Autor: admin

  • Reponiendo en cuatro

    Reponiendo en cuatro

    Ella cajera hace unos meses en ese minimarket, él reponedor del mismo lugar.

    Ella 31 años, él 23. Ella de novia con un hombre 10 años mayor, que le daría un mejor pasar y que la quiere mucho, él soltero sin compromiso. Ella 1.50 m, él 1.85. Ella sabrosa, él juguetón.

    Ellos se miran, regularmente y todo el día…

    Ellos se sonríen regularmente y todo el día…

    Ellos se calientan con mensajitos de whatsapp regularmente y todo el día…

    Ellos se arrancan a la bodega regularmente y todos los días…

    ¿Y qué pasa en la bodega?

    En un día cualquiera, algo así:

    Ella llega y lo mira a los ojos, le sonríe con cariño, lo empuja contra la pared, en esos pequeños 4 metros cuadrados de espacio libre que hay. Mete sus pequeñas manos bajo el poleron del reponedor, acaricia su piel, suave y tibia… Él la mira desde arriba con calor, con pasión, con amor. Se besan, besos húmedos, besos con mucha lengua, mucha saliva, se chupan sus labios y se sonríen.

    Él la toma de las caderas y la aprieta contra su cuerpo para que ella sienta su miembro duro, muy duro. La aprieta y la suelta para mirar su cara de felicidad al darse cuenta que su compañero está listo como siempre. El la atrapa con sus brazos largos, ella se hace pequeña dentro de ellos… El besa su cuello ella se baja el chaleco en la parte de adelante para exponer sus pechos. El saca el pecho izquierdo del sostén y chupa ese pezon oscuro y duro… Ella gime… Eso lo excita más, él la toma y la gira. Besa su cuello, busca su boca y mete su lengua de manera agresiva, quiere chuparla… Lo excita mucho estar por atrás…

    Con sus largos brazos la envuelve entera. Toma su pecho izquierdo con su mano izquierda y con la derecha la masturba sobre el pantalón… Ella gime, con sus ojos cerrados, ella disfruta esas manos inquietas que la recorren por completo… El baja su pantalón y saca finalmente su pene. Durísimo a punto de explotar. Ella se baja los pantalones y los calzones mientras él se pone el condón. Él le empuja la espalda y la obliga a agacharse. Ella se dobla a nivel de las caderas, pone sus manos en el piso… Completa… Piernas estiradas. En esa posición intenta antevertir su pelvis aún más para exponer su vagina a su amante.

    -Cuanta flexibilidad, me vuelves loco. -Le dice él mientras enfrenta su pene a la húmeda vagina de su compañera.

    Debe flectar sus rodillas y abrir sus piernas para aquella hazaña pues es mucho más alto que ella.

    El la agarra de sus caderas y empuja fuerte. Se lo mete bien adentro, acomoda sus manos nuevamente y vuelve a entrar con fuerza. El mira fijamente como su verga entra y sale de esa vagina y le observa el ano… Tiene muchas ganas de cambiar la entrada… Aunque sabe que no puede así… Sin lubricante y con bestialidad… Mete su pulgar derecho y la estimula mientras sigue penetrándola.

    Ella se flecta más y se apoya con firmeza en el piso formando un ángulo cerrado con su cuerpo… El, al ver y sentir esta posición en la que se expone un poco más todo el interior de su compañera, le da una nalgada y se apura con fuerza. Ella se afirma más fuerte para no caer y siente como ese pene casi la atraviesa con tanta energía. El la toma firme de las caderas, baja su pelvis un poco y se la mete desde abajo y atrás, ella apenas se sostiene en pie y el golpe de sus cuerpos resuena en toda la bodega.

    -Aaayyy siii dale fuerte.

    El solo puede empujar y empujar fuerte… Hasta que termina…

    Ella se levanta, él la abraza por detrás y la masturba, pone su palma por sobre sus labios y clítoris… Moviendo con firmeza ella gime de placer, está a punto de llegar… Extiende su cabeza sintiendo el cuerpo de su hombre quien sigue masturbándola hasta hacerla tener un orgasmo maravilloso…

    Después de aquel encuentro, sólo se miran, se ríen, se limpian rápidamente y vuelven, ella a la caja y él a reponer.

  • Diario de una puritana (Cap. 4): El que es caballero repite

    Diario de una puritana (Cap. 4): El que es caballero repite

    Al otro día ella madrugó para ir a su casa y cambiar su ropa, pues no quería que en el trabajo la vieran con la misma del día anterior. Allí, en la oficina nos encontraríamos horas más tarde. Tras un par de coqueteos entendí que nuestros encuentros sexuales se repetirían más pronto de lo que yo podía imaginar.

    Mafe me preguntó por el entrenamiento que tendríamos ese viernes, a lo que le respondí que habiendo acabado con las rutinas de fuerza, lo único que había que hacer era un poco de cardio y una rutina de abdomen. Luego me propuso almorzar juntos en un restaurante cercano a la oficina, pero me negué explicándole que debía estar en casa esperando la llegada de una encomienda; supuestamente ese día iban a entregarme un cinturón lumbar, el cual ya tenía, aunque guardado, pues hace mucho que no lo usaba.

    Verdaderamente me negué porque supuse que esa noche iba a darse un nuevo encuentro sexual entre Mafe y yo, y mi plan era reubicar mi más reciente adquisición, el bombillo espía. Tenía que ponerlo en mi habitación y verificar una vez más el ángulo, si era necesario reubicar la cama; en fin, asegurarme de que fuera a grabar lo que yo quería grabar.

    El día transcurrió en normalidad en el trabajo y una vez terminada la jornada llegó el momento de un nuevo entrenamiento con recompensa final. Mafe y yo partimos rumbo a mi casa. Apenas llegamos, ella se encerró en el baño, se puso su atuendo para entrenar, que nuevamente era una de sus coloridas licras, y a mí lo único que se me ocurrió preguntarle fue si llevaba ropa interior bajo su atuendo deportivo. Ella no hizo mayor drama frente a la pregunta, “cuando llevo licras no me pongo ropa interior, me incomoda bastante, El día que usé la falda obviamente si llevaba…”.

    Esa confesión me calentó sobremanera, aunque traté de ignorarla por el bien de la rutina de entrenamiento. Claro que debo admitir que ese día, a pesar de ser una rutina mucho más corta, me costó muchísimo, pues el hecho de saber que Mafe estaba así, dificultó mi capacidad de concentración.

    Cuando terminamos el entrenamiento le propuse salir a tomar algo, aunque eso iba en contra de lo recomendable cuando se busca mejorar la forma física, pues el alcohol está prohibido. Pero era viernes, y no quería aburrir a Mafe quedándonos encerrados en casa.

    Pero ella tenía otros planes en mente, ella quería quedarse allí, quizá ver alguna película y pasar la noche en mi casa. Yo no me opuse, de entrada era un plan más cómodo, más económico, y que desencadenaría más rápidamente en el codiciado polvo.

    En ese momento comprendí que Mafe estaba tan deseosa como yo, su cuerpo exhalaba deseo, estaba anhelando fornicar de nuevo conmigo.

    Pedimos una pizza a domicilio, también muy en contra de los intereses por estar en buena forma, pero muy práctica para planes como el que teníamos. No recuerdo la película que vimos, precisamente porque no le puse mucha atención, ya que pasé el tiempo, de principio a fin, besando a Mafe por el cuello, descubriendo además que esta era una de las cosas que más la calentaban.

    Fueron cerca de dos horas las que estuve en ese plan: besando su cuello, acariciando su cintura, susurrándole al oído; obviamente, haciendo ciertas pausas para fingir que prestaba atención a la película.

    También hubo momento para conversar, y entre uno y otro tema Mafe me preguntó qué tal había estado en nuestro polvo del día anterior. Yo, por el bien de futuros encuentros, me sinceré, aunque no del todo, pues no quería herirla.

    -Bastante bien para estar tan deshabituada. Tienes que soltarte un poco más…

    -¿A qué te refieres con soltarme?

    -Que te conviene estar menos tensa. Tomar la iniciativa ocasionalmente, moverte a tu antojo y disfrutar.

    -Bueno, si es por disfrutar, te digo que lo he disfrutado.

    -No lo dudo, pero seguro puedes disfrutar más. No quiero que te lleves una imagen errada de mí por lo que te diré… mira, por ejemplo, ese momento en que te dieron ganas de orinar, pudiste haber orinado ahí mismo y listo. Es cuestión de que te dejes llevar.

    -Pero una cosa es dejarse llevar y otra cosa es ser sucia y desagradable.

    -Es que no te lo tienes que tomar literal, eso fue solo un ejemplo. Si no te sientes cómoda orinándote en medio del polvo, no lo hagas. A lo que me refiero es que si algo se te antoja, debes hacerlo, si me quieres morder, lo haces; si quieres que te chupe los senos, me lo dices o jalas mi cabeza hacia ellos; si quieres gritar, lo haces.

    -¿Tú pasaste un buen rato?

    -Claro que sí. Fue un polvo ciertamente raro, el juego previo fue muy largo, con masaje incluido, que nunca lo había hecho, pero estuvo muy bien. De hecho todavía no me creo haberlo hecho con una mujer tan bella y perfecta como tú.

    -Gracias…

    -Soy un privilegiado por todo esto que está ocurriendo, de poder estar con una mujer tan bella y de tan noble carácter

    -Basta, me vas a hacer sonrojar

    -El rubor de tus mejillas es el sustento de mi alma

    Ella permaneció unos segundos en silencio, con la vista ligeramente inclinada, como si realmente se estuviera sintiendo intimidada por mis cumplidos. Luego acercó su cara a la mía y empezó a besarme.

    Nuestros cuerpos también se juntaron, empezamos a restregarnos el uno con el otro, aún con la ropa puesta. La tomé del culo con ambas manos y apreté sus nalgas como no lo había hecho hasta ahora, mientras nuestro beso se extendía. Sus manos, en cambio, se posaron casi todo el tiempo en mi cara.

    Luego del largo beso, empecé a bajar con mis labios por su mentón, por su cuello, al que dediqué un tiempo considerable, a la vez que iba acariciando su abdomen y ocasionalmente sus piernas.

    Continué bajando, primero por sus hombros, luego por su pecho, sin detenerme mucho tiempo en sus senos, para llegar a su abdomen. Ella mientras tanto fue sacándose el pantalón, de nuevo con cierto esfuerzo dado a lo ajustado del mismo.

    Esta vez me iba a llevar una grata sorpresa, pues Mafe se había tomado la delicadeza de depilar su pubis. Sinceramente, un detalle de fina coquetería. Ahora sí que podía apreciarlo como era, carnoso, jugoso, rosadito, aseado y hasta con buen aroma.

    No tuve reparo alguno en chuparlo y en consentirlo con mi lengua. Ya lo había hecho una vez, cuando estaba recubierto por una gruesa capa de bello, no veía razón para no hacerlo ahora.

    Ella se limitaba a disfrutar, a permitirme hacer lo que yo quisiera con mis labios, con mis dedos y con mi lengua sobre y entre su coño. Esta vez se le apreciaba un poco más tranquila para suspirar, para gemir, para expresarse.

    Su vagina ardía, casi que quemaba, y a mí esto me enloquecía. Me daba a entender que de nuevo estaba haciendo bien mi trabajo. Y es que sinceramente yo me lo tomaba a pecho, sabía que no era cuestión de enfocarme completamente en el movimiento de mi lengua sobre su pubis, sino que todo era un arte de movimientos precisos. Me encargaba de estimular otras zonas de su cuerpo con mis manos: sus pechos, sus pezones, su abdomen, sus caderas, y especialmente su entrepierna, pues esta zona me hacía perder la razón.

    Ella correspondía mi esfuerzo con sus gemidos y con esos espasmos, evidentemente involuntarios, tan dicientes de las sensaciones que la poseían.

    A esa altura de la naciente relación que surgía entre Mafe y yo, ya tenía dos certezas: los besos en el cuello la enloquecían, y recibir sexo oral era uno de sus mayores anhelos.

    Yo estaba deseoso por penetrarla una vez más, pero antes de continuar decidí detenerme y preguntarle:

    -¿Mafe, tú te tocas?

    -¿Que si me masturbo?… Sí, más de lo que crees

    -Jejeje, bueno, luego me lo cuentas. Yo te lo preguntaba es porque quiero que me enseñes a tocarte, para aprender todo lo que te gusta

    -No hace falta, el sexo oral que me das es tan placentero como cualquier tocamiento

    -Me halagas Mafe, pero me gustaría lograr tu máximo punto de placer sin necesidad de usar mi lengua. No porque no quiera darte sexo oral, sino porque quiero aprender a tocarte, entender que te gusta y que no

    -Bueno, te prometo que mañana te enseño a tocarme, pero por ahora quiero que sigas consintiéndome con tu boca

    -Listo, trato hecho

    Volví a sumergir mi cara entre sus piernas para posar mi lengua sobre su clítoris y estimularlo inicialmente con unos movimientos circulares. Simultáneamente la agarraba de las caderas, casi que clavándole mis uñas, que no eran muy largas ni muy puntudas, por lo que tenía la certeza de que no le estaba haciendo daño.

    Yo estaba supremamente concentrado en la estimulación de su clítoris, pero esta se vio interrumpida con un fuerte gemido de Mafe, que en cierta medida me asustó, pues no me lo esperaba, pero que a la vez me confirmó que la había hecho tocar el cielo con mi lengua.

    Al igual que el día anterior, Mafe empezó a pedir repetidamente que le “hiciera el amor”, y yo, completamente ansioso y caliente, accedí. Esta vez los condones estaban más a la mano, pues estábamos en mi cuarto, así que no hubo pérdida de tiempo en la tarea de ir a buscarlo. Sin embargo, Mafe me pidió que no lo usara, “quiero que me lo hagas al natural”, fueron sus palabras textuales, lo recuerdo a la perfección. Y lo recuerdo tan bien porque me sorprendió sobremanera, no podía creer que me estuviera pidiendo eso. Yo le hablé como si se tratara de una pequeña niña que no conoce los riesgos de las ETS o de un embarazo, pero ella respondió haciéndome saber que no era ignorante de ello, pero decía confiar en mí, por lo que no tenía recelo alguno en hacerlo así. “Y para evitar el embarazo basta con que te vengas afuera”, dijo ella dibujando una pícara sonrisa en su rostro.

    En ese momento parecía que el inocente y el de los prejuicios era yo, pero es que me había sugestionado tanto con el carácter puritano de Mafe, que estaba casi todo el tiempo pensando en no generarle desconfianza.

    Y ahora que tenía su beneplácito para follarla a pelo, era el tipo más feliz del planeta.

    El día anterior había sentido fuertemente el ardor de su coño incluso usando un condón, por lo que lo que iba a sentir a continuación iba a ser para el delirio. Tomé mi pene entre mis manos y lo conduje hacia su apetitosa vagina, y tal y como lo esperaba, el calor que emanaba de ella era brutal, tanto así que casi me corro con solo penetrarla.

    Claro está que me contuve, pues la fiesta hasta ahora empezaba. Fui enterrando mi miembro sin prisa alguna, sintiendo la forma como su vagina abrazaba mi pene, sintiendo su humedad, mirando su carita sonriente y cómplice.

    Ella hacia el ademán de acercar su rostro al mío para que la besara. Yo no quería hacerlo porque sentía que me había quedado un molesto aliento a coño, aunque de todas formas era por su culpa, así que tendría que entenderlo.

    Sus besos eran dinamita pura, pues Mafe era una experta para jugar con su lengua, y sobre todo para provocar, pues tenía la picardía de hacer el ademán de querer besarte o morderte, para luego retirar ágilmente su rostro y así aumentar el deseo por hacerlo.

    En esta ocasión presté la atención que el día anterior no había dado a sus senos. Me apasioné chupando sus pezones, y especialmente jugando con ellos entre mis manos, principalmente acariciándolos por debajo, pues no sé por qué, pero tenía cierta fijación con hacer esto.

    El ritmo de mis movimientos fue incrementándose poco a poco, aunque sin llegar a ser violento o demasiado precipitado, sino más bien tratando de sacar mi pene de su vagina en la mayor medida de lo posible, para luego penetrarla a profundidad.

    Tenía la sensación de que el coito esta vez era mucho más natural, pues sus gestos eran genuinos, ella ya no se contenía para expresarse, y yo también había dejado un poco al lado esa sensación de estar bajo la presión de cagarla con ella.

    Sin embargo Mafe interrumpió el momento para pedirme cambiar de posición. “Quiero montarme”, dijo en medio de una corta y tímida risa.

    Yo accedí, me acosté y le di vía libre para subirse y hacer lo que quisiera conmigo. Fue en ese momento que Mafe entendió por completo que ella también podía imponer el ritmo de la relación. No apenas se montó, sino cuando se dio cuenta que si no se movía, poco y nada iba a pasar. Yo le cedí toda la iniciativa, pues llevarla cuando estás abajo es supremamente agotador, además que estaba buscando que ella por fin comprendiera que podía marcar el ritmo del coito.

    Inicialmente sus movimientos fueron muy suaves, más como si se estuviera restregando, pero poco a poco fueron más drásticos, fueron convirtiéndose en saltos de su humanidad sobre mi pene.

    Yo deliraba viendo cómo se movían las carnes de sus caderas al rebotar sobre mí. Simultáneamente acariciaba sus piernas, y ocasionalmente le agarraba fuerte de las caderas, como buscando hacer más contundentes sus movimientos.

    Llegó un instante en que ella me tomó del pelo, me agarró fuertemente y me jalonó hacia ella, hasta llevar mi cara hacia sus pechos. Yo empecé a chuparlos pero ella me detuvo con una cachetada.

    Yo quedé helado, no sabía ni que decir, pensé incluso que eso le había molestado, pero antes de que dijera nada ella me interrumpió diciéndome, “discúlpame, se me antojaba mucho hacer eso”. Yo solo le sonreí, pues entendía que mis palabras habían tenido efecto, había conseguido que Mafe gozara del sexo a su antojo.

    Luego del pequeño episodio de agresión, Mafe empezó a besarme, esta vez de forma lenta y muy tierna, como queriendo disculparse por el golpe que me había propinado, o por lo menos así lo interpreté yo.

    Yo la rodeaba de la cintura con mis brazos, mientras ella seguía cabalgando sobre mí. Los besos se hicieron cada vez más frecuentes, pues tanto a ella como a mí nos apetecía saborear la boca del otro.

    Ella también me abrazó, lo que dificultó los movimientos un poco, pero lo que contribuyó a que yo alcanzara el orgasmo más pronto. Ocurrió porque ella empezó a arañarme la espalda, y esto me enloquecía. Se lo hice saber, comentándole que era pertinente que me desmontara antes de que ocurriera algo indeseado.

    Ella lo entendió y se apartó. Yo rápidamente me puse en pie y solté mi descarga en sus pechos. Creo que ella no lo esperaba, la expresión de sus ojos, completamente abiertos, y un pequeño movimiento de su torso hacia atrás reflejaron su sorpresa, pero una vez con el semen corriendo sobre sus senos, lo único que hizo fue mirarme y reír un poco.

    Yo estaba más que conforme, no solo porque este encuentro sexual había sido mucho más placentero que el primero, sino porque había logrado un cambio drástico en la mentalidad de Mafe.

    Capítulo 5: Fantasías de una puritana

    Mientras se limpiaba el pecho, Mafe confesaba entre risas que nunca había imaginado que fuera hacer algo así, dejar que alguien la recubriera con esperma, o cachetear a alguien mientras fornicaba…

  • De prácticas con Leonardo

    De prácticas con Leonardo

    Después de graduarnos, tomamos un mes de vacaciones para al fin embarcarnos en viajes como Pilotos de Altura agregados, para completar nuestra formación. Cuál no sería mi sorpresa al enterarme por el propio Leo, que nos habían enrolado en el mismo buque. En definitiva habíamos compartido habitación en el último semestre y nos llevábamos bien, el único incidente, aparentemente sin importancia y sin mayor transcendencia, ocurrió una semana antes de graduarnos.

    Después del último examen estatal, que ya nos sabíamos graduados, la Academia nos ofreció un brindis a todos, un total de 18. En el salón de oficiales se realizó la actividad. La mesa bufet de lujo: una selección de mariscos exquisitos: vieiras, percebes, centollos de Alaska, langostinos y hasta abulones. Los camareros pasaban con las bandejas con copas de champagne para el brindis y en las mesas una selección de whiskys, brandy, cognac, ginebra, vodka. Aquél ágape duró cerca de dos horas y todos salimos bastante entonados.

    Yo llegué a la habitación y me lancé a la cama adormilado y medio borracho. Al poco rato llegó Leo que se desnudó y me balbuceó algo pero no le entendí nada, se metió en la ducha, mientras yo me desnudaba y lo agitaba para que terminara pronto:

    –Dale Leo, abrevia que quiero ducharme. –Él no ha corrido la cortina del baño y observo que tiene la cabeza enjabonada y se enjuaga sus genitales. Como no puede verme por el jabón en los ojos, me fijo cómo lo hace y no puedo evitar un escalofrío al detallar aquella bonita verga a mitad de erección. Se me antoja como un poco cónica, el glande no muy grande y el tronco engordando hasta la base. Nunca me había fijado bien en sus partes, pues sabiéndolo hatero ni siquiera tuve curiosidad, ni había prestado atención a su magnífico cuerpo atlético, pero sin exageraciones.

    –No me jodas Alex, tú llegaste primero y te echaste a dormir como una cerda en lugar de bañarte. Ahora te tienes que esperar a que yo termine.

    –Bueno, espero que la emoción no te dé por hacerte una paja –nos reímos.

    –No te preocupes que si me entran ganas ya te avisaré para que me tires un cabo. –Se ríe malicioso.

    –Olvídate, que no eres mi tipo –le digo y nos reímos.

    –Recuerda que cuando no hay pan, se come casabe y el mío es de yuca.

    –Mira, no resingues más y acaba. Me despiertas cuando termines, que tengo sueño.

    Me giré de lado en la cama, ocultando mi incipiente erección y dejo en exhibición mis nalgas blancas, lampiñas y redondas. Siento que me están tocando las nalgas y me despierto un poco sobresaltado, es Leo que me avisa que ya terminó, está de pie junto a la cama, como Dios lo trajo al mundo, se tapa apenas con la toalla su evidente erección. Me levanto y me meto en la ducha, me siento un poco anonadado, no se me sale del pensamiento aquella excitante imagen de la verga tiesa de Leo dejándose admirar entre los pliegues de la toalla. No me lo puedo creer, trato de impedirlo pero no logro apartar de mi mente la sensación de placer que me provoca aquello y comienzo a fantasear lujuriosamente.

    Cuando salgo del baño, ya Leo se ha marchado, me estoy terminando de secar y detecto que ha dejado su toalla húmeda sobre mi cama.

    –Me cago en la madre de este maricón que me ha dejado la toalla mojada sobre mi cama. –hablo solo pero en alta voz.

    Recojo la toalla para extenderla en el tubo de la cortina pero siento un olor a sexo, a macho, a semen y le pego la nariz y efectivamente, no me cabe la menor duda que Leo se ha masturbado y me ha dejado aquel regalo. Huelo una y otra vez aquella toalla y mi excitación es ya incontenible, le paso la lengua y la restriego sobre mi cuerpo, en fin que termino masturbándome en la misma toalla.

    Al mes siguiente me reencuentro con Leo en el barco el día del zarpe. Él estaba en el portalón cuando yo subí por la escala real. Me recibió muy efusivamente, me dio un abrazo:

    –Pensé que se te iba el barco.

    –No, qué va. Estoy en tiempo. –él me ayuda con un maletín de mano mientras yo llevo mi maleta nueva.

    –Ven, que te voy a mostrar el camarote que nos han asignado para los dos, seguiremos siendo compañeros de cabina. –Leo saca la llave y abre el camarote y saca otra llave y me la entrega:

    –Mira Alex, ésta es la tuya. Yo escogí esta cama más a crujía, por si me mareo y te dejé a ti la de la banda, pero si tú no quieres nos cambiamos, por mí no hay problema.

    Nosotros nos llevamos bien durante todo el curso, pero ahora nos llevamos mejor, siento que me trata con deferencia y se me antoja que hasta con cariño, a lo mejor son imaginaciones mías, no sé, lo veo con buenos ojos y me atrevo a decir que hasta me estoy enamorando. No deseo hacerme ilusiones. Siendo hetero, no me explico bien este cambio de actitud tan repentino hacia mi. Aunque no olvido lo acontecido el último día en la Academia, a pesar de que ninguno de los dos hemos insinuado nada y ni siquiera hemos tocado el tema, como si no hubiese ocurrido.

    Estamos navegando en el Atlántico Norte, a mí me han asignado al turno de guardia del Primer Oficial que cubre de 04:00 a 08:00 (4:00 am a 8:00 am) y de 16:00 a 20:00 (4:00 pm a 8:00 pm). Por su parte Leo cubre la guardia de 08:00 a 12:00 (de 8:00 am a 12:00 m) y de 20:00 h. a 24:00 h. (de 8:00 pm a 12:00 pm).

    Por los horarios de guardia que tenemos, nunca coincidimos en el comedor de oficiales. Cuando él llega al camarote después de almorzar, yo o estoy durmiendo la siesta o haciendo algún trabajo que me haya encomendado el Primer Oficial. Por la noche él llega al camarote pasadas las 12 de la noche cuando ya yo duermo para subir al puente a la guardia de las 4:00 de la madrugada.

    Un día que él llegó al camarote pasada la medianoche y yo estaba despierto, me comenta:

    –¡De pinga Alex! Ya casi ni nos vemos y apenas hablamos.

    –Es verdad mi hermanito, nos vemos todos los días pero durmiendo –Ambos nos reímos.

    –Vamos a ver mañana que es Nochebuena, voy a guardar mi bebida para brindar contigo cuando termine la guardia.

    –Yo también voy a guardarla y así festejamos juntos la Navidad Leo.

    –¡Bárbaro! Mañana nos vamos a desquitar Alex, ya tú verás.

    Al día siguiente hay ambiente de fiesta, pero se mantiene la disciplina. Se bebe moderadamente, la cena es especial: coctel de cangrejo con salsa rusa, bisque de cangrejo, chuletas de cerdo a la plancha, ensalada de vegetales con la salsa de su preferencia, congrí cubano con chicharrones y bacon frito y mesa libre de postres: helados haagen dazs, flan de leche y selva negra.

    A las 6:30 pm somos relevados los oficiales en el puente por el Tercer Oficial y Leo, entonces bajamos el Primer Oficial y yo.

    –¿Qué tal la cena Leonardo? –Pregunta el Primer Oficial dirigiéndose a Leo.

    –Uff ¡está estupenda!

    –¡Qué bueno! Pues allá vamos. Mucho ojo y recuerden: no le den la espalda a la proa nunca.

    –Si, primero. Vaya y cene tranquilo, no se preocupe –le dice el Tercer Oficial.

    Cuando termino mi guardia a las 8:00 pm me reúno con el resto de oficiales que están en el Salón de descanso. Unos juegan dominó y otros a las cartas o simplemente conversan. Me bebo varios tragos y antes de la medianoche ya queda el salón desierto. Me marcho al camarote y me cambio de ropa, poniéndome un chándal deportivo azul Prusia con cintas blancas. Sobre el escritorio coloco una hielera y dos vasos, estoy en esos trajines cuando se abre la puerta y entra Leo. Por la alegría que lo acompaña me percato que ha bebido un poco de más.

    –Leo, tienes que tener cuidado, no puedes beber tanto para hacer la guardia.

    –No te preocupes que lo que estoy es sabroso. –Acto seguido se me acerca por la espalda y abrazándome por la cintura me estrecha su rabo tieso contra la raja de mis nalgas. Yo no protesto pero le digo:

    –Leo, por favor, que alguien puede entrar y vernos y ¿qué van a pensar?

    –Lo único que pueden pensar es que somos pareja y que nos amamos. ¿Quieres entonces que cierre la puerta?

    –Sí, cierra la puerta. Y recuerda que nosotros no somos pareja –Él va a la puerta y cierra con el seguro.

    –Puedes estar seguro que hoy tu y yo vamos a ser pareja. Yo sé que te gusto y tú me gustas mucho. Y vamos a hacer lo que hace tiempo debimos haber hecho y no hicimos por pendejos que hemos sido, recuerda el dicho de: «perro pendejo, no singa» –me abraza y me besa en la boca. Yo no hago la menor resistencia, me entrego sin chistar, mientras él me gira y me coloca de nuevo el rabo cónico y duro entre mis nalgas y me lo restriega.

    –¿Te acuerdas del regalito que te dejé en la habitación, encima de la cama?¿Te gustó?

    –Sí, me gustó mucho, me tomó por sorpresa, la verdad.

    –A partir de ahora tu vas a ser quién se ocupe del mantenimiento de mi fusil,  las pajas me las haces tú. Mi maricón, ¿Sientes bien cómo la tengo?

    –Si, está que echa leche –y sonrío con nerviosismo.

    –Pues desnúdate y acuéstate bocabajo y con las nalgas empinadas, ponte mejor una almohada debajo, así –me colocó una y mientras me decía eso, se quitó la ropa y se acostó encima de mí.

    –Pásame el gel anda – yo lo había dejado a mano en la cabecera, por si acaso. Tomó el frasco y sentándose sobre mis piernas se untó gel en su rabo.

    –Ábrete bien las nalgas – echó un chorrito de gel directamente en mi ano y me metió un dedo dilatador que me supo a gloria. Suspiré y gemí.

    –No te adelantes, que ya vas a tener oportunidad de suspirar y gemir, llorar y gritar, todo lo que quieras. –Se agarró el tolete con la mano derecha y me lo puso en el hoyo de entrada de mi culo. Con la otra mano me tenía cogido por la cadera. Me tensionó mientras me empujaba aquel trozo de carne por el recto. Me preparé para sentir tremendo dolor, pero nada, no fue para tanto, aquello entró tan suave y tan placenteramente que ni que fuera su escondite de siempre.

    –¿Te gusta?

    –Si, me gusta mucho.

    –¿No te duele mucho?

    –No, no me duele.

    –Ese es el objetivo, esto es para gozar y disfrutar y no para torturar – Me parece estar escuchando a un experto en el tema, mi experiencia me dice que no es más que una mentira piadosa.

    Aquello fue algo maravilloso. Uno no es adivino, pero si lo hubiera sabido, hace mucho tiempo que me hubiera entregado a Leo.

    Me estaba dando tremendos culetazos, jadeaba de placer.

    –¿Quieres que te preñe?

    –No papi, prefiero que me la descargues en mi espalda y en las nalgas y me embarres bien.

    –¿Y cuándo te la vas a tragar toda?

    –Otro día, no sé.

    –¿Que no sabes? Eso va a ser mañana mismo. De eso yo me encargo. Ya verás. – Por supuesto que ya supe que al día siguiente me tocaba mamar y tragarme toda la leche que diera mi toro.

    Sentí un frenético mete y saca de Leo y una descarga de semen dentro de mí culo. En realidad sentí más su morrongona convulsionando dentro de mí. Nos quedamos un rato inmóviles. Él me la sacó y se fue al baño, yo me masturbé sin esperar por él. Tremenda bronca que me echó por hacer eso.

    –¿Por qué no me esperaste? –Leo estaba serio.

    –Es que pensé que tú no querías hacer nada más.

    –Mal pensado, fuiste egoísta. Nuestra relación es cosa de dos, no de uno solo. Ambos tenemos derecho a sentir placer con el otro.

    –Perdóname Leo, te juro que no va a volver a pasar.

    –No hay nada que perdonarte Alex, no olvides que amar es no tener que pedir perdón nunca –acto seguido se inclina sobre mí y me besa en la boca, en la comisura de los labios. Siento un temblorcillo en mi cuerpo. Él mete su lengua y siento el dulce sabor de su saliva.

    –Cuando quieras hacerlo tu solo, me lo dices, igual haré yo.

    A partir de esa noche loca Leo y yo fuimos una pareja de amantes felices.

  • Sheriff mano dura (Partes 1, 2 y 3)

    Sheriff mano dura (Partes 1, 2 y 3)

    Después de varias jornadas a caballo el sheriff había llegado a la pequeña localidad de Carson City, le habían encargado una misión de incognito para resolver los problemas que tenía esta ciudad con la familia dominante del pueblo, habían recibido varias denuncias siempre anónimas.

    Se dirigió al salón, lugar donde en este tipo de pueblos era posible enterarse de todo.

    Entró en el salón, su entrada llamó la atención, su gran altura y complexión fuerte no pasaban inadvertidas, se acercó a la barra y pidió un whisky.

    Sheriff: Que tal es este pueblo?

    Cantinero: Es un pueblo tranquilo, dentro de lo que cabe.

    Sheriff: Dentro de lo que cabe?

    El cantinero ignoró la pregunta y siguió con su trabajo, el sheriff insistió y el hombre tras mirar a ambos lados le contestó en voz baja.

    Cantinero: La familia Carson dueña de la práctica totalidad del pueblo es caprichosa y domina a toda la población, la cual no tiene más remedio que someterse a sus caprichos.

    Sheriff: El señor Carson es muy duro con ustedes?

    Cantinero: El señor Carson murió hace ya años, son sus herederas las que nos tienen sometidos, su viuda, hija y nieta.

    Sheriff: Tienen pistoleros a sus órdenes?

    Cantinero: No los necesitan, como le dije son los dueños de medio pueblo y la otra mitad trabaja para ellas, nadie se atreve a enemistarse con ellas, el loco que se atreviera a hacerlo tendría que irse del pueblo. Solo tienen a un viejo capataz que es un buenazo y algunos hombres que trabajan en su rancho. El alcalde y el sheriff son familia suya, así que nos toca callar y obedecer…

    El sheriff acabó su trago y salió del salón, ya sabía cuánto necesitaba saber.

    Según salió, su mirada se dirigió a un pequeño revuelo que había al final de la calle. La gente estaba arremolinada alrededor de un pobre anciano caído, entre el gentío destacaba la figura de una joven montada en un precioso caballo alazán.

    Joven: No le he visto venir y llevo prisa, tengo que ir a probarme el vestido para la fiesta del gobernador así que apártense que voy a seguir galopando.

    Pico espuelas, pero el caballo no se movió, el fuerte brazo del sheriff sujetaba las riendas manteniendo al caballo parado.

    Joven: Que hace? Suelte inmediatamente las riendas.

    Sheriff: Creo que antes de irse debería pedir disculpas a este pobre anciano.

    Joven: Eres forastero, está claro, y no sabes con quien estás hablando.

    Sheriff: Lo sé perfectamente, estoy hablando con una niña malcriada necesitada de un buen castigo.

    La gente se calló de repente, asombrada ante las palabras del forastero.

    Joven: Soy Mary Carson y suelta las riendas antes de que te cruce la cara con mi fusta.

    Sheriff: Lo haré cuando pidas perdón al anciano.

    Mary: Muy bien tú lo has querido…

    Levanto la mano con la fusta y la descargó con fuerza hacia la cara del forastero, este en un rápido movimiento esquivó la fusta y sujetó firmemente el brazo de la joven, apretándole la muñeca hizo que soltara la fusta con un gritito de dolor, de un fuerte tirón del brazo descabalgó a la joven haciéndola caer encima de su hombro.

    Sheriff: Con lo fácil que hubiera sido pedirle perdón al pobre hombre, pero has elegido el camino del castigo, te mereces unos azotes por tu comportamiento y te aseguro que los vas a recibir ahora mismo.

    Mary: Bájame ahora mismo cerdo!!! La joven pataleaba y golpeaba con sus puños la espalda del sheriff.

    El sheriff con gran parsimonia se dirigió a un banco de madera con la joven en su hombro como si fuera un fardo, la gente veía la escena con una mezcla de temor e incredulidad. Los hombres no perdieron la ocasión de mirar el pequeño y respingón culito de la joven con una sonrisa.

    Dejo a la joven en el suelo y se sentó en el banco, de un tirón la hizo caer bocabajo en sus rodillas, levantó la mano y…

    Plas plas plas… ayyy ayyy suéltame bruto!!! No me pegues, suéltame maldito!!!

    Mary pataleaba y se retorcía en las rodillas del forastero intentando soltarse, pero era inútil el fuerte brazo izquierdo del sheriff le sujetaba la espalda mientras la enorme mano derecha no paraba de azotar el pequeño culito, dándole a la pobre Mary la primera azotaina de su vida.

    Finalmente la soltó, la joven estaba roja de furia nadie se había atrevido jamás a tratarla así y menos en público.

    Mary: Eres un cerdo y un animal!!! Te arrepentirás de esto -dijo haciendo ademan de sacar el revolver que llevaba en su costado.

    El sheriff rápidamente le sujetó la mano desarmándola.

    Sheriff: Esta claro que nunca has recibido disciplina, imaginaba que con esos azotitos no sería suficiente. Ahora vas a recibir una auténtica azotaina para que aprendas.

    Dicho esto sujetó a la joven contra su cuerpo inmovilizándola, mientras su mano derecha se dirigió al cinturón de la joven desabrochándolo, lo mismo hizo con la bragueta tirando de los vaqueros hacia abajo hasta los tobillos, quedando la joven en unas preciosas braguitas rosa con dibujitos. Giró el cuerpo de la joven colocándolo en sus rodillas y empezó a azotar el redondo culito solo cubierto por la pequeña braguita.

    Ayyyy!!! Ayyyy!! A cada azote que recibía en la parte más carnosa de su cuerpo Mary chillaba como una condenada, intentaba entender que estaba pasando, su cabeza se negaba a aceptar que a sus 20 años estaba siendo castigada como una niña mala, escuchando las risas de la gente del pueblo que presenciaban excitados la escena.

    Sentía que su culo ardía y pataleaba y se revolvía, pero todo era inútil, la dura mano del sheriff azotaba su lindo culito sin compasión, era tal el tamaño de la mano que cada azote abarcaba la totalidad del pequeño culin.

    Sheriff: Estoy seguro que es tu primera azotaina, te aseguro que no la olvidaras…

    Diciendo esto metió los dedos por el elástico de la braguita tirando de ellas y bajándoselas hasta medio muslo, la joven intentó evitarlo sujetándolas, de dos fuertes manotazos hizo que las soltara y siguió dándole su primera zurra a la pobre Mary….

    Desde que empezó a azotarla con el culo desnudo, la joven se había rendido, ya no luchaba, permanecía quieta recibiendo el castigo sollozando como un bebé.

    Acabado el castigo el hermoso culito de Mary presentaba un color rojo intenso, soltó a la joven la cual rápidamente se subió las bragas y el pantalón, saliendo corriendo a su caballo. Montó con dificultad por el terrible dolor de culo y salió disparada hacia su rancho.

    -Forastero se acaba de ganar unas malas enemigas -le dijo el cantinero que había salido de su local ante el alboroto- yo que usted me iría del pueblo.

    Sheriff: No tengo la menor intención de hacerlo, me alojaré en una de sus habitaciones.

    Parte 2:

    El sheriff estaba sentado en una mesa del saloon dando buena cuenta de un enorme filete con patatas, la larga cabalgada y el castigo a la joven le habían despertado el apetito.

    Las puertas del saloon se abrieron violentamente, entrando Mary Carson acompañada de otra mujer de unos 43 años ligeramente más alta que ella y de un hombre alto de más de 60 años, al cual el sheriff identificó como el capataz del que le había hablado el cantinero.

    La mujer era atractiva, ligeramente entrada en carnes, grandes pechos y rotundas caderas que marcaban la camisa a cuadros y los vaqueros ajustados. En su mano llevaba una fusta.

    Mary: Este es mamá, este es el animal que me pego!!!

    La mujer se acercó a la mesa, soy Liz Carson dijo.

    Liz: Así que usted es el cobarde que ha abusado de mi hija.

    Sheriff: Abusar? Yo no he abusado de nadie, solo le he enseñado educación a una cría maleducada.

    Liz: La educación de mi hija es cosa mía, cerdo!!!

    Sheriff: Viendo cómo se comporta usted, entiendo que no haya educado a su hija correctamente, tenga cuidado con los insultos no vaya a tener que enseñarle también a usted, ya está mayorcita para no saber comportarse.

    Liz Carson se puso roja como la grana ante la amenaza del forastero, los nervios la hacían hablar atropelladamente.

    Liz: Como se atreve!!! Me está amenazando con darme unos azotes en sus rodillas?

    Sheriff: Es solo un aviso para que modere su lenguaje, es usted una mujer madura y no soy partidario de que su hija viera como le pongo el culo caliente a su madre, así que haga caso de mi recomendación y márchese.

    Liz sintió que la ira la dominaba, que se había creído ese imbécil para amenazarla a ella, a Liz Carson dueña y señora de ese pueblo con castigarla en su regazo.

    Liz: Maldito hijo de puta quedaras marcado para toda tu vida!!!

    Dijo esto abalanzándose fusta en mano hacia el forastero, este esquivó el golpe, ella alzó la mano nuevamente, pero no pudo completar el golpe, el sheriff había atrapado su mano y retorciéndosela en la espalda hizo que soltara la fusta.

    Teniéndola bien sujeta se dirigió al capataz.

    Sheriff: Parece usted un buen hombre y no me gustaría tener que romperle la cara, le aconsejo no intervenir.

    El viejo capataz comprendió que no tenía ninguna oportunidad ante ese mastodonte, y con disimulada satisfacción se dispuso a contemplar una escena que el mismo, que llevaba toda la vida trabajando para la familia Carson, en más de una ocasión sintió las ganas de hacer.

    Liz: Suélteme ahora mismo!!!

    Sheriff: Le avisé y como mujer rica y caprichosa no me ha hecho caso, así que ahora recibirá el castigo que ha venido buscando.

    Manteniéndola sujeta por detrás, el sheriff empezó a desabrocharle el pantalón, Liz contoneaba su cuerpo para dificultar la acción, ante lo cual el sheriff le propinó tres fuertes azotes que la hicieron saltar.

    No sin dificultad dado lo ajustados que llevaba los vaqueros, se los bajó hasta los tobillos, dejando a la vista unos muslos poderosos y la sombra que el vello púbico marcaba en las bragas de algodón blancas que llevaba la señora.

    Cogió una de las sillas, se sentó y colocó a la madura bocabajo. Los azotes resonaban en el saloon vacío, la Sra. Carson apretaba los labios para no dejar escapar ningún grito de dolor, a pesar de que sentía cada azote como si un hierro ardiente fuera, no estaba dispuesta a darle a ese animal la satisfacción de verla quejarse.

    Mary contemplaba horrorizada la escena, viendo a su madre en las rodillas del forastero recibiendo una terrible zurra, ella que siempre la había visto mandar y dominar a todo el mundo, tanto hombres como mujeres… para su vergüenza notó que la escena la excitaba… sintiendo húmedo su sexo mientras se acariciaba su dolorido trasero.

    El rollizo culo maduro era firme y la dura mano del sheriff notaba algo de dolor, de un tirón le bajo las bragas, Liz intentó sujetarlas en vano, la humillación que sentía era mayor que el dolor, girando la cabeza pudo ver como gran cantidad de gente del pueblo estaban en las ventanas viendo la escena… viendo su culo desnudo y a ella en esa postura tan ridícula.

    Sheriff: Parece que resistes el castigo, así no aprenderás, tendré que aplicarme más.

    La azotó con más fuerza, ella seguía apretando los dientes, pero las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, le dolía mucho, su culo saltaba a cada azote y la mano del forastero era como una piedra, su culo ardía…

    No estaba satisfecho tenía que oírla quejarse, así que cogió la fusta del suelo y empezó a azotar el hermoso culo con ella… la resistencia de la Sra. Carson llego a su fin, al sentir el duro cuero de la fusta no pudo evitar gritar, patalear y lloriquear pidiéndole que parara…

    Liz: Dueleee muchooo ayyy para por favor paraaa!!!

    Sheriff: Por fin veo que estas aprendiendo la lección y dejas tu actitud soberbia, si lo hubieras hecho antes no habrías recibido la fusta, ahora no podrás sentarte en una semana.

    Liz: Ya aprendiii, para por favor, no me pegues maaas.

    Aun le dio unos cuantos fustazos más y la soltó.

    Sheriff: ahora que has aprendido la lección, vete a ese rincón y ponte cara a la pared con las manos en la cabeza.

    Liz obedeció por el camino se fue subiendo el pantalón, de dos fuertes azotes el sheriff le dijo que no le había dado permiso para hacerlo, se los bajó hasta los tobillos, le subió la camisa dejándola con el culo maltrecho bien a la vista.

    Luego se dirigió a Mary.

    Sheriff: Así que además de maleducada, chivata… creo que mereces otro castigo.

    La volvió a bajar la ropa esta vez sin oposición y la dio una buena azotaina en el culo ya dolorido por la anterior, Mary volvió a llorar como una niña.

    Cuando acabó, le dijo que ocupara su sitio junto a su madre, en la misma postura. Ambas gemían de humillación.

    El sheriff mando pasar a la gente que había fuera para que las vieran en esa posición humillante y comprendieran que las cosas iban a cambiar en Carson City.

    Detrás de la gente entraron hechos una furia el alcalde y el sheriff, este último llevaba la pistola en la mano.

    Sheriff Carson: Levanta las manos forastero, te vas a arrepentir de haber tratado así a esas damas!!!

    Ayy!! Exclamo el sheriff al recibir un certero disparo que le hizo soltar la pistola, fue tan rápido que nadie pudo llegar a ver cómo había desenfundado tan rápido y desarmar con esa precisión al sheriff.

    Sheriff Carson: Ya puedes huir maldito serás colgado por disparar a un agente de la ley!!

    Sheriff: Agente de la ley? Aquí el único agente de la ley soy yo, sheriff del condado en misión especial para acabar con la corrupción y abusos de su familia en este pueblo.

    Quítese la estrella del pecho. Cuáles son los dos hombres más justos del pueblo pregunto al gentío.

    Le dijeron que eran el viejo Tom y Martin, les nombro a Tom nuevo alcalde y a Martin sheriff, con la primera misión de encerrar a los dos pájaros en una celda, vendrían a buscarlos para llevarlos ante el juez de Tucson. También le dijo que preparara otra celda para las damitas de la pared, que el mismo las llevaría esta noche, después de darles otro par de castigos en sus hermosos culetes.

    Parte 3:

    Cuando el sheriff y el alcalde corruptos fueron llevados a la cárcel, el Sheriff se dirigió al capataz.

    Sheriff: Usted puede marcharse para llevarle un mensaje a la viuda Carson, mañana la quiero a primera hora en la oficina del sheriff. Espero que sea obediente y venga, dígale que como me haga ir a buscarla su culo pagara las consecuencias. Qué edad tiene?

    Capataz: 62 años fue madre muy joven.

    Sheriff: Usted ha visto que no hago distingos de edad, sexo ni clase social para aplicar mis castigos, dígaselo así a la viuda, ella decidirá si viene por las buenas o quiere acabar en mis rodillas con el culo ardiendo.

    A la mañana siguiente el sheriff esperó en vano la llegada de la viuda, bastante contrariado cogió su caballo y se dirigió al rancho Carson. Cuando llegó el capataz salió a recibirlo.

    Capataz: Buenos días Sheriff

    Sheriff: Buenos días ¿dónde está?

    Capataz: No está, no quiso hacerme caso, se ha marchado, afirmó que de ninguna manera le iba a dar al pueblo la satisfacción de verla detenida, ella es la dueña y señora del pueblo y esa imagen es la que debe quedar.

    Sheriff: Mala decisión ha tomado, es posible que deje otra imagen más humillante, que ser detenida.

    El capataz le dijo que hacia una hora que había salido en dirección sur, con un carro en el que llevaba dinero y varios de sus enseres más valiosos, fruto de los largos años de extorsión y robo al que había sometido al pueblo.

    Montando en su caballo, el sheriff pico espuelas saliendo a todo galope a detener a la viuda.

    Casi una hora después, desde una loma pudo ver la nube de polvo que dejaba un carro que iba a buena velocidad, con la mirada busco un atajo para poder interceptarlo.

    Margaret, la viuda Carson azuzaba a los caballos intentando poner la mayor distancia entre ella y el pueblo, cuando vio la figura de un hombre grande y fuerte que le bloqueaba el camino, el hombre con un par de disparos al aire consiguió que los caballos se detuvieran.

    Sheriff: Donde va con tanta prisa? La oficina del sheriff queda en la otra dirección y creo que usted tenía una cita allí.

    Margaret: No pensaría que iba a dejarme humillar siendo detenida delante de todo el pueblo.

    El sheriff se acercó al carro y la ayudó a bajar.

    Sheriff: Veo que lleva el carro bien cargado de tesoros, está claro que le importa más su dinero que su hija y nieta.

    Margaret: Ellas saben cuidarse y este dinero es mío y no pienso perderlo.

    Sheriff: Su capataz no le dijo que pasaría si no acudía a la cita?

    Margaret: Decirme que? Sus amenazas de ser tratada como ellas? Ya me han dicho lo que usted se ha atrevido a hacer. Pero yo soy una señora de 62 años, podría ser su madre, no le creo capaz de tratarme así.

    Sheriff: Sabe que será juzgada por sus fechorías, va a pasar un largo tiempo a la sombra.

    Margaret: No podríamos llegar a un acuerdo? Tengo mucho dinero….

    Sheriff: Está intentando sobornarme? Si tenía alguna duda sobre su castigo, me la acaba de despejar, será castigada antes de que la lleve detenida al pueblo.

    Margaret: Aparte del dinero, sea inteligente puede salir muy beneficiado, es usted un hombre muy atractivo -dijo con una sonrisa seductora…

    El sheriff sonrió, pensando, desde luego es la peor de las tres, no dudaba en ofrecerse sexualmente con tal de escapar.

    Sheriff: Interesante… quítese la falda.

    La Sra. Carson llevaba una blusa y falda larga hasta los tobillos, sin dudarlo se desabrochó la falda quitándosela, no llevaba bragas sino uno de esos pantaloncitos interiores de tela blanca que se llevaban antiguamente. El sheriff pudo observar que aún era atractiva, tenía grandes pechos y por la abertura trasera del pantaloncito se observaban unas nalgas blancas y rotundas.

    Sheriff: Es usted una autentica víbora, es capaz de ofrecerse como una ramera con tal de salvar su dinero. Ya ha acumulado hasta tres motivos para que le aplique su merecido castigo, no tenga la menor duda que lo va a recibir de inmediato.

    Margaret se puso muy nerviosa, veía que todos sus intentos eran baldíos y que ese animal estaba dispuesto a cumplir su amenaza de ponerla bocabajo en sus rodillas y azotarla como si de una niña se tratara… ella que siempre había sido mimada y había recibido todos sus caprichos desde niña… su mente se negaba a aceptarlo.

    Desesperada salió corriendo, intentando escapar sin importarle lo ridícula de la imagen de correr en pantaloncitos y de no tener a donde ir… solo quería escapar del castigo.

    El sheriff se sorprendió, conociendo su fama creía que sería la más dura de las tres y veía con asombro que era la más cobarde de ellas.

    Con unas rápidas zancadas la atrapó, la dobló por la cintura y sin esfuerzo la metió debajo de su brazo, ella golpeaba sus piernas pataleando y chillando como una cría.

    Margaret: No me pegues!! -Chillaba y lloriqueaba perdiendo la poca dignidad que le quedaba.

    El Sheriff con mucha parsimonia (estaba disfrutando de la escena) la llevó en volandas hasta una piedra, se sentó y la acomodó bocabajo sobre su regazo y levantó su enorme mano…

    Los chillidos se oían en todo el valle, el sheriff tuvo que reconocer su sorpresa ante el cambio que la viuda Carson había sufrido, pasando de ser una soberbia abuela madura a convertirse en una niñata que era azotada en las rodillas de su padre, así era su comportamiento.

    Ayyy, ayyy, ayyy no me peguesss!!! -Chillaba Margaret retorciéndose y pataleando en el regazo.

    Los azotes caían sobre el maduro culito solo protegido por el liviano pantaloncito, eran fuertes y alternando cada nalga, las cuales estaban tomando un color rojo intenso.

    Sheriff: Que decepción pensaba que serias la más dura de las tres y eres más niña que tu nieta.

    De un fuerte tirón le arrancó el pantaloncito, dejándola totalmente desnuda de cintura para abajo, la dura palma de la mano del sheriff seguía castigando el blanco culo de la viuda, a cada azote sus nalgas se bamboleaban como un flan.

    Margaret: Para por favor!!! No me pegues maasss… -lloriqueaba.

    El sheriff no tuvo piedad, no la merecería y siguió azotándola durante mucho tiempo, hasta que las nalgas de la abuela pasaron del rojo al morado.

    Acabado el castigo, la soltó y dijo que ya era hora de volver al pueblo, Margaret se frotaba con las dos manos su dolorido culito sintiendo que quemaba.

    Fue a subirse al carro, el sheriff con un par de azotes la detuvo, le ató las manos, no viajaras ahí.

    Margaret: Voy a ir andando?

    El sheriff rio de buena gana.

    Sheriff: viajaras aquí.

    Desde arriba del caballo tiró de sus brazos cruzándola bocabajo delante suyo, esta postura le permitía ver el aún hermoso culo de la viuda, aprovechando para acariciárselo según iban andando.

    Margaret: Por favor bájame de aquí, no puedo entrar en el pueblo así, sería la mayor humillación de mi vida.

    El comentario volvió a provocar la risa del sheriff, que con un par de azotes acabó con la discusión.

    La entrada en el pueblo fue apoteósica, la gente alucinaba al ver a la Señora y dueña del pueblo, la que los había hecho sufrir durante años, colgada como un fardo y con el culo desnudo terriblemente rojo, quedando muy claro el castigo que había recibido. La alegría era inmensa.

    Paró el caballo delante la oficina del sheriff, cargó a la viuda en su hombro y entró, llevándola hacia los calabozos, Liz y Mary no pudieron evitar un gritito de asombro al ver como su madre y abuela era llevada en el hombro del gigante y ver el color de sus nalgas.

    A la mañana siguiente vinieron del juzgado de Tucson a por los detenidos, tuvieron que esperar un buen rato, ya que el sheriff no quiso perder la ocasión de repetir el castigo de las tres, la gente al oír sus chillidos y las palmadas sonreía con satisfacción.

    FIN

  • Decálogo de lo que me gusta en la oficina

    Decálogo de lo que me gusta en la oficina

    1.- Me gusta cuando me acuestas en la mesa de la sala de reuniones, con mi cabeza colgando. Me metes el pene entero en la boca y siento que me ahogo. Me gusta que te acuestes así sobre mi. Me gusta sentirme unida completamente. Mientras me tiras los pezones y juegas con mi vagina.

    2.- Me gusta cuando me sientas en el escritorio abres mis piernas, me metes los dedos, me humedezco, me empujas y me acuestas, tomas mis piernas para que te abracen y me lo metes fuerte.

    3.- Me gusta cuando te escondes tras la puerta, al lado de la estufa y sacas tu enorme pene y me obligas a agacharme. Me gusta que me la metas entera y que me ahogue y lagrimee. Que me presiones contra ti. Que después eyacules en mi boca siempre adentro, juntar tu semen y tragarlo de una vez.

    4.- Me gusta cuando me obligas a estar bruscamente de espalda a ti en cualquier rincón, que me subas la falda y bajes mis calzones. Me gusta que con tu otra mano saques mis tetas del sostén y con tus largas manos me masturbes mientras tiras mis pezones. Mi cuerpo se pierde en tus brazos.

    5.- Me gusta cuando en los 4 metros cuadrados que tiene la bodega me lo metes de pie, yo agachada afirmando mi cuerpo contra el suelo con las palmas de las manos completamente flectada, con fuerza entras por mi vagina mientras afirmas mis caderas.

    6.- Me gusta cuando me acuestas boca abajo en la mesa y refriegas tus dedos en mi mojadisima vagina y me humedeces el ano. Me gusta que me pases tu pene a lo largo de mi trasero y me abras las nalgas enfrentando y empujando contra el ano con fuerza pero no profundo, coqueteando con entrar, agarrando mi moño.

    7.- Me gusta cuando te sientas en la silla y me siento sobre ti, me gusta que chupes mis pezones mientras tu pene me atraviesa y llega a mi corazón. Me gusta mover mi pelvis ahí como si fuera el baile más enérgico del mundo, mientras te abrazo con ternura y beso tu cuello.

    8.- Me gusta cuando te sientas en el suelo con tus piernas estiradas y tu espalda contra el muro, yo me siento sobre tu pene, que me penetra, con mis rodillas apoyadas en el suelo una a cada lado de tus grandes muslos, mis manos sobre tu cabeza contra la pared y mis pechos golpeando tu cara con bestialidad.

    9.- Me gusta cuando te acuestas en el suelo y me siento sobre ti, me gusta que aprietes mis tetas y cierres tus ojos para controlar tu orgasmo. Me gusta que levantes tu cabeza y tu pelvis la subes con fuerza obligándome a cabalgar sobre ti, haciendo sonar nuestros cuerpos.

    10.- Me gusta cuando me miras desde tu escritorio y me dices: te acabo de mandar un correo… y me haces el amor con la mirada.

  • La orgía de fin de curso

    La orgía de fin de curso

    En esta ocasión te quiero contar una historia que tuve cuando comenzaba a estudiar la carrera de Derecho. Desde siempre mis padres me han considerado una hija ejemplar y en ese tiempo tenía muy buenas notas en la escuela y al igual que ahora, tenía un buen comportamiento ante los ojos de mi familia.

    Recuerdo que era el fin de semestre y las vacaciones estaban próximas, por lo que, con ese pretexto, mis compañeros organizaron una fiesta en casa de mi amiga Martha.

    Cuando llegué a la fiesta, había buena música, bebidas y botanas. Después de estar bailando un rato, tomé un descanso y mis amigos me ofrecieron cerveza. Como era la primera vez que la probaba, a la tercera cerveza ya estaba muy mareada por lo que le pedí a mi amiga un cuarto para recostarme, esperando que con eso se me pasara.

    Recuerdo que estaba acostada en la cama con la cabeza dando de vueltas cuando alguien tocó la puerta y al abrir descubrí que era Martha. Una vez que entró al cuarto en seguida se abalanzó sobre mí y me empezó a besar. No sé si me estaba gustando o estaba tan borracha que le seguí la corriente y me senté. Comencé a besarla también y en respuesta ella me tumbó en la cama. De forma muy delicada me fue quitando la ropa y fue besando cada parte de mi cuerpo.

    Primero me quitó la blusa y comenzó a tocar mis tetas sobre el brasier, luego me quitó el brasier y me dio unas ricas chupadas… mmmm… que delicioso se sentía eso. Después me quitó la falda, luego las pantaletas y fue bajando por mi cuerpo hasta llegar a mi panocha, la que besó y mordisqueó de una forma tan rica que hizo que se mojara abundantemente.

    Cuando se dio cuenta de lo mojada que estaba, se quitó la ropa quedando completamente desnuda y comenzó a frotar su vagina contra la mía. En el momento en que más rico estaba sintiendo de pronto se detuvo, se vistió y sin decirme nada salió del cuarto dejándome muy caliente. Por un momento pensé que eso era todo lo que iba a pasar esa noche, pero a los pocos minutos escuché que alguien se acercaba a la puerta. Era mi amiga que venía con 3 chicos y una chica más.

    En cuanto entraron al cuarto Martha cerró la puerta con seguro, lo que hizo que mi panocha comenzara a palpitar imaginando lo que le esperaba. De inmediato todos se fueron quitando la ropa hasta quedar completamente desnudos. Sin perder tiempo Martha volvió a besarme mientras los chicos nos veían con sus vergas ya bien erectas. Después de un tiempo de estar mirando Juan se acercó por detrás de Martha y comenzó a tocarla mientras que Pablo se acercó a mí y me comenzó a tocar la panocha muy ricamente. Por su parte Susana no perdía el tiempo y cuando voltee a verla le estaba dando una rica chupada de verga a José.

    Mi panocha estaba tan caliente que me separé de Martha para clavarme la verga de Pablo en tanto que Martha hacia lo mismo con Juan y Susana con José. Después de que cada una de nosotras cogió con quien la estaba tocando cambiamos de pareja, hasta que los tres nos metieron la verga en diferentes posiciones. No sé si yo era la más deseable o la más puta de las tres, pero el caso es que después de que nos habían cogido a todas, los tres chicos se fueron sobre mí y mientras uno me la metía por la panocha, otro me daba por el culo y el otro me la metía en la boca. Eso fue tan rico que perdí la cuenta de los orgasmos que me hicieron tener. Por mi parte, como toda buena putita hice que los tres chicos se vinieran deliciosamente.

    Al día siguiente amanecimos todos desnudos en el mismo cuarto con un montón de condones usados tirados en una esquina. Recuerdo que la cabeza me daba vueltas de lo alcoholizada que todavía estaba, así que fui al baño, me lavé la cara y eso hizo que me sintiera mejor. En seguida me vestí y sin decir nada salí, tomé un taxi y me fui a mi casa.

    A mi mamá le dio gusto que llegara temprano y a salvo y me dio un beso en la frente como la niña de sus ojos que soy, su orgullo y su trofeo que la vida le dio, sin saber que esa niña bien portada no es más que una puta en tregua cuando está con ella.

    Desde ese día Martha y yo no volvimos a dirigirnos la palabra, pero cuando en la escuela nos topábamos de frente, mi panocha temblaba y se enloquecía de solo sentirla cerca.

  • Violada en el cuartel

    Violada en el cuartel

    Antes que nada me presento, soy Antonella de la ciudad de Salta en Argentina, soy morocha de bueno cuerpo o eso creo. Lo que cuento me paso a mis 19 años cuando sin saber que hacer de mi vida y ante el continuo reclamo de mis padres quienes siempre me decían que debía dejar de andar de fiesta en fiesta y de una vez por todas enderezar mi vida es así que decidí presentarme de voluntaria en el ejército todo fue bien por suerte pude ingresar sin mayores problemas.

    Una de las tantas noches de guardia en la oscuridad recibí la orden de mi superior inmediato, un hombre de una altura de casi 2 metros y de un físico impresionante casi tirando a gordo me ordenó que vaya a hacer guardia a la zona de depósito de armas lo hice y fui a cumplir con la orden.

    Eran como las 3 de la mañana cuando siento un ruido y me asusté porque ese es un lugar alejado de todo y solo quien hace guardia anda por ahí. Asustada fui a ver que sucedía y de repente veo a mi superior el sargento y me dice:

    -Que pasó soldado?

    -Nada señor no sabía que era Ud. (me pareció raro que a esa hora se apareciera por ahí)

    Sargento: soldado no puedo dormir así que vine a ver como estaba Ud.

    Soldado: bien señor sin novedad

    Sargento: no me digas señor ahora la autorizo a que me digas Ricardo

    Soldado: está bien señor, perdón Ricardo.

    En ese momento se abalanzó y agarrándome fuerte de los brazos me dice “a partir de ahora vas a ser mi putita” yo intente zafarme, pero me fue imposible, era un hombre grande y me superaba ampliamente en fuerzas.

    Me manoseaba por todos lados y de repente me obligo a arrodillarme, me sujetó de la cabeza y sacó su pene que al verlo me asustó era un pene como de 20 cm y muy grueso, me obliga a chupar mientras me dice “chupa putita”. Me tuvo un rato chupando y me dijo “bueno putita llegó la hora desnúdate”.

    Yo llorando le decía:

    Soldado: por favor señor déjeme ir, prometo no decir nada a nadie, pero no me haga nada.

    Sargento: mira putita quieras o no hoy te voy a coger así que obedece y sacate el uniforme que no quiero que se ensucie.

    Llorando me desnudé, entonces me hizo acostar en una colchoneta me abrió las piernas y empezó a pasarme la lengua por todo mi cuerpo, por mis pechos y fue bajando hasta llegar a mi vagina me empezó a chupar y yo aunque no quería empecé a excitarme, pero intentaba no demostrar mis sentimientos.

    Sargento: mmm putita que rica estas y ya estás mojadita.

    Se separó de mí y empezó a apuntar su enorme pene en mi vagina en ese momento sentí terror, empezó a introducir su pene y yo lloraba de dolor no era virgen, pero nunca había sido penetrada por un pene tan grande.

    Me lo metió completo haciendo que mi vagina se estirara empezó el mete y saca a un ritmo infernal lo sentía llegar a mi estómago sentía mi vagina abrirse.

    Después de un rato me dio vuelta y me dijo “ponete en cuatro putita quiero ver ese culito”, yo me negué, pero él me pegó un puñetazo en las costillas que me dejó sin aire. Él aprovechó y me acomodó, yo llorando le pedía que por favor parara, a él mi llanto parecía excitarlo más, me escupió el culo y de un golpe me metió todo su pene rompiéndome el culo, lancé un grito desgarrador a lo que él me tapó la boca con su manaza, empezó a entrar y salir de mi dolorido culo, no podía aguantar el dolor, estuvo dándome un rato hasta que dijo:

    Sargento: toma mi leche putita -empujando con todo su pene dentro de mi culo descargando una gran cantidad de leche. Se salió de mi y me dijo- anda a lavarte y volves a la guardia, apúrate putita.

    Yo llorando agarré mi uniforme y apenas podía caminar por el dolor, me higienice y volví a la guardia todavía me quedaban 2 horas. Al salir del cuartel a las 8 de la mañana lo único que quería era llegar a mi casa y dormir, pero el estaba afuera esperándome.

    Sargento: Antonella a partir de ahora vas a ser mi asistente ya no vas a hacer guardia, pero vas a ser mi putita personal, me gustó mucho usar tu culito y quiero volver a hacerlo.

    Yo lo miré con tristeza y no contesté, me fui a mi casa y debía pensar que hacer, por mi mente pasaba abandonar todo aunque eso implique pelear con mis padres.

    Espero les haya gustado mi primer relato perdón si no fue lo que esperaban trataré de mejorar. Acepto todas las críticas muy pronto les contaré lo que decidí hacer con respecto a lo que me propuso el sargento Ricardo.

    Se reciben sugerencias besos a todos.

  • José

    José

    José tiene 20 años, pronto cumplirá 21. Un cuerpo marcado por el trabajo físico, piel cobriza, manos y pies callosos, labios delgados, cabello ensortijado, ojos avellana. Unas piernas de futbolista y unas nalgotas duras y marcadas, igual que su pecho y brazos. Se rasura totalmente, del cuello para abajo.

    Desde que comencé a coger con él, hace un año, hemos agarrado confianza. Se queda en mi casa durmiendo, me culea como quiere, de pie, en 4, en el baño, en el patio, le chupo la verga en el auto, en la calle, de día, de noche. Una vez me culeó 5 veces en una noche, dejándome el culo súper abierto y chorreando leche con sangrita. Yo tengo el doble que su edad y soy pálido, blanco y velludo.

    Pero ya han cambiado las cosas. Ahora depende del empleo que le doy así que es más obediente y sumiso que antes. Recuerden que estamos hablando de un chico de campo sin educación y que ve la oportunidad de un empleo seguro bajo las mejores condiciones. Duerme en una habitación que es del tamaño de la mitad de toda su casa. Le pido que camine en cuero en la casa y lo hace, Le pido que se ponga en 4 para lamerle el culo y se deja. Lo acaricio, lo beso, lo aprieto y él parece un gatito obediente. Solo que no había querido darme el culo, hasta ahora.

    Fumamos marihuana y tomamos ron con coca cola. El comenzó con tres cervecitas y luego paso al ron. Ya estaba mareado y entre el reggaetón y mi sobadera, se fue quedando tranquilito y adormilado, Creo que la hierba que traje es mucho más fuerte que la que consigo siempre para él. Cuando nos vamos a la cama comienzo a lamerle los labios y él se queja por lo bajo. Instintivamente le agarré las nalgas, duras, grandotas, firmes, lampiñas. Se las voy abriendo y se me ocurre pasarle un dedo suavecito por el ojo del culo. Una vainita pequeñita, casi no se sentía, parecía una heridita. Lo lubrique con saliva y seguí metiéndole el dedo poco a poco mientras le hablaba al oído diciéndole lo rico que se sentía, que como me gustaba sobarle el culo y que esa tarde lo iba a trabar. Solo se reía, pero se dejaba, cosa que no hacía antes.

    Encendí la cámara de la PC y le di vuelta a él. Esa nalgas gloriosas, redondas, grandes, duras, cobrizas, lampiñas. Se le notaban paradas y ahí metí mi cara, primero sobándolas y luego lamiéndolas y mordisqueándolas. José solo se quedó tranquilo, no hizo el menor ademan de moverse. Me fui montando en su espalda musculosa y lamí, apreté y finalmente llegué a su botoncito. Una cosita chiquitita, apenas visible, arrugadita.

    Me pegué a lamerla y babearla hasta que sentí como se relajaba. Le metí un dedo y dio un respingo. Seguí lamiendo las nalgas y conseguí algo de lubricante, otro dedo y el hijueputa me apretaba durísimo.

    Cuando ya los dos dedos entraban y salían de su culo y lo sentí relajado fui metiéndole suavemente la cabeza de mi verga. El contraste de su piel con lamia era fabuloso. No chilló, no lloro, no se quejó. Nada. El huevo le fue entrando poco a poco hasta que mis pelotas rozaron con sus nalgotas. Tuve que hacer un esfuerzo para abrírselas porque como es tan musculoso me apretaba que sentía que me iba a reventar la verga.

    Le di pinga suavecito por un buen rato, sacaba la verga y veía como su ano adentro, rosadito, estaba lleno de sangre.

    Lo lavé con agua y jabón y el acostado bocabajo, con una almohada subiéndole las nalgas, volví a meterle dos dedos para lubricarlo y regrese con la pinga. Otra vez le di hasta que me corrí dentro de su culo, bien adentro, las pulsaciones de mi corrida eran casi dolorosas,

    He visto el video de esa cogida y la cara de dolor y placer que José puso vale oro.

  • Tú mi querido lector y yo

    Tú mi querido lector y yo

    Hola, son las 5 de la mañana y no sé por qué me he desvelado, no puedo dormir, me siento muy excitada y me he despertado con las braguitas húmedas, supongo que del sueño en que estaba sumida, estoy caliente, muy excitada y he caído en la cuenta que estaba pensando en ti… si en ti, aunque no nos conozcamos, aunque tú solo me sigas y me leas y que yo simplemente te escriba, e intente que por unos minutos salgas de la monotonía, entreteniéndote con mis relatos, haciéndote soñar y que viajes conmigo más allá, y más allá quiero ir hoy con mis relatos, quiero que hoy solo estemos tú y yo en una habitación de hotel, sentir tu cuerpo sobre el mío, sentir tu respiración acelerada, por eso hoy he querido coger mi portátil y agradecerte que esté ahí y hacer el amor… contigo.

    Nos hemos conocido formalmente hoy en la biblioteca de la universidad, estoy trabajando en un proyecto nuevo para mi tesis, estamos a mediados de junio y hace bastante calor, hoy salí de casa con un vestido azul oscuro muy corto, la espalda prácticamente al aire y sin sujetador, craso error porque con el aire acondicionado de la biblioteca ha hecho que mis pezones se hayan puesto en punta queriendo salir de esa tela azul tan fina que los mantiene ocultos y sé que tú te has dado cuenta de ello.

    Nos hemos visto en otras ocasiones pero siempre allí, en la biblioteca, nadie nos ha presentado, lo único que sé de ti es que llevas un mes como yo encerrado entre aquellas cuatro paredes, estudiando o investigando, pocas o ninguna palabra hemos cruzado, quizás un hola, un adiós, pero sé que me observas, sé que desde hace semanas tus ojos se han posado en mí, sé que has estudiado mis gestos, que sabes de mis medidas y sé que te mueres por estar conmigo, que como lo sé… porque a mí me pasa lo mismo.

    Quiero conocerte, me gustas pero te veo tan tímido, tan huidizo que cada vez que me acerco a ti te escondes, pero hoy me he propuesto romper esa barrera, quizás por eso ese modélico tan sugerente aunque no contaba con mis pezones en plan de guerra y sin embargo han sido mis más leales ayudantes que son los culpables de haber roto el hielo, ye miro y no me pierdes de vista, me estás comiendo literalmente con la mirada, siento tus ojos en mis piernas, viendo a través de mi vestido gracias al trasluz y de esa tela tan fina el final de mis muslos, en mi sexo, fijándote en mis pechos y en esos pezones que apuntan al cielo, puedo sentir como tu pene se empieza a empalmar, como intenta salir de tu pantalón y ser libre.

    Me he subido a unas pequeñas escaleras para alcanzar un libro, justo a tu lado, hago lo posible por estirarme para que puedas ver por debajo de mi falda, me miras y no pierdes ojo de mi tanga, mis nalgas al aire y una tirita de tela metiéndose entre ellas, siento como tu mirada penetra por debajo acariciando mis labios, queriendo entrar en mi vagina.

    Hago que me caigo y tú reaccionas rápidamente, sujetándome con tus manos que van deslizándose desde mis caderas despacio por mi cuerpo, me vas bajando poco a poco y mi tanga queda visible para todo el mundo que quiera mirar, a la vez que mi cuerpo baja tus manos van subiendo rozando los laterales de mis pechos y tu dedo corazón rozando por encima de mis pezones.

    -Gracias por cogerme. Te digo susurrándote al oído, en ese mismo instante el tiempo se ha detenido para nosotros, nos miramos fijamente el uno al otro a los ojos, hasta que consigo romper el hechizo.

    -Hace frío aquí verdad, iba a salir a tomar un poco el sol me acompañas.

    Lo hemos dejado todo encima de la mesa, incluido el libro que acababa de coger, un libro que nada tiene que ver con los otros que tengo amontonados y sé que te has dado cuenta de ello, en la calle empezamos andar, el sol me calienta y mis pezones vuelven a su estado natural, hablamos de todo un poco sin saber a dónde ir, hemos salido del campus y vamos paseando por las calles que rodean la universidad.

    -Te apetece un helado. Te pegunto al pasar por una heladería, hacía tiempo nuestras manos se habían rozado y sin darnos cuenta habíamos entrelazado nuestros dedos, caminábamos cogidos de la mano como una pareja de enamorados más, ahora con la otra sujetábamos los conos de helado saboreándolos, lamiendo las bolas antes de que se derritieran y observó cómo te has manchado un poco los labios de tu helado.

    -Puedo probar tu helado. Te pregunto y tú me ofreces el cono, me acercó a ti y te lamo la comisura de tus labios, limpiando los restos del helado, te miro y te veo sorprendido y antes de que digas o hagas nada te vuelvo a besar, los conos de helado caen al suelo, nos abrazamos y besamos apasionadamente en medio de un parque, tu lengua saborea mi boca y viceversa, es un baile que ha hecho que nuevamente mis pezones se pongan duros, el poco bello de mis brazos se erice y me sienta volar mientras me besas.

    A cada paso que damos nos besamos, tardaríamos horas en llegar nuevamente al campus a este paso, al pasar por una calle y sin decirme nada tiras de mí metiéndome en un hotel, es un hotel de cinco estrellas donde sin preguntarme nada y sin que yo me niegue nos registramos, son las dos de la tarde cuando cerramos la puerta de la habitación, me siento tan excitada, te tengo delante y no paro de besarte, recorres mis hombros con tus besos, abrazados, besándonos vamos dando vueltas hasta llegar a la cama donde me tumbas y te echas encima de mí, me vas besando desde la comisura de mis labios hasta el cuello, quitándome las dos finas tiras de mi vestido que lo sujetan por los hombros, acaricias mis pechos por encima de mi vestido, me lo vas bajando poco a poco descubriendo mis areolas que han aumentado de tamaño, me dejas el vestido a la altura de mis caderas no bajas más, siento como con las yemas de tus dedos acaricias mi cuerpo lamiéndome con suavidad, me estás desmontado pieza a pieza, siento como mi cuerpo tiembla ante tus caricias, tus manos aprietan mis pechos sin soltarlos, y succionas mis pezones con tus labios.

    Me siento nerviosa, excitada, muy caliente en mi interior, mi tanga humedecido por mis labios, mi vagina en ebullición, quiero saber lo que oculta esa camisa blanca que llevas, tú sigues acariciando mi cuerpo y a mí tan solo me falta un botón para quitarte la camisa, un pecho bien definido y musculoso se presenta ante mí, besándolo suavemente con los labios, recorriéndolo de un lado a otro, tengo tu pene casi entre mis manos, apretándolo por encima del pantalón, necesita salir de aquella cárcel y yo le ayudo a escapar bajándote los pantalones, tu bóxer apretado sugiere que estás bien dotado, al verte así inconscientemente me empiezo a morder la comisura de mis labios, tienes un pene enorme y tremendamente duro y eso me excita aún más, el glande se sale de la tela que lo presiona lo que aprovecho para probarlo, lamiéndotelo con cariño, recorriendo todo su contorno, metiéndomelo en la boca y succionándolo un poquito, te oigo jadear y me encanta escucharte, voy quitando poco a poco lo que esconde tu pene saboreándolo entero, recorriéndolo con mi lengua mientras te miro, mis manos sobre tu pene hacen que se deslice arriba y abajo metiéndomelo en mi boca, salivándolo, llegando hasta mi garganta, te siento tan excitado que me encanta.

    Sin dejar de lamerte, me giras y te tumbas boca arriba en la cama, metes tu cabeza entre mis piernas y me vas quitando mi vestido a la vez que mi tanga, muy despacio, según vas retirando la tela que me separa de ti saboreas mis caderas, lamiendo y succionando mi clítoris, los jadeos ahora son de los dos, los gemidos de los dos, el placer de los dos, tu lengua recorre mis labios húmedos, sigues quitándome el vestido que va por la mitad de mis muslos y tu lengua empieza a saborear mi vagina, mi vestido y mi tanga por fin caen al suelo junto con tu ropa, mi tanga moja e impregna de mis flujos tu bóxer, mientras que nosotros seguimos besando y lamiendo nuestros sexos.

    Siento gran placer cuando con tus dedos apartar mis labios y descubres mi piel rosada, lisa y mojada de mi vagina metiendo tu lengua profundamente, metiéndola una y otra vez, tus dedos masajeando mi clítoris, excitándolo más aún si cabe, los gemidos no cesan, tus dedos dentro de mi vagina y tu lengua en mi clítoris, me están volviendo loca, mi cuerpo se estremece.

    Tu pene no deja de meterse en mi boca una y otra vez, lo noto tan suave, tan duro y venoso que siento sus palpitaciones, sigo recorriendo con mi lengua todo su contorno, te oigo gemir más y más rápido, más alto, sé que te vas a correr así que acelero, lo succiono más adentro, lo presiono con mis labios subo y bajo mis dedos sobre él resbalando por la saliva que tiene, has parado de lamer y de acariciar mi sexo, explotas dentro de mi boca, lanzando tu semen a mi interior, tragándome parte de él, a la vez que eyaculas los gemidos se convierten en gritos de placer, siento mi boca caliente de tu semen.

    Empiezas de nuevo a meterme los dedos en mi vagina, tus penetraciones digitales más profundas y más rápidas, mi clítoris no sale de tu boca, lo succionas una y otra vez, mis piernas empiezan a tener pequeños espasmos, pequeños temblores, mi vagina se empieza a inundar de mis flujos, pequeños chorros salen de mí, has cambiado el clítoris por mi vagina para sentir mi orgasmo y al igual que yo ahora bebes de mí, mis gritos se amortiguan al tener tu pene dentro de mi boca, aun así me pueden oír perfectamente, ya que el placer que me acabas de dar es tremendo.

    Tu pene no se ha deshinchado del todo, me das la vuelta con cariño y nos besamos, tú sabes a mí y yo a ti, los dos desnudos acariciando nuestros cuerpos, te tengo encima sudoroso, sin aire que separe nuestros cuerpos, mis piernas abiertas y tú entre ellas, siento tu pene otra vez tan duro como antes, golpeando mis labios, buscando la entrada a mi vagina, nuestras lenguas no se separan y siguen bailando, entrelazándose, nuestras manos unidas por encima de mi cabeza y nuestras caderas moviéndose a mismos son, buscando la forma que entres dentro de mí.

    Por fin tu glande se encuentra la entrada de mi vagina, contengo la respiración, lo noto golpear contra la entrada, mis brazos te rodean la espalda y tú poco a poco vas empujando hasta que me penetras con tu pene, un gemido tremendo se desliza por mi garganta mientras que mis yemas de los dedos se giran clavándote mis uñas en tu espalda en ese mismo instante, aquello que esperaba sin saberlo, sin ser consciente de ello desde el mismo día que te vi estaba pasando, te sentía dentro de mí, mi vagina te recibe expandiéndose a tu paso con cada penetración, hasta que llegas tan profundo que mis gemidos ya no pueden salir de mí.

    Vas metiendo y sacando con suavidad tu pene, como si me fueras a romper, el roce de nuestros cuerpos en mi interior no tardan en hacer que te abracé nuevamente con fuerza, que mis uñas se vuelven a clavar arañando tu espalda, elevo mis piernas abrazándote con ellas también para que puedas moverte más libremente, para que tus empujones hagan que tu pene entre y salga de mi vagina más rápido y más profundos, tus penetraciones más fuertes.

    Quiero tenerte dentro, quiero que te pares y sentirte muy dentro, sentir como tu pene palpita, quiero que me beses sin que nos movamos, así muy bien, siento tu pene llenando mi vagina, poco a poco te vas moviendo, despacio, quiero que vayas despacio ahora, sácala y métela despacio y no pares de besarme, empuja fuerte y déjamela dentro, así…así.

    No voy a aguantar mucho más, quiero que la metas y saques rápido y con fuerza, sientes como se desliza en mi interior, mis flujos te rodean, haces que mi cuerpo suba con cada empujón que recibo, mi cabeza pega ya en el cabecero de la cama y mis senos bailan rozándose con tu pecho.

    Nuestros labios parecen que se han soldado el uno al otro, sin separarse reciben los jadeos y los gemidos cuando no los gritos de los dos, no queremos separarnos pero en ocasiones tú te separas para besarme el cuello y mordérmelo pero vuelves enseguida a mí, a mis labios, tus movimientos más rápido y profundos, tu pene entra y sale de mí, mi vagina lo recibe sin querer despedirse, apretándote dentro de mí, mis músculos se contraen y el roce es aún mayor, los gritos de los dos más altos y seguidos, después de un buen rato siento mi cuerpo temblar nuevamente, siento una quemazón en mi vientre cuando mi orgasmo aparece de nuevo, este se alarga en el tiempo dando lugar a que tú eyacules dentro de mí, golpeando con tu semen mis paredes vaginales, te siento aún más dentro, siento tu semen caliente unirse con mis flujos, te acabo de arañar toda la espalda, no puedo controlar mi cuerpo, poco a poco nos calmamos, sudorosos seguimos besándonos pero esta vez con ternura, mirándonos a los ojos nos sonreímos.

    Son las cinco de la tarde, tenemos que vestirnos e irnos a la biblioteca a recoger los libros y los apuestes, nos damos una ducha rápida y nos vamos, una vez recogido todo, ya en la calle, caímos en la cuenta que la habitación estaba pagada hasta mañana, así que para que tirar el dinero, volvamos y continuemos haciendo el amor toda la tarde, que me rodees con tus brazos toda la noche, quiero despertar mañana abrazada a ti, quiero que me beses deseándome un buen día, un día que si es la mitad de bueno de lo que ha sido hoy me daré por satisfecha, pero ahora estamos nuevamente desnudos, nuevamente me estás haciendo el amor, mientras cabalgo sobre ti como una amazona y tus manos sobre mis pechos apretándolos con suavidad, en ocasiones fuerte y pellizcando mis pezones, entre jadeos y gemidos te pregunto.

    -Por cierto mi nombre es Lara y tú, cómo te llamas.

    Besos.

  • Embarazada de nuevo (Mi familia entera lo vio)

    Embarazada de nuevo (Mi familia entera lo vio)

    Mi familia entera lo vio.

    Dicen que cuando traigo algo entre manos no descanso hasta conseguirlo.

    Fiesta en mi casa, organicé finalmente una reunión en casa con mi familia con Tony como invitado.

    Me vestí descaradamente para la ocasión: decidí repetir el vestido que llevé a mi primera reunión swinger con mi marido: vestido spandex color champagne, espalda totalmente descubierta, corto, muy corto, me llegaba justo al inicio de las nalgas y zapatillas altas de igual color.

    Tony llegaría en cualquier momento, mi frente estaba punzando, estaba dispuesta a dejarme ensartar por mi macho frente a todos.

    Sonó el timbre y salí a recibirlo.

    Al entrar, vimos que casi toda la familia estaba ahí atenta, las miradas curiosas de todos nos recorrían entre sorprendidos y curiosos de ver al hombre que solo mi mamá conocía ya íntimamente.

    -¡Hola! -Dije alegremente avanzando de la mano de mi macho hacia la sala, saludando y sonriendo por ver el efecto que provocábamos al entrar en la casa.

    Mis primos y primas se acercaron rápidamente a saludarnos y saludando curiosos a Tony me preguntaron:

    -Quién es tu amigo?

    Sonriendo cachondamente respondí:

    «Al rato les muestro quién es…»

    Antes de sentarme en la sala, Tony me felicitó por el mini vestido a la vista de todos…

    Las miradas de todos recorrieron mi cuerpo fijándose en mis piernas prácticamente desnudas y los pezones erectos que podían verse fácilmente a través del vestido…

    -… y que nos cuentas de tu «amigo» Marie?

    -¿Se llevan bien? -Preguntó curiosa una prima que casi nunca iba a las reuniones familiares

    -Sí, Tony es muy especial para mí –dije- desde que lo conozco un lazo muy especial se ha venido desarrollando entre los dos.

    Tony pasó una mano por mi espalda tomándome de la cintura acercándome más a él y les dijo:

    -Mariela ha sabido acoplarse muy bien a lo que le ofrezco, y me ha demostrado ya en varias ocasiones que es una hembra intensa, caliente y dispuesta a complacerme en todo lo que le pido, es una mujer espectacular como pueden ver.

    Ayudándome con su mano, me puso de pie y gire lentamente frente a él en señal de ofrecimiento a su persona.

    .Woww! -Dijeron varios y varias al verme ofrecerme descaradamente a mi macho negro.

    Un primo dijo: -pues no entiendo muy bien, él es tu amigo o tú amante? -Entre risas y miradas curiosas de los demás-

    -¡Es ambos! -Dije sonriendo satisfecha- me he obsesionado con él tanto que no me molestaría que me hiciera un hijo!

    -Mariela!!! -Dijeron varias primas- ¡que atrevida!

    -Tu marido está allá enfrente!! -Dijo una señalando a mi esposo.

    Respondí volteando y dándole un beso francés a Tony mientras me ponía de pie lentamente de nuevo y comencé a bailarle como teibolera a mi macho frente a todos.

    Los demás no sabían cómo reaccionar, hasta que una de mis tías se acercó y dijo:

    -Bueno, ¿qué pasa aquí? Hay show privado o que cosa? -Dijo volteando a ver a mi esposo que se acercaba con mi mamá al círculo que se había formado frente a nosotros.

    -Y?… No van a seguir? -Preguntó mi tía animadamente entendiendo que me estaba ofreciendo al hombre de color que estaba conmigo.

    Me senté de nuevo junto a Tony y empezamos a besarnos con lujuria mientras nuestras manos recorrían el cuerpo del otro, sentí su mano llegar a mi vagina debajo del vestido y sin pensarlo puse mi mano en su verga sobre su pantalón y empecé a acariciarlo con ansiedad, sin darnos cuenta, todos estaban ya viéndonos, tíos, primos etc.

    Toda mi familia me estaba viendo cachondear con ese precioso hombre negro en la sala.

    -¡Hay Mariela! ¡Nada más falta que nos digas que te vas a acostar enfrente de todos con tu amigo! -Dijo la prima que había asistido a la reunión donde termine cogiendo con Tony y ellas con mi esposo.

    (Nada sorprendía ya a mi familia después del episodio en casa de mis papás donde baile desnuda para tres de mis familiares).

    Excitada mil, tomé a Tony de la mano y me dirigí a la recámara no sin antes decirles a los invitados:

    -¡Bienvenidos a vernos!

    Caminé de la mano de Tony hacia las escaleras con el vestido mostrando mis nalgas enmarcadas por la tira salmón de mi tanga y escuché los comentarios que empezaron a surgir al darse cuenta mis familiares de que la reunión tenía esto como objetivo principal:

    Verme tener relaciones con un hombre de color!

    -Mírala! ¡Qué atrevida resultó!

    -¡Qué bárbara es Mariela! Aquí está su esposo!

    -se ve que es una caliente!

    -escuché que se acuesta con varios de su trabajo!

    -toda una putita resultó mi primita…

    Y más cosas escuchaba al subir las escaleras, llegando a la recámara, voltee y vi que casi todos venían detrás de nosotros, mi marido incluido.

    Las invitación a la reunión decía claramente que deseaba enseñarles un secreto íntimo a mi familia y vaya que lo iba a hacer!

    Entré con Tony de la mano a mi recámara matrimonial y esperé a que llegaran todos y se acomodaran alrededor de la cama, y puse en el equipo de sonido la canción que uso cuando quiero hacer un striptease…

    La TV de la sala estaba conectada a una cámara que teníamos colocada estratégicamente mi esposo y yo, para cuándo me acostaba con alguien más mi marido pudiera vernos desde ahí dejándome disfrutar a solas al hombre en turno, esta vez, la familia que no alcanzó lugar en la recámara podría verme ahí con Tony.

    El ambiente estaba cargado de tensión, lentamente me puse de pie y le empecé a bailar cachondamente a Tony, me quité el vestido y la tanga y seguí bailando para él desnuda ya, pellizcando mis pezones sabedora de que todos veían con lujuria mi baile.

    Tony empezó a desnudarse también y cuando quedó en calzoncillos me puse de rodillas frente a él poniendo mis manos rápidamente a los lados de su cadera le di besos a su tranca a través del calzón.

    Su tremenda erección podía distinguirse fácilmente debajo de la prenda y las miradas de las mujeres se centraron en ella… Los hombres admiraban mi desnudo cuerpo y las mujeres estaban extasiadas con Tony.

    Lentamente bajé su calzón y la enorme verga salto como un resorte quedando a centímetros de mi cara, con ambas manos empecé a acariciarlo mientras volteaba a ver a todos orgullosa de estar en esa posición.

    -Ahhhh… -fue la exclamación general al ver esa enorme verga negra erecta y las mujeres entendieron porqué estaba encantada yo con mi macho negro.

    Empecé a mamarlo con lujuria masturbándolo con la mano derecha mientras mi boca tragaba lo que le cabía.

    Tony se acostó boca arriba en la cama y lo seguí montándome en posición de 69, con ambas manos me abrió la velluda raja para meterme su lengua mientras yo trataba de meterme en la boca lo más posible de su enorme tolete erecto.

    Todo tipo de comentarios salían de mi familia, algunos muy obscenos o explícitos; en general estaban sorprendidos de ver a su Mariela entregarse tan descaradamente al placer con ese hombre de color vergon, y más aún, estando su esposo presente!!

    Las miradas de algunas iban de nosotros a él y de regreso, mi esposo estaba excitado al verme ofrecerme a Tony frente a mi familia, un día después de hacernos swinger me preguntó que si me atrevería a decirle a mi familia nuestra forma de ser y le contesté que sí se daba la oportunidad no lo iba a ocultar.

    Tony metió el dedo medio en mi ano mientras me mamaba la vagina y sentí un orgasmo empezar a llevarme.

    -¡Me vengo! ¡Me vengo! -Grité meneando las nalgas aplastando mi raja en su boca mientras sentía el orgasmo de él llegar y pegué mi boca desesperadamente a su pito tragando su delicioso semen.

    El silencio en la recámara era total… Acaban de verme tener un orgasmo y tomarme el semen de otro hombre que era mi macho y no mi esposo.

    Divertida, me acomodé busca arriba y le ofrecí mi raja a Tony diciendo en voz alta:

    -Ven! Penetrante y hazme un hijo! ¡Quiero un hijo tuyo!

    Tony se acomodó sobre mí y apuntó su vergota hacia mi raja. La mirada de mi familia era de sorpresa, nunca se imaginaron escuchar de la pequeña Mariela esa propuesta, una cosa era acostarme con otro y otra muy diferente era aceptar mi deseo por ser fecundada por Tony.

    De un solo golpe, me penetró profundo y gimiendo lo recibí subiendo muy caderas para dejarlo “Métemela toda…”. Mis gemidos empezaron a surtir efecto en algunos de mis primos y primas que seguramente se estaban calentando a tope al verme coger tan deliciosamente con mi hombre negro.

    Los sonidos de nuestros cuerpos abarcaron toda la habitación y entre besos de lengua profundos y gemidos recibí el semen de Tony en la vagina.

    Un mes después de esa reunión, recibiría la noticia tan largamente esperada por mi:

    ¡Estaba embarazada de nuevo! Y esta vez era Tony el padre de mi futuro hijo!!