Autor: admin

  • Mi enfermera y doctora de cabecera

    Mi enfermera y doctora de cabecera

    -Pase por aquí por favor -me dijo la enfermera.

    -gracias, señorita

    -Tome asiento, en seguida vendrá la doctora, mientras vaya quitándose el pantalón y póngase esta bata-me dijo entregándome una bata blanca de manicomio.

    Mi problema era que tenía una pequeña inflamación en la ingle, quizás una roncha infectada, es molesta y me dolía. Quizás nada de cuidado.

    Me quedo embobado con la visión de la enfermera, una mujer hermosa, morena y de baja estatura con un culazo alucinante, un cabello lacio muy largo y unos senos muy suculentos. Trato de concentrarme en vestirme y desviar la atención de mis pensamientos lujuriosos, esta divina pero que se le puede hacer, tengo novia y supongo que ella tiene novio, con ese cuerpo que tiene no pasa desapercibida en ningún lado.

    -Descúbrase por favor para poder rasurarlo -me dijo. Tan solo escucharla decir eso me puso muy nervioso.

    Me puse se pie y ella se agacho frente a mí. Mi mente volaba y la veía, ella me miraba desde abajo y sonreía, lo hacía despacio y mi cuerpo empezó a responder. Entonces comenzó a tocar mi pierna con sus dedos, trataba de ver hacia adelante, pero ¿desperdiciar el momento?, no, para nada. Tome una posición dominante y la observaba, ella coqueteaba abriendo su boca para sonreír. Me abrí la bata y mi verga se notaba por el bóxer ya erecta, seguía viéndome hacia arriba y viendo mi paquete, sonreía.

    -Abi, ¿ya está listo el paciente? -grito la doctora desde la habitación de al lado.

    -No doctora, aun me falta sacar bastante, se ve que tiene mucho que sacar -me veía hacia arriba y reía.

    -Avísame si necesitas ayuda, ya quiero atenderlo.

    -¡Claro doctora! -decía en un tono muy sensual.

    Se acercó casi hasta oler mi paquete, comenzó a bajarme el bóxer. -¿Qué hace?

    -Tranquilo -bajo mi ropa interior haciendo saltar mi polla hacia su cara, sonrió y saco la lengua, observándome toco la punta de mi verga dejando un hilo de saliva colgando, volvió a tocar con su lengua y recogió ese hilo con la boca, la observaba como si fuera un helado el cual no sabía por dónde empezar a lamer. Saco un almohadón de un cajón cercano y se hinco para estar más cómoda. Abrió la boca lo más que pudo y metió toda mi verga hasta el fondo de su garganta simulando que se ahogaba, ¡agg! ¡agaaga! La saco y la escupió, volvió a meterla toda hasta la garganta.

    -¡Abiii! ¿ya está listo el paciente? -grito la doctora

    Dejo de succionar rápidamente y grito. -¡El paciente sigue muy tenso, deme un minuto doctora, en seguida termino!

    -Avísame si necesitas ayuda, date prisa.

    Comenzó a chupármela, la metía hasta adentro, succionaba mis jugos y se notaba a través de su mejilla, jugueteaba con mi falo, la restregaba por toda su boca, mamaba y succionaba con fuerza y a veces suave haciendo un sonido de ¡mmm!, ¡agg!, ¡agg! quiero tu leche –balbuceaba- dámela toda-. Yo estaba tan abstraído por el momento que no escuche el sonido de la puerta.

    -¡Hoo!, Abi, ¿qué haces? -pregunto la doctora, sonriendo de manera picara.

    -Tiene mucho que liberar y es mejor que este relajado para el procedimiento -Dijo Abi a la doctora.

    -Abigail, suéltalo por favor y pásalo a mi consultorio, ahí daremos por terminado el procedimiento. -dijo haciendo un signo de atracción con el dedo.

    La enfermera me condujo hacia adentro jalándome de la verga, me condujo hacia adentro y me dijo -Recuéstate en esa camilla por favor-. De soslayo vi que la doctora se quitó la bata, tenía una blusa negra de tirantes, en el escote se le veían unas tetas exorbitantes. No lo podía creer, estaba viviendo la fantasía de cualquiera. Me recosté en la camilla y la enfermera me quito el bóxer, tomo mi verga y siguió chupándola, yo estaba embelesado en la escena, la doctora ni se inmutaba, seguía sentada en su escritorio sin quitar la vista de su laptop.

    -Doctora ya está a punto de liberar -dijo Abigail

    -Enseguida voy, haz que tolere un poco más -dijo la doctora.

    Abigail como si le ordenaran lo opuesto siguió mamándome la verga, la tomaba con fuerza con las dos manos, aghg, agh, ¡mmm!, me quería dejar seco. – ¡aahhh! Me voy a correr -gemí.

    La doctora se levantó y se inclinó frente a mí, libero sus suculentos pechos y dijo, -échamelos aquí- señalando sus enormes tetas. Abigail le chupo los pezones mientras me hacia la paja final, alternaba chupándome y chupando sus enormes pechos.

    -¡Aaahhh! ¡mmm! Expulse cuatro borbotones de leche en la cara de Abigail y en los pechos de la doctora. Sentí un orgasmo tras otro mientras expulsaba la leche que caía en la piel de la doctora y en la lengua de Abigail. La enfermera exprimía mi verga y la succionaba, no podía parar de venirme, no se detuvo hasta que no vio ni una gota, después comenzó a chupar los brutales pechos de la doctora, recogiendo la leche que quedo regada en su piel.

    Mi correo es [email protected]. Espero contar con su opinión y puntos de vista o lo que sea que me quieras contarme, también si queréis platicar y contarme sus fantasías, deseos o encuentros, no importa género o preferencia sexual. Saludos.

  • Nuestro primer trío: Como mi esposa se convirtió en una puta

    Nuestro primer trío: Como mi esposa se convirtió en una puta

    Hola a todos los lectores de este relato, hoy vengo a contarles nuestra experiencia en nuestro primero trio con otro hombre.

    Todo empezó un día en el cual mi esposa y yo estábamos cogiendo en nuestra recamara, ella estaba montándome y mientras yo le agarraba las tetas, le confesé que quería verla siendo penetrada por otro hombre, que en realidad, quería verla siendo una puta y ver como gemía mientras dos hombres la cogíamos.

    Al principio, ella se opuso, y me confeso que la idea de que otro hombre se la meta, le causaba algo de inquietud, a lo cual yo le respondí, que era algo que yo quería, que me daba mucho morbo la idea de verla siendo penetrada por otro hombre.

    Para no hacer el cuento mas largo, y poder pasar a la etapa interesante de este relato, ella finalmente accedió, pero con la condición de que fuera con alguien de confianza, yo pregunte si ella ya tenía alguien en mente, y me comento sobre un amigo de ella, (el cual ya le había pedido tener sexo anteriormente).

    Yo accedí a su condición, y me puse en contacto con su amigo, le mande un mensaje y le comente que deseaba que tuviera un trio con nosotros, pero sobre todo, deseaba verlo cogiéndose a mi esposa, el sin pensarlo, respondió con un si.

    Posteriormente, hicimos un grupo de Whatsapp, donde los tres sexteabamos y mi esposa mandaba fotos de sus tetas y su vagina, fotos que yo le pedía que mandara y fotos que yo le tomaba, como si se tratase de vender a una puta.

    No hace falta mencionar que nuestro amigo se prendía bastante con esas fotos, (en un relato pasado, comente que mi esposa tiene unas tetas bastante grandes), y otra cosa que paso, lo cual a mi me excito mucho, es que mi esposa le dijo que se le antojaba ver una foto de su verga.

    Nuestro amigo mando una foto de su verga y yo mire la expresión de mi esposa y solo miraba como se le salía la baba por la impresión, a lo cual yo le pregunte, Te gustó? y ella me contesto en que no soportaba las ganas de sentir esa verga dentro.

    Seguimos por unas semanas sexteando, mandando fotos, e incluso hicimos una videollamada, en la cual él nos miró coger y nos pedía que poses hacer. Después de todas esas sexteadas nocturnas, pusimos una fecha para el encuentro.

    Llego el día del encuentro, y mi esposa me comento que quería ir al SPA a hacerse un pedicure para lucir más sexy para nuestro amigo, cosa que a mi me prendió mucho y accedí a que fuera. y siendo finalmente las 19:00 horas, finalmente nos pusimos en camino al Motel para el encuentro con nuestro nuevo amante.

    Estando en el Motel, mi esposa empezó a tomar unos tragos para calmar la tensión y me decía que ya quería sentir su verga dentro mientras ella chupaba la mía y al revés mientras nosotros nos besábamos y tocábamos para prepararnos para el encuentro.

    A las 20:00 horas aproximadamente, llego nuestro amante y yo le abrí la puerta del cuarto para recibirlo, cuando lo recibí, empecé a sentir bastante morbo imaginándomelo cogiéndose a mi esposa y el como ella iba a gemir sintiendo su verga hasta dentro.

    Después de haberlo recibido, nos sentamos en el sillón y empezamos a platicar, él nos hacía preguntas de como accedimos a hacer eso y el porqué lo habíamos elegido a él, y mientras yo contestaba sus preguntas, pude notar que el masajeaba el hombro de mi esposa y pude notar en la casa de mi esposa que lo estaba disfrutando.

    Seguimos platicando, cuando miro que mi esposa se acerca hacia a él para darle un besos y yo empecé a excitarme cuando lo mire, después de que terminaron, yo le pedí a mi esposa que se pusiera de pie para sentarme en su lugar y que ella se sentara encima de mi, cuando hicimos eso, ella empezó a besarme el cuello mientras yo platicaba con nuestro amante.

    Sin pensarlo, tome la mano de nuestro amante y la puse en una de las tetas de mi esposa para que empezara a disfrutarlo, y después de eso, le dije a mi esposa, «Ve y atiende a nuestro amigo», ella sin pensarlo, se montó encima de él y empezó a besarlo y a besarle el cuello, y él le chupaba las tetas y yo me excitaba de ver a mi esposa disfrutar que otro hombre la estuviera tocando y besando.

    Después de eso, mi esposa se puso de pie y nos pidió que nos quitáramos el pantalón, a lo cual nosotros accedimos, ella se incoó frente a nosotros y empezó a chuparme la verga mientras masturbaba a nuestro amigo, en eso nuestro amigo se puso de pie, se incoó atrás de ella y le bajo la tanga, y empezó a meterle los dedos en la vagina y a practicarle sexo oral mientras mi esposa me chupaba la verga.

    Yo estaba súper excitado por ver a mi esposa disfrutar que dos hombres las estuviera complaciendo, y cuando pensé que no podía prenderme mas, nuestro amante empezó a penetrar a mi esposa mientras ella seguí mamándome la verga.

    Mi esposa volteo a verme, y pude notar en su rostro que finalmente se estaba cumpliendo su deseo de sentir la verga de nuestro amante dentro, y pude notar que lo estaba disfrutando, en ese momento, sentí que iba a venirme, pero decidí pedirle que ahora le hiciera lo mismo a nuestro amante.

    Nuestro amante se sentó y ella empezó a mamarle la verga, mientras yo estaba detrás de ella masturbándola, después, metí mi verga en su vagina y empecé a penetrarla, mientras ella le mamaba la verga a nuestro amante.

    Después, ella se puso de pie y fuimos los tres a la cama a seguir con nuestro encuentro, ya en la cama, ella se acostó en medio de nosotros mientras cada uno le chupaba una teta, no hace falta mencionar que ella estaba gritando y gimiendo como loca.

    Después, nuestro amante se acostó y ella lo monto, mientras yo la penetre por el culo y empezamos a hacerle una doble penetración, eso hizo que mi esposa se pusiera como local, y yo solo podía ver a mi esposa disfrutando ser una puta y me excitaba la idea de saber que yo se lo pedí

    Nuestro amigo le pidió que se pusiera en cuatro y empezó a penetrarla mientras ella me chupaba la verga (No hace falta mencionar que en ese momento, su sexo oral era delicioso). Después de un momento así, decidimos cambiar de lugar, para yo penetrarla mientras ella le mamaba la verga a nuestro amante.

    Después de eso, nuestro amante se volvió a acostar y ella lo volvió a montar mientras yo estaba de pie frente a ella, a lo cual ella me dice, dame por el culo, y la penetre por el culo y volvimos a hacerle una doble penetración, en ese momento, sentimos como mi esposa se vino y grito fuertemente mientras continuaba gimiendo al mismo ritmo que los dos nos movíamos dentro de ella.

    Después de haber hecho esa doble penetración, ella se acostó y nos pidió que le chupáramos la vagina los dos al mismo tiempo, empezamos a hacerlo, y empezamos a sentir como su vagina se empezaba a mojar y escuchábamos como ella empezaba a gemir por el placer, después de chupársela, termino en nuestras bocas mientras gritaba y gemía de placer.

    Finalmente, ella se acostó y yo empecé a penetrarla mientras ella le pedía a nuestro amigo que se masturbara y se viviera en sus tetas, y después de un momento, terminamos los 3, yo dentro de ella, el en sus tetas y ella gritando de placer como siempre.

    Terminamos nuestro encuentro, y fuimos a cenar los tres, haciendo de cuenta que nada paso, puesto que para mi esposa y para mi, solo fue sexo, y eso no afecta la amistad que tenemos con nuestro nuevo amante.

  • La directora Yolis

    La directora Yolis

    Con Dulce mi alumna seguí viéndome un buen tiempo, la llevaba a mi departamento y la pasábamos bastante bien, un día se le ocurrió tomarnos una fotografía en la cama, abrazados después de haber terminado una muy buena cogida, la verdad yo no puse mucha atención solo me recuperaba de lo extenuante que era una noche de pasión con esa chica, pues resulta que ella tenía un novio con el cual terminó, después, pero este chavo había logrado obtener la fotografía del celular de ella e inmediatamente me fue a acusar con la directora de la preparatoria.

    Dulce me avisó yo no estaba en la escuela porque no tenía clase ese día, pero estuve esperando la llamada de la dirección porque lógicamente me imaginaba lo que se venía, pero la llamada no llegó, al día siguiente me presenté normal a mis clases, la verdad estaba algo nervioso ya que aunque Dulce ya era mayor de edad estaba en juego mi trabajo, Dulce no se me acercó y el chico solo se reía burlón sabiendo que lo más seguro era que me corrieran en ese momento, pero transcurrió la mañana sin contratiempos, como un día normal.

    Antes de la hora de salida, bajó secretaría y me pidió que al terminar mi clase me presentara en la dirección, solo estábamos dos salones en clase y al sonar el timbre salieron los alumnos estrepitosamente como de costumbre, en el pasillo me encontré a mi compañera, la maestra de la otra clase y nos despedimos, subí a la dirección y ya no estaba la secretaria, llamé a la puerta y abrió la directora, una mujer de 52 años, con un rostro hermoso, y un cuerpo bien formado, no perfecto porque tenía sus detalles, tenía un gran trasero y unas tetas muy bien proporcionadas, sus piernas eran anchas y bien formadas, no así su cintura que aunque no era muy ancha ya no era la de una modelo, sus ojos color café me miraron diferente a como me veía normalmente, no estaba molesta, estaba seria pero no molesta, me pidió que pasara y ella salió para hablarle a la señora de la limpieza, le dijo que checara que no hubiera nadie en la escuela y que se retirara que por la mañana hiciera la limpieza de los salones que se habían desocupado, y así lo hizo.

    Regreso a la oficina, yo la esperaba de pie como todo un caballero, se sentó me indicó con un ademán que tomara asiento y hablo:

    Dir: maestro estoy muy decepcionada de usted, que pasó? Como es posible que haya sucedido algo así entre usted y una alumna?

    Volteo la pantalla de su computadora y ahí estaba la fotografía en donde aparecíamos Dulce y yo, solo me agache y no podía contestar, se me secó la garganta de la vergüenza, no atinaba a decir palabra alguna.

    Dir: creí que era usted una persona íntegra y capaz de sobrellevar las tentaciones que provocan estas jóvenes, no crea que no sé qué no es el único, pero la verdad nunca creí que usted caería en esa tentación.

    Levante la vista y le contesté.

    Yo: maestra le pido de todo corazón una disculpa, estoy consciente de mi falta y dispuesto a recibir la sanción que usted me imponga, transgredí las reglas de la institución y sin problema le presento mi renuncia a partir de este momento para no afectar a la escuela con los problemas que se deriven de esto.

    Dir: obviamente que cometió una falta terrible y muy grave, pero no le puedo aceptar su renuncia.

    Se puso de pie y se acercó a mí, se puso justo frente a mi cara y sus pechos casi tocaban con mi nariz, hasta ese momento no me había percatado que su blusa estaba desabotonada justo hasta mediación de sus tetas lo que permitía ver en todo su esplendor esos bien formados pechos, y su falda era bastante corta daba la impresión de que la había doblado a propósito para que mostrara sus hermosas piernas, me puse de pie, y nos miramos fijamente a los ojos, ya no había nada más que hablar, la besé y acariciaba sus nalgas enormes por encima de su falda.

    Ella me tomaba por el cuello me apretaba tan fuerte que me di cuenta que hacía mucho que no la hacían sentir mujer, bajé por su cuello y saque su pechos de esa prisión que era su sostén, los bese, los lamí, los mordí y los chupe, ella jadeaba y me pedía que la hiciera suya, que la poseyera como hacía mucho que no lo hacían, subí su falda y arranqué de un solo movimiento su tanga, nunca me habría imaginado que usaba ese tipo de ropa, ya que era muy seria y recatada, casada con hijos profesionistas y un esposo que más que esposo parecía su mejor amigo, bueno, le arranque la tanga y metí mis dedos, estaba realmente escurriendo, la estimule un poco solamente y se corrió en un orgasmo tremendo sus jugos saltaban por todas sus piernas y me pedía más mucho más.

    Ya tenía yo mi verga de fuera y sin pedir permiso se la introduje hasta el fondo, ella me abrazo con todas sus fuerzas y me apretaba mientras yo la bombeaba y la hacía sentir mi pedazo de carne hasta el fondo de su vagina, volvió a explotar en otro orgasmo y me besaba y me apretaba con sus piernas y sus brazos.

    No quería que se terminara ese momento, yo seguía bombeando y disfrutando de ese tremendo cuerpo que no había sido explorado ni explotado en no sé cuántos años, por fin me corrí, llene de semen su coño con varios chorros que empezó a escurrir por sus piernas, ella disfrutaba al máximo la sensación que todo esto le provocaba, por fin nos dimos un descanso y me confesó que había llamado a la oficina a Dulce y le había hecho confesar todo lo que habíamos vivido juntos, y cuando le preguntó cómo una joven de 18 se podría fijar en un hombre de 35, ella le dijo que era por todo lo que le hacía sentir y vivir, y por todo lo que le había enseñado del sexo, que había aprendido y había hecho cosas que ni por la mente le pasaban, que la hacía sentir plena y que ya habíamos explorado todos los orificios de su cuerpo y la había hecho sentir cosas inimaginables, también le había dicho que mi herramienta aunque no muy grande si era bastante ancha (20 cm de largo por 7 de ancho) y pues se le antojó.

    Volvimos a besarnos y de nuevo empezó ese jadeo que me excitaba, la lleve al balcón de su oficina y ahí la voltee, se tomó del barandal y yo la embestí por atrás, jadeaba y gritaba, disfrutaba de volver a ser una mujer deseada, lo hacía sin tapujos, sin inhibiciones, estábamos solos en la escuela no había nada que nos detuviera, volvimos a explotar casi al mismo tiempo en un orgasmo, nuestros cuerpos escurrían sudor y nuestras propias secreciones, mi semen y sus jugos se mezclaron en uno solo, disfrute ese cuerpo olvidado y relegado, lo volví a hacer vibrar, y temblar de deseo y de pasión, nos limpiamos y nos vestimos, salimos de la escuela como dos profesionales, no sería la última vez, de ahí vinieron casi dos años más de pasión y descubrimientos para ella y de disfrutar y gozar ese cuerpo, que yo había revivido al mundo del deseo, y de la pasión sin límites.

    Sobra decir que no me corrieron y la verdad pasé todavía muchas cosas bien cachondas, con la directora y varias alumnas, pero eso ya vendrá en otros relatos.

  • Fantaseando contigo

    Fantaseando contigo

    Se acerca la fecha de entrega de ese artículo que debo terminar y aún no logro poner ni una sola palabra, el cursor parpadea incansable sin avanzar sobre el blanco infinito del procesador de texto, las palabras no salen, las ideas no llegan hasta que de repente un pensamiento me alcanza, pienso en ti que siempre lees lo que escribo.

    Sin ninguna relación con lo que debería estar escribiendo los caracteres empiezan a aparecer ordenados en estas palabras que hoy te dedico a ti, fluyen sin parar y sin pausa así que discúlpame si suena algo caótico o no respeta ninguna forma, pero esto es lo que inspiras.

    Mis dedos recorren las teclas como me gustaría que recorran tu piel, la fantasía de tenerte aquí y sentirte se enciende e ilumina mi mente, cual musa inspiras fuertes deseos sobre lo que podríamos hacer si justos estuviéramos, pensar en que me estás leyendo me despierta aún más el deseo de quererte aquí desnuda ante mi. Tomo un sorbo del té caliente pero mis sentidos me engañan haciéndome creer que pruebo el espectro de tus sabores al besarte hasta en las partes más prohibidas.

    Ante mi se forma la imagen cuando fantaseo con apartar el ordenador de la mesa para hacerte espacio a ti, para que te recuestes frente a mi y me recibas entre tus piernas, que hagamos el amor allí mismo como sólo nosotros sabemos hacerlo, lento y pausado pero profundo y pasional.

    Pienso en tu mensaje después de leer esto mucho antes que siquiera sepas que vas a escribirlo, donde me dices que tú también te has excitado, que te encantaría recostarte sobre la mesa y mi fisionomía da clara señal de mi excitación. Mientras imagino hacerte cada cosquilla que te provoca, tocar cada lugar que te enciendes, lamer cada rincón de tu belleza mi mano viaja con voluntad propia al sur, palpo mi dureza generada por tu potencial presencia, atizada por el morbo de contarte lo que me haces, la forma en que escribo fantaseando contigo del otro lado, también bajando tu mano para adentrarla en tu ropa interior mientras lees mis palabras, ambos proyectando nuestro ser junto al otro, encendiendo la lujuria como si nuestros cuerpos se encontraran, nuestros labios chocaran, nuestras lenguas se enredaran, tus dulces pecho me compartieran su suavidad y nuestras piernas se entrelazaran para dar lugar a la reunión de nuestros sexos.

    Quiero que sepas lo que despierta en mi pensar cuando me leas, lo poderoso de tus pequeños mensajes una vez que hayas acabado estos párrafos, que se siembran en mi mente y brotan en los momentos más inoportunos. Deseo ahora mismo estar contigo, sobre ti, dentro tuyo y ya no importa que era lo que debía escribir, sólo importa lo que quiero escribir para ti y una vez que este relato salga a la luz esperaré ansioso a que tu respuesta llegue, deseando que me des la más mínima señal que algo provoco en ti. Por más mínimas que sean las palabras serán suficiente para que vuelvas a encender la llama.

    Trataré de hacer lo posible por volver a mi hoja en blanco, pero cuando tu entras en mi es muy difícil dejar de pensar en cuanto quiero entrar en ti.

    R.R.

  • El secreto de Teresa

    El secreto de Teresa

    Todo pasó a finales de los años 90. Teresa, mi novia de aquél entonces tenía 18 años, uno menos que yo. Su familia consistía en ella misma, su hermano menor, y sus padres. Vivían a diez minutos de mi casa y nos conocimos antes de graduarme de secundaria. Nos llevábamos bastante bien y follábamos cada vez que teníamos la oportunidad.

    El cuerpo de Teresa estaba hecho para el pecado. Sus piernas, su culo, sus tetas… un cabello largo castaño y rizado, y un rostro precioso, no podía evitar cada día recogerla después del trabajo, irnos a algún lugar apartado y arrastrarme entre sus piernas.

    Le encantaba el sexo, puede que igual o más que a mí. Aunque en su día a día era una chica normal, reservada y relajada, cuando estaba cachonda se convertía. Sólo hacía falta que mis dedos empezaran a jugar en su coño para que empezara a gotear como si de un grifo se tratara, y cuando la tocaba su mirada cambiaba y me advertía que no empezara algo que no podía terminar. Era como si no pudiera controlar su cuerpo cuando estaba excitada. Y a mi su humedad me encantaba, y acabábamos follando en cualquier lugar en el que estuviéramos.

    Un día en particular fui a la casa de Teresa, allí estaba ella y su hermano pequeño. La invité a ir a un parque cercano, donde había varias zonas aisladas sin gente para poder jugar, pero no podía, tenía que esperar a que sus padres llegaran, pero me invitó a entrar. Subimos a su habitación mientras su hermano veía televisión en el salón. Empecé a jugar, la besaba y trataba de acariciar su coño a través de sus pantalones cortos, pero se resistía diciendo que no podíamos hacer ‘’eso’’ mientras se suponía que debía vigilar a su hermano. Seguidamente dijo que acababa de comprar una falda nueva y quería saber qué opinaba sobre cómo le quedaba, le pedí que se la pusiera porque estaría encantado de comprobar cómo le quedaba. Salió de su habitación y regresó unos minutos después con una falda de tartán de colegiala y una camisa blanca con botones bastante ceñida.

    Al ver sus piernas sexys saliendo debajo de esa falda, y su camisa marcando sus tetas y sus pezones, me dieron aún más ganas de jugar. La agarré por las caderas, tirando de ella contra mí y comencé a besarla. Se resistía, sin duda pensando en que su hermano estaba en el salón, y que sus padres regresarían pronto.

    Pero yo seguía jugando y ella me correspondía a medias. Tras unos minutos de besos con mi polla dura rozando su sexo debajo de la falda la escuché gemir y su boca se abrió e instantáneamente mi boca se llenó con su juguetona lengua, sus labios chocaban con los míos y los míos con los suyos. Succionaba mi lengua como si de una polla se tratara, sabía como ponerme cachondo y cada vez que lo hacía mi polla palpitaba con fuerza, estaba lista para penetrar su coño húmedo y caliente. Mi mano entró por dentro de la falda y empecé a apretar su culo, ella gemía y yo gemía. Pasé mi mano derecha entre nosotros y la bajé por la parte delantera de su falda. Acaricié el coño de Teresa por dentro de su falda y de sus bragas manteniendo un poco de misterio en mis caricias. Podía sentir el calor de su coño a través de su ropa. Sabía sin lugar a dudas por la forma en que me estaba besando a la fuerza que había cruzado la línea de la reserva y que estaba tan cachonda y lista como yo.

    Tan pronto como mis dedos encontraron esas bragas calientes y húmedas, Teresa gimió en mi boca y se encorvó contra mi mano, supe que tan pronto como le quitara esas bragas, mi polla estaría dentro de ella… y eso es exactamente lo que yo quería. Con las dos manos agarré sus bragas y las bajé hasta sus tobillos. Mi mano derecha fue instintivamente a su coño, estaba muy mojado, empecé a acariciar sus labios sin llegar a penetrarla con mis dedos, ella estaba ocupada desabotonando mis pantalones. Saqué mi mano para ayudar a terminar la tarea de quitármelos y ambos notamos que mis dedos estaban cubiertos de almíbar transparente.

    Teresa me miró casi en tono de disculpa, como si se arrepintiera de estar tan cachonda. Si supiera lo cachondo que me ponía…

    Por fin conseguimos desabrochar mis pantalones, en cuanto lo conseguimos Teresa agarró mi polla y trataba de frotarla con su coño, pero yo era más alto que ella y estaba muy muy duro por lo que de pie iba a ser difícil. Empezó a retroceder hacía su cama arrastrándome con ella. Tuve que dar pasos cortos y rápidos para mantener el equilibrio porque mis pantalones estaban por los tobillos pero poco le importaba, necesitaba que la penetrara.

    Cayó sobre su cama y yo encima de ella, con sus piernas abiertas y mi polla alineada con su coño húmedo la penetré, hasta el fondo, ella empezó a moverse, estaba tan cachondo que no iba a aguantar mucho y justo en el momento en el que sentí que iba a explotar y a inundar su coño con mi semen escuchamos la puerta principal de la casa y la voz de su madre.

    —¡Mierda, estamos atrapados! —le dije a Teresa asustado, su padre me iba a encontrar aquí a punto de correrme dentro de su hija, y se iba a desatar el infierno. Ambos nos asustamos, saqué la polla más dura que había tenido del coño más húmedo, estoy seguro, que Teresa había tenido.

    Me apresuré a subirme la ropa interior y los pantalones mientras trataba de pensar en un plan de escape, y no tuve más que pánico. Teresa ya estaba fuera de la cama y agarrando sus bragas mojadas del piso mientras abría su armario y me susurraba que entrara.

    Realmente quería una salida, estar atrapado en un armario en esa situación no me atraía, pero era lo único que iba a funcionar en ese momento.

    Teresa movió algunas cosas y me ayudó a entrar lo más silenciosamente posible. Hice lo mejor que pude para llegar lo más atrás posible sin causar más ruido del absolutamente necesario. Me susurró que me sacaría cuando todo estuviera despejado, antes de encerrarme en el lugar más oscuro en el que podía recordar haber estado.

    Escuché atentamente los sonidos de su familia. Su casa era de un tamaño normal de tres habitaciones y parecía que podía escuchar cada movimiento desde cualquier lugar del interior.

    Supongo que estaban trayendo la compra cuando escuché al padre de Teresa decirle a su hermano que fuera a ayudar a su mamá, y hubo muchos ruidos en la cocina.

    Fue incómodo como esconderse en la oscuridad de ese armario, mientras pensaba en que en cualquier momento un padre enojado abriría la puerta de un armario de un tirón y acabaría con el tipo que se había estado follando a su hija. ‘Me matará’ no dejaba de pensar.

    No tenía idea de adónde se había ido Teresa ya que no escuchaba su voz por ningún lado. Estaba a punto de intentar abrir la puerta un poco, para tener una visión general de los alrededores, cuando escuché que la puerta del dormitorio de Teresa se abría y la voz de su padre decía: —Pensé que podría encontrarte aquí. Qué has estado haciendo?

    Bueno, eso responde a mi pregunta sobre su paradero. La proximidad de su padre hizo que mi corazón latiera tan fuerte que pensé que podrían escucharlo a través de la puerta, cuando escuché a Teresa responderle: —Nada, simplemente pasando el rato”

    En este punto hubo silencio, durante unos segundos pero que a mí me pareció una eternidad. Entonces escuché cerrarse la puerta, y pensando que lo peor había pasado, casi abrí la puerta del armario cuando escuché la voz de su padre nuevamente, esta vez un poco más baja y un poco más contundente preguntar: —¿Por qué huele a coño aquí?

    ’’Mierda… esto es todo, me van a pillar y solo Dios sabe lo que me pasará. ¿Encontrarán mi cuerpo o simplemente desapareceré debajo de algunas tablas de la casa?’’ Me decía a mi mismo.

    Estaba temblando del pánico y había llegado a la conclusión de que la mejor manera de salir de esto era simplemente confesar, salir del armario y admitir lo que había hecho, disculparme… y con suerte, volver a mi casa vivo.

    Teresa no respondió, pero las siguientes palabras de la boca de su padre alteraron por completo mi percepción de esta situación.

    —¿Has estado jugando con tu coño otra vez? —preguntó en un susurro severo.

    ¿Qué? ¿Acabo de escuchar eso? Seguramente solo dijo algo que sonaba así. No hay forma de que el padre de Teresa le preguntara eso.

    Mis pensamientos se cortaron cuando la escuché responder de mala gana: —No lo sé.

    —¿Qué quieres decir con que no lo sabes? —respondió su padre, todavía en voz baja. En ese momento no era capaz de respirar.

    —No lo sé… tal vez  —responde en un susurro entrecortado.

    —¿Sabes lo que me pasa cuando haces eso, no, jovencita? —responde su padre, sugiriendo que esta no es la primera vez que han tenido esta conversación.

    —No lo sé, tal vez —susurra Teresa tan bajo que apenas pude oír.

    Esta es la cosa más loca que había escuchado. No sabía exactamente qué estaba pasando, pero todo ese escenario iba en una dirección completamente diferente de lo que había pensado originalmente cuando subí por aquellas escaleras.

    Tenía toda mi atención a lo que estaba sucediendo al otro lado de la puerta del armario. Una vez más, no hubo nada más que silencio hasta que escuché al padre de Teresa susurrar autoritariamente: —¿Estás usando bragas?

    —No lo sé —respondió Teresa, que parecía ser su respuesta a las preguntas de este tipo de su padre.

    —Muéstrame —escuché al padre de Teresa preguntar con un toque dominador en su susurro.

    Simplemente no podía creer lo que estaba escuchando, todo mi ser estaba pendiente de lo que iba a pasar… o a la siguiente pregunta de su padre.

    Escuché movimiento. ¿Los resortes de la cama? ¿Ropa?… era difícil de descifrar.

    Esto era algo que nunca había visto antes, era un mundo nuevo y completamente extraño que no entendía o del que no tenía ni idea. Pero una cosa que sí sabía… por alguna razón eso me excitaba, podía sentir que mi polla se endurecía de nuevo.

    —Muéstrame señorita —oí decir a su padre.

    Estaba de rodillas en ese armario con ropa sobre mi cabeza, preguntándome si de verdad ella le mostraría su coño. Una pequeña punzada de mis celos quería que ella le dijera que se fuera al infierno… pero una gran parte de mi libido quería que ella se lo mostrara. No pude evitar frotar la parte delantera de mis pantalones mientras esperaba lo que iba a pasar a continuación.

    Los siguientes sonidos que irradiaron a través de la puerta del armario fueron sonidos de besos, descuidados y húmedos.

    ’’Mierda, ¿se están besando?’’ Tenía que comprobarlo. Estar sentado en aquella oscuridad mientras esos sonidos entraban por la puerta, especialmente sabiendo quienes estaban involucrados en esos sonidos… era casi una tortura. Tenía que verlo por mí mismo.

    Empujé la puerta lo mínimo, lo suficiente para que no se dieran cuenta, pero también para poder ver lo que estaba pasando.

    Esos sonidos de besos, ahora mezclados con una respiración pesada, aún continuaban mientras abría la puerta.

    Con mi respiración contenida y mi polla palpitando en mis pantalones ante la anticipación de lo que iba a ver. Con mucha delicadeza comencé a abrir esa puerta con un nivel de precisión del que un neurocirujano se habría sentido orgulloso.

    Antes de que pudiera ver un destello de luz, escuché un gemido seguido de un ‘Ssshhh’ muy silencioso.

    Sentí que me iba a desmayar, mi corazón latía tan fuerte. Tenía que ver qué estaba pasando.

    Mis habilidades de neurocirujano con la puerta, milímetro a milímetro, me permitían ver un trozo de la habitación de Teresa. Por lo poco que tenía de la puerta abierta y el ángulo en el que estaba la puerta en relación con el resto de la habitación, solo podía ver el frente de su tocador, iba a tener que abrir esa puerta un poco más.

    Continué abriendo la puerta, una mayor parte de la habitación estaba apareciendo a la vista.

    Pude ver el borde de la mesita de noche de Teresa junto a su cama cuando escuché un cierre. Mi cabeza zumbaba con el pensamiento de lo que podría significar esa cremallera.

    Unos milímetros más con la puerta y el lado de la cama se enfoca frente a mí. Aun así, abro un poco más, y por fin puedo ver a Teresa, recostada en su cama, apoyada en los codos mirando hacia adelante. Hice una pausa por un momento, solo mirándola, sabiendo que ella era parte de los sonidos que he estado escuchando durante los últimos minutos.

    A pesar de estar seguro de lo que había escuchado, todavía estaba teniendo dificultades para creerlo. Estaba muy intrigado, nada en mi vida había atraído mi atención de esta manera, pero yo era el tipo de persona que necesitaba pruebas, especialmente en algo de este nivel.

    Abrí un poco más la puerta y casi jadeé en voz alta. Allí estaba el padre de Teresa al pie de su cama frente a ella, acariciando su polla.

    Había visto pornografía, era 1988, todos los chicos tenían una cinta pornográfica o dos… pero nunca había visto algo así en la vida real.

    El padre de Teresa estaba acariciando su brillante y dura polla justo enfrente de ella, y a juzgar por su mirada a ella no parecía importarle en absoluto.

    Este tipo tenía lo que parecía ser una gran polla. Tenía una mano alrededor de la base para que se destacara de su cuerpo en una exhibición muy lasciva de sexualidad, mientras que su otra mano se deslizaba hacia arriba y hacia abajo, con más que suficiente para una tercera mano… y no tenía manos pequeñas. En ese momento (y aún ahora) deseaba que mi polla fuera así de grande.

    Veo que Teresa está mirando su “ofrenda”. Más precisamente, estaba mirando directamente a la polla de su padre mientras la acaricia. Ni siquiera miraba en dirección al armario, me preguntaba si había olvidado que estoy aquí.

    —¿Quieres esto? —Pregunta el padre de Teresa, sacudiendo su polla hinchada hacia ella.

    —No lo sé —responde ella, mirando cómo se masturba.

    Estaba tan excitado sabiendo cómo se pone cuando está cachonda, todo lo que podía pensar era en lo que sucederá después. Sé que estaba mal. Sé que yo no debería excitarme por nada de eso, pero lo estaba. Era tan desagradable, tan perverso, tan primitivo, tan animal. Estaba despertando algo dentro de mí que no sabía que estaba allí. 

    Teresa se incorporó, se sentó, se acercó y empezó a besar la cabeza de la polla grande, brillante y dura de su padre. ’’Hijo de puta, ¿estás bromeando? ¡Está besando la polla de su padre!’’ gritaba yo en mi interior.

    Al mirar esto, veo que su lengua sale y lame alrededor de la cabeza de su polla mientras la besa. Sin perder el ritmo, sus labios se deslizan hasta la mitad de la polla de su padre haciendo que su cabeza se incline hacia atrás en el proceso.

    Ni siquiera sabía que ella podía hacer eso. En todas las veces que follamos, fue solo eso… follar… penetración. Teresa nunca ha tenido su boca sobre mi polla. Muchas chicas de secundaria eran así, y a nosotros, los jóvenes, no nos molestaba mientras tuviéramos sexo. Pero ahora veo un lado completamente diferente de esta chica. No solo chupaba, parecía saber muy bien lo que estaba haciendo.

    No pude evitarlo, me desabrocho los pantalones y envuelvo mi mano alrededor de mi propia polla mientras veo a Teresa chupar la polla de su padre, no como si fuera en contra de su voluntad, sino como si deseara y disfrutara de aquella polla.

    Su cabeza subía y bajaba una gran distancia. Llegó al punto en que ella estaba empujando su boca hacia abajo hasta tocar fondo, sin duda la gruesa polla de papá entraba perfectamente en su garganta. Cada pocos golpes más o menos, empujaba su boca hacia abajo con un poco menos de fuerza y, cuando parecía que había llegado a su límite, su lengua se deslizaba por debajo de su polla y empujaba sus labios hacia sus bolas y la mantenía allí por un segundo, luego tiraba completamente de su polla con hilos de saliva cayendo entre ellos.

    ¡Maldita sea! Ni siquiera estaba acariciando mi polla, cuando me corrí. Silenciosamente me senté en el suelo de su armario con incredulidad y total asombro por su obvia experiencia sexual. De ninguna manera era esa la primera vez para estos dos. No hay duda de que le había enseñado a hacer eso, probablemente desde hacía un tiempo. Me preguntaba qué más habían estado haciendo.

    Escuché movimiento en la cama de nuevo y otro gemido, así que me incliné hacia adelante, poniendo mi cabeza hacia atrás por el borde de la puerta. Lo que vi fue sin duda la cosa más desagradable que creo que jamás veré… y, una vez más, no puedo explicarlo, mi polla estaba nuevamente levantada.

    Teresa estaba completamente de espaldas, con su padre encima de ella, su peso descansando sobre sus codos a cada lado de ella. Podía ver su trasero desnudo subiendo y bajando entre sus muslos abiertos… su nueva falda volteada sobre su estómago. La estaba penetrando ¡Teresa y su padre estaban follando! Dios mío… sentía que flotaba mientras veía eso. Ver a mi novia follado con su padre. Me atrajo de una manera que nunca hubiera sabido si no lo hubiera visto. Si me hubieran preguntado el día anterior qué pensaba sobre “eso”… probablemente habría dicho que no estaba interesado o incluso que me daba asco. Pero ver ‘eso’ abrió una caja de Pandora.

    Al igual que conmigo antes (y exactamente en la misma posición y ubicación), ella tenía sus piernas abiertas y sus manos agarrando su espalda.

    Su padre estaba empezando a follarla ahora, ambos estaban tan callados como podían. Iba a un ritmo constante, casi lento. Podía escuchar sus pelvis golpeando, sonidos amortiguados un poco por su falda.

    Teresa soltaba un involuntario “Uh” cada vez que él le golpeaba el coño de esa manera. Realmente debería tomar notas porque creo que ahora sé por qué a esta chica le gusta tanto follar… su padre obviamente le ha estado follando bien el coño.

    En ese momento me venían los pensamientos de que Teresa había estado con dos hombres el mismo día… en la misma hora… con minutos de diferencia. Me preguntaba cuántas veces había sucedido eso en el pasado. También me preguntaba cuántas veces fui segundo. La parte que realmente no podía entender era: ¿por qué me excita eso?

    Los sonidos constantes de “Uh, uh, uh” que escucho me devuelven a lo que está frente a mí. Es decir, los ruidos de dos cuerpos chocando en una danza sexual que son cada vez más fuertes, sin duda ‘papá’ se correrá en su hija pronto.

    No se atrevería, ¿verdad? Quiero decir, ¿dónde más va a hacerlo? Es casi imposible para mí salir del coño de Teresa cuando me voy a correr. Aunque, sabía (la prueba está frente a mí) que él tenía más experiencia. La idea de que ese hombre se corriera en el coño de su hija, en el coño de mi novia… hizo que me volviera a correr. ¿Qué estaba pasando conmigo?

    El pomo de la puerta del cuarto de Teresa de repente hace ruido y se detienen en seco.

    —Teresa, ¿sabes dónde está tu padre? ¿Y por qué está cerrada esta puerta? —Escucho a su mamá gritar.

    Pensaba que les pillaría, y solo rezaba por una cosa, que a ninguno se le ocurriera mirar dentro del armario.

    —Me estoy probando mi ropa nueva y no quiero que mi hermano entre —responde Teresa, lo suficientemente fuerte como para que su madre la oiga a través de la puerta.— No tengo idea de dónde está papá, ¿revisaste en el cobertizo? —ella sigue.

    —No, hace calor ahí fuera, esperaré hasta que vuelva —dice su madre, su voz se desvanece al final mientras se aleja por el pasillo.

    No podía creer la frialdad en el intercambio de palabras que acababa de escuchar. Estoy bastante seguro de que su madre no tenía ni idea de lo que estaba pasando a este lado de esa puerta cerrada. 

    Mirando hacia atrás por el borde de la puerta, veo que el padre de Teresa empieza a follar el coño de su hija fuerte y rápido con la evidente intención de correrse pronto.

    Los involuntarios “Uh, uh, uh, uh’s”, están saliendo de Teresa al mismo tiempo que el ataque pélvico de su padre. De hecho, se estaba poniendo lo suficientemente fuerte como para que ‘papá’ le tapara la boca con la mano mientras seguía penetrando ese dulce coño adolescente.

    No pude evitar que mi mano volviera a acariciar mi polla. La escena frente a mí era más caliente que cualquier cosa que haya presenciado. Las manos de Teresa tirando de su camisa hacia abajo a cada lado como si temiera que se fuera a volar. Él con su mano derecha cubriendo su boca… follando su coño mejor que nunca.

    De repente, Teresa casi comenzó a convulsionar. Es como si estuviera tratando de gritar a través de la mano de su padre mientras su cabeza se inclinaba hacia atrás. Sus brazos y piernas lo apretaron con fuerza mientras su cuerpo se puso completamente rígido mientras él todavía la follaba, con fuerza, metiéndola hasta el fondo y gimiendo, llenando su interior de semen.

    No podía creer lo que acababa de ver. Mi mente estaba explotando. Un padre acaba de follar a su hija… y me refiero a FOLLARLA… Su polla dura, en el coño de su hija, entrando y saliendo, hasta que obviamente se corrió… ¡en su coño! Imposible de creer. Y no cualquier hija, sino mi novia… MI NOVIA… mi dulce, inocente y típica novia que de vez en cuando folla conmigo en el asiento trasero de un coche. Nunca lo hubiera adivinado, ni en un millón de años.

    Levantándome para mirar una vez más, veo la guinda del pastel… él está parado frente a ella como al principio… y Teresa besando y lamiendo amorosamente esa polla mojada por su propio flujo y el semen de su padre. Ahora, sabiendo lo bien que puede trabajar una polla, es la maldita cosa más sexy del planeta por lo que a mí respecta.

    El sonido de la puerta del dormitorio de Teresa abriéndose y cerrándose hizo que mi mente volviera al armario, más precisamente, a la realidad de que estaba en este armario con mi polla expuesta y palpitando. 

    Escuché el clic del pomo de la puerta de Teresa, y me las arreglé para volver a abotonarme los pantalones sobre mi polla dura, la cabeza asomando más allá de la cintura, cuando la puerta del armario se abrió y ella estaba parada allí mirándome. Me puse de pie mientras salía a su habitación.

    Inmediatamente Teresa susurró: —Lo siento, por favor no me odies.

    A lo que respondí agarrando sus caderas cubiertas por la falda y acercándola a mí en un gran abrazo. Mi cabeza estaba por encima de su hombro y mi polla dura chocando contra ella mientras le susurraba al oído: —Esa fue la cosa más caliente que he visto en mi vida, no tenía ni idea.

    Casi estaba llorando cuando me susurró al oído: —No puedo evitarlo, no sé qué me pasa. Es como si lo necesitara todo el tiempo. Por favor, no me odies.

    Para entonces, mis dedos estaban tirando hacia arriba del dobladillo de esa nueva falda (que había visto más acción en la última media hora que la mayoría de las faldas)… mis manos una vez más ahuecando ese culo sexy mientras la empujaba hacia mí con fuerza, rozando mi polla cubierta por los jeans directamente sobre su coño follado por debajo de esa falda alrededor de su cintura. Mientras besaba mis labios alrededor de su oreja, le susurré: —No te odio, quiero follarte.

    La cama de Teresa golpeando la parte posterior de sus piernas, la empujé, y quedó sentada en el mismo lugar en el que ya había sido follada… dos veces. Mis pantalones fueron desabrochados y alrededor de mis tobillos en un parpadeo mientras ella se inclinaba hacia adelante y besaba mi polla. Nunca antes había tenido una boca en mi polla y la sensación era algo que no esperaba del todo. Su lengua entra inmediatamente en juego, lamiendo y besando mientras se estira y agarra mis caderas a cada lado.

    Mirando la boca de Teresa sobre mi polla, me di cuenta de que ese día quedaría grabado en mi mente para toda la eternidad. Otra vez, no iba a durar ni un minuto más. Esa era mi ‘primera’ vez (especialmente con todo lo que acababa de ver) y definitivamente no era su primera vez. No tenía ninguna posibilidad, mi polla era una bomba de relojería, y la dulce y experimentada boca adolescente de Teresa era la mecha. Fue entonces cuando sus labios bajaron por mi polla. Todo el camino hacia abajo hasta que la cabeza de mi polla se apretó en su garganta mientras sus labios encontraban mis testículos. Sus manos sostuvieron mis caderas en un agarre firme con su boca atascada en mi polla hasta donde podía llegar físicamente, mientras que luego comenzó a ‘intentar’ ir más lejos… golpeando su cabeza hacia abajo como si fuera a romperme.

    Me corrí con tanta fuerza que casi me desmayo. Teresa tuvo que ayudarme a sostenerme mientras yo me doblaba, a punto de caer sobre ella. Y mantuvo su boca sobre mi polla todo el tiempo. No tengo ni idea de adónde fue mi semen, supongo que se lo tragó, tendría que hacerlo, pero en todo el esquema de mi orgasmo… honestamente, no lo sé. Sé que cuando mi polla dejó su boca, ella solo me miró con una pequeña sonrisa mientras se inclinaba hacia atrás en su cama sobre sus codos.

    Ambos nos miramos, ambos lo sabíamos. Lo que había pasado ese día, con su padre, probablemente volvería a suceder. Y lo que pasó, conmigo y con ella, es más que probable que volviera a suceder, dependía de mí, si quería o no. Casi como si, de alguna manera tácita, me estuviera diciendo “Esto es lo que soy, tómalo o déjalo”.

    Volví a subirme los pantalones y le extendí una mano. Me tomó de la mano y la levanté de la cama para ponerme frente a mí. Le di un gran abrazo mientras le susurraba al oído: —¿Qué vas a hacer esta noche?

    Teresa se apartó para mirarme a los ojos. Se mordió el labio inferior mientras sus ojos se movían de izquierda a derecha.

    Me devolvió a un abrazo y me susurró al oído: —Lo que tú quieras.

  • ¿Quito el cinto o te doy de otra modo, pajillera?

    ¿Quito el cinto o te doy de otra modo, pajillera?

    Yo tenía en la cabeza la visera con el escudo del Real Madrid echada haca atrás, un Chesterfield en los labios y estaba a pecho descubierto, Lolita tenía una cinta azul en el pelo que pasaba por su frente y se anudaba atrás. Estaba echada sobre la hierba con otro Chesterfield en la mano. Estábamos en medio del monte entre acacias y al lado de una fuente. Yo tenía pastando a nuestra burra y ella a sus dos cabras. Le dije:

    -Sé un chisme, pero es muy caliente.

    Le echó una calada al cigarrillo, y después me dijo:

    -¿Quién te lo contó?

    -Juanito.

    -¿El de la Lercha o el de Mucha?

    -El de Mucha.

    -¿Es sobre Petra?

    -Es sobre Petra y él, pero ya te dije que es muy caliente.

    -¿Qué te contó?

    -Me contó con pelos y señales cómo lo sedujo.

    -¡¿Petra?!

    -Sí, Petra.

    Lolita era una chavala de mi edad, de cara redondita, ojos negros, cabello largo de color rubio, tetas medianas, culo redondito, cintura estrecha, caderas normales, que no llegaba al metro sesenta de estatura, era flaca y muy bonita. Desde niños nos llevamos bien. Nos contábamos nuestras penas y también nuestras alegrías. Nunca se nos pasara por la cabeza darnos un beso, y mucho menos echar un polvo, por lo menos a mí no se me pasara. Me dijo:

    -Cuenta.

    -¡Qué es muy caliente!

    -No creo que sea más caliente que el chisme que me contó Fita.

    -¿Se lo montó con alguien?

    -Cuenta y te cuento.

    Había que contar.

    -Juanito me lo contó así:

    -«Mi hermano Manolo se fuera ese día para Alemania y yo venía de guardar las ovejas. Entré en casa y encontré a Petra llorando. Vino a mi lado y me abrazó. Al juntar su cara con la mía mojó mis labios con sus lágrimas. Lamí los labios. Sentí el sabor salado y sus grandes tetas hundidas en mi pecho y me empalmé. Sintiendo mi polla en su vientre, me dijo»:

    -«¡Voy a estar muy sola!»

    -«Miró para mis labios y después para mis ojos. Le di un beso y al momento se separó de mí.»

    -«¡No! Sabes que estoy sentimental y te quieres aprovechar.»

    -«Se fue llorando para su habitación. Cené un poco de pavo que sobrara del mediodía, me mandé dos vasos de vino tinto y cómo no tenía con quien hablar también me fui para cama. A los diez minutos vino Petra y se metió en mi cama.»

    -«Me da miedo dormir sola.»

    -«Se echó dándome la espalda. Me di la vuelta, encendí la luz y vi que llevaba puesta una enagua de seda transparente y muy corta. No llevaba bragas. Le levanté la enagua. Cruzó las piernas y vi todo el coño con los pelos saliendo por los lados bajo su hermoso culo. Tenía una raja pequeña. Quité el calzoncillo, le metí la polla dentro de la raja y se la froté.»

    -«Estate quieto, sinvergüenza.»

    -«No le hice caso, era obvio que se metiera en mi cama para follar… La cabeza de mi polla subiendo y bajando se fue empapando de jugos. Froté y froté entre sus labios… Luego hice círculos en su ojete y le metí la puntita. Empujó con el culo y le dejé meter la cabeza, después la saqué y volví a frotarla en su coño, un coño que cada vez se mojaba más.»

    -«Por tu culpa me puse cachonda y ahora necesito correrme. Métemela un poquito más en el culo.»

    -«Le metí la cabeza.»

    -«Mas… Más… Más… Hasta el fondo.»

    -«Se la clavé hasta el fondo y después le di caña, hasta que sin poder evitarlo le llené el culo de leche. Después de correrme la quité y se la puse en la entrada de la vagina, empujó con el culo y comenzó a follarme… La quitaba, empujaba con el culo y la volvía a meter, y así estuvo hasta que me cogió una mano y me la llevó a sus tetas.»

    -«Toca un poquito.»

    -«Al rato se dio la vuelta.»

    -«Quítame la enagua.»

    -«Se la quité.»

    -•»¡Magrea y come mis tetas!»

    -«Tenía unas tetas grandes y esponjosas y los pezones tan de punta que si me cornea me quita un ojo. Se las magreé y se las comí hasta que me harté de lamer y chupar pezones, de mamar sus areolas, de lamer y chupar por todos los lados.»

    -«¡Come mi coño!»

    -«Me cansé de recibir órdenes. La puse boca abajo y le follé el coño a trancazo limpió diez o quince minutos… Jadeaba cómo una perra y cómo una perra se corrió, y no una vez, se corría y segundos después se volvía a correr. Conté cinco corridas antes de correrme yo dentro de ella, y te estoy hablando de dos o tres minutos, en ese tiempo casi la seco, o eso creí, pero estaba equivocado. Volvió con las órdenes.»

    -«¡Cómeme el coño!»

    Lolita no se lo podía creer.

    -¡¿Aún quería más?!

    -Sí, y más le dio. Según me dijo un coño cuanto más corrido más rico está.

    -Lo sé.

    -¡¿Le comiste el coño a alguna mujer?!

    Eludió responder sobre si le comiera el coño a alguna mujer, pero me dijo:

    -Sé a que sabe el mío cuando está encharcado.

    -Eso no me lo debiste decir.

    -¿Por?

    -Por nada, olvídalo.

    -Olvidado. ¿Se corrió otra vez al comerle el coño?

    -Dos veces. Acabó medio muerta.

    -Lo raro es que no quedara muerta del todo

    -Te toca.

    No se hizo de rogar.

    -Ahí va lo que me dijo Fita.

    -«Mi padre estaba meando contra el muro del patio y le dije: ¡¿No sabe mear dónde no lo vean?! El cabrón se dio la vuelta y meneó la polla para limpiarla.»

    -«Yo meo donde me sale de los cojones.»

    -«Tenía una polla hermosa, con una cabeza colorada. Al verla se me humedeció el coño. Ese día mi madre iba en la marea y comíamos él y yo solos en casa. Al acabar de comer se fue a tomar la siesta a su habitación y yo fui a la mía. Destapada y echada boca arriba sobre la cama me acordé de la polla de mi padre, cerré los ojos y me toqué las tetas… Cuando me di cuenta estaba sin bragas, con las rodillas flexionadas, las piernas abiertas y con dos dedos dentro de mi coño. Sentí un carraspeó, abrí los ojos y vi a mi padre con la polla empalmada en su mano derecha y una sonrisa de falso en los labios. Cerré las piernas. Vino hasta la cama.»

    -«¿Quito el cinto o te doy de otro modo, pajillera?»

    -«No me quedaba otra, le dije que me hiciera la otra cosa.»

    -«Ponte a cuatro patas.»

    -«La verdad es que me apetecía follar con mi padre, así que me coloqué cómo una perrita encima de la cama. Se arrodilló detrás de mí, me levantó la falda, abrió mis nalgas con las dos manos y se dio un festín con mi culo. Lamió el periné y el ojete, me lo folló con la punta de su lengua, me calentó las nalgas con las palmas de sus manos, me calentó las nalgas e hizo que me ardiera el coño. Deseaba que me magreara las tetas, pero tenía las manos ocupadas en otras cosas. El coño no me lo lamió ni una sola vez, por eso cuando pasó la descapullada polla por él mis gemidos se volvieron de loca… Y entonces. ¡Zaaas! Me la clavó en culo. Me dolió tanto que pensé que me lo rompiera… Después escupiendo en la polla la fue metiendo poco a poco… Pasado el calvario del principio me empezó a gustar. Metí dos dedos en mi coño mojado y quise buscar mi orgasmo, pero mi padre me llenó el culo de leche sin darme tiempo a correrme. Al quitarla, le dije: Métela ahora en mi coño. Me miró como se mira a una inmundicia, sacó el cinto y me dio en las dos nalgas. ¡Zas, zas!

    -«Puta, que eres una puta!»

    -«Estaba tan caliente que en vez de chillar, gemí de placer. A mi padre le gustó oír mis gemidos, y me siguió dando, pero con menos fuerza: Zas, zas, zas…»

    -¡Eres más puta que las gallinas!»

    -«Se volvió a empalmar, y cuando creí que me la iba meter en el coño, me puso boca arriba, metió su cabeza entre mis piernas y me comió toda la almeja.»

    -«Qué rica está, qué rica está, ratita mía»

    -«Yo estaba en la gloria. Quise aguantar pero no pude.»

    «¡Dámela, ratita, dámela!»

    -«Sintiendo su lengua entrar y salir de mi vagina le dije: Toma, papá, toma, y me corrí en su boca.»

    Lolita, exclamó:

    -¡Joder con Fita!

    -Ya te digo. Al acabar de contarme lo de su padre, me pasó un dedo por una pierna y me preguntó:

    -«¿Estás tan mojada cómo yo?»

    -¿Qué le dijiste?

    -Qué tenía las bragas empapadas.

    -¿Y?

    -Y a lo mejor algún día te cuento cómo nos masturbamos y…, sí, a lo mejor algún día te lo cuento con pelos y señales.

    -Mi fantasía preferida.

    -¿Qué fantasía es esa?

    -Ver cómo se masturba una mujer.

    -¿Quieres verlo?

    No me creía lo que me acababa de decir.

    -Me encantaría verlo.

    Lolita se bajó la falda, se abrió la blusa y quedó en bragas negras, calcetines marrones con rayas blancas y sandalias. Sus tetas eran firmes y acabadas en punta. Sus pezones eran pequeños y estaban erectos. Cerró los ojos, metió una mano dentro de las bragas y frotó el coño con ella, con la otra mano rozaba las tetas dulcemente… Al ratito su cara comenzó a reflejar el placer. Yo la miraba empalmado. Le quité las bragas. Su coño tenía una bella mata de vello rubio. Le puse un dedo encima del clítoris, eché el capuchón hacia atrás, salió el glande y se lo lamí. Un sensual gemido salió de su garganta y su pelvis se elevó. En su coño medio abierto se veía la humedad que no se había llevado con ella las bragas, se la lamí, lamí de nuevos su clítoris de abajo a arriba… Cuando sus gemidos y su respiración me dijeron que se iba a correr, lamí el glande a mil por hora y se corrió retorciéndose, temblando y llorando.

    Al acabar se incorporó, me echó una mano a la nuca y me besó apasionadamente, y besándome apasionadamente me echó hacia atrás. Su cabello cubría mi cara y su lengua hacía estragos en mi boca. Luego se sentó sobre mí, se quitó la blusa volvió a besarme para acto seguido poner el pezón de su teta derecha en mis labios. Le cogí las tetas con las dos manos y se las magreé y mamé mientras ella me miraba y acariciaba el cabello hasta que me las puso lejos del alcance de mi boca. Me sacó la polla y me la meneó mientras me volvía a besar, luego fue besando y lamiendo mi pecho y mi vientre y llegó abajo. Me abrió el cinto, bajó la cremallera, sacó la polla, la metió en la boca y la mamó mientras la masturbaba. Un par de minutos tardé en correrme en su boca. La leche bajaba por la comisura de sus labios cuando me cogió la cabeza. Le di un beso con lengua. Al no haber tragado la leche mi lengua se pringó con ella y Lolita al chuparla se la fue tragando, la tragó Lolita y la tragué yo al chupar su lengua.

    Al acabar de besarnos se puso en pie. Tenía un polvazo. Saqué los pantalones junto a los zapatos y después la camiseta.

    Volvió a subir encima de mí, cogió la polla y la puso en la entrada de su estrecho coño, se sentó sobre ella al tiempo que soltaba un delicioso gemido, después me folló volviéndome a besar y a darme sus duras tetas para que se las magreara y se las mamara. Mi polla entraba y salía de su coño encharcada de jugos al ritmo que ella marcaba… Lento, aprisa, lento de nuevo… Al final follándome a toda mecha, se detuvo, vi sus ojos cerrándose, su boca se abrió, su ceño se frunció, y antes de comerme la boca, exclamó:

    -¡Me corro, Quique!

    -¡Y yo, Lolita!

    Quique.

  • Mi joven aprendiz (II): Nace una puta

    Mi joven aprendiz (II): Nace una puta

    Después del primer encuentro con la deliciosa cachorrita estuve unos días ignorándola. Quería que tuviese ganas de repetir el encuentro y vaya si lo conseguí, todos los días tenía varios mails contándome lo caliente que estaba, las ganas que tenía de comerme la polla y sentirse follada por mí y cómo se masturbaba a diario imaginándolo.

    Admito que yo estaba igual, la imaginaba montada en mí y tragándose mi semen, quería que esta muñeca aprendiera bien y se convirtiera en una puta excelente.

    Pasados 5 días le envié un mail con las instrucciones que había de cumplir:

    -Ropa interior estilo puta, me has de sorprender.

    -Ropa exterior discreta, pero corta y accesible para meterte mano a placer

    -Pasarás la tarde entera conmigo, así que nada de excusas de que me tengo que ir pronto.

    -Lleva tus vibradores, juguetes, etc. para enseñármelos.

    -Trae una cámara de fotos, quiero que te recuerdes como la perrita que eres.

    Una vez organizado todo, me alojé en un hotel de la ciudad y le envié un mensaje con la dirección y el número de habitación que decía: te espero a las 16:30, no te retrases.

    Yo me había llevado mi arsenal de vibradores, bolas chinas, plugs anales, lubricantes, algunas cuerdas y unos antifaces.

    ¡Quería que la cachorrita aprendiera todo lo que pudiera en su primera sesión!

    Cuando acabé mi trabajo me fui al hotel y preparé todo, una vez duchado me vestí y me dispuse a esperar a la cachorrita, fumando un cigarrillo en la ventana del cuarto con muisca de fondo.

    A las 16:30, llamaron a la puerta que había dejado entreabierta y la mandé pasar.

    Yo estaba de espaldas a la puerta así que no la veía.

    CA: ¡Arrodíllate y ven!

    Sentí como se iba acercando hasta ponerse a mi altura, venía con un vestido corto de punto que se le ceñía al cuerpo, y el pelo recogido en una coleta.

    CA: Bien cachorrita ¿ya estás preparada para aprender cuál es tu deber y papel conmigo?

    CS: ¡Si mi amo!

    CA: Bien, ponte de rodillas frente a mí, ¡sácame la verga chúpamela y hazlo bien o te azoto!

    Con sus manos temblorosas me abrió el pantalón y sacó mi verga medio flácida.

    CA: Como verás ni me excitas, así que pónmela dura si eres capaz.

    La hermosa mujer empezó a comérmela con la torpeza típica de una joven, solo sabía meterla y sacarla de su boca.

    CA: Mal, muy mal, pero ¡cómo eres tan torpe!, Usa tu lengua, juega con ella, recorre mi cabecita y el tronco arriba y abajo, ¿pero qué mierda de mamada es esta?

    Ella con cara de susto empezó a hacerme caso y poco a poco mi polla creció en su boca.

    CA: ¡Oh!! Vas bien no está mal.

    A los 5 minutos de estar comiéndomela le dije: para y desnúdate, me metí en la habitación, me desnudé y me tumbé en la cama a ver el espectáculo, ella se quitó su ropa, despacio, y me sorprendió.

    Se había puesto medias negras y un conjunto negro de tanga y sujetador a juego muy de puta, que dejaba sus pezones al aire y la tanga estaba abierta dejando su coño al descubierto, y sus tacones vertiginosos.

    CA: Bien, bien que puta eres ¿vienes dispuesta a provocarme verdad?

    CS: Si, si mi Amo quiero que me haga lo que quiera, disfrutar y ser buena aprendiz.

    CA: ¡Mmm!! Me gusta perrita, ponte a 4 patas en la cama, quiero ver tu culo y coño abiertos desde atrás.

    Ella se puso y me dejo ver un culo sonrosado, tenso y un coño que ya brillaba de humedad, Le metí dos dedos de golpe en su vagina y ella gritó.

    CA: ¿Te duele?

    CS: No, es que no me lo esperaba.

    CA: No esperes nada perra y espéralo todo.

    ¡Con mis dedos en su coño metí mi lengua en su culo!

    CA: ¡Mmm!!! Que delicia un culito, limpio y joven. ¿Te lo han follado perra?

    CS: ¡No, nunca!

    CA: ¡Bien empezaremos por aquí!

    Tomé el plug anal pequeño y el lubricante y la embadurné el culo, fui metiendo un poco el dedo y sin avisarla la metí el plug anal.

    Hundió la cara en la almohada a la vez que pegaba un pequeño grito de dolor, duele, duele se quejó.

    CA: Ya se pasará, hay que abrirlo para que te folle, ahora acércate así a 4 patas y cómeme la polla hasta que me corra, ¿Te gusta la leche?

    CS: No sé.

    CA: Pues vete aficionándote que tendrás que beber mucha.

    ¡Ver a esa aprendiz de sumisa a 4 patas con su culo abierto y mamándomela era un espectáculo!

    Aproveché para tomarle unas fotos aprovechando el reflejo del espejo de la habitación.

    Cuando estaba a punto de correrme le agarré la cabeza y empecé a follarle la boca hasta que descargué toda mi leche en su boca.

    CA: Traga puta y que no se caiga nada.

    ¡Ella obedeció con cara de vicio y sin dejar que se le cayera se bebió todo mi semen!

    CA: Bien, muy bien cachorrita, ahora mi verga entrará en tu culo y tu coño será usado por juguetes.

    Le até las manos y así a 4 patas me puse detrás de ella, cogí un vibrador y se lo metí en el coño, que tenía calado, la humedad le caía por sus piernas, parecía que se había meado la niña.

    CA: ¿Estás cachonda eh?

    CS: ¡Si mucho!

    CA: Ahora te pondrás más, saqué el plug anal de su culo y estuve jugando a metérselos y sacárselos alternativamente, sus grititos y gemidos se alternaban.

    Cuando tuvo su culo ya dilatado, cogí un vibrador mayor y se lo metí sin problemas ¡Me molesta y duele! Le pegué un azote en sus nalgas que le dejé los dedos marcados, ¡te aguantas! Seguí metiéndole los vibradores, hasta que dejo de protestar para empezar a gemir, hasta que de pronto se sacudió de golpe y tuvo un orgasmo brutal, que la dejó tumbada en la cama.

    Eso me molesto, ella no tenía permiso de correrse aún, no tenía mi verga dentro así que empecé a darle azotes en su joven tarsero.

    CA: Pero ¿cómo se te ocurre correrte sin permiso?

    CS: No he podido evitarlo, ¡lo siento!!!

    Me puse detrás de ella y le metí la polla en su vagina la cual estaba deliciosa, apretaba magnifico, ¡era obvio a sus 22 a los era una destroza vergas!

    CA: ¡Que estrecha eres, uhm!!

    Me apretaba toda mi verga como un guante, empecé a meter y sacarla rápido unas veces y despacio otras mientras jugaba con mis dedos en su culo.

    ¡Tomé el vibrador de nuevo y se lo metí en el culo!

    CA: ¿Ves cómo entra sin problema? que perra eres Cachorrita!

    CS: Si lo soy, ¡pero no me la saque del coño por favor!!

    Así que con un vibrador en su culo le metí la verga en el coño, casi me corro de la presión que notaba, estuve haciéndole fotos así puesta para distraerme y no correrme en ese coño tan tierno, lo mejor estaba por venir.

    La hice tumbar boca arriba y empecé a comerle las tetas y morderles los pezones, ella gemía como una loca, le puse una almohada bajo el culo para levantárselo y empecé a meterle mi duro palo.

    Poco a poco presioné hasta que entre, su cara de dolor era un poema, pero no decía nada mordiéndose los labios, cuando estuvo toda dentro me quedé un rato quieto, jugando con sus pezones y sus tetas duras.

    CA: Ya la tienes dentro cachorra, ¿te gusta?

    CS: ¡Ah!!¡Si mi amo, me encanta!

    CA: ¡Eres buena chica, te haré venirte!

    ¡Así que cogí un vibrador y mientras le taladraba el culo me dediqué a torturar su clítoris!

    Su culo se apretaba sobre mi polla como si me la fuese a estrujar, sus gemidos, sus nalgas chocando en mi pelvis, era mejor que lo que imagine.

    CS: Oh, que rica verga, no pare, ¡no pare!

    CA: ¡Que puta!! Pídela, pídela toda!

    Le comencé a jalar su cabello al punto de casi arrancárselo, ella gritaba y no paraba de pedírmela, su culito hermoso estaba todo abierto y yo estaba por venirme y ella también.

    CA: ¿Quieres leche puta?

    CS: Si amo, préñame, uhm, ¡soy tu puta!

    ¡Me moví como toro en brama y finalmente llegamos al éxtasis! Cuando se corrió me vacié en su culo, llenándolo de leche, fue una corrida bestial y eso que no me gustaban las jóvenes pensaba yo.

    Después de esa primera clase, nos bañamos juntos en el jacuzzi que tenía y nos calentamos de nuevo bebiendo unas copas, para seguir las enseñanzas de esta Cachorrita.

    Actualmente ella es una muy buena puta, a veces me llama para tríos o si no yo a ella, somos un gran equipo sexual, mi cachorrita ahora es una puta de lujo.

    CORNEADOR ANÓNIMO.

  • Las chicas del burdel

    Las chicas del burdel

    Era una habitación de buen tamaño con baño completo incluido. Las cortinas de la ventana completamente cerradas y le daba ese sentido misterioso de la oscuridad y donde irradiaban unas pálidas velas que a la vez llenaban el ambiente a un olor dulce de canela. Había música de fondo de un ritmo bachatero y esta mujer me hizo entrar pidiéndome que me acomodara y me quedé esperando ansiosamente.

    ¿Cómo llegué hasta aquí?… Ahora les cuento.

    Soy una persona que me gusta el sexo y me atrae la idea de follarme a una chica diferente todo el tiempo. Siempre estoy en el acecho de a quien me ligo y aunque admito tengo mucha suerte, hay veces que debido a ciertas circunstancias los planetas no se alinean y especialmente hoy en día que, debido a esta pandemia, no podemos salir a esas conquistas y las chicas que regularmente están en mi lista y cuya mayoría son mujeres casadas, pues no se pueden desprender de sus hogares fácilmente como antes. A sí que, un día busqué en línea un lugar donde se proveyera un buen servicio y donde tendría la oportunidad de encontrarme con varias chicas de paga en un mismo lugar. La tarifa era accesible… $200.00 por hora o $120.00 por media hora. Me podía follar hasta tres chicas diferentes por la módica suma de $360.00 por media hora cada una.

    A mi edad la cual me acerco al ombligo de mi quinta década admito que me toma algún tiempo lograr una segunda erección después de la primera e, igual… cuesta un poco más lograr una tercera erección. Antes tres folladas las podía consumar en una hora, ahora esto me puede conllevar dos o tres. Pero un día después de haber estado follando a Lorena, una amiga de mi lista y quien es casada, después de tres palos en tres horas; salí del motel y vi a esta linda chica con un vestido muy provocativo y me causó una cuarta erección que, si me la hubiese dado, capaz me la follo. Bueno y es por eso por lo que se me cruzó esto por la mente: Ver cuantos palos puedo echar y ver si una mujer diferente y sin conocer es capaz de provocarme una erección, aunque me encuentre ya satisfecho y sin presión alguna. Debo decir que no follé con nadie por unos diez días para llegar preparado.

    El sitio en línea tenía en lista a por lo menos diez chicas. Todas ellas hispanas y alguna que otra brasileira y, aunque mostraba sus cuerpos semi desnudos, no mostraba rostro alguno. Aun así, me tomé el riesgo, pues para mí el rostro tiene que ver mucho para mi excitación sexual. Llegué a la hora que me dijo esta persona abrían y a las diez de la mañana llego a este edificio de apartamentos y me recibe esta mujer de algunos cuarenta años y aunque viste sensual, no es mi tipo de mujer. De todas maneras, paso y me hace ingresar a esta habitación donde me va diciendo que por el momento solo hay cinco y que las hará pasar para que yo me decida por una.

    Se abre la puerta y comienza a entrar la primera, la segunda hasta llegar a la última. Todas con cuerpos esculturales y de rostros bonitos y muy jóvenes. Realmente era difícil decidirse por una y en mi caso por la primera. Todas con prendas de vestir diminutas, con pequeñas tangas o pantalones cortos donde te dejan ver esos hermosos y suculentos cachetes. Al llamar no te dan muchos detalles más que se trata de un servicio completo, pero la mujer me dijo que podía hacer preguntas una vez estuviera con las chicas. Les pregunté si el sexo anal estaba incluido en el precio y todas respondieron que no y también la mayoría no lo practicaba y la única que me dio esperanza era una chica petit de nombre Teresa, quien me dijo que todo dependía de mi tamaño, pero juzgando mi altura, ella creía que no sería posible, pero estaba abierta a considerarlo.

    Me decidí por comenzar con un chica de nombre Nina, quien me dijo era de Honduras. Chica pequeña de cabello lacio y negro hasta su cintura. Un rostro juvenil y hermoso y tenía unas caderas y cintura bien pronunciadas, con unas piernas de muslos gruesos bien tonificadas. Estaba en una especie de bata de dormir transparente y se le podía ver a través de esa luz incandescente, el hilo dental que vestía y unos pechos redondos y generosos que tenía. En sí, me gustó mucho esa sonrisa coqueta y me la imaginaba mamándome la verga para comenzar. La mujer mayor entró y me preguntó por cuál me decidí y por cuánto tiempo. Me pidió el pago de $120.00 y me dejó esperando a Nina.

    Nina tiene un rostro de 18 años, pero me dijo que tenía 27. Me pide que me acomode o en otras palabras que me desnude y de esa manera lo hago. Me acuesto sobre mis espaldas en esta cama en medio de la habitación y Nina toma una de esas toallas higiénicas húmedas y con cierto aroma para un bebé y me la frota en toda mi zona pélvica, mi pene y testículos. Comienza besándome los pectorales con esa mirada coqueta y picara, mientras con su mano me sigue frotando el falo con esta toalla húmeda. Toma un profiláctico de su cartera, me lo pone en la verga semi erecta y comienza a mamar a no más poder. Solo me dijo algo antes de comenzar a mamar: ¡Tienes una hermosa verga! ¡Buen tamaño!

    Nina sabe mamar, tiene buen ritmo que te lleva desde esa mamada delicada a una más porno de garganta profunda donde parecía que se ahogaba. Quizá me mamó por unos siete minutos y luego ella me pregunta:

    -¿Cómo me quieres?

    -¿Cómo te gusta? -le contesté.

    -¡Estoy aquí para complacerte!

    -¡Pues a mi me gustan todas las posiciones! ¿Me gustaría saber qué posición te gusta a ti?

    -Le parecerá chistoso, pero a mi me gusta la posición de mamá y papá… la del misionero.

    -Bueno, comencemos con esa misión. -Y Nina había sonreído.

    Como dije, Nina tiene unos melones de copa D y me fui directos a mamarlos mientras me acomodaba a su altura, pues ella quizá medirá unos 160 centímetros máximo y yo mido 188. Me ayuda a encontrar su hueco y siento que está húmeda, bueno, más que húmeda y se la dejo ir hasta el fondo. Le mamo las tetas algo encorvado para poder a la vez taladrar su afeitada conchita. Huele a uno de esos perfumes populares de hoy en día y con su propio vaivén comienza a corresponder a mis embestidas semi lentas. Me hace saber que le gusta que le mame los pezones y yo continuo con el gusto de chuparlos y mordisquearlos. Aquello quizá me tomó unos diez minutos cuando Nina comienza a gemir a lo que yo imaginé era su primer intento de fingir un orgasmo, el que me hará calentar y provocar una certera eyaculación.

    Lo que no sabe esta chica que yo controlo la eyaculación, especialmente cuando tengo puesto un profiláctico que me hace perder la natural sensación. La cojo a mi antojo y le doy embestidas a todas las velocidades sin dejar de mamar sus pezones. Veo que cierra los ojos y comienza a jadear diciéndome: ¡Así papito, así me gusta, dame duro que me vas a hacer acabar! -Aquello se repitió en varias ocasiones y le seguí dando tan fuerte como ella lo pedía. Yo ni tan siquiera tenía esa sensación de acabar y le taladraba su conchita que hacía hasta crujir la cama y se escuchaba el espaldar pegando contra la pared. Sentí que se movía bruscamente, que no solamente estaba fingiendo y que en realidad correspondía al placer que le provocaba mi invasión en su vagina. Me tomó de la cintura y con un gritito chillón me dijo:

    -¡Me hiciste acabar carajo! -literalmente esas fueron sus palabras.

    Gimió por varios minutos mientras ese vaivén se iba relajando conforme pasaban los segundos. Ella me preguntó:

    -¿No te puedes venir?

    -A mi edad me puedo venir cuando yo quiera. -le dije con cierto ego.

    -¡Que acabada más rica me provocaste y a esta hora de la mañana! Sabes coger… sabes lo que haces. ¿Cómo me quieres mi amor? -me volvió a preguntar.

    -Te voy a hacer una propuesta… Me gustaría saber cuánto me costaría para poderte quebrar ese culito.

    -No mi amor, eso no está disponible… lo siento.

    La puse en posición de perrito y la taladré a morir hasta que viendo ese hermoso culo que tiene Nina y cómo lo movía cuando me la cogía, llegué al paraíso con una potente eyaculación. Nina me quitó el condón y con esas mismas toallas higiénicas me limpió el falo. Fue cuando le dije y ella se quedó admirada:

    -Dile a tu jefa que me gustaría que pasara Teresa para otra media hora.

    -¿Te quieres coger a Teresa? Bueno, déjame decirte que Teresa es una chica muy bonita pero algo tímida en la cama. Eso es lo que he escuchado de ella. Yo te recomiendo que mires a las otras que ya habrá llegado, pero te recomiendo a Escarlet, ella creo que tendría química contigo.

    No recordaba el nombre de Escarlet, así que le pedí a la señora encargada que hiciera pasar de nuevo a todas. Estaban todas según me lo hacía saber la mujer y de nuevo hacen el mismo desfile. Todas sugestivamente vestidas, pero no veo a Teresa e intuyo que debe estar ocupada cogiendo con algún cliente. Le pregunto a la señora por ella, y me dice de una manera que radica en la simpleza, que ella ha salido a la tienda. Me dice que en cinco minutos regresará y le digo que la haga pasar cuando regrese. No espero cinco sino veinte minutos y entra la mujer mayor para anunciármelo. Me pide el dinero y le vuelvo a dar $120.00 por media hora.

    Teresa entra y todo aquel tiempo me da lo suficiente que al solo verla mi verga se ponga a mil por ciento erecta. Llega ahora con solo un calzón cachetero y una blusa semi transparente donde puedo ver sus pechos de una copa de medida C. Se vuelve a presentar y me hace la misma rutina de limpiarme la verga con esas toallas higiénicas que lleva en su bolso, me pone el condón y comienza a darme una felación. Me gusta su rostro, me gusta su lindo y juvenil cuerpo, pero tenía razón Nina… Teresa parece ser tímida y no muy abierta al sexo. Pasa a lo que creo que es la pregunta de rutina:

    -¿Cómo me quiere?

    -Tengo una propuesta para ti. -le dije- ¿Cuánto más me costaría por cogerme ese culito?

    -¡Lo siento… no está disponible!

    -Te puedo dar $200.00 más. -le dije.

    -No le voy a negar que nunca lo he hecho y verdaderamente me ha gustado, pero lo que usted tiene no es normal. Con esa herramienta que usted tiene no creo que lo viviría para contarlo.

    -Te doy $400.00 si me dejas cogerme tu culo. -le volví a ofrecer.

    -¡No!… no creo que pueda. Créame que me gustaría, pero no creo poder con ella… es demasiado grande y gruesa. No… definitivamente no puedo.

    Terminada esa conversación le pedí que se pusiera de perrito y me dispuse a taladrar su pequeña y rasurada conchita por los últimos quince minutos. Tiene unos glúteos sólidos y bien sensualmente definidos y al igual que Nina, tiene un tatuaje en su baja espalda y que limita donde comienza ese canal de sus nalgas. Teresa me permitió perforar su ojete con mi pulgar mientras le daba tremendos embates a su conchita. Al igual que Nina comenzó a gemir y pensé lo mismo, que estaba fingiendo un orgasmo, pero me equivocaba, pues a través del profiláctico podía sentir cómo su vagina se contraía cuando le llegó ese orgasmo divino que gimió divinamente. Cuando terminó le pedí que me cabalgara a la inversa y poderme ir viendo cómo me cogía y ver ese divino culo que Teresa tiene. Me limpió como lo hizo Nina y mientras ella lo hacía le decía:

    -Voy a pedirle a la señora que haga pasar a Escarlet y si lo piensas bien, estoy dispuesto a pagarte $500.00 para que me permitas cogerte ese rico culo.

    -Lo pensaré. -me contestó.

    La señora encargada volvió a entrar por el pago de Escarlet y le di el dinero y creo que no se pudo contener de preguntarme:

    -Si gusta, tenemos especiales por dos chicas o tres chicas a la vez. Dos chicas a la vez le salen en $200.00 y le doy 40 minutos.

    -¡Gracias! Pero me gusta más la intimidad con solo una a la vez. -le he dicho.

    -Escarlet es una chica fogosa y muy extrovertida… de seguro le fascinará. Con un buen incentivo ella hará lo que usted quiera.

    Escarlet es una chica esbelta de unos 165 centímetros. Tiene facciones bonitas y de piel clara. No sé si es rubia natural, pero me gusta como le luce ese cabello amarillento que tiene. Sus pechos han de ser de una copa C y tiene unas piernas alargadas con un culo pequeño pero redondo y bonito… se mira muy sólido. Llega con una tanga de color negro y una camiseta que apenas le cubre el ombligo. Ella es más clara y directa con uno y es ella la que me pregunta:

    -¿Qué es lo que le gusta?

    -¡Me gusta de todo! -le respondí.

    -Bueno, el servicio por lo que usted ha pagado es por el servicio básico. Si usted quiere algo más, también hay un pago más.

    -¿Cuánto más me costaría por follarme tu trasero?

    -¿Le gusta el sexo griego? ¿Qué le parece $150?00?

    -No hay problema… ¿Te los doy a ti o debo llamar a tu jefa?

    -No… esto es entre usted y yo.

    Le di el dinero poniéndolo en un buró donde ella me indicó y al igual que las demás, me limpió de nuevo el falo con las toallas higiénicas y al natural me comenzó a mamar la verga. No sé si se le olvidó ponerme el profiláctico, pero me dio una rica mamada de unos diez minutos. Creo que Escarlet fue la chica que menos goce en sí, pues ella después de la mamada se fue al grano y me dijo:

    -¿Cómo me quiere?

    -¿Cuál es tu posición preferida?

    -Haciendo el anal, me gusta que me den de perrito.

    -¿Te gusta el sexo anal o es algo que no te va o no te viene?

    -Mira, estoy en esto porque me gusta el sexo… sino no estaría aquí. -me dijo.

    -Espera… casi olvido ponerte el condón.

    Escarlet se untó un lubricante es su rico culo que lo dejó brilloso y al igual, me llenó de lo mismo por sobre el profiláctico. Se puso en cuatro y le puse mi glande a la entrada de su ojete. Un ojete rosadito y sin ningún vello y miraba como lo contraía quizá advirtiendo mi invasión. Ella toma mi verga y me asiste a perforarle ese rico y apretado culo que tiene esta chica quien me dijo que era de Cali, Colombia. Debe tener enorme experiencia, pues sin haber intentado dilatárselo, lo recibió con algunos gemidos de dolor, pero lo sostuvo hasta que mis 22 centímetros estaban completamente hundidos y mis huevos chocaron en su panocha. Ella me dijo que llevaría el ritmo y comenzó con un vaivén lento.

    Comencé a taladrarla a mi antojo, pues después de haberme corrido dos veces, esta tercera y con condón, sabía que podía embestirle ese culo como yo quisiera. Cuando supe que había asimilado el grosor y lo largo de ese mete y saca, mis embestidas se convirtieron en un sexo duro de la pornografía. La verdad que Escarlet no me dio lástima, ella sabía lo que hacía y no tenía ningún vínculo ni siquiera de amistad con ella. Le dejé ir mi verga con todo el impacto que pude y a la velocidad que se me pego la gana. Solo escuchaba ese chasquido de mi verga entrando y saliendo de ese rico culo. La madera de la cama crujía, el espaldar chocaba estremeciendo la pared. Escarlet gemía de placer pues ella también se chaqueteaba la panocha en ese acto y supe que tuvo su primer orgasmo pues se quedó estática disfrutándolo. Tomó un segundo aire y volvió a lo mismo… escuchaba nuevamente cómo se la masturbaba violentamente.

    Su segundo orgasmo llegó a los minutos y nuevamente quedó paralizada, pero luego continuó y en la misma posición he visto como esta chica colombiana disfruta un tercer orgasmo. Me parece fascinante y solo me recordé de su compatriota de nombre Diana, quien es adicta al sexo anal. En su último orgasmo sus piernas se paralizan y no sé si está llorando o riendo, pero aquello me excita y taladro su culo a morir y veo aparecer el cielo, el paraíso y llego a mi tercera eyaculación.

    Escarlet me quita el condón, me limpia con las toallas y me da una rica mamada para volverme a limpiar otra vez. Han pasado más de 30 minutos y ella me dice que le parece increíble que no la hayan interrumpido pues cinco minutos antes del tiempo regularmente tocan la puerta. Esto estábamos hablando cuando tocan la puerta.

    Nos limpiamos y llega la mujer encargada diciéndome que Teresa está de acuerdo con lo hablado. Yo le respondo con otra oferta a la mujer y me dice que se los hará saber: Le he dicho que si alguna de las chicas que no me he cogido están dispuestas a todo, les daré $400.00 por una sesión de una hora. Para esta hora, todas sabían a que me refería y sabían que yo hablaba en serio. Era dinero que tenían ahí, no era una llamada prometiendo algo que podría ser solo una broma. La mujer entró de nuevo e hizo desfilar a tres chicas y que no había visto antes. Me incliné por Verónica, una chica que dijo ser de Nicaragua, con un calzón cachetero de color fucsia y rostro infantil, pero que dijo tener 19 años.

    Entró y Verónica me bailó a ritmo de bachata una melodía mientras se desprendía de su vestimenta que no era mucha. Una blusa de tonalidad pastel celeste y una minifalda de mezclilla y su calzón cachetero de color fucsia el cual me lanzó al rostro. Con lo acordado, antes que ella comenzara con la rutina de siempre, nos metimos al baño a darnos una ducha, donde Verónica me dio una rica mamada y yo le correspondí. Salimos del baño y a esta linda chica petit le comí cada milímetro de su anatomía. Le comí su depilada conchita con ese aroma de la juventud, le comí ese rico culo que me dijo nunca se lo había dado a nadie. Ella me comió los huevos lentamente y me metió su lengua en mi ano y comencé a chuparle su panocha hasta verla acabar de la excitación. No me puso profiláctico y de esa manera sorpresivamente mi verga estaba erecta con las ansias de perforar una nueva cavidad.

    Pensé que me lo pondría, pero me acerqué a su ojete y he visto cómo centímetro a centímetro mi verga se hundió y mi pelvis chocó con sus nalgas en esa posición común del sexo anal, la de perrito. Si fui con cuidado, Verónica es una chica petit y me dijo que no tenía esta experiencia. Es por eso por lo que en esa posición y sin ese vaivén, le he masturbado su conchita hasta verla acabar. Es multiorgásmica pues se vino una segunda vez en minutos y su concha escurría abundantemente esos jugos que me embriagaban mi cerebro de placer. De repente sentí su contracción de su ojete e intestino, sentí cómo me lo apretó y sin mucho movimiento me hizo acabar divinamente. En el proceso de esta eyaculación le pompeé su culo hasta sentir que mi miembro se tornó pasivo.

    Nos fuimos a bañar nuevamente y Verónica me dio una segunda mamada que me hizo acabar de nuevo. Ya no vi mucha esperma en su boca, pero fue la única chica que me hizo acabar una quinta vez en dos horas y media. Descubrí que me excitaba cogerme a alguien diferente. Sí, me gasté unos $1000.00 este día, pero me había cogido a 4 chicas diferentes y algunas veces había pagado más que eso. No sé cuándo lo repetiré, pero la verdad que esto es realmente adicto y oliendo ese calzón cachetero de Verónica, lo más seguro es que volveré pronto.

  • Disputándonos a papá: El inicio (2)

    Disputándonos a papá: El inicio (2)

    Di un golpe ruidoso en el suelo para que papá escuchara. Quería ver su reacción. No hizo nada al respecto, solo fingió dormirse. Se tapó con la sabana, entonces entre a su recamara, rodeando la cama hacia donde estaba acostado boca arriba. Sabía que me estaba escuchando, pero seguía sin abrir los ojos. Levante la sabana para verle la verga, seguía erecta, con ese brillo característico, llena de lustrosas venas, suculenta. La tomé con una mano desde los testículos, mi papá seguía sin moverse, era mi momento.

    Abrí la boca para meterme todo su falo hasta los testículos, no quería dejar centímetro sin chupar. Pude sentir como mi padre se estremeció. Me excito tanto escuchar ese aghg, agh, ¡mmm! Mi padre solo apretaba sus ojos como diciendo que no lo podía creer, se revolvía en su almohada, pero su polla seguía poniéndose mas erecta, mas dura, y yo quería seguir chupando hasta mas no poder. ¡aghg, agh!, chupeteaba su verga hasta que sentí ese chorro de leche dulzosa en mi boca, disparo sin avisar, casi me ahogo, di una arcada pero no fue desagradable, ¡haaa!, sentía como se relajaba poco a poco mi pápi. Abrió los ojos, prendió su lámpara de buro y vi en su mirada una lujuria sinigual.

    -¿Qué hiciste Jazmín?, casi me desmayo de la mamada que me diste, ¿sabes?, eres una maleducada, te has portado mal y tengo que castigarte.

    Me agarro con fuerza de las manos y me arrojo a su cama, se sentó en la orilla de la cama y me puso sobre su regazo descubriéndome las nalgas, comenzó a nalguearme.

    -¡clap!, ¡clap!, ¡Haaa! -sentía como su mano impactaba en mis glúteos. ¡clap! ¡Haaa!

    -¿lo volverás a hacer jovencita? –No sabía que contestar- ¡Nooo!

    -¿Qué dijiste?

    -Siii, si lo volveré a hacer, cuantas veces quieras.

    -Mas te vale, te volveré la putita de papa, ¿oíste? -¡clap! ¡Haaa!, ¡clap! ¡Haaa!

    -Siiii -Me tomo del cuello y me sujeto firmemente, me dio un beso metiendo su lengua hasta adentro de mi boca, me soltó y me arrojo hacia la cama. Estaba muy excitada, esas nalgadas que me dio mi papi pusieron al rojo vivo mi piel y mis ansias. Quería más.

    Papa saco una corbata de un cajón y me ato las manos, después me puso un pañuelo en los ojos.

    -Te castigare nena, eres una niña muy mala -me puso en cuatro sobre la cama, con las manos amarradas y los ojos vendados, comenzó a chuparme el chochito, metía y sacaba su lengua en mi coño y en mi vulva, succionaba con sus labios mi clítoris. ¡Haaa!, ¡mmmm!, ¡rico papi!, chúpame la concha, ¡más!, ¡aaaa! Me volvía loca de tantas chupadas que me daba, tuve un orgasmo fenomenal. Se separó de mi y puso su verga erecta en la entrada de mi vagina, la chocaba y sobaba de arriba abajo para que lubricara bien, me la metió completa de un solo tajo, suavemente hasta el fondo, después comenzó a moverse de forma rápida, me cogía de forma violenta y me daba nalgadas, ¡clap! ¡Haaa!, ¡clap! ¡Haaa! Sigue papi, fóllame, ¡hoo sii!

    Su verga entraba y salía de mi chocho, me embestía con fuerza y me golpeaba los glúteos. Caí rendida de otro orgasmo que tuve. El gemía como un toro fatigado. -¡mmm!, ¡mmm!, ¡eres la putita de papa! ¡mmm!, ¡Haa! Jazmín.

    En un hábil movimiento me jalo de la cama y me hinco enfrente de él, saco su verga y comenzó a golpearme la cara con ella, me la puso en la boca, no podía ver, tenía los ojos vendados, podía saborear mis propios jugos en su polla lo que me prendía aún más, comenzó a gemir más fuerte, no estaba segura si Lucia nos escuchaba pero no me importó, sin poder usar las manos tome su polla con mi lengua y succione, mis sentidos cegados podían solo escuchar y sentir cuan excitado estaba. Comenzó a berrear y a soltar dentro de mi boca chorros de rica leche, saboreaba cada gota de semen que caía en mi lengua.

    Me tiro del cabello fuertemente hacia él, haciendo que su enorme pija entrara hasta mi garganta, no pude contener el semen en mi boca y trague un poco, lo demás salió escurriendo por los extremos.

    Me dejo con la boca llena de leche, escurriendo, trague la leche restante y abrí mi boca muy grande para que viera que me la había tragado toda, metió la punta de su verga y comencé a succionar, la quería dejar limpia.

    -Si papi, soy la putita de papá -dije.

    ******************

    [email protected]. Espero contar con su opinión y puntos de vista o lo que sea que me quieras contarme, también si queréis platicar y contarme sus fantasías, deseos o encuentros, no importa género o preferencia sexual. Saludos.

  • Sometida por el bully de mi hijo (1)

    Sometida por el bully de mi hijo (1)

    Todo pasado es una mochila que cargamos en el presente. Quizás con el tiempo, esa mochila parezca más liviana, hasta el punto en que nos olvidamos que la llevamos a cuestas. Pero cada tanto aparece algo (o alguien) que te recuerda tus miserias del pasado.

    Y en el peor de los casos, ese alguien usa esas miserias para manipularte, para usarte a su antojo, bajo la amenaza de mostrar al mundo lo que fuiste.

    Robi siempre me pareció un pendejo arrogante, fanfarrón y violento. Pero nunca imaginé que un pibe de dieciocho años me tendría entre sus manos. Nunca hubiese imaginado que tendría el coraje necesario para hacerlo. A mis treinta y dos años no podía imaginarme sometida por los caprichos de un mocoso que ni siquiera se lava los calzones. Pero la vida te sorprende.

    No se confundan, no tengo nada de qué avergonzarme, y nunca lastimé ni engañé a nadie. Pero hay cosas que ante los ojos hipócritas de la sociedad, están mal vistas. Y esas cosas, si caen en manos equivocadas, pueden ser usadas como armas.

    Soy una mujer independiente, y eso, como saben, a veces te juega en contra.

    Hace cinco años cometí un error. Necesitaba un aumento. Cuidar de un chico de doce años, sin una pareja que me ayude, era realmente difícil. Desde hacía meses que venía ablandando al viejo para que dé el brazo a torcer. Don Miguel simpatizaba conmigo. Tanto como un viejo verde puede simpatizar con una jovencita carilinda con la cola parada, y las tetas grandes. Una tarde me pidió que me quedara, después de hora, para discutir sobre mi supuesto aumento.

    Desde el momento en que cerró la puerta a mis espaldas, y sin disimulo me miró el culo mientras yo me dirigía a la silla, supe que el viejo iba a intentar algo turbio. Se lo notaba con ganas de probar carne fresca, y yo era una joven madre soltera que necesitaba ayuda. La víctima ideal para un viejo pervertido como él.

    La cosa fue más directa de lo que imaginé. Se paró frente a mí, apoyando su culo en el escritorio. Me dio un largo discurso sobre la lealtad y la cooperación. Yo sólo asentía con la cabeza.

    Entonces estiró la mano y estrujó mis tetas.

    Me quedé inmóvil. Abrí bien grande los ojos, asombrada, no tanto por la actitud, sino por la manera intempestiva en que lo hizo. Me miró a los ojos, y quizás porque no dije nada, sonrió con perversión.

    Entonces se bajó el cierre del pantalón.

    Un sacrificio, pensé para mí. Un sacrificio y mi nene tendría una vida un poco mejor.

    Don Miguel se bajó el cierre del pantalón. Una pequeña pija semifláccida se asomó. Un sacrificio, me repetía una y otra vez.

    Después de todo, no soy una monja. Hasta ese momento me había llevado al menos diez pijas a la boca. Y no es que estuviese enamorada de todos los portadores de esas vergas erectas. Así que cerré los ojos, y sin mucho entusiasmo, le di al viejo lo que quería.

    Pero no le alcanzó con eso. A partir de ese momento, don Miguel me trató como a su puta personal. No como su amante, ni mucho menos como a su pareja. Era su puta.

    Me entregaba un sobre cerrado con dinero extra cada fin de mes. Y me compraba ropa. Aunque principalmente era lencería erótica, minifaldas y calzas superajustadas. Eran regalos para el más que para mí, ya que era don Miguel quien disfrutaba de vérmelas puestas, y luego se deleitaba quitándomelas, a veces hasta hacer hilachas la prenda.

    Una vez, cansada de los abusos del viejo, que pensaba que por darme algo de dinero, era dueño de mi cuerpo, tomé una decisión drástica: si iba a ser una puta, sería yo misma quien pusiera el precio, y elegiría minuciosamente a mis clientes, descartando sin dudar a los viejos de pijas blandas como mi jefe.

    Puse un aviso en una página de escorts, subí algunas fotos mías sin mostrar mi cara. Me inventé un nombre de puta: Vanesa (las Vanesas siempre me parecieron muy putas). Tenía treinta años, muy grande comparada con la mayoría de la competencia, así que mentí mi edad y me bajé cinco años. Nadie se daría cuenta de la diferencia. Para algo cuidaba mi piel como si fuese un tesoro.

    Así fue que redacté mi primer anuncio: Vanesa, veinticinco años, sólo en hoteles, zona de microcentro, decía mi ficha técnica en aquella página. Además coloqué un número de teléfono diferente al que usaba habitualmente. Había elegido un lugar bastante alejado del barrio donde criaba a mi hijo, para evitar cruzarme con algún conocido.

    Más abajo de mis datos estaban mis fotos semidesnuda, en poses sugerentes. Me daba pena tener que ocultar mi rostro, porque mi cara y mis ojos azules atraerían mucho más clientes. Pero no podía arriesgarme. Aun así no pasaron ni dos horas y ya tenía varios mensajes de potenciales clientes.

    En mi primer encuentro estaba muy nerviosa, pero todo salió bien. A mi cliente le había dado mucha ternura mi evidente falta de experiencia en ese trabajo. Al día siguiente me encontré con dos tipos más. Fue entonces cuando decidí faltar sin previo aviso a mi trabajo formal. Don Miguel me llamó por teléfono, exigiendo respuestas. Ahí aproveché para desquitarme. Lo mandé a la mierda y le juré que nunca volvería a tocarme un pelo. Y para rematarla, me burlé de su precocidad.

    No trabajé mucho como escort, porque en realidad no era lo mío. Si bien al prostituirme, de alguna manera, era yo la que pasaba a usar a los hombres, no dejaba de sentirme como un objeto, como un producto para el consumo de los demás.

    A los seis meses dejé de publicar mi teléfono en las páginas de prostitución VIP. Había conseguido un trabajo como administrativa, donde mi jefe era un homosexual de armario que jamás se me insinuaría. Conservé los números telefónicos de mis clientes preferidos: Aquellos que o bien no eran muy exigentes a la hora de coger, o eran bastante apuestos y caballerosos, o mis preferidos, aquellos que tenían una buena pija y sabían cómo usarla. Los demás, los viejos verdes y egoístas no supieron más de mi.

    De todas formas, esos clientes privilegiados, a los que todavía les guardaba un turno, que por cierto, no era barato, los dejé de frecuentar al cabo de seis meses más.

    En resumen, habían pasado cuatro años desde que ya no tenía nada que ver con aquel mundo turbio y superficial. Casi no pensaba en eso. Ya había cruzado la barrera de los treinta, y todas las cosas alocadas que había hecho cuando era más joven, parecían haber sido hechas por otra persona, más decidida y con menos prejuicios.

    Ahora estaba en pareja, y tenía un trabajo aburrido pero seguro. Todavía tenía que lidiar con un montón de machos que se desvivían por llevarme a la cama. Si supiesen que tiempo atrás hubiera sido fácil tenerme desnuda y con las piernas abiertas, a su merced, muchos se sentirían decepcionados. Pero ya no me molestaba que me miren como un objeto sexual. Las frases obscenas de los albañiles que me gritan vulgaridades cuando paso por cualquier obra en construcción, me entran por un oído y me salen por otro. Y las miradas indiscretas de los hombres, incluso cuando van del brazo de sus mujeres, me halagan y me dan pena en partes iguales.

    Pero desde hace unos meses mi vida se descontroló. El fantasma de Vanesa, la prostituta VIP, apareció para trastornarme.

    Mi hijo Leandro, es un chico tímido y apocado. Nada que ver con el descarado de su padre, ese infeliz que desapareció apenas se enteró de que me había dejado embarazada. Leandro, en cambio, es un amor. Pero quizá por la ausencia de una figura paterna, nunca supo tener una personalidad lo suficientemente fuerte como para enfrentar la complicada edad de la adolescencia.

    En el colegio, desde hacía años que sufría bullying. Varias veces había llegado a casa golpeado. Y muchas veces escuché, con mi corazón roto, cómo lloraba en su habitación.

    El peor de sus acosadores era Robi. Un mocoso de ojos verdes, con un físico demasiado desarrollado. Me daba asco imaginar que un pendejo como ese, en el futuro, seguramente sería una persona exitosa. Al final, el mundo acogía a los tipos como él: arrogantes, violentos, bellos sólo en lo físico, y carentes de empatía para con los más desfavorecidos.

    En los últimos tres años fui a hablar con el director, al menos diez veces. Robi, de vez en cuando, recibía alguna leve reprimenda. Durante algunas semanas Leandro me aseguraba que todo iba mejor en la escuela, pero enseguida aparecía con ese semblante apesadumbrado que me llenaba de angustia. Era increíble, ya estaban en el último año, pero mi hijo se comportaba como un niño indefenso y Robi como un bully agresivo. Ninguno de los dos terminaba de madurar.

    Pero en los últimos tiempos veía peor a mi hijo. Demasiado silencioso, incluso para alguien como él. Siempre andaba con la cabeza gacha, hasta estando dentro de casa. No tenía amigos. Quienes sean madres comprenderán lo terrible que es ver a su hijo así.

    Hice lo posible por ayudarlo a sentirse mejor, pero se negaba a decirme con exactitud cuáles eran sus problemas. Le pedí a Matías, mi pareja, que hable con él de hombre a hombre. Pero le fue imposible entrar en confianza con mi hijo. No lo culpaba, ni siquiera yo lograba que Leandro se abra conmigo.

    Yo sabía que Robi estaba detrás de todo eso. Él y sus patéticos secuaces acosaban a mi hijo. Se burlaban de su baja estatura, de su timidez, de su torpeza en los deportes, de su silencio, de su miedo a las chicas… Todo eso, repitiéndose todos los días durante años, era una tortura para mi Leandro. Por suerte, los pendejos ya no golpeaban a mi hijo, pero ahora no tenía un motivo suficiente como para quejarme nuevamente con el director. Si le decía que los compañeros de mi hijo se burlaban de él, como mucho les echaría una reprimenda, y luego todo volvería a la normalidad, o incluso empeoraría.

    Decidí hablar con sus padres. Aún faltaban dos meses más para que mi hijo termine la secundaria, y no podía permitir que sufra durante todo ese tiempo. Si los padres no entraban en razón, entonces lo cambiaría de escuela, o buscaría otra solución. Pero eso no era lo justo. Los padres deberían hacer cambiar de actitud a su hijo. Aunque claro, corría el riesgo de que sean igual de imbéciles que él.

    Sabía que su papá tenía una enorme tienda de artículos de ferretería en el centro de la ciudad. No era rico, pero no estaba lejos de serlo. Otro motivo más que alimentaba el ego del pendejo de Robi.

    Como la decisión fue repentina, no avisé a Matías de mis planes. Fui hasta la ferretería, no para hablar en ese momento, sino para que me dé el teléfono o su dirección, y luego poder hablar con él y su mujer con tranquilidad.

    Me presenté en la tienda.

    -Quisiera hablar con el señor Pierini, -dije a uno de los empleados.

    Se trataba de un muchacho apenas más grande que mi hijo, que se quedó embobado mirándome arriba abajo. No era mi intención verme sexy en esa reunión. Pero como hacía mucho calor, no me quise poner un pantalón. Me vestí con una pollera negra, de tela fina, y una remera color rosa, bastante suelta. Aun así, tanto el empleado como varios clientes me miraban como si fuera desnuda.

    -Sí, ya se lo llamo. – balbuceó el chico.

    Al rato salió el papá de Robi. Era un hombre alto, rubio y buen mozo. Aunque ya rozaba los cincuenta. Si yo había tenido a Leandro cuando aún era una adolescente, el señor Pierini había engendrado a Robi cuando ya había pasado los treinta.

    Me miró, asombrado. Él tampoco se molestó en disimular que me desnudaba con la mirada, cosa que me fastidió.

    -Nuestros hijos van a la escuela juntos -dije-. Quisiera hablar con usted sobre eso.

    -Claro, pase – dijo, levantando la madera del mostrador.

    Iba a decirle que mejor hablemos junto a su esposa en otro momento, más tranquilos. Pero no me dio ganas de dilatar el momento. Crucé al otro lado del mostrador y lo seguí hasta su oficina.

    Estaba algo nerviosa, por lo que fui demasiado brusca, sin intención.

    -Necesito que su hijo deje de acosar al mío. -Le dije.

    Él se mostró sorprendido. Luego, como si se hubiese omitido algo muy importante, me ofreció a tomar algo. A lo que yo rechacé.

    -A ver, contame todo, hablemos tranquilos. Seguramente solucionaremos este problema juntos.

    Esas palabras debieron calmarme, pero algo en su mirada me inquietaba. Además, no me gustaba que me tutee sin conocerme.

    Le conté todo lo que sabía. Las palizas que a lo largo de los años le había propinado a mi hijo; las burlas constantes, de las que yo apenas me enteraba, sacándole a cuantagotas la información a mi hijo; le conté sobre el pésimo estado de ánimo de Leandro; y le pedí que por favor hablara con su hijo, para que lo deje en paz.

    -Los chicos a veces son muy crueles -dijo-. Quedate tranquila que voy a hablar con Robi. No te prometo que cambie de un día para otro, pero le voy a decir que afloje, y que hable con tu hijo, seguro que tienen montón de cosas en común.

    No me gustó la idea de que Leandro se hable con Robi, pero su sinceridad me alivió un poco.

    -Me dijiste que te llamás Clara ¿Cierto? – me dijo el tipo cuando me puse de pie para irme.

    -Sí, Clara – contesté.

    -Que raro… Yo creía que te llamabas Vanesa – dijo.

    No entendí el comentario inmediatamente. Pero cuando reparé en lo que significaba, el alma se me cayó al piso.

    -No te acordás de todos tus clientes ¿no? -dijo, acercándose a mí -Bueno, es entendible, habrán sido muchos -Me agarró de la cintura y me atrajo hacia él.

    -Me estás confundiendo con otra persona. -dije, forcejeando para separarme de él.

    -No creo, es imposible olvidarse de vos. Además, no sabés mentir.

    Sus manos se metieron por debajo de la pollera. Los dedos se cerraron en mi nalga.

    -Qué hacés, soltame – exigí yo. Pero no me animé a gritar. Aunque ahora me parezca ridículo, no quería armar un escándalo. Sólo quería que me suelte y largarme de ahí.

    Pero no me soltó. Su mano masajeaba con locura mi trasero. Su cuerpo se apretaba al mío, y mis pechos se frotaban involuntariamente con su torso.

    -¿Cuánto cobrás ahora, putita? – dijo, jadeante.

    -No, ya no hago más eso – respondí.

    Una sonrisa odiosa se dibujó en sus labios.

    -Entonces sí sos vos. Vanesa. Nunca conocí una putita tan hábil y maleable como vos.

    -No, ya no trabajo. No, por favor – supliqué.

    En ese momento, más que nunca, comprendí la impotencia que sentía mi hijo al verse amedrentado por alguien que se creía con el derecho de someterte. De repente me convertí en una chica tan frágil como lo era Leandro. Tenía ganas de llorar. No terminaba de digerir la terrible casualidad en la que había caído. Pierini empezó a bajarme la ropa interior.

    -Las putas siempre van a ser putas – dijo.

    Me agarró de las caderas, y con un movimiento brusco me hizo girar. Sentí que iba a caer al piso, así que sostuve del escritorio.

    -Así. Quedate así -dijo él.

    Estaba temblando. Él me abrazó por detrás.

    -No te preocupes, ya nadie va a molestar a tu hijo. -Me dijo al oído.

    Empezó a levantarme la pollera, despacio, muy despacio. La bombacha ya había quedado a la altura de los muslos. De un tirón la terminó de bajar. Sentí su fría mano mojada en mi entrepierna. Escuché el sonido del cierre del pantalón. Luego un largo suspiro. Apoyé mi torso sobre el escritorio, y separé mis piernas, ya totalmente resignada.

    -Muy bien – me felicitó él -Las putas siempre serán putas. No lo olvides. – Y luego de pronunciar esas humillantes palabras, sentí el miembro duro entrando en mi sexo.

    Lo metió con brusquedad. Me hizo doler. No tenía la menor intención de hacer otra cosa que satisfacer sus necesidades. Me agarró de las caderas y empezó el cadencioso baile del sexo, el cual consistía en incontables movimientos posbélicos, cada vez más intensos, acompañado de un insistente estribillo que decía siempre vas a ser una puta.

    Acabó en mis nalgas. Iba a limpiarme el semen, pero él me hizo ponerme de rodillas, y empezó a golpear mi cara con su pene ya fláccido. Las gotas de semen que todavía salía de su sexo, se impregnaba en mi rostro, mientras sentía en mis nalgas desnudas cómo el líquido viscoso se deslizaba lentamente.

    -Quedate tranquila, que lo que te dije es cierto. Voy a hablar con mi chico. No es justo que maltrate así al tuyo.

    Me paré. Me di cuenta de que mis piernas temblaban. Me limpié. Me tomé unos minutos para recuperar mi compostura. Lo logré apenas. Tuve que hacer una gran actuación para no salir llorando del local.

    Continuará