fui a su casa, cargue una pequeña caja de herramienta que tengo para emergencias, prácticamente me metí en mi personaje.

    Cuando llegue a la casa y mientras me acercaba vi como de las casas vecinas me miraban de arriba abajo, una señora gorda y vieja me pregunto que quien era, le conteste que el carpintero, que iba a tomar medidas.

    Toque la puerta, las miradas no cesaban, fue entonces que finalmente abrió la puerta, una mujer alta unos 3 cm más alta que yo y eso que mido 1.85, caderona, ojos verdes, su cara ya pintaba arrugas y su cabello algunas canas, pero se veía espectacular en ese pants entallado color negro.

    J: Tu eres el “carpintero”

    CA: Si, ¿usted es Julia?

    J: Si, pasa, ¡te estaba esperando!

    Estaba ella sola sus hijos no estaban, estaban en la escuela, me ofreció agua de frutas, su sonrisa era fantástica, pero su trasero aún mejor.

    J: ¡Guau!! Estas muy guapo, ¡te imagine así pero no tanto!

    CA: Gracias, ¡usted también está muy bien!

    J: Bueno, ¡tenemos poco tiempo y no sé cómo empezar!

    CA: Ok, ¡que es lo que más deseas!

    J: ¡Dios mío! Desnúdate!

    Sin decir más comencé a desnudarme, ¡ella abría los ojos al máximo con cada prenda que dejaba caer en el piso, pero se emocionó al punto de gritar un poco cuando vio mi pene!

    CA: ¿Qué pasa?

    J: ¡Es enorme!

    CA: ¡Gracias! Quieres tocar?

    Ella con chapetas en la cara solo acento con la cabeza, la tome de la mano y la coloque en mi abdomen, ella me miraba de arriba abajo, bajo su mano lentamente hasta comenzar a tocar mi verga que empezaba a endurecerse. Con su otra mano comenzó a acariciar mi trasero yo estaba caliente, sus manos a pesar de ser grandes eran muy suaves, comenzó a subir y bajar mi prepucio, mi cabeza comenzó a llenarse de fluido, ¡me miro fijo entonces yo le tome la cabeza y la empuje para que mi verga estuviera cerca de su boca!

    CA: ¡Chúpala cielo!

    J: Es que…

    CA: ¿No te gusta?

    J: ¡Nunca antes eh chupado un pene!

    Su declaración me excito más, pensé que estaba frente a una virgen, que mujer en su vida jamás la a chupado me dije en ese momento, pero solo le acaricie la carita y le pedí que abriera la boca, ella cual principiante me obedeció, pero cerro sus ojos, comencé a pasar mi punta por sus labios, se sentían tan suaves, ¡luego le pedí sacar un poco su lengua y de arriba para abajo le pasaba mi pene!

    J: ¡Agh!! ¡Sabe muy saldo, uhm!!

    CA: Tranquila, te acostumbraras, ¡ahora abre la boca métela hasta donde puedas!

    Julia comenzó a introducirla despacio, su boca se sentía genial, hacia muecas de asco, pero no dejaba de engullir, mi verga entro un poco más de la mitad, luego le pedí la sacara lentamente moviendo su lengua, ella obedeció, le pedí repitiera el ejercicio, ¡meter y sacarla a su velocidad y mientras ella se acostumbraba al sabor de mi verga me daba una delicada y suculenta mamada!

    CA: ¡Uhm, que linda boca, uhm!!

    J: Uhm, ¡esto comienza a saber rico!

    CA: ¡Te dije que te acostumbrarías! ¿De verdad nunca se la chupas a tu marido?

    J: ¡No! Él es muy religioso y solo coge normal, según el como dice la biblia.

    Eso me pareció un desperdicio, tener a semejante mujer, con todo grande y sumisa y que no la coja como se debe me molesto, pero bueno, para estaba yo, para llevarla al mundo de lo sexual y delicioso.

    La tomé de su nuca y empecé a follarle la boca, ella me permitía entredecirle mi verga hasta tocar su garganta, que rico sentía como entraba, ella me apretaba las nalgas y me empujaba también no sé si se estaba ahogando solo sé que eso me estaba haciendo a punto de venir, ¡bastaron unos empujones más para llenarle su rica boca de mi semen caliente!

    CA: ¡Ah!!! Que rico, ¡tu primer trago de semen!

    J: ¡Agh!! Esto esta saladísimo, ¡pero no sabe mal!

    Se puso de pie y vi que su pants marcaba manchas de que su concha estaba súper mojada, ella sonrojada me sonrió, la tomé de la mano y nos fuimos a su recamara.

    Ahí sin titubear comencé a desnudarla, le quité su blusa, sus pants su brasear y su cachetero, era duela de un cuerpo espectacular, blanco, sin estrías, casi nuevecito, no parecía ser madre de tres niños, recorrí con mi lengua desde los dedos de sus pies hasta sus orejas, ella se erizaba y gemía al sentirme pasar por sus muslos, abdomen, pechos, darle mordidas en sus pezones y cuello, con mis dedos comencé acariciar sus labios vaginales, ella se retorcía riquísimo, mi mano ya estaba toda húmeda, entonces me pidió se la chupara, ya que nunca antes se lo habían hecho.

    J: ¡Por favor, se amable, uhm!

    CA: Esta riquísima, ¡me cuesta trabajo creer que esta es una concha de 40!

    Estaba cerrada, a pesar del poco vello que tenía olía riquísimo y sus labios parecían sin estrenar, comencé con ligeras lamidas, mis manos apretaban las tetas y mi lengua entraba lentamente en su tesoro.

    J: ¡Ah!!! ¡Que es esto!

    CA: Uhm, ¡que vagina más exquisita!!

    Con mis dedos la abrí su concha y comencé a lamer como gato, ¡luego tome su clítoris y el di mordidas suaves y lo succione poniéndoselo gordo como uva!

    J: ¡Ah!!! ¡Que rico, uhm!!

    Una y otra vez mi lengua arremetía en su clítoris, mi boca se metía un labio y luego el otro, esa mujer se retorcía gemía y escurría como nunca antes vi a una chica hacerlo.

    Finalmente, no tolero más, entre su respiración agitada y gritos la exquisita esposa sumisa comenzó a venirse a chorros en mi cara, y bebí su néctar delicioso, ¡ella ponía los ojos en blanco y solo alcanzaba lanzar una que otra palabra!

    J: ¡Ah!! Jamás sentí algo así!

    CA: ¡Es que jamás habías estado con un hombre!

    Mi verga estaba dura y lista para entrar en acción, la acomode en la cama, tome sus piernas abriéndolas y comencé a penetrarla con suavidad, sus suspiros y muecas me calentaban a mil, comencé a moverme rápido de adelante hacia atrás besándola y apretando sus hombros, mi verga entraba hasta el fondo y la sensual casada ¡gemía y gemía!

    Ella me abrazaba bien rico con sus piernas, así que la tome de sus nalgas y la cargue, yo de rodillas y cargándola, la ensartaba rápido y fuerte.

    CA: ¡Uhm, que rico aprietas!

    J: ¡Agh!! ¡Que rico, uhm, que rico!

    La puse en cuatro, Julia se veía magnifica con sus ricas nalgas grandes y fuertes, comencé a metérsela despacio, sus gemidos me excitaban más, una vez dentro, comencé con el mete y saca fuerte, la cama rechinaba, ella gritaba, que rico momento vivíamos.

    J: ¡Ah! Nunca había sentido esto, que rico, no pares, más, ¡ah!!

    CA: Así nena, como gimes, me encanta tener mi verga dentro de ti, tómala, uhm, ¡tómala!

    J: Que es esto, ah, ¡me voy a hacer pipí ah!!

    Eso significaba que se estaba viniendo en un rico squirt que mojo todas sus sabanas, sus movimientos me tenían fascinado, una mujer ardiente y sexual que estaba abandonada, lo bueno que existen tipos como yo para hacernos cargo.

    Después de estar cogiéndomela de perrito un buen momento, me acosté y le pedí subiera a cabalgarme, ella subió y se ensarto riquísimo, pero no sabía moverse mucho, solo se quedaba parada, entonces la tome de su cintura y comencé a moverla, ¡despacio y en círculos!

    J: Uhm, que rico, ah, ¡jamás me había subido en un hombre!

    CA: Mamita no te preocupes, uhm, aquí estoy para que aprendas, ¡que rica vagina!

    Poco a poco la sensual casada comenzaba soltarse, ella solita ya se movía, sus movimientos me daban un gran placer, se agachaba besarme y nuestras lenguas se enrollaban delicioso, yo apretaba sus ricas tetas y pellizcaba sus pezones, luego yo también me movía para hacer más placentero el momento.

    CA: Uf, ¡aprendes rápido!

    J: ¿Te gusta? ¿Lo hago bien?

    CA: Eres fenomenal, una buena alumna, ¡me gustaría tenerte en casa y practicar diario contigo!

    J: Eso sería una gran idea, uhm, ¡ah!!

    Ella ya como una experta estaba dándome la espalda mientras se movía riquísimo ensartándose solita toda mi verga, yo la tomaba de las nalgas y la dejaba caer con velocidad sobre mi palo, el ruido de sus nalgas chocando en mi pelvis era música para mis oídos.

    CA: ¡Que rico, uhm, mami síguele, uhm!

    J: ¡Oh! si, ¡ah!

    Ella cada vez aumentaba su ritmo por consecuente la sensación aumentaba y ambos exclamábamos a punto de llegar al éxtasis.

    CA: ¡Que rico no pares, uhm!

    J: ¡Oh, ah rico, uhm!

    CA: Coges fantástico, ¡me vas hacer venir!

    J: ¡Lo quiero en mi cara!

    Me moví como un toro salvaje, ¡levantándola con fuerza cuando sentí que ya no podía ms y coloque su cara en mi verga la cual expulso bastante leche caliente!

    J: ¡Oh!! ¡Que cálida, uhm, ah!!

    CA: Cométela, uhm, ¡tómala!

    Julia probaba mi semen, se veía muy rica escurriendo de su vagina y llevando mi semen a su boca y probándolo una y otra vez.

    Finalmente deje de sacar leche, ella se puso de pie y me abrazo agradeciéndome el momento, entre a su baño a asearme un poco y ella aun con olor a mi leche me acompaño a la puerta, donde afuera estaba la gorda fea mirando nuevamente, nos despedimos como si nada y la deje satisfecha y llena de semen.

    CORNEADOR ANÓNIMO.

  • Cruising en Caracas (Parte 2)

    Cruising en Caracas (Parte 2)

    Lunes

    9:13

    Fantasías como la que tengo justo a estas horas de la mañana me hacen imposible controlar mi ímpetu sexual. Estoy en la ventana mirando hacia afuera con descaro a los dos chicos delgados que lavan un carro. No creo que sean de aquí, no los había visto antes. Es el carro de Indira, mi vecina de enfrente. Eso es lo de menos, ellos no tienen franelas. El más delgado y alto de ambos capta mi atención primordialmente, su piel tan ajustada a sus costillas me atrapa. Me excita la idea de sostener cualquier parte de su cuerpo. Luce pálido y su cara parece del tipo que si le ofrezco algo de hierba me permitiría hacerle sexo oral un rato, así no tenga una erección sería de sumo placer para mí.

    Estoy siendo muy obvio, fumando un cigarro a la vista de los chicos, tocando con mi mano izquierda bajo mi jogger. Ya me miraron, se están riendo. Estoy tan caliente que no puedo dejar de mirar sus cuerpos mojados. Recién lavé mi culo de la situación de anoche y ya mi cuerpo quiere provocar a otro hombre -o un par-. Hablando de mi culo, aún arde. Así que no sé qué haré si esta situación, de ocurrir, exige la participación de mi profundo amigo.

    Iré a hacer algo de café.

    15:07

    Los chicos no están allí. Cuando volví a la ventana no estaba ya. Así que salí a dar una vuelta, comprar unas cosas para la casa. Me gusta salir por aquí mismo con mis short de correr, son los más cortos que tengo. Sé que quien me mira demasiado es porque está interesado, y el empleado de la carnicería al parecer no era el mismo de siempre, le pregunté para salir de dudas y me respondió que quizá nunca yo había ido en el turno de la mañana, es probable. Éste era mucho más bonito que el de la tarde. Tenía un culo ajustadito al jean azul del uniforme y una sonrisa grande. Me quedé unos minutos hablando con él, usando adjetivos como «papi» insistentemente a ver su reacción, pero no pareció fijarse en que estaba apretando mi verga con mi mano.

    Vine a casa a masturbarme, principalmente. Necesito calmar mis necesidades y no quiero provocar a un tipo y luego no poder aguantar su verga, sigo sensible, lo verifico a cada rato con mi dedo. No quiero parecer desesperado, no quiero problemas.

    Martes

    01:35

    Uno de los chicos que estaba lavando el carro esta mañana -el bajito- está sentado frente a la casa de Indira, en la acera con un cigarro apagado en la mano. Le hice una seña con la mano en la que tengo el cigarro encendido. Me miró, es tarde para estar en la acera frente a tu casa, o en tu ventana espiando vecinos. Sea como sea, no pierdo nada. Viene hacia acá. Le preguntaré si quiere pasar a fumar.

    03:54

    Se quedó un rato fumando en el mueble, no es de mucho conversar. Me explicó que es hermano menor -tiene 17- del otro chico, que se dio cuenta que lo mirábamos. Me dijo que sabe que soy «marico» y que perdió en piedra, papel o tijera contra su hermano. Lo jugaron para elegir quién vendría primero, a sacarme algo de dinero. Pues Alejandro perdió y vino aquí, por su honestidad le di algo, pero se lo tuvo que ganar. Supongo que salimos todos ganando. Le dije que se dejara hacer y le daba $20. Encendí un porro, le ofrecí y fumó conmigo. Fue muy obediente.

    Llevaba un mono escolar, con el que había estado temprano cuando lavaba el carro. Supuse que no se había bañado: acerté. Cuando saqué su verga, curva a la derecha, delgada y de glande gordo y rosado, al bajar su prepucio no sólo liberé su glande sino un montón de cebo, seco y hediondo. Me preguntó que si quería que lo lavara, pobre no sabe nada. Lo limpié con mi lengua, el sabor era más fuerte que el olor. Qué niño tan cerdo y delicioso, sus bolas estaban sudadas, malolientes también. Estuve haciendo lo mío un rato, mientras acariciaba su abdomen, sus tetillas, su cuello, bajé todo el mono, le quité las sandalias, retiré el mono por completo.

    Levanté sus piernas con mis manos mientras lamía sus bolas y empecé a mover mi cara a los lados para poder lamer sus piernas lampiñas también. Disimulando mi real intención de dirigirme a su perineo. Si iba a pagar quería disfrutar bien del cerdito. Lamí debajo de las bojas. Lamí un poco más allá. Me empujó la cara con la mano entera, me dijo que había límites, le dije que no habría plata. Se calmó un poco y me pidió que por favor no me lo coja. Lo acosté en el mueble y me coloqué sobre él, me acerqué a besarlo y morder un poco sus labios.

    -Tócate -le ordené mientras lo besaba intensamente.

    El chico se masturbaba mientras yo le rozaba con mis dedos la entrepierna mojada por mi saliva. Empecé a introducir un dedo luego de ensalivarlo y le ordenaba seguir. Me pedía que paraba, pero eso me excitaba más. Estaba él muy drogado para detenerme y yo muy drogado para dejarme detener por palabras nada más. Lo estuve penetrando con mi dedo, en un ponto empezó a gemir, lo disfrutaba y se quejaba. Lamí su cara. Lamí su cuello. Sentí su respiración agitarse y sin sacar mis dedos de él bajé mi boca a su pene que estaba soltando chorros de leche para beberlos. Lo dejé limpiecito.

    Está dormido a mi lado. Estoy fumando y mirando TV.

  • Tollan (Memorias de Xanadú)

    Tollan (Memorias de Xanadú)

    Es una fresca mañana en los suburbios de Nigurathlán. Tollan, nuestro héroe, lleva ya varias horas despierto, trotando en campo abierto para mantener su figura, ahí recuerda su último año, mientras sube una loma, el regreso a Nigurathlán, el reencuentro con su esposa y como el pueblo lo alabó al ser considerado el mayor de los héroes de toda Xanadú pues había sido él, y solo él el que cercenó la cabeza del demonio Ebdickson. Todo esto pasa por la mente de Tollan mientras su cuerpo marcado y delgado recorre las lomas cubiertas de pasto verde de regreso a su hogar, donde lo espera Elina, su esposa, una dulce doncella parte de la nobleza de Nigurathlán, por lo tanto, modesta y sencilla, aunque muy hermosa y sensual.

    De pronunciadas curvas, rojos cabellos, tez blanca como la nieve y pecas en las mejillas, lo que mas había llamado la atención de Tollan era su trasero, levantado, terso y de proporciones envidiables incluso a la vista de las mujeres demonio (que son las féminas que mejor cuerpo tienen en este universo). Los pechos de Elina también eran magníficos, con la aureola rosada y pezones medianos tan perfectamente simétricos que la misma Elisa conocía su belleza al usar pronunciados escotes en sus vestidos sabiendo que llamaría la atención de cualquier humano, elfo, lupino, catfolk o incluso mortans (cadáveres reanimados inteligentes, similares a los zombies, pero nada agresivos y mucho menos podridos) que estuviera en la corte.

    Y aun así jamás se imaginó que acabaría casada con “El Héroe de Xanadú”, el valiente y poderoso Tollan, y no es que no fuera guapo, sino que la misma gente había elevado la figura de Tollan a casi una deidad, alguien inalcanzable. Por esto mismo cada mañana cuando Tollan le incrustaba amorosamente su gran pene Elisa se excitaba más pensando que Tollan “el dios” se la cogía a ella, su esposa.

    Elina se despertó, vio el espacio en su cama donde hasta hace un par de horas había estado Tollan.

    -Siempre tan madrugador, será mejor que regrese pronto o se perderá el desayuno -pensó y se dirigió a la cocina

    1 hora después

    Tollan llegó a su hogar, sudado y jadeante, vio a su esposa lavando los trastes y se aproximó a ella, quedando a sus espaldas

    -Buenos días -dijo Tollan con malicia mientras le restregaba su falo en el trasero -¿qué has hecho para el desayuno?

    Elisa sonrió y paró más sus nalgas -Lo siento cariño, tardaste demasiado y pues justo he terminado, sabes que no me gusta que tardes demasiado en tus caminatas.

    -Vamos cariño ¿me vas a dejar sin comer?

    -Si quieres comer tendrás que servirte tu mismo, ahora dame permiso que tengo que terminar esto – Elisa dio un rápido movimiento hacia adelante dejando a Tollan con una erección masiva en sus pantalones.

    Tollan sonrió y dijo:

    -¿Con que servirme a mí mismo eh? Bien, lo haré…

    Con una velocidad impresionante Tollan se abalanzó hacia enfrente y repegó aun más su pene entre sus nalgas, Elina soltó un pequeño gemido de excitación.

    -Ahh, espera Tollan, no me refería esto

    Tollan tocó la vagina casi completamente rasurada de su esposa, notó que estaba chorreando.

    -¿Acaso deseas que me quite entonces?

    -No, ahh, solo que primero deberías desayunar… ahh

    -Pues sí, pero has sido una mala esposa que no me ha hecho el desayuno, debes ser castigada -dijo Tollan mientras de un golpe se sacaba el pantalón y seguía jugando con las nalgas y la vagina de su esposa.

    -Si amor, lo merez…

    Rowan tomó la de los cabellos a Elina y la hizo agacharse para que chupara su pene, Elina sumamente obediente accedió y comenzó a practicarle una muy húmeda felación. El pene de Tollan entraba y salía de su boca con tal rapidez y saliva, que Elina sentía como se le humedecía todo el pecho del camisón, mientras su vagina igualmente chorreaba con sus jugos. Las arcadas que le daban a Elina producían una excitación mayor en Tollan, que provocaba que su pene creciera aún más en la boca de Elina y este embistiera la dulce boca de su esposa con mayor intensidad

    -Para – dijo Tollan mientras la detenía del cabello

    -¡Cógeme ya Tollan! –rogaba Elina- ¡Cógeme ya por favor!

    -No cariño, ruégamelo como te dije o no haré nada más – mientras la tenía sujeta del cuello

    -Por favor Tollan, deseo que tomes mi vagina, la vagina de tu esposa – Elina sintió como su cuerpo se preparaba para un orgasmo producido por la excitación de decir esas palabras, afortunadamente pudo reprimirlo, pues de haber acabado ahí Tollan no hubiera continuado con su juego – quiero que la tomes y la uses a tu voluntad…

    -Bien – exclamó Tollan – Vamos a la habitación – dijo mientras la levantaba con un brazo y le daba una ligera nalgada que resonó mas fuerte de lo que a Elina le molestó.

    Llegando a la habitación Tollan arrojó a su esposa a la cama y se abalanzó sobre ella, coloco la punta de su pene en la entrada de la vagina de Elina y se dispuso a entrar, pero no sin antes ver a a los ojos a su esposa con una mirada lasciva y llena de deseo.

    -¡Ahhh! -Exclamó Elina en el momento justo en el que Tollan le hundió hasta el fondo su pene, así aguantó unos segundos Tollan antes de comenzar a bombear con una intensidad ligera, mientras tanto Elina daba ligeros gemidos y le pedía a Tollan que tocara y pellizcara sus pechos, cosa que Tollan, sin dudar un segundo, hizo. Comenzó pellizcando el pezón derecho y después lo frotó con sus dedos su pulgar e índice, sin esperar a que le preguntara otra cosa Tollan comenzó a jugar con su pezón izquierdo utilizando la lengua y los dientes, cosa que Elina agradeció diciendo:

    -Ahhh a-amor espera, sabes que soy sensible yahhh… -en ese momento leche comenzó a salir de los pezones de Elina y se corrió fuertemente.

    Con esto Tollan empezó a bombear más fuerte, cada embestida que daba era mas y mas salvaje, las tetas de Elina estaban ya rojas de tan duro que Tollan había pellizcado, estas se bamboleaban de arriba abajo a un ritmo desenfrenado mientras el pene de Tollan generaba una fricción desquiciante de placer en la vagina de Elina.

    Finalmente, Tollan llegó a su límite y besando apasionadamente a su esposa se corrió dentro de ella, acción que desencadenó el segundo orgasmo de Elina y llenando sus sabanas de fluidos corporales. Ahí se quedaron unos minutos, jadeantes y abrazados sobre una sábana en la que minutos antes habían demostrado su amor. Elina sonrió, casi todos los días eran así, desayuno, sexo por la mañana, comida, limpieza de la casa, socializar con los vecinos, sexo por la noche, dormir y repetir al día siguiente. Ella era feliz y le gustaba esa vida alejada de las cortes, sin embargo, el destino es una cosa curiosa y en esta ocasión se presentó como un golpeteo apresurado en la puerta de su residencia…

    (Continuará)

    Sería de mucha ayuda si pudieran enviar sus comentarios y recomendaciones a mi correo electrónico, les tomaré en cuenta para los capítulos siguientes.

  • Lo que pasa en Seúl, se queda en Seúl

    Lo que pasa en Seúl, se queda en Seúl

    Trueno afuera, y un destello iluminó brevemente la habitación oscura. Parpadeé, tratando de perseguir la persistente imagen residual. Estaba muy quieto y, sin embargo, podía sentir la ropa de cama pegada a mi piel sudada. El aire acondicionado había estado encendiéndose y apagándose durante la última hora, chisporroteando contra el calor mientras había algo de energía. Ahora, toda la habitación solo estaba iluminada por la pequeña luz de emergencia sobre la puerta, todo disfrutando de un extraño resplandor verdoso y la luz difusa de los letreros de neón fuera de la ventana. Giré la cabeza hacia el lado donde estaba acostada mamá. Respiraba con dificultad, el aire pesado a nuestro alrededor, pero, de nuevo, eso también podría haber sido el alcohol. Había asaltado el minibar y la poca comida que contenía no eran rival para el líquido que habíamos compartido. Para ser honesto, yo mismo no me sentía demasiado elegante.

    Estaba muerto de cansancio y estaba oscuro afuera pero no pude dormir. Miré el reloj al lado de la cama, cerca de la medianoche. Suspiré y mamá se rio entre dientes. —¿Tampoco puedes dormir, hm?— Negué con la cabeza, luego me di cuenta de que ella no podía verme, murmuré un “no” aproximado que estaba más cerca de un gruñido.

    Había sido un día largo, y además extraño. Después de todo, se suponía que Seúl sería una simple conexión en nuestro viaje para visitar a la hermana de mamá que vivía en el sudeste asiático, justo a tiempo para celebrar mi 25 cumpleaños. Pero después de un vuelo bastante agradable, las cosas empezaron a empeorar y todo fue cuesta abajo desde allí. Primero, el área por la que teníamos que transitar estaba en reparación, lo que llevó a lo que se describe mejor como un atasco de tráfico de peatones, y llegamos a nuestra puerta de embarque solo cinco minutos después de que cerrara. Curiosamente, nuestro equipaje había hecho el vuelo y estaba de camino a nuestro destino final. “Pero no se preocupen”, nos dijeron, “saldrán en el próximo vuelo que sale en 12 horas”. Así que esperamos, esperando nuestro momento. Con el tiempo, empezamos a notar que había muchos.

    El hotel estaba limpio y carecía totalmente de personalidad, pero estaba tranquilo y nos permitió finalmente relajarnos un poco. Nos turnamos en el baño pequeño, disfrutando de una larga ducha y quitando algo del cansancio del viaje. El ambiente era sofocante y caluroso en la pequeña habitación cuando salí, y había considerado ponerme o no mi ropa por un momento, no me sentía realmente listo para ponérmela ahora que me sentía limpio y fresco de nuevo. Siguiendo la sugerencia de mamá, decidimos ceñirnos al mínimo y solo volver a ponernos la ropa interior para lograr un mínimo de modestia. Mamá había bromeado diciendo que tendríamos que acordarnos de disfrazarnos si alguien llamaba a la puerta, pero esa pequeña burbuja de diversión se había desvanecido rápidamente, junto con la sensación de frescura que la ducha había proporcionado.

    Habíamos comido lo poco que había en el minibar.

    Para ser honesto, no estaba tan oscuro en la habitación. Había una tenue luz proveniente del letrero de emergencia que le daba a todo un resplandor verdoso y espeluznante, y a través de las ventanas, estaban los letreros de neón, iluminando la noche coreana. Volví a llenar nuestros vasos con agua tibia de la caldera reutilizada. Me volví hacia el otro lado de la cama.

    —Oye mamá, aquí tienes un poco de agua.

    Se sentó, su camiseta sin mangas con tirantes finos se tensó para contener sus pesados pechos, y se volvió hacia mí. —Gracias, lo necesito. Creo que no debería haber bebido esa pequeña botella de vodka.

    Me reí entre dientes.

    —Deberías haberme dicho que me detuviera, Cris. De verdad.

    —Pero lo hice, mamá.

    —¿De verdad?

    “Hm-hm.”

    —¿Por qué, te sientes mal ahora?

    —No, no es eso. Me estoy sintiendo… borracha, y rara, y…”

    —Podría ser el desfase horario.

    —¿Eso crees?

    —Sí. ¿Recuerdas el viaje que hice durante mi último año en la Uni? Solo tuvimos ocho horas de diferencia horaria, y sin embargo me sentí una mierda los primeros dos días más o menos.

    —Espera, ¿quieres decir que esto va a durar dos días?

    Sonreí. —Quizás más.

    Ella se encogió y negó con la cabeza. —No estoy segura de poder soportarlo tanto tiempo.

    —Estoy seguro de que no será tan malo una vez que salgamos de esta habitación.

    —Lo sé, estoy tan aburrida y cansada… ¿qué hora es?”

    —Casi medianoche.

    —Maldición. Y todavía hace tanto calor —dijo, dejando el vaso en la mesita de su lado.

    —Me estoy planteando tomar otra ducha. —pensé en voz alta.

    —¿Qué te impide hacerlo?

    Saludé la oscuridad que nos rodeaba. —No hay luz allí. Tendría que dejar la puerta abierta.

    Mamá se rio. —¿Eso es un problema? Como dijiste, no hay luz allí, no puedo ver nada. No hay nada de qué preocuparse. Y ahora que me tienes pensando en eso, sí, voy a tomar una también. ¿Quieres ir primero?

    —No, por favor, adelante —le dije, un poco avergonzado. Mi polla estaba inexplicablemente dura y no quería que ella se diera cuenta. Por experiencia, he descubierto que la diferencia horaria está bien cuando es inferior a siete horas. Todo lo anterior significa estar completamente desincronizado: sentirse somnoliento en medio del día, irse a la cama temprano en la noche y estar bien despierto dos horas después… y tener algunos impulsos extraños en momentos extraños, ya sea un repentino ataque de hambre o una furiosa erección. Ese fue mi caso en ese mismo momento.

    Mamá se puso de pie y se dirigió hacia la puerta del baño cuando se escuchó un fuerte ruido proveniente del exterior. Se acercó a la ventana y rápidamente me uní a ella. En el techo del edificio al otro lado de la calle, una gran valla publicitaria ondeaba al viento, y solo quedaba un poste de acero que la sostenía en su lugar. Y luego, justo ante nuestros ojos, ese poste de acero se rompió y la valla publicitaria se rompió y se derrumbó. —¿Viste … viste eso? —Pregunté, aturdido por la violencia de la tormenta. Supongo que no habíamos llegado a comprender realmente lo que significaba una “advertencia de tifón”, y nos acababan de demostrar la pura realidad. Mamá se acercó a mí y yo envolví protectoramente mi brazo sobre su hombro. Se acurrucó contra mí, mientras intentábamos mirar hacia abajo al daño que la tormenta había hecho en la calle. El contacto de su piel contra la mía, su hombro desnudo, su cadera, su muslo, de repente hizo que la situación fuera bastante incómoda para mí. Me alejé, probablemente un poco más rápido de lo que pretendía, y ella me miró preocupada.

    —¿Todo bien?

    —Sí, es solo… —Dudé, buscando una excusa, y le expliqué: —ya sabes, un poco pegajoso por el sudor, y…

    Ella sonrió y dijo: —Sí, y habíamos estado hablando de duchas justo antes. Está bien, déjame ir primero, intentaré ser rápida—. Puse los ojos en blanco, sabiendo que eso era tan poco común, y ella lo entendió. —Lo prometo, esta vez.

    —Está bien —levanté las manos y volví a sentarme en la cama, mientras ella se quitaba la camiseta y las bragas en el baño. Apenas pude distinguir el contorno de su cuerpo, lleno de hermosas curvas. Sus pechos siempre habían sido majestuosos, y la mayor parte de mi adolescencia la había pasado fantaseando con ellos o escuchando a mis amigos fantasear con ellos. Pero eso había sido hace años, y ya lo había superado, al menos, me gustaba pensar que sí. Con cuidado de no ser sorprendido en el acto de comer con los ojos a mi propia madre, volví mis ojos hacia el paisaje urbano azotado por la tormenta fuera de la ventana, mientras el agua comenzaba a correr.

    Mamá demostró que estaba equivocado, ya que probablemente no pasaron mucho más de un par de minutos antes de que escuché el agua detenerse, seguido de algún movimiento en el pequeño baño. Mamá llegó a la puerta, secándose. —Tu turno.

    Entré, me bajé los calzoncillos y me metí en la ducha. Teniendo en cuenta lo oscura que estaba la habitación (y, probablemente, toda la ciudad), fue agradable poder enjuagar todo el sudor acumulado, pero no me quedé demasiado tiempo. Agarré una toalla, me sequé un poco y salí a la habitación, con la toalla alrededor de mi cintura. Me senté en la cama, dejando escapar un suspiro de placer.

    —¿Se siente bien, eh? —preguntó mamá.

    —Demonios, sí —respondí con entusiasmo. —Lástima que el efecto no durará…

    —Lo sé —negó con la cabeza.— Casi me tienta a…

    —¿A qué?”

    —Solo la idea de volver a ponerme esa cosa —(sostenía su camiseta sin mangas con el brazo extendido)— está todo húmedo, y… está bien, seamos adultos. Esto (indicando la camiseta sin mangas) es incómodo, y dado que solo estamos nosotros dos aquí, no me la pondré.

    —Oh, está bien —dije, un poco sorprendido por el hecho de que mi madre iba a estar en topless a mi alrededor, y agarré mis calzoncillos para volver a ponérmelos.

    —Oye, si a ti te molesta la ropa interior no te a pongas.

    Me sobresalté. —¿Estás segura?

    —Por supuesto que estoy segura. ¡Vamos, no estés tan tenso! Si alguien llama a la puerta, nos pondremos algo antes de abrir. Sé que toda esta situación no es fácil de manejar, así que vamos.

    Miramos hacia la ventana cuando otra violenta ráfaga de viento nos hizo vibrar, mientras el aguacero continuaba. —Bueno, menos mal que estamos refugiados —dijo mamá.

    Asentí y luego reprimí un bostezo. —Odio estar bien despierto y súper cansado al mismo tiempo —.Suspiré y me recosté en la cama, mis pies colgando sobre el borde, la toalla todavía envuelta alrededor de mi cintura. Mamá se dirigió a la puerta del baño, se quitó la toalla y la colgó dentro, antes de regresar para acostarse en la cama a mi lado.

    Había algo extrañamente sensual en la forma en que la luz del exterior jugaba en su piel, y sus pechos eran como siempre impresionantes. Durante mi adolescencia, mis amigos me habían molestado preguntándome repetidamente su tamaño de copa, y finalmente me había colado en su habitación para comprobarlo. La etiqueta decía “38GG”, pero para ser honesto, eso había sido más interesante para ellos que para mí, ya que podía presenciar su majestuosidad a diario. Incluso hoy, ella me parecía una diosa.

    —Vamos, no seas tímido —dijo.

    Negué con la cabeza y acepté lo inevitable. Caminé hacia el baño y seguí su ejemplo, dejando que la toalla se secara adentro. Regresé y me acosté en la cama; afortunadamente, mi pene, aunque hinchado, no estaba demasiado erecto.

    —Eso está mucho mejor —sonrió mamá. “

    Me sorprendió el cambio de tema, pero respondí con total naturalidad: —Sí, un poco.

    —Se nota. Te ves genial —dijo.— Las chicas deben estar locas por ti.

    —Ojalá…

    —¿En serio? Quiero decir, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que rompiste con Mary, cuatro meses?

    —Más o menos.

    —No hay necesidad de insistir, tienes que seguir adelante. ¡Todavía eres joven, hay muchos peces en el mar!

    —Ja, ja. Gracias, mamá. Pero no es tan simple como eso. No quiero… quiero decir, tiene que significar algo, ¿sabes?

    —No siempre. Tienes tiempo para eso, también puedes divertirte y no tomarte las cosas demasiado en serio. Siempre que te asegures de no correr riesgos innecesarios. No hay nada de malo en buscar algo de placer sin más.

    —Hm, no sé…

    —¿Eso es un problema?

    —No en realidad no.

    —Esa no es una respuesta muy segura. Escúchame, ¿cómo te fue con Mary?

    —Regular, supongo.

    —Ouch. ¿Alguna idea de por qué?

    —Nosotros… tuvimos un montón de peleas al respecto.

    Ella se mordió el labio. —Eso no suena bien. ¿Cuál fue el problema?

    —Había algunas cosas que no le gustaban hacer y…

    —… ¿y tú las querías?

    —Si algo como así.

    —¿Fue algo fuera de lo común, no es que quiera que me lo digas específicamente, sino en general?

    —No lo creo.

    —¿Estás seguro?

    Ella se rio entre dientes. —Entonces, ¿ella no quería…?”

    —No en general. Lo hacíamos sólo de vez en cuando, cuando tenía ganas de intentar…

    —¿Eres curioso en la cama?, si esa no es una pregunta demasiado personal de tu mamá

    —Sí. Quiero decir, me gustaba bromear diciendo que el 69 era mi número favorito —.Mamá sonrió ante ese comentario y continué.— Pero no sé, a ella no le gustaba. Y ese también fue el caso con mis novias anteriores, y de alguna manera, puedo entenderlo…

    —Su pérdida —mamá me interrumpió inesperadamente.— No saben lo que se están perdiendo. Recuerdo la primera vez que lo hice, lo poderoso que fue sentirlo de esa manera.

    Su voz se apagó y pareció perdida en sus pensamientos por un momento. —De todos modos —los hizo a un lado, volviendo al presente y brindándome una hermosa sonrisa. Se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.

    —Entonces, ¿qué estabas diciendo sobre Mary? —preguntó ella, rompiendo el hechizo.

    Probablemente debería haberme sorprendido un poco por la elección de palabras de mamá, pero mi cerebro estaba aturdido. El alcohol y el cansancio nunca sacan lo mejor de nosotros. Me senté en la cama con las piernas cruzadas y la espalda contra la pared. Ella permaneció acostada de lado, e hice lo mejor que pude para no mirar demasiado sus curvas. Encogiéndome de hombros, respondí: —Oh, ella pensó que era repugnante, desordenado y degradante también. Definitivamente no era de su agrado.

    —¿Tenía algún interés en el sexo? Porque la mayor parte del sexo suele ser desordenado.

    —Lo sé, pero ella normalmente estaba a favor, ¿diría yo? No adversa, pero tampoco loca por eso. Y realmente su mayor negación fue con las mamadas. Incluso dijo una vez que el sabor del semen, ya sabes, la asqueaba.

    —¿De verdad?

    Fue su turno de sentarse, imitando mi pose.

    —Eso es lo que ella dijo. Y estaba muy incómoda con eso, eso es seguro. Y también hubo algunos momentos muy incómodos, por eso, o eso dijo.

    Mamá se rio, tomó la única botella que quedaba del minibar (Ginebra, desafortunadamente) y me sirvió un generoso vaso antes de hacer lo mismo con ella. Hizo un brindis y sonrió.

    —Vamos cuéntame.

    Tomé una respiración profunda. —Bueno, no hay mucho que contar. Fue el verano pasado, cuando fuimos a la playa el fin de semana, ¿recuerdas? Tom y Jess también estaban allí, y Mike y Shelly y algunos amigos suyos, habíamos alquilado una gran casa, de todos modos. Una noche, alguien sugirió que hiciéramos perritos calientes, todos tomaron una copa o tres, y cuando se trata de cocinar las salchichas, el tiempo se volvió muy relativo, lo que significa que las salchichas puede ir de estar bastante poco cocidas hasta casi carbonizadas.

    —Espera, ¿tu historia involucra algo de sexo?”

    —Estoy llegando. Así que tenemos un par de perritos calientes, y vamos a la playa, y somos Mary y yo y nos ponemos un poco juguetones, ¿sabes? Y una cosa conduce a la otra, llegamos al punto donde está mi mano en sus bragas, y mis pantalones están desabrochados, y ella decide que esta vez, va a hacer un esfuerzo y bueno, darme una mamada…

    —Veo un ‘pero’ que viene…

    —No, lo intentó. Durante unos dos minutos, y luego, de repente, hace un ruido extraño, se da la vuelta y vomita por toda la arena. Como puedes imaginar, por supuesto, estaba un poco frustrado, pero sobre todo estaba preocupado por ella, así que volvimos a casa y traté de ayudarla a mejorar. Sin embargo, no recuerdo que nos divirtiéramos después de ese fin de semana.

    —Guau.

    —Tuve algunos dolores de estómago esa noche, así que estoy bastante seguro de que fueron los perritos calientes. Traté de dejar ese punto cuando el tema volvió a surgir más tarde, pero ella no quiso escuchar nada al respecto, y desde ese momento no más mamadas “.

    Mamá negó con la cabeza. —Bueno, cariño, hiciste bien en terminarlo, ¿o ella? No contestes eso, no me importa —dijo con un gesto de la mano.—De esta manera eres libre de encontrar una mujer que te apreciará y que te dará todo el placer que quieras —.Ella se rio y se estiró, y admiré la plenitud de sus pechos mientras lo hacía, mis ojos volvieron a subir cuando miró en mi dirección.— ¿Quieres escuchar una de mis historias? (Y sin esperar mi respuesta, continuó, después de tomar un generoso bocado de ginebra). Eso fue hace mucho tiempo, antes de conocer a tu padre. Estaba con este chico… ¿cómo se llamaba?… ah sí, Pedro, que era un chico dulce, y estábamos de viaje en el sur. Nos habían invitado a cenar unos amigos que se estaban quedando en la zona, y habíamos tenido una agradable velada, aunque bebí un poco más de lo razonable. Estábamos alojados en un campamento y teníamos como media hora en coche para volver allí. Así que estamos en esta gran avenida, y hay palmeras a un lado y autos estacionados al otro y es un poco más de medianoche y no hay nadie a la vista. Nos detenemos en un semáforo en rojo y tengo esta repentina necesidad de burlarme de él. Llevo un vestido ligero de verano, no demasiado largo, así que levanto un poco el dobladillo, luego un poco más, y decido quitarme las bragas.

    Supongo que mis ojos se agrandaron en ese momento, porque mamá sonrió y se puso un poco a la defensiva: —Oye, las chicas también deben divertirse. Deja de pensar que soy una especie de flor frágil, esto ya no es la época victoriana.

    —Está bien, está bien. Es sólo que este es un lado de ti que nunca había imaginado que existiera.

    —Oh, no tienes idea —se rio entre dientes.— ¿Dónde estaba? Oh, sí, me quito las bragas y empiezo a jugar conmigo misma, y él se ve y se sonroja y sé que está caliente. Pero la luz se pone verde y hay un auto detrás de nosotros, así que él sigue adelante, el auto nos adelanta, y él sigue mirándome y yo sigo jugando conmigo misma. Pero quiero algo más, y empiezo a desabrochar los botones de sus pantalones, y cuando paramos en otra luz roja, le saco la polla y empiezo a jugar con él, y lo está volviendo loco, tanto que cuando el semáforo se pone en verde, conduce solo unos metros antes de estacionar el auto a un lado, es una cosa tan espontánea que un auto nos toca la bocina porque tiene que virar bruscamente para pasar junto a nosotros. Ahora, el auto está detenido, todavía estamos en las afueras de la ciudad. Mucha luz viene de las farolas, pero no me importa, lo quiero y salto sobre él y empiezo a hacerle una mamada. Y le gusta, yo sé que le gusta, porque sus manos están sobre mí, en mi escote, entre mis piernas…

    Pero hay otro auto que toca la bocina al pasar, y luego otro, porque está estacionado con prisa y no ha apagado el motor, así que ven que hay alguien allí. Y cuando un tercer coche vuelve a tocar la bocina, se asusta y me empuja. Promete que terminaremos cuando lleguemos al campamento, ya que es demasiado peligroso. Así que vuelve a meterse la polla en los pantalones, me pongo de mal humor en mi rincón y nos alejamos de nuevo. El único problema es que hacemos un mal giro y nos perdemos, él se estresa y tenemos palabras, y cuando finalmente llegamos al campamento después de probablemente una hora, el momento se ha ido y nos vamos a dormir. Las cosas no mejoran en los próximos días y rompimos tan pronto como regresamos a casa. Bueno, rompí, él era demasiado bueno para hacerlo él mismo.

    —Entonces, para que quede claro: ¿rompiste con él porque no te dejó chuparle la polla?”

    Ella rio. —No es la única razón, pero supongo que contribuyó un poco a todo. Lo haces sonar tan mal…

    —No, en absoluto, es sólo que ya sabes, considerando mi propia experiencia, eso suena así… Quiero decir, si eso me pasara a mí, ciertamente no le diría que se detuviera —.De repente me di cuenta de lo que acababa de decir y rápidamente traté de corregirme.— Eso no es exactamente lo que quise decir, por supuesto…

    —Oh, creo que eso es exactamente lo que quisiste decir, Chris —dijo mamá, volviéndose hacia un lado para estirar las piernas.

    Comencé a tartamudear y murmurar al mismo tiempo, mientras me sonrojaba profusamente. Ella se rio entre dientes y negó con la cabeza: —Nene, nene, eres tan fácil de incomodar.

    —Jaja muy graciosa.

    —¿Qué pasó con tu sentido del humor?

    —Creo que lo dejé en mi maleta, por lo que probablemente esté en algún lugar por encima de Malasia en este momento. Al menos nuestro equipaje está llegando con seguridad a su destino.

    Ella rio. —Oh, tengo otra historia, ¿quieres escucharla?

    —¿Otra historia de sexo de terror?

    Se acostó de costado, apoyada en un codo, frente a mí. De nuevo, unas curvas maravillosas tentaban a mis ojos, pero traté de no mirar.

    —Algo así, sí. Así que estoy con este chico, nos conocemos desde hace mucho tiempo y somos muy buenos amigos, ¿sabes? Él es muy especial para mí y lo pasamos muy bien juntos. Y nos vamos de viaje juntos, divirtiéndonos, pero luego hay una tormenta y tenemos que parar a pasar la noche. Conseguimos una habitación en un hotel, para esperar a que pase la tormenta. Estamos esperando nuestro momento y pensando que hacer excepto esperar. Tomamos una copa o dos, empiezo a sentirme muy caliente y él se ve caliente, y mi mente comienza a llenarse con todas las cosas malas que me gustaría hacerle…

    —Y él decide decirte que es gay?

    —Oh, no, sé que no lo es. Estamos lo suficientemente cerca como para que me haya dicho cuando tuvo problemas con las chicas, así que no, no es gay.

    —Pero él… ¿no hace nada?

    —Exactamente. Yo quiero, pero no capta la indirecta “.

    —¿Qué tiene él, es ciego?

    —No, no eres ciego —sonrió.— Eres un inútil para captar una indirecta.

    La miré estupefacto. —Tú… no puedes hablar en serio —murmuré, y ella se rio entre dientes.

    —No, solo te estaba tomando el pelo. Aunque espero que conozcas a una mujer que felizmente se baje y que te deje correrte en su boca y que lo disfrutes. Porque es muy divertido, y te lo mereces.

    —¿Realmente existen? —Me desesperé.

    —¡Por supuesto que sí! Y créeme, si fueras mi hijo, yo… no, si tú no fueras mi hijo, se corrigió apresuradamente —estaría más que feliz de demostrártelo.

    Me reí. —Freud tendría un día de estudio con nosotros, eso es seguro.

    Me senté, con la espalda apoyada contra la pared, y tomé un sorbo del vaso de ginebra que estaba en la mesita de noche antes de entregárselo a mamá, quien también se sentó y se detuvo a medio gesto, sus ojos mirando mi entrepierna. Iluminada por el resplandor de los neones afuera, mi polla estaba claramente erecta, la cabeza brillando con líquido preseminal. Ella sonrió y tomó el vaso, señalando: —Freud probablemente tendría mucho que decir al respecto.

    Traté de tomarlo a la ligera y me encogí de hombros. —¿Cómo se supone que voy a estar hablando de ese tipo de cosas sin reaccionar? Incluso si es con mi madre.

    —Te estoy tomando el pelo, cariño. Sé exactamente cómo te sientes. Pero es cierto, no es eso obvio con las mujeres —dijo con un guiño descarado. Enarqué una ceja, la curiosidad se despertó.

    —¿Oh en serio?

    —Hm hm —dijo. Me sobresalté y luego sacudí la cabeza con incredulidad. —Oh, ya veo. Me estás tomando el pelo…

    —Por supuesto que no —respondió de inmediato, y deslizando su mano entre sus muslos, levantó dos dedos claramente cubiertos con sus jugos.— No hay nada de broma —Debe haber sido una combinación del jet-lag, la ginebra y la narración de historias, pero lo siguiente que supe fue que tenía la muñeca de mi mamá en mi mano y mi lengua pasaba por sus dedos mojados. Sus ojos estaban sobre mí, ardiendo con un hambre que probablemente se hacía eco de la mía. De mala gana solté sus dedos y ella se mordió el labio inferior. Luego, lentamente, bajé mi mano y comencé a frotar mi polla, untando el líquido preseminal por toda la punta. Levanté mi mano y la miré mientras me chupaba los dedos, cerraba los ojos y dejaba escapar un pequeño gemido. Una de sus manos estaba sobre su pecho, tirando de un pezón muy tenso. Abrió los ojos y me miró.

    —¿Estás absolutamente seguro? —Ella susurró.

    —Mamá… —respondí.

    No había nada más que decir. Nos movimos al mismo tiempo, terminando frente a frente, arrodillados en el centro de la cama. Nos besamos, saboreando nuestros jugos mezclados en nuestras lenguas, nuestros cuerpos presionados juntos, lujuria en nuestros ojos. Y luego, nos acostamos en la cama, su mano ya en mi polla, su boca se zambulló hacia ella, mis manos agarraron sus caderas mientras hundía mi cabeza entre sus muslos. Me envolvió vorazmente, llevándome profundo, justo cuando yo estaba besando su coño tan apasionadamente como la había estado besando unos segundos antes, mi lengua se movía entre sus labios. Caímos hasta que ella estuvo encima de mí, su cuerpo completamente presionado contra el mío, el peso de sus increíbles pechos en mi estómago, mis manos en su trasero, extendiéndola para que mi lengua pudiera explorarla más profundamente. La habitación se llenó de ruidos húmedos y gemidos de placer.

    Moví mi boca hacia su clítoris, provocándolo con la punta de mi lengua y deslizando un dedo en ella, sintiéndola abrirse como una flor. Pronto tuve dos dedos en el fondo, y pude sentirla apretando a mi alrededor. De repente dejó de chupar mi polla, dejando escapar un muy animal “oh nena”, su cuerpo temblaba cuando fue superada por un primer clímax, la suave calidez de su mejilla contra mi eje. Deslicé mis dedos y volví a besar su coño, y fue mi turno de gemir mientras ella me envolvía dentro de su boca. “Oh mamá,” jadeé, sus manos en mi trasero empujándome más profundamente en su garganta. Estaba tratando de resistir tanto como pude –años de costumbre con mis ex novias advirtiéndome que no me corriera– y terminé protestando: “Oooh, eso es demasiado, por favor, no podré…” provocándolo con la punta de mi lengua, y deslizando un dedo en ella, sintiéndola abrirse como una flor. Mamá dejó de chupar y se liberó de nuestros cuerpos enredados. Se puso de pie al lado de la cama y me indicó que me acercara. Luego, mirándome directamente a los ojos, dijo: —Cariño, no quiero que te detengas. Quiero que te corras en mi boca. Quiero probarte y tragarte. Quiero que me alimentes. ¿Entendido?

    Tratando de recuperar el aliento, asentí y tartamudeé. —Entiendo.

    —Dilo.

    —¿Qué?

    —¿Dónde quieres correrte?

    —Yo… yo quiero correrme en tu boca, mamá.

    —Si bebé.

    —Quiero alimentarte, mamá.

    Se sentó en el borde de la cama y avanzó los hombros, las manos bajo sus magníficos pechos. —Aliméntame, bebé.

    Di un paso adelante, y mientras deslizaba mi polla en su lengua esperando, ella gimió, sus ojos clavados en los míos. Su boca se cerró con fuerza a mi alrededor, y puso sus manos en mi trasero, guiándome hacia adentro. Comencé a mover mis caderas, sus gemidos me animaban, sus ojos llenos de lujuria. Sentí el semen subiendo por mis bolas —Mamá, me voy a correr —dije, y ella asintió.— Me voy a correr en tu boca —repetí, y ella gimió de nuevo, sus manos empujándome hacia afuera y tirando de mí hacia adentro.

    Sabía que ella lo quería, y yo lo quería, y no había forma de que me resistiera más. —¡Mamá, me estoy corriendo! —Gruñí y mi polla explotó en su lengua. Una y otra vez, cada vez que me tiraba profundamente, mis gritos ahogados de placer se hicieron eco de sus gemidos mientras disparaba mi semilla en su boca. Creo que nunca había tenido un clímax tan intenso, y pronto algo de mi semen goteó por la esquina de sus labios hasta su barbilla. Sin embargo, no soltó mi polla hasta que estuve completamente agotado, ordeñando las últimas gotas con su mano y dejándome mareado y con las piernas dobladas debajo de mí.

    Di un paso atrás y me apoyé contra la ventana, asimilando esta increíble escena. Mamá me estaba mirando, sonriendo y abrió la boca para dejarme ver mi semen en su lengua. Sus ojos se clavaron en los míos, tragó muy deliberadamente. Comenzó a recoger el semen que le había goteado por la barbilla y los senos con los dedos, haciendo una demostración de lamiendo hasta dejarlos limpios. —Gracias por alimentarme, tenía tanta hambre.

    Me senté pesadamente en la cama, tratando de recuperar el aliento. Mamá me lanzó otra sonrisa y me preguntó: —¿Era eso lo que necesitabas? —Negué con la cabeza con incredulidad.— Eso fue tan intenso —logré decir, a lo que ella simplemente respondió:— Bien, así debe ser.

    Se sentó en la cama a mi lado y me abrazó más fuerte, poniendo su cabeza en mi hombro. Nos quedamos así mucho tiempo, el silencio de la habitación solo perturbado por el viento aullante del exterior. Finalmente rompió el momento con un gran bostezo, que nos hizo reír. Negando con la cabeza, traté de ser razonable y le dije: —Intentemos dormir un poco, mamá. Estamos agotados.

    Me desperté con un zumbido persistente y tardé unos segundos en darme cuenta de que era el teléfono que sonaba junto a la cama. Agarré el auricular y murmuré algo que se parecía vagamente a un “sí”. En el otro extremo de la línea, una dama coreana muy entusiasta que estaba demasiado alegre para lo que parecía ser la mitad de la noche, pero a juzgar por la luz que venía del exterior, definitivamente ya era de mañana.

    Conseguí que se repitiera unas cuantas veces, pero finalmente logré reconstruir lo que tenía que decir, mientras mamá salía del sueño y me miraba con ojos somnolientos pero curiosos. Colgué y expliqué: —Está bien, parece que el tifón ha sido degradado, nos consiguieron algunos asientos en el próximo vuelo y están enviando un transporte para llevarnos allí en unos… 45 minutos.

    Bostecé y me levanté para ir a mirar por la ventana. La lluvia seguía cayendo, pero el viento se había calmado y la luz que venía del baño indicaba claramente que había vuelto a encender la luz. Ah, y el aire acondicionado también había vuelto, y la temperatura en la habitación se había vuelto casi soportable.

    Miré a mamá (que todavía estaba enredada en las sábanas) y le pregunté: —¿Cómo te sientes?

    Ella me lanzó una sonrisa y dijo: —Lejos de mi mejor momento, pero mejor, para ser honesta. Supongo que lo necesitaba.

    Dudé en hacer esa pregunta candente, pero ella se dio cuenta y continuó riendo. —Estaba hablando del sueño, tonto. —Me sonrojé de un rojo brillante y me volví hacia la ventana, sintiéndome muy vulnerable de repente. Escuché un movimiento detrás de mí y pronto ella estaba abrazándome por detrás, el contacto de nuestras pieles envió un escalofrío a mi polla, que ya estaba medio dura por un caso bastante normal de madera matutina.

    Con sus labios cerca de mi oído, dijo en voz baja: —Y estoy bien con la otra cosa también. Creo que lo necesitaba, casi tanto como tú —reflexionó— pero tienes que entender que eso es… Quiero decir, lo que pasa en Seúl se queda en Seúl.

    Asentí con la cabeza, mi corazón pesado. Ella suspiró: “Estábamos en el ojo de la tormenta y…”. Se apagó y fue mi turno de suspirar. Me abrazó más fuerte antes de soltarme. Me volví hacia ella, la tomé en mis brazos y mi boca buscó la de ella. Parecía que negaría con la cabeza para protestar, pero tan pronto como nuestros labios se tocaron, cerró los ojos y su cuerpo se relajó. Compartimos un beso apasionado, mi polla se encabritó completamente contra su muslo, una de mis manos agarró uno de sus pechos y sintió que el pezón se endurecía.

    Cuando regresamos a tomar aire, ella negó con la cabeza, sus ojos en los míos, susurrando: —Bebé, no deberíamos —una de mis manos agarrando uno de sus pechos y sintiendo el pezón endurecerse.

    —Mamá, todavía estamos en Seúl.

    Ella sonrió, sacudiendo la cabeza con fingida incredulidad ahora, y me empujó sobre la cama. Me acosté de espaldas y ella se subió a la cama a mi lado, y todavía a cuatro patas, comenzó a acariciar mi polla con la mano y a besar suavemente mi polla haciendo nuevamente un 69. Agarré un pecho pesado con una mano y comencé a acariciar su trasero con la otra, avanzando poco a poco hacia su coño. Cerró los ojos y se mordió el labio inferior cuando mis dedos encontraron su camino entre sus labios, encontrando su humedad.

    Ella me miró, un deseo ardiente en sus ojos, y asentí. —Te voy a dar de comer —le dije muy claramente. Ella sonrió: —Me muero de hambre —Y me envolvió vorazmente. Comencé a tocarla con fuerza y profundidad, pero no estaba del todo satisfecho con nuestra posición. Me moví, mamá protestó cuando mi polla salió de su boca. La tenía acostada de lado frente a mí mientras me arrodillaba encima de la cama. Empujé mi polla entre sus labios, y ahora mis manos tenían un acceso más fácil a sus pechos y coño (especialmente desde que ella me animó abriendo sus muslos ampliamente). Observé esta maravillosa vista y solté: —Dios, mamá, eres hermosa—. Ella sonrió alrededor de mi polla y continuó chupándome profundamente, y un gemido de placer se me escapó. Comencé a mover mis caderas, mi polla se deslizó entre sus labios apretados, mis dedos empujaron dentro de ella, el pulgar en su clítoris. Podía sentir su coño apretarse, y en un momento su cuerpo comenzó a temblar cuando llegó al clímax. Me estaba acercando mucho y ella lo sabía. Me miró con una pregunta en sus ojos. —Sí mamá, me voy a correr en tu boca—, le respondí resueltamente, y ella gimió alrededor de mi polla. La vista de mi eje duro deslizándose entre sus labios fue fascinante para mí; no podía creer que eso estuviera sucediendo, y sin embargo, los sonidos de nuestro placer mixto no dejaban ninguna duda de cuánto lo estábamos disfrutando. No pude resistirme más y solté un “¡Oh mamá!” Eso fue mitad grito, mitad gruñido, me fui al límite. Mi cuerpo se tensó cuando el primer chorro golpeó su garganta, pero ella siguió succionándome hacia adentro y hacia afuera, ordeñándome con su boca, continuando incluso después de que me agotara, mi polla cubierta con una mezcla de su saliva y algo de mi semen escapado. Lo soltó, solo para apoyarse sobre su codo y sujetándolo en su mano para lamerlo, su lengua cubierta con mi leche. Finalmente, ella me miró, tragó lentamente antes de lamerse los labios.

    Nos acurrucamos en la cama, mi brazo alrededor de ella, su cabeza en mi hombro.

    —Wow, mamá. Simplemente wow.

    Ella sonrió. —Estoy tan contenta de haber podido hacerte experimentar eso, bebé.

    —Fue simplemente…alucinante, mamá. Pero… ¿tú, te has…?”

    —¿Corrido? Lo hice, un poco.

    —Oh, lo siento, yo…

    —Shhh, bebé. Está bien. Me complace tu placer.

    Yo dudé. —¿Estás segura?

    —Definitivamente. ¿De verdad pensarías que me gustarían tanto las mamadas si no sacara nada de ellas?

    —No-no lo sé. Esto es muy nuevo para mí…

    Ella rio. —Para los dos, bebé.— Me sonrojé y comencé a tartamudear. —Oh, vamos, Cris, está bien. Piénsalo de esa manera: ayer, ambos estábamos con jetlag, borrachos y cachondos. No es de extrañar que las cosas terminen sucediendo como lo hicieron.

    —Hm, seguro. Pero ¿qué pasa hoy?

    —Hoy, ambos estuvimos muy cachondos. ¿Dónde está el daño en eso?

    Negué con la cabeza, sonriendo. Estaba a punto de decir algo cuando el teléfono volvió a sonar. Lo recogí y la misma dama coreana entusiasta me informó que el transporte nos estaba esperando abajo y que saldría en diez minutos. Mamá y yo intercambiamos una mirada. Y luego, se desató el infierno.

    Afortunadamente, no había muchas cosas que guardar una vez que nos vestimos apresuradamente. Fuimos los últimos pasajeros en llegar al transporte, justo a tiempo, como era obvio por la expresión del rostro del conductor. Apenas tuvimos tiempo de encontrar un asiento antes de que él se lanzara al tráfico en dirección al aeropuerto. Por supuesto, una vez que llegamos allí, tuvimos que esperar nuevamente: pasamos rápidamente por la aduana y terminamos antes de nuestra puerta de embarque con casi una hora de sobra, experimentando el extraño ritmo de parar y correr que a menudo se obtiene cuando intenta tomar un avión. Pero no nos importó, ya que estábamos juntos. En el autobús, cada vez que nuestras miradas se encontraban, sentía un destello de esa simple y pura alegría. Yo la había encontrado y ella me había encontrado a mí. Sin embargo, hubo que resolver algunas cosas y mamá llamó a su hermana para advertirle de nuestra recién programada llegada. Solo pude escuchar la mitad de la conversación, y en algún momento me preocupé un poco. Mamá asentía con la cabeza, diciendo cosas como —oh, eso es lamentable— y —¿estás segura de que estarás bien?— y —no no, no te preocupes, nos las arreglaremos—. Ella notó mi ceño fruncido y negó con la cabeza para tranquilizarme, pero tan pronto como colgó, tuve que preguntarle: —¿Algo anda mal allí?

    Mamá sonrió y explicó: —Más o menos. Tuvieron una gran tormenta allí también, y hubo algunos daños en su lugar. Nada grave, pero hay un par de habitaciones que se han inundado y, en pocas palabras, tendré que compartir una habitación. Y estaba preocupada porque solo hay una cama doble, y no sabía si estaríamos de acuerdo con eso.

    Fue mi turno de sonreír. —Oh, ya veo. ¿Qué vamos a hacer entonces?

    Ella sonrió. —Ya sabes cómo dice el refrán, ¿verdad? ‘Lo que pasa en la habitación, se queda en la habitación’. Y como le dije, estoy seguro de que nos las arreglaremos, cariño.

  • No hay vuelta atrás

    No hay vuelta atrás

    Aquella hora y media había estado dando muchas explicaciones, como tantas veces antes. Todas y cada una tenían sentido y un argumento válido.

    Me miró pacientemente.

    -Basta de decir tonterías- me dijo concluyente. -tú sabes la respuesta y no te quieres dar cuenta. Y lo sabes desde hace muchos años, así que seré yo quien por fin te enfrente con tus miedos y te lo diga abiertamente- Me callé y temblé. Un secreto estaba por revelarse y yo tenía mucho miedo de aceptar lo que sucedería al darme cuenta tan claramente de mi temor más profundo.

    -Tienes un micropene – continuó, – Sí, un miembro diminuto y pequeño. No lo he visto, pero se nota en tu pantalón. Un miembro así nunca complacerá a una mujer, le darás risa, no se te pondrá erecto. Lo sabes y sientes vergüenza por ello. Qué patético: una yegua desnuda queriendo una cabalgada legendaria, para encontrarse con una cosita que no vale la pena y que, si al fin lograra un orgasmo, sería en cuestión de minutos, ¿minutos? Que digo, ¡serían segundos! ¿Te das cuenta de que nunca darás satisfacción a una mujer y que no sentirán nada contigo?

    Temblé ante esa declaración. Cuanta verdad estaba oculta. Siempre lo supe, pero esperaba que no fuera cierto. Cuanta confusión en mi mente. Cuanta frustración. Me quedé en silencio, desesperanzado.

    – Tiene razón- le dije desalentado. -ni siquiera he dado mi primer beso a nadie y no digamos satisfacer sexualmente a alguien y creo que nunca se podrá-

    – ¿Nunca se podrá? – Respondió; y echó a reír abiertamente. – ¿No te has dado cuenta de que hay una mujer que verdaderamente puedes complacer?, ¿a quien puedes darle todos tus deseos y te hará estremecerte? ¿La que pedirá más y mas y serás capaz de darle mucho más que eso?

    Extrañado, pero con esperanza – ¿Pero, quién podría ser ella? – le pregunté.

    Aquel profesor universitario a quien le había tomado confianza en las últimas semanas y había acudido a su casa por ayuda para que me escuchara, me tomó por sorpresa de la mano y no pude oponer resistencia. Me llevó a su cuarto y frente a un armario con espejo de cuerpo entero me detuvo.

    -Cierra los ojos. – Lo hice. Escuché ruidos y me pidió que los abriera.

    Al verme al espejo, me di cuenta de que él colocó un vestido corto frente a mí, de tal manera que parecía que lo tuviera puesto.

    – Esa mujer eres tú. – afirmó solemnemente y yo temblé nervioso, pero no podía quitar la vista de mí mismo, imaginándome con aquel vestido puesto. -Quizá no tengas un miembro para ofrecer. Pero tienes unas piernas hermosas, una cintura fantástica, podemos arreglarte para que muestres unos pechos apetecibles. Tu trasero es redondo y perfecto. Y tu agujero virgen – me apretó las nalgas y metió su dedo medio en la separación de las dos – puedo enseñarte a que te monten de una forma que harás a cualquier macho llegar al cielo.

    Me besó el cuello. Yo estaba desconcertado. Me rompió la camisa con sus manos. Con sus pies me zafó los zapatos. Me arrebató el pantalón y me bajó el calzoncillo violentamente.

    Estaba allí, asustado y desnudo.

    Me dio una nalgada. Dio una vuelta a mi alrededor mirándome. Registró entre el armario y sacó otro vestido acampanado corto blanco de flores, una peluca color castaño y larga y unas sandalias de tacón alto doradas de pata de gallo sin talón. Me dijo -En el armario encontrarás maquillaje y una rasuradora. Llegó el día: Después de hoy no hay vuelta atrás, serás una verdadera mujer. Tienes 20 minutos.

    Salió de la habitación. Me quedé viendo mi desnudez. Aquel miembro diminuto y vergonzoso. Mi piel blanca de porcelana y mi silueta delicada y sí, muy femenina. Tragué saliva. -Tiene razón- me dije – si no puedo gozar siendo el hombre que puedo, seré la mujer que todos quieren.

    Así fue. En 20 minutos estaba listo como toda una mujer. El vestido y las sandalias me hacían ver perfecta. Mi piel había quedado suave en todo mi cuerpo gracias a la depilación; y el maquillaje discreto en rostro, ojos y labios me daba un toque de inocencia.

    Salí de cuarto libre, dejando atrás todo miedo cultivado por años de frustraciones.

    Era verano y hacia calor, pero el viento me sopaba los muslos, los pies en las sandalias, que a cada paso rebotaban dando golpes en mis talones producían un ruido placentero que me dio una sensación mas femenina. Había encontrado unos aretes de presión hermosos y me había colocado un moño con cinta en la peluca.

    Mi profesor me vio y me acerqué a él que estaba grabándome con su teléfono. No dijo palabra. Guardó su teléfono, me tomó de la mano y me condujo hacia la puerta de salida.

    -¿Qué está haciendo?- le pregunté.

    -Luciéndote- me respondió. – Te voy a presumir-. Me dio unas gafas oscuras y salimos de su casa. Yo temblaba. Pero el aire de la calle que soplaba mi entrepierna me dio valor. Caminamos una cuadra y llegamos a otro edificio de apartamentos, subimos por el elevador, bajo la mirada curiosa y excitada de la gente que nos encontramos.

    Llegamos a un apartamento y tocó la puerta. ¡Era otro de los profesores de la universidad!

    -Hola-, dijo – te presento a ¿cómo dijiste que te llamabas? – me cuestionó

    Sabía lo que yo tenía que hacer, no había vuelta atrás – Genoveva-, dije, adoptando una actitud seductora.

    Aquel otro profesor nos hizo pasar a su casa. Se sentaron ambos en un sillón.

    -Baila para nosotros- me ordenaron, encendiendo el viejo estéreo con música incitadora.

    Mi mente estaba enajenada y comencé a bailar acariciando mi cuerpo. No traía tangas ni sostén, solo el vestido y las sandalias. Mis movimientos eran cada vez más calientes.

    De pronto, uno de ellos se levantó y me tiró al sillón donde estaba el otro, quien bajándose su pantalón mostró aquel bello y ejemplar miembro y tomándome de la cabeza me condujo a él. Inconscientemente comencé a mamarlo y chuparlo. Nada en aquel momento era racional, solo pasión y emoción.

    El que estaba atrás de mi me levantó el vestido y comenzó a lamer las nalgas pasando su lengua por mi raya y ano. Levanté mi culo ofreciéndolo.

    -Te voy a desflorar el agujero nenita-. Me dijo untándose saliva en su verga, que también estaba de un tamaño considerable.

    – Se lo suplico, por favor- le imploré – Hágame mujer, quiero ser toda una hembra montada por un semental-, le dije mientras continuaba mamando aquel bello ejemplar.

    Sentí un dolor intenso. Su miembro se abría camino por mi agujero virgen con mucha dificultad, pero me forzó hasta metérmelo todo adentro. Gemí, lloré por el dolor y me dio una nalgada.

    Siguió bombeándome y con cada empujón dentro de mí, me provocaba que tragara mas adentro de mi garganta el miembro del otro. Me dio un par de nalgadas más.

    Comencé a gritar de dolor y placer. Nunca me imaginé tener sexo y hoy dos hombres me daban verga por la boca y por el culo, haciendo de mi una mujer completa.

    Cambiamos papeles, dejé de mamar y me senté sobre el pito que tenía mi saliva, cabalgándolo. El otro, que tenía sabor a mi ahora estaba en mi boca y lo mamé por un buen tiempo.

    De pronto, cambiamos de posición sin que me sacara el miembro de mi agujero. Ahora él estaba debajo de mi, acostado, yo estaba acostado de espadas sobre él, con él adentro. El otro se acostó sobre nosotros, solo que puso su miembro sobre mi boca y me mamó mi micropene que para este entonces simplemente era un accesorio mas que me otorgaba placer, pero mínimo, comparado con sentir dos buenas vergas dentro de mi. Formamos los tres un delicioso sándwich y yo era el jamón.

    Los dos comenzaron a dar metidas de verga mas profunda en mi agujero y en mi boca. Me perdí en mi éxtasis, grité, gemí, lloré, di alaridos diciendo – ¡Más!, ¡qué rico!, ¡Toda! ¡papitos ricos! Y estallé en un orgasmo jamás soñado mientras uno de los profesores me masturbaba apretándome duro el miserable miembro que tengo.

    Por fin la mejor sensación de todas, el postre vino cuando sentí mi boca inundarse de semen caliente, viscoso y abundante, mientras a la vez mi ano recibía lo mismo potentemente. Embarré aquella leche por toda mi cara. Estaba deliciosa.

    Lo he resumido, pero aquel encontrón sexual tomó más de intensas 3 horas dándome dos de las mejores vergas por el culo y garganta que nunca he experimentado.

    Cuando terminamos, estaba totalmente agotado, con mi agujero absolutamente desflorado, punzante por el dolor, pero ardiente de más deseo junto a mi garganta ligosa.

    Me paré, me puse aquellas hermosas sandalias, que torneaban mis pantorrillas y piernas. Los dos profesores se vistieron. Me coloqué el vestido y quien me había llevado a este lugar de pasión, lujuria y deseo me llevó de nuevo a su casa. Entramos a su casa, me llevó a su cuarto y me dio una mudada de su ropa.

    -A tu closet muñequita – me dijo – serás mía cada vez más, solo cuando yo quiera. Ahora vete y regresa la otra semana para mas verga. Veremos si esta otra vez puedes con tres.