Autor: admin

  • En la cama con otro

    En la cama con otro

    Hola, soy esposa de Alex y hoy me toca a mí contar mi historia. Me llamo Daniela, tengo 34 años, delgada, morena, ojos grandes y sobre todo con unas caderas que enloquecen a mi marido y todo aquel que me conoce. La historia comienza así:

    Son las 9 am observó mi celular y hay un ‘hola’ de mi esposo, yo aún desnuda y cansada por la faena que una noche anterior tuve con un amante de planta que tenemos. Aún me encuentro desnuda, levantó la sábana y está mi amante ahí desnudo dormido aún después de la cogida que me dio.

    Respondo el mensaje de mi esposo:

    -hola.

    -Hola amor buenos días, no sabes cómo te extrañe toda la noche -me respondió.

    -¿Por qué amor acaso estabas celoso de que me cogiera?

    -sí, hubiera querido estar ahí para mirar cómo te cogían.

    -¿Quieres saber cómo lo hicimos?

    -clarooo ya tengo la verga parada de la emoción, respondió.

    Anoche me decidí a cogerme aquel, nos acostamos muy normal viendo nuestros teléfonos y comencé por subir mi pierna y a moverla de modo que rosara con su verga, cuestión de un ratito para que se volteara abruptamente me arrebatara el celular y me dijo:

    -como no te estás en paz, voy a tener que cogerte (eso m excito mucho)

    Me tomo y de un jalón me subió en él, comenzamos a besarnos y a quitarnos la ropa desesperadamente, me besos mis senos sin dejar de tocar mis nalgas, me decía que moría de ganas por cogerme, me tiro a la cama me abrió de piernas y comenzó hacer oral y tocarme mis senos, yo gemía de placer, entonces le dije: ahora voy yo, comencé a mamarle la verga deliciosamente, la separa de mi boca y boca arriba me hago a la orilla de la cama para colgar mi cabeza y le pido que me ahogue con su verga y me la comienza a meter profundamente y me toma del cuello al momento que me la mete, de esa manera me hace oral y quedamos en la posición 69… wow!!

    Oírlo gemir fue delicioso, se separa y deja se pene cerca de mi boca y sin meterlo juego con ella con mi lengua hasta formar ese hilito que me encanta de saliva y fluidos de él, así estuvimos un buen rato y en un 69 chupándome toda la vagina que introduce su dedo por mi ano, mi gemido fue inevitable y ruidoso eso me hizo venir en su boca y lo excito tanto que se separó me puso mis piernas sobre sus hombros y me penetro tan fuerte que dijo:

    -ya no quiero aguantarme voy a terminar.

    Nos movimos tan ansiosos que al hacerlo venir volví a tener otro orgasmo, fue una madrugada muy rica, al final puso su cabeza en mi pecho, nos agradecimos el momento, me besó y nos quedamos desnudos disfrutando el momento…

    Mi esposo quedó excitado por mi confesión y me pidió que antes de partir a casa a su lado me lo cogiera de nuevo.

  • ¿Quieres mamar mis tetas y venirte en mi culo?

    ¿Quieres mamar mis tetas y venirte en mi culo?

    Rita cuando la recogí en el aeropuerto de Santiago vestía con una cazadora marrón y una camiseta blanca con un escote que enseñaba casi la mitad de sus enormes tetas, una minifalda marrón y unas botas de mosquetero. Era alta y sus piernas eran largas y bien moldeadas. Traía una maleta en la mano, una bolsa en la otra y un piercing en forma de aro en la nariz. Su media melena era rubia aunque en las fotos del Facebook la tenía negra. Llevaba encima una capa de pintura que ríete tú del gotelé, y un perfume agradable, cosa que olí al besarla en la mejilla. Además de las pintas que traía era una grosera, ya que lo primero que me dijo fue:

    -En las fotos pareces más alto y menos feo.

    Su grosería no pudo con mi galantería.

    -Pues tú eres más linda en persona. ¿Tuviste un buen vuelo?

    -Con dos horas de retraso no debías hacer esa pregunta.

    Me lo dijo de otra manera, empezó con un: Vos sos…, y largó una retahíla de palabras, que al cambio vinieron a decir lo que os dije antes. Le pregunté:

    -¿Cenaste?

    -No, pero no tengo hambre.

    En fin que nos fuimos al auto y allí, sentada en el asiento, le dije:

    -Ponte algo sobre las piernas que se te ve más de la cuenta.

    Se hizo la interesante.

    -¿Te pongo nervioso?

    -No. Coge…

    Se enfadó cómo si le hubiese dicho que parecía la bruja Avería.

    -¡Quién carajo te crees que eres!

    -Tu primo, ese soy yo.

    -¡Pues coge con tu mujer!

    Me había mal entendido, pero había sido porque no me dejara terminar de hablar.

    -Te iba a decir que cogieras mi chaqueta en el asiento trasero para tapar las piernas.

    -Pues haber dicho que la agarrara.

    -¿Para qué? ¿Acaso te crees que se iba a escapar?

    -Boludo.

    La acababa de conocer y ya me caía gorda. Mi paciencia tenía un límite, y con el tono que dijo aquella palabra y la cara que puso, lo había rebasado. Le dije:

    -¡Si, de bolas no ando mal!

    -Dime de que presumes y te diré de que careces. Palabras sabias de mi madre.

    -Ya serán del refranero español.

    En viaje hasta mi casa nos enfadamos tres veces y nos volvimos a reconciliar otras tantas. Llegamos bien entrada la noche. Mi esposa nos estaba esperando y mi madre, que era a quien venía a visitar, ya dormía. Mi esposa fue ver a Rita y poner mala cara. Se veía que no le gustaba tener en casa a una mujer veinte años más joven que ella y enseñando más de la cuenta.

    Una semana después la llevé a un monte desde donde se divisaba la ría y al que se llegaba en auto hasta casi la cima. Llevábamos una tortilla de patatas con cebolla, una botella de Coca-Cola de dos litros rellena con vino tinto, pan y lo necesario para no comer con las manos ni beber a morro.

    Rita mirando el paisaje que hacía la ría estaba pintando un cuadro que pusiera en un caballete. Yo miraba videos en la portátil, hablaba con ella y de cuando en vez le echaba un vistazo el cuadro. Pintaba bien y se lo dije.

    -Te podías ganar la vida con la pintura.

    -Prefiero vivir la vida loca.

    -Sí, eso le dice tu madre a la mía.

    -¿Qué le dice?

    -Que estás loca.

    Cambió radicalmente de conversación. Me preguntó:

    -Oye. ¿Tu mujer y tú nunca cogéis?

    -¿Por qué lo preguntas?

    -Porque en los días que llevo en vuestra casa no se oye nada por las noches.

    Hablaba, miraba para la ría y daba pinceladas. Mirándola, le dije:

    -No queremos hacer ruido.

    -Yo creo que hace mucho que no lo hacéis.

    -¿Ruido?

    -Coger.

    Rita llevaba puesta una bata blanca y una boina francesa de color azul. Así estaba sexy, aunque le sobraba el piercing de la nariz.

    -¿Y tú hace mucho que no follas?

    Dejo de pintar y me preguntó:

    -¿Tengo pinta de pasar hambre?

    -Era solo una pregunta.

    Me volvió a preguntar:

    -¿Tengo pinta de pasar hambre?

    Quise eludir la pregunta.

    -Hablando de hambre. ¿Comemos?

    -No me respondiste.

    -No, no tienes cara de pasar hambre.

    Se sinceró conmigo.

    -Pues ya hace casi tres meses que nadie mueve los piercings de mis tetas ni el de mi clítoris.

    Había revelado intimidades sin venir a cuento. Me olió que quería tema. Le dije:

    -A ver si es por eso.

    -¿Qué quieres decir?

    -Que a los hombres les gusta follar con una mujer no con una chatarrería.

    ¡Cómo se puso! Casi me come.

    -¡Todos mis piercings son de oro!

    -No lo dije en ese sentido. A ver, Rita. ¿Te gusta más chupar una polla al natural o con una anilla por el medio?

    -Hombre, visto así… Aún vas a tener razón.

    -¿Comemos?

    -Sí.

    Se lavó las manos, se sentó y le entramos a la tortilla al pan y al vino. La conversación durante la comida giró en torno al sexo. Al acabar de comer echada sobre la hierba con las manos detrás de la nuca y mirando al cielo azul, me dijo:

    -No me dijiste cuanto tiempo llevabas sin coger.

    -Más o menos el mismo tiempo que tú.

    -¿Sabes?

    -¿Qué?

    -Los piercings se pueden quitar.

    -¿Los vas a quitar?

    -¿Me los quieres quitar tú, primo? Tres meses sin coger es mucho tiempo.

    -Sí que es mucho tiempo, si.

    -Abre el piercing de mi nariz y quítalo.

    Abrí el aro, se lo quité, y lo puse encima del mantel donde quedaba solo el vino y dos vasos. La miré y le dije:

    -Eres bella de verdad.

    Su voz se volvió más dulce.

    -Gracias, pero sé que solo soy modosita.

    Le di un pico, sacó la punta de la lengua y empezamos un beso en el que nuestras lenguas y nuestros labios mostraron todo lo que sabían hacer. Luego le abrí los botones de la bata. Allí estaban sus enormes tetas bajo una camiseta marrón. Se sentó y quitó la bata y la camiseta. El sujetador que llevaba apenas podía retener aquellas tetazas, lo abrió, se lo quité y vi sus areolas marrones con dos mariposas a los lados de los pezones. Me dijo:

    -Agarra una mariposa y tira de la otra.

    Hice lo que me dijo y en segundos puse el piercing de las tetas al lado del aro.

    Agarré las tetas con las dos manos, las junté y lamí sus gordos pezones, después las acaricié y las chupé metiendo sus areolas en mi boca. Aquellas tetas, esponjosas con el tacto de la seda cuanto más las mamaba más me excitaban. Me echó la mano a la polla y la sobó, después me bajó la cremallera del pantalón y me la meneó muy despacito. Pringando de aguadilla su mano derecha, me dijo:

    -Me pusiste re caliente.

    La volví a besar en la boca, ella abrió la cremallera lateral de la falda. Al sentir el ruido dejé de besarla, le bajé la falda y sus bragas rojas y vi su coño pelado con un piercing atravesando su clítoris de lado a lado. Rita me dijo:

    -Se desenroscan las bolitas de los lados.

    Desenrosqué una bolita y quité la barrita con cuidado. El piercing fue a parar junto a los otros. Pasé mi lengua lateralmente por el clítoris y después de abajo a arriba. Rita se estiró, flexionó las rodillas, se abrió de piernas y puso sus brazos a lo largo de su cuerpo. Le abrí el coño mojado, metí mi lengua dentro de su vagina y después lamí sus jugos agridulces. Era una delicia de mujer… Lamí su coño, lo abrí con dos dedos, chupé sus labios, enterré varias veces mi lengua en su vagina, lamí su clítoris de todas las maneras, en círculos, hacia los lados, de abajo a arriba… Dándole una chupadita en él, me dijo:

    -¡Vos si que sabes comer una concha!

    O algo así me dijo, pero volvamos al turrón. Cuando estaba a punto de correrse le di la vuelta, le abrí las nalgas con las manos, lamí el ojete, le metí y saqué la lengua de él y sin más comenzó a temblar y dijo:

    -¡Me vengo!

    Se corrió cómo una angelita. Iba de dura, pero era dulce cómo un caramelo.

    Al acabar de correrse y darse la vuelta lamí su coño para saborear su corrida. Lo tenía cómo una charca. Lo tenía cómo a mi me gusta comer un coño, encharcado, y se lo seguí comiendo. Sus manos acariciaron mis cabellos mientras le hacía otra vez lo que le había hecho antes. Con gemidos y caricias en mi cabello me iba diciendo lo que estaba sintiendo. Cuando levantó la pelvis y tiró de mis cabellos supe que se iba a correr de nuevo. Me lo confirmó:

    -¡Me vengo otra vez, loco, me vengo otra vez!

    Se volvió a correr cómo un pajarito. Era una maravilla beber de ella, sentir sus dulces gemidos y sentir sus sacudidas.

    Al acabar tenía una cara de felicidad que aún la hacía más bella. Se puso de lado, me quitó la camisa, los zapatos, los pantalones y los calzoncillos y después hizo un recorrido con sus labios desde mi boca a mi polla… Besos con lengua, chupadas de mamilas, lamidas… Al llegar a mi polla mojada y empalmada, la levantó y me lamió y chupó los huevos mientras me masturbaba, después lamió y mamó mi polla a su aire, un aire que me encantó, tanto cuando lamía mi frenillo como cuando mamaba el glande, cómo cuando pasaba su lengua por la corona, por el meato… Me encantó porque sabía lo que hacía y porque lo hizo todo muy despacito. Cuando se hartó de polla, me dijo:

    -Ahora voy a coger contigo cómo una perra y te voy a dejar los ojos en blanco.

    Me montó. Yo le agarré las tetas. Rita en vez de meter la polla en el coño la frotó en el culo, empujó, la metió hasta la mitad y me besó. Era como si estuviera esperando a que yo empujara y metiera la otra mitad, cómo no empujé la sacó y la metió en el coño otra vez hasta la mitad y me volvió a besar. Sentía sus enormes tetas pegadas a mi cuerpo, pero tampoco esta vez empujé. Fue ella la que la fue metiendo hasta el fondo y después me folló a toda mecha. A punto de correrme, la quitó, jugó con ella en el ojete y la volvió a meter hasta la mitad. Esta vez se la clavé hasta el fondo. En sus labios se dibujó una sonrisa. Se saliera con la suya. Me folló despacito para que aún no me corriera. Cuando pensó que me tenía, me preguntó:

    -¿Quieres mamar mis tetas y venirte en mi culo?

    A mí no me iba a torear. Le di la vuelta, le quité la polla del culo, se la metí en el coño y le di caña, bueno, le di caña unos treinta segundos, que fue el tiempo que duré. Le llené el coño de leche mientras me miraba a los ojos y me daba picos en la boca.

    Al acabar de correrme, me dijo:

    -Me gustó coger contigo.

    -Esto aún no acabó, bonita.

    -¿Ah no?

    -No.

    Me metí entre sus piernas, y mi lengua comenzó a nadar en aquella piscina de leche y jugos. Rita, exclamó:

    -¡¡Sos un capo!!

    No tardó mucho en correrse de nuevo.

    Quique

  • Sólo una copita

    Sólo una copita

    Al final sucedió lo que no podía evitarse. El deseo es una fuerza poderosa…

    Laura es una mujer hermosa, no se puede negar. Cuerpo de formas deseables, con caderas proporcionadas y pecho bien dispuesto. Ojos grandes y boca de labios voluptuosos, con una sonrisa de las que derriten, y cabello largo, de sirena. Le gusta cuidar su aspecto, con ropa y maquillaje que realzan su atractivo, contrastando el negro azabache de su melena con el rojo de los labios. Y las uñas a juego, haciendo destacar sus manos, de gestos femeninos y sensuales.

    Aunque no es su trabajo ideal, entró en una firma reconocida, como asistente personal de Arístides. Y quizás lo único destacable sea precisamente su jefe directo, ya de cierta edad, pero con un gran atractivo. Bien plantado, pelo corto, afeitado y siempre bien peinado, con ropa de corte excelente. Cada día, impecable en su aspecto y sus formas, pero lamentablemente casado y en apariencia muy enamorado. Nunca hubo un gesto que evidenciase lo contrario, y ni rondaba mujeres ni hacía comentarios libidinosos o desagradables.

    Varonil, un hombre de los pies a la cabeza.

    Laura le observaba con frecuencia, y sin poder evitarlo, los ojos se le iban a sus pantalones. Tratando de disimular, se quedaba embobada con unas nalgas que le parecían perfectas, e imaginaba formas y medidas en el bulto que se marcaba en la fina tela. Se sorprendió mordisqueando en ocasiones su labio inferior, en un gesto lujurioso, y ciertamente, en algún momento llegó a humedecerse. Probablemente, a cualquiera le pasaría.

    Es más que probable que el señor Arístides se hubiese dado cuenta de las miradas y los gestos, y seguramente no estaba a disgusto. Desde el primer día, era evidente que se gustaban. Saludos mirándose fijamente a los ojos, roces involuntarios al salir de la oficina, besitos de despedida en la mejilla, pero cada vez más cerca de la comisura de los labios… provocaban cosquillas en ambos, reacciones que no eran más que el preámbulo de lo inevitable.

    Ayer fue un día realmente pesado, de mucho trabajo. Tras la dura jornada, los empleados fueron marchándose a casa, y ya casi de noche, la oficina quedó vacía. Sólo quedaban ellos dos, y tan sólo había que archivar algunos expedientes. La llamó a su lugar, y felicitándole por su fantástica labor, le ofreció un caballito de un muy buen mezcal, que nunca debe faltar en un despacho que se precie. Sólo una copita, para festejar y finalizar el arduo día, y ella la aceptó mientras se sentaba en uno de los sillones cruzando las piernas. La falda, ya de por sí bastante corta, se subió aún más.

    Todo el contexto, el despacho, la luz del anochecer, la situación de intimidad, hacían que la tensión sexual fuese palpable y ambos eran conscientes. Él se paró frente a ella, el cierre de los pantalones casi en su cara, y justo a esa altura le entregaba la copita. Ella miró por un segundo un bulto notable en la zona, y subiendo la mirada de forma provocadora, se mojó los labios antes de agarrar el mezcal. Se lo tomaron mientras hablaban del trabajo y trivialidades, y ocasionalmente ambos se humedecían los labios y suspiraban de forma muy comedida.

    Laura pensó que no pasaría de ahí, así que se levantó a dejar la copa sobre la mesita. Y justo cuando lo estaba haciendo sintió una mano que abrazaba su cintura. Él se había arrimado en un impulso irracional, y tanto se pegó, que ella pudo notar su miembro ya muy excitado contra sus nalgas, por encima de la ropa. Duro, grande, amenazante… El contacto y la respiración muy cerca de su nuca hicieron que se le escapase un profundo suspiro.

    Se giró, y sin necesidad de decir nada, ambos empezaron a besarse y a acariciarse con deseos contenidos… Las grandes manos de él empezaron a recorrer esas formas femeninas que tanto ansiaba, de forma desesperada, con las palmas muy abiertas. Recorrían cintura, piernas y nalgas, apretándolas con ganas. Mientras, los dedos de ella acariciaban su nuca, para ir bajando por sus hombros fuertes, por una espalda ancha, hasta alcanzar también esas nalgas que robaban su mirada diariamente… Como él no se decidía, Laura empezó a desnudarle, metiendo primero las manos dentro de los pantalones y rozando sus caderas con las uñas. Después fue desplazando las caricias hacia la parte delantera, con la intención de abrir el cinturón y bajar ya su cremallera. Pero antes optó por subir hacia su pecho y quitarle la camisa muy despacio, entre besos y jadeos lentos y suaves. Él ya se dejaba llevar, y empezó a su vez a tocar, a apretar sus tetas, mientras le sacaba la blusa. Lucha de besos, lenguas, y manos ocupadas en desnudarse mutuamente.

    Con el pecho de él desnudo, ella en brassiere y la falda medio desabotonada, Laura empezó a besarle en el cuello, en el pecho, bajando poco a poco hasta desabrochar sus pantalones casi con la boca. Podía sentir el calor de su erección brutal, la cual sentía enorme, y se le antojaba muchísimo.

    Él no pudo más, y cuando empezaba a bajarle los pantalones le dijo directamente: «Chúpamela amor», con el mismo tono de un niño al pedir un juguete. Le bajó los boxers y la tomó entre las dos manos… la acarició unos segundos, recorriendo toda su longitud, y después la acercó hasta apoyar la punta sobre sus labios. Empezó a lamer despacio, como si fuese un helado, todo el glande hinchado… qué cosa tan impresionante, más de 20 cm de verga erecta, gruesa y caliente, totalmente lista para ella. Se sentía súper excitada, y notaba cómo se mojaba intensamente al agarrar aquella arma poderosa y lamer la cabeza cada vez con más intensidad, dibujando círculos alrededor.

    Mientras, sus manos le acariciaban a la vez. Una de ellas subía y bajaba por el tronco de aquella maravilla, y la otra sostenía y masajeaba los testículos. Y él gemía y pedía aún más… «Métetela en la boca, mamita», con voz desesperada, dominada por el placer. Ella se excitaba con esas palabras mucho más, y la introducía poco a poco, en cada ocasión un poco más profunda, más húmeda, y la volvía a sacar… al meterla jugaba con la lengua y podía sentir las venas a punto de reventar en su boca… «Mámamela… mámamela… cómetela entera», decía entre gemidos, ya muy encendido.

    Para entonces había conseguido con dificultad quitarle la falda y las braguitas, totalmente empapadas, y ella podía sentir gotas bajar por sus piernas, producto de su estado de excitación extrema. «Cómetela… cómetela mami, es tuya…» pedía ya sin parar, y en ese momento ella se volcó y la metió entera en la boca, toda, hasta el fondo… empezó a chupar como nunca, desenfrenada, con desesperación, mientras se agarraba fuerte a sus nalgas y trataba de meterle un dedo por el ano. El señor Arístides, el hombre, estaba entregado.

    De repente, la levantó y poniéndole en pie comenzó a besarle como loco, absorbiendo sus jadeos. Su mano se fue rápidamente a su sexo caliente y palpitante, para acariciar de forma magistral su clítoris. Estuvo un rato dibujando círculos de placer, mientras abría a la vez sus labios y rodeaba su vagina con sus grandes dedos, haciendo poco a poco que sus gemidos subiesen en intensidad.

    La sentó de nuevo en el sillón, abriéndole las piernas, y se hincó de rodillas. Frente a ella, le miró un instante a los ojos con expresión decidida, y empezó a besarle desde los pezones, bajando lentamente por el vientre, hasta llegar a su vagina. Y entonces y de un movimiento, se clavó, con la nariz y la boca, besando, mordiendo, revolcando su cara en su sexo. Hasta que finalmente sacó la lengua y le recorrió todo el interior de los labios de abajo hacia arriba, desde la vagina hasta el clítoris, moviéndola con un rápido vaivén de izquierda a derecha, para terminar penetrándole con la lengua hasta donde pudo alcanzar.

    Esto hizo que a ella se le escapasen dos palabras entre gemidos entrecortados… «¡Sí, papi!». Era tal la sensación que se olvidaba de la persona, del lugar y de todo, para pedirle que quería más, que lo quería todo. Finalmente, él la tiró a la alfombra y se puso frente a ella… la vista de su miembro hizo que Laura se estremeciese… grande, gruesa, hinchada.

    Se tumbó sobre ella, moviéndose en círculos juguetones, haciendo que su verga sin control se desplazase por encima, acercándola, alejándola, tocándole, rozándole la piel,… «¡Cógeme…. cógeme ya!» le dijo sin pudor alguno. Le sonrió malicioso, con un punto de lujuria, y le dijo «Calma. Que no te la vas a acabar…». Ella tenía las piernas muy abiertas, invitándole, y el finalmente aceptó, dejándose llevar y acercándose lentamente para apoyar su virilidad exactamente donde ella deseaba. Ella suspiró… «Ya», y el introdujo sólo la punta, muy muy poquito.

    La sacó de nuevo, y así sucesivamente varias veces. Tanteando, mojaba su glande en lo que era ya una fuente, y ella se desesperaba de ganas. «Ya!, Ya! Papi… por favor». Y entonces se la metió hasta el fondo, una penetración profunda, de un único movimiento. Y ella no pudo evitar un tremendo gemido de placer. Largo, con voz grave, llegando desde dentro y acompañado de un pequeño grito, al abrirse al pene más grande que había sentido antes.

    Él empezó a penetrarla de una manera brutal, como no le habían cogido antes. Nadie. Entraba y salía, se movía con un ritmo, una fuerza maravillosa, agarrándola fuerte de las nalgas y la cintura, levantándola. Ella le arañaba la espalda, sujetándose a los hombros, mientras enlazaba sus piernas alrededor de su cintura acercándole para que entrara más y más. Se sentía poseída, y sus expresiones aumentaban… «¡Dame, cógeme, rómpeme! ¡Sí, así!» le gritaba, mientras él decía «Siéntela toda, siéntela, es tuya. ¡Gózala, mamita!». Rodaron hasta que ella quedó sobre él, todavía dentro. Y lo montó frenética, las manos apoyadas sobre su pecho y la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados y la boca abierta. Bajando y subiendo, moviendo las caderas, atrás, delante, girando… acompasando los ritmos. Sentía que la llenaba de verdad, notando su grosor y su longitud, muy dentro.

    Él le agarraba fuerte las nalgas, apretándolas, y le excitaba ver como sus tetas botaban con el movimiento. «Te brincan pidiendo que me las coma», decía, tratando de alcanzarlas con la boca. Y de repente cambió de idea: «La quiero entre las tetas, mami». La puso sobre la alfombra, y ella juntó sus pechos con las manos mientras él se situaba encima para introducir su pene enrojecido entre ellos. Empezó a moverse como cogiéndola, y ella los apretaba sintiéndole muy duro entre ellos. Veía la cabeza hinchada salir a la altura de su cara y se acercaba sacando la lengua, tratando de lamerla… La escena era maravillosamente excitante, y aún se moja muchísimo sólo con el recuerdo. En ese momento Laura se sintió una puta, controlando el placer de ese hombre, haciéndolo suyo. Y la idea no le disgustó, se sentía realmente bien.

    Cambiando de postura, la volvió a penetrar de una forma más salvaje aún. Al moverse le apretaba las tetas, pellizcando los pezones, y pareciera que quisiera arrancárselos con los dedos. Rudo, casi violento, empujando con fuerza y moviéndose cada vez más y más rápido. Qué forma de coger, pasional, viril, lo más rico que le habían hecho en su vida. Laura se sentía realmente poseída, sexo animal, tal y como lo soñaba. Y así exclamó entre gemidos, «Quiero que termines en mí… quiero sentir tu leche dentro, papi». También entregado, él contestó con respiración entrecortada: «Aprieta mami, ordéñala para ti. Termina… termina conmigo». Y siguió moviéndose con el mismo ritmo, con la misma intensidad, sudando ya ambos.

    Ella notaba cómo se acercaba su clímax, imparable ya, con la boca abierta y los ojos cerrados. Aún concentrada en la sensación y anticipando lo que iba a llegar, se dejó ir y empezó a derretirse, mientras se liberaba un inmenso torrente de tensión. «Yaaaa», gritaba, llevada por un terremoto de placer que hizo que se retorciera, arqueando la espalda, mientras sus piernas temblaban. Él aguantó hasta que sintió las contracciones femeninas, y entonces estalló a la vez, con un gemido enorme que se unió a los gritos de ella. «Tuyaaa, maaami». Ella notó perfectamente sus impulsos, los chorros y el calor de una cantidad increíble de leche que sentía como una inundación, hasta tal punto que empezó a sentir cómo el exceso salía de su vagina.

    Tras el maravilloso orgasmo simultáneo, compenetrados en las contracciones, en el placer, en los sonidos del sexo, él se tumbó aún abrazado sobre ella. «No la saques aún, yo me encargo». Él se quedó quieto, expectante, mientras ella comenzó a mover sus caderas en círculos, dejando que aquella maravillosa verga fuese resbalando, de tal modo que el propio movimiento la sacó despacio. Dejándola abierta, palpitando, con una sensación de plenitud. También aquello fue maravilloso.

    Tras el gran éxtasis, se quedaron adormilados un rato, abrazados en el piso del despacho. Al despertar, casi de madrugada, se vistieron rápidamente y se despidieron en el estacionamiento con un largo beso. Lo más morboso fue llegar al día siguiente y saludarse como siempre, con educación y cierta distancia, disimulando delante del resto de los empleados. Como si no hubiera pasado nada, aunque ambos esbozaban una ligera sonrisa.

    Ella no dejaba de pensar que era una gran zorra. El señor Arístides es un hombre casado, y no debiera haberlo hecho. Pero no se arrepentía en absoluto. Su cuerpo decía lo contrario, agradecido y dispuesto para volver a sentir aquello. De hecho, simplemente levantar la vista para comprobar que él le estaba mirando con un brillo especial en los ojos, ya hacía que sintiese humedad entre las piernas.

    Seguramente repetirán, ambos lo están deseando ya. Y seguramente será igual de maravilloso, sus cuerpos se entienden muy bien.

  • Las hermanas de Camilo (Capítulo 10): La joya de la corona

    Las hermanas de Camilo (Capítulo 10): La joya de la corona

    La noticia no cayó bien entre su familia ya que Katherine era una chica joven, que tendría que interrumpir sus estudios y que dar un giro de 180 grados a su vida. Yo estaba a punto de terminar mis estudios, pero eso no aseguraba que fuera a conseguir un gran trabajo. El que tenía hasta entonces no me daba para mantener un hogar, por lo que tendría que empezar a buscar otro.

    Pero a pesar del malestar y el rechazo familiar, tanto sus padres como sus hermanos tuvieron que aceptar la situación. El único apoyo con el que yo contaba, además del de Katherine, era el de Camilo, que era mi amigo y confiaba en mí. Con el resto de su familia lo iba a tener un poco más difícil.

    Con la llegada del fin de año llegaron los planes de compartir con la familia del uno y del otro. Pasaríamos navidad con mi familia mientras que el fin de año lo pasaríamos con la suya.

    Para ese entonces Katherine tenía unos cinco o seis meses de embarazo. Su esbelta figura se había deformado ligeramente. A mí me seguía pareciendo atractiva y sensual, pero lo que no soportaba en ese entonces era su forma de ser, que se había tornado en la de una mujer autoritaria, dominante, irritable y mandona.

    Era evidente el desgaste como pareja, había terminado el periodo que yo denominé como el de los “50 polvos bien echados”. Ahora era más obligación y compromiso que cualquier otra cosa.

    Las navidades las pasamos, como dije antes, con mi familia, acá en Bogotá. Fue una noche bastante común a pesar de la nueva invitada a la cena familiar. Mis padres, en ese entonces no veían con buenos ojos el rumbo que había dado a mi vida, pero nada podían hacer. Así que para esa noche omitieron cualquier molestia que les pudiera generar mi novia y toda la situación que nos rodeaba.

    El fin de año lo pasamos junto a su familia en el pueblo del que ellos son originarios, que entendiendo que es un detalle menor, así que no veo para qué contar de cual se trata.

    Allí me presenté con mi mejor sonrisa y actitud, pero de entrada tuve la hostilidad de Diana y de su padre. Los demás miembros de su familia parecieron ir aceptándome poco a poco.

    Esa noche, la de fin de año, hicimos una fogata en la parte trasera de la casa, que era una especie de huerta. Allí, luego de la cena, bebimos y contamos anécdotas alrededor del fuego.

    Katherine no podía consumir licor por su embarazo, así que fue de las primeras en irse a dormir. Yo me la estaba pasando realmente bien, así que le dije que más tarde la alcanzaría en la cama.

    Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había tenido una conversación tan relajada con Camilo.

    Sus padres fueron los siguientes en irse a dormir, así que solo quedamos Camilo, Diana, Alexandra y su novio, y yo. Licor había de sobra, por lo que se avizoraba que la charla podía extender por un largo rato.

    Esa noche tuve la fortuna de tener una gran resistencia al alcohol. No sé si era el calor o lo que había comido antes de empezar a beber, lo cierto es que conté con la fortuna de no verme perdido en una borrachera. Y digo fortuna porque al final saqué provecho de esta situación.

    Debo advertir que desde un comienzo fui calculador, y no se trató solo de resistencia al alcohol, sino de encontrar los momentos justos para hacer como que tomaba a la par de los demás, pero sin hacerlo realmente. Mi idea era mantenerme más sobrio que ellos, pues de sucumbir a los efectos del alcohol, mis planes no iban a fructificar.

    Mi plan era en cierta medida descabellado. Se me había ocurrido con tan solo sentarme a compartir con la familia de mi novia. Quería follarme a Diana. Esa noche lucía un vestido negro, muy cortito y extremadamente ajustado al cuerpo. La escasa tela de su vestido me permitió contemplar sus piernas en todo su esplendor. Eran gruesas, macizas, bien torneadas; su piel lucía tersa, limpia, delicada y muy blanca. A la vez, el ceñido vestido permitía contemplar su exquisita y esbelta figura, el ancho de sus caderas, su definida y muy curvada cintura, sus prominentes pechos, que además estaban cubiertos exclusivamente por la tela del vestido.

    Y digo que era descabellado pensar en follarla porque no sabía cómo iba a hacerlo, entendiendo que estaba en medio de toda su familia, que a la vez era la de mi novia; contemplando que yo no era del agrado de Diana, y además del enorme riesgo de lograrlo pero ser sorprendido.

    De todas formas fue algo que me propuse y que me obsesionó, no contemplaba dejar pasar la oportunidad de poseerla luego de esas horas viéndola en ese vestido que exaltaba su sensualidad. A esto debo sumarle que durante el tiempo que estuvimos allí, sentados alrededor del fuego, fueron varias las ocasiones en las que ella se cruzó de piernas, permitiéndome fantasear una y otra vez con el tesoro que guardaba entre estas.

    Como dije antes, Katherine fue la primera en irse a dormir. Luego se fueron sus padres. El siguiente fue Camilo, que había bebido en grandes proporciones y los efectos eran notorios. Yo lo llevé a su cuarto, lo acosté y regresé al sitio de la fogata.

    Luego fueron Alexandra y su novio los que hicieron el anuncio de que se irían a dormir, con esto llegaba el fin de la velada, pues ni Diana ni yo nos veíamos allí bebiendo los dos.

    Sin embargo, cuando Diana se fue a poner en pie para partir rumbo a su habitación, el alcohol hizo su efecto y ella terminó cayendo estrepitosamente. Alexandra me pidió el favor de que la llevara a su cuarto, pues ella estaba muy ebria y necesitaba ayuda.

    Yo vi mi oportunidad servida en bandeja de plata y accedí gustosamente a acompañar a la muy alicorada señorita a sus aposentos.

    Posé uno de sus brazos por sobre mis hombros, en la habitual posición de cargar borrachos, mientras que yo la rodeaba con uno de mis brazos por su cintura. El solo sentir sus carnes, dimensionar su cintura y sentir su abdomen, me causó una inevitable erección. De todas formas no había problema, pues no había nadie más allí y ella estaba muy ebria como para notarlo.

    Camino a su habitación, Diana balbuceó lo mal que yo le caía, aunque decía estar agradecida por lo que estaba haciendo: llevarla a su cuarto. Yo permanecía en silencio, escuchando sus delirios de ebriedad y pensando en el culeadón que le iba a pegar.

    Al entrar en su habitación, la dejé caer sobre la cama, y luego di un par de pasos atrás para cerrar la puerta.

    Su cuerpo quedó ahí tendido sobre el colchón. Ella calló allí casi que inconsciente, inicialmente solo abrió la boca para expresar lo mareada que se sentía, pero un par de minutos después entró en un profundo sueño.

    Yo subí ligeramente su vestido. Lo suficiente como para dejar expuesta toda la zona de su pubis. Empecé a palparla por sobre sus bragas, a la vez que miraba constantemente su cara. Quería saber si estaba dormida y, en caso de no estarlo, saber que reacción tendría al percibir que la estaba tocando.

    Continué acariciando sus gruesos muslos, arañando ligeramente la cara interna de estos. Luego volví a palpar su vagina por sobre su ropa interior, pero esta vez me apasioné tanto con ello, que terminé introduciendo uno de mis dedos, aún sin quitarle las bragas; es decir, le estaba hundiendo parte de sus bragas entre su concha.

    Ella seguía dormida, pero su vagina parecía conocer todo lo que estaba ocurriendo. Rápidamente se calentó y humedeció, aunque debo decir que en esta materia estaba por debajo de Katherine, pues su vagina estaba lejos de tener la misma capacidad de lubricación.

    Muy delicadamente y con bastante paciencia y detenimiento fui bajando sus braguitas. Las dejé a la altura de sus rodillas para por fin ponerme cara a cara con su vagina. Era espectacular, pues no llevaba un matojo de pelo tapándola, pero tampoco la tenía depilada al ras; estaba apenas cubierta por unos pequeños bellos, que estaban tan cortos como para dejar apreciar la forma y el intenso rosa de su precioso coño.

    Empecé a tocarla suavemente, vigilando siempre si seguía dormida o no. Ella reaccionó retorciéndose ligeramente, también con unos pequeños jadeos, pero sus ojos seguían cerrados. Era como si se tratara de un sueño húmedo.

    Poco a poco me fui tomando confianza, lo que llevó a que mis manos y mis dedos se movieran cada vez con más rapidez y furor. Ella seguía sin expresar una reacción consciente.

    Ya no era uno, sino dos los dedos que exploraban al interior de su vagina. Trataba de hacerlo con cierta delicadeza a pesar de mi alto estado de excitación. Cuando los saqué de allí, salieron empapados, recubiertos de una buena cantidad de sus fluidos.

    Luego procedí a darle la merecida sesión de lengüetazos. Sabía que esto implicaba no poder vigilar más sus reacciones, pero a esta altura ya no me importaba nada, así que me agaché y hundí mi cara entre sus piernas. Pasé mis labios y mi lengua por su vagina a la vez que me ayudaba con las manos para separar sus piernas, también para acariciarlas.

    De repente ella empezó a empujar mi cabeza hacia abajo. Yo no podía ver si había despertado o era otra de sus reacciones en medio de un sueño húmedo, pero en últimas no me importó, pues más allá de cualquiera de los dos escenarios, era evidente que ella estaba disfrutando.

    Cuando levanté mi cabeza, mi barbilla estaba empapada por sus fluidos. Ella seguía retorciéndose a pesar de que ya no le tocaba.

    Me bajé el pantalón rápidamente y sin dudarlo la penetré. De nuevo buscando ser suave y despacioso, pues no quería despertarla, ni tampoco quería hacer ruidos que pudieran despertar a alguien más en la casa.

    Claro que el deseo de ser cauteloso me duró unos escasos minutos, pues me fue inevitable incurrir en una fuerte penetración, en un movimiento más contundente y rabioso.

    Ella despertó, ahora era un hecho, pues sus ojos estaban abiertos. Pero no hubo reproche alguno a lo que hacía, solo una mirada cómplice que me pedía no detenerme, que me rogaba penetrarla cada vez más fuerte.

    Así lo hice. La agarré fuerte de sus piernas, yo me paré estable en el suelo, y empecé a jalonarla y a empujarla a mi antojo.

    Sus jadeos fueron convirtiéndose en gemidos, que yo solo pude silenciar con besos y posando mi mano sobre su boca. Ella quería ser ruidosa, y lamía la palma de mi mano, buscando hacerme cosquillas para así lograr que yo quitara mi mano.

    Contando a estas alturas con su beneplácito, bajé la parte de arriba de su vestido, dejando sus tetas expuestas. Por fin, luego de tantos años fantaseando con ellas, de tanto tiempo de haberlas imaginado, al fin las podía ver. Eran de buen tamaño, naturales y decoradas por un hermoso y delicado pezón rosa. Pezón que una vez estuvo expuesto, difícilmente salió de mi boca.

    Las apreté, las estruje, incluso las cachetee, y al final sirvieron para recibir la descarga de semen que tenía reservada para esta chica.

    Ella cayó dormida de inmediato. No hubo tiempo para charlas, reflexiones ni nada que se le parezca, solo fue derrotada una vez más por su alto estado de alicoramiento. Yo aproveché para terminar de sacarle la tanga, ese iba a ser mi premio para recordarla por la eternidad.

    Salí silenciosamente de su cuarto y me dirigí al mío, en el que me esperaba Katherine en medio de un profundo sueño. Antes de acostarme fui al baño a lavarme la cara, pues el fuerte olor a coño podría delatarme.

    Al día siguiente sentí miedo de que alguien nos hubiese escuchado, o de que Diana abriera la boca. Afortunadamente para mí eso no pasó. Nadie nos oyó, y Diana no dijo nada, es más, creo que ni se acordaba, pues su trato hacia mí volvió a ser como el de siempre; no hubo comentario alguno, un llamado a la confidencialidad, ni amenazas, ni nada.

    De todas formas, el fin de mi relación con Katherine iba a llegar pronto. No porque se hubiera enterado de lo de la noche de fin de año con Diana, sino porque yo me enteré de que ella también me había sido infiel. Es más, lo hizo estando ya embarazada y con uno de mis amigos, pero eso es una historia que amerita ser contada en otro relato.

  • El cine para adultos

    El cine para adultos

    Fui a trabajar a la ciudad de México hace un par de años, como el trabajo era temporal me hospedé en un hotel, un día estaba en mi habitación y me decidí a dar un paseo por las calles aledañas ya que, aunque era jueves se veía mucha gente en las calles a las 11 de la noche. 

    Salí del hotel y caminé unas 4 o 5 calles, me encontré frente a un letrero que decía: “Cine adultos, función de media noche, Cleopatra, dos por uno en cabinas”. Estaba solo y quería conocer.

    Entré y compré una entrada y un refresco, estaba muy oscuro, pero entré como se entra a un cine normal, en las butacas había algunas parejas, comenzaron a iluminar la sala algunos anuncios de juguetes sexuales y consejos sobre salud sexual, volteé hacia atrás y había quizás unas 28 o 30 personas entre parejas y personas solas. Pude ver a una mujer dos filas atrás de mí que tenía una minifalda, no era muy guapa, pero tenía unas piernas bellísimas, me comencé a poner nervioso, al comenzar la película traté de poner la atención suficiente a la trama, una mujer investigadora que llega a las pirámides y tiene alucinaciones con el pasado de Egipto antiguo y con mujeres muy bellas.

    A unas tres o cuatro butacas a mi derecha había un hombre que saco su pene y comenzó a masturbarse, trate de no voltear, pero lo veía de reojo. Se bajó los pantalones descubriendo todo su miembro y testículos, acomodándose en su asiento seguía masturbándose y ensalivándose la mano sin voltear a otro lado más que a la pantalla.

    Atrás de mi comencé a escuchar que una pareja de besaba y gemía, los besos eran muy profundos y después, comencé a escuchar pequeños gemidos de hombre, yo ya estaba excitadísimo. Voltee y era una pareja gay, uno le hacía sexo oral al otro. Yo soy hetero, pero era muy sexy observar cómo se la chupaba y lamia su verga. El que estaba recibiendo la mamada me vio y sonrió yo me volví hacia enfrente de prisa.

    Mi pantalón se fue abultando, me preguntaba donde vine a parar o a donde estaba, comencé a sobar mi miembro por encima del pantalón, escuchaba gemidos más atrás, gire buscando a la mujer que estaba al principio, pero ya no estaba, la busque con mi mirada, pero ya no la volví a ver. Al girar vi que la pareja gay de atrás ya estaba follando. Uno encima del otro, montando el falo del otro y besándose. Uno de ellos me hizo una seña con el dedo para que me acercara. Me levanté rápidamente y fui al sanitario. Pensé en masturbarme enfrente del escusado, pero preferí no hacerlo, quizás hoy tenga un poco de suerte o de plano si no me desfogaba aquí podría conseguir una prostituta, pero sin follar a la cama no me iba.

    Junto a los baños estaba una sala pequeña con un letrero en papel que decía “cabinas dos por uno”, un hombre moreno que estaba en la puerta me dijo el costo y entre. Se escuchaban los ricos gemidos de mujer, había agujeros en la pared principal a la altura de un metro sobre el suelo, al principio pensé que eran para observar sin hacer ruido, pero después al acercarme me di cuenta cual era la función de estos.

    Estaba muy oscuro y me incliné a observar hacia adentro. La mujer de las piernas preciosas estaba mamando una verga por un orificio al otro lado de la cabina mientras masturbaba otro a su lado. Estaba a un metro de distancia quizás de ella por la parte de afuera, no pude contenerme, saque mi pene por encima del pantalón, si me rechazaba solo lo cubriría con mi abrigo.

    Seguí observando y me di cuenta de que tenía los ojos vendados, iba recorriendo a la pared con sus manos buscando una verga que mamar hasta que estuvo frente a mí, metí mi mano por el orificio y la toque, se detuvo, sobé un poco sus enormes tetas, tenía los pezones suaves y deliciosos, al acercarse metí mi verga por el orificio y sin pensarlo abrió su boca. Comenzó a succionarme la verga, chupaba todo el tronco suavemente y lamia mi glande ensalivándolo, ¡aghg, agh!, la escupía y decía: ¡que rica verga!, ¡mm! Aghhagah! Ponte un condón -.Me dijo.

    Saque un preservativo y me lo coloque, cuando vi entre la oscuridad tenía levantado el vestido y me enseñaba su enorme culo mientras seguía mamando las dos vergas que tenía enfrente en los dos orificios, mamaba una y otra y a ellos también les decía ¡que rica verga!, ¡mm! Aghhagah! No lo dude, metí mi polla en el agujero de la pared y ella se acomodó para poner penetrarla, sentí un escalofrío cuando entro, su chocho estaba muy húmedo y suculento, entro muy fácil y ella comenzó a moverse gimiendo ¡Mm!, ¡fóllame!, ¡cógeme duro! ¡Aah!, ¡Aah!, ¡Aah!

    Sus glúteos eran enormes y chocaban con la pared. Yo me sentía venir. No podía ver que estaba sucediendo solamente sentía sus embestidas con fuerza en mi miembro, yo también estaba a oscuras. Saco mi miembro y se hinco a mamar las dos vergas de enfrente, por los gritos de los hombres supuse que habían eyaculado, pero ya no pude ver más, me tapé el miembro y volví a la sala. La película seguía con una morena follando muy duro con un hombre vestido de romano.

    Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, pude ver que había un hombre y una mujer mamándosela al tipo que estaba junto a mi masturbándose al entrar.

    El hombre también compartía la verga del tipo, tanto el como ella se la chupaban y se besaban entre sí, una escena muy bisexual. Yo regrese a mi asiento en donde estaba, pero tenía que descargar, sujete mis testículos tratando de contener la tensión, me quite el preservativo y comencé a masturbarme. Ya estaba a punto.

    -Hola, ¿tienes mucha energía aun verdad? -Me dijo la pareja gay de atrás. Yo no supe que decir. La verdad yo soy hetero, pero estaba muy excitado, vieron el desconcierto y en mi cara y se sentaron uno a cada lado mío, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de ellos tomo mi verga de una forma muy suave.

    -Tranquilo, lo que pasa aquí dentro, de aquí no sale -.Dijo.

    Los dos se acomodaron en mi abdomen y comenzaron a mamarme la verga. Era una escena muy morbosa, yo viendo una porno mientras dos gay me chupan la pija y murmuran entre ellos; -¡si te cabe!, ¡que bárbara!, chúpala perra jajaja, ¡que rica verga!, succiónala, sóbale los huevos, ¡una así quiero que me entre a mí jajajaja ¡aghg, agh!

    -Ya sentía que pronto eyacularía, le dije -suéltenme voy a terminar.

    -No papi, me los voy a tragar jajaja -dijo uno de ellos.

    Al escuchar eso sujeté sus cabezas y comencé a arrojar chorros de leche, uno tras otro, comencé a barritar del placer, ellos reían y chupaban, limpiaban mi verga con sus lenguas, yo estaba extasiado. Cuando termine se levantaron y salieron contoneándose y abrazándose, yo me acomode en mi asiento. Dejaron mi polla limpia.

    Me dirigí al baño y entre nuevamente al sanitario a orinar, entonces lo que vi me impactó y nuevamente me produjo excitación.

    En una de las paredes del sanitario había un orificio similar al que había en las cabinas.

    [email protected]. Espero contar con su opinión y puntos de vista o lo que sea que me quieras contarme, también si queréis platicar y contarme sus fantasías, deseos o encuentros, no importa género o preferencia sexual. Saludos.

  • Como convertí a mi hombre en una puta

    Como convertí a mi hombre en una puta

    En lo personal siempre sentí que para vivir plenamente mi sexualidad necesitaba más que lo tradicional. Lo tradicional al cabo de un tiempo me aburría y necesitaba cambiar y buscar otra cosa, ya fuera otro hombre u otra experiencia, pero sin lograr nunca sentirme realmente satisfecha.

    Luego de muchas experiencias y búsquedas que saciaban momentáneamente mi necesidad de placer, sentía mi cuerpo dolorosamente insatisfecho. Tenía que haber más, mucho más! Pero en esa búsqueda no encontraba «mi dos», mi par, alguien que resonara conmigo para vivir sin límites esas fantasías, deseos y morbos. Algunas ideas ya rondaban en mi imaginación, provocadas por algún video porno o simplemente por dejarme llevar por mis ensoñaciones eróticas, pero sentía que ni siquiera esas fantasías agotaban las posibilidades y que había todo otro mundo de placeres aún por descubrir y que no lograba siquiera imaginar.

    Conocí a Daniel a través de una página web. Fue una noche tarde cuando comenzamos a chatear y ya desde los primeros intercambios sentí que había buena química entre nosotros. Nos presentamos y rápidamente comenzamos a flirtear ya que de entrada fuimos claros en que buscábamos divertirnos y tener sexo sin compromiso. Ambos teníamos deseos insatisfechos y la intuición de que existía un mundo de posibilidades que aún no habíamos explorado. Que tal vez ni siquiera lo habíamos imaginado.

    Creo que ambos en algún momento de aquella noche tuvimos la sensación de que juntos podíamos abrir esa puerta detrás de la cual habitaban fantasías sin límite. Nos dimos cita unos días después. Él me pasó a buscar y fuimos a un motel en las afueras de la ciudad. Entramos a la habitación y hubo un primer momento de incertidumbre pero marcado por una fuerte tensión sexual entre ambos. Si bien habíamos intercambiado fotos creo que ambos nos sorprendimos gratamente al vernos en persona. La atracción mutua fue inmediata. Intercambiamos algunas palabras mientras hacíamos los primeros gestos de acercamiento.

    Nos besamos y rápidamente todo fluyó con una intensidad que confirmó nuestras sospechas de que esto iba a ser diferente a lo que habíamos vivido antes. Los encuentros siguientes confirmaron aquellas sospechas pero no los voy a contar ahora porque cada uno podría ser motivo de su propio relato.

    Esos encuentros con Daniel, desbordantes de morbo y pasión, dejaron definitivamente atrás aquellas búsquedas que no lograban saciar mis apetitos más profundos. Con él experimenté orgasmos que me conmovían hasta lo más profundo y me dejaban sin aliento y al borde de las lágrimas.

    Me sentía plena y realizada como mujer por primera vez en mi vida. Aun viviendo ese sueño de sexo increíble algo muy fuerte ocurrió cuando él me confesó que siempre había tenido la fantasía de hacer cambio de roles. Primero me sorprendió y me descolocó un poco porque nunca lo había considerado.

    Pero para mi sorpresa y luego de jugar con la idea en mi cabeza y mirar algunos videos porno sobre el tema la fantasía de Daniel se hizo completamente mía y con una intensidad asombrosa. Me costaba creer y entender porque esa idea me llevaba a tal nivel de excitación. Daniel compró el arnés que venía con un par de pijas de látex y tuvimos nuestro primer encuentro con cambio de roles.

    En ese momento algo completamente nuevo y muy intenso explotó dentro de mi. Para mi enorme sorpresa, tener puesta aquella pija de látex me transformaba y me hacía sentir viril y hacía que aparecieran deseos y apetitos nuevos: deseo de poseer, de dominar, de someter y de penetrar. Una naturaleza primitiva y masculina se apoderaba de todo mi ser.

    Llevada por esa fantasía gozaba de ponerlo en cuatro, abrirle el culo con mi lengua y lubricarlo y dilatarlo hasta que su disposición, evidenciada en sus jadeos de placer, y mi deseo me hacían insoportable las ganas de cogerlo. Lo penetraba despacio pero sin piedad mientras lo sentía gemir y resistirse levemente hasta que por fin lo vencía y la enorme pija de látex se metía profundo en su culo. En ese momento de rendición y entrega él comenzaba a mover sus caderas rítmicamente, acompañando mis embestidas de “macho” y generando en mí una excitación desconocida.

    Me impresionó mucho el enorme placer que cada vez más experimentaba en ese nuevo rol, y de cómo gozaba de verlo sometido. Lo agarraba con fuerza por las caderas o del pelo y forzaba mi pija dentro suyo una y otra vez, hasta el punto de llegar a tener orgasmos imaginando que lo (la?) llenaba con mi leche caliente. En esos momentos lo sentía tan femenino como yo me sentía de viril y masculino. Yo me sentía un macho caliente deseoso de ser complacido por una puta entregada, servicial y sumisa.

    Fue en uno de esos encuentros mientras lo poseía y en mi imaginación lo transformaba en una puta que quise verlo convertido en mujer. Quise verlo transformado y que se sintiera como la puta que yo misma me había sentido con él, y con muchos otros antes que con él. Vestirlo, maquillarlo, hacerle usar lencería provocativa y verlo comportarse como esa puta que yo tenía en mi imaginación y que alimentaba ese deseo morboso y extraño pero que también era real y de una intensidad increíble.

    Cuando por fin y con cierta timidez le confesé mis deseos me sorprendió al aceptar de inmediato. Vi en su cara que la idea no le era extraña y que él mismo necesitaba dar ese paso para terminar de reconocer, aceptar y realmente transformarse en esa puta que ya era para mi. Me llevó un tiempo conseguir la lencería sexy adecuada, zapatos de taco, un vestido provocativo pero una vez que lo tuve lo llevé al hotel y le dije: “hoy vas a ser realmente mi puta, te voy a convertir en una y luego te voy a coger como tal”.

    Lo desnudé y comencé por ponerle una tanguita celeste con puntillas con una ranura anterior originalmente prevista para ser penetrada por allí, pero que yo usé para que su pija saliera porque ya estaba semierecta por la excitación. Luego las medias de red, un soutien que envolvió y disimuló sus músculos pectorales, transformando su pecho viril en algo sensual y femenino, un vestido ajustado de milonguita de prostíbulo que modeló su figura afinando su cintura y resaltando su lindo culo y por último una peluca larga y rubia.

    Yo estaba cada vez más caliente mientras lo transformaba y sentía mi concha empapada y contrayéndose por la excitación. Cuando por fin terminé de “vestirla” y la maquillé con un labial rojo chillón, muy llamativo, y le delineé los ojos, no podía creer lo excitada que me sentía. Me volvía loca de placer ver travestido al hombre que me atrae, me enloquece, me complace y satisface. Él tiene todo lo que deseo en un hombre, es un macho divino físicamente, es inteligente y tiene esa mirada que me desnuda el alma y me eleva.

    Tal vez la fuerza tremendamente erótica de la transformación tuviera que ver con el contraste de verlo convertido en una puta de prostíbulo exhibiéndose y vendiendo su cuerpo al hombre que esté dispuesto a pagar por ello. Esa idea de verla seducir a otros hombres empezó a darme vueltas en la cabeza cada vez con mayor insistencia. Después de varias cogidas a mi puta y de seguir refinando el vestuario y de educarla para caminar con los tacos moviendo el culo y usar trucos de seducción femeninos, mi fantasía para mi puta por fin tomó forma y me llevó a nuevos y desconocidos niveles de excitación y deseo: quería jugar a que él/ella y yo fuéramos dos putas para otro hombre.

    Cuando se lo dije a Daniel su reacción fue una mezcla de excitación y temor ante la audacia de la idea. Involucrar a alguien más rompía el círculo íntimo de complicidad entre nosotros y nos exponía a la mirada y al deseo de alguien más. La fuerza de mi deseo venció sus resistencias y fue así como me puse a la búsqueda de un candidato. Luego de descartar muchos tipos que se ofrecían como terceros pero que ni cerca daban la talla de lo que buscaba, conocí a Alex por Facebook.

    Alex, si bien no es tan atractivo físicamente para mi como Daniel, cuando charlé con él vi que tenía el morbo, la actitud y la disposición para jugar con nosotros en nuestros términos. Me gustó que él también estuviera dispuesto a dejarse llevar por la sensualidad del momento como lo hacemos con Daniel, sin preconceptos ni limitaciones. Que estuviera dispuesto a estar con los dos era fundamental ya que yo sentía mucho deseo de ver a Daniel penetrado por un hombre. Cuando al fin concretamos y salimos con Alex, todo anduvo de maravillas.

    Todo funcionó aún mejor de lo que esperaba. Gocé mucho viendo cómo se cogía a Daniel y también gocé mucho de que me cogiera mientras Daniel miraba, me besaba y me masturbaba. Eso entre mucha sensualidad, besos de a tres, caricias y palmadas, roles diferentes y mucha generosidad y morbo compartido. Me sentí poseída por un deseo tremendo y no paraba de gozar y jadear y tener orgasmos muy intensos. Alex como tercero, lejos de generar inseguridades o celos, nos ayudó a llevar nuestra relación a otro plano de mayor confianza, audacia apertura y libertad.

    Luego de estar con él nos sentimos más unidos y atraídos, así como sorprendidos de nuestra capacidad para gozar cada vez más. Pero lo más importante, sentí que podía plantearle a Alex mi fantasía de las dos putas y llevar la experiencia a otro nivel.

    Le planteé la idea a Alex por chat y le voló la cabeza y fue así que planeamos un nuevo encuentro dónde llevaríamos a cabo la tan ansiada fantasía.

    El día que tanto esperaba al fin llegó. Fuimos al hotel con Daniel más temprano para prepararnos, pero Alex, muy ansioso por el encuentro, llegó al hotel casi en seguida que nosotros, así que nos tuvimos que vestir en el baño para no arruinar la sorpresa. La situación de encerrarnos en el baño con Daniel y la expectativa y excitación que sentí me hizo acordar a cuando, hace tiempo, salía con amigas y pensábamos en la ropa que nos íbamos a poner para salir a «ganar» en algún baile.

    Me vestí yo y ayudé a Daniel a prepararse. Antes de empezar creía que faltaban detalles en su arreglo personal para lograr una transformación femenina creíble para que fuera más “atractiva” para quien iba a ser en unos minutos nuestro hombre, nuestro cliente, nuestro macho, en cuanto saliéramos del baño. Pero cuando terminé de vestirlo y maquillarlo estaba “divina”, completamente transformada en una puta increíble… Sexy! ¡Muy putona! ¡Con semejante transformación ya Daniel no era mi hombre!

    Cuando salimos del baño, el impacto en nuestro “cliente” fue evidente de inmediato. Quedó totalmente encendido ante nuestra aparición, ambas vestidas muy sexy y caminando hacia él con tacos y meneando el culo. Se lo veía en su cara libidinosa y apreciativa de nuestro despliegue de morbo y en la erección que era notoria aún a través de la ropa.

    En ese momento éramos dos putas totalmente producidas, sexys y sensuales, y fue claro que él quedó totalmente y de inmediato captado en nuestro mundo. El acercamiento fue al instante, besos entre las putas, besos entre los tres, todo muy rico y jugoso, con sabor a deseo. Lo fuimos desnudando y le fuimos mostrando de distintas maneras nuestras ganas de darlo todo para satisfacerlo. Mi conexión con Daniel (ahora convertida en “Alejandra”, su nombre de puta) es tan única, tan viva y enérgica que se transmite y se contagia.

    Me encanta y excita tener el mando en el encuentro. Cuando ya estaba claro que el juego preliminar de besos y caricias había puesto a Alex completamente cachondo y estaba pronto para más, hice sentar a Alex y ejercí mi actitud dominante sobre mi puta y le ordené con gestos firmes que atendiera esa pija encendida. Quería ver a Alex sentado en el sillón, ya evidentemente extasiado, y ver a mi puta enloquecida entre sus piernas, chupándole la pija. En esa posición yo podía chuparle el culo a Alejandra y así prepararla, excitarla y lubricarla.

    Verla chupando la pija en su rol de puta mientras yo le comía el culo me produjo un placer que nunca antes había experimentado. Cuando el culo de Alejandra ya estaba pronto le ordené que se sentara en la pija de Alex. Verla caliente y deseosa por meterse la pija de Alex me provocó aún más excitación que la que siento cuando yo la penetro. Se colocó encima de Alex y yo, muy excitada, guie su pija dentro de ella. Con cada salto que Alejandra daba sentada sobre esa pija turgente, gozando y haciendo gozar yo sentía un cosquilleo interno, inexplicable. Quería ser ella gozando y al mismo tiempo ser el cliente que se la coge. De alguna manera lo soy y lo siento en la interacción de los tres en los besos, en las caricias y en el movimiento. Mientras Alejandra se lo coge yo miro, gozo, la guío, le marco los tiempos, estudio al cliente, lo provoco con caricias y besos.

    También en las palabras dichas en ese momento: en el “¡rica puta!”, en el “¿te coge bien papi? ¿Así te gusta?”, en la intensidad creciente del movimiento y los jadeos hasta que por fin el cliente se acaba. En ese momento siento que somos dos putas buscando la perfección una en la otra. El juego de roles se volvió una realidad intensa, cargada de morbo y en la cual se borraron todos los límites y en la cual nos identificamos profundamente entre nosotras.

    ¡Ahora es mi turno! Daniel se despoja de todo su vestuario de hembra, ya satisfecha, y reaparece mi hombre. Ahora soy una puta para dos machos. Siento a ambos acariciando mi cuerpo de todas las maneras posibles y experimento todas las formas del placer y del deseo. Siento caricias en mis tetas, mi espalda, mis muslos, dedos que me penetran por la concha, por el culo. Siento las lenguas de ambos ávidas y sedientas por mi cuerpo y mis jugos. ¡¡Qué delicia!! ¡Cómo me gusta ser puta y ser deseada! Siento el deseo y las ganas de dar placer y al mismo tiempo satisfacerme yo misma. Realizarme y sentirme plena en ser objeto de deseo, en ser puta.

    Mi hombre está intenso y entero, dispuesto y erecto. Su pene llena mi boca. Sabe a excitación y a deseo y tiene todo lo que mi lengua y mi paladar desean. Alex, mientras está intentando reponerse de lo exhausto que lo dejó “mi puta”, abre mis nalgas para que Daniel me saboree completamente y yo se la chupo a él ayudándole a recuperar la erección. Estoy extremadamente caliente y fuera de mi, ansiando ser penetrada. Cuando al fin Alex se recuperó me puse en cuatro para ofrecerme a él mientras miraba a Daniel, provocándolo con mi actitud de entrega y deseo por otro hombre. Percibí en su mirada una mezcla de morbo y celos pero que, lejos de disgustarlo, incrementaron su excitación. Sentí como me agarró de las tetas y del culo y comenzó a acompañar y acentuar mis movimientos ante las embestidas de Alex.

    Cómplice de él y cómplice mío. Esa sensación de estar dominada por dos hombres, sumisa y entregada, mientras aquella pija se metía profundo dentro mío con fuerza hizo que me acabara una vez más con jadeos y gritos que no pude ni quise contener. Un orgasmo de una intensidad inaudita, desgarrador, que recogía todas las experiencias vividas aquella noche.

  • Placer de lencería y mi amigo Gabriel

    Placer de lencería y mi amigo Gabriel

    Yo salía de la adolescencia y mis ímpetus seguían madurando. Por aquellos años, explorar mi sexualidad me brindaba cada vez más grandes satisfacciones.

    Una de esas noches, después de un trajinado día, me di el acostumbrado baño caliente antes de acostarme. Debo decir que cada baño es para mí un ritual placentero, me jabono acariciándome todo el cuerpo y me toco cada parte hasta el último rincón… especialmente allí donde vibro al máximo.

    Yo siempre tengo un calzoncito sexy por allí para ocasiones especiales y, esa noche, me lo puse antes de acostarme. Confieso que me encanta sentir esa sensación especial de tener puesto una prenda femenina tan íntima, suave y delicada sobre mis partes, es algo enervante.

    Mas no sabía lo que esa noche estaba por suceder fortuitamente.

    Tocaron a la puerta, y como no había nadie en casa, me envolví con una toalla y salí a ver. Era mi amigo Gabriel quien tenía varios años más que yo y venía a comunicarme algo que ya no recuerdo. Lo hice pasar a la salita y como era de confianza yo seguía con mi toalla a la cintura y un polo blanco y suelto que me hacía sentir muy fresco en esas noches de verano.

    Conversamos así un rato, cuando en algún momento noté que disimuladamente me miraba el trasero. Y mientras seguíamos hablando de algunas cosillas picantes puse algo de música relajante. El seguía mirándome con más interés, lo noté y, como eso me excitaba decidí presionar la situación. Saqué unas revistas porno que tenía por allí, las hojeamos y sucedió lo inevitable: se hizo un bulto en su entrepierna que me atraía. Me acerqué más a él así como estaba con mi polito, la toalla y suavemente perfumadito como siempre. Al sentirme tan cerca él me miró con cierta picardía, las fotos de las revistas ya habían causado el efecto deseado, delicadamente me tomó del brazo y me dijo que estaba muy “sexy” así. Y, sin querer, esa fue la señal que estaba esperando.

    Apagué la luz del lugar en que estábamos y solo nos alumbraba una tenue luz de la calle que entraba por una de las ventanas. Nos abrazamos más efusivamente, nos besamos y, para dar rienda suelta a nuestros deseos desatados, nos fuimos a mi cuarto. Allí lo ayudé a desvestirse y sentí su cuerpo más caliente de lo normal por las ansias que tenía, nos tumbamos a la cama y nos revolvimos un rato disfrutando de esas ganas contenidas acariciándonos como solo las parejas en celo lo hacen, hasta que poco a poco me quitó el polo y me desenvolví la toalla que todavía me cubría dejando ver el calzoncito que llevaba puesto lo cual le gustó. “Eres una bandida”, me dijo al verme así. “Esta noche soy tu bandida… tu amante… tu mujer y… todo lo que quieras” le susurré maliciosamente. Sus caricias se hicieron más arrebatadoras y nuestra excitación más intensa.

    Me recorrió todo el cuerpo con sus caricias mientras yo seguía con el calzón puesto. Eso parecía enervarlo más pues ya tenía su erección al máximo ante lo cual no pude resistirme y lo agarré, lo acaricié, lo besé en la punta de su glande jugoso antes de metérmelo todo a la boca tragándomelo todo lo que podía. Él se tiró boca arriba para dejarme mamarle con más libertad encima de él mientras mis labios recorrían rítmica y golosamente su miembro duro que parecía a punto de estallar. Y cuando ya estábamos un buen rato así, desbocados y desesperados de placer, cambiamos a una posición distinta y definitiva… yo boca arriba y él encima de mí, me alzó las piernas a sus hombros y con sus manos buscó mis pechos desarrolladitos como de mujercita –siempre los he tenido así- para deleitarse un buen rato apretándolos y succionándolos con su boca de uno en uno lo cual me terminaba de alocar.

    Luego, me tomó de la cintura , bajó y se prendió de mis caderas que tanto deseó desde el inicio, y buscó mi orificio con sus dedos arrimando el calzón sin quitármelos… me los introdujo tratando de prepararme para lo que ya sabíamos que tenía que hacer y, colocándome su miembro fue que en ese momento sentí su cosa entrándome, empujándolo suavemente al principio y al lograr penetrarme lo hacía más fuerte cada vez mientras yo sentía que me desgarraba pero igualmente lo disfrutaba al sentir su virilidad rozando el calzón y entrando en mi tanto así que me aguantaba las ganas de gritar de placer.

    El seguía poseyéndome y ambos gozábamos tanto de ese momento que no decíamos nada, solo jadeábamos agitadamente y disfrutábamos de eso que parecía una violación consentida, por el calzón puesto… hasta que lo sentí venirse abundantemente dentro de mí… lanzó un alarido de satisfacción y se tumbó sobre mi para besarme mientras sus fluidos me invadían y se derramaban mojando el calzón. Es indescriptible sentir esa humedad entre las piernas con sus fluidos que siento todavía mucho tiempo después, cada vez que me los pongo.

    Finalmente nos quedamos abrazados muy calientes y agotados de la emoción, del gusto… de ese placer infinito, que hace poco, al encontrarnos después de tantos años, pudimos repetir y esa historia se las contaré otro día.

  • Mi primer novio (2): De princesa de papá a pequeña puta

    Mi primer novio (2): De princesa de papá a pequeña puta

    Durante toda la semana Oscar y yo estuvimos mensajeándonos vía SMS por la noche, entre semana no nos veíamos mucho, ya que la universidad consumía nuestro tiempo, pero recuerdo que el día miércoles tuvimos una conversación. Algo así…

    El -hola chica guapa y sexi como estas?

    Yo: bien chico loco y tú??

    El: llegando de la uni, quiero verte y quisiera invitarte a salir el sábado

    Yo: claro que si, me encantaría y que tienes en mente hacer?

    El: pues tengo dos propuestas.

    Yo: ok, y cuáles son, a dónde me llevarás o que haremos?

    El: pues ir al cine o ir a un hotel para continuar con lo del fin de semana pasado.

    Yo: mmm ok, pero en un cine no podríamos continuar con lo del pasado fin… Pero como que vas muy rápido no crees?

    El: pues piénsalo y el sábado me dices ok?

    Yo: ok pues ya nos vemos el sábado…

    Eso entre lo que recuerdo y pues llegaría el viernes, y me mando mensaje donde quiso adelantar la cita, pero… yo tenía cita con Alonso, Alonso casi siempre me utilizaba los días domingo, miércoles y viernes, así que le dije que no podía… Por lo regular los viernes siempre llegaba al departamento de Alonso con vestido, minifalda o abrigo sin nada abajo.

    Por fin llegó el fin de semana y la verdad ya estaba ansiosa de ver a Óscar, y pues obvio la respuesta sería ir al hotel, así que decidí ponerme una minifalda negra ajustada al cuerpo, blusa azul y unos botines con tacón muy sexis.

    Dieron las 3 de la tarde, hora que ya habíamos acordado, y él llegó puntual, al salir y verme se quedó pasmado, subí al auto le di un beso y yo estaba muy alegre de verlo, me hizo la pregunta del millón.

    El: entonces si pensaste a dónde iremos??

    Yo: cuáles eran las opciones??

    El: hotel o cine

    Yo: mmmmm la primera opción…

    Su expresión era de sorpresa, así que arrancamos el auto y fuimos camino al hotel, le dije que teníamos hasta media noche para encerrarnos, fuimos a un lugar al sur de la ciudad, a un hotel muy coqueto, esa noche por primera vez estaría con alguien al cual yo elegiría y me sentiría con ganas de estar.

    Llegamos al hotel y en la recepción todos nos miraban dos jóvenes apuestas, pero yo todo un mujerón, un hombre en la recepción del hotel me miró muy fijamente, literalmente me desnudo con la vista, y yo lo mire de reojo y sonreí, me encantaba que me miraran…

    Entramos a la habitación, y al cerrar la puerta empezamos a besarnos muy apasionadamente hasta llegar a la cama se recostó y yo me subí en él, y así estuvimos besándonos durante muchos minutos, comencé a despojarlo de toda su ropa, le quite la camisa, y baje besando su abdomen hasta llegar al cinturón y desabrochar su pantalón, hasta que ahí estaba ese pene que tanto quería disfrutar con tranquilidad, metérmelo a la boca y a mi cuerpo, porque tenía tanta ansia de él desde el primer día que lo vi, de pronto se sentó en la orilla de la cama y yo de pie empezó a meter su mano bajo mi falda.

    Estábamos muy excitados empezó a besarme las piernas y a meterme los dedos, me quite toda la ropa, me hinqué y empecé a chupársela, eran rico y delicioso comerme ese miembro con, ganas, con amor, era diferente, me levanté y el acostado sobre la cama me subí en su mimbro, y empecé a moverme de arriba para abajo y de adelante hacia atrás, mientras él tocaba mis pechos y yo ponía mis manos sobre mis nalgas, así estuvimos un rato, se levantó y me colocó de a perrita en cuatro patas, subiéndose sobre mis nalgas y montándome cuál perra en celo, él tocaba y acariciaba mis nalgas, eso me ponía muy cachonda, exponiendo mi culo hacia él, pidiendo que me introdujera su verga, entraba y salía y yo disfrutaba al 100, hasta que hice que se viniera en mi espalda, pero yo no había terminado, así que quería más y más, dejé que se recuperara.

    Así que volví a bajar a comerme su rico pene para motivarlo, de repente volvió a despertar pero en esta ocasión estuvimos en posición de misionero el me penetraba muy fuerte hasta que optó por poner mis piernas sobre sus hombros para que entrara, y yo preguntando que si se había hecho más grande, para motivarlo más y más que me hiciera gritar de placer me estuvo bombeando mucho tiempo hasta que por fin grite de placer culminando mi orgasmo.

    Durante esa tarde estuvimos mucho tiempo juntos cominos y cenamos ahí, de pronto surgió una pregunta que jamás en mi vida había escuchado…

    El: quieres ser mi novia??

    Yo me quedé totalmente sin palabras, y callada durante un momento

    Yo: muy bonita forma de decirle a una chica que si quiere ser tu novia, después de que ya te la cogiste y la tienes desnuda en la cama y sonreí…

    Él se quedó totalmente callado, y mi respuesta fue un si!! Qué inmediatamente después se convirtió en una sonrisa en su rostro…

    Ya de noche nos metimos a un jacuzzi, estábamos abrazados y sentía como su pene estaba excitado, le dice que sí quería de nuevo hacerlo a lo que respondió que si!! Así que nos fuimos directo a la regadera, nos bañamos y ahí me arrodillé metiéndome nuevamente su verga a mi boca, me levanta y apoyando mis manos sobre la pared el me penetraba, tomando mis nalgas, le dije que no terminará dentro de mi, le dije que terminara en mi cara, él se éxito mucho y su cara fue de sorpresa, le dije que quería ver qué se sentía, así me arrodillé y vacío toda su leche en mi cara, moría por comérmela, pero me contuve…

    Al terminar nos fuimos a recostar, y me quedé pensando que ese día me pedía ser su novia y no había dejado nada a la imaginación, luego me entregué a él, tal vez llegue a pensar que no me pediría ser su novia y que solo tendríamos placer ocasional, pero a mí me gustaba y lo hacía con agrado…

    De camino a casa me dijo que la próxima semana era su cumpleaños y que tendría una reunión con familia y posteriormente con sus amigos en su casa de provincia, que irían sus papás que quería que yo estuviera ahí y que pidiera permiso para quedarme a lo que respondí que si… y en el camino platicábamos sobre sus amigos, su familia.

    Al llegar a mi casa a eso de la medianoche le dije que pensará lo que quería de regalo, porque la siguiente semana me dejaría hacer lo que él quisiera… Sonrió y le dije que solo por ser su cumpleaños haría lo que fuera por mantenerlo contento…

    El: lo que sea??

    Yo: lo que ssea… –respondí- así que para empezar me dices como quieres que vaya vestida y que color de ropa interior quieres que me ponga… «Linda noche papi» y entre a mi casa.

  • De nuevo con mi cuñada

    De nuevo con mi cuñada

    Siguiendo con el relato anterior, después que Zandra mi cuñada puso su negocio en Colima,  precisamente a un lado de mi oficina, lo que implicaba que todas las mañanas de lunes a viernes podíamos estar juntos y se nos empezaba a hacer costumbre que a su llegada a la tienda yo la esperaba para tener relaciones al menos dos veces diarias, trayendo consigo que cogía más con ella, que con mi propia esposa, inclusive ambos olíamos mejor el humor del otro, que de nuestras propias parejas.

    Resulta que un martes entré al local y ella estaba atendiendo a unas clientas, saludé y le dije que iba a entrar a revisar el baño como ella me lo había pedido, vi que el depósito del agua tenía una fuga, la cual reparé sin mayor problema, ya una vez que ella se desocupó, fue hasta donde yo estaba y me empezó a besar muy intensamente, diciéndome que extrañaba la intimidad de aquellos días que habíamos pasado en Guadalajara y que quería que lo volviéramos a repetir, porque nuestras relaciones las habíamos tenido ahí en el local y estábamos expuestos a la llegada de algún cliente o inclusive de mi esposa, diciéndome que si al siguiente día podía pasar a recogerla a la casa de mis suegros, lo que yo estuve de acuerdo.

    Ya por la noche mi esposa me dijo que si podía acompañar a mis suegros al Distrito Federal para escoger mercancía para su empresa –ya que ella ahí trabaja-, y que si antes de llegar a la oficina podía pasar a recoger a su hermana y le daba un aventón al negocio, a lo cual yo le dije que sin problema.

    Así que ya después de bañarme y cambiarme, salí más temprano que de costumbre a casa de mis suegros a recoger a Zandra no sin antes masturbarme para poder aguantar más de ese delicioso postre que es mi cuñada, la cual ya me estaba esperando, abriéndome la puerta de entrada y me dijo por el interfon que pasara a su cuarto y cerrara la puerta, lo que hice y ya estando arriba, cuál fue mi sorpresa que estaba recargada en la puerta con un baby doll color azul marino semi transparente, que le hacía lucir un calzón cachetero y brassiere del mismo color con encajes, viendo lo linda que se veía Zandra, le dije “Mira cuñada que cuerpazo te cargas, estas bien buena” caminando hacia ella y con mis manos tomé su cintura y la atraje hacia mí y empecé a besar su boca, correspondiéndome de inmediato al meter su lengua en la mía.

    Aproveché el momento para empezar a agarrar sus ricas nalgas, bien duritas y sobarlas, y pegar su cuerpo al mío, ya que mi falo se empezaba a poner duro y lo restregaba a su puchita, y con mi otra mano le agarraba sus bubys todas duritas y sus pezones bien paraditos, ella ya caliente decía “Uff, mmm, que rico, ya tenía ganas de estar así en calma, sigue que me pones a mil”, así que empezábamos el faje a todo lo que daba, puesto que mis manos pasaban por cada centímetro de su cuerpo estrujándolo, sobándolo y con mi boca empezaba a besarle sus oídos, bajando por su cuello, haciendo que su cuerpo se estremeciera y sus vellos se erizaran, así que la voltee para que me diera las espalda, lo que aproveché para pegar mi verga entre sus nalgas y restregársela, y con mi mano derecha bajar hasta su rica almeja y sobarle su clítoris, mientras que con la izquierda recorría su rico seno izquierdo por debajo de su brassiere, masajeando su pezón y aureola, haciendo que su calentura aumentara, mientras mi boca recorría su espalda.

    Al cabo de algunos minutos, sentí como su rica chocha se encontraba completamente mojada y su cachetero súper húmedo, diciéndome “Paco, ya cógeme, métemela por favor, agg, mmm”, a lo que yo le respondí “Claro que no, si algo nos falta, es tiempo y te voy a saborear ahorita que podemos, antes que metértela, te vas a ir varias veces”, así que la voltee hacia mí y volví a besarla, era rico sentir su lengua suplicante pedir entrar a mi boca, y yo corresponderle metiendo la mía en su boca, como nuestra saliva se mezclaba, mientras yo seguía dándole con mi mano seguía dedeando su puchita y con la otra masajeando su ricas bubys.

    Por la calentura que traíamos, yo apenas alcance a oír como que alguien abrió la puerta de entrada de la casa y dije “Zandra, alguien abrió la puerta de entrada”, a lo cual ella me dijo, “Vez como brinca esta casa cuando pasan camiones pesados por la calle, no es nadie, la única que podría entrar es Georgina mi hermana, pero ella ya está en su negocio, síguele que ya no aguanto más”, gimiendo a voz alta “mmm, uff, ayyy, me voy”, así estaríamos algunos 10 minutos, cuando alcance a ver por el espejo que fuera de la ventana se encontraba precisamente mi cuñada la mayor Georgina, la cual nos estaba espiando, viendo su cara de asombro.

    Ante tal circunstancia, yo no dije nada y seguía con mi acometido de calentar lo más posible a Zandra mi cuñada, hasta que ella suspiraba y me decía “Paco, ya tenemos así alrededor de media hora, ya métemela, voy a explotar de lo caliente que estoy, mi puchita esta empapada de tanto líquido que sale, uff, mmm, ayyy”, lo que yo aproveche para quitarme el pantalón y el bóxer que traía y le respondí “Cuñadita primero quiero que me chupes mi verga, ve como me la tienes, toda dura”, “Sí Paco, quiero exprimirte esa vergota que tienes, está más grande que de costumbre” me dijo; Yo para eso voltee a ver el espejo y visualicé que mi cuñada Georgina, al verme mi falo todo duro, grueso y lleno de venas, se la salían los ojos y se tapaba la boca con una mano, quedando impresionada de tremenda cosa que se me veía.

    Aproveche para sentar a Zandra en la cama y de inmediato tomó mi falo con sus manos y se lo empezó a meter a su boca, succionándolo y con la lengua lambiéndolo a todo lo largo, haciendo que mi verga siguiera creciendo, por lo que aproveché nuevamente para ver en el espejo la reacción de Georgina mi cuñada mayor, notando que se le desorbitaban los ojos y una de sus manos empezaba a tocarse los pechos y con la otra por debajo de su pantalón en su sexo, lo que hizo que mi mente empezara a volar pensándola que nos iba a pedir un trio, así que yo seguí con mi acometido, y parando a Zandra y le quite el calzón y su brassiere para dejarla desnuda completamente ante mí, y le dije “Ahora vamos a hacer el 69, Zandrita, quiero probar tu almeja y beber de ese rico néctar”.

    Por lo que me acosté boca arriba en la cama y puse a Zandra boca abajo, donde ella me mamaba mi verga y me dejaba toda su raja a mi completa voluntad, por lo que de inmediato con mi boca empecé a succionar sus labios de su vagina y con mi lengua, le daba lengüetazos a su clítoris, y con mis dedos empezaba a penetrarla hasta sentir los surcos que llegan a su punto G quizás así estaríamos alrededor de 20 minutos, lo que hizo que empezara a gritar como loca “Que delicia, me estoy mojando muchísimo, sigue así, me voy a orinar, uff, mmm, ayyy”, situación que aproveché para darle más continuamente, de repente estalló un chorro continuo de liquidado vaginal en mi boca y cara, ella se convulsionaba de tanto placer y me decía “Paco, me matas, ya cógeme por favor”, yo de repente miraba el espejo y alcanzaba a ver a Gina mi cuñada, ya descompuesta su cara por tanta excitación y manoseo que ella misma se daba, hasta que le dije a Zandra “Ahora si te voy a coger por tu rica panocha mamacita, con las ganas que te traigo”, abrazándola con mis manos, ya para eso ambos sudábamos a chorros y nuestros líquidos se mezclaban, acomodándola boca arriba en la cama, y abrí sus piernas dejándome todo su puchita a mi antojo.

    En esa posición, me puse de rodillas y acerque mi verga, la cual estaba durísima, llena de saliva de Zandra y grandísima, fácil unos 18 a 19 centímetros de largo por unos 4 de ancho, la cual acomodé a la entrada de su almeja, y sin mayor problema empezó a entrar en su concha ya dilatada, así que empecé a meterla y sacarla cada vez más rápido, mirando de repente el espejo para ver a Georgina mi cuñada mayor, la cual ya sin miramientos se había desabrochado el pantalón y su mano entraba y salía de su raja, y sus senos salían del brassiere rebotando de la masturbada que se estaba haciendo de solo vernos coger con Zandra su hermana.

    Estuvimos en varias posiciones hasta que me senté en el colchón con mis pies recargados en el piso y subí a Zandra para que se sentara arriba de mí, y ella se sostuviere de sus pies para bajar y subir, metiendo y sacando su almeja de mi verga, yo sosteniéndola de sus caderas en el movimiento de subida y bajada, para que así Georgina tuviera una vista mejor del sexo que estábamos teniendo con Zandra, estuvimos así alrededor de 15 minutos hasta que yo sentí que no tardaría mucho en venirme, mientras tanto Zandra gemía de placer, era tanto que no se entendía lo que decía “Uff, mmm, que rica clavada me das, ayy, por favor, sigue así, ggg”.

    Yo al estar muy cansado por el cumulo de posiciones que estábamos haciendo el amor, me acosté boca arriba y subí a Zandra a que me montara, lo que hizo sin emitir reclamo alguno, así que yo tenía mis manos libres para manosear sus ricas tetas, y con la otra le metía dos dedos en su rico culito, así que de inmediato reaccionó y me dijo “Paco me estas metiendo dos dedos por mi culo, me vas a culear, uff, mmm, que rico”; Yo ya estando tan cansado como andaba y sudando al por mayor, le dije “Mamacita, solo quiero excitarme porque quiero irme dentro de tu puchita, descansamos y lo hacemos al rato por tu culito, que le traigo muchas ganas”, así que el subir y bajar, yo succionando como un bebé esos ricos pechos, y con mis brazos la tomaba de sus hombros para replegarla contra mi verga en cada movimiento de entrada y salida, ella ya solo alcanzaba a suspirar y a gemir, pareciendo un pistón de vehículo como entrada y salía mi verga de su linda panocha.

    Hasta que llegó el momento que no pude más y sentí como mi semen salía al por mayor y se lo dejaba ir en su rica vagina, diciéndome ella “Que rico que coges, dejamos todos adentro, préñame, quiero más de ti”, en cuanto me exprimió totalmente, voltee a ver el espejo y vi que Georgina mi cuñada ya no estaba, serían las 10:50 de la mañana, así que después de descansar un buen rato me dice Zandra, “quédate toda la mañana aquí conmigo, quiero que sigamos haciendo el amor, ya me debías una cogida así”, así que estuvimos un buen rato y lo volvimos a hacer otra vez, hasta que la deje en su negocio y yo me metí a mi oficina a trabajar, siendo esto como a las 12:50 de a medio día, sin embargo ese día estuvimos haciendo el amor por lo menos unas 5 cinco veces más.

    Por la tarde de ese mismo día, me llamo a mi celular mi cuñada Georgina, diciéndome que ocupaba platicar conmigo, porque traía un problema con su esposo Juan, y que quería que la orientara que hacer, así que le di una cita en mi oficina, sin embargo me pidió que mejor si al día siguiente nos podríamos ver en un café que se encuentra a la salida de Colima rumbo a la carretera que conduce a Manzanillo, así que nos quedamos de ver al día siguiente, situación que les contaré en siguiente relato.

  • Mi trío con los esposos Luis y Lety

    Mi trío con los esposos Luis y Lety

    Los conocí en un bar de Acoxpa, ahí por Coapa recuerdo que ambos no dejaban de verme, ella se veía espectacular luciendo su rico cuerpo y él era el típico hombre con suerte, que tenía algo que atraía a las mujeres, si amigos, ellos eran Luis y Lety.

    Me invitaron a su mesa, comenzamos a charlar y beber, en un momento no podía dejar de verla a ella, sé que su marido nos veía, pero Lety tenía la lujuria adornándola.

    Ella no podía dejar de coquetearme, me abrazaba, se me repujaba en los bailes, Luis nos miraba tan excitado que deduje que ella lo hacía con su consentimiento, así que me dejé llevar.

    Los que conocen a Lety o han leído sus relatos saben que es un manjar de mujer, nalgona, piernona, ricas tetas y un demonio sexual.

    Ya pasando la media noche y hablando más en serio, fueron muy directos…

    L: Mira amigo, me caíste bien y veo que a mi esposa le gustas, eso no me molesta, pero nosotros somos especiales, a mí me gusta ver a mi esposa con otros, aquí la pregunta es, ¿te animas a cogértela? ¿¡Y tendrías problema si yo los observo!?

    LE: ¡Anímate guapo, te voy a complacer mucho!

    Yo los miraba serio, miraba a Lety y luego miraba a Luis, solo les sonreía y miraba nuevamente a Lety, ¡así estuve un par de minutos hasta que acepté, la única condición fue que no aceptaría ir a su casa, uno nunca sabe.

    Llegamos a un hotel cerca de la zona, Luis se puso cómodo mientras yo besaba muy apasionadamente a su sensual esposa, la besaba y acariciaba riquísimo, de reojo miraba como Luis disfrutaba lo que sucedía, eso nos prendía más y más gozaba nos agasajamos.

    ¡Poco a poco nuestras ropas fueron cayendo, su delicioso cuerpo estaba a mi merced, le desprendía su sensual vestido dejándola solo en tanga!

    Mis manos acariciaban sus piernas y su abdomen, apretaba fuerte y delicadamente mientras nos besábamos como si estuviéramos enamorados.

    L: ¡Ya pasen a algo mejor corazón!

    LE: ¡Parece que mi marido está impaciente

    CA: ¡Jajá, vamos a complacerlo!

    La tire a la cama y con la boca le quite la tanga, comencé a besarle de los pies a la cabeza, ella miraba a Luis mientras mi lengua subía suave y excitantemente por sus muslos, besaba sus entrepiernas, mis manos acariciaban sus pechos y apretaban sus pezones, quiso mostrarme o darme un adelanto de lo que le iba a hacer en su turno, así que tomo mis manos y comenzó a lamer mis dedos como si de un pene se tratara.

    L: ¡Lety que zorra!, como te devoras sus manos!

    LE: ¡Sabes que me encanta hacer eso amor!

    CA: ¡Que pareja tan loca son!

    Era la primera vez que estaba en frente de un cornudo, Luis lo disfrutaba, ¡su mujer era un manjar y sabía como calentarme a mí y a él!

    Me quite la trusa y casi se desmayó al ver mi tremendo y hermoso animal entre mis piernas, ella se mojaba los labios al ver mi erección, ¡incluso Luis pareció emocionarse al ver lo que le iba a meter a su mujer!

    L: ¡Puta madre! ¡Mi amor te va a reventar todo!

    LE: ¡Si amor, la tiene muy grande y hermosa!

    CA: Gracias por los halagos, pero Lety, ¡porque no pasas a demostrarme como chupan las casadas!

    Me acosté en la cama y ella se agacho a mi parte, comenzó a poner mi verga en su cara, con sus manos sobaba los testículos que parecían un par de piedras, su lengua besaba desde donde inicia mi ano hasta la cabeza de mi dura verga, la tomo con sus dos manos y daba lamidas en la cabecita de mi verga, yo lanzaba ligeros gemidos y su marido observaba atento.

    Comenzó a meterlo lentamente a su boca, apenas si le cabía, que increíble chupada me daba, lo devoro como si de una cena fina se tratara, Luis ya se acariciaba por encima de su pantalón, abrió toda su boca y metía ese animal hasta ahogarse, yo le acariciaba la frente y jugaba con su cabello, ella seguía devorando mi durísima verga.

    LE: ¡Que rica verga, nunca había comido una tan rica!

    CA: Hermosa, ¡pero se va a enojar tu marido!

    LE: No se enoja, ¿verdad que no te enojas amor?

    L: Sigue comiendo nena, ¡demuéstrale que las casadas lo hacen rico!

    La tomé de la cadera y la subí a mi cara, comenzamos un delicioso 69, mi lengua lamia y entraba de una forma tan rica en su húmeda concha, mis dedos jugueteaban su clítoris y sus grandes y ricas nalgas.

    CA: ¡Que hermoso cuerpo, estas riquísima!

    LE: Gracias nene, ¡tú igual eres un manjar!

    Después de estarnos comiendo por un rato, la subí a cabalgarme, yo la besaba y le mordía las tetas, ella se dejaba caer suave en mi duro palo, Luis nos comenzó a grabar, mientras ella hacía gala de sus sensuales movimientos de cadera.

    L: ¡Así amor, muévete, goza esa verga!

    CA: ¡Que rico coges Lety, muévete así rico mami!

    LE: ¡Disfruten, disfruten a esta hembra!

    La acosté en la cama y le levanté las piernas, dejándole las rodillas en su frente, la empecé a meter suave, ella gemía del placer que sentía al tenerla en esa forma, yo le besaba los pies y le acariciaba las nalgas, no dejaba de decirle lo buena que estaba y lo rico que apretaba su vagina, Luis seguía grabando y animándonos a los dos, ¡yo estaba gozando de lo lindo!

    Decidí hacerlo un poco más normal y pasional, le comencé a dar de misionero, le besaba y mordía el cuello, mis manos apretaban sus nalgas, en ese momento Luis ya tenía su verga de fuera y lista para masturbarse.

    Eso no me detenía, ¡no me incomodaba ver a ese cornudo disfrutando al ver cómo me cogía a su esposa!

    LE: ¿Estas gozando Luis?

    L: ¡Amor, te coge bien rico!

    LE: ¡Me coge más rico que tú amor!

    L: ¡Si bebe, pues pídele más!

    Esas palabras me incitaron más, estaba súper caliente, vaya que haberle dicho eso a su esposo mientras la embestía y mordía sus tetas, fue digno de cualquier fantasía cornuda.

    La puse en cuatro, ella se abrí todita para que mi verga entrara más rica, me puse de pie debajo de la cama, tomándole de la cintura la empecé a penetrar, mi verga entraba por completo, mis movimientos fuertes y suaves al mismo tiempo la hacían jadear como perra, le daba una cogida de lo más rico, ¡mientras el cornudo disfrutaba el show!

    LE: Bebe que rico, métemela, ¡Luis que rico me coge!

    L: ¡Sí!! Dásela toda, métesela toda!

    CA: ¡Lety, que coño más rico y que nalgas, eres la mejor, Luis gracias por dejarme cogerme a tu esposa!

    Mis embestidas eran fuertes, le levanté una pierna y se la dejaba ir mucho más fuerte, le jalaba el cabello, le metía los dedos en su ano, yo solo gritaba, Luis me animaba a que le partiera el ano, ella ya estaba en éxtasis así que no pudo resistir y me dio el ano.

    Tenía un culo delicioso, rosado, un poco dilatado y con un aroma espectacular, comencé a lamérselo delicadamente mientras mis dedos yacían en su vagina, le apretaba el clítoris mientras mi lengua enrollada entraba y salía de su culo con fuerza.

    CA: ¡Que hermoso culo, amigo Luis, me dejas darle por aquí a tu Reyna!

    L: ¡Te estas tardando hermano! ¡Por favor rómpele el culo!

    LE: ¡Métemela papi, hazlo tuyo! ¡No tardes más!

    La tome de las manos y comencé a meterle la puntita, inmediatamente ella sintió mi dureza, la estaba empezando a romper, puse mis manos en su espalda como si la estuviera arrestando, la introducía lentamente, ella ya gritaba, el dolor era inmenso y Luis seguía grabando y masturbándose.

    Comencé a moverme fuerte, le metía hasta el fondo, no solo le jalaba las manos, sino que también empezaba a jalarle el cabello, la tenía bien empalada.

    L: ¡Que rico chillas amor, destrózale el culo amigo!

    CA: ¡Mira amigo, que puta esposa tienes, me da su rico culo, sufre, pero no quiere que la saque!

    L: ¡Hazla llorar de placer amigo, no me defraudes!

    La conversación de ambos me excitaba más, ella solita comenzó a moverse, sentí su rico movimiento y me hacía gemir y le pedía que no parara, ambos nos movíamos, Luis nos tomaba fotos y grababa clips, la embestía tan fuerte que la tire en la cama, me subí en ella como toro vuelto loco, ¡yo gemía y empalaba a esa rica casada en frente de su esposo!

    LE: ¡Así nene, cógeme, que rico, tú sí que coges rico mi culo!

    CA: ¡Así puta, gózala, goza mi verga!

    LE: ¡Me matas, me matas!

    L: ¡Lety eres la mejor, te amo!

    CA: ¡Gracias por dejarme romperle el culo a tu mujer Luis!

    ¡Los tres estábamos excitadísimos, ella ya no aguantaba más y sus fluidos salían como si estuviese lloviendo!

    Yo, que estaba encima de ella, la aplastaba tan rico mientras mi verga ya había hecho mío su culo, me movía rápido, ella babeaba, Luis estaba al máximo, no toleraba más tanta excitación, mis huevos comenzaron a inflarse, ¡estaba a punto de venirme!

    CA: ¡Me corro, amigos me voy a correr!

    LE: ¡Dámelo en mi culo bebe, Luis tu termina en mi cara!

    L: ¡Si amor, como tú digas, vamos llénala de leche!

    CA: ¿En serio lo puedo hacer?

    LE: ¡Si, lléname de ti!

    CA: ¡Aquí viene, uhm, agh!

    L: ¡Yo igual, agh!!!

    Una tremenda descarga salió de mi verga, su culo era llenado por mi caliente leche, ella también escurría como cascada y Luis le tiraba su leche en su cara, mientras se tragaba el semen de su marido, yo le apretaba los hombros para continuar descargando mi rico néctar.

    CA: ¡Lety, eres la numero uno!

    L: ¡Bebe que rico!

    LE: ¡Eres lo máximo!

    Termino en la cama boca abajo respirando agitadamente, Luis estaba en el sofá y yo acostado acariciándole las nalgas y sus ricas piernas.

    La noche no termino ahí, cogí un par de veces más con ella, Luis siempre fue observador y solo se limitó a masturbarse como todo un buen cornudo, su mujer cogía espectacular y se fue llena de leche por todos lados

    Salimos del hotel, me dejaron cerca de mi casa, a partir de ahí he creado una buena amistad con ellos, no solo sexual, ellos me invitaron a escribir mis anécdotas en este perfil y quería contarles cómo fue que fui el corneador de Luis y como su rica esposa Lety me dio no solo esa, si no varias veces más, su rico culo.

    CORNEADOR ANÓNIMO.