Autor: admin

  • Lázaro, el nuevo vecino

    Lázaro, el nuevo vecino

    Conocí a Lázaro cuando su familia se mudó para mi calle. Ese año se había graduado de jurista y trabajaba en un reconocido bufete de abogados, gracias a las influencias de su padre. Desde la primera vez que lo vi me impresionó gratamente. Otro vecino nos presentó a mí y a mi esposa y comenzó, desde ese instante, una relación muy cordial, nos visitábamos mutuamente y compartíamos en parejas con él y su novia, una estudiante de medicina.

    Ellos estaban esperando que ella se graduara para casarse. Se veían muy enamorados y él se desvivía en atenciones a su joven novia. Desde el primer momento sentí que ambos sentíamos una cierta atracción física. Yo era unos años mayor, ya había cumplido 29 y él tenía 24. De complexión atlética, piel bronceada, pelo muy negro y unos ojos azules que enamoraban a cualquier mortal del sexo que fuera. Yo solo había conocido a otro chico, un adolescente de unos 16 años, de piel trigueña y ojos azules, bellísimo también, pero nunca tuvimos nada que ver.

    Unos meses después, Lázaro viene a verme y me dice muy contrariado que a su novia le han concedido una beca para especializarse, en una importante clínica de la ciudad de Houston. Yo le doy ánimo y le digo que a lo mejor se pueden casar e ir a vivir juntos a aquella ciudad y él cree que eso no podrá ser posible pues no puede renunciar a su futuro prometedor en aquel bufete.

    –Pero Lázaro, no puedes ser pesimista. Mira yo, Paula está haciendo su postgrado y es cierto que estaremos un año separados, pero cada vez que pueda, y que la economía me lo permita iré a verla y a pasar algún fin de semana juntos.

    –¡Qué va!, no es lo mismo, Alejandro. Tres años es mucho tiempo –lo miro y noto que un par de lágrimas están corriendo por sus mejillas. Estamos de pie y le paso el brazo sobre sus hombros y le trato de dar ánimos. Él me abraza llorando desconsolado, siento en ese momento una mezcla de pena, pero también de deseo. Correspondo a su abrazo y lo estrecho fuerte contra mí, solloza. Poco a poco se va calmando y yo intentando reprimir unas fantasías sexuales, que he tenido con él en los últimos días, pues considero sería muy oportunista de mi parte, si me aprovechara de la situación. No obstante si me deleito con el olor de su pelo y se lo acaricio suavemente. A pesar de los esfuerzos, no puedo evitar que comience a tener una erección y siento que él la está teniendo también, entonces disimulo y me separo de él y nos sentamos. Estoy un poco confundido, pero creo que él lo está más. Le propongo tomarnos un trago y lo acepta.

    –¿Qué prefieres?

    –Lo dejo a tu elección –Me levanto, voy al bar y preparo dos vasos con whisky escocés, con agua y cubitos de hielo. Se lo alcanzó.

    –Perdóname –me dice y se lleva el vaso a los labios, bebiendo un buen sorbo de la bebida, –ha sido un momento de debilidad. –Se sonríe nervioso y levanta el vaso para brindar.

    –¡Por nuestra amistad! –choco mi vaso con el suyo y repito su brindis:

    –¡Por nuestra amistad! –Ambos dejamos los vasos vacíos. Él se pone de pie y se excusa, pues tiene que salir. Lo acompaño a la puerta y le doy unas palmadas en el hombro.

    –Y no te preocupes que tus debilidades están a buen recaudo conmigo.

    –Las tuyas conmigo también. –Se sonríe con picardía y me guiña un ojo y se marcha.

    Me ha dejado muy ilusionado, no puedo evitar pensar una y otra vez en Lázaro y soñar cómo planear un nuevo encuentro, más íntimo, más sexy, más pleno de pasión. ¿Y si me equivoco? ¿Y si me hice ideas que no se corresponden con la realidad? Lo más sensato es no forzar las cosas. Si se va a dar la oportunidad, ya se dará.

    Unas semanas después, acababa yo de salir del baño, envuelto en una toalla y con otra secándome el cabello, cuando tocan a la puerta. Miro el reloj, son pasadas las 7:00 pm. Entreabro la puerta y veo con sorpresa que se trata de Lázaro, con una botella envuelta en una bolsa de papel de estraza. No puedo ocultar mi alegría al verlo.

    –¡Bienvenido! Pasa por favor, y perdona la facha –le digo.

    –No, perdóname tú a mí por aparecerme sin avisar, pero quería darte la sorpresa.

    –Y de veras me has sorprendido, y muy gratamente. No te imaginas lo solo que me he sentido en estos días.

    –Pues qué bueno que llego tan oportunamente –y muestra una bella sonrisa.

    –Siéntate que me visto enseguida, ponte cómodo –le digo, mientras busco qué ponerme. Vivo en un estudio, muy elegante y amplio, pero sigue siendo una sola pieza con cocina-pantry y baño.

    –Oye, que no hay apuro, te puedes vestir después, si quieres –y se ríe.

    Yo también me reí, pero de complicidad y sana malicia, mal contenida. Selecciono los calzoncillos que me voy a poner, son rojos con ribetes negros, escogidos nada al azar. Él se dirige al bar y comienza a preparar dos tragos y me pregunta:

    –Alejandro ¿Te apetece un whisky con agua? Chico, ¿no te puedo llamar Alex? Es que Aaalejandro es muy largo.

    –Y a ti no te gustan las cosas largas, no? –Se ríe.

    –No quise decir eso, no tergiverses mis intenciones –se vuelve a reír.

    –Pues me puedes llamar como tú quieras.

    –Perfecto Alex. ¿Quieres un whisky?

    –Ah, ya. ¿Me preguntas después que te la estás sacudiendo ya, no?

    Ambos reímos a carcajadas. El ambiente está más distendido. Dudo si me desnudo allí mismo y él, que lo nota, me dispara a boca de jarro, provocativo:

    –Si lo prefieres, puedo voltearme.

    –No, para nada. No tengo ningún complejo ni pudor contigo. –Y acto seguido desaté el nudo de la toalla, que dejo caer al piso, dejando mi instrumento en exhibición por un instante, un poco prolongado, eso sí, a propósito, y parece que le agradó la vista, pues no dejó de mirármela hasta que me la guardé, disfrutando al acomodarla, que ya estaba en un avanzado estado de insubordinación. No sé si fue real o imaginaciones mías, pero me pareció que él suspiró.

    –Y el trago, ¿para cuándo Lázaro? –él, turbado, me alcanza el vaso, se excusa por la demora:

    –Perdón Alex, no sé por qué me entretuve –Yo si sabía muy bien, y él también, por supuesto, cuál había sido el motivo de su distracción. Me hice «el sueco» y choqué mi vaso con el suyo y le disparé al rostro:

    –Que este sea un día inolvidable para los dos.

    –¡Ojalá! –me dice.

    –¡Te lo prometo! Y yo siempre cumplo, que conste. –le afirmé.

    –Por cierto, qué te pasó que vi que tienes un golpe ahí debajo de la cintura?

    –Ah, esto? –Y me bajo un poco el calzón o un poco bastante, que se vea mi vello púbico y le muestro. –Es que me di un golpe con la esquina de un buró en la oficina.

    –¿Y no te duele? Debías darte un masaje para que no se te haga un hematoma.

    –Sí, pero tendría que ir a consulta y ya sabes. A lo mejor se cura solo. Además, ya no puedo contar con Rebeca, después que Uds. se separaron.

    –Pero yo te puedo ayudar, siempre se aprende algo al lado de una doctora. –sonríe– ¿Tú no crees?

    –Pues la verdad, verdad, no estoy muy seguro. Yo tuve una novia pianista y te juro que no sé tocar ni el Do, Re, Mi.

    –¡Eres tremendo embustero! Eso te lo acabas de inventar, ¡Tramposo! –Los dos reímos a carcajadas.

    –¿Y qué necesitas para curarme? –Le pregunto, todavía riéndome de la broma.

    –Un poco de gel lubricante y que te acuestes en la cama y te bajes un poco los calzoncillos.

    –Oye, eso me resulta bastante excitante, no crees? –Le digo mientras le alcanzó el frasco de gel y me coloco bocarriba en la cama, mostrando la rigidez fálica que me ha provocado. Ya no oculto las inmensas ganas que tengo de singármelo. Él se sienta en la cama frente a mí y vierte unas goticas de gel en el lugar del golpe, comienza un masaje muy suave con la punta de sus dedos. Me echa más gel y me pide que me baje un poco más los calzones para no mancharlos.

    –Mira chamo, bájalos tú mismo de acuerdo a tus necesidades. Tú eres el que sabe –Ya yo estaba a millón, la pinga semejaba un mástil de una carpa de circo.

    –Si tú lo prefieres así… –y acto seguido me bajó por completo los calzoncillos y mi verga, como un resorte o una serpiente, se liberó del encierro y apuntó al cielo. Lázaro la apresó en sus manos y la acarició brevemente.

    Hambriento se la metió toda en la boca y la mamaba intensamente y me producía un placer inmenso. Se desnudó y se acostó a mi lado dándome sus nalgas bellas para que las disfrutara mientras no dejaba de chupar mi pingona. Se acomodó y me puso en mis labios su tremenda tranca tiesa. Ni siquiera podía imaginarme que aquel bello chico tuviera aquella maravilla de falo enorme para ofrecer. Me la metí casi toda en la boca, imposible más. Corría el riesgo de asfixiarme.

    Lázaro siguió mamándome la verga con deleite. Me pasaba su lengua por mis huevos y levantando un poco mi pierna, alcanzó a besuquearme el culo y lentamente me fue volteando y de momento estaba yo bocabajo y con mi culo al aire. Utilizó el gel para lubricarse los dedos y metérmelos por el culo. No sé si tres o cuatro, qué sé yo. Lo único que sí sé es que en menos de lo que canta un gallo, me tenía sometido a sus antojos.

    –Tengo unas ganas de metértela por el culo, que ni siquiera te imaginas –me susurra al oído mientras retoza con su glande entre mis nalgas.

    –Si, métemela toda papi, quiero que me violes. Quiero ser tuya –Ni siquiera me reconocía a mí mismo con aquél desparpajo lujurioso de puta en cuaresma.

    –Ya tú verás cuando te ensarte que vas a trepar por la pared sin ser araña. –Sin darme tiempo a nada, apuntó y me embistió con aquella arma letal y pegué un grito del dolor que sentí. Él se quedó quieto dentro de mí y la fue sacando despacio, yo le rogué que no la sacará y así lo hizo pero ahora volviendo a meterla y besándome el cuello, las orejas.

    –¿Te gusta así mami?

    –Sí, me gusta mucho papi.

    –Ahora cuando yo te vaya penetrando tu pujas y cuando la vaya sacando tu contraes el culo. ¿Está bien?

    –Sí papi, como tú digas. –le digo.

    –Ya tú vas a ver que no vas a encontrar en el mundo una pingona como la mía, ni un macho que te haga tan feliz. –Me siguió dando cintura hasta que no pudo más –me vengo, me vengo, ahhh, ahhh, qué rico cojones, qué cosa tan rica, ahhh, ahhh –sentí cómo su semen me llenaba el interior de mi recto. Se quedó inmóvil por un rato, desplomado encima de mí. Entonces quiso sacarla y que cagara toda la leche que tenía dentro sobre la toalla, así lo hice.

    –Mastúrbate, que quiero tomarme tú lechita, –cuando ya notó que me iba a correr acercó sus labios y mamó como un ternero, chupándome toda la pinga.

    Después que gozáramos muchísimo ambos, nos quedamos tumbados, exhaustos sobre la cama, nos fuimos después de un rato a la ducha y refrescamos nuestros cuerpos con agua muy fría. Lázaro se vistió y me dio un beso muy dulce.

    –He pasado una noche inolvidable. –me susurró al oído.

    –Yo me he sentido muy a gusto contigo Lázaro. Eres un semental.

    –Nos veremos muy pronto Alex.

    –¡Seguro! y prepara bien tu culito que donde hay desquite no hay agravio –Nos reímos y él se marchó.

  • Mi amiga de la iglesia

    Mi amiga de la iglesia

    Hace algunos años, tenía una excelente relación con ella, una mujer de 40 años, hermosa, admirable de verdad. Yo tenía 30 años en ese entonces y ella para mí realmente era inalcanzable.

    Nos conocimos en la iglesia y siempre me causaba tristeza cuando ella decía que no era bonita, que no la valoraban, pensaba: cómo era posible que alguien no notara lo hermosa que ella era.

    Y entonces así se forjó nuestra amistad, siempre que podía la ayudaba con consejos y cosas así, aunque yo era menor eso no era impedimento, hasta que no sé porque causa comencé a soñar con ella, soñaba que tocaba su trasero que ella se arrimaba a mí y eso era causante de miles de erecciones matutinas, esa mujer me gustaba mucho, ella era casada y pues yo también, de paso la amistad era de una iglesia, era mayor que yo, una locura total.

    Más un día no aguante y escribí en un cuaderno lo que había soñado con ella, con lujos de detalles y se lo di, le dije allí, todo lo que me hacía sentir, lógicamente estaba muy ansioso por su respuesta, cuando eso sucedió, me impactó, las palabras escritas tocaron su corazón y me dijo de frente que era injusto que le escribiera eso, pues ahora tenía ganas de besarme.

    Pasaron unos días y asistimos a una reunión, cuando quedamos solos me acerqué a ella estábamos temblando los dos, la besé y ella me dijo que no, que no debíamos hacer eso. Pero cada vez que teníamos oportunidad nos besábamos apasionadamente, era delicioso, indescriptible.

    Un día en su trabajo, nos volvimos locos, ella me dijo que porque sabía tocarla así, yo no tenía con treinta años mucha experiencia pero tocarla a ella se me hacía un arte que afff me da rabia no poder volverlo a repetir, mi pene se paró con una fuerza que quería reventar el pantalón, ella lo tocó, yo apreté sus nalgas y la atraje hacia mí, ella me besó con locura, pasó su lengua por toda mi cara como si me quisiera comer, metí mis manos bajo su pantalón y carga un minúsculo hilo que es difícil de olvidar.

    Hermosa!! Seguí tocándola y tú totona estaba muy empapada, depilada, suave demasiado suave, metí mis dedos y se aferró a mi, me senté en una silla saqué mi mano de allí, la besaba, besaba su cuello y de pronto empezó a temblar descontrolada mente teniendo un fuerte orgasmo y ni siquiera había sacado mi pene! Eso fue una cosa estupenda y única!

    Me levanté y le dije que mirara como yo estaba y ella estaba así como apenada y me dijo guarda eso, entonces entró al baño como dos segundos y ya yo me había resignado y de pronto salió y se arrodilló delante de mí y se puso a mamar mi pene un rato deliciosamente, luego se levantó y me dijo, yo no te hago acabar, como si estuviera triste por eso y yo con ganas de que no parará, no podía creer lo que estaba pasando!

    Esa mujer era maravillosa hermosa me lo mamo y creía aún que no me gustaba.

    Lo que ella no sabe es que nunca ha dejado de gustarme, pero bueno, no se pudo hacer más nada en esa ocasión.

    Fue una locura, una mujer madura que me excita sin compasión!!

  • Cuatro coños para Nico y cuatro pollas para Dora

    Cuatro coños para Nico y cuatro pollas para Dora

    Dora salía de la peluquería cuando se paró un auto a su lado. Un hombre maduro la cogió por detrás, le tapó la boca y la metió en el asiento trasero. El conductor arrancó y se alejaron de allí a toda pastilla. Rosa se revolvía y pataleaba, una voz desconocida le dijo:

    -Deja de resistirte y de querer gritar o te tendré que atar y amordazar.

    Le quitó la mano de la boca y Dora, sabiendo ya que lo del secuestro era una farsa, preguntó:

    -¿Qué queréis?

    -Dinero. Esto es un secuestro exprés, tan pronto cómo tu marido pague los 30.000 euros te soltamos.

    Se volvió a revolver y acabó atada y amordazada.

    Veinte minutos más tarde estaban en una casa rural apartada de las otras casas. Dora estaba en bragas y sujetador al lado de una cama ancha sentada en una silla atada de pies y manos. Entraron en el dormitorio el maduro y el conductor, un joven guaperas. Eran altos los dos, muy moreno el maduro y paliducho y rubio el guaperas. El maduro sacó una navaja del bolsillo, le cortó la mordaza, el sujetador entre teta y teta y las ataduras de los pies.

    Dora, nerviosa, y con las manos atadas a la espalda, vio y sintió cómo aquel hombre maduro le comía las tetas sin tocarlas con las manos, las comía con una maestría exquisita, tan exquisita que su coño se mojó. Luego le cortó las bragas por los lados dejando su coño al descubierto. El guaperas le puso la polla en los labios y el maduro le abrió las piernas y le comió el coño. Dora abrió la boca y dejó que la polla del guaperas entrara y saliera de ella. Al ratito sin poder evitarlo, se corrió. Con sus piernas temblando mamó la polla que tenía en la boca todo el tiempo que le duró la corrida. El guaperas se corrió en su boca y Dora se tragó su leche.

    Al acabar de correrse entró en la habitación su hermano Nicolás y un joven que Dora conocía muy bien, era su primo Antonio. Le dijo a su hermano:

    -¡Serás hijo de puta!

    -Ojo por ojo y diente por diente.

    Dora siguió representando su papel.

    -No sabía que fueras tan vengativo.

    -Lo soy. Vas a mamar cuatro pollas, nos vas a cabalgar a los cuatro y después ya veremos.

    -¡No!

    -¡Sí!, y colabora si no quieres que te cruce la cara.

    Dora se puso en pie, fue junto a su hermano, se dio la vuelta, y le dijo:

    -Suéltame Nicolás, colaboraré.

    Nicolás la soltó, después la cogió en un brazado y la echó sobre la cama. Dora vio cómo se desnudaban, vio sus pollas empalmadas, y dijo:

    -¡La qué me espera!

    El maduro subió encima de ella, metió su polla entre las tetas, las apretó y comenzó a follárselas, su hermano se la metió en el coño y Antonio y el guaperas le pusieron la polla en los labios. Dora cogió las pollas de su primo y del guaperas y las fue chupando por turnos. En su vida se había sentido tan bien. Estaba en la Gloria con la verga de su hermano entrando y saliendo de su coño, las manos del maduro magreando sus tetas, su polla follándolas y sintiendo en su boca la aguadilla de las pollas de su primo Antonio y del guaperas.

    El primero en correrse fue el maduro y lo hizo sobre sus tetas, luego se corrieron en su cara su primo y el guaperas y después se corrió ella en la polla de su hermano, que se corrió en su vientre luego de quitarse de encima el maduro. Quedó echa una mierda.

    Dora se limpió con una sábana. Los cuatro cabrones salieron de la cama, Nicolás se fue a la cocina y volvió con cuatro botellas de vino albariño y un abridor. Dora los miraba, tenían las pollas morcillonas colgando. Nicolás echando un trago a morro, le dijo:

    -¿Quieres, Dora?

    -¡No!

    Fue a su lado, se sentó en el borde de la cama, y le dijo al oído.

    -No sobreactúes que se van a dar cuenta de que lo teníamos preparado. A partir de ahora mandas tú, tal y cómo me dijiste.

    Dora dijo en alto:

    -Está bien, beberé y que sea lo que Dios quiera.

    Le dio la botella y Dora echó un trago largo.

    -¿Y ahora qué?

    -Ahora tú mandas…

    Aún se hizo la remolona.

    -Llévame a casa.

    -No me dejaras acabar de hablar, tú mandas, haces o mandas que hagamos.

    Cómo si no lo supiera, dijo poniendo cara de sorprendida:

    -¡¿Seré vuestra jefa?!

    -Sí, y haremos lo que tú quisieras. Por 30.000 euros te mereces un buen servicio.

    -¡¿Lo que yo quiera?!

    -Lo que tú quieras.

    -Quiero que os masturbéis viendo cómo me masturbo. Quiero sentirme deseada.

    -Pensé que por los 30.00 euros ibas a pedir algo mejor.

    -Y lo voy a pedir, claro que sí, pero después, ahora quiero sentirme deseada.

    Dora metió dos dedos dentro del coño y comenzó a masturbarse mirando cómo la meneaban. Su primo Antonio era el que tenía la polla más pequeña, unos quince centímetros, al maduro le medía un par de centímetros más, el guaperas andaba en los veinte y la polla de Nicolás medía veintiséis centímetros. Dora veía cómo las manos cerradas deslizándose por las pollas hacían que las pieles taparan y descubrieran los glandes… Veía sus cojones, de menor tamaño de su primo a los tremendos cojones de su hermano.

    Ellos veían cómo dos dedos entraban y salían mojados del coño de Dora y cómo la otra mano cogía los pezones de las tetas y cómo los dedos los apretaban…

    El primero en correrse fue el guaperas. Soltó un chorro de leche que casi llega a la cama, luego fue el maduro, su primer chorro fue menos potente, el tercero fue su primo y el último su hermano que hizo una charca de leche en el suelo. A punto de correrse, le dijo Dora a su hermano:

    -Ven y come mi coño, Nico.

    Nicolás fue junto a su hermana, metió la cabeza entre sus piernas, lamió y vio lo encharcado que tenía el coño, Dora ya no lo dejó marchar, apretó su cabeza contra el coño, Nicolás le clavó la lengua en la vagina, Dora movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo a toda mecha y en nada se corrió en la boca de su hermano jadeando cómo una perra.

    Al acabar ce correrse Dora, Nicolás y los otros volvieron a coger las botellas y se mandaron unos buenos tragos. Después les dijo Dora:

    -Venir los cuatro, echaos boca arriba sobre la cama y menearlas hasta ponerlas duras de nuevo.

    Se pusieron uno al lado del otro sobre la cama. Dora, que había salido de la cama, cogió una de las botellas de albariño y le echó un generoso trago, después volvió a la cama, monto al primero de la izquierda, que era el guaperas. Lo folló al estilo destornillador, o sea, moviendo su culo alrededor al subir y bajar por la polla. Lo folló magreando sus tetas hasta que le llenó el coño de leche, luego montó al maduro y le dio un batido de coño que en poco tiempo lo dejó mirando para cuenca. Con el coño chorreando leche subió encima de su hermano y lo folló moviendo el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás hasta que vio que estaba cerca, entonces le dijo a su primo:

    -Métemela en el culo, Antonio.

    Antonio no se lo pensó dos veces. La agarró por la cintura y se la clavó hasta el fondo… Al rato sintiendo la polla entrar y salir de su culo y la verga entrar y salir de su coño y hundiendo las tetas contra el pecho de su hermano, dijo:

    -¡¡Joder! ¡¡Joder!! ¡¡Joder!!

    Y jodiendo se corrió cómo una cerda, y una cerda parecía cuando sacaron la polla y la verga de su culo y de su coño y salió la leche de ambos orificios.

    Dora ya no pudo más, aquella tremenda corrida acabó con ella, y cómo era la que mandaba, se vistió y le mandó a su hermano que la dejara cerca de casa. Ya en casa, al verla su marido, la abrazó y la comió a besos.

    -¡No sabes el miedo que pasé, amor mío!

    -¡¿Por qué, Lucas?!

    -Por si después de cobrar el rescate te hacían daño.

    Dora, que pensaba que lo del rescate era mentira, al percatarse de cómo la engañaran su hermano y su primo, exclamó:

    -¡Hijos de puta!

    Lucas la abrazó aún con más fuerza, y le dijo:

    -Ya pasó, cariño, ya pasó, lo importante es que estás bien.

    Sí que estaba bien, bien jodida.

    Quique.

  • Como me inicié en el mundo del trío sin siquiera imaginarlo

    Como me inicié en el mundo del trío sin siquiera imaginarlo

    Todo había empezado un mes de marzo, justo antes de esta pandemia. Una APP de citas era ya un lugar bastante habitado por mí, buscando hombres de más o menos edad, algo de sadomasoquismo o algunas que otra persona dispuesta a juegos con lluvia dorada. Luego del decreto de la cuarentena, mi búsqueda se vio frustrada. No se podía salir, no podías acercarte a nadie. Dejé de buscar, el tiempo pasó.

    Un día un mensaje de un tal Damián me llega. Empezamos a hablar, luego de una semana hicimos nuestro primer intercambio de nudes. Era tanto tiempo sin coger con nadie que le mandaba videos tocándome, de cómo me golpeaba las tetas y pellizcándome los pezones. Le mandaba fotos de mi culo dilatado de tanto jugar con mis juguetes, le manda de mi squirt y él me respondía con fotos y video de su pija descargando leche.

    Hablamos tanto hasta que fue el primero en saber sobre mis fantasías de tener un trío. Que dos hombres hagan de mi lo que deseen, o tener una mujer a la cual disfrutar. Estaba dispuesta a probar de todo. Damián me conto también que él tenía fantasías, como besos negros o algún dedo metido en su culo mientras le chupan la verga. O ver a dos mujeres empezar a comerse todas hasta que él se mete en la escena. Todo hasta el momento eran palabras. Seguíamos en cuarentena.

    Seis meses después la cuarentena seguía, pero por suerte no con la misma intensidad que al comienzo, no había un solo día que alguno de los dos no estuviera caliente y por ende lograba calentar al otro. Tomamos la decisión y decidimos romper el aislamiento. La calentura nos ganó. Él, con sus 44 años vivía sólo. Alto, medio robusto y una verga cerca de unos 15 cm dispuesta a meterse en cualquier agujero disponible que yo tuviera. Yo, con mis 100 de tetas, rellenita y un culo que no es gigante, pero no me quejo.

    Llegó el día, pasó a buscarme por mi casa, nunca nos habíamos visto, pero no terminé de saludarlo que fui directamente al pantalón jogging que traía puesto. Se lo bajé y mientras manejaba yo empecé a tragarme toda su pija. Se la chupaba de arriba abajo, no deje un solo lugar sin mi saliva. Damián sabiendo lo que me gustaba, hizo presión sobre mi cráneo haciendo que me meta la pija hasta lo más profundo de mi garganta y ahí me dejó un buen rato. Las lágrimas caían por mi cara, eso le gustó. Lo noté cuando me tomó del pelo y me levantó para mirarme con una sonrisa entre burlona y caliente.

    Llegamos a la casa, guardo el auto en su garaje y yo aprovechando la minifalda que traía, me la deje lo más corta posible. Cerró el auto y al verme por detrás me puso contra este empezando a moverme las nalgas mientras me daba unas duras palmadas. Luego de un rato de jugueteo me abrió la puerta de su casa y para mi sorpresa una amiga de él sentada en su cama.

    Quedé dura a mitad del pasillo. Me miró y con una sonrisa tiró de mi mano atrayéndome hacía él. Pegó sus labios a los míos, su boca se fundió en la mía y en el transcurso del beso su amiga se posó tras de mí, besaba mi cuello con su mano en el botón de mi camisa.

    Me empezó a desnudar mientras Damián metía su mano por debajo de mi pollera.

    -¿Qué pasa acá? -Susurré en su oído dejando hacer a aquella chica.

    -¿No tenías la fantasía de un trío? Deja que te lo cumpla, disfruta. -Dijo escuetamente mientras me giraba dejándome frente a la chica.- Toda tuya, Samanta. -Volvió a exclamar.

    Samanta que ya estaba completamente desnuda, era rubia, unos rulos que acompañaban a la perfección unos ojos almendra, tenía 110 de tetas, regordeta y a decir verdad un culo despampanante. Se acercó y dejando un corto beso sobre mis labios bajó a mis tetas y comenzó a besarlas, mordía mis pezones y abofeteaba mi pecho. Mis ojos se cerraban ante tal goce, daba pequeños gemidos de placer. Damián se alejó y nos observaba mientras, con el pantalón ya afuera, se pajeaba. Samanta terminó de desnudarme, me entregué por completo. Una vez desnuda se arrodilló e hizo que abriera mis piernas, ni bien lo hice comenzó a lamerme el clítoris, lo masajeaba con la punta de la lengua. Mis jadeos se intensificaban mientras ella seguía lamiendo.

    Damián se acercó por mi espalda y arrodillándose abrió mis nalgas y empezó a jugar con el agujero de mi culo mientras me propinaba nuevamente unas nalgadas. Era tanta la excitación que mis piernas temblaban y unas gotas comenzaron a salir de mi concha.

    -Vamos a la cama. –Exclamó él mientras me empujaba suavemente.

    Me tiró sobre la cama boca arriba, me abrió las piernas mientras Samanta sólo observaba. Se arrodilló y empezó a comerme la concha mientras me metía dos dedos dentro. Samanta se acercó y mis nervios se notaban, venía directo a mi cara a que le coma el coño. Entre gemidos de placer, ella se sentó en mi cara. Empezó con movimientos de cadera frotando su vagina en mi cara, no lo dudé y con mis manos separé sus labios buscando su clítoris.

    Comencé con un cunnilingus lento, sintiendo como de a poco mi lengua se iba mojando con la saliva y sus jugos. Ella seguía frotando con fervor mientras Damián se levantó y acomodó su verga en la entrada de mi concha metiéndola de golpe “¡Ahhhh Si!”. Fue lo único que llegué a decir porque aquella concha empezó a largar un intenso squirt sobre mi rosto a compás de los gritos de aquella mujer encima de mí.

    Mientras Damián seguía penetrándome con fuerza por culpa de aquella escena, se tiró sobre mi llegando a mi rostro y a su vagina que aún no corrió de ahí y lamía lo que quedaba de ambos lugares.

    Mi corazón estaba acelerado y mi cuerpo y deseo dispuesto a lo que sea.

    -Esta noche vas a estar dispuesta para lo que queramos, putita. -Me susurró Samanta mientras dejaba una mordida en el lóbulo de mi oreja.

    Damián que ya había salido de mi para aguantar sus ganas de acabar, fue en busca de la boca de Samanta, y mientras ellos se devoraban yo me arrodillé buscando el culo de ella, el cual mordí, lamí y besé. Un dedo mío se metió dentro de su culo, que a decir verdad estaba bastante dilatado y sin cortar aquel beso, Samanta largó un gritito de placer. Seguí por otro dedo más, Damián la tomó del pelo y la puso en pose de perro en la cama. Se quedó en el medio mientras a mí, llevándome a la cama y haciendo que me arrodille en cuatro atrás de ella.

    -Chúpale todo el orto. -Indicó Damián mientras golpeaba mi culo.

    Hice caso. Metí tres dedos dentro de su concha moviéndolos mientras escupía y lamía el agujero de su entrada trasera.

    Damián no hizo mucho más que separarme las nalgas y con una sola escupida posó la punta de la verga y la introdujo de una sola estocada en mi orto. Grité de dolor, siguió mientras yo intentaba concentrarme en ese culo que tenía delante. Mientras él seguía intentando abrir mi culo lo más posible, Samanta estaba más excitada que nunca y yo por demás caliente, abrí lo más que pude su concha y la lamí con rapidez, buscaba con mis dedos su clítoris, lo tocaba, lo magreaba.

    -¡Hija de puta, me estás haciendo correr!

    Samanta me tomó del pelo y apretando mi cara contra su vagina, casi sin poder respirar, empezó a moverse fervientemente hasta que de la nada empezó a largar chorros calientes de squirt haciendo que me moje, pero sin desperdiciar lamí lo más que pude, y manteniéndolo en mi boca y luego de haber recibido una culeada que cuando me toqué, sentí como mi culo estaba dilatado, me di la vuelta y acercando mi boca a la cara de él le largué todo el líquido en su rostro y boca.

    Me dio una bofetada, y sentándome de golpe en la cama justo al lado de la chica, nos puso su verga en frente y empezamos a comerla, yo me concentré en los huevos, los lamía, escupía y estiraba metiéndolos adentro de mi boca mientras que Samanta daba arcadas con su pija.

    Yo sin decir nada escupí mi mano y desparramando mi saliva llevé un dedo al culo de Damián, haciendo fuerza le penetré el orto, dejé unos segundos el dedo quieto y comencé a moverlo, lo metía y sacaba. Me tomó de la cabeza haciéndome ahogar con los testículos que nunca había dejado de chupar.

    Fue tanta la excitación que tuvo con las dos que se empezó a pajear y entre medio de gritos de placer que daba acabó por nuestras caras. Una gran parte de semen calló en mi mejilla, Samanta me miró y con su dedo índice la arrastró hasta adentro de mi boca y nos fundimos en un beso luchando por ganar ese preciado premio.

    Yo, caliente y siendo la única que no había acabado me tiré en la cama. Ambos fueron por mí, abriéndome las piernas. Tenía la concha dilatada a causa de tanto magreo. Samanta me chupaba las gomas de una manera dolorosa pero excitante, Damián quería hacerme acabar con un fisting.

    Metió cuatro dedos que entraron sin problema alguno, con ayuda de un lubricante seguía metiendo. Logró entrar sin problema alguno su quinto dedo, me dolió. Pedí que no la sacara, tiró más lubricante mientras Samanta colocaba so concha frente a mí, la muy condenada me meo la cara, mientras Damián lograba meter toda su mano hasta la muñeca dentro de mi ser y ella frotaba con fervor mi clítoris. Entre medio de gritos hice notar que estaba por acabar dentro de segundos.

    Ambos aumentaron sus movimientos, y yo casi ida de mi comencé a largar chorros al aire ya que Samanta me tenía bien abierto los labios descubriendo mi clítoris. Gritaba y pellizcaba el orto de ella, mis chorros seguían saliendo, Damián se inclinó y se mojó con ellos mientras movía su mano un poco más. La sacó e hizo que Samanta la chupara, lo hizo gustosa y al mismo tiempo bajaron para magrear con su lengua mi agujero vaginal completamente dilatado.

    Había quedado tirada en la cama, sin fuerzas para moverme, viéndome tan sumisa, ambos se pararon en la cama y me orinaron el rostro.

    -¡Abrí la boca pendeja! -Exclamó él.

    Yo sin chistar lo hice, recibí el meo de ambos, en boca, ojos, toda mi cara. Le hizo una seña a Samanta, ella se acercó a besarme. Mientras me besaba se acercó Damián y los tres terminamos fundidos en un beso y luego recostados en la cama.

    Y así fue mi iniciación en un trío, no lo esperé, ni siquiera lo imaginé, nunca me había calentado ni disfrutado tanto como en ese momento.

    Todo esto me hizo dar cuenta de que hay mundos de los cuales te atrapan y no logras escapar porque el morbo, el deseo y la pasión se apoderan de una manera impensable de todo tu ser.

  • Follé con mi hermano mayor cuando le hice perder el control

    Follé con mi hermano mayor cuando le hice perder el control

    Quería follar con mi hermano mayor y para ello tenía que excitarle, calentarle de tal manera que perdiera el control y que no se fijara en su querida hermana, si no en una mujer, esta fue la historia de cómo empezó todo cuando…

    Vaya semana que llevaba, había roto con mi novio definitivamente, le había pillado follando con mi mejor amiga, estaba ya de vacaciones y el resto de mis amigas se habían marchado, al igual que mis padres que estaban de viaje de negocios y no les esperaba hasta dentro de dos semana, así que no podría acurrucarme en los brazos de mi madre para llorar, me encontraba realmente sola en casa sin nadie con quien compartir mi tristeza.

    El viernes después de casi una semana sola, me encontraba en la cama cuando sentí la puerta, era mi hermano mayor que regresaba de uno de sus viajes, me llevé una grata sorpresa cuando le vi entrar.

    -Bueno, bueno que recibimiento querida hermanita. -Me decía mientras le abrazaba de felicidad.

    -No sabes lo contenta que estoy de verte, me encontraba tan sola. -Le contesté, gritando y pegando saltos de alegría.

    Mi hermano era un chico alto, fuerte, cuerpo atlético y muy guapo, con unos ojos verdes realmente hipnotizadores, estaba casi siempre de viaje, se dedicaba a grabar programas de aventura y precisamente llegaba de uno de sus viajes, lo primero que hizo fue preguntarme que tal estaba, por la universidad, por los chicos, en fin de todo un poco y a pesar de estar cansado del viaje se sentó para escuchar mis lamentos, cuando las lágrimas aparecían por mi rostro me abrazo con fuerza y me beso en el pelo. Me sentía mejor después de que alguien por fin me hubiera escuchado, mi hermano tenía esa particularidad, sabía escuchar y simplemente te solía hacer ver que todos los problemas tienen una solución.

    Esa tarde mi hermano me obligó a que me vistiera, me iba a llevar a cenar y luego de fiesta con sus amigos, eran todos bastante mayores, yo tenía 20 años y mi hermano ya había cumplido los 27, esa noche me lo pasé genial, baile, reí y conocí a un montón de chicos guapos e interesantes que hicieron que me olvidara de mi ex y de la zorra de mi amiga, el sábado y el domingo tampoco paramos por casa, nos fuimos al campo desde primera hora de la mañana con algunos de sus amigos y amigas, mi hermano tenía bastante éxito entre las chicas, las veía como le miraban, oía sus comentarios, me comentaban que era el soltero de oro de la pandilla, guapo, simpático y con dinero, no paraban de hablarme de él, de cómo estaba de bueno y de las cosas que harían con él y ahí fue cuando empecé a fijarme en ele con otros ojos, con los ojos de una mujer.

    Esa noche soñé con mi hermano y no solo soñé me masturbé pensando en él, me lo imaginaba besándome, como me acariciaba y como terminábamos en la cama haciendo el amor, sabía que estaba mal, joder era su hermana pero en esos tres días se había despertado en mí algo que no podía controlar y le empecé a desear y soñaba que esos sueños se hicieran realidad.

    Al principio solo fue eso, sueños, pero me encerraba en mi habitación y empezaba a tocarme pensando en él, pasaba mis manos por mis senos apretándoles, lamiendo mis pezones, pellizcándolos suavemente, bajaba mi mano hasta mis bragas, metiendo los dedos y acariciando mi clítoris, me quitaba las bragas y me ponía la almohada entre mis piernas haciendo subir y bajar mis caderas rozando mi sexo sobre ella, metiéndome los dedos en mi vagina hasta que explotaba en un maravilloso orgasmo.

    Decidí pasar a otro nivel, ¿y por qué no?, ¿qué podría pasar?, total estábamos solos en casa así que, intente subirle la temperatura, el miércoles me levante una vez que supe que él estaba en la cocina, fui con un pijama corto y apretado, para que él pudiera fijarse en mí, me había puesto un sujetador que reafirmaba mis pechos y el pantalón bien subido apretando bien mi sexo, metiendo aposta un poco de tela por mi rajita y por detrás dejaba ver parte de mis glúteos, supe que había funcionado cuando me dijo que esa mañana estaba muy guapa, que me veía diferente.

    No era suficiente, quizás con más tiempo, pero tiempo era lo que no tenía, ya que mis padres volverían el sábado por la tarde, ese día salimos también a cenar, un vestido muy corto y muy sugerente fue mi elección, le veía que me miraba las piernas en el coche así que discretamente me subí más la falda dejando ver casi mis bragas, seguía funcionando, le sentía nervioso mirando siempre de reojo, pero seguía sin ser suficiente.

    A la mañana siguiente misma operación, me levante estando él en la cocina, esta vez descalza, solo llevaba mis bragas y una camiseta larga muy fina tapándome hasta la mitad del muslo, uno de mis hombros quedaba totalmente al aire al caer la manga por mi brazo, un sujetador negro que se podía ver por debajo de la camiseta daba punto y final a las prendas elegidas aquel día, me senté encima de la encimera abriendo un poco mis piernas para luego cruzarlas pero siempre que él pudiera ver mis braguitas, sabía que se estaba excitando por su comportamiento errático pero seguía sin ser suficiente.

    El viernes por la mañana salí a por todas, ese era el día o ninguno, estaba en el salón cuando me levante, el sol entraba por la ventana, era perfecto, estaba descalza con unas bragas blancas de encaje casi transparentes dejando ver mi vulva, una camiseta blanca de tirantes de una tela fina muy por encima de mi ombligo, al no llevar sujetador y a poco que se fijara podía ver mis senos, me paseaba por delante de él haciendo todo lo posible para que me viera al trasluz y que se fijase bien en su hermanita, que se había convertido en una mujer muy sensual, cogí una silla y me senté al revés, a horcajadas apoyando mis brazos sobre el respaldo, el sol hacia que mis pechos quedaran bien visibles.

    Mi hermano estaba sentado con un bañador en el sofá leyendo el periódico, le veía mirarme de reojo, como miraba mis pechos y como clavaba sus ojos en mis bragas, al estar sentada de esa forma, abierta de piernas y con esas bragas transparentes se podía apreciar en todo su esplendor mi sexo totalmente depilado, apreciando perfectamente mis labios abriéndose y cerrando a la vez que mis piernas, notaba que hoy si le estaba poniendo muy caliente, sentía como me penetraba con su mirada, observe como le crecía un bulto por debajo del bañador, aquello me puso tremendamente excitada notando como mis bragas se humedecían y mis pezones se erguían apretando la camiseta, parecía como si quisieran salir de aquella cárcel de tela.

    Él seguía mirando el periódico pero cuando pensaba que no le veía se tocaba aquel enorme bulto que le había crecido y me estaba poniendo enferma, se levantó mirándome, no oculto en ningún momento su erección, pensé que vendría hacia mí pero se dio media vuelta.

    -Lara, ¿te vienes a la piscina?, necesito darme un baño. -Me dijo con una voz nerviosa casi balbuceante.

    -Bueno, me cambio y bajo. -Le contesté

    Una vez en la piscina, mi hermano estaba más tranquilo, se le había pasado la erección y pensé que había perdido una oportunidad de oro, tendría que haberme lanzado pero ese no era el plan, el plan era que se rindiese y viniera a mí, así que lo intente denuedo. Llevaba puesto un bikini estilo brasileño, la tela tapaba lo justo, el triángulo de mi sexo dejando mis glúteos al aire y por arriba solo mis pezones quedaban al abrigo del sostén que poco sostenía, ya que tanto los laterales como la parte de abajo de mis senos se podían ver perfectamente, ya bajando por las escaleras veía como mi hermano me comía con la mirada.

    Empezamos a jugar dentro del agua, rozábamos nuestros cuerpos, nos abrazábamos y nos soltábamos intentando hacernos aguadillas, reíamos los dos cada vez que se me salía un pecho, yo me hacía la ruborizada y mas cuando con toda intención rozaba mi sexo con el suyo, lo notaba otra vez súper excitado, tenía el pene en una plena erección. Parecía que mi hermano caía en mis redes cuando me rodeo con sus brazos, le rodee con mis piernas abrazándole, sintiendo su pene golpeando mi vagina, llamando para que le dejara entrar, mi hermano me cogía por la cintura, dábamos vueltas en el agua, las risas callaron al igual que las palabras, simplemente abrazados dábamos vueltas mirándonos en silencio, notaba como movía a su cadera, su pene se había salido del bañador y le sentía casi dentro de mi, buscando entrar por un lateral de mi mini bikini que yo había desplazado un poco dejando parte de mi sexo sin protección, está tan excitada, notaba mi vagina mojada, preparada para cuando él quisiera.

    Mi hermano dejó de dar vueltas, de moverse, me miro y dulcemente me beso en los labios, me sentía feliz, me volvió a besar pero esta vez busco mi lengua, nos unimos en un beso profundo y apasionado, le sentía nervioso, yo le abrazaba con fuerza y de un pequeño empujón su pene penetro un poco en mi vagina, lo suficiente como para dar un pequeño gemido, al oírme mi hermano se separó bruscamente.

    -Joder, pero que hago. -Gritó mi hermano.

    -Perdóname Lara, perdóname, no sé que estoy haciendo, no sé en qué pensaba, joder yo no quería, yo… -De un salto salió de la piscina cogió una toalla y se subió a casa.

    -Nacho, Nacho. -Le gritaba yo llamándole mientras le veía marcharse.

    Cuando subí ya no estaba, le oí como cogía la moto y asomándome a la ventana le vi marcharse a gran velocidad, me sentía tremendamente triste, quizás había ido demasiado lejos, seguro que había ido demasiado lejos y ahora mi hermano estaba disgustado, con él, seguro y no sabía si conmigo también, me quede esperando toda la mañana y toda la tarde, le llamaba al móvil y no contestaba, me estaba empezando a preocupar cuando sentí la moto.

    -Nacho Perdóname tú, yo he sido la culpable de todo. -Le dije nada más entrar en casa llorado, pero prácticamente sin mirarme y cabizbajo se metió en su cuarto, me sentía realmente mal.

    Era ya muy tarde, me había quedado dormida viendo la televisión en mi dormitorio, note como algo me subía por el vientre, metiéndose por debajo de mi camiseta, estaba todavía medio adormila y sentí como me acariciaban el pecho, como una mano bajaba por mi cuerpo y volvía a subir hasta mi pecho apretándolo con cuidado, me gustaba y cada vez me excitaba más.

    Ahora mi sexo sentía sus caricias por encima de mis bragas, presionando con los dedos, hundiéndolos en mi vagina, no quería darme la vuelta porque sentía a mi hermano por detrás, no quería espantarle de nuevo, el seguía acariciándome una y otra vez mis pechos, sus dedos por debajo de mis bragas me hacían temblar rozándome el clítoris suavemente, bajando por mis labios húmedos hasta mi vagina, introduciendo un par y vuelta a empezar.

    Sin moverme extendí mi mano hacia atrás y busque su miembro, no me costó encontrarlo, lo tenía justo detrás de mí, grande y duro, lo tenía fuera del bañador, golpeado mis glúteos, se lo cogí y lo empecé acariciar con suavidad, desde su glande hasta la raíz, sus manos seguían apretando mis pechos con suavidad, sentí sus labios en mi cuello y sin abrir los ojos gire mi cabeza buscándolos, nuevamente nuestros labios se unieron pero ahora no se separaban, nuestras leguas se entrelazaban, me mordía los labios con los suyos, mi mano no paraba de moverse arriba y abajo, sus dedos se hundían en mi vagina, aparecieron los primeros gemidos, sentía mi cuerpo volar, templar, el vello de mi piel se erizaba después de todo iba a ser suya.

    Mi hermano me giró y se metió entre mis piernas, no parábamos de besarnos, no paraba de acariciarme, recorriendo con sus besos todo mi cuerpo, me había quitado la camiseta y lamía mis aureolas, haciéndolas más grandes, la sensación de placer era enorme, mi cadera se movía rozando mi sexo con el suyo, una tela entre medias no permitía más, una y otra vez nos rozábamos ahora más fuerte, pequeños mordiscos con sus labios en mis pezones, la respiración entrecortada, jadeando esperando algo más.

    Mis manos bajaron hasta mis bragas para quitar esa barrera molesta, me quito las manos y me las subió por encima de mi cabeza, me beso apasionadamente mientras rozaba su pene sobre mis bragas, “no hagas nada Lara, déjame a mí” me susurro al oído mientras lo lamía y mordisqueaba mi lóbulo causando que un escalofrío recorriera mi cuerpo, sus labios bajaron por mi cuerpo, lamiendo, no dejando un rincón sin besar, metió su cabeza entre mis piernas y empezó a morderme por encima de mis bragas, yo estaba tan excitada que me estaba volviendo loca, estaba tan húmeda que ya estaba bebiendo de mí.

    Sus dedos empezaron a bajarme poco a poco las bragas, sus juegos me encantaban, me excitabas más y más, mi vagina se inundaba esperando recibirle, la espera era insoportable, lo quería tener dentro de mí, por fin me quede desnuda bajo su atenta mirada, su lengua recorría mis labios succionando mi clítoris que había aumentado su volumen, los primeros gritos incontrolados inundaron el cuarto oscuro, solo iluminado por la televisión.

    Su lengua penetraba dentro de mi vagina una y otra vez, sus dedos acariciaban mi clítoris, nunca antes había sentido tanto, mi hermano estaba descubriendo el sexo para mí, era tan placentero, que no podía para de gemir, levanto la cabeza y tal como bajo ahora empezó a subir besando y lamiendo todo a su paso, cuando llego a mis labios, me beso sabiendo a mí, me cogió de las manos, su pene golpeaba mis labios, buscando mi abertura, buscando mi vagina, nos mirábamos fijamente cuando la sentí entrar nuevamente muy despacio, esta vez no salió corriendo, esta vez se quedó dentro, esta vez hizo que mis ojos se cerraran, que mi espalda se arqueara que mis manos apretaran fuertemente las suyas, que un grito de placer se me escapara, la sentía entrar más y más hasta llegar al fondo, unos segundos que a mí me parecieron minutos y empezaba su baile metiendo y sacando su pene de mi vagina, a causarme gran placer.

    Una y otra vez recibía su pene y cada vez que entraba mi boca se abría del placer, sin poder emitir sonido alguno, no pude aguantar y un tremendo orgasmo apareció, mi cuerpo se arqueó mis piernas temblaron, los gritos resonaron por toda la habitación altos, muy altos hasta que me callo con unos besos, resoplaba en su boca, mi lengua estaba descontrolada hasta que poco a poco mis manos dejaron de apretar las suyas.

    Nuestros cuerpos sudorosos resbalaban, mis senos unidos a su pecho, mi hermano se puso de rodillas y subiendo un poco mi pelvis empezó a penetrarme más profundamente, mis pechos bailaban a cada empujón que recibía en mi sexo, más rápido, la sentía deslizarse dentro de mí una y otra vez, una mano se posó sobre mis pechos acariciándolos y pellizcando suavemente mis pezones.

    Todo era tan delicioso, tan placentero que me volvía loca, no paraba de moverme en círculos, empujando hacia abajo cuando él lo hacia arriba, sentía nuevamente como un orgasmo asomaba, mi hermano acelero mucho el ritmo, me cogió por la cadera y ya no me dejaba mover, era el quien movía mi cuerpo, empezamos los dos a lanzar pequeños gritos incontrolados, sentí su pene explotar lanzando su semen a mi interior, termine con otro orgasmo, no como el anterior pero igual de placentero.

    Termine con mi hermano tumbado sudoroso encima de mí, su pene poco a poco iba saliendo de mi vagina a la vez que nuestros fluidos que empaparon la cama, nos besamos y no fue la única vez que mi hermano me hizo el amor esa noche, una noche larga en la que mi hermano disfruto de mi cuerpo.

    Despertamos los dos abrazados en mi cama, la noche había sido larga y necesitábamos una buena ducha, decidimos que la mejor opción era la piscina antes de ir a comer, aquella decisión fue la mejor, ya que me volvió hacer el amor en el agua, por la tarde nuestros padres volvían de viaje y todo habría acabado o quizás no.

  • Mi segundo encuentro con mi maduro

    Mi segundo encuentro con mi maduro

    Yo estaba en mi casa, un día viernes a las 4 pm. Decidí hablarle a mi madurito para visitarlo y probar de nuevo ese pene rico, entonces le escribí al Whatsapp y me respondió a los minutos:

    Yo: Hola! ¿Estás en tu casa?

    Él: Aún no llego. ¿Por qué?

    Yo: Es que tengo ganas de visitarte.

    Él: Vente a las 8 pm

    Entonces faltando algo de 4 horas, me bañé bien, me puse mi ropa normal para que pueda sacármela rápida y no perder tiempo. Estaba súper acelerado, metiéndome mi dildo para dilatar mi ano y sea más fácil que entre su verga.

    Cuando llegó la hora de ir, tomé un taxi y lo esperé afuera de su departamento súper caliente. Cuando logré entrar ya estábamos calientes y nos fuimos a su cuarto para aprovechar el tiempo. Él se fue a la cocina para acomodar algunas cosas y cuando regresó me besó y yo le empecé a tocar el pene, que por cierto estaba bien duro.

    Se sacó su ropa y yo también lo hice, y esto sin dirigirnos la palabra. Hicimos un 69 más rico, le chupaba su verga intentando metérmelo todo en la boca, pero era demasiado grande, pero yo feliz de sentir su lengua en mi culo.

    En un movimiento rápido me puso en 4 y empezó a entrar su puntita y yo estaba excitado.

    Yo: Ayyy! Que rico papi, mete más tu pene que quiero sentirla todita adentra.

    Él: Que rico culo tienes, bien gordito para chuparlo todo el día

    Yo: Sabes que puedes hacerme lo que quieras cuando quieras papi

    Cuando no podía entrar más su verga, le dije.

    Yo: Trae mi dildo y métemelo para que dilate.

    Él: Ahorita vengo mi amor… Aquí está

    Yo: Métemelo y chupo tu verga.

    Cuando metió todo yo estaba en la nube y mejor aún, chupando la verga que me gustaba. Me movía para sentirlo todito, en ese momento quería un trío o un gangbang para cumplir mis fantasías que aún no cumplo.

    Yo: Ahora mete tu verga en tu culito, tu rico culito que te gusta.

    Él: Ya mi amor, ponte en 4.

    Yo bien obediente me puse totalmente en 4 mostrando todo mi ano abierto. Empezó a meter toda su verga

    Yo: Ahhh!!! Que entre toda, quiero sentir hasta tus huevos mi amor.

    Él: Ahí va todo tu pene!

    Yo: Uhhhh! Que rico pene tienes, la tienes tan dura!

    Metía y sacaba su pene y lo obligué a que me diera nalgadas fuertes.

    Yo: Nalguéame baby, bien fuerte.

    Lo hizo y me gustaba tanto, mi culo estaba rojo pero seguía

    Él: Que rico tu culito bien rojito mi amor. Quiero venirme

    Yo: Ahora la quiero adentro amor.

    Él: ¿Seguro baby?

    Yo: No dudes en hacerlo, sabes que me gusta tu pene!

    Sentí todo su semen caliente en mi ano y de inmediato la saqué de mi ano y la chupé para dejarlo bien ordeñado saboreando tu semen.

    Nos sentamos y se vistió rápido, pero yo no. Cuando lo vi sentado en un sofá cercano a su cama, pensé:

    Yo: Ese pene está tan rico, que voy a esperar que se baje para chuparlo para que crezca en mi boca.

    Así que hablamos y sin dirigir palabra. Le saqué su pene flácido y chupaba y chupaba y él me agarró la cabeza.

    Él: Que rica puta eres, te gusta mi pene.

    Yo: Tan rico ese pene que solo hacerlo contigo nada más. Seré tu putita.

    Le chupé tan rico que se vino en mi boca y aun así quería más pene. Pero ya era momento de irme a mi casa.

    Me despedí de él con la mano y no dejaba de ver mi culo mientras caminaba a mi casa.

    Espero les haya gustado!

    En esta pandemia estoy buscando algún chico para sentir un pene y relatarles!

  • MI mejor noche de hotel

    MI mejor noche de hotel

    Llevaba mucho tiempo hablando con mi amiga, ya habíamos quedado alguna vez, ella pasaba por una situación especial porque andaba viviendo con un chico del que se iba a separar.

    Un día dije de ir a recogerla a su trabajo para hablar y tener unas horas juntos. Más de una vez habíamos hablado de ir a un hotel, de pasar el día y la noche juntos y pegarnos una buena fiesta sexual. Así, cuando salió de trabajar, íbamos comiéndonos a besos a cada paso antes de llegar a su coche.

    Estuvimos dando vueltas un rato con el coche y saqué el tema de ir a un hotel, si podíamos, si queríamos, lo cual fue fácil decidir por que los dos estábamos deseando. Ella me confesó que en el trabajo tuvo un tonteo con un compañero antes de quedar conmigo y que le había dejado la marca de los dientes en su hermoso trasero. Sin problema, ese día era mía y yo de ella.

    Al llegar al hotel mientras ella aparcaba yo me dirigí a recepción para alquilar la habitación y volver al coche para decirle que ya teníamos la llave, se mosqueo un poco ya que me tenía dicho que lo pagábamos a medias, pero mira todo surgía así.

    Nada más llegar a la habitación fue seguir comiéndonos a besos, acariciarnos, tocarnos, despojarnos de nuestras ropas que nos íbamos quitando uno al otro apasionadamente. Tuvimos que parar porque ella quiso estar más tranquila, darse una ducha y ponerse cómoda, así se fue a la ducha mientras yo observaba aquel cuerpo solo tapado por un tanga donde se apreciaba el mordisco de su anterior affaire. Ella se duchaba y yo había llevado unas velas para decorar un poco la habitación que ya de por si era coqueta.

    Cuando salió de la ducha, solo tapada con una toalla yo no podía más, tenía que poseerla, nos volvimos a besar con tanta pasión que la toalla empezaba a bajar, “Para” dije, voy a ducharme yo ahora. Mientras me duchaba vi como la puerta del baño se entreabrió y ella me miraba, aquel momento casi hace que me masturbara delante de ella.

    Salí de la ducha y sus labios pedían guerra, se los mordía mientras iba hacia ella y nos volvimos a fundir en un beso en los que nuestras lenguas se hacían una, yo salí de la ducha sin toalla así que lo único que separaba su cuerpo del mío era su toalla, al sentarla en la cama se abrió y me dejo ver su cuerpo completamente desnudo. Sentada en la cama y yo de pie, mi miembro quedo a la altura de su boca. Abrió la boca en un ¡oh! de silenciosa admiración.

    Aprovechando la ocasión, acaricié su cabello mientras empujaba suavemente su cabeza hacia la punta de mi pene. Ella se dejó llevar y comenzó a meterse en la boca el capullo, resplandeciente por la emoción. Tenía mi miembro tan hinchado de deseo que tuvo que hacer un esfuerzo para tragarla entera.

    Finalmente se concentró en la punta, y con la lengua recorrió toda la superficie del glande, metiéndoselo luego y acariciándolo contra la mejilla. Fueron unas sensaciones estupendas. Al rato lo dejó y me preguntó si me había gustado. “Lo has hecho de maravilla”, le respondí. “Pues todavía queda lo mejor”, dijo ella, con una sonrisa que prometía el paraíso.

    Me tumbó en la cama y nos abrazamos, tuvimos un momento muy romántico uno en el hombro del otro y nuestros cuerpos desnudos entrelazados.

    La cosa fue surgiendo entre besos y más caricias, estábamos muy excitados, cada vez más el roce de los cuerpos hacía que retozáramos más. Acaricié sus muslos, percibiendo el calor que salía de su piel, para luego subir hacia sus nalgas que también acaricié llegando justo donde le gusta.

    Me puse detrás de ella y acaricié sus pechos, pellizcando los pezones que destacaban por lo duro que estaban; pudiendo apreciar la suavidad de esos montículos de placer. Hice que se tumbara y me puse encima, besando y pasando mi lengua por su cuello mientras mis manos acariciaban sus pechos. No paraba de besarla cuando decidí bajar con mi lengua a sus pechos y mis manos a su sexo, estaba húmedo y calentito, justo como a mi me gusta, pero tenía que seguir bajando, sin mas mi lengua recorrió su abdomen y llego a meterse entre sus muslos. Esos labios inferiores perfectos, ese clítoris muy duro hacía que mi lengua se recreara más y se volviera loca con movimientos circulares en él.

    La miraba a los ojos y estaba con esa cara de deseo que tanto me gusta, empecé a penetrarla con dos dedos, sus gemidos y placer iba a más, jugaba con sus pechos y me pidió que la penetrara. Fue fácil entrar, su sexo estaba muy húmedo y dilatado, agarré mi pene con las manos y empecé a darle golpes pequeños en su sexo hasta entrar solo con la punta para luego, de repente, entrar como una bestia dentro de ella para poseerla. Mis movimientos se acompasaron a sus gemidos, ella agarró mi cintura con sus piernas y mis manos a cada lado de la almohada donde estaba recostada. La presión nos hizo comprobar el aguante que tenía el colchón, porque la pasión era máxima.

    Cambiamos de postura poniéndose encima, sujetando mi miembro y dejándose caer de golpe. Ese movimiento circular, moviéndose como alma que lleva el diablo hacía que sus pechos se movieran y me excitaran más, tanto que tuve que dejar de darle azotes para agárralos y pellizcarlos. Mi amazona no paraba de follarme hasta llegar al orgasmo, su corrida fue monumental, sus fluidos resbalaban por mis testículos a la vez que hizo que yo también me corriera de forma abundante.

    Dejándolo dentro de ella, se tumbó encima de mí y nos fundimos en otro apasionado beso hasta que la sacó de dentro de ella, nos pusimos uno junto al otro, sudando y besándonos.

    Pero ese día, era nuestro y no fue la última vez que nos lo hicimos, continuará…

    Gracias por sus minutos en leerme, comenten o puntúen, eso me hace feliz.

  • Un fin de semana en la playa con mi tía y un plan perfecto

    Un fin de semana en la playa con mi tía y un plan perfecto

    Todo lo que relataré a continuación es una historia verídica y un secreto guardado desde hace ya bastante tiempo motivo por el cual me he decidido a sacarlo a la luz.

    Cambiaré algún lugar y los nombres con la esperanza de que el secreto siga a buen recaudo, pero trataré de sacar a relucir lo esencial que es lo verdaderamente importante.

    Lo primero es ubicar los hechos en el tiempo, para ello tenemos que hacer una pequeña regresión en el tiempo e irnos unos 13 años atrás.

    Yo por aquel entonces era un universitario, moreno de 1,76 m de altura, bajito, pero con buena planta y rasgos marcados, se podría decir que no estaba mal y tenía mi “público”.

    Mi madrina que en realidad era mi tía segunda tendría por aquel entonces 47 años, físicamente una mujer con buen tipo, delgada y bastante alta.

    No se trataba de una mujer espectacular o que destacase por su exuberancia, pero tampoco se podría decir que fuese fea ni mucho menos.

    Lo importante del relato es que por la diferencia de edad y por su carácter jamás de los jamases había habido entre nosotros el menor flirteo.

    Además no vivimos en la misma ciudad con lo que en realidad sólo nos veíamos de ciento en viento.

    Todo lo que ocurrió lo tuve que ir motivando poco a poco con el consiguiente riesgo que ello suponía.

    Marian mi madrina siempre ha sido una mujer soltera muy risueña y disfrutadora de la vida en el buen sentido. Imagino que habrá tenido sus ligues y parejas eventuales pero yo no los he conocido.

    Cuando digo disfrutadora de la vida me refiero a su carácter muy alegre, muy hablador siempre viajando de aquí para allá.

    Económicamente ella nunca ha dependido de nadie, ha tenido su trabajo que le ha permitido tener su piso y en esa época de la que hablamos pudo comprarse un pequeño apartamento en una zona costera del mediterráneo.

    Continuamente me solía decir:

    —Ahíjado te tienes que venir a la playa que hay muy buena marcha con muchas chicas jóvenes, tu vienes y sales por allí con total libertad.

    Realmente fue muy insistente, pero quiero volver a recalcar que estoy totalmente seguro que ella lo decía sin ninguna oscura segunda intención.

    Ella me trataba como una madre sin la obligación de tener que ocuparse de mi educación lo que la otorgaba la libertad de hablar conmigo de mis ligues como si fuese una amiga.

    El caso es que tal fue la insistencia y como todo sea dicho el plan de playa y salir de marcha no era malo al final todo se organizó para una semana Santa que hoy ya se pierde un poco en el tiempo.

    Quedamos en Barcelona dónde pasé la noche en su piso en su habitación de invitados, pero esta parte de preparativos y logística me la voy a saltar por carecer de importancia.

    A la mañana siguiente me puse al volante de su coche y nos desplazamos por carretera hasta la costa de Benidorm.

    Yo en plena efervescencia hormonal universitaria alguna vez había fantaseado con ella, pero realmente la situación parecía tan poco propicia que ni se me pasaba por la cabeza intentar algo ya que realmente el riesgo era muy alto.

    El primer día dado que llegamos a la hora de comer sólo dio para ir de compras al súper y una escapada a la cala más cercana al apartamento todo muy tranquilo.

    Viéndola broncearse con su bikini blanco junto a mi toalla mi mente empezó a fantasear y fue el primer momento en el que mi plan empezó a concebirse.

    Al principio no era ni un plan, pero como la playa entre baño y baño da para pensar pues empecé a darle vueltas al asunto, en un principio con la mera idea de suscitar una situación un poco “picante” sin esperar de ningún modo poder ir más allá.

    Ese día salimos a tomar algo y me presentó a algunos de sus amigos y sobre todo amigas, todos ellos bastante más jóvenes que ella, no tan jóvenes como yo, pero en un punto intermedio.

    Ese día como estaba un poco cansado me retiré con ella a una hora prudencial pese a su insistencia en que me quedara de marcha.

    El segundo día tras dormir nuevamente en la habitación de invitados del apartamento, fue un día de playa muy bueno y como mi calentura iba en aumento me dio tiempo a repasar las líneas generales de mi plan.

    Esa noche volvimos a quedar con su grupo y he de decir que algunas de sus amigas estaban bastante bien incluso siendo objetivos mejor que mi madrina pero yo ya iba a piñón fijo y sabía que la puesta en acción no se podía retrasar mucho porqué sino terminaría por acobardarme.

    Esa noche dejé de lado el alcohol creo que solo tomé un par de cubatas en toda la noche ambos mientras estaba mi madrina (para disponer del falso atenuante del alcohol en el caso de que todo fuese mal) y deliberadamente nada más desde que se fue sobre las 3 en un momento en el que de un bar a otro pasamos muy cerca del apartamento.

    Estuve con su grupo de amigos y amigas unas tres horas más y con la excusa del cansancio me retiré.

    A la hora de entrar traté de hacer un poco de ruido ya que la primera premisa era despertarla en el caso de que estuviese dormida

    Me senté en el sofá después de ir al baño para hacerme nuevamente notar.

    Pasaron los minutos y yo cada 5 minutos trataba de buscar la excusa para producir algún ruido que denotase mi presencia en el salón.

    El tiempo pasaba lentamente y como no me iba a mi cuarto y evidentemente mi objetivo de despertarla había tenido éxito salió a preguntarme si estaba bien.

    Ella iba en camisón corto color perla, se acercó hasta el sofá y me dijo:

    —Ahijado qué tal la noche, que pasa, no te vas a dormir, estás bien?

    Aquí empezó mi teatro para propiciar los acontecimientos.

    Contesté que la noche no había sido muy “productiva” y que me encontraba regular, pero que no se preocupase que no era nada físico más bien anímico.

    Como mi madrina no puede estar callada, ella misma se metió en la boca del lobo al insistir.

    —Pero qué te pasa te encuentras mal por algo?

    Yo me empecé a hacer el tonto, pero ya estaba maquinando en mi cabeza a mil por hora como llevar la conversación hasta los límites dejándome siempre una puerta abierta para poder recular.

    —No nada Marian, no te puedo contar que me da vergüenza, acuéstate si en realidad no es nada.

    Como era de prever picó el anzuelo.

    —Pero, cómo vergüenza, a mi me puedes contar cualquier cosa que para eso soy tu madrina.

    A partir de aquí era plenamente consciente de que tenía que medir cuidadosamente mis palabras.

    —Bueno es que la noche no ha sido muy exitosa y… bueno si es que da igual de verdad.

    Tenía que lograr que ella me insistiese mucho y así fue.

    —Que no! Dime que te ocurre?

    Aún la obligué una vez más a preguntar.

    —De verdad quieres que te lo cuente?

    —Qué sí!! Dime, anda.

    —Pues es una tontería, la noche se me ha dado fatal la verdad, pero no sé qué me pasa que estoy muy excitado y no creo que vaya a ser capaz de dormir y por eso estoy haciendo tiempo aquí en el sofá

    Ella para quitarle hierro a la confesión se rio e hizo alusión a mi juventud y para demostrar su comprensión me dijo que a ella no le importaba en absoluto que aliviase mi calentura, que me dejaba a solas.

    Tuve un momento de duda, pero cómo la situación estaba bien hilada me lancé al barro.

    —Madrina tal y como estoy yo sólo no puedo remediarlo y necesitaría ayuda.

    En ese momento su cara mudó, era un poema, estaba atónita.

    —Pero… qué quieres decir… yo no… ¡no puedo!

    Sabía que ese era el momento si no cortaba su discurso de negación todo quedaría en una anécdota para el desayuno y en una pequeña confidencia entre ambos.

    Me armé de valor y subí el tono tajante.

    —Madrina tú me has preguntado y no veo que hay de malo además precisamente tú que siempre te has mostrado liberal reconociendo lo bueno y saludable que es el sexo en todos los aspectos.

    Estaba descolocada, pero ella misma era la que había insistido en preguntar y era en gran parte responsable de la situación, mi plan estaba surtiendo efecto.

    —Pero no me refería a ti, bueno a ti sí, pero no conmigo, imagínate conozco a tus padres.

    Como un lobo que huele sangre vi que no todo estaba perdido y había un atisbo de duda en ella y lo tenía que aprovechar.

    De una manera muy delicada tomé su mano izquierda en la mía y presioné con mi otra mano muy levemente su cintura.

    Nuestros cuerpos en ese momento estaban muy cerca así que cuando la giré suavemente para que se sentase en el sofá seguramente lo vio como un paso acertado que ponía cierta distancia entre ambos.

    Marian estaba muy descolocada por el cambio y por la rapidez con la que se sucedían los acontecimientos.

    Ella quedó sentada en el sofá y yo justo enfrente con su mano izquierda en la mía.

    Yo tenía muy claro que era el momento del todo o nada.

    Acerqué su mano a mi entrepierna que en ese momento tenía una erección imperial dura como el acero debido a lo excitante de la situación.

    Ella exclamó algo como —Dios mío! —mostrando cara de sorpresa.

    Supe que era el momento definitivo, de un movimiento rápido desabroché mi cinturón y los botones del pantalón y no hizo falta nada más.

    Mi polla saltó como un resorte por fuera del calzoncillo, me sorprendió lo dura e hinchada que estaba, tenía un aspecto imponente.

    Aprovechando que todavía tenía mi mano sobre la suya hice que tomase mi pene.

    —Ves lo que te digo madrina? Estoy que exploto, tienes que ayudarme por favor!

    Y fue así como mi madrina inducida por mi mano empezó a pajearme muy muy suavemente.

    Estaba en la gloria y creo que mi polla se tensó todavía más y se hinchó de una manera que no hubiera imaginado.

    Realmente estaba sintiendo un gusto inmenso y como siempre he sido capaz de aguantar mucho hasta el punto de poder escoger el momento de correrme tenía pensado alargar al máximo el momento.

    El problema estaba en que todavía existía un contacto visual entre nosotros, a veces ella cerraba los ojos, pero en otras ocasiones nuestras miradas se encontraban mientras su mano recorría mi mástil de arriba abajo acariciándolo con dulzura.

    Esos cruces de miradas eran un tanto incómodos y en un momento Marian empezó a negar con la cabeza.

    —Nonono no puede ser… no está bien… es que no…

    Llegados hasta ese punto no me podía detener y estaba claro que el problema estaba en lo incómodo que resultaba el contacto visual directo.

    No estaba dispuesto a que todo acabase mal y tenía por otro lado que cortar ese inicio de discurso negativo.

    La distancia entre ambos era muy corta con lo que aproveché el momento en el que un pequeño giro la acercó todavía más y presioné muy suavemente su cabeza hacia delante.

    No sé ni como, pero sucedió! de repente mi polla más dura que nunca estaba en su boca!!!

    Hubo un momento de sorpresa en su cara, pero al instante cerró los ojos, el discurso negativo cesó y empezó a recorrer con sus deliciosos labios mi pene que rítmicamente desaparecía en su interior para volver a salir brillante y enorme.

    Dios mío que éxtasis! No me lo podía creer!!

    Arqueé un poco mi espalda para sentir mejor las sacudidas de placer que estaba sintiendo, mi madrina mantenía un buen ritmo y aunque técnicamente he gozado de mejores experiencias os puedo asegurar que esa ha sido la mejor mamada de toda mi vida.

    Mi cerebro iba a mil por hora en una montaña rusa de sensaciones y me encontraba con la duda de aguantar y alargar al máximo ese momento o dejarme ir.

    Hay que recordar que en ese momento la situación estaba exactamente dónde yo quería, pero si en un arrebato ella decidía retirarse me iba a quedar sin mi orgasmo y no estaba por la labor bajo ningún concepto ya que se avecinaba una corrida épica.

    Y así fue.

    Yo quería correrme dentro, pero entendía que al menos tenía que avisar de algún modo así que empecé a gemir no muy alto y a mostrar con pequeños movimientos de convulsión lo que estaba a punto de llegar.

    Mi pene era una vara de acero brillante a punto de estallar, notaba en su interior como el clímax se había desencadenado de modo imparable.

    Apoyé mi mano nuevamente en su cabeza sin hacer ninguna fuerza, pero para dejar claras mis intenciones.

    El primer disparo de semen fue súper abundante y llenó su boca por completo, esperé unos segundos para darle tiempo pero la situación escapaba por completo a mi control.

    El segundo estremecimiento hizo que mi leche empezase a rebosar por sus comisuras, empezó a caer al suelo y sobre mi propia polla.

    El orgasmo que estaba sintiendo era eléctrico súper intenso, la tercera sacudida me pilló con el miembro en la entrada de su boca y me sorprendió ya que todavía llevaba una abundante y espesa carga de semen que parecía no tener fin.

    Una parte entró dentro y volvió a desbordar pero otra impactó en sus labios y mejilla dejando regueros por doquier.

    Aún hubo una cuarta descarga que la obligó a tragar una parte de lo acumulado en su boca para hacer sitio a lo nuevo que llegaba caliente y cremoso.

    Después dos o tres convulsiones menores, pero no por ello menos placenteras que hicieron blanco en su rostro.

    La verdad es que temía un poco el momento siguiente ya que la situación era delicada, la cara de mi madrina estaba cubierta de chorretones algunos bastante espesos y blancos otros más líquidos y transparentes, de las comisuras de su boca todavía manaba líquido y como no le quedaba otra posibilidad se veía forzada a tragar parte de la leche que tenía en lo más profundo de su garganta.

    Me incliné sobre ella y dije:

    —Muchas gracias madrina ha sido increíble.

    Le di un tierno beso en los labios con lo que tuve que probar un poco del sabor de mi propio semen lo cual si os digo la verdad nunca me ha gustado mucho.

    Pero creo que no te puedes mostrar escrupuloso con alguien que se ha tragado un tercio de la mejor corrida de tu vida y tiene por su cara y por su salón los dos tercios restantes.

    Ella no sabía ni que decir así que para romper el incómodo silencio saqué mi mejor sonrisa y le dije:

    —Madrina no sabía que fueses tan buena en esto, ha sido increíble.

    Ella me sonrió.

    —Que hemos hecho!

    —Yo más bien poco, pero tú me has dejado seco —y aproveché para recoger con uno de mis dedos un chorretón de semen que le caía desde la mejilla

    Al tiempo que volvía a sonreír hice un punto en su nariz con mi semen y finalicé.

    —¡Madrina eres fantástica!

  • Mi mejor noche de hotel (Parte 2)

    Mi mejor noche de hotel (Parte 2)

    Después de recuperarnos unos momentos, decidimos ir a comprar algo para comer, así que cogimos su coche y nos fuimos a comprar a un centro comercial cercano no sin antes dar rienda suelta nuestra pasión en forma de besos.

    Como ella trabajaba para otra cadena de supermercados en el parking decidió quitarse la camiseta y ponerse otra que llevaba en el coche. La verdad es que con aquella imagen de ella quitándose la camiseta se me quito el hambre ya que solo pensaba en comerme aquellos pechos tapados solo por su sujetador negro, no sé ni que compramos, recuerdo solo una botella de Malibú. Pagamos y nos dirigimos otra vez al coche para irnos al hotel.

    Ya en el hotel y con algo de comida y esa botella de alcohol comimos un poco, aunque yo solo tenía en la cabeza sus pechos con el sujetador negro. Al acabar de comer sugerí que mi postre seria ella y así fue.

    Empecé a besarla, a acariciarla, mordisqueaba sus labios carnosos que tanto me encantan mientras mis manos se metían por debajo de su camiseta para quitar aquel sujetador y que estuviera más cómoda, lo desabroche y a través de una manga se lo quitó mientras yo lamia suavemente su cuello, mis dedos jugaban con sus pezones sujetándolos entre los dedos como si fueran canicas de lo duros que estaban. No pasó mucho tiempo cuando le quite la camiseta y mi boca bajó por su pecho mirándola a los ojos, ella solo podía suspirar porque a sus manos deberían de estar quietas ya que era yo el que merecía el postre.

    Mientras me recreaba en sus pechos mis manos con un sutil movimiento empezó a desabrochar el pantalón vaquero que con mucha suavidad iba bajando para acariciar su tanga y notar como se estaba mojando poco a poco. Se levantó de la cama para quitárselos mientras yo sentado le lamía y mordisqueaba los pezones. Me levanté y me puse a su altura para besarla mientras mis manos se deslizaban por su sexo húmedo y caliente, incluso introduciendo algún dedo.

    -“Te estás portando muy bien”, la dije, “te voy a dar un poquito de postre a ti también”.

    La tumbe en la cama, pero con su cuello en el borde, de tal manera que todo su cuerpo quedaba en la cama y su cabeza mirando al suelo. Doble un poco las rodillas de forma que mi miembro quedaba justo pegado a sus labios, los cuales abrió y saco su lengua buscando mi glande llenándomelo de saliva y listo para entrar en ella, fui empujándolo dentro de su boca mientras mis manos pellizcaban sus pechos, notaba como mi polla entra en aquella boca que tanto deseaba, hasta los testículos y empecé a moverme de dentro a fuera, dejando mi capullo siempre dentro y llegando hasta los testículos cuando entraba, era una excitación tremenda porque mientras yo la penetraba la boca tres dedos entraban en su sexo húmedo y resplandeciente de fluidos.

    Saqué los tres dedos, se incorporó y compartimos los tres dedos saboreándola y besándonos.

    Se colocó a cuatros patas mientras yo seguía aprovechando ese sabor, me miro a los ojos y con un ligero movimiento acerco su sexo a mi miembro que de lo duro que estaba entro con facilidad sin ayuda de cogerlo con la mano, se empezó a mover ella como si mi miembro fuera su juguete sexual, lo cual a mí me encantaba ya que esas nalgas estaba para darle algún azote, cose que hice, algún azote y alguna caricia, no me importar que tuviera la mordida de su anterior conquista ya que el que donde el mordió, yo reine.

    Sus pechos rozaban la sabana mientras mis manos agarraban sus caderas para poder penétrala con más fuerza, no odia creer lo excitaba que estaba y los gritos que daba, agarre sus cabellos para darle lo que ella necesitaba. Deje caer por su espalda algo de saliva y de lo arqueada que estaba parecía un tobogán. Sus fluidos caían por sus muslos por culpa de mis envestidas fuertes y duras, le estaba viniendo su segundo orgasmo mientras yo no paraba de notarlo como cada vez mi miembro estaba más lubricado y podía introducirlo más rápido.

    Estaba yo llegando a ese momento de excitación en el que no podía controlarme y saque mi miembro para rozarlo con sus nalgas hasta llegar a correrme. Mi leche salió disparada recorriendo su espalda y cayendo algunas gotas en sus nalgas.

    Se tumbó boca abajo en la cama de la extenuación y yo rendido al lado de ella haciendo dibujos con mis dedos por su espalda manchada de mí.

    Este fue mi postre, años después puedo decir que insuperable, pero no quedó ahí la cosa, porque aún quedaba mucho tiempo para disfrutar de nuestros cuerpos y dejar que ella mandara, pero será en otro relato.

    Continuará…

    Gracias por su tiempo para leer mi relato.

  • Me masturbé con una chica

    Me masturbé con una chica

    Con mi primer novio tuvimos una relación hermosa, inocente, pura, pero no por eso menos pasional y sexual.

    Estábamos en nuestra juventud, rondábamos los 20 años y el deseo por el cuerpo del otro estaba a flor de piel.

    Aunque nuestros encuentros diarios no acostumbrábamos a pasar la noche juntos, a dormir juntos.

    Recuerdo la primera vez que lo hicimos, nuestra primera noche.

    Era en verano. Mis padres habían salido de vacaciones el fin de semana.

    Era un descanso muy esperado por ellos, habían trabajado muy duro para lograrlo. Y esperado por mi, que tenía la casa de mis padres para mi sola y como siempre me gusto transgredir las reglas, intenté hacerlo con todo ese fin de semana.

    Preparé una fiesta grande, con 10 amigas, mucho alcohol, poca comida, música, baile, juventud… la idea era pasar una tarde de pileta.

    Estaba muy emocionada, sentía la libertad absoluta ese fin de semana por la ausencia de mis padres.

    El primer día se lo dediqué pura y exclusivamente a mis amigas, diez chicas divertidas, desinhibidas, veinteañeras y súper alegres.

    Por la mañana fuimos de compras al supermercado, necesitábamos víveres.

    Por la tarde disfrutamos del sol, la pileta, la música.

    Cuando nos juntamos con mis amigas intercambiamos nuestra ropa, siempre.

    En este caso los trajes de baño lucían en los diferentes cuerpos según la ocasión lo ameritaba.

    Mi idea original siempre fue fiesta de chicas, sólo chicas, pero cometí la infidencia de comentarle sobre la fiesta de la tarde a mi novio, quien interpretó que eso era una invitación y se apareció, ya entrada la tarde- noche con un grupo de amigos y más alcohol.

    No podía rechazar su visita ni la de sus amigos asique solo intenté poner algunas reglas para que la convivencia entre hombres y mujeres fuera buena.

    Al principio la presencia masculina no fue muy bien aceptada ya que nuestros planes originales no incluían hombres, con el paso de la noche y el consumo de alcohol se empezaron a relacionar más amistosamente.

    Hubo varias escenas de sexo, sobre todo en la piscina.

    Los chicos se volvieron locos al ver a mis exuberantes amigas, cuasi desnudas, jugando en el agua.

    De repente una imagen dantesca se presentó en mi piscina, veinte cuerpos, tanto hombres como mujeres lucían sus torsos desnudos, los chicos sostenían en sus hombros a las chicas que simulaban una lucha entre ellas hasta desestabilizar a su oponente y caer al agua.

    Como yo era la anfitriona no participaba del juego, observaba, me divertía y me excitaba ver tanto cuerpo joven y desnudo.

    Me excitaba ver a mis amigas mostrando su desnudez, sin prejuicios, me excitaba ver a los amigos de mi novio con sus cuerpos atléticos y sus músculos en su máximo esplendor sujetando a aquellas jóvenes mujeres.

    Mi novio observó toda la situación a mi lado, aunque participó activamente del juego en algunas oportunidades.

    Cuando llegó la hora de la cena, los muchachos tomaron la posta y encendieron el fuego para el asado. Mientras, nosotras, como no podía ser de otra manera, nos encerramos en las habitaciones, nos quitamos el traje de baño y comenzamos a intercambiar prendas.

    Desparramamos toda nuestra ropa sobre la cama de mis padres y comenzamos las pruebas de ropa.

    Es un momento mágico entre amigas, de mucha intimidad, estás desnuda, solo con una tanga y las confidencias, secretos y travesuras se comparten libremente.

    Creo que transcurrió media hora y la mayoría de las chicas ya habían encontrado su prenda y compartían un trago al lado de la parrilla con los muchachos.

    En la habitación solo estábamos Yanina, Paula, y yo.

    Ellas eran las primas de mi novio. No éramos mejores amigas, solo había buena onda entre nosotras.

    Ellas me halagaban con palabras lindas y le decían a mi novio que tenía un excelente gusto.

    Yo nunca me imaginé lo que estaba por pasar.

    Me había puesto un vestido blanco, transparente, de esos que usamos con un bikini debajo.

    Ellas sólo llevaban puesta su tanga.

    Yani, mirándome le dice a Pau: viste? Te dije que tiene buenas tetas.

    Yo, media inocente medio con intención les digo: vieron? Miren! Toquen!! Y me saqué el vestido.

    Las dos saltaron sobre la cama, cruzando la habitación y sin mediar palabras tenía cuatro manos en mis pechos.

    Primero las tocaban con vergüenza, luego de unos minutos y varios cruces de sonrisas, sus caricias se transformaron en apretujones.

    Viéndome seducida por las primas de mi novio, en la habitación de mis padres, y con la casa llena de hombres y mujeres que destilaban sexo a su paso, me invadieron las ganas de transgredir los límites y le robé un beso a Pau.

    Su lengua respondió al instante al igual que su mano en mi culo.

    El beso inocentemente robado era ahora una comida mutua de bocas.

    Estábamos locas!! ¡Divertidas! Calientes!! Después de una tarde de pileta, sol y piel bronceada, nos miramos y nos gustamos.

    Yani gritaba como loca ¡NO SEAN PUTAS!!! NO SEAN PUTAS!!! Y se sumaba con sus manos a tocar mi cuerpo.

    Escuchamos gritos de pelea de borrachos afuera lo que nos volvió a la realidad: yo la novia, ellas las primas.

    Después de la cena la fiesta terminó.

    Los invitados se fueron, algunos solos, otros acompañados.

    Ordenamos un poco la casa.

    Nos fuimos a duchar. Juntos con mi novio.

    Le practiqué sexo oral, me acabó en la cara.

    Nos acostamos, ya era tarde.

    Mi novio se durmió enseguida.

    Yo me acordé de Pau, de su cuerpo, de cómo se sentían sus besos, sus manos al tocarme, lo suave de sus pechos contra los míos, lo excitada y mojada que estaba ella, y comencé a tocarme.

    Y a mojarme, y encontré mi clítoris, y me lo toqué, primero con la punta del dedo como explorándolo, explorándome.

    Seguí tocando mi vagina y recorrí suavemente mis labios, como dibujándolos, por dentro y por fuera, y luego por dentro otra vez y por fuera, hasta que ya empapada pensando en Pau y la tarde, introduje mis dedos y llegué al orgasmo, en silencio, como ahogando el grito, para no despertar a mi novio.

    Fue la primera vez que me masturbé y fue por una mujer.