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  • Me convierto por una noche en la puta de mi hermano

    Me convierto por una noche en la puta de mi hermano

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    Relato

    Me convierto por una noche en la puta de mi hermano. La frase, cruda y afilada, resuena con ecos de tabú, pero en mi corazón late una explicación que, al menos para mí, teje un hilo de lógica en un tapiz de deseos cruzados. Hace un par de meses, mi hermano Álex y yo cruzamos una línea prohibida. Desde entonces, mantenemos relaciones sexuales más allá de lo fraternal. Nuestros encuentros, clandestinos y ardientes, se deslizan entre las grietas de la rutina.

    Pero entonces apareció Sergio, mi actual novio, un torbellino que irrumpió en nuestras vidas, y nos llevó a los tres a un baile prohibido, un trío que elevó los límites del placer. Desde entonces, mi cuerpo se ha convertido en un puente entre dos mundos, el de Álex, con su intensidad visceral, como un fuego que quema desde dentro; y el de Sergio, con una seguridad magnética que me atrae como un imán. A veces, los tres follábamos en casa de Sergio, un escenario donde el deseo se desborda sin restricciones. Pero en las últimas semanas, un viento frío de discordia ha comenzado a colarse entre ellos.

    Ninguno lo admite, pero los celos, como sombras alargadas, se proyectan en los gestos, en los silencios. Yo, en el epicentro de este huracán emocional, no hago distinciones. Mi entrega es absoluta, mi piel un lienzo imparcial donde ambos dejan sus marcas. Sin embargo, algo susurraba en el aire que Álex era la nota desafinada en esta melodía, el elemento que amenazaba con romper el equilibrio.

    Álex, a sus 24 años, lleva en su rostro la rebeldía de quien conoce mis secretos más oscuros. Yo, con 22, me muevo entre la audacia y la fragilidad, atrapada en un juego que yo misma he ayudado a crear. En casa de nuestros padres, por las mañanas cuando trabajan, Álex y yo follábamos en este espacio donde el deseo se desata sin preguntas ni culpas. Pero mi vida comenzó a inclinarse hacia Sergio, hacia su hogar, donde las noches se alargan y el amanecer me reclama para él. Allí, entre sus brazos, el ritual que antes compartía con Álex se desvanece en la distancia.

    Mi hermano no comprende que no puedo partirme en dos, que mi alma no se divide como un trozo de pan. Alguien, siempre, queda con menos. Y en este juego de equilibrios imposibles, la fricción entre ellos crece como una sombra que amenaza con engullirnos. Así que, en la quietud de las noches, tejo mi plan con hilos de ingenio en un tablero donde cada movimiento cuenta. Cada decisión es un paso en la cuerda floja, un intento de apaciguar los celos que rugen en silencio. Pero en el fondo, sé que este misterio no se resolverá con facilidad. ¿Hasta cuándo podré danzar entre dos fuegos sin quemarme? La respuesta, como tantas cosas en esta historia, se pierde en la bruma de lo que aún no me atrevo a nombrar.

    Sergio, empresario a sus 29 años, puede permitirse un bonito chalet individual a las afueras de Tarragona, en un barrio plagado de pijos, donde se alza como un oasis de calma. Por las noches, el silencio reina, roto apenas por el ronroneo lejano de algún coche perdido, buscando su camino en el laberinto de calles dormidas. Aquí, la privacidad es un lienzo en blanco, un espacio donde nuestra pasión pinta sus colores más vibrantes.

    Sin embargo, cuando Sergio se ausenta por negocios, la soledad se cuela en las sábanas frías de su cama. Su ausencia pesa como una losa, y mi cuerpo, inquieto, anhela la intensidad de un encuentro que sacuda el alma. Hace tiempo que soy incapaz de dormir sin una buena ración de sexo.

    Es entonces cuando mi hermano se convierte en cómplice de noches furtivas, y llena este vacío. Nos entregamos al deseo con una urgencia que desafía el tiempo, como si el mundo contuviera el aliento, con una furia que amenaza con desbordar los confines de la carne. Cada roce, cada susurro, es una chispa que amenaza con incendiarlo todo. Mis gemidos, contenidos tras el balcón cerrado, podrían despertar a la urbanización entera si no fuéramos cautelosos, resonando como un vendaval en la quietud de la noche.

    Cuando la pasión se aquieta y el sudor se enfría sobre la piel, abro el balcón y salgo a respirar aire limpio. La brisa nocturna se desliza como un susurro fresco, envolviéndome en su caricia. Enciendo un cigarrillo y el humo asciende, danzando en volutas perezosas. En esos instantes, mi mente se libera, flotando en una paz efímera, como si el universo entero se detuviera para contemplarme.

    La última noche de agosto de 2024, algo rompió la magia de nuestro ritual. Álex estaba conmigo, y un presagio flotaba en el aire, traído por una brisa inquieta. Los eventos que siguieron, inesperados, trastocaron mi mundo.

    Tras la cena, subí al dormitorio, dejando a Álex absorto en el final de una película. Me preparé para nuestro encuentro sexual, un rito que agota los sentidos y apacigua el corazón. Pero Álex tardaba, y la tentación de un cigarrillo me llevó al balcón. La noche se desplegaba sobre la costa como un manto de terciopelo, con una brisa salada que trepaba hasta mí. Allí, desnuda y con el cigarrillo entre los dedos, me entregué al abrazo fresco de la oscuridad, de espaldas a la calle, confiada en que la hora y el lugar me protegían de miradas indiscretas.

    Estaba sumida en ese trance cuando Álex apareció, se tendió en la cama como un náufrago en la orilla, las sábanas revueltas como dunas tras una tempestad. Sus ojos, brillando con picardía bajo la luz ámbar de la lámpara, me recorrieron con deleite. Su voz, teñida de un tono juguetón, cortó el silencio.

    —A media luz, bajo el telón de la noche y el cigarrillo entre los labios — dijo, su sonrisa danzando en la penumbra—, pareces la reina de un burdel de sueños, soberana de deseos que nadie osa nombrar.

    Reí, sorprendida por su audacia poética, y di una calada profunda, dejando que el humo se elevara hacia un cielo cuajado de estrellas.

    —¿Y cuánto pagarías por una noche con la reina del burdel? —pregunté, mi voz teñida de provocación y coquetería.

    —Cualquier suma sería un derroche —bromeó, su risa llenando el aire como un eco cálido—. Siempre me robas el alma sin pedirme una moneda. Pero seré generoso: veinte euros si te tocas para mí.

    No necesitaba su dinero, pero el reto encendió una chispa en mi sangre. Cambié el cigarrillo a la mano izquierda, y con la derecha tracé un sendero lento por la curva de mis pechos, moviéndome con la languidez de una cortesana de otro tiempo. Mis dedos danzaron sobre la piel, pellizcando los pezones con delicadeza, despertando sensaciones prohibidas, mientras exhalaba volutas de humo hacia la bóveda celeste, el rostro alzado como en un sacrificio a los dioses.

    —¿Es suficiente para ganarme la recompensa? —pregunté, con una sonrisa cargada de malicia.

    Álex negó con la cabeza, sus ojos exigiendo más. Arrojé el cigarrillo al vacío, y mis manos, ahora libres, descendieron por mi cuerpo, explorando con deliberada lentitud, trazando un camino ardiente hasta el umbral de mi deseo. Apoyada en la barandilla, con los muslos entreabiertos, jugué con la promesa de lo prohibido, dejando que la brisa marina se enredara en mi piel. Pero pronto detuve el espectáculo, mirándolo con fingida severidad.

    —Las reinas no se entregan tan fácilmente —dije, guiñándole un ojo—. Si quieres más, sube la apuesta.

    Su risa resonó, vibrante y juguetona, pero no cedió.

    —No tiene sentido pagar por lo que ya es mío — replicó, su tono burlón encendiendo el juego.

    Fingí indignación, riendo, y corrí descalza hacia la cocina, donde la penumbra me envolvió como una aliada. Abrí el frigorífico, y la luz fría perfiló mi silueta mientras tomaba una botella de agua helada. Bebí con avidez, dejando que el frescor apagara el calor que aún latía en mi cuerpo, y deslicé la botella por la nuca, contemplando las luces lejanas que titilaban en la costa, como faros de un mundo distante.

    Entonces, un movimiento en la calle capturó mi atención. Entre las sombras, un perro grande correteaba, su silueta difuminada por la noche. Mi corazón, siempre blando ante los animales, se detuvo a observarlo. Pero algo en su danza errática me inquietó. Un perro así no vagaba solo a esas horas. Mis ojos escrutaron la oscuridad hasta dar con una figura inmóvil, sentada en un banco al otro lado de la calle. Un coche pasó, y sus faros rasgaron la penumbra, revelando a un joven flaco, casi espectral, con la mirada fija en el balcón.

    Un escalofrío me recorrió, no de temor, sino de un instinto antiguo, visceral. ¿Quién era aquel extraño, anclado en la noche como un guardián silencioso? ¿Por qué había elegido ese banco, ese instante, para detenerse? Cuando se alzó sobre el respaldo, tambaleándose como un equilibrista, su mirada buscándome en la penumbra, lo entendí. Era un voyeur, un ladrón de instantes, atraído por mi figura desnuda recortada contra la luz del dormitorio.

    En lugar de retroceder, una chispa de desafío se encendió en mí. Mi mano derecha descendió, trazando con los dedos círculos lentos y deliberados, encontrando el calor de mi deseo. El orgasmo llegó como una ola, rápida y salvaje, y me dejé llevar, gimiendo en un susurro que la noche se llevó consigo. Fue un éxtasis íntimo, un secreto compartido con la oscuridad y aquel desconocido que, sin saberlo, había sido mi cómplice.

    Con el deseo aún latiendo, dejé el celular grabando al curioso desde la ventana y regresé al dormitorio, donde Álex aguardaba, ajeno a mi aventura.

    —Hoy es tu noche de suerte —dije, con una voz que destilaba miel y promesas—. Tengo una oferta irresistible para mis mejores clientes. Mi cuerpo, y todo lo que quieras hacer con él, será tuyo por un euro más. Los veinte de antes ya me los gané.

    Mi hermano sonrió, como un niño travieso, y asintió. Tomé una silla, la coloqué a mi derecha, y subí la pierna flexionada, apoyando el pie en el asiento. Con la espalda ligeramente arqueada contra la barandilla, dejé que la melena cayera sobre el vacío. Las manos danzaron sobre mi cuerpo, una en los pechos, la otra entre los muslos, trazando senderos de fuego, mientras procuraba que el desconocido viera solo lo justo, dejando que su imaginación volara. Los primeros gemidos escaparon al rozar el clítoris, intensos como el eco de un canto prohibido. Lo invité al balcón con un susurro sensual.

    —Ven conmigo — dije, mi voz aterciopelada—. Esta noche me siento traviesa, y quiero que me folles bajo las estrellas.

    Él, raramente tan osado como yo, aceptó el reto. Bajé la pierna, alcé los brazos y entrelacé los dedos en su nuca, sellando un candado que no cedería.

    Nos fundimos en un beso ardiente, los labios abrasándose, las lenguas danzando como llamas. Mi mano derecha, ahora impaciente, recorrió su torso hasta encontrar lo que buscaba palpitante entre sus piernas.

    —Quiero que lo hagas desde atrás — susurré, con una dulzura que escondía un incendio—. Quiero que el mundo sea testigo de mi placer.

    Lo empujé suavemente, me puse en cuclillas y envolví su miembro con la boca, solo lo suficiente para avivar su deseo. Cuando su mano aferró mi melena, tirando con firmeza, supe que estaba listo. Me alzó, me giró y, con un movimiento preciso, abrió mis piernas. Aferrada a la barandilla, con los brazos extendidos como alas, lancé un grito ahogado de dicha al sentirlo dentro de mí. Mis ojos buscaron al desconocido, testigo silencioso de mi gozo, desafiándolo en silencio mientras Álex, con furia sagrada, me follaba y el placer me consumía.

    —¡Por tu santa madre, dame más! —supliqué, mi voz un lamento que cruzó la calle.

    —Nunca un euro dio para tanto —bromeó Álex, su risa entremezclada con jadeos.

    Reí, divertida, justo antes de que el clímax me alcanzara como un sunami. Agité la melena al viento, mi espalda contra su pecho, mi nuca en su hombro, mientras el placer me inundaba hasta rebosar por la cara interna de los muslos. Exhausta, tragué bocanadas de aire fresco, sin apartar la vista del desconocido, mordiéndome el labio inferior. En la penumbra, intuí el movimiento de su brazo en el pantalón, un reflejo de mi propio desenfreno. Le lancé un grito mudo, suplicando que aguardara porque la noche escondía nuevos secretos.

    —Dame ahora por el culo, te lo suplico — susurré, mi voz un ruego íntimo —. Pero empieza de ese modo que tanto me gusta.

    Uno de mis vicios inconfesables, posiblemente el más íntimo, es notar cómo se abre camino el glande dilatando el ano, repetidamente, cuando entra y cuando sale.

    Álex obedeció, diez o doce veces, con una cadencia que me habría al éxtasis. Mientras tanto, mis dedos, ágiles como los de un guitarrista, buscaban el clímax estimulando el clítoris. Y cuando llegó, tras sodomizarme durante unos pocos minutos, fue como una marea que lo arrasó todo. El mundo se desvaneció, dejando solo el eco de mi respiración y la brisa que acariciaba mi piel empapada. El desconocido, cómplice silencioso, fue testigo de mi rendición, y yo, soberana de aquel burdel imaginario, reinaba sobre su deseo y el de mi fiel amante.

    Con el sigilo de un felino que se desliza entre sombras, con picardía, me aparté de mi hermano, consciente de que había incumplido mi parte del trato. Una chispa juguetona danzaba en mi interior, urdiendo la travesura de hacerlo rabiar una vez más. Apenas había dado un par de pasos, sintiendo el suelo frío bajo mis pies, cuando su mano, firme como un lazo de acero, atrapó mi antebrazo. Con un movimiento tan súbito como el aleteo de un halcón, me alzó en el aire, ligera como una pluma, y me depositó sobre el borde afilado de la barandilla, donde el metal helado se clavó en mi carne.

    —No te has ganado el último céntimo —gruñó, su voz un murmullo ronco cargado de reproche, mientras mis manos, en un acto instintivo, se aferraban a la cálida curva de su nuca, temiendo perder el equilibrio y caer al vacío—. No creas que me dejo timar tan fácilmente —añadió.

    Como un corcel desbocado que rompe las riendas, abrió mis muslos de par en par, y me la metió en el coño como un aguijonazo ardiente. Me dejé llevar, rendida al torbellino de sensaciones, hasta que Álex, con un ímpetu que parecía desbordar los confines de la realidad, se corrió reclamando su victoria, inundándolo todo con una corriente cálida que se mezclaba con la mía. Por un instante, permanecimos entrelazados, suspendidos en el tiempo, con su verga aún palpitante en mi interior, mientras nuestras esencias se fundían en un abrazo efímero pero eterno.

    Finalmente, con un movimiento lento, casi ceremonial, corrí las cortinas, dejando que el tejido suave rozara mis dedos temblorosos. A través de una rendija, mis ojos se asomaron al exterior, donde la penumbra envolvía el mundo en un velo de misterio. Allí, bajo la luz difusa de farolas lejanas, vi al desconocido alejarse, su silueta desvaneciéndose en la noche como un espejismo. Mi corazón latía con una dicha desbordante, anhelando ya la llegada de la próxima velada, que le pertenecería solo a él. Lo había decidido en ese instante, pero aún debía buscar, en lo más profundo de mi alma, el atrevimiento necesario para hacer realidad ese deseo.

    De algún modo lo hallé, al reproducir los breves fragmentos de vídeo que mi teléfono había capturado. Lo hice cuando mi hermano dormía, sentada frente a la pantalla del ordenador, con la habitación envuelta en un silencio expectante. Entonces, con un programa básico pero efectivo, manipulé ajustes y filtros, luchando contra la oscuridad de las imágenes hasta que, finalmente, emergieron con una claridad casi mágica. Lo que mis ojos contemplaron me dejó sin aliento.

    La moraleja del cuento es que, aquella noche, bajo el manto estrellado, descubrí una verdad electrizante: la excitación de sentirme observada mientras me entrego al placer. No era comparable a esos momentos compartidos con dos o más amantes, cuando unos contemplan mientras otro me colma de placer. Aquello no guarda misterio alguno, aunque su intensidad es innegable. Pero esto, esto era un secreto nuevo, un fuego que ardía en mi interior con una fuerza que debo aprender a nombrar.

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  • Una pérdida que no tiene sentido

    Una pérdida que no tiene sentido

    Que inaudito pensar que has perdido la razón,

    que me has dejado enfrascado entre mis pensamientos

    y que has contribuido a que mi vida se vaya poco a poco marchitando.

    Es cruel creer que luego de tanto tiempo en el que tu amor, tu sexo y tu alma

    se complementaban con mi cuerpo.

    Cómo han acabado los perfectos besos a tus labios de rubí en llama,

    y cómo es posible que el perfecto amor y la perfecta fantasía que habíamos cultivado,

    simplemente hayan sufrido su fin.

    Tú, cristal de mis preferencias, espejo de mis virtudes y dolencia de mi corazón.

    Sé que se han acabado las caricias y que las dulces voces que antes me cobijaban mientras hacíamos el amor, no son más que dolorosas penas que se han marchado… que ya no son más que simples gritos de pánico que rondan por mi cabeza.

    He creído que lo más dulce fue siempre poder amarte a ti, poder poseerte, poderte hacer mía, tirarte a un lecho bañado en pétalos de rosas y hacerte el amor a costa del tiempo.

    Hoy me doy cuenta, fatigado y sólo, tirado y triste, condenado y loco, que no soy más que uno más… y tú, inaudito, sólo una más, una cualquiera.

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  • Me pagaron una deuda, con una mujer (7): Sacrificio anal

    Me pagaron una deuda, con una mujer (7): Sacrificio anal

    La cena era tensa, pero las chicas estaban haciendo un esfuerzo evidente por agradarme. Me habían preparado mi plato favorito, pollo al horno con papas, y habían agregado salsas y condimentos especiales. Ana era la más nerviosa de todas, hablando y comentando para que yo pudiera participar en la conversación. Las dos me miraban de reojo mientras comían, como si estuvieran esperando mi aprobación o mi reacción. Me sentí un poco como el centro de atención, pero al mismo tiempo, me gustó el esfuerzo que estaban haciendo por hacerme sentir bien.

    Después de la cena, decidí no prolongar más la espera y les pedí que nos dirigiéramos al living, donde podríamos estar más cómodos para discutir el tema que nos ocupaba. Quería poner fin al suspenso y saber qué pasaría con Maite. Las chicas parecían estar conteniendo la respiración, ansiosas por conocer mi decisión. Al cambiar de habitación, el ambiente se volvió un poco más relajado, pero la tensión seguía siendo palpable.

    Esteban: antes que nada Maite, quiero darte la bienvenida. Aquí tendrás techo, comida y una cama para dormir.

    Maite: Gracias Sr. Esteban.

    Esteban: en cuanto a ser mi sumisa, no puedo aceptar.

    Inmediatamente los ojos de Maite se llenaron de lágrimas, y me miraban a mí y a su prima. Ana parecía confundida y su mirada muy triste. Se arrodillo a mi lado, y casi al borde de las lágrimas me dijo.

    Ana: Amo perdón se que me he pasado y extralimitado, pero por favor reconsidérelo.- una lágrima corría por su mejilla mientras me suplicaba.

    Tome aire y me hice de nuevo de paciencia.

    Esteban: la verdad que si, te has portado muy mal, me has manipulado y ahora no me has dejado terminar de hablar.- dije levantando un poco la voz, ella agacho la cabeza y se quedo en espera, como para recibir el castigo. – mi sumisa se ha portado mal, y no se lo puedo conceder.- Maite lloraba pero no decía nada, veía como también corría las lágrimas de Ana.- En cambio a mi mujer si le puedo conceder esa petición. Así que te pregunto, ¿estas dispuesta a ser la sumisa de Ana y mía?

    Ambas intentaron procesar lo que les había dicho. Maite inmediatamente se puso de rodillas.

    Maite: Amo y Ama yo juro que les serviré y nunca tendrán quejas de mí. – hizo la promesa levantado la mano y todo.

    Ana en cambio todavía no asimilaba mis palabras, la había tratado como mi mujer. Ella secándose las lágrimas se abalanzo sobre mí abrazándome, pero en realidad brotaban más lágrimas de sus ojos y me daban tiernos besitos por la cara.

    Ana: cariño te amo, después castígame como quieras te amo demasiado.- Maite se levantó llorando también y se abrazo a mis pies, Ana al ver esto la levantó, y nos abrazamos los tres juntos.

    Esteban: Maite quiero que esta noche descanses bien en la habitación de huéspedes, esta noche tengo que castigar duramente a mi mujer.

    Maite: si amo.- la miro a Ana como interrogándola y esta con un gesto la tranquilizo.

    Nos ocupamos de que Maite estuviera cómoda en su habitación. Después nos confesaría que nunca había dormido en un cuarto tan lindo, ni en una cama tan cómoda. Yo fui al baño y cuando salí tenía a Ana desnuda en cuatro patas esperando sobre la cama.

    Esteban: ¿y esto?

    Ana: su esclava está lista para su castigo.

    Esteban: Sabes que has hecho mal.- camine alrededor de ella y descargue un golpe en su culo.- Has sido tan desobediente que debería tomar a Maite como mi mujer y a ti como nuestra sumisa. ¿Qué opinas?

    Ana: me dolería pero lo aceptaría.- otro golpe en su culo, vi su cara y realmente estaba convencida de que no lo haría.- si es lo que al amo le complace lo aceptaré.

    Di otro azote, veía por el espejo que ni ella se lo creía, pase mi dedo por su vagina y estaba empapada.

    Esteban: eres una zorra manipuladora y creída.

    Ana: se que me ama mi señor, y lo agradezco, prometo no defraudarlo más. – otra nalgada.- Yo también lo amo, y aunque no lo crea este castigo lo recibo feliz, hoy me ha reunido de nuevo con un ser que adoro, y encima me ha aceptado como su mujer.

    Esteban: hoy estoy castigando a mi sumisa, no ha mi mujer.- otro azote y su vulva estaba brillante de flujos.

    Fui al closet y tome un cinturón ancho, lo ate a su cuello y tire de él, ella arqueo su espalda y saco más cola, ante esta nueva perspectiva la penetre sin pensarlo, con la lubricación que tenia se deslizó toda adentro. Me encantó estaba apretado y húmedo, sostuve fuertemente el cinturón, sin llegar a pasarme y ahorcarla, mientras que con mi mano libre seguía nalgueándola. Las penetraciones eran muy profundas, tomé mi mano libre y junte los jugos qué salían entre nuestros sexos, y embadurne su ano. Saque mi pene, y escupí en su ano, puse el glande en la entrada de su orificio y fui penetrando sus tripas firmemente, la veía en el espejo y estaba colorada, jadeando y aguantando el dolor. Este era su castigo y yo pensaba disfrutarlo.

    Esteban: aguanta puta.

    Ella respiraba por la boca, era consciente que no debía tirar demasiado el cinturón, no quería pasarme. Empecé a bombear dentro de ella, no quería dejar que se acostumbrará, la metía profundamente. Mis huevos golpeaban contra su vulva, y ya estaban empapados, subí uno de mis pies a la cama buscando más profundidad.

    Estaban: no puedes acabar mi putita antes que tu amo.- ella no podía ni hablar.

    Creo que nunca había sido tan rudo con ella, mis penetraciones eran bestiales, las nalgadas, más estrangularla con el cinturón. Me provocó un morbo enorme. No pude más y regué sus tripas, abundantemente pese a que Maite me hizo acabar hace un par de horas. Ella al sentir mi semen se dejó ir. Cayó desmayada y con contracciones en su cuerpo, otra vez había tenido esta reacción, pero esta vez fue más fuerte.

    Ella se despertó un par de minutos después, me apiade de ella, me había pasado tenia la marca del cinturón en su cuello, y estuvo casi tres minutos desmallada. Al despertarse yo estaba encima de ella, me provoco tal alegría que empecé a besarla por toda la cara.

    Esteban: ¿Cariño como estas, estas bien?

    Ana: ha sido el orgasmo más extremo que he tenido, creí que me moría del gusto. Pero cariño.- ella notaba cuando le estaba hablando a mi sumisa y cuando lo hacia a mi mujer, no era tonta.- tendrás que comprar más crema por que me volviste a romper la cola.

    La lleve al baño y comprobé el pequeño desgarro, higienice bien la zona con un jabón neutro, ya en la habitación la puse en cuatro y coloque la crema en la zona, con todo el cariño que podía, al terminar di un pequeño besito en cada una de sus rojas nalgas. No fui tan profesional, Ana cuando se dio vuelta para acostarse vio mi erección.

    Ana: ven aquí amor.- dijo abriendo las piernas. – deja que sea tu mujer la te agradezca lo que has hecho por ella.

    Me subí encima de ella, nuestras bocas se buscaron y apresuraron por demostrarse afecto, estábamos en la posición del misionero, mi pené quedo en la entrada de su vagina y daba pequeños cabezazos sin entrar al todo, era bastante placentero, pero a Ana la desesperaba.

    Ana: no seas malo, dámelo.

    Un movimiento de caderas de ella logro que su vagina se comiera la mitad de mi pene, y con sus piernas hizo una tenaza aprisionándome. No paramos en ingeniería momento de besarnos, estábamos haciendo el amor, y la diferencia era notoria. Ella levantaba la cadera para que el contacto entre nuestros sexos fuera mayor. Pocos minutos después ambos acabamos con un dulce orgasmo diciéndonos al oído cuanto nos amábamos.

    Me levanté y encontré a Ana y Maite en la cocina, con un desayuno espectacular preparado para mí. Ambas se veían muy alegres y contentas, y era evidente que Ana le había contado todo lo que había pasado la noche anterior. Maite me miraba de reojo con una sonrisa pícara, lo que me hizo sentir un poco intrigado. Desayunamos juntos, riendo y charlando, y aproveché para conocer un poco más sobre Maite, preguntándole sobre sus intereses y hobbies. También hablamos sobre los planes para los próximos días, y Ana había decidido tomarse unos días libres para ayudar a Maite a adaptarse y resolver el tema con la policía.

    El día en el trabajo pasó rápidamente entre tareas y pensamientos sobre la noche anterior con las chicas. Les comuniqué a las chicas de administración que Ana no podría ir debido a problemas personales y más tarde me enteré que le escribieron para ofrecerle su apoyo. La mañana fue productiva, pero la tarde se complicó con una llamada de Raúl sobre problemas con la investigación.

    La llamada de Raúl me trajo noticias preocupantes. Habían interceptado una comunicación del Gordo Tony y habían descubierto que alguien en el gobierno o en un puesto clave de poder estaba protegiendo a su organización. Esto significaba que la investigación se iba a complicar aún más, lo que no me beneficiaba en absoluto. La posibilidad de que Ana se quedara en mi casa se volvía cada vez más incierta, y yo empezaba a preocuparme por las posibles consecuencias para mí y para mi nueva familia.

    La situación se estaba volviendo cada vez más complicada y peligrosa. No iba a permitir que Juan Carlos se llevara a Ana, pero eso podría significar un conflicto con la banda del Gordo Tony. Raúl compartía mis preocupaciones y había mencionado que el juez y el fiscal estaban considerando extender los plazos de la investigación, lo que podría poner en riesgo nuestras vidas y permitir que el Gordo Tony y Juan Carlos escaparan. Si eso sucediera, podrían atacarnos o investigar y descubrir que fui yo quien proporcionó la información a la policía. Era un riesgo que debíamos manejar con cuidado.

    La propuesta de Raúl era filtrar la información de que Juan Carlos estaba siendo investigado, lo que haría que el Gordo Tony se pusiera en contacto con su contacto en el gobierno para verificar la situación. De esta forma, podríamos obtener información valiosa sobre la persona que los estaba protegiendo. Era un plan arriesgado, pero parecía ser la única opción viable en ese momento. El riesgo era grande.

    Regresé a casa y pusimos el plan en marcha con Raúl. Maite estaba presente, pero Raúl no preguntó nada, solo me miró con una sonrisa y sacudió la cabeza. Decidimos qué iba a decir Ana y lo ensayó varias veces para que sonara asustada pero no demasiado.

    Luego, Ana llamó a Juan Carlos y se comportó según lo planeado, contándole que dos policías habían estado preguntando sobre él y sus actividades. Juan Carlos se mantuvo calmado y cortés, pero Ana logró transmitir la información que necesitábamos. Ana también mencionó a la policía que se había mudado a mi casa para trabajar como empleada doméstica por un tiempo. Juan Carlos le agradeció a Ana. Luego me paso el teléfono a mi, este me pregunto si sabía algo más a lo que respondí que no. Que apenas había pasado esto nos comunicamos con él. Se despidió y dijo que no me preocupe, él se encargaría de todo, y se despidió hasta la semana que vine, fecha en la que debía entregar a Ana.

    Raúl se fue para monitorear todo. Las chicas prepararon todo para comer, les llevé comida a los policías que estaban afuera. La cena fue un momento de distensión después de la tensión del día cenamos los tres juntos. Intenté aligerar el ambiente contando historias divertidas sobre Ana y su trabajo, lo que la hizo reír y relajarse un poco. Maite también se alegró cuando le ofrecí la posibilidad de trabajar con nosotros una vez que se acostumbrara a la ciudad. Fue un momento agradable y cálido, y pude ver que esta se estaba sintiendo más cómodas y segura en mi casa.

    Yo me fui a la oficina para terminar algunas cosas en la computadora, mientras las chicas se quedaban limpiando, se las escuchaba charlar y reír, la verdad es que Ana y Maite se llevaban genial y se las veía muy alegre a las dos. Después de un rato Ana entro a la oficina con un café.

    Esteban: Como esta Maite, le gusta, se siente bien.

    Ana: Amor este es un palacio en comparación a la prisión donde estaba.- yo sonreí, la verdad quería que se sintiera cómoda, mi mujer me empezó a acariciar el brazo.- Cariño y cuando podemos hacer uso de nuestra sumisa.

    Esteban: Ya la quieres usar putita, ja ja.

    Ana: es muy importante que el amo use a su esclava, sino puede pensar que no le gusta.- dijo dándome un beso en el cuello.- aparte esa puta hace rato que no la tocan, anoche ha estado muy caliente escuchándonos, tanto es así que pensó que tu me habías matado por los gritos que pegaba.

    Esteban: No serás que tú la quieres usar.

    Ana: También Amo, pero lo importante es que usted la use primero y la someta, como hizo conmigo la primera veces, y no he de negar que yo también voy a participar, pero mi rol será secundario. Cariño te esperamos en la habitación, tengo muchas sorpresas para ti.

    Cuando llegue a la habitación estaban las dos en ropa interior, Maite tenía puesto un conjunto de encaje rojo de su prima, sus tetas desbordaban el corpiño, y se podían ver sus pezones entre la transparencia, tenía un tanga también de encaje y medias de red hasta medio muslo, Ana estaba vestida muy similar pero con un conjunto más sencillo, quería que su prima resultará, las dos se habían maquillado un poco, Ana había aprendido mucho de sus compañeras en este corto periodo de tiempo. Las dos estaban hermosas, y eran bellezas completamente diferentes.

    Maite: Amo así le gusto, me vestí así para usted.- Lo dijo suavemente, y buscando ser seductora, no se si lo consiguió, lo que si es que fue muy inocente y dulce.

    Mi pene dio un respingo al sentirla hablar así, ya estaba erecto de escuchar y mirar nada más. Mi mujer auspiciaba de actriz secundaria. Me acerque a Maite, la observe de arriba abajo, di una vuelta alrededor de ella, pasaba mi mano suavemente por su cuerpo, apenas rozando. Me pare enfrente de ella, y me quede mirándola, inmediatamente ella bajo la mirada.

    Recorrí con mi mano su cara, cuello, metí mis dedos entre su cabello negro que estaba recogido en una coleta y tome de ella y la tire bruscamente lo que hizo que mi cara y la suya quedaran a centímetros, pase mi lengua sobre sus labios ella intento abrir la boca pero me separe, lamí sus pómulos, tire más de su pelo y ataque su cuello que me quedaba a tiro. Mientras una de mis manos bajo y apretó su nalga, para rematar la golpee, para comprobar su firmeza, estaba un poco blanda y falta de carne pero pensaba solucionarlo.

    Esteban: A ver las tetas de mi nueva puta.

    Ana inmediatamente desabro su corpiño y dejo sus tetas al aire, eran redondas, pesadas, y se sentían al tacto eran suaves y calentitas, yo las amasaba con ambas manos, y terminaba rematando pellizcando sus pezones. Tome la derecha con ambas manos y la dirigí a mi boca, lamiéndolas y chupando su pezón.

    Con mi lengua marque un rastras a su cuello y seguí chupando, hice una seña a Ana que entendió en el acto, ella bajo el tanga de su prima y se puso a sus espalda, metió desde atrás la mano entre sus piernas y empezó a frotar su vulva, mientras daba besitos en su espalda. La atacamos a dos frentes, yo rudo y mi mujer más suave. Un par de segundos después Ana saco dos dedos llenos de flujo y me los mostros, y se los llevo a la boca, parecía que chupaba un pene y eran sus dedos, se acerco a mi y me beso, pude sentir por primera vez el gusto de Maite en la saliva de Ana.

    Esteban: A la cama, en cuatro.- y le di una fuerte nalgada.

    Maite obedeció casi en el acto, ahí pude observar que su vulva estaba húmeda, y el agujero de su ano, era evidente que no era virgen, pero aun así no estaba muy abierto. Embadurne mi pene en su vagina buscando humedecerlo, mientras Ana se había colocado a un costado y acariciaba con una mano el muslo y las nalgas de su prima y con la otra apretaba uno de sus pechos. No quise demorar más y de un golpe de cadera metí todo mi pene en su interior, dejo escapar un gemido largo, mire a Ana y creo que estaba tan caliente como su prima.

    Esteban: Amor tu también disfruta de tu puta.

    Ella tomo la cara de Maite y se fundieron en un beso, yo empecé a apurar el ritmo y cada tanto se me escapaba una nalgada, Ana metió una mano por debajo y alcanzo el clítoris de su prima, y empezó a masajearlo de forma circular, mi mujer se enderezo para lograr mejor contacto y yo puse dos dedos en su boca, estas los chupo muy bien y los dejo lubricados, yo aproveche esto y empecé a jugar con la entrada de su ano, a Maite parece que le gusto por que sus gemidos se acrecentaron, cuando vi que el orgasmo era inminente metió dos dedos de golpe en su recto. Fue como encender un interruptor de luz, su orgasmo fue inmediato, y su ano y vagina se contrajeron fuertemente.

    Su vagina se cerró después de esto, mientras su ano se abría y cerraba con cada respiración de ella.

    Ana: Mi amor tengo esto para ti.- me puso en la mano crema de la que usábamos para practicar sexo anal.

    Esteban: Ve el cabecero de la cama cariño.- unté bastante el ano con la crema y me dirigí a Maite.- como le vas a agradecer a tu Ama.

    Maite entendió, Ana se coloco cerca de ella con las piernas abiertas, y su prima se dirigió directamente a su vulva, corrió el tanga a un lado y ataco con su lengua. Se notaba en la cara de Ana que lo estaba disfrutando. A mi se me antojo probar aquello, primero dirigí mi lengua a su ano y lo pase con esmero, luego visite su vagina y recorrí sus labios.

    Ana disfrutaba enormemente con todo esto, yo con mi pene seguía masturbando su vulva, aunque el agujero de su vagina estaba bastante cerrado después de acabar, esto era algo habitual en Maite tenia que esperar un poco para poder volver a usarla, por lo tanto que mejor que cambiar de agujero e ir por su ano, seguí frotándome pero mis dedos penetraban sin cesar su ano, un par de minutos después Ana estaba como poseída con la cabeza echada para atrás y sosteniendo con ambas manos la cabeza de su prima contra su sexo. Maite no estaba mejor su sexo estaba chorreando y muy calentito, mientras su ano ya admitían tres dedos sin problemas.

    Esteban: Ahora se viene lo bueno.

    Puse mi glande en la entrada de su ano, y fui empujando lenta pero firmemente, no pare hasta que entro toda, Maite aulló de gusto y dolor, yo me quede un par de segundos quietos, cuando ella se acostumbro volvió a esmerarse en la vagina de su prima, un par de segundos después Ana estaba donde la habían dejado, y yo empezaba a moverme aumentando el ritmo progresivamente dentro de Maite.

    Yo baje mi mano y empecé a recorrer suavemente su vulva, mientras su ano era bombeado ya fuertemente, ella debía cada tanto dejar de chupar la vagina de su prima buscando aire, pero el trabajo con sus manos seguía, en un momento dado Maite eligió darle pequeñas lamidas al clítoris de Ana y meterle dos dedos en su vagina y uno en su ano.

    Ana: Cariño no aguanto más, voy a acabar.

    Ana fue la primera en venirse, segundo fui yo que descargue en lo más profundo de sus tripas. Maite lo hizo al sentir mi semen dentro de ella, mis dedos en su vagina sintieron una catarata de flujos y otras contracciones tanto en su ano como en su vagina. Quedamos los tres acostados en la cama. Quedamos los tres tendidos en la cama.

    Esteban; Que te ha parecido todo Maite.

    Maite: La verdad ha sido nuevo para mí, nunca pensé que podía tener un orgasmo tan fuerte, ni que un hombre pudiera besarme en mis partes intimas y recibir placer.

    Ana: Tranquila prima, mi hombre no es así, esos días donde teníamos que aguantarnos sin un hombre que piense en nosotras y nos satisfaga han quedado atrás.

    Ella abrazo a su prima, incluso le hizo cosquillas, también bromeo con ella porque Maite se tapaba un poco su desnudes, dándole vergüenza. Ese jueguito de manos siguió por rato, Ana me miraba y yo vi en sus ojos que me pedía permiso, yo asentí con la cabeza y le lance un besito, ella entendió.

    Y agarro a su prima y se subió arriba de ella comiéndole la boca, parecían pulpos su manos iban de un lado a otro acariciando todo su cuerpo, ambas estaban enfrascadas en una batalla sexual, vi a Maite jadeando con la boca abierta mirándome fijamente mientras Ana besaba su cuello y metía dos dedos en su vagina, fueron moviéndose, siempre siguiendo con sus caricias y besos, hasta terminar en un 69, yo ya no podía aguantar más ante tal espectáculo erótico. Me coloque atrás de Ana y pude ver como Maite tenia su lengua dentro de la vagina de su prima.

    Esteban: Voy a entrar.

    Mi mujer estaba arriba, Maite desde abajo abrió bien las nalgas para mí, quedando expuesto todo el sexo de su prima. Yo la penetre sin más, estaba bastante lubricada y entro toda en su cálida vagina. Maite seguía trabajando con su lengua toda la zona genital de ella.

    Ana: Hay cariño que gorda que la tienes, encima esta puta lo come muy bien.

    Un par de minutos bombeando y la saque, no quería acabar tan rápido, di vuelta a la cama. Ana tomo mi pene y lo dirigió a la vagina de Maite, no pensaba penetrarlas por el ano ya que lo tenían sensible y rotos. Mi mujer dirigió una de sus manos al clítoris de su prima mientras se estiro para besarme, los agujeros de estas mujeres eran completamente diferentes y únicos, aunque terriblemente placenteros.

    Volví a cambiar de mujer y así lo hice dos veces más, hasta que Maite acabo primera, mi mujer salió de arriba de su prima y me acostó en la cama, ni bien estuve en posición se monto sobre mi empalándose, de inmediato busco mi boca y nos fundimos en un largo y apasionado beso, ella movía sus caderas buscando el mayor contacto entre nuestros sexos mientras nos acariciábamos y besamos, acabamos los dos al mismo tiempo, y ahí nos dormimos los tres.

    A la mañana sentía cosquillas en mi cara, cuello y pecho, entre abrí los ojos, y a lo lejos escuchaba dos voces, amo despierte, ya es la hora, suaves besos se posaban sobre mi. El mejor despertador del mundo tengo.

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  • Economista y prosti: Viaje a Buenos Aires (2)

    Economista y prosti: Viaje a Buenos Aires (2)

    Queridos lectores:

    Esta nota debió ser la última parte de mi relato acerca de la invitación de Tib a Buenos Aires.

    Pero para no arriesgar a que quede cortada en forma desorganizada, esta será la penúltima, para poder, en la última, contarles con detalle cómo conocía a alguien que me gusta y cuya belleza admiro, y como mi último cliente en absoluto As, además de gustar de mí, me hizo una propuesta muy muy especial.

    Besos

    Nos despedimos y los gerentes se ducharon y se fueron. Yo me quedé a dormir un rato con Tibu en su cama, pues a eso de las 8 am esperaba los análisis de los tres que se habían presentado al laboratorio clínico. Yo estaba realmente agotada, pero sé que me recupero rápidamente. La triple penetración es algo agotador pero tremendamente disfrutable, sobre todo cuando hay buen entendimiento.

    Al despertarnos, jugamos unos minutos con Tib, nos bañamos y simplemente vistiendo mi abrigo, me fui a mi habitación. Tibu me hizo presente que me sintiera libre para atender a sus empleados, pues él estaba agotado luego de una noche solos y la siguiente que pasamos con Bruno y Antonio. Quedamos en un almuerzo de despedida el miércoles.

    A las 8 y 30, yo estaba desayunando y me llegó el mensaje de aprobación de los tres que se habían analizado. Estaba totalmente segura, que aunque fue aprobado, el señor que el día anterior me pidió tener relaciones porque “ya fui a sacarme sangre y va a dar bien” a lo que me negué, seguramente no se interesaría (y yo tampoco). Y así fue.

    Brevemente crucé palabras al entrar a la reunión del día con los otros dos aprobados, diciéndoles de nuestra total libertad pues Tib me dio carta blanca para horarios aunque faltáramos a la conferencia. Uno de ellos dijo que prefería dos horas o algo así después del almuerzo y llegar de vuelta al cierre de la conferencia. El otro, pidió a las 22, libre de toda limitante de trabajo.

    Pregunté:

    —¿Dos horas después del almuerzo? ¿es que no te animas a ayunar un poco? Podríamos disfrutarnos más tiempo.

    —¿Serias capaz?

    —Claro que sí, lo principal es que el cliente esté a gusto y no apurado. Te espero 20 minutos después de finalizar las disertaciones, habitación xxx, de esa manera, tengo tiempo de prepararme.

    —Allí estaré.

    Y allí ya comencé a pensar en cómo esperarlo. Mi duda era: ¿desnuda y sorprenderlo? ¿lencería de cama? ¿lencería de día con ropa elegante?

    Finalmente, luego de mucho pensarlo, decidí que si lo recibía en una habitación de hotel, y ya sabiendo a qué iba, lo mejor era recibirlo en “lencería de cama”.

    Cuando terminaron las exposiciones de la mañana, me fui velozmente, sin cruzarme con él, para vestirme tranquilamente.

    Busqué en mi maleta lo más adecuado y opté por una solución sencilla.

    Babbydoll cortito, una versión corta del camisón con el que recibí a Tib, Antonio y Bruno la noche anterior (la ventaja de tener una buena modista personal es que me lleva a la realidad todos mis diseños. Le hago dos líneas de dibujo y ya me entiende y lo hace, además de saber de mi actividad).

    Color rosa (jamás rojo, no me gusta la lencería roja, es personal pero me disgusta), transparente y con las dos aberturas verticales al frente de los senos. Corto a mitad de las nalgas, y sin nada debajo, salvo un liguero al tono, alto a la cintura, cuyas cintas verticales se prenden a dos ligas, solamente las ligas, sin medias).

    Encima, para cubrirme púdicamente al ir a abrirle la puerta, ja ja, una bata negra, opaca, larga al piso. Y tacos, claro.

    Mientras me vestía me miraba al espejo, me gustaba a mí misma y también me gustaba la sensación que sentía.

    Una sensación que aún año y medio después de comenzar esta actividad, me asalta con cada hombre nuevo.

    Vuelvo a sentir incertidumbre de si le gustaré al intimar, las mariposas parecen volar en mi estómago, algo de ansiedad me inunda, y al mismo tiempo confío en mí misma, en ser capaz de hacerlo gozar, pienso que ese desconocido me ha elegido de alguna manera y ha elegido hacerme un obsequio importantísimo… y me digo a mi misma que no lo voy a defraudar, algo que me pasa casi cada vez, no siempre, que voy a estar con “un nuevo”.

    Llamaron a la puerta de la habitación y fui a abrir, mi larga bata cerrada totalmente. Lo saludo con un beso en la mejilla. Entra y dice: —¡Al fin!

    Conversación intrascendente, sorbos de refresco que yo había pedido al room service y:

    —Pues aquí estamos Dani (lo llamaré Daniel)… me paré frente a él y fui desatando el cinturón de la bata. La dejé entreabierta pero puesta. Le desabroché la camisa y el pantalón mientras comencé a besarlo. Él mismo se quitó todo hasta quedar solamente con el bóxer. Dejé caer la bata y al momento comenzó él a besarme. Pero no sólo a besarme, refregaba su pecho contra mis tetas que parecían querer escaparse del babydoll por las aberturas del frente. Le encantaba el roce de los pezones en su pecho. Sus dos manos acariciaban mis nalgas casi diría que con desesperación.

    En un momento dejó de besarme y me susurró al oído: “tienes un culo maravilloso”, mientras me lo seguía acariciando, a veces por sobre el babydoll y a veces la piel de sus manos sobre mis nalgas.

    Quise que me mirara, habíamos estado cuerpo a cuerpo desde que me quité la bata. Me alejé un paso e hice que me mirara, mientras yo miraba su bulto en el bóxer, no muy grande aparentemente.

    Me siguió diciendo cosas lindas, acerca de mi cara, de mis tetas, mi culo lo enloquecía y me hacía ponerme de espaldas para verme. Hasta que se acercó y me quitó todo, tanto el babydoll como el liguero… ”Te deseo bien natural” dijo.

    Le bajé el bóxer y oh sorpresa… una verga corta, bastante corta, no más de unos 15 centímetros, pero… ¡OMG! ¡Que grosor! Creo que junto al chofer africano de Paul, la más gruesa de las que he visto.

    Se lo notaba excitado, ya con buena erección. Pese a ser corta, la verga impresionaba.

    “Quiero chuparte el culo” dijo mientras me pellizcaba levemente los pezones. Me puse en cuatro al borde de la cama, mi culo disponible; y vaya si lo chupó, con entusiasmo y metiéndome a veces la lengua o un dedo.

    Yo tenía al lado de la cama mi bolso (al llegar él depositó allí un sobre cuyo contenido ya imaginan ustedes), estiré la mano, busqué en el bolso y sabiendo que iba a sodomizarme, le entregué un plug anal “ponémelo y me dilata para después” le dije.

    No podía recibir su verga atrás sin dilatar perfectamente.

    Me di vuelta y comencé a chuparle y lamerle la pija, que aunque corta, es preciosa.

    Lengua y labios fueron haciendo su trabajo. También sus dedos trabajaban en mí concha que progresivamente se mojaba.

    Le ofrecí mi concha para que la lamiera, y vaya si lo hizo, lengua y dedos no faltaban. Luego nos besamos más y se dedicó a mis tetas mientras le acariciaba la verga ya lista.

    “Ponemela”… fue más bien una orden que un pedido. Me puse en cuatro y ofrecí mi ranura para que metiera su instrumento. Estaba yo totalmente mojada. No diré que no dio un poquito de trabajo que me la metiera, pero fue un placer. Y ni hablar del placer cuando comenzamos el vaivén, yo también me mocía.

    La sensación que sentía era de plenitud total, pero quería sentirlo mejor. “Sacame el plug“ pedí; lo sacó con un sonoro “plop”. Y mi cuerpo solamente disfrutó en adelante del tronco que me llenaba la vagina.

    Finalmente, resistí un buen rato, acabé divinamente, en las nubes, casi que un poco mareada de sentir aquello dentro de mí. Y casi enseguida, él derramó todo su licor de vida en mi interior.

    Casi enseguida se salió, “Quiero la leche” dije, mientras con la mano recogía todo lo que se escurría de mi concha y lo lamía.

    Luego, la debida limpieza lingual de su herramienta, y quedarnos abrazados.

    Por supuesto, me puse boca abajo un momento para que ensalivara mi esfínter, me lo lamió y me volvió a poner el plug… habría anal, y me mentalicé ja ja.

    Conversamos y nos besamos. Comencé a masturbarlo (la masturbación en el descanso entre penetraciones me gusta cada vez más).

    Conversamos, nos acariciamos, nos masturbamos mutuamente. Afortunadamente supe en ese momento que me había ganado un amigo nuevo, de los que me gustan…de los que les gusto y desean saber como serán los encuentros futuros.

    Su pija se tornó dura, volví a chuparla, con dificultad por su grosor y él jugaba con el plug en mi culo. Él estaba listo, yo mentalizado y dilatada.

    Le pedí que por favor no acabara adentro, le expliqué que el corrimiento anal no me gusta, pero sí me deleita cuando los fluidos corren desde mi concha. Lo comprendió y me puso en un misionero con almohada bajo mi espalda y mis piernas sobre sus hombros.

    Mi culo quedaba a su merced. Saco el plug anal, dejó caer saliva espesa desde su boca a mi culo y lo humedeció bien. Le alcancé gel y se untó la verga.

    Con una de sus manos, ubicó su glande bien en mi orificio, y entonces pasó sus manos por debajo de mis omóplatos, me sujetó por los hombros y yo entendí que me la iba a meter de una, y que sus manos me harían sostener la embestida.

    Contuve la respiración. El envión fue tremendo, aún con el esfínter dilatado, le costó meterla; pero entró al tiempo que yo gritaba como loca.

    Con la verga adentro, retiró sus manos de mis hombros y dijo: “Quieta amor, te va a gustar”.

    Y vaya si me gustó cuando comenzó a moverse como en cámara lenta. La dilatación previa hizo su efecto, mi culo se adaptó a su verga, y mi mente al goce total.

    Muy de a poco fue aumentando el ritmo y yo lo sujetaba por su espalda clavándole mis uñas. Gemí y grité, no me importó. Cuando no pudo más, sacó su verga de mi cuerpo, sentí un gran vacío… y comenzó a chorrear semen en mi cuerpo, tetas, ombligo. Cayó hacia el costado y comenzó él mismo a recoger el semen con sus dedos y dármelo en la boca.

    Cuando termino le agradecí besándolo.

    Descansamos unos minutos y no hubo alternativa más que bañarnos rápidamente y volver a la conferencia. Previamente despedida con besos y promesa de él de vernos en Montevideo (le prometí recibirlo en la casa del campo, uno o dos días) o en Buenos Aires, invitada por él o en invitación múltiple.

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  • Del consultorio médico al motel

    Del consultorio médico al motel

    Hola, lectores.

    Como les comenté en mi primer relato en el cual hablé de la familia de mi esposa (mi familia actual), siempre pensé que mi cuñado era una gran persona y todo se veía como si fueran la familia perfecta. Cuando Lisa me comentó que no era así y que de hecho había varios problemas, bla, bla… el punto es que nosotros iniciamos la rica dinámica de coger o darnos sexo oral en cualquier oportunidad o bien nos poníamos de acuerdo cuando alguno de los 2 traía ganas.

    Pues hace aproximadamente un año que iniciaron con una racha de discusiones y roces de los que nos enteramos porque ellos viven en el piso de arriba. Pues en una de esas discusiones nocturnas, al parecer Lisa se sintió mal de la presión, tuvo un desmayo y se sentía mareada, eso fue lo que me comentó. Al día siguiente ella fue al médico sola. En este punto cabe mencionar que en la familia la tienen considerada como hipocondríaca y también bastante dramática cuando “se siente mal”. En fin, esta ocasión sí tenía algo y fue lo que dio pie a esta historia…

    Lisa me llamó y me preguntó si estaba mi suegra en casa (nuestra suegra) y si estaba ocupado porque me quería pedir un favor. Mi suegra sí estaba en casa, de hecho, tenía de visita a su hermana, pero yo no estaba ocupado, era un día normal, así que accedí a ayudarla y lo que necesitaba era que la alcanzara en el médico porque se sentía mareada para conducir e iba sola. Sus hijos estaban en la escuela y su esposo trabajando y no le respondía los mensajes. Me dirigí en Uber a su ubicación y al entrar al consultorio me dijo “Gracias papi, vámonos a casa”. No le di importancia, tomé su bolso, la receta que le dio el médico y nos dirigimos a su camioneta.

    Cuando llegamos a la camioneta le abrí la puerta y la ayudé a subir, solo la tomé de la mano y su codo para apoyarla. Ya arriba de la camioneta, antes de encenderla me dice que no se puede poner el cinturón, que la ayude, y cuando me acerqué a tomar el cinturón, me dio un beso y puso su mano en mi entre pierna. “Esta medicina es la que necesito y me la vas a dar” me dijo mientras me mordía el labio.

    Le pregunté si era necesario pasar a surtir su receta y me respondió que no, por lo que nos fuimos directo a un motel muy cerca a Perisur. En cuanto entramos a la habitación se quitó la ropa y me dijo que estuvo platicando días antes con su cuñada (mi esposa) y ella le había contado del fin de semana que pasamos en una cabaña en Cuernavaca y además de que sintió celos al imaginarme cogiendo con ella y disfrutando en un lugar privado a solas, tenía ganas de pasarla igual.

    En este punto siento que ella quiere vivir las experiencias y varias de sus primeras veces han sido conmigo porque soy el afortunado que está cerca, de quien nadie sospecharía y que tiene lo mismo que ella para perder si nos descubren. La verdad es que estoy bien con eso porque es una mujer con muy poco recorrido (sexualmente hablando).

    Volviendo al motel, la ayudé a recoger su cabello, la admiré de pie, desnuda, deseosa, expuesta antes de cargarla tomándola por sus nalgas y ella enrolló sus piernas alrededor de mi cintura, en esa posición nos besamos y podía disfrutar de sus frondosas tetas, ya que mi esposa tiene poco busto. Antes de Lisa nunca me habían encantado las tetas grandes, pero ahora cuando tengo ganas de una buen par de melones, pido cita con mi terapeuta favorita (esa historia luego se las cuento, pero es Lisa).

    La recosté boca abajo en la cama para poder tocar todo su cuerpo, empecé a darle un masaje en el cuello y hombros mientras besaba su espalda, seguí besándola en el cuello, hombros, espalda bajando hasta sus nalgas. Le dije que también tenía ganas de hacer algunas con ella, así que después de darle algunos besos en sus nalgas, sin previo aviso se las abrí de golpe y metí mi cara para darle un beso en ese delicioso culo, ella se intentó quitar, pero la tenía bien agarrada, seguí dándole besos en la entrada de su culo, después empecé con movimientos lentos con mi lengua hasta que empezó a soltarse y abrir ella misma su culo para darme acceso.

    Fue una sensación increíble estar entre sus nalgas, ella en un movimiento levantó su pierna sobre mí y giró para quedar boca arriba para decirme “Alguien te espera, se pone celosa porque no le das lengua a ella”. Fue la señal de que esta vez no quería arrumacos ni mimos, así que me lancé entre sus piernas a darle una mamada de toda su papaya, atascarme como me gusta, como le gusta a ella ahora también. Su olor y sabor era muy dulce, me preguntó si estaba funcionando su desayuno de piña y vaya que sí.

    Estuve dándole sexo oral por unos 4 min cuando empezó a decirme que se orinaba, que parara pero no paré y se escuchó un especie de “aire” al momento que lanzó un fluido delicioso en mi cara, fue delicioso. Me agradeció por darle su mantenimiento y se puso en 4 para finalizar ese round ya que aunque hemos tenido sexo muchas veces, en cuanto tiene un orgasmo se pone muy sensible y es muy raro que acceda a que se la meta 2 veces seguidas, a menos que me la mame o se la meta en el culo jajaja.

    En esa posición la estuve bombeando por unos 5 minutos cuando sentí que me venía y le avisé para que decidiera si se los echaba adentro para que cuando duerma además de que sabe que estoy en el piso debajo del suyo, también me sienta dentro de ella o se los quería comer. Eso me divierte porque aunque tienen sus problemas maritales, el orgullo de tener “La familia perfecta” le gana a mi cuñado y él siempre exige a su esposa su beso cuando llega de trabajar y aunque no lo haría (por ahora), puedo decir que tanto mi esposa como su hermano conocen el sabor de mi pene.

    Espero les guste este relato, pronto les contaré más ya que he tenido también algunas pláticas de confesiones con mi ex esposa y vaya que las mujeres son perversas…

    Por ahora es todo, de hecho tengo una erección en este momento y me decidí a publicar este relato esperando que avance el tiempo porque tengo una cita con Lisa para revisar su celular y dejarlo limpio de sus conversaciones, etc. porque tiene cerca una cirugía, pero voy a revisar su celular en un motel cerca de six flags mientras me hace un oral y estoy seguro que esta noche le voy a romper de nuevo ese hermoso y delicioso culo que mi cuñado no usa y yo disfruto.

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  • Una cena de tres

    Una cena de tres

    Teníamos varias semanas buscar un espacio para salir, hasta que por fin, llegó ese jueves en el cual acordamos salir a cenar. El destino, un restaurante agradable en una plaza comercial de nuestra ciudad. Buscamos algo que no fuera muy ruidoso para poder platicar tranquilos, con buen ambiente e iluminación adecuada.

    Ella eligió vestir con una falda a la altura de la rodilla, unos lindos zapatos de tacón corrido y una blusa de tirantes con un escote discreto que, visto desde el frente, dejaba ver la línea entre sus senos, desde arriba, daba una vista mucho mas profunda del bra de encaje que llevaba combinado con la blusa.

    Al llegar al restaurante nos dieron mesa y pedimos algo de tomar. Nos sentamos en una mesa cuadrada, nos sentamos en lados cercanos ya que mi propósito era poder tener a la mano sus deliciosas piernas mientras platicábamos.

    Así transcurrió la primera ronda, con una charla respecto a como nos habíamos sentido abrumados las últimas semanas y que esa noche era un momento para descansar.

    En la segunda ronda, pedimos un platillo al centro para compartir ya que no teníamos mucha hambre, pero si ganas de disfrutar sin prisas.

    Al llegar la tercera ronda, ella me dijo que necesitaba ir al tocador, por lo cual y ante la tranquilidad del lugar, me levanté para abrir su silla y ella me dijo que no era necesario que la acompañara, por lo cual regresé a mi silla para mirarla caminar.

    Cuando ella empezó a caminar mi vista se clavó en su trasero que se levantaba por debajo de la falta y ella volteó de forma muy coqueta a sonreírme antes de seguir su camino. Mientras todo eso sucedía, pude ver como desde otra mesa mis ojos no eran los únicos que estaban clavados en la escena, un caballero también disfrutó la vista y sin que el notara que yo lo observaba, el continúo el camino de mi mujer mientras se alejaba.

    Al desaparecer detrás de un muro, el regreso su vista a su mesa y en un momento se dio cuenta que yo había observado su interés. Al verlo de frente, resulto ser un conocido mío, quien me saludó casi de forma obligada. Pude ver un poco de tensión en su saludo pues de manera tradicional observar a la mujer ajena y ser descubierto por su pareja, puede tensar cualquier ambiente.

    Pero en esa noche no fue así.

    Yo regresé el saludo y lo invité a acercarse, lo cual aceptó sin dudar. Dirigió unas palabras en la mesa en la que se encontraba y se acercó a la mía. Me levanté y lo saludé, lo invité a sentarse un momento señalando la silla frente a la mía, dejando el lugar de mi mujer libre.

    Le pregunté por como estaba y como iba todo, y antes de que terminara de responder, fui directo al grano ya que el tiempo era corto así que le afirme “Vi que te llamó la atención mi mujer”, el entre una sonrisa y un poco de sorpresa me respondió “Pensé que era una persona conocida”, a lo cual reí y le dije “No es necesario, mejor dime que te llamó la atención su culo cuando caminaba, no hay problema”, la cara le cambió y con sorpresa me pregunto “¿Cómo?”, a lo que le respondí “No hay problema que la veas, me parece bueno que lo hagas, aunque me parecería mejor que nos acompañes un rato y te la presento”…

    Mi amigo se quedó frio, dudando, la cara de incredulidad y sorpresa se hizo notar. Era claro que tenía reservas con la invitación pero también interés en explorar ese camino.

    A lo lejos, pude ver que ella venía de regreso, por lo cual le afirme “No tengo problema, en serio, quédate y te la presento, creo que puede ser algo bueno para los tres”.

    Cuando terminé de decir esto, me levanté para recibir a mi mujer. Mi amigo hizo lo mismo y antes de que cada uno tomara su lugar, los presenté.

    Ella lo saludó y tomó su asiento, el hizo lo mismo. Yo al tomar mi silla le comenté a mi mujer que nos habíamos encontrado y que lo había invitado un momento a la mesa para presentarlos. Ella entre sorpresa y desconcierto, sonrió y continúo la conversación sobre el lugar y el menú.

    Mi amigo, ahora nuestro amigo, le llamó al mesero y a modo de cortesía nos invitó una bebida. Mi mujer que ya sentía un poco de mareo dudo en aceptarlo, pero yo la motivé y llegó la siguiente ronda.

    Platicamos del buen clima que había esa noche y yo aproveché para hacer algunos cumplidos a ella respecto a lo bella que se veía esa noche.

    Al inicio, ella se sonrojó y agradeció. En cuanto terminó hice una ampliación al cumplido y en esta ocasión terminé con un “¿O me equivoco?” pero esto último dirigido a mi amigo, quien complementó con “Tienes toda la razón, te ves muy guapa esta noche”. Ella entre sorpresa por este momento y las bebidas previas, sonrió y agradeció de nuevo diciendo que no era para tanto.

    La conversación siguió avanzando y di espacio a que nuestro amigo tomara iniciativa… reímos y platicamos un buen rato, sin darnos cuenta llegó una cuarta y una quinta ronda.

    El calor, la bebida y la buena platica aportó mucho al ambiente, la plática iba evolucionando hacia mi mujer, respecto a su buen carácter y linda sonrisa. En un momento de oportunidad, interrumpí…

    “Y lo mejor es que toda ella es una belleza” y preguntando a nuestro amigo “¿Tu qué opinas, además de su sonrisa y carácter que otra parte de ella te parece atractiva?”

    Ella solo sonrió y puso toda su atención a la respuesta.

    De forma muy cordial el respondió “Sus ojos y su boca”… parecía ser que la formalidad estaba más presente de lo pensado.

    Ella solo sonrió, al parecer esperaba más.

    Por ello, por debajo de la mesa, acaricié su pierna y le dije a nuestro amigo “y que opinas de su escote”, ella tomo mi pierna y la apretó mientras sonreía y yo la seguí acariciando, pero esta ocasión subiendo hacia su entrepierna y el respondió “se ve increíble” y mientras escuchaba la repuesta, mis dedos acariciaban su panty que se sentía húmeda, al parecer la conversación estaba teniendo efectos.

    Después de esto, me levanté y me puse detrás de ella para besar su cuello mientras le decía al oído que si se sentía cómoda, lo cual ella respondió “Si”.

    Sin moverme del lugar, de una manera obvia voltee a ver hacia dentro de su escote y le dije a nuestro amigo “Y la vista desde aquí es aún mejor” para después regresar a mi silla.

    La conversación siguió enfocada en ella, mientras esto sucedía yo aprovechaba para seguir acariciando su pierna y claramente podía ver como ella lo estaba disfrutando.

    Decidí dar un paso más y comentar “Si su escote es tremendo, la suavidad de su piel es aún mayor” y volteando a verla a ella le pregunté si le permitiría a nuestro amigo que tocara su pierna, ella levantó los hombros y con una cara inocente me dijo “si no te afecta, si”.

    En ese momento me levanté de mi lugar y caminé a posicionarme entre los dos y tomando la mano de él, la puse en la pierna de ella y con mi otra mano, subí la falda de ella para que la piel quedara descubierta.

    Regresé a mi lugar y pregunte “¿qué opinas?”; nuestro amigo estaba impactado, mi mujer bastante motivada y excitada. Tome mi bebida y les pregunte a ambos si esa mano estaba en un buen lugar o si debía moverse, ahora toda la atención estaba sobre ella, esperando la respuesta que nos daría.

    Ella solo sonrió y puso su mano encima de la de él, lo que sucedió a continuación fue como tener un rush de fuego dentro de mí. Ella subió su mano y la puso sobre su panty para que pudiera sentir su humedad. En ese momento, yo les dije que iba al baño para darles un poco de espacio y que platicaran sobre lo que deseaban que sucediera.

    Caminé sin voltear atrás, dando espacio y al momento de girar hacia el baño, di una mirada hacia atrás y pude verlo a él besando su cuello mientras su mano seguía dentro de la falda de mi mujer.

    Me apresuré a pedir la cuenta y a pagarla mientras tenía ese espectáculo a la vista.

    Así que regresé a la mesa y les comenté si habían decidido algo a lo que mi mujer me dijo “Vámonos” mientras se levantaba y tomaba de la mano a nuestro amigo.

    Llegamos al estacionamiento, le sugerí al amigo que dejara su coche y que nos fuéramos en mi camioneta. Lo aceptó de inmediato.

    Al llegar a mi camioneta fui del lado del copiloto, mi mujer se dirigía a dicho puesto, pero en cambio, abrí la puerta de atrás y la invité a subir, del otro lado mi amigo sin darse cuenta de este hecho, se subía también en la parte de atrás. Cerré la puerta y me dirigí al puesto de conductor.

    Salimos del estacionamiento y la oscuridad de la noche fue cómplice de lo que sucedía en el asiento trasero. Ellos se empezaron a besar mientras él la estaba masturbando, pude ver como metía sus dedos en la muy húmeda vagina de ella, el sonido de los dedos entrando y saliendo, era algo que me tenía a tope de excitación.

    En un momento le pedí a ella que bajara su blusa y que permitiera que nuestro amigo se deleitara con sus pezones. Ella lo hizo de forma inmediata mientras también aprovechaba para abrir el pantalón de nuestro amigo, al parecer era el momento de devolver el placer recibido.

    Por el retrovisor pude ver como ella se inclinó y empezó a mamar la verga de nuestro ahora no solo amigo, sino también cómplice. En un momento pude escuchar como se ahogaba y lo masturbaba (el sonido de sus pulseras la delataba).

    Les pedí que fueran con calma mientras estábamos llegando a un motel.

    Al entrar subimos a la habitación, sin más, la empecé a besar y a desnudar, al llegar a la cama ella ya no tenía ropa alguna encima, la puse en 4 y la penetré.

    Le pedí que mamara a nuestro amigo quien estaba gozando a lo grande.

    Después de un momento, lo invité a cambiar de lugar y él feliz accedió. La penetró y ella soltó un gemido delicioso y empezó a pedir que le dieran duro.

    El acto fue intenso, en un momento me quite ya que ella estaba completamente concentrada en la penetración que recibía. Ella terminó una vez, después el explotó en un orgasmo fuerte; después ella me montó y volvió a tener un orgasmo, para después yo terminar en un clímax increíble.

    Mi bella mujer se recostó en la cama después de estos momentos, pero nuestro amigo ya había recuperado una buena erección y la penetró de nuevo… para el momento en el cual él terminó por segunda vez, ella había tenido entre los dos 4 orgasmos. Yo le entregué el último, exhausta con la vagina dilatada, los labios inflamados de placer y las piernas temblorosas, quedó recostada con una sonrisa indescriptible.

    Nos aseamos, vestimos de vuelta y llevamos a nuestro amigo al centro comercial. Lo dejamos en la entrada y nos retiramos a casa.

    Al llegar, ella tomó un baño, yo hice lo mismo esperando descansar.

    Al entrar a la cama, me sorprendió ella con un beso apasionado diciéndome “gracias, me encantó” y empezó a acariciarme para montarme y terminar la noche cogiendo de nuevo.

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  • Nuestra primera orgía (2): Segundo día en la casa de la playa

    Nuestra primera orgía (2): Segundo día en la casa de la playa

    La luz del sol se filtraba por las cortinas de nuestra recámara, calentando la piel desnuda de Luci y la mía mientras nos despertamos abrazados. La orgía de la noche anterior nos había dejado exhaustos, pero también con una excitación latente que no se había apagado del todo. Luci se estiró, sus pechos firmes rozando mi pecho, y me dio un beso suave en los labios. “Qué noche, amor”, murmuró, su mano bajando a mi pene, que ya empezaba a endurecerse con el recuerdo de verla con Diego y Carlos.

    Estábamos a punto de empezar algo entre nosotros cuando oímos un golpe suave en la puerta. Luci se levantó, envuelta en una sábana, y abrió. Eran Marcela y Diego, todavía en trajes de baño de la noche anterior, con miradas pícaras. Marcela, con su cuerpo delgado pero piernas llenitas y cabello corto hasta los hombros, entró primero, sonriendo. “No pudimos dormir pensando en anoche”, dijo, dejando caer la sábana que la cubría, revelando sus pechos bien formados, casi idénticos a los de Luci. Diego, delgado y de 1.70 m, entró detrás, su pene de 16 cm con curva hacia arriba ya semi erecto bajo el short.

    Luci me miró, sus ojos cafés brillando de deseo, y asintió. “Pasen, hagamos que esta mañana sea igual de buena”, dijo, dejando caer su sábana. Marcela se acercó a mí, recordando mi confesión sobre mi atracción por ella. “Kouta, anoche me dejaste con ganas de más”, susurró, besándome con intensidad, su lengua explorando mi boca mientras su mano bajaba a mi pene grueso. Luci se acercó a Diego, besándolo igual, sus manos bajando su short para liberar su pene curvo.

    Nos movimos a la cama king-size, los cuatro desnudos. Marcela se arrodilló frente a mí, tomando mi pene de 18 cm, grueso como una lata de refresco, en su boca. Chupaba con avidez, sus labios estirándose alrededor del grosor, su saliva goteando mientras gemía. “Es tan grueso, me encanta”, dijo entre lamidas, su lengua recorriendo la cabeza. Luci, a su lado, hacía lo mismo con Diego, chupando su pene curvo con su técnica experta, succionando la cabeza hasta hacer que sonara como una paleta. Diego gruñó, sus manos en su cabello, empujando profundo en su garganta.

    Las dos mujeres se besaron, sus lenguas enredadas con saliva y pre-semen, mientras nos chupaban alternadamente. Marcela probó mi pene, y Luci el de Diego, sus gemidos llenando la habitación. “Quiero probar algo nuevo”, dijo Luci, mirando a Marcela. “¿Quieres intentar una doble penetración? Pero primero que me penetren a mi.”. Marcela, siempre lanzada, asintió emocionada, aunque con un toque de nervios. “Sí, pero despacio. Quiero sentirlos a los dos”.

    Luci fue por el lubricante que teníamos en la maleta, untándolo generosamente en nuestros penes y en su ano. Primero, Luci se posicionó. Se acostó boca arriba sobre mí, guiando mi pene grueso a su vagina. Estaba mojada, y gruñí al sentir como me deslizaba dentro de ella, su calor apretándome. Diego se arrodilló detrás, untando más lubricante, y entró despacio, su pene curvo estirándola. Luci gritó de placer, sintiendo los dos penes dentro de ella, separados por una delgada pared. “¡Los siento a los dos! ¡Me están llenando tanto!”, jadeó, sus caderas moviéndose para acomodarlos.

    Empezamos a movernos sincronizados: yo empujando desde abajo en su vagina, Diego desde arriba en su ano. Luci temblaba, sus pechos rebotando, sus ojos en blanco. “¡Más fuerte! ¡Me van a hacer explotar!”, gritó, y un chorro intenso salió de su vagina, mojando mi pene y las sábanas. Tuvo orgasmo tras orgasmo, su cuerpo convulsionando, sus uñas clavándose en mis brazos. Diego eyaculó en su ano, su semen caliente goteando, y yo seguí, penetrándola hasta eyacular dentro de su vagina, sintiendo su calor mezclado con el lubricante.

    Ahora era el turno de Marcela. Estaba nerviosa, pero excitada, su vagina ya mojada de vernos. Se posicionó igual sobre Diego, guiando su pene curvo a su vagina. “Despacio”, dijo, gimiendo al sentir la curva golpeando su punto sensible. Luci me guiñó, y me acerqué por detrás, untando lubricante en su ano virgen para esto. Entré poco a poco, mi pene grueso estirándola, y Marcela gritó: “¡Es demasiado! ¡Pero qué rico se siente!”.

    Nos movimos con cuidado al principio, Diego empujando desde abajo, yo desde arriba. Marcela temblaba, su cuerpo adaptándose a la doble penetración. “¡Me están abriendo en dos!”, jadeó, sus pechos firmes rebotando, sus piernas carnosas temblando. Luci se acercó, besándola y lamiendo sus pechos, añadiendo placer. Marcela tuvo su primer orgasmo así, gritando alto, su vagina contrayéndose alrededor de Diego, su ano apretándome. “¡No paren! ¡Es mi primera vez y me está encantando!”, exclamó, un pequeño chorro escapando.

    Aceleramos, sincronizados, y Marcela llegó a otro orgasmo, sus uñas clavándose en Diego. Diego eyaculó en su vagina, y yo en su ano, nuestro semen caliente llenándola. Marcela colapsó jadeante, su rostro sonrojado. “Fue mi primera vez… pero no la última”, dijo riendo.

    Cambiamos posiciones. Luci se arrodilló, chupando mi pene cubierto de lubricante y semen, mientras Diego la penetraba por detrás. Marcela hizo lo mismo con Diego, chupando el pene de su novio mientras yo la penetraba. Las dos mujeres se besaron de nuevo, sus bocas llenas de penes, saliva goteando.

    Luci se montó en mí en vaquera, mi pene grueso entrando profundo, mientras Diego la penetraba por el ano de nuevo. Marcela observaba, tocándose, y luego se unió, besando a Luci mientras era doble penetrada. Luci tuvo otro chorro masivo, mojando mi pene, sus gemidos altos. “¡Me encanta sentirlos!”, gritó.

    Para Marcela, cambiamos: se montó en mí, mi pene grueso en su vagina, y Diego en su ano. “¡Es diferente así! ¡El grosor me mata!”, jadeó, moviéndose con su actitud ardiente. Tuvo múltiples orgasmos, su cuerpo temblando, un chorro pequeño escapando por primera vez. Diego y yo eyaculamos casi al mismo tiempo, llenándola.

    La mañana siguió con más rondas: sexo oral grupal, donde Luci y Marcela nos chuparon a los dos, alternando, sus lenguas lamiendo semen y lubricante. Luci tuvo otro squirt al ser penetrada por Diego mientras chupaba mi pene. Marcela, ahora adicta, pidió más doble penetración, gimiendo sin parar.

    Al final, exhaustos, nos acostamos en la cama, sudados y satisfechos. Marcela besó a Luci: “Gracias por esto, fue mi primera doble y fue perfecto”. Diego admitió: “Al principio tuve celos, pero verlas así me prendió”. Luci me miró: “Amor, esto fue delicioso”. Yo asentí, mi crush con Marcela cumplido, pero mi amor por Luci más fuerte. La mañana había sido un buen inicio para el día.

    Mientras descansábamos, pudimos escuchar a los gemidos de Zandra y Karina en el otro cuarto. “Parece que ellos también ya empezaron” dijo Marcela. “Vamos a tener que decirle que nos hagan espacio porque yo sigo queriendo más” respondió Luci mientras se levantaba de la cama, se limpiaba los restos de semen de la cara y salía del cuarto lista para seguir cogiendo.

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  • Mis vacaciones laborales (3)

    Mis vacaciones laborales (3)

    Salí y me fui al octavo piso, como el día anterior. No los veía. Estaba por irme cuando pasé por el baño y escuché lo que claramente eran dos personas teniendo sexo. No era gran cosa… pero me descolocó creer reconocer la voz de Pamela. Me quedé un rato escuchando, disimuladamente.

    Se oía una penetración rápida, jadeos contenidos. Pasaron unos 30 segundos y el ritmo era el mismo.

    Hombre: Qué buen culote, Pamela. – seguía el golpeteo rápido –

    Pamela: Mhmm… sigue… sigue así, papito.

    ¿Eran ellos? ¡Claro que eran! Escuché su nombre, y por la voz parecía ser ella. Dudé entre entrar o quedarme para confirmarlo, pero ya llevaba demasiado tiempo parado ahí. Algunas personas empezaban a verme raro, así que me retiré y me senté en la sala, con vista directa al baño, esperando que salieran.

    De pronto sentí una mano en mi hombro.

    Julio: Acá estás. Te tengo noticias: Teodoro tomó el primer vuelo, ya está en camino.

    No sabía qué me sorprendía más: la noticia de don Teodoro o el hecho de que Julio llegaba acompañado… de Sergio. ¿Entonces mi Pamela no era la del baño? Ya no entendía nada.

    Sergio: Vamos a servirnos algo carnal, que muero de hambre.

    Nos levantamos y nos dirigimos a la mesa, cuando vi llegar a Pamela, con un bikini que le resaltaban sus atributos. No vi de dónde venía. Giré hacia el baño: estaba vacío. Ella se me acercó, natural.

    Pamela: Hola, gordo. – me saludó con un beso rápido -. Ya regreso, me voy a poner algo más cómodo.

    Me dejó sin respuesta, tanto ella como todo lo que acababa de pasar. Pasó tal vez media hora hasta que Pamela regresó. Había más gente, más música.

    Sergio en un lado, Julio en otro, y Pamela almorzando conmigo. Hablamos un poco, aunque con tanto ruido no se entendía mucho.

    Más tarde, Pamela se fue a conversar con algunos conocidos. En una de esas, la vi con un tipo alto, de cabello negro y bigote llamativo, de esos que parecían de actor de la época. Conversaban de manera coqueta. Por la posición en la que estaba, no pude confirmar si él le acariciaba el trasero o solo la tenía de la cadera. El brazo subía y bajaba disimuladamente. Pamela miraba de reojo, como buscando mi mirada.

    Me iba a acercar, pero Joaquín vino hacia mí a hablarme casi gritando, andaba ya muy pasado de copas, por lo que Pamela notó la situación y se me acercó, pidiéndome que saliéramos.

    Ya fuera, camino a nuestro piso, aproveché para aclarar las cosas.

    Yo: ¿Con quién estabas conversando?

    Pamela: Un tipo que conocí arriba, en la piscina.

    Yo: Por cierto… ¿qué pasó en la piscina?

    Pamela: Mmm, nada. ¿Por qué?

    Yo: No sé… te pregunto por eso.

    Pamela: Ya te dije que nada. No sé por qué estás con esas ideas.

    Yo: Sabes bien por qué.

    Pamela: ¿Ahora vas a sacar ese tema? ¿Sabes qué? Cree lo que quieras.

    En ese momento venía Julio, notando que discutíamos. Así que no le quise dar razones a que supiera algo y actué de lo más natural.

    Julio: ¡Saúl! Teodoro acaba de llegar. Te espera abajo… ¿Todo bien?

    Yo: Sí, todo bien. – miré a Pamela – Ahora regreso, amor. – le di un beso.

    Ya habría momento para aclarar… pero no delante de Julio.

    Bajé al lobby con él para recibir a don Teodoro. No estaba molesto, pero sí decepcionado de que no lográramos el trabajo. Hablamos de los problemas y de cómo solucionarlos.

    Don Teodoro: Te vas a tener que quedar, Saúl.

    Yo: Pero don Teodoro, usted me dijo que solo sería cosa de un día…

    Don Teodoro: Pero no lo hicieron bien. No te contaré estos días como vacaciones, quédate tranquilo con eso. Pero terminamos esto ahora. Te llamo para que llegues al hotel donde estaré.

    En pocas palabras, me obligaba a quedarme. No sabía si sería un día más o más tiempo, pero tenía que estar ahí.

    Julio se quedó con él. Yo subí, molesto, para contarle lo sucedido a Pamela… pero no estaba sola. Para mi sorpresa, conversaba con Sergio en la cocina, casi en el pasillo de los cuartos. Aproveché para escuchar antes de entrar.

    Sergio: Claro, pero cuando yo llegué ya andabas pegada de Luis.

    Pamela: ¿Y estás celoso acaso? – con voz coqueta – Porque también te vi ocupado.

    Sergio: Jajaja, bueno… tal vez un poco celoso sí me puse. Es solo que me hiere que me hayas cambiado tan rápido. Incluso al comer te vi con él.

    ¿Se refería al bigotón del buffet?

    Pamela: Uy, cómo no… si primero me dices una cosa y luego me entero de otras.

    Sergio: ¿De qué cosas?

    Pamela: Debes saberlo muy bien. Recuerda la noche que me conociste. Se escucha todo, solo te diré.

    Sergio: Usted es la celosa entonces.

    Pamela: Para nada. No tengo por qué.

    Sergio: Entonces no hay problema. Mañana la quiero conmigo arriba, para que me anime con esas nalgadas.

    Pamela: Jajaja, ya me disculpé por eso. Me aguantaré la próxima vez.

    Sergio: Eso quería escuchar güerita, que habrá una próxima vez… ¿A qué hora la veo en la noche?

    Ya había escuchado suficiente. ¿A qué se refería con “nalgadas”? ¿Y esa cita en la noche? Decidí entrar.

    Giré y vi a Sergio, erguido, sin camiseta, apoyado en la pared. Pamela, recargada en ella, como pareja acorralada. Al verme, se enderezó. Sergio giró hacia mí.

    Sergio: Ey, Saulito, ¿cómo estás carnal?

    Yo: Todo bien, gracias. ¿Y tú? ¿A qué se debe la visita?

    Sergio: Como le comenté a Pamelita, en la noche hará una fiesta Sara. Espero verte ahí, carnal. Te veo solo trabajando, jaja.

    Ah… de eso se trataba.

    Yo: Pues gracias. Veremos si tenemos tiempo.

    Sergio: Claro. ¿Y el otro? – refiriéndose a Julio -.

    Pamela: Debe estar por ahí. Yo le aviso cuando venga.

    Pamela entró al cuarto, como despidiéndose de Sergio. Él entendió, se marchó.

    La seguí y, ya solos, le hablé.

    Yo: ¿Qué fue todo eso? ¿Qué viene pasando?

    Pamela: ¿De qué hablas? ¿Qué viene pasando? – me hablaba sin mirarme –

    Yo: Hay cosas que no me estás diciendo. Y me he tenido que enterar por otros.

    Pamela: ¿Qué cosas?

    Yo: Como lo que pasó ayer arriba. ¿Qué nalgadas le diste?

    Se quedó fría, con gesto sorprendido.

    Pamela: ¿Has estado espiando?

    Yo: Claro que no. Solo escuché que le das nalgadas cuando estaba entrando.

    Pamela: Ah, pues solo fue por el vóley arriba. Me emocioné y ya.

    Yo: ¿Y te parece bien eso?

    Pamela: Solo fue un juego Saúl. No sé por qué haces tanto escándalo.

    Yo: Porque se supone que son vacaciones, amor. Pero no hemos pasado mucho tiempo juntos, y pareciera que ni lo quisieras.

    Pamela: Pero porque tú estás trabajando, Saúl. Tampoco me voy a quedar aburrida. Paso demasiado en casa en Lima y ahora que tengo oportunidad de salir sin los niños, me reclamas y me celas. No me parece justo.

    Yo: ¿Y qué pasó en la mañana? Tu tanga en esa bolsa que te trajo Sergio.

    Se quedó callada unos segundos, sin saber qué responder.

    Pamela: ¿Qué tanga?… ¿De qué bolsa hablas?

    Yo: La bolsa que estaba metida entre esa ropa.

    Pamela: Esa bolsa la traje anoche. Era mi bikini. Sergio solo me trajo unos aretes. No sé qué más quieres que te diga.

    Yo: Solo quiero que me digas a dónde vas al menos. Te he tenido que buscar y sabes lo enorme que es este hotel.

    Pamela: Todo ha pasado tan espontáneo. No hemos tenido oportunidad de estar juntos.

    Yo: Bueno, ahora como última noche, tenemos oportunidad de hacerlo en la fiesta que dice Sergio.

    Pamela: Claro… – dijo sin mucho entusiasmo -.

    Yo: Tendré que ir un rato con don Teodoro, pero no demoraremos.

    Era la primera vez que podríamos disfrutar desde que llegamos. Pamela alistaba su vestido cuando Julio me avisó que don Teodoro nos esperaba. Nos dirigimos a su hotel, mientras yo aún lidiaba con los celos y la incertidumbre.

    Apenas llegamos, con don Teodoro empezamos a trabajar en el convenio. Más que nada él y yo, porque Julio no tenía nada que hacer ahí; solo intentaba hacer bromas como siempre. Desde que llegó, don Teodoro estaba molesto; recuerdo que incluso lo mandó a comprar comida en un momento.

    Don Teodoro: Ya corregimos todo lo que habían hecho mal, ahora vamos a redactarlo de nuevo – se giró hacia Julio -. Regrésate, hijo, estás estorbando nomás acá.

    Julio no dijo nada y se retiró con su aire socarrón. Me quedé solo con don Teodoro, y trabajamos durante horas. Cuando finalmente hicimos una pausa para comer, ya pasaban las nueve. Le pedí el teléfono para llamar a Pamela.

    Ring… nada. Ring… tampoco. Recién a la tercera contestó.

    Pamela: ¿Sí?

    Yo: Hola, amor, soy yo. ¡Al fin contestas! – traté de sonar divertido, aunque mi voz traicionaba preocupación -.

    Pamela: Me estaba alistando y Julio no respondió. Tuve que salir yo… ¿Ya estás en camino?

    Yo: Todavía no, tenemos que terminar acá. No sé cuánto más tomará. Te llamo cuando esté saliendo y vamos.

    Pamela: Pero si es a las 9, ¿cómo quieres que espere más?

    Yo: Ya sé amor, pero no vas a ir sola tampoco.

    Intenté no alzar mucho la voz, pero igual don Teodoro notó que discutía.

    Pamela: Entonces qué, ¿me quedo acá? – estaba claramente enfadada –

    Yo: Está bien, amor. Te llamo saliendo, ¿sí? Cuídate.

    Colgué sin esperar respuesta. Don Teodoro, que ya conocía de mi pasado con Pamela, me miró preocupado.

    Don Teodoro: ¿Cómo está Pamela y los niños?

    Yo: Bien, Pamela está en el hotel ahora. Los niños se quedaron en Lima.

    Don Teodoro: ¿No ibas a traerlos contigo?

    Yo: Esa era la idea, sí… pero surgieron problemas, así que solo viajamos Pamela, Julio y yo.

    Don Teodoro: Lamento ponerte en esta situación con Julio, hijo. ¿Por qué no trajiste a Pamela aquí? No la debes dejar sola.

    Yo: Oh, no, ella está allá con Julio. – Al decirlo me miró raro -. Pasa que su amigo nos está hospedando y nos dio esa habitación.

    Don Teodoro: ¿Están los tres en la misma habitación?… ¿No te incómoda eso?

    Yo: Sí… y sí me incomoda… pero estoy pendiente de ellos. No se preocupe, don Teodoro – forcé una risa -.

    Don Teodoro: Bueno, hijo, está bien. Pongámonos a terminar esto de una vez.

    Seguimos trabajando hasta casi la medianoche. Ya por salir, intenté llamar a Pamela cinco veces, ninguna respuesta. La preocupación de Teodoro era evidente.

    Yo: Debe estar ya durmiendo – dije para disimular mi vergüenza -. Bueno, don Teodoro, lo veo mañana.

    Salí del hotel y, claro, Julio se había llevado el carro. Tomé un taxi. Llegué cerca de la una de la madrugada a nuestro piso. Entré a la habitación: nadie.

    Ni Pamela ni Julio. “Estarán en la fiesta”, pensé. No tenía fuerzas para salir, pero no podía dejarla sola otra vez. Me cambié y bajé.

    Lo raro era que no había música. Llegué al lobby y pregunté a un botones, pero no me dio respuesta certera tampoco. Subí a la terraza: nada, apenas algunas personas, pero ninguna fiesta. “Quizás ya terminó”, me dije, y volví al cuarto. Pero Pamela y Julio no habían llegado. Decidí esperar despierto, pero el cansancio me venció.

    Al abrir los ojos, pasaban las cuatro. Pamela estaba en la cama, boca abajo. Olía a alcohol. Lo sorprendente: ropa que nunca había visto en ella, falda de jean, blusa de flores y tacones. El vestido verde que llevaba antes ya no estaba. Me acosté a su lado, sin saber en qué pensar.

    La mañana siguiente me despertó el alboroto de Pamela.

    Pamela: Hola amor -se notaba sorprendida, casi asustada al verme despierto-

    Yo: Hola. – me esforzaba por abrir los ojos -. Anoche no me esperaste.

    Pamela: Lo hice… Pero era ya tarde – se cubría apresurada -.

    Al levantarse, noté sus pezones marcados. No tenía sostén.

    Yo: ¿Estás sin sostén?

    Pamela: – se miró sorprendida – … sabes que no me gusta dormir con sostén. Me lo quité al llegar.

    Yo: ¿Y por qué la blusa?

    Pamela: Ahh… no sé, estaba muy cansada. Ahora vuelvo.

    Agarró su toalla y se fue volando al baño. Apenas me dio tiempo a abrir bien los ojos. Miré el reloj: ¡9:30!

    Yo: ¡Pamela, son 9:30! ¡Abre que tengo que ducharme rápido!

    Pamela: Ya salgo…

    Yo: ¡Solo abre!

    Un minuto después salió apurada. Me metí a la ducha de inmediato. Junto a la puerta estaba su ropa, pero solamente la blusa y el jean. Sabía que no llevaba sostén… ¿pero tampoco tanga? No se la hubiera puesto solo para cubrirse con la toalla.

    No importaba en ese momento. Me vestí con lo mismo del día anterior y bajé.

    Llegué donde don Teodoro, pero me abrió con extrañeza.

    Don Teodoro: Hijo ¿qué haces acá?

    Yo: ¿Cómo, no tenemos reunión?

    Don Teodoro: Pero más tarde. Te dije que te llamaría.

    Yo: – me sentí como un estúpido -. Ah claro, egreso después entonces.

    Regresé al hotel. Entré a la habitación y me impactó ver a Pamela en ropa interior, en la cocina. Bueno, la había visto muchas veces así, lo que me impactó fuer ver que detrás de ella, estaba Julio, sin polo y solo con un pantalón de pijama, frotando su miembro descaradamente contra el trasero de ella.

    Al verme, como si lo hubieran ensayado, Julio estiró el brazo como para alcanzar algo de la repisa mientras Pamela me miraba con gesto de fastidio.

    Pamela: Mejor aplástame – girando hacia Julio -.

    Julio: Pensé que sí llegaba. Perdón, jaja. – me miró -. ¿Qué haces acá? ¿No ibas a estar con el viejo?

    Yo: Me llamará cuando sea la hora. ¿Y tú por qué no estás vestida? – le dije serio a Pamela-

    Pamela: Estábamos por subir a la piscina. Termino mi jugo y vamos.

    Yo: Pero estás en ropa interior Pamela.

    Pamela: No tengo más bikinis limpios. Además es lo mismo.

    Yo: ¿Y tú irás acaso en pantalón? – mirando a Julio –

    Julio: Pensaba ir desnudo, la verdad. ¿Me hubieras querido ver desnudo ahora? – se burlaba -. No sería novedad tampoco, ¿cierto?

    Pamela: Ay, no empieces Julio – se fue al cuarto –

    Lo ignoré y fui tras ella.

    Yo: A veces quiero golpearlo.

    Pamela: -susurrando- Deberías

    Yo: No sé qué te hizo querer estar con él.

    Pamela: – giró hacia mí – No le hagas caso. Sabes cómo es. Y no vamos a hablar de eso Saúl.

    Yo: Bien, hablemos de anoche. Fui a buscar fiesta y no había nada.

    Pamela: Fue más una reunión.

    Yo: No escuché música. Caminé por todo el hotel…

    Pamela: Es un hotel, no iba a haber música tan alta a esas horas.

    En eso, Sergio entra

    Sergio: ¿Y la reina dónde está?

    Julio se quedó callado unos segundos, dudando.

    Julio: Ya se fue a la piscina, no nos esperó. Vamos a buscarla.

    Pamela: – se ruborizó, evitando mirarme- Julio y sus mentiras…

    Yo: ¿Qué pasa con Sergio? ¿Por qué siempre te busca y te llama tan cariñosamente?

    Pamela: Así es él. Los mexicanos son muy amistosos.

    Yo: ¿No es solo él entonces?

    Pamela: No me refiero a eso… pero no es solo conmigo, si te refieres a eso. Cuando subas vas a ver que es igual con todos.

    Yo: Tengo que estar atento a la llamada de don Teodoro.

    Pamela: Bueno, voy a subir y le digo a Julio que baje y se quede hasta que salgas.

    Pamela salió casi huyendo. Se fue sin dejarme responder. Pasaron minutos y Julio nunca bajó. Esperaba también la llamada de don Teodoro, que no llegaba. Me había puesto lo primero que vi en la mañana así que decidí cambiarme mejor. Me vestí y cuando al medio día me llama don Teodoro al fin.

    Subí antes a la azotea para despedirme… pero no había nadie, absolutamente nadie. Ya no me sorprendía.

    El resto del día lo pasé inquieto. Incluso en la reunión don Teodoro me notó en otro mundo.

    Don Teodoro: Saúl, espérame afuera – con una mirada seria -.

    Salí de la reunión y los esperé. Cuando salieron, me alivió verlos estrechándose las manos una y otra vez, todo había salido bien.

    Eran ya cerca de las 2 por lo que iríamos a almorzar, pero cada vez los pensamientos venían de a más, así que me disculpé con don Teodoro y le consulté si ya me podía retirar.

    Don Teodoro: ¿Está todo bien?

    Yo: Si todo bien, solo estoy algo cansado.

    Claro que no me creyó. Ni siquiera yo lo decía con convicción, pero aun así accedió que me vaya.

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  • Curiosidad peligrosa

    Curiosidad peligrosa

    Conocí a Sammy un gordo con quien tomamos un fin de semana y me contó que había visto a Waldo un man que se drogaba a orillas del río a la luz de la luna desnudo con una gran vergaza, el día anterior; quien le encontró bañándose y lo había visto desnudo con una gran verga.

    Esa historia me causó curiosidad y me despedí ya era las 7 de la noche cuando salí directo al rio, esa noche y para mí suerte se estaba bañando.

    Luego me desnude, mientras mostraba mi culo hacia él, yo sabía que él me miraba; pero trataba que lo noté, entré e hice que no me había dado cuenta que me veía y me dijo que tenía un apetitoso culo, le dije: ¿te gusta mi culo? Si me respondió, a ver tu verga, salió a la orilla y pide ver una gran vergaza, me acerqué y le pedí tocarlo, si que era gorda y apetitosa; la verdad que me nuble por esa gran y rica verga.

    “Mama mi verga”, lo hice uff era buena, si me das una propina te cacho, corrí a mi ropa y saqué unos pesos y le di, me jalo del brazo y me llevó bajo un árbol, me paro mientras jalaba mi culo hacia atrás, llegué a tener miedo.

    Mientras llenaba de saliva mi pobre culo; por primera vez sentí que rozaba mi culo con su vergaza; tengo miedo le dije, abraza el árbol me dijo; eso hice, hasta que de un fuerte empujón metió su verga y presión contra el árbol; en tanto yo gritaba del dolor, sintiendo que me abría las paredes anales de mi culo; lloraba pidiendo que lo sacara; mientras me golpeaba contra el árbol una y otra vez hasta que sentí su leche caliente invadir mi culo, si que tenía mucha leche.

    Sacó su verga el cual sentí un gran alivio, bajo mi cabeza y mame su leche con olor a sangre, lloré y le dije, ¡me has roto el culo! Se va a curar mi amor, me respondió, me ardía todo, fue tremenda experiencia que pasé, me cambié y me dijo vamos a mi casa, vivo cerca, lo pensé bien acepté y entré notando que vivía sólo.

    Entramos a su cuarto y veía varios almanaques con mujeres calatas, me invitó a dormir con él mientras me desnudó y me dijo, quiero dormir desnudo a tu lado, acepté y amanecimos, había dormido piedra cuando sentí su verga dura detrás mío, mientras me llenaba de saliva y meter de nuevo que me hizo gritar del dolor, me ardía todo pero así fue adaptando mi culo a su verga: hasta eyacular de nuevo. Nos dormimos de nuevo, me levanté y salí a la mía, nunca había experimentado algo así.

    Días después me enviaba mensajes amenazantes diciendo que si no le daba dinero contaría de las cachabas que me había dado, al inicio le daba dinero pero cada vez me pedía más, hasta que decidir dejar mi pueblo y salir a la capital.

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  • Desinhibida con su amigo (3): La ruptura

    Desinhibida con su amigo (3): La ruptura

    Bueno esta historia continua con mi esposa y su amigo por 2 semanas más dialogando de sus encuentros sexuales día a día, pero lo más llamativo sucede el lunes 27 de agosto de 2018.

    FerLu: hola, buenos días

    Nena: hola

    FerLu: y se te dio nada irte con tus compañeros

    Nena: pero te dije, ya tenía planes con ellos desde antes, no podía quedarles mal

    FerLu: pensé que íbamos a aprovechar para estar juntos, la verdad te noté muy extraña desde el inicio, n i me determinaste

    Nena: no te hagas ideas, no podía ser evidente, estaban los jefes y son amigos del papá de mi hija

    FerLu: pero con el amigo de tus jefes eras muy evidente, te reías mucho con él, me imagino que él se fue con ustedes a seguir la fiesta

    Nena: la verdad no estoy para estar recibiendo tus reclamos, no tengo que darte explicaciones

    FerLu: es que me sentí muy mal por tu indiferencia, entiendo tu situación, pero también debes entenderme tenía muchas ganas de estar contigo, estabas muy bella

    Nena: sabias que no podía estar hasta tarde, ya no puedo demorarme mucho, no me gusto la forma en la que me hablaste

    (Recuerdo esa fiesta de trabajo, yo no estaba en la ciudad y mi esposa se quedó el fin de semana con su mamá, ósea que le saco el cuerpo a su amante)

    FerLu: está bien discúlpame por decir cosas que no debía, ¿podemos vernos hoy?, ya llevamos varios días sin estar juntos

    Nena: ok, te disculpo, pero recuerda que estamos juntos para pasarla bien

    Nena: no me puedo demorar mucho, recógeme a las 4:30 pm, quiero ir a un motel

    FerLu: está bien amor, nos vemos ahora

    Miércoles 29 de agosto de 2018.

    Nena: bebe, ayer no me escribiste, ni viniste a recoger los moldes

    FerLu: si fui, pero estabas ocupada y no quise molestarte, pensé que tu amiga Angie te había dicho

    Nena: no, ella no me comento nada

    FerLu: qué raro, ella si me comento muchas cosas

    Nena: ¿qué cosas?

    FerLu: las que hicieron después de la fiesta, de razón tanta frialdad hacia mi

    Nena: ummmm

    Nena: pues como te dije la última vez, estamos para divertirnos y pasarla bien, sin reclamos ni explicaciones

    FerLu: ok. Entiendo

    FerLu: no hay ningún problema

    Nena: ¿me recoges a las 5 pm?

    FerLu: te confirmo ahora

    Jueves 30 de agosto 2018.

    Nena: holaaa

    Nena: ¿qué haces?

    FerLu: hola

    FerLu: en casa, hoy tengo compensatorio

    Nena: ¿y qué pensaste?

    FerLu: nada, tranquila

    FerLu: como tú lo dijiste, estamos para pasarla bien

    FerLu: eres libre, no le des vuelta a eso

    Nena: ayer cuando hacíamos el amor te note raro, no me mirabas igual

    FerLu: nooo, no te hagas ideas equivocadas, como siempre me gustó mucho tenerte en mis brazos

    Nena: lo que te dijo Angie es completamente cierto, como ya te dije

    Nena: me he acostado con él 4 veces y antes de eso tuvimos manoseos, le envié fotos, él me tomo fotos y me grabo

    FerLu: como te dije, ya te culearon y desculeada no hay

    FerLu: jajaja

    Nena: ¿pero de verdad no te importa?

    Nena: la verdad yo me siento como una cualquiera, sé que no tengo ataduras, pero no quería que supieras esas cosas de mi

    FerLu: en la cama si eres una cualquiera, quédate tranquila, yo quiero seguir disfrutando de ti por mucho tiempo

    Nena: tonto, jajaja

    FerLu: envíame las fotos y los videos que tienes con él

    Nena: nooo

    Nena: que pena

    FerLu: yo también tengo tu contenido

    Nena: ahora te envió lo que se pueda, hay cosas donde se ven los rostros

    Viernes 31 de agosto de 2018.

    FerLu: vi tus videos y tus fotos como 50 veces, me masturbé como loco viendo como te pichan y te culean, gimes muy rico

    FerLu: y es que solita te lo pones en el culo para que te den sin misericordia

    Nena: jajaja

    Nena: que pena

    FerLu: pene es el que te gusta, ¿cierto?

    Nena: si, me encanta

    FerLu: ¿dónde grabaron el video?

    Nena: en un hotel, fue antes de la carrera que patrocina la empresa

    FerLu: uy no esa semana fue donde empezamos a salir, que perra eres, ya te había manoseado y me habías chupado la verga

    Nena: lo siento, la verdad es que salía con los dos al tiempo

    FerLu: jajaja

    FerLu: no pierdes el tiempo

    Nena: jajaja

    FerLu: ¿nos alternabas?

    Nena: si, pero no fue muy seguido, con el me acosté ese día que fue sábado, la segunda vez fue el día martes de la siguiente semana, la tercera el día domingo y la última el día de la fiesta

    FerLu: o sea que comí embolado los tres servicios

    Nena: si, perdón, es que con él ya llevaba tiempo charlando, y cuando tú me empezaste a escribir no sabía que íbamos a terminar juntos también

    FerLu: tranquila, son cosas que pasan, lo importante es que hayas disfrutado

    FerLu: ¿nos vemos hoy?

    Nena: no puedo, tengo una reunión en el colegio de mi hija

    FerLu: ok, feliz fin de semana

    Lunes 3 de septiembre de 2018.

    FerLu: perdidaaa

    Nena: hola lindo

    FerLu: no la dejaron escribir el fin de semana

    Nena: no lindo, el fin de semana ahora es muy difícil, tu sabes

    FerLu: pensé que te habías ido con tu amigo

    Nena: nooo

    FerLu: vamos a grabar un video hoy los dos, tengo muchas ganas de ti

    Nena: esta semana tengo cierre del trabajo y además me llego el periodo

    FerLu: vuélate, ¿o ya te estas acostando con tu marido?

    Nena: jajaja, no, ese ni me mira, creo que sigue con la moza

    FerLu: ¿ya te le has ofrecido?

    Nena: no, aun dormimos separados, salgo temprano, llego tarde, él solo habla con mi hija y es muy poco lo que interactuamos

    FerLu: ¿esta buena la moza?

    Nena: siiii, bastante, es bien linda

    FerLu: hagan un trio

    Nena: jajaja, nooo

    Ellos vuelven a hablar solo hasta el lunes 10 de septiembre de 2018.

    Nena: ya sé lo que hiciste este fin de semana

    Nena: jajaja

    FerLu: ¡ups!

    FerLu: jajaja

    FerLu: soy culpable

    Nena: mucha perra, jajaja, no mentira ella no sabía nada de lo nuestro, además es libre, pero tu si tienes la culpa maldito perro

    Nena: jajaja

    FerLu: no es excusa, pero todo se dio bajo los tragos

    Nena: pero solo el primer día, los demás días fueron sobrios, te la comiste 4 días seguidos, perro

    FerLu: jajaja

    Nena: ella es libre, no le tiene que rendir cuentas a nadie, cuando me conto casi me voy de espaldas

    FerLu: ¿qué sentiste?

    Nena: no pues fue una sorpresa, ella me llamo el sábado y me dijo que tenía que contarme algo, pero jamás pensé que sería eso

    FerLu: pero ¿qué te dio?

    FerLu: ¿rabia, tristeza o excitación?

    Nena: primero rabia, quede fría, después algo de morbo, me dijo que eres muy apasionado y que la habías hecho disfrutar mucho, la verdad no me dio detalles

    FerLu: ¿quieres detalles?

    Nena: nooo

    FerLu: ella me conto que se las comieron en la misma habitación

    Nena: siiii, después de la fiesta no fuimos a rematar y terminamos en el apart estudio de ella aprovechando que su mamá no estaba, como viven solo las dos comparten habitación con dos camas, hicimos el amor cada pareja en una cama

    Nena: ¿y no te conto que ella le pedía al amigo que se lo sacara del culo que le dolía mucho?

    FerLu: nooo, me dijo que tú eres muy bullosa, y que le pedias a tu amigo que se viniera en tu boca

    Nena: estábamos muy tomadas, debe ser verdad, yo recuerdo poco, y tú sabes que yo tomada me entrego sin restricciones

    FerLu: y buena y sana también, jajaja

    Nena: depende, pero la mayoría de veces si

    FerLu: ¿nos vemos hoy tu y yo?

    Nena: nooo tú ya eres harina de otro costal, no me quiero meter en problemas y menos con mi compañera de trabajo

    FerLu: ¿o sea que lo nuestro se termina?

    Nena: es lo más sano, aprovecha a mi amiga, con ella puedes tener algo serio, sin afanes y con tranquilidad

    FerLu: está bien gracias por todo, eres lo máximo

    Y así se terminó esa aventura de mi esposa en los tiempos de nuestra separación

    Espero les haya gustado el relato.

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