Autor: admin

  • Siempre hay una primera vez para todo

    Siempre hay una primera vez para todo

    Soy argentino, heterosexual, casado y con 2 hijos. Cuando tenía 32 años (hace 10 años), fui de viaje a Miami enviado por la empresa en la que trabajaba.

    Siempre fui muy abierto sexualmente (por lo menos en mi mente), nunca había experimentado realmente nada de todo lo que me excitaba y saliera de lo tradicional. Pero mi cabeza siempre voló alto y lejos sexualmente hablando.

    Llegue a Miami un lunes a las 6 am y tenía vuelo de regreso el martes a la noche, mi hotel quedaba frente al aeropuerto. Era un viaje relámpago y no tenía ningún tipo de expectativas.

    Mientras aguardaba a que me dieran mi habitación pedí permiso para usar el gimnasio. Al fondo en una pequeña curva que hacia el gym había una chica de unos 25 años. Era realmente hermosa y con un cuerpo de película. De esas que solo vemos en redes sociales.

    Algo que me pasa siempre que me alojo en un hotel es que mi cabeza vuela. Me invade una excitación enorme. No sé porque me pasa esto, pero lo cierto es que los hoteles me excitan mucho.

    Salude a mi compañera de entrenamiento. Ella me saludo muy sonriente e intercambiamos unas palabras. Durante los 30’ que compartimos gimnasio hubo algunas miradas y algún comentario. Cuando se fue me quede pensando cómo hacer para volver a verla, pero no sabía absolutamente nada de ella y el tiempo jugaba en mi contra. Finalmente me entregaron mi cuarto y tuve mi reunión a la tarde. Para cerrar el día decidí ir a la pileta ya que era Agosto y hacía un calor terrible en Miami. La suerte estaba de mi lado porque al llegar a la pileta estaba mi amiga.

    Debo decir que soy una persona deportista y tengo un buen cuerpo. Sabía que si había alguna oportunidad, mostrar mi cuerpo era la mejor arma que tenía. Me tire a la pileta y me acerque para saludarla. Pero a los 10 segundos apareció junto a ella otra chica, un poco más fornida, pero con un lindo cuerpo y cara de pocos amigos. Le dijo algo en otro idioma y se alejaron de mi. Durante el rato que estuve en la pileta cruzamos varias miradas nuevamente, pero era imposible acercarme. Finalmente entendí que eran pareja.

    Esa noche tenía una cena con clientes fuera del hotel. Cumplí con mi compromiso y ya de vuelta di un paseo corto por el lobby buscando con la mirada a mi amiga, pero sin suerte. Me fui al cuarto, entre, prendí la tele y decidí tomarme un trago antes de dormir. No tenía hielo así que salí a buscar de la máquina de hielo que había en el piso. Cuando abro la puerta de mi habitación veo que la puerta justo frente a mi estaba abierto, salía música y vi parada de espaldas a mi compañera de gym. Los nervios y la adrenalina no las puedo explicar en palabras. Sin pensarlo agarre unas bebidas y entre a la habitación de ella. Me vio y para mi sorpresa me abrazo, claramente había estado bebiendo y estaba muy alegre.

    En ese mismo momento y como fin del abrazo la bese en la boca. Me miro, sé rio y me dio un beso tan intenso que me resultaba imposible no despertar una erección. Nos besamos intensamente por un rato hasta que del baño apareció su compañera. Realmente estaba enojada y le comenzó a hablar en un idioma que yo no entendía. Me aleje un poco y le dije que esperaba afuera para no molestar.

    Apenas salí cerraron la puerta en mi cara. Fui a buscar hielo, volví a mi cuarto y deje la puerta abierta para que supieran que yo estaba enfrente a ellas. A los 5’ se abrió su puerta y apareció mi amiga. Me dijo que vaya. Cruce el pasillo, entre en el cuarto y empezó nuevamente a besarme, nos dejamos caer en la cama abrazados y fundidlos en un beso que era más una competencia para ver quién tenía la boca más grande y podía comerse al otro que un beso.

    Rápidamente me saco la remera, y yo a ella y nos fuimos desnudando de una forma torpe y urgente. Recién a esa altura me percaté de que la amiga estaba sentada en un sillón a un metro de la cama mirándonos. La situación se volvía cada vez más excitante. Esa mezcla de euforia y nervios tan intensa…

    Comencé a hacerle sexo oral con mucha calma y suavidad. La urgencia previa contrastaba tanto con ese acto paciente y detallista que sus gemidos me decían que estaba por el buen camino. Jugué con mis dedos, con mi boca, mis labios y busque su cola en un recorrido húmedo de arriba abajo. Cuando mi boca dejaba un espacio libre, enseguida lo ocupaban mis dedos. La tuve un buen rato mientras sentía como se retorcía y gemía. Finalmente comenzó a tener espasmos combinados con un grito ahogado de placer.

    Me tomo del pelo, me aparto hacia atrás mientras sonreía de una forma picara y 100% libidinosa. Se sentó en la cama mientras yo me ponía de pie. Mi pene estaba a la altura exacta de su boca casi suplicando que lo agarre. Ella lo comenzó a lamer despacio pero muy profundamente sin quitar sus ojos de los míos y sin interrumpir esa mueca de mujer sucia que yo no podía dejar de mirar. Jugó y mordió desconociendo (o conociendo a la perfección) que la piel en esa zona del cuerpo es muy sensible.

    Al minuto se acercó aún más al borde de la cama y se dejó caer con su cola al piso. Quedo sentada con su espalda apoyada en el borde de la cama. Mirándome hacia arriba tiro de mi pene para que yo me incline y ella pueda volver a meterlo en su boca. Apoye mis manos en la cama y quede parado, pero en posición de 4 con las manos en la cama y las piernas estiradas con los pies en el piso. Mi cuerpo comenzó a moverse.

    Estaba cogiendo literalmente su boca moviendo mi pelvis cada vez más rápido hasta que sentí una oleada de placer que me atravesó el cuerpo entero y me dejo inmóvil en el acto. Era una especie de fuego húmedo en mi cola. Una sensación de calidez que me obligo a largar un gemido involuntario. Gire mi cabeza y vi como la otra chica estaba detrás de mí lamiendo mi culo como si fuese un helado. Quizá fue un segundo que dude, pero me acuerdo perfecto el pensamiento que tuve. “Estas lejos, nadie te ve. Deja que pase lo que tenga que pasar y disfruta”.

    Luego de un rato sentí como lengua, saliva, humedad y dedos jugaban con mi cola. Y sinceramente comencé a arquearme y pujar hacia atrás gimiendo de placer. No sé cuánto tiempo paso, pero me di cuenta de cómo lo estaba disfrutando solo en el momento en que paró. Mi cabeza estaba 100% concentrada en mi culo y nada más. En ese momento, mi amiga se apiado de mí y comenzó a jugar con sus dedos en mi culo mientras seguía devorando literalmente mi pene. En ese momento algo en mí se encendió, algo me alerto, quizá algún movimiento raro o algún sonido, pero gire mi cabeza intrigado buscando la persona que faltaba y ahí el corazón casi me mata. Vi a esta otra chica terminando de colocarse un strapon.

    Hasta ese momento solo conocía ese artefacto con el nombre de cinturonga (así le decimos irónicamente en argentina). Nunca creí tenerlo delante mío y menos ser yo el protagonista de esa escena. Pero todo el combo era de película, la situación más excitante que había vivido. Y ya estaba en el baile, así que había que bailar. Solo estaba consciente de que estaba disfrutando y que no quería que eso se detenga.

    La sensación de ser penetrado no sé bien como describirla. Es lo más porno que viví. Mentalmente estaba en un punto de excitación inigualable. Y digo mentalmente porque no era algo solo físico, la cabeza jugaba un papel importantísimo. Lentamente un fuego interno que nunca había experimentado empezó a meterse dentro de mí. Fue algo que me invadió de tal manera que sentía que ocupaba todo el espacio interno que yo podía tener en mi interior. No sabía si gritar, salir corriendo, quedarme quieto o comenzar a jadear.

    Fueron algunos segundos de inmovilidad de todos (los 3). Solo era consciente de que mi pene estaba a punto de explotar, tenía un tamaño y una rigidez que nunca le había visto antes. Seguramente eso fue lo que mi amiga sintió porque instantáneamente dejo de chuparlo, lo saco de su boca y se lo quedo mirando con una sonrisa en sus labios. No puedo decir que sentía placer. No sabía lo que sentía. Pero sentía y mucho. El placer, por ponerle un nombre propio era justamente lo que siguió a eso.

    El placer, fue lo que exploto dentro de mi en el momento en que la acción volvió a nosotros y me empezaron a penetrar de la misma forma en que yo había penetrado tantas veces a otras mujeres. Cada penetración profunda apretaba un botón muy dentro mío que disparaba una electricidad de placer que recorría mi cuerpo en todas direcciones. Hacia abajo haciéndome temblar las piernas. Eran oleadas de placer que me quitaban el sostén y hacia qué mis piernas se aflojaran. Hacia arriba una especie de escalofrío que rebotaba en mi nunca para bajar nuevamente hacia el centro de mi cuerpo.

    No sé bien cuánto tiempo duro eso, quizá fueron solo segundos, quizá horas, pero explote como nunca antes lo había hecho. Y digo explote porque no fue una eyaculación. Lo que salía de mi era más que eso. Fue como tener un orgasmo y hacer pis al mismo tiempo. La cantidad de líquido que eyaculaba era rarísima y fueron varios y largos segundos que con cada penetración que recibía, mas liquido eyaculaba. Lo otro que me paso es que habiendo alcanzado el orgasmo más intenso que experimente en mi vida, igual quería seguir siendo penetrado.

    Siempre que llego al orgasmo no puedo seguir haciendo nada y me derrumbo, pero esta vez, mi pene se puso flácido, pero yo quería seguir sintiendo ese placer que me daba con cada toque del botón mágico dentro de mí.

  • Visita familiar (I): Mi prima

    Visita familiar (I): Mi prima

    Mi nombre es Francisco, tengo 32 años y hoy vengo a contarles una experiencia que tuve con mi prima.  Ella tiene 22 años, se llama Diana es de figura esbelta, un trasero pronunciado y unos pechos pequeños pero aceptables, es muy alegre y juguetona pero muy rebelde; y eso hizo que pasáramos una noche que nunca pensé que pasaría.

    Esto paso hace 4 años, había llamado por teléfono a mis tíos para avisarles que iría a visitarlos, unos días después llegue a su casa, al llegar mi tía Yesica, hermana de mi madre, fue la primera en recibirme fuimos a la sala y allí estaba mi tío, ellos me dijeron que iban a viajar en la noche por un par de días por asunto de negocios, pero que no me preocupara que me podría quedar y que me darían copias de las llaves de la casa, yo le agradecí por la hospitalidad y justo minutos después baja mi prima, toda alegre, me ve y corre a mis brazos, cuando era más pequeña yo la cargaba en mis hombros, siempre hemos tenido una relación muy cercana, cuando era más pequeña mis tíos y ella iban de visita a la casa y a veces mi prima dormía conmigo, dado que recién llegaba de viaje decidí ir al cuarto que me había preparado y me dispuse a descansar un poco.

    Por la noche me desperté horas antes que mis tíos viajaran, al bajar a la sala encontré a mis tíos y mi prima conversando, aparentemente mi prima no quería viajar, porque era un viaje para ver unos documentos y en esos viajes ella se aburre mucho; al verme bajar mi prima les dijo que no estaría sola en casa sino conmigo que no se preocuparan, mis tíos confiaban en mi pero no en mi prima puesto que era muy rebelde y temían que se me escapara para irse de fiesta, pero después de poner unas reglas, decidieron aceptar. Fue aquí cuando las cosas ocurrieron de manera que no espere, cuando mis tíos se fueron, con mi prima preparamos algo de cenar y luego ella se fue a su cuarto, vi su estante de licores y tenía varios tipos de bebidas, y se me antojo prepararme algunos tragos. Casi una hora después, escucho a mi prima que baja, al verme me dice:

    -Hola primo, que haces?

    -Aquí tomando un poco para relajarme, y tú?

    -Nada, baje por un poco de jugo pero al ver la luz de la sala prendida vine a verte, aunque eso se ve interesante, me sirves un poco?

    -jajajaja, es en serio? son bebidas algo fuertes.

    -Claro, siempre quise probar pero mis papás siempre están en casa y nunca he podido servirme.

    -Bueno, no creo que tenga algo de malo, además estas aquí en casa conmigo así que no te pasara nada malo.

    Horas después de tomar dos botellas de pisco, yo estaba algo mareado, pero mi prima estaba casi inconsciente, al verla sentada a mi lado empecé a verla de manera diferente, mi prima tenia puesto un short corto ajustado, una casaca de algodón y debajo un polo, hasta ese momento no me había percatado de lo sexy que se veía, y comencé a excitarme, me acerque un poco a ella y con el codo empecé a golpearle suavemente el brazo, al percatarme que no hacia ninguna acción de querer despertar, decidí ir mas allá y tocarle las piernas.

    Fue el mismo resultado, no se despertaba, fue cuando decidí llevarla usa cama, pero cuando ya estábamos llegando, comenzó hacer gestos de querer vomitar, así que la lleve al baño, ya en mi excitación le dije que se pusiera en 90 grados, pegando su trasero hacia mi, aparentemente estaba tan tomada que no se percató de la tremenda erección que tenía, así que mientras le sostenía el pelo y ella ponía las manos sobre el retrete, yo con mi otra mano la rodee de la cintura y la jalaba suavemente para rolarse el trasero, momentos después ella ya había botado parte de lo bebido en el baño, le dije, mejor te saco la casaca para que no se ensucie, la lleve al lavamanos y sin despegarme en ningún momento de su derrier le baje el cierre de su casaca lentamente metí mi mano debajo y empecé a tocar sus senos, ella ni se inmutaba, después de eso le lave la cara e hice que se enjuagara la boca.

    Cuando entramos al cuarto la acosté en la cama, y yo me eche a su lado, pensando en lo que había hecho durante esos minutos que estuvimos tan cerca, al verla con ese short y ese polo, ya no podía contenerme, primero me asegure que estaba dormida, la empujaba un poco le tocaba la barriga con mi dedo, al no ver respuesta decidí ir mas allá, empecé a tocarle los pechos suavemente sobre el polo, puesto que no traía sostén, con la yema de mi dedo índice le rodeaba el pezón, y poco a poco este si iba poniendo duro esto me éxito mucho más, ya había perdido la vergüenza y la moralidad, decidí desnudarme primero, y con la tremenda erección que tenía empecé a bajarle el short, muy suavemente, para mi suerte, no traía ropa interior, el polo fue lo más difícil porque ponía los brazos semi rígidos, pero pude quitárselo.

    Cuando la tenía completamente desnuda me apegue a ella por su espalda y con mi mano derecha empecé a tocar su vagina con la yema de mis dedos, estaba ligeramente húmeda, así que decidí echar un poco de saliva en mis dedos índice y medio, y después tocar suavemente su vagina, mis dedos comenzaron a rozar sus labios vaginales y poco a poco me iba acercando a su cavidad vaginal, al introducir mis dedos ella dio un pequeño gemido lo cual hizo que me detuviera, pero al ver que no se despertó.

    Continúe metiendo mis dedos dentro de su húmeda y tibia vagina, con mi otra mano la pase debajo de su cuello y empecé a tocar sus pechos, sus pezones se habían puesto duritos eso hizo que empezara a jalarlos un poco, rosarios y apretarlos; a los pocos minutos empezó a producir gemidos muy excitantes, y su vagina estaba totalmente húmeda sosteniendo mi pene, comencé a acercarla lentamente hacia su vagina, y cuando ya sentí el húmedo de su vagina, comencé a meterlo lentamente, ella empezó a dar gemidos que debo tomar como placer porque se me apegaba más y movía sus caderas como diciéndome, «métemela más».

    Primero empecé metiendo lentamente el glande y lentamente lo sacaba para volverlo a meter, así sucesivamente hasta que agarre el ritmo y empecé a metérselo todo, ella estaba completamente húmeda y lo hacía mas fácil, llegue a un punto en que no me importo que se despertara así que, sin quitarle mi pene, la puse boca abajo y empecé a darle con mas fuerza, ya hasta este punto, sus paredes vaginales empezaron apretarme como deseando que me corriera dentro, empecé a lamer su espalda y su oreja, esto hizo que me pusiera mas duro, y la penetrara mas fuerte, mi prima no dejaba de dar sus gemidos por momentos, hasta que no pude mas, y empecé a sentir que me iba a venir, la poca conciencia que me quedaba me decía que tenía que sacarla, pero la excitación no me dejaba, yo quería correrme dentro de ella, y así fue, después de sentir que mi pene quería explotar, me vine dentro, sus paredes vaginales se pusieron rígidas y ella dio un último gemido, poco a poco sentía como la erección se fue bajando y empecé a retirar mi pene, me senté al borde de la cama y la mire un momento, le puse de nuevo su ropa, y me fui a mi cama a dormir.

    Al día siguiente mi prima se despertó tarde, cuando bajo a la cocina, me pregunto qué paso ayer, le comente solo lo que necesitaba escuchar, por suerte le vino su regla por la tarde, así que eso me tranquilizo porque sabía que no la embazare, unos días después me tenía que ir, pero antes de mi prima me dijo, que iría a visitarme un día de estos, lo cual esperaba con muchas ansias.

  • Hoy quiero masturbarme vestido de mujer

    Hoy quiero masturbarme vestido de mujer

    ¡Hoy quiero masturbarme vestido de mujer!

    Imaginar que soy deseada y amada dulcemente;

    Y que mi amante disfruta deliciosa y delicadamente,

    De la clandestinidad y la pasión con que me entrego incondicionalmente a su placer.

    ¡Hoy quiero masturbarme vestido de mujer!

    Acariciar mis piernas que se moldean debajo de la corta falda y las negras medias;

    Descubriendo mi serpenteante silueta frente al espejo, que de la realidad me intermedia,

    Mientras me admiro en delicadas altas sandalias, esas que tan femenina me hacen ver.

    ¡Hoy quiero masturbarme vestido de mujer!

    Fantasear con dejar libre a la señorita virgen que habita dentro de mi ser;

    Aquella que camina entre los vigorosos hombres provocando en ellos, más que gran admiración,

    Pensamientos de pecado, sexo, ganas de poseerme, hasta complacerles en su más potente erección.

    ¡Hoy quiero masturbarme vestido de mujer!

    Quiero que alguien me escriba las mas ardientes calenturas acerca de cómo desvirgará mi derrier

    Que todos mis sentidos enloquezcan entregadas a tantas fantasías sexuales

    Esas que a la vez que me enajenan, provocan tremendas y agitadas locuras a los genitales.

    ¡Hoy voy a masturbarme vestido de mujer!

    Mi esfínter rectal se convertirá en una descontrolada vulva que albergará las ardientes embestidas de mis dedos

    Mi garganta gemirá, mi cuerpo de diferentes y femeninas formas posará, mi boca mamará -lo que sea-

    Mientras mi erecto y pequeño pene una y otra vez la fuerza de mi mano que lo aprieta, de arriba abajo, sin piedad, sufrirá.

    ¡Hoy a solas voy a masturbarme!

    ¡Hoy voy a excitarme!

    ¡Hoy voy a eyacularme!

    ¡Hoy a mi semen en mi rostro voy saborearme y en mi paladar tragarme!

    ¡Hoy voy a revolcarme en la cama y convulsionar de placer!

    ¡Gritando, complacido y excitado, que estoy disfrutando de un gran orgasmo que se viene y estoy vestido de mujer!

    [email protected]

  • Diario de una puritana (Cap. 2): Confesiones de una puritana

    Diario de una puritana (Cap. 2): Confesiones de una puritana

    Para mí fortuna, esa actitud iba a verse recompensada, pues fue ese el inicio del gran propósito de follar con Mafe. La motivación estaba creada, ya solo hacía falta encontrar el momento y quizá el escenario ideal para atacar.

    El momento iba a ser al día siguiente, no porque estuviera listo, o tuviese preparado un plan, o fuese el momento oportuno; lo hice porque me ganó la ansiedad y me dejé llevar.

    Fue durante la sesión de entrenamiento. Ese día correspondía la rutina de piernas, que posiblemente es la que más interesa a las mujeres, pero es la de más sacrificio y quizá la de más cuidado.

    Para mi desgracia, ese jueves Mafe no usó su atuendo de la falda negra, sino una de las licras que había usado en días anteriores. De todas formas, para mí, cualquier prenda que usará la iba a hacer ver deseable.

    Ese día arrancamos la rutina con sentadillas de peso libre, que para el que no las conozca, aclaro que son sentadillas comunes y corrientes pero con un peso adicional. Como yo tenía una barra y discos, ese iba a ser el peso adicional. Para el caso de Mafe, que hasta ahora empezaba a entrenarse, el ejercicio fue únicamente con la barra.

    A esa sesión de entrenamiento le saqué todo el jugo posible, pues cada movimiento requería de mi guía o mi apoyo. De modo que cuando empezamos con las series de sentadillas de peso libre, me situé atrás de Mafe para orientar sus movimientos, indicándole hasta donde tenía que bajar, el grado de apertura de las piernas, y apoyándola a sostener la barra por si llegaba a perder el equilibrio. Para orientarla en la forma correcta de respirar y la tensión que debía mantener en el abdomen, empecé a bajar con ella, aun estando parado a su respaldo, tomando suavemente su abdomen con una de mis manos para indicarle justamente los momentos en que debía tomar y soltar aire.

    El roce fue inevitable al igual que mi erección, que ella evidentemente sintió en sus nalgas, y la cual me llevó a apartarme de ella ciertamente avergonzado. Pero Mafe no me hizo reproche alguno, seguramente entendió la situación como algo involuntario o quizá por estar completamente concentrada en el ejercicio, la verdad no lo sé.

    Yo, por el contrario, interpreté su ausente reproche como un visto bueno, como un gesto de complacencia. Así que pasados unos segundos volví a acercarme a ella y continué haciendo el ejercicio a la vez que trataba de orientarla.

    La erección no había desaparecido, de hecho era cada vez más latente. Para ese momento Mafe ya tenía que tener descartada la hipótesis de que había sido algo involuntario, pues de ser así no tendría por qué seguir restregándole mi pene erecto contra sus nalgas. Posiblemente ella quería evitar el momento incómodo de hacerme el reproche, o como dije antes, quizá su prioridad era completar el ejercicio.

    El caso es que yo entendí la situación como un gesto complaciente, asumiendo a la vez que debía dar el siguiente paso. Acerqué mi cara a su cuello y elogié el buen olor que tenía su pelo. Sin dejarla terminar de decir gracias, empecé a besarla por el cuello. Ella se detuvo, paró de hacer sentadillas y permaneció allí de pie, todavía con la barra sobre sus hombros. Inicialmente estiró su cuello, permitiéndome besarla, pero luego me pidió detenerme.

    -No puedo hacer esto, dijo ella

    -¿A qué te refieres? ¿Al ejercicio o a dejar que te bese?

    -A lo segundo, el ejercicio no está tan difícil…

    -Bueno de todas formas deja la barra en el piso, descansa

    Ella dejó la barra en el piso y luego me preguntó si podíamos interrumpir el entrenamiento, sentarnos y hablar. Yo accedí, ciertamente temeroso porque entendía que me iba a reprochar por haber excedido su confianza. Le alcancé una toalla para secarse el sudor, le di una botella de agua y abandonamos el cuarto donde entrenábamos. Fuimos a la sala, nos sentamos y ahí empezó su inesperada confesión.

    -Mira, tengo que advertirte que no debes hacerte ilusiones conmigo

    -¿Por qué?

    -No quiero tener relaciones con nadie

    -¿Puedo saber por qué?

    -Sí. Te lo voy a contar, pero quiero que no salga de acá… No te puedo mentir, no soy virgen, pero mi primera experiencia fue tan traumática que me hice la promesa de no tener relaciones hasta que tenga la bendición de Dios, como debe ser… Mi primera vez fue con el novio que tuve en esa época, lastimosamente para mí no fue algo placentero ni memorable, fue algo más bien doloroso y como dije antes, traumático. A esa edad una cree en promesas de amor eterno y puede pecar de ingenua. Yo a este chico le creí, me entregué a él pero no lo disfruté. Fue un coito corto, no sé, uno o dos minutos, en los cuales jamás sentí placer, solo dolor y quizá algo de asco. Pues una vez que él terminó, me sentía sucia, utilizada, como una vasija para descargar sus tensiones. Eso precipitó el fin de mi relación con ese chico. Lo que siguió fue un largo periodo de rechazo a los hombres, incluso llegando a sentir odio por la mayoría de ellos. Tanto así que en mis primeros años de universidad tuve una compañera que me propuso experimentar con ella. En esa época me sentía desorientada y accedí. Fue completamente diferente a mi primera vez, no hubo apuros, hubo complacencia y amabilidad todo el tiempo por parte de esta chica. Se tomó el tiempo suficiente para hacerme disfrutar y se preocupó porque yo disfrutará del momento. Fue muy cariñosa, muy dulce y muy tierna. Debo confesarte que me gustó, pero fue solo cuestión de horas para que me invadiera el arrepentimiento. Empecé a cuestionarme si era homosexual, si eso está bien visto ante los ojos de Dios. Y fue entonces que decidí no volver a experimentar con ella tampoco. Me propuse no volver a tener relaciones con nadie antes de contar con la bendición de Dios, promesa que he cumplido hasta ahora y que me ha brindado tranquilidad.

    -Bueno Mafe, yo no soy quien para juzgarte, ni para decirte lo que debes hacer, o lo que está bien y lo que está mal. Lamento mucho lo traumático de tu primera vez, entiendo que hayas soñado con que fuese un momento perfecto, idílico, pero sé que difícilmente eso se cumple. Es algo sencillamente consecuente con el actuar de esa edad. Estoy seguro de que hay millones de mujeres a las que les ha pasado lo mismo. Luego, sobre tu experiencia lésbica, no tengo mucho por decir, solo que no deberías reprocharte ni condenarte con tanta dureza, experimentar está bien, no te cierres puertas… Mira Mafe, yo no soy creyente, aunque respeto tus creencias, pero si te aconsejo que no las lleves al extremo, no las radicalices, porque eso te va hacer vivir con temor e incertidumbre ¿Quién te asegura que el sexo en el matrimonio va a ser placentero? ¿Qué tal termine siendo tan horroroso como esa primera vez? Deberías abrirte puertas y probar una y otra cosa. No te estoy diciendo que te vuelvas la más promiscua de la ciudad, solo te digo que te des la oportunidad de experimentar.

    -Y supongo que tú quieres que experimente contigo

    -Jejeje… bueno Mafe, yo no te puedo obligar, pero si noté que estabas disfrutando la situación mientras hacíamos sentadillas. Y para mí sería todo un honor ser el elegido para cambiar tu percepción sobre el sexo y sobre los hombres.

    -No te voy a negar que lo estaba disfrutando, pero es que me da un poco de nervios…

    -Te propongo que te dejes dar un masaje, que además puede que te alivie del cansancio muscular acumulado de estos días, y durante este decides si te dejas llevar o no. De todas formas, si hago algo que te moleste, solo es cuestión que me lo digas para que me detenga o no lo vuelva a hacer.

    Capítulo 3: El redebut de Mafe

    El silencio permaneció en el ambiente por unos cuantos segundos, luego ella accedió, aunque en medio de titubeos y de una actitud bastante temerosa. Le pedí que se acostara boca abajo sobre el sofá en el que estábamos…

  • Más vale tarde

    Más vale tarde

    -¿Qué dices? 

    -Que me voy ya.

    -¿Ya? pero si es muy pronto.

    -No te vayas rosa, quédate un poco más. Nos lo estamos pasando bien.

    -Uy nena, no digo que no, pero comienzo a estar ya un poco cansada.

    -¿Que dices Rosa? si eres la más marchosa de toda.

    -Sí sí, la más marchosa jaja. Quita, quita que los tacones me están matando. A vosotras no hay quien os siga el ritmo. Nos vemos el lunes chicas.

    -Ehh, chicas, yo también me voy ya. Os quedáis solo los milenials para defender el honor de la empresa. Nos vemos el lunes. -Grité yo también aprovechando la oportunidad de no ser el soso de la noche marchándome el primero.

    -¿Tú también te vienes Javi? menos mal que no soy la única, que luego estas crías me tratan de vieja.

    -Jajaja ¡hasta el lunes yayos! -Corearon todos entre risas mientras nos despedíamos entre besos de unas y apretones de manos de otros.

    Otra típica cena de empresa más, una porquería de menú para grupos, los mismos payasos y sus comedias de siempre y finalmente la correspondiente peregrinación al garito más cercano donde pusiesen música a todo volumen para tomar una copa.

    -Uff, que gusto no tener que seguir hablando a gritos.

    -Sí, servidora prefiere otros sitios más tranquilos a estas alturas.

    -Pienso igual, por mucho que le digan a uno que parece un abuelo.

    -¡La madre que las parió! Pues no me han llamado yaya a mis cincuenta y cinco añitos las niñatas estas, ya les leeré yo bien la cartilla el lunes jaja.

    -Bueno, peor es lo mío, que me lo llaman con diez menos.

    -¡Otro que tal baila! ¿Sabes que lo que acabas de hacer es restregarme lo insultantemente joven que eres comparado conmigo? -Me preguntó Rosa entre risas.

    -Bahh, la juventud no se mide con un número. Está a las claras que tú lo llevas mucho mejor que yo.

    -Si claro, ahora intentas arreglarlo jajaja.

    -¿Y ha colado?

    -¡Nooo!

    Ambos reímos a la vez.

    -Bueno Rosa, déjame decirte que estas divina. Ya si me crees o no depende de ti.

    -¿De verdad? Pues muchas gracias. –Contestó ella con una sonrisa y un punto de timidez que le hizo bajar el tono d voz.

    -No las merece. ¿Vamos tirando? Te acompaño hasta el coche. ¿Dónde has aparcado?

    -No he aparcado, vine con Bea en su coche. No te preocupes Javi, tomaré un Taxi.

    -No mujer, un taxi no, te llevo yo en un santiamén.

    -¿No será mucha molestia?

    -Que molestia ni que molestia si vivimos a dos calles, luego tu madre me echa la bronca si se entera.

    -Entonces tendré que dejar que me lleves, que mamás es de armas tomar.

    -¡Pues claro! Venga vamos, que lo tengo aquí cerca.

    Iniciamos el camino hacia el coche y mientras la conversación con Rosa versaba sobre las anécdotas de aquella noche no puede evitar pensar en lo atractiva y sexi que se la veía con aquel vestido.

    Rosa está algo rellenita, pero esos kilos de más le sientan la mar de bien. Son los típicos kilitos que según la opinión de muchos adornan el cuerpo femenino con la madurez y no al contrario. Aquella noche llevaba un vestido negro ribeteado que se abría en abanico hasta justo por encima de la rodilla y con un cuello que podríamos definir como “profundo”. Conoce su cuerpo a la perfección y sin duda sabe sacarle el partido que merece, aquella noche el escote de su vestido ya había ocasionado más de un codazo entre compañeros.

    -Pues ya te digo yo que esta noche se da algún rollete entre todos esos que se han quedado bailoteando. -Me dijo Rosa sacándome de mis pensamientos justo cuando llegábamos al coche.

    -¿Tú crees?

    -¡Y tanto! Las conozco muy bien y estás niñas se cepillan al primero que le echen el ojo.

    -Bueno, y si está niña no se cepilla a quien ella quiera será simplemente porque no le echa el ojo a ninguno. -Le contesté ya dentro del coche mientras accionaba el contacto.

    -Jajaja. -Se partía de risa- Míralo él, que parecía tímido y se está destapando. ¿Eso crees? Sabes que ya no soy ninguna niña.

    -Si no eres niña eres mujer. Y las mujeres tienen algunas cosas que no tienen las niñas.

    Esto último se lo dije mirándola a la cara, para dejar que mis ojos cayesen hasta a su tremendo escote justo al terminar la frase.

    -Jajaja, una también tiene sus armas. Eso sí es verdad.

    Maniobré para salir del aparcamiento tomando consciencia de lo mucho que me ha gustado siempre su risa, tan natural, tan simpática, una risa que enseguida te contagia su buen rollo y que a mí me animó a ser más atrevido en aquel momento.

    -Y menudas armas Rosa, ¡menudas armas!

    Le contesté descaradamente mientras ajustaba el retrovisor interior en un ángulo que me permitiese controlar a la perfección aquel magnifico par de tetas dejándole a las claras lo mucho que me gustaban.

    -Vaya vaya con Javielito.- Contestó como siempre risueña. -¿Tiene aire acondicionado este trasto? No sé yo si será el ambiente o serán las cuatro copas que me he tomado, pero en este coche hace mucho calor. Jajaja.

    -Qué raro, eso serán las cuatro copas Rosa. Es viejo, pero tiene aire. Puedes poner el aire como a ti más te guste, los mandos son tuyos- Le dije mientras conducía ya calle abajo.

    Rosa manipuló los mandos del aire acondicionado, bajo la temperatura al mínimo, subió la potencia del ventilador al máximo y colocó el aireador central apuntando directamente hacia ella mientras yo a duras penas conseguía centrarme en la carretera.

    -Por cierto Javi, ¿No eres tú ya un poquito mayor para seguir siendo niño de teta?- Me lanzó la pregunta irguiéndose en el asiento y sacando pecho estiró del escote del vestido hacia abajo dejando buena parte del tetamen al alcance del aireador y de mis libidinosos ojos a un tiempo. -¡Uy que fresquito!- Añadió a la vez que se abanicaba con la otra mano sin perder su sonrisa.

    -Es que he oído que prolongar lactancia aporta muchos beneficios.

    -Jajaja, eres tú muy listillo ¿no?

    -Listillo no sé si seré, pero sé lo que me gusta cuando lo veo y lo poco o mucho que estoy viendo hace que se me caiga la baba- Le dije alternado mi vista entre la carretera y el espejo retrovisor que apuntaba directo a sus tetas.

    -Ya veo, ya. No sabía yo que mis tetas tuviesen un admirador tan cercano. Si tanto te gustan te las enseño otro día con más tiempo, que pareces un entendido.

    Aquello último lo dijo girando su cabeza a la izquierda y mirándome directamente a la cara con gesto divertido, pero serio a la vez. La cosa estaba hecha y la oportunidad no se podía dejar escapar.

    -De eso nada, no puedes decirme en la misma frase que me las enseñas y añadir después que otro día. Las quiero esta misma noche.

    -¿Eso quieres?- Preguntó y espero mi respuesta mordisqueándose el labio con carita traviesa

    -Eso quiero.

    -Busca un sitio tranquilo y aparca, tienes media hora. Mañana tengo una comida importante y no quiero llegar tarde a casa.

    Su tono se volvió serio al instante, aquello había sido una orden sin duda. El polígono en el que estaba nuestra fábrica se encontraba a apenas medio kilómetro de distancia en aquel momento y pensé que a aquellas horas de la noche era un buen sitio donde poder aparcar lejos de miradas ajenas.

    -Ya veo que no eres demasiado original. -Dijo Rosa al adivinar hacia donde me dirigía.

    -A estas horas estará tranquilo, ya lo verás.

    Tomamos el desvió hacia el polígono y en cuanto comenzamos a circular por aquellas solitarias calles llevé mi mano hasta su escote.

    -Veo que estás impaciente. Me dijo ella con una sonrisa.

    Magreé sus tetas con placer y gracias a su colaboración en menos de treinta segundos pude sacarlas del sujetador y dejarlas asomando imponentes fuera del vestido.

    -¡Que tetas tienes jodia! -Exclame mientras aparcaba justo en la calle trasera a la fábrica que tantos quebraderos de cabeza nos daba día a día.

    -No me digas que no te habías dado cuenta hasta ahora.- Sujeto sus pechos con ambas manos levantándolos y exhibiéndolos ante mí.

    -Hace muchísimos años que me había dado cuenta.

    Sin perder un segundo me abalancé sobre sus tetas llenándolas de besos mientras ella seguía sujetándolas a modo de ofrenda. Lamí sus pezones y los chupé abarcando la totalidad de la areola con la boca, mi lengua se alternaba para jugar con aquellos dos grandes pitones grandes haciendo que ella comenzase a gemir suavemente.

    -Mmm. ¿Cuántos, cuantos años?

    -Muchos.

    Mis manos sustituyeron a las suyas pudiendo así disfrutar del peso de aquellas tetotas. Mientras pellizcaba el pezón de una con los dedos mi boca se ocupaba lamer y atender a la otra.

    -¿Cuantos? Dime cuantos años.

    -Treinta.

    Tomó mi cabeza entre sus manos y haciendo uso de toda su fuerza para apartarme de sus mojadas tetas situó nuestras caras frente a frente.

    -¿Te has pajeado pensando en mis tetas? -Me preguntó entonces.

    -¡Mil veces! -Le contesté clavándome en sus ojos.

    Su boca se abalanzó sobre la mía y lamio mis labios que se abrieron deseosos para permitir la entrada de su lengua. Bajé mi mano hasta sus piernas y sus muslos se abrieron dejándome avanzar hasta su sexo sin dificultad mientras nuestras lenguas se enredaban en un lúbrico beso. Acaricié la vulva sobre la braga sintiendo la humedad que escapaba de su coño empapando la tela.

    -¿Dime en qué más? ¿En qué más has pensado mientras te pajeabas? -Me preguntó entre besos.

    -En tu coño, en tu cara.

    Mis dedos hicieron a un lado la braga pudiendo acariciar ya el chumino sin mayor impedimento. Sobé su excitado clítoris con el pulgar mientras con el resto de los dedos revoloteaba entre los mojados labios de su coñito haciendo que el flujo resbalase por mi mano.

    -¿Te gusta mi coño?

    -¡Me encanta, estás chorreando!

    Llevó su mano hasta mi paquete y agarrándome la polla que se marcaba durísima en el pantalón me susurró al oído:

    -Parece que sí te gusta Javielito, esta no miente. Vamos, déjamela ver.

    Llevé el asiento tan hacia atrás tanto como era posible y ella misma desabrochó el cinturón y el pantalón mientras yo continuaba bajando el respaldo del asiento para ganar espacio. Mi polla salió disparada en cuanto Rosa estiró de mi ropa piernas abajo, llevó la mano hasta ella y rodeándola con pulgar e índice apretó contra la base haciendo que está destacase en todo su esplendor.

    -Hay que ver mi Javielito, si parecía que nunca había roto un plato y es todo un pervertido. Esta está más dura que mis pezones, parece un caramelo de palo así mirando al techo.

    Rosa se inclinó en dirección a mi polla y se echó el pelo a un lado sabiendo perfectamente que parte del disfrute consistía precisamente en que pudiese observar a la perfección lo que estaba a punto de hacer. Tomó la polla por el capullo y forzándola hasta pegarla a mi abdomen comenzó a mordisquearla, a lamerme y chuparme los huevos haciéndome gemir de placer.

    -¿Esto también lo habías imaginado Javi?

    -Lo he imaginado y deseado un millón de veces.

    -¡Eres un guarro!

    Soltó mi polla y esta como un resorte volvió a apuntar hacia arriba al instante. Fue entonces cuando sus labios rodearon el glande y lentamente inició un camino de descenso a lo largo del tronco que solo se detuvo una vez su nariz se aplastó contra mis huevos. Se la metió hasta la mismísima garganta y una vez allí aguantó con la boca abierta restregando su cara contra mi cuerpo y dejando que la espesa saliva escapase de su boca.

    -Ummm. ¡Me matas de gusto Rosa! -Le dije mientras acariciaba su pelo con la mano izquierda y con la derecha amasaba sus tetas.

    Aguantó al menos medio minuto con mi polla empalada en la garganta hasta que finalmente emprendió la retirada sacándosela de la boca de forma mucho más rápida de la que había entrado pero dejándola a cambio completamente embadurnada de babas. Rosa tomó aliento y resoplando esparció nuevos hilos de saliva sobre el champiñón que instantes atrás la atragantaba.

    Su cara congestionada, los restos de saliva en labios, el rímel corrido, el pelo alborotado, creedme si os digo que estaba preciosa. Tuve que lanzarme a comerle la boca y ella me recibió ofreciendo su lengua.

    -¿Es como pensaba mi niño cochino?

    -Es mucho mejor Rosa, es un sueño cumplido.

    -Me alegro nene. Pero ¿Sabes qué? Yo también había pensado mucho en esta polla y de hoy no pasa que me la meta en el chocho.

    Me empujo clavándome contra el asiento y sujetándose con una mano al volante y la otra apoyada en salpicadero consiguió pasar trabajosamente al lado del conductor no sin algún traspié.

    -Uff que coche más pequeñajo, hazme sitio nene. ¿Se puede saber por qué te has traído este cacharro?

    -Me gusta sacarlo de vez en cuando, tiene su encanto.

    Separé las piernas para que Rosa colocase las suyas cerradas entre ambas dándome la espada. Recostada sobre el volante, su culo quedó suspendido a un palmo de mi polla y rápidamente mis manos acudieron para subir la falda y sobarlo a placer.

    -¡Dame polla ya coño! ¡Que me canso!

    Obediente aparté la braguita empapada y como pude restregué el capullo a lo largo de su rajita que, a pesar de lo apretado de la postura, estaba tan lubricada y húmeda que los labios se abrieron dejándome acomodar la serpiente a la entrada de su cueva sin dificultad alguna.

    -Umm que apretadita estás.

    Se dejó caer con todo su peso enterrándose mi polla por completo de un solo golpe y ambos gemimos aliviados.

    -¡Ahhh, que gusto! Yo también había pensado muchas veces en este rabo Javi.- Confesó restregándome el culo y batiendo mi polla en su mortero.

    Hundí mis dedos entre las abundantes carnes de su culo, que en nada tiene que envidiar a sus preciosas tetas, y separando ambos cachetes disfruté como un loco cuando Rosa comenzó a subir y a bajar con su apretado coño a lo largo de mi falo. Era increíble sentir como su sexo aprisionaba mi polla y cada vez que el peso de su cuerpo se estrellaba ruidosamente contra el mío gemía sin remedio trasportado al mismísimo cielo.

    -¡Qué coño más rico Rosa! Harás que me corra en dos minutos.

    -Ya te he dicho que tenía prisa. -Me contestó entre jadeos.- No te doy más de uno.

    Y tenía razón, lo de los minutos no era más que un farol. Yo ya no sabía a dónde agarrarme, si a su culo o a sus tetas, su coño ordeñaba mi polla sin piedad volviendo a succionarla sin demora tan pronto como coronaba en su ascenso y cada vez que vez que finalizaba el descenso el flujo resbalaba empapándome los huevos.

    -Ay Rosa que me corro.

    -Mmm, que no.

    -Que sí Rosa, que me corro ufff, que no aguanto.

    -Ay que no, que no, ayyy, que me corro, mmm, que me corro yo antes ¡Ayyyy!

    Me cogió por sorpresa, pensaba que iba a correrme mucho antes que ella, pero menuda estrujada me pegó. Rosa se clavó mi polla hasta los huevos y apoyada contra el volante se corrió como una loba gimiendo y suspirando de placer. Tan pronto como noté las contracciones de su coño en torno a mi polla me deje ordeñar a placer descargando cuatro buenos chufletazos de espesa leche en lo más profundo de su vagina bufando y gimiendo yo también como si se me fuese la mismísima vida en ello.

    -Ufff, que corrida Rosa, que forma de exprimirme la polla.

    -Umm, calla calla, como lo necesitaba uff, me he chorreado entera.

    Ambos nos tomamos unos segundos para recobrar la respiración. Apretaba sus nalgas con una mano mientras con la otra le acariciaba la espalda. Era una delicia sentir mi polla aflojarse en su interior con el abundante flujo de su corrida resbalando entre mis piernas mientras ella descansaba apoyada contra volante.

    -Ay, todavía me tiemblan las piernas- Dijo mientras se ayudaba de brazos y codos para reincorporarse con tan mala suerte que…

    -¡Piiii…!

    -¿Qué haces? ¿Por qué tocas el pito? Vas a hacer que venga el guarda.

    -¡Coño que susto! –Ha sido sin querer, este coche es muy pequeño.

    Las luces de la fachada trasera se encendieron.

    -Ay la hostia, que viene de verdad, quita Rosa que nos pilla.

    Rosa se levantó a toda prisa y mi menguante polla se salió de su coño acompañada de una gran cantidad de flujo y semen. Se pasó como pudo al lado del copiloto mientras ya me subía los pantalones a toda prisa y volvía a echar ella asiento hacia adelante.

    -Corre, corre, que ya mismo está aquí. -Me urgió Rosa escondiéndose las tetas bajo en el vestido.

    Engrané primera, hundí el pie derecho en el acelerador y escapamos a toda velocidad dejando las cuatro ruedas marcadas en la carretera mientras Rosa se giraba en su asiento mirando hacia atrás justo para ver como el vigilante abría la puerta trasera y salía con linterna en mano a la calle.

    -Jajaja- Una vez se sintió segura y a salvo se partía de la risa.

    -No sé de qué te ríes. Me hubiese gustado ver que explicación le dabas si nos llega a pillar.- Le dije medio enfadado medio riendo yo también.

    -La culpa es tuya. Muy bonito el lancia, muy de rallies y muy de lo que tú quieras pero pa follar no vale una mierda. No sé para qué coño pagamos mil euros de renting al mes por el mercedes del señorito jajaja.

    -Pues esa suerte hemos tenido que este coche no lo conoce. Por cierto, por el tuyo pagamos exactamente lo mismo y ni siquiera lo usas. ¿Recuerdas que fui yo quien negoció el contrato?

    Habíamos salidos ya del polígono y mientras conducía en dirección a su casa Rosa se componía la ropa e intentaba arreglarse un poco mirándose al espejo del acompañante.

    -Claro que me acuerdo. Y por cierto no creo que el director financiero necesite tener el mismo coche que la CEO, toma nota de eso para la próxima negociación de la flota.- Me dijo con una sonrisa devolviéndomela.

    -¡Serás cabronaza!

    -Jajaja. ¿No te gustan tanto tu lancia?

    Un par de minutos más tardes aparcaba a las puertas de su chalet para dejarla en casa.

    -¿Nos vemos mañana entonces para comer en casa de mamá?

    -Por supuesto hermanita, por nada me perdería una comida familiar.

    -Espero que no le des un disgusto, que está ya muy mayor.

    -No hace falta que me regañes, he dicho que iré.

    -Perfecto entonces. Y por cierto, esto para ti que sé que siempre te han gustado so guarro.

    Rosa se quitó las bragas y me las tiró a la cara justo antes de bajarse del coche.

    -Hasta mañana hermanito. -Me dijo mirándome con cara malévola ya fuera del coche y guiñándome un ojo cerró la puerta.

    -Hasta mañana Rosa.

    Me quedé mirándola hasta que desapareció tras la puerta de su casa. Aspiré el aroma de sus bragas empapadas y pensé en las mil y una veces que había hecho lo mismo treinta años atrás, solo que esta vez no había tenido que robarlas y era mucho más que restos de flujo lo que las impregnaba. A veces las cosas se hacen esperar.

  • Un técnico con suerte

    Un técnico con suerte

    Hola a todos, gracias por leer mi relato. Mi nombre es Alejandro, tengo 23 años de edad y esta es mi historia.

    Soy técnico de una conocida empresa de cable e internet, en mi colonia todo el mundo me conoce por ser «el que más sabe» del tema.

    Hace unos días haciendo una instalación de equipo noté que en la parte de la calle donde dejé estacionado mi vehículo de la empresa una chica se acercaba y tiraba un papel por la ventana, algo enojado bajé (luego de terminar la instalación). Al entrar al auto a ver que era, no encontré nada. Cosa que me sorprendió, quizá la chica había encontrado la forma de hacerme creer que tiraría algo.

    Luego de quedarme un poco confuso salió con su mamá y me llamaron a que fuera, pues querían información de los paquetes más básicos (solo internet).

    Al ver ya bien de cerca a la chica, quedé fascinado, pues era una dulzura de mujer… Tenía un cuerpazo que dejaba atónito a cualquiera que la mirara por más de medio segundo.

    ¡¡Pero eso no era todo!!

    Para mi sorpresa luego de darles la información que requerían, la mamá empezó a «tirarme el perro». (No está nada mal la señora)

    Me dijo en pocas palabras que llevaba 10 años soltera y me platicó de la edad de sus hijos y algunos otros temas…

    Ese mismo día coincidió en que por haber sido mediodía podía ir vestido de civil, entonces llevaba puesto un pants de tipo pana pegado.

    Enseguida noté que luego de estar platicando con la señora se me quedaba viendo a la entrepierna, así que para corroborar lo que sospechaba puse ambas manos dentro del pantalón e hice los bolsillos un poco hacia atrás (para que se me remarcara más el paquete).

    Ahí fue donde me percaté que si, estaba en lo correcto, pues al hacer esto desvió luego la mirada a mi paquete!!

    La verdad me quedé confundido, no sabía si la mamá me estaba dando permiso de andar con su hija o quería que pasara algo entre nosotros… o quizá las dos.

    Luego de días he descubierto que me gusta la hija (tiene 19 y yo 22). No dejo de pensar en esas hermosas curvas que tiene, su cuerpo bien formado y unas tetas!! Que uff…

    El día de hoy le pasé regalando una vieja Tablet (pero sirve al 100%) pues ellos son de escasos recursos, y pues honestamente no lo hice con mala intención, pero siento que en lugar de ganarme a la chica me voy a ganar a la mamá, y eso pues no me molesta, pero si quisiera que se me hiciera primero con ella y pues ya si se da y quiero yo pues con la mamá.

    Por lo que me cuentan aún es virgen y es calmada (aparentemente).

    Pero ya los días o el tiempo dirán que pasa.

    Saludos!! Por favor dejen sus comentarios, disculpen si no sé narrar muy bien la historia, quisiera poder ser más expresivo.

  • Un trío más: Una comida siempre lleva postre

    Un trío más: Una comida siempre lleva postre

    Teníamos un pequeño grupo de contactos en redes sociales donde estamos la mayoría casados y casadas o con pareja. Hablamos de todo, pero lo que más y como ya imagináis es de temas de sexo.

    Un día quedamos unos cuantos, a comer en mi casa, nos juntamos en total cinco chicas y yo como anfitrión.

    Primero fui a recoger a una y ya juntos fuimos a buscar a las otras cuatro. Juntos los seis fuimos a un bar a tomar algo. Entre risas y hablando llegó la hora de comer, la verdad se nos notaba algo nerviosos.

    Llegamos a mi casa y les enseñe un poco la casa ya que alguna nunca había estado. No preparamos una gran comida, un poco de pasta para todos y una ensalada, pero el caso es que estábamos de buen rollo.

    Cuando acabamos de comer una se tuvo que marchar ya que trabajaba, así que los otros cinco nos quedamos recogiendo un poco la mesa y la cocina, bueno solo lo hacíamos tres, las otras dos se quedaron en el sofá porque una era masajista y a otra le dolía la espalda así que le dio un pequeño masaje en una de las habitaciones.

    Poco después yo me quede a solas con dos de ellas en otra habitación, sentados en un sofá. Ana llevaba una impoluta camisa blanca, foulard negro, pantalón negro y zapatos tacón.

    María es de la misma edad que Ana, siempre va con pantalones vaqueros y camisas a cuadros, es algo más bajita y algo rubia en contraste con el moreno intenso de su compañera. La vida privada de María es un misterio, parece ser que vivía con un chico, lo cual a todos nos sorprendió pues hasta algunos pensamos que era lesbiana, pero bueno volvamos al tema.

    María me dijo:

    -Mira, una cosa, queremos probar una técnica que Ana ha aprendido en uno de sus viajes, por lo visto va muy bien para relajarse y queremos ver si funciona en la práctica.

    Dirigí mirada hacia Ana ¿Qué chorrada habría aprendido por ahí? Yo tenía unas ganas de estar más viendo como era el masaje que se estaban dando en la otra habitación ya que se oían ruidos muy agradables y estas decididas a practicar vaya usted a saber el que. Ana me miro con una sonrisa, no me podía negar, aparte de que se lo podían tomara a mal siendo el anfitrión, la sonrisa de esa mujer siempre era irresistible.

    -Te vas a sentar en el suelo, te taparemos los ojos y entonces ya te iremos diciendo lo que tienes que hacer -Me indicó María, la cual cogió el foulard de Ana y sin dejarme tiempo para protestar me vendo los ojos. El perfume de Ana me llegó y me recompenso la molestia.

    Allí estaba yo como si fuera a jugar a la gallinita ciega, sentado encima de un cojín, apoyándome en el sofá. Con lo bien que estaría yo viendo el masaje que se daban las otras dos. Noté que ellas se reían, sin saber lo que me venía encima.

    -Mira, ahora tienes que reconocer cuál de las dos somos -me dijo una.

    -No puedes usar las manos hasta que te lo digamos -exclamó la otra.

    Noté como alguna me ponía un pie a cada lado, y poco después mis labios tocaban una cálida entrepierna. No lo podía creer, me estaba poniendo su sexo delante de mis labios. No es que nunca me hubiera imaginado echar un polvo con los ojos vendados. Levante los brazos para aferrar el cuerpo que tenía delante, pero la voz de las dos, casi a la vez, me regañaron e hicieron que siguiera con las manos quietas.

    Su sexo se restregaba en mi boca, saque la lengua, intentaba buscar su clítoris e introducir mi lengua. Ella debió arquear las piernas y una mano empujo mi cabeza al lugar adecuado. ¿Cómo iba a saber yo de quién era? Olía a Ana, pero lo que tal vez oliera era el pañuelo que me impedía ver.

    Levante de nuevo los brazos y agarre unas nalgas, esta vez no hubo recriminaciones, era un culo duro y empecé a tener una ligera sospecha, pero no dije nada, empuje el cuerpo todavía más hacia mí, mis dedos recorrieron entre su culo, arriba y abajo, mi lengua seguía explorando el sexo de esa desconocida. Notaba como se retorcía entre mis manos y mi boca. Traidoramente introduje un dedo en el ano, un pequeño gemido me certifico mis sospechas, ya sabía quién era. Era María, y pensar que creíamos que era lesbiana. Retiré un poco la cabeza y balbuceé:

    -Tendría que poder comparar, así por las buenas todos parecen iguales.

    El comentario no le debió gustar, porque me tiraron al suelo, y lo que antes degustaba paso aplastar mi cara, mientras unas manos ágiles me empezaron a desnudar. Me quede quieto, chupando aquel manjar, note como me quitaban los zapatos, calcetines, pantalón y calzoncillos, levante un poco la cadera para facilitar que me quitaran la ropa. Mi miembro estuvo poco tiempo libre, una sensación de calidez la rodeo, entro limpiamente en una cavidad húmeda, el otro sexo, la de la espectadora estaba casi más húmedo que el que yo me había trabajado oralmente.

    Las dos tías encima de mí, una encima de mi vientre y otra encima de mi boca, mis manos buscaron los pechos, y encontraron donde posarse, unos pechos grandes y firmes (he de confesar que me recordaron a los tuyos), nunca me hubiera imaginado que el pequeño cuerpo de María fuera tan compacto. Con el trajín la venda de mis ojos se aflojo y unas manos piadosas terminaron de quitármela.

    Efectivamente no había fallado, encima de mí, pasando adelante y atrás su pubis desde mi barbilla hasta mi nariz estaba María, sus pechos se bamboleaban, y vi una cara desconocida para mí, la seriedad se había trastocado en libidinosa, y su boca semiabierta dejaba salir una lengua lasciva. Su mirada también destilaba deseo.

    Mientras en mi vientre, vi a Ana, aun llevaba puesta la amplia camisa blanca, pero se había despojado del resto de la ropa, y utilizaba mi miembro como si fuera un consolador, subía y bajaba introduciéndosela frenéticamente en ella. Se corrió rápida, un inmenso suspiro culmino su orgasmo, y se quedó como paralizada encima de mí.

    María seguía frotándose en mí, iba a acabar con el sexo irritado, yo intentaba mordisquearle los labios mayores, y a veces lograba pellizcárselos, entonces ella gruñía placenteramente.

    Intente tomar un poco las riendas de la situación, y me incorpore, María cayo desequilibrada hacia atrás, y me puse a horcajadas encima de ella, me iba a vengar, mi miembro sobre su ombligo y mis manos encima de sus pechos, a la vez que se los acariciaba le impedía moverse. Mientras Ana empezó a besarme la espalda, su lengua iba recorriendo cada vértebra, bajando lentamente, hasta llegar a la rabadilla. Los pezones de María estaban impresionantemente erectos, yo se los pellizcaba con los dedos.

    La cabeza de Ana paso de mi espalda a la entrepierna de María, y entre los dos, yo a las tetas y ella en su sexo logramos que por fin María se corriera, parecía poseída. Paramos un momento, y aproveche para empezar a descubrir el cuerpo de Ana, la cual se quitó por fin la camisa, unas tetas más pequeñas que las de María, pero deliciosamente contenidos por un sujetador de color negro hicieron que mi boca se lanzara a chuparlos, mordiéndole los pezones a través del sujetador. La insaciable María empezó a chuparme los testículos, sus manos recorrían mis muslos y mi miembro.

    Se pusieron las dos muy excitadas, me ofrecían sus culos, la rubia me lo pedía angustiada:

    -Rómpemelo, méteme ese miembro, mi novio no se atreve, quiero que me hagas daño, por favor.

    No me hice de rogar, puse mi capullo entre sus nalgas y entre a sin miramientos, hasta el final, su cuerpo se estremeció. Con una mano le agarraba las caderas y con la otra exploraba el suave y húmedo sexo que tenía, porque descubrí que sí que había diferencias, entre los dos.

    Los tres al unísono nos movíamos, las dos retorciéndose de gusto. Saque mi miembro duro y venoso de dentro de María y me corrí en su espalda dejando que se deshinchara entre sus nalgas, la cual se había calmado por fin, jadeando con el culo en pompa. Mi mano siguió estimulando el clítoris de Ana, hasta que también está por fin se corrió.

    Me senté en el sofá, entre ellas y empezamos a besarnos, primero a María, que quería mordisquearme la lengua, y luego a Ana que aún parecía seguir con ganas de más.

    Se quedaron tumbadas, una junto a la otra sin tocarse apenas. Mientras me vestía, fui a mirar cómo iban las del masaje en la otra habitación, estaban coloradas y no pregunte si es porque nos oyeron o porque ellas también habían jugado. Así terminamos una grata quedada con comida y postre incluido.

    He de decir que aquel grupo ya hace años que no mantenemos contacto de ningún tipo y que una de las del masaje me confirmo que sí, que nos habían oído y que andaba algo celosa.

  • Como cumplo mi primera fantasía: Voyeur de mi esposa

    Como cumplo mi primera fantasía: Voyeur de mi esposa

    Este es mi primer relato y comenzaré por contarles un poco de nosotros. Mi nombre es Javier, tengo 38 años, alto y buen físico, me cuido bastante, mi esposa se llama Daniela, tiene 36 años, un muy buen cuerpo, unos pechos grandes donde lo que más destaca son sus pezones que son de un tamaño mayor al habitual, una muy buena cintura y un trasero bien respingado y grande, todo esto muy bien cuidado a pesar de ya tener 4 hijos. Siempre me ha llamado la atención el sexo y disfrutar sin limitantes, sin embargo mi esposa siempre había sido más tímida, recatada, debido a su educación familiar.

    Siempre he sido un asiduo lector de los relatos de esta página de la cual fueron sumando ideas para hacer que poco a poco fuera mi esposa saliendo de lo habitual y comenzáramos a disfrutar del sexo sin inhibiciones.

    Empecé a incentivar que ella leyera literatura erótica, distintos libros los cuales fueron abriendo su mente, comenzó a estar más activa sexualmente.

    Les comento que ella nunca se había masturbado, la típica visión negativa que ven algunas mujeres al autoplacer, me excitaba de sobremanera que comenzara a disfrutar de su cuerpo, a conocerlo, siempre soñaba con ver como se masturbaba lo que me excitaba muchísimo.

    Un día decidí cambiar alarmas en mi casa, la cual es muy grande por lo que pensé que esta era la oportunidad para dar rienda suelta a mis ganas de observarla como actuaba mientras disfrutaba de sus lecturas, así que solicite la instalación de cámaras de seguridad en varios sectores, incluido mi dormitorio.

    Así fueron pasando los días, los niños temprano se iban al colegio y ella quedaba sola en casa algunos días, hasta que llego el día. Lo recuerdo como si fuera ayer, temprano salieron los niños, ella volvió a nuestra pieza, activó la calefacción y se acostó a disfrutar de la lectura.

    Yo en mi oficina comenzaba a disfrutar de mi inversión en cámaras. Apoyó su iPad en un cojín para liberar sus manos y dar rienda suelta a las fantasías que pasaban por su cabeza, sin saber que al mismo tiempo yo también daba rienda suelta a mis propias fantasías.

    Sus manos comenzaron a subir lentamente por dentro de su pijama, veía como se acariciaba sus pechos por el movimiento de su ropa, sin embargo al parecer no fue suficiente y la temperatura fue subiendo, por lo que se deshizo de su parte superior.

    Yo me encontraba excitadísimo viéndola como acariciaba sus pechos mientras disfrutaba su lectura, los masajeaba suavemente sin duda estaba descubriendo su placer, su cuerpo, poco a poco comenzaba a acrecentar los movimientos, su excitación iba en aumento, ya no solo quería tocar sus pechos que ya notaba como sus pezones estaban duros sino que también su sexo estaba sediento de recibir sus caricias, así que se desprendió de la parte de abajo de su pijama, que delicia fue para mi ver este espectáculo en primera fila.

    Estaba excitadísimo viendo como disfrutaba de su cuerpo, se tocaba los pechos ya no suavemente sino que los estrujaba apretando sus pezones con la punta de sus dedos, los pasaba por su boca para humedecerlo y así masajearlos más intensamente, mientras con la otra mano masajeaba su clítoris suavemente, estaba gozando su lectura mientras yo abría mi pantalón aprovechando la soledad de mi oficina, pedí que no me pasaran llamadas y comencé a acariciarme mientras veía que ella hacia lo mismo.

    Que placer ver cómo iba poco a poco excitándose más y más, escuchaba sus gemidos de placer y como aumentaba la intensidad de sus caricias lo que yo también iba realizando a medida que sentía lo duro que me ponía este espectáculo.

    Pasaba sus manos por su sexo y las llevaba después a su boca para sentir el sabor de su excitación, cada vez más y más rápido, sentí que ya iba a llegar a su clímax por la rapidez de sus caricias y la intensidad de su respiración, más y más rápido hasta que su cuerpo se retorció de placer un gran gemido abandono su cuerpo al mismo tiempo que yo liberaba todo mi placer también con la satisfacción de la primera fantasía cumplida.

    Muy pronto si es que les gusta nuestra historia, le contaré como fuimos pasito a pasito explorando nuestras fantasías más ocultas y disfrutando del mejor sexo que habíamos tenido nunca.

  • Abogada adicta al sexo anal (Parte 1)

    Abogada adicta al sexo anal (Parte 1)

    Era el año 2011, había tenido ya ciertas aventuras desde que me fui a vivir solo, en una reunión me presentaron a Laly, linda mujer de blanquita de cabellos negros y figura monumental de buenas piernas caderas y pechos grandes, tendría unos 27 años, y aunque congeniamos muy bien no pudimos echar rienda suelta nuestras pasiones, hasta que un día fue a mi departamento.

    Ella salía a diario del centro de Lima hacia su casa por Lima sur, así que un día quedamos en que ella iría a mi departamento una tarde, ya había pedido permiso para salir con anticipación, compre vino y lo puse a helar, arregle bien la sala y claro está mi habitación.

    Mientras esperaba tomándome un Red Bull para estar despierto, sonó mi celular, el cual vi su nombre, a lo cual contesté.

    -¿Hola Laly, como estas, ya estás en camino? –Preparándome para su positiva respuesta

    -¿Si, muñeco, en que estación de metropolitano bajo?

    -En la estación “XXX”

    -Ok, ya estoy cerca, ok salgo para darte el encuentro, besos.

    Salí presuroso, y en mitad de camino al cruzar la pista la divise a lo lejos, que encanto de mujer llevaba un sastre -falda y saco -ceñido a su despampanante figura, con su bolso, una mochila y folder en una mano, con unos tacones que se hacían relucirse más monumental, además de llevar su cabello negro azabache al viento. Se le notaba estresada a lo cual presuroso, tome su mochila y folders ofreciéndole mi brazo para que se apoyase a lo cual accedió.

    -Como estas preciosa, dándole un tierno beso en su mejilla, uy se nota que hay tenido un día difícil o me parece

    -Que en serio? ¿Se me nota?, bueno si tuve un día pesadito, bueno todos mis días son pesados en el poder judicial, tengo que redactar citaciones, hacer que el juez firme resoluciones, bueno cosas de abogados. -mientras íbamos llegando a mi departamento.

    -Si, ya me imagino, pero bueno ya vas a descansar al menos un ratito en mi casa, te atenderé como toda una mujer de la realeza –a los cual nos miramos y ambos reímos.

    -Aquí vives?

    -Si, Bienvenida a mi mansión-todo un caballero en ese momento.

    Al ir entrando pude ver su figura desde su espalda, era todo un monumento y sus tacones hacían marcar sus pantorrillas, demasiada carne en esa bella mujer.

    -Puedes quitarte los tacos si deseas, relájate un momento al menos

    -En serio –replico

    -Si claro, no te cohíbas… ya te traigo algo para tomar y picar

    Ingrese a la cocina y al salir con el vino demás de pasas de piqueo, la vi casi echada sobre el sofá grande en medio de los cojines ya descalza con las piernas cruzadas carnosas y apetecibles.

    -Gustas vino? –destapando la botella

    -Solo un poco claro, no quiero relajarme mucho, puedo abrir un poco la ventana

    -Claro –le mencione y servía el vino

    Pude notar una vez más sus caderas, sus glúteos como se apoyaban en mi sofá junta a la ventana para abrirla, por un momento quise dejar todo y lanzarme sobre ella quitándole toda su ropa y hacerle un delicioso oral para relajarla.

    -Que pasa te has quedado mudo… que me cuentas como estuvo tu día

    -Bien, bueno… estaba viendo una obra y me escape temprano para poder verte

    -Te tiraste la pera por mi?! Te pasas –mientras reía y le acercaba la copa de vino

    -Es que valías la pena –mientras acaricia su mano al momento que ella sostenía la copa

    -Si tú lo crees, ojalá no te arrepientas

    -Para nada –Repliqué

    -Pero tú también ponte cómodo, estás en tu casa no tienes por qué seguir con tu camisa y zapatos.

    -Ok me cambio y vuelvo, no te vayas a ir

    Fui rápidamente a mi habitación me quite la camisa solo y me puse unos jeans, demás de quedarme descalza como ella.

    -Muñeco y vives solo? –preguntándome desde la sala

    -Si, ya hace unos años… poco a poco implementando el departamento

    -Y no te da miedo vivir solo

    -No nada que ver, es cuestión de acostumbrarse -mientras salía a la sala

    Mientras ella buscaba poner en mi equipo de radio música para relajarnos un poquito más

    -Bueno, ya estoy más cómodo.

    -Ay ni tanto, ya quisiera andar en ropa interior, como cuando llego a mi casa y entro a mi habitación desestrezándome

    -Bueno, si quieres lo puedes hacer, yo no tengo problemas –mientras sonría

    -Si, que más que atrevido eres

    -No, solo quiero que te sientas cómoda, ya se échate en el sofá grande, dame tus pies te los voy a masajear.

    -Saber dar masajes a los pies? –toda dudosa mientras tomaba de a sorbos el vino

    -Si, algo… lo intentare.

    Se echó sobre el sofá, acomodándose con los cojines, mientras puse sus pies sobre mis piernas masajeándola suavemente, así fuimos conversando, fijándome que eso era lo que necesitaba una mujer después de un día de trabajo con tacos que la mimen y engrían.

    -Y como así, abogada, ósea tienes presencia… y seguro ahí en los juzgados todos estarán atrás de ti.

    -No te voy a mentir, están atrás de mi invitándome a salir, hasta los mismos jueces no pierden la oportunidad de galantearme, pero no quiero mezclar trabajo con pasión

    -Pasión? –le pregunte admirado

    -Jajaja, O sea amor pues no me interesa

    -Ósea eres muy apasionada –tomando mi copa diciéndole Salud, sin dejar de sostener con una de mis manos su pie.

    -Ay no me hagas caso, este vino me está haciendo hablar tonteras –mientras sonreíamos

    -Y tú? ¿por qué estas solo? Que pasa contigo nadie te puede atrapar –curioseando en su pregunta.

    -Ja, no nada que ver solo que no se ha presentado ninguna mujer que me atraiga por completo.

    -Como te gustan pues? –mismo interrogatorio

    -Apasionadas –Replique

    -Ya pues, no me desvíes el tema –mientras reíamos, pero ya en la confianza de estar acariciando no solo sus pies sino también sus pantorrillas.

    -Bueno lo importante es que le importe y no me tome como una aventura, yo si soy de entregarme de verdad y querer de corazón, por eso me han fallado antes.

    Ella empezó a mirarme con atención, con cara de pobre bebe.

    -Bueno te has fijado en malas mujeres, pero creo que puedes tener mejor suerte

    -Así?, porque lo dices… Tu eres ese tipo de mujer ¿o sea crees que tu podrías ser esa mujer que he estado esperando –me lance al ruedo en una era al todo o nada.

    -Quien sabe, mientras desvió su mirada hacia la ventana y el cielo se tornaba ya lila por el atardecer.

    -No te pongas nerviosa solo fue una simple pregunta-mientras ya acariciaba sus rodillas y sentía que me iba excitando.

    -No voy a negar que me gustas, por eso estoy acá… y que pueda pasar más adelante no lo sé… solo quiero que sepas algo acércate, para decírtelo al oído –subiendo un poco casi como poniéndome encima suyo y ella diciéndome al oído.

    -Tú… –con voz baja

    -Que? no escucho –mientras la mire de reojo y ella me tomo del rostro

    -Bésame –con voz tierna como queriéndose llevar por el momento

    Nos acercamos al instante y empezamos a besarnos ya sobre ella enroscaba una de sus piernas como las mías me sostenía sobre el sillón y ella solo se entregaba dándome su cuello y yo procedí besarla toda, mientras ella me abrazo sobre el cuello, estuvimos así un rato hasta que me dijo –Siéntate.

    Me senté sobre el sofá-tomo su copa y yo la mía, ¡Salud, Salud!

    -Voy a cerrar un poco las cortinas

    Se apoyó casi sobre mí y sentí como sus pechos presionaban uno de mis hombros, y al cerrarlas con casi poca luz parada frente a mi

    -Quiero que me hagas el amor, trátame como una reina y yo te tratare como a un rey

    -Trátame como a un rey, y te adorare no sabes cómo.

    Empezó a desbotonarse la blusa, dejando ver sus voluptuosos pechos y al quitarse el sostén puede apreciar tan robustas tetas con sus pezones casi rosados, me encandilaron, acto seguido se dio vuelta y me pidió que le bajase el cierre de la falda, procediendo luego ella a bajárselos lentamente, que delicia de culo tenía… traía una tanguita negra podía apreciar casi a poca luz tremenda cola que empecé a acariciar sus glúteos, atreviéndome a besarla poco a poco subiendo por su espalda hasta llega a su cuello mientras me pegué a ella abrazándola y presionando sus tetas carnosas y pesadas.

    Ella se dio vuelta me quito el polo y me ordeno que me sentará, yo solo obedecía a tan despampanante mujer, me desabrocho el pantalón bajándomelos con todo y bóxer, a lo cual mi verga salió disparada de lo erecta que me puso.

    -Vas a ver lo apasionada que soy –mientras me miraba empezó a masturbar mi pene y sin dejar de verme a los ojos, puso su lengua sobre mi glande empezando a rotar su lengua y de una sola mordida metió mi verga en su boca empezando una gran mamada que me hizo arrecharme tanto que solo atine a sostener su cabeza a sostener sus cabellos mientras succionaba una y otra vez, me estaba llevando al cielo, sentía como sus tetas rosaban con mis piernas como sus manos me tocaban tratando de que me excitará lo cual consiguió.

    -Wow, que rico… que haces, me estas volviendo loco.

    -Te tocará después a ti engreírme así… uhmmm uhmm

    -Ahhhh, que rico, sigue así muñeca me estas llevando al cielo… vamos súbete quiero culearte mi amor.

    La puse de pie, le baje su tanguita ya casi a la oscuridad de la sala, solo iluminaba tenuemente las luces de los postes, bese algo rápido su concha levantando una de sus piernas sobre mi hombro para hacerle un rápido sexo oral, quería empamparla con sus fluidos, sentir el sabor de su vulva para poder follarla. La ordene montarse sobre mí, empezando ella a menearse una y otra vez dejándose embestir mi verga en su concha… se veía que lo disfrutaba y yo más mientras por ratos acercaba sus tetas a mi boca para morderlas y chuparlas.

    Que noche estábamos teniendo, follando sin prohibir nada de nuestros bajos instintos, besándonos, acariciándonos, tomándonos el uno al otro. Se detuvo, pero rápidamente giró hacia mi dándome todo su culo a mi vista, metiéndosela en su concha y empezando a clavarse ella sola mi verga hacia atrás y hacia adelante una y otra vez… esa tremenda cola destrozando mi verga, ¡qué mujer!, ¡qué tal hembra!

    Muñeca ya me vengo… ya me vas hacer venir… se paró rápidamente y arrodillándose frente a mi puso sus tetas entre mi verga y empezó a hacerme una rusa inimaginable, ya no podía más.

    -chúpamelo ya me vengo

    Empecé a disparar los chorros de leche que llegaron hasta su cara, a lo cual ella metió mi verga en su boca empezando a recibir toda mi descarga de semen… yo sentía que se me salía el alma.

    -Uhmm, tienes mucha leche… uhmmm, sabe dulce, debes ser por el vino.

    -Ahhh… que apasionada resultaste… era cierto –mientras nos reíamos coquetamente

    -Pero no se vale eh, yo aún no he acabado, pero ya no tenemos tiempo ya me tengo que ir.

    -No mi amor, no te voy a dejar que te vayas así –la recosté en el sillón patas arriba sosteniendo tremenda cola empecé a lamer tremenda concha mojada por nuestros fluidos, y no me importo porque tenía que satisfacer a tremenda mujer, lamia, lengüeteaba su concha, clítoris, levante más su cola y empecé a hacerle un beso negro no deje escapar nada de tremenda concha y culo, sentía que ya estaba volviéndose a excitar.

    -Si tú eres apasionada yo también no me quedo atrás –apuntando mi verga y metiendo de a pocos mi glande sobre su ano.

    Aunque pensé que iba a dar batalla, entro sin mucha complicación y estuve así dándole, dándole, al parecer era tubera, ella solo se dejaba follar recostada sobre el sofá y con sus manos debajo de su cola abriéndosela ayudándome para penetrarla con más comodidad,

    Que tal combinación mamadora y tubera, que buena hembra había encontrado.

    -Ahh, me vengo ohhh, no pares sigue.

    Fue tanta su excitación que se vino follandomela analmente, bajando luego las piernas y poniéndose de cuclillas dándome otra mamada espectacular hasta hacerme venir nuevamente, esta vez mi leche las dejo caer en sus tetas, las acaricio y froto cual bloqueador solar.

    Caí rendido en el sofá mientras nos abrazábamos, pero yo entre caricia y caricia besaba sus mejillas y hombro en tono romántico.

    -Muñeco me tengo que ir, se me va hacer tarde…

    -Te pido un taxi satelital descuida, vamos a bañarnos, te presto baya tengo secadora no te preocupes, solo llegarás un poquitín tarde a tu casa, pero prométeme que otro día te quedas conmigo ok.

    -Ok, muñeco, vamos rápido.

    Mientras nos bañábamos pude apreciar más su figura, sus tetas de pezones rosados y grandes glúteos, era un hembrón.

    Así quedamos en vernos el fin de semana prometiendo quedarse a dormir, era mi mujer una hembra la cual folle por varias semanas, y aunque tuvimos un final habitualmente cuando solo hay sexo, no voy a negar que follamos muy rico, nunca me dijo no a follarmela analmente, Le encantaba; además de tener de ella fotos que se dejaba tomar desnuda entre artísticas y eróticas. De las mejores mujeres que pude conocer bella, inteligente y muy ardiente.

  • Experiencia con un maduro

    Experiencia con un maduro

    Hace varios meses antes de la pandemia, estuve buscando experiencias nuevas y viendo unos videos gays, me entró la curiosidad de ser pasivo. Buscando en una App social, conocí a un maduro que me mandó una foto desnudo, pero con su pene flácido y me propuso visitarlo. Encantando acepté y procedí a bañarme y súper limpio me dirigí a su departamento.

    Cuando ingresé el muy gentil me dijo:

    El: Siéntate tranquilo

    Me senté y él estaba en la cocina preparando su alimento para el día siguiente. Yo estaba súper caliente y quería irme a chuparle la verga en la cocina, pero me controlé y me senté en el sofá.

    Cuando el regresó me paré y me empezó a besar, y me calenté más. Se sentó en el sofá y se bajó el short y vi asomar un gran pedazo de carne, muy rico y grueso. De inmediato me bajé el pantalón y dejé al descubierto mi gran culo, un culo gordito y blanco que lo asombró. El empezó a manosear mi culo y yo súper excitado bajé la cabeza y se empecé a chupa por primera vez. Sus huevos estaban bien rico y también se los chupé con gran emoción, pero tenía algo de miedo que me vieran porque sus cortinas eran demasiado transparente.

    Cuando me dirigí a su cuarto, me puse en cuatro dejando mi culo gordito a su disposición, cuando llegó me empezó a chupar mi ano rosadito y empecé a gemir:

    Yo: Que rico me chupas.

    El: Tienes un rico culo.

    Yo: Pues es todo tuyo

    Cuando terminó de chuparme el ano, dirigió su gran pene a mi culo y empezó a abrirme, pero me dolía. Se dio cuenta y me obligó a que se la chupe de nuevo, yo encantado de chupar ese pene grueso. Me dí media vuelta y se la empecé a chupar bien rico y lo miraba con ojos deseosos de sexo.

    Hicimos un 69 y me encantó, se la chupaba de tal manera como si fuera la última vez, pero el sólo me chupaba el ano, así que le dije:

    Yo: Agárrame el culo.

    Pero no me hacía caso, así que decidí agarrar sus manos y las puse en mi culo y empecé a moverme. Cuando terminé de manera rápida me puso en cuatro y me empezó a penetrar.

    Yo: Ayy! Que rico baby, tienes una rica verga.

    El: Que rico culo tienes.

    Yo: Dame más por favor! No te detengas que me gusta.

    Sacó su enorme verga y me hizo poner las piernas en su hombro y lo vi con una cara de deseo, así que sin dudar me la metió y solté un:

    Yo: Ahhhh! Sigue sigue, ya está adentro.

    El: ¿Te gusta perrita?

    Yo: Me encanta, todo esto es tuyo!

    Y él seguía penetrándome rápido, yo sólo gemía y me vino a la mente subirme a ese pene. Lo hice detener y le dije:

    Yo: Tírate en la cama

    Cuando estaba en la cama, me subí y me metí toda esa verga y empecé a cabalgar. Me cogió de las nalgas de una manera tan rica que aceleré y sentía su pene bien caliente en mi interior y me excitaba, sólo atinaba a decir:

    Yo: Que ricooo! Soy tu puta y hazme lo que quieras!

    Lo excitó más y se quería venir:

    El: Me vengo.

    Yo: Dame tu leche en mi boca, quiero probarla.

    Sacó su pene y me la metió en la boca y sentí todo su semen en la boca, tenía un rico sabor. Él pensaba que lo iba a botar, pero me lo tragué todo y tenía ganas de más y le seguía chupando hasta sacar la última gota.

    Cuando terminamos, nos fuimos al baño para asearnos y aproveché para darle besitos a su pene.

    Me vestí y solo quería hacerlo con él.

    Me despedí e intercambiarnos números, desde ese momento no dejo de mandarle fotos de mi culito en hilo dental, en varias poses.

    Muchas gracias por su atención!