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  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 22): Final

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 22): Final

    Cerré los ojos con fuerza cuando escuché, de fondo, que un grupo de mujeres sostenía una “A” en Sol mayor.

    El último día de nuestro viaje, habíamos casi descubierto que en el balcón de nuestro camarote había dos reposeras. Una de ellas sobraba, estaba de más. La otra en cambio, nos vino al pelo.

    Julia me dijo que no importaba lo que pasase al llegar, que ahora le debía una fiesta y que se armaba flor de quilombo si no se la hacía. Todavía entre lágrimas me dijo que quería hacer la fiesta de la chupapija. Sí o sí.

    Y si nunca me había podido negar a los pedidos de mi prima, no iba a empezar justo allí.

    Todo el día estuvo chupándome la verga en esa reposera. Mirando el cielo, el mar del mismo color, y las estrellas luego. Todo el día para tragarse el último guascazo acumulado del viaje.

    A las 00 exactas le llené la boca con semen y un minuto después mi primita preferida dudaba todavía si deglutirlo o seguir saboreándolo un poco más.

    Cuando finalmente se la tragó, se echó a reír. Todavía entre lágrimas por la curiosidad inmensa que tenía sobre mi decisión, pero dejándole un espacio a una sonrisa, me dijo que era la primera vez que se tragaba mi semen directo de la pija. Y pensándolo bien, tenía razón.

    Luego me pidió que le haga la cola. Luego la concha. Que se la chupe. Y que le rompa el culo, después. Que teníamos que aprovechar al máximo las horas que nos quedaban. Y que si no tenía más leche, que la mee. Que algo mío se iba a tragar a cada rato.

    Al final del viaje habíamos llegado a tal punto en dónde solo debía decirle una palabra para lo que quería. “July: Cola”, y la ponía. “July: Concha” y se acomodaba. “July: Boca”, y peteaba sin siquiera responderme.

    Tuve también la precaución de no dejarle centímetro alguno de su cuerpo, sin probar con la lengua. Ella hizo lo mismo. Chupamos cosas que nunca antes y como nunca antes, tuvimos nuestra piel cubierta de saliva.

    Tanto me costaba abrir los ojos, que esa “A” se volvía insoportable. Las minas parecían no soltarla más. Aunque sea una desafinación mínima me habrían calmado la ansiedad. Pero no. Seguían en Sol mayor, mientras yo hacía más y más fuerza con los parpados, porque no las soportaba. Y ni siquiera habían pasado cuatro segundos y 14 milésimas.

    Le conté al paso sobre aquella regla que iba a poner si ella se venía a vivir a mi departamento. Aunque sea por un tiempo, hasta mudarnos de ciudad, de planeta de ser necesario. Pero sea en dónde sea, en la casa sólo se podía andar en bombachita. Cada vez que la puerta se cerraba, la ropa se iba. Y mientras yo disfrutaba de la sensación de paz que me brindaba escuchar mis deseos expresados en palabras, Julia se entusiasmaba de esa forma que tanto me gustaba. Recibía de su rostro otra cuota más de esa paz, que me garantizaba que todo iba a estar bien, si decidía vivir en el pecado del incesto, eventualmente, todo estaría bien.

    Yo no podía dejar de pensar en por qué carajos nos separábamos al ir a buscar las latitas por los bares. Si de todas formas, nos iban a dar una a cada uno. Esos minutos perdidos, por no pensar del todo bien, se volvían oro a medida que cruzábamos el océano hacia nuestro hogar.

    Y, aunque les parezca una locura, tampoco podía quitar de mi mente aquellas figuritas de Boca. Aunque ya ni sabía en dónde estaban. Hasta sospechaba, incluso, que las había tirado en alguna que otra mudanza. Pero significaban mucho más que su forma física. Porque, como les dije, aquello que Julia había hecho por mí, era felicidad.

    Me pidió luego que le acabe en una bombacha, para lamerla en su casa, cada vez que quería. Por si decidía que vivir juntos no era posible. Ingenuamente le ofrecí un bóxer con mucho olor a pito, pero se cagó de risa cuando le dije que le podría dejar un lechazo, o los que llegase a largar, ahí, en vez de su tanga.

    Se rio porque me explicó que una bombachita suya sería mil veces más fácil de disimular entre su ropa. Que nunca nadie iría a sospechar de esa forma que tenía guasca de su primo escondida, para lamer cuando quisiese.

    Aunque la idea era fantástica y me había dejado reflexionando sobre cuántos hombres habrá por el mundo ignorando que sus mujeres tienen semen ajeno escondido de esa manera, yo le pedí una bombacha de ella cuando se ofreció a usar uno de mis bóxers para impregnármelo con sus jugos.

    Se puso aquella del corazón en la concha, y aunque ya estaba sucia, se pajeo conmigo para mojarla entera. Al dármela de recuerdo, no dude en sumarla a mi colección. Oliéndola desesperado le dejé un lechazo en la blanca que ya tenía uno viejo, para que no me olvide.

    Y las minas, entonces, dejaron de sostener la “A” en Sol mayor. Y supe que era tiempo de abrir los ojos. Desde aquel rincón del fondo, vi como mi prima dio el primer paso en la iglesia. Ahora el “Ave María” de Schubert la acompañaba a ella, vestida de ángel y de princesa, hacia el altar.

    Habían pasado dos meses desde la última vez que nos vimos, en aquel puerto de Buenos Aires, al que pensé que nunca jamás me atrevería a pisar de nuevo.

    Sólo habíamos hablado una vez, al otro día, y fue sólo para pedirle su contraseña del mail. Porque entre tanta desolación que sentía aquel día, solamente me calmó un poco la angustia enviarle los quince mil dólares en Bitcoins que el Usuario_PsyExA decía cobrar por esa información que me había cambiado la vida para siempre. Le pedí también que, por favor, retire los videos de Fabián culeando a la pendeja, y para mi sorpresa accedió. Me dijo que a cambio le cuente esta historia, que se la envíe al mail y él mismo se encargaría de subirla, semana a semana. También me devolvió el dinero y me pidió que trabaje para él. Pero en ese primer momento no quise saber nada. Ni sabía quién era, ni que hacía, ni cuanto pagaba. Ni tampoco me hacía bien.

    Y cuando mi alma entera se desgarraba por la duda de saber si había hecho bien en decirle a Julia que lo que debería hacer era pelear por el amor de su vida, ella sólo sonrió, entre lágrimas, sobre la alfombra roja, para contestarme.

    Sus pasos lentos, entre el resto de la gente que la miraba desfilar con tanta emoción, me permitieron verla más cerca cuando pasó a mi altura. Ese rostro era el que tanto, pero tanto me volvía loco. Esa era, realmente, mi prima vestida de novia. Y yo simplemente suspiré relajado, todavía un poco escondido, ante su cara de felicidad.

    Finalmente la misa terminó. Julia volvió a pasar sobre la alfombra, pero esta vez tomada del brazo de Fabián.

    En la entrada de la Iglesia parecían haber hecho una pausa para saludar a los invitados, quienes coordinadamente hacían una fila para desearles felicidad o simplemente darles un beso, mientras un fotógrafo medio pelotudo le ordenaba a mi prima y su esposo cómo pararse, en dónde, cuánto tiempo estar con cada uno para lograr una buena foto.

    Junté valor y me formé en la fila, para volver a verla más cerca. Porque bajo ningún punto de vista podría perderme de desearle todo lo que en verdad quería para ella y su nueva vida. Y porque mi prima estaba hermosa. Aunque careteaba para la gente y cumplía las órdenes del tipo con la cámara, no podía opacar la belleza que tenía en su interior. Y mucho menos conmigo que, bien sabíamos los dos, era su alma gemela. Como ella era la mía.

    El fotógrafo gritó desolado y mi prima rompió el protocolo, al verme. Y digo lo rompió, para mantener la literatura en cierto nivel. Porque en verdad lo hizo mierda. Empujó a vaya a saber a qué tío de Fabián, hasta casi tirarlo al suelo. Pateó, como pudo, con el vestido ajustado, a un pendejo que lloraba, vaya uno a saber por qué. Todo por acercarse a mí. Presa del cariño, me abrazó y se colgó a mi cuello. Ahora lloraba más fuerte, con otro tipo de emoción.

    -Primo. ¡Viniste! – me dijo, cuando pudo hablar.

    Y llorando yo también, como aquella tarde donde Palermo la tocaba adelantado en el monumental para vencer a Perú sobre la hora, bajo una lluvia torrencial, le dije que sí. Que cómo no iba a ir. Y que estaba preciosa.

    Un poco menos espontáneo, Fabián también ignoró al protocolo, la fila y al pelotudo que sacaba fotos, y me vino a saludar.

    -Gracias, Rodrigo. – me dijo, también emocionado. Luego, por primera vez en su vida, me pegó un abrazo. Yo no le respondí. No podía decirle que “de nada”, cuando en verdad lo había ayudado a recuperar “todo”.

    Ya más tranquilo, los dejé seguir con sus cosas. Al rato comenzaba la fiesta, y estaba desesperado por un buen trago con alcohol. El que sea. Pero encontré mucho más.

    Mi prima que, como ya saben, estaba atenta a todo, había logrado acomodar las mesas para que los primos compartamos una, todos juntos. Y como si fuese otro sobre de figuritas, me sentó al lado de la pibita de culo lindo, que también era prima de Fabián. Me la sirvió en bandeja, porque el resto de nuestros primos sabía que no iban a ir.

    Su sonrisa me acompañó durante todo el movimiento que hice para sentarme a su lado. Luego me dio un beso para saludarme y me agarró una mano.

    -¿Me vas a coger ahora? ¿O preferís esperar a que al menos entren los novios? – me preguntó. Como si fuese casi una obligación que los padrinos cojan entre sí en un casamiento.

    No pude evitar pensar que, objetivamente, yo no era nada. La única madrina era ella. Yo solo era un invitado más para el resto de la gente. Al padrino lo había elegido Fabián y a ella la había elegido Julia. Pero no me importó.

    Sin más dudas, me la llevé al baño de hombres. Tenía un vestidito tan fácil para meter las manos adentro, que me calentó a más no poder. Parecía hecho a propósito para garchar fácil y rápido.

    Le subí las piernas a mi cintura, en un cubículo de cuarta, y ágilmente le saqué la bombachita de un tirón. Esta vez usaba tanga y le quedaba perfecta. Creo. Porque en verdad ni me detuve a mirársela.

    Los aplausos que se escuchaban desde afuera nos anunciaban que la fiesta ya tenía a los protagonistas adentro. Justo cuando adentro suyo, la pibita recibió el primer chotazo abrirle la concha. Afuera aplaudían, pero adentro nosotros gemíamos desesperados en cada bombeada que le daba a la piba mientras le manoseaba todo el orto bajo el vestido.

    La abstinencia se desvanecía en medio del calor de la empanadita hermosa que tenía en la pija. Y la pibita del culo lindo no tardó en acabar. Luego puso sus manos en mi mejilla y me dijo que le acabe adentro. Que tomaba pastillas. Y que quería chorrear leche mientras bailaba. Y sin más, cumplí hasta llenarle la cajeta de semen.

    Salimos con cuidado de que no nos vean. No porque nos importaba, sino porque a los dos nos gustaba sentir que hacíamos una travesura al cojer escondidos. Y apenas nos sentamos, volvimos a tener que pararnos, porque ahora iban a bailar el vals.

    Al rato volví a sentir la cinturita hermosa de mi prima en las manos. Y la verga volvió a extrañarla un poco.

    -¿Sabes que te quiero con todo, Rodri? ¿Lo sabes, no? – me preguntó mientras daba una vueltita. – No hay nadie en el mundo a quien quiera más que a vos. – me dijo después.

    Le dije que sí. Que lo sabía y que ella también era la persona favorita que tenía en este mundo. Y que sería así por siempre.

    Julia espantó con la mano al amigo de Fabián que quiso separarnos para bailar él.

    -Te dejé un regalito en la mesa. Veo que ya lo encontraste, por el olor a concha que tenés. – me dijo sonriendo, al ver que pronto no podría espantar más a nadie. – Tengo puesta la bombacha de la fiesta del culo.-me dijo después.-Pero quédate tranquilo, que sólo va a poder mirarla. – me aclaró al final. Para dejarme bien en claro que no se había olvidado de nada. Y también que ella era una chica fiel a sus promesas.

    Y el gordito que no sabía ni meter una llave en la cerradura, nos separó.

    Volví a la mesa muerto de vergüenza al sentir que otra vez mi prima me había dejado la pija al palo con sus palabras. Aunque esta vez no tenían esa intención. Como la prima de Fabián todavía esperaba su turno para bailar, aproveché para escabiar y escabiar y escabiar. Y escabiar. Y escabiar más. Y, perdón si se aburren, escabiar todavía más.

    No habrán pasado ni cinco minutos que ya tenía al menos 8 o 9 shots de tequila recorriéndome la sangre. Y el mareo se presentó cuando la pibita regresó y me paré de golpe, para llevármela al baño de nuevo.

    Obediente como siempre, me acompañó. Pero esta vez la acomodé para cogerla de espaldas. Le subí el vestido y le estiré la tanga al costado. En esa posición, la conchita apretada que tenía me generaba más presión, y al ratito sentí que estaba por eyacular de nuevo. Esta vez sin siquiera esperar a que acabe primero ella. Pero me frené. Porque hacía dos meses que no me cogia un culito y lo tenía ahí nomás.

    -Ni en pedo, flaco. – me dijo a penas le intenté meter un dedo. – Nunca cogí por el culo y no tengo intenciones de arrancar ahora.-me explicó después.

    Pero como si ni la hubiese escuchado, juguetee y presioné apenas la entrada de su ano con el dedo índice, para ver si lograba convencerla un poco.

    -Ahh. Ayy. – dijo sin poder ocultar el gemido. – ¿Tantas ganas tenés de hacerme el orto?

    Le respondí que sí. Que me moría de ganas de culearla un poquito en ese baño de morondanga. Como si ella fuese una putita que había contratado para no aburrirme en la fiesta. Y que ese agujerito tan cerrado se había adueñado, por completo, de mi deseo.

    -No se… -dijo, todavía entre suspiros. Sin saber que con eso me alcanzaba.

    Le volví a clavar la pija en la concha. Y meterla y sacársela con fuerza.

    A la vez agarré mi celular y puse el cronómetro. A los cuatro minutos exactos, me pidió por favor que le rompa el ojete.

    En realidad no. Pero hubiese estado bárbaro.

    Simplemente le volví a llenar el útero de leche y la pibita se empezó a desesperar cuando escuchó que, de afuera, anunciaban que empezaban los discursos de los padrinos y la estaban llamando. Se arregló la bombacha, el vestido y el peinado, muriéndose de risa porque se le iba a caer la chele de la concha en medio de la gente mirándola. Y a las apuradas, salió del baño. Un segundo después la seguí yo.

    La pibita era la única que estaba de pie en todo el salón. Le hablaba a mi prima y su primo desde la mesa vacía, con una copa de vino en la mano. Pero aunque sus palabras tenían pinta de ser importantes, yo sólo pude prestarle atención al movimiento que hacía con sus piernas, como para acomodarse mejor la bombacha, o no gotear semen. Ya estaba empezando a disfrutar de tener la pija parada con los testículos vacíos.

    Habrá estado como diez minutos. Que yo aproveché para, sí, ya saben: escabiar.

    Cuando terminó, mi prima le envió un beso desde la silla. Y la gente aplaudía, y aplaudía. Seguramente había contado anécdotas, expresado su amor por ellos, sus deseos de felicidad y esas porquerías de minita que emocionaban hasta al pelotudo que mi prima tenía sentado al costado.

    Cuando la pendeja se sentó, otro pibe, de la mesa de al lado, se puso de pie. Pero yo le gané y me paré justo detrás. El flaco abrió las manos sorprendido, cuando me escuchó decir que ahora iba a hablar yo. Miró a su amigo en la mesa principal, como para reclamar que el padrino era él. Pero encontró una mirada fulminante de mi prima y un gesto de “no” en la cabeza, que lo hizo sentar de inmediato.

    -Por mi prima, que se viste de novia.-dije al fin, tras dos intentos fallidos.

    La gente ni amagó con aplaudir. Supe entonces que no debía tomar más. El silencio incómodo del salón completo iba a tono con las palabras sin sentido que habían oído del primo borracho. Pero mi prima, en cambio, salió nuevamente a defenderme.

    -Por tu prima, que se viste de novia para qué. – dijo poniéndose de pie de golpe. Frenando la frase de repente, para que sepa que no importaba en lo más mínimo lo que entendía, o no, el resto de la gente. Tenía en su mano una copa de vino que me ofreció a la distancia para que brinde con ella. Y en su mejilla una nueva lágrima que trataba de ocultar con una sonrisa.

    Recién ahí la gente aplaudió. La pibita que tenía al lado me tomó de las manos y me dijo que sí. Que estaba bien. Que cuando arranque el bailongo, me entregaba el rosquete. Me miró con una sonrisa tan linda y una excitación tan grande, que le había provocado mi estupidez, que me explica, ahora, las cosas más claramente.

    Aquí sentado, escribiendo esto varios meses después, puedo entender, al recordar aquella sonrisa, por qué nos pusimos de novios a los pocos días de aquella fiesta. Y cómo hasta el día de hoy me encuentro perdidamente enamorado de ella. Con ese amor tan raro que a veces me hace preguntar por qué carajos una mina con su inteligencia, su sencillez y su belleza, está conmigo.

    Creo que es momento, ahora, para contarles que su nombre es Guillermina. Y no tengo tapujo alguno para reconocerla como la mujer de mi vida. Para contarles que por ella dejé finalmente todo eso que no dejé por Julia. Dejé mi trabajo, mi carrera, mi departamento y hasta muchas relaciones personales que tenía en aquel entonces, para simplemente seguirla. Y aunque pueda marearlos un poco más, puedo decirles esto también: mi prima, eventualmente, también dejó todo aquello para seguir a su amiga. Menos a Fabián.

    Pero eso es otra historia. Y la fiesta todavía no había terminado.

    Aunque estaban nuestros padres, tíos y abuelos, poco nos importó. Cada vez entrabamos y salíamos del baño con menos disimulo. Y si estaba ocupado, Guillermina los rajaba si eran sus parientes. Si eran de los míos, los echaba yo. Si alguien entraba, en cambio, mientras estábamos garchando, generalmente se iban solos espantados por los gritos de placer.

    Fueron pasando las horas, los bailes y las comidas. Y aunque se sentía en el aire que la felicidad de los novios iría a durar para siempre, la fiesta no.

    Ya sólo quedaba despedirnos de los recién casados. Dejarles un último saludo antes de irnos a dormir. Y esta vez, para la fortuna del fotógrafo, esperé a que se vayan todos y recién me acerqué a los novios cuando la fila terminó. Sólo los más íntimos quedaban rodeándolos a penas.

    Fabián me dio un nuevo abrazo. El segundo de la historia, y lo sentí mucho más sincero que el anterior. Porque el “gracias” que dijo ahora, se le notaba hasta en los ojos que lo sentía profundamente.

    Yo simplemente le sonreí y esta vez le devolví el abrazo.

    -La veo llorar y te como el hígado. – le dije después. Y lo despedí con una cacheteadita. A diferencia de aquella primera vez, esta vez nadie se rio.

    Julia, en cambio, me esperaba parada a su lado, con sus manos tapándose la boca, como si estaría rezando un poco para calmar su emoción. Le ofrecí las manos para que me de las suyas y así lo hizo. No quería nunca, pero nunca más, verla tapándose la cara.

    En ese instante se cortó la música y hasta de reojo vi cómo unos pibes comenzaban a barrer el piso del salón.

    Luego puso su cabeza en mi pecho y en medio de un llanto que trataba de ocultar, hizo puchero. Casi por instinto, le besé la frente y permanecimos así, en silencio, abrazados, unos segundos.

    Mi prima moqueaba como cuando éramos chicos y al ratito quiso hablar, aunque no pudo. Pero mi prima no era de las que se rendían fácilmente, y lo volvió a intentar. Una vez tras otra. Hasta que lo logró.

    -Blanco. – dijo al fin.

    *-*-*-*-*

    Epílogo final, más abajo.

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    Muchas gracias a todos los que leyeron y valoraron esta historia. Espero que hayan disfrutado del viaje tanto como Rodrigo y Julia. Les mando un fuerte abrazo a todos.

    Para los que quieran saber más sobre esta saga, pueden seguirme en mi Instagram «@psyexa»

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    Epílogo

    Toda la tarde acostada en su cama, tantas horas llorando sin consuelo, le habían resultado suficientes. Era demasiado ya el tiempo que le había dedicado a los pensamientos de soledad, que le cargaban la mente de pesados miedos al haber cortado con su novio. Pero esa relación, no tenía salida alguna. De qué sirve una relación en donde ninguno avance, pensaba aún, como para confortarse un poco.

    Guillermina se puso de pie y se fue a duchar. Se vistió lo más linda que pudo y partió camino hacia a la despedida de soltera de su mejor amiga.

    El largo viaje en colectivo que tenía enfrente la hizo reflexionar mejor, ahora con aire fresco y una lluvia tras la ventana que le resultaba hermosa. Necesitaba que el recorrido que hacía desde Mataderos a Caballito, le cambie la energía. Y un poco lo logró.

    La fiesta iba bien, pero dio un salto en su corazón cuando llegó Rodrigo. Aunque ya lo conocía de vista, nunca le había siquiera ido a hablar. No se había animado nunca, a pesar que lo consideraba un pibe fachero pero, sobre todas las cosas, bueno y capaz. Encima era el primo de su amiga, quién no hablaba de él sin los ojos rebalsándole de orgullo y cariño. El flechazo que recibió en ese momento al ver al chico de remera verde, nunca antes lo había sentido.

    Pasaron los minutos y al final se animó. Fue con nervios a invitarlo a jugar a un par de juegos que sus otras amigas le habían preparado a la homenajeada pero, para su desagrado, el chico la rechazó.

    Pudo comenzar a divertirse solo un rato más tarde. Cuando pudo volver a neutralizar los sentimientos de soledad que tenía en la cabeza. Y al final de la fiesta, se sintió mejor aún, cuando el pibe se la fue a encarar torpemente a ella. Pero de todas formas no pudo concretar ni un beso.

    Al despedirse de la futura novia, no logró ignorar la excitación que tenía encima. Y si se sumaba el alcohol que había consumido, le fue casi imposible no realizar una estupidez.

    Sabiendo que era una de las tonterías más clásicas de la historia de la humanidad, tomó un colectivo hacía la casa de su ex novio. Entró al rato gracias a que todavía conservaba las llaves y su disgusto fue mayor cuando lo encontró completamente borracho. Él también había ido a una fiesta. Específicamente a la despedida de soltero del hombre que se casaba con su amiga. Quién era a su vez, su primo.

    Intentó llamarlo, moverlo y hasta quiso masturbarlo. Pero nada. El muchacho estaba completamente desmayado de tanto alcohol que también había consumido.

    Resignada por un fracaso tras otro, pensó en irse a su casa de una buena vez. Pero el celular del chico sonó y los mensajes que leyó desde la pantalla que tenía a su lado le dieron un poco de curiosidad.

    “¡Alta fiesta, guachín!”, decía el primero.

    “La puta se ganó cada centavo. No se olvida nunca más de la garchada que le pegamos”, leyó en el segundo.

    Y al instante recibió dos videos que mostraban como su primo recibía una mamada y cómo, luego, le hacía sexo anal a una joven desconocida.

    Guillermina se quedó inmóvil. No lo podía creer. No quería creerlo. Y supo, en ese instante, que su amiga debía enterarse, si o si, de lo ocurrido.

    Se envió los videos a su celular, borró los mensajes y se fue, aprovechando que nadie la había visto siquiera entrar a la casa de su ex pareja.

    El nuevo viaje en colectivo le resultó interminable. Pasaron horas enteras, entre la espera y el recorrido, hasta que por fin llegó a su casa. Abrió la notebook y no dudó un segundo en subir los videos a un portal de internet, para poder enviarle el link, por mail, a su amiga.

    Ni tampoco dudó en utilizar su cuenta de blog para hacerlo. Hacía ya un tiempo que había dejado su carrera para dedicarse a resolver problemas sexuales de la gente en forma anónima.

    “Usuario PsyExA”, se hacía llamar. Y cobraba en Bitcoins.

    Se había puesto un apodo en masculino porque sentía que de esa forma reservaba mejor su identidad. Con el tiempo se daría cuenta que no sólo el género la ayudaba a eso, sino también el singular. Porque, aunque no lo sabía aún, lo que en verdad estaba creando Guillermina, era un grupo de especialistas.

    Había ayudado ya a mucha gente, y comenzaba a irle realmente bien utilizando sus técnicas basadas en la creatividad y la psicología. Recordó de un pantallazo a una pareja a quienes ayudo a reavivar la pasión de su matrimonio, a una muchacha a aceptar su cuerpo, a un joven a conquistar a una chica que le gustaba y hasta a varios pibes que querían saber cómo animarse a encarar mujeres. Tenía muchos más, pero volvió a enfocarse en los videos y lo sucedido.

    Y sin pensar de más, los envió.

    El resto de la historia creo que es, por todos ustedes, ya conocida. Al menos en una buena primera parte.

    Lo que queda, espero ansioso poder contárselas. O ansiosa. Porque nuestra agrupación no ha hecho otra cosa más que mejorar. Y vale la pena saber cómo.

    FIN

  • Cobrando encontré el placer (2)

    Cobrando encontré el placer (2)

    Había pasado ya unas 3 semanas que parecieron eternas, desde aquella tarde que con Adrián en su cama pasaron tantas cosas. Me había estado dando vueltas a la cabeza que había pasado conmigo ese día, fue el alcohol? la larga abstinencia?, La verdad daba vueltas y más vueltas tratando de hallar una respuesta pero más que eso una salida a las enormes ganas de volver a sentir ese placer.

    Unas semanas después volví adónde todo empezó al local de Adrián. Llegué casi a las 4 de la tarde era sábado, yo sabía que él estaría trabajando, ni bien lo vi sentí como la excitación llenaba mi sangre, mi pene se puso duro eso me animo a entrar al local.

    Adrián me miro, sonrió y solo dijo: Hola, volviste guau que bacan, no sabía cómo llamarte… en fin, quieres pasar?

    Si, claro, le contesté, y entre directo a su cuarto. El venía detrás de mí. Y cuando estuvimos sin que nadie pudiera ver tomo mi cara y me dio un beso enorme que desató mi erección a mil, abrazados nuestras bocas y lenguas se estaban devorando la una a la otra. Una pausa: «espérame voy a cerrar». «Ve» le dije.

    De inmediato solo atiné a quitarme toda la ropa y entrar en la cama, cubierto solo por la sábana me propuse esperar…ya no había vuelta atrás. Podía escuchar a Adrián cerrando la reja y la puerta corrediza y echando los candados, fueron minutos en que mil cosas pasaban por mi cabeza: «mejor me visto y me voy» «estoy haciendo lo correcto?» «Dónde terminará esto?».

    El regreso, entro a la habitación y al ver mi ropa sobre la silla, sonrió me miro y enfrente de mi se desnudó totalmente, lo aprecie palmo a palmo su cuerpo atlético y masculino y su pene brilloso y erecto por el solo hecho de saberme desnudo en su cama. Nos abrazamos y comenzamos a besarnos con más pasión aún, era un sin cesar de besos y gemidos constantes solo interrumpidos por breves » te extrañe» «te deseaba tanto» «me vuelves loco me arrechas tanto», ya ahora el sobre mi nos seguimos besando mientras nuestras manos pellizcaban y acariciaban nuestros pezones.

    Era un revoltijo de contorsiones de gemidos besos y ganas Adrián comenzó a besar mi cuello y acariciar mi pecho vientre y piernas, pero algo en mi sabía que quería una sola cosa decir y lo dije: » hazme tuyo amor» » hazme tu mujer papacito rico» y dicho esto me deslice hacia su pene el cual tome en mi boca y comencé a succionar y lamer con placer y deleite, Adrián gemía fuerte y empujaba mi cabeza para sentir como su pieza perfecta entraba del todo en mi boca. «Aaah Ahhh Sergio bebé me haces volar» » hoy te haré mía serás solo mi perra».

    Esas palabras me excitaron más aún no podía esperar más, deje su pene y subí por su vientre y su pecho besando y mordisqueando, Uf que sensación sus labios me besaron de nuevo pero esta vez con más fuerza él se colocó sobre mi y comenzó a tomarme con su boca y sus manos me recorrió totalmente yo era una perra total entregada a mi hombre me retorcía y gemía y pedía más y mas.

    Adrián me puso boca abajo y comenzó a comerme el culo. Wow bombón me dijo estás delicioso, » si papacito rico» «soy para ti» le contesté, sigue amor dame más placeres, a eso he venido. Adrián se acostó sobre mi espalda y besando mi cuello me dijo » ahora amor toma por lo que viniste» y sentí su pene duro muy duro meterse en mi. Ahhh di un súper grito de placer.

    Adrián comenzó a ser una máquina bombeando dentro mío, con su boca en mi cuello y su manos amasando mis pechos: » si bebe, si amor así muévete soy tu hombre solo yo»- «aaaay si papacito aaay si dame más más amor mío»

    Cuando sintió que era el momento me tomo de las caderas y me puso en perrito y siguió su mete y saca, yo alucinaba de placer, estaba ya totalmente sodomizado, violado por propia voluntad. Y quería más. Así que lo hicimos parados contra la pared y en una silla donde nos podíamos besar y él podía chupar mis pezones, Adrián estaba incansable y yo le seguía el ritmo.

    Tras una hora repitiendo esas posiciones .e puso sobre su mesa y me decía «así… así ahora te llenare de mi leche perrita» «si amor lléname lléname soy tuyo papá tuyo».

    Pude sentir sus borbotones de leche entrar en mi y al mismo tiempo como el orgasmo llegaba a Adrián, se salió de mí me dio la vuelta y al ver mi pene aún rígido lo comenzó a chupar de forma desenfrenada no dure ni 4 minutos antes de soltar leche en su cara y mi vientre.

    Nos besamos y así nos metimos a la cama, abrazados dormitamos mientras nos dábamos piquitos, éramos una pareja feliz. «Quédate» me dijo «duerme acá hoy».

    -No se Adrián, no se estoy tan lleno de cosas en mi cabeza.

    – No pienses, solo quédate.

    – Ok

    Lo bese y nos fuimos a la ducha, nos lavamos y jugamos con la espuma, estaba lavando su firme culo y no pude resistir comenzar a rozar mi pene en él, Adrián comenzó a menearse y gemir despacio, eso me levanto y mi pene duro de nuevo busco la entrada de su culo, lubricados ambos por la espuma entro casi sin dificultad, mientras el agua nos caía yo comencé a darle por el culo a ese bello hombre que apoyado en la pared gemía y se contorneaba del placer que yo le estaba dando.

    Tuve una explosión de semen de nuevo pero esta se quedó toda dentro de Adrián. Volvimos a la cama donde la sesión de besos no paro. Nos hicimos luego de un par de horas un riquísimo 69. Con banda sonora de gemidos y jadeos.

    Esa noche comimos algo que pedimos por delivery y dormí con él abrazados en cucharita. A las 3 AM. Sentí un pene que buscaba entrar en mi me acomode y lo deje entrar…

  • Mi tía la dentista

    Mi tía la dentista

    Esto empieza cuando voy al pueblo donde nació mi mamá, para ver cómo va una casa que estábamos construyendo ahí. Yo estaba estudiando arquitectura tenía 20 años y nos quedamos a dormir en casa de unas tías. Son unas primas de mi mamá son muchas y la más chica de mis tías me lleva 10 años y es dentista.

    El día que llegamos me dejaron el cuarto de mi tía la dentista para quedarme a dormir, mi mamá le pregunto a mi tía si me podía revisar al otro día los dientes y dijo que sí, que tenía tiempo. Ya en la noche me metí al cuarto para cambiarme y dormir pero toca a la puerta mi tía que quería sacar su pijama, le dije que me salía para que se cambiara y me dijo que no, que mejor se cambiaba en el baño, le dije que mejor en su cuarto me salí rápido y ahí se cambió, al salir me empezaron a volar ideas por mi cabeza, era verano, así que su pijama era un short y una playera algo ligera, se notaba que no traía bra, tenía unos hermosos senos medianos y unas piernas bien torneadas.

    Por la mañana escuche algo de ruido y me levante muy rápido pensando que quería entrar y cuál fue mi sorpresa y la de mi tía, ella ya estaba en el cuarto y se estaba cambiando de ropa, tenía puesta una tanga y vi esas hermosas pompas redonditas y se empezaba a poner el brasier, entonces solo se alcanzó a tapar con las manos los senos, yo quería salir corriendo del cuarto por la pena, pero mi tía estaba estorbando en la puerta, me quede helado y viéndola desnuda, al mismo tiempo me disculpaba diciendo que me salía para que se cambiara y me dijo que ya mejor solo me volteara, así lo hice y me dijo que sintió que estaba muy dormido y por eso decidió cambiarse ahí, pero que algo se le cayó y por eso me desperté. Ya termino de cambiarse y yo muy apenado no paraba de pedir disculpas y me dijo, ya olvídalo, vamos a desayunar.

    Cuando terminamos de desayunar se fue a trabajar y me dijo que me esperaba en el consultorio al medio día. Fui a ver la obra y al medio día llegue al consultorio. Llevaba unos pantalones pegados de mezclilla que dejaban ver muy bien la forma de sus piernas, se marcaba muy bien la cintura, su blusa un poco floja dejaba ver algo de sus senos cuando se agachaba. Me paso al sillón y empezó a revisarme, me dijo que me tenía que arreglar un par de dientes, que en ese momento me arreglaba uno y el otro al otro día, no me puso anestesia por ser algo sencillo, me empezó a arreglar y yo no dejaba de ver esos hermosos senos cerca de mi cara, sentía que se acercaba de más ya no sabía si era mi imaginación de estar tan caliente o realmente se me pegaba mucho y sentía como me recargaba sus pechos, después de un rato baje un brazo y en eso sentí algo de dolor moví mi mano y me agarre de algo, claro era la pierna de mi tía.

    Tía- te dolió mucho

    Yo- no tanto es que me sorprendió porque no me había dolido nada

    Tía- ya casi terminamos quieres anestesia o así le seguimos

    Yo -si aguanto mejor ya así

    Tía- bueno pues agárrate bien que falta un poquito

    Ya con esa confianza le di otro buen agarrón de pierna con el pretexto del dolor.

    Yo- otra vez tía discúlpame por lo de la mañana no me di cuenta y pensé en salirme para que te cambiaras

    Tia – no te preocupes ya pasó, aparte no viste nada que hayas visto antes.

    Yo- bueno algo tan bonito y tan cerquita no había visto.

    Tía – gracias pero me vas a apenar, además las chicas de tu edad deben tener mejor cuerpo.

    Yo- no creo tía, disculpa el atrevimiento pero que bonito cuerpo tienes.

    Tía- gracias Fer que bueno que te gusto lo que viste pero ya mejor cambiemos de tema.

    Ya cuando termino me dijo que yo era su último paciente y que si la esperaba para irnos a su casa. Con todo gusto la espere, se quitó su bata se veía mejor esa blusa sin la bata.

    Es un pueblo pequeño así que casi todo está caminando, cada que tenía oportunidad la tomaba dela espalda para dejarla pasar y sentir su bra. En la tarde ella regreso a trabajar y nos volvimos a ver en la noche en la casa. Después de cenar vimos un rato la tele y se quedó recargada a mi lado, no podía dejar de buscar un espacio en la blusa para ver algo sus senos, después de un rato se levantó y dijo que ya mejor se retiraba a dormir.

    Yo- si quieres te ayudo a cambiarte

    Tía- Ya Fernando deja el tema en paz.

    Yo- perdón por la broma es que me gustó mucho como desperté esta mañana.

    Tía- mañana si te saco del cuarto antes de que me sorprendas.

    Yo- ok. Buenas noches tía

    Y se acercó a darme un beso en la mejilla. Esa noche no pude dejar de revisar su ropa interior, me imaginaba como se verían esas tangas y esos brasiers en el cuerpo de mi tía, revise que su bra era talla 34 c, no pude detenerme y masturbarme en la noche con esa ropa y el olor de mi tía.

    En la mañana volvió a entra sin hacer ruido, pero sentí cuando entro al cuarto.

    Yo- buenos días Tía

    Tía- Buenos días ¿qué tal dormiste?

    Yo- bien gracias, ya me salgo para que te cambies

    Tía- no, estas todavía dormido, solo voltéate mientras me cambio.

    Yo- ok

    No pude aguantar las ganas y vi un poco mientras se cambiaba, otra vez logre ver sus piernas desnudas, esas ricas pompas, la espalda desnuda, un poco la silueta de sus senos, tenía unas ganas enormes de abrazarla por las espalda y sentir ese hermoso cuerpo.

    Tía- Fer ya no estés volteando, todavía no termino.

    Yo- no perdón es que pensé…

    Tía- nada puros pretextos ya deja de voltear o le voy a decir a tu mamá.

    Yo- Es que esto es demasiado, es mucha tentación, tenerte tan cerca y desnuda, es lo más emocionante que me ha pasado.

    Tía- Hay Fer mejor debí cambiarme en el baño.

    Yo – Hubiera sido una lástima haberme perdido este espectáculo.

    Tía- ya terminé ya te puedes voltear y necesito si me ayudas a hacerle un nudo a mi blusa en el cuello.

    Yo- claro que sí, con todo gusto.

    Esta blusa tenía un escote por la espalda y los hombros descubiertos, su puso una falda que dejaba ver sus hermosas piernas.

    Yo- que bonita te ves hoy, se ven tus piernas muy lindas.

    Tía- ya Fer, ya no me veas así, soy tu tía, gracias por lo que me dices pero no está bien, aparte te llevo muchos años y tú debes pensar en muchachas de tu edad.

    Yo- Yo no te veo grande, no me llevas tantos años, sé que eres mi Tía y no puede pasar nada, pero no puedo dejar de admirarte, te ves preciosa y después de lo que pasó me tiene más obsesionado el asunto, verte desnuda ha sido increíble.

    Tía- bueno ya vámonos a desayunar y te veo otra vez más tarde en el consultorio.

    Me abrazo y me dio un beso en la mejillas, yo no quería soltarla, sentir su cuerpo me prendía a mil por hora, ella no se quitó tan rápido y me dejo sentirla un rato más, al despegarse un poco la vi a los ojos y le di un beso en la boca, solo se hizo un poco para atrás y me dijo, creo que el tema no se ha terminado seguimos platicando en el consultorio porque se me hace tarde.

    Otra vez al medio día me presente en el consultorio, me pasó y me empezó a atender, no sabía cómo sacar el tema de nuevo, empecé por bajar nuevamente mi brazo y a veces pasarlo tocándole la pierna, poco a poco sentí más confianza y dejaba mi mano tocando su pierna, apenas sentí un poco de dolor y le agarre la pantorrilla, esta vez directo con su piel por la falda, no me dijo nada y empecé a sobarle la pierna, se levantó por algo, pero solo con la intención de que la dejara de tocar, yo seguía sintiendo su senos muy pegados y de vez en cuando unos pequeños roces con mi hombro, volví a acercar mi mano a su pierna y seguí acariciándola lentamente.

    Tía- ya casi termino, ya no debes sentir dolor pero sigues agarrado de mi pierna.

    Yo- es que tu piel se siente tan rico.

    Tía- ¿sí? Pero no está bien ya te estás pasando de mano larga.

    Yo- lo siento no puedo detenerme y aparte tampoco me detienes

    Tía- pues porque siento rico, pero luego caigo en cuenta y no está bien.

    Yo- ¿Te gusta que te agarre las piernas? ¿Te gustó que te viera desnuda?

    Tía- pues no soy de palo, me gusta que me acaricien, que me digan que me veo bien, siempre es agradable gustarle a alguien, que te roben un beso, cacharte viéndome los senos. Todo eso claro que me gusta, pero sigues siendo mi sobrino y no creo que este bien sentir estas cosas contigo, aparte nunca me ha atraído estar con un muchacho más chico.

    Yo- ¿y si no fuera tu sobrino dejarías que siguiera insistiendo?

    Tía- no lo sé, ha pasado todo muy rápido y no quiero ni pensarlo, ya me has puesto muy nerviosa y no me gusta, bueno si me gusta, pero no está bien, ya no se ni que decir, parezco chiquita jugando a las caricias y a que me espías y yo me dejo.

    Me levante del sillón y la tome de las manos seguimos platicando y estaba temblando no podía creer que estaba cortejando a mi tía.

    Yo- bueno tía, yo me voy en dos días, casi no nos vemos yo vivo muy lejos y solo vengo una vez al año por acá, muchas gracias por lo que ha pasado, lo he disfrutado mucho.

    Me acerque a ella y la bese, pero esta vez no se quitó y poco a poco empezó a responder el beso, ahora si la pude agarrar de la cintura meter mi mano por debajo de la blusa y sentir su espalda, ahí si se hizo un poco para atrás, baje mi mano sobre sus pompas, las acaricie lentamente, le bese el cuello, ella me abrazaba muy fuerte y también bajo sus manos para agarrarme las pompas, la besaba más fuerte y me dijo que no tanto para no dejarle marcado el cuello, fui jalando lento la falda para poder meter mi manos por debajo, sentía esa tanga en mis manos, era hermoso sentir esas pomas desnudas, su lengua la sentía jugando con mi lengua, paso su mano por mi pene y me dijo, ya estas mojado, como no podía estarlo llevaba dos días súper excitado con todo lo que pasaba, la seguí manoseando, no sabía dónde más poner mis manos, le tocaba las piernas, las pompas y la gire para tomarla por las espalda y agarrar esos ricos senos, la seguía besando y metí mis manos por debajo de la blusa, ese brasier apretaba sus senos, sus pezones se sentía duros, metí mi mano en su bra para sentir sus pezones, estábamos muy excitados, y en ese momento suena el timbre, había llegado un paciente, mi tía de un salto se alejó de mí, empezó a acomodarse la ropa se metió al baño para acomodarse el cabello y me dijo, tengo otro paciente ya se me había olvidado. Me dijo si la esperaba, que solo tardaba una media hora para irnos juntos a la casa.

    Tenía el pene todo duro, mi pantalón un poco mojado todo desarreglado, me metía la baño me lave la cara me acomode la camisa y salí del baño como si nada pero con la verga bien dura. Me fui a la sala de espera hasta que termino mi tía con su paciente.

    Al terminar salió del cubículo y me dijo vámonos, yo me acerque para seguir y no me dejo, solo me dio un rico beso en la boca y nos salimos del consultorio.

    Tía- me encantó como me tocaste, sé que nunca pensaste llegar tan lejos conmigo, y yo creo que eso fue todo. Besas muy rico pero estabas muy emocionado y yo también. Eres un muchacho que le falta mucho por vivir y a mí también y aquí dejamos esto.

    Yo- no quiero tía, ahora me dejaste más picado que al principio, claro que nunca espere llegar tan lejos, pero sentir tu cuerpo me dejo más excitado que nunca.

    Tía- yo también me quede muy excitada pero los dos necesitamos un baño de agua fría para bajar esta calentura.

    Llegamos a las casa y toda la tarde la pasamos viendo televisión y platicando con todos, en ningún momento me pude acercar a ella o quedarme solo con ella. Llego la noche y me fui al cuarto para dormirme, después de unos minutos entro mi tía y me dijo, vengo a cambiarme y se empezó a quitar la falda, yo estaba sentado en la cama, se dio la vuelta y le veía su tanga preciosa con esas enormes pompas, se levantó la blusa y quedo en ropa interior siguió con el bra y la tanga, no lo podía creer, estaba totalmente desnuda enfrente de mí, quise acercarme y no me dejo, igual de rápido se empezó a poner su pijama. Cuando termino me dijo. Tu turno.

    Yo- ¿Cómo?

    Tía- yo también te quiero ver desnudo, así que te toca cambiarte delante de mí.

    Me empecé a quitar la ropa y me quede en boxers, y antes de ponerme el pantalón me dijo.

    Tía – no seas tramposo yo me quite todo, ahora haces los mismo.

    Me quité los boxers y se me acercó.

    Tía- es que en el consultorio tú ya me tocaste toda y yo no pude tocarte y me quede con las ganas.

    Quise tocarla pero no me dejo.

    Tía- aquí no se puede, nos pueden escuchar, solo quería darte un beso de buenas noches.

    Se agacho, me chupo el pene y le dio un beso, luego me dio un beso en la boca.

    Tía- no quiero ver mis sabanas sucias mucho cuidado con lo que hagas, dichoso tú que vas adormir solo y vas a poder atenderte tu solo.

    Me dejo todo excitado nuevamente, esa noche me masturbe como tres veces, fueron demasiados recuerdos para un solo día.

    En la mañana no sentí cuando entró al cuarto, acabe rendido por masturbarme, pero aparte era más temprano se veía muy obscuro afuera , me despertó mi tía y me dijo me voy a meter a bañar, pero antes vine a darte los buenos días. Me dio unos besos en la boca, me empezó a acariciar el pene yo le agarraba los senos, mi verga se puso dura muy rápido, la saco y me dijo, sin hacer ruido que todos están dormidos, y me dio una chupada espectacular, yo me aguataba las ganas de gritar, la manoseaba hasta donde la alcanzaba le alcance a quitar la blusa y me acercaba sus senos a mi pene, subía y bajaba, se lo sacaba de la boca y me tallaba con los senos o con las manos, me chupaba mis testículos, y repetía todo nuevamente, hasta que no aguate más y me vine en su boca, se sorprendió y la moje en los senos, me limpio todo lo que quedo de semen con su lengua, quede rendido. Se levantó se puso su blusa y me dijo, ahora si a bañarme con agua fría.

    Cuando me levante mi tía había terminado de desayunar, era el último día de visita al otro día regresábamos temprano, antes de salir de la casa mi tía me dijo, enfrente de todos, te espero en el consultorio a la misma hora, me quede dudando y mi mamá preguntó ¿todavía no terminas?, y rápido contesto mi tía, ayer ya no terminamos falto algo, pero hoy terminamos y queda listo.

    Era lo que esperaba desde la primera noche que la vi saliendo de su cuarto sin bra. Ese día hasta llegue más temprano, todavía no salía su paciente y yo ya estaba esperando, una vez que terminó, y despidió, me abrazó y me dio un beso.

    Tía- Tienes razón, casi no nos vemos, toda la tarde de ayer me dejaste pensando y por eso me cambie enfrente de ti y gracias a eso toda la noche me quede pensado en las ganas que tengo de disfrutarlo, has sido algo atrevido y te dio resultado me has excitado, me has provocado y el morbo no me deja, ya te disfrute algo en la mañana, ahora quiero sentirte dentro de mí y lo quiero disfrutar sin estar pensando si está bien o mal, así que ahora sí se te va a cumplir tu deseo.

    Y se empezó a quitar la ropa. La detuve y le dije, no a dónde vas tan rápido eso me toca a mí. Me tome todo el tiempo necesario para quitarle prenda por prenda primero unos besos en el cuello, luego baje por en medio de los senos, poco a poco le quite la blusa, ella me quito la camisa y sentía como me abrazaba y disfrutaba mi piel, le quite el bra y sentía sus senos en mi pecho, baje para desabrochar el pantalón mientras le chupaba sus pecho, baje su pantalón mientras disfrutaba la silueta de sus pompas, las curvas en sus piernas, pase mi mano por todo su cuerpo, le bese los pies le chupe las rodillas, metí mi lengua en su culo, metí mis dedos en su vagina empapada, me ayudo a estimular su clítoris, nos acostamos en el sillón de la sala de espera, el 69 fue delicioso, me chupaba súper rico mientras yo me chupaba todo los líquidos que salían de su vagina, estaba tan caliente que me dijo, ya necesito que me lo metas, ya no aguanto más, fue tan rico como entraba mi pene estábamos muy mojados, se sentía caliente por dentro, y ver su cara de cómo lo disfrutó me tiene todavía excitado cuando la recuerdo, la besaba, la apretaba de las pompas, le agarraba los senos, le acariciaba el culo, le dije que parara porque estaba muy excitado y no quería venirme todavía, cambiamos de posición y se la metí por atrás acostados de lado en el sillón, ella se arqueaba de placer, le jalaba un poco el cabello, parece que le gustaba, me pedía más duro, cambiamos y se hinco en el sillón y se la metí por atrás, acariciaba su espalda, le jalaba el cabello, gritaba de placer, fue el turno de ponerme abajo y ella arriba, verla brincado con sus senos al aire, me puso al cien y ella también, pedía más duro, más rápido, más fuerte, gritaba tan rico y en ese momento de vino, su cara de placer era lo más hermoso, hasta me enterró las uñas en la pierna de los excitada que estaba. Se levantó, se puso de nuevo encima de mí pero ahora veía su espalda, pero lo mejor era la vista de sus nalgas sobre mí, empezó a mover su cadera haciendo círculos, sus nalgas se veían deliciosas, hizo unos movimientos tan ricos que ya no aguante más, al instante me vine dentro de ella. La disfruté tanto que no lo podía creer, fue de las mejores experiencias en la vida.

    Nos abrazamos un buen rato, nos besamos mucho rato y nos fuimos a la casa. Quedamos muy contentos los dos, ahora cada vez que la veo me excito mucho, de vez en cuando me da una nalgada o yo le pellizco las pompas o le doy un jalón de cabello, pocas veces nos volvimos a quedar solos y platicamos el tema, pero se ve que le da gusto verme y sueño con volverla a sentir como esa vez.

  • Sexo para todos

    Sexo para todos

    Convivo con mi pareja, Elida, desde hace más o menos un año en su casa, junto con su hija Victoria y su hijo Gerónimo.

    Con mi pareja nos conocimos hace cuatro años en un bar cuando nos encontramos con amigos en común. Desde esa noche salimos hasta que convinimos en convivir. Eli, como la llamo, es una mujer muy interesante, vive en sexo con intensidad, es una mujer muy caliente, tiene un cierto grado de exhibicionismo, ya que me ha insinuado tener relaciones sexuales en parques y lugares públicos, a lo cual accedí sin dudarlo, a mí también me gusta la exhibición, aunque debo reconocer que me pone un poco nervioso y tardo en tener erecciones, hasta que me habitúo al entorno.

    Eli trabaja de 16:00 a 22 horas en un restaurante cerca de casa, en la concina. Tiene turnos rotativos, por lo general hay dos semanas que le toca el horario nocturno.

    Entrado el mes de octubre, una tarde cerca de las 17:30 horas, Eli viene me da un beso y se despide hasta la noche.

    Ya había caído el sol y su hija Victoria me llama:

    -Dani,

    -Qué, respondo.

    -Vení a la pieza que quiero mostrarte algo que me he comprado y necesito que me digas que tal me queda.

    -Bueno, le dije, ya voy.

    Llegué a la habitación, golpeé la puerta, me dijo:

    -Pasá.

    Ingresé al cuarto y la vi a Vicky en una muy linda bikini.

    Me preguntó:

    -¿Te gusta cómo me queda?

    – Si, le dije, te queda bien, pero déjame decirte algo… puedo…

    -Sí, claro, me dijo.

    – Mirá, Vicky, le dije, me parece que vos tenés que comprarte un modelo un poco más pequeño, tenés un cuerpo hermoso, estás sola, tenés que ser un poco menos prudente, ¿me explico?

    -Si, por supuesto, pero tené presente que soy madre, me dijo.

    -Escuchame, Vicky, le dije, Gerónimo acaba de cumplir 18 años, ya está grande, cuando te vas a fijar un poco en vos.

    -Está bien, me dijo, vi en la tienda que está frente a la plaza San Julián, unos modelos muy lindos, pero me parecieron un poco audaces, pero si vos me decís que debo ser más audaz, voy a cambiar esta malla.

    -Sí, le dije, me parece que tener que ser un poco más atrevida.

    -Vos me acompañás a la tienda la semana que viene.

    -Sí, le dije, no hay problema.

    Pasaron unos días y Vicky me dijo:

    -¿Me acompañás hoy por la tarde a cambiar a bikini?

    -Si por supuesto, le contesté.

    Le dije a Eli que me iba con su hija hasta la tienda de enfrente de la plaza a cambiar una malla y ella quería que me fijara si le quedaba bien. Me dio un beso y me dijo que tratara de volver antes que ella se vaya a trabajar.

    Fuimos con Vicky, llegamos al local, yo me quedé un tanto separado de ella y la vendedora, comenzaron a charlar y trajo dos modelos de mallas en su mano.

    Me dijo:

    -Acompañame al probador.

    Asentí con la cabeza.

    Ella ingresó, corrió la cortina, y uno minutos más tarde la descorrió y me dijo:

    -¿Qué te parce esta? ¿Cómo me queda?

    La verdad es que le quedaba muy linda, era más pequeña, el brassier dejaba los costados de sus hermosas y grandes tetas al descubierto, el color era un rojo intenso, casi bermellón, la parte de abajo era más chica que la anterior, adelante le quedaba apenas arriba del bello pubiano, si es que no lo tenía rasurado, cosa que en ese momento me intrigó, pero me quedé callado, observando, sin preguntar nada.

    Le dije:

    -Date vuelta así te veo cómo te queda por la espalda.

    Se dio vuelta lentamente y me dio la espalda, la parte posterior le llegaba apenas arriba de la raya de su hermoso culo. Le quedaba hermosa. A pesar de ello, le dije que se probara el otro modelo. Cerró la cortina y me dijo que esperara a que se cambiara.

    Unos instantes después abrió la cortina y me hizo ver cómo le quedaba el otro modelo, no me gustó, se lo dije y le insistí en que comprara la malla roja. Se dio vuelta mirando al espejo, de espaldas a mí y me pidió con una leve sonrisa que le desatara el nudo del sostén, por supuesto que asentí, ella cruzó su brazo izquierdo sobre sus tetas y me dijo que le aflojara el que tenía sobre la nuca, así hice. Ella dejó caer el brassier y pude ver en el espejo sus bellas tetas con sus magníficos pezones, mientras ella sonrió levemente, casi imperceptible.

    Vicky compró la malla roja, y cuando volvíamos para casa, le dije:

    -Sin que te ofendas puedo decirte algo…

    -Sí, me dijo, por supuesto.

    -Tenés unas hermosas tetas, me encantaron, tus pezones son maravillosos. Son enormes.

    Se sonrió y me dijo:

    -¿Te gustaron?

    -Sí, mucho.

    .Y eso que todavía no viste el resto, me dijo con un tono de vos suave y una sonrisa pícara.

    -¿Y cuándo me lo vas a mostrar a ese resto? Le pregunté ansioso.

    -Tiempo al tiempo, me dijo.

    Y volvimos a casa en silencio. Una semana más tarde, jueves creo que era, Vicky me dijo que cuando se fuera su madre íbamos a hablar. A eso de la siete de la tarde ya estábamos solos cuando le dije de qué teníamos que hablar, y me dijo, te voy a mostrar lo que falta.

    -¿Y tu hijo dónde está?, le pregunté.

    -En la casa de un compañero y viene a la noche. Quedate tranquilo. Estamos solos.

    -Bueno, le dije.

    Se dirigió a su pieza, la seguí, ingresé a la habitación, me senté en su cama, ella se paró delante de mí y comenzó a sacarse la ropa, me mostró sus hermosas tetas grandes, comencé a acariciarlas, y luego a chupar sus pezones, se sacó los pantalones y tenía un bombacha blanca, se la saqué, su vulva era carnosa y bella, con labios gruesos y pulposos, metí mis dedos en su agujero, gimió, y enseguida se mojó entera.

    La di vuelta, abrí sus cantos y comencé a lamer el agujero de su culo, a medida que esto iba sucediendo me fui sacando la ropa, ya estaba en bolas y con la verga muy parada, la tiré sobre la cama y comencé a lamerle su concha, al rato nomás, no aguanté más y se le metí en esa concha caliente, sabrosa y querendona.

    Luego la puse en cuatro patas y comencé a darle verga por detrás, en un momento determinado, saqué mi pija de su concha, y apoyé la cabeza en su culo, le dije:

    -¿Te la meto en el culo Vicky?

    -Sí, me dijo, le puse un poco de una crema que había sobre la mesa de luz y se le metí hasta el fondo, la cosa duró como unos cuarenta y cinco minutos, entre juegos, mimos y sexo ardiente, le pregunté donde quería que le acabara y me dijo en el culo, porque no se cuidada y no tenía intenciones de tener un hijo con la pareja de su madre.

    -Bueno, pero si querés, te hago uno y después inventás un amante ocasional, le dijo con una sonrisa.

    -Puede ser, no es mala idea, pero eso cuando tenga ganas de tener otro hijo, me dijo con una sonrisa entre picara y atrevida.

    El rato que había pasado con Vicky fue realmente muy impactante y caliente. Pero de todos modos la vida transcurrió como de costumbre, mi relación con Eli, siempre fue muy intensa y así continuó. Promediaba la primavera, se acercaba el verano, y seguro íbamos a ir a veranear a algún lado. No sabíamos a dónde todavía. Tenía que comprar una malla. La que tenía estaba como un poco pasada de moda. Decidí comprarme una sunga negra.

    Fui hasta la tienda que está cerca del hipódromo, me la medí y la compre. Llegué a casa, era una de las tantas semanas que mi pareja se va a trabajar por la tarde. Ya se había ido. Vicky, no estaba. Solamente estábamos Gerónimo y yo.

    Le conté que había ido hasta la tienda del centro a comprar una malla.

    – ¿Me la mostrás?, me dijo.

    -Sí, claro, respondí.

    Fui hasta la habitación, abrí el ropero, y saque la malla de un cajón para mostrársela.

    ¿Por qué no te la ponés?, me dijo.

    Aguardé unos instantes para ver su reacción, esperaba que se fuera y me dejara solo para cambiarme, en vista que no lo hizo, y como no tengo problemas en estar desnudo delante de nadie, me saqué la ropa y me puse la malla.

    -¿Cómo me queda?, pregunté.

    -Bien, me respondió

    -¿De qué tela es?, me preguntó.

    -Ni la menor idea, le dije.

    -Vení, tocala, le incité.

    Se acercó y comenzó a tocar la tela de la malla hasta que acarició mi pija, en ese momento sentí un leve cosquilleo en las bolas y le dije que siguiera tocando, saqué la verga ya casi erecta y le pedí que me la chupara, le dije que después le ponía una crema que yo usaba para hacerle el culo a su abuela y le daba pija a él.

    -¿No estamos haciendo las cosas mal?, me preguntó.

    -No, le dije, estamos jugando un poco. No pasa nada, dame un beso Gero.

    Nos besamos, él ya estaba en bolas, también tenía la pija parada, se la toqué, se la masajeé y luego comencé a chupársela, se puso aún más dura.

    Le chupé los pezones y el hizo lo mismo conmigo, lo tiré sobre la cama, le puse crema en el culo y se la metí bien adentro, me lo cogí durante un rato largo hasta que llené el culo de leche.

    Luego, Gero hizo lo mismo conmigo, me introdujo se verga en mi culo, me gustó, y vació dentro de mi todo su esperma. No era la primera vez que tenía relaciones con un hombre, pero debo admitir que lo hice muy de cuando en cuando y en escasas dos veces, esta era la tercera.

    Debo reconocer que el chico respondió a las mil maravillas. Tenía bastante en claro qué quería del sexo. La verdad que me gustaban los dos: la madre y el hijo. Esa noche cuando regresó Eli del trabajo le hice el amor con muchas ganas. Había pasado una tarde excitante con ese joven. Me sentí regocijado que las tres personas con las cuales compartía mi vida, en algún momento tuvieron sexo conmigo.

  • ¿Sueño o realidad? Dejando a un lado los prejuicios

    ¿Sueño o realidad? Dejando a un lado los prejuicios

    Nuestros besos eran dulces, con amor, en cada uno de ellos entregábamos el alma.  Nuestras caricias se limitaban a acariciar nuestros rostros y tomarnos del cabello, de vez en cuando acomodábamos nuestros rostros de izquierda a derecha.

    Deje de besar su boca y me dirijo a su cuello, sentí el aroma de su perfume, mezclado por el hembra excitada. Martha movía su cabeza para dejarme besar todo su cuello. Martha cerraba los ojos para entregarse completamente a la pasión del momento, de vez en cuando nos decidamos cuanto nos amábamos. Ese instante no nos importaba nada, solo estar juntos.

    Ella se había recostado hacia el brazo del sillón y yo prácticamente estaba sobre ella, devorando su boca y su cuello, a la vez que acariciaba su rostro y sus brazos, sintiendo su piel aterciopelada, nuestras respiraciones eran muy agitadas, mi miembro estaba que me dolía de lo duro que estaba.

    Martha bajó su mano y acarició mi entrepierna por encima del pantalón, mientras yo apretaba y acariciaba sus pechos por encima de su blusa. Nuestros besos cada vez se volvían más apasionados, mordíamos nuestros labios y nuestras lenguas jugaban entre sí una batalla que ninguna ganaría.

    Bajé mi mano y acaricié sus piernas por encima de la falda, bajé un poco más y empecé a intentar acariciar sus piernas subiendo su falda, las sentía firmes y calientes, envueltas en esas medias nylon que eran mi fetiche, subí su falda hasta permitirme ver sus muslo regordetes y sabrosos.

    Martha empezó a meter su mano por debajo de mi camiseta, y yo hacía lo mismo por debajo de su blusa. Empezó a acariciar con más confianza y fuerza mi miembro por encima de mi pantalón, yo estaba que explotaba, no podía controlarme, ella se dio cuenta de lo excitado que estaba y se aprovechaba de ello, quería ser quien controle la situación.

    Empecé a moverme encima de ella frotando mi cuerpo con el suyo, mientras besaba con desesperación sus labios, su cuello y empezaba a morder sus pechos por encima de su blusa. Martha me hizo un ademán de cambiar de posición y ahora ella estaba encima de mí, recostada de lado, mientras me acariciaba mi miembro y no dejaba de besarme, con una sola mano logró zafar mi correa, y desabrochó mi pantalón, metió su mano y acariciaba mi miembro por encima de mis interiores, subía mi excitación aun nivel que no podía describir, y… exploté, entre convulsiones y gemidos… diciendo su nombre… besándola… mientras veía en su rostro una satisfacción de haber logrado hacerme explotar a su antojo.

    Nos quedamos recostados en el sillón, Martha sobre mí, su mano acariciando mi miembro por encima de mi interior mojado, mientras yo acariciaba su cabello y con la otra mano la toma del rostro guiando su boca a la mí para darle un beso de amor.

    En la misma posición subió su mano y mientras me acariciaba el rostro, me decía cuanto me amaba.

    Estuvimos por un momento así, calmamos nuestra respiración, y el color de nuestros cachetes tomaba su color habitual, Martha me sugirió que fuera a dar una ducha para que me calme, pues a pesar de haber explotado recientemente, mi miembro empezaba a ponerse duro nuevamente por ella, total mi hermana Paola estaba pronto por llegar.

    Martha se dispondría a preparar la cena, mientras yo me duchaba llego mi hermana y estaba en su habitación, yo bajé cambiado de ropa a la cocina, y la encontré tarareando una canción de moda. Me acerqué por la espalda y mientras restregaba mi miembro que nuevamente se había puesto duro al verla, en su trasero, la tomé de la cintura y le susurré al oído cuanto la amaba.

    -Yo también te amo, pero este no es el momento… después conversamos, me dijo, tu hermana podría encontrarnos haciendo algo indebido.

    -Está bien, le dije, mientras le daba un beso en la mejilla, la soltaba y le di una palmada en su trasero.

    Más de noche, cenamos, y nos fuimos a nuestras habitaciones cada uno, no sin antes Martha darse una ducha antes de dormir, para calmar esa pasión que de seguro la carcomía por dentro.

    Esa noche, antes de dormir, me masturbé pensando en Martha, en todo lo que habíamos hecho juntos, cada vez pensaba más que esto era una realidad y no era un sueño.

    Ya mañana buscaría la forma de estar a solas con ella nuevamente.

  • Lluvia bajo el sol

    Lluvia bajo el sol

    Esta terraza soleada y escondida de miradas indiscretas es lo mejor de nuestro pequeño apartamento. Y pensar que ha sido necesaria la llegada de una pandemia para que supiésemos apreciarlo.

    Poder tomar el sol desnudo y respirar a pleno pulmón es un lujo que no está al alcance de todos en los tiempos que corren. Pero hay algo que convierte a nuestra terraza en realmente excepcional e inmejorable y es tenerte a ti a mi lado.

    Deseo repetir, deseo repetir una y mil veces lo que ha pasado hoy. Deseo que te acerques a mí desnuda, con tu cuerpo brillante y resplandeciente por la protección solar, únicamente con tus gafas de sol puestas y tu pelo recogido.

    Quiero volver a fijarme en tus pezones erectos y desafiantes ante la suave brisa que los acaricia y quiero que al llegar a mi lado me tapes el sol con tu cuerpo mientras sitúas una pierna a cada lado de mi cabeza.

    Me muero de ganas de mirar hacia arriba y disfrutar de la visión de tu precioso coñito descendiendo lentamente en dirección a mi cara, con la humedad delatora asomado entre sus labios ligeramente entreabiertos como si de una fruta almibarada y madura se tratase. Quiero sacar mi lengua y recibirte sediento cuando, sujetando mi cabeza, me restriegues la vulva húmeda y caliente por la cara. Quiero aspirar el aroma de tu flor, que mi lengua aletee entre tus pétalos y sentir el néctar resbalando por mi cara.

    Quiero que seas traviesa y aplastes tu chochito contra mi cara dejando caer el peso de tu cuerpo y que me preguntes:

    – ¿Te gusta?

    -¡Me encanta!- Contestaré yo haciendo un esfuerzo por apartar tu exquisita carne de mi boca.

    -Pues esto te va a gustar más.

    Lentamente volverás a levantarte y mi triste lengua se despedirá de tu precioso coño con un último lengüetazo que perdurará mientras lo haga el hilo de flujo y saliva que cuelgue entre tu cuerpo y el mío.

    Retrocederás sobre mi cuerpo y tomando mi dura polla con una mano descenderás lentamente hasta situar mi glande entre los labios de tu babeante chochito sin dejar de mirarme con una pícara sonrisa en todo momento. Notaré tu humedad en mi capullo y la suavidad de tu coño mientras lo restriegas arriba y abajo entre sus labios.

    -Creo que me va gustar mucho.

    -Yo te aseguro que te va a gustar mucho cariño. – Contestarás sensualmente.

    Y entonces lo sentiré, sentiré como el líquido caliente salpica otra vez mi glande y desciende por mi polla hasta empaparme los huevos.

    – ¿Es esto lo que tanto querías?

    Me has preguntado mientras tu mano guiaba mi glande entre los pliegues de tu precioso conejito que lloraba y lloraba mojándome como tantas veces había imaginado y deseado.

    -¡Muchísimo!- Te he contestado clavando mis ojos en tu coño que chorreaba y chorreaba sobre mi cuerpo.

    -Disfrútalo entonces.

    Será otra meada larga y abundante, se nota que has estado aguantando durante largo rato para darme este capricho y eso me hace desearte más que nunca. El líquido empapará otra vez mi cuerpo y el cojín de la hamaca sobre el que descanse mientras las últimas gotas de pipi se deslicen polla abajo.

    Luego volverás a colocar mi capullo en la entrada de tu cueva y bajando muy lentamente te clavarás mi estaca en tu interior mientras dejas que un suspiro escape de tu boca.

    -Ummm, yo también lo necesitaba cariño. –Me has dicho hoy mientras apoyabas tus manos en mi pecho y clavándome en la hamaca has comenzado a cabalgarme sin esperar otra cosa que sumisión por mi parte.

    Embriagado por una sensación de humedad como nunca he sentido antes he disfrutado de mi polla se deslizándose arriba y abajo por tu lubricada vagina y siento anhelo de que tus gemidos vuelvan a ser música en mis oídos como ya lo han sido hoy.

    He sabido que esta vez no iba a aguantar demasiado tan pronto como has comenzado a deslizarte hacia delante y atrás sobre mi cuerpo e inclinándote hacia delante tu boca ha buscado la mía. Mi excitación era hoy demasiada como para poder resistir mucho tiempo y te he avisado.

    -Me voy a correr amor.

    – ¡Y a mí que! –Me has contestado acelerando aún más el ritmo y tapándome la boca con la tuya.

    Nuestras lenguas se han entrelazado, nos hemos mordido la boca y en unos segundos me he derramado abundantemente en tu interior sin que dejases de montarme con fuerza mientras me arrancabas gemidos ahogados con cada movimiento de tu cadera.

    Quiero volver a sentirlo, y quiero que esta vez dure más. Quiero volver a sentir el peso de tu cuerpo sobre el mío mientras mi polla se afloja lentamente en tu interior y quiero que vuelvas a preguntarme si me ha gustado al oído para poder contestarte con otro beso en la boca.

    Y quiero nuevamente una mezcla de tus jugos y me semen se derramen de tu coño cuando este abandone mi polla y por supuesto que lo volveré a comer y lamer cuando me lo ofrezcas con esas palabras que hoy me han vuelto loco por segunda vez.

    – ¿Me lo comes? Quiero correrme ahora yo en tu boca.

    Y lo comeré otra vez con ansia mi amor. Lo recorreré con la lengua recogiendo ese delicioso almíbar que rezumaba hoy tu caliente chumino, chuparé los labios y lameré tu clítoris mientras te follo con los dedos haciendo que tu caldo gotee de nuevo en mi boca y mi mayor premio será cuando, otra vez, sienta ese temblor que recorre tus piernas cuando te corres avisándome de que debo estar atento para no desperdiciar ni una sola gota de ese exquisito premio con que me brinda cada uno de tus orgasmos.

    Tu lluvia hoy me ha regalado el mejor de los arcos iris. Sabes que espero con ansia a que llegue la próxima tormenta de verano a nuestra terraza.

  • Primo versus primas

    Primo versus primas

    Antes que nada, este relato tiene cosas muy fuertes. Ya aviso de antemano.

    Tamara y Marta eran hermanas, su primo Carlos iba a pasar el verano con ellas como cada año. Su tía les había dejado a solas ya que eran todos mayores de edad. Lo que no sabía era la relación que había entre ellos ya que habían perdido su virginidad juntos. El chico disfrutaba desde hace un par de años de aquellos maravillosos culos que empotraba con su polla. Estaba muy bien dotado, un pene largo, grueso, con un buen par de huevos bien cargados y una mata de vello en su entrepierna.

    -Ven aquí primita que hace mucho que no te doy lo tuyo -dijo quitándose su bañador dejando su enorme virilidad al aire. Se la acarició por encima para darle una mayor rigidez a su polla.

    -Me la metiste ayer mismo, además deberías tratarme mejor. Me duele el culo siempre que me la metes tan fuerte -se quejó Marta.

    Pero el chico no hizo caso y se la metió de golpe haciendo que diera un fuerte grito. Tamara bajo corriendo a ver que sucedía y al ver aquello suspiro. Era algo típico follar entre ellos pero no le gusto ver a su preciosa hermana ser empotrada de esa forma tan bestia. Ella estaba al borde del llanto.

    Ambas tenían cuerpazos y eran casi unas modelos. Su primo tenía cuerpo atlético, buena cara y una gran polla. Al principio y cuando empezaron aquella relación el chico se portaba muy bien con ellas pero estaba claro que se le había subido el ego a la cabeza.

    -Mas… despacio… -rogaba ella.

    Pero Carlos estaba tan en la gloria que no hizo caso y finalmente eyaculó tras unos cuantos minutos. La dejo metida durante unos segundos para después sacarla ya flácida que igualmente era enorme. Le dio un azote a su prima y se marchó de manera egocéntrica.

    -Joder… como duele -Marta se sobaba el culo mientras aún salía el semen.

    -Escucha, no podemos dejar que sea tan bestia. A mi me follo hace tres días y aún me duele el coño -Tamara se sobaba su coño por encima del bañador.

    -¿Y qué hacemos? -pregunto ella.

    -Ya se me ocurrirá algo -respondió pensativa.

    El joven por su parte seguía igual, follaba cuando quería, cuando ellas no estaban se masturbaba porque sentía la necesidad de descargar. Le encantaba ir desnudo por la casa mientras su enorme polla se meneaba de un lado a otro. Era genial poder estar en pelotas. Incluso algún día que fueron unas amigas de sus primas salió de la ducha solo con la toalla en la cabeza enseñando su virilidad y disculpándose con sus amigas porque pensaba que estaba solo cuando sabía perfectamente que era mentira.

    Las chicas estaban algo ya cansadas del comportamiento tan egocéntrico y prepotente de este. Pero no sabían que podían hacer. Hasta que un día llego corriendo Tamara con algo en sus manos, su primo dormía así que era el momento.

    -¿Qué es eso? -pregunto su hermana.

    -Mira lo que dice -contesto.

    Marta leyó lo que decía las instrucciones y luego miro a su prima esbozando una sonrisa.

    -¿Esto puede ser verdad? -pregunto feliz.

    Ella asintió.

    -Es algo temporal pero funciona de verdad. Los efectos duran… una semana solo -examinó las instrucciones del bote y allí estaba, solo una semana. Pero era lo suficiente para darle una lección a su primo.

    Sin duda era la solución a sus problemas. Además estaba durmiendo por lo que era el momento adecuado. Con cautela entraron a su habitación, dormía completamente en pelotas y eso les ahorraría tiempo. Se subieron con cuidado de no despertarle. Sus peludos huevos reposaban sobre las sábanas, eran como pelotas de tenis.

    -Bien, hazlo -susurro Tamara.

    Marta abrió despacio el bote, metió la mano para untarse bien de crema. Luego agarro la polla flácida de Carlos y paso la crema azul por toda ella incluyendo sus grandes huevos que vistos así eran impresionantes. Al sentir las caricias no pudo evitar ponerse duro y se puso erguida ante la vista de las chicas. Ella masajeo todo bien haciendo una paja y asegurándose de que la crema se colaba por la uretra. El joven al cabo de unos segundos eyaculó expulsando muchos chorros mientras estaba dormido ante la mirada de ellas que no imaginaban tal corrida.

    Luego su polla volvió a ponerse flácida y más pequeña.

    -Muy bien ya está, vamos -dijo su hermana.

    Ambas salieron con una sonrisa mientras el joven seguía allí tumbado sin saber lo que estaba por venir. Al día siguiente sucedió lo primero. Carlos salió desnudo a darse un baño cuando vio a sus dos primas desnudas y tumbadas en la hamaca. Sin dudarlo se acercó a Tamara, aquel precioso culo tenía que ser suyo.

    -Oh primo, ya tenía ganas de tu polla -dijo en un tono erótico.

    Con aquel tono no pudo resistirse, restregó su polla en las nalgas haciendo gemir a su prima que estaba encantada. Cuando se la iba a meter algo ocurrió, su polla empezó a perder su dureza y poco a poco se quedó flácida. Seguía siendo grande pero sin estar dura. Se había desinflado.

    -¿Primo?, ¿a qué esperas? -pregunto sensual.

    -No tengo ganas ahora -respondió volviendo al interior de la casa confuso.

    Marta que se había hecho la dormida había podido ver todo y se lo comentó a su hermana para después echarse ambas a reír.

    -Falta lo mejor -comentó Tamara deseando que llegara ese momento.

    Esa misma tarde, Carlos se fue a la ducha pensando en lo ocurrido. ¿Un gatillazo?, no podía ser, él era un hombre y estaba en la flor de la vida, esas cosas no le podían pasar a él. Se llevó la mano a su polla y la comenzó a masturbar como siempre hacia cuando veía porno. Al cabo de unos segundos se puso dura y este se sintió aliviado. Sus primas observaban todo por unos agujeros que hicieron para poder verle.

    -Que gusto -susurro este mientras se masturbaba ahora mas duro.

    Pero algo ocurría, su polla perdió la dureza de nuevo y cayó flácida. Ya iban dos en un mismo día. Aquello no le podía estar pasando a un tío como él.

    -Sera este calor -pensó para tratar de convencerse. No estuvo de buen humor el resto del día y eso se notaba ya que ignoraba a sus primas o incluso discutió un poco aunque luego se disculpó con la excusa de que estaba cansado y con dolor de cabeza.

    El día transcurrió sin más pero Carlos estaba muy callado. Al día siguiente el joven se bañaba como era costumbre completamente desnudo y nadando para hacer ejercicios. Escuchó unos ruidos y pronto aparecieron sus dos primas con dos amigas con cuerpos de infarto. No se había dado cuenta de algo muy importante, que estaba desnudo y la crema ya estaba haciendo el efecto deseado por las chicas.

    -Primo ven a saludar -dijo Tamara.

    -Eso, que ellas quieren ver tu polla -dijo Marta.

    Al decir eso el joven supo que el momento de mostrar que era un hombre era ese. Salió de la piscina sonriendo, cuando dejó al descubierto su virilidad lo que escuchó no fue lo esperado. Todas estallaron de risas y señalaban hacia su entrepierna. Él miro y para su horror su polla ahora era una pilila de apenas unos pocos centímetros.

    -Oh dios me meo de risa -dijo una de sus amigas llorando de risa.

    -¿Tan fría está el agua? -pregunto la otra.

    -Oh dios que pequeña -dijo juntando los dedos.

    Tamara y Marta reían felices de ver que su plan había funcionado. El resultado era mucho más de lo esperado y no dudaron en burlarse mientras este llevaba la mano a su empequeñecida polla. Marta se acercaron y se colocaron detrás suya. Tocaba la última parte de su plan. Le retiro las manos y se las colocó atrás rápidamente para evitar resistencia.

    -¡Esto por el culo de mi hermana! -alzo su rodilla e impacto en sus pelotas haciendo que diera un alarido y perdiera fuerzas.

    Carlos sentía como sus huevos le dolían mucho, era horrible aquel dolor.

    -¡Esto por mi culo! -le dio otra como venganza.

    Desde hace tiempo aquel primo cariñoso se había transformado en un hombre prepotente y tocaba educarlo.

    -¡Y esto para que aprendas a tratar bien a las mujeres! -le dio una fuerte patada que lo tiro al suelo ya que Marta dejo de sostenerle. Sintió como sus gónadas se subían a su estómago.

    Las amigas no paraban de reír, le daban lastima pero se lo tenía merecido.

    -Vamos chicas -comentó Marta.

    Ambas agarraron cada una el culo de una de sus amigas y se despidieron del joven mientras se mofaban de su polla. Carlos no supo cuanto rato estuvo allí tirado agarrando sus huevos. Cuando se levantó como pudo entró su tía al patio con unas amigas que había invitado y al ver aquel espectáculo se echaron a reír ante la mirada de este que no sabía dónde meterse.

    -Sobrino, ¿qué es esa colita? -pregunto mirando su pene.

    -¿Es tu sobrino?, pues vaya cosa más ridícula tiene -su amiga se unió para luego reír.

    Carlos estaba desnudo, con su polla encogida y delante de las mujeres que tenían un cuerpo de infarto. Quiso salir de allí pero fue agarrado por el brazo, no pudo resistirse debido a la falta de fuerza por el dolor de huevos. Fue colocado en la hamaca boca arriba. Lo peor estaba por venir.

    -No creas que no sé cómo has tratado a mis hijas. Debo castigarte -dijo con una sonrisa.

    El joven sintió un escalofrío por todo el cuerpo, ni se imaginaba la vergüenza que le iban a hacer pasar aquellas mujeres adultas. Mientras tanto, en sus habitaciones Tamara y Marta follaban con sus amigas. No eran lesbianas pero sentían la necesidad de hacerlo con ellas ya que tenían mucha confianza y tenían mucha más experiencia que ellas. El placer de hacerlo sabiendo lo que habían hecho a su machito primo les dio oleadas de orgasmos intensos.

    Amarrado, desnudo y delante de las mujeres que no paraban de burlarse de su pene. Así se encontraba Carlos.

    -Vamos con el primer castigo -dijo su tía.

    Acercó la maquinilla hasta sus pelotas y le rasuro toda la mata de vello púbico de la cual siempre había estado orgulloso dejando a este completamente pelado. Ahora su virilidad parecía la de un bebé sino hubiera sido por sus enormes huevos que estaban de color casi azul.

    -Que cosa más pequeña, ahora sin el pelo incluso más ja,ja,ja -decía una de las amigas en bikini.

    No se podía mover al estar atado y deseaba salir de allí. Las lágrimas se derramaban por su cara pero dejo de llorar para empezar a rogar. Aquello que llevaba su tía no le gustaba nada.

    -¿No te gusta lo que ves? -completamente desnuda y con las enormes tetas al aire, traía un dildo en su cintura.

    -No, por favor no. No quiero eso -dijo comprimiendo su ano.

    -Shhh, ya verás cómo te gusta y todo -ella echo un líquido por encima.

    A pesar de que Carlos opuso resistencia acabo siendo penetrado por su tía mientras soltaba un gran grito de dolor. Era enorme, incluso más que cuando su polla estaba empalmada. Sus dos primas observaban todo desde la ventana e incluso grabaron toda la secuencia. Ella embestía mientras disfrutaba dominando a un joven viril.

    Al cabo de unos pocos minutos y ante la negativa del joven, este eyaculó unas pocas gotas ante la risa de las mujeres que se fueron turnando para penetrarle. Luego, le quitaron las cuerdas y el joven apenas podía mantenerse en pie.

    -Esto para que no olvides que debes respetar a las mujeres-le agarro de las pelotas y las jaló hacia abajo provocando una fuerte sacudida.

    Carlos cayó al suelo y se desmayó tras tanto dolor. Cuando despertó, lo primero que sintió fue dolor al ver sus pelotas inflamadas encima de una bolsa de hielo. Delante suya estaban sus primas.

    -¿Te duele mucho primo? -pregunto Marta con tono sensual.

    -Oh, debe ser doloroso tener algo así -acarició sus testículos por encima.

    Estuvo una semana sin apenas poder andar, era tal el dolor que tenía que comer en la cama y solo levantarse a mear. Fue la semana más horrible de su vida pero podía ver que sus huevos cada vez iban a mejor. Pero lo mejor vino cuando su pene recuperó la normalidad, era igual de grande que antes.

    -Dios que alegría tenerte de vuelta -se dijo mirando al espejo.

    Salió casi corriendo, su tía y sus amigas estaban en topless tomando el sol. Sus primas estaban dándose un chapuzón cuando el joven salió con la virilidad al aire, presumiendo que le colgaba una gran polla.

    -Mirad el pedazo de polla que tengo -comentó egocéntrico.

    Luego sacando pecho se metió dentro y fue a su cuarto a hacerse una paja. Necesitaba descargar todo. Para mayor seguridad se fue al baño, cogió el móvil y allí de pie frente al urinal se puso a cascar su pene.

    -Si… dios… oh… joder… -gozaba viendo un par de videos porno.

    Entonces sintió algo en sus bolas, una mano se cerró sobre ellas.

    -Eres un cochino, ¿te hecho una mano? -agarro ahora su polla y la comenzó a masturbar. Marta sabía cómo hacer una paja.

    Iba a decir algo pero el placer era demasiado grande, su respiración cada vez era más rápida y apenas podía pensar.

    -Esta vez solo la has tenido pequeña una semana. Pero si te vuelves a meter con nosotras, o nos haces daño… te quedarás sin tus bienes más preciados-aquella frase fue precedida por grandes chorros de semen que dieron en la taza.

    Carlos recuperaba el aliento. Tamara entro y no pudo reír al ver la escena.

    -Tenemos el video donde nuestra madre te folla este culo- le metió el dedo suavemente.

    -Si, y si te portas mal tus amigos lo verán… -susurró Marta.

    -Tienes una gran polla, sería una lástima quedarte sin ella -le paso la mano y jugo con su glande sin que Carlos pudiera pensar ya que estaba como ido por la paja.

    Luego le dieron una pequeña palmada en sus nalgas y se marcharon.

    Una vez recuperada su hombría aprovecho una tarde para vengarse. Marta estaba desnuda leyendo encima de la cama, momento que aprovechó él para entrar con cautela completamente duro. Su polla no iba a parar aquella vez. Como un toro, la agarro empujando de golpe dentro de su ano, para evitar que chillase le puso la mano en la boca.

    Le dio unas cuantas embestidas y luego eyaculó tanto que se salió de su culo al repetir su enorme virilidad. Marta estaba llorando con la cabeza en la almohada.

    -Que te quede claro, mientras tenga esto, yo mando -dijo agarrando sus huevos.

    Entonces sintió un gran dolor, Tamara le había electrocutado las pelotas desde atrás con una pequeña pistola que llevaba para defensa personal. El joven casi echaba espuma por la boca inconsciente.

    Marta enfadada y con lágrimas, le dio un pisotón en los huevos a modo de venganza. Al hacerlo estos se subieron al abdomen.

    -Basta Marta, tengo una idea -dijo con una sonrisa macabra en su rostro.

    Su tía regreso con una amiga, lista para follarsela con un dildo cuando se encontró a Carlos desnudo encima de la cama. Pero lo más sorprendente es lo que le habían hecho las chicas. Le habían estirado el escroto vacío y pegado a su ano, para evitar que volvieran sus huevos al sitio le habían puesto una pequeña cuerda. Por último, su enorme polla estaba pegada hacia su estómago.

    -Oh dios… debe ser doloroso -Carlos se sacudía adolorido aunque inconsciente.

    Ambas jóvenes explicaron lo sucedido.

    -Ya veo, ahora iros a la piscina, debo arreglar esto. Lo lamento por él-comento ella.

    Carlos despertó a las pocas horas, le dolía mucho su entrepierna, como pudo fue hasta el baño para mear. Las mujeres estaban tomando café en el comedor cuando escucharon un grito. Enseguida apareció el joven desnudo, allí estaban sus primas, tía y algunas amigas de ellas, que al ver aquel aspecto de su entrepierna, se echaron a reír.

    -¿Qué me has hecho? -pregunto horrorizado y señalando su virilidad.

    -Estaban muy mal cariño, te los he tenido que quitar -dijo en un tono sensual.

    Ahora su polla era minúscula debido a la falta de su escroto. Su enorme polla ya no estaba, había un pequeño garbanzo.

    Su tía se levantó y acerco hasta su oído.

    -Di algo de lo que ha pasado e irás a la cárcel, pero tendrás que mear sentado -le dio un pequeño pellizco en su diminuto pene. Deseaba que fuera una pesadilla, pero no, era real, había jugado con las mujeres y ese fue su error.

    NOTA: Todo esto es ficción y no hay nada de real en ello. Es simplemente un relato más.

    Saludos!

  • Mi joven aprendiz

    Mi joven aprendiz

    El mundo de la dominación siempre me ha atraído, pero cuando te intentas meter un poco te das cuenta que hay muchas formas de entenderlo y llevarlo a la práctica.

    Yo me he quedado en la faceta del juego sexual de la dominación, puedo ser dominante o sumiso, todo dependen la pareja con la que comparta ese juego y con ambas disfruto plenamente.

    Un día de esos aburridos por casa, me metí en un chat de mi ciudad para pasar la tarde, llevaba varias conversaciones de esas absurdas que te piden todos los datos como si fuese una entrevista del FBI cuando vi un Nick que me llamó la atención: “Aprendiz Sum”.

    Pinché en el nombre para averiguar quién estaba detrás de ese nombre y que buscaba, me encontré con una chica de 22 años que buscaba iniciarse experimentar en el mundo de la dominación.

    No suelo hablar con chicas tan jóvenes, porque aparte de la diferencia de edad suelen ser chiquillas sin ideas claras, sin experiencia y con ganas de buscar un noviete que les saque de parranda.

    Pero en el caso de Aprendiz Sum era diferente, vivía cerca de mi ciudad y buscaba conocer alguien mayor que le enseñase cosas del tema.

    Estuvimos charlando sobre sus gustos, los límites y lo que tenía ganas de hacer y congeniamos, a ninguno de los dos nos iba el dolor, la escatología ni la humillación ni vejación.

    Intercambiamos nuestras direcciones de Skype y empezamos a hablar, cachorrita, la bauticé con ese nombre, me dijo que era morena, 168 cm, 58 kg, con tetillas pequeñas pero buen culo y muy caliente pero también tímida.

    Que había tenido varios novios que se la habían follado pero que le costaba correrse ya que algo faltaba y eso tal vez era lo que buscaba.

    Que disfrutaba más con su vibrador y sus dedos fantaseando que un mayor le hacía de todo, le dije que si quería jugar conmigo tenía que tener confianza en que no iba a pasarle nada que no quisiera pero que tendría que obedecerme y ser una alumna aplicada para ser mi sumisa Cachorrita.

    CA: Bien Cachorrita, a partir de ahora cuando hables conmigo siempre llevarás ropa interior sexy, con medias, zapatos de tacón y te pondrás guapa para mí.

    CS: Ok, pero a veces están mis padres en casa.

    CA: Pues o cierras la puerta, o te pones algo para taparte, pero siempre que hables conmigo has de ir vestida para la ocasión, el cómo es tu problema, si no puedes hacerlo algún día me explicarás el motivo y si es lógico veremos que castigo te pongo.

    CA: La segunda orden que tienes es que has de masturbarte todos los días pensando en lo que quieres que te haga y me lo contarás por mail, puedes añadir a ese mail alguna foto de tus tangas o bragas mojados, para que vea lo cachonda que estabas.

    CS: No hay problema mi Señor, me masturbo a diario, me encanta hacerlo.

    CA: La tercera orden es que te dejes crecer algo de vello en el pubis, un mechoncito para que te pueda agarrar de los pelos si te portas mal, no me gustan los coños depilados enteros, ¿algún problema?

    CS: No ninguno, lo llevo afeitado, ¡pero me lo dejo crecer si te gusta así!

    CA: Muy bien, vas aprendiendo Cachorrita, serás una buena alumna y tendrás tu recompensa.

    Durante se chat le di todas las instrucciones las cuales tenía que seguir al pie de la letra, tenía la verga durísima pensando en castigarla, pero continúe poniéndole reglas.

    CA: La cuarta orden y la última es que te vayas abriendo el culo para que cuando lo quiera lo pueda disfrutar.

    CS: Es que por el culo lo han intentado, ¡pero me duele!

    CA: Es normal los jovencitos que te han follado no han sabido, yo te haré correr jugando con tu culo, así que vete metiéndote los dedos, jugando con él y me vas contando, ¿entendido?

    CS: Si, si te gusta así lo haré, no quiero que me castigues y estoy dispuesta a aprender.

    Después de estas órdenes cerramos la conversación y quedé en que ya iría contactando con ella para ver sus progresos.

    Todos los días me escribía un mail contándome cómo se había masturbado, si se había metido un dedo o dos en el culo.

    Que se pasaba el día excitada y caliente pensando en llegar a casa y ponerse su ropa de sumisa para mí, así estuvimos una semana más hasta que un día me encontré un mail con unas fotos suyas.

    Me encantó ver ese cuerpo joven y tierno en lencería, en unas iba con unos tacones negros medias negras y tanga negro y sujetador a juego con un antifaz, tenía una boca deliciosa y un cuerpo que daban ganas de comérselo entero.

    En otra foto estaba a 4 patas solo con las medias y abriendo su culo, rosado y sin pelos, la tercera foto me mostraba un coño con una línea de pelillos negros, rizados que me puso la polla a punto de explotar.

    Que rica estaba la tímida Cachorrita, me confesaba que deseaba conocerme, aunque tenía miedo.

    Le escribí un mail proponiéndole vernos en una zona muy concurrida para tomar algo y que la invitaba a comer, ella aceptó.

    Quedamos en que la recogería en una zona de la Universidad y tomábamos algo cerca, pasé a buscarla a la hora indicada y allí estaba Cachorrita.

    Su cara mezcla de miedo, timidez y excitación eran un poema, iba vestida con unas mallas negras y botas negras a juego. Arriba una blusa de plumas ocultaba el resto de su cuerpo, pero se la veía atractiva y sexy, pero su trasero era lo que mejor se le veía, me dieron ganas de tocárselo nada más de verla.

    CS: Hola soy Cachorrita,

    Me dijo con un tono de voz que me dieron ganas de comerme esa boca allí mismo.

    CA: Hola Cachorrita que guapa te ves, pero esa blusa no me deja ver tus tetas, así que desabróchatela.

    Se abrió la blusa y debajo no traía brasear, sus tetitas se veían espectaculares, con su pezón firme, paraditas, con ganas de comérselas.

    CA: Así está mejor, ¿Estás asustada?

    CS: Un poco, pero más bien excitada por la situación.

    Nos fuimos a tomar algo y estando en el bar le dije que pensaba meterle mano y notar los pelos de su coño, su cara era un poema, de miedo y excitación.

    CS: Vale, pero que no nos vean, ¡por favor!

    CA: Tú calla, que las Cachorritas buenas se dejan hacer todo.

    La mandé al baño y al rato iría yo, la dejé esperar allí unos minutos y cuando vi que nadie entraba en el baño, me colé dentro.

    Cachorrita abre la puerta, la última puerta del baño se abrió y pasé.

    Allí estaba esa joven morena, temblando como una hoja, pase dentro, la puse de espaldas a mí y deslice mis manos desde su cuello, por sus pechos hasta sus mallas.

    La acaricié entera por encima de la ropa, ella suspiraba, mientras mis dedos jugaban con sus pechos, pellizcaba sus pezones que se marcaban ya en su ropa.

    Luego metí mi mano bajo sus mallas, me encontré una tanga mojada, mis dedos se deslizaron por dentro y jugué con un mechón de pelillos un rato, mientras mis labios mordisqueaban su cuello.

    Bajé mi mano y la deslicé por su coño, que estaba empapado, acaricié su clítoris, sus labios y llegué a su culo, ya mojado de la cantidad de flujo que soltaba, sus suspiros pasaron a gemidos, y le dije.

    CA: ¿Te gustaría notar mi boca en tu vagina?

    CS: Sí mi Señor.

    CA: Y mi polla?

    CS: ¡Mmm!! ¡Sí!

    CA: ¡Pues tendrás que esperar y ganártelo!

    Le dije y salí del baño y me senté en mi silla de nuevo, al rato salió mi Cachorrita, con sus mejillas sonrojadas y ese brillo en los ojos tan sexy.

    CA: Has tardado mucho Cachorrita ¿qué hacías?

    CS Me he estado masturbando mi señor.

    Muy bien, así me gusta, ahora vámonos que se te hace tarde, Y la dejé en la Universidad de nuevo.

    CORNEADOR ANÓNIMO.

  • Vacaciones inolvidables con mi hermana

    Vacaciones inolvidables con mi hermana

    Calor. Calidez suave, confortable y de ensueño. Mi cuerpo sabía lo suficiente de lo que estaba pasando por el calor que sentía desde mi rostro hasta mis pies: estaba acostado en la cama, acurrucándome con alguien que parecía tener la forma perfecta para mí. ¿Por qué me molestaría en profundizar más?

    Pobre de mí. Nuestras mentes no fueron hechas para ignorar los hilos de curiosidad que se mueven constantemente.

    Estaba en la cama con una de mis conexiones de la semana pasada. Eso parecía evidente.

    Después de todo, todos en el campus estaban ansiosos por manejar sus últimos exámenes parciales o periódicos para poder tener una fiesta explosiva y volar la ciudad para las vacaciones de primavera. A pesar de una agenda abultada, había aprendido de mis 4 semestres anteriores (incluido el verano entre mis primeros dos años) y me había adelantado a los plazos en lo que va de primavera, tanto como el programa de ingeniería civil me lo permitió. Como resultado, pude asistir a cualquier fiesta o salida de la que me enteré desde el martes.

    Por imprevisto que hubiera sido, me encontré al azar con mi amiga habitual con beneficios, Jessica, tanto en una pequeña fiesta el martes por la noche como en un bar de narguile después del club el miércoles. Dado que mi horario rara vez me había permitido disfrutar de las típicas salidas sociales de la vida universitaria el semestre pasado, no cuestioné terminar en su cama ninguna noche.

    Sin embargo, este no era su cuerpo, porque Jessica se había ido de la ciudad después de que yo caminara de regreso a mi casa para dormir el jueves. Además, estos senos más suaves y alegres, eran un poco más pequeños.

    A quien pertenecieran, parecían complementar el hombro suave y cálido que olía apenas a mangos, y el cabello que olía ligeramente a lavanda… Ese aroma de champú parecía vagamente familiar, y los mangos… ¿Por qué el olor recordaba yo de un gusto? ¿A quién pertenecían estos hombros y cabello?

    Recuerdo que un Uber me llevó a otra fiesta el viernes por la noche en la casa de un amigo fuera del campus. Mi amigo, Brandon, estaba dos años por delante de mí en el mismo programa y estaba cerca de graduarse, así que esperaba con ansias su fiesta, a pesar de saber que no planeaba quedarme lo suficientemente tarde como para cerrarla por alguna razón … ¿que fue eso den uevo?

    —¡Reitzer! ¡Ven aquí, Arsch Lecker!  Brandon me gritó, dos cervezas en la mano, cuando llegué a la fiesta.

    —¡Jawohl, mein Freund!— Me reí en respuesta, haciendo una línea recta en su camino.

    Ambos teníamos apellidos germánicos, sabíamos un poco de alemán malo y nos drogábamos juntos con regularidad desde que nos conocimos durante mi primer semestre, así que cada vez que íbamos de fiesta juntos, las reglas estaban fuera de lugar. Además, Brandon era el alma de los grupos de ingenieros.

    Recuerdo haber tomado algunas más de las inicialmente planeadas y terminar conversando en la terraza trasera con una chica de mi clase de mecánica analítica, Lexy.

    Bebimos un poco más, dirigiendo gradualmente nuestra conversación al sofá antes de encontrarnos besándonos…

    Pero esta no podía ser Lexy. A pesar de que habíamos compartido un viaje de regreso al campus esa noche, nos dirigimos de regreso a nuestros dormitorios solos; Ambos teníamos planes para el día siguiente. Así es, ella volaba para reunirse con su familia en Austria, mientras yo tomaba un tren temprano, y eventualmente llegaba a unas vacaciones compensadas que mis padres habían preparado para mí y mi hermana en Martha’s Vineyard. Además, Lexy tenía el pelo rubio corto y sucio como el de Jessica, apenas por debajo de sus hombros.

    Mientras abría los ojos perezosamente, los mechones con aroma a lavanda que tenía ante mí eran dorados, tal vez rubio platino y llegaban hasta sus tensos omóplatos. ¿Por qué también eso era tan familiar?

    Esperé.

    Me desperté el sábado a tiempo para fumar y ducharme para ese impío viaje temprano en el tren. Pasé por un dispensario de cannabis en el camino de la estación de tren al aeropuerto. Tomé un vuelo con mi hermana, Kaylee, a la isla, donde nos registraron en una encantadora cabaña sacada de un cuento de Tolkien.

    Estar drogado e ir con la corriente a lo largo del viaje me había llevado a dejar que mi adorable hermanita, cabeza hueca, llevara por error a todo el personal a creer que éramos una pareja casada. Si eso no fuera lo suficientemente incómodo, terminé obteniendo dos ojos de la vagina de mi hermana a la mitad de nuestro primer desayuno juntos: ¡ni siquiera por accidente la segunda vez! En broma, hizo todo lo posible para atrapar mi mirada con sus pequeños labios apretados, rosados y abiertos, ¡como resultado de que me cayera hacia atrás de mi asiento! Naturalmente, los instintos menos fraternales que mi cabecita comenzó a bombear por mis venas fueron directamente a la guerra con el hecho sólido de que mi cabezota no podía moverse: Ella es tu hermana. Tu hermana de carne y hueso.

    Si bien estoy seguro de que nuestros padres no se habrían sentido complacidos con nuestra “broma” durante el desayuno si hubieran estado presentes, probablemente habrían sido más indulgentes que en lo que siguió.

    La fachada de broma de nuestra cita sexual se abrió de par en par cuando, mientras discutíamos drogados en su habitación qué efectos tendría el COVID-19 en la sociedad, cuando me quise dar cuenta estaba comiéndole el coño a mi hermana y ella gemía.

    Nos habíamos quedado dormidos en su cama tamaño, emocionalmente fritos por lo que acababa de suceder, y aparentemente terminamos tomando más droga durante nuestra siesta mutua.

    Por eso reconocí lo que debía haber sido su gel de baño de mango: todavía estaba probando el coño de Kaylee en mi boca… Los jugos del coño de mi hermana pequeña justo después de haberse duchado. No hay ninguna razón aceptable por la que un hermano deba reconocer el sabor de los jugos del coño de su hermana. A pesar de saber esto en mis entrañas, se me hizo la boca aún más agua.

    Cálida y cómoda como estaba resultando ser mi realidad de vigilia, mis ojos se abrieron de repente. Estaba completamente despierto y sobrio como juez.

    Mi mano izquierda, que se había estado dirigiendo a sí misma por el estómago firme de Kaylee, se congeló justo cuando llegaba a lo que tenía que ser la pista de aterrizaje de Kaylee. La pista de aterrizaje de mi hermana.

    No Esto se sintió demasiado bien; Sabía de alguna manera que esto no estaba bien.

    Ella es tu hermana.

    Sí, necesitaba salir de aquí antes de que Kaylee se despertara y encontrara a su hermano acariciándola de la manera más poco fraternal.

    Deslizando lentamente mi brazo derecho de debajo de ella y desenredando mi cuerpo desnudo y suave de Kaylee, me abrí camino hacia atrás por el lado opuesto de su cama y salí rápidamente de la habitación, cerrando la puerta detrás de mí.

    Mi mente estaba acelerando a toda marcha mientras me apresuraba bajar las escaleras a mi habitación. Mientras encendía mi encendedor para una calada de emergencia, de repente me detuve.

    Si fumar marihuana había causado o no algunas de las situaciones sexuales en las que me encontraba con mi hermana, definitivamente no me impedía manejarlas mal.

    “Mal.” Qué eufemismo. Intencionalmente o no, estaba explorando el incesto con mi hermana, y mientras estuviera drogado, esto no parecía molestarme.

    Bueno, no estaba drogado en este momento, así que probablemente este fue el mejor momento para pensar en lo que definitivamente fue un gran problema. Era el final de la tarde y, como necesitaba aclarar mi mente de una manera importante, hacer jogging en la playa parecía una alternativa segura a fumar.

    Solo me tomó un momento localizar mis zapatillas, que funcionaban como zapatillas para correr. Cambié mi camiseta por una de mis camisetas de entrenamiento normales, agarré mi móvil y mis auriculares, y bebí media botella de agua antes de dirigirme hacia la puerta principal.

    Normalmente haría algunos estiramientos ligeros antes de salir a trotar, pero sabía que si no salía al sendero ahora, encontraría una razón para volver adentro para una rápida calada previa al trote, y estaría de vuelta a donde empecé.

    Nuestra cabaña era una de las cinco en un callejón sin salida. Tal como había dicho nuestra agente de reservas, Joanna, había un sendero sin pavimentar que se alejaba de la calle entre dos de las casas vecinas. Tan pronto como vi el sendero, presioné play en mi nano y me puse en marcha con un ritmo seguro.

    —Ella es tu hermana, es tu hermana, es tu hermana—, mi mente parecía estar en un bucle con la intención de recordarme el incesto que acababa de probar.

    Afortunadamente, trotar tiene una forma de bombear cualquier cosa por tu cabeza, probablemente en conjunto con todo el aire que bombea a través de tus pulmones y toda la sangre que bombea a través de tu cuerpo. El camino por el que troté se abrió paso a través de un par de campos ligeramente arbolados, y me encontré llegando a la playa en menos tiempo del que esperaba.

    Para cuando mis pies tocaron la arena de la playa, mi mente estaba en una refutación bastante repetitiva: —Nadie resultó herido; sin daño, sin falta – sin daño, falta – sin daño, sin falta…

    Rocas para trotar en la playa, porque comenzar desde la arena suave te brinda un excelente entrenamiento de pantorrillas. Estaba a medio kilómetro de la playa, y mis pantorrillas e isquiotibiales estaban empezando a discutir sobre quién estaba trabajando más duro, cuando mi mente encontró su siguiente pecadillo: —¡El incesto es ilegal! Estás poniendo en peligro el futuro de ambos al dejar que esto ocurra!

    Era un buen punto, pero mientras mis piernas se alejaban por la playa no luché por aceptar lo obvio: siempre y cuando nuestras tonterías no pasaran de cierto punto, y mientras lo que habíamos hecho permaneciera en secreto, el mundo y todos sus habitantes seguirían como lo habían hecho antes.

    A pesar de que la playa parecía sacada de la portada de una revista, solo había visto tal vez a 6 personas en total mientras llegaba. Mi mente no se había rendido todavía: —¿¡Qué pasa si seguir la corriente te lleva a tener SEXO con tu hermana!?

    No me enorgullece admitir eso, estaba tan excitado por el puro tabú de esa posibilidad que mi corazón encontró suficiente sangre extra para bombear algo a mi polla.

    Fue una hipotética distracción para envolver mi mente. Cuando llegué a lo que estimé en un kilómetro y medio, me di la vuelta para comenzar el trote implacable de regreso.

    —Mientras estemos a salvo, y ninguno de los dos obligue al otro a hacer algo que no queremos hacer, ¿qué daño podría haber?— Racionalicé, volviendo sobre mi camino anterior por la playa, las olas ahora a mi izquierda, las dunas a mi derecha. Además, puede que ni siquiera llegue tan lejos.

    —¡Ella será tu hermana por el resto de tus vidas! ¡No puedes romper con una hermana!— mi mente golpeó hacia atrás, mientras mis pulmones lentamente comenzaban a afirmar su agotamiento.

    Estaba a medio kilómetro del sendero para caminar cuando reduje la velocidad a una caminata por primera vez desde que comencé a trotar. Me di cuenta de ello: necesitaba asegurarme de que Kaylee entendiera lo serio que era lo que estábamos haciendo juntos.

    Quizás Kaylee se estaba divirtiendo coqueteando con su guapo hermano mayor; tal vez solo se estaba deleitando con que un chico mayor le prestara atención a su cuerpo y quedó atrapada en el calor de un par de momentos diferentes. De cualquier manera, mi hermana merecía ser tratada bien por cualquier chico con el que se comprometiera, incluido su hermano, y eso significaba que tenía que asegurarme de que no se lastimara con esto.

    Esa iba a ser una conversación incómoda, a menos que perdiera mi suposición. Tal vez incluso sería lo suficientemente pesado como para evitar que Kaylee quisiera tener más relaciones con su hermano mayor.

    —Oh, bueno, ese sería mi joss—, pensé, recordando el concepto chino a medio camino entre el karma y el destino; Jessica me lo había enseñado en una de nuestras conversaciones de almohada el otoño pasado.

    —Es una conversación de adultos, y si ambos somos lo suficientemente adultos como para jugar con nuestros hermanos, somos lo suficientemente adultos para hablar de ello—, resolví, mientras salía de la arena, recuperando mi ritmo de trote.

    Estaba llegando al final de la playa cuando mi mente regresó a un punto anterior: —Ella es tu hermana, ¿realmente te atrae tu propia hermana?

    Kaylee había florecido de una hermana pequeña. Lo único que le impidió ser modelo de trajes de baño fue la oferta de un editor, por lo que pude ver. Y aunque mi historia romántica solo había conocido a media docena de coños antes que la de ella, el coño de Kaylee fue fácilmente el más memorable. Algo sobre la estética del coño de mi hermana, su pequeño tamaño, la simetría sutil de sus labios externos, el delicado rubor a lo largo de sus labios internos a medida que se volvían más rosados, en realidad hizo que fuera difícil recordar cualquiera de los otros coños que había conquistado. Ella era indudablemente atractiva.

    ¿Pero me atraía ella? ¿Mi propia hermana?

    Cuando llegué al final del sendero y reduje la velocidad para caminar cerca de nuestra cabaña, la pregunta todavía me atraía. Pensar sexualmente en Kaylee no me revolvía el estómago de la forma en que pensar en mi madre o en mis abuelas en posiciones sexualmente explícitas definitivamente todavía lo hacía, puaj.

    Mi hermana era una atractiva y pequeña descarada, y me sintiera atraído o no por ella, yo era su hermano mayor y estaba decidido a protegerla. Eso significaba apreciar los hechos de nuestra relación: porque no estaba dispuesto a lastimarla y porque no podíamos tener una relación romántica a largo plazo, nuestras bromas tenían una línea que no podía cruzar.

    Esas dos conclusiones no deberían ser demasiado difíciles para que Kaylee las reconociera, me consolé mientras me acercaba a nuestra cabaña. Y además, tal vez solo estoy soplando fuera de proporción en mi cabeza. Tal vez tu hermana maneje la conversación tan fácilmente como lo había hecho con tu desayuno subido de tono. El pensamiento esperanzador me hizo sonreír.

    —¡Cariño, soy hooOome!” Llamé cuando entré a la cabaña, quitándome la camisa empapada de sudor y secándome la frente.

    Ella no respondió, y mientras caminaba hacia el refrigerador para tomar algo para calmar mi sed, me di cuenta de por qué. Al ver chapotear en la piscina a través de la puerta corrediza de vidrio en el salón, deduje que debía estar nadando, mientras sacaba algo de beber y me serví un vaso.

    Probablemente tan bueno como trotar para despejar la mente, pensé.

    Me dirigí a mi habitación para ducharme. Inmediatamente después de trotar, cuando tus pulmones todavía están agitados, es un buen momento para fumar. Un tazón de sativa bien merecido y bien empaquetado me dejó mareado y sonriendo mientras me duchaba con un chorro de agua fría.

    Pronto llegaría la noche, así que me puse los pantalones médicos y la camiseta que normalmente me ponía holgazaneando si estuviera de vuelta en mi dormitorio.

    Escuché la primera película de Spider-man a todo volumen desde la televisión de la sala mientras salía de mi habitación.

    —¿Kaylee? ¿Por qué la televisión hace tanto ruido?— Grité.

    —¡Lo siento, hermano! Quería poder escucharlo mientras cortaba algunas limas aquí—, Kaylee regresó de la cocina.

    —Jaja, me sorprende más que te gusten las películas de cómics de Marvel, hermana.

    Efectivamente, Kaylee tenía unas rodajas de limón alineadas en la tabla de cortar, todo listo para las dos Coronas que tenía en la mano, una extendida hacia mí. Que todavía llevara puesto el bikini en el que había estado nadando, su cabello mojado colgando sobre un hombro, solo sirvió para completar la imagen.

    Maldita sea, se veía bien.

    —Gracias, Special-K—, sonreí. —Tenemos que hablar—, comencé a agarrar al toro por los cuernos, a pesar del embriagador zumbido que todavía sentía envolviendo mi proceso de pensamiento.

    —Ya era hora, hermano. Me hubiera gustado hablar antes, pero me desperté para encontrarme sola—, dijo con sarcasmo, sacando la lengua antes de tomar un trago saludable de su cerveza.

    —Sí… Lo siento, hermana… No es la cosa más caballerosa que se pueda hacer, desaparecer así, pero ¿puedes culparme?

    —No te preocupes, Apple Jacks—, me devolvió la sonrisa. —Hablemos: ¿Qué quieres pedir para la cena?

    —Ese no es el tema que tenía en mente, en realidad…

    —Lo sé, lo sé, lo entiendo. Quieres tener una charla ‘’seria’’. Está bien, pero ambos necesitamos comer algo y tenemos mucho de excelentes opciones para elegir, así que hablemos después de comer.

    Los munchies oportunos no me permitieron pensar en una refutación viable, así que después de aceptar hacer un pedido en un restaurante Mexicano y tomar otro par de cervezas para beber mientras veía la película, no estaba tan preocupado por hablar del juego incestuoso en el mi hermana y yo estábamos jugando.

    Nuestro pedido no tardó en prepararse y llegar a nuestra cabaña. Preparamos la cena en la sala de estar para poder seguir viendo la película. Kaylee había pedido una colorida ensalada de tacos “Baja en grasa” que parecía estar compuesta más de aguacate que de cualquier otra cosa. Comí un plato de deliciosos tacos de pescado al estilo de Cali; la única forma de juzgar a un restaurante Cali-Mex son los tacos de pescado. Nuestras comidas desaparecieron rápidamente, junto con nuestra tercera y cuarta pieza de Coronas. Fue fácil para los dos volver a hundirnos en nuestros respectivos rincones del sofá, con el estómago lleno.

    —Mmm, definitivamente ordené bien. ¿Cómo estuvo el tuyo, hermano?— Preguntó Kaylee, sonrojada, entrando en mi coma alimenticio inducido por el taco de pescado.

    —Deliiicioso— dije con una sonrisa pétrea. Por muy tonta que era Kaylee, no parecía darse cuenta de lo drogado que había estado la mayor parte de nuestro viaje, y no parecía probable que lo notara ahora.

    —¿Los mejores tacos de pescado que has comido?

    —Jaja, muy digno, pero no el mejor de todos, no.

    —¿Cuándo has probado mejores platos?

    Estaba agradablemente drogado y lo suficientemente lleno como para decir exactamente lo que me vino a la mente.

    —El planto que tienes entre las piernas, como ese ninguno.

    —¡Guau!— Kaylee soltó una carcajada, antes de caer en un ataque histérico de risitas, tirando de sus piernas al sofá junto a ella.

    —No esperaba que dijeras eso, Jackson—, dijo.

    —No esperaba decirlo nunca, hermanita. O hacerlo… por varias razones—, me reí un poco, mi mirada se deslizó para encontrar la de ella.

    —¿Entonces querías hablar sobre lo que pasó antes?

    —Sí, Kaylee.

    —¿Puedes pasarme la manta detrás de ti? No quiero ponerme algo más abrigado todavía.

    Le pasé la manta de lana, que envolvió alrededor de su cuerpo hasta el cuello.

    —Hermana, sabes que te amo como a una hermana, ¿verdad?

    —Por supuesto, hermano.

    —Así que probablemente puedas ver por qué no deberíamos estar… Bromeando de esa forma entre nosotros, ¿verdad?

    —Jackson. Me comiste el coño. A tu hermana pequeña. Sé que este tipo de cosas normalmente no suceden, y nadie más que nosotros pueden saberlo o nunca lo olvidaremos, pero quiero decir que, vamos, hermano… ambos lo disfrutamos, y saber que ambos estamos obligados a mantenerlo en secreto… no sé, eso me parece un poco caliente.

    —Hermana, no es solo vergüenza y vergüenza en la universidad si la gente alguna vez se entera. Incluso el incesto consensuado entre hermanos y hermanas adultos es un delito que puede ser encarcelado.

    —Oooo, entonces es mejor que no dejemos que nadie se entere entonces, hermano mayor—, dijo con una sonrisa torcida.

    —Ni siquiera son las leyes y lo que la gente pueda pensar, hermana. Siempre seremos hermano y hermana. No importa qué…

    —No importa qué—, me guiñó un ojo.

    —Hermana. Lo digo en serio. Dentro de unos años quién sabe con quién podría terminar cada uno de nosotros. ¿Y si se enteraran de que habíamos estado engañando cuando éramos jóvenes y excepcionalmente estúpidos?

    —Esto se remonta a por qué ambos tenemos que comprometernos a mantener el secreto del otro, hermano—, respondió con una sonrisa. Notaba que estaba borracha.

    —… Incluso si seguimos jugando…

    —¿Sí, hermano?— interrumpió, batiendo sus pestañas sobre la manta que todavía tenía envuelta alrededor de ella hasta el cuello.

    —Tendríamos que parar para siempre, una vez que volvamos a la civilización.

    —Bueno, por supuesto, hermano—, fingió desconcertarse. —Solo porque me sorprendiste y me sometiste al orgasmo con tus talentos orales, querido hermano, no significa que quiera comenzar a hacer de anfitriona de un romance de armario con mi hermano en el mundo real.

    —Ja. Ja. Muy gracioso, hermana, considerando que fuiste tú quien decidió sentarse desnuda en la cara de tu hermano.

    —Esperaba que jadearas de sorpresa lo suficiente como para atrapar un bocado del coño de tu hermana—, insistió con una sonrisa irónica. —hermano mayor.

    —… Está bien, sí, no pensé en comerte, hermana.

    —Pero el cielo no cayó después de hacerlo ¿verdad hermano?— preguntó, mientras sacaba el brazo de debajo de la manta y arrojaba la parte superior del bikini sobre el brazo del sofá.

    —Supongo que no, no… ¿En serio no quisiste que eso sucediera, Kaylee? ¿Qué te comiera el coño?

    —Hermano, te amo, y estaba realmente ansiosa por estas vacaciones después de que mamá y papá me dijeran que vendrías conmigo. Pero no, no tenía un plan diabólico solo para que mi hermano fuera el primer chico que me hiciera sexo oral. Ahora que ha sucedido, me gusta que no tengo que preocuparme por cómo será con otra persona… Porque mi hermano mayor ya me ayudó a resolver eso.

    Ella se deslizó y se inclinó hacia mi extremo del sofá para besarme en la nariz. Inclinándose, separó la manta, dándome un vistazo a sus alegres tetas de nuevo. Esta conversación no fue exactamente como se esperaba, pero tampoco pareció ir tan mal.

    —Hermano, si de verdad estás obsesionado con que yo sea tu hermana, lo entiendo totalmente… Pero realmente aprecio que seas el primer chico en… Abajo conmigo… Y si quieres, tal vez sigue jugando conmigo durante todo este encierro-vacaciones, ¿podrías fingir que no soy tu hermana, y podría hacer que seas mi primera en algunas otras formas?

    —Hermana… Kaylee. ¿Sabes por qué no podemos llegar hasta el final juntos, verdad?

    —¿Te refieres a tener sexo el uno con el otro? ¿Hacer el amor juntos? ¿Que se jodan los sesos el uno al otro?

    —El sexo es un gran problema, y solo pierdes la virginidad una vez, Kaylee. Tu hermano sería el primero para siempre y nunca podrías decírselo a nadie”.

    —Solo tú—, seguía mirándome a los ojos,

    Estaba perdiendo la iniciativa sobre cualquier objetivo que me hubiera propuesto al emprender esta empresa.

    —¿No te disgusta pensar en la polla sudorosa de tu hermano deslizándose en tu coño?— Aventuré, esperando poder llevarnos a ambos a la realidad.

    —Probablemente debería… Pero cuanto más lo pienso ahora… Qué mal y, como, prohibido está… Cómo ambos tendríamos que mantenerlo en secreto para siempre, tal vez compartiendo una mirada durante una cena familiar sabiendo lo que ambos estamos recordando… Se me está poniendo un poco… húmedo ahí abajo, hermano —se mordió el labio mientras me miraba con más nostalgia a los ojos. La manta se deslizó de sus hombros, se reunió alrededor de sus codos, sus brazos empujaron sus pechos desnudos juntos.

    —Kaylee, por favor. Si sigues presionando, voy a ceder. No quiero que hagas algo de lo que algún día podamos arrepentirnos.

    —Mmm, tuvimos un orador motivacional a principios de este año, hermano. Tenía una parte sobre cómo era mejor arrepentirse de algo que hiciste, que arrepentirte de algo que no hiciste.

    —Hermana, me arrepentiría de arruinar nuestra relación el resto de mi vida. Me arriesgaría a perderme la oportunidad de hacerte el amor si eso significara salvar lo que ya tenemos.

    —Eres tan dulce conmigo, Apple Jacks. ¿No lo ves? Por eso creo que serías el hombre perfecto para ser mi primero. Nunca podrías lastimarme, hermano mayor.

    Ella se acercaba cada vez más a mí mientras yo me perdía en sus ojos y nuestras palabras. Mi resolución de seguir siendo el hermano mayor responsable se estaba desmoronando rápidamente. Nuestras caras ya estaban lo suficientemente cerca como para parecer íntimas si alguien más hubiera estado mirando.

    —Te amo, hermana. Si nada más, eso significa que debemos tomarlo con calma. No va a ayudar a nadie que se apresure en esto a ciegas, ¿sabes?

    —Por supuesto, Jackson. Iremos despacio y veremos a dónde nos lleva—, se interrumpió mientras me plantaba un ligero beso en los labios.

    Lo devolví lentamente al principio, luego con más fuerza, colocando una mano en la parte posterior de su cabeza, otra alrededor de su cintura, acercándola y medio cayendo encima de ella.

    Esta charla salió muy bien, pensé. Kaylee respondió tan bien como se podía esperar. Mientras no tengamos relaciones sexuales, decidí mentalmente considerar esto como un gran éxito para la toma de decisiones responsable.

    —Sísss—, siseó mientras mi boca bajaba por su cuello hasta su clavícula, mi mano libre encontraba su pecho alegre. Mientras tanto, sus manos me habían quitado la camisa de la espalda y estaban trabajando el cordón de mis pantalones.

    —Kaylee, no podemos tener sexo esta noche. Vamos a ir despacio. Estuvimos de acuerdo, ¿verdad?

    —Por supuesto, hermano mayor. Solo sácalo. Quiero verlo.

    —Sí, señora—, sonreí, finalmente alcanzando su nivel. Tiré de mi trasero, boxers y todo, hasta las rodillas, antes de rodar sobre mi trasero para quitarlos por completo y patearlos a un lado. Mi polla saltó a la rígida atención, palpitando con los latidos de mi corazón.

    —Wow wow wee—, los ojos de Kaylee parecían fijos mientras su mandíbula caía.

    No considero mi polla escandalosamente gigantesca ni nada de eso. Aunque nunca me ha avergonzado el tamaño de mi buque, siempre me ha gustado demostrar por qué el movimiento del océano es el elemento más importante.

    Kaylee estaba tan absorta por lo que estaba viendo entre mis piernas, que bien podría haber estado viendo el color por primera vez. Su mano se estiró para agarrar mi polla antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, creo.

    —¿Puedo… puedo?— preguntó, tentativamente medio acariciando mi polla.

    —Un poco tarde para pedir permiso, hermanita—, bromeé con una sonrisa.

    Mientras me devolvía la sonrisa, su confianza se reforzó, su agarre se apretó y comenzó a acariciar mi eje de la base a la cabeza.

    Mi mente se estaba volviendo loca. Tu hermanita te está pajeando. ¡Que caliente era aquello!

    —¡Vaya, eres tan duro y suave al mismo tiempo!— Kaylee comentó. —¿Todos los chicos se ponen así de duro, hermano?

    —No sé mucho sobre las pollas de otros chicos, Kaylee, pero sí sé que con ninguna otra chica se me había puesto tan dura antes”.

    —Tu hermana te puso así de duro, ¿eh? Deberías sentir lo húmeda que me ha puesto esto, hermano—, dijo, mordisqueando ligeramente su labio inferior.

    Ahora ambos estábamos en el sofá, desnudos.

    Se recostó en su extremo del sofá y me hizo un gesto para que viniera aquí con su dedo índice.

    —Ven a besar a tu hermana, hermano—, dijo seductoramente, apenas por encima de un susurro.

    Mientras me arrastraba sobre el cuerpo apretado de Kaylee para juntar los labios con ella, sus piernas se abrieron para dejarme espacio mientras uno de sus brazos se envolvía alrededor de mi espalda. Nuestros labios también pueden haber sido magnetizados igual nuestras manos exploraron ciegamente los cuerpos del otro.

    Cuando reconocí una clara humedad en mi eje, tuve pocas dudas de lo que podría ser, mirando hacia abajo nuestros cuerpos enredados.

    Efectivamente, mi polla dura como una roca se estaba pegando directamente a nuestros cuerpos, la cabeza goteaba pre-semen en su pubis.

    —Oh, hermano. Hermano, hermano, hermano. Esto no está muy lejos. Podemos hacer esto entre nosotros. Está bien—, comenzó a balbucear mi hermana, gimiendo, claramente no ansiosa por que nuestra relación terminara todavía.

    Cuando mis ojos se cerraron, traté de no concentrarme en el hecho de que las caderas de mi hermana estaban deslizando sus labios vaginales hacia arriba y hacia abajo por mi eje. De no haber sido por el ángulo de ataque, podría haber terminado penetrándola por la derecha. Sin embargo, dependía de mí asegurarme de no cruzar esa línea, sin importar lo bien que se sintiera lo que estábamos haciendo.

    Tenía que tener razón. Esto no estaba muy lejos. Mojarse no es sexo. Esto estuvo bien.

    Joder, estaba bien. ¿Cómo estaba pasando esto? No pude comenzar a procesar, así que mi boca encontró la suya de nuevo, mientras mis caderas recogieron su movimiento y comenzaron a penetrarla con movimientos rápidos y largos.

    —Hermano, Hermano…

    —¡Te amo hermana!— Gruñí, sin saber si estaba atrapada en la agonía de la pasión o si realmente tenía algo que decirme.

    —¡Jackson! ¡Qué, qué… uhhHH!

    —¿Qué haría qué, hermana? ¡Dios, sí, te sientes tan bien!

    —Hermano, hermano… ¿Qué dirían mamá y papá si nos vieran haciendo esto?— se las arregló para salir, su rostro se arrugó en un placer desconocido.

    —Por Dios, hermana, eres un pequeño desastre pervertido, ¿no es así?— Me reí entre jadeos llenos de placer.

    —Oooh dios, dios!… mi, uhhh, mi hermano mayor está, es, me está haciendo correrme DIOS!!”

    Y efectivamente, sentí que sus labios internos se contraían alrededor de la polla, penetrando tan burlonamente a través de sus pliegues de terciopelo sin llegar a sumergirse directamente en sus profundidades prohibidas. Mojados como estábamos los dos allí abajo, estoy seguro de que noté que sus jugos se sumaban al embrollo.

    Nos hundimos en los ojos del otro mientras avanzaba y la mantuve montando su orgasmo mientras seguía empujando a través de sus pliegues, contra la protuberancia de su clítoris en el vértice de sus labios internos.

    —Joder, joder, joder, joder, joder, joder,”— decía mientras bajaba lentamente del primer orgasmo, sin aliento, pero no necesariamente dispuesta a dejarlo todavía.

    —Hermana, hermana, hermana… Me estoy acercando—, entoné con bastante calma, considerando las circunstancias.

    —Córrete conmigo, hermano. Córrete, córrete, córrete con tu hermana”, dijo, poniendo sus caderas de nuevo en nuestro ritmo.

    Kaylee, puso una mano detrás de mi cuello y me miró a los ojos. —Si te corres sobre mí, no podré contenerme de volver a correrme, JacksoOon—, imploró mi hermana.

    —Sí, sí, sísss, Kaylee… ¿Dónde, dónde quieres que me corra, hermana?

    —¡Mi coño, por favor, hermano mayor!

    —¿Estás segura, hermana?— Estaba perdiendo rápidamente el control de las aguas de la inundación, pero incluso si no tuviéramos relaciones sexuales, sabía que estábamos pisando terrenos peligrosos.

    —¿Es, es… está bien, hermana?

    Puso su otra mano alrededor de la parte de atrás de mi cuello y miró increíblemente, profundamente una vez más en mis ojos.

    —Yo…me…

    —Vamos hermanita hazlo conmigo

    —Está bien, está bien, está bien, hermano! Mi coño fue hecho para tu leche! —ella comenzó a llegar al clímax de nuevo.

    Eso fue todo. Estaba sobre el borde. Mientras me ponía de rodillas sobre mi hermana, apunté con mi cabeza directamente a su pequeño coño rosado.

    El primer chorro de semen duró lo suficiente como para ser tres, cubriendo sus labios internos relucientes y sus labios externos regordetes y enrojecidos.

    Ella se estaba corriendo cuando mi primer disparo aterrizó en sus labios vaginales. En todo caso, mi semen provocó su clímax incluso más intensamente de lo que ya había sido.

    Otro chorro de esperma lanzado desde mi polla, siguiendo al primero, empapando su pista de aterrizaje, golpeando su interior de muslos y vientre.

    La mayor parte de mi esperma había ido a donde ella quería. Cuando mi polla semidura expulsó sus últimos chorros, lentamente se detuvo a media asta, y se posó en los labios pegajosos del coño de Kaylee.

    Sentí que sus labios internos se contraían, aparentemente ansiosos por que una polla entrara en sus profundidades, mientras la cabeza de mi polla descansaba justo en el borde de su agarre.

    Lo siento señoritas, pero eso estaría en contra de las reglas, pensé, mis ojos vagaron lentamente por el cuerpo de Kaylee para captar su mirada que se abría lentamente.

    La sonrisa retorcida de mi hermana, mientras se metía uno de los dedos en la boca.

    No, no, ya hemos ido demasiado lejos para una sola sentada, decidió mi cabezota.

    Cuando la sonrisa de Kaylee se hizo más amplia, mis ojos volvieron a bajar a la corriente de esperma que había dejado en su coño; mi semen goteaba entre y bajando por sus labios, acumulándose y vertiéndose sobre su lindo y pequeño ano.

    Todavía se estaba mordiendo el dedo, su sonrisa de come pastel casi llegaba a sus oídos, cuando dijo: —¿Un centavo por tus pensamientos, amante?

    —No hicimos el amor, Kaylee.

    —¿No es así, hermano mayor?

    —No. No, no lo hicimos. Solo tonteamos un poco más, incluso nos enganchamos… Pero no tuvimos sexo, hermana.

    —Puede que no hayamos tenido sexo completo, * amante *, pero no puedes convencerme de que no hicimos el amor—, se rio suavemente.

    —Kaylee… ¿estás tomando anticonceptivos o algo?

    Por más seria que fuera una pregunta, no estoy seguro de cuánto me importaba realmente su respuesta en ese momento. Sabía que debería importarme, por eso pregunté, pero… ella no podría haberme dado una respuesta que me hiciera sentir menos satisfecho de lo que ya estaba en ese momento.

    Una chispa brilló en sus ojos cuando su sonrisa tomó una forma diferente.

    —¿Por qué una virgen tomaría la píldora? No es como si encontrara mi amor verdadero e hiciera el amor dulce y apasionado con el Sr. Perfecto, ¿verdad, hermano mayor?

    Mi polla volvió a la vida, saltando de sus pegajosos labios vaginales unas cuantas veces mientras las implicaciones de lo que me estaba diciendo se procesaban.

    —Hermana, tienes mucho de mi semen en tu coño y parte de él se está filtrando, deberías lavarlo solo para estar segura, ya sabes—, le dije perezosamente, recostándome en mi extremo del sofá.

    —¿Segura de qué, hermano mayor?— Kaylee preguntó con una sonrisa traviesa, acostada sobre su espalda, tirando de sus rodillas hasta sus hombros.

    —Segura de… ya sabes… de no quedarte embarazada accidentalmente por tu amado hermano—, le dije, esperando que se estuviera haciendo la tonta, pero sin saberlo con certeza.

    —Oh, Jackson. ¿De verdad crees que eso podría pasar?— Preguntó, cerrando los ojos, una mano deslizándose hacia los labios de su coño empapado en semen para comenzar a acariciar lentamente a su gatito en pequeños círculos metódicos.

    —Kaylee. Seguimos siendo hermano y hermana. Como dijimos antes: podemos ir demasiado lejos. Si te quedaste embarazada por lo que estamos haciendo… —Me detuve, luchando por reunir el esfuerzo para terminar mi propio tren de pensamiento.

    —Estás pensando en que hagamos un hijo del amor juntos, hermanito” murmuró suavemente mi hermana.

    —No podemos hacer eso, Kaylee. No solo sería imposible mantener el secreto, sino que ¿y si nuestro hijo tuviera un defecto de nacimiento?

    Acababa de hablar con mi hermana pequeña sobre que hiciéramos un bebé juntos, esto fue surrealista. Tenía que volver esta conversación a la realidad antes de perderme en lo surrealista que era esta situación.

    —¿Y si nuestro hijo estuviera tan sano y feliz como nunca lo ha sido un niño?

    —Hermanas y hermanos tienen un alto…

    —¿Qué pasa si todo eso es exagerado, y realmente necesitas muchas generaciones de incesto para hacer que los defectos de nacimiento sean muy probables? ¿Has buscado la investigación tú mismo?

    —Hermana, acordamos no ir demasiado lejos —respondí con firmeza, llegando lentamente a la conclusión de que Kaylee estaba presionando mis límites. No hay manera de que mi hermana de 18 años fantaseara seriamente con quedarse embarazada de su hermano, por mi. Tenía sueños y ambiciones, sin duda, y llevar la semilla de su hermano no podía ser uno de ellos, ¿verdad?

    —Acordamos ir despacio, hermano—, me corrigió Kaylee, rodando lentamente del sofá para ponerse de pie. —Creo que lo estamos haciendo bien en ese objetivo—, se rio suavemente.

    —Jaja, tal vez, tal vez. Sin embargo, debemos ser más cuidadosos la próxima vez. Ahora, ¿podrías ir a lavarte la vagina antes de que uno de mis nadadores nos convierta a los dos en padres?”

    —Oh, hermano. No te preocupes por la posibilidad de embarazar a tu ingeniosa hermana—, suspiró exasperada. —Las niñas tienen ciclos que determinan cuándo son fértiles—, dijo con un guiño.

    Internamente exhalé un profundo suspiro de alivio. Ella estaba tomando mi pierna. Ella estaba en una parte segura de su ciclo. Ella tenía que serlo. Esa es toda la tranquilidad que necesitaba. Sin duda mi alivio se reflejó en mi rostro.

    —Gracias de nuevo por la charla seria, hermano mayor—, bromeó, con un brillo en los ojos. —Siento que ambos obtuvimos mucho de eso y nos acercamos más debido a eso —se rio.

    Me quedé sin palabras, así que me reí con ella mientras dejaba el campo de batalla tan victorioso como cualquier conquistador antes que ella. Subió las escaleras y entró en el dormitorio principal, mientras la miraba aturdido. Cualquiera que sea la dirección que tenía la intención de tomar nuestra conversación seria, un susto de embarazo falso con mi hermana no era lo que esperaba.

    Todavía necesitaba procesar eso.

    Esa pequeña mocosa había estado tirando de mi a propósito. Haciéndome pensar que podría haberla dejado embarazada con un hijo nuestro. Ella había sembrado la idea en mi cabeza. Eso significaba que ella también había estado pensando en eso, al menos justo después de nuestra escapada sexual. Decidió bromear al respecto. Ella lo hizo… ¿Lo que significaba que la idea no la desanimó?

    —¿Qué estaba pasando?—, Gritó una vez más mi mente aturdida por la dopamina, mientras me encontraba todavía sentado desnudo en el sofá de la sala. Kaylee se dio la vuelta y regresó a la parte superior de las escaleras, todavía en el tono que noté.

    —Oh, hermano… ¿Quieres intentar llamar a mamá y papá desde el jacuzzi de nuevo? Todavía no han tenido noticias nuestras, ¿sabes?

    Efectivamente, Kaylee tenía razón de nuevo.

    Sin embargo, no estaba tan concentrado en esa faceta de la situación. Varios pequeños chorros de mi semen todavía goteaban ligeramente de sus labios hinchados. Una vez que mis ojos se dieron cuenta, se esforzaron por apartar la mirada.

    —Así es.

    Kaylee definitivamente tuvo un efecto palpable en mí. No se podía negar eso. Y aunque no quería arriesgarme a que nuestros padres se dieran cuenta de nuestra incipiente relación sexual, pensé que acababa de tener la liberación sexual más profunda que podía recordar, por lo que no habría forma de que el pequeño Jackson estuviera despierto y ansioso por hacerlo, interrumpir mi línea de pensamiento en el transcurso de una conversación telefónica.

    A fin de cuentas, mi imprudente optimismo mirando hacia adelante desde ese momento cimentó mi destino. Podría haberlo notado. Puede que no me hubiera importado.

    Solo fue una extraña serie de eventos, decidí reflexionar con una sonrisa resignada.

  • Experiencias (III): Sexo tras la puesta de sol

    Experiencias (III): Sexo tras la puesta de sol

    Ya estábamos a mediados de septiembre, yo había pasado el verano en el pueblo con mis amigas, después de lo ocurrido con Cesar y con Tomás quise refugiarme en ellas, no es que me importaran los comentarios de hecho me hicieron más fuerte y abrí los ojos viendo quien realmente era mi amiga y quién no.

    Después de aquello como os comente me tildaron de puta, de zorra y de guarra, realmente no entendía el porqué a una mujer se la juzga de diferente forma que a un hombre cuando tiene relaciones sexuales, con uno, con dos o con tres chicos da igual, a mí me podían poner los cuernos y no pasaba nada pero cuando era yo ¿ya era una guarra?, no lo entiendo y no solo por parte de los hombres sino y sobre todo por parte de las mujeres.

    Como os he dicho, llevaba todo el verano con mis mejores amigas, Raquel, Sofía y Marta que junto conmigo, éramos las cuatro mosqueteras, la primera semana de septiembre conocimos a unos chicos algo mayores que nosotras en la playa, tendrían unos veinticinco años y mientras nosotras nos tostábamos al sol, ellos jugaban a todo tipo de juegos con balón, siempre donde nosotras nos colocábamos y eso que cambiábamos de sitio todos los días.

    Eran seis chicos de Madrid que estaban pasando unos días de vacaciones en la casa de los padres de uno de ellos, eran todos unos niños pijos, alguno ya ni estudiaba ni trabajaba, simplemente vivía de papi, casi todos muy guapos, aunque había de todo, pero lo que todos si tenían en común eran los cuerpazos, atléticos, sin un gramo de grasa ni de tripa cervecera, poco a poco fuimos entablando conversación con alguno de ellos, cuando nos metíamos en el agua para refrescarnos un poco, conversaciones tipo como os llamáis, de donde sois, estudiáis o trabajáis.

    Al cabo de los días se empezaron a sentaban con nosotras, jugábamos en el agua con ellos y también al balón, realmente nosotras sabíamos que iban a lo que iban, si podían pillar cacho mejor que mejor, así que no podíamos sorprendernos si veíamos a alguno mirando o babeando cuando alguna de nosotras decidía hacer topless o cuando jugábamos e intentaban rózanos y meternos mano de forma involuntaria… si, si involuntaria.

    Empezamos a salir de copas por la noche con ellos, una noche Sofía se desligó del grupo y estuvo muy acaramelada con uno de ellos, la perdimos de vista durante un par de horas, todos sabíamos lo que estaba sucediendo, precisamente vinimos en el coche de Sofía, y de camino ya ha casa su coche olía a sexo, nos empezamos a reír, a burlarnos de ella, empezamos a gritar como histéricas para que nos contara todo lo que allí había ocurrido con pelos y señales y lo que nos contó nos dejó a todas con las bragas mojadas.

    Nos invitaron el viernes por la tarde a una barbacoa en su casa como despedida, ya que el domingo se tenían que ir, nos arreglamos un poquito más de lo normal, nos pusimos todas muy guapas, con unos vestidos cortos y muy pero que muy sugerentes, llegamos a las seis de la tarde, era una casa enorme con una gran parcela, desde una de las esquinas del jardín había una vista muy bonita donde se podía ver el mar, la tarde transcurrió entre risas y bromas, Sofía estaba radiante agarrada continuamente a su chico, como le empezamos a llamar cariñosamente delante de ella, cada vez que se besaban todos empezaban a silbar en plan de broma lo que hacía que Sofía se ruborizara.

    Aquel día hacia bastante viento y al caer el sol refresco, me levanté y me dirigí a aquella esquina cuando empezaba a ponerse el sol, mi melena volaba y sentía algo de frío, Pablo me siguió al momento.

    -Bonita puesta de sol verdad. -Me comento Pablo.

    -Si, realmente bonita.-Le contesté.

    Sentía frio, pasaba mis manos por mis brazos para darme calor, Pablo se dio cuenta y me comento que no tenía chaqueta pero si a mí no me importaba él me abrazaría para darme algo de calor, al principio dude pero era algo muy inocente con lo que le dije que sí, sé junto a mí y me abrazo por la espalda, moviendo sus manos de arriba abajo por mis brazos, al cabo de un rato estaba entrando ya un poco en calor y no solo exterior, alce una mano y la apoye en su hombro derecho y mi cabeza sobre su pecho, me encontraba muy a gusto entre sus brazos y olía estupendamente bien.

    Raquel se acercó por detrás con Toño, cogidos de la mano se pusieron a nuestro lado, se quedaron con nosotros y se abrazaron también en silencio, hasta que aquel espectáculo termino, Raquel y yo nos miramos, sonreímos, nos conocíamos tan bien que simplemente con la mirada sabíamos lo que pensábamos y yo sabía que esa noche Raquel se lo iba a pasar muy bien, Pablo y yo nos quedamos todavía un tiempo más allí, el viento hacia volar mi melena, levantaba mi vestido, un vestido verde muy corto de tirantas.

    -Tienes frío Lara

    -Si, un poco, pero estoy muy a gusto aquí contigo la verdad.

    Pablo me abrazo más fuerte, podía sentir su corazón, deslizo sus manos para darme calor pero no solo por mis brazos, su mano izquierda bajo hasta mi muslo y empezó a subir apretando fuerte y despacio, levantándome la falda del vestido y como destino mi hombro izquierdo, lo hizo una vez más pero ahora sus dedos rozaron el lateral de mis pechos, el frío había levantado mis pezones, no llevaba sujetador y él se dio cuenta.

    Ahora eran las dos manos las que una vez más realizaron el mismo recorrido, empezando por mis muslos, subiéndome el vestido y dejándome las bragas al aire, subían por mi costado, sus manos se pararon en mis pechos acariciándolos, sentí como sus labios se acercaban a mi cuello, ladee mi cabeza para ofrecérselo entero, aprovechó mi regalo y empezó a besarme, me mordía el lóbulo de la oreja, metiéndolo en su boca y succionándolo.

    Realizo el mismo ritual, mi vulva empezaba a mojarse, mis bragas se humedecieron, sus manos se entretenían por el camino en mis pechos, apretándolos con suavidad, sentía como había crecido un bulto en su pantalón y como nuestras caderas se movían al mismo son, apretando mi culo contra aquel bulto, me empezaba a excitar, quería besarle, quería sentir sus labios sobre los míos.

    Me di la vuelta, ahora lo tenía de cara, sus labios casi rozando los míos, los movimientos con las caderas no cesaron, sentía aquel bulto por encima de mi sexo, Pablo me abrazo fuertemente, me beso introduciendo su lengua, buscando la mía, sus manos se posaron en mi culo y empujaban hacia él, ahora sí, ahora sentí aquel bulto duro sobre mi sexo, rozándolo una y otra vez, el calor se apodero de mi interior.

    Pablo empezó a morder mis hombros con sus labios, deslizando las tirantas de mi vestido, con sus manos me las retiro del todo, la parte de arriba de mi vestido cayo dejando mis pechos libres para que los pudiera tocar, besarlos, lamerlos, metió su mano por debajo de mi vestido, de mis bragas, acariciaba mis labios y mi clítoris empapados por la excitación, un dedo se metió en mi interior y un gemido salió de mí a la vez que cerraba los ojos y mi cabeza caía hacia atrás, el viento volaba mi melena.

    Ni una palabra solo gemidos, no nos importó que nos vieran los demás, no nos importó que nos oyeran, nos tumbamos en la hierba, los besos y las caricias no cesaban, le desabroche el pantalón para liberar aquel bulto enorme que tenía entre las piernas, lo lamí suavemente, metía en mi boca solamente su glande de su enorme pene, succionándolo, veía su cara de placer, tenía el pene tremendamente grande y muy suave, lo fui metiendo despacio dentro de mi boca, lo sacaba y lo lamía entero.

    Le bajé los pantalones hasta las rodillas y me puse encima del como si fuera una amazona, le desabrochaba la camisa besándole todo su cuerpo hasta llegar a sus labios, mi cadera subía y bajaba, su pene se rozaba por toda mi vulva por encima de las bragas, estaba segura de que él tenía que sentirlas tremendamente mojadas, su lengua penetraba una y otra vez en mi boca, necesitaba más, quería sentir su pene rozando mi interior, deslizándose dentro de mí, penetrando suavemente en mi vagina, una y otra vez.

    Levante mi falda y me aparte un poco las bragas, guie su pene hacia mi abertura vaginal lo deje allí para que fuera entrando poco a poco, primero solo el glande luego todo el pene hasta tenerlo muy dentro, nuestra piel rozaba una y otra vez en mi interior, la tenía tan suave que me encantaba la sensación al entrar y salir, mis pechos al aire botaban en cada penetración hasta que Pablo me los cogió agarrándomelos, apretándomelos.

    Los dos empezamos a gemir, yo soltaba algún que otro grito pequeño cuando su pene rozaba las partes más sensibles, Pablo me sujeto con fuerza y nos hizo rodar dejándome tumbada sobre la hierba su pene seguía dentro de mí, se puso de rodillas entre mis piernas, me las abrió, me subió la pelvis y empezó a metérmela profundamente, la tenía tan grande y gorga que mi vagina se estiraba más y más para hacerla hueco, sus movimientos profundos y rápidos, mis músculos vaginales apretando contra su pene con fuerza la sensación del roce y del placer fueran extremos y en cada empujón mis pechos bailaban, los gemidos cesaron convirtiéndose en gritos de placer que se me escapaban inundando la noche con ellos.

    Me cogía con fuerzas de mis caderas, me movía como si no pesara nada, estaba a su merced, mis piernas temblaron, un orgasmo apareció de repente, empecé a chillar de placer rompiendo una noche silenciosa.

    Pablo la metió más dentro, más profundo, se movía muy despacio casi sin sacarla, y profundo muy profundo, sabía que se iba a correr dentro de mí, quise parar, quise separarme, pero cuando se lo fui a decir sentía como me golpeaba su semen muy dentro, caliente, yo sabía que no pasaría nada pero hubiera preferido que se corriera fuera, cuando saco su pene el semen empezó a salir de mi vagina empapando mis bragas.

    Después de besarnos y de reírnos nerviosamente, nos levantamos, me coloqué bien las bragas y el vestido, cogidos de la mano nos dirigimos donde estaban los demás, allí no había nadie, parecía que la fiesta se había trasladado al interior de la casa, nada más entrar empezamos a oír gruñidos y gemidos, pasamos el pasillo y nos dirigimos al salón, era un salón enorme con un piano en la esquina y el espectáculo que se presentó ante mi era dantesco.

    Estaban prácticamente todos desnudos, besándose, acariciándose, dos de mis amigas Sofía y Marta estaban siendo folladas en el suelo, Marta no paraba de gritar, Pedro la follándola el coño mientras Jesús se la metía por el culo y Sofía cabalgaba sobre la polla de Juanjo mientras que se comía la enorme polla a Antón (su chico), de momento no había visto a Raquel, pero la oía como jadeaba, como gemía.

    El próximo relato os desvelaré como ocurrió y cuál fue el desenlace aunque creo que ya lo habréis adivinado.