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  • De una fantasía a una realidad inesperada

    De una fantasía a una realidad inesperada

    La cena de aquella noche transcurría con una batalla en mi mente para dejar de pensar en los zapatos de tacón destapados que ella llevaba puestos, donde se podían apreciar sus uñas perfectamente pintadas, y la curva que se formaba en su empeine me tenían loco! Mientras hablábamos, mi mente divagaba imaginando, sintiendo cómo el roce de uno de sus zapatos de tacón empezaba a subir lentamente por mi pierna y de inmediato mi erección no se hizo esperar.

    Vuelvo a la charla, tomo un largo sorbo de vino, y extrañamente mis manos están sudando pero, ¿cómo es posible?… Mis pensamientos me dominan y vuelvo a la situación: Ahora siento tu pie desnudo merodeando por mi entre pierna y mi piel se eriza causando que mi pulso se acelere sin control.

    Vuelvo a la charla y apenas entiendo lo que ella me dice, el calor que siento es abrazador y por más que intento no puedo evitar que mis pensamientos regresen a ese momento, y ahora siento tu pie sobre mi erección y se me escapa un leve jadeo… ahhhh, recorres lentamente mi erección y mi respiración se agita cada vez más, es una tortura exquisita que quiero que se prolongue. Al instante escucho: “Oye, oye, ¿estás bien?…”. Sonrojado reacciono ofreciéndole mis disculpas y retomo la charla ahora sí tratando de controlarme.

    Continuamos cenando y para mí era inevitable desviar mi mirada hacia su escote, que aunque no era muy pronunciado, se le veía tan sensual. Sin duda ella ya había percibido que me traía loco, y con disimulo me lanzaba miradas coquetas e insinuantes. De a poco ella fue tomando el control de la situación, y llevó la conversación a un escenario más candente, las preguntas iban y venían con respuestas cada vez más cargadas de tensión y ansiedad.

    De repente ella se pone de pie, y lanzándome una mirada insinuante se dirigió hacia el baño. Enseguida capté el mensaje y con mesura aguardé por unos minutos para no ser tan evidente, ya que el restaurante no se encontraba lleno, apenas y había cuatro o cinco mesas ocupadas.

    Me puse de pie y de forma muy natural caminé hacia donde estaban los baños. Entre al de mujeres, y como si se tratara de una emboscada, ella me tomó de la cintura por sorpresa y sentí sus labios a un lado de mi cuello.

    Cerré la puerta con pasador, y con desenfreno empezamos a besarnos. En ese momento toda la lujuria se apoderó de nosotros, y en seguida la lleve boca abajo sobre el lavabo. Me agaché y levante su vestido hasta la cintura y proseguí a besar sus nalgas, luego mi lengua se deslizó por uno de sus muslos hasta la parte trasera de su rodilla, lamia mientras mis manos apretaban sus nalgas con fuerza y clavaba mis uñas. Sabía que no podíamos demorarnos demasiado, pero quería disfrutarlo al máximo.

    Luego volví a sus nalgas, hice a un lado sus bragas y mi lengua se refugió en su sexo deslizándose en todas direcciones, mientras escuchaba el esfuerzo que hacía para que sus gemidos no nos delataran.

    Con mis dedos separe sus labios mayores y con mi lengua la penetraba una y otra vez, y luego fui en busca de su clítoris y allí me detuve lamiendo y succionando, y sentía cómo sus piernas iban flaqueando por el placer que sentía.

    Al momento me puse de pie, la senté sobre el lavabo, baje el cierre de mi pantalón sacando mi miembro, y llevándolo a la entrada de su sexo, y sin contemplación alguna, lo hundí todo hasta el fondo. Empecé a envestirla y mientras lo hacía, desnude sus pechos y devore sus pezones uno a uno. Los lamía, los chupaba, succionaba y mordía (suave), mientras mi miembro entraba y salía.

    Un gemido fuerte se le escapó y de inmediato con mi mano tape su boca, y simultáneamente le di una serie de embestidas violentas una tras otra, y escuchaba como sus gemidos se ahogaban en mi mano. Su respiración se agitaba cada vez más, su rostro empezó a ruborizarse, cada vez la embestía más fuerte, sus dedos se hundieron en mi pelo y a instante entro en delirio.

    Con fuerza tapaba su boca mientras sus gemidos se ahogaban en mi mano, sus caderas se impulsaban hacia mi miembro con desespero, una de sus piernas temblaba, y sentía sus fluidos brotar sobre mi miembro. El orgasmo era intenso, yo no paraba de embestirla, sentía que ya no resistía más, y enseguida fui yo el que terminó delirando. Llevé mi cara a un lado de su cuello e intentando ahogar mis gemidos me corrí dentro de ella, sin detenernos hasta quedar totalmente saciados.

    Nos arreglamos y fui yo quien salió primero. Me senté en la mesa y todo parecía estar normal. A los minutos llegó ella, serví vino en nuestras copas y brindamos por una velada que jamás imaginé que fuera a concluir de esta forma.

  • La enfermera culona y el viejo negro (Parte 2)

    La enfermera culona y el viejo negro (Parte 2)

    Desde ese primer encuentro, la tensión sexual entre Vanesa y Samuel no hizo sino aumentar cada vez más durante las siguientes semanas. Ya las miradas, los besos y los toqueteos se hicieron parte rutinaria de sus vidas dentro del centro de retiro.

    Cada vez que Vanesa le llevaba la comida a su habitación, Samuel la “sorprendía” con un abrazo por atrás. Servir la comida se convertía en una tarea casi titánica con las grandes manos de Samuel recorriendo los senos y las caderas de Vanesa; pero a ella no le molestaba, ponía su usual sonrisa y realizaba su trabajo con lentitud para alargar el momento. Mientras lo hacía, presionaba su enorme culo contra la entrepierna de Samuel donde podía sentir como su verga se endurecía lentamente.

    Lo mismo ocurría con las demás tareas, el desayuno, la cena, medirle la presión, entregarle sus medicinas, todo se había vuelto un cruce de manos donde Samuel aprovechaba para recorrer las enormes curvas de Vanesa y de vez en cuando aventurarse a darle un beso corto el cuello o una nalgada con fuerza. En los lugares públicos del centro, la cosa tomaba otra forma. Ambos rara vez se acercaban, trataban de mantener su distancia de manera que nadie en el lugar podría haber sabido que ni siquiera se conocían. Claro, sus miradas se cruzaban de vez en cuando, en los pasillos, en la sala de recreación o en el jardín; miradas acompañadas con unas sonrisas de complicidad que exteriorizan el goce que ambos sentían con sus encuentros.

    Estos encuentros fugaces habían incrementado tremendamente la lívido de Vanesa. Convivía todo el día con sus deseos de masturbarse hasta el punto que interrumpía sus quehaceres cotidianos. Para lidiar con esto, decidió masturbarse continuamente con el fin de reducir sus ganas de ser follada. En su casa, iniciaba el día con una ducha larga en la cual se colocaba mirando a la pared apoyada con una mano, mientras que con la otra se metía los dedos en la panocha desde atrás.

    En su mente, imaginaba que Samuel la cogía contra la pared al mismo tiempo que le apretaba los senos. Antes de irse a dormir, nuevamente daba rienda suelta a su imaginación y, echada en su cama, abría las piernas hacia arriba simulando tener encima de ella el cuerpo ancho y oscuro de Samuel que le insertaba su enorme verga; todo concluía con las sábanas mojadas y agotamiento que la llevaban al sueño rápidamente.

    En el trabajo, las ganas volvían nuevamente y los encuentros con mencionado paciente no hacían más que incrementar ese deseo por tocarse. Para poder quitarse esas sensaciones, decidió masturbarse rápidamente en uno de los baños del centro. Nunca antes se le había ocurrido hacer eso, pero la situación lo ameritaba, debía hacer lo posible quitarse esos deseos y recuperar la concentración que necesitaba en su trabajo.

    Aprovechaba los momentos de menor carga laboral para escaparse a uno de los baños para el personal de trabajo donde satisfacía sus deseos. Lo incómodo de lugar y la premura de tiempo la obligaron a requerir de un estímulo adicional para poder acabar con prisa. Utilizó su Smartphone para buscar imágenes de hombres desnudos, maduros y morenos que tengan alguna similitud con Samuel y cuando no encontraba se contentaba con las fotos de vergas negras enormes que se introducían en la panocha de alguna joven blanca y culona como ella.

    Pese a todo esto y a su evidente deseo de ver esa verga que ya de por sí presentía enorme, todavía no estaba segura de dar el siguiente paso, después de todo estaban en su lugar de trabajo. Cualquier persona los podría sorprender y obviamente perdería su trabajo. Calentura o no, Vanesa necesitaba ese empleo, la situación estaba difícil y encontrar uno nuevo no iba a ser fácil. Pero al mismo tiempo le gustaba ese juego con Samuel. Eran solo unos toques, pensaba para sí misma, no le hacían daño a nadie, mientras se mantenga dentro de eso no iba a suceder nada malo y por lo menos tendría algo de diversión. Sin embargo, las cosas iban a complicarse un poco. Samuel se aventuraba cada más en sus toqueteos con Vanesa al punto que un tarde intentó meter su mano por debajo de sus panties hacia su sexo de manera repentina.

    -¡Nooo! -alzó la voz Vanesa mientras retiraba la mano Samuel de su entrepierna- ¿qué te sucede?

    Samuel retrocedió y voz cauta respondió “Lo siento, pero pensé que te iba a gustar”

    -¿Qué te hace pensar eso? -replicó Vanesa.

    Samuel cambió la expresión de su cara a una de molestia.

    -Vamos -contestó- estamos así desde hace semanas, ¿me vas a decir que no lo quieres?

    -¿Cómo podrías saber eso? lo único que haces es tocarme apenas llego -respondió Vanesa con voz cortante intentando acabar con la impresión de ser una chica fácil.

    -Cómo voy a poder hacer más si apenas terminar con tus recados te vas y ni siquiera me hablas, y allá afuera peor, ni te me acercas -reclamó Samuel.

    -Pero obvio, ¿crees que me voy a dejar tocar de esa manera en público? ¿Qué crees que van a pensar los demás si nos ven de esa forma? Perdería mi trabajo -dijo Vanesa- cómo sé si te vas a controlar?

    -Yo me puedo controlar, pero tú eres la que aparentemente quiere más -contestó Manuel efusivo.

    -¡¿Quiere más?! -replicó Vanesa casi gritando- ¡¿qué crees que soy?!

    Samuel observó la desesperación de Vanesa y alzó las manos para intentar calmarla. Con tu tono de voz de nuevo bajo y calmado respondió

    -Creo que hemos empezado mal, no hay razón para que te exaltes. Si me sobrepasé discúlpame, lo siento mucho. Pensé, con todo lo que estamos haciendo entre los dos, que podía hacer eso y te iba a gustar.

    Vanesa escuchó las palabras de Samuel y sintió algo de culpa interior, después de todo ella también lo había provocado un par de veces.

    -No hay problema dijo -con la voz ya calmada- solo ten más cuidado.

    -Bueno Vanesa, espero que no te lleves una mala idea de mí. En general suelo ser una persona bien educada.

    -O sea no andas metiendo las manos a todas las chicas que conoces por ahí -respondió Vanesa, ya mucho más calmada y con ánimo de socializar con Samuel.

    -Bueno… solo a las que tienen un trasero tan prominente como el tuyo. Más bien me da curiosidad saber cómo haces entrar en esos pantalones -replicó Samuel con una sonrisa.

    Vanesa no pudo contenerse y soltó una carcajada, esa misma mañana había sufrido para ponerse esos apretados pantalones que le daban en el trabajo.

    -No tienes idea como sufro, encima aquí solo los hacen en tallas chicas -contestó- así que no tengo más opción que lidiar con esta maldición.

    -¿Maldición? -respondió sorprendido Samuel- ¿cómo eso va a ser una maldición? pero si mira la belleza que es, ¿por qué crees que no he podido evitar sacar mis manos de tremendo culote?

    Vanesa rio otra vez y miró a Samuel con un poco de picardía.

    -Sí me he dado cuenta que no puedes -dijo- hay que estar poniéndote en tu lugar sino te pasas.

    Samuel solo atinó a reír con ese “reproche” de Vanesa y, con firmeza y cautela, se acercó a ella y le dijo al oído:

    -¿Qué puedo decir pues? me gustas.

    Al escuchar esas palabras, un espasmo de placer invadió el cuerpo de Vanesa, quien intentó controlarse con todas sus fuerzas. Ahora le gustaba como Samuel la estaba tratando. Le encantaba el morbo de tener un hombre mayor, fornido y negro seduciéndola de esa manera, así que decidió seguirle el juego.

    -Bueno pues, invítame a salir por lo menos -le aseveró- para conocernos mejor.

    -Si pudiera lo haría, pero, como puedes ver, estoy atrapado en este lugar -respondió Samuel cada vez más excitado- de lo contrario créeme que ya te hubiese llevado a tomar algo o a bailar un poco.

    -Bueno, pero podemos bailar acá mismo, por un momento por lo menos antes de que regrese a mis deberes. ¿Qué bailas? ¿Salsa? ¿Merengue? -replicó Vanesa entusiasmada.

    Pensativo, Samuel decidió optar por un ritmo más atrevido y dijo:

    -Mmmm… ¿te gusta el reggaetón?

    Vanesa soltó una carcajada un tanto alta que la obligó a taparse la boca para evitar hacer ruido.

    -¿Tan mayor y bailando reggaetón? -le preguntó sorprendida, pero casi inmediatamente y antes de darle chance de responder respondió.- Claro que me gusta el reggaetón y lo bailo muy bien, pero dame un segundo.

    Vanesa se acercó a la puerta y le colocó el seguro, regresó donde Samuel y le dijo “bailemos pues” dándose al mismo tiempo media vuelta. Samuel, al ver ese enorme culo apuntando hacia él, se acercó rápidamente, puso sus manos sobre la cintura de Vanesa y pegó su ingle hacia su culo. De manera pausada, Vanesa empezó a mover su culazo contra el cuerpo de Samuel, mientras este intentaba seguirle el ritmo.

    No pasó mucho tiempo, para que Samuel empiece a bajar las manos lentamente hacia los muslos y las caderas de Vanessa cuidado de no sobrepasarse mucho o realizar algún movimiento brusco. Seguidamente, Vanesa empezó a estrellar sus grandes nalgas contra la ingle de Samuel, a lo que este respondió con una pequeña risa y a contrarrestar los choques de Vanesa con los suyos propios.

    Lentamente, Vanesa regresó a sus movimientos iniciales, pero esta vez tomó las manos de Samuel y las llevó hacia su abdomen, jalándolo aún más pegado hacia ella. Samuel acercó su cara al cuello de Vanesa y empezó a dar besos cortos y esporádicos en toda la parte entre la cara y el hombre de su acompañante.

    Después de casi unos segundos en esta danza, Vanesa dio media vuelta, puso sus manos en el cuello de Samuel y con un impulso debido a su corta estatura en relación a él, lo besó. El beso se prolongó durante varios segundos, donde Vanesa no se pudo contener en saborear los enormes labios de Samuel.

    Repentinamente, recordó que debía regresar a trabajar y rompió el contacto con Samuel.

    -Debo regresar -dijo- mejor lo que dejamos acá.

    -Está bien, entiendo -respondió Samuel quien inmediatamente optó por alejarse- pero ¿cuándo volveremos a charlar?

    -No lo sé, cuando encuentre tiempo libre entre mis quehaceres -contestó Vanesa.

    -Mmmm… mira dame tú número y así podemos hablarnos más seguido -preguntó Samuel.

    -Claro -dijo Vanesa con una enorme sonrisa en su cara- sí me gustaría que conversemos más seguido. Apúntalo es 9372…

    Samuel sacó su celular y anotó el número.

    -Cierto no sé tu nombre completo -mencionó al final- te anotaré como “enfermera culona”.

    Vanesa soltó una nueva carcajada y dijo:

    -¿la enfermera culona? mmm… me gusta. Esperaré tus mensajes -y sin decir más salió del cuarto.

  • Noche lésbica

    Noche lésbica

    Era un día de otoño ya, estabas en casa de unas amigas con una conversación que no te interesaba mucho, empezaste a trastear con el móvil y las redes sociales donde vistes una pequeña encuesta sobre lesbianismo que estaba realizando un famoso tuitero y cómico, la cual contestaste.

    Jamás pensaste que una persona con miles de seguidores y famosito, se molestase en contestarte… Pero lo hizo para tu grata sorpresa, y empezasteis una conversación subidita de tono, pero sin más. Seguisteis hablando durante varios días.

    De hecho, un día os llevo a hacer una breve videollamada con muy poca ropa.

    El caso es que los meses pasaron, y la distancia tampoco favorecía que pudierais concretar un encuentro y la verdad es que sexualmente estas más que servida, así que tu interés para desplazarte a su ciudad iba disminuyendo, pero te llamaba la atención su ex, que de vez en cuando subía alguna foto con ella.

    Te parecía una chica encantadora, muy sexy, pero sobre todo muy maja y cercana.

    Así que un día, te dio por seguirla por Instagram y en vez de seguirla por tu cuenta habitual, empezaste a seguirla con tu cuenta secundaria.

    Al poquito empezó a darle me gusta a lo que publicabas, empezó a seguirte y te publicó en uno de sus historias.

    Tú no te lo podías creer, de la manera más tonta estabais hablando por redes sociales y le contaste que la habías descubierto a través de su ex, al que seguías desde hace tiempo.

    Hablabais de todo e incluso de vuestras inquietudes sexuales y así es como un buen día, le dijisteis que te encantaría hacer un trio con ella y su ex.

    Ella no dijo que no, y tú, la verdad, fuiste bastante atrevida, ya que, tienes 10 años más que ella y poca experiencia en el deseo y sexo entre mujeres, pero es que no podías evitar la atracción que iba en aumento conforme la ibas conociendo.

    El caso es que estabas perdiendo interés por ex e iba aumentando tu interés hacia ella.

    Pasaron unos meses y por fin, su ex, tenía un bolo en tu ciudad, así que le dijiste que se viniese con él.

    Llegó el momento, os conocisteis una hora antes de que el tuviera que ir al teatro, nada más verla, no pudiste ocultar tu mirada de deseo y él se dio cuenta, que la cosa ya no iba con él. De hecho, dijo… “Uy, creo que yo sobro, ¿¿no??”. A lo que contestasteis que no. Reísteis los tres.

    Ella y tú os fuisteis patio de butacas y visteis el espectáculo desde un lugar de excepción (teníais enchufe). Al terminar el espectáculo, fuisteis al camerino y allí había una chica más.

    Así que el chico se acercó a su ex y le dijo al oído, que no podía ser el trio que prefería acostarse con esa chica que al parecer había conocido unos meses antes en otro bolo.

    Tu amiga te miró triste y te dijo: “no puede ser… ¿Y tú le dije, bueno y te apetece que hagamos algo? ¿Nos vamos de fiesta las dos?”.

    Te dijo que sí, “vámonos por ahí”.

    Así que os fuisteis de fiesta las dos, bailando hasta las tantas y entre el alcohol y la música os besabais de forma furtiva de vez en cuando, las dos sabíais que el tema se estaba calentando, pero tú tenías muy claro que no ibas a forzar ninguna situación y que sería ella la que decidiese que quería hacer.

    Os cerraron el pub y salisteis a la calle, sudadas, riendo y felices de que por fin os habíais conocido.

    Le preguntaste: Dime, ¿Qué quieres hacer?

    Te dijo necesito una ducha y contestaste: ¡Vaya y yo!

    ¿Te llevo al hotel? Y te dijo, no… No puedo ir al hotel, estará mi ex con su amiguita.

    Así que le propusiste que se fuera a tu casa y que no se preocupase, que no pasaría nada que ella no quisiera.

    A lo que te contestó: Creo, ¡¡chica guapa, que ambas sabemos lo que queremos!!

    ¿Ah sí? Ah claro, una ducha, ¿¿no??

    Risas y más risas dentro del taxi y por fin llegasteis a tu casa.

    Nada más entrar por la puerta os fundisteis en un beso húmedo, mientras os ibais quitando la ropa y cuando estabais medio desnudas, le dijiste: ¿¿Una ducha??

    Os metisteis en la ducha y empezasteis a enjabonarnos la una a la otra, las dos sois de pecho grande y amplias caderas, estabais fascinadas por lo parecidas que erais ambas.

    Con la ayuda del jabón y el agua caliente tus manos recorrían su cuerpo mientras las suyas hacían lo propio con el tuyo.

    Salisteis de la ducha, os secasteis y os metisteis en la cama.

    Empezaste a besarla en la boca y cuando te separaste de su boca, se le escapó una sonrisilla y tú la miraste como pidiéndole permiso para seguir… asintió con la cabeza y seguiste besando sus pechos grandes, tu lengua se entretuvo con uno de sus pezones, sentías como estaba duro como una piedra, tu sabías que su deseo le estaba volviendo loca.

    Seguiste bajando con tus besos hasta que llegaste a su sexo, la verdad es que era el segundo que probabas en tu vida y no tenías ni idea si lo hacías bien o mal, pero no te cortaste.

    Con tu lengua separé los labios generosos que encerraban un clítoris húmedo e hinchado por el calentón que llevaba, tu lengua lamía arriba y abajo, evitando centrarme directamente en su clítoris y un momento dado metiste tu lengua dentro de su sexo, extremadamente mojado.

    Ella gemía, y te decía necesito más. Por favor, necesito que me metas algo.

    Le metiste dos dedos dentro y aumentaba tu ritmo dentro de ella. Cuando los saqueaste, los chupaste y le di a probar.

    El calentón era tal que cogiste un vibrador que tengo para tus noches de soledad y lleno de lubricante se lo metiste hasta el fondo, sus gemidos y gritos te encendían cada vez más, tanto que ella notaba como tus flujos resbalaban por sus piernas.

    Después de que se corriese de forma abundante, cayó rendida en tu cama.

    Tú te hiciste la dormida, pero no te podías quedar así.

    Así que te tuviste que masturbar mirándola, de repente abre un ojo y te confiesa que se estaba haciendo la dormida.

    De nuevo, venga las risas y le dijiste… Oye, señorita… Aquí la que ahora necesita algo soy yo, así que no seas mala conmigo.

    Te dijo: déjame que pruebe a que sabes y acercó su boca a tu sexo y te metió la lengua dentro de ti y empezaste a correrte en ese mismo instante.

    Te lamió al tiempo que te metió dos dedos dentro de ti, que provocaron de nuevo otro orgasmo, os besasteis y os quedasteis dormidas.

  • Antonio, mi vecino favorito (Parte IV)

    Antonio, mi vecino favorito (Parte IV)

    La noticia del embarazo de mi prima precisamente con mi ex, me cayó como un balde de agua fría, solo quería desquitarme, pero no sabía cómo. Me encerré en mi habitación a meditar las cosas una y otra vez, ni siquiera me había fijado de la hora que era; las 3:30 a.m. Mi vecino no había pasado a visitarme como acostumbraba antes de mi viaje, seguramente no sabía que había regresado y eso me molestó aún más.

    En el estado en el que estaba, honestamente, no pensaba muy bien y tengan en cuenta que había pasado 4 meses solo en compañía de mis dedos…

    Así que cogí las llaves de Antonio, me desnudé, me puse uno de sus boxers, me puse una bata y me dirigí a la casa de mi vecino favorito. Al entrar hice más ruido del que hubiera querido. Cuando cerré la puerta tras de mí, él ya venía saliendo como loco de su habitación, abanicando un bate, encendió la luz justo cuando me estaba quitando la bata.

    -¿Pe… ro?… ¿Vecinita? -Dijo atónito, no se lo podía creer.

    -Buenas noches vecino, espero no incomodar. Llegué hace poco y me quedé esperando tú visita nocturna… -Le comenté mientras me quitaba su ropa interior y la usaba para acariciarme las tetas.

    -Nunca incomodarías, pero de qué visitas hablas, no sé.

    -Ay Antonio, claro que sí sabes de qué hablo -Le interrumpí- Pero te voy a ayudar a hacer memoria de todos modos, desde que me mudé has entrado a mi departamento, me has manoseado, te has masturbado, me has penetrado y te has venido varias veces, así que pensé que este era mi turno para manosearte, masturbarme y venirme -Dije mientras iba a su sofá, me abría de piernas y metía poco a poco buena parte de su bóxer en mi vagina y así masturbarme delante de su mirada incrédula.

    Sin decir una palabra fue hasta donde yo estaba, saco su ropa interior, la olió y metió tres de sus gruesos dedos sin preguntar, estaba tan mojada que entraron sin problema, empecé a gemir como si eso fuera lo mejor del mundo, estoy segura que todo el edificio me escuchó, pero no me importó, estaba gimiendo por todas esas veces que no pude por seguir con el juego.

    -¿Así que todo el tiempo lo supiste, eh puta? ¿Te gusta que te use para mí placer?

    -Sí, me encanta, cada vez que te ibas me masturbaba como loca.

    -Que rico, saber eso. Y ¿cómo es que tienes mi ropa interior?

    -Tú tienes la mía, no me pareció justo que yo no tuviera nada tuyo.

    -Espera un momento aquí, no te toques o te arrepentirás…

    Esa actitud de dominante que había adoptado me calentaba a más no poder, así que me quedé como me dejó; con las piernas bien abiertas y chorreando de excitación en su sofá.

    -Que bien, me gustan las chicas obedientes. Toma, póntelo. -Tendió la mano entregándome una de las tangas que se habían «perdido», se sentía acartonada, la examine un momento y me la puse.

    -Como te diste cuenta me he venido muchas veces en ella, pensando en romper ese culito que tienes, en metértela hasta el fondo de tu húmedo coñito, en tenerla en esa boca y en medio de ese par de tetas deliciosas… -me dijo. Ya se podía ver su excitación, en dónde rosaba su cabeza con el pants que usaba para dormir estaba húmedo, no me pude contener y me lance por él. Pero me paró.

    -Quieta, primero yo. De rodillas en el sofá.

    No sé ni porque, pero obedecí. Me puse de rodillas dándole la espalda y abriendo bien las piernas. Él por un muy largo rato solo se quedó viendo y raramente eso me excitaba mucho más. Cómo para aliviar un poco mi calentura, moví un poco las caderas casi que inconscientemente, a lo que él respondió con una pequeña risa.

    -Calma -dijo mientras llevaba sus manos a mi culo y abría los cachetes. Lamió mi oreja, empezó a bajar, mordiéndome el cuello, pasando su lengua por mi espalda, todo esto mientras seguía abriendo y cerrando, masajeando mi culo y yo casi no podía pensar, solo atinaba a gemir y dejarme hacer.

    Por fin su boca llegó a mi ano, corrió la tanga. Empiné un poco más el culo para darle mejor acceso.

    -Que colaborativa -dijo dándome un par de nalgadas- Que culito tan rico -y volvió a lo suyo: Su lengua en mi ano y sus dedos en mi vagina, algunas veces alternaba, me estaba volviendo loca de placer. Antes de que pudiera venirme paró.

    Se sentó en el sofá y me invitó a sentarme encima de él. Lo hice casi que por instinto antes de que me lo pidiera. Empecé a moverme encima de su verga aún dentro de sus pants. Inmovilizó mi cabeza con sus enormes manos y me besó como nadie nunca lo había hecho, después sus manos pasaron a mis tetas aun besándome, las apretaba tan fuerte, me encantaba como lo hacía, tanto que al cabo de un momento más de restregarme contra esa dura verga me vine.

    -Uuff que rico orgasmo tuviste, ven conmigo -me llevó a su habitación y me puso de rodillas en el piso.- Mira como me dejaste -además de su gran erección, su pants estaba totalmente empapado en la entrepierna.-Límpialo -no lo pensé, solo lo hice.

    Lamí todo lo que estaba húmedo, podía sentir mi sabor combinado con el de él. Me calentó tanto que dejé al descubierto ese hermoso pene y me lo metí en la boca todo lo que pude.

    -¡Chica mala! -Se retiró un poco y me dio una cachetada, contrario a lo que yo hubiera pensado antes de esa noche, no me disgustó para nada, al contrario, me gustó de una forma nueva.

    -¿Cómo se dice?

    Solo atiné a decir…

    -¿Por… favor?

    -Que bien, aprendes rápido -Ahora fue el quien me lo metió en la boca.

    Al cabo de un rato me hizo ponerme de pie y me tiró a la cama, boca arriba me penetró, solo se escuchaban mis gemidos, sus jadeos y el sonido de nuestra humedad…

    -Mmmmm me vengo

    -Quiero tu rica leche en la boca, la quiero probar, por favor.

    En un momento allí estaba yo, nuevamente de rodillas en el piso, ahora masturbándome y con la boca abierta. Por fin se vino y luego lo hice yo, cuando me trague su espeso semen.

    -Quiero que te quedes esta noche, y quiero que me despiertes con la boca… En la verga.

    Definitivamente, Antonio es mi vecino favorito.

  • Entrenada por los muchachos

    Entrenada por los muchachos

    Daniela era una joven de 18 años de edad, de casa, bien portada y de instrucción católica. Toda la vida escolar la había hecho en el mismo instituto de una ciudad provincial, hasta que sus padres se mudaron al ruidoso y mundanal puerto, justo antes de acabar el último año escolar. Sin amigos, inocente y fácil de manipular, Daniela pasó su primer día de clases haciendo lo posible por pasar desapercibida, pero su brillante mente la hizo sobresalir en clases, eso y su cuerpo.

    El uniforme era de una falda lisa de color celeste con dos cortes en cada pierna, como sus ojos, y la camisa era una polo blanca con cuello también del mismo tono azul, calcetas altas y zapatos negros de charol con un tacón algo alto para ella. Por algún error su madre le compró una blusa dos tallas más pequeñas, haciendo que le apretara las tetas tan grandes como naranjas maduras y como no usaba sostén se le marcaban las aureolas de los pezones, la falda le quedaba tan corta que apenas le cubría el culazo, las calcetas tenían más tela que la falda, le cubrían hasta arriba de las rodillas.

    Tímida y silenciosa en su primer día de clases se ubicó en el rincón de la cafetería mientras todos los demás compartían mesa, a ella la evitaban como si fuese una leprosa. Entonces llegaron “ellas”.

    Eran conocidas como las “Zorritas del Centeno”, al verlas Daniela no se sintió tan mal por su uniforme que tantas miradas había atraído durante todo el día puesto que las cuatro chicas que se sentaron en su mesa con total confianza y libertad tenían tan poca ropa como ella. En su antiguo instituto las faldas eran tan largas que les cubrían las rodillas y las camisas eran largas hasta el cuello y las muñecas, las reglas estrictas y las costumbres muy distintas, pero lo que más extrañaba de todo era a los sacerdotes asignados a la instrucción de los alumnos y sus valiosas “horas de confesión”.

    —Pero mira quién está tan solita: la rabanito —dijo una de ellas, la más voluptuosa de todas y al parecer la líder. Sabrina era alta como ella, casi 1.70 m, con el cabello negro corto hasta sus hombros y labios rojos, llevaba la blusa tan pequeña que se veía su ombligo y el piercing en él, la falda le dejaba ver la braguita roja que traída debajo cada vez que se sentaba y sus calcetas tenían dos bolitas pomposas del mismo color de la falda. Tenía la fama de ser la “motosierra” y se decía por los pasillos que tenía en sus bragas a medio personal docente incluido al Principal—. Supongo que podemos hacerte compañía, Rabanito.

    Daniela asintió en silencio, sin comprender aún que le decían “Rabanito” por el cabello pelirrojo y ondulado que le caía hasta la cintura en una cascada con olor a flores silvestres y sus mejillas sonrojadas todo el tiempo sin ninguna razón, además de las pequeñas pecas sobre su nariz pequeña y respingada. Sabrina rodeo sus hombros con una de sus manos, apoyándole los pechos en el brazo derecho, hablándole en voz suave.

    —El primer día es lo peor, Rabanito, pero ya te acostumbrarás. Le has encantado a la mitad de los profesores, te lo aseguro. —A su izquierda, la chica guiñó uno de sus ojos delineados y se inclinó sobre su oído izquierdo—. Son unos sucios pervertidos, no te fíes.

    Ángel era rubia de melena larga y de una piel más blanca que la suya incluso, con unos labios rosa pálido y ojos verdes tan claros como esmeraldas. De ella se podía decir dos cosas: Podía hacer que un hombre se corriera en su boca en menos de cinco minutos y le encantaba. Cobraba por mamada, se decía que tenía un estándar de precios por tiempo y que si durabas más de diez minutos, era ella la que te pagaba dándote el coño para que se lo comieras, y cualquiera lo haría, nunca usaba bragas y solía sentarse con las piernas abiertas, había una fila de chicos siempre sentados frente a ella solo para ver, muy pocos habían podido probar ese manjar rasurado de labios mayores gordos ocultando los inferiores.

    —Si te dicen que vayas después de clases a sus oficinas, es porque te echaron el ojo, Rabanito. Si lo quieres hacer hazlo, pero un consejo: No lo des de gratis —continuó Sabrina, jugando con uno de sus rizos pelirrojos con una de sus manos, con la otra se acariciaba una de sus piernas expuestas enviando una descarga eléctrica hacia sus pezones que al instante se pusieron duros—. Ah, zorrita, te pusiste cachonda.

    —¿Se puso cachonda? —Preguntó la segunda a la derecha—. Yo creo que le va a gustar a “los muchachos”, ¿qué dicen?

    —No inventes, Katan, tú a todas las quieres llevar con los “muchachos” —reprochó Sabrina.

    —Es que me encanta verlos disfrutar con una nueva, me pone cachonda —respondió Katan.

    Katan era una chica alta de 1.75 m, magra y su mejor rasgo era un rostro bastante agraciado, no tan bonito como sus compañeras, pero algo tenían sus ojos grises, no tenía casi nada de tetas ni de culo, sus piernas eran flacas también. Físicamente no encajaba con ellas: llevaba el uniforme corto, pero las muñecas llenas de pulseras negras de cuero, en el cuello un collar de también de cuerina con una placa que decía “perrita”, usaba delineador negro en exceso y tenía al menos cinco piercings visible. Decían que Katan era sado y su coño era tan apretado como cuando era virgen a pesar de que le encantaba el sexo interracial, además de sado, lo suyo era lo anal así que en sus cumpleaños sus amigas le regalaban plugs de distintos colores, formas, con lucecitas, con adornos, con cola… de todo. Katan era la más puta de todas, y la más fea también.

    —Sí, quizá les gustes, a ver ese coño —dijo Sabrina, deslizando la mano que tenía sobre su pierna hasta debajo de la falda, sobre el coño, masajeándolo en círculos sobre la braga de algodón blanco. Daniela se estremeció con un escalofrío al sentir que le tocaban “allí”, su “ofrenda” como le llamaba el padre Bartolomeo, el primer párroco de la iglesia del instituto. Le habían enseñado a aceptar las caricias desde siempre, a “servir”, pero allí no sabía qué hacer, ni cómo decir que no, así que simplemente miró alrededor a ver si alguien la reprendía por ello, y aunque varios se percataron de lo que la pelinegra le hacía bajo la mesa, nadie decía ni hacía nada, así que supuso que estaba bien.

    —¡Oh! Ésta va para los muchachos, definitivamente. Mírenla poniéndose mojada y dejándose manosear bajo la mesa del instituto. ¡Ésta es de las nuestras, chicas!

    —Yo quiero probar —dijo la segunda a la izquierda, María, levantándose de su asiento y cambiando con Ángel, al hacerlo los de la mesa detrás de ella se giraron a verla y se quedaron embobados viendo el mejor culo del instituto, como se había declarado en el “libro negro”, un cuaderno con secretos y suciedades sobre los alumnos y profesores que estuvo dando vueltas hasta que el Principal lo obtuvo y lo hizo desaparecido.

    María era latina, con un culo de mula que se tragaba cualquier braga que se le atravesara, duro y brillante de piel canela. Era castaña con ondas descontroladas que caían hasta debajo de sus hombros, ojos obscuros y grandes como almendras y labios gruesos y delineados. Para pagar por el instituto tenía que trabajar medio tiempo en una sex-shop, así que era la proveedora de todo tipo de juguetes para sus amigas, sus mejores clientes, además solía hacer dinero extra en los “cuartos privados” de la tienda siendo usada como una “gloryhole”, no pasaba día sin tener una verga en la boca, en el coño y en el culo, pero lo suyo eran los coños, era bisexual.

    —Es que tengo calor —se excusó Daniela por su humedad, mientras se cambiaban asientos. Sabrina se rio en su cara, sacando la mano para que María la pusiera en su ligar.

    —Mmm… No te avergüences, Rabanito, está bien que te guste esta zorra —refiriéndose a Sabrina—, y es mejor que estés mojadita y lista, así podrás conocer bien a los muchachos. ¿Te parece?

    —¿Q-Quienes son los “muchachos”? —preguntó Daniela entre balbuceos, confundida por el toqueteo en su sexo que cada vez era más delicioso y su braga de algodón se empapaba bajo los dedos de la guapa latina adolescente.

    —Unos amigos nuestros…

    —Quiero comerte el coño, Rabanito —susurró María en su oído, a lo que Sabrina la reprendió sacándole la mano de entre las piernas.

    —Déjame hablar, perra —siseó, luego volvió a centrarse en Daniela y ella por fin pudo pensar con más claridad también—. Los muchachos son unos amigos, buenos amigos, nunca te harían daño, no te preocupes.

    —P-Pero yo no conozco a nadie aquí y…

    —¡Mejor razón para ir! —Ángel dijo—. Si conoces a gente nueva haces amigos nuevos. Nosotras te cuidaremos, solo hay que tomar un bus y caminar un par de metros y llegamos con “los muchachos”, ¿qué dices, Rabanito?

    Daniela se mordió su labio inferior, indecisa, pero tras unos segundos de reflexión se dijo a sí misma que las chicas tenían razón y que debía conocer gente nueva, hacer nuevos amigos ahora en su nuevo hogar, así que aceptó.

    Más tarde, junto a sus nuevas amigas, Daniela cargó su mochila a la espalda y las siguió fuera del instituto hacia la parada de buses. Aunque no eran más que unos pasos hubo al menos una docena de chicos intentando detenerlas a hablar para pedirle una cita o “un trabajo”, pero ellas con total prepotencia y orgullo los pasaban de largo tras lanzarles un comentario venenoso y cruel. Eran unas bombas sensuales y lo sabían. Daniela era la única con suficiente timidez y decencia como para decir, “no, gracias” con su vocecilla dulce y tierna.

    Mientras esperaban el bus recordó las lecciones del padre Bartolomeo diciéndole que debía leer la lección del día con voz suave y dulce, como si le hablara a los ángeles, la sentaba en su escritorio y él se arrodillaba frente a ella que, con el libro de enseñanzas diarias extendido frente al rostro, no lo veía pero sentía cuando le subía la falda e introducía su rostro gordo y barbudo en su entrepierna, olfateándole el coño y apartándole las bragas. Era difícil concentrarse y leer mientras la lengua de Bartolomeo le repasaba la raja mojada y caliente de arriba abajo, pero hacía el esfuerzo y continuaba leyendo hasta que el padre hacia “eso” con su lengua en su coño y la hacía temblar y gemir como una gata. “Buena chica” le decía la acomodarle la braga y la falda, la bajaba de la mesa y la despachaba con un cachete en el culo.

    Cuando Bartolomeo fue transferido Daniela creyó que ya no tendría esos buenos momentos, pero se equivocó porque llegó el padre Felipe…

    —¡Eh!, despierta, Rabanito, que este es el nuestro. Vamos —apremió Sabrina, sacudiéndole del brazo y empujándola para que suba en el bus escolar.

    Las chicas iban ocupando dos asientos y charlando las unas con las otras como las amigas que eran, mientras ella iba viendo por la ventana el extraño paisaje que la ciudad portuaria le obsequiaba con sus calles de tráfico ruidoso, los truckfood y vendedores ambulantes, vagabundos y tiendas de escaparates finos con todo tipo de ropa y zapatos lindos. Daniela estaba fascinada de que el viaje en el bus le permitiera ver tantas cosas bonitas y brillantes, se sentía como viviendo en un sueño. Hasta que el bus cada vez se fue quedando más vacío y las chicas no se mostraban prontas a bajar, el paisaje fue cambiando a los condominios más pobres y las calles más sucias, con el olor de las cloacas nauseabundas brotando de las esquinas y el número de vagos y méndigos se multiplicaba.

    —Aquí es —dijo Sabrina, poniéndose en pie.

    —¿Estás segura? —preguntó Daniela, tomando su bolso y colgándoselo en la espalda de nueva cuenta, mirando insegura hacia la ventana. Justo en los asientos de la parada de autobús había un borracho dormido abrazado a una botella.

    —Sí, Rabanito, vamos —apremió, tomando su mano y guiándola fuera.

    El fétido del borracho la golpeó primero en la nariz, haciendo que la arrugue con disgusto, luego el desagüe que había aun lado, y luego la pared con tufo a orines del edifico más cercano… Daniela dejó de enumerar las cosas que olían mal y siguió a las chicas calle abajo.

    Ni bien habían dado cuatro pasos cuando comenzaron la sarta de silbidos y sandeces de parte de quien estuviera al otro lado de la calle o de los que pasaban a un lado del quinteto atómico. “Qué ricas tetas, mamacitas”, “qué culos”, “¿cuánto cobran, putas?”, “¿quieren verga?”, decían entre otras cosas, incluso hubo alguien que pasó por su lado y se sacó una verga obscura y poblada de vellos negros y rizados y la sacudió frente a ellas, pero las chicas siguieron caminando y se rieron de él, haciendo que otros hombres a su vez se burlaran del exhibicionista. Ellas eran como diosas en ese barrio, todos las deseaban y querían entrar en sus coños adolescentes pero ninguno tenía el privilegio, sólo podían verlas contonear sus culos y sus tetas con exageración mientras andaban e intentar ver sus bragas debajo de sus faldas, y el coño de Ángel, la que nunca usaba bragas.

    Llegaron a un callejón entre un hotel y una librería, había dos cajones para la basura y un vagabundo al lado que al verlas llegar se sacó el sombrero roído y las saludó.

    —Buenas tardes, mujercitas, que la pasen bien hoy —dijo el vagabundo.

    —Buenas tardes, Raúl, gracias —dijo Sabrina, las demás la siguieron.

    —¿Habrá suerte para este viejo hoy?

    —Hoy no, Raúl, quizá otro día. —Ésta vez fue Ángel la que respondió—. Jugamos con Raúl a veces, pero sólo cuando queremos salir de la rutina. Nos da morbo porque es viejo y huele mal, pero no te engañes, está bien dotado, quizá un día lo descubras tú misma.

    Daniela se estremeció al pensar en estar con un hombre tan sucio y de mal aspecto como Raúl el vagabundo, el padre Felipe era siempre aseado y de buen ver. Tenía cuarenta años, llegó a la parroquia dos meses antes de que ella se fuera pero Felipe había continuado con su instrucción, esta vez usando las horas del confesionario para enseñarle a complacerlo. La ponía de rodillas y mientras él se sentaba en el pequeño espacio le pedía que se abriera la camisa y le mostrara los pechos, él hacía lo mismo abriéndose la sotana y mostrándole un miembro rojo y largo con las venas marcadas.

    Era una imagen morbosa ver a Daniela con las tetas al aire y al sacerdote en su hábito pajeándose frente a la joven, dándole órdenes de besarle la verga como parte de su acto de contrición y luego mamarle hasta que se corriese en su cara, felicitándola después por sus buenas acciones, la recompensaba dejándola sentarse en su verga y frotarse con ella mientras él le comía las tetas hasta hacerla gemir de gusto y ponerse colorada como un rábano.

    Las chicas la volvieron a traer de su distracción cuando la detuvieron en la entrada en un bar, aunque a simple vista sólo tenía el letrero con luces neón para diferenciarlo en esa pocilga. Le desabrocharon los botones de la polo, le revolvieron el cabello un poco soltándole los broches con que los sujetaba y le subieron aún más la falda.

    —Ahora estás presentable —dijo Sabrina.

    —¿Eres virgen, Rabanito? —preguntó Katan, obteniendo miradas desaprobatorias de parte de las demás—. ¿Qué? Yo sé que tiene pinta de zorra, pero hay que estar seguras. —Luego volvió a dirigirse hacia ella—. Allí adentro va a pasar de todo, y tienes que estar segura de que quieres entrar y estar dispuesta a jugar con “todos”, ¿entiendes, Rabanito?

    Daniela meditó un segundo, mordisqueando su labio inferior. Entre tanto y tanto recordar a Bartolomeo y Felipe que solo esperaron su mayoría de edad para meterle mano y usarla, y entre los magreos de las chicas y las obscenidades que le gritaron en la calle Daniela se dio cuenta que se había puesto muy cachonda. Lejos de casa, lejos de quien pudiera consolarla en ese estado y sabiendo que su virginidad la había dejado atrás hacía tiempo, asintió y entró a conocer a los “muchachos”.

    ***

    Ésta es una nueva serie de relatos en las que espero poder permitirles conocer a estas cinco chicas y sus historias. Vamos a empezar con nuestro «Rabanito».

    Espero les guste.

    Un beso donde quieran,

    Emma.

  • Mi linda y ardiente chiclayana

    Mi linda y ardiente chiclayana

    En un viaje de un fin de semana viajé al norte para visitar a unos familiares, para esto ya había coordinado con una amiga chiclayana que trabajo en la capital, la cual conocí, era blanquita muy guapa digna representante de la belleza norteña, después de estar con la familia acorde con ella en encontrarme, para esto mi pareja en estaba en la capital solía llamarme una vez o en la mañana o en la tarde y noche, sabía que estaba con la familia y pues me iba a tomar con “mis primos” en la noche.

    Así empecé a tomar con ellos, pero sabiendo que tenía que salir pero que regresaba más tarde o mañana temprano para seguirla, mi amiga me dijo espérame a la salida del casino.

    -¿Precioso, salgo a las 12 de la medianoche no hay problema?

    -No, dale no importa te espero por afuera – faltaría 45 minutos aprox.

    -Ok, ahí salgo nos vemos, besos

    Aproveche en llamar a mi pareja diciéndole

    -Bebe estoy saliendo de comer por una pollería cerca de mi hotel

    -Ya, amor… te vas a descansar.

    -Si, si bebe… ya después de tomar y comer estoy cansado me voy a dormir.

    -Ok, mañana hablamos

    -Sigues con lo de tu tesis –avanzaba su trabajo de investigación.

    -Si aquí un rato más que estoy más tranquila para avanzar.

    -Ya bebe, hablamos besos me voy a descansar. Byee

    Ya habiendo despistado a mi pareja seguí esperando con ansias, de poder follar esa noche, ya pasando la medianoche la veo salir a mi amiga del casino, y detrás de ella otra amiga trigueñita de cabello ruloso, guapa de 21 añitos -por lo que me dijo-yo tenía en ese momento 31 años. Así me la presento y fuimos a tomar a un Pub, mientras conversaba con mi amiga, escuchaba que su compañera hablaba por teléfono.

    -Si, si ya voy para mi casa, voy a comer por ahí con mi compañera y ya me voy estoy cansada, ya amor, hablamos chau chau

    Mientras tomábamos y bailábamos, con ambas los tipos del pub pasaban por mi costado y me decían ¡provecho!, me sentía todo un suertudo. Así llego las 4 am ya nos estaban botando del Pub

    -Donde la seguimos, replico mi amiga

    -Ya es tarde, todo debe estar cerrado –replico su amiga

    -Vamos a mi habitación de hotel que tiene balcón ahí nos relajamos un rato mas

    -Ya vamos -replicaron

    Íbamos caminando unas cuantas calles mientras las tenía a ambas abrazadas de los hombros, me decía ¡hoy follo!, hoy follo si o si! Entramos por las escaleras, nos cuarteleros no me dijeron nada me dieron la llave y le pedí a uno de ellos, que me conseguir un six pack de cerveza dejándole una propina.

    Ya en la habitación fumando y tomando sobre la cama los tres, y habiendo pasado como 40 minutos me quise poner galán con mi amiga la blanquiñosa, pero me dejo en nada. Entro al baño y mientras estaba con la otra amiga empezamos a besarnos a los cual mi amiga salió del baño.

    -Ajá… que están haciendo cuidado!

    -Nada, nada… mientras nos reíamos.

    -Bueno ya me tengo que ir, vamos ya van hacer las 5 am, estoy cansada –le dijo a su amiga

    -ya ok, vamos

    Yo estaba lamentándome, no se vayan, pero bueno dije quizás no era tanta mi suerte.

    -¡Ya nos vemos lindo cuídate, ya hablamos!

    -Ya niñas nos vemos!

    Así salieron de mi habitación mientras ya estaba descalzo, apunto de quitarme la ropa para dormir por el calor, no habrá pasado ni 5 minutos y en ese momento siento que me tocan la puerta, al abrirla estaba mi amiga la blanquiñosa -se me hizo me dije dentro de mí.

    -¿Si niña, dime que paso, se te olvido algo?

    -No, es que mi amiga quiere quedarse hasta más tarde para que vaya a su casa.

    -Ah ya ok, no hay problema-mientras la veía acercase en la oscuridad del pasadizo – pasa

    Así mi amiga la blanquiñosa, se fue y cerré la puerta, aunque fui por oro termine obteniendo la plata.

    A este acto lo llamo: QUIERES FOLLAR, YO TAMBIÉN QUIERO FOLLAR… QUE ESPERAMOS.

    Ya dentro de la habitación empezamos a besarnos con desenfreno, mientras ambos nos quitábamos la ropa y la cargándola de su cola mientras la apretaba deslizando mis dedos y sobaba su vagina ufff pareció encenderla de excitación, llevándola sobre la cama y empezando a follar como salvajes, le quite su calzoncito

    -Que rica conchita tienes-mientras me acercaba a empezar lamer su concha

    -¡Ah, sí uhmmm, me gusta sigue!

    Empezaba a lamer su saladita y pulposa concha se mojó rápidamente, pasaba mi lengua subiendo y bajando, hasta podría decir que lengüeteé su ano en un solapa beso negro

    -uhmmm que rico, que rico! –exclamaba de excitación

    -que rica conchita tienes niña, uhmmm rico esto es lo que tu novio se come siempre, que envidia… -mientras succionaba su conchita y movía con la punta de mi lengua su clítoris.

    -¡Ahora te toca a ti mi niña, mamarme la verga!

    La llevé sobre la cabecera de la cama y apoyada en ella subí poniendo mi verga en toda su boca, mientras ella empezó a darme una mamada sin dejar escapar mi verga, yo la follaba de boca metiéndosela y sacándola una y otra vez, mientras miraba que ella disfrutaba la follada de boca con los ojos cerrados, agarrando mis piernas y acariciaba mis huevos. Disfrutaba como tan bella niña de cabellos rulosos era mía y nos dejábamos llevar por la lujuria.

    -Uhmmm ahh ah… espera me ahogo! -Mientras me miraba y dejaba escapar mis fluidos y su saliva por todo el mentón.

    -¡No me dejes así niña sigue mamándola, que eres buenísima haciéndolo!

    -déjame chuparte tus huevos! –empezando a succionarlos y morderlos de tal forma que me hacía doler, pero me excitaba… ufff, acto seguido empezó a pasar su lengua cera de mi ano,

    -Niña! ¡Quieres hacerme beso negro, hazlo, atrévete!

    Me coloqué de pie y puse una de mis piernas sobre la cabecera de la cama abriéndolas y dejando mis huevos con mi ano para su deleite.

    Empezó a lengüetearme los huevos y el ano abriéndolos con sus curiosas manos, yo estaba en la gloría para ser tan joven, y ser tan atrevida en el sexo…ufff que buena hembra tan joven tiene un potencial que a cualquiera volvería loco.

    -Ahhh ohhh, que lengua tan traviesa tienes niña…p ero ahora si a follar que ya se hace de día – el día se veía aclarando.

    Bajé de la cama, la abrí e piernas empezando a clavarla con desenfreno una y otra vez, ella solo cerraba los ojos, giraba la cabeza para atrás de excitación hasta que empezó a ponerse rígida, al parecer se estaba viniendo… yo seguía sosteniéndola de los glúteos con sus piernas en mi hombro hasta que sentí que me venía.

    -¡Ya me vengo niña, estas en tus días o te lo echo en tu boca eh!

    -¡Dámelo bebe, dámelo que ya estoy en mis días! -fue irresponsable, pero confié en lo que me dijo y la llené de leche, mientras mi piel se ponía erizada de la eyaculación

    -Ahhhh! –Sin dejar escapar mi verga de su joven conchita.

    -Uhmmm ah, que calentita tu leche precioso! –mientras me acariciaba mi rostro y agitada de la excitación.

    -Anda chúpamelo! -mientras saque mi verga la lleve a su boca y empezó a lamer mi verga chorreada de semen con sus fluidos, que jovencita tan atrevida mientras sostenía su cabeza y rendido de placer la habitación se hizo clara por el día.

    -Vamos a bañarnos – mientras la levantaba y íbamos al baño

    Mientras nos bañábamos y enjabonábamos nuestros cuerpos, me puse de cuclillas lavando su culo, acto seguido empezando lamer su anito lengüeteando tan rica colita que había poseído. Mientras ella solo reclinada sobre la pared de la ducha disfrutaba el beso negro que el hacía, así seguí por unos minutos introduciendo un dedo dentro de su culo, y luego dos mientras dilataba de excitación.

    -Voy a comerme tu colita niña, no tienes ningún problema – mientras le indicaba que cerrará la llave de la ducha

    -Uhmmm no precioso, hazlo!

    Poniéndome de pie y empezando a empujar mi verga nuevamente ya erecta, mi glande se encontró con su culito friccionando un poco al inicio, mientras ella gemía y saltaba poquito quizás de dolor, lo cual ella con su mano empezó a dirigirme la verga dentro de sano, dándome indicaciones de introducírselo.

    -Sigue, empuja un poquito más… espera, ok, sigue… un poco más. Hasta que sentí que mi glande entro en su cola… ufff que sensación ese culito era mío.

    -Despacito por favor! –con voz temerosa y excitada.

    Empecé a metérsela suavemente, meneando delante y atrás sin dejar escapar mi verga, hasta que sentí que su culo dilato acelerando más mis movimientos mientras mi pelvis golpeada sus glúteos una y otra vez más fuerte.

    -Ay… ayyy uhmmm sigue precioso, sigue, ay me vengo me vengo precioso

    Seguía y seguía clavándola sujetando sus caderas mientras no la dejaba escapar, ella echo su cabeza hacia atrás, sobre mi hombro se estaba viniendo, su cuerpo se dejaba caer sus piernas temblaban. La sostuve con mis brazos del vientre y cuello, mientras veía que cerraba sus ojos y buscaba besarme a lo cual accedí teniendo un momento de pasión mágico.

    -Que rica estas niña, sí que sabes follar, como no te llevo a la capital y te vuelves mi mujer, me tienes loco.

    -No se puede, tenemos ambas parejas, si tu terminas y yo también podría ser, pero dejémoslo al tiempo-mientras la besaba en el cuello y acariciaba sus pechos, caderas y piel.

    -Qué hora será? –Salí de la ducha y vi en reloj, casi 6.30 niña

    -Ya me tengo que ir ahorita me van a llamar

    -Es domingo tienes cosas que hacer hoy –le pregunte mientras regresaba a la ducha y seguía con mi verga erecta.

    -Precioso sigues excitado, no te basto –riéndose pícaramente

    -Pero me debes otra deslechada niña, yo aún no me he venido – mirándola desoladamente.

    -Ven preciosa –mientras estiraba la mano invitándome a entrar a la ducha.

    Se puso de cuclillas y empezó a darme un riquísimo sexo oral con mordidas, lengüetazos masajeada de bolas, describir lo que paso mientras yo estaba de pie y hacia lo que quería con mi verga ufff, maravilloso, viniéndome en su boca y tragándosela sin dudar.

    -Vámonos a la capital, se mi mujer –embobado por su manera de follar

    -Que dices precioso, ya veremos te dije, por lo tanto, en unos meses iré a la capital espero verte.

    -Claro que sí, te recibiré como una reina -acabamos de vestirnos y salimos a la calle

    -Vamos a tomar desayuno? –preguntándole

    -No precioso, ya me tengo que ir ahora si en serio… no quiero que en mi casa me estén interrogando, me voy en taxi.

    -Ok, niña bella, me gusto conocerte… espero verte pronto otra vez

    -Supongo que sí, me recibes cuando vaya a lima ok –mientras se acercó y me dio un tierno beso, regálame tus lentes de sol.

    -Si claro, cuídate mi niña bella, ya sabes si quieres vas a la capital y te recibo en mi departamento, vives conmigo –en el fondo solo trataba de tentarla.

    Subió a su taxi y se despidió con un beso, me hubiera gustado pasar el día con ella. Así pase un día relajado, mi pareja me llamo hablamos un rato, fui a almorzar donde mis familiares y ya en la noche fui al Aeropuerto para dirigirme a la capital.

    Ya decían que las anfitrionas o azafatas de casino o sala de juegos son muy atrevidas y me consta ya que lo comprobé. Charlamos con los días y aunque vino a la capital y no me aviso, solía ver sus redes mientras en algunas fotos usaba mis lentes, con los años siguió igual de guapa fuimos perdiendo contacto, Siempre que viajo a Chiclayo y paso por su casino recuerdo la noche de aventura que tuve con tan linda norteñita de cabello ruloso.

    Mi linda y ardiente norteñita… un dulce y excitante recuerdo.

  • Mi esposa, yo y Tatiana: Casi trío

    Mi esposa, yo y Tatiana: Casi trío

    Esa mañana hacia mi recorrido por la obra, cuando la chica de seguridad industrial (Tatiana) se me acerca y me dice “Ingeniero, le comento que trabajo hasta mañana me salió un trabajo en Medellín”, sorprendido le indico “está bien, deja todo organizado para tu auxiliar”.

    Tatiana es una chica de unos 23 años, con unos senos enormes, es muy linda, carismática, técnicamente toda una gordibuena, en esos meses trabajando nunca pensé que le atraían las chicas hasta esa mañana que coloqué una foto de mi amada esposa (Estefi), esa foto me encanta, la foto se toma desde un ángulo superior, tiene una blusa escotada y hace que sus senos se vean exquisitos, Estefi para mi la mujer más deliciosa del mundo, es gordita, tetona, piernona, la veo y me caliento después de 10 años, aún me pone cachondo.

    Tatiana había salido para la oficina central a organizar todo, cuando recibí un mensaje de ella contestando mi estado de Whatsapp, “Ing. Que hermosa su esposa dele mis saludos”, en ese momento mi lado pervertido.

    Como mencioné en el relato anterior, mi esposa y yo andábamos en busca de nuevas experiencias, por lo que ya se había hablado mucho y después de hacer estado en esos masajes nuestra mente se abrió aún más.

    Le contesté el mensaje, “hola Tatiana si, ella es hermosa y claro que le daré tus saludos con todo gusto”, acto seguido tomé un screenshot y se lo envié a Estefi, diciéndole, “cariño tienes una admiradora”, su respuesta fue que? Y muchos jajaja. Y me escribió “y ella cómo es?”. Le envié la foto y me dice, “dale mis saludos que también es muy linda”.

    Acto seguido empezamos a chatear los tres yo como intermediario, con muchas ganas de sexo, me las imaginaba juntas y yo viéndolas, hasta que mi amada esposa dijo “por qué no hacemos un grupo” encantado le dije a Tatiana y de una un grupo con esas dos mamacitas y yo.

    Comenzamos a hablar, experiencias sexuales, que los dos le gustaban mis que cuando nos veíamos los tres para tomar y hablar, conocernos. Nosotros encantados porque tendríamos nuestro trio, inicialmente dijimos que nuestro primer trio sería HMH pero resultando MHM no nos molestaba ya que mi esposa es bisexual.

    Salía del trabajo a clase de mi especialización, y no puse cuidado de nada, entretenido hablando con ellas, cuando mi esposa dice que pongamos emoción y envía una foto en sostén, yo sentado año miraba encantado Tatiana envía una foto en sostén y ufff más encantado.

    Estefi es bastante provocadora envío una foto en tanga, exquisita y Tati contesta con una foto en bóxer, se veía como decimos en Colombia un pan grandote, y yo morboseándolas dice Tatiana “Ingeniero y su foto? La estamos esperando”, me salí de la clase para el baño ya tenía mi bóxer mojado de la emoción.

    Acto seguido Estefi envía una foto en donde ella está en 4 haciéndome sexo oral, se le veía un culo exquisito con una tanga blanca de amarrar y encaje. Tatiana contesta con una foto en 4 quería penetrarla también.

    No aguanté, y salí de la Universidad, paré en un semáforo a mirar de camino y veo un vídeo, era mi esposa enviando un vídeo corriendo su tanga, se veía su humedad y prendía un vibrador, al ponerlo en su vagina cortaba la grabación, excitante, y Tatiana enviaba foto de sus senos, enormes, definitivamente eran enormes, pezones erectos una aoreola rosada, hermosas tetas pensaba quiero lamerlas.

    Llegando a casa Estefi me recibe en babydoll los niños ya dormían, dejamos teléfonos a un lado y me dispuse a hacerle sexo oral corriendo tu tanga, su vagina estaba bastante lubricada yo encantado lamiéndola, chupando su clítoris, esa conversación con Tatiana nos tenía muy cachondos, decidimos imaginar que la teníamos en la cama para nosotros, siendo nuestro juguete. Y más nos pudimos excitar, bajó mi pantalón y sacando mi verga dura y húmeda se la llevó a la boca tratando de meterla toda en su boca, lamía mis testículos y llegaba a mi glande lamiendo como su fuera un helado, definitivamente sabe cómo hacer sexo oral. Esa noche follamos de una forma tan rica que dormimos como bebés

    Al otro día, mi esposa me escribe y me dice “no vayas a decir nada”, me muestra cómo Tatiana le escribía solo a ella y le coqueteaba, le enviaba fotos de ella en toalla saliendo de la ducha, de sus tetas, y como le quedaba los pantys, no sé si debí sentir celos, pero solo sentí excitación, Estefi le seguía el juego coqueteando, y me dice “que hago?” Respondo “cariño deja salir tu lado pervertido”.

    Al tiempo que hablábamos los tres ellas dos coqueteaba, Estefi me mostraba todo. Veía como Tatiana decía que quería tener los senos de mi esposa en su boca y lamerlos, mientras metía los dedos en su vagina y hacerla gemir, era bastante excitante ver esa faceta de mi esposa.

    Llegaba el día de nuestro encuentro y Tatiana dice que debe viajar antes y nos cancela, igual seguimos chateando, ya en Medellín decidimos grabarnos follando y enviárselo, nos grabamos mientras nos hacíamos sexo oral, mi esposa saca el lubricante, el plug anal y me dice, “quiero anal esta noche y mostrarle lo que se pierde”, y así en efecto, la grabación fue follándole ese culo maravilloso. Tatiana al ver ese vídeo nos enviaba videos masturbándose, como se metía un dedo, dos dedos, salían húmedos, y nuevamente los metía.

    Después de esa noche prometió regresar y que nos follaría, pero esa promesa nunca la cumplió, venía, visitaba la familia, a la hija y regresaba, nosotros buscamos con quién cumplir nuestra fantasía, ya que con Tatiana no se pudo.

    Pero esa es otra historia.

  • Yo quiero a Juan

    Yo quiero a Juan

    Luego de cinco años sin sexo, revisé las alternativas que podía encontrar. Me había dedicado a una relación romántica pero unidireccional. Tardé mucho en darme cuenta que no podía guardarle culto.

    Comencé a explorar mi cuerpo a través de simples toqueteos. Cada uno de ellos despertaba en mis recuerdos que tenía dormidos. Nunca había sido consciente de lo atractiva que había sido para los hombres. Las miradas no podían ser disimuladas.

    Aquella sensación fogosa que inicia al calor de la vagina húmeda, luego de haberla tocado con los dedos. Un movimiento circular que comienza siendo muy suave, confundiéndose con un simple roce. Luego se agita, al ritmo de la respiración acelerada que comienza a salir por la boca de forma abrupta. El jadeo una y otra vez marca el compás del movimiento, que busca un escape.

    Juan fue el primero que ocupó el puesto que mi amor unidireccional había dejado. Se dedicaba a la construcción, y cada mañana llegaba a casa con un grupo de trabajadores. En aquel momento yo solo me dedicaba a admirar el trabajo que hacía. No reconocía que eran sus brazos musculosos los que deseaba para mí. Frente al hierro, los instrumentos y el cemento era un hombre ágil. Atento al trabajo que realizaba, sus rasgos enmarcados por una barbilla cuadrada y una manzana de Adán muy definida me hacía fantasear con encontrarme en sus brazos.

    Aquel día tropecé con él, en mi camino a uno de los cuartos en remodelación, un leve tropiezo se convirtió en la excusa para tocarnos. Situación que accionó de manera inmediata, pues me empujó suave pero con firmeza hacía uno de los baños desocupados. Cerramos la puerta y comenzamos a tocarnos mutuamente. De pie conteniendo nuestras ganas de desnudarnos, nos rozamos. Su pene ya se encontraba rígido, esperando que le tocara, pero la situación entre emocionante y de precaución nos hizo mantener control sobre nuestros gemidos y pequeños gritos sofocados.

    Allí estaba él, tomando con sus manos mi cuerpo, sobre la blusa podía sentir mis pezones excitados, deseaba que arrancara mi blusa, pero la situación nos hacía ser conscientes que no podíamos ser libres como queríamos. Fue así como él tomó asiento, y me tomó sentándome frente a frente, su miembro que explotaba dentro de su pantalón no requería de mi ayuda, el rocé con mi ropa me hacía sentir una enorme excitación.

    Comenzamos a besarnos apasionadamente, perdimos el sentido del tiempo y del lugar. Copioso era el sudor que humedeció nuestras ropas. Con sus manos retiró algunos de los botones, y con su boca mordisqueaba suavemente mi pecho. Al entrar en contacto con mis aureolas, la excitación fue mucho mayor, y el ritmo de mi cadera comenzó a liberar toda la tensión acumulada a lo largo del tiempo. Él quería despojarse de todo, pero las limitaciones de tiempo nos hacía contenernos y aprovechar el poco tiempo que podíamos tener.

    Por debajo de mi vestido, encontró el camino y sin necesidad de quitar mi panty introdujo su mano que acariciaba mi vagina, tal como lo esperé, primero un roce suave, casi imperceptible. Luego sostuvo hizo presión sobre mi clítoris con su dedo pulgar, a la vez que introducía el dedo medio, ese enganche y la forma de moverlos me hicieron arquear por primera vez, decidió pasar su otro brazo por mi espalda y aferrarse a mí, apretándome contra si, volvió a soltar y comenzó a moverse hacia delante y hacia atrás entre los dos.

    Logramos sacar su pene del pantalón, y retirando mi panty puesta, se introdujo con firmeza, fue lo que más esperábamos. Ambos nos dejamos llevar por el momento y los movimientos acompasados fueron suficientes para hacernos llegar a varios orgasmos. Su cara entre mis tetas, su boca impetuosa que no dejaba de besar, lamer y succionar.

    Ambos sudábamos en con gotas, parecía un sauna. Solo queríamos permanecer juntos. Pero escuchamos que sus compañeros dejaron de hacer la mezcla del cemento, y se dirigían a pasar con los materiales dentro de casa. Sutilmente lo besé en los labios, y salí antes que ellos sospechasen de la situación. Experimenté los orgasmos maravillosos, como nunca, realmente memorable.

    Lo único que faltó es que Juan existiese y que hubiésemos compartido un tiempo de relax en cama con un cigarro.

  • Quiero que me des tu lechita, hermanito

    Quiero que me des tu lechita, hermanito

    Nicolás estaba orinando en el inodoro, su hermana Dora, con el cabello recogido en una coleta, la bata de casa abierta y enseñando las tetas y su coño peludo, le dijo:

    -Deja que te haga una mamada cuando acabes, Nico.

    -¡Ya me cortaste la meada!

    -Quiero que me des tu lechita, hermanito.

    -Te dije mil y una veces que no voy a follar contigo, Dora. No puedo hacerle eso a tu marido.

    -Un polvo, por fa, un polvo y nos olvidamos de que lo hicimos.

    Nicolás guardó la verga, y harto de su hermana, le dijo:

    -¡No puedo, Dora, no puedo! Me voy a trabajar.

    Dora tuvo que hacerse otro dedo. Por culpa de su hermano se estaba matando a pajas.

    Nicolás tenía 20 años, era moreno, de ojos marrones. Su hermana tenía 25 años y era morena de ojos azules. Él era un tipo del montón, sin pareja y a ella se le amontonaban los moscones a pesar de estar casada. Él era un tipo recto y ella una zorra, pero una zorra con un cuerpazo. La obsesión con su hermano comenzara tres semanas atrás cuando Nicolás estaba sentado en la taza haciendo una paja y vio su verga. Se tapara la boca con una mano y después solo pudo decir:

    -¡Pedazo de pepino!

    Era, era un buen pepino, Nicolás calzaba un veintiséis y bien gordo.

    Dos días después a la mesa de un bar tomando unas cervezas Estrella Galicia y picando unas bolsas de patatas fritas Lays a punto de sal estaban sentadas Dora y tres de sus amigas, Laura, Rosa y Nuria, de 25, 23 y 26 años, casadas y sin hijos. Las tres eran bonitas y lo tenían todo muy bien puesto. Laura, apodada la Calentorra, que era muy morena, le decía a Dora:

    -Eres una enferma, Lagarta. Una hermana no folla con su hermano.

    -Enferma tú que follaste con tu suegro, Calentorra.

    Ya no le volvería a llamar enferma. Le preguntó:

    -¿Qué coño le ves a tu hermano? No es guapo, no es alto y…

    -Y tiene una polla que acomplejaría al mismísimo Nacho Vidal.

    Nuria, la Roja, que era la pelirroja de grupo, le dijo:

    -Ya no será la cosa para tanto.

    -Es para más.

    Rosa, apodada la Curiosa, se apresuró a decir:

    -Me gustaría ver esa maravilla.

    Dora les dijo:

    -Se me acaba de ocurrir una idea cojonuda.

    -Habla -le dijo la Curiosa.

    -La cosa iría así…

    Tres días después y por la tarde, Rosa, la Curiosa, empotraba a Nicolás contra la pared de la habitación de matrimonio de su casa y le comía la boca, luego le bajó la cremallera del pantalón y sacó su enorme verga. La chupó hasta ponerla dura, y después meneándola, le dijo:

    -Es demasiado grande. Tengo que ser yo quien la maneje.

    -Haz conmigo lo que quieras.

    Lo que hizo fue desnudarlo y atar sus manos a los barrotes de la cabecera y sus pies a los de la de la cama. Una vez atado a la cama entraron en la habitación Dora, Laura y Nuria. Venían cubiertas con toallas. A Nicolás le costaba creer lo que estaba viendo.

    -¡Qué coño es esto!

    Su hermana, le dijo:

    -Te vamos a follar las cuatro.

    -¡Seréis putas!

    Dora se acercó a la cama con un vaso que tenía una poquita agua, le apretó la nariz a su hermano y cuando abrió la boca le hizo tragar el agua en la que estaba disuelta una pastilla de viagra. La polla ya estaba dura e iba a seguir así unas horas más. Luego cogió su polla y comenzó a menearla y a mamarla. Las otras se quitaron las toallas y Nicolás vio los gordos pezones y las tetas medianas tirando a grandes con areolas rosadas, marrones, y casi negras de Laura, Nuria y Rosa, que luciendo sus coños peludos y meneando sus caderas se acercaron a la cama. Laura por un lado y Rosa por el otro le pusieron los pezones de sus tetas en los labios. Nicolás los rechazó girando la cabeza. Se besaron y se mamaron las tetas una a la otra. Rosa se puso al lado de Dora para ayudarle a mamar la polla, cosa que comenzó a hacer cuando Dora se desnudó, luego mientras una lamía y chupaba los tremendos huevos la otra mamaba y masturbaba, y viceversa.

    Cuando Dora se subió encima de su hermano dándole la espalda y cogió la verga y la puso en la entrada del coño, seis ojos estaban expectantes para ver cómo entraba aquel cipote en el coño. Lentamente entró la cabeza puntiaguda de aquella verga que parecía un misil… Después entraba un poquito, salía mojada y volvía a entrar. Lo mismo hacían en sus coños los dedos de Laura, Rosa y Nuria. Con toda la verga dentro del coño, les dijo Dora a sus amigas:

    -¡Un beso, que alguien me dé un beso!

    Laura le comió la boca y Rosa y Nuria le comieron las tetas mientras la verga empapada de jugos entraba y salía de su coño. Algo después ametralló la verga de su hermano con su coño hasta bañársela con los jugos de una inmensa corrida. Dora ahogó sus gemidos en la boca de Laura, que al ver cómo se corría le chupó la lengua con tanta fuerza que mismo parecía que se estaba corriendo ella.

    Al acabar de correrse su hermana, Nicolás, le dijo:

    -¡Suéltame, puta!

    Dora le preguntó:

    -¿No vas a empezar a repartir hostias?

    -¿Para qué digáis que os violé yo a vosotras? No soy tan tonto.

    Lo soltaron. Laura, que era una morena, con tetazas y un culazo, subió encima de él, pero Nicolás, enrabietado, le dio la vuelta y le clavó la cabeza de la polla sin miramientos.

    -¡Ayyy!

    Poniendo cara de sádico, le dijo:

    -¿Te dolió, zorra?

    -Sí, cabrón.

    -¡No haberte metido con quien no debías!

    Laura le agarró el culo, tiró hacia ella y la polla entró hasta el fondo.

    -Pero no dije que no me gustara.

    Rosa y Nuria de pie al lado de la cama y esperando su turno seguían masturbándose y ya sus dedos chapoteaban al entrar en los coños. Se miraron y ya no se pudieron aguantar más. Rosa echándose boca arriba sobre la alfombra arrastró a Nuria con ella. Nuria en la posición del 69 le puso el coño en la boca y le comió el coño a su amiga. Ni cinco minutos tardó Nuria en correrse en la boca de Rosa. Acabara de correrse cuando oyeron a Laura decir.

    -¡Me corro!

    Rosa se puso en pie, se metió en cama, quitó a Nicolás de encima de Laura, lo montó y se clavó la cabeza de la verga en el coño. Sus ojos se cerraron, dijo: «¡Ay!», y deslizándose la verga por su coño engrasado se corrió con tanta fuerza que parecía una loca sufriendo un ataque epiléptico.

    Dora se había puesto un arnés con polla, Nicolás al verla, dijo:

    -¡No! ¡¡Eso no!!

    Dora les dijo a sus amigas:

    -Atarlo boca abajo, chicas.

    Las tres zorras se le echaron encima y Nicolás, a pesar de resistirse, acabó con el culo a disposición de su hermana. No iban a ser rudas como fuera él con Laura, de hecho Laura le pasó un dedo por la columna vertebral de abajo a arriba marcando un camino que después siguió su lengua. Nuria le levantó el culo y le cogió la polla y Rosa le abrió las nalgas, le dio un par de cachetes y le lamió el ojete. Se dejara poner a cuatro patas sabiendo que su hermana lo iba a penetrar con la polla de goma. Nuria comenzó a ordeñarlo. Laura fue a por su boca. Nicolás se la dio sin mucho entusiasmo. La lengua de Rosa hizo estragos en su culo, la de Laura en su boca y la mano de Nuria en su polla. Jadeaba cómo un perro cuando sintió la polla de goma lubricada rozar su ojete. Dora empujó… La polla llegó al fondo con suma facilidad. Lo folló despacito, pero ni así, duró lo que duró, un par de minutos. Nuria al ver que se corría tiró de la verga y se la mamó. Salió de ella tal cantidad de leche que mismo parecía que se corriera un toro. Tanta salió que a Nuria le caía por la comisura de los labios, ya que no daba tragado.

    La verga no se bajaba. Las mujeres estaban cada vez más cachondas. Dora le dio la vuelta, le puse el coño en la boca, le agarró los pelos con las dos manos, y le dijo:

    -Come mi coño, si no lo comes te arranco la cabellera.

    Dora puso el coño en la boca de su hermano y este sacó la lengua. Rosa subió encima de Nicolás y fue metiendo el cipote poco a poco mientras magreaba las tetas de Dora.

    Nuria y Laura se besaron y comenzaron a darse el lote. Dora mirando cómo Nuria se agachaba delante de Laura y le comía el coño, movió su culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás… Nicolás no se movía, dejaba que Rosa lo follara. Rosa estaba tan cachonda que en el momento que acelerase se corría cómo una cerda… Poco después sintiendo los gemidos pre orgasmo de Dora, Rosa, aceleró el mete y saca y se corrió cómo una cerda sobre la verga, se corrió Nicolás dentro de su coño y se corrió Dora en la boca de su hermano.

    Al acabar, Nicolás, miró para Laura, que estaba a punto de correrse, y dijo:

    -Sois más putas que las gallinas.

    Dora le dijo a su hermano:

    -¡Payaso! En tu vida te lo pasaste tan bien. Cuatro mujeres para ti solo.

    Nicolás le preguntó:

    -¡¿A ti te gustaría que te follaran cuatro hombres, Lagarta?!

    -Es una de mis fantasías, Lagarto.

    -Ya veremos si es cierto.

    Dora no lo había entendido.

    -¿Qué has dicho?

    -Nada, no dije nada.

    Quique.

  • La rubia del concierto: 20 minutos de placer

    La rubia del concierto: 20 minutos de placer

    Cuando tuve esta única experiencia, debía tener alrededor de unos 34 años y me encontraba a solas con más de 20 mil personas en un anfiteatro de esta ciudad de la cual era un nuevo residente. Como no tenía amigos ni mucho que hacer en mis horas libres, ese mismo día decidí ir a ver el concierto de un grupo de rock en español que era y sigue siendo popular en estos días.

    Conseguí un boleto en las primeras líneas, las cuales eran sillas separadas y puestas en un área donde descendía el nivel del resto del anfiteatro. Vi llegar a este grupo de chicas y se sentaron a la par mía, pues era el lugar que les correspondía. Todas se miraban muy atractivas y en segundos habían llenado de dulzura ese espacio con la delicia de sus perfumes. Yo disfrutaba de una cerveza, pues durante todo el concierto pasaban vendiéndolas y como había llegado en taxi, pues había decidido en consumir algunas cuantas. Las chicas a la par mía también comenzaron a tomar desde mucho antes que comenzara el concierto.

    La que se encontraba a la par mía era una chica de cabello rubio y de piel de tez clara. Tenía bonito rostro y llevaba una blusa con un pequeño chaleco sin mangas que le dejaba ver unos brillantes en su ombligo. Su pantalón era uno de licra de color negro y siempre he creído que si una chica usa este tipo de pantalón es porque sabe que tiene bonita figura para mostrar cada detalle de su cuerpo y también siempre he imaginado que no usan bragas, pues regularmente con una prenda así de delgada, se le notarían los relieves de su prenda íntima. Intentamos cruzar alguna palabra, pero el bullicio era tan intenso que se nos fue imposible entender lo que decíamos. Comenzaron a hacer el anuncio de la presentación de la banda y a la vez los de seguridad comenzaron a doblar todas las sillas y las quitaron del lugar, así que todos quedábamos en pie.

    Tenía sentido, pues era la zona que estaba nivelada y los que están al frente llegan no solo a escuchar a la banda, se ponen a bailar como lo que lógicamente ocurrió aquella noche. Pensé que la chica que estaba a la par mía había llegado con el grupo de chicas con las que entró, pero creo que al igual que yo, había llegado a solas. Por un momento la vi bailando entre las mismas mujeres y en ocasiones con algunos otros chicos.

    Media hora entrado en el concierto, la veo aparecer y me toma la cerveza que tengo en mi mano y comienza a beber de ella. Me dice algo, pero no le entiendo y solo me sonríe y se pone a bailar frente de mi y veo como sacude ese rico y redondo trasero que tiene. A medida que pasa el tiempo, los que están en las sillas del anfiteatro comienzan a bajar y poco a poco se nos reduce el espacio. Yo me quedo en una esquina, pues la mayoría opta por acercarse al escenario y donde me encuentro todavía hay aire para respirar. La chica del cabello rubio y suculento trasero sigue bailando a ritmo de rock, pero cada vez se va pegando a mí debido a que el espacio se reduce.

    Yo estoy con unos pantalones casuales de tela delgada y esta chica va arrimando su rico culo y me lo va restregando donde mi paquete se ve restringido. Al principio pienso que es solo un accidente debido a la conglomeración, pero luego es evidente que lo hace adrede para excitarme. Llega el punto donde me toma de los brazos y me los pone en su cintura y ella sigue moviendo su trasero y sé que siente que mi amigo del piso de abajo se ha despertado.

    Ella está tan pegada a mí y da vuelta y me invita a un beso. Le beso los labios y continúo besándole el cuello. Huele rico su cabello y me gusta sentir su piel transpirada. Ella me lleva las manos que posan en su cintura y me invita a que le invada su sexo sobre su pantalón de licra. La música suena a grandes decibeles y la gente baila a lo loco y no sé si la gente o alguien pone atención de lo que pasa por esta esquina. Le he sobado su parte íntima por sobre la licra y luego le invado directamente sobre su piel insertando mi mano derecha en su pantalón.

    Al pasar por su monte venus, este se sentía sin vello alguno y me deslicé en su piel tersa hasta sentir la humedad de su conchita. Llevaba una toalla femenina delgada pero no llevaba bragas. Mis dedos comenzaron a masajear su conchita, y de vez en cuando besaba su cuello, pero la mayoría de las veces estaba a la expectativa por si alguien de seguridad o cualquier persona que le llamáramos la atención. Como vi que todo el mundo estaba más concentrado y perdido en los decibeles del concierto, comencé a meterle dos dedos en una conchita que se sentía apretada y súper lubricada. Se le debilitaron las piernas cuando le llegó el orgasmo, pues pareció que abría más las piernas como queriendo hacer ese movimiento de un vaivén en la faena de una buena follada. La chica del cabello rubio solamente cerró los ojos y fruncía los labios que disfrutaban un orgasmo mientras escuchaba a su banda de rock favorita con la misma euforia de más de 20 mil personas.

    Pensé que eso era todo, pero esta chica se dio vuelta y nos dimos un profundo y largo beso. Me decía algo, pero fue difícil entender… nunca supe lo que dijo. De repente mientras me abrazaba sentí como me bajó el cierre del pantalón y se había encargado de liberar a mi amigo del piso de abajo. Me masajeaba la verga mientras nos besábamos y pensé que solo me la iba a pajear. Con toda aquella gente alrededor, se puso de rodillas y me comenzó a dar un rico oral al cual no pude resistir evadir. Siempre he sido un tanto tímido y no me creo un exhibicionista que inclusive se me hizo un tanto extraño e incómodo hacer un trío con dos mujeres a la vez. Siempre he pensado que el sexo es solo de dos y esa intimidad creo que la disfruto con solo una persona en la intimidad de una habitación. Esto de vivir esta experiencia ha sido la única, donde me atreví o me dejé llevar por la emoción del momento.

    Aquella situación a la vez me ponía tenso, pensando que toda la gente nos estaba mirando. A esta chica no le importaba nada de aquello, ella me seguía chupando el falo mientras de vez en cuando me lo pajeaba y sé que algunas chicas miraban lo que esta linda mujer y yo estábamos haciendo. No pude anunciarle que me venía y solo le tomé la cabeza para no llenarle el rostro con mi corrida y que todo le quedara en la boca. Hice ese movimiento de un vaivén cuando le invadía su boca y solo podía sentir sus pequeños dientes que intentaban no lastimarme con mis embestidas. Me corrí en su boca y ella de una pequeña cartera sacó un pañuelo y se limpió alrededor de sus labios y con el mismo me limpió el falo.

    Se había tragado todo mi esperma y aunque no vi la cantidad de mi descarga, sabía que había sido abundante, sentí al menos cuatro empujones de mis testículos empujar con mucha presión aquel líquido blanco. Tomó el vaso de cerveza y con unos cuantos tragos bajó la evidencia de mi corrida. Me volvió a dar una dulce sonrisa y me besó de nuevo y nuestras lenguas se habían enredado. En aquel beso todavía podía sentir el olor de mi corrida, mezclado con el olor de la cerveza. Pensé que al terminar el concierto terminaríamos en algún hotel, pero se desapareció de mi vista y nunca la volví a ver. Sentía que las chicas cerca de mí no dejaban de mirarme y para mitigar aquella sensación me tomé tres vasos de cerveza y me perdí en la muchedumbre cerca del escenario.

    Quizá la experiencia más incómoda sexualmente que haya vivido. Tuve una donde a una chica de Nicaragua que también conocía en ese vuelo, le masturbé hasta que vio la gloria de un orgasmo y ella me dio un oral debajo de una manta de franela que nos proveyó la moza de vuelo. Fue algo incómodo también, pero teníamos más intimidad. Su nombre era Magaly y con ella si terminamos en la habitación del hotel donde ella era parte de la gerencia. Esto del concierto fue al aire libre y sé que muchos nos vieron más que todo cuando esta linda mujer de quien no conocí ni su nombre me estaba dando una rica mamada. Recuerdo ese lindo rostro con sus cabellos quebrados y rubios y ver cómo me veía cuando ella me estaba dando tan rica mamada. Me la hubiese querido follar y más que todo darle por ese lindo trasero, pero el destino se había limitado a solo eso y eso es solamente un bonito recuerdo. Todavía me llega ese olor de su conchita cuando me olía los dedos.