Autor: admin

  • Vino mate (Amor lésbico)

    Vino mate (Amor lésbico)

    –Paulina si no te das prisa llegarás tarde al aeropuerto y perderás el vuelo.

    –Ya estoy lista papá, bajo en un momento.

    –Está bien cariño, te espero en el auto.

    Paulina terminó de aplicarse el labial vino mate que tanto le gustaba, colocarse la casaca, acomodarse la esbelta cabellera rubia delante del espejo y luego salió de su habitación rumbo al aeropuerto. Ella y su padre se mudarían a Londres donde empezarían una nueva vida. Por motivos de estudio Paulina viajaba unos meses antes que su padre, pero era definitivo ese era su ultimo día en Ecuador.

    Lo más difícil fue despedirse de sus amigos y compañeros de colegio, pero ante frases como «nada entre nosotros va a cambiar», «te escribiré todos los días», «nos odiarás de tantas videollamadas que te haremos», regalos y demás, el momento había pasado sin grandes tristezas más que las propias al escuchar el «hasta pronto» de seres queridos.

    –¡Nicole has venido! –gritó Paulina entusiasmada al ver que su mejor amiga la estaba esperando junto al coche de su padre.

    Nicole era una chica hermosa, de cabello castaño oscuro y ojos color miel, a quien le encantaba vestir con vaqueros ajustados que resaltaran sus largas piernas y sexy trasero. De la cintura para arriba las sudaderas cortas eran su prenda favorita ya que estas destacaban sus grandes bustos y abdomen plano. Ambas se conocieron en preescolar cuando apenas eran niñas y desde entonces se habían vuelto inseparables.

    –¿Pues qué creías tonta? Es mi mejor amiga quien se va, obvio que iba a venir –. Alcanzó a decir Nicole antes de ser atrapada por el fuerte abrazo de Paulina, que la hizo trastabillar y por poco termina arrojándolas al suelo.

    –¡Muy bien niñas! Suban al coche que nos vamos –dijo el padre luego de guardar el equipaje y tomar su lugar en el volante.

    La despedida en el aeropuerto fue como cualquier despedida entre mejores amigas; lagrimas que corrían sin cesar, abrazos que deseaban ser eternos, sentimientos a flor de piel, consejos y promesas.

    –¡Tómalo! Pero no lo abras hasta que estés en el avión, ¿te quedó claro? –dijo Nicole a su amiga al tiempo que le entregaba el sobre que hasta ese momento había llevado en la mano. Paulina asintió sin protestar al notar que a su amiga se le quebraba la voz al hablar. Guardó la carta en el bolsillo de la casaca, luego le regaló una última sonrisa y se alejó hacia la zona de embarque.

    La ciudad de Cuenca era un espectáculo de luces; la Atenas del Ecuador estaba de fiesta y se veía hermosa desde el aire a esas horas de la noche. Paulina decidió que era el momento; abrió el sobre y leyó en la carta lo siguiente:

    «Amada mía.

    Conocerte fue el primer regalo que la vida me dio. El segundo fue conocer el verdadero amor a tu lado. Hoy nuestros caminos se separan, pero quiero que sepas que te llevas mi corazón. Yo me quedo con tu mirar de azules ojos, con el sabor de tus besos, con el aroma de tu piel, con la calidez de tu cuerpo desnudo, con tu sonrisa de placer, con el feliz recuerdo de aquellas noches que pasamos en la playa de Montañita, en esa cabañita un poco alejada de las demás, ahí donde ni el golpeteo de la lluvia, ni el rugido del mar pudieron acallar nuestros gemidos, nuestra risa y nuestro llanto. Donde nos amamos tanto y donde te amé más que nunca y más que a nadie en la vida.

    Paulina eres y serás para siempre mi único y gran amor.

    Siempre tuya, Nicole.»

    Al terminar de leer la carta la aferró contra su pecho y sonrió a pesar de que lloraba. Recordó que al salir de casa cuando corrió a abrazar a Nicole, sin que ella lo notara le introdujo en un bolsillo del vaquero, su labial favorito como último regalo y con una notita en su interior que decía:

    «Te dejo mis besos, no los gastes. Te amo para siempre.»

    Dedicado a:

    Kathu y Diana, cuya romántica historia conocí varios años después de escribir este relato.

  • Soy el juguete sexual

    Soy el juguete sexual

    Hace unos años atrás mi esposo se quedó sin trabajo.

    Por un mal manejo de su socio, perdió mucho dinero y mucho tiempo de su vida dedicado a ese proyecto trunco.

    Fue un proceso muy doloroso para él y lo llevó al borde de la depresión.

    Yo notaba que cada día que pasaba estaba más triste y desanimado.

    Intenté varias veces animarlo con fiestas y reuniones con amigos.

    Hicimos varios viajes juntos pero no lograba que volviera a ser el hombre del que me había enamorado.

    Estaba triste, apagado, pensativo, todo el tiempo pensaba en cómo hacer para solucionar ese problema que lo aquejaba y a mi solo me preocupaba su bienestar.

    El tiempo pasaba y él no recuperaba su sonrisa. Por lo que me decidí a tomar cartas en el asunto y prepararle una sorpresa para levantar su ánimo.

    Por la mañana fui de compras…

    Compre algunos juguetes sexuales (un vibrador, un par de esposas, un antifaz para tapar sus ojos… (o los míos y varias cositas mas) compre, además, una caja grande, muy grande en una librería.

    Tres conjuntos de ropa interior, blanco, negro y azul de encaje. En una ferretería compré algunos precintos, dos copas y vino blanco.

    Ahhh y un moño blanco grande, de esos que colocan sobre los techos de los autos en las bodas.

    Necesitaba bastante tiempo para preparar todo y que saliera según lo planeado.

    Como él estaba tan triste no lograba convencerlo de que saliera de casa, entonces decidí irme yo a preparar la sorpresa en otro lado.

    Elegí su antigua oficina que ya no usaba para trabajar pero aún conservaba.

    Lleve todo lo comprado hasta ahí.

    Prepare todo.

    Pinte la caja por dentro y por fuera.

    Dentro coloque los juguetes sexuales sujetos con precintos a la parte posterior, la ropita colgada en sus perchas a los laterales, pegue el moño en la parte superior pero sin cerrar la caja aún.

    Lo llame por celular, diciendo que debía pasar por su oficina, que había un paquete que debía recoger.

    Y me senté, completamente desnuda, dentro de la caja con una copa en cada mano.

    Llego ofuscado, apurado, irritado.

    Cuando escuche la llave girar en la cerradura mi corazón empezó a latir fuerte, a galopar esperando ver si reacción al descubrirme.

    En la oficina solo había un escritorio y en el fondo, la caja grande con el moño blanco en la parte superior y un cartel que decía: SOY TU JUGUETE. DIVERTITE CONMIGO.

    Escuchaba sus pasos acercándose y mi excitación iba en aumento.

    Escuchaba su voz al leer y mi diversión se mezclaba con la excitación.

    Llega hasta la caja, empieza a sacar el moño y lee nuevamente el cartel: SOY TU JUGUETE. DIVERTITE CONMIGO.

    Hace una pausa, como pensando y aparezco, con las copas en una mano y la botella en la otra, desnuda, festiva asomando de adentro de la caja.

    Su mirada se transformó, me miraba con lujuria, como si me quisiera comer…se relamía como quien ve un plato apetitoso. Me sujetó de la cintura y me elevó en sus brazos para sacarme de allí adentro.

    Yo no hablaba. En ese juego no me estaba permitido.

    Solo le entregue las instrucciones. Y leyó:

    -Solo para uso personal.

    -Incluye ropita para cambiar.

    -Incluye accesorios para el placer.

    -Si querés que hable convidale vino.

    -Si la querés muda, convidale vino.

    Ante cada instrucción leída su sonrisa aumentaba.

    Yo estaba parada frente a él. Inmóvil. Como una muñeca.

    Él observó detenidamente dentro de la caja y su sonrisa aumentó. Creo que imaginó varias cosas.

    Empezó a sacar la ropita. Primero la negra, de encaje y con un gesto entre pícaro y autoritario me dijo: Ponetelo.

    Me lo puse, delante de él, mientras se le hacía agua a la boca.

    Mi corazón se salió de mi pecho al ver su reacción…

    Bailame -me dijo.

    Le baile.

    Le quité la remera, le desprendí el jeans, le introduje la mano en su entrepierna y saqué su miembro duro y mojado.

    Pero no hice nada más, hasta que me lo pidió.

    -Chupamela -me exigió.

    Así lo hice, tal cual me lo pedía.

    Se la chupe un poco, me cogió contra la pared otro poco y me pidió que me cambiara de ropita.

    Esta vez me dio la blanca, era de lycra, suave, ajustada, mis pezones asomaban, mi vagina se mojaba.

    Con el conjuntito blanco jugó conmigo en el piso, casi abusando de mí, me introdujo el vibrador en la vagina y me hizo llegar al orgasmo, explotando de placer, sintiendo con cada célula de mi cuerpo, las contracciones de mis músculos.

    Aun gimiendo de placer me levanto del piso y me dijo -Ahora si me voy a divertir con vos.

    Me quitó la ropa blanca, me vistió con la azul, sujetó mis manos con las esposas en mi espalda y me vendó los ojos.

    Yo, recién acabada, extasiada, aun con palpitaciones orgasmicas le pedía que hiciera lo que quisiera conmigo.

    Y así lo hizo.

    Me tiró boca abajo sobre el escritorio, esposada, abrió mis piernas, me introdujo el vibrador nuevamente en mi vagina y me cogió por el culo, fuerte, demostrando cómo jugaba con su juguete, sabiendo que se lo había ganado.

    Su pene se ponía cada vez más duro, caliente, y yo estaba súper sensible después de mi orgasmo en el piso. Sus movimientos eran más rápidos y con más fuerza, su respiración se agitaba, sus gemidos y jadeos eran cada vez más fuertes…

    Estábamos tan calientes!!! Llegamos juntos al orgasmo.

    Sentía como su pene eyaculaba con cada contracción dentro mio, como me llenaba de semen el culo.

    Sentí como se ensanchaba dentro de mí.

    Después de semejante explosión de placer llegó la calma.

    Brindamos con el vino blanco. La sonrisa volvió a su rostro.

    Aún guarda la caja y el moño para recibirme como su regalo cada vez que lo quiera.

  • Me cogí al repartidor de pizzas

    Me cogí al repartidor de pizzas

    Ok ¡Hola! Soy yo otra vez, ahora les platicaré del día que cogí de nueva cuenta con el repartidor.

    Fue un fin de semana, no tenía planes de salir ni de ver a mi novio. Esa noche estaba muy caliente, así que se me ocurrió pedir una pizza, esperando que viniera el mismo repartidor de la vez pasada, solo que esta vez sí estaría lista y dispuesta a ser su putita por una noche, así que decidí ponerme muy sexy tirándole a puta.

    Encontré unos viejos leggings negros, así que decidí romperlos de la parte de atrás, para dejar mis nalgas al desnudo y obvio no me pondría calzón, me puse unos tacones negros de aguja y una playerita de tirantes negra muy escotada.

    Mi plan era ignorarlo hasta que se diera cuenta que traía las nalgas de fuera solo para coger como la primera vez y así fue!

    Ya estaba lista, pedí la pizza y a los 39 minutos llegó, estaba muy nerviosa y caliente! Estaba nerviosa porque no sabía si vendría el mismo repartidor!

    Al fin llegó, salí al patio (y como recordarán el zaguán es de media hoja, así que desde el patio se ve hacia afuera) así vi que sí era él, solo de verlo me empecé a mojar, pero yo seguía con el plan, que era ignorarlo hasta que se diera cuenta que traía mis grandes nalgotas de fuera y eran para él.

    Lo saludé.

    -Buenas noches!

    -Hola mamacita cómo estás? Quieres hombre como la vez pasada?

    Abrí la puerta, tomé la pizza y le pregunté cuánto era?

    Él se abalanzó sobre mí!

    -Qué te pasa!

    Él me contestó:

    -a poco no te gustó la vez pasada? Si estabas como loquita con lo que hicimos!

    -Mira! Esa vez fue un error, me tomaste en mis 5 minutos de tontes, pero no volverá a pasar así que dime cuánto es?

    Se alejó un poco y me dijo:

    -son 150 pesos!

    Le di el dinero exacto, pero le dije!

    -Espera te daré una buena propina, solo que la dejé en el coche.

    Él puso su cara de molesto.

    -Ok pues aunque sea una propina me llevaré!

    Me di la media vuelta y oh sorpresa vio como traía las mallas, me dirigí al coche abrí la puerta y me agaché, según a buscar cambio, pero solo me agaché para enseñarle mi gran culo que esperaba por él.

    -Qué! No te gustó tu propina? -Con cara de asombro solo movió la cabeza diciendo sí, y se me fue encima! Me tomo por la cintura y nos empezamos a besar como locos!

    -Pensé que no querías nada conmigo!

    -Claro que sí! Si tú me diste una de las mejores cogidas que he tenido!

    Nos besábamos, él me agarraba y sobaba mis nalgotas, yo le empecé a tocar su bulto que para ese entonces ya estaba duro!

    Me seguía besando y fajando, yo le bajé el cierre y saque su vergota, salió como resorte!

    La tomé con mi mano y empecé a darle una tremenda sobada, él seguía tocando todo mi cuerpo en especial mis nalgotas! Me dio la media vuelta me recargo en la barda, me tomó del pelo y empezó a penetrarme por el culo!

    -Esto era lo que querías, verdad putita?

    Yo no podía hablar, solo movía la cabeza diciendo siii

    -Te gusta que te den por el culo verdad? De hoy en adelante serás mi perrita y harás lo que yo diga!

    Mordiéndome los labios, solo moviendo la cabeza le decía que sii

    De tanto mete saca, mi playerita no pudo contener mis tetas y también ya las traía al aire. Metí una mano por dentro de mis mallas para poder sobarme mi papayita y así llegar a tener mi primer orgasmo, empecé a temblar y a tener contracciones involuntarias, fue una venida muy intensa y el nunca sacó su vergota de mi culito, solo dejó de moverse, para que yo pudiera venirme más a gusto!

    Él me besaba el cuello y detrás de las orejas y eso solo intensificó y alargó el ya de por sí intenso orgasmo que estaba teniendo.

    Empezó a tomar ritmo de nuevo con el mete saca, ahí sentí como si nos estuvieran observando, volteé hacia la puerta de la calle y oh sorpresa! Dejamos la puerta abierta y ahí estaba mi vecino (un señor como de unos 50 y algo) parado en la banqueta y viéndonos coger como perritos en brama!

    Cabe mencionar que mi vecino es un señor grande, pero eso sí muy morboso y libidinoso, siempre se me queda viendo a las nalgas y aunque vaya con su esposa no disimula, me desnuda con la mirada!

    Pero al verlo sentí una excitación aún mayor, de por sí estaba muy caliente cogiendo con el repartidor, saber que me estaba viendo coger me puso a mil! Le hacía caras, le sacaba la lengua, me chupa a los dedos y volteaba un poco mi culo para que viera como me cogía el repartidor!

    El repartidor también se dio cuenta de que nos observaban a lo cual, solo me dijo!

    -Te gusta que te vean coger? Te gusta que sepan que eres una putita?

    Me tomó del pelo y empezó a moverse muy rápido, yo seguí viendo a mi vecino y traté de hacer que me viera mejor, me despegue un poco de la pared para que pudiera ver mis tetas y movía mis caderas para también viera mejor mis nalgotas siendo taladradas por esa ver gota, a la vez apretaba y aflojaba mi culito para darle una mamada extra a esa vergota que traía adentro, no tardó mucho en venirse el repartidor, sentí como lleno mi culo con sus mocos calientes se detuvo pero no me sacó su vergota de mi anito, así que aproveche para sobarme mi papayita para tener un mega orgasmo sin dejar de ver a mi vecino!

    Después de unos segundos el repartidor se salió de mi, sentí muy dilatado mi culito y escurriendo de leche, con mi mano me limpie los mocos me lleve mi mano a mi boca y me los trague!

    No sé en que momento me volví tan puta y aparte exhibicionista, pero lo estaba disfrutando mucho!

    El vecino se empezó a sobar su bulto y con cara de enfermo libidinoso se fue, el repartidor se salió de mi nos besamos un rato más y se despidió, yo no podía creer lo que había pasado, haber sido cogida nuevamente por el repartidor y más aún haber sido vistos por mi vecino! Fue otra noche inolvidable ahí me di cuenta cuanto me excitaba coger por el culo y ser vista.

    Después les platicare como cogí con el vecino que me vio, lo hicimos en una bodega aurrera un domingo por la noche. Besos.

  • Me hago puta y soy masoca

    Me hago puta y soy masoca

    Estoy muy acostumbrada al maltrato. En realidad, es mi fuente de placer y si bien, no es correcto permitirlo, el solo hecho de saber que me voy a someter, causa en mí un éxtasis del que despierto cuando mi cuerpo está molido, lleno de cardenales y bien usado. Nadie me condiciona, nadie me maltrata por su cuenta, soy yo quien lo pide, es mi manera de ser feliz.

    Mi nombre es Viviana Marisol (nombre real). Tengo actualmente 41 años y soy una mujer de buen ver, buen cuerpo y piernas, alta, delgada, con un culito respingón y bien abierto. Me fascina el semen corriendo por todo mi cuerpo y que mis femeninos orificios se inunden del precioso líquido masculino. El sexo oral me enloquece de placer, enloquezco que me hagan beso negro y la penetración anal es mi forma favorita de ser poseída. Me casé muy joven, quedé embarazada y fue un visto y no visto, mi marido desapareció luego de mostrar su machismo y pegarme repetidas veces. Y ahí empezó todo. Las primeras veces no pasaron de bofetadas o maltrato psicológico. Luego lo redondeó con moratones en los ojos a causa de puñetes, patadas en el vientre, en fin, que al rizar el rizo y llegar a violarme después de negarme a tener sexo anal y a nada de denunciarlo, el muy cobarde, desapareció.

    Pero en mí quedo algo de todo aquello. En mi intimidad solía masturbarme y me aplicaba métodos propios de aquel hombre, me abofeteaba, me colocaba todo tipo de artilugios en mis zonas sensibles, me penetraba con objetos enormes, llegué a meterme la mano entera por el culo y cuando llegaba al orgasmo, era él quien me hacía todo eso, era él quien me amaba de esa manera tan estúpida y yo lo amaba. Pero no estaba y yo, no iba a rebajarme y llamarlo.

    Cierto día quedé fascinada al ver cómo por mi ano dilatadísimo después de hacerme un fisting, brotaba una rosa preciosa de carne brillante y roja y que al frotarla con mis dedos bañados en lubricante, me hacía retorcer de gusto. Al roce esa hermosa flor de carne regresaba a su sitio original y al meterme una vez más la mano, volvía a florecer en libertad. Descubrí que un «prolapso» era la delicia de todos los hombres. Y mantuve esa rutina tan lujuriosa hasta que me decidí a poner un anuncio muy explícito, buscando hombre. Recibí cientos de respuestas y fui respondiendo una a una. Mi piso no se pagaba solo y me puse tarifas de acuerdo a lo que «ellos» querían. Fue un no parar. En las dos primeras semanas de mi nuevo trabajo había saciado la pasión de ciento tres hombres y mi cuenta engrosó maravillosamente. El boca a boca se regó y al mes tenía clientes fijos que a su vez traían a nuevos y éstos a otros. Estaba extasiada y muy feliz.

    Y el gusanillo del maltrato me convenció de suplicar a uno de ellos que me propinase una buena paliza incluida en el precio. Fui yo, una vez más quien abrió la caja prohibida. El hombre de entrada no supo reaccionar, pero al ver mi excitación, me lanzó una bofetada que me rompió la boca. Y yo, echando chorros de placer. Descompuesta y adolorida, pero feliz y ansiosa por renovar mi pasado, le obligué a continuar. Entre insultos y torpes bofetadas, acabó con patadas y puños por todo mi cuerpo. Caí rendida y con varios orgasmos encima que me supieron a poco. Ya no fue el único. A todos quienes llegaban por encularme, acababa pidiendo lo mismo. Los deleitaba con mis prolapsos y no había macho que se resistiera a lamerlo y meterme de vuelta a las entrañas con sus vergas envalentonadas. Debo recalcar que nunca usé ni uso condón. Mis revisiones médicas son quincenales y me mantengo limpia y sana para seguir gozando.

    Mi manera de encarar el sexo es surrealista pero es mi satisfacción. Soy masoquista, puta y sumisa, pero soy mujer, una bella hembra que si me ves por la calle te giras loquito y me desnudas con la mirada, pero una mujer que en la intimidad se transforma en el juguete de trapo, en la sucia perrita que te puede complacer hasta el dolor.

    Y si deseas hablar conmigo en privado, que te dé técnicas, o sencillamente ser mi amiga/o, no dudes en escribirme a mi correo: [email protected]. Estaré gustosa de responderte. Un beso y hasta mi próximo relato cargado de morbo y vicio.

  • Chantaje a mi mamá culona infiel y mi tía tetuda

    Chantaje a mi mamá culona infiel y mi tía tetuda

    Estoy subiendo las escaleras de la mansión en una visita sorpresa a mis padres. Oigo gemidos de mamá en la suite principal. Me acerco, entre abro la puerta con cuidado y me quedo mirando por la apertura. Mi tía está metiéndole los dedos con cara de cabrona, y unas tetas de infarto que se le balancean.

    Sacó el móvil y les hago una foto, que suena.

    -¿¡Qué ha sido eso!? Pregunta mi madre deteniendo la acción.

    Se giran ambas hacia la puerta. Y entró con las cejas arqueadas y mirada perversa.

    -¿Qué estáis haciendo aquí?

    -Hijo, este no es lo que parece.

    -Pues en la foto de este móvil sí que lo parece. ¿Debería de enviárselo a papá?

    -¡No, hijo, te lo suplico por favor!-Se pone de rodillas ante mí como rezando con las manos -La tía Marisa y yo tenemos un acuerdo para darles dinero… que les falta.

    -Pero… ¿papá sabe de esto?

    -No, pero tampoco se lo cuentes por favor. Él no tiene que saberlo… -me sigue suplicando mamá.

    -Así que te haces correr por ella por dinero. Mira, yo sabía que con la cara de cabrona que tenía la tía era una guarra…

    Mi tía suelta un «tssss»

    -… pero definitivamente no me imaginaba que mi propia madre lo fuera.

    -¿Qué quieres para que no se lo cuentes a tu padre? ¿Hablo con él para que te compre ese coche, quieres más paga? Tú solo pide por favor -mamá continua arrodillada ante mí.

    -Quiero que las dos os pongáis en cuatro.

    -¿¡Qué!? -exclama mi tía.

    -Como lo oís.

    -¡Hijo! ¿Cómo le pides eso a tu madre y a tu tía?

    -Ahora mismo, ya solo sois dos golfas para mí.

    -No. Yo me niego -dice mi tía.

    -Y yo también, hijo.

    -¿Quieres que papá te divorcie y quedarte en la puta calle? ¿Y tú? -miro a mi tía-. ¿Quieres que les envíe la foto al tío y a todos los primos también? ¿Os queréis quedar sin nada?

    -No -dicen las dos a la vez muy cabizbajas y arrepentidas.

    Me bajo la bragueta y me sacó la polla.

    -¿Pues quién me la chupa?

    -Yo -dice Marisa, arrodillándose ante mí, con cara disgustada.

    Mi madre se pone en cuatro en la cama mostrando su culo en pompa, con su coño abierto y sus fluidos deslizándose entre los muslos.

    Mi tía me escupe en la polla y me la empieza a pajear. Yo echo la cabeza atrás y al bajarla la veo comiéndomela como toda una profesional: sujetando la base con una mano que va girando alrededor y sacando y metiéndola entera en su boca, entrándole hasta la garganta.

    -¡Ah! ¡Eso es! Métela entre tus tetas. No sabes cuántas pajas me hice en honor a ellas.

    Mi tía obedece y empieza a subir y a bajar con mi polla entre sus pechos.

    Veo a mi madre espatarrada en la cama. Saco mi polla de entre las tetas de mi tía, me acerco y se la meto a mamá, sorprendiéndola desde atrás.

    -¡Ah! -chilla mi madre entre sacudidas- Mira el lío en el que me has metido Marisa… Follada por mi propio hijo -su boca forma una «o», que termina en una cara de placer.

    -Siempre te quise hacer esto mamá. No sabes cuántas pajas me hice en honor a este culo respingón con el que le sacas siempre dinero a papá. Ahora me sacarás la leche a mí. Y tú ve poniendo el tuyo tía.

    Mi tía se pone en cuatro en la cama con cara disgustada.

    Se la sacó a mi madre y se la meto a mi tía al lado.

    -Cómete mis huevos mientras mamá -le ordeno.

    Mi madre obedece y yo ya estoy rompiéndole el coño a mi tía. Ella a diferencia de mi madre, aguanta mis embestidas inmutable con su cara enojada. La jalo del pelo, y le digo:

    -Suéltate perra. Todos sabemos que te está gustando.

    Mi tía arquea la espalda y levanta la barbilla soltando un grito frenético.

    Mi madre está debajo que no puede con tantos huevos en la boca. Parece un hámster y los fluidos de mi tía le mojan la frente al rozarla con mi polla.

    La saco de mi tía.

    -¡Arrodillaos las dos y sacad la lengua!

    Se arrodillan ante mí y sacan sus lenguas. Mi tía está con los ojos cerrados.

    -No. Abre los ojos, tía -le pego una torta.

    La tía abre los ojos, y me dice:

    -Podrías haber dejado a tu madre fuera de esto, ¿no crees?

    -Me da más morbo. ¡Saca la puta lengua que tengo algo para las dos!

    Mi tía saca su lengua. Le cojo las cabezas a ambas y hago que me la coman a la vez como si tocaran una armónica bien gruesa.

    -¡Sí! ¡Qué guarra eres, tía Marisa! ¡Esto está de puta madre, mamá!

    Las apartó de mi polla.

    -¡Lenguas fuera, perras!-les ordeno.

    Me obedecen sumisamente, ante mi enorme polla.

    -Cariño, ya estoy en casa -entra mi padre, abriendo la puerta y se queda mirándonos boquiabierto.

    Me corro en la cara de mi madre y mi tía a la vez. Mi semen se va cayendo de sus lenguas, mientras miran enmudecidas a papá.

  • El amor después del amor (Parte 3)

    El amor después del amor (Parte 3)

    Con la cabeza de su pija dentro de mí nos quedamos quietos un momento hasta que mi culo se adaptó al invasor. Yo no pensaba en nada, estaba con la mente en blanco pero sintiendo un placer nuevo y desconocido. Me incliné para besarlo y muy despacio, empujaba mi cadera para que entre más profundo en mi. David me abrazaba fuerte y con un movimiento muy hábil, hizo que su gran pija, entre en su totalidad.

    Otra vez nos quedamos quietos, sin separar nuestros labios, era excitante, nuevo, fabuloso, indescriptible… Él, comenzó a moverse lentamente y yo sentía como su hermosa verga entraba y salía de mí, no la sacaba toda, dejaba la cabeza adentro y volvía a meterla hasta el fondo. Gemíamos los dos apasionadamente.

    Salí de encima de él y me dijo que me ponga en cuatro, obediente, así lo hice. Se colocó atrás mío y me dio muchas caricias y besos en mis nalgas haciéndome gemir como una puta. Luego pasó su lengua por mi hoyito, lubricando y preparando mi cola para lo que venía. Apoyo su pecho contra mi espalda y sentí su verga caliente y dura, acomodarse entre mis nalgas, era muy placentero todo y él no dejaba de besarme y acariciarme.

    Apuntó la pija a mi culo y fue entrando, lentamente hasta que sentí sus huevos chocar contra los míos. Me dio con todo y a raíz de sus movimientos fui quedando boca abajo y él se recostó sobre mí sin dejar de moverse, me volvía loco ésa sensación de tener un buen pedazo dentro de mí.

    Nunca pensé que se podría gozar tanto del sexo… David me dijo que estaba por acabar y le dije que no se le ocurra sacarla, pues quería llevar dentro de mí su esencia.

    CONTINUARÁ…

  • Cogiendo con mi tía Tere

    Cogiendo con mi tía Tere

    ¡Hola! Espero estén bien, hoy les contaré una aventura sexual que tuve con una tía muy linda, a la cual por años le dediqué infinidad de pajas y finalmente una ocasión se me dio estar con ella.

    Mi tía es morena y tiene los ojos verdes, es de estatura media y tiene un cuerpo increíble, unas tetas que dan ganas de comerse y un trasero increíble.

    Yo me solía quedar a dormir mucho en casa de mis primos y mi tía que es una calentona, todo sea dicho acostumbraba a ir bastante ligerita de ropa por la casa, siempre que se iba a la ducha dejaba toda su ropa en su cuarto e iba desnuda hasta el baño, yo solía observarla pues me ponía a mil verla desnuda.

    Más de una vez se dejó la puerta del baño abierta y yo espiaba, nunca llegué a masturbarme mientras la observaba ya que mis primos podían verme, pero era un deleite verla así, no sé si lo hacía al propósito, pero que afortunado me sentía en aquel entonces.

    Poco a poco mi tía me ponía cada vez más caliente y yo intentaba irme a dormir a su casa lo máximo posible, muchas de las veces que me quedaba a dormir cogía su ropa interior y me pajeaba con ella, no podía aguantarlo más, tenía que follármela como fuese.

    Poco a poco fui acercándome a ella, estando el máximo de tiempo posible junto a ella, observando sus perfectos pechos talla 90.

    Ella solía llevar camisas y deja desabrochados unos cuantos botones por lo que siempre que se agachaba ahí estaba yo esperando para ver sus ¡perfectas tetas!

    Hasta que un día llegó el momento perfecto, mi tía siempre ha tenido confianza conmigo y no era extraño que mientras yo me duchase ella entrase, así como así al baño a coger cualquier cosa y eso me ponía cachondo, me excitaba que me viese desnudo e incluso más de una vez empalmado porque me estaba masturbando pensando en ella, pero ella se lo callaba.

    Para aquel entonces yo tenía 19 años y algunas experiencias muy buenas, cierto día estaba yo duchándome y entro ella a recoger la ropa sucia, se agacho a cogerla justo al lado de la ducha dejando ver en su escote sus grandes pechos redondos y jugosos, yo no lo pude evitar y me empalmé, ¡ella se dio cuenta de eso y mirando de re ojo pudo ver mi pene erecto!

    T: ¿Te pasa algo?

    CA: No, ¿por?

    T: ¡Parece que te alegras de verme!

    Me dijo y se levantó y cerro el pasador del baño, por suerte mi tío estaba trabajando y mis primos tenían partido de futbol con su equipo.

    Tras cerrar el pasador me miro de arriba abajo y me dijo:

    T: Vaya, no estas nada mal, ¡que dotado y por lo que veo te pongo muy cachondo!

    Yo no podía creérmelo, mi tía estaba desnudándose delante de mí, ya no podía soportarlo más.

    T: Sé que llevas esperando esto mucho tiempo, acaso crees que no sé qué me espías y te pajeas pensando en mí, ¡pues ya no tienes que esperar más!

    CA: ¡Pero… tía!

    Y sin más se metió en la ducha completamente desnuda, yo como era de esperar empecé a besarla con fuerza, agarrando con una mano su precioso trasero mojado por el agua y con la otra sus perfectas tetas con los pezones ya duros.

    Mi verga erecta rozaba la entrada de su coño por lo que ella la cogió y empezó a masturbarme, no sé como pero mi verga estaba más grande que nunca, ella se percató y poco a poco empezó a bajar hasta que puso su cara justo enfrente de mi polla, y empezó a comérsela, ¡parecía como si no hubiese visto una desde hace años!

    T: ¡Tu tío ya esta mayor para estas cosas y yo no puedo vivir sin follar!

    Me dijo sacando mi verga de su boca, la tía lo hacía muy rico, yo jadeaba y me retorcía, me rozaba con sus ricas tetas, ¡no podía creer que mi tía me tuviese ganas también!

    CA: ¡Que rico lo hace!

    T: ¡Vas a saber lo que es bueno!

    Mi tía Tere sitio chupando con todas sus fuerzas, yo no podía más del gusto y al cabo de succionar con todas sus fuerzas me corrí en su boca, ¡ella que parecía estar hambrienta se lo trago todo sin dejar una sola gota!

    T: Pero que cantidad de leche sacas y uf, aun esta dura, ¡divina juventud!

    CA: ¡Que rico tía, uhm!

    T: Vamos nene, ¡ahora te toca!

    Por lo que se tumbó abierta de patas en la bañera enseñando su coño, dudé por unos instantes, pero al pensar que estaba realizando mi sueño no me lo pensé, ¡empecé a comerle el coño con todas mis ganas llegando al clítoris y sintiendo como ella poco a poco empezaba a gemir del gusto!

    T: Uhm, que rico, agh, como necesitaba una buena chupada, ¡uhm!

    CA: Que rica vagina, uhm, ¡tía me encantas!

    La tía Tere me llevaba muy bien, me guiaba e incluso me decía donde chupar, yo acariciaba sus muslos y nalgas, por fin estaba mordiendo, lamiendo y comiendo su tesoro, el cual muchas veces me imagine y ahora lo tenía en mi boca.

    CA: Que rica tía, uhm, ¡no sabes cómo quería esto!

    T: Lo se nene, uhm, aprovecha, uhm, sigue así, ¡uhm!

    Yo continuaba comiendo su rica papaya, al cabo de acariciar su clítoris con mis labios y mis dientes ella empezó a jadear con más y más fuerza y soltando un grito de satisfacción seguido por una serie de espasmos se corrió en mi cara.

    ¡Yo no odia ni creerlo, había hecho que mi tía se corriese!!!!

    T: ¡Vamos a mi recamara!

    Rápidamente fuimos allí, donde me tiro en la cama y empezó a jugar con mi polla hasta conseguir ponerla completamente dura, saco un condón y me lo puso y rápidamente se puso encima de mi metiéndose mi verga hasta el fondo y empezando a cabalgar como una licuadora.

    CA: ¡Que rico lo haces tía!

    T: ¡Tu verga es fantástica, tan joven y tan macho!

    Se movía en círculos, para delante y para atrás, de arriba abajo, yo le mordía las tetas, ella bajaba su cabeza y me dio un rico beso metiendo su lengua en mi boca.

    Nunca en mi vida había visto a una mujer follar con tal salvajismo, sus gritos se podían oír en toda la casa, la cama se movía salvajemente, yo estaba súper duro y me sentía un macho alfa.

    Ella se acostó en la cama y abrió las piernas, yo en misionero comencé a follarla con fuerza, moviendo suave y luego rápido, mi tía jadeaba y me apretaba las nalgas, luego me abrazaba con sus piernas y nos besábamos, que espectacular momento.

    CA: ¡Tía, eres la mejor!

    T: ¡Lo haces muy rico, uhm!

    Le levanté las piernonas y besándole sus ricos pies comencé a embestirla salvajemente, no tenía yo mucha experiencia, pero si la necesaria para hacer jadear a esa madura.

    La tía Tere aullaba, se movía como loca, yo la embestía con fuerza que ya toda mi verga estaba dentro de ella mí, ti estaba tan excitada que se corrió nuevamente, bañándome con su rico néctar.

    T: ¡Sobrino, uf, que rico!

    CA: Tía, ¡ya no creo tolerar más!

    T: ¡Quítate el condón y métemela en el culo!

    CA: ¿En serio me dejaras?

    T: No lo pienses, ¡quiero tu leche papi!

    No lo dude más, me quite el condón y ella se puso a cuatro patas enseñando su perfecto culo, yo no pude resistir y con cuidado empecé a meter mi verga poco a poco en su culo.

    Al principio costaba, increíblemente su culo estaba apretadito y deliciosos, poco a poco conseguí meter todo mi pene, soltando ella un grito de placer, ¡empecé a embestir con fuerza y ella hacia lo mismo para que el placer fuese máximo!

    CA: Tía, uhm, que rico, agh, ¡que rico aprietas!

    T: ¡Me desgarras! jamás me había entrado una tan grande!

    CA: ¿Te gusta por aquí tía?

    T: Me encanta, ¡vamos dámela toda hijo!

    Me eche hacia adelante agarrando sus tetas firmes, pellizque sus pezones y ella se movía para atrás la soltaba para que se moviera solita, mi tía movía riquísimo las nalgas.

    Estaba en su cama, la cual comparte con mi tío, el hermano de mi mama y aun así le seguía reventando su delicioso culo.

    T: ¡No pares, que rico, agh!

    CA: Tía, quiero cogerte siempre, ¡agh!

    T: Ah, vamos bebe, no te detengas, me duele, ¡no me lo saques empuja más!

    CA: ¡Tía te llenare toda!

    Me movía como toro en brama, a mis 19 años le estaba reventando el culo a la mamá de mis primos, a la dueña de mis puñetas, no toleraba más, mis huevos comenzaron inflarse ella también se estremecía y juntos nos corrimos en un orgasmo espectacular.

    CA: ¡Tía, uhm que rico, agh!!

    T: Ah!! Que rico, dámela, dame toda tu leche, uhm, ¡mi amor!

    CA: Uf, no puedo más, que placer, agh, ¡me voy a morir!

    T: ¡Vamos a morirnos juntos, agh!

    Termino llena de mi semen, sonriendo me besaba, estábamos sudados, aun no daba crédito a lo que pasó.

    Me vestí y ella se arregló, me dijo que quedara entre nosotros y si era buen chico volvería darme las nalgas, durante unos años cogí con ella, la verdad me obsesioné demasiado, mi tía me enseñó muchas cosas que ahora pongo en práctica y les confieso que desearía regresar el tiempo y cogérmela otra vez.

    Corneador anónimo.

  • ¿Ya no te quiero? (Dominación tóxica)

    ¿Ya no te quiero? (Dominación tóxica)

    –Nunca vuelvas a decir que te veo como mi puta y nada más –dijo Mateo un tanto molesto un tanto preocupado.– Ahora mismo eres la mujer más importante en mi vida.

    –Lárgate de mi casa –Natalia lo interrumpió histérica lanzándole lo que tenía a la mano y maldiciendo por no tener más que ropa limpia recién sacada de la lavadora, saber que tendría que lavar todo de nuevo la enfurecía aún más.

    Cuando al fin las manos de ella dieron con un buen objeto contundente que seguro le sacaría un buen chichón en la cabeza al infeliz de su novio, (porque se suponía que eso eran aunque el imbécil se las daba de galán con la primera que se le cruzaba) se detuvo en seco y el rojo de su cara por la ira se intensificó por la vergüenza.

    Mateo como quien contempla una joya miraba uno de sus panties, que durante el asedio le cayó justo en la cara.

    <<Y es el rojo…>> pensó Natalia enrojeciendo más.

    –Este te quedan brutal –dijo él con una sonrisilla sardónica.

    En ese momento ella sintió un hormigueo en su entrepierna, sabía muy bien que detrás de esa sonrisilla había sexo y sus ojos por un brevísimo instante (que maldijo infinitamente) buscaron algo en la entrepierna de él.

    –¿Lo quieres cierto? –Pregunto Mateo para quien el gesto de Natalia no pasó desapercibido, sin esperar respuesta se abalanzó sobre ella sujetándole los brazos y besándola apasionadamente (la quería de eso no había duda).

    <<No quiero esto…>> se repetía Natalia una y otra vez en la mente, pero sus manos frenéticas ya le estaban desabotonando la camisa.

    Mateo excitado la levantó de las nalgas y la sentó sobre la lavadora que vibraba despachando el último lote de ropa del día, una de sus manos acariciaba con lascivia los pechos de ella que bajo el vestidito de casa que llevaba ya sentían duros y en todo su esplendor, con la otra mano empezó a hurgar en su empapado sexo hasta que dio con lo que buscaba.

    –Estás muy mojada –le susurró él al oído mientras mimaba su hinchado clítoris con los dedos.

    Natalia al oírlo decir aquello se excitó aún más, las palabras de Mateo le azuzaba los sentidos y eso le gustaba ya no podía dejar de jadear, de mirar los labios de él y de relamerse lujuriosa los suyos.

    –Ya estabas tardando –dijo él satisfecho sabiendo que deseo se escondía detrás de ese peculiar gesto de ella (la conocía tan bien).

    Con avidez empezó a devorar su sexo lamiendo los jugos que le destilaban, chupando y saboreando hasta el último rincón, disfrutando cada gemido, cada gritito de ella hasta la embriagues.

    Natalia complacida en acto reflejo le abría más las piernas dispuesta a facilitarle la tarea, mientras un calor abrazador le subía por los pies y se extendía por todo su cuerpo amenazándola con estallar, cuando este llegó a su cabeza explotó y ella en su clímax explotó también, gritó, se retorció y convulsionó de placer.

    –Me encanta tu sabor –dijo Mateo relamiéndose los labios.

    –¡Pídeme que te la meta!…

    –Métemela –articuló Natalia entre jadeos al instante sin poder evitarlo aguijoneada por su orden, ese ímpetu de él por penetrarla la enloquecían de manera bárbara.

    Mateo con manos exigentes la tomó de la cintura y de una sola estocada la penetró hasta el fondo, ella arqueó la espalda a punto de explotar otra vez, lo sentía latir dentro.

    –¿Así está bien? –le susurró él.

    –¿Te has venido antes?

    –Si –respondió ella.

    –¿Sentiste placer?

    –Sí.

    –Pues ahora me toca a mí.

    Natalia como toda respuesta le abrió más las piernas.

    Al día siguiente cuando Mateo regresó a buscarla dispuesto a quedarse en su vida, solo encontró una nota que decía «Ya no te quiero» y nunca más supo de ella.

  • Mi madrastra Viviana (Novena parte)

    Mi madrastra Viviana (Novena parte)

    Por fin pude volver a visitar a mi papá y mi madrastra, la bebé ya tenía un par de meses de haber nacido y mi madrastra estaba muy juiciosa haciendo dieta y cuidándose para recuperar su figura. El día que llegué mi papá y Viviana prepararon una cena. Mi papá estaba de traje acababa de llegar del trabajo y Viviana estaba en un short corto con una camisa de tiras que resaltaban su culo y tetas impresionantemente. Compartimos, estuvo excelente.

    Durante la cena no podía quitarle la mirada de encima a Viviana, sus tetas estaban aún más grandes que la última vez que la había visto y cuando le dio pecho a la bebé durante la cena, pude ver sus pezones, estaba un poco celoso de la bebé, ya que ella estaba disfrutando las tetas de mi madrastra y yo quería estar ahí succionando esas hermosas tetas llenas de leche.

    Mi papá tuvo un día largo en el trabajo así que justo después de la cena se fue a dormir, yo me quedé ayudando a Vivi a recoger los platos.

    Vivi estaba en el lavaplatos enjabonando los trastes, yo llegué por detrás, puse mis manos en su cintura y le dije al oído:

    J: Te ves muy bella mi Vivi.

    V: Gracias, pero no te me acerques tanto que tu papá nos puede ver.

    J: Él ya está durmiendo (empecé a subir mis manos hasta sus pechos, mientras ella seguía lavando los platos) y la bebé también.

    V: Pero la bebé se puede despertar en cualquier momento y despierta a tu papá, mejor quédate quieto.

    J: Vamos Vivi, quiero probar tus pechos así como la bebé hace un rato (empecé a masajearle los pechos en círculos, mientras ella gemía suavemente).

    V: Qué dices? como se te ocurre, estos pechos son solo para la bebé, además deberíamos dejar esto de una vez por todas, hace más de 6 meses que no nos vemos y es mejor dejarlo así (me quitó las manos de sus pechos y se dio la vuelta y me empujó suavemente lejos de ella, dejando sus brazos extendidos entre nosotros)

    J: No me hagas esto Vivi, no sabes lo mucho que he pensado en ti, siempre que estoy con otra mujer solo puedo pensar en todas las veces que he estado contigo, además yo sé que tu también quieres estar conmigo, apuesto que desde que estuvimos juntos hace más de 6 meses cuando aún estabas embarazada no has tenido sexo con mi papá (cogí sus brazos que nos separaban y la acerqué hacia mi).

    V: …

    J: Ves tu silencio lo dice todo además (bajé mi mano hasta su sexo y comencé a rozarlo por encima de su short, mientras ella movía su cabeza hacia atrás).

    Después de ver su reacción comencé a besarle el cuello y metí mi mano dentro de su short, ella ya estaba mojada, eso me excito muchísimo, así que con mi otra mano empecé a masajearle y apretarle las tetas, que estaban cargaditas de leche, ya que se podía ver como su blusa se mojaba justo enfrente de sus pezones cada vez que apretaba.

    Ella ya había sucumbido a mis caricias, así que le quite la blusa para poder ver esas hermosas tetas. Sus pezones se veía más grandes y más oscuros, así que la recosté sobre el mesón de la cocina y empecé a chuparle las tetas como un recién nacido, le salía mucha leche que creo que por la excitación me supo delicioso, ella mientras con una de sus manos ya había sacado mi verga y la estaba masturbando.

    Pero justo cuando le estaba bajando el short para podérsela meter, la bebé empezó a llorar. Viviana se exaltó muchísimo y se vistió a toda carrera y se metió al cuarto, dejándome ahí con una súper erección. Tuve que ir a la habitación de lavado y notar una de las tangas de Viviana y masturbarme con ellas para poder dormir.

    Al día siguiente Viviana estaba dormida en su cuarto junto a la bebé, mi papa ya se había ido para el trabajo, era mi oportunidad. Así que entre al cuarto. Viviana estaba acostada dormida de lado con un short de pijama bastante cortico y la bebé se había quedado dormida alimentándose de Viviana. Lo que hice fue voltear a Viviana boca arriba dejando a la bebé a un lado y pudiendo ver una de las tetas de Viviana por fuera. Sabía que si empezaba a manosearla se iba a despertar y seria duro convencerla, así que fui directo a quitarle el short y las tangas, me desnude y se lo metí. Empecé a moverme lentamente mientras ellas empezaban a gemir y despertar lentamente.

    V. ¡¿Que estás haciendo?! Estás loco, la bebé esta acá…  ahhhh… ahhh…

    J: No quería que tuviéramos… la discusión de si lo hacemos o no…  Además no me aguantaba más las ganas de estar dentro de ti mamá (la besé apasionadamente y empecé aumentar la velocidad de mis envestidas)

    V: ah… que rico (se mordía el labio) ya me hacía falta esto, pero sabes que amo a tu papá y no quería… ahhhh… no tan duro… ahhh, me vas a partir en dos…

    Yo estaba como loco dándole cada vez más duro, habían pasado meses desde la última vez que lo hicimos, tenía demasiado guardado para ella. Empecé a chupar sus tetas una vez más, a succionar esa rica leche que salía de sus tetas. Le estaba dando lo más rápido y duro que podía, así que la cama empezó a moverse bastante fuere.

    Así Viviana entre sus gemidos dijo: «la bebé, la bebé, déjame ponerla en la cuna o se va a despertar», yo me detuve, ella tomo a la bebé la puso en la cuna que estaba cerca a la cama y quedó en posición de perrito apoyada sobre las barandas de la cuna, yo no pude aguatar la tentación y llegué por detrás para seguírselo metiendo, ella empezó a gemir como una loca, mientras yo le daba muchas palmadas en esas nalgas.

    Me recosté en la cama y ella se puso encima de mí, recostándose hacia adelante poniendo sus tetas cerca de mi cara, así que la cogia y las chupaba, la leche le salía por doquier, mientras esas tetas rebotaban, tenía leche sobre mi cara y mi cuerpo, pero eso solo me excitaba más, así que la tomé de la cintura y empecé a darle como una bestia, hasta que me vine dentro de ella.

    Justo después de terminar y claro con todo el ruido que hicimos la bebé se despertó y comenzó a llorar, Viviana me miro y me dijo: «si ves lo que haces, ahora que leche le voy a dar a la bebé». Me miró y soltó una sonrisa pícara.

    Luego de eso los demás días que pasamos fueron con mi padre, pudimos tener un par de encuentros más con Vivi, pero no más de un par de rápidos, ya que la bebé ocupaba bastante a Vivi.

    Luego de eso pasaron muchas cosas hasta hace un año que me fui del país, ahora vivo en Austria, la última vez que estuve con Viviana fue antes de viajar para acá. Pero bueno eso se los contaré luego.

  • Día de lujuriosa lluvia

    Día de lujuriosa lluvia

    Llovía a cántaros en mi pueblo, de regreso a casa te encuentro bajo la lluvia, empapándote, te ofrezco cobijo bajo mi pequeño paraguas y aceptas, me ofrecí a ir contigo a algún sitio y me dices que te acompañe a tu casa, si no es molestia. Para nada, sabia donde vivías y nos dirigimos a mi casa, yo sujetaba el paraguas con una mano y tú agarraste mi cintura, el largo rato que has pasado bajo la lluvia ha hecho que el agua empape toda tu ropa. Nada más llegar y conociendo tu casa fui al baño y te doy una toalla mientras buscas algo de ropa seca para ponerte en tu dormitorio…

    Sales del baño envuelta con la toalla y te diriges a la cocina para meter la ropa mojada en la lavadora. Aún envuelta en la toalla te acercas a mí y me abrazas, tus manos recorren en una caricia profunda mi espalda y empiezas a sollozar.

    -¿Qué te pasa? -Te pregunté.

    -No pasa nada, solo que gracias a ti no cogí una pulmonía.

    Sigues recorriendo mi espalda con tus manos y me aprietas contra ti, tus caricias provocan que mi miembro se ponga cada vez más duro y lo notas a través de la toalla, pero lejos de incomodarte empiezas a besar mi cuello, te rodeo con mis brazos e intento besar el tuyo, pero tú tienes el dominio de la situación, me empujas lentamente hacia el sofá blanco donde me dejas sentado, te pones a horcajadas sobre mí, abriéndose la toalla mostrándome tu muslo, no dejas de besar y lamer mi cuello, me quitas la camiseta con gran facilidad y tus manos recorren mi pecho con tus labios y tu lengua que se centran en mis pezones, los mordisqueas levemente…

    Mi erección es más que visible, te deslizas lentamente hasta quedar de rodillas en el suelo, desabrochas mi pantalón con una maestría increíble y me lo quitas junto con el bóxer, quedando mi miembro a la altura de tu cara, la acaricias suavemente con tu mano derecha, acercas tus labios y la besas, la recorres de arriba abajo con tu lengua y finalmente te la metes en la boca, empiezas a deleitarme con esa sensación tan rica. Me deshago de la toalla que envuelve tu precioso y delicado cuerpo acariciando tus pechos mientras no cesas de comerme, pellizco levemente tus pezones que reaccionan poniéndose bien duritos. Bajas una mano a tu sexo y te masturbas mientras sigues llenado con tu saliva mi miembro…

    Te incorporas y te pones de pie sobre el sofá, dejando tu sexo húmedo a la altura de mi boca, no rechazo la invitación, lo beso suavemente y mi lengua lo recorre por entero, con mis dedos separo tus labios para que mi lengua entre y salga de ti entre tus jadeos, poniendo una mano en la pared y la otra en mi cabeza, estás realmente mojada. Haces que pare y te sientas sobre mí, clavándote mi miembro en tu interior, empiezas a moverte lentamente haciendo que entre y salga de ti mientras recorro tus pechos besando y lamiendo tus pezones, nuestras bocas se funden en un frenético beso, dejas de moverte y te levantas…

    Te sitúas junto a mí en el sofá a cuatro patas, ofreciéndome tus nalgas. ¡Qué visión, madre mía! Me incorporo detrás de ti, acaricio tus nalgas, dos de mis dedos se cuelan en tu sexo preparando el camino de mi pene, lo guío hacía ti y mientras te penetro desde atrás, mis manos suben por tu vientre hasta tus pechos, los tomo en mis manos y los aprieto ligeramente notando tus duros pezones. Los dos jadeamos al compás del vaivén de entrada y salida, me inclino sobre ti y tú giras la cabeza ofreciéndome tu deliciosa boca, que tomo con gran pasión. Me pides que empuje más fuerte y así lo hago, acelero el ritmo de mis embestidas hasta que estoy a punto de correrme, justo entonces salgo de ti y suelto mi leche sobre tu culito a la vez que tus gemidos y el temblor de tus piernas me indican que tú también has conseguido llegar a tu orgasmo. Secas el semen de tu trasero con la toalla que estaba en el suelo esparciéndolo delicadamente por tu espalda y hacia tu vientre. Me siento en el sofá y te tumbas sobre mí, sobre mis muslos…

    Al cabo de un rato nos vamos hacia la ducha, tus caricias bajo el agua provocan en mi otra erección, al verla, empiezas a masturbarme y de cuclillas frente a mí, te introduces una y otra vez mi miembro de nuevo en tu boca hasta el fondo, mientras te masturbas con un dedo para excitarte más y más… De vez en cuando me dedicas una mirada provocativa. No dejas de comerme a pesar de alcanzar tu segundo orgasmo con mis manos recorriendo tus pechos y dos dedos tuyos dentro de ti, no te detienes y me dices por qué; «quiero que te corras en mi cara», oyendo esto reacciono soltando mi leche a borbotones, del que no dejas escapar ni una gota…

    Ahora sí, nos damos una ducha relajante y después de secarnos, me visto y vemos como ha dejado de llover, es hora de irme, me acompañas a la puerta, pero antes de irme abres de nuevo tu toalla y me dices que si no me iba a despedir de esas dos. Rápidamente me abalance sobre ellas para comérmelas y besarlas para irme con un buen sabor de boca.