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  • Escalera corporativa de Becaria (2): Los dos clientes

    Escalera corporativa de Becaria (2): Los dos clientes

    Tras darle esa mamada a Don Martín estaba en mi nuevo puesto como su becaria ganando bastante más al mes, pero Don Ramón, el presidente de la empresa, se pasaba muchas veces cerca para revisar los números.

    -Don Ramón -le dije un día-, me preguntaba si pudiera tener cinco minutos con usted en privado para hablar de una cosa…

    Se quedó mirándome las tetas como un baboso.

    -Claro, venga a mi despacho en diez minutos, señorita.

    Don Ramón se marchó de la planta en la que se encontraba nuestro departamento. Yo me empecé a poner pintalabios rojo putón. Y mis compañeras de al lado ya me miraban raro, y cuchicheaban:

    -Pero mírala que guarra que es.

    Diez minutos después, Don Ramón me recibió en su despacho.

    -Dígame señorita, Bea, ¿qué necesita usted?

    -Dos cosas-respondí: -un ascenso y su polla en mi boca para lograrlo.

    Me puse a cuatro patas, me metí bajo la mesa, le bajé la bragueta, saqué su vieja polla peluda y empecé a mamarla como si no hubiera un mañana.

    -¡Ah, sí! Veo sus aptitudes para lograr un ascenso, señorita Bea. Pero el único puesto que se ha quedado vacante es el de agente comercial de ventas, no sé si usted está cualificada para ese tipo de trabajo.

    -Déjeme demostrarle -metí su polla medio dura entre mis tetas y las empecé a mover de arriba a abajo-, de que soy capaz de convencer a cualquiera.

    Me soltó un chorro de semen directamente en mi cara.

    Al día siguiente, me estaba vistiendo en casa con un vestido rojo con brillantina.

    -¿A dónde irás tan guapa? -me preguntó mi marido.

    -A que me firmen un contrato de venta dos clientes de la empresa. Si logro cerrar la venta, seré promovida, cobraré más del doble de lo normal y nos podremos permitir una casa más grande, cariño.

    -¡Genial! Pues tú dalo todo cariño.

    Sonreí con picardía mientras empecé a ponerme mi pintalabios.

    Más tarde, llegué al recibidor de un hotel. Había dos tipos muy viejos y feos esperándome. Uno me estaba mirando las tetas y el otro contemplaba de soslayo mi redondeado culo.

    -Buenos días doña Bea. Yo me llamo Don Félix y este es mi socio Alfredo. Don Ramón nos habló muy bien de usted. ¿Subimos a mi habitación para terminar de hablar de la venta?

    -¿No prefieren tomar un café?

    -No -respondió Alfredo-, preferimos hacer otras cosas con usted…

    Don Félix soltó una risita. Y subimos por el ascensor.

    Cinco minutos más tarde Don Alfredo nos servía las copas de champán en una suite muy amplio con sofá y todo.

    Brindamos y bebimos.

    -Bueno, señorita Bea -dijo Félix-, esperábamos que nos mostrara las ventajas que nos brindará nuestra adquisición a Alfredo y a mí.

    -Claro… Me he estudiado muy bien el portafolio… Verán…

    Félix se puso de pie de repente, poniéndose al lado de su socio. Alfredo le alcanzó unas cuántas hojas con un boli encima de detrás. Félix la soltó en la mesita de delante del sofá, cayendo justo ante mí, y dijo:

    -Este es el contrato de venta -se bajaron las braguitas a la vez y se sacaron sus peludas pollas ante mí-, y estas son las que tendrá que meterse para que lo firmemos.

    -Yo solo le hago esas cosas a Don Ramón ya… ¿Están seguros de que no habría otra manera?

    Los dos negaron con la cabeza.

    -Vale está bien -cogí los dos rabos a la vez, (cada una en una mano), con frustración en la cara y las empecé a pajear lentamente-, pero no me las meto en la boca hasta que firmen ese contrato.

    -Aquí está puta -dijo Don Félix, firmando en cada hoja rápidamente y pasándoselo a Don Alfredo.

    Don Alfredo firmó también. Me dejaron el contrato en la mesa. Y Don Félix empezó a meterme la polla en toda la boca, agarrándome de las coletas. La tenía bastante grande, me bajaba por la garganta. Su socio tenía una de menos calibre, pero se movía mejor. Sus embestidas eran fuertes. Dejé las dos pollas cubiertas de mi pintalabios. Al terminar de mamarlas por separado, las junté y me las metí en la boca a la vez.

    -Así es como se convence a dos clientes de una. ¡Sí, señor! -exclamó Don Alfredo.

    Sus pollas entraban y salían llenándome la boca entera, dándome arcadas al bajar por mi garganta la de Don Félix.

    Un rato después, Don Félix me puso en cuatro contra el sofá y se sentó debajo.

    -¿¡Qué hacen!? -pregunté, asustada.

    -Tendrás que poner el culo si quieres que te firmemos las próximas ventas también -me explicó-. ¿O quieres que le digamos la próxima vez a Ramón qué no nos convenciste tanto?

    -¡No! Hacedme lo que querías, soy vuestra, os doy todo de mí.

    -Así es como se comporta una buena agente de ventas-añadió Don Alfredo.

    Y Félix me empezó a follar por la vagina desde delante (sentado cómodamente en el sofá) y Alfredo por el culo desde atrás, metiéndomela de una.

    Follamos salvajemente. Sus viejos cuerpos reaccionaban de esa forma a mi carne joven.

    Don Félix se sacó la polla de mí, se puso de pie y se corrió en toda mi cara. Su denso semen me ahogo la boca por momentos.

    Don Alfredo se sacó la polla de mí culo y me la empezó a meter por delante durante un buen rato más, hasta que la sacó de mí también y haciendo uso de mis tetas se corrió en medio de ellas de lo pequeña que la tenía.

    -Nos veremos en la próxima transacción -dijo Don Félix subiéndose los pantalones sin más.

    Y se largaron, dejándome empapada de semen.

    Una llamada sonó en mi móvil tirado en el sofá. Lo miré. Ponía: marido imbécil. Lo cogí.

    -¿Sí, cariño? -pregunté.

    -Llamé porque ya es muy tarde… -me explicó-. ¿Cerraste la venta, corazón?

    -Sí -respondí- Tenías razón, al final tuve que dar todo de mí… -me limpié la corrida de la cara con la mano, me quedé viéndola toda pringada, y concluí- absolutamente todo…

    -Genial. ¿Quieres que te esperé?

    -No, no me esperes despierto. Últimamente llegó a casa siempre reventada…

  • Persuasión a la perversión (II)

    Persuasión a la perversión (II)

    Cuando volvió del baño, ya tenía pensado su lista de exigencias.

    —Cuando se me cure el culo quiero que me vuelvas a hacer lo mismo que me hiciste.

    Casi me atraganto con el café.

    —¿Cómo? —dije tosiendo intentando no morir.

    —Lo que has oído. No es justo, tú estabas consciente disfrutando, yo no. Así que, lo repites.

    —Eh, vale —dije con sarcasmo— algo podremos hacer. Me voy a trabajar.

    —Vale, pásalo bien —me dijo haciendo un guiño y se fue a su cuarto.

    Después de la experiencia de anoche, vi con diferentes ojos a algunas de mis compañeras. Me empecé a fijar lo buenas que estaban y me comía sus traseros con la mirada. Lo único que quería era llegar a casa y cascármela para quitarme estas ansias de encima. Y cuando me acordaba de tener a Sarah a mi disponibilidad, me ponía más nervioso todavía. Me moría por romperle el culo otra vez. O por rompérselo a alguna de mis compañeras. Había un par de candidatas que me llevaría al baño ahora mismo para que me deleiten con una felación. Eva, una cuarentona con un cuerpo más bien adolescente, o Elena, una rubia con el pelo largo con sus 25 años bien puestecitos, ambas entrarían en la categoría «petite», aunque ella tenía el culo más regordete.

    —Estás empanado —me dijo Ángel, un compañero—. Te llevo llamando 5 minutos.

    Cuando bajé del cielo donde me estaba tirando a Elena en el baño, me percaté de la erección que tenía, por suerte, debajo de la mesa y no se notaba.

    —Perdona, una mala noche —le contesté—. ¿Qué necesitas?

    —Que me imprimas las tres últimas actas para la reunión de esta tarde, con ya sabes —su tono desprendía cierto desprecio y hacía gestos con la mirada a la oficina del jefe. Me sacudí de hombros y cuando se me pasó la erección hice las impresiones, las grapé y las dejé en su mesa.

    La jornada se me hizo insufrible, y conduje hacia casa con unas ganas de follar que no había tenido en años. Aunque Sarah no me caiga del todo bien, hay que admitir que tenemos cierta conexión sexual. Cuando llegué a casa estaba en la puerta esperándome de rodillas, con la boca abierta y un cartel en el que ponía «aliméntame».

    Solté un suspiro de incredulidad mientras dejaba la maleta y cerraba la puerta. Me acerqué a ella desabrochándome el pantalón y sacándome la polla, que ya estaba erecta desde que salí del parquin y se la metí en la boca. Enseguida empezó a menear la cabeza acompañando el ritmo de mis caderas.

    Me costaba resistirme a correrme en su boca. Llevo cachondo toda la mañana y me encuentro esto, un pivón de rodillas dispuesta a lo que quiera, ¡Dios! ¡Su boca me pertenece y se la voy a llenar enterita!

    No me aguantaba más, la cogí de la cabeza y empecé con unas embestidas más fuertes, a lo que me puso las manos en los muslos pero no me detuvo. En cuestión ya de pocos segundos empecé a correrme como un poseso en su boca. Esta vez controló más la recepción del semen y cuando terminé y se la saqué de la boca, me lo enseño jugueteando con la lengua y se lo tragó. Le volví a meter la polla en la boca para que la terminara de limpiar bien, y, sin decirle nada, me fui a mi cuarto, dejándola tirada de rodillas, casi sin aliento recuperándose de la cogida oral que le acababa de dar.

    Por la tarde había quedado con unas chicas para ir a comprar cosas para un festival. Las conocí a través de un foro de asistentes y pedían ayuda y consejo. Con ánimo de integrarme y conocer gente, me ofrecí a ayudarlas.

    Quedamos a las 17 h en un bar. Me encontré a dos postadolescentes que tendrían 20 años como mucho. Erica y Carol.

    Erica lucía un pelo ondulado rojo claro, ojos azules, piel blanca, complexión delgada y un piercing en la nariz. Con la vestimenta adecuada podría considerarse una chica «pin—up». Carol parecía sacada de una película de «horror punk», pelo negro lacio y escalado de flequillo hasta la melena. Más alta que Erica y con la cadera más estrecha. Quise tirármelas enseguida, a una o a la otra o las dos a la vez. Me daba igual, solo esperaba que no se me notara. Estuvimos charlando un rato antes de ir a comprar y la cosa acabó con intercambio de teléfonos y que quedaríamos el finde para salir de fiesta. Era una buena señal.

    Por segunda vez llego a casa cachondo como un conejo, esta vez pensando en cómo me hubiera follado a esas dos mozas, en el coche, en los probadores, donde sea.

    Esta vez Sarah no me estaba esperando dispuesta. Piqué a su puerta y me abrió en bragas y en top, con cola de caballo. Sonrió.

    —¿Estás ocupada?

    —No —dijo, negando con la cabeza.

    —Bien.

    La cogí de los hombros y la metí para dentro del cuarto. Le quité el top y le sobé las tetas, mordiendo suavemente sus pezones. La acomodé en su silla de escritorio y me desabroché el pantalón.

    —¿Puedes echar el respaldo para atrás?

    —Si —respondió sin bien entender por qué hasta que me situé encima de ella colocando mi polla entre sus tetas.

    —Escupe —le ordené. Me había quedado con ganas de follarme sus tetas al mediodía.

    Escupió hasta lubricar suficiente para que el roce fuera suave y agradable. Apretaba sus tetas contra mi miembro jugando al mete saca con su canalillo. Me encanta hacérmelo con sus tetas. Ella buscaba lamerme la polla y de tanto en tanto le daba el gusto de hacerlo. Iba alternando entre su boca y sus pechos. No me había dado cuento, pero ella se había empezado a masturbar mientras sus tetas me complacían, y por ello estaba gimiendo. Según el ritmo con el que trataba sus pechos se daba más caña. Era terriblemente excitante oírla gemir como si me la estuviera follando de manera tradicional. Pero ahora quería acabar con una cubana. Aún no había terminado esta ronda y ya tenía ganas de follármela otra vez.

    —Abre la boca —ordené.

    Echó la cabeza hacia delante y abrió la boca todo lo que pudo, tratando de alcanzar la puntita con la lengua. Seguí apretando sus pechos contra mi rabo y empecé la recta final, hasta bendecirla con mi semen, producto del orgasmo provocado por sus tetas. Aunque traté de correrme en su boca, mucho más fue a parar a su cara. Seguía tocándose, no había llegado. Le terminé de bajar las bragas y le empecé comer el coño. Lo disfrutó enseguida mientras se relamía en mi corrida. Le metí dos dedos, simulando una penetración mientras paseaba mi lengua por su clítoris alternando círculos.

    Cuando le encontré el punto, me agarró del pelo y me apretó más contra su pubis.

    —Sí, sigue así, más…

    Sus palabras se quedaron atrancadas por el orgasmo que se estaba llevando. Notaba las contracciones en mis dedos.

    Se quedó exhausta en su silla recuperando la respiración. Yo sentado en el suelo miraba su cuerpo, deseando cogerla del pelo y ponerla a cuatro patas y empezar a darle duro por el culo, pero hasta que no consiga otra erección… habrá que esperar.

    Me incorporé observándola fijamente mientras me tocaba el miembro, a ver si conseguía levantar el campamento.

    —¿Quieres más? —me preguntó cuando se dio cuenta.

    —Te follaba hasta partirte en dos.

    Se rio.

    —Aquí estaré, no tengo planes para la noche, así que ¡estoy a tu servicio! —exclamó haciendo el saludo del ejército. Todavía tenía rastros de mi semen entre sus tetas y los labios. Esbocé una sonrisa y salí del cuarto, tomé una ducha y me fui a dormir.

    A las cuatro de la mañana me desperté con la tienda de campaña. Aún quedaban dos horas para levantarme, así que opté por probar a ver donde estaba el límite con mi pequeña soldadita.

    Piqué a su puerta, puede que esté despierta jugando a algún juego, pero no respondió. Abrí la puerta un poco y me asomé, viéndola dormida. Pensé un momento en dejarlo, pero ¡qué demonios! Todo esto empezó por follarnos dormidos. Cogí una goma, entré en su cuarto y encendí la lamparilla. Estaba tumbada boca abajo, durmiendo profundamente. Me saqué el manubrio, le aparté las bragas y me froté un poco con sus nalgas, a lo que respondió con un «um» e hizo una mueca. Me puse el condón y me lancé a la aventura.

    Seguro que se despertará, y me daba igual lo que pasara. Entró fácil, comparado con lo que me costó clavársela en el trasero, esto era pan comido. Cuando ya estaba dentro, empecé a bombear suavemente mientras le agarraba las nalgas y se las subía para tener una mejor visión de la penetración. Empezó a gemir y a morder la almohada, y en atisbo me echó una mirada con una sonrisa. Estaba despierta, pero hacía como que no, a mi me daba igual, estaba disfrutando de su coño, y pronto disfrutaré de su culo otra vez. Le abrí las nalgas para contemplar su ojete, esa fuente de placer que me ha hecho disfrutar del sexo otra vez. Pensando en follarle el culo llegué al orgasmo. Sentía mi rabo con sus espasmos en su vagina mientras le agarraba el culo.

    Ella seguía haciéndose la dormida. Así que se la saqué, comprobé que no hubiera problemas con la goma y me dispuse a salir del cuarto.

    —Buenas noches —me dijo mientras se daba la vuelta bocarriba, con un tono de resentimiento por dejarla a medias.

    —Buenas noches respondí —y cerré la puerta. Dejarla a medias me daba igual, pues es lo que ella había estado haciendo también.

    Seguía con una sensación de ansiedad en la polla, no sé cómo describirlo. Cuanto más follaba con ella más quería, como una droga. Tomé una ducha y desayuné, y por mi me la hubiera follado otra vez antes de irme.

    El resto de la semana pasó así, por la mañana poniéndome cachondo con mis compañeras y a la tarde follaba con Sarah hasta que no podíamos más. Me corrí en casi cada parte de su cuerpo. Había más semen dentro de ella que en mis huevos.

    Cuando llegó el fin de semana le dije que el sábado salía con compañeros del curro a tomar algo. No lo quería decir la verdad, porque no quería que viniera. Aunque no hemos acordado nada y nuestra relación es meramente sexual, quedaría raro intentar ligarme a otra chica estando ella presente.

    Aunque iba bastante desahogado, me preguntaba qué pasará el fin de semana.

  • Vecinos incestuosos (Parte 1)

    Vecinos incestuosos (Parte 1)

    Mi nombre es Lorena y soy madre soltera de un bello adolescente de 18 años; mi hijo y yo hemos estado haciendo el amor desde hace un par de meses, y estamos tratando de hacer nuestro primer bebé incestuoso todos los días. Ideamos un plan muy perverso, travieso y lleno de tabú: convertir a las dos parejas de madres solteras y sus hijos que vivían a ambos lados de nuestra casa en otras dos parejas incestuosas como mi hijo y yo.

    Empezamos con pequeñeces; mi hijo empezó a hacer comentarios casuales, a los hijos, acerca de sus mamás: «Tu mamá se ve bien en esa blusa, ¿eh?, a su edad sigue bastante atractiva ¿no?». Y yo hacía lo mismo con nuestras dos vecinas maduras: «¡Tu hijo se está convirtiendo en un chico muy ardiente, mirlo con esa camiseta ajustada!».

    Nuestras vecinas nos habían confiado llaves de repuesto a sus hogares en caso de emergencia. Esto nos ayudó con la siguiente parte de nuestro plan. Cuando sabíamos que madre e hijo estarían fuera de la casa, entraríamos, buscaríamos en la de su ropa sucia de la madre un par de calzones recién usados y perfumados que pudiéramos encontrar. Entonces, los pondríamos en algún lugar donde los hijos pudieran verlos. A veces llegando incluso a poner un par debajo de las almohadas. Hicimos lo mismo con sujetadores también. Incluso desenterramos algunos de los viejos trajes de maternidad y bombas de leche de sus madres y los pusimos en las habitaciones de los hijos donde pudieran verlos. También buscamos pares de bóxeres o trusas frescas y pegajosos de los hijos y los dejamos donde las mamás pudieran verlos. Ayudándoles a darse cuenta de que sus hijos están constantemente llenos de esperma. Y, con suerte, ayudarles a darse cuenta de lo que las máquinas hacedoras de bebés que podrían ser sus hijos, y que los se chicos dieran cuenta de las maravillosas máquinas para concebir que son sus madres…

    Entonces empezamos a enviarles correos electrónicos eróticos y acerca de incesto. Mi hijo usaba el nombre de “Lord Edipo” y yo usaba el nombre “Yocasta Sumisa”. Yo envié e-mail a los hijos, y él hizo lo mismo con las otras mamás. Les enviamos relatos eróticos con historias ardientes sobre incesto entre madres e hijos que terminaban en embarazos incestuosos; también videos de incesto donde los supuestos hijos acaban dentro de sus madres, videos de embarazo entre mamá-hijo, videos de mamás maduras embarazadas folladas por sus hijos con grandes barrigas, videos de mamás lactantes dando leche a sus hijos mientras las cogen. Además les mandábamos consejos sobre cómo mostrar su deseo el uno por el otro e incluso escenarios para fantasear la próxima vez que se masturben con la ropa interior del otro. Siempre nos asegurábamos de enviar a los hijos videos con actrices porno que se parecieran a sus mamás y viceversa para las otras mamás. Para el porno de los hijos, tratamos de encontrar y enviar videos “POV” tanto como sea posible; para el de las madres enviamos videos con chicos de edades similares a las de sus hijos.

    Este largo, pero increíblemente caliente, proceso de seducción, también ayudó a hacer la relación entre mi hijo y yo más picante. Nos encantaba fantasear sobre los hijos desnudos en sus camas. Sacudiendo a sus jóvenes vergas empalmadas en las bragas que dejamos para ellos. Las sensibles cabezas de sus húmedas y brillantes pollas con líquido preseminal, frotando contra la entrepierna de las bragas de mamá. El mismo lugar donde sus labios húmedos se frotaban unas horas antes. Gimiendo a «mami!» En otro par presionado contra sus caras mientras sus bolas colgantes empiezan a temblar y sus pollas comienzan a sacudirse, disparando descarga tras descarga de grueso, blanco, caliente y pegajoso esperma llenó de pasta de bebé en las bragas de sus propias madres. Sus caderas se elevaban instintivamente como si fueran a empujar a su leche hacedora de bebés más profundo…

    También nos encantaba imaginar a las mamás acostadas en sus camas, frotando furiosamente y jugando con sus dedos en sus coños húmedos, calientes y con sus vellos bien arregladitos o incluso depilados. Con una capa perfecta de sudor que cubre sus cuerpos maternales. Con los pezones erectos; Imaginando a sus hijos con sus duros y palpitantes penes criadores de bebés encima de ellas. Cada vez las enciende más la idea de quedar impregnadas por sus propios hijos. Contemplando tirar sus píldoras anticonceptivas. Sabiendo lo equivocado que es estar fantaseando con las mismas potentes y jóvenes herramientas que ellas mismas dieron a luz, pero también sabiendo cuán más calientes las pone.

    También nos encantó imaginar a las dos madres y sus hijos haciendo cositas por toda la casa para expresar su deseo; Abrazos que eran más fuertes y que duraban más de lo habitual. Los hijos encantados sintiendo los pechos de sus madres presionados contra ellos. Las madres esperando sentir las vergas de sus hijos que se ponen duros mientras se presionan contra sus cuerpos maternales. Besar con más frecuencia que de costumbre. Las mamás empezaron a vestir de manera más reveladora dentro de la casa: Pantalones de yoga, faldas escotadas, camisas sin sostenes debajo para dejar que sus tetas reboten y sacuden con sutileza, etc. Hijos caminando en camisetas y pantalones cortos deportivos (pero sin ropa interior). Dejando sus bolas llenas, colgando, y el pene rebotando a cada lado con cada paso. Las mamás tal vez incluso poner sus ahora inservibles píldoras anticonceptivas justo en la parte superior del bote de basura, con la etiqueta hacia arriba para que sus hijos pueden leerlos claramente. Mi hijo y yo estábamos atrapados en cada uno de los aspectos de esta larga, y esperanzadamente gratificante, la seducción de madre-hijo.

    Esperamos ansiosamente cualquier señal de que nuestro trabajo hubiera producido resultados, cualquier cosa que sugiriera que finalmente cedieron a sus deseos y se convirtieron en las parejas incestuosas que estaban destinados a ser. Después de un rato nos dimos cuenta de un cambio en sus comportamientos. Dos madres que normalmente estaban tensas y estresadas ahora estaban relajadas y contentas en todo momento. Dos adolescentes calientes y hormonales que siempre estaban cabizbajos ahora eran alegres y sonrientes. Entonces, el momento de la verdad.

    En un tranquilo lunes por la mañana, mi hijo y yo estábamos caminando en nuestro coche para ir a la escuela. También lo iban Lucy y Josué, la madre y el hijo que viven a la izquierda de nuestra casa. Ella Llevaba una falda casual de negocios para su trabajo de escritorio que llegaba a sus rodillas. Ahí es cuando mi hijo y yo lo vimos, cuando Lucy salió de su casa al coche vimos un grueso y nacarado torrente blanco de crema de polla goteando por el interior de su pierna. Ella y Josué eran completamente ajenos, pero mi hijo y yo no. Estábamos aturdidos durante el viaje en coche a la universidad, emocionados de que finalmente había comenzado su relación y nos calentamos pensando que había muchas más corridas y esperma trabajando en su vientre.

    Eso fue hace cuatro meses. Desde entonces, confirmamos que no sólo eran Lucy y Josué una pareja oficial de incesto, sino también Adriana y Manuel, que vivían en la casa a nuestra derecha. Les encantó su nuevo estilo de vida y nos agradecieron por ayudarles a abrazar sus reprimidos deseos incestuosos. Todos los días, habían venido a nuestra casa después del trabajo y la escuela por varias rondas cogidas madre-hijo y corridas dentro para llenar los úteros de mamas con leche de sus hijos (sin intercambio, por supuesto).

    Entonces, un día, nos sorprendimos al mismo tiempo con tres pruebas de embarazo positivas. Resulta que nuestros óvulos de mamás fueron jodidos y fecundados por los potentes nadadores de nuestros hijos con menos de una semana de diferencia uno de otro. Desde entonces, todos nos hemos vuelto completamente obsesionados, incluso más que antes, con el incesto, los embarazos, hacer bebés, la fertilidad y la potencia. Ansiosamente anticipábamos los pechos cada vez más grandes y lactantes. Nuestros hijos estaban emocionados por los culos de las mamas y los muslos cada vez más regordeta y maternal. Prometiendo preñarnos, a nosotras, sus propias madres, tantas veces como sea posible hasta que lleguemos a la menopausia y nunca engañar.

    Y, por supuesto, prometimos que intentaríamos usar las mismas tácticas para crear aún más parejas de madre-hijo. Nosotros seis pensamos en varios candidatos potenciales., otros vecinos, compañeras de trabajo, nuestros hijos propusieron compañeros de clase o profesoras. Todos estuvimos de acuerdo en que debíamos introducir al incesto a otros miembros de nuestras familias extensas: hermanas y sobrinos o tías y primos de nuestros hijos. ¿Les gustaría conocer otros casos?

    Este relato puede ser real o ficticio según el criterio del lector.

    *******************

    Saludos incestuosos a todos los lectores de CuentoRelatos. Si alguna persona ha tenido o le gustaría tener alguna experiencia de incesto o tiene fantasías con cualquier miembro de su familia me gustaría que nos pusiéramos en contacto para compartir. También si alguien quiere dejar algún comentario o crítica del relato por favor háganlo creo que aún me falta mucho para ser realmente una buena escritora y me gustaría ir mejorando. Mi correo es: [email protected].

  • Puse el pecho ante la difícil situación

    Puse el pecho ante la difícil situación

    Comienzo este relato haciendo alusión a un popular dicho que en este caso viene muy bien para explicar lo sucedido. El dicho al que hago referencia es el que dice que hay que poner el pecho a las balas en momentos complicados, yo puse el pecho pero no fue precisamente balas las que recibí sino otra cosa.

    Como ya saben la situación económica actual no es la mejor por culpa de este virus de mierda, es por eso que para ayudar a mi familia con el dinero hice algo que quizás nunca hubiera hecho.

    Soy una chica pelirroja de pechos grandes que decidió crearse un onlyfans para vender cierto contenido que al principio no iba a ser tan sexual, pero luego vi que llovían los mensajes pidiendo que mostrarse más mi cuerpo que tuve que desnudarme en cámara para ganar más dinero. Eso fue digamos el principio porque luego no se conformaban con tenerme completamente desnuda, querían que me masturbara delante de la cámara y como el dinero manda tuve que hacerlo. Entonces la rueda empezó a girar y una cosa lleva a la otra y a los pocos días estaba teniendo sexo delante de la cámara.

    Como les dije antes el dinero manda, así que decidí tener sexo delante de la cámara para ganar una buena cantidad de dinero pero había un problema. Yo hago las transmisiones a las dos de la mañana para que mis padres no se den cuenta, o sea que es un horario atípico para llamar a mi pareja para que venga y tenga sexo conmigo así que tuve otra solución.

    Agarré a mi padre y le conté el trabajo que tenía y al ver que había ganado un buen dinero me dijo que no había ningún problema y que lo siga haciendo. Entonces como tenía su aceptación le comenté que me habían ofrecido una buena cantidad de dinero por tener sexo en vivo.

    -Y lo vas hacer? -pregunto él.

    -Lo haría pero no tengo con quien hacerlo -dije yo.

    -Cierto que tu novio no puede venir por la cuarentena -dijo él.

    -Y tú te animarías a hacerlo conmigo? -dije yo.

    -Yo contigo? -dijo él.

    -Ya sé que soy tu hija pero piensa en el dinero que podemos ganar juntos -dije yo.

    -Bueno, está bien, pero no quiero que se vea mi cara -dijo él.

    -No te preocupes de eso, sólo necesito que se vea la parte de abajo de tu cuerpo -dije yo.

    A la noche siguiente cerca de las dos de la mañana golpea mi puerta y lo haga pasar. Le indicó que se quede parado en un costado de la cama y 2:10 de la noche abrí la transmisión.

    Yo me encontraba subida en la cama con un pequeño shortcito, con trencitas y en cuatro patas viendo a mi padre que estaba en un costado de la cama. Entonces cuando veo que la sala se llenó empiezo a tocarle el bulto con las palmas de mi dos manos hasta que siento que se le puso dura que decido bajarle el pantalón. Su poronga salió a la luz y se puso a noventa grados frente a mi cara.

    Me pongo a leer el chat y todos me ponían que se la chupe así que la agarre con una mano y me la mande toda por la boca. No deje de mirar el chat aun teniendo su pija en la boca pero en un momento lo miro a él y veo que lo estaba disfrutando así que le preguntó si le estaba gustando.

    -Te gusta? -le pregunté.

    -Me encanta -respondió él.

    Seguí chupándole la pija hasta que era hora de sacarme la ropa, así que me la saqué con ayuda de él. Entonces ya completamente desnuda metí su poronga en medio de mis pechos y lo empecé a masturbar de esa manera, además golpeaba su pene sobre mis pezones. La gente que estaba viendo el directo se volvió loca y empezó a pedir sexo de verdad, así que me di vuelta y a los dos o tres segundos sentí su pene entrar por mi cuevita.

    El me agarró de la cintura y empezó a empujar y mis pechos a moverse para todos lados, cosa que volvió loco no sólo a la audiencia sino que a mi padre también ya que por momentos se calentaba y me agarraba de mis tetas para embestirme más fuerte con su poronga. Era muy difícil leer el chat siendo cogida en cuatro patas pero noté que lo estaban disfrutando al igual que nosotros dos, así que seguimos cogiendo por un buen rato hasta que llegó el momento de acabar.

    Le pregunté al chat dónde querían que el acabe y un gran porcentaje puso que querían que el acabe sobre mis pechos, así que lo empecé a masturbar hasta que me avisó que se venía y puse mis pechos para recibir toda esa gran cantidad de leche que me hubiera encantado recibir dentro de la boca pero el público manda.

    Luego de eso apagué la transmisión y mi padre antes de volver a la cama con mi madre me agarró de la cintura y de la cola y metió su lengua dentro mi boca.

    Luego se fue y yo fui directa al baño para limpiarme para luego volver a la cama y encontrarme de nuevo a mi padre con ganas de seguir cogiendo.

    -No te habías ido con mamá? -le pregunté.

    -Sigue durmiendo y no la quiero despertar -dijo él.

    -Pero vas a tener que regresar a la cama, antes que se dé cuenta -dije yo.

    -Ahora voy pero antes déjame chuparte las tetas -dijo él.

    -Un ratito y luego te vas -dije yo.

    -Si si si -dijo el muy rápido.

    Me acosté en la cama y él se me tiró encima como un viejo baboso y me empezó a manosear las tetas hasta que me empezó a chuponear mis pezones como si fuese un bebé pero era mi padre.

    Luego me saco el short y empezó revolver su lengua dentro de mi coño, después de eso me abrió de piernas y me la volvió a meter para garcharme por un buen rato hasta que tuvo el orgasmo y acabo dentro de mí.

    Se subió el pantalón, me dijo «bueno, ahora me voy» y se fue dejándome a mi en ese estado de calentura.

  • Las experiencias de Carlos (Parte III): Mabel

    Las experiencias de Carlos (Parte III): Mabel

    Varios días después por fin llega Mabel, la abuela de Marian.

    Ella entra a la casa de Carlos y se abraza con su nieto.

    Carlos ve una mujer de unos 45 años, más joven de lo que pensaba, delgada de grandes tetas no menos de 110, un culo muy bien formado debajo de una cintura marcada y de poco diámetro.

    La mujer saluda a Carlos con un beso en la mejilla y le agradece la ayuda prometiendo invitarlo a una cena para charlar y compensarlo, a lo que Carlos responde aceptando la invitación pero que no había sido ninguna carga…

    Los problemas de la cuarentena aún no han terminado, así que se apuran a bajar para irse, Se despiden.

    Al irse Marian promete volver a visitarlo seguido cosa que Carlos íntimamente desea.

    Carlos se sienta a seguir leyendo mientras disfruta de un café.

    Unos 15 minutos después, suena el portero de la entrada y al atender Carlos escucha del otro lado la voz de Marian y su abuela. Les abre la puerta y los hace pasar.

    -que pasó- les pregunta.

    En resumen, le explican que mientras estaban arriba el auto, este recibe una pedrada de la que no saben su origen, y ésta termina rompiéndole el parabrisas.

    Tiempo de su arreglo al menos un día, así que en conjunto decidieron pedirle de quedarse allí hasta la mañana siguiente si él no ponía objeciones.

    Mabel se deshacía en excusas pidiendo disculpas, Carlos le explicaba que no era problema, que no se preocupara mientras que Marian como en su casa llevaba los bolsos nuevamente a la habitación de huéspedes.

    Carlos, si bien tenía confianza en Marian, tenía miedo de lo que podría esa mujer llegar a saber sobre lo pasado.

    Tomaron un café mientras charlaban. Luego, Carlos se dirigió a su habitación para leer y dejar sola a la pareja, que seguramente tendrían mucho que charlar.

    -Bueno parece que nos quedamos un poco más- dice Mabel a Marian

    – así parece- responde riéndose el chico

    -De que te ríes- le pregunta ella

    -Parece que conocerás el goce supremo antes de tiempo- le responde él

    -no creo- responde ella, y agrega – primero siempre tiendes a exagerar y además es evidentemente homosexual por lo que me has llegado a contar.

    -nunca te di detalles- agrega él – pero te explico un par de cosas.

    -como dices tú primero si te parece que en una sola sesión de sexo yo termino cuatro veces, Dani cuatro veces y Luis cuatro veces y a los tres nos queda realmente el culo bastante dolorido es exagerar entonces exagero- agrega.

    – y segundo, no creo que sea realmente homosexual, quizás un hetero digamos “permisivo” jajaja, te explico-, le agrega –en ningún momento en todos los días que los chicos y yo estuvimos acá nos dio un solo beso en la boca, siempre para calentarlo estuvimos vestidos de nena con la ropita que vos conoces-

    -nunca habías dicho nada sobre las 4 veces- le dice Mabel, igual ya veremos

    -Ahh me olvidaba algunas reglas de la casa que tengo que explicarte- dice Marian riéndose

    Un rato después, Carlos se acerca para preguntarles si necesitaban algo y desde el pasillo escucha como Marian explica a la abuela como vinieron sus amigos, como fueron bien recibidos, como se confabularon para calentar y terminar siendo cogidos por Carlos, le explicó cuales habían sido las reglas de la casa, los concursos, todo.

    Carlos se estremeció ante lo que escuchaba, y trato de percibir el sentimiento de Mabel.

    Lo que recibía era alegría, agradecimiento y… ¿calentura?, si calentura.

    Marian era ya mayor de edad así que en el peor de los casos, debería aguantar a una abuela quejándosele por haberse cogido a su nieto, o lo más probable haciéndose la que nada sabe para retirarse lo más rápido posible sin generar mucha bulla.

    Volvió a su habitación y como ya había cable se puso a mirar una película en televisión esperando un desenlace que suponía e una rápida retirada. La película era aburrida y pronto se durmió.

    Lo despierta una hora después el llamado de Marian para comer diciendo que la abuela había terminado de hacer el almuerzo.

    Carlos se levantó, pasó por el baño para lavarse la cara y las manos y desconfiando se dirigió a la cocina donde al llegar entendió todo lo que había percibido antes.

    Marian estaba sentada a la mesa vestida nuevamente con el mini-short y la camisa atada a la cintura, totalmente abierta dejando la vista sus tetitas cosa que desde ya lo asombró. Pero lo más impactante fue ver a Mabel con la pollerita de colegiala de Marian y también una camisa atada a cintura y sin abrochar los botones dejando ver el enorme par de tetas bien paradas que tenía.

    Al ver la cara de Carlos, Mabel dice – me explicaron que las reglas de la casa son para todos.

    Carlos ya distendido, proyectó mucha tranquilidad sobre Mabel y se sentó a la mesa. Disfrutó un rico almuerzo charlando y riendo con ambos, sin dejar de mirarle continuamente las tetas a la abuelita.

    Terminado el almuerzo fue Carlos quién levantándose les dice –del café me encargo yo- y fue a prepararlo.

    Al salir Carlos Marian se levanta y le dice a la abuela en voz baja –vistes como te relojea las tetas-, a lo que ella responde –sí, claro que me di cuenta.

    Marian entonces sale de la habitación mientras grita –para mi café no, voy a mi habitación a dormir un rato que ando un poco dolorido- con el fin que lo escuche Carlos.

    Aparece entonces con dos cafés para ellos mientras continuaban la charla.

    -con respecto a las reglas de la casa- comenzó a decir Carlos

    -detente ahí – dijo Mabel, -te voy a explicar algo, mi nieto es todo lo que me queda y sufrió mucho siendo rechazado por sus padres debido a su inclinación sexual. Llegaron a tenerlo encerrado casi un año sin dejarlo salir ni comunicarse con nadie. Hace un año tuvimos un gran pelea y desaparecieron de nuestras vidas y por supuesto el chico quedó a mi cargo que es lo que creo ellos siempre quisieron. Ahí me enteré de todo lo que le hacían aparte de lo que ya sabía. – agregó.

    -Así que llegué a un acuerdo con Marian que ya estaba cerca de la mayoría de edad, yo no juzgo ni me meto en su vida sexual y él no lo hace con la mía, pero nos contamos casi todo y a lo mejor a partir de hoy iniciamos algo nuevo, compartimos- agrega Mabel sonriendo

    -no tengo nada que recriminarte- continuó – conozco a Dani y los he visto vestidos de mujer. Quién podría resistírseles con esos culitos tan bien formados.

    -No soy ninguna santa, soy muy activa en el sexo, por supuesto me cuido pero he tenido amantes hombres y mujeres. Aparte integro un gran grupo muy selecto y cerrado de amigos y amigas con los cuales somos muy activos sexualmente tanto en forma individual como grupal algo similar a los swingers pero más abierto. Como decía mi hijo desaparecido soy una gran zorra- agregó riéndose.

    Además debemos tener en cuenta que has salvado a mi nieto de o una paliza muy grande o incluso ser violado o muerto por esos degenerados y eso vale mucho para mí. Eres una persona muy agradable así que sigo las reglas de la casa, ¿o no te gusta lo que miras constantemente?- preguntó mientras se levantaba las tetas y las sacaba de la camisa.

    También agregó – porque no vamos ahora a tu habitación que podemos estar solos, ya que esta noche probablemente tendré que compartirte con mi nieto.

    Carlos estaba anonadado con lo que había escuchado. Era cierto que si a alguien había que reprocharle algo esto sería a él, se había cogido al nieto ya dos amigos más.

    Entonces, ni lerdo ni perezoso agarró las tetas de Mabel y comenzó a besarlas, luego la tomó de mano y la dirigió a su habitación.

    Al pasar por la habitación donde estaba Marian, Mabel se asoma y le dice – vos quédate mirando televisión que Carlos yo vamos a divertirnos solos un rato, ¿si?

    A lo que Marian sonriendo dice – te vas a divertir Mabel, estoy seguro. No olvides agradecerme después.

    Entran a la habitación y se recuestan en la cama para ver un poco de televisión.

    Pasan los canales y no encuentran nada que los entretenga, entonces ella le dice –no tienes el canal XXX, así vemos algo de porno que entretiene más.

    Carlos responde – no lo necesito, ves esa notebook, está conectada directamente al televisor así que puedo buscar porno en internet y lo veríamos en la pantalla.

    -y que esperas- dice ella riéndose.

    Carlos busca una página de videos XXX y le pregunta – que tipo de video quieres ver – y ella responde – elige cualquiera me gustan todos.

    Pone un video de un trío entre dos mujeres y un hombre, comienzan a verlo, el video es caliente y cuando termina Carlos dice -Anal, Mamadas, BDSM, Tríos, mama y el hijo, papá y la hija cual prefieres.

    -ya te dije hago y me gusta ver de todo así que, elije sin reparos.

    -Hm- dice Carlos – así que te gusta todo, entonces porque en lugar de ver no nos ponemos a hacer.

    – esperaba que lo dijeras- dijo ella comenzando a sacarse la poca ropa que tenía.

    Tal como había hecho antes, Carlos comienza a proyectar sobre Mabel un alto nivel de deseo y placer.

    Se acerca a Mabel y le da un beso largo y profundo, luego le besa el cuello y baja hasta encontrar ese enorme par de tetas. Allí comienza a chuparlas pasando su lengua lentamente por los pezones, los muerde despacito, los chupa y levanta hasta que se sueltan. Abre la boca trata de meter una teta entera dentro, siendo esto imposible. Aprieta los pezones con los dedos y después los mordisquea.

    Mabel está ya muy caliente en parte gracias a la proyección de Carlos, quién continua bajando mientras su lengua lame el estómago y abdomen.

    Al llegar al ombligo se entretiene en él con su lengua y sus labios, en ese momento también Mabel le agarra y aprieta con una de sus manos la pija.

    Finalmente Carlos llega a donde quería llegar, la entrepierna, el sexo de Mabel.

    Muy despacio y con la lengua busca el clítoris, lo encuentra y con su lengua comienza a moverlos de un lado a otro. Con ambas manos abre y levanta las piernas a Mabel enterrando allí su cabeza.

    -hijo de puta que bien que lo haces- susurra ella.

    El baja un poco más la cabeza y usa la punta de la lengua para subir y bajar alternándose entre el clítoris y el ano sin dejar de proyectarle placer. Pasa la lengua por el agujerito anal tratando de penetrarlo y después de unos segundos sube la misma hasta encontrar el clítoris, donde no solo la usa sino que también usa los labios e incluso en algunos momentos los dientes para mordisquearlo sin lastimarlo.

    Mabel está en la gloria, nunca sintió tanto y se arquea levantando la pelvis como pidiendo más y más mientras llega su primer orgasmo.

    -Que me estás haciendo guacho- dice Mabel –como me gusta, por favor penétrame de una vez.

    Carlos gira quedando sobre ella con la cabeza entre sus piernas y allí continúa con la labor de la lengua, los labios y el clítoris provocando en Mabel más orgasmos.

    Al girar quedan en posición de 69 y Carlos dándose cuenta que a ella le gustan las palabras fuertes mientras coge le dice –dale putita chúpame la pija de una vez y no te hagas rogar.

    Mabel escucha y aprovecha para con la boca buscar la pija de Carlos y lamerla, chuparla. Con las manos acaricia sus huevos mientras se traga la pija hasta la garganta.

    -sí sí, soy una putita y me encanta chuparte la pija- dice.

    Ella tiembla y gime, ha tenido varios orgasmos solo con la lengua y los dedos de Carlos, no sabe si cuatro o cinco, ya perdió la cuenta.

    El mientras, juega con el clítoris, acerca sus dedos al centro del ano y previo salivarlo bastante comienza a masajearlo en forma circular, de manera que en cada movimiento uno de los dedos entra y sale de la cola de Mabel.

    Ella lo percibe y aumenta su placer, más aún cuando siente que entran ya dos dedos completos, entonces gimiendo dice –cógeme boludo que ya estoy lista, penétrame por done quieras pero hazlo por favor.

    Y le llega la respuesta de Carlos que le dice – todavía no, aún tienes que tener varios orgasmos clitorianos antes de entrar en los orgasmos vaginales o por penetración- e intensifica la lengua en el clítoris con la ayuda de dos dedos dentro de la concha que entran y salen sin cesar y dos en la cola haciendo lo mismo.

    Sigue proyectando placer y más placer.

    Mabel tiene dos orgasmos más y siente que estos van llegando cada vez más cercanos y fuertes uno al otro, es en ese momento cuando Carlos la toma de los pies y la lleva al borde de la cama parándose frente a ella. Le levanta las piernas colocándolas sobre sus hombros y comienza a penetrarla vaginalmente.

    Mabel siente que le entran hasta el fondo y luego va escuchando los ruidos que cada embestida que termina golpeando su cola con los huevos.

    El bombeo comienza con un movimiento suave y parejo, para ir incrementándose en rapidez y fuerza hasta ser casi un ataque frenético. Mientras la penetra Carlos usa las manos, le pellizca los pezones, le mete los dedos en la boca casi hasta la garganta, le masajea las tetas enteras, la cachetea en la cara y le dice constantemente – ¿te gusta que te coja así putita, te encanta no?- a lo que ella responde –me encanta, rómpeme la argolla papi, destrózala.

    Cuando están en silencio lo único que se escucha son los jadeos de Carlos, los gemidos de Mabel y los golpes de las caderas de él sobre el cuerpo de ella cada vez que se le entierra al fondo de la vagina.

    Ella tiene múltiples orgasmos, a partir de allí es uno atrás de otro cada 20 o 40 segundos. Al llegar a 12 deja de contarlos y se dedica a sentir el placer.

    En un momento Carlos se detiene y la gira. Ella queda boca abajo en cuatro al borde de la cama.

    De un golpe Carlos vuelve a penetrarla y comienza con la danza del mete y ponga de nuevo.

    Mabel sigue teniendo orgasmos, se siente totalmente mojada por sus propios fluidos, nunca a sentido de igual manera.

    Entonces Carlos saca la pija y comienza a chuparle el culo, trata de penetrarla con esa lengua mientras dos dedos juegan en la vagina entrando y saliendo. Mabel que está como en un sopor, mareada y solo siente placer dice – si papi, rómpeme el culito también, déjamelo como se lo has dejado a mi nieto y los putitos de ayer, bien abierto y dolorido- y se abre mas para recibir el pijazo por el ano.

    Cuando la cola está muy mojada, Carlos mete los dedos en un frasquito de aceite los unta bien, luego empieza de a poco a introducirlos en la cola. Cada centímetro que los dos dedos entran la mano gira y Mabel gime del pacer.

    Cuando ambos dedos entraron completamente y mientras los usa para entrar y salir de la cola, va ingresando un tercer dedo al juntarlo a los otros dos.

    -sí así hijo de puta, así me encanta- grita Mabel.

    Unos minutos después los tres dedos entran y salen muy fácilmente. Llegó el momento, apoya la punta de la pija en el ano y comienza a empujar. Gracias al trabajo previo la pija y al recule de ella, entra sin complicaciones ni dolor hasta llegar al fondo.

    Ella lo siente y su placer es ya indescriptible, desea más y más.

    Allí Carlos comienza con el mete y saca despacio, a un ritmo constante pero continuo

    Mabel trata de entender como si bien lo hizo muchas veces, nunca le gustó plenamente el sexo anal, pero esta vez siente solo placer deseando cada vez más, se da cuenta como Carlos comienza a incrementar el movimiento tal como hizo en su vagina.

    Comienza a sentir un placer diferente que se va incrementando y ocurre algo que nunca le había ocurrido, comienza a tener orgasmos por sexo anal, primero uno y después otro y otro.

    Siente como Carlos la toma del cabello y le tira la cabeza hacia atrás como si fuera una yegua a montar, le duele pero le agrada, es más la está montando y ella muriendo del placer.

    Siente también como Carlos le paga palmadas en los cachetes del culo que ya deben estar colorados, y que sin embargo aguarda cada uno con deseo de sentir el placer que la el dolor que le provoca.

    No quiere que el pare quiere seguir sintiendo esos orgasmos uno detrás del otro.

    Como antes pierde a cuenta de cuantos han sido.

    Carlos finalmente se separa de ella y acostándose frente a ella le agarra la cabeza y le marca que le chupe la pija – quiero acabar en tu boca y llenarte de leche- le dice. Ella tratando en forma de agradecimiento de hacer sentir a ese hombre al menos un poco de todo lo que ella sintió, se mete la pija en la boca y comienza a moverse metiéndola y sacándola. Cada vez que entra la pija atraviesa su garganta y percibe que eso le da placer al hombre, entonces lo intensifica, empuja más pero ya la pija no puede entrar más.

    El siente que va a terminar y se lo dice, ella traga más esperando los deseados chorros de semen en su garganta que llegan ahogándola.

    Finalmente termina de limpiarle la pija con la lengua y se queda acostada junto al hombre, descansando y sin entender en todo el placer que sintió en tan poco tiempo.

    Ella mira hacia la puerta y ve a Marian que le sonríe y le guiña un ojo como diciendo –te lo avise- entonces cierra los suyos y comienza a dormirse.

    Unas tres horas después se despierta y está sola en la cama, se dirige a la cocina pero no llega y siente ruidos. Se asoma despacio y ve como Carlos se está cogiendo a su nieto. Lo tiene agarrado contra la mesada y lo bombea y lo bombea hasta que ambos cambian de posición y Marian empieza a chuparle la pija y finalmente le acaba en la boca. Su nieto traga todo tal como antes hizo ella.

    Ella retrocede y vuelve a la cama, esperará un poco antes de levantarse una vez que todo haya terminado, no quiere privar de ese placer a su nieto, pero se da cuenta que verlos coger la ha excitado bastante.

    Unos minutos mas tarde Marian la llama para merendar, café con galletas. Se levanta y va a la cocina.

    Pasan el resto de la tarde mirando televisión y charlando de boludeces hasta que ella empieza a preparar la cena.

    Cenan tranquilos charlando, toman un café de sobre mesa y luego van acostarse.

    Sabe que pasará, se acostarán los tres juntos y tendrán sexo. Entre ella y su nieto le chuparán la pija a Carlos que seguramente le hará la cola a Marian, quizás y ojalá a ella también en la forma en que se la hizo esta tarde aunque la tiene muy dolorida.

    Nunca hizo un trío con su nieto, pero después de ver como se lo cogían quedó tan caliente que está ansiosa por hacerlo.

    Sabe que en la mañana deberán irse, pero también sabe que cada uno por su lado tratará de seguir viendo a Carlos en forma individual o porque no, quizás grupal también

    Se encamina hacia la cama y ya se siente húmeda…

    Mientras Mabel camina hacia la habitación donde Carlos y Marian ya estaban en la cama, Carlos susurra al oído del chico – haz todo lo que te diga con tu abuela ¿sí?, aunque te parezca raro. Vamos a hacerla gozar en serio.

    Marian aprueba con la cabeza y le responde – ten en cuenta que me duele la cola de todos estos días nos concentramos en ella ¿sí?

    Mabel entra a la habitación y se acuesta a la derecha de Carlos ya que Marian estaba a la izquierda.

    Mabel se abraza a Carlos y este comienza a besarla, besándole los labios, el cuello hasta llegar a las tetas y comenzar a comérselas. En ese momento y mientras proyecta deseo a ambos, le hace una seña a Marian que se mueve de forma que Mabel queda en el medio, y comience a chuparle también una teta. Mabel queda acostada en el medio con una teta en la boca de Carlos y la otra en la boca de su nieto Marian que parece haberse entusiasmado chupándola sin saber que Carlos proyectaba ese deseo.

    Ambos juegan cada uno con su pezón. Marian copia lo que ve hacer a Carlos, mueve su lengua rodeando el pezón, lo mordisquea, lo chupa.

    Mabel comienza a gemir, tiene agarrados a cada uno de sus acompañantes de la cabeza y los empuja a que sigan chupando cada vez más.

    Carlos sigue bajando y llega a la entrepierna de Mabel, comienza con el juego de lengua-clítoris mientras Marian sigue entusiasmado con la tetas de su abuela.

    Mabel solo gime y gime mientras se arquea levantando la pelvis como pidiendo que la lengua entre más.

    Llega a su primero orgasmo, pasa al segundo al tercero, pierde la cuenta. Nunca pensó que la llegaría a gozar en parte con la lengua de su nieto.

    Entonces se levanta y acuesta a Carlos. Le acaricia la pija y haciéndole una seña Marian, se la mete en la boca y comienza a chuparla. Marian se coloca junto a ella y espera que ella se la ofrezca para chuparla también, la abuela le toma la cabeza y bajándosela hace que ambos la chupen al mismo tiempo.

    Se van turnando, mientras Mabel se mete la pija en la boca y la garganta, Marian le chupa los huevos y llega hasta el agujerito del culo, luego cambian y es Marian quien se mete la pija en la boca y Mabel quien se entretiene con los huevos.

    Carlos vuelve a acostar a Mabel boca arriba y pone a Marian a chuparle la concha. El chico trata de repetir lo que vio hacer antes, mientras Carlos detrás de Marian comienza a chuparle el culo y a jugar con sus deditos.

    Unos minutos después Mabel está gimiendo con ambas manos empujando la nuca de su nieto hacia su pelvis, y Marian está gimiendo cuando Carlos comienza a penetrarlo.

    La pija va entrando cm a cm y cuando está totalmente adentro, Carlos se detiene y espera un rato para que el culito se acostumbre al nuevo pedazo de carne que lo atraviesa.

    Luego comienza a bombear, la pija entra y sale como un pistón, Marian gime ya casi a los gritos y su abuela se da cuenta de la situación. Se acerca al culo de su nieto y comienza a besarlo mientras ve como la pija entra y sale. Esta tan caliente que empieza a pajearse viendo como le rompen el culo a su nieto.

    Se mete los dedos y cuando estos no alcanzan saca e debajo de la almohada un consolador de 3.5 x 16 cm que antes había escondido y empieza a usarlo vaginalmente.

    En un momento Carlos saca la pija y se la pone a pocos cm de la cara de Mabel quien se la mete en la boca y la chupa mojándola toda, rodeándola con la lengua.

    Entonces Carlos saca la pija de la boca y vuelve a penetrar a Marian. Repite este proceso varias veces, hasta que Marian explota de placer. Y cae acostado boca abajo en la cama.

    Sin dejar bajar la erección Carlos pone en cuatro a Mabel y la penetra vaginalmente, agarra a Mabel del cabello y le dirige la mano que tiene el consolador hacia el culo de su nieto indicándole que comience a penetrarlo, cosa que ella comienza a hacer lentamente.

    Carlos ya empuja y saca con tanta fuerza y velocidad que Mabel comienza a sentir pasar nuevamente los orgasmos, uno detrás del otro y que su nieto a causa del movimiento del consolador parece tener una nueva explosión de placer y queda recostado en la cama.

    Carlos levanta el consolador y hace girar a Mabel colocándola boca arriba. Se da cuenta que es un consolador que tiene bordes en la base, así que lo toma y de a poco lo va metiendo por la vagina de Mabel hasta que la penetra totalmente y queda pegado a ella.

    Entonces toma su pija y apoyando el glande en el ano la penetra esta vez analmente hasta el fondo.

    De esa manera cada vez que bombea la pija lo hace en el culo y a su vez empuja el consolador en la vagina.

    Mabel siente que es doblemente penetrada y se retuerce del placer, no puede identificar por donde goza más si con ese garrote de carne en el culo o por el consolador en la vagina.

    La cantidad de orgasmos que siente ya están fuera del marcador.

    Carlos siente que está por terminar, se acuesta boca arriba en la cama colocando su pija a la altura de la boca de Mabel que gira en la cama y hace señas a Marian para la ayude. Entre ambos comienzan a chuparle la pija.

    Pasados unos minutos Carlos percibe que va a acabar y lo hace llenando las dos bocas de su semen.

    Mabel y Marian sonríen y se encargan de limpiar con sus lenguas la pija y finalmente se le acuesta cada uno a un costado lado para posteriormente quedarse dormidos.

  • La infiel directora del colegio

    La infiel directora del colegio

    A mediados del mes de septiembre se hace un tipo carnaval por la colonia donde vivo, feria, baile, cantantes, la verdad un muy buen folclor, vivo en una zona donde se une la clase alta con la clase media, por eso, aunque vivo en un lujoso departamento que el trabajo que desarrollo me ha dado, me agrada ir a ese carnaval.

    María, una mujer madura, morena, de ojos miel, tetas grandes, un torso un poco graso, pero de trasero espectacular, es la directora del colegio que está en medio de la calle, ella vive en una casa a lado de mi departamento, todas las mañanas la veo salir caminado hacia la escuela, con sus vestidos mostrando sus deliciosas piernas o su calza negra que marcaba sus torneadas piernas, a lo lejos se notaba una mujer respetable, de principios, jefa de familia, tenía dos hijos adolescentes los cuales se veía educaba a mano dura y con valores, su esposo casi nuca estaba no se sabe a qué se dedica solo lo he visto unas tres veces, un hombre mayor que ella, canoso con cara de odio a todos y una actitud pedante.

    Una mujer así jamás se prestaría para estar con un tipo como yo y aunque siempre la saludaba y ella me sonreía, sabía que de so no pasaría, así que me acomodaba en mi ventana todas las mañanas para verla lucir su maduro y deseable cuerpo.

    Pero en el carnaval de septiembre pasado ocurrió algo que no me esperaba, yo salí para ver el baile y tomar algo estaba yo sentado con una cerveza y observando lo que pasaba, estaba atento por si me salía alguna chica, ¡pero de pronto sentí que toco mi brazo!

    M: ¡Hola! ¿Cómo estás?

    CA: ¡Hola!! ¿Bien y usted?

    Era María, la verdad me quede mudo, ella no se me acercaba por lo general yo le buscaba la cara, estaba radiante, unas botas negras, medias y minifalda del mismo color y una chamarra roja, en su mano una cerveza, no imagine ver así a la directora del colegio.

    CA: ¿Qué hace? ¿Cómo la pasa?

    M: Háblame de tu, ¡no estoy tan vieja jajá!

    CA: ¡Perdón! ¡Como estas y porque tan sola!

    M: Pues estoy, así que vine a ver esto y no está mal, ya me aburrí de ser la señora directora o la mama de casa, ¡quería distraerme un poco!

    En mi experiencia esas palabras, ¡aunque no directamente incluyen un mensaje de “ya estoy harta de mi vida y quiero experimentar algo” por eso su vestimenta y por eso la bebida y si no me creen solo analicen cuantas veces alguna mujer les ha dicho eso y que ha pasado!

    Volviendo al tema, ella se sentó a mi lado y comenzamos a charlar y ver el espectáculo, tenía una manera de expresarse que me tenía domado, no podía dejar de mirar sus piernas y de re ojo su escote que mostraba sus carnosas tetas.

    Sin darnos cuenta comenzó a pasar el tiempo, ambos estábamos sentados y ya habíamos bebido varias cervezas, ella ya me hablaba más cariñosa y se juntaba ms a mí y yo por supuesto que acariciaba sus rodillas y le tomaba la mano, mi corazón se aceleraba, pues cualquiera nos podía ver y reconocerla, pero por suerte no pasaba aún.

    La invite a bailar, ella acepto ya que creo andaba más ebria que yo, ya que al principio no quiso, se movía riquísimo, me daba gusto tocándole su espalda y su cadera, cada que podía le arrimaba mi pene, ella no me decía nada al contrario parecía que s eme ponía más al propósito, ¡fue entonces que después de unos bailes me decidí a llevármela a coger!

    CA: Oye, ¿te parece que no vayamos a otro lado?

    M: ¿Así? ¿Y dónde me vas a llevar?

    CA: A mi departamento, este lado de tu casa, ahí podemos tomarnos algo más sin que nadie moleste.

    M: Uhm, no sé, ¡además estas a lado de mi casa!

    CA: Si no, ¡no hay problema!

    M: Si voy, sabes necesito fiesta jajá, vamos a tú departamento.

    Cundo me dijo eso inmediatamente la tome de la mano para salirnos entre la gente, estábamos solo a la otra calle, por suerte no había nadie y pasamos desapercibidos frente a su casa, entramos y ella se sentó en el sofá y se quitó sus botas, no sé, pero esa acción me excito.

    M: ¡Necesitaba descansar mis pies, uhm!

    CA: Me imagino, ¡quieres una cerveza o algo más!

    M: Una cerveza, ¡no quiero cruzarme!

    Le llevé la cerveza al sofá, me senté a su lado y puse música de balda, algunas clásicas de los 80 y 90, eso le gusto, brindamos y ella contemplaba la casa, ¡mientras miraba sus piernas y sus pies cubiertos de sus finas medias!

    M: ¡Me duelen mis pies, uhm!

    CA: ¡Si gustas los puedo masajear!

    M: Ay no que pena, ¡jajá!

    CA: Por favor, ¡me gustaría ayudarte!

    M: ¡Mmm! Qué diablos, ¡está bien!

    Subió sus pies a mis rodillas recostándose en el sofá, comencé a sobarle la planta, me excitaba sentirlos así, luego los apretaba y sobaba en círculos, la directora sacaba ligeros suspiros cada que mis manos apretaban sus delicados dedos.

    M: ¡Oh sí!!

    CA: ¡Parece que esta funcionado!

    M: ¡Uhm, que rico masaje!

    Subía mis manos a su pantorrilla y poco, subiendo y bajando, ella cerraba los ojos, el panorama era fenomenal, veía lo rico que estaba debajo de su falda, ¡ella en un impulso se quitó su chamarra roja y se dejó en su blusa entallada que marcaba sus pezones duros!

    M: ¡Que rico, uhm, ah!!

    CA: ¿Oye nena?

    M: ¡Sí!! ¿Qué pasa?

    CA: Puedo sobarte las piernas, ¡se ve que están tensas!

    M: ¡Si, hazlo!

    Mis manos recorrían de su pantorrilla el inicio de sus muslos, la directora estaba excitada, poco a poco metí mi mano debajo de su falda acariciando los bien carnosos muslos que tenía, ahí noté que sus medias eran de liguero y luego haciéndome un poco para arriba le ponía mi verga dura en sus pies.

    El calor subió, mientras le sobaba llegando ya casi a sus entre piernas me movía para que sus pies rozaran mi verga, que excitante, no soy fetichista, pero en ese momento estaba caliente amas no poder, ella comenzó a mover sus dedos, parecería que sabía que me gusta ya que más dura se me puso, sus gemidos empezaron a ser más altos, ahora mis manos bajaban a tomar sus nalgas y apretarlas, ella solo gemía, fue en ese momento que ya no tolere más y me lance encima de ella y comenzamos a besarnos.

    Nos besábamos como locos, comencé a quitarle la blusa, ella cerraba los ojos, encontré unas tetas riquísimas, estaba supera prados esos pezones, le arranqué prácticamente el brasear y comencé a mamarle las tetas en círculos, a cada lengüetazo ella se estremecía y gemía, luego comencé a morder sus ricos pezones negros que desparecían en mi boca, ¡parecía un crio comiendo por primera vez!

    M: ¡Ah!! ¡Uhm!

    CA: ¡Estas buenísima mi amor!

    Le quite la falda, se veía espectacular, su cuerpo erizado y notaba lo húmeda que estaba de la tanga, coloque mis dedos encima de su burrito y ella lanzo un grito enrome de placer, comencé a bajarle su tanga para ver su vagina húmeda, se veía riquísima con unos vellos cubriéndola, ¡se me hizo agua la boca!

    CA: ¡Que rica la tienes María!

    M: ¿Te gusta?

    CA: ¡Quiero comérmela!

    M: Pues hazlo, uhm, vamos, ¡cómetela!

    Obedecí su petición y lleve mi lengua a su coño, comencé con lamidas de gato por encima de sus labios vaginales, dándole ligeras mordidas a su entre pierna, mientras entraba lento a su coño con mi lengua, mis manos apretaban su delicioso par de tetas, ella solo gemía y se retorcía cual si fuera un gusano en tierra caliente.

    Con ayuda de mis dedos comencé a abrir su concha y meter y sacar mi lengua a máxima velocidad, la sensual directora estaba gritando y escurriendo más no poder.

    M: ¡Ah!! ¡Que rico, uhm, que rico!

    Aun no podía creer que estaba en mi casa con las piernas abiertas dándome su concha en mi boca, pero cuando metí dos dedos y comencé a palpar y jugar su clítoris, me di cuenta que era real y no estaba soñando.

    CA: ¡Mami qué coño!

    M: ¡Agh!! ¡Que rico!

    CA: ¡Hermoso clítoris, uhm!

    M: ¡Ah!! Esto es magnífico.

    Su clítoris estaba hinchadísimo, ella se retorcía, la lengua ya la tenía escalda, que oral le daba, finalmente la directora comenzó a venirse riquísimo, su venida sabia a néctar, bebía como un sediento del desierto aquel fluido de esa veterana mujer.

    M: ¡Oh!!! ¡Que rico!

    CA. Uhm, eso es mi amor, ¡vamos!

    Una vez que se le paso su orgasmo, me puse de pie y me quite los pantalones y la trusa, ella solo miro lo dura que tenía la verga y sin decirle nada se sentó en el sofá me tomo de las nalgas y comenzó a chuparme la cabecilla de la verga.

    Se dio gusto devorando mi cabeza unos minutos para después recorrer con su lengua de la punta a mis testículos y viceversa, que rico, yo estaba todo estremecido acariciándole la cabeza, ¡ella me miraba coqueta y me daba una que otra mordida que a pesar de ser dolorosas eran muy excitantes para mí!

    CA: ¡Uhm!! ¡Que rico!

    M: Que animalote tienes, ¡uhm!

    CA: ¿Te habías comido una así?

    M: Nunca, uhm y no sabes como la necesito.

    La tragaba enterita y movía su lengua, era una experta mamando, que idiota su marido, yo me al cogería diario pensé, mientras la sensual morocha se ahogaba metiéndose enterita mi verga.

    Así estuvo unos 10 minutos, alimentándose de mi carne y bebiendo sus fluidos, yo estaba súper duro y caliente, ya quería perforarla así que la lleve a mi cama.

    Me acosté y ella entendió que debía subir encima de mí, lentamente se la metía, ella cerraba sus ojos, mordía sus labios, era una mujer muy sexual, que amaba el sexo y estaba insatisfecha con lo que su marido no le hacía.

    M: ¡Ah!! ¡Que dura, uhm!!

    CA: ¡Así mami, uhm, así!

    M: ¡Que rico se siente!

    CA: Eso mami, muévete, uhm, ¡muévete!

    María se hacía de adelante para atrás para después moverse en círculos, yo la tenía durísima, su coño apretaba magnifico, le mordía las tetas, las manos, le acariciaba los muslos que se veían fenomenal, ella continuaba meneándose como licuadora, me tenía jadeando como adolecente.

    CA: ¡Que rico, uhm, que rico!

    M: ¡Ah!, papi que verga más rica!

    Sin sacársela la cargue y me puse de rodillas en la cama, nos besábamos frenéticamente, me jalaba el cabello, me mordía, yo disfrutaba de sus ricas nalgas tomándola de ahí y levantándola para después dejarla caer para que mi verga entrara por completo.

    CA: ¡Aprietas riquísimo!

    M: ¡Te tenía ganas escuincle!

    Su declaración me puso más fiera, la avente en la cama, le levante las piernas y la penetre fuerte, ella lanzo un gemido que me dejo sordo, pero no me detuve, comencé a moverme fuerte, una y otra vez, apretando sus muslos, mordiéndole las tetas, besándole el cuello, acariciando sus piernas que como tenían medias me prendía más.

    Luego en misionero normal continúe encima de ella, ella me arañaba la espalda, me apretaba las nalgas para que no la sacara y me la pedía al oído.

    M: Así nene, uhm, que rico, que rico coges, ah, uf, ¡oh! ¡No pares papa, no pares por favor mi rey!

    Levante sus piernas hasta que sus rodillas pegaban en su frente y levantándome un poco, se la clave rápido y fuerte, ella movía sus nalgas que rica sensación, la señora cogía como las diosas, sé que no cobraría nada, pero, ¡aunque ella me hubiese contratado me cae que le regalaba mil noches!

    CA: ¡Nena, uhm, que rico!

    M: ¡Ah!! ¡No pares, que fantástico, agh!!

    Mi cama se movía como nunca, ella ya escurría teniendo su segundo orgasmo, nos besábamos, le mordí las tetas, ¡qué mujer!

    M: ¡Ay papito que rico, uhm!

    CA: ¡Nena, eres un volcán!

    M: ¡Métemela por el culo!

    CA: ¿En serio?

    M: ¡Sí, quiero sentir ahí!

    Ni lo dudé, al puse en cuatro, le abrí las nalgas y empecé a penetrarla, ella tomaba mi verga y se la encajaba sola, su culo apretado y casi sin dilatar se estaba tragando mi dura verga.

    M: ¡Ah!!! Sí que rico, uhm, ¡que rico!

    CA: ¡Que culo más rico!

    No podía creer que esa directora fuera tan fogosa, la tenía en mi cama cogiéndomela de perrito y dándole por su culo, me excitaba la idea de que nos escucharan en su casa, así que más rápido se la dejaba ir y ella más gritaba y se movía rico.

    M: ¡Oh!! Que rico, uhm, que rico, ya necesitaba una buena cogida, uhm, ¡ah!

    CA: Eres un manjar, que rico coges, uhm, ¡me vas a sacar la leche!

    M: Dámela toda, ¡quiero que me llenes mi culo de semen!

    CA: ¡Pues haz lo tuyo mami!

    Movía riquísimo sus nalgas, de arriba abajo y en círculos, mi verga seguía empalándola por completo, me aventaba como loco, la cama rechinaba ms fuerte, nuestros gritos estoy seguro que se oían hasta la calle, finalmente, ambos comenzamos a venirnos juntos.

    M: ¡Sí!!! ¡Uhm, ah, que rico!

    CA: ¡Toma mi leche, uhm!

    Termino con el culo lleno de semen, tirada en mi cama sudada y satisfecha, nos abrazamos y besamos mientras reposábamos, ya más relajados ella se reía y me confesaba que su idea era solo seducirme, también que la estaba pasando mal y que seguro se divorciaría.

    Volvimos a coger, pero esta vez más tranquilo, mi cama estaba llena de nuestros fluidos, ya en la madrugada se vistió y se despidió de mi regresando a su casa, como siempre me asome por la ventana para verla llegar y admirar sus ricas nalgas.

    Hasta el día de hoy, inclusive en la cuarentena, nos vemos en mi casa y cogemos delicioso, no sé cuánto durara esta aventura, pero que rico es tener una madura como ella.

    CORNEADOR ANÓNIMO.

  • Montada por mi jefe (Partes 1 y 2)

    Montada por mi jefe (Partes 1 y 2)

    Y entonces lo entendí… Yo no era más que un juguete para él, me había usado a su antojo, y yo como una idiota, me creí su juego.

    Nos conocimos en el trabajo, llego un día de enero y lo presentaron al colectivo, para mí, uno más, ni siquiera me fijé, no me llamaba la atención, quizás porque yo tenía pareja, o simplemente aun no lo conocía lo suficiente.

    Con el pasar de los días interactuamos, cabe mencionar que llegó para ocupar el puesto de jefe, tratábamos temas laborales estrictamente, aunque ahora que lo pienso ya el mostraba signos de interés hacia mí.

    Miradas, gestos, nada notable aun. Yo por mi lado seguía sin ponerle atención, cosa que creo era lo que lo intrigaba de mí. El más carismático de los jefes, buena presencia, buena ropa, buena labia, olía delicioso.

    Con el paso de los días teníamos cada vez más roce, en varias ocasiones, a modo de juego, o quizás para tantear el terreno y ver que sucedía me decía que me quedara para tomar algo al final del turno. Por ser simpática le decía que sí, pero luego a la hora de salida, llegaba mi esposo a recogerme y todo se quedaba ahí.

    Hasta un día que una amiga me embulla a hacer algo luego del turno de trabajo, habíamos tenido un día tranquilo y por suerte hasta cerramos un poco antes. Como era temprano me anime a ir por unas copas, él, como fiera al acecho, se anotó a la salida.

    Llegamos a un bar cercano al trabajo y pedimos unas bebidas, buscamos un lugar tranquilo y sin tanta gente y ahí empezamos cada uno a disfrutar el ambiente, música y alcohol nunca son una buena combinación cuando hay una atracción por el medio, que hasta ese momento confieso, que era solo por su parte.

    Bailamos, y entre tragos y risas nos íbamos acercando, me hablaba al oído, me ponía la mano en la cintura, y a mí no me disgustaba, no pensé ni por un momento en mi esposo, perdí la noción del tiempo, me fui relajando, y me deje llevar. Mi amiga había cogido por su cuenta, conoció a alguien allí mismo y no la volvimos a ver en toda la noche.

    Estaba sola con él, que no dejaba de mirarme, me agarraba y apretaba contra el haciéndose el más bailador, entre el calor y la adrenalina del momento, me fui calentando, me encantaba esa sensación, que era desconocida para mi hasta ese momento. Tenerlo cerca me volvía loca, saber que me deseaba, se podía oler en el aire. En un descuido me besa y me derrite con su beso. Los tragos ya estaban haciendo efecto. Se sentía la química, la atracción, la temperatura subía, no sé en qué momento me enredé en esa aventura.

    Acaba la noche, termina la fiesta y me acompaña en un taxi hasta mi casa, ya mareada y desorientada se despide de mi con un beso. Llego a la casa y caigo en que mi marido me estaba esperando, reviso mi móvil preocupada por si me había llamado y para mi sorpresa nada de él. Entro al cuarto y ahí estaba, dormido, ni siquiera sabía si yo había llegado, no se había enterado de nada, tomé un baño y me dormí.

    Pasaron 2 días de descanso sin saber de él, pensando, con la cabeza echa un lio, una mezcla de culpa, arrepentimiento y a la vez no me podía creer lo que había pasado. Llega el día de trabajo, y actué como la más normal del mundo, lo saludé y me puse con mis tareas, no sabía que venía a continuación, si para él había sido una diversión de una noche de fiesta, no sabía ni siquiera si se acordaba de aquello. Acabándose el día me llama a su oficina, ya yo hasta me había convencido que no fue nada importante. Toco y nada más entrar cierra y me pone contra la puerta, me dice cuanto ha pensado en mí, cuanto me desea.

    Me besa y sus manos me aprietan con fuerza, está caliente, impaciente, me susurra algo al oído que ni entendí, se me nublo la mente, no podía pensar en nada, solo en él y en su erección que ya podía sentirse rozándome. La posibilidad de que alguien pudiera entrar en vez de preocuparme me ponía muchísimo, me empieza a desnudar y yo me dejo sin protestar, no sé qué tenía ese hombre que en tan poco tiempo se había apoderado de mi mente, cuando vengo a ver ya estaba sin ropa, sobre el buro, con su miembro adentro y pidiendo más.

    Me toca los senos, me los besa, me agarra del pelo y me da cada vez más duro. Me pide que se la chupe y me arrodillo sin dudarlo, lo mojo con mi lengua y me lo trago entero, lo tiene caliente y gordo, se lo chupo con gusto como si fuera un helado, se viene al instante dentro de mi boca. Me toca a mí ahora disfrutarlo, no demora en abrirme las piernas y con destreza me recorre el clítoris con su lengua, sus dedos dentro de mi vagina al ritmo de su boca me desesperan, me tiene hecha aguas y entre temblores me arranca un orgasmo.

    Sin tiempo de recuperarme tocan la puerta, se arma el corre corre cada uno por sus prendas para aparentar que no ha pasado nada, y poder abrir. Salgo disparada haciéndome la ocupada y continuo con mis tareas, o bueno, intentando terminarlas. Cosa prácticamente imposible con todo el cuerpo temblando aun y el corazón a mil por segundo. No podía concentrarme en nada, solo me venía su verga a la mente y lo rico que me hizo correrme.

    Y ahí estaba yo, descontrolada, atormentada, ilusionada y si, enamorada, por muy estúpido que suene. Ese hombre se convirtió de un día para otro en mi alegría, mi motivo para ir a trabajar, para maquillarme, para perfumarme, para usar esa lencería que tenía guardada, para lucir siempre espléndida, cosa que con mi marido había perdido hacía tiempo.

    Aquí es donde empieza mi verdadero tormento…

    Parte 2:

    Luego de mi primer encuentro sexual con mi jefe, no dejaba de pensar en él, mientras me decía a mí misma que estaba mal toda esa situación. Casado, con una hija pequeña, que futuro podría esperarnos, pero quien iba a pensar en eso ahora, yo solo quería disfrutar el momento y que me hiciera gozar. Que me diera lo que no tenía al llegar a casa.

    Los días de descanso eran interminables, no veía la hora de llegar a trabajar, si podía cubrir turnos solo para estar con él lo hacía sin pensar. Cada día era diferente, ya la oficina no nos alcanzaba para nuestros encuentros que eran cada vez más candentes. El baño, los pasillos, el auto de lugar para darnos placer, estábamos arriesgándonos cada vez más a ser descubiertos, pero valía la pena el riesgo por cada segundo juntos.

    Empezamos a probar nuevas experiencias, salíamos a tomar algo y nos tocábamos debajo de la mesa, me encantaba sentir su bulto creciendo y que no nos descubrieran, se bajaba como buscando algo perdido y me chupaba el clítoris, sentía que mi cara me delataba, solo el largo mantel impedía que lo vieran, íbamos a la playa y escogíamos un lugar donde estar más apartados y me subía encima bien cachonda para que me penetrara dentro del agua, en el viaje de regreso el auto era afrodisíaco, le hacía sexo oral mientras manejaba y trataba de mantener el control.

    Le pedía que me cogiera por detrás, quería ser su puta, que me montara y me nalgueara, que me echara su leche caliente en el culo. Quería pertenecerle toda entera.

    Mentíamos todo el tiempo para encontrarnos, no aguantábamos estar separados, el deseo y la atracción sexual era increíble, a tal punto que cuando me dejaba en casa en la noche, a expensas que mi marido nos viera me follaba en la entrada, escondidos detrás de un muro, como me ponía ardiendo esa situación, de las mejores cogidas que me han dado, esa mezcla de susto con excitación es adictiva. En cuatro y con verga adentro, tapándome la boca para que mis gemidos no los oyeran, me hacía venirme completa, me hacía suya, no tenia deseos de entrar y verle la cara a mi marido, y mucho menos que si estuviera despierto quisiera acción a esa hora, le inventaba cualquier excusa.

    Ya yo tenía dueño, ya mi cuerpo era de ese hombre y él era mío también. Ya no había vuelta atrás. Era un paraíso sexual cuando estábamos juntos, los deseos eran incontrolables.

    Pasó el tiempo y le llega a su mujer una nota anónima donde decía que él estaba engañándola, ella se puso histérica, lo amenazo con irse de la casa y llevarse a la niña y a partir de ahí empezaron las excusas, yo lo sacrificaba todo para vernos y el ese día no podía, debía cuidar a la niña, o era el cumple de su esposa, o simplemente estaba ocupado.

    Ya cuando nos veíamos, era poco tiempo, era todo rápido, casi mecánico. No sé en qué momento la pasión cambio, se fue enfriando, él se fue alejando y yo de idiota no entendía, me había enamorado, o al menos eso creía, ya me había decidido y había dejado a mi esposo, total, ya no funcionábamos como pareja, para que seguir engañándolo. Claro, nunca dije que el motivo de la separación tenía nombre y apellidos.

    Estaba sola, y aferrada a un hombre que claramente había tomando una decisión, mantener a su familia a toda costa. Estaba sobrando en esta historia.

  • La flor del deseo

    La flor del deseo

    Un nuevo día en la región Alola, y Ash se encuentra viajando en un vehículo 4×4 que era conducido por la presidenta de la fundación Æther, Lusamine.

    Pero, ¿Que hacía él ahí?

    Sencillo.

    La estaba acompañando a buscar una flor muy rara en la región, la cual solo florecía en épocas de verano… por alguna razón.

    Él estaba encantado de ayudarle en lo que pudiera. Solo se le hacía raro que su asistente Wicke no los acompañara, la mujer le había dicho que tenía asuntos que atender y que era mejor que el acompañara a Lusamine.

    El azabache durante el trayecto no dejaría de observar los paisajes que el juraba no haber visto en toda su estadía en la región, era una hermosa vista sin duda alguna.

    Aunque…

    Su acompañante no estaba atenta al hermoso paisaje a su alrededor, no. Ella estaba sumida en sus pensamientos, recordando la VERDADERA razón por la que se encontraban en estos bosques. Una razón muy pero muy lejos de cualquier expedición normal. Si, buscaban una flor… ¡Pero no cualquier flor!, Esta flor era «especial», y por esta planta fue el que el bosque no permitía la entrada de menores de 18 años.

    Para saber un poco acerca de la tan mencionada flor, debemos regresar unas cuantas horas, al paraíso Æther.

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    Flashback

    Vemos a Lusamine caminar por los pasillos de su fundación acompañada de su siempre leal, Wicke, quien se veía un tanto… incómoda.

    —¿De verdad harás esto, Lusamine? —dijo nerviosa Wicke.

    —¡Por supuesto! ¿Acaso hay algún problema con eso, Wicke? —le respondió Lusamine mientras sonreía con malicia.

    —Pues hay muchos de echó—dijo Wicke sin pensarlo mucho.

    —¿Que cosa? —respondió la rubia con una mueca molesta mirando fijamente a su asistente

    —No nada jeje —se disculpa Wicke intimidada por la actitud de su jefa

    —No te estarás arrepintiendo, ¿Verdad? —dijo Lusamine mirando fijamente a su asistente.

    —No claro que no señora,— respondió rápidamente la mujer.

    Lusamine se acercó a Wickie y empieza a formar círculos sobre su amplio busto con su dedo corazón.

    —Podrías acompañarnos, ¿No te gustaría hacer «eso» con Ash?— dijo la maliciosa rubia a su asistente.

    Esa insinuación hizo sonrojar a la mujer que rápidamente respondió.

    —¡Gracias por la invitación señora!, Pero aún hay unos asuntos que atender antes que lleguen las invitadas. —dijo Wicke completamente sonrojada

    —Bueno querida amiga, tú te lo pierdes —le respondió Lusamine trenzando su cabello.

    ¡Pero podría ser la próxima!— dijo Wicke completamente sonrojada mientras inclinaba su cabeza frente a su jefa.

    La rubia toco suavemente los hombros de su compañera y añadió

    —No te preocupes cariño, pero dime una cosa ¿Segura que florecerá este día?— dijo ella emocionada.

    — Más exacto, en unas tres horas… —respondió la mujer mirando su reloj de pulsera y revisando sus datos.

    — Bien… ¿Wicke, podrías llamar a nuestro futuro juguete sexual… digo, a Ash?— dijo ella mientras una chispa maliciosa se veía en sus ojos.

    —¡Como ordené jefa!— respondió la sonrojada mujer.

    Fin, flashback

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    Después de eso, Ash había llegado en el helicóptero de la fundación, donde ambas mujeres le informaron que su ayuda sería necesaria en esta misión y como Lusamine no quería perder el tiempo, partieron inmediatamente.

    Ash estaba muy emocionado por la invitación preguntándole a la mujer constantemente de que era lo que buscaban en aquella isla.

    La elegante mujer respondía lo mejor que podía a las interrogantes del chico cuando vio que el bosque se terminaba… eso solo significaba una cosa, ya habían llegado.

    Así que detuvo la camioneta al llegar a un claro y salió rápidamente de ella, seguida por el muchacho que la había acompañado ambos miraron el panorama por un momento, hasta que los ojos de la mujer se detuvieron en una flor en particular.

    La que había venido a buscar.

    Era una flor de pétalos azul oscuro, el centro era negro y su tallo era verde como el de cualquier otra planta. Y no había una sola, ¡Había cientos de ellas! ¡Y todas estaban a su alcance! ¡En ese momento se sentía la mujer más dichosa del mundo!

    Ahora… el plan de Lusamine, dio inicio.

    Primero le pido a Ash su ayuda para armar un pequeño campamento, cuando esté estuvo completamente puesto, Lusamine pidió al chico que la acompañara.

    La rubia observó al azabache con una sonrisa demasiado grande a decir verdad. El chico no lo noto así que simplemente se limitó a decir.

    —¿Encontró lo que buscaba, señorita Lusamine?— preguntó el chico cuando vio el rostro de la mujer se sintió extrañado por la forma en que lo miraba.

    —¡Por supuesto! Ahora, ¿Me harías el favor de sacar una de esas flores que están allá? —señala la dirección en la que se encontraban las flores—Wicke me dijo que son muy difíciles de sacar, pues su raíz está demasiado profunda o algo así.

    Lusamine intento disimular lo mejor que podía la emoción que sentía en ese momento.

    —¿De verdad? Parecen demasiado delgadas. —Respondió Ash mirando las flores— pero si usted lo dice.

    En ese momento, Lusamine y Ash se acercaron a un pequeño cúmulo de esas flores

    —Bien, ¡Aquí vamos!— el tomo una flor por el tallo y usó demasiada fuerza y, no solo arrancó la flor con todo y raíz, sino que cayó de espaldas al suelo.

    El movimiento brusco de la caída provocó que el polen de la planta cayera sobre la ropa de Ash.

    —¡Oh no! ¡¿Estas bien Ash?!— dijo la mujer un poco preocupada por el joven azabache.

    —No que la flor era difícil de sacar? — dijo el mientras se incorporaba sacudiéndose el polvo y polen que lo cubría en ese momento.

    —:¡Todo es culpa de Wicke!— le respondió la rubia esquivando su molesta mirada.

    *Mientras tanto en la fundación Æther*

    Una peli-morada se encontraba revisando algún detalle sobre el último proyecto de su jefa con suma tranquilidad, cuando de repente…

    —¡Achu!… Siento que alguien hablo de mi — dijo la mujer mientras se frotaba la nariz.

    De vuelta a dónde nos quedamos.

    El pelinegro se estaba poniendo de pie, cuando sintió que algo extraño le sucedía a su cuerpo.

    Su respiración empezó a ser más pesada, sentía más calor que de costumbre, sintiendo la necesidad de quitarse la ropa que usaba. Trastabillo un poco cayendo nuevamente al suelo.

    —¿Ash estás bien?— dijo ella un poco preocupada al ver el estado del chico.

    —Me siento un poco mareado señora Lusamine —dijo el chico al momento de levantar su vista, pudo ver cómo la rubia madura lo observaba con curiosidad e intriga, pero él no se fijó en eso sino en los atributos de esta.

    Tenía un cuerpo que muchas modelos matarían por tener, sus grandes pechos, su cintura de reloj, y su trasero, aunque no muy grande para él era perfecto. No sabía porque, pero de pronto sentía que algo dentro de su interior se había encendido y no había forma de apagarlo.

    El chico sintió que todo le daba vueltas y se desmayó.

    Lusamine se acercó preocupada por lo que pudiera haberle pasado al muchacho, noto que estaba un poco desorientado así que lo ayudo a ponerse en pie y lo llevo hasta la tienda de campaña que antes habían instalado.

    Una vez dentro de la tienda Lusamine colocó a Ash sobre el camastro.

    El joven de Kanto durmió lo que para la rubia fue una eternidad lo que la preocupó de verdad ya que lastimarlo nunca fue su deseo.

    Unos minutos más tarde el azabache empezó a reaccionar irguiéndose con un poco de dificultad.

    —Ash, ¿Te sientes bien?— la rubia se sentó a un lado de el en el camastro.

    —Me siento un poco mejor señora Lusamine— dijo el chico sonriendo para alivio de la mujer.

    —¡Que alegría Ash!— respondió ella sonriéndole suavemente.

    Pronto noto que algo estaba pasando el rostro del chico se había tornado rojo además de que se acercó suavemente a ella.

    —Ash ¿qué pasa?— dijo nerviosa la mujer por la repentina cercanía del joven.

    Todo sucedió tan rápido, Lusamine abrió sus ojos al máximo porque Ash la estaba besando.

    —¿A-ash? ¿Q-qué e-estas…? —las palabras murieron en su garganta.

    Aprovechando que ella abrió suavemente los labios, Ash introdujo suavemente su lengua en la boca de la mujer sorprendiéndola.

    La rubia estaba en un estado de shock, esto era lo que ella había querido desde un principio, pero no de esta forma, ella había planeado usar el afrodisíaco en forma de aroma para volver vulnerable a Ash y así pasar una excitante tarde con ella imponiéndose sobre el azabache.

    Pero nunca imaginó que el oriundo de Kanto tomaría el control de la situación.

    Mientras Lusamine trataba de procesar lo que había sucedida,Ash se separó de ella para que ambos pudieran recuperar el aliento.

    —No sé lo que me pasa, ¡Pero algo muy fuerte me lo pide— le dijo el azabache antes de besarla apasionadamente otra vez.

    La rubia madura no intento resistirse de ninguna manera y se dejó llevar por el calor del momento.

    Las manos de Ash empezaron a recorrer torpemente el cuerpo de Lusamine por encima de la ropa la sensación era extraña para Lusamine lo que le hizo tomar una decisión

    —¡Quítame la ropa!— pidió la mujer entre gemidos.

    Las manos de Ash encontraron con facilidad la cremallera del vestido bajando la suavemente y retirándolo del cuerpo de está dejándola semidesnuda.

    La mujer tampoco fue completamente indiferente a la situación retirando la camisa y el pantalón del muchacho quedando impresionada por el cuerpo de su joven compañero y el insinuante bulto en su bóxer.

    Ambos se quedaron mirando uno al otro en su estado actual, Lusamine se sintió como si fuera su primera vez, así que no opuso resistencia cuando Ash nuevamente tomo la iniciativa.

    Empezó nuevamente a besar a la mujer con gran pasión mientras se recostaba sobre ella en el camastro, las manos de Ash se posicionaron en sus pechos, ocasionándole varios gemidos involuntarios.

    —A-ash… ah… D- despacio… ahhh— dijo la mujer entre dulces gemidos de placer

    —Como guste señora Lusamine— respondió Ash mientras sus manos tocaban los pechos de Lusamine sobre la ropa.

    Después de unos minutos Lusamine tomo una de las manos de Ash y la guía suavemente a sus húmedas bragas dejando que el acariciara su sexo por encima de su pantis causando que su cuerpo temblara un poco por la excitación y que varios gemidos se le escaparan de la boca a la rubia.

    Ese juego continuó por varios minutos que fueron una deliciosa tortura para la rubia que estaba ansiosa de más.

    Ambos se separaron por un momento quedando de rodillas uno frente al otro.

    Lusamine bajo sus manos y empezó a retirar el bóxer del inquieto muchacho, Ash imitó las acciones de su compañera retirando el sostén y las pantis de la mujer.

    Ambos se miran por un momento mirando sus cuerpos desnudos cubiertos por sudor.

    En ese momento, Lusamine supo que no había marcha atrás podía ver un gran deseo en la mirada de su compañero asiendo la sentir como una adolescente en su primera vez.

    Ella miro el falo de su compañero y sintió un fuerte deseo como no había sentido en mucho tiempo en silencio, la rubia se inclinó suavemente a su compañero abrió sus labios para empezar a hacerle una manada al azabache.

    Ash solo se limitó a gemir al sentir los labios de la rubia alrededor de su pene. La mujer lamía y succionaba aquel falo como si fuera lo más delicioso que jamás hubiera probado.

    Al cabo de unos minutos, la mujer empujó el pene hasta lo más profundo de su boca provocando que Ash se corriera, llenándola boca de Lusamine con su semen.

    La rubia paladeo el espeso líquido, su mente se llenó con las acciones más perversas, después de recuperar el aliento a medias, dirigió su mirada hacia Ash notando que su falo seguía completamente erecto.

    Esa comunicación silenciosa entre ambos fue momentánea el rostro sonrojado del muchacho le indicaron que aún falta más.

    Lentamente ella se recostó en el camastro y Ash se colocó torpemente al lado de ella

    —ah… ¡Ah!… —la respiración de la mujer era muy pesada—¡Por… favor… se amable conmigo!— dijo la mujer mientras suavemente besaba a Ash.

    —Si señora Lusamine —respondió el joven azabache.

    —¡Por favor!, Solo dime Lusamine, me haces sentir como una anciana cuando me dices señora— respondió la rubia sonrojada mientras le sonreía.

    Ash correspondió la sonrisa mientras empezaba a acariciar suavemente el rostro de Lusamine mirándola fijamente.

    —¿Que… sucede? —dijo la hermosa mujer mientras empezaba a acariciar el rostro de su amante.

    —No nada, solo que se ve muy hermosa —dijo el jovencito sumamente excitado

    Ese comentario sonrojó a la rubia, y ella solo pudo desviar la mirada hacia un lado.

    —No lo digas solo para hacerme feliz —dijo la mujer sintiendo que todo eso era debido al afrodisíaco.

    —¡Lo que digo es la verdad —respondió y comenzó a besarla en el cuello, mientras sus manos empezaron a acariciar suavemente las piernas de Lusamine.

    Él continuó así por varios minutos hasta que finalmente quedó sobre el cuerpo de Lusamine dejo de besarla por un momento y allí pudo observar a la mujer rubia en todo su esplendor.

    Su suave piel blanca un poco pálida, sus largos cabellos rubios totalmente desalineados, sus pálidos senos copa C de punta rosa claro, su cuerpo de guitarra, sus piernas, firmes y suaves y su entrepierna rosada la cual estaba húmeda, resultado de la excitación del momento.

    Era una mujer completamente hermosa y sexy.

    Y era toda suya en ese momento.

    Ash torpemente se colocó entre las piernas de la mujer está en respuesta rodeo suavemente el cuerpo de su amante.

    El joven azabache solo seguía su instinto básico Lusamine noto eso y guío al falo de su compañero a la entrada de su vagina.

    —mmmm… solo… solo hazlo, ¿Si? —dijo ella completamente sonrojada intentando no arrepentirse.

    Justo después de esas palabras, el miembro de Ash se abrió camino entre las paredes de la entrada de Lusamine, quien soltó un sonoro gemido al recibir la estocada de parte de Ash, él se detuvo un poco sintiendo las cálidas paredes íntimas que recibían su fálico miembro.

    —Se siente increíble estar dentro de usted— dijo Ash mientras lentamente empezaba a moverse dentro de ella.

    —¡Y se siente aún mejor tenerte dentro de mi! —fue la respuesta de la excitada mujer.

    El azabache no se detuvo ni segundo y continuó dándole embestidas a la hermosa mujer madura quien cruzó sus piernas detrás de su espalda, y solamente soltaba gemidos de placer.

    Sin dejar de mover sus caderas en ese vaivén sexual, ambos se dan un beso en los labios, a pesar de estar teniendo sexo, ese beso fue suave y sin lujuria.

    Ambos amantes sienten que están en su límite sus cuerpos son incapaces de continuar.

    —Lusa… mine me estoy… ¡Me voy a…! —dijo el azabache con dificultad mientras continuaba con su labor de amante.

    —Si… ¡Ah! ¡Yo tambien!… ¡Ahh!— fue la respuesta de la mujer sintiéndose en el paraíso.

    —Entonces ¿Puedo hacerlo dentro!— dijo el chico sintiéndose al filo de sus fuerzas.

    —¡Si!… ¡Ah!… ¡Adentro!… ¡Ahh!… ¡Dentro de mi!… ¡Lo quiero todo!— fue la respuesta de la mujer.

    En ese preciso momento el azabache no pudo resistirse más y terminó eyaculando dentro de la rubia, quien soltó un agudo gemido que retumbó por toda la zona.

    El cuerpo de Ash se desplomó sobre los pechos de la rubia. Ambos intentaban regular su respiración, ambos estaban exhaustos.

    —Fue… increíble… Lusa… mine— tras decir eso cae inconsciente sobre los senos de la mujer

    La mujer solo soltó una pequeña risilla cansada y le revolvió los cabellos negros al chico que dormía tranquilamente sobre su pecho.

    —Y aún no has probado nada querido— dijo la rubia abrazando al chico por la cadera, atrayendo lo más hacia ella

    ____________________

    Tiempo más tarde….

    Rondaba cerca de la media noche cuando un segundo vehículo llegó a la misma zona de este descendio Wicke que estaba un poco preocupada por no saber de su jefa en todo el día.

    Miro que en la tienda había una pequeña luz encendida y se acercó a ella con cautela.

    Para su sorpresa Lusamine salió de ella usando una bata de seda negra semi traslucida, lo que sorprendió un poco a Wicke.

    —¿Qué sorpresa Wicke?— dijo ella arreglándose el cabello.

    Wicke se sonrojó un poco por la condición de su jefa por lo que le desvío la mirada.

    —Me preocupe un poco por no saber de usted— respondió la sonrojada mujer— ¿Todo está bien señora?

    —¡Mejor que bien!, El chico es un verdadero semental— le respondió sin tapujos la rubia.

    Ese comentario elevó la temperatura de la Wicke que trato de controlarse lo mejor que podía.

    —Me alegro mucho por eso— fue la respuesta de la mujer mientras empezaba a sudar mucho sintiendo que hubiera sido mejor no decir nada.

    Su jefa se acercó a ella y suavemente susurro en su oído.

    —Sabes creo que Ash sigue bajo el efecto del polen de los «suspiros de amor» ¿No te gustaría estar a solas con él?— dijo Lusamine a Wickie la cual parecía sacar vapor por los oídos.

    —Muy tentador señora, pero creo que lo primero es recolectar el polen de los «suspiros de amor» antes de que el viento lo disperse— dijo ella mientras daba media vuelta y regresaba al vehículo en el que había llegado.

    Lusamine solo sonrió por la actitud de su compañera pero sabía que tenía razón las flores esparcirian su polen y este era vital para sus planes.

    —Te juro Wickie, tarde o temprano ¡haremos un trío!— dijo ella a su abochornada compañera.

    Momentos después.

    Un grupo de drones equipados con pequeños tubos de aspiradora volaban sobre el campo de flores recolectando el polen que estás habían empezado a liberar en el ambiente.

    Periódicamente cuando uno llenaba el pequeño tanque recolector regresaba a dónde estaban ambas mujeres para que Wickie retirará el contenedor lleno y pusiera uno nuevo.

    Lusamine tomo uno de los contenedores llenos del polen dorado y no pudo evitar sonreír por las excitantes aventuras que tendrían ella y sus invitadas.

    Continuará…

  • Mi esposo, yo y mi mejor amigo

    Mi esposo, yo y mi mejor amigo

    Todo comenzó un día en el que mi esposo y yo, cogíamos muy rico como siempre… Yo lo estaba montando, la temperatura empezó a subir y empezamos a decirnos cosas súper calientes… Y de pronto, él me dice: «Quiero que seas una puta, quiero ver qué otro te de duro»… Yo al principio pensé que solo lo decía para fantasear un rato y calentarnos. Cabe mencionar que antes ya habíamos hecho un MHM. Al terminar, siguió insistiendo. La idea de ser penetrada por otro y que mi esposo viera, y el hecho de pensar ser complacida por dos hombres me daba mucho morbo incluso me mojaba solo de pensarlo. Pero no me animaba y le dije que no. Pasaron los días y fantaseábamos con eso, mi esposo se ponía muy caliente, más que de costumbre, incluso sentía que me cogía más rico. Por lo que accedí.

    Mi esposo me preguntó si pensaba en algún hombre en especial, y yo recordé que hacía tiempo mi mejor amigo me pidió coger con él. Mi esposo se puso en contacto con él. Y el sin pensarlo dos veces accedió.

    Hicimos un grupo de WhatsApp los 3, y empezamos a platicar. Sexteabamos y nos calentábamos. Yo mandaba fotos de mis tetas, de como masturbaba mi vagina, y como se mojaba y escribía cosas calientes para calentarlos a ambos. Yo pedía fotos de su verga y y le pedía vídeos masturbándose y me enloquecía con ellos, mientras montaba a mi esposo hasta venirme. Miraba que mi esposo me veía de una manera diferente, de una manera más sexual. Me cogía todos los días en todas partes. Cada que teníamos chance. Y eso me fascinaba.

    Por fin llegó el día, me fui al spa a consentirme y a prepararme lo mejor posible para el encuentro para sentirme completamente segura con mi cuerpo como siempre. Llegó la hora y nos dirigimos al motel… mi esposo y yo llegamos antes, me retoque el maquillaje, me tomé unos tragos mientras platicaba con mi esposo, lo mucho que me excitaba lo que estaba pasando y que moría por que llegara nuestro amante. Nos calentamos tanto y terminamos cogiendo nosotros. Después nos sentamos en el sofá a esperar a que llegara nuestro amigo. Él llegó, mi esposo lo recibió en la entrada y yo lo esperaba sentada en el sofá. Lo invite a sentarse a mi lado dando unas palmadas en el sofá y dándole una mirada coqueta.

    Él se sentó a mi lado y me besó la mejilla. Mi esposo se sentó frente a nosotros en otro sofá. Y ellos empezaron a charlar. Yo solo los escuchaba y empecé a sentir la mano de nuestro amigo en mi hombro… Empezó a acariciar y a masajearme… El hombro, el cuello, la espalda… Mire de reojo a mi esposo y veía como sus ojos casi salían de las orbitas y escuchaba como sus palabras empezaban a entrecortarse. Él lo estaba disfrutando, temblaba mientras se mordía el labio. Se puso de pie y se acercó a nosotros, me indico que me pusiera de pie, y así lo hice. Él se sentó y me colocó sobre él. Yo empecé a besarle el cuello a tocarlo y besarlo. Y de repente sentí como mi esposo jalo la mano de nuestro amigo y la puso en mis tetas. Él me dijo «ahora ve a atender a nuestro amigo». Me puse de pie y lo monte. Empecé a besarlo y el empezó a tocarme, besarme. Me bajo los tirantes del baby doll y expuso mis tetas para chuparlas mientras me tomaba con fuerza por la espalda con una mano y me apretaba una nalga con la otra. Bese a mi esposo mientras nuestro amigo me chupaba las tetas y yo me masturbaba con su verga que parecía deseosa de salir.

    Me puse de pie y les pedí que se quitarán el pantalón, rápidamente lo hicieron, me hinque frente a mi esposo y empecé a mamársela duro mientras se la jalaba a nuestro amigo.

    Nuestro amigo se puso de pie, detrás de mí y empezó a meterme los dedos. Los metía y los sacaba al mismo ritmo del mío al mamársela a mi esposo. Empecé a sentir como me mojaba en sus dedos. Mire como se hincaba y empezaba a mamármela de una manera deliciosa. Yo empecé a chupársela aún más duro a mi esposo y el empezó a gemir. Nuestro amigo se puso de pie, se colocó un preservativo y me la metió duro. Empezó a darme rico, mientras yo me metía más al fondo la verga de mi esposo y gemía de placer al ver cómo la cara de mi esposo reflejaba que su fantasía se estaba haciendo realidad.

    Después cambiaron de lugar y ahora mi esposo me la metió fuertemente, tenía la verga más grande y grueso que de costumbre. Mientras yo se la chupaba duro a nuestro amigo.

    Nos pasamos a la cama, me acosté en el centro. Ellos se colocaron a mis costados y empezaron a chuparme una teta cada uno. Mientras mi esposo me masturbaba el clítoris con sus dedos. No está de más mencionar que mis pezones tienen el punto de placer máximo en mi cuerpo… Por lo que yo gritaba y gemía. Sin importar quién escuchará.

    Nuestro amigo se acostó y yo lo monte, empecé a besarlo, mientras mi esposo me metió la verga por el culo. Y yo grite de placer. Los tres nos movíamos con una sintonía deliciosa. Y yo me deje ir por el placer y me corrí, mientras gritaba, gemía y mojaba sus vergas que no dejaban de penetrarme duro.

    Nuestro amigo me pidió que me pusiera en 4, y yo accedí y empecé a mamársela rico a mi esposo, mientras nuestro amigo me la metía. Ellos cambiaron de lugar.

    Volví a montar a nuestro amigo, y le pedí a mi esposo que me cogiera por el culo. A ellos se le saltaron los ojos del placer al escucharlo, sus vergas se pusieron enormes y empezaron a moverse dentro de mi como pinches profesionales. Volví a correrme.

    Me acosté y mi esposo empezó a penetrarme, mientras nuestro amigo me penetraba la boca y me pedí usar más mi lengua. Le pedí a mi esposo que se viniera y a nuestro amigo que se viniera en mis tetas y el empezó a masturbarse mientras yo me masturbaba las tetas y mi esposo me daba duro. Me sentía como una diosa, y sentía como me adoraban. Los tres nos venimos al mismo tiempo, como si de película porno se tratará. Y así terminamos.

    Nuestro amigo nos confesó que había sido el mejor sexo de su vida. Y nos sentimos muy satisfechos por eso.

  • Secuestrada y obligada a prostituirme

    Secuestrada y obligada a prostituirme

    Ese día al despertar noté de inmediato dos cosas: primero, no estaba en mi dormitorio, y segundo, tenía semen por toda la cara. ¿Qué había pasado? ¿Qué hora era realmente? ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí? Y sobre todo, ¿de quién, o quienes, era todo ese esperma que cubría mi rostro?

    A medida que despertaba me empezaba a dar cuenta: no estaba en un dormitorio, sino una especie de depósito. Solo había el colchón en el suelo, una silla, pero no habían ventanas, sólo una pequeña que daban hacia un pasillo; las paredes y el techo tenían espejos por todos lados; la puerta, de madera vieja, estaba cerrada, pero aun así podía escuchar ruido afuera. Encontré algo de papel toalla para limpiarme el rostro. Miré mi ropa: llevaba lo que acostumbro usar cuando salgo a los bares: mis tacones altos, medias de malla, mi corset negro con liguero y claro, una trucita tipo thong con encajes. Lo demás, mi minifalda y casaca de cuero estaban tiradas sobre la silla.

    Miré por la ventanita y noté que daba a un largo pasillo, con muchas puertas. Decidida a resolver mis dudas, abrí la puerta: no lo podía creer. Lo primero que llamó mi atención fueron las luces rojas que alumbraban el lugar; y luego, las otras chicas trans, vestidas casi igual que yo, paradas al lado de cada puerta. Sí, estaba en un prostíbulo. ¿Cómo diablos había llegado allí? Hice memoria. Era sábado por la noche; fui a un bar con unas amigas trans, a tomar unas copas y con suerte, conseguirnos una buena pieza. Conocimos a unos chicos con quienes compartimos tragos, caricias, e incluso creo que llegué a masturbar a uno de ellos. Y luego, mi mente quedó en blanco. ¿Qué le pusieron a los tragos? No había duda de que algo había pasado desde ese último trago. Tampoco sabía qué había pasado con las dos amigas que me acompañaban esa noche. El piso parecía moverse. “¿Estoy mareada o acaso estamos en un barco?” pensé.

    Era claro entonces que me habían drogado y así, traído a un prostíbulo y que, por el semen que encontré en mi cara (y que además ahora chorreaba desde mi culito por mi pierna) ya se habían aprovechado de mí. Noté a varios hombres caminando por el pasillo, creo que todos eran tipos buscando putas. Entraban de uno, dos, hasta tres por cuarto. No tenía cómo escapar ni pedir ayuda; mi celular, documentos, llaves, todos habían desaparecido.

    Y de pronto, llegó mi turno…

    Dos tipos, quizá en sus cincuentas, se acercaron a mi cuarto, claro, con ganas de cogerme.

    “hey, danos servicio completo”

    ¿Uh? ¿De qué hablaban? ¿Así nada más?

    “vamos que no tenemos toda la noche”

    Y sin pensarlo me empujaron al interior del cuarto, cerrando la puerta. Sin dejar pasar más tiempo, me arrancaron las panties. “Esto no será solo sexo” pensé: “esto será casi una violación”

    Se desnudaron rápidamente y luego me lanzaron sobre el colchón.

    “ponte en cuatro putita”

    Sabía que no tenía sentido negarse. Eran dos tipos fornidos, fuera de forma, pero aun así, se veían bastante fuertes y rudos. Ambos tenían un ligero acento extranjero.

    De manera muy sumisa obedecí. De inmediato, uno de ellos me tomó por las caderas, y sin mayor lubricación, empezó a meter esa cabeza gorda de su gigante pene en mi culito.

    “Mierda, esto va a doler” – pensé. Y sí, dolió un poco.

    Aún tenía algo de esperma en mi culo, de quien quiera que me hubiese cojido antes, así que esa leche hizo las de lubricante.

    “Oh mierda”, aun cuando era una violación, era verga sí que se sentía muy rica.

    Ese pedazo gigante de carne inició su ingreso, centímetro tras centímetro, desapareciendo dentro de mi cuerpo; lo hizo sin sutilezas, solo agarró mis caderas, y como un martillo automático, clavó toda su hombría en mi interior. A partir de entonces solo se limitó a meterla y sacarla una y otra vez, sin parar, sin cansarse, casi como si yo fuese el último coño en el mundo; al mismo tiempo yo estaba en completo frenesí: ya no pensaba, ni me importaba cómo había llegado hasta allí. En ese instante mi única preocupación era asegurarme que los 30 centímetros de carne dura entren por completo en mi boipussy. Mientras eso pasaba, pude mirar a los espejos alrededor: podía verme, en mis cuatro, completamente abierta, con un macho atrás que me violaba sin piedad; mi cabello, largo y ondulado se mecía al ritmo de mis caderas, cubriéndome todo el rostro.

    Mientras eso pasaba, el otro tipo se había estado masturbando para endurecer su pieza. Desnudo, se sentó en el colchón delante de mí. Sabía que se tenía que hacer: mamársela. Y así lo hice; empecé a chupársela casi con desesperación, tratando de meterla hasta el fondo de mi garganta lo más pronto posible. Él agarró mi cabeza con ambas manos y empezó a empujarla hacia abajo. “¡Trágatela perra!” decía. Tras un par de intentos me metí su mazo carnoso al punto que sus bolas tocaban mi mentón. Mantuve la respiración unos segundos para que su verga se quedara en mi boca todo el tiempo posible. Cerré mis ojos. Sentía como la punta rozaba mi garganta. ¡Era casi divino!

    Así seguimos un buen rato. Ambos machos intercambiaban lugar, de mi culo a la boca; las vergas entraban y salían constantemente, dejando cada vez un río de esperma caliente en mis cavidades. Me miré a los espejos: era como ser una actriz porno a quien cogen sin cesar. Disfrutaba realmente de esa vista – me sentía una verdadera puta de burdel. Mientras me montaban desde atrás, mi propia verga, ahora completamente dura, no dejaba de balancearse como un péndulo.

    Luego de inundarme con su leche salada, ambos se vistieron y me lanzaron un par de buenos billetes. “Buen trabajo perra”, atinó a decir uno de ellos antes de salir de la habitación. Tuve que descansar unos minutos antes de reponerme. Al cabo de un tiempo, y luego de limpiar mi cuerpo semidesnudo de los rastros de esperma, abrí la puerta. Quería saber de qué se trataba todo esto y cuándo (y cómo) podía irme. De pronto apareció una hembra, una rubia con las tetas al aire; solo llevaba tacos y una panti diminuta.

    “Toma, para que te recuperes rápido” – me dijo, alcanzando un vaso con un trago desconocido.

    Acepté sin pensarlo; tenía la garganta adolorida y me moría de sed. Entonces pregunté:

    “¿Dónde estoy? ¿Me puedo ir de aquí?”

    Ella me miró con una risa burlona.

    “No importa dónde estás; lo que importa es que cumplas con tu cuota mínima”

    ¿Cuota mínima? ¿De qué diablos hablaba esta mujer?

    “Tienes que servir al menos un día entero, de otro modo, no sales de aquí” me dijo. “Apenas has cumplido cuatro horas desde que te trajeron”

    Y antes de que pudiera reclamar, ella desapareció de mi vista. A lo largo del pasillo, aparte de clientes, pude notar lo que parecía ser personal de seguridad. Era bastante claro que me habían secuestrado para forzarme a ejercer la prostitución. ¿Qué más podía hacer? Mientras tanto, noté que el trago empezaba a hacer efectos; se sentía como una dosis de adrenalina: el dolor, el cansancio y el hambre desaparecían; era como un borrón y cuenta nueva de tu cuerpo. “Qué cosa tan rara (y buenísima) pensé”

    “Entonces tengo que quedarme otras veinte horas aquí, a merced de cualquier hombre”

    Mientras tanto, aproveché los espejos para arreglar mi maquillaje – ok, puede que esté secuestrada, eso no significa que no pueda lucir sexy, ¿verdad? Así que, como siempre, puse un rojo fuego en mis labios, azul metálico en mis párpados y me arreglé el cabello. Afuera, en el pasillo no dejaban de sonar los pasos de varios hombres arrechos y con ganas de coger. Algunos iban semidesnudos, con la verga al aire, exhibiéndose.

    No pasaron ni 15 minutos y nuevamente alguien tocó la puerta. La abrí. Era un moreno, negrísimo como una aceituna, de casi un metro ochenta. “Mierda… esto será interesante” Sin presentación alguna, el tipo se quitó el buzo que llevaba puesto. OMFG. Parecía que venía de coger a alguien ya que su verga, también negrísima, se exponía en toda su gloria: un mazo digno de un caballo, del grosor de una lata de cerveza, con una cabeza en forma de hongo grueso, las venas casi a punto de explotar. Estoy casi segura que sobrado pasaba los 30 centímetros de largo. Era como esos dildos tipo burro que había visto en línea.

    “Oh mi amor, no importa cómo llegué aquí papito, ven, pasa y dame como todo lo que puedas” le dije con una sonrisa lasciva, mientras él se sentaba sobre la única silla disponible.

    En menos de un minuto ya me encontraba encima de él; me senté de espaldas hacia él; agarré esa deliciosa verga y la dirigí hacia la entrada, ya bien abierta, de mi boipussy; “mételo todo negro” pensé; entonces, cogiéndome de la cintura con sus gigantes manos, esa verga de caballo desapareció en mi interior. Sin dudarlo, hice que toda esa carne se meta hasta la base en mi culo, incluso sus bolas rozaban mi piel. “¡oh dios… esto es lo que he esperado toda mi vida!” grité. Cerré los ojos; arqueé mi espalda hacia atrás, mis dedos entre mi melena, mis piernas abiertas casi 180 grados; parecía que iba a desmayarme o volverme loca, se los juro que nunca me había pasado eso; me quedé estática, quería sentirlo completamente dentro de mí lo más posible; me sentía empalada y completamente abierta al mismo tiempo.

    Y entonces empezó la danza: me tomó de las caderas y con mucha facilidad, me levantó casi 30 centímetros en el aire, dejando solo esa cabeza gorda de su pene en mi interior, y entonces, sin ningún aviso, me dejó caer de nuevo sobre su verga… “¡oh mierda!… ¡qué es esto!” El mazo de carne entró como un proyectil en mi culito. “¡Oh, oh, oh!!!” Y lo volvió a repetir, dos, tres, cuatro veces. Era un verdadero animal. No tenía piedad con mi pussy; mi hueco estaba completamente abierto. Imagínate un cilindro de casi diez centímetros de grosor, entrando una y otra vez en el ano. ¡Fue maravilloso y delicioso! Una tortura pero de puro placer.

    Les juro que por un momento estuve a punto de realmente desmayarme. Creí que en cualquier momento esa verga de caballo saldría por mi boca.

    Luego me arrastró al colchón (sin sacar la verga de mi interior), me puso en cuatro y siguió perforando sin piedad; mis piernas temblaban, mi espalda se arqueaba más y más, trataba de abrir mis piernas lo más posible…”¡mételo, mételo más, más, más!!” le gritaba como una loca. Era una verdadera violación brutal.

    Cuando ya parecía venirse, sacó su mazo, me volteó boca arriba y se arrodilló delante de mi cara. ¿Qué piensa hacer este? Pensé. Masajeaba su pene con frenesí y de pronto, y sin aviso, una explosión de esperma caliente empezó a inundar mi rostro. “¡¡ oh dios, oh dios… sí mi amor, dámelo dámelo!!!” gemí. La leche seguía saliendo sin parar… mi cara se empezó a cubrir de una capa como un glaseado pegajoso… traté de tragar todo lo posible, ese delicioso semen salado. No sé cuánta leche lanzó, pero suficiente como para cubrir cada centímetro de mi rostro; antes que pudiera terminarla, me puse de rodillas y traté de meterme esa verga a la boca para poder tragarme las últimas gotas de su elixir. Mientras eso pasaba, el resto de esperma chorreaba por mi pecho. Y así, sin más palabras, lanzó un par de billetes y salió desnudo del cuarto. Yo me sentía en el cielo. No pasaron unos minutos y nuevamente me trajeron ese trago para reanimarme.

    Tenía casi medio día que cumplir aún. En el transcurso de ese tiempo pasó de todo: desde novatos tímidos que nunca habían estado con una trans, hasta cosas más extremas, desde el tipo que solo quería hacer fisting – meter ambos brazos en mi culito expandido, a otra en que un grupo de cinco tipos me cogieron en grupo, llegando a meterme tres vergas en el culo al mismo tiempo y que también terminaron bañándome por completo de esperma caliente.

    Perdí por completo la noción del tiempo; sólo veía hombres entrar y salir, no solo de mi cuarto, sino de mi cuerpo; y entre uno y otro, un trago más para reponerme. De paso, mi bolsa de dinero iba creciendo.

    Cuando ya parecía que “acababa mi turno” apareció la rubia tetona y me dijo,

    “OK, ya cumpliste tus 24 horas. Hemos contado 85 clientes en tu cuarto. Como ya te imaginas, nosotros nos quedamos con la mitad de la plata que has juntado”

    “85 vergas. ¡Increíble!” pensé; la verdad, no sabía que podía dar tanto – claro, con el traguito ese cualquiera. Con razón no quedaba un solo centímetro de mi piel que no estuviese cubierto de semen y que mi huequito se sintiese tan abierto” Con todo, quizá por la droga, no me sentía tan agotada.

    “Ya puedes irte. Aquí está tu paga y tus cosas. Buen trabajo…puta” me dijo la rubia sin siquiera mirarme a los ojos.

    Entonces, en un milisegundo lo pensé: “sexo, vergas, esperma sin parar, y encima de todo, con plata adicional… ¿qué piensas Claudia?”

    Así que, antes que pudiera irse, tomé a la rubia por el hombro derecho y con voz firme le pregunté:

    “¿Puedo quedarme un par de días más?”

    Me habían convertido en una puta de prostíbulo. Y eso me gustaba.

    Besos, Claudia