Autor: admin

  • CamGirl

    CamGirl

    Revisar sus estados y fotos en redes sociales se había vuelto para mí una obsesión.  No podía creer que yo, una exitosa médico de 28 años de edad, con una excelente posición económica y social, fuera presa de comportamientos más propios de pubertas enamoradizas de quince.

    ¿Por qué rayos no respondes mis mensajes Marco? – dije al tiempo que lanzaba el iPhone a un costado de la cama, dominada completamente por la ira y la frustración.

    Marco es un joven muy apuesto, menor a mí en 8 años, lo conocí en la boda de mi mejor amiga, ella misma me lo presento como el hermano menor de su esposo. Ambos tuvimos química desde el primer momento y esa misma noche, terminamos teniendo sexo en una habitación de la quinta donde se llevaba a cabo el evento. Desde entonces, los encuentros sexuales se hicieron algo frecuente entre nosotros. Pero la relación entre Marco y yo, no habían ido bien últimamente.

    Sola en mi habitación empecé a pensar en él, imaginé a Marco coqueteando con mujeres, seduciéndolas con su sonrisa perfecta y sus ojos color miel, desvistiéndolas con sus manos hábiles, penetrándolas frenéticamente con su pene enorme y grueso, con su cuerpo fibroso bañado en sudor… en fin, haciéndole a otras, lo que tanto deseaba me estuviera haciendo a mí en este momento. La ansiedad hizo que me dieran ganas de fumar marihuana, por suerte siempre tengo un porro listo y a la mano.

    El ringtone de una notificación de whatsapp me saco del éxtasis y mientras soltaba con suavidad el humo por mi boca, busque a tientas el móvil con la mano.

    <Seguro es Marco> pensé emocionada.

    Una mueca de decepción y asco se dibujó en mi rostro cuando vi que el mensaje era de Andrés, un compañero médico del hospital donde trabajo, que insiste en tener un romance conmigo, lo dejé en visto.

    Andrés dejó de interesarme como hombre, después de que comprobé que el sexo con él jamás sería igual que con Marco. Mi compañero de trabajo nunca me llevaría al orgasmo por mucho que hiciéramos de todo, la prueba definitiva fue cuando probamos la penetración anal a lo sado, en todo momento que sentí su pene entrando y saliendo de mí, desgarrándome y haciéndome gritar, solo sentí incomodidad. No fue como con Marco, que me hizo venir de dolor una y otra vez, logrando que empapara las sabanas con los fluidos que destilaban abundantes de mi vagina, mientras yo de bruces sobre la cama, gemía loca de placer pidiéndole que entrara más y más en mí.

    Extrañe tanto el sexo duro con Marco, que me invadió la angustia al no encontrar satisfechas mis ansias de él.

    Te odio. – Le reproché entre dientes al tiempo que llenaba mis pulmones por enésima vez, con el delicioso humo de la marihuana. Entonces mi mirada se cruzó con en el dildo de goma con forma de pene, que reposaba en el velador junto a la cama y una sonrisa traviesa se dibujó en mis labios.

    Había descubierto hace un par de meses atrás, que hacer webcam show en páginas para adultos me ayudaba a calmar la ansiedad y las ansias de sexo. Me maquillé y vestí con lencería erótica, me gustaba usar un antifaz de encaje en mis shows, la sensación de anonimato me daba la libertad de expresarme realmente como era, una pervertida sin remedio. En unos poco minutos ya estaba en línea, masturbándome, penetrándome con dildos de todas las formas y tamaños, sintiéndome deseada por miles de usuarios, imaginándome una orgia con todos ellos, pidiéndoles, ebria de lujuria que activaran con más intensidad los vibradores introducidos en mi vagina y mi ano. En esos momentos me sentía como una cosa, un objeto, una muñeca sexual, que solo servía para dar placer a hombres y mujeres por igual, eso me excitaba tremendamente, me sentía como cuando tenía sexo con Marco y me venía en orgasmos sucesivos una y otra y otra vez.

    Dedicado a:

    Todas aquellas personas con un amor enfermizo.

  • Deseo detrás del miedo

    Deseo detrás del miedo

    -Si tienes miedo, ven a acostarte conmigo -Me dijo, y cerró la puerta de su cuarto, apenas dejándola entreabierta.

    Habían pasado años desde que mi hermano no me decía esas palabras. A la luz de cualquiera era una expresión inocente; pero él y yo sabíamos que significaba otra cosa.

    Cerré la puerta de mi cuarto. Mis manos temblaban y recordé las primeras veces, ya yo mayor de edad, que mi hermano mayor solía aguardar que yo estuviera dormido, o bueno yo me hacía el dormido, para comenzar a desnudarme, sobar mi piel, mis pies, mis tetillas, besaba mi cuello con su lengua, mientras yo inmóvil no decía nada ni me movía. Al final él agitaba su miembro rosado, grande y gordo, hasta chorrear aquella leche blanquecina que, al principio me asustó y luego me halagó, sabiendo que gracias a mí, él explotaba de placer.

    Tengo un micropene y siempre me he avergonzado de él. Nunca he podido estar satisfactoriamente con una mujer y encontré la satisfacción a mis necesidades sexuales con la mujer que mejor me puede complacer… la que está dentro de mí. A escondidas, cuando no hay nadie en casa, me visto como toda una dama. Amo las sandalias de tacón, sentir las medias rosar mis piernas y el aire que sopla mi entrepierna al usar un vestido corto o minifalda. Me veo al espejo, me digo a mi misma que soy la más hermosa, la más deseable, la que es capaz de provocar orgasmos de los más intensos a los miembros de sus amantes.

    En mi encrucijada de este día se encontraron dos secretos, el de mi hermano disfrutando mi cuerpo, y el de mí mismo, vistiéndome de mujer. Decidí encontrarlas. Bajo la pijama muy varonil que vestía, coloqué un sostén y unas pantimedias. Salí de mi cuarto nervioso y entré al de mi hermano. Él sabía que llegaría, pero se hacía el dormido. Me acurruqué junto a él dándole la espalda. No pasaron 2 minutos para que mi hermano se volteara y comenzara su ritual. Primero sobó mis nalgas, bajó hacia las piernas y notó las pantimedias. Metió su mano bajo mi camiseta y descubrió el sostén. Se separó, meditó un momento y luego noté el movimiento de la cama mientras escuché como se desnudó. Sentí el aroma a hombre, a verga firme, parada, erecta. Me abrazó. Sentí su miembro duro restregándose en mi espalda y trasero. Subí los brazos. Él entendió y me subió y quitó la camiseta y violentamente bajó sus manos y me quitó el pantalón. Me quedé en pantimedias y sostén. Toda yo una señorita.

    Pasó su lengua por toda mi espalda, desde abajo hacia arriba. Gemí.

    -Qué rico -susurré.

    -¿Te gusta? -me dijo al oído, mientras me metía su lengua en él y con ambas manos empezó a pellizcarme las tetillas.

    -Soy suya amo -Le dije- Recuerdo la última vez hace años. Me hacía tanta falta esto.

    Él se sintió sorprendido y noté como se empezó a separar. Mi mano, ansiosa, buscó su miembro y lo apreté. Velozmente me volteé y bajé a su hombría. No había vuelta atrás: allí estaba yo, vestido de mujer, con mi hermano desnudo, con su pene en mis manos y ganas como nunca las había tenido. Saqué mi lengua y lamí por primera vez el cuello de esa gran verga, como a un gran helado. Sentí como se hinchó más su miembro y gimió. No perdí tiempo e instintivamente metí todo ese trozo de carne a mi boca húmeda, deseante. Fue delicioso. Él metió mi mano bajo el panty y llegó a mis nalgas. Abrí mis piernas, deseaba que manoseara mi agujero que ya no aguantaba más el estorbo de la virginidad. Rosó su dedo en mi agujero y gemí. Seguí mamándole la verga con muchas ganas. Sorprendido me dijo:

    -Quiero meterte la verga entre el culo.

    -Por favor no -le dije sin verlo a los ojos y sin despegar mis labios de su caliente miembro- quiero que me hagas mujer mañana, quiero sentir tu verga abrir mi agujero, quiero ser tuya, llevo tantos años deseándote, vistiéndome de mujer a escondidas, masturbándome por ti.

    Mientras seguía lamiendo y chupándole su miembro continué: -me vestiré con un vestido corto, sostén y bragas de encaje, medias negras y sandalias de tacón, te esperaré en mi cama -y aceleré la mamada.

    -Sí, sí, sí -me dijo. Se arqueó y empezó a moverse frenéticamente- Voy a correrme.

    -Qué rico, sí! –rogué- En mi cara, en mi boca.

    Agité su verga más duro. Sentí su chorro de leche caliente en mi boca, nariz y ojos. Respiré, miré y tragué semen hirviente de mi hombre. Seguí chupando hasta que ya no salió nada.

    Él me agarró el miembro y no pude aguantar, también me corrí mojando todo el panty.

    Los dos nos callamos. No dijimos nada más.

    Mas noche salí de su cuarto, lo dejé durmiendo, o fingiendo que dormía, tomé mi ropa y regresé a mi cuarto.

    Mañana, sería otro día, y a la noche la verga de mi hermano me haría al fin sentir la experiencia que todo travesti de closet desea conocer: gemir al tener dentro un miembro, gritar, liberar ese placer, de verme al fin como toda una mujer.

  • Disfrutando de un joven estudiante

    Disfrutando de un joven estudiante

    Mi esposa gusta leer y encuentra atractivo poder hablar con las personas acerca de diferentes temas. Sucedió que, mirando una de tantas páginas de pornografía, encontró el perfil de un muchacho que le llamó la atención. En la fotografía de su perfil se veía bastante varonil y atractivo, y ella, por algún motivo, hizo algún comentario sobre su texto de presentación.

    El joven, ni más faltaba, bastante pronto respondió a su comentario. Ella volvió a mirar el perfil, días después, observando que aquel había respondido. Quizá la redacción, o quizá algo más captó su atención, por lo que se mostró interesada en conocerle y así lo manifestó en su perfil, dejando su correo electrónico para ser contactada.

    Casi de inmediato recibió noticias de él en su correo y fue así como empezó un intercambio que duró algunas semanas. Extrañamente, de lo que menos hablaban era de sexo. La curiosidad iba dirigida a saber por qué el interés de frecuentar aquellas páginas, cuál era el propósito de contactar hombres por aquel medio, qué esperaba ella de aquellos contactos y otras preguntas por el estilo.

    Ella, por su parte, respondía que, siendo mujer, era natural que sintiera algún tipo de atracción por los hombres, especialmente si su aspecto le llamaba la atención, pero que en el fondo había un interés de conocer a la otra persona por la manera como se comunicaba y manejaba el vínculo. Y que, en su caso, lo percibía como una persona educada, con formación, y que sentía curiosidad por conocerle y saber más de él.

    Aquel muchacho, ante eso, ciertamente sintió curiosidad, más aún, siendo ella bastante mayor que él, lo cual no fue un obstáculo para seguir adelante. Al ser cuestionada por su interés en visitar páginas pornográficas, ella le confesó su atracción por los hombres de color y las aventuras que había tenido previamente, pero su disposición a tratar otro tipo de personas, tanto a nivel personal como en la cama. Ella le contó que muchos de ellos resultaban buenas parejas para tener sexo, pero que realmente no se conectaban a la hora de charlar y que los encuentros se limitaban al contacto genital únicamente y que creía que debería haber hombres con los que se pudiera intercambiar no solo en la cama sino también de otras maneras.

    Pasado algún tiempo ella me comenta sobre el vínculo que ha establecido con aquel joven y su deseo de salir a compartir con él. ¿Qué es lo que realmente quieres? Pregunté. Es sólo curiosidad, contestó, porque me parece un muchacho educado y con formación, hemos conversado y hemos quedado de conocernos. Bien, dije. ¿Y cuándo te vas a ver con él? Bueno, la idea es que me acompañes y nos conozcamos los tres, afirmó.

    Y ¿cuál es la idea? Insistí. Pues, conocernos, dijo ella, y hacer algo si surge la oportunidad. Ya. Lo que quieres es tener sexo con él, dije. Bueno, no sé si a él le llame la atención, respondió. Ayyy… señora Laura… si el muchacho está interesado en conocerte, con los antecedentes que sabe de ti, lo más seguro es que esté pensando en la posibilidad de que ese ligue se vuelva realidad. Él puede querer, pero lo importante es que tú le muestres interés, porque, al fin y al cabo, siendo una persona mayor, quizá él se sienta un poco en desventaja. Así que la que debe manejar la situación y tener el control eres tú. Bueno… no sé, dijo ella.

    Lo cierto es que se dispuso el encuentro para un día viernes en la noche. Ella, como siempre, en estas circunstancias, se vistió con su traje de faena; body negro transparente, medias negras con ligero, falda corta color rojo y una chaqueta beige. Adornada, muy femenina, con sus aretes, collares y pulseras.

    Le recogimos, seguramente muy cerca a su casa, y, al encontrarnos y hacer las presentaciones de rigor, nos sugirió ir a un lugar cercano, donde empezamos a charlar sobre temas varios; nada relacionado con sexo.

    Pasada una hora de conversación, más o menos, le propuse a ella que sugiriera que fuéramos a otro lugar para seguir conversando, y él no se opuso, así que pagué la cuenta, abordamos nuestro vehículo y emprendimos la partida, sin tener claro realmente a dónde dirigirnos.

    No más avanzadas unas cuadras, pregunté al muchacho si tenía alguna expectativa en especial al haber conocido a mi esposa, y nos dijo que la encontraba atractiva y que a él le gustaba ir paso a paso, primero conversar, conocerse, tomar algo, entrar en confianza y luego, si las cosas se daban, ir más allá. ¿Ir más allá es tener sexo con ella? Pregunté. Bueno, no sé, tal vez… respondió. Ella intervino preguntando sobre alguna cosa que desvió la conversación hacia otra cosa, así que yo seguí manejando sin decir más.

    Me dirigí de inmediato hacia un motel, que ya habíamos frecuentado anteriormente. Una vez llegados allí, el muchacho pareció sorprenderse y manifestó que no era eso en lo que estaba pensando y que él preferiría ir a otro lugar a conversar. Mi esposa, entonces, le dijo que no había problema, que el lugar tenía varios ambientes y que, si estaban de acuerdo, se haría lo que él prefiriera. Que el acudir a aquel lugar no era una camisa de fuerza, para nada, y que la idea era conocerse y pasar un rato agradable.

    El joven pareció tranquilizarse. Ingresamos al lugar y pedimos una habitación grande, que tenía una especie de recepción, separada por un vidrio de una pequeña sala situada al lado de una gran cama. Al entrar, ellos se dirigieron a la pequeña sala y yo, un poco prudente, me quedé en la recepción, expectante de lo que pudiera suceder.

    Pedí unas bebidas y algunos pasabocas que, una vez recibidos, se los puse al alcance, pero no interferí para nada en su conversación. Al principio, sentado lado a lado en el sofá, parecían conversar de manera informal y amistosa. Yo les observaba detrás de la vidriera, distrayéndome con el celular y expectante sobre lo que pudiera pasar. Pero, pasado el tiempo, parecía que, como lo había dicho aquel, la cosa no iba a pasar de la conversación y la escena ya se estaba poniendo aburridora.

    Sin embargo, pasados unos instantes, ella me hizo señas para que no fuera a tomar fotografías. Y aquello me pareció un poco extraño, pues algo que ella disfruta es recordar con esas fotografías los instantes vividos en sus aventuras. Pero, dadas las circunstancias y para no dañar el momento, guardé la cámara y tan solo me quedé allí, desde mi posición, observando los acontecimientos.

    Pasado un rato más, vi como mi esposa empezó a frotar con su mano los muslos de aquel joven y, bien pronto, a masajear su miembro por encima de la ropa. Fue evidente que esas caricias despertaron su virilidad y se notó como se formaba un bulto en su entrepierna, como resultado de la erección que poco a poco empezaba a crecer en sus pantalones.

    Esa caricia propició que se acercaran sus cuerpos un poco más y que, al calor de la excitación que ese hombre empezaba a experimentar, se atreviera a besar a mi esposa, iniciativa que fue aceptada de inmediato por ella. El, de inmediato, llevó sus manos por debajo de la chaqueta que ella vestía y empezó a masajear sus senos, casi desnudos por debajo de su body negro transparente. Se le notaba la excitación, porque sus pezones estaban duros y se marcaban a través de la prenda que vestía.

    Poco tiempo pasó para que ella aflojara el cinturón del pantalón de aquel muchacho, desabotonara la pretina y bajara la cremallera para introducir su mano en los pantaloncillos, y alcanzara y expusiera su pene. Algo debió sentir el joven, porque abrió sus piernas y permitió que ella siguiera explorando con sus manos mientras se seguían besando.

    Ahora ella frotaba el cuello de aquel miembro, que se notaba grande en su erección, y cuya cabeza roja parecía brillar por la humedad de líquido seminal que ya le mojaba por todos lados. Ella, entonces, dejó de besarlo y se inclinó para atender con su boca aquel pene que, al tacto de sus manos, le resultó atractivo y apetitoso.

    Lamió con su lengua aquel glande brillante y reluciente, mientras frotaba arriba y abajo con su mano el tallo de ese miembro, que ya empezaba a palpitar con la velocidad de las caricias que le propiciaba mi mujer con mucha intensidad. No paso mucho tiempo para que ella decidiera llevar aquel miembro a su boca y deslizar ahora su cabeza, arriba y abajo, succionado fuerte aquel pedazo de carne que le resultaba excitante. Ella siente poder y control cuando experimenta que esos miembros crecen y se ponen más duros dentro de su boca, así que procura que el momento perdure, más y más…

    Aquel, entonces, en respuesta, mandó sus manos por debajo de la falda de mi mujer y empezó a acariciar sus nalgas, y a tratar de excitarle frotando su vagina por encima de sus pantis. Mi esposa detuvo su maniobra por un instante, se despojó de la chaqueta, se bajó la falda y prosiguió atendiendo el miembro de aquel, que palpitaba ansioso a la espera del placer que le proporcionaba la boca de esa señora tan caliente…

    Ella, ahora, se bajó del sofá y se colocó frente a él, arrodillada, para continuar chupando aquel apetitoso miembro. Y él, presa de las sensaciones, decidió apoyar las manos sobre la cabeza de ella para guiar el ritmo de las embestidas de la boca sobre su pene. Y fue él, ahora, quien la detuvo y le insinuó que se pusiera de pie, frente a él… y ella así lo hizo, despojándose de su panty y dejando expuesta su vagina, que estaba totalmente húmeda.

    El, estando ella en aquella posición, de pie frente a él, aprovechó para acariciar sus muslos, por delante y por detrás, y frotar con avidez sus nalgas, ahora expuestas al natural, desnudas… Le hizo señas para que ella se sentara en el sofá, intercambiando posición con él…

    Él se puso de pie, frente a ella, exponiendo su sexo frente a la cara de ella, quien entendió el propósito de aquello, se incorporó, tomó su miembro entre su s manos, lo froto de nuevo y se lo llevó a la boca para seguir mamándoselo con mucha intensidad. Por la expresión del rostro se notaba que aquel muchacho estaba fascinado con el juego… y mientras ella seguía atendiéndole, él se despojó de su camisa y camiseta, dejando su torso desnudo…

    Tal vez aquella vista y la sensación al tacto de la piel de aquel hombre fue nueva para ella, porque de inmediato empezó a acariciar su pecho velludo y sus nalgas. El decidió parar aquello, arrodillarse frente a ella, abrir sus piernas y empezar a besar su vagina mientras le acariciaba sus senos y sus piernas. Y ella, excitada con esa carica, abrió sus piernas todo lo que pudo y empezó a empujar sus caderas contra el rostro de aquel hombre, que se encontraba sumergido en las profundidades de su vagina. Y así permanecieron un rato…

    Luego él se incorporó, como sin saber que hacer… y ella hizo otro tanto, pero se dirigió a la cama y lo tomó de la mano para que la siguiera. Al llegar allí, el terminó de desnudarse, y ella también, quedando él totalmente desnudo y ella, tan solo vestida con sus medias negras y zapatos… Inicialmente, así como estaban, parados uno frente al otro, se acariciaron los torsos… El con esmerada atención a los senos de mi mujer, y ella, estimulando aquel pene con sus manos para que la intensidad de su erección no disminuyera. Y se besaron allí por un largo rato mientras seguían acariciándose…

    Luego ella tomo la iniciativa para pasar a la cama. Se sentó apoyada en el espaldar, abrió sus piernas y le invitó para que se aproximara y la penetrara. Y el, fiel a sus instrucciones, así lo hizo. Se arrodilló frente a ella, acomodó su pene a la entrada de su vagina y, con delicadeza, fue introduciendo, poco a poco, su pene, hasta que desapareció de la vista… Y ya con su miembro, todo adentro y lubricado, empezó a bombear, rítmicamente, adentro y afuera, mientras se besaban.

    Con el paso de las embestidas, mi mujer se fue deslizando hasta quedar tendida sobre la cama, con aquel macho empujando sobre ella, una y otra vez. Al parecer el contacto de su pecho velludo con el de ella le producía gran excitación, porque restregaba su pecho contra el de él mientras este seguía embistiéndole, cada vez con más vigor y velocidad.

    De repente aquellos fundieron sus cuerpos todavía más. Ella apretaba y restregaba las nalgas de él, atrayendo su cuerpo hacia ella y pareciendo dirigir el ritmo de sus embestidas. Y el, excitado como estaba, solo quería besar a mi mujer, una y otra vez, tal vez jugando a que su lengua fuera acompasada con las embestidas de su pene en la húmeda y excitada vagina de ella.

    Pasados unos instantes, las embestidas de aquel macho se hicieron las fuertes, los besos entre los dos más profundos y las caricias de mi esposa en las nalgas de su amante más intensas hasta que, llegados a la cúspide del placer, ambos se detuvieron, como paralizados, y se quedaron allí, abrazados y fundidos en un largo e interminable beso… La pérdida de la erección marcó la retirada de aquel muchacho y las piernas de mi esposa se juntaron, definiendo que aquella aventura había terminado, por ahora…

    Pensé que la faena iba a continuar, pero no, el muchacho se dirigió al baño, y poco después escuchamos el ruido del agua saliendo de la ducha, lo cual daba por entendido que, para aquel, el episodio había terminado. Esperamos a que saliera de la ducha, y lo vimos como de dirigió hacia su ropa para vestirse, sin poner mucha atención en nosotros, que le observábamos.

    Mi esposa, entonces, hizo lo mismo; solo que ella recogió su ropa y entro al baño con todo el ajuar, dispuesta para salir de allí totalmente vestida. Y así fue… bañada y vestida, como si fuera a iniciar de nuevo otra nueva faena. ¿Qué tal estuvo? Le pregunté. Bien. Pero no te notó muy entusiasmada. No… contestó. Todo bien. Tú sabes que yo disfruto a plenitud cada oportunidad. Sí, me he dado cuenta, le respondí. Y ambos nos reímos. Aquel ni se dio por enterado del apunte.

    Salimos de aquel lugar, dejamos a nuestro invitado donde le recogimos y finalizó la aventura por aquella noche. Y, ciertamente se cumplió lo que había dicho mi esposa previamente, pues la intención era conocer bien a aquel muchacho. Y a fe que lo hizo, y en profundidad.

  • Mujer policía solo quería mamarla

    Mujer policía solo quería mamarla

    Después de chatear vía whatsapp por varios días al fin decidí ir a conocerla.  La había conocido en un chat al que solía entrar bastante seguido, ella 26 años, casada y policía. Yo casado también, 37 años. Habíamos hablado disimuladamente cerca de 1 hora en plena calle ya que ella estaba de servicio cuando le digo que ya tenía que irme. Tenía una hora de viaje aproximadamente y no quería levantar sospechas en casa. “Te acompaño al auto” me dijo, al estar ya frente al auto le confieso que si no fuese porque hay tanta gente alrededor le comería la boca, ella sonríe y me dice “vamos a dar una vuelta”. Manejé por unas diez cuadras hasta un lugar donde no se veía un alma y ahí estacioné.

    La miro bien en ese momento, una morocha muy bonita, de buenos pechos y hermosa cola.

    La besé y ella inmediatamente puso su mano sobre mi miembro ya duro. Al instante ya me la estaba chupando a full, gimiendo, pasándole la lengua de arriba hacia abajo. Yo disfrutaba aparte de la mamada, verla de uniforme y hasta con su arma reglamentaria en mi auto a las 5 de la tarde, increíble.

    Yo la verdad no esperaba que pasara algo y por eso al salir apurado del trabajo no me molesté en darme un duchazo, pero a ella pareció no importarle y es más, hasta creo que le gustó el sabor. Una cantidad tremenda de leche inundó su boca, abre la puerta y la escupe fuera del auto.

    Le convido una gaseosa que tenía en el coche y ella ríe con picardía y me pide que la lleve de vuelta ya que en 10 minutos la pasaría a buscar su marido. La dejo y me retiro, shockeado pensando que en instantes va a besar a su marido aun con el sabor de mi leche en sus labios…

  • Ella derribó todos los tabúes que había en mi mente

    Ella derribó todos los tabúes que había en mi mente

    Habíamos hablado de esto en muchas ocasiones, y mi posición seguía siendo un rotundo ¡No! Aunque admitía que muy en el fondo sentía curiosidad y algo de morbo, era muy radical en mi posición pensando en que perdería mi hombría si aceptaba complacer su fantasía.

    Luego de pensarlo mucho, y reflexionando que si ella hasta el momento había cumplido con todas mis fantasías, era momento de ceder y aceptar la suya. Así que dije, “a la mierda con los machismos, hagámoslo”.

    Al momento de decírselo se sorprendió por mi cambio de opinión, y se le notaba la emoción. Esa noche ella tenía todo preparado, llegamos a la cama, se metió al baño, y al salir tenía puesta una ropa interior de encaje negra que se le veía muy sensual. Se acercó y suavemente empezó a besarme en los labios. Luego siguió por mi cuello deslizando su lengua por él hasta llegar a mi pecho cruzándolo de lado a lado hasta uno de mis pezones y allí se detuvo lamiéndolo lentamente, mientras con las yemas de sus dedos rozaba el otro. Con mucha suavidad lo seguía haciendo, sabía que me excitaba mucho cuando lo hacía.

    Lamía y succionaba tenuemente, y de repente sentí sus dientes cerrándose con fuerza!… ahhhh, gemí y lo soltó. Lo volvió a lamer y nuevamente sentí la mordida pero ahora más fuerte y halándolo hacia arriba… ahhh, mi gemido fue mucho más sonoro, lo soltó y de inmediato se pasó a mi otro pezón y suavemente empezó a lamerlo y succionarlo muy lentamente. Cuando se calmaba el ardor de mi otro pezón sentí una nueva mordida aún más cruel, ahhhh, gemí pero esta vez no me soltó, seguía castigándome, halando hacia arriba sin piedad. 

    Luego siguió besando mi abdomen y costados mientras bajaba mi pantalón junto con el bóxer. Al quitarme todo posó sus uñas sobre mis muslos y suavemente empezó a recorrerlos por la parte interna, y me excitación cada vez más iba en aumento, se acercaba a mi miembro y lo rozaba con su lengua provocándome cada vez más. Al instante lo tomó con una de sus manos y su lengua empezó a deslizarse por todo el glande, ahhhh… con sus labios cubría todo el área y con sus dientes intencionalmente lo rosaba llevándome al límite, y yo inclinaba mi cabeza hacia atrás y jadeaba… ahhh. 

    Al momento que me pidió que me volteara boca abajo; mi semblante de excitación cambió y empecé a ponerme algo tenso. Ella empezó a besarme la espalda suavemente, el tacto de sus manos y el calor de sus labios me relajaron por un momento. Su lengua empezó a deslizarse por uno de mis costados lentamente, y mientras lo hacía, posó sus manos en la parte superior de mi espalda rosando con sus uñas suavemente, y de repente las clava, y arrastra con fuerza!… ahhhh, gemí, y su lengua empezó a deslizarse por el camino que habían trazado sus uñas amilanando el ardor que sentí.

    Cuando me relajaba con el calor de su lengua, llevó sus manos de nuevo al mismo lugar y volvió a arrastrar ahhhh, me retorcí, y ella ahora tenía sus manos en mis nalgas. Empezó acariciándolas suavemente, y luego prosiguió besándolas acompañado con suaves mordiscos, lo cual me resultaba placentero.

    Al momento se detuvo y tomo del nochero un lubricante, y separando mis nalgas empezó a esparcirlo sobre mi ano muy lentamente. Al momento de sentir uno de sus dedos sobre mi ano, me puse muy tenso, y mi respiración empezó a acelerarse. Al instante con sus dos manos abrió mis nalgas y con su lengua empezó a recorrer mi ano suavemente. Me estremecí al primer contacto, pero luego una sensación muy excitante me embargaba y entendí por qué ella lo disfrutaba tanto cuando yo se lo hacía. Lo hacía con tal tacto que mi excitación se iba acrecentando cada vez un poco más. Al instante sentí su dedo índice a la entrada de mi ano y todos mis sentidos se pusieron en alerta, y empecé a sentir como su dedo empezaba a entrar lentamente invadiéndome e intentaba contener la respiración.

    Su dedo entró hasta la mitad y empezó a moverse lentamente, y sentí una nalgada, luego acariciándome la otra nalga, enseguida sentí otra, pero más fuerte!… luego otra que retumbó por toda la habitación, y su dedo no paraba de moverse, y mi excitación no paraba de aumentar.

    Se detuvo, y se acercó al nochero, y del cajón sacó el arnés que había comprado para este día. Era un miembro de goma que no medía más de 13 cm de largo, medida ideal “según ella” para mi primera vez.

    Se lo puso como toda una experta mientras yo la miraba de reojo. Luego se quitó el brasier dejando sus senos desnudos, y prosiguió tomando el lubricante y untó muy bien el miembro. Se montó a la cama y acariciando mis nalgas suavemente las abrió y acerco el miembro a la entrada de mi ano, y de inmediato mi pulso se aceleró, mis manos empezaron a sudar, y ahora mi tensión se hacía más evidente.

    Empezó empujar muy suavemente, y empecé a sentir cómo mi ano se expandía poco a poco con un ardor que me hacía arrugar la cara. Ella seguía empujando con mucha mesura, y cada vez sentía más y más el ardor y como se iba invadiendo mi interior, hasta que entro toda la cabeza… ahhh, jadee hundiendo mi cara en la almohada, y al instante ella se detuvo, se inclinó hacia mi cuello y besándome suavemente el lóbulo de mi oreja me dijo “Relájate”… Se irguió nuevamente, y llevando sus manos a mi espalda, empezó a empujar nuevamente muy despacio mientras me acariciaba.

    Intentaba relajarme pero el ardor aún continuaba. Ella seguía con sus movimientos sutiles, cada vez la sentía un poco más adentro, cuando de repente de una sola embestida me la hundió toda!… ahhhh, ahogue el gemido con la almohada, llevó sus manos a mis hombros y sujetándolos empezó a embestirme aumentando la intensidad de apoco. Con cada embestida la sensación de ardor empezó a ser una mezcla entre dolor y excitación. El roce de mi miembro con el colchón hizo que la erección no diera espera, y al momento lo tenía tieso como piedra.

    Ella se irguió nuevamente y clavando sus uñas en mis nalgas, empezó a salir suave, y entrar fuerte!… ahhh, nuevamente salió suave, y entro fuerte!… ahhhh, una vez más, ahhhh, otra más duro! Ahhhh…

    Con cada gemido que yo emitía, a ella la excitaba aún más y la impulsaba a seguir en aumento su ritmo y con un par de nalgadas que retumbaron por toda la habitación, se movía con más fuerza, y tomándome del pelo y tirándolo hacia atrás, me dio una serie de embestidas salvajes que me hicieron gemir sin parar. El momento cada vez se hacía más caliente, cada embestida hacía que mi miembro se estimulara contra el colchón, y sentía me excitación como aumentaba sin control.

    Mi respiración cada vez se agitaba más, ella entraba y salía sin parar, mi corazón latía con fuerza, los músculos de mis piernas se empezaban a contraer, clavó sus uñas en mi espalda, arrastro con fuerza, mi respiración se entrecortó y al instante estallé… ohhh, ahhhh, ohhhh, ahhhh, mis gemidos la impulsaron a seguir embistiéndome, el orgasmo era intenso, nunca había eyaculado tanto, ella no se detuvo hasta dejarme totalmente extasiado.

    Al momento se tendió sobre mi espalda y besaba mi cuello diciéndome lo maravilloso que había sido, y asintiendo le dije que también lo había disfrutado.

  • El día que mi amigo fue infiel con mi amiga

    El día que mi amigo fue infiel con mi amiga

    Yo tengo un amigo que anda con una chica de lo bastante linda. Desafortunadamente se encontraba en otra ciudad, mi amigo quería ir a visitarla en sus vacaciones, como era evidente los padres de su novia no le darían permiso de quedarse a dormir en su casa, así que debía encontrar un lugar para hospedarse, entonces se nos ocurrió una idea.

    Tenemos en común una amiga, ella vive sola y hablamos con ella para quedarnos en su casa… si quedarnos, yo igual quería ir, pero por otros asuntos de trabajo. Mi amigo al parecer no estaba muy contento de que fuera igual, aunque realmente no tenía porque él iba a ver a su novia, yo no, pero noté que mi amiga estaba algo confundida, como que no sabía manejar la situación.

    El día llegó, viajamos a casa de mi amiga para quedarnos en las vacaciones. Bueno en las vacaciones de mi amigo, yo realmente iba por unas cosas de trabajo y solo estaría unos 4 días ahí y me iba.

    -¿Estás emocionado? -Le decía a mi amigo y él solo decía que sí, algo nervioso suponía que era porque vería a su novia. En fin no le di mucha importancia.

    Al llegar a casa de mi amiga, nos mostró donde dormiríamos cada quien, como es una casa chica, mi amiga dormiría obviamente en su cuarto, en la otra habitación yo, y finalmente mi amigo en la sala. Platicamos toda la tarde, comimos y todo era perfecto, pero mi amigo no iba a ver ese día a su novia, por el viaje estábamos cansados y llegó finalmente la hora de dormir.

    Eran las 12:00 am, todo estaba en silencio, usualmente cuando estoy en casa ajena tardo un poco más en dormir. Dormí un poco y desperté, para mi habían pasado unas horas, pero en realidad fueron unos minutos hasta que escuché algo…

    Era unos quejidos… yo quedé toda sonrojada no sabía que pasaba, así que pensé que probablemente mi amigo estaba viendo porno y quería asustarlo para que tuviera algo de respeto, salí de mi cuarto muy despacio y mi sorpresa fue que él no estaba en la sala, y los quejidos evidentemente eran gemidos de placer que seguía escuchando. Como mi habitación estaba enfrente de la habitación de mi amiga, los gemidos, ¡Esos gemidos! venían de su habitación, ¡Era ella y mi amigo!

    Mi vagina se empezó a poner húmeda, podía escuchar el sonido que hacen los testículos al rebotar con la vagina. Era muy excitante y al mismo tiempo no podía creer lo que escuchaba, estaba toda mojada, y jamás pensé a mi amiga decir cosas como estas:

    -¡Ah! ¡Dame más! métemela toda…

    Mi amigo estaba siendo infiel a su novia, y ahora entendía porque no quería que viniera. Yo me tocaba y me controlaba demasiado para no lanzar un gemido, me excitaba lo que escuchaba. Entonces terminaron, volví a mi habitación y dormí… seguía pensando en todo lo que había pasado. Al despertar sentía una fuerte tensión sexual entre mi amigo y mi amiga, se hacían bromas entre ellos y lucían felices, entonces le pregunté a mi amigo cuando iría a ver a su novia y me dijo que luego.

    Y así en ese día y misma noche, los volví oír hacer el amor. Y ahí estaba pegada frente a la puerta escuchando todo, toda húmeda, toda excitada. A la mañana siguiente salí a ver cosas de mi trabajo, ellos dos se quedaron en la casa, pensé que iba a tardar y tras dos noches, quería tardar para darles tiempo a lo que fuera que fueran hacer los dos. Pero por desgracia no fue así, tarde menos en checar unos cuantos papeles y al regresar antes de tocar la puerta podía oír de mi amiga lo siguiente:

    -¡Ah! ¡Ah! así, así… no pares, dame más rápido antes que llegue «Aby» (Aby soy yo)

    -A ella también me la quiero coger, no sé cómo decirle… -Dijo mi amigo, yo estaba muy sorprendida por lo que decía mi amigo.

    -Haz lo mismo que conmigo, sedúcela ¡oh sí! sigue metiéndola, me encanta… sedúcela… y cógela ¡ah!

    Mi amiga hasta le decía a mi amigo, que debía de cogerme, estaba excitada y sorprendida, no podía tocarme estaba afuera de la casa, pero sentía mis calzones ya todos mojados. Mi amigo decía mientras estaba cogiendo su novia no quería tener sexo con él, y moría de ganas hacerlo y aceptó hacerlo con mi amiga.

    Ahora entendía todo, así que me esperé afuera hasta que terminaran. Me esperé un tiempo y entré a la casa, ya estaban cambiados los dos, como si nada hubiera pasado. Y así fue hasta el último día que me quedé en casa de mi amiga, los escuchaba coger. Y fue hasta el último día que yo me quitaba, mi amigo fue a ver a su novia.

    Pero nunca olvidaré el día que mi amigo le fue infiel a su novia con mi amiga… y ahora conmigo. Al final también me sedujo, tremendas cogidas hemos tenido.

  • Disfrutando de la polla de mi hermano (II)

    Disfrutando de la polla de mi hermano (II)

    El miércoles me levanté muy pronto, quería pasarme por la biblioteca de la facultad para estudiar, allí era donde mejor me concentraba y llevaba varios días sin poderlo hacer en casa por culpa de mi hermano y sus amigos.  El medio más directo y rápido era el metro, pero como siempre a esas horas de la mañana iba abarrotado de gente, nosotros vivíamos casi en la cabecera de la línea y la facultad se encontraba en una de las últimas paradas, tenía aproximadamente poco menos de una hora por delante de empujones.

    La verdad que no me gustaba nada el metro y como no encontrara sitio para sentarte en mi parada, tocaba ir de pie todo el camino sin poder casi ni moverse, menos mal que aquella mañana mi hermano se venía conmigo, ya que tenía clase, nuestra relación siempre había sido buena, pero desde hacía 4 días era estupenda, me sentía muy a gusto en su compañía en todo momento y le echaba de menos cuando él no estaba.

    Cuando llegamos al andén ya había bastante gente y cuando el metro llegó era de esperar que no hubiera sitio para sentarse, por lo menos nos pudimos apoyar en el final del vagón, allí nadie nos molestaría queriendo pasar de un lado a otro.

    Íbamos hablando de todo y de nada, mi hermano estaba apoyado en la esquina del vagón y yo delante de él, dos estaciones más y se empezaba a llenar de gente, nos empezábamos a agolpar y a empujar unos contra otros, mi hermano me abrazó para protegerme de los empujones, sentía su pecho sobre el mío, su olor… su olor era embriagador, olía tan bien que apoyé mi cabeza sobre él, sus brazos me rodeaban con fuerza y me sentía segura entre ellos, alcé un poco la cabeza para mirarle, estaba observando y estudiando sus gestos, no sabía que me pasaba por la cabeza desde ese último fin de semana, era un sentimiento extraño, era como si me estuviera enamorando de mi hermano.

    Alberto se dio cuenta de que le estaba mirando fijamente, me sonrió y me besó en la frente, yo suspiré, estaba tremendamente feliz y susurrando le dije “te quiero”, mi hermano me miró nuevamente, pero ahora su beso lo dirigió a mis labios, nos empezamos a besar allí mismo, parecía que no nos importase que la gente nos mirara o algo peor, que alguien nos reconociera.

    Nos besábamos con pasión, nuestras lenguas se unían en un baile frenético, mi hermano bajó sus manos hasta mi culo por debajo de mi gabardina y apretó mis glúteos, me apretaba contra él fuertemente, empecé a sentir su pene, como iba creciendo de tamaño y sin importarme estar rodeada de toda aquella gente le bajé la bragueta para poder meter mi mano por debajo del bóxer, nos seguíamos besando, pero ahora simplemente nuestros labios se rozaban y nos mirábamos en silencio entre el bullicio del vagón.

    Tenía el pene tremendamente grande, se lo empecé acariciar, a menear, supongo que la situación, el morbo de estar allí le estaba poniendo tremendamente caliente, yo no me quedaba corta porque notaba mi tanga bastante húmeda, era morbo, una calentura, lo único que sabía es que estaba tremendamente excitada y más cuando mi hermano posaba sus manos en mi cadera subiendo con cuidado mi vestido, había levantado lo justo para que una mano se deslizara por debajo de mi tanga acariciando mi sexo, sentía sus dedos jugar con mi clítoris aumentándolo de volumen, el placer asomaba ya a mi rostro y tuve que esconderme sobre su pecho.

    Había puesto mi bolso a un lado para evitar que alguien mirara, aunque por otro lado quien podría mirar si casi no podíamos movernos, mi hermano seguía recorriendo mis labios y metiendo dos dedos en mi vagina, de repente paró y sacando su mano cogió la mía para que dejara de meneársela, le miré muy nerviosa con los ojos bien abiertos, no podía ser, pero como se va a atrever, no será capaz, esas preguntas me las hacía cuando sentí su pene entre mis muslos y susurrándome muy bajito al oído me decía que abriera un poquito las piernas.

    La excitación era máxima, nadie se daba cuenta, todos iban a lo suyo, unos hablando otros escuchando música o viendo videos en el móvil, otros leyendo, otros los que menos medio dormidos y luego estábamos nosotros, yo con un pene entre mis piernas apretando mi sexo y mi hermano con su glande buscando mi vagina.

    -Alberto, estás loco, pero que haces, Le preguntaba muy excitada pero a la vez muy nerviosa.

    -Tú tranquila Eva. -Me contesto a la vez que me retiraba la tela del tanga de mi vagina, flexiono un poco sus rodillas y su pene se introdujo un poco dentro de mí.

    -¡¡aahh!! -Un pequeño gemido se me escapo, mientras que le miraba fijamente con los ojos bien abiertos.

    -Estás loco hermanito, pero te quiero, te quiero mucho. -Solamente hacerte a decir esas palabras antes de que mi hermano empezara a meter más su pene, estaba tan mojada que no costo nada que entrara y tuve que taparme la boca con mi mano mientras apoyaba nuevamente mi cabeza sobre su pecho.

    -Yo también te quiero hermanita. -Sus palabras me llenaron de felicidad,

    No se podía mover mucho, pero su pene se iba deslizando en mi interior, el metro freno de improviso y de un empujón la metió entera hasta el fondo, no pude reprimir un pequeño grito que salió de mi interior y que menos mal nadie oyó salvo mi hermano.

    El metro estuvo detenido durante más de cinco minutos, cinco minutos con el pene de mi hermano dentro de mí, inmóvil, podía sentir sus palpitaciones, podía sentir su pene, carne contra carne, era tan excitante estar rodeada de todas aquellas personas y que todavía nadie se hubiera percatado de nada. Alberto se movía con pequeños movimientos como para acomodarse y la sentía viva dentro de mí, el metro se puso en marcha otra vez y con el suave traqueteo, el pene se deslizaba entrando y saliendo de mí vagina.

    Seguía en la misma postura, la cabeza agachada sobre el cuerpo de mi hermano, apretándome la boca con mi mano para amortiguar los gemidos y noté como el pene de mi hermano expulsaba tres buenos chorros de semen en mi interior, su pene se fue deshinchando poco a poco, miraba a mi hermano y se sentía como avergonzado.

    -Qué te pasa cariño, no pasa nada. -Le decía consolándole.- El que yo no llegue no significa que no me haya gustado, es más me has regalado el viaje más placentero de mi vida. -Le volví a susurrar al oído y luego le besé cariñosamente en la mejilla y luego en los labios.

    Era cierto, mi hermano se había corrido, no era propio de él aguantar tan poco, pero pensaba que mejor así, habíamos tenido mucha suerte de que nadie se percatara, mi hermano se guardó aquella pequeña arma y se subió la bragueta, lo mío fue peor, tuve que colocar bien el tanga, sentía su semen resbalar por mis muslos, mi tanga se había empapado con su semen y no había posibilidad de cambiarme, pensaba para mí que el próximo viaje vendría preparada con unas bragas de repuesto.

  • Mi violación consentida con una mujer

    Mi violación consentida con una mujer

    Tenía 18 cuando un día mi madre dice que tiene una nueva amiga, que la invitó a salir de fiesta y que va a traer a su hija para que estemos las dos juntas. Yo me enfunde porque tenía planes y ahora me iba a tener que quedar con ella, pero después accedí.

    Pocas horas más tarde llegó su amiga con la hija, ella tenía 20 años y lo primero que hice fue fijarme en sus grandes tetas ya que yo no tengo mucho y me llaman la atención, me quedé embobada ella hizo que me fijará en sus ojos haciéndome salir del trance y me sonrió mirándome de arriba abajo. (en ese momento sentí algo muy raro).

    Tiempo después mi madre se fue y nos dijo que iban a llegar muy tarde y podíamos utilizar su cama que era más grande para dormir o si no que la dejará dormir a ella allí y yo en mi habitación, la chica fue a ponerse el pijama mientras yo hacía la cena y cuando volvió me quedé loca su cuerpo era asombroso tenía bastante culo también y sus pezones se trasparentaban en el camisón se puso muy cerca de mi y con cualquier movimiento me rozaba con sus enormes pechos o me tocaba el culo sin querer (estaba muy nerviosa ya que nunca me habían gustado las chicas), tiempo después de roces raros y poses que dejaban que viera mucho más decidí ir ducharme todo normal hasta que salí de la ducha me puse mis bragas y comencé a ponerme crema en el cuerpo cuando de repente entro sin tocar la puerta.

    -Pero que haces pregunta antes de entrar.

    -Perdón escuche que ya estabas fuera.

    -Mmm vale, quieres utilizar el baño?

    -Sí me dio ganas de ducharme también, pero no hace falta que te vayas sigue poniéndote crema.

    -Mmm vale, entra.

    La chica comenzó a desnudarse mientras me miraba muy seductora, yo estaba en plan que coño le pasa que rara es, incluso me pareció que se tocó un poco mientras no miraba, de repente comenzó a acercarse mucho y yo

    -Qué haces??

    -Te gustan mis tetas?

    -Jajajaja a que viene esa pregunta

    -Te he pillado mirándolas

    -¡Ah! Eso lo siento jajaja como ves no tengo mucho y pues me llaman la atención (seguía acercándose y yo cada vez más acorralada)

    -Pues a mi me gustan las tuyas (me pellizca un pezón)

    -(le quito la mano) pero qué coño haces??

    -Que? No te gusta?

    De repente me da un beso, yo intentando quitarme la de encima y poco a poco fue cediendo ella estaba agarrándome de la cintura cuando sentí que su mano se intentaba meter entre mis bragas, le agarré la mano de inmediato.

    -Para!!! No me gustan las mujeres.

    -seguro?

    -Sí

    -Me da igual me has gustado y tengo ganas de follarte y es lo que haré aunque no te guste (escuchar eso hizo que me mojara enseguida)

    Y empezó de nuevo a besarme de forma forzada yo intentaba resistir quitar sus manos cuando intentaba meterse entre mis bragas y entre esos forcejeos me subió en el lavabo y logró quitármelas (para ese entonces ya estaba demasiado mojada)

    -Deja de resistirte y disfruta (esas palabras hicieron que me relajará)

    Empezó a bajar e intentó comérmela, pero a los 5 segundos la quite.

    -Te dije que pares (me baje del lavabo enfada) que coño haces, estás loca? Que no me gustan las chicas.

    -Vale perdona me deje llevar por tu cuerpo y tus miradas

    -Mmm vale, pero para ya, no me conoces de nada

    Me di la vuelta para recoger mis bragas y sentí un escalofrío increíble y un gustito de muerte, al darme la vuelta aprovecho para comerme el culo es la primera vez que me lo hacían y me quedé paralizada disfrutando viendo en el espejo como otra mujer me estaba comiendo el culo y me estaba encantando, al ver que no me resistía comenzó a jugar con mi clítoris y a meter sus dedos en mi vagina y su lengua en mi culo metiéndolos una y otra vez, estaba en la gloria no tarde mucho en tener un orgasmo tan fuerte que no podía sostenerme en pie, al correrme en su cara inmediatamente se levantó yo me di la vuelta y me dijo.

    -Te gustan mis tetas? Chúpamelas!!

    Inmediatamente me puse a lamer sus pezones y apretarme la otra con mi mano era tan delicioso hundir mi cara en ese par de tetas enormes que ricooo, cuando me levante comenzamos a besarnos de forma apasionada y sentía como poco a poco me movía y estábamos saliendo del baño para terminar en la habitación, me empujó boca abajo en la cama y ella se puso encima de mi, sentía claramente como restregaba su clítoris contra mi culo y sus pechos que se movían en mi espalda mientras que su mano jugaba con mis pechos y mi clítoris de forma alternativa, soplaba mi nuca, jugaba con mi pelo, me susurraba al oído y tuvimos juntas un orgasmo impresionante que nunca había visto salir tanto líquido de mi, me di la vuelta la puse a ella debajo y comencé a moverme en misionero mientras hundía mi cara entre sus pechos y ella aprovechó para juguetear con mi ano y meterme los dedos de vez en cuando.

    Estaba totalmente loca de placer sedienta de más quería que me follara toda la noche y pensar que me resistía a esta maravilla, estuvimos así por mucho hasta que vino mi madre nos tapamos con las mantas y fingimos dormir pero ella no paró incluso con nuestras madres en casa.

  • Infidelidad en una casita rural

    Infidelidad en una casita rural

    Era el día esperado, hoy salíamos de puente a un pueblecito medieval donde aún se celebraban las festividades paganas ahora en septiembre.

    Íbamos tu chico, tú, mi pareja y yo camino al pueblo del norte entre montañas donde ya habíamos reservado una casita rural, teníamos tantas ganas de llegar que el camino se nos hizo súper largo, pero mereció la pena.

    Llegamos al caer la noche, entre una ligera lluvia que hacía una mezcla de olores a chimeneas, tierra mojada y naturaleza.

    Mientras tu chico y yo cogíamos las cosas del coche, mi pareja y tú os fuisteis a casa de la dueña que nos había alquilado, la cual muy amable os dio hasta unos paraguas ya que cada vez la lluvia era más intensa, nosotros ya teníamos todo al resguardo del porche cuando os vimos llegar caladas hasta los huesos, abriste la puerta que chirriaba y entramos justo cuando un relámpago casi iluminó toda la casa, tu chico subía las maletas mientras yo me lie con la chimenea y vosotras corriendo os fuiste a cambiar.

    La lluvia caía, pero la casa se estaba caldeando rápidamente y estando nosotros ya bebiendo unas cervezas bajasteis las dos al saloncito, al calor de la chimenea y uniros a beber con nosotros, tu chico y mi pareja fueron a la cocina a mirar qué había de cenar dejándonos solos ante la única luz del fuego cálido de la chimenea.

    -¿Era así como lo imaginabas? -Te pregunté.

    -Sí, es más, la lluvia y los relámpagos le dan un toque especial

    Malas noticias llegaban desde la cocina, salían diciendo que no había nada, solo unos paquetes de harina y ya, así que nos tocó ir a cenar en el único bar del pueblo y que estaba a punto de cerrar, otra vez mojado, empapados, pero bueno íbamos a cenar algo. Había 4 o 5 lugareños que como en cualquier pueblo nos miraron con cara rara, pero nosotros teníamos más hambre que vergüenza. Cenamos y nos fuimos del bar, aunque llovía un poco.

    Llegamos a casa y entre el cansancio del viaje, el jaleo con la cena, el frío… decidimos irnos a dormir y hasta el día siguiente.

    Eran cerca de las 6 de la mañana cuando me desperté y bajé a mirar qué era realmente lo que había en la cocina y efectivamente sólo había harina y unos sobrecitos de levadura detrás de unos periódicos, así que ni corto ni perezoso me puse a amasar algo para desayunar. Escuche ruido en la escalera y eras tú bajando con una camiseta de tirantes blanca fina, casi transparente, que dejaba intuir un sujetador negro y un pantalón muy cortito.

    -¿Qué haces? -Preguntaste medio bostezando.

    -Aún no lo sé, encontré la harina y levadura y aquí ando amansando por si saco algo para desayunar.

    Tenía ya el horno esperando y ya tenía una especie de bollitos redondos a los que aún les estaba dando la forma. Tú me dijiste entonces:

    -Entre nosotros hay confianza, ¿verdad?

    -Mucha, ya lo sabes.

    Y sin más intentaste desabrochar el sujetador porque con el horno hacía mucho calor mientras yo metía los bollitos en el horno. No podías desabrocharlo sin quitarte la camiseta y me pediste que mirara para otro lado. Otro lado en el que los armarios hacían de espejo y vi cómo te quitabas la camiseta para sacar tu sujetador, así me quedé hasta que dijiste que ya podía mirar. Era tontería decirme lo de mirar para otro lado cuando tu camiseta dejaba entrever tus pechos. Yo la verdad estaba un poco nervioso, esos labios que me hablaban, ese canalillo, esos pechos voluptuosos y que eras tú me estaban encendiendo se me notaba, hasta te distes cuentas por que no dejabas de decir que me estuviera tranquilo y yo no podía, solo tenía ganas de poseerte.

    Así que me lancé sin más a besar esos labios, tú lo recibiste bien, pero rápidamente te quitaste.

    -Tío, que están nuestras parejas arriba.

    -Lo sé, llevas razón perdona.

    -No me has entendido, que están arriba, que eso le da más morbo aún.

    Y volvimos a besarnos esta vez con más pasión de la que nunca imaginamos, tus manos me quitaron la camiseta, las mías agarraron tu cintura y te subieron encima de la mesa aún llena de harina, era una pasión descontrolada y desmedida, mis labios buscaron tu cuello, mis manos tus muslos, esos pantaloncitos dejaron que mis manos recorrieran tus muslos para abrirte y meterme entre ellos. Te quité la camiseta y bajé con mis labios a tus pechos, a jugar con mi lengua entre ellos, mientras con los dedos pellizcaba los pezones duros de la pasión que teníamos. No pare ahí, seguí bajando con mis manos hasta llegar a tu pantalón, a acariciarte entre medias de las piernas, justo ahí donde te gusta, al ser tan pequeños y holgados y no llevar nada debajo rápidamente descubrir que estabas muy mojada, mis dedos entraban y salían de ti sin ninguna dificultad mientras tus gemidos iban en aumento y te llegó el primer orgasmo. Nos besábamos con tanto placer que nuestras lenguas parecían una sola pero no podían oírnos.

    Tus manos se movían por dentro del pantalón haciendo que mi miembro cada vez estuviese más duro.

    -Clávamela -me pediste.

    Sin un ápice de duda desabroche mi pantalón, los deje caer hasta los tobillos y agarrando mi miembro con una mano empecé a entrar en ti, tan húmedo estaba que no me costó nada, entraba sola. Empecé a moverme mientras te lamia el cuello y agarraba tus caderas, nuestros cuerpos estaban cada vez más sudorosos, con más energía, nuestra respiración se acelera más y más. Mi miembro venoso estaba dentro de ti llevando ese ritmo que te gusta, tus piernas me atraparon, yo te di unos azotes y agarré tus muslos, no pensaba parar de hacértelo. Con mi miembro dentro de ti te llegó el segundo orgasmo.

    -Sácala, corre. Quiero que me llenes los pechos de leche.

    La saque de ti y mientras tú te arrodillas ante mí, yo me masturbaba al lado de tus pechos, escupías en ellos para que mi miembro resbalara en tu canalillo y la verdad que funcionó. Empecé a soltar leche que te salpicaba un poco en la cara, mi liquido caía por tus pezones mientras con tus manos jugabas con ellos y los acariciabas. Yo volví a subirme los pantalones, mientras tu medio vestida te subías a la habitación.

    Al cabo de unos minutos bajaron tu chico y mi pareja, pregunte por ti y me dijo tu chico que te estabas duchando y que escucho algo raro que venía de abajo, le dije sin más que era yo, que había intentado hacer unos bollos, o unas tortitas para desayunar, pero que no me salió muy bien, ya bajaste tú y decidimos ir ya a desayunar al bar y a comprar algo para los días que íbamos a estar allí.

  • Mi amiga y yo

    Mi amiga y yo

    Habían pasado meses desde aquella situación con mi amigo, yo y mi amigo empezamos a salir, fue cuestión de tiempo de que cortara con su novia. Algo le encanto de hacerme el amor. Al principio se lo contaba a mi amiga, de que salía con él y que sosteníamos relaciones sexuales, lo decía para ver que expresión hacía, ya sabía que ellos dos habían cogido cuando yo me quede en su casa, sin embargo, se hacía lo inocente y me felicitaba. Pero en el fondo mi novio, aún pensaba en mi amiga, en su celular tenía fotos de ella, incluso llegue a cacharlo masturbándose con una foto de ella, la foto la tiró inmediatamente a la basura, sin darse cuenta yo tomé la foto y vi que era de mi amiga.

    Mi amiga parecía que no le importaba mi novio, solo buscaba coger. Desde que tengo memoria ha estado soltera muchos años y no ha mostrado interés en tener una relación. Son vacaciones, llevaba una semana con ella y no había nada inusual, obvio no estaba mi novio ni ningún otro chico. Pero eso cambiaría pronto…

    Ella me comentó que invitaría a unos amigos para convivir, dos chicos fueron, hablaban mucho con mi amiga que conmigo. Yo ya sabía que pasaría así que decidí relajarme. Uno de sus amigos la observaba mucho como mi amiga llevaba una blusa que dejaba ver sus ricos pechos, el chico la observaba mucho ahí, el otro chico la abrazaba como si nada, nada extraño, pero yo note que cuando lo hacía se le notaba una erección me fije muy bien y me di cuenta que intentaba tocarle los pechos y las nalgas.

    Tras el paso de las horas, el chico que le miraba los pechos se retiró y se quedó el de la erección, ya era tarde y me despedí de ellos. Ellos se quedaron en la sala, curiosamente no bebimos alcohol así que estaban conscientes de lo que harían. Desde la habitación solo podía oírlos platicar, aunque tenía sueño no quería dormir, sabía que iban a coger.

    Pasaron los minutos y llego el silencio… después los besos. Estaba esperando escucharlo cerrar la puerta de la habitación para salir y escucharlos más de cerca… ¡oh sorpresa! Se quedaron en la sala, poco a poco podía oír la respiración agitada de mi amiga. Los besos eran cada vez más apasionados y yo ya estaba húmeda, metí mi mano en mi calzón y empecé acariciarme ahí.

    -Vamos hacerlo aquí –dijo mi amiga.

    De nueva cuenta la estaba escuchando gemir, estaban teniendo sexo y sexo del rico. Escuchaba las nalgadas, las suplicas de mi amiga para que le den más verga. Que rico todo. Yo me estimulaba cada vez más, ligeramente se me escapaba un gemido. Y no resistí, abrí despacio la puerta para observarlos, y podía verlos, a mi amiga desnuda y al chico. No resistí… y les dije que quería unirme.

    Mi amiga y el chico se espantaron, pero estaba demasiado excitada, mi respiración era más inquieta. El chico dijo que no había problema, mi amiga me dijo que si estaba segura.

    Y ahí estábamos, un trío, la vagina de mi amiga, peludita y la mía rasurada. La verga del chico, uff era exquisita, me lo metía a mí mientras mi amiga le hacía un oral. Al final, el chico se vino dentro de mi amiga… algo inesperado pero mi amiga así lo quería. A la mañana siguiente después de que el chico se fue, me quede con mi amiga… la besé. Y le dije al oído.

    -¿Cogemos nosotras ahora?

    -Sí, pero después un trío con tu novio –Dijo ella.